sábado, 16 de diciembre de 2017

El Che Guevara en Palestina




Su lucha contra las injusticias lo llevó a Guatemala, Cuba, Bolivia y hasta El Congo. Pero no tan recordada es su breve visita a la franja de Gaza.

“Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario” es sin dudas una de las frases más recordadas del Che. Consecuente con la misma, la lucha contra esas injusticias lo llevó a Guatemala, Cuba, Bolivia y hasta El Congo. Pero no tan recordada es su breve visita a la franja de Gaza.
La visita del “Che” Guevara a Gaza se dio en 1959 (meses después del triunfo de la revolución cubana) y representó la primera señal de la transformación de un conflicto regional (colonización sionista de Palestina) a una lucha mundial contra el colonialismo.
La franja de Gaza se había convertido en el símbolo de la resistencia. Siendo un territorio muy pequeño pero el único en el cual aún se seguía izando la bandera de Palestina.
El disparador para recibir la visita del “Che” fue la conferencia de Bandung en 1955. Cuando Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto y principal impulsor del “Socialismo Árabe” se convirtió en uno de los reconocidos líderes del Movimiento de Países No Alineados.
Desde 1948 el recientemente creado Estado de Israel llevaba a cabo una limpieza étnica en territorio Palestino. Comenzando con la operación militar “Yoav” en la zona cercana a la actual Tel Aviv, en la cual no quedo en pie ni una sola aldea. Operación que termino con el bombardeo del hospital Al-Majdal.
Entre 1949 y 1955 Israel de manera ininterrumpida atacó territorios Palestinos perpetrando bombardeos y dejando miles de víctimas (la mayoría civiles) y expulsados.
Estos hechos dieron lugar a un movimiento de resistencia, conocido entonces como los Fedayines.
Es en 1955 cuando el mencionado Nasser, líder del alzamiento de los Oficiales Libres en Egipto y luego presidente de este país, convoca a la conferencia de Bandung haciendo visible hacia los ojos del mundo occidental el conflicto en medio oriente
El 29 de octubre de 1956 Israel invadió la península del Sinaí junto con Gran Bretaña y Francia. Ejecutando a sangre fría a todos los varones de entre 15 y 50 años de edad. El número total de víctimas registradas fue de 520 personas.
Como consecuencia de estos hechos, el “Che” Guevara, revolucionario latinoamericano, invitado por el mismo Nasser aceptó visitar la Franja de Gaza.
La visita de Guevara fue trascendental, teniendo en cuenta que hacía meses triunfaba la revolución cubana y el argentino se había convertido en un símbolo en cuanto a la lucha contra el colonialismo. Fue recibido con gran entusiasmo por los referentes de la resistencia Árabe, como Abdullah Abu Sitta, líder de los Fedayines.
Según las pocas evidencias que existen de la visita, el “Che” tuvo algunas definiciones en cuanto al “caso palestino”.
Primero afirmó que era un caso “complejo” debido a los nuevos colonos israelíes que ya se encontraban ocupando las casas de los expulsados palestinos. “No hay otro camino sino la resistencia a la ocupación” dijo. Y ofreció suministrar armas y entrenamiento para la liberación palestina.
En su visita al campamento de Al-Bureji pregunto que habían hecho para liberar a su país y cuestionó la falta de campos de entrenamiento, fábricas de armas y centro de movilizaciones del pueblo.
Quizás estas observaciones del Che hayan sido el punto de partido de la creación del futuro “Ejército para la liberación de Palestina” (ELP) en 1967.
Al regreso de su viaje por medio oriente, el “Che” señaló que “Desde antes del descubrimiento de América, obedeciendo a la expansión Europea en busca de nuevos mercados donde adquirir materia prima para sus industrias nacientes, Asia y África fueron objeto de la visita y de la rapiña disfrazada bajo el pomposo título de colonización, de esas potencias. Nuestro viaje de tres meses por los países que acaban de liberarse de un yugo feroz y han iniciado su camino hacia la liberación económica y el desarrollo industrial, significó una serie de enseñanzas políticas, sociales y económicas”.
Nasser se ocupó de hacer visible la visita de Guevara a la franja de Gaza llevándolo a actos públicos oficiales y entregándole medallas y distinciones como el título de “Gran Libertador de los Oprimidos”.
Este también fue el comienzo de una relación muy cercana entre Cuba y Palestina. Luego de la visita, el país caribeño brindó becas a estudiantes y concedió la ciudadanía a exiliados palestinos.
Mas acá en el tiempo, durante la ofensiva israelí contra Gaza en 2014, Cuba envió una importante ayuda humanitaria a medio oriente.
Hoy la figura del “Che” Guevara, recorre las calles de los campamentos de refugiados palestinos en Beirut y en las calles de Palestina. Sobre todo entre los jóvenes, como símbolo de liberación, revolución, independencia y resistencia.

Martín Leonardi

viernes, 15 de diciembre de 2017

Macri, el anfitrión tardío de la OMC




Mauricio Macri se compró una misión difícil: ser el anfitrión de una reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que, al igual que las rondas anteriores, ya preanuncia un nuevo fracaso, después de los pobres resultados de las rondas anteriores. La reunión en Buenos Aires, que el macrismo presentará como su “carnet de entrada al mundo”, volvió a ser el escenario de un conjunto de disputas por un mercado mundial que no sólo se mantiene bajo la impronta de la crisis inaugurada en 2007/2008. Soporta, además, la desaceleración económica y sobreinversión en China, como telón de fondo de todos los antagonismos en el comercio internacional. Por caso, la administración Trump considera que el actual sistema de solución de controversias comerciales de la OMC es “funcional” a las exportaciones de China, a las que acusa de precios predatorios. En represalia, decidió vaciar el organismo de la OMC que se ocupa de laudar sobre este tipo de litigios.

Globalización y OMC

La impasse de la OMC retrata vivamente la crisis de la llamada “globalización”, al influjo de la cual nació este organismo en los años ’90. La desaparición de la URSS y la apertura de la restauración capitalista en China abrieron ilusiones ilimitadas en una armonización internacional del comercio y las inversiones, que abriría un largo período de progreso bajo la égida de las grandes corporaciones capitalistas. La “liberalización”, sin embargo, muy pronto mostró sus contradicciones y, particularmente, el papel revulsivo de la restauración del capital en los ex Estados obreros, en el marco de un capitalismo en declinación. Un ejemplo de estas contradicciones es el acuerdo sobre liberalización de productos textiles en la propia OMC (2005), que le abrió a China una fabulosa plataforma de exportación sin barreras a los países occidentales. Una parte de la burguesía imperialista saludó esta liberalización, porque contribuía a abaratar la fuerza laboral de sus países por dos vías: proveyendo de vestimentas más baratas a sus obreros y compitiendo brutalmente con sus salarios y conquistas. Pero esta compuerta abrió la amenaza de una penetración más vasta de China, al calor de sus pretensiones de ingresar al mercado internacional en industrias más complejas. Esta tensión se expresa hoy en la negativa de Trump y la Unión Europea a que China sea declarada “economía de mercado”, lo que liberaría de las actuales objeciones al agresivo comercio del gigante asiático. El nacionalismo de Trump, sin embargo, no es defensivo. Las quejas por el llamado “comercio desleal” están colocadas en la mesa de las pretensiones expansionistas del imperialismo yanqui sobre China: el Departamento de Estado apunta a abrir la Bolsa y la banca de ese país al capital extranjero, y también a la privatización de sus industrias estratégicas. En vez de “globalización”, asistimos a la guerra de rapiña por un mercado mundial en crisis.

