sábado, 23 de noviembre de 2019

Declaraciones de tintes fascistas de sectores militares




A pocos días de las elecciones sectores militares difundieron un editorial con tintes fascistas y claramente antidemocrático que merece un inmediato repudio masivo. El régimen de impunidad heredero del Pacto del Club Naval es en última instancia el responsable de estos desbordes militares.

A dos días del ballotage en que se enfrentan los candidatos del Frente Amplio y del Partido Nacional el Centro Militar difundió un editorial del diario Nación de contenido fascista y que recuerda el lenguaje que utilizaba la dictadura.
“Este domingo culminará el proceso de redención de los derechos y valores del pueblo oriental, heridos, socavados, despreciados por 15 años de asonada frenteamplista. Será ese día el punto de llegada de muchos sacrificios, de la lucha despareja contra la arbitrariedad de un poder que se quiso total y absoluto para imponerle al Uruguay un perfil del todo ajeno a su historia, a sus más queridas tradiciones, a sus más profundos principios; pero también será el inicio de un compromiso en favor de la restauración de los vínculos que desde siempre unieron a los uruguayos y que la larga prédica y praxis del marxismo casi ponen al borde de la irremediable bancarrota”
Así comienza el editorial que fue difundido por la oficina de relaciones públicas del Centro Militar en el día de hoy.
La nota, que se titula "el fin de una pesadilla", toma partido explícitamente por el candidato opositor Lacalle Pou pero fundamentalmente hace una serie de planteos que constituyen una amenaza hacia la izquierda y hacia todos aquellos que se opongan a sus puntos de vista.
“Sería una enorme injusticia que todos los responsables de esta tragedia que apestó las relaciones y enajenó buena parte del porvenir de los uruguayos puedan irse para sus mansiones y gozar viciosamente de sus comodidades mal habidassin que nada los conmueva o distraiga de sus goces. Para que esto no vuelva a repetirse, para que nadie se crea que en el Uruguay es posible destruir y menoscabar y humillar sin tener que pagar nada y encima ser premiados con pensiones, puestos en el exterior o asesorías en empresas amigas, algunos tendrán que ser alcanzados por la mano de la ley y deberán dar cumplida cuenta de tales crímenes.”
Este tipo de declaraciones, absolutamente antidemocráticas y autoritarias de este sector de las Fuerzas Armadas deja ver el grado de impunidad que existe en el país, heredero del Pacto del Club Naval que avalaron todos los partidos, incluso el Frente Amplio.
No es la primer declaración de este tipo de estos sectores como se puede ver acá y acá.
Sin embargo, tal como sucedió con el accionar de Manini Río cuando fue Comandante del Ejército, el Frente Amplio dejó correr este tipo de situaciones absolutamente ilegales y que requerían una acción enérgica de todo el sistema democrático.
Estos sectores que reivindican la dictadura, hoy se sienten con derecho a amenazar y sacar este tipo de declaraciones producto de la impunidad de todos estos años.
La declaración que reproduce el Centro Militar está en sintonía con el mensaje de Manini Ríos a los integrantes de las Fuerzas Armadas.
El líder de Cabildo Abierto hace un encendido mensaje en contra del Frente Amplio, pero con tono casi amenazante da también una señal más general de que las Fuerzas Armadas defenderán sus intereses y privilegios y que mantienen un poder que atenta contra el sistema democrático.

Enfrentar estas declaraciones con la movilización popular

Permanecer en silencio fortalece a estos sectores fascistoides. En estos momentos se suman las declaraciones de repudio de distintos sectores como el PIT-CNT o COFE.
La izquierda, las organizaciones sociales como los sindicatos y centros de estudiantes deben ponerle freno a estos avances de la ultraderecha con la movilización y la presencia en las calles.

Hernán Yanes
Viernes 22 de noviembre | 21:59

viernes, 22 de noviembre de 2019

El partido que llevó al poder a Bolsonaro busca homenajear a Pinochet




Esta mañana se conoció en nuestros pagos el pedido realizado por un diputado del Partido Social Liberal (PSL), partido con el que el mandatario Jair Bolsonaro llegó al poder y del cual se separó hace tan solo una semana, para que la Asamblea Legislativa de Sao Paulo realice un homenaje al dictador chileno Augusto Pinochet.
La iniciativa fue presentada por el diputado regional Frederico D'Avila, quien afirmó en sus redes sociales que el masacrador chileno “condujo su Gobierno de forma brillante, impidiendo que el escenario dictatorial y violador de derechos humanos cubano y soviético de la época se instalase en el seno de la sociedad chilena”. Las aseveraciones de D’Avila van en perfecta línea con las del mandatario ultraderechista de Brasil, quien había hablado en septiembre del pinochetismo como aquellos “que tuvieron el valor de detener a la izquierda en 1973” (Clarín, 21/11) y ha reivindicado a los represores de la dictadura que dominó Brasil por más de 20 años.
El repudio a la iniciativa de D’Avila llevó al anuncio de que sería impedido el homenaje por parte del presidente de la Asamblea Legislativa Paulista, Caue Macris (del PSDB). Se trata del mismo parlamentario que en octubre del año pasado agradecía en su instagram el apoyo del general Hamilton Mourão, vice de Bolsonaro, a la campaña del actual gobernador João Doria, también del PSDB. Incluso con estos antecedentes, Macris contó con el apoyo del PT de Lula da Silva y Dilma Rousseff para ser reelegido en marzo como presidente de esa cámara.
La exaltación de la figura de Pinochet aparece como un pronunciamiento contra la rebelión en Chile, que apunta contra el régimen montado por el pinochetismo y sostenido hasta el presente. La posibilidad de un “efecto contagio” del alza popular en el país andino –y de los que tienen lugar en Centroamérica y Ecuador y en la resistencia contra el golpe en Bolivia, en el que estaría implicado Bolsonaro-, asola como un fantasma a la coalición ultraderechista que gobierna Brasil, y que llegó allí sobre la base del golpe contra Rousseff. Sucede que en un cuadro de poderosas y sistemáticas crisis internas, de escándalos judiciales y de choques con su base social burguesa, Bolsonaro busca reafirmarse reventando los derechos de los trabajadores. Pero ni siquiera la imposición de reformas antiobreras como la jubilatoria, recientemente aprobada, ha logrado mejorar la situación de un Ejecutivo que debe hacer frente a una explosiva situación de deuda y la mayor devaluación en la historia del real.
Mientras los golpistas se cruzan elogios, la población trabajadora de Latinoamérica tiene planteado el desafío de barrerlos del continente.

Tomás Eps

Sin disimulo, el Comando Sur dirige la ofensiva de EE.UU. sobre la región

El Comando Sur es una de las diez unidades militares con que EE.UU. vigila el planeta. Cubre a las tres Américas y el Caribe, un área de casi 25 millones de kilómetros cuadrados conocida como el “patrio trasero”. La ofensiva estadounidense sobre la región no es un invento de Trump. Bajo el gobierno de George W. Bush la Casa Blanca reactivó la Cuarta Flota naval. Había sido creada en 1943 para combatir a la armada nazi en aguas del Atlántico.

Donald Trump y el Pentágono aceleran el modelo injerencista contra los gobiernos reacios a alinearse con los intereses estadounidenses. La diferencia con otros momentos de la ríspida historia con la región es que lo hace sin el mínimo cuidado por las formas de la diplomacia. Es así que la red Twitter del Comando Sur de EE.UU. publicó, en castellano, una “sugerencia” para que los militares venezolanos “respeten el derecho a protestar pacíficamente” este fin de semana. Esta advertencia se suma a la declaración oficial de Donald Trump desde la Casa Blanca del lunes en la que aplaudió “al ejército boliviano” por el golpe contra Evo Morales. El mensaje iba acompañado por (textual) “una fuerte señal a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua”.
El Comando Sur es una de las diez unidades militares con que EE.UU. vigila el planeta. Cubre a las tres Américas y el Caribe, un área de casi 25 millones de kilómetros cuadrados conocida como el “patrio trasero”. Técnicamente, para el Departamento de Estado –por eso así la define el comunicado Trump- es el Hemisferio Sur.
La amenaza del jefe del Comando Sur, el almirante Craig Faller, aparece en una entrevista para el canal de internet venezolano VPItv en el que habla sobre la situación en el país sudamericano sin ningún prurito. El tuit de ese órgano militar también postea el discurso del autodesignado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, frente a una multitud en Caracas. El diputado opositor celebró el golpe en Bolivia y pidió permanecer en las calles hasta la caída de Nicolás Maduro.
"Calle sin retorno significa que tenemos una agenda de conflicto permanente, que tendremos calle sostenida. Aquí la lucha es hasta que cese la usurpación, hasta lograr elecciones libres", repitió Guaidó en video que también dirigió a los militares.
La ofensiva estadounidense sobre la región no es un invento de Trump. Bajo el gobierno de George W. Bush la Casa Blanca reactivó la Cuarta Flota naval. Había sido creada en 1943 para combatir contra la armada nazi en aguas del Atlántico.
“En reposo” desde 1950, en abril de 2008 el almirante Gary Roughead anunció su retorno ante las “nuevas amenazas” para la seguridad de EE.UU. Los gobiernos de Cristina Fernández y Lula da Silva, preguntaron a Washington los pormenores de las operaciones que harían sobre un espacio marítimo internacional pero que afectaba a la soberanía de todos los países.
La sospecha era que los portaviones apuntaban al gobierno de Hugo Chávez, que había vencido a un golpe en 2002. Luego, en 2005, los países latinoamericanos le habían dicho No al Alca, el acuerdo de libre comercio con EE.UU. y Canadá.
La reactivación de la Cuarta Flota tenía olor a petróleo, pero más bien al brasileño. Petrobras había anunciado el descubrimiento de un yacimiento de al menos 176 mil millones de barriles de petróleo, lo que convertía a Brasil, hasta ese momento neto importador, en una potencia energética de primer orden.
Lo que vino después es conocido: el golpe iniciado en Honduras 2009, ya con Barack Obama en el gobierno, prosiguió en 2012 en Paraguay contra Fernando Lugo y en 2016 contra Dilma Rousseff. La presidenta brasileña, primero como Ministra de Minas y Energía y posteriormente jefa de Gabinete, había impulsado la investigación de Petrobras que culminó con el descubrimiento de esa gema en el océano, bajo 2000 metros de sal.
En 2013 el exagente de la NSA Edward Snowden reveló que Rousseff había sido un objetivo de las agencias de vigilancia global estadounidenses, al igual que Petrobras. Casi en simultáneo, el entonces secretario de Estado, John Kerry, explicó su política regional ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara baja. “América Latina es nuestro patio trasero (…) tenemos que acercarnos de manera vigorosa”, dijo el canciller, reviviendo la doctrina de James Monroe de 1823.
Donald Trump tiene una política que muchos consideran sinuosa en Medio Oriente, donde alterna golpes de efecto militar con retiro escalonado de tropas, ante el estancamiento de las guerras en Irak, Afganistán y Siria.
El presidente está al borde de un impeachment. Enfrentado con “el estado profundo”, para analistas como el francés Thierry Meyssan y el italiano Manlio Dinucci, su pelea contra la burocracia estatal se relaciona con su oposición a la doctrina Rumsfeld-Cebrowski. Se trata de la llamada “estrategia del caos dirigido” que consiste en la destrucción del estado en los países no alineados con el poder hegemónico para que las multinacionales expriman sus recursos naturales sin impedimentos.
Es la línea seguida por Bush hijo en Irak y Afganistán y por Obama en Libia y Siria. Es la que el Pentágono y al Departamento de Estado siguen para la región latinoamericana, donde EEUU se repliega ante ese costoso desgaste en el resto del mundo que Trump busca limitar.
La Bolivia de estos días es una avanzada en esa línea, con Caracas y Managua en la mira, según adelantó Trump. Sin descuidar a La Habana y, de paso, como para que Buenos Aires tome en cuenta cómo se mueven sus fichas en Washington.

