viernes, 24 de marzo de 2017

El decreto antipiquetes de Tabaré Vázquez, un salto hacia la derecha




Solo dos días pasaron de la firma del decreto presidencial y ya fue aplicado contra los trabajadores del transporte de carga. Una primera reflexión a propósito del giro del gobierno y la necesidad de unir fuerzas para quebrar esta medida que atenta contra una libertad básica.

En las primeras horas del día de hoy se conoció la noticia. Trabajadores del transporte de carga intentaban hacer una asamblea en la ruta para decidir los pasos a tomar en su conflicto, y la policía haciendo uso del decreto presidencial que aumenta sus facultades para reprimir pasando por alto a la justicia, procedió al desalojo.
La firma del decreto configura de conjunto el intento del gobierno de regimentar la protesta social. Es un giro de corte "bonapartista" con el que se busca mantener el control de la situación política y preparar el terreno legal para atacar a las organizaciones sociales, de derechos humanos, y de trabajadores que protesten contra las medidas impopulares.
No es el primer antecedente de ataque y criminalización de la protesta en el actual mandato de Vázquez. La esencialidad en la lucha educativa, y luego la represión en el CODICEN fueron dos hitos que marcaron lo que iba a ser la tónica del gobierno frente al reclamo popular.
Es muy paradigmático el giro adoptado por el gobierno de Tabaré Vázquez y el Frente Amplio. Nos encontramos en un contexto regional signado por el giro a la derecha en la superestructura política, con el golpe institucional en Brasil, y con el macrismo intentando avanzar en los ajustes contra el pueblo trabajador en Argentina.
En Brasil la represión del gobierno golpista de Temer contra protesta al congelamiento del presupuesto público, o ahora a frente a la reforma de jubilaciones, ha sido feroz. En Argentina, la derecha y los medios monopólicos de información han instalado el debate contra el piquete como método de lucha; es el tema de la discusión nacional junto a la gran huelga de los docentes que ayer reunió 300 mil personas en Plaza de Mayo. A solo dos días del decreto, distintos medios periodísticos como La Nación, Clarín, o TN, alientan al gobierno a copiar el ejemplo uruguayo.
Tabaré Vázquez es la envidia de Mauricio Macri en esta materia.
En nuestro país nos estamos acercando a las discusiones de Rendición de Cuentas y rondas salariales que prometen conflictividad, en el marco de una situación económica que lejos está de salir del estancamiento. En este marco, el gobierno apuesta al decreto para mantener la movilización popular controlada dentro de los marcos del PIT-CNT y su dirección, criminalizando a todo movimiento que surja por fuera. Recordemos, que en los últimos años han surgido movimientos sociales importantes contra medidas del gobierno, como la megaminería, y que contaron con amplio apoyo popular.
Pero la contradicción del gobierno es que darle más poder de decisión y de "fuego" a las instituciones represivas, puede generar como consecuencia acciones por fuera de la relación de fuerzas establecida entre las clases. Hoy con el accionar de la policía, violaron hasta el mismo decreto que en su último artículo versa del respeto a las organizaciones sindicales y el derecho de huelga.

Los trabajadores y la sociedad de conjunto deben rechazar el decreto

La primera reacción del PIT-CNT fue completamente condescendiente y corporativa. Marcelo Abdala planteó que " Este decreto no es contra el movimiento obrero organizado, que levanta una plataforma, que establece sus acciones, que se moviliza y son movilizaciones enormes". Este argumento del respeto al derecho de huelga ya ha sido desmentido solamente dos días después de anunciado el decreto.
El problema mayor radica en que el derecho a la protesta social es un derecho más amplio que el derecho de huelga, y de un carácter universal. Cuando una medida claramente intenta cercenar este derecho, la clase trabajadora debe romper con todo corporativismo y luchar de conjunto por las libertades democráticas más elementales.
La historia ya lo ha marcado y aunque el decreto exprese un supuesto respeto por el Artículo 57 de la Constitución y el derecho de huelga, todo giro bonapartista o con rasgos represivos dentro de los marcos de un régimen burgués, en última instancia será utilizado y dirigido contra los trabajadores, los sectores populares, y los movimientos sociales.
A su vez, debemos rechazar la metodología del gobierno por decreto del cual se sienta precedente con esta medida.
Ya organizaciones como SERPAJ han salido a rechazar el decreto y son varios los sindicatos y las organizaciones estudiantiles que se aprestan a hacerlo. Es necesario más que nunca, aunar fuerzas y desplegar la más amplia movilización de trabajadores, movimiento estudiantil, mujeres, los organismos de DDHH, y del conjunto de los movimientos sociales, para golpear unificados y hacer saltar por los aires este decreto de regimentación de la protesta social y de ataque a libertades elementales.

Damián Recoba
Sebastián Artigas

Policía recurre a decreto de Vázquez para reprimir trabajadores




En Conchillas, Departamento de Colonia, se pone en práctica nuevo decreto de Vázquez que prohíbe cortes de ruta y detienen trabajadores.

El Sindicato Único de Transporte de Carga y Ramas Afines (Sutcra) denunció que trabajadores fueron detenidos mientras realizaban una asamblea en la zona de Conchillas.
Cesar Bernal, dirigente de los trabajadores transportistas denunció que "hubo una represión por parte de la policía a los trabajadores" mientras se llevaba adelante el piquete.
El nuevo decreto firmado este lunes por Tabaré Vázquez habilita a la policía a actuar en cortes de rutas y caminos sin previa orden judicial. Recurriendo a esta nueva disposición, las fuerzas represivas se hicieron presentes en una asamblea que se realizaba en el marco del conflicto de los transportistas y aunque solo impedían el paso de los camiones de carga la policía detuvo trabajadores para “despejar” la ruta.
Con este hecho se pone en práctica el decreto que ataca el derecho a la protesta y ya muestra como este tipo de medidas van directamente en contra de los trabajadores y será aplicado en los conflictos.

Hernán Yanes

jueves, 23 de marzo de 2017

El percutor de una época: Pensamiento Crítico




Ponencia presentada en el Coloquio a propósito de los cincuenta años de la revista Pensamiento Crítico.