Plan B

En medio de esta impasse, la reunión de la OMC derivó hacia lo que algunos llaman un “plan B”, referido a las políticas de “facilitación de inversiones, comercio electrónico y de servicios”.
Detrás de estos términos se disimula el papel de la OMC como factor de opresión nacional: los supuestos “liberalizadores” no se han privado de someter al comercio de los países atrasados a un conjunto de condiciones despóticas: entre ellas, aceptar incondicionalmente el monopolio capitalista sobre la ciencia y la técnica (patentes), a través del cual los pulpos farmacéuticos han privado de salud a millones de personas. Lo mismo ocurre con las semillas modificadas, donde los “liberales” exigen la rendición incondicional ante el monopolio Monsanto. Quienes niegan al imperialismo como categoría histórica o lo ubican como una cuestión de “los tiempos de Lenin”, deberían detenerse en el régimen dictatorial y extorsivo que -a través de la OMC- un puñado de países le impone a los países más débiles del planeta.
En medio de la impasse de la OMC, Macri y Temer han intentado avanzar con su propio plan B -un acuerdo colonial y bilateral del Mercosur con la Unión Europea. Este pacto no haría sino confirmar la crisis de la OMC -los acuerdos entre bloques; en definitiva, expresan la incapacidad de una liberalización de carácter general. Precisamente, la Unión Europea concibe al acuerdo con el Mercosur como un recurso para contener el avance de China en América del Sur. Pero Macri también se quedó con las ganas de anunciar este acuerdo bilateral, que ha quedado postergado para 2018. A pesar de las concesiones de Macri-Temer al ingreso de productos industriales europeos a la región, la reciprocidad de la Unión Europea es casi nula en lo que refiere a los productos agrícolas del Mercosur. Los negociadores argentinos aceptarían reemplazar esta concesión a cambio de la difusa promesa de inversiones europeas en la región. Para ello, el tándem Macri-Temer ofrecería las rebajas impositivas y degradaciones laborales que ya están en la agenda de la Argentina y de Brasil. Un periodista de Ambito Financiero (11/12) asoció este “modelo de inversiones” al acuerdo firmado en Tierra del Fuego con la industria electrónica, donde se incluyó el compromiso sindical -luego rechazado por los delegados obreros- de aceptar un congelamiento de sueldos por dos años. Ello demuestra dos cosas: primero, que la apuesta a las “inversiones” reposa en un ataque a los trabajadores; segundo, que la ‘supuesta industria’ europea podría ser una mera armaduría o tercerizada de insumos asiáticos. Notablemente, es la misma queja que la Unión Industrial Argentina ha presentado en relación con las futuras importaciones industriales europeas, donde la preocupación “pasa por evitar que Europa triangule productos de China, India o el sudeste asiático” (Cronista, 5/12). La Unión Europea quiere sumar al Mercosur a un acuerdo para frenar a China, pero China se filtra por todos los poros del eventual acuerdo. El plan B, en definitiva, también quedó en carpeta.

Globalifóbicos

Los críticos globalifóbicos en la Argentina han señalado los aspectos coloniales y despóticos de la OMC, y advierten sobre una “liberalización que viene por todo”. Llamativamente, no se han detenido en la notoria impasse de la Organización como resultado de la crisis mundial, ni se han delimitado de los arrebatos proteccionistas de Trump o del nacionalismo europeo. Hay que recordar, por caso, los elogios tempranos de Cristina Kirchner a Trump por su “defensa del mercado interior” yanqui. Este planteo, en primer lugar, no aprecia la naturaleza reaccionaria y expansionista del proteccionismo imperialista, que busca reforzarse en la lucha por el copamiento del mercado mundial. Pero, en el plano continental, el nacionalismo burgués le opone a la “liberalización” comercial la autarquía económica y una supuesta integración regional en la cual sus gobiernos han fracasado sin atenuantes. El proteccionismo, por otra parte, es también una variante ajustadora, puesto que blande la amenaza de la competencia internacional para desvalorizar los salarios, a través de ataques a los convenios o a través de salidas devaluacionistas.
Al denunciar el carácter imperialista y antiobrero de la OMC, llamamos a una acción obrera internacional para defender las conquistas obreras amenazadas, y para abolir los acuerdos que conducen a la privatización del conocimiento, la educación y de la salud. A los imposibles acuerdos interimperialistas -que apenas enmascaran la tendencia a la rapiña y a la guerra- le oponemos la unidad internacional de los trabajadores. La crisis de la OMC demuestra la contradicción insoluble entre el desarrollo de las fuerzas productivas -que ha superado largamente el marco de las fronteras nacionales- y el carácter nacional de los Estados que actúan como gendarmes de la acumulación de capital de las corporaciones imperialistas. Esa contradicción sólo puede resolverse progresivamente mediante la superación del capital y sus Estados, y una “armonización” mundial bajo la única clase que reconoce intereses sociales comunes: la clase obrera.

Marcelo Ramal

jueves, 14 de diciembre de 2017

La OMC, una de las dos mayores organizaciones criminales que existen a nivel mundial, la otra es la OTAN




En esta nota nos ocuparemos de la primera, dado que en estos días se está celebrando en Buenos Aires la reunión Cumbre de esa organización. La OMC es la sucesora del Acuerdo General de Comercio y Aranceles Aduaneros pactado a la salida de la Segunda Guerra Mundial. Creada el 1ª de Enero de 1995 durante los años del apogeo del infausto Consenso de Washington (hoy repudiado por el gobierno estadounidense) tiene por misión, al igual que el acuerdo que le precedió, sentar las bases comerciales, financieras y jurídicas (el derecho de propiedad, sobre todo intelectual para preservar las marcas y las patentes de los gigantescos oligopolios que dominan la economía mundial) en el marco del neoliberalismo global; organizar la aplicación de todo tipo de sanciones y represalias sobre los países que violan sus reglas y regulaciones; y perpetuar la actual división internacional del trabajo por la cual los países ricos lo son cada vez más mientras que los pobres se distancian cada vez más de los primeros.
Por supuesto, las reglas de la OMC jamás fueron sometidas a discusión democrática alguna y es la expresión más refinada del orden mundial que desea el imperialismo y sus grandes transnacionales. Podría decirse que la OMC es el ministerio de hacienda del imperio. Se trata de una agrupación con tintes mafiosos, que se encarga de organizar el chantaje y la extorsión ejercidas por el imperialismo y sus principales aliados y empresas sobre los países más débiles. Por ejemplo, sólo algunos gobiernos tienen acceso a la sistemática recopilación de datos sobre comercio y aranceles que maneja la OMC. Las organizaciones sociales, representantes de la enorme mayoría de la población mundial no tiene acceso alguno a sus deliberaciones --¿o conspiraciones?- e inclusive, como se ha demostrado escandalosamente en la Cumbre de Buenos Aires, tampoco se permite la participación efectiva de organizaciones interesadas en promover un orden internacional más justo. Por otra parte, es evidente que nada funciona en el seno de la OMC si no existe un acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea. El problema actual es que el gobierno de Donald Trump se ha parcialmente apartado de la OMC porque, a su juicio, la expansión del neoliberalismo global ha terminado por debilitar a la economía norteamericana, no así a sus grandes transnacionales y la Casa Blanca está retomando las nunca del todo abandonadas banderas del proteccionismo. Y la Unión Europea, lo sabemos, es “librecambista” en los rubros que le conviene y en el campo de la retórica, pero furibundamente proteccionista en los demás, sobre todo en agricultura.
La estructura mafiosa de la OMC se revela, entre muchas otras cosas, en una cláusula que exige a los nuevos miembros su adhesión completa de la totalidad de los acuerdos pre-existentes, los cuales no pueden ser sometidos a revisión. Quien entra acepta todos, y si no se queda afuera y sufre las consecuencias de la marginación del comercio mundial. Pero esto no es lo más grave. Hay otras dos reglas que deben aceptar todos los miembros de esta mafia de cuello blanco, que apadrina paraísos fiscales, el control monopólico de los mercados y la preeminencia de las grandes potencias. Uno, el compromiso de garantizar la “liberalización progresiva” de los diversos sectores de la economía y la irreversibilidad de las reformas neoliberales. El papel ideológico-político se torna absolutamente evidente a partir de este compromiso de estabilizar el holocausto social, económico y ambiental producido por las políticas neoliberales. Dos, gracias a las presiones del gobierno de George W. Bush en la época de gloria del Consenso de Washington la OMC comenzó a incluir en su jurisdicción el “comercio de servicios” y no, como antes, tan sólo el de bienes manufacturados, minerales y productos agropecuarios. Así, pasaron progresivamente a ser regulados por esta organización lo intercambios de “servicios” tales como las comunicaciones, las finanzas, el transporte, el turismo pero también la salud y la educación, adquiriendo de este modo el rango universal de mercancías y sepultando la noción de que se trataba de derechos de exigencia imperativa no susceptibles de ser regulados por las leyes del mercado.
Esto quiere decir que a menos que los pueblos salgan a defender con fuerza e inteligencia sus derechos en pocos años más absolutamente toda la vida económica y social del planeta estará regida por las leyes del mercado. Y en materia educativa, por ejemplo, será ilegal sostener a la educación pública porque sería considerada por la OMC como una práctica discriminatoria que impide la libre competencia en el mercado educativo mundial. Así como se sanciona a un país que subsidia a un producto de exportación se haría lo mismo con quien subsidie su educación o su salud, con las desastrosas consecuencias que son de esperarse. Por eso la OMC se ha ganado en buena ley esta caracterización como una organización mafiosa y criminal, que ha sembrado pobreza y explotación económica a lo ancho y a lo largo del planeta, como lo muestran las láminas que acompañan esta presentación. Por eso también es necesario diseñar una estrategia mundial para neutralizar el proyecto planetario de la OMC. Luchas nacionales o locales aisladas, por abnegadas y heroicas que sean, no controlarán a esta mafia criminal. Se requiere la organización de todos los pueblos del mundo en una “anti-OMC”, o una nueva internacional de los pueblos, que coordine las luchas en los diferentes países para defenderse de la catástrofe que nos amenaza si los planes de la OMC llegaran finalmente a prevalecer. Por algo hablaba Chávez de la necesidad de fundar un Quinta Internacional.

