miércoles, 11 de diciembre de 2019

La OTAN, 70 años de cuentear al mundo




La OTAN nació con el cuento de evitar que la URSS, país que nunca fue una amenaza para nadie y que sacrificó un alto porcentaje de su población para librar al mundo del yugo nazi-fascista, se apoderara de Europa. La OTAN se comportó relativamente bien mientras existió ese hipotético peligro, pero apenas la URSS se desintegró, comenzó una serie de guerras, que llamó humanitarias pese a que causaron millones de muertos y desplazados, la destrucción de cientos de ciudades y más secuelas fatales, todavía no superadas. En realidad, desató esas conflagraciones para apoderarse de los recursos de otros países luego de una sucia campaña de mentiras. Lo absurdo es que la OTAN siga existiendo pese a que ya no existe la Unión Soviética y el peligro del comunismo sea, por ahora, cero.
El 24 de marzo de 1999, la OTAN comenzó la guerra contra Yugoslavia, un Estado soberano. Le dio al Presidente Slobodan Milošević el siguiente ultimátum: ¡Abandona Kosovo! Y “salvaron Yugoslavia de la misma Yugoslavia” sin que les importen los acuerdos de Teherán, Yalta y Postdam, ni la existencia de la ONU. Se rompía así el orden mundial creado después de la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, la cabeza visible del imperio era el Presidente de EEUU, Bill Clinton.
Entre esa fecha y el 12 de junio de 1999, la OTAN lanzó un total de 420.000 proyectiles, 2.300 misiles crucero Tomahawk y su aviación realizó unas 38.000 misiones de combate, el 38% contra instalaciones civiles. Solamente sobre Belgrado, ciudad que pocos estadounidenses son capaces de señalar en el mapa, cayeron unas 1.000 bombas. Estos ataques criminales cobraron la vida de 2.500 personas, de ellos 89 eran niños, hirieron a 12.500, muchos de los cuales perdieron los brazos o las piernas, destruyeron unas 300 escuelas, varias maternidades y hospitales, unos 25.000 edificios residenciales, cerca de 600 kilómetros de vías férreas, 38 puentes y 470 kilómetros de carreteras y causaron pérdidas materiales por unos 100 mil millones de dólares, lo que la OTAN calificó de “daños colaterales”.
Estos crímenes se justificaron con el bulo de que querían “prevenir una catástrofe humanitaria en la provincia separatista de Kosovo”; el problema de esa región no está resuelto hasta ahora y es la principal fuente de inestabilidad en los Balcanes. El bombardeo de 78 días cambió la política del mundo y es testimonio de cómo las potencias occidentales usan falsos pretextos para ejecutar sus delitos. El Presidente Trump, cuando en el 2016 era candidato, sostuvo que “los serbios son gente buena y que estos bombardeos fueron un gran error. La administración de Clinton creó un caos en los Balcanes”. Esta cruel e injustificada guerra hizo factible que se desintegrara Yugoslavia; que Kosovo proclamara unilateralmente su independencia; que más de 200.000 serbios y otros “no albaneses” abandonaran la región; que la OTAN se aproximara a las fronteras rusas y actualmente sirve de precedente para las amenazas de guerra contra Irán, Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Ahora bien, ¿qué mismo es la OTAN, organismo que se autodenomina la más exitosa alianza militar de la historia? Para celebrar el 70 aniversario de su creación sus lideres se reunieron en Londres este 4 de diciembre, pero lo hicieron en condiciones críticas que se han agudizado más aún. En sus entrañas, la atmósfera es lo menos festiva que alguien pudiera imaginar, porque nunca antes se había visto algo semejante a las rivalidades de ahora.
¿Qué festividad pudo haber cuando el Presidente Emmanuel Macron declara al The Economist que “lo que estamos viviendo es la muerte cerebral de la OTAN, por la falta de cooperación entre EEUU y Europa?” ¿Qué mismo oculta la metáfora de la muerte cerebral de la OTAN? Oculta una sutil realidad: EEUU desde siempre fue y es la mano derecha, y la izquierda también, de esta coalición militar, pero de repente llega Macron y propone un trasplante cerebral que da aire a la idea de una Europa libre de la ocupación estadounidense; Alemania, por ejemplo, tiene en su territorio ochenta mil soldados de EEUU y, para colmo, se da el absurdo de que le exigen pagar más aún por mantenerlos.
Esta declaración molestó al Presidente Trump que la calificó de “muy, pero muy desagradable, porque nadie necesita a la OTAN más que Francia. Francamente, quien menos se beneficia es en realidad EEUU. Somos los menos beneficiados, estamos ayudando a Europa. Cuando Francia hace una declaración como la que hizo sobre la OTAN, es una declaración muy peligrosa. Nosotros les ayudamos cuando eran pobres, ahora devuelvan el favor”. Y exige más dinero si quieren que EEUU les defienda, lo que hace que en Europa se pregunten, ¿de quién y de qué manera quieren defendernos?
Por su parte, la Canciller Merkel entró en abierta confrontación con Macron. Sostiene estar aburrida de recoger los trozos de las ta z as que los demás han roto algunas veces, sólo porque espera tener el chance de que todos juntos se sienten a tomar té. Macron le responde que no puede quedar sentado y aparentar que nada pasa. Pero no se trata solamente de que Macron rompe las ta z as que la señora Mekel debe soldar después, tampoco es una simple reyerta entre los casquivanos miembros de la OTAN, sino que existen problemas mucho más profundos, como la disconformidad de Europa con la actual estructura de la OTAN y la manera de financiarla; también hay una toma de consciencia de que las guerras del Medio Oriente, en las que EEUU la embarcó casi en contra de su voluntad, son la causa de los actuales líos migratorios y de la aparición de grupos terroristas contra los que le toca luchar sola.
Macron, verdadero crítico de la OTAN, cree que Europa vive momentos claves para liberarse del vasallaje y la tutela de EEUU, por eso sostiene: “La OTAN es una alianza colectiva de defensa. ¿Contra qué y contra quién pelea? ¿Cuales son nuestros temas comunes? Estas preguntas, que son estratégicas, requieren respuestas precisas. ¿Es hoy Rusia nuestra enemiga, como a menudo escucho? ¿Es China el objetivo de la OTAN? ¿Debemos declararlos nuestros enemigos? ¡No, no estamos de acuerdo! Hoy día nuestro enemigo común es el terrorismo, que ha mordido a cada uno de nuestros países”. Macron, siguiendo sin dudar las huellas del General De Gaulle, quiere ser el adalid intelectual de Europa, de una Europa que espera con impaciencia el nacimiento del mundo bipolar de EEUU y China. En estas circunstancias, Macron ve que Rusia, como mínimo, podría servirle a Europa de puente en sus relaciones con China.
Algo completamente diferente piensa la Canciller Merkel. Aspira a que todo siga igual a lo que hubo luego de la caída del Muro de Berlín. Sabe que eso no es posible, pero no lo puede ni lo quiere reconocer, lo comprende muy bien, pero desea no distinguir la diferencia entre el pasado no lejano, la unipolaridad, y la actual multipolaridad, pretende que nada cambie y por eso sostiene: “La conservación de la OTAN corresponde totalmente a nuestros intereses, más que en los años de la Guerra Fría o, por lo menos, en el mismo grado”.
Lo increíble es que la OTAN no determine todavía quien es su real enemigo o si verdaderamente tiene enemigos. Stotemberg, su Secretario General, dice “no tener la lista de enemigos de la OTAN y no ve que ninguno de sus miembros esté en peligro. Rusia es un país fuerte, está armada con técnica militar moderna, incluidas las armas atómicas, lo que rompe los convenios internacionales, pese a ello, no es enemiga de la OTAN… Nosotros le enviamos a Rusia una señal fuerte cuando estacionamos nuestras fuerzas en Polonia y países del Báltico; de esta manera evitamos un ataque, que es la finalidad de la OTAN”. Uno se pregunta, ¿si ninguno de sus miembros está en peligro, contra quién se arman? ¿Tiene sentido que el Presidente Trump exija a sus aliados de la OTAN incrementar los gastos militares?
Rusia, cuyo cerebro está bien vivo, recuerda que en 1941 toda Europa continental, bajo el mando de Hitler, se lanzó a conquistarla. Por eso, el Presidente Putin, que nunca come cuentos, expresó: “Hoy hay que partir de que la ampliación de la OTAN y el desarrollo de su infraestructura militar en las cercanías de la frontera rusa es una potencial amenaza a nuestro país, por lo que debemos dar la mayor atención a la modernización de la Fuerza Armadas de Rusia”. El peligro estriba en que la OTAN diga, como Rusia se arma, nosotros también nos armamos, y comience una absurda carrera armamentista. Ojalá, la racionalidad se imponga finalmente.

Rodolfo Bueno

La movilización en Colombia no se apaga




En Colombia continúa el proceso de movilizaciones contra el paquetazo de medidas ajustadoras y privatistas de Iván Duque. Este martes 10, hubo concentraciones en todo el país que añadieron a los reclamos un aumento del salario mínimo, dado que se está discutiendo su actualización anual. El 4, por tercera vez en veinte días, los trabajadores y la juventud colombiana desarrollaron un cese de actividades convocado por el comité nacional de paro (que nuclea a la CUT, la CGT y la CTC).
El rechazo a la gestión de Iván Duque alcanzó, según la encuestadora Invamer, el 70%. El país vive cacerolazos, marchas y “plantones” estudiantiles, y las organizaciones indígenas se han sumado también a la lucha. El domingo hubo un masivo festival musical, “Un canto por Colombia”, en el cual artistas muy conocidos expresaron su apoyo a las protestas. El clima se extendió incluso a las canchas de fútbol: durante el partido de América Cali-Santa Fe, la hinchada coreó al unísono “Uribe, paraco, el pueblo está berraco” (enojado). Alvaro Uribe, ex presidente conocido por sus vínculos con paramilitares (de ahí lo de “paraco”), es socio político de Duque.
El empuje de las masas ha obligado a las centrales sindicales a ir más allá de lo que deseaban. El titular de la CGT había planteado, tras el histórico paro y movilizaciones del 21, que debía “volver la normalidad” al país. Pero esa misma noche se produjeron cacerolazos masivos y en los días siguientes hubo nuevas protestas, en el curso de las cuales la represión criminal del Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios) se cobró la vida del joven Dilan Cruz. Ante esta presión popular, las centrales sindicales debieron convocar nuevas medidas. Pero el propósito de desmovilizar y regimentar sigue intacto. Tras la jornada del 10, las centrales quieren suspender las medidas de fuerza por el resto del año. "Nosotros entendemos que esta es una época de fiesta, incluso de descanso", intentó justificar un vocero de la CUT (El Tiempo, 10/12).
Esto cuando la movilización ha planteado la posibilidad de derrotar a Duque.

Mesa de negociación

Como resultado de las gigantescas protestas, el gobierno derechista propuso una serie de diálogos con los partidos de la oposición y las organizaciones que llevan a cabo las protestas. Ya se han dado algunas reuniones con el comité nacional de paro, pero han fracasado.
El proceso de negociaciones no impide que Duque siga tratando de hacer pasar su paquete de ajuste. Ya avanzó en la constitución de un holding financiero, privatizando el sistema financiero público, y está buscando una mayoría en el Congreso para imponer una reforma tributaria que beneficia a los grandes capitalistas. En este punto, el partido de Duque (Centro Democrático) depende del apoyo de otras fuerzas (Cambio Radical, Partido de la U). En carpeta están una reforma laboral y previsional reaccionarias.
Con tan solo quince meses de gestión, Duque demostró ser un alfil del FMI y del imperialismo. Se alineó a la cruzada de Trump contra Venezuela y retomó la fumigación aérea con glifosato de los cultivos de coca. Los activistas sociales siguen muriendo a manos de las bandas paramilitares.