Era febrero de 1963 y quedaba constituido el Departamento Central de Filosofía de la Universidad de La Habana. La fosilizada Cátedra de antes de 1959, de tan vetusta disciplina de la academia, no volvió más. El grupo de muchachos jóvenes que enseñaría filosofía marxista a las diferentes carreras universitarias iría no solo a un nuevo espacio en la calle K, sino constituiría un nuevo modo de investigar, leer y enseñar. Con ellos llegaba el color del uniforme vede olivo, el olor de la cuartilla alfabetizadora y de la carabina de la Sierra, de Girón, de los milicianos que desde el compromiso práctico pretendían llegar a la teoría y poner otros sentidos a los libros y a los modos de educar. El manual se hizo indócil, el dogma impugnado y se comenzó a abogar por modos in-disciplinados (diríamos hoy) de filosofar. La revolución con sus cuatro años de vida ya había conocido en su interior embestidas sectarias.
Se imprimieron textos urgentes para las clases. Llegaron ideas de otras latitudes amparadas por actos revolucionarios en África y en el continente americano. Los talleres de la antigua rotativa Omega, donde se imprimían las revistas norteamericanas Selecciones y Life en español, vieron salir con el sello “Ediciones Venceremos”, El Capital de Karl Marx (en tres tomos), los primeros textos de Althusser que se dieron a conocer en Cuba, Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon, entre muchos otros títulos. En la decisión de estos nuevos planes editoriales participaban, entre otros, Fidel, Raúl, el Che, Osvaldo Dorticós, Blas Roca y Emilio Aragonés [1].
Fidel comenzó a visitar a los jóvenes profesores de filosofía, retándoles –y tal vez buscando en el pensamiento disruptor–, otros modos de avalar las ideas de una revolución más alta que las palmas. Las disconformidades surgidas con la URSS desde la Crisis de Octubre, sostenidas en estos años con la regeneración de la tendencia sectarita en el partido con la micro fracción, liderada por Aníbal Escalante, la creación del Comité Central de Partido Comunista de Cuba, fueron entre muchas otras razones, estímulo para pensar y volverse a otros referentes de la teoría. Era “la hora de los hornos”, como citara el Che a Martí y no debía verse “más que la luz”. El 7 de diciembre de 1965 se creó Ediciones Revolucionarias y en 1966 el Instituto Cubano del Libro. En 1966, a partir de los profesores de filosofía nació también El Caimán Barbudo y en 1967 salió de imprenta el primer número de la revista cuyos 50 años conmemoramos hoy.
Como dijera José Martí, si “de pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”; y a ello venían los jóvenes creadores del nuevo proyecto editorial de constituir una revista bajo un rótulo tan sugestivo en aquel entonces, como gastado hoy. No era solo carencia de textos en la universidad y Fidel Castro lo sabía. El pensamiento vivo que se correspondiera con nuestro estar-siendo, el texto fustigante, que como escalpelo segaba las verdades instaladas como evangelio eran auxilio y urgencia premonitoria. La descolonización africana, el así denominado Tercer Mundo, la Revolución con mayúscula, el antimperialismo, la lucha armada, la guerra de guerrillas, el anti-occidentalismo partícipe, la desmentida del racismo, el nuevo lugar de Cuba para todo el Sur, hacían notar que el sujeto del cambio ya no estaba en el Norte, como reconociera Jean Paul Sartre en 1961 en el prefacio a Los condenados de la tierra de Frantz Fanon.
Por aquellos años se desarrolló en La Habana la Primera Reunión Tricontinental de Solidaridad Revolucionaria, entre el 3 y el 15 de enero de 1966. Se escucharon voces diversas y, entre ellas, las de Salvador Allende de Chile, Amílcar Cabral de Cabo Verde, Luis Augusto Turcios Lima de Guatemala, de Rodney Arismendi de Uruguay. El encuentro dejaba claro que “el principal reducto de la opresión colonial y de la reacción internacional es el imperialismo yanqui, enemigo implacable de los pueblos del mundo” y por tanto, enfrentaba críticamente “todas las formas de dominación imperialista, colonial y neocolonial, acaudilladas por el imperialismo yanqui”. Entre sus reclamos se afirmaba la necesidad de expulsar de la vida cultural de sus países las manifestaciones del espíritu imperialista, se reclamaba solidaridad y radicalidad en la lucha de amancipación del Sur. Un año después, en agosto de 1967, se realizó el encuentro de la Asociación Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que colocaba el debate en la lucha armada y la guerra de guerrillas, sobre todo.
En estos dos encuentros los jóvenes profesores de filosofía, redactores de la revista creada, ocuparon un espacio participativo. Con ellos, la atención se ponía en la riqueza teórica de las nuevas prácticas. Las coordenadas quedaban en Cuba y en el Tercer Mundo. Esta fue coyuntura favorable para compartir y discutir con representantes de los movimientos revolucionarios y reconocer la necesidad de aprehender teóricamente una praxis revolucionaria.
Mientras ello sucedía, la batalla de pensamiento se apresuraba a desplegarse contra el auge rebelde en Nuestra América y también frente al boom en la literatura. Para la CIA y Occidente, con los EUA por medio, la guerra cultural estaba clara. El ya gastado proyecto de la revista Cuadernos, del Congreso por la Libertad de la Cultura creado en 1950, abría una nueva empresa: la revista Mundo Nuevo con la participación de escritores y poetas latinoamericanos. Este, en apariencias un noble propósito contaba detrás con fondos de Langley, manejados por la Fundación Ford, dato revelado por el New York Times en su tiempo. El nuevo proyecto se hacía antagonista de otra revista que ganaba prestigio en cada salida: Casa de las Américas. (La revista Mundo Nuevo de Emir Rodríguez Monegal, por curiosa e inconexa coincidencia vivió los mismos tiempos que la revista habanera Pensamiento Crítico).
1968 fue un año sobrecargado, para el mundo y para Pensamiento Crítico. Si el tiempo no lo contáramos por meses y días, se nos antojaría empezar el nuevo lapso con la muerte del Che en Bolivia en octubre de 1967; más que una fecha fue un suceso que marcó un tiempo. Los primeros días de enero vieron reunirse el Congreso Cultural de La Habana y una vez más se debatió sobre el papel del intelectual revolucionario y el lugar de la cultura en los procesos revolucionarios y de liberación nacional. Aquí se reivindicó la lucha armada, la defensa de Cuba, de Vietnam y se aclamó la figura y el ejemplo del Che Guevara, asesinado en las selvas de Ñancahuazú.
En el número del 12 de Pensamiento Crítico de enero de 1968 en sus primeras páginas sus redactores advertían del peligro del imperialismo norteamericano en la guerra de recolonización cultural y decían “llamamos a los escritores y hombres de ciencia, a los artistas, a los profesionales de la enseñanza, y a los estudiantes, a emprender y a intensificar la lucha contra el imperialismo, a tomar la parte que les corresponde en el combate por la liberación de los pueblos.” A continuación se reproducía el discurso de Fidel en la clausura del Congreso el 2 de enero, donde refirió la trascendencia del encuentro, habló de Viet Nam, de Regis Debray, del Che Guevara y de la muerte del sacerdote guerrillero Camilo Torres Restrepo. Allí Fidel afirmaba: “…No puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo que parecen verdaderos fósiles”. Y con seguridad reconocía que el marxismo “necesita desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudorrevolucionaria.” Fidel se preguntaba por las paradojas de la historia. Si con Camilo Torres veíamos a sectores del clero devenir en fuerzas revolucionarias “¿vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo en fuerzas eclesiásticas?” Y al mismo tiempo admitía “Esperamos, desde luego, que por afirmar estas cosas no se nos aplique el procedimiento de la “Excomunión” (RISAS) y, desde luego, tampoco el de la “Santa Inquisición”; pero ciertamente debemos meditar, debemos actuar con un sentido más dialéctico, es decir, con un sentido más revolucionario”.
Pero 1968 fue también el año de publicación de El hombre unidimensional, Eros y civilización, de Herbert Marcuse, de Piel negra, máscaras blancas, el primer libro de Fanon, escrito en 1952; el diario del Che, entre tanta otra novedad de importancia filosófica. Fue el año del Mayo francés y del asesinato de los jóvenes en la plaza de Tlatelolco en México, de conmociones que llegaron hasta la pequeña isla caribeña de Guadalupe, y la entrada para siempre en la iconografía revolucionaria de la foto del Che (de Korda) presidiendo las manifestaciones populares. Fue tiempo de auge en el movimiento feminista, de luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos; y se cerraría el año con la entrada –en la noche del 20 al 21 de agosto de 1968– de las tropas del Pacto de Varsovia, con la URSS al frente, en toda Checoslovaquia.
1969 fue año de esfuerzos decisivos, de crisis económica, de preparación de una gran contienda: la zafra del setenta. También de esperanzas electorales en Chile con el gobierno de la Unidad Popular que se eclipsara con el golpe de Pinochet y la puesta en marcha del Plan Cóndor. El comunismo y la influencia de Cuba debían quedar extirpados del hemisferio. Tanto Duvalier en Haití como Pinochet en Chile culpaban al marxismo por la represión que llamaban “necesaria”.
1970 se hace arduo. Se avecina un giro. Una nueva década. Razones de estado, realidad económica, guerra fría, coexistencia pacífica por medio, y la mano de la Unión Soviética como garantía de supervivencia para la joven Revolución.
Contradictorio se hizo nuestro acontecer y por ello la actual necesidad de volver al legado, desde la capacidad de hacer vivir esa memoria que nos conforma y que nos conmina a buscar nuestras propias maneras de entendernos y decirnos, pero con la urgencia de desalambrar el pensamiento de dogmas y absolutos.
Nuevamente las circunstancias volvieron a cercar los propósitos y lo consagrado se desvaneció. Cuando en los finales de los 80 volvíamos a preguntarnos por la necesidad de un pensamiento propio que acompañara nuestras maneras de buscar la solución a nuestras contradicciones, el socialismo este-europeo se defenestraba y nosotros nos agarrábamos al marco de la ventana para no ceder al abismo desde donde, por supuesto, siempre asechaban los enemigos invariables de la Revolución invicta del 59. Volvían a aparecer publicaciones que de alguna manera retomaron lo hecho, no para imitar, pero si la inconfesa necesidad de dar continuidad a un acumulado cultural de ejercicio intelectual, no baldío, infértil y vanidoso, sino guerrillero, herético e insomne.
Y en estas andamos. Por eso ellos y ellas que de una manera u otra formaron parte de un elenco virtuoso de la contienda por un pensar cubano, crítico, revolucionario siguen inspirando, aun cuando ellos y ellas todos y todas altercaron, pero lo hicieron por el significado dado al oficio de pensar.
Si ponemos en coordenadas todos esos acontecimientos en la línea del tiempo se revelan muchas circunstancias. Si tomamos este concepto en el más estricto sentido orteguiano: el hombre es él y su circunstancia, la revista fue ella y sus circunstancias.
Reescribiendo a Virgilio Piñera no es el agua por todas partes, sino la maldita circunstancia de la ortodoxia dogmática y vulgar del marxismo por todas partes, en el sentido que se unen la virtud y el vicio, es decir las realidades por las que pasaba la joven revolución, la sociedad cubana en un proyecto que trataba de saltar las barreras de una lógica cultural, de un modo de ser sociedad, seres humanos, comunidad humana, una forma de encontrarse en su identidad.
Es esa fuerza del principio de realidad ¿cómo íbamos a seguir haciendo viable, factible, posible la felicidad soñada y de alguna manera ya comenzada a vivir por los cubanos y las cubanas si se habían agotado todos los recursos, éramos plaza sitiada condenada a la hambruna, la escasez, la violencia y el odio del enemigo más feroz el imperialismo norteamericano?. Solo una alianza posible podía ayudarnos a seguir manteniendo la dignidad sin un costo mayor que el de recortar la autonomía de un ejercicio teórico de pensamiento a un dogma, marcado y pautado por una geopolítica, interna y externa, del socialismo realmente existente en la década del 60 del siglo pasado.
Como diría alguna vez Aurelio Alonso, el compromiso intelectual es precisamente mantener su compromiso cuando siente que este es rechazado. Por eso para él su generación es de la lealtad y de esos jóvenes con su entusiasmo en la época que les correspondió vivirlo, hoy siguen teniéndolo. Hace unos días Fernando le hablaba a los y las participantes del 12 taller internacional sobre paradigmas emancipatorios; Aurelio presentaba libros y revistas con esa gracia y sabiduría que lo caracteriza, Bell Lara empuja un proyecto de publicación de textos y documentos del proceso revolucionario para que quede en la memoria recopilado, ubicado y salvado todo lo dicho por ellos.
El acontecer de todo ese proceso de la revista Pensamiento Crítico y el Departamento de Filosofía tiene que ver en alguna manera con la conformación de un régimen de verdad, y la disputa por él. Un régimen de verdad es lo que clasifica, decide lo que debe ser o no el campo de una disciplina, dentro de una ciencia, sus postulados, es un proceso de construcción de poder desde el saber. Hoy todas esas clasificaciones de antimarxista, anti leninista y antisoviético no serían acusaciones dirigidas a demarcar una violación de límites inadmisibles, sino solo pasarían al debate histórico social del devenir del pensamiento marxista, hoy no causan nada más que curiosidad intelectual e histórica porque el mundo soviético desapareció en un desmerengazo. Pero en aquella época si era de hecho una acusación política con fuertes implicaciones, y acarreaba por ello sanciones, es decir marcaba los límites posibles a esas discrepancias, y así fue. Por tanto algunas verdades perdieron su historicidad y se volvieron absolutas: el marxismo es uno solo, hay una unicidad lineal entre los clásicos, no es posible separar a Lenin del resto, la dialéctica es el método único de la ciencia, el marxismo es determinismo materialista, la conciencia es reflejo de la realidad, existen leyes objetivas inviolables, el marxismo es una ciencia irrebatible como tal.
En realidad se enfrentaron dos maneras de vivir y entender el fenómeno de la ideología en un proceso revolucionario, de la función ideológica que tiene el conocimiento social, la función eminentemente ideológica que tiene la filosofía, el sentido ideológico y el énfasis puesto en la cientificidad de determinados contenidos teóricos. La lógica en la discusión se estableció entre una manera de ubicar esa función en su historicidad concreta, clasista y otra en la historicidad abstracta a posteriori del propio acontecer histórico del pensamiento, entre una búsqueda analítica para pensar el presente y el futuro, y una manera de santificar un pasado para encerrar un presente o justificar solo un presente inamovible y automático, no dañable. El marxismo se sellaba en esta contienda con la función de demostrar su verdad a posteriori con respecto al pasado, con las implicaciones ya conocidas de esta consideración en el mundo soviético. El marxismo era entonces un conjunto de tesis que se consideraban como una verdad objetiva independientemente a la misma práctica y de esa forma se estableció como régimen de verdad en manos de quienes la esgrimieron. Esto terminaba con la necesidad de diálogo y debate en torno a los sentidos históricos dados al marxismo y sus consecuencias ideológicas, hasta desde la misma experiencia de la revolución cubana en curso.
Se enfrentaron dos maneras de asumir el debate: una por la crítica argumentativa, explicativa y reflexiva de los contenidos y otra por la forma reiterativa y tendenciosa de selección de citas.
Los debates antes de la decisión de cerrar la publicación (no por voluntad de sus creadores) fueron largos, extensos en argumentos, horas y angustia para los involucrados, no llegando siempre a decisiones finales. Estos pudieron posiblemente haber pasado a la historia no por severos cierres de puertas a la diversidad de pensamiento creativo marxista cubano, sino por acopios colectores de esa diversidad; pero los tiempos, las circunstancias todas, malditas o no, apremiaban y cercaban el sueño dignificante de miles de cubanos y cubanas. La Revolución cubana de 1959, esa que nos devolvía la virtud y la patria, era más que un proyecto inscrito en un manual de economía política.
Somos deudores de esos tiempos como de otros, y los artículos de Pensamiento crítico son patrimonio intelectual. Se hace necesario indagar no solo las intríngulis de una pesquisa de crónica social de acontecimientos, sino estudiar las obras que se escribieron por aquellos, leer y estudiar los contenidos de los números de la revista, sus paralelos con lo que acontecía en el ámbito nacional e internacional, ver y señalar sus límites, porque ahí es donde está la genialidad de una obra, ya sea personal o colectiva.
Es entonces necesario reconocer esos límites que los propios actores de la contienda tenían, más allá de lo que estos pudieran desear hacer en términos de actores políticos. Lo que se ha llamado herejía del pensamiento marxista cubano siguió presente de alguna manera, porque seguimos ejerciendo un pensamiento revolucionario solidario y cómplice con los procesos revolucionarios en la región y para todo el movimiento anticolonialista y anticapitalista. Seguimos formando a muchos actores y líderes de los procesos insurgentes, de los partidos comunistas y de los movimientos revolucionarios y de liberación principalmente de América Latina, en las escuelas políticas, cursos y asesorías.
Aun así, sin dudas significó una mutilación a florestas comenzadas a surgir y formarse de un marxismo con letra y vida propia. Este enfrentó sus propias encrucijadas y contradicciones, y se leyó en servicio a una práctica revolucionaria desafiante en lo interno y lo externo, llevada a cabo en la cotidianidad por masas populares cada vez más dispuestas a arrebatar el hegemonismo cultural de un sistema voraz de la espiritualidad y la cultura; el capitalismo circundante a la isla de Cuba por todas partes.
La gestión de PC fue una manera de continuar la revolución pero desde un desafío epistémico, como un proceso cultural, acumulativo y necesario. Reinvertir los cánones en los que se pensaba, y desarrollaba el marxismo en esos años era una revolución en la episteme del pensamiento revolucionario, para hacer valer el instrumento crítico de la teoría revolucionaria en el contexto cubano. No se buscaba construir un particular marxismo cubano, sino hacer percutir una vocación participativa en el campo popular donde los cambios se gestaban diariamente en la vida de los cubanos y las cubanas.
Pensamiento crítico tuvo entre sus muchos contextos el propio campo del saber sociopolítico y cultural al que se enfrentaba para ofrecer alternativas y significados específicos emergentes de las luchas, rebeliones del campo popular, insurgente, de la región latinoamericana y caribeña. Ahí están las luchas revolucionarias de América Latina, África, Asia, el Caribe esencialmente. La revista en su hacer no recurrió al contexto para justificarse como publicación sino se contextualizó para brindar los instrumentos analíticos, la rebelión epistémica ya produciéndose en la región.
En América Latina y el Caribe hoy se va tejiendo una plataforma y sentido compartido sobre desafíos y puntos de partida necesarios al movimiento social popular y a sus objetivos del cambio revolucionario emancipatorio. Muchos esfuerzos diversos con alto costo de organización, resistencias a la criminalización de la lucha popular y urgencias en las correlaciones de fuerzas se realizan para poder crear desde diversas propuestas una formación política capaz de impulsar el percutor de los cambios deseados y de las revoluciones.