Alberto López Girondo
Tiempo Argentino

jueves, 21 de noviembre de 2019

Brasil: Entre la devaluación récord y la crisis política




La corrida del dólar ni siquiera fue detenida por la reciente aprobación de la reforma jubilatoria

El real ha llegado a su mayor nivel de depreciación desde que se creó en 1994. Superó la barrera de 4,20. Al explicar las causas, ha quedado desplazada a un segundo plano la cuestión de la deuda brasilera. Sin embargo, la misma tiene un carácter explosivo. La deuda pública asciende a 1,4 billones de dólares y lo más importante es que viene creciendo en forma vertiginosa.
Brasil ha ido refinanciando esta bola de nieve apelando a renovaciones sucesivas. Pero con la crisis mundial, los vientos están cambiando: las fuentes de financiamiento se están estrechando; los prestamistas son más reticentes a otorgar créditos o ampliarlos, a lo que se une un retiro de capitales de los países periféricos. Brasil se ha visto obligado a emitir en forma creciente, lo que está en la base de esta depreciación del real.
Como se ve, Argentina no es una excepción. La crisis de deuda atraviesa a toda América Latina. Lo que es más grave es que todo indica que esto es sólo el comienzo. La escapada del dólar podría ser más pronunciada. Una devaluación persistente de la moneda brasileña afectaría seriamente los activos locales del país vecino, empezando por los bonos, que podrían estar sometidos a una sensible desvalorización. Ya hay quienes advierten sobre la amenaza de un cimbronazo en la Bolsa paulista.
Por el peso de Brasil en América Latina, esto tendría un gran impacto en toda la región, arrastrando las cotizaciones de los títulos de los países más débiles y vulnerables, empezando por Argentina.
La corrida del dólar ni siquiera fue detenida por la reciente aprobación de la reforma jubilatoria. El gobierno de Jair Bolsonaro tropieza con los mismos límites y condicionamientos que provocaron el derrumbe del macrisimo. Brasil no ha sido inmune a la guerra comercial y al hecho de que la economía mundial marcha a una recesión.
La política del ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, apunta a sortear las crecientes trabas comerciales y proteccionismo reinante, acelerando tratados de libre comercio, en especial con Estados Unidos. Una de las primeras consecuencias consistiría en bajar el arancel común hoy vigente en el Mercosur para terceros países, lo que significaría un golpe de gracia al mismo. La apertura, sin embargo, no asegura las inversiones. El gobierno venía celebrando anticipadamente lo que sería la entrega de petróleo “más grande de la historia”. Con ella pretendía recibir 105 millones reales (25.700 millones de dólares), pero tuvo que contentarse con 70 millones. Este balde de agua fría tendría que ver con el boicot que habrían llevado adelante las petroleas norteamericanas y europeas. El motivo sería la resistencia de los pulpos al régimen de “reparto” aún vigente, por el cual el ganador de las licitaciones debe entregar un porcentaje-piso de las ganancias. En medio de estas tensiones quienes terminaron siendo los adjudicatarios fueron Petrobras y, en menor medida, empresas chinas, como CNOOC y CNODC.
La disputa comercial entre Estados Unidos y China se ha traslado de lleno a suelo brasilero. Las licitaciones petroleras son uno de esos eslabones. Bolsonaro se ha visto obligado a arbitrar en medio de esta guerra de buitres. Por más alineamiento con Estados Unidos que tenga, el gobierno no puede sustraerse al hecho de que China es el principal destinatario de las exportaciones brasileras y uno de sus principales inversores. Bolsonaro también ha prometido un acuerdo de libre comercio al gigante asiático en la reciente visita de Xi Jinping a Brasil, aunque el peligro que se abre es que los movimientos para un lado y para el otro terminen anulándose entre sí y no conformando a ninguna de las partes.
Lo cierto es que la ola aperturista de Brasil ha puesto en alerta a los industriales del país vecino. La federación patronal paulista (FIESP) ha advertido contra una apertura indiscriminada. El temor fundado de la poderosa burguesía industrial brasilera es ser barrida por la competencia.
Y también, en este marco, los industriales han salido en defensa del Mercosur. “La FIESP siempre apoyó al Mercosur y cree que los problemas de funcionamiento del bloque deben superarse por consenso” (La Nación, 2/11). Esto se da en momentos en que Guedes ha amenazado con abandonar el Mercosur, luego del triunfo peronista en Argentina.
Alberto Fernández debería poner las barbas en remojo porque, en este contexto, el modelo devaluacionista tiene patas cortas. Esta política está condenada al fracaso cuando se acentúa la guerra monetaria, como prolongación de la guerra comercial y, por lo tanto, una carrera de devaluaciones competitivas entre las diferentes naciones. La devaluación del real, por lo pronto, encarece los productos argentinos y, en esa medida, pone un freno a las exportaciones de nuestro país. Incluso, en caso de persistir una desvalorización del real, podría terminar provocando un vuelco en la balanza comercial, que en este momento es superavitaria para Argentina.

Un régimen entre las cuerdas

La devaluación de la moneda da cuenta del creciente impasse económico. Brasil apenas va a crecer un 1 ó 2%, mientras se acumulan los desequilibrios explosivos, empezando por la deuda, como ya señalamos. El fracaso de las licitaciones ha potenciado este cuadro, pues el gobierno contaba con esos fondos para hacer frente a la deuda.
El déficit fiscal ya en la actualidad asciende al 7% y no se puede tirar mucho más de la cuerda. Ni siquiera ha logrado aplacar el nerviosismo por la reforma jubilatoria, cuyos efectos, por otra parte, se van a ir viendo más a mediano plazo. Esto es lo que explica el afán del gobierno por acentuar el ajuste en otros planos. El Ejecutivo ha enviado al Congreso un paquete de leyes que apuntan a recortar los salarios y condiciones de trabajo de los empleados públicos y en los servicios. La entrega de fondos a los estados (provincias) estará condicionada a que cumplan con metas de ajuste fiscal. Pero este paquete implica un ataque de grandes proporciones, lo cual plantea una nueva prueba de fuerza con los trabajadores y la juventud de Brasil. Esta nueva pulseada se va a procesar en medio de un escenario de rebeliones populares en América Latina. Entre los motivos de la devaluación de la divisa brasilera, diferentes analistas destacan, precisamente, la “inestabilidad política” de la región. Hay un temor fundado por el efecto “contagio” de conflictos regionales que han detonado frente a planes de austeridad similares a los que pretende llevar el gobierno de Brasilia. Un anticipo es la rebelión educativa que ha tenido lugar meses atrás con motivo de los recortes en educación. Ni qué hablar que una rebelión popular en Brasil terminaría por desestabilizar políticamente al conjunto del continente.
Este empantanamiento y crecientes contradicciones económicas están en la base del deterioro político de Bolsonaro. Los enfrentamientos entre el ex capitán de navío y los grandes medios de comunicación, así como la fractura y divisiones de su partido de origen -el PSL- son un reflejo del rechazo a su gobierno por grandes franjas de la burguesía. La liberación de Lula es otra expresión del debilitamiento creciente del régimen en medio de denuncias que se filtran de que la condena al referente del PT fue un operativo orquestado por el juez Sergio Moro y actual ministro de Justicia con los servicios de inteligencia. Bolsonaro se ha visto salpicado también por las denuncias sobre sus vínculos con uno de los que ejecutaron el asesinato de Marielle Franco, concejal del PSOL.
Bolsonaro viene erosionando su base apoyo. La aprobación del presidente bajó del 49 al 31% actual. Ni siquiera ha podido remontar la situación con la sanción de la ley jubilatoria. “No fue el gobierno de Bolsonaro sino el Congreso el que redactó la reforma de pensiones recientemente aprobada” (DW, 28/10). “Hoy estamos operando con un semiparlamentarismo”, asegura el sociólogo Demétrio Magnoli (ídem).
En medio de este cuadro, Lula ha anunciado que empezará a recorrer el país con la mira puesta en las elecciones de 2022. Estamos ante una réplica del "hay 2018", una película que terminó como es sabido, con Lula condenado y encarcelado y el triunfo de Bolsonaro. El hecho de que Lula practique un discurso más “encendido” contra Bolsonaro no puede ni debe encubrir el hecho de que el PT y sus aliados sindicales, empezando por la dirigencia de la CUT, están dejando pasar la ofensiva que viene llevando adelante el gobierno.
La situación reclama una respuesta ccolectiva de la clase obrera. Y esto pone sobre el tapete la necesidad de un Congreso de bases de los sindicatos y centrales obreras, que incorpore a la juventud y los movimiento sociales para impulsar un plan de lucha hasta derrotar la ofensiva de Bolsonaro. Al mismo tiempo, sería la oportunidad para discutir un programa de salida a la crisis. La esperanza de volver a la "bonanza” y el equilibrio logrado en la época lulista son infundadas, no tienen una base "realista" en medio de un escenario dominado por la crisis capitalista internacional. Se trata del retorno a un pasado inviable. El porvenir pasa por una transformación integral de Brasil sobre nuevas bases sociales, tarea que está reservada a los trabajadores que deben catapultarse como alternativa de poder.

Pablo Heller

miércoles, 20 de noviembre de 2019

La enorme reserva de litio boliviano en la trama del golpe




¿Qué hay detrás del apoyo de Merkel y la Unión Europea al golpe en Bolivia?

A pesar del carácter abiertamente golpista y fraudulento de la asunción de Jeanine Añez como presidente interina, ha recogido el reconocimiento de distintas potencias internacionales. Entre ellas se han sumado Alemania y toda la Unión Europea. Para entender el rol que juegan estos países en la trama alrededor del golpe hay que volver sobre los intereses económicos que se vienen tejiendo alrededor de la reserva boliviana de litio.
En diciembre de 2018 el gobierno de Evo Morales firmó un acuerdo con la empresa alemana Acisa por la explotación de litio en el salar de Uyuni situado en Potosí, que constituye una reserva de ese mineral de 21 millones de toneladas. Tal explotación iba a tener lugar por un plazo de setenta años e iba a estar dirigida a la producción de autos eléctricos y a la provisión de subproductos del litio a la empresa Tesla. El acuerdo consistía en recuperar hidróxido de litio para fabricar material catódico y baterías. Este acuerdo entre la empresa estatal YLB (Yacimientos de Litio Bolivianos) y la empresa mencionada requería una inversión de 300 millones de euros. Según denunció el presidente del Comité Cívico de Potosí, Marco Pumari, la empresa alemana carecía de ese dinero y debía salir a buscar financiamiento. Por otra parte este comité cívico comenzó a principios de noviembre una protesta consistente en la convocatoria a cabildos abiertos, huelgas de hambre y movilizaciones reclamando mayores regalías para una región de ochocientos mil habitantes. Ante esta reacción Evo Morales rompió el acuerdo con un decreto, cuya consecuencia fue la protesta diplomática del estado alemán.

