martes, 17 de marzo de 2020

Coronavirus: el capitalismo produce la pandemia




La Organización Mundial de la Salud reconoció el crecimiento de casos en el mundo

En Argentina, todos los elementos que favorecen el desarrollo de la epidemia están más que presentes

El miércoles 11, la Organización Mundial de la Salud reconoció que por su extensión, el coronavirus ya debe ser considerado una pandemia. En las últimas dos semanas, los contagiados fuera de China se multiplicaron por 13 y se triplicaron los países afectados.
Mientras en China el coronavirus retrocede abiertamente, en Estados Unidos está en pleno desarrollo (según algunos datos extraoficiales, los casos autóctonos están superando a los importados). En una semana se pasó de 149 a 972 los casos comprobados y se duplicó el número de muertos. La epidemia puso de relieve que el sistema de salud yanqui, profundamente privatizado, con un sector público raquítico, no es apto para afrontar la enfermedad. A esto se suma que las medidas dispuestas por el gobierno no son de fácil cumplimiento. Las licencias laborales para quienes son posibles propagadores (tomadas por once Estados y 25 ciudades) no se cumplen porque “el 30% de los trabajadores no tiene ese derecho” (El Cronista, 9/3) por la extendida flexibilidad laboral, que hace que los trabajadores teman perder su puestos de trabajo. Ya sucedió en 2012 con la llamada gripe porcina.
En Italia, los casos superan los 10 mil y la tasa de mortalidad es de las más elevadas. El gobierno va improvisando medidas sin éxito. El virus encontró el terreno allanado con un sistema de salud al cual, en los últimos diez años, le sustrajeron 37 mil millones de euros. “En el mismo lapso se han perdido 42.000 operadores de todos los niveles y el nivel de camas bajó de 3,9 al 3,2” (Clarín, 11/3). Al no aplicar el aislamiento de los lugares donde apareció la enfermedad, ha llevado al gobierno a declarar a toda Italia en cuarentena, creando un estado policial para imponerlo con una suerte de toque de queda incluido.
Francia mira a su vecina Italia aterrorizada. Si bien cuenta con un servicio público hospitalario, Macron lo está deshaciendo, le niega presupuesto, los salarios son miserables, la calidad del servicio disminuye cualitativamente, los pacientes menos protegidos optan por quedarse en su casa, faltan materiales como los barbijos y tampoco circula la información. El gobierno se dedica a dar “consejos” de cómo lavarse las manos por ejemplo, pero es un gobierno que carece de credibilidad.
Entre Italia, España, Francia, Alemania y Estados Unidos suman más de 18 mil casos. La expansión de la enfermedad de China al “mundo occidental” no fue inmediata, pasaron semanas. Trump mismo fue acusado de no actuar rápidamente e improvisar medidas. Lo cierto es que la propagación en alza en los países capitalistas más desarrollados está favorecida por varias razones: una es la reducción de gastos del Estado en la salud pública, que se expresa en la falta de establecimientos, de personal, de los llamados kits. La salud en general está encarecida porque es parte de un negocio capitalista favorecido, adrede, por un retiro de la oferta estatal. La otra cuestión es la imposibilidad de tomar medidas de aislamiento de los brotes (como las que se tomaron, por ejemplo, en la ciudad de Wuhan, en China central, donde apareció el primer caso), esto por los costos que los gobiernos no están dispuestos a afrontar y los sectores privados quieren trasladar a las arcas públicas en momentos de fuertes ajustes. Un aspecto central son las relaciones laborales -la informalidad laboral, los regímenes superprecarizados, “el mundo uber”, el trabajo cuentapropista o en negro-, que imposibilitan una acción centralizada del Estado y favorecen la propagación de la enfermedad.

¿Y por casa?

En Argentina, todos estos elementos que favorecen el desarrollo de la epidemia están más que presentes. El gobierno nacional dispuso una suma de 1.700 millones de pesos adicionales para hacer frente la situación, pero esto es nada. La descentralización del sistema de salud, fundamentalmente, y de educación dejan en los presupuestos provinciales en quiebra la atención elemental de la población. Además, los hospitales están desabastecidos, como denunció la asamblea de trabajadores del Argerich, y son los propios trabajadores los que entran en zona de riesgo, poniendo en peligro la atención en los nosocomios.
Las licencias que el gobierno plantea para aislar a quienes hayan estado en contacto con países o personas plausibles de contagio dejan afuera a los trabajadores que están en negro (44% de la población activa) o precarizados.
Mientras el gobierno recomienda lavarse las manos, las escuelas, universidades y centros públicos no disponen de jabón -y a veces ni siquiera de agua- y el alcohol en gel no está garantizado (ni pagándolo). Se exhorta a los mayores de 65 años a un “autoaislamiento social”, cuando muchos de ellos siguen trabajando por las miserables jubilaciones.
Es necesario que los trabajadores tomen el control de la situación para imponer las medidas necesarias: obligatoriedad de licencias por parte de todas las patronales, el Estado debe garantizarle la situación laboral a los trabajadores en negro o precarizados; aumento de los presupuestos en salud, la Nación debe asistir a las provincias; comisiones de control de los trabajadores en los centros de salud para resolver las medidas necesarios y reclamar los fondos correspondientes.

Eduardo Salas

lunes, 16 de marzo de 2020

La pandemia de coronavirus abre una nueva etapa en la historia mundial




Los acontecimientos se mueven a escala mundial a una velocidad vertiginosa. El nuevo coronavirus (COVID-19) ha puesto en marcha una reacción en cadena, que está deshaciendo cualquier apariencia de estabilidad en un país tras otro. Todas las contradicciones del sistema capitalista están saliendo a la superficie.

Miles de personas han perdido la vida y cientos de miles probablemente han sido infectadas. Pero no hay indicios de que la pandemia haya alcanzado su punto máximo. El número de fallecidos aumenta un 20-30 por ciento todos los días. No hay ninguna vacuna a la vista y nadie parece tener un plan razonable para superar la situación. La mayoría de los países actúan por su propia cuenta con poca atención a los consejos de organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los sistemas de salud en los países más afectados están en un punto de quiebre, y los trabajadores de la salud en otros países temen las próximas semanas y meses.
La enfermedad se ha limitado principalmente a China, Irán y los países occidentales. Una vez que llegue a barrios marginales, poblados de chabolas y campamentos de refugiados en África, Oriente Medio, el subcontinente indio y América Latina, donde hay menores instalaciones sanitarias y de salud, seremos testigos de nuevas alturas de devastación. El número de muertes se contará por millones. La destrucción y la dislocación a escala mundial serán similares a las condiciones de tiempos de guerra.
Los mercados de valores ya han reaccionado con fuertes caídas. El lunes, los precios del petróleo cayeron a unos 30 dólares por barril. Le siguieron los mercados bursátiles de todo el mundo. El miércoles, el Banco de Inglaterra anunció la reducción extraordinaria de las tasas de interés en 0,5 puntos. Pero esto no tuvo ningún efecto, ya que los mercados bursátiles continuaron su caída el jueves con el peor día registrado desde 1987. El nerviosismo de los mercados refleja la perspectiva pesimista de la clase dominante. Están aterrorizados por las perspectivas de la economía mundial, que ya se desaceleró.
China, la segunda economía más grande del planeta, tendrá su primer trimestre de crecimiento negativo desde la revolución cultural de Mao a fines de los años 60 del pasado siglo. Se cree que la enfermedad en China fue contenida. Sin embargo, en la provincia de Hubei, el sector de servicios permanece completamente estancado. Las principales industrias están reiniciando la producción, pero a medida que el resto del mundo entra en recesión, hay poca demanda. La gran mayoría de las pequeñas y medianas empresas en China, donde trabajan casi el 80 por ciento de sus trabajadores, aún no han reanudado sus operaciones.
No hay signos de una recuperación rápida. Algunos expertos pronostican que el crecimiento económico mundial podría disminuir al 1 por ciento, frente al 2,6% el año pasado, lo que significaría una serie de países en recesión. Pero esto es una ilusión. La industria, el comercio y el transporte atravesarán ciclo tras ciclo de interrupciones. El consumo caerá. Las líneas de suministro se interrumpirán una y otra vez. La economía mundial sufrirá una profunda crisis.
Europa está siendo golpeada fuertemente, en particular Italia, que es la tercera economía más grande de la eurozona. El consejo de ministros de la Unión Europea se reunió para tomar medidas conjuntas para enfrentarse a la crisis. Pero todo lo que pudieron acordar fue establecer un fondo de € 25 mil millones, gran parte del cual ya está en el presupuesto de la Unión. El resto de sus planes equivalía a levantar las restricciones presupuestarias de los Estados miembros individuales. Básicamente, todos los Estados tienen que valerse por sí mismos, no hay mucha unión allí. Incluso el presidente italiano, generalmente pro-UE, Mattarella, tuvo que criticar la respuesta de la UE en una nota oficial: “Italia está pasando por una situación difícil; nuestra experiencia en contrastar la propagación del coronavirus probablemente será útil para todos los demás países de la Unión Europea. Italia espera, por lo tanto, y con razón, al menos en aras del interés común, iniciativas de solidaridad [de la UE] y no decisiones que puedan obstaculizar este esfuerzo”. De hecho, Italia ahora recibe mucha más ayuda (suministros médicos como respiradores de cuidados intensivos, etc.) de China que de la UE. Austria ya ha cerrado sus fronteras con Italia. Otros países están prohibiendo vuelos hacia y desde Italia. La República Checa ha cerrado sus fronteras a viajeros de 15 países. Francia, Alemania y otros países han impuesto prohibiciones a las exportaciones de ciertos productos médicos. Todo esto se intensificará en cuestión de semanas, si no días. El mercado común se está cerrando gradualmente. Al igual que después del colapso económico mundial de 2008 y la crisis de refugiados, el choque actual está poniendo de manifiesto todas las contradicciones internas de la UE, poniendo un claro signo de interrogación sobre el futuro de la Unión en su conjunto.
Donald Trump, quien hasta hace poco estaba proclamando que el virus no afectaría a los Estados Unidos, se enfureció histéricamente en líneas nacionalistas cuando llamó al COVID-19 un "virus extranjero". Impuso restricciones de viaje a los ciudadanos de países europeos seleccionados y emitió renovados llamamientos a favor de un muro fronterizo con México (a pesar de que México tiene solo 12 casos confirmados). Las restricciones de viajes tienen un efecto inmediato en los sectores turístico y de servicios. Esto probablemente empujará a Estados Unidos a una recesión.
Rusia y Arabia Saudita también se están enfrentando por el nivel de producción de petróleo, un conflicto que ya ha provocado la caída de los precios del petróleo. El resultado podría ser una suspensión de pagos en Rusia. El Estado libanés ya ha incumplido su deuda. Otras economías de nivel medio, como Turquía, Argentina, India, Indonesia, Indonesia y Sudáfrica podrían seguirle en el corto o mediano plazo.
La propagación del virus ha acelerado dramáticamente las tendencias proteccionistas a escala mundial. Cada clase dominante nacional se apresura a defender su propia posición y a exportar los resultados sociales negativos. Las barreras a los desplazamientos podrían conducir fácilmente a barreras comerciales. Las guerras comerciales entre los EEUU y China, y los EEUU y Europa, que muchos pensaron que se habían calmado, podrían estallar nuevamente, de una manera mucho más incontrolable. Esto allana el camino para una depresión similar a la década de 1930, que dure mucho más allá de los impactos inmediatos del virus.
Los burgueses están echando la culpa de la crisis económica al virus. Pero esto fue solo un accidente, que ha puesto de manifiesto todas las contradicciones acumuladas anteriormente en el sistema. Esta es una crisis del sistema capitalista en su conjunto, que se ha venido preparando durante décadas. La clase capitalista logró posponerla por un tiempo, mediante una expansión masiva del crédito. Es decir, acumulando deuda, que ahora se ha convertido en un obstáculo colosal para el crecimiento. Tarde o temprano, la burbuja habría tenido que estallar. Lo predijimos esto en nuestro documento de Perspectivas Mundiales, que fue redactado en noviembre pasado y aprobado en la reciente reunión ejecutiva internacional de la Tendencia Marxista Internacional. El documento dice: “La recuperación fue, en cualquier caso, muy débil y frágil, y cualquier shock podría llevar a la economía al límite. Prácticamente cualquier cosa puede provocar un pánico: un aumento en las tasas de interés en los EEUU, el Brexit, un choque con Rusia, el agravamiento de la guerra comercial entre EEUU y China, una guerra en Oriente Medio que conduzca al aumento de los precios del petróleo, e incluso un tweet particularmente estúpido de la Casa Blanca (y no hay escasez de ellos)".
Desde el punto de vista de la economía, el virus fue simplemente un evento accidental, que expresa una necesidad más profunda y subyacente. Pero también afecta a cómo se desarrollará el proceso en el futuro. Debido a la naturaleza del virus, la capacidad de la clase dominante para aliviar o canalizar la crisis está restringida.
Los efectos de la pandemia devastarán una economía mundial ya débil. Un país tras otro anuncia paquetes de estímulo económico para mantener la economía a flote. Pero los efectos de estas medidas estarán limitados por el impacto de la pandemia, que no desaparecerá pronto. Gran parte del sector de servicios, como cines, cafeterías, restaurantes, etc., se verán gravemente afectados, ya que las personas se alejarán de los lugares de reunión pública. Estos también son sectores en los que predominan las condiciones de trabajo informal, y tendrá un impacto devastador en estos trabajadores. La situación continuará al menos hasta que se encuentren remedios definitivos para la enfermedad. Las principales industrias también verán la producción interrumpida regularmente por nuevos brotes. A pesar de todos los intentos de los gobiernos, el desempleo se disparará. A su vez, el consumo disminuirá y se convertirá en un freno adicional para la economía.
La clase dominante está aterrorizada por las perspectivas de desempleo masivo y la intensificación de la lucha de clases, que podrían estar a la vuelta de la esquina. En muchos países, los gobiernos están tomando medidas especiales, como la concesión de condiciones especiales de licencia por enfermedad para los trabajadores del sector público y otros. Pero estas medidas no se acercan a resolver los problemas de los trabajadores afectados. Algunos bancos están permitiendo que las personas pospongan las hipotecas por unos meses. Las pequeñas y medianas empresas están obteniendo préstamos favorables y rebajas de impuestos. El Parlamento Europeo está discutiendo la suspensión del Tratado de Maastricht, que obliga a los Estados miembros a un déficit presupuestario máximo del tres por ciento. Están expandiendo masivamente el gasto estatal en un intento de evitar una catástrofe.
Pero es muy poco probable que esto resuelva algo. Es poco probable que las medidas keynesianas en esta etapa aceleren el consumo, lo que debido al virus podría deprimirse durante meses, tal vez años. En cambio, podría causar una inflación desbocada en sectores de la economía. Las pequeñas y medianas empresas podrían ir a la quiebra en masa. Los recortes de impuestos y los préstamos baratos solo llevarían el problema a un futuro no muy lejano. Millones de empleos todavía estarían en riesgo.
En Occidente, grandes cantidades de empleos en las industrias de servicios, construcción y transporte se han precarizado, y serían los primeros en perderse. En Italia, una gran parte de la fuerza de trabajo, especialmente en los sectores más afectados como la industria turística, hoteles, restaurantes, etc., consisten en mano de obra informal. En los países más pobres, la situación es peor. En Irán, por ejemplo, el 96 por ciento de la fuerza laboral está trabajando en los llamados contratos "en blanco", que dejan a los trabajadores sin derechos. En todos los países, el desempleo se convertirá en una fuente de radicalización masiva.

