sábado, 13 de junio de 2020

Bolivia: ¿habrá elecciones el 6 de septiembre?




Terminar con el golpismo acorralado.

Finalmente, las elecciones bolivianas fueron convocadas para el domingo 6 de septiembre, a través de un acuerdo impulsado por el MAS de Evo Morales con los otros partidos y el Tribunal Electoral.
Las dos cámaras del Congreso ya lo ratificaron y el proyecto de convocatoria fue enviado al Poder Ejecutivo. La presidenta golpista Jeanine Añez lo está ‘aceptando’ a regañadientes. En una carta pública que distribuyó el ministro de la Presidencia, Yerko Nuñez, se afirma que Añez y el gobierno “no obstaculizarán jamás la fecha de elecciones”. Pero… plantean a los dirigentes políticos y del Tribunal Electoral que “se hagan públicamente responsables de las consecuencias y los daños en salud que puedan generarse con la realización de las elecciones en el momento más grave de la pandemia” (ver facsímil). Pide -para promulgar la ley de convocatoria- ¡que el Parlamento le presente los estudios científicos de que la pandemia estará dominada para el 6 de septiembre! Deja abierta así la puerta para forzar -si logra cambiar la correlación de fuerzas- una nueva postergación continuista. Si Añez llegara a promulgar la ley de convocatoria, aún tendría que aprobarse un presupuesto extra por parte del Ministerio de Economía para hacer las elecciones con el mayor margen posible de bioseguridad. Pero la prensa ha hecho circular declaraciones de funcionarios planteando que “las elecciones no constituyen una función suprema y menos una responsabilidad financiera de prioridad”.
El golpismo derechista boliviano está acorralado, en retroceso. La crisis que afronta Trump a manos de la rebelión popular en los Estados Unidos repercute directamente sobre el gobierno golpista de Añez y sus planes fascistoides derechistas (como sobre los otros regímenes derechistas: Bolsonaro de Brasil, Piñera de Chile, etc.).
Hace 20 días en una nota que sacamos en Prensa Obrera caracterizábamos que Bolivia estaba yendo aceleradamente a una polarización política y social. La presidenta Añez rechazaba las elecciones, que el Tribunal Electoral y el Parlamento plantearon por segunda vez, para el 2 de agosto. Con la excusa de la pandemia, Añez levantó la convocatoria inicial para el 3 de mayo y planteaba postergarlas en forma indefinida, hasta que el problema sanitario estuviera resuelto.
Por su lado, los mandos militares, dirigidos por su comandante en jefe, general César Orellana, se apersonaron ante el parlamento, en ropa de combate, para hacer un planteo: el Congreso debía aprobar las listas de ascensos y promociones que le habían sido presentada por el alto mando y la presidenta. Si no lo hacían antes de una semana habría que “atenerse a las consecuencias”.
Pero la crisis capitalista mundial y la crisis política en Bolivia avanzan rápidamente. La situación sanitaria y social se ha descompuesto aceleradamente y la agitación social está creciendo. En la mayoría de las asambleas y acciones de lucha, junto a las reivindicaciones específicas, se planteaba que el gobierno golpista debía irse y se convocara de inmediato a elecciones.

Corrupción: la biblia y el calefón

La imagen del gobierno se ha venido abajo en forma acelerada. El recambio de ministros y funcionarios es permanente, acusados por su derechismo y corrupción. Hace un mes se denunció la compra de respiradores para enfrentar el coronavirus en terapias intensivas por 28 mil dólares la unidad, cuando costaban 8.000. El ministro de salud, patrón de tres sanatorios privados, no tuvo más remedio que renunciar.
Ahora ha saltado que en la compra de granadas de gas para reprimir manifestaciones, hicieron flor de negociado. En diciembre el gobierno golpista compró 100 mil unidades de granadas a un precio de 270 bolivianos la unidad, cuando el precio del ‘mercado’ es de 108 bolivianos por unidad. Intermedió la compra la empresa Bravo Tactical os Solutions LCC, con sede en Estados Unidos. Están en la picota las cabezas de los ministros de Defensa y de Gobierno.
En el medio, tuvo que renunciar el ministro de Minería, Fernando Vázquez, quien frente al señalamiento que tuvo un rol en ese rubro dentro del gobierno de Evo Morales (lo que evidencia que las mineras están paradas con uno u otro gobierno) no tuvo mejor idea que mirarse al espejo, describir sus ojos verdes, su cabello crespo, decir que es blanco y que esas condiciones lo hacían incompatible “con el resto de personas del Movimiento al Socialismo”. El escándalo desatado por el racismo ministerial lo obligó a renunciar.
El viceministro de Trabajo, Franz Choque, también tuvo que renunciar cuando salió a la luz que su promesa de un plan de obras públicas que crearía 60 mil puestos de trabajo era una maniobra mentirosa para empadronar desocupados con la promesa de que entrarían a trabajar cuando Añez ganara la elección. Podríamos seguir… ¡Esto solo en 6 meses! Parte de la clase media que apoyó el golpe oponiéndose a la corrupción del gobierno del MAS, se ha ido realineando ahora en contra del gobierno derechista.

Añez levanta la emergencia sanitaria

La cuarentena se ha transformado en una trampa mortal para la familia trabajadora: las ‘ayudas’ estatales son claramente insuficientes, están condenando al hambre y la miseria. Lo que ha generado movilizaciones por reclamos concretos y por el levantamiento de la cuarentena para que se pueda salir a buscar trabajo y/o recursos para sobrevivir. El equipamiento sanitario está colapsado. En estos seis meses los golpistas se dedicaron al robo, la corrupción y la entrega, no a preparar el sistema sanitario para enfrentar la pandemia. La zona rural del Beni está totalmente colapsada. En Santa Cruz, 55 municipios han declarado que no cuentan con recursos para afrontar la pandemia.
En el momento más complicado, el gobierno -con el decreto 4245- decidió levantar la emergencia sanitaria nacional por la pandemia que se aplicó desde el 17 de marzo. Y dejó la responsabilidad a los municipios y a las gobernaciones, que están sin recursos económicos. Solo cinco de los nueve departamentos tienen laboratorios y casi todos están sin reactivos para pruebas de Covid-19. “Nos mandaron a la guerra sin municiones”, afirmó el presidente de la Federación de Municipios, Álvaro Ruiz.

Acabar con la plaga golpista

El gobierno golpista se ha transformado en un peso muerto, reaccionario en toda la línea e incapaz de intervenir incluso frente a los problemas más acuciantes. Es una carga que deben soportar las masas bolivianas, que tienen planteada la urgencia de sacárselo de encima en defensa de sus condiciones de vida más elementales. Un estudio del Banco Mundial afirma que Bolivia retrocederá este año 6% en su PBI. Lo que es más significativo si se tiene en cuenta que en el primer trimestre (enero-marzo) había desacelerado su crecimiento pero -a diferencia de Argentina, por ejemplo- había crecido un 0,55%. Lo que quiere decir que la caída es abrupta. El déficit fiscal este año se va a duplicar: del 6 al 13%. Cierres de empresas, despidos y suspensiones masivas de trabajadores. Todo es un coctel explosivo.
Evo Morales y la dirección del MAS pretendían llegar a las elecciones y para ello venían frenando las movilizaciones de masas por los problemas acuciantes que plantea la pandemia sanitaria y la crisis capitalista. Pero ahora tienen más claro que Añez no ha renunciado a sus planes continuistas: que se prepara para interrumpir el proceso electoral -que no se ha podido iniciar porque formalmente no ha sido convocado- a la primera de cambio. Por eso el Parlamento acaba de votar un proyecto que ‘reglamenta’ el estado de excepción (estado de sitio) dándole mayores atribuciones al Poder Legislativo en detrimento del Poder Ejecutivo (Añez).
Inmediatamente Añez y su ministro de gobierno Arturo Murillo declararon que la norma promulgada pretende “desestabilizar el país”. Murillo denuncia que la ley ata de manos a las Fuerzas Armadas y la Policía para seguir las órdenes de represión que emanen de la presidenta golpista.
La polarización está al rojo vivo. Es claro que no será con una ley que se detendrá el afán golpista continuista. Es necesario unir las reivindicaciones urgentes de las masas contra la crisis capitalista (prohibición de despidos, etc.) con la organización de la lucha nacional contra el coronavirus (centralización de todo el sistema hospitalario, nombramiento de médicos, etc.) y contra la entrega y la corrupción. Y todas ellas, con la lucha contra el poder político. Con el gobierno golpista no habrá elecciones elementalmente democráticas. Es necesario terminar con esta plaga golpista. De la misma manera que la población norteamericana se levantó contra Trump, esta tendencia también se está incubando en Bolivia. Para ello la vanguardia obrera, campesina y de la izquierda debe impulsar la realización de asambleas fabriles y barriales para votar una plataforma de lucha contra el gobierno golpista, que levante el reclamo directo de ¡fuera Añez!, se organice y prepare una movilización lo más organizada y consciente posible para hacerlo realidad.

Rafael Santos

viernes, 12 de junio de 2020

Francia: la rebelión popular se fortalece; el gobierno se descompone




La rebelión popular contra la crisis capitalista y el gobierno de Macron se extiende, mientras el gobierno entró en una fase de desarticulación. Día a día se producen nuevos episodios y las semanas y meses próximos del verano serán muy agitados. Macron va a tomar “solemnemente” la palabra el domingo 14 para anunciar el levantamiento cuasitotal del confinamiento y el programa de recuperación de la actividad económica, la explotación capitalista, y lo hará nuevamente en la primera quincena de julio para explicitar, si puede, su nuevo programa político. El verano será caliente. Es muy posible que Francia esté nuevamente en el ojo de la tormenta de la crisis capitalista en Europa y en el mundo en los próximos meses.

Juventud divino tesoro… que odia a la policía

Como ya indicamos en una nota anterior, la masiva y combativa movilización de la juventud y los barrios contra el racismo del martes 2 de junio marcó un viraje político. El pánico ganó al gobierno y la consigna fue “no hay que perder la juventud”. El resultado ha sido desastroso.
A diferencia de otros gobiernos burgueses de Europa, Macron permaneció en silencio ante el asesinato de Floyd y las bestialidades de Trump, convencido de su omnipotencia de monarca de la Va República y para no empeorar sus relaciones con Washington. Tuvo que moverse luego de la manifestación y ordenó a su ministro del Interior, Castaner, que hiciera gala del humanismo del gobierno. Unas simples palabras y alguna medida menor iban a calmar los malos vientos.
Castaner convocó a una conferencia de prensa el lunes y enunció que Francia no es Estados Unidos, que la policía no era racista pero que de todos modos iba a sancionar las sospechas de actitudes y palabras racistas y que iba a prohibir la detención de personas con la “técnica del estrangulamiento”. No convenció a nadie, por supuesto, de sus buenas intenciones pero la policía reaccionó con una dureza a la altura de la hipocresía del Ministro.
Se sucedieron las manifestaciones policiales, con las esposas arrojadas a las calles, y las entrevistas sin ningún acuerdo, en las cuales los llamados sindicatos de policías pronunciaron su “desconfianza” hacia el Ministro.
El enfrentamiento no tiene antecedentes en las últimas décadas y hay que retroceder a Mitterrand y Badinter en los años 80 para encontrar un antecedente similar.
El gobierno utilizó a la policía como tropa de asalto durante las manifestaciones de los chalecos amarillos y contra la reforma de las jubilaciones. Todos los días, esta policía práctica el racismo en los barrios populares contra los jóvenes negros y magrebinos. Los golpes, los insultos e incluso las muertes se han vuelto cotidianas en Francia. Pero el Ministro dice que la policía no es racista y los “sindicatos” no aceptan ninguna observación, ninguna demagogia de buenas intenciones ante las manifestaciones y las críticas. Estos sindicatos llaman a que la policía se comporte como milicia, si es necesario. Este conflicto político significa un enorme deterioro del gobierno y de Macron.
Esta misma semana hubo nuevos atropellos policiales, como la detención y la golpiza de cuatro jóvenes de 15 años en un pueblo de los suburbios parisinos, por simple portación de cara y de piel. En los barrios, los padres tienen miedo a dejar salir de las casas a los jóvenes adolescentes y la policía les da la razón.

