sábado, 18 de abril de 2020
Guerra cultural de ayer a hoy
Cómo la CIA ha modificado sus estrategias de la Guerra fría hasta hoy en la lucha por los corazones y las mentes de las personas
viernes, 17 de abril de 2020
Cuando los bolcheviques derrotaron al tifus

Hospital para el aislamiento de pacientes. 1920
La construcción de hospitales y la educación sanitaria lograron evitar miles de muertes por el tifus y controlar esta epidemia. Para ello centralizaron sus recursos en función de las necesidades de las grandes mayorías.
El Tifus es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Rickettsia Prawazekii y es trasmitida por los piojos de la ropa (Pediculo Humanas Corporis). Actualmente es endémica en países de África, Asia y Sudamérica, y está relacionada a las condiciones de un deficiente saneamiento básico. Esta enfermedad es tratada con medidas higiénicas y con un antibiótico que se llama Doxiciclina, que fue patentado en 1957 y permitió disminuir drásticamente la mortalidad por esta enfermedad. Pero antes del descubrimiento de este medicamento la humanidad sufrió miles de muertes con grandes epidemias por esta enfermedad, las últimas de las cuales se dieron en el frente oriental de la I Guerra Mundial.
Desatada la carnicería humana de la Gran Guerra, desde Serbia hasta Rusia, el Tifus dejaba a los soldados fuera de combate, ya sea porque se enfermaban o porque se morían en las trincheras. Con la revolución Bolchevique y la toma del poder por los soviéticos comenzaron las negociaciones de paz para firmarla en Brest-Litovsk en marzo de 1918. Para el joven gobierno revolucionario fue necesario ponerle fin a la guerra imperialista y así poder avanzar en las políticas socialistas y combatir el hambre, el atraso material y las enfermedades.
En este período la Unión Soviética fue aislada de otros países y hacia dentro, el hambre, la guerra civil y la epidemia del Tifus van a profundizar el deterioro material de las masas. Los informes del Dr. Fedorov registraron 47.333 casos en Petrogrado de los cuales el 9,2% murió en el periodo de 1918 a 1922. En toda la URSS cerca de 4 millones de personas estaba afectada, y en la guerra civil, ésta enfermedad no escogía bandos, tanto el ejército Rojo como el Blanco estaban afectados.
El año crucial fue 1918, cuando las instituciones de salud pública colapsaron y los piojos disfrutaron por primera vez de una movilidad sin precedentes. Sin un funcionamiento de la salud pública los servicios carecían de datos fidedignos sobre la ocurrencia del Tifus y otras enfermedades contagiosas.
Lenin visualizó que el problema de la epidemia del Tifus era concerniente a la Salud Pública y que era una tarea clave para la construcción y desarrollo del Estado proletario. En 1919 se dirige al VII Congreso de Obreros y Campesinos con las siguientes palabras:
Un tercer flagelo nos está atacando, los piojos y el tifus que está derribando a nuestras tropas. Camaradas, es imposible imaginar la terrible situación en las regiones del tifus, donde la población está rota, debilitada, sin recursos materiales, donde toda la vida, toda la vida pública cesa. A esto decimos: ‘Camaradas, debemos concentrar todo en este problema. ¡O los piojos vencerán al socialismo, o el socialismo derrotará a los piojos!... Es necesario que cada trabajador, cada organización, cada institución tenga esto en cuenta en cada reunión. Si somos capaces de suministrar granos, si logramos aumentar el suministro de combustible, si dedicamos todos nuestros esfuerzos a eliminar el tifus en Rusia, que proviene de la falta de cultura, de la pobreza, el atraso y la ignorancia. Si dedicamos para esta guerra sin sangre, con toda la fuerza y experiencia obtenidas en una guerra sangrienta, podemos estar seguros de que lograremos éxitos cada vez mayores en este trabajo.
En julio de 1918 se crea el Comisariado del Pueblo de Salud Pública “Narkomzdrav”, nombrando en su dirección al médico Nikolai Semashko, desde donde se concentraron fuerzas para mejorar las condiciones de existencia material y cultural de las masas. En principio, los médicos de ejercicio liberal se opusieron al naciente Comisariado de Salud, pero la falta de “clientes” por la pobreza y la necesidad de centralizar las políticas sanitarias contra las epidemias los llevó a colaborar con los bolcheviques. Lenin informaba al séptimo congreso:
Todavía hay algunos médicos, por supuesto, que tienen nociones preconcebidas y no tienen fe en el gobierno de los trabajadores, que prefieren cobrar honorarios a los ricos en lugar de luchar en la dura batalla contra el tifus. Pero estos son una minoría, son cada vez menos, y la mayoría ve que la gente está luchando por su propia existencia, se dan cuenta de que, con su lucha, la gente desea resolver la cuestión fundamental de preservar la civilización. Estos médicos que están comportando en este arduo y difícil asunto con no menos devoción que los especialistas militares. Están dispuestos a ponerse al servicio de los trabajadores. Debo decir que estamos empezando a salir también de esta crisis. El camarada Semashko me ha dado información sobre este trabajo. Según las noticias del frente, 122 médicos y 467 asistentes habían llegado al frente el 1 de octubre. Ciento cincuenta médicos han sido enviados desde Moscú. Tenemos razones para creer que, para el 15 de diciembre, otros 800 médicos habrán llegado al frente para ayudar en la batalla contra el tifus.
Las medidas sanitarias estaban basadas en controlar la propagación del Tifus mediante el control de los vectores (piojos), aislamiento de los enfermos, la educación sanitaria y la utilización de químicos para repeler el ingreso de los piojos a al cuerpo. La ropa de las personas, así como el uniforme de los solados, eran llevados a un gran esterilizador a vapor para matar los piojos y destruir sus huevos.
Se proporcionaron duchas calientes, baños, jabón fuerte, aceites de coco y Trementina (apodada Semashkina). El naftaleno y las piretrinas se usaron ampliamente para despiojarse (luego fue reemplazado por el DDT).
El gobierno soviético estableció unas 250,000 camas para pacientes con tifus y erigió unas 300 estaciones de aislamiento y desinfección a lo largo de los ferrocarriles y vías fluviales. Cientos de destacamentos de baño y desinfección fueron creados en el ejército para desalojar las tropas. Los pacientes eran controlados clínicamente y sus cuidadores eran informados sobre todas las medidas y recaudos necesarios para evitar el contagio y las complicaciones. Se crearon trenes sanitarios libres de piojos que recorrían todo el frente soviético trasladando pacientes a los principales hospitales para la terapia necesaria de acuerdo a la gravedad. Las fabricas contaban con salas de asistencia con médicos y baños para la higiene del personal.
Con el mejoramiento de las condiciones materiales, la construcción de hospitales y la educación sanitaria se lograron evitar miles de muertes por el tifus y controlar esta epidemia. Para ello centralizaron sus recursos en función de las necesidades de las grandes mayorías, y que en esa época histórica el desarrollo de la ciencia y de la tecnología no era tan avanzado como ahora. El Tifus dejó de ser un problema para la población europea luego de la utilización del DDT en 1939 y el descubrimiento de la Doxiciclina, un antibiótico de muy bajo costo.
Esta enfermedad solo es descripta en países donde las condiciones de vida son paupérrimas a causa del capitalismo que ha mercantilizado la salud y la ciencia durante décadas. Esta mercantilización ha conducido al aumento de las ganancias y la acumulación capitalista de la industria farmacéutica y científica. Todo avance de la misma ha tenido el objetivo de beneficiar económicamente un minúsculo sector de la sociedad con un beneficio residual dependiente de la accesibilidad económica de las personas.
La pandemia del COVID-19 muestra la cara más brutal e inhumana de este sistema, ya que en diversos países la mercantilización de la salud y de la ciencia farmacológica evita que millones de personas puedan acceder a los recursos de salud sin que sea mediado por el dinero, o que el desarrollo de una vacuna contra la pandemia desate la competencia entre los centros de investigación de todo el mundo por un negocio potencialmente muy rentable para la industria farmacéutica. Los Bolcheviques, a pesar del atraso científico, económico y cultural, demostraron que con la nacionalización y centralización de los recursos en salud se pueden dar respuestas sanitarias eficaces a las enfermedades epidémicas.
Hoy, con todo el desarrollo de la ciencia y la tecnología en salud, es imprescindible tomar estas políticas y ponerlas en función de las grandes mayorías.
Juan Paz
Médico (Universidad Nacional de Tucumán)
Martes 14 de abril | 12:05
Manini Ríos, nuevamente del lado de los criminales de lesa humanidad

El senador por Cabildo Abierto aprovechó su puesto parlamentario para defender al asesino de lesa humanidad Lawrie Rodríguez e incluso defendió a otros criminales relacionados al terrorismo de Estado.
Manini Ríos que ya en otras ocasiones había defendido a los criminales de lesa humanidad, uso su puesto en el Senado esta vez para defender a Lawrie Rodríguez asesino de Iván Morales Generalli (FAU-OPR33) y juzgado con prisión el pasado marzo.
Manini utilizó también la excusa de la pandemia del Covid 19 para intentar argumentar razones “humanitarias” y no olvidó recordar a otros criminales de lesa humanidad vivos y muertos como Dalmao, José Puigvert y otros. Repetidamente y hasta al cansancio vuelve a usar también el argumento “hechos de hace 50 años” como si los crímenes de lesa humanidad deban olvidarse o perdonarse, argumentos típico que no solo usa Manini si no que es característicos de los mismos que con un discurso punitivista y racista aúllan por endurecer penas contra “la delincuencia”. En paralelo y al mismo tiempo de realizar esta defensa de los criminales de lesa humanidad, creó un cargo al ex diputado e integrante de la JUP y también defensor de los milicos torturadores Daniel García Pintos.
Manini no olvidó recordar la defensa que hizo en el pasado el Senador frenteamplista José Mujica (mientras era presidente de la República) a favor de Dalmao y los “viejitos presos”, he ahí el resultado de décadas de impunidad sostenida por todo el espectro político, las ayer palabras y acciones de Mujica y otros “habilitan” a usar los mismos argumentos al protector de los reos de lesa humanidad Manini Ríos.
Desde filas oficialistas el Ministro de Defensa Javier García se apuró a lavarse las manos diciendo que “no corresponde pedir explicaciones” con respecto a los dichos de Manini Ríos en el Senado, por su parte el senador del Partido Nacional Sergio Botana fue más lejos y dijo que al senador Manini Ríos “le asiste toda la razón”.
“El general” y su careta hipócrita
Manini hace gala de exhibir frente a todos (y con resultados de popularidad entre muchos ingenuos) una pseudo postura de “rectitud”, “honorabilidad” y “honestidad”. Pero no hay nada de recto, honorable y honesto, defender a criminales de lesa humanidad, que han secuestrado, torturado, violado y asesinado. Lo hayan hecho hoy o hace cincuenta años, defender a esa mugre lo hace parte de la misma.
Manini también se jacta de no venir de la política, de que no es un político tradicional, pero sin embargo su autoproclamado carácter de outsider es relativo, ya que él mismo surge de las entrañas mismas del propio Estado y es miembro de uno de los clanes políticos más importantes y tradicionales de los últimos 100 años en Uruguay.
Pero esta defensa no es ingenua, Manini representa y ejerce sin vergüenza el papel de vocero y líder de toda una concepción política y social que tiene al Ejército y las FFAA como núcleo. Defendiendo a los criminales de lesa humanidad se defienden a ellos mismos como lo que son y en el rol que esperan les vuelvan a asignar en el futuro como los “salvadores de la patria” cuando las clases dominantes y el imperialismo lo requieran, como ya lo hicieron en el pasado. Manini exculpando y minimizando a los criminales y los crímenes de ayer, prepara el terreno para los crímenes y criminales del futuro.
El mito Manini no nació de un repollo, es hijo directo de la impunidad del Club Naval, de la moderación y muchas veces protección de los gobiernos del Frente Amplio con respecto a estos criminales, del dejar hacer y promover a militares como Manini durante la administración frenteamplista, con Manini en sus casi cinco años como comandante en jefe del Ejército haciendo y deshaciendo, interviniendo en política, casi sin consecuencias hasta las tardías decisiones de la última etapa.
s finalmente el producto de una institución como las FFAA y el Ejército que permanecen no solo existiendo sino prácticamente impunes por el visto bueno unánime del sistema político. “Instituciones” que luego de las atrocidades cometidas en la dictadura merecían su disolución, fueron protegidas y hasta defendidas (con intentos de lavada de cara incluidos) hasta el día de hoy, para cumplir cuando sea necesario su tarea esencial que es la represión sobre el pueblo trabajador.
Sebastián Artigas
Miércoles 15 de abril | 19:23
jueves, 16 de abril de 2020
Israel coloca a Gaza al borde de una catástrofe sanitaria

