jueves, 19 de julio de 2018

A cien años del nacimiento de Nelson Mandela




Los homenajes por el centenario del nacimiento del líder sudafricano se convirtieron en un acto de cinismo mayúsculo, la reivindicación de Mandela por parte de los representantes de los gobiernos imperialistas, busca ocultar el papel que cumplieron durante el Apartheid apoyando durante décadas el régimen racista que les garantizaba fabulosas ganancias.

Este miércoles, tanto dentro como fuera de Sudáfrica se rindió homenaje a la memoria de Nelson Mandela, en el día en que hubiera cumplido 100 años. El dirigente y primer presidente negro de Sudáfrica, falleció a los 95 años, en diciembre de 2013.
En Sudáfrica se realizaron varios actos recordando a quien fue una de las figuras del siglo XX y a quién los sudafricanos identifican como uno de los pilares de la lucha contra el Apartheid. Mandela representó para millones la lucha de los negros contra el régimen racista que rigió en el país por casi cincuenta años. Los 27 años en las cárceles del régimen le dieron la autoridad sobre millones que se movilizaban.
Los actos sin embargo estuvieron cargados de cinismo con el saludo de los principales gobiernos imperialistas, incluyendo el británico de Theresa May, que fueron los principales responsables del brutal régimen segregacionista del apartheid y que lucraron e hicieron negocios bajo su mandato.
Pero el objetivo de las celebraciones no es solo que estos presidentes o expresidentes, como es el caso de Barack Obama, dejen libre de culpa a sus países sobre la responsabilidad en el apartheid, sino también el de reivindicar al Mandela de la reconciliación.
Se utiliza la figura de Mandela para revindicar que firmó el pacto con el último gobierno blanco de Frederik de Klerk, (y con el aval del imperialismo), que impuso un fin ordenado y pacífico al Apartheid. El que buscó la “paz y unidad nacional” y puso en funcionamiento (durante su mandato como Presidente) la Comisión para la Verdad y la Reconciliación que garantizó la impunidad a los autores de los crímenes racistas y la violación de derechos humanos, dejándolos libres de culpa y cargo simplemente por reconocer sus actos, como forma de lograr la “pacificación nacional”.
Se lo utiliza para mostrar a millones de oprimidos que el camino es la conciliación, la búsqueda de la reforma dentro del régimen que oprime y explota a millones.
Su elección como primer presidente negro en Sudáfrica representando al Congreso Nacional Africano (CNA) y la Triple Alianza (alianza entre CNA, el Partido Comunista (PCSA) y la central sindical COSATU) fue la culminación de su lucha y al mismo tiempo lo que permitió que en Sudáfrica la caída del Apartheid, jaqueado por las movilizaciones obreras y populares, no se diera en forma revolucionaria.
Mandela luchó por la caída del Apartheid para lograr la igualdad de oportunidades de negros y blancos, para lograr la “libertad” dentro del marco del capitalismo. Para Mandela y para los dirigentes de la Triple Alianza la construcción de la democracia en Sudáfrica daría la oportunidad de terminar con la pobreza y la explotación que sufría la mayoría de la población. En sus discursos decían que la caída del Apartheid incluiría la nacionalización de las minas en manos de empresas imperialistas, la garantía de los servicios básicos para la mayoría de la población pobre y la respuesta a las demandas democráticas de la mayoría trabajadora y popular.
Lejos de esto, el gobierno de la Triple Alianza fue el que garantizó la estabilidad capitalista y, sobre todo desde la segunda presidencia del CNA (Thabo Mbeki), la aplicación de los planes neoliberales, las privatizaciones y la entrega de las riquezas nacionales al imperialismo a cambió de transformarse en socios menores de las multinacionales.
Esto permitió que surja un sector minoritario de la población negra (que incluye a los propios burócratas sindicales mediante el control de las empresas tercerizadas, como ocurre en el sector minero) que se benefició con el fin del régimen del Apartheid y dio lugar a una nueva élite y burguesía negra, mientras para la mayoría negra (80% de la población) las condiciones sociales fueron las mismas, viviendo en ciudades hacinados, con la desocupación que llega al 25% y con condiciones laborales de explotación.
La dirección del CNA que este miércoles estuvo a la cabeza de los homenajes está tan corrompida y ligada a los negocios de los empresarios que a fines del año pasado tuvo que diseñar un golpe de palacio para echar al presidente Jacob Zuma, involucrado en múltiples escándalos de corrupción. Su reemplazante, Cyril Ramaphosa, no es mucho mejor. Habiendo sido dirigente sindical en el pasado, trepó como socio de las empresas mineras hasta convertirse en uno de los hombres más ricos del país y está acusado de colaborar en la masacre de trabajadores mineros en Marikana en 2012.
A cien años de su nacimiento, lo que a pocos les agrada es que Mandela representó para millones de trabajadores y explotados de Sudáfrica el cuestionamiento y la lucha por terminar con la explotación capitalista de la burguesía blanca y el imperialismo sobre las grandes mayorías en Sudáfrica, aunque este no fuera el objetivo de su lucha.
Ese “sueño” de millones todavía queda por cumplirse, y será de las propias manos de los trabajadores y el pueblo pobre que se pueda cumplir.

Diego Sacchi
@sac_diego

martes, 17 de julio de 2018

Mundial de Rusia: los negros de cada lado del Mediterráneo




La demagogia de los gobiernos y políticos antiinmigrantes

Varios medios de difusión y “opinólogos” de distintos países europeos han comenzado a especular sin sustento sobre el cambio social que supuso y que generará la composición “multirracial” de la selección francesa de fútbol que acaba de ganar la copa del Mundo en Rusia. Plantean que la gran presencia de africanos (otro tanto sucede con las selecciones de Bélgica e Inglaterra, otros dos semifinalistas) va a dar lugar a un cambio en la consideración de los inmigrantes que, de manera creciente y cada vez más salvaje, son expulsados o impedidos de ingresar por los gobiernos imperialistas europeos.
Este esperado cambio en el tratamiento a los inmigrantes se plantea cuando el gobierno francés del derechista Macron expulsa a miles de ellos por mes, acordó con la alemana Angela Merkel poner barreras estrictas a la llegada de refugiados, liquidó el campamento que estos habían levantado en las afueras de la ciudad de Calais, y mantiene la represión inaugurada por el “socialista” Francois Hollande, contra los más de 1,5 millón de habitantes –especialmente los jóvenes- que viven miserablemente en los suburbios (banlieue) de los alrededores de París.
De esos suburbios donde nacieron y crecieron, entre otros, Kylian Mbappé, N'Golo Kanté y Paul Pogba, que le dieron el título al seleccionado galo.
La demagogia de los políticos franceses que hacen campaña contra la inmigración (también los belgas e ingleses), les hizo dejar de lado por un momento el origen de los futbolistas para saltar exultantes, festejando el triunfo futbolístico. En Francia no solo Macron, sino hasta Marine Le Pen saludó alborozada el triunfo de la selección “noir”, aunque es activa propulsora de la política de expulsión de los inmigrantes.
La especulación también tuvo otro perfil. En medio de la crisis económica que vive Francia y el ajuste salvaje que está aplicando Macron, el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, sugirió que la victoria en el Mundial impulsaría el crecimiento económico.
Sylvine Thomassin, la alcaldesa de Bondy, el barrio donde nacieron, entre otros, Mbappé y Pogbá, se subió al carro de la demagogia. Saludó el hecho de que el torneo haya traído "una buena imagen de la banlieue en general", aunque los miles y miles de chicos que no son estrellas de fútbol, sigan viviendo en la miseria y con su vida carente de posibilidades de desarrollo.
El elogio de una selección francesa “multirracial”, opuesta como modelo al racismo que caracteriza a figuras de la derecha europea como el italiano Salvini, es un planteo que encubre la naturaleza opresora de pueblos y nacionalidades por parte del imperialismo francés. No sólo por la opresión interna a los inmigrantes asentados y la violencia contra los que pretenden ingresar, sino también por la guerra (Siria), y la estigmatización y discriminación contra las minorías al interior del país (por ejemplo, contra los musulmanes).

Los negros de cada lado del Mediterráneo

Una contraposición flagrante que se constató en el reciente Mundial de Fútbol es que tres de los cuatro equipos que llegaron a las semifinales tenían planteles con un alto porcentaje de jugadores de origen africano, mientras que ninguna de las cinco selecciones de ese continente que llegaron a disputar el torneo pudo superar la fase de grupos.
Por el contrario, en los años ´90, equipos y selecciones del África habían ganado copas y ocupado lugares relevantes en competencias –incluso Mundiales- enfrentando a clubes y seleccionados europeos.

Los impulsores-aprovechadores

Guerras devastadoras en varios países africanos y del Medio Oriente y crisis económicas brutales con sus correspondientes hambrunas, en la mayoría de los casos provocadas por la intervención y el saqueo de distintos países imperialistas, han sido las causantes de que centenares de miles de pobladores de esos estados se hayan visto obligados a emigrar camino a Europa, muchas veces arriesgando la vida y con destino a las distintas banlieue del Viejo Continente. De allí se nutren las selecciones europeas.
Además, la conversión del fútbol en un gran negocio por el que circulan miles de millones de dólares y que sirve como refugio para los capitales ociosos que no pueden ser colocados en los negocios capitalistas “tradicionales”, hizo que las grandes ligas europeas -donde se concentra ese capital oscuro- actuaran como una maquinaria de succión de jugadores provenientes de todas partes del mundo.
Las posibilidades que se ofrecen en los países imperialistas y las pocas en los africanos en cuanto a competencia (ligas mayores) tecnología y dinero, entre otras cosas, hace que el flujo de jugadores hacia Europa sea una constante que deja vacías a las ligas y equipos del África. De allí también se nutren las selecciones europeas. Dos de los integrantes del equipo francés nacieron en el África: Umtiti en Camerún y el arquero Mandanda en la República Democrática del Congo.
En el curso de las últimas décadas la emigración devastó a varios países africanos y del Medio Oriente. Las guerras y la política imperialista generaron refugiados de a millones.

