jueves, 20 de septiembre de 2018

Fidel, Vietnam y una amistad imperecedera


Cómo evoluciona la coyuntura en Argentina

En el mismo momento en que la sociedad contenía la respiración y buena parte del espectro político argentino esperaba la precipitación de la crisis y eventual renuncia de Mauricio Macri, gobernadores de 22 de las 24 provincias acudieron el 11 de septiembre a la Casa Rosada, convocados por el Presidente tras aprobar el presupuesto del año próximo. Luego posaron para la correspondiente foto con el primer mandatario, todos sonrientes.
Nadie ignoraba la inmersión del país en una fase de aguda recesión con altísima inflación. Se espera una caída anual de -2% o más del PIB, aunque de manera desigual. La inflación se ha desbocado: entre 40 y 45% para 2018. Resultado, caída del salario real, caída del consumo, despidos, más pobreza y marginación. Dato elocuente: dos tercios de los presentes en el cónclave de gobernadores que aprobó la propuesta oficial eran peronistas.
La “ley de leyes” pasa ahora para su sanción formal al Congreso de la Nación. Allí se escucharán gritos y habrá gestos vistosos. No cambiarán el resultado. En términos políticos el plan de gobierno Macri ya fue aprobado, al precio de importantes concesiones económicas a las provincias.
Queda confirmada de esta manera la existencia actuante de un frente amplio burgués (FAB) que respalda al actual gobierno. Cabe reiterar que este frente de facto, gestado y conducido por el gran capital, incluye al sindicalismo venal (que no está sólo en la Confederación General del Trabajo), así como a la iglesia católica y otros credos (muy particularmente el judaísmo sionista, con marcada presencia en el gobierno). “Hay que cuidar a Mauricio”, dice ahora el papa.
Hay más ejemplos de la existencia actuante del FAB. Cámaras patronales del campo y la industria absorbieron con apenas quejas en sordina el impuesto de emergencia por dos años que aplicó Macri a las exportaciones. El mismo día en que los gobernadores acudían a la Casa Rosada, con el precio del dólar oscilando entre 38 y 40 pesos (una devaluación superior al 100%), 407 empresarios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp) se reunían para un almuerzo en el Hotel Alvear. Según informa Francisco Jueguen, cronista del diario La Nación, el organizador, Adrián Werthein, subrayó que el empresariado tiene “la obligación de apoyar al Gobierno y a sus ministros. Hay muchas cosas que se hicieron mal, y el Gobierno lo reconoce, pero no estamos para poner el dedo en la llaga”. Y lanzó la voz de orden: “Es un momento para apoyar, señores”.
Antes, Macri mantuvo una comunicación telefónica con Donald Trump, quien según se informó, prestó total apoyo a la gestión del Presidente. Lo reafirmó su flamante embajador en Buenos Aires, Edward Prado: "Argentina tiene todo el apoyo de Estados Unidos", declaró al diario mencionado. Horas después, Macri departió largamente con Angela Merkel, la canciller alemana. Previamente, cuando formalizó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, Macri había recibido esos mismos respaldos, más el del presidente chino Xi Jinping .
Tal la amplitud del frente burgués. Sin la certeza de ese factor determinante para la relación de fuerza entre las clases, la coyuntura se hace ininteligible. De allí deviene la total desorientación de esa hibridación imposible entre postkirchnerismo e infantoizquierdistas, capaz imposibilitar al grueso del activo político la comprensión de la situación y de la dinámica en curso.
Durante la profusión de estos inequívocos respaldos las calles de Buenos Aires fueron –y son hasta la fecha- un pandemónium, con manifestaciones de sindicatos docentes y estatales, estudiantes, organizaciones barriales, todos acicateados por la vertiginosa suba de precios (y por otras razones que ya veremos): 3,9% de inflación en agosto, según el Indec; estimado en 5% para septiembre.
No obstante, queda firme la caracterización de que no hay una movilización general de los trabajadores y el pueblo contra la política oficial. Dos semanas atrás la CGT decretó (sigue siendo válido este verbo) un paro general para… el 25 de septiembre. El gobierno ya anunció que convocará a la dirigencia sindical antes de esa fecha.

Naturaleza e impacto de la crisis

Desde principios de mayo, cuando comenzó la escalada, resultó evidente que a lguien sacude el árbol en Argentina para que caiga la manzana.
La crisis precipitó al impulso de una inusual combinación de factores: disminución en unos 7 mil millones de dólares por exportación cerealera (cayó en 35% la producción a causa de inundaciones seguidas de sequías); alza de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal en Estados Unidos; crisis en Brasil, crisis en Turquía… De pronto se redujo el ingreso de divisas propio y se secó el flujo crediticio hacia Argentina.
Es indudable el enorme impacto de estos factores sobre una política basada en el endeudamiento constante y creciente para mantener el déficit fiscal, provocado por la herencia y la decisión oficial de no cortar subsidios ni despedir estatales, sostener la obra pública a gran escala y llegar así exitosamente a las elecciones presidenciales de 2019 para después, en un marco de crecimiento relativo y sin urgencias electorales, completar el saneamiento. La quimera se esfumó.
Sin embargo estas causas objetivas no son suficientes para explicar el colapso de la moneda. Se podría argüir, con razón, el peso de la estridente impericia (o refinada perversidad; o ambas) de altos funcionarios como el ministro de Hacienda y el ex presidente del Banco Central. Aún así, no es todo. Quedan entonces dos incógnitas: ¿quién sacude el árbol? ¿la manzana está verde o pasada de madura?
Dicho de otro modo: ¿quién, con la mesa servida, alentó la crisis cambiaria entre mayo y septiembre? ¿qué quiere y puede hacer el gobierno frente a la embestida?
Empeñado como estaba en derrocar a Nicolás Maduro, el presidente de Argentina desatendió los riesgos que desde sus frágiles cimientos amenazan a la economía argentina. Perdió el control de un sector de las fuerzas sobre las que se apoya y trastabilló de tal manera que hasta llegó a entusiasmar al club del helicóptero.
Macri debió beber su propia medicina y se encontró en la situación en la que pretendió colocar al mandatario venezolano: giro económico inmanejable, confusión y parálisis política, aumento en flecha del malestar social.
La paradoja de esta coyuntura consiste en que detrás de ella no hay un desafío opositor, mucho menos una embestida de la clase trabajadora, sino una feroz lucha interburguesa en lo más alto de la pirámide capitalista. Por razones no totalmente develadas, en el centro de la estrafalaria coalición que acorraló a Macri está el Grupo Clarín. A su turno, se sumó La Nación. Y tras este mascarón de proa se encolumnaron factores más bien disonantes en un concierto sin Director: restos desesperados del kirchnerismo, un puñado de Bancos y… el infantoizquierdismo.
Está claro por qué convergió Cristina Fernández en este bloque circunstancial con su archienemigo Clarín: la aceleración de los juicios contra ella y su grupo de funcionarios y protoburgueses frustrados avanza como una lenta pero devastadora maquinaria. El maratón de grandes empresarios corriendo a tribunales para declararse arrepentidos y acusar a la ex presidente la sepulta como candidata vencedora para 2019. La coloca además muy cerca de la cárcel. En pocos días comenzará un juicio por asociación ilícita contra ella y una cincuentena de funcionarios y empresarios. Hay muchos desesperados, incluso antes de que entren en la lista sindicalista, jueces, dirigentes de otros partidos y clérigos de diferentes religiones. Era urgente adelantarse.
Clarín y su cohorte mediática pueden haber tenido intereses más mezquinos aun al poner en jaque a su gobierno por una disputa crematística (¿publicidad, concesiones, acaso hombres de su equipo en el gabinete ministerial o… en la Corte Suprema?). Tal conducta agitadora de Clarín, radio Mitre, TN, La Nación et altri, difícilmente previsible, podría también explicarse con la aparición días atrás de una campaña, timoneada desde Washington, para acabar con la moneda nacional y dolarizar Argentina.
En cuanto a los Bancos involucrados, no hay misterio en sus propósitos: algunos, íntimamente asociados al régimen anterior, saben que han perdido la partida; otros, hicieron fabulosas ganancias oportunistas jugando con el subibaja del dólar, que pasó entre mayo y septiembre de 25 a 40 pesos.
La verdadera incógnita está en la adhesión del infantoizquierdismo a este bloque contra natura, así como de amplias capas del activo militante que oscilan entre la aproximación a los restos del kirchnerismo, la agitación semianarquista sin estrategia y la confusión respecto de la coyuntura, aunque por detrás de todos ellos esté, claro, la voluntad de detener la avanzada del capital tras el propósito de sanear el sistema económico y recomponer, a su medida, el sistema político argentino en ruinas.
La simplificación consistente en insultar a Macri como persona y calificarlo como “neoliberal” impide comprender la etapa y, por lo mismo, estar en condiciones de enfrentarla. Desconoce la estrategia de las clases dominantes locales e ignora la del imperialismo, que coloca a Argentina como polo alternativo a Venezuela y el Alba. Se ignora el efecto del frente amplio burgués y por lo mismo se hace el juego a las cúpulas sindicales, a los peores elementos del peronismo y al reformismo socialdemócrata, que forman parte de ese bloque estratégico. Con las mejores intenciones, por supuesto. Pero con los resultados a la vista.
Macri no fugó en helicóptero. Siempre sobre la cuerda floja, a la fecha el gobierno parece en condiciones de dar vuelta la crisis enfilándola en favor de sus planes de saneamiento. Eso implica el dólar a 40 pesos, con el cual se licúan las deudas cuantiosas del Estado, se mejora la situación fiscal y se coloca al aparato productivo en mejor posición según el proyecto de país subordinado.
Parece evidente que al peso del FAB no se lo puede vencer cortando la intersección de Callao y Corrientes o desquiciando cotidianamente la vida ciudadana, en perjuicio en primer lugar de los trabajadores que deben acudir a sus tareas. Por el contrario, esto completa la enajenación de las clases medias y las pone a disposición del fascismo.
Mientras tanto vienen meses (¿6, 9, más?) de recesión e inflación. Eso dará lugar a mayor protesta social. Pero el grueso de esas próximas luchas está hegemonizada y teleguiada por el capital, a través de dirigencias sindicales y agrupamientos políticos ajenos a una raíz y una estrategia antisistema.
Es improbable que tales movilizaciones lleven a la caída de Macri. Con todo, dada la gravedad de la situación económica, si finalmente se resquebrajara el poder y culminara en un colapso, la perspectiva no sería en ningún caso un retorno del elenco enmascarado como “nacional y popular”, tanto menos conducido por Cristina Fernández. En las actuales condiciones, tal resultado llevaría a la disgregación nacional, la desarticulación del aparato productivo y el caos general. Esta perspectiva, improbable a corto y mediano plazos, téngase en cuenta, ocurriría con la existencia de un poderoso frente amplio burgués nacional e internacional y la ausencia total, también a escala nacional e internacional, de un frente de clases oprimidas encabezado por el proletariado. ¿Quién es el comandante que aspira a acelerar la entrada a esa batalla?
Es obvio que la militancia antimperialista y anticapitalista no puede sustraerse a las luchas por mejoras salariales y reclamos económicos arguyendo que están hegemonizadas por sostenedores del sistema capitalista. Tampoco es el caso de arredrarse ante las perspectivas a las que arrastra la crisis capitalista. En cambio, es preciso hallar el camino para que la resistencia no derive primero en frustración, redunde luego en beneficio de la estrategia oficial y eventualmente acabe en un colapso de enormes consecuencias, prólogo de una salida abiertamente fascista del gran capital.
Está cambiando, otra vez, el contexto hemisférico. Para que esa mudanza tenga un desenlace positivo y sea posible iniciar una nueva etapa en el continente, resulta imperativo que, en Argentina y en un período de intensificación de la protesta social, la respuesta del activo militante frente a las masas conlleve a cada paso el fortalecimiento en la perspectiva de un frente clasista y popular, con inequívocas definiciones antimperialistas y anticapitalistas. Todo lo que no contribuya a esto, favorece la estrategia de Macri y el FAB que lo sostiene.

