miércoles, 15 de abril de 2026

Fracaso del alto al fuego: y ahora, ¿qué se viene?


Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán no arribaron a un acuerdo. 

 Tras una maratónica sesión que duró prácticamente un día, las conversaciones directas entre Washington y Teherán fracasaron. Esto era de esperar. La delegación yanqui se retiró y volvió a amenazar con nuevas y crecientes represalias si Irán no se doblegaba. A nadie puede tomar por sorpresa este desenlace si partimos del carácter absolutamente precario de la tregua. Por lo pronto, estrictamente no podemos hablar de un cese al fuego desde el momento que Israel siguió bombardeando el Líbano en mayor magnitud y virulencia inclusive que en la etapa previa. Nunca se detuvo tampoco con la incursión terrestre. Este punto fue uno de los mayores focos de tensión. La delegación iraní planteó que el alto al fuego incluía también al Líbano. De este no había ninguna duda como se encargaron de corroborarlo los mediadores paquistaníes. 
 Los dos puntos de ruptura que se han publicitado fueron el programa nuclear iraní y el Estrecho de Ormuz. Washington exigió un compromiso vinculante de que Irán no desarrollará armas atómicas. “Teherán rechazó esa condición, reiterando que su programa es de uso civil, pese a que antes de la guerra enriquecía uranio a niveles muy por encima de cualquier aplicación pacífica y obstruía sistemáticamente la labor de los inspectores internacionales. Irán exigió además el reconocimiento de su control sobre el Estrecho de Ormuz —por el que transita el 20% del suministro mundial de crudo— y el fin de todos los combates en la región” (Innova, 12/4). 
 Estados Unidos dispuso una suerte de “segundo bloqueo”, en el estrecho de Ormuz. Las fuerzas militares norteamericanas, apostadas en la zona, impedirán la circulación fluvial a todos los barcos que tengan Irán como origen o destino, con la amenaza de interceptar aquellos que naveguen por el golfo Pérsico, el golfo de Omán y el mar Arábigo al este del corredor. En otras palabras, replicar, pero en sentido inverso a lo que viene haciendo Irán, procurando infligirle un golpe al régimen y jaquear su economía teniendo en cuenta que sus principales fuentes de recursos provienen de sus exportaciones de crudo y otros productos que se comercializan por esa vía de comunicación. 
 El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha apoyado la decisión de Trump de imponer estas restricciones en el paso, destacando la “constante coordinación” entre ambos aliados. Irán ha respondido a esta provocación y ha señalado que “ningún puerto del golfo Pérsico o del golfo de Omán seguiría siendo seguro si los puertos iraníes se vieran amenazados. En paralelo, Hezbollah ha pedido al gobierno del Líbano que cancele la reunión de mañana con Israel para negociar un alto el fuego en el país” (El País, 13/4). El ejército israelí ha matado a 2.090 personas, y herido a 6.700 y ha ocupado gran parte del sur del país. Entre las víctimas se cuentan 166 menores fallecidos y 648 heridos. 
 La Unión Europea ha defendido “la necesidad de adaptar la cooperación internacional a nuevas amenazas” y “de reforzar los instrumentos multilaterales existentes” para proteger rutas comerciales globales, pero “ha comunicado que no se involucrarán en el bloqueo de Trump y ofrecen intervenir únicamente cuando acabe el conflicto” (ídem). Una decisión que aumentará las tensiones en la alianza y los choques y fisuras al interior de la Otan.

 Estados Unidos en su laberinto 

 El colapso de las conversaciones obviamente abre las puertas a un agravamiento del conflicto bélico. Pero en este estadio, el mayor perdedor probablemente sea Estados Unidos. Por supuesto, sería un error subestimar el alcance de la represalia dispuesta por la Casa Blanca. Pero, contradictoriamente, las medidas dispuestas por Trump señalan el atolladero en que se encuentra Estados Unidos, pues en lugar de abrir, acentúa el cierre del estrecho de Ormuz y amenaza prolongarlo en el tiempo, que era una de los puntos críticos y urgentes que Washington pretendía revertir y que fue uno de los principales motivos que llevaron a Trump a explorar un acuerdo y promover conversaciones con Teherán. 
 El hecho de apelar a este recurso indica que, al menos por el momento, Trump ha desechado la opción de una invasión terrestre. Aunque no se debe descartar que EEUU profundice en forma unilateral la ruptura de la tregua con nuevas y traicioneras intervenciones como hizo veces anteriores. La prensa internacional ha destacado que el Pentágono y el alto mando militar son reacios a esta opción, poniendo severamente en tela de juicio la eficacia de la misma. La reticencia tiene razones por cierto fundadas si tenemos en cuenta el fracaso en experiencias previas como Irak y Afganistán y con anterioridad Vietnam. E incluso, las versiones de que en torno al rescate del piloto norteamericano se intentó colocar una “cabeza de playa” en territorio iraní que fue abandonada por el costo de “pérdidas” que estaba sufriendo y la falta de intervención de posibles aliados (facciones kurdas, etc.). Las tensiones con la cúpula castrense arrancan desde del inicio de la guerra: los militares desaconsejaron ir a una escalada, lo cual les costó la cabeza a varios de sus jefes más encumbrados. 
 Las idas y vueltas, las marchas y contramarchas expresan una dinámica contradictoria en que está envuelto el imperialismo. La ofensiva norteamericana no es un capricho y un acto discrecional del magante, sino que obedece a una crisis de fondo del capitalismo estadounidense y a su declive histórico que Estados Unidos pretende remontar apelando a este medio. Este hecho revela el agotamiento del régimen capitalista, cuya principal potencia ya no puede resolver sus contradicciones a través de la competencia y los mecanismos económicos habituales de la acumulación capitalista, sino que tienen que recurrir al uso de la fuerza. Pero este camino, lejos de ser un terreno despejado, tropieza con escollos que terminan en muchos casos siendo insuperables. 
 Es arbitrario señalar que Washington fue empujado a la guerra por Israel. El régimen sionista tiene un principal interés en promover la guerra y ha sido y es un factor activo para su desarrollo. Pero el actor principal es Estados Unidos, Israel oficia como aliado subordinado al imperialismo en el Medio Oriente, en esa medida, como una punta de lanza de Washington en la región. El potencial militar que hoy ostenta el régimen sionista no puede hacer perder de vista que ese potencial se sustenta en el sostenimiento estratégico que le brinda Estados Unidos, como lo es el escudo antimisiles, la inteligencia satelital, el reabastecimiento de combustibles de los aviones norteamericanos en pleno vuelo a la aviación israelí y otras tareas cruciales. El ataque de Israel ha prosperado porque cuenta con el guiño y luz verde de Washington y eso es así porque es funcional a la escalada global en la que está embarcado el imperialismo que apunta a un rediseño del planeta a su medida y en función de sus necesidades. 

