lunes, 14 de marzo de 2011

Los dos terremotos



Un fuerte terremoto de magnitud 8,9 estremeció hoy a Japón. Lo más preocupante es que las primeras noticias hablaban de miles de muertos y desaparecidos, cifras realmente inusitadas en un país desarrollado donde todo se construye a prueba de terremotos. Incluso, se hablaba de un reactor nuclear fuera de control. Horas después se informó que las cuatro plantas nucleares próximas a la zona más afectada estaban controladas. Se informaba igualmente de un tsunami de 10 metros de altura, que provocó alerta de maremoto en todo el Pacífico.
El sismo se originó a 24,4 kilómetros de profundidad y a 100 kilómetros de la costa. De haberse producido a menos profundidad y distancia, las consecuencias habrían sido más graves.
Hubo desplazamiento del eje del planeta. Era el tercer fenómeno de gran intensidad que se producía en menos de dos años: Haití, Chile y Japón. No se puede culpar al hombre de tales tragedias. Cada país, con seguridad, hará lo que esté a su alcance para ayudar a ese laborioso pueblo que fue el primero en sufrir un innecesario e inhumano ataque nuclear.
De acuerdo con el Colegio Oficial de Geólogos de España, la energía liberada por el sismo equivale a 200 millones de toneladas de dinamita.
Una información de última hora, transmitida por la AFP, expresa que la compañía eléctrica japonesa Tokyo Electric Power comunicó que: “De acuerdo con las instrucciones gubernamentales, hemos liberado parte del vapor que contiene sustancias radioactivas…”
“Seguimos la situación. Hasta el momento no hay problema…”
“También se señalaban desarreglos relacionados con el enfriamiento en tres reactores de una segunda central cercana, Fukushima 2.
“El Gobierno ordenó la evacuación de las zonas circundantes en un radio de 10 km en el caso de la primera central y de 3 km en el caso de la segunda.”
Otro terremoto, de carácter político, potencialmente más grave, es el que tiene lugar en torno a Libia, y afecta de un modo u otro a todos los países.
El drama que vive ese país está en pleno auge, y su desenlace es todavía incierto.
Un gran corre corre se armó ayer en el Senado de Estados Unidos cuando James Clapper, Director Nacional de Inteligencia, afirmó en el Comité de Servicios Armados: “No creo que Gaddafi tenga intención alguna de irse. Por las evidencias de que disponemos, parece que se está instalando en un proceso de larga duración”.
Agregó que Gaddafi cuenta con dos brigadas que “son muy leales”.
Señaló que “los ataques aéreos del Ejército fiel a Gaddafi han dañado ‘principalmente’ edificios e infraestructura, más que causar bajas entre la población”.
El teniente general Ronald Burgess, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, en la misma audiencia ante el Senado dijo: “Gaddafi parece que ‘va a seguir en el poder, a menos que otra dinámica cambie el momento actual’.”
“La oportunidad que los rebeldes habían tenido al comienzo del levantamiento popular ha ‘comenzado a cambiar’”, aseguró.
No albergo duda alguna de que Gaddafi y la dirección libia cometieron un error al confiar en Bush y en la OTAN, como se puede deducir de lo que escribí en la Reflexión del día 9.
Tampoco dudo de las intenciones de Estados Unidos y la OTAN de intervenir militarmente en Libia y abortar la ola revolucionaria que sacude el mundo árabe.
Los pueblos que se oponen a la intervención de la OTAN y defienden la idea de una solución política sin intervención extranjera, albergan la convicción de que los patriotas libios defenderán su Patria hasta el último aliento.

Fidel Castro Ruz

Marzo 11 de 2011

La amenaza de intervención yanqui en Libia



Las revueltas en Libia se habrían iniciado estimuladas por la onda expansiva de las rebeliones populares en Túnez y Egipto, países vecinos. Pero se han trasformado rápidamente en guerra civil pues Kadafi conserva Trípoli, la capital, y al parecer cuenta con una base de apoyo político y militar, erosionada pero relativamente estable y cierta capacidad de contraataque, mientras en los combatientes de la oposición se observa resolución, ímpetu ofensivo y al menos el firme control de Bengazi, segunda ciudad en importancia. El fermento de los actuales acontecimientos tendría sus raíces en la aplicación de las políticas neoliberales por Libia, que a su vez llevaron al descontento de importantes sectores de la población por encima de diferencias tribales y a la muerte de civiles inocentes desde que iniciaron las protestas.
En todo caso, es necesario realizar un estudio a fondo sobre el curso de la campaña mediática desde que se desencadenara el conflicto puesto que ha logrado cuando menos crear confusión en la opinión pública y, por lo tanto, hacer difícil su movilización para impedir la injerencia imperialista. El objetivo central de Washington, como denunció tempranamente Fidel Castro, es amenazar a la revolución árabe ocupando Libia, además de lograr el control sobre sus ricos yacimientos de hidrocarburos. Kadafi, siguiendo el hilo de la campaña, ha pasado de un día para otro a ser la encarnación misma del demonio luego de colmársele de elogios, en especial después del 11 de septiembre de 2001, por Condoleeza, Aznar, Zapatero, Berlusconi et al, hasta el FMI, a partir de que en una ruptura con su pasado antiimperialista decidiera sumarse a la “guerra contra el terrorismo” e iniciar la ola de privatizaciones que comenzó el desmantelamiento del robusto sector público de su país. Las campañas de mentiras y exageraciones son clásica previas a una intervención militar, pues como ha dicho Obama “todas las opciones” están sobre la mesa. Nada más parecido al preludio de la invasión de Irak.
Pese a sus contradicciones con los intereses en Libia de la Unión Europea y, sobre todo, de Rusia y China, Estados Unidos está armando un andamiaje diplomático que le permita realizar esa intervención con o sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. Por lo pronto, se sigue insistiendo por los líderes europeos con la aquiescencia de Obama en establecer la famosa zona de exclusión aérea, que como ha declarado Robert Gates, jefe del Pentágono, exige bombardear posiciones libias. Sin contar que ya la han pedido el opositor Consejo Nacional Libio y la Organización de la Conferencia Islámica, ésta aclarando paradójicamente que se pronuncia contra cualquier intervención extranjera. También rechazan la intervención los miembros de filas de la oposición pero han sido contradictorias las declaraciones de sus líderes, algunos de los cuales ya aceptan cooperación militar de otros países.
La situación en Libia es confusa en parte pero una valiosa ayuda para encuadrarla en su contexto es la lectura de las 6 Reflexiones de Fidel sobre los acontecimientos en el mundo árabe. Cito fragmentos de la última:
“La Revolución en el mundo árabe, que tanto temen Estados Unidos y la OTAN, es la de los que carecen de todos los derechos frente a los que ostentan todos los privilegios, llamada… a ser más profunda que la que en 1789 se desató... con la toma de La Bastilla
“A partir de la crisis en Libia, la extracción en Arabia Saudita se elevó en un millón de barriles diarios… los ingresos de ese país… se elevan a mil millones de dólares diarios.
“Son conmovedores los relatos de las condiciones de vida de muchos trabajadores(sauditas)… que se ven obligados a trabajar 13 y 14 horas con salarios miserables.
“Lo peor para el estatus quo de los sectores privilegiados es que los …hechos están coincidiendo con un considerable incremento de los precios de los alimentos y el impacto demoledor de los cambios climáticos, mientras Estados Unidos… gasta el 40 por ciento (del maíz) subsidiado y una parte importante de la soya en producir biocombustible para… los automóviles…
El presidente… Hugo Chávez, realiza un valiente esfuerzo por buscar una solución sin la intervención de la OTAN en Libia. Sus posibilidades de alcanzar el objetivo se incrementarían si lograra la proeza de crear un amplio movimiento de opinión antes y no después que se produzca la intervención, y los pueblos no vean repetirse en otros países la atroz experiencia de Iraq”.

Ángel Guerra Cabrera

sábado, 12 de marzo de 2011

¡FUERZA ELSA!




La recuperación de la compañera uruguaya Elsa Rodríguez está en marcha, gracias ante todo, a su mas que inmensa voluntad; con muchas secuelas pero ya está en su casa; seguimos pensando que esto sucede en las mas desinformación y que la inmensa solidaridad que la rodeó desde el primer momento, fue primero la de la firme presencia familiar y la de sus compañeros del partido, y del Polo Obrero.
Por ahí le erramos ya que también caemos en esa gran falta de noticias y aislamiento que hay sobre Elsa, pero nos volvemos a preguntar ¿y los uruguayos de Buenos Aires que? , ¿Se pronunciaron, se acercaron?
Por ahí si y no nos enteramos, ¿y el Embajador Pomi, y los cónsules? Todos “compañeros” de la primera hora, de fierro, imaginamos que sí ¿no?
Es descabellado pensar que presidente Mujica con la cantidad de veces que va a la Argentina, y con las balas que tiene en el lomo podía haber ido a ver a su compatriota, baleada por la patota de la burocracia afin alos K; como si lo hizo con China Zorrilla ¿verdad? Bueno si alguien sabe algo que lo diga por favor. Mientras tanto le mando mi Abrazo Solidario, a esta Mujer, Militante de la Vida, Madre, Compañera y Compatriota. Desde este lado del Charco. ¡¡¡Vamos que se puede querida compañera!!,¡¡¡ Fuerza y Adelante.!!!! Hasta la Victoria Siempre, Un apretado Abrazo Oriental, desde este Sur Montevideano.