Unidad nacional

Las clases dominantes y sus gobiernos hacen llamamientos para que sus respectivas naciones se unan en un momento de crisis. Pero detrás de esta ilusión, están descargando la carga principal del desastre sobre la clase trabajadora. Un gobierno tras otro está aplicando medidas draconianas. En Italia, Dinamarca y China, algunas áreas han estado funcionando como si estuvieran bajo la ley marcial.
En China, los trabajadores de las principales fábricas de acero se vieron obligados a permanecer en el trabajo durante casi un mes sin derecho a volver a casa. En Italia, se trabaja con médicos y enfermeras hasta que colapsan. Mientras tanto, se les pide a los trabajadores del sector privado, particularmente en la industria, que sigan trabajando. Muchos ahora se preguntan cuál es el significado de esto. Si, desde el punto de vista de luchar contra la propagación de la pandemia, el consejo es quedarse en casa, ¿por qué deberían los trabajadores ir a trabajar en sectores no esenciales de la economía? La respuesta es clara: para mantener las ganancias de los capitalistas en la medida de lo posible. A pesar de que su derecho de huelga ha sido severamente restringido por las medidas de emergencia, los trabajadores en Italia están tomando medidas. Hay una ola de huelgas espontáneas que se extienden por el país, con los trabajadores protestando por la falta de medidas de seguridad adecuadas. Los huelguistas exigen que se cierren las fábricas que producen productos no esenciales, sin pérdida de salario para los trabajadores, hasta que se introduzcan las condiciones sanitarias adecuadas. Esto ha ejercido una enorme presión sobre las direcciones sindicales de las confederaciones CGIL-CISL-UIL, que hasta entonces estaban presionando junto con la patronal de Confindustria para mantener abiertas las fábricas. Todo esto es una anticipación de futuros acontecimientos.
Por ahora, las restricciones en China se están suavizando, pero es probable que se vuelvan a imponer una vez que despegue un nuevo brote. Dinamarca e Italia están cerradas. Muchos otros países tendrán que hacer lo mismo. Los gobiernos están tratando de parecer que están "haciendo algo". Si bien algunas de las medidas tomadas tienen sentido desde un punto de vista epidemiológico, se ven socavadas por la propiedad privada, la anarquía del capitalismo y la existencia de los Estados nacionales. Por lo tanto, vemos proveedores de atención médica privados que desvían a los pacientes con coronavirus al sector público. Seguros de salud privado que se niegan a cubrir los costos de las infecciones por coronavirus. Faltan kits de pruebas, que se producen en el sector privado. Se les pide a las personas que se queden en casa, mientras que a los trabajadores se les pide que continúen yendo a trabajar. ¡Las empresas privadas se están beneficiando al aumentar el precio de los desinfectantes de manos, de las mascarillas e incluso de los kits de prueba de coronavirus! Finalmente, el hecho de que diferentes gobiernos ni siquiera puedan coordinar sus respuestas, y estén adoptando enfoques diferentes y a menudo contradictorios, socava la lucha para contener la pandemia.
En Estados Unidos, Donald Trump negó que la enfermedad representara una amenaza, hasta el 11 de marzo. En China, el gobierno, temeroso de dañar la frágil economía, se negó a actuar contra la epidemia durante semanas. En cambio, los investigadores y los denunciantes fueron encarcelados y perseguidos. En Irán, el régimen se negó incluso a reconocer la existencia de la enfermedad durante semanas para mantener la participación en las elecciones parlamentarias lo más alta posible. Hasta el día de hoy, el régimen está encubriendo la gravedad de la enfermedad. Oficialmente, solo unos pocos cientos de iraníes han muerto por el coronavirus, pero los informes no oficiales de muertes son muchas veces más que esto. Es probable que el número de personas infectadas ya sea de decenas, o cientos de miles.
Cuando se le preguntó al Líder Supremo Jamenei sobre qué medidas particulares podrían tomar las personas contra el virus, sugirió que rezaran. Por supuesto, eso solo cuenta para los pobres. Tengamos la seguridad de que si Jamenei se infectara, recibiría la mejor atención médica científica disponible. También parece que la principal fuente de propagación de la enfermedad en Irán ha sido el santuario sagrado de Qom, donde los peregrinos acuden en masa para ser sanados. Todo esto está socavando toda la base del régimen teocrático. Pero al negarse a aceptar esto, el establishment religioso está desafiando las medidas de seguridad y pintando la epidemia como nada más que una teoría conspirativa occidental. Todo esto está preparando una furiosa reacción en contra de las masas iraníes, que están pagando la podredumbre de la clase dominante con sus vidas.
Mientras tanto, la intervención contra la enfermedad se ve obstaculizada por décadas de recortes en los sistemas de salud. En Italia, se recortaron 46.500 empleos en el sector de la sanidad entre 2009 y 2017. 70.000 camas hospitalarias se han perdido. Italia tenía 10,6 camas de hospital por cada 1.000 habitantes en 1975, ¡ahora es de 2,6! Gran Bretaña pasó de 10,7 camas por cada 1.000 habitantes en 1960 a 2,8 en 2013. ¡Entre 2000 y 2017, el número de camas de hospital disponibles se redujo a un 30 por ciento en Gran Bretaña! Las mismas condiciones existen en todo el mundo occidental. En Italia, los trabajadores de la salud a menudo tienen que decidir a quién pueden tratar, ya que solo hay instalaciones limitadas, lo que significa que muchos morirán, en su mayoría ancianos, debido a la falta de recursos. A medida que aumenta el número de casos, los sistemas de salud se ven sometidos a una intensa presión. Podrían colapsar, dejando a cientos de miles que se valieran por sí mismos. Los ricos, con acceso a atención médica privada, se librarán de tal barbarie. En Irán, toda una serie de ministros, parlamentarios y altos funcionarios recibieron tratamiento inmediato y se están recuperando después de haber sido infectados por el virus. Mientras tanto, decenas de miles de personas comunes luchan para hacerse la prueba. En el trágico caso de una enfermera, el resultado de su prueba llegó una semana después de su muerte.
En Singapur, toda la población recibió equipos médicos y de seguridad, como mascarillas. Y en China, se construyeron inmediatamente una serie de hospitales para hacer frente a la situación, y se llevaron a cabo pruebas a decenas de miles de personas, incluso a aquéllas sin síntomas. En Gran Bretaña, el gobierno no parece haber hecho ningún intento de prepararse para el desastre que seguramente vendrá. Las pruebas se han reducido. Incluso las personas que llegan a casa desde el norte de Italia y que han mostrado síntomas del virus no han podido hacerse la prueba. Ayer, Johnson tuvo que admitir que 10.000 personas probablemente ya estaban infectadas en el Reino Unido. Sin embargo, se negó a cerrar grandes eventos y reuniones como se ha hecho en Italia, e incluso en Escocia. Dijo fríamente que la población debería prepararse para "perder a sus seres queridos antes de tiempo". Como se dice acertadamente en un artículo del New York Times: ‘Reino Unido. Protege su economía del virus, pero no a su pueblo".
La actitud cínica del primer ministro Boris Johnson quedó expuesta en una entrevista reciente en la que se le preguntó sobre cómo podría tratarse la enfermedad. Casualmente mencionó, como alternativa, que "... que tal vez podríamos aceptarla sin quejarnos, dejar que se expanda por la población, sin tomar tantas medidas draconianas". En otras palabras, quizás podríamos dejar morir a miles de personas sin tomar medidas serias, para asegurar que los negocios funcionen como siempre. Este enfoque fatalista, que es compartido por otros países, como Suecia y los EEUU, fue criticado implícitamente por la OMS, que solicita a sus Estados miembros que continúen intentando contener el virus.
Sin duda, hay un elemento de maltusianismo en estos comentarios, que refleja la mentalidad podrida de la clase dominante. Es decir, la idea de que la pobreza, las guerras y las epidemias reflejan la superpoblación del mundo y que son necesarias para mantener baja la población. Jeremy Warner, un periodista del Telegraph, escribió: "Para no poner demasiado enfoque en ello, desde una perspectiva económica totalmente desinteresada, el COVID-19 podría incluso ser levemente beneficioso a largo plazo al eliminar desproporcionadamente a la población dependiente mayor". Entonces, el pensamiento de la burguesía es dejar que la enfermedad se transmita a la población, "sacrificando" tantos como sea posible de una vez. Entonces, Gran Bretaña podría salir de la recesión más rápido que otros países, al estar aplicando las medidas de protección con más demora.
El sistema de salud de los Estados Unidos está particularmente mal equipado para lo que está por venir. Millones de personas sin seguro médico podrían enfrentarse a condiciones horribles. Es posible que el gobierno asegure temporalmente a las personas en esta situación. Pero esto no resolverá el problema con el decrépito sistema de salud existente, que tendrá que lidiar con los niveles de enfermedad que le esperan. El sistema estadounidense solo está orientado a una cosa: canalizar dinero a los bolsillos de grandes compañías médicas y farmacéuticas. No está en un estado de lidiar con un desastre nacional en los niveles que esperamos ver.
En las últimas semanas, no se ha llevado a cabo ninguna preparación. Los hospitales no tienen un plan, no se ha proporcionado capacitación, y el equipo es escaso. El Centro para el Control de Enfermedades de EEUU también se negó a usar los kits de prueba de coronavirus de estándares internacionales, desarrollados en Alemania, y en su lugar pretende optar por desarrollar sus propias pruebas desde cero. Pero esto se ha encontrado con muchos problemas, lo que significa que las pruebas se han empezado a hacer muy tarde y no hay suficientes para todos. Además, las estaciones de prueba son pocas y, en consecuencia, la recolección de los datos de las pruebas requiere mucho tiempo. Mientras tanto, el 6 de marzo, cuando Corea del Sur ya había realizado 140.000 pruebas, ¡Estados Unidos solo había realizado 2.000! El resultado es que no hay una visión clara de cuánta gente en realidad, tiene la enfermedad en los Estados Unidos. No se toman medidas serias para proteger a la gente común de la crisis económica y de salud. Sin embargo, inmediatamente después de la escalada de la crisis, la Reserva Federal de los Estados Unidos inyectó $ 1.5 billones de dólares en los mercados para salvaguardar a las grandes empresas.
La incompetencia de toda la clase capitalista y sus instituciones está en plena exhibición. Donald Trump parece estar completamente alejado de la situación y todas sus acciones parecen estar preparando un desastre aún peor. Al final, esto podría conducir a la caída de Trump. Mientras tanto, el llamamiento a favor de asistencia sanitaria gratuita y nacionalizada podría encontrar un amplio eco.
En cada giro de la situación, la avaricia y la podredumbre de la clase dominante se revelarán cada vez más. Este patrón se replicará en todo el mundo a medida que la enfermedad avance de un país a otro.
La tarea de los marxistas será dejar en evidencia a la clase dominante y la farsa de la unidad nacional. Debemos mostrar cómo los intereses de la clase dominante parasitaria son diametralmente opuestos a los del resto de la sociedad:
En todas partes, debemos plantear la demanda de la expropiación de todas las instituciones de salud privatizadas. Toda la industria farmacéutica y de la salud debe ser nacionalizada inmediatamente bajo el control de los trabajadores para planificar un alivio inmediato y efectivo a todos aquellos que lo necesitan.
El número de camas debe incrementarse dramáticamente y, si es necesario, se deben establecer nuevos hospitales de inmediato, ya sea requisando y reutilizando edificios vacíos como hoteles y similares, o construyendo nuevas instalaciones desde cero.
Se debe garantizar el pago ilimitado por enfermedad para todos, y la fuerza laboral informal debe ser registrada de inmediato, o se les deben garantizar subsidios equivalentes a un salario digno para los trabajadores que han perdido sus empleos. Los padres y cuidadores deben recibir un permiso remunerado para cuidar a los niños y a los afectados por el cierre de escuelas, guarderías, etc.
Se deben imponer estrictos controles de precios a todos los bienes necesarios. Expropiación de fábricas capaces de producir los productos de higiene y equipos médicos, tan escasos actualmente.
Todos los desahucios y embargos deben ser bloqueados. Las casas vacías que se utilizan como vehículos para la especulación de los súper ricos deben estar bajo control público para proporcionar alojamiento a las personas sin hogar.
Toda la producción no esencial debe detenerse en las áreas afectadas para evitar la propagación de la enfermedad, garantizando a los trabajadores el pago completo de sus salarios siempre que las empresas estén cerradas. Toda subcontratación del sector público debe finalizar inmediatamente, con servicios prestados internamente y sus trabajadores contratados por el Estado, para garantizar que continúen recibiendo sus salarios.
Deben establecerse medidas de salud y seguridad en el trabajo en todas partes, con los costos a cargo de las empresas. Si los empresarios afirman que no tienen dinero, entonces debemos exigir que abramos sus libros de cuenta.
Dichos pasos deben ser discutidos y decididos por los propios trabajadores, con los delegados sindicales y los comités de empresa que supervisen su aplicación. Si la presencia sindical es débil o inexistente, entonces esta es la oportunidad de comenzar a organizarse y exigir el reconocimiento de los derechos sindicales.
Los recursos necesarios para combatir la pandemia no se pueden encontrar aumentando el déficit presupuestario ni la deuda nacional, que los trabajadores pagarán con austeridad más adelante. Se debe introducir un impuesto inmediato sobre las grandes empresas. También debemos hacer un llamamiento a la nacionalización de los bancos para dirigir los recursos a donde se necesitan, proporcionando fondos a los hogares, las pequeñas empresas y los sectores afectados por el cierre.
Las industrias que se enfrenten a la bancarrota deben nacionalizarse y ponerse bajo el control de la clase trabajadora, a fin de proteger el trabajo y los medios de vida de los trabajadores. Y la riqueza ociosa de los monopolios debe ser expropiada para financiar las medidas de emergencia requeridas.
Es tarea de los marxistas llamar la atención sobre la incapacidad de la clase capitalista para llevar a la sociedad hacia adelante. Debemos explicar pacientemente que solo la clase trabajadora, al tomar el poder en sus propias manos, puede mostrar una salida a este impasse.

