viernes, 27 de junio de 2008

Para matar al hombre que era un pueblo


Centenario del natalicio de Salvador Allende

Luis Hernández Serrano • La Habana

Cuando nació en Chile el niño al que nombraron Salvador, su abuelo paterno, Ramón Allende Padín, ya tenía historia de hombre luchador y recto en su conducta de todos los días, y su padre, Salvador Allende Castro, abogado, andaba en cuestiones de leyes, velando porque se cumplieran como la Constitución trazaba.
Cuentan que su nana, Zoila Rosa Ovalle, "mamá Rosa", como el muchacho la llamaba, no solo supo diagnosticarle hombría y coraje tempranos, sino que vivió hasta que llegó a verle presidente.
El pequeño Salvador inició sus estudios en la Sección Preparatoria del Liceo de Tacna y tras ocho años en esa localidad, sus padres se mudaron con él para Iquique, en 1918. Después se trasladaron para Valdivia, continuó estudios en el Liceo de esa ciudad y en 1921 regresó al Valparaíso que tanto quería, donde siguió estudiando en el Liceo Eduardo de la Barra.
El orien remoto de Salvador Allende es vasco. Sus antepasados llegaron a Chile en el siglo XVII.
Llevaba en la sangre su sentido del deber patriótico y una buena dosis de la ética de los honrados, los buenos y los que prefieren el bien colectivo, a los egoísmos individuales.
De muchacho se desenvolvió en un hogar holgado económicamente, pero nunca tuvo a menos profesar amistad a los más humildes de los barrios chilenos de entonces, al punto de que se cuentan entre sus grandes amigos a Juan Demarchi, viejo zapatero que influyó mucho en sus principios éticos y en su acercamiento leal a las personas de pueblo pobre.
El adolescente Salvador concluyó los estudios secundarios en 1924 y durante algunos años vivió con su tía paterna Anita, para después llevar una vida residencial inestable, de pensión en pensión, para poder sobrevivir.
En 1929 el joven Allende dio sus primeros pasos políticos serios, en el grupo denominado Avance, época en que sufrió mucho al ver morir a su padre, afectado irreversiblemente de diabetes. Y en 1933 fue uno de los fundadores del Partido Socialista de Chile, tras haber acumulado cierta experiencia como dirigente estudiantil.
Dentro del Partido fue jefe de núcleo en el propio año 1933, responsable de sección en 1934 y secretario del comité regional de Valparaíso en los años 1937-39. Por ese camino llegó a ser Diputado parlamentario y como tal participó decisivamente en la aprobación de leyes de beneficio popular.

II

Salvador Allende, a las 8 de la mañana del martes 11 de septiembre de 1973, telefonea a su esposa Hortensia Bussi Soto para decirle que la situación es muy grave y que la Marina se ha sublevado. "Resistiré en el Palacio. No intentes venir." Es la última vez que hablan.
Lo llaman desde Buenos Aires y responde: "Sí, se han alzado… no… no todo el mundo ha sido desleal. Muchos amigos están conmigo".
El más importante líder de masas del siglo XX en Chile, se niega a ser uno de los presidentes derrocados por golpes militares en América Latina que huyen en avión o en barco hacia Europa o a EE.UU. Por eso afirma: "Ese no es mi caso: a mí me sacarán muerto del Palacio".
"Estar aquí, en La Moneda, tiene un sentido político muy claro. Es tremendo que después de todo esto el Presidente de Chile termine huyendo como una rata, muerto en una calle o vejado como un cobarde", declara por radio al pueblo.
Con casco de guerra y el fusil AK-47 que Fidel Castro le regalara, ha dejado de ser "el compañero Presidente", para convertirse en el aguerrido "Comandante Allende".
La Junta Militar golpista le conmina a rendirse y a renunciar a su cargo y le ofrece un avión para que, con su familia, abandone el país. "Como generales traidores que son, no conocen a un hombre de honor", les dice indignado.
Allende pasa en su temprana juventud el servicio militar en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar, y egresa como oficial de Reserva de la Unidad de Caballería del Ejército.
Su bisabuelo ha sido combatiente por la independencia junto al patriota Manuel Rodríguez (1786-1818), colaborador del general San Martín en la Argentina y jefe del célebre Escuadrón Húsares de Santiago de Chile. Su abuelo Ramón Allende Padín organiza los servicios médicos del ejército chileno durante la Guerra del Pacífico.

III

De Salvador Allende Castro y Laura Gossens, nace el 26 de junio de 1908, en Valparaíso. Estudia la primaria en Arica y en Iquique, y la enseñanza media en su ciudad natal.
En 1926 ingresa en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, donde sobresale como líder. Después es elegido diputado por Valparaíso a los 22 años y en varios períodos senador, hasta ser presidente del Parlamento.
En 1932 se suma a las luchas políticas callejeras y está en prisión cuando muere su padre. Le dan una hora para concurrir al velorio y allí declara: "Desde este momento consagraré mi vida a la lucha social".
Es uno de los fundadores más destacados del Partido Socialista de Chile y de simple militante llega a ser su secretario general.
En 1951 presenta el programa de nacionalización del cobre y es candidato a la primera magistratura en las elecciones generales de 1952, 1958 y 1964 por los partidos de izquierda. No obstante, las tres derrotas sucesivas, persevera y triunfa el 4 de septiembre de 1970.