Alemania y la Unión Europea en recesión

El Brexit y la guerra comercial entre el imperialismo norteamericano y China han determinado la caída del 0,3 % del producto bruto alemán, como resultado de la caída de sus exportaciones y de la producción automotriz. El Bundesbank (Banco Central Alemán) ha anunciado que Alemania ha entrado en recesión, y con eso arrastra a la Unión Europea, debido a que el 29% del producto bruto de la zona euro corresponde a Alemania. Este país ha sufrido la caída del 1,5% de su producción industrial, cuya consecuencia fue la caída de los bonos alemanes a diez años. En virtud de este cuadro, el gobierno y el capital alemán han decidido cambiar de orientación en materia de inversiones, por ejemplo en telecomunicaciones y en la producción de automóviles eléctricos que reemplacen a los diesel. Desde luego que la asociación con YLB (Yacimientos de Litio Boliviano)por más de medio siglo le garantizaba a Acisa y al estado alemán dividendos millonarios muy preciados para contrarrestar la recesión en curso y de desarrollar inversiones en esa rama de la industria tan rentable. En este emprendimiento iban a invertir empresas de otras naciones europeas. Resulta evidente que el interés por tener las manos libres para hacerse de estos recurso estratégicos en medio de la crisis catastrófica del capitalismo a escala mundial, ha decidido al imperialismo alemán y al europeo de conjunto a respaldar el golpe fascista con la finalidad de aplastar cualquier manifestación de lucha obrera y popular que dificulte el saqueo de esta materia prima fundamental, restableciendo el acuerdo derogado por Evo Morales hace menos de un mes.
Con todo, la valerosa lucha de los obreros, campesinos e indígenas bolivianos pueden y deben hacer morder el polvo a las pretensiones de saqueo imperialista de todo signo derrotando el golpe, expropiando al imperialismo e imponiendo un gobierno de las organizaciones que dirigen la lucha contra el golpe fascista. Las rebeliones populares en América Latina: Nicaragua, Ecuador, Puerto Rico, Bolivia, Chile son el marco adecuado para una salida obrera y socialista por la derrota del imperialismo y la unidad socialista de América Latina.

Roberto Gellert

martes, 19 de noviembre de 2019

Bolivia: un golpe que no se consolida




El pueblo sigue en la calle y pone en crisis a los golpistas

Los golpistas bolivianos seguramente no esperaban encontrarse ante el escenario actual, dominado por la movilización popular y la incapacidad de dar rienda libre a una transición hacia un nuevo gobierno en Bolivia.
Jeanine Áñez asumió en el marco de una sucesión presidencial cuestionable y ante una Asamblea Legislativa totalmente vacía. El pueblo boliviano no reconoce a este como su legítimo gobierno, y son casi inexistentes las movilizaciones y manifestaciones de apoyo al golpe en el territorio andino.
El gobierno provisional sufre ahora un nuevo traspié respecto a la designación de las autoridades del Tribunal Supremo Electoral y los términos de la convocatoria a nuevas elecciones.
El hecho que predomina en el actual escenario boliviano es la permanencia de trabajadores y campesinos manifestándose en las calles. A pesar de todos los intentos por encarrilar el golpe, la rebelión se extiende y ya en estas horas acarrea serias dificultades de abastecimiento. Los golpistas se han hecho con el control del gobierno, y sus endebles instituciones, pero lejos están aún de detentar el poder, cuyo dominio se encuentra objetado por la población sublevada.
Esto es lo que ha puesto en crisis las negociaciones del MAS con el gobierno transitorio. Los asambleístas del MAS terminaron suspendiendo la realización de una sesión prevista para este día martes donde se proponían tratar la renuncia de Evo -la renuncia del presidente debe ser aprobada o rechazada por la Asamblea Legislativa- y el proceso para convocar a nuevas elecciones. Mientras que por el lado de los golpistas, el senador Óscar Ortiz señaló que impugnarán todo lo obrado por la mayoría masista y que no debe haber ninguna sesión hasta que no se haya concertado la conformación del TSE y la convocatoria a nuevas elecciones. Esto ha llevado a que Áñez, y su gobierno, exploren la idea de avanzar a nuevas elecciones por medio de un decreto, lo cual sumaria una nueva violación institucional a esta “cruzada democrática”.
Por su parte, Luis Fernando Camacho (uno de los líderes del golpe) manifestó haber arribado a un acuerdo con la Central Obrera Boliviana (COB) y la Asociación de Productores de Coca de La Paz, para que se constituya, con fecha tope para este jueves, el TSE y se convoque a elecciones el 19 de enero del 2020, tres días antes de que finalice el mandato oficial de Evo Morales. No está claro si el MAS sería proscripto o podría participar en ese proceso electoral.

Se profundiza la crisis

La extensión en el tiempo y la amplitud de las movilizaciones empiezan a poner en crisis al gobierno provisional.
Las multitudinarias movilizaciones no cesan a pesar de que el gobierno ya se ha cobrado la vida de 23 manifestantes y detenido a más de dos centenares de estos. El decreto reaccionario que exime de responsabilidad a las fuerzas represivas ha impactado inclusive en las propias filas de las fuerzas armadas. En el Regimiento Escuela Policial N° SAAVEDRA, 62 soldados solicitaron su baja para no reprimir a sus pares. Tambien han circulado imágenes donde algunos efectivos del ejército se suman a la marcha del Sindicato de Copacabana en la carretera Oruro con rumbo a La Paz.
A inversa de lo que propone Áñez, en distintos puntos, el ejército busca disuadir a los manifestantes sin apelar al uso de la fuerza. El gobierno sigue de cerca la evolución de este fenómeno que aún se expresa a aisladamente y a cuentagotas. Es lo que manifiesta una circular del ejército donde se ordena el control interno de las propias filas.
Mientras tanto el pueblo continúa en pie de movilización. El Cabildo Abierto de las juntas vecinales de El Alto y representantes campesinos de las 20 provincias de La Paz resolvió impulsar nuevos cortes y bloqueos, así como intensificar el cerco a la ciudad de La Paz. Algo similar ocurre en la ciudad de Cochabamba. La perdurabilidad de estas medidas empieza a manifestarse en el desabastecimiento de combustibles y alimentos en las principales ciudades. El gobierno tuvo que trasladar de emergencia a La Paz 35 toneladas de carne y 25 toneladas de pollo desde Santa Cruz de la Sierra, para evitar el colapso de la ciudad. Las filas en los mercados se extienden durante todo el día y los precios se han disparado debido a la escasez de productos.
El gobierno de Áñez acaba de desalojar el bloqueo de la planta abastecedora de combustible de Senkata, en El Alto, en un operativo represivo con fuerzas del ejército y la policía, donde terminó muerto un manifestante. Se trata de una medida de emergencia para desafectar el suministro de combustible en un país donde se multiplican los bloqueos.

Momentos decisivos

El golpe en Bolivia se ha valido de las estructuras del Estado, el ejército, y del apoyo del imperialismo para sostenerse durante estos días, sin embargo enfrenta una inflexible movilización del pueblo boliviano que revalida sus métodos de lucha día a día.
La transición hacia un nuevo gobierno se encuentra objetada por el carácter de la rebelión en curso. A tal punto es así que ahora Evo solicita que se lo deje volver para terminar su mandato. Está claro que los golpistas intentan edificar su poder sobre arenas movedizas. El pueblo aun puede derrotar el golpe.
Para que el golpe triunfe en sus objetivos y aspiraciones deberá ir a fondo en la derrota de las masas sublevada. El reciente decreto autorizando el accionar letal de las FFAA va en la dirección de quebrar la movilización popular antigolpista. Pero los límites de esa represión han hecho entrar en crisis el golpe y ha colocado la iniciativa en manos del pueblo boliviano y sus organizaciones de base.
Es el momento de impulsar a fondo la lucha para quebrar a los golpistas: con el pueblo boliviano en la calle y con una contundente acción de las centrales obreras de Latinoamérica, que sepulten las pretensiones del imperialismo, y sus aliados, en la región.

Marcelo Mache

lunes, 18 de noviembre de 2019

“¡Angola è Nossa!” A 45 años de su independencia




El 11 de noviembre de 1975 Angola conquistaba su independencia. La caída de Marcelo Caetano había dejado debilitado el régimen militar en las colonias portuguesas en África. Una oportunidad que no despreciaron los angoleños para luchar por su libertad.

La Revolución de los Claveles que hizo estallar a la dictadura de Antonio Salazar y Marcelo Caetano, debilitó el régimen militar en las últimas colonias que le quedaban a Portugal. El tipo de colonialismo que aplicaban los portugueses era similar al francés, a punta de fusil; por eso presentó batalla a los movimientos de liberación nacional que surgieron luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Cuando la Corona portuguesa llega en el siglo XVI a lo que actualmente es Luanda, la capital, se encuentra con el Reino de N’Dongo gobernado por el soberano N’Gola (de allí surge el nombre del país), dando comienzo a quinientos años de sangrienta expoliación colonial. La gran cantidad de ríos extensos que partían desde la nueva colonia hacia el corazón de África inspiraron la novela de Josef Conrad El corazón de las tinieblas. Esta condición fue la que ubicó a la ciudad en términos estratégicos para el comercio de esclavos, estableciendo a Luanda como el puerto más importante para esta actividad. Luego se transformarían en las rutas pluviales con las que extraerían distintos recursos naturales, como petróleo y hierro. Se abriría allí una herida por donde África se desangrará por siglos.
Angola contiene gran cantidad de etnias. Las más numerosas son los bakongo y bantúes, divididos en cientos de tribus. La incursión portuguesa para capturar esclavos africanos desató guerras interminables y contradicciones milenarias entre todos ellos. Cualquier similitud con las incursiones del imperialismo en actualidad no es pura coincidencia.

Los actores del teatro angoleño

Los procesos de liberación nacional iniciados por la debilidad del imperialismo inglés, francés, belga, holandés - a la salida de la Segunda Guerra Mundial- dieron lugar a la formación de diversas organizaciones vinculadas a distintas ideologías de la posguerra, muchos ligados a los “campos” establecidos por el Pacto de Yalta.
En Angola se fundaron movimientos políticos a partir de 1948 cuyo programa contenían la liberación total del país. En 1956 se funda el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA) que agrupaba a varias organizaciones que se reivindicaban marxistas por sus vinculaciones con la Unión Soviética, y años después con Cuba. En 1961, el MPLA, atacaron militarmente la cárcel de Luanda que tenía en el presidio a varios militantes políticos. Ese hecho inició la guerra de la independencia angoleña.



Combatiente del MPLA

Al mismo tiempo surgió otro movimiento, el Frente Nacional de Liberación Angoleña (FNLA). Que a diferencia del MPLA, se apoyaba sobre las diferencias tribales y religiosas buscando como objetivo re-instaurar el reino de los bakongo. Pero de fondo, representaban los intereses de empresas estadounidenses que ansiaban conquistar los recursos naturales que explotaba Portugal. Los norteamericanos, quienes a través de la American Baptist Church financiaron a Holden Roberto, el dirigente principal del FNLA, y prestarían apoyo de inteligencia a través de la CIA durante los años de guerra.
También surgió otra organización cuyo programa buscaba instaurar un gobierno de colonos blancos, financiada primero por Portugal y luego por Sudáfrica: la Unión Nacional por Independencia Total de Angola (UNITA). Su base era tribal bantú, los ovimbundu, y su líder era Jonás Savimbi, formado militarmente en la China de Mao. Esta organización se haría con el sur de Angola. Luego de que Portugal se retirara del país hicieron un frente con la FNLA para combatir al MPLA.