Luchar hasta vencer

Si bien desde hace meses los trabajadores se movilizan, el 21N marcó un punto de inflexión. El pueblo parió una rebelión inusitada, concordante con el resto de Latinoamérica (Haití, Ecuador, Chile, la movilización antigolpista en Bolivia), exponiendo su hartazgo ante la desigualdad social, el desempleo galopante y los constantes golpes a las reivindicaciones de la juventud. Se vuelve a demostrar que las recetas del FMI son contrarias a las necesidades de los trabajadores.
Por un congreso de bases del movimiento obrero y la huelga general para derrotar a Duque.

Álvaro Chust

lunes, 9 de diciembre de 2019

La guerra del Streaming: Netfix, Disney Plus y la concentración de medios




El reciente lanzamiento de la preanunciada plataforma de streaming, Disney Plus, propiedad de The Walt Disney Company, ha puesto al rojo vivo la pelea por el control del mercado de distribución digital de contenidos multimedia, hasta ahora dominado mayoritariamente por Netflix.
Disney lidera el negocio de medios de comunicación y entretenimiento, y se ha constituido, en la actualidad, como el conglomerado mediático más grande del mundo. Con su reciente adquisición de 21st Century Fox por la friolera de 71.300 millones de dólares, los brazos de Disney se extienden por todo el mundo del entretenimiento, televisión y multimedios. Con esta adquisición Disney incorporó los canales televisivos pertenecientes a Fox como Fox Networks Group, FX Networks y National Geographic. Además de todas las temporadas de Los Simpsons. A su vez es propietaria de los canales deportivos de ESPN y del total de las producciones de Marvel, Pixar, Star Wars y, obviamente, los clásicos de Disney. La compañía también se ha hecho con la mayoría accionaria de la empresa de streaming estadounidense Hulu, la cual se propone expandir.
El desembarcó de Disney en el terreno de las plataformas de streaming responde a las trasformaciones de mercado de multimedios de los últimos años. La audiencia se ha ido retirando progresivamente de las suscripciones a las señales televisivas y al dominio estructurado de las “guías de Tv” para dar paso a una modalidad más flexible de la mano de las plataformas de contenidos multimedia que ofrecen al espectador la posibilidad de armar su propio esquema de contenidos.

Competencia, endeudamiento y despidos

La pelea de las plataformas de streaming se disputa en el terreno de la cantidad, calidad y diversificación de contenidos que las plataformas de este tipo pueden ofrecer.
Netflix se encuentra actualmente al frente del mercado con un caudal de unos 150 millones de suscriptores y superando a toda la competencia en términos de horas de producción de contenido original. Sin embargo, empieza a enfrentar una tendencia a la independización de sus principales activos. The Walt Disney Company acaba de lanzar su propia plataforma, retirando todo su contenido de Netflix, y lo mismo se espera de las empresas WarnerMedia y NBCUniversal. Las series y películas de estas tres empresas representaron aproximadamente un 40% de los minutos visualizados en Netflix en 2018. A esta competencia se suman la competencia de Amazon Prime, HBO y próximamente Apple TV+.
Para combatir esta tendencia, Netflix invirtió unos 12.000 millones de dólares en 2018 y proyecta invertir 15.000 millones de dólares este año. El desafió de enfrentarse con un gigante con el soporte de Disney, le ha planteado reforzar la inversión en contenidos propios. A esto se debe en gran medida la reciente mega producción de El Irlandés, que implicó costos millonarios. Sin embargo, los sacrificios para mantenerse al frente del pelotón de las compañías del rubro no son menores. Netflix acumula una deuda que asciende a 12.000 millones de dólares y que paga intereses cuatrimestrales por 161 millones de dólares. Por el momento no se espera que la empresa afronte esta enorme deuda, sino más bien parece apostar a que la misma no colapse manteniendo y aumentando el caudal de suscriptores, única garantía de solvencia.
La pelea que empieza a desatarse entre estas compañías de multimedios altamente concentradas coloca a primera orden del día el problema de la rentabilidad del negocio en medio de la bancarrota mundial y un mercado finito, que tiende a su saturación. La disputa por el universo de usuarios, que ya empieza a entreverse por medio de tarifas diferenciadas para captar suscriptores de la competencia, también se expresa por medio de la liquidación del personal laboral sobrante. Según el analista Rich Greenfield de BTIG, el proceso de reestructuración de Disney para reducir gastos en 2.000 millones de dólares para 2021 plantea una cantidad de despidos que puede llegar a los 5.000 trabajadores.
Todavía resta ver que nuevas adquisiciones, fusiones y combinaciones, se darán en este explosivo mercado, con el propósito de acaparar un negocio millonario que se extiende por todo el planeta. Uno de los mercados que aun presenta dificultades para el ingreso de Netflix y Disney, es el de China, debido a sus restricciones en materia de contenidos de entretenimiento. Esto a pesar de que ambos han intentado realizar concesiones al respecto.
Este proceso de concentración y centralización de los conglomerados de multimedios es la expresión de las dificultades del capital para realizarse en una era de crisis y bancarrota económica. De eso se desprende la absorción de una empresa por otras y el funcionamiento de un negocio montado sobre altos niveles de endeudamiento y apalancamiento de la inversión, lo que preanuncia futuros desplomes de magnitudes monumentales.
A su vez este proceso trae aparejado el predominio y la imposición cultural de los contenidos de multimedia seleccionados por los principales grupos capitalistas, según las principales tendencias del mercado. Los medios están en manos de un selecto grupo de empresas que se ha hecho con el control de todo y que cimienta su edificación sobre bases muy endebles.

Marcelo Mache

Continua la farsa judicial contra Assange

La vista que decidirá en febrero su extradición a Estados Unidos se celebrará en la cárcel de alta seguridad de Belmarsh, sin público. Mientras una Suecia cómplice cierra el montaje de las violaciones , se confirma una disciplina sin fisuras con los designios de los perseguidores del fundador de WikiLeaks.
El 21 de octubre Julian Assange compareció ante el tribunal de primera instancia de Westminster. Debemos al ex diplomático británico Craig Murray, que logró estar presente en la sesión, una crónica absolutamente reveladora de lo que allá ocurrió . Murray, que fue embajador de su país en Uzbekistán, describe en ella lo que ya se conoce: que la persecución de Julian Assange con miras a encerrarlo de por vida en una cárcel de Estados Unidos, no es solo un escándalo político y un atentado a derechos básicos, sino que también es una farsa judicial en la que la justicia del Reino Unido actúa, tal como constata un manifiesto recientemente enviado a las cámaras del país y al Arzobispo de Canterbury, como “mero instrumento de la represión política ejercida por Estados Unidos”. Ya lo sabíamos, pero los detalles son jugosos.
Ese día de octubre Assange apareció débil y errático ante la jueza Vanessa Baraitser, una mujer “cuyas expresiones faciales pasaban del desprecio al sarcasmo o el aburrimiento” cuando escuchaba a la defensa, mientras se mostraba “atenta, abierta y calurosa” frente a las manifestaciones del fiscal.
La jueza denegó de un plumazo todas las alegaciones de la defensa que pedía más tiempo para preparar el caso, dadas las limitaciones que se pusieron a los abogados de Assange para ver a su cliente en prisión, la incautación de los documentos (por agentes de Estados Unidos) que éste tenía en la embajada de Ecuador, así como para poder atender otro frente: el que se ha abierto en Madrid a la compañía española de seguridad UC Global, a la que la CIA encargó la organización del espionaje del interior de la embajada ecuatoriana en Londres, con cámaras y micrófonos. Por todo ello, la defensa pedía posponer la vista que debe decidir la extradición de Assange a Estados Unidos convocada para el 25 de febrero.
Craig Murray explica en su crónica cómo el fiscal del caso, James Lewis, se opuso a cualquier postergación y cómo consultaba, en la misma sala, con tres funcionarios de la embajada de Estados Unidos que, según sus propias palabras, le daban “instrucciones”. La jueza aprobó todas sus peticiones.
El acuerdo de extradición entre el Reino Unido y Estados Unidos (2007) regula en su artículo cuarto que la extradición no ha lugar cuando su fundamento sea un “delito político”, concepto del que se excluyen toda una serie de supuestos ninguno de los cuales es aplicable al fundador de WikiLeaks. Conforme transcurría la sesión aumentó el número de manifestantes que protestaba en las afueras del edificio. Esa presencia explica que a media sesión entraran en la sala otros dos agentes americanos, estos armados.
Al final, denegadas todas las objeciones de la defensa, se decidió que la vista del 25 de febrero en la que se resolverá la extradición se realice no en la sede del tribunal, sino en la propia cárcel de alta seguridad de Belmarsh, en la que no hay más que seis plazas previstas para el “público”. Probablemente en febrero no tendremos ni siquiera una crónica sobre el evento como la de Craig Murray, que ningún gran medio de comunicación ha publicado. Murray cree que la decisión de la jueza para decidir este cambio “puede haber sido una iniciativa americana”.
Pero lo que más impresionó a Murray fue el estado de Assange: flaco, envejecido y desorientado en sus declaraciones. Lo mismo dice el veterano periodista John Pilger que le visitó hace unos días.
Es el resultado de su estancia en Belmarsh una prisión de alta seguridad en condiciones de aislamiento, con 23 horas diarias de soledad y 45 minutos para hacer ejercicio en un patio de cemento. Cuando Assange sale de la celda “todos los pasillos por los que pasa son evacuados y todas las puertas de las celdas se cierran para garantizar que no tenga contacto con otros reclusos”. “No hay ninguna justificación para que este régimen inhumano, utilizado contra grandes terroristas se le aplique a un periodista en prisión preventiva”, dice Murray.
Tampoco había ningún motivo para que la justicia sueca se negara radicalmente en su día a tomar testimonio telemático a Assange, sin necesidad de trasladarse a Suecia, o garantizándole que si accedía a viajar a ese país para testificar en un caso de falsa violación, no sería extraditado a Estados Unidos, explica su padre, John Shipton. El caso sueco llevó a Assange a refugiarse en la embajada de Ecuador, donde estuvo siete años. Un caso que ha sido cerrado en Suecia por falta de pruebas.
La justicia sueca, como la británica, ha sido cómplice de los fontaneros de la WikiLeaks War Room del Pentágono: 120 personas, analistas, agentes, trabajando 24 horas sobre 24, siete días a la semana para destruir la red de Assange y la persona de Assange, tal como explicaba hace años el secretario de prensa del Pentágono, Geoff Morrell.
El “caso sueco” fue un producto cocinado por el Pentágono. Su objetivo era desprestigiar a Assange con una cuestión de género -y lo han conseguido- y abrir una ruta alternativa a la extradición -no ha sido necesario- por si fallaba la del Reino Unido. Su viejo parlamento, recordémoslo, se cubrió de gloria cuando acogió con aplausos la noticia de la detención de Assange en la embajada de Ecuador el pasado abril, mientras los medios de comunicación establecidos de medio mundo nos intoxicaban con artículos denigratorios sobre el personaje que tuvo el atrevimiento de revelar los delitos y vergüenzas de la primera potencia mundial en sus criminales guerras. El caso da para toda una enciclopedia de la infamia.
El estado de salud de Assange es preocupante. Después de que el relator especial de la ONU sobre tortura Nils Melzer certificara como “tortura sicológica” la persecución de estado que sufre Assange desde hace casi una década, 65 médicos y especialistas de todo el mundo han firmado un documento en el que piden una intervención médica “urgente” para preservar la salud del prisionero trasladándolo a un hospital fuera del infierno de Belmarsh. Los estados europeos, indignos ayudantes del Sheriff, no se han inmutado con estas noticias.
En una conferencia de prensa celebrada la semana pasada en Berlín, el relator Nils Melzer explicó su última reunión con los responsables del departamento de derechos humanos del ministerio de exteriores alemán. Durante todo el mes de octubre algunos periodistas estuvieron preguntando al gobierno alemán su opinión sobre el informe del relator que califica de “tortura” el trato a Assange, sin obtener respuesta. En su reunión del día 26 con los funcionarios alemanes, éstos reconocieron abiertamente a Melzer que ni siquiera se habían molestado en leer su informe que lleva fecha de 31 de mayo. Paralelamente, en la lejana Australia, la patria de Assange, cuyos políticos se han desentendido por completo de cualquier iniciativa de defensa y han cooperando con la persecución, el diputado Barnaby Joyce, vio como se le retiraba la palabra en plena sesión parlamentaria cuando clamaba por la defensa de Assange en su doble condición de periodista y ciudadano australiano.
La mano del imperio es verdaderamente larga, pero por grande que sea su victoria el principio sigue ahí con su verdad inapelable: son los acusados o implicados en crímenes de guerra quienes deberían ser juzgados y encarcelados, y no los valientes que han aportado las pruebas de tales crímenes.

