miércoles, 18 de marzo de 2026

La Agenda Setting: el monopolio de la desesperanza


 Lograr la descomposición de debates legítimos y críticas necesarias es una misión permanente de la subversión contra Cuba en redes sociales. Foto: Caricatura de Ángel Boligán 

La sofisticada maquinaria mediática que opera fuera de Cuba buscando influir en la percepción sobre la realidad de la Isla, constituye un caso de manual de manipulación de agenda redes sociales. 

Si el Gaslighting opera en el plano interpersonal, la Agenda Setting (Establecimiento de la Agenda) opera en el plano mediático. Acuñada por los profesores Maxwell McCombs y Donald Shaw, en la década de 1970, esta teoría sostiene que los medios de comunicación de masas no nos dicen qué pensar, sino sobre qué pensar. 
 Es decir, los periódicos, televisoras y portales digitales ejercen un enorme poder, al seleccionar y ponderar los temas del día. Al conceder portadas y horas de debate a un asunto, lo convierten en el centro de la conversación nacional. Al ignorar otro, lo condenan al ostracismo. 
 La sofisticada maquinaria mediática que opera fuera de Cuba, cuyo objetivo es influir en la percepción pública nacional e internacional sobre la realidad cubana, constituye un caso de manual de manipulación de agenda. 
 Uno de sus puntos o ejes principales manipula las consecuencias del bloqueo económico impuesto por EE. UU. para culpar al Gobierno cubano. El mecanismo es perverso pero efectivo: 1) El bloqueo genera escasez de combustible, medicamentos y alimentos. 2) Medios financiados por agencias estadounidenses denominados «independientes» amplifican el descontento resultante de esa escasez. 3) La agenda mediática se satura de noticias sobre las colas, la falta de productos o las averías del transporte, atribuyendo la causalidad exclusivamente a la «mala gestión interna» y omitiendo el contexto del cerco que ellos mismos patrocinan. 
 Por otro lado, se impulsa a figuras con poca representatividad real dentro de la Isla, otorgándoles un estatus de «líderes de opinión», «activistas» o «expertos». Al darles espacio en sus agendas, los medios internacionales los legitiman como interlocutores válidos. 
 Se presenta la realidad cubana como inherentemente hostil a causas como la lucha contra la discriminación racial o la igualdad de género, para sostener un relato prefabricado de opresión. De esta forma, se intenta alinear la agenda de los defensores de derechos humanos internacionales con la agenda de desestabilización política.
 Mientras que los medios públicos cubanos operan con una lógica de servicio y desarrollo social, la maquinaria mediática externa opera con lógica de guerra, financiada con presupuestos multimillonarios y sin límites éticos en la difusión de desinformación. 
 Frente a esta estrategia, la respuesta no puede ser meramente defensiva. Se requiere una acción proactiva para devolver a los medios nacionales su rol de fuente primaria y confiable. Desplegar una política comunicacional eficaz, para colocar en la agenda global los atributos reales de la sociedad cubana: sus logros científicos, su estabilidad social y su cultura, rompiendo el monopolio del relato de la desesperanza. 
 Comprender que la manipulación mediática no es un efecto colateral, sino una política de Estado diseñada para desgastar a la Revolución desde dentro, utilizando la información como arma. La batalla por la agenda es, en última instancia, la batalla por la conciencia y la soberanía.

Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu 
 18 de marzo de 2026 07:03:58 

Fuentes: La Jiribilla, scielo.sld.cu USA.unir.net, Revistas uned. es, profesionaldelainformación.com.

martes, 17 de marzo de 2026

El gaslighting: cuando te hacen dudar de tu propia sombra


Los algoritmos de IA tienen la capacidad de controlar casi todo lo que ocurre en el ciberespacio