Bloquea el ingreso de insumos contra el coronavirus
Las casi dos millones de personas que viven en la cercada Franja de Gaza, un verdadero gueto a cielo abierto, encaran la llegada del coronavirus a su territorio teniendo que enfrentar la criminal política del gobierno israelí que no solo los somete desde hace más de una década al aislamiento y a represiones sistemáticas que han provocado un desastre humanitario y destruido, en buena medida, su sistema sanitario, sino que ahora, ante la pandemia, no ha abierto siquiera una puerta para el necesario ingreso masivo de medicamentos, material sanitario y kits para realizar los test a los habitantes que puedan estar infectados.
La cantidad de casos de personas contagiadas con el virus es aún reducida (13), a los que se suman otros 3000 que se encuentran en cuarentena por haber ingresado desde el exterior en los últimos días, pero las autoridades sanitarias de la Franja temen que se desate un brote mayor. El sistema de salud no podría enfrentarlo y se produciría una catástrofe sanitaria.
Esas mismas autoridades denunciaron la semana pasada que se les habían agotado los escasos kits con los que contaban para realizar testeos y, luego de dilatadas negociaciones, que se estiraron a lo largo de cuatro días, las autoridades israelíes autorizaron que solo cinco kits comprados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ingresaran al territorio palestino. La insuficiencia de esta cantidad es clara y fue denunciada por las autoridades sanitarias gazatíes: apenas alcanza para realizarle el test a 500 personas, de los dos millones de habitantes de la Franja.
"Hemos comenzado los exámenes inmediatamente después de recibir los kits en la noche del domingo", dijo Ashraf al-Qidra, portavoz del Ministerio de Salud de Gaza, pero "necesitamos realizar pruebas todo el tiempo y por lo tanto, necesitamos cientos de kits de exámenes" (Reuters, 13/4).
La situación de deterioro de los centros de atención provocada por los ataques israelíes y por la imposibilidad de recomponerlos dado el bloqueo realizado por sionistas y egipcios en las dos puntas del pequeño territorio de 365 kilómetros cuadrados, hace que hoy solo se cuente en la Franja con “55 camas de cuidados intensivos y 50 aparatos de reanimación y las fuerzas de ocupación israelíes impiden la entrada de material médico”, a lo que se suma “la falta de personal sanitario” y “los cortes permanentes de electricidad y la contaminación del agua potable, que no es adecuada para el consumo humano”, según denunció Ziad Medoukh, un reconocido escritor palestino (Rebelión 3/4).
La situación en la Franja es, además, muy preocupante ante la pandemia por la alta densidad de población –casi 5.500 habitantes por kilómetro cuadrado, una de las mayores del mundo- en un cuadro de crisis y miseria generada por el bloqueo. Ziad destaca que la “tasa de paro supera el 67%, más de las dos terceras partes de los hogares sufren inseguridad alimentaria, un 72% de la población de Gaza vive por debajo del umbral de pobreza y un 75% de las y los gazatíes depende de la ayuda alimentaria para sobrevivir”.
La ofensiva de los sucesivos gobiernos sionistas contra el pueblo palestino y, en particular, contra los que habitan la Franja de Gaza, forma parte de una política destinada a la liquidación de todos los derechos de esta población y la expulsión de la población misma, que no ha cambiado ante la aparición de la pandemia.
Además del bloqueo, que lleva 14 años y los brutales ataques y bombardeos de la población del pequeño territorio, el gobierno sionista suma los asesinatos (más de 300 en poco más de un año) de quienes protestan contra el aislamiento israelí en las cercanías de la frontera entre la Franja e Israel y la fumigación con el venenoso glifosato (https://prensaobrera.com/internacionales/64939-israel-rocia-la-franja-de-gaza-con-glifosato) de los escasos sembradíos que crecen en el desértico territorio de Gaza, entre otros hechos criminales.
Ahora está generando las condiciones para una catástrofe humanitaria si el brote del coronavirus se dispara. Como se vio en China, Europa y los Estados Unidos, se expande con una rapidez que la convierte en pocos días en una plaga imparable.
Hay que exigir que se levante el bloqueo y el aislamiento israelí-egipcio, que se permita el ingreso de todo el material sanitario necesario, así como los alimentos y elementos necesarios para mejorar la infraestructura edilicia de la población gazatíes.
Esto plantea nuevamente: fuera las manos sionistas de Gaza. Basta de la carcel a cielo abierto de la población gazatí. Plena libertad para el pueblo palestino. Por una Federación Obrera y Socialista del Medio Oriente.
Nelson Marinelli
miércoles, 15 de abril de 2020
Eduardo Galeano, 5 años de soledad

Quería que su obra fuese alimento de los pueblos y un estímulo para movilizarse y luchar y no un material bibliográfico para cursos de posgrado de historia latinoamericana. Intrigado, más de una vez le pregunté como hacía para escribir cosas tan bellas, profundas y sencillas. Su respuesta me asombró: “a veces me paso una noche en vela buscando una palabra, la palabra precisa”.
Recuerdo como si fuera hoy aquel fatídico 13 de Abril del 2015, cuando me llegó la noticia del deceso de Eduardo Galeano. Lo único que atiné hacer fue buscar sus libros en mi biblioteca y sentirme una vez más en su compañía y deleitándome con su lectura. Eduardo fue no sólo un crítico incisivo y mordaz del capitalismo y un hombre comprometido con la revolución latinoamericana sino también un pensador a la vez original y profundo, combinación bastante inusual. La tragedia de algunos intelectuales que se jactan de su originalidad –materia inevitablemente polémica porque, como dijo Alfred North Whitehead, “toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía de Platón”- es que rara vez su pensamiento trasciende el espectral mundo de las apariencias. Son originales pero en la producción de trivialidades, consumados maestros en el arte de la prestidigitación de la palabra. Toda generalización es injusta pero tengo para mí la convicción de que gran parte del llamado “pensamiento posmoderno” (si es que tal cosa no fuese un oxímoron) encaja en esta descripción. Con la exuberancia de sus malabarismos verbales los posmodernos cumplen -creo que en muchos casos sin saberlo- una importante función conservadora al estimular y justificar el eclecticismo, la resignación política y el conformismo. Otros son profundos, pero no originales. Sus ideas medulares abrevan en algunas de las más grandes cabezas de la historia de las ideas políticas y sociales. El precio de esa profundidad tomada de prestado -y sin que siempre se reconozca la deuda con el verdadero creador- es lo que Gramsci llamaba «el doctrinarismo pedante»: el reemplazo del análisis concreto de la realidad concreta por audaces plumazos de venerable prosapia pero que nada explican y que mucho menos sirven para cambiar el mundo. La profundidad de la obra interpretativa de Galeano tenía sus raíces en la tradición marxista, pero enriquecida con su notable erudición histórica y su excepcional conocimiento de primera mano de las realidades de su tiempo.
Galeano, como todo grande de verdad, era una persona humilde, sencilla, generosa. Dueño de un refinado sentido del humor, signo inconfundible de la inteligencia. Todo encuentro con él era un diálogo, jamás un monólogo, y sin lugar para la tan común tendencia de algunos intelectuales a convertir a la historia contemporánea en una simple anécdota emanada de sus dichos o escritos. Pocas veces le escuché decir “yo”, siempre hablaba de los pueblos, los pobres, los negros, las mujeres, los jóvenes, las comunidades originarias de Nuestra América; en fin, de los oprimidos y explotados en todas sus variantes. A estas virtudes, que lo convertían en un amigo entrañable y un formidable interlocutor intelectual, se le agregaba su capacidad para retratar los episodios más complicados de nuestra historia con un lenguaje llano, terso, sin rebusques culteranos. Quería que su obra fuese alimento de los pueblos y un estímulo para movilizarse y luchar y no un material bibliográfico para cursos de posgrado de historia latinoamericana. Intrigado, más de una vez le pregunté como hacía para escribir cosas tan bellas, profundas y sencillas. Su respuesta me asombró: “a veces me paso una noche en vela buscando una palabra, la palabra precisa” (allí se me cruzó como un relámpago la imagen de Silvio cantando Ojalá ) “que cierre con elegancia y contundencia un argumento.” Lo miré sorprendido y agregó: “Además”, me dijo mientras me apretaba con fuerza el antebrazo apoyado en la mesa del Café Brasileiro, allá en la Ciudad Vieja de Montevideo, “la frase tiene que sonar bien, tiene que tener una agradable musicalidad”. ¡Claro como el agua! Escribir bien obliga a tener un cierto oído musical, para que la palabra leída suene como una agradable melodía. ¡Chapeau Eduardo! ¡Qué lección! Te fuiste pero, como los grandes, seguís siendo inagotable fuente de inspiración para los que aún estamos en este mundo del capitalismo pandémico cuyos horrores y aberraciones sólo vos podrías describir con la debida elocuencia. Como hiciste en Las Venas Abiertas de América Latina.
Atilio Boron
El capitalismo y el origen de la pandemia del coronavirus