El origen de las estrellas

El barrio de Bondy está ubicado a ambos lados de una autopista que une París con el aeropuerto Charles de Gaulle y tiene una población de aproximadamente 50.000 habitantes. Forma parte del departamento de Seine-Saint-Denis que, con más de 1,5 millón de habitantes, es la zona más pobre de Francia y con la población más joven.
En ese departamento, en el año 2005 se iniciaron tres semanas de movilizaciones y enfrentamientos con la Policía luego de que dos adolescentes, inmigrantes, Zyed Benna y Bouna Traoré, que regresaban a sus casas luego de jugar un partido de fútbol, ​​murieran electrocutados cuando se escondieron en una subestación de electricidad después de que fueran perseguidos por la Policía. “Más de una década después de los disturbios”, todavía “están tan estigmatizados y discriminados que un político lo calificó este año (al barrio) como ´un nuevo apartheid" (The Guardian, 15/7).
El mismo diario destacó (15-7) que, en los últimos años, en el barrio y sus alrededores se han erigido “excelentes clubes, para aprovechar a la alta concentración de población joven y allí se instala una gran cantidad de exploradores de talentos”. De allí se nutre la selección francesa.

Aprovechamiento

La imagen de Macron saltando en el palco como un hincha desatado, es parte de la expectativa del presidente de poder aprovechar la euforia desatada entre los franceses por el triunfo para poder avanzar en el ajuste con una menor oposición.
Algo similar se vivió cuando Francia ganó el primer Mundial, en 1998, de la mano de Zinedine Zidane, de origen argelino, quien estuvo al frente de una selección “étnicamente diversa”, calificada entonces como "Black-Blanc-Beur" (Negro-Blanco-Árabe).
La crisis y la resistencia se mantuvo entonces y seguramente continuará ahora, más allá de la euforia futbolera. El ataque del gobierno de Macron a los trabajadores y los jubilados franceses es brutal y por eso sigue presente la lucha de los trabajadores ferroviarios –a pesar de la política de desgaste de la burocracia-, quienes pasado mañana retomarán el plan de paros contra el desguace del ferrocarril y la liquidación de conquistas obreras.
Por su parte, las patronales del sector aerocomercial pronostican un verano caótico en Europa por las huelgas de los controladores aéreos franceses.
La alegría del millón de franceses que inundó París por el triunfo de la selección no se convertirá en un cambio de opinión respecto del gobierno. A Macron no le alcanzará que la “blue-noir” haya obtenido la Copa.

Nelson Marinelli

Bayer encabeza el agronegocio




La empresa de origen alemán comenzó una campaña publicitaria para ocultar la imagen negativa que arrastra Monsanto y para vincular los transgénicos con la salud. El pasado oculto de Bayer y sus vínculos con el nazismo.

A la campaña “Si es Bayer es bueno”, los activistas responden “Si es Bayer es Monsanto”.

De la aspirina a los agrotóxicos. La alemana Bayer compró Monsanto y, luego de la aprobación de Estados Unidos y la Unión Europea, se transformó en la empresa líder del agronegocio. Consciente de la pésima imagen de Monsanto, comenzó una campaña publicitaria para desligarse de las denuncias pero las organizaciones sociales y académicos críticos ya cuestionan a Bayer por las consecuencias sociales, ambientales y sanitarias del modelo agropecuario. En Alemania, país de origen de Bayer, está prohibido sembrar transgénicos.
“Si es Bayer es bueno”, fue una campaña publicitaria muy efectiva durante décadas. Pero es resignificada por movimientos sociales: “Si es Bayer es Monsanto”. La multinacional alemana inició en 2016 la compra de la compañía estadounidense Monsanto, una de las empresas con peor imagen y más denuncias de la historia, productora del químico “agente naranja” (utilizado en la guerra de Vietnam), al refrigerante cancerígeno PCB, la soja transgénica y el agrotóxico glifosato.
A pesar de que Bayer tendrá una posición dominante, la Dirección General de Competencia de la Unión Europea aprobó la fusión en marzo pasado. Lo mismo hizo el Departamento de Justicia de Estados Unidos en mayo. La compra fue por 66.000 millones de dólares.
Bayer se transformó así en la mayor empresa de semillas transgénicas y agrotóxicos del mundo. Su primer anunció fue que desaparecerá el nombre de Monsanto (aunque seguirá comercializando todos sus productos) y comenzó una campaña publicitaria para mejorar su imagen. Utiliza los mismos argumentos que Monsanto para aumentar sus ventas: promete que con más transgénicos y químicos se combate el hambre del mundo.
Desde hace medio siglo que las empresas del agronegocio publicitan ese argumento, desmentido infinidad de veces por movimientos campesinos y académicos críticos. Hasta organismos que apoyan el agronegocio (como la FAO, de Naciones Unidas) aclaran que el hambre no se trata de falta de alimentos sino de un problema de distribución.
La Coordinación contra los peligros de Bayer es una red europea de organizaciones y activistas que difunden denuncias sobre el accionar de la compañía, tanto en su aspecto farmacéutico como del agronegocio. “El modelo de negocio de Bayer y Monsanto carece de escrúpulos. Ambos obtienen sus beneficios con pesticidas y técnicas de manipulación genética, dañan la salud de agricultores y consumidores, alteran el clima, destruyen la biodiversidad y ponen en peligro las bases de la alimentación y subsistencia de las generaciones futuras. Ahora Bayer, al fusionarse con Monsanto, potencia este amenazador modelo de negocio y busca aumentar los beneficios de sus grandes accionistas a costa de la gente y la naturaleza”, afirmó la organización.
Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración), estudia la concentración corporativo del agro desde hace treinta años. “La desaparición del nombre Monsanto es un triunfo de la extendida resistencia popular, de campesinas y campesinos, de ambientalistas y consumidores contra los transgénicos. No es un logro menor. Aunque los transgénicos siguen en mercados, campos y alimentos, hay un rechazo generalizado a éstos. Las trasnacionales, Bayer incluida, no han logrado colonizarnos la mente”, destacó.
Recordó que sólo una veintena de países siembran de forma masiva transgénicos y que existen más de 160 países que no permiten el cultivo comercial de transgénicos (entre otros, Alemania, país de Bayer).
Un tema central es el control de las semillas y agrotóxicos. Tres conglomerados, más la alemana BASF, dominan el sector: Bayer-Monsanto, Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow (formaron la nueva empresa Corteva Agriscience). Manejan el 60 por ciento del mercado global de semillas comerciales, el 100 por ciento del de semillas transgénicas y el 70 por ciento del mercado de agrotóxicos.
Bayer acumula denuncias de contaminación al medio ambiente, intoxicación por agrotóxicos, causas judiciales por ensayos clínicos de productos en la India, afecciones de sus píldoras anticonceptivas en Estados Unidos, deformidades de pruebas hormonales en Alemania y Reino Unido. Pero su crimen más silenciado es el que denuncia Fernando Bejarano González, un investigador mexicano que para los 150 años de Bayer (2013) resumió en un conciso documento el accionar de la empresa. “El pasado oscuro de las transnacionales alemanas”, es el título y explica el acuerdo de la empresa con el nazismo para “desarrollar experimentos con prisioneros del campo de concentración de Auschwitz”.
El investigador mexicano retoma el trabajo de Diarmuid Jeffreys (autor de “Historia de la I.G. Farben”) y recuerda que la compañía pagaba al nazismo por trabajadores esclavos y estuvo a cargo del campo de concentración de caucho sintético llamado “Buna/Monowitz”, que llegó a tener 10.000 prisioneros. Otro hecho silenciado por Bayer es que producía (mediante la subsidiaria Degesch) el gas con el que asesinaban en el campo de exterminio de Birkenau-Auschwitz (el “Zyklon B”, un plaguicida).
En el juicio de Nüremberg (que juzgó los crímenes del nazismo) se declaró culpable a trece altos directivos de la I.G. Farben por esclavización, participar en el programa de trabajos forzados y por participación activa en la política genocida del nazismo.
Bayer oculta ese pasado, financia campañas publicitarias de transgénicos y agrotóxicos, y cuenta con nuevo eslogan: “Ciencia para una vida mejor”.

Darío Aranda
Página12

lunes, 16 de julio de 2018

Macron: el presidente que expulsa inmigrantes, pero festeja sus goles




Históricamente, la selección de Francia (que acaba de salir campeona en Rusia), nutrió sus filas de inmigrantes e hijos de inmigrantes. El gobierno francés los persigue y los expulsa, pero Macron construye un imaginario de unidad nacional en medio de la alegría futbolera. Xenofobia y colonialismo a su servicio.

Haitianos, senegaleses, malienses, argelinos…
Al principio del segundo tiempo en la semifinal entre Francia y Bélgica se vio a un efusivo Emmanuel Macron festejando el gol de Samuel Umtiti, el defensor del seleccionado francés de fútbol nacido en Camerún en 1993.
El 82% de los jugadores del seleccionado francés de fútbol, que acaba de clasificar para jugar la final del mundial de Rusia, tienen un origen más allá de las fronteras de Francia.
Sólo cuatro de sus 23 jugadores tienen padre y madre nacidos en la Francia continental, entre ellos su capitán, el arquero Hugo Lloris.
Kylian Mbappé, una de las figuras de este mundial, es de padre camerunés y madre argelina. Otros doce jugadores también tienen ascendencia africana: Ousmane Dembélé es de padre maliense y madre de ascendencia senegalesa y mauritana, Paul Pogba es hijo de guineanos, Nabil Fekir, de argelinos. N’Golo Kanté y Djibril Sidibé, de ascendencia maliense. Benjamin Mendy, de senegaleses. Blaise Matuidi, de angoleños, Adil Rami, es hijo de marroquíes, aunque criado en el Congo. De la República Democrática del Congo es también el padre de Steven Nzonzi.
Otros, como Varane y Lemar son de ascendencia de las antillas francesas (Martinica y Guadalupe). Presnel Kimpembe, tiene su madre haitiana. Alphonse Areola, hijo de filipinos, será el único con orígenes asiáticos.
Pero todos ellos han nacido en Francia. Junto con Umtiti, el arquero suplente Steve Mandanda, nacido en la República Democrática del Congo, son los jugadores que han nacido fuera del país.
Todos recuerdan el episodio que tuvo como protagonista a Zinedine Zidane, de origen argelino, en el mundial de 2006, que terminó expulsado en la final por responder con un cabezazo a un insulto por su ascendencia, aunque él haya nacido en Marsella.