 Salto en la crisis capitalista

 Lo cierto es que es que un alargamiento del conflicto amenaza llevar a la economía mundial a un descalabro. En el mejor de los casos, ingresaríamos en un escenario de “stagflation” (estancamiento con inflación). Ya el FMI ha revisado sus pronósticos de crecimiento a la baja que está combinado con un salto en la variación de los precios. En Estados Unidos se estima que podría trepar al 4 por ciento. 
 El precio del petróleo ha visto superar los 100 dólares y eso tiene un efecto sobre otros derivados. La escasez en insumos llega al 20 por ciento también al gas natural, 30 por ciento para el helio y el amoníaco y podría llegar al 50 por ciento para la urea, que es uno de los insumos cruciales que se usa para la elaboración de los fertilizantes. Una prolongación en el tiempo de la guerra podría ir más lejos y tener consecuencias apocalípticas y precipitar una depresión mundial. Precios superiores a los 150 dólares del petróleo significarían un caos económico. Nunca antes el mundo había entrado en una crisis de ningún tipo con déficit y niveles de deuda tan elevados. Basta tener presente que en la crisis del petróleo de los 70, los déficits promedios eran del 2 por ciento y ahora se ha más que duplicado y las deudas de las principales economías has pasado el 20 al 100 por ciento. 
Una paralización de la actividad económica, afectaría seriamente el sistema financiero, en momentos en que ya en la actualidad asistimos a una crisis de la deuda, tanto pública como privada. Ni siquiera se han salvado los bonos del Tesoro norteamericano que en el pasado oficiaban en medio de las crisis como un activo de refugio y que en la actualidad se vienen depreciando. Esto va de la mano con un incremento de la tasa de interés al calor del recrudecimiento inflacionario lo cual echa más leña al fuego a las tendencias recesivas que asoman en el horizonte inmediato. 

 Perspectivas

 Hay una coincidencia bastante generalizada que una prolongación de la guerra por varias semanas más podría provocar un daño de largo aliento en la infraestructura energética, cuyos efectos podrían hacer sentir durante varios años.
 Todos esto factores son los que explican el laberinto en que está enredado Trump, acosado también cada vez en forma más agobiante en el frente interno. Sus índices de popularidad han descendido notablemente y muy probablemente enfrente una derrota en las elecciones de noviembre de medio término. El descontento de la población crece mientras el galón de gasolina ha aumentado un 25 por ciento y simultáneamente crecen también las protestas multitudinarias, como la de finales de marzo que reunió en las calles a 8 millones de personas. 
 En este contexto, ocupa un lugar más importante y determinante la derrota del imperialismo y el sionismo en Irán. Un fracaso de la ofensiva en curso sería a una bocanada de aire fresco para los explotados y naciones oprimidas. Pondrá de relieve que Estados Unidos e Israel no son invencibles, que se los puede doblegar. Torcerle el brazo en la guerra contra Irán sería relevante para Gaza que viene enfrentando el Plan de Paz y en general para todos los países de Medio Oriente. Sería un acicate para los pueblos que viene resistiendo la escalada imperialista, entre los cuales hay que incluir América Latina. Sería un estímulo para el pueblo norteamericano para desembarazarse de Trump y, por supuesto, también un estímulo en Argentina para asestarle un golpe a Milei que actúa como chirolita del magnate norteamericano. Ha trascendido que Milei piensa viajar a Israel a reunirse con Netanyahu, antes de fin de mes, donde anunciaría el traslado de la embajada argentina a Jerusalén, apoyando la política anexionista sionista, para darle aire al presidente genocida. La “tregua” se usaría para apoyar a Netanyahu. En Argentina es fundamental organizar la protesta contra este accionar de apoyo a la guerra imperialista. 
 Redoblemos la movilización internacional. 

 Pablo Heller

martes, 14 de abril de 2026

Artemis II: El apagón político en el lado oscuro de la Luna


El amerizaje de la misión Artemis II frente a las costas de San Diego marca el cierre de una operación caracterizada como un hito de la "superación humana". Sin embargo, detrás de las imágenes en alta definición y el despliegue publicitario, lo que queda es un recurso al nacionalismo y a la temeridad tecnológica para sostener su imagen de dominio mundial.
 La NASA inundó las redes con fotos de la "puesta de la Tierra" (Earthset), buscando emular la mística de la era Apolo al ritmo de AC/DC. La astronauta Christina Koch, al recuperar la conexión tras el paso por la cara oculta de la Luna, sentenció: "Es maravilloso escuchar de nuevo de la Tierra; siempre la elegiremos" (La Nación, 10/04). Sin embargo, la tripulación estuvo incomunicada durante 41 minutos por decisión de la Casa Blanca. 
 Este "silencio radiofónico" no fue una limitación técnica insalvable. Como señala la investigación de Bryan Dyne, la NASA contaba desde 2019 con la aprobación formal para utilizar el satélite chino Queqiao como puente de comunicación. Pero para la administración Trump, reconocer que la "grandeza americana" depende de la tecnología de Pekín era inadmisible. Prefirió el riesgo de un apagón absoluto antes que esta admisión. El "atardecer terrestre" en HD es apenas el decorado de una sordera política impuesta por la necesidad de reafirmar un dominacion política en crisis. 
 Debajo de la narrativa de la "curiosidad humana", la misión Artemis II operó como una avanzada de la industria de guerra. El mapeo de cráteres y el análisis de antiguos flujos de lava no buscan ampliar el conocimiento abstracto, sino identificar el valor de cambio de la Luna. El foco en el polo sur lunar tiene una motivación económica directa: el control del hielo para producir hidrógeno. Para el capital, el satélite no es un objeto de estudio, sino una estación de servicio estratégica para proyectar el dominio militar. 
 Esta subordinación de la ciencia a la guerra convierte a la tecnología en una fuerza destructiva. La contradicción es absurda: mientras las fuerzas productivas modernas exigen una planificación científica mundial, el nacionalismo del "último imperialismo" fragmenta el conocimiento y pone en riesgo a sus propios astronautas. Trump fue explícito en su red Truth Social: vinculó el éxito de Artemis II con la "dominación militar" y la guerra contra el régimen iraní. En este esquema, los desarrollos tecnológicos no sirven para liberar a la humanidad, sino para perfeccionar el aparato de vigilancia y asegurar que el oxígeno del futuro sea una mercancía bajo control del Pentágono. 
 Lo más alarmante es que la seguridad de la tripulación dependió de una maniobra de emergencia para encubrir un componente defectuoso. Según informes de último momento desde el Centro Espacial Johnson (The New York Times, 10/04), la NASA debió modificar drásticamente el perfil de reingreso de la cápsula. Mientras que en 2022 la misión Artemis I realizó un "reingreso con salto" (skip re-entry) para ganar flexibilidad, la Artemis II fue obligada a un descenso directo y acelerado. El escudo térmico de la cápsula Orion arrastra una falla estructural desde la misión Artemis I: el material se desprende en fragmentos en lugar de desgastarse gradualmente. En lugar de suspender el vuelo hasta que la nave fuera segura, la agencia simplemente alteró la trayectoria de reingreso, apostando la vida de cuatro trabajadores científicos a un cálculo de probabilidades. Para evitar que el escudo colapsara, la agencia decidió acortar el tiempo de reingreso de 20 a solo 13 minutos. Se eligió someter a la nave a un calor más intenso y a una caída "como una roca" a más de 26.000 km/h con tal de reducir el tiempo de exposición de un material que sabían incapaz de resistir el diseño original. 
 Esta temeridad responde a la urgencia de no ceder terreno ante el ritmo del programa espacial chino. La ciencia bajo el capitalismo es una carrera contra el reloj donde la seguridad es sacrificada en el altar de la competencia entre estados y la dominación simbólica. Para el imperialismo, una catástrofe es un riesgo aceptable frente a la humillación de un retraso que evidencie su pérdida de iniciativa tecnológica.
 El fin de la misión Artemis II no es el comienzo de una era de descubrimientos para la humanidad, sino el síntoma de un sistema que busca en la Luna el oxígeno que ya no puede generar en la Tierra. Mientras la burguesía festeja el amerizaje, los trabajadores debemos ver lo que los archivos de esta misión revelaron: un régimen que prefiere el secreto y el riesgo de vida antes que la cooperación internacional. La única conquista real será la derrota de este sistema de barbarie, para que el cielo deje de ser un campo de batalla y la ciencia sea, finalmente, patrimonio de quienes la producen. La lucha contra la guerra imperialista es indisociable de la lucha por una ciencia y tecnología al servicio de la humanidad. Abajo los gobiernos de la guerra. Socialismo o barbarie.

