viernes, 26 de abril de 2019
La nueva derecha
«El mundo viene y te despierta
sin una noticia buena,
no encuentras nada cuerdo que no seas tú,
buscándote la paz por dentro, por dentro»...
Tras el rastro de una canción de Santiago Feliú entramos de frente a los males de este tiempo buscando esa paz, que traiga algún día buenas noticias. Si te decides a emprender esta aventura espiritual que lleva por santo y seña La Pupila Asombrada eres…
Bienvenida, bienvenido, y también viceversa
jueves, 25 de abril de 2019
La dominación imperialista en Latinoamérica y Europa: notas para una discusión
La desorbitada beligerancia del imperio
Una pregunta que no dejan de hacerse víctimas y testigos de la creciente agresividad del imperialismo refiere a la inexistencia, o en todo caso debilidad, de las fuerzas y actores internacionales que deberían impedir o por lo menos tratar de limitar los alcances de la intensificación de la ofensiva lanzada contra Venezuela, Cuba y Nicaragua por parte de la Administración Trump. [1] La historia de los imperios demuestra sobradamente que en su fase de declinación éstos se tornan más violentos y sanguinarios, y que sus líderes tienden a ser más toscos y brutales. No sólo sus líderes, como lo demuestra con claridad Donald Trump. También su entorno de asesores y consejeros refleja similar involución, llegando a constituir algo semejante a lo que Harold Laski, refiriéndose a los dirigentes del fascismo europeo, denominaba “elites de forajidos”. [2] No hace falta remitirse al profeta Moisés y las Tablas de la Leypara concluir que torvos personajes como John Bolton, Elliot Abrams, Mike Pompeo, Juan Cruz, Marco Rubio y la directora de la CIA, Gina Haspel, son una pandilla de hampones que sólo como producto de la acelerada descomposición moral y política del imperio trasiegan por las oficinas de la Casa Blanca cuando el sitio apropiado para sus afanes debería ser una cárcel de máxima seguridad en el desierto de Nevada. No hay entre ellos un solo estadista o un intelectual capaz de ofrecer una visión realista y sofisticada de la realidad contemporánea. Ninguno resistiría diez minutos de debate con Vladimir Putin o Serguéi Lavrov, eventualmente con Xi Jiping, porque serían intelectualmente destrozados de manera fulminante.
¿Hampones? Sí, pero también algo más. En una entrevista relativamente reciente Madelein Albright sentenció que “un fascista es un matón con ejército”, definición que calza como anillo al dedo para definir a la actual dirigencia estadounidense. [3] Son fascistas que dirigen un ejército de alcance planetario. No sorprende que el diagnóstico sobre la situación internacionalde estos personajes sea de un espeluznante simplismo, a la Hollywood. Están los buenos y los malos, los primeros son ellos, los estadounidenses, y los demás, los malos que se subdividen en dos tipos. Una tropa de cobardes poco dispuestos a pagar por su defensa (como los europeos, según el círculo áulico de Trump) y un enorme conglomerado de holgazanes, ladrones, narcotraficantes, asesinos y violadores que seríamos todos los restantes habitantes del planeta. Este desaforado maniqueísmo lo expresó de manera rotunda otra eminente mediocridad que ocupó la Oficina Oval de la Casa Blanca: George W. Bush quien, al lanzar su campaña “antiterrorista” después del 11-S advirtió a los pueblos del mundo que “quien no esté con nosotros estará contra nosotros”. Con nosotros, los buenos, o los malos redimidos; contra nosotros, y ateniéndose a las consecuencias, todos los demás.
Por consiguiente, la actual escalada belicista instrumentada mediante la aplicación de todos los capítulos de la Ley Helms-Burton en contra de Cuba y un torrente de sanciones económicas en contra de Venezuela, Nicaragua y, allende del Atlántico, Rusia y Corea del Norte, es expresión de la tambaleante situación que atraviesa el imperio americano, cuyos más lúcidos analistas y estrategas coinciden en señalar que los días del apogeo imperial ya quedaron definitivamente atrás. De ahí que Trump y sus secuaces hayan arrojado por la borda las sutilezas y losdelicados pasos de minué propios del juego diplomático (ejemplificado al reducir el presupuesto y funciones del Departamento de Estado y designar a un “hombre de acción” como Mike Pompeo como su Secretario) y exaltado el papel de la coerción y la violencia como instrumentos para reconstruir aquel orden mundial con que muchos se ilusionaron: el “nuevo siglo americano”, infantil espejismo con que se entretuvieron muchos académicos y analistas tras el derrumbe de la Unión Soviética pensando que este sigloveintiuno sería el del predominio absoluto e incontestable de Estados Unidos. Se equivocaron de medio a medio, y a la inicial frustración derivada del incumplimiento de tan rosados designios siguió una apuesta tan tenebrosa como temeraria por la violencia.
Una vieja obsesión y la guerra de quinta generación
Sería injusto decir que todo esto sobreviene, como un rayo en un día sereno, de la mano de Trump. Tiene orígenes lejanos. Como lo hemos demostrado en nuestro América Latina en la Geopolítica del Imperialismo [4] la opción guerrerista estaba ya firmemente instalada en los planes de la Administración Clinton y Madelein Albright fue una de sus más elocuentes voceras cuando advertía a propios y ajenos que para Washingtonla opción por el multilateralismo sería respetada “cuando fuera posible”; en caso contrario “el unilateralismo seguiría siendo necesario”. Traducción: negociación diplomática multilateral enel marco de la ONU en la medida que sea posible -y conveniente- para los intereses de EEUU; si esto no funciona el músculo militar deberá aplicarse cada vez que sea necesario. No podemos olvidar que fue el presidente Barack Obama quien en el 2015 abrió las puertas ala violencia desatada por Trump contra Venezuela cuando emitió una infame orden ejecutiva declarando que la situación del país sudamericano obligaba a la Casa Blanca a declarar una “emergencia nacional” por la “amenaza inusual y extraordinaria” que la patria de Bolívar y Chávez representaba para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. [5]
El razonamiento anterior permite comprender las razones por las que ante el evidente fracaso diplomático de EEUU para lograr un consenso a favor de su criminal bloqueo a Cuba –repudiado masivamente año tras año en la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas- o de hacer que la “comunidad internacional”se encuadre tras las directivas golpistas de Washington para designar a un fantoche impresentable como “presidente encargado” de Venezuelala respuesta del gobierno estadounidense haya sido recurrir a las nuevas armas de la guerra, esas que constituyen lo que algunos analistas denominan como “guerra de quinta generación.” Ya de poco o nada sirven los tratados de control de armas de la época de la Guerra Fría porque hoy las guerras se libran cada vez con mayor frecuencia con artefactosdistintos de los convencionales: ataques informáticos, pulsos electromagnéticos teledirigidos, propaganda, terrorismo mediático, sanciones económicas, presiones diplomáticas, nanotecnología y robótica aplicadas al campo militar. No es que las armas tradicionales hayan caído en desuso sino que las tareas de “ablande” de la resistencia ante el agresor imperialista, que antaño realizaban los bombardeos y los ataques convencionales con helicópteros artillados o misiles lanzados desde navíos de guerra, hoy esas tareas se llevan a cabo apelando a unapropaganda que sataniza al enemigo, promueve el caos y la desintegración social a la vez que lanza formidables agresiones económicas (bloqueos comerciales, confiscaciones de activos, amenazas a proveedores de insumos básicos o compradores de lo producido por una economía, etcétera)y ataques informáticos a centros neurálgicos de un país -una usina hidroeléctrica, por ejemplo- como lo demuestra el caso de Venezuela en estos días. Nuevas armas para un nuevo tipo de guerra que sin disparar un solo tiro pueden ocasionar inmensos daños a la infraestructura de un país al privarlo de energía eléctrica -y, por ende, de iluminación, agua, gasolina, transporte, internet, etcétera -y causar enormes sufrimientos a su población. En el caso del país bolivariano la apuesta del imperio es que ante tamañas penurias y sufrimientos se produzca un incontenible levantamiento popular que ponga fin a la revolución bolivariana y al gobierno de Nicolás Maduro. Fracasaron, y seguirán fracasando porque subestiman la capacidad de resistencia de venezolanas y venezolanos; y porque los ataques de Estados Unidos han consolidado aún más la vocación antiimperialista del pueblo venezolano al paso que la oposición –por su cipayismo, su falta de patriotismo, su desprecio por la historia nacional y por la autodeterminación popular- ha quedado reducida a casi nada. Carente por completo de capacidad de liderazgo. Guaidóse desdibuja como una figura fantasmal en acelerado proceso de evaporación, sostenido a duras penas por la canalla mediática y los gobiernos tributarios de la Casa Blanca que se desviven por satisfacer las órdenes del nuevo Calígula, el más monstruoso de los emperadores romanos según el historiador Suetonio. [6]
La agresión económica, hoy perfeccionada como un puntal del nuevo tipo de guerra, ya fue ensayada sin éxito con Cuba desde hace más de sesenta años. En un memorando elocuentemente titulado (con una enorme dosis de wishful thinking) “La declinación y caída de Castro”, fechado el 6 de Abril de 1960 y dirigido al Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, Roy R. Rubottom Jr.se reconocía que la mayoría de los cubanos apoyaban al gobierno revolucionario y que, como hoy en Venezuela, no existía oposición efectiva, ante lo cual lo se concluía que el “único medio previsible para alienar el apoyo interno a Castro era el desencanto y ladesafección basados en la insatisfacción y las penurias económicas.” Era responsabilidad de Washington, por lo tanto, desatar toda clase de iniciativas tendientes a producir, precisamente, los sufrimientos y privaciones que encenderían la chispa de la rebelión. [7]
La incentivación de este tipo de conducta es lo que, con las renovadas presiones económicas y financieras, está en los planes actuales de Washington en relación no sólo a Venezuela sino también Cuba y Nicaragua. Al principio de esta nota nos preguntábamos por la ausencia, o al menos notoria debilidad, de fuerzas compensatorias en el marco internacional que pudieran atenuar, cuando no neutralizar, los letales efectos de la brutal contraofensiva norteamericana encaminada a recuperar el control absoluto de Nuestra América. Es indiscutible que en el emergente mundo policéntrico o multipolar estas fuerzas compensatorias existen y, hasta ahora, han tenido una cierta eficacia en impedir que Estados Unidos apelara, como lo hiciera rutinariamente a lo largo de todo el siglo veinte, a la “opción militar”, que al decir de los personeros de Washington “está siempre sobre la mesa.” Basta con recordar lo ocurrido en Santo Domingo en 1965, Granada en 1983 y Panamá en 1989 para constatar lo mucho que ha cambiado el mundo y la declinante capacidad de Estados Unidos para apelar unilateralmente a la intervención militar para deshacerse de gobiernos desobedientes. Hoy es muy poco probable que lo vuelva a intentar, y esto es de por sí una gran noticia. Claro que si esa alternativa parece descartada se debe menos a los escrúpulos morales de la dirigencia norteamericana que a los límites que impone una correlación internacional de fuerzas en donde países como Rusia y China se han manifestado, de modo rotundo, en contra de la misma con declaraciones de una inusual dureza. Pero la neutralización de una guerra económica,o de una pertinaz propaganda satanizadora de gobiernos revolucionarios, o del terrorismo mediático para ni hablar de los ataques informáticos es algo mucho más difícil de concretar.
Europa y el imperialismo norteamericano
Lo anterior obedece, en buena medida, a la lamentable deserción de los gobiernos europeos de sus responsabilidades en el mantenimiento del orden y la legalidad internacionales. Un efectivo contrapeso a las sanciones económicas arbitrariamente impuestas por Washington a los países que, en su parecer, representan una amenaza a la paz mundial o a la seguridad nacional de Estados Unidos sólo puede ser interpuesto por gobiernos que cuenten con una cierta gravitación internacional. No es algo que esté al alcance de la enorme mayoría de los países de la periferia mundial del capitalismo, carentes de los recursos económicos, intelectuales y tecnológicos para neutralizar los dispositivos de la guerra de quinta generación que ha lanzado Estados Unidos. Pero sí es algo que las viejas potencias coloniales pueden hacer ydesgraciadamente no hacen. Países como Francia, Italia, Reino Unido, Alemania, España, Portugal, Holanda y Bélgica, amén de algunos otros, podrían rechazar de plano la antidemocrática e ilegal “extraterritorialidad” de las leyes dictadas por el Congreso de Estados Unidos, y sin embargo no lo hacen. Al contrario, aceptan sin chistar este humillante avasallamiento de la soberanía nacional. Las leyes de los países europeos carecen de aplicación en Estados Unidos, pero las de éste se imponen, como corresponde a un imperio, en casi todo el mundo. Un ejemplo extremo, pero no por ello único, es lo ocurrido con el principal banco de Francia, el BNP Paribas que en Junio de 2014 fue condenado a pagar una multa de 8.834 millones de dólares (unos 6.450 millones de euros) por desobedecer las sanciones económicas impuestas contra Sudán , Irán y Cuba . No sólo eso: por órdenes del Departamento del Tesoro de EEUU el BNP Paribas tuvo también que despedir a 13 funcionarios involucrados en esas operaciones y al jefe de operaciones internacionales del banco. Y ante tamaño atropello las autoridades francesas no tuvieron las agallas para rechazar de plano la insolente injerencia estadounidense en su propio país limitándose a refunfuñar que aquella decisión “no era razonable” (el canciller Laurent Fabius dixit); o que le parecía “desproporcionada” (el presidente François Hollande) mientras el General Charles de Gaulle se revolvía asqueado en su tumba. [8]
Lo antes dicho confirma que la apuesta de la Casa Blanca para construir un imperio mundial encuentra en la casi totalidad de los gobiernos europeos vasallos dispuestos a convalidar dicha pretensión, convencidos, en su estúpida ingenuidad, que en algún momento podrán recoger las migajas de esa aventura y ser copartícipes en un ilusorio “condominio imperial”. La realidad es muy diferente y lo que queda en evidencia es que esos países se encuentran sometidos a una relación de subordinación tan asfixiante como la que caracteriza a las naciones de América Latina y el Caribe.
