miércoles, 22 de marzo de 2017

David Rockefeller: la muerte de un ícono del imperialismo




David Rockefeller murió mientras dormía en su mansión neoyorquina a los 101 años. Siete corazones habían pasado por su cuerpo después de seis trasplantes. Era nieto de John Rockefeller, considerado hasta hoy el norteamericano más rico de todos los tiempos y fundador de una dinastía que fue y es un símbolo del capitalismo en su etapa imperialista, en su etapa superior y última. Según la revista Forbes, al momento de su muerte David Rockefeller tenía una fortuna personal de 3.354 millones de dólares.
La historia del clan Rockefeller es la historia del capitalismo mismo, de su transición desde la libre competencia hasta el surgimiento de enormes pulpos, de lo que Lenin llamaba “las 60 familias” que componían “la oligarquía financiera internacional”. Seguir la historia de los Rockefeller es indagar en los modos en que se operó aquel fenómeno.
John Rockefeller, el abuelo paterno del hombre fallecido este 20 de marzo, fundó la Standard Oil en 1870, que era entonces una petrolera de Ohio. Mediante acuerdos secretos con las compañías ferroviarias, consiguió un fuerte abaratamiento de sus costos de transporte a cambio de un flujo constante de petróleo trasladado en los novedosos vagones tanque. Esos convenios —violatorios de la ley norteamericana— le permitieron a Rockefeller vender su petróleo más barato y mandar a la quiebra a un extenso racimo de empresas pequeñas y medianas, y a unas cuantas de las grandes. De inmediato la Standard fusionó sus capitales con entidades bancarias, proceso que encontraría su pico casi medio siglo después, en 1955, con la fundación del Chase Manhattan Bank, del que David Rockefeller fue presidente a partir de 1961.
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la expansión del grupo ya tenía su principal sostén en la piratería, en el asalto a las arcas estatales de países sometidos. Venezuela, por citar un caso, fue saqueada por Rockefeller y otros petroleros. Para eso, la Standard, avalada por los gobiernos norteamericanos, hacía instaurar en esos países dictaduras militares y/o civiles que le daban a la empresa concesiones leoninas, al punto que esos Estados pagaban de sus Tesoros los gastos de exploración y explotación petroleras mientras los Rockefeller controlaban desde la política de precios hasta los sistemas impositivos de esos países. En definitiva: se constituyó un pulpo monopólico fusionado con el capital bancario (esa fusión es el capital financiero), sostenido por el Estado y por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, que mandó a la quiebra a sus competidores (final del capitalismo de la libre competencia) y se dedicó al saqueo brutal de los países oprimidos. He ahí, más o menos, el imperialismo según la definición de Lenin. Los Rockefeller son una representación casi en estado puro de esa transición histórica.

Rockefeller y la Argentina

Los Rockefeller tuvieron con la Argentina un largo e intenso vínculo, especialmente el hombre que ha muerto este 20.
Antes que él, ya el gobierno de Juan Perón, en 1955, muy poco antes de su derrocamiento, había firmado un contrato con la Standard Oil y su filial argentina, la Compañía California Argentina, que le entregaba a los Rockefeller una amplia porción de territorio y autoridad jurisdiccional sobre esas áreas, y precios internos superiores a los del petróleo importado. Después de la caída de Perón, se llegó al extremo de que la dictadura fusiladora instaurada en 1955 anulara esos convenios por considerarlos “inadmisibles”.
David Rockefeller fue también fundador de la Trilateral Comission, un antecedente del Consenso de Washington, una reunión de grandes pulpos bancarios e industriales con funcionarios de primera línea de un puñado de naciones imperialistas, para decidir las grandes líneas de política económica que debía seguir el mundo; esto es, cómo y con qué métodos el capital financiero internacional más concentrado impondría su dominación internacional.
Fue David Rockefeller, también, un gran conocedor de la Argentina, donde tuvo muchos, muchísimos amigos y conocidos de confianza: José Alfredo Martínez de Hoz, Jorge Videla, Raúl Alfonsín y su ministro de Economía Juan Vital Sourrouille, Domingo Cavallo, Carlos Menem y Cristina Fernández de Kirchner. De todos ellos obtuvo grandes elogios y a todos les arrancó pedazos de la Argentina.
Otro símbolo: la amistad de David Rockefeller con Martínez de Hoz no empezó con la dictadura sino en 1964, cuando el futuro ministro de Videla era funcionario del muy “democrático” gobierno radical de Arturo Umberto Illia, como antes lo había sido del presidente de facto José María Guido (títere de los militares, fue puesto por ellos en lugar de Arturo Frondizi en 1962). En efecto, Illia había colocado a Martínez de Hoz al frente de la sección argentina del Consejo Interamericano de Comercio Internacional. Allí se hizo amigo y servidor de Rockefeller.
“Es muy obvio para mí, como para todo el segmento bancario y económico internacional, que las medidas de su programa han sido muy pero muy exitosas para resucitar la economía de la Argentina”, dijo de Martínez de Hoz (La Nación, 20/3). "La familia Rockefeller se dedicó a contribuir a la cultura y al progreso. Y en particular David. En relación con la Argentina, a través de la Sociedad de las Américas, y en diferentes oportunidades, como presidente del banco Chase Manhattan", dijo de él Domingo Cavallo. David Rockefeller tuvo también una amistad muy íntima con Amalia Lacroze de Fortabat.
Cristina Kirchner no se quedó atrás: “Tuvo elogios hacia Rockefeller cuando participó en 2008 de una reunión del Council of Foreign Relations. Cuando viajó a Nueva York, la entonces Presidenta destacó —tras saludar afectuosamente al magnate David Rockefeller— que el gobierno recibió propuestas ‘muy interesantes’ y ‘beneficiosas para el país’ de tres bancos internacionales para salir del default, que finalmente no se concretaron” (ídem).
Lo que sí se concretó fue el último gran negocio de Rockefeller en la Argentina: la entrega del petróleo de Vaca Muerta, por parte del gobierno “nacional y popular”, al pulpo Chevron, una de las compañías en las que tuvo que dividirse la Standard Oil cuando, en 1911, la Corte Suprema de los Estados Unidos le aplicó la Ley Sherman (ley “anti-trust”). Como hizo su abuelo en las décadas de 1870-1880, también en este caso hubo cláusulas secretas que, ahora se sabe, sólo encuentran comparación con la transformación de la Argentina en colonia británica por el pacto Roca-Runciman en 1933.
Como se ve, el hombre muerto este 20 de marzo fue parte sustancial de la historia del imperialismo, y también de la historia del sometimiento argentino a los grandes pulpos del capital financiero internacional. Por dictadores y por “demócratas”.

Alejandro Guerrero

lunes, 20 de marzo de 2017

Sobre la presencia de políticos en el 8M




El 8M alcanzó en Uruguay niveles históricos en masividad y contundencia del paro. Pero en la movilización estuvieron representantes políticos de todos los partidos. ¿Qué hace esta gente en nuestra marcha?

Algunos de los personajes políticos que pudieron verse entre las distintas columnas de la movilización en el Día Internacional de la Mujer fueron, entre otros, el intendente de Montevideo Daniel Martínez, el ex presidente José mujica, el senador del Partido Independiente Pablo Mieres y varias legisladoras del Partido Nacional. Con sonrisas en sus rostros, se mostraban muy contentos mientras los medios les sacaban fotos. Pero, ¿qué expresa su presencia en una marcha en donde se supone que el reclamo va dirigido a quienes tienen responsabilidad política?

Oportunismo oficialista y opositor

La mayoría de estos personajes fueron por puro oportunismo a la marcha o directamente cinismo ya que tienen cargos ejecutivos de responsabilidad y legislativos, y sin embargo siguen dejando morir a las mujeres a manos de la violencia machista, siguen permitiendo los abusos y desigualdades en el ámbito laboral, y pertenecen a los partidos que hoy se encuentran pidiendo más ajuste en salud, educación, los que piden mano dura, los que mantienen el salario en niveles de pobreza mientras benefician con sus leyes a las grandes empresas y las multinacionales. Ellos son los que descargan las crisis sobre las espaldas de las familias obreras cerrando fábricas, destruyendo puestos de trabajo y con eso el sustento de miles de familias, y por supuesto de las mujeres que en muchos casos deben sortear solas esta situación. Ellos son los que con su falsa moral nos quieren imponer la tutela de nuestros cuerpos y de nuestras decisiones.
Pero la lucha de las mujeres no tiene nada que ver con estos políticos que representan al Estado patriarcal y capitalista que queremos combatir y que constituye la causa de nuestra opresión de género y la perpetuación de la explotación de clase. En el caso de los hombres, nada les importa la causa de las mujeres ni los conmueven las terribles situaciones por las que muchas de nosotras pasamos.
Pero tampoco nos mancomunamos con esas mujeres de los partidos políticos del régimen (esto incluye tanto a la derecha más recalcitrante como a las representantes del frenteamplismo). Ellas pertenecen a los mismos partidos que aplican los ajustes contra el pueblo trabajador, que tienen en sus filas a exponentes explícitamente misóginos que con total impunidad reconocen ser consumidores de prostitución, o que se manejan con favores políticos que se pagan con sexo, o que hacen “fiestitas” con menores de edad, o que habilitan la explotación sexual que se da en los prostíbulos y casas de masajes. Comparten bancada con líderes evangelistas que muestran posturas totalmente reaccionarias respecto a las reivindicaciones democráticas de las mujeres. Ellas tienen el doble discurso (o la contradicción) de decir que luchan por los derechos de las mujeres pero sus partidos convalidan modelos de pensamiento que perpetúan y reproducen el patriarcado y sostienen la desigualdad económica creada por el sistema capitalista. Como dice la dirigente de la Agrupación Pan y Rosas de Argentina Andrea D’atri respecto de las mujeres de la burguesía o de las integrantes de los partidos que representan los intereses de las clases dominantes: “el género nos une, la clase nos separa”.

Acerca de la independencia política

La opresión patriarcal hacia la mujer atraviesa todos los sectores de la sociedad, y por tanto la opresión se da hacia todas las mujeres, aunque no todas lo sufren de la misma manera.
Pero para poder conquistar nuestros derechos, aunque sea los más mínimos, necesitamos un movimiento de mujeres independiente del Estado y de los partidos del régimen. Ya tenemos experiencia cuando se va de la mano de estos partidos: nuestra lucha termina domesticada y las conquistas o bien son efímeras o tuteladas. Necesitamos organizar a las decenas (o cientos) de miles de mujeres que pararon y concurrieron al 8M y construir un poderoso movimiento de mujeres que luche contra los feminicidios y las múltiples manifestaciones de la violencia machista, que defienda el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo y que tome las reivindicaciones de “las más oprimidas dentro de las oprimidas”, las mujeres trabajadoras. Para enfrentar al capitalismo y al patriarcado debemos conquistar la independencia política de nuestro movimiento.

