miércoles, 18 de septiembre de 2019

Medio Oriente tras los ataques a las refinerías sauditas




El ataque contra dos instalaciones de la petrolera saudita Aramco, que se atribuyeron las milicias huthíes que operan en la vecina Yemen, ha empujado al alza nuevamente las tensiones en Medio Oriente y disparó un 15% el precio internacional del crudo. Tanto Estados Unidos como Arabia Saudita responsabilizan a Irán, que niega las acusaciones y reivindicó los ataques como una acción de autodefensa de los milicianos –que sufren el bombardeo cotidiano por parte de la coalición patrocinada por la monarquía.
El nuevo cruce echa paños fríos a la posibilidad de un encuentro entre Trump y Hassan Rohani (presidente iraní) para retomar conversaciones, tras la salida unilateral por parte de los yanquis de los acuerdos de Viena y la reintroducción de sanciones económicas contra la nación persa. El último episodio de la escalada del conflicto habían sido los secuestros de buques en el Golfo Pérsico y la abortada agresión militar de Trump. Tras ella, la salida del asesor de seguridad yanqui John Bolton, el más acérrimo impulsor de una acción contra Venezuela e Irán, mostró las dificultades que encuentra el imperialismo a la hora de avanzar en esa línea guerrerista (sigue enredado en Afganistán dieciocho años después de la invasión), y despertó las especulaciones sobre un giro táctico de Trump a una mesa de conversaciones con el régimen de los ayatollahs. A tal punto se discutía en los medios esta variante que el premier israelí Benjamin Netanyahu (enemigo del acuerdo nuclear con Irán) declaró públicamente que “este no es un buen momento para dialogar”, alarmado por las posibles repercusiones del tema en las elecciones israelíes del 17 de septiembre.

El certero ataque de las milicias huthíes se inscribe en este escenario.

Por de pronto, se trata de un fuerte golpe contra el régimen saudita, que afectará durante semanas su producción de petróleo, con el consiguiente impacto en un mercado mundial golpeado ya por las sanciones contra Irán y Venezuela. Para contrarrestar esta situación, Arabia echaría mano de sus reservas y EE.UU. expresó su disposición a hacer lo mismo con el propósito de controlar el precio (en sentido contrario a las tensiones en el Golfo, las tendencias recesivas empujan hacia abajo el precio del barril). A la vez, el ataque llevaría a una nueva postergación de la salida a la bolsa de Aramco, la petrolera del reino, que había anunciado dicha operación un par de días antes.
Lo que el golpe contra las instalaciones sauditas viene a poner de relieve también las dificultades de la operación militar emprendida por la coalición liderada por Arabia y los Emiratos Arabes Unidos en Yemen, respaldada por los yanquis, pero también por el Reino Unido y Francia. El príncipe saudita se embarcó en esta acción en 2015 pensando que sería un paseo y le permitiría reforzar su flamante gobierno, pero los huthíes dominan aún buena parte del país (incluyendo la vieja capital, Sana, y el estratégico puerto de Hodeida, sobre el Mar Rojo) y la propia coalición agresora se dividió. Si bien tanto Arabia como los Emiratos combaten a los huthíes (a los que acusa de estar financiados por Irán), los primeros apoyan el restablecimiento en el poder del depuesto Abdo Hadi (cuyo antecesor en el cargo cayó como resultado de la Primavera Arabe yemení) y los segundos respaldan a una milicia separatista rival que lleva el nombre de Consejo Transicional Sureño, la que durante algunos días de agosto le arrebató militarmente a las fuerzas de Hadi la capital, Aden. Hay, además, denuncias de que parte del arsenal militar que los yanquis entregaron a la coalición terminó en manos de Al Qaeda. El país se encuentra desmembrado.
Como resultado de un potencial conflicto con Irán en el Golfo Pérsico, del costo de mantenimiento de la operación y del propio empantanamiento militar, pero también en parte como resultado del rechazo popular a los invasores (según El País del 11/7), Arabia y los Emiratos han debido retirar y relocalizar parte de sus tropas.
El empantanamiento del gobierno saudita y el imperialismo en Yemen es un dolor de cabeza tanto para el príncipe gobernante como para Trump. En el caso del primero, sin haber superado aún el impacto causado por las purgas y el crimen del periodista Jamal Khashoggi. En el caso del segundo, cuando busca desesperadamente un logro en política de exterior que lo posicione en la batalla por la reelección.
De conjunto, este bloque –en el que se inscribe también Netanyahu- se encuentra en retroceso, toda vez que el trípode Turquía-Irán-Rusia domina las negociaciones en Siria y Bachar Al Assad ha logrado un nuevo avance frente a los grupos rebeldes. Pero el pandemónium sirio, que merece un análisis específico, sigue abierto. La ofensiva de Al Assad ha desplazado hacia la frontera turca a medio millón de personas, en momentos en que Erdogan quiere expulsar a un millón de sirios de su territorio y reasentarlos en el norte de ese país. De por medio está también el destino de la población kurda. Seguimos en presencia, en resumen, de un escenario explosivo.
Las guerras en Siria y Yemen han causado centenares de miles de muertos, millones de desplazados y han sumido en el hambre a sus poblaciones (8 millones sobre una población de 30 están al borde de la hambruna en el caso de este último país).
Es el horror de la guerra imperialista que amenaza con recrudecer bajo la forma, ahora, de un conflicto regional.
Los trabajadores de todo el mundo deben ponerse en pie contra estas masacres. Fuera el imperialismo. Por la unidad socialista de Medio Oriente.

Gustavo Montenegro

martes, 17 de septiembre de 2019

lunes, 16 de septiembre de 2019

Posible visita de Trump a Brasil: Avanza la alianza imperialista entre ambos países




Las reuniones entre el Ministro de Relaciones Exteriores Brasileño y el Secretario de Estado Estadounidense, han marcado los ejes de los acuerdos de colaboración que Brasil y Estados Unidos intentan llevar adelante, con un futura visita de Trump a tierras sudamericanas, en un contexto global de incertidumbre por la Guerra Comercial entre EE.UU. y China.

En el marco de las reuniones diplomáticas entre el ministro de RR.EE. de Brasil, Ernesto Araujo, y su par estadounidense, el Secretario de Estado Mike Pompeo, es que el gobierno brasileño anunció la “pronta visita” a su país del controvertido presidente de los EE.UU, Donald Trump. Araujo recalcó la invitación que el Jair Bolsonaro ha hecho a Trump para corresponder a la vista que realizó el Presidente brasileño a los Estados Unidos en Marzo de este año, y ha pesar de no tener fecha definida, esperan pronta respuesta, más considerando que ambos mandatarios coincidirán en Nueva York a fines de septiembre durante la Asamblea General de la ONU.
El fortalecimiento de la relación entre ambos países no es algo nuevo, en los marcos de la Guerra Comercial entre EE.UU. y China, Brasil se ha convertido en el fuerte aliado del patio trasero yanqui, tanto por las políticas similares en términos de enfrentar la crisis de Venezuela (evidenciado con la intentona golpista de Guaidó) como en los acuerdos de colaboración que permiten el uso de bases en el norte brasileño para los militares de EE.UU. y como los acuerdos económicos que ambos países se encuentran discutiendo.
Sobre esto último, el mismo Araujo mencionó las discusiones que han tenido con los distintos personeros de la Casa Blanca para entablar un Tratado de Libre Comercio entre ambos países, y aunque el ministro brasileño dijo que “No hay una fecha específica, pero lo queremos pronto", el último acuerdo para un fondo de inversión en la Amazonía pareciera dar los indicios del fortalecimiento de la relación entre las naciones.
Y es que ambos presidentes (y por consiguiente gobiernos) vienen con diversas críticas a sus mandatos tanto desde la interna, como de la externa. Mientras Trump, quien en 2020 se enfrenta a las elecciones Presidenciales, en la última semana despidió a su asesor de Seguridad Nacional John Bolton por desacuerdos en cómo llevar adelante sus políticas sobre Venezuela. Además de mantenerse la tensión por la posible recesión mundial debido a los efectos de la guerra comercial con China.
En el otro lado, Bolsonaro se enfrenta a los levantamientos populares en contra de sus reformas precarizadoras, finalmente su proyecto estrella de Reforma de Pensiones ha logrado avanzar en el parlamento brasileño, pero no con la misma dureza que la que intentó llevar el “Chicago Boy” Paulo Guedes, replicando el modelo chileno de AFP. También se ha cuestionado su actuar que ha llevado a un retroceso en Brasil a las políticas de género, e incluso problemas con nuestro mismo país al reivindicar al dictador Augusto Pinochet a la par que criticaba a la ex Presidenta Michelle Bachelet.
Para Brasil, las últimas semanas han sido peores en términos internacionales producto de los macro incendios en la Amazonía, las críticas a las políticas de Bolsonaro llegaron desde el otro lado del océano por parte de su par francés, y es que la “hipócrita” defensa del medio ambiente de Macron, evidencia las diferencias entre proyectos que buscan de igual manera el saqueo de recursos brasileños. En ese sentido, Brasil ha buscado apoyo en Estados Unidos para poder sobrellevar la crisis ambiental, y en viceversa, Trump ha visto como Brasil se transforma en su aliado más fuerte en el continente, de tal forma de llevar adelante la injerencia imperialista sobre Latinoamérica, en una situación económica mundial que no da rastros de mejoría en el corto plazo.

Francisco Sepúlveda Romero
Médico y parte de la Agrupación de Trabajadores de la Salud "Abran Paso"
Domingo 15 de septiembre

domingo, 15 de septiembre de 2019

Marx: pequeña guía de uso económico




Publicamos en esta oportunidad un artículo de Michel Husson, tomado de la revista Viento Sur N.°165. Economista y autor de El capitalismo en diez lecciones, viene realizando contribuciones permanentes sobre el desarrollo de la crisis actual del capitalismo, los desafíos que implica para la teoría marxista, la polémica con las corrientes económicas que realizan una defensa del capitalismo y la vigencia de cuestiones como la reducción del tiempo de trabajo. En estas líneas retoma cuestiones fundamentales de la crítica de Marx a la economía política y los nuevos conceptos volcados en su obra El capital, que mantienen vigencia para comprender la realidad actual del capitalismo, en debate con las teorías marginalistas, pero también marcando los límites de ciertos enfoques poskeynesianos. Pasen y vean.

¿Es razonable reivindicar a un autor cuya obra principal se publicó hace 150 años? Este artículo busca primero responder a esta pregunta perfectamente legítima y luego mostrar cómo la referencia a la teoría marxista puede ayudar a interpretar el capitalismo contemporáneo e imaginar alternativas.

Marx, ¿un economista del pasado?

