sábado, 21 de febrero de 2026

Millonarios del algoritmo


No se trata solo de regular pantallas, sino de discutir un modelo económico que convierte la vida cotidiana en mercancía 

 La semana pasada, en un tribunal de Los Ángeles, un dato atravesó el debate sobre el llamado «diseño adictivo» de las redes sociales. El director de Instagram, Adam Mosseri, reconoció bajo juramento que cobra alrededor de 900 000 dólares anuales, más bonificaciones ligadas al desempeño, y paquetes de acciones que algunos años han alcanzado «decenas de millones de dólares». La cifra surgió durante el juicio colectivo por daños a menores contra su empresa matriz, Meta Platforms. 
 El momento fue revelador porque puso sobre la mesa algo que suele quedar fuera del debate público. Las grandes plataformas digitales no son servicios neutrales, sino negocios privados cuya lógica central es maximizar tiempo de uso, datos y segmentación publicitaria. Cada minuto que una persona pasa deslizando el dedo se traduce, directa o indirectamente, en valor bursátil. Y ese valor acaba concentrándose en salarios ejecutivos, acciones y patrimonios personales. 
 Mosseri negó que Instagram sea «adictivo» en sentido clínico, y defendió una distinción entre adicción médica y uso problemático. También aseguró que proteger a los menores es «bueno para el negocio a largo plazo». Sin embargo, los documentos internos exhibidos por la acusación mostraron que la propia empresa conocía los efectos nocivos de ciertos filtros sobre la autoestima de jóvenes, y que eliminarlos podía restar competitividad en mercados claves. Es decir, el conflicto entre bienestar social y rentabilidad no es abstracto: aparece en correos corporativos y decisiones de producto. 
 Su testimonio sirve como antesala de la comparecencia del fundador y CEO de Meta, Mark Zuckerberg, cuyo patrimonio personal se cuenta en decenas de miles de millones de dólares. El modelo de plataformas ha producido una nueva élite económica basada en la captura de atención a escala planetaria. A diferencia de la industria clásica, aquí el «recurso» principal no es una materia prima física, sino el tiempo y la conducta de millones de usuarios.
 La concentración es aún más visible si se amplía el foco. Google, propietaria de YouTube, ha construido uno de los imperios publicitarios más grandes del mundo apoyándose en datos de navegación y consumo audiovisual. X (antes Twitter), ahora en manos de Elon Musk, ilustra cómo incluso plataformas deficitarias pueden convertirse en herramientas de poder político y mediático, además de activos financieros estratégicos. 
 Lo que está en juego en los tribunales estadounidenses es un precedente legal. Las demandas ya no se centran únicamente en contenidos publicados por terceros, sino en el diseño mismo del producto. Eso que motiva el scroll infinito, la reproducción automática, las notificaciones constantes, los sistemas de recomendación. Es un intento de señalar que el daño no proviene solo de lo que se ve, sino de cómo se induce a mirar sin parar. 
 Las plataformas privadas operan con un incentivo estructural: cuanto más tiempo pasamos dentro, más ganan. Lo que hacemos allí se traduce en fortunas personales que crecen mientras se externalizan los costos sociales, desde la ansiedad juvenil hasta la polarización política. El juicio de Los Ángeles abre una grieta en ese relato de éxito tecnológico. Obliga a preguntar quién se beneficia realmente del ecosistema digital y quién paga sus efectos. 
 Entender esta relación entre algoritmo y riqueza es un primer paso para un debate más amplio. No se trata solo de regular pantallas, sino de discutir un modelo económico que convierte la vida cotidiana en mercancía. Detrás de cada experiencia en las grandes plataformas globales hay accionistas, ejecutivos y patrimonios colosales, y del otro lado millones de personas cuya atención sostiene ese edificio financiero. 