Rafael Poch de Feliu
Blog Personal

domingo, 8 de diciembre de 2019

Crisis en la cumbre de la Otan




Durante el 3 y 4 de diciembre del presente año se reunieron en el Reino Unido representantes de los 29 países que integran la Otan (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Transcurridos los dos días de deliberaciones, cerraron la cumbre con la declaración de Londres en la que expresan que “un ataque a un aliado será considerado como un ataque contra todos”, según lo dicho por su secretario general, Jens Stoltenberg. Sin embargo, la cumbre mostró las fuertes tensiones entre sus potencias integrantes y marcó al mismo tiempo un salto en el belicismo, al incorporar -con eufemismos- a China como un peligro para la alianza atlántica.
El episodio más hilarante de la cumbre fueron las bromas de varios de los mandatarios presentes contra Trump, que motivaron el abandono prematuro de la cumbre por parte de este último. Durante su campaña electoral, Trump tachó a la Otan de obsoleta, señalando que Estados Unidos retiraría su protección a los aliados que no aporten a su sostenimiento. La exigencia del imperialismo norteamericano es que los integrantes de la misma aporten como mínimo el 2% de su PBI, demanda que solo cumplen Estados Unidos, Grecia, Estonia, Rumania, Polonia y el Reino Unido. Francia y Alemania no alcanzan ese porcentaje, y esta última ha sido objeto de ataques virulentos por parte de Trump por esa razón. Lo mismo ha sucedido en un intercambio entre Trump y Emmanuel Macron, presidente francés, “por sacar ventaja de la Otan (sin realizar el esfuerzo financiero para sostenerla), mientras también se beneficia comercialmente por la imposición en Francia de la tasa digital a los gigantes de internet”. Tras esta declaración, Trump amenazó con incumplir con el artículo 5 de la alianza militar, negando ayuda a los países miembros que fueran atacados. Es evidente que detrás de esta disputa entre las grandes potencias de la Otan está la lucha por el mercado mundial, una de cuyas manifestaciones más crudas tiene expresión en la que se libra entre el imperialismo norteamericano y la Unión Europea y que se traduce al interior de la Otan.
En octubre de 2019 la administración Trump comenzó a ejecutar medidas muy agresivas contra los países integrantes de la Unión Europea cuya consecuencia es la pérdida de 7500 millones de dólares por la imposición de aranceles a productos aeronáuticos.
Aunque la Otan no se ha roto, hay datos que expresan que atraviesa por un serio resquebrajamiento, y una potencial quiebra. Macron declaró durante el año 2018 que “Europa debe reducir su dependencia de los demás. Tenemos que protegernos de Rusia, de China, e incluso de Estados Unidos”. Estas declaraciones, lejos de ser una mera amenaza son el principio de una ruptura en el campo militar, que recién comienza. En efecto, los integrantes de la Unión Europea han fundado un organismo de defensa independiente de la Otan, no integrado por Estados Unidos, cuyo nombre es Cooperación estructurada permanente de defensa (PESCO) que ha constituido un aparato militar que ha adoptado la denominación de Fuerza Militar de Reacción Europea. Macron es su más enérgico defensor y el que expresa la tendencia más pronunciada a la ruptura de la Otan, a la que calificó en “estado de muerte cerebral”.
Otro punto de crisis han sido los roces con el presidente turco Erdogan, que le compra armas a Rusia, sin consultar con sus aliados de la Otan. Erdogan amenazó con sabotear el proyecto de defensa de los países bálticos contra Rusia (o, mejor dicho, el cerco imperialista contra ese país) si no recibía a cambio un respaldo en su ofensiva criminal contra las milicias y la población kurda. La guerra en Siria, donde se cruzan los intereses contradictorios de las potencias, se coló así en la cumbre.
Los hechos demuestran que la Otan es un tembladeral atravesado por choques diversos, de carácter económico, militar y geopolítico cuyo trasfondo es la guerra comercial feroz, que se ha trasladado al terreno militar. No es casual que la declaración final de la cumbre, que soslayó las exigencias turcas y disimuló las abiertas disputas en el interior de la alianza atlántica, haya hecho hincapié en China. Por eso es que la declaración señala de un modo taxativo la preocupación por el gigante asiático: “la Otan acordó ayer por primera vez reconocer la creciente influencia de China y sus políticas internacionales, que necesitamos abordar juntos como una alianza” (https:/abcblogs.abc.es).
Surge, a todas luces, que además de estar asistiendo a una quiebra potencial de la Otan, estamos en presencia del incremento de la carrera armamentista como manifestación de la tendencia a la guerra cada vez más pronunciada.
La tendencia contraria la encontramos en los levantamientos populares de todos los continentes (Argelia, Irán, Irak, Sudán, Francia, Haití, Ecuador, Chile, Colombia) que se ponen de pie luchando contra la expoliación del capital. La cumbre de la Otan no solo expresa la crisis de esa organización bélica del imperialismo, sino fundamentalmente la tendencia a la guerra y la barbarie. En este contexto histórico la lucha por el socialismo a escala mundial, y la construcción de un partido mundial de la clase obrera que lleve al triunfo las grandes rebeliones populares es la tarea fundamental.

Roberto Gellert

Faure




El Comandante del Ejército Rebelde Faure Chomón Mediavilla falleció el 5 de diciembre en La Habana

Aunque podía ocurrir en cualquier momento la noticia de su partida causa dolor y tristeza. Siento la necesidad de dejar fluir esos sentimientos ahora sin extenderme en lo mucho que habría que escribir sobre Faure Chomón y su decisiva participación en la causa revolucionaria de nuestro pueblo.
Lo conocí poco después de iniciar mis estudios en la Universidad de La Habana. Nos presentó Fructuoso Rodríguez, el inseparable compañero de José Antonio Echeverría, ambos enfrascados en una brega incesante por transformar la vida académica despojándola de la mediocridad y la rutina y al mismo tiempo eliminando las consecuencias de los vicios de la vieja politiquería que lastraban el papel revolucionario que la FEU debía desempeñar frente a la dictadura de Batista.
Faure dirigía un pequeño grupo que luchaba por esos ideales y para ello diseminaban breves textos mimeografiados que distribuían mano a mano.
Eran tiempos inciertos. Había que enfrentar el apoliticismo y la demagogia, la frustración y el descreimiento que como herencia maldita nos había legado la bancarrota republicana. Una nueva generación debía volverse su propia maestra y emprender un duro aprendizaje en muy difíciles y riesgosas circunstancias.
José Antonio y Fructuoso lograron rescatar la FEU, crearon y dirigieron el Directorio Revolucionario y con su sangre abonaron la ruta de la libertad. Faure los acompañó siempre.
Por caminos diversos luchamos juntos durante medio siglo. En la etapa final él fue asesor del Presidente de la Asamblea Nacional. Ocupaba un modestísimo espacio en el edificio que entonces albergaba al Parlamento. Conversábamos diariamente de lo humano y lo divino. Busqué siempre su consejo pero más que un asesor él fue siempre un amigo leal y sincero, un compañero de los viejos tiempos. Se nos iban las horas rememorando un pasado glorioso que siempre iba con nosotros.
Otros le desearán que descanse en paz. Yo se que él continuará luchando y seguiremos juntos.

Ricardo Alarcón de Quesada

Alberto Fernández y su gabinete, el pago de la deuda externa es la prioridad nacional




La conferencia de prensa en la que Alberto Fernández anunció su gabinete mostró que el gobierno que asumirá la semana que viene tiene como eje ordenador el pago de la deuda externa.
A pesar de las reiteradas preguntas sobre las negociaciones con el Fondo, Fernández se negó a dar precisiones. Sólo planteó que “estamos trabajando hace muchas semanas con el FMI” y volvió a asegurar que “todos los argentinos debemos estar dispuestos a hacer grandes sacrificios en la etapa que viene”. En particular, derivó la consideración de cualquier aumento de salarios y jubilaciones a la constitución mediante una ley en el Congreso del Consejo Económico y Social, que será el organismo de integración al Estado de la burocracia sindical y piquetera para sellar el pacto social junto a los empresarios. Los precios, mientras tanto, suben sin pedir permiso.
El cargo que se mantuvo expectante hasta el final, el Ministerio de Economía, fue ocupado por Martín Guzmán, que viene con un programa de negociación de la deuda que plantearía patear para dentro de dos años los vencimientos, manteniendo la totalidad de los intereses y el capital. Su esquema se basa en arreglar con los bonistas para recién luego negociar con el FMI, pero es una estrategia que podría fracasar rápidamente tanto por el condicionamiento de los propios tenedores de la deuda a un acuerdo con el Fondo como garante como por la presión de Trump y el imperialismo yanqui.
Los nombramientos pretenden dar garantías a cada sector capitalista de poder actuar a sus anchas. Luis Basterra, hombre del gobernador formoseño Gildo Insfrán, fue nombrado en Agricultura como alguien muy accesible a los planteos de las patronales del campo. Ha mostrado su confianza extendiendo la producción de soja sobre el chaco formoseño mientras se garantiza el desalojo de los pequeños productores y pueblos originarios. Guillermo Nielsen, confirmado al frente de YPF, es un representante de los accionistas privados que componen el 49% de la petrolera y un lobbysta de la posibilidad de que estas empresas puedan girar sus utilidades en dólares al exterior. Al camporista Juan Cabandié, colocado en un Ministerio de Medio Ambiente, no se le ha conocido ni una opinión mientras Fernández reivindica la megaminería, que ya explotó recursos y giró dividendos sin retenciones durante todo el gobierno kirchnerista.
La conformación del gabinete confirma el carácter de un gobierno que depende de una pulseada a dirimirse entre una serie de camarillas en disputa. El presidente electo ha integrado a representantes de varias de las fracciones del PJ, tratando de establecer algún tipo de equilibrio interno. La previsión de choques dentro del gobierno ya había dado lugar en la semana a una advertencia de Cristina Kirchner desde Comodoro Py, afirmando que si avanzan las causas judiciales contra ella podía arrastrar al presidente electo en su caída.
El cristinismo tiene un lugar acotado en el gabinete, aunque con algunos cargos importantes, como el camporista “Wado” de Pedro en el Ministerio de Interior; Agustín Rossi en Defensa, un impulsor del genocida Milani al frente del Ejército y de un aparato de inteligencia contra los luchadores, que llega al cargo con una ley de financiamiento de las Fuerzas Armadas festejada por los mandos militares y sacada en consenso con Cambiemos; y Carlos Zanini en la Procuración del Tesoro. El “progre” Ginés González vuelve a Salud, donde toda su demagogia no ha garantizado nunca los derechos elementales de las mujeres, empezando por el cumplimiento del protocolo de aborto no punible. Los lugares directos de Sergio Massa fueron limados a una mínima expresión, que le compensaron sin embargo con el control de cajas millonarias que manejan de la adjudicación de subsidios a empresas privadas como Transporte, a través de Mario Meoni, y AySA mediante su mujer, Malena Galmarini.
Ocupan un lugar importante miembros de la primer etapa kirchnerista, que habían roto junto a Alberto en la época de la crisis del campo y se volvieron a aproximar durante el gobierno macrista, como Felipe Solá en la Cancillería y Daniel Arroyo en Desarrollo Social. Es también el caso de Gabriel Katopodis en Infraestructura, que representa en el gabinete a los intendentes del Conurbano, en el manejo de un rubro que es de su interés directo. Todos ellos jugaron, junto al Frente Renovador de Sergio Massa, un rol de aliados estelares de Mauricio Macri en sus dos primeros años, garantizando la aprobación de más de 100 leyes que conformaron una profunda ofensiva contra el pueblo trabajador.
Una parte muy grande del gabinete fue ocupada por funcionarios cuyo principal mérito es la lealtad personal hacia Alberto Fernández, que evidentemente tiene la preocupación de restarle espacio de operación a sus rivales internos. Hay una gran representación del llamado Grupo Callao -un pequeño núcleo sin gran influencia política que se reunía con Alberto Fernández cuando nadie consideraba que tuviera posibilidades de disputar ningún lugar central. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, provienen de ahí. Otros, como la ministra de Justicia, Marcela Lusardo –con quien comparte hace décadas un estudio jurídico-, el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, y el secretario General, Julio Vitobello, han sido el plantel que lo acompañó a Fernández en cada función pública, al servicio de Menem, Duhalde, Cavallo o Néstor Kirchner.
Los anuncios de Alberto Fernández confirman la orientación de lotear un gobierno a intereses patronales que tienen intereses contradictorios. Estos deben capitanear un proceso de virtual quiebra sin ningún plan claro, más allá de licuar los ingresos y condiciones de vida de la clase obrera para agrandar los márgenes de ganancia de los capitalistas que viven del saqueo del país.

