martes, 6 de julio de 2010

José Saramago: una voz crítica en la literatura



Breve obituario (1922-2010)

El escritor, novelista, dramaturgo, poeta y periodista portugués falleció el pasado 18 de junio. Dejó casi 40 títulos, además de comentarios en su blog y discursos en conferencias e instancias similares.
Proveniente de una familia humilde, Saramago publicó su primera novela en 1947: Tierra de pecado, con la que no logró mucha repercusión. Siguió igualmente escribiendo, mostrando en sus obras –como recordó en su discurso de aceptación al Premio Nobel de Literatura- a los “condenados de la tierra a que pertenecieron mi abuelo Jerónimo y mi abuela Josefa, campesinos rudos obligados a alquilar la fuerza de los brazos a cambio de un salario y de condiciones de trabajo que sólo merecerían el nombre de infames”. En 1969 se afiliará al Partido Comunista, bajo la dictadura de Salazar.
En 1980, con Levantado del suelo, conseguirá llamar la atención con un relato acerca de la dura vida de los campesinos que culmina con la Revolución de los Claveles en 1974. Saramago contó en el discurso ya citado su inspiración: “gente popular que conocí, engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente, cuántas y cuántas veces, víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa”.
Otra obra renombrada será Memoria del convento, donde muestra, según sus propias palabras, el “siglo XVIII en un tiempo y en un país donde florecieron las supersticiones y las hogueras de la Inquisición, donde la vanidad y la megalomanía de un rey hicieron levantar un convento, un palacio y una basílica que asombrarían al mundo (…). Y también se aproxima a una multitud de millares y millares de hombres con las manos sucias y callosas, con el cuerpo exhausto de haber levantado, durante años sin fin, piedra a piedra, los muros implacables del convento, las alas enormes del palacio, las columnas y las pilastras, los aéreos campanarios, la cúpula de la basílica suspendida sobre el vacío”.
En 1991, con El Evangelio según Jesucristo, Saramago seguirá con la denuncia y los duros cuestionamientos a la religión y sus instituciones. En 1995 ofrecerá Ensayo sobre la ceguera y se le otorgará por el mismo el Premio Nobel en 1998 (la censura en su propio país –pese a ser un Estado laico- por esta novela lo llevará al autoexilio en Lanzarote).
Consolidado como un gran novelista, Saramago posee un estilo directo y preciso en sus descripciones, junto a un peculiar “ritmo” incesante. Sus obras han sido traducidas a muchos idiomas, y sus intervenciones públicas, donde denuncia el carácter falso de la democracia (por ser una fachada de los poderes económicos y militares), se suman a su debate contra las religiones y la idea de un dios. Escribió en 2001: “las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; (…) por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana. Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, (…) Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real”.
Por ello uno de los principales órganos del Vaticano, el periódico L’Osservatore Romano, inmediatamente que fue noticia su muerte, lo calificó de “populista extremista”: “fue un hombre y un intelectual de ninguna admisión metafísica, hasta el final anclado en una proterva confianza en el materialismo histórico, alias el marxismo”.
Por su parte el PC de Portugal sostuvo que “continuará colocando a José Saramago como uno de sus militantes más destacados”. Esto pese a que Saramago no fue un obsecuente del stalinismo luso. Poco “orgánico” muchas veces, se apartó de la línea del partido para apoyar otras fuerzas como la que llevó en 1996 y 2000 como candidato al “socialista” Jorge Sampaio –que llegó a la presidencia de Portugal-. Eran evidentes su incomodidad y confusiones políticas: se seguía reivindicando comunista “de espíritu” u “hormonal” (aclarando que nunca se concretó hasta ahora ese proyecto de sociedad –llamando a los Estados obreros burocratizados “capitalismo de Estado”), criticó a las FARC, llamó a los PS y PC europeos “izquierda estúpida” y opinaba que el marxismo era sólo “una filosofía”.
Con todo, queda por aprovechar lo mejor: la obra de un gran escritor que, con sus preguntas y reflexiones, permite pensar el devenir de la especie humana en la historia, cuestionar muchos de sus miedos profundos (como la idea de dios y las religiones) e imaginar un futuro mejor.

Demian Paredes

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