 Emilia Reed, especial para Granma | internet@granma.cu 
 19 de febrero de 2026 22:02:28

viernes, 20 de febrero de 2026

Argentina: La contundencia del paro y algunas lecciones para Adorni


El paro nacional se hizo sentir fuerte en el transporte y la industria, los puertos y los bancos, escuelas y ministerios, en las calles vacías, y más aún en el golpe que acusó el gobierno. Aún con una CGT que sembró intrigas hasta último momento y se dedicó meses a negociar sus cajas en lugar de deliberar con los trabajadores, el acatamiento masivo muestra la presión desde abajo y que en los lugares de trabajo crece el rechazo a la reforma laboral. Cuando el cierre de Fate sintetiza la pulseada por llevarnos a una Argentina donde la clase obrera sea descartable, el paro vuelve a demostrar que son los trabajadores los que mueven la economía, y que sin sus músculos y sus nervios el capital no es nada. 
 La contundencia de la medida de fuerza fue destacada hasta en los medios de comunicación más embanderados con la reforma laboral, pero desde el gobierno trataron de mostrarse indemnes. Con Milei otra vez haciendo de lustrabotas de Trump en Washington, el que tuvo que salir a decir algo fue el jefe de gabinete, Manuel Adorni, quien como no pudo desestimar el impacto adujo que “el paro es perverso porque, si te cortan el medio de transporte, por más ganas que tengas de trabajar no podés hacerlo”. Lección 1: si todos los días la gente va a laburar es porque hay un conjunto de trabajadores que hace funcionar el transporte; sin esa fuerza de trabajo, nada sería como es. 
 Según sus estimaciones, “hoy probablemente tengamos una pérdida de $600 millones de dólares”. Es cierto que las cifras que tira Adorni no sirven mucho para tener en cuenta, pero más allá del número nos lleva a la lección 2: otra vez, la riqueza del país solo se produce si la clase obrera está dispuesta a poner su fuerza de trabajo; sin ese trabajo, las máquinas, rieles, puertos, barcos, energía y computadoras no podrían valorizar ni un centavo el capital invertido.
 También afirmó que van a demandar a los sindicatos del transporte por la medida de fuerza (un derecho consagrado que precisamente se busca liquidar con esta reforma laboral esclavista), y lo fundamentó diciendo que los gremios “nos contestaron que el paro no se hacía por un reclamo salarial sino por la oposición a la reforma. Están reconociendo que es un paro político”. Lógicamente, la ley que quieren sancionar afecta el salario, además de una larga lista de derechos laborales colectivos que los trabajadores están defendiendo con esta acción. Pero además los "paros políticos" del movimiento obrero modelaron la historia de este país, empezando por las huelgas del Centenario que antecedieron a los derechos políticos, el 17 de octubre, el Cordobazo, contra el Rodrigazo en el '75, o el Argentinazo de 2001. En menor medida, pero más fresco, las movilizaciones de aquel diciembre de 2017 enterraron la reforma laboral de Macri, a pesar de la sanción del robo jubilatorio. Lección 3: la huelga política de masas es la perspectiva que tenemos que desarrollar para aplastar la reforma esclavista y a este gobierno antiobrero. 
 El paro, que la CGT se resistió a convocar hasta que la indignación era generalizada y se rehusó a darle un carácter activo, vuelve a poner sobre la mesa quiénes hacemos funcionar al país todos los días. Con este intento de legalizar la superexplotación laboral buscan que el capital se apropie de una porción mayor del valor que producimos con nuestro tiempo y nuestro esfuerzo. Y eso no para un crecimiento económico, sino para seguir fugando capitales y hundiendo al país en la decadencia. Como quedó al descubierto con las críticas de Caputo a la centrales empresarias por la falta de entusiasmo y con el cierre de Fate, esto solo mejora las condiciones para que descarguen la crisis sobre los trabajadores. Los parásitos son los capitalistas. 
 La conclusión del paro nacional es que para derrotar al gobierno antiobrero de Milei y la destrucción masiva de puestos de trabajo necesitamos un plan de lucha hasta la huelga general. Es el camino que planteó una vez más el sindicalismo combativo frente al Congreso, y que el Sutna pone en práctica junto a los mil obreros del neumático que se plantan en Fate.

