domingo, 4 de enero de 2026

Trump se jacta del ataque a Venezuela y confirma sus ambiciones petroleras


El presidente de EE.UU., Donald Trump, señaló este sábado que será Washington el que dirija la política en Venezuela hasta que la Casa Blanca considere puedan «hacer una transición segura». 
 Las palabras de Trump fueron ofrecidas en una rueda de prensa desde la Casa Blanca, luego que en horas de la madrugada el propio mandatario estadounidense confirmara una serie de bombardeos contra Venezuela y el secuestro del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores.
 «Queremos paz, libertad y justicia para el gran pueblo de Venezuela, y eso incluye a muchos venezolanos que ahora viven en EE.UU. y quieren regresar a su país como su patria. No podemos arriesgarnos a que alguien más tome el control de Venezuela», expresó Trump, quien agregó que su Gobierno no va «a permitir que eso suceda». 
 «Ya llegamos (…) y nos quedaremos hasta que se produzca la transición adecuada. Así que nos quedaremos hasta que, en esencia, podamos ejecutarlo, hasta que se produzca una transición adecuada», resaltó Trump en compañía del secretario de Estado, Marco Rubio, entre otros altos funcionarios de su administración. «Gigantescas compañías petroleras estadounidenses» entrarán en Venezuela. 
 Durante su discurso, Trump señaló que a partir del control político que asegura ejecutará en Venezuela, se dará paso a que las «gigantescas compañías petroleras estadounidenses» entren a explotar los recursos energéticos venezolanos. 
 «Como todos saben, el negocio petrolero en Venezuela ha sido un fracaso. Un fracaso total durante mucho tiempo. No estaban extrayendo casi nada en comparación con lo que podrían haber estado extrayendo y lo que podría haber ocurrido. Vamos a tener a nuestras gigantescas compañías petroleras estadounidenses. Las más grandes del mundo. Entrar, gastar miles de millones de dólares, arreglar la infraestructura que está muy dañada», dijo. 

