A raíz de una petición del gobierno de Delcy Rodríguez, efectivos de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) se encuentran en Venezuela desde fines de junio para colaborar en las tareas de reconstrucción tras el terremoto que dejó más de 3 mil muertos en la nación caribeña.
El hecho no es políticamente inocente. Desde 2009, las relaciones entre Venezuela e Israel están rotas, debido a la ofensiva de aquel año contra la Franja de Gaza. El arribo de la delegación de las FDI (con una treintena de integrantes, según algunos medios) sienta las bases para avanzar en un restablecimiento de los vínculos entre Caracas y el Estado sionista.
La invasión norteamericana del mes de enero (que derrocó a Nicolás Maduro) dio paso a un control casi directo del país por parte de la Casa Blanca. El gobierno de Rodríguez reformó las leyes de hidrocarburos y minería para facilitar la entrega de estos recursos al capital extranjero. El dinero del petróleo que Estados Unidos compró a Venezuela en enero fue a parar a una cuenta bancaria supervisada por Washington. Venezuela alberga las mayores reservas de crudo del mundo y Trump las quiere bajo su órbita.
El terremoto se transformó en una oportunidad adicional de los Estados Unidos para ampliar su dominio en la zona. Se estima que son casi mil los militares yanquis presentes en Venezuela. Y, en este contexto, no es extraño que uno de los principales socios del imperialismo, como es Israel, pise también el terreno.
En estas horas críticas para el pueblo venezolano, rechazamos las manipulaciones políticas del imperialismo y el sionismo.
Prensa Obrera


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