 Ivan Hirsch

jueves, 19 de febrero de 2026

La victoria de Takaichi impulsa el rearme de Japón


En Japón se celebraron elecciones generales anticipadas el 8 de febrero, convocadas por la primera ministra Sanae Takaichi, líder del Partido Liberal Democrático (LDP), quien había asumido hacía apenas unos meses. El resultado fue una victoria aplastante; obtuvo una supermayoría en la Cámara de Representantes, con 316 de los 465 escaños en disputa. Con el apoyo de su socio de coalición, el Partido de la Innovación de Japón (JIP), el bloque gobernante alcanza cerca de 350 escaños. Conocidos los resultados, los mercados financieros saludaron la victoria con subas importantes en la Bolsa de Tokio y el yen cerró la semana cerca de máximos en 15 meses. 
 Sanae Takaichi, una sucesora política del asesinado primer ministro Shinto Abe, se propone retomar su política: cortar a fondo el gasto social y reducir impuestos a los grandes capitales; impulsar un gran gasto en infraestructura (350.000 millones de dólares) y en Defensa. Los números solamente cierran aumentado la deuda pública de Japón, la más alta del planeta en cuanto a relación con el PBI. Muchos advierten que podría provocar un colapso de la Bolsa y de los fondos de pensiones, como el que sufrió Gran Bretaña hace dos años con una política similar. Lo sustancial, sin embargo, es que Takachi quiere preparar a Japón para una guerra contra China, conjuntamente con Trump. Lo ha advertido expresamente en referencia a una eventual ocupación de Taiwán por parte de China. Como ocurre con las potencias vencidas en la segunda guerra mundial, Takaichi se propone el rearme de Japón, algo aún prohibido por la Constitución impuesta por EE. UU. al finalizar aquella guerra. La política de gasto para revivir una economía largamente estancada y una reducción transitoria de los impuestos a los alimentos habrían sido factores que determinaron su amplia victoria electoral. Takaichi iniciará una guerra comercial con China; lo que ha logrado es un colapso del turismo proveniente de China. 
 Mientras Trump acentúa su guerra comercial y política contra los Estados europeos, fortalece la alianza con los asiáticos, Japón en primer lugar. La política mundial gira en torno a la guerra imperialista, cuyo destinatario estratégico es China. 

 Aldana González
 18/02/2026

miércoles, 18 de febrero de 2026

Trump redobla las amenazas sobre Haití


La catástrofe humanitaria crece con cada intervención internacional.