Epílogo

Fernando en el recién 12 taller de Paradigmas emancipatorios refiriéndose al legado de Fidel, entre otras enseñanzas de la vida del líder cubano señalaba el no aceptar jamás la derrota y pelear sin cesar contra ella. Fernando indica como uno de los momentos de derrota el año 1970 y dice que fue donde Fidel “comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”.” Hacer la revista era hacer la revolución en ese frente cultural y fue un proceso feliz pero como Fernando advierte en esta misma presentación en enero de 2017 “Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades”.
Desde esa visión de mirar en dónde estamos y en qué relación con los procesos, contextos y circunstancias nos encontramos y cuánto es posible mover los límites; se gestó, desplegó y permanece Pensamiento crítico.
El primer número de PC en la gráfica de su portada, expone las partes de un arma, y señala el percutor. Dentro de la revista explica en imágenes cómo hacer un coctel molotov, algo que ya había hecho antes la Tricontinental. Este era un número sobre la lucha armada, desde una concepción teórica, defendiendo las posiciones de los revolucionarios que se levantaban en armas en América Latina y marcando la postura marxista de la Revolución cubana lograda por una lucha armada, movilizada en un pueblo armado, en resistencia permanente ante la agresión del imperio norteamericano. Con esto se expresaban en la revista la posición de la revolución en contraposición a la política soviética.
Sin embargo al cierre de la revista, con 53 números en su haber, lo antecedió una polémica sobre cuán materialista científico era el marxismo que se defendía. Es curioso, porque no hay nada más materialista que un percutor de un arma, donde se prepara el disparo, violento sí, que reclame la vida que no permite espera.
Las circunstancias del 71 hicieron cerrar la revista y el Departamento, pero no la capacidad inveterada de pensar en función de la emancipación humana, de la ruptura de cadenas de opresión. En esos mismos días, de sobresaltos, de escaso sueño y sostén, de “noches febriles”, nacía otro texto en un amanecer habanero. Tan crítico como conceptual, Roberto Fernández Retamar ponía punto final a su ensayo Caliban publicado justamente en septiembre para reinterpretar “nuestro mundo”, a la luz exigente de la revolución y Cintio Vitier urdía su ensayo poético-histórico Ese sol del mundo moral. Sea ello una muestra de la inflexible capacidad crítica cubana.

Yohanka León y Félix Valdés
La Tiza

Nota:

[1] Ver R. López del Amo: “El libro cubano en la etapa revolucionaria”, Cubarte, 20 de noviembre de 2012.

Protocolo antipiquetes: el gobierno del Frente Amplio sigue los pasos de Patricia Bullrich




El decreto aprobado ayer por Tabaré Vázquez se estrenó hoy contra obreros del transporte de carga.

