lunes, 9 de enero de 2012
Viviendas y ocupaciones. Última estrategia
En Montevideo -según cifras estimadas por distintos organismos públicos- hay cerca de 500 casas y 80 edificios abandonados, unas 55 mil viviendas desocupadas y más de 300 mil personas sin un lugar donde vivir.
Hasta hace poco, un grafiti sobre las chapas de una obra en Mercedes y Florida resumía: "Tanta casa sin gente y tanta gente sin casa". A algunos no les queda otra salida que ocupar. Sobre cómo viven, cómo se organizan y con qué sueñan los vecinos de un edificio tomado trata esta nota.
A fines de 2010 la Defensoría del Vecino de Montevideo contaba con apenas 20 denuncias de abandono y ocupación "de fincas" en condiciones de "altísima precariedad": sin saneamiento, luz ni agua. "Los que rompen más los ojos son los edificios, lugares tugurizados que fueron saqueados y luego ocupados, en los que se instalaron personas desesperadas por no tener otro lugar donde vivir y también redes delictivas que usaban esos edificios como escondite", comentó a Brecha Elena Goiriena, asistente social que asesora a la Defensoría en el tema.
Quienes en general alertan sobre las ocupaciones son los vecinos cercanos, que denuncian situaciones de insalubridad e inseguridad. En Montevideo -según cifras estimadas por distintos organismos públicos- hay cerca de 500 casas y 80 edificios abandonados, unas 55 mil viviendas desocupadas y más de 300 mil personas sin un lugar donde vivir. Hace mucho tiempo ya que se sabe de esa ecuación entre casas vacías y gente con necesidad de vivienda, pero por muchos motivos el problema no termina de resolverse. Incluso hay quienes aseguran que el déficit habitacional de Uruguay es más de acceso que de infraestructura. Y en ese entendido sorprende que las ocupaciones sean tan pocas. Aunque se registran algunas, no se trata de un movimiento pro ocupa, sino de casos aislados, situaciones de desborde familiar o desesperación. Distinto a lo de los squatts en la Inglaterra de Margaret Thatcher, esa que parió al punk y al movimiento que ocupó los edificios vaciados por la crisis, o la ocupación masiva del parque Indoamericano en Buenos Aires el año pasado. Hay una novela de Doris Lessing de comienzos de los ochenta llamada La buena terrorista que narra las peripecias de un grupo de ocupantes de una casa ruinosa, y sus esfuerzos, incluidas las negociaciones con las autoridades municipales, para poder vivir en el lugar. La posibilidad que se plantea en esa ficción, de que desde el Estado se brinde apoyo a los ocupantes para refaccionar los lugares donde ya están instalados y hacerlos habitables, estaría fuera de cuestión. "En una situación en que tuvieras un grupo acotado de personas sin vivienda podría ser la solución ideal, pero en un momento de emergencia habitacional como el actual eso sería legitimar la ocupación como forma de acceso a una vivienda", argumenta Goiriena.
Vecinos, ocupas, dueños
Fue por las constantes denuncias y el ojo rojo de los noticieros que se difundió la ocupación del edificio de la ex mutualista Comaec, ubicado en bulevar Artigas y Maldonado. La primera vez que la Defensoría actuó allí intentó ubicar a algún propietario que se hiciese cargo del lugar, tramitar y destrabar la situación de deuda que se había generado durante los años de abandono y encontrar un comprador. Además debió hallar una solución para los ocupantes: 50 adultos y 18 menores de edad. La tarea con éstos insumió cerca de un año y medio. Lo primero fue asegurarles la cédula de identidad y la tarjeta alimentaria del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), ya que muchos carecían de documentación. Según cuenta Goiriena, para las opciones de realojo manejadas se contemplaron las situaciones de cada familia y se puso en marcha un programa piloto de garantías y subsidios de alquiler. El inau aseguró el seguimiento del proceso de realojo y el Ministerio de Vivienda se encargó de la paga del alquiler durante dos años: cada familia dispuso así de 12 ur mensuales con las que debían gestionar un lugar alternativo para vivir.
"El problema es que realojarlos no significa mandarlos para la periferia. Sus estrategias de supervivencia están vinculadas con el centro, si los mandás a un asentamiento los matás de hambre", afirma Goiriena. Quizás uno de los temas centrales a la hora de desocupar un edificio es tener resuelto dónde reubicar a los ocupas. Sobre todo en una ciudad que hace tiempo que empuja hacia la periferia a los sectores más desfavorecidos, y cuyos habitantes han declarado en distintas encuestas que tienen miedo de vivir cerca de un pobre.
En el caso de Comaec, el edificio fue finalmente adquirido por el mismo grupo de comerciantes de la zona que hacía las denuncias, y fue demolido. Elena Antelo, coordinadora de la Región Centro del inau, comentó que con muchas de las familias realojadas fue necesario llevar a cabo un proceso que les permitiera volver a hacerse cargo de ciertas exigencias formales (asumir el pago de la luz, el agua, impuestos), de convivencia y cuidado de la casa. Goiriena contó a Brecha que en algunos casos replicaban las situaciones precarias de la vida que habían llevado durante la ocupación. A raíz de esa experiencia se comenzó a trabajar en la creación de un lugar, una pensión, una salida transitoria que funcione como lugar de aprendizaje de la gestión de una casa y donde se asegure el cuidado de los hijos a cargo. Según adelantó Antelo a Brecha, esta casa se ubicará entre los barrios Sur y Palermo y estará disponible durante los primeros meses de este año.
Tanto en los edificios ocupados como en las casas deshabitadas -que al no participar en el mercado inmobiliario empujan hacia arriba los precios de los alquileres- existe un tema sin resolver: la responsabilidad de los propietarios sobre sus bienes y el reconocimiento del fin social de las construcciones y la vivienda, en un país donde su posesión se ha entendido como una de las formas de inversión o de especulación más seguras y rentables. Desde la Defensoría afirman que uno de los caminos posibles para solucionar este problema sería la reglamentación de las responsabilidades de los propietarios y la aplicación de sanciones por incumplimiento, que ya se encuentran establecidas en la ley de ordenamiento territorial. Otro de los caminos que se estudian, a partir de un proyecto de ley presentado por el diputado Alfredo Asti (fls) es la conformación de la figura de abandono, que permitiría al Estado actuar sobre las propiedades en desuso. Desde la Defensoría aseguran que la discusión se da en torno al derecho a la propiedad y su imprescriptibilidad.
Edificio Varela
¿Cómo no haberlo visto antes? ¿Cómo no recordar ese edificio que en vez de balcones tiene hileras de ropa tendida? Sobre la avenida José Pedro Varela, a media cuadra de Propios. El sol le pega a los fondos al mediodía. En el primer piso hay un pibe sentado en un sillón conversando con otro que está parado en la vereda. El pibe del sillón limpia vidrios en los semáforos. Es de los primeros que llegó al edificio, cuando estaba vacío y entraba para achicar y dormir. Como lo hacían algunos más. Cuenta cómo la Policía entraba y los sacaban a palos al encontrarlos durmiendo. De cómo un día, a fines de setiembre de 2010, empezaron a llegar familias enteras que se iban distribuyendo a lo largo de las dos torres de cinco pisos. Ahora los treinta apartamentos están ocupados. Es un edificio sin terminar, abandonado por la empresa constructora que se fue con el fondo de las ventas de los apartamentos. Una sociedad anónima que desapareció dejando como testimonio ese esqueleto urbano. Desde el hueco que oficia como entrada al edificio, sale a la luz del día una gurisa flaquita con dos bidones que llena de agua en una de las canillas comunes. Fueron dispuestas en diciembre de 2010 por un grupo de trabajo multidisciplinario (que incluye varios organismos estatales y municipales nucleados en la Mesa de Convivencia y Seguridad Ciudadana), a raíz de las denuncias de insalubridad radicadas por los vecinos del barrio. Pero ahora la situación ha cambiado, comenta el muchacho. Se ajusta los lentes de sol y señala en dirección a donde estaba sentado antes. El sillón ahora está ocupado por una muchacha con un bebé. Es su pareja, que tuvo una nena. Ahora, dice, debe pensar en ellas, antes él se las arreglaba en cualquier lado. La niña termina con los bidones y entra al edificio. Dentro hay un olor particular, pero no demasiado fuerte. Al no haber conexión con la red de saneamiento las aguas servidas van a dar a dos grandes recipientes instalados junto a las canillas, en lo que sería la zona de garages. Del lado derecho están los huecos de los ascensores que nunca se instalaron, y enseguida una escalera. Viene bajando una mujer muy menuda y arrugada. Lleva un gorro para el sol y cara de cansada. A su lado una niña baja los escalones saltando. Está feliz porque pasó de año, dice mostrando el carné que saca de su bolsito. En el tercer piso nos detenemos frente a una puerta de madera cerrada con un candado. La madre manda a la niña a jugar porque tiene que conversar con esta cronista y le dice que la espere, que ya baja. La casa es oscura. Las ventanas están tapiadas con maderas y la única luz viene de una bombita que lo tiñe todo de un tono naranja opaco. Ella y su compañero "hacen contenedores", y llegaron al edificio hace cerca de un año. Vivían en un asentamiento al costado de la ruta 8 pero sus hijos tuvieron problemas y decidieron irse. Vivieron en la calle hasta que supieron de este edificio. Tanto ella como los demás entrevistados dijeron que allí vivían mejor que donde estaban antes. Según el censo realizado por el grupo de trabajo local, el 81 por ciento de los ocupantes opina lo mismo. La puerta del apartamento de al lado está abierta. Se ve un líving y una mujer que toma mate acompañada de un niño. A su casa sí entra la luz, porque le puso ventanas. Fue haciendo mejoras a fuerza de préstamos, metiéndose en deudas. También conectó el agua para el baño y la cocina por el exterior del edificio. Del baño sale otra niña, con el pelo mojado y aroma a champú. En el apartamento viven seis en total, sus hijos, ella y su compañero. Ella es empleada y su marido hace changas. Alquilaban una casa hasta que perdieron la garantía. Tampoco llegaban a alquilar mediante depósito. Un compañero de trabajo le habló del edificio. La situación apremiaba y el lugar estaba disponible. Pagó 10 mil pesos por su apartamento. Todo su sueldo de un mes para poder mudarse rápidamente, y el resto al mes siguiente. La reciente aparición de un posible comprador para el edificio se les comunicó a los ocupantes el día del censo. Ella mira alrededor y piensa en sacar las ventanas y los caños que puso, cuando se vaya.
La señora menudita vuelve. Ofrece llevarme al apartamento de otro muchacho porque "es muy lúcido y va a poder hablarte bien". Bajamos. Los corredores están vacíos y se escucha gente en los apartamentos. Entre las dos torres hay un pozo de aire atravesado por dos pasillos sin barandas y que parecen flotar. Desde allí se ven los patios del piso de más abajo, donde una niña juega con un perro flaco. Quien abre la puerta no tiene más de 25 años. Sonríe. Demoró en abrir porque estaba pintando la otra habitación. Se escucha la voz de Bob Marley y la cadencia cansina del reggae. Hay pocas cosas en esta casa, una mesa, un par de sillas, la mesada de la cocina, una garrafa y la heladera. La ventana junto a la puerta que da al pasillo está cerrada con madera, pero del otro lado hay un balcón por donde entra con fuerza el sol. En la pared sobre la mesa está perfectamente dibujada y pintada la cara del Che Guevara -esa que conocemos todos, la de la foto de Korda-, junto a la popular frase "Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás". También las pintó él. Del otro lado, otro mural, el que hizo mientras su hijo estuvo internado y él no podía dormir. Llegaba de trabajar y pintaba, para recibirlo cuando se curara. Antes vivía en una casa chica con su compañera, su hijo y todo el resto de la familia. Eran 11 en total. Llegó junto al resto de los que poblaron el lugar, cuando todavía era un chiquero inhabitable, y pasó días limpiando. Refaccionó con las cosas que tenía a mano, con un ojo en la volqueta de enfrente por si alguien tiraba algo que sirviera. Habla de las filtraciones y de los problemas de construcción del edificio, de las diferencias incluso entre un apartamento y otro, de que a pesar de todo para ellos el cambio también fue positivo, de las ventajas de poder vivir por primera vez en un lugar céntrico, de lo rápido que llega a trabajar. Es feriante y la cercanía implica alguna horita más de sueño en la madrugada. Durante la conversación otro niño le golpea la puerta para pedirle un favor. Es una constante, comenta. El relacionamiento entre los ocupantes se ha ido aceitando, incluso en cuanto a la limpieza de los lugares comunes del edificio. La puerta se abre de nuevo y entran la compañera del muchacho pintor de murales, su hermana y otra vecina, unos diez años mayor que todos ellos. La vecina también se fue de un asentamiento porque sus hijas estaban inseguras. Ella trabaja todo el día y las nenas quedaban solas. También afirma que en este lugar vive mejor. Sonríe y recuerda la primera vez que llovió estando ahí, de la alegría al ver que ahora su casa no terminaba inundada, de haberle zafado al lodazal del asentamiento.