Tres dimensiones de la autonomía nacional-estatal
¿Europa sometida, al igual que Latinoamérica, a la dominación imperialista? Algunos podrán fruncir el ceño ante semejante afirmación. Pero si examinamos detalladamente el asunto veremos que no hay exageración alguna. Un examen sobrio de la relación entre el imperialismo norteamericano y los países europeos revela que éstos se encuentran sometidos a aquél con lazos tan asfixiantes como los que encontramos en Latinoamérica. En las tres dimensiones críticas de la actividad gubernamental: la gestión de la economía, la defensa y la política exterior la sumisión de los países de la Unión Europea a las directivas emanadas de la Casa Blanca es inocultable. En efecto, basta con recordar que ningún presupuesto de los países que pertenecen a la UE puede ser sometido al parlamento sin contar primero con el visto bueno del Banco Central Europeo. La firma de su presidente -Mario Draghi, italiano, ex director ejecutivo nada menos que de Goldman Sachs en Europa y del Banco Mundial- es la que establece cuánto se puede gastar, cómo y de qué modos financiar el gasto público. A los devaluados “representantes del pueblo”, democráticamente electos, les resta la ingrata tarea de adecuar sus promesas electorales a las duras realidades impuestas por el capital financiero global a través del BCE. Va de suyo que éste funciona en línea con el FMI y desempeña, en el ámbito europeo, las mismas funciones que la institución basada en Washington realiza en Latinoamérica. A lo anterior hay que agregar otro dato muy significativo: la mayoría de los países de la Unión Europea pertenecen también a la Zona Euro lo cual, en la práctica significa que sus gobiernos no disponen de un instrumento fundamental de gobernanza macroeconómica: la política monetaria, que permite a un país establecer un tipo de cambio, administrar la tasa de interés y devaluar o sobrevaluar su moneda en función de las cambiantes realidades de los mercados mundiales y del comercio internacional. La dictadura del Euro responde en realidad a las necesidades de la economía alemana (y en muchísimo menor medida a las economías más débiles de Europa), estando aquella íntimamente articulada con el capital financiero internacional que encuentra su expresión institucional en el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y su expresión informal, pero de enorme gravitación, en Wall Street y en menor medida en la City londinense. Por consiguiente, la autonomía nacional en una materia tan sensitiva como la política monetaria es igual a cero en los países integrados a la Zona Euro, lo que refuerza su subordinación y su dependencia de los Estados Unidos. [9] Tomando en cuenta todas estas consideraciones la soberanía popular definitoria de la democracia en temas como el presupuesto -la “ley de leyes”, como suele decirse- queda al igual que en los países del Sur global reducida a un mero simulacro. La infortunada experiencia de Grecia en donde la voluntad popular expresada en las urnas fue desestimada por la troika que maneja la economía de la UE -el BCE, la Comisión Europea y Alemania a través de la Canciller Angela Merkel- es un triste recordatorio de la subordinación de la democracia a los imperativos del capital financiero y los mercados.
¿Qué decir de las políticas de defensa? Si en materia económica la dictadura del BCE es humillante no lo es menos a la hora de hablar de la defensa “nacional”. Esta sólo existe en los papeles y en las encendidas declaraciones oficiales porque esta política -la que establece una hipótesis de conflicto, define quién es el enemigo y como defenderse de él o la forma de atacarlo- la decide la OTAN y no los gobiernos europeos. Sus ministerios de defensa son museos en donde se exhiben uniformes militares y armas del pasado pero sin que allí se tome decisión alguna acerca de cómo defender la soberanía nacional y la integridad territorial. No sorprende, porque hace ya bastante tiempo que los gobernantes europeos han arrojado por la borda cualquier pretensión de sostener la una y la otra, consideradas como molestas antiguallas en la era de la globalización en donde, según se dice, los estados nacionales son reliquias reducidas a una vida apenas espectral. Y el nervio y el corazón de la OTAN, tal como lo reafirman continuamente los expertos, no es otro que el Pentágono. [10] De ahí se deduce que los enemigos de los europeos no pueden ser otros que los rivales de Estados Unidos. Esto no es una novedad de los últimos años sino una realidad con una historia de casi tres cuartos de siglo que se desprende de la Segunda Guerra Mundial, el orden bipolar instaurado a partir de su finalización y el desarrollo de la alianza atlántica anti-soviética cristalizada en el Plan Marshall y la creación de la OTAN. Y las guerras que se libren tendrán lugar, apropiadamente, en territorio europeo (recordar la ex Yugoslavia) o en sus cercanías (Cercano Oriente), y serán los europeos quienes tendrán que recibir a los millones de refugiados, como ha venido ocurriendo luego de los ataques a Siria, a Afganistán, a Libia, a Irak, mientras que ninguno de ellos se arriesgaría a atravesar en una patera o un bote de goma el Atlántico Norte para llegar a la Ellis Island y ser recibidos por la Estatua de la Libertad. Influjo descontrolado de refugiados que, sabemos, suele alimentar las reacciones más racistas y xenofóbicas en amplios sectores de la población y proyectar a primer plano a fuerzas de la derecha radical antaño reducidas a expresiones marginales en la vida política europea. En suma: en este terreno la subordinación de los países europeos a las prioridades militares y de defensa de Washington no sólo no es menor que la que tienen los países latinoamericanos (con algunas conocidas excepciones) sino mucho mayor, dado que Europa y la cuenca del Mediterráneo son el escenario principal de la confrontación geopolítica global. Los enemigos de Estados Unidos se convierten, automáticamente y en contra del interés nacional y de seguridad de los europeos, en los enemigos de Europa.
Tercero, la política exterior. Un país independiente debe definirla en función de sus intereses nacionales. El imperio es muy claro en este tema: John Quincy Adams, el sexto presidente de Estados Unidos sentenció que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes sino intereses permanentes.” Y éstos no pueden ser otros que consolidar y expandir hasta donde sea posible los confines del imperio, batallar en contra de sus adversarios y enemigos y unificar la tropa de sus amigos y aliados. Pero como los gobiernos europeos han abdicado de toda pretensión de afianzar su autodeterminación y dado que desde la época de la Guerra Fría y el Plan Marshall optaron por asumir como propios los dictados de la política exterior de Estados Unidos en su competencia con la Unión Soviética y como, luego de desintegrada ésta, se entregaron a la estrategia de Washington que definió a Rusia como el rival a vencer (¡y posteriormente a China!) las capitales europeas se plegaron a las posturas más reaccionarias de la Casa Blanca en América Latina y el Caribe. Acompañaron durante más de medio siglo el criminal bloqueo contra Cuba. Más recientemente, fueron cómplices de la bufonesca maniobra de Juan Guaidó en Venezuela, estruendosamente fracasada. Esto demuestra como gobiernos de países que en su época de esplendor (que ciertamente no es la actual) dieron origen a algunas de las doctrinas y teorías que ensalzaban el estado de derecho, la legalidad internacional y el respeto a la autodeterminación de las naciones cayeron en la más abyecta sumisión al reconocer al autoproclamado “presidente encargado” de Venezuela ungido como tal por el mandamás de la Casa Blanca. Pocas veces la historia vio un espectáculo tan bochornoso como ese, cuyas consecuencias no serán fácilmente olvidadas. Por consiguiente, los gobiernos europeos renunciaron a elaborar una política exterior propia para una región que es un imperio formidable de bienes comunes y recursos naturales de todo tipo, desde agua a biodiversidad; desde petróleo a gas y energía hidroeléctrica; desde alimentos a minerales estratégicos, y asumen como propia la política exterior de saqueo y pillaje que los gobernantes estadounidenses tienen reservada desde los tiempos de la Doctrina Monroe (1823) para Nuestra América.
Resumiendo: al abstenerse de elaborar una política exterior independiente de Washington –no sólo en relación a América Latina y el Caribe sino en general, en referencia al conjunto de países que conforman la comunidad internacional- los gobiernos europeos actúan en desmedro de sus propios intereses. Si durante el apogeo del poderío soviético y con una Europa absorbida por las tareas de su reconstrucción de posguerra aquella era una opción inescapable, en la situación actual signada por el debilitamiento de la hegemonía estadounidense y la reconfiguración del tablero geopolítico mundial este curso de acción conduce a los pueblos de Europa hacia un peligroso atolladero. Entre otras cosas, aparte del riesgo de un enfrentamiento bélico en las puertas –cuando no al interior mismo- de Europa porque la aplicación integral de la Ley Helms-Burton perjudicará a Cuba y otro tanto a Venezuela y Nicaragua pero también afectará a numerosas empresas europeas –sólo en Cuba más de 200- que verán menoscabados, cuando no arruinados, sus negocios en estos países. Sordas protestas se dejan oír en varias capitales europeas y mismo la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini alertó -en un comunicado conjunto también firmado por la comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström- a la Casa Blanca que su organización acudiría a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para impugnar la decisión de aplicar con todo rigor la ley Helms-Burton y en especial su título III. Para Trump y sus hampones la intensificación de los padecimientos económicos de la población cubana, recomendada en el memorándum de 1960 que citáramos más arriba, es un arma de la guerra de quinta generación que no sólo afectará a la Isla rebelde sino también a los países europeos, que Washington los prefiere debilitados para que corran en busca de la protección que pudiera ofrecerle con sus armas convencionales. Claro que una política de este tipo podría, bajo ciertas condiciones, provocar un cambio en la conciencia de las dirigencias europeas y convencerlas que tienen poco o nada que ganar siendo furgón de cola de un imperio en decadencia y mucho que ganar estableciendo relaciones de respeto mutuo y cooperación con los dos grandes rivales de Estados Unidos, que no son sus rivales sino posibles socios de un proyecto que beneficie a todos por igual. Difícil, porque significa nada menos que revertir los férreos lazos forjados con Estados Unidos en la segunda posguerra. Pero no sería la primera vez en la historia europea en donde alianzas aparentemente inconmovibles son puestas en cuestión o viejos antagonismos dan nacimiento a nuevos acuerdos y coaliciones.
El antiimperialismo y las tareas del momento actual
De lo anterior se desprenden tres tareas urgentes. Primero, lograr un pronunciamiento a escala europea de los movimientos sociales, fuerzas políticos y de ser posible de los gobiernos y organismos regionales europeos en contra de la pretensión de Washington de profundizar la agresión económica en contra de Cuba, Venezuela y Nicaragua. En este sentido la reciente creación del Frente Antiimperialista Internacionalista en el Estado Español es un alentador paso hacia adelante. Deberá también denunciarse el descarado intervencionismo de Estados Unidos en los asuntos internos de terceros países, ninguno de los cuales es una provincia de Estados Unidos, como lo manifestara en un duro comunicado la cancillería rusa. Y subrayar, además, que la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton no sólo afectaría a los países latinoamericanos sino que haría lo propio con los europeos.
Segundo, concientizar a las poblaciones europeas de que ellas también están sometidas a los rigores de la dominación imperialista, que ésta no sólo se ejerce sobre los países de la periferia, y que, por esa causa, si en su locura Washington decidiera escalar su confrontación con Rusia y China y lanzar un ataque militar contra esas potencias las réplicas que éstas dispongan afectarían gravemente a los países europeos, sedes de innumerables bases militares estadounidenses que se convertirían en blancos inmediatos de la represalia afectando no sólo las instalaciones del Pentágono sino también a las poblaciones aledañas. No existe conciencia de este peligro en Europa, y es urgente e impostergable que este tema sea objeto de un muy informado debate.
Será preciso, además, acometer una tercera tarea porque no basta con la concientización: habrá que movilizar y organizar a las masas populares europeas para poner fin de su sumisión al dominio imperialista. El antiimperialismo es una lucha tan decisiva en Latinoamérica como lo es en Europa y la coordinación internacional de estas luchas es un imperativo categórico de la hora actual. Esto requiere exigir la disolución de OTAN –creada para “contener” a un enemigo, la Unión Soviética, que desapareció hace casi treinta años- y, tras cartón, clausurar las bases militares que Estados Unidos tiene en Europa que solo servirán para atraer la represalia de los países agredidos por el imperio. No es un dato menor para demostrar el sometimiento el imperialismo de los gobiernos europeos recordar el elevado número de bases militares estadounidenses asentadas en Europa, superior en cantidad y calidad a las estacionadas en Latinoamérica y el Caribe. En todos los casos poniendo en gravísimo riesgo a las poblaciones civiles que rodean a las bases, algo que, va de suyo, no despierta la menor preocupación a los estrategas del Pentágono curtidos en centenares de operaciones en donde los “daños colaterales” son cosas de todos los días.
A modo de conclusión: es imprescindible librar una batalla para que los pueblos de Europa tomen conciencia de que están tan sometidos a la dominación imperialista como sus contrapartes allende el Atlántico. Si por los latinoamericanos el imperio manifiesta sin tapujos su desprecio, en su relacionamiento con Europa prevalece un simulado respeto en lo formal que no alcanza para ocultar el vasallaje real que imponen sobre todos sus gobiernos sin excepción. Será necesario crear las condiciones para que los pueblos de Europa puedan romper el pesado velo de la ignorancia, producto de su errónea creencia en la amistad y la admiración que supuestamente les prodiga la clase dominante de Estados Unidos. Falsa conciencia cultivada con esmero por la ideología dominante y sus vehículos de divulgación y que impide que caigan en la cuenta que los principales problemas que hoy afectan a Europa: el crecimiento de la derecha radical; la xenofobia; la ruptura de la integración social; la hegemonía del capital financiero y sus efectos recesivos: el paro, la precarización laboral y la concentración de la riqueza; el incontenible flujo de refugiados por las guerras en Cercano Oriente o emigrados por la crisis económica en África así como el vaciamiento de los procesos democráticos tienen su origen en el imperialismo y las políticas que impone gracias al colaboracionismo de las decadentes burguesías europeas y sus representantes políticos. Concientizarlos también que los pueblos de Europa están en peligro porque si llegara a producirse una escalada en la rivalidad entre Washington con Moscú y Beijing Europa se convertiría ipso facto enel principal teatro de operaciones bélicas y los europeos en rehenes de ambas partes en conflicto, con las catastróficas consecuencias que es fácil de imaginar. A lo anterior hay que añadir la reaparición del terrorismo yihadista como respuesta a la abominable islamofobia del imperio y sus criminales políticas en Cercano Oriente. Batalla de ideas, por supuesto, pero combate organizacional también, porque la correlación de fuerzas existente no se podrá cambiar apelando tan sólo a discursos y argumentos teóricos. Si los pueblos no se organizan y ganan la calle el imperio seguirá perpetrando sus tropelías. Como lo está haciendo ahora en Venezuela, Cuba y Nicaragua y más pronto que tarde también, de nueva cuenta, volverá a hacerlo en Europa. Sólo una eficaz resistencia popular antiimperialista, articulada internacionalmente,podrá erigir límites infranqueables a su criminal accionar.
Atilio A. Boron: Programa Latinoamericano de Educación a Distancia, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Director del Ciclo de Complementación Curricular de la Licenciatura en Historia del Departamento de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Avellaneda. Investigador del IEALC, Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires
Notas :
[1] Quiero agradecer los comentarios y sugerencias formulados a una versión preliminar de este trabajo por Ángeles Diez Rodríguez y Txema Sánchez. Quedan eximidos de toda responsabilidad por los yerros o deficiencias que puedan subsistir en el presente escrito, producto exclusivo del empecinamiento de su autor.
[2] Harold Laski, Reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo (Buenos Aires: Editorial Abril, 1945), pp. 117 y ss.
[3] (En https://elpais.com/elpais/2018/09/20/eps/1537435497_152676.html )
[4] Ediciones en varios países. Original en Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2012.
[5] ( https://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2015/03/150309_ultnot_eeuu_venezuela_sanciones )
[6] Cf. sus Vidas de los Doce Césares, ediciones varias.
[7] (Ver: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d499 )
[8] Sobre este tema: https://plazafinanciera.com/mercados/empresa/mayor-sancion-banco-historia-eeuu-bnp-paribas/ y también https://elpais.com/economia/2014/06/30/actualidad/1404118266_164607.html
[9] Pertenecen a la zona Euro: Alemania , Austria , Bélgica , Chipre , Eslovaquia , Eslovenia , España, Estonia , Finlandia , Francia, Grecia, Irlanda , Italia, Letonia , Lituania , Luxemburgo, Malta , Países Bajos y Portugal. Por fuera de dicha zona se encuentran Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Hungría, Polonia, Reino Unido, República Checa, Rumania y Suecia.
