sábado, 24 de enero de 2015

La historia de Manuel y Yira, los revolucionarios papás de Iván Cepeda




Estos dos jóvenes militantes del Partido Comunista que murieron cuando el combativo senador estaba lejos de convertirse en el líder de hoy, son su inspiración.

Nos levantábamos a las 6 de la mañana, el amanecer cubano hermoso el sol asomando y estrellando sus rayos sobre el verde campo y entre cantos de gallos y el bullicio de aves, ganado y perros: Nos preparábamos para una nueva faena de trabajo voluntario, en la siembra de caña para la cosecha de la zafra azucarera de 1967-1968.
Formábamos parte de un grupo de latinoamericanos, unos que habían sido delegados a la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, celebrada en La Habana (Cuba) del 31 de julio al 10 de agosto, y otros como yo que formábamos parte del equipo auxiliar de la presidencia del evento, que recaía en los hombros de la heroína cubana Haydee Santamaría.
La conferencia había concluido y de forma entusiasta una buena parte de los delegados se habían ofrecido a participar en ese trabajo voluntario por espacio de diez días. El trabajo voluntario era algo novedoso, había sido una idea del Che, en los primeros años del triunfo revolucionario, con el objetivo de formar lo que él llamó el hombre nuevo.
Radiante y alegre se levantaba la colombiana Yira Castro, siempre acompañada de su compañero Manuel, nos encontrábamos todos en aquel amplio comedor donde tomábamos los primeros sorbos de café, el desayuno y las primeras interrogantes sobre la guerra en Vietnam, o sobre el movimiento guerrillero en nuestra región.
Mis recuerdos de Yira Castro y Manuel Cepeda, comunistas colombianos están vinculados a aquellas jornadas de trabajo en el campo y luego tertulia política en las tardes. Ellos se encontraban en Cuba en representación de su Partido, y habían sido designados como delegados a la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, (OLAS) que tuvo lugar, en La Habana, Cuba del 31 de julio 10 de agosto del año 1967. Nos familiarizamos más en aquel trabajo voluntario, cuando luego de la cena se iniciaba esa gran tertulia política y cultural, bajo el amplio portal de una gran casona de madera y tejas españolas, que nos cobijaba y al que llamábamos campamento cañero, ubicado al sur del municipio de Cárdenas, provincia de Matanzas, y nos habíamos entregado a la tarea de la siembra de caña.
En aquellos debates políticos sobresalía Yira con su impetuosa personalidad, las discusiones más candentes, estaban relacionadas a la lucha armada o de masas; el genocidio que cometía Estados Unidos en Vietnam y los resultados y avance de la lucha guerrillera en nuestro continente, especialmente en Guatemala, Venezuela, Colombia, y Bolivia, en este último lugar el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano comandando por Ernesto “Che” Guevara, sus tácticas de combate le estaba asestando fuertes golpes al ejército boliviano y ya a esas alturas se conocía que era el Che quien dirigía aquel destacamento guerrillero, también se conocía que la CIA y Estados Unidos, inmediatamente de saberlo, despacharon fuerzas y medios de combate contrainsurgente, para perseguir al guerrillero argentino-cubano.
En esos encuentros intervenían los distintos compañeros, expresando sus opiniones, algunos lo manifestaban a nombre propio, otros defendían la tesis y posiciones de los Partidos que representaban, Manuel se destacaba por sus claras posiciones en torno a la combinación de la formas de lucha, que Yira secundaba, mientras otros eran exponentes del foco guerrillero o de la lucha electoral. Una forma democrática donde todos exponían y se respetaban cada una de aquellas manifestaciones que se daba en el campo revolucionario y de la izquierda latinoamericana. Era el debate de la década sesentista.
Yira me impresionó no solo por su belleza física, fiel exponente de la mujer colombiana, pero su gran encanto era la fuerza con la que exponía sus puntos de vista, sus argumentos, con unos 25 años de edad, era una joven formada políticamente y con grandes dotes de liderazgo, siempre desbordando alegría, era una soñadora y así la percibí.
Costeña de pura cepa, era hija del departamento de Sucre, donde nació en febrero de 1942, en su capital Sincelejo, proveniente de una familia comunista había ingresado a la Juventud Comunista Colombiana (JUCO) en 1958, donde se destacó por su actividad en la lucha por reivindicaciones en el campo estudiantil y juvenil, fue funcionaria de la Unión Internacional de Estudiantes en Praga, Checoslovaquia, organización que en esa época agrupaba a más de cien organizaciones estudiantiles en todo el orbe, y a millones de estudiantes, que representan a más de 80 países.
En 1960 contrae nupcias con Manuel Cepeda Vargas, quien ocupaba el cargo de Secretario General de la JUCO, y con el cual procrearon dos hijos, María e Iván, este último hoy senador de la República y combativo parlamentario del Polo Democrático Alternativo (PDA), quien se ha destacado por denunciar los vínculos y apoyos de agentes públicos a la acción criminal del narcoparamilitarismo, acusando con suficientes pruebas las relaciones del expresidente Álvaro Uribe Vélez, con estas bandas criminales.
Por cierto el debate desarrollado el pasado 17 de septiembre fue muy esclarecedor, aportando el senador Cepeda Castro numerosos argumentos sobre estos vínculos, resultado de las investigaciones desarrolladas por el congresista y su equipo en el senado. La infeliz intervención del senador uribista José Obdulio Gaviria, al acusar a Cepeda de vínculos con las FARC, porque una guerrillera, quien por cierto, forma parte de la delegación de Paz en La Habana, lleva el nombre de Yira Castro. La mezquina y baja actitud del senador uribista para defender a su jefe, al apelar a semejante recurso, lo único que demuestra es la falta de argumentos y la carencia de sentimientos humanos y ética profesional.
Por su arduo trabajo Yira Castro fue promovida de la JUCO al Partido Comunista en 1970 y en 1971 es elegida miembro del Comité Central, periodista de profesión trabaja como reportera de Voz Proletaria cuyo director era su esposo Manuel Cepeda y desarrolló un amplio trabajo en el Circulo de Periodista de Bogotá, en defensa de los periodistas, donde se desempeñaba como fiscal de la institución. Su incansable lucha por la igualdad de la mujer se vio expresada en su destacada participación como integrante de la Unión de Mujeres Demócratas de Colombia. En 1980 durante los comicios municipales es elegida Concejal por la Unión Nacional de Oposición. En ese año y durante el XIII Congreso de su Partido, es promovida a miembro suplente de su Comité Ejecutivo.
Lamentablemente una grave enfermedad la margina de toda actividad pública y fallece el 9 de julio de 1981, en recuerdo a su memoria un barrio en Calí lleva su nombre.
Yira supo ganarse en los medios de prensa colombianos un inmenso cariño, sus valores en defensa del gremio periodístico era muy reconocido, su muerte fue reseñada por toda la prensa nacional y regional sin exclusión. Ella tenía razón en su lucha porque se preservara la vida a los hombres y mujeres que desde la trinchera del periodismo dan a conocer sus ideas y cuando estas son contrarias a poderosos intereses, son víctimas de las balas, de la intolerancia y la rabia de los que se consideran los mesías de la Nación, como está sucediendo, lamentablemente hoy en Colombia.
El dolor por la pérdida de su gran amor y su compañera de lucha acompañaron siempre a Manuel Cepeda Vargas, hasta su muerte, el plan “Golpe de Gracia” denunciado entre otros por el senador comunista ante el ministro de Defensa en 1993, esa denuncia no fue tomada en cuenta y lo tuvo a él entre sus primeras víctimas, cuando balas asesinas acabaron con su vida el 9 de agosto de 1994, vida que estuvo dedicada a la defensa de los humildes y en contra de la injusticia social.
Con gran prestigio por su honradez y transparencia, Manuel despuntaba como un fuerte opositor a la corrupción y al clientelismo político en el senado de la República. El establecimiento le temía no por que usara hampones y sicarios, sino por sus ideas. Lo que mataron fueron sus ideas, encarnadas hoy en su hijo Iván, fiel expositor de esas ideas democráticas y defensoras de una sociedad más justa, incluyente y plural.
Por su esposa demostró un inmenso cariño y profundo amor, entregando su vida a la causa que unidos defendían, a ella le dedicó el libro “YIRA CASTRO: La alegría es mi bandera.” Y así era Yira, la colombiana comunista que yo conocí, grácil, dulce, firme en sus posiciones, incansable trabajadora, pero siempre con una sonrisa en los labios y una alegría que contagiaba.

Tony López
Politólogo, periodista y analista internacional cubano.

En Memorian - un documental sobre la Union Patriotica en Colombia




Un documental sobre el partido politico llamado La Union Patriotica en Colombia. Alredador 4000 de sus miembros fueron matados en un genocidio manejado por politicos, paramilitares y militares en un plan cinicamente llamado "el baile rojo".

viernes, 23 de enero de 2015

2015 - Se acumulan los nubarrones de tormenta




Mientras despedían con bailes el Viejo Año y daban la bienvenida al Nuevo con cantidades copiosas del mejor champán, como es su costumbre; los burgueses, desde Nueva York hasta Londres, deben haber sentido un brillo reconfortante de confianza. Cinco años después de la catástrofe de 2008, ¿no están todavía firmemente al mando del timón? Los temores iniciales de que la crisis debía conducir a un terrible apocalipsis social y político se han disipado. El capitalismo está vivo y coleando. Los beneficios están fluyendo alegremente y los ricos son cada vez más ricos. En resumen, todo va bien en el mejor de los mundos capitalistas.
Todo esto nos recuerda el ambiente de falsa confianza que debe haber existido en el salón de baile del Titanic justo antes de que alguien en la cubierta apreciara la tenue silueta de un iceberg. Al pasar por encima de este alegre carnaval de hacer dinero, los que tienen ojos para ver ya podrían detectar los nubarrones de tormenta. Hace doce meses, los economistas predecían que 2014 sería el año de la recuperación. Un año más tarde nadie mantiene seriamente esa vana ilusión. La economía mundial se encuentra en el mejor de los casos estancada, y un número creciente de economistas están prediciendo una nueva recesión.
El marxismo explica que en última instancia la viabilidad de cualquier sistema socioeconómico está determinada por su capacidad para desarrollar las fuerzas productivas. Esa es la razón fundamental de la crisis actual. La sociedad burguesa se encuentra en un callejón sin salida del que no hay escape. Los economistas burgueses no comprenden la crisis y no tienen ninguna solución. Se trata de un caso de un ciego guiando a otro ciego.
La crisis de 2008 fue un punto de inflexión histórico. Antes de ella, los economistas y políticos coincidían en que el Estado no debería desempeñar ningún papel en la economía. Pero desde entonces, todos los grandes bancos han tenido que apoyarse en el Estado como en unas muletas. La generosidad del Estado hacia los bancos se ha transformado ahora en una tacaña mezquindad hacia el resto de la población. De repente no hay dinero para las escuelas y los hospitales, para los pobres y enfermos, las jubilaciones y las becas para los estudiantes. Pero para los parásitos ricos hay dinero sin límite.
Esta generosidad sin precedentes hacia los banqueros tenía la intención de estimular el crédito y, con él, una recuperación económica. Pero los miles de millones de generosidad pública no han conducido a una recuperación digna de ese nombre. Los banqueros se embolsaron el dinero y lo utilizaron para especular en bolsa para obtener beneficios aún mayores. La desigualdad ha crecido a niveles sin precedentes. Al igual que un gigantesco gusano parásito chupando la sangre vital de la sociedad, los ricos se hacen cada vez más ricos, mientras que millones de personas están sumidas en la pobreza y la desesperación.
La verdadera perspectiva se demostró el año pasado en un informe de la OCDE que concluía que no habría ningún crecimiento de la economía mundial durante los próximos cincuenta años. ¿Qué significa eso? Significa décadas de austeridad, recortes y ataques a los niveles de vida. Esa es una receta acabada para una explosión de la lucha de clases en todas partes. El intento de resolver la crisis a través de la flexibilización cuantitativa en los EE.UU. era una medida dictada por la desesperación. Ahora se han visto obligados a retroceder. El ejemplo de Japón es aún más elocuente. El intento del primer ministro Abe de hacer lo mismo, también ha terminado en una derrota ignominiosa. Mientras tanto, el descontento crece.
Esta crisis afecta a todos los países del mundo. La globalización se manifiesta como una crisis global del capitalismo. China se suponía que actuaba como la fuerza motriz de la recuperación. Pero el crecimiento en China se está desacelerando. Los llamados BRICs están en crisis. Brasil está en recesión; India está en crisis, como se revela en una fuerte caída en el valor de la rupia. La economía rusa se ha visto afectada por la caída del precio del petróleo (en sí misma un reflejo del estancamiento y de la caída de la demanda), agravada por las sanciones, y se enfrenta a una grave recesión.
Uno podría haber pensado que los saudíes disminuirían la producción de petróleo para apuntalar la caída del precio del crudo. Por el contrario, los saudíes continúan impulsando la producción de petróleo con el fin de destruir la rentabilidad del creciente sector de producción de petróleo en los EE.UU. a través del "fracking". Pero la caída del precio del petróleo significa un desastre para otras naciones productoras de petróleo como Irán, Irak y Venezuela.

