jueves, 31 de diciembre de 2015

Murga, trabajadores y lucha: El ejemplo de los “Diablos Verdes”.




Dado el contexto de fiestas y celebraciones en que nos encontramos, donde la familia se reúne para compartir y terminar un cansador año, es pertinente que recordemos otros momentos de reunión y celebración. El carnaval latinoamericano, arraigado y esparcido por nuestras tierras, es una celebración pagana que se apodera de los espíritus y corazones de los pueblos, en una manifestación colectiva de barrios, poblados y ciudades.

Cuando hablamos de carnaval, hablamos de un rito que está basado en principios de libertad e igualdad. Una fiesta donde las clases y los roles se invierten y se mezclan, hasta eliminarse. Una celebración de la vida generalizada, presente en todo lugar y en todo momento.
Si nos centramos en un contexto sudamericano, nos daremos cuenta que en todo el continente se celebra esta fiesta. Entre febrero y principios de marzo la mayoría de los países de Sudamérica poseen una tradición carnavalera. Carnavales en la playa, en la ciudad, en el campo, incluso en la selva.
El país que posee el carnaval más duradero del mundo es Uruguay, esta fiesta, que tiene su epicentro en Montevideo, dura 41 días. A esta instancia son convocadas una gran variedad de organizaciones artísticas: comparsas de negros y lubolos, humoristas, parodistas, revistas y murgas. La mayoría portadora de una tradición inserta en los distintos barrios de Montevideo.
Es en uno de estos barrios donde se desarrolló una de las murgas más importantes del carnaval montevideano. El barrio en cuestión es La Teja, que se caracteriza históricamente por ser un barrio obrero sindicalista. La murga de la que hablamos son Los Diablos Verdes, o como se le conoce popularmente, la murga consecuente. Esta agrupación, compuesta en su formación inicial por jóvenes y niños del barrio, ha tenido una historia de lucha obrera. Siempre apoyando a los trabajadores, haciendo del arte un arma para ser usada contra el opresor.
Esta historia tuvo uno de sus puntos más altos en la huelga general de Montevideo, ocurrida el 27 de junio del año 1973 para manifestar el repudio de los trabajadores al golpe militar recién ocurrido. La reunión tomó lugar en el sindicato del vidrio, organización de la que Antonio Iglesias, dirigente de los Diablos Verdes, era militante. Aquí se reunió la CNT (Convención Nacional de Trabajadores) para ratificar la huelga que duraría 15 días. Dando pie a tomas de lugares de trabajo a lo largo de todo el país. Fue un hecho histórico, una muestra de unidad obrera que los Diablos Verdes, sufriendo censura y prisión para la mayoría de sus miembros durante los 70, siempre defendieron.
Es importante no olvidar estos hechos, pues nos enseñan que ser artista no quiere decir ser espectador. El artista observa la realidad, pero también puede transformarla. No basta con ser un creador, no basta con opinar o criticar la realidad. El verdadero artista es el que se propone cambiarla. Éste es un importante aspecto a reivindicar de los Diablos. Es algo que queremos heredar y potenciar. Que las y los artistas ocupen de una vez por todas el lugar que les corresponde: junto a la clase obrera, dispuestos a librar todas las luchas por venir.

Murga La Conspiración

martes, 29 de diciembre de 2015

Elecciones en el Estado español, ¿corre peligro el Régimen del 78?




La primera información que nos dan los datos de las elecciones legislativas del 20 de diciembre es que en el Estado español se terminó el bipartidismo, entendiendo esto como la alternancia en el gobierno central entre el PP y el PSOE.