Atilio A. Boron

Donald Trump y Jerusalén




La sorpresa con que fue recibido en los círculos oficiales internacionales el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, es obviamente un caso flagrante de hipocresía. El Congreso norteamericano lo votó hace más de veinte años, en 1995, pero no se hizo efectivo por sucesivas dispensas semestrales del Poder Ejecutivo de turno. Esto descarta cualquier objeción del sistema bipartidista de Estados Unidos a la proclama de Trump, incluida la construcción de una embajada en esa ciudad milenaria.
La crítica de que ese reconocimiento pone obstáculos o entierra la posibilidad de un “acuerdo de paz” sionista-palestino es simplemente un insulto a la inteligencia: esa perspectiva se encuentra bajo tierra desde hace mucho tiempo. La confiscación de asentamientos palestinos en los territorios ocupados por Israel en la guerra de 1967, avanza de forma implacable. El acaparamiento ininterrumpido de la totalidad de la Palestina histórica ha sido complementado, por parte del régimen sionista, con la proclamación de Israel como “Estado judío”, lo cual excluye de la soberanía política a los árabes palestinos residentes en sus actuales fronteras y en especial a los que queden atrapados en las futuras.
En la arquitectura más promisoria de los “dos Estados”, la población palestina retendría un 15% de los territorios, bajo la vigilancia política y militar de Israel, incluido el control de su sistema tributario eventual. En virtud de estos hechos consumados, los sectores progresistas de Palestina y de Israel han declarado muerta su reivindicación de “dos Estados”, y la han sustituido por la de un Estado único con derechos iguales para todos los ciudadanos, que incluye el retorno de los refugiados; de lo contrario, el avance continuo de la colonización sionista crearía un sistema de “apartheid” -en alusión al que rigió durante más de medio siglo en Sudáfrica. Un futuro Estado de Israel privado de la supremacía judía no es, sin embargo, más que una ensoñación febril: esa posibilidad está condicionada a la destrucción política (revolucionaria) del sistema estatal vigente.

Intervención imperialista en ruinas

La declaración de Trump, de todos modos, pretende más de lo que es capaz de conseguir. El ciclo de intervenciones militares por parte de Estados Unidos y sus asociados en Asia Central, desde la invasión en Afganistán, en Medio Oriente, se encuentra en ruinas -y en especial en la nación afgana. Ha visto la mayor ola revolucionaria en Medio Oriente, en especial el derrocamiento de Mubarak, en Egipto, como consecuencia de una insurrección popular. Se ha visto obligado a retirar gran parte de sus fuerzas militares de la región, para enseguida anunciar nuevos refuerzos; abandonar el método de guerra abierta por el de “persecución y destrucción”, al estilo de los ‘grupos de tareas’. Enfrentado a Irán, desde la revolución iraní de 1979 y la guerra Irak-Irán, tuvo que aliarse a los ayatollah para ocupar Afganistán y luego para derrocar a Saddam Hussein, lo cual ha dejado a Irak en manos de shiítas pro-iraníes.
El fracaso de la intervención en Siria, apoyando a fuerzas armadas por la CIA, ha sido reconocido en forma oficial; Putin se ha tenido que hacer cargo de la ‘pacificación’ del país mediante bombardeos masivos. Trump ha reforzado su presencia militar en Siria con al menos dos mil soldados. Estados Unidos ha alienado la alianza con Turquía, que integra la Otan, por el apoyo a los contingentes kurdos que combaten a Bashar al Assad en Siria, y ha tenido que admitir el remedio de alianza que han establecido el turco Erdogan y el ruso Putin -lo que explica la tentativa frustrada de derrocar al ‘sultán’ de Ankara por medio de un golpe.
Más grave aún es la desintegración política del régimen saudita, que tiene a la mitad de la familia real en la cárcel, y los golpes que recibe la alianza de emiratos, por un lado, y Estados Unidos y Gran Bretaña, por el otro, en la guerra con los hutus en Yemen.
El desmoronamiento del régimen saudita encuentra sus fundamentos en las insalvables contradicciones de su economía de despilfarro petrolero, pero por sobre todo en el desarrollo catastrófico internacional en todo Medio Oriente. Lo prueba el boicot a Qatar, que explota un riquísimo yacimiento de gas con Irán, que podría derivar incluso en una guerra. Qatar financia a Hamas en Gaza, al mismo tiempo que alberga la mayor base militar norteamericana en el Golfo Pérsico.
Arabia Saudita, en las condiciones de esta crisis generalizada, se ha convertido en el aliado principal de Israel. Varios observadores aseguran que el jefe de gobierno saudita convocó a Ryadh a Abbas, cabeza de la Autoridad Palestina, para intimarlo a que admita la soberanía integral de Israel sobre Jerusalén para conseguir el mentado ‘acuerdo de paz’ y los ‘dos Estados’. El Medio Oriente ha sido convertido en un polvorín de nuevas guerras imperialistas. Involucra a territorios y países que se encuentran en la “ruta de la seda” que busca abrir China, como corredor a Europa y Asia Central.
En este contexto, la declaración de Trump debe entenderse como parte de una política de mayores intervenciones y agresiones en Medio Oriente, esta vez enfocada en un choque contra el llamado “eje Irán-Hezbollah-Siria”, que ya ha provocado una crisis política en Líbano. La cuestión palestina ha sido relegada a una política de conjunto en la crisis internacional en la región; o sea, en una carta blanca a Israel en la colonización de los territorios ocupados y en convertir estos hechos consumados en parte de una alianza política con Egipto, Arabia Saudita y los emiratos.

Impotencia de los “críticos”

La inocuidad de los adversarios de Trump queda demostrada por el presidente Macron, de Francia, que en estos días recibirá a Netanyahu para amonestarlo por no ofrecer indemnización a las víctimas de la expropiación de tierras y destrucción de viviendas en los territorios ocupados y en el este de Jerusalén. La ‘preocupación’ de Macron y otros líderes de la Unión Europea pasa por la interdicción por parte de Trump a las inversiones petroleras de sus rivales en Irán, como ocurre con la francesa Total, a la que ha amenazado con fuertes multas financieras.
Se le adjudica a Putin una bienvenida ‘estilo Kremlin’ a la proclama de Trump: según sus diplomáticos, serviría para inclinar a más Estados árabes al campo de Moscú. No debe ser lo que piensa el nuevo zar de Rusia, que sabe que la Rusia restaurada carece de los medios económicos y políticos para imponer soluciones propias. Como lo demuestran las negociaciones acerca del fin de la guerra en Siria, Putin busca afanosamente un acuerdo con Trump -más allá del Medio Oriente. Ucrania y las sanciones económicas contra Rusia están en el tope de la agenda.
Cuentan las voces malignas que Richard Nixon intentó salvar su presidencia con una oferta diplomática a Israel que le ganara el apoyo del ‘lobby’ sionista en Washington. Es la intención que algunos le atribuyen ahora a la declaración de Trump, enfrentado a la acusación de ‘conspiración’ con Rusia durante la campaña electoral norteamericana. Las inmundicias de la política burguesa juegan un rol relevante en el mundo de los carreristas de esa política. Trump estaría preocupado también con una ausencia de protagonismo de su electorado evangelista en Arizona, donde se vota para el Senado la semana que viene, debido a que el candidato del oficialismo se encuentra abrumado de denuncias de acoso sexual a mujeres jóvenes. Trump necesita ganar para dar un sustento parlamentario mayor a su gobierno, que solamente sigue en pie por la complicidad de sus adversarios.
Trump sale también en socorro de Netanyahu, acusado de latrocinios enormes, incluida su mujer, que ha motivado manifestaciones de miles de personas en varias ciudades israelíes para reclamar su enjuiciamiento y encarcelamiento.
En Palestina, el sionismo gobierna con la complicidad de las autoridades y fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina, de una estrecha colaboración para perseguir a los activistas y luchadores. Para abatir la opresión sionista hay que limpiar este terreno. La conquista de la autodeterminación palestina y el regreso de los refugiados, así como la emancipación nacional y social en el Medio Oriente, depende por entero del desarrollo de conjunto de esta crisis internacional, por un lado, y de un abordaje socialista revolucionario de la vanguardia obrera, por el otro.

Jorge Altamira

miércoles, 13 de diciembre de 2017

La disolución de la URSS




Este artículo sigue las notas de la conferencia pronunciada el 30 de noviembre en el Centro de cultura y memoria (CCM) de Barcelona en el marco del centenario de la Revolución Rusa organizado por el Ayuntamiento de la ciudad.