Luis Bilbao
@BilbaoL

lunes, 17 de septiembre de 2018

Hay más de 800 millones de hambrientos en el mundo




Como Macri, los países imperialistas prometían “hambre cero”

En una reunión realizada en el 2015 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) –donde se sientan juntos los representantes de los estados imperialistas junto a los de dos centenares de países expoliados por aquellos-, fue aprobada la denominada Agenda 2030 donde se plantearon objetivos ambiciosos para ese año como terminar “con el hambre en el mundo y asegurar el acceso de todas las personas, incluidos los lactantes, a una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año”.
Asimismo, se asumía el compromiso formal y cínico de “poner fin a todas las formas de malnutrición, de los niños menores de 5 años, y abordar las necesidades de nutrición de las adolescentes, las mujeres embarazadas y lactantes y las personas de edad”.
Un informe preparado por organismos dependientes de la misma ONU, dado a conocer esta semana, muestra la falacia de estas manifestaciones demagógicas: a la fecha del relevamiento, casi 821 millones de personas en todo el mundo pasaban hambre (el 11% de la población mundial y 38 millones más que el año anterior). Y más de 155 millones de niños menores de 5 años (el 22% de los chicos de esa franja etaria) sufrían de desnutrición crónica. En ambos casos la tendencia es ininterrumpidamente creciente desde el año 2013.
El trabajo puntualiza también que “la nutrición deficiente es la causa de casi la mitad (45%) de las muertes en niños menores de cinco años (unos 3,1 millones de niños cada año). Asimismo –añade- uno de cada cuatro niños en el mundo padece de retraso en el crecimiento y en los países en desarrollo la proporción se eleva a uno de cada tres”.
De la misma gravedad es el cuadro que viven las mujeres. Del total de las que están en edad reproductiva, 613 millones -alrededor del 33% del total- se encuentran afectadas por anemia, lo que también pone en peligro la nutrición y la salud de los niños.
En el desglose por regiones, el informe indica que en América Latina y el Caribe pasan hambre 42 millones de personas (casi equivalente a la población de toda la Argentina).
Con un léxico típico de este tipo de documentos donde la escritura se esfuerza por ocultar la realidad detrás de eufemismos, el trabajo de las agencias de la ONU adjudica el hambre creciente en el mundo, “en gran medida, a la proliferación de conflictos violentos y de perturbaciones relacionadas con el clima”, lo cual sin duda es cierto, solo que evita indicar que esos conflictos son desatados y potenciados por las mismas potencias imperialistas que suscriben este documento y que el sistema de explotación actual, que ya no tiene nada para ofrecer a los trabajadores del mundo, es el responsable de que el hambre se expanda por el planeta.
Y esto es lo que se esconde detrás del reconocimiento de que “la situación también ha empeorado en algunos entornos pacíficos, sobre todo aquellos afectados por la desaceleración económica”, es decir prácticamente todo el planeta, afectado como está por la crisis global del capitalismo, que está haciendo desmoronar a todas las economías del mundo.
En el informe se plantea la “advertencia” evidente de que “será difícil lograr el objetivo de un mundo sin hambre ni malnutrición para 2030” y los representantes de Trump, Macron, May y Merkel, que suscriben el documento, sostienen que, para lograrlo, hay que “garantizar sociedades pacíficas e inclusivas”.
Con la persistencia del sistema capitalista el hambre no hará más que crecer, pese a que el desarrollo de las fuerzas productivas permitiría hoy acabar con el flagelo, a condición de que se sepulte la apropiación privada de la los bienes de producción.
Esto será posible con un gobierno de trabajadores.

Nelson Marinelli

Un millón de mujeres brasileñas contra el ultraderechista Bolsonaro




El grupo de Facebook "mujeres unidas contra Bolsonaro", creado hace poco más de dos semanas no para de crecer, superando el millón de participantes. Preparan manifestaciones.

De las redes a las calles. Esa parece ser la tendencia del grupo de Facebook "mujeres unidas contra Bolsonaro" que se creó hace unas semanas contra el candidato de extremaderecha pero que en los últimos días sumo cientos de miles de adherentes.
Según las organizadoras al menos un millón de mujeres habían adherido al grupo en la plataforma hasta el jueves y tenían un crecimiento extraordinario de 10.000 solicitudes nuevas cada hora contra el candidato misógino y machista.
La encuestas muestran que al menos el 49% de las electoras mujeres jamás votarían a Bolsonaro. Los últimos sondeos muestran una base electoral mayoritariamente masculina: lo votarían el 32% de los hombres contra el 17% de las mujeres.
La intención manifiesta del grupo que crece con el correr de las horas es saltar de las redes sociales a la calle y demostrar públicamente su repudio contra el reaccionario Bolsonaro.
Ya se están convocando actos callejeros en San Pablo y Río de Janeiro. Hay un grupo de mujeres de Río Grande do Sul con el mismo perfil del grupo, pero por hora no hay evento publicado. Los actos en San Pablo y Río de Janeiro están llamados para el 27 de septiembre.
En diálogo con La Izquierda Diario una de las referentes de la organización de mujeres Pan y Rosas dijo que tenían la intención de participar de estas manifestaciones "porque creemos que las mujeres pueden ser la punta de lanza que ponga en movimiento a los demás sectores que también están siendo atacados, no sólo por las posiciones reaccionarias de Bolsonaro contra mujeres, negras y negros, personas LGBTs e indígenas, sino principalmente porque la política reaccionaria de Bolsonaro también es parte del golpismo que quiere impedir al pueblo que vote a quién quiera, y apoya leyes como la reforma de la previsión y la reforma laboral, además de instigar el odio contra los trabajadores que luchan por sus derechos y a la izquierda".
La tendencia significativa de las mujeres a cuestionar firmemente el perfil machista y misógino de Bolsonaro está queriendo ser utilizado demagógicamente por otros candidatos como Marina Silva o Geraldo Alckmin, para conseguir una porción del voto femenino antibolsonaro. Sin embargo tanto Silva como Alckmin tienen historial de no haber hecho nada por el derecho de las mujeres. Marina Silva siempre se presentó contra el derecho elemental de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y contra el derecho al aborto legal; mientras que Alckmin, en el gobierno del PSDB en San Pablo ataca hace más de 22 años a uno de los sectores más feminizados de la fuerza laboral, como es el de las docentes estatales.
Las mujeres representan hoy más de la mitad de la mano de obra asalariada mundial. Son dueñas de un poder imparable que se pone en movimiento, es capaz de ponerse al frente de un movimiento real, junto a la clase trabajadora, que pueda enfrentar el golpismo, el autoritarismo judicial y fortalecer la perspectiva de construcción de una fuerza que pueda superar al PT por izquierda.

Cristina Tristan

Un poco de feminismo, normas laborales y sindicalismo

Estamos mejor formadas, pero presentamos los mayores niveles de desocupación. En un sistema, donde una vez que se decide incorporarnos al mercado laboral, se nos quiere productivas al máximo, una mujer en estado de gravidez resta ante los ojos opresores, y como resta tiene mas posibilidades de ser despedida por el simple hecho de estar embarazada.

Hace un par semanas atrás, publique una entrada en el blog que versaba un poco sobre cuestionarse lo que se creía aprendido, cuestionarse aquello que tenemos naturalizado, e intentar mirar el asunto desde la mayor cantidad de posiciones posibles. Con la certeza de que haciendo esto, podemos descubrir que estamos equivocados, pero siendo que solo de esta manera estaremos creyendo realmente en algo, teniendo conocimiento pleno de aquello con lo que nos comprometemos.
Dicho esto, hoy me vi presa de esta situación, me vi obligada a cuestionarme algo aprendido, o por lo menos a mirarlo desde otra posición. Lo que si llamó mi atención, es que pese a lo comprometida que yo considero que estoy con la lucha feminista, con la abolición del patriarcado y con la justicia para que las mujeres y otras disidencias sexuales habitemos un mundo donde exista la equidad, se me haya pasado por alto una expresión clara del patriarcado opresor, a nivel de normativa laboral, siendo estudiante de Relaciones Laborales. A ver, claramente me falta un montón por aprender a nivel de feminismo, y de relaciones laborales no tanto como de feminismo, pero el conocimiento es algo que a mi entender está en constante construcción; lo que quiero decir es que tengo claro que no me las se todas, pero no pensé que iba a tener esta cuestión que voy a desarrollar ahora tan naturalizada como para no percibir tal desigualdad (entre otras tantas que existen a nivel de normativa laboral para quienes no somos varones, ni heterosexuales) existente en nuestro derecho laboral. Por suerte se dio el intercambio con otra mujer muy entendida en el tema, y ahí si fue un despertar casi inmediato.
La cuestión surge a raíz de una noticia de hace dos años, que expresaba que Novick despidió a una trabajadora de local” La Cancha” la cual se encontraba en estado de gravidez, pero en realidad el despido por lo visto fue a razón de represión sindical, lo que llevo a que FUECYS en su momento realizara la denuncia pertinente y la trabajadora comenzara un juicio laboral que termino por quedar inconcluso, dado que decidió no continuar por recomendación médica.
Ante esta situación y para entender un poco porque llegamos a hablar de una desigualdad a nivel normativo que refleja sin ningún tipo de mascara la opresión patriarcal, está bueno hacer un repaso de que normas amparan a una trabajadora embarazada ante un despido y cuales amparan a un representante sindical.
La Ley 11577, establece en su artículo 17 que la trabajadora en estado de gravidez, en caso de ser despedida, percibirá una indemnización equivalente a seis meses de salario, además de la indemnización legal correspondiente. Se requiere para el cobro de tal indemnización que el empleador al momento de la desvinculación, tenga conocimiento del embarazo en curso, siendo que si no existe conocimiento previo se percibiría únicamente la indemnización legal correspondiente.
Entonces, en este intercambio que surgió, esta persona me decía que la ley a su consideración era poco protectora con la mujer embarazada, y que a su criterio debería incrementar los niveles de protección y asemejarse a la que protege a los representantes sindicales para aquellos casos donde se desvincula a la embarazada por el simple hecho de que está embarazada (situación más que común, acá y en todos lados). Ante esto yo coincido, y es donde es importante entender cómo se protege a dichos representantes.
Además de las diversas normas internacionales, en nuestro ordenamiento jurídico contamos con la Ley 17940 que en su artículo 1 señala que se considera nula cualquier acción u omisión que tenga como objeto sujetar el empleo del trabajador a la condición de que no se afilie a un sindicato a que deje de ser afiliado del mismo, o despedir/ perjudicar al trabajador de cualquier forma a causa de su afiliación sindical.

¿Qué se hace si esto ocurre y se comprueba?

Se solicita el reintegro del trabajador despedido, debiendo abonarse todos esos jornales que el trabajador no percibió debido a la desvinculación hasta el momento en que se efectúe la reinstalación.
A ver, antes de continuar, me interesa aclarar, que soy una gran defensora de la libertad sindical, que aplaudo el amparo que tiene en nuestro derecho, porque el derecho laboral justamente tiene un carácter tuitivo, es protector, debido a que una de las partes esta en desigualdad, y los representantes sindicales a lo largo de la historia han sido foco para los despidos, por lo que entiendo la necesidad de dicho amparo.
Pero también han sido foco de los despidos las mujeres embarazadas, y las mujeres en general estamos en desventaja en el mercado laboral. Estamos mejor formadas, pero presentamos los mayores niveles de desocupación. En un sistema, donde una vez que se decide incorporarnos al mercado laboral, se nos quiere productivas al máximo, una mujer en estado de gravidez resta ante los ojos opresores, y como resta tiene más posibilidades de ser despedida por el simple hecho de estar embarazada.
¿Por qué en este caso no se habla de un acto nulo y de un efectivo reintegro? ¿Por qué insisto en que el sistema patriarcal esta detrás de todo esto?
Principalmente porque es difícil pensar que el amparo que se les otorga a los representantes sindicales, en sus raíces no tiene vinculación con que el movimiento sindical ha sido y es un mundo machista. Que cada vez más se intenta modificar esta realidad es cierto, y que hoy por hoy cada vez existen más mujeres que se afilian también es cierto, pero esto ha sido un proceso, que comenzó con la nula participación de las mismas en este ámbito. Lo mismo ocurre con los cargos de dirección dentro del movimiento y con la participación en la negociación colectiva, motivo por el cual desde el PIT-CNT se acordó una cuota de género en el 2003 y al día de hoy sigue sin cumplirse. La participación de las mujeres en los cargos de dirección tiende a ser menor al 10% cuando en realidad un 50% de la base está conformada por trabajadoras.
Es imposible para mí, no percibir ahora esta diferencia y vincularla a cuestiones de género, porque realmente es así. Porque gran parte de la población cree que las embarazadas son las grandes beneficiarias de este derecho laboral y hay quienes le atribuyen calidad de inamovibles. Nada más lejos de la realidad.
Solo necesitamos tomar distancia, porque el patriarcado está ahí, hasta en lo mínimo, hasta en esas normas que como estudiante de derecho te aprendiste mil veces, pero nunca te diste cuenta, que reflejaban todo aquello, que luchas para que no exista más.

Rocio Calvo

Publicado originalmente en el blog de la autora Indignada y con razón!

viernes, 14 de septiembre de 2018

Manini Ríos y la impunidad de la Corporación militar




Las recientes declaraciones del Comandante en Jefe del Ejército, Guido Manini Ríos muestran nuevamente el poder que mantiene la corporación militar y la impunidad con la que se manejan. El arresto a rigor dispuesto en esta ocasión no es una respuesta contundente.

Nuevamente el Comandante del Ejército hizo una demostración de fuerza al salir públicamente a criticar la reforma que impulsa el Frente Amplio para la desfinanciada Caja Militar.
Como ya lo ha hecho anteriormente con otros temas Manini salió a opinar sin mayores reparos sobre declaraciones del Ministro Ernesto Murro, quien había señalado supuestos beneficios que traería la ley recientemente aprobada en la Cámara de Senadores y que aún tiene un futuro incierto en la votación en Diputados.
Manini Ríos, con absoluta soltura e impunidad trató de mentiroso a Murro, desautorizó sus datos y cifras y salió abiertamente a hacer campaña apuntando a que la reforma no sea aprobada tal como la votaron los senadores.
No es la primer “incursión” política de Manini Ríos; por el contrario, desde su nombramiento en 2015 el Comandante en Jefe del Ejército se ha permitido opinar y aconsejar sobre distintos temas (ni-ni, marginalidad) confrontar con políticos (“corrigió a Constanza Moreira en datos sobre pobreza en el Ejército), reafirmar la impunidad (búsqueda de desaparecidos) o directamente amenazar con que el Ejército está de pie y que nadie lo “pondrá de rodillas”.