 Cubadebate

Felipe Seade, un comunista


La edición 2025 del Día del Patrimonio (ya convertido en fin de semana) tuvo como marco la conmemoración de los “dos siglos de los hechos de 1825 que dieron inicio a un nuevo proceso de lucha por la libertad y la independencia de la Provincia Oriental”. 
 La Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación del Ministerio de Educación y Cultura invitó “evocar aquellos episodios históricos, brindando una visión desde el siglo XXI que recupere presencias y protagonismos de hombres y mujeres de distinta condición social, étnica y cultural. También es una oportunidad para contemplar el proceso de construcción de identidades, analizando y recordando las formas de celebraciones oficiales y populares, los sitios emblemáticos, el nomenclátor y la toponimia del territorio, los monumentos, las representaciones artísticas recordatorias, los textos escolares, entre otras expresiones culturales desarrolladas a lo largo de la historia del país en toda su diversidad”. 
 La imagen elegida para convocar a las actividades estuvo inspirada en el mural que el pintor Felipe Seade (Antofagasta, Chile, 1912-Montevideo, Uruguay, 1969) realizara en el Liceo Departamental de Florida (hoy Liceo N°2) y que se denominó “Marcha del pueblo hacia la Piedra Alta”. 
 En ese gigantesco mural de 20 x 5 metros, el pintor reflejó no a los próceres, sino al pueblo marchando hacia la Piedra Alta (como indica el título del mural) a respaldar la declaratoria de la Asamblea, a través de ochenta figuras humanas al natural. Los modelos para estas figuras fueron las alumnas y alumnos del Liceo, sus familias, las vecinas y vecinos. Gente de todos los grupos sociales, de todas las etnias, de todas las edades. 
 Y es que Seade creía que había que devolverle la historia al pueblo y que había que hacerlo a lo grande, en los muros. El maestro se enamoró del mural desde muy joven, asistiendo primero al pintor Guillermo Rodríguez, en el Círculo de Bellas Artes y luego con la llegada al Uruguay en 1933 del maravilloso muralista mexicano David Alfaro Siqueiros. 
 En el Liceo Departamental de Colonia (hoy Casa de la Cultura), el pintor ya había hecho un mural denominado “Alegoría del trabajo”, en el que se presenta el trabajo industrial, el agrícola, la ciencia y la educación, reflejados en la gente que se dedica al mismo y mostrando su temprana preocupación por la temática social. 
 Pero Seade asumía estas temáticas y creía en esas cosas porque era comunista y creía, entonces, en la función social y política del arte para transformar la sociedad, pero además en el imperativo histórico que tenían los artistas en una época “cuando todos los días cae la gente, en el mundo, como racimos”. 
 Fue docente en Secundaria, en Montevideo y en el interior, en el recién creado Instituto de Profesores Artigas (IPA) y en la Escuela de Bellas Artes (hoy Facultad de Artes de la Universidad de la República) y en esos espacios académicos formó a decenas de las y los más destacados artistas plásticos de nuestro país, pero siempre fue silenciado por las élites culturales, que lo consideraban un peligro. 
 Fue miembro activo de la AIAPE (Agrupación de Intelectuales, Artistas, Profesionales y Escritores en defensa de la Cultura), que pregonaba la “defensa efectiva de la cultura y por eso se exterioriza nuestro pensamiento con un ataque a la tendencia que consideramos en este momento como más peligrosa y más contraria al progreso espiritual de la humanidad: el fascismo”. 
 Seade fue ilustrador de la revista que editaba esa Agrupación, participó en los salones de arte en el que se subastaban piezas en solidaridad con la agredida República Española y su firma también figura junto a otros muy destacados representantes de la cultura en Uruguay en la creación del Instituto Cultural Uruguayo Soviético (ICUS) en noviembre de 1945. 
 Fue ilustrador de la revista Mundo Uruguayo junto a importantísimos artistas de la época entre los que se destacó Julio Suárez (Peloduro, también comunista) y realizó diversos murales en colaboración con distintos arquitectos, entre ellos uno muy importante en una residencia diseñada por el arquitecto Fresnedo Siri.
 Su obra fue directamente censurada durante la dictadura fascista que asoló al país entre 1973 y 1985 (el mural de Colonia fue ocultado con armarios y el de Florida fue tapado por un lambriz) y –en general- ha sido poco difundido entre las generaciones más jóvenes con excepciones como la exposición que se realizó a la salida de la dictadura en la Intendencia de Montevideo y en la Galería Ejido, así como algunas exposiciones colectivas de artistas uruguayos en el Museo Blanes y en el Museo Nacional de Artes Visuales. 
 Para quienes descendemos de Seade (sus hijas e hijo, sus nietas y nietos, bisnietas y bisnietos) es enorme el reconocimiento que cuando se conmemoran nada menos que los doscientos años de nuestra independencia, la imagen elegida esté inspirada en un mural de Felipe. 
 Para las comunistas y los comunistas uruguayos, particularmente quienes desarrollan su actividad en la cultura y la educación, es también un inmenso honor, pero es además un recordatorio de la importancia de la memoria y de la resistencia, de la convicción respecto del valor de nuestra tarea, sea cual sea el lugar y el tiempo en el que nos toque estar. 

 “Para mí, el problema es bien claro y bien simple. 