 Mucho se ha progresado desde que, a finales del siglo XV, Leonardo Da Vinci diseñó el primer robot, al que nombró autómata cavaliere, creado para divertimento de los invitados al palacio Sforza, en Milán. 
 Hoy, en las redes digitales nos enfrentamos con poderosos sistemas de inteligencia artificial (IA) y Big Data. Los algoritmos de IA tienen la capacidad de controlar casi todo lo que ocurre en el ciberespacio.
 Por eso, es necesario estudiar los elementos fundamentales que operan tanto en nuestra intimidad como en el ágora pública, para entender cómo se construye (y se destruye) la realidad, entre ellos el gaslighting, el framing y la agenda setting, la combinación de los tres resulta letal.
 Empecemos por el más íntimo y devastador. El término gaslighting, o «iluminación de gas», proviene de la película Gaslight (1944), en la cual un marido manipula a su esposa hasta hacerle creer que ha perdido el juicio: atenúa la luz de gas de la casa y jura que sigue igual de brillante, esconde objetos y le asegura que ella los ha perdido.
 En el ecosistema digital, el gaslighting trasciende el ámbito de la manipulación interpersonal para convertirse en un arma de desinformación sistémica. Su objetivo no es engañar, sino erosionar la capacidad del individuo y la sociedad para confiar en su propia percepción de la realidad; no es lograr solo la inestabilidad política, sino una fractura epistemológica.
 Se inunda el ciberespacio con narrativas contradictorias sobre un mismo hecho. No se busca imponer una mentira, sino crear un «ruido» tal que la verdad parezca inalcanzable o una cuestión de opinión. Asimismo, se cooptan términos y se les otorgan significados opuestos a los originales, llamar «libertad» a la censura o «paz» a la agresión. 
 Encima se desacredita sistemáticamente a los medios, periodistas o instituciones que reportan la realidad incómoda, tachándolos de «falsos» de «oficialistas» o «vendidos al régimen». El objetivo es que, cuando se presenten pruebas, el público las rechace automáticamente por provenir de una fuente «oficial». 
 Además, los algoritmos de las redes sociales, al priorizar la participación (engagement), crean burbujas en las que la narrativa de gaslighting se repite y refuerza sin contrapeso.
 Contrarrestar esta forma de manipulación requiere un enfoque multifacético, que combine la resiliencia individual con la acción colectiva. El primer paso sería reconocer que el «ruido» informativo y la contradicción constante son una estrategia deliberada. 
 Salir del bucle digital y contrastar la información con el entorno tangible o con datos empíricos irrefutables. Antes de compartir un contenido, preguntarse: ¿De dónde viene esto?, ¿cuál es la agenda?, ¿qué pruebas verificables existen? Cultivar un escepticismo saludable. 
 A nivel colectivo y social, implementar programas educativos que enseñen no solo a detectar noticias falsas, sino a comprender la mecánica de la manipulación sicológica y los sesgos cognitivos en el entorno digital. 
 Una sociedad con instituciones fuertes es más resistente a la erosión de la confianza, por eso es importante apoyar y defender los medios de comunicación y organismos científicos que operan con estándares de transparencia y método.
 La mejor protección contra una mentira atractiva es una verdad igualmente convincente. Es necesario construir y difundir narrativas proactivas que ofrezcan un sentido de pertenencia, propósito y visión de futuro. 
 El gaslighting en el ciberespacio explota nuestra dependencia de la información digital y nuestras vulnerabilidades cognitivas. Contrarrestarlo no es solo un acto de verificación de datos, sino un ejercicio de soberanía y resiliencia. 

Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu
 16 de marzo de 2026 07:03:03

 Fuente: Victor Calef, Edward M. Weinshel, Some Clinical Consequences of Introjection: Gaslighting. The Psychoanalytic Quarterly Volume 50, 1981.

lunes, 16 de marzo de 2026

Trump amenaza a sus socios y a sus enemigos a sumarse a un convoy para aniquilar la resistencia de Irán