 Iara Bogado 
 12/04/2026

Algoritmos de dominación: anatomía de una operación militar asistida por IA


Maven es un sistema de mando y control diseñado para acumular y fusionar datos masivos provenientes de múltiples fuentes –satélites, drones, señales de inteligencia, informes sobre el terreno– y, de manera autónoma, identificar y geolocalizar objetivos militares 

La herramienta de IA Claude de Anthropic, desplegada en el terreno, tuvo una función cognitiva, convirtiéndose en un asesor táctico en tiempo real para los comandantes estadounidenses desplegados en Caracas, durante el ataque del pasado 3 de enero 

 La información sobre la operación desarrollada en Venezuela en octubre de 2025 confirma una nueva realidad: la fusión operativa entre los grandes modelos de lenguaje (LLM) y los sistemas de inteligencia artificial de combate desarrollados por Palantir. 
 El éxito dependió de un ecosistema integrado, un engranaje de tres niveles que trabajó en simbiosis: Claude y el Pentágono, mientras la columna vertebral fue la plataforma Maven de Palantir. Concebida originalmente como el Proyecto Maven del Pentágono, esta IA evolucionó hasta convertirse en el «sistema operativo de inteligencia artificial principal del Ejército de Estados Unidos». 
 No hablamos de un simple chatbot: Maven es un sistema de mando y control diseñado para acumular y fusionar datos masivos provenientes de múltiples fuentes –satélites, drones, señales de inteligencia, informes sobre el terreno– y, de manera autónoma, identificar y geolocalizar objetivos militares como vehículos, edificios o personas. Venezuela actuó como el campo de pruebas que validó su eficacia.
 Según reportes del Wall Street Journal, la herramienta de IA Claude de Anthropic, desplegada en el terreno, no tuvo una función cinética –no apretó el gatillo–, sino cognitiva: procesó y sintetizó los terabytes de datos generados por Maven para proponer cursos de acción, depurar la selección de objetivos y predecir escenarios de resistencia, convirtiéndose en un asesor táctico en tiempo real para los comandantes estadounidenses desplegados en Caracas.
 La asociación estratégica anunciada en noviembre de 2024 entre Palantir y Anthropic, permitió integrar oficialmente los modelos dentro del ecosistema clasificado, lo que permitió al Pentágono acceder a las capacidades del primero en redes de nivel de seguridad IL6 (Impact Level 6), el más alto para operaciones secretas. 
 En esencia, Anthropic proporcionó el razonamiento avanzado, mientras que Palantir aportó la plataforma de datos, la selección de blancos y el despliegue táctico. 
 Sin embargo, eso no fue todo, más allá del secuestro del presidente legítimo y en funciones de la República Bolivariana de Venezuela, el uso de la IA en esta operación desencadenó una sofisticada batalla cognitiva que, probablemente, fue orquestada mucho tiempo antes.
 La contaminación del espacio informativo se convirtió en una tarea primordial; un ejemplo elocuente: las imágenes generadas por IA de Maduro secuestrado que circularon viralmente antes y después de la operación, sugieren una estrategia deliberada de «guerra cognitiva ofensiva». 
 El objetivo no era informar, sino desestabilizar, crear una «verdad alternativa», fragmentar la reacción tanto interna en Venezuela, como en la comunidad internacional, sembrar la duda y la incertidumbre. 
 Es plausible que Claude, o sistemas similares, fueran utilizados no solo para planificar la misión, sino también para generar y orquestar campañas de desinformación. Su capacidad para procesar y generar lenguaje humano a gran escala permitió inundar las redes sociales con narrativas específicas, analizar la polarización de la opinión pública en tiempo real y sugerir los mensajes óptimos para influir en sectores clave de la sociedad venezolana o internacional. 
 En Venezuela se mostró la perfecta sincronización de una operación de fuerza con una campaña de inteligencia artificial para procesar inteligencia, planificar y manipular la percepción pública. 
 Empresas como Palantir se están convirtiendo en los nuevos «señores tecnológicos de la guerra». Urge que la comunidad internacional elabore normas vinculantes sobre el uso de grandes modelos de lenguaje en conflictos armados, antes de que el hecho consumado vuelva irreversible esta nueva realidad. 


Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu 
 11 de abril de 2026 12:04:48 

 Fuentes: Izvestia, BBC, TASS, Manohar Parrikar Instituto de Estudios y Análisis de Defensa, Yeni ?afak.

lunes, 13 de abril de 2026

Hermanados con Epstein: la solidaridad de clase de la burguesía y los límites del #MeToo


Los correos electrónicos de Jeffrey Epstein recientemente filtrados (The New York Times, 03/04) son una radiografía del horror, pero sobre todo de la impunidad planificada. No muestran solo los crímenes de un individuo, sino una red de protección donde el Estado, sus leyes y sus agentes actuaron como el escudo de la burguesía frente a las denuncias de las mujeres. Mientras el discurso oficial hablaba de "creerles a las víctimas" durante el movimiento #MeToo, los archivos muestran a los dueños del poder perfeccionando los mecanismos para silenciarlas. A su vez, los mails evidencian la crisis al interior del régimen político norteamericano con respecto a la guerra. 
 Los correos muestran a magnates, publicistas y abogados operando coordinadamente para fabricar la duda. Desde la extrema derecha de Steve Bannon hasta sectores del progresismo cultural como Woody Allen o incluso Noam Chomsky, la consigna fue la misma: presentar a las denunciantes como "mentirosas seriales" o "buscadoras de dinero". El programa del #MeToo ha quedado encerrado en la lógica del régimen sancionatorio burgués, bajo la falsa premisa de que ante la ley "todos somos iguales" y que la violencia se resuelve con penas más severas. Pero el caso Epstein desmiente esta igualdad de un plumazo: mientras el sistema judicial exige pruebas imposibles a las víctimas reclutadas en barrios obreros, garantiza el secreto y la "presunción de inocencia" para los magnates y políticos sentados a la mesa del financiero. En Maryland, Ohio o Nigeria, el patrón se repite: la mujer que pide ayuda termina siendo la sospechosa (The New York Times, 3/04). 
 En la sociedad burguesa no hay igualdad; hay expropiadores y expropiados. El capitalismo no eliminó la desigualdad del hogar legada por el feudalismo, sino que la asimiló. Las menores traficadas por Epstein no eran hijas de la burguesía; eran jóvenes atrapadas por la miseria económica, la misma que le impide a una mujer trabajadora golpeada a marcharse. Mientras una mujer de la pequeña burguesía o de la burguesía misma puede exigir una cuota de confort, la mujer trabajadora -o la joven vulnerada por una red de trata estatal- soporta un escarmiento que ningún código penal ha resuelto en 250 años.
 El caso Epstein evidencia el uso del cuerpo de las desposeídas como mercancía para el sostenimiento del status quo. A esta violencia no la frena un juez de la casta, porque el Estado es el proxeneta que administra el silencio. 
 Los límites del movimiento #MeToo son los límites políticos de su dirección. El caso Epstein se ha convertido en un "carpetazo" entre los partidos patronales de EE. UU. (Demócratas y Republicanos) para desplazarse unos a otros sin cuestionar jamás al régimen. Al adscribir a la política patronal, la dirección del movimiento se vuelve incapaz de denunciar la podredumbre total del sistema. Hoy, el avance o el sellado de los archivos de Epstein no depende de la "justicia", sino de la suerte de la guerra y del mantenimiento del dominio imperialista norteamericano. La burguesía decide qué "destapar" según convenga a la estabilidad del Estado. La inviabilidad de las reformas impulsadas por el feminismo de los ministerios y la ONU queda hoy a la vista. Confiar en que "más presupuesto para el Poder Judicial" o "capacitaciones de género para la policía" va a frenar a redes como la de Epstein es una capitulación. El Estado es responsable y no puede ser el árbitro de una violencia que él mismo administra. Pedirle al mismo que "investigue" cuando sus propios servicios de inteligencia (Mossad, CIA) y sus principales figuras políticas estaban sentadas a la mesa de Epstein, es una vía muerta. El lenguaje de la "sororidad" académica es una estafa, una mujer en la cúpula del poder financiero o diplomático tiene más intereses compartidos con Epstein que con las jóvenes trabajadoras que fueron sus víctimas. Esto queda evidenciado con la participación activa de la mujer y socia del magnate, Ghislaine Maxwell, que está presa por abuso y trabajó para empañar la reputación de la Sra. Giuffre, denunciante (The New York Times, 3/04). Otro ejemplo es la esposa de Donald Trump, que ampara a un delincuente sexual. Queda claro que la brecha es de clase. 
 El fracaso de las reformas del feminismo liberal, que terminaron con más denuncias, pero menos condenas, demuestra que el aparato judicial es inmodificable. El reformismo burgués, intenta "mejorar" el capitalismo para mantenerlo en pie. Pero el sistema judicial, el Estado capitalista, es el garante de que la "presunción de inocencia" solo funcione para los hombres de la clase de Epstein. Para las y los socialistas, la lucha contra esta podredumbre es inseparable de la lucha contra el capital y la guerra imperialista. No queremos "fiscales con perspectiva de género", queremos desmantelar el aparato de secreto de vigilancia y explotación que permite que existan islas de impunidad. La única garantía de una vida libre de violencia es terminar con un sistema que convierte los cuerpos y las vidas en mercancía de intercambio para la burguesía imperialista. Y en este punto se vuelve indisociable la lucha contra la guerra de la lucha de la mujer trabajadora. Abajo los gobiernos de la guerra. Socialismo o barbarie. 

 Iara Bogado
 09/04/2026

sábado, 11 de abril de 2026

Trump, JD Vance y Netanyahu excluyen a Líbano del “cese del fuego”