Un esquema sobre sus motivos y consecuencias

El 8 de diciembre se cumplen 26 años de la conjura de Bieloviezh que disolvió formalmente la Unión Soviética. Hace poco escuché a un reputado periodista glosar el crucial papel que Margaret Thatcher tuvo en la caída del comunismo. Otros mencionan la figura del papa Juan Pablo II, a Ronald Reagan y su “guerra de las galaxias” o a los nacionalismos como factores decisivos. Y eso, en boca de gente presuntamente informada, no hace sino ilustrar un hecho: que pese a la distancia sigue sin entenderse gran cosa de todo aquello, que se sigue ignorando la primacía de factores internos, y que se continúan ofreciendo las explicaciones más estrambóticas.
En una exposición limitada como esta, lo más que podemos ofrecer es un esquema: tres puntos esenciales, necesariamente simplificados, pero a partir de los cuales se pueda pintar y desarrollar un cuadro más serio con todos los matices y los detalles sobre los motivos por los que la URSS se disolvió. Para eso he elegido tres motivos que llamaremos, técnico, degenerativo y espiritual. Cada uno de ellos exige su propia lente y su propio marco temporal para ser abordado. Para el primero basta con una simple crónica periodística y una perspectiva de dos o tres años. Para el segundo hay que hacer algo de sociología política y moverse en un espacio de varias décadas. Para el tercero entramos en filosofía de la historia, y podríamos llegar mucho más lejos, hasta meternos en esa capacidad tan humana de estropear grandes causas y pasiones.

¿Qué entendemos por la disolución técnica?

Técnicamente la URSS dejó de existir el 8 de diciembre de 1991. Aquel día los presidentes de las tres principales repúblicas europeas escenificaron un contubernio en Bielovezh, una apartada residencia de caza de los bosques de Bielorrusia. Allí declararon jurídicamente disuelta la URSS y unos días después, el 25 de diciembre, la bandera roja con la hoz y el martillo fue arriada del Kremlin. ¿Por qué hicieron aquello? La respuesta es tan simple como banal: por una cuestión de poder. Tres hermanos; Rusia, Ucrania y Bielorrusia mataron a la madre para quedarse con la herencia.
La iniciativa corrió a cargo del hijo mayor y principal heredero, el Presidente de Rusia Boris Yeltsin. Les ahorro los detalles de una crónica detallada, para concentrarme en lo fundamental: la lógica de la lucha por el poder moscovita.
En agosto de 1991 hubo un golpe de estado fallido de las autoridades centrales soviéticas contra Gorbachov que dejó a éste muy debilitado. Como un general sin ejército. Así que aquellos meses, entre agosto y diciembre de 1991, en Moscú había dos poderes que coexistían, algo anómalo en la matriz de la autocracia. Se había llegado a una situación en la que para deshacerse de Gorbachov y hacerse con el Kremlin, el máximo poder en Moscú, Yeltsin tenía que disolver la URSS. Ese es el dato central.
Los otros dos personajes del contubernio del bosque (los presidentes Kravchuk y Shuskievich) eran comparsas. Claro que tenían intereses en la herencia: deshaciendo la URSS, ambos recibían la jefatura de estados soberanos sin nadie por encima (Kravchuk, además había estado directamente implicado en el fallido golpe de agosto, así que una huida hacia delante le ahorraba rendir cuentas), pero nunca se habrían atrevido a firmar las actas de defunción si el hermano mayor no hubiera ido desconectando desde aquel octubre todos los aparatos que mantenían viva a la debilitada madre en su lecho; el sistema bancario, las finanzas, los aparatos del comercio exterior, la sede del ministerio de exteriores y de algunas embajadas en el extranjero… Quisieron hacer pasar por eutanasia casi humanitaria -la pobre sufría- lo que fue estrictamente asesinato.
Además, todo aquello fue algo muy parecido a un golpe de estado. Sobre todo si se tiene en cuenta que, ocho meses antes, en marzo de aquel mismo año, la población de la URSS había participado masivamente (148 millones de los 185 millones con derecho a voto, pese al boicot de algunas repúblicas) en un referéndum sobre el mantenimiento de una URSS renovada en el que el “sí” obtuvo el 76% del voto.
Todo eso fue tan banal y claro, que se explica como una simple crónica periodística. Pero, ¿cómo pudo un estado tan poderoso, segunda potencia mundial, llegar a una situación de tal debilidad como para que bastara un mero contubernio palaciego para ser derribado? Para explicar esto hay que entrar en asuntos mucho más de fondo que tienen que ver con lo histórico y lo social. Llegamos así al segundo punto. La que llamaremos disolución degenerativa. Es decir aquella que es resultado de la acción de una casta dirigente degenerada que puso sus intereses de grupo y su codicia por delante de cualquier consideración patriótica o de Estado.

La disolución “degenerativa”

En su etapa final, los intereses de la propia casta dirigente soviética fueron el principal factor de disolución. Desde ese punto de vista se puede hablar de “autodisolución”.
Como grupo, en 1991, esa casta que concentraba las cinco funciones esenciales de la sociedad (el poder político, la propiedad, la ideología, la dirección y la organización), era nieta del sangriento y dinámico embrollo estalinista (1929-1953, 23 años) e hija de la relajación burocrático-administrativa que le siguió (tras la intentona regeneradora/liberadora de Jruschov) que asociamos a Brezhnev, un periodo de otros 23 años (1964-1987).
En la primera etapa de esa degeneración, la casta estaba cohesionada por el miedo y la movilización (el terror de la represión de las purgas así como las gestas y el sacrificio de los planes industriales y de la guerra), ambos unidos por la aniquilación física. El peligro, la muerte y el crimen fueron el medio ambiente de la génesis de la estadocracia estalinista.
En la segunda etapa, la cohesión se obtuvo más bien por el privilegio material administrativo-burocrático, ya sin riesgos vitales, en una época en la que la casta exultaba un deseo de tranquilidad y relajo.
El privilegio de la clase dirigente soviética era, sin embargo, incompleto. Desaparecía con el cargo, no era heredable, y carecía de “convertibilidad” con la elite internacional.
En mi libro sobre el fin de la URSS (La gran transición. Rusia, 1985-2002) lo comparo al de unas autoridades eclesiásticas administradoras pero no propietarias de las riquezas de sus diócesis y parroquias que, además, pertenecían a una secta no homologable con la Gran Iglesia global del sistema económico-social mundial que conocemos como capitalismo transnacional. Y fue en esa segunda etapa de relajación cuando maduró la profecía de León Trotski, formulada en 1936, según la cual la burocracia acabaría transformándose en clase propietaria, porque, “el privilegio solo tiene la mitad del valor si no puede ser transmitido por herencia a los descendientes”, y porque, “es insuficiente ser director de un consorcio si no se es accionista”.
Con su libertad y su descentralización del poder, la reforma de Gorbachov propició, bien a su pesar, la fase final de este proceso, de esta degeneración de casta, al liberar definitivamente todos los obstáculos para que la estadocracia se reconvirtiera en clase propietaria y homologable: para que los obispos y los clérigos se emanciparan y pudieran casarse, heredar y cruzarse.
El desorden creado por la libertad en el sistema fue el medio ambiente ideal para esta transformación social esencial de la casta dirigente, vía privatización, desfalco y “economía de mercado”. Para entendernos: para que los “obispos” se convirtieran en “burgueses”.
Vista la escena desde fuera, pudo parecer que las rebeliones de los años 1988, 1989, 1990 y 1991 en forma de grandes movimientos nacionalistas, huelgas y protestas, crearon los vacíos y las crisis de poder del periodo final de la URSS concluido en la disolución de diciembre de 1991. En realidad fue al revés: el vacío y las crisis de poder creados por las libertades fueron los que crearon las rebeliones y los desordenes.
Las reformas libertarias de Gorbachov desordenaron por completo el sistema (el partido, los principios de jerarquía y disciplina) que el secretario general quería reformar en una dirección regenerativa de “socialismo con rostro humano”. El desmoronamiento de la coerción y el reparto del poder absoluto tradicional del Zar/Secretario general inducido desde arriba, desorganizaron la producción, el abastecimiento y la lógica autoritaria de gobierno. Como explican en sus memorias tantos testigos directos de la revolución de febrero de 1917, en la sociedad se impuso algo parecido a la idea de que una vez derribada la autocracia, ya no había que trabajar. Los planes y los compromisos (entre ramos, entre repúblicas) no se cumplían. La producción caía y generaba todo tipo de reflejos egoístas territoriales. Sobre el vacío creado, surgieron las rebeliones (y no al revés).
Como cualquier político que gobierna una transición política, de un régimen a otro, Gorbachov tenía que construir un nuevo centrismo político a partir de los pedazos rescatables del antiguo régimen (el partido comunista y su mundo) y de los nuevos actores (la intelligentsia), pero en lugar de centrismo se encontró en medio de una espiral de fuerzas conservadoras de distinta radicalidad y sentido. El partido y el establishment soviético conservador se le rebeló con una intentona golpista, mientras que la intelectualidad se adhirió al aparente radicalismo de Boris Yeltsin (del neoleninismo al neoliberalismo en pocos meses), cuyas esencias autocráticas y tradicionalistas resultaban mucho más atractivas y reconocibles para la cultura política autoritaria imperante en la sociedad. Una de esas rebeliones fue la de las soberanías e independencias republicanas, resultado de las abdicaciones y desorganizaciones del poder central.
Ese fue el caótico caldo de cultivo en el que la casta dirigente, degenerada para el proyecto socialista, decidió su emancipación social de clase.
Cuando los tres presidentes se reunieron en la oscuridad del bosque de Bieloviezh para matar a la madre, ésta, sus símbolos, su ideología, sus decorados y sus realidades “socialistas” ya no eran más que impedimentos para culminar sueños de clase largamente larvados que eran más fáciles de realizar en los respectivos marcos de cada república independiente y anulando cualquier veleidad de reformar la URSS.
Ese sería el “aspecto social-degenerativo” de aquella disolución.
Hemos dado cuenta de la crónica “técnica” y del factor de la emancipación del aparato, ¿pero qué hay del sistema ideológico anclado en las mentalidades de decenas de millones de ciudadanos? Entramos aquí en el tercer punto: la disolución espiritual.