¿Y qué pasa con los vecinos del barrio? ¿Se les han acercado? ¿Los integran? Todos afirman que no. Que lo único que reciben de quienes viven alrededor son las sospechas de creerlos responsables de todos los atracos y problemas de convivencia. Recuerdan la vez que vino la tele y de cómo buscaban la sangre y la delincuencia. La hermana comenta de la reacción de sorpresa del muchacho con el que empezaba a salir cuando le dijo que vivía en ese edificio. La conversación deriva sola hacia lo que pasará con el lugar. Ninguno de ellos tiene mucha idea de lo que les espera. Casi todos en ese lugar son jóvenes. Lo corrobora el censo realizado a fines de diciembre: más de la mitad son menores de edad y el resto personas aún en edad de tener hijos. Quieren saber sobre el Comaec, sobre las soluciones habitacionales que se dieron en ese caso. Cuento lo que sé. La vecina suelta un suspiro que trasluce sus esperanzas magulladas: "No creo que mi situación cambie demasiado cuando el subsidio del alquiler se termine dentro de dos años".
Eliana Gilet/ Brecha, Montevideo
domingo, 8 de enero de 2012
La marcha hacia el abismo
No es cuestión de optimismo o pesimismo, saber o ignorar cosas elementales, ser responsables o no de los acontecimientos. Los que pretenden considerarse políticos debieran ser lanzados al basurero de la historia cuando, como es norma, en esa actividad ignoran todo o casi todo lo que se relaciona con ella.
No hablo por supuesto de los que a lo largo de varios milenios convirtieron los asuntos públicos en instrumentos de poder y riquezas para las clases privilegiadas, actividad en la que verdaderos récords de crueldad han sido impuestos durante los últimos ocho o diez mil años sobre los que se tienen vestigios ciertos de la conducta social de nuestra especie, cuya existencia como seres pensantes, según los científicos, apenas rebasa los 180 mil años.
No es mi propósito enfrascarme en tales temas que seguramente aburrirían a casi el ciento por ciento de las personas continuamente bombardeadas con noticias a través de medios, que van desde la palabra escrita hasta las imágenes tridimensionales que comienzan a exhibirse en costosos cines, y no está lejano el día en que también predominen en las ya de por sí fabulosas imágenes de la televisión. No es casual que la llamada industria de la recreación tenga su sede en el corazón del imperio que a todos tiraniza.
Lo que pretendo es situarme en el punto de partida actual de nuestra especie para hablar de la marcha hacia el abismo. Podría incluso hablar de una marcha "inexorable" y estaría seguramente más cerca de la realidad. La idea de un juicio final está implícita en las doctrinas religiosas más extendidas entre los habitantes del planeta, sin que nadie las califique por ello de pesimistas. Considero, por el contrario, deber elemental de todas las personas serias y cuerdas, que son millones, luchar para posponer y, tal vez impedir, ese dramático y cercano acontecimiento en el mundo actual.
Numerosos peligros nos amenazan, pero dos de ellos, la guerra nuclear y el cambio climático, son decisivos y ambos están cada vez más lejos de aproximarse a una solución.
La palabrería demagógica, las declaraciones y los discursos de la tiranía impuesta al mundo por Estados Unidos y sus poderosos e incondicionales aliados, en ambos temas, no admiten la menor duda al respecto.
El primero de enero de 2012, año nuevo occidental y cristiano, coincide con el aniversario del triunfo de la Revolución en Cuba y el año en que se cumple el 50 Aniversario de la Crisis de Octubre de 1962, que puso al mundo al borde de la guerra mundial nuclear, lo que me obliga a escribir estas líneas.
Carecerían de sentido mis palabras si tuviesen como objetivo imputar alguna culpa al pueblo norteamericano, o al de cualquier otro país aliado de Estados Unidos en la insólita aventura; ellos, como los demás pueblos del mundo, serían las víctimas inevitables de la tragedia. Hechos recientes ocurridos en Europa y otros puntos muestran las indignaciones masivas de aquellos a los que el desempleo, la carestía, las reducciones de sus ingresos, las deudas, la discriminación, las mentiras y la politiquería, conducen a las protestas y a las brutales represiones de los guardianes del orden establecido.
Con frecuencia creciente se habla de tecnologías militares que afectan la totalidad del planeta, único satélite habitable conocido a cientos de años luz de otro que tal vez resulte adecuado si nos movemos a la velocidad de la luz, trescientos mil kilómetros por segundo.
No debemos ignorar que si nuestra maravillosa especie pensante desapareciera transcurrirían muchos millones de años antes de que surja nuevamente otra capaz de pensar, en virtud de los principios naturales que rigen como consecuencia de la evolución de las especies, descubierta por Darwin en 1859 y que hoy reconocen todos los científicos serios, creyentes o no creyentes.
Ninguna otra época de la historia del hombre conoció los actuales peligros que afronta la humanidad. Personas como yo, con 85 años cumplidos, habíamos arribado a los 18 con el título de bachiller antes de que concluyera la elaboración de la primera bomba atómica.
Hoy los artefactos de ese carácter listos para su empleo —incomparablemente más poderosos que los que produjeron el calor del sol sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki— suman miles.
Las armas de ese tipo que se guardan adicionalmente en los depósitos, añadidas a las ya desplegadas en virtud de acuerdos, alcanzan cifras que superan los veinte mil proyectiles nucleares.
El empleo de apenas un centenar de esas armas sería suficiente para crear un invierno nuclear que provocaría una muerte espantosa en breve tiempo a todos los seres humanos que habitan el planeta, como ha explicado brillantemente y con datos computarizados el científico norteamericano y profesor de la Universidad de Rutgers, New Jersey, Alan Robock.
Los que acostumbran a leer las noticias y análisis internacionales serios, conocen cómo los riesgos del estallido de una guerra con empleo de armas nucleares se incrementan a medida que la tensión crece en el Cercano Oriente, donde en manos del gobierno israelita se acumulan cientos de armas nucleares en plena disposición combativa, y cuyo carácter de fuerte potencia nuclear ni se admite ni se niega. Crece igualmente la tensión en torno a Rusia, país de incuestionable capacidad de respuesta, amenazada por un supuesto escudo nuclear europeo.
Mueve a risas la afirmación yanki de que el escudo nuclear europeo es para proteger también a Rusia de Irán y Corea del Norte. Tan endeble es la posición yanki en este delicado asunto, que su aliado Israel ni siquiera se toma la molestia de garantizar consultas previas sobre medidas que puedan desatar la guerra.
La humanidad, en cambio, no goza de garantía alguna. El espacio cósmico, en las proximidades de nuestro planeta, está saturado de satélites de Estados Unidos destinados a espiar lo que ocurre hasta en las azoteas de las viviendas de cualquier nación del mundo. La vida y costumbres de cada persona o familia pasó a ser objeto de espionaje; la escucha de cientos de millones de celulares, y el tema de las conversaciones que aborde cualquier usuario en cualquier parte del mundo deja de ser privado para convertirse en material de información para los servicios secretos de Estados Unidos.
Ese es el derecho que va quedando a los ciudadanos de nuestro mundo en virtud de los actos de un gobierno cuya constitución, aprobada en el Congreso de Filadelfia en 1776, establecía que todavía los hombres nacían libres e iguales y a todos les concedía el Creador determinados derechos, de los cuales no les quedan ya, ni a los propios norteamericanos ni a ciudadano alguno del mundo siquiera el de comunicar por teléfono a familiares y amigos sus sentimientos más íntimos.
La guerra, sin embargo, es una tragedia que puede ocurrir, y es muy probable que ocurra; mas, si la humanidad fuese capaz de retrasarla un tiempo indefinido, otro hecho igualmente dramático está ocurriendo ya con creciente ritmo: el cambio climático. Me limitaré a señalar lo que eminentes científicos y expositores de relieve mundial han explicado a través de documentos y filmes que nadie cuestiona.
Es bien conocido que el gobierno de Estados Unidos se opuso a los acuerdos de Kyoto sobre el medio ambiente, una línea de conducta que ni siquiera concilió con sus más cercanos aliados, cuyos territorios sufrirían tremendamente y algunos de los cuales, como Holanda, desaparecerían casi por entero.
El planeta marcha hoy sin política sobre este grave problema, mientras los niveles del mar se elevan, las enormes capas de hielo que cubren la Antártida y Groenlandia, donde se acumula más del 90 % del agua dulce del mundo, se derriten con creciente ritmo, y ya la humanidad, el pasado 30 de noviembre de 2011, alcanzó oficialmente la cifra de 7 mil millones de habitantes que en las áreas más pobres del mundo crece de forma sostenida e inevitable. ¿Es que acaso los que se han dedicado a bombardear países y matar millones de personas durante los últimos 50 años se pueden preocupar por el destino de los demás pueblos?
Estados Unidos es hoy no solo el promotor de esas guerras, sino también el mayor productor y exportador de armas en el mundo.
Como es conocido, ese poderoso país ha suscrito un convenio para suministrar 60 mil millones de dólares en los próximos años al reino de Arabia Saudita, donde las transnacionales de Estados Unidos y sus aliados extraen cada día 10 millones de barriles de petróleo ligero, es decir, mil millones de dólares en combustible. ¿Qué será de ese país y de la región cuando esas reservas de energía se agoten? No es posible que nuestro mundo globalizado acepte sin chistar el colosal derroche de recursos energéticos que la naturaleza tardó cientos de millones de años en crear, y cuya dilapidación encarece los costos esenciales. No sería en absoluto digno del carácter inteligente atribuido a nuestra especie.
En los últimos 12 meses tal situación se agravó considerablemente a partir de nuevos avances tecnológicos que, lejos de aliviar la tragedia proveniente del derroche de los combustibles fósiles, la agrava considerablemente.
Científicos e investigadores de prestigio mundial venían señalando las consecuencias dramáticas del cambio climático.
En un excelente documental fílmico del director francés Yann Arthus-Bertrand, titulado Home, y elaborado con la colaboración de prestigiosas y bien informadas personalidades internacionales, publicado a mediados del año 2009, este advirtió al mundo con datos irrebatibles lo que estaba ocurriendo. Con sólidos argumentos exponía las consecuencias nefastas de consumir, en menos de dos siglos, los recursos energéticos creados por la naturaleza en cientos de millones de años; pero lo peor no era el colosal derroche, sino las consecuencias suicidas que para la especie humana tendría. Refiriéndose a la propia existencia de la vida, le reprochaba a la especie humana: "Te beneficias de un fabuloso legado de 4 000 millones de años suministrado por la Tierra. Solamente tienes 200 000 años, pero ya has cambiado la faz del mundo".
No culpaba ni podía culpar a nadie hasta ese minuto, señalaba simplemente una realidad objetiva. Sin embargo, hoy tenemos que culparnos todos de que lo sepamos y nada hagamos por tratar de remediarlo.
En sus imágenes y conceptos, los autores de esa obra incluyen memorias, datos e ideas que estamos en el deber de conocer y tomar en cuenta.
En meses recientes, otro fabuloso material fílmico exhibido fue Océanos, elaborado por dos realizadores franceses, considerado el mejor filme del año en Cuba; tal vez, a mi juicio, el mejor de esta época.