Guillermo Kane

sábado, 7 de diciembre de 2019

Francia: más de un millón de personas en las calles en una gran jornada de lucha




Arrancó la huelga general contra el ataque a las jubilaciones

Este 5 de diciembre quedará marcado por la gran jornada de lucha del movimiento obrero y por la derrota del gobierno. Se abre un cuadro de crisis política, marcada por la intervención de las masas. Con otras modalidades, hay una continuidad con la movilización de los chalecos amarillos, que comenzó en noviembre del año pasado contra un impuesto a la nafta y culminó con la consigna de “Fuera Macron”.
El nuevo sistema de jubilación proyectada barre con el principio de una jubilación convencional -fijada por los años de cotización y el nivel de salarios- para pasar a una jubilación con un monto fijado individualmente por un sistema de puntos que varía anualmente, monto que disminuye el valor de la pensión para todos los trabajadores, alarga indefinidamente los años de trabajo, elimina la jubilación anticipada de los trabajadores del transporte y otros, y otras barbaridades similares. Es un intento de dislocación y pauperización de la clase obrera, que se entiende como el correlato del trabajo uberizado, como microemprendedor.

Huelga y movilización callejera

El movimiento de huelga fue muy amplio y tuvo 3 rasgos distintivos: se conjugó con una enorme movilización callejera, hubo muchas asambleas generales en los lugares de trabajo, comités de huelga y reuniones unitarias y finalmente el movimiento no se redujo a una jornada.
Es una movilización que tiene su antecedente solamente con las grandes huelgas de 1995, que derribaron al gobierno de la época.
El gobierno hizo todo lo necesario para que la manifestación en París terminara en un caos. A pesar de la represión feroz en la plaza de la República, que dividió la manifestación, el grueso de la multitud pudo llegar a la plaza de la Nación. La provocación fracasó. Hubo más de 100.000 manifestantes (la CGT afirma 250.000), que ocuparon las calles parisinas de la ribera derecha del Sena durante más de 5 horas. Y las manifestaciones fueron masivas en decenas de ciudades de provincia: Marsella, Nantes, Burdeos, Toulouse. Ha habido más de 1 millón de personas en la calle este 5 de diciembre, el doble de lo que preveían las direcciones sindicales y el gobierno.
El núcleo de la movilización estuvo en los ferroviarios, los trabajadores de los subtes, los maestros y profesores (la mitad de las escuelas tuvo que cerrar), el personal de hospitales, pero la huelga alcanzó también al conjunto de la administración pública, la empresa EDF de electricidad y otros. Tocó también en mucha menor medida al sector privado pero aun así hubo 5% de huelguistas en Renault, un porcentaje inédito. El 15% de los cuadros [personal jerárquico] se declaró en huelga.
Los ferroviarios, el subte, maestros y profesores, ya decidieron prolongar la huelga por lo menos hasta el lunes 9 y todo indica que la semana próxima será tanto o más combativa que la jornada del 5 de diciembre. En los días anteriores, los núcleos militantes no estaban seguros de la continuidad del movimiento y se pensaba que el día 6 iba a ser el “día D”. La fuerza de la huelga y la organización de las bases barrieron con estas dudas. Ahora corresponde hablar de “una semana clave” e incluso de su prolongación hasta que termine el año.
La organización de los núcleos de militantes sindicales en la lucha de clases dio un salto. En el gremio ferroviario, se extendió la modalidad de la asamblea general unitaria para decidir votar el paro del 5 y su continuidad y se formaron a su vez comités de huelga para coordinar y decidir sobre las movilizaciones. Hubo centenares de reuniones del personal en colegios y escuelas. Se realizaron asambleas interprofesionales y se formaron coordinadoras territoriales de los sindicatos. Un debate está en curso sobre si las asambleas generales o las reuniones interprofesionales son las más efectivas para llevar adelante la movilización, porque las segundas tienen el mérito de ir más allá de los lugares de trabajo pero reúnen pocos militantes y pueden quedarse en las generalidades.
La huelga de las urgencias de los hospitales está dirigida por un comité inter-urgencias; la movilización hospitalaria, por un comité inter-hospitaliario. En la huelga general del 5 de diciembre esta tendencia se acentúa: los militantes quieren dirigir y coordinar el movimiento de lucha a partir de las bases en los lugares de trabajo. Las burocracias no deben tener las manos libres.

Un enfrentamiento de conjunto

Ya no estamos en las vísperas; estamos en un enfrentamiento de conjunto entre el movimiento obrero y la población y el gobierno. La continuidad de Macron y del régimen político depende de los efectos y resultados de este enfrentamiento.
La huelga general fue decidida por las confederaciones sindicales luego que los sindicatos de base del subte parisino decidieran en septiembre una huelga reconductible [es una huelga que puede prorrogarse por decisión de asambleas] y fijaran la fecha del 5 de diciembre. Los sindicatos ferroviarios los siguieron de inmediato. Una huelga general que fue lanzada por las burocracias sindicales para negociar con el gobierno se tranformó en el curso de los días en un enfrentamiento entre las masas y el gobierno. Es el fruto de una actividad militante intensa en el terreno abonado de la crisis capitalista. Las jubilaciones constituyen uno de los medios esenciales que definen el nivel y las condiciones de vida de la población trabajadora en su conjunto y el ataque del gobierno no podía pasar desapercibido.
Las confederaciones sindicales se reúnen mañana viernes para tomar sus decisiones. El gobierno por su parte anuncia un discurso del primer ministro para el miércoles 11 en el que definirá las supuestas concesiones que ofrecerá el proyecto definitivo sobre las jubilaciones. Macron no puede retroceder porque perdería su credibilidad ante la burguesía. Imponer su proyecto le va a costar, sin embargo, sangre, sudor y lágrimas y la movilización del 5 de diciembre muestra que puede perfectamente perder la partida. Las burocracias sindicales tienen ahora un marco bastante más estrecho para hacer valer su política de colaboración de clases; la vanguardia obrera, los militantes sindicales de la lucha de clases, los chalecos amarillos, la juventud, tienen las palancas para avanzar y hasta para derrotar al gobierno. Un nuevo capítulo acaba de abrirse y tenemos que reflexionar y discutir sobre la situación de conjunto y la intervención de los revolucionarios.

Roberto Gramar
Desde París

Macri termina su gobierno y empieza el de los Fernández

Macri se despidió de su gestión con un discurso en el que apenas mencionó el drama de la pobreza y la elevada inflación que golpea a millones de personas, cuyas vidas cotidianas se vieron afectadas de modo sustancial en el ciclo de gobierno.
Los datos son alarmantes en términos de pobreza, del 40% y para los menores con guarismos superiores al 50%, según estudios de la UCA, que no serán muy distintos de los que oportunamente informe el INDEC para este 2019.
El desempleo en crecimiento es resultado del cierre de empresas y suspensiones de la producción en una recesión que acumula dos años consecutivos y que completan 3 de los 4 años del gobierno de Macri.
No existe un solo dato favorable si se mide la situación socioeconómica de la mayoría de la población. Solo puede observarse mejora en una minoría selecta del núcleo de poder económico, que engordó ingresos y riqueza en este tiempo.
Con una lectura de realidad tendenciosa en su “balance de gestión” informó sobre su futuro en la oposición, que ratifica en la convocatoria a la movilización de sus votantes, al mismo tiempo que intenta condicionar la política exterior del próximo gobierno, especialmente en el reconocimiento al Golpe de Estado en Bolivia.
Termina su mandato con controles cambiarios, criticados y levantados al inicio de su gestión, evidenciando impotencia teórica y política en materia económica.
Los últimos dos meses, a contramano de toda retórica monetarista sustentada en su gobierno, la gestión se sostuvo en una fortísima emisión monetaria, aun cuando había suscrito con el FMI la meta de “cero emisiones”.
Financió su gestión con deuda, por unos 105.000 millones de dólares, incluso un bono que vencerá en 2117, fondos que sirvieron para remitir al exterior (vía fuga) unos 93.000 millones de dólares, evidenciando el carácter improductivo e impagable del endeudamiento público que soporta el conjunto de la sociedad.
Ante el cierre del mercado financiero acudió a la emisión, algo que criticó respecto de la herencia recibido al comienzo de su gobierno.
Lo real es que su objetivo no explícito fue logrado: remito a la gigantesca transferencia de recursos desde la mayoría social a una minoría en el poder, de capital local y externo.
Pero también, aun cuando no pudo doblegar al movimiento popular, avanzó en la flexibilización laboral, modificando regresivamente ciertos convenios colectivos, ejemplo de los petroleros patagónicos, sin perjuicio de los millones relegados por la carrera asimétrica entre salarios achicados y precios engordados.
Del mismo modo, sin poder hacer la reforma previsional imaginada, modificó a la baja la fórmula de cálculo para los haberes previsionales.
El ajuste fiscal explica la reducción del déficit público, del mismo modo que la recesión explica el superávit comercial.
Ambos datos son mostrados como logros en las cuentas macroeconómicas, cuando son expresión de la condición de vida miserable de buena parte de la sociedad de menores ingresos.