La movilización antirracista

El gobierno no va a saldar esta crisis con dos o tres concesiones menores. La represión y la policía que ataca violentamente a los jóvenes, los inmigrantes y las movilizaciones son un elemento constitutivo de la política del gobierno y de las exigencias de la burguesía. Francia tiende a vivir en un estado de excepción desde los atentados del 2015. La emergencia sanitaria ha sido el pretexto para anular libertades públicas fundamentales.
Vale la pena subrayar que el gobierno acaba de presentar un proyecto de ley que prorroga el estado de emergencia sanitaria hasta el 10 de julio pero prolonga por cuatro meses algunas de sus principales medidas restrictivas: el control de la libertad de circulación de personas y vehículos y la limitación y/o prohibición de las concentraciones en la vía pública y de todo tipo de reuniones. Puede decirse sin exageración que Francia vive un estado de sitio cuya prolongación está sujeta al capricho de los gobiernos. La izquierda guarda un silencio cómplice ante esta descomposición.
La movilización antirracista y contra las violencias policiales es más que una fisura en esta armadura represiva. Es la vía que ha tomado ahora el movimiento de rebelión. El Comité Adama, que llamó a la manifestación del martes 2, llama a una nueva movilización para el sábado 13 y en la semana rechazó todas las ofertas del gobierno de reuniones con los ministros para entretener a la platea. La hermana de Adama proclama “queremos actos y no palabras”.
La intervención del Comité Adama contrasta con la política de los partidos institucionales de izquierda, incluida la Francia Rebelde de Melenchon. El gobierno “autorizó” un encuentro en la Plaza de la República de solidaridad con Georges Floyd y los partidos de izquierda participaron en esta oportunidad. El Comité Adama se negó a estar presente. Esta izquierda se presta a los debates institucionales sin ninguna trascendencia y se acopla a las movilizaciones populares cuando toman fuerza, para encausarlas.
Mientras tanto, otros sectores están entrando en la lucha y el más importante es el personal hospitalario. Las movilizaciones se repiten los jueves en los hospitales y una gran manifestación unitaria está llamada para el martes 16, que va a ser también un canal de expresión de las reivindicaciones obreras y de la ira de la población contra el gobierno. Los sectores sindicales de oposición a las direcciones, como la Federación Química de la CGT, llaman a convertir este movimiento en una jornada de huelga general.
El gobierno tiene a su favor, o piensa tener, la disposición de las centrales sindicales y los partidos de izquierda a sentarse a negociar -y hasta a sentarse a tomar café- y a aceptar su legitimidad democrática. Se dedican a redactar manifiestos por “un mundo mejor, más solidario” y son una fuente de dispersión y confusión.
La dispersión de los grupos militantes, de lucha de clases, revolucionarios, impide que sean una fuerte palanca en este proceso de movilización. Con sus orígenes, tradiciones, modos de militancia y políticas diversas y divergentes, no logran estructurar siquiera un cuadro unitario que facilite un reagrupamiento de la vanguardia obrera y militante. El NPA no puede tampoco convertirse en este instrumento, porque su dirección mayoritaria está permanentemente a la búsqueda de un “frente democratizante de izquierda” y sus minorías están divididas. La trayectoria de Podemos, del movimientismo a la participación en un gobierno burgués de salvataje del capitalismo, es ilustrativa y está demasiado presente. Hay que avanzar en iniciativas comunes de reagrupamiento, en lugar de refugiarse en las fórmulas que cada grupo se ha dado y que devienen una rutina. Las energías militantes de la juventud, el movimiento obrero y la población pobre se están desplegando y pueden cristalizar en una gran ola de movilización, con una huelga política de masas que pondrá al día la caída del gobierno y la apertura de una situación revolucionaria.

Roberto Gramar
París, 12 de junio 2020

El escenario de la izquierda brasileña frente a la crisis política y el comienzo de movilizaciones populares

Las manifestaciones contra Bolsonaro, el pasado 7 de junio, tuvieron lugar en al menos 20 capitales y varias ciudades del interior. Participaron partidos de izquierda, movimientos sindicales, sociales, populares y del movimiento negro. Levantaron la consigna “Fora Bolsonaro”.
En las últimas semanas hubo intercambios políticos en la perspectiva de un frente de “defensa de la democracia”. El 21 de mayo unas 400 organizaciones, entre ellas, PT, PCdoB, PCB, PSTU, PCO, PsOL y UP, habían dado a conocer un documento para reclamar el juicio político, o ‘impeachement’, contra Bolsonaro. En caso de que el Senado destituyera a Bolsonaro, la presidencia debe ser asumida por el general (r) Hamilton Mourao – el vice.
Manifiestos como “Estamos juntos” plantean “Fuera Bolsonaro” una “defensa de la democracia”, en función de otra perspectiva - impulsar una alternativa electoral en 2022. “Somos el 70%”, es otra de las plataformas que se inscribe en una defensa de la democracia. Los excandidatos Ciro Gomes y Marina Silva llamaron a un “frente amplio por la democracia”, junto al expresidente Henrique Cardoso.
El intelectual progresista Eduardo Soares publicó en O Globo una nota en la que pide evitar las movilizaciones. El senador del PT, Jacques Wagner, firmó una carta junto a Sustentabilidade, PSB, PDT y Cidadania, desaconsejando participar en movilizaciones que estaban programadas. Fue apoyado por el gobernador de Ceará, Camilo Santana. Advertían que movilizar significaba correr el riesgo de ser provocados por bolsonaristas infiltrados o darle excusas al gobierno para defenderse. La presidenta del bloque de diputados del PT, Gleisi Hoffmann, por el contrario, cruzó a ambos, en apoyo de las manifestaciones.
El diputado federal Marcelo Freixo, del PSoL dijo que “si no tuviera una pandemia, estaría en las calles todos los días contra Bolsonaro” (Poder360), o sea que “se queda en casa”.
Boulos candidato presidencial del PSoL, MTST (trabajadores sin techo), con el Frente Povo Sem Medo, convocaron, junto al PSTU, PCB y UP a actos en la calle. El PCdoB (cabeza de la central CTB) no convocó, sin embargo, a su activismo. Sí lo hizo la central sindical Conlutas. El PSTU denunció que PSoL ,“aunque participaron activistas de base, no estuvo presente en los actos como partido” (PSTU, 8/6).
Boulos (PSoL), que habló el domingo en los actos, dijo que estaba al tanto de los riesgos, pero no creía que “si les dejamos las calles, estaremos evitando” la escalada autoritaria de Bolsonaro. Desde el PSoL Resistencia, Valerio Arcady, durante décadas dirigente del Pstu, explicó que “debemos tener cuidado con la omnipotencia de pensar que la izquierda tiene más autoridad que la que tiene” (esquerdaonline, 7/6). “Nadie sabe si Bolsonaro tendría apoyo militar para una aventura provocativa para imponer una maniobra bonapartista. La importancia de alinear las Fuerzas Armadas con Bolsonaro para preservar el mandato no se puede minimizar. Las amenazas de provocación son al menos un intento de blindaje” (3/6). Para este sector del PSoL hay que presionar “en las calles” al Congreso para conseguir el impeachment. Dicen: “Debemos luchar por la construcción de la unidad democrática más amplia, incluidos todos los sectores burgueses y de derecha (…) no se puede confundir con una alianza estable con los sectores empresariales y la derecha, bajo pena de la izquierda sucumbiendo al liderazgo y al programa de la oposición burguesa” (ídem, 9/6). La clave está en la palabra “estable”, sin establecer cuánto duraría esa ‘estabilidad’, ni la relación entre el éxito de un ‘impeachement’ y la asunción de Mourao, el militar vice. Plantean una “tercera vía” entre “Frente Amplio” con la derecha y el “Frente Único” de los trabajadores. Reclaman al PT ponerse a la cabeza del frente, aunque el PT quiere a la cabeza a una fuerza que esté a su derecha. “Fora Bolsonaro”, agregan, debe ser el piso para una amplia unidad de acción.
El PSTU plantea, en cambio: “Fuera Bolsonaro y Mourão, además de una cuarentena real para salvar vidas, con trabajos garantizados, salarios, ingresos, apoyo para pequeñas empresas, y contra el genocidio negro y en defensa de las libertades democráticas” (ídem). Para alcanzar este objetivo plantea la convocatoria de elecciones ‘ya’.
Para el MRT (PTS), “los actos dejaron a la derecha a la defensiva”. Plantean una “Asamblea Constituyente libre y soberana”. “Para eso, las centrales sindicales deben (…) convocar una paralización nacional, como ocurrió recientemente en Italia” (esquedadiario, 9/6). La “paralización” nacional tiene como objetivo “expandir la democracia”: “En una Constituyente libre y soberana impuesta por la lucha, será posible someter al voto popular todos los principales problemas nacionales y la dirección del país (…) no será volver al proyecto del país del PT (…) Será avanzar en un proyecto de país donde realmente las mayorías populares, la clase trabajadora, cada vez más femenina y negra en nuestro país, puedan tomar las riendas de las decisiones sobre los grandes problemas y avanzar para hacer que los capitalistas paguen por la crisis” (ídem). No dice quién convocaría a esa Constituyente, ni si ella sería ejecutiva. Se deduce que es una forma expandida del parlamento, en el marco de la división de poderes.
La izquierda brasileña plantea una variedad de salidas: ganar las elecciones en dos años, adelantar las elecciones ‘ya’, proceder al juicio político contra Bolsonaro u otorgar al parlamento funciones constitucionales.
Desde la primera propuesta a la última, ninguna prevé una crisis de poder, un desplome social y política, una irrupción de luchas generalizadas, ni la emergencia de situaciones revolucionarias. Tampoco se prepara para ese escenario, mediante una acumulación revolucionaria de fuerzas en la clase obrera.

Emiliano Monge
11/06/2020

jueves, 11 de junio de 2020

La economía mundial que se viene




“Los trabajadores van a estar más jodidos”

Esta expresión pertenece a Nouriel Roubini, el economista reconocido mundialmente por haber anticipado la crisis financiera de 2008, precipitada con la caída de Lehman Brothers y hombre de consulta del establishment internacional, quien en declaraciones recientes hace un retrato descarnado de lo que se viene. “Nos llevó diez años, entre 2009 y 2019, crear 22 millones de empleos. Y hemos perdido 30 millones de empleos en dos meses”.
Recordemos que el diario inglés Financial Times, por boca de su columnista estrella, Martin Wolf, venía de pintar un cuadro similar, caracterizado por una depresión mundial de grandes dimensiones.
A diferencia del optimismo que reina en los círculos financieros y de negocios que hablan de una crisis pasajera, en el marco de la nueva euforia bursátil que reina en Wall Street, el economista nos traza un panorama sombrío, en que lo peor no está para atrás, sino para adelante.
La visión de Roubini es que marchamos a una recuperación mediocre y una depresión global. Los mercados, según su punta de vista, están subiendo porque hay un estímulo monetario masivo y fiscal masivo. El boom bursátil no tiene relación alguna con la producción y la economía real.
La salida de la pandemia va estimular que ciertos sectores que conservan un poder adquisitivo y venían absteniéndose en su consumo, empiecen a gastar más. Pero esto tiene patas cortas. Los incentivos no se prolongarán por mucho tiempo. Los subsidios por desempleo, por lo pronto, expiran en julio en Estados Unidos. El gobierno de Trump ha salido exultante a señalar un descenso en la tasa de desempleo, pero ya hay muchos analistas que cuestionan esa cifra, pues incluye como personal ocupado aquel que está suspendido.
Como es sabido, muchas de esas suspensiones son la antesala de despidos. La tasa de desempleo en Estados Unidos es del 13,3% -o sea, más de un 33% por encima que en el pico más alto de la crisis de doce años atrás. Y si se incluye a aquéllos que desean trabajo a tiempo completo pero no pueden conseguirlo, entonces, la tasa de desempleo es del 21%, y hay que sumar a otros 3 millones de personas que no fueron clasificadas, por lo que la tasa de desempleo total en mayo sería más del 25%.

