miércoles, 22 de enero de 2020

Por qué mataron a Patrice Lumumba




Entrevista a Georges Nzongola-Ntalaja, profesor de estudios africanos, afroamericanos y de la diáspora

Nacido en 1925, Patrice Émery Lumumba fue un líder radical anticolonial que ocupó el cargo de primer ministro del recién independizado Estado congoleño a la edad de 35 años. Al cabo de siete meses de ejercer como tal, fue asesinado el 17 de enero de 1961.
Lumumba se convirtió en oponente al racismo belga después de ser encarcelado en 1957 por las autoridades coloniales sobre la base de acusaciones falsas. Una vez cumplidos doce meses de prisión encontró un empleo como vendedor de cerveza, periodo en el que desarrolló su oratoria y se convenció cada vez más de que la enorme riqueza mineral de Congo debería redundar en beneficio del pueblo congoleño en vez de en las empresas extranjeras que las explotaban.
El horizonte político de Lumumba se extendió mucho más allá de Congo. Muy pronto se vio arrastrado por la ola de nacionalismo africano que inundó el continente. En diciembre de 1958 el presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, le invitó a asistir a la Conferencia Panafricana, un movimiento anticolonial que atrajo a asociaciones civiles, sindicatos y otras organizaciones populares. Dos años después, a raíz de la reivindicación popular de que se celebraran elecciones democráticas, el Movimiento Nacional Congoleño, encabezado por Lumumba, ganó decisivamente la primera elección parlamentaria. El dirigente nacionalista de izquierda asumió el cargo de primer ministro en junio de 1960.
Sin embargo, las propuestas populistas progresistas de Lumumba y su oposición al movimiento secesionista de Katanga (dirigido por los Estados coloniales del sur de África, gobernados por blancos, proclamó su independencia de Congo el 11 de julio de 1960) contrarió a toda una serie de intereses extranjeros y locales: el Estado colonial belga, las compañías extractoras de los recursos minerales de Congo y, por supuesto, los líderes de los Estados del sur de África gobernados por blancos. Cuando aumentaron las tensiones, Naciones Unidas rechazó la petición de apoyo de Lumumba, quien solicitó entonces la ayuda militar de la Unión Soviética para calmar la emergente crisis congoleña provocada por los secesionistas apoyados por Bélgica. Esta fue la gota que colmó el vaso.
Lumumba fue secuestrado, torturado y ejecutado en un golpe de Estado apoyado por las autoridades belgas, EE UU y Naciones Unidas. Con el asesinato de Lumumba murió una parte del sueño de un Congo unido, democrático, multiétnico y panafricanista.
La muerte de Lumumba y su sustitución con el dictador Mobutu Sese Seko, respaldado por EE UU, marcaron el comienzo de décadas de luchas intestinas, de régimen dictatorial y de declive económico que han caracterizado el Congo poscolonial. La desestabilización de la sociedad congoleña bajo el régimen brutal de Mobutu –que duró de 1965 a 1997– culminó en una serie de conflictos devastadores, la primera y la segunda guerras congoleñas (también llamadas guerras mundiales africanas). Estos conflictos no solo fracturaron la sociedad congoleña, sino que también arrastraron a todos los países vecinos, implicando finalmente a nueve países africanos y a alrededor de 25 grupos armados. Cuando se puso fin formalmente al conflicto, alrededor de 2003, habían muerto cerca de 5,4 millones de personas en los combates y a causa de sus secuelas, con lo que esta guerra pasó a ser el segundo conflicto bélico más mortífero del mundo desde la segunda guerra mundial.
Particularmente a la luz de la turbulenta trayectoria de Congo tras el asesinato de Lumumba, este sigue siendo una fuente de esperanza, debate e inspiración entre los movimientos y pensadores radicales de toda África y más allá. Saíd Husaini, quien publica regularmente en Jacobin, ha hablado recientemente con Georges Nzongola-Ntalaja, un destacado intelectual congoleño y autor de una biografía de Lumumba, sobre la vida, la muerte y la política del líder nacionalista radical.
- Por lo visto, el acontecimiento más conocido de la vida de Lumumba es su trágico final. Pese a que Bélgica de alguna manera ha reconocido simbólicamente su implicación en el asesinato de Lumumba, no ha sucedido lo mismo en EE UU. Desde su punto de vista, ¿cuál debería ser la plena reparación de aquel asesinato?
Respuesta: No puede haber una plena reparación por el asesinato de Lumumba. Ninguna suma de dinero ni cualquier otra forma de compensación haría justicia al daño sufrido por Congo al perder a un líder visionario de 35 años de edad que podría haber ayudado a construir un gran país. Ninguna suma de dinero haría justicia a sus hijos, que se criaron sin el cariño y el apoyo de un padre que los guiara a través de la infancia, la adolescencia y la juventud. Y lo mismo cabe decir de su mujer y de otros y otras familiares, cuya pérdida no podría mitigarse con bienes materiales.
Lo que tienen que hacer todos los cómplices del asesinato de Lumumba es, en primer lugar, reconocer el crimen cometido contra él, su familia, Congo y África; pedir perdón por los daños causados en este sentido; y un esfuerzo por honrar al primer dirigente elegido democráticamente de Congo promoviendo su legado a las escuelas, la educación pública y los actos culturales de todos los países cuyos líderes participaron en su desaparición, empezando por el propio Congo.
- A pesar de haberse criado en su lugar de origen etnocultural, Lumumba llegó a ser conocido por su cosmovisión claramente multiétnica e incluso panafricana. ¿Hubo aspectos de su infancia y adolescencia en Sankuru que predispusieron a Lumumba a priorizar sobre todo la unidad congoleña y la diversidad étnica?
Respuesta: Aunque la región de Sankuru de la RDC (República Democrática de Congo) alberga sobre todo al pueblo tetela, al que pertenecía el propio Lumumba, también está habitada por otros grupos étnicos que llegaron allí a causa de las actividades de los traficantes de esclavos suajilis y árabes o de los colonialistas belgas. Estos grupos incluyen a la gente kusu de Maniema, luba, songye y otros grupos de la región de Kasai, así como al pueblo mongo de la provincia de Équateur. Además de criarse en un entorno multiétnico, los años de formación como funcionario de clase media entre 1944 y 1956 los pasó en Kisangani (entonces Stanleyville), una de las principales ciudades de Congo y zona étnicamente diversa.
- Usted escribe que como funcionario de correos en la administración colonial belga, Lumumba estuvo al principio loco por la posibilidad de matricularse, es decir, por librarse de su condición de congoleño nativo y convertirse en un évolué, o europeo honorífico. ¿En qué momento abandonó esta esperanza de ascender a la elite de la sociedad colonial y se posicionó a favor de la oposición radical el régimen colonial belga?
Respuesta: Lumumba adquirió tanto la tarjeta de mérito cívico como la condición de matriculado en Kisangani, pero estos logros en el ascenso social en la administración colonial eran una farsa, porque el racismo continuó irguiendo su sucia cabeza por encima de la barrera salarial y de color de la piel. Pese a otorgarle un empleo habitualmente reservado a los europeos como gestor del servicio de giros postales, el salario de Lumumba lo determinaba su raza, no su función. Ganaba el equivalente a 100 dólares estadounidenses en 1956, lo que representaba entre una décima y una quinceava parte del salario de un funcionario europeo que desempeñaba una tarea similar. Sus colegas europeos gozaban asimismo de vivienda gratuita, un coche y vacaciones pagadas de seis meses en Bélgica cada tres años.
Esta y otras realidades del régimen colonial hicieron que finalmente abandonara su ingenua esperanza de ver a los blancos y los évolués trabajar codo con codo en la mejora de la condición de las masas ignorantes en una comunidad belgo-congoleña, y le llevaron abrazar el nacionalismo africano y congoleño.
- ¿Cómo veían los nacionalistas congoleños la violencia como un medio para conseguir la independencia política y cuál fue la posición de Lumumba en esta cuestión?
Respuesta: En general, los líderes nacionalistas congoleños eran firmes defensores de la no violencia, y Lumumba no fue una excepción. De ahí que a todos ellos les pillara por sorpresa la revuelta masiva por la independencia que se produjo el 4 de enero de 1959 [que estalló en Leopoldville, hoy Kinshasa, después de que se negara el derecho de reunión a miembros de un partido anticolonial. Celebrado hoy como el Día de los Mártires, fue el primer brote de violencia importante del movimiento independentista y marcó un punto de inflexión en la lucha anticolonial]. Más tarde, estos líderes comprendieron que la violencia de masas era una moneda de cambio en sus enfrentamientos con el régimen colonial, ya que este tenía dificultades para mantener el orden público en todo el vasto país, una vez que las masas hubieran rechazado la autoridad colonial y se mostraran reacias a atenerse a las directrices de la administración colonial.
-¿Qué papel desempeñaron las compañías mineras internacionales en el proyecto secesionista de la provincia de Katanga y cómo contribuyó este al origen de la crisis congoleña?
Respuesta: Con su imperio minero que iba desde Katanga hasta Ciudad del Cabo, a las compañías mineras internacionales no les agradaba la idea de tener un gobierno nacionalista radical en Congo, capaz de reducir sus márgenes de beneficio a base de impuestos más altos con el fin de mejorar las condiciones de vida de la población congoleña. Por eso dichas compañías, que anteriormente habían rechazado los intentos de colonos blancos de obtener una parte del pastel, como habían conseguido sus homólogos de Sudáfrica, Rodesia (hoy Zimbabue) y África del Suroeste (hoy Namibia), cambiaron de orientación y sellaron una alianza con colonos blancos racistas y grupos de presión de derechas de EE UU y del Reino Unido. Esta alianza no solo respaldó la aspiración de los colonos blancos de asumir el poder político en Katanga, sino que también aportó la financiación necesaria para sustentar el movimiento secesionista de Katanga, con la ayuda de Bélgica, el Reino Unido y Francia.
- Podríamos decir que los orígenes de la Crisis del Congo se halla en una alianza fortuita entre colonos belgas y grandes compañías, que se alinearon con los intereses comerciales y de Estado de los países sudafricanos gobernados por blancos. Usted califica esta alianza de “contrarrevolución frente a la liberación nacional”, dado que se formó para oponerse al nacionalismo radical que cundía en todo el continente. ¿Puede decir algo más sobre esta alianza?
Respuesta: La crisis del Congo no se entiende sin referirnos a la secesión de Katanga organizada por Bélgica en colaboración con compañías mineras internacionales, que reclutaron mercenarios blancos para que se unieran a las tropas belgas en apoyo de la secesión. La negativa de Naciones Unidas a utilizar la fuerza para expulsar a las tropas belgas y los mercenarios dio pie a la disputa entre el primer ministro Lumumba y el secretario general de Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld, que compartía la misma visión del mundo que las grandes potencias occidentales y era muy hostil a Lumumba, como demuestra el intercambio de telegramas que consta en los archivos de Naciones Unidas.
-¿Por qué esta combinación de intereses internacionales y locales que antes competían entre sí les convenció finalmente de que era necesario acabar con la vida de Lumumba?
Respuesta: Él era el escollo individual más importante en su plan de establecer el neocolonialismo en Congo, como habían comenzado a hacer en Katanga el 11 de julio de 1960.
- Lumumba pronunció muchos discursos memorables y también escribió muchas cartas emotivas. En 1960 escribió a su mujer desde la cárcel: “Llegará el día en que hablará la historia. Pero no será la historia que se enseñará en Bruselas, París, Washington o Naciones Unidas. Será la historia que se enseñará en los países que se han liberado del colonialismo y de sus títeres. África escribirá su propia historia y tanto en el norte como en el sur será una historia de gloria y dignidad”. ¿Fue capaz Lumumba de articular asimismo una visión específica de cómo pretendía transformar el Estado y la sociedad congoleña durante el breve periodo en que fue primer ministro?
Respuesta: Varios de sus principales discursos y cartas nos proporcionan una idea de su visión del Congo poscolonial. Aunque le preocupaba la unidad, la independencia y la soberanía de Congo, debido naturalmente a la situación contrarrevolucionaria que se estableció en el país los días 10 y 11 de julio de 1960 (la invasión militar belga y la secesión de Katanga, respectivamente), su interés se centró en cómo transformar las estructuras heredadas del Estado y la economía con el fin de mejorar la calidad de vida de la población congoleña.
- Como en los casos de Amílcar Cabral, Thomas Sankara y Steve Biko, el martirio de Lumumba lo convirtió en una potente fuerza simbólica que continúa inspirando a los movimientos radicales de toda África. En el prefacio de su libro, usted describe brevemente la inspiración y el súbito desengaño que sintió cuando era estudiante universitario (y fue expulsado por actividades anticoloniales), al conocer el ascenso meteórico y el trágico asesinato de Lumumba. Como africanos y en el mundo en general, ¿hemos evaluado realmente el trauma histórico causado por el asesinato de uno de los líderes más prometedores del continente?
Respuesta: Puesto que todos los líderes asesinados que menciona usted fueron víctimas de potencias mundiales y/o sus aliados en África, con el Portugal fascista o la Sudáfrica del apartheid, no veo por qué las potencias mundiales responsables de eliminar a aquellos líderes africanos que detestaban deben estar preocupadas por el efecto de aquellos asesinatos en África. Nos corresponde a nosotros, la gente africana, asegurarnos de seguir las enseñanzas de Amílcar Cabral para conocer nuestras propias debilidades y encontrar las vías para superarlas, y las de Kwame Nkrumah sobre la seguridad colectiva continental mediante un alto mando militar africano. Necesitamos nuestro propio equivalente de la OTAN para garantizar la seguridad de nuestro pueblo y la de nuestros líderes progresistas amenazados.

