lunes, 22 de septiembre de 2008

Uribe ya deberia estar preso


Ni las mentiras, ni los camuflajes, ni las cortinas de humo asperjadas con cinismo, pudieron evitar que el mundo presenciara hoy toda la podredumbre de un gobierno sucio. Los mafiosos y asesinos entran y salen de la Casa de Nariño, sede del gobierno, como si se tratara de su propia casa. Y lo hacen con el visto bueno del Presidente. Uribe es la materialización del sueño más sublime del capo Pablo Escobar Gaviria de llegar a la Presidencia de la República.
Aquí en Colombia podemos decir con Bolívar que las leyes sólo sirven para enredar a los débiles y de ninguna traba a los fuertes. Para los grandes asesinos atrincherados en el Estado: debido proceso, presunción de inocencia, manto de impunidad; para el pueblo llano y su liderazgo: injustas detenciones, empapelamiento jurídico, el plomo y la motosierra.
Va al Palacio de Nariño el cabecilla de la “Oficina de Envigado” que obedece al capo “Don Berna”, conspira con los voceros de Uribe contra la Corte Suprema de Justicia, y ni siquiera resulta algún alto funcionario palaciego implicado jurídicamente. El Fiscal regional de Antioquia, hermano del actual Ministro del Interior y Justicia, es sorprendido in fraganti delinquiendo con el narco-paramilitar “Don Mario”, y el ministro intercede por él, evitando su destitución inmediata. Aunque el fiscal venal fue finalmente desvinculado de la institución, la Fiscalía General aún no le libra orden de captura. Lo grave en este episodio es que Uribe mantenga en el cargo al Ministro del Interior y Justicia, que aunque no lo echen, debiera renunciar por imperativo moral. Desde luego la conducta de Uribe no sorprende. Está acostumbrado a hacer eso. Mantiene en el cargo tanto al embajador en Italia, Sabas Pretel de la Vega, como al Ministro de Protección Social, Diego Palacios, a pesar de estar incursos en un delito de cohecho, ya sancionado por la Corte, delito que lo llevó ilegalmente a su segundo período presidencial. En confesiones de justicia y paz, el jefe paramilitar alias Diomedes acusó al actual comandante del Ejército, general Mario Montoya, de dotar con fusiles a los paramilitares, pero el Presidente no se da por aludido y mantiene en la comandancia de las tropas al general de soles ensangrentados.
Una mentira la tapan con otra. Ahora, y sólo ahora, cuando se hacen públicas las conversaciones íntimas del mafioso Job con el flamante embajador en República Dominicana, Juan José Chaux, exponente de la más rancia y ultra derechista aristocracia caucana, el gobierno viene a reconocer la presencia de éste en las reuniones en Casa de Nariño con los jefes de la mafia, dejando en evidencia que Uribe ha convertido el servicio diplomático en refugio de los narco paramilitares.
Obligada por pruebas abrumadoras y contundentes, la Fiscalía ha ordenado la recaptura del general Rito Alejo del Río por crímenes de lesa humanidad. El proceso de este general había sido archivado por exigencia de Uribe al Fiscal paramilitar Luis Camilo Osorio, su actual embajador en México. La comunidad nacional e internacional no puede pasar por alto el protuberante hecho de la condecoración por Uribe, siendo gobernador de Antioquia, del general mencionado, a quien exaltó con el título de “pacificador”, cuando en realidad lo que había dejado era un reguero de muertos en la desolada Urabá. Cuando este general fue destituido de su cargo por sus nexos con el paramilitarismo Álvaro Uribe Vélez fue el oferente y orador principal en un acto de desagravio al “Carnicero” en el salón rojo del Hotel Tequendama en Bogotá. Siendo ya Presidente de la República, no dudó en vincularlo al DAS.
Uribe sabía que Jorge Noguera, su director del DAS, estaba pasando a los paramilitares la lista de dirigentes sindicales y populares que debían asesinar. Con la misma perfidia viene auspiciando la paramilitarización de las universidades y la persecución del movimiento estudiantil con asesinatos y desplazamientos; quiere aplastar la rebeldía crítica que arde natural en el alma juvenil… Si nos pusiéramos a evocar las andanzas paramilitares y mafiosas del Presidente “uña y mugre” de Mancuso, Don Berna, Jorge 40, Báez, los Castaño…, tendríamos un prontuario de nunca acabar.
El Presidente Uribe acusa al ex presidente Gaviria de hacer alianzas en el pasado con la banda mafiosa de los “Pepes” y éste responde que Uribe está respirando por la herida por la muerte de Pablo Escobar.
La de Colombia es una institucionalidad “traqueta”, profundamente anti democrática, pero apoyada por el gobierno de Washington. Una verdadera trinchera mediática, que implica complicidad, rodea al presidente mafioso.
La táctica defensiva de Uribe de involucrar a todos, como mecanismo de impunidad, debe ser rechazada por la conciencia ética del país. El Presidente, el vicepresidente, los generales, los ganaderos y los empresarios implicados, deben responder ante la justicia, y la reparación a las víctimas recaer en el Estado que engendró -como estrategia contrainsurgente- el terrible Frankenstein del paramilitarismo.
Convocamos a los colombianos a trabajar unidos por la restauración moral de la patria, a declarar la rebeldía ciudadana frente a los pútridos jinetes del narco Estado, a actuar según la directriz del Libertador que nos dice que: “en el delirio del despotismo, en el exceso de la opresión, en ausencia o durante el sueño de las leyes…, el hombre virtuoso se levanta contra la autoridad opresora e inaguantable para sustituirle por otra respetada y amable”. La convergencia de las fuerzas del cambio y la movilización de masas, es el camino.

Secretariado del Estado Mayor Central FARC-EP

Montañas de Colombia, Septiembre 20 de 2008

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