lunes, 15 de abril de 2024

Ucrania: las novedades en el frente militar


“Si necesitas 8.000 disparos al día para proteger la línea del frente, y sólo tienes, por ejemplo, 2.000, tendrás que hacerlo menos. ¿Cómo? Retirándote, por supuesto. Acortar la línea del frente. Si el frente se abre paso, los rusos podrán entrar en las grandes ciudades”, afirma Volodomir Zelensky, el presidente ucraniano (Washington Post, 29/3).
 ¿Cómo es que Zelensky, el mismo que hace pocos meses declaró que Ucrania solo tuvo 31 mil bajas, el que dijo por tanto foro internacional que Rusia estaba liquidada, ahora declara sobre la inminente retirada de ucraniana? Veamos.
 La caída de Adviivka fue un baño de sangre. Las tropas ucranianas, abrumadas por la aviación y artillerías rusas, comenzaron una desbandada, desacatando las órdenes del mando de luchar por la ciudad. Solo después que la desbandada desordenada adquirió volumen, el mando ucraniano anunció cínicamente una retirada táctica, “para proteger” a sus tropas. 
 Atrás quedaron los heridos y varios grupos ucranianos que perdieron la comunicación con el mando de la zona. Tras las líneas rusas, también quedó mucho equipo táctico y pesado provisto por la Otan. La tercera brigada de asalto del regimiento nazi Azov, que solo tuvo intervención por pocos días, no paró de publicar epitafios en sus redes sociales. Los que huyeron, tuvieron que hacerlo por una corta brecha que se encontraba no ya cubierta por la artillería, sino bajo control visual de las tropas rusas. 
 Los medios otanistas dicen que Rusia perdió 17 mil tropas en Adviivka, mientras que reconocen que la tasa de reposición mensual de reclutas que Rusia envía al frente es de 30 mil. Más allá de la tasa de reposición positiva, no pareciera posible que Rusia haya perdido tanto personal, puesto que, como informamos, mientras que el bombardeo se condice con un ataque a gran escala, la introducción de tropas se hace con pequeñas unidades. 
 Ya hemos señalado la importancia relativa que tiene Adviivka para aliviar los bombardeos sobre Donetzk, así como también la importante fortificación que suponía desde 2014. Sin embargo, lo central a tener en cuenta no es la recuperación de Adviivka en sí, sino el cómo se obtuvo: por una masividad de bombardeos aéreos, combinado con un gran uso de artillería contra las posiciones fortificadas, y con drones de contrabatería contra la defensa antiaérea, los radares y las torres de artillería. 
 A lo largo de todo el frente, Rusia ha logrado despachar más de 150 ataques diarios con bombas de planeación FAB, guiadas por GPS satelital, que se arrojan con alta precisión a una distancia considerable de la línea de contacto, lo cual protege a los aviones de las defensas antiaéreas. Los aviones multipropósito SU-34 y SU-35, tienen la capacidad de cargar 4 bombas de 250kg, 2 de 500kg o 1 devastadora de 1500km. Para peor, se observa una estandarización y producción masiva de las bombas de 1500kg y desde febrero se comenzaron a producir las FAB-3000. 
 Según Forbes (4/3), los cazas Su-34 y Su-35 de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas realizan cien o más salidas al día, atacando posiciones ucranianas con bombas FAB guiadas por satélite. “En los últimos días, la Fuerza Aérea de Ucrania comenzó a utilizar bombas guiadas French Hammer a una distancia de hasta 40 millas. Pero 50 bombas francesas al mes es muy poco en comparación con los miles de KAB que los rusos pueden lanzar mensualmente. Kiev tiene una esperanza: la ayuda de Estados Unidos”. 
 La respuesta de Syrsky (nuevo jefe de las fuerzas armadas) y Zelensky ante el dilema aéreo presentado por los rusos fue la de acercar los sistemas de defensa antiaérea a la línea de contacto. El resultado fue que Rusia se cargó sistemas Patriot, Nasams, S-300 y otros, lo cual redunda en un mayor dominio aéreo. 
 Asimismo, para frenar el avance ruso post Adviivka, Syrsky está moviendo a las reservas apostadas en el norte de Chernigov y en la frontera con Bielorrusia. De ese modo, ha logrado tapar agujeros con infantería en la zona. Sin embargo, de momento, no ha logrado una estabilización en la dirección de Adviivka, sino que solo ha conseguido relentizar un poco el avance ruso infringiéndole bajas. 