Marina Montero

La patria de quien será - Yamandú Palacios


jueves, 10 de marzo de 2011

La OTAN, la guerra, la mentira y los negocios



Como algunos conocen, en septiembre de 1969, Muammar al-Gaddafi, un militar árabe beduino de peculiar carácter e inspirado en las ideas del líder egipcio Gamal Abdel Nasser, promovió en el seno de las Fuerzas Armadas un movimiento que derrocó al Rey Idris I de Libia, un país desértico casi en su totalidad y de escasa población, situado al norte de África, entre Túnez y Egipto.
Los importantes y valiosos recursos energéticos de Libia fueron descubriéndose progresivamente.
Nacido en el seno de una familia de la tribu beduina de pastores nómadas del desierto, en la región de Trípoli, Gaddafi era profundamente anticolonialista. Se asegura que un abuelo paterno murió luchando contra los invasores italianos cuando Libia fue invadida por éstos en 1911. El régimen colonial y el fascismo cambiaron la vida de todos. Se dice, igualmente, que el padre sufrió prisión antes de ganarse el pan como obrero industrial.
Incluso, los adversarios de Gaddafi aseguran que se destacó por su inteligencia como estudiante; fue expulsado del liceo por sus actividades antimonárquicas. Logró matricularse en otro liceo y después graduarse en leyes en la Universidad de Bengasi a los 21 años. Ingresa después en el Colegio Militar de Bengasi donde creó lo que se denominó el Movimiento Secreto Unionista de Oficiales Libres, concluyendo posteriormente sus estudios en una academia militar británica.
Estos antecedentes explican la notable influencia que ejerció después en Libia y en otros líderes políticos, estén hoy a favor o en contra de Gaddafi.
Había iniciado su vida política con hechos incuestionablemente revolucionarios.
En marzo de 1970, tras manifestaciones masivas nacionalistas, logró la evacuación de los soldados británicos del país y, en junio, Estados Unidos desalojó la gran base aérea cerca de Trípoli , entregada a instructores militares egipcios, país aliado a Libia.
En 1970, varias compañías petroleras occidentales y sociedades bancarias con participación de capitales extranjeros fueron afectadas por la Revolución. A fines de 1971, la famosa British Petroleum corrió la misma suerte. En el área agropecuaria todos los bienes italianos fueron confiscados, los colonos y sus descendientes expulsados de Libia.
La intervención estatal se orientó al control de las grandes empresas. La producción de ese país pasó a disfrutar de uno de los niveles más altos del mundo árabe. Se prohibió el juego y el consumo de alcohol. El estatus jurídico de la mujer, tradicionalmente limitado, fue elevado.
El líder libio se enfrascó en teorías extremistas que se oponían tanto al comunismo como al capitalismo. Fue una etapa en la que Gaddafi se dedicó a la teorización, que no tiene sentido incluir en este análisis, aunque sí señalar que en el artículo primero de la Proclama Constitucional de 1969 se establecía el carácter “Socialista” de la Jamahiriya Árabe Libia Popular.
Lo que deseo enfatizar es que a Estados Unidos y sus aliados de la OTAN nunca le interesaron los derechos humanos.
La olla de grillos que tuvo lugar en el Consejo de Seguridad, en la reunión del Consejo de Derechos Humanos con sede en Ginebra, y en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, fue puro teatro.
Comprendo perfectamente las reacciones de los líderes políticos envueltos en tantas contradicciones y estériles debates, dada la urdimbre de intereses y problemas que deben atender.
Todos sabemos muy bien que el carácter de miembro permanente, el poder de veto, la posesión de armas nucleares, y no pocas instituciones son fuentes de privilegios e intereses impuestos por la fuerza a la humanidad. Se puede estar o no de acuerdo con muchas de ellas, pero jamás aceptarlas como medidas justas o éticas.
El imperio pretende ahora hacer girar los acontecimientos en torno a lo que hizo o no Gaddafi, porque necesita intervenir militarmente en Libia y golpear la ola revolucionaria desatada en el mundo árabe. Hasta ahora no se decía una palabra, se guardaba silencio y se hacían negocios.
Promovida la latente rebeldía libia por los órganos de inteligencia yanki, o por los errores del propio Gaddafi, es importante que los pueblos no se dejen engañar, ya que muy pronto la opinión mundial tendrá suficientes elementos para saber a qué atenerse.
A mi juicio, y así lo expresé desde el primer momento, había que denunciar los planes de la belicosa OTAN.
Libia, igual que muchos países del Tercer Mundo, es miembro del Movimiento de Países No Alineados, del Grupo de los 77 y otras organizaciones internacionales, a través de las cuales se establecen relaciones independientemente de su sistema económico y social.
A grandes rasgos: la Revolución en Cuba, inspirada en principios Marxistas-Leninistas y Martianos, había triunfado en 1959 a 90 millas de Estados Unidos, que nos impuso la Enmienda Platt y era propietario de la economía de nuestro país.
Casi de inmediato, el imperio promovió contra nuestro pueblo la guerra sucia, las bandas contrarrevolucionarias, el criminal bloqueo económico, y la invasión mercenaria de Girón, custodiada por un portaaviones y su infantería de marina lista para desembarcar si la fuerza mercenaria obtenía determinados objetivos.
Apenas año y medio después nos amenazó con el poderío de su arsenal nuclear. Una guerra de ese carácter estuvo a punto de estallar.
Todos los países latinoamericanos, con la excepción de México, participaron del criminal bloqueo que todavía perdura, sin que nuestro país jamás se rindiera. Es importante recordarlo para los que carecen de memoria histórica.
En enero de 1986, esgrimiendo la idea de que Libia estaba detrás del llamado terrorismo revolucionario, Reagan ordenó romper relaciones económicas y comerciales con ese país.
En marzo, una fuerza de portaaviones en el Golfo de Sirte, dentro de aguas consideradas nacionales por Libia, desató ataques que ocasionaron la destrucción de varias unidades navales provistas de lanzamisiles y de sistemas de radares de costa que ese país había adquirido en la URSS.
El 5 de abril, una discoteca en Berlín Occidental, frecuentada por soldados de Estados Unidos, fue víctima de explosivos plásticos, en el que tres personas murieron, dos de ellas militares norteamericanos y muchos fueron heridos.
Reagan acusó a Gaddafi y ordenó a la Fuerza Aérea que diera respuesta. Tres escuadrones despegaron de los portaaviones de la VI Flota y bases en el Reino Unido, atacaron con misiles y bombas siete objetivos militares en Trípoli y Bengasi. Alrededor de 40 personas murieron, 15 de ellas civiles. Advertido del avance de los bombarderos, Gaddafi reunió la familia y estaba abandonando su residencia ubicada en el complejo militar de Bab Al Aziziya, al sur de la capital. No había concluido la evacuación cuando un misil impactó directamente en la residencia, su hija Hanna murió y otros dos hijos resultaron heridos. El hecho recibió un amplio rechazo; la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución de condena por violación de la Carta de la ONU y el Derecho Internacional. Igual hizo en términos enérgicos el Movimiento de Países No Alineados, la Liga Árabe y la OUA.
El 21 de diciembre de 1988, un Boeing 747 de la compañía Pan Am que volaba de Londres a Nueva York se desintegró en pleno vuelo por el estallido de una bomba, los restos cayeron sobre la localidad de Lockerbie, y la tragedia costó 270 vidas de 21 nacionalidades.
En un principio el Gobierno de Estados Unidos sospechó de Irán, como represalia por la muerte de 290 personas por el derribo de un Airbus de su línea estatal. Las investigaciones, según los yankis, implicaban dos agentes de la inteligencia Libia. Imputaciones similares contra Libia se hicieron por un avión de la aerolínea francesa en ruta Brazzaville-N’Djamena-Paris, implicando a funcionarios libios que Gaddafi rechazó extraditar por hechos que negó categóricamente.
Una leyenda tenebrosa se fabricó contra él con la participación de Reagan y Bush padre.
Desde 1975 hasta la etapa final del gobierno de Reagan, Cuba se había consagrado a sus deberes internacionalistas en Angola y otros países de África. Conocíamos de los conflictos que se desarrollaron en Libia o en torno a ella por lecturas y testimonios de personas muy vinculadas a ese país y al mundo árabe, así como por las impresiones que guardamos de numerosas personalidades de distintos países con los que tuvimos contactos en aquellos años.
Muchos conocidos líderes africanos con los que Gaddafi mantenía relaciones estrechas se esforzaron por buscar soluciones a las tensas relaciones entre Libia y el Reino Unido.
El Consejo de Seguridad le había impuesto sanciones a Libia que comenzaron a superarse cuando Gaddafi aceptó someter a juicio, con determinadas condiciones, a los dos acusados por el avión que estalló sobre Escocia.
Delegaciones libias comenzaron a ser invitadas a reuniones intereuropeas. En julio de 1999 Londres inició el restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas con Libia, después de algunas concesiones adicionales.
En septiembre de ese año, los ministros de la Unión Europea aceptaron revocar las medidas restrictivas al comercio tomadas en 1992.
El 2 de diciembre, Massimo D’Alema, primer ministro italiano, realizó la primera visita de un jefe de gobierno europeo a Libia.
Desaparecida la URSS y el campo socialista de Europa, Gaddafi decidió aceptar las demandas de Estados Unidos y la OTAN.
Cuando visité Libia en mayo de 2001, me exhibió las ruinas del traidor ataque con que Reagan asesinó a su hija, y estuvo a punto de exterminar a toda la familia.
A inicios del 2002, el Departamento de Estado informó que estaban en curso conversaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Libia.
En mayo se había vuelto a incluir a Libia en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, aunque, en enero, el presidente George W. Bush no había mencionado al país africano en su célebre discurso sobre los integrantes del “eje del mal”.
Al iniciarse el año 2003, en virtud del acuerdo económico sobre indemnizaciones alcanzado entre Libia y los países demandantes, Reino Unido y Francia, el Consejo de Seguridad de la ONU levantó las sanciones de 1992 contra Libia.
Antes de finalizar el 2003, Bush y Tony Blair informaron de un acuerdo con Libia, país que había entregado a expertos de inteligencia del Reino Unido y Washington documentación de los programas no convencionales de armas, así como misiles balísticos con un alcance superior a 300 kilómetros. Funcionarios de ambos países ya habían visitado diversas instalaciones. Era el fruto de muchos meses de conversaciones entre Trípoli y Washington, como reveló el propio Bush.
Gaddafi cumplió sus promesas de desarme. En pocos meses Libia entregó las cinco unidades de misiles Scud-C con un alcance de 800 kilómetros y los cientos de Scud-B, cuyo alcance sobrepasaba los 300 kilómetros en misiles defensivos de corto alcance.
A partir de octubre de 2002 se inició el maratón de visitas a Trípoli: Berlusconi, en octubre de 2002; José María Aznar, en septiembre de 2003; Berlusconi de nuevo en febrero, agosto y octubre de 2004; Blair, en marzo de 2004; el alemán Schröeder, en octubre de ese año; Jacques Chirac, en noviembre de 2004. Todo el mundo feliz. Poderoso caballero es don dinero.
Gaddafi recorrió triunfalmente Europa. Fue recibido en Bruselas en abril de 2004 por Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea; en agosto de ese año el líder libio invitó a Bush a visitar su país; Exxon Mobil, Chevron Texaco y Conoco Philips ultimaban la reanudación de la extracción de crudo a través de joint ventures.
En mayo de 2006, Estados Unidos anunció la retirada de Libia de la lista de países terroristas y el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas.
En 2006 y 2007, Francia y Estados Unidos suscribieron acuerdos de cooperación nuclear con fines pacíficos; en mayo de 2007, Blair volvió a visitar a Gaddafi en Sirte. British Petroleum firmó un contrato “enormemente importante” según se declaró para la exploración de yacimientos de gas.
En diciembre de 2007, Gaddafi realizó dos visitas a Francia y firmó contratos de equipamientos militares y civiles por valor de 10 000 millones de euros; y a España, donde se entrevistó con el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Contratos millonarios se suscribieron con importantes países de la OTAN.
¿Qué es lo que ahora ha originado la retirada precipitada de las embajadas de Estados Unidos y los demás miembros de la OTAN?
Todo resulta sumamente extraño.
George W. Bush, el padre de la estúpida guerra antiterrorista, declaró el 20 de septiembre de 2001 a los cadetes de West Point “Nuestra seguridad requerirá [...] la fuerza militar que ustedes dirigirán, una fuerza que debe estar lista para atacar inmediatamente en cualquier oscuro rincón del mundo. Y nuestra seguridad requerirá que estemos listos para el ataque preventivo cuando sea necesario defender nuestra libertad y [...] nuestra vidas.”
“Debemos descubrir células terroristas en 60 países o más [...] Junto a nuestros amigos y aliados, debemos oponernos a la proliferación y afrontar a los regímenes que patrocinan el terrorismo, según requiera cada caso.”
¿Qué pensará Obama de ese discurso?
¿Qué sanciones impondrá el Consejo de Seguridad a los que mataron más de un millón de civiles en Irak y a los que todos los días asesinan hombres mujeres y niños en Afganistán, donde en días recientes la población enardecida se lanzó a las calles a protestar contra la matanza de niños inocentes?
Un despacho de la AFP procedente de Kabul, fechado hoy 9 de marzo, rebela que: “El año pasado fue el más letal para los civiles en nueve años de guerra entre los talibanes y las fuerzas internacionales en Afganistán, con casi 2.800 muertos, un 15% mas que en 2009, indicó el miércoles un informe de la ONU, que subraya el costo humano del conflicto para la población.”
“…la insurrección de los talibanes se intensificó y ganó terreno en estos últimos años, con acciones de guerrilla más allá de sus bastiones tradicionales del sur y del este.”
“Con 2 777 exactamente, el número de civiles muertos en 2010 aumentó en 15% con respecto a 2009, indica el informe anual conjunto de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán…”
“El presidente Barack Obama expresó el 3 de marzo su “profundo pesar” al pueblo afgano por los nueve niños muertos, y también lo hicieron el general estadounidense David Petraeus, comandante en jefe de la ISAF, y el secretario de Defensa, Robert Gates.”
“…el reporte de la UNAMA destaca que el número de civiles muertos en 2010 es cuatro veces superior a los soldados de las fuerzas internacionales caídos en combate en ese mismo año.
“El año 2010 ha sido, de lejos, el año más mortífero para los soldados extranjeros en nueve años de guerra, con 711 muertos, confirmando que la guerrilla de los talibanes se intensificó pese al envío de 30.000 soldados estadounidenses de refuerzo el año pasado.”
Durante 10 días, en Ginebra y en Naciones Unidas, se pronunciaron más de 150 discursos sobre violaciones de los derechos humanos que fueron repetidos millones de veces por televisión, radio, Internet y la prensa escrita.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, en su intervención del pasado 1º de marzo de 2011 ante los Ministros de Relaciones Exteriores reunidos en Ginebra, expresó:
“La conciencia humana rechaza la muerte de personas inocentes en cualquier circunstancia y lugar. Cuba comparte plenamente la preocupación mundial por las pérdidas de vidas de civiles en Libia y desea que su pueblo alcance una solución pacífica y soberana a la guerra civil que allí ocurre, sin ninguna injerencia extranjera, y que garantice la integridad de esa nación.”
Algunos de los párrafos finales de su intervención fueron lapidarios:
“Si el derecho humano esencial es el derecho a la vida, ¿estará listo el Consejo para suspender la membresía de los Estados que desaten una guerra?”
“¿Suspenderá a los Estados que financien y suministren ayuda militar empleada por el Estado receptor en violaciones masivas, flagrantes y sistemáticas de los derechos humanos y en ataques contra la población civil, como las que ocurren en Palestina?
“¿Aplicará esa medida contra países poderosos que realicen ejecuciones extrajudiciales en territorio de otros Estados con empleo de alta tecnología, como municiones inteligentes y aviones no tripulados?
“¿Qué ocurrirá con Estados que acepten en sus territorios cárceles ilegales secretas, faciliten el tránsito de vuelos secretos con personas secuestradas o participen de actos de tortura?”
Compartimos plenamente la valiente posición del líder bolivariano Hugo Chávez y el ALBA.
Estamos contra la guerra interna en Libia, a favor de la paz inmediata y el respeto pleno a la vida y los derechos de todos los ciudadanos, sin intervención extranjera, que solo serviría a la prolongación del conflicto y los intereses de la OTAN.