En el día de la fecha, el protocolo contra los cortes de ruta fue aplicado por primera vez en la ciudad de Colonia, contra una protesta de trabajadores del Sindicato Único del Transporte de Carga y Ramas Afines (Sutcra), que reclamaban por la falta de regularización de sus horarios de trabajo.
A continuación, reproducimos el comunicado emitido en el día de ayer por el Partido de los Trabajadores (PT) de Uruguay:

Decreto contra los piquetes: La cara represiva del ajuste

Vázquez acaba de aprobar un decreto que faculta al Ministerio del Interior a liberar “calles, caminos y carreteras” cortadas por manifestaciones de manera directa y sin orden judicial. Este decreto constituye un grave ataque al derecho a la protesta social y la lucha popular. El objetivo es dar vía libre a la policía para reprimir de forma inmediata, informando a la Justicia sobre el hecho consumado. Se trata de una nueva medida tendiente a la regimentación del Estado sobre las protestas populares.
La referencia regional de este decreto es el “Protocolo” anti piquetes aprobado por Macri en el 2015. Su antecedente nacional más directo es un decreto de 1999 durante la presidencia de Sanguinetti. El decreto del Poder Ejecutivo se inscribe en un proceso de fortalecimiento y aumento de potestades de los aparatos de represión, vigilancia y persecusión del Estado, que ha sido transversal a los tres gobiernos del Frente Amplio.
El gobierno se prepara para una escalada represiva contra el pueblo organizado, a través de la regimentación estatal de las luchas y del marco legal para la represión policial directa. El decreto de Mujica que prohibe ocupar edificios públicos, la esencialidad contra los docentes y trabajadores municipales, y la represión brutal de la Republicana en el CODICEN (Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública) contra estudiantes, padres y docentes son algunos antecedentes en esta dirección.
Este decreto muestra hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno para imponer el ajuste fiscal, atacar al salario y defender los despidos y suspensiones. Al mismo tiempo, se trata de una concesión al capital extranjero con el objetivo de viabilizar las inversiones y la entrega nacional: es lo que exigen UPM (Botnia) y Montes del Plata contra los piquetes y los paros sindicales.
El gobierno impone esta orientación con la complicidad de las direcciones oficialistas del PIT-CNT, que no sólo no encabezan la lucha contra estas medidas represivas, sino que negocian con las patronales un protocolo que ampara la represión a las ocupaciones obreras.
Este decreto constituye un grave cercenamiento a las libertades y a los métodos de lucha populares. Los trabajadores y la juventud debemos enfrentar este ataque estatal y defender el derecho a la protesta y a la lucha del pueblo organizado.

miércoles, 22 de marzo de 2017

David Rockefeller: la muerte de un ícono del imperialismo




David Rockefeller murió mientras dormía en su mansión neoyorquina a los 101 años. Siete corazones habían pasado por su cuerpo después de seis trasplantes. Era nieto de John Rockefeller, considerado hasta hoy el norteamericano más rico de todos los tiempos y fundador de una dinastía que fue y es un símbolo del capitalismo en su etapa imperialista, en su etapa superior y última. Según la revista Forbes, al momento de su muerte David Rockefeller tenía una fortuna personal de 3.354 millones de dólares.
La historia del clan Rockefeller es la historia del capitalismo mismo, de su transición desde la libre competencia hasta el surgimiento de enormes pulpos, de lo que Lenin llamaba “las 60 familias” que componían “la oligarquía financiera internacional”. Seguir la historia de los Rockefeller es indagar en los modos en que se operó aquel fenómeno.
John Rockefeller, el abuelo paterno del hombre fallecido este 20 de marzo, fundó la Standard Oil en 1870, que era entonces una petrolera de Ohio. Mediante acuerdos secretos con las compañías ferroviarias, consiguió un fuerte abaratamiento de sus costos de transporte a cambio de un flujo constante de petróleo trasladado en los novedosos vagones tanque. Esos convenios —violatorios de la ley norteamericana— le permitieron a Rockefeller vender su petróleo más barato y mandar a la quiebra a un extenso racimo de empresas pequeñas y medianas, y a unas cuantas de las grandes. De inmediato la Standard fusionó sus capitales con entidades bancarias, proceso que encontraría su pico casi medio siglo después, en 1955, con la fundación del Chase Manhattan Bank, del que David Rockefeller fue presidente a partir de 1961.
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la expansión del grupo ya tenía su principal sostén en la piratería, en el asalto a las arcas estatales de países sometidos. Venezuela, por citar un caso, fue saqueada por Rockefeller y otros petroleros. Para eso, la Standard, avalada por los gobiernos norteamericanos, hacía instaurar en esos países dictaduras militares y/o civiles que le daban a la empresa concesiones leoninas, al punto que esos Estados pagaban de sus Tesoros los gastos de exploración y explotación petroleras mientras los Rockefeller controlaban desde la política de precios hasta los sistemas impositivos de esos países. En definitiva: se constituyó un pulpo monopólico fusionado con el capital bancario (esa fusión es el capital financiero), sostenido por el Estado y por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, que mandó a la quiebra a sus competidores (final del capitalismo de la libre competencia) y se dedicó al saqueo brutal de los países oprimidos. He ahí, más o menos, el imperialismo según la definición de Lenin. Los Rockefeller son una representación casi en estado puro de esa transición histórica.

Rockefeller y la Argentina

Los Rockefeller tuvieron con la Argentina un largo e intenso vínculo, especialmente el hombre que ha muerto este 20.
Antes que él, ya el gobierno de Juan Perón, en 1955, muy poco antes de su derrocamiento, había firmado un contrato con la Standard Oil y su filial argentina, la Compañía California Argentina, que le entregaba a los Rockefeller una amplia porción de territorio y autoridad jurisdiccional sobre esas áreas, y precios internos superiores a los del petróleo importado. Después de la caída de Perón, se llegó al extremo de que la dictadura fusiladora instaurada en 1955 anulara esos convenios por considerarlos “inadmisibles”.
David Rockefeller fue también fundador de la Trilateral Comission, un antecedente del Consenso de Washington, una reunión de grandes pulpos bancarios e industriales con funcionarios de primera línea de un puñado de naciones imperialistas, para decidir las grandes líneas de política económica que debía seguir el mundo; esto es, cómo y con qué métodos el capital financiero internacional más concentrado impondría su dominación internacional.
Fue David Rockefeller, también, un gran conocedor de la Argentina, donde tuvo muchos, muchísimos amigos y conocidos de confianza: José Alfredo Martínez de Hoz, Jorge Videla, Raúl Alfonsín y su ministro de Economía Juan Vital Sourrouille, Domingo Cavallo, Carlos Menem y Cristina Fernández de Kirchner. De todos ellos obtuvo grandes elogios y a todos les arrancó pedazos de la Argentina.
Otro símbolo: la amistad de David Rockefeller con Martínez de Hoz no empezó con la dictadura sino en 1964, cuando el futuro ministro de Videla era funcionario del muy “democrático” gobierno radical de Arturo Umberto Illia, como antes lo había sido del presidente de facto José María Guido (títere de los militares, fue puesto por ellos en lugar de Arturo Frondizi en 1962). En efecto, Illia había colocado a Martínez de Hoz al frente de la sección argentina del Consejo Interamericano de Comercio Internacional. Allí se hizo amigo y servidor de Rockefeller.
“Es muy obvio para mí, como para todo el segmento bancario y económico internacional, que las medidas de su programa han sido muy pero muy exitosas para resucitar la economía de la Argentina”, dijo de Martínez de Hoz (La Nación, 20/3). "La familia Rockefeller se dedicó a contribuir a la cultura y al progreso. Y en particular David. En relación con la Argentina, a través de la Sociedad de las Américas, y en diferentes oportunidades, como presidente del banco Chase Manhattan", dijo de él Domingo Cavallo. David Rockefeller tuvo también una amistad muy íntima con Amalia Lacroze de Fortabat.
Cristina Kirchner no se quedó atrás: “Tuvo elogios hacia Rockefeller cuando participó en 2008 de una reunión del Council of Foreign Relations. Cuando viajó a Nueva York, la entonces Presidenta destacó —tras saludar afectuosamente al magnate David Rockefeller— que el gobierno recibió propuestas ‘muy interesantes’ y ‘beneficiosas para el país’ de tres bancos internacionales para salir del default, que finalmente no se concretaron” (ídem).
Lo que sí se concretó fue el último gran negocio de Rockefeller en la Argentina: la entrega del petróleo de Vaca Muerta, por parte del gobierno “nacional y popular”, al pulpo Chevron, una de las compañías en las que tuvo que dividirse la Standard Oil cuando, en 1911, la Corte Suprema de los Estados Unidos le aplicó la Ley Sherman (ley “anti-trust”). Como hizo su abuelo en las décadas de 1870-1880, también en este caso hubo cláusulas secretas que, ahora se sabe, sólo encuentran comparación con la transformación de la Argentina en colonia británica por el pacto Roca-Runciman en 1933.
Como se ve, el hombre muerto este 20 de marzo fue parte sustancial de la historia del imperialismo, y también de la historia del sometimiento argentino a los grandes pulpos del capital financiero internacional. Por dictadores y por “demócratas”.