La nueva normalidad

Aunque esto se revierta parcialmente, los millones que vuelvan a ser recontratados, lo serán bajo condiciones muy diferentes a la actuales. En lugar de un empleo formal y beneficios sociales completos, va empezar a abrirse paso el contrato “por hora, a tiempo parcial sin beneficios y con un salario bajo”, que coexistiría con legiones de desocupados sin ingresos de ningún tipo. Este fenómeno ya estuvo presente en la década siguiente a la crisis de 2008, en que la recuperación se dio sobre la base trabajo precario y más barato, incluyendo a las corporaciones. En las automotrices, bajo el mandato de Barack Obama, los nuevos trabajadores fueron contratados por la mitad el sueldo del personal más antiguo. Roubini resume este panorama con una sentencia contundente: “Hay un conflicto entre trabajadores y capital. Durante una década, los trabajadores han sido jodidos. Ahora, van a estar más jodidos”.
No olvidemos que las empresas están tan altamente endeudadas, que necesitan “reducir costos, y el primer costo que se corta es la mano de obra”. Esta reducción tan drástica de desempleo y trabajo precario, según su óptica, va poner un freno a la demanda y se transformará en un escollo para abrir una perspectiva de reactivación. El optimismo inicial en círculos empresarios de una recuperación en forma de V han empezado a ceder a otros más cautelosos en forma de U.
En este contexto, según Roubini, los estímulos que viene implementado el Estado no van a evitar quiebras masivas. “Las pequeñas empresas van a desaparecer en la economía posterior al coronavirus”. Roubini llama la atención de que el rescate tiene como destinatario y beneficiario al gran capital.
Incluso las personas de ingresos medios, dada la conmoción que acaba de ocurrir, aunque puedan tener haber un mayor consumo inicial, van a actuar con cautela y reservar más ahorros por precaución. Y reducir el gasto discrecional, en especial de bienes más caros como la compra de una casa o un auto. Cuarenta por ciento de los estadounidenses tienen menos de 400 dólares en efectivo líquido ahorrado para una emergencia. Está claro que no hay margen para una recuperación de largo aliento sobre esta base.
La recuperación económica que se produzca, inclusive, según la óptica del economista, ni siquiera asegura un crecimiento del empleo. Debido a que los costos laborales son más altos en Estados Unidos que sus rivales asiáticos, la tendencia que predomine, según su mirada, sea sustituir mano de obra por capital (maquinarias). Con las relocalizaciones de las empresas en suelo americano, que hoy están instaladas en el exterior, los estadounidenses comunes van a ser víctimas de la carestía (precios de consumo más altos), sin disfrutar de los beneficios aparentes (más oportunidades de trabajo y salarios más altos). De todos modos, esta hipótesis de Roubini está por verse, pues, es altamente improbable que las filiales de las corporaciones vuelvan a radicarse en Estados Unidos y menos aún que se produzca un incremento sensible de la tecnificación y productividad en momentos que estamos frente a una huelga de inversiones productivas, ante la crisis de sobreproducción y la declinación de los beneficios, que van a tender a agravarse sensiblemente en el próximo período.
Roubini va más lejos y plantea que Estados Unidos va a “comenzar a tener disturbios por la comida “Las pocas tiendas que están abiertas, como mi Whole Foods, tienen guardias de seguridad, tanto dentro como fuera. Estamos a un paso de los disturbios alimentarios”. Esos comentarios fueron hechos por Roubini antes del estallido de las protestas por el asesinato de Floyd, pero basta tener presente este panorama para advertir que la explosión actual es inseparable de los estragos que viene provocando la crisis capitalista y la pandemia que golpea con más fuerza los sectores más vulnerables, empezando por la población negra y las minorías.

Guerra fría y guerra caliente

No está ausente en el análisis del economista el escenario de guerra comercial e incluso la emergencia de conflictos bélicos. Roubini habla del comienzo de una “guerra fría” entre Estados Unidos y China. “Ahora, tenemos una guerra comercial a gran escala, guerra tecnológica, guerra financiera, guerra monetaria”.
Estamos asistiendo, a un “desacoplamiento completo”, lo que lleva a una fractura del comercio internacional y de las cadenas de suministros y valor que están altamente integradas a escala global. Las autoridades norteamericanas decidieron que Huawei no tendrá acceso a semiconductores y tecnología en Estados Unidos. Están imponiendo restricciones totales a la transferencia de tecnología de Estados Unidos. Esto abre una escalada de alcances imprevisibles en la que el economista no descarta el uso de la fuerza.
“El único debate es sobre si habrá una guerra fría o una caliente. Históricamente, estas cosas han llevado a una guerra caliente en 12 de 16 episodios en 2.000 años de historia”. Esto confirma lo que venimos sosteniendo desde el Partido Obrero: el impasse capitalista nutre las tendencias a la guerra. Estamos frente a la tentativa del imperialismo de superar este empantanamiento, sometiendo a China y el ex espacio soviético, avanzando en su colonización. La guerra, por un lado, y la revolución, por el otro, son dos manifestaciones extremas del estallido de las contradicciones irreprimibles e insuperables del capitalismo.

Recesión con inflación

El economista, asimismo, lanza una voz de alerta sobre los alcances explosivos que podría tener los actuales planes de estímulo. La emisión gigantesca, aunque en lo inmediato sus efectos queden mitigados por la actual retracción económica, podría terminar provocando un rebrote en la carestía. Estaríamos frente a una tormenta perfecta de una depresión con inflación. Esto, por supuesto, representaría un golpe para los bolsillos populares pero, al mismo tiempo, un escenario de esa clase obligaría a un aumento de la tasa de interés, lo que haría estremecer al conjunto de la economía altamente endeudada, que ha logrado prolongar su agonía gracias al crédito barato, con tasa de interés cercana a cero. “Hay tanta deuda, que si las tasas a largo plazo van de 0 a 3%, la economía va a colapsar”.
Los trabajadores deben tomar nota sobre el escenario que se expone, lo cual es más elocuente viniendo de un hombre de confianza de los círculos de poder. Tenemos un retrato descarnado sobre el hundimiento del capitalismo y los límites insalvables del salvataje en curso. No obstante ello, Roubini apela a echar mano al intervencionismo estatal y a las viejas recetas keynesianas monetarias y fiscales, cuyas contradicciones, sin embargo, él mismo se encarga de demoler en sus reflexiones. Marchamos a una depresión mundial, que va a ir de la mano de sacrificios y privaciones inauditas contra las masas, mientras la pandemia sigue golpeando, en primer lugar, sobre la población más vulnerable.
Estas penurias en el mundo empiezan a despertar las rebeliones de los pueblos. Es así como se desarrolla, ahora en el corazón del capitalismo mundial, una extraordinaria rebelión popular, que no se circunscribe al repudio de un crimen racial ejecutado por el aparato policial, sino que plantea la impugnación de todo un régimen político, económico y social y la reorganización del planeta sobre nuevas bases sociales.
La rebelión en Estados Unidos tiene un punto de contacto y recoge el hilo de las rebeliones que estremecieron a Latinoamérica y que tuvieron su réplica en otras geografías del planeta. Estas rebeliones ponen de relieve el abismo que separa a los trabajadores, de un lado, y los capitalistas y sus gobiernos, del otro, y pone al rojo vivo la cuestión crucial de dirimir quién va a asumir los costos de la bancarrota capitalista.

Pablo Heller

miércoles, 10 de junio de 2020

Fuera las tropas yanquis de Colombia




El gobierno de Iván Duque ha cerrado un acuerdo con Estados Unidos para el despliegue de 800 soldados norteamericanos en Colombia, que se sumarán a partir de junio a las siete bases militares yanquis instaladas en el país.
Se trata de un reforzamiento de la injerencia imperialista en el país y en América Latina, hecho con el mismo pretexto de siempre -el combate del narcotráfico.
El despliegue norteamericano es inescindible de las amenazas golpistas contra la vecina Venezuela. El mes pasado tuvo lugar el Operativo Gedeón, con la participación de mercenarios yanquis. Previamente, el gobierno norteamericano anunció el despliegue de buques en las costas venezolanas y ofreció una recompensa por la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro. Por el lado del gobierno colombiano, fue uno de los más fervientes patrocinadores de las intentonas golpistas de Juan Guaidó. Desde Colombia se montó el fracasado operativo de febrero de 2019, que a caballo de la “ayuda humanitaria” buscó dar un golpe de Estado.
La tensión en la región se vio recientemente en las amenazas yanquis contra los buques iraníes que transportaron gasolina a Venezuela, sorteando el bloqueo económico norteamericano.
Pero además, el despliegue yanqui debe pensarse a la luz de la propia situación doméstica colombiana, que viene de un enorme proceso de movilizaciones en 2019 y de una intensificación de los conflictos en el campo. Cuanto más tropas intervienen, más crece la violencia en el país. En 2019 la cifra de activistas sociales asesinados fue de 231; este año, ya son alrededor de 150. El Ejército colombiano no ha cesado los desalojos campesinos: durante marzo, en las regiones de Santander, Nariño, Cúcuta y Vista Hermosa Meta, los intentos de desalojo provocaron choques violentos entre militares y campesinos, que en cada enfrentamiento dejó varios muertos -ninguno militar (Resumen Latinoamericano, 29/5). A su vez, se ha retomado la política de fumigación aérea de los cultivos de coca con glifosato, una política de guerra contra los campesinos. A esto hay que sumar el espionaje cotidiano por parte de las fuerzas de seguridad.
Algunos han advertido también que la llegada de los 800 soldados afectará el proceso de paz con las Farc, dado que muchos se desplegarán en áreas importantes para la aplicación del acuerdo, como Catacumbo y Arauca (Semana.com, 28/5). Pero lo cierto es que ese proceso ya ha naufragado hace tiempo, como resultado de la victoria electoral del uribismo (que reclamó la rediscusión de los acuerdos) y la persistencia del terror paramilitar -lo que ha llevado a una fracción de las Farc a anunciar un retorno a la lucha armada.
Para las masas, la situación es explosiva. El coronavirus agudizó todas las problemáticas del país. Se han producido centenares de miles de despidos y suspensiones, principalmente en los sectores hotelero, textil y petrolero. Otro sector vapuleado por la crisis es el informal, que constituye el 47% de la fuerza de trabajo, es decir 13 millones de personas que no tendrían sus ingresos garantizados (The New York Times, 17/4). Todo esto explica que se hayan desarrollado cacerolazos contra el hambre y protestas del sector salud, que denuncia falencias en materia de seguridad e higiene.
Fuera las tropas yanquis de Colombia. Abajo el golpismo contra Venezuela. Por un plan de lucha de las centrales obreras contra el gobierno de Duque.

Álvaro Chust

La estatua de Churchill en la Plaza del Parlamento

Las movilizaciones de estas últimas semanas en Londres han tomado las páginas de los principales diarios. Son parte de la lucha internacional contra el racismo y el fascismo desenvuelta en todo el mundo como respuesta al asesinato policial de George Floyd, en la ciudad estadounidense de Minneapolis. Las movilizaciones en Londres tomaron como uno de sus lugares la estatua de Churchill en Parliament Square, Westmister. Los manifestantes escribieron que Churchill “era un racista”, en referencia a tantos comentarios xenófobos del líder conservador, pero sobre todo, y sobre la política colonial del imperio británico, carne y uña del racismo.
Pero no fue la única estatua objeto de las manifestaciones en el mundo: “las de los ex primeros ministros Lord Palmerston y George Canning, así como la de Abraham Lincoln, el presidente estadounidense que precisamente abolió la esclavitud, también han sido pintadas con el lema de Black Lives Matter. En Bristol, la ciudad de Banksy, derribaron y arrojaron al río el monumento dedicado a Edward Colston, un destacado comerciante de esclavos del siglo XVIII. Durante sus años en la Royal African Company (1680-1692), en torno a 84.000 hombres, mujeres y niños africanos fueron enviados a trabajar a las plantaciones de azúcar y tabaco en América y el Caribe” (elespanol, 8/6).