La política antiinmigratoria detrás de falsos gestos de alegría

La hipocresía de Macron tiene un reciente antecedente cuando le otorgó la ciudadanía a Mamoudou Gassama, un joven originario de Mali, luego de que se viralizara un video en el que salvaba la vida de un niño que estaba a punto de caer de un balcón, hace poco más de un mes.
Sin embargo, a nadie se le escapa la persecución del gobierno imperialista francés hacia los inmigrantes, especialmente de África y Medio Oriente, encerrándolos en centros de detención para migrantes en condiciones inhumanas, como en “La Jungla”, cerca de la frontera con el Reino Unido, desmantelando sus carpas en las calles de París o directamente expulsándolos bajo la amenaza de terrorismo.
Desde hace varios meses, el gobierno de Macron viene preparando una ley que propone acelerar los procedimientos de expulsión de los que no consigan demostrar que son refugiados y de otros inmigrantes económicos que no tengan la documentación en regla, entre otras cosas, con acuerdos con sus países de origen para su repatriación y también prolongando el periodo de retención administrativa hasta 90 días.
Sólo durante 2017 fueron expulsadas de Francia 26.000 personas, un 14% más que el año precedente, bajo el gobierno “socialista” de François Hollande. Durante el primer año de Macron como presidente también se disparó la cifra de extranjeros rechazados en la frontera cuando trataban de entrar en Francia, que creció un 34 %, de 63.732 en 2016 a 85.408 en 2017.
A comienzos de año, el presidente visitó el centro de inmigrantes de Calais, y sin tener que envidiarle mucho al Frente Nacional, se jactó de haber expulsado inmigrantes y apoyó la represión policial contra los extranjeros, y dijo: “No dejaré que ninguna persona caricaturice su trabajo”, sobre las brutales acciones policiales en esos centros.
Hace unos días se conoció el acuerdo entre la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés para la política migratoria de la Unión Europea, para la que proponen endurecer las medidas contra la inmigración en Europa, reforzando las fronteras exteriores de la UE e impedir que los inmigrantes puedan pedir asilo en distintos países, sino solamente en el país de entrada.
Para Macron, aumentar el número de efectivos del Frontex, la agencia comunitaria de militarización fronteriza, con el fin de lograr una "verdadera política de fronteras europeas", basada en fortalecer las medidas represivas es la solución para la inmigración que escapa del hambre, la miseria y las guerras imperialistas en sus países de origen.
Pero por un rato, el presidente de la colonialista Francia se pone la camiseta del seleccionado nacional y festeja su triunfo, construyendo una imagen ilusoria de “unidad nacional”. Durará poco. En los barrios de la periferia parisina esta noche los hijos de los inmigrantes continuarán siendo perseguidos por la policía o directamente expulsados en sus fronteras.

Analía Micheloud

domingo, 15 de julio de 2018

Haití: renunció el primer ministro que intentó aplicar el ajuste del FMI




La dimisión llega luego de que su gobierno quedará en crisis por las protestas surgidas contra el anuncio de un alza en el precio del combustible y que lograron frenar la medida.

El presidente haitiano, Jovenel Moise, aceptó este sábado la dimisión presentada por el primer ministro, y poco después publicaba en un su cuenta de Twitter: "El primer ministro Jack Guy Lafrontan me entregó su renuncia. Al mismo tiempo, acepté la renuncia del Gobierno". "Aprovecho esta oportunidad para agradecer al Sr. Lafontant y a los miembros del gabinete por los servicios prestados a la nación", agregó el presidente.
La dimisión del primer ministro de Haití, Jack Guy Lafontant, y de su gabinete ministerial, llega luego de que su gobierno quedará en crisis por las protestas surgidas contra el anuncio de un alza en el precio del combustible, que el Gobierno dejó sin efecto posteriormente por la presión social.
Lafontant debía enfrentar este sábado en la Cámara de Diputados una sesión convocada para decidir si el Parlamento le retiraba el voto de confianza, aunque su renuncia al cargo se produjo durante el debate, sin necesidad de que llegara a producirse la votación prevista en este sentido.
Mientras se celebraba la sesión parlamentaria, que comenzó con casi cuatro horas de retraso, las calles de la capital haitiana se encontraban militarizadas, especialmente el entorno del Parlamento, destino al que se dirigía una manifestación convocada por la oposición.
El país queda sin un Gobierno en funciones, aunque el recién dimitido gabinete podrá actuar en caso de emergencia, pero sin posibilidad de tomar ninguna decisión.
La gestión del primer ministro Lafontant venía siendo cuestionada desde hace un tiempo, pero el anunció de aumentos de entre 37 y 50 % en los precios de los combustibles fue la gota que colmó el vaso. Movilizaciones, protestas y bloqueos de calles fueron las respuesta inmediata en las principales ciudades del país contra la medida dictada por el FMI.
Haití, que aún busca superar la situación creada en 2010 por el potente terremoto que dejó más de 300.000 muertos, debía enfrentar el plan de austeridad que planeo el organismo internacional para la isla.
El aumento de los combustibles, entre ellos, el queroseno, muy utilizado para alumbrar las casas haitianas de amplios sectores de escaso poder adquisitivo, mostrando que el tarifazo iba a afectar a los sectores más pobres.
Las protestas y movilizaciones obligaron, un día después del anuncio, al Gobierno a dejar sin efecto la medida, que fue producto de un acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que esta semana planteó la eliminación gradual de la subvención a estos productos.
Los efectos del ajuste y los planes de austeridad que impone el FMI se expresan en todos los continentes. Desde Argentina, pasando por Haití, Jordania o Grecia, el resultado es similar y afecta directamente a los trabajadores y el pueblo pobre, en beneficio de los sectores más concentrados de la economía y el capital internacional.

Diego Sacchi
@sac_diego

¿Cuántos millones cuesta mantener a la monarquía española?




La monarquía española vuelve a estar en el ojo del huracán. El nuevo escándalo del Rey Juan Carlos sobre sus evasiones fiscales aviva el debate sobre el papel que ejerce la Casa Real española y sobre el precio que tenemos que pagar los ciudadanos para mantener al estrato más rancio de la más parasitaria clase social.

Pese a ser la segunda corona más austera del mundo, ranking que encabeza la monarquía inglesa con un presupuesto de 46.6 millones, las cifras que oficialmente se presentan desde la Casa Real son parciales y demasiado ambiguas.
Según los presupuestos para el 2018, la Casa Real costaría al Estado 7.8 millones de euros, un 0.9% más que el año anterior. Esta atribución es gestionada por la Casa Real sin que se le pueda rendir cuentas por ello, tal y como establece el derecho constitucional. De esta cuantía parten tanto los salarios de los empleados más cercanos a la familia real como los de sus mismos miembros. En 2017, el salario del rey Felipe VI estaba en casi 240.000 euros al año, y la reina Leticia en 131.400. Por su parte, el rey Juan Carlos tuvo un salario anual de aproximadamente 190.000 y la ex reina Sofía de 106.500 euros. Entre los cuatro, ocupan un 8.5% de la dotación total para la Corona.
Pese a la magnitud de las cifras, como decíamos, es de las coronas que menos presupuesto declarado tiene, y es este un argumento que los monárquicos usan para defender la rentabilidad de mantener vitaliciamente a esta familia al frente del Estado, con todos los privilegios que ello conlleva. Ahora bien, en los gastos de la Casa Real no están recogidas todas las prestaciones y partidas que corren a cuenta de los distintos ministerios. Por ejemplo, es Interior quien gestiona la seguridad de los miembros de la familia real. Corre a cuenta de Defensa tanto el Cuarto Militar como los ayudantes de campo del Rey, sanitarios, etc. Patrimonio costea las infraestructuras de las que hacen uso, entre ellos palacios y jardines, cuyo mantenimiento fue en 2013 de 32.4 millones. Por su parte, el Ministerio de Exteriores costea los viajes diplomáticos del rey para visitar a dictadores y otros amigos suyos en nombre de la nación.
Además de estos costes que no están contabilizados en el boletín presupuestario de la monarquía, existen otros cuyo rastro es casi imposible de seguir. Entre ellos, encontramos gastos imprecisos que parecen no tener valor, como las caballerizas (Defensa invierte 600.000 por los caballos de la Guardia Real, gasto que no está desglosado) y otras que el Gobierno parece empeñado en querer ocultar, como recepciones y actos que no están desglosados en los presupuestos (en 2012, se llevaron a cabo 96 actos de Estado de los que sólo están reflejados 54).
En resumidas cuentas, la Casa Real parece no tener bastante con ser una institución intocable y con beneficios políticos para hundir a cualquiera que ponga en duda su figura (como lo demuestra el caso de Hasel o Valtonyc). Tampoco es suficiente vivir con una dotación económica personal cien veces mayor que la de cualquier trabajador medio (así cuesta mucho tragarse que sean una familia sencilla y campechana). Además de eso, el Estado les libra de cualquier tipo de gasto, por mínimo que sea, dando dietas para viajes, trabajadores y servicios en un régimen de opacidad, que impide hacer un seguimiento preciso de cuánto nos cuesta a los ciudadanos una institución tan pública como antidemocrática.
Y aun así, habría que ser más precisos. Los presupuestos que tiene la monarquía, aunque ilegítimos para un país supuestamente democrático, resultan legales. No ocurre lo mismo con los trapos sucios y negocios dudosos de los miembros de la familia real. El Caso Nóos no descubrió solamente la mala voluntad del yerno del rey a la hora de hacer dinero. Por el contrario, es un ejemplo paradigmático de una práctica que comienza a saberse general para la monarquía en su conjunto.
Las nuevas declaraciones de Corinna zu Says-Wittgenstein, recogidas en las grabaciones del ex comisario Villarejo, revelan que el rey Juan Carlos monarca no sólo estaba al tanto de los turbios negocios de su yerno, sino que formaba parte esencial de la trama, al ser el mediador que exigía pagos para el Instituto. Y esto no es más que una parte. Según la supuesta amante del antiguo monarca, ella misma le habría servido de testaferro para evadir capitales, dada su residencia en Mónaco. En su poder siguen, tal y como asegura, documentos que dan cuenta de la gran estructura delictiva que permiten al emérito Rey evadir a Hacienda, así como conseguir comisiones millonarias por ser el mediador de negocios con Arabia Saudí e Irán (como el caso del AVE a la Meca). Por otra parte, ha señalado que el rey se benefició de la amnistía fiscal de Montoro. Toda esta evasión de impuestos forma también parte de la factura que la familia real tiene para con los ciudadanos.
Este caso ha puesto en tela de juicio la decencia de la Casa Real. El Gobierno, ante el escándalo, ha ido rápidamente a cubrir las espaldas de Felipe VI, asegurando que, en cualquier caso, no afecta al actual Jefe del Estado, sin aclarar que medidas podría tomar contra su padre, el cual está aforado. Los únicos que parecen haberse desmarcado de la tendencia general de los partidos han sido IU y Podemos, quienes exigirán una comisión de investigación y la comparecencia del Rey Juan Carlos ante el Congreso.
Aunque sería un primer paso para dilucidar legalmente los delitos del rey emérito, no es una medida que resuelva absolutamente nada: si se aceptase la investigación, nada garantiza su transparencia, ya que son incapaces de ser transparentes tan siquiera con su propio presupuesto real; y si resultara presuntamente implicado, los jueces se encargarían de exculparlo como hicieron con la infanta Cristina. Las instituciones no pueden decapitarse a sí mismas y juzgar a una pieza tan importante para el régimen del 78.
La vía parlamentaria vuelve a hacer aguas; la abolición de la monarquía no se limita a una mera exigencia democrática. Las cuentas y desfalcos de la Casa Real demuestran que no estamos ante unos simples portadores de cetros: es una institución medieval que ha sabido adaptarse a los tiempos del capitalismo, y como tal no sólo representan el poder político. También el económico. Son empresarios, y velan por el Estado. Luchar contra la monarquía implica luchar contra la constitución que los legitima, contra las instituciones que les sirven y contra el capital que los alimenta, y esto es una guerra que ningún partido parlamentario está dispuesto a asumir.
Para terminar con la monarquía es necesario dar pasos en la movilización social, no confiar en los mecanismos del propio régimen.