Horas después de que se anunciara un cese del fuego temporario entre Estados Unidos e Irán, las bombas israelíes asesinaron en menos de una hora a por lo menos 350 personas, dejando miles de heridos. Fue el día más mortífero de la invasión sionista al Líbano.
 Israel atacó en pleno mediodía barrios enteros de Beirut, el valle de Bekka y aldeas del centro y norte del país. “La magnitud de la matanza y la destrucción es espantosa”, dijo la ONU. Desde entonces, los bombardeos israelíes no han cesado. Este viernes ya causaron medio centenar de víctimas. 
 Como represalia a la matanza, Irán cerró nuevamente el estrecho de Ormuz y la Guardia Revolucionaria advirtió que rompería “el cese del fuego”. Mañana sábado deberían comenzar las negociaciones de dos semanas pactadas entre Estados Unidos e Irán. JD Vance, el vice de Trump, y presunto opositor a esta guerra, encabezará la delegación norteamericana. La sede será Islamabad, la capital de Pakistán, el más reconocido mediador en la guerra. Netanyahu ha declarado que la guerra que libra contra el Líbano no forma parte de los acuerdos de tregua. Paquistán lo desmintió enfáticamente y exhibió documentos que los refutaban. El jefe del ejército sionista, Eyal Zamir, ratificó que el país del cedro constituye la «zona de combate principal» y que el ejército no participa de ningún alto el fuego. La prensa liberal de Israel (Haaretz) ha reclamado que Israel adhiera al “cese del fuego” con Hizbollah, luego de varias notas acerca de que Hizbollah sería “indestructible”. JD Vance, el oposicionista ‘sui géneris’, ha declarado que Líbano estaba afuera del acuerdo. 
 Netanyahu ha ratificado que mantendrá “con toda la fuerza” la campaña contra el El Líbano, y que buscaría la apertura de negociaciones que hace rato le propone el presidente libanés, Joseph Anoun –una figura decorativa-. El propósito, dijo, será que el gobierno libanés desarme a Hezbolláh y se establezcan "relaciones de paz" entre ambos países. Las negociaciones comenzarán la próxima semana y estarán tan claramente lideradas por Estados Unidos que la primera reunión tendrá lugar en el Departamento de Estado en Washington (El País, 9/4). Diversas fuertes afirman que Trump le dijo a Netanyahu, en una llamada telefónica el jueves, que reduzca los ataques contra Hezbollah, según una fuente familiarizada con el asunto (Reuters). Es probable que el inicio de las negociaciones naufrague. Habrá que reanudarlo antes de que las Bolsas de Asia abran el lunes. 
 La magnitud de la masacre, en el contexto del cese del fuego, ha generado una conmoción internacional. Hombres y mujeres en armas se arrojaron indignadas a las calles en Teherán, Paquistán y otros países islámicos. 
 Trump calificó la masacre de “apenas una escaramuza” y descerrajó una lluvia de amenazas contra Irán. Reuters informó que miles de infantes de marina están siendo trasladados a la región, donde Estados Unidos ya tiene 50.000 soldados. Varios columnistas del Financial Times han advertido hasta el último jueves, que el ofrecimiento de un “cese del fuego”, por parte de Trump, podría responder a la intención de reponer el vasto arsenal de misiles norteamericanos e israelíes que ha sido destruido en estas casi seis semanas de guerra (en especial, interceptores) y de ganar tiempo para proceder a una invasión terrestre.
 El alto el fuego fue “un desengaño”, repetían distintos testimonios recogidos por la prensa en Haifa y Tel Aviv. El anuncio “fue recibido con ira y frustración” (Haaretz) no solo por el minstro ultraderechista Ben-Gvir ,sino por todo el arco político. Las críticas más duras vinieron del líder de la oposición, Yair Lapid, quien afirmó que “nunca ha habido un desastre político semejante en toda la historia de Israel”, y que Israel ni siquiera formó parte de conversaciones donde se tomaron decisiones relativas a la propia seguridad nacional”. Lo mismo ha planteado el jefe parlamentario norteamericano Lindsey Graham en forma aun más agresiva. “Si bien no hacía falta que el Congreso tuviera que autorizar la guerra contra Irán, un acuerdo político no pasará nunca sin un pronunciamiento del Congreso”. 
 Todas estas posiciones ratifican lo que Política Obrera escribió ayer, a saber, que Trump no se lanzó a esta guerra por “errores de cálculo”, sino que habiendo escuchado esta advertencia de parte de sus consejeros militares y de seguridad, decidió lanzar la guerra bajo la presión de las contradicciones insolubles que enfrenta la declinación del imperialismo norteamericano. Es lo que ha llevado al desencadenamiento de una guerra mundial en el terreno europeo, por la anexión de Ucrania y una recolonización de Rusia, y la desatada por Israel, con apoyo norteamericano, para anexar gran parte de su espacio exterior, no sólo Gaza y Cisjordania, sino regiones enteras de Líbano y Siria. 
 A fines de 2025, el Parlamento libanés eligió como presidente al general Joseph Aoun, hasta entonces comandante del ejército. Según un acuerdo de décadas, el presidente libanés siempre debe ser un cristiano, mientras que el presidente del Parlamento debe ser un musulmán chiita y el primer ministro un musulmán sunita. 
 En sus primeras declaraciones, este cristiano maronita educado en Estados Unidos y experto en lucha antiterroristas reafirmó “el derecho exclusivo del Estado a portar armas”, un tiro por elevación a Hezbollah. 
 Israel se ha empeñado en enfrentar a chiitas con cristianos y drusos, instigando a que echen a los desplazados de sus aldeas so pena de bombardearlas también. La derecha maronita responsabiliza a Hezbollah por la guerra. Sin embargo, Mohanad Hage Ali, investigador principal del Carnegie Middle East Center de Beirut, afirmó que la opinión predominante en El Líbano es que Washington ha dado, en la práctica, carta blanca a Israel, y que Hezbollah es la única que pone un límite al sionismo (Al menos 1.888 personas han muerto en ataques israelíes en Líbano, mientras que dos israelíes han muerto por el fuego de cohetes de Hezbollah.) 
 Hezbollah rechazó tajantemente las negociaciones. Su legislador Ali Fayyad ha declarado que el gobierno libanés debería exigir un alto el fuego como condición previa antes de dar cualquier otro paso. También el secretario general de Hezbolá, Naim Qassem, ha urgido este viernes a las autoridades libanesas a que dejen de hacer “concesiones gratuitas” a Israel. 

 Olga Cristóbal
 10/04/2026

miércoles, 8 de abril de 2026

Alto al fuego en la guerra contra irán: derrota de Trump


Es necesario redoblar la lucha por la derrota del imperialismo y del sionismo. 

Cualquiera sea la forma en que Estados Unidos intente disimular el acuerdo de alto al fuego, lo cierto es que estamos frente a un gran recule del magnate republicano. 
 Luego de sus diatribas y amenazas de un ataque devastador que implicaría la “muerte de una civilización”, Estados Unidos se avino a un alto al fuego de dos semanas, menos de dos horas antes de que venciera el ultimátum que había lanzado Trump para que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz. 
 Además de anunciar el fin de las hostilidades de forma “bilateral”, Trump también afirmó haber recibido una propuesta de 10 puntos de Irán para la paz que describió como “una base viable para la negociación”. 
 Muchos de los aspectos del acuerdo de alto el fuego son todavía controvertidos y las versiones que se van difundiendo no son siempre coincidentes. Pero, aún con estas prevenciones, el acuerdo constituye una victoria incontrovertible de Irán al admitir Trump que las condiciones planteadas por Teherán, que la Casa Blanca venía rechazando y consideraba inaceptables, son “viables” para empezar a negociar. 

 ¿Qué exige el plan de 10 puntos de Irán? 

Las condiciones difundidas por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní incluyen garantizar la no agresión contra Irán, el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, el control iraní sobre el estrecho de Ormuz, la retirada militar estadounidense de Oriente Medio, el fin de los ataques contra Irán y sus aliados, la liberación de los activos iraníes congelados, detener la guerra en todos los frentes de resistencia (incluido el Líbano), pagar las reparaciones de guerra a Irán y una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que haga vinculante cualquier acuerdo” (The Guardian, 8/4). 
 En la versión publicada en persa y difundida por los medios iraníes, Irán también incluye como condición la “aceptación del enriquecimiento” de uranio para su programa nuclear. Sin embargo, esta frase no figuraba en las versiones en inglés que la diplomacia iraní ha compartido con la ONU. 
 Teherán ha dicho que solo aceptará el fin de la guerra si se aceptan las 10 exigencias que ha hecho llegar a la Casa Blanca a través de los mediadores pakistaníes (ídem). 
 Era de esperar que, luego de este desenlace, franjas importantes de la población iraní hayan salido a celebrar el acuerdo en las calles. No se nos puede escapar, de todos modos, que esto no clausura el conflicto. Estamos frente a una tregua precaria que no asegura el fin de la guerra. Varias de las condiciones han sido rechazadas en el pasado de modo tal que pueden terminar empantanando las negociaciones que van a realizarse -a la espera de la confirmación de las partes- el próximo viernes en Islamabad, capital de Pakistán. 