Karina Rojas
Montevideo

La formación del partido bolchevique




El 21 de diciembre de 1900 salió a la calle el primer número de Iskra (La Chispa), semanario popular que, junto a la revista teórica Zariá (La Aurora), fueron los instrumentos más poderosos de los emigrados socialistas rusos (1900) para lograr la supremacía en la labor de formar el partido obrero en Rusia. Los bolcheviques “innovaron” al constituir una organización fuertemente centralizada bajo el régimen despótico del zarismo y en un período completamente legal y abierto del resto del proletariado de Europa. No copiaron mecánicamente al proletariado avanzado, aunque tuvieron en cuenta todas las etapas que éste tuvo que recorrer. Su acta de bautismo fue la lucha contra el populismo ruso, el marxismo “legal” y el economicismo.
“El bolchevismo existe como corriente de pensamiento político y como partido político desde 1903”. La afirmación es de Lenin, veinte años después(1). En ese año, en el segundo Congreso de la socialdemocracia rusa - denominación que en ese entonces utilizaban los marxistas- se produjo la escisión entre ese ala y los mencheviques. Si bien el partido había sido formalmente fundado en 1898, en el I Congreso la represión destruyó rápidamente cualquier posibilidad de transformar sus resoluciones en pasos organizativos concretos y el trabajo tomó nuevamente la forma de círculos aislados y dispersos. Sin embargo, la proclama de aquel congreso tuvo una virtud: señalar por primera vez la incapacidad de la burguesía rusa para consumar la revolución democrática burguesa y el consiguiente traspaso de esta tarea a la clase obrera.

El populismo

El debate teórico entre marxistas y populistas fue el debate sobre la naturaleza de la Revolución Rusa y las fuerzas que debían dirigirla. El imperio zarista se incorporó en forma tardía al proceso de desarrollo capitalista. Era un país enormemente atrasado en relación con el occidente europeo, donde el capitalismo había desenvuelto hacia la segunda mitad del siglo XIX todas sus potencialidades y contaba con una enorme y concentrada clase obrera. Rusia era un país fundamentalmente agrario y recién emergía de las relaciones propias de la servidumbre feudal.
Los populistas sostenían que el régimen comunitario de la aldea rusa era el antecedente inmediato del socialismo. Marx mismo había dejado abierta esta posibilidad, en un fenomenal acto de anticipación, en lo que fue el último prólogo con su firma a una edición del Manifiesto Comunista: “si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para el desarrollo comunista”(2). Los populistas veían en esta propiedad comunal la originalidad del caso ruso y rechazaban al capitalismo como una fuerza reaccionaria, que venía a disolverla.
Hasta alrededor de 1890, esta fuerza política encabezó la lucha contra la autocracia zarista partiendo de la base de que el campesinado era la clase revolucionaria, por su defensa del principio de la propiedad comunal, que era para ellos un principio socialista. Esta exaltación del campesinado era la base de la actividad política de la intelectualidad populista, que desenvolvió en su momento una verdadera cruzada propagandística en las aldeas y se volcó luego, en su fase más audaz, a la conspiración terrorista para asesinar al zar.
A finales de los ’70, Georgi Pléjanov rompió con los populistas en desacuerdo con el terrorismo individual y fundó en su exilio el grupo Emancipación del Trabajo (1893), el primer grupo marxista. El joven Lenin, que se hizo marxista alrededor de 1892/3 se incorporó a estos círculos, de temprana acción de propaganda sobre la naciente clase obrera, y comenzó a participar de su trabajo teórico y práctico.
El marxismo, polemizando con el populismo, sostuvo el carácter progresivo del desarrollo del capitalismo en Rusia porque era el único régimen capaz de dar un carácter nacional y social al avance de las fuerzas productivas, lo que daba lugar a la formación de la clase obrera. Esta oponía a la dispersión campesina su propia concentración y unidad, constituyendo una fuerza social y política infinitamente superior contra la autocracia zarista.
Para los marxistas, la propiedad comunal era un residuo feudal porque unía a campesinos y terratenientes en la propiedad de la tierra, sometiendo a aquellos al yugo del atraso y la barbarie. La rebelión campesina sólo podía tomar la forma de una “jacquerie”, una insurrección elemental y violenta contra la nobleza, pero la propia evolución del capitalismo relegaba esta posibilidad al escindir al campesinado entre ricos (kulaks), asimilados a la burguesía, pobres y proletarios.

El caudillo de la revolución

El marxismo identificó al proletariado como dirección de la revolución democrática en Rusia, única fuerza social capaz de liquidar el atraso y derrocar a la nobleza. Este era el punto de vista teórico común previo a la escisión entre bolcheviques y mencheviques, unidad que dejaba sin resolver cuál iba a ser el programa que el proletariado iba a impulsar en su lucha política y la forma de poder a la que debía asimilarse.
Los primeros trabajos de Lenin aportaron a este gran debate: su obra fundamental en este sentido sería “El desarrollo del capitalismo en Rusia” (1899). Los jóvenes socialdemócratas, al tiempo que estudiaban a Marx y Engels y libraban una lucha teórica y política contra el populismo, se lanzaron a un trabajo de organización práctica de la clase obrera. Fue un trabajo artesanal y disperso, librado por pequeños círculos carentes de conexión y programa común, pero indispensables en este período de crecimiento.

1896

En este año se produjo en San Petersburgo una huelga general espontánea y se inició una década de acciones directas sistemáticas de las masas, que habrían de culminar en la Revolución de 1905. Es decir, en los hechos se fue zanjando el debate con los populistas: el proletariado ruso, minoritario en relación con el campesinado, reveló una energía, consistencia y fuerza en la lucha contra el zarismo tremendamente superior al de los explotados del campo. Este proletariado nació a la lucha política y sindical sin arrastrar detrás una tradición política burguesa o pequeño burguesa, y lo hizo enfrentando tempranamente a una burguesía hostil a toda agitación democrática. El único programa de esta burguesía era la negociación y el acuerdo con la reacción para lograr algunas migajas dentro del régimen, grageas de constitucionalismo y legalidad.

Los marxistas “legales”

Radicalmente opuestos a los populistas, los marxistas “legales” planteaban, sin matiz alguno, la teoría marxista de que el desarrollo del capitalismo era una etapa previa obligada para la realización final del socialismo. La insistencia en este punto los llevó a considerar ese estadio como un fin en sí mismo y a reemplazar la revolución por la reforma, anticipando las posiciones que luego enarbolarían Bernstein y el ala revisionista de los marxistas alemanes. Los marxistas “legales”, como los caracterizará Lenin años más tarde: “eran demócratas burgueses para quienes la ruptura con los populistas significaba una transición desde el socialismo pequeño burgués (o campesino), no al socialismo proletario… sino al liberalismo burgués”(3).

"Iskra"

En estas luchas políticas y teóricas jugó un papel importante Iskra, el semanario que comenzó a publicarse en 1900 en el exilio, bajo la dirección inicial de Plejanov y el protagonismo creciente de Lenin. Iskra se proponía, según el documento que anunciaba su aparición, constituirse en la columna vertebral del disgregado movimiento socialdemócrata ruso sobre la base de la delimitación. “Antes de unificarse -decía- y para unificarse, hay que empezar por deslindar los campos de manera resuelta y definida. De otra forma, nuestra unificación sería sólo una ficción que enmascararía la actual confusión e impediría su radical eliminación”(4). “Iskra” no sería, por lo tanto, “una simple recopilación abigarrada de diferentes opiniones”, sino un órgano portador de “una política estrictamente definida”. En Iskra y Zariá se desplegarían los fundamentos teóricos y organizativos que desembocarían en la formación de un partido nacional.

Christian Rath y Roberto Gramar

Notas:
1. Lenin: "La enfermedad infantil del izquierdismo", Obras Completas, T. XXXI, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1960.
2. Carlos Marx y Federico Engels: prefacio a la segunda edición rusa del “Manifiesto Comunista” (1882), Obras Escogidas, Editorial Ciencias del Hombre, Buenos Aires, 1973.
3. Lenin: ¿Qué hacer?, ídem anterior, T. V.
4. "Declaración de la redacción de Iskra", septiembre de 1900, en Lenin, V. I, Obras completas, tomo 4, pág. 362, Editorial Akal, Madrid, 1975.

domingo, 19 de marzo de 2017

Dialéctica y marxismo: Isaak Illich Rubin y el fetichismo de la mercancía




Continuamos la serie de marxismo y dialéctica con algunos aspectos de la lectura de Isaak Illich Rubin sobre la importancia teórica y metodológica del fetichismo de la mercancía en el pensamiento de Marx.
Dialéctica y marxismo: Isaak Illich Rubin y el fetichismo de la mercancía

