miércoles, 8 de julio de 2020

Bolsonaro contrae la “gripezinha”




El presidente Jair Bolsonaro confirmó este martes que padece coronavirus, la enfermedad que había descalificado de manera contumaz y que ya se cobró la vida de más de 65 mil brasileños.

El negacionismo del presidente brasileño y el rechazo a las medidas de aislamiento social ha tenido el propósito de resguardar los intereses de la burguesía brasileña, que presionó para mantener la actividad económica en marcha, aun la no esencial, a costa de la salud de la población. Los gobernadores, conscientes de que el negacionismo presidencial los llevaba al desastre, recurrieron a la Corte Suprema y lograron el aval para instrumentar cuarentenas en sus estados. Sin embargo, se trató de cuarentenas parciales, que fueron flexibilizando al calor de los reclamos de los grandes empresarios.
Los resultados de esta política son catastróficos. Brasil es el segundo país más afectado del mundo por el Covid-19, solo por detrás de Estados Unidos. Las cifras oficiales indican más de 65 mil muertos y 1,6 millones de infectados. Sin embargo, los números reales pueden ser mucho mayores, dado que muchos casos se estarían disimulando, haciéndolos pasar por enfermedades conexas, cuyos registros han crecido enormemente estos meses.
El crecimiento de la curva de contagios ha llevado al sistema de salud al límite y al colpaso en algunos estados. En este contexto, Bolsonaro y los gobernadores se tiran unos a otros la pelota de la responsabilidad política. Ya infectado, el presidente dijo a los medios que la gestión de la pandemia “cabe a los gobernadores y prefectos, según la decisión de la Corte”, al mismo tiempo en que insistía en que la economía no se puede parar. Como parte de la crisis por la gestión del Covid-19, cayeron dos ministros de salud.
A la par de la pandemia, que ha sumergido a Brasil en la que puede ser la peor recesión de su historia (según el pronóstico del Deutsche Bank), Bolsonaro se ha lanzado a descargar el peso de la crisis sobre los hombros de las masas. Acaba de ratificar una medida que habilita la reducción temporal de salarios y la suspensión de convenios colectivos. El desempleo ha trepado casi al 13%, pero estos registros no cuentan a los desalentados que ya no buscan trabajo ni a los subocupados. En este contexto, se han dado algunos procesos de lucha como el paro de los repartidores del 1 de julio. Los trabajadores del subte de San Pablo podrían ir al paro contra los recortes salariales.
La crisis política en Brasil se ha ido agudizando en el marco de la pandemia. La Corte ha abierto una investigación contra el mandatario, por intentar copar la Policía Federal para bloquear investigaciones en su contra, que puede culminar en su destitución. En el Congreso se acumulan los pedidos de impeachment. Bolsonaro intenta frenar esta embestida por medio de un pacto con el “centro” político, que cuenta con 200 diputados, y reforzando los lazos con las Fuerzas Armadas, que gozan de mucho peso en el gabinete. La situación es convulsiva. La reciente detención de Fabricio Queiroz, quien fue jefe de gabinete de uno de los hijos de Bolsonaro, es un nuevo revés para el presidente.
La imagen del gobierno se sigue deteriorando y pese a las dificultades de la pandemia, hay movilizaciones de repudio como las “manifestaciones antifascistas” que tuvieron lugar durante varios fines de semana. Para el 10 de julio, numerosas organizaciones sindicales y sociales están convocando una jornada nacional por “Fuera Bolsonaro”.
Sin embargo, la CUT y el PT ponen el centro de su acción en el Congreso y en las elecciones municipales que deben tener lugar este año. No buscan derrotar al gobierno por medio de la lucha de las masas sino que levantan un planteo institucional y de convergencia con la derecha opositora.
La lucha por echar a Bolsonaro-Mourao requiere el protagonismo del movimiento obrero, con un plan de lucha en las condiciones que lo permita la pandemia, en la perspectiva de la huelga general. Fuera Bolsonaro-Mourao y todo el régimen corrupto. Por una asamblea constituyente libre y soberana que reorganice el país sobre nuevas bases sociales.

Gustavo Montenegro

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