domingo, 14 de junio de 2020

La institucionalización del racismo en el sur brasileño




El crimen de George Floyd en Estados Unidos, además de desatar una rebelión popular en ese país, ha dado lugar también a movilizaciones antirracistas en todo el mundo.

En el caso de Brasil, el reclamo de justicia por Floyd estuvo presente en las manifestaciones antifascistas y antirracistas que repudiaron al gobierno de Bolsonaro.
En Brasil, la población negra es la que más padece la represión estatal y la pobreza. Casi ocho de cada diez víctimas a manos de la policía son negros, pese a ser apenas la mitad de la población (BBC Mundo, 9/6).
En cuanto a los indicadores laborales, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) difundió un informe en noviembre de 2019 que muestra que la informalidad laboral afecta a casi el 50% de la población negra que trabaja, contra un 34,6% en el caso de los blancos. A su vez, la población negra constituye el 64% de los desempleados, pese a ser el 55% de la población activa. Y es la más dependiente del Sistema Unico de Salud estatal. Los niveles de pobreza en la población negra, en tanto, se duplican (Agencia Brasil, 13/11/19).
El racismo en Brasil tiene raíces profundas. Para poder entender la realidad del sur del país en cuanto al racismo, tenemos que sumergirnos en su pasado y saber que fue uno de los principales lugares en los que desembarcaron inmigrantes portugueses con sus esclavos. En el imaginario colectivo, el Estado del sur fue constituido por inmigrantes alemanes, italianos y portugueses, soslayando el peso decisivo de la población negra. La historia que se aprende en los colegios de que el desarrollo del sur fue conseguido por los inmigrantes, omitiendo el rol de la población esclava, es sepultar las raíces de la región y esconder una historia de opresión.
En Brasil, el racismo se encuentra completamente institucionalizado.

Matías Grandia
Desde Rio Grande do Sul

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