Saíd Husaini
Jacobin

Georges Nzongola-Ntalajaes profesor de estudios africanos, afroamericanos y de la diáspora en la Universidad de Carolina del Norte y autor de muchos libros.
Saíd Husaini es activista socialista y estudiante de desarrollo internacional en la Universidad de Oxford.

martes, 21 de enero de 2020

Nieva en Davos




Las tendencias a la recesión global y el temor a las rebeliones populares dominan el Foro Mundial del gran capital.

El llamado Foro Económico Mundial, que se realiza todos los años en la villa suiza de Davos, es el escenario en el que se encuentran los grandes magnates capitalistas y representantes gubernamentales de todo el mundo para disertar sobre la marcha de la economía mundial y explorar dónde hacer negocios. Sin embargo, la agenda de este año estará dominada por el fantasma de una nueva bancarrota y nuevas rebeliones populares, en perjuicio de la agenda oficial que versa sobre los problemas ambientales.
En el inicio de las actividades ya se discutía acerca del informe del Fondo Monetario Internacional sobre las Perspectivas de la Economía Mundial. Ese relevamiento se titula, sugestivamente, “¿Tenue estabilización, lenta recuperación?”, y en él se recortan las previsiones de crecimiento publicadas por el organismo en octubre. A nivel global se ajustaron a la baja tanto las proyecciones de 2020 como de 2021 calculando que la economía crecerá 3,3% y 3,4% respectivamente, tras una expansión estimada en 2,9% en 2019.
Son cifras muy modestas, y según consta en el propio informe están enteramente expuestas a nuevas caídas en la medida en que perdure la guerra comercial (y las guerras propiamente dichas) o se propaguen las protestas sociales que han sacudido a numerosos países en todos los continentes.
Un ejemplo de ello es América Latina, donde el FMI pronostica un módico crecimiento del 1,6% tras bajar las previsiones por estimar un peor desempeño de México y por los efectos de la rebelión chilena, aunque mantiene una proyección alcista a la espera de que las reformas laborales y jubilatorias den a Brasil un gran rendimiento. La inquietud que genera en los empresarios cariocas la caída del precio internacional de la soja anticipa que ese precario crecimiento será una meta difícil de alcanzar.
“Debemos acostumbrarnos a la nueva realidad que está marcada por la incertidumbre”, comentaba la titular del FMI, Kristalina Georgieva. Más aún, reflexionó que “el inicio de esta década trae recuerdos inevitables de los años veinte del siglo XX: elevada desigualdad, rápido desarrollo tecnológico y grandes retornos en el ámbito financiero”, en alusión a los años que precedieron al colapso que estalló tras el crack de 1929. El capital financiero está encendiendo las alarmas.
En palabras de la economista jefe del FMI, Gita Gopinath, la política estadounidense se ha convertido en uno de los factores de riesgo indirectos para la economía mundial. El diario español El País (21/1) destaca que en la misma semana en que Estados Unidos y China sellaban la tregua, el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, pronunciaba un discurso donde pedía a las multinacionales tecnológicas estadounidenses que se deshicieran de sus negocios comunes con empresas chinas, en medio de la carrera que tiene en el despliegue de la tecnología 5G un capítulo encarnizado.
Las tendencias sombrías de la economía mundial fueron también el principal dato arrojado por una encuesta realizada a los CEOs de las grandes firmas. El 53% de los directivos encuestados prevé una mayor desaceleración en el próximo año, lo que representa más del doble de los que habían augurado problemas el año pasado, y diez veces más que el anterior. Según los autores del relevamiento, en 2020 el crecimiento mundial podría caer hasta el 2,4%.
Sin embargo, las tendencias evidentes a una recesión global y a una agudización de los choques entre las principales potencias económicas se desprenden del propio desarrollo capitalista, y no de anomalías. En primer lugar, de la tendencia a la concentración y a la sobreproducción de capitales. Ese es también el telón de fondo de los planes de ajuste y de reformas antiobreras que en simultáneo se ensayan en todos los puntos cardinales. Para empezar, en el propio Foro de Davos, el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, anunció que volverá a la carga con su paquete de reformas que había desatado en octubre una rebelión en todo el país, liderada por las comunidades indígenas, que lo obligaron a retroceder con el recorte a los subsidios a los combustibles que había adoptado a propuesta del FMI.
La contracara de esto es la irrupción de las masas trabajadoras en las más diversas latitudes, en particular contra estas políticas fondomonetaristas. Pretender anular estas rebeliones a base de impuestos redistributivos es una utopía reformista. El dato, difundido en estos días, de que 2.153 richachones tienen más dinero que 4.600 millones de personas juntas no se explica por malas políticas tributarias, sino por la tendencia inherente del capitalismo a una polarización social cada vez mayor. Finalmente, quienes se reúnen en Davos buscan hacer sus negocios a costa de los trabajadores y de mayores imposiciones a los países oprimidos. La crisis capitalista plantea nuevas perspectivas para la lucha por la revolución socialista.

Iván Hirsch

lunes, 20 de enero de 2020

Bolsonaro debió echar al secretario de Cultura que copió discurso del nazi Goebbels




El ultraderechista presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, destituyó este viernes al secretario de Cultura, Roberto Alvim, en medio de la polémica generada por un discurso en el que copia al ministro de Propaganda del régimen nazi de Adolf Hitler, Joseph Goebbels, en un video oficial.

No es de extrañar que con las tendencias ultraderechistas de Jair Bolsonaro y las joyas a las que nos han acostumbrado los miembros de su Gobierno, uno de sus secretarios se anime a copiar el discurso del ministro de Propaganda del régimen nazi de Adolf Hitler, Joseph Goebbels.
Eso fue justamente lo que pasó en la noche del jueves cuando nada menos que el secretario de Cultura de Brasil, Roberto Alvim, subió a la cuenta oficial de su cartera un video emulando adjetivos y frases utilizadas por Goebbels en un discurso realizado a mediados del siglo XX para promover la cultura nazi.
En su pronunciamiento, con diversas alusiones al régimen nazi de Hitler, Alvim señaló que el arte brasileño "de la próxima década será heroico" e "imperativo", así como lo hizo Goebbels en un discurso en el que promovía la cultura alemana décadas antes
"Comunico el retiro de Roberto Alvim de la Secretaría de Cultura del Gobierno. Un pronunciamiento infeliz, aunque se haya disculpado, se volvió insostenible su permanencia", dijo Bolsonaro en una nota, firmada por el propio mandatario.
En el comunicado, el presidente también reiteró su "repudio a las ideologías totalitarias y genocidas", así como a "cualquier tipo de conexión con las mismas".
"Manifestamos además nuestro total e ilimitado apoyo a la comunidad judaica, de la que somos amigos y compartimos valores en común", completó Bolsonaro.
En su pronunciamiento, con diversas alusiones al régimen nazi de Hitler, Alvim señaló que el arte brasileño "de la próxima década será heroico" e "imperativo", así como lo hizo Goebbels en un discurso en el que promovía la cultura alemana décadas antes.
La publicación llevó a que políticos, artistas, jueces e instituciones rápidamente condenaran el contenido del mensaje, además de instar al Gobierno brasileño a exigir la salida del secretario.
El presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, declaró que Alvim debería ser "urgentemente" removido del cargo, mientras que el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, pidió su destitución "inmediata".
Asimismo, tanto la comunidad israelí como las representaciones diplomáticas de Alemania en Brasil condenaron el hecho del secretario de Cultura utilizar un "discurso nazi" al emular al que fuera el ministro de Propaganda de Hitler.
En medio de la repercusión negativa de su video, Alvim se disculpó públicamente por su "error involuntario" a través de un comunicado y puso su cargo "a disposición".
"Ante el inmenso malestar causado por este lamentable episodio, puse inmediatamente mi cargo a disposición del Presidente Jair Bolsonaro, con el objetivo de protegerlo", expresó el secretario.
Añadió que tiene "profundo repudio a cualquier régimen autoritario" y declaró "absoluta repugnancia al régimen nazi".
Sin embargo, no es ningún secreto que Bolsonaro y su coalición política ensalzan a la extrema derecha más sórdida de la historia mundial. No solo lo hacen reivindicando la dictadura militar brasileña, honrando a los torturadores responsables del asesinato de miles, sino que exaltan a la extrema derecha y al fascismo y sus fundamentos.
En su video, Alvim también habla sobre rescatar los "mitos fundacionales" de la sociedad, refiriéndose al oscurantismo religioso más reaccionario y conservador. Esta no es la primera y última vez que Alvim ataca las producciones culturales brasileñas y lucha por hacer propaganda ideológica de toda la producción cultural de los fundamentalistas de derecha y religiosos.
Al igual que Goebbels, Alvim tenía predisposición a atacar a artistas que se oponen al Gobierno de Bolsonaro y que producen materiales artísticos con el propósito de cuestionar no solo a su Gobierno sino a la sociedad en general.
Goebbels no es solo un "nazi" que Alvim aparentemente idolatraba. Es un ideal político. El ministro fue en gran parte responsable de elevar el tono de propaganda política del nazismo en Alemania, utilizando películas y radios para difundir contenido antisemita y anticomunista. Fue el principal propagandista del partido de Hitler.
Esta concepción de extiende por el Gobierno de Bolsonaro desde el arte hasta la educación. El proyecto llamado "escuela sin partido", el ataque a las universidades públicas y la cultura, son parte de un proyecto ideológico de extrema derecha que manipula datos, persigue y despide a quienes no están de acuerdo.
La renuncia del secretario ni siquiera significa que el Gobierno de Bolsonaro esté preocupado por la libertad artística y la producción cultural. Vale la pena recordar que es este mismo Gobierno el que ha estado detrás de la censura a la película Marighella (biografía del político y guerrillero brasileño, Carlos Marighella), como también del discurso que habilita a grupos de extrema derecha como el que atacó a la productora Porta dos Fundos por el especial de Navidad emitido por Netflix en el que se muestra a un Jesús homosexual.
Esta política represiva dirigida a frenar la producción artística y cultural va de la mano con recortes en la educación, la cultura y también ataques a los derechos de la clase trabajadora y la juventud.