El imperialismo mundial en una encrucijada histórica. La guerra contra Irán ha llevado a una encrucijada al imperialismo norteamericano y al Estado sionista. El régimen iraní mantiene un control firme del pasaje por el estrecho de Hormuz y continúa atacando las bases norteamericanas en los países del Golfo, así como su infraestructura logística. Estados Unidos, por otro lado, ha comenzado a sufrir una crisis de abastecimiento de municiones e interceptadores de misiles, como consecuencia de los ataques de Irán, incluyendo el famoso Tomahawk, cuyo costo de producción es elevado. La firma de nuevos contratos requiere un financiamiento presupuestario adicional, que coloca a Trump bajo la dependencia del Congreso, al cual había evitado para declarar la guerra. Israel, por su parte, enfrenta una enorme resistencia de Hizbollah en su intento de convertir a Líbano en otra Gaza. La suba del precio del petróleo no sólo se ha convertido en un factor inflacionario: muchos contratistas en el mercado de futuros de gas licuado y petróleo han quedado en una posición de quebranto, afectando a fondos y bancos internacionales. China e India, así como otros países, han comenzado a restringir las exportaciones para poder asegurar el abastecimiento de su mercado interno a mediano plazo. El dislocamiento del mercado internacional avanza sin mengua, encima de una guerra arancelaria en desarrollo y un endeudamiento público y privado que se acerca al colapso.
 Thomas Friedman, un belicista muy activo que escribe en The New York Times, ha llamado a Trump a suspender temporalmente las hostilidades; lo mismo The Economist, que hace referencia a la “confusión” que reina en las altas esferas de Estados Unidos. Trump y los jefes del Pentágono habrían calculado mal la resistencia de Irán, en especial en cuanto a la decisión de cerrar el estrecho y a la capacidad de defenderlo, pero también por la imprevisión acerca de las consecuencias financieras. Muy diferente es la posición del Wall Street Journal, para el cual “terminar la guerra prematuramente será un desastre estratégico”. Un columnista ‘pacifista’ del Financial Times, advierte que “Hormuz va a acosar a Estados Unidos por mucho tiempo”, dada la habilidad demostrada por el régimen iraní para mantenerlo cerrado, una observación que fundamentaría una continuación de la guerra hasta sus últimas consecuencias. Los gobiernos de la OTAN, Rusia y China han denunciado a Irán, mediante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, por la guerra de defensa que libra contra una agresión no provocada; apunta a que Irán cese las represalias contra los estaduelos del Golfo e Israel, o sea, a una capitulación. El Estado sionista, por su parte, sigue con su invariable propósito, estampado en sus resoluciones sobre seguridad nacional, de barrer del mapa al Estado iraní, impulsando su fragmentación territorial. Trump y Netanyahu han lanzado bombardeos para destruir la terminal petrolera de Irán, la isla de Khark, en el golfo Pérsico, a fin de privarlo de todo recurso económico y para forzar al “resto del mundo” (mediante la agudización del desabastecimiento internacional de petróleo y gas) a intervenir colectivamente contra el Estado iraní. Pero ni EE. UU. ni Israel han logrado que los países del Golfo (y en especial Arabia Saudita) respondan con sus misiles a los ataques circunscriptos de Irán. 
 Luego de incumplir vergonzosamente con la promesa de ofrecer escolta militar a los buques petroleros que deban atravesar el estrecho de Hormuz, Trump ha pasado a considerar el desembarco de tropas en el terreno. De un lado, para ‘liberar’ el estrecho, asentando tropas aerotransportadas en sus costas. Una operación arriesgada. Pero también, de acuerdo a la prensa internacional, para secuestrar el stock de uranio enriquecido que Irán tiene guardado en el subsuelo profundo. El peligro de radiación que implica esta operación es, por supuesto, enorme. Sería un paso también hacia el desencadenamiento de un ataque atómico. En resumen, Trump pretende salir del impasse y de la guerra ‘mal calculada’, mediante una escalada criminal. Escalada que, al mismo tiempo, desataría una crisis terminal para su gobierno en los Estados Unidos, donde la oposición a la guerra crece sin pausa. 
 El último movimiento diplomático de Trump (“rampa de salida”) ha sido convocar a una coalición de gobiernos, que incluye a la misma China, para abrir el estrecho por la fuerza y ampliar la guerra. Algunos navíos que portan combustible para China han sido autorizados a pasar por Hormuz por parte de las autoridades de Irán, así como a otros si es que pagan el pasaje en yuanes (fuera del control de Estados Unidos). Trump ha amenazado con romper la OTAN si sus miembros rechazan el convite (entrevista telefónica con Financial Times, el domingo 15) e incluso cancelar la reunión programada con Xi Jinping para fin de marzo: “Donald Trump advierte a la OTAN 'un futuro muy malo' y la postergación de la cumbre con China”. El primero en responder fue Keith Starmer, el primer ministro de Gran Bretaña, quien señaló “que no es su guerra”. Ningún gobierno ha aceptado la extorsión de Trump, que ha quedado políticamente arrinconado. Tiene ahora dos “rampas de salida”: la renuncia a la presidencia de Estados Unidos, con todo el gobierno, o escalar la guerra al punto de mundialización más alto desde la provocación de la OTAN a Rusia para que invada Ucrania, en una guerra de ocupación, a finales de febrero de 2022. 
 Para salir de esta opción fatal se armará, seguramente, una operación “rescate del soldado Ryan”, para Donald Trump. Las salidas ‘temporarias’ sólo proyectarán guerras más amplias y destructoras en un futuro próximo. El bloque ‘rescatista’ está enfrentado militarmente a Rusia en Ucrania y Europa oriental. Surcorea y Japón, dos de los convidados, no ocultan su preparación para una guerra contra China, camuflada en el ‘conflicto Taiwán’. Trump mismo, en esta crisis, ha acelerado la presión política y militar para convertir a Cuba en un protectorado ‘de facto’ o, eventualmente, ‘de jure’.
 La clase obrera de todos los países debe movilizarse para hacer pagar caro al imperialismo mundial su guerra contra la misma humanidad.