La pandemia del Covid-19 está actuando severamente en el cuerpo moribundo del régimen mundial capitalista. Pero es este mismo régimen el que, en su decrepitud, ha dado origen al virus en su búsqueda de mecanismos contrarrestantes a la caída de su tasa de beneficio. Hay datos contundentes al respecto.
Los Angeles Times (13/2/2020) afirma que el brote se centró en un mercadito de mariscos de Wuhan, en el sur del país de China con vendedores y compradores como los principales afectados. En dicho mercado se vendían mapaches, murciélagos, zorros, roedores y víboras. La Organización Mundial de la Salud sostiene que la epidemia se originó “en murciélagos y luego saltó a un huésped intermedio, antes de infectar a humanos”. Infobae (27 de enero de 2020) completa esta información diciendo que tal proceso fue la transmisión del Covid-19 de un murciélago a una civeta (huésped) que lo transmitió a humanos. The New York Times sostiene que China es clave en el comercio ilegal de animales silvestres. El profesor de microbiología David Rodríguez de la Universidad de Burgos sostiene que: “El inicio de esta epidemia se debe a un salto de especie entre un hospedador animal a un ser humano. Según un análisis reciente de las casi 32.000 especies de vertebrados terrestres, alrededor del 20% de ellas se compran y se venden en el mercado mundial legal o ilegalmente, facturando 20.000 millones de dólares y constituyendo el cuarto en el comercio ilegal más grande después de las drogas, el contrabando de personas y la falsificación” (BBC, 3/2/2020).
La OMS ha señalado siete mil alertas posibles de brotes infecciosos (mucho más que en décadas pasadas) debido al calentamiento global. El Foro Económico Mundial ha denunciado que la gran epidemia de zika en 2015 coincidió con el calentamiento oceánico. Marcela Orozco, investigadora del CONICET, relata en una entrevista a La Nación que en la década del noventa en Malasia se establecieron granjas en áreas silvestres ocupadas por murciélagos, para criar cerdos, en la proximidad de árboles frutales cuyos frutos eran mordidos por los murciélagos, infectándolos con un virus del cual eran portadores, y que al caer al suelo eran comidos por los porcinos, que al estar en contacto con humanos, los enfermaban con consecuencias mortales en algunos casos. Lo dicho por la científica argentina es concomitante con lo aseverado por el biólogo evolutivo Rob Wallace en relación a la agroindustria. Wallace sostiene que el capital se está apropiando de los últimos bosques primarios y tierras de cultivo de pequeños propietarios en el mundo. Esto, agrega, produce la deforestación, cuya consecuencia es la aparición de enfermedades, a partir de agentes patógenos que se encontraban en las tierras deforestadas, que a partir de su desmonte entran en contacto con los nuevos ocupantes, constituidos por el ganado que se infecta y transmite a los seres humanos los virus infecciosos. En su afán de aumentar sus beneficios, el agronegocio acapara el mercado de alimentos desplazando a los pequeños campesinos y rompiendo el equilibrio ecológico. La característica genética del ganado criado por el agronegocio es que es muy uniforme y selectiva, lo cual lleva a la eliminación de cualquier cortafuego inmune, en virtud de que su propósito es buscar el mayor rendimiento.
El ecólogo Jean Michel Claverie (de la universidad de Aix Marseille) ha manifestado respecto a algunos virus que habían desaparecido hace centenares de miles de años bajo los hielos del Ártico, que han despertado como fruto del calentamiento global (que no es un fenómeno natural, sino que obedece a la explotación de hidrocarburos para vender en el mercado mundial, lo cual es una constatación de la devastación ambiental que no solo quema bosques y produce inundaciones, sino que hace reaparecer virus y bacterias hace mucho desaparecidas). El ecólogo mencionado agregó que se han hallado virus gigantes(pithovirus silvericum y mollevirus silvericum con una antigüedad de más de treinta mil años), que fueron revividos en un laboratorio conservando sus capacidades infecciosas. Es fundamental agregar que la explotación petrolera y gasífera en el Ártico se realiza a través de excavaciones cuyo resultado es la aparición de agentes patógenos bajo la forma de bacterias o virus resistentes a antibióticos y otros medicamentos conocidos actualmente. Cabe señalar que el Ártico es la última gran fuente hidrocarburífera en ser explotada, lo cual ocasiona la pérdida de millones de kilómetros cuadrados de hielo. La United States Geological Survey informa que en el norte del Círculo Polar Ártico hay una reserva de noventa billones de barriles de petróleo no descubierto y 44 billones de barriles de gas en las mismas condiciones. Es que el Ártico guarda el 22% de las reservas petroleras del mundo según datos de National Geographic. El gran negocio de extracción de petróleo y gas ha llevado a las grandes compañías petroleras a la destrucción y contaminación de esa región del planeta con el riesgo potencial de la proliferación de enfermedades hasta ahora desconocidas por la humanidad. Las compañías que han invertido en este negocio destructivo son Imperial Oil, la rusa Rosneft, Exxon, Conoco, Philips Company,Aboriginal Ripeline Group. La más destacada es Canada Shell, cuya inversión ha sido de 14.500 millones de dólares en Beafourt y el Ártico de Alaska, aprovechando la pérdida de hielo por el calentamiento, lo cual facilita las perforaciones.
El territorio helado del Ártico de quince millones de Km cuadrados ha sido repartido para la explotación petrolera y gasífera entre Canadá, Suecia, Rusia, Noruega, Finlandia,, Dinamarca y Estados Unidos. Es de destacar que Noruega, que se vanagloria de tener una energía limpia, sin embargo contamina el planeta siendo el principal productor y exportador de gas y petróleo de Europa occidental, el decimotercero del mundo, de petróleo y el tercero de gas.
La explotación minera, que también es causante de efectos contaminantes y de desencadenamiento de nuevos agentes patogénicos es objeto del afán de ganancia capitalista de parte de las grandes compañías mineras que explotan hierro, cinc, diamantes y uranio en el Ártico destacándose en este aspecto la London Mining Company.
El mundo está siendo golpeado por el coronavirus, un flagelo ligado al lucro capitalista. Los sistemas sanitarios de todos los países no están en condiciones de enfrentarlo, en la medida en que sus presupuestos están dirigidos al salvataje del capital en derrumbe y han acentuado su feroz competencia para hundirse recíprocamente aumentando las tendencias a la guerra. El capital pretende romper las cuarentenas en todo el mundo en virtud de su finalidad suprema que es la realización de la ganancia. Esto ya está llevando a choques entre la clase obrera y la clase capitalista, como ocurre en Italia, Francia, Estados Unidos, países de África, y en Argentina. La tendencia a las rebeliones populares madura y crece. Es nuestro papel organizarlas y llevarlas al triunfo. La salida a esta crisis es la revolución socialista mundial. Esa es la salida a la catástrofe del capital.
Roberto Gellert
martes, 14 de abril de 2020
El derecho a la pereza, de Paul Lafargue: un texto para recordar en estos días

Lecturas en cuarentena.
“No son vacaciones”, repiten los gobernantes del mundo. No vaya a ser que el encierro forzado ya no en lugares de trabajo sino en casas y barriadas –que en los sectores populares, y no solo, puede ser otro infierno-, llegara a confundirse con un largo domingo reparador. Y sobre todo no vaya a ser que olvidemos la compulsión al trabajo. Para esto importa poco la diferencia que va del home office –que se pinta como autoexplotación solo porque la mano del patrón es invisible en el hogar- o el régimen en el comercio y la fábrica en tiempos de pandemia: el trabajo es un deber sagrado. “Dignifica”, como decía el general.
Contra la tesis que lo presenta como derecho, Paul Lafargue -dirigente de la II Internacional Obrera y yerno de Marx- escribió El derecho a la pereza (1883), un libro que recupera la tradición del panfleto para refutar la masa de argumentos y sentido común -construido sobre la base de las arengas de buenos burgueses, dueños de fábricas, curas, funcionarios de Estado- que invierten el mundo y nuestra conciencia: el derecho al trabajo es el derecho a la miseria.
Tras las derrotas de las revoluciones de los pueblos y, sobre todo, de la Comuna de París, Lafargue advierte que “una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de las naciones donde domina la civilización capitalista”, enajenación que se manifiesta en “el amor al trabajo, la pasión moribunda por el trabajo, llevada hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de sus hijos”.
El autor acumula citas, ejemplos, ironías, paradojas y detalladas descripciones del brutal sometimiento de hombres, mujeres y niños en los talleres. El trabajo asalariado es, entonces, “aberración mental”, “envilecimiento”, “miseria”, “corrupción” física y moral. Entonces, se pregunta: “¿Por qué no distribuirlo uniformemente [el trabajo] en los doce meses y obligar a todos los obreros a contentarse con seis o cinco horas por día durante todo el año, en vez de indigestarse con doce horas durante seis meses? Seguros de su parte cotidiana de trabajo, los obreros no se celarán más, no se golpearán más para arrancarse el trabajo de las manos y el pan de la boca; entonces, no agotados su cuerpo y su espíritu, comenzarán a practicar las virtudes de la pereza.”
Mientras todavía rebotan las declaraciones de un gobernador tejano que ordena a los trabajadores del mundo a ir al trabajo, esto es, ir al muere, o cuando la voz unánime de la burguesía repite: “¡trabajen para aumentar la riqueza social!”, vale la pena echarle una lectura a este clásico del proletariado.
Santiago Gándara
lunes, 13 de abril de 2020
EE.UU: latinos y afroamericanos son los más afectados por el covid-19

Según un artículo publicado por la prestigiosa revista científica Science, la pandemia de Covid-19 está haciendo estragos entre las llamadas “minorías raciales” de Estados Unidos.
La nota informa, por ejemplo, que en Lousiana la población afroamericana representa el 32 % de sus habitantes, sin embargo, son el 75% de las muertes por el virus, asimismo, según los datos publicados por el Estado de Nueva York, la tasa de mortalidad de latinos y afroamericanos fue el doble de las muertes de las personas blancas, y hay informes preocupantes sobre nativos americanos infectados en pueblos de Nuevo México.
Los motivos de estas alarmantes cifras repiten el patrón de otras epidemias, como el H1N1, en donde las enfermedades infecciosas se apoderan más fácilmente en grupos con enfermedades preexistentes y que deben vivir en condiciones de hacinamiento y trabajar junto a otros. Las minorías también tienen menos acceso a la atención médica, que en Estados Unidos es mayoritariamente privada y no cuenta con una infraestructura de atención pública masiva, un cóctel explosivo.
Se va cayendo el mito de que el Covid-19 es una enfermedad de blancos, ya que son los que pueden viajar. En el corazón del capitalismo, la ciudad de Nueva York, los trabajadores latinos ya representan el 45% de los desocupados, no es difícil imaginar las consecuencias sanitarias para las familias trabajadoras en este contexto.
Esta pandemia desnuda y muestra de manera descarnada como este sistema no tiene ninguna salida para la clase obrera más que hambre y enfermedades, la salida sigue siendo como afirmaba Rosa Luxemburgo: socialismo o barbarie.
Fernando Briones Torres
Un ratón antiobrero: Disney suspende sin pago a miles de trabajadores

El gigante del entretenimiento Disney ha hecho ganancias tan enormes que ha podido ir comprando rivales como Pixar(2006), Marvel(2009), Lucasfilm (2012) y el conglomerado de Fox (2019). Ocupa de esta manera el centro de un enorme emporio que incluye canales de televisión, streaming, estudios de cine, historietas, videojuegos y un catálogo de merchandising interminable, aparte de cruceros de lujo y 12 parques temáticos.
Frente al avance de la pandemia la Walt Disney Co. le ha comunicado a sus 223 mil trabajadores que, salvo una minoría que cumple tareas esenciales que seguirán durante la cuarentena, sus empleados “cuyos trabajos no son necesarios en este momento” quedaran suspendidos sin goce de sueldo desde el 19 de abril. Se les seguirá pagando los aportes patronales y el seguro médico, y quienes tengan días de vacaciones pagas podrán tomárselas en estas fechas. Fuera de eso, la empresa avisa que pueden pedir la limitada asistencia que algunos gobiernos están destinando a los desocupados.
Los ejecutivos de Disney han tomado reducciones parciales o totales de su paga para mostrar que el ajuste lo pasaran con un esfuerzo de “toda la empresa”.
Orlando, un pueblo fantasma
En el Disney World de Orlando, Florida, la empresa ya ha firmado los acuerdos con los sindicatos que aceptaron la modalidad de suspensión y que agrupan 43.000 trabajadores. Entre trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, la empresa emplea en la ciudad y sus alrededores unas 77.000 personas, de las cuales sólo 200 se mantendrán empleadas en la guardia mínima. La publicación económica Forbes consigna que esta medida significa la triplicación de la tasa de desempleo de la ciudad, una verdadera bomba económica y social que promete generar un efecto cascada en empresas vinculadas al negocio del turismo en el tramo central de Florida.
Para el gigante del entretenimiento, son los empleados los que deben absorber el costo de la crisis generada por la pandemia. La aceptación de esto por los sindicatos, y el Estado norteamericano muestra que, sin una intervención independiente de los trabajadores, existe una sintonía total para preservar las millonarias reservas de las empresas a expensas de las familias obreras.
En el “reino mágico” de Disney World también haría falta que se levante el planteo de pago integral de salarios a costa de las empresas y control popular de la cuarentena que el Partido Obrero levanta en Argentina. Las arcas del ratón pueden costear esto, y si lo niega, bien harían sus trabajadores en exigirle que abra sus cuentas.
Guillermo Kane
domingo, 12 de abril de 2020
Salud privatizada y ajustes: dos grandes escollos en la lucha mundial contra la pandemia