Es un material que asombra por la precisión y belleza de las imágenes nunca antes filmadas por cámara alguna: 8 años y 50 millones de euros fueron invertidos en ella. La humanidad tendrá que agradecer esa prueba de la forma en que se expresan los principios de la naturaleza adulterados por el hombre. Los actores no son seres humanos: son los pobladores de los mares del mundo. ¡Un Oscar para ellos!
Lo que motivó para mí el deber de escribir estas líneas no surgió de los hechos referidos hasta aquí, que de una forma u otra he comentado anteriormente, sino de otros que, manejados por intereses de las transnacionales, han estado saliendo a la luz dosificadamente en los últimos meses y sirven a mi juicio como prueba definitiva de la confusión y el caos político que impera en el mundo.
Hace apenas unos meses leí por primera vez algunas noticias sobre la existencia del gas de esquisto. Se afirmaba que Estados Unidos disponía de reservas para suplir sus necesidades de este combustible durante 100 años. Como dispongo en la actualidad de tiempo para indagar sobre temas políticos, económicos y científicos que pueden ser realmente útiles a nuestros pueblos, me comuniqué discretamente con varias personas que residen en Cuba o en el exterior de nuestro país. Curiosamente, ninguna de ellas había escuchado una palabra sobre el asunto. No era desde luego la primera vez que eso sucedía. Uno se asombra de hechos importantes de por sí que se ocultan en un verdadero mar de informaciones, mezcladas con cientos o miles de noticias que circulan por el planeta.
Persistí, no obstante, en mi interés sobre el tema. Han transcurrido solo varios meses y el gas de esquisto no es ya noticia. En vísperas del nuevo año se conocían ya suficientes datos para ver con toda claridad la marcha inexorable del mundo hacia el abismo, amenazado por riesgos tan extremadamente graves como la guerra nuclear y el cambio climático. Del primero, ya hablé; del segundo, en aras de la brevedad, me limitaré a exponer datos conocidos y algunos por conocer que ningún cuadro político o persona sensata debe ignorar.
No vacilo en afirmar que observo ambos hechos con la serenidad de los años vividos, en esta espectacular fase de la historia humana, que han contribuido a la educación de nuestro pueblo valiente y heroico.
El gas se mide en TCF, los cuales pueden referirse a pies cúbicos o metros cúbicos —no siempre se explica si se trata de uno o de otro— depende del sistema de medidas que se aplique en un determinado país. Por otro lado, cuando se habla de billones suelen referirse al billón español que significa un millón de millones; tal cifra en inglés se califica como trillón lo cual debe tenerse en cuenta cuando se analizan las referidas al gas que suelen ser voluminosas. Trataré de señalarlo cuando sea necesario.
El analista norteamericano Daniel Yergin, autor de un voluminoso clásico de historia del petróleo afirmó, según la agencia de noticias IPS, que ya un tercio de todo el gas que se produce en Estados Unidos es gas de esquisto.
" la explotación de una plataforma con seis pozos puede consumir 170.000 metros cúbicos de agua e incluso provocar efectos dañinos como influir en movimientos sísmicos, contaminar aguas subterráneas y superficiales, y afectar el paisaje".
El grupo británico BP informa por su parte que "Las reservas probadas de gas convencional o tradicional en el planeta suman 6.608 billones —millón de millones— de pies cúbicos, unos 187 billones de metros cúbicos, [¼ ] y los depósitos más grandes están en Rusia (1.580 TCF), Irán (1.045), Qatar (894), y Arabia Saudita y Turkmenistán, con 283 TCF cada uno". Se trata del gas que se venía produciendo y comercializando.
"Un estudio de la EIA —una agencia gubernamental de Estados Unidos sobre energía— publicado en abril de 2011 encontró prácticamente el mismo volumen (6.620 TCF o 187,4 billones de metros cúbicos) de shale gas recuperable en apenas 32 países, y los gigantes son: China (1.275 TCF), Estados Unidos (862), Argentina (774), México (681), Sudáfrica (485) y Australia (396 TCF)". Shale gas es gas de esquisto. Obsérvese que de acuerdo a lo que se conoce Argentina y México poseen casi tanto como Estados Unidos. China, con los mayores yacimientos, posee reservas que equivalen a casi el doble de aquellos y un 40 % más que Estados Unidos.
" países secularmente dependientes de proveedores extranjeros contarían con una ingente base de recursos en relación con su consumo, como Francia y Polonia, que importan 98 y 64 por ciento, respectivamente, del gas que consumen, y que tendrían en rocas de esquistos o lutitas reservas superiores a 180 TCF cada uno".
"Para extraerlo de las lutitas —señala IPS— se apela a un método bautizado ‘fracking’ (fractura hidráulica), con la inyección de grandes cantidades de agua más arenas y aditivos químicos. La huella de carbono (proporción de dióxido de carbono que libera a la atmósfera) es mucho mayor que la generada con la producción de gas convencional.
"Como se trata de bombardear capas de la corteza terrestre con agua y otras sustancias, se incrementa el riesgo de dañar subsuelo, suelos, napas hídricas subterráneas y superficiales, el paisaje y las vías de comunicación si las instalaciones para extraer y transportar la nueva riqueza presentan defectos o errores de manejo".
Baste señalar que entre las numerosas sustancias químicas que se inyectan con el agua para extraer este gas se encuentran el benceno y el tolueno, que son sustancias terriblemente cancerígenas.
La experta Lourdes Melgar, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, opina que:
"‘Es una tecnología que genera mucho debate y son recursos ubicados en zonas donde no hay agua’¼ ".
"Las lutitas gasíferas —expresa IPS— son canteras de hidrocarburos no convencionales, encalladas en rocas que las guarecen, por lo que se aplica la fractura hidráulica (conocida en inglés como ‘fracking’) para liberarlas a gran escala".
"La generación de gas shale involucra altos volúmenes de agua y la excavación y fractura generan grandes cantidades de residuos líquidos, que pueden contener químicos disueltos y otros contaminantes que requieren tratamiento antes de su desecho."
"La producción de esquisto saltó de 11.037 millones de metros cúbicos en 2000 a 135.840 millones en 2010. En caso de seguir a este ritmo la expansión, en 2035 llegará a cubrir 45 por ciento de la demanda de gas general, según la EIA.
"Investigaciones científicas recientes han alertado del perfil ambiental negativo del gas lutita.
"Los académicos Robert Howarth, Renee Santoro y Anthony Ingraffea, de la estadounidense Universidad de Cornell, concluyeron que ese hidrocarburo es más contaminante que el petróleo y el gas, según su estudio ‘Metano y la huella de gases de efecto invernadero del gas natural proveniente de formaciones de shale’, difundido en abril pasado en la revista Climatic Change.
"‘La huella carbónica es mayor que la del gas convencional o el petróleo, vistos en cualquier horizonte temporal, pero particularmente en un lapso de 20 años. Comparada con el carbón, es al menos 20 por ciento mayor y tal vez más del doble en 20 años’, resaltó el informe".
"El metano es uno de los gases de efecto invernadero más contaminantes, responsables del aumento de la temperatura del planeta".
"‘En áreas activas de extracción (uno o más pozos en un kilómetro), las concentraciones promedio y máximas de metano en pozos de agua potable se incrementaron con proximidad al pozo gasífero más cercano y fueron un peligro de explosión potencial’, cita el texto escrito por Stephen Osborn, Avner Vengosh, Nathaniel Warner y Robert Jackson, de la estatal Universidad de Duke.
"Estos indicadores cuestionan el argumento de la industria de que el esquisto puede sustituir al carbón en la generación eléctrica y, por lo tanto, un recurso para mitigar el cambio climático.
"‘Es una aventura demasiado prematura y riesgosa’".
"En abril de 2010, el Departamento de Estado de Estados Unidos puso en marcha la Iniciativa Global de Gas Shale para ayudar a los países que buscan aprovechar ese recurso para identificarlo y desarrollarlo, con un eventual beneficio económico para las transnacionales de esa nación".
He sido inevitablemente extenso, no tenía otra opción. Redacto estas líneas para el sitio web Cubadebate y para Telesur, una de las emisoras de noticias más serias y honestas de nuestro sufrido mundo.
Para abordar el tema dejé transcurrir los días festivos del viejo y el nuevo año.
Fidel Castro
sábado, 7 de enero de 2012
jueves, 5 de enero de 2012
La casa del infierno
Tras ser requisado por la dictadura, un inmueble ubicado en la rambla de Punta Gorda se transformó en centro de torturas. Allí estuvieron los tupamaros secuestrados en Buenos Aires y que hace 37 años fueron fusilados en Soca; también pasaron los comunistas desaparecidos, víctimas de la Operación Morgan, cuyos sobrevivientes testifican hoy ante los juzgados de la calle Misiones. Tras sus paredes estuvieron los militantes del Partido por la Victoria del Pueblo secuestrados en Orletti. Sin caducidades ni prescripciones, la justicia comienza a revelar las pesadillas sufridas en la llamada ‘curva del ensueño’.
Roger Rodriguez
rogerrodriguez@adinet.com.uy
La amplia casona de dos plantas está ubicada en la rambla República de México al cinco mil, casi frente a la playa de los Ingleses, a una cuadra de donde la rambla O’Higgins se transforma en Coimbra para cortar la península de Punta Gorda. Es un predio de 608 m2, padrón Nº 95.308, carpeta catastral Nº 3.107, con salida de coches a la calle Mar Ártico, donde un alto muro da hoy intimidad al remodelado patio con barbacoa y piscina en forma de riñón.
A principios de los años setenta, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) adquirió aquella enorme construcción ubicada en un lugar donde nadie sospecharía de sus actividades. A su lado estaba el hotel Oceanía, en cuya planta baja funcionaba Chez Carlos, un boliche donde actuaban los principales artistas locales e internacionales de entonces. La publicidad radial de aquella ‘boite’ seducía con la frase “en la curva del ensueño”.
En mayo de 1974, en un violento operativo militar, la casa fue tomada por las Fuerzas Conjuntas. Después de que el dictador Juan María Bordaberry ordenó su expropiación, el inmueble se transformó en un centro clandestino de detención llamado 300 Carlos o Infierno Chico. Allí fueron torturados, muertos y desaparecidos militantes de diversos grupos políticos, hasta que en 1983 el Ministerio de Defensa Nacional vendió el inmueble en licitación pública.
Hoy propiedad de los dueños de un conocido frigorífico de chacinados, la casona de Punta Gorda comienza a revelar sus secretos ante los juzgados penales, donde ya han hecho juicio los sobrevivientes de Orletti, ha presentado testimonio el único sobreviviente de los fusilados de Soca y, en las últimas semanas, han comenzado a declarar las víctimas de la Operación Morgan, ejecutada en 1975 como un acto de “piratería” contra el aparato financiero del Partido Comunista.
LOS MÁS BUSCADOS
Investigadores e historiadores discrepan respecto del origen del nombre del centro de torturas. Para unos la denominación surgió de un operativo al que se llamó “300 Carlos Marx” y que en 1975 pretendía encarcelar a tres centenares de dirigentes y cuadros intermedios del Partido Comunista del Uruguay, pero otros consideran que hace alusión al “Carlos” del nombre del vecino local nocturno y la ‘R’ era por la Rambla, ya que el centro de torturas comenzó a funcionar a mediados de 1974 contra el propio MLN-T.
Cuando esta casona cayó en manos de las Fuerzas Conjuntas, el Servicio de Información y Defensa (SID) y el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) habían terminado de implementar la represión contra los uruguayos opositores que se habían radicado en el Chile del derrocado Salvador Allende, y comenzaban a operar contra los ‘tupas’ que se trasladaron a Argentina.
Un documento fechado el 20 de noviembre de 1973 en Buenos Aires (un mes después de la asunción de Juan Domingo Perón) revela que el Servicio de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires (Sipba) informaba a la dictadura uruguaya que el dirigente tupamaro Natalio Dergan se había asilado en la embajada argentina de Santiago de Chile y había solicitado salvoconducto para radicarse en ese país. Un año después sería desaparecido en la capital porteña.