La crisis de Europa

Hace dos años, Mario Draghi, declaró que la UE gastaría todo lo que hiciera falta para defender el euro. Pero, ¿quién tiene las sumas necesarias? Los alemanes, y los alemanes no tienen ningún deseo especial en financiar las deudas de los países del sur de Europa. El desempleo en Europa se encuentra oficialmente en alrededor del 11%, lo que subestima la realidad. En España es alrededor del 25% y en Grecia es aún peor. De cada tres jóvenes griegos, dos no tienen trabajo. Nada se ha resuelto en Grecia.
La crisis del euro se inició hace cinco años en Grecia, y ahora ha entrado en una nueva etapa en este país. Después de cinco años de recortes, austeridad y sufrimientos, la deuda pública ha pasado del 125% del PIB al 175%. Todos los sufrimientos de la gente han sido en vano. Grecia se cierne sobre el borde de una nueva y aún más terrible crisis. El colapso de la coalición burguesa de derechas liderada por Adonis Samaras ha abierto un período nuevo y tormentoso. Todos los sondeos de opinión indican que Syriza ganará las elecciones a finales de enero.
Samaras pensaba que Bruselas le daría un margen de maniobra, pero este no fue el caso. Merkel y los otros amos de Europa fueron implacables. Exigieron nuevos y aún más profundos recortes en las pensiones y los niveles de vida. Por tanto, el primer ministro griego intentó hacer una jugada desesperada para la elección de un nuevo presidente. Debido a que este puesto tiene un carácter más o menos ceremonial, tal elección normalmente despertaría una indiferencia total. Pero esta vez dio lugar a una crisis inmediata. Las fuertes caídas en la bolsa de Atenas revelaron el extremo nerviosismo de la burguesía.
La burguesía está aterrorizada por la perspectiva de un gobierno de Syriza en Grecia. Lo que les da miedo no es tanto los dirigentes de Syriza, que ahora están tratando de tranquilizar a la troika de que son políticos responsables, sino las fuerzas de clase que están detrás de Syriza. Los trabajadores griegos han demostrado una combatividad colosal. Han participado en más de treinta huelgas generales en los últimos cuatro años. Pero esto tiene sus límites. En el pasado, las manifestaciones y huelgas a veces podían obligar al gobierno a cambiar sus políticas. Pero ese ya no es el caso. La crisis es demasiado profunda para hacer concesiones serias. En Grecia ha habido más de treinta huelgas generales. El arma de la huelga de 24 hs, por lo tanto, pierde cualquier poder que podría haber tenido. Se convierte en un ritual sin sentido que la burguesía y el gobierno pueden ignorar.
Bloqueados en el frente industrial, los trabajadores se dirigen naturalmente hacia el frente político en busca de una solución a sus problemas más acuciantes. Votarán a Syriza, pero la experiencia les ha hecho desconfiar de todos los políticos. Tsipras promete reformas: un aumento del salario mínimo, comida y electricidad gratis para las familias pobres, aumento del empleo en el sector público. El problema es que sobre bases capitalistas, estas medidas no pueden funcionar. Un gobierno de Syriza se encontrará inmediatamente con el sabotaje de los banqueros y capitalistas. Incluso antes del anuncio de las elecciones la prensa ya estaba informando de una salida masiva de capital. Esto ya es una advertencia de la huelga de capital que golpearía a un gobierno de izquierdas en Grecia.

Inestabilidad en todo el mundo

Donde quiera que se mire hay inestabilidad: económica, financiera, social, política y diplomática. La situación actual del mundo no tiene precedentes en la historia. En el pasado, siempre había tres o cuatro grandes potencias que se equilibraban mutuamente. Pero desde la caída de la URSS sólo hay una superpotencia, los Estados Unidos. EE.UU. gasta 640 mil millones de dólares cada año en armas. Ningún otro país puede compararse con este vasto poder militar. Y sin embargo, el poder del imperialismo estadounidense tiene límites y estos límites fueron expuestos en Irak y Afganistán.
Como un elefante en una cacharrería, los miopes imperialistas norteamericanos han desestabilizado todo Oriente Medio y el Norte de África, así como Pakistán. Ahora, están obligados a enviar la fuerza aérea de Estados Unidos para bombardear a los mismos yihadistas que ellos y sus aliados de Qatar y Arabia Saudí organizaron, armaron y financiaron en un fallido intento de derrocar al régimen de Assad en Siria. Este vuelco repentino de la política estadounidense en la región ha tenido una consecuencia que no fue prevista por las damas y caballeros de Washington, ni deseada por ellos. Se ha inclinado la balanza fuertemente en favor de Irán, que ahora tiene el control efectivo sobre grandes partes de Irak, así como una influencia creciente en Siria y el Líbano.
Debido al 100º aniversario de la Primera Guerra Mundial, muchas personas han tratado de establecer analogías con la situación actual. Pero tales analogías carecen de todo sentido. La situación actual es muy diferente a la de agosto de 1914. El asesinato de Francisco Fernando fue seguido inmediatamente por un ultimátum de los austriacos. Ahora, con Rusia interviniendo en Ucrania, los estadounidenses hacen mucho ruido y en la práctica no hacen nada - al menos en términos militares. La impotencia de Europa ha sido aún más cruelmente expuesta por la crisis ucraniana. Han introducido sanciones, pero esto resultó contraproducente inmediatamente para Europa, especialmente para Alemania. El colapso del rublo significa que las exportaciones alemanas a Rusia están bloqueadas.
La propia Rusia está ahora en crisis. Esto marcará un giro en la situación. Los trabajadores rusos estaban dispuestos a tolerar a Putin, siempre y cuando garantizara la estabilidad y el crecimiento económico. Pero ahora la situación está cambiando en su contrario. La crisis ucraniana le permitió a Putin envolverse en la bandera del nacionalismo ruso, apelando al instinto natural de los obreros rusos de expresar su simpatía y solidaridad con sus hermanos y hermanas ucranianos. Pero las acciones de Putin están exponiendo su actitud cínica hacia el pueblo de Ucrania. Su retórica nacionalista puede servir para engañar a las masas por un tiempo, pero tarde o temprano la niebla nacionalista se disipará y habrá una fuerte reacción contra el régimen actual. Con un retraso inevitable los obreros rusos sacarán las conclusiones necesarias y pasarán a la acción.

Perspectivas revolucionarias

Lejos de haber logrado estabilizar la situación, el capitalismo mundial se hunde más y más en la crisis. Como dijimos hace mucho, todos los intentos de la burguesía de restablecer el equilibrio económico sólo sirven para destruir el equilibrio social y político. Ahora vemos esto en un país tras otro. La llamada recuperación es la más débil de la historia y la única solución que se les ocurre a la clase dominante y a sus agentes políticos es más recortes y más austeridad, a pesar de que la experiencia ha demostrado que el único resultado es profundizar la crisis y aumentar los déficits, mientras que provoca la polarización social que amenaza con ir más allá de los límites de la legalidad y amenaza con derrocar el orden existente.
El crecimiento sin precedentes de la desigualdad está destrozando el tejido mismo de la cohesión social. Marx predijo que el capitalismo conduciría inevitablemente a la concentración del capital y a una polarización entre ricos y pobres. Hoy en día esta predicción de Marx, que provocó la indignación de los sociólogos burgueses universitarios, ahora se ha demostrado en condiciones de laboratorio. En todas partes hay un profundo odio a los banqueros y a los ricos, y también una profunda desconfianza hacia todos los partidos políticos existentes, no sólo a los partidos burgueses, sino también a los llamados partidos de izquierda.
En todas partes vemos un creciente malestar social, a pesar de que aún carece del necesario objetivo, organización y dirección. En Gran Bretaña, hace tres años hubo disturbios de los jóvenes desempleados, que pilló a todo el mundo por sorpresa. En Italia, no hace mucho, los dirigentes sindicales levantaron su dedo meñique y un millón de trabajadores se manifestaron en las calles de Roma. En Grecia, los trabajadores han protagonizado más de treinta huelgas generales. Hemos visto explosiones sociales en Portugal, Brasil, Turquía, e incluso antes en Túnez y Egipto. Frente a estos hechos, ¿quién puede atreverse a decir que las masas están pasivas y apáticas?
Una y otra vez las masas han demostrado su voluntad de luchar. Pero cuando se mueven a la acción para tratar de cambiar la sociedad, no encuentran la organización y la dirección que pueda proporcionarles la cohesión y la claridad necesaria que solo puede garantizar el éxito. Por el contrario, se encuentran con que las organizaciones reformistas existentes actúan como un freno colosal sobre el movimiento, y una barrera en su camino.
Los dirigentes reformistas se consideran a sí mismos como grandes realistas pero de hecho son el peor tipo de utópicos. Arropados en sus oficinas confortables y en la atmósfera enrarecida de las cámaras de debates parlamentarios, están completamente fuera de contacto con la realidad. Ellos no ven el estado de ánimo de ira en ebullición que existe en las profundidades de la sociedad. Al carecer de confianza en la clase obrera, ven todo a través de las gafas reformistas que les ciegan ante la realidad.
Es la falta del factor subjetivo - el partido revolucionario y la dirección - la razón principal del carácter prolongado de la crisis. Es esto también lo que le da un carácter tan convulso. La contradicción central de la época es el enorme contraste entre la madurez de la situación objetiva para la revolución y la bancarrota de las organizaciones existentes. Como Trotsky planteó en 1938, la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección de la clase obrera. La pregunta más importante es: ¿cómo va a resolverse esta contradicción?
Los sectarios se deshacen fácilmente de este problema. Dicen: los dirigentes reformistas han traicionado y siempre traicionarán. Y hacen un llamamiento a los trabajadores a unírseles en la construcción de un nuevo partido - una apelación que siempre cae en saco roto porque los trabajadores no entienden de organizaciones pequeñas. La vida les ha enseñado que incluso para ganar una huelga se necesita una organización de masas. ¿Cuánto más es el caso cuando se trata de cambiar la sociedad?
Sin embargo, es un grave error hacer un fetiche de cualquier organización existente. "Todo lo que existe merece perecer" fue una máxima de Heráclito que Marx citaba a menudo. El hecho de que un partido (o incluso un sindicato) fuera una vez una fuerza de masas no significa en absoluto que siempre debe seguir siéndolo. Los partidos, como las personas, pueden nacer y florecer durante un tiempo, y luego dejar de existir. Tales transformaciones son relativamente raras en períodos "normales", pero no son nada extrañas durante los períodos de grandes conmociones sociales. De hecho, son muy comunes.