Víctor Stanzyk

sábado, 14 de julio de 2018

Y un día Trump llegó a Europa




El huracán Trump visitó la vieja Europa y dejó a su vera daños y heridos. Qué dejó su paso por la cumbre de la OTAN.

Esta semana pasó el huracán Trump por la vieja Europa y dejó a su vera daños y heridos. El despliegue escénico de la reciente cumbre de la OTAN en Bruselas produjo una cierta sensación colectiva de déjà vu.
La comparación con la malograda cumbre del G7 de Quebec de hace un mes es casi obligada. En ambos casos, el presidente estadounidense hostigó a los aliados tradicionales de Washington, acusándolos de haber vivido a lo grande a costa de Estados Unidos.
Aún le resta un tramo importante de esta gira, nada menos que la reunión cumbre de Trump con su par ruso Vladimir Putin en la capital finlandesa. Pero este encuentro pendiente corre por otro andarivel que no es el de las “instituciones multilaterales”, sino el de los encuentros bilaterales por el que circulan con comodidad adversarios, enemigos y competidores de Estados Unidos, desde Kim Jong-un hasta Putin. Y a los que apuesta el inquilino de la Casa Blanca.
El balance de esta semana diplomática intensa no es nada sencillo. Se presta a impresionismos que, como se sabe, llevan a evaluaciones y pronósticos equivocados.
Lo evidente es el espectáculo. Aunque, como reza el dicho popular, “no todo es lo que parece”. Hay una forma de leer el trato poco diplomático y bravucón de Trump a través del prisma liberal de lo políticamente correcto. Desde esta óptica, con su escandalosa falta de modales, estaría causando un daño irreparable al orden liberal que construyó Estados Unidos a la salida de la segunda guerra, mucho menos por altruismo que por interés nacional.
Pero desde otro ángulo, se podría decir que en esta semana Trump dio cátedra práctica de lo que significa una política imperialista menos hegemónica y más dominante. O en otras palabras, el famoso “America First” en acción.
El relato trumpiano es nada más y nada menos que una simplificación de la decadencia del liderazgo norteamericano que se pretende recomponer con una política ofensiva, tanto comercial como militar.
Su arte retórico es transformar a la principal potencia imperialista en víctima, con un lenguaje llano que entiende hasta el último loser de la globalización en el último rincón del viejo cinturón industrial oxidado del medioeste norteamericano.
Por eso, en el medio de las batallas, Trump siempre encuentra tiempo para traducir su política a ideas simples que se pueden expresar en los escasos caracteres de una red social, con un ojo puesto en su audiencia doméstica y las elecciones de medio término.
Según el presidente, Estados Unidos viene a ser el “hijo de la pavota” (con perdón del argentinismo) del que se aprovechan todos y todas. En esta narrativa, socios, aliados y competidores sacan su tajada mientras Estados Unidos se hace cargo de la factura.
Las soluciones propuestas por Trump parecen tan sencillas como la identificación de los problemas: tarifas y medidas proteccionistas; renegociación de tratados comerciales; muros y separación de familias para combatir la migración. En síntesis, un método generalizado de apretada in extremis para obtener las mayores concesiones para el capital norteamericano y mantener los privilegios de la prevalencia imperialista.
En esta lógica se inscribe la guerra comercial con China, que apunta al corazón del “Made in China 2025”, la agenda del gobierno de Xi Jinping que llevaría al principal competidor estratégico de Estados Unidos a un salto tecnológico y productivo sin precedentes.
Y también las represalias comerciales contra socios. Como la imposición de aranceles a productos de la Unión Europea, en particular de Alemania, y los intentos de renegociación de los términos de tratados comerciales como el NAFTA con México y Canadá.
Claro que, como advierten varios analistas y economistas, el resultado no es unívoco y Estados Unidos no saldrá indemne de esta guerra comercial, incluso aunque se mantuviera en su nivel actual como un conflicto de intensidad baja a media. Los afectados toman sus represalias, lo que repercute sobre la economía norteamericana y, en perspectiva, de seguir la lógica de “ojo por ojo” podría poner en cuestión el comercio internacional.
Desde esta misma óptica conviene evaluar la cumbre de la OTAN del 11 y 12 de julio. La cobertura mediática se concentró en la forma pintoresca en la que se expresó la crisis de la Alianza Atlántica. Y no es para menos. Durante dos días Trump no paró de dar titulares.
Ya la atmósfera venía recargada desde la previa. Varios jefes de Estado, entre ellos el presidente del gobierno español y el primer ministro noruego, habían recibido una carta de Trump exhortándolos a aumentar sus gastos en defensa.
Una vez aterrizado en Bruselas, el presidente transformó esta exigencia en la madre de todas las batallas.
Fustigó duramente a Ángela Merkel. Dijo que Alemania era prisionera de Rusia por su dependencia energética.
Hizo suspender una sesión especial con representantes de Georgia y Ucrania donde se iba a discutir la incorporación de estos países a la Alianza.
Terminó imponiendo el temario de cierre en una reunión reservada solo para los miembros plenos donde exigió que eleven el presupuesto militar ya no al 2 % sino al 4 % del PBI (por encima del 3,5 % que le dedica Estados Unidos).
Mantuvo en ascuas la cumbre durante una hora de incertidumbre, donde nadie podía arriesgar si terminaría con un portazo como la reunión del G7 de Quebec.
Finalmente hizo un balance unilateral en una conferencia de prensa que lo tuvo como único actor. Cantó victoria. Dijo que fue una “cumbre magnífica” y que gracias a su “genio estable” arrancó importantes concesiones de sus aliados, que quedaron a la defensiva, dando explicaciones confusas sobre sus compromisos.
Como si fuera poco, antes de partir para Londres, Trump le dedicó unas frases cargadas de veneno a la política de “soft Brexit” de Theresa May, su supuesta aliada, que está haciendo malabares para mantener a flote a su gobierno.
Trump no se privó de nada. Le dio un espaldarazo a los “Brexiters”, el ala dura de los tories donde milita Boris Johnson, que acaba de abandonar el gabinete de May.
Ya en Gran Bretaña dio una entrevista incendiaria al diario The Sun que hundió aún más a May y puso en duda las relaciones comerciales privilegiadas con su socio más fiel e inoxidable. Por cortesía le pidió disculpas a la primera ministra conservadora, dijo que el diario había creado “fake news”.
Pero el daño ya estaba hecho. Con esta reivindicación nada ingenua del “hard Brexit” Trump lanzó una bomba no solo contra el gobierno británico sino contra la Unión Europea, y en particular contra Alemania, en un momento en que están en auge las tendencias nacionalistas que se identifican más claramente con el presidente norteamericano.
No casualmente está en la capital británica su exasesor Steven Bannon, que organizó una cumbre con dirigentes de la extrema derecha euroescéptica.
Es cierto, como señalan varios analistas, que no es el primer presidente norteamericano que se queja porque sus aliados no le dedican mayores recursos presupuestarios al gasto militar. Y eso repercute en la carga desproporcionada de la seguridad imperialista internacional sobre Estados Unidos que, no por nada, es la principal potencia militar y también el “policía del mundo”.
Con mejores modales, y respetando el protocolo, el “multilateral” presidente Obama les hizo este reclamo. Y antes que él Eisenhower, Kennedy, Nixon.
También es cierto que la OTAN ha pasado por importantes crisis como la del Canal de Suez de 1956 o el retiro de Francia del mando militar integrado de la alianza bajo el General De Gaulle en 1966. Para no plantear otras, como la unificación alemana, la disolución de la URSS y la guerra unilateral de George Bush (h). Sin embargo, el sentido común indica que esta vez es distinto.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, fue el encargado de encontrarle el lado positivo. Según su visión particular, el estilo matoneril de Trump permitió poner blanco sobre negro las discusiones y avanzar. El secretario general rescató que Estados Unidos no haya retirado la firma del comunicado común. Y afirmó que su reclamo de la suba de presupuesto ya está siendo cumplido.
Según el funcionario noruego, en el último año y medio “los aliados europeos y Canadá han sumado U$S 41.000 millones más a sus gastos de defensa”.
Más allá de la necesidad de compensar la humillación, hay en el balance de Stoltenberg –y en el de Trump- un grano de verdad que no conviene subestimar. La OTAN, una de las herramientas privilegiadas del poderío imperialista en la segunda mitad del siglo XX, sigue vivita y coleando.
Los diez primeros puntos del comunicado de la cumbre están destinados a reforzar la política de hostilidad contra Rusia, que ha tomado el lugar de enemigo que ocupaba la ex URSS. Esto implica que continúa la política de cerco militar en el entorno ruso, con un aumento de las tropas estacionadas en los países bálticos –Estonia, Lituania y Letonia- y en Polonia, donde también hay instalado un sistema misilístico a escasos kilómetros de San Petersbugo.
En términos generales se contempla un redespliegue de las potencias imperialistas que forman parte de la Alianza, que suma buques de guerra y batallones (el famoso 30x4: 30 naves de combate, 30 batallones de maniobra, 30 escuadrones aéreos a desplegarse en 30 días).
Se reafirmó la política de expansión hacia el este (hacia el exespacio soviético) con negociaciones para invitar a Georgia, Ucrania y Macedonia a unirse a esta suerte de alianza anti Rusia.
El otro eje de importancia es la política antiterrorista, donde algunos gobiernos europeos (no solo los de extrema derecha) han filtrado una política antiinmigrante.
Por último el comunicado menciona a Irán, haciéndolo responsable de restringir su política nuclear sin siquiera mencionar que Estados Unidos fue el que abandonó unilateralmente el acuerdo.
Aunque Trump eligió el ángulo presupuestario, está claro que usó el combate por el “2 %” como un significante que condensa las disputas con la Unión Europea, en particular con Alemania.
Europa se está espabilando que dejó de ser intangible y puede estar en la mira del presidente de Estados Unidos. Por ahora el bloque europeo parece impotente, atravesado por sus propios fantasmas y crisis. Más bien ha estado apostando a tratar de apaciguar a la bestia. Pero eso no va a durar para siempre. En última instancia, la exigencia de que las potencias europeas, o mejor dicho Alemania, puede ser vistosa en el corto plazo, pero también puede significar jugar con fuego.
La reunión con Putin es otro tema. El gobierno de Trump en su estrategia de defensa, elevó a Rusia y China al rango de “competidores estratégicos” de Estados Unidos.
El presidente norteamericano primero había insinuado una política de acercamiento con Rusia para evitar la confluencia objetiva con China en el complejo escenario euroasiático. Esa política fracasó, y en parte explica la ofensiva judicial contra Trump por el involucramiento del Kremlin en las elecciones de 2016.
Sin embargo, el establishment realista reconoce que no todo puede ser hostilidad y ya se entusiasma con que Trump pueda arrancarle a Putin una negociación más favorable para poner fin al conflicto en Siria, que margine a Irán o al menos reduzca sensiblemente su influencia, algo que le conviene también a Israel. Las buenas relaciones entre Netanyahu y Putin podrían anticipar un acuerdo de este tipo.
La política imperialista agresiva de Trump se traduce en bonapartismo conservador en el plano doméstico. Algunos ejemplos son el nombramiento del juez católico y antiabortista Brett Kavanaugh para la Corte Suprema, o el fallo de esta misma corte contra los sindicatos, conocido como caso Janus.
A esas medidas se suman la brutal política de “tolerancia cero” antimigrantes que incluyó la separación de niñas y niños de sus padres y la ofensiva contra la política de “acción afirmativa” que favorecía el ingreso de las minorías a las universidades.
Pero esto no ocurre en el vacío, sino en un escenario de una polarización social y política que se profundiza a derecha y a izquierda del espectro político. Esta polarización ya se expresó en las primarias de los dos partidos de la burguesía norteamericana. Mientras que los candidatos de Trump se imponen en el partido republicano, Alexandria Ocasio-Cortez, una activista miembro del Democratic Socialist of America derrotó a Joe Crowley, el candidato del establishment que estaba en la línea de sucesión del liderazgo demócrata en la cámara baja.
No es radicalización política aún, pero sin dudas es un síntoma que anticipa los tiempos políticos tumultuosos por venir.
Esta cierta duplicidad entre crisis y ofensiva es lo que expresa el carácter contradictorio de las tendencias mundiales, o parafraseando a Gramsci, en esta suerte de interregno en el que el viejo orden ya no va más y todavía no está claro el contorno de lo nuevo, lo que crea el terreno propicio para los síntomas mórbidos, las soluciones de fuerza burguesas y también la lucha de clases.