[10] Sobre esto ver Mahdi Darius Nazemroaya, OTAN. La globalización del terror (Prefacio de Miguel d’Escoto y Prólogo de Atilio A. Boron) Managua: PAVSA, 2015.
Una pregunta que no dejan de hacerse víctimas y testigos de la creciente agresividad del imperialismo refiere a la inexistencia, o en todo caso debilidad, de las fuerzas y actores internacionales que deberían impedir o por lo menos tratar de limitar los alcances de la intensificación de la ofensiva lanzada contra Venezuela, Cuba y Nicaragua por parte de la Administración Trump. [1] La historia de los imperios demuestra sobradamente que en su fase de declinación éstos se tornan más violentos y sanguinarios, y que sus líderes tienden a ser más toscos y brutales. No sólo sus líderes, como lo demuestra con claridad Donald Trump. También su entorno de asesores y consejeros refleja similar involución, llegando a constituir algo semejante a lo que Harold Laski, refiriéndose a los dirigentes del fascismo europeo, denominaba “elites de forajidos”. [2] No hace falta remitirse al profeta Moisés y las Tablas de la Leypara concluir que torvos personajes como John Bolton, Elliot Abrams, Mike Pompeo, Juan Cruz, Marco Rubio y la directora de la CIA, Gina Haspel, son una pandilla de hampones que sólo como producto de la acelerada descomposición moral y política del imperio trasiegan por las oficinas de la Casa Blanca cuando el sitio apropiado para sus afanes debería ser una cárcel de máxima seguridad en el desierto de Nevada. No hay entre ellos un solo estadista o un intelectual capaz de ofrecer una visión realista y sofisticada de la realidad contemporánea. Ninguno resistiría diez minutos de debate con Vladimir Putin o Serguéi Lavrov, eventualmente con Xi Jiping, porque serían intelectualmente destrozados de manera fulminante.
¿Hampones? Sí, pero también algo más. En una entrevista relativamente reciente Madelein Albright sentenció que “un fascista es un matón con ejército”, definición que calza como anillo al dedo para definir a la actual dirigencia estadounidense. [3] Son fascistas que dirigen un ejército de alcance planetario. No sorprende que el diagnóstico sobre la situación internacionalde estos personajes sea de un espeluznante simplismo, a la Hollywood. Están los buenos y los malos, los primeros son ellos, los estadounidenses, y los demás, los malos que se subdividen en dos tipos. Una tropa de cobardes poco dispuestos a pagar por su defensa (como los europeos, según el círculo áulico de Trump) y un enorme conglomerado de holgazanes, ladrones, narcotraficantes, asesinos y violadores que seríamos todos los restantes habitantes del planeta. Este desaforado maniqueísmo lo expresó de manera rotunda otra eminente mediocridad que ocupó la Oficina Oval de la Casa Blanca: George W. Bush quien, al lanzar su campaña “antiterrorista” después del 11-S advirtió a los pueblos del mundo que “quien no esté con nosotros estará contra nosotros”. Con nosotros, los buenos, o los malos redimidos; contra nosotros, y ateniéndose a las consecuencias, todos los demás.
Por consiguiente, la actual escalada belicista instrumentada mediante la aplicación de todos los capítulos de la Ley Helms-Burton en contra de Cuba y un torrente de sanciones económicas en contra de Venezuela, Nicaragua y, allende del Atlántico, Rusia y Corea del Norte, es expresión de la tambaleante situación que atraviesa el imperio americano, cuyos más lúcidos analistas y estrategas coinciden en señalar que los días del apogeo imperial ya quedaron definitivamente atrás. De ahí que Trump y sus secuaces hayan arrojado por la borda las sutilezas y losdelicados pasos de minué propios del juego diplomático (ejemplificado al reducir el presupuesto y funciones del Departamento de Estado y designar a un “hombre de acción” como Mike Pompeo como su Secretario) y exaltado el papel de la coerción y la violencia como instrumentos para reconstruir aquel orden mundial con que muchos se ilusionaron: el “nuevo siglo americano”, infantil espejismo con que se entretuvieron muchos académicos y analistas tras el derrumbe de la Unión Soviética pensando que este sigloveintiuno sería el del predominio absoluto e incontestable de Estados Unidos. Se equivocaron de medio a medio, y a la inicial frustración derivada del incumplimiento de tan rosados designios siguió una apuesta tan tenebrosa como temeraria por la violencia.
Una vieja obsesión y la guerra de quinta generación
Sería injusto decir que todo esto sobreviene, como un rayo en un día sereno, de la mano de Trump. Tiene orígenes lejanos. Como lo hemos demostrado en nuestro América Latina en la Geopolítica del Imperialismo [4] la opción guerrerista estaba ya firmemente instalada en los planes de la Administración Clinton y Madelein Albright fue una de sus más elocuentes voceras cuando advertía a propios y ajenos que para Washingtonla opción por el multilateralismo sería respetada “cuando fuera posible”; en caso contrario “el unilateralismo seguiría siendo necesario”. Traducción: negociación diplomática multilateral enel marco de la ONU en la medida que sea posible -y conveniente- para los intereses de EEUU; si esto no funciona el músculo militar deberá aplicarse cada vez que sea necesario. No podemos olvidar que fue el presidente Barack Obama quien en el 2015 abrió las puertas ala violencia desatada por Trump contra Venezuela cuando emitió una infame orden ejecutiva declarando que la situación del país sudamericano obligaba a la Casa Blanca a declarar una “emergencia nacional” por la “amenaza inusual y extraordinaria” que la patria de Bolívar y Chávez representaba para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. [5]
El razonamiento anterior permite comprender las razones por las que ante el evidente fracaso diplomático de EEUU para lograr un consenso a favor de su criminal bloqueo a Cuba –repudiado masivamente año tras año en la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas- o de hacer que la “comunidad internacional”se encuadre tras las directivas golpistas de Washington para designar a un fantoche impresentable como “presidente encargado” de Venezuelala respuesta del gobierno estadounidense haya sido recurrir a las nuevas armas de la guerra, esas que constituyen lo que algunos analistas denominan como “guerra de quinta generación.” Ya de poco o nada sirven los tratados de control de armas de la época de la Guerra Fría porque hoy las guerras se libran cada vez con mayor frecuencia con artefactosdistintos de los convencionales: ataques informáticos, pulsos electromagnéticos teledirigidos, propaganda, terrorismo mediático, sanciones económicas, presiones diplomáticas, nanotecnología y robótica aplicadas al campo militar. No es que las armas tradicionales hayan caído en desuso sino que las tareas de “ablande” de la resistencia ante el agresor imperialista, que antaño realizaban los bombardeos y los ataques convencionales con helicópteros artillados o misiles lanzados desde navíos de guerra, hoy esas tareas se llevan a cabo apelando a unapropaganda que sataniza al enemigo, promueve el caos y la desintegración social a la vez que lanza formidables agresiones económicas (bloqueos comerciales, confiscaciones de activos, amenazas a proveedores de insumos básicos o compradores de lo producido por una economía, etcétera)y ataques informáticos a centros neurálgicos de un país -una usina hidroeléctrica, por ejemplo- como lo demuestra el caso de Venezuela en estos días. Nuevas armas para un nuevo tipo de guerra que sin disparar un solo tiro pueden ocasionar inmensos daños a la infraestructura de un país al privarlo de energía eléctrica -y, por ende, de iluminación, agua, gasolina, transporte, internet, etcétera -y causar enormes sufrimientos a su población. En el caso del país bolivariano la apuesta del imperio es que ante tamañas penurias y sufrimientos se produzca un incontenible levantamiento popular que ponga fin a la revolución bolivariana y al gobierno de Nicolás Maduro. Fracasaron, y seguirán fracasando porque subestiman la capacidad de resistencia de venezolanas y venezolanos; y porque los ataques de Estados Unidos han consolidado aún más la vocación antiimperialista del pueblo venezolano al paso que la oposición –por su cipayismo, su falta de patriotismo, su desprecio por la historia nacional y por la autodeterminación popular- ha quedado reducida a casi nada. Carente por completo de capacidad de liderazgo. Guaidóse desdibuja como una figura fantasmal en acelerado proceso de evaporación, sostenido a duras penas por la canalla mediática y los gobiernos tributarios de la Casa Blanca que se desviven por satisfacer las órdenes del nuevo Calígula, el más monstruoso de los emperadores romanos según el historiador Suetonio. [6]
La agresión económica, hoy perfeccionada como un puntal del nuevo tipo de guerra, ya fue ensayada sin éxito con Cuba desde hace más de sesenta años. En un memorando elocuentemente titulado (con una enorme dosis de wishful thinking) “La declinación y caída de Castro”, fechado el 6 de Abril de 1960 y dirigido al Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, Roy R. Rubottom Jr.se reconocía que la mayoría de los cubanos apoyaban al gobierno revolucionario y que, como hoy en Venezuela, no existía oposición efectiva, ante lo cual lo se concluía que el “único medio previsible para alienar el apoyo interno a Castro era el desencanto y ladesafección basados en la insatisfacción y las penurias económicas.” Era responsabilidad de Washington, por lo tanto, desatar toda clase de iniciativas tendientes a producir, precisamente, los sufrimientos y privaciones que encenderían la chispa de la rebelión. [7]
La incentivación de este tipo de conducta es lo que, con las renovadas presiones económicas y financieras, está en los planes actuales de Washington en relación no sólo a Venezuela sino también Cuba y Nicaragua. Al principio de esta nota nos preguntábamos por la ausencia, o al menos notoria debilidad, de fuerzas compensatorias en el marco internacional que pudieran atenuar, cuando no neutralizar, los letales efectos de la brutal contraofensiva norteamericana encaminada a recuperar el control absoluto de Nuestra América. Es indiscutible que en el emergente mundo policéntrico o multipolar estas fuerzas compensatorias existen y, hasta ahora, han tenido una cierta eficacia en impedir que Estados Unidos apelara, como lo hiciera rutinariamente a lo largo de todo el siglo veinte, a la “opción militar”, que al decir de los personeros de Washington “está siempre sobre la mesa.” Basta con recordar lo ocurrido en Santo Domingo en 1965, Granada en 1983 y Panamá en 1989 para constatar lo mucho que ha cambiado el mundo y la declinante capacidad de Estados Unidos para apelar unilateralmente a la intervención militar para deshacerse de gobiernos desobedientes. Hoy es muy poco probable que lo vuelva a intentar, y esto es de por sí una gran noticia. Claro que si esa alternativa parece descartada se debe menos a los escrúpulos morales de la dirigencia norteamericana que a los límites que impone una correlación internacional de fuerzas en donde países como Rusia y China se han manifestado, de modo rotundo, en contra de la misma con declaraciones de una inusual dureza. Pero la neutralización de una guerra económica,o de una pertinaz propaganda satanizadora de gobiernos revolucionarios, o del terrorismo mediático para ni hablar de los ataques informáticos es algo mucho más difícil de concretar.
Europa y el imperialismo norteamericano
Lo anterior obedece, en buena medida, a la lamentable deserción de los gobiernos europeos de sus responsabilidades en el mantenimiento del orden y la legalidad internacionales. Un efectivo contrapeso a las sanciones económicas arbitrariamente impuestas por Washington a los países que, en su parecer, representan una amenaza a la paz mundial o a la seguridad nacional de Estados Unidos sólo puede ser interpuesto por gobiernos que cuenten con una cierta gravitación internacional. No es algo que esté al alcance de la enorme mayoría de los países de la periferia mundial del capitalismo, carentes de los recursos económicos, intelectuales y tecnológicos para neutralizar los dispositivos de la guerra de quinta generación que ha lanzado Estados Unidos. Pero sí es algo que las viejas potencias coloniales pueden hacer ydesgraciadamente no hacen. Países como Francia, Italia, Reino Unido, Alemania, España, Portugal, Holanda y Bélgica, amén de algunos otros, podrían rechazar de plano la antidemocrática e ilegal “extraterritorialidad” de las leyes dictadas por el Congreso de Estados Unidos, y sin embargo no lo hacen. Al contrario, aceptan sin chistar este humillante avasallamiento de la soberanía nacional. Las leyes de los países europeos carecen de aplicación en Estados Unidos, pero las de éste se imponen, como corresponde a un imperio, en casi todo el mundo. Un ejemplo extremo, pero no por ello único, es lo ocurrido con el principal banco de Francia, el BNP Paribas que en Junio de 2014 fue condenado a pagar una multa de 8.834 millones de dólares (unos 6.450 millones de euros) por desobedecer las sanciones económicas impuestas contra Sudán , Irán y Cuba . No sólo eso: por órdenes del Departamento del Tesoro de EEUU el BNP Paribas tuvo también que despedir a 13 funcionarios involucrados en esas operaciones y al jefe de operaciones internacionales del banco. Y ante tamaño atropello las autoridades francesas no tuvieron las agallas para rechazar de plano la insolente injerencia estadounidense en su propio país limitándose a refunfuñar que aquella decisión “no era razonable” (el canciller Laurent Fabius dixit); o que le parecía “desproporcionada” (el presidente François Hollande) mientras el General Charles de Gaulle se revolvía asqueado en su tumba. [8]
Lo antes dicho confirma que la apuesta de la Casa Blanca para construir un imperio mundial encuentra en la casi totalidad de los gobiernos europeos vasallos dispuestos a convalidar dicha pretensión, convencidos, en su estúpida ingenuidad, que en algún momento podrán recoger las migajas de esa aventura y ser copartícipes en un ilusorio “condominio imperial”. La realidad es muy diferente y lo que queda en evidencia es que esos países se encuentran sometidos a una relación de subordinación tan asfixiante como la que caracteriza a las naciones de América Latina y el Caribe.
