domingo, 11 de marzo de 2018

Premios, provocaciones e ideas fracasadas




Cualquiera que escuche el nombre de “Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia” piensa en la reacción a los recientes golpes de Estado encubiertos contra gobiernos soberanos, los paquetazos neoliberales aplicados en detrimento de las mayorías o las protestas por la corrupción galopante en la región.
Pero nada más lejos de la realidad. Liderado por miembros de la contrarrevolución cubana, el grupo alterna entre Miami y algunas capitales europeas, sus casas matrices, en busca de fondos e instrucciones para los planes subversivos. Sus visitas a países latinoamericanos son muy selectivas y con un objetivo claro: los bolsillos de los magnates de la derecha.
Por segundo año consecutivo, la Red y sus patrocinadores extranjeros otorgan un premio internacional por el supuesto trabajo a favor de la libertad.
Pero los escogidos no son luchadores sociales ni defensores de los derechos de los pueblos, sino un grupo de expresidentes derechistas de Iberoamérica que se han unido para socavar cuanto proyecto progresista surja en la región.
La llamada Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA) está compuesta por una selección de promotores del paramilitarismo; corruptos que aceptaron millones de dólares a cambio de liberar a terroristas confesos como Luis Posada Carriles; estafadores; responsables de la muerte de decenas de miles de personas en masacres y luchas inefectivas contra el crimen organizado; neoliberales que arruinaron a sus países y pobretones que se hicieron millonarios en la silla presidencial.
La lista incluye, entre otros, a los exmandatarios José María Aznar y Felipe González, de España; Mireya Moscoso, de Panamá; Belisario Betancur, Andrés Pastrana, César Gaviria y Álvaro Uribe, de Colombia; Felipe Calderón y Vicente Fox, de México; Miguel Ángel Rodríguez, Rafael Ángel Calderón y Laura Chinchilla, de Costa Rica; Alfredo Cristiani, de El Salvador; Fernando de la Rúa, de Argentina; Osvaldo Hurtado, de Ecuador; Luis Alberto Lacalle y Julio María Sanguinetti, de Uruguay, y Jorge Quiroga, de Bolivia.
IDEA surgió en el año 2015 con etiqueta Made in Washington y bajo la sombrilla de Nelson J. Mezerhane, su presidente y también propietario del ultrarreaccionario Diario de las Américas, promotor de terroristas y golpes de Estado en América Latina. El director del grupo es Asdrúbal Aguiar, un expolítico venezolano de la IV República, de los que quedó en el olvido tras la aplastante victoria de Hugo Chávez.
Anunciado en Miami la semana pasada, el nuevo galardón para IDEA viene a «reconocer» el activismo del grupo contra los gobiernos progresistas de la región y su sumisión a los planes injerencistas de la Organización de Estados Americanos contra países como Venezuela.
No es casual tampoco que una “mención especial” haya ido a parar a manos del venezolano Antonio Ledezma, quien se escabulló de la justicia al amparo de varios gobiernos que se vanaglorian de su combate al terrorismo.
Ledezma, quien se desempeñaba como alcalde del Distrito Metropolitano de Caracas, fue detenido en febrero del 2015 por promover un llamado a la violencia denominado “La Salida”, que costó la vida a decenas de personas en Venezuela. Se dio a la fuga en noviembre del año pasado tras recibir un beneficio de arresto domiciliario.
Al igual que en el 2017, la entrega del premio viene acompañada de un plan para montar una provocación en la capital cubana durante esta semana, generar inestabilidad y dañar la imagen internacional del país, a la vez que se busca afectar la marcha de las relaciones diplomáticas de Cuba con la región.
El galardonado del 2017 fue nada más y nada menos que Luis Almagro, el secretario general de la OEA, quien desde su toma de posesión se obsesionó con el derrocamiento del gobierno democráticamente electo de Venezuela y olvidó todo lo que defendía en su época como canciller de Uruguay durante el gobierno de Pepe Mujica.
En la ocasión anterior, al conocer los planes de los grupos anticubanos y haciendo valer las leyes que sustentan la soberanía de la nación, el Gobierno Revolucionario decidió negar el ingreso al territorio nacional a ciudadanos extranjeros vinculados con la provocación, según una nota divulgada entonces por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Los objetivos actuales son los mismos y ya está en marcha una estrategia de comunicación de alcance internacional para tratar de deslegitimar la actuación de la Revolución.
El propio Almagro, quien habría sido convocado una vez más a la entrega del premio, hizo declaraciones recientemente a los medios de comunicación sobre su solicitud de visado para el ingreso a Cuba.
Sin duda, Almagro está más interesado en la alharaca que en regresar a la Mayor de las Antillas, un país que conoce bien. Pero debe tener claro que ni la OEA ni ninguno de sus funcionarios, mucho menos los que traicionan los principios éticos elementales, han sido ni serán jamás bienvenidos en la Cuba revolucionaria de Fidel.
Bajo su mandato se han redoblado las arremetidas imperialistas y oligárquicas de la OEA contra la integración latinoamericana y caribeña y contra la institucionalidad democrática. El mecanismo, con sede en Washington, se ha dedicado a imponer lecciones de gobernabilidad, democracia y constitucionalidad, para lo cual no posee ningún mandato moral.
En tiempos en que el secretario de Estado Rex Tillerson desempolva la Doctrina Monroe, la institución que dirige Almagro asume el liderazgo como «ministerio de colonias yanqui» para articular la arremetida contra América Latina y el Caribe, que tras 200 años de espera había emprendido el camino de la definitiva unidad e independencia.
La secuencia temporal de las acciones de Almagro, la OEA, el grupo de expresidentes y el grupo anticubano, no deja margen a la casualidad.
Para mediados de abril está programada la VIII Cumbre de las Américas en Lima, Perú. Crecen los llamados a que se rectifique la decisión de privar a Venezuela de asistir a la cita y las críticas hacia un grupo de países que se arrogan el derecho de hablar en nombre de toda la región.
Al parecer, hay a quien le interesa crear cortinas de humo para tapar la realidad.
En cuanto a los objetivos de la contrarrevolución, su desespero es obvio. El calendario marca que las elecciones generales en Cuba se celebrarán el próximo domingo 11 de marzo. Ante su incapacidad de obtener el más mínimo apoyo que no sea por la vía del soborno y el chantaje económico, el único camino es armar un show.
Lo que verdaderamente les duele es que este domingo Cuba decidirá su futuro, pero sin tutelajes ni injerencias externas.

Sergio Alejandro Gómez

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