sábado, 24 de septiembre de 2016

La crisis llegó al agronegocio




Bayer ha comprado a Monsanto por 57.000 millones de dólares. La nueva compañía se convertiría en la más grande del mundo, con una venta asegurada del 29 % de las semillas y el 24 % de los pesticidas a escala mundial.
Monsanto es el pulpo que se identifica históricamente con los organismos genéticamente modificados (OGM), en base al predominio de su maíz, soja, algodón y otros cultivos manipulados para ser resistentes a los herbicidas.
La fusión forma parte de un proceso de conjunto. En los últimos meses se han apareado ChemChina con la suiza Syngenta y Dupont ha acordado combinar sus departamentos de cultivos con Dow Chemical, como primer paso de una unión.
La nueva empresa Bayer llevaría a un extremo lo que ya es un agudo proceso de concentración.

La crisis capitalista

Las fusiones han sido dictadas por la crisis mundial. La sobreproducción ha provocado un derrumbe de los precios de las materias primas. Desde 2013 se han producido muchos más millones de toneladas de soja, maíz y trigo de lo que la población puede adquirir. La única opción que les ha quedado a las “cuatro grandes” es consolidarse con la expectativa de monopolizar aún más los mercados y descargar la crisis, vía nuevos ajustes, sobre los trabajadores.
Hasta la crisis de 2008, los gobiernos imperialistas y estas empresas fueron responsables de un gigantesco proceso de confiscación económica que afectó al conjunto de los trabajadores de todos los países. El precio de las materias primas alimenticias subió un 150% entre 2002 y 2008, sin ninguna relación con la oferta y la demanda de alimentos. El aumento tuvo características ferozmente especulativas -la inversión en índices vinculados con el negocio de las materias primas creció veinte veces entre 2003 y 2008.
En ningún lugar del mundo el aumento de salarios se aproximó a estos niveles de aumento de los alimentos. La baja que se operó después no volvió al punto de partida, pero continúa procesándose y afecta todo el circuito de la llamada nueva agricultura, caracterizada por la aplicación del capital financiero al campo en todos los órdenes -desde los fertilizantes y semillas hasta la comercialización, pasando por la siembra, el cuidado y la cosecha.

Una carrera que no se puede sostener

Ahora, la caída de los precios se produce en medio de costos crecientes para los productores. El gasto en semillas de cultivos se ha multiplicado por casi cuatro veces desde hace veinte años, cuando Monsanto comenzó a aparecer como la cara pública de estas variedades.
El rendimiento de los cultivos, en una proporción importante, no logra mantener el ritmo del aumento del costo de las semillas. Un productor norteamericano paga 85 dólares la bolsa de semillas de soja genéticamente modificadas, casi cinco veces lo que pagaba hace dos décadas. “En la próxima primavera boreal, ese productor planea sembrar muchos de sus campos de maíz y soja con semillas no biotecnológicas” (Wall Street Journal, 16/9).
Existe otro problema, que hacía aún más precaria la situación de Monsanto. Durante años logró enormes beneficios a través de la venta de su herbicida glifosato (conocido como Roundup) en conjunto con cultivos modificados genéticamente para resistir al glifosato (conocidos como Rondoup Ready). Esta transformación parece haber llegado a un límite: no solo en Estados Unidos sino en otra partes del mundo, cada vez más las malas hierbas desarrollan resistencia al glifosato y están provocando una loca carrera, aplicando más herbicida o buscando un reemplazo.

59 y 64% del mercado: ¿A dónde vamos?

Si todas las fusiones terminaran siendo aprobadas, las tres mayores compañías que quedarían en pie (Bayer, ChemChina Syngenta y Dow Dupont) venderán el 59% de las semillas patentadas en el mundo y el 64% de todos los pesticidas, y Bayer sola el 70% de las semillas de algodón en Estados Unidos. Va de suyo que los “tres grandes” agudizarán aún más su política actual de centrarse en los cultivos más rentables y hundir la biodiversidad agrícola. “A medida que estas industrias se consolidan, dirigen la investigación hacia lo que se supone que son los rubros que ofrecen mayores ganancias, productos básicos como el maíz o la soja”, denuncia un investigador (Howard, Universidad de Michigan, AFP, 16/9).
El monopolio y las patentes de semilla y pesticidas no son sólo insoportables para la cadena de valor agrícola, sino un peligro para la humanidad.
De cualquier modo, la fusión encierra la posibilidad de un nuevo capítulo de la crisis. El año pasado Monsanto quiso comprar Syngenta, el mayor productor de agroquímicos del mundo. Después de que el acuerdo fracasara, el CEO de Syngenta planteó la endeblez de las operaciones en curso por “la saturación de los mercados” y la “ausencia de innovaciones”. Se podría decir lo mismo de la fusión Bayer-Monsanto.

Una salida anticapitalista

Las fusiones fortalecen a los responsables de la catástrofe alimentaria internacional, que tiene una raíz capitalista y está directamente vinculada con la crisis mundial. Para atacar la crisis corresponde atacar al capital. La expropiación de las tierras -seguida de un arrendamiento masivo a cooperativas de chacareros y peones sin tierra- y de los grandes pulpos alimentarios y comercializadores responde a una necesidad general de los trabajadores para hacer frente a la crisis.

