martes, 8 de enero de 2019

Jack London: Suyo, por la Revolución




El 9 de enero, hace 113 años, comenzaba la Revolución de 1905, por esos años Jack London reivindicó el rol de los revolucionarios rusos y bajo su influencia escribió “El talón de hierro”.

Conocido como escritor de novelas de aventuras. No solo se reivindicaba socialista, sino que militó para acabar con el sistema capitalista a través de la lucha de clases y la revolución, en oposición a los sectores reformistas de la Segunda Internacional. Reivindicó el rol de los revolucionarios rusos en 1905 y planteó que los obreros con conciencia de clase se habían convertido en la vanguardia de esa revolución; bajo su influencia escribió “El talón de hierro”.

El camarada Jack…

En el año 1905 Jack London no solo se encontraba entre las más famosas figuras de la literatura norteamericana que hablaban en favor del socialismo y criticaban duramente al capitalismo -incluso a través de sus obras-, sino que también se destacaba como conferencista y agitador del Partido Socialista de América (PSA), fundado por el legendario Eugene V. Debs, organización a la que se unió en el año 1901. “Lucha de clases, revolución y socialismo” son los ejes de sus conferencias que luego publicaría en dos libros de escritos políticos titulados La guerra de clases, 1905 y Revolución y otros Ensayos, 1910.
“En Estados Unidos hay 400.000 hombres, casi 1 millón si se cuentan hombres y mujeres, que comienzan sus cartas con un «Querido Camarada» y las acaban con «Suyo, por la Revolución». Todos ellos camaradas y revolucionarios.” (Jack London, Revolución y otros escritos).
El contexto político económico era propicio para que estas ideas comenzaran a atemorizar a la burguesía norteamericana. A finales del siglo XlX se multiplicaban las huelgas de trabajadores en EE.UU. “En la década de 1890, hubo unas mil huelgas al año. Hacia 1904, ya había cuatro mil huelgas anuales. Una y otra vez, la ley y el ejército se pusieron de parte del rico. En esa época, cientos de miles de americanos empezaron a pensar en el socialismo” (1). Toda una generación comenzaba a desprenderse de la mentalidad del progreso individual, característico de la época, para acercarse a las ideas de la revolución y el socialismo; incluso reconocidos dirigentes sindicales, pioneros en organizar los primeros sindicatos por industria, lo estaban haciendo. La exacerbada prepotencia patronal y el costo humano del industrialismo en gran escala hacían lo suyo para que esto suceda.

El legendario Debs…

Eugene V. Debs era un reconocido organizador sindical y líder de huelgas, un hombre de acción. En 1884 fue arrestado luego de que las tropas federales rompieran la huelga impulsada por la American Railway Union (uno de los primeros sindicatos industriales en los Estados Unidos), de la que era dirigente. En la cárcel comenzó a “estudiar el socialismo”.
“La transformación de Debs, de un progresista sindicalista y populista en un socialista revolucionario, no sucedió a la vez, como por una revelación repentina. Le llevó varios años más después de haber abandonado la cárcel de Woodstock, verificando cuidadosamente la nueva idea con sus propias experiencias en la lucha de clases, y experimentando con varias concepciones reformistas y utópicas a lo largo de la ruta, para encontrar el camino hacia el socialismo revolucionario de Marx y Engels. A partir de entonces denunció con desprecio la teoría de que los intereses del capital y el trabajo son idénticos”. (James Cannon, Eugene V. Debs).
Cuando llegó al socialismo, ya había alcanzado fama nacional como líder sindical, eso permitió que jugara un papel destacado en la formación del Partido Socialista de América, pero como toda organización miembro de la segunda internacional de trabajadores esta no escapó a la discusión de “reforma o revolución” (2) que se dio dentro de la misma, y que se expresaba pronunciadamente en la socialdemocracia alemana.
Jack London era militante del ala dura del Debs que no se sentía atraído por los caminos “fáciles” de los reformistas, y que en su discusión con los sindicalistas planteaba que había que “enseñar a los miembros de un sindicato que su objetivo más alto es despojar al sistema capitalista de la propiedad privada de las herramientas de trabajo, abolir la esclavitud salarial y conseguir la libertad de toda la clase trabajadora y, de hecho, de toda la humanidad” (3), e incitaba a los trabajadores y estudiantes a derrocar al capitalismo por la vía de la revolución. Era tal el respeto que London le tenía al legendario Debs que en 1908 publica La huelga General “el sueño de Debs” como homenaje.
“Durante una generación, la huelga general había sido el sueño de las organizaciones laborales, un sueño que había surgido originariamente de la mente de Debs, uno de los grandes líderes sindicales de hacía treinta años. Recordé cómo en mis años jóvenes había escrito un artículo sobre el tema para una revista de la Universidad que titulé «El sueño de Debs»”. (Jack London, La huelga general “el sueño de Debs”).

La Revolución Rusa de 1905 como inspiración…

El mes de enero de 1905, mes del Domingo Sangriento en Rusia y del inicio de la Revolución de 1905, encuentra a London dando conferencias en varias universidades de Estados Unidos. Las noticias no tardan en llegar. Los socialistas convocan a asambleas populares por todo Estados Unidos para expresar su simpatía por sus camaradas en combate, y hacer colecta de dinero para los revolucionarios rusos. Una verdadera solidaridad internacional de la revolución mundial.
La Revolución no le es ajena a London. Incita a los jóvenes estudiantes a estudiar el socialismo, a salir de la pasividad y unirse a los trabajadores. “Si no pueden luchar con nosotros, queremos que luchen contra nosotros, que luchen sinceramente contra nosotros. No queremos lo que se obtiene hoy y lo que se ha obtenido en el pasado de la universidad; solo un amortecimiento, falta de interés, e ignorancia en lo que se refiere al socialismo. ¡Luchen por nosotros, o luchen contra nosotros! ¡Levanten su voz, de un modo o de otro! ¡Tengan vida!” (4), les dice, y afirma, que “Cualesquiera sean los resultados inmediatos de la actual rebelión en Rusia, la propaganda socialista en ese país ha recibido de ella un ímpetu sin parangón en la historia de las modernas luchas de clase. La heroica lucha por la libertad está siendo librada casi exclusivamente por la clase trabajadora rusa bajo el liderazgo intelectual de los socialistas rusos, demostrando así una vez más que los trabajadores con conciencia de clase se han convertido en la vanguardia de todos los movimientos de liberación de los tiempos modernos”(5).
El impacto que tuvo la revolución sobre Jack London lo llevó a escribir una de sus obras más conocida y más leída por la clase obrera internacional, “El Talón de hierro”. Las conclusiones de la misma, la discusión dentro de la ll Internacional luego de la derrota, pueden apreciarse en esa gran novela. Más allá del escepticismo que lo llevó a abandonar la militancia socialista, y su muerte temprana, el London de esos años había vivido la derrota de la revolución como la había vivía toda una generación de revolucionarios que luego volverían atreverse a desafiar al capitalismo: como ensayo general de la revolución. Como lo expresa su alter ego Ernesto Everhard, en el capítulo sobre la derrota de “La comuna de Chicago” en “El talón de hierro”
“Hemos perdido esta vez, pero no será así la próxima vez. Hemos aprendido mucho de la derrota. Mañana, la causa volverá a levantarse, más fuerte, más preparada y más disciplinada”.
Pero el Talón de hierro no será la excepción. Algunas de sus obras literarias y ensayos políticos escritos después de la Revolución de 1905 fueron pensados para llegar popularmente a los trabajadores y la juventud. Su calidad literaria y esa prosa incendiaria y cargada de pasión son utilizadas como armas de la revolución para tocar fibras a través del arte. Sin caer en lo panfletario y manteniéndose fiel a “la lucha de clases como motor de cambio social”, escribe La huelga general “el sueño de Debs”, La fuerza de los fuertes, La peste escarlata, etc.; así como dos textos poco conocidos, donde reivindica su militancia socialista, “Cómo me hice socialista”, y la fuerza de la clase obrera como el sujeto social de la revolución, “Yo he nacido en la clase obrera”.
Lejos de ser solo un gran escritor de aventuras: “Colmillo blanco”, “El llamado de la selva”, Jack London fue uno de los más destacados escritores norteamericanos que a principios de siglo XX no solo hablaba de socialismo sino que militaba por él, algo que intentamos rescatar en esta nota periodística y que busca, e invita, no solo leerlo sino tomar partido por la revolución.

Roberto Ebro

(1) Howard Zinn, “A People’s History of the United States”.
(2) El desarrollo capitalista de la época causó que en Europa muchos dirigentes obreros y socialistas llegaran a la conclusión de que el capitalismo podría por sí mismo generar condiciones –reformas- para que los trabajadores vivieran bien e incluso avanzar progresivamente hacia el socialismo.
(3) Zinn, op.cit.
(4) Richard O’Connor, Una biografía de Jack London.
(5) Jack London, Revolución.