Un nuevo periodo

Lo que estamos presenciando es la apertura de un nuevo período en la historia mundial. Un período de crisis: de guerras, revoluciones y contrarrevoluciones. Como una roca arrojada a un charco de agua, los efectos de esta crisis crearán olas que se extenderán a todos los rincones del mundo. Esta será la mayor dislocación de la sociedad desde la Segunda Guerra Mundial. Todos los regímenes caerán en la confusión y se destruirá el equilibrio social, económico, diplomático y militar.
Como hemos explicado muchas veces antes, la clase dominante nunca resolvió las contradicciones que llevaron a la crisis económica mundial de 2008. Simplemente volvieron a inflar la burbuja, que ahora se dispone a estallar nuevamente. Al mismo tiempo, la pandemia hará que la crisis inicial sea muy abrupta y mantenga un efecto depresivo en la economía por al menos hasta dos años. Pero cuando la pandemia termine, no habrá una vuelta a la "normalidad". La próxima década será mucho más turbulenta que la anterior.
Lo más importante para los marxistas, la conciencia de las masas pasará por cambios dramáticos. El proceso será muy similar a las situaciones de guerra. La crisis y el desempleo masivo estarán a la orden del día. Se impondrán medidas draconianas a la clase trabajadora.
En la primera etapa, la clase dominante intentará estabilizar la situación apelando a la unidad nacional. El período pasado ha erosionado la autoridad del establishment y sus políticos. Sin embargo, muchas personas aceptarán las nuevas condiciones porque pensarán que son temporales y necesarias. Muchos pensarán que el Estado está actuando en interés de la nación. Pero poco a poco, quedará claro a quién se le pide que pague y qué intereses están siendo protegidos. Se le pedirá a las masas que hagan más y más sacrificios para la clase dominante. Pero hay un límite. Una vez alcanzado esto, la aparente docilidad de hoy se transformará en furia rabiosa.
La base para la transformación de la conciencia descansará en los grandes acontecimientos del futuro. Acontecimientos que sacudirán la conciencia hasta la médula y la obligarán a reevaluar todo lo que está en pie. Todo lo que la gente común da por sentado cambiará, desde los hábitos cotidianos más pequeños hasta las normas y tradiciones nacionales. Esto obligará a las masas a salir de su inercia y pasar al escenario de la política mundial. Mientras tanto, cada parte del status quo se desintegrará y las masas se enfrentarán a la barbarie desnuda del capitalismo.
Trotsky, escribiendo sobre Gran Bretaña en 1921, explicó este proceso tal como ocurrió en la Primera Guerra Mundial:
“No debe olvidarse que la conciencia humana, tomada a la escala de la sociedad, es terriblemente conservadora y lenta. Solo los idealistas imaginan que el mundo avanza a través de la libre iniciativa del pensamiento humano. De hecho, el pensamiento de la sociedad o de una clase no da un solo paso adelante, excepto cuando hay una extrema necesidad para hacerlo. Donde es posible, las viejas ideas familiares se adaptan a los nuevos hechos. Hablamos con franqueza si decimos que las clases y los pueblos hasta ahora no han mostrado una iniciativa decisiva, excepto cuando la historia los ha azotado con su fusta poderosa. Si las cosas hubieran sido diferentes, ¿la gente habría permitido que ocurriera la guerra imperialista? Después de todo, la guerra se acercaba a los ojos de todos, como dos trenes que se precipitan el uno hacia el otro a lo largo de una sola vía. Pero los pueblos permanecieron en silencio, observaron, esperaron y continuaron viviendo sus vidas familiares, cotidianas y conservadoras. Los terribles trastornos de la guerra imperialista eran necesarios para introducir ciertos cambios en la conciencia y en la vida social. Los trabajadores de Rusia derrocaron a los Románov, expulsaron a la burguesía y tomaron el poder. En Alemania se deshicieron de los Hohenzollern, pero se detuvieron a mitad de camino... La guerra era necesaria para que estos cambios tuvieran lugar, la guerra con sus decenas de millones de muertos, heridos y mutilados... Qué prueba más clara de cómo de conservador y lento para moverse es el pensamiento humano, cuán tercamente se aferra al pasado, a todo lo que se conoce y es familiar, ancestral, hasta el siguiente latigazo".
Ya ahora, vemos las primeras etapas de este proceso. En Irán, la ira revolucionaria está en todas partes. Un tuit que explicaba la desesperación de la gente decía: “Mi tío abuelo murió hace dos días debido al coronavirus. Desde los siete años, con la muerte de su padre, y hasta los 77 años, fue un trabajador. En la crisis que se extendió por Qom, no pudo quedarse en casa porque tenía que elegir entre el pan y su vida. Este es el pensamiento más amargo en mi mente".
Sí, ese es un pensamiento muy amargo, similar a los pensamientos que pasan por las mentes de millones de personas. Miles de personas mueren por nada más que la avaricia y la incompetencia de la clase dominante. La amenaza del virus es lo único que detiene el movimiento. Pero eso es solo un factor de demora. Una vez que el polvo se asiente, las masas comenzarán a moverse nuevamente.
En Ecuador, Lenín Moreno ha introducido un paquete de austeridad para hacer frente a los efectos de la crisis. Esto casi seguramente conducirá a nuevos levantamientos solo meses después de que el gobierno fuera casi derrocado por un movimiento de masas. En toda la Península Arábiga, la Revolución Árabe solo se detuvo al aumentar el gasto social. Pero con la disminución de los precios del petróleo eso ya no es viable y la austeridad estará en el orden del día. En China, los expertos han dicho durante años que era necesario un crecimiento del PIB del 6 por ciento para evitar disturbios sociales. Bueno, esas cifras son ya cosa del pasado.
En Italia, se está desarrollando un estado de ánimo similar. En particular, entre los que están en la primera línea: médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud que están sobrecargados y que tienen que compensar con un sobreesfuerzo la falta de recursos que les dan las autoridades. No pueden moverse en este momento debido a la pesada carga sobre sus hombros. Pero tampoco olvidarán lo que ven. Cuando tengan la oportunidad de respirar, estas capas comenzarán a moverse hacia la ofensiva.
Los países capitalistas avanzados no se salvarán. Aquí, las masas están entrando en la crisis, no después de un período de crecimiento y prosperidad, sino después de más de 10 años de austeridad y ataques tras la crisis de 2008. La confianza en las autoridades y el establishment ya está en su punto más bajo. El acaparamiento y la falta de atención a las directivas de seguridad en algunas áreas son signos de esto. Y además, en lugar de volver a los niveles de niveles de vida anteriores a 2008, recibirán desempleo masivo y pobreza nunca antes vistos en el período de posguerra. Esto les obligará a seguir el camino de la lucha.
En el curso de la lucha, la clase trabajadora se transformará y con ella, su dirección y sus organizaciones. En este proceso, se abrirán muchas oportunidades para que los marxistas ganemos audiencia para nuestras ideas, primero entre las capas avanzadas y luego entre la masa de la clase trabajadora. Nuestras ideas son las únicas que pueden explicar los acontecimientos que tienen lugar hoy.
En todos los niveles, el desastre al que nos enfrentamos es producto del sistema capitalista. Desde la destrucción del medio ambiente que conduce a un aumento de las epidemias; a la industria farmacéutica corroída, que solo está interesada en invertir en el desarrollo de nuevos medicamentos si estos son potencialmente rentables; y hasta los sistemas de salud que han estado sujetos a años de recortes, privatizados y subcontratados hasta el punto de que no pueden hacer frente a ningún cambio repentino. Además, la clase dominante y sus lacayos en los gobiernos de todo el mundo han demostrado ser completamente incompetentes para apuntalar las defensas contra la enfermedad. En cada momento, sus vacilaciones para sacrificar cualquiera de las ganancias de los empresarios han permitido que la epidemia se extienda aún más. Bajo la guía de responder a la pandemia, intentarán cargar su costo y la crisis económica sobre los hombros de la clase trabajadora.
El medio ambiente se encuentra en un estado lamentable, un número sin precedentes de inundaciones y sequías están golpeando varias áreas del mundo, y enjambres de langostas están amenazando el sustento de decenas de millones de personas. Se desatan guerras y guerras civiles en África y Oriente Medio. Una catástrofe tras otra está golpeando nuestro planeta. Pero, todo esto no anuncia la vuelta del Mesías, como algunos podrían sospechar. Son los dolores de muerte de un sistema que se ha convertido en un obstáculo para la sociedad humana. La elección entre socialismo y barbarie no podría ser más clara. El capitalismo es horror sin fin. Pero en medio de su horror, está forjando su propio sepulturero: la clase trabajadora, que está agrupando tras de sí a los pobres y los oprimidos. Una vez que los trabajadores comienzan a moverse, ninguna fuerza en el planeta podrá detenerlos.