 Jorge Altamira 
 16/03/2026

domingo, 15 de marzo de 2026

Estados Unidos avanza en la expoliación de los recursos venezolanos


El gobierno fascista de Trump acaba de autorizar una licencia limitada para exportar oro venezolano a Estados Unidos. 
 La licencia establece un marco legal que habilita a la empresa estatal minera venezolana Minerven —junto con sus filiales— a transportar, vender y enviar oro a Estados Unidos, siempre dentro de los parámetros establecidos por la legislación estadounidense. El documento aclara que, bajo esta licencia, no está permitido que el oro sea intercambiado con países como Cuba, Corea del Norte, Irán o Rusia. Asimismo, cualquier pago dirigido a individuos sancionados debe canalizarse a través de cuentas del Tesoro estadounidense denominadas Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros. 
 Durante años, Minerven y otras empresas estatales, como la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), vinculadas al sector, estuvieron sujetas a sanciones impuestas por Washington.
 La licencia habilita a las empresas yanquis a comprar el oro, refinarlo en Estados Unidos y revenderlo o reexportarlo a otros mercados. Las operaciones pueden involucrar a la empresa estatal minera venezolana Minerven o al propio gobierno venezolano.
 El punto clave es que, al igual que ocurre con el petróleo, todos los pagos los centraliza el gobierno estadounidense. A Venezuela le entran divisas, pero la metrópoli tiene la facultad de monitorear y bloquear los pagos. Los pagos a entidades venezolanas sancionadas no se entregan directamente: deben depositarse en cuentas controladas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Esto le da a Washington control financiero sobre los ingresos provenientes del oro.
 También hay limitaciones financieras. La licencia prohíbe ciertos tipos de pagos o acuerdos, como canjes de deuda por oro, pagos en especie, en criptomonedas o en monedas digitales del gobierno venezolano.
 En cuanto a la jurisdicción legal, todos los contratos derivados de estas operaciones deben regirse por la ley de Estados Unidos y las disputas deben resolverse en tribunales estadounidenses. 

 Reforma legal

 Para adaptarse a esta nueva licencia, la Asamblea Bolivariana se apresta a emprender una reforma de la Ley de Minería análoga a la Ley de Hidrocarburos. 
 Con la remanida excusa de incentivar la inversión extranjera, la reforma establecería concesiones más largas (30-40 años o más), mayor control operativo de empresas privadas y una participación extranjera más amplia. El cambio permitiría que empresas extranjeras tengan un mayor porcentaje de propiedad y una menor obligación de asociarse con el Estado, además de menores regalías y compromisos fiscales.
 Trump se apresta a la expoliación del oro por varios motivos. En primer lugar, éste se encuentra en el Arco Minero del Orinoco, una enorme zona minera en el sur del país donde, además, se hallan coltán, bauxita, diamantes y tierras raras. Así se abre la puerta para acceder a una diversidad de recursos minerales. 
 Durante los últimos años, el gobierno de Nicolás Maduro había permitido la entrada de empresas y redes comerciales vinculadas a China, Rusia, Irán, Turquía y Emiratos Árabes Unidos. Gran parte del oro venezolano estaba saliendo por circuitos paralelos —también por Colombia y Brasil— para evitar sanciones. El oro venezolano ya estaba entrando al mercado mundial de todos modos, pero por contrabando. La nueva licencia busca redirigir ese flujo hacia el mercado occidental. 
 Las explotaciones que hoy están en marcha en el Arco Minero del Orinoco están manejadas por grupos armados ilegales, algunos vinculados al ELN, disidencias de las FARC y milicias locales. Consultado al respecto, el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, sostuvo que la solución no será militar. O sea que la reforma apunta a legalizar a estos sectores y mantenerlos bajo el control de Estados Unidos.

