jueves, 20 de junio de 2019

Clases sociales y partidos en el pensamiento de Marx y Engels




No tenemos una teoría del partido, ni tampoco una teoría del partido comunista formulada completamente en una o más obras particulares de Marx y Engels. Sin embargo, se puede encontrar un desarrollo apreciable de elementos de la teoría de un partido, aunque bastante dispersa y, a menudo, integrado en piezas de polémicas o de análisis político-históricos como el de El 18 de brumario de Luis Bonaparte.
Por otro lado, fue un punto polémico de los críticos positivistas contra Marx, el de estar limitado “a un simple análisis crítico de los datos, en lugar de prescribir recetas (¿comtianas?) para los figones del futuro” [1]. También debe recordarse que, al contrario de la concepción más bien generalizada de un marxismo elevado a sistema, a doctrina cumplida, el propio Engels afirmó que "toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas preconcebidos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación” [2]: un punto de partida epistemológico particularmente esclarecedor, si se tiene en cuenta, por ejemplo, su influencia en el pensamiento de Parvus y el posterior desarrollo de la teoría de la revolución permanente de Trotsky retomando los escritos de Marx [3]
En el Manifiesto Comunista, así como en Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 [4], el término "partido" se usa con diferentes claves y amplitudes semánticas: esta ambigüedad (o, debemos decir, riqueza) debe tenerse en cuenta para evitar distorsiones y exagerar la naturaleza contradictoria y fragmentaria de la elaboración de Marx sobre el tema [5].
El marxologo Maximilien Rubel, con respecto a esta ambigüedad en el pensamiento de Marx indica una doble concepción del partido: por un lado, como un fenómeno sociológico, como un fenómeno estructural y fisiológico que surge de la sociedad burguesa; por otro lado, como un fenómeno ético, "una especie de profesión de fe y una ilustración de la misión que los comunistas deben llevar a cabo" [6]. Damiano Palano interpreta esta ambivalencia como la voluntad de Marx de distinguir al partido como fenómeno efímero, “con el que alude a partidos que realmente se mueven en el terreno político, desde un ‘sentido eminentemente histórico’ del término, usado en cambio para referirse a la causa de la afirmación del proletariado” [7], basada en el siguiente pasaje de una carta de Marx a Freiligrath:
Después de que, a petición mía, la Liga se disolvió en noviembre de 1852, ya no pertenecía (ni pertenezco) a ninguna organización pública o secreta: el partido, por lo tanto, en este sentido completamente efímero, dejó de existir para mí. durante ocho años [...] La Liga, así como la Société des Saisons, de París y otras cien sociedades, no son más que un episodio en la historia del partido, que surge espontáneamente (naturwüchsig) del suelo de la sociedad moderna. [...] Hablando del partido, le doy a este término un sentido eminentemente histórico [8].
De hecho, de la producción general de Marx es posible comprender esencialmente dos niveles del discurso sobre el partido comunista. Sin embargo, nos parece que las categorías propuestas por Rubel se derivan de una lectura superficial (el “Moro de Tréveris” habría dicho vulgar) de los pasajes dedicados al partido, con el resultado de la presencia formal de fuerzas políticas, de organizaciones que intervienen en general en la vida política de la sociedad civil en varias formas y con diversos métodos, se reduce a un dato sociológico, que dirige objetivamente el análisis de estas fuerzas hacia un aplanamiento entre el partido-organización politica y la clase social de referencia.
En este sentido, en varios pasajes, Marx y Engels intentan articular un análisis de la relación entre los partidos y las clases sociales basada (más que "influenciada", como escribe Palano) en una dialéctica que es ciertamente más compleja que una mera relación lineal que identifica la perfecta adhesión de cada clase social a su propio partido político, a partir de un rechazo general del determinismo en la lectura de la relación entre el momento económico y las otras esferas sociales, determinismo que arraigó entre los "marxistas" ya en la época de Marx:
Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta - las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas - ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores, en el que, a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades (es decir, de cosas y acaecimientos cuya trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico. De otro modo, aplicar la teoría a una época histórica cualquiera sería más fácil que resolver una simple ecuación de primer grado [9].
Marx y Engels, por lo tanto, rechazan la hipótesis de que la mera situación económica, los meros intereses objetivos de las diferentes clases sociales, dan forma inmediata a la distribución de las teorías y de los partidos políticos sobre la base de un estricto marco socioeconómico. Específicamente, en relación con el uso generalizado de la categoría de "pequeño burgués" que se encuentra en los escritos de los dos alemanes, Marx aclara el sentido y la orientación con la que vincula a ciertos partidos a diferentes clases sociales cuando considera que las teorías y soluciones políticas expresadas por estos partidos reflejan los intereses materiales y los problemas prácticos de clases específicas:
No vaya nadie a formarse la idea limitada de que la pequeña burguesía quiere imponer, por principio, un interés egoísta de clase. Ella cree, por el contrario, que las condiciones especiales de su emancipación son las condiciones generales fuera de las cuales no puede ser salvada la sociedad moderna y evitarse la lucha de clases. Tampoco debe creerse que los representantes democráticos son todos shopkeepers o gentes que se entusiasman con ellos. Pueden estar a un mundo de distancia de ellos, por su cultura y su situación individual [10]. Lo que les hace representantes de la pequeña burguesía es que no van más allá, en cuanto a mentalidad, de donde van los pequeños burgueses en modo de vida; que, por tanto, se ven teóricamente impulsados a los mismos problemas y a las mismas soluciones a que impulsan a aquéllos prácticamente, el interés material y la situación social. Tal es, en general, la relación que existe entre los representantes políticos y literarios de una clase y la clase por ellos representada [11]
Es precisamente la "pequeñez" del horizonte teórico de los partidos demócratas radicales lo que, según Marx y Engels, les hace merecer el apelativo de democracia vulgar, en el sentido de superficialidad, que no va más allá de la apariencia de las cuestiones políticas y del significado mismo de la democracia en la sociedad burguesa moderna; un carácter que se refiere y se vincula con el de la pequeña burguesía precisamente en el campo programático, donde las intenciones de estos partidos se resumen "en el hecho de que las instituciones democráticas republicanas no se requieren como un medio para eliminar ambos extremos, el capital y el trabajo asalariado, sino como un medio para mitigar su contraste y transformarlo en armonía" [12].
De esta manera de conceptualizar el partido se desprende que, según Marx y Engels, la composición social de un partido, de sus miembros, no es el factor determinante del carácter de ese partido. De este modo, se hace posible que ambos hablen del desarrollo histórico de las distintas organizaciones y, en general, del partido proletario, refiriéndose a actividades políticas y a grupos no animados sólo por proletarios -ni siquiera compuestos, en su mayoría, por proletarios-, dadas las condiciones específicas que justifican tal hibridación de clases. Así, aquellas organizaciones políticas del campo socialista que de hecho se refieren a “recetas” originales para la sociedad, o que en cualquier caso sostienen que el socialismo se afirma como tal en virtud de su bondad como idea, como “expresión de la verdad absoluta, de la razón y de la justicia, y basta con descubrirlo para que por su propia virtud conquiste el mundo [13], independientemente del desarrollo político real del propio proletariado, son llamadas sectas por Marx y Engels, aunque formalmente constituyan partidos reales más o menos densamente poblados por proletarios [14].
El razonamiento de Marx, al desarrollar la vertiente del papel del partido, le permite añadir más elementos a su análisis del reflejo de la composición de las clases sociales sobre la forma específica de los partidos políticos; en particular, estudia no sólo teóricamente, sino también empíricamente (en el caso de los campesinos franceses y Luis Bonaparte), cómo el liderazgo político, la representación de una determinada clase social, no es un producto espontáneo de la clase en sí. En otras palabras, no sólo no es necesario que el personal político que expresa las posiciones programáticas "objetivas" de una clase pertenezca a esa clase, sino que es posible que una clase sea estructuralmente incapaz de darse una representación política, y que deba confiar o, mejor dicho, ir a la cola en la arena política no sólo de los líderes de otras clases, sino incluso de otras clases y sus partidos como tales.
A los efectos de la cuestión del partido comunista, el caso particular de la clase de los pequeños propietarios campesinos (opuestos a los terratenientes y los empresarios agrarios con propiedades medianas y grandes) es de primordial importancia para Marx como clase estructuralmente incapaz de constituirse en un sujeto revolucionario autónomo; una clase que es económicamente débil (y por lo tanto políticamente) por la marginalidad de sus miembros, tanto individualmente como en conjunto, debido a su dispersión y falta de relaciones y vínculos internos.
Bonaparte representa a una clase, que es, además, la clase más numerosa de la sociedad francesa: los campesinos parcelarios. […] Los campesinos parcelarios forman una masa inmensa, cuyos individuos viven en idéntica situación, pero sin que entre ellos existan muchas relaciones. Su modo de producción los aísla a unos de otros, en vez de establecer relaciones mutuas entre ellos. Este aislamiento es fomentado por los malos medios de comunicación de Francia y por la pobreza de los campesinos. Su campo de producción, la parcela, no admite en su cultivo división alguna del trabajo, ni aplicación alguna de la ciencia; no admite, por tanto, multiplicidad de desarrollo, ni diversidad de talentos, ni riqueza de relaciones sociales. Cada familia campesina se basta, sobre poco más o menos, a sí misma, produce directamente ella misma la mayor parte de lo que consume y obtiene así sus materiales de existencia más bien en intercambio con la naturaleza que en contacto con la sociedad.
La parcela, el campesino y su familia; y al lado, otra parcela, otro campesino y otra familia. Unas cuantas unidades de éstas forman una aldea, y unas cuantas aldeas, un departamento. Así se forma la gran masa de la nación francesa, por la simple suma de unidades del mismo nombre, al modo como, por ejemplo, las patatas de un saco forman un saco de patatas. En la medida en que millones de familias viven bajo condiciones económicas de existencia que las distinguen por su modo de vivir, por sus intereses y por su cultura de otras clases y las oponen a éstas de un modo hostil, aquéllos forman una clase. Por cuanto existe entre los campesinos parcelarios una articulación puramente local y la identidad de sus intereses no engendra entre ellos ninguna comunidad, ninguna unión nacional y ninguna organización política, no forman una clase. Son, por tanto, incapaces de hacer valer su interés de clase en su propio nombre […]. No pueden representarse, sino que tienen que ser representados [15]
También a nivel económico, en la era de la acumulación de capital y de la progresiva concentración de la riqueza en pocas manos en todas las ramas de la economía, “lo que lleva a la ruina del agricultor hoy [...] es su propio pequeño terreno, la distribución de la tierra” [16]. Por lo tanto, incluso los pequeños agricultores están incluidos en esa enorme porción de la población que está en un papel subordinado y explotado con respecto a la clase capitalista en ascenso, que gradualmente ocupa el lugar de los antiguos terratenientes aristocráticos feudales:
los intereses de los campesinos no se hallan ya, como bajo Napoleón, en consonancia, sin en contraposición con los intereses de la burguesía, con el capital. Por eso los campesinos encuentran su aliado y jefe natural en el proletariado urbano, que tiene por misión derrocar el orden burgués [17].