Hamid Alizadeh

domingo, 15 de marzo de 2020

Política socialista en Rosa Luxemburgo




A propósito de la conmemoración del centenario de su asesinato, el año pasado se publicaron un sinnúmero de artículos en homenaje a la revolucionaria polaca. El presente trabajo se sitúa en la misma línea de estos.
O sea, reivindica el pensamiento y acción de Rosa Luxemburgo como militante socialista, rescatando una serie de elementos que resultan de especial relevancia para la política revolucionaria en los tiempos actuales.
Hay si una diferencia. La reivindicación de la figura y pensamiento de Rosa Luxemburgo se hace no sin constatar una práctica que se ha vuelto común entre los escritores de izquierda, a saber: servirse de una figura de renombre en el campo del marxismo (Marx, Engels, Lenin, Gramsci u otro) para hacer pasar ideas de cosecha personal como supuestamente propias de la autoridad a la que se apela, intentando además hacerlas coincidir con tal o cual corriente académica en boga –que poca o ninguna relación guardan con el marxismo– como signo de respetabilidad intelectual.
Esto, aparte de ser una práctica poco rigurosa, en el caso particular de Rosa Luxemburgo, denota la deshonestidad intelectual que hoy campea en cierta producción teórica de la izquierda latinoamericana. Deshonestidad que incluso raya en la desfachatez a la luz del estilo literario simple, directo y claro que ella desarrolló. En efecto, sus escritos no dejan espacio a la ambigüedad. No se iba con medias tintas ni pelos en la lengua, plasmando su propia personalidad como militante y propagandista socialista.
Aun así, a Rosa Luxemburgo se le suelen atribuir posiciones e ideas que poco o nada tienen que ver con lo que defendió en sus escritos, atribuyéndosele posiciones que incluso explícitamente rechazó. Es lo que sucede, por ejemplo, con la cuestión del imperialismo y las luchas nacionales. Hay otras también que resultan en gran medida desconocidas, siendo necesario detenerse en ellas.
Sin pretensión de mayor sistematicidad ni ánimo de agotarlas, se relevan algunas ideas luxemburguistas cuya reivindicación resulta crucial para la elaboración política socialista contemporánea, destacando entre estas la cuestión del internacionalismo, la relación de la teoría con la elaboración programática y la política socialista y la importancia de la discusión en la construcción político-orgánica.

Internacionalismo: «¡Preferimos perder la vida antes que ser infieles a este ideal!»

En verdad sorprende que algunos de los propagandistas actuales de la izquierda latinoamericana –siguiendo sus propias ideas preconcebidas– hayan logrado poner en circulación una imagen adulterada de Rosa, amoldándola más a la de una nacionalista pequeñoburguesa que a la de una internacionalista revolucionaria, que es lo que realmente en vida fue.
En su triple condición de mujer, judía y polaca, tres minorías discriminadas social y culturalmente a lo largo de la historia, nada le hubiese resultado más sencillo que adoptar sin más el credo nacionalista pequeñoburgués que hoy predomina en la izquierda, el cual propugna la defensa abstracta de los “más débiles” y “desposeídos”, rasgando vestiduras y derramando lágrimas por cada “pequeña” nación agredida por el “imperialismo” (que en estricto rigor se reduce exclusivamente a la denuncia de las intervenciones del gobierno norteamericano).
Sin embargo, no fue así. Por el contrario, apegada a la concepción marxista marxista, Rosa adoptó una inflexible postura internacionalista ante el problema de las disputas entre Estados burgueses. En eso no se dejó nunca embaucar por la fraseología izquierdizante del nacionalismo pequeñoburgués ni intimidar por el matonaje militarista.
El internacionalismo constituía para ella una de las piedras angulares del socialismo moderno, sin el cual le era imposible a la clase obrera liberarse de la tutela ideológica del capital. Tanto era su apasionamiento en la lucha contra toda variante del nacionalismo entre los trabajadores que, en el transcurso de las disputas políticas en el período de la Primera Guerra Mundial, sostenía la posición de que:
tenemos que educar a cada proletario con conciencia de clase alemán, francés y de los demás países, en la convicción de que la confraternización de los trabajadores del mundo es para nosotros lo más elevado y lo más sagrado en la Tierra; es la estrella que nos guía, nuestro ideal, nuestra patria.
Rematando con la frase:
¡Preferimos perder la vida antes que ser infieles a este ideal! [i]
Y efectivamente así fue. La vergonzosa capitulación de la socialdemocracia alemana frente al nacionalismo de la burguesía teutona, que Rosa no se cansó de denunciar, y su tenaz internacionalismo fueron causas determinantes que gatillaron el trágico final de su vida.
Por otra parte, el «tenemos que educar [sic] a cada proletario» en el internacionalismo no es una declaración vacía de buenas intenciones lanzada al boleo, sino una de las tareas prácticas primordiales que Rosa le atribuía a la organización política de la clase trabajadora, tanto en tiempos de “paz” como –y especialmente– en los de guerra. Esto sigue plenamente vigente, constituyendo una de las tareas ineludibles que cada militante revolucionario bebiese asumir hoy para con los trabajadores. No hay posibilidad en el mundo actual, con un capitalismo globalizado como nunca antes, de levantar una alternativa socialista sin el componente internacionalista, para lo cual hay que educar paciente y tenazmente a las masas trabajadoras.
Como verdadera campeona y defensora intransigente del internacionalismo proletario, tal fue su falta de concesiones al nacionalismo que llegó incluso a cuestionar las perspectivas progresistas de las luchas independentistas en el capitalismo contemporáneo. En base a tal diagnóstico rechazaba la adopción de la consigna de autodeterminación como reivindicación programática de los partidos socialistas; tema que, tanto antes como durante la Primera Guerra, fue un punto de debate con Lenin.
Sin embargo, la discrepancia con este nada tenía que ver con la de apoyar y generar causa común con gobiernos burgueses frente agresiones extranjeras en pos de una supuesta “defensa de la patria”. O con que los socialistas tuvieran que cerrar los ojos y callar las tropelías locales de tales gobiernos en vista a la implementación de una táctica de enfrentamiento del “enemigo principal”, tal como la izquierda latinoamericana lo hace hoy frente a gobiernos como los de la banda Ortega-Murillo en Nicaragua, al chavismo en Venezuela o al del derrocado Evo Morales en Bolivia, llegando incluso a atribuirles fantasiosas características “revolucionarias” y “socialistas” a cada uno de ellos.
Los dos eran luchadores inquebrantables contra el poder estatal burgués, independiente del ropaje específico que adoptase. Sostenían que el enemigo inmediato que enfrenta la clase trabajadora en cada país es su propia burguesía; siendo, por tanto, el deber de los revolucionarios trabajar por su derrocamiento. Allí residía el fundamento de la solidaridad internacional de los trabajadores. En eso había completa coincidencia entre Rosa y Lenin.
Solo es posible compatibilizar la figura de Rosa Luxemburgo con la del nacionalismo pequeñoburgués a costa de una descarada adulteración de su pensamiento en base a una maliciosa omisión y/o manipulación de sus escritos.
Por más pequeña e inocua que parezca, en el aspecto internacionalista de su pensamiento no debe permitirse ningún tipo de falsificación que se preste para presentarla como una defensora de posiciones nacionalistas. Ante cualquier intento en dicha dirección hay que decir inmediata, clara y firmemente lo mismo que en su momento declaró Trotsky frente a las calumnias estalinistas[ii]: ¡Fuera las manos de Rosa Luxemburgo! Que plumíferos del tipo Dr. Boron y similares justifiquen como quieran sus componendas con las distintas representaciones políticas de las burguesías latinoamericanas. Ese es su problema. Pero, ¡fuera las manos de Rosa Luxemburgo!

La importancia de la teoría

Así como hay aspectos del pensamiento de Rosa Luxemburgo que resultan distorsionados en la literatura corriente de izquierda, hay otros, en cambio, que son omitidos, resultando en gran medida desconocidos para quienes se acercan indirectamente a la obra de la revolucionaria. Uno de esos aspectos es el rol que juega la teoría en la elaboración y acción política revolucionaria.
En general, y especialmente en las vertientes popular comunitaristas, se presenta un culto por el espontaneísmo, el cual minusvalora el rol de la teoría en desmedro de la “práctica”. “Práctica” que por lo demás se identifica, estrecha y unilateralmente, con su aspecto subjetivo-individual (ético).
Dicho fenómeno no deja de tener cierta razón de ser en la medida que plantea un rechazo al academicismo vacío que la producción teórica de izquierda ha cobrado en las últimas décadas. En tal “producción teórica” la pedantería intelectual y el lenguaje rebuscado van en sentido inverso a la profundidad y claridad del pensamiento.
No obstante, no se puede soslayar que Rosa era de la idea de que la teoría juega un papel primordial en la elaboración y determinación de la política revolucionaria. De hecho, ella misma fue una brillante exponente de la teoría marxista, realizando importantes avances en el terreno científico de esta.
Precisamente sobre este tema particular ella sostenía que la fuerza del moderno movimiento obrero residía en el conocimiento científico. No en la voluntad de lucha, la acción heroica, la mística u otro elemento similar, sino en el… ¡conocimiento científico!
Se puede establecer así un contraste importante entre las posiciones de Rosa y las del voluntarismo revolucionarista que pregona como fórmula predeterminada, y ante cualquier circunstancia, la “acción”. En estas últimas, toda la política queda reducida –previsiblemente– a consignas como “a la calle”, “luchar hasta vencer” o a recriminaciones moralistas de “consecuentes contra traidores”. Más allá de lacrimosas exhortaciones por la salvación de la humanidad y nostálgicas añoranzas por supuestas “formas comunitarias” de convivencia social, el problema es que con consignas así no se avanza en orientación táctica alguna para las coyunturas concretas que enfrentan los trabajadores.
¿Por qué Rosa sitúa entonces en el conocimiento científico la fuerza del socialismo como movimiento político-social? ¿Por simple desviacionismo intelectual?
El conocimiento científico es el único que permite, de acuerdo a la concepción marxista, desentrañar los mecanismos reales del funcionamiento y tendencias de desarrollo de la sociedad burguesa, a los cuales la política revolucionaria debe ajustarse.
Esto tiene directo impacto para la elaboración programática de las organizaciones revolucionarias. Así,
Si los partidos socialistas no tuvieran un criterio objetivo para establecer claramente lo que corresponde a los intereses de clase del proletariado y se dejaran guiar por lo que ciertas personas consideran bueno o útil para los trabajadores, los programas socialistas serían una colección caprichosa de deseos subjetivos y casi siempre utópicos.
En contraste, la actual socialdemocracia deduce sus intereses inmediatos (las demandas del proletariado actual) […] a partir del análisis del desarrollo objetivo de la sociedad, con el fin de cerciorarse de sus intereses reales e identificar los medios materiales de su realización.[iii]
Por lo tanto, es la consonancia de las reivindicaciones que levanta la organización política con las tendencias del desarrollo capitalista lo que asegura que las primeras expresen los reales intereses de clase de los trabajadores, y no su supuesto radicalismo o que se les pongan altisonantes adjetivos (como, por ejemplo, “clasista”). Precisamente sobre esto advertía cuando señalaba que «el carácter de clase de un postulado no se establece automáticamente por el mero hecho de incorporarlo al programa de un partido socialista»[iv].
La teoría constituye una “traba” (sic) contra la charlatanería y la demagogia revolucionarista al interior de las organizaciones (partidos) socialistas. Al respecto, vale la pena remitirse a los siguientes pasajes:
El socialismo de la moderna clase obrera, es decir, el socialismo científico, no gusta de soluciones radicales, maravillosas y biensonantes a los problemas sociales y nacionales, sino que examina ante todo los verdaderos temas implicados en estas cuestiones.
Las soluciones que propone la socialdemocracia no se caracterizan en general por la “magnanimidad” y, en este sentido, siempre habrá partidos socialistas que, sin las “trabas” que suponen las doctrinas científicas, tengan a punto en sus bolsillos regalos maravillosos para todo el mundo que superen con creces nuestras propuestas […] Comparada con tales partidos, la socialdemocracia es y siempre será un partido pobre […][v]
Remitía al caso del partido socialrevolucionario ruso (populistas), que ofrecía «una receta para la inmediata instauración parcial del socialismo»[vi]. El programa de “poder popular” de las actuales vertientes comunitaristas coincide en gran medida con los planteamientos del populismo ruso que ella denunciaba, aplicándosele, en consecuencia, los mismos reparos hechos por Rosa a aquél.
Precisamente contra este tipo de planteamientos retrucaba:
La socialdemocracia, en cambio, asienta firmemente sus aspiraciones en terreno histórico y, por consiguiente, tiene en cuenta las posibilidades históricas. El socialismo marxiano difiere de los demás socialismos porque, entre otras cosas, no finge tener parches en sus bolsillos para tapar todos los agujeros que ha creado el desarrollo histórico.[vii]
En otras palabras, un programa socialista no puede ser un ofertón de medidas demagógicas e inconsistentes, sin ninguna posibilidad práctica real de ser llevadas a cabo.
Parte importante de la impotencia política actual de las organizaciones de izquierda radica en el abandono de la teoría (marxista) o de su rebaja a mero adorno. En este último caso, resulta evidente que la teoría y el análisis riguroso de la realidad no desempeñan ningún rol significativo, salvo el de servir de justificación a posteriori de una práctica política oportunista definida de antemano.
La teoría es parte intrínseca de la política socialista. Por lo mismo, la formación es una tarea ineludible al interior de las organizaciones revolucionarias. No se trata de una formalidad administrativa o una cuestión de “identidad cultural” militante (“ser marxistas”), en que, una vez terminadas las respectivas “escuelas de cuadros”, la teoría termina archivada y olvidada; sino de un elemento central sobre el cual la organización se juega la posibilidad de determinar las líneas de intervención correctas en la realidad política.
La formación teórica cumple además otra función. Constituye un elemento fundamental de cualquier vida militante orgánica activa. Democratiza y sienta los debates sobre una base racional y objetiva, inmunizando a las organizaciones contra el caudillismo y la demagogia interna, ya que solo una militancia formada teóricamente es menos propensa a ser embaucada, manipulada y arrastrada hacia cursos de acción sin sentido.