Claudia Cinatti

viernes, 13 de julio de 2018

Alemania, entre la guerra comercial y la crisis política




Uno de los destinatarios principales de la escalada comercial de Trump es la zona euro y en especial Alemania, a la cual acusa de acumular un superávit inaceptable. Lo que fue exhibido como uno de los puntos fuertes del país germánico, se está convirtiendo en su Talón de Aquiles. En las últimas décadas, en particular desde la conformación de la Unión Europea, el ingreso nacional de Alemania depende cada vez más del comercio exterior. La contribución de las exportaciones al PBI asciende al 50%, lo que ha transformado a Berlín en una economía extremadamente vulnerable. Si hay un país europeo dañado por la guerra comercial lanzada por Trump, ése es Alemania. Además del acero y el aluminio, Estados Unidos amenaza ampliar el listado de productos que se verían afectados por una suba de aranceles. Es el caso de los automotores y equipos electrónicos, lo cual afectaría al corazón de las exportaciones alemanas. Hay quienes pronostican que ello podría provocar miles de despidos en las automotrices, empezando por la emblemática Volkswagen.
El abandono de Estados Unidos del pacto con Irán ha abierto otro capítulo de este enfrentamiento. La Casa Blanca amenaza con adoptar represalias y sanciones contra las empresas europeas que mantengan vínculos comerciales o tengan inversiones en aquel país. Esto vale para varias corporaciones alemanas que aprovecharon el acuerdo para radicarse en territorio iraní.
La reforma tributaria de Trump, a su turno, no sólo alienta la repatriación de capitales con asiento en otras plazas sino que coloca recargos impositivos a las empresas extranjeras. Esto ha perjudicado la operatoria de diferentes corporaciones germanas, entre ellas, al Deutsche Bank, que tuvo que reportar pérdidas por casi dos mil millones de dólares de sus sucursales en territorio norteamericano.

Desintegración de la Unión Europea

Este escenario potencia las tendencias a la desintegración de la Unión Europea. Alemania ha sido la principal usufructuaria de la zona euro, a expensas de las naciones más débiles. Bajo el paraguas de la Unión Europea se han acentuado los desequilibrios económicos entre sus miembros. El superávit comercial alemán ha tenido como contrapartida crecientes déficits de las otras naciones. Esta se ha vuelto una hipoteca insostenible, alentando las tendencias nacionalistas y el separatismo. La tendencias centrífugas expresadas en el Brexit se replican con fuerza en Italia. Allí, la nueva coalición de gobierno de la derecha y 5 Estrellas, tiene en carpeta un plan B que prevé la circulación de una moneda paralela al euro, el cual seguiría operando como unidad de cuenta de activos y patrimonios financieros, pero para reemplazarla en el momento oportuno y poner fin a la unidad monetaria de la zona. La bancarrota capitalista viene demoliendo todo el edificio institucional montado por el imperialismo, alentando la fractura del mercado mundial y la disolución de la Unión Europea.
Esta crisis de la Unión Europea ha abierto una deliberación a su interior, planteando cambios en su estructura. La tentativa de avanzar hacia una unión bancaria y fiscal choca, sin embargo, con la negativa de Alemania. La coalición gobernante rechaza este esquema que implicaría más costos que beneficios. No quiere saber nada con compartir el riesgo de la deuda pública de otros países, lo que constituiría un mecanismo de transferencia de recursos de Alemania en favor de las naciones más vulnerables. Se opone a establecer una unión fiscal, incluidas las propuestas de un presupuesto y un Ministerio de Hacienda comunes. Con el mismo criterio, son reacios a profundizar una unión bancaria, sin antes haber saneado los balances de los bancos de todos los países miembros de la zona euro, sobre todo, si se pretende establecer una garantía de los depósitos común.
Algunas preocupaciones del gobierno alemán son compartidas por los otros países europeos que abogan por una estricta disciplina fiscal, como los Países Bajos, Irlanda, Suecia, Noruega y Finlandia.

