martes, 30 de abril de 2019

Adónde va la burguesía en Argentina

Dos meses después de haber expuesto en público sus graves tensiones internas, el núcleo dominante del gran capital no ha resuelto la táctica a seguir y, en consecuencia, mantiene la posibilidad de ruptura y brusco cambio político.
En sordina durante 2018, abiertamente desde fines de enero pasado, los integrantes de la Asociación Empresaria Argentina (Aea) disputan en función de dos diferentes tácticas frente a las elecciones: mantener el apoyo al gobierno de Mauricio Macri y Cambiemos, o jugar su futuro a un candidato calificado como “de centro”, Roberto Lavagna.
En torno a la Aea, centro decisivo del capitalismo en Argentina, se aglomera el hasta ahora sólido frente amplio burgués (Fab), colocado por la coyuntura en situación de posible fragmentación.
El aún nonato proyecto de fuga hacia otro candidato con el mismo programa tiene base en por lo menos uno de los miembros de Aea, Paolo Roca (dueño de la transnacional Techint), quien a su vez ostenta estrechos vínculos de diferente tipo con el grupo Clarín, que oscila sobre la medianera, pero de todos modos pone a sus periodistas al servicio de una demolición sistemática de la figura de Macri. Otros empresarios, con peso pero fuera del círculo áulico, son el banquero Jorge Brito, el grupo Manzano-Vila, entre muchos otros nombres de menor gravitación, donde figuran por supuesto los más de 40 empresarios presos o procesados. Aunque todos ellos fueron socios-colaboradores-beneficiarios de los gobiernos de Kirchner y su esposa, buscan una figura capaz de vencer a Macri y, a la vez aventar la posibilidad de una eventual victoria de Cristina Fernández. Éste es el respaldo con que cuentan la socialdemocracia, diferentes ramas del Partido Justicialista (PJ) y el grueso de la estructura sindical, para presentar un tercer candidato. El plan es convocar otra vez (y van…) a un gran acuerdo nacional, con base en el PJ, la Unión Cívica Radical (UCR), las cúpulas sindicales y, como telón de fondo, el Vaticano. El candidato en cuestión, muy lejos del supuesto centro, cuenta con el respaldo del hoy menguado Opus Dei y su otrora famosa infantería di Dio, Comunión y Liberación, la vanguardia fascista del Vaticano.
La indefinición de Lavagna hasta el momento no proviene de sus dudas, sino de la irresolución del núcleo dirigente del Fab. Depende también de otro factor, para abrir el camino a la inclusión del peronismo: un acuerdo furtivo entre Lavagna y Cristina Fernández, para garantizar un trato judicial benévolo en caso de acceder a la Presidencia. El gestor de tal acuerdo es Alberto Fernández, hombre de Domingo Cavallo durante el menemismo, luego primera espada de Néstor Kirchner y siempre, según afirman quienes lo conocen de cerca, seguro colaborador del Departamento de Estado.

Argentina ha ingresado en una fase agravada de la lucha interburguesa

Ahora bien ¿por qué reemplazar a Macri? ¿Por qué el capital correría el riesgo de un gobierno de frente único entre socialdemócratas y peronistas clásicos, con estos últimos basados en feudos provinciales ajenos a toda idea de país Federal y con la conocida capacidad para barrer de un plumazo a tibios liberales socialdemócratas, acosados además por socialcristianos con rótulo de centro y garras derechistas?
Una respuesta generalizada es que el programa de Cambiemos ha fracasado. Que se ha instalado la volatilidad de la moneda y la inestabilidad puede tomar la forma de una espiral hacia la ingobernabilidad.
En función de estas inconsistentes certezas sectores patronales han llegado al extremo inédito de exigir públicamente que Macri no sea candidato para las presidenciales próximas y que en su luga ponga a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, devota discípula del papa Francisco. Una campaña mediática aplastante condena a Macri casi con la misma ferocidad con que denuesta a Nicolás Maduro. El alegado fracaso de Cambiemos parece ser un desenlace avistado recién desde febrero en adelante. Ya se verá qué ocurrió antes, para dar lugar a tan sagaz descubrimiento.