 En efecto –y hablo, sobre todo, para los compañeros jóvenes- lo importante no es cómo, sino qué pintamos. 
 Digámoslo crudamente. Nuestra generación debe meterse de lleno en el drama humano, porque lejos de la opereta y la llorosa ópera italiana, nosotros nacimos en una época de bombas y cañonazos, y no podemos estar engañando al público con fotografías iluminadas y paisajes servidos ahí, en plato, como un postre. 
 Fieles, entonces, a nuestro destino y a nuestra misión, tenemos que despreciar y atacar no ya sólo a la técnica impresionista, sino a todo ese sentir impresionista y externo de las vibraciones lumínicas, de los tonos de crepúsculo y los almendros en flor. 
 Mírese, si no, que cosa extraña. Todos esos pintores de caballete, que vuelven de Europa, hablando a más no poder, de las grandes tradiciones –de los egipcios, de los griegos, de los renacentistas y de los góticos- una vez con los pinceles en la mano, no saben hacer otra cosa que una pintura intimista o “naturalezas muertas”. ¡Y bueno! A esos señores hay que recordarles, precisamente, que en ninguna época el arte verdadero tuvo como base, una cosa tan anémica y “chica”, sino que, por el contrario, siempre se metió en el pueblo, y expresó el problema humano, con todas sus tragedias y todas sus alegrías. 
 Por consiguiente, ¿qué es lo que debemos pintar nosotros? ¿Cuál es el tema nacional? ¿El gaucho? No. ¿El fútbol? Tampoco. ¿Y entonces? La historia, señores. No hay levante. Tenemos que pintar la historia –la nuestra- y en el muro: ¡a lo grande! Olvidando a Europa, y empezando por ser más modestos: la técnica vendrá, después, sola. 
 Darle, pues, al pueblo, su historia. Y los que no quieran entender esto, los que no tengan fe, que rompan los pinceles y se hagan bailarines.
 FELIPE SEADE”
 (Extraído de la entrevista realizada por el periodista Carlos Pasos en la revista Mundo Uruguayo N° 1.131, 26 de diciembre de 1940) 

 Pablo Siris Seade
 El Popular, octubre 8, 2025

Dimensiones del Reglamento de 1815


Cuando conmemoramos un nuevo natalicio de José Artigas y estamos en el año del 210 aniversario del Reglamento de Tierras, reproducimos estas reflexiones de la profesora María Luisa Battegazzore. 

 (…) Luego de conformados los Estados nacionales, la tierra se confundió con el territorio de la nación y el control sobre la misma se convirtió en una cuestión de soberanía, un problema al que ya atiende Artigas pues, aunque apreciaba la necesidad del comercio y las relaciones con Inglaterra, busca defender la independencia también frente a la gran potencia imperialista de la época a través de un tratado, si bien algo marginal, y de un reglamento comercial de orientación proteccionista. 
 Por lo tanto, regular la tenencia de la tierra otorgando títulos de propiedad, como hace Artigas, tiene un significado jurídico, político, económico y social. Es justo decir que el Reglamento de 1815 busca establecer o consolidar una propiedad de nuevo tipo, el modo de propiedad capitalista, algo revolucionario en ese contexto histórico-social.
 El Reglamento se preocupa asimismo por limitar la extensión de esas propiedades territoriales, en consonancia con las ideas de la ilustración española. Lo limita directamente, estableciendo la extensión de las donaciones e indirectamente, prohibiendo su enajenación o hipoteca hasta “el arreglo formal de la provincia en que ella deliberará lo conveniente”. (…) 
 Conceder la tierra en propiedad tenía un significado social y económico: por un lado, estimulaba una explotación racional del ganado, la diversificación productiva y la introducción de mejoras, pues el poblador tendría garantizada la estabilidad de su tenencia y el disfrute de sus trabajos e inversiones. Era, por consiguiente, un elemento esencial para el “fomento de la campaña” y también para el “ordenamiento y seguridad” de la misma. Por otro, significaba una transformación profunda de las relaciones sociales, con la creación de una amplia capa de campesinos o productores rurales independientes: “hombres libres en una tierra libre”.
 Finalmente, tenía un sentido político-militar: el régimen de tenencia de la tierra permitía o impedía el contralor sobre el territorio y la defensa de las fronteras, que sólo podía asegurarse mediante la fundación de poblaciones y la colonización agraria de un vasto territorio despoblado. Cada colono se convertiría en un soldado, más aún bajo el artiguismo cuyo ejército era, efectivamente, según la hermosa expresión de Agustín Beraza, “el pueblo reunido y armado”. 