Isaak Illich Rubin (1886-1937) fue un destacado economista e investigador de la obra de Marx. Antes de la revolución rusa había militado en la fracción menchevique del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. En 1926 se integró como investigador al Instituto Marx-Engels, dirigido por David Riazanov. En 1930 fue detenido y acusado falsamente de un complot para reorganizar un centro menchevique. Fue liberado en 1934 y enviado a Kazajstán en una especie de exilio interno. En 1937 fue detenido en el marco de la “Gran Purga” llevada adelante por el régimen de Stalin y ejecutado en fecha cercana al 25 de noviembre de 1937.
Su obra más conocida son los Ensayos sobre la teoría marxista del valor (1928) que hizo una serie de aportes fundamentales para la reflexión crítica sobre la obra de Marx, en especial El Capital.
Haremos foco en esta ocasión en su lectura sobre la cuestión del fetichismo de la mercancía, su lugar en el desarrollo de la comprensión marxista del capitalismo y su importancia teórica para comprender los argumentos y el método dialéctico de Marx.
Rubin cuestionaba a aquellos críticos de Marx (Tugán-Baranovsky y otros) que habían interpretado la exposición de Marx sobre el fetichismo de la mercancía como una digresión filosófica sin relación con la crítica de la economía política. Por el contrario, señalaba que la cuestión del fetichismo de la mercancía era inseparable de la teoría del valor de Marx y era clave para comprender el capitalismo, ya que era “una teoría general de las relaciones de producción de la economía mercantil”.
Antes de retomar los argumentos de Rubin, veamos cómo definía Marx el fetichismo de la mercancía en su conocido pasaje de El Capital:
“Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente, pues, en que la misma refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global, como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores. Es por medio de este quid pro quo [tomar una cosa por otra] como los productos del trabajo se convierten en mercancías, en cosas sensorialmente suprasensibles o sociales. De modo análogo, la impresión luminosa de una cosa sobre el nervio óptico no se presenta como excitación subjetiva de ese nervio, sino como forma objetiva de una cosa situada fuera del ojo. Pero en el acto de ver se proyecta efectivamente luz desde una cosa, el objeto exterior, en otra, el ojo. Es una relación física entre cosas físicas. Por el contrario, la forma de mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo en que dicha forma se representa, no tienen absolutamente nada que ver con la naturaleza física de los mismos ni con las relaciones, propias de cosas, que se derivan de tal naturaleza. Lo que aquí adopta, para los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos. De ahí que para hallar una analogía pertinente debamos buscar amparo en las neblinosas comarcas del mundo religioso. En éste los productos de la mente humana parecen figuras autónomas, dotadas de vida propia, en relación unas con otras y con los hombres. Otro tanto ocurre en el mundo de las mercancías con los productos de la mano humana. A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce como mercancías, y que es inseparable de la producción mercantil.”
Rubin señalaba que el fetichismo de la mercancía no era una ilusión ideológica sino el resultado de un proceso social. Sus bases objetivas estaban dadas por el hecho de que al caracterizarse la sociedad capitalista moderna por la organización de la producción en función del intercambio en el mercado, los productores actuaban como productores privados independientes sin relación establecida de antemano. Al entrar en relación a través del intercambio de las mercancías, la relación social entre las personas efectivamente se realizaba a través de la mediación de las cosas, es decir, de las mercancías. Las mercancías, en este contexto, se caracterizan por tener una existencia material y una función social y esa dualidad es clave para comprender la crítica de Marx a la economía política.
Rubin destacaba que en la sociedad capitalista se da un proceso de cosificación de las relaciones de producción entre las personas y personificación de las cosas. Esto significa que las relaciones de producción se materializan en las mercancías y a su vez que el propietario de cosas con determinada forma social (por ejemplo el capital) establece a partir de estas cosas (hablando siempre de objetos producidos para ser intercambiados en el mercado o su equivalente en dinero) relaciones de producción concretas con otras personas. Una vez que este proceso de “cosificación de las relaciones de producción” se generaliza en un sinnúmero ininterrumpido de transacciones entre productores de mercancías, las “cosas” (mercancías producidas para el mercado) mantienen esa característica de condensar relaciones sociales aunque momentáneamente el intercambio se interrumpa para casos específicos. De esta imbricación entre las relaciones sociales de producción y las mercancías, surge el fetichismo de considerar que las cosas “tienen valor” como una característica propia.
Rubin sostenía que al desentrañar el problema del fetichismo, Marx a su vez estableció una relación nueva entre la existencia material de las categorías económicas y su función social. Esto significa que analizando las categorías económicas en sus distintos niveles de complejidad, Marx expuso una serie de formas que expresaban las relaciones sociales a través de las “cosas”. Por ejemplo, el dinero que cumple la función de vincular en forma directa al capitalista con los obreros tiene la forma de “capital variable”, mientras aquel que los vincula indirectamente tiene la de “capital constante”. Los conceptos básicos de la economía política expresan relaciones de producción entre las personas, que están mediadas por las cosas (mercancías), por lo que estas cumplen una función social y adquieren por lo tanto una forma social. Por eso, para Rubin la teoría de Marx analizaba una serie de formas económicas que respondían a una serie de “relaciones de producción de complejidad creciente entre las personas”, incluidas aquellas más complejas como la “forma del valor” y la “forma dinero”. En este tratamiento de las formas, residía según Rubin la formulación metodológica totalmente nueva de los problemas económicos por Marx. Rubin no se refería al tratamiento de las formas como tales (cuestión que ya estaba presente en Schiller, Hegel, el romanticismo y el idealismo alemán) sino al tratamiento de las formas económicas en relación con sus determinaciones sociológicas.
En este contexto, Rubin (al igual que Antonio Labriola) caracterizaba el método dialéctico de Marx como un “método genético”: Este método genético (o dialéctico) que contiene análisis y síntesis, fue contrapuesto por Marx al método analítico unilateral de los economistas clásicos. El carácter único del método analítico de Marx no consiste sólo en su carácter histórico, sino también en su carácter sociológico, en la intensa atención que presta a las formas sociales de la economía. Partiendo de las formas sociales como dadas, los economistas clásicos trataron de reducir las formas complejas a las formas más simples mediante el análisis, con el fin de descubrir por último su base o contenido técnico-material. Marx, en cambio, partiendo de una condición dada del proceso material de la producción, de un nivel determinado de las fuerzas productivas, trató de explicar el origen y el carácter de las formas sociales que asume el material de producción.”
La lectura de Rubin permite aproximarse a la dialéctica marxista de un modo distinto de los más habituales (explicación de leyes dialécticas). Al elegir como centro de su reflexión la problemática del fetichismo de la mercancía y su relación con las características específicas de las relaciones de producción en el capitalismo, presenta la dialéctica como un pensamiento que expone relaciones sociales concretas entre sujetos (los seres humanos que se relacionan en función de la producción y reproducción de la vida material), entre sujetos y objetos (las “cosas” producidas con el fin de ser compradas y vendidas en el mercado) y entre planos de la realidad que son reproducidos conceptualmente (categorías económicas y formas sociales). De este modo, las clásicas problemáticas dialécticas de la relación de interdependencia entre esencia y apariencia y forma y contenido, que suelen exponerse de modo abstracto, son reformuladas de manera original a partir de una relectura metodológica del pensamiento de Marx.
Esta propuesta de lectura de Rubin representa un importante aporte para la comprensión de la dialéctica como un pensamiento de lo concreto.

Juan Dal Maso
juandalmaso@gmail.com

Denuncian en Estados Unidos que Monsanto manipuló estudios sobre el glifosato




Un juez de la cámara federal de San Francisco ordenó la liberación de correos electrónicos de la multinacional que ponen en duda la veracidad de sus investigaciones y estudios.

La multinacional del agro se ve envuelta nuevamente en un escándalo. Según informó The New York Times, una corte federal de Estados Unidos permitió el acceso a documentos que ponen en duda la seguridad y los métodos de investigación del gigante de productos químicos Monsanto. La corte se apoya en las investigaciones de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC).
Los expedientes, que incluían correos electrónicos de Monsanto, tanto internos como de intercambio con organismos federales reguladores, fueron divulgados por el juez Vince Chhabria, de San Francisco.
Chhabria tiene en sus manos el litigio presentado por personas que, debido a su exposición al glifosato, declaran haber desarrollado linfoma no-Hodgkin (también conocido como LHN), un tipo de cáncer que surge en los linfocitos. La demanda contra la empresa tuvo lugar luego de un dictamen de hace casi dos años, cuando la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, declaró que el glifosato era un producto potencialmente cancerígeno. Este dictamen estaba basado en investigaciones que lo asocian con el linfoma no-Hodgkin.
Los documentos de la corte federal de San Francisco muestran que Monsanto recibió un aviso con meses de anticipación sobre esta determinación del IARC, por parte de Jess Rowland, un subdirector de división de la EPA, lo que permitió que la compañía elaborara un plan de relaciones públicas contra la investigación mucho antes de su publicación. En sus correos, los ejecutivos de Monsanto también señalaron que Rowland había prometido resistir el esfuerzo del Departamento de Salud y Servicios Humanos que buscaba realizar su propia revisión sobre el glifosato, el ingrediente principal del herbicida estrella de Monsanto, el Roundup.

Santos en la corte

Si bien es cierto que tanto la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos manifestaron estar en desacuerdo con la resolución de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de declarar el glifosato como potencialmente cancerígeno, los registros de la corte federal de San Francisco revelaron que había desacuerdos al interior de la EPA sobre su propia evaluación de seguridad.
La Oficina de Investigación y Desarrollo del organismo planteó su inquietud por la solidez de una evaluación realizada por la Oficina de Programas de Plaguicidas, y en diciembre de 2015 recomendó tomar acciones para “fortalecer” la “evaluación en la salud humana”. Frente a este hecho Monsanto declaró que “el glifosato no es un cancerígeno”. Y añadió: “La afirmación de que el glifosato puede provocar cáncer en los humanos no coincide con las décadas de revisiones exhaustivas de seguridad realizadas por las principales autoridades regulatorias de todo el mundo. Los demandantes han presentado documentos aislados que se han tomado fuera de contexto”. La EPA no emitió comunicado al respecto.
Dan Jenkins, ejecutivo de Monsanto, sostenía en un correo electrónico de 2015 que Rowland, en referencia a la posible revisión de la agencia, le había dicho: “Si puedo darle un carpetazo a esto, mereceré una medalla”. Y la revisión nunca se realizó. En otro correo, Jenkins le decía a un colega que Rowland planeaba retirarse, y que “podría ser útil mientras avanzamos con nuestra defensa del glifosato”.

Científicos en venta

En otro correo electrónico, William Heydens, también ejecutivo de Monsanto, le decía a otros funcionarios de la compañía que podrían escribir investigaciones sobre el glifosato y luego contratar a académicos para que firmaran como autores de los artículos que redactaba la multinacional. “No gastaríamos tanto si nosotros escribiéramos, y ellos solo editaran y firmaran con sus nombres, por decirlo así”, escribió Heydens, y además citó una ocasión anterior en la que la compañía ya había hecho eso.
Estas revelaciones son las dudas más recientes sobre la integridad de las investigaciones financiadas por las compañías agroquímicas. El año pasado, una revisión realizada por The New York Times mostró cómo la industria puede manipular la investigación académica o presentar engañosamente los hallazgos. En la revista Critical Reviews in Toxicology señalaban que los integrantes del panel de una investigación habían sido reclutados por una consultora. El intercambio de correos que se divulgó muestra que algunos funcionarios de Monsanto analizaron y discutieron qué científicos debían ser considerados, además de darle forma al proyecto.
El asunto de la seguridad del glifosato no es trivial para los estadounidenses. En las dos décadas anteriores, Monsanto ha modificado mediante ingeniería genética el maíz, la soja y el algodón para que sea más fácil regarlos con este herbicida, y aproximadamente 100 millones de kilos de glifosato se usaron en 2015 en Estados Unidos.

Glifosato en Argentina

En nuestro país también es preocupante la problemática de los agroquímicos. El 2 de noviembre de 2016, el programa de TV italiano Le Iene, difundió su investigación sobre el drama argentino de los agrotóxicos, particularmente el caso del glifosato, donde se establecía una asociación entre la exposición ambiental a este agroquímico y múltiples enfermedades como el cáncer y las malformaciones en recién nacidos.
En Argentina se utilizan 200 millones de litros de glifosato por año y se afecta a más de 28 millones de hectáreas (370 millones de litros en total considerando todos los agroquímicos, según registro de 2012). Es importante remarcar que el glifosato es el herbicida de mayor uso en el país, superando el uso del kilo por habitante en comparación incluso con Brasil, que es otro gran productor de soja: 5 kg por argentino por año mientras que en Brasil está en 3 kg por brasileño por año.
En Santa Fe, y por la exigencia de organizaciones, fue prohibido el agrotóxico 2,4D, el segundo más utilizado en el país y que también se emplea en la producción de soja transgénica. En 2013 finalmente se prohibió la elaboración de Endosulfán (el año anterior se prohibió su importación), luego de que muriera envenenado por contacto por la piel un pequeño de cuatro años en Corrientes. El glifosato particularmente es producido por Monsanto, Syngenta, Basf, Bayer, Dupont, Dow Agrosciences, Atanor y Nidera, entre otras empresas.
En mayo del año pasado la Red de Médicos de Pueblos Fumigados le solicitó al SENASA por medio de la justicia, que les otorgasen los estudios científicos con los cuales aprobaron el uso del glifosato hace más de 20 años. La respuesta fue negativa, argumentando que dichos estudios son de carácter secreto.
En julio de 2016 se dieron a conocer los resultados de un estudio publicado por la revista internacional Environmental Monitoring and Assessment, el cual reveló que la cuenca del río Paraná está altamente contaminada con glifosato.
En febrero de este año un estudio argentino que asocia la exposición ambiental al glifosato con el cáncer fue publicado en la International Journal of Clinical Medicine. El trabajo, titulado Association between Cancer and Environmental Exposure to Glyphosate, estuvo a cargo del Estudio de Salud Ambiental de Monte Maíz, Córdoba, integrado por médicos de la UNC y data de 2014. Sin embargo el Consejo directivo de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, un organismo político de gobierno, contradijo la veracidad científica de dicho estudio. Los autores del estudio denunciaron un vínculo entre las autoridades universitarias y el agronegocio.

Ramiro Thomás

sábado, 18 de marzo de 2017

Liceo Nº 9 fue ocupado y hay reclamos en decenas de centros educativos




Aulas superpobladas y falta de personal son los principales reclamos docentes que desembocaron en la ocupación del liceo 9 mientras decenas de liceos exigen soluciones o tomarán medidas de lucha. También existen reclamos de otros sectores educativos.