 ¿Qué implica el alto el fuego para Ormuz? 

Irán mantiene el control militar sobre el estrecho de Ormuz. Esta era la condición que ponía sobre la mesa Teherán para aceptar el alto el fuego y Washington ha aceptado según Irán. De acuerdo a algunas informaciones, el plan permite a Irán y Omán cobrar una tasa de hasta 2 millones de dólares (unos 1.710.000 euros) por buque a las embarcaciones que transiten por el estrecho. Estados Unidos también tendrá su papel en el estrecho y “ayudará a mejorar el tráfico” de embarcaciones, según anunció Trump, sin dar más detalles. Trump augura que ganará mucho dinero en la región, pero es Irán el que cobrará el peaje de Ormuz (Infobae, 8/4). 
 Las incógnitas son muchas. Desde Washington, distintas fuentes han salido a desmentir el alcance y el contenido de lo acordado y a plantear que se trata de “fake news” que está propagando el régimen iraní. 
 No olvidemos que hay condiciones en la propuesta de Irán que se han considerado líneas rojas en anteriores negociaciones. Una de ellas es el levantamiento de todas las sanciones impuestas a Irán desde la administración de George W. Bush; es poco probable que el presidente acepte pues ya abandonó el acuerdo nuclear promovido por Obama, en el que Irán renunciaba a su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones. El plan que ha recibido Trump incluye la condición de que Teherán continúe enriqueciendo uranio -en caso de que se confirme que la propuesta forma parte del plan de 10 puntos de Irán. Sin embargo, parece evidente que la Casa Blanca también rechazará este punto, pues el principal argumento que ha dado para la guerra es eliminar la ambición nuclear iraní. El estrecho de Ormuz es un punto estratégico, de manera tal que es poco probable que admita el control total de ese enclave. 
 Por otra parte, Pakistán asegura que Líbano está incluido, pero Israel lo niega y sigue bombardeando su país vecino. Aun admitiendo el cese del fuego en el Líbano, es muy improbable que el régimen sionista se retire del territorio ocupado al sur del río Litani. De un modo general, los ataques por parte de Estados Unidos e Israel, aún después de anunciado el alto el fuego, han continuado, lo cual ya han hecho en otras oportunidades en el pasado. La violación de los acuerdos es una constante en la política yanqui, sin ir más lejos en el marco del llamado “plan de paz” en Gaza. Habrá que seguir con atención los próximos pasos de Estados Unidos e Israel pero no hay que descartar que las tensiones entre ambos -que se han evidenciado a lo largo del conflicto- se acentúen. Netanyahu sería partidario de prolongar la guerra, lo cual no se compadece con los planes de Washington, al menos en lo inmediato.

 ¿Cómo se ha consumado el pacto?

 Hay diversos factores que hay que tener en cuenta en este alto al fuego. Uno ellos es que Estados Unidos e Israel han tropezado con una resistencia que ha sorprendido a los observadores. 
 Trump ha afirmado que la capacidad militar iraní estaba destruida. Pero Irán ha respondido con misiles y drones que alcanzan a Tel Aviv y objetivos israelíes en todo el territorio ocupado y a 8 países de la región, infligiendo golpes a infraestructura militar yanqui y de los países árabes y poniendo en jaque sus economías. Ha derribado aviones y helicópteros, demostrando que sus defensas antiaéreas funcionan. En Líbano chocó contra las milicias de Hezbollah que siguen lanzando misiles y golpeando al ejercito israelí, aunque Netanyahu había sostenido que estaban destruidas. Los hutíes en Yemen volvieron a retomar sus represalias en el Mar Rojo. 
 Mientras tanto, el cierre del Estrecho de Ormuz disparó el precio del crudo y se ha convertido en una bomba de tiempo. La disparada del petróleo acelera las tendencias inflacionarias y un incremento de las tasas de interés y amenaza con convertir el actual impasse económico capitalista en una recesión mundial. 
 Trump se metió en un laberinto del cual se le ha vuelto cada vez más difícil salir. Necesita terminar la guerra pronto, pero de una forma que no sea humillante. Su esfuerzo por tratar de mostrar una victoria ha resultado infructuoso. La alternativa frente a esta situación sería apelar a una invasión terrestre. Pero una aventura militar de este calibre tiene un desenlace incierto y grandes chances de terminar en un fracaso como ya ocurrió con las ocupaciones de Irak y Afganistán y, antes de ello, en la guerra de Vietnam. 
 Este atolladero es expresión de la decadencia de Estados Unidos como potencia imperialista hegemónica. La escalada militar en la que está embarcado Trump apunta a revertir ese declive pero tropieza con obstáculos que se multiplican y se interponen en su camino. 
 Es necesario no perder de vista que las presiones vienen también desde dentro. La mayoría de los estadounidenses se opone a la guerra y están disconformes por el aumento del precio de la gasolina. Los índices de popularidad de Trump están cayendo, y todo esto podría costarle una derrota en las elecciones de medio término. El descontento ha ido acompañado de movilizaciones multitudinarias, que se vienen replicando en los últimos meses: ocho millones de estadounidenses vienen de ganar las calles con la consigna “No Kings”. 
 En la mediación a contrarreloj de Pakistán, que culminó con el acuerdo, han jugado también actores internacionales. En la retaguardia, China movió los hilos para alentar a Pakistán, socio comercial privilegiado de Pekín, a que encontrara una vía para el alto el fuego. Esto coincide con declaraciones de Trump, quien comentó que creía que Pekín había contribuido a que Teherán se aviniera a negociar buscando salir fortalecida en esta coyuntura. Moscú, a su vez, habría jugado un rol para arribar a un arreglo. Putin pretende utilizar sus buenos oficios en el conflicto de Medio Oriente como prenda de negociación con Washington en torno a la guerra de Ucrania. Por lo pronto, Washington tuvo que recurrir al petróleo y gas rusos, para intentar contrarrestar la sideral disparada de ambos como consecuencia de la guerra. 
 En paralelo, la guerra precipitó una división mayor que la que ya existe en la Otan. Que varios de sus socios (Francia, España, Gran Bretaña) le hayan denegado el uso de sus bases o de su espacio aéreo a Estados Unidos revela hasta qué punto están llegando las tensiones.
 Del panorama aquí expuesto está claro que estamos ante un acuerdo endeble. Las tendencias bélicas responden a una crisis profunda y vertebral del capitalismo, que está alimentando las tendencias a una guerra mundial. La putrefacción capitalista que enfrentamos es un caldo de cultivo de grandes crisis nacionales e internacionales, y, en paralelo, de convulsiones sociales y rebeliones populares. 
 Más que nunca, es necesario redoblar la movilización internacional por la derrota del imperialismo yanqui y del sionismo en la guerra imperialista. 