Hay Gabinete para el nuevo gobierno

Se anunciaron los responsables de las distintas áreas del Gobierno que presidirá desde el 10/12 próximo Alberto Fernández. Se develó, quizá, la única incógnita, el Ministro de Hacienda, que recayó en Martín Guzmán, egresado y docente de la Universidad Pública de la Argentina, con posgrado e investigación en EEUU, en dónde colabora con el Nobel de Economía del 2001, Joseph Stiglitz.
El debate previo se concentraba entre los economistas y sus destinos en el Gobierno próximo, quienes, además del mencionado se destaca entre los designados a Matías Kulfas en el Ministerio de Desarrollo Productivo; a Cecilia Todesca como Vice Jefa del Gabinete de Ministros; a Mercedes Marcó del Pont al frente de la AFIP; a Alejandro Vanoli en la ANSES y a Marcos Lavagna en el INDEC.
Todos ellos, incluido Guzmán son calificados como heterodoxos, por ende, alejados de la corriente principal que pobló los cargos del gobierno Macri, e incluso aquellos críticos por derecha a la gestión Macri que coparon con su presencia los principales medios de comunicación.
Parecía curioso, pero no alcanzaba con el apoyo mediático a la gestión gubernamental de Macri, sino que era necesario ir por más y por eso sobreabundaron los diagnósticos críticos por derecha, los que ahora insisten ideológicamente sobre el flamante gobierno con sus recetas de menos derechos sociales, laborales y previsionales, junto a propuestas de reformas estructurales reaccionarias, al estilo de las reformas laborales, previsionales y tributarias.
Otros economistas más amigables con los “mercados” y la ortodoxia no figuraron en los anuncios, lo que no quiere decir que no tendrán intervención en el gobierno, en funciones ejecutivas o de asesoramiento.
El nuevo Ministro de Hacienda sostuvo recientemente que “Restaurar la sostenibilidad de la deuda es una condición necesaria para la recuperación económica”, al tiempo que afirmó tautológicamente que “La recuperación económica es condición necesaria para restaurar la sostenibilidad de la deuda.” [1] Está clara la relación entre Deuda y Recuperación económica, convergente con lo anticipado por Alberto Fernández cuando señaló que primero hay que crecer para atender la deuda y que no se solicitarán los desembolsos restantes del FMI.
Guzmán sostiene en ese mismo documento que deben suspenderse los pagos por dos años, que hay que evitar el default a fin de año, ante la imposibilidad de cancelar intereses y renovar capital; y que la negociación con el FMI y los acreedores privados debe culminarse en marzo próximo, para que no hayan dudas que afecten a la ecuación macroeconómica.
En los anuncios del Gabinete, Fernández precisó que las conversaciones con el FMI hace semanas que se sustentan, lo que puede explicar la perentoriedad de los plazos imaginados por el nuevo Ministro de Hacienda, lo que en pocos días podrá verificarse.
Por su parte y oportunamente, Donald Trump informó la disposición de su gobierno y de sus funcionarios en el FMI para favorecer cualquier negociación. Claro que al mismo tiempo se anunció desde Washington el retorno de los aranceles a las exportaciones de acero y aluminio desde la Argentina y Brasil hacia EEUU, lo que complica, amplía y diversifica las negociaciones para una gestión que pretende salir rápido de la recesión y al mismo tiempo renegociar la deuda.
Habrá que ver cómo se desarrollan las negociaciones, de una deuda que es impagable y que no alcanza con suspender un par de años los pagos. La respuesta estará en la capacidad de satisfacer la demanda social de los acreedores internos de alimentación, educación, salud, etc. Estas demandas sociales compiten en recursos con los acreedores externos, ahora y dentro de los próximos dos años y siguientes, pero no hay que apurarse, tal como se sostuvo, el privilegio está la “política”, más que en la profesionalidad del Poder Ejecutivo. Claro que el poder económico reclamará no se posterguen sus intereses.
La idea de un pacto social se sostiene, sin precisiones del alcance y punto de partida del “acuerdo”, estrechamente asociado a la demanda de actualización inmediata de los ingresos populares: salarios, jubilaciones, planes sociales. Son propuestas que habrá que analizarlas en la dinámica de su funcionamiento, con las urgencias sociales presionando por inmediatas soluciones.
En las otras áreas de gobierno se designaron responsables con antecedentes en la gestión previa (2003-2015) y otros asociados a la composición política de la coalición triunfadora en las elecciones de octubre pasado. Una cuestión esencial serán las relaciones exteriores, a cargo de Felipe Solá, lo que supone también las relaciones económicas con el mundo en tiempos de guerra comercial desatada por EEUU, desaceleración económica agravada y, en definitiva, por dónde transitará la inserción internacional de la Argentina. El énfasis está en la búsqueda de divisas, por ende, de exportaciones, lo que supone la ratificación del modelo productivo asociado a las exportaciones, identificado con las expectativas al mencionar al designado en el área del agro.

Hay cambios en el gobierno y las expectativas son amplias y no esperarán

Argentina no mostró en estos días el cuadro de protestas generalizadas que se visibilizan en Chile o Colombia, antes en Ecuador o Haití, porque la expectativa estuvo centrada en el cambio de gobierno, algo que está a punto de suceder.
La gran incógnita remite a la conflictividad social y a la capacidad gubernamental de mostrar un sustancial cambio de rumbo en la política pública.
Preocupa la pobreza y el ingreso de los más empobrecidos, la mayoría de la sociedad.
Desde una lectura crítica está claro que el problema es el capitalismo y el próximo gobierno pretende resolver en ese marco las inmensas demandas sociales, lo que supone un gran desafío y un problema.
El momento del capitalismo mundial juega en contra, y ni hablar del clima político derivado de los gobiernos de los países en la región.
La política en la región presenta la dualidad de la derecha en los gobiernos y la presión popular movilizada por sus demandas en confrontación con el poder y la hegemonía económica.
En la Argentina existen expectativas a contramano de la lógica hegemónica del poder económico, y el interrogante apunta a conocer en los próximos días y semanas si las políticas públicas convergen con las demandas sociales.
No hay dudas que se inicia un nuevo tiempo para seguir pensando y actuando la potencialidad de una sociedad por la emancipación.

Julio C. Gambina

Nota:

[1] Martin Guzmán. Sovereign debt crises resolution: will this time be different? 12th UNCTAD Debt Management Conference United Nations, Geneva. November 19, 2019

jueves, 5 de diciembre de 2019

Jeanine Añez no logra maquillar el golpe de Estado en Bolivia

La nominación de Jorge Quiroga como “delegado ante la comunidad internacional” para “explicar la violación de los derechos humanos” demuestra el fracaso de la presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Añez, en hacer creer al mundo que no hubo un golpe de Estado en Bolivia el pasado 10 de noviembre.
La autonombrada Añez cree que el simple hecho de colocarse una banda presidencial le otorga por arte de magia la inteligencia necesaria para gobernar democráticamente un país como Bolivia, cuando en los hechos actúa como el testaferro de una derecha golpista boliviana, apañada por Estados Unidos, que es la que le prepara la estrategia, los decretos y los discursos que ella difícilmente los lee al país.
Sin embargo, aunque su imagen puede ser conveniente dentro el espacio nacional, sus dotes no le alcanzan para maquillar en la escena internacional el golpe de Estado del 10 de noviembre.
Una presidenta que cita erradamente a Einstein en el Parlamento, una abogada que ni siquiera puede conjugar adecuadamente el verbo poner en un discurso en el Palacio de gobierno tras el golpe (“…agradezco también a todos los ministros que nos acompañan, que han ponido el empeño…”) solo puede alcanzar a ser entrevistada por un ex actor de telenovelas mexicanas en CNN, pero hasta allí llega.
Con este nombramiento, anunciado por Añez el 2 de diciembre por la noche en La Paz, Jorge Quiroga y las figuras que apoyan el golpe de Estado buscarán tapar el sol con el dedo y convencer a la opinión internacional que no hubo un golpe de Estado en Bolivia.
Buscarán hacer creer que la represión desatada desde el golpe cívico-militar del 10 de noviembre, la suma de muertos, heridos y detenidos, además de la persecución desatada contra los movimientos sociales que rechazan el golpe de Estado, es un acto de “defensa de la democracia” en Bolivia.
En el país, tanto Fernando Camacho como Carlos Mesa, pasando por la propia Añez, la ministra de Comunicaciones Longaric, y el ministro de Gobierno Murillo, han insistido que no hubo un golpe de Estado.
El 11 de noviembre, en un mensaje en su cuenta Facebook, Fernando Camacho, explicó que “es falso” afirmar que hubo un golpe de Estado en Bolivia.
El 12 de noviembre, en una entrevista al periódico español ABC, Carlos Mesa declaró que Evo Morales “miente de manera grosera” al afirmar que hubo un golpe de Estado, añadiendo que “Eso no ocurrió. Las Fuerzas Armadas no sacaron ningún soldado ni hubo actos de subversión”.
La ministra de Relaciones Exteriores de Bolivia, Karen Longaric, que no tiene la menor idea de lo que le compete a un gobierno de transición, pero sí sabe lo que le conviene a la restauración neoliberal en el país, también declaró el 12 de noviembre a Radio France Internacional que lo que ocurrió en Bolivia el 10 de noviembre “no es un golpe de Estado porque un golpe de Estado es una imposición, es presión, es coacción”, como si no fueron precisamente esas las acciones llevadas a cabo por la derecha racista y cristera que ahora ocupa el gobierno en el país.
Añez, Mesa, Quiroga, Camacho, Longaric, Murillo y sus demás cómplices buscan desesperadamente hacer creer al mundo que no hubo golpe de Estado en Bolivia. Esto por una sencilla razón: bajo un golpe de Estado sus actos y decisiones carecen de legalidad, ya que en la jurisprudencia internacional aquellas disposiciones tomadas mediante el uso ilegítimo de la coacción carecen de valor. Esto en un juicio que deberá establecer y distinguir la ilegitimidad del origen de un gobierno y la consecuente ilegitimidad del ejercicio de sus nuevas disposiciones. Otro principio jurídico establece que “ante la violación de una obligación internacional se debe reparación.”
Las decisiones tomadas por un gobierno golpista pondrán en duda el valor de cualquier modificación a las leyes en materia de exploración y explotación petrolera, o del litio. También abre las puertas a la anulación de decisiones tomadas por Añez, las que por su naturaleza no corresponden a un gobierno de transición, como los cambios en las políticas exteriores del país, la reanudación de relaciones con Estados Unidos o el acercamiento a Israel. En suma, las medidas tomadas por la autonombrada presidenta Jeanine Añez y su séquito son fraudulentas porque son producto de un golpe de Estado.
Las voces de condena al golpe en el ámbito internacional son claras. Bernie Sanders uno de los principales candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos afirmó el 17 de noviembre ante el periodista Jorge Ramos que “Morales hizo un muy buen trabajo aliviando la pobreza y dando voz a los indígenas de Bolivia. Cuando los militares intervienen, Jorge, eso se llama golpe de Estado”.
Ya el 12 de noviembre en una elocuente presentación en Washington, el embajador uruguayo en la Organización de Estados Americanos (OEA), Hugo Cayrús, rechazó hoy el golpe de Estado ocurrido en Bolivia y criticó algunos eufemismos usados para hablar de los eventos en ese país. También puso en duda la capacidad de la OEA de defender a los gobiernos legítimos en la región.
El 1 de diciembre, en el Zócalo de México, el presidente de ese país, Andrés Manuel López Obrador declaró enfáticamente que “Evo fue víctima de un golpe de Estado, y desde México para el mundo sostenemos democracia sí, militarismo no.”
El pasado 11 de noviembre, el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández también declaró ante las cámaras de la televisión que “ha habido un golpe de Estado en Bolivia, para que nadie se confunda, para que hablemos claro y sin mentiras.”
El propio José Miguel Insulza, Ex-Secretario General de la OEA (2005-2015) también afirmó, refiriéndose a lo ocurrido en Bolivia el 10 de noviembre, que "de donde se lo mire, se trata de un golpe de Estado".
A estas declaraciones se van sumando distintos informes de organismos internacionales que van demostrando que en Bolivia sí hubo un golpe de Estado y que, efectivamente, el ejército asesinó e hirió a decenas de indígenas bolivianos.
Tanto Jorge Quiroga, el antiguo delfín del dictador Hugo Banzer, como el propio Mesa o Camacho, meros instrumentos del golpismo neoliberal, fracasarán en su intento de negar su responsabilidad histórica: que juntos echaron por tierra una democracia por la cual tantos bolivianos han dado su vida.

Alejandro Saravia
Alainet

Uruguay: sube el Macri uruguayo




Los resultados del ballotage uruguayo arrojaron un triunfo por escaso margen de Luis Lacalle Pou, el candidato del Partido Nacional (blancos) que lidera la Coalición Multicolor (CM), derechista. El Frente Amplio (FA) realizó una elección mejor a la esperada (una diferencia de solo 1,4%) y anunció prontamente su voluntad de ser una oposición responsable.