Alejandro Guerrero

lunes, 20 de marzo de 2017

Sobre la presencia de políticos en el 8M




El 8M alcanzó en Uruguay niveles históricos en masividad y contundencia del paro. Pero en la movilización estuvieron representantes políticos de todos los partidos. ¿Qué hace esta gente en nuestra marcha?

Algunos de los personajes políticos que pudieron verse entre las distintas columnas de la movilización en el Día Internacional de la Mujer fueron, entre otros, el intendente de Montevideo Daniel Martínez, el ex presidente José mujica, el senador del Partido Independiente Pablo Mieres y varias legisladoras del Partido Nacional. Con sonrisas en sus rostros, se mostraban muy contentos mientras los medios les sacaban fotos. Pero, ¿qué expresa su presencia en una marcha en donde se supone que el reclamo va dirigido a quienes tienen responsabilidad política?

Oportunismo oficialista y opositor

La mayoría de estos personajes fueron por puro oportunismo a la marcha o directamente cinismo ya que tienen cargos ejecutivos de responsabilidad y legislativos, y sin embargo siguen dejando morir a las mujeres a manos de la violencia machista, siguen permitiendo los abusos y desigualdades en el ámbito laboral, y pertenecen a los partidos que hoy se encuentran pidiendo más ajuste en salud, educación, los que piden mano dura, los que mantienen el salario en niveles de pobreza mientras benefician con sus leyes a las grandes empresas y las multinacionales. Ellos son los que descargan las crisis sobre las espaldas de las familias obreras cerrando fábricas, destruyendo puestos de trabajo y con eso el sustento de miles de familias, y por supuesto de las mujeres que en muchos casos deben sortear solas esta situación. Ellos son los que con su falsa moral nos quieren imponer la tutela de nuestros cuerpos y de nuestras decisiones.
Pero la lucha de las mujeres no tiene nada que ver con estos políticos que representan al Estado patriarcal y capitalista que queremos combatir y que constituye la causa de nuestra opresión de género y la perpetuación de la explotación de clase. En el caso de los hombres, nada les importa la causa de las mujeres ni los conmueven las terribles situaciones por las que muchas de nosotras pasamos.
Pero tampoco nos mancomunamos con esas mujeres de los partidos políticos del régimen (esto incluye tanto a la derecha más recalcitrante como a las representantes del frenteamplismo). Ellas pertenecen a los mismos partidos que aplican los ajustes contra el pueblo trabajador, que tienen en sus filas a exponentes explícitamente misóginos que con total impunidad reconocen ser consumidores de prostitución, o que se manejan con favores políticos que se pagan con sexo, o que hacen “fiestitas” con menores de edad, o que habilitan la explotación sexual que se da en los prostíbulos y casas de masajes. Comparten bancada con líderes evangelistas que muestran posturas totalmente reaccionarias respecto a las reivindicaciones democráticas de las mujeres. Ellas tienen el doble discurso (o la contradicción) de decir que luchan por los derechos de las mujeres pero sus partidos convalidan modelos de pensamiento que perpetúan y reproducen el patriarcado y sostienen la desigualdad económica creada por el sistema capitalista. Como dice la dirigente de la Agrupación Pan y Rosas de Argentina Andrea D’atri respecto de las mujeres de la burguesía o de las integrantes de los partidos que representan los intereses de las clases dominantes: “el género nos une, la clase nos separa”.

Acerca de la independencia política

La opresión patriarcal hacia la mujer atraviesa todos los sectores de la sociedad, y por tanto la opresión se da hacia todas las mujeres, aunque no todas lo sufren de la misma manera.
Pero para poder conquistar nuestros derechos, aunque sea los más mínimos, necesitamos un movimiento de mujeres independiente del Estado y de los partidos del régimen. Ya tenemos experiencia cuando se va de la mano de estos partidos: nuestra lucha termina domesticada y las conquistas o bien son efímeras o tuteladas. Necesitamos organizar a las decenas (o cientos) de miles de mujeres que pararon y concurrieron al 8M y construir un poderoso movimiento de mujeres que luche contra los feminicidios y las múltiples manifestaciones de la violencia machista, que defienda el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo y que tome las reivindicaciones de “las más oprimidas dentro de las oprimidas”, las mujeres trabajadoras. Para enfrentar al capitalismo y al patriarcado debemos conquistar la independencia política de nuestro movimiento.

Karina Rojas
Montevideo

La formación del partido bolchevique




El 21 de diciembre de 1900 salió a la calle el primer número de Iskra (La Chispa), semanario popular que, junto a la revista teórica Zariá (La Aurora), fueron los instrumentos más poderosos de los emigrados socialistas rusos (1900) para lograr la supremacía en la labor de formar el partido obrero en Rusia. Los bolcheviques “innovaron” al constituir una organización fuertemente centralizada bajo el régimen despótico del zarismo y en un período completamente legal y abierto del resto del proletariado de Europa. No copiaron mecánicamente al proletariado avanzado, aunque tuvieron en cuenta todas las etapas que éste tuvo que recorrer. Su acta de bautismo fue la lucha contra el populismo ruso, el marxismo “legal” y el economicismo.
“El bolchevismo existe como corriente de pensamiento político y como partido político desde 1903”. La afirmación es de Lenin, veinte años después(1). En ese año, en el segundo Congreso de la socialdemocracia rusa - denominación que en ese entonces utilizaban los marxistas- se produjo la escisión entre ese ala y los mencheviques. Si bien el partido había sido formalmente fundado en 1898, en el I Congreso la represión destruyó rápidamente cualquier posibilidad de transformar sus resoluciones en pasos organizativos concretos y el trabajo tomó nuevamente la forma de círculos aislados y dispersos. Sin embargo, la proclama de aquel congreso tuvo una virtud: señalar por primera vez la incapacidad de la burguesía rusa para consumar la revolución democrática burguesa y el consiguiente traspaso de esta tarea a la clase obrera.

El populismo

El debate teórico entre marxistas y populistas fue el debate sobre la naturaleza de la Revolución Rusa y las fuerzas que debían dirigirla. El imperio zarista se incorporó en forma tardía al proceso de desarrollo capitalista. Era un país enormemente atrasado en relación con el occidente europeo, donde el capitalismo había desenvuelto hacia la segunda mitad del siglo XIX todas sus potencialidades y contaba con una enorme y concentrada clase obrera. Rusia era un país fundamentalmente agrario y recién emergía de las relaciones propias de la servidumbre feudal.
Los populistas sostenían que el régimen comunitario de la aldea rusa era el antecedente inmediato del socialismo. Marx mismo había dejado abierta esta posibilidad, en un fenomenal acto de anticipación, en lo que fue el último prólogo con su firma a una edición del Manifiesto Comunista: “si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para el desarrollo comunista”(2). Los populistas veían en esta propiedad comunal la originalidad del caso ruso y rechazaban al capitalismo como una fuerza reaccionaria, que venía a disolverla.
Hasta alrededor de 1890, esta fuerza política encabezó la lucha contra la autocracia zarista partiendo de la base de que el campesinado era la clase revolucionaria, por su defensa del principio de la propiedad comunal, que era para ellos un principio socialista. Esta exaltación del campesinado era la base de la actividad política de la intelectualidad populista, que desenvolvió en su momento una verdadera cruzada propagandística en las aldeas y se volcó luego, en su fase más audaz, a la conspiración terrorista para asesinar al zar.
A finales de los ’70, Georgi Pléjanov rompió con los populistas en desacuerdo con el terrorismo individual y fundó en su exilio el grupo Emancipación del Trabajo (1893), el primer grupo marxista. El joven Lenin, que se hizo marxista alrededor de 1892/3 se incorporó a estos círculos, de temprana acción de propaganda sobre la naciente clase obrera, y comenzó a participar de su trabajo teórico y práctico.
El marxismo, polemizando con el populismo, sostuvo el carácter progresivo del desarrollo del capitalismo en Rusia porque era el único régimen capaz de dar un carácter nacional y social al avance de las fuerzas productivas, lo que daba lugar a la formación de la clase obrera. Esta oponía a la dispersión campesina su propia concentración y unidad, constituyendo una fuerza social y política infinitamente superior contra la autocracia zarista.
Para los marxistas, la propiedad comunal era un residuo feudal porque unía a campesinos y terratenientes en la propiedad de la tierra, sometiendo a aquellos al yugo del atraso y la barbarie. La rebelión campesina sólo podía tomar la forma de una “jacquerie”, una insurrección elemental y violenta contra la nobleza, pero la propia evolución del capitalismo relegaba esta posibilidad al escindir al campesinado entre ricos (kulaks), asimilados a la burguesía, pobres y proletarios.

El caudillo de la revolución

El marxismo identificó al proletariado como dirección de la revolución democrática en Rusia, única fuerza social capaz de liquidar el atraso y derrocar a la nobleza. Este era el punto de vista teórico común previo a la escisión entre bolcheviques y mencheviques, unidad que dejaba sin resolver cuál iba a ser el programa que el proletariado iba a impulsar en su lucha política y la forma de poder a la que debía asimilarse.
Los primeros trabajos de Lenin aportaron a este gran debate: su obra fundamental en este sentido sería “El desarrollo del capitalismo en Rusia” (1899). Los jóvenes socialdemócratas, al tiempo que estudiaban a Marx y Engels y libraban una lucha teórica y política contra el populismo, se lanzaron a un trabajo de organización práctica de la clase obrera. Fue un trabajo artesanal y disperso, librado por pequeños círculos carentes de conexión y programa común, pero indispensables en este período de crecimiento.