La caída de un imperio

Las guerras de liberación nacional iniciadas en los distintos territorios coloniales a principios de los 60 comenzaron a desgastar a la dictadura de Salazar. El dictador estaba encaprichado en sostener su dominio colonial para mantener el esfuerzo industrial en la metrópoli. Sin embargo, la situación de lucha de clases a nivel mundial a partir del Mayo Francés, activó un proceso obrero y popular en país ibérico contra el régimen militar.
La Revolución de los claveles tuvo en sus inicios un importante componente anticolonial que al voltear al Estado Novo (dictadura), como dijimos, resquebrajó el imperio levantado por la Corona portuguesa durante más de 500 años en África.
En el momento de mayor organización de la clase obrera y los estudiantes en Portugal a lo largo de 1975, fue cuando Guinea Bissau, Mozambique, Cabo Verde y las islas Santo tomé y Príncipe conquistaron su independencia de Portugal luego de varios años de lucha armada.
En Angola las tres organizaciones mencionadas firmaron con el gobierno de Portugal la independencia en enero de 1975. Pero esto no finalizaron las rivalidades aún. El MPLA con base en Luanda fue atacada desde el norte por el FNLA y el sur por UNITA. Ambos frentes financiados y armados por el imperialismo. A UNITA se le sumó el apoyo de Sudáfrica que intentó sofocar una república negra vinculada a la Unión Soviética cerca de sus fronteras. En aquellos años, aún mantenían el Apartheid y no querían una rebelión en casa que cuestione los privilegios blancos.

Guerra Civil y Liberación

El asedio a Luanda fue muy sangriento pero la resistencia del MPLA fue heroica. Ryzard Kapuściński, periodista polaco que se aventuró en el corazón de las tinieblas para documentar las historias de liberación angoleña, reprodujo en su crónica, "Un día más con vida" el mensaje alentador del comandante Ju-ju del MPLA por la radio: "Celebramos la victoria de Folgares, donde nuestros gloriosos ejércitos asestaron golpes mortales a la banda de venales sicarios. Nos enteramos cómo toda África contuvo la respiración para seguir la suerte que corre la heroica guarnición de Luso que, que rodeada por innumerables hordas enemigas, decidió no ceder ni un pedazo de terreno. Nuestro espíritu jamás desfallece, nuestra voluntad de lucha es inquebrantable como el acero, no conocemos el miedo, no tememos la muerte y morimos ante los ojos del mundo, que nos contempla con admiración."
La resistencia del MPLA hizo retroceder a los distintos ejércitos de Luanda, conquistando el control de la mayoría del país. Allí fundarían el 11 de noviembre de 1975 la República Popular de Angola donde la base de su constitución fue la nacionalización de los recursos naturales y las ramas estratégicas de la economía estarían a manos del Estado, así como también, en un país donde el 90% era analfabeto, la educación sería gratuita y generalizada.
Para febrero de 1976, con apoyo del ejército cubano, empujan a las tropas de UNITA, FNLA y sudafricanas hasta el río Cunene, límite con Namibia, al sur de Angola. Los soldados cruzaron el río nadando para huir.
En 1989 finalizó la batalla de Cuito Cuanavale -la más grande en África desde la Segunda Guerra Mundial- donde el MPLN junto a las FAR cubanas y la SWAPO namibias combatieron el último foco de UNITA y las SADF (fuerzas de sudafricanas). Esa contienda derrumba el Apartheid en Sudáfrica y el dominio de este país sobre Namibia conquistando su independencia.
La guerra continuaría hasta 2002 dejando más de un millón de muertos. Angola, como el resto de los países que formaron parte del imperio colonial portugués, quedaron olvidados por la prensa internacional, ocultando los desastres que ocasionaron, y los problemas que no querrán resolver. El MPLA que en su programa hablaba de un Estado socialista, estuvo muy lejos de alcanzar esa meta. Más bien dejaron en el atraso total al país manteniendo las viejas ataduras coloniales pero con un rostro “democrático” aplicando hasta el día de hoy las recetas que exige el FMI, lo que lo convirtió en uno de los más pobres del mundo.
En situación donde los procesos de lucha de clases están en el centro de la escena a nivel mundial, Angola probablemente como fue en los procesos de descolonización de África, no quedará por fuera de esas luchas contra regímenes que hambrean a los pueblos.

Salvador Soler
Martes 12 de noviembre | 20:35

domingo, 17 de noviembre de 2019

Bolivia: entre el golpe de Estado y la resistencia popular

El dramático péndulo de la lucha de clases en Bolivia.

Esta primera semana del gobierno de Jeanine Áñez ya lleva 23 muertos, cientos de heridos, cientos de detenidos y más de 700 médicos cubanos deportados, además de decenas de periodistas y agencias de información internacionales expulsadas del país. La formación de listas de “masistas” y de gente que no apoya el movimiento cívico policial y militar calificándolos como “enemigos” constituye un salto cualitativo en el giro a la derecha y represivo de la situación actual.
La consumación del golpe de Estado cívico policial y militar el pasado 10 de noviembre en Bolivia, con la renuncia de Evo Morales y la asunción como presidenta autoproclamada de Jeanine Áñez, avalada por la OEA y el imperialismo así como por los baluartes de la reacción continental como Bolsonaro, amerita una explicación de las fuerzas profundas y estructurales que condujeron a este resultado.
Los acontecimientos últimos en Bolivia vienen sacudiendo a la opinión pública internacional, particularmente latinoamericana, en la que la imagen y llegada de la figura de Morales contaba y cuenta con altos índices de popularidad, sostenidas por una estable situación económica y sostenido crecimiento económico en los últimos 10 años que contrasta con la dinámica del conjunto de la región.
Los violentos cambios en la situación y en las relaciones de fuerza entre las clases y los partidos, entre el oficialismo y la oposición de derecha, entre el imperialismo y el país, entre el oriente y occidente, que se produjeron entre las elecciones del 20 de octubre y la consumación del golpe el 10 de noviembre, no solo dificultan los análisis sino que también plantean serios interrogantes sobre la futura estabilidad del nuevo orden al preanunciar un retorno de la lucha de clases luego de una década de pasivización de la acción de masas.
Si el 20 de octubre se inició un movimiento semiespontáneo de las clases medias en defensa del voto ciudadano ante lo que consideraban como un “escandaloso fraude” atribuido a Morales y al MAS para impedir una segunda vuelta que lo podía dejar fuera de palacio ante su rival de centro derecha Carlos Mesa, en pocas horas y días el movimiento se fue radicalizando en sus demandas y en sus métodos de lucha incorporando al mismo a diversos sectores sociales agraviados por el régimen de Morales en sus casi 14 años de gobierno, lo que permitió que el movimiento cívico pudiera encubrir su profundo carácter reaccionario, racista y clerical con un manto de popularidad.
Ya el lunes 21 de octubre, el Comité Cívico de Santa Cruz convocó a un paro cívico nacional con bloqueo de caminos que fue rápidamente secundado por el Comité Cívico de Potosí (Comcipo) –dirigido por Marco Pumari, que ya se encontraba en conflicto meses antes de las elecciones por demandas de carácter regional [1] desatendidas por el gobierno del MAS–, el Comité Cívico de Oruro y el Comité Cívico de Sucre –dirigido por Rodrigo Echalar del POR (Partido Obrero Revolucionario)– que contribuyeron no solo a fortalecer el movimiento dirigido por Camacho de Santa Cruz, sino a darle una cobertura “popular” a un movimiento cuyo centro social y político estaba constituido por los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad boliviana, como se pudo observar en las múltiples manifestaciones racistas de la Resistencia Juvenil Cochala o la Unión Juvenil Cruceñista, por no hablar de esa juventud paceña, de clase media blanca-mestiza, que recuperó el legado colonial de una sociedad estructurada racialmente y que en los 14 años de gobierno del MAS no pudo terminar. El empresariado, y particularmente las cámaras agroindustriales, se sumaron al movimiento golpista en el último tramo del mismo hasta que se hizo evidente que Morales no contaba con respaldo alguno y su debilidad era manifiesta. El motín policial iniciado en Cochabamba, que rápidamente se generalizó al resto de las guarniciones del país, junto con el guiño de las FF. AA. que declararon que no saldrían a reprimir al “pueblo” y sugiriendo a Evo Morales que renuncie –declaración que motivó el saludo de Donald Trump–, terminó de sellar la alianza social y política que hoy gobierna Bolivia.

El papel de las clases dominantes y del imperialismo

Durante la última década, la evolución del gobierno del MAS se dirigió a una creciente integración y asimilación a la clase dominante, despojándose paulatinamente de su composición indígena y popular y avanzando en la incorporación de personajes sin relación con los movimiento sociales, profesionales y técnicos formados y especializados en la administración del Estado. Así mismo, la estabilidad económica y el crecimiento alimentado por altos precios de materias primas potenciaron la concepción del MAS de avanzar en sociedad con empresas privadas y trasnacionales y permitieron que importantes sectores de las clases dominantes realizaran negocios como nunca antes lo habían hecho. Entre ellos destacan el sector financiero y bancario, los importadores –que gracias a una cambio fijo por dólar vieron crecer sus actividades por una política estatal que comprendía la inclusión social como una capacidad económica creciente para en el consumo– y finalmente el sector agroindustrial y ganadero, que desde el 2014 fue objeto de ventajas legales y económicas sin precedentes.
¿Por qué le soltaron la mano a Evo Morales si esta situación les era favorable? Responder esta pregunta implica ver no solo el papel del MAS en la estabilización económica y política, sino también ver qué tipo de relaciones sociales construyó el MAS con el conjunto de las clases sociales del país. Por un lado su origen campesino –cocalero– y popular, que le dotó de fuerza luego de los grandes levantamientos nacionales como la guerra del agua, o la guerra del gas en octubre del 2003, lo convirtió en el partido hegemónico en un escenario donde todo el sistema de partidos y toda institucionalidad del régimen neoliberal se encontraba por los suelos. La profunda desconfianza de las clases dominantes, alimentada por una relación de fuerzas favorable a las clases populares protagonistas de los grandes levantamientos, solo pudo ser paulatinamente despejada en primer lugar con los acuerdos constitucionales del 2008 y luego mediante las concesiones económicas que beneficiaron a estos sectores.
El agotamiento del boom de precios de materias primas determinó una cada vez mayor necesidad de recursos, así como las dificultades para satisfacer las demandas corporativas del conjunto de los sectores sociales y empresariales, alentando un salto en el extractivismo de materias primas –como el caso del litio en Potosí y su sociedad con una trasnacional alemana–, y la extensión de la frontera agrícola para satisfacer las necesidades de tierra del empresariado agroindustrial, hoy parte fundamental del golpismo. Evo Morales, pese a su creciente integración entre el partido de gobierno y el empresariado nacional, nunca pudo ser visto como una representación política propia del empresariado, siempre fue visto con desconfianza debido a sus orígenes, su lenguaje “socialista” y antimperialista y sus veleidades personalistas, y por lo tanto a la inexistencia de algún tipo de control institucional que hacia impredecible las políticas de Morales en un futuro próximo de crisis y de tendencias recesivas a nivel regional. Esta desconfianza no era suficiente para alentar una salida golpista, y eso explicaba por qué el empresariado tardó más de 15 días en pronunciarse, haciéndolo cuando la debilidad del régimen y el gobierno eran por demás evidentes.