 La importancia del oro

 No se trata sólo de los recursos en sí, sino del intento de este sector de países vinculados a los BRICS de construir sistemas comerciales por fuera del dólar. La idea de estos es buscar una alternativa al SWIFT (el sistema de pagos internacional). El oro permitía pagar importaciones esquivando las sanciones y se utiliza como reserva de valor fuera del sistema bancario occidental. 
 El oro cobró relevancia a partir de 2022, con la guerra de Ucrania y las confiscaciones que sufrió Rusia de todos sus activos en el exterior: 300.000 millones de dólares en el Banco de Londres, por ejemplo. Venezuela también tiene activos congelados en Londres. A partir de entonces, muchos países —Alemania, Turquía, Francia, Polonia y otros— comenzaron a repatriar su oro para prevenir problemas futuros. 
 El oro es un bien de cambio que tiene valor en sí mismo; no depende del sistema financiero internacional. Alcanza con tenerlo a resguardo para conservar su valor. Por eso China, India, Turquía y Rusia, entre otros países, comenzaron a comprar oro a granel.
 También por esa razón, el gobierno de Nicolás Maduro empezó a usar el oro para pagar importaciones, conseguir divisas y sostener reservas. 
 Controlar la explotación del oro es de una importancia de primer orden, luego —aunque bastante más lejos— del manejo del petróleo. 
 A partir de esta ola aperturista inaugurada por el protectorado, por Caracas empezaron a desfilar decenas de ejecutivos del sector energético y minero, invitados por Trump, para analizar las nuevas ventajas de expoliación del subsuelo venezolano. En paralelo, ambos gobiernos anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas —una formalidad performática, dadas las circunstancias— que habían sido suspendidas en 2019 durante el primer mandato de Trump. 

 Aldana González 
 14/03/2026

sábado, 14 de marzo de 2026

Kast pone a Chile en “emergencia”, al servicio del “Escudo de las Américas”


El ultraderechista José Antonio Kast asumió su cargo como presidente de Chile en una ceremonia que reunió a los presidentes y dirigentes de la ultraderecha continental. Javier Milei, María Corina Machado, el senador Flavio Bolsonaro -hijo del convicto expresidente brasileño-, entre otros. El gobierno norteamericano envió a su subsecretario de Estado, Christopher Landau. Kast un seguidor de Pinochet e hijo de un jerarca nazi de la Wehrmacht, fue saludado por la reacción política internacional. 
 La confluencia de la ultraderecha continental en la ceremonia de traspaso de mando de Boric a Kast anuda políticamente los compromisos asumidos en el “Escudo de las Américas”. Este acuerdo de ‘cooperación’ autoriza al imperialismo norteamericano a intervenir territorialmente en los países signatarios, secundado por las fuerzas armadas nacionales. Lula, quien había confirmado previamente su presencia, finalmente suspendió su viaje por la presencia de Bolsonaro Jr. El gobierno de Milei ha reconocido el estatus de "refugiado político" a un bolsonarista condenado por la Corte Suprema de Brasil por su participación en la tentativa golpista contra Lula. Kast, en sus primeras horas de mandato, ha avanzado en la militarización de la frontera. Su primer decreto oficial implementa la operación “escudo fronterizo” en límite terrestre con Bolivia. El proyecto establece barreras físicas y la declaración de la zona como “sitio militar”, bajo custodia directa de las Fuerzas Armadas. El representante presidencial en la zona, cargo civil, será ocupado por un almirante en funciones. 
Kast ha instrumentado al ejército para montar redadas y encarcelamiento de migrantes sin documentos, en una imitación del ICE de Trump. En su primer discurso público, Kast aseguró a los carabineros que contarán con el total respaldo estatal para ejercer su tarea, es decir una declaración anticipada de impunidad.
 Otros de los decretos firmados por Kast dispone un recorte fenomenal en la planta de trabajadores estatales. Una “auditoría general”, reducirá en 6.000 millones de dólares el gasto estatal. 
 El montaje un “gobierno de emergencia” ha sido secundado por la derecha tradicional, heredera política del pinochetismo. Las presidencias de la Cámara de Diputados y Senadores han recaído en nuevos aliados del gobierno. Esta victoria fundamental para lograr convertir al Parlamento, ultrafragmentado, en un adorno. La Democracia Cristiana, que formalmente integró las listas de la derrotada Jeannette Jara, candidata del Partido Comunista a la presidencia en las elecciones, ha pasado a formar parte de la mayoría gubernamental. La ‘fragmentación’ política de la derecha, que la pseudoizquierda había esgrimido como consuelo, duró lo que canta un gallo.
 El planteo de una lucha contra el narcoterrorismo, ensayada para secuestrar a Maduro y montar un protectorado en Venezuela, es el marco general adoptado por los países firmantes del “Escudo de las Américas”. La foto de la ultraderecha en Santiago de Chile envía un potente mensaje sobre la situación abierta en el continente. En mayo habrá elecciones en Colombia y en octubre, en Brasil. 