Pero esto no supone que el PP y el PSOE hayan sido borrados de la política española porque aunque han perdido la importancia política hegemónica que tuvieron todavía conservan entre los dos el 50, 73% de los votos emitidos.
Pero la cuestión central está en que la sangría de votos del PP y del PSOE no supone simplemente que los dos partidos más importantes hasta ahora en el Estado español disminuyan su importancia, la cuestión central es que desde hace años en estos dos partidos descansa el Régimen del 78, el régimen político que elaboró la burguesía española en la denominada Transición para suceder al francofascismo y legitimar su poder político y económico conquistado en la Guerra Civil española.
Por lo tanto, no estamos hablando simplemente de que el PP haya pasado de perder la mayoría absoluta a la mayoría simple y de que el PSOE no remonte su caída desde que su último gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero pusiera la alfombra azul para que gobernara el PP al empezar la contrarreforma laboral. El PP y el PSOE no son simplemente dos partidos, son el soporte del Régimen del 78.
El PP y el PSOE venían olfateando desde hacía un tiempo, por el clima social de contestación existente, un escenario político donde no gozarían de su hegemonía bipartidista por lo que con consciente previsión ejecutaron el cambio de monarca, Felipe VI por Juan Carlos I, el hijo por el padre, mientras aún dominaban a plenitud el Congreso de los Diputados. Y esto lo hicieron para disminuir la contestación social a la Monarquía española antes de que se convirtiese en un tsunami social que exigiese el fin de la Corona lo que supondría eliminar de un plumazo el Régimen del 78 para entrar en un proceso Constituyente, algo a lo que le tienen pánico el PP y el PSOE.
También preveían un gran descenso de su importancia en estas elecciones por eso a través de las “democráticas” encuestas intentaron canalizar el descontento social a través de Ciudadanos, a quien las encuestas llegaron a situar en la cúspide relegando a Podemos a la cuarta posición. Vistos los datos electorales se puede afirmar que la jugada no les salió nada bien porque Ciudadanos no pudo controlar totalmente en la campaña su inercia ideológica reaccionaria que fue un aviso para navegantes todavía poco duchos en política. Aviso que se reiteró al finalizar el recuento electoral ya que la base social que jaleaba a Albert Rivera repetía el mismo estribillo que los acólitos de Mariano Rajoy entonaban frente a la sede social del PP en la calle Genova, “español, español, español, español”. Normal, son uña y carne.
El gran triunfador en las elecciones ha sido Podemos y sus Aliados. Podemos obtuvo 42 escaños y sus Aliados 27, lo que hace un total de 69 escaños y 5.189.333 votos, el 20,66% de los sufragios emitidos. Esto es, la tercera fuerza electoral a tan solo 341.360 votos de la segunda fuerza política, el PSOE. Si Podemos fue el primero por votos en el País Vasco, aunque con un diputado menos que el PNV, y el segundo en la Comunidad de Madrid, En Comú fue la primera fuerza política en Cataluña con 12 escaños, Compromís fue la segunda en la Comunidad Valenciana con 9 escaños y En Marea fue la segunda fuerza política en Galicia empatando a 6 escaños con el PSdG-PSOE pero superándolo en votos.
Ante estos datos un entusiasmado Pablo Iglesias se presentó ante la prensa afirmando que “se abre un tiempo de compromiso histórico en nuestro país que debe estar marcado por el cambio constitucional”, aunque al poco ya profundizó el giro discursivo al asegurar que estamos viviendo una “nueva Transición”, y se puso a desgranar su “hoja de ruta de cambio constitucional” que consta de seis puntos: 1. Reforma del sistema electoral para que responda a la proporcionalidad; 2. Una “moción de confianza ciudadana” al gobierno para verificar que este ha sido coherente con sus propuestas electorales y si no descabalgarlo del poder; 3. “Blindar los derechos sociales” en la Constitución para que la salud, la educación, la vivienda y los derechos medioambientales sean un bien público salvaguardado por la Carta Magna; 4. “El derecho a decidir” ya que “nuestro país necesita un nuevo encaje territorial (…), un proyecto de unidad que se tiene que fundamentar en la voluntad de las gentes y de los pueblos de España” razón por la cual “defendemos que en Cataluña se lleve a cabo un referéndum”; 5. “Independencia de la justicia” para que nunca más un gobierno haga una utilización política del Tribunal Constitucional y para que los jueces no sean de los partidos políticos; y 6. No a “las puertas giratorias”, para que no haya “nunca más en nuestro país ex presidentes de gobierno y ex ministros en consejos de administración de empresas estratégicas”. A estos seis puntos los denominó Pablo Iglesias los “ejes de la ruta constitucional”.
Ahora lo importante es saber si esta “hoja de ruta” tiene alguna posibilidad de efectivizarse y que escenario político se abriría si, como es de prever, el PP, el PSOE y Ciudadanos se oponen. Para cualquier reforma constitucional hace falta una mayoría en el Congreso de los Diputados que sólo se podría dar con el acuerdo del PP y del PSOE. Si Podemos y sus Aliados se han convertido en la tercera fuerza política están muy lejos de tener la posibilidad de poder hacer algún cambio constitucional. Entonces, ¿Pablo Iglesias llamará a nuevas elecciones o a la movilización social para forzar los cambios?
Nuevas elecciones es un escenario que el PP y el PSOE no quieren contemplar porque sería escenificar que aún teniendo entre los dos la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados no son capaces de gobernar, lo que sería entregarle el poder a Podemos ya que en un escenario así es de prever que Podemos subiría en votos de manera fulgurante ya que se vería entre los sectores populares como el partido del cambio. El PP y el PSOE están obligados a entenderse por la sencilla razón de que son partidos políticos que dependen totalmente de la clase social dominante, la alta burguesía española. No es casual que el Alto Estado Mayor de esta gran burguesía, el Consejo Empresarial para la Competitividad, presidido por César Alierta, donde están representadas las empresas españolas más importantes, desde el Banco de Santander a Telefónica pasando por el BBVA, CaixaBank, Iberdrola y El Corte Inglés, entre otras, haya cancelado una reunión pública para los focos prevista para estas fechas.
No quiere decir esto que no estén presionando al PP y al PSOE a que se entiendan, al revés, los estarán presionando y mucho ya que para eso son sus políticos, pero estas presiones quieren que pasen totalmente desapercibidas para los focos mediáticos, que aunque son suyos no podrían evitar filtraciones. PP y PSOE, siendo los partidos de esta alta burguesía, tienen la autonomía política de escenificar los acuerdos. Es más que improbable que se dé una coalición de gobierno PP-PSOE por la sencilla razón que esto les debilitaría de forma notoria ya que es muy probable que el PSOE sufriese en las siguientes elecciones una bajada brutal, bajada que a duras penas está conteniendo Pedro Sánchez. Lo más lógico es pensar que el PSOE, después de una resistencia puramente mediática, permitirá que forme gobierno el PP y se limite a ejercer lo que ellos llaman “una oposición responsable”.