El bonapartismo de Evo Morales y el MAS alimentaron a la oposición de derecha

La aprobación de la nueva Constitución Política de Estado que dio origen al llamado Estado Plurinacional de Bolivia, sobre la base de un acuerdo entre el MAS y la derecha oriental en octubre del 2008 con el objetivo de impedir que la movilización obrera, campesina, indígena y popular siguiera desarrollándose, empujó a Evo Morales y al MAS a tener que avanzar en la reconstrucción del Estado, desarrollando sus tendencias autoritarias y personalistas en forma creciente. El MAS fue incapaz de permitir la mínima posibilidad de crítica o de incorporar sugerencias o propuestas de diversos sectores sociales que no necesariamente se encontraban en la oposición al principio de su gobierno, y avanzó cooptando a las organizaciones indígenas, campesinas, obreras o populares, sin dudar en dividir las mismas y armar organizaciones paralelas sostenidas con los recursos del Estado, sin importar si estas organizaciones paralelas contaban con respaldo de sus afiliados o bases. Así, dividieron la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia), luego dividieron la CONAMQ (Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu), intentaron crear –y en un momento pareció posible– una APDHB paralela, y los sindicatos obreros afines también eran objeto de paralelismo o de judicialización de los dirigentes opositores y la destrucción de directivas sindicales no disciplinadas.
La primer manifestación de esta evolución se expresó en un ataque feroz a la economía obrera y popular en diciembre del 2011 con el intento de imponer el llamado gasolinazo, del que Morales retrocedió aceleradamente al constatar la enorme resistencia popular que la medida estaba generando. Por esos años, Evo Morales enfrentó la resistencia de los pueblos indígenas del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure) que rechazaban la construcción de una carretera por el medio de sus territorios y que recibió un enorme respaldo popular contra una política que alentaba la colonización y la profundización de una política extractivista de las riquezas de los territorios indígenas. Diversos sectores indígenas y pueblos originarios fueron empujados a la oposición luego de esta lucha en defensa del TIPNIS y hoy son parte del bloque social del golpe. La reforma de la ley de pensiones en junio del 2013 fue impuesta sobre la base de una feroz represión a los trabajadores asalariados que habían protagonizado uno de los proceso de lucha más importantes en años y que había dado origen al efímero Partido de los Trabajadores (PT) impulsado por la COB (Central Obrera Boliviana) y el Sindicato Minero de Huanuni y la Universidad Nacional Siglo XX de Potosí. El cierre de este capítulo sobre la base de la represión a dirigentes, judicialización de cientos de trabajadores mineros y la cooptación y corrupción de altas capas de la burocracia sindical minera, fabril y petrolera, contribuyeron a distanciar a importantes sectores de trabajadores de base del MAS y a alimentar el odio y resentimiento a un gobierno que pese a hablar en nombre de los movimiento sociales, no dudaba en reprimir y perseguir toda forma crítica o de oposición política.
Esta política fue empujando a ex dirigentes de la COB como Lucio Gonzales o Guido Mitma, entre muchos otros, así como a sindicatos enteros perseguidos por el gobierno, a engrosar las filas de la oposición de derecha –algunos de los cuales militaron la asonada golpista de manera entusiasta–. La COB y los sindicatos se transformaron en correas de transmisión de la política del gobierno hacia el movimiento obrero, y los dirigentes actuaron como verdaderas policías políticas al interior de las empresas y fábricas, aumentando el divorcio entre las organizaciones sindicales, profundamente estatizadas, y los trabajadores de base que no ven en su central sindical otra cosa que no sea carrerismo y corrupción. Sin ver esta acumulación de descontento y bronca, no se puede entender el rol de la COB durante el golpe, sin capacidad alguna de movilización e inclinándose directamente al golpismo al sugerir también la renuncia de Morales.
El salto cualitativo en el bonapartismo de Morales se produjo luego de que este desconociera el resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016 (21F), en el cual salió perdedor y pese a eso impuso una nueva postulación sobre la base de maniobras legales y judiciales. Este desconocimiento de un resultado electoral, más las denuncias de fraude expresadas el 20 de octubre pasado, detonaron la movilización de toda la oposición culminando en la renuncia de Evo Morales el 10 de noviembre.

La política negociadora del MAS le da fuerza y legitimidad al golpismo

Ante este escenario, el MAS de Evo Morales no solo que respondió tardíamente a la ofensiva cívica, policial y militar sino que fue contribuyendo a la misma en cada respuesta a la crisis. Así, al generalizarse la idea del fraude electoral, la oposición planteó como salida una auditoría electoral mediante la OEA y la exigencia de una segunda vuelta. Esta política sin embargo fue abandonada luego del Cabildo Nacional de la oposición el 31 de octubre, al constatar que el MAS, lejos de enfrentar la injerencia de la OEA en los asuntos internos, se allanó a la misma, preparando su propia derrota luego de que el informe de la auditoria, aunque sin hablar de fraude explícitamente, reafirmó la imposibilidad de validar el resultado electoral que otorgaba a Morales el triunfo en primera vuelta. La convocatoria de Morales a una nueva elección, luego de conocido el informe y en medio de un contundente motín policial, agravó su debilidad y alentó al movimiento cívico a ir por más, acelerando el triunfo del golpe ya en marcha, con la renuncia de Morales.
La Asamblea Legislativa Plurinacional controlada por el MAS con dos tercios de su composición, lejos de rechazar la renuncia de Morales como ya había sucedido durante el levantamiento del 2005 con Carlos Mesa, y que habría podido obstaculizar la institucionalización del golpe, obligando a los golpistas a apoyarse directamente en las FF. AA., terminó reconociendo la ilegal posesión de Áñez, limitando su “resistencia” a negociar salvoconductos y su participación electoral en el nuevo régimen. De más está decir que esta política negociadora y pacificadora de los dirigentes, funcionarios y del mismo Evo Morales desde México, solo contribuye a desmoralizar y a desorganizar a las fuerzas que quieren resistir el golpe, prolongando la tensión política pero dejando a amplios sectores populares organizar la resistencia “como puedan”.
El lunes 11 de noviembre, de manera espontánea en general y contra muchas de las directivas de las más de 450 juntas vecinales alteñas, la población empezó una movilización creciente contra a derecha y por el respeto a la Wiphala, símbolo de la lucha de los pueblos indígenas. Desplegando una gran autonomía en la autoorganización y alentando la transformación del programa de la movilización, desde una demanda de rechazo al racismo hacia la exigencia de derrotar el golpe de Estado, los trabajadores y vecinos de El Alto han empezado a enfrentar el golpe pese a sus direcciones vecinales, cooptadas por la gestión de la alcaldía alteña presidida por Chapetón de Unidad Nacional, y los esfuerzos dialoguistas de los representantes del MAS. Decenas de miles se dan cita cotidianamente en cabildos y asambleas que regularmente se dirigen al centro de la ciudad de La Paz. La federación campesina de las 20 provincias, Túpac Katari, ha iniciado la movilización hacia la sede de gobierno engrosando las columnas con la presencia campesina del departamento. Los trabajadores mineros de Colquiri y Coro Coro han sido los primeros destacamentos obreros en incorporarse a la resistencia junto al magisterio rural. Las muestras de racismo y las ofensas lanzadas con la quema de la Wiphala están despertando al gigante del movimiento indígena, tanto en el movimiento campesino como en franjas del movimiento obrero, como expresa la resistencia alteña en marcha. Queda la incógnita si la política de desmovilización impulsada por el MAS podrá imponerse sobre la voluntad de lucha que ya han expresado sobradamente la juventud de El Alto y de franjas del movimiento campesino como el Chapare o las 20 provincias.

El inestable gobierno golpista y las tendencias a formas de guerra civil continúan abiertas

La enorme polarización provocada, las división de las organizaciones vecinales en la ciudad de El Alto, en los sindicatos y comunidades, la profunda grieta abierta entre las bases y sus organizaciones sindicales en el movimiento obrero, han abierto una situación sumamente inestable y contradictoria que hace difícil de predecir la dinámica de los acontecimientos futuros. Aunque la política del MAS se consolide y logre desactivar momentáneamente la movilización contra el golpe, la relación de fuerzas no está definida claramente en ningún sentido.
Desde el gobierno golpista tratan de presentar la crisis actual como una lucha entre el MAS, calificado de narcotraficante y terrorista, y una derecha que se presenta como democrática, cívica y limpia de corrupción. Esta imagen sin embargo es insostenible luego de la violencia estatal desplegada con la consumación del golpe y las múltiples manifestaciones de racismo que emana de los desagües gubernamentales y cívicos. Por otro lado, en los sectores indígenas, campesinos e importantes franjas del movimiento obrero que no han intervenido aún gracias al nefasto rol de sus direcciones sindicales, pese a la confusión y desmoralización sembrada por el propio MAS, la voluntad de lucha expresada durante estos últimos días pone en claro que la relación de fuerzas más general entre las clases sociales establecida en la década pasada durante los levantamientos nacionales no ha sido sustancialmente revertida, y es esa relación de fuerzas más general la que plantea una gran y enorme incógnita de cuál será la vía que la lucha de clases imponga para la resolución definitiva de la crisis política abierta el 20 de octubre, y que lejos de resolverse con el golpe continua desarrollándose.
La urgente necesidad de avanzar en la organización para derrotar el golpe y la salvaje represión desplegada plantea la lucha por la constitución de comités de autodefensa para enfrentar la represión y garantizar la seguridad del paro alteño. Así mismo, es clave alentar las diversas formas de autoorganización que se han desplegado en estos pocos días en la ciudad de El Alto, desconociendo a dirigentes oportunistas y nombrando otros, con formas de deliberación y elección basadas en la democracia directa. Desde la LOR-CI venimos impulsando la lucha para que el movimiento supere sus objetivos condicionados por los marcos del régimen político, planteando que el pacto del 2008 entre el MAS y la oposición de la media luna de ese entonces, ya ha entrado en crisis y por lo tanto es necesario reabrir el proceso constituyente para imponer una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana, para que sean los trabajadores del campo y la ciudad, los pueblos indígenas, el movimiento de mujeres y otros los que discutan y decidan libremente qué país quieren para el futuro, no limitados ya por los pactos y acuerdos que el evomoralismo firmó con los golpistas a espaldas de las grandes mayorías nacionales.
Este equilibrio contradictorio en la relación de fuerzas, el surgimiento de alas izquierda con voluntad de resistir, mas allá de una eventual pacificación, dejan abiertas las tendencias a una mayor lucha de clases e incluso a la posibilidad de que puedan desarrollarse diversas formas de guerra civil. Dependerá en gran medida de cómo se ubique el movimiento indígena ante los esfuerzos dialogadores de su dirección, así como también del movimiento obrero luego de que se empiece a ajustar cuentas con la burocracia sindical. Más allá de si el golpe logra asentarse debido a la participación de diversos sectores de trabajadores en el mismo, al rol de la burocracia sindical y a la política conciliadora del MAS con los golpistas, lo cierto es que la grieta social y racial se ha vuelto a abrir de manera profunda. ¿Podrá el gobierno autonombrado de Áñez proscribir al principal partido del país, el MAS, dejando fuera de las elecciones a todo el movimiento indígena y campesino? ¿Como reaccionarán los sectores populares ante esta derecha cebada y que tiene voluntad de imponer todo su programa? Estas y otras preguntas para el futuro próximo plantean que no se puede descartar que al calor de la resistencia se desarrolle una situación prerrevolucionaria o directamente revolucionaria si las masas logran vencer la política de diálogo y negociación, y radicalizan la resistencia a la violencia estatal.