Un militar desbocado

La presencia de un militar con una participación pública tan “activa” y que se siente con autoridad y legitimidad para incursionar en tantas áreas no puede pensarse por fuera del aval implícito que le da el poder político y especialmente el propio Frente Amplio.
La actitud de Manini Ríos muestra una presencia militar en la política uruguaya que prácticamente no se veía desde la recuperación de la democracia en 1985 y se complementa con el rol jugado por el ex tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro. Fallecido ex ministro que se convirtió en el paladín de la defensa de la impunidad y de los privilegios militares desde los cargos gubernamentales que ocupó.
La sombra del Pacto del Club Naval, donde se pactó que no se juzgarían a los represores y que no se depuraría a las fuerzas armadas sobrevuelan a las figuras de Huidobro y de Manini Ríos y su rol como defensores activos de la corporación militar.
En esta ocasión, luego de años de silencio y dejar hacer a los militares, el gobierno toma una resolución que no ataca de raíz el problema, manteniendo en el cargo a Manini sin removerlo como correspondería y con una sanción de 30 días de arresto.
Los partidos tradicionales, defensores confesos de represores torturadores y directamente alineados con la impunidad han rechazado la decisión de Tabaré Vázquez pidiendo aún más permisividad para el accionar de las fuerzas armadas.
Según medios de prensa la jerarquía del ejército criticó la decisión del gobierno al señalar que la sanción no se ajusta a la realidad ya que dicen que Manini no hizo comentarios políticos sino que defendió a sus subalternos.
Este apoyo casi explícito a Manini de las autoridades del ejército, que también es improcedente al cuestionar una orden del poder ejecutivo, revela lo ineficaz de la sanción y la libertad para opinar y el poder que conservan las Fuerzas Armadas.
El silencio del Frente Amplio de todos estos años ante las provocaciones del Comandante del Ejercito y la sanción anunciada, no terminarán con la prepotencia militar, ni sus defensas de sus privilegios ni la reivindicación del accionar en la dictadura y la represión.

Hernán Yanes

¿Total normalidad?




El presidente Vázquez defendió su decisión de sancionar a Manini Ríos ante la prensa pero a su vez le mantuvo la confianza. En el mismo contexto los diarios de derecha difunden el apoyo del “generalato” a Manini Ríos lo que sería una nueva insubordinación, sumado al apoyo de la oposición de derecha. Todo indica que va a quedar el precedente establecido del “derecho” ganado de los militares de violar la Constitución de la República sin mayores consecuencias.

Guido “el mentiroso” Manini Ríos ya anunció que continuara en su cargo a pesar de la sanción recibida, lo que refleja una total confianza en el abloquelamiento de la corporación militar detrás de él. El mensaje es claro la sanción que le hizo el presidente Vázquez elegido por el sufragio de la mayoría de los uruguayos no le hace mella al jefe de la institución con mayor poder armado en el país.
Manini Ríos recibió el respaldo de todo el espectro de la oposición de derecha desde el ex presidente colorado Julio María Sanguinetti, pasando por varios figurones del Partido Nacional donde incluso uno se animó a anunciar que lo iba a esperar a Manini en su vuelta, hasta algún que otro frenteamplista como el Intendente de Canelones Yamandú Orsi. También se supo por los trascendidos de prensa que el MPP del ex presidente José Mujica fue clave para evitar la destitución de Manini.
Ante la prensa Vázquez ratificó sus razones para sancionar a Manini Ríos que según sus palabras “se equivocó” agregando que "el señor comandante en jefe ha salido a hacer apreciaciones no una vez, sino varias. Yo hablé con él antes de los actos de mayo y le dije que no se podía referir a la reforma”, pero a renglón seguido destacó su “lealtad institucional” y que “es una buena persona” que cree “actúa con buena fe”. Agregando además el mantenimiento de la confianza hacia Manini Ríos.

Voces anónimas del “generalato”

Mientras tanto todo el espectro político se hace el distraído de las afirmaciones de los dos más importantes diarios de la derecha del país acerca del “respaldo monolítico” del “generalato” a Manini Ríos. El diario El Observador y El País (este reconocido diario golpista tuvo su nota en primera plana durante la mayor parte del día de hoy) afirmaron en sendas notas el apoyo de los oficiales del Ejército a Manini Ríos. Desde la cobarde posición del anonimato (a sabiendas que se están insubordinando y por lo tanto violando la ley) el “generalato” manifestó según El País su apoyo unánime.
De ser cierto esto los periodistas que facilitan estas manifestaciones políticas del “generalato” se convierten en cómplices de éstos para el despliegue de esta actividad política, de no ser cierto sería tanto o más grave que lo primero. En todo caso el Ministro de Defensa Menéndez y el Poder Ejecutivo en general deberían indagar acerca de esto y o desmentir la afirmación de estos medios de prensa o en caso de comprobarlo proceder a la sanción y destitución de todo ese cuerpo de oficiales insubordinados.
El significado político de estas manifestaciones del “generalato” y el silencio en torno a las mismas es la consolidación de una posición ganada de violar la Constitución de la República cuando les plazca, dejar en ridículo la sanción que el presidente elegido por el sufragio de la mayoría de los uruguayos y con él todo el gabinete de ministros le hicieron al jefe del Ejército y por último Manini Ríos y su casta logra establecer como normal que los generales intervengan en la vida política del país.

Hay que disolver a las Fuerzas Armadas

El Ejército uruguayo centenaria y genocida institución (desde Salsipuedes, pasando por la guerra del Paraguay, hasta los crímenes de lesa humanidad de la dictadura) reafirma su vocación política. En un contexto regional donde por ejemplo en Brasil poderes del Estado como el judicial y los mismos militares confabulados con grandes medios de comunicación privados impusieron un golpe de Estado institucional y la posterior proscripción del candidato presidencial más popular como Lula Da Silva.
Ante esto no caben medias tintas, las bravuconadas de estos generales deben ser respondidas con la correspondiente sanción y destitución, de no hacerse se permite dejar establecido el precedente. Manini Ríos debe ser destituido e investigado en su vinculación con la última dictadura militar, así como también el llamado “generalato” que supuestamente lo apoya.
Durante la dictadura y el Plan Cóndor las fuerzas armadas demostraron su vocación principal de defensa de los intereses capitalistas nacionales y del extranjero, haciendo el trabajo sucio de perseguir, encarcelar, torturar, asesinar y desaparecer a trabajadores, estudiantes y luchadores sociales. Son la última línea de defensa de estos intereses mediante el Estado. A su vez las fuerzas armadas no tienen prurito en defender sus propios privilegios de casta a costa del resto de la sociedad y es que el costo mercenario de estar preparados para reprimir y aniquilar a los trabajadores tiene su precio en impunidad y dinero y eso se lo recuerdan al resto del régimen permanentemente.
El Ejército vuelve a manifestar amenazante su vocación golpista y con él una buena parte del espectro político que los respalda. Frente a esto el pueblo trabajador, los estudiantes y la juventud, los movimientos sociales y derechos humanos deben auto organizarse independientemente y prepararse para los tiempos que vienen, peleando para imponer mediante la movilización popular la disolución de las fuerzas armadas.

Sebastián Artigas

Estados Unidos tiene un problema de seguridad nacional –y no es lo que piensas




El conflicto internacional no es la mayor amenaza sobre la vida de los norteamericanos. Articulo de The Nation

La siguiente es una traducción de un artículo de The Nation, escrito por un profesor -no marxista- de la Universidad de Columbia que, en base a un sesudo análisis estadístico, muestra la grave situación social que se vive en los EEUU. En base a los datos de este artículo, un economista de la revista de negocios Forbes escribió un editorial acerca de la economía norteamericana y el peligro de rebeliones populares. Pese a que no compartimos sus conclusiones, como el señalamiento de que los niveles de pobreza no serían intrínsecos al régimen social capitalista, la publicamos porque puede ser ilustrativa para la vanguardia obrera y revolucionaria de nuestro país debido a la contundencia de sus datos.

El establishment de Washington ha capturado el concepto de seguridad nacional tan efectivamente que, para la mayoría de nosotros, automáticamente conjura imágenes de grupos terroristas, guerreros cibernéticos, o “estados canallas”. Para combatir tales enemigos, Estados Unidos mantiene una constelación de bases militares en el extranjero sin precedentes en la historia y, desde el 11 de septiembre, ha financiado guerras en Afganistán, Irak, Siria, Libia, y en otras partes que han engullido cerca de $4.8 trillones de dólares. El presusupuesto del Pentágono para 2018 ya suma $647 billones – cuatro veces lo que gasta China, segundo en el ranking mundial de gasto militar, y más que la suma de los siguientes doce países, siete de loscuales son aliados de EEUU. Por si acaso, Donald Trump ha añadido un adicional de $200 billones a los gastos de defensa proyectados para 2019.
En boca de los promotores de la guerra, los Estados Unidos nunca fueron tan inseguros. Ya ni hablemos de sacar provecho del dinero invertido.
Para millones de norteamericanos, sin embargo, la mayor amenaza a su seguridad diaria no es el terrorismo o Corea del Norte, Irán, Rusia o China. Es interna – y económica. Esto es particularmente cierto para el 12,7% de norteamericanos (43.1 millones de ellos) clasificados como pobres según el criterio del gobierno: un ingreso por debajo de $12.140 para hogares de un miembro, $16.460 para una familia de dos, y así... hasta llegar a la principesca suma de $42.380 para una familia de ocho.
Los ahorros tampoco son de mucha ayuda: un tercio de los norteamericanos no tienen ningún ahorro y otro tercio tienen menos de $1.000 en el banco. No sorprende por lo tanto que se haya incrementado el número de familias que tienen dificultades para cubrir simplemente el costo de los alimentos de un 11% (36 millones en 2007 a 14% (48 millones) en 2014.

Trabajadores pobres

El desempleo puede ciertamente contribuir a la pobreza, pero millones de norteamericanos soportan la pobreza mientras tienen trabajos de tiempo completo e incluso más de un trabajo. La últimas cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales muestran que hay 8.6 millones de “trabajadores pobres”, definidos por el gobierno como personas que viven debajo de la línea de pobreza a pesar de estar empleados por lo menos durante 27 semanas al año. Su inseguridad económica no es registrada por nuestra sociedad, en parte porque trabajar y ser pobre no parecen ir de la mano en la mente de muchos norteamericanos – y el desempleo ha caído razonablemente de manera continua. Luego de acercarse al 10% en 2009, está ahora solo en un 4%.
¿Ayuda del gobierno? La reforma introducida por Bill Clinton en 1996 a los programas de asistencia social, fraguado en conjunto con los congresales republicanos, impuso límites de tiempo a la asistencia del gobierno, a la vez que ajustó el criterio de elegibilidad para la misma. Por lo tanto, como Kathryn Edin y Luke Shaefer demuestran en su inquietante libro $2.00 a Day: Living on Almost Nothing in America ($2,00 dólares al día: vivir con casi nada en Norteamérica), muchos que necesitan ayuda desesperadamente, ni siquiera se molestan en presentar una solicitud. Y las cosas se pondrán peor en la era de Trump. Su presupuesto para 2019 incluye grandes recortes en una pila de programas anti pobreza.
Cualquiera que busque un entendimiento visceral de las dificultades que soportan los norteamericanos debería leer el libro de Barbara Ehrenreich de 2001, Nickel and Dimed: On (Not) Getting By in America (Chaucha y palito: ir tirando en Norteamérica) Es un relato atrapante de lo que Barbara aprendió cuando, haciéndose pasar por “ama de casa” sin calificaciones de ningún tipo, trabajó durante dos años en varios trabajos de bajo salario, teniendo sólo sus ingresos para sostenerse. El libro rebalsa de historias de personas que tenían trabajo pero que, por necesidad, dormían en hoteles de mala muerte pagos semanalmente, en albergues para indigentes, o incluso en sus autos, subsistiendo con snacks de las máquinas expendedoras para el almuerzo, panchos o fideos instantáneos para la cena, privándose de cuidados dentales básicos y controles médicos. Aquellos que lograron conseguir casa permanente elegirían barrios pobres de bajas rentas cercanos a trabajo porque la mayoría de las veces no podían pagar un auto. Para mantener semejante estilo de vida raquítico, muchos tenían más de un trabajo.
A pesar de la charlatanería de los políticos acerca de como los tiempos han cambiado para mejor, el libro de Ehrenreich continúa siendo una pintura adecuada de los trabajadores pobres de EEUU. Durante la última década laproporción de personas que liquidaron sus salarios sólo para pagar productos esenciales se incrementó de hecho de un 31% a un 38%. En 2013, el 71% de las familias con hijos asistieron a los comedores de Feeding America (Alimentando a América) -la organización privada más grande que brida ayuda a los hambrientos- incluyendo, por lo menos, a una persona que había trabajo durante el año anterior. Y en las grandes ciudades de EEUU, principalmente por una brecha cada vez más grande entre los alquileres y los salarios, miles de trabajadores pobres no tienen hogar, duermen en refugios, en las calles, o en sus vehículos, a veces junto con sus familias. En la ciudad de Nueva York, que no es un caso aparte cuando se trata de personas sin hogar entre los trabajadores pobres, entre un tercio de las familias con hijos que utilizan los refugios por lo menos un adulto tenía trabajo.