Fidel Castro Ruz

Marzo 9 de 2011

9 y 35 p.m.

martes, 8 de marzo de 2011

No debemos abandonar a nuestros hermanos árabes



La inesperada rebelión en el mundo árabe tomó a todos por sorpresa. Las satrapías del Magreb y Oriente Medio quedaron tan pasmadas como sus amos imperiales por la eclosión que se originó en un incidente relativamete marginal, más allá de lo terrible y doloroso que fue en el plano individual: la auto inmolación en la ciudad de Sidi Bouzid, Túnez, de Muhammad Al Bouazizi, un graduado universitario de veintiseis años que no encontraba trabajo y que decidió entregarse a las llamas porque la policía le impedía vender frutas y verduras en la calle.
Su familia requería de su ayuda y Al Bouazizi, un joven pobre, no quiso convertirse en uno más en la larga fila de jóvenes desempleados de su patria, o emigrar por cualquier medio a Europa. El terrible sacrificio de su protesta fue la chispa que incendió la reseca pradera de una región conocida por la opulencia de sus oligarquías gobernantes y la secular miseria de las masas. O, para decirlo con las palabras siempre bellas de Eduardo Galeano, lo que encendió “la hermosa llamarada de libertad” que prendió fuego al mundo árabe y que tiene al imperialismo sobre ascuas, para seguir con metáforas ígneas tan apropiadas para los tiempos que corren.(1)
La rebelión de los pueblos árabes tambien dejó en desairada posición a los expertos, los analistas y los periodistas especializados. Desnudó impiadosamente su charlatanería, y su papel de manipuladores de la opinión pública al servicio del capital. Una revista de tanta experiencia como The Economist , por ejemplo, fue incapaz de anticipar, en su último número del año pasado dedicado a presentar las previsiones y lo que se venía para el 2011, los acontecimientos que pocas semanas más tarde conmoverían al mundo árabe -y, por extensión, al equilibrio geopolítico mundial- hasta sus cimientos.
Este fracaso reitera por enésima vez la incapacidad del saber convencional para predecir los grandes acontecimientos de nuestro tiempo. La ciencia política quedó boquiaberta ante la caída del Muro de Berlín y, más recientemente, la mismísima reina de Inglaterra le preguntó a un selecto núcleo de economistas británicos cómo fue posible que nadie hubiera sido capaz de pronosticar la actual crisis general del capitalismo.Sumidos en el estupor ante tan inesperada pregunta, formulada en lo que se suponía sería una serena velada meramente protocolar, los interpelados se limitaron a solicitar, atónitos ante el reproche, un plazo de seis meses para revisar su instrumental analítico e informarle a Su Majestad las razones por de tan deplorable desempeño profesional.(2)

El impacto sobre América Latina

No es casual, entonces, que los acontecimientos del mundo árabe hayan sumido en la confusión a buena parte de la izquierda latinoamericana. Daniel Ortega apoyó sin calificaciones a Kadafi; el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, a su vez, se declaró amigo del gobernante aunque por cierto que aclarando que tal cosa no significa –en sus propias palabras- “que estoy a favor o aplaudo cualquier decisión que tome un amigo mío en cualquier parte del mundo.”
Además, prosiguió, “apoyamos al gobierno de Libia, a la independencia de Libia.” (3) Con sus declaraciones Chávez tomaba nota de la precoz advertencia formulada por Fidel ni bien estalló la crisis libia: ésta podría ser utilizada para legitimar una “intervención humanitaria” de EEUU y sus aliados europeos, bajo el paraguas de la OTAN, para apoderarse del petróleo y el gas libios. Pero de ninguna manera esta sabia advertencia del líder de la revolución cubana podría traducirse en un endoso sin reservas al régimen de Kadafi. No lo hizo Chávez, pero sí lo hizo Ortega. Como era de esperar, la descarada manipulación mediática con la que el imperialismo ataca a los gobiernos de izquierda de nuestra región torció el sentido de las palabras de Chávez y de Fidel haciéndolos aparecer como cómplices de un gobierno que estaba descargando metralla sobre su propio pueblo.(4)
En una esclarecedora nota publicada pocos días atrás en Rebelión Santiago Alba Rico y Alma Allende argumentaron persuasivamente que un erróneo posicionamiento de la izquierda latinoamericana –y muy especialmente de los gobiernos de Venezuela y Cuba- en la actual coyuntura del mundo árabe “puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares árabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y ‘represtigiar’ el muy dañado discurso democrático imperialista. Todo un triunfo, sin duda, para los intereses imperialistas en la región.” (5)
De ahí la gravedad de la situación actual, que exige transitar un estrechísimo sendero flanqueado por dos tremendos abismos: uno, el de hacerle el juego al imperialismo norteamericano y sus socios europeos y facilitar sus indisimulados planes de arrebatarle a los libios su petróleo; el otro, salir a respaldar un régimen que habiendo sido anticolonialista y de izquierda en sus orígenes -como lo fue, por ejemplo, el APRA en el Perú- en las dos últimas décadas se subordinó sin escrúpulos al capital imperialista y abrazó y puso en práctica, sin reparos, las fatídicas políticas del Consenso de Washington y los preceptos de la “lucha contra el terrorismo” instituída por George W. Bush.

El mundo árabe: ¿revuelta, revolución, conspiración?

No creemos sea necesario detenernos a explicar las razones por las que hay que oponerse sin atenuantes ante la opción intervencionista de los Estados Unidos y sus partenaires europeos. Veamos, en cambio, cuáles serían los argumentos para evitar que esa correcta y no-negociable postura desemboque infelizmente en un respaldo a un régimen contra el cual se ha levantado en armas la mayoría de la población. Hay quienes argumentan que lo que está ocurriendo en Libia es apenas el “efecto contagio” de lo ocurrido en Túnez y Egipto y que no hay razones de fondo que justifiquen esta insurrección popular.
De partida conviene recordar dos cosas: que las revoluciones son procesos dialécticos y no acontecimientos metafísicos o rayos que se descargan en un día sereno. En la génesis de la revolución francesa está un tumulto originado en una panadería en las inmediaciones de la Bastilla. Sabemos lo que ocurrió después. Segundo, que inevitablemente, los procesos revolucionarios son contagiosos. Eso es lo que enseña la historia. Recuérdese si no lo ocurrido con las revoluciones de la Independencia en América Latina, dos siglos atrás; o las de 1848 y las que tuvieron lugar, también en Europa, en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial y con el estallido de la Revolución Rusa en Febrero de 1917.
Pero si en algunos sitios esos procesos prendieron y en otro no fue porque el contagio no opera en un vacío socio-económico y político sino que depende fundamentalmente de las condiciones internas de cada país. (6) Si la revolución de 1848 triunfó en Francia pero no en el Reino Unido fue porque en la primera el desarrollo de las luchas de clases creó las condiciones internas como para poner abrupto final a la restauración monárquica del orleanismo, mientras que nada de eso ocurría cruzando el Canal de la Mancha que, en esa misma encrucijada histórica, podía acoger sin ningún sobresalto a dos refugiados políticos como Karl Marx y Friedrich Engels. Y si después de la Primera Guerra Mundial la revolución triunfó en Rusia pero no en Alemania fue porque la propagación del fervor revolucionario, que impactó con mucha fuerza en la última, era condición necesaria pero no suficiente para garantizar el triunfo de la revolución, cosa que fue expresamente reconocida por Rosa Luxemburg en una de sus brillantes intervenciones poco meses antes de su vil asesinato.
En otras palabras, la insurgencia que tiene por escenario a Libia fue indudablemente estimulada por las grandes victorias populares en Túnez y Egipto, pero nada hubiera ocurrido de no haber mediado los estragos que dos décadas de neoliberalismo produjeron en un país muy rico pero en el cual las clases populares apenas reciben unas pocas migajas de la colosal renta petrolera, los jóvenes carecen de perspectivas laborales y la crisis general del capitalismo clausuró la salida emigratoria que hasta hace pocos años quitaba presión al sistema al paso que elevaba extraodinariamente los precios de los alimentos.
Por último, la tasa de mortalidad infantil –para hablar de un indicador muy sensible para medir el nivel de bienestar de una población- fluctúa según las diversas fuentes consultadas entre el 20 y el 25 por mil; es decir, unas cuatro o cinco veces superiores a la que se registra en Cuba y aproximadamente el doble de la de Brasil.
Lo mismo cabe decir acerca de la posibilidad de que lo que está ocurriendo en Libia sea obra de agentes del imperialismo. Pero ¿cómo olvidar que hasta el estallido de la revolución en Túnez Kadafi era elogiado por los jefes de estado de las “democracias capitalistas” como un gobernante, que se había despojado de sus viejas obsesiones, reconciliado con la globalización neoliberal y hecho las paces con sus antiguos enemigos, desde la Casa Blanca hasta el régimen racista israelí?
No obstante, cuando éstos se percataron de que su trono estaba tambaleante y percibieron que Kadafi podía correr la misma suerte que sus homólogos en Túnez y Egipto los imperialistas modificaron velozmente su postura, se acordaron que Libia no era una democracia y que en ese país no se respetaban los derechos humanos –cosa que jamás les había preocupado en lo más mínimo- y haciendo gala de un inigualado cinismo se colocaron ruidosamente “del lado del pueblo” y en contra del hasta ayer razonable gobernante súbitamente reconvertido en inadmisible tirano.
Pero, otra vez, la labor de esos agentes del imperialismo jamás podría haber desencadenado una insurrección tan impresionante como la de Libia –o las de Túnez y Egipto- si no hubieran existido las condiciones de fondo requeridas para que, desafiando la represión, las masas salieran a la calle dispuestas a derrocar al gobierno. Es decir, tal como lo anotara Lenin en varios de sus escritos, si los de abajo ya no querían y los de arriba ya no podían seguir viviendo como antes.
Por otra parte, si los agentes del imperialismo tienen en sus manos la capacidad de hacer y deshacer revoluciones tendríamos que reconocer que nuestra lucha está de antemano condenada al fracaso. Afortunadamente no es así. Tampoco tiene mayor sentido aducir que fueron las “redes sociales” (Facebook y Twitter) las que provocaron la rebelión, arteramente orquestada por la CIA y los agentes del imperialismo. Para descartar esta hipótesis basta una sóla cifra: según las últimas estadísticas de las Naciones Unidas los usuarios de internet en Libia son apenas el 5.1 porciento de la población total. Eso mal puede explicar el multitudinario carácter de la rebelión del mundo árabe porque en Egipto y Túnez tanto como en Libia los internautas son una ínfima minoría de la población. Esas “redes sociales” pueden servir para facilitar la comunicación entre los activistas, pero no pueden desencadenar la insurgencia de las masas que, en su gran mayoría, jamás tuvo a su alcance un ordenador.