Javo Ferreira

Notas

[1] Litio.

Bolivia: el gobierno títere reprime, el MAS negocia, las masas luchan contra el golpe




El 15 de noviembre, en el puente que une Sacaba con Cochabamba la policía asesinó a ocho manifestantes, de una marcha que contaba con cinco mil, detuvo doscientos campesinos e hirió a ciento quince, según datos de Nelson Cox, defensor del pueblo de Bolivia.
Un auto con chapa diplomática de la embajada norteamericana (28-cd-17) se llevó detenida a Yoandra, jefa de la delegación de médicos cubanos en Bolivia. Como resultado de esto, setenta médicos cubanos abandonaron Bolivia.
La prensa nacional y extranjera ha sido atacada físicamente por grupos de tareas fascistas del gobierno títere y se los ha amenazado con encarcelarlos bajo la acusación de cometer delito de sedición.
En todos los puntos cardinales de Bolivia crece la lucha del pueblo contra el golpe .En Potosí, Cochabamba, El Chapare, Colquiri, y especialmente en El Alto. Los mineros de Coro-Coro están concentrados en La Paz provistos de dinamita intentando llegar a la Plaza Murillo, frente a la sede de gobierno ( el Palacio Quemado)contra una barrera de fuerzas militares y policiales que la rodean.
En un cuadro de tensión extrema, en el que las masas han comprendido la dimensión profunda del golpe racista, antiobrero, clerical y oscurantista, el MAS y sus principales dirigentes y legisladores han aceptado una mesa de diálogo con el gobierno golpista, con el discurso de pacificar el país.
Mientras tanto sigue corriendo sangre obrera, campesina e indígena como fruto de la represión de la dictadura respaldada por el imperialismo yanqui y europeo( OEA, Naciones Unidas, Unión Europea, Parlamento Europeo, Trump, Merkel y Putin).Lo han hecho concurriendo a cuatro reuniones con el gobierno fascista, en encuentros promovidos por la Fundación Jubileo (creada por la Conferencia Episcopal Boliviana). En estos encuentros participa la Conferencia Episcopal que los impulsó, la OEA y Naciones Unidas, todos los cuales han respaldado el golpe y reconocido al gobierno títere.
Allí se está tejiendo la transición (dictatorial y represiva) hacia las elecciones futuras, bajo la presencia de los tanques, de presos políticos, de censura de prensa, de allanamientos de viviendas y de proscripción a Evo Morales (un calco casi de la elección que dio lugar ascenso de Bolsonaro en Brasil, con Lula preso). Mientras tanto Evo insiste en pacificar el país mediante el dialogo con los golpistas, con denuncias plañideras sobre la represión, pero sin alentar ni organizar la lucha para derrotar el golpe. De esta negociación ha salido el permiso del golpismo a que los legisladores Masistas reúnan la Asamblea Legislativa, en tanto se limiten a reemplazar autoridades internas de la cámara pero no impugnen la presidencia trucha de Añez. Esta política va completamente en otra dirección al llamado a crear milicias por parte de las organizaciones de lucha de El Alto.
En medio de esta lucha heroica y decisiva de los obreros y campesinos bolivianos, se deberán sacar conclusiones sobre el papel del MAS y su defensa de las instituciones del capital, que explican las sucesivas capitulaciones cometidas, empezando por la aceptación de la intervención de la OEA y el pedido a la ONU Y A LA iglesia católica de que medien, a sabiendas de que son los gestores del golpe fascista. Es imprescindible que ocurra, y debemos contribuir a que suceda porque quienes han salido a la calle son seguidores del MAS, pero actúan en los hechos con una orientación opuesta.

Fuera Añez, Mesa y Camacho

Fuera el ejército y la policía de las calles

Libertad a los presos políticos del golpe

Abajo la censura de prensa

Cárcel a los responsables de los asesinatos de obreros y campesinos que luchan contra el golpe.

Fuera los emisarios de la ONU y de la OEA. Fuera el imperialismo de Bolivia y de América Latina

Fuera la Iglesia oscurantista y golpista.

Abajo el golpe racista y antiobrero

Por un gobierno obrero y campesino basado en las organizaciones obreras y campesinas que dirigen la insurgencia contra el golpe

Por un paro contra el golpe de las organizaciones sindicales de América Latina (CGT, CTA de Argentina, PIT-CNT de Uruguay, Cut de Brasil y demás)

Por la Unidad Socialista de América Latina.

Roberto Gellert

sábado, 16 de noviembre de 2019

Bolivia: ¿Qué hay detrás del “milagro económico”?




De la bonanza a la crisis

Se ha batido mucho el parche sobre el "éxito económico” de Morales. El PBI en Bolivia creció de menos de 10.000 millones de dólares en 2005 a 40.000 en 2018. Este auge se expresó en tasas de crecimientos superiores al 4%, la más alta de la región. El desempleo bajó del 8 al 3%, se redujo la pobreza del 55 al 35% y se incrementaron los índices de consumo popular.
Esa evolución estuvo impulsada por la suba de los precios de las materias primas, especialmente hidrocarburos, minería y productos agroindustriales, como la soja, que dejaron un gran caudal de recursos para el país.
Pero esta bonanza comenzó a hacer agua. La crisis mundial capitalista comenzó a pasarle factura al país del altiplano. Aunque fue más en cámara lenta, Bolivia tampoco pudo sustraerse al descenso de los precios de las materias primas y empezaron a aparecer los números rojos. La exportación de gas representó en 2018 un 33% del total de sus exportaciones, muy por debajo del 50% que habían alcanzado en 2014. La desaceleración de los precios de las materias primas dejó a Bolivia con un déficit fiscal de aproximadamente 8% del PBI. Las reservas en estos últimos 5 años disminuyeron una tercera parte. La balanza de pagos dejó de ser superavitaria y empezó a tener rojos pronunciados, por encima del 6%. La deuda externa como porción del PBI empezó a aumentar, alcanzando los 7.000 millones de dólares y duplica la existente al asumir Evo.
Importa señalar las tensiones económicas con sus vecinos, en especial con Brasil que es el principal destinatario del gas, la principal fuente de divisas de Bolivia. El Estado brasileño vino exigiendo, desde el gobierno del PT por una rebaja apreciable de los precios del gas. Con el ascenso de Bolsonaro se han intensificado esas presiones y reclama una renegociación a la baja de los contratos que expiran a fines de este año. El gobierno de Macri se ha sumado a este reclamo. Por lo pronto, la demanda del gas boliviano por parte de Brasil se ha reducido a una tercera parte. Brasil está privilegiando importaciones de gas natural de otras regiones, que le salen más baratas y aumenta su propio suministro interno a través de su plataforma submarina (Presal). Algo similar sucede con la demanda de Argentina de gas boliviano, que viene siendo sustituido por la producción en Vaca Muerta.
La bonanza no fue utilizada para transformar la matriz productiva y la estructura social de Bolivia, que sigue siendo una economía esencialmente primaria y extractivista, que está lejos de haber superado el atraso y la dependencia ancestral y la opresión imperialista. El aumento del PBI no se vio reflejado en una diversificación de la economía boliviana. Por el contrario, el proceso de desindustrialización se ve reflejado tanto en las estimaciones sobre la evolución de la productividad, como en la reducción de la participación de la industria manufacturera sobre el PBI que pasó de ser del 18% en 1988 al 10% en 2013 y el aumento de los sectores extractivos que creció un 5% entre esos mismos años (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 2015).

Cediendo al capital

Las promesas con las cuales Evo asumió se fueron desvaneciendo rápidamente. El indigenismo terminó cediendo y pactando con el gran capital y la oligarquía.
La nacionalización de los hidrocarburos quedó trunca pues el plan original fue archivado, lo que le costó la cabeza al entonces ministro de Energía, Andrés Soliz Rada. El propio ministro se encargó de desenmascarar el carácter trucho de las nacionalizaciones. La denuncia más relevante fue que los convenios que fueron firmados hace una década no incluyen la soberanía del Estado boliviano sobre la totalidad de las reservas de gas y petróleo, que están estimadas en 200.000 millones de dólares. Los contratos reconocieron a los pulpos áreas de operación y derechos de exploración y explotación exclusivos (por un plazo de treinta años). Estamos ante la forma de convenios semejantes a la privatización realizada por los gobiernos precedentes. Los monopolios inscribieron las reservas en sus libros, lo cual, a su turno, terminó socavando la posibilidad del desarrollo estatal del petróleo, al privar a Bolivia de la posibilidad de obtener capital en el mercado internacional prendando las reservas estimadas.
Al comprimirse los recursos fiscales, el gobierno de Morales apeló a un mayor endeudamiento y compromisos con el gran capital y, al mismo tiempo, como lo vienen haciendo sus pares latinoamericanos a mayores ajustes contra las masas. Alvaro García Linera, vicepresidente e ideólogo principal del MAS, ha justificado, con el argumento de resguardar el poder político y conseguir más divisas -cuyo ingreso había empezado a angostarse-, la estrategia de concesiones a las transnacionales y empresarios, otorgándole más beneficios a los pulpos petroleros y mineros y a la oligarquía sojera y ganadera cruceña.
La política de saqueo de la riquezas nacional se profundizó estos últimos años en forma proporcional a la declinación del gobierno: el 80% de la producción de hidrocarburos está controlada por las transnacionales que, sin embargo, no están obligadas a invertir en la exploración de nuevos pozos, lo que está llevando a una peligrosa reducción de las reservas; San Cristóbal, la principal mina boliviana dedicada a la exportación, ha pasado a ser cien por ciento propiedad del monopolio japonés Sumitomo; y el gobierno viene de firmar un acuerdo para entregar gran parte de la producción de litio (mineral en alza en el mercado mundial) a una empresa mixta con la alemana ACI Systems, que apenas dejara al Estado boliviano regalías por un mísero 3%.
La política exterior ha acompañado este giro más marcado. Evo no se ha privado de saludar al "compañero" Bolsonaro en su ascensión al poder en Brasil y el acuerdo del Mercosur con Europa, pese a su carácter semicolonial, que abre las puertas a una mayor primarización de Latinoamérica.
Tampoco se cumplió la prometida reforma agraria. El proyecto original de confiscar los latifundios quedó reducido a una distribución exclusivamente de tierras fiscales. La oligarquía separatista que en 2007 intentaba llevar al país a una guerra civil, siguió concentrando las tierras y obteniendo grandes benefcios de la soja para la exportación. El vínculo con el gobierno proveyó a los órganos de fomento y control de la produccion agrícola en manos de los grandes patronales varios beneficios que incluyen créditos, legalización de tierras, ampliación de la frontera agrícola. Evo Morales autorizó desmonte de bosques, en los departamentos de Beni y Santa Cruz, al sector ganadero.