Giacomo Turci

Notas

[1] Karl Marx, El Capital, Palabras finales a la segunda edición alemana del primer tomo, 1872.
[2] Friedrich Engels, Carta a W. Sombart in Breslaun.
[3] Como en la cuestión del partido, Marx tampoco presenta una obra específica dedicada a la permanencia de la revolución más allá de sus reflexiones en la Circular al Comité Central de la Liga Comunista de 1850.
[4] Karl Marx, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850
[5] Cfr. Damiano Palano, Partito, Bolonia, Il Mulino, 2013, p.173.
[6] Ibidem, p. 174.
[7] Ibidem.
[8] Cit. en Palano, Partito, ob. cit. 174-175.
[9] Friedrich Engels, Carta a J. Bloch, 21/9/1890.
[10] El énfasis es nuestro
[11] Karl Marx, El 18 de brumario de Luis Bonaparte.
[12] Ibidem.
[13] Friedrich Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico.
[14] Cfr. Karl Marx, Friedrich Engels, Il partito e l’Internazionale, Roma, Edizioni Rinascita, 1948, pp. 209, 246-247.
[15] Karl Marx, El 18 de brumario de Luis Bonaparte.
[16] Ibidem.
[17] Ibidem.

Un año de FMI en Argentina: por este camino nos hundimos hasta el Fondo




Hundimiento económico y degradación de las condiciones de vida, el resultado del primer año de una economía bajo el comando del FMI para rescatar a los acreedores de deuda, fugadores de dólares y especuladores. Gane quien gane, sin romper el con Fondo todo puede empeorar.

El 20 de junio de 2018 el Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobaba el acuerdo Stand By con la Argentina por U$S 50.000 millones, a cambio de un severo plan de ajuste y monitoreo permanente de la economía. El anuncio de Macri, un mes y medio antes, por una cadena nacional grabada planteaba que “volver al Fondo” sólo implicaba un préstamo “preventivo”.
Pero el derrotero, a partir de allí, es bien conocido. De la mano del FMI y sus recetas de ajuste fiscal y monetario, aplicadas a rajatabla por el macrismo, la economía inició el camino al colapso. Mientras, las mayorías sociales sufren el impacto de los tarifazos, la licuación de sus salarios, una creciente inestabilidad laboral o dificultades de inserción laboral especialmente las jóvenes. A continuación repasamos algunos números del ajuste en curso:
Derrumbe de la actividad: en marzo se cumplieron 11 meses consecutivos de caídas interanuales de la actividad económica. La industria es la más afectada con una caída de 8,8 % interanual en abril y casi un 40 % de la capacidad instalada sin usar. El derrumbe de 26,2 % del sector automotriz implicó que las patronales descarguen el costo de la crisis sobre los trabajadores suspendidos que cobran menores salarios.
Desempleo: ya suman casi 2 millones de desocupados. Se alcanzó así un pico de 10,1 % de desocupación en el primer trimestre de 2019, el mayor en 13 años, subiendo desde el ya elevado nivel de 9,1 % que había en el mismo trimestre de 2018. También aumentó la precariedad del mercado laboral y las mujeres jóvenes siguen siendo las más afectadas con una tasa de desocupación que duplica la media con 23,1 %.
Pobreza: los datos oficiales mostraron que el porcentaje de personas debajo de la línea de pobreza subió de 25,7 % a 32 % entre el segundo semestre de 2017 y el mismo semestre de 2018, alcanzando a 13 millones de personas. Otra estimación de la UCA relevó que el 51,7 % de los niños y jóvenes del país son pobres y crece el número de quienes pasan hambre.
Inflación: los datos de mayo reflejaron que el incremento descontrolado de los precios ya suma 57,3 % acumulado en los últimos 12 meses. Pero en particular los alimentos, que afectan a los sectores de menores ingresos, registraron una suba acumulada de 65 % en el último año. Todo parece indicar que el número a fin de año no será menor al 40 %.
Pérdida del salario real: el deterioro de los salarios y de los ingresos se agudizó en el último año y continúa en 2019, rompiendo con la tendencia de los últimos años a subir parcialmente en los años electorales (aunque nunca recuperando lo perdido previamente). En el último año hay una fuerte caída de los salarios reales promedio de 11,3 % si se toma la evolución salarial y la inflación entre marzo de 2018 y marzo de 2019. En el caso de los no registrados, el deterioro es aún mayor, llegando a una pérdida de salario real del orden del 14,3 % según Indec. Para los jubilados, la pérdida de poder adquisitivo frente a los precios alcanza al 13,6 % entre mayo de 2018 y el mismo mes de 2019, sin considerar el robo a los jubilados en la actualización de marzo pasado con el cambio en la fórmula de movilidad previsional aprobada en diciembre de 2017 bajo una feroz represión.
Tarifazo: cada vez las familias destinan una parte creciente de sus ingresos en pagar tarifas de servicios esenciales como electricidad, gas, aguas y cloacas. Con los aumentos efectuados y los previstos, hacia octubre de 2019 el peso de las tarifas de servicios públicos significará el 13,3 % del ingreso medio de los ocupados, subiendo desde desde el 6,7 % que representaban en octubre de 2017 y 11,3 % en octubre 2018, según el centro Cifra.
Fuga de capitales: Entre junio de 2018 y abril de 2019 la fuga de capitales fue de U$S 20.662 millones (Formación de Activos Externos que releva el BCRA). Estas cifras representan el 53 % de los cuatro desembolsos efectivizados hasta el momento por el FMI (U$S 39.000 millones). Los dólares del Fondo no fueron destinados a financiar aumentos en las partidas de salud, ni a la construcción de escuelas ni a subir las jubilaciones mínimas de miseria, sino que se utilizaron en gran medida para financiar la fuga de capitales que realizan los grandes empresarios nacionales y los especuladores con la intermediación de los bancos.
Despidos y Suspensiones: Sólo en los primeros tres meses del año hubieron 11.587 despidos y 8.295 suspensiones, según contabilizó el centro CEPA, aumentando 41 % respecto del primer trimestre de 2018. La industria es el sector más afectado. Prohibir los despidos y suspensiones es clave en esta situación de crisis para defender los puestos laborales.
Salir del Fondo, la única salida para revertir un balance muy negativo
Mientras todas las variantes electorales plantean aseguran para tranquilidad de los “mercados” que continuarán pagando la deuda al FMI, algunas intentan vender la posibilidad de una renegociación exitosa que evite continuar con las medidas anti austeridad. Solo el Frente de Izquierda plantea una salida realista para terminar con estas políticas de hambre y ajuste sobre las grandes mayorías, y eso implica de lleno romper con el FMI.
Es una medida de emergencia elemental poner un freno a este saqueo en curso, que como repasamos hundió los indicadores de la economía y con ello arrastró a la miseria a millones de personas que sufren hambre, pérdida de empleo y han visto deterioradas sus condiciones de vida.
Es preciso invertir las prioridades y poner por delante un plan que contemple destinar fondos para dar respuesta a las necesidades de las mayorías mejorando el acceso a la salud, a los servicios esenciales, generar empleo de calidad y recuperar el poder de compra perdido entre otros.
Tal como sostiene el economista Martín Schorr en el prólogo del libro “Salir del Fondo” escrito por Esteban Mercatante, esto “implica, desde ya, atacar intereses sensibles: los de los acreedores y los de los sectores más poderosos del empresariado nacional, así como las posiciones del imperialismo en el país”. La perspectiva es “terminar con el ‘gobierno del FMI’ y, sobre sus ruinas, imponer uno de otra clase: uno de la clase trabajadora y el pueblo explotado, que rompa con los imperativos de la valorización capitalista”.

Lucía Ruiz
@LucuRuiz
Guadalupe Bravo
@GuadaaBravo
Miércoles 19 de junio | 23:41

miércoles, 19 de junio de 2019

Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental - Che Guevara




En este programa estudiamos, junto con Iñaki Gil de San Vicente, el "Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental" (1967) del Che Guevara, que contiene la célebre frase "Crear dos, tres... muchos Vietnam".

Una Rosa arrancada por la traición




La muerte de Rosa Luxemburgo marcó el no retorno de la socialdemocracia mundial hacia la traición; era no solo un crimen cometido con total conciencia de su significación histórica, sino orquestado en función de un hegemonismo de clase de la burguesía obrera alemana y del gran capital, aliados tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, para construir un nuevo orden derechista, el Estado duro del Nacional Socialismo (Nazi), que llevaría a Europa hacia su disolución como centro del mundo.
En la fría madrugada del 15 de enero de 1919 la Rosa Roja escribía sus últimas líneas en torno al problema de la Revolución en el continente y, aunque con pesimismo, se refería a la esperanza de que las masas un día despertasen del letargo nacionalista y de revancha que se cernía por la Alemania humillada de entonces, y la Revolución mostraría su verdadera fuerza diciendo: «Yo fui, soy y seré».