Hay considerable distancia entre la verdad y estas socorridas explicaciones. Porque… ¿fracasó Cambiemos? ¿Qué debía hacer y qué hizo este gobierno del frente amplio burgués?
Su misión explícita era sanear la economía, obviamente desde la perspectiva de la continuidad capitalista. Hacerlo implicaba atacar de frente a las masas, impidiendo a la vez que una sublevación social generalizada rompiera el frágil equilibrio del sistema. Está fuera de discusión la rampante ineptitud de una mayoría de los miembros del gabinete, así como la estolidez del Presidente. No obstante, tales objetivos se han alcanzado en gran medida en estos 40 meses.
Ningún grupo económico dominante, ningún Banco, por supuesto, puede aducir pérdidas económicas. ¿Acaso los grandes capitalistas derraman lágrimas por las quiebras en masa y los cierres de pequeñas y medianas empresas, o por el aumento de la desocupación? ¿Será un fracaso la caída del salario real, el aumento del desempleo y las superganancias para los especuladores de aquí y allá? ¿Será un fracaso la suba del dólar de 15 a 45 pesos, con la consecuente licuación de deudas del Estado en pesos?
¿Qué pensamiento revolucionario es ése que basa su afirmación acerca del fracaso de un gobierno en las pullas de un sector burgués y los gritos en falsete de las burocracias sindicales?
El pequeño detalle, desde la perspectiva de la clase obrera y el socialismo científico, es que si el gobierno del frente burgués ha fracasado, las clases dominantes están a la defensiva y la clase obrera puede tomar la iniciativa, puede aprovechar relaciones de fuerza a su favor y dar un gran salto hacia delante. ¡Bravos estrategas quienes están viendo semejante paisaje en la Argentina de hoy!
No. La realidad es muy diferente. El gobierno de Macri no ha fracasado. Es verdad que sus tremendos éxitos en el saneamiento económico dieron lugar al empobrecimiento de las masas y la traslación volcánica de la plusvalía, lo cual pone en riesgo su victoria electoral en las presidenciales. Pero eso puede ser resuelto con relativa facilidad, dado que las víctimas de la victoria de Macri no tienen organización, ni programa de acción, ni estrategia propias. O puede que no, y que otro elenco con su mismo programa se haga morder el polvo en octubre o noviembre. En cualquier caso, los ataques que recibe Macri provienen de otras causas.
Mixturado con socialdemócratas y desarrollistas, además de liberales puros refunfuñantes pero de notoria plasticidad, apoyado en la venta por internet de espejitos de colores a las masas para consumar el saqueo, el de Cambiemos ha sido un gobierno extremadamente condicionado por presiones sectoriales de todo tipo, en primer lugar porque la carnada mayor en la excursión de pesca fue modernizar el país, acabar con la ineficiencia (y por extensión con una de sus causas principales, la corrupción, llegada con los Kirchner a niveles inmanejables para un sistema estable), erradicar al peronismo seguidor de la Sra. Fernández y, último pero de primera importancia, equilibrar precios relativos llevados a un desquicio sin límites.
Sometido a esas presiones múltiples y casi siempre contradictorias, en su recorrido hacia esos objetivos el gobierno del Fab dio lugar a acontecimientos resonantes, trascendentales más allá de su resultado inmediato. A comienzos de 2018 Macri envió al Congreso la ley sobre la despenalización del aborto, por las mismas razones que Néstor Kirchner y su esposa abrazaron en 2003, burda e inopinadamente, la causa de los derechos humanos.