La Izquierda Diario

domingo, 19 de enero de 2020

El movimiento estudiantil francés debe hacer valer su historia




Profundizar la unidad con la clase obrera para derrotar la reforma previsional

El 2020 llegó avivando la enorme lucha del pueblo francés contra la reforma previsional del presidente Emmanuel Macron. El movimiento estudiantil forma parte de esta movilización y ha protagonizado centenares de acciones en colegios y universidades y también en acciones unitarias con los activistas huelguistas, ferroviarios, del subte y profesores, y los chalecos amarillos. Por ejemplo, el pasado martes 7, lograron ocupar las oficinas de BlackRock, el fondo de inversiones más grande del mundo, que se interesa directamente en la reforma de Macron porque se van a desarrollar los fondos de capitalización. Dos días después, el jueves 9, las columnas estudiantiles estuvieron presentes en la nueva jornada de acciones nacional llamada por la Intersindical. Tres sindicatos estudiantiles forman parte de la misma, la UNEF (universitarios) y los MNL y UNL (liceos, secundarios.)
Pero lo que interesa no es tanto esta participación burocrática sino la intensidad y la riqueza de la intervención estudiantil. ¿Es novedoso este hecho en el país galo? No; es parte indisociable de la historia del movimiento estudiantil francés. Pero es de esa tradición de lucha que el mismo debe valerse, superando las debilidades de la intervención en este período. La movilización actual no es todo lo masiva que podría ser. Se concentra sobre todo en los activistas.
Es posible que las vacaciones de fin de año hayan influído. Ahora, se han retomado los bloqueos en las universidades, importantes en ciudades como Toulouse, y sobre todo la movilización de los estudiantes secundarios -enfrentados también a la reforma retrógada del bachillerato del ministro Jean-Michel Blanquer, destinada a degradar la educación popular y a segregar el ingreso a la Universidad.

Un recorrido histórico

Se hace sumamente necesario, en primer lugar, destacar que el movimiento estudiantil francés conservó siempre en su tradición de lucha una enorme claridad respecto a sus métodos. El bloqueo y la ocupación de universidades y también de liceos no aparecen ahora; se remontan a las históricas ocupaciones durante el Mayo Francés de 1968.
La Sorbona, la histórica Universidad de París, fue el epicentro de la organización estudiantil en Francia. En 1968, el movimiento estudiantil es masivamente activo contra la guerra imperialista en Vietnam y enfrenta la política represiva de De Gaulle. La UNEF es ganada por la “extrema” izquierda. Las acciones ganaron la calle y el Barrio Latino cuando las autoridades sancionaron a los activistas de la facultad de Nanterre, que reclamaban por la libertad de un estudiante detenido en una manifestación por Vietnam y se insurgían contra los reglamentos universitarios. La represión será el acontecimiento detonador de los sucesos de Mayo, que habían sido precedidos por huelgas obreras y manifestaciones en diversas ciudades como Nantes y Cae. El 10 de mayo es la noche de las barricadas y el 13 de mayo es la huelga general de 10 millones de proletarios.
En aquellos años la movilización obrero-estudiantil puso en jaque no sólo a De Gaulle y a todo el régimen social en Francia; fue un fenómeno internacional. En nuestro país, el Cordobazo sentenció a la dictadura de Onganía. En México, obreros y estudiantes se levantaron contra el gobierno del PRI. El movimiento estudiantil alemán tuvo su propio Mayo del 68.
Después del 68, la Sorbona fue dividida en más de una decena de universidades en la región parisina para debilitar al movimiento estudiantil pero la maniobra no tuvo éxito. Más aquí en el tiempo, la Sorbona fue ocupada en marzo de 2006, como una medida de lucha del movimiento estudiantil contra la Ley de Contrato del Primer Empleo (CPE), una ley de precarización laboral para la juventud impulsada por Dominique de Villepin, el primer ministro del gobierno de Jacques Chirac. En ese mismo cuadro, se llegaron a ocupar 40 de 110 liceos parisinos. Además de la ocupación en instituciones educativas, se organizaron acciones masivas de protesta y bloqueo en los ferrocarriles, puentes, autopistas y accesos no sólo en París, sino también en ciudades como Marsella, Nantes o Lille.
Tan solo dos años más tarde, en 2008, el movimiento estudiantil se encontraría nuevamente movilizándose masivamente contra la reforma a la educación secundaria impulsada por Sarkozy. Pero sería dos años luego de eso, en 2010, que el movimiento estudiantil francés volvería a ser noticia destacada en los principales periódicos del mundo. Ocupando más de 500 institutos en simultáneo y retomando las calles con bloqueos, el estudiantado francés emprendía nuevamente el camino de la lucha ante el anuncio de Sarkozy de promulgar una reforma previsional. Los acontecimientos encontraban nuevamente a un movimiento estudiantil organizado luchando codo a codo con la clase obrera.
Sin embargo, la próxima gran experiencia del movimiento estudiantil francés tendría un condimento particular, y por demás definitorio de su semblante. Y es que tras la salida del gobierno de Sarkozy, quien asumiera en su reemplazo canalizando el descontento popular sería el socialdemócrata François Hollande, haciendo una campaña demagógica de cara a la juventud. Eso no evitó de ninguna manera que en 2016, luego de que el gobierno impulsara una reforma laboral a todas luces reaccionaria, decenas de miles de estudiantes se movilizaran junto a los trabajadores, ganando las calles y bloqueando los liceos.

Presente y desafíos

Ahora bien, los últimos dos años parecen ser contradictorios para el movimiento estudiantil francés. El 2018 debutó con una lucha contra la reforma al acceso a la universidad pública, la llamada Ley relativa a la Orientación y el Rendimiento Escolar. Esta ley implica un sistema restrictivo de selección de expedientes, que debe realizar cada estudiante que aspire a ingresar a la universidad; el mismo es calificado y es en base a ello que se dirime.
Ante todo, esta ley tiene su origen en las restricciones presupuestarias a las universidades y la falta de vacantes. Las universidades están sometidas ahora a la “autonomía financiera” y deben equilibrar sus gastos con un presupuesto cada vez más reducido. La calidad y la masividad de la enseñanza se han degradado cualitativamente. Este fenónemo caldeó el terreno para una nueva lucha estudiantil en Francia; en abril de aquel año, miles de estudiantes volvían a las calles contra la selección clasista en el ingreso a la universidad, incluyendo una fuerte presencia de los estudiantes secundarios y el bloqueo de liceos. Hay que destacar que los estudiantes decidían su movimiento con asambleas generales masivas en las facultades y colegios y asimismo con la aparición de coordinadoras.
Pero los años 2019-2020, signados por la lucha contra la reforma de las jubilaciones, parece indicar un retroceso. En este último mes, marcado por la huelga del transporte, el movimiento estudiantil ha dado hasta el momento muestras aisladas de lucha junto con la clase obrera. A pesar de haber parcialmente sectores estudiantiles en la composición de las movilizaciones masivas, como por ejemplo las del 5 de diciembre pasado, no se registra una organización estudiantil tan efusiva como en las experiencias pasadas. En la comparativa de las huelgas estudiantiles y la ocupación de instituciones, los ejemplos son significativamente mucho más limitados, incluso con respecto al 2018. Hay que agregar que la represión de los chalecos amarillos y de los estudiantes ha sido feroz -sin antecedentes- y ha creado el odio a la policía y una sensación de temor.
En definitiva, el movimiento estudiantil francés tiene que valerse de su vigorosa tradición de lucha, y profundizar de inmediato el camino de la unidad con la clase obrera para derrotar esta reforma. Sobre todo cuando esta última está dando una batalla extraordinaria, con los transportistas a la cabeza, pero también con la lucha de los profesores y maestros y la extensión de la huelga a otros sectores. Es el momento para discutir en masivas asambleas el bloqueo y ocupación de universidades, liceos y colegios, así como recobrar el camino de la movilización y las acciones de apoyo a la huelga. En los últimos días, se han retomado los bloqueos en las universidades, importantes en ciudades como Toulouse, y sobre todo la movilización de los estudiantes secundarios -enfrentados también a la reforma retrógada del bachillerato del ministro Blanquer, destinada a degradar y segregar aún más la educación popular y el el ingreso a la Universidad.

Manuel Tabaroni

sábado, 18 de enero de 2020

Puerto Rico: mucho más que el patio trasero de los Estados Unidos




Hoy en #LaPupilaTV nos hacemos acompañar del documental «Seva Vive» y «El patio trasero de los Estados Unidos» de HispanTV para homenajear a nuestro particular modo a la borinquen hermosa: Puerto Rico. Comencemos entonces la travesía por su tierra

Australia y la crisis climática global




¿Cómo se relacionan los incendios de Australia con la crisis climática? ¿Por qué Australia es un anticipo de lo que puede pasar en el resto del mundo? ¿Qué políticas se adoptan en nuestro país para evitar la crisis climática? Enterate mirando este video. La crisis ambiental que vive el planeta y el despertar de la juventud en defensa de su futuro.

jueves, 16 de enero de 2020

El precario acuerdo entre Estados Unidos y China




Este miércoles, Estados Unidos y China firmaron un compromiso en materia de comercio exterior que había sido acordado en diciembre pasado y se conoce con el nombre de “fase 1” de las negociaciones entre ambos países. A continuación, compartimos el artículo publicado en Prensa Obrera N° 1579 aparecido el 19 de diciembre.
La cautela con que la prensa internacional ha tomado el nuevo acuerdo entre Estados Unidos y China retrata la fragilidad del compromiso.
Según los informes, Estados Unidos acordó recortar algunos de los aranceles sobre productos chinos por un valor de u$s 360.000 millones y no continuar con aranceles adicionales, a cambio de lo cual China aceptó aumentar sus importaciones de productos agrícolas y otros bienes estadounidenses.
La Casa Blanca se ha reservado una carta. La reducción pactada irá acompañada de una cláusula de "snapback" en virtud de la cual los aranceles se restablecerían de inmediato si se determina que China no está cumpliendo con su parte del acuerdo.
Por lo pronto, hay un punto conflictivo que podría echarlo por tierra. Washington exige que se precise por escrito el monto de bienes estadounidenses que China se compromete a importar y reclama que ascienda a entre 40.000 millones y 50.000 millones de dólares -casi el doble de lo que se comercializaba antes de que comenzara la guerra comercial. Esta pretensión es resistida por el gigante asiático, que señala que implicaría tener que discriminar a otros proveedores -en primer lugar, Brasil y, en menor medida, a la Argentina- cuyos precios son más bajos que los de Estados Unidos.