Bengala, una masacre imperialista

El 12 de agosto de 1941, Churchill y Roosevelt firmaron la “carta atlántica” que respetaba el derecho de los diferentes pueblos a elegir la forma de gobierno en el que deseen vivir, pero Churchill aclaró que para todos menos para la India, colonia británica. El objetivo de Gran Bretaña era preservar el imperio, y sólo por ese motivo enfrentaba a Hitler. Churchill hablaba de “razas amarillas” para referirse a los asiáticos, y proponía tutelarlos para que “no causen problemas” (Bambery, 354). El objetivo de Churchill era seguir explotando a 500 millones de personas: “No dejaremos que los hotentotes, por el voto popular, arrojen al mar a los blancos”.
La India era la joya del imperio británico, un enclave bélico contra el eje. Su ferrocarril era el abastecimiento de las tropas. Gandhi y Nehru eran dirigentes que reclamaban la independencia luego de la guerra y promovieron una campaña que paralizó las líneas férreas. El movimiento obrero lanzó una huelga en 1942, con epicentro en la gigantesca planta de acero Tata Steel en Jamshedpur, y una huelga general de tres meses en el rubro textil. La respuesta fue el bombardeo de la RAF sobre los manifestantes que tomaron la ciudad de Patna (el PC Indio defendía a los británicos y denunciaba las huelgas como antagónicas a las lucha contra los nazis). El saldo fueron 100.000 detenidos y 10.000 muertos (Gluckstein, 199). No satisfechos con ello, Churchill promovió la idea de un estado “musulmán” en India, o sea, religioso. La política del imperialismo de utilizar diferencias raciales o ideológicas para dividir la lucha de la clase obrera.
En 1943 la hambruna de Bengala fue producida por la orden de Churchill de vender excedentes de arroz en Oriente y utilizarlo para las tropas británicas. Causó la muerte de más de 5 millones de personas. Sin necesidad alguna, porque no había ningún tipo de escasez o necesidad. La hambruna fue una política deliberada por parte de Churchill para castigar a los indios por sus intentos de sublevación. Se aplicó también una política de “tierra arrasada”. Churchill declaró “Odio a los indios. Son un pueblo bestial con una religión bestial” y dijo que la hambruna era culpa de ellos porque “se reproducen como conejos”.
“En conjunto, en 1943, la producción de arroz no sufrió mengua, pero las familias de jornaleros, campesinos y pescadores de Bengala vieron caer sus ingresos dos tercios, desde 1940, mientras el precio del arroz se disparaba” (Bambery, 360). Muchos hambrientos llegaron a Calcuta, las autoridades británicas los expulsaron “a morir en el campo”. Churchill bloqueó el envío de 100.000 toneladas de trigo y cereal desde Canadá. Churchill era un genocida racista, un imperialista de pura cepa.
Estos crímenes del imperialista y racista Churchill se suman a tantos otros reproducidos en las diferentes colonias británicas. Entre otras cosas, apoyó al sionismo y la ocupación de Palestina. Como también a la campaña de los aliados bombardeando poblaciones civiles como Desde. Mientras la hambruna se producía en Bengala, Churchill ordenó la “masacre de Atenas” contra el pueblo griego organizado (EAM-ELAS) que había derrotado a los nazis y habían tomado el control de la capital. Las tropas británicas entraron masacrando a decenas de miles de militantes y recuperando el control de la ciudad. La lucha contra el racismo es inseparable de la lucha contra el imperialismo y el capitalismo.

Emiliano Monge
08/06/2020

Bibliografía: Bambery, Chris, “Historia Marxista de la Segunda Guerra Mundial”. Gluckstein, Donny, “La Otra Historia de la Segunda Guerra Mundial”.

martes, 9 de junio de 2020

50 años después, el mensaje de las Panteras Negras sigue teniendo un impacto enorme




Su mensaje se viraliza en medio de la rebelión popular en curso

A partir de los asesinatos de George Floyd, Breonna Taylor, y tantos otrxs en manos de la policía estadounidense, la población del país del norte, y en otras partes del mundo, se ha levantado contra la violencia policial hacia la comunidad negra.
Efectivamente, hay una rebelión en curso en el imperio.
Entre tantas noticias sobre este levantamiento, aparece una novedad interesante: en Atlanta, un grupo local que emula a las Panteras Negras marcharon y formaron una línea de defensa armada entre la policía y lxs manifestantes.
En este mismo sentido, frases y contenido de militantes del Partido de las Panteras Negras, se han difundido ampliamente en las redes.

Pero, ¿Quiénes fueron las Panteras Negras?

El Partido de las Panteras Negras fue fundado por dos estudiantes, Huey Newton y Bobby Seal, en 1966 a partir de las condiciones de extrema pobreza en las que vivía la comunidad negra en ese entonces, así como también para luchar contra la brutalidad policial. Las Panteras Negras le dieron un canal político organizado a la radicalización de la comunidad negra que venía de la intensa lucha contra la segregación en el sur de Estados Unidos y empezaba a explotar en rebeliones en las ciudades del norte en la segunda mitad de la década.
De esta manera, agarrándose de la 2da enmienda de la Constitución (que permite a los civiles la portación de armas), las Panteras Negras formaron patrullas armadas que seguían a los policías en Oakland para evitar la violencia institucional. A medida que el Partido fue creciendo, también creció su intervención desarrollando actividades barriales como comedores y merenderos para los sectores más pobres de la comunidad.
Sin embargo, lejos de realizar un trabajo meramente asistencial, el Partido caracterizaba al capitalismo como el principal opresor de la comunidad negra. En su programa exigía educación, trabajo, tierra, vivienda, así como juicios justos con jurados de la comunidad ya que la mayor parte de la población carcelaria era negra.
En 1968 el FBI empezó una serie de operaciones contra “grupos negros de odio”, y declaró a las Panteras Negras como la mayor amenaza interna de los Estados Unidos. Sus miembros fueron sistemáticamente asesinados y encarcelados. Fueron infiltrados para promover divisiones. A principios de los años 70 la organización implosionó, bajo el efecto de esta embestida, dando lugar a una disgregación en grupos políticos divergentes, muchos de ellos esencialmente locales. Al día de hoy 54 presos políticos de las Panteras Negras y otras organizaciones de la época, como Mumia Abu-Jamal, siguen en las cárceles de Estados Unidos.

El impacto de las Panteras, 50 años después

Más allá de los límites que tuvo la experiencia del Partido de las Panteras Negras, la rebelión popular actual del pueblo estadounidense, busca en esa experiencia, y en otras, la continuidad de un hilo de lucha revolucionaria en el país. Angela Davis, profesora universitaria y ex militante de las Panteras Negras, aparece en un video señalando que “producto de cómo está organizada la sociedad actualmente, y por la violencia que sufren los oprimidos, las explosiones son esperables”. En este mismo sentido, también se difunde un video de Fred Hampton, militante de las Panteras Negras asesinado por el FBI y la policía, donde se dirige a la comunidad negra, a la población blanca pobre y a los latinoamericanos diciendo “no vamos a combatir el fuego con fuego, vamos a combatirlo con agua. No vamos a combatir al capitalismo con capitalismo negro, vamos a combatirlo con socialismo. No vamos a combatir a los cerdos reaccionarios con reacción, vamos a combatirlos con una revolución proletaria internacional”. En ese mismo discurso, Hampton explica cómo el racismo es impulsado por la clase dominante para dividir a la clase obrera y que esta no saque la conclusión de que es ella el verdadero enemigo.

La salida está en las calles

La población estadounidense en lucha levanta las consignas “Black Lives Matter” (Las Vidas Negras Importan), desmantelamiento de la policía, abolición de la policía, y denuncia que el racismo policial no es cuestión de una “manzana podrida”, sino que es un problema intrínseco del sistema.
El Partido Demócrata busca canalizar, en vísperas de las elecciones, el descontento de una gran parte de la población estadounidense en la candidatura de Biden como oposición a Trump. Pero la frase de “la policía debe disparar en el pie en vez de en el corazón” salida de la boca de Biden, ha generado furia en los sectores más radicalizados del movimiento.
Siendo efectivamente un problema de régimen, ni Biden ni el Partido Demócrata darán una salida real a los reclamos del movimiento. Para desmantelar la policía y para terminar con la opresión a la comunidad negra, es fundamental arribar a la conclusión de “combatir al capitalismo con socialismo”. Para ello es necesario la formación de un partido revolucionario que vaya a fondo con los planteos de la comunidad negra, de la mano de la clase obrera estadounidense en su conjunto.
¡Viva la rebelión en Estados Unidos!

Lu de Luca

lunes, 8 de junio de 2020

Cuba jamás volverá a la OEA




Los cubanos tienen un marcado orgullo nacional y regional, al tiempo que rechazan el mínimo intento de dominación extranjera, razones por las cuales jamás regresarán a la Organización de Estados Americanos (OEA), una entidad que desde su creación ha sido financiada por Washington y ha tenido como sede la capital norteamericana.
A 55 años de la expulsión de Cuba de la OEA, en Punta del Este, Uruguay, el 31 de enero de 1962, el pueblo y gobierno de la mayor de las Antillas nada quieren saber de esa “agrupación continental” que el líder histórico de Nuestra América Fidel Castro denominó el “Ministerio de las Colonias de Estados Unidos”.
Esa organización fue, es y será un instrumento al servicio de los intereses del imperio del Norte, y su propósito ha sido interferir en los asuntos internos de las naciones de la Patria Grande, como lo hizo luego del triunfo de la Revolución cubana, el 1 de enero de 1959.
Cumpliendo claras órdenes de Washington, la OEA se prestó para agredir sistemáticamente al decano archipiélago antillano, e intentar aislarlo de los países latinoamericanos y caribeños.
Sin embargo, nunca pudo conseguirlo pese a que regímenes títeres y férreas dictaduras se imponían entonces desde el Sur del Río Bravo y hasta la Patagonia con el respaldo del Pentágono y sucesivos inquilinos de la Casa Blanca, que apostaron a la destrucción de la revolución liderada por Fidel Castro.
El “Ministerio de las Colonias de Estados Unidos” está herido de muerte precisamente por sus continuas injerencias en diferentes procesos progresistas escenificados en la Patria Grande, como son los casos más recientes de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, por citar algunos.
No obstante su gravedad, dado el desprestigio que tiene por favorecer a las fuerzas reaccionarias en la región y justificar hasta invasiones militares norteamericanas y golpes de Estado de las oligarquías, a la OEA se pretende revivir, en detrimento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), surgida en Caracas, Venezuela, en 2011.
A diferencia de la OEA, la CELAC es un mecanismo intergubernamental de diálogo y concertación política, del cual Estados Unidos está excluido.
La CELAC surge con el compromiso de avanzar en el proceso gradual de integración de Nuestra América, haciendo un sabio equilibrio entre la unidad y la diversidad política, económica, social y cultural de los 33 países que la integran, y los 600 millones de habitantes de la región.
Cuba y la mayoría de los pueblos y gobiernos latinoamericanos y caribeños son partidarios de fortalecer esa aun joven organización autóctona, que ha sido blanco constante del imperio norteamericano, empeñado en desmembrarla para retomar su otrora dominio en la Patria Grande.
La ofensiva derechista que hoy se escenifica en América Latina tiene entre sus principales objetivos debilitar la CELAC, que significa Unidad e Independencia, en contraposición a la OEA que encarna dependencia y servilismo a Washington.