 Joaquín Antúnez 
 13/03/2026

viernes, 13 de marzo de 2026

La “guerra total”, después de dos semanas de masacres


Una amenaza nuclear.

 Luego de dos semanas de ataques devastadores de parte de Estados Unidos e Israel, los observadores militares coinciden en que el régimen iraní conserva el control del aparato del Estado y no da el menor signo de colapso. Los Estados Mayores de ambos países aseguran que han barrido con la defensa antiaérea de Irán, y desarrollado un enorme bombardeo de destrucción de los sitios de investigación, procesamiento y almacenamiento de uranio, de depósitos petroleros, de las estructuras de mando estatales y militares, y de la infraestructura pública y civil. De acuerdo a un reconocido sitio de Internet, los desplazados superan los tres millones de personas (Drop Site). La guerra contra Irán es objeto de un planeamiento cotidiano conjunto por parte del Pentágono y de los mandos militares sionistas. Numerosos ataques son ejecutados conjuntamente –cuando aviones cisternas norteamericanos, por ejemplo, acompañan a la aviación israelí para el reabastecimiento de fuel oil en vuelo (Haaretz). 
 La resiliencia del régimen persa ha llevado a algunos comentaristas a caracterizar que Irán lleva adelante una “guerra de desgaste” (Haaretz), una suerte de admisión de que la prolongación de la guerra favorecería al gobierno iraní. En otros casos (Financial Times), subrayan que “la rendición incondicional” del régimen de los ayatollahs, como ha exigido Trump, se encuentra fuera de toda posibilidad, como tampoco tuvo éxito con Hizbollah y Hamas, y que sólo sería eficaz mediante un bombardeo nuclear. Por la vía de un argumento negativo, un ataque atómico ha hecho su entrada en la guerra, que ha sido justificada para prevenir un arma atómica de parte de Irán. No es un escenario inédito, fuera de las masacres de Hiroshima y Nagasaki, pues la misma amenaza hizo Margaret Thatcher para el caso de que la aviación de Argentina hundiera el portaviones de cabecera de Gran Bretaña, HMS Invincible (R05), en la víspera de la guerra en Malvinas. A pesar de que la ratio de misiles de Irán que han sido abatidos por los misiles de interceptación del enemigo es muy elevada, su capacidad para sembrar estragos en bases norteamericanas en la región, instalaciones petroleras y aeropuertos, y en ciudades de Israel, no ha menguado, y por momentos se ha acentuado. Esta guerra es llamada “asimétrica” porque con drones de bajo costo obliga a la contraparte a destruir misiles de intercepción carísimos y a reducir fuertemente el stock disponible. La cuestión sobresaliente es, de todos modos, el control del paso de navíos por el estrecho de Ormuz, que ha creado una crisis internacional de oferta de combustible, a pesar de la variedad de ductos de gas y petróleo que prevalece en la región. Trump ha amenazado con alistar una armada naval para despejar el estrecho, lo cual lo convertiría en la madre de todas las batallas. El riesgo es, sin embargo, enorme, como meter un aparato monstruoso en la boca de un embudo. Sería suficiente para llevar el precio del barril del petróleo a la zona superior de los 200 dólares el barril. La promesa del imperialismo de apoyar las rebeliones populares contra la dictadura clerical ha puesto al descubierto sus verdaderos propósitos y su verdadera naturaleza, bombardeando sin piedad las concentraciones urbanas en todo el país. 