Christian Rath

viernes, 23 de septiembre de 2016

A un año de la represión del CODICEN




Estudiantes se movilizaron este jueves al cumplirse un año del desalojo y represión en el CODICEN, en el marco del reclamo de 6% del PBI para la educación pública.

jueves, 22 de septiembre de 2016

‘El Talón de Hierro’, una obra pionera de la literatura socialista




Presentamos aquí un libro distinto a los habituales de la Fundación Federico Engels. Distinto no por su contenido ideológico, sino por su género, ya que se trata de una novela escrita por un autor que ha pasado a la historia por su compromiso con la causa de los oprimidos. Hemos escogido El Talón de Hierro, de Jack London, para inaugurar nuestra nueva colección “Literatura de Combate”, dedicada a novelas, memorias y otras obras literarias identificadas con el socialismo y la revolución, pero que no se encuadran en el terreno de la teoría marxista, que hasta ahora constituye el grueso de nuestro catálogo.
Jack London (1876-1916) nació en la ciudad estadounidense de San Francisco cuando el país ya había salido de la Guerra de Secesión (1861-1865) y emprendía la senda para convertirse en la gran potencia capitalista mundial. En aquella época, la industrialización, el ferrocarril y las minas de oro alimentaron la más brutal explotación de una joven clase obrera nutrida por el aluvión de la emigración europea. London, hijo de una exesclava, aprendió a leer y a escribir de manera autodidacta. Con 14 años comenzó a trabajar como recolector furtivo de ostras. Tras un viaje a Japón en 1893, retorna ese mismo año a unos Estados Unidos azotados por la crisis económica y los disturbios laborales. Tras un tiempo vagabundeando, comienza a trabajar de doce a dieciocho horas diarias en la conservera Hickmott. En 1897 se va a buscar trabajo en las minas de Alaska, donde las condiciones extremas lo hacen enfermar de escorbuto. Esos años forjaron su conciencia socialista y engendraron sus primeros relatos describiendo la miseria de la clase obrera.
En 1896 se afilia al Partido Laborista Socialista, que abandonaría en 1901 para unirse al recién fundado Partido Socialista de América. Su actividad militante provocó su arresto en 1897. Fue candidato a alcalde de Oakland en dos ocasiones (1901 y 1905), ciudad donde se instaló tras abandonar Alaska, logrando en ambas ocasiones un escaso apoyo. En 1906 emprendió una gira por el país dando conferencias sobre el socialismo. En esos años publicó ensayos de temática socialista, como “La guerra de las clases” (1905) y “Revolución y otros ensayos” (1910).
Y en medio de toda esa actividad militante y socialista, Jack London escribe la novela que ahora presentamos, publicada en 1908. En 1903 y 1906 habían visto la luz respectivamente La llamada de la selva y Colmillo blanco, que junto con El Talón de Hierro son sus obras más conocidas.
A comienzos del siglo XX, el mundo vivía un período de fuertes convulsiones en la lucha de clases, que acabarían por conducir a la Primera Guerra Mundial. Los conflictos entre las potencias imperialistas (Gran Bretaña, Francia, Alemania), los levantamientos obreros en diferentes países de Europa y, sobre todo, la Revolución Rusa de 1905 marcaron profundamente a Jack London y lo llevaron a escribir esta obra.
El Talón de Hierro narra la historia de Ernest Everhard, un revolucionario estadounidense capturado y ejecutado en 1932 por haber tomado parte en una frustrada revolución obrera, la Comuna de Chicago. La novela, presentada en forma de relato escrito en primera persona por su viuda, Avis Everhard, nos describe el funcionamiento del sistema capitalista y cómo la oligarquía industrial implantó el Talón de Hierro, su dictadura.
En esta obra, Jack London realiza una dura crítica del capitalismo, que por aquellos años ya había dejado de ser el sistema de “libre competencia” de comienzos de la Revolución Industrial y se había convertido en capitalismo monopolista de Estado, como tiempo más tarde denunciaría Lenin en su conocida obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, editada recientemente por nuestra Fundación. Pero, sobre todo, El Talón de Hierro nos habla de la necesidad de la lucha revolucionaria para conquistar el socialismo.
En sus páginas encontramos ideas reflexivas y profundas que beben de la mejor tradición socialista: “Cinco hombres bastan ahora para hacer pan para mil personas. Un solo hombre puede producir tela de algodón para doscientas cincuenta personas, lana para trescientas y calzado para mil. Uno se sentiría inclinado a concluir que, con una buena administración de la sociedad, el individuo civilizado moderno debería vivir mucho más cómodamente que el hombre prehistórico. ¿Es así? (...) Si la capacidad productiva del hombre moderno es mil veces superior a la del hombre de las cavernas, ¿por qué en Estados Unidos hay actualmente quince millones de habitantes que no están alimentados ni alojados adecuadamente y tres millones de niños que trabajan? (...) Ante este hecho, este doble hecho —que el hombre moderno vive más miserablemente que su antepasado salvaje, mientras su capacidad productiva es mil veces superior—, no cabe otra explicación que la mala administración de la clase capitalista, que son ustedes malos administradores, malos amos, y que su mala gestión es imputable a su egoísmo”.
También contiene enérgicos llamamientos a favor de la acción transformadora y la conquista del poder por los oprimidos:
“Nuestra intención es no solamente tomar las riquezas que están en las casas, sino también todas las fuentes de riqueza, todas las minas, todos los ferrocarriles, las fábricas, los bancos, los almacenes. Eso es la revolución. (...) Queremos tomar en nuestras manos las riendas del poder y el destino del género humano. Estas son nuestras manos. Ellas les arrebatarán su gobierno, sus palacios y su dorada comodidad, y llegará el día en que ustedes tendrán que ganarse el pan con el sudor de su frente, como el campesino o como los pobres y hambrientos empleados de sus ciudades. Aquí están nuestras manos. ¡Son manos fuertes!”.
Jack London también fustiga con dureza a todas las instituciones que sostienen este sistema de explotación, desde la Iglesia —“niños de seis y siete años que trabajan toda la noche en turnos de doce horas. Nunca ven la santa luz del día. Mueren como moscas. Los dividendos se pagan con su sangre. Y con esos dividendos se levantan magníficas iglesias en Nueva Inglaterra”— a los dirigentes serviles de las organizaciones políticas y sindicales reformistas —“los políticos de los viejos partidos (...) esbirros, lacayos de la plutocracia (...); los miembros de esas castas obreras, de esos sindicatos privilegiados, se esforzarán por transformar sus organizaciones en corporaciones cerradas”—, pasando por la clase media, “el corderito temblando entre el león y el tigre. Será de uno o de otro”.
Y, por supuesto, denuncia la guerra imperialista como una carnicería lucrativa para la burguesía: “Además, las hostilidades consumirían muchos excedentes nacionales, reducirían los ejércitos de parados que amenazaban a todos los países y darían a la oligarquía tiempo para madurar sus planes y realizarlos”.
El Talón de Hierro es una obra de ficción, pero se sustenta en numerosos hechos y personajes reales que aparecen tanto en el texto como en las abundantes notas escritas por London (que están debidamente indicadas; las que no, son de nuestra autoría): datos, libros, declaraciones, la ley de Milicias, la anulación judicial de la ley que prohibía el trabajo infantil en Pensilvania y de la que limitaba la jornada laboral de los panaderos neoyorquinos, las Centurias Negras rusas, la Agencia Pinkerton y sus matones, el caso Moyer y Haywood y las palabras de Eugen V. Debs sobre el mismo, James Farley y su tren de rompehuelgas, etc.. Aunque en ocasiones London mezcla lo real con lo novelesco (Farley no murió asesinado por la viuda de un huelguista, sino de tuberculosis), la fuerza de sus ideas son el reflejo de una dura realidad.
Con El Talón de Hierro, London se convirtió en un analista de su época y del futuro, anticipando incluso lo que después sería el fascismo. Y pudo preverlo gracias a la perspectiva de clase y socialista que recorre todo el libro.
En la actualidad vivimos una época muy parecida a la que aquí nos describe Jack London, con turbulencias económicas, enfrentamientos imperialistas y estallidos sociales, que dan lugar a revoluciones y contrarrevoluciones. De una forma sencilla, con un lenguaje directo y sin concesiones, El Talón de Hierro nos ayuda a comprender los entresijos del sistema capitalista en su período de decadencia y las artimañas de la burguesía para perpetuarse en el poder. Pero sobre todo nos transmite la necesidad de que la clase obrera se organice y luche de forma revolucionaria por transformar la sociedad, la única manera de alcanzar el socialismo.
El Talón de Hierro recibió los elogios de León Trotsky, que lo leyó animado por la hija de London, Joan, a quien después envió la carta que sigue a esta nota, así como del escritor Anatole France, cuyo prólogo a la primera edición francesa, en 1923, también incluimos aquí. Esos elogios no son para menos, puesto que esta obra contiene enseñanzas magistrales que conviene no olvidar: “El poder será el árbitro. Siempre lo fue. La lucha de clases es una cuestión de fuerza. Pues bien, así como su clase derribó a la vieja nobleza feudal, así también será abatida por otra clase, la clase obrera”.