La revolución cubana cumple 60 años




Primero de enero de 2019, los 60 años de la Revolución cubana. ¿Quién lo diría? Para la soberbia de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, la osadía de los barbudos de la Sierra Maestra al sustraer a Cuba de la esfera de dominio del Tío Sam era “un mal ejemplo” que debía ser borrado cuanto antes de las páginas de la historia. La CIA movilizó y entrenó a miles de mercenarios, y Kennedy los mandó a invadir a Cuba (1961). Fueron vergonzosamente derrotados por un pueblo en armas. Y, además, la hostilidad de la Casa Blanca llevó a Cuba a alinearse con la Unión Soviética. El tiro les salió por la culata. Agredir a Cuba significó entonces calentar la Guerra Fría, como demostró la Crisis de Octubre (1962).
El Tío Sam no puso sus barbas en remojo. Transformó a los cubanos exiliados en Miami en terroristas que derribaron aviones, hicieron explotar bombas, promovieron sabotajes. E invirtió una fortuna para alcanzar el más espectacular objetivo terrorista: eliminar a Fidel. Fueron más de 600 atentados. Todos fracasados. Fidel falleció en su cama, rodeado por su familia, el 25 de noviembre de 2016, poco antes de que la Revolución cumpliera 58 años. Había sobrevivido a 10 ocupantes de la Casa Blanca que autorizaron acciones terroristas contra Cuba: Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo.
Fracasada la invasión de Girón, se impuso el bloqueo a Cuba (1961), medida criticada por tres papas que visitaron La Habana: Juan Pablo II (1998), Benedicto XVI (2012) y Francisco (2015). Pero la Casa Blanca no escucha voces sensatas. Prefiere aislarse, acompañada por Israel, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas vota cada año sobre el tema del bloqueo. En 2018, por vigésimo séptima vez, 189 países se manifestaron contra el bloqueo a Cuba.
Tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética (1989), los profetas de la desgracia anunciaron el fin del socialismo cubano. No podía fallar la teoría del dominó… Se equivocaron. Cuba resistió, soportó el Período Especial (1990-1995) y se adaptó a los nuevos tiempos de la globalización.
Muchos se preguntan por qué los Estados Unidos no invadieron a Cuba con tropas convencionales (después de la derrota de los mercenarios), como hicieron en Somalia (1993), Granada (1983), Afganistán (2001), Iraq (2003), Libia (2011), Siria (2017), Níger (2017) y Yemen (2018). La respuesta es sencilla: una potencia bélica es capaz de ocupar un país y derribar su gobierno. Pero no de derrotar a un pueblo. Los estadounidenses aprendieron esa lección dolorosamente en Vietnam, de donde fueron expulsados por un pueblo campesino (1955-1975). Atacar a Cuba habría significado enfrentar una guerra popular. Después de la humillación sufrida en el Sudeste Asiático, la Casa Blanca prefirió no correr el riesgo.
¿Por qué Cuba les molesta a tantos que asocian indebidamente el capitalismo con la democracia? Porque Cuba convence a las personas intelectualmente honestas que no se dejan llevar por la propaganda anticomunista basada en prejuicios y no en hechos como que a pesar de la campaña mundial contra la Revolución, en la isla nadie muere de hambre, anda descalzo, es analfabeto después de los 6 años de edad, necesita tener dinero para ingresar en la escuela o cuidar de su salud, trátese de una gripe o de una compleja cirugía del corazón o del cerebro. En la lista del Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU, que incluye 189 países, Cuba ocupa un mejor lugar (el 68) que la mayoría de los países de la América Latina, incluido Brasil (lugar 79).
Mientras que el capitalismo enfatiza la competitividad como un valor, la Revolución le inculca al pueblo cubano la solidaridad. Gracias a ello, en las décadas de 1960 y 1970 Cuba envió tropas para ayudar a naciones africanas a liberarse del colonialismo europeo y conquistar su independencia. Raúl Castro fue el único jefe de Estado extranjero a quien se le concedió el derecho a pronunciar un discurso en los funerales de Mandela, porque el gobierno de Sudáfrica reconoce la importancia de la solidaridad cubana para el fin del apartheid.
Gracias a la solidaridad, maestros y médicos cubanos han trabajado en las áreas más pobres y remotas de más de 100 países. Y gracias a los principios éticos de la Revolución, en Cuba no se ven familias debajo de los puentes, niños de la calle, mendigos tirados a la orilla de la vía, mafias de drogas y zonas dedicadas a su tr+afico y consumo. Los delatores de Odebrecht denunciaron a todos los agentes públicos corrompidos en los países de la América Latina en los que estuvo presente la empresa. Pero no en Cuba, donde construyó el puerto de Mariel. ¿Algún informante se mostró dispuesto a defender a Cuba? Obvio que no. Ningún cubano se dejó corromper.
¿El pueblo cubano ya conquistó el paraíso? Lejos de eso. Cuba es una nación pobre, pero decente. A pesar del bloqueo y de todos los problemas que conlleva, su pueblo es feliz. ¿Por qué, entonces, muchos se van de Cuba? La verdad es que muchos se van de cualquier país que enfrenta dificultades. Se van de España, de Grecia, de Turquía, de Brasil, de Venezuela y de Argentina. Pero, ¿quiénes se van? De Cuba, los contaminados por la propaganda del consumismo capitalista creen que Eldorado queda al norte del Río Grande. Los mismos que se regocijan por la emigración de unos pocos cubanos jamás se preguntan por qué nunca ha habido en Cuba una manifestación popular contraria al gobierno, como acaba de ocurrir en Francia (los chalecos amarillos) y también recientemente en Túnez (2011), Egipto (2011), Turquía (2016), y antes en los Estados Unidos (Seattle, 1999).
¿Hay en Cuba soldados o policías en cada esquina? Juan Pablo II declaró que le había llamado la atención no ver vehículos militares en las calles de La Habana durante su visita, como viera en tantos otros países. La mayor arma de la resistencia cubana es la conciencia de la población.
¡La Revolución cubana cumple 60 años! Es muy poco para un país que es isla tres veces: por la geografía, por el bloqueo y por ser el único en la historia de Occidente que ha optado por el socialismo. Y cuando los cubanos celebran, no miran solo al pasado de tantas gloriosas conquistas en medio de muchos desafíos y dificultades. Inspirados en Martí, el Che, Fidel y Raúl, los cubanos saben que la Revolución es todavía un proyecto de futuro. No solo para Cuba, sino para toda la humanidad, cuando las diferencias (de idioma, cultura, sexo, religión, color de la piel, etc.) ya no sean motivo de divergencias, y la desigualdad social figure en los archivos de los investigadores como una abominable referencia histórica, como sucede hoy con la esclavitud.
¡Larga vida a la Revolución cubana!

Frei Betto
Cubadebate

Cincuenta medidas para una guerra contra los trabajadores




La primera semana de Bolsonaro

En la primera reunión de Gabinete, Bolsonaro anunció un paquete de 50 medidas de ataque a los trabajadores. La central es la reforma previsional. Cuál es el rol de la oposición, las direcciones sindicales y la lucha de los trabajadores.

La primera semana de un Gobierno que declaró la guerra a los trabajadores

El jueves 3 de enero, en su primera reunión de gabinete de ministros, entre ellos conocidos enemigos de las mujeres, las personas LGBT y la clase obrera como Damares Alves y Paulo Guedes, Bolsonaro anunció que se llevarán a cabo 50 medidas para "desbloquear" la economía. Onyx Lorenzoni, Ministro de Gobierno ya acusado de corrupción por el esquema de financiamiento ilegal durante la campaña, dijo que las medidas van a hacer la vida más fácil para las personas.
Aunque las 50 medidas no se anunciaron en su totalidad, se prevé que sigan la tendencia de lo que fueron los primeros días de la gestión Bolsonaro, que desde que asumió declaró como una prioridad aumentar la edad de jubilación a 62 años, reducir el subsidio a personas mayores y discapacitados (llamado BPC), y atacar la jubilación de los trabajadores rurales. Es decir, un plan para aumentar la miseria de los más pobres y mejorar la vida de los empresarios.
Ya aprobó también por decreto la reducción del salario mínimo, por debajo del que había votado la comisión parlamentaria del Congreso, enviado por Temer, y la privatización de empresas estatales (Electrobras, puertos y aeropuertos, entre otros).
La lista de ataques continúa: quieren avanzar en aplicar una reforma laboral más profunda, acabar con la Justicia de Trabajo y el convenio colectivo, destruir los derechos de los pueblos originarios y los negros, entregando sus tierras a los latifundistas. Con la creación del Ministerio de la Mujer, la Familia y de los Derechos Humanos, dirigido por la reaccionaria pastora evangélica Damares Alves (que incluso está siendo investigada por la posible implicación de su ONG en el tráfico de personas), Bolsonaro también retiró a las personas LGBT de las directrices de los Derechos Humanos.
El punto más alto de todos estos ataques es la reforma de las pensiones. Tanto el ministro de Economía Paulo Guedes como Bolsonaro comenzaron a anunciar una serie de ataques parciales que terminarían en un desmantelamiento total del sistema jubilatorio. Estas medidas implican la burocratización de los trámites para el acceso a prestaciones de seguridad social, el relevamiento de los subsidios estatales, el recorte de los beneficios para las personas mayores y discapacitados, entre otros, que se están llevando a cabo por medio de Medidas Provisionales, que les permite avanzar en la reforma sin necesidad de pasar por el Congreso.
Para el primer semestre pretenden poner a votación el texto completo de la Reforma Previsional, que incluiría una edad mínima de 62 años. Una edad a la que ni siquiera llega todo un sector de los trabajadores empleados en trabajos precarios y superexplotados. Es decir una reforma que significaría que una parte de los brasileños trabajen hasta morir, sin posibilidad de gozar jamás de una jubilación (ni hablar de una que además sea digna).

La luna de miel del gobierno Bolsonaro y una carrera de velocidades contra las inevitables desilusiones de ese "matrimonio"

El ritmo de los ataques es acelerado, pero a pesar de poder parecer que la velocidad tiene que ver con una ventaja moral del presidente, todos los analistas burgueses acuerdan en que esa carrera de velocidades de los ataques contra la clase obrera tiene que ver justamente con la "luna de miel" con la que cuenta la nueva gestión.
Sin embargo los electores de Bolsonaro no le firmaron un cheque en blanco cuando pusieron su boleta en la urna, por el contrario. En medio de la crisis orgánica (política y económica) que atraviesa Brasil, el rechazo de las masas a la política, a pesar de ser confuso, contiene ciertamente rasgos de autodefensa y de odio a los políticos ricos (que por hora afectó con mayor fuerza a los partidos tradicionales, como el DEM e más profundamente al PSDB). Este odio es el que, al mismo tiempo, hace que no sea tan simple aprobar la reforma previsional, a pesar de los esfuerzos de Guedes, Bolsonaro, y toda la burguesía nacional e imperialista para presentarla como necesaria y benéfica.
Los trabajadores y el pueblo brasileño están siendo bombardeados por todos lados con una ofensiva mediática a favor de la reforma previsional. Los diarios, noticieros, analistas políticos y hasta las telenovelas dicen que el déficit público es culpa del Instituto de Seguridad Social (INSS). Esto a pesar de que los propios analistas fiscales señalan que la previsión social no tiene nada que ver con eso, y que la mayor culpable de que las cuentas no cierren es justamente la deuda que el gobierno brasileño nunca dejó de pagar, honrándola con el sudor del pueblo y la pérdida de derechos y servicios públicos.
Aún con este bombardeo de propaganda proreforma, los gobiernos federal y estatal no logran convencer a la clase trabajadora de aceptar este enorme ataque, y eso se ha probado parcialmente en las huelgas generales de 2017, que si no fueron aún mayores, fue por el rol traidor de las direcciones sindicales.
La lucha y las huelgas de 2017 contra la ofensiva de Temer acabaron con el intento de pasar la reforma previsional en ese momento, y también podrían haber acabado con la reforma laboral si no fuera por esas mismas direcciones que traicionaron la lucha. Muchos ataques que intentaron ser pasados a nivel regional también fueron frenados por la organización de los trabajadores.
Bolsonaro y la burguesía saben que hay un rechazo generalizado de la clase obrera y los sectores populares a los ajustes, es una expresión latente que refleja que si bien el golpe institucional se ha consolidado con la asunción de Bolsonaro, la clase obrera no está derrotada. Bolsonaro tratará de aprovechar de su "luna de miel" para imponer una derrota estratégica y por eso, aún con las direcciones sindicales aceptando un período de "paz social", podremos ver elementos de resistencia obrera y asistir a profundos acciones de lucha de clases, para lo que es fundamental estar preparados con un programa y una estrategia para vencer.

Las centrales sindicales y la necesidad de romper la "paz social" con Bolsonaro

El día de asunción de Bolsonaro, los principales sindicatos del país enviaron una carta al actual presidente con un intento de diálogo respetuoso. La carta no denuncia que Bolsonaro fue electo en una elecciones completamente manipuladas por el Poder Judicial y tuteladas por los militares, precedidas de un golpe institucional y del encarcelamiento ilegítimo de Lula.
El PT y el PCdoB, que dirigen las centrales sindicales CUT y CTB, sucumbieron definitivamente a las alas golpistas de la burocracia sindical de Força, UgT y Nova Central, al guardar silencio como si no hubiera un ataque profundo a las libertades democráticas de los trabajadores con la consolidación del golpe institucional.
La normalidad que buscan mostrar las centrales sindicales tiene detrás la estrategia de esperar el desgaste de Bolsonaro para responder electoralmente en 2022. Esa estrategia no podría tener otro nombre que el de traición. Una traición de quien se somete totalmente para mantener sus privilegios y garantizar su supervivencia, a costa de entregar los derechos de los trabajadores, en un momento en que Bolsonaro promete "acabar con el socialismo" y llama un movimiento donde una de sus reivindicaciones será poner fin a los sindicatos. La CUT y la CTB van al frente cubriendo por la "izquierda" a las centrales golpistas,
Esa es también la verdadera estrategia del PT, que en la voz de su antiguo dirigente, José Dirceu, dijo en una entrevista antes de la asunción de Bolsonaro que: "(debemos) dejar que la silla presidencial los queme", es decir que la propia implementación de los ataques desgaste Bolsonaro y su trupe reaccionaria para, pasivamente y "naturalmente", volver en 2022 ya con todos los derechos de los trabajadores y el pueblo liquidados. Quieren que el pueblo brasileño confíe más en la "resistencia parlamentaria" de 70 diputados que en la fuerza de la clase obrera para frenar los ataques.
El Partido Socialismo y Libertad (PSOL) forma parte del mismo frente que el PT, por eso, a pesar de varias declaraciones públicas de sus referentes, no presenta otra salida estratégica al guardar silencio sobre las maniobras de la burocracia sindical, sin hacer ningún tipo de llamado a la organización de los trabajadores para superar ese obstáculo.
En contra de esta orientación se hace necesario pelear por una salida para que sean los capitalistas los que paguen la crisis. Una salida que además de plantear el rechazo urgente a la reforma previsional y el ataque a los otros derechos económicos y políticos, levante puntos programáticos que ataquen la expoliación imperialista y las ganancias capitalistas, como el no pago de la deuda pública, el fin de las privatizaciones y la estatización total de las empresas que ya se vendieron total o parcialmente, con funcionamiento bajo gestión de los trabajadores que allí trabajan y control popular, para enfrentar a las burocracias estatales y las mafias que roban los recursos públicos de las estatales del petróleo y energía, aeropuertos y transporte público. Además, hay que atacar las medidas reaccionarias contra la población LGBT, mujeres, negras y negros y los pueblos originarios, luchando por la demarcación de las tierras quilombolas y de los pueblos originarios, y la igualdad salarial entre negras, negros, blancas y blancos, hombres y mujeres, trans y cis.
La guerra ya comenzó, y Bolsonaro está dispuesto a todo para agachar la cabeza ante el capital imperialista norteamericano. Pero la clase trabajadora brasileña mostró ser mucho más fuerte. Sólo necesita entrar en esa guerra, organizándose en cada lugar de trabajo y estudio, imponiendo a los sindicatos y centrales sindicales un plan de lucha y luchando para recuperar los sindicatos y centros de estudiantes para la lucha de clases, para poner de vuelta a la clase obrera, el verdadero gigante brasileño, en acción.

