La reunión entre funcionarios estadounidenses y daneses en la Casa Blanca para discutir el futuro de Groenlandia no destrabó las diferencias entre yanquis y europeos. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el vice norteamericano J.D. Vance, ratificaron ante el canciller danés, Lars Lokke Ramussen, y la jefa diplomática groenlandesa, Vivian Motzfeldt, las pretensiones de Donald Trump de anexar la isla a los Estados Unidos.
Poco después de este encuentro, el presidente norteamericano insistió ante los medios en que no piensa “renunciar a ninguna opción” para hacerse del control del territorio ártico. Y, hasta aquí, esgrimió dos variantes: la compra, o el uso de la fuerza. Los ingentes recursos naturales sin explotar de la isla (incluyendo tierras raras) y su ubicación estratégica, debido al creciente deshielo y la formación de rutas navegables importantes para el comercio, explican la codicia de la Casa Blanca.
Si bien hace tiempo que Trump blanqueó sus apetitos, la reciente invasión de Venezuela es lo que ha actualizado las alarmas en la isla y en Dinamarca, que tiene el control de ese territorio.
Trump alega “razones de seguridad nacional” y la disputa con China y Rusia en torno a la región para justificar sus pretensiones. Copenhague contrapropone, como alternativa a la anexión, una mayor presencia militar de la Otan en la isla.
Como parte de las tensiones, Dinamarca puso en marcha la operación militar Resistencia Ártica, junto a fuerzas francesas, alemanas, británicas, suecas y noruegas. El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció el envío de tropas. No se puede descartar que las negociaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea por Groenlandia naufraguen y el conflicto y las tensiones escalen.
A la par de la rivalidad con China, se abre una fractura en ascenso de Estados Unidos con la Unión Europea. Las disputas en el Artico y en torno a Groenlandia se inscriben en las tendencias a una tercera guerra mundial.
Los convidados de piedra en esta disputa son los isleños. El primer ministro de Groenlandia, Jens Frederik Nielsen, sostuvo recientemente que “si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca aquí y ahora, elegimos a Dinamarca”. Como entre Escila y Caribdis, la isla se debate entre dos males. Nielsen encabeza una coalición de cuatro partidos, tres de los cuales se inclinan por un proceso gradual de emancipación de Dinamarca. El único partido proclive a una separación brusca, Naleraq, que promueve, además, un acuerdo comercial con Estados Unidos, se encuentra en la oposición.
Se vuelve decisiva una irrupción masiva de la clase trabajadora, a nivel internacional, contra la guerra imperialista y sus gobiernos.
Prensa Obrera


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