Kadafi y el neoliberalismo, de ayer a hoy.

Llegados a este punto conviene preguntarse quién es Kadafi y qué representa. Vicenc Navarro ilustra con claridad el contraste entre el Kadafi “nasserista” de sus primeros años y lo que es hoy: “un dictador corrupto y enormemente represivo.” (7) Según Navarro, en 1969 y con apenas 27 años de edad el Coronel Kadafi lideró un golpe de estado, inspirado en la experiencia de Nasser en Egipto, y derrocó a la monarquía impuesta por el imperio británico después de la Segunda Guerra Mundial.
Durante esos primeros años Kadafi puso en marcha una reforma agraria, nacionalizó el petróleo y algo más de doscientas empresas ( que se reorganizaron con una importante participación de los trabajadores en su gestión) al paso que introdujo algunas mejoras en la calidad y la cobertura de la salud y la educación. Un fuerte intervencionismo estatal y la nacionalización del crédito fueron otros rasgos de las políticas de aquellos años. “Kadafi presentó aquella experiencia” –anota Navarro- “como la tercera vía entre capitalismo y el socialismo, asociado entonces a la Unión Soviética.” (8)
Ahora bien: ese es el Kadafi que persiste en el imaginario de importantes sectores de la izquierda latinoamericana. El problema es que se trata de una imagen completamente desactualizada, porque a partir de los años noventas el régimen líbico inicia un viraje que, pocos años después, situaría a ese país en las antípodas de donde encontraba en los años setentas.
La tercera vía degeneró en un “capitalismo popular” –tardía reproducción de la consigna elaborada en los ochentas por Margaret Thatcher en el Reino Unido- y las nacionalizaciones comenzaron a ser revertidas mediante un corrupto festival de privatizaciones y aperturas al capital extranjero que afectó a la industria petrolera y a las más importantes ramas de la economía. No hay que equivocarse: Kadafi no es Nasser sino Mubarak.
Un agudo observador de la escena magrebí, Ayman El-Kayman, describió con precisos trazos el itinerario de esta involución: “(H)ace casi diez años, Gadafi dejó de ser para el Occidente democrático un individuo poco recomendable: para que le sacaran de la lista estadounidense de Estados terroristas reconoció la responsabilidad en el atentado de Lockerbie; para normalizar sus relaciones con el Reino Unido, dio los nombres de todos los republicanos irlandeses que se habían entrenado en Libia; para normalizarlas con Estados Unidos, dio toda la información que tenía sobre los libios sospechosos de participar en la yihad junto a Bin Laden y renunció a sus ‘armas de destrucción masiva’, además de pedir a Siria que hiciese lo mismo; para normalizar las relaciones con la Unión Europea, se transformó en guardián de los campos de concentración, donde están internos miles de africanos que se dirigían a Europa; para normalizar sus relaciones con su siniestro vecino Ben Alí, le entregó a opositores refugiados en Libia”. (9)
Y cuando los pueblos de Túnez y Egipto se rebelaron, Kadafi se alineó con sus verdugos, coincidiendo en esta postura con las primeras reacciones de los líderes de las “democracias occidentales”, con Obama, Sarkozy, Cameron, Berlusconi, Zapatero y el régimen genocida de Netanyahu.
Pero éstos, viendo que las sublevaciones populares se encaminaban hacia una victoria histórica, en pocas semanas pasaron de hacer cautelosas exhortaciones a sus matones regionales en apremios para que concedieran unas pocas reformas cosméticas a exigir imperiosamente que abandonasen el poder. Cuando el incendio llegó a Libia la burguesía imperial y sus representantes políticos vieron la oportunidad de sacar partido del previsible derrumbe de Kadafi impidiendo que sean las masas libias las que tomen el futuro en sus manos, sea mediante una “intervención humanitaria” que les permita apoderarse de Libia con el pretexto de detener el baño de sangre que el dictador promete a los sublevados o, en su defecto, alentar su partición, o desmembramiento, tal como lo hicieran en la ex Yugoslavia y como, sin éxito, lo intentaran en Bolivia en el 2008. Tal como Lenin, Gramsci y Fidel señalaron en repetidas ocasiones la derecha y las clases dominantes, por su larguísima experiencia de gobierno, aprenden muy rápido y reaccionan con fulminante rapidez ante una coyuntura como la que hoy caracteriza a Libia.
Y si ayer apoyaban sin miramientos a Kadafi ahora tratan de sacárselo de encima cuanto antes y facilitar una “transición ordenada”, Hillary Clinton dixit , que organice la traición a las expectativas de las masas e instaure un simulacro democrático que permita que los imperialistas continúen desangrando a Libia y al mundo árabe en general.
En su presurosa conversión al neoliberalismo Kadafi abrió la economía a las grandes transnacionales, principalmente europeas. En una detallada nota Modesto Emilio Guerrero señala que a partir de 1999 los países occidentales comenzaron a dispensarle un trato muy especial, por tres razones que suenan como música celestial en los bolsillos de la burguesía (10): (a) es un muy buen cliente; (b) es un buen socio de sus empresas; (c) además es un estratégico proveedor de petróleo y gas. Buen cliente porque cuando se levantó el embargo de armas que pesaba sobre Libia (en Octubre de 1999) por su participación con -o complicidad en- acciones terroristas en diversos países, España, Italia, Inglaterra y Alemania se convirtieron en sus principales proveedores de las armas que luego Kadafi utilizaría contra su propio pueblo.
Poco después unas 150 empresas británicas vinculadas a los negocios petroleros -entre ellas la British Petroleum, responsable principalísima de la destrucción del ecosistema marino en el golfo de México- se instalaron en Libia junto con Repsol, la francesa Total, la empresa italiana ENI y la austríaca OM para explotar el negocio de los hidrocarburos. Otras empresas, de estos mismos países y de Estados Unidos, participaron activamente en obras de infraestructura aparte de la ya mencionada venta de armas. Buen socio, además, porque a través de los 65.000 millones de dólares de que dispone la Libyan Investment Authority la familia Kadafi realizó importantes inversiones en la FIAT, en la petrolera italiana ENI y es accionista del Unicredit, el banco más grande de Italia. (11) También tiene acciones en el grupo económico Pearsons, editor del periódico ultra-neoliberal Financial Times. Varias grandes empresas alemanas y francesas cuentan también con la participación de capitales libios. Proveedor seguro, por último, porque,tal como lo expresara Silvio Berlusconi, el control del flujo migratorio “ilegal” procedente del Magreb y, más generalmente, de toda África, y el confiable suministro del petróleo líbico son servicios de extraordinaria importancia que los líderes de las democracias capitalistas no podían sino apreciar en toda su valía.
El Presidente del gobierno español, José M. Aznar, su sucesor, Rodríguez Zapatero y el propio rey Juan Carlos de España rivalizaron con “il cavaliere” italiano y el premier británico y figura señera del “new labor” en cultivar la amistad del líder líbio, casi siempre con ribetes escandalosos.(12) En consonancia con estos cambios la relación con Washington experimentó un giro de 180 grados: en 2006 el Departamento de Estado quitó a Libia de la lista de países que apoyaban al terrorismo.
Atemorizado por la Guerra del Golfo de Febrero de 1991 y aterrorizado al contemplar lo ocurrido en Irak desde 2003 y el destino corrido por Saddam Hussein, Kadafi sobreactuó su arrepentimiento hasta extremos que sobrepasaban lo ridículo al declarar una y otra vez su voluntad de ajustar la conducta de Libia a las reglas del juego impuestas por el imperialismo. Fue a causa de esto que en 2008 la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice pudo declarar que “Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes: la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferación nuclear, África, los derechos humanos y la democracia.” (13) ¿Ante todo esto cabe entonces preguntarse: ¿Es esto el socialismo pan-árabe, preconizado en el Libro Verde del autoproclamado “líder y guía de la revolución”? ¿Es esta la política que debe hacer la Jamahiriya un “estado de las masas”, como Kadafi definió a su organización política? ¿Es Kadafi la contraparte magrebí de Chávez y Fidel? ¿Qué tiene que ver este régimen con los procesos emancipatorios en curso en América Latina, para no hablar de la revolución cubana?

¿Qué hacer?