 Tierra y revolución (…)

 El criterio político está claramente expresado en una carta de Artigas a su pariente, Antonio Pereira, en octubre de 1815. “Alguna diferencia debe ponerse entre los servidores de la patria, a los que no han hecho más que multiplicar nuestros trabajos. Si de este modo quedan impunes los delitos se continuará la osadía de refinarse la obstinación de los enemigos. Cuando no la paguen sus personas, la sufrirán sus intereses y ellos servirán de castigo a sus crímenes”. 
 Por supuesto que además de castigar a los enemigos –en forma ejemplarizante que, por lo menos, neutralizara a los indecisos- la revolución debía premiar a los que habían combatido y sufrido por la causa, ganar adhesiones, estimular el compromiso. El que hubiera recibido su tierra de la revolución sabía que su posesión sólo estaría asegurada por el triunfo y la consolidación de la misma. 
 Este es el primer y más obvio sentido político del Reglamento, que poco tiene que ver con venganzas o revanchas. Los “malos europeos y peores americanos” a los que se refiere eran los emigrados a España, Portugal o Buenos Aires, enemigos declarados del “sistema de libertad”, para usar los términos de Andresito. Aunque los terrenos que se declaran repartibles son los de los “malos europeos y peores americanos”, los art. 13 y 14 afectaban a algunos personajes influyentes, incluso miembros del Cabildo en 1815 – 1816 y oficiales artiguistas, amigos de la revolución y a otros más o menos neutrales. Esto aclara lo que podríamos titular como “el misterio de una nota al pie”.
 En su ingente investigación Lucía Sala, Julio Rodríguez y Nelson De la Torre recolectaron además del texto original del Reglamento, único que ostenta la firma de Artigas, varias copias del mismo, autenticadas o no. En una de ellas, que no está firmada ni autenticada, se agrega al pie una enmienda que luego fue reproducida acríticamente en sucesivos estudios históricos. Ese agregado, cuyo origen se desconoce pero que tendría gran importancia en los conflictos por tierras, entonces y en la época independiente, dice: “NOTA: Al artículo 13 se le añade la cláusula siguiente; no se comprenderán en dho. artículo los Patriotas acrehedores a esta Gracia”. (…)

 Qué, cuánto y a quiénes 

 El meollo del problema, lo que define el carácter del movimiento revolucionario, radica en qué se hace con la tierra, a quién o quiénes se la entrega y en qué condiciones se accede a ella, que viene a ser la misma cosa. (…) 
 El más significativo elemento diferencial del Reglamento de 1815 es que la tierra se entregaba en moderada extensión y gratuitamente, sin más exigencia que poblarla y trabajarla. Y que, con la tierra se repartían ganados, lo que ampliaba aún más el espectro de los posibles beneficiarios, haciendo que no fuera mero discurso la famosa expresión de que los más infelices fueran los más privilegiados.
 La enumeración de los “más infelices” era insólita en una sociedad basada en la lógica de las jerarquías, como fue la colonia y también el Uruguay independiente. Basta recordar las exclusiones que estableció la Constitución de 1830 para el ejercicio de la ciudadanía. La revolución era el “mundo dado vuelta”.
 El Reglamento de 1815 se guió por un criterio no sólo político sino también económico-social. 
 “Lo que importa en la revolución agraria artiguista es ante todo el enlace orgánico inextricable entre una política de principios revolucionaria y radical sobre la tierra y una práctica consecuente, también radical y revolucionaria. (…) Definida la primera cuestión, si el ‘arreglo de los campos’ se resolvía en mera política de policía rural o de asentamiento de los paisanos en la tierra, el curso de los hechos se enderezó hacia una política de libre acceso a la tierra. (…) Y este fenómeno, cada vez más radical, fue también el que apreciaron los hacendados del bando patriota que desertaron de la revolución y entregaron la patria al invasor extranjero. Pero lo que hace significativo además el modo artiguista de solución del viejo problema de ‘arreglo de los campos’ (…) deviene de la honda transformación que esta política agraria imprimía en las relaciones sociales y en el consiguiente modo de producción. (…)
 En el caso que nos ocupa deberíamos decir esclavos y libertos, criollos pobres, intrusos en terrenos ajenos, “hombres sueltos”, indígenas, todos los que se enumeran como los “más infelices”. 
 La revolución artiguista entronca en la línea democrática de la revolución hispanoamericana, con las derrotadas revoluciones campesinas de Hidalgo y Morelos en México, con los tardíos movimientos independentistas que encarnan Betances y Martí que, en cierta forma, enlazan la revolución emancipadora del siglo XIX con la gran revolución mexicana del XX. 
 En nuestra América, desde la revolución de independencia hasta hoy, hay tres coordenadas fundamentales en las luchas populares: la liberación nacional (no necesariamente entendida en el estrecho marco del Estado-nación), la democratización, no sólo formal sino con un fuerte contenido social, y la lucha por la tierra, que es según Mariátegui, el problema cardinal al que se encadenan los demás. “El régimen de propiedad de la tierra determina el régimen político y administrativo de toda nación. El problema agrario (…) domina todos los problemas de la nuestra. En lo que concierne al problema indígena, la subordinación al problema de la tierra resulta más absoluta aún…”. 
 Por eso entendemos acertado el análisis de Barrán que explica la capacidad del artiguismo –pensado en términos de la Liga Federal- para resistir por cuatro años luchando en dos frentes: enfrentando a Buenos Aires y a la invasión portuguesa, a pesar de las deserciones y traiciones en su seno. 
 La defensa de la revolución agraria y republicana, de las autonomías provinciales constituía una “voluntad general” de la que Artigas era abanderado e intérprete. “El Artigas verdadero es el conductor y el conducido”.