La Izquierda Diario

lunes, 7 de enero de 2019

Brasil: la marioneta fascista que dejó a 28 millones sin asistencia médica cubana




Esta tertulia de TV es, a su vez, un fragmento del programa semanal de Cubainformación Radio: Democracia constituyente para celebrar 60 años de Revolución cubana (programa 504)

Al calor de la crisis mundial, el Acuerdo de París se desgrana




La cumbre climática en Katowice, Polonia

La cumbre climática desarrollada en Katowice, Polonia, no pudo sustraerse del escenario de confrontaciones globales que también habían marcado las deliberaciones del G20. Si esta última reunión se saldó con una frágil tregua entre Estados Unidos y China, la COP24 lo hizo con un limitado documento que no va más allá de las exhortaciones y algunas cuestiones de procedimiento.
En teoría, la cumbre debía avanzar en la operativización del Acuerdo de París, que debería regir a partir de 2020 en reemplazo del Protocolo de Kyoto. Firmado a fines de 2015, el documento firmado en la capital francesa –bajo un estado de sitio y la represión de manifestaciones ambientalistas que denunciaban a los gobiernos participantes- estableció el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para impedir que la temperatura global supere a fin de siglo los 1,5 a 2 grados con respecto a los niveles preindustriales. A su vez, instituía un fondo para financiar el cambio climático en los países en desarrollo.
Todo ha ido, sin embargo, a contramano de estas declamaciones. En las vísperas de la cumbre, un informe de expertos de Naciones Unidas alertó sobre un crecimiento de las emisiones a partir de 2016, con un alza del 2,7% para este año que podría significar un récord histórico a nivel global desde que existen registros al respecto (El País, 6/12).
El documento de la cumbre de Katowice, no obstante, apenas toma nota de este informe, soslayando la enfática recomendación de reducir a la mitad las emisiones de aquí al 2030 para cumplir con las metas trazadas en 2015. Esta formulación genérica se hizo para evitar un naufragio de la cumbre, dado que Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudita y Kuwait se opusieron a toda puntualización de las metas. La reciente reunión del G20, recordemos, había legitimado ya la salida norteamericana del Acuerdo de París. Y en las vísperas de esa reunión, también Bolsonaro había atacado a un Acuerdo que se va desgranando al son de la guerra comercial.
Lo que queda de Katowice, donde algunos temas también fueron postergados para el año próximo ante la ausencia de acuerdos (como los mercados de carbono), son referencias de procedimiento con respecto a las características de los informes –sobre emisiones o financiamiento- que deberán presentar los países. La suma de las emisiones de los signatarios del Acuerdo de París, sin embargo, supera las metas que se trazó la cumbre de 2015.
La crisis capitalista exacerba todas las rivalidades y cada potencia cierra filas detrás de sus propios monopolios. Lo que queda es un escenario dramático caracterizado por el desarrollo de los climas extremos, las inundaciones, las sequías, la aceleración del derretimiento en el Artico (donde las vías de navegación que va dejando el deshielo son también fuente de disputa entre las potencias) y la pérdida de la fauna. Un reciente informe alerta sobre una caída del 60% en las poblaciones de vertebrados en los últimos 50 años como resultado del cambio climático y la depredación ambiental. En Costa de Marfil, por tomar un ejemplo, el 80% de sus bosques tropicales fueron arrasados para el desarrollo del mercado de exportación del cacao (que atrae a pulpos mundiales como Kraft y Cadbury), lo que ha llevado casi a la extinción a diferentes especies (ídem, 10/12).
El lucro y la anarquía capitalista conducen a un callejón sin salida toda política en resguardo del medio ambiente. La suerte del planeta está atada al destino de la revolución mundial.

Gustavo Montenegro

Chalecos amarillos: “Si no nos dan la baguette tomaremos toda la panadería”

Entrevista a Guillermo Almeyra, editorialista internacional de La Jornada (México)

M.H.: Quería consultarle por un artículo de Etienne Balibar, “El sentido de la confrontación de los chalecos amarillos”, publicado hace aproximadamente dos semanas, donde entre otras cosas sostiene que Macrón otorgó medidas de alivio pero sin ceder en nada que supusiese un cambio de rumbo. ¿Qué opina de esa definición?
G.A.: Efectivamente los chalecos amarillos dicen que recibieron migajas, mientras que lo que quieren es la baguette. Y si no se la dan tomarán toda la panadería. No hay solución, Macrón pateó la pelota para adelante esperando así que se desgaste y se desmoralice el movimiento, también intentando desprestigiarlos ante la opinión pública, aplicando provocaciones y represión. Pero por el contrario, están avanzando políticamente. Yo escribo ahora un artículo donde hablo de la memoria histórica profunda, cuando el pueblo francés en 1789 preparó una revolución esperando que el Rey les diese una Constitución, pero exigiendo los Estados generales y haciendo cuadernos de reivindicaciones, que eran de quejas y reclamos.
Ahora aparecen nuevamente esos cuadernos, que los levantan los alcaldes de toda Francia en apoyo a los chalecos amarillos y son la expresión de lo que quiere el pueblo francés más profundo. Al mismo tiempo reaparece la exigencia de Estados generales, de la sanidad, de la educación, de las comunicaciones y reaparecen también la acción directa y la democracia directa, la de los clubes, las asambleas, la de la eliminación de una casta de políticos de profesión que estuvo presente en toda lucha en Francia y que va aún más lejos, incluso al Medioevo y antes, con los retos de las tradiciones tribales y comunitarias, de vida comunitaria y con el papel del lugar de residencia, del territorio, del barrio, la aldea, la pequeña ciudad donde ellos pesan y en cierta medida deciden; cosa que dejó de ser así en París porque Napoleón III después de aplastar la Comuna, la convirtió en una ciudad de lujo de la que han echado a todos los que terminaron en los suburbios.
Entonces hay un hilo rojo en toda la historia de Francia, independientemente del curso que puedan seguir los chalecos amarillos, unir incluso a los que no han participado de los chalecos amarillos, que son vastos sectores de la juventud y de los inmigrantes, a los que todavía falta integrar para ser caudillos populares. Independientemente de eso retoman lo más avanzado de las tradiciones francesas y las más democráticas.
Además de expresar esa conciencia profunda están rechazando todos los valores de la derecha, la que está en el gobierno y la ultraderecha fascista que critica al gobierno con Le Pen. Construyendo otros valores, es muy importante porque si bien hacen reivindicaciones que no son ecologistas, como el pedido de nafta barata, lo hacen porque se han visto obligados a utilizar el coche en todas las zonas rurales porque les han cerrado los ramales ferroviarios, como en Argentina, los han incomunicado y tienen que pagar la nafta para viajar a trabajar.
Entonces piden eso, pero es transitorio porque al mismo tiempo piden nuevos ramales ferroviarios, transporte colectivo, sustitución del ferrocarril por coches eléctricos y otros tipos de cosas que son muy importantes. Los chalecos amarillos en estos momentos están impulsando una rebelión de todo el pueblo francés, porque hasta los que los reprimían, la misma policía ocupó las comisarías y salieron a manifestarse porque decían que tenían miedo a enfrentarse a los chalecos amarillos y que además les debían más de 200.000 horas extras. En una palabra, hasta los represores salieron a la calle contra el Estado.
Hay huelga de abogados contra la restructuración de la justicia antidemocrática, hay huelga de jueces. Toda Francia está en movimiento contra del gobierno de Macrón, en un momento además de relativa prosperidad. Francia no está en su peor momento económico. Hay una incompatibilidad con el sistema, es absolutamente antiético que 80 familias a nivel mundial tengan más dinero que 3.500 millones de personas y es antiético que en Francia un solo multimillonario gane más que todos los trabajadores de Francia unidos.
M.H.: Quiero aprovechar para preguntarle por otro movimiento que hace 25 años generó mucha expectativa. Creo que usted vivía en México en ese momento, me refiero al movimiento zapatista que comenzó un 1º de enero de 1994. A la luz de estos 25 años ¿qué dejó el zapatismo?
G.A.: Dejó el buen ejemplo de que se podía decir que no, no al Tratado de Libre Comercio, no a la mundialización, no a la imposición del sistema. Eso es muy importante, que rebelarse era no solo justo sino necesario. Por lo demás puso en primer plano el problema de los indígenas, que era utilizado por gobiernos populistas que tenían sus falsos indios, como el Instituto Nacional Indigenista que sostenía todo eso. Eso fue positivo. En un primer momento tuvieron un apoyo muy grande, después desgraciadamente por sectarismos y por encerrarse en sí mismos, cocinándose en su propio jugo desperdiciaron todo eso y todavía lo siguen desperdiciando, pero fue muy importante.
Un acontecimiento muy importante también del 1º de enero, que hoy se festeja muy poco, es la Revolución cubana. Los revolucionarios cubanos entraron a La Habana el 1º de enero. Solamente que Cuba también ha perdido gran capacidad de irradiación como la que tenía en aquel entonces, entre otras cosas porque privilegió métodos de construcción del Estado que no son los que querían los revolucionarios como el Che. De modo que estos aniversarios pasan en un segundo plano desgraciadamente, porque no se desarrollaron como se podrían haber desarrollado. Pero todavía tienen un aspecto positivo importante.

Mario Hernandez

domingo, 6 de enero de 2019

Los trabajadores como variable de ajuste




Aunque en esta ocasión el salto no ha sido abrupto, el alto costo de los servicios públicos básicos es una constante a lo largo de todos los gobiernos frenteamplistas.

Como cada año en estas fechas el gobierno acaba de anunciar los aumentos correspondientes de las tarifas públicas.
En esta ocasión OSE aumentará un 7,8%, la luz un 5,7 % y ANTEL un 7% mientras que el supergas subirá un 7,8% y los otros combustibles no tendrán incrementos, aunque el boleto capitalino tendrá un incremento de 2 pesos.

Un tarifazo permanente

Ya en pleno año electoral los dirigentes del Frente Amplio se empeñan en presentar los incrementos en las tarifas dispuestos por el gobierno, como aumentos pequeños, “en su mayoría” por debajo de la inflación.
Según esta visión se trataría de un gran esfuerzo del equipo económico por rebajar el costo de vida, con aumentos menores a los incrementos salariales. A su vez intentan comparar con la situación en países cercanos como Argentina donde en estos días se dan tarifazos en los servicios públicos.
Sin embargo lo que sucede en realidad es que a lo largo de todos los gobiernos frenteamplistas las tarifas de los servicios básicos han sido extremadamente altas llevándose un porcentaje significativo de de los sueldos de los trabajadores y sectores populares.
En este sentido el Frente Amplio ha sido un continuador de las políticas llevadas adelante por blancos y colorados, quienes también mantuvieron tarifas usureras. Por otra parte, aún con los tarifazos que se dieron en Argentina y otros países de la región en general los servicios públicos son bastantes más accesibles que en Uruguay.
Bueno es recordar que las altas tarifas corresponden a servicios básicos y no a artículos suntuarios; es decir que el acceso a estos servicios condicionan directamente las condiciones de vida de la población.
El “modelo” en cuestión privilegia y promueve que los grandes empresarios obtengan grandes ganancias a costa de bajos salarios, altas tarifas y un costo de vida muy elevado mientras que además la recaudación que se genera por el cobro de estos servicios va a rentas generales, es decir que este dinero sostiene gastos del Estado, entre ellos el pago de la ilegítima deuda externa.