La pandemia ha puesto de relieve la vulnerabilidad del sistema de salud de Estados Unidos, que, como es sabido, ha pasado a convertirse en el epicentro de la propagación del virus. La medicina norteamericana es abrumadoramente privada. La red pública es marginal. Esta estructura de la salud ha sido un factor gravitante para explicar las dificultades y carencias de dicho país para enfrentar el brote.
El sector privado dominante ha reducido los servicios para aumentar las ganancias. Según la Asociación Estadounidense de Hospitales, el número de camas de hospitales disminuyó un extraordinario 39% entre 1981 y 1999. Este recorte se prolongó hasta nuestros días. El objetivo era aumentar las utilidades mejorando la proporción de camas ocupadas. Los sanatorios son organizados a imagen y semejanza de una empresa capitalista y lo que prima es la rentabilidad y no las necesidades y previsiones en materia médica y sanitaria. El afán por achicar los inventarios de modo de reducir el costo que representa un capital inmovilizado que reina en el mundo de los negocios y que está incorporado como máxima en las corporaciones modernas ( just in time) ha sido trasladado al campo de la salud. El principio reinante fue disponer exclusivamente de lo imprescindible en lo que se refiere a insumos, camas e infraestructura de modo de minimizar costos al máximo. Bajo esta premisa, el estándar considerado ideal era tener el 90% de las camas ocupadas. Pero bajo este criterio, los centros de salud ya no tenían la capacidad de absorber la afluencia de pacientes durante epidemias y emergencias médicas.
Como resultado, solo hay 45,000 camas de UCI (terapia intensiva) disponibles para lidiar con la inundación proyectada de casos graves y críticos de coronavirus. En comparación, los surcoreanos tienen más de tres veces más camas disponibles por cada mil personas que los estadounidenses. Según una investigación de USA Today, “solo ocho estados tendrían suficientes camas de hospital para tratar a 1 millón de estadounidenses de 60 años o más que podrían enfermar con Covid-19”.
Entretanto, la red pública de salud local y estatal tiene un 25% menos de personal hoy que en la crisis financiera de 2008 y sus presupuestos se han reducido un 10% en términos reales.
Trump también cerró en 2018 la Oficina de Pandemias de la Casa Blanca, un departamento creado por Obama después del brote de ébola de 2014 para garantizar una respuesta nacional rápida y bien coordinada a las nuevas epidemias. La Casa Blanca asegura que sus labores fueron reasignadas a otros departamentos pero el desmantelamiento estuvo acompañado por la salida de especialistas. Un mes antes de su disolución, el director del Consejo Nacional de Seguridad, John Bolton, despidió al subdirector a cargo de la respuesta a posibles epidemias, el almirante Timothy Ziemer, que no fue sustituido.
Un capítulo especial son los geriátricos que también mayoritariamente funcionan bajo la órbita privada. La rentabilidad que tiene una parte importante de esas intuiciones se basa en la precariedad de su atención y en el pobre nivel de sus servicios que se sustenta en salarios bajos, falta de personal y reducción ilegal de costes. Decenas de miles de personas mueren cada año por la negligencia de los centros de atención para atendedor como corresponde las patologías y enfermedades de sus residentes y por el fracaso de los gobiernos en hacer responsable a la administración de los centros. Muchos de estos geriátricos encuentran más barato pagar las multas por violaciones sanitarias que contratar personal adicional y formarlo adecuadamente. Aparte, y fundamental, los bajos salarios que se les paga a los trabajadores de los geriátricos, hacen que estos tengan más de un trabajo: salen de una institución para entrar a trabajar en otra similar, con horario completo o parcial. Ellos mismos trasladan el virus de un geriátrico a otro, rompiendo toda cuarentena. Bajo estas condiciones, los hogares y residencias para ancianos se han convertido en un foco explosivo de propagación del virus y en particular de la mortalidad pues afecta a la población de mayor riesgo.
Además está la gran industria farmacéutica, que realiza poca investigación y desarrollo de nuevos antibióticos y antivirales. De las 18 compañías farmacéuticas más grandes de EEUU, 15 han abandonado totalmente el campo. Los medicamentos cardiológicos, los psicofármacos y los tratamientos para la impotencia masculina son los que generan mayores beneficios, no los tratamientos contra las infecciones hospitalarias y de alcance más generalizado. Una vacuna universal contra la gripe, es decir, una vacuna que se dirige contra las partes inmutables de las proteínas de la superficie del virus, ha sido posible desde hace décadas, pero nunca se consideró lo suficientemente rentable como para ser una prioridad. Dichas pandemias han sido pronosticadas con anticipación por los epidemiólogos, pero no se hizo nada porque eso no era lucrativo o para ahorrar recursos en medio de los planes de austeridad puestos en marcha por los gobiernos capitalistas de turno.
Europa
En los últimos 30 años, los sistemas de salud pública en Europa, a su turno, han sido diezmados y privatizados y eso está en la base del desborde sanitario que enfrentan para hacer frente al brote.
El gasto público en salud en Alemania es superior a los 3.800 euros per cápita, mientras en Italia es de 1.900 y en España de 1.600 (año 2018, Datosmacro.com), esto se refleja en la menor cantidad de muertes durante la pandemia (2000 fallecidos, contra 19.700 de Italia y 16 mil de España). Alemania dispone de 28 mil camas de terapia intensiva y 25 mil respiradores y testea masivamente a la población para detectar los casos asintomáticos. Un modelo parecido al que se aplicó exitosamente en Corea del Sur, lo cual contrasta con otras potencias europeas que han escatimado recursos en la materia.
Un caso, por cierto, emblemático es el de Gran Bretaña, donde se constata escasez de personal y unidades de terapia intensiva.
Fundado después de la Segunda Guerra Mundial, el Sistema Nacional de Salud de Gran Bretaña (NHS) se financia con el dinero de los contribuyentes y es de acceso gratuito para todo el país, que históricamente ha sido materia de orgullo para su población. Pero el NHS está resentido, tras años de austeridad presupuestaria y achicamiento del Estado por parte de gobiernos del Partido Laborista y del Partido Conservador. Actualmente, enfrenta una escasez de alrededor de 100.000 trabajadores de la salud, personal médico y de enfermería. Antes del coronavirus, los hospitales ya funcionaban al 90% de su capacidad. La tendencia en el ámbito público, fue aplicar los mismos criterios de rendimiento de matriz comercial que describimos en la medicina privada de Estados Unidos y sus resultados funestos están a la vista.
La política de austeridad se ha hecho sentir en toda Europa y uno de sus blancos principales ha sido Italia que es probablemente una de las claves que explica las dramáicas dificultades para hacer frente a la pandemia. En los últimos 4 años, los diferentes gobiernos de turno redujeron en 37.000 millones de euros el presupuesto destinado a salud.
Límites insalvables
Lo expuesto hasta aquí es suficiente para ver los límites insalvables de los estados capitalistas para hacer frente al virus. Los recursos fundamentales, aun en plena pandemia, hoy están reservados para el rescate del capital y no para enfrentar la catástrofe sanitaria y social. La privatización de la salud, que tiene en el modelo yanqui una de sus expresiones más emblemáticas, socava las condiciones para una batalla en regla contra este flagelo. La organización capitalista de la salud bajo el principio del lucro es incompatible con la vida y salud de la población. Esto requiere la centralización de todos los recursos de la salud, tanto pública como privada, en manos del Estado, de modo de establecer una planificación y un uso racional de los mismos a la altura de las necesidades, lo que debe ser acompañado por un reforzamiento de las partidas destinadas a ese área. Es decir, el camino y orientación opuesta a la que hoy vienen llevando adelante los estados capitalistas.
Pablo Heller
Uruguay: la Huelga de la Federación de la carne
Los obreros y obreras de la carne, nucleados en la Federación Obrera de la Industria de la Carne y Afines (FOICA) con sede en el Cerro de Montevideo, desarrollaron una huelga general desde el 1 de abril, en lo que han denominado una pausa sanitaria. Se trata de un paro que persigue dos objetivos; por un lado, garantizar que los trabajadores cumplan con una cuarentena mínima de dos semanas, y por otro la exigencia de que las empresas garanticen las condiciones de seguridad sanitaria para funcionar. Esto implica, sin lugar a duda, una reorganización del trabajo en las fábricas a partir de protocolos de seguridad que las propias organizaciones ya están elaborando, bajo un estricto seguimiento y control en su puesta en marcha por parte de los delegados de sección. Las patronales de la carne, las más importantes, empresas multinacionales de capitales extranjeros se han negado a las solicitudes de los sindicatos, rechazando incluso la propuesta perjudicial para los trabajadores en términos salariales, de rotación del personal mediante el seguro de paro, evidenciando que no están dispuestas a garantizar el mínimo cuidado de sus empleados, aunque sean los propios trabajadores y el Estado quién paguen el costo de ellas.
La medida de fuerza llevada adelante por la FOICA adquiere relevancia, en primer lugar, porque se trata de una acción de lucha que por primera vez en décadas nuclea al conjunto de los sindicatos que participan en la Federación, es decir se trata de una medida de lucha unificada de los trabajadores de la carne.
En segundo lugar, porque la medida es llevada adelante por la nueva conducción de la Federación, que se impuso en las recientes elecciones gremiales y en el marco de procesos de lucha en distintos frigoríficos (fundamentalmente del Sindicato del Frigorífico Canelones) con la lista 209, un emergente heterogéneo, pero combativo que reivindica la independencia de clase, y que triunfó sobre la lista 1942 -afín a la corriente Gerardo Cuesta del PIT-CNT.
Una lista que se propuso poner en pie una poderosa Federación de la Carne que trascienda las divisiones artificiales orquestadas por los aparatos sindicales burocráticos y sea un factor de reorganización del conjunto de los obreros y obreras frigoríficos, e incluso de toda la industria de la alimentación, en una perspectiva clasista. Esta orientación política y la medida de acción de conjunto son un primer paso para problematizar, pensar y elaborar un programa general para el conjunto de la Industria de la Carne, que en el escenario actual plantea de forma urgente la nacionalización y control obrero de la Industria, para terminar con la especulación y la concentración de capitales, además de un convenio único.
El papel de la FOICA en el combate a la pandemia
La nueva conducción de la FOICA enfrenta entonces nuevos desafíos. En primer lugar, es fundamental que triunfe esta huelga, en el sentido de arrancarle a las empresas la implementación inmediata de un protocolo de seguridad e higiene para el cuidado de la vida de los trabajadores. Esto implica, entre otras cosas, la puesta en marcha de un protocolo de seguridad que puede incluir entre otros aspectos: la división del trabajo en más turnos para evitar la aglomeración, el espacio de un metro de distancia en el proceso de trabajo, la distribución de material sanitario al ingreso a las fábricas, tapabocas, alcohol en gel, guantes de látex, entre otros. La puesta en marcha de un servicio de locomoción acorde que recoja a los trabajadores en sus domicilios, pago por las empresas, y la priorización en la producción del abasto interno. Al considerarse la industria de la alimentación como esencial en el marco de la pandemia, la enfermedad debería considerarse enfermedad profesional e incorporarse en las prestaciones del Banco de Seguros del Estado, además las empresas deberían abonar una partida salarial extra por riesgo a sus trabajadores.
Es necesario entender que la reorganización del trabajo garantizando las condiciones sanitarias en la industria alimenticia (así como en el transporte y el comercio) se transforman en una cuestión vital de salud pública.
Para controlar el cumplimiento estricto por parte de las empresas es necesario que cada gremio ponga en pie un comité de salud y vigilancia en todas las fábricas, con potestad de paralizar la producción en caso de que las mismas no se cumplan.
En caso de negativa por parte de las empresas a activar el protocolo para defender la vida obrera, se debe exigir al Estado que intervenga al conjunto de la industria implementando los protocolos y garantizando la producción. El retorno al trabajo debe estar condicionado a que tanto el Estado como las empresas garanticen un control semanal de la epidemia en las fábricas, esto es la realización de test masivos para todos los trabajadores de la industria.
Estas propuestas, y la discusión general de la situación de la industria plantean el desafío para la FOICA de establecer una coordinación sindical más amplia, que incluya a los sindicatos más pequeños, o incluso núcleos de trabajadores que no estén organizados, de los distintos rubros de la alimentación para elaborar los lineamientos generales de un protocolo común y golpear con un solo puño en el marco de la pandemia. Se trata entonces de buscar abrir una deliberación que vaya más allá de la situación concreta de cada frigorífico, o incluso de la Industria, para constituirse en un polo de reagrupamiento general de toda la industria de la alimentación. Aportando no sólo un marco de reivindicaciones y de funcionamiento estándar (protocolos), sino también una caracterización de conjunto, respecto a cuáles fábricas son esenciales en este contexto y cuáles no lo son. E incluso estás acciones permitirían el control el propio proceso de producción, vigilando qué modificaciones reales se presentan en el marco de la pandemia y cuáles son maniobras de las empresas para especular e inflar los precios al consumo. En al actual contexto conocer la dinámica y tener mecanismos de control de la industria de la alimentación se vuelve fundamental para el conjunto de la clase trabajadora.
Estas coordinaciones pueden efectuarse o bien virtualmente a partir de diversos mecanismos (plataformas, videollamadas), o a partir de delegados, respetando al máximo las medidas de seguridad e higiene.
La situación también presenta el desafío de que cada sindicato de base construya territorialmente sus propios mecanismos de coordinación barrial, articulando con las ollas populares, y organizando zonalmente la efectiva realización de la cuarentena. En este sentido, los sindicatos, como centro de organización obrera, permiten centralizar información y distribuir tareas, por ejemplo, instalando ollas o repartiendo canastas (como muchos ya lo están haciendo), pero además relevando necesidades varias de los barrios donde se encuentran ubicados; esto es desde condiciones de higiene del barrio, necesidad de alimentos, artículos de limpieza, o necesidades de personas mayores en materia de mandados o retiro de medicamentos.
La realidad que se presenta es que la vida de los trabajadores, jubilados y toda la población explotada está en riesgo. El gobierno prácticamente no ha tomado medidas para frenar esta cuarentena y pretende normalizar la actividad en el momento en que entramos al invierno, rozando en la desidia, y fomentando la catástrofe que implicaría el colapso de los centros de salud. Los sindicatos tienen un papel fundamental para cumplir, en la organización de la defensa de la vida de los trabajadores y trabajadoras, y los sectores más vulnerables, sabiendo que el Estado no cumplirá con ese papel a no ser que se desenvuelvan los reclamos con fuerza.
Para ello, como elemento fundamental debemos exigir al gobierno que se pongan en práctica ya las propuestas realizadas por el Sindicato Médico del Uruguay, esto es el testeo masivo en los lugares de trabajo, a todos aquellos que presentan síntomas, al conjunto de la población para lograr combatir con eficacia la epidemia.
Los obreros y obreras de la carne están marcando el camino, uno en el que aún queda mucho por recorrer. ¡Adelante, compañerxs!
Lucía Siola
10/04/2020
La medida de fuerza llevada adelante por la FOICA adquiere relevancia, en primer lugar, porque se trata de una acción de lucha que por primera vez en décadas nuclea al conjunto de los sindicatos que participan en la Federación, es decir se trata de una medida de lucha unificada de los trabajadores de la carne.
En segundo lugar, porque la medida es llevada adelante por la nueva conducción de la Federación, que se impuso en las recientes elecciones gremiales y en el marco de procesos de lucha en distintos frigoríficos (fundamentalmente del Sindicato del Frigorífico Canelones) con la lista 209, un emergente heterogéneo, pero combativo que reivindica la independencia de clase, y que triunfó sobre la lista 1942 -afín a la corriente Gerardo Cuesta del PIT-CNT.
Una lista que se propuso poner en pie una poderosa Federación de la Carne que trascienda las divisiones artificiales orquestadas por los aparatos sindicales burocráticos y sea un factor de reorganización del conjunto de los obreros y obreras frigoríficos, e incluso de toda la industria de la alimentación, en una perspectiva clasista. Esta orientación política y la medida de acción de conjunto son un primer paso para problematizar, pensar y elaborar un programa general para el conjunto de la Industria de la Carne, que en el escenario actual plantea de forma urgente la nacionalización y control obrero de la Industria, para terminar con la especulación y la concentración de capitales, además de un convenio único.
El papel de la FOICA en el combate a la pandemia
La nueva conducción de la FOICA enfrenta entonces nuevos desafíos. En primer lugar, es fundamental que triunfe esta huelga, en el sentido de arrancarle a las empresas la implementación inmediata de un protocolo de seguridad e higiene para el cuidado de la vida de los trabajadores. Esto implica, entre otras cosas, la puesta en marcha de un protocolo de seguridad que puede incluir entre otros aspectos: la división del trabajo en más turnos para evitar la aglomeración, el espacio de un metro de distancia en el proceso de trabajo, la distribución de material sanitario al ingreso a las fábricas, tapabocas, alcohol en gel, guantes de látex, entre otros. La puesta en marcha de un servicio de locomoción acorde que recoja a los trabajadores en sus domicilios, pago por las empresas, y la priorización en la producción del abasto interno. Al considerarse la industria de la alimentación como esencial en el marco de la pandemia, la enfermedad debería considerarse enfermedad profesional e incorporarse en las prestaciones del Banco de Seguros del Estado, además las empresas deberían abonar una partida salarial extra por riesgo a sus trabajadores.
Es necesario entender que la reorganización del trabajo garantizando las condiciones sanitarias en la industria alimenticia (así como en el transporte y el comercio) se transforman en una cuestión vital de salud pública.
Para controlar el cumplimiento estricto por parte de las empresas es necesario que cada gremio ponga en pie un comité de salud y vigilancia en todas las fábricas, con potestad de paralizar la producción en caso de que las mismas no se cumplan.
En caso de negativa por parte de las empresas a activar el protocolo para defender la vida obrera, se debe exigir al Estado que intervenga al conjunto de la industria implementando los protocolos y garantizando la producción. El retorno al trabajo debe estar condicionado a que tanto el Estado como las empresas garanticen un control semanal de la epidemia en las fábricas, esto es la realización de test masivos para todos los trabajadores de la industria.
Estas propuestas, y la discusión general de la situación de la industria plantean el desafío para la FOICA de establecer una coordinación sindical más amplia, que incluya a los sindicatos más pequeños, o incluso núcleos de trabajadores que no estén organizados, de los distintos rubros de la alimentación para elaborar los lineamientos generales de un protocolo común y golpear con un solo puño en el marco de la pandemia. Se trata entonces de buscar abrir una deliberación que vaya más allá de la situación concreta de cada frigorífico, o incluso de la Industria, para constituirse en un polo de reagrupamiento general de toda la industria de la alimentación. Aportando no sólo un marco de reivindicaciones y de funcionamiento estándar (protocolos), sino también una caracterización de conjunto, respecto a cuáles fábricas son esenciales en este contexto y cuáles no lo son. E incluso estás acciones permitirían el control el propio proceso de producción, vigilando qué modificaciones reales se presentan en el marco de la pandemia y cuáles son maniobras de las empresas para especular e inflar los precios al consumo. En al actual contexto conocer la dinámica y tener mecanismos de control de la industria de la alimentación se vuelve fundamental para el conjunto de la clase trabajadora.
Estas coordinaciones pueden efectuarse o bien virtualmente a partir de diversos mecanismos (plataformas, videollamadas), o a partir de delegados, respetando al máximo las medidas de seguridad e higiene.
La situación también presenta el desafío de que cada sindicato de base construya territorialmente sus propios mecanismos de coordinación barrial, articulando con las ollas populares, y organizando zonalmente la efectiva realización de la cuarentena. En este sentido, los sindicatos, como centro de organización obrera, permiten centralizar información y distribuir tareas, por ejemplo, instalando ollas o repartiendo canastas (como muchos ya lo están haciendo), pero además relevando necesidades varias de los barrios donde se encuentran ubicados; esto es desde condiciones de higiene del barrio, necesidad de alimentos, artículos de limpieza, o necesidades de personas mayores en materia de mandados o retiro de medicamentos.
La realidad que se presenta es que la vida de los trabajadores, jubilados y toda la población explotada está en riesgo. El gobierno prácticamente no ha tomado medidas para frenar esta cuarentena y pretende normalizar la actividad en el momento en que entramos al invierno, rozando en la desidia, y fomentando la catástrofe que implicaría el colapso de los centros de salud. Los sindicatos tienen un papel fundamental para cumplir, en la organización de la defensa de la vida de los trabajadores y trabajadoras, y los sectores más vulnerables, sabiendo que el Estado no cumplirá con ese papel a no ser que se desenvuelvan los reclamos con fuerza.
Para ello, como elemento fundamental debemos exigir al gobierno que se pongan en práctica ya las propuestas realizadas por el Sindicato Médico del Uruguay, esto es el testeo masivo en los lugares de trabajo, a todos aquellos que presentan síntomas, al conjunto de la población para lograr combatir con eficacia la epidemia.
Los obreros y obreras de la carne están marcando el camino, uno en el que aún queda mucho por recorrer. ¡Adelante, compañerxs!
Lucía Siola
10/04/2020
sábado, 11 de abril de 2020
Bolivia: con Áñez avanza el coronavirus