Para los represores uruguayos, las ‘operaciones’ en Chile alentaban la acción en el nuevo escenario de Argentina. El tupamaro Antonio Viana Acosta sería secuestrado y trasladado ilegalmente a Montevideo en febrero de 1974. Natalio Dergan y Washington Barrios pasaron a ser los más buscados. La esposa de Barrios, Silvia Reyes, junto a sus amigas Diana Maidanik y Laura Raggio, fueron asesinadas en abril de aquel año, un mes antes de que cayera la casa de Punta Gorda en manos de la OCOA.
FUSILADOS EN SOCA
El OCOA de la Región I del Ejército, con jurisdicción en Montevideo y Canelones, centraba sus operaciones en el Batallón de Artillería Nº 1 del cuartel de La Paloma, en el Cerro, y tenía su ‘chupadero’ en la llamada “cárcel del pueblo” ubicada en la finca de la calle Juan Paullier 1190, que habían expropiado al propio MLN-T en mayo de 1972. La casona de Punta Gorda se transformaba entonces en un nuevo centro represivo, donde se coordinarían las operaciones con los ‘inteligentes’ del SID.
El 8 de noviembre de 1974, siete uruguayos fueron secuestrados en Buenos Aires. La familia de Floreal García y Mirtha Hernández con su hijo Amaral (de tres años), el matrimonio de Daniel Brum y María de los Ángeles Corbo, embarazada, Graciela Estefanel y Julio Abreu, quien no era militante político y terminó siendo testigo de la detención, la tortura en Argentina, el traslado en avión (“vuelo cero”), la reclusión en la casa de la rambla y la muerte de los otros cinco, fusilados cerca de la localidad de Soca aquel 20 de diciembre. El niño Amaral estuvo once años desaparecido. Abreu convivió 30 años con su silencio, hasta que salió públicamente a decir lo que bajo amenazas había callado.
Precisamente, mañana se realizará un acto recordatorio en el lugar donde fueron ejecutados, sobre la ruta 70 casi ruta 9 (km 75), hacia donde partirán vehículos desde la sede de Crysol (Joaquín Requena 1533). Los familiares aún recuerdan que sus cuerpos fueron arrojados detrás del cementerio de Soca, tapados con diarios, desnudos, con marcas de quemaduras en pies y manos, atados con alambres, acribillados y rematados con tiros en la cabeza. Pretendieron certificar las muertes por ‘causas naturales’ y las familias lograron que se pusiera en los documentos ‘heridas de bala’.
Abreu no dudó al identificar la casa de Punta Gorda y dijo: “Fue una noche. Sentíamos un ruido de armas, como que encasquillaban, trac trac, un ruido fuerte. Entraron y dijeron: ‘¡Levántense, tupamaros!’. Nosotros estábamos cubiertos con ponchos verdes del Ejército. Cuando yo me levanto, me dicen ‘¡Dije 'tupamaros', no 'tarados'!’... A ellos se los llevan y al otro día, de mañana, siento que sube el de la voz más fuerte, el que mandaba. Una voz dura, imperativa, enérgica... Dice: ‘Bueno, ya los matamos, están todos muertos estos comunistas’".
OPERACIÓN MORGAN
Los comunistas pasaron a ser las siguientes víctimas de la Casa de Punta Gorda. En octubre de 1975 se implementó la Operación Morgan, que abarcó a la dirección nacional del PCU, al área sindical y a la Unión de Juventudes Comunistas. La casa de la rambla habría estado a cargo del entonces capitán de navío Juan Carlos Volpe (Jeta), que ocupó una subdirección en el SID.
La represión contra el PCU fue inicialmente encargada a la policial Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII), pero a fines de 1975 se le sumaron el OCOA y el SID. Es a partir de entonces que el edificio de la rambla vuelve a ser ocupado, al punto que la cantidad de detenidos obligó a pedir un galpón sin uso en la ‘pera’ del Servicio de Material y Armamento, a los fondos del Batallón 13 de Infantería de la avenida de las Instrucciones, donde quedó instalado el 300 Carlos (a secas), ‘Infierno Grande’ o ‘la fábrica’.
En el marco de esa primera 'oleada' represiva (1975-1976) desaparecen Eduardo Bleier, Juan Manuel Brieba, Fernando Miranda, Carlos Arévalo Arispe, Julio Correa, Otermín Montes de Oca, Horacio Gelós Bonilla, Ubagesner Chaves Sosa, Julio Escudero Mattos, y fallecen como consecuencia de las torturas Carlos Curruchaga, Álvaro Balbi, Carlos María Argenta, Julián Basilicio López, Ivo Fernández Nieves, Óscar Olivera Rossano, Nuble Donato Yic, Humberto Pascaretta, Silvina Saldaña, Dante Porta y Saúl Facio Soto.
La represión contra el PCU continuó en otras ‘olas’ que se concretaron entre mayo y setiembre de 1977, de febrero a marzo de 1979 y entre fines de 1981 y mediados de 1983, como extensiones de la original Operación Morgan. En todo ese período, el PCU registra 23 desapariciones forzadas, 16 muertes en la tortura, un asesinato en el exterior, seis muertes en prisión y miles de detenidos, torturados, procesados y encarcelados.
VUELOS DE ORLETTI
A mediados de 1976, la casa de Punta Gorda volvió a ser el principal centro de operaciones represivas, con la llegada desde Buenos Aires del primer vuelo de Orletti, un grupo de militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) que había sido secuestrado y torturado en el pozo Automotores Orletti antes de ser trasladado en un avión del Transporte Aéreo Militar Uruguayo (TAMU) que piloteó el ex comandante de la aviación Ricardo Bonelli. Allí negociaron su ‘blanqueo’, traslado a la sede del SID y posterior encarcelamiento.
En uno de sus testimonios, Pilar Nores, detenida que terminó colaborando con los militares y tenía mayores posibilidades de movilidad en el recinto, describe la casa de la rambla en detalle. “Llegué a esa casa de noche, en invierno, en el mes de julio de 1976. Estaba vacía, excepto por la guardia. En la casa estuve alrededor de 20 días. No sé cuándo se produjo el traslado pero sé que el 4 de agosto (es el día de mi cumpleaños) todavía estaba en la rambla. Cuando llegué no había, según pude darme cuenta, ningún otro detenido. Había una guardia de pocas personas (no sé si tres o cuatro) y yo”.
“Una noche llegó la gente que traían de Buenos Aires. La mayor parte de estas personas eran los que habían caído en los operativos del 13 y 14 de julio. Del silencio y el vacío se pasó a la casa llena de gente, llena de gritos, llena de tortura y radios a máximo volumen. Tengo un recuerdo de caos y de encierro, porque yo pasé a estar encerrada en la pieza; me avisaban cuándo podía salir y me indicaban el camino exacto para ir al baño y alguna vez a la cocina; la mayor parte del tiempo no podía salir de la pieza”.
Los 23 sobrevivientes de aquel primer vuelo confirman las torturas sufridas antes de ser trasladados a la sede del SID en Bulevar Artigas y Palmar. Las víctimas identificaron a sus victimarios, que en su mayoría se encuentran detenidos en la cárcel especial de la calle Domingo Arena, procesados por la desaparición de otra veintena de uruguayos también detenidos en Argentina y traídos en un ‘segundo vuelo’ del que no se dejaron sobrevivientes. Se desconoce si estuvieron en la casa de la rambla, pero habrían pasado por el 300 Carlos, detrás del Batallón 13, antes de ser ejecutados y desaparecidos.
Las fotos del dolor
Clarel de los Santos, una de las víctimas de la Operación Morgan, detenido en la Casona de Punta Gorda y preso en el Penal de Libertad, llegó a ser luego secretario de redacción del diario cooperativo La Hora, que se imprimió aún en dictadura. Cuando se realizaron las elecciones de 1984, el matutino editó un suplemento especial sobre la represión en el que publicó la fachada de la casa de la rambla República de México.
Cuando preparaban el suplemento, De los Santos fue con el fotógrafo Freddy Navarro a hacer tomas del exterior de la casona, que entonces estaba deshabitada, y como vieron que había obreros trabajando pidieron para entrar a tomar fotos interiores. “Son fotos comunes, de puertas, paredes, escaleras, una bañera y un alambre, pero están cargadas de recuerdos y dolor”, explica Clarel.
“Es la puerta del garaje por donde nos metían tirados al piso del vehículo en que nos secuestraron, es la angosta escalera por la que nos subían del garaje a la planta alta de la casa, es la bañera donde nos hacían submarino (para el que también tenían un tacho en otra pieza), es el cable de acero del que nos colgaban en un pequeño patio con altos muros y donde el viento del mar que soplaba allá arriba me parecía el ruido de hojas de muchos árboles”.
Las imágenes, de las que quedan algunas copias, estuvieron traspapeladas durante mucho tiempo. Ahora se constituyen en testimonio y serán entregadas por el periodista y el fotógrafo al Museo de la Memoria. “Para los que estuvimos ahí, [las fotos] están llenas de rememoraciones impregnadas en nuestro ser para el resto de nuestras vidas. Las compartimos para que también formen parte de la memoria en construcción de nuestro tenebroso pasado reciente”.
El marxismo en Uruguay
Prólogo al libro «UNA HISTORIA QUE NO ES CUENTO» (Orígenes, esplendor y derrota del MLN-Tupamaros) de Jorge Zabalza
Insurgencia y reflexión
Las clases dominantes latinoamericanas (cómplices y al mismo tiempo fieles sirvientes del colonialismo y el imperialismo) siempre han construido la imagen de un monstruo fantasmal y caricaturesco para conjurar y reprimir la rebeldía de las clases populares. Primero bautizaron a esa bestia demoníaca como «indígena caníbal» y «negro cimarrón». Luego “jacobino sediento de sangre”. Más tarde «anarquista violador» y «comunista devorador de niños» (El pintor mexicano Diego Rivera se reía mucho diciendo que como él era comunista, en la Unión Soviética probó carne de bebé y le resultó muy sabrosa). Avanzando en el tiempo, ese fantasma omnipresente adoptó la figura del «delincuente subversivo y apátrida». Posteriormente lo satanizaron como «terrorista» hasta llegar a nuestros días con el mote mediáticamente repetido desde Estados Unidos del «narco-terrorismo».
El hilo rojo que atraviesa esa prolongada demonización es la atribución de irracionalidad y locura demencial a nuestras rebeldías populares. Todo insurgente es un delirante, completamente carente de razón y de toda lógica.
A contramano de ese relato macartista, reiterado y reciclado hasta el día de hoy por la voz del amo, la insurgencia en América latina ha sido más que prolífica en sus intentos de reflexión, fundamentación lógica y argumentación razonada de sus rebeldías. La tradición de la escritura marca una clara continuidad en toda la insurgencia. El Che Guevara, además de un comandante guerrillero y un convencido comunista internacionalista es, sobre todo, un escritor prolífico. El vértice más alto de toda una tradición de escritura y pensamiento marxista insurgente.
«Una historia que no es cuento» (Orígenes, esplendor y derrota del MLN-Tupamaros), el nuevo libro del revolucionario uruguayo Jorge Zabalza, se inscribe de lleno en esa tradición demonizada por el poder.
Su reflexión histórica, teórica y política, valiosa en sí misma, se refuerza por la propia trayectoria del autor. Zabalza es un militante revolucionario que atravesó con dignidad los once años infernales de tortura, aislamiento y encierro en una jaula (con luz eléctrica las 24 horas), sin poder hablar con nadie ni hacer gimnasia, los castigos y el hostigamiento permanente al que lo sometieron los verdugos de la dictadura militar en Uruguay junto al resto de la dirección político militar de los Tupamaros.
La dictadura uruguaya y los rehenes
Uruguay, país hermano y vecino, es igual pero distinto a la Argentina. Ambas sociedades cayeron bajo la bota feroz del Plan Cóndor y su represión salvaje, orquestada a nivel continental por los instructores norteamericanos en tortura y desaparición de personas. Sin embargo, mientras que en Argentina el genocidio asumió la modalidad del exterminio definitivo, en Uruguay la dictadura militar decidió conservar como rehenes a los nueve integrantes de la dirigencia guerrillera para chantajear y controlar cualquier posible respuesta popular.