Crisis a ambos lados

Trump apuró el acuerdo porque necesita exhibir algún “éxito” y mejorar su imagen, que venía en caída entre los agricultores como consecuencia de las dificultades que ha provocado la guerra comercial para la comercialización de los granos estadounidenses. El sostén de los productores de los estados del sur es vital en vistas a las elecciones presidenciales que se avecinan.
Al abordar la situación no se puede soslayar el hecho que la recuperación económica, de la que se jacta el magnate, se viene desinflando. En lugar de las ventajas prometidas por el gobierno, la guerra comercial ha provocado el resultado inverso: las represalias contra China no han derivado en una mejora del intercambio comercial ni de los empleos, y como contrapartida sí ha significado un aumento de los costos industriales y un encarecimiento del consumo de productos importados.
Visto desde el otro lado del mostrador, China tampoco se sustrae a la crisis. La guerra comercial potencia la desaceleración económica que ya se viene operando en la economía asiática. Hay quienes señalan que las estadísticas oficiales encubren el verdadero estado de la economía. El Estado chino enfrenta una deuda colosal, de casi tres veces su PBI, de modo tal que la capacidad de reactivar la economía por ese medio -como lo hizo al comienzo de la crisis financiera de 2008- se ha vuelto inviable.

Lo que está en juego

La búsqueda de un compromiso ha sido alentada por ambas partes, pero está lejos de lograr una salida al conflicto. En el acuerdo no figura ninguna de las exigencias sobre las que Washington venía batiendo el parche y que tienen que ver un resguardo de la propiedad intelectual y el uso de tecnología estadounidense por parte de China. Tampoco se establece un freno a la expansión china en la industria de punta y una apertura de su economía a la penetración del capital foráneo.
El imperialismo no ha abandonado su objetivo de fondo, que es completar la restauración capitalista inconclusa en el gigante asiático, en sus propios términos y bajo su tutela. Este propósito es una “cuestión de Estado” compartida por toda la clase capitalista y es lo que explica que las reservas y voces críticas respecto del acuerdo “fase uno” -como se lo conoce- hayan surgido no sólo de los republicanos más “halcones” sino también entre las filas demócratas.
Fuera de los aranceles, la guerra monetaria, lejos de atenuarse, se viene potenciando y puede terminar teniendo efectos más nocivos que la propia imposición de tarifas aduaneras. Las autoridades chinas no se han privado de devaluar el yuan durante los últimos meses.
Washington, mientras tanto, mantiene su negativa a aceptar el nombramiento de nuevos jueces para el órgano de solución de disputas de los países miembros de la Organización Mundial de Comercio, denunciando que dicha organización ha emitido fallos discriminatorios contra Estados Unidos. De esa forma, mantiene el terreno despejado para decretar sanciones unilateralmente.
Importa señalar que el acuerdo sellado entre el gobierno yanqui y el chino tampoco aborda las crecientes tensiones políticas y militares en relación a temas ríspidos como la crisis de Venezuela o las protestas en Hong Kong. Nada resuelve, además, sobre la disputa en torno al control del mar de la China Meridional en el Pacífico, frente a las costas de ese país.
Desenvuelto este panorama, está claro que el acuerdo es apenas un compromiso precario La guerra comercial hunde sus raíces en la bancarrota capitalista, que ha pegado un nuevo salto y es el caldo de cultivo en el cual se viene abriendo paso una creciente polarización social y política, en un escenario dominado por el derrumbe de regímenes políticos, golpes de Estado y guerras, pero también por rebeliones populares y tendencias revolucionarias.

Pablo Heller

miércoles, 15 de enero de 2020

Trump y la apoteosis de la barbarie




Acabo de leer una muy interesante nota de Peter Koenig sobre el renacimiento y exasperación de la barbarie en los últimos tiempos.[1] Y digo exasperación porque aquella tuvo una presencia constante en la historia, pero bajo el capitalismo adquirió nuevas y más brutales formas. Estados Unidos es sin dudas la patria de la barbarie. Su condición de mayor terrorista del planeta la alcanzó en agosto de 1945 cuando arrojó sobre dos ciudades indefensas del Japón sendas bombas atómicas que convirtieron en cenizas -o condenaron a una horrorosa muerte lenta- a varios centenares de miles de sus habitantes. Nadie nunca, ni antes ni después, llegó a perpetrar atrocidad semejante. Sin llegar a tan luctuosos límites en tiempos recientes la barbarie fue repotenciada por el gobierno de Donald Trump, un hampón de cuarta cuyos códigos morales no son mejores que los de Al Capone o Frank Nitti. Es más, me atrevería a decir que éstos poseían un mafioso sentido del honor y del respeto a la palabra empeñada que el magnate neoyorquino carece por completo.
Koenig documenta con precisión que a pedido de Trump el primer ministro de Irak, Adil Abdul-Mahadi, invitó al General Qassem Suleimani a que se reuniera con él en Bagdad para sugerirle, dadas sus conocidas dotes como diplomático, que procurase abrir un canal de diálogo entre Irán y Estados Unidos y entre la república islámica y Arabia Saudita. Esa fue la trampa, abyecta y cobarde, en la que cayó el general iraní. Esto fue denunciado ni bien se consumara el asesinato de Suleimani y un grupo de altos funcionarios militares iraquíes por Adil Abdul-Mahadi diciendo textualmente que “Trump me pidió que mediara con Irán y luego asesina a quien había invitado para la tarea”. En sucesivas conferencias de prensa el Secretario de Estado Mike Pompeo, otro mentiroso serial, desmintió lo declarado por el Primer Ministro Iraquí. Lo mismo hizo la Casa Blanca, pero la credibilidad de estos hampones es nula. Pero toda la maquinaria propagandística de Estados Unidos se puso al servicio de las mentiras oficiales y Suleimani, que gozaba de inmunidad diplomática, fue presentado como un feroz terrorista que había sido “eliminado” porque tenía planeado atentar contra varias embajadas de Estados Unidos, cosa que días después desmintió el propio Secretario de Defensa de Trump. Pese a tantas mentiras se ha ido sedimentando en los sectores de la opinión pública atentos a este tipo de noticias (una minoría, desgraciadamente) la convicción de que lo ocurrido en Bagdad fue un vil asesinato que trató de justificarse estigmatizando a la víctima como terrorista.
No contento con esta criminal violación de la legalidad internacional y de las propias leyes de Estados Unidos, Trump ordenó que se le negara a Mohammad Javad Zarif, Ministro de Asuntos Extranjero de Irán, la visa de entrada para informar de lo ocurrido ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York. O sea, cero debate, cero información: basta con la versión del imperio, reproducida impúdicamente por la prensa hegemónica. Esto constituye una violación de la Carta de las Naciones Unidas, firmada por Estados Unidos en 1947, que garantiza a los representantes de países extranjeros el irrestricto acceso a la sede de las Naciones Unidas. Para su imborrable deshonra el portugués António Guterres, Secretario General de Naciones la ONU, el guardó cómplice silencio ante el asesinato de Suleimani y también frente al ilegal veto a la llegada del ministro iraní. El hombre se preocupa por su chequera y nada más. Cobra su sueldo y no ve, no escucha, no habla. Esta es la clase de funcionarios internacionales que Estados Unidos necesita para administrar su imperio sin preguntas incómodas.
Lo anterior confirma lo que muchos venimos diciendo acerca de la ineptitud de las Naciones Unidas para garantizar la paz y la legalidad internacionales. Muchas voces se han elevado, sobre todo en países periféricos, exigiendo una reforma de esa organización. Pero Koenig da un paso más y se pregunta si no ha llegado la hora en que una votación de la Asamblea General expulse a Estados Unidos (y a Israel) de las Naciones Unidas por sus reiteradas violaciones de la Carta de la Organización y sus resoluciones fundamentales (entre ellas las que exigen a la Casa Blanca poner fin al bloqueo a Cuba o que el régimen israelí se retire de los territorios ocupados). La premeditada, sistemática y desafiante transgresión de la legalidad internacional es lo que define a los “estados canallas”. Esa clase de regímenes se colocan por sí mismos por fuera de dicha legalidad y su expulsión sería tan sólo el reconocimiento de una realidad. Tendríamos, prosigue diciendo nuestro autor, “una ONU renovada, liberada de la abultada burocracia que la paraliza y mucho más eficiente para salvaguardar la paz en el mundo.” Además hay montones de países que han sido invadidos, amenazados, sancionados por Estados Unidos y “muchos de ellos también tienen drones y dominan la tecnología de disparos de precisión.” Se trata de un planteo audaz, extravagante, pero que merece ser pensado.
Muchos intereses económicos se opondrían a esta movida, reconoce Koenig, pero en el mundo actual EEUU ya no es el único que puede ofrecer interesantes oportunidades de negocios. China, India, Rusia, numerosos países asiáticos y algunos otros en África y Latinoamérica podrían redefinir un nuevo entramado de la economía mundial sin la presencia prepotente de los norteamericanos. “Aislemos a los bárbaros de Washington y dejémoslos que se pudran en su inmundo pantano”, dice Koenig. Proyecto que hoy suena como una ingenua utopía. Pero, ¿quién podría asegurar que ante la indisimulable decadencia del poderío de EEUU aquella propuesta está eternamente condenada a ser irrealizable? Sobre todo si se recuerdan estas proféticas palabras de Oscar Wilde cuando sentenció que “Estados Unidos es el único país que pasó de la barbarie a la decadencia salteándose la civilización.” Y su decadencia podría dar nacimiento a otra Naciones Unidas. ¿Por qué no? ¿O es que alguien todavía cree que las instituciones creadas por hombres y mujeres tienen el don de la eternidad?

Atilio A. Boron

Nota:

[1] “The West is Run by Barbarians”, en https://www.globalresearch.ca/west-run-barbarians/5700435

martes, 14 de enero de 2020

Uruguay: el presidente del ajuste y la "mano firme"




La disputa en diciembre en torno la decisión de no subir las tarifas por parte del gobierno saliente y de designar nuevos generales sin consulta previa al ejecutivo entrante puso tensión a los “tiempos uruguayos” de la transición.