¿Se conformaría el Podemos de Pablo Iglesias con este escenario?

El lenguaje político de Pablo Iglesias giró a la izquierda en la cuestión catalana ya que los datos de las elecciones pasadas en Cataluña le advirtieron que su posición ambigua le costó muchos votos a su marca catalana, giro que va a tener que mantener desde ahora por razones muy obvias, porque sus Aliados son grupos catalanes, gallegos y valencianos, todos ellos sensibles a la cuestión nacional. Pero lo que posiblemente no variará Pablo Iglesias será su desprecio a la movilización social como motor de cambio, recuérdese que en Podemos gustan de decir que son “una máquina electoral”. Claro que, independientemente de la voluntad de Pablo Iglesias, es muy posible que la movilización social se empiece a dar al ver la imposibilidad de los cambios y que Podemos no tenga otra alternativa que cabalgar el tigre. Lo que sí está claro es que el lenguaje político calculadamente ambiguo de Pablo Iglesias no ha variado ni tan siquiera en la cuestión nacional. Así, en vez de hablar del derecho a la autodeterminación de las naciones del Estado español saca la muletilla de “la plurinacionalidad de nuestro país”.
Caramba, que un profesor de políticas confunda “Estado” (la superestructura administrativa y política) con “País” (la nación producto del desarrollo histórico) es mucha confusión. La “plurinacionalidad” de Pablo Iglesias es el nuevo “café para todos” de la Transición, tiempo político que él halaga tanto en las referencias como en el modelo ya que ahora propone una segunda Transición. Está muy bien que los derechos sociales estén reflejados en la Constitución pero su existencia en la letra no quiere decir que sean respetados en la práctica porque ya la Constitución actual dice que los “ciudadanos” tienen derecho al trabajo y a la vivienda y, como se sabe, hay millones de parados y miles de desahucios. La letra es importante como guía pero lo fundamental está en hacer cumplir la letra y para eso un “gobierno del cambio” solo puede apoyarse en la movilización social. Poner la letra y ejecutar los derechos no se puede hacer sin llamar una y otra vez a la lucha social y política a la clase trabajadora, a las mujeres y a la juventud, y esto, me temo, no está ni en el corazón ni en la cabeza de Pablo Iglesias y de su Consejo Ciudadano.
El peligro para el Régimen del 78 no está en las ideas programáticas de Podemos ya que de concretarse estas no sólo no derribarían la sociedad existente sino que la consolidarían dándole más credibilidad ante los ojos de la mayoría social, la clase trabajadora y los sectores populares. El peligro para el Régimen del 78 es que Podemos desencadene el tsunami social que quiere evitar regenerando el capitalismo, de ahí el recelo que tiene la burguesía a las bravuconadas verbales porque el pueblo trabajador las puede terminar moldeando a sus verdaderos intereses.
Estas elecciones han demostrado que un cambio social puja por salir a la superficie y que busca nuevos actores políticos, de ahí que fuerzas antaño combativas por la izquierda como el BNG y EH-Bildu se vean muy castigadas –porque no supieron traer la sociedad alternativa de la que hablaban, sencillamente. UP-IU quedó relegada a la Comunidad de Madrid pero sus 2 diputados y sus 922.638 votos en este enclave estratégico sería un buen comienzo si reforzara sus lazos orgánicos con el movimiento obrero y las mareas sociales, aunque es más probable que en venideras elecciones terminen llegando a un acuerdo con Podemos porque no tienen reales diferencias programáticas y sus votos no son nada despreciables en el cómputo total. Ante los nuevos tiempos políticos la primera orientación que hay que darles a las nuevas generaciones de trabajadoras y trabajadores que el proceso histórico convoca a la lucha es que lo que no conquisten en la lucha no se lo regalarán en el parlamento. Así, hace falta elevar su subjetividad política para que ellas y ellos se vean como lo que verdaderamente son, el futuro de la humanidad.