Patricio Montesinos

Las raíces estadounidenses del nazismo




Las ideas de superioridad de la raza blanca para explicar y justificar el imperialismo moderno fueron moneda común durante el siglo XIX en ambos lados del Atlántico, generaciones antes que apareciera la excusa del comunismo. En Estados Unidos las justificaciones científicas eran necesarias para mantener oprimida a su numerosa población negra.
“Si eres rubio, perteneces a la mejor gente de este mundo. Pero todo se terminará contigo. Tus antepasados han cometido el pecado de mezclarse con las razas inferiores del sur. Como resultado, las mejores cualidades de los rubios, pertenecientes a la raza creadora de la mejor cultura, se ha ido corrompiendo, sobre todo aquí, en Estados Unidos”.
Así comienza el New York Times su artículo destacado del 22 de octubre de 1916 basado en el nuevo libro de Madison Grant The Passing of the Great Race (El final de la Gran Raza) quien, “en palabras mucho más científicas”, alerta del fin de la raza rubia a manos de los blancos de pelo castaño y, peor, de los de pelo castaño de piel oscura. Según el autor, el problema de los nórdicos era que no disfrutaban del frío y preferían el calor y la calidez soleada del sur, pero sólo podían subsistir en estas regiones tropicales como dueños de las tierras sin tener que trabajarlas. Los habitantes de India hablan la lengua aria pero su sangre ha perdido la calidad del conquistador. El autor, en una de sus conclusiones más moderadas, descubre que la solución está en las prácticas del pasado. “Ninguna conquista puede ser completa si no se extermina a las razas inferiores y los vencedores llevan a sus mujeres con ellos… Por estas razones, los países al sur del cinturón negro de Estados Unidos, y hasta los estados al sur de Mississippi deben ser abandonados, es decir, libres, dejados a la suerte de los negros”.
Las ideas de superioridad de la raza blanca para explicar y justificar el imperialismo moderno fueron moneda común durante el siglo XIX en ambos lados del Atlántico, generaciones antes que apareciera la excusa del comunismo. En Estados Unidos, las justificaciones científicas eran necesarias para mantener a su numerosa población negra (primero como esclavos y luego como ciudadanos segregados) en el lugar que supuestamente les correspondía según las reglas del orden, la civilización y el progreso.
Ya avanzado el siglo XX, los memorandos y los informes de diferentes políticos, senadores y embajadores continuaron con esa tradición. El jefe para América Latina y eventual embajador, Francis White, durante décadas escribió reportes y dio conferencias a futuros diplomáticos explicando que “con algunas excepciones, los gobiernos de América latina, sobre todo aquellos en los trópicos, poseen muy poca sangre blanca pura y mucha deshonestidad”. Para White, Ecuador era un país retrógrado porque tenía “apenas cinco por ciento de sangre blanca; el resto son indios o mestizos”. Su consejo a los futuros cónsules y embajadores que lo escuchaban en una conferencia en 1922 fue: si les toca un país de indios, sepan que “la estabilidad política está en proporción directa a la cantidad de blancos puros que ese país posea”.
Según Grant, y según muchos otros, la raza blanca ha sobrevivido en Canadá, en Argentina y en Australia gracias a que ha exterminado a las razas nativas. Si la raza superior no extermina a la inferior, la inferior vencerá. “Por mucho tiempo, América se ha beneficiado de la inmigración de la raza nórdica, pero lamentablemente, en los últimos tiempos también ha recibido gente de las razas débiles y corruptas del sur de Europa. Estos nuevos inmigrantes ahora hablan el idioma de la raza nórdica, usan la misma ropa, han robado sus nombres y hasta comienzan a aprovecharse de nuestras mujeres, aunque apenas entienden nuestra religión y nuestras ideas.
The Passing of the Great Race no se convirtió en un best seller inmediato, pero sí en uno de los clásicos del racismo científico del siglo XX que encontrará eco fácil en las élites económicas y en sus aspirantes pobres de raza blanca. Entre sus ávidos lectores se contarán Theodore Roosevelt y Henry Ford, futuro admirador y colaborador de Adolf Hitler, a quien se lo recomendará. The Boston Transcript publicará que todas las personas pensantes (es decir, blancas) deberían leerlo. El libro produjo un fuerte impacto en la clase dirigente y ayudó a definir las categorías que los elegidos usaron luego para redactar las leyes de inmigración en Estados Unidos en 1924: arriba se ubica la raza nórdica, más abajo los judíos, españoles, italianos e irlandeses y, aún más abajo, todo el resto de apariencia oscura. Según el autor, “la capacidad intelectual de las razas varía como varían los aspectos físicos de cada una… A los estadounidenses les ha llevado cincuenta años para comprender que hablar inglés, usar buena ropa, asistir a la escuela y a la iglesia no transforma a un negro en un blanco”.
El autor no aclara si los racistas procedentes de las razas superiores no son las inevitables excepciones a la regla, ya que es bien sabido que entre los blancos también existen los integrantes con aguda discapacidad mental que, por obvias razones, no se consideran como tal y son los primeros en adoptar esta teoría de la superioridad por asociación que no requiere méritos individuales.
Unos años después, en 1924, del otro lado del Atlántico, un soldado en su celda llamado Adolf Hitler leerá con pasión el libro de Madison Grant y comenzará a escribir Mi lucha. Hitler reconocerá The Passing of the Great Race como su biblia. Cuando Hitler se convierta en el líder de la Alemania nazi, su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, leerá con la misma pasión el libro Propaganda, del estadounidense judío, doble sobrino de Sigmund Freud, Edward Bernays. Berneys no inventará las fake news pero las elevará a la categoría de ciencia. Diferente a su tío Freud, probará que estaba en lo cierto cuando, en 1954, por pedido de la CIA, logre hacer creer al mundo que el nuevo presidente de Guatemala no era un demócrata sino un comunista. Como consecuencia de esta manipulación mediática, cientos de miles de muertos alfombrarán los suelos de Guatemala en las siguientes décadas.
El soldado Adolf Hitler no tenía ideas radicales. Tampoco era un pensador radical, sino todo lo contrario: sus ideas y su pensamiento eran de uso común en su época, sobre todo del otro lado del Atlántico. En Estados Unidos, la idea de una gloriosa raza teutónica y aria amenazada de extinción por las razas inferiores eran moneda en curso durante el siglo XIX, desde los encapuchados del Ku Klux Klan hasta para presidentes como Theodore Roosevelt, pasando por marines y voluntarios que cazaban negros por deporte, violaban a sus mujeres y se divertían justifiando las violaciones como forma de mejorar la raza de las islas tropicales. Es muy probable que el nazismo hunda algunas de sus raíces en el sur de Estados Unidos, mucho antes de perder la memoria durante la Segunda guerra mundial.
Diez años más tarde el zoólogo de la Universidad de Berkeley Samuel Holmes propondrá la esterilización forzada de los mexicanos en Estados Unidos (de la misma forma que se había esterilizado a diez mil personas con discapacidades sólo en California) para resolver el serio problema racial que significaba disminuir la calidad de la raza estadounidense. “Los hijos de los trabajadores de hoy serán ciudadanos mañana”, afirmaba Holmes. En artículos sucesivos, repetirá la advertencia hecha por Theodore Roosevelt sobre el “suicidio racial” que encontrará eco no sólo en los miembros del Ku Klux Klan sino en una vasta masa de ciudadanos anglosajones, la que derivará, durante la Gran Depresión, en la persecusión de mexicanos y en la deportación de medio millón de ciudadanos estadounidenses con aspecto de mestizos.

Jorge Majfud

El FA, el PITCNT y su 4J, sólo un ademán de protesta

Hay una declaración de guerra contra el pueblo trabajador desde el gobierno y desde las grandes cámaras empresariales. Desde el Fa y la dirección del PITCNT, se dice que el gobierno viene arrollando con los derechos de los trabajadores el pueblo.
Han señalado el carácter reaccionario de la LUC e inconstitucional, aunque van a votar algunos de sus artículos en ella, señalan además las emergencias económicas en el pueblo.
Dicen que la “emergencia es la gente”, o que el “pueblo no debe pagar la crisis”, pero el pueblo trabajador viene pagando la crisis hace rato. No hay más que ver los 275. 000 trabajadores que están siendo sostenidos por los fondos del BPS, no por las empresas, sino por el aporte mayoritario a esos fondos de los trabajadores. Sea por seguros de desempleo con 200.000 y 75000 por ser grupos de riesgo frente al covid 19 y estar certificados por ASSE.Se prevé que 100000 de esos trabajadores ya en julio no vuelvan a su trabajo por cierres de empresas o por reducción de personal. Ejemplo de esto, son los 2000 trabajadores de Caputto, y sus derivaciones en la industria del empaque, PAMER, y transporte. Estamos hablando de 60% de las exportaciones citrícolas del país. Otra en ciernes, es la situación de los 600 trabajadores del Frigorífico Canelones, que están finalizando su seguro de paro y la empresa no da noticia sobre el reinicio de la actividad, Este cuadro estaría significando un golpe sobre la vida del pueblo de Salto y Canelones, respectivamente. Sin dejar de señalar por supuesto que estas no son situaciones aisladas sino es la tendencia en toda la industria capitalista. Además, y así fue denunciado por el delegado de la Federación de trabajadores de la industria láctea, en la mesa representativa del PIT.CNT, las empresas están utilizando los envíos al seguro de paro para desembarazarse adentro de las plantas de los delegados sindicales.
La mayoría de los convenios colectivos, públicos y privados calculados a inflación futura, han legitimado la caída del poder de compra de los salarios, ya que la inflación, vía tarifazo, devaluación y aumento de los precios, trepó rápidamente por encima de lo previsto situándose en valores generales del 11 %, y en particular en valores alarmantes de la canasta básica de alimentos y de higiene (pandemia mediante) que treparon hasta 16%.
Es decir que está claro que los trabajadores están pagando la crisis hace rato, para mantener la renta de ganancia del capitalista.

La última mesa representativa del PITCNT

En la última mesa representativa del PITCNT hubo dos caracterizaciones claras de como moverse frente la crisis capitalista y el gobierno de Lacalle y la coalición de derechas.
Una que plantea un “diálogo social con el gobierno” para entregar parte de las conquistas de la clase obrera bajo el justificativo de la crisis económica. Es decir, concebir la posibilidad de la continuidad del trabajo según las exigencias de la crisis capitalista. Trabajo, pero precarizando los contratos laborales y el salario, es decir que la crisis la siga pagando el pueblo trabajador y sostener el funcionamiento del capital, una renovada versión de las entregas de los derechos de los trabajadores como en el 90 o en el 2002.
Esto se expresa en los esfuerzos denodados de F. Pereira presidente del PITCNT, como es el caso de sus conversaciones con Di Candia, puenteando a ADEOM, para generar “puestos de trabajo” chatarras con salarios que no permiten cubrir ninguna necesidad básica de una familia obrera y a término mientras hay 600 obreras para entrar legítimamente por concurso a tareas permanente e imprescindibles.
La otra alternativa fue presentada por ADEOM ya en la anterior mesa representativa, un mes antes casi, que esta M.R del 27.
Adeom planteó un programa obrero y popular, para que los capitalistas y el gobierno paguen la crisis. Es decir, tocar “la perilla del capital”, que en el tablero comando del gobierno de la coalición de derechas y de la coalición progresista, no quieren tocar. El FA no lo hizo antes con 15 años de gobierno y con regalías históricas al capital (como UPM), a los bancos, a los Fernández de FRIPUR, etc., y en este período, tampoco lo harán. No figura en sus manuales, hay un pacto entre derecha y progresismo, de no tocar al capital.
Un programa de ningún despido, que se mantengan las plantillas de trabajadores anteriores a la pandemia, defensa del salario con ajustes acordes a la inflación, que el enfrentamiento a la pandemia se concrete en una centralización de todos los recursos sanitarios bajo el estado y las organizaciones sindicales de los trabajadores de la salud y de la ciencias, que se grave al gran capital para fortalecer el combate a la miseria y a al covid19. No fue considerado por las corrientes mayoritarias alineadas con el FA en la mesa representativa del PITCNT . Se deliberó sobre el alcance de la medida, que obviamente estaba subordinada a la caracterización de quien paga la crisis.
Obvio que nadie vino con un mandato de base, a pesar que la dirección sindical invoca el estatuto para poner un mes de deliberación para votar un paro general.