 Haití entró en una nueva crisis de poder cuando venció oficialmente el mandato del Consejo Presidencial de Transición. Este órgano colegiado había asumido el poder en 2024 con la misión de estabilizar el país, reorganizar el Estado y convocar elecciones tras años de crisis agravada por el asesinato del presidente del país, Jovenel Moïse, en 2021. 
 Antes de disolverse, el Consejo intentó destituir al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, pero Donald Trump lo “persuadió” con el arribo de tres buques de su armada que se encuentran desplegados en el Caribe. Fue una clara declaración de respaldo a Alix Didier Fils-Aimé y a su continuación en el poder. Así, el Consejo se disolvió sin haber logrado elecciones ni un acuerdo político para reemplazarse a sí mismo.
 El Poder Ejecutivo quedó concentrado de facto en el primer ministro, quien continúa ejerciendo funciones sin que exista presidente ni Parlamento activo; su capacidad real de control es muy limitada. 
Las pandillas dominan el 90 % de Puerto Príncipe y de otras grandes zonas, ya que en los últimos seis meses se han expandido con una velocidad inusitada hacia el centro y el norte del país. Alix Didier Fils-Aimé sigue ahí por la sola voluntad de Trump. Las pandillas se dividen los territorios y conviven organizadas bajo una coalición. La cara visible de esta asociación de pandillas es Jimmy Chérizier, conocido como Barbecue. Todas compran en forma unificada las armas que vienen desde Estados Unidos.
 La crisis humanitaria en Haití ha alcanzado niveles extremadamente graves, con implicaciones en seguridad alimentaria, desplazamientos, educación, salud y protección. 5,7 millones de personas —más de la mitad de la población— enfrentan altos niveles de inseguridad alimentaria aguda. La violencia armada y la inseguridad han causado desplazamientos internos masivos: aproximadamente 1,4 millones de personas han huido de sus hogares, lo que representa cerca del 12 % de la población total. Más de la mitad de estos desplazados son niños. En muchos casos viven en condiciones precarias en escuelas, edificios públicos o albergues improvisados, con acceso limitado a alimentos, agua potable y servicios sanitarios. La venta de los niños, por parte de familias que están en estado de inanición, es alarmante. La mitad de los miembros de las pandillas son menores de edad.
 Más de 1.600 escuelas cerraron durante el ciclo escolar 2024-2025, dejando sin acceso a la escuela a más de 240.000 estudiantes. Solo el 11 % de las instalaciones hospitalarias con capacidad de internación está funcionando plenamente y ha habido reaparición de brotes de cólera.
 La situación caótica de Haití es responsabilidad de la intervención internacional permanente bajo la batuta de Estados Unidos. 
 Junto con los gobiernos de Canadá y Francia, George W. Bush organizó en 2004 el golpe de Estado contra el primer presidente electo democráticamente en Haití, Jean-Bertrand Aristide. El Consejo de Seguridad de la ONU fue cómplice de la operación al hacerse cargo del país a través de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Fue la operación internacional más prolongada del siglo XXI en el país. Muchos países enviaron efectivos —que cometieron vejámenes y oprimieron a los haitianos— para relevar al ejército yanqui ocupado en otras invasiones. 
 En 2017, la Misión de las Naciones Unidas de Apoyo a la Justicia en Haití (MINUJUSTH) —formada solo por civiles y policías— reemplazó a MINUSTAH debido al desastre que habían hecho todos los efectivos militares. Después de eso, hubo diversas “misiones de seguridad”, todas con intervención extranjera, que fracasaron una tras otra. 
 El año pasado, las autoridades de Haití contrataron a una empresa paramilitar de Erik Prince —cofundador de Blackwater— para hacerse cargo de la seguridad del país. Prince está acusado de crímenes de guerra y su trayectoria ha demostrado que solo sabe atacar a población civil desarmada. El contrato con estos mercenarios se ha mantenido en secreto, sin publicarse ni el monto de la paga, ni el reglamento, ni la cantidad de efectivos, ni el prontuario de cada uno. Según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los operativos de la empresa privada mataron a más de 970 personas de marzo a diciembre del año pasado, incluidos 39 civiles, 16 de ellos niños. Luego de eso, Estados Unidos, con el apoyo de Panamá, impuso una resolución para autorizar una fuerza internacional mucho más grande, de 5.550 miembros, conocida como la “Fuerza de Supresión de Pandillas”, con derecho a detener y encarcelar a haitianos. 
 En todos los casos, lo que Estados Unidos busca es mantener una intervención en la cual los costos estén socializados entre varios países. La importancia de Haití no radica en la relevancia de sus recursos -como sería el caso de Venezuela-, sino en su ubicación en el Caribe, tan próxima a Estados Unidos, y en la necesidad de mantener un castigo histórico que, por carácter transitivo, el imperialismo yanqui le asesta a Haití en nombre del imperialismo francés. El castigo no solo por haber declarado la primera independencia de América, sino por haber realizado la primera revolución de esclavos del continente. El crimen de Aristide —que le valió el golpe en 2004— había sido reclamarle a Francia que devolviera la “indemnización” que Haití había sido obligada a pagar en 1825 por haber declarado su independencia, cuyo monto actualizado calculó en 20 000 millones de dólares. 
 El otro problema que representa Haití para la gestión Trump es la inmigración. 
 Estados Unidos requiere el control del país para frenar el flujo migratorio, al tiempo que busca repatriar a todos los exiliados haitianos que en Estados Unidos viven en carácter de refugiados. 
 Trump ha revocado el Estatus de Protección Temporal (TPS) para ciudadanos de Haití, pero esto fue revertido por un fallo judicial de una magistrada de origen latino. 
 Ana Reyes rechazó por segunda vez el recurso del Gobierno para forzar la eliminación de las protecciones migratorias de más de 300.000 haitianos y denunció montones de amenazas de muerte que le llegaron a través de las redes sociales. 

 Aldana González 
 16/02/2026

lunes, 16 de febrero de 2026

Milei va a la "Junta de Paz" de Trump a avalar el protectorado imperialista en Gaza


Alinean a Argentina con el genocidio al pueblo palestino y la ofensiva bélica yanqui. 