POLONIA

Nacer en un país ocupado por rusos, alemanes y austriacos hizo que Rosa Luxemburgo mirara hacia la cuestión nacional con desconfianza. Lo más «revolucionario» que escuchaba de parte de muchos de los insurgentes contra el poder extranjero se basaba en la restauración del Estado feudal polaco de los siglos XV y XVI, que representó en la Europa de entonces una de las puras reminiscencias del sistema de servidumbre latifundista. Aquella criatura política, impermeable a las ideas de la Revolución Francesa, fue devorada por tres Estados modernos y autoritarios que contenían el germen naciente del capital.
Para Rosa, entonces, la cuestión nacional era un retroceso y basó sus apreciaciones en la necesidad de internacionalizar el movimiento conspirativo socialista y obrero, como vía para ganar con rapidez la emancipación de las clases oprimidas. Vivir luego en Alemania, país que basaba su fuerza como capital en la unidad construida por Bismarck, la convenció de que los nacionalismos solo engendraban pasos de retroceso en el camino hacia una Revolución que, dado el estado de cosas a fines del siglo XIX, parecía inminente.
De hecho, en Alemania el Partido Socialdemócrata se transformó en la izquierda más fuerte y numerosa del mundo, generando expectativas en todos los revolucionarios. El propio avance de dicha fuerza en el parlamento provocó la salida de elementos ultraconservadores y monárquicos de la esfera pública, pero favoreció el establecimiento de pactos entre aquella izquierda y el poder central del Estado. Era el principio de la traición histórica de la socialdemocracia al socialismo marxista.
Rosa, quien nunca se sintió polaca –mucho menos alemana– alentó que esa izquierda poderosa se extendiera hacia el este, captando a los países bajo la égida de viejos imperios feudales, como el ruso, y vio en el movimiento de masas de 1905 contra el Zar el principio del fin de las testas coronadas y los demás césares europeos. Sin embargo, el pragmatismo de líderes e ideólogos de la socialdemocracia, como Karl Kautsky, chocaría con la teoría de Luxemburgo acerca del socialismo como una nueva cultura, cuya idea se coloca más allá del nacionalismo.
Para Kautsky, la lucha contra el capital era «de desgaste», en tanto las huelgas solo tenían como fin conmover de forma momentánea al poder, pero nunca provocar su caída, y el joven movimiento socialista «no sabría qué hacer con el vacío de autoridad». Pero ella vio en esto lo que era: una concesión sin precedentes al poder conservador por parte de la cúpula de un partido que comenzaba el abandono de sus bases, a la vez que revisaba al Marx de la tesis 11 sobre Feuerbach (transformar el mundo). Los hechos históricos demostraron la lucidez de la revolucionaria polaca, opuesta al reformismo de Kautsky, en encendidas y peligrosas polémicas.

EL VOTO SOCIALDEMÓCRATA A FAVOR DEL IMPERIO

Muchos de quienes a la altura del siglo XXI se sorprenden por las políticas de recorte antipopulares, aplicadas por la izquierda europea no marxista, olvidan que dicha traición comenzó hace mucho tiempo, o quizás no se trate de mala memoria, sino de olvido voluntario para no reconocer el cinismo con que se manejó desde entonces la cuestión revolucionaria por parte de elementos vendidos a los intereses del capital.
Marx alertaba que la acumulación originaria producto del saqueo del tercer mundo les daba a los obreros (una parte de ellos) europeos la posibilidad de aburguesarse y, por tanto, defender intereses alejados de toda emancipación, solo guiados hacia una cuestión nacionalista, local, de mejora egoísta de sus condiciones de vida. El obrero europeo apoyará, así, no solo a un seudosocialismo conservador, sino también al fascista duro que garantice un nivel de vida de clase media, como estamos viendo en la Europa actual.
Esa es exactamente la explicación de la socialdemocracia alemana, modelo sobre el que se construyó esa misma tendencia continental durante la Guerra Fría (1945-1991), como un comodín frente al socialismo marxista de Europa del Este.
La socialdemocracia no debiera sorprendernos, pues desde el inicio de la Primera Guerra Mundial se aprobó en el parlamento alemán el presupuesto para el Ejército, el mismo que iría a matar a obreros y campesinos de las demás naciones imperialistas rivales de Europa. Ese hecho marcó la toma de distancia de Rosa Luxemburgo al fundar la Liga Espartaco, germen del Partido Comunista Alemán al que odiarán, tanto socialdemócratas, como ultranacionalistas y monárquicos.
El fracaso alemán en las trincheras, que evidenció la imposibilidad del proyecto de la «confluencia», puso el país al borde de una guerra civil total, con las fuerzas revolucionarias dispuestas al asalto del poder, pero años de gobierno socialdemócrata y de sindicatos conservadores que pactaban con el poder impidieron la unidad de acción necesaria.
Un cartel colocado en cuanta esquina de Berlín rezaba, en aquellas hambrientas madrugadas de diciembre de 1918: «quien quiera pan, que traiga la cabeza de Rosa Luxemburgo». La leyenda negra del nazismo comenzaba culpando de desastre nacional a los socialistas revolucionarios, como luego lo haría con los judíos. Lo peor, dicho cartel fue mandado a colgar por el presidente de la República y líder del partido socialdemócrata, antiguo camarada de Rosa.
Días después, un grupo de Freikcorps (antecedentes de las tropas de asalto SS nazis) avanzaron sobre una solitaria mujer de 47 años, a quien le rajaron el cráneo a culatazos, para luego tirar su cuerpo hecho girones de sangre a un canal berlinés. Un camarada de los espartaquistas le envió una esquela a Lenin, líder de la Rusia bolchevique en la que le decía que ella «llevó al extremo su condición revolucionaria».
La Rosa fue arrancada, pero no la esperanza, y mucho menos la Historia.

Mauricio Escuela | internet@granma.cu
16 de junio de 2019 20:06:31

martes, 18 de junio de 2019

El socialismo de Bernie Sanders​ no va más allá de un capitalismo edulcorado




Bernie Sanders se comparó con Franklin Delano Roosevelt y se comprometió a retomar “los asuntos pendientes” del New Deal. Su discurso fue un llamado de unidad nacional contra el fascismo. Sin embargo, su descripción del “socialismo democrático” se parece a la de cualquier estado de bienestar europeo.

De todos los candidatos a la presidencia de los EE.UU., Bernie Sanders es el más progresivo. Su plataforma destaca por ser un conjunto de medidas favorables a los trabajadores, como la exigencia de “Medicare para todos” (un sistema de salud público universal), el salario mínimo de USD 15 la hora y un sistema universitario gratuito y público. Es también el único candidato que se presenta como socialista (democrático), y a menudo se le adjudica haber reintroducido el término “socialista” en el escenario político estadounidense. Es por este motivo que hubo mucha expectativa en los días previos a su discurso del pasado miércoles, donde presentó su visión del socialismo democrático.
Sin duda el haberse referido a sí mismo como “socialista” siendo uno de los contendientes a la candidatura presidencial por el Partido Demócrata, aportó a quitarle el estigma al término, luego de décadas de persecución, macartismo y propaganda anti comunista. Su discurso puede ser interpretado como otro esfuerzo en este sentido. Sin embargo, quien haya tenido la esperanza de oír un discurso contra la explotación capitalista, o una denuncia del sistema capitalista de conjunto, definitivamente ha sido decepcionado. De hecho, no hubo una sola crítica hacia el capitalismo como sistema económico. Las pocas veces que Sanders pronunció la palabra “capitalista”, lo hizo siempre con mucho cuidado de acompañarla con el adjetivo “irrestricto”. No hubo ninguna de las usuales referencias al viejo socialista Eugene V. Debs, que parecen haber sido desplazadas a favor de las 14 menciones que hizo de Franklin Delano Roosevelt (FDR). Intencional y cuidadosamente ligó su visión del socialismo democrático al New Deal.
Globalmente, su discurso fue un llamado de unidad nacional. El principal mal de nuestros tiempos, según Sanders, es la “oligarquía y el autoritarismo”, un punto que enfatizó varias veces: Vladimir Putin, Xi Jinping, Mohammed Bin Salman, Rodrigo Duterte, Jair Bolsonaro y Victor Orban. Para Sanders, todas estas figuras, junto con Trump, pertenecen a esta categoría de oligarcas, que no serían muy diferentes al fascismo del siglo XX. Por lo tanto, la tarea de primer orden es enfrentarlos unidos como nación “sin importar la raza, religión, orientación sexual o país de origen”. Esta unidad, aseguró, es “una idea fundamentalmente americana”.
Las críticas incisivas a Wall Street, empresas de seguros, la industria de los combustibles fósiles y los complejos industriales militares y carcelarios fueron acompañadas de una promesa a proteger los derechos políticos, civiles y económicos. Luego procedió a definir su tarea programática de “retomar los asuntos pendientes del New Deal, y completarlos”. Esto incluiría salud pública y gratuita de calidad, el derecho al “buen trabajo con un salario mínimo vital”, vivienda accesible, jubilación segura y un medioambiente limpio.
Describió el New Deal como “una economía que sirvió a todos, y no sólo a unos pocos” sin ninguna mención al hecho de que las dos principales legislaciones que otorgaban derechos a la clase obrera (la Ley Wagner y la Ley de Seguridad Social) excluían a los trabajadores rurales y domésticos, las dos ocupaciones donde Afroamericanos del sur se encontraban ampliamente sobrerrepresentados.
¿Y qué dijo acerca del socialismo democrático? En dos ocasiones Sanders describió su visión del concepto. Primero, luego de denunciar las políticas nefastas de Trump contra los migrantes, los derechos reproductivos y sexuales, la comunidad LGBTQ+, etc. Ante esto llamó a rechazar el “camino de odio y divisionismo” y elegir “un camino de compasión, justicia y amor. Ese es el camino al que yo llamo socialismo democrático”. Sería difícil encontrar una definición más vaga.
Luego, igualó socialismo democrático a derechos económicos básicos: “el derecho a la salud de calidad, […] educación, el derecho a un buen trabajo con un salario mínimo vital, el derecho a la vivienda accesible, jubilación segura y un medioambiente limpio”. Todo esto es de primera necesidad, y componen un programa progresiva y moderada. Pero no importa desde dónde se lo mire, esta sumatoria de demandas no equivale al socialismo. A estas alturas, el término “socialismo demócratico” que supo ser muy disruptivo en la política estadounidense, quedó reducido a describir cualquier estado de bienestar Europeo.
Esto, sin embargo, no es un error. Sanders, que sufrió una caída en las encuestas, entiende que tiene que suavizar los aspectos más radicales de su discurso para incrementar su “elegibilidad”. Remarcó que FDR fue acusado de ser un socialista, que el Medicare fue llamado “un programa socialista” y que incluso el plan de salud de Bill Clinton fue denigrado como socialista. Luego citó al ex presidente Harry Truman, diciendo que “socialismo es el epíteto que han arrojado ante cada avance que hemos logrado en estos últimos veinte años”. Lo subyacente a todo esto es claro: no le teman a mi etiqueta de socialista, soy como todos ellos.
Más adelante, le recordó a su audiencia que FDR se enfrentó a la oposición del gran capital, Wall Street, el Partido Republicano y el ala conservadora del Partido Demócrata – cómo hace él hoy en día. Esta semejanza fue mencionada o implicada repetidamente en su discurso.
Pero si este argumento retórico fue suficiente para borrar todo el filo anticapitalista que muchos ven en su política, lo siguiente, fue el golpe de gracia. Hacia el final de su discurso declaró sorpresivamente que Trump y sus “compañeros oligarcas […] no se oponen realmente a todos los tipos de socialismo”, ellos aman absolutamente el socialismo corporativo”.