La dirección sindical frenteamplista del PITCNT

La mesa representativa votó este paro del 4 de junio de 9 a 13 horas con concentración y nada más. El paro de 24 horas que estaba, desde hace un mes atrás en debate, e impulsado por ADEOM y otros sindicatos, quedó para evaluarse si hay condiciones el 10 de julio, es decir convalidar por la vía de los hechos que la LUC siga avanzando, que los despidos sigan avanzando, que la rebaja salarial siga avanzando y que la “normalización” que expone a la pandemia a los trabajadores y al pueblo, por la necesidad de salir a ganarse el pan, siga avanzando.
El único sindicato que voto el paro de 24 horas para este 4 de junio fue ADEOM, y lo formuló con concentración y movilización parando de 10 a 10 horas, intentando viabilizar que la movilización de FUCVAM a la 18 y 30 h. estuviera rodeada por un paro general y nacional. El delegado de ADEOM (quien escribe) dijo que era un paro de carácter electorero, para denunciar al gobierno, pero no para parar las consecuencias de su política contra los trabajadores, sino para capitalizarlo electoralmente poniendo a los trabajadores ante dos alternativas de defensa del capitalismo y de su crisis.
Denunció también que hay dirigentes de sindicatos que votan paros parciales, pero luego no los impulsan. La enseñanza, el transporte, la banca, es decir no hay ningún efecto sobre paralizar el país y demostrar quien posee el poder en nuestra economía.
Buscan una “mesa de diálogo” con el gobierno, no conquistar las reivindicaciones.
La “coordinación de los 8” no acompañó la propuesta de votar el paro de 24 horas, “En Lucha” mucho menos ya que en la intervención de sus dirigentes se alinearon con la posición oficial.
El grupo de los 8 o “coordinación de sindicatos”, intentó a través de una moción de que quedara votado en la sesión del 27, el paro de 24 horas y el 10/7 solo se le pusiera fecha, moción que naufragó, por el voto de las corrientes frenteamplistas que dirigen, F.Pereira, M.Abdala y En Lucha. Quedando claro las intenciones del oficialismo de dilatar un paro general y todo plan de lucha consecuente para imponer a las patronales y al gobierno un programa frente a la crisis capitalista y la pandemia.
En este marco de regimentación de la lucha obrera es que el FA sale a apoyar la movilización del 4 de junio
Pero es obvio que la crisis abierta no se cierra con intenciones “de dialogo social” y acuerdo con el gobierno bajo “el lema lo urgente es la gente” como lema de campaña.
Si lo urgente es la gente, hay que defender hoy con la lucha esas urgencias, y observar que no hay varias posibilidades, o la crisis la pagan los capitalistas o la pagamos nosotros. Esto lo puso en evidencia en la conferencia de la Intersocial el secretario general de FUCVAM G. González cuando dijo “la crisis la deben pagar los capitalistas”.
Hay que constituir un reagrupamiento obrero, clasista y popular en los barrios, en las fábricas en los las organizaciones de lucha de los trabajadores bajo la consigna que la crisis la paguen los capitalistas, ajustemos a nuestros ajustadores.

Alvaro Soto
06/06/2020

domingo, 7 de junio de 2020

El videoclip: La dictadura de la seducción




¿Cómo ha llegado a ser el videoclip el producto más consumido por los adolescentes en internet? Un acercamiento al libro "La dictadura del videoclip", de Jon Illescas.

Arriba los que luchan, Jorge Ricardo Masetti y la batalla en la comunicación



Arriba lxs que luchan, Jorge Ricardo Masetti y la batalla en la comunicación from mascarocine on Vimeo.

jueves, 4 de junio de 2020

Estados Unidos: ¿es una “protesta”? No, es una rebelión popular




La burguesía norteamericana está sacudida sólo como lo registró la historia de EE.UU. pocas veces. “Joe Lockhart, ex secretario de prensa de la Casa Blanca, tuiteó el lunes por la noche: ´Viví a través de MLK (Luter King) y Bobby (Kennedy) asesinados, nuestras ciudades en llamas, Watergate, el 11 de septiembre y otras tragedias nacionales. Nunca he estado tan asustado por nuestro país como lo estoy esta noche. Trump tiene que irse ahora" (The Guardian, 2/6).
No se recuerda en EE.UU. que un presidente sea tratado de “dictador” (Kamala Harris, senadora demócrata por California) o de acusarlo de recurrir al “discurso fascista” (Ron Wyden, senador demócrata por Oregón) en referencia a Trump. Robert Reich, ex secretario de Trabajo de Clinton escribió: “Él ya no es presidente. Cuanto antes dejemos de tratarlo como si lo fuera, mejor” (ídem, 31/5).
El gobierno de Trump es considerado ya como el peor desde Herbert Hoover, el mismo con el que EE.UU. entró en la bancarrota de Wall Street de 1929. Su presidencia es considerada una 'escribanía', donde sólo se escucha a los aduladores y al dueño de la cadena oficialista (Fox), luego de haber despedido o “perdido” a los consejeros 'sensatos'. (ídem).
La burguesía se pregunta: ¿podrá llegar Trump a noviembre?

Militarización

“La magnitud de las protestas –editorializó The Guardian, 1/6– por el asesinato de Floyd (romper los toques de queda y desafiar a las tropas de la guardia nacional, durante seis días y en casi 40 ciudades estadounidenses) sugiere que esta muerte puede ser un punto de inflexión”.
Trump mientras tanto persiste. Alrededor de la Casa Blanca “hay vehículos blindados y tropas afuera de las estaciones de metro de Washington. Hombres con equipo de combate que portaban rifles de francotirador fueron vistos encaramados en la puerta abierta de un helicóptero volando bajo sobre el distrito comercial. Un helicóptero militar se acercó tan cerca al suelo para dispersar una manifestación que mucha gente fue azotada por el viento del motor, una técnica de dispersión aprendida en contrainsurgencias en el extranjero. El lunes, una protesta totalmente pacífica fue expulsada de una plaza de la ciudad frente a la Casa Blanca con gases lacrimógenos, a bastonazos y policías montados, para que Trump pudiera posar frente a una iglesia con una Biblia” (The Guardian, 2/6).
Ese día “entre la pandilla de funcionarios que caminaban detrás de Trump para su sesión de fotos bíblica estaban el secretario de defensa, Mark Esper, y el general más importante del país, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, vestido con uniforme de combate. Su presencia en Lafayette Square, caminando en medio de los destrozos que dejaron los manifestantes que huían, pasó por encima de la línea que supuestamente separa al ejército de EE. UU. de la política interna y echó lastre a las imágenes de Trump de una guerra justa contra un enemigo pernicioso en su interior” (ídem, 3/6).
Al día siguiente, sin embargo, Esper y Milley calificaron a una intervención del ejército como inconstitucional.
Rechazaron en forma expresa la aplicación de la Ley de Insurrección de 1807, como amenazó hacer Trump. Estamos ante una insubordinación del jefe del Pentágono, que obviamente no hablo por cuenta propia.
"Cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo" había tuiteado Trump pocas horas después de las primeras manifestaciones. La prensa destaca que la policía no detiene a los saqueadores, lo que ha llevado a muchos a suponer que son pandillas organizadas por la misma policía. Un estilo de acción que aplica Bolsonaro, con lujo de detalles.
“Desde su defensa de los manifestantes de extrema derecha en Charlottesville hasta el ataque a los jugadores de fútbol negros que se niegan a cantar el himno nacional, Trump ha exacerbado la división racial y la ha explotado para apuntalar su base de votantes blancos. Entre ahora y noviembre, existe el peligro de que el presidente intente actuar sobre los matices autoritarios de su discurso inaugural en 2017” (íd.ant.).

Algo que no se vio ni en 1968

Aunque las movilizaciones tienen su epicentro en las ciudades con importantes poblaciones negras, el estallido social es multirracial.
El movimiento Black Lives Matter nació después de que el asesino de Trayvon Martin, un joven desarmado de 17 años fuera asesinado por un policía de Florida en 2012, fura absuelto por el jurado. En varias ciudades, BLM juega un rol protagónico.
Otro dato destacado son algunas manifestaciones de solidaridad de la policía con las manifestaciones. The Guardian escribe que los policías de “Nueva Jersey marcharon con los manifestantes, o que el jefe de policía en Atlanta condenó el uso de Tasers por parte de sus agentes y salió a la calle a escuchar a los manifestantes” (3/6); lo mismo sucedió “en la ciudad de Coral Gables (Florida)” y en Michigan, donde “un 'sheriff' de EE.UU. y sus agentes bajan las armas y se unen a una protesta por la muerte de Floyd” (www.actualidad.rt.com, 31/5).

Norberto Malaj
03/06/2020

miércoles, 3 de junio de 2020

El capitalismo amenaza con hacernos retroceder a tiempos oscuros




Las perspectivas para la economía mundial son cada día más sombrías. Los gobiernos están tirando todo lo que tienen para enfrentarse a la situación. Pero se quedaron sin munición cuando combatieron la última crisis. No hay salida bajo el capitalismo.

La pandemia del coronavirus está causando estragos en todo el mundo, paralizando a la sociedad y la producción. Como resultado, el sistema capitalista global se enfrenta a una crisis existencial, con una recesión que afecta a todos los países simultáneamente.
Esta crisis va a ser más grande que cualquier otra que hayamos visto antes: más grande que 2008 y más grande que 1929-33. El desempleo masivo volverá con venganza, con millones perdiendo sus empleos. Steve Mnuchin, ministro de la Hacienda de los EE.UU., advirtió que la tasa de desempleo de los EE. UU. podría aumentar al 20%, con decenas de millones afectados. Hay que tener en cuenta que el desempleo en EEUU llegó al 10% como consecuencia del colapso de 2008.
La Asociación Nacional de Restaurantes de los EE.UU. anticipa pérdidas de empleo de entre 5 y 7 millones en los próximos tres meses en su sector. La Asociación de Agencias Viajes de los EE.UU. afirma que las posibles pérdidas de empleos en su área podrían ser de 4,6 millones para fines del próximo mes.

Crisis mundial

Esta crisis ha golpeado a la clase dominante de manera explosiva. En 1938, Trotsky habló sobre cómo la clase dominante se estaba acercando al desastre con los ojos cerrados. Hoy sucede lo mismo. Hay pánico en todas partes.
China, que fue la fuerza motriz del capitalismo mundial en el último período, está en caída libre. El Deutsche Bank pronosticó que el PIB chino en el primer trimestre se reducirá en un 31,7%, un descenso antes impensable. Las exportaciones e importaciones han colapsado, y gran parte de la economía está bloqueada.
China ya no podrá ayudar a sacar al mundo de la recesión, como lo hizo hace una década. En cambio, ahora actuará como una carga. Después del colapso de 2008, el gobierno de Pekín inyectó miles de millones para mantener la economía en marcha. A diferencia del resto del mundo, la economía de China no se contrajo en ese momento y creció un 10% al año. Esto ahora está descartado, debido a sus enormes deudas y falta de mercados.
La economía más grande del mundo, los EE.UU., se dirige a un colapso. Nuevamente, el Deutsche Bank pronostica que en el segundo trimestre de 2020, la economía de los EE.UU. se contraerá un 12,9%. Esta será la mayor contracción en 80 años, y podría ser una subestimación, ya que las previsiones se reducen continuamente.
Japón también está en una recesión, al igual que la Unión Europea y Gran Bretaña. Asia, América Latina y África están siendo duramente afectadas. Ningún país escapará a esta crisis. Es una crisis mundial del capitalismo.
Como hemos explicado antes, el mundo se estaba desacelerando mucho antes de la pandemia del coronavirus. El mundo ya se dirigía a una gran recesión. El virus fue solo el desencadenante de esto: el accidente subyacente a una necesidad más profunda. Cualquier cosa podría haber desencadenado la depresión, restaba esperar que sucediera.
Ahora la clase dominante está en un estado de pánico por temor a un colapso completo del sistema capitalista. La demanda ha caído bruscamente, al igual que la oferta. Es una tormenta perfecta, que no podría haber sucedido en peor momento.