 Javier Milei participará en la reunión inaugural de la “Junta para la Paz” en Gaza, que tendrá lugar en Washington el 19 de febrero. Se trata del protectorado que Trump, de la mano de otros líderes internacionales, quiere imponer en la Franja con el objetivo no solo de propinarle una derrota histórica al pueblo palestino, sino también de convertirla en un polo turístico, quedarse con sus riquezas y tener una nueva región de influencia en el marco de su disputa por la hegemonía económica y política en Medio Oriente. 
 El encuentro fue convocado por Trump, que busca terminar de darle forma al régimen títere que pretende establecer en Gaza como parte del proyecto presuntamente pacificador. Allí anunciaría el plan de reconstrucción multimillonario del enclave, haciendo eje en la recaudación de fondos y en el despliegue de tropas. También participarán delegaciones de países como Marruecos, Turquía, Egipto, Arabia Saudita, Catar e Indonesia, que han adherido, al igual que Milei, a la iniciativa trumpista. En su momento, desde la Casa Rosada dejaron trascender su disposición a ofrecerle tropas a Trump. 
 Milei apoya fervorosamente la ofensiva genocida que el Estado de Israel está llevando adelante en Gaza desde octubre de 2023 y ha colocado a la Argentina como peón de los yanquis en el tablero de sus operaciones imperialistas por la disputa del mercado mundial. En este sentido, ha reforzado sus lazos militares con Estados Unidos, ofreciéndole la Patagonia para que instale una base militar, y selló un acuerdo comercial que implica la entrega de minerales críticos a las compañías norteamericanas para que puedan competir con China en un terreno donde el gigante asiático mantiene una primacía.
 Por su parte, Yakarta podría aportar unos 8.000 soldados a la fuerza multinacional que quiere desplegar Trump en el territorio costero. Marruecos, que viene de realizar maniobras militares conjuntas con Israel y ha alcanzado pactos en materia de defensa (por ejemplo, la construcción de una planta israelí de fabricación de drones cerca de Rabat), desplegaría otros tantos. Y El Cairo, que ha colaborado con Israel manteniendo cerrado el corredor de Rafah durante toda la ofensiva genocida, fungiría como “actor logístico” (Atalayar, 13/2). 
 El criminal Netanyahu viene de confirmar la adhesión del ente sionista a la “Junta para la Paz”, tras la reunión que mantuvo este miércoles en Washington con Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio. El eje del encuentro, sin embargo, fue Irán, país al que Estados Unidos amenazó con intervenir militarmente. Para presionar a Teherán, a la que exigen que desmantele su plan nuclear y su programa de misiles balísticos, los yanquis anunciaron el envío de un segundo portaaviones a las aguas de Medio Oriente.
 En el comité para la “paz” participan Trump, su yerno inmobiliario Jared Kushner, Rubio y el expremier británico Tony Blair –promotor de la invasión de Irak en 2003. La Junta se topó con la reticencia de la Unión Europea, aunque no por su carácter colonial y pro genocidio, sino porque el magnate republicano busca que se convierta en un organismo capaz de intervenir en otros conflictos en la región. Los europeos no quieren que la ONU, que también ha avalado guerras y masacres (guerra de Corea, guerra del Golfo, Afganistán, Libia, etc.), sea relegada a un segundo plano y Trump vea incrementado su poder. 
 Trump viene de anunciar que el cese al fuego que decretó para Gaza va por la segunda fase, que implica, entre otras cosas, la retirada del Ejército sionista. Pero sus tropas siguen apostadas en más de la mitad de Gaza y todavía resta ver si la resistencia palestina depondrá las armas o no. Mientras tanto, la ofensiva sionista contra el pueblo palestino continúa; como parte de esto, Israel avanzó en ataques contra Líbano anunciando el asesinato de un miembro de Hezbolá. 
 Los muertos en Gaza superan los 72 000 y los colonos fascistas israelíes acechan a las comunidades en la Cisjordania ocupada. En este contexto, por otro lado, un informe publicado por el medio catarí Al Jazeera señala que Israel usó armas térmicas y termobáricas, suministradas por Estados Unidos, para asesinar palestinos en Gaza. Se trata de armas prohibidas internacionalmente que pueden generar temperaturas de más de 3000 grados Celsius y son capaces de convertir humanos en cenizas en cuestión de segundos. Casi 3.000 palestinos habrían muerto en un ataque de rasgos explícitamente nazis. 
 Milei también encubre y niega el genocidio que la dictadura de Videla y compañía impulsaron contra la clase trabajadora argentina. Por eso es clave que preparemos una gran movilización para el 24 de marzo, a 50 años del golpe, contra la impunidad de ayer y de hoy, y en apoyo al pueblo palestino que se resiste a ser eliminado. Fuera el sionismo y el imperialismo de Gaza, Cisjordania y todo Medio Oriente. Abajo la junta colonial. Rechazamos la participación de Argentina en ella y reclamamos la ruptura de relaciones con Israel. 