Basta de subsidios a los capitalistas

Pocos días antes de los anuncios del gobierno el sindicato de UTE lanzó una campaña planteando que bajar la tarifa eléctrica hogareña es posible.
Al igual que sucede en otras empresas públicas los trabajadores denuncian que hay un intencionalidad de mantener el gran negocio de la generación privada de energía, privatizando, dando subsidios y exoneraciones a empresarios y retaceando presupuesto e inversiones.
Algo similar sucede con la intendencia frenteamplista de Montevideo, donde Martínez se esfuerza por garantizar las ganancias de Salgado y las patronales del taxi en el transporte público.
En estas cuestiones centrales de la política económica el Frente Amplio no tienen nada que envidiarle a los partidos tradicionales.
Es necesario terminar con el pago de la deuda externa, las privatizaciones, las zonas francas y los subsidios y exoneraciones a los empresarios para poder bajar verdaderamente las tarifas de los servicios básicos.

Hernán Yanes

Cuba fue clave en el fin del apartheid en Sudáfrica y en la independencia de Namibia




Solly Mapaila, miembro del Partido Comunista de Sudáfrica, conversó con la periodista de Cubainformación TV Ane Lópes. Fue en el Bilbao European Forum, II Foro Europeo de fuerzas progresistas, ecologistas y de izquierda, celebrado en Bilbao del 9 al 11 de Noviembre.

Raúl y el 60 aniversario




Fidel y Raúl en la Asamblea Nacional.

El 60 aniversario de la Revolución Cubana marca un hito singular y de gran connotación en la historia de nuestra América y en la universal. La capacidad de un pueblo y sus líderes para levantar victoriosamente ante las fauces imperialistas las banderas de la libertad, la independencia, la democracia, el socialismo, el altruismo y el internacionalismo. Incluso, después del derrumbe de la URSS y, como afirmó el primero de enero en memorable discurso Raúl Castro, quedarnos solos en medio de Occidente y a 90 millas de Estados Unidos, cuando nadie en el mundo habría apostado un centavo por la supervivencia de la revolución. El que fuera joven combatiente del Moncada y comandante del Segundo Frente Frank País, hasta llegar al liderazgo de la revolución, lo expresó en una emotiva ceremonia en honor al 60 aniversario en el cementerio de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, cuyo venerable suelo guarda los restos de Martí, Fidel, el Padre y la Madre de la Patria y los de cientos de combatientes de Santiago de Cuba caídos en la guerra de liberación y en misiones internacionalistas.
Lo más trascendental tal vez de la Revolución Cubana es su ejemplo de dignidad y apego irreductible a los principios éticos y políticos emanados de la historia de las luchas cubanas y latinocaribeñas contra el colonialismo, la esclavitud, el neocolonialismo y el imperialismo, en síntesis creadora con el legado teórico y político de Marx, Engels y Lenin, y la práctica de la construcción socialista en Cuba. Ello fue ejemplo para las contiendas nuestroamericanas que vinieron después, pero, decisivamente, para combatir la globalización neoliberal del río Bravo a la Patagonia, cuando todo parecía perdido.
Cuba ofrece otra enseñanza primordial para nuestros pueblos que, como afirmó Raúl, es lo único que permite comprender la hazaña de resistir, sin el apoyo de la Unión Soviética y con el bloqueo redoblado, los crudos años de la década de los 90. Se trata de la firme unidad del pueblo en torno a Fidel y al Partido Comunista. Han sido y siguen siendo tiempos muy difíciles, como vaticinó el comandante en jefe una semana después de la victoria de 1959. Raúl los definió elocuentemente: Nadie puede negar que la revolución que nacía aquel primero de enero no ha tenido, a lo largo de 60 años, un minuto de sosiego, ya vamos por 12 administraciones estadunidenses que no han cejado en el empeño de forzar un cambio de régimen en Cuba utilizando una u otra vía, con mayor o menor agresividad.
La decisión de los revolucionarios cubanos es, como lo enfatizó el presidente Díaz-Canel en la Asamblea Nacional del Poder Popular, hacer de la batalla por la economía lo fundamental: es imperativo impulsar la inversión extranjera, exportar más, defender los ingresos, cumplir con lo señalado por el general del ejército de no gastar más de lo que ingresemos… aprovechar eficientemente la fuerza de trabajo calificada y científica, defender la producción nacional, utilizar todas las potencialidades, aprovechar las experiencias de otras naciones socialistas como China, Viet Nam y Laos.
No aprecio en el liderazgo cubano, la menor intención de usar el bloqueo económico, comercial y financiero como pretexto para justificar errores; lo demuestran las intervenciones a lo largo de años de Raúl, y de Díaz-Canel desde que era vicepresidente. Él y otros dirigentes de la revolución recorren todos los rincones del país y hablan con el pueblo, como ha hecho el presidente una vez más en el día final del año por municipios, centros de trabajo y barrios de la capital. Piden, de la misma manera que en este discurso de Santiago de Cuba lo ha hecho el actual líder histórico de la revolución, elevar el ahorro y sacar de las reservas de productividad del país. Pero el bloqueo es un dato puro y duro que afecta ostensiblemente la realidad cotidiana de los cubanos y tiende a recrudecerse aún más en la senda actual de confrontación y asfixia que busca Estados Unidos, no sólo con Cuba, sino con Venezuela y Nicaragua. Pese al ocaso del vecino del norte, aún Wall Street y el Tesoro imperial tienen una injerencia enorme en las finanzas internacionales, que puede asestar golpes muy duros a países bloqueados y paralizar emprendimientos económicos y sociales.
En este discurso Raúl argumenta los fundamentos históricos de la revolución cubana y cómo se enlazan con la política expansionista y agresiva de Estados Unidos hasta sus intentos en la actualidad por revitalizar la Doctrina Monroe en una América Latina y un mundo que no son los mismos. Aunque reiteró por enésima vez la voluntad política de Cuba por buscar una relación civilizada con Washington, puntualizó que hay que prepararse para los peores escenarios, mantener la capacidad defensiva basada en la guerra de todo el pueblo y frente a las amenazas imperiales solidarizarse vigorosamente con Venezuela, Nicaragua y las luchas de nuestra América.

Angel Guerra Cabrera

sábado, 5 de enero de 2019

Cipayismo a la latinoamericana: el Grupo Lima no reconoce la presidencia de Maduro




Este último viernes doce de los trece países que integran ese grupo firmaron una declaración que desconoce la nueva presidencia de Nicolás Maduro en Venezuela. Estados Unidos detrás de esa resolución.

El Grupo Lima (GL) fue creado en 2017 en Lima a instancias del ex presidente de ese país, Pedro Pablo Kuczynski, que fue eyectado de la presidencia por denuncias de corrupción.
Este grupo reúne a Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Guyana y Santa Lucía. El objetivo primordial fue ejercer presión sobre Venezuela para sacar de la presidencia a Maduro, haciendo monitoreos sobre este país, aunque en la letra del documento fundacional intentaron disfrazarlo inicialmente como la búsqueda de una salida negociada.
El canciller peruano Néstor Popolizio al presentar la declaración sobre Venezuela, afirmó que “el principal mensaje es sin duda el no reconocimiento de la legitimidad del nuevo período del régimen venezolano”.
El único país que no firmó fue México, su presidente Manuel López Obrador no asistió a la reunión del GL y en su lugar envió al subsecretario para América Latina y el Caribe Maximiliano Reyes Zúñiga.
Es probable que la negativa del presidente mexicano a firmar la declaración rechazando la nueva presidencia de Maduro, se deba a la disputa que lleva adelante ese país contra Estados Unidos por el muro segregacionista que Trump insiste en construir en la frontera de ambos países.
Es tan clara la injerencia de Estados Unidos sobre este grupo de países de Latinoamérica, que ni se molestan en guardar las formas. Mike Pompeo –Secretario de Estado norteamericano- participó mediante video conferencia de esa reunión, sin que ese país sea miembro del Grupo Lima.
Es más, en la reciente asunción del ultraderechista Jair Bolsonaro, Pompeo aprovechó la ocasión para reunirse con el presidente colombiano y el representante del Perú, precisamente para hablar sobre el tema y presionar para lograr esa declaración, en una abierta injerencia sobre aquel país.
Esto último no es un dato menor. Países abiertamente alineados con Estados Unidos emiten una declaración donde instan a Maduro a no asumir un nuevo gobierno y darle todo el poder a la Asamblea Nacional, dirigida por la oposición de derecha.
Un salto en el entrometimiento de los asuntos internos de ese país, que lleva la “firma de agua” de la principal potencia imperialista, que trata a Latinoamérica como su patio trasero, con un Grupo de Lima que se aviene a ese tratamiento.
Precisamente esos mismos países saludaron la asunción de Bolsonaro como presidente de Brasil, un claro heredero del golpe institucional que realizara la derecha junto con el Poder Judicial, con el Departamento de Estado norteamericano actuando entre bambalinas.
Después de un tiempo del golpe institucional, realizan un llamado a elecciones con el candidato del PT con mayor intención de votos, Lula Da Silva, proscripto, sin derecho a ningún tipo de propaganda política.
Este Grupo Lima guardó silencio sobre todo este proceso en Brasil. Que no tengan la misma vara para medir a los distintos países, habla a las claras de la injerencia que ahora buscan realizar en Venezuela. Pero también de un intento de corrimiento a derecha de la región, con EEUU con mayor peso específico en ella.
La principal potencia hegemónica, que interviene militarmente países, viola sistemáticamente libertades democráticas en su propio país, apuntando a la población negra y latina y que no tuvo ningún reparo en poner en jaulas, literalmente, a niñas y niños inmigrantes latinos.
Ese país pretende tener el “derecho” a cuestionar gobiernos y rechazarlos.
Las elecciones en Venezuela, que atraviesa una crisis económica y política de gran envergadura, realizadas en mayo del último año, contó con una participación muy baja de electores de ese país (votó un 46, 01% del padrón).
Maduro obtuvo el porcentaje más bajo en la historia del chavismo, si se tiene en cuenta el total del padrón electoral, solo lo votó un 28% de la población, lo que habla a las claras –junto con el factor de la alta abstención- del hartazgo del pueblo trabajador venezolano que día tras día sufre grandes padecimientos por la crisis económica.
Precisamente esta gran crisis en curso, una verdadera catástrofe para el pueblo, no hace otra cosa que mostrar a dónde condujo el “socialismo del siglo XXI” del chavismo.
Pero esto de ninguna manera habilita a que países alineados con Estados Unidos, puedan definir los gobiernos de otros países. Solo el pueblo venezolano tiene ese derecho.