Antonio Liz
Historiador, Madrid

lunes, 28 de diciembre de 2015

Argentina: La “CEOcracia” en acción




Macri debutó con el duro ajuste que endulzó durante la campaña electoral. Su “sinceramiento” de la economía es la típica transferencia de ingresos a favor de los capitalistas, que tantas veces se aplicó en el país. Pretende achatar los salarios a través de la carestía para incrementar las ganancias de las grandes empresas.
La inflación comenzó a trepar a principios de noviembre y ya encareció significativamente la canasta básica de alimentos. Esta escalada desmintió todos los presagios de estabilidad por incrementos previos de los precios. Los aumentos se dispararon antes y después de la devaluación.
Esta vez los llamados oficiales a la “responsabilidad” de los empresarios asumieron un tono particularmente cínico. Los remarcadores ahora son ministros y los gerentes del sector privado (denominados CEOs) controlan la administración pública. El manejo del país por sus propios dueños se ha corroborado en un debut inflacionario.
La complicidad entre funcionarios y capitalistas ha diluido todas las sugerencias de retrotraer los precios a noviembre. El sistema de “precios cuidados” sólo persiste como una formalidad para disimular la carestía. Ninguna sanción a los responsables de la inflación es evaluada por un gabinete que endiosa al mercado.

EL PROPÓSITO DE LA DEVALUACIÓN

El objetivo del ajuste es provocar una fuerte caída de los salarios durante el verano. De esta forma se licuarían los ingresos populares antes de las paritarias. Para eso maquillan la evolución de los precios con pretextos de baches estadísticos en el INDEC.
La imposición de un gran retraso salarial durante el primer semestre anticipa las podas adicionales que intentará el futuro Pacto Social. Ese convenio fijará metas decrecientes de inflación solventadas por los trabajadores.
Los economistas del establishment aplauden el curso actual, pero subrayan que la “consistencia” del plan depende de la confiscación del salario. Estiman que esa amputación es indispensable para superar el fracaso de la última devaluación (diciembre del 2013).
En esa oportunidad la brusca alteración de la paridad cambiaria se trasladó a precios y salarios, neutralizando las ganancias de exportadores y financistas. Para evitar este resultado los hombres del PRO esperan que la inflación del 2016 (¿40%?) sobrepase ampliamente a los incrementos de sueldos (¿28%?).
Con esa finalidad promueven mayor contracción monetaria y recorte fiscal. Suponen que esas restricciones afectarán el nivel de actividad, ocupación o precariedad laboral y debilitarán la resistencia de los trabajadores.
A diferencia del 2013 la derecha maneja ahora el gobierno y está empeñada en una batalla frontal contra los asalariados. Pero actúa al final de un ciclo de recomposición del empleo, el ingreso y el nivel de organización de los trabajadores. No cuenta con el escenario de colapso que en el 2001permitió una mega-devaluación, sin transferencias a los precios y salarios.
La primera confrontación para imponer el ajuste se dirime en el bono de compensación que reclaman los sindicatos (5000 pesos). Macri rechazó esa petición y sólo otorgó una irrisoria bonificación en la asignación universal (400 pesos). Luego de entregar fortunas a los empresarios desconoce una demanda básica de los asalariados. Afirma que únicamente homologará las sumas negociadas por cada gremio en el sector privado, como si la inflación exceptuara a los empleados públicos.
Mauricio pretende que cada segmento de los trabajadores se arregle por su cuenta. Tiene tan incorporada la ideología burguesa que anuncia sin sonrojarse beneficios generalizados para los capitalistas, mientras exige tratativas segmentadas a los trabajadores.
La misma cosmovisión de niño rico transmitió Prat Gay en su presentación de la devaluación como un acto liberador. Afirmó que “oxigenará la economía”, presuponiendo que los negocios de una pequeña minoría generan bienestar para toda la colectividad. Describió luego la eliminación de “impuestos distorsivos” como un logro de la sociedad, estimando que cualquier obstáculo para los capitalistas constituye una adversidad para el pueblo.
El equipo macrista despliega presentaciones tecnocráticas del ajuste, como si estuvieran determinadas por exigencias naturales de algún dispositivo. Por eso describe los detalles operativos de la devaluación sin mencionar sus nefastas consecuencias sociales.
El PRO intenta trasladar al ámbito económico el marketing despolitizado que utilizó para ganar elecciones. Con ese estilo ya no se lamenta de la devaluación. Al contrario, la difunde como una gran noticia. Mauricio devalúa con buena onda y alegría, mientras sus funcionarios imaginan las sonrisas de los millonarios. Los sufrimientos de los desposeídos no figuran en sus agendas.