¿Qué debe entonces hacer la izquierda latinoamericana? En primer lugar, manifestar sin ambages su absoluto repudio a la salvaje represión que Kadafi está perpetrando contra su propio pueblo. Solidarizarse, bajo cualquier circunstancia, con quien incurre en semejante crimen dañaría irreparablemente la integridad moral y la credibilidad de la izquierda de Nuestra América. El reconocimiento de la justicia y la legitimidad de las protestas populares, tal como se hizo sin vacilación alguna en los casos de Túnez y Egipto, tiene un único posible corolario: el alineamiento de nuestros pueblos con el proceso revolucionario en curso en el mundo árabe.
Por supuesto, la forma en que esto se manifieste no podrá ser igual en el caso de las fuerzas políticas y movimientos sociales y, por otra parte, los gobiernos de izquierda de América Latina, que necesariamente tienen que contemplar aspectos y compromisos de diverso tipo que no existen en aquellas. Pero la consideración de las siempre complejas y a menudo traicioneras “razones de estado” y las contradicciones propias de la “real politik” no pueden llevar a los segundos tan lejos como para respaldar a un dictador acosado por la movilización y la lucha de su propio pueblo, reprimido y ultrajado mientras el entorno familiar de Kadafi y el estrecho círculo de sus incondicionales se enriquecen hasta límites inimaginables. ¿Cómo explicar a las masas árabes, que por décadas buscaron las claves de su emancipacipon en las luchas de nuestros pueblos y que reconocen en el Che, Fidel y Chávez la personificación de sus ideales libertarios y democráticos, la indecisión de los gobiernos más avanzados de América Latina mientras que toda la canalla imperialista, desde Obama para abajo, se alinea –aunque sea hipócritamente- a su lado?
Segundo, será preciso denunciar y repudiar los planes del imperialismo norteamericano y sus sirvientes europeos. Y además organizar la solidaridad con los nuevos gobernos que surjan de la insurgencia árabe. Los propios rebeldes libios emitieron declaraciones clarísimas al respecto: si hay invasión de los Estados Unidos, con o sin la (poco probable) cobertura de la OTAN, los insurrectos volverán sus fusiles contra los invasores y luego ajustarán cuentas con Kadafi, responsable principal de la sumisión de Libia a los dictados de las potencias imperialistas. América Latina tiene que apoyar con todas sus fuerzas la resistencia a la eventual invasión imperialista, conciente de que lo que hoy se está jugando en el Norte de África y en Oriente Medio no es un problema local sino una batalla decisiva en la larga guerra contra la dominación imperialista a escala mundial.
El triunfo de la insurrección popular en Libia tendrá como correlato el fortalecimiento de las rebeliones en curso en Yemen, Marruecos, Jordania, Argelia , Barheim y la que hace tiempo se viene incubando en Arabia Saudita, amén de fortalecer la resistencia de los sindicatos y los movimientos sociales en Wisconsin, Estados Unidos, y en diversos países europeos, hoy víctimas preferenciales del FMI. Barheim es la sede de la Quinta Flota de Estados Unidos, con la misión de monitorear todo lo que ocurra en el Golfo Pérsico y sus inmediaciones; y Arabia Saudita un régimen totalmente sometido a la voluntad de la Casa Blanca y el gran regulador del precio internacional del petróleo y su adecuado abastecimiento al mundo desarrollado.
Si el mapa sociopolítico del mundo árabe llegara a cambiarse, como esperamos que así sea, la geopolítica internacional vería modificada la correlación de fuerzas a favor de los pueblos y naciones oprimidas. Y América Latina, que desde finales del siglo veinte se colocó a la vanguardia de las luchas anti-imperialistas, habría por fin encontrado los aliados que necesita en otras regiones del sur global para seguir avanzando en sus luchas por la autodeterminación nacional, la justicia social y la democracia. Por eso, nuestra región no puede ni tiene el derecho a equivocarse ante un proceso cuyas proyecciones pueden ser aún mayores que las que en su momento tuvo el derrumbe de la Unión Soviética, y de un signo distinto, y cuyo desenlace revolucionario fortalecerá los procesos emancipatorios en curso en nuestra región.
Abandonar a nuestros hermanos árabes en esta batalla decisiva sería un error imperdonable, tanto desde el punto de vista ético como desde el más específicamente político. Sería traicionar el internacionalismo del Che y de Fidel y archivar, tal vez definitivamente, los ideales bolivarianos. No podemos perder esta oportunidad.

Atilio Borón
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1.“Veo hipócrita el llamado a la paz cuando proviene de países que hacen la guerra”, en Cubadebate, 4 de Marzo del 2011.
2.Este episodio fue narrado en una entrevista que el autor de estas líneas le hiciera a David Harvey, en Septiembre del 2010. La entrevista será subida a la web y estará disponible, en una semana aproximadamente, en www.atilioboron.com
3.Cable de ANSA, 25 febrero 2011.
4.Sobre este tema ver. Raúl Bracho, “¿Y si todo es mentira?”, en Kaos en la red, 3 de Marzo de 2011.Y tambén Russia Today, “ Ejército ruso afirma que ataques aéreos contra manifestantes en Libia nunca ocurrieron”, en Kaos en la red, 4 de Marzo de 2011. El monitoreo satelital de las fuerzas armadas rusas no encontró evidencia de bombardeos aéreos sobre los manifestantes de Benghazi y Trípoli el 22 de Febrero. Pero, días después, sí los hubo en las cercanías de las instalaciones petroleras y militares del este del país, tal como lo reconociera Saif Al-Islam Kadafi a la cadena noticiosa de Al Jazeera. Según el hijo del líder libio, se bombardearon terrenos en donde no había población civil ni manifestantes. Enla citada entrevista admitió que las fuerzas de seguridad libias habían reprimido con armas de guerra a los insurgentes.
5.Santiago Alba Rico y Alma Allende, “¿Qué pasa con Libia? Del mundo árabe a América Latina”, en Rebelión, 24 Febrero 2011.
6.La literatura sobre la génesis estructural de la revolución en curso en el mundo árabe crece exponencialmente día a día. Ver, entre otros, James Petras “Las raíces de la revuelta árabe y las celebraciones prematuras”, en Rebelión, 6 de Marzo de 2011 e Ignacio Ramonet, “Cinco causas de la revolución árabe”, en http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=8ca803e0-5eba-4c95-908f-64a36ee042fd
7.Vicenc Navarro, “Gadafi, neoliberalismo, el FMI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos” , en Rebelión, 2 de Marzo de 2011.
8.Ibid.
9.Alba Rico y Allende, op.cit.
10.Modesto Guerrero, “De las rebeliones árabes al indefendible Gadafi”, en Rebelión, 1 de Marzo de 2011.
11.Ver http://vocearancio.ingdirect.it/?p=18768
12.Sobre Tony Blair, ver “Day the LSE sold its soul to Libya”, en Daily Mail (Londres), 5 de Marzo de 2011, pp. 6-7
13.Reproducido en Alba Rico y Alma Allende, op. Cit.

lunes, 7 de marzo de 2011

Juventud divino tesoro?



Vivimos en un momento en el cuál mucho se habla en Uruguay del crecimiento como país, de la apertura al mundo, de le necesidad de ser competitivos, de lo importante que es desarrollar el país, del progreso
Los grandes medios de comunicación se hacen eco de los viajes promisorios de los políticos en la búsqueda de los nuevos salvadores de nuestro futuro, los inversores.
Vivimos en el país del plan Ceibal, de los coches 0 kilómetro, del turismo internacional, de los megaproyectos que abrirán fuentes de trabajo; Pero la contra cara de las anteriores maravillas son : la baja de imputabilidad para los delitos cometidos por niños y jóvenes, la construcción de nuevas cárceles, el alto índice de suicidios, la corrupción, el narcotráfico,la indigencia,la deserción escolar y la creciente militarización de la sociedad.
¿Porque, ¿como? Un proceso sin duda, pero cuanto hay en todo esto de un modelo económico y cultural que trasciende los partidos políticos en los distintos gobiernos?
Es en este punto que nos vamos a detener para mostrar algunas cosas de las tantas que se pasan en nuestro cotidiano y que constituyen los elementos más crudos de una realidad que ya no soporta maquillajes.
Recordemos que en Uruguay tenemos un gobierno de los que se da a llamar “progresista” de izquierda pero que gobierna dentro de los parámetros del sistema capitalista neoliberal y que culturalmente trasmite el valor de la competencia para salir adelante tanto en lo personal, como a nivel de la sociedad toda.
Hay cifras que han trascendido y que nos muestran una imagen de nuestro país que a muchos les hace torcer la cara por el miedo a lo que las mismas nos envían como reflejo, sobre quienes somos en realidad como sociedad, que futuro o no futuro estamos construyendo.
Vamos a citar algunas cifras: el 30 % de los jóvenes que repiten en el ciclo básico de los estudios secundarios abandona el liceo.
Los niveles de reprobación en Ciclo Básico vienen registrando un constante ascenso. El programa Estrategia Nacional para la Infancia y Adolescencia (ENIA) del Mides verificó en 2008 que tres de cada 10 repetidores no regresan al sistema.
Según un estudio efectuado en el marco de ese programa, que recibe financiamiento de la o­nU, los estudiantes que fracasan en 1° de liceo forman parte del 98% que viene de culminar exitosamente sexto año de escuela. Por otra parte, establece que tres de cada10 alumnos que repiten en Ciclo Básico no se inscriben al año siguiente para estudiar.
Según la Encuesta de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), sólo el 71,8 % de la población urbana logra completar el Ciclo Básico y en Bachillerato apenas el 38,5 % logra egresar; lo que ubica a Uruguay muy por debajo del promedio general de América Latina. De hecho, sólo el 30% de los que comienzan el Segundo Ciclo en los liceos públicos lo terminan.
Todos estos datos nos están hablando de una cruda realidad, la misma requiera una profunda reflexión; no en sus razones técnicas si no en sus causa estructurales que la misma tiene.
Estos son las escalones que van colocando cada vez más jóvenes dentro de la categoría de marginados, es decir; de excluidos del sistema.
Ahora veamos un poco más de cerca algunos ejemplos bien concretos de esta exclusión planificada desde el estado.
Un joven menor de edad digamos de unos 16 años, sin contención familiar, sin alfabetización, manifiesta su interés por incluirse de alguna forma en algún plan de estudios: ahí se enfrenta a una serie absurda de escollos que de entrada lo van a mantener en su situación de exclusión.
En general hay que sortear entrevistas con asistentes sociales y sicólogos para ver si el caso es de recibo en la institución. Para citar por Ej. el programa Aulas Comunitarias, el mismo solo recibe jóvenes que ya estén mínimamente escolarizados esto quiere decir que para el caso que estamos viendo, no hay posibilidad de inscribirlo.
Nos vamos con este joven a un Centro Juvenil en donde se ofrecen cosas como actividades de recreación y una maestra; pero esta maestra es solo para aquellos que ya están insertos en alguna institución formal de enseñanza, digamos es solo para poder contener y ayudar a aquellos que están en riesgo de deserción.
En el caso del joven a cual lo vamos acompañando en sus gestiones necesite de una asistencia sicológica y o psiquiátrica, en la Costa de Oro por Ej. Las clínicas están desbordadas y no es posible ser atendido debidamente y de todas formas en caso de lograrlo como son muchos en espera, las entrevistas no tienen mayor asiduidad que dos veces al mes.
Pudimos saber que en un Centro Juvenil de la Costa de Oro una sicóloga tiene que atender tres lugares diferentes al mismo tiempo, uno de ellos en Montevideo.
¿Que nos resta hacer con este joven? Recurrir a terapeutas privados, pero por falta de recursos económicos ello no es posible.
Esta es la realidad que tenemos hoy en Uruguay; los jóvenes desertores son el sobrante de la sociedad.
Cual es el mensaje que se les está enviando?
Bien podría resumirse en: “esto es lo que hay valor y si te salís de la norma ya sabes palo y cárcel”.
Cuanto dinero se destinará a la construcción de nuevas cárceles, cuanto a la enseñanza?
Pero todavía queremos mostrar algo de lo que sucede por Ej. en los centros de formación UTU, para los que no conocen, son centros de formación en oficios.
Seguimos en la Costa de Oro, zona situada a unos 25 kilómetros de la capital de Montevideo.
Tomemos para ejemplificar el curso de cocina básica; cuando los cursos comienzan el número de inscriptos es de 40 alumnos, al terminar el año no superan los 15 alumnos.
Resulta bastante evidente detectar las causas; primero los alumnos deben llevar todos los utensilios, más uniforme, sin lo cual no pueden asistir a los cursos.
Pero también deben aportar los elementos para realizar las recetas: aceite de oliva en ciertos casos, carnes y manteca
Ahora bien como pueden cumplir los jóvenes con estos requisitos cuando en sus propios hogares muchas veces no hay para comer?
Tenemos entonces deserción; así estamos en Uruguay viviendo una sociedad a dos velocidades; los que tienen y entonces algo pueden y los que no tienen, a ellos, que les resta por hacer?
Algo resulta cada vez más evidente y es que en cierto momento tocará que los movimientos sociales se plateen la tarea de no confiar la educación de sus jóvenes a las instituciones y sentar las bases para la construcción de una educación popular auto organizada por los de abajo.
También corresponde decir que hay gente preocupada por estos temas y que ya se están sentando las bases teóricas y prácticas para una construcción que pueda transformarse en una cantera de los cambios profundos que necesita nuestra sociedad.