Izquierda Revolucionaria
Mayo de 2016

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Brasil: crecen las luchas contra el ajuste




Dos semanas de huelga de los trabajadores bancarios

Los trabajadores bancarios ingresaron en la segunda semana de huelga en reclamo de un aumento salarial que contemple la inflación acumulada (9,5%) más un 5% de aumento real, así como mejoras en las condiciones de trabajo.
La medida asombra por su contundencia: un informe del diario O Globo del 20/9 que registra la situación estado por estado indica que en casi todos ellos más del 70% de las sucursales adhieren a la huelga.
Finalizada la primera semana de la medida de fuerza, la cámara patronal realizó una propuesta de aumento del 7%, que fue rechazada por estar debajo de la inflación. Los bancos argumentan que el país se encuentra en crisis, pero los trabajadores han puesto de relieve las fabulosas ganancias que aquellos amasaron en el último tiempo, incluyendo las administraciones ‘progresistas’ de Lula y Rousseff. En palabras de un referente del Sindicato de los Bancarios de San Pablo, “los banqueros no tienen crisis, visto los beneficios que han obtenido en los últimos años. Si tomamos los balances de los mayores bancos brasileños en los últimos seis meses, lo que vemos son beneficios cada vez mayores” (Correio da Cidadania, 14/9).
La crisis brasileña, en verdad, intenta ser descargada por el gobierno y las patronales sobre los hombros de los trabajadores.
El gobierno impulsa un paquete de medidas antiobreras que incluye la elevación de la edad de retiro y una reforma laboral flexibilizadora que “legaliza la contratación temporaria incluso por pocas horas y permite ampliar la jornada de trabajo de 8 a 12 horas diarias” (Página 12, 10/9), manteniendo la jornada de 44 horas semanales pero adecuando su distribución a los caprichos de la patronal.
Por este motivo, los metalúrgicos del ABC paulista preparan una jornada de lucha para el 29 de septiembre.
En medio de esta ofensiva capitalista, la huelga de los bancarios reviste particular importancia para el movimiento obrero y el pueblo brasileño, que enfrenta en las calles a Temer.
La impopularidad del presidente golpista quedó en evidencia en las multitudinarias manifestaciones que reclamaron “Fuera Temer”.
La CUT elude, sin embargo, la convocatoria a la huelga general para quebrar el ajuste y el PT intenta circunscribir las movilizaciones al reclamo de nuevas elecciones.
Ambos se comportan, así, como un factor de aseguramiento de la gobernabilidad.
Por el triunfo de los trabajadores bancarios. Fuera Temer. Por la huelga general para quebrar el ajuste.