Las tarifas públicas, que serán aumentadas por el gobierno entrante, fueron utilizadas como terreno de disputa y de construcción de discursos de ambas partes.
Para la coalición "multicolor" que llevó a ganar la presidencia al derechista Lacalle Pou, la no actualización de las mismas por parte de Tabaré Vázquez, significa un golpe a su promesa en la campaña electoral que se hizo bandera en la idea de la rebaja de los precios de los servicios públicos. Tener que aumentarlos ni bien comience el gobierno, significa contradecirse desde el arranque.
Para el gobierno saliente esta situación le permitió hacer cierta demagogia, aunque de corto alcance, ya que los aumentos de tarifas estos 15 años han sido sostenidos.
En filas multicolores se busca instalar un nuevo relato de la realidad. Es que si la empresa que le espera al nuevo gobierno es la de ajustar, hay que crear las condiciones en la opinión pública. Es necesario entonces un relato de la ‘crisis’ por parte de las autoridades entrantes para así poder avanzar con el plan de recortes y ajustes en distintas áreas del Estado. Máxime cuando en campaña, los líderes de la coalición multicolor negaron sistemáticamente cualquier perspectiva de ajuste (aunque nos hablaban de ahorrar 900 millones de dólares). Para esto se encuentra con una desventaja y es que el modelo económico de los gobiernos frenteamplistas mostró fuertes signos de agotamiento, pero no estalló.
A pesar de las disputas, el tema de la instalación de UPM mostró a ambos bandos unificados, a excepción de Cabildo Abierto, que a través de Eduardo Lust salió a cruzar a Lacalle, Mieres y Talvi. Esta situación fue interesante. Porque mostró a los grandes partidos unidos en la defensa del modelo productivo extractivista y de la posición del país frente al capital transnacional.

Un mandato liberalizador

Mucho se habla en la región acerca de las posibles similitudes entre Mauricio Macri y Luis Lacalle Pou. Si tuviéramos que establecer líneas de convergencias entre el ex-presidente argentino y el presidente electo uruguayo, resaltan sus rasgos programáticos liberalizadores de la economía. Tanto Macri en 2015, como Lacalle Pou en 2020 llegan con mandatos por parte de los sectores empresarios de mayor flexibilización laboral y recortes impositivos que ‘abaraten’ los costos de producción, un tipo de cambio competitivo para los sectores exportadores (léase sector agropecuario); y recortes en el gasto público. Estos últimos fueron reclamos del movimiento Un Solo Uruguay desde 2018. En este sentido, Lacalle y Arbeleche volvieron a comprometerse en la ‘búsqueda de competitividad’ a comienzos de diciembre en el almuerzo con la Unión de Exportadores.
En el plano económico la desregulación del monopolio de los combustibles por parte de ANCAP y su libre importación es otro de los puntos centrales de la agenda del nuevo gobierno y que está incluido en el borrador de la flamante Ley de Urgente Consideración.
En la conformación del futuro gabinete se observa una combinación entre políticos y técnicos en las primeras y segundas líneas. Una presencia importante de líderes de la derecha política por un lado, y representantes de patas ‘sociales’ que han aportado desde la sociedad bases al proyecto político del futuro gobierno, como la Iglesia Católica a través de Pablo Bartol (MIDES) y el sector ruralista con la incorporación de Carlos María Uriarte (Ganadería y Pesca), ex vice-presidente de la Federación Rural y directivo de la Sociedad de Criadores de Aberdeen Angus.
El presidente herrerista busca darle ‘espalda política’ al futuro gobierno y define las principales líneas para el próximo periodo. En esta lógica de ’crear clima’, ha propiciado reuniones con los dirigentes del PIT-CNT, buscando marcos de acuerdo mínimos para evitar grandes rechazos sociales a posibles medidas del próximo gobierno.
A diferencia de los años 90’ o en el último gobierno de Jorge Batlle, donde los ministros de trabajo solían ser aristócratas o abogados de empresas, el ministro será Pablo Mieres, que en el panorama multicolor aparece como la ‘pata izquierda’. El rol de Mieres será el de negociar y articular con la dirección mayoritaria del PIT-CNT. ¿Será que Lacalle quiere en su esquema de poder un ajuste con negociación fluida con los Fernando Pereira? Una de las primeras discusiones ya instaladas desde los litigios empresariales en la OIT será acerca de la ocupación como extensión o no del derecho de huelga. La otra discusión es la utilización de una vieja propuesta de Ernesto Murro para introducir las modificaciones que los empresarios exigen a la negociación colectiva.

Orden, autoridad y república

Entre las prioridades del gobierno está el tema de la seguridad, una marca en el discurso de la oposición de los últimos años y en lo que Lacalle piensa que puede ’mostrar resultados’ más rápidamente. Es que ante los problemas importantes que tiene el país en materia de salarios, presupuesto educativo, o empleo, reprimir y mostrar sus resultados, simplemente no cuesta nada desde el punto de vista financiero. Los recursos económicos ya están destinados.
Uno de los conceptos más repetidos en los discursos del líder blanco es la necesidad de reimplantar el respeto a la autoridad. Como presidente muestra una preocupación importante por el ejercicio de la autoridad en sentido republicano, tanto sea por parte del Poder Ejecutivo, como en el uso de la fuerza pública. Esta preocupación no es nueva. Forma parte constitutiva del pensamiento republicano conservador de Luis Alberto de Herrera y del herrerismo en su conjunto. Según esta concepción, los ciudadanos son ’iguales ante la ley’ al momento de votar, como bien lo afirma Lacalle Herrera aquí. Pero cuando la nueva autoridad emana de las urnas, ya no hay que hacer más que ejercerla. Aunque esto muchas veces entre en contradicciones con las condiciones de vida de determinada clase o sector social. Lo importante para el herrerismo es hacer culto al ’orden’, y si algo se desordena, entonces la autoridad (legítimamente emanada desde las urnas) lo debería volver a su lugar. Tanto sea en el combate al delito o en sofocamiento a la protesta social, a la que ya el presidente electo dijo que ’no encontrará dormido al gobierno’, las líneas que se trazan van en el sentido de reivindicar el accionar policial y cobijarlo de ’legitimidad’. Esta necesidad de reivindicar el uso de la fuerza pública y de la autoridad republicana muchas veces hecho por Luis Alberto Lacalle Herrera ha llegado a puntos de exacerbación que culminaron con sucesos represivos como los del Hospital Filtro hace ya más de 25 años.
La ’Legitima Defensa Policial’, que está contenida en el paquete de leyes de urgente consideración, representa un paso en este sentido y en reforzar la impunidad de la institución policial.
También se generan o refuerzan las tendencias al linchamiento o a la justicia por mano propia que operan en la sociedad. Con la tan difundida frase ’se acabó el recreo’ parece darse luz verde para hechos como los sucedidos el mes pasado en Mercedes, donde un hombre fue asesinado a palos y golpes de puño por intentar robar leña para hacer fuego; o el homicidio por asfixia el pasado 6 de enero en el shopping de Paysandú de una persona que había intentado robar una moto.

El debate sobre la oposición que se viene

Ante los disparates dichos por Mujica a la prensa, que despertaron indignación en el movimiento feminista y en el propio Frente Amplio, Tabaré Vázquez movió rápido y comenzó a plantearse como alternativa al propio líder del MPP en la interna del partido de gobierno. Primero el actual presidente pidió a Lacalle incluir en la Ley de Urgente Consideración una ley interpretativa que permita limitar el otorgamiento de medicamentos de alto costo; y una ley para la construcción de una represa en el arroyo Casupá que permita un mejor tratamiento de los lodos residuales que afectan al Río Santa Lucía. Y después, con el surgimiento de la candidatura de Álvaro Villar a la intendencia de Montevideo. Lo que está detrás de estos movimientos es el intento de darle forma a la oposición a partir del primero de marzo y de definir quien liderará al Frente Amplio en el próximo período. Algunos rumores plantearon que podría ser el mismo Vázquez quien vuelva a la presidencia del FA. Cuestión que ya desmintió.
En lo que respecta al programa político y su esencia no existen diferencias entre los líderes del frente. La preocupación central pasa por el excesivo peso del aparato del MPP y la fuerza gravitatoria que genera Mujica, y que, producto de su incontinencia verbal, muchas veces tiende a lesionar la unidad de la propia fuerza política.
La proposición de la candidatura de Álvaro Villar a la intendencia capitalina estuvo también acompañada del pedido a Daniel Martínez para que desistiera de comparecer en las elecciones de mayo. Es que en un momento marcado por la derrota de noviembre y la salida del gobierno nacional, una candidatura de Martínez, cuya figura está indisolublemente ligada a la derrota; y una figura que de volver a gobernar Montevideo lo haría con su impronta personal, con su propio gabinete y sin respetar las ‘cuotas políticas’, resultaba poco aceptable y un escollo importante para conservar una unidad más o menos armoniosa.
Ya en la interna se pueden ver nuevos heridos a partir del apoyo explícito del Partido Socialista a Carolina Cosse, decisión que alienta un nuevo éxodo de dirigentes moderados hacia otros grupos. Es que desde hace algunos años, la misma tensión que recorre al conjunto del FA entre sus alas derechas o izquierdas, está presente dentro del propio PS y lo siguen desgarrando.
Gustavo Leal, Álvaro García, Pablo Ferreri y Fernando Pereira, son otros de los nombres que surgieron de los distintos sectores y que corren como pre-candidatos hacia el Plenario Departamental del próximo 24 de enero.

Viejos objetivos bajo nuevas circunstancias

A mediados de diciembre, el revitalizado ex presidente Julio María Sanguinetti explicaba en los tradicionales almuerzos de ADM, que el próximo gobierno deberá ver bien a quien le saca y como, para evitar que se proteste lo menos posible, planteando la comparación con la tarea de desplumar a un pollo.
Con esta reflexión, Sanguinetti plantea una discusión que sobrevuela a todos los gobiernos latinoamericanos que llegan y deben realizar ajustes económicos: ¿Es por la vía gradual o hay que optar por el shock? Personajes como el próximo Director de la OPP, Isaac Alfie es partidario de un shock de austeridad que, por ejemplo, congele jubilaciones y salarios por los próximos dos años.
Pero sea lo que sea que elija el nuevo mandatario, a diferencia de los gobiernos neoliberales de los años 90’ que actuaban sobre el Consenso de Washington y una relación de fuerzas determinada dada por la caída del Muro de Berlín, en la actualidad el pilar hegemónico de ese orden mundial, los Estados Unidos, se encuentra pateando el tablero y llevando a cabo guerras comerciales e incursiones bélicas que dan aún más incertidumbre e inestabilidad a la situación política.
La política de apertura económica ingenua hecha por gobiernos como el de Macri y la adecuación del sistema financiero para la ganancia de los bancos y fondos de inversión, no redundaron en inversiones de dólares genuinos en la economía. En estos momentos Bolsonaro se encuentra atravesando una situación similar.
En nuestro país el mandato liberalizador lo debe llevar a cabo un gobierno cuyo bloque parlamentario madre no cuenta con más de 30 diputados y 11 senadores, lo cuál lo hace depender enteramente de sus socios coalicionistas. Es un gobierno que buscará consensos en algunos temas como la reforma de la seguridad social (en la que el conjunto del sistema político tiene acuerdo) y la introducción de nuevas pautas laborales a través de los consejos de salarios, que funcionen como una reforma laboral encubierta. A su vez, buscará avanzar en el ajuste fiscal vía recorte de gastos en distintas áreas y dejará devaluar el peso para realizar una importante transferencia de recursos de la ciudad hacia el campo, complementado con subsidios y exoneraciones impositivas. Uno de los ejes ordenadores del plan económico será la reducción del déficit fiscal y el cumplimiento con los acreedores de la deuda, así como también seguir bajo el monitoreo del Fondo Monetario Internacional, que fueran recibidos por la misma Azucena Arbeleche.
Otro de los temas importantes de la futura administración será el que tenga que ver con lograr ‘cambiar el ADN de la Educación Pública’, tal como lo prometieron las autoridades salientes. Esto y las restricciones presupuestales a la enseñanza pública, pueden tener nuevamente como animadores de la lucha a los sindicatos docentes. Quizás en esa definición de prioridades de Lacalle, en ese reunirse con el PIT-CNT, de ‘crear el clima’ para la negociación, se esconda un temor: ¿Serán los sindicatos de la educación el primer gran escollo para el gobierno multicolor?
En cancillería, lo que dominará será el pragmatismo y el alineamiento más o menos cercano a la política norteamericana en la región. Si bien Lacalle Pou no planteó integrarse al Grupo de Lima, la posición de Uruguay con respecto a Venezuela o al golpe de estado en Bolivia irá en sintonía con la política exterior de Donald Trump.
La transición prosigue ‘a la uruguaya’. Lenta, sin sobresaltos importantes y con acuerdos esenciales entre los grandes partidos del sistema político. Lo que queda es preparar la oposición social y política por izquierda para enfrentar los planes del nuevo gobierno.