Los salarios de pobreza

Los trabajadores pobres se aglutinan en ciertas ocupaciones. Son vendedores en tiendas, camareros o cocineros de comida rápida, personal de custodia, trabajadores hoteleros y cuidadores de niños o ancianos. Muchos ganan menos de $10 la hora y no tienen poder de presión, ya sea sindical u otro, para reclamar aumento de salarios. De hecho, el porcentaje de trabajadores sindicalizados dentro de estos trabajos se mantiene en un dígito – y en los comercios y la alimentación está por debajo de 4,5%. Esto no es para nada sorprendente, dado que la afiliación en el sector privado ha caído un 50% desde 1983 hasta abarcar a tan solo el 6,7% de la fuerza de trabajo.
Los empleadores que pagan bajos salarios lo prefieren de este modo – Walmart es el estandarte en esto – y trabajan diligentemente para dificultar cada vez más el acceso de sus empleados a los sindicatos. Como resultado, rara vez se encuentran bajo una presión real para incrementar salarios, que, ajustados por inflación, se han mantenido congelados o han incluso descendido desde fines de los '70. Cuando el empleo es “a voluntad”, los trabajadores pueden ser despedidos o los términos de su trabajo modificados según el capricho de la compañía y sin ningún tipo de explicación. Walmart anunció este año que aumentaría su valor hora a $11 y esto es bienvenido. Pero no tuvo nada que ver con una negociación colectiva; fue una respuesta a la caída en la tasa de desempleo, el flujo de dinero proveniente de una rebaja de impuestos por parte de Trump a las grandes corporaciones (que benefició a Walmart en $2 billones de dólares), un incremento del salario mínimo en un número de estados, e incrementos de salarios de su archi-competidor, Target. También fue acompañado por el cierre de 63 tiendas mayoristas (Sam's Clubs), lo cual significó el despido de 10.000 trabajadores. En resumen, el balance de poder casi siempre favorece al empleador, rara vez al empleado.
En consecuencia, a pesar de que los EEUU tiene un ingreso per-cápita de $59.500 y está entre los países más ricos del mundo, 12,7% de norteamericanos (eso es 43.1 millones de personas) se encuentran oficialmente empobrecidas. Y esta es considerada una cifra en general significativamente por debajo de la real. La Oficina de Censos establece el promedio de la pobreza mediante el cálculo del presupuesto anual de una familia para alimentos sin incluir ninguna “extravagancia”, lo multiplica por tres, lo ajusta según el tamaño familiar, y lo fija al Índice de Precios alConsumidor. Esa, según muchos economistas, es una manera inadecuada de estimar la pobrezo. Los precios de los alimentos no se han incrementado dramáticamente en los últimos 20 años, pero el costo de otras necesidades como la asistencia médica (especialmente si no tienes seguro médico) y la vivienda se han incrementado en un 10,5% y 11,8% respectivamente entre 2013 y 2017 comparado con el incremento del 5,5% de los alimentos.
Si se incluyen la vivienda y gastos médicos en la ecuación se obtiene la medida suplementaria de la pobreza (SPM en inglés), publicada por la Oficina de Censos desde el 2011. Este revela que una gran número de estadounidenses son pobres: 14% o 45 millones en 2016.

Datos funestos

Para tener una imagen más completa de la (in)seguridad noteamericana, sin embargo, es necesario investigar más a fondo en los datos relevantes, comenzando por los salarios por hora, que es la forma en que más del 58% de los trabajadores adultos perciben su salario. La buena noticia: sólo 1.8 millones, o 2,3% de ellos subsisten con o con menos del salario mínimo. La noticia no tan buena: un tercio de todos los trabajadores perciben menos de $12 la hora y 42% gana menos de $15. Esto es $24.960 y $31.200 al año. Imaginen criar a una familia con tales ingresos, sumando el costo de la comida, el alquiler, el cuidado de los niños, los pagos de un automóvil (ya que un auto es usualmente una necesidad simplemente para conseguir un trabajo en un país con un sistema de transporte público inadecuado), y gastos médicos.
El problema que enfrentan los trabajadores pobres no son solamente los bajos salarios, pero el ensanchamiento de la brecha entre los salarios y los precios en alza. El gobierno ha incrementado el salario federal por hora más de 20 veces desde que fuera establecido en 0.25 centavos en la Ley de Estándares Justos de Trabajo en 1938. Entre 2007 y 2009 subió a $7.25, pero durante la década pasada esa suma perdió casi 10% de poder adquisitivo frente a la inflación, lo cual significa que, en 2018, un obrero tendrá que trabajar 41 días adicionales para ganar el equivalente al salario mínimo de 2009.
Los trabajadores en el 20% más bajo son los que han perdido más terreno, sus salarios ajustados por inflación cayeron casi 1% entre 1979 y 2016, comparado con el incremento del 24,7% del 20% más alto. Esto no puede ser explicado por una productividad deslucida ya que, entre 1985 y 2015, ya que superó los incrementos de salarios, casi siempre sustancialmente, en todos los sectores económicos excepto en la minería.
Sí, los estados pueden imponer salarios mínimos más altos y 29 de ellos lo han hecho, pero 21 no, dejando a varios trabajadores con salarios bajos luchando por cubrir los costos particularmente de dos cuestiones básicas: salud y vivienda.
Incluso cuando se trata de trabajos que ofrecen cobertura médica, los empleadores han ido virando cada vez más este costo sobre los trabajadores a través de descuentos más altos y gastos a cuenta del trabajador, así como también requiriendo de ellos que cubran la mayor parte de las primas. El porcentaje de trabajadores que pagaron por lo menos con el 10% de sus ingresos tales costos – sin contar las primas – se duplicó entre 2003 y 2014.
Esto colabora a explicar por qué, de acuerdo a la Oficina de Estadísticas Laborales, sólo el 11% de los trabajadores del 10% que percibe los salarios más bajos se han inscripto en planes de salud en 2016 (comparado con el 72% en el 10% más alto). Como lo expresó una camarera de restaurant que gana $2,13 la hora sin propinas – y cuyo marido gana $9 la hora en Walmart -, luego de pagar el alquiler, “o ponemos comida en la mesa o pagamos el seguro médico”.
La Ley de Salud Asequible, o ACA (conocida como Obamacare), proveyó subsidios para ayudar a las personas de bajos ingresos a cubrir el costo de las primas de seguros, pero los trabajadores con obra social proveída por sus empleadores, sin importar cuán bajos fueran sus salarios, no fueron cubiertos por esta Ley. Ahora, por supuesto, el presidente Trump, los congresistas republicanos, y la Corte Suprema en la cual los jueces de derecha serán aún más influentes, intentarán abatir la ACA.
Es la vivienda, sin embargo, lo que arranca el mordisco más grande de los salarios de los trabajadores con los ingresos más bajos. La mayoría de ellos son inquilinos. La vivienda propia sigue siendo para muchos una quimera. De acuerdo a un estudio de Harvard, entre 2001 y 2016, la cantidad de inquilinos que ganaban entre $30.000 y $50.000 al año y pagaban más de un tercio de sus ingresos a sus arrendadores (el umbral para calificar como “ahorcado por la renta”) se incrementó de un 37% a un 50%. Para aquellos que sólo ganan $15.000 esa cifra asciende al 83%.
En otras palabras, en unos EEUU cada vez más desiguales, el número de trabajadores con bajos ingresos que tienen dificultades para pagar el alquiler se ha disparado. Como muestra el análisis de Harvard, esto es, en parte, porque el número de inquilinos pudientes (con ingresos de $100.000 o más) ha pegado un salto, ciudad tras ciudad, ellos impulsan la demanda y construcción de nuevas unidades para la renta. Como resultado, la porción de contrucciones de unidades de alquiler lujosas ha subido de un tercio a casi dos tercios del total de las unidades entre 2001 y 2016. No sorprende que el número de nuevas unidades de alquiler de bajo costo haya caído de dos quintos a un quinto del total y, así como se incrementó la presión sobre los inquilinos, también se incrementaron los alquileres incluso de esas modestas dependencias. Agregado a esto, en lugares como Nueva York, donde la demanda de los ricos da forma al mercado inmobiliario, los propietarios han encontrado maneras – a veces dentro de la ley, a veces no – de deshacerse de los inquilinos de bajos ingresos.
Las viviendas públicas y los “bonos para vivienda” deberían hacer más asequible la vivienda a las familias de bajos ingresos, pero la oferta de viviendas públicas no ha alcanzado la demanda ni remotamente.
En consecuencia, las listas de espera son largas y las personas con necesidades languidecen durante años antes de tener una oportunidad – si es que alguna vez la tienen. Sólo un cuarto de los que califican para esta ayuda la reciben. En relación a los “bonos”, para empezar, es difícil conseguirlos por la masiva diferencia entre el financiamiento que recibe el programa y la demanda que genera esta ayuda. Y luego hay otros desafíos: encontrar propietarios que acepten los “bonos” o alquileres que estén razonablemente cerca del lugar de trabajo y no en los llamados barrios “desfavorecidos” (un eufemismo para describir áreas con alto desempleo y pobreza).
En conclusión, más del 75% de inquilinos “bajo riesgo” (aquellos para quienes el costo del alquiler supera el 30% o más de sus ingresos) no recibe asistencia del gobierno. El “riesgo” real para ellos es convertirse en personas sin hogar, lo cual significa acudir a los refugios o a la familia y amigos dispuestos a recibirlos. El presidente Trump propuso recortes en el presupuesto que harán la vida aún más difícil para los trabajadores de bajos ingresos en búsqueda de vivienda accesible. Su propuesta de presupuesto 2019 significa un hachazo de $6.8 billones (14,2%) a los recursos del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) mediante, entre otras cosas, la eliminación de los “bonos de vivienda” y la asistencia a las familias de bajos ingresos con dificultad para pagar las cuentas de la calefacción. El presidente también busca recortar los fondos para sostener la vivienda pública en un 50%. Sumado a esto, su proyecto de ley de “reforma” al sistema impositivo en beneficio de los ricos virtualmente garantiza producir déficits que indudablemente abrirán la compuerta para aún más recortes en el futuro. En otras palabras, en lo que se está convierto en los Estados Unidos de la Inequidad, las frases “trabajadores de bajos ingresos” y “vivienda accesible” ya no van juntas.
Nada de esto parece haber molestado al Secretario de Vivienda Ben Carson quien felizmente ordenó un juego de comedor de $31.000 a costas de los impuestos de los contribuyentes, incluso cuando visitó las nuevas unidades de vivienda públicas para asegurarse que no fueran demasiado cómodas (no sea cosa que los pobres se acomoden por mucho tiempo). Carson ha declarado que es hora de dejar de creer que los problemas de esta sociedad pueden ser resueltos simplemente arrojando un poco de dinero extra desde el gobierno – a menos que, aparentemente, los accesorios de comedor de un superburócrata no sean lo suficientemente buenos.

El dinero habla

Los niveles de pobreza y desigualdad económica que se sostienen en los EEUU no son intrínsecos al capitalismo o la globalización. A la mayoría de otras economías de mercado ricas dentro de las 36 que componen la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) les ha ido mucho mejor que a los EEUU en reducir estos niveles sin sacrificar la innovación o crear economías dirigidas por el estado.
Tomemos la brecha de pobreza, que la OCDE define como la diferencia entre la línea de pobreza oficial de un país y el promedio de ingresos que caen por debajo de ella. EEUU tiene la sguenda brecha de pobreza más amplia entre los países ricos, sólo a Italia le va peor.
¿Pobreza infantil? En el ranking del Foro Económico Mundial entre 41 países – de mejor a peor – EEUU se ubica 35to. La pobreza infantil ha caído en EEUU desde el 2010, pero un informe de la Universidad de Columbia estima que el 19% de los niños norteamericanos (13,7 millones) sin embargo vivieron en familias con ingresos por debajo de la línea de pobreza oficial en 2016. Si sumamos el número de niños de familias con bajos ingresos, ese número alcanza el 41%.
En referencia a la mortalidad infantil, de acuerdo a los propios Centros para Control de Enfermedades del gobierno, los EEUU, con 6,1 muertes cada 1.000 nacimientos, tiene el peor record entre los países ricos definitivamente. (Finlandia y Japón son los mejores, con 2,3)
Y cuando se trata de distribución de la riqueza, entre los países de la OCDE, solamente Turquía, Chile y México están peor que los EEUU.
Es hora de repensar la seguridad nacional de EEUU con su presupuesto anual de 1 trillón de dólares. Para decenas de millones de norteamericanos, la fuente de profunda inseguridad diaria no es la lista de enemigos foráneos, sino un sistema de inequidad cada vez más arragaido, y creciente, que pone la política contra los norteamericanos menos pudientes. Ellos no tienen los mangos suficientes para contratar lobbystas de renombre. No pueden escribir generosos cheques a los candidatos o fundar Comités de Acción Política. No tienen manera de manipular las infinitas redes de influencia que utiliza la elite para darle forma al sistema impositivo y las políticas de gasto. Están contra un sistema en el cual el dinero realmente habla – y esa es la voz que ellos no tienen. Bienvenidos a los Estados Unidos de la Inequidad.