Mirta Pacheco
@mirtapacheco1

Brasil: un gobierno golpista




En la ceremonia de juramento del nuevo ministro de Defensa de Brasil, el presidente Bolsonaro improvisó unas palabras imperdibles. Con todo desparpajo “agradeció”, de acuerdo a la corresponsal de Clarín (3/1), “al comandante en jefe del Ejército”, que debe pasar a retiro. Le dijo, ni más ni menos, que “usted señor es uno de los responsables por el hecho de que yo haya llegado a la presidencia”. Al resto de esos responsables los hemos mencionado en más de una ocasión en Prensa Obrera, y se trata del grupo de militares retirados que se reunía en forma periódica en el subsuelo del Hotel Brasilia, en Sao Paulo, bajo la supervisión del alto mando. Bolsonaro tomó de todos modos la precaución de asegurarle al general Eduardo Vilas Boas, que “lo que ya conversamos morirá entre nosotros”, en una exhibición pública de conspiración política. Queda otra vez en evidencia que el juicio político a Dilma Roussef no fue un golpe parlamentario, sino un golpe militar resueltamente apoyado por el capital financiero nacional e internacional. La implicancia de los dichos de Bolsonaro va más allá, sin embargo, porque adjudica su legitimidad política, no a los 55 millones de votos que obtuvo en la segunda vuelta, sino al apoyo que recibió de la cúpula de las fuerzas armadas.
La conclusión de que Bolsonaro preside un gobierno golpista, fue reforzada por él mismo en ese discurso cuando “Recordó”, dice la cronista, “que los militares ‘siempre refutaron la idea de la sociedad civil’”, para agregar que “somos una única sociedad indivisible”. Esta alucinación, propia del corporatismo y del fascismo, confronta con trescientos años de filosofía occidental, que construyó la doctrina de la democracia y el parlamentarismo sobre esa distinción de la sociedad civil – que no es sino la cobertura ideológica burguesa de las relaciones de explotación capitalista. Más allá de su genética golpista, Bolsonaro pone en evidencia su hostilidad de principios al parlamentarismo, que es la representación hipotética de la sociedad civil. La corresponsal advirtió algo de lo que estaba ocurriendo, cuando finaliza su despacho destacando que Bolsonaro “luego suavizó la idea al decir que junto a los demás poderes, Legislativo y Judicial, haremos un Brasil grande”.
El Congreso de Brasil ha sido puesto sobre aviso. El partido de Bolsonaro tiene menos del 10% de la representación legislativa y un número reducido de gobernadores. El parlamento, cruzado por intereses diversos y enfrentados, es un escenario conflictivo para la sanción rápida o incluso urgente de leyes, en especial aquellas que suscitarán una fuerte conflictividad, como las privatizaciones y la abolición de la previsión social pública. Son numerosos los observadores que han señalado el conflicto que traerá aparejada esta situación. Bolsonaro no podrá repetir con facilidad la llamada “presidencia de coalición” que ejerció Lula en sus mandatos, con los partidos patronales, o la ‘coalición a la carta’ que practicó Macri con el peronismo y la burocracia sindical hasta hoy mismo. En Brasil ha emergido un potencial Fujimori, que en su momento de furor se sintió más cómodo suprimiendo a tiros a la ‘sociedad civil’ con la consecuente clausura del Congreso de Perú.
Aviso para navegantes.

Jorge Altamira

Un temible año 2019

Todo hace suponer que, a pesar de todos los desastres y los graves problemas que en 2018 debieron soportar los pobres de todo el mundo, en este 2019 probablemente recordaremos al año anterior con añoranza.
En efecto, el año comenzó con una fuerte caída de las bolsas de valores y con informes sobre la actividad industrial que demuestran un estancamiento de la recuperación europea a pesar de que los bajos precios del petróleo y del gas favorecen a esos países.
Europa está siendo golpeada, además, por la situación política y, sin duda alguna, sufrirá el fuerte impacto de un debilitamiento de la economía y del aumento del recalentamiento climático que desplazará cultivos y gente, potenciará la desertificación de grandes zonas y reducirá el abastecimiento pesquero y agrícola.
En una interacción viciosa, la obtusidad de Trump, los daños sociales y ambientales provocados por ignorantes y fascistas como Bolsonaro (que rebajó el salario mínimo y dio luz verde a la destrucción de la reserva amazónica), así como la política de casi todos los gobiernos europeos se suman a las políticas antiobreras de China, Rusia, la India y todos demás “emergentes” que están siendo afectados por la caída de los precios del petróleo y de todas las materias primas.
Esas políticas impiden resanar el ambiente, elevar los consumos de alimentos, reducir los presupuestos sanitarios y hospitalarios, elevar el nivel de aprendizaje y de formación en las escuelas, utilizar los recursos racionalmente y sin despilfarros. Por el contrario, imponen un concepto del desarrollo que está identificado con el lucro capitalista y a éste responde.
Ahora bien, el desarrollo para la ganancia logrado a costa del ambiente y de las comunidades, no desarrolla nada salvo la miseria y la emigración. La tala de bosques naturales, con gran variedad de especies, la gran minería que envenena las aguas, el extraccionismo como sinónimo de productividad y progreso, son actividades criminales que agravan el recalentamiento global.
A eso se agrega que los grandes bancos no han aprendido nada de la crisis de 2008 desencadenada por la quiebra del Lehman Brothers y hoy, en Estados Unidos Alemania y sobre todo Italia, se reprodujo la burbuja crediticia mientras que los países asumen deudas con tasas cada vez más caras que ascienden al total de su PIB o lo superan y que son impagables a medio plazo.
Sobre todo esto grava también el costo inmenso del rearme y de los vuelos espaciales detrás de los cuales se esconde el desarrollo de tecnologías bélicas. Rusia pone a punto cohetes poderosísimos y bombarderos de última generación portadores de armas nucleares, China crea bases marítimas y portaaviones y coloca una base en la Luna y Trump amenaza a cada rato con su arsenal atómico en la península coreana, junto a China, mientras Francia desarrolla incorpora y vende submarinos atómicos armados con cohetes nucleares mar-tierra.
En todos los países la parte del león en los presupuestos gubernamentales corresponde a las fuerzas armadas y las fuerzas represivas mientras se reducen los fondos para los salarios indirectos (servicios sociales, pensiones jubilaciones) así como los ingresos reales de los trabajadores, lo que achica el mercado interno.
La guerra comercial de Trump contra China, aunque en lo inmediato le permitió repatriar capitales, está comenzando a resultarle dañina. Los impuestos a los productos chinos, en efecto, recaen sobre compañías con fuertes inversiones estadounidenses y, además, la economía de Estados Unidos no puede prescindir de los productos de alta tecnología importados mientras que China puede, en cambio, reemplazar fácilmente en Sudamérica (Brasil, Paraguay, Argentina, Bolivia) la soya, los cereales y las frutas y jugos estadounidenses y, además, está desarrollando su granero en África.
Estados Unidos ha perdido la batalla comercial con China pues ésta cuenta ya con una clase media de unas 400 millones de personas que consume como los estadounidenses (y que es más vasta, por lo tanto, que el total de los 327 millones de habitantes de E.U.) y, por consiguiente, su mercado interno es mayor y tiene un potencial de desarrollo mucho más importante no sólo porque los chinos son ya 1 400 millones sino también por los lazos comerciales en Asia y África que la Ruta de la Seda potenciará grandemente.
China ha disminuido mucho su ritmo de crecimiento que actualmente gira en torno al seis por ciento anual necesario para da vivienda, educación y servicios a sus nuevos habitantes. Estados Unidos, por su parte, logró con Trump un efímero crecimiento récord de más del tres por ciento anual, pero no podrá mantenerlo si en 2019 entrásemos en una depresión o, peor aún, una nueva crisis financiera e industrial.
En eso reside, precisamente, el peligro mayor pues el demente Trump podía verse tentado a usar su potencia bélica que por el momento y todavía es mayor a los de sus adversarios para jugarse el todo por el todo en una aventura criminal antes de que el crecimiento chino lo haga imposible.

Guillermo Almeyra

viernes, 4 de enero de 2019

Bolsonaro: primeras medidas antiobreras, xenófobas y homofóbicas




Hay que derrotarlo con la movilización popular.

En su primer día de mandato, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro firmó tres decretos en la línea antiobrera, xenofóbica, homofóbica y discriminatoria que anticipó en su campaña electoral y planteó en su discurso de asunción: recortó el salario mínimo previsto para 2019, entregó el derecho a remarcar tierras de los indígenas a los ruralistas y eliminó a las personas LGTB de las políticas destinadas a la promoción de derechos humanos.
En primer lugar, el presidente decretó un recorte en el aumento del salario mínimo previsto en el Presupuesto 2019, diseñado por su antecesor, el golpista Michel Temer. El salario mínimo que este año pasaría de 954 R a 1006 R (259,60u$s), aumentará finalmente a 998 R (257,5 u$s).
A su vez, Bolsonaro firmó la Medida Provisoria 870/19 que establece la nueva estructura de ministerios e incorpora el de “Mujer, de la Familia y de los Derechos Humanos”, que será un verdadero ariete, contrario a cualquier emancipación o defensa de los derechos de las mujeres y de los derechos humanos en general. A cargo del ministerio se encuentra Damares Alves, una militante evangelista anti derechos de las mujeres, contraria al aborto legal y al movimiento feminista. En el mismo decreto ha excluido al colectivo LGTB como grupo oprimido. Además, la medida elimina los organismos que se ocupaban de las políticas públicas orientadas hacia la comunidad LGTB. Al momento de asumir el cargo, la nueva ministra declaró que “es una nueva era en Brasil. Los niños se vestirán de azul y las niñas de color rosa", anticipando que lo suyo será un reforzamiento de todos los parámetros machistas y de opresión de género. Además, la ministra sostuvo que "hay una dictadura gay en Brasil" y que "las mujeres nacieron para ser madres", enfrentando los derechos conquistados por la comunidad LGTB y la pelea de las mujeres por su liberación del yugo doméstico, de la maternidad y del rol social al que nos confina el régimen social y la Iglesia católica.
En la misma línea anti derechos, Bolsonaro puso al frente del Ministerio de Agricultura a una latifundista, Tereza Cristina Correa, quien encabezaba el bloque de propietarios rurales en el Congreso brasilero. La nueva ministra tomará a su cargo las tareas de identificar, delimitar y crear nuevas reservas indígenas, otrora función de la Fundación Nacional del Indio, ahora disuelta. Su ascenso al ministerio es un triunfo del lobby del capital agrario y un ataque en toda la línea a la población indígena y la lucha por la tierra de trabajadores y campesinos.
Estas medidas son parte de un programa de corte fascista que pretende aplicar Bolsonaro. Su ofensiva contra los sectores populares: las mujeres, los indígenas, los homosexuales y la población trabajadora en general debe ser derrotada con la movilización popular, en defensa de las libertades democráticas y los derechos del pueblo.
La bolsa de San Pablo saludó el ascenso de este farabute filo nazi con un alza del 4%.

Rocío Zavaleta

La imagen amable de las multinacionales digitales se ha roto (y ellas lo saben)




- El sector ganó prestigio por colocarse a la cabeza de la economía mundial mientras rompía tabúes y diseñaba nuevas formas de organización del trabajo
- Hoy Google se enfrenta a motines, Mark Zuckerberg ha pasado de Persona del Año a caer en desgracia y Amazon contrarresta las huelgas poniendo a tuitear a sus empaquetadores
- La crisis de identidad no solo afecta a las grandes empresas: fondos de Arabia Saudí financian muchas de las startups de Silicon Valley

Don't be evil ('No seas malo') fue el lema corporativo de Google desde que la empresa necesitó uno, allá por el año 2000. "Don't be evil", seguido de un punto, era lo primero que podía leerse en el código de conducta de sus empleados, un mandamiento fundacional de buenas prácticas que debía impregnar cada iniciativa de la compañía, cada nueva aventura. Hasta este 2018, cuando Google lo eliminó casi por completo.
Google no comunicó públicamente el cambio ni dio ninguna explicación. Gracias a la WayBack Machine, una herramienta que registra y archiva una instantánea de todo Internet periódicamente, sabemos que ocurrió entre el 21 de abril , cuando el lema seguía en su sitio de siempre, y el 4 de mayo . En esa fecha ya había sido relegado al último párrafo del documento. Desde entonces, en la primera línea del código de conducta se lee un mucho más tradicional "a Google se le medirá por el estándar más alto posible de ética empresarial".
Como buen eslogan, Don't be evil tenía un mensaje literal cargado de simbolismo sobre Google, pero también una connotación más sutil sobre el sector digital. La empresa que marcaba el paso en el ciberespacio transmitía un halo transgresor basado en rechazar las zonas de sombra de cada herramienta, avance o tecnología que influía en todas las demás. Puede que el lema ya no guiara las acciones de su cúpula directiva y que su desaparición sea poco menos que una connotación sutil para sus empleados. Sin embargo, que Google reconozca que la etapa del No seas malo está cerrada encierra otro mensaje literal. Las cosas han cambiado.
En Google, ese mensaje ha llegado desde dentro. Hace años habría sido difícil imaginar que la empresa que desterró las oficinas convencionales para convertirlas en espacios abiertos con hamacas y máquinas recreativas, que animó a sus empleados coger sus portátiles y salir a trabajar al parque, que construyó boleras, campos de vóley-playa y toboganes para que cambiaran de planta a toda velocidad, o que enterró los trajes para institucionalizar las camisetas o la fiesta TGIF (Gracias a Dios Es Viernes, por sus siglas en inglés) se enfrentara una revolución pública de sus empleados. A falta de una, Google ha sufrido varios motines en los últimos meses. Su queja es haber traicionado el Don't be evil.
Hasta 20.000 googlers de 78 de sus oficinas alrededor del mundo salieron a la calle en noviembre en protesta por la actuación de la empresa con algunos de sus altos ejecutivos acusados de acoso sexual. En vez de apoyar señalarlos y llevaros a los tribunales, la actuación de Google fue pagar indemnizaciones para que abandonaran la empresa sin hacer ruido. La gota que colmó el vaso fueron los 90 millones de dólares que abonó a uno de los creadores de Android en plena revolución MeToo.
El reproche ha llegado también a la estrategia de negocio. 4.000 amenazas de dimisión y la consumación de una docena de ellas pararon una colaboración con el Pentágono para aplicar la Inteligencia Artificial de Google a un proyecto militar. Otra protesta, esta vez contra la posibilidad de lanzar una versión censurada del buscador adaptada a las exigencias de las autoridades chinas, dio al traste con el proyecto .
Tener cerca a una multinacional digital ya no es sinónimo de progreso y desarrollo. Al menos para los habitantes de Berlín, que tras varias manifestaciones, consiguieron que Google abandonara su objetivo de crear un campus en la ciudad .