La situación es muy distinta a la expresada por autoridades

El núcleo sindical del liceo Nº 9 ocupó este jueves el edificio en rechazo a la superpoblación existente en ese centro educativo. Desmintiendo la versión de las autoridades que plantean un comienzo de año normal, los docentes explicaron que en ese liceo la mayoría de los grupos ya cuenta con 35 y con inscripciones neuvas alcanzaría y superaría los 40 alumnos, por lo cual es necesario crear otro liceo en la zona.
Se trata de un problema generalizado, tal como lo ha demostrado Fenapes que elevó una lista con más de 50 liceos con superpoblación, problemas edilicios y carencias de personal.
En el caso del liceo Nº 9 a poco de comenzada la ocupación se hizo presente el consejero del Codicen Javier Landoni para comenzar una negociación y buscar alternativas. Finalmente se acordó que algunos grupos funcionen en salones prestados del liceo Nº 62, próximo al Nº 9, y en contenedores que llegarán en alrededor de un mes por lo cual se levantó la ocupación.
Más allá de la solución provisoria, conquista producto de la lucha, la situación muestra que la realidad no es como se encargan de difundir las autoridades educativas, y que el comienzo del año ha sido un caos producto de la improvisación y la falta de soluciones estructurales.

El caso del liceo Nº 9 no es algo aislado

En el Bauza los docentes denuncian que “Al martes 14 de marzo, el número de estudiantes asignados a los grupos de cuarto año aumentó, de tal forma que ya han confirmado su inscripción un promedio de 36 alumnos por grupo, y aún hay aproximadamente 200 que pueden pedir la inscripción. Si tan sólo la mitad de estos potenciales alumnos confirman su inscripción en los próximos días, llegaremos a 40 estudiantes por grupo” y que “El número de estudiantes que ha confirmado su inscripción en el centro comienza a desbordar nuestra infraestructura, especialmente en lo que refiere a la cantidad de bancos por salón y cantidad de servicios higiénicos por estudiante” declaración del “Núcleo Sindical del Liceo Nº 6 “Bauzá”
Mientras tanto el núcleo sindical del IAVA denuncia” la situación de urgencia sanitaria en que se encuentra el gimnasio, ya que no existen funcionarios que lleven a cabo en forma mínimamente apropiada la limpieza del mismo.”
En el liceo Nº 19 se ha denunciado que en los segundos años del turno matutino se superan los 30 alumnos por grupo y que también faltan adscriptos.
Los docentes del liceo Nº 60 enumeran entre otras carencias la falta de cantina, la existencia de baños inadecuados, la falta de salones, técnicos e insumos (computadoras, equipo de música etc.)

También hay reclamos en primaria y educación social

Mientras tanto también en Primaria hay carencias denunciadas por ADEMU por una situación irregular en las escuelas con los auxiliares de servicios contratados por las Comisiones de Fomento, ya que no ha llegado el dinero para el pago de los sueldos. La situación revela como problema de fondo la falta de estabilidad y la precarización laboral a que están sometidos los más de 120 auxiliares que tienen esta modalidad de contratación.
El día miércoles también fue ocupado por parte de los estudiantes el Instituto de Formación en Educación Social (IFES) reclamando entre otras cuestiones soluciones a los problemas edilicios, no más superpoblación de grupos, horarios que contemplen las necesidades de los estudiantes y una formación de calidad.

¿Qué va a pasar con la negociación presupuestal a mediados de este año?

Recordemos que este año se debe definir nuevamente la partida presupuestal para educación ya que vence el acuerdo firmado en 2015, y no viene mal detenernos un minuto a pensar qué relación hay entre lo que sucede hoy y el último gran conflicto de la educación hace dos años. En aquel momento la plataforma reivindicativa era por un 6% del PIB para ANEP y UdelaR, para aumento de salarios, construcción de centros educativos y políticas educativas integrales.
Si el gobierno del Frente Amplio luego de 3 periodos no ha logrado generar condiciones dignas para la educación se debe a la falta de presupuesto educativo, mientras se priorizan subsidios, facilidades y exoneraciones fiscales para empresarios así como obtener el visto bueno de los organismos internacionales. Una orientación política, que contrariando las promesas y discursos oficiales no responde a las necesidades de los trabajadores y el pueblo.
Ante la ocupación del liceo 9 las autoridades concedieron parte de lo reclamado demostrando que con la lucha y la movilización se pueden conseguir cosas. Este es el camino para mejorar la educación y para lograr un presupuesto digno.
Cuando se aproxima una nueva discusión presupuestal es necesario que los sindicatos elaboren un plan de lucha, discutido democráticamente desde las bases contemplando las necesidades y reclamos de toda la comunidad educativa (padres, docentes y estudiantes).

Claudio Álvarez

viernes, 17 de marzo de 2017

Docentes uruguayos se solidarizan con pares argentinos




El sindicato de profesores de educación secundaria de Uruguay se solidarizó con la lucha que llevan adelante docentes argentinos.

Un grupo de docentes de base planteó la propuesta a la asamblea del sindicato capitalino, donde se votó por unanimidad, y pocos días después reafirmado a nivel nacional. De esta manera se emitió comunicado público de la Federeacón Nacional de Profesores de Educación Secundaria (FENAPES) solidarizando con la lucha que llevan adelante docentes argentinos.
El mismo también denuncia el proceso de mercantilización y privatización de la educación pública que avanza en ambos países y a nivel internacional.

Comunicado Público:

"La Asamblea General de Delegados de la FeNaPES, reunida el día de la fecha, manifiesta su total apoyo a la lucha de los docentes argentinos, en el marco de una ofensiva de la derecha encabezada por el macrismo y sus aliados.
Saludamos la impresionante demostración de fuerza hecha por los docentes, militantes de base en general, en defensa de la educación pública. Debemos tener en cuenta que el proceso de mercantilización y privatización de la Educación pública es un fenómeno internacional, por lo cual la lucha de los docentes argentinos es también nuestra lucha."

Claudio Álvarez

Cierre de fábricas: ¿más beneficios para los empresarios?




Se pierden alrededor de 2500 empleos en poco tiempo, la mayoría de ellos en industrias localizadas en el interior, y el gobierno frenteamplista no logra implementar medidas de fondo para resolver este problema. Cierre de Fanapel en Juan Lacaze, departamento de Colonia.

Crisis en la industria

En poco más de 2 años se perdieron cerca de 2500 empleos, fundamentalmente en el sector fabril y que desarrollaban sus actividades en el interior. Fanapel en Juan Lacaze es uno de los últimos casos conocidos, pero la situación atraviesa distintas fábricas y empresas:
Anteriormente en el propio departamento de Colonia fue la industria láctea la que entró en crisis y despidió trabajadores. A comienzos de 2015 Ecolat dejó 400 trabajadores en la calle generando un fuerte impacto negativo en la zona de Nueva Helvecia. Pocos meses después fue el cierre de Schreiber foods el que provocó la perdida de casi 200 empleos en Libertad.
En el sector automotriz se vive una situación similar hace algunos años. Mientras que el cierre de la empresa chino-argentina Cherry generó que 350 trabajadores quedaran sin empleo, los recortes en Lifan y Nordex provocaron el envío de 250 trabajadores al seguro de paro y la pérdida de la fuente laboral para casi 150.
En Montevideo la empresa Fripur cerró sus puertas a mediados del 2015 y aunque hubo promesas y llegó un nuevo inversor la mayoría de los 900 trabajadores (muchas de ellas mujeres jefas de hogar) aún siguen sin trabajo en el sector.
Sumado a estas situaciones se encuentran cooperativas recuperadas como COEP (ex Pressur), Cotrapay (ex Paylana) y Alas Uruguay (ex Pluna) que al cerrar entre 2015 y 2016 ocasionaron la pérdida de la fuente laboral para más de 300 trabajadores.

Fanapel: La “propuesta” del gobierno.

Con el recuerdo fresco de lo sucedido en Fripur, donde sus propietarios recibieron créditos y dineros del gobierno mientras a su vez vaciaban la fábrica, la situación en Fanapel en Juan Lacaze es otro caso testigo de cómo el FA enfrenta los cierres de fábricas.
La llegada del presidente Vázquez la semana pasada intentando trasmitir el apoyo de su gobierno a la grave situación que atraviesa la localidad no puede ocultar que su gobierno no tiene ninguna solución de fondo para ofrecer.
Un seguro de paro “especial” (que por supuesto es por un periodo acotado y solamente pasa el problema para más adelante), intentos de reactivación del puerto de la zona, algunos puestos en la fibra óptica y la implementación de cursos de capacitación son los anuncios concretos que se realizaron. Más allá de promesas y expresiones de deseos parece que en la lógica frenteamplista solo cabe esperar la llegada de algún inversor “salvador” y para eso anuncian a viva voz su voluntad de dar más facilidades, créditos y exenciones impositivas para que algún empresario quiera aprovechar la situación.
La cínica frase de Vázquez de que “toda crisis tiene oportunidades a futuro” parece estar pensada para estos hipotéticos capitalistas y olvida la desesperante situación de los trabajadores y sus familias que se enfrentan a un negro futuro casi sin posibilidades de lograr un trabajo digno.
Hay que terminar con estos empresarios que se llenan de plata y que cuando bajan un poquito sus ganancias o no obtienen tantos favores y ventajas como piden, se van y dejan a los trabajadores en la calle. Hay que abrir los libros de contabilidad de las empresas para ver que hicieron con la plata y hay que expropiar y poner a producir bajo control de los trabajadores toda fábrica que cierre o despida. Que la crisis la paguen los capitalistas.

Hernán Yanes
Claudio Álvarez

jueves, 16 de marzo de 2017

El Che en la Revolución Cubana




Palabras de Fernando Martínez Heredia en la presentación del tomo 7 de la obrar El Che en la revolución cubana, durante la Feria del Libro de La Habana.

