jueves, 22 de junio de 2017

Brasil: Nueva huelga general




Para el 30 de junio, está convocada una nueva huelga general en Brasil. La iniciativa fue adoptada por las centrales sindicales. Esta convocatoria viene precedida por el parazo del 28 de abril pasado, que conmovió al país. Tanto por su masividad como por su contundencia, se trató de la medida de fuerza más importante de las últimas décadas y fue acompañada de piquetes, movilizaciones y cortes de calles en las principales localidades del país.
Pese a su éxito, las centrales sindicales se tomaron su tiempo y fueron dilatando una nueva convocatoria. Hasta ahora han evitado darle un carácter activo a la huelga del 30, procurando convertirla en una jornada dominguera.
Entretanto, las direcciones gremiales, empezando por la CUT -enrolada políticamente con el PT-, actúan como dique de contención de huelgas e iniciativas de lucha en diferentes gremios.

Gobernabilidad

La burocracia sindical está jugando un papel clave para mantener la gobernabilidad de un régimen que está contra las cuerdas. A su turno, la Corte Electoral acaba de salvarle el pellejo a Temer, rechazando la acusación por el financiamiento ilegal del entonces binomio presidencial triunfante (Rousseff-Temer), lo que hubiera significado la destitución automática del actual primer mandatario. Pero eso no es suficiente. En forma inmediata, debe hacer frente a las acusaciones de soborno del empresario de la carne Joesley Batista, que desataron la reciente tormenta política. Estamos frente a una guerra que se libra en todos los planos -el de la Justicia, los servicios y, principalmente, en el de la orientación económica del Estado, a través de una puja abierta entre la burguesía local y el imperialismo por el manejo y explotación de los grandes recursos y la actividad industrial del país y, por lo tanto, sobre el destino de las grandes corporaciones brasileñas. La operación Lava Jato y, ahora, las revelaciones de los hermanos Batista, impulsadas desde Estados Unidos, han apuntado a quebrar la articulación industrial y financiera armada en torno de Petrobras y el sistema de contratos y concesiones otorgadas desde el Estado.
La dirigencia sindical está actuando como furgón de cola de la estrategia del PT que viene colocando como salida la candidatura presidencial de Lula para 2018. En nombre de ese “volveremos”, bloquea la posibilidad de que Temer caiga, ahora, bajo la presión directa de la acción popular.

“Directas”

La plataforma de la huelga incluye, por primera vez, el reclamo el “elecciones directas”. Es el reclamo principal que enarbola el Frente Amplio, una coalición de partidos que incluye entre otros, al PT y al PSOL.
Las ‘diretas’ le plantean al PT un problema insoluble, con o sin legislativas, pues para ello no tienen más remedio que pactar con los partidos tradicionales, ello, con el pretexto de alcanzar una mayoría parlamentaria, reiterando la nefasta experiencia ya recorrida cuando fueron gobierno.
La declaración del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB) pidiendo a Temer la anticipación de las elecciones animó a la dirigencia del PT. Según Cardoso, el llamado a nuevas elecciones busca “devolver la legitimidad del orden a la soberanía popular”. Estamos ante un giro del ex presidente, quien venía pugnando por la designación de un sucesor de “consenso”. Este giro, probablemente, tenga que ver con las crecientes fisuras del campo oficialista, que se extiende a un Parlamento que ha frenado la salida de la reforma laboral y jubilatoria. Esta cuestión es crucial, puesto que priva a Temer, quizá, de su principal arma de gobierno: la de presentarse como garante del ajuste que vino llevando adelante desde que asumió. Un empantanamiento de la ofensiva antipopular en curso puede acelerar la determinación del capital de soltarle la mano.
El líder del PT en Diputados, Carlos Zarattini (San Pablo) afirmó que buscarán a los tucanos (Cardoso) para un acuerdo: “Intentaremos hablar con ellos para un acuerdo sobre las elecciones directas. Nuestro objetivo es sacar a Temer” (Infobae, 14/6). La huelga del 30 pretende ser colocada detrás de esta perspectiva política, aunque todo está atado con alambres y no se puede descartar que vuelva a abrirse paso una salida de consenso. Después de haber batido el parche sobre las “elecciones directas ya” y aprobada dicha consigna en el Congreso del PT, Lula dejó de lado ese reclamo y exhortó a esperar a 2018, lo que fue interpretado, por algunos analistas, como una puerta para negociar un sucesor a través de una elección indirecta por el Congreso.
Con independencia de ello, ya sea de un candidato de consenso o de una directa necesariamente pactada, estas opciones tendrán como fundamento una continuidad de la política de austeridad y de reformas antiobreras.

Congreso de trabajadores

Cualquiera sea el arreglo que se llegue, ese desenlace no cierra la crisis. Las convulsiones políticas seguirán. La cuestión del momento, en Brasil, es darle continuidad a la movilización popular, empezando por garantizar la masividad de la huelga general y darle un carácter activo.
En oposición a las salidas capitalistas y antipopulares que se están barajando, cobra enorme relevancia y actualidad la convocatoria a un congreso de trabajadores para discutir un programa y una salida política frente a la crisis en desarrollo. Por el retiro de la reforma laboral y jubilatoria; por un salario y una jubilación equivalente a la canasta familiar; por el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario y ocupación de toda fábrica que cierre o despida; por la apertura de los libros de todos los pulpos capitalistas y por el control obrero de la producción; por el cese del pago de la deuda externa e interna, y la nacionalización sin pago de la banca y de los monopolios petroleros, de modo de colocar los recursos al servicio de las necesidades sociales. Es hora de luchar por una Asamblea Constituyente libre y soberana, donde se discuta una reorganización integral del país sobre nuevas bases sociales. La cuestión clave en Brasil y, de un modo general, en América Latina, es que la clase obrera emerja como un factor político independiente y se transforme en alternativa de poder.

Pablo Heller

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