Es necesario responder a las diferentes acusaciones de arcaísmo dogmático: desde El Capital, la ciencia económica ha hecho un progreso inmenso y el capitalismo de hoy no tiene nada que ver con el que Marx estudió. Comencemos con este último argumento: obviamente sería absurdo negar que el capitalismo ha evolucionado durante dos siglos y que sus formas concretas de encarnación pueden ser muy diferentes de un país a otro. No se trata de negar estas transformaciones, sino de mostrar que se han desarrollado dentro de relaciones fundamentalmente invariables. Es más, podría argumentarse que las condiciones actuales de explotación laboral en China son, en muchos aspectos, comparables a las que prevalecían en la Inglaterra del siglo XIX.
La referencia al marxismo tiene la virtud de protegerse contra el vaivén de las últimas teorías a la moda que van sucediéndose para demostrar que todo ha cambiado y que se deben abandonar las antiguas representaciones del mundo. Pero ciertamente existe el riesgo inverso del dogmatismo que consiste en aplicar a ciegas los mismos patrones a una realidad en movimiento. Por lo tanto, el marxismo vivo debe moverse entre estos dos escollos a través de estudios y debates. Sin duda, una de las cuestiones metodológicas más importantes es distinguir los niveles de análisis: la teoría marxista del valor no permite, por ejemplo, comprender directamente la crisis de la zona euro. Se deben establecer mediaciones entre la realidad concreta y los marcos conceptuales más abstractos. La guía más clara sigue siendo (desde nuestro punto de vista) el libro del filósofo checo Karel Kosík (1967), donde resumió este método:
1) Asimilación minuciosa de la materia, pleno dominio del material incluyendo todos los detalles históricos posibles.
2) Análisis de las diversas formas de desarrollo del material mismo.
3) Indagación de coherencia interna, es decir, determinación de la unidad de esas diversas formas de desarrollo.
Marx sería un hombre del siglo XIX: esta es la tesis defendida por un biógrafo reciente (Husson, 2017). Otro crítico lo calificó de posricardiano menor (Brewer, 1995). Pero la ciencia económica, aun admitiendo que es una ciencia, ciertamente no es una ciencia que progresa lineal y periódicamente unificada. Por ejemplo, a diferencia de la física, diferentes paradigmas económicos continúan coexistiendo de manera conflictiva.
La economía dominante actual, llamada neoclásica, se basa en un paradigma que no difiere fundamentalmente del de las escuelas premarxistas o incluso preclásicas. En gran parte, el debate triangular entre la economía clásica (Ricardo), la economía vulgar (Say o Malthus) y la crítica de la economía política (Marx) continúa hoy en los mismos términos. Las relaciones de poder que existen entre estos tres polos han evolucionado, pero no según un esquema de eliminación de paradigmas obsoletos. En resumen, la economía dominante no domina debido a sus propios efectos de conocimiento, sino en función de relaciones de poder ideológicas y políticas más generales.
Por tomar solo un ejemplo, las teorías contemporáneas del desempleo retoman, bajo una forma modernizada, los viejos análisis sobre los pobres. El debate en Inglaterra en torno a las leyes sobre los pobres se encuentra hoy en las denuncias sobre las ayudas sociales: en lugar de aceptar los puestos de trabajo ofrecidos, la gente desempleada preferiría no hacer el esfuerzo de trabajar y vivir cómodamente de las prestaciones sociales (Husson, 2018a).
Pero el argumento de que la teoría marxista está obsoleta debido al progreso de la economía busca el efecto de eliminar al mismo tiempo cualquier referencia a la teoría del valor.

¿Un capitalismo sin teoría?

En última instancia, la pregunta a la que debe responder la teoría del valor es: ¿de dónde proviene la ganancia? En los libros de texto contemporáneos encontramos la definición de ganancia: es la diferencia entre el precio de venta y el coste de producción. Pero el misterio de la fuente del beneficio permanece intacto. Es alrededor de esta cuestión absolutamente fundamental con la que Marx abre su análisis del capitalismo en El Capital.
Antes de él, los grandes clásicos de la economía política, como Smith o Ricardo, partían de una pregunta ligeramente diferente, la del precio relativo de los bienes: ¿por qué, por ejemplo, una mesa vale el precio de cinco pantalones? Muy rápidamente, la respuesta que se impuso es que esta proporción de 1 a 5 refleja el tiempo requerido para producir un pantalón o una mesa. Esto es lo que podría llamarse la versión básica del valor-trabajo.
A continuación, estos economistas clásicos intentaron descomponer el precio de una mercancía. Además del precio de las materias primas, este precio incorpora tres categorías principales: renta, ganancias y salario. Esta fórmula trinitaria parece muy simétrica: la renta es el precio de la tierra, la ganancia es el precio del capital y los salarios son el precio del trabajo. De ahí la siguiente contradicción: por un lado, el valor de una mercancía depende de la cantidad de mano de obra requerida para su producción; pero, por otro lado, esta no solo comprende el salario.
La teoría marxista, llamada del valor-trabajo, busca escapar de esta aparente contradicción. No está de más recordar muy brevemente cómo procede Marx. El principio esencial es que el trabajo humano es la única fuente de creación de valor. Valor significa aquí el valor monetario de los bienes. Entonces nos enfrentamos a este verdadero enigma que las transformaciones del capitalismo obviamente no han hecho desaparecer: el de un sistema económico en el que las y los trabajadores producen todo el valor pero solo reciben una fracción de él en forma de salario, mientras que el resto se va a las ganancias.
Los capitalistas compran medios de producción (maquinaria, materias primas, energía, etc.) y fuerza de trabajo; producen bienes que venden y terminan con más dinero del que originalmente invirtieron.
Marx ofrece su solución, que es a la vez genial y simple (al menos a posteriori). Aplica a la fuerza de trabajo, esta mercancía un tanto peculiar, la distinción clásica que hace entre valor de uso y valor de cambio.
El salario es el precio de la fuerza del trabajo socialmente reconocido en un momento dado como necesario para su reproducción. En este sentido, el intercambio entre el asalariado que vende su fuerza de trabajo y el capitalista es, en general, una relación igual. Pero la fuerza de trabajo tiene una propiedad especial, su valor de uso, la de producir valor. El capitalista se apropia de la totalidad de este valor producido, pero restituye solo una parte de él, porque el desarrollo de la empresa hace que las y los asalariados puedan producir durante su tiempo de trabajo un valor mayor que el que recuperarán bajo la forma de salario.
Hagamos como Marx, en las primeras líneas de El Capital, y observemos a la sociedad como una “inmensa acumulación de mercancías” producidas por el trabajo humano. Podemos hacer dos pilas: la primera consiste en bienes y servicios que corresponden al consumo de los trabajadores y trabajadoras; la segunda pila incluye los llamados bienes de lujo y bienes de inversión, y corresponde a la plusvalía. El tiempo de trabajo de toda la sociedad puede a su vez dividirse en dos partes: el tiempo dedicado a producir la primera pila Marx lo denomina trabajo necesario, y el que se dedica a la producción de la segunda pila es el trabajo excedente. En el fondo, esta representación es bastante simple, pero, obviamente, para lograrla es necesario dar un paso atrás y adoptar un punto de vista social.
El análisis se complica aún más cuando se observa que el capitalismo se caracteriza por la formación de una tasa general de ganancia, en otras palabras, que el capital tiende a tener la misma rentabilidad independientemente de la rama en la que se invierte. Ricardo no logrará resolver esta dificultad. Este es el problema de la transformación (de valores en precio) que Marx resuelve al mostrar que la plusvalía se distribuye en proporción al capital comprometido. Muchos críticos han detectado aquí un error de Marx que desaparece, sin embargo, si hacemos intervenir una sucesión de períodos de producción [1].

La gran bifurcación

La teoría marxista del valor es una extensión de las teorías de los clásicos (Smith y Ricardo) en la que resuelve sus contradicciones internas. Pero introduce una dimensión crítica fundamental: la apropiación de ganancias por parte de los capitalistas descansa en última instancia en relaciones sociales que no son ni naturales ni eternas.
Las implicaciones revolucionarias de esta teoría fueron claramente percibidas por los defensores del orden establecido. Por lo tanto, era necesario oponerle otra teoría, y esta sería la teoría marginalista o neoclásica. Uno de sus fundadores, John Bates Clark, expresó claramente la necesidad de responder a la teoría de la explotación: “Los trabajadores, se nos dice, son permanentemente desposeídos de lo que producen [...] Si esta acusación tuviera fundamento, cualquier persona dotada de razón debería hacerse socialista, y su voluntad de transformar el sistema económico expresaría su sentido de la justicia”. Para responder a esta acusación es necesario, explica Clark: “Descomponer el producto de la actividad económica en sus elementos constitutivos, para ver si el juego natural de la competencia lleva o no a atribuir a cada productor la parte exacta de riquezas que contribuye a crear” (Clark, 1899: 7).
Piero Sraffa, situado en la tradición de Ricardo, sacó una amarga conclusión de lo que llamó la degeneración de la teoría del valor. Las razones político-ideológicas para el derrocamiento de la economía clásica eran obvias para él:
Con el ataque frontal de Marx, el surgimiento de la Internacional y la Comuna de París, se necesitaba una línea de defensa mucho más decidida [...] era necesario pasar a la utilidad, de ahí el éxito de Jevons, Menger y Walras. La economía clásica en su conjunto se estaba volviendo demasiado peligrosa: tenía que ser desechada como tal. La casa estaba en llamas y amenazaba con prender fuego a toda la estructura y los cimientos de la sociedad capitalista: la economía clásica fue inmediatamente expulsada [2].
Así pues, actualmente hay dos teorías del valor. Para la teoría neoclásica prevaleciente, que se enseña en todas partes, el beneficio es la remuneración de la productividad marginal del capital, de una manera simétrica al salario que premia la productividad marginal de los salarios. Para la teoría marxista el beneficio se deriva de la explotación de la fuerza de trabajo. Muchos trabajos, que rara vez se discuten hoy, han mostrado la incoherencia de la teoría dominante. Recientemente, un brillante artículo (Eatwell, 2019), que adopta una lógica poskeynesiana, concluye así: “No existe una teoría neoclásica de la tasa de ganancia”. Pero este tipo de crítica tiene problemas para abandonar el campo académico. Quizás sea más interesante mostrar cómo la referencia a la teoría del valor conduce a un análisis efectivo de los desarrollos recientes en el capitalismo.

Las ilusiones de las finanzas

La financiarización del capitalismo llevó, antes de la crisis, a una especie de euforia basada en la impresión de que las finanzas se habían convertido en una fuente autónoma de valor. Incluso entre algunos economistas heterodoxos encontramos el razonamiento según el cual los capitalistas tienen la opción de invertir ya sea en la esfera productiva o real, o en la esfera financiera. Y como las finanzas proporcionarían mayores rendimientos, esta sería la causa de una debilidad relativa en la inversión.
Estas fantasías no tienen nada de original y en Marx, especialmente en su análisis del Libro 3 de El Capital dedicado a la distribución de ganancias entre intereses y ganancias corporativas, encontramos todos los elementos para criticarlas. Marx escribe, por ejemplo: “En la idea popular, al capital dinerario, el capital que devenga interés, se lo considera aún como capital en cuanto tal, como capital por excelencia” [3]. Ciertamente, el capital financiero parece capaz de proporcionar un ingreso independientemente de la explotación de la fuerza de trabajo. Por eso, añade Marx:
“Para la economía vulgar, que pretende presentar al capital como fuente autónoma del valor, de la creación de valor, esta forma le viene a pedir de boca: una forma en la cual la fuente de la ganancia ya no resulta reconocible, y en la cual el resultado del proceso capitalista de producción –separado del propio proceso– adquiere una existencia autónoma” [4].
Este tipo de ilusión solo es posible si uno se basa en una teoría aditiva del valor, donde el ingreso nacional se construye como la suma de las remuneraciones de los diferentes factores de producción. Por el contrario, la teoría marxista es sustractiva: las formas particulares de ganancia (intereses, dividendos, rentas, etc.) son puntuaciones en una plusvalía global cuyo volumen está predeterminado. Uno puede “enriquecerse mientras duerme” solo en base a ese pinchazo operado sobre la plusvalía global, de modo que el mecanismo admite límites, los de la explotación, que es el verdadero fundamento de la bolsa de valores. La crisis marca el regreso de lo real, como un recordatorio al orden de esta dura ley del valor.