Jorge Zabalza (“el tambero” para sus amigos y compañeros de militancia), autor de este nuevo libro, es uno de aquellos nueve rehenes históricos, al lado de Raúl Sendic [1925-1989], principal dirigente de los Tupamaros.
Dialogando con la militancia joven
El trabajo que comentamos no flexiona sus rodillas ante la nostalgia fácil ni se estructura a partir del suspiro melancólico. Su impulso es bien distinto.
Por el contenido, por la forma, por el lenguaje, este libro está dedicado a la gente joven y a la nueva militancia uruguaya y latinoamericana. Su autor incursiona y explica la historia uruguaya con expresiones sencillas, claras, transparentes, comprensibles por todo el mundo. No hace falta ser un “iniciado” en alguna secta para comprender las tesis de Zabalza.
Por ejemplo, cuando quiere explicar las características históricas de Uruguay, apela a la expresión “el país de los amortiguadores”, refiriéndose tanto al populismo como al predominio de las formas hegemónicas, que marcaron la mayor parte de la historia uruguaya hasta la década del sesenta cuando la lucha de clases se tensa y el capitalismo uruguayo muestra su verdadero rostro de crueldad y represión.
El público de lectores y lectoras sabrá disfrutar de esa sencillez pensada a propósito para saltar obstáculos y generar debates entre quienes no vivieron los años ’60, aunque seguramente los antiguos militantes también encontrarán materia de polémica, como sucedió anteriormente con la biografía de Zabalza Cero a la izquierda que en noviembre de 2007 motivó una batahola (con trompadas y empujones generalizados) en el parlamento uruguayo, a la vista de todo el mundo.
Antonio Gramsci y la historia de una organización
Escribir la historia de una organización política implica indagar en la historia de una sociedad y un país. Eso nos enseñó Gramsci. Ninguna organización, por más significativa o emblemática que fuera, puede comprenderse en sí misma, al margen de sus coordenadas históricas, políticas y sociales.
Y eso es precisamente lo que en su libro hace Zabalza, intentando no sólo reconstruir la historia del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros (MLN-T) sino también hundir el escalpelo en las raíces históricas de la sociedad uruguaya, sus formas predominantes de dominación y resistencia, sus oscilaciones entre “los amortiguadores” (el predominio del consenso) y la represión (el privilegio de la violencia de las clases dominantes y el terrorismo de estado).
Todo ese ejercicio de reconstrucción histórica persigue un objetivo claro y una meta inequívoca en estas páginas: rastrear las fuentes y orígenes de las posiciones actuales —que Zabalza cuestiona, rechaza e impugna— de la política oficial uruguaya, incluyendo las del Frente Amplio y el presidente «Pepe» Mujica (quien también fuera otro de los rehenes históricos). Y no sólo las de sus políticas económicas, ya de por sí discutibles, sino también las raíces de la bochornosa política oficial del Frente Amplio y de Mujica hacia las Fuerzas Armadas y su impunidad, frente a las cuales Zabalza recuerda como ineludible antecedente las actitudes de colaboración con los militares de algunos dirigentes tupamaros encarcelados, así como también el intento de fundamentación ideológica de esa colaboración, sustentado en el Documento Nº5 del MLN-T.
En ese movimiento del pensamiento, Zabalza elude la mirada exclusivista sobre su propia organización —sectarismo sumamente común en las historiografías oficiales de la izquierda tradicional, socialista, comunista, maoísta o trotskista, incluso también compartido por los peronistas y otros nacionalistas— para proponer en cambio un ángulo macro donde no sólo la guerrilla tupamara ocupa el centro de la escena sino que también el Frente Amplio y toda la izquierda uruguaya se convierte en protagonista de su libro. En ese plano Zabalza recorre cada una de las inflexiones en la difícil y no siempre fácil relación entre el Frente Amplio y los Tupamaros.
Un punto de llegada,con sujeto y con historia
El relato y la reflexión que Zabalza nos propone en «Una historia que no es cuento» (Orígenes, esplendor y derrota del MLN-Tupamaros) constituye el punto de llegada de sus libros anteriores. Este autor ya había publicado anteriormente varios volúmenes: El Tejazo y otras insurrecciones; La estaca; El miedo a la democracia y Lo viejo y sabido. A esos trabajos se agregaron más tarde su biografía Cero a la izquierda. Una biografía de Jorge Zabalza de Federico Leicht [Montevideo, Letraeñe, 2007] y Raúl Sendic, el tupamaro. Su pensamiento revolucionario [Montevideo, Letraeñe, 2011] en el cual Zabalza reúne y comenta los principales textos e intervenciones políticas —materiales muchas veces desconocidos o inhallables— del principal ideólogo de la insurgencia.
«Una historia que no es cuento» es la coronación sintética de esa prologada reflexión política.
A diferencia de aquella literatura pedagógica inspirada en el estructuralismo de Louis Althusser y Marta Harnecker, tan difundidos en los cursos de formación de la militancia de izquierda de nuestro continente, el marxismo del Tambero es un marxismo con sujeto y con historia, que sustenta cada una de sus formulaciones políticas en el análisis histórico de la lucha de clases tal como se dio en la situación específica de Uruguay y tal como se da en el conjunto de países de Nuestra América.
Dejando a un costado aquellos viejos modelos esquemáticos del marxismo estructuralista, cargados de metafísica y formulaciones vagas y genéricas, la reconstrucción de Zabalza también marca el terreno crítico frente a las nuevas modas y los “últimos gritos” de la academia neoyorkina (multiculturalismo) o parisina (posmodernismo), igualmente difundidos en nuestras latitudes. Incluso cuando en el libro de Zabalza aparece mencionado el concepto de “multitud” (tan bastardeado por Toni Negri y sus discípulos sumisos y aplaudidores), Zabalza se cuida muy bien de escupir o insultar contra las organizaciones revolucionarias, de las que nunca reniega ni se arrepiente y a las que continúa reivindicando y caracterizando como necesarias.
Balance histórico del Uruguay
Para presentar sus conclusiones Zabalza se toma el trabajo previo de recorrer la historia de Uruguay y ensayar una suerte de balance a partir de contar la historia desde abajo, desde la lucha popular y no como producto de la bondad o maldad de «los importantes» políticos.
En esa tarea, identifica grandes periodos históricos, cuya instancia de inflexión está dada por la crisis de legitimación de las clases dominantes y la irrupción de la violencia política en la rebeldía popular.
Analizando el Uruguay de José Batlle y Ordoñez [1856-1929], caracterizado como “el país de los amortiguadores” y su doctrina de la supuesta “excepcionalidad” del país oriental frente al resto de América latina, Zabalza nos invita a mirar y pensar las reformas burguesas y el populismo desde abajo, desde las luchas sociales, entendiendo sus políticas sociales como concesiones de la clase dominante a la lucha popular.
Según sus propias palabras, en su balance Zabalza afirma: (a) “Si bien la figura de José Artigas dominó el escenario político del siglo XIX, desde los años iniciales del siglo XX fue don José Batlle y Ordóñez quien impuso su perfil ideológico y político a la historia del Uruguay”; (b) “El batllismo fue el salvador de la patria burguesa” y (c) “mientras los Batlle apostaron a crear condiciones en que no hicieran necesarias las rebeliones sociales, en los ‘60 la clase dominante te jugó a la represión y el terrorismo de Estado”.
En su óptica, la inflexión histórica y el “fin de la Suiza de América” se produce entre la crisis económica de 1955 y sobre todo el 14 de agosto de 1968 cuando muere asesinado de un balazo el estudiante universitario Liber Arce. Hecho que golpea la conciencia popular a fondo, poniendo también en crisis la ilusión en la inviolabilidad de la legalidad parlamentaria-republicana.
Hasta ese momento, todos, pero absolutamente todos en Uruguay adoptaban como paradigma indiscutido de las formas de hacer política (reaccionaria o progresista) la república parlamentaria. Todos… menos Raúl Sendic. Zabalza reproduce un artículo del futuro fundador del MLN-Tupamaros publicado en febrero de 1958 en el periódico El Sol donde Sendic señala: “la democracia de nuestro país, como la democracia burguesa en todos lados, no resiste la prueba de fuego de la lucha de clases”. Más adelante cita otro artículo de Sendic, de 1963, sintomáticamente titulado “¿Un revólver o la constitución?”.
Esforzándose por desplazar la explicación de la emergencia de la lucha armada en Uruguay del fondo oscuro y lúgubre marcado por una supuesta “irracionalidad mesiánica y delirante”, Zabalza reconstruye el debate ideológico en el seno del cual se debatió a nivel popular dicha estrategia de lucha. Allí estudia la polémica entre tres periódicos que hicieron época y marcaron tendencia: El Popular del PCU que proponía avanzar mediante reformas legales; Marcha, de Aníbal Quijano y Época (fundada por cinco organizaciones: PS, MRO, MIR, MAPU y los anarquistas) que promovía la lucha armada.
Luchas sociales y clandestinidad
En la reconstrucción de Zabalza los Tupamaros nacen y emergen de la lucha social, como parte integrante del horizonte que amalgamaba la organización clasista y combativa del sindicato UTAA de los trabajadores cañeros —los “peludos” en la jerga uruguaya—y la lucha de los barrios proletarios de El cerro y La Teja, en Montevideo, la capital de Uruguay. La insurgencia es producto de esa doble lucha, rural-urbana, atravesada por los trabajadores del campo y la ciudad.
Desde su perspectiva polémica y crítica ya desde el período fundacional del MLN-T se podían vislumbrar las diversas tendencias que lo atravesaron y lo marcaron hasta el día de hoy (enero, 2012).
En esa reconstrucción histórica, política e ideológica, Zabalza identifica dos derrotas igualmente trágicas sufridas por los insurgentes. Una, la primera, de carácter político-militar, producida en 1972. La otra, más perdurable y profunda, de tipo ideológica, sería la más actual, en la cual los tupamaros —al menos sus principales cabezas públicas— habrían sido cooptados por el poder, el orden establecido, el statu quo.
El MLN-T, Cuba y el Che Guevara
Nada o casi nada queda al margen del balance ensayado por Zabalza en este apretado y sintético libro.
Por ejemplo, el autor se anima a reexaminar la influencia de la Revolución Cubana y la participación de los uruguayos en la OLAS (Organización latinoamericana de Solidaridad, reunida en La Habana en agosto de 1967), el vínculo difícil y la disputa entre las estrategias del PC uruguayo y el MLN Tupamaro.
Y allí Zabalza destaca la originalidad y la herejía de los Tupamaros, incluso frente a Cuba hasta el límite de dialogar críticamente con el mismo Guevara quien en alguno de sus escritos otorgaba cierta credibilidad a la tesis de la supuesta “excepcionalidad” del Uruguay batllista. Desoyendo hasta al mismo Che Guevara, los embriones tupamaros comenzaron a preparar la lucha clandestina y armada desde 1961.
No hubo entonces aplicación mecánica de ningún esquema extranjero, al contrario. Los tupamaros en este punto desoyeron los “consejos” cubanos y pensaron la insurgencia de acuerdo a su propia realidad. Por eso Zabalza afirma que: “Para que el mensaje fuera recibido por sus destinatarios, el empleo de la violencia guerrillera debió adecuarse a la cultura política del Uruguay Batllista”. Los problemas estratégicos del naciente MLN-T fueron marcados por el dilema de una insurgencia bajo democracia burguesa.
Una triple polémica
En su balance el libro no apunta a presentar un mero racconto lineal de hechos históricos (cronología de acciones y crecimiento del MLN-T hasta su derrota). La genealogía que nos propone Zabalza apunta a mostrar la construcción de una fuerza social y el desarrollo de la conciencia a partir de la insurgencia y la rebeldía popular.
En esa reflexión estratégica, Zabalza despliega una triple polémica.
En primer lugar, discute los presupuestos de la izquierda tradicional (hoy adoptados como dogma indiscutido por todo el Frente Amplio), cuyo principal teórico fue el intelectual Rodney Arismendi ([1913-1989], secretario general del PC uruguayo). Arismendi elaboró en Uruguay la estrategia de “avanzar en democracia”, fórmula de compromiso entre Moscú y La Habana, formulada en su libro Lenin, la revolución y América Latina (1970), teorizada y reelaborada a su vez en Argentina por Héctor Pablo Agosti [1911-1984] con sus elucubraciones sobre una supuesta “democracia renovada”.