Degeneración sin paralelo

Hay muchos paralelismos entre esta situación y la situación de antes de 1914. Entonces, un largo período de auge capitalista condujo a la degeneración nacional-reformista de la socialdemocracia. Eso fue expuesto cruelmente en agosto de 1914. El largo período de auge capitalista que siguió a la Segunda Guerra Mundial llevó a una degeneración sin precedentes de todos los partidos de la clase obrera - no sólo los partidos socialdemócratas, sino también de los antiguos partidos comunistas.
En un período revolucionario, los partidos y sus dirigentes están sujetos a un estrecho control por las masas que están buscando una manera de salir de la crisis. Éstas, desarrollan una sensibilidad muy aguda y una actitud crítica que estaba ausente o poco desarrollada antes. En períodos "normales", las personas tienden a no involucrarse en la política, que se les aparece como algo ajeno, misterioso, e incomprensible. Dicen: "Dejemos la política a los políticos. No entiendo de estas cosas". De la misma manera en el sindicato, dejan hacer a los dirigentes oficiales.
Pero en un período revolucionario, esta actitud comienza a cambiar. Las masas tienen un creciente interés por los asuntos políticos que afectan a sus vidas de manera muy directa. En su búsqueda de soluciones miran primero a un partido, y luego a otro. Los gobiernos, los programas y los dirigentes son puestos a prueba, y, si son considerados deficientes, las masas pueden descartarlos para buscar en otro sitio. Los partidos que parecían ser invulnerables y fijos para todos los tiempos pueden decrecer e incluso desaparecer. En tales situaciones, se producirá todo tipo de crisis, rupturas y reagrupamientos.
Podemos ver que esto ya está sucediendo. En Italia, durante décadas el Partido Comunista (PCI) fue el más fuerte fuera del bloque soviético. Pero la degeneración sin precedentes de estos partidos llevó al colapso del PCI. Incluso antes vimos la desaparición del Partido Socialista Italiano, que en el pasado también tenía una base considerable. Ahora no queda nada de ninguno de estos partidos que una vez fueron vistos como los partidos tradicionales de la clase obrera italiana.
He oído decir por ahí que el Pasok era el partido tradicional de la clase obrera griega, pero esto es falso, o en todo caso requiere algunas matizaciones serias. De hecho, el Pasok era un partido relativamente nuevo, que data de 1974. Antes de eso, el Partido Comunista de Grecia (KKE) era el partido de la clase obrera griega. El Pasok surgió precisamente en una situación revolucionaria que siguió a la caída de la Junta Militar. Su fundador, Andreas Papandreu, hijo de George Papandreu, un liberal burgués que jugó un papel traidor como títere del imperialismo británico después de la Segunda Guerra Mundial, levantó un programa que estaba (al menos de palabra) a la izquierda del KKE .
Como resultado, el Pasok atrajo a un gran número de trabajadores y jóvenes radicalizados que habían sido repelidos por el estalinismo burocrático del KKE. Durante algunos años el Pasok podía ser considerado el principal partido de la clase obrera griega, con fuertes vínculos con los sindicatos. Pero el KKE hasta este día todavía mantiene la lealtad de muchos trabajadores griegos políticamente conscientes y tiene muchos seguidores en los sindicatos. Mientras tanto, ¿qué ha pasado con el PASOK? Su participación en el gobierno durante la actual crisis significó que sus dirigentes asumieron la plena responsabilidad por los recortes y la austeridad que han asolado a la sociedad griega. Como resultado, su apoyo ha derrumbado. Y quedará aún más reducido en las elecciones de este mes. De hecho, algunos observadores han especulado que podría perder todos sus miembros en el parlamento y quedar reducido a un grupo extraparlamentario. El rápido ascenso de Syriza en Grecia es una indicación de procesos que pueden tener lugar en todas partes.
El surgimiento explosivo de PODEMOS en España revela el alcance y la profundidad del descontento popular que existe en todas partes. En España, como en Italia, el Partido Comunista era una fuerza de masas, pero como resultado de décadas de degeneración y traiciones ha quedado reducido a una sombra débil de lo que fue. Para comprender la rapidez con la que los acontecimientos se están moviendo, recordemos que hace sólo un año, PODEMOS apenas existía como fuerza política. Sin embargo, ahora las encuestas de opinión en España lo han aupado como primera opción política para los votantes, por delante del Partido Socialista (PSOE) y muy por delante del derechista PP, que se dirige a una severa derrota.
En Gran Bretaña hemos visto el extraordinario éxito del "Sí" en el referéndum de Escocia, lo que sin duda representa un cambio fundamental en la situación. No hay duda alguna de que se trataba de un voto de izquierdas, un voto en contra de los Conservadores y los Liberales (voy a tratar esto en un artículo aparte), pero al mismo tiempo, el Partido Laborista (que tenía una base muy potente en Escocia ) también sufrió un rechazo. En el momento de escribir este artículo, por increíble que pueda parecer, el líder laborista Ed Miliband es menos popular en Escocia que incluso el líder conservador David Cameron. Como resultado de años de la dirección derechista de Blair, el Laborismo es visto por muchos como otro partido del Establishment.
Por supuesto, no hay que caer en el impresionismo. Partidos como el Partido Laborista británico todavía tienen grandes reservas de apoyo en las masas. Pero es igualmente cierto que el escenario político es mucho más volátil, turbulento e impredecible de lo que lo era en el pasado. Uno por uno, todos los partidos políticos serán puestos a prueba y entrarán en crisis. Habrá cambios violentos a la izquierda y a la derecha. Los cambios agudos y repentinos están en el orden del día. Tenemos que estar preparados para ellos.
No hace falta decir que los acontecimientos no ocurrirán en una línea recta. Es una tontería en extremo imaginar que los trabajadores están siempre dispuestos a montar barricadas. La historia misma nos enseña que las revoluciones son acontecimientos raros. Al igual que las guerras, no son el estado normal de las cosas, sino una ruptura de la "normalidad". Siempre hay una tendencia a aferrarse al estado de cosas existente. Ese es el camino más fácil, cómodo y natural para las masas. Sin embargo, en un período de convulsiones violentas, las masas aprenden a cuestionar esta "normalidad" y a buscar una salida, explorando una avenida tras otra.
La crisis se desarrollará en todas partes, a ritmos diferentes y con diferente intensidad durante años y décadas. Durante un período todo el péndulo continuará moviéndose hacia la izquierda. Por supuesto, la revolución no avanzará en línea recta. Los períodos de gran avance se alternarán con momentos de cansancio, desilusión y desesperación; grandes avances serán seguidos por momentos de calma, derrotas e incluso de reacción. Esta inevitable retraso - en sí una expresión de la debilidad del factor subjetivo - no es una mala cosa, desde nuestro punto de vista.
Hay muchos paralelismos entre la guerra entre las clases y las guerras entre naciones. Una guerra no es una batalla continua, sino una serie de escaramuzas, en las que los ejércitos contendientes aprenden a medir la fuerza relativa de cada lado; los avances son seguidos por retrocesos, y períodos de esfuerzo violento son interrumpidos por largos períodos de inactividad, observando y esperando. Estas pausas inevitables entre batallas, se utilizan para cavar trincheras, limpiar los equipos, y para movilizar, ejercitar y entrenar a nuevos reclutas.
Para los marxistas el estudio de las perspectivas no es un ejercicio académico, sino una forma de preparar a los cuadros para las próximas batallas. Trotsky dijo que la teoría es la superioridad de la previsión sobre la sorpresa. Los empíricos superficiales, que se imaginan a sí mismos como gente muy sabia, porque se limitan a los "hechos inmediatos" son siempre tomados por sorpresa cuando la marcha de los acontecimientos sigue un camino que nunca previeron y nunca soñaron que podría existir. Los marxistas, por el contrario, miran más allá de los "hechos" y penetran debajo de la superficie para exponer el proceso subterráneo que opera en las profundidades de la sociedad.
Este año es el 100º aniversario de la Conferencia de Zimmerwald, cuando un puñado de internacionalistas revolucionarios se reunieron en la oscura aldea suiza de Zimmerwald en un intento de organizar y coordinar las fuerzas que todavía estaban por el socialismo internacional. Cuando Lenin miró a su alrededor y vio cuán pocos eran, comentó: "¡Parece que podemos juntar a todos los internacionalistas del mundo en dos diligencias!"
Cuando Lenin pronunció esas palabras, la tarea a la que enfrentaban los revolucionarios parecía casi sin esperanza. Eran grupos muy pequeños, en su mayoría aislados de las masas y que trabajaban en condiciones de una dificultad inimaginable. Sin embargo, sólo dos años después la revolución rusa había estallado y la inmensa marea de la revolución llevaría a Lenin y a los bolcheviques al poder. Sí, en efecto, cambios bruscos y repentinos en la situación. Y la historia tiene la costumbre de repetirse.
Dejemos el pesimismo para los burgueses y sus parásitos reformistas. ¡Tienen toda la razón para ser pesimistas! Pero nosotros tenemos todo el derecho a ser optimistas. Damos la bienvenida al Año Nuevo con el espíritu que nuestra Época requiere: un espíritu de entusiasmo por la batalla que es inminente, la batalla entre un Orden desgastado, en descomposición y degenerado, que ha dejado de ser útil y se encuentra listo para ser derrocado; la batalla del futuro contra el pasado, la batalla por un mundo nuevo y mejor: la batalla por el socialismo.

Alan Woods
Jueves 08 de Enero de 2015 02:33

Caso Nisman: de la novela policial al escenario político




Algunas conclusiones sobre un crimen que cambió el escenario. Las consecuencias políticas sobre el gobierno, el régimen y el Estado. Una muestra más del fracaso de la “lucha contra las corporaciones”. El desprestigio de los servicios y la oportunidad de esta crisis.

La acumulación de episodios ocurridos desde la muerte del fiscal Alberto Nisman brindan considerable material para una novela de policial negro. “El crimen del Le Parc”, podría ser un título taquillero.
Pero si algún autor, alguna vez, escribiese una historia donde se produce una muerte dudosa de un fiscal de Estado, que además había presentado una grave denuncia contra la presidenta, y donde las máximas autoridades del gobierno respondiesen en las primeras horas buscando instalar la certeza de que fue un “suicidio”. Y luego relatara que a los dos días el mismo gobierno dio un giro brusco para instalar la certeza que de no fue un suicidio; la novela se volvería una parodia o el séptimo problema para Don Isidro Parodi. Debería cambiar el género o incorporar un capítulo con eje en la política. “Fin de ciclo”, podría titularse. Un poco trillado, es verdad, pero bastante coincidente con el contexto político de “la escena del crimen”.
Hacemos nuestro aporte -más allá de que continúe la novela montada sobre la tragedia-, con algunas conclusiones políticas y estratégicas que consideramos relevantes.

Pragmatismo en política internacional

La firma del famoso "memorándum de entendimiento" con la República Islámica de Irán en el año 2013, para la colaboración con el esclarecimiento del atentado a la AMIA, es una de las decisiones centrales que llevó a la ruptura o enfrentamiento del gobierno con una fracción de los servicios de inteligencia locales (a la que terminó relevando abruptamente a fin del año pasado), que además tenía íntimas relaciones con sus homólogos de potencias internacionales (la CIA estadounidense y el Mossad israelí).
Esta intervención del gobierno argentino en una región caliente, escenario de batalla de intereses geopolíticos de potencias imperiales, está en el trasfondo de la crisis. El bloguero y analista político peronista, Abel Fernández, un adherente al gobierno, no muy apasionado por cierto pero adherente al fin, afirmó: “El ‘memorándum de entendimiento´ con Irán, lo siento, resultó una tontería y un hueco vulnerable para sus adversarios. No por argumentos políticos y jurídicos, o por las intenciones, que podían o no ser las mejores. Es una tontería porque Irán no lo tomó en serio. No lo ratificó, no avanzó un paso para implementarlo, cuando correspondía hacerlo. Queda claro que el gobierno permitió que vendedores de humo lo convencieran”.
Coincidimos parcialmente en un aspecto y diferimos totalmente en otro. Si hubo una tontería fue creer que el gobierno iraní podía dar comienzo voluntario a una especie de juzgamiento de funcionarios de su país acusados de tremendo atentado. Pero esto no es producto de “vendedores de humo”. Fueron los humos que se le subieron a la cabeza al gobierno dos años después del famoso 54%, en los tiempos en que también proponía “una solución argentina (y kirchnerista) para los problemas del mundo”.
No hubo pecado de inocencia, sino de lesa pedantería. Un gesto simbólico -que pretendió “adelantarse”-, hacia un gobierno con muchos enemigos internacionales y contra el que había mandado a Nisman y a los servicios locales como Stiuso a conspirar durante años. Una señal con pretensiones de “autonomía”, previendo el posible giro norteamericano, pero que terminó costando caro.
Una posible consecuencia hacia la derecha de esta suma de irresponsabilidades kirchneristas, ahora con el cadáver de Nisman en el centro de la escena, es que se imponga el “mensaje” de que corre serio riesgo el que pretenda sacar los pies del plato de la orientación de los halcones más duros del imperialismo y el estado sionista de Israel. Todopoderosos al nivel de tener la capacidad de digitar una causa judicial interna e incluso limpiar a agentes propios o extraños, sin muchas consecuencias.
Un flaco favor que los “antiimperialistas” de discurso, le hacen a la verdadera causa de lucha por la autonomía y la independencia nacional y contra las potencias imperiales en el mundo.