Armagedón

La economía mundial no se había recuperado de la última recesión en 2008. Los estrategas políticos ya habían agotado todas sus municiones para combatir esa crisis. Les queda muy poco en su arsenal para enfrentarse a esta nueva ola de colapso económico. Hace unos meses, el ex jefe del Banco de Inglaterra, Mervyn King, habló de la posibilidad de un «armagedón financiero». Bueno, la situación es mil veces peor de lo que él podría haber imaginado.
Después de titubear, la Reserva Federal de los Estados Unidos redujo las tasas de interés a 0,1% e inundó el mercado de bonos con $200 mil millones «para devolverlo a la vida con un choque eléctrico». Planean inyectar a la economía $1,2 billones (una cantidad sin precedentes) para ayudar a apuntalar el sistema (incluyendo $700 mil millones en compras de activos), a pesar de los desacuerdos en el Congreso.
El Banco Central Europeo (BCE) ha anunciado planes para comprar bonos de deuda pública y de las empresas por valor de 750.000 millones de euros (además de los 120.000 millones de euros ya prometidos). Además, comprarán 20 mil millones euros al mes de deuda, para apuntalar a los gobiernos europeos.
Italia, que se encuentra en una posición muy vulnerable con deudas masivas, exige más medidas y pide a Bruselas que lance un fondo de rescate de 500.000 millones de euros. Sin embargo, el BCE ya posee deuda italiana por valor de 364 mil millones euros y se espera que compre otros 150 mil millones euros. Pero el BCE está limitado por reglas que impiden que el banco central tenga más de un tercio de la deuda de un país. Este es un límite que se alcanzará muy pronto. Se habla de elevar este límite, pero esta política de «sin límite» ha provocado una respuesta furiosa por parte de Alemania y el Bundesbank, que tienen control de la caja.
El BCE ha llamado a sus acciones Programa de emergencia pandémica. Pero es más como un Programa de emergencia de pánico. Están aterrorizados ante la perspectiva de una nueva crisis de la deuda de la eurozona, que es inherente a la situación.
El Banco de Inglaterra también redujo las tasas de interés a 0,1%, después de una reunión de emergencia. Esto significa que la tasa bancaria es la más baja en los 325 años de historia de la existencia del Banco. El gobernador del Banco, Andrew Bailey (ahora conocido por sus amigos como Bailey de Salvamento), describió la situación como «absolutamente sin precedentes», con mercados financieros «acercándose al desorden». Incluso ha amenazado con cerrar los mercados en estas circunstancias excepcionales.
Gran Bretaña es particularmente vulnerable ya que tiene un gran déficit de cuenta corriente. Esto significa que ha dependido del financiamiento extranjero. Los inversores, con tan altas demandas de efectivo, pueden aumentar los cargos, lo que podría paralizar la capacidad del gobierno del Reino Unido para pedir prestado y gastar.
El gobierno conservador está entre la pared y la espada. A pesar de los riesgos, han decidido prometer 330 mil millones de libras para ayudar a combatir la crisis.
Japón ahora ha anunciado un paquete de emergencia de $275 mil millones, que se sumará a su enorme deuda de las recesiones anteriores.

Explosión de burbujas

Los gobiernos capitalistas están tirando de todo a la crisis. Pero saben que no pueden detener el choque. Es un tren desbocado sin frenos. Todo lo que pueden hacer es tratar de aliviar la situación y esperar lo mejor. «El sistema no está realmente diseñado para una embestida como ésta», dijo un comentarista.
No tienen los medios para reemplazar el colapso de la demanda, ya que los salarios se reducen y las personas pierden sus empleos. Sus medidas son como tratar de detener un glaciar con un soplete. El dinero que están inyectando en la economía se está vertiendo por el desagüe y no hará nada para salvar al sistema.
Los programas de “expansión cuantitativa” (compra masiva de deuda pública y privada por los bancos centrales) fueron probados en todo el mundo durante la última década. Estos se extendieron más tarde para tratar de combatir los rendimientos decrecientes de sus efectos. Pero cuanto más crédito barato inyectaban en la economía, más problemas creaban en otros lugares. Este dinero se canalizó en recompras de acciones y burbujas de activos, lo que resultó en el mercado alcista más largo de la historia. Ahora las cosas están cambiando a la inversa.
Los mercados de valores mundiales se están derrumbando. Por supuesto, estos están marcados con ‘recuperaciones’, como siempre es el caso. Pero la trayectoria es hacia abajo. Según The Independent (20/3/20), el mercado de valores de los EE.UU. está cayendo más rápido que durante el colapso de Wall Street de 1929. Ese colapso también fue la culminación de un largo mercado alcista. Todas las ganancias de los ‘locos años veinte’ fueron aniquiladas. Hoy, el índice Dow Jones se ha desplomado en casi un 32%.
“Simplemente no sabemos hasta dónde caerán las acciones”, afirma The Independent, “pero el ritmo de su liquidación es ciertamente alarmante desde una perspectiva histórica.”

Marx tenía razón

A diferencia de 2008-09, la crisis es universal. Nadie está excluido. La situación se está oscureciendo día a día, a medida que más y más sectores se ven afectados. Pero esto es solo el principio.
La clase dominante está en gran medida indefensa. Están tratando de tirar dinero al problema. Pero lo que tenemos no es simplemente una crisis financiera (que empeorará), sino una crisis sistémica del capitalismo.
El sistema se ha agotado. Las fuerzas productivas (la industria, la técnica y la ciencia) han superado los límites restrictivos de la propiedad estatal y privada de los medios de producción. El mercado es demasiado estrecho para la capacidad productiva que ha creado el capitalismo.
Intentaron solucionar este problema expandiendo artificialmente el mercado. Pero cuanto más pospongan la crisis, una crisis de sobreproducción, mayor será la crisis cuando llegue. Marx lo explicó hace mucho tiempo. Y estos acontecimientos son una sorprendente reivindicación de su análisis.

La pesadilla capitalista

El peligro ahora para los capitalistas es que esta recesión se convertirá en algo mucho más grande, es decir, en una depresión. Este peligro se habla seriamente en la prensa financiera.
Lo que causó la depresión de la década de 1930 no fue la recesión ni el colapso, sino las políticas de empobrecimiento del vecino que se introdujeron en los Estados Unidos en 1930. Fue el comienzo de una guerra comercial que resultó en un colapso del comercio mundial. El capitalismo solo pudo salir de esto mediante una guerra mundial. Esto está ahora descartado debido a la existencia de las armas nucleares.
Con Trump en la Casa Blanca, siguiendo su política de ‘América Primero’, el peligro de una guerra comercial está implícito en la situación. Después de todo, él ya ha desatado un conflicto comercial con China y la Unión Europea.
El presidente de los Estados Unidos ha actuado unilateralmente durante esta crisis del coronavirus, cerrando los viajes entre Europa y los Estados Unidos, para gran molestia de los líderes de la UE.
Una nueva guerra comercial global, junto con las devaluaciones competitivas, para llevar los efectos de la crisis a otros países significará otra Gran Depresión.
Esta vez, sin embargo, será a una escala mucho mayor que la del período de entreguerras. El mundo está más interconectado que nunca. Los impactos de las decisiones tomadas en Washington, Pekín y Bruselas afectarán a todo el mundo. Esta es la perspectiva para la que tenemos que prepararnos.
La crisis actual pone de relieve la bancarrota completa del capitalismo, que amenaza con devolver a la sociedad a la Edad Oscura.
Solo una economía socialista planificada, donde los recursos del planeta se utilicen para el beneficio de todos, y no de un puñado de parásitos multimillonarios, puede resolver el callejón sin salida. Solo la abolición de la anarquía capitalista puede salvarnos de esta pesadilla.

Rob Sewell
23/3/200343

martes, 2 de junio de 2020

El consenso empresario, la coalición gobernante y la izquierda




Caída en picada de los índices económicos y una profundización de la miseria social, son las consecuencias del manejo de la crisis por parte del gobierno de derecha. Un recorrido por las políticas gubernamentales desde la emergencia sanitaria y el debate sobre qué izquierda construir.

El alto acatamiento de la sociedad a los exhortos de aislamiento voluntario por parte del gobierno contribuyó de manera decisiva (hasta antes de los nuevos casos en Rivera) para aplanar la curva epidemiológica. Pero la economía se detuvo y se dispararon las otras curvas, las de la inflación en los alimentos de primera necesidad y el seguro de paro. Se disparó la curva de las ollas populares y las miles de personas que viven de trabajos informales se hicieron visibles por primera vez en mucho tiempo, poniendo en cuestión la calidad del trabajo creado en los últimos 15 años.

Condiciones para una extorsión

Esta situación de extrema necesidad a la que está siendo sometido un sector importante del pueblo trabajador, constituye un problema para el gobierno, pero también puede significar una ventaja para comenzar a imponer una de las discusiones importantes entre el empresariado: el salario.
Existe un gran consenso entre los empresarios y analistas económicos que radica en acelerar los pasos hacia la “nueva normalidad” y buscar salir de la crisis con un abaratamiento en el costo de la fuerza de trabajo. Son varias ya las declaraciones de prensa y artículos en distintos medios que plantean la gran disyuntiva en términos del liberalismo económico: ¿empleo o salario? El ex Ministro de Economía de Lacalle Herrera, Ignacio de Posadas fue uno de los primeros en plantear el problema desde las páginas de El País con una nota titulada Es tiempo del empleo. Por su parte, la directora de Política Económica del MEF, Marcela Bensión (e hija de Alberto Bensión) señaló hace algunas semanas en El Observador que “Tenemos que ser todos muy maduros: empresarios, trabajadores y Poder Ejecutivo en buscar la mejor solución para la sociedad en conjunto. En particular, el tema que nos preocupa y nos desvela y en el que estamos enfocados es el empleo. Confío en que en esa negociación haya sensatez de todas las partes para poner sobre la mesa el tema que hoy es más urgente y acuciante, que es mantener el empleo (…)”. Así, se plantea la discusión en términos de “más salario, menos empleo”, echando mano al factor de la desocupación como elemento de presión sobre los que aún conservan su empleo.
La propuesta del Ministerio de Trabajo está a tono con los reclamos empresarios, es decir, bajo el pretexto de la pandemia se busca un acuerdo de postergación de la ronda salarial hasta 2021. ¿Irá el gobierno hacia un ajuste del salario con aumentos por debajo de la inflación o su congelamiento? En cualquiera de estas dos opciones, el ajuste se dará mediante la pérdida de salario real por vía inflacionaria.
Tras días de homenajes y evocaciones al economista británico John Maynard Keynes, el equipo económico volvió sobre sus pasos y Lacalle Pou colocó a Isaac Alfie a comandar la salida hacia la “nueva normalidad”. El director de la OPP encarna el ala liberal más ortodoxa dentro del gobierno y las restricciones en el gasto público son su principal preocupación.
Después de los primeros momentos de demagogia y de decir que “el gobierno gastará lo que deba para cuidar la salud de los uruguayos” (cuestión que tuvo más de discurso que de realidad), el gobierno retoma de lleno su agenda de recuperación de la rentabilidad para el capital. La metáfora sobre los “malla de oro” no podría haber sido una mejor explicación del pensamiento del presidente y de todo el ejecutivo, ya que un recorte impositivo para que los grandes capitales “pedaleen” más rápido, no mejora la condición del pelotón, sino que agranda la distancia, es decir, la desigualdad social.
Bajo la explicación de querer mantener la liquidez en la economía, el gobierno habilitó medidas que favorecieron a los empresarios. Una muestra de eso fue la flexibilización y generalización de las condiciones para el envío al seguro de paro especial. La contrapartida por el lado de los trabajadores informales fue el otorgamiento de una canasta de $1200, una suma vergonzante con la que una persona no puede alimentarse más allá de unos pocos días.