Tres dimensiones de la autonomía nacional-estatal
¿Europa sometida, al igual que Latinoamérica, a la dominación imperialista? Algunos podrán fruncir el ceño ante semejante afirmación. Pero si examinamos detalladamente el asunto veremos que no hay exageración alguna. Un examen sobrio de la relación entre el imperialismo norteamericano y los países europeos revela que éstos se encuentran sometidos a aquél con lazos tan asfixiantes como los que encontramos en Latinoamérica. En las tres dimensiones críticas de la actividad gubernamental: la gestión de la economía, la defensa y la política exterior la sumisión de los países de la Unión Europea a las directivas emanadas de la Casa Blanca es inocultable. En efecto, basta con recordar que ningún presupuesto de los países que pertenecen a la UE puede ser sometido al parlamento sin contar primero con el visto bueno del Banco Central Europeo. La firma de su presidente -Mario Draghi, italiano, ex director ejecutivo nada menos que de Goldman Sachs en Europa y del Banco Mundial- es la que establece cuánto se puede gastar, cómo y de qué modos financiar el gasto público. A los devaluados “representantes del pueblo”, democráticamente electos, les resta la ingrata tarea de adecuar sus promesas electorales a las duras realidades impuestas por el capital financiero global a través del BCE. Va de suyo que éste funciona en línea con el FMI y desempeña, en el ámbito europeo, las mismas funciones que la institución basada en Washington realiza en Latinoamérica. A lo anterior hay que agregar otro dato muy significativo: la mayoría de los países de la Unión Europea pertenecen también a la Zona Euro lo cual, en la práctica significa que sus gobiernos no disponen de un instrumento fundamental de gobernanza macroeconómica: la política monetaria, que permite a un país establecer un tipo de cambio, administrar la tasa de interés y devaluar o sobrevaluar su moneda en función de las cambiantes realidades de los mercados mundiales y del comercio internacional. La dictadura del Euro responde en realidad a las necesidades de la economía alemana (y en muchísimo menor medida a las economías más débiles de Europa), estando aquella íntimamente articulada con el capital financiero internacional que encuentra su expresión institucional en el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y su expresión informal, pero de enorme gravitación, en Wall Street y en menor medida en la City londinense. Por consiguiente, la autonomía nacional en una materia tan sensitiva como la política monetaria es igual a cero en los países integrados a la Zona Euro, lo que refuerza su subordinación y su dependencia de los Estados Unidos. [9] Tomando en cuenta todas estas consideraciones la soberanía popular definitoria de la democracia en temas como el presupuesto -la “ley de leyes”, como suele decirse- queda al igual que en los países del Sur global reducida a un mero simulacro. La infortunada experiencia de Grecia en donde la voluntad popular expresada en las urnas fue desestimada por la troika que maneja la economía de la UE -el BCE, la Comisión Europea y Alemania a través de la Canciller Angela Merkel- es un triste recordatorio de la subordinación de la democracia a los imperativos del capital financiero y los mercados.
¿Qué decir de las políticas de defensa? Si en materia económica la dictadura del BCE es humillante no lo es menos a la hora de hablar de la defensa “nacional”. Esta sólo existe en los papeles y en las encendidas declaraciones oficiales porque esta política -la que establece una hipótesis de conflicto, define quién es el enemigo y como defenderse de él o la forma de atacarlo- la decide la OTAN y no los gobiernos europeos. Sus ministerios de defensa son museos en donde se exhiben uniformes militares y armas del pasado pero sin que allí se tome decisión alguna acerca de cómo defender la soberanía nacional y la integridad territorial. No sorprende, porque hace ya bastante tiempo que los gobernantes europeos han arrojado por la borda cualquier pretensión de sostener la una y la otra, consideradas como molestas antiguallas en la era de la globalización en donde, según se dice, los estados nacionales son reliquias reducidas a una vida apenas espectral. Y el nervio y el corazón de la OTAN, tal como lo reafirman continuamente los expertos, no es otro que el Pentágono. [10] De ahí se deduce que los enemigos de los europeos no pueden ser otros que los rivales de Estados Unidos. Esto no es una novedad de los últimos años sino una realidad con una historia de casi tres cuartos de siglo que se desprende de la Segunda Guerra Mundial, el orden bipolar instaurado a partir de su finalización y el desarrollo de la alianza atlántica anti-soviética cristalizada en el Plan Marshall y la creación de la OTAN. Y las guerras que se libren tendrán lugar, apropiadamente, en territorio europeo (recordar la ex Yugoslavia) o en sus cercanías (Cercano Oriente), y serán los europeos quienes tendrán que recibir a los millones de refugiados, como ha venido ocurriendo luego de los ataques a Siria, a Afganistán, a Libia, a Irak, mientras que ninguno de ellos se arriesgaría a atravesar en una patera o un bote de goma el Atlántico Norte para llegar a la Ellis Island y ser recibidos por la Estatua de la Libertad. Influjo descontrolado de refugiados que, sabemos, suele alimentar las reacciones más racistas y xenofóbicas en amplios sectores de la población y proyectar a primer plano a fuerzas de la derecha radical antaño reducidas a expresiones marginales en la vida política europea. En suma: en este terreno la subordinación de los países europeos a las prioridades militares y de defensa de Washington no sólo no es menor que la que tienen los países latinoamericanos (con algunas conocidas excepciones) sino mucho mayor, dado que Europa y la cuenca del Mediterráneo son el escenario principal de la confrontación geopolítica global. Los enemigos de Estados Unidos se convierten, automáticamente y en contra del interés nacional y de seguridad de los europeos, en los enemigos de Europa.
Tercero, la política exterior. Un país independiente debe definirla en función de sus intereses nacionales. El imperio es muy claro en este tema: John Quincy Adams, el sexto presidente de Estados Unidos sentenció que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes sino intereses permanentes.” Y éstos no pueden ser otros que consolidar y expandir hasta donde sea posible los confines del imperio, batallar en contra de sus adversarios y enemigos y unificar la tropa de sus amigos y aliados. Pero como los gobiernos europeos han abdicado de toda pretensión de afianzar su autodeterminación y dado que desde la época de la Guerra Fría y el Plan Marshall optaron por asumir como propios los dictados de la política exterior de Estados Unidos en su competencia con la Unión Soviética y como, luego de desintegrada ésta, se entregaron a la estrategia de Washington que definió a Rusia como el rival a vencer (¡y posteriormente a China!) las capitales europeas se plegaron a las posturas más reaccionarias de la Casa Blanca en América Latina y el Caribe. Acompañaron durante más de medio siglo el criminal bloqueo contra Cuba. Más recientemente, fueron cómplices de la bufonesca maniobra de Juan Guaidó en Venezuela, estruendosamente fracasada. Esto demuestra como gobiernos de países que en su época de esplendor (que ciertamente no es la actual) dieron origen a algunas de las doctrinas y teorías que ensalzaban el estado de derecho, la legalidad internacional y el respeto a la autodeterminación de las naciones cayeron en la más abyecta sumisión al reconocer al autoproclamado “presidente encargado” de Venezuela ungido como tal por el mandamás de la Casa Blanca. Pocas veces la historia vio un espectáculo tan bochornoso como ese, cuyas consecuencias no serán fácilmente olvidadas. Por consiguiente, los gobiernos europeos renunciaron a elaborar una política exterior propia para una región que es un imperio formidable de bienes comunes y recursos naturales de todo tipo, desde agua a biodiversidad; desde petróleo a gas y energía hidroeléctrica; desde alimentos a minerales estratégicos, y asumen como propia la política exterior de saqueo y pillaje que los gobernantes estadounidenses tienen reservada desde los tiempos de la Doctrina Monroe (1823) para Nuestra América.
Resumiendo: al abstenerse de elaborar una política exterior independiente de Washington –no sólo en relación a América Latina y el Caribe sino en general, en referencia al conjunto de países que conforman la comunidad internacional- los gobiernos europeos actúan en desmedro de sus propios intereses. Si durante el apogeo del poderío soviético y con una Europa absorbida por las tareas de su reconstrucción de posguerra aquella era una opción inescapable, en la situación actual signada por el debilitamiento de la hegemonía estadounidense y la reconfiguración del tablero geopolítico mundial este curso de acción conduce a los pueblos de Europa hacia un peligroso atolladero. Entre otras cosas, aparte del riesgo de un enfrentamiento bélico en las puertas –cuando no al interior mismo- de Europa porque la aplicación integral de la Ley Helms-Burton perjudicará a Cuba y otro tanto a Venezuela y Nicaragua pero también afectará a numerosas empresas europeas –sólo en Cuba más de 200- que verán menoscabados, cuando no arruinados, sus negocios en estos países. Sordas protestas se dejan oír en varias capitales europeas y mismo la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini alertó -en un comunicado conjunto también firmado por la comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström- a la Casa Blanca que su organización acudiría a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para impugnar la decisión de aplicar con todo rigor la ley Helms-Burton y en especial su título III. Para Trump y sus hampones la intensificación de los padecimientos económicos de la población cubana, recomendada en el memorándum de 1960 que citáramos más arriba, es un arma de la guerra de quinta generación que no sólo afectará a la Isla rebelde sino también a los países europeos, que Washington los prefiere debilitados para que corran en busca de la protección que pudiera ofrecerle con sus armas convencionales. Claro que una política de este tipo podría, bajo ciertas condiciones, provocar un cambio en la conciencia de las dirigencias europeas y convencerlas que tienen poco o nada que ganar siendo furgón de cola de un imperio en decadencia y mucho que ganar estableciendo relaciones de respeto mutuo y cooperación con los dos grandes rivales de Estados Unidos, que no son sus rivales sino posibles socios de un proyecto que beneficie a todos por igual. Difícil, porque significa nada menos que revertir los férreos lazos forjados con Estados Unidos en la segunda posguerra. Pero no sería la primera vez en la historia europea en donde alianzas aparentemente inconmovibles son puestas en cuestión o viejos antagonismos dan nacimiento a nuevos acuerdos y coaliciones.
El antiimperialismo y las tareas del momento actual
De lo anterior se desprenden tres tareas urgentes. Primero, lograr un pronunciamiento a escala europea de los movimientos sociales, fuerzas políticos y de ser posible de los gobiernos y organismos regionales europeos en contra de la pretensión de Washington de profundizar la agresión económica en contra de Cuba, Venezuela y Nicaragua. En este sentido la reciente creación del Frente Antiimperialista Internacionalista en el Estado Español es un alentador paso hacia adelante. Deberá también denunciarse el descarado intervencionismo de Estados Unidos en los asuntos internos de terceros países, ninguno de los cuales es una provincia de Estados Unidos, como lo manifestara en un duro comunicado la cancillería rusa. Y subrayar, además, que la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton no sólo afectaría a los países latinoamericanos sino que haría lo propio con los europeos.
Segundo, concientizar a las poblaciones europeas de que ellas también están sometidas a los rigores de la dominación imperialista, que ésta no sólo se ejerce sobre los países de la periferia, y que, por esa causa, si en su locura Washington decidiera escalar su confrontación con Rusia y China y lanzar un ataque militar contra esas potencias las réplicas que éstas dispongan afectarían gravemente a los países europeos, sedes de innumerables bases militares estadounidenses que se convertirían en blancos inmediatos de la represalia afectando no sólo las instalaciones del Pentágono sino también a las poblaciones aledañas. No existe conciencia de este peligro en Europa, y es urgente e impostergable que este tema sea objeto de un muy informado debate.
Será preciso, además, acometer una tercera tarea porque no basta con la concientización: habrá que movilizar y organizar a las masas populares europeas para poner fin de su sumisión al dominio imperialista. El antiimperialismo es una lucha tan decisiva en Latinoamérica como lo es en Europa y la coordinación internacional de estas luchas es un imperativo categórico de la hora actual. Esto requiere exigir la disolución de OTAN –creada para “contener” a un enemigo, la Unión Soviética, que desapareció hace casi treinta años- y, tras cartón, clausurar las bases militares que Estados Unidos tiene en Europa que solo servirán para atraer la represalia de los países agredidos por el imperio. No es un dato menor para demostrar el sometimiento el imperialismo de los gobiernos europeos recordar el elevado número de bases militares estadounidenses asentadas en Europa, superior en cantidad y calidad a las estacionadas en Latinoamérica y el Caribe. En todos los casos poniendo en gravísimo riesgo a las poblaciones civiles que rodean a las bases, algo que, va de suyo, no despierta la menor preocupación a los estrategas del Pentágono curtidos en centenares de operaciones en donde los “daños colaterales” son cosas de todos los días.
A modo de conclusión: es imprescindible librar una batalla para que los pueblos de Europa tomen conciencia de que están tan sometidos a la dominación imperialista como sus contrapartes allende el Atlántico. Si por los latinoamericanos el imperio manifiesta sin tapujos su desprecio, en su relacionamiento con Europa prevalece un simulado respeto en lo formal que no alcanza para ocultar el vasallaje real que imponen sobre todos sus gobiernos sin excepción. Será necesario crear las condiciones para que los pueblos de Europa puedan romper el pesado velo de la ignorancia, producto de su errónea creencia en la amistad y la admiración que supuestamente les prodiga la clase dominante de Estados Unidos. Falsa conciencia cultivada con esmero por la ideología dominante y sus vehículos de divulgación y que impide que caigan en la cuenta que los principales problemas que hoy afectan a Europa: el crecimiento de la derecha radical; la xenofobia; la ruptura de la integración social; la hegemonía del capital financiero y sus efectos recesivos: el paro, la precarización laboral y la concentración de la riqueza; el incontenible flujo de refugiados por las guerras en Cercano Oriente o emigrados por la crisis económica en África así como el vaciamiento de los procesos democráticos tienen su origen en el imperialismo y las políticas que impone gracias al colaboracionismo de las decadentes burguesías europeas y sus representantes políticos. Concientizarlos también que los pueblos de Europa están en peligro porque si llegara a producirse una escalada en la rivalidad entre Washington con Moscú y Beijing Europa se convertiría ipso facto enel principal teatro de operaciones bélicas y los europeos en rehenes de ambas partes en conflicto, con las catastróficas consecuencias que es fácil de imaginar. A lo anterior hay que añadir la reaparición del terrorismo yihadista como respuesta a la abominable islamofobia del imperio y sus criminales políticas en Cercano Oriente. Batalla de ideas, por supuesto, pero combate organizacional también, porque la correlación de fuerzas existente no se podrá cambiar apelando tan sólo a discursos y argumentos teóricos. Si los pueblos no se organizan y ganan la calle el imperio seguirá perpetrando sus tropelías. Como lo está haciendo ahora en Venezuela, Cuba y Nicaragua y más pronto que tarde también, de nueva cuenta, volverá a hacerlo en Europa. Sólo una eficaz resistencia popular antiimperialista, articulada internacionalmente,podrá erigir límites infranqueables a su criminal accionar.
Atilio A. Boron: Programa Latinoamericano de Educación a Distancia, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Director del Ciclo de Complementación Curricular de la Licenciatura en Historia del Departamento de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Avellaneda. Investigador del IEALC, Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires
Notas :
[1] Quiero agradecer los comentarios y sugerencias formulados a una versión preliminar de este trabajo por Ángeles Diez Rodríguez y Txema Sánchez. Quedan eximidos de toda responsabilidad por los yerros o deficiencias que puedan subsistir en el presente escrito, producto exclusivo del empecinamiento de su autor.
[2] Harold Laski, Reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo (Buenos Aires: Editorial Abril, 1945), pp. 117 y ss.
[3] (En https://elpais.com/elpais/2018/09/20/eps/1537435497_152676.html )
[4] Ediciones en varios países. Original en Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2012.
[5] ( https://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2015/03/150309_ultnot_eeuu_venezuela_sanciones )
[6] Cf. sus Vidas de los Doce Césares, ediciones varias.
[7] (Ver: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d499 )
[8] Sobre este tema: https://plazafinanciera.com/mercados/empresa/mayor-sancion-banco-historia-eeuu-bnp-paribas/ y también https://elpais.com/economia/2014/06/30/actualidad/1404118266_164607.html
[9] Pertenecen a la zona Euro: Alemania , Austria , Bélgica , Chipre , Eslovaquia , Eslovenia , España, Estonia , Finlandia , Francia, Grecia, Irlanda , Italia, Letonia , Lituania , Luxemburgo, Malta , Países Bajos y Portugal. Por fuera de dicha zona se encuentran Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Hungría, Polonia, Reino Unido, República Checa, Rumania y Suecia.