La ley del valor como brújula

La referencia a la ley del valor, si se realiza de manera crítica, no dogmática, hace posible filtrar teorías frágiles, se podría decir oportunistas, que aparecen ante nuevos fenómenos. Nos limitaremos a mencionar brevemente algunos ejemplos.
Hubo un tiempo en que algunos autores que se reclamaban del marxismo pretendían que la ley del valor estaba superada debido a las mayores tasas de ganancia para los monopolios. Sin embargo, las contrapartes tuvieron tasas de ganancia más bajas en otros sectores. Resulta gracioso que el reciente descubrimiento de este fenómeno por parte de los economistas de la corriente dominante los lleve hoy a revelar las inconsistencias de su teoría de ganancias (Husson, 2018b).
De la misma manera, tampoco es posible argumentar que podemos producir valor tecleando, como afirman algunos autores que afirman ser marxistas (Husson, 2018c). En cuanto a la llamada economía colaborativa, solo crea valor, en el sentido capitalista del término, si está sujeta a la apropiación privada que conduce a la producción de bienes. La economía de la plataforma está en la vanguardia de la modernidad, pero a menudo vuelve a los primitivos modos de extracción de la plusvalía.
El conocimiento como tal no crea valor, contrariamente a la tesis del capitalismo cognitivo (Husson, 2003). O, para usar la fórmula de Jean-Marie Harribey (2017), “no podemos pensar en el ingreso básico sin una teoría del valor”.
Finalmente, la distinción entre valor de uso y valor de cambio es fundamental para arrojar luz sobre uno de los enigmas a los que se enfrenta la economía dominante actual: las innovaciones tecnológicas no conducen a los aumentos de productividad esperados. En un artículo anterior presentamos esta explicación: “Tal vez sea esa la clave del estancamiento secular: desde luego, las innovaciones tecnológicas aumentan el bienestar de los consumidores, pero este aumento no está ligado a una producción mercantil”. He aquí, pues, unos cuantos espacios contemporáneos en los que la teoría del valor permite trabajar en un marco coherente (Husson, 2018d).

El lujo de elegir lo que no es lo más rentable

Marx avanzó esta hermosa fórmula inspirada en un panfleto anónimo: “Una nación es verdaderamente rica cuando en vez de 12 horas se trabajan 6” [5]. No hay una forma más clara de distinguir entre valor y riqueza. Es cierto que ahora existe un consenso bastante amplio de que el PIB no mide la felicidad, pero no se han sacado todas las consecuencias de esta perogrullada.
De hecho, la economía dominante ha contribuido a desdibujar esta distinción elemental al rechazar la teoría del valor-trabajo y reemplazarla por la del valor-utilidad. Para justificar una organización social impulsada por la maximización de la ganancia, fue necesario hacer aceptar la idea de que la ganancia es un indicador sintético del bienestar humano. Este es el supuesto necesario, lo que significa que, al perseguir el objetivo de maximizar el beneficio, se persigue al mismo tiempo el objetivo de maximizar el bienestar. Todo lo que pretende la economía neoclásica cuando trata de establecer que el equilibrio es lo óptimo, es lo siguiente: la ganancia es una cuantificación operativa del bienestar.
Es alrededor de la distinción entre valor y riqueza como se puede hacer emerger lo que separa al capitalismo del socialismo. Inspirándonos en el economista ruso Kantorovich, se podría decir que el programa (en el sentido de programación lineal) del capitalismo es maximizar el beneficio, mientras que el del socialismo es maximizar el bienestar, o la utilidad social. Pero esta última es multidimensional y hace falta una institución para poder definir y arbitrar las prioridades de la sociedad. Sin duda, esta democracia social es lo que ha faltado trágicamente en los llamados países del socialismo real.
De hecho, por ejemplo, en Engels encontramos una vieja teorización de la planificación socialista en un breve pasaje del Anti-Dühring, donde esboza los principios de otra forma de cálculo económico:
Cierto que la sociedad tendrá también que saber entonces cuánto trabajo requiere la producción de cada objeto de uso. Pues tendrá que establecer el plan de producción atendiendo a los medios de producción, entre los cuales se encuentran señaladamente las fuerzas de trabajo. El plan quedará finalmente determinado por la comparación de los efectos útiles de los diversos objetos de uso entre ellos y con las cantidades de trabajo necesarias para su producción. La gente hace todo esto muy sencillamente en su casa, sin necesidad de meter de por medio el célebre valor (Engels, 2014: 409).
También encontramos las intuiciones de un Preobrazhensky en el estrechamiento de la esfera de la economía que se limitaría rigurosamente a una función de ajuste de medios para propósitos definidos a priori:
Con la desaparición de la ley del valor en el dominio de la realidad económica desaparece igualmente la vieja economía política. Una nueva ciencia ocupa ahora su lugar, la ciencia de la previsión de la necesidad económica en economía organizada, la ciencia que apunta –en materia de producción u otra– a obtener lo que es necesario de la manera más racional. Es una ciencia muy otra, es la tecnología social, la ciencia de la producción organizada, del trabajo organizado; la ciencia de un sistema de relaciones de producción en que las regulaciones de la vida económica se manifiestan bajo nuevas formas, en que no hay ya “objetivación” de las relaciones humanas, en que el fetichismo de la mercancía desaparece con la mercancía (Preobrazhenski, 1970: 78).
Este enfoque adquiere hoy, cuando se introducen restricciones ecológicas, una legitimidad adicional. Podríamos utilizar aquí los términos de la programación lineal para decir que el criterio de maximización de la ganancia lleva a determinados valores más allá del respeto de ciertas normas. El capitalismo pretende tenerlos en cuenta formando seudomercados o modificando los precios referencia. Esta seudomonetarización del medio ambiente puede modular en el margen del principio de la maximización de la ganancia, pero sin ninguna relación con la escala de las reducciones de emisiones a realizar.

Por un marxismo vivo

No hemos tratado todas las cuestiones a las que puede responder la teoría marxista. Entre ellas está, obviamente, el análisis de la crisis. El campo del marxismo, sin embargo, se ve debilitado por un uso dogmático de la ley de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, propuesto como la causa última y única de la crisis. Esto dificulta una lectura más compleja inspirada por la lógica de los patrones de distribución mediante la combinación de las condiciones de producción de la plusvalía y las de su realización.
En la configuración actual del capitalismo, la pregunta esencial es probablemente esta: ¿cómo mantener o restablecer la tasa de ganancia aun cuando la productividad se ralentiza? Si ahondamos en esta pregunta, nos parece que el análisis muestra que la crisis cuestiona al capitalismo de forma más profunda que las fluctuaciones de la tasa de ganancia. Revela que este sistema económico y social ha entrado en la zona de los rendimientos decrecientes, que muestra su incapacidad para satisfacer las necesidades sociales y revela su ineficacia frente al desafío del cambio climático.
Por último, es difícil sostener una línea entre dogmatismo y pragmatismo. Sin duda, es necesario combinar ambas, en un movimiento que yo llamaría dialéctico (ya que uno es marxista). El pragmatismo es ir rascando sobre los discursos dominantes o alternativos para confrontarlos a los hechos y a las cifras, poner en cuestión las certezas, exponerse a la contradicción y la duda. Acto seguido, si logramos construir una representación adecuada y consistente, hay que atenerse a ella con una convicción al borde del... dogmatismo.
Con este razonamiento, uno podría decir paradójicamente (o dialécticamente) que el marxismo es más útil si se está dispuesto a distanciarse de él. Al final, la tarea de un o una marxista no es defender el marxismo, sino buscar cambiar el mundo, comenzando por entenderlo.

Michel Husson
Traducción:Viento Sur

Referencias

Brewer, Anthony (1995): “A Minor Post-Ricardian? Marx as an Economist”, History of Political Economy, 27, 1. Disponible en http://digamoo.free.fr/brewer1995.pdf.
Clark, John Bates (1899): The Distribution of Wealth. A Theory of Wages, Interest and Profit, 1899. Diponible en Eatwell, John (2019) “Cost of Production and the Theory of the Rate of Profit”, Contributions to Political Economy. Disponible en http://tankona.free.fr/eatwell19.pdf.
Engels, Federico (2014 [1878]): Anti-Dühring. La revolución de la ciencia por el señor Eugen Dühring. Madrid: Fundación Federico Engels.
Harribey, Jean-Marie (2017): “Le revenu d’existence. Un remède ou un piège?”, en Revenu universel. L’état du débat, OFCE, 2017. Disponible en http://tankona.free.fr/jmhofce17.pdf.
Husson, Michel (2003): “¿Hemos entrado en el capitalismo cognitivo?”, Panorama Internacional. Disponible en http://hussonet.free.fr/cognitic.pdf.
(2017): “Marx, ¿un economista del siglo XIX?”, viento sur, disponible en https://www.vientosur.info/spip.php?article13140.
(2018a): “Des lois anglaises sur les pauvres à la dénonciation moderne de l’assistanat” I. “D’Elisabeth à Bentham: assister ou enfermer ?” II. “De Speenhamland à la loi de 1834”, disponibles en http://alencontre.org/societe/des-lois-anglaises-sur-les-pauvres-a-la-denonciation-moderne-de-lassistanat-i.html y http://alencontre.org/societe/des-lois-anglaises-sur-les-pauvres-a-la-denonciation-moderne-de-lassistanat-ii.html.
(2018b): “Les économistes néo-classiques (re)découvrent le profit”, disponible en I-http://alencontre.org/economie/les-economistes-neo-classiques-redecouvrent-le-profit.html; II-http://alencontre.org/economie/les-economistes-neo-classiques-redecouvrent-le-profit-ii.html.
(2018c): “Produire de la valeur en cliquant ?”, Alternatives économiques.
(2018d): “Pensar y medir el estancamiento secular”, disponible en www.vientosur.info/spip.php?article13626.
Kosik, Karol (1967 [1963]): Dialéctica de lo concreto. México: Grijalbo.
Preobrazhenski, Eugen (1979 [1926]): La nueva economía. Barcelona: Ediciones Ariel.