 El desarrollo de la guerra contra Irán no puede omitir ‘el segundo frente’ que el Estado sionista ha creado en Líbano, donde han sido desplazadas cerca de 800.000 personas. Los bombardeos israelíes a la población civil se asemejan al genocidio en Gaza, mortalmente atacada (100.000 muertos, en especial niños) con el pretexto de ubicar las guaridas que supuestamente resguardaban a los combatientes de Hamas. Netanyahu ha regionalizado la guerra en igual o mayor medida que lo ha hecho Irán con sus atentados a bases militares e instalaciones petroleras en el Golfo. Este escenario ha movilizado a Turquía, Qatar, Arabia Saudita e incluso a Azerbaiyán (un socio de Netanyahu) a reclamar negociaciones para un cese del fuego. Erdogan, por su lado, no quiere saber nada de fragmentar a Irán mediante una acción armada de los kurdos (como desea la camarilla de Netanyahu), cuya población se sitúa precisamente en Turquía, bajo la bota opresiva del nacionalismo islámico de Erdogan. El ataque a Líbano ilustra que para el Estado sionista la guerra contra Irán debe hacerse ‘a finish’, o sea la destrucción completa del Estado y su fragmentación en línea con los nacionalismos minoritarios en el país, para reestructurar el Medio Oriente en torno a una expansión territorial y geopolítica del sionismo. Un injerto en el escenario histórico de los países árabes y musulmanes, Netanyahu finge ignorar que el Medio Oriente es un mosaico de naciones interpenetradas, que sólo podrían satisfacer sus derechos nacionales en un régimen socialista internacional. Los editores del diario israelí Haaretz se han sentido obligados a reclamar a Netanyahu que negocie un acuerdo con el gobierno oficial de Líbano, que milita en el mismo campo internacional de Trump y del sionismo. Pero Netanyahu no confía en una Delcy Rodríguez en Beirut.
 En cuanto a las restantes potencias mundiales, se repite la comedia de Gaza –no molestar a la operación militar ilimitada de Trump y el sionismo. Rusia y China, que no vetaron en el Consejo de Seguridad de la ONU la entrega de Gaza a una Junta de Paz presidida por Trump, han vuelto a hacer lo mismo con una resolución que llama a Irán a cesar la guerra no provocada de Estados Unidos e Israel. Xi Jinping no quiere arruinar la reunión con Trump que tiene a finales de marzo; imagina que puede esquivar el control de los combustibles por parte de Estados Unidos en caso de derrota de Irán, mediante la mega construcción de paneles solares, energía eólica y petróleo de Putin. Pero en el seno de la camarilla de Pekín ya hay una abierta discusión acerca de apaciguar a Trump y arribar a un acuerdo que supere las circunstancias. Putin, por su lado, tiene a Trump como aliado en Ucrania. En cuanto a la Unión Europea, ha reaccionado a la desbandada. Macron ha enviado una flota al mar Arábigo, para defender los intereses de Total, que en algún momento ha sido el principal inversor en Irán. Gran Bretaña ha hecho menos que eso para resguardar su base militar en Chipre, que el gobierno chipriota quiere que se vaya de todos modos. 
 Ninguna de las grandes potencias se interpone al pasaje a la “guerra total” contra Irán, con la expectativa de obtener una migaja de los expolios. La contrapartida de esta capitulación es la exposición a sufrir los impactos más duros de la crisis mundial que ha sido potenciada por esta guerra imperialista internacional. Todavía en forma incipiente, la clase obrera mundial comienza a reconocer las consecuencias de esta guerra y a alcanzar una comprensión de conjunto, es decir, que la guerra y los sufrimientos inmensos que provoca nacen de las entrañas de un régimen que ya ha cumplido hace tiempo con las tareas históricas propias, y que arroja a la humanidad a catástrofes superiores a las del pasado. 