Malditos imbéciles

"Somos una compañía muy distinta a la que éramos en 2016, e incluso hace un año", afirmó Mark Zuckerberg en el post de Facebook que usó para despedir su fatídico 2018 . Si Google es la empresa que mejor ejemplifica el cambio de época que atraviesa el sector digital, el fundador de Facebook es el personaje que mejor ha mostrado cómo ha envejecido el mito de los jóvenes empresarios de Silicon Valley que fundan multinacionales que empiezan desde un garaje. O, en su caso, desde la habitación de una residencia de estudiantes de Harvard.
En 2010, Zuckerberg fue el personaje del año para la revista Time. Tenía 26 años. Había fundado Facebook seis años antes y su cara de adolescente, unido al éxito de su plataforma, encarnaba a la perfección la imagen que promulgaba Silicon Valley: Internet era un mundo nuevo con unas nuevas reglas donde cualquiera con una buena idea y la perseverancia necesaria para trabajar en ella podía triunfar. Ese mismo año se filtró un chat que Zuckerberg mantuvo con un amigo días después de crear Facebook. Zuckerberg reconoció la veracidad de la conversación.
Zuck: sí, así que si alguna vez necesitas información sobre alguien en Harvard
Zuck: solo pregunta
Zuck: tengo más de 4.000 correos electrónicos, fotos, direcciones...
Amigo: ¿Qué? ¿Cómo has conseguido eso?
Zuck: la gente acaba de enviarlo
Zuck: no sé por qué
Zuck: ellos "confían en mi"
Zuck: malditos imbéciles
Casi una década después, Facebook está en problemas y el autor de esas palabras ha mentido a todos para salvar su máquina: a los usuarios les prometió que no vendía sus datos cuando sí lo hacía ; a los diputados de EEUU, que no sabía nada de lo de Rusia a pesar de que se enteró mucho antes de que saliera a la luz ; y a los europeos, que cumpliría escrupulosamente el Reglamento de Protección de Datos cuando meses después ya se le investiga por intentar varias brechas y hackeos que intentó ocultar.
Aunque la que quizá ha sido la acusación más grave que recibió Zuckerberg en 2018 fue la de ser el vehículo del odio que terminó dando pie a un genocidio. Es lo que concluyeron los investigadores de Naciones Unidas desplazados a Myanmar para estudiar la violencia étnica contra los rohingyas que provocó el desplazamiento forzoso de unas 720.000 personas.
Fue una consecuencia del plan de Zuckerberg para llevar Facebook a los países a donde ni siquiera había llegado Internet. Lo promocionó como una iniciativa altruista para conectar a la red a aquellos que se estaban quedando fuera por motivos económicos. El equipo de la ONU denunció que la red social abrió mercados como este a toda velocidad (Myanmar pasó en dos años de tener menos de un 1 % de población con acceso a Internet a tener más usuarios de Facebook que ningún otro país del sureste asiático ) sin establecer las mínimas salvaguardas de seguridad, como contratar moderadores capaces de entender birmano. Sin ellos, el conflicto latente en Myanmar prendió en la red social sin nadie que pudiera advertir la propagación de mensajes de odio contra los rohingyas.

La prueba del algodón: el dinero saudí

Para poner en marcha una plataforma digital capaz de operar a escala planetaria no solo hace falta una buena idea. También mucho dinero. Los fondos de capital riesgo que invierten en el sector tienen diferentes políticas sobre cuándo o cómo reclamar su inversión. No obstante, la relación con algunos choca con la imagen amable y de desarrollo que caracterizaba el sector. El motivo es que es el dinero de Arabia Saudí el que está detrás de ellos.
El Public Investment Fund (PIF), el fondo que la monarquía absolutista utiliza para diversificar sus inversiones fuera del petróleo, es uno de los que más presencia tiene en Silicon Valley. Pero no el único. Según el medio estadounidense Quartz , el dinero saudí ha impulsado a startups como Uber, con 11.321 millones de dólares; Lyft (plataforma similar a Uber) con 4.915 millones; Magic Leap (realidad aumentada) con 1.888 millones; Lucid Motors (coches eléctricos) con 1.131 millones; o Virgin Galactic (aeroespacial) con 280 millones. La inversión de 500 millones de dólares en Tesla que costó el puesto a Elon Musk todavía está en cuestión.
El dinero saudí ha impulsado con más de 10.000 millones dólares a Uber y tiene inversiones importantes en otra decena de empresas de Silicon Valley. Solo una ha suspendido temporalmente sus relaciones con los fondos saudíes tras el asesinato de Jamal Khashoggi
La lista se extiende con otras cinco empresas que han recibido más de 100 millones de dólares cada una para impulsarse. Entre ellas se encuentra Snap, desarrolladora de Snapchat, red social con amplia presencia en España. De las compañías citadas, solo Virgin Galactic ha "suspendido temporalmente" una nueva gran inversión saudí, en torno a los 1.000 millones de dólares, hasta que se aclaren los hechos que han rodeado la muerte del periodista saudí crítico con el régimen de su país Jamal Khashoggi.

El trabajo y la vivienda

El sector de plataformas digitales que se enfrentó antes a la caída de su discurso publicitario es el que salió del terreno virtual para afectar directamente la vida de las personas en aspectos como la vivienda o el trabajo. Ciudadanos y ayuntamientos de todo el mundo relacionan la actividad de empresas como Airbnb con la subida del precio de los alquileres, así como de procesos como la turistificación (cuando el alto nivel de turismo transforma la identidad, los rasgos y el carácter propios una ciudad o un barrio) o de gentrificación (desplazamiento de las clases bajas o medias del centro de las ciudades debido a la presión inmobiliaria).
Otra de las principales multinacionales digitales, Amazon, ha dejado de ser protagonista por la revolucionaria gestión del trabajo y robotización que le permiten abaratar costes. Ahora ocupa titulares por las huelgas de trabajadores que enfrenta por toda Europa. Para defender su imagen, la empresa ha puesto en marcha una iniciativa peculiar : selecciona a mozos de almacén y empaquetadores, los sienta delante de un ordenador para que comenten en redes sociales el "paraíso" en el que se sienten al trabajar para "la gran familia de Amazon".
Mientras, la relación de las plataformas con los trabajadores mediante los que prestan servicio se decide en los tribunales. En la actualidad la batalla legal se centra en plataformas como Glovo o Deliveroo , cuyos repartidores denuncian su condición de falsos autónomos. Aunque las sentencias al respecto aún no son firmes, existe el precedente de Uber. La multinacional estadounidense llegó hasta el Tribunal de Justicia de la UE para defender que tanto los conductores como los viajeros son sus clientes , por lo que no debe ser considerada una empresa de transporte. Perdió.

Carlos del Castillo
El diario

jueves, 3 de enero de 2019

Rápido y furioso: en su segundo día de mandato Bolsonaro anuncia millonario plan de privatizaciones




El presidente lo adelantó antes de su primera reunión de gabinete. El ministro de Economía propone un "Estado mínimo" y "privatizaciones aceleradas".

En el primer día de su gobierno, el ultraderechista Jair Bolsonaro, decretó una reducción en el salario mínimo planificado para el 2019, benefició a los grandes ruralistas y le quitó derechos a las personas LGTBI. Como si todo eso no fuera suficiente este jueves, en la primera reunión de gabinete, el presidente brasileño anunció un plan de privatizaciones y despidos de empleados del sector público.
Bolsonaro afirmó este jueves que su programa inicial de privatizaciones incluye pasar al sector privado aeropuertos, puertos y ferrocarriles, con la intención de atraer inversiones por 7.000 millones de reales, unos 1.842 millones de dólares.
Rapidamente atrairemos investimentos iniciais em torno de R$ 7 bi, com concessões de ferrovia, 12 aeroportos e 4 terminais portuários. Com a confiança do investidor sob condições favoráveis à população resgataremos o desenvolvimento inicial da infraestrutura do Brasil.
El jefe de Estado hizo el anuncio mediante un mensaje en su cuenta en Twitter, en el que explicó que se trata de las medidas iniciales destinadas a “devolver la confianza a los inversores” y a atraer recursos privados. Un discurso muy utilizado por la derecha continental para justificar la entrega los recursos y empresas estatales generalmente a las grandes empresas extranjeras, siempre en detrimento de los trabajadores.
Las privatizaciones que Bolsonaro pretende incluir en su primer programa de concesiones ya había comenzado a ser analizada por el Gobierno golpista del expresidente Michel Temer. Esa coincidencia muestra que el nuevo gobierno llega para profundizar el avance contra los derechos sociales que buscó imponer el golpe institucional.
Las privatizaciones y el calendario para su aplicación comenzarán a ser analizadas en el Consejo de Gobierno que Bolsonaro convocó para este jueves y en el que tendrá la primera reunión de trabajo con sus 22 ministros y con el vicepresidente, el general de la reserva Hamilton Mourao.
El plan ya ha sido abordado por el ministro de Infraestructura, Tarcisio Gomes de Freitas que, en el discurso que pronunció este miércoles en la ceremonia de transmisión del cargo, dijo que adoptará medidas para destrabar las inversiones en el sector.
En el mismo sentido se pronunció el ministro de Economía, Paulo Guedes, quien se refirió a las "rápidas" privatizaciones y concesiones como uno de los "pilares" del programa económico de recorte netamente neoliberal que pretende implantar.
Guedes, un economista de la Escuela de Chicago, propone un "Estado mínimo" y explicó que su cartera impulsará "privatizaciones aceleradas" y la "simplificación y reducción de impuestos", además de la aprobación y profundización de las reformas "estructurales".
Con esta agenda antiobrera y antipopular, el economista ya es considerado “el hombre fuerte” en el nuevo gobierno. El ministro lo negó, asegurando que "no existe eso de súper ministerio" y adelantó que habrá una "construcción conjunta" de la política para la remontada de la economía brasileña.
El anuncio del plan para privatizar empresas estatales es acompañado por un plan de despidos de trabajadores en diferentes carteras del gobierno. El ministro de la Casa Civil (jefe de gabinete), Onyx Lorenzoni, anunció despidos este miércoles con el fin, según dijo, de cumplir con la orden del presidente Jair Bolsonaro para garantizar un gobierno "libre de amarres ideológicos" y hacer "despetização" del mismo.
"Vamos a sacar de la administración pública federal a todos aquellos que tienen una marca ideológica clara, todos sabemos del aparato que se ha hecho principalmente del gobierno federal en los casi 14 años [de gobierno] del PT", dijo el ministro. Onyx informó que presentará en la reunión ministerial, de este jueves, a los otros ministros la sugerencia de adoptar un "camino similar".
El gobierno de Bolsonaro utiliza el discurso reaccionario contra opositores para justificar los ataques contra los trabajadores. Algo que no es nuevo en el continente, teniendo en cuenta que en la Argentina el gobierno de Mauricio Macri justificó miles de despidos de trabajadores estatales por su supuesta “filiación” al anterior gobierno.
El nuevo presidente se mueve rápido y en tan solo dos días anuncia su plan de contrareformas para avanzar sobre los derechos de millones. Aprovecha su "luna de miel" garantizada por la paciencia popular con un nuevo presidente y saca provecho de la criminal "paz social" que hasta ahora garantizan las centrales sindicales.