Programa y política revolucionaria

El programa es el centro unificador de toda organización política, esté o no formulado explícitamente. Lo ideal es que esta tenga uno escrito, de público conocimiento, susceptible de ser abiertamente discutido y modificado si el desarrollo capitalista y las circunstancias de la lucha política así lo requieren. Sin embargo, si no es así, no por eso deja de estar presente.
Rosa puso especial atención a la cuestión programática. De acuerdo a ella, la particularidad de los programas políticos de los modernos partidos obreros radicaba en que:
no buscan afirmar principios abstractos relativos a un ideal social, sino solo formular aquellas reformas sociales y políticas prácticas que necesita y exige el proletariado consciente en el marco de la sociedad burguesa para facilitar la lucha de clases y su victoria final.
Contraponía “principios abstractos relativos a un ideal social” con el simple y sencillo criterio de “reformas sociales y políticas prácticas en el marco de la sociedad burguesa” (programa mínimo) como el elemento diferenciador de un programa socialista anclado en la clase trabajadora. Así:
Los elementos de un programa político [socialista] se formulan pensando en objetivos concretos: dar soluciones directas, prácticas y factibles a los problemas más candentes de la vida social y política, que tienen que ver con la lucha de clases del proletariado; servir de líneas orientativas para la política cotidiana y sus necesidades; iniciar la acción política del partido obrero en la dirección correcta; y finalmente, separar la política revolucionaria del proletariado de la política de los partidos burgueses y pequeñoburgueses.[viii]
Como se aprecia, para Rosa la elaboración programática revolucionaria es algo bastante más sutil y complejo que la simple apelación a magnánimos “principios abstractos relativos a un ideal social” del tipo, pongamos el caso actual: “fin al lucro”, “poder popular comunitario”, etc., por nombrar solo algunas de las reivindicaciones programáticas de amplia circulación en los círculos revolucionaristas.
Antes bien, y a contrapelo de lo anterior, los elementos programáticos (mínimos) se formulan más pedestremente pensando en reformas (si… ¡reformas!) sociales y políticas con “objetivos concretos”, que propongan “soluciones directas, prácticas y factibles” en el “marco de la sociedad burguesa”.
Otro aspecto en que cabe también reparar es que Rosa no sitúa el punto diferenciador de los programas socialistas en los métodos de lucha específicos para llevarlos a cabo. Naturalmente, cada reivindicación que, en pos de los intereses de los trabajadores, la organización revolucionaria impulse debe «identificar los medios materiales de su realización», de lo contrario se convierten en un mero ejercicio retórico. Sin embargo, ese problema se sitúa en un nivel distinto del de la elaboración político-programática propiamente tal.
Por ejemplo, la reivindicación de reducción de la jornada laboral no se ve alterada en nada si esta es implementada por una ley aprobada en el Parlamento burgués o como medida ejecutiva impuesta dictatorialmente por un gobierno revolucionario surgido de una insurrección popular. Los efectos sobre las condiciones de vida de los trabajadores son, en ambos casos, los mismos.
En dicho ejemplo, la reivindicación no resulta ser más o menos “revolucionaria” según cómo se promulga e implementa. Obviamente hay reivindicaciones que exigen tales o cuales “medios materiales” –y excluyen otros– para su implementación, y eso la organización revolucionaria tiene que aclararlos tanto a su militancia como a las masas. Sin embargo, hay demandas de gran interés para los trabajadores que, en el marco normal de la dominación burguesa, no pueden ser sino promulgadas como ley del Estado e implementadas por su institucionalidad. ¿Carecen por eso de importancia para los trabajadores? No. ¿Les resta justeza el que tengan que ser necesariamente aprobadas e implementadas por la institucionalidad burguesa? Tampoco. ¿Se debe restar la organización política de los trabajadores de impulsarlas? De ninguna manera.
De hecho, en la base de la polémica contra Bernstein en Reforma o revolución está la idea de que entre las luchas por reformas en el marco del capitalismo y la revolución no hay una contraposición rígida e insoslayable. Con su tradicional ironía, Rosa planteaba así los términos del problema:
La reforma legislativa y la revolución no son métodos diferentes de desarrollo social que puedan elegirse al gusto en el escaparate de la historia, justamente como se prefieren salchichas frías o calientes. La reforma legislativa y la revolución son factores distintos en el desarrollo de la sociedad dividida en clases. La burguesía y el proletariado se condicionan y complementan mutuamente y son, al mismo tiempo, recíprocamente excluyentes, como los polos Norte y Sur.[ix]
Las formas específicas de llevar a cabo las reivindicaciones programáticas no es una cuestión de principio para las organizaciones revolucionarias, sino práctica. Para esto deben tener en consideración la naturaleza y alcances de las reivindicaciones que se impulsan en determinado momento de la lucha política. La reducción de la jornada laboral no requiere –necesariamente– el derrocamiento de la burguesía; como tampoco a esta se le puede derrocar a través de un plebiscito, por más democrático que este sea.
Naturalmente, el objetivo final que la lucha socialista propugna –la autoemancipación de los trabajadores– fija los contornos generales de los métodos a recurrir. En este sentido, el carácter del proyecto socialista hace que los métodos de lucha por excelencia de la organización revolucionaria sean fundamentalmente los de la lucha de masas.
En tal perspectiva, tanto la acción de una representación política de trabajadores en el Parlamento burgués en pos de la reducción de la jornada laboral, apoyada en una amplia campaña propagandística y de educación entre las organizaciones reivindicativas de estos (sindicatos y otras), como el impulso a la acción insurreccional sobre órganos de poder autónomos en una situación revolucionaria son formas de lucha de masas. No hay oposición de principio entre una y otra. La diferencia está en que en una la cuestión del poder está a la orden del día y en otra no.