 Jorge Altamira
 12/03/2026

jueves, 12 de marzo de 2026

El acuerdo Pentágono-OpenAI: inteligencia artificial al servicio de la guerra imperialista


Trump se desespera por adaptar la IA a la maquinaria bélica estadounidense.

 El Pentágono y OpenAI sellaron un acuerdo millonario para que el gobierno de Trump pueda usar la tecnología de la empresa norteamericana de inteligencia artificial en sus planes de guerra imperialista, después de la crisis desatada por los reparos de Anthropic. La gran innovación, que se suponía que venía a motorizar una nueva revolución industrial, será primero que nada parte del arsenal de fuerzas destructivas al servicio del intento del imperialismo yanqui por revertir su declive como potencia dominante en el marco de la crisis del capitalismo mundial. 
 El pacto con OpenAI se produjo después de que cayera el que el Estado yanqui mantenía con Anthropic, firma cuyos desarrollos en servicios de software viene de romper el mercado bursátil y hundir a gigantes del rubro como IBM. La compañía de Dario Amodei, también estadounidense y la primera en gestionar documentación y archivos clasificados, se opuso a que el gobierno usara su herramienta Claude de manera indiscriminada en tareas de vigilancia masiva y en el terreno de las armas autónomas. 
 La tensión entre Amodei y el gobierno escaló luego de que este último usara la IA de Anthropic en el operativo que dio lugar a la invasión de Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. Para defender su postura, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, argumentó que "los fabricantes de armamento no deciden cuándo ni contra quiénes se disparan los misiles que venden al Ejército estadounidense". 
 El gobierno de Trump le dio un ultimátum a la empresa: tres días de plazo para reconsiderar su postura. Incluso la ha amenazado con invocar la Ley de Producción de Defensa, lo que le hubiese permitido, en nombre de la seguridad nacional, tomar el control de la empresa y sus productos; también con declararla como un "riesgo para la cadena de suministro militar", lo que hubiera hecho pesar sanciones sobre sus negocios. 
 El magnate republicano se metió de lleno en el conflicto, acusando, en su red social Truth, a Anthropic de ser una empresa "radical de izquierda" y "woke", y diciendo que solo el comandante en jefe (o sea, él) de las Fuerzas Armadas decide "cómo se luchan y ganan las guerras". Y ordenó el fin del uso de su tecnología en todas las agencias federales de Estados Unidos. Poco tiempo después del choque con la empresa, ordenó el ataque contra Irán. 
 El acuerdo con OpenAI fue presentado por su dueño, Sam Altman, como uno que implica el uso de IA en la gestión de archivos clasificados en la nube. Pero el convenio establece que "el Departamento de Guerra podrá utilizar el sistema de IA para todos los fines lícitos, de conformidad con la legislación aplicable, los requisitos operativos y los protocolos de seguridad y supervisión bien establecidos". Si se invoca la Ley Patriota, por ejemplo, la vigilancia masiva podría volverse "legal". En respuesta, muchos usuarios de la empresa cancelaron sus suscripciones en ChatGPT y están migrando a Claude.

 Guerra e inteligencia artificial 

"El Pentágono viene integrando IA en sus sistemas de armas impulsado por la competencia con China, y por nuevos peligros como los misiles hipersónicos súper rápidos, que superan la capacidad humana de reacción", señala La Nación (24/2). 
 El uso de la IA en las Fuerzas Armadas se viene extendiendo. Sirve para interconectar armamento (enjambres de drones, por ejemplo), modelizar campos de batalla, organizar estrategias militares en segundos, hacer tareas de reconocimiento, seleccionar y definir objetivos; tareas que en muchos casos todavía requieren de intervención humana. 
 "La proliferación de pilotos autónomos, asistentes de manejo y software predictivo naturalizó delegar la responsabilidad en lo sintético. En el ámbito militar, esa ventaja se intensifica: los sistemas armados con IA ya no solo obedecen, sino que leen el terreno, evalúan amenazas y recalibran su respuesta en tiempo real, con un margen de error ínfimo y capacidad de anticipación inmediata", dice Clarín (12/1). 
 El régimen sionista usó tecnología de Microsoft y OpenAI, con la colaboración de empresas como Google y Amazon, para llevar adelante sus planes genocidas-fascistas en la Franja de Gaza. También utilizó software como Lavender (que le sirvió para seleccionar objetivos humanos, marcar al menos a 37.000 palestinos y asesinar aproximadamente a 15.000), Where is Daddy? (para rastrear individuos marcados y bombardearlos cuando estén en sus casas) y The Gospel (para identificar estructuras en las que, según el Ejército israelí, operan militantes de Hamas). 
 En Ucrania, por otro lado, el uso de la IA se ve en la utilización de drones semiautónomos y herramientas para identificar objetivos a atacar, entre otras cosas.
 Bajo el capitalismo, el desarrollo tecnológico simplemente no aspira a satisfacer necesidades sociales. Los pronósticos sobre un apocalipsis laboral con millones de trabajadores desplazados por la IA responden a los objetivos con que se desarrolla la investigación, cuando podría apuntar en cambio a reducir la jornada laboral y liberar a las personas de las tareas más monótonas. Pero, mucho antes que todo eso, está inflando una burbuja financiera y nutriendo el arsenal bélico de potencias capitalistas. 
 La lucha contra la guerra imperialista y por el socialismo está a la orden del día.

 Nazareno Suozzi