LOS GANADORES DEL AJUSTE

El agro-negocio ha sido el principal favorecido por la simultánea decisión de devaluar y reducir las retenciones. Ese sector incrementa sus ganancias inmediatas en un 50-90% y se embolsa 3.700 millones de dólares, que valdrán un 40% más en moneda nacional.
Las compañías cerealeras apostaron a este desenlace demorando durante meses la liquidación de exportaciones. También los grandes propietarios y contratistas agrarios incrementan sus fortunas, con precios internos que ascienden al compás de la rentabilidad externa.
Todos fijan sus cotizaciones comparando con lo obtenido por los exportadores. Por esta razón la carne, la harina, el pollo y las legumbres se disparan al mismo ritmo. La soja arrastra el encarecimiento de los productos que compiten por el uso de la misma tierra.
Ese encadenamiento torna particularmente nefasta la reducción de las retenciones. La disminución de ese impuesto reconecta los precios locales de los alimentos con su cotización internacional y desprotege al consumidor argentino. Los agro-exportadores vuelven a recuperar preeminencia y ya iniciaron su venganza por la resolución 125. La renta que el estado se apropiaba desde el 2002 retorna al campo.
Macri intenta privilegiar al agro resucitando el imaginario liberal de las “ventajas comparativas”. Supone que el país progresará afianzando su perfil de exportador de productos básicos. Pretende incluso actualizar esa inserción internacional convirtiendo al “granero del mundo” en un “supermercado del planeta”.
Pero el subdesarrollo estructural que históricamente generó la performance primarizada de nuestra economía se acentuará vendiendo nutrientes más elaboradas. Ese modelo no crea empleo, desalienta la inversión industrial, acrecienta las inundaciones y expande el deterioro ambiental.
Con la mira puesta en el florecimiento del agro-negocio, Macri abre las puertas a los tratados del libre comercio con Asia, Europa y la Alianza del Pacífico. Ensaya esa posibilidad a partir de una nueva asociación con Brasil.
Pero el ajuste en curso también favorece a los bancos. Obtienen grandes lucros con la intermediación de los créditos negociados para sostener la devaluación. Ganarán fortunas si se concreta el endeudamiento por 20.000 millones de dólares para apuntalar las reservas y controlar la nueva banda cambiaria.
Esos préstamos provienen de bancos extranjeros (Repo), entidades chinas (yuanes convertibles) y financieras argentinas que administran la fuga de capitales (reingreso de dólares sin encajes).
La gran hipoteca en gestación es presentada como un signo de “confianza” en el país. Se repite el relato que siempre utilizaron los banqueros para vaciar a la Argentina. Hasta ahora ninguno de los créditos presenta finalidades productivas. Sólo solventan gastos corrientes y estabilizan la cotización del dólar.
Los bancos se disponen a lucrar, además, con las altísimas tasas de interés (38-40%) que introdujo el gobierno para contener cualquier corrida hacia el dólar. De esta forma resurge la conocida bicicleta de ingresar capitales golondrinas, que retomarán vuelo cuando se agote el casino.
Para recibir un fuerte respaldo inicial de la City, Prat Gay y Stuzzeneger convalidaron también el desfalco de los seguros de cambio que realizó la administración saliente del Banco Central (enormes pagos a una cotización ridícula del dólar). El nuevo equipo negoció límites a la emisión de pesos que exigía ese contrato, pero aseguró a los bancos todos los lucros de la transacción.
Los financistas obtuvieron además un trofeo largamente esperado: la recuperación del Banco Central. Se disponen a retomar el directorio de esa entidad con el insólito disfraz de asegurar su “independencia”. Su próximo negocio será el arreglo con buitres.
Esa intermediación podría incluir compras totales o parciales de los pasivos en litigio, a cambio de comisiones adicionales o atribuciones para gestionar nuevos créditos. Las versiones sobre un préstamo directo del tesoro estadounidense ilustran el interés internacional por una operación, que seguramente incluirá inspecciones del FMI.
El tercer beneficiario del plan es la burguesía industrial exportadora. Obtuvo la reducción de las retenciones y la eliminación de regulaciones que restringían las importaciones de insumos (DJAI). Comenzará a recibir los dólares demorados por esas adquisiciones y negocia un bono para zanjar las compras impagas y las utilidades no giradas al exterior.
La principal promesa para ese sector es la implementación de una política estatal anti-obrera, que el macrismo disfraza con llamados al “orden, la productividad y la disciplina” laboral. El nuevo gobierno de “CEOcratas” incluye numerosos expertos en incrementar los ritmos de trabajo, organizar despidos y perseguir activistas. Los gerentes de recursos humanos ahora comandan las oficinas gubernamentales y el nombramiento de un ministro con apellido Triacca es un símbolo de lo que se viene.
También las empresas contratistas de servicios públicos recibirán su tajada. Los tarifazos se preparan con la declaración de la emergencia energética y la emisión mensual de facturas. Esos incrementos apuntan a recomponer la caja de las compañías. Ganaron fortunas con las privatizaciones y preservaron sus contratos durante la última década de subsidio estatal.
Ahora reaparecen los argumentos de la sintonía fina -que el kirchnerismo difundió pero no instrumentó- para justificar los aumentos del gas y la electricidad. Se afirma que los ricos malgastan energía calentando sus piscinas y que la clase alta paga cuentas irrisorias por el aire acondicionado. Esos abusos se corregirían con un simple recargo en el servicio. Pero el verdadero objetivo de esas descripciones es penalizar a toda población.
Lo mismo ocurre con las tarifas vigentes en el Interior. Como ciertamente son más elevadas habría abaratarlas, en lugar de encarecer las cuentas de los usuarios bonaerenses.
El gerente de Shell que ahora administra la energía del país tiene la mira puesta en asegurar precios del combustible que actualmente duplican la cotización internacional. Con esos números los usuarios no sólo solventan los beneficios de las compañías petroleras. También se impide cualquier reconversión estructural a un patrón de energía eólica y solar. El nuevo equipo ya decidió profundizar el sendero de Galluccio, que ha manejado YPF como una empresa privada con turbios contratos secretos con Chevron.
Macri ha diseñado un plan para toda la clase capitalista. Esa intención se verifica en la significativa ampliación del blanqueo. Los evasores del fisco -que el kirchnerismo indultó en sucesivas oportunidades- ahora tendrán otra posibilidad para transparentar sus negocios sin pasar por la AFIP.