Política revolucionaria: educación de las masas y realismo político

Si bien Rosa Luxemburgo fue siempre una acerba crítica desde la izquierda del oportunismo, rompiendo con el conciliacionismo de clase que este propugnaba; no adoptó, sin embargo, posiciones ni impulsó líneas políticas revolucionaristas. En efecto, contrario sensu de la imagen que suele atribuírsele desde el comunitarismo popular, ella no era cultora de un basismo abstracto, el cual pertenece más bien a las tendencias consejistas (Rühle, Pannekoek, Mattick).
Ilustrativo de lo anterior fue la discusión en el Congreso fundacional de Partido Comunista Alemán (KPD) respecto a la participación en las elecciones para la Asamblea Nacional (nótese la similitud de la disyuntiva con la actual situación de la política chilena).
Hacia fines de 1918 y principios de 1919 se había abierto una situación política particular en Alemania: la instauración de la República, que resultaba de la derrota militar y el consecuente colapso del orden monárquico. Junto con el auge del movimiento de masas, estaba además el ejemplo vivo de la reciente toma del poder por los bolcheviques en Rusia apoyados en la fuerza de los soviets.
Así, en la segunda sesión del Congreso, Otto Rühle argumentó contra la participación en las elecciones para la Asamblea Nacional de la siguiente forma:
En la actualidad, nuestra participación sería interpretada como una aprobación de principio con respecto a todo lo que supone la Asamblea Nacional. Una decisión en favor de las elecciones no solo sería censurable, sino que equivaldría a un suicidio, puesto que no haríamos más que ayudar a evitar la revolución en la calle, llevándola al parlamento. Para nosotros no puede haber más que una tarea y esta tarea es la del reforzamiento del poder de los consejos obreros y de los soldados porque, si se desea verdaderamente eliminar la Asamblea Nacional de Berlín en favor de las masas, es evidente que entonces nosotros tendremos que constituir un nuevo poder en la capital.[x]
Rühle cerraba su intervención en medio de repetidas aclamaciones, según consta en las actas del congreso.
¿Hay alguna semejanza entre los argumentos de Rühle y los que hoy sostienen las vertientes popular comunitaristas de la izquierda? Sí, ¡muchas! Tómese nada más eso de «evitar la revolución en la calle, llevándola al parlamento», reemplácese los “consejos de obreros y soldados” por “asambleas territoriales autoconvocadas”, Berlín por Santiago y se tiene prácticamente un texto que se ajusta a la perfección a cualquier panfleto tipo de estas tendencias.
Después de las palabras de Rühle intervino Rosa Luxemburgo. Recibida con vivas aclamaciones, retrucó:
En la fuerza tempestuosa que nos empuja hacia adelante, creo que no debemos abandonar la calma y la reflexión. Por ejemplo, el caso de Rusia no puede ser citado aquí como un argumento contra la participación en las elecciones, pues allí, cuando la Asamblea Nacional fue dispersada, nuestros camaradas rusos tenían ya un gobierno encabezado por Trotsky y Lenin. Nosotros, en cambio, estamos aún en los Ebert-Scheidemann [gobierno burgués socialdemócrata]. El proletariado ruso tenía detrás de sí una larga historia de luchas revolucionarias, mientras que nosotros nos encontramos en el comienzo de la revolución, no teniendo detrás nuestro más que la insignificante semi-revolución del 9 de noviembre. En mi opinión, lo que nosotros debemos hacer es plantearnos la siguiente alternativa: ¿Qué camino es el más seguro para conseguir educar a las masas? El optimismo del camarada Rühle es ciertamente muy hermoso, pero la realidad es que no estamos aún tan avanzados para convertirlo en un hecho histórico. Lo que yo veo hasta el presente entre nosotros es la no-maduración de las masas llamadas a derrocar la Asamblea Nacional. El arma con que el enemigo piensa combatirnos debemos volverla contra él. Por una parte, teméis las consecuencias de las elecciones, y por otra creéis posible abolir la Asamblea Nacional en quince días. La acción directa es seguramente más simple, pero nuestra táctica es justa, en el sentido de que cuenta con un largo camino a recorrer. La acción esencial, desde luego, corresponde a la calle, y esta debe tender en consecuencia al triunfo del proletariado. Pero nosotros entendemos que, previamente y para el apoyo de esa lucha, se hace preciso que conquistemos la tribuna de la Asamblea Nacional.[xi]
A diferencia de Rühle, su intervención fue acogida por débiles aplausos de la audiencia.
¿En qué se parece el razonamiento de Rosa a los planteamientos popular comunitaristas? En nada. De hecho, a la luz de estas tendencias, argumentos así caen fácilmente dentro de motes de “electoralismo reformista”, “traidores del pueblo”, “ilusos”, “entreguistas” o, en el mejor de los casos –y para salvar el honor de Rosa–, de “incautos frente al fraude burgués”.
Sin embargo, lo que hay detrás finalmente de todas estas imprecaciones de Júpiter tronante es el vacío programático que resulta impotente para llevar a cabo una auténtica política de masas en el seno de la clase trabajadora. En vez de llenar de contenido político la acción de las masas y aclararles las tareas que estas tienen por delante, se les prescribe los cursos de acción que debiesen seguir –que se declaren, por ejemplo, en tal o cual estado: de “rebeldía”, de “asamblea” u otro– según imaginarios esquemas preconcebidos.
Ahora bien, lo que importa no es establecer el acierto o no de una determinada opción táctica defendida por Rosa frente a una coyuntura política concreta, ni tampoco reivindicar su aplicabilidad a situaciones actuales; sino relevar el tipo de razonamiento subyacente. Es en dicho sentido que se constata una gran discrepancia entre sus posiciones y las que predominan en los sectores radicalizados de la izquierda. De este modo, así como la figura de Rosa no encaja dentro de los moldes del nacionalismo pequeñoburgués, tampoco se ajusta a los cánones del comunitarismo popular que en muchos casos pretende reivindicarla para su causa.
Hay dos criterios estrechamente imbricados entre sí que constituyen la base de la política socialista en Rosa Luxemburgo que la distancian de los moldes corrientes de la izquierda. Se trata de la educación de las masas y el realismo político.
Siendo la clase trabajadora en su conjunto la encargada de derrocar a la burguesía y materializar el programa socialista, la educación y esclarecimiento político de sus más amplios sectores resulta un objetivo central de la política socialista y condición previa necesaria de la acción revolucionaria de masas.
Considerada en conexión con la relevancia de la elaboración programática, la educación de las masas marca un importante contraste con el revolucionarismo de izquierda. Subyacen diferencias insalvables respecto a qué se entiende finalmente por conciencia de clase, y el concepto y rol de organización política que se desprende.
La conciencia de clase no es un estado de ánimo pasajero inflamado por el descontento de la coyuntura, el cual hay que enardecer con consignas del tipo “luchar hasta vencer”, “revolución, única solución”, etc. La organización política revolucionaria, en consecuencia, no es un grupo agitativo de choque que se pliega a la acción espontánea de las masas, sino fundamentalmente el centro pensante del conjunto de la clase que defiende los intereses generales de esta en cada coyuntura concreta.
Cabe destacar que la educación de las masas como labor de la organización política es un punto nodal de la concepción marxista de partido. Marca también un punto de coincidencia de Rosa con Lenin, para quien, por ejemplo, en la coyuntura rusa de 1917, aun en contexto de ascenso del movimiento de masas y establecimiento de una situación de doble poder (aquí sí, poder popular efectivo y no meramente “comunitario”), la tarea principal del partido bolchevique consistía (Tesis de abril) en «aclararles [a las masas] su error [respecto a la guerra] de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante» y «organizar la propaganda más amplia de este punto de vista». Frente a las ilusiones que las masas depositaban en la burguesía y sus representantes, «nuestra misión solo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz […] Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento […] a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores»[xii].
El realismo político, en tanto, tiene una larga tradición y arraigo en el marxismo, que arranca desde sus mismos orígenes y deriva de la aplicación del materialismo a los fenómenos histórico-sociales. Se trata en esencia de no suplantar los deseos por la realidad. Precisamente en base a este realismo político característico del marxismo, Engels calificaba de ridícula aquella política “revolucionaria” consistente en «lanzar, venga o no a cuento, al buen tuntún, sin conocer ni tener en cuenta la situación, con tonante voz, intimaciones a la revolución»[xiii].
De este modo, coincidentemente con Engels, en Rosa Luxemburgo la política revolucionaria que el movimiento socialista pone en práctica es algo más que “intimaciones a la revolución” e inflamados llamamientos lanzados “al buen tuntún”, “vengan o no a cuento”. La cuestión es más sutil y compleja.

La discusión como ejercicio militante

La discusión es otro aspecto que cobró especial importancia en la vida de Rosa Luxemburgo como militante socialista. Cualquiera que lea sus escritos constará que fue una gran polemista, desarrollando penetrantes razonamientos a través de una mordaz pluma.
Sin negar los caracteres singulares de la personalidad de Rosa que se plasmaban en sus escritos, lo relevante para hoy es el rol que juega la discusión para la práctica militante socialista, tanto para fuera como para dentro de la organización revolucionaria.
Como se mencionó anteriormente, Rosa formuló una serie de reparos al programa de los marxistas rusos sobre la cuestión nacional, lo que le llevó a ser criticada por Lenin. Ya antes había sostenido importantes polémicas con las principales lumbreras teóricas del socialismo internacional de la época, sin que se amilanara frente a personajes de la talla de Bernstein o Kautsky.
No se hará una exposición de los argumentos que cada cual sostenía sobre la cuestión nacional, ya que no importa aquí quién de los dos estaba en la posición correcta; sino simplemente destacar la importancia que cobra ejercicio del debate dentro del socialismo. Son los presupuestos implícitos, las formas de razonamiento y el ejercicio mismo que Rosa Luxemburgo puso en juego en esta y otras cuestiones de particular trascendencia para el socialismo los que finalmente hoy importan.
Un primer aspecto se refiere a la concepción de organización. En efecto, si se concibe a la organización revolucionaria en términos de “cabeza pensante” (núcleo de elaboración política) del conjunto de la clase es natural que la discusión no se tenga por una señal de debilidad; sino, por el contrario, como una de fortaleza, de vida militante activa.
Es, en cambio, cuando se le concibe como un grupo jerárquica y burocráticamente cohesionado (caricatura común del partido leninista) que las sospechas y resquemores hacia la discusión aparecen. Efectivamente, esta “molesta” porque interfiere con la “razón de partido”, especialmente si saca a la luz los yerros de la organización. Inmediatamente entra en escena el burócrata de turno para sugerir que es mejor aplazar “ciertas” discusiones o si no darlas “a la interna”. El mismo personaje que pone reparos a las “formas” porque la militancia podría ofenderse o porque carece de “formación”, sin reparar sobre el fondo ya que –en estricto rigor– él mismo no entiende los argumentos que se plantean.
Sin embargo, no se puede lograr una organización auténticamente revolucionaria –cohesionada en lo interno y con arraigo de masas– acallando las divergencias políticas por medio medidas administrativas (censura, amedrentamiento de militantes, sanciones disciplinarias, expulsiones, etc.). No hay ninguna forma alternativa de zanjar fructíferamente las divergencias políticas internas que no sea sino a través del esclarecimiento y el convencimiento de la militancia. De ahí la importancia que cobran las instancias colectivas de decisión (congresos, plenarios, conferencias, etc.) y celebración periódica de las mismas.
Además, está involucrado también el aspecto que se refiere a la relación de la organización con las masas. La cuestión es que, si la discusión concierne a los cursos de acción que involucran al conjunto de la clase, esta debe poder hacerse sin problemas, con toda sinceridad y crudeza, de cara a las masas. No a sus espaldas. Aquí la importancia que cumple la prensa partidaria.
Rosa expresó con particular dramatismo todas estas ideas cuando dio cuenta de la profunda crisis que quebró al movimiento socialista internacional en la Primera Guerra. En sus propias palabras:
la socialdemocracia ha capitulado. Cerrar los ojos ante este hecho, tratar de ocultarlo, sería lo más necio, lo más peligroso que el proletariado puede hacer […] La autocrítica, la crítica cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el proletariado […]
Ningún otro partido, ninguna otra clase en la sociedad capitalista puede atreverse a reflejar sus errores, sus propias debilidades en el espejo de razón para que todo el mundo los vea […] La clase obrera siempre puede mirar la verdad cara a cara, aunque esto signifique la más tremenda autoacusación […][xiv]
Es por la valentía de este tipo posiciones, pero sobre todo por su claridad y acierto, que las ideas de Rosa Luxemburgo continúan vigentes para la práctica revolucionaria actual. El rescate de estas resulta más necesario que nunca.

Maximiliano Rodríguez
14/03/2020

Notas:

[i] Rosa Luxemburgo: La política de la minoría socialdemócrata (1916) en VV.AA.: Marxistas en la Primera Guerra Mundial, Ediciones IPS/CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2014, p. 256.
[ii] León Trotsky: ¡Fuera las manos de Rosa Luxemburgo! Disponible en: http://www.ceip.org.ar/Fuera-las-manos-de-Rosa-Luxemburgo
[iii] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional y la autonomía, El Viejo Topo, España, 1998, p. 73. Destacados añadidos.
[iv] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., p. 71.
[v] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., pp. 33-34.
[vi] Ibíd.
[vii] Ibíd.
[viii] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., pp. 19-20.
[ix] Rosa Luxemburgo: Reforma o revolución, Editorial Grijalbo, México, 1967, p. 88. Los destacados son del original.
[x] Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht: La Comuna de Berlín, Editorial Grijalbo, México, 1971, pp. 26-27. Los destacados son añadidos.
[xi] Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht: La Comuna de Berlín, op. cit., pp. 27-28. Los destacados son añadidos.
[xii] Véase V.I. Lenin: Las tareas del proletariado en la presente revolución (Tesis de abril). Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/abril.htm. Destacados añadidos.
[xiii] Federico Engels: Los comunistas y Karl Heinzen en Obras fundamentales de Marx y Engels, tomo 2, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 643.
[xiv] Rosa Luxemburgo: La crisis de la socialdemocracia, Akal, España, 2017, pp. 15 y 18.