Notas

[1] Véase una contribución ya antigua a esta lectura temporalista en Michel Husson [Manuel Pérez], “Valeur et prix: un essai de critique des propositions néo-ricardiennes”, Critiques de l’économie politique N.°10, 1980 ; “Value and price: a critique of neo-Ricardian claims”, Capital and Class, Vol. 42, N.°3, 2018.
[2] Piero Sraffa, “La dégénérescence de la théorie de la valeur selon Sraffa”, nota N.°108 hussonet, 13 de octubre de 2017.
[3] El Capital, Capítulo 23, p. 481, Ediciones Siglo XXI.
[4] Ibídem, p. 501.
[5] Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse)1857-1858, Siglo XXI, 2007, volumen 2, p. 229. Marx parafrasea el corto ensayo The Source and Remedy of the National Difficulties, del cual se sabrá más tarde que el autor es Charles Wentworth Dilke.

Pablo Iglesias, rogando a Su Majestad para gobernar con la casta




El líder de Podemos le pide al rey que interceda para convencer a Pedro Sánchez de formar un gobierno de coalición que garantice la “estabilidad a nuestro sistema parlamentario”.

Decenas de miles de jóvenes desafectos al Régimen monárquico parlamentario se vienen expresando desde el otoño del 2018 a través de referendos sobre la monarquía en universidades de todo el Estado. Una nueva generación desafecta a la Corona se propuso exigir, junto a las consultas barriales y el movimiento democrático catalán, su derecho a decidir sobre un Régimen que no habían elegido. Sí, desafectos a un Régimen heredero del dictador Francisco Franco, que cuando parece estar casi herido siempre operan viejos y nuevos agentes para ayudar a recomponerlo.
La generación de los referendos, del movimiento de mujeres o del movimiento verde por el cambio climático, es más joven que la que se expresó en las plazas del 15M del 2011 al grito de ¡Que no, que no nos representan! o ¡PSOE y PP la misma mierda es! Pero como en una realidad paralela, Pablo Iglesias, en su búsqueda incesante por gobernar junto al PSOE, no sólo se olvidó ya de las plazas y pide de rodillas a Pedro Sánchez un gobierno de coalición con la pata liberal progresista de la vieja casta. Sino que además se arrodilla ante su Majestad al ruego de: "Creo que el Rey debería hacer entender a todos los candidatos, y en particular la que tiene más apoyos, que la coalición es una vía de dar estabilidad a nuestro sistema parlamentario", tal como sentenció en una entrevista en la Sexta.
Y aunque recuerda ser antimonárquico, pide ayuda a La Corona para “dar estabilidad” al sistema parlamentario, dice, “olvidando”, parece ser, que estos años la familia real hizo lo suyo para que hoy miles de jóvenes le recuerden que su futuro está siendo hipotecado también por esta institución vetusta, que derrocha millonadas en casos de corrupción, en sus amistades con dictaduras como la de Arabia Saudí, en amantes y cazas de elefantes. Y que, a pesar de todo ello, la Corona sigue blindada con toda la impunidad institucional mientras decenas de jóvenes raperos son acusados con todo el peso de la ley por denunciar con su arte la obscena realidad de esta institución parasitaria.
Pero, ¿es un “olvido”? ¿O es otra demostración del degradante fracaso del neorreformismo sin reformas de la formación morada? Ya muy lejos ha quedado el “asaltar los cielos”. El camino hacia un gobierno con la casta del PSOE trae consigo una suerte de cadena de claudicaciones, esta vez, al costado monárquico y nada republicano de los socialistas. Estos también fueron parte del “búnker del 78” direccionado por la propia Corona que activó la brutal represión al pueblo catalán. Miles de jóvenes también participaron de los referendos en Catalunya, después del 1-O, motorizados por la rabia que había causado el discurso de Felipe VI aquel 3 de octubre de 2018.
Pero para Pablo Iglesias estos ya deben ser acontecimientos del pasado. Tal vez no le importe tanto el hecho de que ese mensaje del monarca también iba dirigido a todos los pueblos del Estado español, dejando claro que no permitirá ningún cuestionamiento al Régimen. ¿Cómo actuaría Unidas Podemos si gobernara con el PSOE, y los cientos de referendos se replicaran con un gran movimiento activo en las calles y este fuera reprimido como al pueblo catalán?
El neorreformismo está mostrando ser un fracaso ya para dos generaciones. En la primera, el 15M fue desviado y pasivizado, ayudando así a la recomposición del Régimen en uno de sus aspectos más cuestionados: la crisis de representación política y del bipartidismo español. Para la actual, buscando directamente gobernar con el PSOE para gestionar los negocios capitalistas y, de paso, ayudando a reforzar el rol bonapartista de la figura más antidemocrática del Régimen, la Corona, a pesar del desgaste y cuestionamiento que viene sufriendo entre amplias capas de la juventud, el movimiento de mujeres y sectores de la clase trabajadora.
Mientras tanto, la repetición electoral parece ser inevitable el 10N, salvo algún otro giro brusco que lleve a más concesiones de Unidas Podemos al PSOE. Por ahora Pablo Iglesias amenazó con trasladar al Rey su decisión de abstenerse a una investidura de Pedro Sánchez si no llegaran a un acuerdo de gobierno de coalición. Sin pruritos ni complejos, su última carta es pedirle a Felipe VI que juegue de árbitro a favor de una coalición. Un rol que muy probablemente no sea jugado por el Rey, quien se encontrará el próximo martes a las doce tras la segunda ronda de contactos en la Zarzuela. El PNV ya intentó la misma mediación sin éxito.
Mientras se continúan sucediendo las crisis de la vivienda y los precios de alquileres desorbitados, aumenta la cifra del paro, los femicidios, la represión al pueblo catalán, las deportaciones, las muertes en el Mediterráneo, la precariedad laboral y una larga lista de dramas sociales. Pero también un caldo de cultivo para reflexionar, entre tanto vacío y desilusión que dejan las formaciones que se dicen de izquierda o progresistas, qué alternativas políticas son necesarias construir para enfrentar tantos desagravios de un sistema y un Régimen -y sus instituciones y partidos- que tanto rechazo causa a las jóvenes generaciones.

Cynthia Lub
Barcelona | @LubCynthia
Sábado 14 de septiembre

Twitter censura masivamente a periodistas y medios en Cuba

Declaración de la UPEC

En la tarde de este miércoles, decenas de cuentas en Twitter de periodistas y medios cubanos fueron bloqueadas por la plataforma, unos minutos antes de que se iniciara la comparecencia en televisión del Presidente Miguel Díaz Canel y otros altos funcionarios del gobierno cubano. Durante una hora y media, ellos expusieron de manera exhaustiva medidas económicas excepcionales, como respuesta al recrudecimiento de las acciones de guerra económica de Estados Unidos contra nuestro país.
Apenas iniciada la transmisión en vivo del programa Mesa Redonda Informativa, que comenzó a las 6:30 pm -hora local- y era esperada por millones de cubanos, decenas de profesionales denunciaron a través de Facebook, Whatsapp y otros canales sociales que sus cuentas en Twitter habían sido suspendidas. Podían acceder a su timeline, pero tenían bloqueadas las opciones de “me gusta”, “retuitear” y comentar.
Entre los medios bloqueados “por violar las reglas de Twitter” se encuentran @Cubadebate con casi 300 000 seguidores y @Granma_Digital con cerca de 167 000 seguidores, además de @MesaRedondaCuba, @RadioRebelde, @DominioCuba, @Cubaperiodistas, @CanalCaribe, entre otros usuarios, que incluyen a periodistas en activo.
Varios profesionales alertaron también en Facebook el cierre de sus canales en la plataforma del pájaro azul. Suspendieron, por ejemplo, todas las cuentas de los periodistas y directivos de Cubadebate, sin excepción, además de la de Leticia Martínez (@leticiadecuba ) y Angélica Paredes (@aparedesrebelde), del equipo de prensa del Presidente; la de la Vicepresidenta Primera de la Unión de Periodistas de Cuba, Rosa Miriam Elizalde (@elizalderosa), y del periodista de Granma, Enrique Moreno Gimeranez (@GimeranezEm), entre otros.
“Parece una operación concertada de denuncias falsas por uso abusivo y violación de políticas de la plataforma. Sorprende el sesgo político, la selectividad de los usuarios afectados y la oportunidad (oportunismo): cuando habla el Presidente Díaz Canel”, escribió Elizalde.
Fueron bloqueadas, además, la cuenta institucional del Ministerio de Comunicaciones (@MINCOMCuba) y la de funcionarios de gobierno, como la de Yaira Jiménez Roig (@yairajr), directora de Comunicación e Imagen del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. También, la de la directora del Centro Nacional de Educación Sexual, Mariela Castro Espín (@CastroEspinM).
No es la primera vez que usuarios cubanos de Twitter reportan problemas para ingresar a sus cuentas y reciben mensajes de que estas han sido bloqueadas y deben seguir el procedimiento para recuperarlas. Lo nuevo es la masividad de este acto de guerra cibernética, obviamente planificado, que busca limitar la libertad de expresión de instituciones y ciudadanos cubanos, y silenciar a los líderes de la Revolución.
El Grupo de Tareas de Internet para Cuba, del Departamento de Estado, en junio pasado emitió sus recomendaciones para utilizar la red como autopista de subversión en Cuba. Ha propuesto entregar más fondos para abrir sitios digitales, generar “contenidos atractivos” en la red, dotar de becas y financiar a una cibermilitancia entrenada en el acoso, la mentira y el sicariato político, que no suele ser afectada por este tipo de acciones de Twitter.
La Unión de Periodistas de Cuba denuncia enérgicamente la desaparición de esos espacios para la expresión de las ideas, en un acto de censura masiva a periodistas, editores y medios de comunicación. Exigimos que se restablezcan de inmediato las cuentas bloqueadas que, en ningún caso, han violado las políticas de Twitter, mientras la plataforma pisotea flagrantemente los derechos de los comunicadores, les impide ejercer su trabajo e intenta amordazar un suceso informativo de primer orden en nuestro país.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Trump echó a Bolton, ¿en qué cambiará la política imperial?




Fiel a su estilo, Donald Trump echó con un tuit a su asesor de seguridad nacional, John Bolton. Faltaban solo minutos para que se iniciara una conferencia de prensa en la Casa Blanca, en la que el funcionario iba a compartir el micrófono con Mike Pompeo y Steven Mnuchin, secretarios de Estado y del Tesoro respectivamente. El presidente recurrió una vez más a esta manera poco protocolar de ejercer el decisionismo que vale tanto para despedir funcionarios como para declarar guerras comerciales o advertir a líderes mundiales, aliados o enemigos.