Si el oxímoron “socialismo corporativo” te confunde, no es tu culpa.

Luego pasó a describir la crisis financiera del 2008, “En Wall Street pasaron a ser socialistas a favor del gran gobierno y rogaron por el salvataje económico más grande de la historia norteamericana”. Agregó que tanto la “Big Pharma” (industria farmacéutica), la industria de los combustibles fósiles, Amazon y los Waltons (Walmart), se han beneficiado de los recortes impositivos y los subsidios gubernamentales. “Y esa es la diferencia entre Donald Trump y yo. El cree en socialismo para los ricos y poderosos. Yo creo en un socialismo democrático que sirva a las familias trabajadoras de este país”.
Esta maniobra retórica es clara: artera pero forzosamente iguala la palabra socialista a cualquier política de estado. Alimentando una idea errónea entre los estadounidenses (idea que consiste en llamar a cualquier servicio público “socialista”), Bernie Sanders, en su discurso transmitido nacionalmente, le arrancó todo significado a la palabra socialismo.
Verdaderamente, su plataforma sigue siendo la más progresiva de todos los candidatos actuales a la presidencia en este sistema increíblemente antidemocrático. Y sus propuestas centrales están lejos de ser pequeños ajustes que pueden ser descartados. Sin embargo, estamos quienes entendemos que ponerle un fin al capitalismo es la única manera de eliminar los males de nuestra sociedad: la pobreza, desocupación, segregación racial, dominación imperialista, la opresión de género y más. En los últimos diez a quince años, el número de personas que rechazan al capitalismo en favor del socialismo (más allá de qué entiendan por esto) ha aumentado dramáticamente. Varios miles de ellos van a acompañar a Bernie Sanders y se darán cuenta que no puede proveer ninguna solución –sólo reformas parciales – debido a que no plantea alternativa alguna al capitalismo. Ese proceso histórico es inevitable, y no puede ser salteado. La tragedia, sin embargo, es que la mayor organización socialista en los EE.UU. – el DSA (Socialistas Democráticos de América)- aquella que debería estar a la cabeza de la inmensa tarea de agitar las ideas socialistas, construir una fuerza anticapitalista y delinear una estrategia para destruir al capitalismo, es el furgón de Bernie Sanders. No sólo el DSA falla en señalar que lo que Sanders ofrece no es socialismo, la organización se está preparando para poner las manos en el fuego por la campaña de Sanders el 2020, dedicando más recursos a esto que a cualquier actividad política.
Bernie Sanders dejó claro que está dispuesto a continuar la tarea que FDR inició, y que lo hará al interior del Partido Demócrata. “Es el asunto pendiente del Partido Demócrata y la visión que juntos debemos lograr”. Mientras el DSA hace alarde de su flexibilidad de cara a las elecciones, se está encaminando directamente al Partido Demócrata de la mano de Sanders (y Alexandria Ocasio-Cortez). El discurso que Sanders dio es una muestra clara, para quien quiera oír, que prioriza su viabilidad electoral antes que una política radical, de la misma manera que prioriza la integridad del Partido Demócrata antes que las tareas para romper con el gran capital. Elige lo que ve como políticamente viable antes que lo que las mayorías necesitan: una pelea constante contra el capitalismo.
Necesitamos ser claros de nuestra concepción de una sociedad socialista, una sin explotación y opresión. Esto requiere la socialización de los recursos que hoy son monopolizados por la clase capitalista, poniendo todas las fuerzas productivas al servicio del bien común y no para satisfacer la codicia de un puñado de personas. El cambio climático, las crecientes desigualdades económicas y el ascenso global de la extrema derecha, requieren acciones osadas y una clara definición de nuestras metas. Ser intransigente es un comienzo.

Juan Cruz Ferre
Sábado 15 de junio | 16:00
Traducción: Federico Gozzi

El capitalismo de plataformas

Estamos presenciando un nuevo proceso de subcontratación y precarización, ya no se trata de empresas pasándole la responsabilidad de las condiciones laborales y salariales a un tercero, sino de empleadores que no se reconocen como tales. El resultado son trabajadores dispersos y desorganizados, a merced de empresas de carácter monopólico.
Juan Manuel Pescio, Ezequiel Arauz y Ariel Patricio Domínguez, integrantes de Tres Banderas Quilmes, Frente Patria Grande, escribieron un interesante artículo “El impacto social del capitalismo de plataformas” donde sostienen que: “Las características actuales del capitalismo se encuentran fuertemente marcadas por la búsqueda frenética de renovación en los modelos de negocios y en la naturaleza del empleo. El fin último es encontrar ventajas que inicien un camino virtuoso que aleje a las economías centrales del estancamiento que siguió a la crisis financiera mundial del 2008, donde el Estado de bienestar quedó diezmado luego del grotesco salvataje al sistema bancario. El modelo de plataformas austeras crece a caballo de los altos niveles de precarización laboral y exenciones impositivas”.
Es el caso de la economía de plataformas, como Uber, Airbnb o Rappi que, a diferencia de Google, Apple, Siemens, General Electric, Amazon o Facebook, las cuales destinan inversiones siderales para montar complejas infraestructuras, centralmente orientadas a Web Services, se caracterizan por poseer como único capital fijo la infraestructura digital (o parte de ella), con una baja inversión en activos y un sistema de contratación basado en la tercerización de los servicios esenciales. Son modelos de negocios que se nutren de la precarización laboral.
Grandes segmentos de los trabajadores muestran un nivel de vulnerabilidad muy alto ante las propuestas de las nuevas plataformas. No poseen acceso a la cobertura previsional, piso salarial básico, su jornada no está regulada, no poseen vacaciones pagas, indemnización en caso de despido, seguro médico, aguinaldo, cobertura ante los riesgos del trabajo, entre otros derechos laborales.
En este sentido, lo que sucede en todas las plataformas es que en algún momento mediante algoritmos se asignan viajes, pedidos o tareas, y un sistema sancionatorio para quien no los cumple. Los trabajadores no pueden manejar sus horarios, ni sus tareas, sino que se las asigna el mismo algoritmo. Cuando una tarea es rechazada, este tipo de sanción es una característica típica de cualquier relación laboral.
Hay una evaluación que determina la aplicación en función de las tareas aceptadas y hay otra calificación del cliente al repartidor. A veces las fallas son responsabilidad de los locales que entregan el pedido con demora, o de la propia aplicación, o avatares de la calle (embotellamiento, accidente, etc.), pero quienes reciben la calificación son los repartidores. El problema es que esto implica, al final del día, menos trabajo.
Estamos presenciando un nuevo proceso de subcontratación y precarización, ya no se trata de empresas pasándole la responsabilidad de las condiciones laborales y salariales a un tercero (tercerización), sino de empleadores que no se reconocen como tales. El resultado son trabajadores dispersos y desorganizados, a merced de empresas de carácter monopólico o casi monopólico, con salarios muy por debajo de la productividad. Las aplicaciones del siglo XXI crean condiciones y relaciones laborales del siglo XIX.
Continúan los redactores del mencionado artículo: “Este contexto donde estos modelos de negocios se montan en la vulnerabilidad de los sectores populares, demanda a los Estados y a las organizaciones sociales profundizar la mirada y comenzar a bosquejar políticas que permitan intervención en este escenario. Ejemplos valiosos se pueden extraer de decenas de cooperativas de software en nuestro país las cuales se encuentran trabajando a fin de generar infraestructuras que acompañen a procesos de trabajo solidario y autogestivo, liberando código y generando comunidades que permiten dar saltos en infraestructura informática a organizaciones sociales, Pymes y diversas cooperativas de todo el país.
Es fundamental poder incorporar a estos actores a la hora de proyectar una política de desarrollo tecnológico con inclusión, orientando una política de Estado a la protección del trabajo, a la generación de líneas de financiamiento para montar esquemas aceleradores desde sociedades público-privadas orientadas a robustecer el sector nacional de I+D y las iniciativas de base tecnológica.
Así como también no sólo hay que atender los problemas que surgen en el mundo del trabajo, sino que es vital contar con políticas de Estado orientadas a robustecer la soberanía tecnológica, tomando lo mejor de lo hecho en años pasados como el piso a recuperar, y desde donde partir.
Desde una postura neoliberal y libremercadista pasará seguramente por dejar hacer a los “nuevos emprendedores”. Sostenemos en cambio que el sector público, los gobiernos no pueden asumir un rol neutro frente a estos desafíos, sino buscar una intervención activa, que genere mercados e innovaciones industriales pero que garantice a la vez, los derechos de los trabajadores”.