 Profesora María Luisa Battegazzore, vicepresidenta de la Fundación Rodney Arismendi. 
 Extracto de la nota “El Artiguismo tierra y libertad”
El Popular, junio 21, 2025

viernes, 2 de enero de 2026

Bolivia: el proletariado minero es protagonista de la huelga general contra el gasolinazo de Paz


Enfrenta el ajuste fondomonetarista contra el pueblo.

 La Central Obrera Boliviana (COB) inició el lunes 22 de diciembre una huelga general por tiempo indefinido hasta que se derogue el Decreto Supremo 5503 dictado por el nuevo gobierno de Rodrigo Paz, que plantea un fuerte ataque a las condiciones de vida de las masas trabajadoras. 
 El epicentro de la huelga general convocada por la COB estuvo en la capital La Paz. Grandes columnas de millares de mineros, con sus cascos y herramientas, se movilizaron y cercaron todas las entradas a la Plaza Murillo, donde está la sede del gobierno nacional. 
 La policía apeló a todos los recursos para impedirlo: colocó vallas y barricadas en todas las arterias y desarrolló una feroz represión contra los mineros, que pelearon durante horas, volviendo varios días acompañados por otros sectores (docentes, fabriles). Se afirma que incluso algunos tiraron cartuchos de dinamita para detener la lluvia de gases y disparos de las fuerzas represivas. Hace rememorar jornadas históricas protagonizadas por el combativo proletariado minero boliviano. Todo el centro quedó cortado por la marcha minera. 
 Hubo también importantes manifestaciones en Cochabamba y otros distritos, y una veintena de cortes de ruta. 

 Contraofensiva del gobierno y la derecha 

Pero el gobierno, apoyado por el gran capital nacional e imperialista, lanzó una contraofensiva para quebrar el movimiento huelguístico. Estableció “mesas de diálogo” con los transportistas y las “cooperativas mineras”, e incluso con organizaciones de base barriales, para que no se plegaran al paro general. Ante la persistencia de las marchas mineras comenzó a organizar la presencia de sectores de la pequeña burguesía que fueran a increpar las columnas movilizadas, acusándolas de vivir a “costa del Estado” (sin mucho éxito todavía); y un amplio operativo de medios de prensa en contra de los mineros y sus movilizaciones. Con sus diferencias, una campaña reaccionaria parecida a la que se desarrolló en Argentina para denostar y atacar a los movimientos piqueteros. 
 Sin embargo la COB votó en un plenario realizado en la Navidad mantener las movilizaciones, y concurrir al “diálogo” con el gobierno planteando que solo levantará la lucha en curso si el gobierno deroga el decreto 5503. 