Gobierno con la derecha… y con el Frente Amplio

Lejos de las encuestas que auguraban una elección finiquitada por una diferencia de 6 o 7 puntos, el resultado, de poco más de un punto de ventaja, revela la endeblez de la autodenominada Coalición Multicolor, que hace su debut electoral perdiendo votos sobre los obtenidos por sus diferentes partidos en la elección del 27 de octubre. La fragmentación electoral implica una dificultad de la burguesía para homogeneizar sus planteos gubernamentales, que intenta salvar con una coalición gobernante.
El resultado ajustado cuestiona la idea de una derechización de la población. Más bien, parecería indicar que el ingreso a la Coalición del grupo filo bolsonarista Cabildo Abierto, dirigido por Guido Manini Ríos, el ex Comandante en Jefe del Ejército, produjo el efecto contradictorio de sumar un caudal de votos indispensables para el triunfo de Lacalle Pou, a la vez que redujo su potencial de votantes. Así, la difusión de un video de Manini Ríos, pocos días antes de la elección, en el cual insta a que las fuerzas armadas rechacen el voto al Frente Amplio, arrogándose su representación en un tono golpista, literalmente espantó a un sector del electorado, que optó por acompañar al FA o votar en blanco.
El plan económico esbozado por Lacalle Pou contempla más beneficios al capital y un fuerte ajuste, especialmente en los rubros sociales. El nuevo gobierno ha dejado en claro que plantea “salir” de la crisis fiscal provocada por el Frente Amplio llevando hasta el final las políticas esbozadas en el último periodo: subsidios a las patronales, extensión de las industrias contaminantes, apertura económica y nuevos tratados de libre comercio, beneficios a los grandes terratenientes. Es decir, una política de ofensiva contra los trabajadores que descargue abiertamente la crisis sobre sus espaldas.
En este sentido, la aprobación de la “ley de urgente”, un plan de medidas profundamente regresivas, y del presupuesto 2020, serán el escenario propicio para un pacto entre la Coalición Multicolor y, al menos, un sector del Frente Amplio, en aras de garantizar la gobernabilidad y “cerrar la grieta”, punto en el cual coincidieron los dirigentes del FA en las últimas semanas. Esta tentativa debe ser rechazada por los trabajadores y enfrentada en las calles.
Lacalle Pou hizo de la condena a Maduro y, por lo tanto, de un alineamiento mayor con Estados Unidos, uno de sus ejes de campaña. Ahora, enviará emisarios a la cumbre del Mercosur buscando preservar un lugar en el comercio regional cuestionado por el desenvolvimiento de la crisis mundial y las pretensiones comerciales de sus vecinos. Mientras tanto, las convulsiones populares en Latinoamérica continúan haciendo su trabajo de topo.

¿Latinoamericanismo?

La remontada electoral del FA, basada en un apoyo democrático contra la derecha, en el marco de una rebelión latinoamericana, no puede esconder que es una fuerza que ha retrocedido. Contradictoriamente, esta situación, producto de años de gobernar junto al capital a pesar de mantener de palabra consignas progresistas, habilitará a que pase a un rol de oposición demagógica. Es decir, que pueda colaborar responsablemente con el nuevo gobierno a la vez que bloquea la emergencia de una izquierda verdaderamente revolucionaria. Esta tentativa del “mal menor”, recurrente en nuestro continente, muestra que el FA, como otras fuerzas del nacionalismo burgués, solo se convertirán en cadáveres a condición de que sea la clase obrera y su partido quien las entierre.
El Frente Amplio, a pesar de vestirse con un ropaje progresista, hace tiempo que abandonó cualquier atisbo de lucha. Prueba de ello fue el discurso en el búnker del candidato a presidente Daniel Martínez que, tras utilizar frases cargadas de simbolismo (“quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas”), abogó por una oposición responsable y moderada frente a la derecha. Del mismo modo, las declaraciones de Mujica en foros internacionales y medios periodísticos no fueron en apoyo a la lucha y resistencia de los pueblos de Chile, Bolivia o Colombia, sino por una integración siguiendo el modelo europeo, dejando de lado las ideologías de izquierdas o derechas (Montevideo Portal 3/12).
La derrota del FA merece un balance más a fondo. Sin embargo, no puede ser el de sectores como el Partido Socialista, que reducen todo a una disputa burocrática por lugares en las listas. Tampoco, el del Partido Comunista o el del PVP (guevaristas), quienes proponen, golpeados, volver a una suerte de “FA de los orígenes”.
La izquierda revolucionaria debe aprovechar esta oportunidad para sacar un balance a fondo del Frente Amplio, que postule que es necesario romper con la burguesía, enfrentar al imperialismo y luchar por gobiernos de trabajadores. Debe partir de un rechazo a la autocomplacencia y de medidas concretas para romper la marginalidad de la izquierda.
El reverdecer de la semilla de la clase obrera uruguaya tiene aún por delante la superación del FA. Es necesario un gran reagrupamiento del clasismo sindical contra el ajuste del gobierno y las leyes anti obreras y represivas, que impulse las reivindicaciones inmediatas, con mandatos de base y asambleas, que ponga en cuestión la recuperación de las herramientas gremiales, la expulsión de la burocracia y la independencia del Estado y sus partidos. Esta tarea se enlaza directamente con la construcción de una alternativa política de los trabajadores embanderada con las luchas populares de América Latina.

Luciano Arienti

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Renuncia el primer ministro iraquí y la calle va por todo




Dos meses de rebelión.

“La mayor ola de manifestaciones antigubernamentales en décadas” en Irak, tal como la caracterizó la corresponsal del Washington Post, sigue encendida luego de dos meses y de que este fin de semana Adel Abdul Mahdi, el primer ministro, presentase su renuncia y la misma fuese aceptada por el parlamento.
La dimisión del mandatario, que permanecería en el Ejecutivo hasta tanto no se logre la (difícil) conformación de un nuevo gobierno, “es solo una gota en un océano de nuestras demandas”, sentenció una de las manifestantes, resumiendo el sentir actual de una rebelión dirigida contra todo el régimen de gobierno, responsable de las insoportables carencias de infraestructura en el acceso a los servicios públicos, la desocupación masiva y una pasmosa corrupción.
Mahdi se vio obligado a presentar la renuncia luego de la masacre acometida contra los insurrectos entre el miércoles 28 y el jueves 28 ­-con al menos 62 asesinatos en la ciudad de Nasiriyah, 12 en Najaf y 4 en Bagdad-, que incluso fue respondida por manifestantes armados, y la subsiguiente demanda de que renuncie por parte del principal líder chiita, el ayatolá Ali al-Sistani. Desde el 1° de octubre, cuando estalló la rebelión, la represión se ha cobrado la vida de 430 manifestantes y dejado unos 19 mil heridos, según señaló un observatorio de DDHH del país.
La rebelión, que se concentra en Bagdad y el sur del país -de predominancia chiita-, ha comenzado a recoger expresiones de apoyo en el norte –de mayoría sunita-, como la movilización de cientos de estudiantes vestidos de negro en la ciudad de Mosul tras la masacre. También de parte de la comunidad cristiana del país. El levantamiento supera las divisiones rituales y es protagonizado por una juventud plebeya, de 25 años o menos, que representa un 60% de la población y ha crecido bajo la barbarie de la ocupación norteamericana, primero, y de la avanzada de ISIS después; que ha visto desarrollarse grandes procesos de lucha en estos años y que es testigo de cómo las corporaciones internacionales –y los políticos corruptos- se enriquecen con el petróleo de uno de los países con más reservas de este en el mundo, mientras ella pena por acceder a un trabajo y hasta a agua potable.
Esta juventud es la que copó Tharir en Bagdad y otras plazas centrales, que se organiza para asistir a los heridos por la represión, organizar clases públicas y reparar calles, y que incluso ha parido un periódico diario para difundir las novedades de la lucha ante el bloqueo oficial y el ataque a medios independientes, llamado “Tuk Tuk” por los modestos taxis de tres ruedas que –por la actitud combativa de sus conductores- se han vuelto un símbolo de la insurrección. Es decir, que transita un promisorio proceso de organización, más cuando se tiene en cuenta que confluye con la participación de sindicatos en las protestas, con huelgas de maestros y otros sectores.
“‘Después de Adel Abdul Mahdi, fuera el Parlamento, los partidos políticos e Irán’, siguen coreando los iraquíes” (El País, 2/12), en cánticos que expresan el rechazo al conjunto de los partidos sectarios que forman parte del régimen de reparto de cargos montado por Estados Unidos tras el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003. Y al gobierno nacionalista del vecino país persa, que tiene un peso clave tanto dentro del gabinete iraquí como en las milicias paramilitares que están a la cabeza de las represiones sanguinarias, en primer lugar las Fuerzas de Movilización Popular. A los dictámenes de este se ha plegado incluso el clérigo chií Muqtada al Sadr: referente en el pasado de protestas, al Sadr pasó la mayor parte de estos dos meses en Irán –donde habría discutido, según algunas especulaciones, tratar de ponerse a la cabeza del nuevo alza popular para desviarla, sin resultados. Pero muchos manifestantes entrevistados rechazan también la injerencia de otros países, como Turquía o Estados Unidos.
El imperialismo norteamericano había coincidido con su enemiga Irán en la designación de Mahdi, para la cual aportaron votos los dos mayores bloques del parlamento: la coalición Sairún (que integran Al Sadr y el Partido Comunista) y Fatah, ligada a las milicias sostenidas por Irán. Pero “durante su año en el cargo, Mahdi fue ampliamente visto en Washington como un líder débil incapaz de hacer valer su voluntad sobre un gobierno fragmentado“ (estuvo ocho meses hasta que el parlamento le aprobase el gabinete); “su renuencia o incapacidad para tomar medidas enérgicas contra las milicias respaldadas por Irán, incluida su presencia en áreas cristianas y yazidíes en Irak, o para tomar medidas contundentes hacia la independencia energética de Irán exasperó tanto a la Casa Blanca que nunca se le concedió una reunión con el presidente Trump”, sostiene el Wall Street Journal. Incluso así, “los estadounidenses también han respaldado la idea de no cambiar al primer ministro en el marco de la crisis. Argumentan que esto podría dar pie al resurgimiento de los grupos extremistas, especialmente de una reagrupación de seguidores del ISIS” (La Vanguardia, 2/12). Para algunos, Estados Unidos buscará montarse a los choques sociales en curso para hacer avanzar su influencia en la región, mientras que según fuentes de la diplomacia yanqui Trump ve Bagdad “como una causa perdida”, inherentemente pro-iraní, y cree que hay que invertir menos recursos en el país, en línea con otros pasos de retirada que ha dado en Medio Oriente y que han generado el repudio de todo un sector de los capitalistas norteamericanos.

Un escenario revolucionario

La renuncia de Mahdi ha profundizado la crisis política, con consecuencias imprevisibles. Bajo las reglas vigentes, la principal coalición parlamentaria debería proponer un candidato a primer ministro, que luego debería formar gabinete y someterlo a la aprobación del parlamento. Pero esa coalición es Sairún, que sostuvo este domingo que no nominará un candidato. Así, se espera un largo tire y afloje (Al Jazeera) hasta que logre formarse una alianza entre grupos chiitas, que luego debería conseguir el apoyo de los partidos kurdos y sunnitas. Es decir que por el momento, y hasta no se sabe cuándo, quedaría un gobierno provisional… encabezado por Mahdi. El trastorno para formar gobierno del año pasado ha vuelto, en una escala infinitamente superior.
El punto central, desde ya, es que la calle continúa de pie. “No nos vamos a ir a casa hasta que la renuncia del primer ministro desate la disolución del Parlamento, y se lleven a cabo nuevas elecciones para que todos los partidos políticos y milicias actualmente en el poder puedan ser removidos”, señaló una manifestante a Al Jazeera, añadiendo que el proceso debe comenzar con una nueva ley electoral. Y no como la prometida por el presidente iraquí, Barham Salih, que los manifestantes han descartado como un intento cosmético de mantener el sistema.
Con un régimen absolutamente incapaz de satisfacer las demandas del pueblo y este levantado, se ha configurado un escenario verdaderamente revolucionario. Desde el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Turquía (DIP) han señalado que “el devenir de esta revolución será decisivo” para el destino de todo Medio Oriente, teniendo en cuenta que Irak es el nexo entre la zona árabe y no árabe de la región, ambas atravesadas por grandes levantamientos.