Iniciativas legislativas: Diputados proponen crear Comisión para proteger a trabajadores frente a los cambios tecnológicos

Los Diputados y Diputadas de extracción sindical Walter Correa, Jorge Taboada, Hugo Yasky, Vanesa Siley, Fernando Espinoza, José Pablo Carro, Facundo Moyano, Francisco Abel Furlán y Carla Pitior presentaron una nota en carácter de miembros de la Comisión de Legislación del Trabajo de la Honorable Cámara de Diputados ante el presidente de la misma, Diputado Sergio Ziliotto.
En la misma plantean la necesidad de crear una Comisión bicameral de «Futuro del Trabajo» basándose en los cambios que sufrieron los procesos productivos a raíz de los avances tecnológicos como la automatización, la robótica y la inteligencia artificial.
La Organización Internacional del Trabajo tomó el tema y lo puso en el centro de sus debates de este año ya que la transformación del sistema productivo resulta expulsiva de mano de obra y pone en riesgo muchos empleos en diversos sectores, por lo que «insta a los Estados legislar y regular» estos avances tecnológicos para «proteger a los trabajadores, trabajadoras, ciudadanos y ciudadanas, en general, el fin último de los Estados».
Dentro de los cambios en las relaciones laborales atravesadas por la tecnología, los y las diputadas no se olvidan de mencionar las denominadas ‘economías de plataforma’ como RAPPI, GLOVO, PEDIDOSYA o UBER, que operan en nuestro país como simples intermediarias, desconociendo la legislación laboral local y dejando en total desprotección a quienes trabajan bajo esos formatos.
Los firmantes acusan al Poder Ejecutivo de haber asumido el compromiso de trabajar el tema en 2018, «sin embargo, no ha demostrado ningún compromiso en la materia sino que, al contrario, permitió el ingreso irrestricto de estas empresas».
El diputado del Frente de Izquierda, Raúl Godoy, solicitó al Ejecutivo Provincial de Neuquén que brinde información sobre las empresas de transporte “a demanda” radicadas en la provincia y sobre las modalidades de trabajo.
Según Godoy estas nuevas plataformas “son en realidad viejas formas de explotar y precarizar a la juventud”.
El diputado del Frente de Izquierda fundamentó el pedido de informes a los ministerios de Trabajo, Desarrollo Social y Seguridad y al de Producción e Industria en que estas empresas “se presentan a sí mismas como simples intermediadoras de una relación libre entre consumidores y quienes proveen el servicio de envío, encubriendo así relaciones laborales fraudulentas y violatorias de los más elementales derechos laborales”.
Denunció que tras la supuesta relación libre entre “plataformas” y “colaboradores independientes”, se esconde “la negación de su condición de trabajadores y trabajadoras y sus derechos a quienes realizan esta actividad”.
Godoy denunció que la realidad de los trabajadores y trabajadoras de estas plataformas “no escapa a la de la mayoría de las y los jóvenes en nuestro país, los más afectados por el trabajo precario y no registrado” e informó que “el 61% de las personas de 16 a 24 años que trabajan, no están registradas ni tienen derechos laborales, se trata de 1.000.000 de jóvenes. Además, la juventud cobra 40 % menos que la población adulta”.
Y agregó que en Neuquén “según datos de INDEC, Estadística y Censos, el trabajo no registrado en el primer trimestre del 2018 en el conglomerado Neuquén-Plottier, en la juventud es de 44,5%”.
En la ciudad de Córdoba volvió a tomar fuerza a mediados de abril un proyecto de ordenanza para regularizar el funcionamiento de los “bicideliverys”, que también hace eje en la seguridad y en las obligaciones que deben cumplir las empresas de plataformas digitales de envíos a domicilio.
El mismo fue realizado por el concejal Santiago Gómez quien el año pasado lo presentó en el Concejo Deliberante a través del bloque Vamos, y lo hizo nuevamente por Unión por Córdoba, agregándole artículos con la nueva jurisprudencia.
El edil destacó los principales puntos de la iniciativa: “Este es un proyecto que diseñé con la ayuda de Diego Sánchez, secretario general del Sindicato de Mensajeros de Córdoba. A diferencia del presentado el año pasado, ahora incluimos un par de artículos donde hacemos eje en el Código de Tránsito de la ciudad Córdoba, para prohibir la circulación de aquellos trabajadores que no tengan casco, chaleco o vayan con mochilones en la espalda”.

En Argentina las plataformas ya ocupan 160.000 personas y la mitad no realiza aportes previsionales

Los trabajadores de plataformas digitales ya representan al 1% de los ocupados a escala nacional. Es decir, son más de 160.000 los usuarios registrados que obtienen ingresos en Argentina en base a las diferentes apps. Así lo revela un nuevo estudio de CIPPEC, BID Lab y la OIT.
Esa cifra engloba realidades muy heterogéneas de productos y servicios, que van desde la persona que transporta pasajeros en su vehículo hasta quien diseña piezas gráficas en su hogar o la persona que pone en alquiler temporario una habitación en su departamento.
El trabajo elaborado por CIPPEC, BID Lab, y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se basó en una encuesta entre más de 600 trabajadores de las doce principales plataformas que operan en Argentina.
Entre los consultados solo la mitad realiza aportes previsionales. El 85% dice estar satisfecho con este tipo de ocupación, y solo 2 de cada 10 encuestados dijo que su motivación principal para trabajar en una plataforma fue la dificultad para conseguir otro tipo de empleo.
El estudio también revela que casi cuatro de cada cinco trabajadores de plataformas digitales son hombres , con una edad promedio de 38 años. En cuanto al nivel educativo, si bien varía según la plataforma, estos trabajadores tienden a ser más educados que la población ocupada general.
Para quienes se desempeñan en este sector, el nivel de ingresos difiere según el servicio prestado y la plataforma. Incluso, dentro de una misma plataforma, hay fuertes diferencias, ya que el tiempo dedicado y la cantidad de trabajos aceptados varían. Sin embargo, para la mayoría de las personas encuestadas (60%), la plataforma es su principal fuente de ingresos y es determinante para sostener sus gastos habituales.
Casi todas las plataformas que operan en el país cobran comisiones a los trabajadores, pero solo algunas les exigen ser autónomos. Algunas de estas plataformas también ejercen un alto control: determinan el precio del servicio e intermedian en el cobro, supervisan y evalúan el desempeño de los trabajadores o establecen obligatoriedad para aceptar trabajos.

Se cumplió el primer paro mundial de choferes de Uber

«Mientras Uber desembarca en Wall Street, las y los trabajadores del mundo nos organizamos y paramos en defensa de nuestros derechos» , comunicó la Asociación de Personal de Plataformas (APP) sobre la medida de fuerza que se cumplió el pasado 8 de mayo.
«Realizaremos un paro virtual junto con compañeros/as de Inglaterra, Chile, EE UU, Uruguay, Panamá y Costa Rica, entre otros. #ApagónDeUber», explicaron desde el flamante sindicato de empleados de plataforma (APP) a través de su cuenta en la red social Twitter.
Entre los principales reclamos de los «uberistas» están la excesiva comisión de la compañía, señalando que un 25% es una cifra muy alta, además de reclamar por las tarifas abusivas y bloqueos de cuentas que han recibido algunos choferes.
Adicionalmente APP pide ámbitos de diálogo social para la elaboración de políticas específicas para el sector. «Seguiremos colaborando con las autoridades para que las plataformas cumplan con sus obligaciones laborales y tributarias», remarcaron.
La protesta fue inédita y consistió en un paso trascendente en la organización de los conductores, considerados «socios» por parte de la compañía que espera ser una mega estrella de Wall Street en el futuro cercano.
Asociación de Personal de Plataformas (APP), hoy nuclea a aproximadamente 100.000 trabajadores y cuenta con el apoyo de la CGT ante la discusión con el gobierno para lograr el reconocimiento formal. Su potencial de afiliación podría equipararlos cuantitativamente con el gremio del personal bancario o SUTEBA.

Mario Hernandez

Fuentes: Resumen Latinoamericano, La Izquierda Diario.

Falleció la compañera Marta Harnecker, destacada pensadora marxista




Murió ayer, a los 82 años. Nacida en 1937, Harnecker publicó más de 80 libros. Entre sus obras más conocidas destaca: Conceptos Elementales del Materialismo Histórico (1969), además de El capital: conceptos fundamentales (1971), Cuba: ¿dictadura o democracia? (1975), Pueblos en armas (1983), La revolución social (Lenin y América Latina) (1985), ¿Qué es la sociedad? (1986); Indígenas, cristianos y estudiantes en la revolución (1987); América Latina: Izquierda y crisis actual (1990).
Harnecker estudió Psicología en la Universidad Católica de Chile en 1962, pero fue en Francia donde se formó intelectualmente, bajo la tutela de los pensadores Paul Ricoeur y Louis Althusser. Fue profesora de Materialismo Histórico y Economía Política en la carrera de Sociología de la Universidad de Chile y fue directora del semanario político Chile Hoy.
Después del golpe de 1973, se exilió en Cuba y fue compañera sentimental del Comandante de la Revolución Manuel Piñeiro Losada (Barbarroja).
Socióloga, politóloga, periodista y activista, Marta Harnecker se convirtió en referencia fundamental para la izquierda marxista con la publicación, a finales de los años 60 y como hemos señalado, de su libro “Los conceptos elementales del materialismo histórico”. Con múltiples reediciones, el libro ha alcanzado una difusión de difícil repetición en el campo de la teoría marxista. Tras cursar estudios con Louis Althusser, Harnecker regresó a su Chile natal, del que tuvo que exiliarse en Cuba al producirse el golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende.
En la patria de Martí y de Fidel, Marta Harnecker dirigió el centro de investigación Memoria Popular Latinoamericana (MEPLA) y continuó su extensa obra. Su interés por los nuevos movimientos sociales y la relación de éstos con la política orgánica se ha visto reflejada en libros como La izquierda en el umbral del siglo XXI (1999), o La izquierda después de Seattle (2001).
La compañera fallecida pasó sus últimos años entre Cuba, donde vive su hija Camila Piñeiro Harnecker, y Canadá en compañía de su marido, Michael Lebowitz.

insurgente.org

domingo, 16 de junio de 2019

La “Guerra de los 6 días” y el fin del nacionalismo árabe




Si buscáramos razones en la historia reciente sobre la actualidad del Oriente Medio, lo haríamos en gran medida retornando al 5 y el 10 de junio de 1967.

La “Guerra de los 6 días” convirtió en un verdadero cementerio a la península del Sinaí. Allí quedarían no sólo miles de soldados, tanques y aviones enterrados, sino también el proyecto panarabista. En 6 días, el Estado de Israel consiguió una victoria suprema que le permitió establecerse como potencia militar y política en el Medio Oriente cambiando el tablero geopolítico, empujando a los palestinos a un salto en la diáspora que había comenzado 20 años atrás.
La guerra de 1967 fue un monumental choque de los nacionalismos del Medio Oriente. Los árabes la llamaron “Naksa, que significa la “recaída”. Esta no implicó una simple derrota militar ante el Estado de Israel, sino sobre todo la trágica interrupción del gran proyecto de un Estado Árabe Unido, modernizado con una burguesía nacional, echando por tierra la posibilidad de volver al estado anterior a la Nakba (catástrofe) en 1948.