La publicación de este séptimo tomo de El Che en la Revolución cubana constituye un punto de llegada y, al mismo tiempo, un punto de partida.
Hace tres años, el 11 de enero de 2014, Orlando Borrego, Jacinto Valdés-Dapena y yo presentamos los tomos uno y dos de esta colección en el ya tradicional espacio Sábado del Libro. Dije entonces que la aparición de estos siete tomos constituía un gran paso de avance en cuanto a cubrir la necesidad y la urgencia que tiene Cuba de un pensamiento propio, de un pensamiento socialista cubano. Se iniciaba así una publicación que hoy coronamos, con la gran satisfacción del cumplimiento con gran calidad y en el tiempo fijado.
La historia completa es mucho más larga en el tiempo. La de la obra comienza con la feliz iniciativa, audaz en más de un sentido, del compañero que está hoy en esta mesa: Orlando Borrego Díaz, el creador principal de la obra El Che en la Revolución cubana. El joven teniente del Ejército Rebelde que se convirtió en funcionario de la Revolución bajo el magisterio del Che y desempeñó altas responsabilidades en aquella aventura de sacar adelante la dimensión económica de la nueva sociedad de liberación y socialista que dirigió el Che. Borrego ha sabido estar a la altura de la confianza depositada en él por el Che, como animador del Seminario de El Capital, infatigable defensor y divulgador de su pensamiento a lo largo de toda la vida, y autor de textos de enorme valor sobre el pensamiento y la obra del Che. Para mí es además una persona entrañable, porque Borrego y yo hemos anudado una hermandad que se inició una noche, hace cincuenta y un años, en buena compañía.
En 1966, Borrego concibió y logró llevar a la realidad la idea sumamente ambiciosa de rescatar de las fuentes más diversas los productos incontables de la actividad creadora de Ernesto Che Guevara desde el triunfo de la Revolución cubana hasta su partida hacia el Congo, el 1° de abril de 1965. Al trabajo tan grande y complejo que esa tarea conllevaba se ha referido un poco Borrego, yo solo quiero añadir que fue una gran proeza en varios sentidos. El más trascendente fue comprender el inmenso valor histórico que tendría aquel material que entonces formaba parte de la cadena interminable de grandes acontecimientos y trabajo cotidiano incesante de la Revolución, y sacarlo literalmente, salvarlo del turbión y convertirlo en siete libros de edición admirablemente cuidada, que constituyen la más amplia compilación que existe en una sola obra de lo que dijo o escribió el Che a partir de 1959. La tirada fue ínfima, en el papel que consiguió reunir el compilador para que se imprimieran aquellas miles de páginas.
Aquella primera edición fue un empeño intelectual, ideológico y político de enorme alcance, una contribución a la batalla que se libraba, bajo la dirección de Fidel, por el triunfo de las ideas más revolucionarias dentro del campo de la Revolución cubana. Como participante en ella, tuve el honor de recibir uno de los ejemplares de la obra. Porque compartí los afanes de aquellos años sesenta por darle a conocer a todos el pensamiento del Che, y porque conservo el recuerdo de la hermandad de ideales y la amistad de compañeros que ya no están con nosotros, como Luis Alvárez Rom y Enrique Oltusky, este momento también tiene un valor muy grande para mí.
Pasaron más de cuatro décadas durante las cuales El Che en la Revolución cubana, desconocido por las mayorías, era rara vez mencionado. En la presentación de los dos primeros tomos dije que parecía un sueño inalcanzable una segunda edición de esta obra que estuviera al alcance del pueblo. Pero el porfiado Orlando Borrego emprendió en el nuevo siglo, y llevó a cabo, la tarea de escanear la obra y darle así un soporte digital. Puesto en contacto con la entonces presidenta del Instituto Cubano del Libro, Zuleica Romay Guerra, ella tuvo una gran sensibilidad revolucionaria, porque desde ese momento en adelante aprobó y apoyó la idea de publicarla, combinó la diligencia y la habilidad, el respeto y la firmeza, hasta lograr la rápida puesta en marcha de la edición, y velar por sus sucesivas etapas de cumplimiento.
Las direcciones sucesivas, las editoras y los demás trabajadores de la Editorial José Martí han desplegado una actividad ejemplar para convertir en siete hermosos tomos el proyecto, para cumplir en tiempo, pese a los innumerables problemas de tantos tipos que existen en la actualidad. Con una extremada laboriosidad y celo, con conciencia y amor por lo que estaban haciendo, ellos, los funcionarios y técnicos del Instituto involucrados y los trabajadores de las imprentas, han logrado esta colección de cinco mil ejemplares cada tomo. Este es un triunfo, que me place mucho destacar, del Instituto Cubano del Libro, una institución cultural que es hija de la casi inabarcable iniciativa y pasión creadora de revoluciones culturales de Fidel.
Quiero recordar también a otro compañero, al que su estado de salud no le permite acompañarnos hoy aquí, Jacinto Valdés-Dapena, otro valioso luchador de toda la vida por dar a conocer el pensamiento del Che, que en estos años ha sido un colaborador sumamente valioso para las compañeras de la Editorial José Martí y un tenaz impulsor del proyecto. Erudito y discreto, Jacinto es uno de esos pilares de la obra revolucionaria cubana mediante la dedicación y la entrega de toda su vida, y es también un hermano mío desde hace medio siglo.
De otra historia, la del autor de la obra que estamos presentando, nunca se terminará de hablar. Esta presentación es también importante porque es una de las primeras actividades por el Che en el año del cincuentenario de su caída en Bolivia. Y el contenido de este tomo final, preparado en 1966, en la colección que el Che pudo conocer en Pinar del Río, cuando se preparaba militarmente para Bolivia, resulta muy alusivo al remate que tuvo la vida misma del Che, algo que el compañero y compilador estaba lejos de prever. Trae un conjunto de escritos de Ernesto Che Guevara que están reunidos por su asunto: la insurrección, la lucha armada como recurso supremo de los revolucionarios, su naturaleza política y sus características principales, los consejos que puede ofrecer un hombre tan conocedor experimentado como combatiente y como jefe, y pasajes de la historia de la insurrección cubana. Entre otros textos contiene los dos libros que el Che publicó en Cuba: La guerra de guerrillas y Pasajes de la guerra revolucionaria. El segundo, editado por la Unión de Escritores y Artistas, tiene a mi juicio extraordinarios valores para penetrar los sentidos profundos y avanzar en el conocimiento verdadero del proceso de la insurrección cubana, al mismo tiempo que muy notables virtudes literarias. Pero el Che no pretendió ser un literato. El rigor inaudito al que sometió siempre sus actos y sus productos intelectuales refrenó la natural inclinación a alternar en la república de las letras que podía abrigar una persona que tenía tantas lecturas, tanta sensibilidad literaria y prendas de escritor, y tantas vivencias. Sin embargo, el Che estaba totalmente consciente de su lugar histórico, sin duda en cuanto individuo, pero sobre todo como uno de los protagonistas de la revolución cubana y de la nueva ola revolucionaria que estaba recorriendo el mundo.
La guerra de guerrillas es un texto destinado a aumentar las capacidades de los combatientes y enseñarles a pensar sobre las acciones mismas y la organización de la guerra revolucionaria, y un conjunto de indicaciones sobre cómo desarrollar mejor las actividades guerreras. Es uno entre tantos ejemplos del Che como educador, que actuaba en todo momento –hasta en los más difíciles—para que los humildes se apoderaran de la palabra escrita y aprendieran a no conformarse con menos que la superación sistemática de sus capacidades y su mundo intelectual. Que creaba instituciones y tomaba medidas para aumentar los niveles generales y especializados de todos, y aspiraba a que el pueblo cubano tuviera a su alcance un pensamiento que estuviera a la altura de sus prácticas revolucionarias y la nueva vida a la que se asomaba.
La modesta edición de La guerra de guerrillas fue impresa en los talleres tipográficos del INRA por el Departamento de Instrucción del Ejército Rebelde, después MINFAR, que dirigía el Che, con ilustraciones realizadas por un teniente rebelde. Como colofón llevaba este mensaje: “Compañero: este libro pretende ser una síntesis de las experiencias de un pueblo. Si crees que se deba agregar o cambiar algo, comunícalo al Departamento de Instrucción del MINFAR”.
La unión de las circunstancias y las actitudes de cada individuo hacen que predomine en este determinado aspecto; así se forma el hombre de acción, o el hombre de pensamiento. El niño Ernesto fue un gran lector, y el adolescente un enamorado de las ideas, pero desde temprano en su vida salió en busca de la acción. Enrolado en una lucha armada, pronto descolló en ella y fue uno de los protagonistas de la guerra revolucionaria cubana. El Che fue el nombre de bautizo de un hombre de acción. En los seis primeros años del poder revolucionario tuvo una actividad intensísima, política, administrativa e intelectual, como recoge esta colección. Y en los dos y medio últimos años de su vida volvió a ser, sobre todo, un hombre de acción. Así se podría describir el transcurso de su existencia.
Pero lo cierto es que Ernesto Che Guevara fue un hombre de ideas, y las ideas guiaron siempre su actuación, aunque fue uno de esos raros casos de una persona que es descollante tanto en el pensamiento como en la acción. En todo momento pensó el mundo en que estaba viviendo, sus rasgos y sus problemas esenciales, analizando tanto las cuestiones inmediatas como los aspectos trascendentes de la causa en que se involucraba. Aprendió que la praxis es creadora de realidades que los sistemas de pensamiento no pueden admitir o no creen posibles. El Che pensador intentó que el desarrollo de las nuevas realidades creadas probara el acierto de las ideas más revolucionarias –al mismo tiempo que impulsaran y transformaran a esas ideas. Buscaba también en esa dialéctica un suelo social a la parte que en sus definiciones conceptuales le pedía prestada al futuro. El Che no convertía su concepción en una camisa de fuerza dogmática, y le reclamaba a sus compañeros de actuación que pensaran, y que ejercieran la libertad de pensar.
Che fue un hombre de estudios, que practicaba sistemáticamente la superación personal, la pregunta y la duda, sin ceder nunca a la tentación de creerse un sabio. No se arropaba con la teoría marxista, ni se escudaba en ella. Criticó a fondo a la corriente que en aquella etapa era la más poderosa e influyente dentro del socialismo y el marxismo, pero nunca pretendió hacer tienda aparte con sus ideas. Sin embargo, la necesidad y su genio lo llevaron a producir una concepción específica, suya, que engrosó y desarrolló una corriente revolucionaria del marxismo que había sido relegada, en un momento histórico crucial. El Che fue un hereje. En tiempos de creación revolucionaria, la herejía es fundamental, porque lo instituido obra a favor del orden vigente o del que ha existido siempre, y nunca actúa a favor de los cambios profundos y radicales de las personas, las relaciones, la vida y las instituciones.
Su despedida de la etapa que está recogida en El Che en la Revolución cubana fue nada menos que El socialismo y el hombre en Cuba, uno de los textos fundamentales de la historia del pensamiento revolucionario en América Latina. Es el manifiesto comunista de la Revolución cubana, la proclama que le explica al mundo la verdadera naturaleza del socialismo y el camino de liberaciones que necesitan recorrer los seres humanos y las sociedades. Y en la obra del Che, este texto expresa la síntesis de su pensamiento maduro sobre la transición revolucionaria del capitalismo hacia el socialismo y el comunismo, y el inicio de una nueva etapa de su profundización. Y en los días en que se preparaba para marchar a la guerra en Bolivia escribió el Mensaje a los pueblos del mundo desde la Tricontinental, que es uno de los momentos culminantes de las ideas sobre estrategia revolucionaria latinoamericana y del llamado Tercer Mundo en una época singular, la de la segunda ola revolucionaria mundial del siglo XX.
En los últimos dos años y medio de su vida, que se inician con la partida hacia África, Ernesto Che Guevara se dedicó a dos tareas: impulsar la revolución en el mundo, con el arma en la mano, para ayudar a forzar la situación a favor del campo popular y de la causa cubana; y desarrollar su concepción teórica y su exposición escrita, para servir mejor al pensamiento crítico comunista y de liberación. La primera tarea fue la priorizada, a ella le dedicó sus esfuerzos constantes, su audacia y su entrega revolucionaria, y por ella dio su vida.
Hace veinte años, Fidel calificó como el destacamento de refuerzo a la llegada a la patria de los restos de Ernesto Che Guevara y sus compañeros de la guerrilla de Bolivia. Eran tiempos difíciles. En un hermoso evento, el de “Paradigmas emancipatorios de la América Latina”, que reunió a más de cien activistas sociales de la región con muchos cubanos hace cinco semanas en La Habana, yo les comentaba que, en realidad, en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Aunque explicaron que los procesos de cambios y las luchas populares del continente están confrontando muy serias dificultades, ellos expresaron con entusiasmo su convicción en que la determinación y la acción revolucionarias constituyen el único camino por el que los pueblos se volverán capaces de mantener o de ganar sus derechos, y lograrán finalmente vencer.
Esos latinoamericanos, como tantos otros en la región y tantas personas en el mundo, confían en que Cuba seguirá siendo el ejemplo maravilloso de lo que pueden lograr los pueblos, y un faro de esperanza de los que resisten o pelean en el planeta, y de los aspiran a otra vida y otro mundo sin tantas iniquidades. Tomemos una vez más al Che como refuerzo, armémonos con sus ideas y con su ejemplo, en la situación compleja y difícil en que vivimos hoy, para que podamos conmemorar de la mejor manera el cincuentenario de su caída, que es manteniendo viva y triunfadora su causa, la causa de Fidel, la causa de la revolución.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Respuesta a una nota de Bitácora Marxista-Leninista