[10] Sobre esto ver Mahdi Darius Nazemroaya, OTAN. La globalización del terror (Prefacio de Miguel d’Escoto y Prólogo de Atilio A. Boron) Managua: PAVSA, 2015.
martes, 23 de abril de 2019
Para Ratzinger, el Mayo francés es el culpable de que haya miles de curas abusadores

El papa emérito afirmó que la “revolución sexual” de los 60 contaminó a la Iglesia, que no supo reaccionar. Un documento que confunde todo en pos de una salida reaccionaria y de impunidad para los criminales con sotana.
Hace algunas semanas el papa emérito Benedicto XVI publicó en la revista alemana Klerusblatt un artículo titulado “La Iglesia y el escándalo del abuso sexual”, con una extensión de dieciocho páginas y media. El texto inmediatamente fue reproducido por portales de todo el mundo.
Allí el predecesor de Francisco realiza una serie de reflexiones relacionadas al escándalo permanente e imparable a nivel mundial que sumerge a la Iglesia católica en una de sus crisis históricas más relevantes: la pedofilia eclesiástica.
La prensa católica afirma que el texto del jubilado sumo pontífice estuvo “inspirado en la reunión de febrero pasado sobre la protección de los menores en la Iglesia promovida por el papa Francisco” y que él solo pretende “ayudar en esta hora difícil”.
En rigor, esa reunión fue una cumbre vaticana para acordar criterios comunes sobre cómo reaccionar ante las denuncias que no cesan, siempre buscando que la Santa Iglesia quede lo mejor parada posible. Cumbre que, dicho sea de paso, se hizo a espaldas de las cientos de organizaciones de sobrevivientes de abuso sexual eclesiástico dispersas por todo el mundo.
Échale la culpa a París
La protoencíclica de Joseph Rantzinger (o, mejor dicho, encíclica camuflada de artículo periodístico) se divide en tres partes. Una donde analiza el desarrollo de “la revolución sexual” iniciada en los 60. Otra en la que habla de las consecuencias de ese proceso en la formación y la vida de los sacerdotes, en lo que llama “el colapso de las vocaciones sacerdotales”. Y una tercera parte donde se pregunta qué debe hacer la Iglesia hoy y se responde a sí mismo.
Pero de fondo, el artículo de Benedicto XVI tiene un objetivo muy preciso, más allá de las volteretas discursivas que utiliza. Su idea fuerza es que la Iglesia repita en todo el mundo que la culpa de toda la pedofilia cometida dentro de la institución la tiene el Mayo Francés de 1968. Y, por añadidura, el marxismo y todos sus derivados.
El papa emérito dice esto pese a que es de público conocimiento que en los años 80 surgieron con fuerza los primeros denunciantes de abusos sexual eclesiástico, que eran ya adultos y relataban horrendas vejaciones cometidas en los años 40 y 50, bastante tiempo antes de que obreros y estudiantes desafiaran al poder llenando de fuego y rebeldía las calles parisinas.
Algunos pasajes del artículo de Ratzinger son más que ilustrativos del combate que asume como personal a la vez que épico. Dice que “el asunto (de la pedofilia en la Iglesia, NdR) comienza con la introducción de los niños y jóvenes en la naturaleza de la sexualidad, algo prescrita y apoyado por el Estado”.
O sea, el germen de responsabilidad de que haya curas y obispos violadores es que se haya avanzado en la educación sexual de niños, niñas y adolescentes. “Lo que al principio se buscaba que fuera solo para la educación sexual de los jóvenes, se aceptó luego como una opción factible”, afirma plantando bandera.
Para él la proliferación, en los 60 y 70, de cines en las grandes ciudades europeas donde se pasaban películas pornográficas a toda hora del día es un ícono de esa explosión de decadencia moral universal. Todo inspirado, asegura, en “las libertades por las que la Revolución de 1968 peleó”, de entre las cuales “la libertad sexual total, una que ya no tuviera normas”, era la más importante.
El papa incluso afirma que esa libertad sexual se relaciona directamente con “la voluntad de usar la violencia que caracterizó esos años”. Se refiere, naturalmente, a las estrategias combativas abrazadas por millones de jóvenes en todo el mundo, inspirados en la revolución cubana, el Mayo Francés y la resistencia vietnamita. No al Napalm estadounidense, a las dictaduras latinoamericanas y africanas y las bandas parapoliciales y ultracatólicas. A no confundir.
En algo Benedicto XVI no falla. Si bien la relación entre el Mayo Francés y el surgimiento del activismo de liberación sexual en Francia no fue lineal, las perspectivas de “revolución sexual” en aquellos años estuvieron inscriptas en el marco general de la lucha de clases abierta en el período.
Las barricadas de París diseminaron por el mundo la idea de que la imaginación, el placer, el goce y la libertad plena del ser humano como horizontes posibles se dan de patadas con el sistema de explotación y opresión capitalista y con el corpus moral sostenido por la doctrina eclesiástica. Y eso es lo que siempre inquietó (¡y nunca deja de inquietar!) a los jerarcas de la Iglesia católica.
En el colmo de su operación ideológica, Benedicto sentencia que “parte de la fisionomía de la Revolución del 68 fue que la pedofilia también se diagnosticó como permitida y apropiada”. Así, como una satánica y antihumana regla de tres simple.
Piel de cordero
Era lógico que, luego de semejante razonamiento, Ratzinger concluyera en que “para los jóvenes de la Iglesia ese fue un tiempo muy difícil” y que “el extenso colapso de las siguientes generaciones de sacerdotes en aquellos años y el gran número de laicizaciones fueron una consecuencia de todos estos desarrollos”.
Luego de esas definiciones, el antecesor de Bergoglio en el Vaticano se lanzó a analizar en profundidad las transformaciones que la (por él llamada) “Revolución del 68” produjo al interior de los monasterios y conventos formadores de curas. Obviamente, todo mal. Tanto se dejaron contaminar, según él, por los homosexuales-porno-pedófilo-revolucionarios, que terminaron por hacer colapsar a “la teología moral católica”, dejando “a la Iglesia indefensa ante estos cambios en la sociedad”.
Sí, así como se lee. Ahora resulta que en esta historia la Iglesia católica vendría a ser, según la óptica ratzingeriana, una verdadera víctima del accionar de fuerzas diabólicas externas, encarnadas en millones de jóvenes con ideas libertarias y anticapitalistas. Fuerzas que se apoderarían impiadosamente de malformados curitas que, trágicamente, terminan sucumbiendo ante la tentación y cometiendo los más horrendos crímenes contra quienes, supuestamente, debían proteger y educar.
El papa emérito es categórico al incorporar otro elemento causante de la llamada “degeneración” y “decadencia moral” de la Iglesia: la existencia en las filas eclesiásticas de curas homosexuales. “En varios seminarios se establecieron grupos homosexuales que actuaban más o menos abiertamente, con lo que cambiaron significativamente el clima que se vivía en ellos”, destaca. Obviamente los homosexuales integran, para Ratzinger, esa despreciable parte de la sociedad que no tiene a Dios como supremo todopoderoso.
Sin embargo a Ratzinger no le interesa en lo más mínimo la pedofilia de sus clérigos. A él lo que realmente le importa es los alcances del escándalo. Y lo dice claramente: “el asunto de la pedofilia, según recuerdo, no fue agudo sino hasta la segunda mitad de la década de 1980”. Es decir, mientras no fuera agudo, mucho problema no había. Eso sí, ahora que el asunto se hizo “agudo”, cuestiona que la Iglesia no supo reaccionar. Ahora, dice, “las malas hierbas en el campo de Dios son excesivamente visibles”.
Contra las víctimas, con el Estado
Es interesante un pasaje del texto de Ratzinger que, pese a la maniobra discursiva “antipedofilia”, desnuda completamente su preocupación y su pensamiento (en última instancia) político.
El papa emérito propone una ley canónica (la “constitución” de la Iglesia) “balanceada que se corresponda con todo el mensaje de Jesús”, que no solo tenga “que proporcionar una garantía para el acusado, para quien el respeto es un bien legal, sino que también tiene que proteger la fe que también es un importante bien legal. Una ley canónica adecuadamente formada tiene que contener entonces una doble garantía: la protección legal del acusado y la protección legal del bien que está en juego”.
Garantías y resguardo tanto para los clérigos acusados como para la fe… ¿Y las víctimas de la pedofilia, santo padre? Bien, gracias.
Pero además es tan demagogo que sugiere sancionar a los curas pedófilos con “la pena máxima, es decir la expulsión del estado clerical”, algo que nunca llevó adelante siendo papa pero que tampoco le impone hacer a Francisco desde marzo de 2013. Un farsante.
En las dieciocho páginas y media de artículo Ratzinger omite un elemento central. La pedofilia, en el caso de los curas agravada por ser alguien que debería resguardar doblemente la seguridad y la salud de quienes eligen como víctimas, es un delito muy grave en todas partes del mundo.
Sin embargo, al papa emérito ni habla de llevar a los estrados judiciales a los victimarios denunciados en sedes canónicas. Algo que, como se demuestra en la Argentina del papa Francisco, parece ser una ley no escrita para las jerarquías eclesiásticas, toda vez que lo que procuran siempre, siempre, es proteger a los violadores y desalentar a los denunciantes, llegando incluso a atacar mafiosamente a querellas y testigos.
Por útimo, el exsanto padre refunfuña porque en los últimos setenta años en muchos países europeos y de otros continentes se produjeron no pocos procesos de laicización de los estados, dejando a la Iglesia de lado como fuente doctrinaria de constituciones y legislaciones.
El enojo del exjoven militante de las SS alemanas es comprensible. De llevarse adelante en todo el mundo un proceso real de separación de la Iglesia del Estado, la Iglesia contaría con muchas menos herramientas legales, con mucha menor capacidad de lobby y con mucho menos dinero para mantener un verdadero aparato institucional en pos de garantizar la impunidad para los clérigos abusadores (muchos de ellos miembros de redes de pederastia y pornografía infantil).
La sola idea de mantener a la Iglesia y a los Estados como “asuntos separados” pone muy nervioso a Ratzinger. Y no es para menos.
Papa caliente
“Al final de mis reflexiones me gustaría agradecer al papa Francisco por todo lo que hace para mostrarnos siempre la luz de Dios”, sentencia al pie de su artículo el reaccionario, homofóbico, misógino y encubridor de pedófilos Josehp Ratzinger.
Según algunos medios cercanos al Vaticano, el texto de Benedicto no es del 11 de abril (cuando se publicó en Alemania), sino que el propio papa emérito se lo había enviado ya en febrero a Francisco, para que este lo compartiera con los jefes de las conferencias episcopales que se reunirían en la Cumbre sobre pedofilia. Pero el texto, aseguran, no llegó a ningún obispo en ese momento.
El documento de Ratzinger, en cierta medida, “choca” de frente contra el espíritu que Bergoglio quiso transmitir desde la Cumbre, donde buscó (tardía, fallida e hipócritamente) tender “puentes” con la feligresía (y con el mundo) que cada vez mira con más desconfianza las maniobras vaticanas para garantizarle impunidad a sus “ovejas descarriadas”.
Mientras Francisco procura surfear de la mejor manera posible la oleada de denuncias que dejan en jaque cada nuevo intento de mostrar a los abusos sexuales como “excepciones” y “casos aislados”, Benedicto reaparece con sus arengas teológicas.
Tal vez se propone ser un ruidoso vocero del ala (más) conservadora de la Iglesia. Para ello cuenta, nada menos, con el “pergamino” de haber sido durante un cuarto de siglo (1981-2005) el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la oficina dedicada a decir “lo que está bien” y “lo que está mal” para el Vaticano y ante la que siempre rindió pleitesía Jorge Mario Bergoglio.
Más allá de la interna teológico-política fue el propio Francisco quien, en mayo de 2018, escribió el prefacio al segundo volumen de los textos escogidos de Ratzinger donde valoró mucho que el papa emérito propusiera “una visión cristiana de los derechos humanos capaz de debatir a nivel teórico y práctico con la pretensión totalitaria del Estado marxista y de la ideología atea”.
Daniel Satur
@saturnetroc
Viernes 19 de abril | 22:41
El suicidio político de Alan García y sus implicancias

“Las prisiones preventivas bonapartizan al régimen pro imperial”.
Alan García murió a los 69 años en la clínica Casimiro Ulloa a las 10:05 am después de suicidarse en su casa antes de ser detenido preliminarmente por la justicia burguesa.
“Creo en la vida después de la muerte”, declaró calculadoramente el dos veces ex presidente peruano un día antes de su suicidio (Perú21, 16/4). Y tenemos que reconocer que, aunque señalamos varias veces que el aprismo [fuerza en que militaba García] en descomposición política-moral iba a luchar antes de terminar por derrumbarse, no avizoramos la posibilidad de un suicidio político por parte de Alan García. Pero como señalamos al principio de esta breve nota, la cuestión del suicidio fue meditada profundamente por el delfín de Haya de la Torre.
Y es que frente a la humillación de una detención preventiva, el líder de la estrella aprista, prefirió quitarse la vida. De esta forma frena el juicio en su contra (o le resta credibilidad), y evita “ensuciar” la imagen de su familia genética y política. Hay que reconocer que esta fue una decisión muy astuta del que alguna vez fuera acusado por Hugo Chávez como “ladrón de siete esquinas” y el responsable de varios actos de corrupción (BCCI, Mirage, Narcoindultos, etc.), y genocidio de comunidades enteras como Accomarca y Cayara, y de cientos de presos políticos (Frontón, Santa Clara, SJL), que quedarán impunes. Nadie sabe exactamente cuánto de dinero se perdió por la corrupción de sus dos gobiernos, pero algunos calculan en millones de dólares.
El impacto en la situación política
No obstante, con la muerte de García no muere la política pro capitalista y corrupta en el país. Tal vez a esto se refería cuando dijo que “creo en la vida después de la muerte”. Y es que su suicidio político, contradictoriamente, le da vida al aprismo, que ahora se va a victimizar apelando al discurso de “persecución política”, tal vez haciendo pública una carta abierta del suicidio, etc.
Y pone en aprietos al vizcarrismo [por Martín Vizcarra, presidente de Perú], que ve como su plan bonapartizante ingresa a una nueva y diferente crisis, como preámbulo a una mayor disgregación política (bancada balcanizada, traición a Salaverry [presidente del Congreso], nuevo pacto con el fujimorismo), y ahora sí, con la probabilidad de la oposición, de voltearle la tortilla al mandatario (que llegó a Palacio conspirando contra su entonces presidente PPK –Pedro Pablo Kuczynski), si es que no cierran un complejo pacto de borrón y cuenta nueva, que ambos necesitan para imponer los planes de ajuste neoliberal como el DS 345 que es un salto cualitativo (técnico y sistematizado) en comparación con el fujimorismo de los 90s, ya que privatiza el agua y justifica el despido arbitrario así como reduce el salario obrero en las regiones, entre otras amenazas al medio ambiente y la salud.
Tal vez Vizcarra, como buen felipillo, pensó que con la venia pública que le hizo Mike Pompeo [secretario de Estado norteamericano] días antes, le bastaba para arremeter contra el líder histórico del aprismo contrarrevolucionario. Y tal vez este espaldarazo del agente yanqui también explica por qué la administración Vizcarra “pateó” la instalación de la Mesa de Cumplimiento de Las Bambas (una crisis de poder de dos meses donde la comunidad, con dos meses en huelga y un paro regional de 48hs contra la minera de cobre china MMG, derrotó el Estado de Sitio y donde tuvo que intervenir la Iglesia para salvar al régimen), ya que Pompeo maldijo a los chinos en el marco de su estrategia de guerra comercial de desplazar a China de su “patio trasero” (CNN en Español, 13/4).