Todavía no se conoce quién será el sucesor de Bolton, pero ya suenan algunos nombres. Entre los candidatos posibles están Stephen Biegun, que actualmente es el representante de Estados Unidos para Corea del Norte, y Douglas Macgregor, un coronel retirado del ejército y ocasional panelista de Fox News, con posiciones menos beligerantes y más cercanas al ala “realista” de la política exterior.
El perfil de los posibles reemplazantes de Bolton pareciera indicar, como señalan varios analistas, que en el curso errático de la política exterior norteamericana se iniciará un movimiento hacia la moderación.
Bolton fue el tercer asesor de seguridad nacional de Trump. Con un año y medio en el cargo tiene hasta ahora el récord de permanencia. Sus antecesores tuvieron menos suerte. Michael Flynn tuvo que renunciar al mes por sus supuestos vínculos con Rusia. Y el general HR McMaster se fue al año de haber asumido, cuando Trump puso fin a la débil hegemonía que tuvieron los militares en su gobierno, en el momento en que el establishment confiaba en los “adultos en la sala” para contener las tendencias más extremas del trumpismo.
La llegada de Bolton, un halcón empedernido, junto con la designación de Mike Pompeo al frente del Departamento de Estado, le permitió a Trump alinear temporalmente a la Casa Blanca detrás de algunas líneas rojas de su agenda exterior duramente resistidas por un sector importante del aparato estatal.
Antes de Trump, Bolton sirvió a tres administraciones republicanas –Reagan y los dos Bush- alternando su militancia entre las funciones estatales y los think tanks privados. Fue artífice de las últimas grandes derrotas estratégicas del imperialismo norteamericano, en particular la guerra de Irak y la política de “cambio de régimen”. Una política que está en las antípodas de la base electoral de Trump, más próxima a alguna variante del aislacionismo.
A pesar de estas diferencias, a grandes rasgos el unilateralismo de Bolton sintonizaba muy bien con el America First trumpista. El hombre del bigote prominente es también un acérrimo partidario del Brexit y un hater de la Unión Europea.
Para Trump la alianza con los neoconservadores fue útil para deshacer el “multilateralismo” que caracterizó la política exterior de la administración Obama, que según su percepción solo había profundizado la decadencia imperial.
En particular, Bolton fue funcional para romper el acuerdo nuclear con Irán, retirar a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Rusia y fortalecer los lazos con Israel, o mejor dicho, con el ultraderechista Benjamin Netanyahu, que se juega su futuro en unas inciertas elecciones el próximo 17 de septiembre.
Pero estos servicios venían con el precio de darle aire a sectores de la extrema derecha republicana con intereses propios, como el senador Marco Rubio, que entre otros dislates fueron los artífices del fallido intento golpista en Venezuela.
Con Bolton la política imperialista se endureció aunque no por eso se hizo más eficaz. Trump escaló la guerra comercial con China y recrudeció el uso de sanciones económicas. Pero en el balance aún tendrá que pelear que todo esto ayudó a restaurar el liderazgo de Estados Unidos.
Las diferencias entre las posiciones de Bolton y Trump en temas fundamentales de la política internacional ya anunciaban una convivencia con fecha de vencimiento.
En Corea del Norte, mientras Trump apostaba a la diplomacia personal con Kim Jong Un, Bolton agitaba la guerra preventiva como método para lidiar con el desafío nuclear, a esta altura inevitable, del régimen norcoreano. En Rusia Bolton fue el abanderado de la posición más beligerante contra el régimen de Putin.
Sin embargo donde las discrepancias alcanzaron un punto de no retorno fue en la política hacia Afganistán e Irán.
Bolton frustró una negociación con los talibán que propiciaban Trump y Pompeo para poner fin a una guerra muy impopular que ya lleva 18 años. Dicho sea de paso, el establishment que no lo quiere, de todos modos le agradece haber frustrado una reunión de Trump y los talibán en Camp David en la misma semana que se cumple un nuevo aniversario de los atentados contra las torres gemelas.
En Irán, Bolton empujó a Trump fuera de su zona de confort de las sanciones y las amenazas para negociar y lo llevó al borde de lanzar una guerra en represalia al derribo de un dron por parte del régimen iraní. El presidente norteamericano retrocedió minutos antes de accionar el detonador. Las diferencias están en el terreno de la estrategia. Bolton sigue siendo un militante del “cambio de régimen”, y junto con Netanyahu busca llevarse puesto a la teocracia persa. Trump aspira a un objetivo más modesto, trata de obligar mediante presiones económicas al actual régimen iraní a negociar un nuevo acuerdo nuclear en términos más favorables para Estados Unidos.
Después de un año y medio de tensiones, el juego del policía malo (Trump) y el policía malísimo (Bolton) terminó en una ruptura abrupta.
Su alejamiento del gobierno es parte del cálculo electoral de Trump. Las guerras con las que sueña Bolton no son populares entre los votantes del presidente, más preocupados por una eventual futura recesión que por emprender nuevas aventuras militares.
Una nueva encuesta de Washington Post-ABC News revela que la tasa de aprobación de Trump cayó 6 puntos desde junio, y se ubica en un 38%. Que a pesar de que la economía se mantiene creciendo, un 47% desaprueba el manejo económico del presidente, un 60% espera una recesión en el próximo año, un 56% desaprueba la guerra comercial con China y un 60% espera que directamente lo perjudique.
En una columna de opinión, Ian Bremmer que preside el Eurasia Group, plantea que las tensiones geopolíticas y la incertidumbre retroalimentan los temores que empujan a la recesión en Estados Unidos, transformándola casi en una profecía autocumplida. Y llama a esta situación “recesión geopolítica”. Algunos analistas esperan que retroceda la oleada “populista” y se restablezca la normalidad pre crisis de 2008. Pero los fenómenos como la presidencia de Trump, Bolsonaro o el Brexit, o el estado fluido de los sistemas políticos democrático burgueses como el de Italia son los síntomas más visibles de que estos tiempos turbulentos llegaron para quedarse.

Claudia Cinatti
Miércoles 11 de septiembre | 01:05

martes, 10 de septiembre de 2019

La impunidad en la causa judicial por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa




La liberación de un integrante del cartel Guerreros Unidos, detenido por la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, preanuncia una cascada de liberaciones de otros involucrados y redobla un operativo de impunidad de los responsables.
Gildardo López Astudillo, alias “El Gil”, era un nexo entre la cúpula de la organización criminal y sus integrantes en la localidad de Iguala, donde fueron desaparecidos los 43 estudiantes a fines de septiembre de 2014. El cartel de Guerreros Unidos habría estado involucrado, junto a la policía municipal y el poder político local, en los crímenes y desapariciones de aquellas jornadas.
Lo que ocurre es que todo el proceso judicial ha estado plagado de irregularidades. Decenas de imputados hicieron confesiones bajo tortura de las que posteriormente se retractaron, entre ellos Astudillo. Es por ese motivo que el juez ha decidido dejarlo en libertad y ordenaría, por motivos análogos, la libertad de otros detenidos. El gobierno de Enrique Peña Nieto, buscando detener un extraordinario proceso de movilizaciones por la aparición con vida de los 43, había montado la teoría del asesinato de los jóvenes en un basurero de la localidad próxima de Cocula, tras su secuestro por parte de los grupos narcos y la policía municipal. En función de esa “verdad histórica”, que omitía la investigación de la policía federal y del Ejército (integrantes del Batallón 27 de Iguala se cruzaron con los estudiantes durante la noche fatídica de las desapariciones), se embarró la investigación.
Las irregularidades del proceso fueron tan grandes que el año pasado un tribunal recomendó la creación de una Comisión de la Verdad, que fue puesta en pie por el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador en un intento de cooptación del movimiento de lucha.
Aunque muchas de las pruebas contra Astudillo estaban viciadas de nulidad, los familiares y las organizaciones de Derechos Humanos señalan que la justicia omitió otras, legítimas, que involucran al cartel y el poder político local en una operación de tráfico de drogas a Estados Unidos. Esas pruebas, que forman parte de un proceso paralelo iniciado por un fiscal norteamericano, permitirían conectar estos hechos con las desapariciones.
Los familiares y los organismos de Derechos Humanos han denunciado el operativo de impunidad en marcha. Y exigen al gobierno de López Obrador que dé respuestas, toda vez que la nueva fiscalía general no ha aportado nuevas pruebas a la causa.
Los familiares, que supieron poner al Estado en el centro de sus denuncias, mantienen ciertas expectativas en López Obrador, pero al mismo tiempo una política de emplazamiento.
Los intentos de cooptación del primer mandatario encuentran el límite de su propia política frente a la desintegración del país, que pone en el centro de acción a las mismas fuerzas armadas que están asociadas al crimen organizado.
Esta desintegración no se detiene. La puesta en pie de la Guardia Nacional no ha traído una disminución en los crímenes y desapariciones en los municipios en que opera desde el mes de julio. En cambio, ha sido utilizada para la persecución de los migrantes que buscan llegar a Estados Unidos, según denuncia la organización Families Belong Together. “Resulta lamentable que la Guardia Nacional haya llegado a Baja California sólo a hostigar a los migrantes. No vemos que persigan y capturen a los criminales. La inseguridad pública prevalece, siguen las matanzas, levantones, feminicidios, asesinatos atroces”, sostiene su directora (Proceso, 7/9).
A casi cinco años de la desaparición de los 43 normalistas, no hay condenados por los hechos. El narcoestado mexicano que los desapareció se autoencubre y busca impunidad. No es de las entrañas descompuestas de ese Estado de donde saldrá la justicia y el fin de las masacres y desapariciones que están asolando al país.
Por el esclarecimiento de las desapariciones y el castigo a todos los culpables materiales y políticos.