Damián Recoba
Martes 14 de enero | 00:03

Harry, Meghan y la crisis de la Corona




Las estatuas de Harry y Meghan fueron retiradas del museo de cera de Londres.

La prensa británica bautizó con el nombre de “Megxit” la crisis abierta en la Corona por la decisión del príncipe Harry y su esposa Meghan Clarke de abandonar sus funciones en la familia real y buscar su “independencia económica”. La denominación, un juego de palabras entre el nombre de la princesa y la palabra “salida”, establece a la vez una analogía con el “Brexit” –la salida del Reino Unido de la Unión Europea- que sacude la política internacional.
Indudablemente, existe una conexión entre las tendencias disgregadoras que se ponen de manifiesto en el Brexit (que amenaza con un desmembramiento territorial a partir de la salida de Escocia y el resurgimiento del conflicto irlandés) y la crisis de una monarquía que funge como espíritu de aquel proyecto imperial. Son manifestaciones de una crisis de conjunto en el Reino Unido.
La salida de Harry y Meghan está marcada por una sórdida lucha de poder. Harry, sexto en la línea de sucesión, aparece enfrentado a su hermano William, príncipe heredero. Los últimos cambios políticos en la familia real, que se replegó sobre el círculo más íntimo, habrían arrojado un desplazamiento –entre otros- de los duques de Sussex. Este rediseño ocurrió luego de la traumática salida del príncipe Andrés, involucrado en el escándalo de pedofilia de Jeffrey Epstein. En el marco de todas estas disputas, Harry denunció un hostigamiento contra él y su esposa por parte de los medios y periodistas que trabajan para algunos de los miembros de la realeza.
La corona británica ha perdido potestades políticas, pero sigue siendo un emporio económico. La fortuna personal de la reina Isabel ascendía el año pasado a los 470 millones de dólares (CNN en Español, 9/5/18). Recibe ingresos del Ducado de Lancaster, que cuenta con espacios comerciales, agrícolas y residenciales. También posee ingentes propiedades inmobiliarias y una cartera de acciones. Los Paradise Papers revelaron que el Ducado invirtió 13 millones de dólares en las islas Caimán y las Bermudas, o sea, en paraísos fiscales. Por su parte, el príncipe Carlos posee todo tipo de terrenos y propiedades inmobiliarias que son parte de la disputa actual, toda vez que parte del arreglo de salida que negocian los duques de Sussex incluye percibir parte de esas rentas.
Sumado a todo esto, la Corona es financiada en forma compulsiva por el pueblo británico, a través de un Fondo Soberano que percibe del gobierno (en 2016-2017 Isabel recibió 58 millones de dólares en este concepto).
La “transición” en curso sobre la salida de Harry y Meghan incluye el debate sobre si ambos seguirán desarrollando algún tipo de colaboración, si mantendrán los títulos nobiliarios y si seguirán recibiendo fondos por parte del príncipe Carlos. De todos modos, el apartamiento de los duques deja abierta la posibilidad de todo tipo de negocios, empezando por la consolidación de su marca personal Sussex Royal. Asimismo, ingresos por reportajes, documentales, libros, etc.
La familia real no experimentaba una crisis semejante a la actual desde la muerte de la princesa Diana en 1997, en un accidente automovilístico, poco después de un traumático divorcio con el príncipe Carlos. Tras aquel episodio, la Corona, fuertemente desprestigiada, había tratado de emprender una regeneración. La mezquina disputa real de estos días, para muchos, quema una carta de recambio. “Harry y Meghan eran la pareja de la realeza que iba a modernizar la monarquía (…) estaban ayudando a rejuvenecer la entrañable pero anquilosada marca real británica” (Washington Post, reproducido por La Nación, 10/1).
Si bien en los últimos días hubo algunos planteos aislados de un referéndum sobre la continuidad de la monarquía, en las últimas elecciones en el Reino Unido ninguno de los partidos colocó la cuestión de la abolición de la monarquía en su programa, ni siquiera Jeremy Corbyn.
Es una tarea del proletariado darle un golpe de gracia a esta institución decadente. Ni reyes ni patrones.

Gustavo Montenegro

lunes, 13 de enero de 2020

¿Cómo llegó Estados Unidos a ser un país imperialista?




A propósito de la nueva intervención estadounidense en Medio Oriente hacemos un repaso histórico sobre cómo este país llegó a conformar su poderío. En esta nota desarrollaremos los inicios de la expansión imperialista norteamericana a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Para que este país se fuera consagrando como potencia fue necesaria una política de estado para superar rápidamente los lastres de haber sido un país colonial. El motor de este desarrollo innegablemente fue la voracidad por entrar al orden económico mundial de manera competitiva, tratando de ubicarse a la altura de la misma potencia europea de la cual se había independizado en 1776.
Este desarrollo económico como nación independiente de Estados Unidos tiene lugar y coincide con la consolidación de la etapa imperialista en el mundo, que Lenin sintetiza en las siguientes definiciones: concentración y centralización del capital, formación de monopolios (para eliminar la competencia), creación del capital financiero por medio de la fusión entre el capital bancario e industrial, mediante un proceso de exportación de capitales junto al reparto del mercado mundial y el reparto territorial del mismo entre las principales potencias.
En “El imperialismo, etapa superior del capitalismo” (1916) Lenin se detendrá sobre las particularidades de este país para plantearnos: “En Estados Unidos, el desarrollo económico durante estas últimas décadas, ha sido aún más rápido que en Alemania, y por esa misma razón los rasgos parasitarios del capitalismo norteamericano resaltan en particular relieve. [1]
Sin dudas esta nación logró mostrar una cierta excepcionalidad en su desarrollo gracias a la expansión territorial transfronteriza y a la concentración económica producto de la formación de los monopolios norteamericanos que destaca Lenin. Vale aclarar que este desarrollo político y económico no beneficiará al pueblo trabajador, sino que reunirá los grandes beneficios en manos de un grupo reducido de banqueros, empresarios y políticos.
Sobre estas bases materiales y el pujante avance de los Estados Unidos en el mundo, es que se apoyarán tanto las políticas de estado como la ideología dominante que sustentará este proceso con el objetivo de construir una retórica que acompañe y justifique al imperialismo.

La funcionalidad de la doctrina del “Destino Manifiesto”

En 1845, el periodista John L. O’Sullivan sintetizaba en la revista Democratic Review una de las principales referencias a esta influyente doctrina : “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino.” [2]
La avanzada territorial que vemos ya desde las anexiones de los estados de Texas en 1845 (derivando en la guerra con México entre 1846 y 1848) y de Hawái en 1898, pueden ser englobadas como parte de las políticas consagradas a través del “Destino Manifiesto”, tanto puertas adentro como hacia afuera. Sobre el cual la historiadora Graciela Abarca plantea: “esta ideología se vuelve fundamental para comprender la manera en que Estados Unidos se percibía-y se percibe- a sí mismo dentro del orden mundial. A través de la historia del país, el Destino Manifiesto, como sistema de valores, funcionó de manera práctica y estuvo arraigado a las instituciones.” [3]
Con esto la autora da cuenta de la importancia de esta idea-fuerza que fomentará el sentimiento de supremacía y por ende de autoridad, proveniente de las supuestas bases democráticas e inclusivas sobre las cuales se estaba consolidando el país. En cambio, los hechos nos muestran cómo la misma se utilizó para fomentar el ciclo económico favorable a los empresarios estadounidenses, que construían la nación con las directrices propias del liberalismo y la modernidad de su sistema político. [4]
En este sentido, también planteará cómo el denominado “Destino Manifiesto” será permanentemente readecuado por distintos gobiernos y en disimiles momentos para seguir perpetrando el imperialismo. Ya que el sesgo descalificatorio que dicha doctrina le otorgaba al resto de las naciones, le permitía moralmente a los Estados Unidos tener la supuesta potestad para inmiscuirse en políticas de estado ajenas. Siguiendo la línea de su argumento, ellos eran los únicos que podían expandir la civilización en naciones supuestamente atrasadas. [5]

Filipinas: primer bastión de una política decididamente imperialista

Una vez consagrado el objetivo de pacificación interna superando los límites de sus propias fronteras, Estados Unidos abrirá paso a la gran empresa imperialista en el año 1898 con la guerra librada contra España por el dominio de Filipinas [6]. Allí podemos ver el “parteaguas” que llevo al país a entrar en una nueva dinámica sin retorno ante el mundo: el imperialismo.
Esta guerra es expresión de cómo se intentará avanzar sobre otras naciones políticamente “débiles”, pero que a nivel económico son grandes poseedoras de recursos naturales y materias primas necesarias para el desarrollo de la economía capitalista. incluso a nivel comercial generando nuevos mercados disponibles para la venta de productos manufacturados e industriales producidos por los llamados “países centrales”.
El triunfo en el Pacífico, simbolizó entonces el ascenso del país norteamericano por haber desafiado y vencido a una vieja potencia imperialista como era España, acorralándola con su gran maquinaria bélica. Demostrando así ante el mundo que Estados Unidos había desembarcado para quedarse y que no iba a negociar su protagonismo en la economía mundial, por más que llegara tarde al “reparto del mundo” que ya habían hecho las potencias europeas durante el siglo XIX. Haberle ganado la guerra al tradicional Estado Español le consagró la preeminencia no solo en el pacífico sino también en las islas del Caribe, que fueron su siguiente objetivo.
En este sentido, la guerra por Filipinas puede ser entendida como un laboratorio de los mecanismos que serán a partir de ese momento utilizado en los subsiguientes países que sufrirán de la presencia y control de los Estados Unidos sobre sus territorios y producciones. Uno de los principales dispositivos será la cooptación de los movimientos nacionales a partir de otorgarles puestos estatales y en los engranajes principales de las economías a los antiguos líderes nacionalistas, en los nuevos estados ahora totalmente dependientes del imperialismo estadounidense.
El método de la dominación benévola con el que se conoció este proceso fue también acompañado por una dura represión social a las resistencias que desafiaban estas imposiciones. Para otorgarle un sustento ideológico a estas acciones, se dará una manipulación de la educación local en función de crear una noción de insuficiencia en los propios nativos, inculcando la idea de que requerían del imperialismo civilizatorio para poder ser parte del mundo moderno y “progresar”. [7]