Diego Sacchi
@sac_diego

miércoles, 2 de enero de 2019

La asunción de Bolsonaro y la consolidación del golpe institucional




En el paso de mando no faltaron las sonrisas mutuas entre el golpista Temer y el ultraderechista Bolsonaro. Comparten el programa de privatizaciones y, especialmente, el de la reforma previsional.

Con amplias sonrisas mutuas, Michel Temer pasó la banda presidencial hacia Jair Bolsonaro. Con ese gesto simbólico, el golpe institucional que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff y marcó los comicios en base a arbitrariedades, es consolidado.
Temer subió al poder con un golpe encubierto por el Poder Judicial, los medios y el parlamento para llevar adelante ataques más profundos que los que el PT ya venía haciendo. Bolsonaro fue electo en una elección manipulada por el Poder Judicial con el apoyo de los militares. Elecciones marcadas por medidas que impidieron a la población votar a quien quiera por la detención arbitraria de Lula.
Bolsonaro es la continuidad de Temer, esta vez con el Lava Jato y el juez Sergio Moro ocupando un super-ministerio y una presencia de miembros del ejército en los ministerios como no se ha visto en décadas. Ni los gobiernos de la última dictadura en Brasil, como el de Geisel y Medici, tuvieron tantos generales ocupando cargos del ejecutivo. Bolsonaro es una especie de Temer blindado, con la misión de atacar nuestros derechos y cambiar la correlación de fuerzas.
Bolsonaro asumió la presidencia en una Brasilia militarizada y con una presencia de público muy por debajo de las inmensas expectativas de su Gobierno y los medios de comunicación. Quisieron mostrar un "mandato popular" que le dé fuerza para aplicar sus reformas, como la previsional, pero no pudieron mostrar esa gigantesca movilización.
Sin embargo, eso no significa que Bolsonaro comience debilitado. Esta continuidad del golpe fue realizada para intentar cambiar la correlación de fuerzas en Brasil y en todo el continente. Buscan retirar nuestro derecho a la jubilación, entregar las riquezas nacionales al imperialismo con las privatizaciones y precarizar aún más todos los derechos sociales, como la salud y la educación, entre otros. Esa es la misión por la que los grandes empresarios trabajaron para su elección.

Un discurso reaccionario

En su discurso al público, Bolsonaro fue más reaccionario de lo que ya había sido ante el pleno del Congreso. En el Parlamento se limitó más a la Constitución y a atacar a los profesores y las "ideologías", buscando callar la voz de este importante sector de los trabajadores para que no puedan cumplir un papel de vanguardia en la lucha contra los ataques.
Ante el público, Bolsonaro retomó el ataque a los profesores en referencia a la Escuela sin Partido, intentó congraciarse con los ruralistas que tanto lo apoyaron al hablar de la "defensa de la propiedad" y, entre diversas y reaccionarias frases sobre derechos humanos, prometió "que nuestra bandera jamás será roja, a no ser que sea manchada por nuestra sangre para mantenerla verde y amarilla". En el mismo discurso atribuyó su victoria al día en que "el pueblo se liberó del socialismo, de lo políticamente correcto", y llamó a "construir un movimiento por la ética y los valores morales".
Bolsonaro pretende acabar con "lo políticamente correcto" e imponer "su" derecho, el de las iglesias y el de toda la derecha a propagar un discurso para alimentar la violencia patriarcal y homofóbica. Este discurso, que busca agradar y mantener movilizada a su base más militante, tendrá que mediar ante los condicionantes que el poder judicial, el Congreso y otros actores coloquen a su mandato y, especialmente, frente a condicionantes puestos por la lucha de clases ya que la mayoría de sus votantes no lo votaron deseando la aplicación de una reforma previsional, principal propuesta de su Gobierno.

¿Cómo enfrentar a Bolsonaro?

Para enfrentarlo es urgente organizar, en los lugares de trabajo y de estudio, asambleas y promover la organización de base de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres, de los negros y de los LGBTT para imponerle a las direcciones de los sindicatos que rompan con la "paz social" que están ofreciendo a Bolsonaro.
Una "paz social" que muy bien expresó Vagner Freitas, el presidente de la CUT (Central Única de los Trabajadores), al decir que ofrece una oposición "proactiva" y dispuesta a negociar una nueva reforma de las pensiones. Todavía más escandalosas resultaron las posiciones de Ciro Gomes, el candidato del Partido Democrático Laborista (PDT sus siglas en portugués). A pesar de mostrarse como una alternativa de centroizquierda en la campaña, en declaraciones a periódicos y televisión no sólo se mostró dispuesto a negociar los derechos de los trabajadores sino también a legitimar al Gobierno.
La posición de la CUT muestra cuál es la verdadera política del PT. A pesar de boicotear la ceremonia de posesión junto a los parlamentarios del PCdoB y del PSOL, está dispuesto a dejar pasar los ataques y aguardar hasta las elecciones del 2022. El PSOL con otro discurso y otro programa, actúa bajo el mismo frente parlamentario y la estrategia subordinada al PT.
Necesitamos organizar la lucha de los trabajadores en cada lugar de trabajo y estudio para imponer un urgente plan de lucha. Es imprescindible sacar lecciones de cómo la estrategia del PT, de confianza en este régimen golpista y en su "justicia", en la conciliación con la derecha y el empresariado, sólo conduce a derrotas.
Necesitamos confiar en las fuerzas de los trabajadores y de los oprimidos, tomando el ejemplo de los "chalecos amarillos" franceses, para imponer una derrota a este Gobierno de ultraderecha que acaba de asumir.

Diana Assunção
San Pablo

martes, 1 de enero de 2019

La hazaña de Cuba




A 60 años de la Revolución

“No hay obra humana perfecta y tampoco lo son, por supuesto, las revoluciones, que las hacen los hombres con sus limitaciones e imperfecciones”.

(FIDEL CASTRO, 1976, XV aniversario de la victoria de Playa Girón y de la proclamación del carácter socialista de la revolución)

Sin duda la Revolución Cubana es el acontecimiento político-social más importante del siglo XX en América Latina. El 1° de enero cumple 60 años y no ha envejecido. Por el contrario, está remozando su institucionalidad y su sistema económico socialista. Lo hace mediante una Constitución Política que se someterá al veredicto del pueblo el 24 de febrero.
La propuesta de 224 artículos fue elaborada por la Asamblea Nacional del Poder Popular -el Parlamento cubano-, y se discutió en centenares de reuniones de base. El proyecto reafirma el carácter socialista del sistema político, económico y social de Cuba y la conducción del Partido Comunista. En ese sentido la Revolución Cubana no mordió el anzuelo neoliberal que Obama le lanzó el 2016 y tampoco ha levantado bandera blanca ante la arremetida del actual César de la Casa Blanca.
La nueva Constitución reconoce el papel del mercado en la economía y nuevas formas de propiedad, incluida la privada, sin ceder un ápice en el rol hegemónico del Estado. Esto representa un cambio significativo -y realista- respecto a la Constitución de 1976. En la isla hay una importante inversión extranjera -que aumentará al amparo de la nueva Constitución que le garantiza estabilidad-. Asimismo está creciendo un sector de pequeños empresarios cuya actividad abarca numerosas funciones productivas y de servicios.
La experiencia de Cuba asombra por muchos motivos. El principal: haber hecho una revolución socialista a 90 millas del más grande y belicoso imperio de la historia. La desproporción de fuerzas entre este David y su vecino Goliat, es enorme. Cuba es una isla (mejor dicho un archipiélago) pobre en recursos naturales. Su tamaño es menor que la Región de Antofagasta en Chile. Su población sólo alcanza a 11 millones y medio de personas mientras su vecino tiene 350 millones de habitantes y la fuerza militar más poderosa del mundo.
En abril de 1961, la CIA entrenó y pertrechó una fuerza de 1.200 contra revolucionarios que desembarcaron en Cuba por Playa Girón. Dos días antes aviones que lucían la bandera cubana despegaron de Nicaragua y bombardearon bases aéreas en Cuba causando numerosos muertos y heridos. Luego aterrizaron en EE.UU. simulando una rebelión de la fuerza aérea revolucionaria. La agresión norteamericana gatilló una desafiante respuesta de Fidel Castro y del pueblo que el 16 de abril proclamaron el carácter socialista de la revolución. La invasión fue derrotada rápidamente: cien mercenarios murieron y 1.100 cayeron prisioneros. Al año siguiente EE.UU. impuso el bloqueo comercial y financiero que ha significado a Cuba pérdidas por 134.500 millones de dólares. La Asamblea General de Naciones Unidas viene condenando desde hace 27 años esta ilegal medida -orientada a asfixiar la economía cubana- sin que EE.UU. acate la opinión universal.
Cuba ha soportado grandes penurias en defensa de su revolución. El pueblo cubano se ha quitado el pan de la boca para ayudar a otros pueblos. Sus médicos, maestros y soldados han derrochado amor por la Humanidad en Africa y en numerosos países latinoamericanos, entre ellos Chile.
Implementar una economía socialista eficiente y próspera, constituye la preocupación más importante de los cubanos. Esto se refleja en debates de especialistas y en críticas, denuncias y propuestas de la población. La más frecuente se refiere a los exiguos salarios y pensiones que no alcanzan a cubrir las necesidades de la población. La revolución acosada ha tenido que distribuir la pobreza para enfrentar la presión desestabilizadora del imperio. La escasez del mercado interno y las bajas remuneraciones generan mercado negro y corrupción. El presidente Miguel Díaz-Canel ha denunciado el robo de combustible e impulsa severas medidas para combatir el mercado negro.
El pueblo cubano goza de derechos fundamentales como salud y educación costeadas por el Estado. Pero hay insuficiencias serias en vivienda y transporte que agobian la vida de los cubanos. La población quiere mayor agilidad en las reformas y ver resultados pronto. Muchos jóvenes emigran buscando mejores condiciones de vida. Se incorporan a la ola migratoria que es la sombra que acompaña a la globalización.
No obstante la propuesta más discutida de la nueva Constitución no fue la economía sino otra cuya aprobación habría significado un salto histórico en la cultura cubana. La comisión redactora propuso el matrimonio igualitario, o sea la unión de dos personas sin especificar sexo. Las corrientes religiosas montaron en santa cólera y removieron las aguas del machismo cubano. La mayoría de casi 200 mil opiniones impugnaron el artículo que debió ser eliminado del texto. No obstante la diputada Mariela Castro Espín, hija del ex presidente Raúl Castro y tenaz defensora de los derechos de la población LGTB, afirma que la nueva Constitución permitirá avanzar en la igualdad de derechos de las parejas gay y lesbianas.
El socialismo que se construye en Cuba mantiene vigente el pensamiento de Fidel. Por eso los cubanos se niegan a convertirse en galeotes del neoliberalismo. El 2001 el líder cubano escribió al director de Punto Final: “En los últimos años los pueblos del continente han sido testigos de los tenebrosos efectos de las políticas neoliberales aplicadas al impulso de los intereses de nuestros seculares dominadores. La absoluta liberalización comercial y la desregulación financiera, la privatización y reprivatización del patrimonio estratégico de las naciones latinoamericanas, su entrega a las grandes transnacionales, la prevalencia de políticas macroeconómicas que buscan tan solo garantizar la rentabilidad del capital financiero internacional mientras agudizan el abismo entre los más ricos y los más desposeídos, son algunas de las manifestaciones antipopulares y antinacionales de esas políticas, contra las que “Punto Final” ha combatido y deberá seguir combatiendo…
Por eso, para las y los revolucionarios y todos los hombres y mujeres progresistas y de pensamiento independiente en nuestro continente, la tarea más urgente hoy es la de crear conciencia, denunciar la voracidad del imperio y revelar el peligro que están corriendo los pueblos de América Latina y el Caribe. No tengo la menor duda de que tu revista estará en la primera línea de esta nueva batalla, como siempre ha estado cuando se trata del futuro mejor de nuestros pueblos”. (1)
Los cubanos han hecho de su país una fortaleza de la independencia y dignidad en América Latina y el Caribe. Una hazaña que merece reconocimiento y solidaridad de la Humanidad.