Tomás Eps

Sindicatos denuncian maniobras burocráticas en el PIT-CNT por tema UPM

Sindicatos emitieron una declaración ante la negativa de la mayoría de los sectores del PIT-CNT de tratar el tema UPM, incumpliendo resolución de la mesa representativa ampliada del mes de septiembre.

Los sindicatos firmantes de la declaración, AFFUR (No Docentes de la Universidad),
AFPU (Postales), AUTE (Trabajadores de UTE), ATSS (Trabajadores del BPS), SINTEP (Trabajadores Educación Privada), SUHGU (Trabajadores hoteleros y gastronómicos), UF (Trabajadores Ferroviarios), UFC (Trabajadores del CODICEN) denunciaron la maniobra antidemocrática de las corrientes mayoritarias que se negaron a tratar el tema UPM.
El debate no pudo darse en la mesa representativa a consecuencia de la actitud burocrática de los sectores mayoritarios que postergaron nuevamente discutir la posición del movimiento obrero frente a los acuerdos del Estado uruguayo con UPM.
Los sectores que hicieron la declaración, llevaban una moción crítica y que denuncia el acuerdo colonialista que suscribió el gobierno con la multinacional (que transcribimos abajo) que no pudo ser tratada.

Moción presentada y postergada en la Mesa Representativa de hoy.

Ante la confirmación de la instalación de la segunda planta de celulosa de UPM en el país resuelve:

Considerando

La firma del acuerdo laboral el 12 de setiembre de 2017, el cual se venía negociando desde fines del 2016, entre representantes de nuestra Convención, UPM y el gobierno, definió un claro posicionamiento a favor de la instalación de la planta sin tomar en cuenta la posición del conjunto de la clase trabajadora y sindicatos.
El 7 de noviembre de 2017 se firma el contrato de inversión ROU-UPM. De forma totalmente in-consulta y sin participación de las organizaciones populares.
Dicho contrato, regresa a las imposiciones coloniales donde no hay ningún tipo de contrapartidas por parte de la empresa pudiendo retirarse del negocio de forma unilateral y sin ninguna indemnización al estado uruguayo.
El contrato le concede a UPM beneficios tributarios que van más allá de la normativa vigente para grandes inversiones. De acuerdo a la ley de promoción y protección de inversiones se prevé el otorgamiento de beneficios fiscales, pero este contrato de inversión se extiende a otras áreas.
Cualquier controversia o diferencia que pudiera surgir entre el Estado uruguayo y UPM queda por fuera de la jurisdicción del país, es tratado en el CIADI organismo del BM.
Entrega cientos de kilómetros de vía férrea, consolidando la privatización de AFE.
Permite la intromisión flagrante en aspectos de política educativa, violando la autonomía de nuestra educación pública.
Garantiza gran parte de la rentabilidad del negocio con la contrato de compra- venta de energía a través del ente estatal UTE, energía que el país no necesita, inclusive después de poner en funcionamiento la central de ciclo combinado de punta del tigre, brindando esta energía firme por los próximos 30 años.
Pone en riesgo uno de nuestros principales ríos y el lago más grande en materia de reserva energética que cuenta nuestro país, como es el RIO NEGRO, entregándole su uso a discreción por parte de la empresa.
El estado se compromete a concederle derechos a uso de agua que requiera el proyecto y establece un flujo mínimo en el Rio Negro aguas abajo de Rincón del Bonete sin ningún tipo de compensación.
Se compromete a la realización de obras viales (ferroviaria, carreteras, desvíos, viaductos, dársenas, dragado) que profundizan el endeudamiento del país.
En síntesis pone a todo el estado uruguayo y su capital público acumulado por más de 100 años al servicio de una empresa extranjera, que su única finalidad es generar sus ganancias para exportar la mayoría de sus capitales a su casa matriz.
Las dilatorias en generar las condiciones para realizar un debate y toma de posición de la MR sobre el tema, que se logró concretar a mitad del año con dos talleres y panelistas reconocidos en el tema.
El modelo extractivista aplicado en nuestro país principalmente basado en la soja y la forestación, consolidando un modelo primarizador con bajo valor agregado de nuestra estructura productiva.
La decisión del gobierno de garantizar bajo cualquier medio los intereses extranjeros de upm en el Uruguay, ejemplo de esto las represiones realizadas por parte de las fuerzas policiales a las movilizaciones contra el megaproyecto en curso.
Que en reiteradas veces el PIT-CNT se ha expresado en contra de cualquier acuerdo que atente contra la soberanía de nuestro país, ejemplo la lucha contra el ALCA, TIC y TISA.
Que hemos resuelto en reiteradas ocasiones y en particular en el último congreso de nuestra convención la lucha por un país productivo, soberano y con justicia social en el camino hacia una sociedad sin explotados ni explotadores.
LA MRNA resuelve declarar su más profunda preocupación y rechazo a la firma de este tipo de acuerdos que atentan contra una perspectiva estratégica de desarrollo soberano de nuestro país y el futuro de nuestro pueblo.

La Izquierda Diario Uruguay
Viernes 29 de noviembre | 20:03

Una visita a Julian Assange, preso político de Gran Bretaña




Me pongo en marcha de madrugada. La prisión de Belmarsh, en la planicie de la periferia de Londres, al sureste de la capital, es una franja de muros y alambradas sin horizonte. En lo que llaman el centro de visitantes, entrego mi pasaporte junto con la cartera, tarjetas de crédito, tarjetas médicas, dinero, llaves, teléfono, peine, bolígrafo y papel.
Yo necesito dos pares de gafas, pero me obligan a dejar una de ellas. Optó por entregar las de leer. A partir de ahora, no podré leer, al igual que Julian, que no pudo leer las primeras semanas de su encarcelación. Se supone que le iban a enviar sus gafas, pero inexplicablemente tardaron meses en llegar.
El centro de visitantes está cubierto de grandes pantallas de televisión. Siempre están encendidas, según parece, con el volumen alto. Concursos televisivos, anuncios de coches, de pizzas, de ofertas funerarias, charlas TED… Parecen la fórmula perfecta para una prisión, como un valium visual.
Me uno a una cola de personas tristes, nerviosas, en su mayor parte mujeres y niños pobres, y abuelas. En el primer mostrador me toman las huellas dactilares, si es que dicho término se sigue utilizando para nombrar las comprobaciones biométricas.
Me dicen: “¡Coloque ambas manos y apriete!” En la pantalla aparece un expediente sobre mí.
Ahora ya puedo cruzar la puerta principal, abierta en los muros de la prisión. La última vez que estuve en Belmarsh para visitar a Julian Assange estaba diluviando. Como no me dejaron llevar el paraguas más allá del centro de visitantes, tuve que escoger entre empaparme o correr como el diablo. A las abuelas tampoco les quedó otra opción.
En el segundo mostrador, la guardiana tras la alambrada me preguntó: “¿Qué es eso?”
“Mi reloj”, contesté sintiéndome culpable.
“Tiene que dejarlo atrás”, me dijo.
Así que tuve que volver a correr bajo la lluvia para regresar a tiempo de repetir la prueba biométrica. Después me sometieron a un escáner corporal y a un cacheo completo, incluyendo una comprobación de las suelas de los zapatos y del interior de la boca.
En cada parada, nuestro grupo silencioso y obediente volvía a juntarse en lo que llaman un espacio sellado y se apretaba tras una línea amarilla. Pobres los claustrofóbicos; una mujer se restregaba los ojos cerrados.
Luego nos formaron en otra zona de espera, también con pesadas puertas metálicas que se cerraban ruidosamente delante y detrás de nosotros.
“¡Manténganse tras la línea amarilla!”, se oyó decir a una voz incorpórea.
Otra puerta electrónica se abrió parcialmente. Titubeamos prudentemente. Dio una sacudida antes de cerrarse y volverse a abrir. Otra zona de espera, otro mostrador, de nuevo el estribillo: “¡Muestre sus dedos!”.
Así llegamos hasta una gran habitación con recuadros en el suelo en los que nos dijeron que nos colocáramos, de uno en uno. Llegaron dos hombres con unos perros que nos olfatearon, por delante y por detrás y me babearon la mano. Luego se abrieron otras puertas y se escuchó una fuerte voz que decía: “¡Muestre su muñeca!”.
Una marca de láser era nuestro ticket para la gran sala en la que los presos nos aguardaban sentados en silencio, frente a sillas vacías. En el extremo final de la habitación estaba Julian Assange, con un brazalete amarillo sobre sus ropas carcelarias.
Al ser un preso preventivo, Julian podría llevar sus propias ropas, pero cuando los matones le sacaron a la fuerza de la embajada ecuatoriana el pasado abril, no le dejaron llevarse una pequeña bolsa con sus cosas. Le dijeron que se lo enviarían después pero, como ocurrió con sus gafas de lectura, se perdió misteriosamente.
Durante 22 horas al día, Julian está confinado en “enfermería”. No es realmente un hospital de prisión, sino un lugar en donde puede estar en aislamiento, recibir medicación y ser espiado. Cada 30 minutos unos ojos le escudriñan a través de la puerta. Dicen que es para evitar “el suicidio”.
Las celdas contiguas hay asesinos convictos y más allá un demente que da alaridos toda la noche. “Vivo una versión personal de Alguien voló sobre el nido del cuco”, dice Julian. La supuesta “terapia” consiste en alguna partida ocasional del Monopoly. La única actividad social en la que participa es el servicio religioso que se celebra una vez a la semana en la capilla. El sacerdote, un hombre amable, se ha hecho su amigo. El otro día atacaron a un preso en la capilla; le dieron un puñetazo en la cabeza desde atrás mientras cantaban himnos.
Cuando nos saludamos me doy cuenta de que se le notan las costillas. Su brazo ha perdido el músculo. Puede que haya adelgazado de diez a quince kilos desde abril. Lo que más me sorprendió la primera vez que le visité, en mayo, fue cuánto había envejecido.
“Creo que me estoy volviendo loco”, me dijo entonces.
Yo le respondí: “No, en absoluto. Mira el miedo que te tienen, lo poderoso que eres”. Creo que precisamente su inteligencia, su resiliencia y su excelente sentido del humor –que desconocen los desgraciados que le difaman– son lo que impide que pierda la razón. Se encuentra tremendamente herido, pero no se está volviendo loco.
Mientras charlamos coloca la mano sobre la boca para que no puedan escucharle las cámaras que tenemos sobre nuestras cabezas. Cuando estaba en la embajada de Ecuador, solíamos conversar usando notas escritas y ocultándolas de las cámaras del techo. Es evidente que tiene miedo del Gran Hermano.
En la pared hay lemas felices exhortando a los presos a “no darse por vencidos” y a “estar contentos, mantener la esperanza y reír a menudo”.
El único ejercicio que realiza consiste en caminar sobre una zona asfaltada, rodeada de altos muros con más expresiones felices que les instan a disfrutar de “la hierba bajo los pies”. Pero no hay hierba alguna.
Todavía no le han permitido acceder a un ordenador con el que preparar su defensa ante la extradición solicitada. Todavía no ha podido llamar a su abogado estadounidense, ni a su familia de Australia.
La omnipresente mezquindad de Belmarsh se te adhiere como el sudor. Si te acercas demasiado al preso, un guardián te dice que te sientes bien. Si quitas la tapa al vaso de café, un guardián te grita que vuelvas a colocarla. Te permiten llevar diez libras para comprar algo en la pequeña cantina que llevan voluntarios. “Me gustaría tomar algo saludable”, me dijo Julian, que devoró un sándwich.
Al otro lado de la sala, un preso y una mujer se enzarzan en una discusión, lo que podría llamarse una riña “doméstica”. Cuando interviene un guardián, le manda “a tomar por culo”.
Esa es la señal para que una panda de guardias, la mayor parte hombres y mujeres gordos y enormes, se lancen con ganas a por él, lo arrojen al suelo y lo arrastren hasta la salida. En el aire queda flotando una impresión de violenta satisfacción.
Ahora los guardianes nos gritan que es hora de irse. Junto a las mujeres, los niños y las abuelas, comienzo el largo recorrido a través del laberinto de áreas selladas, líneas amarillas y controles biométricos hasta llegar a la puerta principal. Cuando salgo de la sala de visitantes vuelvo la vista atrás, como siempre hago. Julian está sentado, solo, con el puño cerrado y en alto.