Organizarse para enfrentar la pandemia y la represión.
"Solo queda pedirle a la población boliviana que se quede en casa, no tenemos condiciones en salud para enfrentar esta pandemia” dijo Yerko Núñez, ministro de la Presidencia del gobierno golpista.
El secretario general del Sindicato de Ramas Médicas de Salud Pública, Fernando Romero, también recalcó que el sector se encuentra en “extrema crisis” y reclamó al ministro de Salud los medios mínimos de seguridad y equipamiento para enfrentar la pandemia del coronavirus. Los directores del complejo hospitalario más importante -el Hospital de Clínicas de La Paz- y médicos y enfermeros del sector salud del país han manifestado su mayor preocupación por la falta de los insumos mínimos de uso inmediato para enfrentar el coronavirus. El “plan” del gobierno golpista es que la gente se quede en sus casas en cuarentena, pero sin las condiciones económico-sociales para hacerlo. Y aplica la represión para lograrlo.
Pero el comandante de la Policía, Rodolfo Montero, declaró que hay lugares especiales donde el efectivo policial que resulte contagiado sea internado. “Hemos resuelto, todo en el Estado Mayor Policial, tercerizar los servicios de salud: en caso de que se agrave la situación de nuestro efectivo policial, pasará a una clínica que tenga todos los instrumentos necesarios para atenderlos”. Dos varas diferentes para los represores que defienden al gobierno golpista y para el pueblo trabajador.
Más allá de las sanitarias, las medidas económico-sociales que ha adoptado el gobierno de Áñez son harto insuficientes. El gobierno de la ciudad de Cochabamba envió un proyecto de ley destinado a que la población pida “perdón a Dios” y haga “ayuno y oración” para combatir la propagación de la pandemia. No solo es volver al oscurantismo de la Edad Media (faltaría autoflagelarse con látigos, etc.), sino que es una manera de justificar el no garantizar el alimento para las familias más pobres (¿serán más pecadoras que los burgueses que no pasan hambre?). “El único que puede ayudarnos y librarnos de esta pandemia es Dios… la ciencia del hombre es insuficiente” declaró el jefe de gobierno de Cochabamba, correligionario ultracatólico de la presidenta Áñez.
Han comenzado a desarrollarse protestas. El 70% de los bolivianos trabaja en forma autónoma y/o informal. La cuarentena no les garantiza ingresos. Las medidas que ha adoptado el gobierno son insuficientes y no llegan a todos. Se van levantando diferentes reclamos: que se extiendan los alimentos de la Canasta Familiar a todos los necesitados, sin discriminación alguna de labor, geográfica, etc.; que el Bono Familia sea extensivo a todos los estudiantes de primaria, secundaria y de la universidad; que se garantice el suministro de servicios básicos y el pago del consumo para las familias de bajos recursos; prohibición de despidos; pago del 100% de los salarios de los que están en cuarentena; etc.
En barriadas de Santa Cruz ha habido cacerolazos e intentos de marchar que fueron fuertemente reprimidas, en el Beni también, al igual que en barriadas de El Alto, etc.
También fueron fuertemente reprimidos, en la frontera, los bolivianos que estaban en Chile y quisieron entrar en Bolivia, con balas y heridos de diversa gravedad.
Ante cualquier movilización, el gobierno sale a decir que son agitadores del MAS, terroristas, desestabilizadores, etc. Pero el MAS no está articulando una resistencia a la catástrofe sanitaria-económico-social en desarrollo. A pesar de tener mayoría en las dos cámaras del parlamento, no pone a votación proyectos para enfrentar la pandemia y la crisis social sobre las masas trabajadoras, sino medidas que benefician a sectores patronales (exenciones impositivas, etc.). En los inicios de la pandemia sobre Bolivia, Evo declaró la necesidad de la unión nacional para enfrentarla: lo que es un llamado a la pasividad y dar vía libre al gobierno golpista.
Sobre la base de la existencia de la pandemia es que el Tribunal Electoral postergó las elecciones convocadas originariamente para el 3 de mayo. El MAS, que controla ambas cámaras legislativas, acordó posponer el debate sobre la fecha de la votación hasta que pase la cuarentena.
Hay indicadores firmes sobre los intentos continuistas de Áñez en el gobierno. Está plenamente abierta la perspectiva de un nuevo golpe que postergue las elecciones y continúe una ofensiva contra derechos y condiciones de vida de las masas.
En lo que sí se apuró el gobierno golpista fue en declarar su apoyo a la flota yanqui que se ha instalado frente a las costas venezolanas para forzar la renuncia de Maduro con un bloqueo impidiendo el ingreso de medicinas y alimentos.
La Central Obrera (COB) se ha llamado a silencio. Solo sacó un comunicado planteando la necesidad de… guardar cuarentena. Ni una palabra contra el hambre, los despidos, etc.
El reclamo de Fuera Áñez sigue teniendo plena vigencia. No solo no encara una lucha real contra los efectos de la pandemia sobre las masas trabajadoras y campesinas, sino que seguirá con su ofensiva contra derechos, conquistas e ingresos de los de abajo. Reclamar la libertad de todos los presos políticos y de los detenidos por manifestar sus reclamos frente a la inoperancia del gobierno ante la pandemia. Libertad de prensa, con acceso a TV y medios de comunicación a todas las expresiones políticas y organizaciones de lucha populares. Retiro de las fuerzas represivas de las calles. Derecho a manifestación. Y una plataforma de reivindicaciones sanitarias (dotación de elementos para hospitales, centralización estatal, bajo control de profesionales y trabajadores de la salud, etc., y de medidas sociales: subsidios y alimentos para todos sin excepción, etc.
Frente a la “borrada” de la COB es necesario construir organismos de bases en las barriadas, empresas, etc. y coordinarlos entre sí para encarar las tareas, reclamos y movilizaciones para imponerlos. Un paso importante de este proceso sería la convocatoria a un congreso de bases de los trabajadores y las masas en lucha.
Rafael Santos
viernes, 10 de abril de 2020
Crisis en Estados Unidos: 16 millones de nuevos desocupados en tres semanas