El materialismo histórico se conforma con las categorías de análisis (infraestructura o base material y superestructura, clases sociales, lucha de clases, papel del estado, conciencia social, la revolución), existen más, pero con estas básicas se pueden sacar conclusiones de cada período histórico.
Aplicando la categoría de análisis particular-general, se constata que la particularidad de la guerra de guerrillas en una etapa histórica se continúa hasta nuestros días y que la particularidad en un continente se presenta en todos; resumiendo se da en el espacio y en el tiempo como categoría de análisis, lo que determina que la guerra de guerrillas es de validez universal mientras exista la lucha de clases y que su incidencia se acrecienta en la medida que se agudiza la asimetría en los enfrentamientos". (M.R)
Las dificultades y los obstáculos de los procesos revolucionario han sido y lo son aún hoy, un desvelo de un segmento reducido de mujeres y hombres, unos organizados política y socialmente. Otros sin organización, van procurando generar instancias orgánicas.
Hay un extenso materialismo histórico al respecto y una larga práctica social, visto todo ello en términos de avances y retrocesos, en batallas ganadas y perdidas, en derrotas y triunfos. Desde luego que quienes han osado alterar este agotado y anacrónico modo de producción, son y serán duramente cuestionados, invalidados. Algunos de ellos se sostienen atrincherados en principios, en esa delgada línea de avances y retrocesos. La historia ha sido desde la comunidad primitiva hasta acá, la historia de la lucha de clases con intereses antagónicos e irreconciliables. Desde luego que esa historia desde el ascenso de la burguesía como clase dominante y explotadora, ha sido también una heroica lucha y un martirologio de la clase obrera, con errores y aciertos, derrotas y triunfos.
La derrota del Campo Socialista ha significado una tragedia para los explotados cuya significación no se puede medir únicamente en lo económico, social y político, no únicamente. Los que festejaron esta derrota y retroceso, es decir, el imperialismo y el capital financiero como eslabón principal en el núcleo duro de la clase dominante, se plantearon un camino libre, desregulado y flexible en el campo de la producción. Se han propuesto enterrar toda posibilidad de una posible revolución, para ello reciclaron todas las formulaciones y prácticas hostiles y ajenas al movimiento comunista internacional. El mayor daño surgió del mismo movimiento comunista, ese ha sido el revisionismo ideológico, hoy, ahora mismo se les unió una nueva modalidad. Menos numerosa, casi insignificante, pero igualmente de dañina y quizás más. Estos son los que adoptan una actitud de “seudos ortodoxos”, de postura intransigente en el método, en el materialismo histórico y la dialéctica materialista. Pura pose o postura, solo eso.
Una especie de albacea que en aras de un “purismo” vacío de práctica social, escupen lo que mal han digerido. Este grupo “diletante” y vociferante se ha refugiado Enver Hoxha. Claman y reclaman que sus saberes “puros” le da licencia para plegarse al enemigo de clase intentando sin éxito decirnos que todo fue en vano, que nada valió la pena. Que el socialismo albanés ya se extendió de tal forma que hoy y sin materialismo histórico, dirigen a las masas y a la clase obrera mundial hacia la toma del PODER. Desde luego que antes de tan loable tarea, nos van a explicar lo revisionista que fue Fidel, el Che (que según estos revolucionarios, ni comunista era). Entre medias verdades se amparan en una “supuesta” ortodoxia de laboratorio y con categorías de análisis súper concentradas andan por la vida desparramando “saberes” leídos. Ahí están los guerreros puros del ML, se puede encontrar en Bitácora MarxistaLeninista una apasionante lectura mortuoria, es casi una sala de autopsia con un “forense” empapado de fantasía revolucionaria. Vienen a dar fe de lo que son, ellos los único ML superadores de Lenin y de quien se les ponga a tiro.
Soñadores cargados de conceptos y categorías desligada de lo concreto, no pueden y no podrán asimilar nunca el extenso martirologio de la clase obrera, su heroísmo y abnegación, es decir no entienden el materialismo histórico, no entienden a Marx y Engels. No entienden que el marxismo-leninismo es la expropiación crítica de las luchas obreras, del socialismo utópico, del afán y deseo de las grandes masas de justicia e igualdad en el terreno concreto, no entienden y no entenderán. Juegan al oráculo, son irresponsables iracundos, disfrutan con las desventajas en términos de correlación de fuerzas de la clase obrera mundial, con los aciertos y errores de Cuba. Embriagados de petulancias sentencian ya y hace largo rato la “restauración capitalista en Cuba”, es que Fidel y el PCC nunca los han llamado a estos mesías de la sabiduría en “botica” o en farmacia.
Me falto un detallecito que ahora lo agrego. Incapaces de entender los fenómenos de la lucha de clase, dedicándole tiempo a un sofisma amañado entre medias verdades intentan, solo eso, enlodar el martirologio y las formas de lucha que se dio la clase obrera en alianza con el campesinado. No pueden y no podrán entender la ideología del proletariado, la fuerza de esta y como ella arrastro a otros sectores sociales generándole a la clase dominante la traición de clase y arrastrando a hombres que luego se transformarían en revolucionario. La clase obrera los acogerá luego en su seno y serán parte de la lucha de clase, no lo pueden entender desde los manuales desligados de la clase y hablan como loros parlanchines, despues como tiempo les sobra se dedican a posar de interrogadores, casi como un servicio de inteligencia del enemigo de clase con nombre y siglas como el NG Lozano que dicho sea y de paso, poco tiene de sano esa cabecita afiebrada que no puede salir del agudo episodio onírico.

Orlando Zeballos

La nota en cuestión es:
¿Por qué no puede considerarse al «Ché» Guevara como marxista-leninista? He aquí las razones; Equipo de Bitácora (M-L), 2017
http://bitacoramarxistaleninista.blogspot.com.ar/2017/03/por-que-no-puede-considerarse-al-che.html?spref=fb&m=1

martes, 14 de marzo de 2017

A 134 años de la muerte de Karl Marx, notas sobre su legado




“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversas maneras el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” Karl Marx.

Karl Marx murió un día como hoy 14 de marzo pero de 1883 en Londres, sumido en la pobreza y en la persecución por parte de la burguesía europea.
Él y su familia llegaron a Inglaterra en 1849 después de un éxodo por Prusia, Francia y Bélgica, expulsados por los gobiernos reaccionarios de aquellos países. Las clases dominantes lo veían como un verdadero peligro para la conservación del orden existente.
Así fue que en aquella isla escribió su obra más pertinente, El capital, la cual es el estudio más profundo acerca del funcionamiento del capitalismo.
Pero no hay que confundirse con este personaje, que no fue sólo un gran intelectual que desarrolló teorías que han servido de base para las Ciencias Sociales actuales.
Marx ante todo era un revolucionario, un hombre de acción que desde su militancia sintetizó los aprendizajes de la lucha política para convertirlos en una ciencia. Por ello su nombre ha servido para denominar a la teoría y a la práctica revolucionaria de quienes siguiendo su pensamiento se sumaron a la lucha contra la clase capitalista, el marxismo.
Siempre mantuvo su relación con círculos de obreros e intelectuales revolucionarios, quienes conocían su nombre, su obra y su militancia política sin que se pudiera poner en duda aquélla.
Cuando Marx murió, su inseparable amigo y colaborador, Federico Engels, le anunció al mundo que se había extinguido una las mentes más brillantes de la época, y de uno de los dirigentes más prominentes del movimiento obrero. Desde ese momento Engels se comprometió a continuar la obra de Marx tanto teórica como práctica.
Transmitió los hilos de continuidad a las nuevas generaciones sobre su legado, para explicar la manera en que el capitalismo explota a la clase obrera, y también el cómo las miserias que el capitalismo crea pueden ser transformadas, expropiando a los explotadores de los medios de producción, tomando el poder del Estado.
Estas lecciones fueron distorsionadas por la segunda generación de marxistas quienes decidieron traicionar estas ideas, como fue el caso de Karl Kautsky apoyado por detractores como el revisionista Eduard Bernstein. Ellos expresaban la adaptación de las organizaciones sindicales y socialdemócratas al orden de la burguesía. Pero fue en esos momentos cuando una tercera generación de marxistas comenzó a destacar por su perspectiva crítica, estratégica y revolucionaria, como era el caso de Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotsky entre otros.
Esta tercera generación de marxistas rescató el legado de Marx que buscaba ser sepultado por el reformismo, un legado en el que se transmitía que sólo el derrumbe del capitalismo mediante la fuerza de la clase obrera podría traer un verdadero cambio. Era necesario construir una organización independiente, que estuviera al servicio de los trabajadores, que les sirviera de instrumento político para forjar su propia representación. Ésa era la esencia del Manifiesto del Partido Comunista, “la constitución del proletariado en clase y por lo tanto en partido” o, dicho de otra manera, la constitución de la clase obrera como sujeto de acción en la lucha por sus propios intereses.
Marx, el hombre, murió, pero sus ideas, su práctica y sus lecciones permanecen vivas y hoy son más vigentes que nunca, la primera de ellas es la incesante crítica al capitalismo como sistema que mantiene la esclavitud del 99% de la humanidad.
De esto se deriva la necesidad de la construcción de organizaciones revolucionarias que dirijan a la clase trabajadora para transformar la sociedad según propios intereses, una clase cuya fuerza empuja los engranes de este sistema, deshaciéndose de la vieja clase capitalista que sólo puede existir sangrando al conjunto de asalariados y despojándolos del fruto de su trabajo, oprimiendo así a los verdaderos productores de la riqueza.
Karl Marx dejó un legado revolucionario para las futuras generaciones, que sirvió como guía, por ejemplo, para el partido bolchevique en 1917 y que hoy, un siglo después, ante la crisis actual por la que el capitalismo está atravesando se hace necesario plantearse esa misma perspectiva estratégica de lucha.
Hoy, que apreciamos por todas partes cómo este sistema sólo ha engendrado precarización laboral, mayor opresión de género, falta de oportunidades para jóvenes, despojo de los pueblos originarios, guerras y un mundo superfluo y vacío basado en la posesión de mercancías, sólo accesibles paa un pequeño porcentaje de la sociedad.
Tenemos que reflexionar cómo terminaremos con toda forma de explotación y opresión. Creemos que Inevitablemente será siguiendo el legado de Marx aún vigente: destruir el capitalismo y construir un nuevo mundo. Como escribiera León Trotsky en a 90 años del manifiesto Comunista: " según Marx ningún orden social desaparece de escena antes de agotar sus potencialidades latentes. Sin embargo, aún un orden social anticuado no cede su lugar a un orden nuevo sin oponer resistencia".
Y las generaciones de hoy tendremos que preparar el triunfo de esa clase obrera que logrará por fin, luego de tantos tropiezos, aplastar esa resistencia definitivamente, bajo la divisa marxista: Trabajadores del mundo ¡uníos!

Rafael AR Escalante

domingo, 12 de marzo de 2017

Las visiones de Fidel en los nuevos escenarios de lucha




El primer homenaje que recibió Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos días del duelo, Fidel libró su primera batalla póstuma y volvió a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.
Hoy, cuando vamos a compartir acerca de los caminos de las luchas — porque lo verdadero son las luchas — , es natural comenzar con la ayuda de Fidel, y emular con sus ideas y sus actos para sacarles provecho, no imitándolos, sino traduciéndolos a nuestras necesidades, situaciones y acciones.
Para sacarle provecho a Fidel, tenemos que evitar repetir una y otra vez lugares comunes y consignas. Conocer más las creaciones y las razones que lo condujeron a sus victorias, las dificultades y los reveses que Fidel enfrentó, lo que pensó sobre los problemas, sus acciones concretas, puede aportarnos mucho, y de esa manera será más grande su legado.
En el tiempo de su vida pueden distinguirse tres aspectos: Fidel, joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial.
Fidel brinda un gran número de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Quisiera enumerar muy brevemente algunas de las características de su legado que me parecen importantes para nuestros objetivos:

1- Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria al mismo tiempo que se forman y educan factores humanos y sociales para poder enfrentar situaciones futuras, y mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones convertir las posibilidades en nuevas realidades.

