sábado, 4 de marzo de 2017

El muro de Trump y los campos de la UE




La UE quiere expulsar un millón de personas, mientras se construyen nuevas vallas y muros.

Desde las grandes potencias, tanto Trump como la Comisión Europea criminalizan a los inmigrantes como si fueran culpables de algo, cuando son parte de las víctimas.
Estamos asistiendo a una oleada inmigratoria casi sin precedentes. Las guerras, alimentadas por la UE y EEUU, en Siria y toda la región, junto a una situación límite en amplias regiones del continente africano están alimentando la huida millones de personas desde sus países. Hay un fenómeno migratorio se da de manera constante desde finales del siglo XX, que se acentuó dramáticamente en los últimos años, como es de público conocimiento.

Trump y su “guerra” contra los inmigrantes

Trump ha protagonizado un caso extremo de odio hacia los extranjeros y los migrantes. Durante la campaña electoral había amenazado con expulsar a 3 millones de musulmanes, y, por supuesto, acabar la construcción de un muro en la frontera con México. Su campaña y el agresivo tono de Trump no desentonan del todo con la política migratoria de otros gobiernos.
Es que bajo la presidencia Obama, la Administración estadounidense echó a 3 millones de musulmanes. Y el muro que prometió construir Trump, ya había sido comenzado por el “demócrata” Bill Clinton. De todas formas, el nuevo presidente da un salto en la agresividad: la prohibición de la entrada de personas procedentes de países musulmanes, además de alentar el odio entre estadounidenses e inmigrantes por los puestos de trabajo.
En la actualidad, Trump está tratando de conseguir el dinero necesario para continuar el muro de la frontera mexicana. El Congreso adelantará el dinero para la construcción del mismo, aunque por ahora solo tiene confirmado el 0,1% del coste estimado.

La Unión europea no se queda atrás

En estos días, la Comisión europea se pronunció por la expulsión lisa y llana de todas las personas sin papeles, una cantidad superior al millón de personas. La UE pretende acelerar las deportaciones. Y en caso que los inmigrantes se resistieran, contempla aumentar la internación en los Centros de Internamientos hasta dos años. Como vemos, la UE va en sintonía con la política completamente xenófoba de Trump.
No son solo las intenciones de la Comisión, sino también la política misma de sus estados. Los llamados campos de refugiados, parecen campos de concentración, y albergan a inmigrantes en condiciones denigrantes. Las fronteras que la UE “eliminaba”, ahora afloran con vallas y alambres de concertinas. Para evitar esto, la UE financia la dictadura de Erdogan en Turquía con la intención de frenar al medio millón de personas que huyen de la guerra.
El Estado español lleva varios años de adelanto al muro de Trump. La valla de Ceuta y Melilla superior a los 6 metros de altura, con un alambre de concertinas especial para desgarrar a quienes quieran superarla. La Guardia civil es especialista en “expulsiones en caliente”, sin cumplir siquiera con la legalidad vigente (que ya de por sí es terrible). Y, si no es suficiente, tenemos el caso Tarajal cuando las “fuerzas de seguridad” disparaban balas de goma a quienes trataban de pasar a nado la frontera. Y, además, el Mediterráneo con la muerte de miles y miles.

La “solución” es criminalizar al refugiado

El mensaje de las potencias imperialistas es claro: castiguemos a los refugiados. El discurso de los grupos de ultraderecha, es asumido directamente por las instituciones de los países imperialistas. Los mismos países que son responsables de las corrientes migratorias y del sufrimiento que padecen amplios sectores sociales.
Los bombardeos, la financiación y las intervenciones militares en Afganistán, Irak, Siria o República de Mali por mencionar algunas destacadas han provocado la huida masiva de estos países, como ya es sabido. Todas estas operaciones están promovidas desde EEUU, Alemania, Francia y el resto de las potencias europeas.
También son responsables del saqueo económico de los países mal llamados del “tercer mundo”. Las empresas que pagan dos duros, por jornadas inacabables, con niños trabajando, en lugares completamente inseguros; en síntesis, las grandes multinacionales obligan a trabajar en condiciones semiesclavistas. Expolian a los trabajadores, destruyen la naturaleza y sumen en la pobreza extrema a amplias regiones.
Son las potencias imperialistas y las grandes empresas las que provocan las corrientes migratorias. Son estas potencias las que promocionan el enfrentamiento entre nativos y extranjeros. Son estas potencias las que se aprovechan de esto para rebajar las condiciones laborales aquí y allí.

“Nativa o extranjera, la misma case obrera”

A los trabajadores se nos hace necesario romper la barrera que nos impone la burguesía y las instituciones. Hay que acabar con la división entre nativos y extranjeros. Los empresarios y los gobiernos la usan para imponernos salarios a la baja, contratos esclavistas y extender la precariedad laboral al conjunto de la clase.
“No son los inmigrantes, es el capitalismo”. Ese ha de ser un lema de la clase obrera. Junto con la lucha por mejorar las condiciones laborales, la clase obrera ha de tomar los reclamos de los trabajadores inmigrados. Ha de pedir la anulación de las leyes de extranjería, acabar con los CIE’s y las expulsiones.
Los trabajadores deben tomar en sus manos el reclamo de acoger a los refugiados. Junto con éste reclamo deben luchar contra sus gobiernos que fomentan guerras imperialistas en diferentes lugares del globo. Son los mismos gobiernos que imponen reformas laborales, avalados por los empresarios que imponen precariedad y miseria.
“Proletarios del mundo, uníos” acuñaron los comunistas de la Primera Internacional, con Marx y Engels a la cabeza. El Internacionalismo proletario y el anticapitalismo es uno de los más grandes desafíos para los trabajadores de Europa y el resto del mundo.

Guillermo Ferrari
Barcelona | @LLegui1968