Rajan Menon

*Rajan Menon es profesor de Relaciones Internacionales en Powell School, City College of New York, e investigador en el Instituto de Estudios acerca de la guerra y la paz de la Universidad de Columbia. Es autor, entre otros, de The Conceit of Humanitarian Intervention (El concepto de intervención humanitaria). 16 de julio de 2018

EEUU contra Salvador Allende




Después del triunfo de la Revolución Cubana, América Latina y el Caribe se convirtieron en campo de batalla política (y a veces militar) entre el imperialismo yanqui, aliado a las derechas locales, y las fuerzas populares. Chile fue un caso emblemático. Allí la izquierda tenía una rica tradición de lucha, contaba con un combativo movimiento obrero y había tenido éxitos electorales. Tenía, además, un candidato, Salvador Allende, que aunque no gozaba del respaldo de sectores de su propio Partido Socialista (PS), poseía un gran arrastre electoral, el apoyo del Partido Comunista de Chile y la amistad y solidaridad de Fidel Castro. En el PS muchos no creían en la llamada vía chilena al socialismo propugnada por Allende, quien opinaba que en las singulares condiciones de Chile era posible transitar al socialismo por vía electoral. En efecto, el gran líder popular resultó ganador de la presidencia en las elecciones de 1970 e hizo cuanto pudo por ese objetivo.
De modo que Estados Unidos hizo de Chile una batalla decisiva del enfrentamiento en marcha. Acuñó con Eduardo Frei, abanderado de la Democracia Cristiana (DC) el demagógico lema de revolución “en libertad” para contraponerla a la experiencia cubana y su gran repercusión en nuestra América, donde desencadenó un ciclo de luchas populares que aún continúa.
A 45 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, resulta aleccionador volver sobre la intervención de Estados Unidos. El vasto cúmulo de pruebas sobre su ilegal e inmoral ejecutoria en ese acontecimiento confirma su tradicional ferocidad contra los gobiernos que no le agradan, con más ahínco si tienen realizaciones y gran apoyo popular. Como se ha demostrado por los propios documentos desclasificados de la CIA, ya desde las elecciones presidenciales de 1964, en que Allende se enfrentaba como candidato a Frei, la agencia operó a favor de este, a cuya campaña inyectó 2.6 millones de dólares. A la vez, invirtió 3 millones de dólares en propaganda contra Allende. Posteriormente la central de inteligencia se ufanó de que su ayuda financiera y otras maniobras contra la candidatura de Allende “fueron ingredientes indispensables para el éxito de Frei”.
En las elecciones del 4 de septiembre de 1970, la CIA canalizó 350 mil dólares a la campaña del derechista Jorge Alessandri a través de la transnacional ITT e invirtió entre 800 mil y un millón de dólares para manipular el resultado electoral, consignó después el informe del Comité Church del Senado estadounidense. Nuevamente competía Allende, en esta ocasión con la bandera de la Unidad Popular (UP), coalición de izquierda reconfigurada. El resultado de los comicios en por cientos: Allende, 36.6; Alessandri, 34.9 y el contrincante por la DC Radomiro Tomic 27.8. El 24 de octubre el pleno del Congreso, de acuerdo con la Constitución, debía elegir entre las dos mayorías más altas.
En la Casa Blanca, el presidente Richard Nixon ordenó evitar que Allende asumiera la presidencia, para lo que la CIA concibió dos planes. El primero consistía en que el Congreso eligiera a Alessandri y este renunciara para convocar a nuevas elecciones en que toda la derecha apoyaría a Eduardo Frei, hombre de confianza del imperio. Pero el plan fracasó porque Allende y Tomic (aunque democristiano, de orientación constitucionalista y progresista) habían acordado previamente que uno reconocería la victoria del otro si la diferencia superaba los 5 mil sufragios. Tomic y la DC cumplieron. Solo le quedaba a la CIA el otro plan, que contemplaba crear un clima de inestabilidad política para propiciar la intervención militar y la anulación de las elecciones. Encargado por la CIA, el general Roberto Viaux planificó secuestrar y ocultar a René Schneider, general constitucionalista y jefe del ejército. Pero este se defendió, fue herido y falleció dos días después, el 25 de octubre, lo que hizo fracasar el plan. El día antes, finalmente Allende fue electo por el Congreso con 195 votos a favor, 35 por Alessandri y 7 en blanco.
La historia posterior hasta el día del golpe frente a una ejecutoria ejemplar del presidente Allende, fue una sucesión de hechos violentos de la derecha y acoso político y económico por Estados Unidos, que, con la supervisión de Henry Kissinger, logró dejar virtualmente sin créditos al gobierno de la UP y entronizar el caos y el desabastecimiento. Fogoneados por una campaña mediática alimentada por abundantes dólares de la CIA al periódico El Mercurio, del clan Edwards y a toda la prensa de derecha. Es asombroso cómo la historia se repite con la actual ofensiva de Estados Unidos y la derecha contra los gobiernos independientes de nuestra América que trabajan por el bienestar de sus pueblos. Allende cayó heroicamente en el Palacio de La Moneda y sentó un ejemplo para las futuras generaciones de combatientes por la libertad, la soberanía y la unidad de nuestra América.

Ángel Guerra Cabrera

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Visitas de Fidel a Vietnam




Este 12 de septiembre se cumplirán 45 años de la visita de Fidel a la tierra liberada de Vietnam. A propósito de este aniversario el Sistema Informativo de la Televisión cubana recuerda los tres encuentros de nuestro Comandante en Jefe con el pueblo vietnamita.

Camilo Jiménez: “El cordón industrial fue una herramienta de defensa”




Es músico, artista plástico y militante de izquierda desde los 14 años. Tras el golpe cívico-militar en Chile se exilió en Mendoza. Hoy recuerda su experiencia como protagonista del ascenso revolucionario interrumpido a sangre y fuego el 11 de septiembre de 1973.
“El cordón industrial surge como la necesidad y con la claridad de que había que tener a los trabajadores con una organización y una capacidad de defensa no solamente para sostener y garantizar la producción y la distribución sino también la necesidad de tener una forma de defensa desde el punto de vista militar, que eso es lo que asusta a los funcionarios de gobierno, porque temían que se les fuera de las manos. Y los trabajadores realmente demostraron siempre ser muy disciplinados en ese sentido, pero exigían, pedían que la única manera de defender ese proceso era con las armas, los trabajadores tenían muy claro eso, porque para eso surgió el cordón industrial.”