Sandra Petrovich Gómez

sábado, 5 de marzo de 2011

La Guerra inevitable de la OTAN (Segunda parte)



Cuando Gaddafi, coronel del ejército libio, inspirado en su colega egipcio Abdel Nasser, derrocó al Rey Idris I en 1969 con solo 27 años de edad, aplicó importantes medidas revolucionarias como la reforma agraria y la nacionalización del petróleo. Los crecientes ingresos fueron dedicados al desarrollo económico y social, particularmente a los servicios educacionales y de salud de la reducida población libia, ubicada en un inmenso territorio desértico con muy poca tierra cultivable.
Bajo aquel desierto existía un extenso y profundo mar de aguas fósiles. Tuve la impresión, cuando conocí un área experimental de cultivos, que aquellas aguas, en un futuro, serían más valiosas que el petróleo.
La fe religiosa, predicada con el fervor que caracteriza a los pueblos musulmanes, ayudaba en parte a compensar la fuerte tendencia tribal que todavía subsiste en ese país árabe.
Los revolucionarios libios elaboraron y aplicaron sus propias ideas respecto a las instituciones legales y políticas, que Cuba, como norma, respetó.
Nos abstuvimos por completo de emitir opiniones sobre las concepciones de la dirección libia.
Vemos con claridad que la preocupación fundamental de Estados Unidos y la OTAN no es Libia, sino la ola revolucionaria desatada en el mundo árabe que desean impedir a cualquier precio.
Es un hecho irrebatible que las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados de la OTAN con Libia en los últimos años eran excelentes, antes de que surgiera la rebelión en Egipto y en Túnez.
En los encuentros de alto nivel entre Libia y los dirigentes de la OTAN ninguno de estos tenía problemas con Gaddafi. El país era una fuente segura de abastecimiento de petróleo de alta calidad, gas e incluso potasio. Los problemas surgidos entre ellos durante las primeras décadas habían sido superados.
Se abrieron a la inversión extranjera sectores estratégicos como la producción y distribución del petróleo.
La privatización alcanzó a muchas empresas públicas. El Fondo Monetario Internacional ejerció su beatífico papel en la instrumentación de dichas operaciones.
Como es lógico, Aznar se deshizo en elogios a Gaddafi y tras él Blair, Berlusconi, Sarkozy, Zapatero, y hasta mi amigo el Rey de España, desfilaron ante la burlona mirada del líder libio. Estaban felices.
Aunque pareciera que me burlo no es así; me pregunto simplemente por qué quieren ahora invadir Libia y llevar a Gaddafi a la Corte Penal Internacional en La Haya.
Lo acusan durante las 24 horas del día de disparar contra ciudadanos desarmados que protestaban. ¿Por qué no explican al mundo que las armas y sobre todo los equipos sofisticados de represión que posee Libia fueron suministrados por Estados Unidos, Gran Bretaña y otros ilustres anfitriones de Gaddafi?
Me opongo al cinismo y a las mentiras con que ahora se quiere justificar la invasión y ocupación de Libia.
La última vez que visité a Gaddafi fue en mayo de 2001, 15 años después de que Reagan atacó su residencia bastante modesta, donde me llevó para ver cómo había quedado. Recibió un impacto directo de la aviación y estaba considerablemente destruida; su pequeña hija de tres años murió en el ataque: fue asesinada por Ronald Reagan. No hubo acuerdo previo de la OTAN, el Consejo de Derechos Humanos, ni el Consejo de Seguridad.
Mi visita anterior había tenido lugar en 1977, ocho años después del inicio del proceso revolucionario en Libia. Visité Trípoli; participé en el Congreso del Pueblo libio, en Sebha; recorrí los primeros experimentos agrícolas con las aguas extraídas del inmenso mar de aguas fósiles; conocí Bengasi, fui objeto de un cálido recibimiento. Se trataba de un país legendario que había sido escenario de históricos combates en la última guerra mundial. Aún no tenía seis millones de habitantes, ni se conocía su enorme volumen de petróleo ligero y agua fósil. Ya las antiguas colonias portuguesas de África se habían liberado.
En Angola habíamos luchado durante 15 años contra las bandas mercenarias organizadas por Estados Unidos sobre bases tribales, el gobierno de Mobutu, y el bien equipado y entrenado ejército racista del apartheid. Éste, siguiendo instrucciones de Estados Unidos, como hoy se conoce, invadió Angola para impedir su independencia en 1975, llegando con sus fuerzas motorizadas a las inmediaciones de Luanda. Varios instructores cubanos murieron en aquella brutal invasión. Con toda urgencia se enviaron recursos.
Expulsados de ese país por las tropas internacionalistas cubanas y angolanas hasta la frontera con Namibia ocupada por Sudáfrica, durante 13 años los racistas recibieron la misión de liquidar el proceso revolucionario en Angola.
Con el apoyo de Estados Unidos e Israel desarrollaron el arma nuclear. Poseían ya ese armamento cuando las tropas cubanas y angolanas derrotaron en Cuito Cuanavale sus fuerzas terrestres y aéreas, y desafiando el riesgo, empleando las tácticas y medios convencionales, avanzaron hacia la frontera de Namibia, donde las tropas del apartheid pretendían resistir. Dos veces en su historia nuestras fuerzas han estado bajo el riesgo de ser atacadas por ese tipo de armas: en octubre de 1962 y en el Sur de Angola, pero en esa segunda ocasión, ni siquiera utilizando las que poseía Sudáfrica habrían podido impedir la derrota que marcó el fin del odioso sistema. Los hechos ocurrieron bajo el gobierno de Ronald Reagan en Estados Unidos y Pieter Botha en Sudáfrica.
De eso, y de los cientos de miles de vidas que costó la aventura imperialista, no se habla.
Lamento tener que recordar estos hechos cuando otro gran riesgo se cierne sobre los pueblos árabes, porque no se resignan a seguir siendo víctimas del saqueo y la opresión.
La Revolución en el mundo árabe, que tanto temen Estados Unidos y la OTAN, es la de los que carecen de todos los derechos frente a los que ostentan todos los privilegios, llamada, por tanto, a ser más profunda que la que en 1789 se desató en Europa con la toma de la Bastilla.
Ni siquiera Luis XIV, cuando proclamó que el Estado era él, poseía los privilegios del Rey Abdulá de Arabia Saudita, y mucho menos la inmensa riqueza que yace bajo la superficie de ese casi desértico país, donde las transnacionales yankis determinan la sustracción y, por tanto, el precio del petróleo en el mundo.
A partir de la crisis en Libia, la extracción en Arabia Saudita se elevó en un millón de barriles diarios, a un costo mínimo y, en consecuencia, por ese solo concepto los ingresos de ese país y quienes lo controlan se elevan a mil millones de dólares diarios.
Nadie imagine, sin embargo, que el pueblo saudita nada en dinero. Son conmovedores los relatos de las condiciones de vida de muchos trabajadores de la construcción y otros sectores, que se ven obligados a trabajar 13 y 14 horas con salarios miserables.
Asustados por la ola revolucionaria que sacude el sistema de saqueo prevaleciente, después de lo ocurrido con los trabajadores de Egipto y Túnez, pero también por los jóvenes sin empleo en Jordania, los territorios ocupados de Palestina, Yemen, e incluso Bahrein y los Emiratos Árabes con ingresos más elevados, la alta jerarquía saudita está bajo el impacto de los acontecimientos.
A diferencia de otros tiempos, hoy los pueblos árabes reciben información casi instantánea de los sucesos, aunque extraordinariamente manipulada.
Lo peor para el estatus quo de los sectores privilegiados es que los porfiados hechos están coincidiendo con un considerable incremento de los precios de los alimentos y el impacto demoledor de los cambios climáticos, mientras Estados Unidos, el mayor productor de maíz del mundo, gasta el 40 por ciento de ese producto subsidiado y una parte importante de la soya en producir biocombustible para alimentar los automóviles. Seguramente Lester Brown, el ecologista norteamericano mejor informado del mundo sobre productos agrícolas, nos pueda ofrecer una idea de la actual situación alimentaria.
El presidente bolivariano, Hugo Chávez, realiza un valiente esfuerzo por buscar una solución sin la intervención de la OTAN en Libia. Sus posibilidades de alcanzar el objetivo se incrementarían si lograra la proeza de crear un amplio movimiento de opinión antes y no después que se produzca la intervención, y los pueblos no vean repetirse en otros países la atroz experiencia de Iraq.

Fidel Castro Ruz

Marzo 3 de 2011

10 y 32 p.m.