Con los ojos puestos en el “patio trasero”

Apenas un año después de la cruzada en Filipinas vendrá la inmiscuida de Estados Unidos en Cuba, coronada con la famosa “Enmienda Platt” que limitaba constitucionalmente a la isla y la sometía ante el imperialismo estadounidense tanto económica como políticamente. [8]
En este mismo contexto, el país del norte realizó una serie de invasiones directas o indirectas en el caribe entre los años 1898 y 1916, que le permitieron abrirse paso y ganar mercados en Nicaragua, Costa Rica, Panamá (impulsando la independencia con Colombia para apoderarse económicamente de la zona), República Dominicana, México, Haití, Honduras y Guatemala. Enmascaradas todas estas intervenciones tras la “Doctrina Monroe” que abogaba por una “América para los americanos”, en referencia solamente a los americanos estadounidenses en consonancia con lo ya expuesto acerca del espíritu del “Destino Manifiesto”.
Podemos llegar a la conclusión de que toda esta primera etapa imperialista marcó a sangre y fuego las políticas de una nación que se forjó tras la sed expansionista y guerrerista persistente en la actualidad tanto dentro del partido republicano como del demócrata. En la historia del imperialismo quienes perdieron sus vidas, sufrieron y sufren las peores consecuencias de estas guerras son los hijos del pueblo pobre y trabajador, pero desde estas páginas apostamos y confiamos a que un día esta historia se de vuelta para construir un futuro sin explotación ni opresión.

Brenda Hamilton

[1] Lenin, “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”. Editorial Anteo. Buenos Aires. 1974. Pág 154
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Doctrina_del_destino_manifiesto
[3] María Graciela Abarca, “El Destino Manifiesto y la construcción de una nación continental”, en Pozzi y Nigra (comps.), Invasiones bárbaras…, op. cit, pág 44.
[4] Eric Foner, “La Libertad Progresista”, en La Historia de la Libertad en Estados Unidos, Ediciones Península, Barcelona, 1998, págs. 239-270.
[5] “Doctrina Monroe (1823)”, en Daniel J. Boorstin (Compcomp.), Compendio Historico Histórico de los Estados Unidos. Un recorrido por sus documentos fundamentales. , México, Fondo de Cultura Económica, 1966, págs. 212-213.
[6] Malena López Palmero, “La guerra de 1898 y el imperialismo norteamericano”, en Pozzi y Nigra (comps.), Invasiones bárbaras…, op. cit., págs. 55-71.
[7] Dario Martini, “La Guerra Filipino-Estadounidense (1899 1902). Un laboratorio de ensayo para el naciente imperialismo estadounidense”, Huellas de Estados Unidos, n° 3, Septiembre 2012,. http://www.huellasdeeua.com.ar/ediciones/edicion3/6_Martini_p.73-88.pdf
[8] Facundo Aguirre, http://www.laizquierdadiario.com/Antecedentes-historicos-de-la-revolucion-del-59?id_rubrique=2653

domingo, 12 de enero de 2020

Antes y después del ataque imperialista a Irán




Durante la semana que pasó, los ojos del mundo estuvieron puestos en Medio Oriente luego del ataque imperialista que asesinó al general iraní Qasem Soleimani el pasado 3 de enero. Al momento de cerrar este artículo, una nueva crisis está en ciernes. Este sábado 11 de enero, el régimen iraní reconoció oficialmente haber derribado “por error humano” un avión comercial ucraniano provocando la muerte de 176 personas, entre las cuales 82 eran iraníes y 63 con nacionalidad canadiense (Canadá es el destino de muchos emigrados iraníes), además de ucranianos, suecos, afganos, alemanes y británicos. La misma viene a hacer sinergia con la delicada situación geopolítica y militar, y la crisis interna del régimen iraní en una situación atravesada por importantes movilizaciones. En el presente artículo abordaremos los contornos principales de este complejo escenario.

El asesinato de Soleimani y la respuesta Iraní

El asesinato de Soleimani había abierto la posibilidad de una escalada militar de consecuencias impredecibles. Si la acción de Trump tuvo mucho de aventura y poco de estrategia, la respuesta militar iraní atacando las bases estadounidenses de Ayn Al Asad y Erbil en Irak fue una medida calculada para evitar la escalada hacia una guerra abierta. Sin embargo, la respuesta principal de Irán no fue esta, sino el anuncio del abandono de los acuerdos sobre energía nuclear firmados en 2015 bajo la presidencia de Obama y que fueron abandonados por Trump en 2018 (con toda una serie de sanciones económicas contra el país persa) pero que hasta el momento Irán sostenía igualmente con las otras potencias firmantes: Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China. Es una forma de decir “no claudicamos” pese al ataque y las sanciones.
En su conferencia de prensa del pasado miércoles 8 de enero Trump optó por presentar como una victoria la respuesta medida de los bombardeos iraníes y la ausencia de bajas, y desistió de una escalada militar planteando, en su lugar, la profundización de las sanciones imperialistas y el llamado al resto de las potencias, que plantean salvar el acuerdo nuclear con Irán, a abandonarlo. Cabe mencionar que previamente El Pentágono había hecho circular una carta, según la explicación oficial “por error”, donde EEUU anunciaba que se retiraba de Irak, en lo que podría ser interpretado como un “mensaje” para Trump de que el aumento de tropas en Medio Oriente contaría con resistencia. Previamente una parte mayoritaria del parlamento irakí se había reunido para denunciar la violación de soberanía y votar una resolución exigiendo el retiro de las tropas norteamericanas estacionadas en el país. La sesión, que se llevó adelante a pedido del primer ministro interino Adel Abdul Mahdi, contó con la presencia de 168 legisladores (solo tres más que el quórum), todos ellos chiitas [1], mientras que los parlamentarios sunitas y kurdos la boicotearon. [2]
El hecho es que la escalada que podía haber ocurrido la semana que pasó no sucedió. Una delgada línea separó un escenario de otro, como lo muestra la voladura del avión comercial ucraniano. Sin embargo, las causas que llevaron al asesinato de Soleimani y la crisis militar, tanto las más coyunturales como las más profundas, no solo se mantienen intactas sino que se han profundizado.

Medio Oriente y la decadencia del imperialismo yanky

El historiador griego, Diodoro Sículo, contemporáneo de Julio César, escribió en relación al imperio romano, que: “Quienes desean alcanzar la hegemonía la adquieren con valor e inteligencia, la aumentan con moderación y benevolencia y la mantienen con temor y terror paralizante (phobos kai kataplêxis)”. Esta última, decía Perry Anderson en su libro La palabra H, podía describir el tipo de hegemonía desplegada por EE.UU. durante la llamada “guerra contra el terrorismo”. Así, después de los ataques a las Torres Gemelas del 11S de 2001 George W. Bush largó la invasión de Afganistán y la segunda guerra de Irak (2003). De esta forma, el imperialismo norteamericano se propuso administrar la relativa decadencia de su hegemonía mediante el terror.
Con la invasión a Irak tenía el arrogante objetivo de destruir un Estado y crear otro según sus intereses (lo que se dio en llamar nation-building). La primera parte de la ecuación la logró (con un costo humano que según los cálculos conservadores asciende a 600 mil muertos), la segunda no. El efecto indeseado de esta operación fue el fortalecimiento de Irán, que era uno de sus principales contrincantes regionales desde la revolución de 1979. Una revolución que terminó encabezada por la dirección teocrática del ayatola Jomeini pero que tuvo un origen mucho más radical, que dio lugar entre otras cosas al desarrollo de los Shoras, proto-consejos de trabajadores y soldados, y cuyos sectores radicales –incluido el movimiento kurdo- tuvieron que ser derrotados para imponer el Estado teocrático. En aquel entonces el Irak dirigido por Saddam Hussein fue utilizado como plataforma del imperialismo para “contener” la revolución.
Para “enmendar” aquel error de la segunda guerra del golfo, que terminó fortaleciendo a los sectores chiitas de la burguesía iraquí y la influencia del régimen iraní sobre Irak, el imperialismo norteamericano, a través de sus aliados, en primer lugar Arabia Saudita, apoyó el desarrollo del llamado “Estado Islámico” (ISIS) para contrarrestar la influencia chiita en la región. El Estado Islámico tomó fuerza esencialmente en base a la “mano de obra desocupada” de decenas de miles de exfuncionarios sunitas del derrocado Gobierno de Saddam Hussein, que habían sido humillados y despedidos de sus puestos en los aparatos de seguridad y el Ejército por la ocupación estadounidense, y se radicalizaron al calor de la mayor influencia iraní sobre el gobierno de Bagdad y del empantanamiento de los objetivos del imperialismo en la región. Como siempre sucede (al igual que con Saddam Hussein o los talibanes) una vez que el ISIS cobró demasiada fuerza estableciendo el control territorial de toda un parte de Irak y Siria en 2014 sobrevino “la lucha contra el ISIS”, para la cual Obama se tuvo que asociar con Irán. Nuevamente el resultado de conjunto de esta operación fue desfavorable al imperialismo norteamericano, al contrario de los objetivos iniciales, terminó aumentando nuevamente la influencia del régimen iraní en la región (tanto en Irak como en Siria).