El choque de nacionalismos

Luego de la Segunda Guerra Mundial, los imperialismos británico y francés quedan debilitados, frente a la emergencia de la hegemonía norteamericana, dando lugar a progresivos procesos de luchas anti coloniales de las que forma parte Egipto. En ese contexto cobra fuerza el nacionalismo árabe, que fue un movimiento que se levantó inicialmente contra la opresión otomana, en las primeras décadas del siglo XX, y luego contra el colonialismo británico y francés en todo el Oriente Medio y norte de África.
En Egipto, las masas concentraron su rechazo contra el rey Faruk, último monarca, quien sostenía un círculo podrido de corrupción, con niveles de pobreza extrema de la población obrera y campesina, bajo un régimen policíaco apoyado sobre las fuerzas armadas, mientras mantenía al país sometido al mando colonial británico.
Frente a esa situación, el Reino Unido optó por un retiro “ordenado” de la región, por presión de EEUU por un lado, creando un nuevo orden mundial bajo su hegemonía, y de las masas por otro. El objetivo era evitar un escenario de guerra de liberación Nacional, que podría haber abierto las puertas a una revolución social, teniendo en cuenta el componente obrero en el caso egipcio, y las guerras de esta naturaleza en otros puntos del globo. De hecho, la URSS apoyó a los líderes del nacionalismo árabe como forma de contrarrestar la influencia de las potencias imperialistas.
El 23 de julio de 1952 el movimiento de los "Oficiales libres", cuya figura principal es Gamal Abdel Nasser, se fraccionó del mando central del ejército para derrocar al rey Faruk. Aunque, su verdadero objetivo era contener a los millones que se levantaban contra la monarquía. Por esto, se montan sobre la efervescencia anti colonial de las masas, adoptando un programa que contenía medidas como la modernización del país, la extensión cultural, becas para universidades y colegios, la reforma agraria, la nacionalización del Canal de Suez en 1956entre varias otras empresas, y la construcción de la represa de Asuán (que sellaría su alianza con la URSS). Esto aumentaría el prestigio de Nasser entre los sindicatos y las masas campesinas, pero sobre todo su influencia en todo el mundo árabe. Incluso apoyó la independencia de Sudán que hasta ese momento se encontraba como protectorado anglo-egipcio, como parte de su proyecto panarabista.
Sin embargo, esas medidas no cuestionaban hasta el final la estructura socio-económica egipcia, de fondo estaba el pasaje de la administración y redistribución de la renta capitalista favoreciendo a los sectores burgueses nacionales. Al poco tiempo de tomado el poder, consigue el control total del ejército,para establecer un régimen militar de control social basado en su figura. La oposición política era perseguida, encarcelada y torturada. Entre ellos estaban la Hermandad Musulmana que nace en la década del 20 con el desmembramiento del Imperio Otomano, y el Partido Comunista egipcio. Además, toda la política de Nasser, como veremos, orbitó alrededor de conseguir mejores condiciones de negociación con las potencias imperialistas, muy lejos de una verdadera liberación del pueblo egipcio y el “mundo árabe”.
Por otro lado, en la Segunda Guerra Mundial, con el Holocausto, las potencias que resultaron vencedoras cerraron sus puertas a los millones de judíos que huían de los campos de concentración o para no terminar en ellos, tejiendo su alianza con el sionismo, para dar forma al Estado de Israel. En 1947 la ONU establece la partición de Palestina como parte de los acuerdos con los sionistas, y un año después da lugar a la constitución del Estado de Israel, que es cuando comienza la Nakba (catástrofe), y o que el historiador Ilan Pappé llamó, limpieza étnica palestina. Los palestinos lucharían el resto del siglo para recuperar los territorios perdidos.

Antecedentes geopolíticos

La llamada crisis del Suez fue uno de los conflictos geopolíticos más complejos de la Guerra Fría. Nasser había nacionalizado el Canal poniendo nerviosos a Inglaterra y Francia, posibilitando no sólo perder el control del flujo de petróleo desde el Golfo Pérsico hacia Europa, sino que ponía en juego el control de todo el mercado, abriendo la posibilidad de que caiga en manos de la URSS.
Por su parte, Israel tampoco podía permitir que Egipto gane esta posición de fuerza. Los tres países organizaron una intervención conjunta a gran escala que no tenía el visto bueno de EEUU ni de la URSS en la ONU. Una lluvia de paracaidistas israelíes sobrevoló el canal, lo que forzó el armisticio con la intervención de la ONU que dejaría una “fuerza de paz” para separar los ejércitos de Egipto e Israel.
Aquel conflicto implicaba para las potencias imperialistas una derrota política. Nasser habría avanzado contra el orden colonial. Fortalecía al régimen interno alrededor de su figura, polarizando aún más la discurso nacionalista polarizado con el imperialismo, mientras que aumentaba la represión a la oposición política. Además dejó ubicado a Nasser como líder regional, ampliando su influencia sobre los movimientos arabistas y de liberación nacional que adoptaban su retórica, simbología y programa político.
EEUU apoyó a Egipto (como forma de contrarrestar la influencia política de la URSS en la región) frente al inminente conflicto que pudo haber acarreado una guerra regional. El objetivo era mantener el equilibrio de Medio Oriente.
La crisis del Suez, además, demostró el potencial militar del Estado de Israel. A partir de ese momento, Israel comienza una carrera armamentística, para conseguir aprovisionamiento técnico y militar por parte de EEUU, basado en la sobrestimación del poder militar de Egipto y otros países árabes.
Para abril de 1967, Israel aumentaba la retórica bélica con Jordania y Siria para que frenen los ataques de la OLP en las fronteras: “Destruiremos Damasco” amenazaba Israel, luego de haber derribado 6 cazas Mig sirios para que abandonen la causa Palestina, dejando en evidencia la inacción de Nasser. Además en 1966 habían llevado adelante un ataque a la población cisjordana de Samu por tener relaciones con Al Fatah, lo que hizo retroceder al rey Hussein siendo advertido de que Israel estaba dispuesto a destruir su reino con tal de apoderarse de Cisjordania. Mientras tanto, Egipto enfrentaba su propio Vietnam en la guerra civil en Yemen, combatiendo a favor de los “republicanos” contra los pro monárquicos apoyados los saudíes, de la cuál necesitaba retirarse.

El choque de estrategias

La guerra de 1967 fue un mal cálculo, ninguno de los protagonistas tenía pensado desatar una guerra total.
La inteligencia soviética pone en aviso a Egipto de un inminente ataque israelí contra sus aliados sirios. Nasser desestimaba el alerta de la posibilidad de guerra, pero no puede dejar pasar más provocaciones de Israel.
Por eso toma algunas medidas para demostrar músculo e impresionar a la opinión pública egipcia enviando un mensaje a sus aliados del “mundo árabe”, quienes a pesar de sus diferencias, por aquel entonces, compartían el cuestionamiento de la existencia del Estado hebreo.
Entonces, procede a expulsar a los cuerpos de paz de la ONU desplegados en el Sinaí, movilizando el 14 de mayo alrededor de 100.000 soldados y 800 tanques a la frontera con Israel, con el objetivo de disuadir. Un movimiento de fichas que tenía más aspectos de desfile militar, que avanzar hacia una verdadera guerra. El 22 de mayo, bloquea el estrecho de Tirán, cerrando la vía naval hacia el puerto israelí de Eilat, en el Golfo de Aqaba. Esta jugada es considerada como un acto de guerra por las potencias imperialistas. El cálculo de Nasser se basaba en que EEUU estaba empantanado en Vietnam, y ninguna otra potencia brindaría apoyo militar a Israel, aunque este sólo necesitaría apoyo político.Expresado en la frase del secretario del Departamento de Estado de EEUU, Dean Rusk, del 26 de mayo de 1967, “Israel no se encuentra solo, a menos que decida actuar solo”, pidiendo tiempo para encontrar una solución diplomática.
Nasser, también especulaba con que una guerra total en Medio Oriente, pondría en peligro las reservas de petróleo por toda la península arábiga, donde se encontraban empresas imperialistas, quienes mediarían para frenarla. Mientras tanto, se lanzabauna beligerante propaganda contra Israel. La emisora, La Voz de los Árabes, hablaba de la destrucción total del Estado de Israel, al mismo tiempo que el resto de los órganos árabes replicaban esa retórica. Si bien Nasser, sólo deseaba volver a la situación previa a 1956, su propaganda hablaba de antes de 1948, lo que implicaba la destrucción del Estado hebreo.
Por su parte, Israel se encontraba en una situación de relativa debilidad: estancamiento económico y un liderazgo débil. Levy Eshkol asumiría como primer ministro luego de la retirada del emblemático líder Ben Gurión del Partido Laborista. Por esta razón, frente a los movimientos improvisados de Nasser, hace el llamado a la conformación de un gobierno de unidad nacional con la derecha sionista. Paralelamente, conforma un gabinete de Defensa con los halcones de la Haganá del 48 que expulsó a los palestinos de sus hogares, y la crisis del Suez, entre ellos los generales Moshé Dayán e Yitzhak Rabín, el “carnicero de la Nakba”. Este gabinete embriagado de belicosidad empujaba al primer ministro hacia la guerra.
La premisa estratégica fundamental de Israel es una rápida respuesta defensiva y desplazar el centro de gravedad de la guerra al territorio enemigo. Por esto, el gabinete de halcones le planteó a Eshkol que una acción rápida contra las tropas en el Sinaí les brindaría la iniciativa, mientras que el bloqueo en Tirán tenía menor importancia. Previo a cualquier maniobra, Eshkol envía al director del Mossad, Meir Amit a EEUU para asegurar su respaldo diplomático, logístico y militar en caso de intervención de la URSS. Pronto, Rabin marcaría la definición del avance hacia la guerra, la movilización inmediata de los “reservistas”.