¿Qué era la “democracia avanzada” de Arismendi? En opinión de Zabalza dicha estrategia expresaba un punto de vista progresista “funcional al país de los amortiguadores”, es decir, al Uruguay del predominio de las formas de dominación capitalista republicana.
Los tupamaros polemizaron con dicha concepción, disputando no sólo en el terreno político sino incluso en el campo sindical, enfrentando con la tendencia clasista y combativa a la línea tradicional del Partido Comunista.
En segundo lugar, Zabalza somete a discusión a la corriente del nacional-populismo de Jorge Abelardo Ramos [1921-1994] y Vivian Trías [1922-1980], junto con Arturo Jauretche [1901-1974] y Raúl Scalabrini Ortiz [1898-1959], teóricos de la colaboración con el ejército y apologistas de la burguesía nacional. La sombra ideológica de todos estos autores está presente, según Zabalza, en el Documento Nº5 del MLN- Tupamaros, elaborado en 1971, fuente y antecedentes de muchísimos errores y desviaciones posteriores (hasta el día de hoy). Allí se encuentra el germen ideológico de los bochornosos intentos de colaboración con las Fuerzas Armadas de algunos dirigentes tupamaros prisioneros bajo la dictadura así como también una de las claves de explicación del proceso de negociación y conversaciones de la guerrilla con los militares genocidas entre el 26 de junio de 1972 y el 26 de agosto del mismo año (éste es sin duda uno de los puntos más álgidos, ríspidos y controvertidos de todo el libro).
Frente a estos autores tan admirados por otros dirigentes tupamaros Zabalza se esfuerza y logra ser contundente al señalar que: “El olfato ideológico de Raúl Sendic no lo engañaba nunca, prefería tener en su cabecera el «Tratado de Economía Marxista» de Ernest Mandel”.
Quizás por eso, en su anterior libro Raúl Sendic, el tupamaro. Su pensamiento revolucionario Zabalza recuerda la solidaridad concreta y explícita de Sendic con los guerrilleros argentinos del Movimiento Todos por la Patria (MTP, una de las derivaciones del PRT-ERP argentino) que atacaron el cuartel militar de La Tablada en 1989. Cuando otros preferían mirar para el costado o amigarse con los militares, al salir de la prisión el viejo Sendic seguía identificando a las Fuerzas Armadas (no sólo a las de Uruguay sino a las de Argentina y América Latina) como una de las instituciones claves del aparato de estado burgués.
En tercer y último lugar, Zabalza polemiza y formula un debate interno dentro de la insurgencia tupamara. En ese rubro cuestiona los relatos oficiales (principalmente de Eleuterio Fernández Huidobro, pero no sólo de él) sobre el MLN-T. A lo que agrega una mirada crítica sobre el “aparatismo” y al “militarismo” presentes en la estrategia originaria de los Tupamaros.
De estas últimas dos polémicas al interior de Tupamaros, una es más coyuntural y tiene que ver con la deriva actual del gobierno de «Pepe» Mujica y el modo en que éste se legitima con la lucha del pasado. La otra es más estratégica y está vinculada en gran medida a las concepciones políticas originarias de los Tupamaros.
En este último caso, Zabalza apunta a señalar el déficit de haber concebido la toma de Montevideo únicamente a través de un aparato militar y no a partir de la combinación de todas las formas de lucha, desde la guerrilla hasta la insurrección popular armada.
Rosa Luxemburg, Sendic y Lenin…
tomando mate y discutiendo el poder en Uruguay
Al recorrer las acciones históricas que caracterizaron al MLN-T Zabalza incursiona en la teoría del doble poder, amalgamando a Rosa Luxemburg y Lenin a partir de la experiencia histórica del guevarismo uruguayo en el seno del cual Zabalza diferencia la concepción del doble poder basado en un aparato de masas armado (del cual la guerrilla es expresión) de aquella otra donde sólo se reducía el doble poder a un aparato militar.
En este punto Zabalza cuestiona uno de los núcleos duros del pensamiento tupamaro histórico, focalizando su mirada crítica en la insurrección concebida como “una operación técnica de aparato militar” equivalente a tomar Montevideo por asalto, en lugar de entenderla como la expresión de la conciencia y del poder del pueblo armado en un territorio, tal como históricamente se dio en “el tejazo” (dentro de Uruguay), en el cordobazo (en Argentina) y en la Intifada (en los territorios de Palestina ocupados por Israel).
Zabalza no deja lugar a dudas. No se arrepiente ni es un renegado o un converso. Sigue pensando que había que apostar por la toma de Montevideo… pero no como producto de una técnica militar de un grupo sino “como resultado de 100 tejazos”.
A la hora de identificar el núcleo del error estratégico que este libro se esfuerza por pensar y discutir Zabalza sostiene que resulta erróneo intentar privilegiar la estructura o aparato (entendido como partido, movimiento u organización político-militar) en lugar de apostar por el pueblo armado y organizado junto a las armas organizadas. Ni pura espontaneidad ni pura organización político-militar, sino la conjunción, articulación y simultaneidad de ambas.
Multitudes insurrectas y grandes masas en movimiento pero con organización político militar… Esa es la apuesta política y teórica de Zabalza en este libro. Una mirada luxemburguista y leninista al calor de la tradición de Raúl Sendic y la experiencia rebelde concreta de Uruguay.
Dentro de esa reflexión estratégica se inscribe y resulta fundamental el capítulo “Justicia popular y doble poder” donde Zabalza le otorga contenido concreto al “poder popular”, esa expresión tan bastardeada y manipulada que hoy en día se utiliza —sobre todo en la literatura posmoderna y autonomista— como comodín difuso, vago e indeterminado, sencillamente para… no decir nada y eludir los problemas de fondo.
A diferencia de esa literatura posmoderna, frívola, superficial y políticamente correcta, que posa de “radical” abanicando un florido repertorio de neologismos académicos para terminar en la práctica legitimando los reformismos institucionales más mundanos, timoratos y pusilánimes…, Zabalza analiza el proceso de construcción de poder popular en Uruguay explayándose sobre el proceso histórico que “llevó la violencia a los barrios de la burguesía”. Porque en nuestros tiempos resulta muy elegante y hasta exquisito hablar del PODER con mayúsculas y en abstracto (sobre todo si se citan un par de autores franceses o italianos a la moda) pero siempre bajo la condición muda y escondida de no molestar ni incomodar a nadie.
Desde una actitud diametralmente opuesta Zabalza recuerda la estrategia tupamara de hacer sentir a las clases dominantes que ellas también podían recibir en carne propia y en sus propios territorios los embates de la lucha de clases y el ejercicio de la fuerza material en manos del pueblo organizado. Sendic nunca renegó de la violencia de abajo como una respuesta contra la violencia de arriba, de la violencia popular contra la violencia de las clases dominantes, de la violencia revolucionaria contra el terrorismo de estado.
Tal vez por eso, en una convención del MLN-T de 1987, Raúl Sendic planteó públicamente —como recuerda el periodista Carlos Fazio— que el método guerrillero seguía siendo válido en la lucha por la liberación de los pueblos latinoamericanos: “Que ahora no lo usemos aquí”, dijo Sendic, “no quiere decir que no sea válido en otro avance del fascismo”.
Pero además de recordar el lado “poco simpático” y políticamente incorrecto de la confrontación en el Uruguay, Zabalza también recrea los múltiples lazos y expresiones de poder popular en los que se basó y a los que alentó la insurgencia tupamara: desde la red fábrica-barrio en las poblaciones del Cerro y La Teja hasta los hospitales populares pasando por los comités de apoyo (CAT) al MLN-T hasta la constitución de los comités de base del Frente Amplio, que en gran medida fueron durante un tiempo autónomos de las grandes superestructuras partidarias electorales. En síntesis, Zabalza sostiene que los movimientos de base constituyeron durante mucho tiempo territorios de disputa entre la estrategia del frente electoral y la de la guerrilla tupamara. Disputa tensionada que también abarcó el plano sindical en la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) y el debate entre los dirigentes sindicales Mario Acosta (PC) y Héctor Rodríguez (Tendencia clasista y combativa).
Pensando en las futuras insurgencias
A diferencia de algunos sobrevivientes de los años 70 que hoy apelan a sus medallas y honores del pasado para LEGITIMAR un presente gris y mediocre, Zabalza no se resigna ni se entrega. Rememora, recuerda, relata y cuenta, pero no para hundir, enlodar, delatar, pedir perdón y sentenciar con el dedo “ese no es el camino”. Al contrario.
Lo más sugerente del libro reside en que los análisis críticos de Zabalza eluden el arrepentimiento de los quebrados y los conversos y la frivolidad académica de los posmodernos y sus derivados autonomistas. Lo que Zabalza reclama, en el análisis histórico de la estrategia de la insurgencia de los Tupamaros (en la cual se jugó el pellejo y la vida), apunta a la creación de poder popular desde abajo, organizado y dispuesto a la confrontación con el capitalismo y la burguesía.
Este libro expresa y condensa la mirada aguda de un experimentado militante revolucionario que analiza los tiempos pretéritos para transmitir a las nuevas generaciones un balance estratégico y así alentar nuevas insurgencias. La clave de este libro no está en el pasado, aunque de eso se trata, sino en el futuro, en las nuevas rebeliones que vendrán en el país de Artigas, los Tupamaros y Raúl Sendic. Le guste a quien le guste.
Nestor Kohan
Enero de 2012
martes, 3 de enero de 2012
Comunicado de fin de año de las FARC-EP al pueblo colombiano
Con motivo del año nuevo las FARC-EP queremos invitar al pueblo colombiano a un momento de reflexión sobre el futuro de nuestra patria. Qué puede importarnos más que la suerte de nuestros hijos y el bienestar de las nuevas generaciones. En conciencia, las cosas en el país no están como para fiestas. Los reyes magos no vienen esta vez a saludar la buena ventura cargados de tesoros, sino que llegan avarientos a llevarse cuanta riqueza encuentran a su paso.
Y escoltados por gigantescos aparatos militares de represión y aplastamiento. Defendidos por una casta política antipatriótica, corrupta y entreguista que sólo piensa en su bolsillo. Llenos de soberbia porque cuentan a su favor con el poderoso aparato mediático de propaganda y publicidad que representan los monopolios informativos con sus periodistas y articulistas a sueldo.
El alabado repunte de la economía
Cuando la burguesía colombiana celebra sus índices recientes de crecimiento económico, con los que quiere hacer creer que ríos de leche y miel corren caudalosos por toda la nación, oculta a los colombianos que las toneladas de carbón, gas y petróleo que empujan el producto interno bruto, representan el más grande saqueo que se haya realizado jamás en este suelo. Poderosos compañías transnacionales aliadas con la oligarquía colombiana son sus únicos beneficiarios.
El crecimiento de la inversión en el agro no significa un repunte para la economía campesina ni un alivio para el campesinado violentado, sino la ampliación de la agroindustria de los biocombustibles propiedad de grandes monopolios. Hasta la tradicional clase ganadera sufre el embate de los tratados de libre comercio que ensombrecen su porvenir. Se habla de arrancar del fondo de la tierra oro, plata, platino, coltán y uranio, entre otros minerales, pero por parte de grandes corporaciones multinacionales que exigen como requisito previo la aniquilación de la mediana y pequeña minería artesanal representada por centenares de miles de familias humildes.
El auge extraordinario en infraestructura y construcción anunciado por Santos, no tiene otro objeto que la creación de las bases materiales para la operatividad de la expolición de nuestros recursos y el fortalecimiento de los pulpos financieros nacionales y extranjeros. Mientras que más de la mitad de la población colombiana sobrevive gracias al rebusque por la ausencia total de oportunidades de empleo, está demostrado históricamente que las economías de enclave minero no generan bienestar alguno. Los puestos de trabajo que se crean son precarios y sometidos a las más viles formas de explotación, lo único que nos dejarán serán los socavones.