Esa medida oportunista, obró como fulminante descarga eléctrica sobre la sociedad. No ya legisladores adocenados, en su mayoría ignorantes, acomodaticios y reaccionarios, sino grandes franjas de la población se vieron discutiendo un tema de peso singular: la interrupción voluntaria del embarazo.
Con Francisco a la vanguardia beligerante, la iglesia se lanzó contra Macri. En el camino, para poner sólo un ejemplo, el episcopado se vio obligado a admitir que el Estado deje de pagarle el salario a los miembros del egregio purpurado. Que la gran prensa lo minimice no debería implicar que el pensamiento político deje de medir el extraordinario impacto que esto tiene en el ordenamiento institucional.
Casi simultáneamente, y como por arte de magia (¿o habrá sido por la formidable laboriosidad y osadía de un periodista?), salieron a la luz misteriosos cuadernos con registro incontrastable de cobro de coimas a empresarios por parte de los gobiernos de Kirchner primero y su esposa después. La explosiva revelación no sólo golpeó a funcionarios del gobierno y en particular a Cristina Fernández. Sobre todo puso en la picota a grandes empresarios. Varios de ellos fueron detenidos y otros están desde entonces procesados, a merced del escarnio público. Dos emblemas del capitalismo local cayeron bajo el maleficio: Roggio y Roca. El primero se convirtió en colaborador arrepentido para eludir la cárcel; el otro lanzó a su segundo a los leones y huyó a México.
Sólo hay que imaginarlo: el titular de la única verdadera transnacional con asiento en Argentina, socio del Vaticano, patriarca entre los socios subordinados del imperialismo, huyendo como conejo en Pascuas frente a su propio sistema judicial.
Los mismos jueces comprometidos con la suma de tropelías cometidas desde siempre en el manejo de los tribunales respecto de los delitos económico, llenaron las cárceles VIP con nombres impensables. Muchos más están desde entonces procesados y a la espera del rumbo político que tome el país. Entre ellos figuran parientes cercanos del Presidente y hasta la empresa de su propia familia está bajo la lupa. Un fenómeno semejante no tiene parangón: grandes empresarios, altos funcionarios (entre ellos el ex vicepresidente y el todopoderoso ex ministro de Planificación), presos por un gobierno… ¡de empresarios!.
A esto cabe agregar que, sin cuadernos pero con montañas de pruebas, el gobierno de Cambiemos llevó a la cárcel –o intentó hacerlo, sin suerte en el caso más notorio- a prominentes señores feudales con membrete de dirigentes sindicales, también parte de la clase patronal, aunque con las singularidades del caso.
En suma: la búsqueda del indispensable saneamiento para que el capitalismo sobreviva, llevó por diferentes caminos y como resultante de un inmanejable juego de presiones a una confrontación interburguesa como jamás ha vivido Argentina.
Acaso involuntariamente, Macri estuvo al timón de esta tormenta impensable. Mientras tanto, para sofrenar los efectos del aspecto estrictamente económico del saneamiento, Cambiemos sostuvo e incluso incrementó las formas de contención social mediante asignaciones familiares y otros mecanismos adoptados por el capitalismo en las últimas décadas para evitar el apocalipsis social. Una herejía para el dogma liberal, existente sólo en antiguos libros que nadie lee. Paradojalmente, lo hizo con los que estaban y siguen estando al límite de la supervivencia, con lo cual el mayor peso del ajuste cayó sobre las clases medias: su propio electorado.
Quienes apostaron a la fuga de Macri en helicóptero y debieron soportar el oprobio de su arrolladora victoria electoral en 2017, cuando la Sra Fernández perdió contra nadie menos que Esteban Bullrich, en la Provincia de Buenos Aires, ahora han descubierto que Cambiemos comanda al Titanic. Para aludir al fracaso oficial, cambiaron de vehículo. Acaso no entienden la diferencia entre un helicóptero, símbolo de la derrota de un Presidente, y un transatlántico, representación del país todo, efectivamente a la deriva en medio de devastadores obstáculos. Al parecer el afán por regresar a la posesión de algún cargo oficial y eludir la cárcel nubla la vista y el entendimiento.