 Pablo Heller

martes, 7 de abril de 2026

La crisis de la IA da sus primeros síntomas


Sam Altman (CEO de OpenAI).

 Las expectativas en que la emergente industria de la IA podría empujar al capitalismo hacia adelante ya están oficialmente enterradas. 

 La última semana de marzo fue desastrosa para las empresas de servicios de inteligencia artificial. OpenAI (la compañía detrás de ChatGPT) anunció el cierre definitivo de Sora, su herramienta de generación de videos; al mismo tiempo, xAI (sección del imperio de Elon Musk) restringió una función similar de su asistente IA Grok, llamada “Grok Imagine”. 
 De fondo, Meta (de Mark Zuckeberg) cerró su “Metaverso”, proyecto que, si bien no giraba en torno a la IA, había intentado (fallidamente) hibridarse con la producción de gafas equipadas con inteligencia artificial. También, Apple comenzó a tomar medidas para proteger al iPhone contra las aplicaciones programadas con IA.
 Después de meses de debate y especulación al respecto de si el sector estaba generando una burbuja, los capitalistas buscan cómo salvar la ropa seca frente a la tormenta. 

 Hacia la catástrofe 

Veamos el problema estructural detrás de los problemas de Sora y Grok Imagine. Se ha discutido mucho al respecto de si los chats de IA como ChatGPT (Large Language Models – LLM) son nocivos para el medio ambiente o no. Pero lo que es claro es que su consumo de energía genera contradicciones económicas que impactan en los propios capitalistas.
 Los modelos de IA que dominan actualmente el mercado necesitan energía en dos fases distintas: la de entrenamiento y la de uso por parte de los usuarios (llamada “réplica” o “inferencia”). Según Adam Zewe, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el entrenamiento de GPT-3 costó más de 1,2 millones de kilovatios por hora; Zewe informa que ese consumo por hora equivale al gasto energético de 120 hogares estadounidenses promedio… en todo un año. Como agravante, el entrenamiento de GPT-4 costó 48 veces el consumo de su antecesor y el de GPT-5 lo multiplicó por 192. 
 El uso cotidiano tal como lo conocemos (“inferencia”) tiene necesidades energéticas aún mayores: los 10 millones de usuarios semanales que alcanzó OpenAI con su GPT-3 gastaba la misma energía que se había usado para entrenarlo solo en dos días y medio. Hoy ChatGPT tiene 800 millones de usuarios activos por semana.
 Hacerle frente a estos gastos para que los servicios de IA sean rentables es un desafío que no encuentra solución. Los LLM más conocidos (ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic, Gemini de Google, Grok de X/xAI) permiten usar las funciones más sencillas gratis. Así, los planes de pago deberían generar ganancias capaces de subsidiar el peso muerto de la mayoría de los usuarios (gratuitos). No obstante, por el momento no pueden siquiera cubrir sus propios gastos.
 Según los documentos filtrados por el crítico tecnológico Ed Zitron, OpenAI gastó 3.800 millones de dólares en “inferencia” en 2024; para los primeros nueve meses de 2025 ya había superado esa cifra, con 8.650 millones de dólares quemados. Sin embargo, los usuarios de pago de ChatGPT apenas llegan a los 50 millones, menos del 1%. Peor: la mayoría tiene una cuota de solo veinte dólares por mes (Plan “Plus”).
 El caso más brutal parecería ser el de la empresa Anthropic, cuyo LLM Claude se ha hecho popular entre programadores. Según cálculos no oficiales, el plan “Pro”, que cuesta 20 dólares por usuario, permitiría un gasto de servidores equivalente a 163 dólares; el plan “Max 5x”, de 100 dólares, habilitaría más de 1.300 dólares de gasto computacional; el plan “Max 20x”, de 200 dólares, concedería un gasto computacional de más de 2.700 dólares. Ni siquiera un arancelamiento total salvaría a la compañía. 
 Las funciones de video son las primeras en desconectarse (Sora) o restringirse a usuarios pagos (Grok Imagine) porque su costo computacional es marcadamente mayor al de generación de texto. Un “prompt” que slo pida texto puede emplear el equivalente energético a usar ocho segundos un microondas; generar un video equivale a usarlo una hora entera. Elon Musk pospone Marte para seguir viviendo de los negocios del Estado El magnate capitalista teme ser desplazado de los negocios con la Nasa por la competencia de Jeff Bezos. - prensaobrera.com 

En espiral 

Es conocido el dato de que las proyecciones de las “startups” de IA solo avizoraban pérdidas; pero la coyuntura de los números en rojo ya llegó. Según el periódico especializado The Information, los balances internos de OpenAI estiman que en este año tendrán una pérdida de 14 mil millones de dólares. La compañía prevé que generarán ganancia recién en 2029.
 Según Forbes, la valoración financiera de la empresa de Sam Altman acaba de crecer a 852 mil millones de dólares, gracias a que sigue recibiendo inversiones de Amazon, Microsoft, SoftBank y la ahora polémica Nvidia. Éste es el corazón de la sospecha de que todo se trata de una gran burbuja: otros capitales colocan cifras siderales en infraestructura (chips, data centers, energía), pero es poco claro que esa inversión pueda generar ganancias. El financiamiento recibido solo apalanca un colapso mayor si estas compañías no logran despegar. 
 Para empeorar el cuadro, la promesa de una fase ascendente en los balances de OpenAI se basa en números dibujados. El más fraudulento es la proyección de que los nuevos modelos de lenguaje serán más baratos de entrenar, cuando lo que está sucediendo es lo contrario. En tenor similar, ha salido a la luz que Nvidia “presta” montos a OpenAI solo para que ella le compre sus productos de hardware, en un movimiento especulativo circular. La operación condujo a un aumento de precios en cualquier dispositivo que necesite memorias RAM. 