1896

En este año se produjo en San Petersburgo una huelga general espontánea y se inició una década de acciones directas sistemáticas de las masas, que habrían de culminar en la Revolución de 1905. Es decir, en los hechos se fue zanjando el debate con los populistas: el proletariado ruso, minoritario en relación con el campesinado, reveló una energía, consistencia y fuerza en la lucha contra el zarismo tremendamente superior al de los explotados del campo. Este proletariado nació a la lucha política y sindical sin arrastrar detrás una tradición política burguesa o pequeño burguesa, y lo hizo enfrentando tempranamente a una burguesía hostil a toda agitación democrática. El único programa de esta burguesía era la negociación y el acuerdo con la reacción para lograr algunas migajas dentro del régimen, grageas de constitucionalismo y legalidad.

Los marxistas “legales”

Radicalmente opuestos a los populistas, los marxistas “legales” planteaban, sin matiz alguno, la teoría marxista de que el desarrollo del capitalismo era una etapa previa obligada para la realización final del socialismo. La insistencia en este punto los llevó a considerar ese estadio como un fin en sí mismo y a reemplazar la revolución por la reforma, anticipando las posiciones que luego enarbolarían Bernstein y el ala revisionista de los marxistas alemanes. Los marxistas “legales”, como los caracterizará Lenin años más tarde: “eran demócratas burgueses para quienes la ruptura con los populistas significaba una transición desde el socialismo pequeño burgués (o campesino), no al socialismo proletario… sino al liberalismo burgués”(3).

"Iskra"

En estas luchas políticas y teóricas jugó un papel importante Iskra, el semanario que comenzó a publicarse en 1900 en el exilio, bajo la dirección inicial de Plejanov y el protagonismo creciente de Lenin. Iskra se proponía, según el documento que anunciaba su aparición, constituirse en la columna vertebral del disgregado movimiento socialdemócrata ruso sobre la base de la delimitación. “Antes de unificarse -decía- y para unificarse, hay que empezar por deslindar los campos de manera resuelta y definida. De otra forma, nuestra unificación sería sólo una ficción que enmascararía la actual confusión e impediría su radical eliminación”(4). “Iskra” no sería, por lo tanto, “una simple recopilación abigarrada de diferentes opiniones”, sino un órgano portador de “una política estrictamente definida”. En Iskra y Zariá se desplegarían los fundamentos teóricos y organizativos que desembocarían en la formación de un partido nacional.

Christian Rath y Roberto Gramar

Notas:
1. Lenin: "La enfermedad infantil del izquierdismo", Obras Completas, T. XXXI, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1960.
2. Carlos Marx y Federico Engels: prefacio a la segunda edición rusa del “Manifiesto Comunista” (1882), Obras Escogidas, Editorial Ciencias del Hombre, Buenos Aires, 1973.
3. Lenin: ¿Qué hacer?, ídem anterior, T. V.
4. "Declaración de la redacción de Iskra", septiembre de 1900, en Lenin, V. I, Obras completas, tomo 4, pág. 362, Editorial Akal, Madrid, 1975.

domingo, 19 de marzo de 2017

Dialéctica y marxismo: Isaak Illich Rubin y el fetichismo de la mercancía




Continuamos la serie de marxismo y dialéctica con algunos aspectos de la lectura de Isaak Illich Rubin sobre la importancia teórica y metodológica del fetichismo de la mercancía en el pensamiento de Marx.
Dialéctica y marxismo: Isaak Illich Rubin y el fetichismo de la mercancía

Isaak Illich Rubin (1886-1937) fue un destacado economista e investigador de la obra de Marx. Antes de la revolución rusa había militado en la fracción menchevique del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. En 1926 se integró como investigador al Instituto Marx-Engels, dirigido por David Riazanov. En 1930 fue detenido y acusado falsamente de un complot para reorganizar un centro menchevique. Fue liberado en 1934 y enviado a Kazajstán en una especie de exilio interno. En 1937 fue detenido en el marco de la “Gran Purga” llevada adelante por el régimen de Stalin y ejecutado en fecha cercana al 25 de noviembre de 1937.
Su obra más conocida son los Ensayos sobre la teoría marxista del valor (1928) que hizo una serie de aportes fundamentales para la reflexión crítica sobre la obra de Marx, en especial El Capital.
Haremos foco en esta ocasión en su lectura sobre la cuestión del fetichismo de la mercancía, su lugar en el desarrollo de la comprensión marxista del capitalismo y su importancia teórica para comprender los argumentos y el método dialéctico de Marx.
Rubin cuestionaba a aquellos críticos de Marx (Tugán-Baranovsky y otros) que habían interpretado la exposición de Marx sobre el fetichismo de la mercancía como una digresión filosófica sin relación con la crítica de la economía política. Por el contrario, señalaba que la cuestión del fetichismo de la mercancía era inseparable de la teoría del valor de Marx y era clave para comprender el capitalismo, ya que era “una teoría general de las relaciones de producción de la economía mercantil”.
Antes de retomar los argumentos de Rubin, veamos cómo definía Marx el fetichismo de la mercancía en su conocido pasaje de El Capital:
“Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente, pues, en que la misma refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global, como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores. Es por medio de este quid pro quo [tomar una cosa por otra] como los productos del trabajo se convierten en mercancías, en cosas sensorialmente suprasensibles o sociales. De modo análogo, la impresión luminosa de una cosa sobre el nervio óptico no se presenta como excitación subjetiva de ese nervio, sino como forma objetiva de una cosa situada fuera del ojo. Pero en el acto de ver se proyecta efectivamente luz desde una cosa, el objeto exterior, en otra, el ojo. Es una relación física entre cosas físicas. Por el contrario, la forma de mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo en que dicha forma se representa, no tienen absolutamente nada que ver con la naturaleza física de los mismos ni con las relaciones, propias de cosas, que se derivan de tal naturaleza. Lo que aquí adopta, para los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos. De ahí que para hallar una analogía pertinente debamos buscar amparo en las neblinosas comarcas del mundo religioso. En éste los productos de la mente humana parecen figuras autónomas, dotadas de vida propia, en relación unas con otras y con los hombres. Otro tanto ocurre en el mundo de las mercancías con los productos de la mano humana. A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce como mercancías, y que es inseparable de la producción mercantil.”
Rubin señalaba que el fetichismo de la mercancía no era una ilusión ideológica sino el resultado de un proceso social. Sus bases objetivas estaban dadas por el hecho de que al caracterizarse la sociedad capitalista moderna por la organización de la producción en función del intercambio en el mercado, los productores actuaban como productores privados independientes sin relación establecida de antemano. Al entrar en relación a través del intercambio de las mercancías, la relación social entre las personas efectivamente se realizaba a través de la mediación de las cosas, es decir, de las mercancías. Las mercancías, en este contexto, se caracterizan por tener una existencia material y una función social y esa dualidad es clave para comprender la crítica de Marx a la economía política.
Rubin destacaba que en la sociedad capitalista se da un proceso de cosificación de las relaciones de producción entre las personas y personificación de las cosas. Esto significa que las relaciones de producción se materializan en las mercancías y a su vez que el propietario de cosas con determinada forma social (por ejemplo el capital) establece a partir de estas cosas (hablando siempre de objetos producidos para ser intercambiados en el mercado o su equivalente en dinero) relaciones de producción concretas con otras personas. Una vez que este proceso de “cosificación de las relaciones de producción” se generaliza en un sinnúmero ininterrumpido de transacciones entre productores de mercancías, las “cosas” (mercancías producidas para el mercado) mantienen esa característica de condensar relaciones sociales aunque momentáneamente el intercambio se interrumpa para casos específicos. De esta imbricación entre las relaciones sociales de producción y las mercancías, surge el fetichismo de considerar que las cosas “tienen valor” como una característica propia.
Rubin sostenía que al desentrañar el problema del fetichismo, Marx a su vez estableció una relación nueva entre la existencia material de las categorías económicas y su función social. Esto significa que analizando las categorías económicas en sus distintos niveles de complejidad, Marx expuso una serie de formas que expresaban las relaciones sociales a través de las “cosas”. Por ejemplo, el dinero que cumple la función de vincular en forma directa al capitalista con los obreros tiene la forma de “capital variable”, mientras aquel que los vincula indirectamente tiene la de “capital constante”. Los conceptos básicos de la economía política expresan relaciones de producción entre las personas, que están mediadas por las cosas (mercancías), por lo que estas cumplen una función social y adquieren por lo tanto una forma social. Por eso, para Rubin la teoría de Marx analizaba una serie de formas económicas que respondían a una serie de “relaciones de producción de complejidad creciente entre las personas”, incluidas aquellas más complejas como la “forma del valor” y la “forma dinero”. En este tratamiento de las formas, residía según Rubin la formulación metodológica totalmente nueva de los problemas económicos por Marx. Rubin no se refería al tratamiento de las formas como tales (cuestión que ya estaba presente en Schiller, Hegel, el romanticismo y el idealismo alemán) sino al tratamiento de las formas económicas en relación con sus determinaciones sociológicas.
En este contexto, Rubin (al igual que Antonio Labriola) caracterizaba el método dialéctico de Marx como un “método genético”: Este método genético (o dialéctico) que contiene análisis y síntesis, fue contrapuesto por Marx al método analítico unilateral de los economistas clásicos. El carácter único del método analítico de Marx no consiste sólo en su carácter histórico, sino también en su carácter sociológico, en la intensa atención que presta a las formas sociales de la economía. Partiendo de las formas sociales como dadas, los economistas clásicos trataron de reducir las formas complejas a las formas más simples mediante el análisis, con el fin de descubrir por último su base o contenido técnico-material. Marx, en cambio, partiendo de una condición dada del proceso material de la producción, de un nivel determinado de las fuerzas productivas, trató de explicar el origen y el carácter de las formas sociales que asume el material de producción.”
La lectura de Rubin permite aproximarse a la dialéctica marxista de un modo distinto de los más habituales (explicación de leyes dialécticas). Al elegir como centro de su reflexión la problemática del fetichismo de la mercancía y su relación con las características específicas de las relaciones de producción en el capitalismo, presenta la dialéctica como un pensamiento que expone relaciones sociales concretas entre sujetos (los seres humanos que se relacionan en función de la producción y reproducción de la vida material), entre sujetos y objetos (las “cosas” producidas con el fin de ser compradas y vendidas en el mercado) y entre planos de la realidad que son reproducidos conceptualmente (categorías económicas y formas sociales). De este modo, las clásicas problemáticas dialécticas de la relación de interdependencia entre esencia y apariencia y forma y contenido, que suelen exponerse de modo abstracto, son reformuladas de manera original a partir de una relectura metodológica del pensamiento de Marx.
Esta propuesta de lectura de Rubin representa un importante aporte para la comprensión de la dialéctica como un pensamiento de lo concreto.