Quienes desechan o minimizan en papel de Macri en esta deriva de la crisis nacional, tienen razón en el sentido de que hay una fuerza invisible que ordena sus pasos, pero yerran redondamente en cuanto al significado de los hechos. Semejan a quienes pretendieron desconocer los juicios a las juntas militares, porque el presidente era Raúl Alfonsín.
Está ocurriendo una fractura muy honda en la burguesía y sus aliados de arriba (imperialistas de diferente nacionalidad) y abajo (sindicalistas venales, iglesias, instituciones deportivas, culturales, etc). En la coyuntura, la arremetida judicial contra algunos de los capitalistas mayores y la supuesta caída en las encuestas (otro instrumento repugnante de manipulación social) lleva al capital a la indecisión estratégica.
Como lo hizo después del Cordobazo, cuando la burguesía vio el rostro de la Revolución frente a frente, un sector entonces mayoritario y hoy minoritario apela al peronismo para sortear la crisis. Medio siglo atrás era la clase obrera quien lideraba la oposición social. Por eso los llamados “gorilas” abrieron las puertas a Perón para que –Triple A mediante- frenara ese ímpetu desde las bases, que implicaba un choque frontal con el capitalismo. Hoy, frente a quienes propugnan perseverar con Macri, hay quienes creen que es imprescindible abrir alguna válvula de escape y que para eso bastaría con… Lavagna. Tal la confusión, desorganización e indefensión políticas de trabajadores, estudiantes y pueblo en general. Aunque no está dicho que Lavagna llegue a ser candidato (aparte otras razones, las decisivas, hasta fines de abril no lo favorecen las mediciones), no está desencaminada la interpretación que le atribuya la posibilidad de encarnar “la tercera vía”.
Una suma considerable de siglas alusivas a agrupamientos denominados progresistas se ha sumado a la eventual candidatura del ex ministro de economía de Eduardo Duhalde. Algo semejante ocurre para apoyar un retorno de la ex presidente Fernández. Según ignotos encuestadores, tan corruptos como los empresarios hoy encarcelados, Macri sería el tercero frente a estos dos contrincantes.
Mientras tanto, si la tilinguería dominante en los medios de incomunicación ha reemplazado la división de la sociedad en clases por “la grieta”, el vaciamiento del pensamiento socialista científico ha cambiado la tarea de concientización y organización de las masas por la obtención de una banca legislativa, siquiera sea de Concejal.
Es comprensible que en este cuadro político las mayorías estén abrumadas y confundidas y la intención de voto cambie como veleta en torbellino. Esa indecisión se traslada a las clases dominantes, razón por la cual aún no han optado. Obligadamente lo harán en los próximos 45 días, puesto que deben definirse candidaturas y fórmulas para las Paso (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, engendro mediante el cual el país vive diez meses en campaña electoral y vota innumerables veces).

Papel de los intelectuales orgánicos del capital

Ínterin, la suma de cualidades de analistas, comentaristas y periodistas de los grandes medio los ha llevado al pánico.
Como ocurre con ciertas mentes enfermizas, crean una fantasmagoría en sus propios cerebros, la proyectan a su entorno, son presa del pánico que propagan y luego tuercen desesperadamente para alejarse del peligro imaginado. Así, obligados por sus mandantes a corroer a Macri, ahora gimen ante lo que creen un segura victoria de Fernández.
El mecanismo es retorcido pero simple: primero asumen que a la primera magistratura se llega por la opinión consciente de las mayorías; luego, con base en ridículas encuestas pagas arriban a la conclusión de que esa opinión mayoritaria ya escogió a Fernández; enseguida, ya en la frontera del delirio, se convencen y difunden que Fernández presidiría un gobierno de cambios radicales y transformaciones estructurales con sentido anticapitalista (no importa que la propia interesada ponga como modelo a Portugal, así como en 2007 señaló a Alemania). Finalmente, cocinados en su propia salsa, salen desesperados a pedir que Macri ceda su lugar, o que Lavagna los salve de la pesadilla.