Corporaciones

El desenlace del caso Nisman desnuda, una vez más, que el “combate contra las corporaciones”, fue mucho más discurso que realidad.
Esta vez, la crisis no surgió de las inconsistencias de su política hacia los problemas estructurales de la economía o la sociedad, como la crisis energética que deriva en violentos cortes de luz y provocan la explosión popular, la inflación que fue base en otras oportunidades de la irrupción de saqueos. O los graves problemas de infraestructura que provocaron inundaciones que derivaron en crímenes sociales o las falencias en los servicios públicos que, como en Once, culminaron en masacres. Esta se produce en el seno del Estado.
En cierto sentido, la crisis con los espías puede asimilarse a las producidas con los motines de las policías, los gendarmes y prefectos, donde también hubo “muertes dudosas”, en conflictos sociales fogoneados por la corporación policial. El gobierno o los gobiernos las “empoderaron” y luego se revelaron e impusieron una capitulación.
Pero en este caso, el “vandorismo” de los servicios apunta alto y para negociar su porción de poder (respaldado por servicios internacionales), pueden llegar a asesinar o “suicidar” a un fiscal del Estado.
Cuando irrumpen en la escena las patotas de la burocracia sindical, cierto progresismo kirchnerista se justifica diciendo que la “democratización de los sindicatos” es una tarea pendiente. Cuando ocupan el escenario las mafias policiales con métodos de vandorismo armado afirman que ese es un terreno en el que todavía no se pudo avanzar. Cuando surgen crisis con los gobernadores “feudales” (Isnfrán) o los intendentes “mazorqueros” en los que el gobierno se apoya, dicen que ese es un territorio al que todavía no pudo llegar la “nueva política”.
Ahora, cuando emerge violentamente el poder de la corporación de inteligencia, dicen, como afirmó Julián Dominguez en la conferencia de prensa del bloque de diputados kirchneristas, que son “el último reducto donde no ha llegado la transparencia y la democratización”.
Y así con los bancos, las multinacionales imperialistas (Donnelley) o el llamado “campo”, entre tantos otros.
Planteadas así las cosas, cabe afirmar que fue muy reducido el territorio de la “batalla cultural”, y parece que fue más cultural que nunca, porque las corporaciones estatales o privadas del poder real conservan toda su potencia y capacidad de operación. Y sus profundos lazos con la casta política y judicial.
Con los servicios de inteligencia, después de los repentinos cambios que hizo en diciembre, el gobierno tiene el mismo problema que tuvo con su política de tintes “reformistas” hacia el resto de las corporaciones que decía enfrentar. Clarín, las petroleras (como Repsol), los bancos, el “campo” o la “burocracia sindical”. Mucho ruido y pocas nueces, en el mejor de los casos. Mientras fueron base de su poder, y enfrentó puntualmente algunas, solo esporádicamente y con mucho de relato.

El Estado y régimen político

En primer lugar, la gravedad del hecho y la conmoción política se confirma por la desesperada búsqueda de blindaje institucional que intentan mostrar los dirigentes de distintos organismos del Estado, empezando por la Corte Suprema de Justicia y esa especie de “partido-estado” que es el peronismo.
En la coyuntura, el gobierno festejaba (demostrando lo moderado de sus aspiraciones) que la economía no se hunda, que el barco no choque, que no haya habido saqueos o cortes en diciembre, que no se licúen las reservas, que no se dispare la inflación. Es decir, festejaban las malas noticias que no fueron, porque podían haber sido.
No tardaron en aparecer algunos imprudentes entusiasmos en referentes de “kirchnerismo duro” que empezaron a plantear la posibilidad de ganar en primera ronda en las elecciones. Incluso soñaban con imponerse sobre Scioli en la interna peronista. Que la presidenta encabece la lista al Parlasur, algún cristinista más puro (Randazzo) al gobierno y Cristina al poder; y veían renacer el kirchnerismo eterno.
La crisis por el suicidio-asesinato de Nisman, derrumba este “ambicioso” (casi aventurero) proyecto, ya que pese a que el gobierno ahora busque ponerse en posición de víctima, en la percepción general aparece con muy desprestigiado y sospechado. Inaugurando el año electoral con una crisis de esta magnitud, no está para pasar a la ofensiva sobre nadie.
Daniel Scioli, fiel a su sciolismo, hizo unas distantes declaraciones, aunque después fue parte del “enfático” apoyo del Consejo Nacional del PJ.
La oposición tradicional, pese que se habla encima en los medios opositores, no necesariamente capitaliza políticamente la crisis en curso. El columnista de La Nación, Carlos Pagni, un partidario, no muy convencido por cierto, pero partidario al fin, de que esta oposición arme algo parecido a una alternativa, afirmó: “Las distintas fracciones que rivalizan con la señora de Kirchner no pudieron componer una foto común ni para una conferencia de prensa. Tampoco sus candidatos asistieron como un bloque a la marcha convocada ayer por las organizaciones de la comunidad judía. Una consagración del individualismo que obedece a los consejos de los asesores de imagen, que no terminan de incorporar el inesperado cadáver de Nisman a la estética de sus campañas”. Dudamos que una foto común o la participación en la marcha, cambiaran su situación. La crisis del régimen político y la dispersión de las coaliciones burguesas se hace más evidente en medio de una hecatombe política por un crimen que hizo crujir al régimen y al Estado.

Luz sobre el sótano

Finalmente, un factor muy importante de la crisis en curso, que debe ser aprovechando por izquierda, es el hecho de que un poco de luz alumbra sobre alcantarillas de los servicios de inteligencia y desenmascara el profundo carácter del Estado. Salvando las distancias, si un conflicto como el de Lear (como en su momento el asesinato de Mariano Ferreyra), hizo públicos los métodos de patoterismo mafioso de los aparatos sindicales en los que se apoya el gobierno y el régimen; este crimen expone los métodos no menos salvajes de los servicios de espionaje.
Esto plantea, como una tarea estratégica, poner la lupa y amplificar las denuncias contra estos aparatos, junto con desarrollar un programa para terminar con su poder de fuego, porque no hay que olvidar que pese a sus enfrentamientos, su función estratégica es aceitar la represión y persecución hacia los sectores obreros y populares. Si, como se dice, toda crisis es una oportunidad, ahí está la nuestra.

Fernando Rosso
@RossoFer

jueves, 22 de enero de 2015

Hoy liberé una mariposa...




No es un documental sobre el Che y los guerrilleros cubanos que cayeron en Bolivia. Se trata del testimonio de hijos e hijas que crecieron sin sus padres: hombres inmensos que hicieron lo que debían hacer en cumplimiento de un sueño revolucionario.

La muerte del fiscal Nisman y la profundización de la crisis política de la burguesía




Las circunstancias que rodean la muerte del Fiscal Nisman no son una expresión más de la crisis política del sistema, constituye un escalón superior, un nuevo piso que el poder deberá transitar en medio de intrincadas contradicciones que aquejan hoy a toda la burguesía monopolista. En la muerte de Nisman se concentran problemas de todo tipo. La puja de intereses en pugna, trasciende la esfera de homicidio o crimen, se abre una etapa en donde se condensan múltiples problemas para la clase dominante.
En el plano internacional, inciden factores del pasado; sin embargo, ni EEUU, ni Irán, ni la propia Argentina estan en situaciones similares a veinte años atrás. Esta muerte es el presente, es poner en el tapete una puja planetaria de intereses fundamentalmente energéticos y militaristas. En el plano de las disputas políticas nacionales, éstas adquieren un alto voltaje que hasta hoy se disimulaban con hipócritas campañas electorales por fuera de toda necesidad de nuestra sociedad.
La guerra de intereses por lograr el dominio claro del Estado se ha envuelto en una nube densa, en donde los caminos a seguir se pierden dramáticamente En esta crisis política entran a tallar los servicios de inteligencia del Estado, el papel de las Fuerzas Armadas, el jefe del Ejército cuestionado en su propio riñón de institución represiva. En fin, mucho se hablará de ésta crisis que ellos llaman Institucional, queriendo dar por entendido que lo que hay que proteger son las instituciones; nos quieren embretar a todo el pueblo en sus disputas de intereses y minimizarán la esencia del fenómeno: la crisis del sistema es política y ella se profundizará.
Este hecho en sí mismo conlleva provocación, debilidad para salir del atolladero en que todo el sistema está inmerso, muestran grietas mayores, vacilaciones a la hora de actuar, ceguera ante la necesidad de definiciones para negocios rápidos. En este sintético análisis debemos tener en claro , quizás como nunca antes, que éstas disputas son interburguesas y es deber de los revolucionarios sostener toda táctica que siga apuntando a la lucha, a la movilización y la la organización de los intereses de clase, hoy en disputa tanto económicos como políticos.
Esta muerte de una u otra manera es un ajuste de cuentas de lo actuado y de lo que vendrá. Al decir ajustes de cuentas hablamos de instituciones del Estado mafiosas, representantes del capital financiero. Así es el Estado capitalista.
No están debatiendo ni mucho menos las víctimas de estos hechos, están disputando tramo a tramo cada factor de poder, se muestran como lo que son.
Este hecho pone más claro aún que el proletariado, el pueblo y sus organizaciones, deberemos redoblar la lucha política e ideológica contra la burguesía, y continuar trabajando decididamente en forma abierta y franca en los caminos de la revolución.

PRT

miércoles, 21 de enero de 2015

Grecia: polarización política y presiones externas a días de las elecciones




Grecia vive una campaña electoral extremadamente polarizada, bajo una gran presión exterior que ha convertido la permanencia en el euro en el principal tema del debate político.