En otras palabras, la crisis retroalimenta la crisis, y Vizcarra queda “relativamente” más aislado que antes frente al Congreso. Recién tuvo que hacer renunciar a sus ministros estrenados de Vivienda y Transportes (cuestionados por corrupción), a pedido de su flamante premier Salvador Del Solar. En Palacio cunde la desesperación por el suicidio de Alan, y Vizcarra, en compañía de sus jueces celebrities, decidió darle una prisión preventiva de 36 meses a PPK (y éste está internado en una clínica argumentando problemas cardíacos).
Para las/os jóvenes y trabajadoras/es que cantaban victoria por ver cerca “la justicia burguesa” (¿una contradicción de los que se reclaman anticapitalistas?), también se complican las cosas. Por un lado, porque el aprismo en descomposición, va a salir a la ofensiva con cientos en las calles, declarando que “murió en su ley” (martirologio aprista), las arengas y fotos de “su mártir de la democracia y del crecimiento económico, que redujo la pobreza, etc.”. Esta cuestión fortalece al aprismo y el pacto de borrón y cuenta nueva en las alturas.
Cómo enfrentar la corrupción
La conclusión que deben sacar las/os jóvenes y trabajadoras/es revolucionarias/os es que las prisiones preventivas son contraproducentes con el fin de buscar justicia no solo por lo que estamos observando ahora con el suicidio de García sino porque resulta un bumerang al meter también presos preventivamente a los dirigentes sociales como vemos con Gregorio Rojas y sus abogados, etc. Y porque no ayuda a romper con la alienación capitalista y su régimen político en derrumbe. Al contrario, fortalece las tendencias más reaccionarias y bonapartizantes del régimen en derrumbe.
Y si bien es cierto que el gobierno está relativamente en crisis, pues cuenta a su favor la alianza con las FF.AA., la Iglesia, la embajada yanqui, la Confiep (gremio patronal), y la falta de un plan de lucha serio (y no un paro dilatado varias veces y una jornada de lucha para el 1° de mayo) de la burocracia sindical y la izquierda liberal para derrotar la arremetida pro imperialista de la administración Vizcarra.
Finalmente, la lucha consecuente contra la corrupción no la puede dirigir un presidente pro imperial y con rabo de paja (contrato con la empresa Conirsa –que era consorcio de Odebrecht; además, un colaborador eficaz declaró que Vizcarra recibió $100 mil del Club de la Construcción en la casa de PPK para la campaña electoral), sino un gobierno de las/os trabajadoras/es que plantee: apertura de libros y hacer público lo que surjan de las investigaciones inmediatas, expropiación de las cuentas y bienes de Odebrecht, Graña y Montero, JJC (y Alan, PPK, Toledo, Ollanta, Vizcarra, Susana)1, control obrero de la obra pública, nacionalización de la banca y el comercio exterior (bajo control de las/os trabajadoras/es).
Grupo Vilcapaza de Perú
1 Se refiere, respectivamente, a los ex presidentes Alan García, Pedro Pablo Kuczynski, Alejandro Toledo, y Ollanta Humala; al actual mandatario, Martín Vizcarra; y a la ex alcaldesa de Lima, Susana Villarán.
domingo, 21 de abril de 2019
¿New York Times, CNN, Forbes? Ya lo dijo teleSUR
Hasta que no lo publicaron tres medios del sistema -el Times, la CNN y Forbes- no fue más que “propaganda chavista”. Pero fue lo que sostuvo, desde el primer momento, el medio multiestatal teleSUR. Una ventana a la verdad frente a las mentiras creadas en los centros imperiales. Espacio "Contratuit", en Cubainformación TV.
sábado, 20 de abril de 2019
El futuro del capitalismo europeo, ¿hacia un escenario “a la japonesa”?

Tipos de interés cercanos a cero y un euro muy barato. Y tampoco así. Las perspectivas para la dinámica del capitalismo europeo apuntan a una ralentización en el crecimiento, cuyo reflejo sobre las variables económicas de diversos países comienzan a ser ya evidentes. ¿Comienza Europa a refractarse cada vez más en el espectro de la economía nipona?
JP Morgan tenía razón. El Banco Central Europeo (BCE), pospondrá la tan anunciada subida de tipos, al menos, hasta finales de año. Esto supone un cambio con respecto a las antiguas previsiones, que apuntaban al verano de 2019 como la fecha señalada para ello.
¿Qué pasa, pues, por la cabeza de Mario Draghi? -“En una habitación oscura te mueves con pasos pequeños. No corres, pero te mueves”-, explicaba de forma críptica, hace pocas semanas, el presidente del BCE. Lo equivale a reconocer, explícitamente, que la táctica que guía el organismo que dirige no es, ni más ni menos, más que una huida hacia adelante; algo así como una patada a los problemas del hoy apelando a la benevolencia de un mañana cada vez más sombrío.
En realidad, el comportamiento de los burócratas de Bruselas y toda la política monetaria orquestada desde BCE viene a reconocer de nuevo la inminente realidad material que el capitalismo europeo afronta, a saber: un escenario de fuerte desaceleración y tendencia al estancamiento.
Porque, además de los problemas de orden superestructural que amenazan al capitalismo europeo, tales como el Brexit o la guerra comercial EEUU-China-Europa, esta última tiene sus propios males. El frenazo en la industria del motor, que golpea con particular dureza a la locomotora alemana e Italia, que ya ha entrado en recesión técnica, son expresión de ello. Recordemos que fue el mismo BCE el que viene de recortar seis décimas el crecimiento del PIB para 2019 de la Eurozona, hasta el 1,1%, y una décima el de 2020, al 1,6%.
Un intento de insuflar vida a un zombie
Así las cosas, los tipos no se van a modificar. La referencia general sigue en el mínimo histórico del 0%; se continuará cobrando a los bancos un 0,4% por guardar el dinero; y se les prestará a un día al 0,25%. El otro flanco de defensa del BCE serán las inyecciones de liquidez, que se prepara para lanzar en septiembre una nueva ronda de su programa de préstamos a largo plazo, conocido como TLTRO, que promete prolongarse hasta marzo de 2021.
El sentido económico de estas operaciones consiste en intentar seguir alimentando el acceso al crédito por parte de familias y empresas de cara a favorecer consumo e inversión. O sea, crédito barato y tipos artificialmente bajos para seguir dopando a la economía europea. La receta que en principio se presentaba como temporal, ya hace tiempo que ha pasado a considerase “estructural”. No importa que oficialmente los programas de compra de deuda se hayan terminado: continúan las líneas de liquidez barata y la reinversión permanente en bonos y acciones.
En resumen: un ejemplo de receta contracíclica keynesiana, por el lado de la política monetaria. ¿Hasta qué punto son capaces las políticas de demanda para sortear el ciclo? En realidad, sólo es más leña al fuego y prepara una caída aún más dura.
Así lo señalábamos en un artículo anterior: “Este proceso de liquidez barata e hiperendeudamiento llega a su cénit en el punto álgido del ciclo económico y, finalmente, colapsa en el momento en que se ’descubre’ la descoordinación latente entre los stocks de capital levantados a golpe de bajos tipos y las necesidades de mercado de ahorradores y consumidores. Todo el castillo de naipes colapsa y llegamos a la fase descendente del ciclo; fase que el propio modus operandi del capitalismo se encargar de resolver destruyendo mercancías, despidiendo fuerza de trabajo que pasará a engrosar el ’ejército industrial de reserva’, parálisis del crédito y, en definitiva, destrucción de fuerzas productivas en general. (…)
Tras años de distorsiones del sistema de precios favorecidas por la ingente cantidad de crédito barato inyectada por los Bancos Centrales, la lógica del proceso de acumulación capitalista se impone, haciendo estallar las empresas burbujísticas e iniciando un ciclo descendente. Así, se cierra la fase alcista del ciclo y la economía capitalista rueda hacia la crisis.”
Y tal es la perspectiva que se abre ahora para la economía europea, en general. Pero responder así no agota aún la cuestión. Intentemos ir un poco más lejos. ¿Se puede especular acerca de la fisonomía concreta que adoptará este proceso durante el próximo período?
El fantasma japonés
Pensemos en un situación material que combina elementos tales como el bajo crecimiento, la baja inflación, niveles de deuda desorbitados, una productividad baja o cayendo y un comportamiento demográfico que empuja al alza el gasto asistencial y, por tanto, déficits presupuestarios galopantes… ¿Cuál es primer país que nos viene a la mente? Es la imagen, por antonomasia, del Japón de las últimas décadas. Y sin embargo, la Europa actual tiende cada día más encajar en la anterior descripción.
Recordemos que, además, las balas en la recámara se agotan. Una situación que los estrategas del capital temen y para la cual no están preparados. Por eso, un escenario como este, de “estancamiento secular”, inevitablemente vendría acompañado de nuevos y más duros golpes, directos o indirectos, al nivel de vida de las masas.
Sea como fuere, bien mediante nuevas tandas de “ajustes” y recortes del gasto público, bien a través de la propia dinámica del ciclo, de destrucción de fuerzas productivas y mayor peso del “ejército industrial de reserva”, nuevos ataques a la situación material de la inmensa mayoría están a la vuelta de la esquina.
La respuesta del movimiento de masas, a cuya vanguardia europea se hallan los llamados “chalecos amarillos” franceses, inevitablemente volverá a situar la hipótesis de un enfrentamiento abierto entre las clases en el centro, agudizando y profundizando la situación de crisis orgánica que vive el capitalismo continental. Armarse con las lecciones estratégicas y programáticas del último período es una tarea vital para los revolucionarios, en aras de superar a las actuales direcciones burocráticas del movimiento de masas, unificar a las filas de oprimidos y explotados para repeler la ofensiva del capital y poder abrir la senda de un desenlace revolucionario en el Viejo Continente.
Alberto Fernández
Vigo
viernes, 19 de abril de 2019
El suicidio de Alan García

El ex presidente peruano se pegó un tiro cuando iba a ser detenido por el caso Odebrecht, que involucra a casi todos los gobiernos latinoamericanos.
Alan García, dos veces presidente del Perú, acudió a la manera más eficaz para huir de su propia corrupción: se pegó un tiro cuando la policía ingresó en su casa con una orden de detención. Según las crónicas, García les pidió a los oficiales un momento de privacidad para hablar con sus abogados y, apenas cerró las puertas de la sala en la que entró, desde afuera se escuchó el disparo.
García, como otros tres ex presidentes peruanos (Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Kuczynski), quedó imputado en la causa Odebrecht, el pulpo brasileño que, como ahora se sabe, embadurnó con sus coimas a los gobiernos de casi toda América latina, desde “macristas” como García hasta “nacionales y populares” como Lula y los K. Un cuarto presidente del Perú, Alberto Fujimori, ya está preso pero, en su caso, por asesino serial.
García estaba acusado de lavado de activos, tráfico de influencias y colusión. Tenía prohibido salir del país y había fracasado su intento de refugiarse en la embajada uruguaya en Lima y pedir asilo político, porque Montevideo se lo negó. A ese recurso ya había echado mano García en 1990, cuando se refugió en Colombia después de ser acusado de enriquecimiento ilícito.
En el año 2016 Odebrecht admitió haber pagado coimas a tres gobiernos peruanos, incluido el de García, y en diciembre del año pasado el gigante brasileño de la construcción se comprometió a entregar más datos que comprometerían aún más a los ex presidentes y a otros funcionarios. De ese hecho sobrevino la orden de detención contra García y su suicidio.
De acuerdo con las confesiones de Odebrecht, se le entregaron 4 millones de dólares al ex secretario de García, Luis Nava, y a su hijo José (“Chalán” y “Bandido” eran sus apodos mafiosos, respectivamente). En total, Odebrecht entregó coimas por 29 millones de dólares a diversos gobiernos de la región. En Perú les dieron 4 millones de dólares a “Chalán” y a “Bandido” para que arreglaran en su favor la licitación para construir la Línea 1 del Metro de Lima. Además, Odebrecht depositó otro millón de dólares en la cuenta de Miguel Atale, vicepresidente de Petroperú durante el gobierno de García, en la Banca Privada de Andorra (BPA).
Otro negociado en el que estaba vinculado García era el de la concesión de la Terminal Norte del puerto de Callao en favor de la holandesa ATM Terminales, también coimas mediante.
“Nacional y popular”
Alan García asumió su primera presidencia en 1985. Había sido el pupilo dilecto de Raúl Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), que, como su nombre lo indica, pretendía ofrecer una alternativa política a toda Latinoamérica (decía tomar su programa y forma de organización del masacrador Kuomintang, partido nacionalista burgués chino; y el primer peronismo admitía la influencia del APRA).
Rápidamente el gobierno de García reveló su condición con la masacre de presos en los penales masculinos de Lurigancho y El Frontón, y en la cárcel de mujeres Santa Bárbara, en los que había una gran cantidad de guerrilleros y guerrilleras presos. Un informe de la organización de derechos humanos Human Rights Watch dice que la orden de masacre fue dada por García y su ministro de Marina, Luis Gampietri, quien sería vicepresidente de la República durante el segundo mandato de García.
Otro informe, éste de la Iglesia católica, dice que sólo en Lurigancho fueron fusilados 124 prisioneros después de rendirse, y que el Pabellón Azul del penal de El Frontón fue bombardeado por tropas de la Armada durante todo el día. También la Iglesia denunció que se impidió el acceso al lugar de autoridades civiles, jueces, fiscales, directores de otros penales y periodistas.
García, además de aquella masacre, comenzó su primer gobierno ruidosamente: anunció que el país no destinaría al pago de la deuda externa más del 10 por ciento de su PBI, y que negociaría con los acreedores directos sin mediación del FMI. Téngase en cuenta que la deuda peruana había entrado en crisis durante los gobiernos que antecedieron al de García, el de los derechistas Francisco Morales Bermúdez (1975-1980) y Fernando Belaúnde Terry (1980-1985), quienes se vieron obligados a refinanciarla e incluso a declarar la cesación de pagos porque la caja había quedado seca.
García dio en ese mismo 1985 discursos memorables ante la ONU y la FAO (organismo de las Naciones Unidas para la alimentación) en los cuales echó al FMI las culpas de todos los males, al tiempo que disponía un aumento del 18 por ciento en los salarios reales de los trabajadores y promovía con esa medida una fuerte reactivación. Todo eso lo hizo García en acuerdo con los llamados “12 apóstoles”, los principales empresarios peruanos que, como diría años más tarde la señora Kirchner, “la juntaron en pala”, al igual que los bancos.
La crisis de aquella política estalló entre 1986 y 1987, cuando los límites de la modestísima industria nacional tocaron techo: ni un centavo de las importaciones metalíferas se había destinado a la industrialización. García aún amenazó con estatizar la banca y logró la aprobación parlamentaria a ese proyecto, pero jamás lo ejecutó. Intentó también obligar a los “12 apóstoles” a comprar bonos estatales, pero los empresarios impulsaron grandes movilizaciones derechistas (como habían hecho en Chile contra Salvador Allende o como harían después en la Argentina contra el aumento a las retenciones agrarias). La compra obligatoria de bonos fue cancelada.