Este jueves se conoció el dato semanal de pedidos de seguro de desempleo en Estados Unidos. Con 6,6 millones en los últimos 7 días llega a los 16 millones en solo tres semanas. En el otro extremo miles de trabajadores que son obligados a trabajar en actividades no esenciales y sin protección adecuada comenzaron a realizar distintas protestas.
Más de 6,6 millones de trabajadores solicitaron la semana pasada el subsidio por desempleo en Estados Unidos, sumándose a los casi 10 millones que lo habían hecho en las dos semanas anteriores debido a la crisis por el coronavirus, informó ese jueves el Departamento de Trabajo.
La cifra fue levemente menor que los 6,867 millones -un número sin precedentes- de la semana anterior, pero aún así superó las expectativas de los analistas, que habían calculado la pérdida de unos 5,25 millones de puestos de trabajo.
Este panorama devastador muestra que a pesar del rescate multimillonario votado en el Congreso, que destina gran parte de los 2 billones de dólares del paquete a rescatar a las empresas, estas están descargando el peso de la crisis sobre los y las trabajadoras. El número supone un récord que solo es comparable con la crisis previa a la Segunda Guerra Mundial.
Mientras que el Congreso destina esos millones a rescatar al sector financiero, bancario e industrial, y la Reserva Federal utiliza otro tanto para comprar deuda de los empresarios y los Estados, para inyectar dinero en efectivo, millones de desocupados denuncian que deben esperar semanas, incluso hasta un mes, para poder cobrar el seguro de desempleo.
En el otro extremo de esta realidad se encuentran miles de trabajadores, muchos de ellos de actividades no esenciales como las cadenas de comida rápida, que han denunciado que los obligan a trabajar sin ningún tipo de protección y sin licencias pagas por enfermedad. Es por esto que en las últimas semanas se han visto todo tipo de protestas, e incluso huelgas, en sectores como Mc Donald’s, Amazon, Whole Foods, Instacart, y trabajadores de la salud a los que no les dan los elementos de protección básicos y que se encuentran en la primera linea de la lucha contra el coronavirus.
Hay que tener en cuenta que este dato alarmante es solo la punta del iceberg ya que las solicitudes por desempleo no reflejan toda la realidad del mercado laboral. Los trabajadores independientes y las personas empleadas sin contratos no tienen la capacidad de acceder a estos beneficios, por lo que sus casos no son contemplados ni contabilizados.
En Estados Unidos no existe la indemización por despido, y la gran mayoría de los y las trabajadoras no tienen derecho a licencias por enfermedad ni seguro de salud que cubra una atención sanitaria adecuada. Este combo explosivo es el que está detrás de otra realidad aberrante, que los sectores con menos recursos como los latinos y afroamericanos sean los que tienen las tasas más altas de contagios y muertes por el virus.
El mayor paquete de "estímulo fiscal" de la historia aprobado por el Congreso, tiene como principal objetivo el rescate inmediato de los capitalistas mientras que el cheque de 1200 dólares para los trabajadores registrados que perdieron su ingreso o el de 600 dólares adicionales para los que cobran el seguro de desempleo, se ha convertido en una quimera. Los estados dicen que no tienen capacidad de procesar toda la información, las familias pasan hasta un mes entero sin ingresos, por lo que son cada vez más las ciudades que han comenzado a establecer puntos de reparto de comida en la que se ven colas kilométricas para acceder a una ración semanal que les permita no morir de hambre. Fuera de este esquema quedan aún los sectores más desprotegidos, tanto los inmigrantes sin papeles como todos aquellos con trabajos informales que no son contabilizados y que no reciben siquiera ese beneficio básico y tardío.
Todo indica que este escenario se va a agudizar. Sin embargo, junto con el aumento de la crisis es esperable que también se multipliquen las acciones de trabajadores, como las mencionadas más arriba, que pelean por hacerlo en condiciones seguras, y posiblemente a ellos también se sumen los millones que comienzan a quedar desempleados y que ya no tendrán nada más que perder.
La Izquierda Diario
Jueves 9 de abril | 12:30
Los números de la hecatombe pospandémica que pronostican la OIT y la CEPAL

Auguran pérdida masiva de empleos y reducción de salarios.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dieron a conocer sendos informes sobre las consecuencias “catastróficas” que, a corto y mediano plazo, tendrá sobre la economía y el mercado de trabajo la crisis que se potenció con la pandemia de coronavirus, y que ya está provocando “pérdidas de empleo que están creciendo rápidamente en todo el mundo”.
La CEPAL destaca que “el desempeño económico de la economía mundial ya era débil antes de la pandemia del covid-19” y que, “las previsiones de crecimiento del PIB mundial para 2020 se habían revisado a la baja”. Enfatiza también que “el covid-19 llegó en un momento en que la economía mundial se estaba desacelerando; los niveles de deuda eran históricamente altos y los salarios y la productividad se habían estancado en muchos países en desarrollo y desarrollados”.
La OIT, por su parte, caracteriza la situación actual como “la crisis más severa desde la Segunda Guerra Mundial” y, cuando ya cuenta más de 188 millones de trabajadores desocupados en el mundo, afirma que la pandemia del coronavirus afectará con una caída drástica en “el número de empleos (aumento del desempleo y el subempleo), la calidad del trabajo (reducción de salarios y menor acceso a la protección social)” y “un importante aumento de la pobreza y la pobreza extrema”.
La OIT ahora estima que “hay un riesgo muy alto de que se supere significativamente” su cálculo inicial que preveía para finales de este año unos 25 millones de despidos en el mundo. “Los trabajadores independientes, los monotributistas, los trabajadores de plataformas y los trabajadores informales en general se cuentan entre los más vulnerables”, ya que son quienes “no están cubiertos por un seguro de desempleo u otras protecciones esenciales”, destaca el organismo.
Según aquella primera estimación, en la Argentina se iban a perder más de 340.000 puestos de trabajo y se iba a producir una caída “significativa del PIB durante 2020, de entre el 2 y el 3,8%”. A su vez, si el trabajo en negro es el sector más vulnerable, esto vale particularmente para nuestro país donde desde hace muchos años más de una tercera parte de los trabajadores está en esa condición.
Para graficar el nivel de barbarie al que la crisis lleva a centenares de millones de estos trabajadores no registrados en todo el mundo, en el informe se destaca la situación de la India: “un país en el que el 90% de los trabajadores se desempeña en la economía informal y alrededor de 400 millones están en riesgo de profundizar su situación de pobreza durante la crisis, forzándolos a volver a las zonas rurales en busca de alimentos”.
América Latina
En otro ejemplo del retroceso social que auguran estos organismos, que dependen de las Naciones Unidas -es decir que están condicionados por el manejo de los gobiernos imperialistas-, la CEPAL estima que en la pos pandemia latinoamericana “es probable que las familias más pobres envíen a sus hijos al mercado de trabajo, lo que aumentará las tasas de trabajo infantil”, y añade que “la OIT estima que actualmente el 7,3% de los niños de 5 a 17 años de la región (unos 10,5 millones de niños) trabajan”.
En cuanto al cuadro económico que enfrentan los países de la región, la CEPAL dice que “América Latina y el Caribe enfrentan la pandemia desde una posición más débil que la del resto del mundo” por “las marcadas caídas” en los precios de los productos primarios que exportan “y el deterioro de los términos de intercambio”. Destaca entre ello el desplome de los precios internacionales del petróleo y resalta que la Argentina se verá perjudicada especialmente por una caída en las ventas de soja.
A la crisis pospandémica que afectará a todo el comercio mundial -que verá caer abruptamente su volumen- la CEPAL agrega otro elemento que va a golpear a los países de América Latina. “El acuerdo de ‘fase 1’ entre los Estados Unidos y China celebrado en enero pasado, en el que China se comprometió a aumentar sus importaciones de bienes y servicios de los Estados Unidos por lo menos en u$s77.000 millones anuales, puede desplazar a las exportaciones latinoamericanas”. Estima que “el valor de las exportaciones de la región caerá por lo menos el 10,7% en 2020” y las ventas a China se derrumbarán casi un 22%.
En relación a la crisis sanitaria en América latina, el informe muestra el desfinanciamiento que han sufrido todos los sistemas de salud a lo largo de estos años: “el gasto público de los gobiernos centrales en el sector, que en 2018 se situaba en un 2,2% del PIB regional, está lejos del 6% del PIB recomendado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para reducir las inequidades y aumentar la protección en el marco del acceso y la cobertura universal”. Es decir que la inversión representa la tercera parte de lo que correspondería para que la salud cubra las necesidades de la población, no ya ante una emergencia sanitaria como la actual sino en condiciones de normalidad.
Después de la pandemia
Ambos organismos, después de pronosticar esta catástrofe económica y social, muestran sus orientaciones. Después de describir semejante cuadro -dominado por la súperexplotación de centenares de millones de trabajadores en beneficio de los capitalistas-, la CEPAL plantea que “después de la crisis, la comunidad mundial tendrá que afrontar el hecho de que la globalización no ha funcionado como se suponía y que es necesario reformarla” y que deben encararse “políticas industriales de diversificación hacia industrias más sofisticadas”. Acompaña esto con un llamado a apaciguar “las desigualdades entre los países y entre grupos sociales, que aumentaron la fragilidad del sistema mundial”, cuando la crisis por el contrario agudiza los enfrentamientos entre las grandes potencias por un mercado más reducido y una mayor sobreproducción, que marcan el camino de las guerras comerciales a los combates bélicos.
De hecho, la propia CEPAL se ve obligada a reconocer en la conclusión de su informe que “los elementos económicos y sociales reseñados se dan en un contexto de inestabilidad política generalizada e incluso de agitación política. La confianza en las instituciones políticas (Congreso, Poder Ejecutivo, Poder Judicial y partidos políticos) se encuentra en el nivel más bajo en décadas. La pérdida de confianza en la democracia será aún más grave si los gobiernos no dan una respuesta adecuada al covid-19”.
La OIT recoge esta preocupación cuando sostiene como salida a la crisis las medidas adoptadas por el gobierno argentino como “el bono extraordinario de la AUH y el Ingreso Familiar de Emergencia”, acompañadas de medidas de apoyo fiscal y crediticio a las empresas, en el marco de un “compromiso compartido de gobiernos, empleadores y sindicatos, en un proceso activo de diálogo social”. Este intento contención del descontento popular mientras se rescata al capital puede chocarse rápidamente con la explosiva situación que viven las masas empobrecidas de la población trabajadora.
Efectivamente, el proceso de creciente comprensión de la profundidad de la crisis por parte de una franja del activismo obrero se va abriendo paso. El desenlace estará colocado, como siempre, en el terreno de la lucha de clases. Los trabajadores deben prepararse para ello.
Nelson Marinelli
jueves, 9 de abril de 2020
Boris Johnson internado: un Reino en terapia intensiva