El próximo día 25 los griegos tienen que elegir entre dos opciones: la salida del rescate y firma de un minirescate, a cambio de nuevos ajustes, propuesta por el conservador Nueva Democracia; y la promesa de “abandono del programa de austeridad” de Syriza, bajo la amenaza de los acreedores de suspender las ayudas.
Esas son las opciones, las promesas suenan algo distintas. El primer ministro, Andonis Samarás, por ejemplo, asegura que este será el año del crecimiento, que Grecia abandonará el rescate y que podrá incluso bajar los impuestos.
El líder de la oposición, Alexis Tsipras, promete un programa de crecimiento económico y de creación de empleo y la anulación de algunas de las medidas tomadas por el actual Gobierno, como la reducción del salario y de las pensiones mínimas o la introducción de un nuevo impuesto sobre bienes inmuebles.
Samarás evita decir que Grecia tan solo cobrará lo que le queda del rescate europeo si antes cumple una serie de medidas pactadas anteriormente con la troika, como la liberalización completa de los despidos en el sector privado y la eliminación de la protección contra los desahucios de las viviendas de primera residencia.
Tampoco se le oye decir en la campaña que el rescate será sustituido por otro minirescate, pues el crédito reforzado acordado con los socios europeos va igualmente vinculado al cumplimiento de una serie de requisitos.
A mediados del año pasado, el Gobierno aseguró que a partir de este año Grecia podría financiarse por su cuenta en los mercados, una promesa que hizo llevarse las manos a la cabeza a más de un socio europeo y que hizo disparar el bono en el mercado secundario a índices similares a los de ahora, rozando el 10 %, esta vez aparentemente por el miedo a una victoria de Syriza.
Finalmente, Samarás echó marcha atrás y pidió una prórroga del rescate hasta finales de febrero.
Pero la mayoría del pueblo griego no quiere saber ya nada de rescates y de promesas de crecimiento. Lo único que han visto es que su situación ha empeorado desde que estalló la crisis hace más de seis años, y que la austeridad ha acabado con la resistencia de muchas familias.
Eso es la imagen que reflejan las encuestas, que dan a Syriza una ventaja frente a los conservadores de Nueva Democracia de un mínimo de tres puntos.
El problema es que no está claro cuánto de su programa podrá aplicar, independientemente de lo que prometa, y que Syriza es una izquierda moderada que no pretende romper el statu quode las instituciones europeas, sino presionar por un nuevo pacto europeo “por el crecimiento”, un “New Deal europeo”, como expresaron algunos de sus economistas afines.
En sus intervenciones, el líder de Syriza asegura que el Programa de Salónica, que incluye una serie de medidas encaminadas a reactivar la economía y un plan de ayuda para los más pobres, es "innegociable" y que el resto será sometido a unas "duras" negociaciones con los socios de la Unión Europea.
Pero el “margen de negociación” entre un posible gobierno de Syriza y Bruselas es muy pequeño, lo que inexorablemente limitará cualquier medida, por más modesta que sea, que quiera tomar el futuro gobierno.
Mucho de lo que pueda hacer un posible Gobierno de Syriza para reactivar la economía dependerá irremediablemente de si consigue una quita de buena parte de la deuda en manos públicas, como reclama.
Por ahora, las voces desde algunos países como Alemania dejan entrever que probabilidades de una quita propiamente dicha son escasas, a lo sumo una reestructuración de la deuda con intereses más bajos y plazos de devolución más amplios.
¿Cómo se las arreglará entonces Tsipras, si llega a ser elegido presidente, para mantener el (imposible) equilibrio entre las enormes expectativas de millones de trabajadores y sectores empobrecidos que van a votarlo para terminar con la austeridad, el paro y la crisis, frente a los requerimientos de “los mercados”, Berlín y Bruselas?
Las concesiones que un eventual Gobierno de Syriza ya adelanta que estaría dispuesto a hacer, sin lugar a dudas defraudará a muchos, particularmente a aquellos que confían en que un “Gobierno de izquierdas” dará marcha atrás a todas las medidas de ajuste, sostiene el analista Petros Stangos, quien por ese motivo ya augura nuevas manifestaciones y huelgas.
Como es poco probable que Syriza pueda gobernar en solitario, aunque su objetivo declarado sea alcanzar la mayoría absoluta, una fórmula para salir airoso de las irremediables críticas de los defraudados podría consistir en una Gobierno de coalición.
De esta manera podría atribuir las medidas que no retire o las promesas electorales que no cumpla a la necesidad de hacer concesiones en un Gobierno de coalición. "Syriza podría hacer de policía bueno y su socio haría las veces de poli malo", dice Stangos.

La Izquierda Diario

Nisman: crónica de una muerte funcional




El Gobierno nacional jubila a la fuerza al espía más poderoso del país por una interna dentro de los servicios de inteligencia. El fiscal que, desde hace varios años, investiga la causa de terrorismo más impactante de la historia argentina denuncia al Gobierno de turno de ser cómplice del terrorismo. El espía, llamémoslo “Jaime”, y el fiscal “Beto” trabajan en conjunto en la investigación. Beto está por ir a declarar ante el Congreso Nacional, pero la noche anterior aparece muerto en el baño de su casa. ¿Suicidio?, ¿asesinato?, ¿motivos?, ¿quién gana?, ¿quién pierde? No, no es parte de la saga de House of Cards.

Un poco de historia

A partir de la muerte de Alberto Nisman, fiscal a cargo de la causa AMIA, se desataron una inmensa cantidad de teorías y especulaciones. ¿Qué tenemos en concreto?, hasta esta hora los primeros trascendidos hablan de un suicidio. ¿Pero que hay en el fondo de la causa?
Todo comenzó el 18 de julio de 1994 cuando un grupo terrorista, aún no identificado, hizo volar por los aires la sede que la mutual judía AMIA tenía en la Capital Federal. Desde entonces pasaron muchas cosas, pero casi 21 años después todavía no se encontró a los culpables.
Desde el primer momento las diferentes agrupaciones que nuclean a familiares, víctimas y amigos del atentado a la AMIA se encargaron de señalar la supuesta complicidad del entonces Presidente Carlos Saúl Menem. Se habló de una pista siria y de otra pista iraní, al tiempo que Menem fue señalado por supuesta complicidad con el hecho; aunque hoy cuenta con el privilegio de una banca en el senado. Y que Mauricio Macri, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, es acusado de pinchar teléfonos de víctimas del atentado.
Pasó el tiempo, el fiscal Alberto Nisman quedó a cargo de la investigación de la causa y a partir de ahí todo se apuntó hacia la famosa “pista iraní”. Dejando de lado la “pista siria” que complicaba, aún más, al ex Presidente. Hace ya varios años que los familiares de las víctimas del atentado repudiaban a Nisman por no moverse y tener la causa dormida.

De Kirchnerismo y otras yerbas

Un día Nisman despertó y acusó a la actual Presidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, de entorpecer su investigación por tener relaciones espurias con el gobierno iraní. El fiscal aseguró tener más de 300 comunicaciones telefónicas donde dirigentes ligados al kirchnerismo complican a la Presidenta.
No hay que olvidar que el gobierno kirchnerista firmó el tristemente célebre “memorándum”, que nunca fue aprobado en Irán y es reprobado por toda la comunidad judía por garantizar la impunidad de los terroristas.

Una muerte "inteligente"

Nisman reactivó la causa poco tiempo después de que su amigo y colaborador Antonio Stiusso, alias Jaime, fuera corrido de la ex SIDE por una interna del servicio de inteligencia en la que el gobierno kirchnerista tomó partido.
¿Entonces?, nos encontramos con un fiscal que realizó una grave denuncia después de tener la causa AMIA frenada durante años. Un fiscal que tenía de su lado a parte de la ex SIDE, al multimedio más grande el país y a toda la oposición política conservadora. ¿En contra? , al gobierno nacional, al los “espías K” y a los sectores ligados a “la pista iraní”.
Con todo este panorama me pregunto, ¿se beneficia el gobierno nacional con la muerte de Nisman en pleno año electoral?, ¿no gana la oposición conservadora que intenta triunfar en las elecciones de octubre?, ¿pudo ser un ajuste de cuentas de la interna de los servicios secretos?, ¿se suicidó por que no tenía las pruebas que prometía, o lo hizo por presiones?, ¿lo asesinaron?, ¿Por qué el kircnerismo no abre los archivos de la causa AMIA?
Son preguntas que la justicia y el tiempo tendrán que responder, mientras tanto el Estado sigue gastando millones de dólares en controlar un servicio de inteligencia que carece de sentido y que encima tiene internas.
Volviendo al título de esta nota, considero que la muerte de Nisman es funcional. Sí, funcional a la oposición conservadora que intentará sacar tajada electoral, funcional a un gobierno que buscará victimizarse y funcional a quienes están impunes, mientras seguimos sin saber ¿quienes atentaron contra la AMIA?
Llegó la hora de reclamar que el gobierno desclasifique los archivos y conozcamos la verdad.

Luis Torre
@luis_torre Periodista (FM Fribuay y La Voz del Diablo AM 1050)

domingo, 18 de enero de 2015

¿Por qué una parte de la juventud de los barrios populares franceses no se siente Charlie?




En medio de la gran conmoción creada por los atentados terroristas de la semana pasada en París, se destacó el hecho que en varios colegios, sobre todo en los barrios populares, jóvenes rechazaban respetar el minuto de silencio impuesto por el Ministerio de Educación en memoria de las víctimas del atentado contra la redacción de Charlie Hebdo.

La incomprensión y la indignación, en primer lugar de profesores y autoridades escolares, es grande. ¿Acto de “rebelión” contra las autoridades o síntoma de un peligroso contagio islamista reaccionario en las banlieues?
En efecto, según el Ministerio de Educación nacional, hubo unos 200 incidentes durante el minuto de silencio en homenaje a las víctimas del ataque a la redacción del periódico satírico Charlie Hebdo. Según profesores, este número estaría incluso subestimado.
Estos incidentes no se desarrollaron en cualquier lugar sino, sobre todo, en los barrios populares de las grandes ciudades o en la periferia de éstas (las llamadas banlieues) en donde reside un gran número de inmigrantes o descendientes de éstos. La mayoría son provenientes de ex colonias africanas de Francia, de los cuales una parte considerable es de cultura árabe-musulmana.
Profesores y directivos de colegios indican que algunos jóvenes llegaron hasta reivindicar los atentados contra Charlie Hebdo, otros rechazaban participar del minuto de silencio argumentando que el periódico los habría humillado a ellos y a su religión. Otros argumentos van en el sentido de denunciar la desigualdad del tratamiento de algunas muertes. Así, un estudiante declaraba: “Obvio que es grave la muerte de los periodistas. ¿Pero ustedes dijeron ‘Je suis Gaza’ [Yo soy Gaza] este verano? ¿Ustedes hicieron un minuto de silencio? La vida de esa gente también tenía valor… Pero parecería que en Francia no para todo el mundo”.
Es que en el fondo la radicalización en clave islamista de una parte (por el momento marginal) de la juventud inmigrante o descendiente de inmigrantes, musulmana, responde en gran parte al racismo estructural e institucionalizado en la Francia imperialista y a la ausencia de triunfos sociales y políticos de las luchas que conoció el país en los últimos años. Este racismo es particularmente fuerte contra las personas provenientes de sus ex colonias del norte de África (especialmente Argelia).
Esto hace que una parte de la juventud popular de este país se identifique con los terroristas que cometieron el brutal ataque contra Charlie Hebdo, o que por lo menos los “entiendan”, ya que ellos mismos se sienten humillados por la línea editorial adoptada por este periódico en los últimos años, que a su manera alimentaba el ambiente islamofóbico y xenófobo en general.
En el marco de que hay una fuerte tendencia a hacer una amalgama entre musulmanes y terroristas, en señalar a los “pobres peligrosos”, particularmente a los musulmanes, como responsables en última instancia de lo ocurrido, participar en el minuto de silencio para muchos jóvenes representa una humillación suplementaria. Más aun cuando este homenaje es impuesto desde el ministerio y que no se tomó en cuenta la opinión de los estudiantes, ni se dejó ninguna posibilidad a que éstos expresasen sus dudas u opiniones contrarias al ambiente de “unanimidad nacional” sin ser estigmatizados como “simpatizantes” o hasta “apologistas” del terrorismo.
La prensa informa que alumnos que “perturbaron” las ceremonias de minutos de silencio o expresaron de alguna forma simpatía con los atentados ya fueron señalados a la justicia, la cual determinará las medidas que se tomarán. Se habla incluso de vigilancia e investigación de amigos y familiares de los jóvenes.
Lamentablemente, ante la ausencia de alternativas progresistas que respondan a su situación de víctimas de racismo, de opresión, de precariedad y de miseria, algunos sectores de jóvenes de las banlieues ven con simpatía tendencias políticas reaccionarias como el yihad. Otras corrientes políticas populistas antisemitas también vienen ganando terreno en estos últimos años partiendo en gran parte de la manipulación de la simpatía hacia la lucha del pueblo palestino contra el Estado sionista, que es muy fuerte en esta parte de la población.
En efecto, la izquierda francesa, tanto reformista como anticapitalista, es particularmente débil en esta franja de las clases populares y una parte de ésta está incluso adaptada al discurso republicano del Estado imperialista francés, llegando, por ejemplo, a haber respaldado la ley de prohibición del velo (hiyab) en las escuelas y colegios, o a haber dejado aislada la revuelta de las banlieues en 2005, en vez de denunciar el estado de emergencia proclamado por el Gobierno en aquel entonces, denunciado la brutal represión y llamado a formar un gran frente único de las organizaciones obreras en defensa de las banlieues, contra el racismo, la discriminación y por el derecho al voto de los inmigrantes.
Sin embargo, para evitar que nuevas tragedias como estas se reproduzcan y que la juventud oprimida se acerque a opciones reaccionarias (ya sea el Estado Islámico, Al Qaeda, o la extrema derecha xenófoba) es fundamental que la izquierda y el movimiento obrero en general tengan una política que responda a sus reivindicaciones sociales y económicas y que luche sin concesiones contra el racismo de Estado.