Gustavo Montenegro

Deterioros neoliberales en América Latina

Las leyes neoliberales impuestas en América Latina por Estados Unidos y organismos financieros internacionales como fundamento principal del capitalismo, han llevado a la región a enfrentar grandes escollos económicos y sociales para su subsistencia.
El objetivo de ese sistema como parte del capitalismo globalizado es impulsar la liberación del comercio en general, eliminar la injerencia del Estado en la economía y reducir al máximo el gasto público con el consecuente empobrecimiento de millones de habitantes y en contraposición, el enriquecimiento de pequeñas minorías.
Son varios ejemplos los que destacan en esta oleada de derechización regional auspiciada desde Washington y que han llegado al poder por diferentes vías como golpes de Estado, destituciones parlamentarios o elecciones fraudulentas.
Empecemos por Honduras, donde tras el golpe al presidente Manuel Zelaya se eliminaron el ciento por ciento de las leyes acordadas en ese corto período para beneficio del pueblo, lo que trajo como consecuencias la congelación de la Ley del Salario Mínimo, pérdida de 300 000 empleos, fragmentación de las jornadas laborales, derogación de los acuerdos con el ALBA, restitución de privilegios a las compañías transnacionales e impulso de las privatizaciones.
En la actualidad, según el diario La Prensa, casi seis millones (71 %) de los 8,5 millones de habitantes del país son pobres; de esa cifra, 4,2 millones están en situación de extrema pobreza que tratan de sobrevivir con solo un dólar al día, mientras solo 15 familias controlen el 80 % de las riquezas nacionales.
Guatemala ha sido considerado uno de los Estados fallidos arrasados por Occidente donde se unen corrupción, pandillas, pobreza, desigualdad, desnutrición y mortalidad infantil.
Los economistas aseguran que el país se aproxima a la catástrofe humanitaria y las áreas rurales son las más afectadas, de donde procede la mayoría de los emigrantes. Los recursos son escasos, la presencia del Estado inexistente, el crimen organizado poderoso y la presión de los grupos de poder para implementar proyectos mineros e hidroeléctricos, casi insostenible
Un Informe de Desarrollo Humano elaborado por la ONU asevera que más de tres millones de guatemaltecos viven en pobreza extrema y casi 12 millones de personas, 67 % de la población, "sufre carencias que vulneran su bienestar".
Paraguay esta considerado uno de los países más desiguales de Suramérica, donde la pobreza golpea al 30 % de la población que ha sufrido en los últimos años grandes inundaciones y dejado desamparados a miles de habitantes. Para la ONG Oxfam ésta es la cara más cruel de la desigualdad en un país donde los más pobres ganan hasta 22 veces menos que los más ricos. Asimismo, con la progresiva mecanización de la agricultura, ligada a la producción extensiva de la soja, se produjo un éxodo masivo desde el campo y los emigrantes que huyeron del hambre se instalaron en áreas de riesgo, como el lecho del río Paraguay en los barrios de Asunción, vulnerables a las riadas.
En cuanto a Ecuador, en solo dos años el gobierno de Lenín Moreno ha impulsado al Estado a la década de 1990 al desmontar importantes avances democráticos de la Constitución Política de 2008. Durante los gobiernos de Rafael Correa el país redujo la pobreza y los programas sociales beneficiaron a los habitantes pero ahora, con los acuerdos con el FMI, Moreno redujo el gasto público de 3 461 millones de dólares a 773 millones con graves perjuicios para las mayorías.
Pero los casos más desafortunados en los últimos tiempos han sido los de Argentina y Brasil. En este último, tras el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff y las arbitrariedades jurídicas para detener a Inacio Lula da Silva para que no se pudiera presentar a elecciones, los regímenes de Michel Temer y de Jair Bolsonaro han desmontado todos los programas sociales y privatizado numerosas empresas públicas.
Entre los más afectados aparece el Sistema Único de Salud (SUS) instaurado por los gobiernos de Lula y Dilma que atendía al 65 % de la población y que Temer y Bolsonaro lo redujeron drásticamente con la excusa de que “no hay suficiente capacidad financiera que permita suplir todas las garantías constitucionales”. A la par, ambos gobiernos atentaron contra la Amazonía al autorizar a terratenientes y empresas transnacionales a deforestar esa reserva de la biosfera mundial.
Mientras en Argentina, con la llegada al poder de Mauricio Macri y su política neoliberal llevaron a la nación a un endeudamiento abismal, acuerdos leoninos con el FMI y profunda devaluación de la moneda que pasó de 2014 a la fecha de 16 a 61 pesos por dólar.
Según la Universidad Católica Argentina (UCA) la "pobreza multidimensional" que abarca carencias económicas, de diversos derechos y servicios básicos, subió al 41,2 % de los habitantes.
En cuatro años de gobierno, se duplicaron los precios del transporte público automotor y en 70 % los del metro urbano; el costo de la luz subió en 500 %; el agua y gas en más de 320 %; la atención médica y de las medicinas en 50 %, y la gasolina, 30 %. La Argentina actual es una nación fallida dirigida no por Macri, sino por el FMI.
Después de estos ejemplos podríamos preguntarnos: ¿Permitirán nuestros pueblos continuar siendo saqueados por el sistema neoliberal capitalista? El tiempo dará la respuesta.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

lunes, 9 de septiembre de 2019

La represión del jueves, UPM y la resignación de “lo posible”




En la tarde del sábado liberaron a los cuatro compañeros que todavía quedaban detenidos desde la represión policial sobre la marcha contra UPM del jueves. La criminalización de la protesta social y la brutalidad policial, son las formas usadas para sostener un modelo social marginador y favorecedor de unos pocos.

La respuesta del poder político- social frente a la protesta contra UPM y el modelo agro forestal es criminalización, represión, detenciones arbitrarias, persecución y abusos policiales. En la protesta del jueves, primero la provocación policial, luego represión salvaje contra manifestantes y transeúntes, detenciones arbitrarias, arresto de compañeros como Facundo militante del Sindicato de los Trabajadores de la Vía Pública y miembro de La Izquierda Diario que estaba registrando los hechos, mentiras del Ministerio del Interior y el sindicato policial justificando la represión, horas de detención injustificada para armarle una causa a los detenidos desde el poder judicial y Fiscalía, malos tratos en comisarías y más detenciones.

Liberación de compañeros detenidos durante la represión

Desde el movimiento obrero el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT y varios sindicatos pronunciaron su repudio a la represión policial, así como la FEUU en el movimiento estudiantil y organismos de DDHH como SERPAJ. Al contrario el sindicato policial emitió una diatriba autojustificatoria de la represión contra el pueblo trabajador ¿Qué espera el PIT-CNT para echar a estos represores del pueblo trabajador de sus propias filas?

La resignación de “lo posible”

“Es lo que hay”, todo lo que puede dar el ala “progresista” del orden social imperante, las líneas fundamentales del modelo (commodities, inversión extranjera y deuda, con “inclusión social” sic!) no se tocan y hasta se profundizan, con balas de goma (por ahora) y garrote para disciplinar a los “radicales” que “desestabilizan” el orden (de los ganadores). Resignación hacia “lo posible”, que no va más allá del horizonte basado en los parámetros impuestos por el neoliberalismo de los noventas. Todo lo que sea alternativo a eso es enseguida acusado de “utopista”, “infantil” u otros descalificativos.
La resignación de “lo posible”, la resignación a la administración de la sociedad capitalista y a su Estado con las políticas represivas correspondientes para sostener el orden de los que siempre ganan. La resignación a la “inversión” extranjera “salvadora” para que continúe creciendo el PBI y mantener el “grado inversor” y seguir endeudando a la nación con la especulación del capital financiero. A cambio de un puñado de puestos de trabajo y la contaminación de nuestras aguas, la resignación a exportar soja, ganado y troncos a cambio de enriquecer un puñado de oligarcas y pools de siembra que destruyen la tierra y el agua, llenando de algas tóxicas ríos y cursos de agua. Para los fundamentalistas del modelo (progresistas o derechistas) salirse de los parámetros de “lo posible” es el mayor de los pecados, para nada importan la salud y el medioambiente de la población, la calidad del trabajo o la exclusión social generada por el mismo sistema.

No fue un hecho aislado

Viene pasando desde hace años, la represión en el liceo 70 y el CODICEN, la represión en la marcha del agua, las fuerzas de ocupación de la Guardia Republicana en los barrios populares que provocan y apalean a los jóvenes en las calles y las puertas de los liceos, los gatillos fáciles y las detenciones arbitrarias con tortura en las comisarías, nunca dejaron de pasar.
El control social no es solamente mediante ideología y mecanismos tecnológicos, el control social sobre todo hacia la juventud trabajadora y pobre, está compuesto de la cotidiana amenaza, el garrote y la tortura.
El orden reina en Montevideo y el resto del país, pero no todo es fiesta progresista y bailes alegres por los barrios, la exclusión social y otros “daños colaterales” del sistema, se administran también con las fuerzas represivas del Estado sobre los pobres o los que protestan.

Ninguna reforma y ninguna forma

Hay quienes doblan la apuesta derechista como Larrañaga y su “reforma” que propone la militarización de la represión estatal. Pero el régimen en su conjunto ya sostiene sus propias formas regimentadoras del orden social y político.
De ninguna forma debe ser aceptable desde filas trabajadoras y populares la represión estatal y criminalización de la pobreza y la protesta que se impone como la que opera ahora o se quiera imponer como la de Larrañaga u otros derechistas.
No es admisible que se siga retrasando más la respuesta independiente y popular frente a la represión actual o las propuestas de mayor regimentación y militarización de la sociedad. Lo que está planteado no es solo derrotar a la “reforma” reaccionaria de Larrañaga en el plebiscito, lo que está planteado es derrotar en su conjunto a este modelo de sociedad depredador (de la naturaleza y las personas), marginador y represor.

Sebastián Artigas
Lunes 9 de septiembre | 09:25

Crisis en el Reino Unido: el Brexit fuera de control




El primer ministro pierde una votación clave en el Parlamento y pierde el control del Brexit. ¿Cómo sigue la crisis a partir de ahora?

