miércoles, 25 de diciembre de 2019

Francia: la lucha por las jubilaciones y contra Macron




Sin tregua, la huelga continua

El 5 de diciembre se abrió una nueva etapa en el movimiento obrero francés con la huelga lanzada por los obreros del transporte y la movilización nacional. El gobierno apostó a que la huelga perdiera fuerza con motivo de la navidad. Las direcciones sindicales nacionales se adaptaron a estas circunstancias fijando recién una nueva jornada de movilización para el 9 de enero. Todo el esfuerzo por sostener la huelga recae entonces en los obreros ferroviarios y del subte- los docentes están de vacaciones- y en los miles de militantes y activistas que se organizan e intervienen para reforzar y ampliar este movimiento. Gracias a esta energía de clase, el gobierno no ganó la partida, pero tampoco se pudo generalizar la huelga de masas para sellar la suerte del proyecto de jubilaciones y del gobierno de Macrón.

Una negociación tramposa

La movilización del día 17 fue similar a las del 5 de diciembre: con menos gente en las calles de París y más gente en el resto de las provincias; manifestantes más decididos; y una fuerte participación docente. En el comunicado de las centrales obreras tras la jornada, saludaron “la enorme movilización (…) sin tregua hasta fin del año 2019”, mientras anuncian una nueva jornada recién para el 9 de enero: los obreros y sindicatos en huelga tendrían que esperar tres semanas para que la fuerza de las masas vuelva a ganar la calle.
Este comunicado mantiene expectativas en una negociación con el gobierno haciendo eje en el “equilibrio presupuestario impuesto”. Lo notable es que el sistema de jubilaciones por puntos supone ese equilibrio presupuestario a través del manejo del valor del punto por el gobierno- como está indicado en el proyecto-. Es todo el proyecto y no el “equilibrio presupuestario” el que impide toda negociación. La declaración de la CGT y de Fuerza Obrera (FO) fue un giño a la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), que acepta la jubilación por puntos pero le pide al gobierno que retire toda disposición que extienda los años de trabajo en nombre del financiamiento equilibrado. La CFDT se había unido a la manifestación del 17 pero sin aportar nada a la convocatoria.
Estas idas y venidas resultan de una respuesta empírica a las maniobras del gobierno. El jueves 19 el Primer Ministro reunió a las confederaciones sindicales y a las patronales para anunciar que mantenía el proyecto, con su cláusula de alargamiento inicial de la edad jubilatoria de 62 a 64 años, y sólo admitía negociar algunas cuestiones menores. Solidaires- alineado más a la izquierda- y los docentes no fueron convocados: a diferencia de la CGT y FO no tuvieron que justificar una reunión inútil, que sólo respondía a una maniobra. La CFDT se desilusionó y anunció acciones a partir del 6 de enero, siempre al margen del bloque CGT-FO-Solidaires. UNSA- con presencia importante entre ferroviarios y subterraneo- fue la única central que modificó su posición y anunció que se retiraba de la huelga. Por unas horas se pudo pensar que el gobierno estaba ganando la partida, una subestimación a la fuerza del movimiento obrero.

La energía proletaria

Más de 100 asambleas ferroviarias decidieron continuar la huelga, con la participación de unos 5.000 trabajadores del sector. La CFDT ferroviarios, de poco peso, resolvió continuar la huelga, a pesar de la orientación de su central. Más significativo aún, UNSA del subte parisino publicó un comunicado afirmando “Recordamos que este movimiento de huelga pertenece a los asalariados y a las Asambleas Generales. Si las confederaciones han decidido capitular ante este gobierno y partir de vacaciones hasta el 9 de enero, UNSA-RATP (transporte del área metropolitana de París), por su parte, confirma su determinación y llama a la movilización sin tregua. Todos estamos implicados! Todos estamos movilizados!”
En los ferrocarriles la cantidad de huelguistas disminuyó, bien que no significativamente. La cantidad de trenes que circula es reducida. En el subte la huelga continúa con fuerza. Dos refinerías de petróleo adhirieron y podría extenderse a otros sectores. Más de la mitad de la población apoya la huelga, a pesar de los ataques mediáticos y los noticieros contra los huelguistas. Macrón no ha logrado ganar a la pequeña burguesía y a los jubilados a la hostilidad antiobrera. La tregua de navidad no estaría surtiendo efectos.
En este escenario, las confederaciones no proponen ningún plan de lucha hasta el 9 de enero y simplemente se dedican a exhortar genéricamente a la pelea. Todo indica que la huelga se mantendrá en los transportes, con el esfuerzo de los huelguistas y las Asambleas Generales, las acciones locales, la solidaridad de la población a través de los fondos de huelga, las coordinaciones con los docentes y los jóvenes. Las federaciones ferroviarias en huelga organizan una movilización para el sábado 28: es la fecha que debe tomarse de referencia para que nuevamente miles de obreros, docentes, jóvenes y chalecos amarillos, ganen las calles, con la agitación política de la huelga general contra Macrón y su política de ajuste.
La intervención independiente de los militantes clasistas tiene todavía un carácter minoritario y no está centralizada. En los gremios de transporte, el método de la Asamblea General se ha vuelto cotidiano, aunque en ciertos casos es utilizada por los dirigentes locales de la CGT solamente con carácter informativo.
En localidades y ciudades de las provincias, y en las afueras de París, se han constituido coordinadoras intersindicales que pueden ser el centro de una actividad sistemática, como es el caso de Rouen- ubicada al norte de Francia-. Hay un esfuerzo militante por constituir coordinadores interprofesionales, las cuales de hecho agrupan ahora a los ferroviarios, el subte y los docentes. Estos embriones de coordinadoras logran lanzar actividades callejeras de difusión, como el lunes pasado en la Gare de Lyon en París, y de piquetes de huelga en los depósitos de ómnibus. Se va gestando una política independiente de las burocracias.
El movimiento obrero francés está disputando esta pelea tan importante después de un período de derrotas y de retroceso de las prácticas y los agrupamientos de activistas en los lugares de trabajo. La crisis obliga a un aprendizaje rápido, que sigue siendo difícil. En un período de huelgas, movilizaciones, agitación callejera, enfrentamientos físicos contra la represión brutal, las decisiones inmediatas tienen toda su importancia. Hay que reflexionar, intercambiar, discutir, con rapidez, diariamente. Después del año de los chalecos amarillos, de la huelga ferroviaria derrotada en 2018 y de estas semanas de huelga contra el gobierno, los agrupamientos militantes anticapitalistas enfrentan un enorme desafío. Hay que terminar el año con un buen balance y una buena perspectiva.

Roberto Gramar

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