Quiebras bancarias

Por otra parte, el gobierno alemán pretende reservar los recursos para el rescate de sus propios bancos. Es que el Estado germano es el que inyectó más fondos en la crisis financiera iniciada en 2008 para el salvataje de sus corporaciones. Hoy, el conjunto de la banca alemana está en terapia intensiva, y el Deutsche Banck acumula tres años seguidos de pérdidas en sus balances, lo que ha provocado la renuncia de su CEO y el derrumbe de sus acciones al punto más bajo de la última década. Ello se relaciona con la reticencia de la burguesía alemana a un recate de la Unión Europea de características más generales, pues especula con apropiarse de la banca europea en crisis y reforzar el proceso de concentración económica y financiera bajo su tutela. Ello echa leña al fuego de las rivalidades con sus socios de la Unión Europea y aviva los reflejos defensivos de la burguesía de dichos países.
Con el derrumbe del Deutsche Bank, asoma el fantasma de un nuevo Lehman Brothers. Se pone de manifiesto la fragilidad de la principal potencia de Europa y de un modo general, de la economía mundial, que no ha logrado revertir la bancarrota capitalista que viene arrastrando desde hace una década. La suma de los activos tóxicos del Deutsche es varias veces superior al PBI alemán y su alto grado de apalancamiento la sitúa como uno de los principales riesgos sistémicos de la economía alemana y europea. Es una de las instituciones con mayores tenencias de bonos de Italia, cuyo valor vienen cayendo en picada. Alemania, que es exhibida como la economía “modelo”, se encuentra sentada en una bomba de tiempo.
La tensión social, a su turno, crece. Es cierto que Alemania exhibe el nivel de desocupados más bajos de Europa, con excepción de la República Checa. Pero una parte importante de la fuerza de trabajo reviste un carácter precario y con salarios de pobreza. Quienes trabajan bajo ese régimen no pueden permitirse ser propietarios de su vivienda y dependen de los subsidios estatales a pesar de estar trabajando. La principal razón por la que Alemania se volvió “más competitiva” comercialmente fue por la baja de los salarios.

Polarización y crisis de régimen

Casi treinta años después de la reunificación alemana, las diferencias entre el Este (lo que en su momento fue la República Democrática Alemana) y el Oeste, siguen siendo notables. “Oficialmente”, el desempleo de la antigua Alemania Oriental sigue siendo el doble que en la parte occidental del país -pero estas cifras, en la realidad, son sensiblemente mayores. El PBI per cápita en el Este tiene una desventaja del 26% respecto al Oeste. La gente que vive en las regiones del Este tiende a emigrar al Oeste porque hay mejores perspectivas laborales y los salarios son más altos. En el Este no hay grandes empresas y no se estableció ninguna desde la reunificación.
Este deterioro ha terminado por horadar al régimen político. Así se ha expresado en el derrumbe electoral de los dos partidos principales del sistema, que hicieron el año pasado la peor elección de su historia, que tuvo lugar a finales del año pasado. Entre los conservadores de Merkel y la socialdemocracia apenas lograron sumar al 50% de los electores. Alemania pasó varios meses sin que se pudiera formar gobierno, lo que se resolvió a través de una coalición precaria entre ambos partidos, que anda a los tumbos. Ahora, el gobierno encabezado por la otrora dama indiscutida, tambalea. Como contrapartida, asistimos al crecimiento de la derecha con el ascenso de Alternativa por Alemania (ADF), que reivindica la tradición del nazismo. La corriente reaccionaria recluta especialmente una adhesión en sectores desempleados y empobrecidos en los Estados del Este. La derecha viene promoviendo una campaña contra los inmigrantes, a quienes culpan de la crisis social y política. Pero lejos de ello, el hundimiento del régimen político responde a una crisis de fondo, que hunde sus raíces en la desintegración y fractura de la Unión Europea y de la zona euro. La cruzada contra los inmigrantes no es otra cosa que un recurso demagógico prefacista para desviar el descontento popular contra la miseria creciente.
La crisis política, de todos modos, contagia a todas las clases sociales y también se extiende a los trabajadores. Hay un clima creciente de insatisfacción y malestar en la clase obrera, que viene siendo afectada por un retroceso de sus salarios y de sus condiciones de vida.
En este cuadro viene de estallar a comienzos de este año la huelga de los metalúrgicos, que ha paralizado las principales empresa del sector, en primer lugar las automotrices. Ingresamos en una etapa más convulsiva de la lucha de clases en Alemania, que plantea con más fuerza la necesidad de resolver la crisis de dirección de la clase obrera y poner en pie un partido revolucionario.

Pablo Heller

jueves, 12 de julio de 2018

El materialismo dialéctico: la filosofía del marxismo




El marxismo abarca un campo más amplio que la economía y la política. Abarca todo el panorama del desarrollo de la sociedad humana, del pensamiento y de la naturaleza. En este sentido, el marxismo es una filosofía. Toda filosofía intenta explicar el mundo en que vivimos y las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. La filosofía del marxismo representa la síntesis más elaborada del pensamiento humano que se ha alcanzado bajo el capitalismo. El nombre que recibe esta filosofía es el de Materialismo Dialéctico, y es su método de análisis para conocer, interpretar y transformar la realidad.
El materialismo dialéctico es la columna vertebral del marxismo. Su aplicación a la historia humana es lo que se conoce como Materialismo Histórico, y su aplicación al estudio de la economía capitalista es lo que se conoce como Teoría Valor-Trabajo. Aquellos intelectuales de izquierda que se declaran marxistas, pero que reniegan del materialismo dialéctico o descartan su aplicación fuera de la política y la economía, son en realidad, son unos completos ignorantes y demuestran no comprender nada del marxismo. Por eso es frecuente ver deslizarse a este tipo de “marxistas” hacia el revisionismo reformista y la conciliación de clases.

Marxismo y filosofía

Marx y Engels decían que la ideología dominante en una sociedad dada (es decir, las concepciones e ideas comúnmente aceptadas sobre economía, política, justicia, moral, filosofía y ciencia) representa siempre la ideología de la clase dominante en esa sociedad.
Bajo el capitalismo, toda la ideología transmitida por la burguesía a través de la escuela y los medios de comunicación tiene como único fin justificar su dominación y sus privilegios de clase. Ideas tales como: "Siempre hubo ricos y pobres", "vive y deja vivir", o que el egoísmo y la envidia forman parte de la naturaleza humana, son transmitidas cotidianamente y golpean una y otra vez sobre la conciencia de la gente.
Los marxistas rechazamos estos puntos de vista, basados en la explotación, el sufrimiento y la humillación de millones de hombres y mujeres que formamos la clase obrera.
Todo obrero y joven consciente estará interesado en conocer las fuerzas ciegas que parecen determinar sus vidas, y comprender los procesos complejos que se dan en la economía, la política y la sociedad; en definitiva, conocer e interpretar la realidad que los rodea para ser dueños de su propio destino.
La tarea fundamental del marxismo es hacer conscientes a los trabajadores de esos procesos inconscientes y subterráneos que se dan en la economía, la política y la sociedad. Desde este punto de vista, el marxismo es la ideología y la ciencia de la clase obrera.

Materialismo e Idealismo

Todas las corrientes del pensamiento humano siempre estuvieron divididas en dos campos opuestos: el idealismo y el materialismo. El marxismo, por su propia esencia, es materialista.
Desde el punto de vista filosófico, Idealismo y Materialismo poseen un significado completamente diferente al que tienen en el lenguaje corriente. Así, se considera en general que una persona idealista es alguien desprendido, movido por grandes ideales y la felicidad común. Por el contrario, alguien materialista es considerado un egoísta, que sólo piensa en el dinero y al que sólo le mueven placeres banales para sí mismo. Hecha esta observación, nosotros vamos a emplear y describir estos términos en su sentido filosófico, no en el del lenguaje corriente.
Para los pensadores idealistas la sociedad, el pensamiento o la cultura son independientes del desarrollo concreto en que se desenvuelve la historia humana. La Justicia, la Moral, la Nación y la Religión son categorías, "verdades eternas", que tienen un contenido y un significado fijos y absolutos para cualquier época. La corriente de pensamiento idealista más extrema es la Religión, para la cual todo el mundo material existente, incluidos los seres humanos, fue creado por un ente ideal, por un Dios o por un conjunto de Dioses.
Para los idealistas, la realidad material que percibimos a través de nuestros sentidos surgió de "la nada" en una época remota. Los seres humanos sólo podemos conocer la “apariencia” de esta realidad, pero no su “esencia”, porque estamos orgánicamente limitados para ello. O porque sus “secretos” pertenecen a Dios.
Según el Idealismo, los seres humanos somos inteligentes, a diferencia de las demás especies animales, porque poseemos un "alma" inmaterial, diferenciada del cuerpo, que nos fue suministrada por un ente sobrenatural.
El pensamiento idealista debe su existencia a dos factores:
1) Al nivel de desarrollo extremadamente bajo de las sociedades humanas primitivas. El concepto del "alma" tiene su origen en el sueño del hombre primitivo, quien creía que mientras dormía, su "alma" o "espíritu" abandonaba temporalmente su cuerpo para volver al despertar. Las fuerzas de la naturaleza incontrolables que condicionaban cada momento de su existencia, como el trueno, el rayo o la lluvia, eran personificadas, adquiriendo el perfil de seres con apariencia humana, pero superiores a ellos. Así nacieron los dioses y las religiones de carácter ANIMISTA (cada objeto de la naturaleza poseía un "alma").
2) A la separación extrema entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Los pensamientos, las ideas parecen tener una existencia independiente de la realidad material en que están basados. Como "todo pasa por la cabeza", los descubrimientos, los avances de la ciencia o el arte, parecen salir de la cabeza del “que sabe” (jefe, sacerdote, maestro artesano, genio) para, posteriormente, ser aplicados a la realidad material por medio del trabajo manual.
Para el materialismo, en cambio, el mundo material es lo único real. Además, lo podemos conocer por medio de la observación y la experimentación. El desenvolvimiento de la naturaleza se debe a sus propias leyes, explicables, comprobables y reproducibles científicamente.
La materia se extiende infinitamente en el espacio, y existió siempre. Podemos ampliar infinitamente agregados de materia y, viceversa, cortar y dividir cada cuerpo material de manera infinita, si nuestros medios tecnológicos nos lo permitieran. No existe tal cosa como el “último ladrillo” de la materia.
La idea más importante del Materialismo es la unidad de la materia. Toda manifestación de la naturaleza es reducible a un cuerpo u objeto compuesto por átomos, protones, electrones, etc. y, por lo tanto, las mismas leyes generales que se deducen de la naturaleza se aplican a la sociedad humana y al pensamiento, puesto que el ser humano forma parte del mundo material. Nuestra conciencia, el pensamiento y la reflexión, por muy ideales o espirituales que nos parezcan, son el producto de un órgano material físico: el cerebro, el producto más elaborado y evolucionado de la materia. Como explica Lenin: "la materia actuando sobre nuestros órganos sensitivos produce sensaciones. Las sensaciones dependen del cerebro, de los nervios, de la retina… es decir, son el producto supremo de la materia."
Hasta los pensamientos más abstractos, como las matemáticas, se derivan de la observación del mundo material. La geometría tiene su origen en la división de la tierra para el cultivo y en el surgimiento de la propiedad privada, y la astronomía nació de la observación de las estrellas para prever los cambios de estaciones y el advenimiento de fenómenos naturales regulares, como era el caso de las inundaciones del río Nilo en el antiguo Egipto.
Para el marxismo, el desarrollo de las sociedades humanas descansa en el desarrollo de las fuerzas productivas. Es el modo concreto en que una sociedad determinada produce y reproduce las condiciones materiales de su existencia lo que determina el surgimiento de las clases sociales, la filosofía, la política, la moral, las concepciones jurídicas, la religión o el arte, que sufren una completa transformación, al cabo de un tiempo, después de que las condiciones de producción cambian radicalmente.
En palabras de Marx: "La vida no está determinada por la conciencia, sino la conciencia por la vida".
Toda moral es un producto histórico del desarrollo material de la sociedad humana. Cada época tiene su código moral.
La esclavitud nos puede parecer aberrante. Pero en las antiguas Grecia y Roma eran moralmente aceptadas porque permitía liberar del trabajo manual a la clase dominante para que pudiera hacer avanzar la sociedad mediante la ciencia, la filosofía o el arte.
No existe una moralidad suprahistórica, independiente de toda condición y lugar. El ser humano fue capaz de superar, como especie y en su comportamiento general, el incesto y el canibalismo, practicados sin reparos morales durante miles de años en una etapa remota. De este último queda incluso un rastro, una reminiscencia, en la liturgia cristiana en las palabras atribuidas a Jesús en la última cena: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él» (San Juan. 6, 55-56).
La idea moderna de la igualdad humana es un producto del sistema capitalista, que se basa en la producción y el intercambio de mercancías. Para intercambiar dos mercancías deben tener el mismo valor, lo que implica una igualdad de los trabajos realizados y, por lo tanto, de las capacidades físicas e intelectuales de las personas. De la misma manera, la idea de la igualdad de la mujer respecto del hombre sólo pudo avanzar bajo el capitalismo después de la incorporación de la mujer al trabajo productivo.