El giro trumpista

De aquella época (2015) datan los acuerdos con EE.UU. y otras potencias en los que Irán se comprometía a congelar su programa nuclear a cambio de evitar sanciones económicas. Los mismos eran parte de una estrategia de “contención” respecto a Irán en el marco del caos generado por la propia política imperialista de opresión, intervención militar y fomento de la lucha interreligiosa. El abandono de Trump de aquellos acuerdos en 2018 y la aplicación de nuevas y duras sanciones económicas es parte del giro de la política del imperialismo norteamericano y de la vuelta del nacionalismo de las grandes potencias que tiñe crecientemente el escenario internacional actual y que vino a sustituir el anterior “globalismo” imperialista. Las sanciones económicas contra Irán, a las que se sumaron nuevas este pasado viernes 10, están en la base de la importante crisis económica que atraviesa el país.
La estrategia adoptada por Trump de “presión extrema” ha motivado una serie de hechos, la mayoría atribuidos extraoficialmente a Irán o a sus aliados, y que terminó en la escalada de tensiones de la última semana. Entre mayo y junio fueron atacados buques petroleros en el estrecho de Ormuz, que es controlado por Irán; en junio fue derribado un drone estadounidense que sobrevolaba espacio aéreo iraní (cuestión que EE.UU. niega); en septiembre tuvo lugar un ataque con drones, que hizo peligrar la capacidad de las refinerías de Arabia Saudita y fue atribuido a aliados de Irán en Yemen; mientras que en diciembre un ataque atribuido a la organización iraquí proiraní Kataeb Hezbolá, terminó con la muerte de un mercenario estadounidense. A este último hecho respondió Estados Unidos con un bombardeo que dejó al menos 25 muertos de esa milicia iraquí, lo que provocó una oleada de repudio entre las distintas milicias que responden a Irán dentro de Irak y terminó en el asalto y la toma de la Embajada de Estados Unidos en Bagdad, en la “zona verde” (supuestamente la más segura del país) por lo que Estados Unidos tuvo que evacuar de emergencia a todos sus funcionarios, y concluyó tres días después con el asesinato del general Soleimani, la segunda figura del régimen iraní después del ayatola Alí Khamenei.
En última instancia lo que está en el trasfondo de los hechos que vimos los últimos días es la disputa por la subordinación de Irán y el control de Medio Oriente por parte del imperialismo. Lejos de haberse resuelto luego de la presente crisis, esto se ha agudizado. Es que al calor de la decadencia hegemónica estadounidense, y los fracasos de sus intervenciones en la región, Irán logró sobreextenderse militar y políticamente -mediante una serie de organizaciones que le son afines- a un territorio que incluye Irak, Yemen, Siria y Líbano, lo que le permite tener un corredor para llegar hasta el Mediterráneo, emulando lo que fue el viejo imperio persa. Esto, junto a la permanente amenaza de avanzar en su plan nuclear, es lo que le permite de alguna manera contrapesar la hostilidad de los agentes directos de Estados Unidos en la región, Israel y Arabia Saudita.
Sin embargo, por su posición geopolítica y los recursos hidrocarburíferos, que siguen siendo la principal fuente de energía del mundo, Medio Oriente tiene un carácter estratégico que el imperialismo no se puede dar el lujo de abandonar sin degradar al mismo tiempo su peso ante las potencias rivales. A pesar del discurso de Trump, que llegó a decir que se podía retirar de Medio Oriente porque no dependía de su petróleo (EE.UU. actualmente produce más de lo que consume), hoy no existe autarquía en ese plano como lo muestran las bajas abruptas de las bolsas o los aumentos de los precios del petróleo, con cada uno de los episodios que ocurren en la región.
Este ABC de la geopolítica lo han entendido a la perfección Rusia y China que a la inversa del pretendido aislacionismo trumpista, cada vez extienden más sus tentáculos en Medio Oriente. No se trata solo de infraestructura, proyectos petroleros comunes, o comercio, que efectivamente existe, sino de desembarcar políticamente en la región y ocupar cada uno de los espacios que va dejando vacante Estados Unidos. La imagen más palpable de este escenario fue la del presidente ruso, Vladimir Putin, viajando por sorpresa a Siria en medio de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, para enviar un claro mensaje a ambos países de que no iba a permitir que una guerra arruine el poderío que el Kremlin conquistó en Siria en los últimos años, haciendo acuerdos con prácticamente todos los actores regionales.

Irak entre dos fuegos

Irak ha sido el escenario del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. Al contrario de lo que se podría pensar, ambos países trabajaron en común tras el derrocamiento de Saddam Hussein y la ocupación militar para moldear lo que sería el nuevo régimen iraquí. La “nueva democracia” imperialista buscó equilibrar los distintos componentes étnico-religiosos con cuotas de poder para cada uno, dándole zonas de control y desmembrando en los hechos al país entre un noroeste y centro con mayoría sunita, un centro y sur del territorio controlado por los chiitas, y el noreste controlado por los kurdos. En ese proceso de “normalización”, Estados Unidos no pudo evitar que, teniendo en cuenta la mayoría chiita de la población y el peso político-ideológico de sus principales clérigos, Irán fuera un factor clave, que finalmente se convirtió en determinante por su influencia no solo religiosa y política, sino mediante milicias que están integradas al Estado iraquí, pero que responden a los intereses iraníes.
En este sentido el periodista Patrick Cockburn, señala en un reciente artículo que la historia real de las relaciones entre Estados Unidos e Irán ha sido una extraña mezcla de rivalidad y cooperación: “Esto no es obvio porque la cooperación fue en gran medida encubierta y la rivalidad explícita”, y sigue “ambos países querían un gobierno chiita estable en el poder en Bagdad y se dieron cuenta de que esto solo podría suceder si Estados Unidos e Irán se ponían de acuerdo respecto a quiénes serían los líderes iraquíes aceptables para ambos”. Es así que desde la constitución de 2005, redactada por Estados Unidos y en la que se define un presidente kurdo, un primer ministro chiita (quien verdaderamente tiene el poder) y un presidente del Parlamento sunita, EE.UU. e Irán eligieron por consenso al primer ministro durante todos estos años.
Sin embargo, el escenario en Irak se estaba convirtiendo en un polvorín social antes de la escalada militar entre EE.UU. e Irán. El último primer ministro elegido entre ambos, Adel Abdul Mahdi, tuvo que renunciar en noviembre en medio de las protestas callejeras más masivas que se vivieron en los últimos años. Solo se quedó como primer ministro interino, porque en medio de la crisis no había forma de encontrar a un sucesor de consenso.

El ciclo de revueltas y la crisis de la teocracia iraní

Ahora bien, la extensión –o “sobreextensión”– de la influencia regional de Irán es altamente contradictoria con la crisis que atraviesa a la teocracia gobernante, la situación de profunda crisis económica y social -en gran medida producto de la dura política de sanciones norteamericanas- y de las importantes revueltas que enfrenta en su zona de influencia y, en primer lugar, en el propio Irán.
Las sanciones imperialistas vienen golpeando fuerte a la economía iraní. Sus exportaciones de petróleo se desplomaron de 2.4 millones de barriles por día en abril de 2018 a menos de 500.000 en septiembre de 2019. En ese período la inflación se disparó, su moneda se devaluó un 60% y la economía entró en recesión. Solo parcialmente el sector no petrolero logró amortiguar un poco el golpe (el 57% de las exportaciones iraníes no son petroleras). Según las estimaciones del FMI la contracción del PBI en 2019 asciende a más 9%. En esta situación, el 15 de noviembre pasado el Alto Consejo de Coordinación Económica de Irán anunció el racionamiento de los combustibles y aumentos de hasta un 300%. Mientras gran parte de la economía (y de sus beneficios) está concentrada en manos de la teocracia y fundaciones religiosas, el presidente Rouhani argumentaba que era necesario el retiro de los subsidios al combustible para “trasladarlos” a los más pobres. Aquel aumento fue un catalizador que hizo estallar la revuelta.
Las protestas comenzaron ese mismo día. Inicialmente fueron contra el aumento de los combustibles en la capital pero rápidamente se extendieron a más de 21 ciudades del país y comenzaron a cuestionar al gobierno y al régimen. Si bien no hay datos oficiales y el gobierno restringió el acceso a internet para evitar la extensión de las manifestaciones, diversas fuentes elevan la cantidad de muertos durante las protestas a 300 o más según la fuente, sin que pueda saberse con certeza. En cualquier caso, la brutal represión provocó la profundización de la revuelta. Se destruyeron alrededor de 700 bancos gubernamentales, incluido el banco central de Irán, centros religiosos islámicos, se derribaron tanto estatuas del ayatola Ali Khamenei como carteles antiestadounidenses. Esta serie de protestas han sido calificadas como las más violentas desde la revolución de 1979.
Pero el ciclo de revueltas no se limita a las fronteras de Irán sino que se extiende a su zona de influencia. En el Líbano las movilizaciones masivas vienen de forzar la renuncia del primer ministro Saad Hariri. Las protestas en Irak expresaron el hartazgo con las condiciones sociales, económicas, políticas y militares que vive el país. Tras años de ocupación y guerra, que provocaron cientos de miles de muertos y otros tantos de refugiados, hoy el 60% de la población iraquí tiene menos de 25 años y 40% de esos jóvenes están desempleados. La mayoría vivió toda su vida bajo ocupación y guerra, y la imagen que tienen de los políticos es de una casta de corruptos que negociaron los recursos naturales y económicos del país con las potencias imperialistas dejando a Irak en la miseria. Por eso, las recientes protestas, que estuvieron protagonizadas por una juventud mayoritariamente chiita, pusieron el eje tanto en el cuestionamiento al régimen político como en la presencia de las tropas militares estadounidenses y el creciente peso político-militar de Irán en el país.
El ataque de Trump, abrió un paréntesis en el ciclo de protestas con los funerales de Soleimani. Sin embargo, el pasado viernes 10 de enero ya hubo nuevas movilizaciones en Irak, y el derribo del avión comercial ucraniano, con la gran mayoría de sus pasajeros iraníes, que el gobierno de Rouhani negó durante días y ahora reconoce producto de un “error humano”, amenaza con ser el catalizador de un nuevo capítulo de la profunda crisis interna que atraviesa el Irán.

La decadencia norteamericana y el juego de potencias

En última instancia el “legado” del fracasado plan de Estados Unidos de construir un nuevo Estado iraquí según sus intereses, terminó bajo el trumpismo en la quimera actual de un país ingobernable que puede ser ya no solo el terreno en disputa con Irán, sino que plantea también la posibilidad de avance de otras potencias. Este viernes 10 de enero, la agencia Rusa RIA Novosti informó que tras los ataques estadounidenses se habían reanudado las conversaciones para que Irak adquiera los sistemas de defensa rusos de misiles tierra-aire S-300. Esto se suma a parte de los acuerdos que Putin acaba de negociar con el presidente turco, Recep Erdogan, en su viaje relámpago, que incluyen la compra por parte de Turquía de los sistemas de misiles de defensa anti-aérea de largo alcance, el S-400 Triumf, que reemplazarían al sistema Patriot de EE. UU. Es decir, un escenario de pesadilla para el imperialismo norteamericano, que se agudiza con la política de Trump, dando lugar al avance de otras potencias, y en el marco de la disputa geopolítica global con China, que supera con creces lo “comercial”.
La maltrecha hegemonía estadounidense parece retroceder incluso más allá de aquel “phobos kai kataplêxis” (temor y terror paralizante) del que hablaba Sículo y con el que EE.UU. enfrentó su decadencia desde comienzos del siglo XXI. Esto, sin embargo, no la hace una potencia imperialista más moderada sino más inestable y agresiva. La crisis militar que se desarrolló en estos días fue una muestra de ello. No puede separarse del cuadro de conjunto marcado por la crisis histórica del capitalismo actual, una crisis económica rastrera y la imposibilidad del capitalismo de encontrar nuevos motores de la economía mundial, la vuelta del nacionalismo de las grandes potencias, la proliferación y profundización de “crisis orgánicas”, o elementos de las mismas, en múltiples países (tanto imperialistas como periféricos), y la irrupción de un nuevo ciclo de la lucha de clases a nivel internacional, todo lo cual de conjunto configura un nuevo escenario internacional.

Juan Andrés Gallardo
Matías Maiello