jueves, 1 de octubre de 2020

La economía de Estados Unidos, a un mes de las elecciones


Las ilusiones de Trump y la realidad norteamericana. 

 La desocupación bajó 8,4% en agosto en Estados Unidos. Recordemos que la tasa de desempleo trepó hasta el 14,7% en abril, en el cual el PBI registró una histórica contracción de 31,7% sobre igual mes de 2019.
 Trump se apresuró a celebrar la baja del desempleo y augurar una pronta recuperación de la economía norteamericana. Pero esto es más una expresión deseos que una realidad. La tasa de desempleo comenzó a caer, pero todavía está lejos de los niveles prepandemia, cuando el desempleo tocó un 3,5% en febrero. En la actualidad está más que el doble de seis meses atrás. 
 Pero, además, la estadística es engañosa porque no contempla los indocumentados y el trabajo informal, y parte del personal que está suspendido no figura en los registros, cuando es sabido que en muchos casos es la antesala de despidos. Pero lo más importante es que este envión empieza a detenerse. Ya estamos asistiendo a una pronunciada desaceleración de la creación de empleo. El efecto rebote duró muy poco y esto da cuenta de la envergadura del colapso.
 Estamos lejos de asistir a una crisis pasajera. Estados Unidos es el epicentro de una depresión severa, sólo comparable con la crisis del ’29. La gigantesca ayuda de la FED (Reserva Federal) no ha evitado un escenario de quiebras en las más variadas esferas de actividad. Quienes se han amparado en el llamado capítulo 11 de la legislación norteamericana declarando la bancarrota, han cerrado sus puertas o reducido su actividad o procedido a recortes, provocando decenas de miles de despidos.

 La sangría no se detiene 

El número de trabajadores que se inscriben por primera vez al subsidio por desempleo se estabilizó en 884.000 y mostró que seis meses después del inicio de la pandemia siguen los despidos en Estados Unidos. 
 «Los datos de las solicitudes son decepcionantes. Los niveles siguen en un nivel extraordinariamente alto», indicó Rubeola Marroquí, economista jefa de Higa Frequency Economics. «Es especialmente preocupante que el ritmo de los despidos no se haya desacelerado más pese a que la economía ha abierto y más empresas han retornado a los negocios de forma online» (Swiss on line, 10/9). Tenemos casi 30 semanas consecutivas en las que más trabajadores han solicitado beneficios de desempleo en cada semana individual que en cualquier punto de la crisis de 2008. 
 Por eso, la FED se ha visto obligada a anunciar que va seguir manteniendo la ayuda en el próximo período, saliendo al cruce de la amenaza de un derrumbe mayor. Importa señalar que la Reserva Federal no sólo va a seguir conservando una tasa de interés cercana a cero sino que continúa con su programa de expansión cuantitativa, comprando títulos y activos mensualmente a razón de 120.000 millones de dólares mensuales. Esto pone de relieve el tembladeral en que se encuentra la economía norteamericana, que cada vez es más dependiente del rescate estatal. Cualquier amague de que se pueda discontinuar con el auxilio de la FED ha sido suficiente para que se produjera un desplome de la Bolsa. Las corporaciones norteamericanas están altamente endeudadas y su continuidad y sobrevivencia se encuentra prendida con alfileres: un aumento de la tasa de interés podría provocar un daño irreversible y acelerar su quiebra. 
 Una señal inequívoca del rumbo de la economía norteamericana es que la mayoría de los créditos no va a parar al circuito productivo sino que es destinado a refinanciar deudas en el caso de las más afectadas económicamente y, en el caso de las más florecientes, a la recompra de sus acciones, a distribución de dividendos o a la especulación financiera. Eso mantiene una valorización accionaria ficticia de las empresas que no se compadece con el magro desempeño en la economía real. La huelga de inversiones productivas que ya venía desarrollándose con fuerza con anterioridad a la pandemia tiene que ver con una declinación pronunciada de la tasa de beneficio que ha ido de la mano con una deflación de los precios y tendencias recesivas. Los balances de las empresas tienen una rentabilidad en caída o pérdidas que en muchos casos son disimuladas con rentas obtenidas en transacciones financieras. Lo cierto es que Wall Street está plagada de empresas zombis. 