La internación del primer ministro, Boris Johnson, a causa del coronavirus, posó de nuevo las miradas sobre el Reino Unido. En ese país, ya se han registrado más de 6.500 muertes debido a la pandemia y lo peor está por venir, dado que el pico de la enfermedad se espera recién para Semana Santa.
Irónicamente, Johnson es uno de los mandatarios que había abordado el problema del Covid-19 con mayor displicencia. Inicialmente, adoptó una política prescindente que consistía en mantener la rutina económica y social, dejando que se propagara la enfermedad, en nombre de la creación de una “inmunidad de grupo”. Cuando el enfoque oficial amenazaba con generar una catástrofe total, el gobierno se avino a declarar una cuarentena obligatoria el 22 de marzo. Pero para entonces, se había perdido un tiempo precioso en la preparación frente al virus.
Hoy se estima -según un informe del Instituto de Métrica y Evaluación Sanitaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington- que la pandemia tendrá al Reino Unido como el país europeo más afectado, con proyecciones que hablan de hasta 60 mil muertos.
El sistema sanitario no se encuentra preparado para enfrentar la situación (hay poco más de 17 mil camas para una demanda que llegará a las 100 mil, y 800 plazas en terapia para las 24 mil que se necesitarán).
El director de la revista médica The Lancet, Richard Horton, ha publicado un amargo texto en que reprocha la falta de medidas de prevención y sentencia que “pacientes morirán innecesariamente. El personal del NHS [servicio público de salud] morirá innecesariamente. Es, de hecho, como escribió un trabajador sanitario la semana pasada, ‘un escándalo nacional’. Aún no se percibe la gravedad de ese escándalo” (Perfil, 27/3).
Los trabajadores de la salud denuncian que la distribución de los equipos de protección -área que se encuentra privatizada desde el gobierno de Tony Blair- ha sido caótica. Y que dichos equipos son escasos y no suficientemente seguros. A causa de esta negligencia ya han muerto varios trabajadores. En algunos nosocomios se han producido sublevaciones del personal en demanda de las condiciones mínimas de seguridad.
Todo esto es la coronación de un desfinanciamiento sistemático del NHS, en línea con las políticas de ajuste, que ha llevado a un colapso de las guardias hospitalarias y a largas esperas para acceder a tratamientos. El último clavo en el ataúd sería su privatización completa. Entre los buitres que rondan alrededor figura el propio Trump, que ha expresado su interés en que sea entregado a empresarios norteamericanos.
La crisis política
Con Johnson fuera de combate, las riendas del país han quedado provisoriamente en manos del ministro de exteriores, Dominic Raab. Al igual que Boris, ha sido un ferviente defensor del Brexit -cuyas negociaciones se han congelado debido al impacto devastador de la pandemia en todo el continente. En caso de que el primer ministro falleciera, los ministros y el Partido Conservador deberían elevar a la reina Isabel II un nombre para que esta le encargue la formación de gobierno.
El abordaje político de la pandemia ha provocado -como en tantos otros países- fisuras en el gabinete. Los medios indican una tensión entre el ministro de salud y el ministro de economía, este último operando más directamente bajo la presión de grupos empresarios perjudicados por la cuarentena.
Para rescatar a las empresas ante la crisis, el Banco de Inglaterra ha dispuesto un aumento en su plan de compra de bonos de hasta 200 mil millones de libras (245 mil millones de dólares), que financiará el aumento gubernamental del gasto. Entre las medidas ya adoptadas por el gobierno, figura la asunción del pago de hasta el 80% de los sueldos -por al menos tres meses- en empresas que no están operando a causa de la pandemia.
El laborismo
El nuevo jefe del Partido Laborista, Keir Starmer, ha anunciado en este contexto que hará una “oposición constructiva”. En nombre de la pandemia, se ha colocado en un campo común con un gobierno brutalmente antiobrero y procapitalista.
Starmer, apoyado por el ala derecha del partido, viene de derrotar con el 56% de los votos a Rebecca Long-Bailey, la candidata de Jeremy Corbyn en la interna laborista, que obtuvo sólo el 26%. Starmer consiguió un mayor apoyo que su rival incluso entre los sindicatos. La caída de Corbyn se produce como consecuencia del desastre de las últimas elecciones generales, en las que el laborismo sufrió una tremenda derrota a manos de Johnson, aun en bastiones laboristas del centro y el norte inglés. Corbyn procuró un equilibrio imposible entre los sectores de su partido proclives al Brexit y los partidarios de la permanencia en la Unión Europea, por lo que careció de un planteo coherente frente a un problema político crucial. Esto fue aprovechado por Johnson, quien presentó ante los explotados la salida de la Unión Europea como la respuesta a todas las penurias que el país atraviesa desde la bancarrota de 2008. La victoria de Starme en el laborismo refuerza a los sectores más derechistas, pero no cancela la crisis de un partido profundamente dividido.
Una salida
El coronavirus viene a potenciar la crisis en un país que se encuentra profundamente golpeado por las tendencias a la disgregación nacional que abrió el Brexit (Escocia, Irlanda del Norte) y por la propia crisis de la Corona, que tuvo su último episodio en la salida del príncipe Harry y su esposa Megan Markle.
Las masas necesitan un plan de reivindicaciones frente a la pandemia, en defensa del sistema de salud, del salario y los puestos de trabajo, como parte de la lucha contra el gobierno ajustador de Johnson. Y, frente al callejón sin salida del Brexit y las políticas ajustadoras de Bruselas, recobra actualidad el planteo de la unidad socialista del Reino Unido y Europa.
Gustavo Montenegro
miércoles, 8 de abril de 2020
Crecen las luchas en Estados Unidos por medidas de seguridad e higiene ante la pandemia

Paros en Amazon y varias fábricas. Protestas en el sector salud
"Siento que todos estamos siendo enviados al matadero”. Esta es la declaración del enfermero Thomas Riley en una entrevista con la BBC (1/4) y que resume a la perfección el cuadro de crisis general que atraviesa la clase obrera de Estados Unidos, el país más afectado por el coronavirus. La pandemia no redujo los antagonismos entre clases sociales, ya que los capitalistas hacen todo por resguardar sus ganancias -a costa de la salud y la vida de las masas- y los obreros se organizan y luchan para defenderse del ataque.
En esta pulseada, los obreros estadounidenses vienen protagonizando grandes luchas por la conquista de licencias por enfermedad, condiciones de salubridad e higiene y el cierre de los establecimientos cuando está en riesgo la salud del colectivo obrero.
Coronavirus y huelgas
El lunes de la semana pasada, los trabajadores de Amazon en State Island, frenaron sus tareas por 24 hs. contra la exigencia patronal de seguir trabajando a pesar de detectar cinco casos de coronavirus, sin siquiera desinfectar el lugar ni darle cuarentena al grupo de riesgo. Chris Smalls, principal vocero de la manifestación, fue despedido el martes pasado. La patronal amenazó con más despidos a quienes no vuelvan a cumplir sus tareas (CNBC, 31/3), tildándolos de “exagerados”, pero transcurrida apenas una semana, ya se detectaron veinte nuevos casos en el mismo almacén. Los trabajadores volvieron al paro de actividades desde la mañana de este martes y hasta que se garanticen las condiciones de sanidad e higiene, esta vez con la adhesión de sus compañeros en Chicago.
Pero la de Amazon no es una situación aislada. Sucedió antes con las fábricas automotrices y con General Electric y se vienen repitiendo, de modo similar, en otros lugares. Casi 2.000 trabajadores de la alimentación de distintas fábricas en Illinois y Colorado comenzaron una huelga de conjunto para que se garantice la higienización periódica y se cumpla con el distanciamiento social preventivo. En Massachusetts, son los 100.000 trabajadores que nuclea el Sindicato de Carpinteros (NERCC, por sus siglas en inglés) los que fueron al paro para exigirle al gobernador republicano Charlie Baker que declare la cuarentena para ese sector, ya que la construcción de obras estatales no son una tarea esencial en este momento. En Nueva York, epicentro de la pandemia, ya han muerto 33 trabajadores del tránsito y 10 carteros por contagios en la vía pública.
Otro punto a destacar es la situación que se vive en las cárceles para inmigrantes, un blanco favorito de Trump para arremeter siempre que puede. Por el momento, se han registrado sólo a 8 inmigrantes contagiados. Pero sin jabones ni barbijos, hacinados, y en contacto permanente con policías que entran y salen sin la higienización correspondiente, la propagación del virus será imparable. En la cárcel de mujeres migrantes de Washington, se inició una huelga de hambre por la liberación inmediata del grupo de riesgo, una moratoria en los procesos de deportación y traslados y un protocolo de salubridad e higiene (Democracy now, 6/4).
Trabajadores de la salud, carne de cañón
Pero, para colmo, quienes reciben de lleno el impacto del virus en primera línea, son los trabajadores de la salud. Solo hasta el momento, 22 doctoras/es y enfermeras/os murieron expuestos al contagio cuando atendían a sus pacientes, ya que no poseían los equipos de protección individual (EPP). Para solventar este déficit, se les pide a doctoras/es y enfermeras/os que reutilicen sus equipos descartables, como ser barbijos, guantes de látex y delantales (Infobae, 5/4). Contra este pedido irrisorio, enfermeras de Detroit hicieron un piquete a las afueras del hospital y siete de ellas fueron despedidas.
Los trabajadores de la salud también denuncian el desfinanciamiento del sistema público, propiciado sistemáticamente por demócratas y republicanos. El personal no posee un equipo de prevención ni los insumos necesarios para atender a sus pacientes: hay falta de pruebas, lentitud para dar a conocer los resultados, escasez de equipos protectores, falta de respiradores y una planta médica que no da abasto. Esta realidad “contradice el optimismo de Trump de que los Estados tienen recursos de sobra para pelear contra la pandemia” (El País, 6/4). Jerome Adams, director general del departamento de Salud Pública, dijo que los próximos días serán “nuestro momento Pearl Harbor o nuestro momento 11-S, francamente” (ídem, 7/4).
Por la victoria de todas las luchas
Como advertimos en Prensa Obrera, asistimos “al completo descrédito de todas las instituciones del capitalismo estadounidense, que ha demostrado ser incapaz de prepararse o responder a una pandemia, lo cual, a su turno, aviva todas las tensiones internas”.
Con más de 12.000 muertos por coronavirus y más de 10 millones de telegramas de despidos por emitirse, la clase obrera estadounidense debe organizarse para enfrentar los estragos de la pandemia en todas sus vertientes: el virus se potencia con las crisis y contradicciones del régimen capitalista.
Álvaro Chust
lunes, 6 de abril de 2020
El detonante de la nueva recesión mundial