martes, 11 de septiembre de 2018

Salvador Allende, un revolucionario para el siglo XXI




La madrugada del 5 de septiembre de 1970 Salvador Allende salió al balcón del viejo caserón que la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) tenía en la Alameda, frente a la Biblioteca Nacional. Con un modesto micrófono habló a las miles de personas que festejaban la victoria electoral de la Unidad Popular en la principal arteria de Santiago, en una noche constelada que la izquierda había anhelado durante todo el siglo XX. Pronunció un discurso emocionante en el que rindió homenaje a la dura historia del movimiento popular, ensalzó el pluralismo de las fuerzas sociales y políticas que sustentaban su candidatura y prometió que sería leal a la confianza que el pueblo había depositado en él.
No había un lugar más simbólico para dirigir sus primeras palabras al país como futuro Presidente de Chile, porque su bautismo de fuego se produjo precisamente en la Universidad de Chile en la segunda mitad de los años 20, tras llegar en marzo de 1926 a Santiago para estudiar Medicina después de cumplir el servicio militar de manera voluntaria. En 1931 participó activamente, como miembro del marxista Grupo Avance (su primera experiencia militante), en las épicas luchas que condujeron a la caída de la dictadura del coronel Carlos Ibáñez y durante un breve periodo fue vicepresidente de la FECh. Un año después, tomó parte en la efímera República Socialista de junio de 1932, lo que le costó varias semanas de cárcel y ser procesado por una corte marcial. En el funeral de su padre, en septiembre de aquel año, prometió dedicar su vida a “la lucha social”.
Descendiente, por vía paterna, de una familia que tuvo un papel destacado en la lucha por la independencia nacional en los albores del siglo XIX (sus antepasados lucharon junto a O’Higgins y Bolívar) y en la pugna por la democratización del país desde las filas del Partido Radical y la masonería (con el ejemplo luminoso de su abuelo Ramón Allende Padín), hijo de un abogado que terminó sus días como notario de Valparaíso, Salvador Allende Gossens (Santiago de Chile, 26 de junio de 1908) asumió desde muy joven un compromiso social y político inusual en un muchacho de su clase social. Frente a la caricatura del pije Allende, siempre vestido de manera elegante, que tantas veces dibujaron sus adversarios (y algunos de sus compañeros), resplandece su temprana participación en talleres de alfabetización de las clases populares tanto en el Liceo Eduardo de la Barra del puerto como en la FECh y también su colaboración solidaria en consultorios médicos vinculados a los sindicatos anarquistas en Santiago (por la huella labrada en su conciencia por el carpintero libertario Juan Demarchi en 1922) y al Partido Socialista en Valparaíso.
1933 marcó el rubicón en su trayectoria al tomar parte en la fundación del PS en Valparaíso. Su ascenso fue verdaderamente meteórico: secretario regional desde 1935, vicepresidente del Frente Popular porteño desde 1936, elegido diputado en marzo de 1937, responsable local de la campaña presidencial de Pedro Aguirre Cerda que llevó al histórico triunfo del 25 de octubre de 1938 y subsecretario general del PS desde diciembre de este año. Y el 28 de septiembre de 1939 el Presidente Aguirre Cerda le designó ministro de Salubridad cuando tan solo contaba con 31 años. Su trabajo durante dos años y medio al frente de esta importante responsabilidad delinea su personalidad política: su capacidad para diagnosticar los grandes problemas nacionales, explicarlos de manera pedagógica (como aquella exposición sobre la vivienda frente al aristocrático Club de la Unión, en la Alameda, en 1940) y señalar las soluciones legislativas y ejecutivas para corregirlos (como la emblemática reforma de la Ley 4.054 que suscribió el 11 de junio de 1941 y que terminaría alumbrando el Servicio Nacional de Salud en 1952).
También en los años 40 su trayectoria fue especialmente meritoria. Entre enero de 1943 y agosto de 1944, le correspondió ocupar (por única vez en su vida) la secretaría general del Partido Socialista, en un contexto muy influido por la II Guerra Mundial y el distanciamiento de la coalición formada por el Partido Radical y el Partido Comunista. En 1945, fue elegido senador por primera vez. En 1947 y 1948, se distanció del sector anticomunista del socialismo y criticó firmemente la persecución del PC instigada por el Gobierno de Gabriel González Videla, estigmatizado para siempre como traidor por Pablo Neruda en Canto general. Y cuando la mayor parte de sus compañeros apostó por la opción populista de Ibáñez para la contienda presidencial de 1952, supo reagrupar junto a los comunistas en el Frente del Pueblo a las fuerzas de izquierda que apostaron por un camino singular en el contexto de la guerra fría. Elegido candidato presidencial, Allende recorrió por primera vez todo el país, “de Arica a Magallanes” como acostumbraba a decir, con la dedicación y la fe de un misionero. Volodia Teitelboim, Jaime Suárez Bastidas o Carmen Lazo le acompañaron en su primera campaña presidencial y dejaron testimonio de su tenacidad y confianza en la posibilidad de transformar Chile a partir de la formación de un potente movimiento político y social.
En 1958, ya con el socialismo reunificado y la izquierda fortalecida en el Frente de Acción Popular (FRAP), quedó a 33.000 votos de La Moneda y fue el candidato más votado por el electorado masculino. Algunas irregularidades en el escrutinio y la inopinada aparición de un curioso personaje, el “cura de Catapilco”, le privaron de la victoria, que correspondió al derechista Jorge Alessandri. Pero aquel resultado no dejó de sorprender, de hecho la crónica del enviado especial del diario madrileño Abc concluía así: “La elevada votación obtenida por el socialista doctor Allende significa, sin duda, una advertencia”.
En febrero de 1959, mientras se encontraba con su esposa, Hortensia Bussi, en Caracas para asistir a la toma de posesión de su amigo Rómulo Betancourt, decidió viajar a Cuba y allí conoció a los principales dirigentes de la Revolución que cambió la historia continental y endureció el clima de la guerra fría en América Latina por la respuesta de Washington. Amigo y compañero de Fidel Castro y de Ernesto Che Guevara, fue un firme defensor de la Cuba socialista sin por ello renunciar al camino revolucionario que creía más adecuado para Chile. Más crítica y distante fue su visión del modelo político y social de la URSS, extensamente expuesta en un discurso en el Senado en junio de 1948. No tuvo dudas en rechazar abiertamente las invasiones militares de Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), pero ello no le impidió ensalzar en varias ocasiones el papel de la URSS como aliado de los pueblos del Tercer Mundo que luchaban contra el imperialismo (singularmente elogió su apoyo a Vietnam), ni viajar a este inmenso país en repetidas ocasiones desde agosto de 1954. En noviembre de 1967, estuvo presente (acompañado por su hija Beatriz) en la conmemoración del 50º aniversario de la Revolución. En diciembre de 1972, en el marco de la gira internacional más importante de su mandato, llegó como Presidente de la República a Moscú y Kiev. Una sonora excepción en su relación con la URSS fue el sorprendente discurso, la extraordinaria loa en honor de Stalin que pronunció el 15 de marzo de 1953, en el masivo acto que la izquierda chilena organizó en el Teatro Baquedano de Santiago tras su fallecimiento. Fue el discurso menos allendista de toda su vida.
En 1964, la batalla presidencial le enfrentó con un viejo amigo, el democratacristiano Eduardo Frei Montalva, pero también con la CIA y el Gobierno de Lyndon Johnson, que financió una increíble campaña de propaganda anticomunista… que ya les había dado resultado en Italia en 1948. El 4 de septiembre de aquel año no solo la burguesía chilena respiró aliviada ante la amplia victoria de Frei. “Hemos roto todas las reglas. Abrimos champaña y estamos celebrando”, comunicaron aquella noche los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Santiago al Departamento de Estado. Su tercera derrota no le indujo ni a moderar sus posiciones políticas, ni tampoco a aceptar el estruendoso proceso de radicalización (retórica) de su partido, con el Congreso de Chillán de 1967 como punto de partida.
Muy pronto advirtió de las limitaciones del programa reformista de la Democracia Cristiana y de la hipocresía de su publicitada “Revolución en Libertad”. La creación del MAPU por los dirigentes más consecuentes de la DC y la masacre de la Pampa Irigoin en 1969 le dieron la razón. La fundación de la Unidad Popular en octubre de aquel año reafirmó su análisis político: por primera vez, junto con la hegemónica izquierda marxista confluían fuerzas tradicionalmente centristas (Partido Radical), de inspiración cristiana (el MAPU) y otros sectores (API y PSD). La campaña para la batalla presidencial de 1970, con la explosión del movimiento muralista y de la Nueva Canción Chilena, la movilización de los trabajadores y de nuevos actores, como los pobladores (los habitantes de los paupérrimos barrios de la periferia urbana), alumbró un inmenso movimiento popular que abrió las puertas de la Historia aquel inolvidable 4 de septiembre de 1970.
Después vinieron sesenta días de una tensión política extrema, en los que la derecha, el freísmo, el poder económico (con el emblemático viaje de Agustín Edwards, propietario de El Mercurio, a Washington el 14 de septiembre) y el Gobierno de Nixon, la ITT y la CIA conspiraron para impedir la investidura de Allende por el Congreso Pleno. Fracasaron porque la Democracia Cristiana estaba dirigida por su tendencia progresista y las Fuerzas Armadas encabezadas por un general ejemplar, René Schneider, asesinado a fines de octubre por la ultraderecha y la CIA.
El 3 de noviembre de 1970 Salvador Allende se terció la banda presidencial y se inició uno de los procesos políticos que mayor esperanza despertaron en el siglo XX. Un periodo lleno de dificultades, también –obviamente- de errores de la Unidad Popular, pero en el que sobre todo brillan los inmensos logros del Gobierno presidido por Allende y del pueblo chileno: la nacionalización del cobre, la reforma agraria y la erradicación del latifundio, la creación del Área de Propiedad Social y la participación de los trabajadores en la dirección de las industrias nacionalizadas, una política internacional no alineada y verdaderamente ejemplar, un proyecto cultural inigualado en la historia nacional (Quimantú, el Tren Popular de la Cultura, el crecimiento y apertura a los obreros de la Universidad Técnica del Estado) y un programa de medidas sociales muy completo (con el medio litro de leche como expresión cotidiana de ese bello cartel creado por los artistas plásticos de la UP: “La felicidad de Chile empieza por sus niños”). Y sobre todo el desarrollo verdaderamente conmovedor de la conciencia revolucionaria del pueblo, su alegría y su permanente movilización en defensa del camino al socialismo “en democracia, pluralismo y libertad”.
Así lo expresó el 21 de mayo de 1971, en su primer Mensaje presidencial al Congreso Pleno: “ Pisamos un camino nuevo; marchamos sin guía por un terreno desconocido; apenas teniendo como brújula nuestra fidelidad al humanismo de todas las épocas – particularmente al humanismo marxista – y teniendo como norte el proyecto de la sociedad que deseamos, inspirada en los anhelos más hondamente enraizados en el pueblo chileno. (…) Caminamos hacia el socialismo no por amor académico a un cuerpo doctrinario. (...) Vamos al socialismo por el rechazo voluntario, a través del voto popular, del sistema capitalista y dependiente cuyo saldo es una sociedad crudamente desigualitaria estratificada en clases antagónicas, deformada por la injusticia social y degradada por el deterioro de las bases mismas de la solidaridad humana”. “ Los que viven de su trabajo tienen hoy en sus manos la dirección política del Estado. Suprema responsabilidad. La construcción del nuevo régimen social encuentra en la base, en el pueblo, su actor y su juez. Al Estado corresponde orientar, organizar y dirigir, pero de ninguna manera reemplazar la voluntad de los trabajadores. Tanto en lo económico como en lo político los propios trabajadores deben detentar el poder de decidir. Conseguirlo será el triunfo de la revolución. Por esta meta combate el pueblo. Con la legitimidad que da el respeto a los valores democráticos. Con la seguridad que da un programa. Con la fortaleza de ser mayoría. Con la pasión del revolucionario. Venceremos”
Salvador Allende representa ante la humanidad aquel proyecto político, aquellos años inolvidables… incluso para quienes no los vivimos. Aquel tiempo de las cerezas, similar al cantado en la bella canción de la Comuna de París, un siglo antes.
La huella dolorosa del cruento golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 no desaparece de esta angosta y extensa franja encajada entre la cordillera andina y el imponente océano Pacífico. La reciente y vergonzante dimisión del “converso” Mauricio Rojas así lo prueba.
Hoy, 11 de septiembre de 2018, de nuevo martes, nos acompaña la memoria de aquel muchacho que conversaba y jugaba al ajedrez con el viejo Demarchi en su modesto taller de carpintería en Valparaíso, del militante del Grupo Avance, del fundador del Partido Socialista, del médico con profunda vocación social, del masón orgulloso de sus antepasados, del diputado, del ministro del Frente Popular, del senador, del candidato presidencial que unió a la izquierda y de aquel inmenso y hermoso movimiento popular que abrió con él las puertas de la Historia una noche constelada de septiembre de 1970.
El 11 de septiembre de 1973 Salvador Allende se convirtió en un mito del siglo XX. Las estremecedoras imágenes del bombardeo de La Moneda, la belleza casi poética y el dramatismo de sus últimas palabras a través de Radio Magallanes, su muerte en defensa de un siglo y medio de desarrollo democrático de Chile y del proyecto revolucionario al que consagró toda su vida y la ominosa dictadura militar que se instaló en el país otorgaron a su nombre una dimensión universal. Hoy está inscrito en avenidas, plazas, calles, colegios, hospitales, auditorios, puertos, centros culturales, asociaciones, cátedras universitarias, equipos de fútbol o comunidades indígenas de decenas de países. Es sinónimo de valores como democracia, justicia social, pluralismo, derechos humanos, libertad, socialismo.
Recordar a Allende exige ir más allá de la inmensa tragedia del 11 de septiembre de 1973 (y después), de su heroica muerte en La Moneda. Recordar a Allende es recorrer su apasionante trayectoria política, evocar la construcción de aquel gigantesco movimiento popular en Chile, reflexionar sobre la historia de la Izquierda en el siglo XX. Recordar a Salvador Allende invita a pensar y recrear el Socialismo en el siglo XXI.

Mario Amorós

El autor es Doctor en Historia y periodista. En Chile, acaba de publicarse la tercera edición de su libro Allende. La biografía (Ediciones B, 681 págs.).

lunes, 10 de septiembre de 2018

La Batalla de Chile: los cordones industriales y el debate sobre la toma del poder




La trilogía que tuvo la colaboración del director francés Chris Marker, el cineasta Pedro Chaskel, y la académica Marta Hanecker –entre algunos- es una pieza clave del cine político mundial, y un registro audiovisual sin precedentes sobre los últimos años del gobierno de la Unidad Popular y el golpe de Estado.

Este 2018, se han cumplido 43 años desde que Patricio Guzmán, uno de los mayores exponentes del cine documental chileno a nivel internacional, consiguiera dar vida -desde el exilio- a una de las obras fundamentales del cine latinoamericano para entender el periodo de dictaduras, “La Batalla de Chile”.
Si bien, la obra se conforma por tres partes (Primera parte: Insurrección de la burguesía; segunda parte: El golpe de Estado; y tercera parte: El poder popular), su última parte, el poder popular, tiene un interés particular, ya que en ella se concentra, por un lado, el registro histórico del proceso evolutivo de la conciencia de clase por parte de los cientos de miles de trabajadores en todo el país, y por otro lado, el tensionamiento del régimen entre la derecha y la unidad popular, y la potencialidad que adquiere el movimiento obrero, el cual amenaza con rebasar la legalidad burguesa.

Polarización en el régimen y el ataque de la derecha

La película comienza con el paro patronal de transportistas de octubre de 1972. La derecha busca desestabilizar al gobierno de Allende, y hacerlo caer antes de las próximas elecciones parlamentarias. Con la ayuda de la CIA norteamericana, la burguesía ataca desabasteciendo los distintos stocks del país, y bloqueando la importación de repuestos industriales provenientes desde Estados Unidos.
Por otra parte, se han implementado una serie de reformas que han llevado a que el presidente Allende y el gobierno de la UP, cuente con un fuerte respaldo de la población. La nacionalización del cobre, la estatización de los bancos, y la profundización de la reforma agraria, han sido ejes centrales en la política del gobierno hacia amplios sectores populares.

El rol reaccionario de la Democracia Cristiana

No obstante, un gran miedo comienza a gestarse dentro del régimen. La Democracia Cristiana -quien jugará un papel golpista en el futuro- intentará invalidar constitucionalmente al presidente Allende, al sentir que la legalidad comienza a ser sobrepasada por los movimientos sociales. Una forma de conciliar con la Democracia Cristiana, será a través de la conformación del gabinete cívico-militar, el cual tendrá supuestamente como objetivo restituir el orden, en el periodo de polarización en el que se encuentra la población. Este será el primer indicio de que la realidad misma, irá empujando al gobierno de la UP a frenar la efervescencia de los sectores más activos de trabajadores, y poder conciliar con los sectores más conservadores de la DC.

La emergencia de los cordones industriales frente a la crisis económica

Una respuesta a esta coyuntura fueron los llamados “Cordones industriales”, organismos embrionarios de poder obrero, que frente al desabastecimiento, la inflación y el bloqueo económico, supieron dar respuesta desde los propios sindicatos y lugares de trabajo, a las necesidades de la población. Es al calor de la lucha contra la derecha que nace el Cordón Cerrillos, un conjunto de más de 250 fábricas del sector Sur de Santiago, y que frente a la experiencia del paro patronal de Octubre, ven en la auto-organización de los trabajadores y la independencia de los patrones -que han abandonado los lugares de trabajo- una respuesta directa a la crisis abierta. Así hasta mediados de 1973, se habrán creado alrededor de 31 Cordones Industriales en todo el país, perteneciendo 8 de ellos solamente a Santiago.
Será por medio del poder de los cordones industriales, que en conjunto con los Comandos Comunales -comités de coordinación territorial- sirvan como un puente que permita dar solución a la alimentación, la salud, la educación, transporte, etc. Será desde los mismos cordones industriales donde se formarán comitivas de trabajadores, dedicadas a ayudar a campesinos y trabajadores del sector rural a la apropiación y toma de terrenos, esto sin embargo obstaculizados por la barrera del carácter del estado burgués que aún se mantiene.

El valor de la cinta y el debate estratégico que encierra

La importancia del film es inconmensurable y, si bien, la obra de 4 horas y media cobra vida en su trilogía, la tercera parte encierra un debate fundamental, entorno a los balances y lecciones de la izquierda en Chile de aquellos años, que se desprenden de los distintos momentos registrados.
Es así como podemos ver en casi 1 hora y media de grabación, marchas multitudinarias, tomas de fábricas y terrenos, calles desbordadas por los movimientos sociales que salen a exigir sus derechos. Trabajadores, pobladores y estudiantes, quienes mancomunadamente salen al combate de las células fascistas que comienzan a emerger, junto con la ofensiva derechista que busca atacar las conquistas conseguidas por los trabajadores y el pueblo.
Pero es en esta situación de polarización, que también podemos ver las distintas visiones y posiciones, que van entrando en contradicción a medida que comienza a agudizarse aún más el conflicto, y la crisis comienza a golpear con más fuerza a los trabajadores, donde se vuelve impostergable el debate sobre la toma del poder.