Los 6 días de guerra

El Mossad (servicios de inteligencia israelí)habría recolectado la ubicación de las tropas y vehículos egipcios, esto definió al ejército de Israel que la invasión fuese una verdadera “guerra relámpago”.
El 5 de junio, alrededor de las 7 de la mañana la aviación israelí deja caer una lluvia de bombas sobre los aeropuertos egipcios dejando el 80% de su flota inservible. Este ataque sería el que marcaría el resto de la guerra, ya que en tres días, los blindados, tropas terrestres, 13 bases militares y 23 estaciones de radar egipcias fueron devastados por la fuerza aérea israelí.
El estrecho de Tirán sería desbloqueado fácilmente al tercer día de la contienda. Israel llegaría al Canal de Suez para el 8 de junio, conquistando la totalidad de la península del Sinaí. Ese mismo día Egipto capitula, y Nasser renuncia a su cargo. Mientras tanto, las tropas terrestres israelíes invaden Franja de Gaza se apropian de Jerusalén con sus lugares bíblicos.
Al norte, Israel recibía bombardeos desde Siria, y en el centro-este y Jerusalén desde Jordania, cuyo ejército estaba comandado por un general egipcio para evitar la capitulación. Estos combates fueron muy duros, pero ninguno de los contendientes tuvo oportunidad frente a las fuerzas de Israel. La rendición de Egipto y Jordania, le permitió a Israel encargarse de Siria en dos días de sangrientos combates por los Altos del Golán avanzando hasta la ciudad de Kuneitra.
Las hostilidades finalizan el 10 de junio dejando un saldo entre los árabes de 23.000 muertos, 45.000 heridos, 6.000 prisioneros y más de 800 aviones derribados. Mientras que las bajas israelíes fueron de poco menos de 800 soldados, 2.500 heridos, 15 prisioneros y 46 aviones fuera de circulación.
Israel cuadruplica su territorio anexando 45.000 km2 de tierras árabes entre Cisjordania; Franja de Gaza; Jerusalén oriental; los Altos del Golán y la península del Sinaí. Mientras que en esos días, 400.000 nuevos refugiados palestinos, escapando, cruzarían el Jordán

La pos guerra y la reacción en el mundo árabe

En 6 días de guerra cae hasta las profundidades el proyecto del nacionalismo burgués de la “República Árabe Unida” junto a cualquier tipo de autonomía relativa del imperialismo norteamericano. La guerra de 1967 representó, ante todo, un brutal giro geopolítico de Oriente Medio, y en la relación entre política y religión. Nasser es presionado por las bases para que no renuncie al cargo. Sin embargo, mostró otro de sus límites, buscó el apoyo de los sectores religiosos que lo esperaban con los brazos abiertos.
El 11 de junio, el sheik Mohammed Mitwalli Shaarawi, el personaje más importante y popular de los responsables religiosos de Egipto, le agradeció “a Dios esa derrota traumática que sirvió para despertar a la nación y hacer que tome conciencia de su equivocación al excluir la religión de los asuntos públicos”. El establishment encontró en esta alianza el mejor medio para recuperar la legitimidad perdida, con la convicción de que dominar a los religiosos, sería tarea sencilla. Nasser y el sheik Shaarawi, habrían sellado un pacto de sangre que sostendría más tarde Sadat, y que ningún régimen pudo romper. Este modelo se expande por todo el territorio de diversas maneras en los años posteriores con cada derrota política y militar.
La guerra para Israel dejó resultados mayores de los esperados, que avanzó en el acercamiento estratégico con EEUU, y se convierte en una potencia militar con armas nucleares capaz de modificar el rumbo geopolítico del medio oriente.
Si bien el sionismo tenía la idea de construir el Gran Israel, sus fuerzas de seguridad siempre recomendaron no avanzar sobre Cisjordania, ya que deberían integrar de alguna u otra manera a los palestinos residentes de la zona, aspirando a ocupar las zonas “despobladas”. Sin embargo, esto cambia en 1967. Se embarca a colonizar Cisjordania, Franja de Gaza y los Altos del Golán, eludiendo la convención de Ginebra, mientras continúa la sistemática limpieza étnica palestina. En menos de 10 años establecerían más de 30 colonias en los territorios ocupados. En estos días el número se encuentra en más de 150 colonias, con 500 mil colonos, muchos de ellos armados.
Israel, también comienza a apoyarse sobre la religión, como condición necesaria para su existencia y planes coloniales. Como explica el periodista Ezequiel Kopel, que para los líderes nacionalistas religiosos,“por mandato religioso, los judíos deberían volver a sus tierras ancestrales para ocuparlas y poblarlas”, lo que “(…) derivó, inevitablemente, a que el desarrollo de los asentamientos llevara a Israel (…) a que el funcionamiento del Estado se articule con el sector de la población que más presionaba para intensificar la colonización: los religiosos radicales”.
La OLP sería única organización (en ese momento) que asumiría la dirección de la causa palestina, adoptando cada vez más una estrategia guerrillera influenciada por las guerrillas de Cuba y Vietnam. La diáspora palestina se desperdigaba por los diferentes países que limitan con Israel, producto de la derrota militar. Los gobiernos de estos países comienzan un proceso de endurecimiento de sus regímenes, mucho más duros con la oposición, destruyen las pocas libertades democráticas, volviéndose cada vez más opresivos.
Entonces, los palestinos pasarían luego de la guerra, a la resistencia no sólo en el Estado de Israel, Franja de Gaza y Cisjordania, sino también, en Líbano, Siria, Irak y Jordania (de donde fueron reprimidos brutalmente en 1970, el llamado “Septiembre Negro”). La causa palestina, nos muestra hasta estos días, niños luchando con resorteras contra tanques de última tecnología, o mujeres plantándose cara a cara contra las tropas de ocupación, una espectacular voluntad de liberación,
La experiencia del nacionalismo árabe dejó claro que no puede existir una verdadera liberación de los oprimidos del Magreb y Medio Oriente que sea de la mano de proyectos políticos, que incluyan la alianza con la burguesía árabe sin ir hasta el final con la ruptura el imperialismo, como los de Nasser. Su fracaso derivó en largas dictaduras como las de Mubarak, Ben Alí y Gadafi, que la Primavera Árabe haría estallar por los aires. Incluso, hoy vemos cómo se mantiene el potencial de las masas en nuevos procesos como los de Argelia y Sudán, que abren nuevas perspectivas para la emancipación de los oprimidos en Medio Oriente.

Salvador Soler
Sábado 15 de junio | 12:00

Fuentes:

Koplel, Ezequiel. La disputa por el control de Medio Oriente, de la caída del Imperio Otomano al surgimiento del Estado Islámico. Eduvim. 2016.
Dakhli, Leyla. Historia contemporánea de Medio Oriente. Capital Intelectual. 2016.

sábado, 15 de junio de 2019

Desaceleración económica: la clase dominante teme a la revolución




En la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos, los ricos y poderosos se reunieron para discutir una estrategia para la defensa de su sistema. En el pasado, el estado de ánimo de esta reunión solía ser de confianza y determinación. Este año, sin embargo, apestaba a desesperación. La clase dominante ha pasado de cantar victoria a mirar hacia el abismo en el espacio de tan sólo 25 años.
Después del colapso del Muro de Berlín, la burguesía dominaba en todo el mundo. Como hemos señalado muchas veces, pensaban que habían ganado la carrera al "socialismo" y creían que la historia había terminado, como declaró Fukuyama. Esa ilusión se vio destrozada por la crisis que comenzó en 2007 y que ahora está entrando en otra etapa más crítica.

Desánimo en Davos

Nada se ha resuelto desde el inicio de la crisis de 2008. La economía mundial no se ha llegado a recuperar realmente después de 2008 y ahora nos enfrentamos a otra recesión mundial. Sin embargo, todas las medidas que se van a destinar esta vez para impedir una recesión ya se han utilizado.
Lo que preocupa a la clase capitalista ahora es la llamada curva de rendimiento invertida. En el pasado, cuando la deuda a corto plazo tenía un rendimiento más alto (tasa de interés) que la deuda a más largo plazo -situación que se ha dado varias veces en los últimos meses- sobrevino la recesión.
Este año, algunos líderes mundiales, como Macron o Trump, protagonistas de la reunión pasada, se mantuvieron alejados de Davos. Trump se encontraba “jugando a quién es el cobarde” con el Congreso sobre la financiación de su muro fronterizo con México (perdió él primero, por cierto), mientras Macron estaba ocupado tratando de sofocar las protestas de los chalecos amarillos, que han causado graves trastornos a la economía francesa.
Los informes de la reunión reflejaron el estado de ánimo. Gideon Rachman comentó en el Financial Times (FT): “Todos necesitan héroes, incluso los plutócratas de Davos. Pero la ‘élite global’ carece actualmente de entusiasmo e ideas".
El economista de Harvard, Kenneth Rogoff, expresó lo siguiente al mismo periódico: "Este es el Davos más monótono que recuerdo. Normalmente, hay un país estelar o una industria estelar de la que todo el mundo habla. Pero este año, no hay nada". (Davos 2019: No más héroes para la élite global, Financial Times, 28 de enero)
Rachman enumera una serie de héroes anteriores: Erdogan, Brasil, Macron, Bitcoin, China y Modi. Todos ellos están actualmente en la penumbra de una manera u otra. No había ninguna fuente de entusiasmo y sí muchas razones para preocuparse.
Una de las principales preocupaciones fue sobre el comercio internacional. Martin Wolf, principal comentarista de economía en el Financial Times, escribía:
“Desde la revolución industrial, la economía mundial ha experimentado dos grandes olas de integración económica o, como ahora lo llamamos, ‘globalización’: a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, y a finales del siglo XX y principios del XXI. El conflicto entre las grandes potencias, la depresión económica, el nacionalismo y el proteccionismo acabaron con la primera. La misma combinación, aunque en una secuencia histórica diferente, podría acabar con la segunda" (Davos 2019: la globalización enfrenta un camino difícil, Financial Times, 20 de enero)
En particular, el giro al proteccionismo por parte de Estados Unidos es preocupante:
“Aunque las acciones que se han tomado hasta el momento no son muy dañinas, mucho más lo es el rechazo ideológico de los principios fundamentales del sistema de comercio global por parte de su fundador, Estados Unidos: en lugar de la liberalización, existe el proteccionismo; en lugar de multilateralismo, unilateralismo; en lugar de reglas globales, discreción nacional”. (Ibid.)
Estados Unidos ya no se sitúa en el corazón de la liberalización comercial como lo hizo en el pasado. Está claro que el proteccionismo está aumentando en EE. UU., y la burguesía tiene razones para preocuparse, ya que el proteccionismo de Trump no es sólo un fenómeno temporal, sino que va a ser una característica permanente de la política de EE. UU., independientemente de la Administración.
A esto, se suma la sensación entre los dignatarios reunidos en Davos de que el control político se les está escapando de las manos:
"...la combinación tóxica de populismo, proteccionismo y nacionalismo que atormenta a los países, desde Brasil hasta el Reino Unido, es poco probable que desaparezca pronto, y los cambios tecnológicos como la inteligencia artificial podrían empeorar esto". Y eso llevó a muchos jefes ejecutivos esta semana a participar en una nueva ola de discusiones sobre cómo apaciguar el estado de ánimo de la ira a través del activismo social". (El estado de ánimo se vuelve ‘mucho más sombrío’ en Davos, Financial Times, 24 de enero)
Los participantes en Davos tenían muchas buenas razones para estar preocupados. Los indicios indican que el crecimiento de los últimos dos años en EE. UU., lejos de ser el comienzo de una recuperación sostenible, fue sólo un aumento temporal impulsado por las inyecciones de dinero por parte de Trump a las grandes corporaciones.
El artículo de Rachman terminaba así:
“Parece que el mundo ha decepcionado a Davos. Pero, de nuevo, es Davos tal vez el que ha decepcionado al mundo". (Ibid.)