La disolución “espiritual”

Un sistema como el soviético se basaba en creencias. Eso tiene que ver con muchas cosas, pero también con el hecho de la fuerte impronta religiosa y mesiánica que el llamado “comunismo” ruso adquirió desde sus inicios. Un aspecto fundamental de la disolución de la URSS, fue, precisamente, el proceso histórico de evaporación de esa creencia.
¿Cómo se secó aquella fuente de pasiones y creencias que invocaba a la “unión de los proletarios del mundo entero”, que había vencido una guerra civil con 8 millones de muertos y otra mundial con más de 25 millones de muertos, pagando precios espantosos, que reconstruyó el país mayor del mundo, y que había colocado su símbolo, la hoz y el martillo, sobre el mismo globo terráqueo en su escudo estatal evidenciando extraordinarias pretensiones de fraternidad e internacionalismo?
En el invierno de 1989 visité Karakalpakia, una región autónoma de Uzbekistán, a orillas del Mar Aral. Era una zona prohibida y creo haber sido el primer periodista europeo en visitarla (no la república, sino la orilla).
En veinte años el mar había desaparecido como consecuencia de los excesos de la irrigación. En el antiguo puerto de Muinak, el agua quedaba a 50 kilómetros de distancia y los barcos de la flota pesquera, sólidos barcos de hierro de hasta 60 metros de eslora, estaban varados en la arena. La población sufría patologías relacionadas con los pesticidas y la sal del agua que bebía. Visité una fábrica de conservas que para no cerrar se nutría de pescado que tenían que traer desde el Báltico, a casi 4.000 kilómetros de distancia… En la salida de la destartalada y apestosa fábrica había un cartel, oxidado como todo, en el que bajo la imagen de Marx se leía una cita que decía, “El socialismo superará al capitalismo”. El funcionario del KGB local que me acompañaba, vio que miraba el cartel y me dijo en un susurro pillo: “…sí, jé, jé, lo superará dentro de 2.000 años..”
Si hasta un guardia civil de Karakalpakia, penúltimo rincón de la URSS, bromeaba sobre todo aquello, quería decir que, verdaderamente, estábamos ante un agotamiento general.

¿Por qué se agotó aquella fe?

Hay que comprender algo esencial. La promesa religiosa es vaga e indeterminada. La reencarnación, el reino de los justos y el paraíso son promesas sin fecha, sin comprobaciones, ni resultados prácticos. Se cree en ello y ya está. Así van pasando los siglos. Las religiones funcionan así. La doctrina soviética era una religión. Pero era una religión laica y concreta.
Sus promesas no solo llevaban fecha (los planes quinquenales, con sus metas cifradas, incluso el “comunismo” al que Jrushov puso fecha: 1980), sino que además debían ser comparadas en sus resultados prácticos con los resultados de otras naciones competidoras.
Esa es la contradicción esencial entre la doctrina soviética y su creencia, y una religión normal que no precisa ni demostración ni verificación. Solo fe.
Además, esa religión laica devaluaba y erosionaba su sacralización conforme se desarrollaban sus resultados prácticos. Cuando Rusia y su espacio euroasiático la abrazaron en 1917, aquello era una sociedad campesina en un 80%. Con el tiempo cada vez había mayor nivel educativo, mayor normalización de la vida (menos movilizaciones y sacrificios, mayor consumo y reflejos familiares e individuales de tipo clase media, podríamos decir), una mayoría urbanizada ya desde los años 60, más información sobre lo que ocurría fuera del país, y por tanto mayor capacidad de comparación entre sistemas.
Cualquier producto de importación, desde una película de Louis de Funes en la que el gendarme representante de la autoridad era un tipo grotesco, pelota y mezquino, hasta unos pantalones tejanos o la música de moda, o un radiocasete, actuaba como agujero en el muro del templo a través del cual cualquiera podía asomarse, mirar y extraer sus propias conclusiones.
Y lo que se veía por esos agujeros no era el trabajo infantil en India o Brasil, sino las luces de occidente; Nueva York, París, Londres…
De alguna forma, los propios éxitos prácticos del desarrollo social y material soviético trabajaron contra la dimensión de creencia (religiosa) de su doctrina.
En los años setenta, la afirmación central de la doctrina oficial de que la URSS representaba un estado de cosas al que toda la humanidad debía aspirar y acceder algún día (“El comunismo radiante porvenir de la humanidad”, la hoz y el martillo sobre el globo terrestre) ya había perdido toda fuerza religiosa. Contaban aspectos más banales y menos heroicos en las mentalidades: ¿Hay salchichón? ¿hay huevos y papel higiénico en las tiendas?
Fue así como el comunismo ruso-soviético perdió su alma. Una cuenta atrás que comenzó en el mismo momento de su sacralización.
Llegados aquí, dejemos clara una cosa: todo esto no tiene nada que ver ni con la vigencia de la aspiración humana a una vida y un mundo menos injusto, ni con la actualidad del comunismo en general. Con lo que tiene que ver es con la historia ruso-soviética.
Sin atender a esto, al largo y larvado proceso histórico de muerte espiritual del comunismo como doctrina y creencia, sin esta disolución espiritual, no se entienden las otras dos disoluciones, la técnica y la degenerativa, de nuestro esquema. No se entiende la facilidad con la que todo ocurrió, sin que nada ni nadie lo impidiera u objetase.
Pasemos ahora a las consecuencias de la disolución de la URSS, último punto de mi exposición, que será mucho más breve y podemos liquidar en dos brochazos, porque todos ustedes las perciben de una u otra forma.

Consecuencias en el equilibrio mundial

El primer brochazo tiene que ver con el hecho de que la situación general en el mundo se ha hecho mucho más peligrosa que durante la guerra fría. La disolución de la URSS potenció la agresiva doctrina neocón de la hegemonía mundial sin obstáculos de Estados Unidos. El catastrófico intento de dirigir el mundo en solitario y por la fuerza.
Durante más de una década, Rusia dejó de existir como factor de contrapeso, mientras su clase dirigente se dedicaba a llenarse los bolsillos. La ocasión fue inmediatamente aprovechada.
La intervención en zonas antes prohibidas de Oriente Medio fue inmediata: la primera guerra de Irak de enero 1991 tuvo lugar antes incluso de la disolución técnica de la URSS, coincidiendo con las críticas tensiones de aquel invierno en las repúblicas bálticas. Desde entonces hemos asistido a la destrucción de toda una serie de países, estados y sociedades en toda la región, desde Afganistán a Libia, propiciando la matanza de más de un millón de seres humanos solo en Irak y de centenares de miles en Afganistán, Siria, Pakistán, Libia y Yemen. Lo que llamo el Imperio del caos.
Esa doctrina hegemónica de los neoconservadores americanos tuvo por efecto las violaciones y abandonos de acuerdos fundamentales establecidos con Moscú durante la guerra fría:
-La administración Clinton violó el acuerdo de que la OTAN no se movería “ni un milímetro” hacia el Este a cambio de la aceptación de la reunificación alemana y estableció bases militares de la OTAN junto a las fronteras rusas con gran responsabilidad del establishment alemán y de la Unión Europea.
-La administración de Bush hijo abandonó el acuerdo ABM, piedra angular contra la proliferación de misiles, y creó bases antimisiles en la frontera rusa, alegando que eran para proteger Europa de los inexistentes misiles intercontinentales de Irán.
-La administración Obama emprendió un ataque directo contra Rusia con el objetivo de echarla de sus bases en el Mar Negro, derrocando al corrupto gobierno legítimo de Ucrania e instalando su propio gobierno corrupto prooccidental.
-Cuando todo esto culminó con una reacción militar rusa, primero en Georgia y luego en Ucrania, después de treinta años de retrocesos, abusos y avasallamientos de los intereses rusos, Washington se lanzó a una demonización sin precedentes del régimen ruso y de su presidente para castigar su osadía. La muestra de todo eso la pueden encontrar en los diarios, las televisiones y en los análisis de disciplinados think tanks en absoluto independientes.
-Y mientras tanto fue madurando la emergencia de nuevas potencias que configuran el actual mundo multipolar (con varios centros de poder), cuya pregunta existencial es si decantará en acuerdos y equilibrios, o, como parece, en la lógica de los imperios combatientes.
Para acabar, vamos al segundo paquete de consecuencias.