TENSIONES Y SOSTÉN POLÍTICO

Los neoliberales están de fiesta. Pero la lluvia de beneficios que reparte el macrismo alimenta graves problemas. E l conflicto más previsible se avizora con la recesión. El combo de inflación-devaluación y tarifazos induce fuertes tendencias contractivas en el próximo cuatrimestre.
Si el incremento de las tasas de interés para contener el dólar perdura, la recesión alcanzará porcentuales significativos. El encarecimiento del crédito no sólo afecta la producción corriente. También impacta sobre consumos más bancarizados y dependientes de las cuotas.
A pesar de la gran devaluación es improbable que las exportaciones puedan compensar la contracción del poder adquisitivo. El escenario externo se ha tornado muy adverso por la retracción imperante en el principal socio (Brasil) y en el mayor cliente (China) del país. Además, el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos genera una fuerte competencia por la captación de capitales sobrantes.
Por esta razón es incierta la llegada de las inversiones que promete Macri. Un aluvión de divisas financieras debería compensar el decreciente ingreso de dólares comerciales, que acompaña al fin del superciclo de las materias primas. El 2015 cierra con un desplome del superávit comercial y como la soja ya no cotiza a 600 dólares se endurecen las disputas por preservar los mercados de otras exportaciones.
Los librecambistas del PRO podrían negociar la continuidad de esas ventas, ofreciendo la apertura del mercado argentino a los industriales foráneos. Macri mantiene un cuidadoso silencio frente a este tema, sabiendo cuán vivo está el recuerdo de la invasión importadora de los 90. Ya hay algunos tanteos para autorizar compras de bienes finales, que pueden devastar en tiempo récord al vulnerable aparato industrial del país.
Tensiones mucho más inmediatas se avecinan en el terreno fiscal. Mauricio asume con un déficit de 7 puntos del PBI y numerosas provincias sin fondos propios para pagar los sueldos. Todas las medidas que anunció incrementan el agujero de las cuentas públicas. Redujo drásticamente las retenciones sin explicar cómo compensará ese des-financiamiento del sector público. Sus economistas preparan tarifazos para cubrir ese bache y diseñan una brutal cirugía de gastos sociales, sueldos y jubilaciones del sector público.
El objetivo estratégico de Macri es reiniciar un curso neoliberal con mayor monitoreo estatal, para diluir la impronta neo-desarrollista de la última década. Su reivindicación de Frondizi y la presencia de un nieto de Frigerio en el gabinete sólo apuntan a resucitar el imaginario de crecimiento. Desecha por completo cualquier prioridad de desenvolvimiento industrial.
La viabilidad de su programa suscita incontables especulaciones. Por el momento sólo cabe registrar la evidencia de un ajuste solventado con endeudamiento. Necesitará un fuerte apoyo político para sostener un esquema anti-popular, que precipitará divisiones en las clases dominantes.
Frente a esas perspectivas Macri expande alianzas políticas y asegura su control del estado. Ocupa todos los espacios, coloca funcionarios aptos para la contra-reforma y presiona por los descabezamientos pendientes en sectores de la justicia y los medios de comunicación.
El nuevo presidente ya comenzó a gobernar por decreto vulnerando sus convocatorias a la concertación republicana. Intentó designar los auto-objetados “jueces macristas” en dos cargos vacantes de la Corte Suprema, sabiendo que necesita tribunales afines para bloquear amparos contra los ajustes.
También busca impunidad mediática para reducir la visibilidad de las protestas. Intervino el AFSCA desconociendo en forma grosera la autonomía de ese organismo. Pretende sepultar la ley de medios a cambio de coberturas favorables por parte de Clarín y La Nación. En lugar del prometido pluralismo de voces se apresta a hegemonizar la pantalla con relatos oficialistas, manipulación de la información y pasatismo de contenidos.
Pero la solidez de su gobierno depende de los acuerdos que alcance con los gobernadores, el Massismo y el Justicialismo en el Congreso. Macri negocia las leyes del ajuste con la gran lapicera que define los cheques y las designaciones. Mientras repite frases huecas sobre el consenso, intenta emular el modelo mexicano de turbias coaliciones parlamentarias. Ya instrumentó durante varios años ese tipo de contubernios en la Legislatura porteña y se apresta a reproducirlos en la Provincia de Buenos Aires.
Como los principales conflictos se dirimirán en las calles, Mauricio también prepara la criminalización de la protesta. Apaleó a los trabajadores de Cresta Roja, ensayó un frustrado envío de gendarmes a Jujuy y ultima los detalles de un protocolo para arremeter contra los piquetes. El mismo presidente que reclama la liberación del organizador de las guarimbas criminales en Venezuela hace la vista gorda frente al rebrote fascistoide de sus allegados en Mar del Plata.
Afortunadamente Macri ya afrontó sus primeros disgustos. Debió retroceder en el nombramiento de funcionarios derechistas (Ávila, Manfroni) y pospuso la designación de sus candidatos a la Corte. Tuvo que ratificar, además, la continuidad de los juicios a los genocidas, ante la contundente reacción de los periodistas contra un editorial pro-indulto del diario La Nación.
El PRO multiplicará las agresiones sociales antes del gran test de la paritaria docente. Tramita especialmente la complicidad de la burocracia sindical con ofrecimientos de continuado manejo de las obras sociales. Con cada jerarca discute alguna prebenda específica. Moyano es su principal interlocutor, por ejemplo, en el negocio de la basura.
La pantalla de estos contubernios es el pequeño alivio dispuesto en los pagos del impuesto a las ganancias, que tributan los trabajadores de mayores ingresos. Ese desahogo no alcanza a la inmensa mayoría de los asalariados y es poco significativo para los afectados por esa carga.