Las batallas que ganó el gobierno y la oposición del Frente Amplio

Desde que se declaró la emergencia sanitaria el 13 de marzo el gobierno pasó por distintos momentos de incertidumbre y afirmamiento. Desde el punto de vista político se anotó algunos triunfos en las batallas que se planteó. En lo que refiere a la situación sanitaria, primariamente el gobierno contra buena parte de la opinión pública y del mismo Frente Amplio y el Sindicato Médico, decidió no decretar la cuarentena general e ir por el camino del aislamiento social voluntario. “Hacer buen uso de las libertades” fue el eje estructurante de un discurso liberal que funciona en situaciones como la actual, pero tiene problemas para tratar con la disidencia política y la protesta social.
El cierre de fronteras y el anuncio temprano del estado de emergencia sanitaria, junto a la ampliación de la capacidad de testeo - gracias a los científicos del Instituto Pasteur - decantó en un control sobre los focos infecciosos que hizo que el virus no se propagara. Evidentemente Lacalle tuvo un toque de suerte, ya que la situación podría haberse descontrolado, siendo que el cierre de fronteras fue tarde y no aumentó el presupuesto para la salud. Ahora, la aparición de al menos tres focos en Rivera, pone sobre la mesa de nuevo el problema sanitario y el peligro latente de propagación, que tiene relación directa con la situación política brasileña y la crisis política y sanitaria de ese país.
El video de Manini marcó un perfil y un discurso al interior de la coalición, planteándose como alternativa en lo económico a Alfie o Arbeleche, haciendo uso de la retórica artiguista de “protector de los débiles”, contra la especulación con los precios y pidiendo al gobierno mayor “sensibilidad social” con respecto al reclamo por la suba de las tarifas públicas. Sin embargo, fue una intervención que no pateó el tablero, ya que una salida de Salinas hubiera impactado sobre la coalición de gobierno, y sobre todo sobre la figura de Manini Ríos, que se plantea como candidato en la coalición de derechas hacia 2024.
El impuesto a los trabajadores públicos con salarios líquidos mayores a 80 mil pesos fue también una hábil jugada para plantear una serie de divisiones entre los trabajadores estatales y los privados en seguro de paro, o entre estatales e informales que quedaron sin ingresos. Poniendo la cuña entre los trabajadores y no entre capital y trabajo.
El #QuedaEnCasa como eslogan repetido hasta el hartazgo, junto a medidas que fueron bien tomadas por las capas medias de la sociedad (impuesto a los públicos) y armonizaron con su sentir, y la sensación generalizada abonada por el gobierno y los grandes medios de comunicación de estar “cuidando de la salud de los uruguayos”, así mismo como los shows de Ernesto Talvi en el aeropuerto recibiendo repatriados o atendiendo a los varados dentro del crucero Greg Mortimer; generó altos niveles de aceptación del gobierno del 65% a mediados de abril. El gobierno fue afirmándose entre sus votantes y durante algún tiempo amplió sus bases de sustentación hacia sectores sociales medios que habían votado por el Frente Amplio.
Uno de sus logros más importantes en materia política quizás haya sido neutralizar al Frente Amplio como oposición. En el ex oficialismo, desde el comienzo de la crisis sanitaria ha seguido operando una lógica de “disputa del centro”, lo que termina siendo un facilitador de la “unidad nacional”, que marcó la situación política desde comienzos de la crisis sanitaria hasta, al menos, la introducción de la LUC.
Mientras el gobierno iba aumentando su popularidad con la pandemia y aislaba al PIT-CNT, el FA quedó desorbitado. Fue a la Torre Ejecutiva a aconsejarle al gobierno que hiciera uso de líneas de crédito de los organismos multilaterales. En medio de la pandemia, el cacerolazo extendido organizado por la Intersocial y el PIT-CNT ante el aumento de las tarifas públicas fue contundente, aunque insuficiente para enfrentar el ataque al salario y al empleo.
Pero cuanto más se siente el daño económico en el bolsillo de los que viven de su salario, y cuanto más lejos queda la percepción del peligro pandémico, el gobierno comienza a replegarse sobre las bases sociales de la coalición multicolor y, aquí, el papel de los aliados adquiere su peso específico. La entrada de la LUC al parlamento recompuso parcialmente la polarización entre frenteamplistas y multicolores, y a su vez, las modificaciones de la LUC en comisión marca algunos de los límites en los acuerdos de los partidos que componen la coalición. Quizás haya sido este uno de los factores que Lacalle estimó para enviar la ley al parlamento, haciendo un equilibrio entre los costos políticos en la opinión pública y los tiempos de vida que le queden a la coalición.

Una movilización, dos izquierdas

La movilización del pasado jueves 14 de mayo contra la Ley de urgente Consideración demostró que frente a la izquierda que tiene como centro de su accionar político a la negociación parlamentaria, surge otra izquierda que gana nuevamente las calles.
Vuelve con más vigencia el debate acerca de cuál debe ser la estrategia de las fuerzas de izquierda para enfrentar esta brutal transferencia de recursos a los sectores empresariales: una izquierda de la negociación parlamentaria, de oposición parcial y discursiva a la LUC, o una izquierda que plantee que la lucha contra la LUC es ahora y ponga el centro de gravedad de su política en la movilización.
Desde las páginas de La Izquierda Diario bregamos por la conformación de una izquierda política y social que luche por organizar a la clase trabajadora democráticamente, apuntando a sus métodos de lucha para imponer una salida propia en esta debacle económica, sanitaria y social. Una izquierda que se plante contra las medidas pro empresariales del gobierno, y que se proponga cuestionar al capitalismo, el verdadero virus que mata y que merece perecer.

Damián Recoba
Martes 2 de junio | 09:21

Aclaración: El presente artículo fue elaborado antes de los sucesos acontecidos con el asesinato de los tres miembros de la Armada Nacional.

lunes, 1 de junio de 2020

La explotación sexual en Uruguay y sus complicidades

Los nuevos procesamientos en el caso de explotación sexual adolescente abren una caja de pandora y muestran la complicidad de sectores muy poderosos, tanto económicos como políticos y judiciales. ¿Qué pelea debemos dar las mujeres?

La sociedad uruguaya se encuentra conmocionada al conocerse el caso de explotación sexual de menores que involucra a figuras del poder. Sin embargo, en los últimos días se conocieron nuevos nombres que estarían involucrados.
Hasta el momento trascendió que once hombres fueron formalizados por explotación sexual de adolescentes en la llamada Operación Océano: Washington Balliva (exjuez), Nicolás Ortiz (docente), Miguel Ángel Larramendi (abogado, exasesor de la URSEA), Mauricio Zardo Cabrera (arquitecto), Nicolás Chírico (organizador de fiestas), Manuel Nande Bagnulo, Leonel Enrique D’Albenas (escritor y fotógrafo), Matías Sosa de León (empresario), Ariel Pfeffer (uno de los voceros de la campaña “Nos cuidamos entre todos” e integrante del Partido Digital), Diego Susena (candidato a la Junta Departamental de Montevideo por el Partido Nacional) y Jacques Paullier Symonds. Hay más hombres siendo investigados por el caso, aseguró la fiscal Darviña Viera.

Operación Océano

Según informaron distintos medios de comunicación la denominada “Operación Océano”, llevada adelante por la Dirección de Crimen Organizado e Interpol, comenzó el 16 de marzo de este año con la desaparición de una adolescente de 17 años y tiene a Punta del Este como parte importante de la investigación ya que las chicas relacionadas con esta red venían a casas de la zona. Las jóvenes frecuentaban boliches y fiestas electrónicas donde ingresaban fácilmente a las áreas VIP de los locales y allí se contactaban con otros adultos que pedían sexo a cambio de dinero o algún otro tipo de retribución.
La “Operación Océano” causó un gran impacto en el país, lo cual se pudo percibir a través de las redes sociales. La Justicia decretó el inicio de la investigación penal para los 11 involucrados.

El Estado cómplice

Las redes de trata y la explotación sexual son uno de los grandes problemas que desde hace años vienen afectando a las mujeres. Pasan los años y estas actividades denigrantes siguen desarrollándose porque el Estado y sus instituciones son cómplices y socios.
Desde Pan y Rosas venimos hace años denunciando de forma internacional cómo los gobiernos están involucrados en estos delitos y por lo tanto los reclamos y pedidos de justicia de muchísimas familias quedan en el olvido.
Los resultados arrojados de la Operación Océano demuestran una vez más la existencia de redes de trata y explotación sexual en Uruguay. Las denuncias de vecinos a lo largo y ancho del país en el pasado, no eran paranoia ni datos sensacionalistas. La explotación sexual y la existencia de estas organizaciones delictivas son una realidad que mantiene bajo amenazas a mujeres, disidencias, niños y adolescentes. En estos últimos días se difundieron datos alarmantes: en una década aumentaron diez veces los casos de explotación sexual de niños y adolescentes.
Desde Pan y Rosas luchamos por visibilizar lo que está sucediendo, nos hacemos eco de las denuncias de vecinos y vecinas que denuncian la impunidad, sin embargo las instituciones encargadas de estos temas en general evitan investigar porque están al tanto del entramado de complicidad que existe en este tema. Encubren y obstaculizan la investigación retardando los expedientes. Urge que la sociedad se involucre, este último caso que tomó conocimiento público conmocionó, pero esto no es un hecho aislado, es un problema muy grave que se extiende en el mundo. Muchas de estas organizaciones de explotación sexual operan de forma internacional, llevando y trayendo mujeres como mercancía con total impunidad comprando de distintas formas el silencio de las autoridades.
Las principales afectadas son las mujeres vulnerables, aquellas que por la pobreza, la desigualdad, o el difícil acceso a la formación y al trabajo caen en la trampa de estos explotadores y otras son arrebatada de sus hogares. Una vez que están en las garras de los explotadores no pueden liberarse porque son amenazadas, golpeadas, y muchas son asesinadas.
Las mujeres, la niñez y adolescencia se encuentran desprotegidas, no se puede confiar en la justicia, la policía y otras instituciones cómplices. Es urgente la conformación de organismos de investigación de las redes de trata en manos de víctimas, sus familiares y organizaciones de mujeres y de derechos humanos independientes del Estado y sus instituciones, para dilucidar cada hecho y avanzar en la lucha por terminar con la violencia, que hoy está legitimada.

Explotación sexual, capitalismo y patriarcado

Esta red que quedó al descubierto vuelve a poner sobre la mesa los profundos lazos existentes entre las situaciones de explotación sexual y el poder; los vínculos entre los empresarios, la clase política y el Poder Judicial que permiten que estas situaciones se sigan generando y perpetuando.
El tratamiento privilegiado que da el Poder Judicial a los acusados al intentar preservar el anonimato y permitirles seguir en libertad mientras no haya sentencia (algo impensable si no fuera por los costosos abogados que los defienden, los contactos y las influencias que manejan) es parte de la impunidad que tienen estos empresarios con amigos en la casta política.
Por detrás de estas situaciones de explotación y abuso sexual que periódicamente salen a la luz, capitalismo y patriarcado aparecen en conjunto para sostener prácticas y creencias que transforman al cuerpo de la mujer en una mercancía. El negocio de la trata, la pornografía infantil y la prostitución mueve cifras millonarias a nivel mundial, convirtiéndose en un gran negocio capitalista.
Solo los privilegios de género y de clase que sostienen este negocio son los que explican la persistencia de este fenómeno que no puede explicarse sin la complicidad de todo un sistema político y judicial que encubre, tolera o promueve este tipo de situaciones.

Uruguay se moviliza el 3 de Junio

El 3 de junio tendrá lugar una nueva marcha por "Ni una menos", en el marco de la situación que se presenta en Uruguay por este caso, las agrupaciones de mujeres convocan a marchar bajo las consignas "Ni una menos por explotación sexual" y "Ni una menos en manos de la trata".
En ciudades como Montevideo, Colonia y otras del país las mujeres se están organizando para esa fecha. Desde Pan y Rosas apoyamos la convocatoria, porque para que la consigna "Ni una menos" sea realidad hay que acabar con la trata y la explotación sexual.
Salgamos a las calles por las que ya no están. Salgamos para que entre todas podamos cambiar esta realidad desde nuestros barrios, pueblos, lugares de trabajo y estudio, para resistir y derribar a los patriarcas que aún siguen haciendo de nuestros cuerpos una mercancía.

Pan y Rosas Uruguay
Sábado 30 de mayo | 21:57