La iniquidad social del régimen
La escandalosa aceleración de la injusticia social ha sido reconocida formalmente con la asignación del antepenúltimo lugar mundial en materia de desigualdad social. Y se refleja en la miseria y la pobreza que invaden todos los espacios urbanos y rurales habitados, en contraste con las zonas exclusivas de los barrios y haciendas pertenecientes a las altas esferas, o las áreas destinadas al circuito turístico, comercial o financiero con las que se pretende compararnos al primer mundo.
La generalizada crisis hospitalaria producto de la privatización de la salud; las graves falencias en materia de educación, originadas en el propósito de reducirla también a un negocio redondo, que produzca ovejas en lugar de hombres y apenas las necesarias máquinas humanas insensibles y robotizadas para acrecentar las ganancias de los grandes empresarios; el vergonzoso déficit en materia de vivienda y condiciones dignas de habitación; la cada vez más grave situación de los campesinos amedrentados por el paramilitarismo y las hordas de soldados profesionales que ocupan amenazantes extensos territorios, y que no va a ser solucionada por leyes de tierras concebidas para beneficiar a los expropiadores y no a los expropiados, constituyen todas lacras que demuestran la hipocresía de las clases dominantes en Colombia.
Cada mes se anuncia a los colombianos en medio de publicitadas encuestas de favorabilidad del gobierno, que el precio de la gasolina y demás combustibles aumenta, hasta el punto de que pagamos el galón más caro entre los países productores y no productores, pese a que se extrae ya casi el millón de barriles al día de nuestro suelo. Por su parte, los servicios públicos pésimos y por añadidura en crisis por obra del invierno y la desidia oficial, gravan a los usuarios con altísimas tarifas, particularmente en materia de agua y electricidad, hasta el punto de provocar, por obra del desespero, repetidas asonadas contra las empresas prestadoras en muchas partes del país.
La verdadera naturaleza del conflicto
Además es el nuestro un país en guerra. Esta no es más que el producto de la decisión oficial de dar solución violenta, a sangre y fuego, a los graves problemas sociales y políticos que aquejan la vida nacional. Cada vez que lo decimos, se nos vienen encima nuestros enemigos y su prensa paga, tachándonos de querer parecer mansas e inocentes víctimas. No se trata de nosotros.
Se trata de los cuatrocientos mil muertos sepultados para siempre en la impunidad concertada del Frente Nacional, de los cinco millones de desplazados y despojados de sus tierras en los últimos treinta años, de los cinco mil dirigentes, activistas y simpatizantes de la Unión Patriótica que sirvieron para aniquilar esa novedosa opción política, de las más de doscientas mil víctimas del paramilitarismo fomentado por las Fuerzas Armadas, de los miles y miles de colombianos desaparecidos, torturados, encarcelados o desterrados por obra de la intolerancia demencial que echó raíces en Colombia en beneficio de un reducido grupo de terratenientes, capitalistas, mafiosos y empresarios extranjeros.
Se trata de todas esas víctimas del terrorismo de Estado impuesto por la práctica de Seguridad Nacional, que ha dado en llamarse últimamente Seguridad o Prosperidad Democrática. La resistencia popular y la heroica lucha armada guerrillera son las más dignas y altas expresiones de la rebeldía y la dignidad de un pueblo que se ha negado a aceptar dócilmente el destino impuesto por los poderes dominantes.
Esa resistencia y esa lucha han sido blanco a su vez de las más gigantescas arremetidas militares y de todo orden durante casi cinco décadas. Y siguen enhiestas, combatientes, a pesar de los miles de millones de dólares suministrados por los norteamericanos, de su grosera intervención, de sus recursos tecnológicos, de los centenares de miles de hombres entrenados para matar sin piedad, de sus devastadores bombardeos, de sus ametrallamientos y desembarcos.
Es eso lo que los desespera de odio contra nosotros. Lo que alimenta sus calumnias y desafueros. Que una fuerza de campesinos, indios, negros, estudiantes y profesionales, mujeres y hombres del pueblo sostenga sus verdades y convicciones en medio del todopoderoso dominio del gran capital transnacional y sus regímenes de muerte. Es por eso que se niegan a considerar la posibilidad de un diálogo sincero de paz. Saben que aquí no van a encontrar traidores dispuestos a venderse, por eso insisten en sus amenazas de exterminio.
El año que termina y el significado del nuevo
El 2011, tal como lo pronosticamos, fue un año de grandes jornadas populares. Demoliendo la muralla del miedo, de la disuasión criminal del terrorismo de Estado, el pueblo se levantó contra la política neoliberal, la corrupción, la entrega de la soberanía, y los desafueros del poder.
Con el agua al cuello los damnificados del invierno cuestionaron la demagogia y la desidia del gobierno. Los campesinos bloquearon carreteras en rechazo a las irresponsables fumigaciones indiscriminadas que arrasaron sus cultivos. Los mineros artesanales resistieron la entrega de la explotación aurífera a las transnacionales. Los indígenas marcharon reclamando respeto a sus territorios y a su identidad. Las organizaciones agrarias exigieron la restitución de tierras y el resarcimiento de las víctimas del despojo y clamaron por la solución política del conflicto y por la paz. Los camioneros pusieron en jaque al gobierno por el incumplimiento de los acuerdos que recogen sus reivindicaciones. El país entero se indignó por el saqueo desvergonzado de los recursos de la salud y por los escandalosos robos de la contratación.
Crecieron la exasperación y la inconformidad por la desconexión de los servicios públicos en los sectores populares, porque fueron convertidos en negocios privados. Los corteros de caña se levantaron contra la nueva esclavitud que significa la llamada flexibilización laboral. Los obreros petroleros se enfrentaron a la Pacífico Rubiales, que con la complicidad del gobierno, pretende avanzar en la imposición de la precariedad e incertidumbre laboral. El movimiento estudiantil con sus portentosas marchas logró frenar el despropósito de Santos de privatizar la educación. Sin duda el año que culmina marcó el despertar, el ascenso de la lucha y la movilización del pueblo por sus derechos.
En el 2011 fueron sentadas las bases de rebeldía y dignidad para encarar las decisivas luchas sociales y políticas del 2012, que estremecerán los cimientos del sistema apátrida que está entregando la soberanía y las riquezas del país a las transnacionales del capital. El TLC y las denominadas locomotoras neoliberales del desarrollo, no pasarán. En pie de combate, bienvenido el año nuevo con sus pertrechos de inconformidad y anhelos de Colombia Nueva.
Los caídos en la guerra
Ante el sagrado altar de la patria ofrecemos la sangre revolucionaria y amorosa del comandante Alfonso Cano, caído en combate, consecuentemente, en defensa de los pobres y excluidos, y por la Colombia Nueva de su sueño. El sacrificio heroico de miles de guerrilleros y líderes sociales abatidos por la intransigencia atávica del régimen pro yanqui, es poderosa fuerza que se suma al anhelo popular de justicia y libertad. El pueblo unido, insurreccionado resueltamente contra el sistema que lo oprime, triunfará.
Pasaron los tiempos de la manipulación mediática y el engaño. Un abrazo, desde las montañas, al pueblo que el 6 de diciembre rechazó la marcha del odio y de la guerra, impulsada por el señor Juan Manuel Santos. Con ningún malabarismo podía el presidente eludir su responsabilidad en el resultado luctuoso. Fue él quien ordenó el rescate militar de los prisioneros en el Caquetá, y fue el Ejército quien penetró a sangre y fuego al campamento, como lo declaró el sargento Herazo.
Las conversaciones de paz
Nuestro pueblo anhela la paz; la insurgencia siempre ha reclamado la solución política del conflicto. Cada vez son más los que no le comen cuento al mentiroso del Palacio de Nariño; el mismo que ahora pregona que no hubo masacre en Mapiripán. Por eso la pretendida marcha contra las FARC se diluyó melancólicamente desde mucho antes de la lluvia. Uniendo voluntades podremos aislar a los guerreristas de Washington y Bogotá. Como decía el comandante Jacobo Arenas: el destino de Colombia no puede ser el de la guerra. Apoyemos todos el primer paso hacia la solución política, representado por el canje de prisioneros entre las partes contendientes.
La marcha que requiere la patria es la gran marcha por la paz y la justicia social.
En una eventual mesa de conversaciones, con un gobierno que verdaderamente aspire a la paz y no a una rendición incondicional, interpondremos siempre las reclamaciones de justicia, de soberanía popular, de independencia, de adopción de una doctrina militar bolivariana, de una nueva política económica alejada de los inequitativos postulados neoliberales, de tierra para los campesinos, respeto a los derechos indígenas, salud y educación gratuitas, defensa del medio ambiente, replanteamiento de los contratos leoninos que favorecen a las transnacionales, política internacional que privilegie la hermandad de los pueblos, sentimientos todos, que bullen en el deseo centenario de los diversos sectores sociales del país.
Que continúe la marcha de la patria hacia la construcción de alternativas que reafirmen la soberanía y la justicia. Las mayorías movilizadas, no podrán ser detenidas por una minoría vende patria atravesada en el camino de los cambios políticos y sociales.
Con este saludo de año nuevo, recordando el compromiso que adquirimos con la senadora Piedad Córdoba y el prestante grupo de mujeres que trabajan por la paz de Colombia, informamos los nombres de tres de los seis prisioneros de guerra en nuestro poder que serán entregados a ellas tan pronto como se acuerden los protocolos necesarios. Se trata de los subintendentes de la Policía Nacional Jorge Trujillo Solarte y Jorge Humberto Romero Romero, y del cabo primero de la misma institución José Libardo Forero Carrero. En breve anunciaremos la identidad de los otros tres. Esperamos que el gobierno nacional y la cúpula militar no vayan a repetir lo ocurrido el pasado 26 de noviembre en el Caquetá.
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 27 de diciembre de 2011
Publicadas por PANFILOV a la/s 9:27 PM
domingo, 1 de enero de 2012
El fotógrafo de la muerte
CON DANIEL REY PIUMA, AUTOR DEL INFORME SOBRE LOS VUELOS DE LA MUERTE
Las 130 descarnadas fotografías sobre 'vuelos de la muerte' y los documentos de inteligencia de Uruguay que le entregó días atrás la Corte Interamericana de Derechos Humanos al juez federal argentino Jorge Torres no fueron obra del azar. El material 'encontrado' por el secretario de la Corte, Santiago Cantón, existe porque hace 34 años el marino Daniel Rey Piuma desertó y denunció al mundo la verdad sobre los cuerpos que 'aparecían' a lo largo de la costa uruguaya.
ROGER RODRÍGUEZ
rogerrodrigue@adinet.com.uy
Daniel Rey Piuma sigue aún hoy exiliado en Holanda. Sólo siete veces ha vuelto al país desde aquel octubre de 1980 en el que, con cientos de negativos cosidos a su ropa, cruzó la frontera hacia Brasil y dejó atrás una madre, una familia y una vida. Publicó su testimonio en el libro Un marino acusa, con el que conmovió a las organizaciones internacionales de derechos humanos con su documentada denuncia sobre lo que ocurría en el Río de la Plata.
En 2007 viajó a Montevideo para declarar ante el juez Luis Charles y la fiscal Mirtha Guianze en la causa de los ‘terceros traslados’, que implicó el encarcelamiento del dictador Gregorio Álvarez y del capitán de navío Juan Carlos Larcebeau, y la fuga de Jorge Troccoli. En su testimonio judicial explicó la sistematización de la tortura en la Armada y señaló con nombre y apellido a los principales torturadores, quienes en mayoría aún no han sido juzgados.
Rey Piuma había trabajado entre 1977 y 1980 en la Dirección de Inteligencia de la Prefectura Nacional Naval (Dipre) y fue acumulando documentos y pruebas sobre la verdad de aquellos cuerpos que el mar devolvía y que las autoridades de la dictadura uruguaya presentaban como de personas de origen asiático que habrían protagonizado algún motín en pesqueros de ultramar… Un motín que duró años.