Gustavo Montenegro

martes, 20 de septiembre de 2016

Brasil: La clase obrera debate la huelga general




Del 1° al 3 de septiembre se realizó en Florianópolis el IX Congreso del Sindicato de Trabajadores Municipales (Sintrasem). Con la presencia de 200 delegados, en representación de 8.000 afiliados, se debatió la situación política del Brasil y las tareas a encarar por el movimiento sindical y la clase obrera en la nueva etapa postgolpista. Seis organizaciones de la izquierda brasilera presentaron tesis que fueron editadas y distribuidas: Esquerda Marxista (Corriente El Militante Internacional), Unidade Classista (PCB), ConLutas-PSTU, Unidos vamos a Luta-CUT (O Trabalho, ex lambertistas), Intersindical Central da Classe Trabalhadora (PSOL) y Tribuna Classista (CRCI en Brasil). El PO de Argentina fue invitado por Tribuna Classista, con aval de la dirección del Sintrasem, para intervenir en el debate nacional e internacional.

Sobre la huelga general

El debate central giró sobre el balance del gobierno del PT y la necesidad de enfrentar la ofensiva del gobierno Temer con la huelga general. La consigna “Fora Temer” dominó las deliberaciones del congreso y es una medida del rechazo que despierta el nuevo gobierno entre los trabajadores.
Algunas corrientes llaman a impulsar la huelga general, pero este planteo no es acompañado por un balance y una ruptura política con el PT y sus burocracias en las organizaciones obreras. Al contrario, para algunos sectores se plantearía una presión sobre la dirección de la CUT, para que la Central “vuelva a ser punto de apoyo nuestras luchas, presionando para que su dirección pase de los discursos a la acción”. Pero la CUT fue el corsé que restringió la lucha independiente de la clase, convirtiendo los sindicatos en oficinas del PT y el gobierno. En nueve meses del proceso de impeachment golpista, estas direcciones burocráticas bloquearon toda movilización independiente contra los golpistas, subordinándose al gobierno Dilma, que llevaba adelante el ‘ajuste’ contra los trabajadores. Concluido el juicio político, la política del PT es asegurar la gobernabilidad. La CUT viene pateando una medida de fuerza, mientras se acentúan y multiplican en todo el país las movilizaciones populares.
Enfrentados a estas tendencias se encontraban corrientes defensoras activas de un plan de lucha y de la huelga general, partidarias, asimismo, de rechazar la política de colaboración de clases. El eje de ese rechazo giró en torno de la ruptura del Sintrasem y de todas las organizaciones obreras con la CUT, la desafiliación y salida de la misma. Esto lo levanta la Unidade Classista (PCB), un ala del viejo PC que enfrentó al PT, y el PSTU, que dirige una pequeña central alternativa (Conlutas). La ruptura de las organizaciones obreras con la burguesía se transformó en la ruptura de la CUT; la batalla por un planteamiento, reagrupamiento y programa de independencia de clase, es sustituida por una lucha faccional de aparatos. El ABC de quienes nos reclamamos clasistas es la defensa del frente único de la clase obrera en todos sus niveles, y pelear en todos los sindicatos y centrales por una nueva dirección revolucionaria basada en un programa revolucionario de independencia política.

Perspectiva política

Las deliberaciones del congreso de los trabajadores municipales es un botón de muestra de la necesidad y de la posibilidad de una respuesta colectiva de los trabajadores. La izquierda clasista tiene una oportunidad de presentar un programa de conjunto frente a la crisis y de plantear una alternativa política de clase. Sin embargo, tiende a limitar sus perspectivas a las elecciones municipales de octubre, lo cual -importa señalarlo- pasó desapercibido en el congreso. No hubo planteos de apoyo a alguna lista para dichos comicios. La izquierda no va unida en torno de posiciones de independencia política. Algunos apoyan a fracciones del PT (que van incluso en alianzas con sus viejos aliados devenidos en golpistas) o a candidaturas burguesas u oportunistas (PSOL). El PSTU se ofrece como un canal independiente, pero minoritario y con algunos planteos confusos.
Hay que abrir un debate para desarrollar la consigna “Fuera Temer” y la huelga general, en función de una crisis de poder con una posible irrupción de masas.
Esta perspectiva política fue desarrollada por Tribuna Classista -y apoyada por muchos delegados-, quien llamó a impulsar la convocatoria a un congreso de trabajadores nacional, para discutir los planteos políticos que permitan construir una alternativa política y sindical independiente de los trabajadores.
La experiencia de la lucha del PO en la Argentina y la construcción del FIT fue vivazmente seguida: nuestro planteo de lucha contra el golpe sin apoyar al gobierno de Dilma, la necesidad de una delimitación implacable del nacionalismo burgués y del frentepopulismo, el rechazo a los pseudofrentes de resistencia contra Macri que ahora dice impulsar el kirchnerismo, el combate por un plan de lucha independiente contra los planes ajustadores del gobierno nacional y los gobiernos provinciales del PJ y la lucha por una nueva dirección con un programa clasista revolucionario en todas las centrales.
Un hecho distintivo: en el cierre del congreso se pasó el video donde el diputado del PO-FIT, Néstor Pitrola, enfrenta a la diputada Carrió para repudiar el golpe de Temer y señala que en Brasil se está abriendo camino la lucha por la huelga general.