El movimiento constante

Para el Materialismo Dialéctico todo, sin excepción, está en un proceso constante e ininterrumpido de cambio y movimiento: la naturaleza, el pensamiento, la sociedad humana. Esto se ve corroborado por toda la experiencia: la evolución de las especies, del Universo, el movimiento molecular y atómico, el movimiento de los continentes, todo el devenir histórico de diferentes sociedades humanas: barbarie, esclavismo, feudalismo, capitalismo.
Una casa parece algo fijo y rígido. Pero si la abandonamos veremos cómo, al cabo de los años, se derrumba sola debido al movimiento interno de las moléculas y átomos de ladrillos, vigas, pintura, etc. imperceptible a nuestros ojos, que "desgastan" los materiales.
El mérito del Materialismo Dialéctico es haber descubierto las leyes que gobiernan este proceso ininterrumpido de cambio y movimiento.
La palabra “dialéctica" proviene del griego y significa "debate", "disputa". Desde el punto de vista filosófico, Engels definió la dialéctica como "la ciencia de las leyes generales del movimiento y la evolución de la naturaleza, del pensamiento y de la sociedad humana".
Aunque la dialéctica fue anticipada genialmente por los filósofos griegos de la antigüedad, fue el gran filósofo alemán Hegel quien sintetizó y estableció las leyes fundamentales de la dialéctica, si bien revestidas de un carácter completamente idealista.
Correspondió, finalmente, a Marx y Engels establecer la dialéctica sobre bases firmemente materialistas.
La característica fundamental del movimiento de la materia es que se produce o desarrolla a través de "contradicciones", es decir, por la existencia de contrastes, de diferencias, de tensiones opuestas. Sin estas contradicciones, contrastes y tensiones opuestas, que son parte componente de la estructura de la materia, no habría movimiento ni vida, todo sería inerte.
Así, si juntamos dos cuerpos, uno caliente y otro frío, veremos una transferencia de calor del cuerpo caliente al frío.
La corriente eléctrica se produce cuando se establece una "diferencia de potencial" (de energía) en los extremos de un circuito.
Podemos leer porque se escribe, literalmente, negro sobre blanco, y así podemos apreciar el contraste de las letras sobre el fondo del papel.
Podemos caminar porque el pie pisa sobre la tierra ejerciendo presión hacia atrás, y aquélla ejerce una reacción en sentido contrario, impulsándonos hacia adelante.
La contradicción de fondo del capitalismo, de la que se deriva la crisis del sistema, se basa en que mientras la producción ha adquirido un carácter social (participa toda la sociedad en la producción material) la apropiación se realiza de forma individual (el fruto de ese trabajo colectivo se lo apropia un puñado de capitalistas). La propiedad privada de los medios de producción permite a la burguesía apropiarse de la mayor parte del producto generado por el trabajo de los obreros: la plusvalía. La anarquía y el caos de la producción capitalista, donde el fin último es la máxima ganancia y no la satisfacción de las necesidades sociales, tiende a provocar sobreproducción de mercancías y las crisis económicas, y con ellas su estela de desempleo masivo, delincuencia, devastación del medio ambiente, guerras.
La esencia de la lucha de clases entre capitalistas y obreros es la lucha por la plusvalía. Sólo en un sistema socialista, basado en la propiedad social de los medios de producción y la planificación democrática de las fuerzas productivas a través de la participación consciente del conjunto de la sociedad, podrá ser resuelta esta contradicción, preparando un desarrollo pleno del género humano.
La desaparición del "movimiento particular" de la lucha de clases no será el fin de la historia del progreso humano. Al contrario, el movimiento de la sociedad pasará a un nivel cualitativamente superior, y tendrá como base la cooperación, y no la competencia, entre los seres humanos. La contradicción se dará entre las ilimitadas posibilidades del desarrollo humano, científico y cultural, y lo limitado de nuestro conocimiento en cada momento. Esta contradicción se resolverá de generación en generación, indefinidamente.

Las leyes de la dialéctica

El pensamiento dialéctico comporta un método de análisis superior a la "lógica formal" (el "sentido común", lo que vemos superficialmente). La lógica formal no ve las contradicciones y el movimiento permanente de la naturaleza y la sociedad. Registra solamente hechos aislados. En cambio, la dialéctica estudia los hechos en su conexión y movimiento, tomando en cuenta todos los factores contradictorios, internos y externos, que actúan sobre ellos. Veremos la superioridad del método dialéctico estudiando sus leyes fundamentales. Las leyes fundamentales de la dialéctica son tres:

* Transformación de la cantidad en calidad, y viceversa.
* La unidad y lucha de loscontrarios
* La negación de la negación.

Además, existen otras leyes que se derivan de éstas, como: el todo es mayor que la suma de las partes: la lucha conjunta de los obreros de una empresa es más fuerte que la lucha individual y aislada de cada uno de ellos; o la necesidad se expresa a través del accidente, de la casualidad: las guerras, las revoluciones o la caída de un gobierno pueden desatarse por un hecho concreto, casual, pero que expresa una necesidad interior preparada por las condiciones sociales y políticas de tal país e internacionalmente.

La ley de la transformación de la cantidad en calidad

La ley de la transformación de la cantidad en calidad explica que la acumulación de cambios cuantitativos provoca, en determinadas condiciones, cambios cualitativos. Es decir, la evolución y el cambio de la materia no se produce de manera gradual, poco a poco (como afirma la lógica formal), sino por medio de saltos, explosiones y revoluciones; cuando los cambios acumulados ya no pueden permanecer contenidos en las antiguas formas.
Cuando calentamos agua observamos que al alcanzar los 100ºC comienza a hervir repentinamente, transformándose en vapor. La acumulación de calor provoca, a una determinada temperatura, el cambio cualitativo de líquido a gas. Lo mismo pasa con el congelamiento del agua, al bajar la temperatura a 0ºC, el agua líquida se convierte en sólido, en hielo.
Lo mismo ocurre con la conciencia de los trabajadores. La sucesión de ataques a sus condiciones de vida y trabajo acumula rabia y frustración, un día y otro, hasta que bruscamente, ante el ataque más insignificante, se produce un cambio cualitativo y todo el malestar acumulado sale virulentamente a la superficie con huelgas, manifestaciones y, a un nivel superior, mediante una revolución. Tal es el proceso molecular de toma de conciencia del que habló Trotsky, tomando como ejemplo el proceso de ebullición del agua.
Los cambios cuantitativos transforman un tipo de energía en otra. La fricción produce calor. La energía solar puede transformarse en corriente eléctrica, igual que la energía nuclear.
Engels ya planteó que la energía es sólo materia de una clase diferente, transformándose una en otra según los cambios cuantitativos acumulados en los objetos. El genial científico Albert Einstein estableció la equivalencia de la materia y la energía en su famosa fórmula E=mc2 (donde E es la energía, m la masa -materia- y c la velocidad de la luz).
Marx y Engels ya anticiparon que la vida (materia orgánica) procedía de la materia sin vida (materia inorgánica), a través de un cambio cualitativo que se dio hace varios miles de millones de años en la composición de la materia. Lo que ya está aceptado científicamente.
La evolución desde las especies inferiores de animales y plantas hasta las actuales se ha producido mediante "saltos" y mutaciones genéticas, conforme se transformaba el medio ambiente del planeta.