Consecuencias en las relaciones sociales y de producción .

La disolución de la URSS y del bloque del Este, unida a la integración de sus países, de China y de India en el sistema económico mundial, ha hecho al mundo más capitalista.
Esa integración aportó, a partir de 1989, 1470 millones de nuevos obreros al capitalismo. En muy pocos años se dobló el número de obreros (que en el año 2000, excluyendo a todos esos nuevos llegados era de 1460 millones). El resultado ha sido un cambio fundamental en la correlación de fuerzas global entre capital y trabajo. Un mundo con más explotación, más precariedad, deslocalización y globalización crematístico-industrial.
Eso es lo que tenemos hoy, cien años después de la Revolución Rusa y cuando se cumplen 26 años de la disolución de la URSS. La historia continúa y habrá que ver a qué tipo de nuevas convulsiones, colapsos y disoluciones nos lleva, y nos está llevando.

Rafael Poch de Feliu
rafaelpoch.wordpress.com
Nota del autor: A partir de enero este blog podrá seguirse en: https://rafaelpoch.wordpress.com/

martes, 12 de diciembre de 2017

El costo del ajuste lo pagan los trabajadores y el pueblo




Se dieron a conocer en estos días los porcentajes de aumentos de las tarifas públicas que regirán a partir del 1 de enero.

El pasado día miércoles la Ministra de Industria, Carolina Cosse, y el subsecretario de Economía, Pablo Ferreri, anunciaron que las subas serán de 6,5 % para Ose y Antel y un 3,2% para UTE mientras que las naftas y el gasoil subirán un 9,8% y un 4,8% respectivamente.
Los aumentos en las tarifas se suman a otras medidas que viene tomando el gobierno en los últimos tiempos; como el aumento del IRPF para amplios sectores de la población, los aumentos de las tarifas a comienzos de este año y también el 10% de aumento de boleto que definió hace unos meses la Intendencia de Montevideo para quienes abonen en efectivo.

Una política tarifaría en contra de los trabajadores

Apenas conocidas las cifras del aumento el gobierno salió a defender las medidas tomadas, señalando que no se puede hablar de tarifazo y que en el conjunto de todos estos 14 años de gobierno frenteamplista los aumentos fueron menores a la inflación.
Los malabarismos del gobierno para defender los aumentos no pueden esconder que los costos de las tarifas públicas se llevan una parte importante de los ingresos de las familias trabajadoras.
El caso de las tarifas de UTE es un buen ejemplo, en el que se puede observar claramente como el costo de este servicio incide fuertemente en el presupuesto familiar.
Tal como ha planteado el sindicato de UTE en las familias más pobres el costo de la luz se lleva el 10% de los ingresos y en promedio la factura de luz se lleva un 4% del presupuesto familiar. Mientras tanto la energía eléctrica es el 0,4% de la estructura de costos del sector empresarial que además paga la energía a la mitad de precio de lo que se le cobra a un hogar familiar. La comparación muestra claramente a quien beneficia UTE.
Estas altas tarifas a los hogares, se deben a que el gobierno (al igual que los gobiernos anteriores de los partidos tradicionales) subsidia el costo de la energía a los grandes consumidores; esos empresarios que tienen también exoneraciones fiscales y pagan bajos sueldos a sus trabajadores mientras obtienen grandes ganancias.
En estas últimas semanas se debatió en el gobierno que hacer con la tarifa del próximo año, finalmente triunfo la idea de subirla para de esa manera aumentar la recaudación. Esta definición es parte de una orientación económica del gobierno más general que toma a los trabajadores como variable de ajuste mientras se esmera por hacer buena letra con los empresarios e “inversionistas” generando negocios a su medida.
Mientras tanto en las redes sociales, sectores y dirigentes del Frente Amplio intentan restarle importancia al aumento presentando un cuadro comparativo.
El cuadro que ellos publicitan lo que deja en evidencia es que en sueldos de $15000 pesos, como tienen amplios sectores de la población, las tarifas de los servicios básicos se llevan más de $ 3000 es decir más de un 20%. Si a eso se le suma el costo del gas, la proporción muestra el porcentaje altísimo que un trabajador paga de sus ingresos para satisfacer servicios básicos. O sea que ya de por si, con o sin aumentos, la posibilidad de cubrir las necesidades básicas para un trabajador es muy difícil.
Estas son las condiciones de vida para los trabajadores y el pueblo del modelo social y económico del Frente Amplio luego de casi 14 años de gobierno. La estructura regresiva heredada de los mandatos de los partidos tradicionales no se ha alterado en lo sustancial.
El caso UPM es otro ejemplo claro de la orientación del gobierno “progresista”, el acuerdo recientemente anunciado compromete al Estado a comprarle energía a la multinacional finlandesa; un negocio redondo para la empresa, al igual que sucede actualmente con la compra de energía a los dueños de los generadores privados que se aseguraron ganancias extraordinaria por más de 20 años.
Para que esto cambie, es necesario enfrentar el ajuste, los trabajadores movilizados y organizados pueden cambiar la situación, pero para ello también es necesario que las direcciones sindicales rompan con el gobierno y tengan independencia política.

Hernán Yanes

lunes, 11 de diciembre de 2017

Un pirómano en la Casa Blanca




Donald Trump lo hizo. No contento con la peligrosa escalada militar en la península coreana y los retweets contra los musulmanes, el presidente norteamericano dobló la apuesta.