Rafael Santos

Vigilia por Diyab y un pedido de compromiso al gobierno

El grupo Vigilia por Jihad Diyab realizó una jornada de difusión y vigilia en apoyo al refugiado en la tarde delpasado viernes en la Plaza Libertad y en Cancillería. El ex Guantánamo expresó en las últimas horas que si el gobierno afirma su compromiso a encontrar una solución él abandona la huelga líquida, dando tiempo hasta hoy domingo para responder.

El pasado viernes se realizó la Vigilia por Diyab, empezando en Plaza Libertad pero que culminó en el edificio de la Cancillería a pocos metros de allí sobre la avenida 18 de Julio, a las 19h. Los concurrentes colocaron en el lugar velas y pancartas, pidiendo a las autoridades responsables, el gobierno uruguayo como el de Estados Unidos, dar una solución a la situación del refugiado: “que cumplan con las gestiones necesarias para la reunificación familiar de Jihad allí donde esta sea posible, y que se acabe con la persecución política contra este refugiado”.
Por otro lado, el Sindicato Médico retiró su asistencia luego que Diyab pidió se le retirara el suero que estaba recibiendo luego del desmayo que tuvo esta semana.

La salud de Diyab

Luego de haber entrado en un coma superficial el día miércoles, fue asistido por la Comisión de Derechos Humanos del Sindicato Médico del Uruguay, que le suministró suero para hidratarlo, el cual fue retirado a pedido de Diyab cuando éste pudo despertar. A raíz de este pedido el SMU retiró la asistencia y el monitoreo que le estaba ofreciendo al refugiado, “Cuando no están dadas esas condiciones, cuando la persona dice que quiere llegar hasta las últimas consecuencias, el protocolo habilita a retirarnos, porque no le podemos garantizar que vaya a lograr lo que quiere siguiendo este tipo de cosas” declaró Galzerano en el semanario Brecha una de las médicas del SMU y agregó “Esta situación excede a todas las huelgas de hambre que hemos tenido, es la más grave”. También dijo que si Diyab abandonaba la medida de huelga seca (no ingerir líquidos) el SMU volvería a prestarle asistencia.

Intervino la justicia penal

En la semana también intervino la justicia penal a través del juez Carlos García Guaraglia, tras una denuncia del Ministerio de Salud en algunas versiones de prensa, en otras que fue tras una llamada de la Dirección General de Información e Inteligencia Policial. A consecuencia concurrió una delegación de tres médicos forenses del Instituto Técnico Forense, acompañados de tres policías, los cuales elaboraron un informe que elevaron al juez. Por haber recuperado la conciencia Diyab, se decidió no intervenir por ahora.

El pedido de compromiso al gobierno y las gestiones de Nin Novoa en Estados Unidos

En un comunicado por video de Diyab del pasado viernes según lo traducido, indicó que a partir de este encuentro Diyab le transmitió a esta delegación que él empezaría a tomar líquidos si el gobierno asume el compromiso, con un plazo establecido de máximo siete días para llegar a una solución, también agregó que el plazo para recibir la propuesta del gobierno debería ser hasta hoy domingo, de no haber respuesta Diyab continuaría con su huelga de hambre seca. Según versiones de prensa Christian Mirza, que es el nexo en la comunicación del gobierno con los ex presos de Guantánamo, anunció que le llevará una contrapropuesta a Diyab el día lunes y agregó que "La idea del video no fue bien recibida por el gobierno.”
En ese sentido, trascendió también que el gobierno uruguayo a través del canciller Nin Novoa, que viajó a EEUU, está realizando gestiones para lograr una solución del asunto a partir de lograr una triangulación con el gobierno norteamericano, a lo que se agrega la llegada de Vázquez para concurrir a la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Aunque se tienen bajas expectativas al respecto, ya que las autoridades norteamericanas consideran que el caso Diyab corresponde solucionarlo a Uruguay, posición que ya había sido ratificada en una declaración de la embajadora Kelly Keiderling la semana pasada.

Sebastián Artigas

sábado, 17 de septiembre de 2016

Robótica, productividad y geopolítica




Los temores del G-20 en Hangzhou. Fenómenos políticos y nuevos experimentos. Acuerdo Transpacífico, globalización, democracia liberal y autonomía nacional. Estados Unidos y China: tecnología y productividad.