jueves, 3 de marzo de 2011

La Guerra inevitable de la OTAN



A diferencia de lo que ocurre en Egipto y Túnez, Libia ocupa el primer lugar en el Índice de Desarrollo Humano de África y tiene la más alta esperanza de vida del Continente. La educación y la salud reciben especial atención del Estado. El nivel cultural de su población es sin dudas más alto. Sus problemas son de otro carácter. La población no carecía de alimentos y servicios sociales indispensables. El país requería abundante fuerza de trabajo extranjera para llevar a cabo ambiciosos planes de producción y desarrollo social.
Por ello suministraba empleo a cientos de miles de trabajadores egipcios, tunecinos, chinos y de otras nacionalidades. Disponía de enormes ingresos y reservas en divisas convertibles depositadas en los bancos de los países ricos, con las cuales adquirían bienes de consumo e incluso, armas sofisticadas que precisamente le suministraban los mismos países que hoy quieren invadirla en nombre de los derechos humanos.
La colosal campaña de mentiras, desatada por los medios masivos de información, dio lugar a una gran confusión en la opinión pública mundial. Pasará tiempo antes de que pueda reconstruirse lo que realmente ha ocurrido en Libia, y separar los hechos reales de los falsos que se han divulgado.
Emisoras serias y prestigiosas, como Telesur, se veían obligadas a enviar reporteros y camarógrafos a las actividades de un grupo y a las del lado opuesto, para informar lo que realmente ocurría.
Las comunicaciones estaban bloqueadas, los funcionarios diplomáticos honestos se jugaban la vida recorriendo barrios y observando actividades, de día o de noche, para informar lo que estaba ocurriendo. El imperio y sus principales aliados emplearon los medios más sofisticados para divulgar informaciones deformadas sobre los acontecimientos, entre las cuales había que inferir los rasgos de la verdad.
Sin duda alguna, los rostros de los jóvenes que protestaban en Bengasi, hombres, y mujeres con velo o sin velo, expresaban indignación real.
Se puede apreciar la influencia que todavía ejerce el componente tribal en ese país árabe, a pesar de la fe musulmana que comparte sinceramente el 95% de su población.
El imperialismo y la OTAN ─seriamente preocupados por la ola revolucionaria desatada en el mundo árabe, donde se genera gran parte del petróleo que sostiene la economía de consumo de los países desarrollados y ricos─ no podían dejar de aprovechar el conflicto interno surgido en Libia para promover la intervención militar. Las declaraciones formuladas por la administración de Estados Unidos desde el primer instante fueron categóricas en ese sentido.
Las circunstancias no podían ser más propicias. En las elecciones de noviembre la derecha republicana propinó un golpe contundente al Presidente Obama, experto en retórica.
El grupo fascista de “misión cumplida”, apoyado ahora ideológicamente por los extremistas del Tea Party, redujo las posibilidades del actual Presidente a un papel meramente decorativo, en el que peligraba incluso su programa de salud y la dudosa recuperación de la economía, a causa del déficit presupuestario y el incontrolable crecimiento de la deuda pública, que batían ya todos los records históricos.
Pese al diluvio de mentiras y la confusión creada, Estados Unidos no pudo arrastrar a China y la Federación Rusa a la aprobación por el Consejo de Seguridad de una intervención militar en Libia, aunque logró en cambio obtener, en el Consejo de Derechos Humanos, la aprobación de los objetivos que buscaba en ese momento. Con relación a una intervención militar, la Secretaria de Estado declaró con palabras que no admiten la menor duda: “ninguna opción está descartada”.
El hecho real es que Libia está ya envuelta en una guerra civil, como habíamos previsto, y nada pudo hacer Naciones Unidas para evitarlo, excepto que su propio Secretario General regara una buena dosis de combustible en el fuego.
El problema que tal vez no imaginaban los actores es que los propios líderes de la rebelión irrumpieran en el complicado tema declarando que rechazaban toda intervención militar extranjera.
Diversas agencias de noticias informaron que Abdelhafiz Ghoga, portavoz del Comité de la Revolución declaró el lunes 28 que “‘El resto de Libia será liberado por el pueblo libio’”.
“Contamos con el ejército para liberar Trípoli’ aseguró Ghoga durante el anuncio de la formación de un ‘Consejo Nacional’ para representar a las ciudades del país en manos de la insurrección.”
“‘Lo que queremos es informaciones de inteligencia, pero en ningún caso que se afecte nuestra soberanía aérea, terrestre o marítima’, agregó, durante un encuentro con periodistas en esta ciudad situada 1.000 km al este de Trípoli.”
“La intransigencia de los responsables de la oposición sobre la soberanía nacional reflejaba la opinión manifestada en forma espontánea por muchos ciudadanos libios a la prensa internacional en Bengasi”, informó un despacho de la agencia AFP el pasado lunes.
Ese mismo día, una profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Bengasi, Abeir Imneina, declaró:
“Hay un sentimiento nacional muy fuerte en Libia.”
“‘Además, el ejemplo de Irak da miedo al conjunto del mundo árabe’, subraya, en referencia a la invasión norteamericana de 2003 que debía llevar la democracia a ese país y luego, por contagio, al conjunto de la región, una hipótesis totalmente desmentida por los hechos.”
Prosigue la profesora:
“‘Sabemos lo que pasó en Irak, es que se encuentra en plena inestabilidad, y verdaderamente no deseamos seguir el mismo camino. No queremos que los norteamericanos vengan para tener que terminar lamentando a Gadafi’, continuó esta experta.”
“Pero según Abeir Imneina, ‘también existe el sentimiento de que es nuestra revolución, y que nos corresponde a nosotros hacerla’.”
A las pocas horas de publicarse este despacho, dos de los principales órganos de prensa de Estados Unidos, The New York Times y The Washington Post, se apresuraron en ofrecer nuevas versiones sobre el tema, de lo cual informa la agencia DPA al día siguiente 1º de marzo: “La oposición libia podría solicitar que Occidente bombardee desde el aire posiciones estratégicas de las fuerzas fieles al presidente Muamar al Gadafi, informa hoy la prensa estadounidense.”
“El tema está siendo discutido dentro del Consejo Revolucionario libio, precisan ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’ en sus versiones online.”
“‘The New York Times’ acota que estas discusiones ponen de manifiesto la creciente frustración de los líderes rebeldes ante la posibilidad de que Gadafi retome el poder”.
“En el caso de que las acciones aéreas se realicen en el marco de las Naciones Unidas, éstas no implicarían intervención internacional, explicó el portavoz del consejo, citado por ‘The New York Times’.”
“El consejo está conformado por abogados, académicos, jueces y prominentes miembros de la sociedad Libia.”
Afirma el despacho:
“‘The Washington Post’ citó a rebeldes reconociendo que, sin el apoyo de Occidente, los combates con las fuerzas leales a Gadafi podrían durar mucho y costar gran cantidad de vidas humanas.”
Llama la atención que en esa relación no se mencione un solo obrero, campesino, constructor, alguien relacionado con la producción material o a un joven estudiante o combatiente de los que aparecen en las manifestaciones. ¿Por qué el empeño en presentar a los rebeldes como miembros prominentes de la sociedad reclamando bombardeos de Estados Unidos y la OTAN para matar libios?
Algún día se conocerá la verdad, a través de personas como la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Bengasi, que con tanta elocuencia narra la terrible experiencia que mató, destruyó los hogares, dejó sin empleo o hizo emigrar a millones de personas en Iraq.
Hoy miércoles dos de marzo, la Agencia EFE presenta al conocido vocero rebelde haciendo declaraciones que, a mi juicio, afirman y a la vez contradicen las del lunes: “Bengasi (Libia), 2 de marzo. La dirección rebelde libia pidió hoy al Consejo de Seguridad de la ONU que lance un ataque aéreo ‘contra los mercenarios’ del régimen de Muamar el Gadafi.”
“‘Nuestro Ejército no puede lanzar ataques contra los mercenarios, por su papel defensivo’, afirmó el portavoz rebelde Abdelhafiz Ghoga en una conferencia de prensa en Bengasi.”
“‘Es diferente un ataque aéreo estratégico que una intervención extranjera, que rechazamos’, recalcó el portavoz de las fuerzas de oposición, que en todo momento se han mostrado en contra de una intervención militar extranjera en el conflicto libio”.
¿A cuál de las muchas guerras imperialistas se parecería esta?
¿La de España en 1936, la de Mussolini contra Etiopía en 1935, la de George W. Bush contra Iraq en el año 2003 o a cualquiera de las decenas de guerras promovidas por Estados Unidos contra los pueblos de América, desde la invasión de México en 1846, hasta la de Las Malvinas en 1982?
Sin excluir, desde luego, la invasión mercenaria de Girón, la guerra sucia y el bloqueo a nuestra Patria a lo largo de 50 años, que se cumplirán el próximo 16 de abril.
En todas esas guerras, como la de Vietnam que costó millones de vidas, imperaron las justificaciones y las medidas más cínicas.
Para los que alberguen alguna duda, sobre la inevitable intervención militar que se producirá en Libia, la agencia de noticias AP, a la que considero bien informada, encabezó un cable publicado hoy, en el que se afirma: “Los países de la Organización del Tratado del Atlántico (OTAN) elaboran un plan de contingencia tomando como modelo las zonas de exclusión de vuelos establecidas sobre los Balcanes en la década de 1990, en caso de que la comunidad internacional decida imponer un embargo aéreo sobre Libia, dijeron diplomáticos”.
Más adelante concluye: “Los funcionarios, que no podían dar sus nombres debido a lo delicado del asunto, indicaron que las opciones que se observan tienen punto de partida en la zona de exclusión de vuelos que impuso la alianza militar occidental sobre Bosnia en 1993 que contó con el mandato del Consejo de Seguridad, y en los bombardeos de la OTAN por Kosovo en 1999, QUE NO LO TUVO”.

Fidel Castro Ruz

Marzo 2 de 2011

8 y 19 p.m.

Historia del 8 de marzo.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Nueva vertiente de la guerra contra Cuba



La guerra mediática desatada por Estados Unidos contra Cuba apenas triunfó la insurrección popular contra la tiranía de Fulgencio Batista en 1959, se ha mantenido por más de medio siglo, con dos vertientes básicas: la demonización de la revolución para debilitar al gobierno cubano por la vía de su aislamiento diplomático y popular, y la que tiene como blanco directo a la población de la Isla, incitando al derrocamiento del gobierno, la emigración ilegal y la ejecución de las acciones previstas en los planes y proyectos para la “transición a la democracia” diseñados por sus tanques pensantes.
La campaña mediática difamatoria global contra Cuba que ha patrocinado Washington durante más de medio siglo se intensificó, en vez de reducirse, al término de la guerra fría. Por efecto de muchos millones de dólares, la representación de la realidad cubana en la prensa occidental de gran circulación es sistemáticamente manipulada. No obstante la evidencia de que tal campaña no ha alcanzado sus propósitos jamás - así lo demuestran la amplitud y extensión de las relaciones diplomáticas cubanas y el auge del movimiento universal de amistad y solidaridad con Cuba - , es casi imposible señalar algún medio de la gran prensa corporativa (“mainstream media”) que brinde un tratamiento objetivo a la información sobre Cuba.
El bombardeo mediático hacia el interior de la Isla, tampoco ha cesado. Según el sitio digital CUBADEBATE, que cita fuentes oficiales, en el 2010 las transmisiones subversivas contra Cuba desde Estados Unidos registraron un promedio semanal de 2178 horas de agresión radial y televisiva, con empleo de 24 estaciones radiales y televisivas, 30 frecuencias, 4 satélites y un avión que realizó 21salidas mensuales para invadir el espectro radioeléctrico cubano con una señal televisiva del gobierno norteamericano.
Ahora, en la guerra mediática de Estados Unidos contra Cuba gana ímpetu una nueva vertiente que algunos denominan la campaña de los blogueros, que en verdad forma parte de la agresión cibernética que lanzara en 2008 la administración de George W. Bush y que el gobierno de Obama ha intensificado, aunque con un discurso menos torpe. Washington basa su estrategia en novedosos recursos de la tecnología informática a los que buena parte de las naciones del tercer mundo no tienen pleno acceso, lo que los lleva a una dependencia mayor de los centros informáticos de los países más avanzados.
Escudado en la falacia de que Estados Unidos desea otorgar licencias (respecto al bloqueo) para que los cubanos tengan acceso a Internet y se les facilite la tenencia de computadoras personales, el presidente George W. Bush anunció en 2008, sorpresivamente, medidas de relajamiento del bloqueo referidas a ciertos elementos informáticos que, de ser aprovechadas por Cuba, conducirían a la creación de un escenario mas propicio para la nueva modalidad agresiva contra Cuba. Se sabe que el plan estadounidense se basa en la organización de redes a nivel nacional, operadas por mercenarios bien remunerados y abastecidas con los medios necesarios para utilizar comunicación satelital sin depender de las redes nacionales ni pasar por mecanismos de supervisión cubanos. En tales redes se moverán los irónicamente identificados por la prensa corporativa como “blogueros independientes”, reclutados dentro de la Isla o en el exterior.
Para sacar ventaja de la enorme brecha tecnológica y financiera que separa a las partes en este terreno Washington acusó a La Habana, de “temer a Internet”, pretendiendo imponerle, con sus infinitos recursos mediáticos, una agenda que le resultara inalcanzable. Pero el gobierno cubano decidió no rehuir el problema sino abordarlo con agenda propia, preparándose para el enfrentamiento cual si fuera un escenario más en el que Cuba estaba obligada a vencer en aras de seguir siendo faro en la lucha de los pueblos del sur por su desarrollo independiente. La capacitación de la ciudadanía comenzó en Cuba mucho antes de que la economía permitiera una amplia tenencia de ordenadores por la población. Se creó un sistema educativo desde el preescolar hasta nivel superior con una universidad de ciencias informáticas y un subsistema de centros de aprendizaje y aplicación práctica de la computación en toda la sociedad.
Dada la imposibilidad de conectarse al cable submarino Cancún – Miami, que pasa a 32 Km. de la costa cubana y habría costado apenas medio millón de dólares-, Cuba debió esperar muchos años con su conexión a Internet limitada al satélite, a un costo muy superior y menor calidad de operación.
Ahora, una empresa mixta con Venezuela auspiciada por la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), a un costo de casi 70 millones de dólares, ha tendido un cable submarino de fibra óptica de unos 1,600 Km. entre Venezuela y Cuba que multiplicará la conectividad a Internet por 3000, incrementará la velocidad de la transmisión de datos a 640 gigabytes por segundo, propiciará el completamiento de la digitalización de las comunicaciones en toda la Isla, y permitirá un significativo incremento de los servicios (líneas digitales, servidores, enrutadores, etc.) y del número de usuarios en una escala que reducirá el costo por usuario.
Está planteada la batalla entre los blogueros pagados por Estados Unidos, de una parte, y los blogueros cubanos desde su patria o desde cualquier otra parte del mundo -con el apoyo de quienes defienden con su solidaridad el ejemplo de Cuba.
La razón triunfará, como siempre.