El 6 de diciembre desde la Sala de Recepción Diplomática de la Casa Blanca, reconoció formalmente a Jerusalén como la capital del estado de Israel, una decisión que había despertado la crítica de casi todos los líderes mundiales, a excepción por supuesto de Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí que milita en la extrema derecha del espectro sionista. Esta estrategia de polarización recargada podría tener efectos incendiarios en el Medio Oriente con repercusiones en occidente.
Como en otras cuestiones, la Casa Blanca está dividida en torno a esta decisión. Mientras que el vicepresidente Michael Pence es de la partida, los secretarios de defensa y de estado, J. Mattis y R. Tillerson, consideran que la jugada es riesgosa y que en la balanza podría tener más costos que beneficios.
Aunque el traslado no es inmediato, de hecho podría tomar algunos años, con este anuncio Trump abandonó la política que Estados Unidos sostuvo durante 7 décadas de mantener la embajada en Tel Aviv, como hacen los 86 países con representación diplomática en el estado de Israel, como un gesto diplomático de no dar por cerrado el estatus disputado de la ciudad de Jerusalén, aunque en los hechos se reconozca la ocupación colonial israelí de la parte árabe de la ciudad desde 1967, a la que se sumaron en estos años unos 200.000 colonos.
En su breve discurso Trump dijo, como se esperaba, que su administración solo estaba dándole estatus legal a lo obvio: que Israel históricamente ha tratado a Jerusalén como su capital, que es la sede del parlamento y de las principales instituciones gubernamentales, y que solo una formalidad impide que Estados Unidos, que tiene una alianza de carácter estratégico con el estado sionista, mantenga su embaja en Tel Aviv. De hecho el Congreso norteamericano votó una ley en 1995 ordenando el traslado inmediato de la embajada a Jerusalén, reconocida como la “capital indivisible” del estado de Israel, aunque dejándole una válvula de escape al ejecutivo para postergar esta decisión. Desde entonces, cada seis meses los sucesivos presidentes vienen firmando un “perdón” para extender ese plazo. Trump utilizó este recurso en junio de este año, pero esta vez decidió romper con los usos y costumbres de la política exterior norteamericana.
¿Por qué ahora? Hay varias hipótesis, ninguna excluyente. Aquí mencionaremos las tres más plausibles.
La primera apunta a la política doméstica. Fue la primera razón que dio Trump en su discurso. Dijo casi textual que la mayoría de los presidentes que lo precedieron hicieron la promesa electoral de trasladar la embajada a Jerusalén pero que él era el único dispuesto a cumplir. El momento puede ser oportuno.
Si bien la economía y el auge bursátil acompañan al magnate, el apoyo de Trump se reduce a un magro 35%. En un año de gobierno es poco lo que puede mostrarle a su propia base electoral, que es la que en verdad le interesa. A excepción de la reforma impositiva, un logro no menor para el 1% más rico del país, los polémicos proyectos del presidente han sido derrotado en el Congreso, incluso con el voto de senadores y representantes de su propio partido, como sucedió con la fallida derogación de la reforma de salud de Obama, conocida como Obamacare.
La Casa Blanca está enredada en la crisis del “Rusiagate” que parece no tener salida a la vista. Es más, el ex asesor presidencial Michael Flynn admitió sus contactos extraoficiales con diplomáticos rusos y anunció su disposición a colaborar con el FBI en la investigación.
El traslado de la embajada a Jerusalén es un tema muy popular para los sectores de la derecha cristiana y los halcones pro israelíes que son parte del núcleo duro del electorado de Trump, entre los que se encuentra nada menos que Sheldon Adelson, el zar de los casinos que aportó nada menos que 25 millones de dólares a la campaña presidencial republicana.
La segunda hipótesis se relaciona con el cambio de estrategia en la política norteamericana hacia el Medio Oriente. A diferencia de Obama, que negoció al frente de un grupo de otras cuatro potencias el acuerdo nuclear con Irán, la política de Trump es conformar una suerte de “alianza sunita” contra el régimen iraní, lo que tiende a exacerbar el enfrentamiento intraislámico entre sunitas y chiitas que se traduce y arriesga a transformar en caliente la guerra fría regional entre Arabia Saudita e Irán.
En el caso de Irán, Trump aplicó una táctica que viene caracterizando a su administración que es la de tomar semi medidas: no repudió absolutamente el acuerdo nuclear con el régimen de los ayatolas, pero “descertificó” el cumplimiento de los compromisos pactados. Pero los mensajes simbólicos, de los que en gran medida se compone la diplomacia, suelen tener consecuencias reales. La situación es de alto riesgo, en particular desde que el casi decretado fin de la guerra civil en Siria dejó a Irán, y a su aliado Rusia, como uno de los ganadores, extendiendo su influencia a través del régimen cliente de Bashar al Assad.
La crisis del Líbano, con la renuncia luego desmentida del primer ministro Saad Harari que hería de muerte el acuerdo confesional que puso fin a la guerra civil en ese país y que hoy establece un delicado equilibro de poder con Hezbollah, fue un anticipo de los contornos catastróficos que puede tomar este conflicto. A nadie se le escapa que detrás de la jugada de Hariri está la monarquía saudita.
La tercera hipótesis tiene que ver con la inscripción del conflicto palestino-israelí en el nuevo contexto del Medio Oriente, diseñado no solo por la estrategia norteamericana sino por un cambio paradigmático en la monarquía de Arabia Saudita desde que el príncipe heredero Mohammad bin Salman tomara las riendas del reino.
Se sabe que Jared Kushner, yerno de Trump y asesor del presidente, hace casi un año está negociando con los líderes amigos del Medio Oriente un nuevo "plan de paz" para el conflicto palestino, y que ha encontrado un gran aliado en el príncipe Salman, dispuesto también a romper con la política exterior tradicional de su país que usaba la causa nacional palestina para encubrir su alianza con Estados Unidos e indirectamente su tolerancia hacia el colonialismo israelí.
Según algunos analistas, el príncipe Salman le habría dado a conocer al titular de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, los lineamientos de este nuevo plan que sería el más favorable a Israel de los presentados hasta ahora y liquidaría cualquier semblanza de autodeterminación nacional palestina, consagrando el estatus de apartheid.
Aunque el liderazgo nacional palestino hace tiempo vendió su alma al diablo norteamericano-israelí, y la política de Hamas no ha sido una salida progresiva, el pueblo palestino no ha renunciado a su derecho democrático elemental a la autodeterminación nacional y sigue enfrentando la colonización del estado de Israel.
¿Desatará esta decisión una nueva intifada? No se puede responder con certeza, pero viendo los antecedentes de provocaciones similares, tiene todo el potencial para hacerlo.
Según la lógica imperialista de Trump, reconocer la ocupación colonial del estado de Israel y su carácter exclusivamente judío, simbolizada en el reconocimiento de Jerusalén como la capital, permitiría de máxima avanzar en la “solución de dos estados” y de mínima utilizar un supuesto “proceso de paz” para darle cobertura política al incipiente frente anti iraní en el que militan tanto Israel como Arabia Saudita.
Por fuera del reino de las hipótesis, la realidad es que la política de Trump arriesga con inflamar aún más la región. Eso es lo que perciben sus aliados en occidente y en el mundo musulmán, e incluso en sectores del establishment sionista. Y desde hace tiempo lo que sucede en el Medio Oriente repercute en Occidente bajo la forma de atentados brutales, que a su vez alimentan el racismo y la xenofobia. El recrudecimiento de la opresión imperialista y colonial es la receta perfecta para el incendio.

Claudia Cinatti

domingo, 10 de diciembre de 2017

Rodó, Benedetti y el imperialismo




Además de constituir uno de los textos más importantes del pensamiento conservador en Uruguay y América Latina, el "Ariel" de José Enrique Rodó también representa un ensayo fecundo para el debate sobre el problema del imperialismo y la cuestión nacional.

A pesar de no compartir el esquema general de Rodó, su idealismo aristocrático y elitista, su conservadurismo de raíz españolista y su profundo espíritu "antidemocrático", aún así nos parece fundamental reactualizar una lectura crítica del "Ariel" para reflexionar sobre la cuestión de la unidad latinoamericana y la opresión imperialista, evitando caer en anacronismos incorrectos o idealizaciones ilusorias; como convertir a Rodó en un ferviente anticolonialista o antiimperialista, algo totalmente alejado de la concepción ideológica del autor.

El Calibán moderno, el elitismo de Ariel y la Nordomanía congénita

Metaforizada y representada simbólicamente con Calibán, el famoso personaje shakespeariano de "La tempestad", la sociedad norteamericana y su paradigma social son analizados por Rodó como la más alta expresión (o la más baja) de la sociedad guiada y fundamentada por el utilitarismo, ideología y movimiento que según el autor, persigue como propósito central la obtención del interés, lo que los marxistas podríamos considerar como "ganancia" capitalista, motor de acumulación de la burguesía.
Para Rodó, semejante bestia utilitarista se opone como enemiga a las más elevadas cumbres del ideal, del espíritu culto, refinado, el mismo espíritu del tradicionalismo español que glorificó durante siglos la "pureza" de la sangre de sus curas, militares y reyes parásitos en contraposición con el "bajo" mercantilismo y el industrialismo de Holanda e Inglaterra, y el utilitarismo norteamericano.
A la figura de Calibán, conjurada como símbolo de la bestialidad utilitarista Rodó opone el Ariel, que más allá de simbolizar el "noble" reino del ideal, representa el miedo de la aristocracia conservadora por la "democracia" (burguesa) y las muchedumbres que pueden mancillar con su afán de derechos laborales, sociales y políticos las altas cumbres del espíritu de los aristos, los elegidos.
Rodó a su vez castiga en su texto, y quizás es uno de los puntos de fuerte coincidencia con la tradición antiimperialista, la Nordomanía, la obsesiva pretensión de cierta fracción de las clases dominantes latinoamericanas por copiar, o emular en el mejor de los casos, el modelo de desarrollo capitalista norteamericano.
Quizás la carencia o limitación fundamental del planteo rodoniano, consiste en la ausencia de un análisis profundo sobre la imposibilidad histórica de imitar el modelo de desarrollo yanqui como postulaban los nordomaníacos, y en última instancia en un estudio serio de las bases económicas del imperialismo norteamericano; en este sentido a Rodó sólo le interesa la superficie del fenómeno, y no su análisis estructural.

Mario Benedetti y un antiimperialismo vulgar

Sesenta años después de la publicación de "Ariel", será Mario Benedetti quien revalorizará el texto rodoniano, entre otros intelectuales de la generación de Marcha como Arturo Ardao o Carlos Real de Azúa, desde la clave antiimperialista que impregnaba el espíritu de la radicalización política en Uruguay.
No obstante, la concepción de Benedetti en torno al problema de la nación latinoamericana en relación al imperio del Norte, constituye una de las variantes de lo que podríamos denominar como antiimperialismo vulgar, que se agota simplemente en una crítica culturalista a la sociedad norteamericana; en su artículo sobre Rodó en "Genio y figura", el autor sintetiza su postura:
...la de Rodó fue una de las primeras voces que se alzó en el Continente para reivindicar la común raíz latina de estos pueblos, y una de las primeras asimismo en relevar la posibilidad de oponer al poderoso del Norte todo un haz de naciones, unidas por la herencia, el idioma y el pasado comunes.
{{}}
Resulta controversial y polémica la posición de Mario Benedetti con respecto a la cuestión de la opresión imperialista, en tanto se basa en una idea homogeneizadora de América Latina, unida por siglos de tradición cultural y política y por la lengua oficial de la mayoría de los estados-nación latinoamericanos: el castellano.
Lo que cabría preguntarse, es si la posibilidad de la lucha antiimperialista en nuestro continente puede partir de reivindicar en contraposición al enemigo del Norte, la homogeneización impuesta por el poder colonial del imperio español sobre la base sangrienta de un genocidio de millones de indígenas y el expolio de tres siglos; negadora de la verdadera realidad lationamericana: plurinacional y multicultural.
Podemos intuir que no será con las armas melladas de la herencia colonial que opondremos a los Estados Unidos la dignidad de los pueblos del Sur, sino partiendo del reconocimiento de la riqueza de la diversidad cultural de nuestra América.