Manuel Cabieses D.

Nota:

(1) La Habana, 18 de junio del 2001. Ver PF N° 501 y http://www.puntofinal.cl/010715/esp2.html

Bolsonaro inaugura rodeado de carros blindados




El 1° de enero se inaugura el período presidencial de Jair Bolsonaro. Hace dieciséis años el arribo de Lula Da Silva fue interpretado también como un viraje en la historia política de Brasil. Entre uno y otro acontecimiento sobresale un hilo conductor estratégico por encima de la evidente diferencia de las tentativas políticas entre uno y otro. Lula llegó al gobierno en el marco de la enorme sacudida que desató la crisis asiática de 1997, que luego de pasar por Rusia se alojó en Sudamérica con las devaluaciones del real brasileño y de los pesos de Argentina y Uruguay, y el derrumbe de la convertibilidad. Desde entonces la crisis capitalista internacional ha escalado varios peldaños; 2018 cierra con caídas bursátiles enormes y por sobre todo con otros episodios decisivos como lo son la desintegración de la Unión Europea, que se manifiesta en el impasse del Brexit, en la bancarrota próxima de Italia y en la rebeldía popular en Francia y Hungría contra los planes de ajuste. El FMI pronostica un retroceso económico para el año que se inicia, que bordea la recesión, con un epicentro en China. En América Latina prosigue la presión de la fuga de capitales, en tanto que en el plano político el gobierno macrista camino por el precipicio en Argentina y los partidos tradicionales de México acaban de sufrir una rotunda paliza a manos de una fuerza emergente de características nacionalistas y populistas, que encabeza López Obrador. Al igual que la experiencia petista, la de Bolsonaro debe encuadrarse en la perspectiva de un desarrollo mayor de la crisis mundial.

Lula y Bolsonaro

Bolsonaro y Lula se encuentran entrelazados también por una relación contradictoria. A nadie se le escapa, a esta altura del desarrollo de la crisis política en Brasil, que la victoria de esta mediocridad fascistizante que es Bolsonaro, es un resultado del fracaso de la tentativa política petista. En la década y media de gobiernos encabezados por el PT, el régimen capitalista no fue afectado en lo más mínimo – todo lo contrario. Brasil abrió las puertas a un ingreso gigantesco de capitales internacionales, que bombearon la economía nacional a fuerza de un endeudamiento gigantesco – internacional como interno. La ‘redistribución del ingreso’ resultó una farsa porque fue financiada por los mismos contribuyentes, de ningún modo a costa del capital. En este período debutó la ‘reforma previsional’ que Bolsonaro pretende llevar ahora a sus últimas consecuencias. Cuando el viento de cola comenzó a amainar, la crisis resultante fue endilgada a los trabajadores, con políticas de ajuste. En el jolgorio de los grandes negocios capitalistas, la cúpula petista se adjudicó coimas diversas y millonarias junto a sus aliados políticos patronales, ya que en todo momento el PT gobernó en coalición con ellos, o sea que careció la más mínima independencia de clase. La consigna de bautismo del PT – “trabalhador vota trabalhador” – se hizo añicos. Fueron estos gobiernos de coalición los que re-introdujeron a las fuerzas armadas en la política brasileña, al asignarles la “lucha contra el narcotráfico”. Ignorando este balance político, aparecen ahora los académicos de ocasión que atribuyen el ascenso de Bolsonaro a una suerte de derechización ciudadana. Cuando se agote esta experiencia encontrarán otra fórmula de paso para continuar con esta manipulación ideológica.

Ajustador y reaccionario

El gabinete que ha designado Bolsonaro es el más reaccionario de la historia de Brasil. No solamente tiene más ministros militares que los que albergó el gobierno del golpe militar de 1964, sino que las otras carteras están ocupadas por fascistas conscientes o disimulados. El centro de gravitación lo ocupa, sin embargo, el ministro de Economía, Julio Guedes, un ‘liberal’, como ya ocurriera en el pasado con la mayoría de las dictaduras que conoció América Latina. El ministerio de Guedes equivale a un gobierno paralelo, debido a la cantidad de ministerios que se han puesto bajo su mando – Producción, Comercio, Trasporte, Trabajo y otros. Como advirtió un columnista muy leído del Financial Times, el desafío fundamental de Guedes es desmantelar el régimen de previsión social y establecer un sistema de capitalización – no alcanza con recaudar u$s200 mil millones de dólares por privatizaciones, que luego se esfumarán por el despilfarro estatal. El empeño en ese desmantelamiento constituirá, sin duda, ‘la madre de todas las batallas’ del próximo gobierno. Guedes se propone, asimismo, quebrar el sistema de protección comercial de la industria, para abrir paso al capital internacional. Este ministro es una suerte de adversario del ‘círculo rojo’, como denominan en Argentina a la ‘patria contratista’, con la finalidad de reforzar la acumulación capitalista a través del llamado “mercado de capitales”. Desde el ascenso del gobierno de Temer, la privatización del petróleo ha avanzado mucho, en especial por la apertura de las licitaciones al capital extranjero. De acuerdo a los medios de comunicación, el alto mando militar admitiría la privatización de las empresas satélites de Petrobrás, pero no ella misma. Es lo que parece ocurrir con la ‘joya’ industrial brasileña, la aeronáutica Embraer, que privatizaría en forma parcial su sector comercial.
En materia laboral, el choque que se avecina no es menos decisivo, porque la reforma ya aprobada por el Congreso, tiene por delante la aplicación en los grandes conglomerados económicos, donde se encuentran vigentes los convenios colectivos. El “contrato individual” y el “trabajo intermitente” colisiona con los derechos de los trabajadores de las grandes empresas, y por más contorsiones que haga la burocracia sindical, como ha ocurrido hasta ahora, para conciliar la defensa de su status con la política destructiva del gobierno, la pelea está planteada.

Diseño de ofensiva

Bolsonaro sostiene este programa de ‘ajuste’ a pesar de una trayectoria de pronunciamientos ‘nacionalistas’; no le cuesta, como se ve, acomodarse a cualquier realidad, aunque deberá arbitrar los conflictos inevitables que provocarán las privatizaciones, la desprotección industrial y los choques por el manejo del mercado de capitales. El programa de cuño propio del nuevo mandatario es, sin embargo, absolutamente reaccionario y potencialmente fascista. El planteo de erradicar la influencia democrática y de izquierda en la educación es, por su alcance, un llamado a la guerra civil; lo mismo vale con relación al combate contra los derechos que reclama el movimiento de mujeres, lo cual involucra también a la salud. Bolsonaro tiene el problema, eminentemente táctico, de si va a atacar en todos los frentes al mismo tiempo, con el riesgo de que cualquier dilación desgaste su base de apoyo social. Sus sostenedores capitalistas ya han comenzado ataques agrarios para echar a los trabajadores del campo de sus tierras o perseguirlos por su actividad de organización. Brasil podría re-ingresar en un período de semi-guerra civil en el campo. En los últimos días se anunció que demoraría el proyecto de guerra contra la educación. Sin embargo, reconfirmó el proyecto que autoriza la portación de armas y la doctrina Chocobar, que protege a las fuerzas represivas que asesinen ciudadanos corrientes. En el marco del conjunto de su política, esto es un paso hacia el fascismo, porque apunta claramente a facilitar la organización de bandas armadas. La tendencia fascistizante del nuevo gobierno no puede ser ignorada cuando se tiene en cuenta la dimensión de la guerra social que ha anunciado. Esto debe ser señalado incluso si no reúne aún, ni llegue a reunir realmente, los recursos políticos necesarios para imponerse a una resistencia y a una rebelión popular. Cotejado con sus ambiciones, el gobierno de Bolsonaro es débil.
La consagración de Bolsonaro ha abierto un nuevo frente en la crisis internacional, esto porque se entrelaza con el gobierno y la política de Trump. Por de pronto, ya ha ratificado su alianza política y militar con el sionismo, a pesar de que podría provocarle la pérdida de mercados importantes en el espacio económico árabe. Probablemente ya ha conversado el asunto con estos regímenes, que cada día más se convierten en aliados del Estado sionista. La intención de acabar con el gobierno de Venezuela ha sido planteada en forma abierta, lo cual plantea un choque con China y con Rusia, que sostienen a Maduro. Habrá que explorar si existe alguna negociación de conjunto con estos para abreviar el mandato del régimen venezolano, algo que es previsible a la luz de tantos giros de la política mundial en los últimos meses. La cuestión de China, sin embargo, transita por otro carril más, que es el de la guerra económica internacional. Trump ha extendido esta lucha a toda América Latina. Como se puede apreciar, Bolsonaro empieza su gobierno en un marco de convulsiones y crisis en todos los campos, de ahí que su desarrollo tendrá un impacto fundamental en la crisis política que atraviesa a América Latina. Brasil inaugura un gobierno reaccionario en grado de tentativa. Si se cotejan sus posibilidades con lo ocurrido con el macrismo en Argentina, por una parte, o con la enorme crisis política que ha desatado en Estados Unidos la gestión de Trump, por la otra, es claro que la caracterización de la etapa que pretende abrir el ascenso de Bolsonaro está condicionada.

La izquierda

Todo indica que la izquierda brasileña ingresa en este nuevo período en un grado avanzado de desmoralización. Boicoteará la ceremonia de asunción del proto fascista, simplemente por necesidad. No ha ofrecido hasta ahora un balance de lo ocurrido ni menos una política o programa. Ha decidido dejar la iniciativa a Bolsonaro y a los militares y a otear las divergencias que puedan emerger en el ‘trío fantástico’ del flamante gobierno – Guedes-militares-clan fascista. El PT se refugiará en el parlamento, donde buscará tejer alianzas en nombre de un Frente Democrático. La izquierda brasileña que se mantiene en un terreno de lucha de clases debería proceder de otro modo y convocar a un inmediato debate a partir de planteos y programas. El análisis político debe desplazar al impresionismo. A este debate debe ser convocado todo el activismo obrero, femenino y juvenil. La izquierda latinoamericana en su conjunto enfrenta la obligación de discutir una política continental, frente a experiencias tan contradictorias como la mexicana, de un lado, y la brasileña, del otro, y también frente a la de Argentina, potencialmente la más explosiva de todas – más las insinuaciones de guerra frente a Venezuela o la crisis migratoria de Centroamérica y México, de un lado, y Estados Unidos, del otro. La carta más fuerte de Bolsonaro, los militares y los ajustadores es la falta de rumbo de la izquierda y los sindicatos.
Una caracterización de lo que será el gobierno de Bolsonaro sólo puede hacerse en forma aproximativa. En tanto prepara una ofensiva contra los trabajadores, se moverá siguiendo una línea de arbitraje de características peculiares. Se presenta como un semi-bonapartismo de coalición entre el bolsonarismo, el neoliberalismo y los militares. Más allá de esto, deberá conformar una ‘coalición a la carta’ con el Congreso, como ocurre en Argentina, donde operarán todos los ‘lobbies’ del capitalismo local, en especial aquellos que temen ser desplazados. A pesar del respaldo de 55 millones de votos, su estabilidad deberá ser probada en la lucha de clases.

Jorge Altamira