No se debería minimizar el hecho de que están en la cárcel muchos de quienes robaron sumas fabulosas (Fernández está amparada en fueros, como su hijo y a diferencia de su hija, parapetada en Cuba por el momento), pero sólo una ínfima parte de esos dineros ha sido recuperada. Dicho de otro modo: hay montañas de recursos para acicatear la opinión de encuestadores, periodistas, comentaristas, analistas y políticos a la caza de un cargo o, al menos, buena pitanza.
Además de Clarín, también La Nación contribuyó con ese clima que llegó al límite de la histeria: “Fernández gana y Argentina vuelve a enfilarse hacia Venezuela”; la sagrada “libertad de prensa está en peligro”.
Hay más falacias que palabras en esa afirmación. Los historiadores del futuro podrán hacerse un festín con estas elucubraciones a mitad de camino entre la ignorancia, la enajenación y la corrupción. Pero no importa, hoy lo difunden los grandes medios. Y convence a buena parte de la ciudadanía interesada en la política (una ínfima proporción de la sociedad), más los operadores financieros, que al socaire aprovechan para hacer grandes fortunas con obscenas especulaciones día a día.
La lucha interburguesa a punto de salirse de control y la estridente debilidad de Cambiemos y su presidente alientan este absurdo político que no se corresponde con la coyuntura económica del país y, mucho menos, con las relaciones de fuerzas sociales y políticas.
Un sector del capital y los políticos y sindicalistas a su servicio, con el cuco del caos pretenden llevar el generalizado descontento a votar por un Perón calvo y con sandalias de pescador; tan anciano como aquél, pero con apenas el espectro de los sindicatos, partidos, iglesia y respaldo social que apoyaron al original.
Imposible predecir si al límite el gran capital recompondrá el Fab y mantendrá su apoyo a Macri u optará por Lavagna. Depende en mucho del devenir económico de los próximos tres meses. Es altamente probable que quienes ven a un Macri en agonía inmediata se lleven una sorpresa. Para estar al día, observe si acaso Clarín y La Nación comienzan a cambiar el tono.
Como sea, la crisis estructural del país muestra que ni siquiera dominando sin disputa el escenario político el capital logra sostener, por medios democrático-burgueses, la hegemonía sobre la propia clase dominante. Por eso, si Macri revierte el cuadro negativo en el que lo han encerrado los suyos propios, obligadamente acelerará la dinámica hacia un bonapartismo colindante con el fascismo.
Aunque los cerebros del Fab no le dan apoyo y por tanto descartan la perspectiva de una victoria de Fernández, si yerran Argentina ingresaría a una fase diferente, superior, de la lucha interburguesa. Nuevas mafias, con rasgos desconocidos hasta ahora, más carteles narcotraficantes, enseñoreados en el país en los últimos años, estarían formalmente en la disputa. Esto implicaría ingobernabilidad y descontrol económico. Lavagna ofrecería un desenlace semejante, aunque en ritmos diferentes y con otros modales. En los tres casos el país vería formas crecientes de violencia como forma regular del accionar político.
Estas son las perspectivas que la burguesía, en cualquiera de sus fracciones, ofrece al país. Será necesario un arduo esfuerzo para comprender, asumir y educar a millones sobre este horizonte en el abismo. Quiérase o no, el futuro reclama un drástico cambio del panorama político actual, con la irrupción de una fuerza de masas basada en un programa anticapitalista, con metodología democrática y vocación de transformación raigal. No hay racionalidad alguna en aceptar el rumbo que le ofrece el capitalismo a nuestro país.

Luis Bilbao
@BilbaoL

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