 Nazareno Suozzi

domingo, 15 de febrero de 2026

James Petras (1937–2026): una voz de clase contra el imperio


James Petras falleció pacíficamente el 17 de enero de 2026 en Seattle, Washington, rodeado de su familia. Prolífico académico y activista, dedicó su vida a desafiar el poder, el imperialismo y la desigualdad. Su muerte irrumpe en un momento en que América Latina vuelve a estremecerse bajo el peso de reformas antiobreras, militarización interna y ofensivas abiertas del capital financiero. No es un dato menor: Petras dedicó su vida a demostrar que el imperialismo no es una metáfora ni una consigna, sino una estructura concreta de dominación que articula capital transnacional, Estados subordinados y élites locales asociadas. Nacido en Boston en 1937, formado en la Universidad de Boston y doctorado en Berkeley, profesor en Binghamton University, fue más que un académico prolífico; fue un intelectual militante que eligió intervenir en la lucha de clases latinoamericana con nombre y apellido.
 Su obra sobre el imperialismo en el siglo XXI, la recolonización financiera y el papel de las burguesías compradoras anticipó procesos que hoy se despliegan con brutalidad. Mientras el progresismo administraba la transición al neoliberalismo y la derecha perfeccionaba su aparato represivo, Petras insistía en que el modelo no era un error técnico sino el resultado de una derrota histórica de la clase trabajadora. Denunció que el neoliberalismo no avanzó solo por decretos del FMI o del Banco Mundial, sino también por la construcción de una red capilar de mediaciones “sociales” que desactivaron la confrontación directa. 
 En Chile esa advertencia tuvo un rostro preciso. Durante la transición pactada, las ONG proliferaron al calor del financiamiento extranjero y del discurso de la “sociedad civil” como sustituto del poder popular. Muchas de ellas, que en los años de dictadura cumplieron tareas humanitarias valiosas, fueron progresivamente reconvertidas en engranajes de una arquitectura política destinada a administrar la pobreza, fragmentar la organización obrera y reemplazar la lucha de clases por proyectos, talleres y microemprendimientos. La desmovilización social que acompañó la consolidación del modelo neoliberal no puede comprenderse sin ese dispositivo que, bajo lenguaje progresista, operó como correa de transmisión del plan imperialista: contener, canalizar y neutralizar el conflicto para garantizar la estabilidad del mercado y el pago disciplinado de la deuda.
 Petras fue implacable en esa crítica. Señaló cómo la financiación condiciona agenda, método y horizonte político; cómo el énfasis en la autoayuda desplaza la responsabilidad estatal; cómo la cooperación internacional se convierte en subordinación estructural. Su denuncia no fue una diatriba moral sino un análisis material: cuando el movimiento obrero es reemplazado por gestores de proyectos, cuando la solidaridad de clase es sustituida por la competencia por fondos, el capital gana sin necesidad de tanques. La experiencia chilena de los noventa y dos mil confirmó esa tesis con creces. 
 Al mismo tiempo, su defensa del análisis de clase frente al culturalismo fragmentario mantiene plena vigencia. La precarización masiva, la informalidad y el desarraigo no disolvieron la explotación; la reconfiguraron. La tecnología no abolió la clase trabajadora; la sometió a nuevas formas de control y autoexplotación. El antiimperialismo no se volvió obsoleto con el fin de la Guerra Fría; se profundizó con la financiarización global y el extractivismo intensificado. En ese sentido, la figura de Petras reaparece hoy cuando se anuncia una nueva vuelta de tuerca autoritaria en Chile bajo la figura de José Antonio Kast, expresión descarnada de un proyecto que combina liberalización económica, disciplinamiento social y alineamiento geopolítico sin matices. 
 Pero honrar a Petras no significa canonizarlo. Su obra debe leerse críticamente, discutirse, tensionarse allí donde simplificó o donde su polémica fue más amplia que rigurosa. Justamente porque fue un intelectual de combate, su legado exige el mismo tratamiento que él reclamaba para el marxismo: análisis concreto de la situación concreta, sin dogmas ni concesiones. Leer a Petras hoy implica volver sobre sus textos sobre imperialismo, ONG y clase, confrontarlos con la experiencia acumulada y utilizarlos como herramientas para reorganizar una oposición de clase frente a la ofensiva que se despliega. 
 En un momento en que la derecha radicalizada pretende convertir la regresión social en programa de gobierno y en que amplios sectores del régimen se disponen a colaborar en nombre de la gobernabilidad, la mejor despedida para James Petras no es el homenaje ritual, sino la acción consciente. Leerlo, criticarlo, actualizarlo y superarlo allí donde sea necesario es parte de la tarea de recomponer una estrategia antiimperialista y obrera capaz de enfrentar el proyecto que hoy personifica Kast. Porque si algo sostuvo Petras hasta el final fue que sin organización independiente de los explotados no hay soberanía, no hay democracia real y no hay futuro para los pueblos. 