Mientras huelgas, paros y protestas obreras recorrían el país, García fue a pedir préstamos al FMI y al Banco Mundial, después de tanto denostarlos. Sus vacilaciones y claudicaciones ante la derecha habían disparado la inflación y hecho caer estrepitosamente la producción, saboteada por los “apóstoles” a quienes jamás García les tocó un pelo.
Finalmente, en setiembre y noviembre de 1988, García ordenó un llamado “plan cero”: una política de shock económico similar a la del Rodrigazo argentino en 1975. Paralelamente, los dos últimos años de aquel primer gobierno de García fueron de una corrupción sin bozales.
Además, bajo el pretexto del accionar de la guerrilla llevó a cabo una política de masacres en el campo.
Su segundo gobierno ya no tuvo demagogias: fue de un “macrismo” ortodoxo, de sometimiento completo a los centros de poder del capital financiero y de “integración a los mercados”. También lo fueron de corrupción galopante.
Este miércoles todo terminó con ese balazo en la cabeza.
Alejandro Guerrero
Dinero o Cyber money - El nuevo Tiranosaurio Rex
Los administradores de fondos crecieron después de la última crisis financiera de 2007 y no son bancos ni fondos buitres, y prácticamente actúan sin control estatal. Tienen una cantidad inimaginable de activos, de diferentes fuentes, y compran bancos, compañías de inversión y empresas. En Europa, poco se sabe acerca de sus actividades. En Argentina son completamente desconocidos. Aquí echaron una mirada ávida a YPF y a la tierra y muchos productores rurales coquetean con la idea de venderles sus tierras para especular en el mercado de capitales. El país parece un laboratorio de pruebas.
Recién en mayo de 2018, Macri estuvo cerca de una cesación de pagos cuando el peso perdió casi la mitad de su valor luego de que Estados Unidos elevara las tasas de interés. Los administradores de fondos estadounidenses, BlackRock y Templeton, ayudaron a Macri adquiriendo bonos del tesoro por miles de millones de dólares. No solo evitaron una crisis financiera local, sino también una crisis global.
La razón por la que BlackRock y Templeton ayudaron a Macri en mayo de 2018 no apareció en ningún periódico. Seguramente no fue un acto de caridad. Más bien fue uno de agradecimiento por el decreto número 29, en que el gobierno ha prometido, en caso de insolvencia, no objetar la incautación de recursos naturales.
BlackRock y Cía. administra los activos de los fondos de pensiones, los bienes de los multimillonarios y las ganancias de las corporaciones. De todos modos, se sabe que este dinero tuvo su origen en la economía real. Pero ellos también administran medios de pago que provienen del cyber espacio, creados en las pantallas de las computadoras, sin la intervención de un banco central. El comercio electrónico ha generado a través del negocio de los derivados, sumas con muchos ceros, apostando a índices bursátiles, tasas de interés o cotizaciones de divisas.
Ya en 1995, la timba bursátil llevó a la bancarrota al British Barings Bank. Un joven corredor había apostado por el Nikkei japonés y tuvo mala suerte. El efecto positivo fue que, por primera vez, el público escuchó hablar del dinero digital y de los malabaristas financieros. Hoy en día, el caos financiero del capitalismo de casino es más peligroso que nunca. Las nuevas monedas criptográficas como el Bitcoin han vuelto la situación aún más confusa. Pero el tema se borró del mapa.
jueves, 18 de abril de 2019
Sudán: el levantamiento popular ha derribado al dictador pero el régimen intenta permanecer en el poder

Después de casi tres décadas en el poder, Omar al-Bashir fue destituido como presidente de Sudán por las protestas populares. Las masas han salido a las calles en lo que solo se puede describir como un movimiento revolucionario, aunque sin una dirección ni demandas claras. El propio Bashir ha sido arrestado y el ejército lo "mantiene en un lugar seguro".
Esta mañana, la noticia de la remoción de Bashir provocó una erupción de alegría en las polvorientas calles de la capital. Algunas personas corearon: "Ha caído, nosotros ganamos". Cuando un periodista de la agencia de noticias Al Jazeera le preguntó qué significaba esto para ella, una manifestante respondió: "Esto significa todo". Otro manifestante dijo: "No es solo que Bashir renuncie. También se trata de que caiga todo el régimen y todo lo que arrastra con él y con 30 años de opresión. Así lo que queremos es una transición a una democracia. Queremos un gobierno civil y la entrega de la autoridad y del poder al pueblo".
De la euforia a la rabia renovada
Más tarde, en el día, quedó claro que los militares han estado tratando de tomar el control. El ministro de Defensa, Awad Ibn Ouf, dijo que el ejército había decidido supervisar un período de transición de dos años que sería seguido por elecciones. Mientras tanto, la constitución ha sido suspendida, se ha impuesto un estado de emergencia durante los próximos tres meses y el toque de queda comienza a las 10 pm. El gobierno se ha disuelto, al igual que el parlamento y los gobiernos estatales.
Esto es inaceptable para los principales grupos de oposición, como la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA) y el movimiento juvenil Girifna. Están exigiendo un gobierno verdaderamente civil y han convocado a mantener las protestas frente al cuartel general del Ejército. La gente ahora está cantando consignas contra el gobierno militar, contra el estado de emergencia y contra el toque de queda. Se puede escuchar a la gente cantando "No lo aceptamos". Las ilusiones que existían en el Ejército, y que fueron fomentadas por la SPA y otras fuerzas de oposición, se están evaporando rápidamente.
¿Por qué ha intervenido el Ejército para expulsar a Omar al-Bashir? En los últimos días comenzaron a aparecer divisiones entre los soldados, con oficiales subalternos de un lado y las fuerzas de seguridad (Inteligencia Nacional y Servicios de Seguridad - NISS, milicias islamistas) del otro. El NISS mató a cinco soldados que intentaban proteger a la gente contra la represión. Durante dos incidentes, los soldados dispararon contra estos matones del Estado. Pero también dentro del propio Ejército, apareció una ruptura entre los soldados y sus oficiales subalternos y los altos mandos del ejército.
Los oficiales de alto rango claramente temían una rebelión de los oficiales de menor rango "sobre el terreno" que están más cerca de la gente. Ansiosos por no perder el control sobre sus aparatos, por temor a la ruptura de la cadena de mando, los líderes del ejército necesitaban actuar y actuar con rapidez. Esto explica por qué los generales del ejército, los pilares tradicionales del régimen de Omar al-Bashir, han tomado la iniciativa de expulsarlo del poder, arrestar a los principales funcionarios del gobierno y sus familiares y anunciar la formación de un "gobierno de transición". Al hacerlo, esperan mantener intacta la cohesión del aparato estatal (garantizando sus privilegios, beneficios e intereses comerciales), para proteger la esencia del régimen y desactivar el movimiento de masas.
Al iniciar una reforma desde arriba, esperan evitar una revolución desde abajo. Pero algunas lecciones de la primavera árabe no han pasado desapercibidas para las masas en Sudán. Muchos dicen que no quieren que los militares lleguen al poder y les roben su revolución como en Egipto. Las masas en Sudán, al igual que en Argelia, quieren que todo el régimen sea desmantelado. Por lo tanto, podemos decir que hoy se ha entrado en una nueva fase de la revolución sudanesa. Después de tantos sacrificios, las masas no abandonarán tan fácilmente las calles por tal resultado.
El régimen de Bashir
El régimen de Bashir tiene una historia de brutalidad. En 2018, 5,5 millones de sudaneses sufrieron inseguridad alimentaria. Mientras tanto, fue revelado por Wikileaks en 2010 que Bashir había extraído $ 9.000 millones del dinero del petróleo del país para él mismo y lo había escondido en bancos del Reino Unido.
Bashir también es el único jefe de estado en funciones que busca la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio. Todos estos crímenes pertenecen a su campaña de limpieza étnica en Darfur desde 2003, y que se expandió posteriormente a los estados sudaneses del Nilo Azul y Kordofan del Sur. Mientras tanto, la Guerra Civil de Sudán, que se prolongó hasta 2005, causó la muerte de alrededor de dos millones de personas. La pobreza y la guerra son, por lo tanto, el legado de Bashir. No se lo extrañará.
Las protestas que finalmente lo llevaron a su caída comenzaron a mediados de diciembre de 2018. El gobierno había anunciado el fin de los subsidios a los productos básicos. Este fue un intento de hacer frente a la inflación en espiral que fue del 122%, la segunda más alta del mundo.
Esta política se llevó a cabo siguiendo las instrucciones del FMI en 2017, poco después de que el gobierno de Obama eliminara las sanciones económicas contra Sudán. Este fue un intento del imperialismo estadounidense de llevar a la economía sudanesa a su esfera de influencia. Sin embargo, en lugar de lograr una relación agradable con este criminal de guerra, el imperialismo estadounidense desató inadvertidamente el movimiento que llevó a la caída de Bashir.
El 19 de diciembre de 2018, la ciudad nororiental de Atbara estalló en protestas. Los manifestantes incendiaron la sede del gobernante Partido del Congreso Nacional. La policía militar respondió con gas lacrimógeno y munición real. Las protestas comenzaron aquí y solo se extendieron gradualmente a la capital debido al intenso cordón de seguridad.
Desde entonces, los manifestantes han ido sistemáticamente a las calles de todo el país para protestar por los aumentos de precios, los recortes en los subsidios a los productos básicos y la escasez de combustible. Cuando las protestas se extendieron a la capital, Jartum, las demandas aumentaron hasta exigir un completo desmantelamiento del régimen de Bashir.
La represión no sofocó las protestas
La respuesta del gobierno fue despiadada. Desplegó a la policía y las fuerzas paramilitares contra los manifestantes que fueron golpeados y disparados con munición real, balas de goma y gases lacrimógenos. Se cree que alrededor de 100 personas murieron y muchas más resultaron heridas. Desde el sábado pasado, 22 personas han sido asesinadas, en un último intento desesperado de Bashir por intensificar la represión mortal de las protestas. Miles de personas también han sido arrestadas por los servicios de seguridad, incluidos académicos de la universidad de Jartum, líderes de la oposición y periodistas, a quienes no se les permite visitas de familiares, abogados o médicos.
El 22 de febrero de 2019, el gobierno declaró el estado de emergencia e impuso toques de queda en algunos lugares. Las escuelas y universidades han sido cerradas. Los periódicos nacionales han sido censurados o cerrados. Internet ha sido interrumpido y varias compañías telefónicas han restringido el acceso a WhatsApp y otros sitios de redes sociales.
Sin embargo, esto no detuvo las protestas, que han continuado sin cesar. Más recientemente, miles de personas establecieron un campamento fuera del cuartel general del ejército en el centro de Jartum, con una distribución improvisada de agua e instalaciones médicas y bajo disparos esporádicos de los servicios de seguridad, exigiendo que Bashir sea destituido como presidente. Esto ha demostrado ser la gota que ha colmado el vaso.
Desde el principio, las protestas han sido orquestadas por la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA). Se trata de un grupo paraguas ilegal de sindicatos que representan principalmente a profesionales de clase media, como médicos, ingenieros, profesores universitarios, profesores, periodistas, etc. La afiliación a la SPA, aunque secreta, ha sido objeto de una brutal represión por parte de Bashir como resultado.
Esta dirección ha demostrado ser resuelta frente a la represión, pero vaga en sus demandas. Las consignas de las protestas han exigido la caída de Bashir, y por "la libertad, la paz y la justicia". Pero la necesidad de un gobierno que ponga a la clase trabajadora al frente, como la única manera de resolver los problemas que provocaron este movimiento, ha estado ausente de las demandas.
Sin embargo, esto no es por falta de participación de la clase trabajadora en este movimiento revolucionario. No es casualidad que las protestas comenzaran en Atbara, que es la base nacional del sindicato de trabajadores ferroviarios, el sindicato más grande de Sudán.
El 10 de marzo de 2019, la Alianza para la Restauración de los Sindicatos de los Trabajadores Sudaneses anunció que se uniría a las protestas para derrocar a Bashir. Hizo un llamamiento a todos los sindicatos que habían sido disueltos por el régimen para que movilizaran sus bases y se unieran a las protestas. Y en su declaración, esta organización señaló los enormes ataques contra los trabajadores bajo el régimen de Bashir, incluidas las privatizaciones, los aumentos de precios, los recortes a las bajas por enfermedad, las bajas por maternidad, etc.
Se firmó una Declaración por la Libertad y el Cambio en la que se pedía que Bashir fuera derrocado, no solo por parte de la SPA, sino también por un grupo llamado Fuerzas de Consenso Nacional, que incluye al Partido Comunista de Sudán. Se han visto banderas y pancartas de la Asociación de Desempleados de Sudán en las manifestaciones.
Las mujeres revolucionarias a la vanguardia
Significativamente, se ha informado que hasta el 70% de los manifestantes son mujeres. Esto no es un accidente. Las revoluciones anteriores de Sudán fueron iniciadas por mujeres y siempre han jugado un papel decisivo. Como nos recuerda el periodista Zeinab Mohammed Salih: “Las mujeres que protestan no son un fenómeno nuevo en Sudán. En 1946, 10 años antes de la independencia, la primera doctora del país, Jalida Zahir, salió a las calles contra el dominio británico y fue arrestada y azotada". También tienen más que ganar con el fin de la dictadura y de las leyes oscurantistas. Cada año, entre 40.000 y 50.000 mujeres son arrestadas y azotadas por usar "ropa obscena" (pantalones), mientras que el 90% de las mujeres sudanesas son mutiladas genéticamente. Un movimiento que movilice a los sectores más oprimidos y marginados de la sociedad, como lo son las mujeres en Sudán, es genuinamente revolucionario.
Bajo cualquier régimen represivo, el movimiento revolucionario inicial tiende hacia la unidad en líneas de clase. Desde las capas más oprimidas, a las organizaciones de la clase trabajadora, a los liberales de clase media, todos pueden apoyar la exigencia de poner fin a una dictadura.
Sin embargo, lo importante ahora es que las organizaciones de la clase trabajadora no se vean atrapadas en la euforia que viene con el derrocamiento de un tirano. Debemos recordar que lo que causó estas protestas fueron las terribles condiciones de vida que son consecuencia directa del funcionamiento de la economía capitalista, y la chispa que encendió la mecha fue la lista de medidas draconianas exigidas por el Fondo Monetario Internacional.
Si se deben abordar los problemas de raíz de la sociedad sudanesa, lo que se requiere es un gobierno obrero, basado en la democracia obrera en las ciudades y lugares de trabajo, aliados con la población rural pobre. Un gobierno así rechazaría las demandas del imperialismo, ya sea de los Estados Unidos, China, Arabia Saudita o cualquier otra potencia. Tal gobierno dirigiría la economía sobre la base de las necesidades sociales en lugar del beneficio. Esta es la única manera de asegurar la paz y el pan para el pueblo sudanés común.