sábado, 14 de marzo de 2020

Jueves negro para el capitalismo mundial: un punto de inflexión




La decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, de cancelar por 30 días los vuelos desde Europa a EEUU, como medida para frenar el avance del coronavirus, y los posteriores anuncios de la Reserva Federal norteamericana (Fed) y de la presidenta del Banco Central Europeo (BCE); redundaron en un hundimiento histórico de las principales bolsas de valores de Europa, Wall Street, y de la cotización del petróleo. Fue un histórico jueves negro para el capitalismo mundial.
En Wall Street, tal como había ocurrido el lunes pasado, el pánico produjo lo que todos los diarios financieros han coincidido en catalogar como “una masacre”. En forma automática, luego de la apertura, una ola de ventas provocó la caída de los tres principales índices bursátiles y la paralización de la bolsa por unos minutos. El índice Dow Jones, que agrupa a las 30 empresas más poderosas de la bolsa de Nueva York, se derrumbó un 10%, el mayor que haya tenido desde el crash de 1987. Los anuncios de la FED, de que inyectaría 1,5 billones de dólares al sistema para garantizar liquidez, no lograron frenar el derrumbe generalizado. El “índice del miedo” de Wall Street, que mide la volatilidad del mercado, se acercó a su récord histórico alcanzado en 2008.
La cancelación de los vuelos impactó, naturalmente, sobre las empresas de línea aérea y de turismo, pero también sobre las empresas petroleras, que verán caer la demanda de crudo en un cuadro de sobreoferta, agravada por la crisis del cartel petrolero entre Rusia y la OPEP. La ausencia de un acuerdo para mantener los cupos de producción, para de esa manera sostener el precio del barril, como consecuencia de choques entre Arabia Saudita y Rusia amenaza con inviabilizar la producción no convencional, empezando por la industria norteamericana. En pocas palabras, una guerra despiadada que apunta a lograr una mayor concentración de capital. El jueves, el precio del barril Brent se derrumbó un 7,2 % y llegó a los 33,22 dólares.
La suspensión de los vuelos desde Europa a Estados Unidos llegó luego de la suspensión de varios vuelos internos dentro del Viejo Continente; de la cancelación de eventos emblemáticos en gran parte de Europa, como el Mobile World Congress de Barcelona y el Salón del Automóvil de Ginebra; de las prohibiciones de grandes concentraciones, los cierres de cines y de teatros; el teletrabajo; y el aislamiento de un país entero: Italia, la tercera economía de la UE.
Este parate forzado por la expansión del coronavirus, impacta en una economía europea fuertemente golpeada previamente por el desarrollo de la crisis capitalista. La economía europea venía sobreviviendo con respirador artificial, para evitar su caída lisa y llana en la recesión. Desde hacía un largo tiempo, el Banco Central Europeo, había establecido tasas de interés negativas, con el objetivo de apuntalar un proceso de reactivación económica que nunca llegó, fruto del cuadro de sobreproducción mundial, agravado por la guerra comercial.
Por eso, los anuncios del jueves por la tarde de Christine Lagarde, la ex jefa del FMI y actual presidenta del Banco Central Europeo, le “sonaron a poco” a los “mercados”. Los anuncios, lejos de calmar las aguas las agitaron. Lagarde anunció que el organismo ampliaría la inyección de fondos a los bancos y el paquete de compra de activos financieros. Pero nada dijo sobre una mayor reducción de la tasa de interés del BCE, que era lo que esperaban el capital financiero luego de los anuncios de EEUU y Gran Bretaña, en el curso de esta semana, de que reducirán las tasas de sus propios bancos centrales.
La respuesta de “los mercados” fue una venta masiva. En consecuencia, se operó una caída histórica de las bolsas europeas. La bolsa de Milán se desplomó un 17%, Frankfurt retrocedió un 12,2%, y el principal índice bursátil de la bolsa española tuvo su mayor derrumbe de la historia en un solo día, superando el 14%.
Como consecuencia de todo este descalabro, no solo es claro que se marcha a una recesión mundial, sino que existe un temor generalizado a que se produzca una cadena de defaults de las deudas corporativas. Los inversores, durante todo el último período, ante la baja de las tasas de interés de los bancos centrales, se han volcado a prestarle a las empresas. La deuda privada ha crecido en forma exponencial, y ahora, ante el parate comercial y el derrumbe de las acciones de esas empresas, está planteada la cesación de pagos. A diferencia de 2008, la capacidad de los Estados para proceder al rescate del capital es sensiblemente inferior.
Este jueves negro confirma que estamos atravesando un punto de inflexión en el desarrollo de la crisis capitalista mundial. Lo peor – las quiebras y despidos en masa, la agudización de los conflictos bélicos, etc. - está por venir.
Más que nunca, es necesaria una respuesta internacional de la clase obrera.

Pablo Giachello

viernes, 13 de marzo de 2020

Coronavirus: entre la pandemia y la irracionalidad del sistema capitalista




Detrás de la paranoia que alientan Gobiernos y grandes medios se esconden demasiadas cosas.

Este miércoles, ya tarde en la noche, Donald Trump se rindió ante la evidencia de los hechos. La drástica medida de suspender los viajes entre Europa y EE.UU. intenta escapar a un escenario como el de Italia. Desafiando los pedidos de cooperación que invaden el éter mundial, el habitante de la Casa Blanca patea el tablero internacional. Las inciertas consecuencias habrá que calibrarlas en las horas por venir.
En ese país, hasta el sábado pasado, solo 1.700 personas se habían sometido a examen para averiguar si portaban el virus. Las razones de fondo radican en un sistema sanitario que deja a la deriva a millones de trabajadores y trabajadoras. La nación presentada históricamente como “tierra de oportunidades” no otorga siquiera el derecho a tener fiebre.
El escenario italiano aparece dramático. Al cierre de esta edición se contabilizan 827 muertos y más de 12.000 infectados. El país entero se encuentra en cuarentena. Sesenta millones de almas son fríamente confinadas a una prisión a cielo abierto.
Se exploran razones, hipótesis, explicaciones. Las respuestas van desde la edad de las personas hasta la crisis de su sistema sanitario. Un hecho es evidente: en la última década los gobiernos de aquel país redujeron el presupuesto de salud en 37 mil millones de euros. La cifra es astronómica. Equivale a menos camas, menos médicos, menos enfermeras, menos todo.
Benjamin Cowling, profesor de Epidemiología de la Universidad de Hong Kong, le dijo a la BBC que en Italia “los hospitales están muy ocupados y no hay suficientes médicos y enfermeras. Será un problema que afectará a muchos países, el no tener equipos, medicamentos y médicos suficientes”. Los datos parecen de su lado: en el Estado Español el sector sanitario sufrió recortes de entre 15.000 y 21.000 millones de euros en la última década.
La austeridad fiscal no nació de la nada. Fue la “herencia recibida” luego de que los Estados capitalistas salvaran conjuntamente a los bancos. Aquellos que en 2007-2008 llevaron al mundo al borde del precipicio.

Un hijo legítimo de la anarquía capitalista

La rabia de Bruno Canard es evidente. Trasluce cada línea de la carta que publicó hace solo una semana. El investigador francés trabajó durante años en la cepa de los coronavirus, incluso tras del brote del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) en 2002. La falta de recursos y apoyo pronto lo dejó a la deriva: “Con mi equipo, continuamos trabajando, pero con fondos escasos”.
Peter Hotez sufrió la misma decepción. En 2016, junto a su equipo del Colegio de Medicina de Houston, estuvo a punto de lograr una vacuna contra el coronavirus. Se cortó el cash justo cuando debían pasar de realizar pruebas en animales a hacerlas en humanos.
Dos experiencias, dos fracasos. Miles de kilómetros de distancia. El coronavirus no era imprevisible. Desde inicios del siglo, con el SARS de por medio, se podían sentar las bases para crear vacunas de prevención. Muchas vidas podrían haber sido salvadas. El “tiempo perdido” que hoy lamentan los científicos no fue contingencia sino el resultado de las opciones políticas del Estado burgués.
La irracionalidad del mundo capitalista -nacida de la búsqueda incesante del lucro- provee otras aberraciones. Mientras hay vacunas que no se desarrollan porque no aportan rédito inmediato, hay pandemias que se “promocionan” desde los grandes laboratorios.
Así ocurrió con la extensión del virus H1N1, que fue popularmente conocido como Gripe A. Llegado al mundo en 2009, rápidamente se convirtió en un negocio excepcional para los grandes laboratorios. En julio de aquel año, Roche se enorgullecía de haber ganador USD 937 millones solo en el primer trimestre. Por su parte, la británica Glaxo proyectaba ganancias por USD 1.600 en los siguientes seis meses. Mientras tanto, la OMS omitía informar que tres de sus principales expertos mantenían lazos financieros con ambos laboratorios.
Detrás del frío recuento de contagios y muertes están los intereses del dueños del mundo, sus operaciones y sus maniobras. Detrás las puestas en escena, los intentos de torcer la vara en favor de sus negocios.

Alternativas

Hace pocas semanas, el filósofo Giorgio Agamben escribió “parecería que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las medidas excepcionales, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites”.
La pandemia realmente existente se alarga como una sombra. Acosa aquí y allá. Se multiplica en voces y palabras. Las grandes corporaciones mediáticas militan activamente: fabrican y distribuyen el discurso del terror y la paranoia. Populistas y liberales reclaman un Leviatán que imponga orden y control sobre el conjunto del territorio.
La sociedad es convertida en un gigantesco panóptico donde, en nombre del “bien común”, todos pueden ser sometidos a una férrea y constante observación. Racismo y xenofobia caminan de la mano, apenas un paso atrás.
Pero el Estado gendarme que vigila la puerta de cada hogar es el gran ausente a la hora de la prevención y los cuidados. En consecuencia, no puede ser garante de la salud de las grandes mayorías. Las medidas de emergencia que eventualmente tome tienen límite predefinido: el umbral de la gran propiedad privada capitalista.
Pero ante grandes catástrofes son necesarias medidas radicales, capaces de alterar realmente el orden existente. Para garantizar que esta nueva crisis no recaiga sobre las grandes mayorías hay que tocar las ganancias de las minorías privilegiadas. Aquellas que lucran con la salud y con la enfermedad, como ocurre con grandes laboratorios, clínicas privadas o bancos, entre muchos otros.
Virus evitables; pandemias “publicitadas”; países enteros aprisionados. A cada instante es posible vislumbrar la violenta irracionalidad del capitalismo, su decadencia. La lucha por superar su miserable horizonte se encuentra justificada.

Eduardo Castilla
@castillaeduardo
Jueves 12 de marzo | 02:46

jueves, 12 de marzo de 2020

Uruguay se retiró de Unasur y suspendió proceso de salida del TIAR

La cancillería uruguaya anunció la decisión del gobierno derechista de Luis Lacalle de retirarse de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), así como la intención de reintegrarse al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), organismo del que había iniciado su proceso de salida en setiembre de 2019 durante la administración de Tabaré Vázquez.
El diputado frenteamplista Daniel Caggiani, expresidente del Parlasur, señaló que sorprende anuncio del Canciller sobre retiro de Uruguay de UNASUR y retorno al TIAR. “Genera suspicacias que se da luego de la llamada del presidente estadounidense Donald Trump al mandatario uruguayo”, quien asumiera el cargo el primer día de este mes, dijo.
Lacalle representa a la llamada Alianza Multicolor, que agrupa a un conjunto de Partidos de orientación política conservadora y alineada en materia económica con los postulados del neoliberalismo, que desplazó a la coalición de centroizquierda Frente Amplio, que desde el año 2004 dirigía el Gobierno de la República.
Como era de prever, las directrices de la política exterior de la Alianza Conservadora se subordinaron a las aspiraciones de los Estado Unidos, de recuperar su posición hegemónica en el seno de Latinoamérica.
La presencia del Subsecretario estadounidense, David Hale, en el Uruguay, entrevistándose con Lacalle fue significativa, al manifestar que Uruguay era un socio vital para su país, tratando en el encuentro temas relativos al fortalecimiento de las relaciones bilaterales y temas vinculados a la seguridad global.
La presión de Gale fue, entre otros temas, para impedir que la estatal de telecomunicaciones ANTEL, utilice la tecnología 5G desarrollada por empresa china Huawei, hecho este, que generó una fuerte declaración por parte de la embajada China con sede en Uruguay.