En el momento justo, cuando tenía lugar la cumbre de los líderes de las principales economías capitalistas (G7) en Biarritz, China anunció una nueva ronda de aranceles por valor de 75.000 millones de dólares para las mercancías importadas de Estados Unidos. Una represalia ante la nueva ronda de aranceles a los productos chinos que los EE.UU. tienen prevista para diciembre. El presidente de EE.UU. Trump reaccionó con enojo e inmediatamente anunció que iba a aumentar los aranceles ya existentes en 250.000 millones de dólares para los productos chinos e imponer más aranceles por valor de 350.000 millones de dólares a las importaciones de China.
El presidente de Estados Unidos también dijo que ordenaba a las compañías de Estados Unidos buscar la manera de abandonar sus operaciones en China. «No necesitamos a China y, francamente, sería mucho mejor sin ella», escribió Trump. «Ordeno, por lo tanto, a nuestros grandes empresas estadounidenses comenzar inmediatamente a buscar una alternativa a China, incluyendo cómo traer de vuelta a casa sus empresas y fabricar sus productos en los EE.UU.».
Esta intensificación de la guerra comercial, naturalmente, dañó a los mercados financieros; el mercado de valores de EE.UU. cayó fuertemente, los precios de los bonos subieron, con los inversores buscando «refugios seguros» en los títulos públicos; y el precio del crudo cayó mientras China se prepara para una reducción de las importaciones de petróleo de Estados Unidos.
Estos acontecimientos se produjeron sólo un día después de que los últimos datos sobre el estado de las principales economías capitalistas revelaran una desaceleración significativa. El índice de la actividad manufacturera de Estados Unidos (PMI) para agosto estuvo por debajo de 50 por primera vez desde el final de la Gran Recesión en 2009.

De hecho, los índices de EE.UU., la zona euro y Japón están por debajo de 50, lo que indica que estamos ya en una recesión manufacturera real. Y el de ‘nuevos pedidos’ para cada región ha sido aún peor, así que el índice de las manufacturas caerá aún más. Hasta ahora, los sectores de servicios de las principales economías han estado aguantando, evitando así los índices de una depresión económica en toda regla. «Este descenso aumenta el riesgo de que la debilidad del sector manufacturero pueda haber comenzado a extenderse a los servicios, un riesgo que podría generar un debilitamiento mayor al esperado en los mercados de trabajo estadounidense y global». (JPM). En general, JP Morgan estima que la economía mundial está creciendo a un ritmo anual de apenas un 2,4%, cerca de los niveles considerados como ‘perdida de velocidad’ antes de una auténtica recesión.
A pesar de todas sus bravatas acerca de lo bien que va la economía de Estados Unidos, Trump está preocupado. Además de atacar a China, también se lanzó a criticar al presidente de la Reserva federal de EE.UU., Jay Powell, por no recortar las tasas de interés para impulsar la economía, afirmando que Powell es un «enemigo» de la economía de Estados Unidos, ¡tan peligroso como China!
Powell acababa de hablar en la reunión anual de verano de los banqueros centrales del mundo en Jackson Hole, Wyoming. En su discurso, básicamente dijo que la política monetaria solo podía hacer lo que podía. Las guerras comerciales y otros ‘choques’ globales no pueden superarse solo con políticas monetarias. El comité de política monetaria de Powell está dividido sobre qué hacer. Algunos quieren mantener las tasas de interés donde están porque tienen miedo de que unas tasas de interés demasiado bajas (y en todas partes son negativas) impulsarán un crecimiento insostenible del crédito y estallará la burbuja. Otros quieren recortar las tasas, como Trump exige, para resistir las fuerzas recesivas que descienden sobre la economía. Powell aseguró que «Estamos examinando los instrumentos de política monetaria que hemos utilizado tanto en tiempos de calma como de crisis, y nos preguntamos si debemos ampliar nuestra caja de herramientas».
El problema es que los banqueros centrales en Jackson Hole se están dando cuenta, como ya se había hecho evidente, de que la política monetaria, ya sea convencional (reducción de las tasas de interés) o no convencional (impresión de dinero o ‘flexibilización cuantitativa’), no esta funcionando a la hora de conseguir que las economías salgan de su bajo crecimiento y poca productividad y eviten una nueva recesión.
Muchos de los trabajos académicos presentados a los banqueros centrales en Jackson Hole están marcados por el pesimismo. Uno argumenta que los banqueros necesitan coordinar la política monetaria en torno a una «tasa natural de interés mundial» para todos. El problema es que «existe una considerable incertidumbre acerca de cuál es esa tasa neutral precisamente» en cada país, y mucho más a nivel mundial. Como dijo un orador: «Soy prudente a la hora de utilizar este concepto imposible de medir para estimar el grado de divergencia política en todo el mundo (o incluso sólo el G4)». ¡Así están los fundamentos de la política monetaria de la mayoría de los bancos centrales de los últimos diez años!
Otro papel señala que «la divergencia en políticas monetarias vis-a-vis los EE.UU. tiene efectos indirectos más importantes en los mercados emergentes que en las economías avanzadas. «Por lo tanto, la transmisión de la política monetaria interna es imperfecta, y en consecuencia, las medidas de política monetaria de los mercados emergentes diseñadas para limitar la volatilidad del tipo de cambio pueden ser contraproducente». En otras palabras, el impacto de la tasa de política de la Reserva Federal y del dólar en las economías más débiles es tan grande que los bancos centrales más pequeños no pueden hacer nada con su política monetaria, ¡excepto empeorar las cosas!
No es de extrañar que el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, aprovechase la oportunidad en su discurso antes de abandonar su puesto para sugerir que la respuesta debía ser poner fin a la hegemonía del dólar en los mercados comerciales y financieros. Los EE.UU. suponen sólo el 10 por ciento del comercio mundial y el 15 por ciento del PIB mundial, pero asimismo la mitad de las facturas comerciales y dos tercios de la emisión de valores a nivel global, según el gobernador del Banco de Inglaterra. Por ello, «mientras que la economía mundial está siendo restructurada, el dólar sigue siendo tan importante como cuando se derrumbó en 1971 el sistema de Bretton Woods. Causa demasiados desequilibrios en la economía mundial y es un peligro para las economías emergentes más débiles, que no pueden obtener suficientes dólares. Ha llegado la hora de un fondo mundial de protección contra la fuga de capitales y más tarde de un sistema monetario mundial ¡con una moneda mundial! ¡Qué ilusiones! Pero es una muestra de la desesperación de los bancos centrales.
La inminente recesión global también ha concentrado las mentes de la teoría económica dominante. Hay división de opiniones entre los economistas ortodoxos sobre que política económica hay que adoptar para evitar una nueva recesión global. El ortodoxo keynesiano, Larry Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos con Clinton y profesor de Harvard, ha argumentado que las economías capitalistas están en ‘estancamiento secular’. Así que él cree que la flexibilización monetaria, ya sea convencional o no, no funcionará. Se necesitan estímulos fiscales.
Por otra parte Stanley Fischer, exgobernador adjunto de la Reserva Federal de Estados Unidos, y ahora ejecutivo del megafondo de inversión Blackrock, reconoce que los estímulos fiscales no funcionarán porque no son ‘suficientemente ágiles’, es decir tardan demasiado tiempo en tener efecto. Además se corre el riesgo de que aumente la deuda pública y los intereses hasta niveles insostenibles. Por lo tanto, las medidas monetarias son mejores.
Los postkeynesianos y los partidarios de la Teoría Monetaria Moderna están muy emocionados porque Summers parecía estar de acuerdo con ellos, finalmente, a saber, porque el estímulo fiscal a través de los déficits presupuestarios y los gastos del Gobierno pueden frenar el colapso de la ‘demanda agregada’. Parece que el consenso entre los economistas comienza a ser que los bancos centrales pueden hacer muy poco o nada para apoyar a las economías capitalistas en 2019.
Pero en mi opinión, ni los ‘monetaristas’ ni los keynesianos/TMM tienen razón. Ni una mayor flexibilización monetaria ni estímulos fiscales podrán detener la recesión que se aproxima. Esto se debe a que no tiene que ver con la débil ‘demanda agregada’. El consumo de los hogares en la mayoría de las economías es relativamente fuerte porque la gente sigue gastando más, en parte, a través de un mayor endeudamiento a tasas muy bajas de interés. La otra parte de la ‘demanda agregada’, la inversión empresarial es cada vez más débil. Pero eso es debido a la baja rentabilidad y ahora más en el último año, debido a la caída de las beneficios en los EE.UU. y en otros lugares. De hecho, los márgenes de beneficio empresarial en los Estados Unidos (beneficios como porcentaje del PIB) se han reducido (desde su nivel récord) durante más de cuatro años, la mayor contracción de postguerra.

Los keynesianos, postkeynesianos (y los partidarios de la TMM) creen que los estímulos fiscales a través de más gasto público y el aumento de los déficits presupuestarios de los gobiernos es la manera de poner fin a la Larga Depresión y evitar una nueva recesión. Pero nunca ha habido la menor prueba de que tales medidas de gasto fiscal funcionen, excepto en la economía de guerra de 1940, cuando el grueso de la inversión fue pública o dirigida por el Gobierno, y la capacidad de decisión sobre la inversión industrial arrebatada a las empresas capitalistas.
La ironía es que el mayor gasto fiscal a nivel mundial ha sido el de Japón, que ha tenido déficits presupuestarios durante 20 años, con poco éxito a la hora de conseguir un crecimiento económico por encima del 1% anual desde el final de la Gran Recesión; y el de los EE.UU de Trump, con sus recortes y exenciones de impuestos corporativos en 2017. La economía de Estados Unidos se está desacelerando rápidamente y Trump está hablando de hacer más recortes de impuestos y exigiendo a Powell que recorte las tasas de interés. En Europa el Banco Central Europeo está preparando una nueva ronda de medidas de flexibilización monetaria. E incluso el Gobierno alemán juega con la idea de aumentar el gasto público mediante el déficit fiscal.
Así que probablemente tengamos una nueva ronda de flexibilización monetaria y de medidas de estímulo fiscal, para satisfacción de todas las escuelas de teoría económica ortodoxas y heterodoxas. Pero no va a funcionar. La guerra comercial y tecnología es el detonante de una nueva recesión global.
Michael Roberts, reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Traducción: G. Buster
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