En su denuncia, Rey Piuma acusa a los oficiales navales Eduardo Craigdallie, Ernesto Serrón, Álvaro Diez Olazábal, Nelson Sánchez, Jorge Fernández, Daniel Maiorano, Víctor da Silva, Aníbal del Río, Carlos Gamarra, Uruguay Sánchez, Juan Carlos Fernández y Jesús de Armas, además de personal subalterno. Todos ellos podrían verse implicados próximamente en una causa judicial por torturas que presentarían sus víctimas.
La denuncia también fue en parte recogida en los informes oficiales elaborados por el historiador Álvaro Rico en sus investigaciones sobre desaparecidos y sobre el terrorismo de Estado. En ambos trabajos se incluyen especificaciones sobre los cuerpos enterrados como 'NN' en cementerios de la costa de Río de la Plata. Algunos de esos cuerpos fueron finalmente entregados a Argentina para su identificación forense.
EN CONTACTO CON HOLANDA
La voz de Rey Piuma se oye angustiada. Habíamos intercambiado mensajes por internet y aceptó hacer público lo que sintió cuando los medios de comunicación internacionales mostraron las imágenes de la documentación que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le entregó al juez Torres en Buenos Aires. Un poco de bronca por el desconocimiento del origen de ese material, más enojo por el tiempo en que se tardó cuando todo está archivado en Uruguay… y un poco de esperanza de que lo sufrido durante tantos años haya finalmente servido.
¿Cuánto hace que esperabas este momento?
Estoy en esto desde hace rato... Desde setiembre de 1977 sustrayendo y copiando documentos, registrando las torturas y a los torturadores, llevando una doble vida veinticuatro horas por día. En octubre de 1980 escapé del país. En Brasil estuve tres meses escapando de los servicios argentinos, brasileños y uruguayos. Llegué a Holanda el 22 de diciembre de 1980, invitado entonces por la corona holandesa.
¿Es de entonces tu denuncia ante la OEA de la que surgieron ahora las fotos que se entregaron a la justicia argentina?
En enero de 1981 me compré la primera máquina de escribir y empecé a redactar mi informe en un pueblo llamado Berg aan Zee, en el norte de Holanda. A partir de marzo de ese año trabajé con Amnistía Internacional, en la central de Londres, y con el Colarch en Bruselas. Mediante increíbles y complicadísimos tejes y manejes, presenté finalmente mi informe en noviembre de 1982 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.
“PENSÉ QUE HABRÍA JUSTICIA”
Tu denuncia ya había provocado un impacto internacional entonces...
Antes de ese momento ya trabajaba también con el Sijau, la Liga de Juristas demócratas, el Iepala y otras… En aquel momento, el presidente de la CIDH dijo en el Pleno de la Comisión que mi reporte era la documentación más completa y minuciosa que alguna vez habían recibido. Pero al final de la sesión, en una rueda de prensa, aparecieron matones blandiendo armas y amenazándome de muerte...
Desde entonces has permanecido cuidándote las espaldas, casi como un prófugo…, incluso padeciendo enfermedades.
Pensé, incauto de mí, que al terminar la dictadura la maquinaria de la justicia se comenzaría a mover. En 1987, por intermedio de Raúl Sendic se publicó 'mi libro'. Nunca tuve otra intención en mi accionar que la de que se investigaran las torturas en la marina uruguaya y el origen de los cuerpos encontrados en las costas de nuestro país. Luego de una carrera profesional llena de sucesos –fui art-director en el estudio gráfico más grande de Ámsterdam y docente en la Facultad de Utrecht–, tuve que comenzar una terapia con diferentes psicólogos, que me han diagnosticado un PTSS [Post Traumatic Stress Sindrome]. Hasta ahora...
Tus regresos a Uruguay también han sido casi clandestinos.
En 34 años he viajado sólo siete veces a Uruguay, tres veces a través de otros países, y cada vez que estoy en mi país tengo que estar armado. Los compas siempre se han portado bien haciendo mi seguridad e incluso, en ocasión de una invitación que me cursó la llamada Comisión para la Paz, el entonces presidente Jorge Batlle dispuso que me fueran a recoger y a llevar al aeropuerto de Carrasco dos coroneles de la aviación, en tanto que ponía a mi disposición un coche escolta con guarda para trasladarme cada vez a la vieja casa presidencial.
“QUE TODAVÍA ES POSIBLE”
Hace unos años viajaste y testificaste ante la justicia uruguaya en la causa por la que está preso el Goyo Álvarez, ahora tu informe ante la CIDH llega finalmente a manos de la justicia argentina. ¿No eran ésos los objetivos?
Todo lo que ocurre en este momento me aturde un poco. Me da un poco de esperanza y, al mismo tiempo, me ciega de impotencia y de ira. Ninguna de las lágrimas que derramó mi madre tres días antes de mi partida, besándome los pies para que no partiera al exilio, vale la pena ante tanta desidia e indiferencia de aquellos que, conociendo estos documentos desde hace tanto, nunca hicieron nada con ellos. Lo he hecho por nuestros compañeros, por mi tío desaparecido, Carlos Arévalo, y también, ¿por qué no?, por mi propia madre.
¿Qué esperás que ocurra ahora?
Espero que los compañeros asesinados encuentren paz y sus familias también, si luego los pueden llegan a identificar. Espero que no me visiten con tanta frecuencia algunas noches en el cuarto de huéspedes donde me refugio cuando estoy fatigado de cargar tanta mochila y procuro descansar. Espero que luego de haberlos abrazado y cuidado durante tantos años –como un padre a sus hijos, como un hermano mayor a sus hermanos, como una madre celosa y rabiosa– los pueda dejar partir. Espero que también ellos me suelten para que pueda, por primera vez en mi vida, bailar. Nunca lo he hecho porque ellos no lo pudieron hacer nunca más. Espero poder creer que el hombre, el ser humano, es capaz de impartir justicia. Espero que podamos enseñarles, luego, a los niños que la justicia es posible si todos queremos. Que es posible... Espero que en los últimos cinco segundos de mi vida –si estoy consciente–, antes de mi muerte, crea, esté convencido de que todo lo vivido y todo lo perdido por esta causa valió la pena.
Un infiltrado en la marina
Daniel Rey Piuma era un estudiante que había terminado preparatorios de Agronomía. Tenía 19 años y necesitaba trabajar. Había militado en 1973 en el Frente Estudiantil Revolucionario (FER) del Liceo Rodó, que funcionaba en Colonia y Río Branco. También había actuado en grupos religiosos, con el padre Lezama y la parroquia San Francisco, de la Ciudad Vieja. Allí conoció a alguien que le dijo que en el puerto había vacantes. No imaginaba que eso cambiaría radicalmente su vida.
Quiso presentarse para un cargo administrativo en la ANP (Administración Nacional de Puertos), pero en el viejo edificio de Aduanas llenó un formulario de la Prefectura Nacional Naval (PNN). Con su formación lo aceptaron de inmediato y lo citaron en la subprefectura de Trouville, donde terminó recibiendo instrucción militar por un mes y medio (“A mí me parecía raro, pero como era el puerto y recordaba la militarización de los bancarios, pensé que debía de ser así, que para trabajar como administrativo del puerto había que hacer la instrucción militar”, explicó alguna vez).
Cuando comprendió dónde se había metido, asumió su condición de “infiltrado”. Trabajó como fotógrafo en el Departamento Técnico de la Dipre, aprendió sobre peritaje criminal, detección de drogas, cerraduras y falsificación de documentos. A los cinco días de entrar, ya había “robado” los códigos de transmisiones radiales, que filtró a sus “compañeros” de la “orga”, a gente del entorno de Blanca Nilo de Artigas o con los que se reunía clandestinamente para entregar información militar que en más de una ocasión permitió advertir sobre operaciones represivas contra el Partido Comunista Revolucionario, el Partido por la Victoria del Pueblo o los Grupos de Acción Unificadora, entre otros.
Desde el primer día de su ingreso a la Armada, en setiembre de 1977, comprendió que aquellos 'chinos' que habían aparecido en la costa uruguaya tenían otro origen. Comenzó entonces a estudiar el material del archivo de la Dipre y a hacer copias que fue acumulando hasta que decidió su fuga, en octubre de 1980. Dos años después, elaboró su informe ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que se incorporó a las carpetas de la misión que la CIDH había hecho sobre Argentina en 1979. Allí permaneció todo archivado hasta ahora que el material fue entregado a la justicia argentina
http://elmuertoquehabla.blogspot.com/2011/12/el-fotografo-de-la-muerte.html
El aborto legal tiene media sanción en el Senado
El Senado uruguayo aprobó el martes en la última sesión del año y por una ajustada mayoría un proyecto de ley que legaliza el aborto en las primeras 12 semanas de gestación, y que ahora pasará a la Cámara de Diputados para su debate en 2012.
Tras más de nueve horas de discusión, el proyecto fue aprobado por 17 votos en 31, con el respaldo de toda la bancada del oficialista Frente Amplio (FA, izquierda) y un voto de un legislador del opositor Partido Nacional.
"La ley vigente es ineficaz, discriminatoria e injusta", afirmó la senadora Mónica Xavier, miembro informante de la iniciativa, explicando que no ha hecho que el aborto disminuya y que quienes tienen recursos económicos logran realizarlo más fácilmente, en clínicas clandestinas o en el extranjero.
Xavier explicó que la nueva norma constituye "un mecanismo garantista de que si la mujer no puede proseguir el embarazo, tenga las mismas garantías que una mujer que llevó el embarazo a término".
Según el proyecto aprobado en primera instancia, "toda mujer mayor de edad tiene derecho a decidir la interrupción voluntaria de su embarazo durante las primeras doce semanas del proceso gestacional".
El plazo no se aplicará si el embarazo es producto de una violación, si está en riesgo la salud o la vida de la mujer o si existieran "malformaciones fetales graves, incompatibles con la vida extrauterina".
Todos los servicios de salud, públicos y privados, tendrán la obligación de realizar el aborto en forma gratuita a las usuarias que lo soliciten.
La norma vigente actualmente, aprobada en 1938, pena con tres a nueve meses de prisión a la mujer que consienta un aborto, con seis a 24 meses a quien colabore con el mismo y dos a ocho años para quien lo practique sin el consentimiento de la mujer.
Se consideran causas atenuantes que se cometa "para salvar el propio honor, el de la esposa o un pariente próximo", por "razones de angustia económica", si el embarazo fue producto de una violación o si se hace para salvar la vida de la mujer.
Desde la oposición, en tanto, se defendió la vida desde la concepción. "¿No estaremos con esto incentivando el número de abortos?", se preguntó el senador del Partido Nacional Carlos Moreira, quien sostuvo que la ley no prevé que se consulte al padre sobre la decisión.
"Esta ley antepone el derecho de la mujer sobre el del niño, que es el más débil y no se puede defender. Se convierte el aborto en un derecho y en un gasto médico que va a pagar todo el pueblo", dijo a la AFP Lorna Marchetti, integrante de los movimientos Pro-Vida, que se manifestaron afuera del Palacio Legislativo portando cruces blancas.
A su vez, desde temprano en la mañana, la Coordinadora por el Aborto Legal realizó una intervención colocando cientos de manos anaranjadas con la consigna "Aborto legal" en torno al parlamento.
Xavier dijo a la AFP que el proyecto "viene a llenar un vacío notorio dejado por la Ley de Salud Social y Reproductiva" aprobada en 2008.
En ese entonces, los artículos que legalizaban el aborto fueron vetados por el entonces presidente Tabaré Vázquez, oncólogo de profesión y primer presidente de izquierda del país, por "principios éticos".
Al realizarse de forma clandestina, los abortos en Uruguay son difíciles de contabilizar, pero según datos de organizaciones no gubernamentales, en este país con 3,4 millones de habitantes se registran más de 30.000 abortos por año, contra unos 47.000 nacimientos anuales.
Diversas encuestas han revelado que entre 57% y 63% de la población estaría a favor de legalizar la interrupción del embarazo.
En América latina el aborto es legal solamente en Cuba -desde 1965- y en Ciudad de México, donde fue despenalizado en 2007.
En algunos países se permite el aborto sólo si hay riesgo de muerte de la madre o, en ciertos casos, si el embarazo es producto de una violación.
En Uruguay el aborto fue legal entre 1934 y 1938, año en el que se aprobó la ley actualmente vigente.
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