2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953 respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, cuando el desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, por saber que era la acertada.
En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En 1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a hacer la URSS, que le traería a Cuba soledad, desastre económico y más grave peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución Cubana en la lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la Batalla de Ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.

3- La determinación de luchar en todas las situaciones. Sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal, en el estudio de los que se lanzan a lograr transformaciones sociales. La praxis es decisiva.

4- Organizar, fue una constante, una fiebre de Fidel.

5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente, es una de las dimensiones fundamentales de su grandeza y es uno de los requisitos básicos del liderazgo.

6- Utilizar tácticas muy creativas, y estrategias impensables, y sin embargo factibles.

7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder. Se puede discutir casi eternamente acerca el poder en términos abstractos, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en un problema que pueda resolverse.

8- Crear los instrumentos y los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos al servicio de ellas.

9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo que los enemigos.

10- Enseñar y aprender al mismo tiempo con los sectores del pueblo que participan o que simpatizan, y después con todo el pueblo. Avanzar hacia formas de poder popular.

11- El gran logro cubano, unir la liberación nacional a la revolución socialista.

12- Ser siempre un educador. Hacer educación a escala del pueblo. Que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, para que se vuelva participante consciente y capaz de todo, complejice sus ideas y sus sentimientos y enriquezca sus vidas.

13- Que la concientización esté en el centro del trabajo político, no solo para avanzar y ser mejores, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.