Consecuencias de la salida de Unasur

La cancillería uruguaya justificó su salida de la Unasur al considerarlo «un organismo regional, basado en alineamientos político-ideológicos». Además, el comunicado de la cancillería señala que ese organismo sudamericano ya fue abandonado por la «mayoría» de los países de la región en abril de 2018, a excepción de Bolivia, Guyana, Surinam y Venezuela.
En ese momento, Uruguay decidió quedarse junto con Bolivia, aunque el actual gobierno dictatorial de este último país anunció en noviembre último que estudiaba la posibilidad de abandonar el bloque.
La cancillería, a cargo de Ernesto Talvi, agregó en el escrito que el bloque «ha dejado de funcionar», ya que «no cuenta con sede y carece de secretaría general operativa». De hecho, en 2017 los países miembros no pudieron ponerse de acuerdo para nombrar a un secretario general, por lo que desde ese entonces el bloque está acéfalo. El último presidente fue el colombiano Ernesto Samper.
El gobierno de Luis Lacalle Pou anunció que se pidió interrumpir el proceso de salida del TIAR que Uruguay había comenzado en setiembre de 2019. La salida del país iba a demorar dos años en concretarse, por lo que estaba previsto que Uruguay estuviera afuera para 2021. Talvi se comunicó a través de una nota con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, para interrumpir el proceso de salida y pedir el reintegro.
El TIAR, que funciona en la órbita de la OEA, es un pacto bélico multilateral de la época de la guerra fría, que tiene como objetivo dar ayuda para enfrentar ataques armados o amenazas contra estados americanos. La intención de los miembros de la OEA de invocar el pacto de defensa por la crisis de Venezuela fue lo que provocó el rechazo de Uruguay y la salida de ese tratado.
La resolución aprobada por la mayoría de los miembros proponía «perseguir» y «capturar» a «entidades asociadas al régimen de Nicolás Maduro», que estuvieran «involucradas en actividades ilícitas» además de hacerlo con «altos funcionarios» del gobierno que participaron en «hechos de corrupción». Para eso se resolvió crear una red en la que las autoridades de «inteligencia financiera» y «seguridad pública» de los estados partes sumen esfuerzos en la investigación y persecución.
Luego de esa reunión de la OEA, la cancillería, por entonces encabezada por Rodolfo Nin Novoa, anunció que se retiraría del TIAR al entender que la situación de Venezuela no presentaba «ninguno de los elementos que podrían fundamentar» la convocatoria de un pacto de defensa, ya que el espíritu del tratado es defender a los países americanos de amenazas externas y no para «permitir conflictos internos entre países del continente».
«Nos salimos del tratado por obsoleto, por inconducente, (y) por uso inapropiado del mismo», dijo entonces el ministro Nin Novoa. Este martes, en tanto, la cancillería comunicó que con la permanencia en el TIAR el país «refuerza también su compromiso histórico con el sistema interamericano», mientras que seguirá haciendo oír «sus posiciones» en el marco de ese tratado.
El comunicado también señala que la primera misión oficial del canciller Talvi será para asistir a la Asamblea General de la OEA en Washington el próximo 20 de marzo, con motivo de la elección del nuevo secretario general. El gobierno de Lacalle Pou anunció en las últimas semanas que apoyará la reelección de Luis Almagro.
Este realineamiento con Estados Unidos, inevitablemente generará cambios sustanciales como el apoyo a la reelección de Luis Almagro como Secretario General de la OEA, contribuyendo aún más a que este organismo siga estando al servicio de la potencia hegemónica en la región, señala el exdiputado Roberto Chiazzaro, secretario de relaciones internacionales del Partido Slocialista.
Dado que resulta necesario a los intereses de Washington que caiga el gobierno de Maduro en Venezuela, Uruguay reforzará las acciones que se están instrumentando al tal efecto y seguramente pasará a integrar la Alianza de Lima y el Prosur, tras abandonar la Unasur. Asimismo, también abandonará todas las gestiones, llevadas a cabo, junto a México y el Caricom, buscando una salida pacífica para solucionar la crisis por la cual está atravesando el pueblo venezolano.
No sería de descartar que Uruguay pase a engrosar el coro de naciones que impulsan una solución militar para culminar con este conflicto y derrocar al gobierno constitucional venezolano, tras reconocer como presidente al autoproclamado (y hoy muy devaluado) Juan Guaidó.

Luvis Pareja. Periodista uruguayo, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

miércoles, 11 de marzo de 2020

El coronavirus ha puesto al capitalismo en terapia intensiva




El derrumbe de un 35 por ciento del precio del petróleo, desde que se informó el brote de Coronavirus, anuncia el default de las empresas petroleras altamente endeudadas y la parálisis de la explotación de yacimientos de escasa rentabilidad en todo el mundo; el repentino cierre del turismo hacia y desde las zonas afectadas por el virus genera la cancelación millones de viajes aéreos que hunde a las aerolíneas y la industria del turismo; la interrupción de suministros por parálisis de actividad industrial en China incluye metales; ensamblajes; partes de diversos sectores de la industria; elementos especiales de alta tecnología; etc. La caída del consumo en China afecta a las empresas que tienen allí su principal mercado. Las profundas caídas de las bolsas actualizan la precariedad del sistema financiero internacional que impulsaron a la Reserva Federal a actuar y redujo la tasa de interés en medio punto. La crisis del 2008 está más presente que nunca
Este virus originado en el centro de China ha paralizado una parte importante del aparato productivo de la segunda economía del mundo e impactado en todo el mundo por su entrelazamiento económico. Vastos sectores de la industria automotriz; tecnológica; de producción de metales; turismo; etc.… han visto reducida o algunas paralizada su actividad por falta de suministros y cerrada las ventas hacia China por el confinamiento de millones de consumidores.
La expectativa de menores ganancias para las empresas de China y las que dependen de su economía ha llevado a una presión de ventas y recortes de precios en las bolsas de China, Corea del Sur, Japón, Europa, Estados Unidos y los países de Latinoamérica. El derrumbe es global.

Derrumbe bursátil y guerra comercial

Esto ha llevado al banco central de Estados Unidos a una inesperada decisión de reducción de tasas de interés que tuvo el efecto de frenar la caída de Wall Street por 48 horas, pero luego se ha reanudado el derrumbe de precios en todo el planeta. La medida resultó ineficiente. Pero facilitó la devaluación del dólar, que cayó frente a las monedas de sus principales socios comerciales. Trump pidió más reducciones de tasas de interés, su programa incluye la devaluación del dólar para facilitar sus exportaciones, otro instrumento de guerra comercial.
La caída de las bolsas ha tenido una velocidad y persistencia no vista en años, las bolsas cayeron siete días seguidos evaporando las ganancias producidas en seis meses, desde inicios de año están con rendimiento negativo. El gobierno de China facilitó a las casas de bolsa créditos para que compraran acciones y atenuar las bajas, un gasto que contuvo inicialmente la caída de precios, pero inútil ante la masividad de las ventas.
La mayor burbuja de activos de la historia impulsada por emisión monetaria se desvanece
Los mercados globales durante 2019 agregaron 17 billones en su valuación de mercado, comenzaron en 70 billones y finalizaron en 87 billones. La valuación de las empresas cotizantes ha subido 24% mientras el producto bruto global lo ha hecho en solo 3,2%, la producción industrial global creció menos del 2%; según datos del FMI (www.imf.org). Esta extraordinaria valuación de las empresas, sin relación con el crecimiento económico, la producción industrial o el comercio, es una creación ficticia de capitales que no está relacionada con la creación de valor en el sistema productivo, es una valoración artificial del capital, capital ficticio.
Desde el 2008 y con la excusa de facilitar la recuperación post crisis financiera, los principales bancos centrales facilitaron crédito barato a bajas tasas emitiendo dinero para comprar la deuda que emiten los tesoros nacionales y bonos respaldados por corporaciones e hipotecas. Las empresas usaron la liquidez para tomar créditos e impulsar la valuación de sus empresas mediante la recompra de sus acciones.
Esta práctica de emisión monetaria se convirtió en usual en Europa, Estados Unidos, Japón y varios otros países del “primer mundo”. Los bancos centrales han inflado sus balances con deuda de sus gobiernos y como respaldo de sus monedas. Lo que llaman monetizar su propia deuda se ha convertido en práctica aceptada por el FMI y el Banco Mundial. En 2017, los bancos centrales ya habían comprado una quinta parte de la deuda emitida por los tesoros nacionales y alcanzaban a 45 billones de deuda soberana y corporativa según datos del FMI.
La emisión fue usada para financiar el déficit del estado y las empresas comprar sus acciones, sembrando la semilla de la próxima crisis de deuda
El crónico déficit presupuestario de Estados Unidos ha llevado a un crecimiento exponencial de la emisión de deuda que ya ha superado a fines del 2019 al 103% de su producto, en 2007 antes de la crisis financiera era del 63%, según datos de la FED.
La participación de la FED y organismos del estado ha tenido una participación creciente que ha suplido la caída de la participación de tenedores extranjeros, que se redujo del 34% en 2013 al 30% a fines 2019.
Las empresas, ante la caída de la tasa de ganancia, han comprado las acciones para aumentar la capitalización de sus empresas y financiar fusiones comprando empresas de la competencia. El aumento de las valuaciones de las empresas han sido el resultado de movimientos financieros, y no de creación de valor en la actividad de producción mediante producción de plusvalía.
El derrumbe de las bolsas que ha comenzado con el coronavirus tiene mucha más violencia en la depreciación de los activos que en el 2008. La crisis nuevamente se crea en el corazón del capitalismo, donde el endeudamiento masivo del estado, las empresas y los consumidores es el mayor de 50 años.
El impacto es particularmente grave en los bancos que han dado crédito de baja calidad que ahora componen una creciente participación de sus carteras. La desaceleración económica que ya se verifica, los mayores bancos de Wall Street han encabezado el desbarranco accionario, J P Morgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citigroup, etc. han caído más que el promedio del mercado. Las carteras de deuda de baja calidad preanuncian morosidad y default de los deudores.

El petróleo en el centro de la escena de la guerra comercial

El petróleo ha recortado su precio en los mercados internacionales un 35% en lo que va del año. Esta profunda caída es el preanuncio de una desaceleración económica. Los yacimientos de las empresas petroleras se han desvalorizado en igual medida, lo que se verá reflejado en sus balances, la deflación no es un pronóstico es una realidad de estos días.
El 6 de marzo los precios del crudo se desplomaron un 10% adicional, una caída para un solo día no vista en décadas. Fue luego del fracaso de una reunión de países productores donde los delegados de Rusia trabaron una reducción de producción propuesta por los delegados de la OPEP liderada por Arabia Saudita para frenar la caída de precios. Los enviados de Putin evadieron un compromiso con la representación de la OPEP y los precios se desbarrancaron.
¿Cuál es la explicación de la actitud de los delegados de Putin?
Rusia rompió un pacto con la OPEP para frenar el descenso de precios desatado por la caída de la demanda generada por el coronavirus. La actitud se explica porque la producción de esquisto en Estados Unidos deja de ser rentables con la caída de precios, y muchas petroleras norteamericanas tienen alto nivel de endeudamiento. Una baja adicional del precio los sacará del mercado y las llevará a la quiebra.
El fracaso en reducir la producción puede resultar en un aumento, ya que los productores (estados y empresas) necesitados de efectivo tienen que producir más volumen para compensar la caída de precios.

Desvalorización de activos impulsa una deflación global

La desvalorización de activos de las empresas en la bolsa con valuaciones desvinculadas de sus ganancias operativas, de los yacimientos por la caída del precio del crudo, de las empresas altamente endeudadas, por la cancelación masiva de pasajes aéreos las aerolíneas están quedándose sin actividad y sus acciones se derrumbaron, la deflación de activos está ahora en primer plano. La crisis financiera que se avecina agravada por el sobreendeudamiento que ha producido burbujas financieras producirá una recesión de alcances globales.
Antes de la crisis del 2008 la deuda corporativa no financiera era menor de 200 billones de dólares y alcanzaba el 280% del producto global, a fines del 2019, es de 320 billones de dólares y supera el 320% del producto.
La respuesta de la Reserva Federal de Estados Unidos es una vuelta al pasado
El Presidente de la FED anunció el 3 de marzo que repetiría las recetas del pasado, reducción de tasa y emisión monetaria con los planes de facilidades financieras (QE) que consisten en emisión monetaria y compra de deuda.
Luego anunciaron la reducción de tasas de interés que produjo una veloz devaluación del dólar frente al Euro y el yen japonés sumado a las subas de tarifas con China, revela que el programa de guerra comercial tiene mayor vigencia que nunca. Se inaugura así una nueva ronda de devaluaciones monetarias, una forma de la guerra comercial.

El vuelo a la calidad

El derrumbe bursátil tuvo refugio en los bonos del tesoro, cuyo rendimiento se hundió a mínimos históricos inferiores a la inflación, o sea con rendimiento negativo. Esto lo llaman “vuelo a la calidad”, sinónimo de emisión monetaria. Un callejón sin salida para sus inversores, cuando las autoridades de la FED han anunciado mayores recortes y emisión monetaria. O sea, producir una mayor devaluación del dólar y, por lo tanto, de las inversiones en bonos del tesoro.
Un sector creciente de inversores se ha volcado al oro, que ha recuperado sus precios y acumula una suba en dólares del 10% en lo que va del año. Este está actuando como lo ha hecho en el pasado como el termómetro de la crisis financiera.

La crisis de la deuda

La presente crisis financiera se presenta como una crisis de endeudamiento y de burbujas financieras, como ha sido la que se inició en 2007. Ahora la deuda de los estados y empresas es muy superior a la del 2007, los bancos centrales ya limitados por los bajos niveles de las tasas de interés apelarán a mayor emisión monetaria. Lo que lleva a una guerra de devaluaciones.
La reorganización de la deuda argentina, que tendrá novedades en las próximas semanas es un esfuerzo en conectarnos “al mundo” que tienen las finanzas en una crisis creciente. Cualquier acuerdo es estrechar los vínculos con los centros financieros que irradian una crisis hacia todo el planeta. Es una apuesta sin futuro y que producirá nuevas y mayores crisis de deuda e inestabilidad política.
En esta oportunidad hay una diferencia con la crisis del 2007-2008, la intervención de las masas desde el Líbano a Chile, pasando por Francia; Irán; Irak y un sinfín de países. La crisis financiera será un nuevo incentivo para defensa de los derechos de los explotados de todo el mundo y de nuevos levantamientos.

Sergio Rivero
09/03/2020