 También, acercaron baterías Hymars a la línea de contacto, tras lo cual, los rusos se han cargado también algunos de estos complejos de misiles. Y los ucranianos, al mismo tiempo, sacaron a relucir los tanques Abrams contra la orden de EEUU de resguardarlos. La consecuencia es que ya hay confirmación visual de la destrucción de 6 de los 31 enviados. 
 Claramente, es por esto que en el artículo anterior contamos que a Sirsky sus tropas lo llaman “el carnicero”. No por las bajas que infringe a sus adversarios, sino a sus propias tropas saturando el terreno con infantería en combates de desgaste, con una “defensa activa” que no conviene en nada a Ucrania. 
 Así, más allá que en las últimas semanas se registra una recuperación ucraniana en los suministros de munición de artillería, la diferencia de la producción rusa respecto de la del conjunto de la Otan, todavía marca una diferencia sustancial en el teatro de operaciones a favor de Rusia. Más aún, la diferencia se ensancha si le tomamos en consideración las rondas de artillería que Rusia consigue de Corea del Norte e Irán.
 En cierta forma, esta circunstancia de combate (donde se manifiesta una brutal campaña de bombardeos tácticos que eliminan posición por posición, pero también bombardeos estratégicos que están devastando el sistema energético y la infraestructura), deja en un segundo plano a lo que ocurra con las tropas en tierra y a la situación del Mar Negro, donde está planteada una crisis a mediano plazo para Rusia.
 Los comandantes ucranianos dijeron a Der Spiegel (12/3) que las Fuerzas Armadas de Ucrania no durarán mucho. “La mayoría está de acuerdo: debido a la falta de suministros, casi todas las unidades se ven obligadas a ahorrar munición”. 
 El medio alemán agrega que algunas tropas ahora pueden mantener sus posiciones, pero “sólo hasta que el ejército ruso ataque con toda su fuerza”. Si los ataques se intensifican, debido a la grave escasez de personal, armas y municiones, no podrán detenerse por mucho tiempo. Entonces, las unidades de las Fuerzas Armadas de Ucrania tendrían que retirarse; “sin embargo, las posiciones para la retirada tampoco están bien desarrolladas”. 
 Para colmo, Ucrania no solo dilapida su equipo y sus tropas en contraataques inconducentes en la dirección de Donetzk, sino que, además, como citamos en el artículo que comentamos el nombramiento de Sirsky, su designación traería aparejada nuevos “ataques irreflexivos”.
 En ese sentido, en la previa de las elecciones rusas, las fuerzas especiales de Ucrania (GRU) y la llamada legión “Rusia Libre” intentaron por varios días invadir Kursk y Belgorod. Fue otro baño de sangre. Los rusos tenían una amplia superioridad de tropas y de aviación en la zona. Los helicópteros K-52, apoyados por drones de reconocimiento, salieron de caza en el zoológico. 
 La campaña de ataques contra Belgorod, que sugestivamente se dio concomitantemente con el ataque terrorista en Crocus City Hall, solo logró la eliminación efectiva de las tropas ucranianas en la frontera y que los ataques de la aviación rusa se distrajeran un poco de la línea de contacto del frente.
 Pasada la incidencia de Belgorod, la situación del frente no cambia en nada en favor de Ucrania. Por el contrario, “los próximos cinco o seis meses podrían ser críticos”, dice Konrad Muzyka, analista de Rochan Consulting y autor del sitio web Ukraine Conflict Monitor. Las prioridades para Ucrania, según Michael Kofman del Carnegie Endowment for International Peace, son “mano de obra, fortificaciones y municiones” (The Economist, 25/3) 
 Así las cosas, con la posibilidad cierta de un colapso ucraniano, es comprensible la crisis al interior de la Otan, con Francia a la cabeza, respecto al envío de tropas a la misma Ucrania. 
 Al terminar estas líneas, los reportes indican que Rusia rompió ciertas líneas defensivas ucranianas en Liman, Adviivka y Chasiv Yar (ciudad que, de caer, abre las puertas a Kramatorsk y Sloviansk). Habrá que ver qué ocurre de aquí al verano, cuando se espera una ofensiva rusa en regla.

 Facundo Miño

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