DOS RESPONSABLES

El atropello económico en curso se desenvuelve en medio de un gran juego del culpable que marea a la población. Macristas y kirchneristas se acusan mutuamente de provocar el ajuste. Por un lado, los economistas del PRO afirman que adoptan duras medidas para subsanar la “herencia recibida”. Por otra parte, los ex funcionarios de CFK proclaman que “la economía estaba bien” y sólo requería algunas “correcciones graduales”. Los dos relatos son ficticios y ocultan la aplicación de un remedio regresivo para los desequilibrios que potenció la era K.
El carácter artificial de esa controversia es muy visible en las interpretaciones de la inflación. Prat Gay afirma que el gobierno precedente toleró subas de precios para ensuciarle la cancha. Los allegados de Kiciloff responden que no podían contener incrementos precipitados por los anuncios de devaluación. Uno dice que permitieron los aumentos por desidia y el otro afirma que carecía de autoridad para actuar. En medio de esta discusión los capitalistas remarcan exentos de culpa.
Lo mismo ocurre con la devaluación. Macri sostiene que “nos dejaron economías regionales colapsadas” y los kirchneristas lo acusan de devaluar “para abaratar salarios”. Lo cierto es que el PRO transfiere ingresos a los acaudalados y que CFK atrasó adrede el tipo de cambio, para trasladarle el ajuste a su sucesor.
Macri también proclama que contrae deuda para atenuar los desbalances de un “Banco Central sin reservas”. En cambio los seguidores de CFK denuncian la hipoteca en formación para una “economía desendeudada”. Lo cierto es que el PRO trabaja para los financistas, frente a la descapitalización provocada por los pagos de la deuda que hicieron sus antecesores.
En medio de estas polémicas el macrismo encarece el crédito, afirmando que debe absorber la montaña de pesos emitida por el kirchnerismo. Con ese argumento oculta las gravosas consecuencias recesivas de su giro monetarista. Los K contrastan ese viraje con su promoción del consumo. Pero maquillan la inconsistencia de esa expansión, en un contexto de fugas de capital e inflación descontrolada.
Las contraposiciones entre macristas y kirchneristas enturbian todos los debates sobre el ajuste. Para esclarecer el nuevo escenario hay que impugnar tanto la arremetida neoliberal como los fracasos del progresismo.
La crítica al nuevo gobierno no puede posponerse con expectativas de lo que vendrá. Es ingenuo suponer que Macri “recién comienza” y merece un tiempo de espera. Está rodeado de funcionarios de los 90 y hombres del establishment que siempre han manejado el poder económico. La libertad de acción que logren será proporcional al daño que sufrirá la población.
Pero las fantasías que despliegan los economistas K sobre su gestión son igualmente insostenibles. Todos los desaciertos de esa experiencia volverán a repetirse si se elude un balance de lo ocurrido. Resulta esencial debatir el desemboque conservador que condujo a la convergencia con Scioli en un programa de devaluación, aumento de tarifas y arreglo con los buitres.
El modelo de la última década acentuó los desequilibrios estructurales del capitalismo argentino. Mantuvo una política impositiva regresiva, afianzó la primarización sojera, agravó el extractivismo minero-petrolero y perpetuó la estructura industrial concentrada. Otorgó, además, grandes subvenciones a los “capitalistas amigos” (Cirigliano, Báez, dueños de Cresta Roja) que impidieron modificar los pilares de la desigualdad social.
Es imprescindible romper el corset de dos alternativas capitalistas como único programa para la Argentina. Si sólo hay campanas neoliberales y neo-desarrollistas con disputas entre ortodoxos y heterodoxos, el país está condenado a un recambio cíclico de unos por otros. Construir una economía productiva al servicio de las mayorías populares exige transitar por otro camino.

Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI.