Fernando López MacKenzie

sábado, 14 de febrero de 2026

El Caso Epstein | Juliana Cabrera en 14 Toneladas


Bad Bunny en el Super Bowl: un potente espejo de la rebelión que cruza a los Estados Unidos


La reciente actuación del cantante de origen puertorriqueño Benito Martínez Ocasio, conocido popularmente como “Bad Bunny”, ha generado un revuelo internacional. De origen obrero, Martínez Ocasio trabajaba a tiempo completo empaquetando comida en un supermercado, hasta que logró su inserción al gran circuito musical. Los ambientes que transita el cantante durante los casi 14 minutos de espectáculo muestran las zonas de cultivo de azúcar en el norte de Puerto Rico; los comercios callejeros de las zonas urbanas de la isla y la ya famosa “Casita” que imita a un típico hogar de trabajadores. Es muy conocida por ser una parte esencial de las escenografías de sus conciertos. 
 Las canciones del autor fueron acompañadas por una amplia gama de otras estrellas destacadas en Estados Unidos y del mundo, de origen latino. Desde dos púgiles, Xander Zayas, puertorriqueño de 23 años, campeón unificado del peso superwelter y considerado la mayor figura actual del boxeo en la isla, y el pugilista mexicano estadounidense Emiliano Vargas, hasta destacados cantantes y estrellas de Hollywood como el actor chileno Pedro Pascal, la actriz Jessica Alba, la cantante colombiana Karol G, la rapera estadounidense Cardi B, la rapera puertorriqueña Young Miko y la personalidad televisiva estadounidense Alix Earle. 
 Otras apariciones de alto nivel incluyeron a Lady Gaga, de amistad muy reconocida con el cantante, que interpretó la canción “Die with a smile”, para luego compartir un baile sobre el escenario con Bad Bunny. Otro destacado cantante puertorriqueño, Ricky Martin, interpretó partes de la canción “Lo que le pasó a Hawái”, que denuncia el proceso de gentrificación de la isla, así como el desplazamiento del poder de la población nativa de origen polinesio hacia fines del siglo XIX, cuando fue anexada por los Estados Unidos. Hawái ocupa un lugar especial en la historia estadounidense puesto que en 1993 el Congreso norteamericano dictaminó a la anexión de la isla como ilegal y “reconoció que antes de ser incorporado a Estados Unidos, "el pueblo nativo hawaiano vivía en un sistema social altamente organizado y autosuficiente basado en la tenencia comunal de la tierra" (BBC, 15/03/2025). 
 En otros pasajes del show, Benito Martínez Ocasio repasó varios sitios típicos de la comunidad puertorriqueña en Nueva York a la cual ha dedicado la canción “Nuevayol”. Una de las escenas más vibrantes estuvo marcada por el gesto de Bunny de entregar su Grammy, ganado hace una semana, a un pequeño niño de cinco años, acompañado por sus padres migrantes. El público, que se deshizo en aplausos y ovaciones en el estadio, inicialmente creyó que sobre el escenario estaba el pequeño Liam Ramos, detenido por el ICE (agentes migratorios) en Minnesota junto a su familia. Más tarde, la prensa confirmó que se trataba de un pequeño actor con madre argentina-estadounidense y padre inmigrante egipcio. El gesto se ha interpretado como una continuidad del mensaje en la gala de premiación en los propios Grammy, cuando el cantante denunció el accionar del ICE y del presidente Donald Trump.
 Para el cierre del show incluyó una de las canciones de su último disco “Debí tirar más fotos” -que reivindica de principio a fin la independencia de Puerto Rico, así como sus raíces proletarias. “El apagón”, por ejemplo, denuncia el corte de suministro eléctrico que sufrió la isla tras el huracán María, golpeando fuertemente a la población trabajadora en 2017. Los bailarines escenificaron la situación bailando sobre postes chispeantes y Bunny levantando una bandera del movimiento independentista de Puerto Rico. El cierre culminante fue una manifestación de los artistas, bordeando el estadio, portando banderas de los diferentes países del continente, con Bad Bunny nombrando a todas las naciones sin excepción y un “touchdown” que reivindicaba la unidad continental. 