Manuel E. Yepe

martes, 1 de marzo de 2011

Apuntes sobre "Trabajo Asalariado y Capital" de Karl Marx



Karl Marx y Friedrich Engels publicaron el 21 de febrero de 1848 el Manifiesto del Partido Comunista. Este documento pretendía, en principio, dotar de un programa que elevara a la categoría de partido a la Liga Comunista, una organización política creada en París en 1836 con el nombre de Liga de los Justos. El Manifiesto, más allá de cumplir un objetivo inmediato, constituyó una ruptura con toda la filosofía anterior, propuso la concepción materialista de la historia, demostró el carácter revolucionario del proletariado como clase, describió de manera sintética y concreta el desarrollo de la burguesía como clase opresora y pronosticó su ineluctable caída.
En cuestión de tres días los planteamientos teóricos de Marx y Engels se vieron sometidos a la práctica. El 24 de febrero, los levantamientos populares en París, darían inicio a la Revolución de 1848. Marx analizaría estos sucesos en El 18 brumario de Luis Bonaparte, publicado en 1852. Mientras tanto, la respuesta de la reacción europea ante los sucesos de 1848 obligó a la disolución del recién nacido partido. Empero, este difícil paso hacia atrás no detuvo a Marx y Engels en su lucha.
Respondiendo a los reproches que acusaban a los comunistas de no haber expuesto en su programa “...las relaciones económicas que forman la base material de la lucha de clases y de las luchas nacionales...”1, Marx redactó el folleto Trabajo asalariado y capital. Documento que sería publicado por primera vez en abril de 1849 en la Nueva Gaceta Renana, justo cuando estaba por concluir, en Francia, el período de la Asamblea Nacional Constituyente y un mes antes de que se dieran las insurrecciones populares en Alemania en defensa de la Constitución imperial.
Hasta ese momento los principales aportes en el estudio de las relaciones económicas habían sido desarrollados por Adam Smith, en el Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones en 1776, David Ricardo, que publicó en 1817 Principios de Economía Política y Tributación.
A partir de aquí se establecerían dos frentes opuestos en los estudios económicos. Por un lado, la Economía Política clásica de Smith y Ricardo, que se enseña en la mayoría de facultades de economía del mundo, ya en su forma clásica, ya trasvasada en las teorías marginalistas, neo-clásicas, neoliberales o keynesianas; por otra parte, la Economía Política marxista que, si bien ha sido objeto de debates revisionistas y suele ser estudiada en la academia desde la crítica de los marginalistas y neoliberales, se muestra hoy por hoy, como la más efectiva para explicar las contradicciones del capitalismo y proponer soluciones conducentes a superar las consecuencias negativas del capital.
La primera y contundente tesis que lanza Marx en el mencionado texto es su definición del salario. Lo común es creer que el salario es una cantidad de dinero que se paga por realizar un trabajo dado, es una idea que nos viene de la Economía Política clásica. En realidad, lo que el trabajador vende al patrón no es su trabajo sino su fuerza de trabajo. No es esto una cuestión puramente semántica. En palabras de F. Engels, en la introducción al mencionado texto:
“La fuerza de trabajo es, en nuestra actual sociedad capitalista, una mercancía; una mercancía como otra cualquiera, y sin embargo, muy peculiar. Esta mercancía tiene, en efecto, la especial virtud de ser una fuerza creadora de valor, una fuente de valor, y, si se la sabe emplear, de mayor valor que el que en sí misma posee.”2
Así el salario es el valor de cambio expresado en dinero que se paga por una mercancía en particular que llamamos fuerza de trabajo. Sin embargo, “el salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva.”3
La fuerza de trabajo es la única mercancía que posee el obrero y que cada día de su vida debe vender ¿para qué? Para vivir.
Ahora ¿qué determina el precio de esta mercancía? El precio de una mercancía está determinado por su coste de producción. “Por tanto, el coste de producción de la fuerza de trabajo se cifra siempre en los gastos de existencia y reproducción del obrero. El precio de este coste de existencia y reproducción es el que forma el salario. El salario así determinado es lo que se llama el salario mínimo.” Es el salario de la “simple humanidad” del que hablan Smith y los marginalistas. Es decir, una cantidad de dinero determinada por la oferta y demanda que marca la diferencia entre sobrevivir llevando una vida mediocre por falta de recursos o perecer por carecer de medios de vida suficientes.
Estos medios de vida suelen consumirse inmediatamente. En términos de las amas de casa “es que la plata ya no alcanza para nada”.
“Pero, al consumir los medios de vida de que dispongo, los pierdo irreparablemente, a no ser que emplee el tiempo durante el cual me mantienen estos medios de vida en producir otros, en crear con mi trabajo, mientras los consumo, en vez de los valores destruidos al consumirlos, otros nuevos. Pero esta noble fuerza reproductiva del trabajo es precisamente la que el obrero cede al capital, a cambio de los medios de vida que éste le entrega. Al cederla, se queda, pues, sin ella.”
Con la crisis de los años 30 surge en los Estado Unidos de América un género editorial que se extendería por todo el orbe. Hoy lo llamamos “Autoayuda y Superación”. No es gratuito que los éxitos comerciales de este sector de la industria editorial aumenten en tiempos de crisis económica. Libros de esta clase son los que alimentan la fantasía pequeñoburguesa de que la autoexplotación del obrero en su tiempo libre garantiza el ascenso social de este individuo si se mantiene una cierta disciplina basada en los principios morales de la ética protestante. Insistiendo en esta apología al esfuerzo individual y negando toda lucha de clases, ponen de ejemplo individuos de origen obrero que lograron ascender en la escala social gracias a su autoexplotación en el tiempo libre.
Ochenta y siete años antes de que Dale Carnegie publicara How to Win Friends and Influence People, la obra que inauguraría el género mencionado arriba, ya Marx había desenmascarado las futuras mentiras de la pequeña burguesía gringa: la fuerza de trabajo del obrero siempre se la queda el capital. Como suena de macabro y cruel, así es. Ciertamente las vías usadas por esos magnates de origen humilde para hacer gigantescas fortunas han ido más allá de la autoexplotación.
Mientras exista el capital el obrero vivirá sometido a una trágica contradicción: para que su situación de explotado sea tolerable es imprescindible “...que crezca con la mayor rapidez posible el capital productivo.”5 Es decir, para paliar su situación, necesita que aumente la dominación de la burguesía sobre los de su clase. Así, no es de extrañar que bajo determinadas circunstancias los trabajadores prefieran apoyar a partidos burgueses que a sus propios partidos en las luchas políticas. En esos casos, la contradicción hace parecer que los intereses de obreros y los del capital coinciden, pero no es así.
“Un aumento sensible del salario presupone un crecimiento veloz del capital productivo. A su vez, este veloz crecimiento del capital productivo provoca un desarrollo no menos veloz de riquezas, de lujo, de necesidades y goces sociales. Por tanto, aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfacción social que producen es ahora menor, comparada con los goces mayores del capitalista, inasequibles para el obrero, y con el nivel de desarrollo de la sociedad en general. Nuestras necesidades y nuestros goces tienen su fuente en la sociedad y los medimos, consiguientemente, por ella, y no por los objetos con que los satisfacemos. Y como tienen carácter social, son siempre relativos.”6
Esto explica, por ejemplo, los altos salarios de los países industrializados y, a su vez, por qué a pesar de que los obreros de estos países viven en condiciones más ventajosas que sus hermanos y hermanas de los países atrasados, sigue existiendo la sociedad de clases. Asimismo, descubrimos que el salario nominal (la suma de dinero por la que el obrero se vende al capitalista, la expresión monetaria del precio del trabajo) no coincide con el salario real (la cantidad de mercancías que el obrero puede comprar con su salario). Pero “El salario se halla determinado, además y sobre todo, por su relación con la ganancia, con el beneficio obtenido por el capitalista: es un salario relativo, proporcional.”7
Así “El precio de venta de la mercancía producida por el obrero se divide para el capitalista en tres partes: la primera, para reponer el precio desembolsado en comprar materias primas, así como para reponer el desgaste de las herramientas, máquinas y otros instrumentos de trabajo adelantados por él; la segunda, para reponer los salarios por él adelantados, y la tercera, el remanente que queda después de saldar las dos partes anteriores, la ganancia del capitalista. Mientras que la primera parte se limita a reponer valores que ya existían, es evidente que tanto la suma destinada a reembolsar los salarios abonados como el remanente que forma la ganancia del capitalista salen en su totalidad del nuevo valor creado por el trabajo del obrero y añadido a las materias primas. En este sentido, podemos considerar tanto el salario como la ganancia, para compararlos entre sí, como partes del producto del obrero.”8
Pregunta Marx entonces: “¿Cuál es la ley general que rige el alza y la baja del salario y la ganancia, en sus relaciones mutuas?
Se hallan en razón inversa. La parte de que se apropia el capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajo, el salario, y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la medida en que éste aumenta.” Así, bajo gobiernos burgueses, cuando en períodos de crisis económica la burguesía precisa incrementar sus ganancias se implementan reformas laborales determinadas a bajar el salario real.
Valiéndose de la ciencia, Marx explica en términos accesibles los diferentes factores que determinan el salario, cómo este determina las condiciones de vida del obrero y cómo este encuentra que su bienestar depende del crecimiento del capital. A este eventual y relativo bienestar el obrero tendrá que responder con más horas de un trabajo que cada vez será menos suyo porque, necesariamente habrá un aumento en la división del mismo.
Después de Marx, el estudio de las relaciones económicas es mucho más que números y gráficos en un pizarrón o una computadora. Se suele acusar al marxismo de reducir todo al tema económico. Obras como Trabajo asalariado y capital desmienten esta acusación. Precisamente uno de los aportes de Marx es mostrar que la economía y las sociedades no se desarrollan de manera independiente. Por encima de los guarismos crece y se desarrolla de manera compleja el género humano. Actualmente y desde hace tres siglos bajo el imperio de un capital que no admite reformas sino que crece a condición de succionarle horas de vida a millones de trabajadores en el mundo. La clase obrera se ve sujeta a un nudo gordiano que sólo puede ser roto por la unión de todos los trabajadores en contra del capital y por la construcción del socialismo.


“¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!”


NOTAS

1. Karl Marx. Trabajo asalariado y capital. En Salario, precio y ganancia/Trabajo asalariado y capital. Fund. Federico Engels. Madrid, 2003. p. 76.
2. F. Engels en Karl Marx. Salario, precio y ganancia/Trabajo asalariado y capital. Fund. Federico Engels. Madrid, 2003. p. 74.
3. Ibid. p. 79.
4. Ibid. p. 90.
5. Íbid. p. 91.
6. Íbid. pp. 92-93.
7. Íbid. p. 94.
8. Íbid. pp. 94-95.

Jonathan Fortich