Juan Dal Maso
juandalmaso@gmail.com

Denuncian en Estados Unidos que Monsanto manipuló estudios sobre el glifosato




Un juez de la cámara federal de San Francisco ordenó la liberación de correos electrónicos de la multinacional que ponen en duda la veracidad de sus investigaciones y estudios.

La multinacional del agro se ve envuelta nuevamente en un escándalo. Según informó The New York Times, una corte federal de Estados Unidos permitió el acceso a documentos que ponen en duda la seguridad y los métodos de investigación del gigante de productos químicos Monsanto. La corte se apoya en las investigaciones de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC).
Los expedientes, que incluían correos electrónicos de Monsanto, tanto internos como de intercambio con organismos federales reguladores, fueron divulgados por el juez Vince Chhabria, de San Francisco.
Chhabria tiene en sus manos el litigio presentado por personas que, debido a su exposición al glifosato, declaran haber desarrollado linfoma no-Hodgkin (también conocido como LHN), un tipo de cáncer que surge en los linfocitos. La demanda contra la empresa tuvo lugar luego de un dictamen de hace casi dos años, cuando la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, declaró que el glifosato era un producto potencialmente cancerígeno. Este dictamen estaba basado en investigaciones que lo asocian con el linfoma no-Hodgkin.
Los documentos de la corte federal de San Francisco muestran que Monsanto recibió un aviso con meses de anticipación sobre esta determinación del IARC, por parte de Jess Rowland, un subdirector de división de la EPA, lo que permitió que la compañía elaborara un plan de relaciones públicas contra la investigación mucho antes de su publicación. En sus correos, los ejecutivos de Monsanto también señalaron que Rowland había prometido resistir el esfuerzo del Departamento de Salud y Servicios Humanos que buscaba realizar su propia revisión sobre el glifosato, el ingrediente principal del herbicida estrella de Monsanto, el Roundup.

Santos en la corte

Si bien es cierto que tanto la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos manifestaron estar en desacuerdo con la resolución de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de declarar el glifosato como potencialmente cancerígeno, los registros de la corte federal de San Francisco revelaron que había desacuerdos al interior de la EPA sobre su propia evaluación de seguridad.
La Oficina de Investigación y Desarrollo del organismo planteó su inquietud por la solidez de una evaluación realizada por la Oficina de Programas de Plaguicidas, y en diciembre de 2015 recomendó tomar acciones para “fortalecer” la “evaluación en la salud humana”. Frente a este hecho Monsanto declaró que “el glifosato no es un cancerígeno”. Y añadió: “La afirmación de que el glifosato puede provocar cáncer en los humanos no coincide con las décadas de revisiones exhaustivas de seguridad realizadas por las principales autoridades regulatorias de todo el mundo. Los demandantes han presentado documentos aislados que se han tomado fuera de contexto”. La EPA no emitió comunicado al respecto.
Dan Jenkins, ejecutivo de Monsanto, sostenía en un correo electrónico de 2015 que Rowland, en referencia a la posible revisión de la agencia, le había dicho: “Si puedo darle un carpetazo a esto, mereceré una medalla”. Y la revisión nunca se realizó. En otro correo, Jenkins le decía a un colega que Rowland planeaba retirarse, y que “podría ser útil mientras avanzamos con nuestra defensa del glifosato”.

Científicos en venta

En otro correo electrónico, William Heydens, también ejecutivo de Monsanto, le decía a otros funcionarios de la compañía que podrían escribir investigaciones sobre el glifosato y luego contratar a académicos para que firmaran como autores de los artículos que redactaba la multinacional. “No gastaríamos tanto si nosotros escribiéramos, y ellos solo editaran y firmaran con sus nombres, por decirlo así”, escribió Heydens, y además citó una ocasión anterior en la que la compañía ya había hecho eso.
Estas revelaciones son las dudas más recientes sobre la integridad de las investigaciones financiadas por las compañías agroquímicas. El año pasado, una revisión realizada por The New York Times mostró cómo la industria puede manipular la investigación académica o presentar engañosamente los hallazgos. En la revista Critical Reviews in Toxicology señalaban que los integrantes del panel de una investigación habían sido reclutados por una consultora. El intercambio de correos que se divulgó muestra que algunos funcionarios de Monsanto analizaron y discutieron qué científicos debían ser considerados, además de darle forma al proyecto.
El asunto de la seguridad del glifosato no es trivial para los estadounidenses. En las dos décadas anteriores, Monsanto ha modificado mediante ingeniería genética el maíz, la soja y el algodón para que sea más fácil regarlos con este herbicida, y aproximadamente 100 millones de kilos de glifosato se usaron en 2015 en Estados Unidos.

Glifosato en Argentina

En nuestro país también es preocupante la problemática de los agroquímicos. El 2 de noviembre de 2016, el programa de TV italiano Le Iene, difundió su investigación sobre el drama argentino de los agrotóxicos, particularmente el caso del glifosato, donde se establecía una asociación entre la exposición ambiental a este agroquímico y múltiples enfermedades como el cáncer y las malformaciones en recién nacidos.
En Argentina se utilizan 200 millones de litros de glifosato por año y se afecta a más de 28 millones de hectáreas (370 millones de litros en total considerando todos los agroquímicos, según registro de 2012). Es importante remarcar que el glifosato es el herbicida de mayor uso en el país, superando el uso del kilo por habitante en comparación incluso con Brasil, que es otro gran productor de soja: 5 kg por argentino por año mientras que en Brasil está en 3 kg por brasileño por año.
En Santa Fe, y por la exigencia de organizaciones, fue prohibido el agrotóxico 2,4D, el segundo más utilizado en el país y que también se emplea en la producción de soja transgénica. En 2013 finalmente se prohibió la elaboración de Endosulfán (el año anterior se prohibió su importación), luego de que muriera envenenado por contacto por la piel un pequeño de cuatro años en Corrientes. El glifosato particularmente es producido por Monsanto, Syngenta, Basf, Bayer, Dupont, Dow Agrosciences, Atanor y Nidera, entre otras empresas.
En mayo del año pasado la Red de Médicos de Pueblos Fumigados le solicitó al SENASA por medio de la justicia, que les otorgasen los estudios científicos con los cuales aprobaron el uso del glifosato hace más de 20 años. La respuesta fue negativa, argumentando que dichos estudios son de carácter secreto.
En julio de 2016 se dieron a conocer los resultados de un estudio publicado por la revista internacional Environmental Monitoring and Assessment, el cual reveló que la cuenca del río Paraná está altamente contaminada con glifosato.
En febrero de este año un estudio argentino que asocia la exposición ambiental al glifosato con el cáncer fue publicado en la International Journal of Clinical Medicine. El trabajo, titulado Association between Cancer and Environmental Exposure to Glyphosate, estuvo a cargo del Estudio de Salud Ambiental de Monte Maíz, Córdoba, integrado por médicos de la UNC y data de 2014. Sin embargo el Consejo directivo de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, un organismo político de gobierno, contradijo la veracidad científica de dicho estudio. Los autores del estudio denunciaron un vínculo entre las autoridades universitarias y el agronegocio.

Ramiro Thomás

sábado, 18 de marzo de 2017

Liceo Nº 9 fue ocupado y hay reclamos en decenas de centros educativos




Aulas superpobladas y falta de personal son los principales reclamos docentes que desembocaron en la ocupación del liceo 9 mientras decenas de liceos exigen soluciones o tomarán medidas de lucha. También existen reclamos de otros sectores educativos.