 Resonancia

 Mundialmente, pero con mayor fuerza aún en Estados Unidos, la actuación de Bunny ha sido considerada como una “bofetada” a Donald Trump y su política fascista contra los migrantes. El propio magnate reaccionó en vivo contra el espectáculo, señalando que era una ofensa a la cultura norteamericana. Señaló que el show en español era una ofensa al pueblo estadounidense “que no entiende ni una palabra”. Incluso, llegó a definir a los bailes sobre el escenario como una “acción indecente” para las familias y niños que miraban el show. En su ataque a Bunny, Trump no dejó de filtrar su defensa de la “pureza racial y cultural” yanqui, con la que alimenta su persecución a los trabajadores migrantes. 
 Antes de que tuviera lugar, el presidente ya se había manifestado en oposición rotunda al show de Bunny. Sus seguidores del “MAGA” organizaron un “contra medio tiempo” (All American Halftime Show) a miles de kilómetros de California. Allí se observaron bandas folk y seguidores del movimiento iniciado por el asesinado Charlie Kirk, Turning Point USA, que se transmitió de manera paralela al show oficial de la NFL (la organizadora del Super Bowl). El mismo no reunió la cantidad de espectadores presenciales que había prometido y sus visualizaciones fueron 100 veces inferiores al de Bad Bunny. 
 El arte y los artistas suelen ser un reflejo de los procesos políticos latentes en las masas o del desarrollo de los mismos. Sin decirlo, la presentación de Bad Bunny ha sido una celebración de las movilizaciones, huelgas y rebeliones que tienen lugar en Estados Unidos contra Trump y sus persecuciones fascistas. Bunny fue acompañado por un número elevado de cantantes y bailarines de origen latino, que se jugaron por esa misma perspectiva.

 Patio trasero 

El combativo show del latino Bunny contrasta con la genuflexión de los imperialistas o nacionales y populares que, a escala mundial, se acomodan a las exigencias de Trump. El show del superbowl trasmitió la temperatura política interior de los Estados Unidos. En el terreno electoral, el Partido Republicano ha mordido el polvo en más de 14 elecciones locales de vital importancia, incluida la aplastante victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. Trump se ha embarcado en el desarrollo de métodos de guerra civil contra su propia población. Estados Unidos es un epicentro de la crisis mundial en desarrollo. 

 Joaquín Antúnez 
 10/02/2026