Hace unos días culminaba la reunión del G-20 en Hangzhou, China, concluyendo en su declaración que el año 2016 podría ser el más peligroso económicamente desde 2009. El organismo realizó múltiples advertencias entre las que resaltan el crecimiento de la desigualdad, el descenso o estancamiento del ingreso real de entre el 65 y el 70% de los hogares en las economías avanzadas, la inseguridad en el mercado laboral, la crisis mundial de refugiados sin precedentes, o el riesgo de una escalada proteccionista y la necesidad de señalar las “ventajas” de la globalización, entre muchos otros. Entre tantas apreciaciones más o menos esperables, llama la atención la referencia simultánea tanto a la debilidad de la inversión y la productividad en “algunos países” –léase, los centrales- como a la necesidad de enfrentar una “próxima revolución de la producción”.
Esta esquizofrenia discursiva es en gran parte reflejo de la “esquizofrenia empírica” que combina extraordinarios avances tecnológicos con un alarmantemente débil incremento de la productividad durante los últimos años. Como desde variados ángulos abordamos en diversos artículos, mucho tiene para decir la profundidad de la crisis capitalista mundial en curso respecto del dualismo que enfrenta a la productividad con la tecnología en general y con la robótica en particular. Esta contradicción –un hecho a la vez no ordinario pero tampoco original en la historia– es manifestación del carácter extraordinario del estancamiento económico que se desarrolla ante nuestros ojos.

Fuera de lo común (la ortodoxia y lo extraordinario)

Analizábamos hace algún tiempo en Estancamiento secular, fundamentos y dinámica de la crisis, diversas características que permiten conjugar el proceso que se inició en 2008 con las más grandes convulsiones económicas de la historia del capitalismo. Mencionábamos allí como definición más general que mientras la crisis actual destaca por lo que tiene de específico y original, comparte con aquellas de 1873, 1929 o 1970, la particularidad de estar llamada a trastocar la anatomía mundial en términos tanto económicos como políticos y geopolíticos. En algunos aspectos –y como suele suceder- la realidad nos sacó ventaja, proporcionando nuevos argumentos.
Como también planteamos desde esta columna, una crisis no catastrófica pero persistente acabó derivando en nuevos fenómenos políticos que podrían –al menos en el mediano plazo- desbaratar la estratagema de las “elites dirigentes” que bastante pericia mostraron en la administración de la crisis durante los últimos años. En un sentido Donald Trump y Bernie Sanders, pueden interpretarse como símbolos anticipatorios de una eventual y futura necesidad de políticas más “radicales” que el actual gradualismo ordenado del establishment. Entre ellas, experimentos bonapartistas de derecha o posibles “new deals”.
No puede descartarse que una mutación en la gestión de la crisis termine derivándose no de una nueva catástrofe económica directa –nunca descartable- sino de las consecuencias políticas de casi ocho años de estancamiento. La letanía poco convincente del G-20 respecto de la ineficacia de las políticas monetarias y la necesidad de poner en práctica medidas urgentes que estimulen la demanda, incluyendo obra pública, fin de la austeridad y aumentos salariales, adquiere el formato de un discurso preventivo.
Concomitantemente los efectos larvados de una economía estancada transformados en nuevos fenómenos políticos -cuyo desarrollo alcanzó velocidad de crucero durante el último año- tienen consecuencias sobre las relaciones interestatales. La crisis de los tratados comerciales que se expresa tanto en las negociaciones post Brexit como en las turbulencias en Estados Unidos alrededor del Acuerdo Transpacífico (TPP), promete repercutir sobre la geopolítica y otra vez sobre la economía. El TPP que busca agrupar al 40% de la economía mundial excluyendo a China y manteniendo la influencia norteamericana en el Pacífico es considerado el pivote del giro asiático de Obama. Es visto a su vez como un factor de agudización de los efectos desindustrializadores y deslocalizadores de la globalización en tanto busca nuevas ventajas externas para las multinacionales norteamericanas destruyendo puestos de trabajo, reduciendo salarios y rebajando aún más la calidad del empleo en Estados Unidos. Justamente la oposición a este acuerdo es un puntal de la campaña de Trump, fue un eje de la de Sanders y obligó a Hillary a prometer que acabaría con el tratado, contra su programa original.
Un reciente artículo de Financial Times advierte que una ocasional presidencia de Donald Trump podría provocar la reestructuración del poder en Asia y una reconfiguración geopolítica. Un mayor aislacionismo norteamericano podría empujar a sus aliados a los brazos de China, principal rival de Trump. Los autores señalan que Tokio y Seúl se preparan para enfrentar los cambios que vendrán después de las elecciones estadounidenses. Cambios asociados fundamentalmente a un incremento de los gastos de defensa y la posible defunción del Acuerdo Transpacífico que según ciertos analistas –que por su puesto buscan influir políticamente- podría significar el fin de la globalización liderada por Estados Unidos. Quizá lo más interesante del artículo arriba mencionado es la afirmación de que incluso una victoria de Hillary –altamente probable a pesar del nuevo repunte de Trump, agregamos- podría acelerar estos cambios y que más allá de que Trump sea o no elegido presidente, el lado oscuro del aislacionismo seguirá infiltrando la política estadounidense pudiendo volverla más cerrada.
En un sentido más “ideológico” se pronuncia Martin Wolf en consonancia con las declamaciones utópicas del G-20 que bregan por un equilibrio entre los derechos de los inversores internacionales, los de los Estados y otras partes involucradas en lo que hace a acuerdos sobre comercio e inversión. Wolf vincula bien política y geopolítica señalando las incompatibilidades entre democracia liberal, autonomía nacional y globalización económica, sobre todo en momentos en que –como dice- un brebaje envenenado de incremento de la desigualdad y disminución del crecimiento de la productividad vuelve a la democracia intolerante y al capitalismo ilegítimo. Las migraciones masivas como factor común de la globalización resultaron -en la visión de Wolf- responsables de los mayores conflictos entre las libertades individuales y la soberanía nacional, creando fricciones entre la democracia nacional y las oportunidades de la economía global. Algo de esto analizamos desde esta columna conceptualizándolo como fracaso del éxito neoliberal.
Wolf teme por el matrimonio entre democracia liberal y capitalismo global y advierte sobre el mayor fantasma de lo que en una suerte de reedición de los escenarios de los años ’30, podría dar lugar a aquello que define como un “capitalismo nacional controlado”. En su afán por salvar el par democracia liberal/capitalismo global, retorna a la cuestión de los tratados comerciales preguntándose un tanto retóricamente si vale la pena promover nuevos acuerdos internacionales que repriman las regulaciones nacionales en favor de las corporaciones existentes. Acordando con un consejo de Summers, recomienda priorizar el “poder de los ciudadanos” frente a la “armonía creada” o las “barreras derribadas”. Remata sentenciando que no se pueden perseguir a toda costa las ganancias que produce el comercio. O sea, moderación y una suerte de propaganda “aislacionista” preventiva o alguna concesión a la “autonomía nacional”, para salvar el globalismo…