La situación es muy distinta a la expresada por autoridades

El núcleo sindical del liceo Nº 9 ocupó este jueves el edificio en rechazo a la superpoblación existente en ese centro educativo. Desmintiendo la versión de las autoridades que plantean un comienzo de año normal, los docentes explicaron que en ese liceo la mayoría de los grupos ya cuenta con 35 y con inscripciones neuvas alcanzaría y superaría los 40 alumnos, por lo cual es necesario crear otro liceo en la zona.
Se trata de un problema generalizado, tal como lo ha demostrado Fenapes que elevó una lista con más de 50 liceos con superpoblación, problemas edilicios y carencias de personal.
En el caso del liceo Nº 9 a poco de comenzada la ocupación se hizo presente el consejero del Codicen Javier Landoni para comenzar una negociación y buscar alternativas. Finalmente se acordó que algunos grupos funcionen en salones prestados del liceo Nº 62, próximo al Nº 9, y en contenedores que llegarán en alrededor de un mes por lo cual se levantó la ocupación.
Más allá de la solución provisoria, conquista producto de la lucha, la situación muestra que la realidad no es como se encargan de difundir las autoridades educativas, y que el comienzo del año ha sido un caos producto de la improvisación y la falta de soluciones estructurales.

El caso del liceo Nº 9 no es algo aislado

En el Bauza los docentes denuncian que “Al martes 14 de marzo, el número de estudiantes asignados a los grupos de cuarto año aumentó, de tal forma que ya han confirmado su inscripción un promedio de 36 alumnos por grupo, y aún hay aproximadamente 200 que pueden pedir la inscripción. Si tan sólo la mitad de estos potenciales alumnos confirman su inscripción en los próximos días, llegaremos a 40 estudiantes por grupo” y que “El número de estudiantes que ha confirmado su inscripción en el centro comienza a desbordar nuestra infraestructura, especialmente en lo que refiere a la cantidad de bancos por salón y cantidad de servicios higiénicos por estudiante” declaración del “Núcleo Sindical del Liceo Nº 6 “Bauzá”
Mientras tanto el núcleo sindical del IAVA denuncia” la situación de urgencia sanitaria en que se encuentra el gimnasio, ya que no existen funcionarios que lleven a cabo en forma mínimamente apropiada la limpieza del mismo.”
En el liceo Nº 19 se ha denunciado que en los segundos años del turno matutino se superan los 30 alumnos por grupo y que también faltan adscriptos.
Los docentes del liceo Nº 60 enumeran entre otras carencias la falta de cantina, la existencia de baños inadecuados, la falta de salones, técnicos e insumos (computadoras, equipo de música etc.)

También hay reclamos en primaria y educación social

Mientras tanto también en Primaria hay carencias denunciadas por ADEMU por una situación irregular en las escuelas con los auxiliares de servicios contratados por las Comisiones de Fomento, ya que no ha llegado el dinero para el pago de los sueldos. La situación revela como problema de fondo la falta de estabilidad y la precarización laboral a que están sometidos los más de 120 auxiliares que tienen esta modalidad de contratación.
El día miércoles también fue ocupado por parte de los estudiantes el Instituto de Formación en Educación Social (IFES) reclamando entre otras cuestiones soluciones a los problemas edilicios, no más superpoblación de grupos, horarios que contemplen las necesidades de los estudiantes y una formación de calidad.

¿Qué va a pasar con la negociación presupuestal a mediados de este año?

Recordemos que este año se debe definir nuevamente la partida presupuestal para educación ya que vence el acuerdo firmado en 2015, y no viene mal detenernos un minuto a pensar qué relación hay entre lo que sucede hoy y el último gran conflicto de la educación hace dos años. En aquel momento la plataforma reivindicativa era por un 6% del PIB para ANEP y UdelaR, para aumento de salarios, construcción de centros educativos y políticas educativas integrales.
Si el gobierno del Frente Amplio luego de 3 periodos no ha logrado generar condiciones dignas para la educación se debe a la falta de presupuesto educativo, mientras se priorizan subsidios, facilidades y exoneraciones fiscales para empresarios así como obtener el visto bueno de los organismos internacionales. Una orientación política, que contrariando las promesas y discursos oficiales no responde a las necesidades de los trabajadores y el pueblo.
Ante la ocupación del liceo 9 las autoridades concedieron parte de lo reclamado demostrando que con la lucha y la movilización se pueden conseguir cosas. Este es el camino para mejorar la educación y para lograr un presupuesto digno.
Cuando se aproxima una nueva discusión presupuestal es necesario que los sindicatos elaboren un plan de lucha, discutido democráticamente desde las bases contemplando las necesidades y reclamos de toda la comunidad educativa (padres, docentes y estudiantes).

Claudio Álvarez

viernes, 17 de marzo de 2017

Docentes uruguayos se solidarizan con pares argentinos




El sindicato de profesores de educación secundaria de Uruguay se solidarizó con la lucha que llevan adelante docentes argentinos.

Un grupo de docentes de base planteó la propuesta a la asamblea del sindicato capitalino, donde se votó por unanimidad, y pocos días después reafirmado a nivel nacional. De esta manera se emitió comunicado público de la Federeacón Nacional de Profesores de Educación Secundaria (FENAPES) solidarizando con la lucha que llevan adelante docentes argentinos.
El mismo también denuncia el proceso de mercantilización y privatización de la educación pública que avanza en ambos países y a nivel internacional.

Comunicado Público:

"La Asamblea General de Delegados de la FeNaPES, reunida el día de la fecha, manifiesta su total apoyo a la lucha de los docentes argentinos, en el marco de una ofensiva de la derecha encabezada por el macrismo y sus aliados.
Saludamos la impresionante demostración de fuerza hecha por los docentes, militantes de base en general, en defensa de la educación pública. Debemos tener en cuenta que el proceso de mercantilización y privatización de la Educación pública es un fenómeno internacional, por lo cual la lucha de los docentes argentinos es también nuestra lucha."

Claudio Álvarez

Cierre de fábricas: ¿más beneficios para los empresarios?




Se pierden alrededor de 2500 empleos en poco tiempo, la mayoría de ellos en industrias localizadas en el interior, y el gobierno frenteamplista no logra implementar medidas de fondo para resolver este problema. Cierre de Fanapel en Juan Lacaze, departamento de Colonia.

Crisis en la industria

En poco más de 2 años se perdieron cerca de 2500 empleos, fundamentalmente en el sector fabril y que desarrollaban sus actividades en el interior. Fanapel en Juan Lacaze es uno de los últimos casos conocidos, pero la situación atraviesa distintas fábricas y empresas:
Anteriormente en el propio departamento de Colonia fue la industria láctea la que entró en crisis y despidió trabajadores. A comienzos de 2015 Ecolat dejó 400 trabajadores en la calle generando un fuerte impacto negativo en la zona de Nueva Helvecia. Pocos meses después fue el cierre de Schreiber foods el que provocó la perdida de casi 200 empleos en Libertad.
En el sector automotriz se vive una situación similar hace algunos años. Mientras que el cierre de la empresa chino-argentina Cherry generó que 350 trabajadores quedaran sin empleo, los recortes en Lifan y Nordex provocaron el envío de 250 trabajadores al seguro de paro y la pérdida de la fuente laboral para casi 150.
En Montevideo la empresa Fripur cerró sus puertas a mediados del 2015 y aunque hubo promesas y llegó un nuevo inversor la mayoría de los 900 trabajadores (muchas de ellas mujeres jefas de hogar) aún siguen sin trabajo en el sector.
Sumado a estas situaciones se encuentran cooperativas recuperadas como COEP (ex Pressur), Cotrapay (ex Paylana) y Alas Uruguay (ex Pluna) que al cerrar entre 2015 y 2016 ocasionaron la pérdida de la fuente laboral para más de 300 trabajadores.

Fanapel: La “propuesta” del gobierno.

Con el recuerdo fresco de lo sucedido en Fripur, donde sus propietarios recibieron créditos y dineros del gobierno mientras a su vez vaciaban la fábrica, la situación en Fanapel en Juan Lacaze es otro caso testigo de cómo el FA enfrenta los cierres de fábricas.
La llegada del presidente Vázquez la semana pasada intentando trasmitir el apoyo de su gobierno a la grave situación que atraviesa la localidad no puede ocultar que su gobierno no tiene ninguna solución de fondo para ofrecer.
Un seguro de paro “especial” (que por supuesto es por un periodo acotado y solamente pasa el problema para más adelante), intentos de reactivación del puerto de la zona, algunos puestos en la fibra óptica y la implementación de cursos de capacitación son los anuncios concretos que se realizaron. Más allá de promesas y expresiones de deseos parece que en la lógica frenteamplista solo cabe esperar la llegada de algún inversor “salvador” y para eso anuncian a viva voz su voluntad de dar más facilidades, créditos y exenciones impositivas para que algún empresario quiera aprovechar la situación.
La cínica frase de Vázquez de que “toda crisis tiene oportunidades a futuro” parece estar pensada para estos hipotéticos capitalistas y olvida la desesperante situación de los trabajadores y sus familias que se enfrentan a un negro futuro casi sin posibilidades de lograr un trabajo digno.
Hay que terminar con estos empresarios que se llenan de plata y que cuando bajan un poquito sus ganancias o no obtienen tantos favores y ventajas como piden, se van y dejan a los trabajadores en la calle. Hay que abrir los libros de contabilidad de las empresas para ver que hicieron con la plata y hay que expropiar y poner a producir bajo control de los trabajadores toda fábrica que cierre o despida. Que la crisis la paguen los capitalistas.

Hernán Yanes
Claudio Álvarez