Philippe Alcoy
París

“Los Estados son los ‘autores’ de la globalización capitalista”




Leo Panitch, editor de la revista Socialist Register es, junto a Sam Gindin, autor de The Making of Global Capitalism [La conformación del capitalismo global, 2012], voluminoso trabajo que estudia el rol del Estado norteamericano para la conformación del capitalismo global. En esta entrevista discutimos sobre su libro y sobre el panorama de la economía global a seis años de la quiebra de Lehman Brothers.

IdZ: En su libro sostienen que es necesario trascender “la falsa dicotomía entre Estados y mercados”. ¿Podrías referirte un poco a cómo operó el rol de los Estados en la conformación del capitalismo global?
Nuestro libro fue en cierto modo la respuesta al argumento que hemos oído durante los últimos 20 años de que la globalización consistía en que los mercados se sustraían a la injerencia de los Estados, y los debilitaban. Este planteo establece una falsa dicotomía entre Estado y mercado. El mercado no puede existir sin el Estado, que es central en el establecimiento de los derechos de propiedad y en garantizarlos a través de los sistemas legales, las cortes y jueces. Es inimaginable una expansión del capitalismo sin que al mismo tiempo los Estados sean centrales para la misma. Entonces, consideramos que era necesario clarificar el rol del Estado en la conformación del capitalismo, y en la reproducción del capital en la era de la globalización. Los tratados internacionales de libre comercio, ya sea el NAFTA o el Mercosur, no son firmados por corporaciones trasnacionales, sino por Estados. Es necesario entender también lo que los Estados hacen en términos de su dependencia –como Estados capitalistas– de la acumulación de capital. Necesitan que el capital se acumule para sostener su legitimidad, y necesitan la acumulación de capital para la recaudación de impuestos. Cuando hay bajo crecimiento, cuando hay desempleo, tienen menos ingresos fiscales. Todo lo que hacen debe ser visto como ubicado en el campo de fuerzas de clases. Existen numerosas presiones sobre los Estados, que surgen desde las asimétricas relaciones que hay entre las clases. Pero necesitamos entender los Estados capitalistas como relativamente autónomos en la conformación del capitalismo. Nosotros incluso vamos tan lejos como para sostener que los Estados son los “autores” de la globalización capitalista, no las víctimas de esta.
IdZ: En su libro hablan de la internacionalización del Estado norteamericano. ¿Cuáles son los rasgos de esta internacionalización?
Una de las cuestiones más difíciles de responder es cómo ocurrió que durante el siglo XX el Estado norteamericano se volvió tan central para la conformación del capitalismo global. El libro trata en gran parte de comprender qué hizo al capitalismo americano y su Estado tan central en la configuración de la economía mundial. Para ello nos remontamos hasta mediados del siglo XIX para observar las particularidades de la economía política y de las relaciones de clases que se desarrollaron en los EE. UU. También tenemos que lidiar con la contingencia histórica. Si Alemania hubiera triunfado en la II Guerra Mundial, el Estado norteamericano no habría sido tan central. Tenemos que vérnoslas con el concepto de la internacionalización del Estado, que la mayoría interpreta como la conformación de instituciones multilaterales como la ONU, la OMC, el BM, el FMI. Esto es engañoso, ya que esas instituciones son conformadas por los Estados nacionales de los que dependen. No tenemos un Estado trasnacional. Pero hay ciertos Estados, en particular el Estado norteamericano, que a través de la historia tomaron responsabilidad de hacer lo que un Estado trasnacional –si lo hubiera– necesitaría hacer para la reproducción del capital trasnacional. Hasta cierto punto Gran Bretaña jugó este rol en el Siglo XIX, pero de una forma mucho más limitada. No se trataba solo del imperialismo británico –aunque sin duda era un elemento presente– imponiendo el colonialismo y los intereses de la corona alrededor del mundo. Con el patrón oro y el rol central de Londres en los movimientos de capital en el siglo XIX, Gran Bretaña jugó un rol central para todos los Estados capitalistas.
De forma similar el Estado norteamericano, durante el siglo XX hasta hoy, adoptó una responsabilidad hacia otros Estados, y desarrolló una capacidad, a través de ciertas instituciones, de ser responsable para supervisar los movimientos libres de capital, la extensión del libre comercio, la protección de la propiedad de otras clases capitalistas además de la norteamericana. Cuando EE. UU. interviene en un país latinoamericano para proteger a una determinada clase capitalista de la amenaza de una revolución socialista, no lo hace en primer lugar para salvar a sus corporaciones norteamericanas. Tiene una responsabilidad general que otras clases capitalistas en todo el mundo esperan que cumpla en proteger la clase capitalista mundial. Para dar un claro ejemplo actual: el banco central norteamericano, la Reserva Federal, no actuó durante la crisis reciente solamente para contener la crisis en los EE. UU. Se comportó como un banco central mundial, prestando dinero a los bancos desde que comenzó la crisis en 2007, proveyendo dólares a bancos extranjeros tanto como locales. Después la Fed ingresó en lo que se conoce como swaps [canjes de reservas], con bancos centrales de otros países, asegurándoles dólares que estos podían usar para respaldar a sus bancos.
No lo hacen por bondad, sino por los alcances de la integración capitalista. Si por ejemplo un banco francés colapsa, esto tiene un efecto en Wall Street. El banco central de los EE. UU. es consciente de la necesidad de contener la crisis en general. En contraste, el banco central de Alemania, así como el Banco Central Europeo (BCE), no ha jugado este rol, lo que generó fuertes molestias en EE. UU.
IdZ: Otro punto que destaca el libro es el alcance de la reestructuración de la economía norteamericana entre 1983-99. ¿Por qué es importante para la base material del dominio de EE. UU.?
Va de suyo que el Estado norteamericano solo puede jugar un rol preponderante en la medida en que el capitalismo norteamericano mantiene su fortaleza. Hay una idea muy extendida sobre su declinación, desde los años ‘70, que es engañosa. La formidable reestructuración de las últimas décadas restableció la rentabilidad del capital americano en el territorio nacional, y permitió un gran crecimiento de las exportaciones. EE. UU. fue líder en crecimiento de sus exportaciones respecto de las economías capitalistas desarrolladas. El balance de pagos se deterioró solo porque las importaciones crecieron aún más, porque EE. UU. se convirtió en el consumidor en última instancia para la economía global. La reestructuración del capitalismo norteamericano se debe en parte a la revolución tecnológica, con centro en las industrias de la información y la comunicación, localizada en los EE. UU., así como en la biotecnología y la ciencia de alta tecnología.
Incluso la vieja industria manufacturera, aunque emplea ciertamente mucha menos gente debido a la introducción de nueva tecnología, en gran medida se reestructuró relocalizándose dentro de los EE. UU. Además de que, en parte a través de la desindicalización y de la introducción de métodos just in time, se ha vuelto también mucho más productiva y más competitiva.
Algo que se ha pasado por alto es que buena parte de la reestructuración global de la vieja industria ocurrió dentro de los EE. UU., producto de la relocalización de inversiones que vinieron del extranjero. Por ejemplo en la industria automotriz, donde hay capital japonés y alemán. En tiempos recientes, en la industria alimenticia estamos viendo nada menos que multinacionales… ¡brasileñas! No se trata solo de lo ocurrido en 1982-1999. Continuó durante la última década y se mantiene aún después de la crisis. Esto no significa que la economía norteamericana no tenga problemas. Pero se observa una firmeza en la rentabilidad del capital, al contrario de lo que ocurre con los salarios de la clase obrera norteamericana. Y esto tiene que ver con que una de las razones principales del éxito de la reestructuración del capitalismo norteamericano es la manera en la que derrotó a la clase trabajadora. Durante los años ‘60, los intentos de restablecer la rentabilidad introduciendo mejoras en la productividad se toparon con la resistencia de la clase trabajadora; desde los años ‘80 quebraron esa resistencia y lograron un amplio margen de maniobra para avanzar en la reestructuración.
IdZ: Perry Anderson escribe en “Imperium” [New Left Review 83], que con la emergencia de China como un poder económico “no solo más dinámico sino pronto comparable en magnitud”, “la lógica de largo plazo de la gran estrategia norteamericana se ve amenazada de volverse contra sí misma”. El imperio norteamericano se vuelve “desarticulado del orden que procuraba extender. La primacía norteamericana no es ya el corolario de la civilización del capital”. ¿Que pensás de estas reflexiones de Anderson?
Es realmente asombroso que Perry Anderson no muestre ningún concepto sobre la internacionalización del Estado, en el sentido en que lo definimos en nuestro libro. Su revisión de la literatura es básicamente del mainstream sobre política exterior de los EE. UU. Las conclusiones a las que llega lo reflejan. Su afirmación de que la emergencia de China como una economía más dinámica es bizarra. La economía China se ha vuelto una potencia económica primeramente integrándose en las redes de producción global como proveedor de trabajo relativamente barato. En formas muy eficientes por supuesto, pero no hay evidencia en casi ninguna arena de que los capitales chinos lideren en términos de tecnología, en relación a las economías capitalistas avanzadas. Pero más allá de esto, el capitalismo no es un juego de suma cero. Solo el pensamiento estrecho de las teorías realistas de las relaciones internacionales mira el mundo en términos de “este Estado se fortalece, y por lo tanto este otro se debilita”. Si tenemos una comprensión dialéctica podemos comprender que justamente no se trata de este juego de suma cero. Y podemos ver que lo que pasó es que China se desarrolló de forma integrada con el capitalismo occidental, de una forma que no ha debilitado al capitalismo norteamericano, sino que lo ha fortalecido.
IdZ: En La conformación... definen a la gobernanza global que lleva a cabo EE. UU. como un imperio informal. Está fuera de duda que el Estado norteamericano cumple un rol central para la reproducción del capital global, aceptado por otros Estados. Pero al definirlo como un imperio informal, ¿no corren el riesgo de subestimar los esfuerzos que los EE. UU. deben aplicar para convencer, negociar e incluso ceder a otros Estados para alcanzar sus objetivos? ¿No sería más ajustado caracterizar que existe una alianza inestable entre Estados, basada en sus respectivos cálculos de intereses?
Utilizamos el término “imperio informal” a falta de uno mejor. Lo noción involucra la existencia de un dominio político ampliado. La fuerza imperial tiene responsabilidad en sostener la ley y el orden, en la reproducción de las estructuras de clase, en el sostenimiento de la economía, más allá de sus fronteras. Y en ese sentido sostenemos que el imperio americano lo es en el sentido de que tiene responsabilidades no solo en la reproducción de su propio orden social, sino del capitalismo de forma más general.
Sin embargo, sostenemos de forma explícita que es necesario entenderlo de forma dialéctica. El mundo está hecho de Estados soberanos, que los EE. UU. promovieron con la descolonización. Teníamos el concepto de imperialismo para dar cuenta de las intervenciones militares de los norteamericanos –en Latinoamérica, Asia, etc.–. Pero no teníamos un concepto para dar cuenta del rol cotidiano que juegan las instituciones del Estado norteamericano en la integración de los Estados soberanos para asegurar la operación del capitalismo global.
Por supuesto, el Estado norteamericano no puede sencillamente dar órdenes a los demás Estados. Debe convencer, negociar, tanto con los otros grandes Estados como con los pequeños, ya que son Estados soberanos. Pero cuando se establece un patrón, los mecanismos mediante los cuales ocurre la integración se parecen más al tipo de negociación que ocurre entre dependencias dentro de un Estado. No siempre están de acuerdo, tienen muchas veces diferentes orientaciones de política, dependen de la relación con distintas clases o fracciones de clase, etc. Pero podemos observar en el tiempo que existe un mecanismo para desarrollar una unidad sobre la base de una determinada jerarquía de ciertos aparatos estatales sobre otros. De modo similar, la negociación, el convencimiento que ocurre en el terreno interestatal, en el caso del imperio americano produjo los mecanismos que estudiamos en el libro detenidamente, para asegurar relaciones estables e institucionalizarlas.
Entiendo las prevenciones, pero no puedo pensar en un concepto mejor que “imperio informal”. Informal capta la diferencia con los viejos imperialismos coloniales, e imperio capta no solo la formidable asimetría de poder, sino también la diferente responsabilidad la diferente capacidad, de las instituciones estatales norteamericanas. En el largo plazo, por supuesto que los imperios pueden derrumbarse. Nadie sabe que podría pasar en esa escala temporal. Si la clase capitalista que emergió del Partido Comunista Chino, resultara ser una burguesía nacional en el sentido histórico del término, con ambiciones de acumular no solo a nivel mundial sino de concentrar capital en el territorio chino, o en Asia, podría favorecer un imperialismo chino, que podría desafiar al imperio americano. Hasta el momento no parece que vaya a ocurrir. En la actualidad hay más capital chino dirigido a Europa Occidental y América del Norte que el que llega a China. Están invirtiendo tanto en bienes raíces como en múltiples industrias. Existe una muy real integración en ese sentido.
Lo que hay que señalar es que es mucho más difícil, para el imperio norteamericano, como imperio informal, integrar a China, o integrar a Brasil, que lo que fue integrar Europa Occidental. En primer lugar, después de la II Guerra Mundial los países de Europa Occidental, y Japón, eran dependientes del apoyo militar y de inteligencia norteamericano. Respecto de China es por el contrario un motivo de fricción. Segundo, hay motivos culturales, de lenguaje, historia, religión… Por todas estas razones es más difícil integrar las nuevas potencias capitalistas del Sur global. El siglo XXI va a expresar las tensiones de cómo se desarrolla esto. Si miramos las dificultades para firmar nuevos acuerdos comerciales, ¿por qué surgen? Lula, por ejemplo, reclamaba más integración, no menos. Exigía la apertura de los mercados agroalimentarios de la UE y EE. UU. a las exportaciones de las economías emergentes. El Estado de Brasil promueve a sus corporaciones multinacionales, no solo en América Latina. En África, y también en los EE. UU.
IdZ: En su libro dicen que un elemento fundamental para comprender las condiciones que dieron lugar a la primer crisis capitalista global del siglo XXI es lo que ocurrió con las clases trabajadoras desde la crisis de los años ‘70. Una tendencia que no se revirtió sino que se profundizó desde la crisis. ¿Qué implicancias tiene esto a tu entender para las perspectivas de la economía de EE. UU. y del capitalismo global?
Creo que esto es lo más importante para los cientistas sociales críticos. Los conflictos significativos no son los que se producen entre los Estados, sino dentro de los Estados. La razón central de la fortaleza del capitalismo, incluso frente a la crisis actual, que es la persistente debilidad de la clase trabajadora. Es increíble que el único lugar donde se haya producido un quiebre, como resultado de la crisis, con el fortalecimiento de fuerzas socialistas, sea Grecia, un país pequeño en la periferia de Europa.
Por supuesto, continúa la lucha de clases. Hay huelgas masivas en China, no integradas, mayormente locales. En ese sentido no lo que Marx llamaba lucha de clases –en el Manifiesto comunista reservaba el término lucha de clases para las que se elevaban por encima de los conflictos locales, hasta el nivel nacional–. Así que hay conflictos obreros en China, regionales. ¿Se unificarán? Esperemos que así sea, que el proletariado chino no adopte como meta principal el consumo individual de mercancías como hicieron el proletariado norteamericano o Europeo. Que se unifique de tal manera de pelear por la prestación colectiva de servicios y mercancías, que sea económicamente planificada y controlada públicamente. Pero no es algo que observemos hoy.
También hay luchas en otros lados, en Latinoamérica. Por ejemplo los conflictos en Brasil, que emergieron en conflictos en Porto Alegre, y se expresaron en medio del mundial. Pero creo que la premisa de la pregunta es correcta. En cierta medida puede decirse que esta crisis no lo ha sido para la clase capitalista, ni para el Estado capitalista, sino para la clase trabajadora. En cierta medida todas las crisis lo son, pero hay una diferencia con las crisis en las que la clase trabajadora desarrolla nuevas formas de organización, se involucra creativamente en nuevas luchas de un modo que altera el balance de fuerzas entre las clases de forma duradera y significativa. Eso no ha ocurrido hasta ahora como producto de esta crisis, en ninguna escala relevante, en la mayor parte del planeta.