John Pilger, reportero y periodista de investigación australiano, residente en Londres. Es autor de múltiples documentales y libros y ha sido galardonado con innumerables premios a lo largo de su carrera, incluyendo el de Periodista del Año en Gran Bretaña y el Premio de la Paz a los Medios de Comunicación de la ONU.

lunes, 2 de diciembre de 2019

¿A qué intereses responde la OIT?




La Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue constituida formalmente como un organismo cuya función es “arbitrar en los conflictos entre el capital y el trabajo”. Sin embargo, al hacer un análisis más profundo de su papel frente a los trabajadores se encontrará, entre otras cosas, su falta de neutralidad, ya que en realidad no es un árbitro imparcial.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue constituida formalmente como un organismo cuya función es “arbitrar en los conflictos entre el capital y el trabajo”. Sin embargo, al hacer un análisis más profundo de su papel frente a los trabajadores se encontrará, entre otras cosas, su falta de neutralidad, ya que en realidad no es un árbitro imparcial. Su función real no es salvaguardar los intereses de los trabajadores, sino velar por los de los empresarios para evitar que la lucha de clases se salga de cause, e interviene justamente para desviar y contener desde lo “legal” la protesta obrera y popular.

La base ideológica de la OIT

La OIT retoma como referente de la organización internacional de temas laborales al cooperativista Robert Owen (1771-1853) y Daniel Legrand (1783-1859), quienes representan los antecedentes históricos de la Asociación Internacional para la Protección Internacional de los Trabajadores, de 1901. Con esto se deja de lado conscientemente la existencia de antecedentes como la Asociación Internacional de los Trabajadores conocida como Primera Internacional y la Internacional Obrera o Segunda Internacional.
La Primera y la Segunda Internacional fueron organizaciones socialistas cuyas ideas fundadoras eran luchar contra la explotación capitalista, construir un nuevo tipo de sociedad donde no existieran las clases sociales y derrotar al Estado burgués. Estas asociaciones se referenciaron en importantes gestas de la clase obrera como la Primavera de los pueblos de 1848 o la Comuna de París, que fueron grandes procesos históricos en que los trabajadores enfrentaron a los capitalistas. En los mismos no sólo defendieron mejoras inmediatas de la vida cotidiana (como aumento salarial o prestaciones laborales), sino que avanzaron a cuestionar el orden existente, el capitalismo.
Por su parte, la OIT se constituyó asumiendo la postura ideológica del socialismo utópico, al cual Carlos Marx y Federico Engels criticaron y combatieron políticamente por intentar borrar ante los ojos de los trabajadores las contradicciones de clase mediante la conciliación entre la clase burguesa y la clase proletaria. En la crítica de los fundadores del socialismo científico, está la idea de que apela a la “buena voluntad” de los explotadores, provocando con ello salidas probadamente fallidas para el mejoramiento de las condiciones materiales de vida de los trabajadores; [1] lo cual se refleja en la propia Constitución de la OIT.

La verdadera historia de la OIT y su colaboracionismo de clase

Una de las más importantes investigadoras del sindicalismo en México, María Xelhuantzi López, en su libro Sindicalismo Internacional explica los antecedentes históricos de la OIT, remontándose a 1918 cuando se organizó una conferencia convocada por la Federación Americana del Trabajo (AFL, por sus siglas en inglés) en Laredo, Texas. A la misma asistieron la misma AFL, organizaciones sindicales de México, el Caribe y de América Central, configurándose la Confederación Obrera Panamericana (COPA) a la que luego se sumaron sindicatos de Ecuador, Perú, Chile y Bolivia.
La autora indica que la COPA era considerada una extensión de la Doctrina Monroe, [2] reafirmando que a través de la misma se podría pretender una representación política en países de América Latina, a través de “una compleja estrategia de alianzas y de expansión internacional del movimiento sindical estadounidense, por medio de la cual buscaba insertar sus propuestas en los reacomodos entre los Estados después de la primera posguerra” [3].
La dirección de la AFL introdujo el colaboracionismo de clase activo con el Estado y sus instituciones en la vida sindical, lo cual se vuelve notorio con la intervención de Samuel Gompers [4] en la comisión de Legislación Laboral Internacional —la cual se reunió en Washington y de cuyos acuerdos surgió la OIT— con el objetivo de “proteger a los trabajadores” e impulsar normas laborales mínimas, mientras que los Estados miembros se comprometían a someter las convenciones y recomendaciones a sus legislaturas.
La académica refiere que, en su fundación en junio de 1919, la OIT nació para fomentar y propagar el colaboracionismo de clase, y así también lo alertaban las organizaciones socialistas y comunistas. Frente a estos hechos, cabe resaltar la fundación de la Tercera Internacional o Internacional Comunista el 2 de marzo de 1919, tres meses antes y producto de la Revolución rusa de 1917; por ello no es casual que la OIT se funda en un momento donde se vivía un auge revolucionario. De hecho, su surgimiento era una política consiente que buscaba frenar el ascenso de las masas trabajadoras por su emancipación.
Esta Internacional, encabezada por Lenin y Trotsky, planteó la lucha de la clase obrera mundial contra los regímenes burgueses, llamando a crear partidos de vanguardia que encabezaran la pelea de los trabajadores por la toma del poder, el derrumbe del capitalismo y la liquidación de la propiedad burguesa. Es decir, se llamaba al proletariado a adquirir una conciencia política, a través de la lucha de clases, apuntando al objetivo de conquistar y construir Estados obreros que cambiaran radicalmente el carácter de la producción social.
Esto era muy diferente a la propuesta de la OIT, cuyo programa conducía a la clase obrera a adoptar una perspectiva reformista del mismo sistema capitalista bajo una práctica de lucha sindical separada de la búsqueda de la independencia política, sin combatir de raíz la explotación de la mano de obra asalariada, la opresión colonial, el patriarcado capitalista y la limitada democracia liberal. Y donde desaparecía, por supuesto, la lucha por un gobierno dirigido por las masas organizadas en la más amplia democracia directa (como los soviets rusos) para tomar el mando de sus propios destinos
En 1946 la OIT se convirtió en una agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y se autodefinió como su “única agencia ’tripartita’, que reúne a gobiernos, empleadores y trabajadores de 187 Estados miembros a fin de establecer las normas del trabajo, formular políticas y elaborar programas promoviendo el trabajo “decente” de todos, mujeres y hombres”. [5]
En este contexto, se precisa que las únicas resoluciones vinculatorias de la ONU son las emitidas por el Consejo de Seguridad que tiene como miembros permanentes a la República Popular China, Estados Unidos de América, la Federación Rusa, Francia y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Es decir, la organización de 193 países se supedita al mandato permanente de las principales potencias regionales y países imperialistas a sus intereses económicos, como se vio en la reciente comparecencia de Trump ante la Asamblea General del organismo internacional, en la que, lejos de especificarse la condición de derechos humanos en su país, se advirtió la reforma a la Organización Mundial del Comercio, con miras a dirimir controversias comerciales con China.

Una visión crítica de las actividades de la OIT

Ningún empresario y ningún gobierno burgués nos ha regalado nada a los trabajadores, sino que todas las conquistas laborales han sido producto de la lucha de nuestra clase. Desde la jornada de 8 horas, las jubilaciones, pasando por la igualdad salarial hasta las vacaciones pagadas, todas ellas fueron producto de luchas tanto sindicales como políticas y revolucionarias, ya que los capitalistas nunca las conceden voluntariamente al atentar contra sus ganancias, lo cual es su verdadero interés.
En este contexto, la Revolución rusa y la fundación de la Tercera Internacional encabezada por Lenin y Trotsky nos han dejado varias lecciones, como por ejemplo, la necesidad de la lucha por el socialismo y de elevar la conciencia y la organización de los trabajadores a un nivel político, trascendiendo por mucho las concepciones puramente sindicales.
En ese sentido va la crítica a la OIT, la cual se presenta como árbitro para conciliar entre el trabajo y el capital, con una perspectiva meramente sindical y de reforma del capitalismo, y por ende de su preservación. De esta forma invisibiliza las contradicciones de clase que llevan a los patrones a descargar los efectos de las crisis económicas sobre las espaldas de los trabajadores, y lo que es aún peor, conteniendo al proletariado para que no luche contra este orden, sino para que piense que únicamente con la gestión y negociación en los sindicatos los problemas se pueden resolver, sin dar batallas.
Esta política es sustentada por los agentes de la burguesía dentro de los sindicatos, las burocracias sindicales, mediante las cuales convirtió a estos organismos en su contrario, en instituciones que colaboran con los empresarios y el Estado para sostener al capitalismo, mientras garantizan la división de las filas de los trabajadores, dejando librados a su suerte en particular a la gran mayoría de la clase obrera, con predominancia de mujeres y jóvenes en condiciones de alta precarización.
Por el contrario, y como ha demostrado con creces la historia de la humanidad, para que las luchas de la clase trabajadora triunfen se requiere de la construcción de partidos revolucionarios que impulsen corrientes al interior del movimiento obrero, que peleen por acabar con las burocracias sindicales y por la unidad de los trabajadores, así como por un programa socialista, internacionalista y anticapitalista que se plantee la toma del poder político. Esto implica como condición previa, desconfiar de la buena voluntad de los Estados y sus instituciones de “regulación social” —sean estatales o multinacionales—, así como enfrentar a quienes sostienen una perspectiva de conciliación de clases, que lleva indefectiblemente a que prevalezcan los explotadores y opresores.

Rafael AR Escalante
Tamara Gutiérrez

Notas

[1] Marx, C. y Engels, F. (2010) El Manifiesto del Partido Comunista, México: Editorial El Caballito, p.106.
[2] La Doctrina Monroe se sintetiza, según la propaganda imperialista, en la frase «América para los americanos», la cual fue elaborada por John Quincy Adams y atribuida al presidente James Monroe en 1823. Establecía que cualquier intervención de los imperios europeos en América sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de los Estados Unidos de América. Con ella, este país se aseguraba de que ninguna otra potencia le disputara el control de los mercados del continente.
[3] Xelhuantzi López, M. (2002) Sindicalismo Internacional, México: STUNAM, p.51.
[4] Samuel Gompers fue un dirigente sindical estadounidense (1850-1924). Residente de Estados Unidos desde 1863, en 1881 creó la asociación de sindicatos que en 1886 adoptaría el nombre de American Federation of Labor (AFL), de la cual fue presidente desde 1886 hasta su muerte en 1924. Si bien simpatizaba con la idea de mejorar las condiciones materiales de los trabajadores, se negó rotundamente a hacerlo desde una perspectiva socialista.
[5] Página de la Organización Internacional del Trabajo, consultada el 29 de noviembre de 2019, disponible en: https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/history/lang--es/index.htm
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