 Trabajo precario

 En resumen, a seis meses del comienzo de la pandemia, en agosto, el país tiene 11,5 millones de empleos menos que en febrero y una crisis sanitaria que ha provocado más fallecidos que ningún otro país del mundo -sigue sin controlarse. La reapertura parcial de la actividad económica en muchos estados ayudó a esa recuperación del empleo, pero la pandemia sigue sin controlarse en varias zonas del país y el daño provocado por esta crisis también va a provocar secuelas permanentes con empresas que se fueron a la quiebra o que necesitan reestructurarse y planean miles de despidos.
 Hay coincidencia entre los analistas que parte del empleo es de baja calidad, ya que muchos puestos son precarios y si bien la cantidad de personas que trabajan a tiempo parcial es menor a la de julio, igualmente son 3,3 millones más que en febrero. 
 Esto de cuenta de la precariedad de la recuperación, pues lo que impera son jornadas reducidas de trabajo. A lo que hay que agregar que los sectores que vuelven a trabajar, lo tienen que hacer con sueldos más bajos y bajo condiciones de trabajo más desventajosas. Esto panorama alimenta un clima de tensión social que crece. Con más razón cuando cesó a fines de julio el complemento para cubrir 600 dólares semanales que venían cobrando aquellos que estaban parados, y el Congreso sigue sin ponerse de acuerdo en una extensión de la asistencia. Es necesario no perder de vista las dimensiones de la crisis ya que, luego de la recuperación del empleo mencionada, sigue habiendo 29,6 millones de personas que reciben una ayuda por desempleo o algún tipo de subvención relacionada a la falta de trabajo.
 A un mes de unas elecciones presidenciales muy reñidas, las relaciones entre los republicanos que controlan el Senado y los demócratas que lideran la Cámara de Representantes están en un punto muerto, lo que deja en el suspenso a los desempleados. El proyecto republicano de crear un plan por cerca de 500.000 millones de dólares estaba destinado al fracaso, ya que los demócratas piden un programa de 3 billones más de estímulo. Pero agreguemos que, en ambos casos, la tajada del león de estos paquetes van dirigidos al rescate del capital y no a los trabajadores.
 Las cifras sobre desempleo son miradas con lupa cuando faltan dos meses para las elecciones presidenciales en las que Donald Trump busca la reelección y está rezagado en las encuestas frente a su rival demócrata, Joe Biden. La evolución de este indicador marca la pauta política y le quita a Trump uno de sus estandartes mayores de campaña, que consistía en haber reducido los niveles de desempleo a su tasa más baja en medio siglo. La ironía es que su mandato culmina con uno de los índices más elevados de la historia. 

 Crisis política 

Esto actúa de fermento de la rebelión popular, que es inseparable de este gigantesco colapso económico y social que viene haciendo estragos en los hogares de trabajadores y que pega más fuerte en la población negra y en otras minorías. Una crisis de esta magnitud ha estremecido los cimientos de la vida política norteamericana y condiciona a ambos candidatos. En ese marco, las elecciones, lejos de ser un factor de encauzamiento de la crisis, son un capítulo de la misma, con más razón si los comicios terminan con un resultado incierto y controvertido y atravesado por denuncias de fraude y manipulaciones de los guarismos (Trump ha denunciado la preparación de un golpe, dejando abiertas las puertas a un desconocimiento del resultado electoral). En caso de incertidumbre, deberá arbitrar la Corte y eso explica el apuro de Trump por colocar a un miembro afín de su palo, de filiación conservadora en reemplazo de la fallecida jueza, de corte más liberal. Pero cualquiera sea el ganador, va a estar condicionado por este escenario y el próximo mandato va a tener que transitar por aguas turbulentas y va a ser puesto a prueba prácticamente de entrada en una crisis que deja poco espacio para que haya una luna de miel. 

 Pablo Heller

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