Entrevista y traducción: Esteban Mercatante

1. “Las penas pesan en el corazón”, Le Monde Diplomatique 183, edición Cono Sur.
2. Página/12, 27/05/2011.
3. Ver en este número “México: ‘Pienso, luego me desaparecen’”.

viernes, 16 de enero de 2015

Atentados integristas en París. El nefasto papel del terrorismo yihadista y la hipocresía del imperialismo occidental.




El pasado 7 de Enero, dos militantes yihadistas atacaron el semanario francés Charlie Hebdo matando a doce personas (entre periodistas y policías) y causando heridas graves a otras cuatro. Sólo dos días más tarde un tercer yihadista asesinaba, también en París, a una policía y secuestraba a varios rehenes en un supermercado judío matando a cuatro de ellos. Estas acciones criminales, a las que nadie que se considere de izquierdas puede encontrar la más mínima justificación, han desatado una oleada de indignación entre el pueblo de Francia que se ha movilizado masivamente en repudio de estos crueles atentados.
Al mismo tiempo, la acción de estos terroristas fanáticos ha permitido a los gobiernos occidentales que aplican una furiosa política de recortes sociales, que atacan cotidianamente los derechos y libertades democráticas, y que son responsables de las intervenciones imperialistas contra el pueblo árabe, correr una cortina de humo para ocultar su política y salir a la palestra en “defensa de la libertad de expresión”. Una vez, más el nefasto papel del terrorismo queda al descubierto.

Las lecciones del 11S

Asesinar periodistas, degollar rehenes, atentar contra las torres gemelas (el 11-S) o colocar bombas en trenes matando a decenas de inocentes (tal como ocurrió el 11M de 2004 en Madrid) jamás ayudarán a la causa del pueblo árabe, no debilitarán al imperialismo occidental, ni impedirán las intervenciones de los ejércitos de Francia, de EEUU o de Gran Bretaña en Siria, Afganistán, Iraq, Libia… Por supuesto, no favorecerán en absoluto a los millones de emigrantes árabes y musulmanes que viven en Francia y en el resto de Europa y EEUU, muchas veces en situaciones de marginación y carentes de los más mínimos derechos sociales y laborales. Al contrario, estas acciones servirán para justificar, en nombre de la seguridad y la lucha contra el terrorismo, el aumento de las medidas represivas y el recorte de todo tipo de derechos; funcionarán de elemento catalizador para el discurso racista y xenófobo de la extrema derecha, creando una coartada ante la opinión pública para las incursiones imperialistas en el mundo árabe tal como ocurrió después de los atentados del 11S en EEUU.
En unos momentos donde los ataques a la clase obrera europea se intensifican, la burguesía utilizará estos atentados para desviar la atención y frenar la creciente movilización de los trabajadores con el argumento de la “unidad nacional”. En la gran manifestación del 11 de enero en París pudimos ver a individuos como Netanyahu (el responsable de la muerte de más de 2.000 civiles palestinos, la mayoría niños, en los ataques del ejército israelí durante la invasión de Gaza del pasado verano), paseando del brazo con Rajoy, Samaras, Merkel y Hollande…¿Qué mejor prueba de que el terrorismo integrista (en muchas ocasiones alentado y armado por el propio imperialismo) le hace el juego a los capitalistas y reaccionarios de occidente?

Hipocresía sin límites

La crueldad de estos asesinatos no puede ocultar la hipocresía con que actúan los gobiernos imperialistas y sus voceros mediáticos. Hablan de libertad de expresión, democracia y los valores occidentales pero obvian a su vez que mantienen excelentes relaciones y hacen grandes negocios con monarquías feudales como Arabia Saudí, Kuwait o Catar, regímenes tiránicos y opresivos que permiten que las mujeres sean condenadas a una situación de casi esclavitud, y que alientan concepciones religiosas similares a las empleadas por los grupos yihadistas a los que además apoyan de forma abierta. En nombre de esos supuestos valores “occidentales” hemos asistido en las últimas década a toda una serie de intervenciones militares del imperialismo que han devastado países como Afganistán, Iraq o Libia, hasta reducirlos a un estado de completa barbarie; con armas fabricadas en EEUU, en Francia, en Gran Bretaña o en el Estado español se han asesinado a cientos de miles de personas, creando las condiciones para que el integrismo islámico se hiciera fuerte en zonas donde nunca había tenido ninguna clase de presencia (los mismos casos de Iraq o Libia por ejemplo).
Tampoco se ha dado ningún tipo de solución al pueblo palestino, al que se le siguen negando de forma sistemática sus derechos básicos como nación, al tiempo que se apoya incondicionalmente los ataques militares que de forma criminal el Estado sionista comete de forma periódica sobre la Franja de Gaza y se mira hacia otro lado ante la política de colonización y desmembramiento que aplica sobre Cisjordania.
El imperialismo siempre ha utilizado al integrismo islámico como ariete contra los movimientos de izquierda, de clase, o incluso contra el nacionalismo progresista, surgidos en el mundo árabe y que pudieran representar una amenaza contra sus intereses. Desde el Egipto de Nasser, hasta la “guerra santa” contra las fuerzas soviéticas en Afganistán, pasando por el conflicto en Líbano, en Iraq, y más recientemente en Libia y en Siria, los imperialistas han armado, entrenado y financiado a muchas de las organizaciones integristas (Al Qaeda o el Estado Islámico) que hoy vuelven sus armas contra ellos. Esta es la cosecha caótica que se ha recogido de las intervenciones imperialistas, que no buscaban llevar la libertad y la democracia a estas naciones, sino garantizar su saqueo y el control de su petróleo para mayor beneficio de las multinacionales occidentales
Los marxistas nos oponemos firmemente a cualquier forma de terrorismo individual, métodos que lejos de hacer avanzar las luchas de la clase trabajadora y de los pueblos oprimidos sólo consiguen debilitarlas, suministrando a la burguesía y al imperialismo excusas para reforzar su propaganda y sus métodos de represión. Lejos de ser un medio revolucionario, el terrorismo individual fortalece la contrarrevolución. Para el marxismo la única forma de lucha que permite a los explotados y oprimidos avanzar es aquella que se basa en la movilización consciente y organizada de las masas de la clase obrera, con un programa socialista e internacionalista.