 Barbarie 

La otra gran fuente de ingresos para el circuito, por ahora, han sido los negociados a partir de la guerra imperialista. El Estado de Israel ha sido la punta de lanza de esta barbarie civilizada; emplea IA tanto para la infraestructura administrativa del apartheid como para guiar sus ataques contra civiles y miembros de la resistencia palestina (Lavander, Where’s Daddy, etc.). Se ha acusado a Microsoft y a OpenAI de prestar sus servicios en avanzadas contra los pueblos de Gaza y del Líbano.
 Anthropic obtuvo la atención internacional cuando rechazó que Donald Trump utilice sus servidores para mejorar los drones de guerra y los sistemas de vigilancia contra las masas dentro de las fronteras (dos puntos íntimamente relacionados, en la medida en que el trumpismo necesita regimentar el frente interno primero si quiere ir a un choque bélico total por el dominio del mercado internacional). 
OpenAI avanzó como su reemplazo. 
 Distintos comentaristas señalan que la negativa de Antrhopic solo es una campaña de (falso) “marketing ético” para atraer inversores: la empresa ya había hecho contratos previos con la administración Trump. Claude se utiliza para guiar misiles contra Irán, y ha trascendido que podría haber sido usada en el secuestro de Nicolás Maduro. La crisis en OpenAI y la monetarización de la Inteligencia Artificial Microsoft, Google, Amazon y otros grandes capitalistas compiten por dominar el sector. - prensaobrera.com 

Perspectivas

El enorme progreso técnico que representan los LLM no ha acrecentado la riqueza material de las masas. Por el contrario, sus privaciones y sufrimientos no hacen sino aumentar. Esto es evidente en el uso de estas nuevas tecnologías en la vigilancia y el exterminio, pero también adopta formas más sutiles. La instalación de los faraónicos centros de datos requiere actualizar los circuitos de infraestructura eléctrica, que no dan abasto; el gasto por las renovaciones es trasladado a los vecinos mediante tarifazos. En Estados Unidos, las movilizaciones contra dichos tarifazos, o que nacen de preocupaciones por posibles daños ambientales, ya han comenzado. 
 OpenAI firmó una “carta de intención” con una empresa argentina (Sur Energy), en la cual se contempla la posibilidad, aunque solo sea una posibilidad, de instalar uno de estos centros en territorio nacional. De avanzar el proyecto, estarán dadas las condiciones para que las masas de nuestro país se sumen a un debate que es internacional.
 La lógica de mercado, en su etapa histórica de decadencia, ha llevado a una joven promesa a fase de extremaunción en tiempo récord. Para que sean beneficiosas para la humanidad, las nuevas tecnologías necesitan ser reorganizadas racionalmente: deben ser controladas y colocadas conscientemente al servicio de los intereses de la clase trabajadora.

 Iván Tsarévich

lunes, 6 de abril de 2026

Artemis II y las implicancias del regreso a la Luna


La misión Artemis II está cumpliendo un rol clave en el regreso de los humanos a la Luna. Recordemos que fue lanzada este miércoles 1 de abril desde el centro espacial Kennedy de la Nasa en Florida, llevando como tripulantes a Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch de la NASA, y el astronauta Jeremy Hansen de la CSA (Agencia Espacial Canadiense). No pisarán la Luna, pero se alejarán de la Tierra más de lo que nadie ha logrado jamás. 
 Una vez que cruce la atmósfera, la nave dará dos vueltas alrededor de la Tierra, y luego rodeará la Luna para finalmente regresar a la Tierra. La misión durará nueve días. 
 Se podría decir que es el gran ensayo general para lo que viene después: en siguientes misiones sí se pisará la Luna y el gran objetivo es establecer una presencia permanente allí. No sólo se trata de sacar ventaja en la carrera espacial, sino de explorar sus recursos y que sea el gran campo de pruebas para el siguiente destino: Marte. La misión que sí pisaría la Luna es Artemis IV. 

 Por qué se tardó tanto en regresar? 

Hay que tener en cuenta varias cuestiones. Cuando se llegó al satélite en 1969 fue por una ambición más política que técnica. Recordemos que el gobierno norteamericano no se había empecinado en llegar a la Luna para lograr un desarrollo desinteresado de la ciencia, sino que se había embarcado en la carrera espacial en el marco de la Guerra Fría contra la Unión Soviética. 
 “Si podemos llegar a la Luna antes que los rusos, entonces deberíamos”, el presidente de EE.UU. John F. Kennedy dijo esto el 21 de abril de 1961. Esta puja por la supremacía fue lo que acicateó a Washington e hizo que el 20 de julio de 1969 Neil Armstrong se convirtiera en el primer hombre en poner el pie en la Luna. Desde entonces y hasta diciembre de 1972 otros once astronautas estadounidenses caminaron sobre la superficie lunar. 
 El hecho de llegar primero a la Luna implicaba demostrar supremacía militar. Habiendo logrado ese objetivo, los gobiernos perdieron el interés y el presupuesto de la Nasa se desplomó. Desde entonces solamente se mandaron astronautas hasta la Estación Espacial Internacional.

 Por qué se reavivó el interés ahora 

Ahora vuelve a haber competencia con otros países, sobre todo con China, que ha dicho “que quiere llegar a la Luna antes de 2030”. El objetivo actual es poder establecer una presencia semipermanente en la Luna, y hasta vuelos regulares. 
 También está la puja por los recursos. “La Luna contiene los mismos elementos que tenemos aquí en la Tierra “, afirma la profesora Sara Russell, científica planetaria del Museo de la Historia Natural de Londres. 
 Un ejemplo son los elementos de tierras raras, que son muy escasos en la Tierra. También hay metales como el hierro y el titanio, y además hay helio. Pero el recurso que más atrae es el agua, lo que es vital si se quiere vivir en la Luna. De hecho, la Luna tiene agua atrapada en algunos de sus minerales. También en los polos y en algunos cráteres donde se acumula hielo. 
 Tanto Estados Unidos como China quieren acceder a las zonas con más recursos, lo que significa hacerse con los mejores terrenos lunares.
 ¿Significa que puedan ser propietarios de esos terrenos? No, en vista del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de las Naciones Unidas (1967), que dice: “ El espacio exterior, incluyendo la Luna y otros cuerpos celestes, no está sujeto a la apropiación nacional por reclamo de soberanía, a través de uso u ocupación, o por cualquier otro medio”. Sin embargo, no está tan claro si una empresa privada que extrae recursos de la Luna viola esta cláusula de no apropiación. 
 Si bien ha habido tratados posteriores la cuestión no está del todo clara. Por lo pronto, la Luna no se puede poseer, pero sí se pueden explotar sus recursos. Con lo cual tanto Estados Unidos como China van a competir por las regiones lunares más ricas en recursos. 
 También está la cuestión del riesgo que correrían los trabajadores ya que trabajar en condiciones de baja gravedad conlleva riesgos para la salud. Los mineros lunares son más propensos a sufrir pérdida ósea y muscular, osteoporosis, daños renales y cardiovasculares, y alteraciones en la inmunidad. 
 Entonces, el llegar a la Luna es una muestra de lo que puede lograr el ser humano. Únicamente en una sociedad socialista se logrará la unidad y cooperación necesarias para explorar la Luna y el Universo para beneficio de la humanidad. 

 Graciela Rodriguez