“La mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962”, dice Martínez Heredia. En la imagen, Fidel en 1976, durante el discurso en el acto de masas en honor al General Omar Torrijos, Jefe de Gobierno de la República de Panamá, efectuado en la Ciudad Escolar “26 de Julio”, en Santiago de Cuba. Foto tomada de Fidel Soldado de las Ideas.
Siento que la mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962.
Desde hace un año estamos oyendo decir que la situación en nuestro continente se ha vuelto cada vez más difícil, por que acontecen hechos adversos a los pueblos, y por la ofensiva del imperialismo y sus cómplices de clases que son a la vez dominadas por él y dominantes en sus países. Aunque parezca que empiezo por el final, quisiera comenzar con un comentario acerca de las relaciones que existen entre dificultades y revolución.
Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades. Y es así porque estas revoluciones, a las que amamos y por las que estamos dispuestos a todo, son las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que emprenden transformaciones prodigiosas liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran, ni puedan, volver a vivir en vidas y sociedades de dominación y de violencias y daños de unos contra otros, de individualismo y afán de lucro. Son revoluciones que pretenden ir creando personas cada vez más plenas y capaces, y realidades que contengan cada vez más libertad y justicia, donde entre todos se logre cambiar el mundo y la vida. Es decir, crear personas y realidades nuevas.
Si lo que acabo de decir le parece imposible al mundo existente y las creencias vigentes en la prehistoria de la humanidad, al sentido común y al consenso con lo esencial que mantiene a las sociedades sujetas al capitalismo, ¿cómo no va a ser sumamente difícil todo lo que hagamos y proyectemos? Si jamás las clases dominantes estarán dispuestas a admitir que se levante el pueblo y adquiera dignidad, orgullo de sí mismo y dominio de la situación, conciencia y organizaciones suyas, a su servicio y eficaces, que esté en el poder y que lo convierta en un poder popular, entonces hay que convenir en que en esas épocas todo se vuelve muy difícil para la causa del pueblo.
El joven Carlos Marx avizoraba bien cuando escribió que solamente mediante la revolución podrán los dominados salir del fango en que viven metidos toda su vida, porque los cambios y la creación de nuevas sociedades exigen también liberaciones colosales de los enemigos íntimos que todos albergamos dentro.
¿Cómo no van ser tan difíciles las revoluciones de liberación? Pero, si miramos bien y no nos dejamos desanimar, constataremos que el campo popular ya tiene mucho a su favor. Entremos con esas armas en un problema inmediato, que no es pequeño. La coyuntura actual expresa de manera escandalosa una carencia del campo popular que se ha ido acumulando en las últimas décadas, al mismo tiempo que esa carencia dejaba de ser percibida como una grave debilidad: la de un pensamiento verdaderamente propio, capaz de fundamentar su identidad en relación con su conflicto irremediable con la dominación del capitalismo, y capaz de servir para comprender las cuestiones esenciales de la época, las coyunturas, los campos sociales implicados y las fuerzas en pugna.
Un pensamiento, por consiguiente, fuerte, convincente y atractivo, al mismo tiempo que útil como instrumento movilizador y unificante de lo diverso, y como herramienta eficaz para guiar análisis y políticas acertadas que contribuyan a la actuación y a la formulación de proyectos.
Esa ausencia del desarrollo de un pensamiento poderoso del campo popular, crítico y creador, puede constatarse ante el estupor y la falta de explicaciones válidas que han abundado frente a los acontecimientos en curso en varios países latinoamericanos, que han registrado diferentes quebrantos, derrotas o retrocesos de procesos que han sido favorables a sus poblaciones y a su autonomía frente al imperialismo en lo que va de este siglo. En lugar de análisis coherentes, profundos y orientadores hemos escuchado o leído más de una vez comentarios superficiales revestidos con palabras que quisieran ser conceptos, o dogmas que quisieran cumplir funciones de interpretación.
Nada se avanza cuando se tilda de malagradecidos a sectores pobres o paupérrimos que mejoraron su alimentación y sus ingresos, y tuvieron más oportunidades de ascender uno o dos peldaños desde el fondo del terrible orden social, porque no han sido activos en defender a gobiernos que los han favorecido, o hasta les han vuelto la espalda en determinados eventos que les aportan triunfos a los reaccionarios. Y hasta se intenta explicar esos sucesos con retazos de una supuesta teoría de las clases sociales, como cuando se repite la proposición absurda de que “se convirtieron en clase media, y ahora actúan como tales”.
Es preferible comenzar por ser precisos ante los hechos y partir siempre de ellos, como cuando el dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stedile, dice: “Tenemos muchos retos de corto plazo para poder enfrentar a los golpistas. La clase trabajadora sigue en casa, no se movilizó. Se movilizaron los militantes, los sectores más organizados. Pero el 85 por ciento de la clase sigue viendo novelas en la televisión”.
Tampoco se va lejos cuando se elaboran y discuten explicaciones de los eventos y las situaciones políticas e ideológicas candentes de la coyuntura a base de menciones acerca del fin de ciclos de altos precios de las materias primas, ni siquiera cuando economistas capaces ofrecen datos serios y añaden el descenso de la dinámica de la economía mundial y otros factores y procesos adversos.
Simplificando un poco más, habríamos tenido unos quince años de victorias electorales, gobiernos llamados progresistas y notables logros por medidas sociales, una fuerte autonomización de gran parte del continente respecto a los dictados de Estados Unidos y avances en las relaciones bilaterales y las coordinaciones de los países de la región hacia una futura integración, solamente porque tuvimos un largo ciclo de altos precios de exportación de las materias primas, algo que es explicable por los avatares de la economía mundial. Y como ahora esta se mueve en otro sentido y bajan los precios, debe terminar el ciclo político y social, y “la derecha” debe avanzar y recuperar sin remedio la posición dominante que había perdido.
Una persona con buena memoria y escasa credulidad se preguntaría enseguida cómo fue posible que a inicios de los años setenta del siglo pasado no sucediera en la región lo mismo que a inicios de este siglo, en cuanto a elecciones victoriosas, buenas políticas sociales y más autonomía de los Estados y horizontes integracionistas. Porque en aquella coyuntura subieron mucho los precios de las materias primas y, además, en buena parte de la región se vivían aumentos más o menos grandes del sector industrial, con ayuda de aquellos redesplazamientos jubilosos del gran capital en busca de maximización de ganancias que hoy tanto disgustan a Donald Trump.
Lo que sucedió entonces fue totalmente diferente: dictaduras, represiones que llegaron hasta el genocidio, conservatización de las sociedades y otros males, que no deben ser olvidados. Por consiguiente, hay que concluir, no es verdad que a determinada situación económica le “correspondan” necesariamente ciertos hechos políticos y sociales, y no otros.
En este caso estamos ante una de las deformaciones y reduccionismos principales que ha sufrido el pensamiento revolucionario, quizás la más extendida y persistente de todas: la de atribuir una supuesta causa “económica” a todos los procesos sociales. Detrás de su aparente lógica está la cosificación de la vida espiritual y de las ideas sociales que produjo el triunfo del capitalismo, que es aceptada por aquellos que pretenden oponerse al sistema sin lograr salir de la prisión de su cultura, y la consiguiente incapacidad de comprender que son los seres humanos los protagonistas de todos los hechos sociales.
Tres procesos sucedidos dentro las últimas cuatro décadas han tenido un gran impacto y muy duraderas consecuencias para nuestro continente. El estrepitoso final del sistema que llamaban socialismo real y sus constelaciones políticas en el mundo, con consecuencias tan negativas en numerosos terrenos. El de la imposibilidad para la mayoría de los países del planeta de lograr el desarrollo económico autónomo de un país sin que necesariamente saliera del sistema del capitalismo. La terrible realidad fue la continuación de regímenes de explotación, opresiones y neocolonialismo, sin que fuera posible desplegar economías nacionales autónomas y capaces de crecer en beneficio del pleno empleo, más producción y productividad, servicios sociales suficientes para todos y una riqueza propia que repartir. El tercer proceso fue el de la consumación del dominio de Estados Unidos sobre casi todo nuestro continente. El capitalismo en América Latina transitó un largo camino de evoluciones neocolonializadas, sobredeterminadas por el poder de Estados Unidos, que lo dejó mucho más débil y subalterno.
Las lecciones que nos brindan esos tres procesos están claras y son sumamente valiosas. Una, todos los avances de las sociedades son reversibles, aun los que se proclamaban eternos; es imprescindible conocer qué es realmente socialismo y qué no lo es. Hay que comprender y organizar la lucha por el socialismo desde las complejidades, dificultades e insuficiencias reales, sin hacer concesiones, como procesos de liberaciones y de creaciones culturales que se vayan unificando.
Dos, el capitalismo es un sistema mundial, actualmente hipercentralizado, financiarizado, parasitario y depredador, que solo puede vivir si sigue siéndolo, por lo que no va a cambiar. Las clases dominantes de la mayoría de los países necesitan subordinarse y ser cómplices de los centros imperialistas, porque no existe espacio ni tienen suficiente poder para pretender ser autónomos. La actividad consciente y organizada del pueblo, conducida por proyectos liberadores, es la única fuerza suficiente y eficaz para cambiar la situación. Para la mayoría de los países del planeta, serán los poderes y los procesos socialistas la condición necesaria para plantearse el desarrollo, y no el desarrollo la condición para plantearse el socialismo, como dijo Fidel en 1969.
Tres, Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.
Como era de esperar, el capitalismo pasó a una ofensiva general para sacarle todo el provecho posible a aquellos eventos y procesos, y establecer el predominio planetario e incontrastado de su régimen y su cultura. El objetivo era, más allá de las represiones y las políticas antisubversivas, consolidar una nueva hegemonía que desmontara las enormes conquistas del siglo XX, manipulara las disidencias y protestas inevitables, y las identidades, impusiera el olvido de la historia de resistencias y rebeldías, y lograra generalizar el consumo de sus productos culturales y el consenso con su sistema de dominación.
Esa ofensiva no terminó, sino que se consolidó como una actividad sistematica, que sigue siéndolo hasta hoy. Es dentro de ese marco general que en cierto número de países de América Latina y el Caribe, que es la región del mundo con mayor potencial de contradicciones que pueden convertirse en acciones contra el sistema, movimientos populares combativos y victorias electorales produjeron cambios muy importantes de la situación general, a favor de sectores muy amplios de la población y de la capacidad de actuación independiente de una parte de los Estados.
La institucionalidad y las reglas políticas del juego cívico no fueron violadas para acceder y mantenerse en el gobierno, pero dentro de ese orden se han logrado reales avances, que sintetizo en seis aspectos: políticas sociales que benefician a amplios sectores necesitados; ejercicios de la ciudadanía mucho más amplios y mejores; cambios muy positivos en la institucionalidad en algunos de esos países; un rango apreciable de autonomía en el accionar internacional; más relaciones bilaterales latinoamericanas; y adelantos en las relaciones y coordinaciones de los países de la región, bajo la advocación de la necesidad de una integración continental.
No me detengo en esas nuevas realidades, que han alentado muchas motivaciones y esperanzas de avanzar hacia cambios más profundos, y han recuperado la noción del socialismo como el horizonte a conquistar, pocos años después de aquel colapso europeo que el capitalismo pretendió que fuera definitivo a escala mundial. Pero si quiero enfatizar dos cuestiones que el militante social y político debe analizar, conocer y manejar en sus prácticas.
Primera, cada país tiene características, dificultades, acumulaciones históricas y condicionamientos que son específicos de él y resultan decisivos, al mismo tiempo que existen rasgos y necesidades comunes a la región que pueden ser fuente de aumento de la fuerza y el potencial de cada país, si somos capaces de desarrollar la cooperación y el internacionalismo.
Segunda, los poderes establecidos en estos países confrontan enormes limitaciones, porque tienen muy poco control de la actividad económica, y padecen la hostilidad de una parte de los propios poderes del Estado y de los medios de comunicación.
Al hacer un balance de 2016, podemos constatar lo específico de cada país. La gran victoria electoral legislativa de la reacción venezolana no consiguió deponer a Maduro, y ahora se encuentra sin fuerza, unidad ni líderes suficientes para intentarlo. Pero en Brasil una pandilla de delincuentes logró todo lo que quiso, sin que haya fuerzas populares organizadas para resistir con alguna eficacia. Los procesos de Bolivia y Ecuador se mantienen fuertes y estables ante sus situaciones específicas, y en Nicaragua el FSLN acaba de ganar otra vez las elecciones muy holgadamente. En México no es probable un triunfo de partidos opositores en 2018, aunque el prestigio del equipo gobernante está muy deteriorado y existen manifestaciones de protesta y resistencia no articuladas.
Estas especificidades, y muchos otras de tamaño y sentido diferentes, podrían irse enumerando, pero seguiría en pie un problema de gran envergadura: Estados Unidos continúa su ofensiva general dirigida a recuperar todo el control neocolonial sobre América Latina –incluida una “ofensiva de paz” contra Cuba — , y el bloque que forma con los sectores reaccionarios y entreguistas de cada país continúa tratando de cancelar o ir debilitando los procesos de los últimos quince años de la región.
¿Será suficiente el voto, la voluntad popular expresada en las urnas, al menos para defender con éxito las políticas sociales, los funcionarios electos y la legalidad existente, y que ellos no sean burlados, quebrantados o eliminados por la reacción? ¿Podrán seguir existiendo los procesos basados en una institucionalidad sin cambios en el suelo social y político para lograr transformaciones que beneficien a la población y abran paso a sociedades más justas y mejor gobernadas? ¿O, en unos casos, esa vía solo franqueará una forma intermedia de reconstitución a mediano plazo del poder del capitalismo en la región, en apariencia más avanzada que las formas previas, pero que en realidad habría sido solamente su puesta al día, sin afectar a lo esencial del sistema de dominación? Mientras que en otros países del continente se ha permanecido bajo el control del sistema y de camarillas que detentan o administran el poder.
Nada está decidido, ni nuestros enemigos ni nosotros tenemos la victoria al alcance de la mano. Pero albergo la certeza de que las batallas ideológicas y políticas serán las que determinarán la decisión en el enfrentamiento general.
Destaco tres direcciones principales para el trabajo de análisis: a) buscar con rigor y sin omisiones todos los datos y todas las percepciones y formulaciones ideológicas que tengan alguna importancia –porque tanto unos como las otras constituyen las realidades que existen — , analizarlas por partes e integralmente, encontrar y formular lo esencial y describir al menos lo secundario; b) examinar y valorar los condicionamientos que sean relevantes para nuestra actuación, institucionales, económicos, ideológicos, políticos o de otro tipo; c) analizar y conocer las identidades, motivaciones, demandas, capacidad movilizativa y grado de organización con que contamos, y lo que está a favor de nuestros adversarios en esos mismos campos, es decir, la correlación de fuerzas. E insisto en que son las actuaciones de los seres humanos la materia principal de los eventos que mañana serán históricos.
La reacción no está proponiendo ideas, está produciendo acciones. No maneja fundamentaciones acerca de la centralidad que debe tener el mercado, la reducción de las funciones del Estado, la apología de la empresa privada y la conveniencia de subordinarse a Estados Unidos. No es a través del debate de ideas que pretende fortalecer y generalizar su dominio ideológico y cultural. El anticomunismo y la defensa de los viejos valores tradicionales ya no son sus caballos de batalla, ni los viejos organismos políticos son sus instrumentos principales.
Desde hace veinte años vengo planteando que el esfuerzo principal del capitalismo actual está puesto en la guerra cultural por el dominio de la vida cotidiana, lograr que todos acepten que la única cultura posible en esa vida cotidiana es la del capitalismo, y que el sistema controle una vida cívica despojada de trascendencia y organicidad. Lamento decir que todavía no hemos logrado derrotar esa guerra cultural.
El consumo amplio y sofisticado, que está presente en todas las áreas urbanas del mundo, pero al alcance solamente de minorías, es complementado por un complejo espiritual “democratizado” que es consumido por amplísimos sectores de población. Se tiende así a unificar en su identidad a un número de personas muy superior al de las que consumen materialmente, y lograr que acepten la hegemonía capitalista. La mayoría de los “incorporados” al modo de vida mercantil capitalista son más virtuales que reales. Pero, ¿formarán ellos parte de la base social del bloque de la contrarrevolución preventiva actual? El capitalismo alcanzaría ese objetivo si consigue que la línea divisoria principal en las sociedades se tienda entre los incorporados y los excluidos. Los primeros — los reales y los potenciales, los dueños y los servidores, los vividores y los ilusos — se alejarían de los segundos y los despreciarían, y harían causa común contra ellos cada vez que fuera necesario.
La reproducción cultural universal de su dominio le es básica al capitalismo para suplir los grados crecientes –y contradictorios — en que se ha desentendido de la reproducción de la vida de miles de millones de personas a escala mundial, y se apodera de los recursos naturales y los valores creados, a esa misma escala. Para ganar su guerra cultural, le es preciso eliminar la rebeldía y prevenir las rebeliones, homogeneizar los sentimientos y las ideas, igualar los sueños. Si las mayorías del mundo, oprimidas, explotadas o supeditadas a su dominación, no elaboran su alternativa diferente y opuesta a él, llegaremos a un consenso suicida, porque el capitalismo no dispone de un lugar futuro para nosotros.
El capitalismo no intenta imponer un pensamiento único, como ellos afirman, sino inducir que no haya ningún pensamiento. Está en marcha un colosal proceso de desarmar los instrumentos de pensar y la costumbre humana de hacerlo, de ir erradicando las inferencias mediatas, hasta alcanzar una especie de idiotización de masas.
La situación está exigiendo revisar y analizar con profundidad y con espíritu autocrítico todos los aspectos relevantes de los procesos en curso, todas las políticas y todas las opciones. Esa actitud y las actuaciones consecuentes con ella son factibles, porque el campo popular latinoamericano posee ideales, convicciones, fuerzas reales organizadas y una cultura acumulada.
Una enseñanza está muy clara: distribuir mejor la renta, aumentar la calidad de la vida de las mayorías, repartir servicios y prestaciones a los inermes es indispensable, pero no es suficiente. Alcanzar victorias electorales populares dentro del sistema capitalista, administrar mejor que sus pandillas de gobernantes, e incluso gobernar a favor del pueblo a contracorriente de su orden explotador y despiadado, es un gran avance, pero es insuficiente. Vuelve a demostrar su acierto una proposición fundamental de Carlos Marx: la centralidad de una nueva política en la actividad del movimiento de los oprimidos, para lograr vencer y para consolidar la victoria.
Estamos abocándonos a una nueva etapa de acontecimientos que pueden ser decisivos, de grandes retos y enfrentamientos, y de posibilidades de cambios sociales radicales. Es decir, una etapa en la que predominarán la praxis y el movimiento histórico, en la que los actores podrían imponerse a las circunstancias y modificarlas a fondo, una etapa en la que habrá victorias o derrotas.
Comprender las deficiencias de cada proceso es realmente importante. Pero más aún lo es actuar. Concientizar, organizar, movilizar, utilizar las fuerzas con que se cuenta, son las palabras de orden. No se pueden aceptar expresiones de aceptación resignada o de protesta timorata: hay que revisar las vías y los medios utilizados y su alcance, sus límites y sus condicionamientos. Y hacer todo lo que sea preciso para que no sea derrotado el campo popular. La eficiencia para garantizar los derechos del pueblo y defender y guiar su camino de liberaciones debe ser la única legitimidad que se les exija a las vías y a los instrumentos. Las instituciones y las actuaciones tendrán su razón de ser en servir a las necesidades y los intereses supremos de los pueblos, a la obligación de defender lo logrado y la confianza y la esperanza de tantos millones de personas. Esa debe ser la brújula de los pueblos y de sus activistas, representantes y conductores.
En la época que comienza se está levantando una concurrencia de fuerzas muy diferentes e incluso divergentes, a quienes unirán necesidades, enemigos comunes y factores estratégicos que van más allá de sus identidades, sus demandas y sus proyectos. Y solamente tendrá probabilidades de triunfar una praxis intencionada, organizada, capaz de manejar los datos fundamentales, las valoraciones, las opciones, la pluralidad de situaciones, posiciones y objetivos, las condicionantes y las políticas que están en juego.
La radicalización de los procesos deberá ser la tendencia imprescindible para su propia sobrevivencia. Serían suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que — dado el nivel que han alcanzado la cultura política de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos — los movimientos, los poderes y los líderes prestigiosos y audaces solo podrán multiplicar las fuerzas populares y tener opción de vencer si ponen la liberación efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.
La política revolucionaria no puede conformarse con ser alternativa. La naturaleza del sistema lo ha situado en un callejón sin salida en general, pero su poder y sus recursos actuales le permiten un amplio arco de respuestas contra los procesos en curso, y también puede dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas mientras combina la inducción y la espera hasta que se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipación humana y social.
Mientras exista la opresión, la explotación y la dominación capitalista, no habrá soluciones ni regímenes políticos y sociales satisfactorios para las mayorías, ni serán duraderos. La liberación de los seres humanos y las sociedades es lo que abrirá las puertas a la creación de un mundo nuevo. ¿Parece demasiada ambición? Sí, naturalmente. Pero es lo único factible.

Fernando Martínez Heredia
(Palabras del autor en el 12º Paradigmas Emancipatorios)