 Un ataque imperialista contra los trabajadores y la nación explotada

 Este decretazo no es solo un ataque al bolsillo de los trabajadores a través del “gasolinazo”, que quita los subsidios a los combustibles y aumento las naftas un 86% y el diésel 160%. Esta medida viene acompañada por un plan de entrega y remate de riquezas nacionales y de medidas a favor de los grandes empresarios.
 El gobierno que dice eliminar subsidios al consumo popular para ahorrar presupuesto ha borrado de un plumazo cuatro impuestos que se gravaban a los grandes capitalistas. Por ejemplo, eliminó un impuesto que gravaba (mínimamente) a menos de 300 de los grandes ricachones (en lugar de aumentarlo para reducir el déficit fiscal). Como compensación aumentó un 20% del salario de los trabajadores registrados (en blanco), algo totalmente insuficiente y que abarca solo al 15% de la mano de obra, porque el 85% restante es totalmente precarizado (esto ha sido producto de 20 años del gobierno del MAS, que mucho habló de “derechos” pero dejó que las patronales avanzaran con la precarización y el trabajo en negro). También anunció un aumento para los ancianos, que no cobran ningún tipo de jubilación o pensión. 
 La ofensiva contra el pueblo trabajador responde directamente a la presión del imperialismo yanqui y las cámaras empresarias. El decreto fue emitido pocos días después que visitara al gobierno de Rodrigo Paz una delegación con personeros de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC), el Banco de Exportación e Importación (EXIM), la Agencia de Comercio y Desarrollo (USTDA), el Departamento de Comercio y el Departamento de Estado yanqui.
 El gobierno impone un régimen de gestión denominado “fast track” (aprobación inmediata): si una inversión no se aprueba en 30 días se dará como automáticamente aprobada. Esto elimina, en particular para las inversiones mineras, todo estudio ambiental o consulta con las comunidades e incluso sin aprobación parlamentaria. También se otorga una “estabilidad” para los “inversionistas” en materia jurídica y tributaria de 15 años. Si el parlamento o un nuevo gobierno quieren modificar o anular un contrato leonino, no puede o corre el riesgo de que sea “arbitrado” y litigado en tribunales “internacionales”. 
 También se plantea un blanqueo de capitales (no tendrán que explicar el origen de los mismos) a una tasa 0 (cero) de impuestos. Un paraíso legal para las grandes mineras imperialistas (litio, tierras raras, etc.). 
 Para el 22 de marzo del 2026, en tres meses, están convocadas las elecciones subnacionales donde se elegirán gobernadores y concejales en todo el país. El gobierno y los partidos patronales están tratando de desactivar el desarrollo de la lucha en curso llevándola al terreno electoral. Pero en simultáneo ya están tomando medidas proscriptivas. El Tribunal Supremo Electoral está a punto de desconocer la personería del Morena (Movimiento de Renovación Nacional) que dirige la alcaldesa de El Alto, Eva Copa, importante referente del dividido MAS, y que habría hecho un acuerdo con Evo Pueblo, la lista de Evo Morales.

 La huelga general se debe organizar

 Planteamos en una nota anterior que no se trata solo de convocar a la huelga general sino que hay que organizarla, convocando asambleas fabriles, mineras, barriales, para constituir comandos de lucha que tomen las tareas de la misma (piquetes, manifestaciones, etc.) en sus manos. Reclamar y organizar plenarios sindicales y regionales para avanzar en la coordinación de las luchas, y enviar delegaciones a los plenarios de la COB, con planteos en tal sentido. 
 Más allá del resultado inmediato del desarrollo de la huelga general esta irrupción del proletariado minero es un alerta para el gobierno y la burguesía. Los trabajadores bolivianos no han dicho la última palabra. No cesarán, por supuesto, los “ajustes” contra el pueblo trabajador (cada seis meses se “revisarán” las tarifas, dijeron voceros gubernamentales) y se pondrá en marcha la entrega de las empresas estatales y riquezas naturales.
 Bolivia obrera y campesina esta conmovida. Debe pararse en forma independiente de las direcciones burguesas. La vanguardia obrera, campesina y estudiantil debe organizarse en su propio partido de clase. 

 Rafael Santos