Mario Benedetti y la cultura norteamericana

Otras de las aristas problemáticas del planteo de Benedetti ligada a su concepción vulgar del imperialismo norteamericano, es su lectura parcial y sectaria con respecto al conjunto de la cultura norteamericana.
Coca Colas y Marlón Brandos, Philip Morris y «Reader’s Digest», leones de la Metro y atentados kukluxklánicos, tecnicolor y discriminaciones raciales, sex-appeal y macartismo, televisión y redadas policiales, todo se ha ido calcando sin mesura, en un estilo de grosera, inconsciente parodia, que era precisamente el más temido por Rodó...{{}}
Bendetti sólo menciona los elementos más degradados y reaccionarios de la realidad social y cultural norteamericana, y sin embargo omite la mención de otras caras más dignas del pueblo del Norte; habla del macartismo y olvida el profundo movimiento democrático y solidario de artistas, intelectuales y científicos en contra del macartismo; olvida el movimiento por los derechos civiles y la lucha de los panteras negras; de la oposición a la guerra de Vietnam de millones de estadounidenses movilizados en las calles de Washington.
En fin, Bendetti olvida que la primera organización antiimperialista nació en el propio seno de los Estados Unidos, la Liga Antiimperialista Norteamericana conformada por miles de miembros, entre ellos por el entrañable escritor Mark Twain, uno de los satíricos más importantes de la literatura occidental.

En defensa de la cultura contra el elitismo y el utilitarismo

Retomando la crítica de Rodó a la sociedad norteamericana basada en el utilitarismo, este señala la amenaza que representa para la preservación de la cultura y el enriquecimiento del espíritu humano; sin embargo el autor une la crítica a la sociedad "utilitarista" a su desprecio por la "democracia", asumiendo una postura elitista y aristocrática, incluso a la derecha del pensamiento liberal de la época, que en última instancia defiende una cultura para pocos.
En síntesis podemos constatar con meridiana claridad que en nuestro tiempo presente, bestias "utilitaristas" y nacionalistas como Trump en Estados Unidos representan un verdadero peligro no sólo para los pueblos latinoamericanos, sino para la herencia cultural de toda la humanidad.
Enfrentar hoy la embestida del imperialismo, dirigido por un misógino, homofóbico y racista, en defensa de la cultura, no se hará desde el patrimonialismo cultural de una élite intelectual, como postulaba Rodó, sino desde las fuerzas activas de las grandes mayorías en todo el mundo.

Matías Matonte

Guido “el mentiroso” Manini Ríos




El consagrado mentiroso comandante en jefe del Ejército, nacido en una familia reaccionaria, ascendido tres veces en la dictadura, miembro de la logia “Tenientes de Artigas” y con estudios de formación en EEUU.

El comandante en jefe del Ejército, que le mintió a los familiares y al pueblo uruguayo, acerca de un supuesto enterramiento de detenidos desaparecidos durante la dictadura sumó con esto una perla más a su trayectoria y la historia de su reaccionaria familia.
Miembro de una familia reaccionaria y de la logia “Tenientes de Artigas” (vinculada a los sectores más facinerosos de las FFAA y sus violadores de DDHH), ya desde su asunción al final del mandato del ex presidente José Mujica mostró su compromiso con la impunidad y la mentira declarando que no es “muy optimista en cuanto a que pueda obtener datos que no hayan obtenido mis antecesores, que tuvieron toda la voluntad de conseguir esa información, pero si yo la llegara a conseguir por alguna razón, sea cual fuere, voy a ponerla a disposición, buscando con eso dar un paso hacia la reconciliación” y que "Pienso que los 30 años transcurridos es mucho tiempo y esto ya no es historia reciente, es historia lejana. Creo que tenemos el derecho los integrantes del Ejército a hablar de cosas del futuro y no de seguir hablando de cosas del pasado. En términos generales, creo que la expresión (de dar vuelta la página) usada por mi antecesor es válida". En su posterior trayectoria como comandante en jefe se destacó por su propuesta estigmatizante y reaccionaria hacia los “ni ni” y sus declaraciones polémicas como cuando dijo que a los inundados “les importa un comino” lo que pasó en 1973 . o cuando arremetió contra el gobierno para defender las jubilaciones privilegiadas de los militares.

Familia reaccionaria

Es miembro de una familia política de tradición colorada, fundadores del riverismo, sector reaccionario que venía a representar el ala derecha del Partido Colorado. Su abuelo Pedro Manini Ríos y su padre Carlos fueron altos funcionarios de la dictadura de Gabriel Terra en la década de los 30s. Posteriormente Carlos Manini Ríos ocupó cargos ministeriales durante el gobierno del derechista y represor Jorge Pacheco Areco en los 60s (gobierno en el cual asesinan a los primeros mártires estudiantiles de la época), para posteriormente ser embajador en Brasil durante los años de la dictadura, entre otras perlas de su dilatada trayectoria política. Guido, también es hermano del empresario Hugo Manini Ríos (ex presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz durante el gobierno de Jorge Batlle) y actualmente en filas del FA, también fue ex fundador del grupo de ultraderecha en los 60s y 70s Juventud Uruguaya de Pie (JUP), participante del escuadrón de la muerte e involucrado en el asesinato del 11 de agosto de 1972 del joven trabajador y estudiante militante de izquierda Nelson Santiago Rodríguez Muela.

Ascendido en dictadura

Ingresó a la carrera militar durante la dictadura, en particular entró al Liceo Militar en febrero de 1973 en la primera etapa del Golpe de Estado. Según documentos del Poder Legislativo fue ascendido en tres oportunidades durante la dictadura. Al grado de Alférez el 21 de diciembre de 1978, al grado de Teniente 2do el 1° de febrero de 1981 y al grado de Teniente 1ro el 1° de febrero de 1984. Durante la misma prestó “servicio” en los Batallones n° 2, 4, 6 y en el EAS.

Formación en EEUU

En 1988 obtuvo un distintivo por haber realizado un curso de inteligencia militar para oficiales. Posteriormente en 1989 fue enviado a Brasil a realizar un curso de “especialista en operaciones” y entre el 8 y el 23 de julio 1996 enviado en “viaje de instrucción” a EEUU en una delegación del IMES (Instituto Militar de Estudios Superiores). Durante muchos años se desempeño como “Instructor de Guerra no Convencional y Actividades Terroristas” en el EAS. El 28 de junio de 2010 retornó a EEUU, esta vez en “misión diplomática” Como Agregado Militar Adjunto a la Embajada de la República Oriental del Uruguay y Asesor en el Colegio Interamericano de Defensa, permaneciendo hasta el 15 de setiembre del mismo año.

Sin honor y sinvergüenza

La ascendente carrera de Guido “el mentiroso” continuó al ser designado director de sanidad militar de 2012 a 2015, antes de ser ascendido a comandante en jefe del Ejército. Su desempeño ha dado muestra, más de una vez desde el inicio, de su compromiso con la impunidad de los crímenes de la dictadura. La mentira desvergonzada contra los familiares y el pueblo uruguayo, es la evidencia explícita por si quedaba alguna duda. Es uno más, de una larga lista, de individuos pertenecientes a una institución del Estado (las FFAA) que se llena la boca hablando del “honor” y que con su impunidad, en realidad cumplen la única función esencial y cipaya de garantizar los intereses de las clases dominantes y el imperialismo, como ya lo hicieron en 1973. Al costo de la mentira y la injusticia y del bolsillo de los trabajadores uruguayos que debemos pagar todos sus privilegios como casta parásita que son.
Los familiares y organizaciones de DDHH, los trabajadores y el pueblo oprimido en general, no debemos tolerar más estos atropellos. Debemos salir a las calles y exigir la caída de este individuo y de toda la casta militar criminal o cómplice de los delitos de lesa humanidad cometidos contra la clase obrera uruguaya. No debemos parar hasta acabar con la impunidad en Uruguay.

Sebastián Artigas