Precarización

Es cierto que bajo el mandato de Morales, la pobreza cayó, aunque Bolivia, aún así, se mantiene como el país más pobre de Sudamérica con un Producto Interno Bruto (PBI) per cápita de sólo 3.400 dólares al año.
Al igual que lo que ocurrió en Argentina, bajo el kirchnerismo, el crecimiento se ha hecho sobre la base de una aún mayor precarización y tercerización del trabajo y del trabajo en negro. Según informes oficiales, en las regiones metropolitanas sólo el 19% de los ocupados aporta a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), 28% cuenta con seguro de salud, 29% tiene un contrato escrito y sólo 57% trabaja una jornada internacionalmente aceptada como normal de 48 horas o menos a la semana. De esta manera, el sector informal, de pequeña escala y baja productividad, sigue siendo el principal generador de empleo. Al cabo de la década y media de Evo Morales, las condiciones de vida de las masas continuaron siendo paupérrimas. Según un estudio dado a conocer por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), "la mayor parte de los empleos generados en los últimos años por el gobierno de Evo Morales tienen el común denominador de precariedad”, "evidentemente hubo generación de fuentes laborales, pero con salarios de hambre" (ídem).
El llamado “milagro boliviano” empezó a naufragar y al calor de este proceso, la capacidad de pilotear la crisis se le fue haciendo cada vez más cuesta arriba y en esa medida, se fueron rompiendo todos los equilibrios políticos, ya de por sí precarios. El disconformismo con el gobierno de Morales se fue apoderando de todas las clases sociales. Por un lado, aumentó el descontento popular, incluyendo a su propia base de apoyo, que es lo que explica la caída de su popularidad. El bonapartismo plebiscitario del MAS se fue transformando paulatinamente en un gobierno cada vez más recostado en el aparato coercitivo del Estado y en una persecución y represión mayor de la protesta popular. Por el otro, la clase capitalista fue tomando distancia y aumentando su belicosidad en forma proporcional a la pérdida de recursos por parte del Estado boliviano para satisfacer sus exigencias y demandas. El golpe de cuño bolsonarista apunta a poner en pie un régimen de ataque más violento y directo a las masas, de modo de ir a fondo en la ofensiva capitalista contra los trabajadores.
El nacionalismo pequeño burgués indigenista fue superado por la situación, poniendo de relieve sus límites insalvables para hacer frente a las tendencias dislocadoras que plantea la bancarrota capitalista en desarrollo. La lucha contra el golpe, que ha quedado en manos de los explotados ante la defección del gobierno, plantea trazarse un nuevo horizonte, la lucha por abrir paso a un salida política de los trabajadores, que proceda a una transformación integral del país sobre nuevas bases sociales.

Pablo Heller

En Bolivia se procesan dos salidas contrapuestas




La derrota del golpe en las calles o el "diálogo" que lo convalida

La novedad del convulsivo escenario boliviano la arroja la constitución de una mesa de dialogo integrada por el gobierno golpista de Áñez y una parte de la dirigencia del MAS.

Tras el impedimento de que los asambleístas del MAS ingresen el pasado miércoles a las instalaciones del congreso para sesionar, lo que recrudeció la represión policial cuando los manifestantes se dirigían a la Plaza Murillo, el autoproclamado gobierno de Áñez ha decidido virar en su posición de intransigencia con el masismo y convocar a la conformación de una mesa de dialogo.
Por esta vía, Áñez habilitó las conversaciones con la senadora masista Adriana Salvatierra- quien renunció a la presidencia del Senado y por ende a la sucesión presidencial- y con la jefa de bancada del MAS en diputados, Betty Yañiquez, quienes pusieron como condición la demanda de garantías para que cesen las persecuciones políticas, un salvoconducto para los dirigentes masistas y que Evo pudiera retornar al país.
Estas tratativas eliminaron los impedimentos para que sesionen ambas cámaras del legislativo, permitiendo que se renovaran las autoridades de la Cámara Baja y del Senado. En horas de la madrugada del jueves, los diputados masistas lograron ingresar al congreso y sesionar con quórum propio, ante la ausencia de los golpistas, proclamando al diputado Sergio Choque como presidente de la Asamblea, quien entre sus primeras manifestaciones reclamó que la policía detenga las agresiones y pidió por el apaciguamiento de los sectores movilizados: “ya no podemos seguir enfrentándonos”. En el Senado, en cambio, con la participación de todos los legisladores del MAS y con legisladores de Unidad Demócrata- fuerza política que integra Áñez- y del Partido Demócrata Cristiano, se votó por unanimidad la presidencia de la cámara en cabeza de Eva Copa y la vicepresidencia a cargo de Pedro Montes, ambos pertenecientes al MAS. El dato a destacar es que Copa es representante de la ciudad de El Alto y dirigente de las juventudes del MAS, mientras que Montes fue ejecutivo de la Central Obrera Boliviana, lo que parece indicar una señal para los sectores movilizados en pos de que depongan su beligerancia contra el golpe. A su vez, ninguno de los recintos se pronunció contra el golpe, ni contra la ruptura del orden constitucional, cuestión no menos cuando el pueblo en las calles reclama el desconocimiento del gobierno ilegítimo.
La invitación de los golpistas al dialogo es solo para los sectores que no alienten la lucha contra el nuevo gobierno. Así lo manifestó en recientemente designado ministro del Interior, Arturo Murillo, quien manifestó “Estamos tendiendo puentes con varios sectores del Movimiento al Socialismo, pero con los que no están en la sedición, que no están haciendo terrorismo”. A estos últimos les indicó “[…] que se cuiden”.

El pueblo sigue de pie

A pesar de todos los intentos del gobierno golpista y de las múltiples manifestaciones de dirigentes masistas en pos de calmar los ánimos y de restablecer la paz social, las movilizaciones contra el golpe van creciendo día a día.
En El Alto sesionan todos los días los Cabildos Abiertos donde se discuten las novedades y se acuerdan las consignas, para luego comenzar la larga marcha de 11 kilómetros que unen la ciudad con el centro boliviano de La Paz.
En el día de hoy [viernes] y mañana se espera que la movilización de La Paz se refuerce con el arribo de los Cocaleros del Trópico, que vienen de manifestarse en Cochabamba, y otros sectores que se movilizan desde las regiones rurales del interior del país (Pagina12 15/11). Otro tanto ocurre con los mineros de distintas zonas que llegan a La Paz luego de sortear los retenes y obstaculos montados por los golpistas.
La orientación del MAS sigue siendo la de convocar al dialogo y la pacificación democrática. Es lo que ha manifestado Evo Morales en reiteradas apariciones en las que se ofrece como interlocutor para que cesen los enfrentamientos. En sus recientes manifestaciones vuelve a solicitar la intervención de la ONU e incluso se dirige a instituciones como la Iglesia Católica para restablecer la paz social y el dialogo.
Si bien la lucha contra el golpe se expresa en varios sectores con la consigna del retorno de Evo, ante la ausencia aun de una perspectiva política de los obreros y campesinos de carácter independiente, no son pocos los manifestantes que señalan que esta lucha va más allá del regreso de Morales. Napoleón Yawasi, presidente de la Federación de Juventudes Vecinales de Viacha manifestó “Lo que hizo Áñez es un golpe de Estado […] A mí no me interesa en lo particular que vuelva Evo Morales. Estas no son marchas partidarias. Pero los indígenas tenemos miedo de que se pierdan todos los derechos conquistados en estos 13 años” (La Nación 15/11). El ultraje a los símbolos tradicionales de las comunidades indígenas, como la Whipala, despierta el temor entre la populosa población de origen Aimara de que el golpe tenga como propósito avanzar en un ataque contra los sectores más postergados de Bolivia, más aun cuando su procedencia remite al personal político originario de la Media Luna Oriental de tradición derechista y segregacionista.
La situación planteada en Bolivia expresa objetivamente dos tendencias que se van delimitando con claridad. Por un lado, el golpe, que intenta sobrevivir a base de acuerdos y tratativas que le permitan ordenar una transición hacia una convocatoria a nuevas elecciones condicionadas. En este punto el insistente reclamo de pacificación, sin rechazar el golpe, implica la continuidad del proceso que han emprendido los golpistas. Por el otro, la lucha del pueblo, que rechaza al gobierno de Áñez y que se mantiene en estado de deliberación y movilización permanente, sin concesiones a los golpistas, hasta que depongan sus propósitos. Es por esta vía por donde se expresa la perspectiva de arribar a una salida independiente, que en el camino de derrotar a los golpistas deberá extraer las conclusiones necesarias para arribar a una salida obrera y campesina.

Marcelo Mache

jueves, 14 de noviembre de 2019

Bolivia: abajo el golpe y su presidenta títere




Profundizar la lucha

Un Senado, sin quórum, minoritario, ha ‘elegido’ presidenta provisional de Bolivia, a la senadora Jeanine Añez, séptima en la línea de sucesión presidencial.
Esto ha sido bendecido por la Conferencia Episcopal y cuenta con el aval de las fuerzas policiales y armadas.
El golpe ha colocado un títere, un mascarón de proa, para tratar de superar el vacío de poder que se planteó con la renuncia del presidente Evo Morales exigida por estas ‘instituciones’ sobre la base de una conspiración-movilización de la derecha.
Al frente de la movilización ‘cívica’ se había colocado Luis Fernando Camacho, un empresario ultraderechista y racista que venía dirigiendo el “comité cívico” de Santa Cruz.
Es un golpe que viene siendo planeado, estratégicamente, por Bolsonaro, Macri y Trump. No sólo en un sentido político, sino físicamente. En primerísimo lugar, los senadores yanquis republicanos Rubio y Cruz están marcados, en audios que circularon, como enlaces de acción con los comandos y la Embajada yanqui en La Paz como centro de operaciones. Hemos publicado denuncias de que Camacho y otros personajes clave del golpismo se venían entrevistando con altos funcionarios de Brasil (y de Argentina). El intento geopolítico era tratar de quebrar la irrupción de rebeliones populares que viene recorriendo América Latina contra los planes fondomonetaristas (Chile, Ecuador, etc.). La reciente derrota electoral de Macri en Argentina -que era el pollo de Trump y Bolsonaro- aceleraron en forma aventurera la ofensiva por derrocar a Evo Morales.

El papel de la OEA

Es un golpe que, aunque pretenda vestirse de democrático, en defensa del sufragio del pueblo, no puede ocultar que el MAS sacó en la elección del 20 de octubre el 46-47% de los votos, a 9 o 10 puntos de distancia de Carlos Mesa, su inmediato opositor. Por eso, la OEA -que hizo una ‘auditoría’ de los resultados electorales- no pudo menos que reconocer en su informe que “teniendo en cuenta las proyecciones estadísticas, resulta posible que el candidato Morales haya quedado en primer lugar y el candidato Mesa en segundo. Sin embargo, resulta improbable estadísticamente que Morales haya obtenido el 10% de diferencia para evitar una segunda vuelta”. A pesar de ello, la OEA “recomienda otro proceso electoral”, ‘sugiriendo’ que “cualquier futuro proceso deberá contar con nuevas autoridades electorales para poder llevar a cabo comicios confiables”. Dio la base ‘jurídica’ a la movilización golpista.