Burkina Faso el "país de un hombre íntegro", Thomas Isidore Noël Sankara, y la continuidad del invierno político




21 de diciembre. Para la mayoría de las personas, creyentes o no, esta fecha significa la llegada de Navidad y el principio del invierno. Para la población lúcida de Burkina Faso, el 21 de diciembre es realmente el nacimiento de Noël... Thomal Isidore Noël Sankara. Toda buena clase de historia contemporánea debería incluir la escucha del discurso que hizo este hombre el 4 de octubre de 1984 en la asamblea de la Organización de Naciones Unidas. Acababa de ser nombrado presidente del país, después de haber iniciado una verdadera revolución comunista a los 33 años.
Nacido en Alto Volta, erradicó el neocapitalismo que se aferraba al país al mismo tiempo que el nombre. Convertido en Burkina Faso, la toma del poder requería la nacionalización de las empresas y el reparto de tierras entre los campesinos. Como en el caso del argentino Ernesto Guevara, Sankara pensaba ser médico, pero se orientó hacia una formación militar con el objetivo de terminar con la explotación de los pueblos por parte de los Estados imperialistas y las multinacionales. Como el argentino, deseaba una gran unión entre los países que compartían un mismo continente. También a él lo asesinaron poco antes de alcanzar la edad de 39 años, igualmente en octubre. ¡Octubre! Algunos de nosotros sabemos cuánto puede significar este mes...
La primera medida presidencial de Sankar fue bajarse el sueldo y bajárselo a los funcionarios del Estado (¡Un gesto temerario donde los haya!). Vendió los cochazos gubernamentales y los cambió por Renault 5, anuló la inmunidad diplomática, nombró a mujeres en puestos ministeriales, prohibió la poligamia y la mutilación genital femenina. Llevó a cabo campañas de salud pública, hizo que se construyeran hospitales y escuelas con el fin de aumentar el nivel de alfabetización. Se construyeron alojamientos asequibles y los inquilinos no tuvieron que pagar durante un año. Hizo que se plantaran árboles para luchar contre el avance del desierto. Y el desierto de los derechos humanos, hasta entonces, tenía sedienta a la población desde hacía demasiado tiempo.
En su discurso del 4 de octubre denuncia las condiciones deplorables en las que viven ciertos pueblos. Acusa a las multinacionales y a los gobiernos "democráticos" que reciben con los brazos abiertos a los dictadores a los que matienen en el poder para que les permitan explotar la mano de obra y las riquezas de sus países. Pide el final del régimen de aparheid en Sudáfrica, su expulsión de la ONU y la liberación de Nelson Mandela. Propone sacar de la ONU a Israel, donde los palestinos padecen horrores similares a los de la guerra de 1945. Recomienda a la ONU que modifique su estructura y acabe con la injusticia del derecho de veto. ¡Todo eso en un sólo discurso! A partir de 1987, se supo cuántos hipocritas le aplaudieron aquel día...
El 29 de julio de 1987, en la Cumbre de Estados Africanos de Adís Abeba, en Etiopía, explica con humor y firmeza por qué los países del "Tercer Mundo" no deberían pagar sus deudas al Banco Mundial. Dos meses después lo asesinaron. Varios presidentes africanos, que protegían los intereses extranjeros, saciaron su sed de codicia con su sangre, ayudados por Francia, Estados Unidos y la “Central Intelligence Agency” (CIA). En aquella época el Hexágono lo dirigía François Mitterrand, del partido "comunista", y Ronald Reagan llevaba las riendas del Pentágono. Blaise Comparoé, el asesino principal de Sankara, tomó el poder el 15 de octubre de 1987, sin haber sido sometido a juicio, aunque el Comité de Derechos Humanos denunció la ausencia de investigación de la muerte de Sankara. Allí se mantuvo durante 27 años. François Hollande también se enorgulleció de recibirle... Pero a finales de octubre de 2014 uno de sus hombres, Roch Kaboré, dimite y 70 responsables políticos le siguen y fundan el Movimiento del Pueblo para el Progreso. Las manifestaciones se extendieron por el país y lo único que pudo hacer Compaoré fue escaparse a Costa de Marfil. Un golpe de Estado, dirigido por Gilbert Diendéré, uno de los participantes en el asesinato de Sankara, hubiera podido provocar un retroceso en el establecimiento de la democracia. Por suerte el pueblo no cedió. Acaban de celebrarse elecciones y Kaboré ha sido elegido oficialmente. ¿Qué sucederá en los próximos meses...? Todo puede ocurrir, el entierro definitivo de los sueños de Sankara o su renacimiento. El 21 de diciembre, en muchos países tropicales, aún se celebra la continuidad del invierno político.
El suizo Christophe Cupelin realizó un documental, en 2014, que recoge documentos de archivo como homenaje al "capitán Thomas Sankara".
"La emanicipación de las mujeres y la lucha de liberación de África", por Thomas Sankara, en las ediciones Pathfinder.
Burkina Faso, literalmente "País de los hombres íntegros".

Maryse Laurence Lewis
Mondialisation