Santiago Freire

Coca Cola hasta la muerte




Cada año aumentan los casos de personas que mueren por los malos hábitos alimenticios, que incluyen el consumo excesivo de la Coca Cola y demás bebidas gaseosas, siendo una enfermedad predominante a escala global que no discrimina la edad, el peso y la adicción conllevada por los hipnotizados consumidores, quienes nunca se cansan de comprar e ingerir diariamente los nocivos refrescos en la calle, en el hogar y en la oficina.
Ya todos sabemos que beber una Coca Cola, produce graves alteraciones en el funcionamiento del cuerpo humano, que van mucho más allá de las 10 cucharaditas de azúcar que contiene un vaso de la mencionada bebida estadounidense. Recordemos que la presencia activa de ingredientes tóxicos en la Coca Cola, abarcan al ácido fosfórico, al color caramelo, a la cafeína y al agua carbonatada. Todos esos compuestos químicos producen desmineralización ósea que debilita los huesos y pudre el esmalte dental, disminuyen la absorción de hierro, agudizan los problemas gastrointestinales, aumentan los niveles de insulina en el torrente sanguíneo, incrementan la presión arterial, dilatan las pupilas, y producen cuadros de ansiedad, nerviosismo e hiperactividad en los consumidores.
Por desgracia, los alegres consumidores de la Coca Cola terminan convirtiéndose en enfermos pacientes que son proclives a sufrir obesidad, depresión, anemia, diabetes, osteoporosis, taquicardia, acidez estomacal, insomnio y dolores de cabeza. Nuestro organismo NO puede defenderse ante los efectos secundarios de ingerir las bebidas gaseosas, siendo inevitable la inflamación del hígado, de los riñones, del páncreas y finalmente el fulminante ataque al corazón. Sin embargo, los peligros de las bebidas gaseosas para la salud de las personas, superan la receta original que envuelve a la Coca Cola, pues el resto de los engendros comerciales de la mencionada transnacional, también se encargan de destruir la paz del cuerpo humano.
Es consabido que entre la Coca Cola Light y la Coca Cola Zero se utilizan una serie de sustancias químicas inestables y potencialmente cancerígenas, como el aspartamo, el ciclamato sódico, el acesulfame de potasio, el ácido ortofosfórico, el benzoato de sodio, la fenilalanina y el metanol, que malogran de forma permanente el sistema cardiovascular, acrecientan el daño cerebral y pueden provocar tumores pulmonares, pérdida de la memoria, confusión mental, reducción de la fertilidad, ceguera temporal, flatulencia, migraña y cirrosis. De hecho, por culpa de todos esos ingredientes mezclados en la Coca Cola, las personas corren el riesgo de desarrollar enfermedades degenerativas desde edades tempranas, como el Alzheimer o el Párkinson.
En tiempos recientes, la Coca Cola manipula las bondades de la Naturaleza para impulsar las ventas de su Coca Cola Life, que dice ser 100% natural por utilizar la planta Stevia rebaudiana, siendo el edulcorante predilecto para seguir engañando a los consumidores, quienes no saben que el refresco cuenta con otros endulzantes, como el jarabe de maíz transgénico y del eritritol, que aumentan los niveles de glucosa en la sangre, y son muy perjudiciales para la salud de los diabéticos y de los pacientes con triglicéridos altos. Ambos compuestos pueden fermentarse al ser combinados, por lo que la Coca Cola decidió agregarle más estabilizadores artificiales, en aras de evitar una amarga reacción química que afecte la compra de la bebida. La cantidad de Stevia en la Coca Cola Life, ni siquiera llega al 15% de la composición total del refresco, por lo que es una completa irresponsabilidad que sea vendida como una sana opción dietética para cuidar el cuerpo.
Hasta la fecha, todas las bebidas elaboradas por la transnacional Coca Cola, son recomendadas para usarlas en complejos automotores, metalúrgicos y agroquímicos. Además, los refrescos de Coca Cola sirven como agresivos detergentes para quitar las manchas de la ropa, para limpiar el motor de los carros, para eliminar la plaga de los pastizales, para desinfectar las salas sanitarias, para remover el óxido de las joyas, para fabricar aparatos explosivos caseros, para pulir los espejos y desaceitar los terminales de las baterías de los vehículos, para remover la grasa de las pailas o el sucio de las alfombras, y para aflojar los viejos tornillos y clavos en tareas domésticas.
Ya existen casos verídicos de personas que perdieron el milagro fortuito de la vida, por la continua ingesta de litros y más litros de Coca Cola. Es un secreto a voces que la multinacional estadounidense intenta silenciar con desesperación, practicando la clásica desinformación masiva que oculta el trágico destino de los consumidores. Tenemos las historias de Natasha Harris en Nueva Zelanda o de Paul Inman en Reino Unido, que son parte de una escalofriante tendencia a escala mundial. Los exámenes forenses revelaron que la causa principal del fallecimiento de ambos ciudadanos, fue debido al abuso de beber Coca Cola por tiempo prolongado, lo que generó la arritmia cardíaca, los espasmos musculares y la hinchazón de los pulmones.
Queda claro que las bebidas carbonatadas son una maldición para la salud de la Humanidad, y lo peor, es que la industria farmacéutica internacional trabaja en mancomunidad con las transnacionales, para lucrarse de billetes jugando con la enfermedad ajena. Mientras la gente beba más Coca Cola, habrán más pacientes diabéticos, obesos e infartados, por lo que habrá mayor demanda de medicamentos, que a su vez, garantizan mayores ingresos económicos para las clínicas privadas, los centros hospitalarios y sus codiciosos doctores.
Vemos que el gran negocio de Coca Cola es enfermar a los consumidores, y se aprovechan de un constante bombardeo publicitario en la TV, para que los individuos sigan ciegos, sordos y mudos ante la terrible realidad manifiesta. No dejan que las personas piensen, cuestionen o rechacen la compra de sus productos, por lo que terminan esclavizados a beber el insaciable manantial de azufre. Es notorio que los consumidores de la Coca Cola son dominados con vehemencia por la empresa, pudiendo ser un síntoma del comportamiento autodestructivo que visualizan muchos de sus fanáticos, al tener que enfrentar los problemas devenidos en la vida diaria.
Ante la duda, el equipo de Ekologia.com.ve encabezado por el periodista Carlos Fermín, decidió salir a las calles de Caracas y recoger la opinión de 500 venezolanos, que participaron en una Encuesta Analítica de Respuesta Abierta, para recopilar datos mediante un conjunto de preguntas, que evaluarán las apreciaciones de los encuestados y serán interpretados por el investigador. La intención era que las personas respondieran de viva voz a las tres grandes interrogantes relacionadas directamente con la ingesta de la Coca Cola, y así entender los motivos que justifican su alto consumo por la ciudadanía. Si bien la consulta se hizo en la capital venezolana, estamos seguros que los testimonios engloban la realidad provista en el resto de las naciones latinoamericanas, ya que América Latina es la subregión con mayor consumo de Coca Cola a nivel mundial, lo que permite extrapolar las respuestas de los consumidores venezolanos fuera de nuestras fronteras.
La primera pregunta fue ¿Qué prefieres beber, un vaso de agua o una Coca Cola? El 80% de las respuestas fueron a favor de la Coca Cola, pues los encuestados dijeron que tiene mejor sabor que el agua, que es más refrescante en época de calor y que siempre estaba de moda. Allí se evidencia la alienación mediática y la presión social que genera el marketing de Coca Cola para mantener enganchados a los consumidores. Un 15% de los encuestados, reconocieron que el agua era mucho más saludable que el refresco, pero afirmaron que no tenían la fuerza de voluntad para dejar de consumir las gaseosas, demostrando la consecuente adicción psicológica que crean esos productos en la mente colectiva. Tan sólo el 5% de las personas, aceptaron beber más agua que Coca-Cola, ya que por sus propias experiencias aprendieron a distinguir entre lo beneficioso del agua y lo perjudicial de los refrescos.
Una vez obtenida la respuesta de los encuestados, dimos paso a la segunda pregunta que fue la siguiente ¿Cree usted que la Coca Cola pone en riesgo su salud? Para nuestra sorpresa, el 70% de los encuestados dijeron no estar informados de los peligros que acarrea la ingesta de la Coca Cola a corto y a largo plazo, por lo que el refresco no representaba ninguna amenaza para el bienestar de su organismo. Allí se aprecia la clásica ignorancia de los consumidores y el conformismo de beber a ciegas el mencionado refresco, sin conocer la toxicidad de los ingredientes que lo componen. En paralelo, un 20% de los individuos argumentaron que aunque bebían a diario Coca Cola, se sentían muy sanos para cumplir a cabalidad con las actividades diarias, reflejando la aparente inocuidad del producto. Mientras que un 10% de los encuestados evitaron responder la interrogante, huyendo con prisa del lugar o quedándose en absoluto silencio.
La tercera pregunta fue ¿Cómo sería tu vida si no existiera la Coca Cola? Vimos que el 75% de los encuestados, se mostraron incrédulos ante la última interrogante formulada. Con muecas en sus rostros, risas nerviosas y la mirada perdida en el cielo, las personas dijeron frases como “¡WOW! creo que me moriría”, “no lo sé amigo” y “sería todo un desastre”. En cambio, un 20% afirmó que sus vidas no cambiarían en nada, porque seguirían teniendo otras bebidas carbonatadas a su disposición para calmar la sed, como la Pepsi-Cola o la Big-Cola, lo que expresa la falta de pensamiento crítico en las decisiones que toman los consumidores. Y apenas el 5% de los encuestados, admitieron que sin la ingesta de la Coca Cola, podrían llevar una vida más saludable y acabar con la viciosa dependencia que generan los refrescos.
Tras analizar los resultados de la encuesta, pudimos comprobar que la magna artillería comercial de la transnacional Coca-Cola, viene destruyendo el discernimiento de los consumidores y la capacidad reflexiva de la Sociedad Moderna. Es insólito apreciar el grado de pasividad y complicidad de la gente, cuando se pone en tela de juicio las supuestas ventajas para la salud que conlleva la ingesta de la Coca Cola. La mayoría de los encuestados demostraron un claro desconocimiento sobre la peligrosidad de las bebidas gaseosas, porque jamás leen la etiqueta que se halla al dorso de los envases, lo cual agudiza la terquedad, la omisión y la costumbre de seguir atados en el abismo de los refrescos, sin tener la menor idea de lo que están ingiriendo.
Una gran cantidad de personas, evita a toda costa el debate, la discusión y el choque de argumentos que con facilidad demuestran el veneno líquido que esconden las burbujeantes bebidas carbonatadas. Para la gente, tomarse una Coca Cola es la cosa más normal del Mundo. Es una necesidad, un derecho y un deber. De generación en generación, se repiten los mismos patrones de consumo, y a medida que aumenta la población mundial, se agrandan las enfermedades heredadas por la continua ingesta de la corrosiva droga. No hay duda que beber una Coca Cola es un suicidio asistido, que se fragua lentamente desde la infancia y que cuando llegamos a la etapa de la adultez, nuestro cuerpo empieza a sentirlo con mayor fuerza por la exagerada acumulación de latas, botellas y chapitas que habitan en su interior.
El problema se agudiza debido a la carencia de una oportuna Educación Ambiental en el seno de las comunidades, que no entienden las consecuencias negativas de ingerir raticidas diluidos. Un inconveniente latente se sitúa en los comedores y cantinas escolares, donde los muchachos tienen libre acceso a los refrescos que deterioran su sano crecimiento. Es común que los padres no tengan tiempo suficiente para preocuparse por la correcta alimentación de sus hijos, y prefieran darles dinero que será malgastado en bebidas carbonatadas, golosinas y frituras. Allí nace la adicción a la mortífera Coca Cola, a la comida chatarra y a las gomas de mascar, que después se va estimulando en las casas de familia, en los cafetines universitarios, en los estadios deportivos, en los centros comerciales y demás lugares públicos.
Es por tanta apatía de los consumidores, que Coca Cola volvió a distribuir en el año 2014 una terrible bebida energética llamada “Surge”, que había sido prohibida en gran parte de las escuelas norteamericanas durante la década de los noventa, debido a la desmedida cantidad de cafeína y azúcar que tenía en su composición, lo cual era muy desfavorable para la salud integral de los infantes. Bastó que un grupo de entusiastas a la perversa bebida, solicitaran públicamente el regreso del refresco mediante la red social Facebook, para que la codicia olfateada por el omnipresente Tío Sam, no dudara en ponerlo de vuelta en el mercado a través del portal de Amazon, sin importarle en absoluto los daños que ocasionó en el pasado, y demostrando que no siente respeto por la integridad física de sus propios clientes.
De igual manera, Coca Cola presentó su nueva leche de alta gama y sin lactosa llamada “Fairlife”, que según la transnacional ostenta más proteína, menos azúcar y mejor sabor. Su nuevo experimento de laboratorio pretende conquistar el desayuno de nuestras familias, lo cual seguirá aniquilando la salud de la gente, gracias a las sexistas campañas publicitarias, a los orquestados engaños nutricionales y a una indiferente sociedad civil que nunca abre los ojos de la verdad. No olvidemos que la Coca Cola se vio forzada a retirar el aceite vegetal bromado en sus famosas bebidas, siendo un producto químico usado para retardar las llamas del fuego, y que en los Seres Humanos es capaz de bioacumularse en los tejidos del organismo, e incluso, puede ser transferido de madre a hijo por medio de la leche materna.
Es una lástima que muchísimos hermanos latinoamericanos, no puedan salir del callejón provisto por la Coca Cola, y dar paso a un estilo de vida saludable lleno de jugos naturales, ensaladas frescas y recetas veganas. Es como si fuera una adicción a lo feo, a lo dañino, a lo que castiga al cuerpo, a lo que crea culpa y a lo que nos deja inmersos en una asfixiante pesadilla. Tal parece que la mayoría de los consumidores del orbe, beberán Coca Cola hasta que la muerte los separe. La eterna inconciencia de la gente es rentabilizada por la astuta conciencia de las transnacionales. A lo largo del artículo, se comprobó el efecto colateral que las bebidas gaseosas producen en el organismo. Si queremos vivir para ver la luz del Sol, habrá que dejar la oscuridad en el fondo de la botella.

Carlos Fermín