El primer ministro Boris Johnson ha perdido el control del Brexit. La Cámara de los Comunes (cámara baja), mediante una alianza entre el Partido Laborista, los Verdes, los Liberales Democráticos y los llamados Conservadores “rebeldes”, le cerró el camino al “hard Brexit”, es decir, a la ruptura unilateral del Reino Unido con la Unión Europea (UE). Habrá que ver si finalmente la Cámara de los Lores (cámara alta) aprueba esta ley y por último si la reina la promulga. Pero en la instancia parlamentaria, que en el sistema británico es la que expresa la “soberanía popular” electoral, Johnson acaba de sufrir una derrota que puede derivar en nuevas elecciones anticipadas. Si fuera así, sería la tercera elección general en cuatro años.
La cuenta regresiva hacia el 31 de octubre, cuando vence el último plazo que le dio la UE para concretar el Brexit, ha actuado como un acelerador de los tiempos. Y también como un gran revelador de la profunda crisis política y estatal –es decir orgánica- que amenaza ya no solo el estatus geopolítico y las relaciones comerciales de esta vieja potencia imperialista en decadencia, sino su propia continuidad como entidad estatal.
El “hard Brexit” con el que amenaza el actual primer ministro conservador Boris Johnson es el equivalente a una opción nuclear.
Podría dinamitar el acuerdo de Viernes Santo de 1998 que puso fin al conflicto de Irlanda del Norte, manteniendo una frontera abierta con la República de Irlanda.
Dispararía casi con seguridad un segundo referéndum en Escocia –que es profundamente europeísta- para lograr, esta vez sí, su independencia.
Y le haría perder a los grandes capitalistas británicos una relación privilegiada con el bloque europeo, al que se dirige gran parte de sus exportaciones, para no hablar de la City de Londres que ha oficiado de principal plaza financiera de la UE. Esto a cambio de un incierto acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, que tiene como única garantía la endeble promesa de Donald Trump.
A todas luces, demasiadas contradicciones para ser absorbidas por un primer ministro cuya única base de legitimación son los 92.000 afiliados del partido conservador que lo eligieron.
Quienes siguen de cerca la política británica manejan dos hipótesis. Una que efectivamente Johnson es un euroescéptico furioso que considera que el Reino Unido debe recuperar su soberanía. Y otra que sería una táctica de negociación dura para lograr concesiones de Bruselas que mejoren el acuerdo logrado por May. En particular, eliminar o flexibilizar el llamado “backstop” que dicho sencillamente es una especie de salvaguarda que mantendría abierta la frontera entre las dos Irlandas en caso de que no hubiera una ruptura acordada.
El cálculo de Johnson es que la UE estaría dispuesta a pagar un precio para evitar el Brexit en una situación teñida por la recesión inminente en Alemania, la guerra comercial con Estados Unidos y las crisis políticas, como la de Italia, precipitadas por corrientes populistas y euroescépticas. Pero hasta ahora esta hipótesis no se ha corroborado y la UE no ha dado muestras de flexibilidad, en particular en la cuestión de Irlanda que es una de las líneas rojas que Bruselas no está dispuesta a cruzar.
A juzgar por la evolución de los acontecimientos, la estrategia de presión in extremis se ha demostrado peligrosa.
Los hechos de las últimas semanas muestran por sí solos la profundidad de la crisis, que ha tenido su expresión superestructural, y por lo tanto distorsionada, en la pulseada sin tregua entre el Parlamento y el Ejecutivo. Pero que tiene sus raíces en la fractura social surgida de las contra reformas neoliberales y las décadas de globalización.
El intento bonapartista de Johnson de cerrar la cámara baja durante cinco semanas, que le fue concedido por la reina Isabel II en homenaje a la supuesta neutralidad de la corona en los asuntos políticos, terminó siendo un bumerán.
Hizo que decenas de miles de personas salieran a la calle a protestar contra lo que consideraron una suerte de “golpe”. Y facilitó la alianza multipartadaria que le propinó al primer ministro tres derrotas consecutivas en un solo día: primero perdió la mayoría, después el orden del día y finalmente el control del Brexit.
Esta prolongada guerra de desgaste que ya lleva cuatro años se ha devorado a dos ministros. Primero al gobierno de David Cameron, el conservador que ofició de aprendiz de brujo con el llamado al referéndum en 2016 en el que inesperadamente se impuso el “leave” (salir de la UE) por escaso margen. Y luego al de su sucesora, Theresa May que azuzó al ala euroescéptica más dura y luego trató sin éxito de hacer votar un divorcio negociado con la UE que para los “brexiters” de paladar negro equivalía a mantener al Reino Unido como “vasallo” del bloque europeo. Boris Johnson está a punto de ser el próximo en ser tragado por este agujero negro.
Sin embargo, la gran preocupación para la estabilidad burguesa es que la principal víctima del Brexit ha sido el partido conservador, el instrumento político más directo de los grandes capitalistas. Los tories se han dividido en otras oportunidades pero ahora parece haberse desatado una guerra civil sin cuartel.
Johnson expulsó a los 21 conservadores “rebeldes” que se unieron a la oposición y fueron los artífices de su derrota, entre los que se encuentran servidores ilustres de la clase dominante como el nieto de Churchill o los exministros de Hacienda Philip Hammond y Kenneth Clarke.
Bajo su liderazgo se ha transformado en el “partido del Brexit”, es decir, un partido populista, euroescéptico similar a las formaciones de la extrema derecha que florecen a ambos lados del Atlántico. En cierto sentido, esta transformación es similar a la del Partido Republicano norteamericano bajo Trump.
Si hubiera elecciones anticipadas probablemente Johnson persiga la estrategia de enfrentar al “pueblo”, que supuestamente querría el Brexit, con la “élite” que se rinde ante la UE. Johnson se tiene confianza porque percibe el momento de debilidad del laborismo y el desgaste relativo de su líder, Jeremy Corbyn.
Apostar a la polarización puede ser una estrategia útil para ganar elecciones. Pero como muestran los gobiernos de Trump, Bolsonaro, o el propio Boris Johnson, la dificultad que tiene la clase dominante son los gobiernos con base social estrecha, es decir, sin hegemonía, para lidiar con los desafíos de los explotados.
Hasta ahora, la burguesía británica cuenta con el hándicap que le ha dado el Partido Laborista, que bajo la dirección del ala izquierda de Jeremy Corbyn ha actuado como un factor de moderación en la situación caótica del Brexit.
Sin embargo, los grandes capitalistas ven con desconfianza la posibilidad de que Corbyn llegue a ser primer ministro, no porque tenga una estrategia distinta a la colaboración de clases tradicional del laborismo, sino porque su programa que incluye renacionalizaciones y ciertas medidas de un tibio reformismo, pero reformismo al fin, despiertan el entusiasmo de amplios sectores de la juventud que se entusiasma con revertir décadas de austeridad y neoliberalismo y se han venido movilizando por decenas o cientos de miles. En última instancia, es el temor de siempre de los burgueses: que la combinación catastrófica de ilusiones y crisis de los de arriba termine motorizando la lucha de
clases.

Claudia Cinatti
Miércoles 4 de septiembre | 18:05

domingo, 8 de septiembre de 2019

Memoria de Vietnam en el noticiero ICAIC latinoamericano




La Mesa Redonda, en coordinación con la Cinemateca de Cuba, presentará este viernes, desde las 7:00 pm, una selección especial de las numerosas emisiones que el Noticiero ICAIC Latinoamericano, bajo la dirección de Santiago Álvarez, dedicó a la guerra de resistencia del pueblo vietnamita y a su líder histórico e inspirador fundamental, el Presidente Ho Chi Minh.

Liberaron dos compañeros y todavía cuatro permanecen detenidos




En la noche de ayer han sido liberados dos compañeros de los detenidos durante la represión policial sobre la marcha contra UPM. Todavía cuatro permanecen detenidos.

Han liberado a dos de los seis compañeros detenidos en la violenta represión policial sobre la marcha contra UPM del jueves. Todavía cuatro permanecen detenidos y comparecerán ante Fiscalía nuevamente en la mañana de hoy. Los familiares aquí denuncian que en algunas comisarias no han dejado pasar medicamentos y ropa de abrigo para los compañeros presos.
Organizaciones de DDHH y sociales, sindicatos y activistas en general convocan a continuar el respaldo a los compañeros que todavía permanecen detenidos, concentrando en las diversas sedes del Poder Judicial, tal como se hizo en la jornada de ayer.
El PIT-CNT, SERPAJ, FEUU, numerosos sindicatos y organizaciones sociales han manifestado su repudio a la represión y detenciones a manifestantes.
Entre los compañeros todavía detenidos se encuentra nuestro compañero de La Izquierda Diario Facundo, que fue detenido arbitrariamente por el solo hecho de estar filmando y registrando la brutal represión policial.
Desde La Izquierda Diario exigimos la inmediata liberación de Facundo y los otros compañeros presos e invitamos a nuestros lectores a participar de las concentraciones en respaldo a los compañeros detenidos.

La Izquierda Diario Uruguay
Sábado 7 de septiembre | 12:13

Denuncian demoras en los traslados de los detenidos a la Fiscalía

Según lo anunciado en la noche de ayer, los cuatro compañeros que aún continúan detenidos a causa de la represión en la marcha Contra la injerencia de UPM en la Educación debían ser trasladados hoy a las 9hs a Fiscalía General ubicada en Cerrito y Misiones.
Desde temprano se supo que se encontraban dispersos en distintas comisarías y familiares de los compañeros detenidos denunciaron que no se les permitió ingresar ropa de abrigo y medicamentos, entre otras cosas.
Las organizaciones sociales también denuncian demoras en el traslado de los detenidos. Según versiones la abogada defensora y el fiscal habrían solicitado el traslado de los cuatro compañeros desde hace algunas horas. Se nos informa que recientemente habrían sido trasladado dos de las cuatro personas y que ya estarían en la Fiscalía.

La Izquierda Diario Uruguay
Sábado 7 de septiembre | 12:50

PIT-CNT, SERPAJ, y otros repudian represión y exigen liberación de detenidos

El Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT, SERPAJ y otras organizaciones sociales repudian la represión y exigen la liberación de los detenidos. El sindicato de profesores de Montevideo (ADES) convocó a parar desde las 14 horas de hoy para ir a Fiscalía.

Luego de la violenta represión policial sobre la marcha contra UPM y las detenciones de manifestantes el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT, SERPAJ, ATCDE, AsEEC han emitido sus respectivos comunicados de repudio y se siguen sumando. A su vez el sindicato de profesores de secundaria estableció un paro desde las 14 horas hasta el final de la jornada para concurrir a Fiscalía.
El Senador de Casa Grande (FA) Rafael Paternain rechazó a través de su cuenta de twitter la brutal represión policial acaecida en la noche de ayer, asociando la violencia policial en la manifestación con la que “se da a diario en los barrios, en las cárceles”.

La Izquierda Diario Uruguay
Viernes 6 de septiembre | 17:23

viernes, 6 de septiembre de 2019

El golpe parlamentario pone al rojo vivo la crisis del Reino Unido




El cierre del Parlamento británico por parte del primer ministro Boris Johnson, con la anuencia de la reina Isabel II, ha abierto un nuevo escenario de la crisis política.

Si bien el cierre ordenado por Johnson no es indefinido (se extiende del 10 de septiembre hasta el 14 de octubre), limita los tiempos de deliberación del Parlamento sobre el Brexit, que debería consumarse drásticamente a fines de octubre, si no media antes una reformulación del acuerdo con la Unión Europea o una nueva prórroga. La respuesta de la oposición al golpe de Johnson consistió en una votación en la Cámara de los Comunes en favor de una prórroga por parte de la Unión Europea, a la que se adhirió un sector del partido conservador, desautorizando de este modo el planteo del primer ministro de un Brexit a cualquier precio. Para hundir la maniobra, Johnson presentó una moción por nuevas elecciones, bajo la convicción de que puede ganar cómodamente esos comicios y forjar una mayoría parlamentaria sólida -hoy cuenta con una exigua mayoría y puramente nominal, puesto que depende del humor de un partido unionista norirlandés y de un sector crítico del partido conservador, que agrupa algunas decenas de diputados. Pero la moción no obtuvo los dos tercios de los votos que necesitaba, lo que asestó al primer ministro un duro doble golpe en una sola jornada.
La abstención de los laboristas fue decisiva para que no prosperara la moción de nuevas elecciones. Jeremy Corbyn no se opone a ir a las urnas, pero exige la desactivación previa de la bomba de un Brexit desordenado.

Golpismo y elecciones

El pisoteo de la voluntad popular que supone la clausura del Parlamento tiene como añadido que Johnson sólo ha sido votado por 90 mil miembros del partido conservador en una elección interna (o sea, el 0,25% del electorado). Llegó al poder tras la caída en desgracia de Theresa May. Pero los demócratas “europeístas”, que le cuestionan esa ilegitimidad, actúan a su vez haciendo caso omiso de un referéndum que resultó favorable al Brexit, en 2016. Ya se sabe que la agudización de la crisis capitalista y las tensiones sociales disparan los atropellos del gran capital sobre sus propias formas políticas democráticas. Asistimos a un golpe en la cuna del parlamentarismo. Más en general, bajo la excusa de la guerra contra el terrorismo, los gobiernos de las grandes potencias capitalistas han dado un salto desde el 11-S (Torres Gemelas) en legislaciones de excepción y supresión de libertades democráticas.
El golpismo de Johnson dio lugar a movilizaciones de algunas decenas de miles de personas durante el fin de semana en varias ciudades, comandadas por sectores contrarios a una salida del Reino Unido, pero que estuvieron por debajo de las movilizaciones previas contra el Brexit.
En el escenario de una nueva elección, Johnson buscaría ensanchar su base parlamentaria, disciplinando al partido conservador y sumando los votantes del ultraderechista Partido del Brexit -que ganó las últimas elecciones europeas. Queda planteada la posibilidad de un acuerdo electoral e incluso de un cogobierno con esta fuerza ultrarreaccionaria, si bien el partido de Nigel Farage ha puesto reparos públicamente a dicha posibilidad. Johnson se tiene fe en una nueva elección, pero no hay que olvidar que el adelanto electoral de May para reforzar su mayoría en el Parlamento culminó en un fiasco. Un Johnson reforzado sería el reforzamiento de un gobierno de guerra contra los explotados. Su debut ya estuvo marcado por exenciones impositivas al capital y un reforzamiento del aparato represivo.
Es probable que para enfrentar a Johnson se estimule un acuerdo “europeísta” entre liberal-demócratas y laboristas, e incluso sectores del partido conservador. Pero esa variante difícilmente superaría la prueba de la fragmentación política. En las vísperas del cierre del Parlamento por parte de Johnson, sonaba la posibilidad de una moción de censura contra el primer ministro y un gobierno provisional, de unidad nacional, liderado por Jeremy Corbyn, el líder del partido laborista. Pero fracasó por el rechazo de los liberal-demócratas. Aunque la variante de unidad nacional se haya frustrado, está claro que asistimos a tiempos políticos excepcionales. El último gobierno de este tipo corresponde a 1931, dos años después del crack financiero de Wall Street, cuando los laboristas de Ramsay McDonald se unieron a los conservadores. En tanto, el último cierre del parlamento se remonta a 1948.