No hay solución bajo el capitalismo
Debemos advertir al pueblo de Sudán que ahora que Bashir se ha ido, hay fuerzas poderosas que intentan empujar a Sudán en una dirección diferente, que generará más miseria para la gente común.
Desde enero, los antiguos aliados de Bashir han estado intentando cubrirse ante este movimiento. El 1 de enero de 2019, algunos de los grupos y partidos más pequeños aliados al régimen pidieron que un gobierno de transición tomara el control hasta las próximas elecciones de 2020, cuando Bashir debía retirarse.
Mientras tanto, las potencias imperialistas están observando a Sudán como halcones. China ha tenido durante mucho tiempo un interés económico importante en Sudán, que fue uno de los primeros países africanos en los que invirtió fuertemente. Como se mencionó anteriormente, los EE. UU. han intentado recientemente sacar a Sudán de la esfera de China y devolverlo a su propia área de influencia. Mientras tanto, fue a Rusia y Arabia Saudita a las que Bashir acudió en busca de apoyo frente a estas protestas a principios de año. Cada uno de estos buitres clavará sus garras en esta situación caótica, tratando de lograr el resultado más favorable para sus propios intereses imperialistas.
Todas las conversaciones actuales es sobre un consejo de transición, que represente a "todos los elementos de la sociedad sudanesa" para gestionar los asuntos durante unos años hasta que se pueda convocar una elección general. Esto simplemente sería un intento de ganar tiempo para que los bandidos hagan alianzas, se escabullan de sus crímenes del pasado y luego continúen dirigiendo el país en interés de las grandes empresas y de ellos mismos. No resolvería nada para la mayoría del pueblo.
Ahora es el momento para que las organizaciones de la clase trabajadora en Sudán luchen de manera independiente. No podemos confiar en tal consejo de transición. El poder está en las calles de Sudán. Son las movilizaciones masivas las que han obligado a Bashir a abandonar el poder y han dividido al ejército. El poder debe ser transferido a la clase trabajadora, en alianza con la población rural, a través de consejos y organizaciones locales.
Debemos aprender las lecciones de la historia del Partido Comunista de Sudán. En 1964, y nuevamente en 1969, este partido apoyó movimientos y golpes de Estado que establecieron gobiernos que hablaban en nombre de "todos los elementos de la sociedad sudanesa", pero que luego prohibieron y atacaron brutalmente a los comunistas y activistas de la clase trabajadora. La lección es que los trabajadores y los pobres rurales deben valerse por sí mismos, con un programa independiente que exija todo el poder a los trabajadores. Este es el único camino a seguir ahora.
Ben Gliniecki, Hasnaa Shaddad, Jean Duval (CMI)
Viernes 12 de Abril de 2019 00:11
martes, 16 de abril de 2019
Notre Dame y el patrimonio histórico de la humanidad

El incendio en la catedral de Notre Dame ha despertado una gran consternación a nivel internacional. El edificio, que comenzó a construirse en el siglo XI, posee un enorme valor arquitectónico y atesora materiales de gran valor artístico e histórico.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha salido a postular una reconstrucción, pero muy probablemente ya es irrecuperable la pérdida de una parte de ese patrimonio. El incendio, que se habría producido accidentalmente en el marco de tareas de reparación, hizo que ardiera una estructura de madera de un techo conocido como “el bosque” y derribó una aguja de 93 metros de alto.
Las apelaciones de Macron a Notre Dame como símbolo de católicos y franceses apuntan a instrumentar la tragedia en función de propósitos políticos domésticos. Procura una falsa unidad cuando no se ha disipado el profundo cuestionamiento social contra su gobierno, que incluye las protestas aún vigentes de los “chalecos amarillos”.
Sin fondos
La catedral de Notre Dame es propiedad estatal, pero es usada por el clero para tareas de culto. Las tareas de reparación que debían emprenderse en el edificio en los últimos años eran particularmente costosas debido a las características del lugar, una factura que chocaba con la orientación ajustadora del gobierno francés. Macron nunca fue más allá de la creación de un fondo de reparación de monumentos históricos atado a la recaudación de la lotería.
Varios medios periodísticos describen un cuadro de semi-abandono de la catedral. Un artículo publicado en el semanario francés Le Point, publicado en abril de 2018 y titulado “Orad por Notre Dame”, describía “un cementerio de gárgolas, de quimeras y de trozos de pináculos, amontonados en desorden detrás de la fachada este”. Aludía a la caída de una gárgola al lado de un turista y al mal estado de los techos. Un vocero de Amigos de Notre Dame lo resumía así: “una fachada guapa y detrás una ruina” (La Vanguardia, 16/4). Otros medios refieren al incendio de otras iglesias que también habían pasado a partir de 1905 a la órbita estatal.
La contracara de la desidia estatal en materia de financiamiento y preservación es la aparición de inversores privados que buscan someter la restauración a sus condiciones. El cuadro de desfinanciamiento –se estimaban en 100 millones de euros los necesarios para reparar Notre Dame- empujó a un arzobispo a buscar donaciones y financiamiento empresario. En este tipo de obras, “dada la escasez de recursos y la urgencia de algunas reparaciones, se utiliza el dinero a modo de parches temporales que pueden erosionar el patrimonio final y causar trastornos estructurales o de rigor arquitectónico en el futuro” (Magnet, 16/4). Este mismo artículo cita declaraciones del principal arquitecto a cargo de la renovación de la catedral, en las que afirma que varias gárgolas, que funcionaban como evacuadoras del agua de lluvia, habían caído y habían sido reemplazadas por tuberías de PVC.
El llamado de Macron a una reconstrucción, tras el incendio, amenaza con un nuevo negociado. Ya se anotaron como potenciales donantes grandes compañías como L’Oreal y la petrolera Total. La reconstrucción de Notre Dame debería quedar en manos del Estado en función de su preservación como pieza histórica, impidiendo todo negociado o usufructo clerical.
Patrimonio cultural
Es necesario establecer una distinción entre la catedral como monumento histórico de su función social oscurantista. Muchas veces en la historia, la furia de las masas se ha dirigido contra símbolos del poder eclesiástico. Ocurrió durante la Revolución Francesa y durante la Comuna de París. Los socialistas han combinado el apoyo firme a estas manifestaciones de rebelión con un llamado a valerse del acervo cultural previo como un escalón hacia una nueva sociedad. León Trotsky dijo en 1926 que “el arte de los siglos pasados ha hecho al hombre más complejo y flexible, ha elevado su mentalidad a un grado superior y le ha enriquecido en todos los órdenes. Este enriquecimiento constituye una preciosa conquista cultural. El conocimiento del arte del pasado es, por tanto, una condición necesaria tanto para la creación de nuevas obras artísticas como para la construcción de una nueva sociedad, ya que lo que necesita el comunismo son personas de mente muy desarrollada" (Cultura y socialismo).
Lo que ha puesto de relieve el incendio en Notre Dame es la fragilidad del patrimonio cultural histórico de la humanidad en las condiciones de declinación capitalista. El año pasado, con menor repercusión, se había producido también el incendio del Museo Nacional de Río de Janeiro, que causó pérdidas muy valiosas y acrecentó la furia contra el ajuste de Temer (en el año del siniestro, el lugar había sufrido un recorte presupuestario del orden del 15%). En 2003, hubo saqueos y un incendio en la Biblioteca Nacional de Bagdad bajo la impertérrita mirada de las tropas invasoras yanquis, que ponían su empeño en el control de los pozos petroleros.
La preservación del patrimonio histórico de la humanidad es una tarea de la clase obrera.
Prensa Obrera
Acerca de la concentración del 11 de abril

El peligro de un apoyo explícito al presidente en el medio de la campaña electoral y la necesidad de un movimiento de DDHH masivo, crítico, independiente y movilizado para acabar con la impunidad, dos temas del pasado y del presente.
En la concentración realizada el pasado 11 de abril, y convocada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, Crysol, el PIT-CNT y la FEUU se resaltó el apoyo al presidente Tabaré Vázquez por haber removido a los militares del Tribunal de Honor, además del Jefe del Ejército y del Ministro de Defensa y su vice, a raíz de las declaraciones de Gavazzo que se filtraron a la prensa. “Medida ejemplar” dijeron. Pero el presidente actuó de contragolpe y solo porque el hecho tomó carácter público. Vázquez tomó las medidas que tomó a partir del escándalo público, y no antes.
El respaldo al accionar del presidente, por su parte, genera una contradicción. Ya que por supuesto estaremos todas y todos de acuerdo con la decisión de remoción de generales y ministros. Pero nada se dice de la responsabilidad del mismo Tabaré Vázquez en la búsqueda de los desaparecidos y en la política de reconciliación que siempre tuvo.
“Uruguayos contra uruguayos nunca más” fue la forma en que Vázquez planificó centralmente su primer mandato, de manera de poder realizar algunas acciones y gestos simbólicos, pero que no iban al hueso de la cuestión. “Cambiar algo para que no cambie nada”, como se dice en estos casos. Así los 4 restos de los desaparecidos encontrados y la decena de militares encarcelados (que hoy gozan de privilegios con sus prisiones domiciliarias) fueron las monedas de cambio para aparecer como comprometido con los DDHH, cuando en realidad lo que quería era dar vuelta la página y terminar con este tema, tan escabroso para todos, avanzando en la reconciliación con las FFAA.
Contradictoriamente se sentenció en la proclama "Señoras y señores, el clavo no está en si el presidente sabía o no sabía, si le dijo o no le dijo. Ahí no hay que martillar". Lamentablemente aquí no se detienen en las responsabilidades políticas por la existencia de la impunidad, sino que solo se quiere poner el foco en las atrocidades realizadas por los militares. Una operación peligrosa que linda con el apoyo explícito al gobierno frenteamplista, en medio de la campaña electoral. Operación que, no dudamos, fue realizada por el Partido Comunista del Uruguay entre otros sectores frentistas, que impusieron este contenido a las y los Familiares de Desaparecidos.
La amenaza del golpe
Las organizaciones convocantes de la concentración explicaron, por su parte, que la consigna “en defensa de la democracia” era por los “desbordes” que viene teniendo las Fuerzas Armadas en el último tiempo (resistencia a la reforma de la Caja Militar, cuestionamientos a ministros y a la Justicia). Si bien es correcto que se los sancione por todos estos hechos, nos preguntamos: si las FFAA se quedaran calladas y no dijeran ni una palabra, ¿las vamos a premiar con la impunidad reinante?
Atendiendo a que las Fuerzas Armadas no tuvieron ningún tipo de purga ni de revisión profunda y, por tanto, se mantienen intactas desde los tiempos de la dictadura, es probable que a su interior haya corrientes gustosas nuevamente de hacerse del poder estatal y desplegar todo su accionar reaccionario y asesino. Sin duda. Esto es gracias a la impunidad reinante. Sin embargo, hoy no podemos decir que estemos frente a esa situación.
Es muy fácil para el Frente Amplio en el gobierno agitar el cuco del golpe para poder capitalizar en estas elecciones el temor a una nueva etapa signada por el terror y la muerte. Otra operación deleznable del PCU y sus amigos.
El verdadero rol de las Fuerzas Armadas
En la proclama se pudo escuchar: “Queremos Fuerzas Armadas cuya función sea defender las fronteras de un enemigo externo y que dejen atrás la doctrina de seguridad nacional y su noción de enemigo interno”. Pero las Fuerzas Armadas, y menos en Uruguay, no están para velar por las fronteras nacionales, sino que en última instancia son reservorios armados para que intervengan cuando la situación interna se vuelva insostenible desde el punto de vista de la lucha de clases. Las Fuerzas Armadas son el brazo armado del poder dominante, tanto a nivel nacional como internacional, son quienes preservan los privilegios de la clase que detenta el poder económico y político, y a éste responden.
Por eso EEUU se ocupó de entrenarlas en la Escuela de las Américas, no para el enemigo extranjero, sino para “el comunismo interno” y toda expresión política y sindical que cuestionara el poder de los capitalistas. Por eso hay que desmantelarlas.
La Doctrina de la Seguridad Nacional y el Estado de excepción, que figura en la Constitución de la República, debe ser revisado desde su origen y no solo en los planes educativos en los liceos militares.
Las actas demuestran el horror y el encubrimiento militar y también civil
En el mismo escándalo de las temerarias actas del Tribunal de Honor Militar, entregadas la semana pasada al Parlamento, estuvo salpicado el propio Tabaré Vázquez, quien se excusó de su contenido diciendo que no las había leído. Pero esto tampoco lo exime de su responsabilidad de entregarlas a la justicia para que estos asesinos sean juzgados, cuestión que realizó solo después de que las mismas se filtraran en la prensa. También salpicó a su secretario de la presidencia Miguel Ángel Toma que tampoco dijo ni hizo nada con el contenido de las actas. La operación del gobierno fue cargar toda la responsabilidad en el hoy fallecido ministro Menéndez y a su vice, pero el mismo Menéndez declaró que Vázquez estaba al corriente de su contenido cuando homologó la resolución y también cuando designó a José Gonzalez, integrante del Tribunal de Honor que protegió a Gavazzo y a Silveira.
Estas actas demuestran que no fue un grupito de locos, sino que se utilizaron a todas las fuerzas represivas para aplicar un plan sistemático de encarcelamiento y tortura contra toda una generación de militantes sindicales, sociales y políticos que estaban cuestionando el poder vigente. Un plan para frenar el ascenso obrero en curso. Eso se llama Terrorismo de Estado. Además, muestra cómo las FFAA uruguayas integraron el Plan Cóndor y operaban en toda la región.
Las actas demuestran que los militares, como dice el periodista Peláez en su columna de Cosechando Amigos del 10 de abril “desde 1985 han contado con protección infinita de sus pares; dirigentes políticos y gobernantes colorados, blancos y frentistas, además de gran parte del sistema judicial”. Y continúa “Es cierto que durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez se continuaron acciones comenzadas por Jorge Batlle con la Comisión para la Paz que culminaron con el hallazgo de los restos de cuatro desaparecidos y la prisión de algo más de una decena de represores. Y nada más”.
Por un movimiento de DDHH independiente y en las calles
Debemos ser miles y miles, debemos llenar plazas, calles y avenidas, debemos manifestarnos sin ningún tipo de cuestionamiento, ni condicionamiento ni restricción por parte de ningún partido o sector político. Debemos levantar sin dudar la bandera de Verdad, Memoria y Justicia. Que los asesinos y violadores paguen con la cárcel común, perpetua y efectiva y no con prisión domiciliaria como tiene el mismo Gavazzo. Que se caigan todas las leyes que amparan la impunidad. Que se investigue para saber dónde están los restos de nuestros compañeros y compañeras.
Hoy sabemos quiénes estaban a cargo de los batallones y cuarteles que fueron utilizados como centros de tortura, solo tenemos que juzgarlos. Tenemos que sentar en el banquillo de los acusados a todos los militares violadores de los derechos humanos que fueron señalados en más de una oportunidad por las y los ex presos políticos. Y también a los jueces que avalaron las detenciones, el encarcelamiento masivo y los asesinatos.
Esta lucha la dará un movimiento que sea independiente de todos los partidos que están involucrados con la impunidad a través del Pacto del Club Naval. Solo así lograremos ajustar cuentas con nuestro pasado reciente y evitar que se repita.
Karina Rojas
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