China: entre la geopolítica y la robótica

A todo esto, en el terreno de las alianzas geopolíticas las hipótesis de realineamientos abundan en Siria –otra de las mayores preocupaciones del G-20- como el “salón de baile” en el que empiezan a probarse nuevas y aún indefinidas relaciones peligrosas. Dentro de esas hipótesis –entre las que se inscribe la escalada de un nuevo escenario de guerra fría ruso norteamericana- hay quienes especulan que desde el ascenso al poder del reformador liberal Xi Jinping, China estaría abandonando la aversión a la intervención militar en conflictos extranjeros. Analizamos reiteradas veces los problemas de la transición china y su relación con el bajo crecimiento global que desde hace dos largos años tienden a convertirla de un salvoconducto para los capitales excedentes del mundo desarrollado en un competidor por los espacios mundiales de acumulación.
La necesidad de abandonar un sistema trabajo-intensivo, incrementando la tecnificación, la robótica y la productividad, tiene dos vertientes y dos objetivos. Se deriva tanto de los límites externos del “modelo exportador” de productos de bajo valor agregado como de la pérdida relativa de la ventaja salarial y la -también relativa- escasez interna de mano de obra. Los objetivos se sintetizan por un lado en la necesidad de un giro ofensivo en la captación de nuevos mercados tanto para la producción -utilizando mano de obra barata en el exterior- como para la realización de mercancías y la adquisición de tecnología. Y, por el otro, en la necesidad de crear una base nacional de consumo lo suficientemente amplia.
En última instancia y en términos marxistas, se trata de la meta combinada de incrementar la obtención de plusvalía absoluta afuera y de plusvalía relativa al interior de China. Cuestión esta última que –además del disciplinamiento de la fuerza de trabajo- permitiría el aumento concomitante de ganancias y salarios reales a costa de la reducción del salario relativo. Consiste en el dificultoso intento de forjar la base social de franjas obreras comparativamente bien pagas –condición necesaria de toda nación imperialista- que en los países centrales se debilita progresivamente poniendo en cuestión el statu quo vigente. Dicho más prosaicamente: China ansía conquistar internamente lo que Estados Unidos y el Reino Unido están perdiendo y que ya arrojó la aterradora consecuencia del vertiginoso ascenso de Trump, el UKIP, el ala ultraderecha del Partido Tory y en definitiva, el Brexit.
En el último tiempo, como señala otra nota de Financial Times, el gobierno chino está promoviendo la automatización y en 2014 Xi Jingping reclamó una “revolución robótica” encaminada a transformar “a China y al mundo entero”. Pero los contrastes en este campo –como en todos- resultan conmovedores en el gigante asiático. China poseía en 2015 alrededor de 36 robots cada 10.000 trabajadores industriales según la Federación internacional de la robótica (FIR).
Esto significa una concentración de robots 14 veces menor que la de Corea del Sur, 10 veces menor que la de Alemania y alrededor de 2,5 veces menor que la de Estados Unidos. Sin embargo y también según Financial Times, desde 2013 China habría estado adquiriendo más robots industriales por año que ningún otro país, incluidos los gigantes de fabricación de tecnología high-tech como Alemania, Japón y Corea del Sur. De acuerdo a la FIR, en el curso de este año China superaría a Japón como mayor operador de robots industriales del mundo, haciendo gala de un ritmo de cambio “único en la historia de los robots”.
La necesidad de incrementar la productividad exige a su vez transformar en parte la fisonomía y el destino de los capitales chinos, privilegiando la adquisición de tecnología por sobre la de materias primas. En pos de la consecución de este objetivo y según otro artículo de Financial Times, Alemania se está convirtiendo en el principal blanco chino en la búsqueda tecnológica. En lo que va de 2016 China adquirió casi tantas empresas alemanas como en todo el año 2015 y entre el 35 y el 40% de la inversión en Alemania durante el año en curso provino de China.
Recientemente tras la conmoción de la elite política alemana, la aparente insatisfacción de Merkel y múltiples idas y vueltas, la empresa china de electrodomésticos Midea terminó adquiriendo –en lo que representó la mayor adquisición china de una empresa alemana- el 95% de las acciones de Kuka, una de las empresas de ingeniería más innovadoras del país, la más conocida por la utilización de grandes robots industriales en la fabricación de autos y aviones –según Financial Times- y que está incursionando además en máquinas más inteligentes para enviar y recibir datos desde la nube y conectar con “Internet de las cosas”. Antes de la compra de la mayoría accionaria, Kuka acababa de lanzar al mercado el robot estrella Liwa, un “asistente inteligente de trabajo industrial” que hasta es capaz de servir un vaso de cerveza o preparar una tasa de café.
La necesidad china de captar tecnología, conquistar nuevos mercados, reconvertir la economía contrayendo el crecimiento –sin caer demasiado- y lograr una mayor injerencia internacional en el terreno político y militar, se verá en gran parte condicionada al menos por dos factores. Por un lado, las múltiples contradicciones acumuladas –entre ellas un crecimiento de la deuda privada en un 70% con respecto al PBI entre 2007 y 2014- que impiden excluir la posibilidad de un estallido interno. Por el otro, el giro está en buena medida sujeto al nuevo mapa geopolítico en curso de configuración, una parte significativa del cual resultará influenciado por las derivaciones políticas de casi ocho años de estancamiento económico como señalamos más arriba. En lo inmediato y como consecuencia del Brexit, el proyecto conjunto chino-británico con inversión china para construir la central nuclear Hinkley Point, quedó momentáneamente bajo revisión. El proyecto es la estrella de la nueva relación entre China y el Reino Unido y es fundamental para una mayor presencia militar internacional del gigante asiático. Habrá que ver cómo se desarrolla el próximo capítulo ya que muchas voces señalan que luego de la salida de la Unión Europea la relación comercial entre el Reino Unido y China suena clave. Y, por otra parte, muy distinto será el escenario si China sufre un cerco con el Acuerdo Transpacífico que si una eventual defunción del TTP le otorga más aire para avanzar.