Paso a paso

Evo Morales fue retrocediendo, aceptando todos los reclamos de la derecha golpista. Primero: él invitó a la OEA a supervisar los resultados electorales. Cuando ésta planteó que lo haría si su dictamen resultaba vinculante, Evo lo aceptó; la derecha dijo “ni” y finalmente declaró su autonomía respecto de la evaluación.
Luego, cuando la OEA planteó hacer una segunda vuelta, Evo lo aceptó. A las horas, ante el reclamo de nuevas elecciones, también… aceptó. Más tarde, cuando se reclamó que no se presentara como candidato, lo aceptó. Y, finalmente, presentó su renuncia y la de todo su equipo gobernante (vicepresidente, ministros, autoridades ejecutivas del Parlamento, etc.). ¡Un vaciamiento total!

Capitulación

La renuncia de Evo es una capitulación. Es la remake de otras crisis de gobierno y liderazgos nacionalistas burgueses en Latinoamérica, que frente a golpes (incluso minoritarios) de la derecha hacen mutis por el foro. Porque enfrentarlos significaría convocar a la movilización de masas y abrir un curso antiimperialista y revolucionario. El ejemplo de Perón en 1955 que, frente al golpe, decidió abandonar el poder e irse al exilio, para “no derramar sangre de argentinos”, es un modelo claro que se ha repetido una y otra vez. Y que ahora con Evo se da casi como un calco. El pueblo trabajador quería resistir en 1955 el golpe gorila y Perón los mandó a la casa. Evo se va, mientras trabajadores y campesinos salen a enfrentar el golpe.
Su exilio -y el de los principales dirigentes del MAS- profundiza aún más la capitulación, porque trata de dejar sin referencia política directa la lucha antigolpista que están desarrollando masas obreras y campesinas. Por el contrario, Evo, desde su exilio, pide “pacificación”, “diálogo”, lo que significa levantar toda resistencia. Sin pelos en la lengua, Evo ha llamado a trabajadores de la salud y docentes a levantar las huelgas en desarrollo para “no perjudicar al pueblo”.
El nuevo próximo presidente argentino Alberto Fernández, a su turno, se jacta de una posición antigolpista respecto de Bolivia. Pero su acción fundamental, fue ‘conseguir’ el exilio para Evo Morales. Fernández no llamó a resistir, sino que se dedicó a buscar protección para Evo y los dirigentes del MAS. A alejarlo de Bolivia y dejar descabezada la dirección del MAS.
Esto no es, sin embargo, meramente un choque entre fracciones nacionalistas burguesas versus neoliberales. Se abren fisuras para la irrupción de las masas trabajadoras y explotadas. El 17 de octubre de 1945, el pueblo salió a la calle a pesar de que Perón, preso, había presentado su renuncia, y logró liberarlo y derrotar el golpe en marcha. Y en 2002, la clase obrera y los pobladores de los cerros de Caracas irrumpieron con su movilización, destrozaron el golpe en marcha y liberaron a Hugo Chávez, que había firmado su renuncia.
En Bolivia, mineros, campesinos, pobladores de las barriadas pobres de El Alto se han organizado y movilizado, bajando a La Paz, cortando caminos, constituyendo asambleas y cabildos abiertos, y principios de milicias obreras o vecinales para salvaguardar el orden y enfrentar las provocaciones derechistas. El ingreso del facho Camacho en la Casa de Gobierno con una Biblia gigante en la mano para exorcizarla, y el arrío y quema de la bandera indígena (wiphala) ayudó a catalizar la respuesta movilizadora de las mayoritarias comunidades indígenas, particularmente de los aymaras.
El ‘problema’ indígena no es un problema meramente nacional, sino social. Detrás de los blanquitos xenófobos de Santa Cruz está la explotación de los terratenientes exportadores, de los agentes del capital petrolero y gasífero, de los que explotan la minería. Son ‘bolsonaros’ no sólo porque desprecian salvajemente al indio, sino porque entregan las riquezas de la nación a la voracidad del capital financiero. La emancipación del pueblo indígena está íntimamente unida a la alianza con la clase obrera y a la lucha contra la explotación capitalista.

Sigue el vacío de poder

Las fuerzas policiales fueron totalmente desbordadas. El jefe de policía fue el que pidió la intervención del Ejército: "No podemos enfrentar las movilizaciones sólo con gases lacrimógenos", dijo. ¿Estaba pidiendo balas? Las Fuerzas Armadas vacilaron en montar una intervención más directa, con temor a que se manifieste en sus filas la presión de las masas en las calles. Pero tampoco el imperialismo quería un gobierno militar directo, del jefe del Ejército. No sólo por el efecto político de que el golpe se constituía en un gobierno militar directo, sino -según Clarín (12/11)- porque había desconfianza sobre la orientación de su jefe, William Kaliman, al que se supone influenciado por el masismo indigenista.
Por eso se forzó la mano para elegir presidenta provisional a Jeanine Añez, una persona sin una fuerza política estructurada, que está sostenida por la policía, el Ejército y las bandas derechistas. En su presentación, en el balcón del palacio, estaba a su derecha Camacho con una Biblia en la mano. Se trata de un gobierno bolsonarista. Añez se pudo autoproclamar porque la mayoría masista de la Cámara se ausentó de la sesión, dejando el camino expedito para este curso antidemocrático.
Añez promete convocar a elecciones democráticas, sin fraude, a la brevedad. Pero se intenta repetir los pasos ‘electorales’ que en Brasil llevaron al poder a Bolsonaro. Allí se anuló la candidatura de Lula y se lo envió a la cárcel en forma arbitraria. En Bolivia se pretende hacer lo mismo con Evo y hasta con el MAS, a pesar de ser el partido mayoritario. Habría elecciones ‘democráticas’ con esta proscripción, convocada por una presidenta que nadie eligió, designada por un Parlamento sin quórum custodiado por la policía y el Ejército. La nominación de Añez implicará una coordinación entre la policía, el Ejército y los comandos derechistas para reprimir las movilizaciones antigolpistas.

Recuperar los sindicatos para la lucha antigolpista

Como todo régimen nacionalista burgués, el de Evo, también, se dedicó de lleno a regimentar al movimiento de masas, a los sindicatos, a las confederaciones campesinas, etc. Lo hizo cooptando a sus direcciones y reprimiendo los movimientos de lucha independientes. Así fue liquidando el papel de lucha de las organizaciones obreras y de masas. La dirección de la Central Obrera (COB) era títere del masismo. Pero eso fue más allá… se transformó en títere del Estado burgués. Cuando las patronales y las fuerzas represivas empezaron a reclamar la renuncia de Evo Morales, la dirección burocrática de la COB se plegó a este planteo golpista. Gran parte de los sindicatos están vaciados por la labor destructiva de las burocracias sindicales. Es necesario recuperarlos. Es necesario que los trabajadores se organicen en forma independiente, que se convoquen a congresos de bases departamentales, en las barriadas, etc., para votar planes de lucha.
La consigna es derrotar el golpe. Hay amplios sectores de las masas explotadas que levantan la consigna de “la vuelta de Evo”. Incluso sectores que venían rompiendo con el MAS, espantados por el fachaje Camacho-bolsonarista. Se impone un frente único para aplastar el golpe, liberar a los detenidos, destronar a la presidenta, retirar a las fuerzas represivas. Es necesario pasar a la organización de la lucha contra el golpe en Bolivia, al armamento defensivo de los barrios, los campesinos y las fábricas, al lanzamiento de la huelga general, al llamado a la confraternización con soldados y policías que no quieran reprimir al pueblo trabajador.
Más que nunca se impone una gran y activa movilización latinoamericana contra el golpe. No sólo contra los golpistas de Bolivia, sino también contra los gobiernos y las burguesías cómplices que apoyan al golpe.
Frente único para aplastar a los golpistas. Que las centrales obreras, la CGT y la CTA de la Argentina, la CUT brasilera, el PIT-CNT de Uruguay, la CUT chilena y todas las centrales y organizaciones obreras convoquen a un paro continental y marchas contra el golpe reaccionario en Bolivia.

Rafael Santos
12 de noviembre

Derrotemos el golpe de estado en Bolivia




La lucha en curso en Bolivia es decisiva para América Latina. Los obreros, campesinos y pueblos originarios se están batiendo en la calle contra el Ejército y la policía que responden a la oligarquía reaccionaria y la clase capitalista que quieren llevar hasta el final el golpe de Estado.
Mediante la acción directa y la formación de comités y milicias el pueblo está enfrentando el golpe que ha sido cuidadosamente planificado por el imperialismo yanqui y Bolsonaro, y que cuenta con el aval de la mayoría de los gobiernos de la región.
Como ocurre también en Chile, las fuerzas represivas disparan con armas de fuego causando decenas de muertos y heridos. Caída la fachada democrática, el Estado se expone como el órgano de represión y opresión de la clase dominante.
Macri ha respaldado al golpismo de modo abierto. El Consulado argentino en Santa Cruz, en el oriente boliviano, fue usado como base de operaciones por los golpistas.
La oligarquía y la clase capitalista de Bolivia apostaron al golpe para doblegar a obreros y campesinos. Quieren descargar la bancarrota capitalista sobre las espaldas del pueblo trabajador.
Pero el imperialismo yanqui y los gobiernos de la región tienen un propósito más amplio. El golpe en Bolivia quiere neutralizar y derrotar el ciclo de rebeliones populares que tiene su punto más alto en Chile y en Ecuador.
La derrota del golpe en Bolivia interesa al conjunto de los explotados de América Latina. Es necesario desplegar en Argentina y en todos los países de la región movilizaciones de apoyo que enfrenten el golpe y denuncien la complicidad de los gobiernos con la oligarquía golpista.
La lucha para derrotar al golpe requiere una base independiente de los trabajadores. Sólo una acción decisiva de los pueblos de América Latina puede derrotar al golpismo apelando a los métodos históricos de lucha: la movilización, los comités y asambleas y las milicias populares.
Esta acción independiente es más necesaria al ponerse en evidencia la incapacidad de los “nacionales y populares” para enfrentar al golpe. El propio Evo Morales decidió renunciar a la presidencia en vez de llamar a la movilización popular contra el golpe de Estado. Una vez más, el nacionalismo de contenido burgués preere capitular ante el golpismo que apoyarse en el pueblo para enfrentarlo.
El argumento de renunciar para evitar un derramamiento de sangre resulta insostenible. Evo Morales ha salido de su país, pero las Fuerzas Armadas y la policía incrementaron su acción represiva.
La experiencia histórica de América Latina vuelve a colocar la responsabilidad de derrotar al golpismo reaccionario en las manos de los trabajadores y el pueblo explotado. Es necesario tomar todas las iniciativas de acción para colaborar con el combativo pueblo boliviano.
Llamamos a realizar movilizaciones de masas en la Argentina y en América Latina contra el golpe en Bolivia y por el triunfo de las rebeliones de Chile y Ecuador. Reclamamos a la CGT de Argentina, a la CUT de Brasil y a todas las centrales obreras de la región un paro activo en apoyo al pueblo boliviano.
Abajo el golpe. Basta de represión. Fuera la OEA y el imperialismo. Que la crisis la paguen los capitalistas. Por gobiernos de los trabajadores y la unidad socialista de América Latina.

Prensa Obrera