IV

A las 9:15 a.m. disparan las primeras cargas contra el Palacio, y más de 200 infantes avanzan por las calles Morandé y Teatinos hacia La Moneda, tirando contra el despacho del Presidente.
A los que no tienen armas, aunque quieren quedarse, Salvador los libera y les pide que se vayan y se salven para seguir la lucha. Solo quedan con él los médicos, los integrantes de su guardia personal y algunos amigos.
Allende ordena tirarles y dispara él mismo contra los atacantes, que retroceden con numerosas bajas. Los golpistas introducen los tanques, apoyados por la infantería.
A las 12 del día comienza un intenso bombardeo aéreo. El enemigo ataca con aviones, artillería, tanques e infantería. El golpe es total. La Moneda cae a terrones. Es un laberinto de pasillos y sótanos que se han tornado un infierno irrespirable de polvo y pólvora.
Allende combate encarnizadamente y no se desalienta un solo instante. Un hombre de moral y de coraje a toda prueba está escribiendo como ha prometido, su nueva historia de valor y de ética. El Palacio comienza a arder por el ala izquierda, y las llamas se propagan hacia la Sala de los Edecanes y el Salón Rojo. Entonces Salvador realiza una de sus mayores proezas: se arrastra bajo la metralla hasta su gabinete, toma una bazuca, dispara a un tanque de la calle Morandé y lo pone fuera de combate con un impacto directo.
Va a la planta baja con varios combatientes y repele personalmente el intento de los fascistas de entrar al Palacio por la puerta privada.
Pasadas la 1:30 p.m., los golpistas toman la planta baja y a las dos ocupan un ángulo de la planta alta.
Allende está junto a otros compañeros en una esquina del Salón Rojo y, al avanzar hacia el enemigo, recibe un balazo en el estómago, pero sigue disparando y un segundo impacto lo derriba.
Los miembros de su guardia personal contraatacan y rechazan de nuevo a los fascistas. "¡El Tata está herido!", grita con gran dolor uno de ellos. Y en un gesto de insólita dignidad toman el cuerpo inerte de Allende, le colocan su banda de presidente, lo envuelven en una bandera chilena y combaten 120 minutos más contra los traidores. Solo a las 4 p.m. se apaga heroicamente la última resistencia contra el brutal asedio del enemigo fascista, que ha durado siete horas.

V

El golpe trae a Chile casi un siglo de retroceso para las conquistas políticas, sociales y culturales. Ya en 1964 la CIA apoya a los Partidos Demócrata Cristiano y Radical y frustra la victoria de Allende. El 15 de septiembre de 1970 Richard Nixon pide al director de la CIA, Richard Helms, iniciar operaciones secretas en Chile para la sedición. Se cortan los créditos y se paraliza la inversión extranjera. El Presidente yanqui asegura: "La economía debe chillar".
Según la investigación de un Comité Especial del Senado de EE.UU., la CIA actúa encubiertamente en las elecciones presidenciales de 1964 y 1970 y logra en 1973 el derrocamiento y la muerte del Presidente chileno. Solo de 1964 a 1970 gasta en eso unos dos millones de dólares y en definitiva da mucho más dinero a los transportistas en huelga, a otros huelguistas durante 1971-1973 y a grupos del sector privado que los apoyan.

VI

Tras apagarse la última resistencia de los compañeros leales a Allende, varios soldados y bomberos retiran de La Moneda el cadáver del Presidente, dentro de un nylon negro, al atardecer del 11 de septiembre.
A las 11 de la mañana Tencha, la esposa del presidente mártir, con el chofer, Carlos Tello, se refugia en la casa del economista Felipe Herrera, amigo de la familia de Allende.
Al otro día, el comandante Roberto Sánchez, edecán aéreo, le sugiere que vaya al Hospital Militar, pero no la dejan entrar. Un general se le acerca y le dice que acuda al Grupo 7 de la Fuerza Aérea, pues el cadáver de su esposo va a ser enterrado.
Le niegan escolta, pero llega, sube al avión y están allí el citado comandante, la diputada y hermana del Presidente (Laura Allende) y dos sobrinos. Los registran buscando armas y lo único que Tencha ve es el féretro cubierto con una manta.
En la base aérea de Quintero, el cadáver del Presidente es colocado en un furgón rodeado de marinos. Pide verlo. Alcanza incluso a levantar la manta, pero solo aprecia un vidrio y un cuerpo cubierto con una sábana.
Hasta 17 años después no se puede comprobar si los restos son los de Salvador Allende. Al anochecer del 14 de agosto de 1990 se exhuman y el doctor Arturo Jirón, ex médico personal del Presidente, los reconoce.
El traslado de la osamenta desde la tumba de la familia Grove-Allende en el cementerio Santa Inés, en Viña del Mar (Lote No.180-182, Cuartel 2), hacia un mausoleo en el cementerio general de Santiago de Chile, es tarea del abogado Jorge Donoso Pacheco.
Toda la exhumación es en secreto. La autoriza el director del servicio de solidaridad de Viña del Mar-Quillota, doctor Agustín Ascorra Oses, por su Resolución 1626. Ese día Donoso lo comunica al alcalde de Viña, Juan Luis Trejo y al director del cementerio.
Están presentes el ministro secretario general del gobierno Enrique Correas Ríos; el doctor Arturo Jirón; Donoso, Javier Luis Egaña y camarógrafos de una empresa privada contratada por la periodista Ximena Casarejos.
Lo inédito del suceso se rompe por la audacia del diario Fortín, el 17 de agosto. El alcalde de Viña del Mar lo dice al senador Jorge Lavandero y al director de este diario, Wladimir (Wladimir) Aguilera.
El 4 de septiembre de 1990, sin honores militares, se efectúa el entierro definitivo del Presidente heroico. En la Catedral, el jefe de la ceremonia, Javier Luis Egaña, tiene que hacer prodigios de improvisación para hablar en plena dictadura pinochetista del Presidente constitucional traicionado.

*Publicado en CubaAhora

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