Los cordones industriales y la toma del poder

La obra de Patricio Guzmán, es fundamental para poder entender el cine documental latinoamericano de denuncia, y que en este caso concentra los últimos momentos del gobierno de la Unidad Popular, hasta el Golpe de Estado.
Es en la tercera parte “El poder Popular”, que a través de las declaraciones y tomas de distintos trabajadores y trabajadoras, comienza a palparse la necesidad de la toma del poder. Es por medio de la experiencia desarrollada a través de los cordones industriales -organismos que antes del paro patronal de los camioneros no existía- que los mismos trabajadores pasaron a desarrollar este germen de poder obrero, comenzando a extenderse por todo lo largo y ancho del país, cuestionándose el carácter del estado. Fundos y terrenos tomados por comitivas del Cordón Vicuña Mackenna, articulación del Cordón Cerrillos con el Comando Comunal del sector. Fábricas abandonadas por los patrones y puestas a funcionar por los mismos trabajadores, quienes solidarizaban –desde los sindicatos- con las Juntas de Abastecimiento y Precios. Tractores y máquinas de distintas fábricas, trasladando decenas de trabajadores, para contrarrestar el paro de los transportistas. Piezas y herramientas creadas por los mismos obreros frente al bloqueo económico de EE.UU. Los trabajadores han salido a la ofensiva y la polarización es prácticamente insostenible.

La importancia del legado histórico

Es este legado -del cual se tiene muy poco conocimiento- fundamental rescatar, y traer aquella experiencia de más de 31 cordones en todo Chile, al presente. Y que el nombre del Cordón Cerrillos-Maipú, Cordón Vicuña Mackenna, Cordón Huachipato –por nombrar algunos- reverberen en la cabeza de los miles de trabajadores que hoy salen a luchar junto con los estudiantes, en contra de los empresarios, los políticos corruptos y toda la herencia de la dictadura, cuya bota fascista tiñó de sangre un 11 de Septiembre de 1973.

Edson Elgueta
Valparaíso, Chile

Fidel, Vietnam y una amistad imperecedera


domingo, 9 de septiembre de 2018

El dictador aleman en Paraguay




En Paraguay, en 1954, el general Alfredo Stroessner tomó el poder a través de un golpe de Estado. El primero en la larga lista de los dictadores sudamericanos. Su padre había emigrado de Baviera, y Alfredo admiraba el arte de guerra alemán. Durante 35 años torturó a decenas de miles de personas, y cientos de miles huyeron del país. Sin embargo, el Gobierno de la República Federal Alemana aprobó la exportación de armas fabricadas en Alemania. Fue un negocio brillante.
El gobierno de la República Federal de Alemania lo apoyó desde el inicio – con el reconocimiento diplomático, entrenamiento para la policía y los militares, venta de armas, rechazo de asilo político para los perseguidos y la instalación de escuchas telefónicas. Los informes de la embajada alemana en Asunción enviados a la Cancilleria en Bonn, el Ministerio de Relaciones Exteriores, hablaban de "olas de terror", "tortura medieval" de presos políticos, saqueos y violaciones por parte de la Policía.
El documental muestra los documentos de la Cancilleria alemana, muchos de ellos eran secretos durante décadas.
Mientras la Cancillería alemana ha abierto sus archivos sobre Paraguay, la Presidencia de la República Alemana continúa negándose a abrir los archivos del Consejo de Seguridad Federal. Contra esta decisión he iniciado una demanda civil.

Gaby Weber

Karl Marx: el hombre, el pensador y el revolucionario




Hace doscientos años, el 5 de mayo de 1818, en la ciudad alemana de Tréveris, nació una de las más grandes figuras de la historia de la humanidad. Doscientos años más tarde, a pesar de todos los furiosos ataques, las distorsiones maliciosas y los rencorosos intentos de socavar su imagen como hombre y pensador, Karl Marx ha consolidado su lugar en la historia como un destacado genio en el ámbito de la teoría.

Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diferentes maneras. De lo que se trata, sin embargo, es de transformarlo. (K. Marx, Tesis sobre Feuerbach)

Tanto si se está de acuerdo o en desacuerdo con él, no hay duda de que Karl Marx llevó a cabo una grandiosa revolución en el pensamiento humano y que cambió por completo el curso de la historia. De hecho, pertenece al gran panteón de pensadores destacados. Su nombre puede estar junto al de los grandes héroes del pasado: Heráclito y Aristóteles, Hegel y Charles Darwin.
Los descubrimientos de Marx en el campo de la filosofía, la historia y la economía política pueden considerarse un monumento colosal por derecho propio. Incluso si el trabajo de su vida hubiese comenzado y terminado con el primer volumen de El Capital, ya hubiese sido en sí mismo un logro lo suficientemente grande. Pero Marx no sólo fue un pensador; fue un hombre de acción, un revolucionario que dedicó por entero su vida a la lucha por la causa de la clase obrera y del socialismo.Una vida tan rica y variada no puede ser descrita adecuadamente en unas pocas líneas. Sin embargo, con motivo del bicentenario de Marx, se hace necesario aportar un boceto conciso, e inevitablemente incompleto, de su vida.

La vida de Marx

Karl Marx a los 18 añosMarx nació hace 200 años en Alemania, en lo que entonces era parte de Prusia. Sin embargo, las provincias de Renania a la que la ciudad de Tréveris pertenecía, diferían en muchos aspectos de las atrasadas, semifeudales y reaccionarias tierras prusianas más al este.
Anexionadas por Francia en las Guerras Napoleónicas, sus habitantes habían sido expuestos a nuevas ideas como la libertad de prensa, el derecho constitucional y la tolerancia religiosa. Aunque Renania fue reincorporada a la Prusia imperial en el Congreso de Viena tres años antes del nacimiento de Marx, la huella de aquellos años dejó su marca en el pensamiento progresista de la mayoría de las capas más liberales de la sociedad.
Karl Heinrich fue uno de los nueve hijos de la familia de Heinrich y Henrietta Marx. El padre de Marx era un abogado con una relativa actitud progresista, que leía a Kant y a Voltaire, y abogaba por la reforma del Estado prusiano. La vida familiar era razonablemente próspera. Marx nunca padeció pobreza o privación durante su niñez, ni en los primeros años de su juventud, aunque sí las sufrió en gran medida durante su vida posterior.
Sus padres eran judíos, pero en 1816 a la edad de 35 años, el padre de Karl se convirtió al cristianismo, probablemente como respuesta a la ley de 1815 que prohibía a los judíos el acceso a la alta sociedad. Es significativo que aunque la mayoría de la gente en Tréveris era católica romana, eligió las creencias luteranas, ya que él “equiparaba el protestantismo con la libertad intelectual”. Sin embargo, Heinrich Marx estuvo muy lejos de ser un revolucionario y sin duda se hubiera horrorizado si hubiera tenido conocimiento de la futura trayectoria de su amado hijo Karl.
Al dejar la escuela, Marx se fue a la universidad, donde estudió derecho, y más tarde historia y filosofía. Mientras estudiaba en Berlín, cayó bajo la influencia del gran filósofo Hegel. Vio que, debajo de la corteza superficial de idealismo, la dialéctica de Hegel tenía las más profundas implicaciones revolucionarias. Esta filosofía dialéctica debía formar la base de todo su posterior desarrollo ideológico.
Marx se unió a la tendencia conocida como 'hegelianos de izquierda', que sacó conclusiones radicales y ateas de la filosofía hegeliana. Sin embargo, pronto se sintió descontento con el interminable desguace de palabras y malabarismo dialéctico de estos académicos radicales que pronto degeneraron en una mera sociedad de debate.Marx quedó muy impresionado con las ideas de Ludwig Feuerbach, quien, a partir de una crítica a la religión, se movió en la dirección del materialismo. Pero criticó a Feuerbach por su rechazo radical de la dialéctica hegeliana. Marx logró combinar de manera brillante el materialismo filosófico con la dialéctica para producir una filosofía completamente diferente y revolucionaria.
Armado con estas ideas revolucionarias, el joven Marx colaboró con un grupo de hegelianos de izquierda en Renania que había fundado un periódico radical, la Rheinische Zeitung, Gaceta Renana. Como editor del periódico, Marx escribió varios artículos revolucionarios brillantes. El periódico fue un éxito instantáneo, pero pronto atrajo la atención de las autoridades prusianas que lo sometieron a una censura estricta. Sin embargo, el joven Marx, con ingenio brillante, logró evadir el círculo de hierro de los censores. Al final, no tuvieron más remedio que cerrarlo.
Karl Marx y Jenny von WestphalenEn 1836, mientras se volvía más activo políticamente, Marx se comprometió secretamente con Jenny von Westphalen, una hermosa joven de una familia aristocrática que era conocida como la "chica más bella de Tréveris". Ella era cuatro años mayor que él y de una clase decididamente más alta. Pero ella y Marx habían sido novios desde la infancia y todo lo que sabemos es que se dedicaron totalmente el uno al otro.
El padre de Jenny, el barón Ludwig von Westphalen, alto funcionario del Real Gobierno Prusiano Provincial, era un hombre de linaje doblemente aristocrático: su padre había sido jefe del Estado Mayor durante la Guerra de los Siete Años y su madre escocesa, Anne Wishart, descendía de los condes de Argyll. Por lo tanto, no es de extrañar que mantuvieran su relación en silencio durante tanto tiempo. Tres meses después del cierre de la Rheinische Zeitung, en junio de 1843, se casó finalmente con Jenny von Westphalen, y en octubre se mudaron a París.
Creo que no se le ha prestado suficiente atención a esta notable mujer, que hizo sacrificios colosales para apoyar a su esposo en su trabajo revolucionario. Ella debió sufrir mucho al separarse de su familia, viajar de un país a otro, compartir todas las privaciones de Marx y vivir en las condiciones más difíciles. Ella vio a sus hijos sufrir dificultades, enfermar y morir. Cuando su hijo Edgar murió en Londres, ella y Marx ni siquiera tenían dinero suficiente para pagar el ataúd.
El hermano mayor de Jenny, Ferdinand, más tarde se convirtió en un Ministro del Interior celosamente opresivo en el gobierno prusiano entre 1850 y 1858, es decir durante el apogeo de la reacción europea. Nos enfrentamos así a la paradoja de un hombre comprometido en la obra revolucionaria para subvertir al Estado prusiano desde su exilio londinense, mientras que su cuñado en Berlín estaba a cargo de perseguir a los revolucionarios dentro y fuera de las fronteras de Prusia ¡La historia no conoce situación más irónica que ésta!

En París

En el otoño de 1843, Marx se mudó a París para publicar un periódico radical en el extranjero, junto con Arnold Ruge. En la atmósfera caldeada de París en ese momento, Marx pronto entró en contacto con grupos organizados de trabajadores alemanes emigrados y con varias sectas de socialistas franceses. En este momento, los vientos de la revolución soplaban con fuerza en toda Europa, especialmente en París. No fue la primera vez, ni la última, que París era el corazón político de Europa.
Sin embargo, sólo se publicó un número de esta revista, Deutsch-Französische Jahrbücher, los Anales Franco-Alemanes. La publicación fue interrumpida debido principalmente a la dificultad de distribuirla secretamente en Alemania, y a las diferencias filosóficas entre Marx y Ruge. Marx comenzó entonces a escribir para otro periódico radical, Vorwärts! (¡Adelante!), que estaba vinculado a una organización que más tarde se convertiría en la Liga Comunista.
Por esta época comenzó una de las colaboraciones más extraordinarias de la historia. En septiembre de 1844, un joven llamado Friedrich Engels vino a París por unos días para trabajar como colaborador de la revista. A partir de ese momento, se convirtió en el mejor amigo y colaborador de Marx. Hoy los nombres Marx y Engels son tan completamente inseparables que casi se fusionan en una sola persona.
Durante su tiempo en París, desde octubre de 1843 hasta enero de 1845, Marx vivió en el número 38 de la Rue Vanneau en París. Aquí, Marx participó en un estudio intensivo de la economía política, devorando las obras de Adam Smith, David Ricardo, James Stuart Mill, e incluso de los socialistas utópicos franceses Saint-Simon y Fourier. Contemplamos, pues, el embrión de sus futuros descubrimientos en el campo de la economía.