El laborismo

Corbyn sostiene una posición ambigua con respecto al Brexit para hacer equilibrio, toda vez que en su partido hay simpatizantes tanto de la permanencia como de la salida (un sector de los sindicatos y del movimiento obrero votó por el Brexit en 2016 ante el impacto del derrumbe industrial). Se muestra partidario de una prórroga y un nuevo referéndum, pero no indica si votaría en él a favor o en contra. El mismo cuadro de división caracteriza al partido conservador, el otro gran partido del Reino.
La encrucijada de Corbyn es la encrucijada que plantean dos variantes de crisis: la de un proyecto europeísta en agonía y la de un proyecto nacionalista amenazado por el abrazo del oso de Estados Unidos (que ofrece un rápido tratado de libre comercio cuando se produzca el Brexit).
Hay sectores de la izquierda británica (como el SWP y el SP) que alientan una nueva elección bajo la expectativa de un triunfo de Corbyn, que levanta una agenda de reformas sociales. Pero el partido laborista viene de pagar sus divisiones internas con una caída en las últimas elecciones municipales, por lo que no es una apuesta segura.

Unidad socialista

Las aguas están más que agitadas. El gran capital, que en forma mayoritaria recela de una salida, inició relocalizaciones ante el temor de un Brexit duro. Los dos partidos históricos están fuertemente divididos. Y la disgregación que supone el Brexit para el continente tiene como complemento una disgregación del propio Reino Unido. El gobierno escocés, cuya fuerza mayoritaria es europeísta (el SNP), amenaza con un nuevo referéndum de independencia. El Brexit reabriría, a su vez, el conflicto en Irlanda.
Las masas británicas han quedado aprisionadas hasta ahora entre dos variantes capitalistas, sin que emerja una alternativa política independiente que contemple los intereses de los trabajadores.
Frente a las tendencias centrífugas en el Reino Unido y en Europa, cobra mayor actualidad el planteo de los estados unidos socialistas.

Gustavo Montenegro

Bolsonaro reivindicó a Pinochet: "Si no fuera por él, Chile sería una Cuba"




Lo dijo en respuesta a la denuncia de la expresidenta chilena y actual Alta Comisionada para los DD.HH. de la ONU, Michell Bachelet, que denunció la “reducción del espacio democrático” en Brasil.

El presidente de Brasil, el misógino, racista y amante de las dictaduras, Jair Bolsonaro, este miércoles hizo una crítica a la ex presidenta Michelle Bachelet, quien se desempeña como Alta Comisionada para los DD.HH. de la ONU.
Luego de que Bachelet asegurara que en Brasil hubo "una reducción del espacio democrático", Bolsonaro respondió diciendo que ella defendía "los derechos humanos de los vagabundos" y le señaló: "Señora Michelle Bachelet: Si no fuera por el personal de (Augusto) Pinochet, que derrotó a la izquierda en 1973, entre ellos a su padre, hoy Chile sería una Cuba". Además, Bolsonaro dijo que la expresidente chilena estaba "siguiendo la línea" del Presidente de Francia, Emmanuel Macron, ya que se estaba "entrometiendo" en asuntos de soberanía nacional.
El 31 de marzo pasado el Presidente brasileño ordenó por primera vez en años la conmemoración del golpe de estado de 1964 que destituyó al presidente constitucional Joao Goulart y hace un mes recibió en el Palacio del Planalto a la viuda del militar torturador, uno de los más emblemático del régimen, el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, una de cuyas víctimas fue la expresidenta Dilma Rousseff.
Bolsonaro al parecer no se conforma con exaltar solo a las dictaduras. El ultraderechista Bolsonaro busca con su discurso de odio polarizar por derecha el escenario y trayendo a colación a sus amigos dictadores, busca recomponer una derecha activa contra los movimientos sociales y la izquierda.
El Presidente brasileño en 2015, en un programa de televisión, ya había asegurado que "Pinochet hizo lo que tenía que hacer…Tenía que actuar de forma violenta para recuperar a su país".
Los chilenos no se olvidaron de sus dichos y, en su primera visita como mandatario a ese país, en marzo de este año, organizaron una masiva protesta en su contra. Familiares de víctimas de Pinochet marcharon en Santiago con carteles que decían "Bolsonaro fascista".

LID
Miércoles 4 de septiembre | 16:47

jueves, 5 de septiembre de 2019

Con el hallazgo de restos de desaparecidos la impunidad no se termina




El hallazgo de los restos de un compañero desaparecido por la dictadura cívico militar es un triunfo de la lucha por los DDHH, pero por más que algunos políticos ahora acomodan su discurso, la lucha por encontrar al resto de los compañeros y compañeras y por exigir Justicia no debe terminar.

Se comprobó en las últimas horas que el cuerpo hallado es un varón desaparecido durante la dictadura. Esto sin duda es un triunfo del movimiento por los derechos humanos y democrático. Y también, una bofetada a los sostenedores y defensores de la impunidad, empezando por los militares, los políticos de los partidos del régimen del Pacto del Club Naval, el poder judicial, entre otros.
Inicialmente (antes de saber el sexo del cuerpo hallado) se pensaba que dichos restos podrían pertenecer a Carlos Arévalo, Eduardo Bleier, Juan Manuel Brieva, Julio Correa, Julio Escudero, Otermino Montes de Oca, o hasta de la maestra Elena Quinteros.
El hallazgo refuta nuevamente la versión que sostenía la Comisión para la Paz del ex presidente Jorge Batlle, que decía que hubo una Operación Zanahoria que incineró todos los restos de los desaparecidos y que posteriormente los mismos fueron arrojados al río de la Plata. El hallazgo anterior de los restos de Ubagésner Cháves Sosa, Fernando Miranda, Julio Castro y Ricardo Blanco, sumados a los restos de dos personas más que no pudieron ser identificadas con las pruebas de ADN realizadas, ya había más que refutado por lo menos la teoría de la eliminación total de los restos.
Los restos del Batallón 13 fueron encontrados en una zona “cautelada” por la Justicia desde el año 2011. Se confirma con el hallazgo, la misma forma de enterramiento de los cuerpos con respecto a los casos anteriores por el uso de cal viva en el mismo, además de posibles indicios de tortura, para eliminar posible evidencia. Pero los huesos en sí ya son una prueba del crimen y de la responsabilidad de la Justicia de actuar en consecuencia sobre los responsables y sus encubridores.

Hipocresía electoral

Políticos de los grandes partidos aprovecharon la ocasión, en el medio de la campaña electoral, para manifestarse a favor de la búsqueda de restos de desaparecidos, empezando por Manini Ríos que le había mentido a Familiares acerca de la ubicación de restos: “Ojalá que aparezcan, el tema es que haya información que permita llegar a eso” y agregando que “en la medida que haya información creíble hay que apoyar este tipo de búsquedas”.
Al igual que Manini, los cuatro candidatos presidenciales que participaron de un evento de la masonería también dijeron lo suyo. Daniel Martínez indicó que “… pese a que se ha intentado muchas veces tirar un manto de olvido sobre esto, hasta que no se sepa qué pasó con cada desaparecido es una lucha que debe continuar”. Por su lado, Ernesto Talvi dijo que “En la medida que este sea un hallazgo y que pueda permitirle a una familia cerrar una etapa dolorosa de su vida, bienvenido sea”.
También Luis Lacalle Pou argumentó en el mismo sentido diciendo que “saber de quién se trata para generar paz, tranquilidad en familiares, en las organizaciones y en mucha gente que está atrás de este tema hace mucho tiempo”. Y finalmente Pablo Mieres sostuvo que “Recibimos la noticia con satisfacción y reiteramos nuestro compromiso inquebrantable a continuar esta lucha y nuestro saludo a los familiares de desaparecidos. Me parece una muy buena noticia que habla de que hay que seguir buscando”.
Todos tienen en común el coincidir en la necesidad de la continuidad de la búsqueda de restos y no hablar una sola palabra de la impunidad y la búsqueda de justicia. Como si los restos hubieran aparecido mágicamente de la nada y no tengan que ver con el horror de la represión dictatorial y el Plan Cóndor, como si no supieran que solo menos de una decena de compañeros hayan aparecido de casi doscientos, después de décadas de impunidad sostenida por el régimen de partidos que ellos mismos integran.
Palabras hipócritas de los responsables de la continuidad del dolor de las familias (que tienen el tupé de mencionar) a las que durante décadas se les ha negado algo tan elemental como enterrar a sus propios familiares.

Banalización del mal

La naturalización del Terrorismo de Estado es tal en el sistema de partidos que ninguno de sus principales referentes ha mencionado una palabra del escándalo que significa el que las instituciones con el monopolio de la fuerza del Estado estén ocultando durante décadas las huellas de sus crímenes contra la humanidad. Y de que los hallazgos de restos revelan precisamente eso, el carácter criminal y encubridor de dichas instituciones, como si fuera totalmente normal que encuentren restos humanos sin ninguna consecuencia.
Esa es la banalización de los crímenes de lesa humanidad que impone nuestro sistema político, que se vanagloria de hablar del “dolor de las familias” y de “cerrar heridas”. Esta es otra muestra más del interés que tienen de enterrar la memoria de nuestros compañeros desaparecidos, junto a la lucha por justicia de los familiares y los miles de presos y presas políticos que también sufrieron el Terrorismo de Estado.

La lucha contra la impunidad no se termina

Por más que los militares, que dicho sea de paso no se inmutaron con el nuevo hallazgo del cuerpo, lo cual reafirma su compromiso con el Terrorismo de Estado, y el régimen de partidos quieran ahora imponer un relato para ignorar la lucha contra la impunidad y por justicia. Los trabajadores, el movimiento de DDHH y la juventud deben redoblar su lucha de forma independiente.
No solo por encontrar a cada uno de los casi doscientos compañeros desaparecidos uruguayos, sino también contra la impunidad de la mayoría de los criminales todavía impunes de la dictadura y el Plan Cóndor, y de los privilegios que gozan los pocos represores que al día de hoy fueron condenados.

Sebastián Artigas