Unidad y lucha de los contrarios

La verdad es concreta, decía Hegel. Una cosa es verdad bajo determinadas condiciones de tiempo y lugar, pero cuando esas condiciones cambian, lo que era verdad se transforma en falsedad, y al revés. Así, el propio sistema capitalista jugó un papel enormemente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas y de la sociedad, pero bajo el peso de sus contradicciones se ha transformado en algo reaccionario. La lucha del movimiento obrero refleja la necesidad histórica de transformar la sociedad para llegar al socialismo, que es el sistema "verdadero" que corresponde al desarrollo actual de las fuerzas productivas y de la sociedad.
No existe nada fijo e inmutable. Todo nace, se desarrolla y muere para volver a nacer a un nivel superior, más completo, y así indefinidamente.
La Ley de la unidad y lucha de los contrarios establece que los contrarios no pueden existir separadamente y que, en determinadas condiciones, se transforman el uno en otro.
Así, un imán consta de un "polo positivo" y otro "negativo". El polo positivo atrae los metales y el negativo los repele. Pero ambos son inseparables. Cuando lo partimos por la mitad, vuelven a aparecer ambos polos en los extremos del imán.
Dentro del átomo distinguimos protones (“partículas con carga positiva") y “electrones“ (“partículas con carga negativa”), que no se anulan entre sí, sino que se atraen y repelen al mismo tiempo y, en determinadas condiciones, se transforman los unos en los otros. De este tipo de combinaciones dentro del átomo y por interacción con otros átomos se forman los diversos elementos químicos que forman los ladrillos básicos de la materia: hidrógeno, oxígeno, cloro, nitrógeno, oro, hierro, etc., sin necesidad de un Dios creador.
La reproducción sexual se basa en la existencia de dos sexos opuestos, cuya unión da lugar a un nuevo ser que representa la unidad creadora de ambos sexos.
Para la dialéctica, una cosa es ella misma y otra diferente al mismo tiempo. Esto no es algo absurdo como podría interpretar la lógica formal. Es esencial a la materia. Una persona renueva completamente las células de su cuerpo cada 10 años. Al cabo de ese tiempo continúa siendo la misma persona, pero físicamente dejó de ser quien era diez años atrás.
Según la lógica formal, los opuestos sólo pueden ser percibidos de manera separada, y una cosa no puede ser al mismo tiempo ella y su contrario. Pero la naturaleza no se comporta así. Aparentemente, un disolvente y un pegamento son cosas totalmente opuestas y no pueden estar unidas en un mismo elemento. Veremos que no es así con un ejemplño sencillo. Se conoce de antiguo que el agua es el mejor disolvente natural que existe. Cuando limpiamos una superficie con un trapo empapado en agua, veremos cómo al frotar el agua elimina la suciedad de esa superficie, la ha disuelto; pero cuando exprimimos el trapo, veremos que el agua se escurre oscura, porque su acción disolvente es resultado de haber actuado al mismo tiempo como pegamento de la suciedad incrustada en la superficie limpiada. Esa suciedad ha quedado adherida a sus moléculas. Así, el mejor disolvente es el que actúa, al mismo tiempo, como el mejor pegamento.
Otro ejemplo cotidiano. Se supone que una persona despistada es lo opuesto a una persona concentrada en su tarea. Pero ¿qué es el despiste sino la máxima concentración ejercida sobre un pensamiento o cosa, que hace que no se preste atención alguna a lo que pasa alrededor? Y al contrario, una persona concentrada muestra una completa indiferencia por lo que tiene alrededor; es decir, una persona sólo puede concentrarse mostrándose despistada hacia todo lo demás.
Bajo el capitalismo, sin obreros asalariados no habría capitalistas, y al revés. Al mismo tiempo mantienen una lucha de clases permanente. La riqueza de los ricos se fundamenta en la miseria de los pobres. Sólo bajo el socialismo desaparecerán unos y otros.
Este mismo análisis dialéctico tenemos que hacer con respecto a las organizaciones políticas y sindicales de clase. Ocurre a veces que, por muy alejadas que puedan estar sus actuales direcciones de las auténticas ideas del socialismo y del marxismo, la dinámica de la lucha de clases empujará una y otra vez a los trabajadores a intentar transformarlas de arriba hacia abajo, como ya sucedió otras veces en la historia, hasta convertirlas en herramientas de lucha por la transformación socialista de la sociedad. Es decir, convertirlas en lo contrario de lo que son hoy. Sólo después de repetidos intentos fallidos, buscará la clase crear nuevas organizaciones que se adapten a sus intereses, normalmente a través de desprendimientos de las viejas organizaciones de masas.
La idea de la unidad y oposición de los contrarios no son paradojas inteligentes ni juegos mentales que los marxistas queremos imponer con fórceps al pensamiento humano. Es, simplemente, la forma de manifestarse la naturaleza, el pensamiento y la historia humana. Lo que sucede es que el afán del ser humano por conocer y clasificar aisladamente cada fenómeno, para poder comprenderlo, en una práctica desarrollada durante siglos, ha hecho que hayamos perdido el hábito de percibir los fenómenos en su conjunto, en su interrelación dialéctica, hábito que sí tenían los antiguos griegos, de ahí la audacia en el pensamiento que mostraron, incluso a nivel de las ciencias, y que aún nos sorprende y maravilla.

La ley de la negación de la negación

La ley de la negación de la negación explica el desarrollo y el progreso, desde lo inferior a lo superior, de la naturaleza y de la sociedad humana.
Para la dialéctica, negar no significa sólo rechazar, sino también preservar lo válido y útil de un cuerpo, una idea o una sociedad, en unas condiciones nuevas donde ya no podrían existir bajo su antigua forma.
Según la Ley de la negación de la negación, cada avance dado en el desarrollo de la naturaleza, en la evolución de las especies, en el conocimiento humano, y en el desarrollo de la ciencia, es un producto de desarrollos y avances anteriores, que actúan de eslabones en el camino que impulsan nuevos desarrollos hacia adelante. Sin especies inferiores ahora extinguidas, pero que fueron eslabones necesarios en el desarrollo evolutivo, no existiríamos actualmente como especie; sin las bases establecidas en el pensamiento y en la ciencia por los antiguos griegos, y preservadas, transmitidas y enriquecidas durante la edad media por la civiización musumana, hoy no tendríamos filosofía ni ciencia moderna.
Si sembramos una semilla, ésta "desaparecerá" y surgirá un tallo que, finalmente, dará origen a la flor. Pero ésta, a su vez, es "negada", sustituida por el fruto. Finalmente, el fruto también es "negado" (comido) dejando libres las semillas que lleva dentro y que darán origen a nuevas plantas o árboles. Parece, entonces, que volvemos al principio, pero a un nivel de desarrollo más alto, porque donde se siembra una semilla luego se obtienen 10, 15, ó 20. De igual manera, todo el movimiento dialéctico de la materia parece volver a etapas ya superadas, pero no como en un círculo, para volver al mismo punto de partida, sino como en una espiral, a un nivel superior.
Lo mismo se aplica a la historia humana. Así, el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por la humanidad la empuja a la sociedad sin clases, al comunismo, una etapa similar al comunismo primitivo natural de las primeras sociedades humanas. Así, volveríamos al "estado de equilibrio" primitivo, desparecidas las contradicciones de la sociedad dividida en clases, pero bajo condiciones nuevas, enriquecidos con los avances científico-técnicos y sociales de 10.000 años de lucha de clases y de desarrollo de la raza humana, donde las contradicciones y el "movimiento" de la sociedad comunista adquirirán una nueva forma como explicamos anteriormente.

Crisis capitalista y oscurantismo filosófico

El Materialismo Dialéctico no es una construcción artificial encajonada sobre la realidad, sino que es la generalización de las leyes bajo las que se desenvuelve la materia en todos sus aspectos: desde los átomos hasta la propia humanidad.
El método idealista de pensamiento ha llevado a la ciencia a un callejón sin salida, incapaz de arrojar luz sobre fenómenos que no puede interpretar. Hasta observamos retrocesos, como explicar el origen del universo y la materia por una gran explosión (Big Bang) que recuerda la teoría creacionista de la Religión. Lo mismo vemos en las demás ramas del conocimiento científico (psicología, genética, etc.).
Pero lo fundamental es comprender el carácter revolucionario del Materialismo Dialéctico que también explica la inevitabilidad de la decadencia del capitalismo y la necesidad del socialismo. Por esta razón, ninguna de las doctrinas del marxismo ha sido tan atacada y calumniada por los teóricos burgueses y socialdemócratas.
La dominación de los capitalistas no se basa solamente en la esclavitud asalariada, sino también en la esclavitud intelectual y espiritual de los trabajadores.
La teoría es una guía para la acción. Librar una lucha ideológica contra las concepciones burguesas en todas las esferas del conocimiento humano es tan importante como la lucha política y económica contra el sistema capitalista.
Como explicó Marx: "Hasta ahora los filósofos sólo se han ocupado de interpretar el mundo, de los que se trata es de transformarlo".
Es a la clase obrera mundial a quien le corresponde esta tarea.

Lucha de Clases

Trabajadores de Hospital de Clínicas denuncian despidos




La Unión de Trabajadores del Hospital de Clínicas UTHC denuncia el cese de 43 trabajadores y el despido infundado de un trabajador de mantenimiento. El sindicato anuncia medidas de lucha frente a los despidos.

Los trabajadores del hospital denuncian la cesantía de 43 trabajadores que están bajo el régimen de suplencia desde hace tres o cuatro años. Agregan además otro caso de despido infundado de un trabajador de mantenimiento.
Claramente las autoridades venían manteniendo una política de precarización laboral evadiendo la presupuestación de trabajadores con tres y hasta cuatro años de antigüedad. Y ahora en el marco de la austeridad presupuestal del gobierno y las autoridades de la universidad, empezando por el Rector Markarian que había intentado privatizar el hospital, toman como variable de ajuste a los trabajadores. Además de no cumplirse con el reclamo de 6% para ANEP – UDELAR hay ajuste mediante el despido de trabajadores.
El sindicato ya anunció y empezó a implementar medidas de lucha como cortes de calles y volanteadas y también entre otras se incluye para el próximo 9 de julio el comienzo de paros distorsivos en distintos sectores.
Ahora más que nunca los trabajadores de la educación y otros sectores junto al movimiento estudiantil deben pelear codo a codo junto a los trabajadores del Hospital de Clínicas para hacer retroceder este ataque.

LID