Paradojas globales

Volviendo al inicio y sólo para apuntar una líneas de lo que profundizaremos en una próxima entrega, parece impensable abordar la brecha entre innovación tecnológica y productividad, independientemente del actual entramado múltiple de la economía, la política y la geopolítica, que la condiciona. La paradoja de la globalización, la democracia liberal, el Estado y las consecuencias de la crisis -que tan bien describe Martin Wolf- es en realidad el sustrato de la paradoja entre las nuevas tecnologías y la productividad.
Las magras oportunidades para la acumulación del capital en Estados Unidos que explican el proceso de deslocalización –tratados de libre comercio, incluidos- y por tanto, la escasa inversión interna, exigen imperiosamente la obtención de nuevo “espacio virgen” y fuentes externas de mano de obra barata. Por lo que un proceso de inversión en territorio nacional que permita la aplicación en gran escala de las nuevas tecnologías, sustrato único de un incremento enérgico de la productividad, resulta inimaginable en la situación actual de la economía norteamericana. Se trata de una paradoja bastante insalvable -por ahora- aunque esta “normalidad” se está volviendo indigerible y opone de forma casi explícita las necesidades del capital con los intereses de la base social que le da sustento. La contradicción hace pensar la necesidad/posibilidad –en el mediano plazo- de un giro político frente a la gestión de la crisis económica, cuestión que explica los temores de Wolf de escenarios similares a aquellos de los años ’30. Si –al menos por ahora- y como planteamos en La “furia populista” que conmueve al mainstream, el discurso de Trump rebalsa de demagogia discursiva porque no expresa los intereses inmediatos del gran capital “globalizado”, el desarrollo de aquella contradicción está llamada a crear nuevos escenarios. Y es importante señalar que sólo hipotéticos experimentos de mayor “control” estatal sobre el capital podrían proponerse una resolución del aparente contrasentido entre avance tecnológico y productividad. Aunque por lo que nos dice la historia y como muy bien lo expresa Robert Gordon en su mirada retrospectiva de Ascenso y caída del crecimiento americano, sólo el poder de la Segunda Guerra Mundial cerró contundentemente la brecha entre desarrollo tecnológico y productividad manifiesta a lo largo de las décadas del ’20 y el ‘30. Como ya alertamos, dedicaremos a este asunto una próxima entrega.
En el caso de China un salto cualitativo en la tecnificación, la “robótica” y la productividad –amén de los condicionamientos señalados en el apartado anterior- resulta inimaginable desligado de la exportación de capitales, la conquista de nuevos mercados, la captación de fuentes de tecnología o la transformación de su estructura productiva. El llamado “giro al mercado interno” es complementario de la exportación de capitales, lo cual significa que el objetivo de superar la baja productividad endémica, discurre en paralelo con la necesidad de conquistar nuevos espacios en el mundo para enfrentar lo que empieza a manifestarse como problemas de sobreproducción y sobreacumulación. Xi Jinping lo expresó con toda claridad: “No sólo tenemos que actualizar nuestros robots, también tenemos que capturar mercados en muchos lugares”. Una suerte de trilogía entre robótica, productividad y –probablemente- mayor militarismo, inescindible de la profundidad de la crisis económica y sus derivaciones políticas y geopolíticas. Por algo la voz de mando de la “revolución robótica” acompaña la conversión de China en un competidor por los espacios mundiales para la acumulación del capital.

Paula Bach

jueves, 15 de septiembre de 2016

Paro parcial del PITCNT y paro general de la Educación




Miles de trabajadores en las calles, en el marco del paro parcial del PITCNT y paro general de la educación. Compartimos un video.