Bruselas

Las actividades revolucionarias de Marx pronto atrajeron la atención de las autoridades de Berlín. El gobierno prusiano exigió que las autoridades francesas actuaran, lo que a estos últimos les agradó mucho. Expulsado de París a fines de 1844, Marx se mudó a Bruselas, donde se unió a la sociedad de propaganda secreta, la Liga Comunista. A pesar de su traslado, Marx todavía tenía restricciones severas en su actividad. Se había comprometido a no publicar nada sobre asuntos de política contemporánea.
Marx y Engels formaron inmediatamente una estrecha relación en la que los dos hombres reunieron diferentes experiencias y temperamentos para elaborar un conjunto de ideas completamente nuevo y original. Como hijo de un rico fabricante alemán, Engels pudo combinar sus experiencias concretas en la producción capitalista con el trabajo pionero de Marx en el campo de la filosofía. Engels le mostró a Marx su libro recientemente publicado, La situación de la clase obrera en Inglaterra. Ya había llegado a la conclusión de que la clase obrera sería el agente más importante del cambio social.
También fue Engels quien comenzó primero a elaborar los principios fundamentales que luego se llevarían a buen término en los tres volúmenes de El Capital de Marx. Pero con la modestia que lo caracterizaba, siempre aceptó la primacía de Marx en el campo de la ideología, reservándose para sí el papel de discípulo humilde y leal, aunque, de hecho, su contribución a la teoría marxista debe estar hombro con hombro con la del propio Marx.
En abril de 1845, Engels se mudó de Alemania a Bruselas para unirse a Marx. Juntos, los dos comenzaron a escribir una crítica a la filosofía de Bruno Bauer, un joven hegeliano con quien Marx había estado antes en relaciones cercanas. El resultado de la primera colaboración de Marx y Engels, La Sagrada Familia, se publicó en 1845. Marcó el comienzo de una ruptura con la tendencia hegeliana de izquierda y el punto de partida para una divergencia completamente nueva.
En 1846, Marx y Engels escribieron La ideología alemana, en la que desde el principio desarrollaron la teoría del materialismo histórico. Esto marcó la ruptura final e irrevocable con los Jóvenes Hegelianos. Marx finalmente abrazó la idea del socialismo como la única solución a los problemas de la humanidad. Lamentablemente, ningún editor estuvo dispuesto a correr el riesgo de publicar La ideología alemana, que, junto con las Tesis sobre Feuerbach, no vieron la luz hasta después de la muerte de Marx.
Marx y Engels emprendieron juntos una lucha implacable contra las ideas confusas del socialismo pequeño-burgués, esforzándose por poner las ideas del socialismo sobre una base científica. En París, en ese momento, las ideas semianarquistas de Proudhon estaban en boga entre algunos grupos revolucionarios. Marx las sometió a una crítica fulminante en 1847 en Miseria de la Filosofía, respaldada por hechos y citas sustanciales de los escritos del propio Proudhon.
A principios de 1846, Marx intentó vincular a los socialistas de toda Europa por medio de un Comité de Correspondencia Comunista. Había estado en contacto con una organización secreta de artesanos de París y Frankfurt llamada “La Liga de los Justos”. Era un grupo pequeño (alrededor de un centenar en París y ochenta en Frankfurt) con ideas muy confusas. Marx los persuadió a abandonar sus métodos clandestinos y operar abiertamente como un partido político de trabajadores. Finalmente, este partido se fusionó con otros para formar la Liga Comunista.
En el Segundo Congreso de la Liga Comunista, celebrado en Londres en noviembre de 1847, Marx y Engels fueron los encargados de elaborar un documento que se dio a conocer como El Manifiesto Comunista. Este documento, el cual marcó una época, fue publicado en 1848.

El Manifiesto Comunista y la Neue Rheinische Zeitung

Hoy parece asombroso que El Manifiesto Comunista fuera escrito cuando Marx y Engels todavía eran jóvenes; Marx aún no tenía 30 años y Engels tres años menos. Sin embargo, este notable documento representa un punto de inflexión en la historia. Es tan fresco y relevante ahora como cuando vio la luz por primera vez. De hecho, su relevancia es aún mayor hoy.
El momento de la publicación de este documento difícilmente podría haber sido mejor. La tinta apenas estaba seca en sus páginas cuando estalló una poderosa ola de revoluciones en toda Europa. La Revolución de Febrero en Francia derrocó a la monarquía de Orleans y condujo a la creación de la Segunda República.
Marx arrestado en BruselasSe da la anécdota de que, habiendo recibido recientemente una herencia sustancial de su padre (retenida por su tío), Marx utilizó una gran parte de ella para comprar armas para los trabajadores belgas que se movían hacia la acción revolucionaria. Si la historia es verdadera o falsa, no lo sabemos, pero el Ministerio de Justicia belga ciertamente la creyó. La usaron como una excusa para arrestarlo.
Marx se vio obligado a huir de regreso a Francia, donde creía que estaría a salvo bajo el nuevo gobierno republicano. Pero esa fue una vana esperanza. Los republicanos burgueses franceses estaban aterrados de los obreros, que comenzaban a avanzar en sus demandas de clase independientes que amenazaban la propiedad privada. En estas circunstancias, lo último que la burguesía francesa necesitaba era la presencia en París de un hombre como Marx.
Marx estaba convencido de que, después de Francia, Alemania estaba en vísperas de una revolución. Se mudó a Colonia, donde fundó un nuevo periódico, la Neue Rheinische Zeitung, Nueva Gaceta Renana, que comenzó a publicarse el 1 de junio de 1848. El periódico presentó una línea democrática radical extrema contra la autocracia prusiana y Marx dedicó sus principales energías a su dirección editorial (la Liga Comunista había sido prácticamente disuelta). Continuó en este puesto desde junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849, cuando el periódico fue suprimido.
La Neue Rheinische Zeitung fue un modelo de periodismo revolucionario y jugó un papel activo en los acontecimientos revolucionarios de 1848-49. Pero la victoria de la contrarrevolución puso fin a esta actividad. Marx fue llevado a juicio por su actividad revolucionaria. Fue absuelto el 9 de febrero de 1849, pero fue expulsado posteriormente de Alemania el 16 de mayo de 1849.
Marx volvió a París. Sin embargo, fue desterrado de Francia después de la manifestación del 13 de junio de 1849. Como Prusia se negó a darle un pasaporte, Marx era ahora un exiliado apátrida y sin dinero. Se trasladó a Londres, que en aquellos días era más tolerante y acogedor con los exiliados políticos de lo que es hoy. Aunque Gran Bretaña también le negó la ciudadanía, permaneció en Londres hasta su muerte. En mayo de 1849 comenzó la "larga e insomne noche de exilio" que duraría el resto de su vida.

Londres

Al llegar a Londres, Marx se mantuvo igual de optimista sobre la inminencia de un nuevo brote revolucionario en Europa. Escribió dos extensos folletos sobre la revolución de 1848 en Francia y sus consecuencias: La lucha de clases en Francia y El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Concluyó que "una nueva revolución es posible sólo como consecuencia de una nueva crisis" y luego se dedicó al estudio de la economía política para determinar las causas y la naturaleza de la crisis capitalista.
Durante la mayor parte del tiempo que pasó en Londres, Marx y su familia vivieron en condiciones de extrema pobreza. Encontró trabajo como corresponsal para el New York Daily Tribune, una colaboración que duró diez años desde 1852 hasta 1862. Sin embargo, Marx nunca pudo ganar un salario digno con su trabajo periodístico. Durante la primera mitad de la década de 1850, la familia Marx vivió en condiciones miserables en un departamento de tres habitaciones en el barrio del Soho de Londres. Marx y Jenny ya tenían cuatro hijos y dos más venían en camino. De éstos, sólo tres sobrevivieron.
"Bienaventurado el que no tiene familia", escribió Karl Marx con desidia en una carta a Friedrich Engels en junio de 1854. Tenía treinta y seis años y hacía tiempo que había perdido todo contacto con sus parientes. Su padre había muerto y las relaciones con su madre eran malas. Sólo a través de la generosidad desinteresada de su amigo Friedrich Engels, Marx y su familia pudieron sobrevivir.
Marx y sus hijas junto a EngelsLa familia Marx tuvo siete hijos, cuatro de los cuales murieron en la infancia o la niñez. A pesar de todas las dificultades, fueron una familia feliz. Marx amaba profundamente a sus hijas, quienes, a su vez, lo adoraban. En sus momentos libres por las tardes jugaba con ellas y leía a los clásicos. Don Quijote fue uno de sus favoritos, pero también interpretaban obras de Shakespeare, con Marx y sus hijas leyendo diferentes partes. "Era un narrador único, incomparable", recuerda su hija Eleanor.
De las tres hijas supervivientes, Jenny, Laura y Eleanor, dos de ellas contrajeron matrimonio con hombres franceses. Uno de estos hombres, Paul Lafargue, jugó un papel activo en el movimiento marxista y ayudó a establecer el partido socialista en España. Eleanor Marx estuvo activa en el movimiento obrero británico como organizadora sindical combativa.El trabajo de Marx no se limitó sólo a la teoría. Todo el tiempo que estuvo en Londres jugó un papel muy activo en la promoción y el desarrollo del movimiento obrero internacional. Marx ayudó a fundar la Sociedad Educativa de los Trabajadores Alemanes, así como una nueva sede para la Liga Comunista. Pero estaba cada vez más frustrado y alienado por las interminables disputas sectarias de los emigrados y finalmente rompió todas las relaciones con ellos, mientras que siempre mantuvo contacto cercano con los miembros activos del movimiento obrero británico.
Un giro decisivo en la situación ocurrió en 1864. El 28 de septiembre se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores, conocida por nosotros como la Primera Internacional. Desde el principio, Marx fue el corazón y el alma de esta organización, el autor de su primera alocución y de una serie de resoluciones, declaraciones y manifiestos. Durante los años siguientes, gran parte de su tiempo estuvo dedicado a mantener el trabajo de la Internacional. Junto con Engels mantuvo una vasta correspondencia con trabajadores avanzados y copensadores de muchos países, incluida Rusia.
Marx se vio obligado a continuar una lucha implacable contra todo tipo de desviaciones pequeño burguesas dentro de las filas de la Internacional: el socialismo utópico de Proudhon, el nacionalismo burgués del italiano Mazzini, el oportunismo de los dirigentes sindicales reformistas británicos y, sobre todo, las intrigas del anarquista Bakunin y de sus seguidores.
Al final, Marx logró vencer en la lucha ideológica, pero las condiciones en que se estaban formando las fuerzas jóvenes de la Internacional se volvieron en una dirección desfavorable. La derrota de la Comuna de París fue el golpe de gracia final.
Dada la situación desfavorable en Europa, Marx propuso la transferencia de la sede del Consejo General de Londres a Nueva York en 1872 con la esperanza de que la lucha de clases en desarrollo en el Nuevo Mundo brindara a la Internacional nuevas oportunidades. Pero nada podría evitar su declive. El logro más importante de la Primera Internacional fue que proporcionó una firme base ideológica para los acontecimientos futuros. Pero como organización dejó virtualmente de existir.
La salud de Marx se vio socavada por el agotador trabajo en la Internacional y sus estudios y escritos teóricos aún más extenuantes. Continuó trabajando incansablemente en la cuestión de la economía política y en la finalización de El Capital, para lo cual reunió una gran cantidad de material nuevo y estudió varios idiomas, incluido el ruso.

Muerte

Marx nunca cuidó de su propia salud. Su amor por las comidas fuertemente condimentadas y por el vino, junto con el consumo excesivo de cigarros, bien pudo haber contribuido al deterioro de su salud, que fue fatalmente socavada por años de pobreza. En los últimos doce años de su vida, sus enfermedades recurrentes ya no le permitían realizar ningún trabajo intelectual de forma continua.
A pesar de los ataques cada vez más intensos a su mala salud, Marx se lanzó a un estudio monumental de las leyes y de la historia del capitalismo, desarrollando una teoría económica completamente nueva. En preparación para la redacción de El Capital, leyó todos los trabajos disponibles sobre teoría y práctica económica y financiera. Basta leer las extensas notas a pie de página de este gran libro para comprender la asombrosa cantidad de investigación minuciosa que dedicó a su elaboración.
En 1867, publicó el primer volumen de El Capital. Pasó el resto de su vida escribiendo y revisando manuscritos para los volúmenes restantes, que permanecieron incompletos en el momento de su muerte. Los dos volúmenes restantes fueron minuciosamente ensamblados, editados y publicados póstumamente por Engels.
El golpe final a la salud de Marx fue la muerte de Jenny von Westphalen, quien falleció a causa del cáncer el 2 de diciembre de 1881, a la edad de sesenta y siete años. Junto con la muerte de su hija mayor, esta fue una cruel tragedia personal de la que Marx nunca se recuperó. Nubló los últimos años de su vida.
Karl Marx murió de pleuresía en Londres el 14 de marzo de 1883, falleció plácidamente en su sillón. Fue enterrado junto a su esposa en el Cementerio de Highgate en Londres. Cuando murió, se encontró una fotografía de daguerrotipo de su padre en el bolsillo del pecho. Fue colocado en su ataúd y enterrado en el cementerio de Highgate. Su tumba original sólo tenía una piedra modesta, ahora tristemente destrozada e ignorada en gran parte por los visitantes que se congregan en el gigantesco monumento erigido en noviembre de 1954, cuando Marx y su familia fueron enterrados en un nuevo sitio no lejos del anterior.
La nueva tumba, presentada el 14 de marzo de 1956, lleva la inscripción: "¡Proletarios de todos los países, uníos!" Y las célebres palabras de las Tesis sobre Feuerbach: "Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diferentes maneras; de lo que se trata, sin embargo, es de transformarlo".
Pero el verdadero monumento a Marx no está en el cementerio de Highgate. No está hecho de piedra ni de bronce, sino de un material mucho más fuerte y duradero: las ideas inmortales contenidas en los más de cincuenta volúmenes de sus Obras Completas. Ese es el único monumento que Marx hubiera deseado alguna vez. Es la piedra angular del movimiento obrero mundial y la garantía de su futura victoria.

Alan Woods