Una “desaceleración sincronizada”

El 7 de abril, el FT y el Brookings Institute publicaron su índice TIGER, que pronosticó "una desaceleración sincronizada" en la economía mundial. Esto se debió a la caída de las exportaciones en varios países:
"El índice cayó, en parte, porque los datos fidedignos que indican la actividad económica real han sido más débiles, para países como Italia, entrando en recesión; Alemania, evitando una y la economía de Estados Unidos perdiendo fuerza a medida que los efectos de los recortes de impuestos de Donald Trump se desgastan". (La economía entra en 'desaceleración sincronizada', Financial Times, 7 de abril)
Tomados por sí sólo, no ofrece una lectura particularmente alarmante. La economía mundial reducirá su tasa de crecimiento, pero seguirá creciendo a una tasa del 3,3 por ciento. El profesor Prasad, del Brookings Institute, dijo que "la desaceleración aún no parecía dirigirse a una recesión global", sin embargo "la economía mundial está perdiendo impulso". En otras palabras, no esperemos que las cosas mejoren. En todo caso, empeorarán.
En abril, el FMI pronosticó un crecimiento económico del 3,3 por ciento, lo que representa una reducción con respecto al pronóstico del 3,7 por ciento de octubre. Se pronostica que el comercio mundial aumentará un 3,4 por ciento, una reducción con respecto al 3,8 por ciento de 2018. La caída ha sido general en todas las principales economías.
En enero, el FMI también bajó la tasa de crecimiento respecto de su predicción anterior. En ese momento, Greg Ip escribió lo siguiente en el Wall Street Journal:
“El Fondo Monetario Internacional aún cree que la economía mundial crecerá un respetable 3.5 por ciento este año. Pero ésa es la segunda rebaja de la calificación desde hace un año, cuando el FMI aclamó "el mayor aumento global sincronizado del crecimiento desde 2010”.
"Esta última decepción no es el problema; el verdadero problema es la decepción en serie que ha afectado a esta expansión desde el principio". ("El boom global, apenas iniciado, puede haber terminado", Wall Street Journal, 23 de enero)
Ip cita cifras de crecimiento entre 2010 y 2019 con un promedio del 3,8 por ciento anual en lugar del 4,4 por ciento que vimos entre 2000 y 2007, pero incluso ese crecimiento modesto se está desacelerando. Menciona a Brasil, China, Alemania, Japón, Rusia y Gran Bretaña, que crecieron más lentamente el año pasado que en los ocho años anteriores. Otros países como Italia, como hemos visto, ya están en recesión.
Uno de los factores responsables de esto es el intento de los bancos centrales de hacer que el crédito sea más costoso. El BCE, la Reserva Federal y el Banco de Japón ajustaron sus políticas monetarias el año pasado. Sin embargo, esto sólo no explica el fenómeno. Si esta fuera una recuperación seria, tales ajustes menores no deberían haberla descarrilado.
El problema es mucho más profundo que las simples decisiones accidentales de los banqueros centrales o los intercambios comerciales entre Estados Unidos y China, o el Brexit. La realidad es que el sistema capitalista no se enfrenta a un problema menor, no a una breve recesión, sino a una gran crisis orgánica. El hecho es que el capitalismo ha sobrevivido a su papel histórico. Ya no puede desarrollar las fuerzas productivas como lo hizo en el pasado y ha estado viviendo durante décadas con un tiempo prestado.

Productividad decreciente

Desde el comienzo de la crisis, la inversión ha estado cayendo, particularmente en los países capitalistas avanzados. Esto ha llevado a una disminución de la productividad. La productividad del trabajo es clave para desarrollar el potencial productivo de la economía. En un sentido histórico amplio, está determinado por la cualificación de los trabajadores y el nivel de maquinaria e infraestructura. Es una expresión del nivel alcanzado por las fuerzas productivas, que ahora se está desacelerando dramáticamente.
Hubo una tendencia a disminuir la tasa de crecimiento de la productividad en los países de la OCDE desde la década de 1970, desde más del 25 por ciento en siete años, a principios de la década de 1970, al 21 por ciento en la década anterior a 2007. Desde entonces, la productividad ha crecido apenas un 8,7 por ciento entre 2007 y 2017. Cabe señalar que parte del aumento de la productividad en el período anterior a 2007 no fue a través de la inversión, sino a través de la intensificación del trabajo de la fuerza laboral existente.
Sin embargo, a diferencia de la inversión en maquinaria nueva, hay un límite a la cantidad de ganancia de productividad que se puede obtener de la intensificación del trabajo. Anualmente, sólo dos veces entre 1970 y 2006 hubo un crecimiento de productividad inferior al 1,5 por ciento. Esto fue en 1980 y 1982. Pero desde 2006, el crecimiento de la productividad laboral sólo superó el 1,5 por ciento una vez, en 2010, cuando fue del 2,5 por ciento. Lo que era la excepción antes de la crisis económica, ahora se ha convertido en la norma. Esta desaceleración en el crecimiento de la productividad es una indicación de la gravedad de la crisis.

Caída de la inversión

A largo plazo, la única forma de lograr el crecimiento económico es a través de la inversión. Bajo el capitalismo, esto viene típicamente en forma de inversión pública en infraestructura o en forma de inversión privada en producción. Sólo al elevar el nivel de capital, los capitalistas pueden aumentar la productividad del trabajo de manera sostenible. Sin embargo, las inversiones privadas se derivan de los beneficios obtenidos por los capitalistas. Ted Grant explicó la relación en la década de 1950:
“El excedente producido por la clase trabajadora, más allá de su propia subsistencia, y aparte de una pequeña parte consumida por los capitalistas, es devuelto a la producción. Todo el papel histórico del capitalismo ha sido el desarrollo de los poderes productivos de la sociedad mediante el uso de este excedente en la creación de capital". (¿Habrá una recesión?, Ted Grant)
Esto explica porqué la burguesía en tiempos de crisis busca expandir la tasa de explotación de la clase trabajadora, reducir sus costos y aumentar las ganancias. Esto significa bajar los salarios y atacar las condiciones de trabajo, pero también reducir los impuestos a las corporaciones para darles, como dicen, "incentivos". Sin embargo, a pesar de todos sus intentos de aumentar las ganancias en las últimas décadas, la inversión ha estado en continuo declive, incluso antes de la reciente crisis.
En los países de la OCDE, en particular, ha habido un marcado descenso en el nivel de inversión como proporción del total de la economía. Desde alrededor del 26 por ciento en la década de 1970, la formación bruta de capital ha caído a alrededor del 21 por ciento hoy.
Esta tendencia de la caída de las tasas de inversión ha estado ocurriendo durante algún tiempo. En anteriores recesiones menos graves, cada vez que hubo una crisis, esto fue acompañado por una caída en la inversión, y aunque la inversión tendió a recuperarse un poco después de una recesión, nunca ha alcanzado el nivel en que se encontraba antes de la crisis.
Sin embargo, la caída en la inversión de 26 al 21 por ciento del PIB subestima el impacto que esto ha tenido. Estas cifras cuentan la formación bruta de capital, lo que significa que la depreciación no se cuenta. Si observamos el aumento en el capital social, el cambio que ha tenido lugar en las últimas décadas es aún más dramático.
La tasa anual de crecimiento en el stock total de capital solía ser de alrededor del 3 por ciento en EE. UU., pero ha estado disminuyendo constantemente desde 1980 y, particularmente, después de la crisis. El cambio en Alemania y Japón es más dramático. En 1950 y 1965, el capital social alemán creció entre un 6 y un 10 por ciento, pero su tasa de crecimiento ahora es de apenas un 1 por ciento. Japón tuvo una tasa de crecimiento anual de más del 10 por ciento entre 1959 y 1973, pero ahora está creciendo a menos del 1 por ciento.
China es la excepción. Su pico de crecimiento se alcanzó en 2010. Gran parte de la inversión manufacturera del mundo en las últimas tres décadas se ha concentrado aquí, pero esto también está llegando a su límite, y vemos una fuerte disminución en su tasa de crecimiento desde 2010.
Esencialmente, este problema de falta de inversión y la consecuente caída en la tasa de crecimiento del PIB revela la escala del problema. Todos los intentos de la burguesía para elevar el nivel de inversión han fracasado, o al menos no han logrado restaurar el capitalismo a su estado anterior.
Al final, la única justificación histórica para el capitalismo es su capacidad de invertir para desarrollar las fuerzas productivas, pero esto ya no está ocurriendo. En estas condiciones, el enorme crecimiento de la desigualdad sólo sirve para aumentar el montón de dinero acumulado en un extremo de la sociedad, sin un aumento significativo en las inversiones. Esto muestra muy claramente cómo el capitalismo ha desempeñado su papel y debe ser eliminado para que la sociedad avance.

La adicción a la deuda de la economía mundial

La forma en que la burguesía intentó evitar la crisis fue abaratar el crédito y, por lo tanto, abaratar las inversiones y el gasto del consumidor. Durante todo un período histórico, desregularon y bajaron las tasas de interés para mantener la inversión y el consumo.
Sin embargo, a diferencia de la inversión, el consumo no eleva en primer lugar el potencial a largo plazo de la economía. Simplemente aumenta la cantidad de potencial de la economía que se está utilizando. Es por eso que los economistas burgueses tienden a centrarse en lo que llaman el lado de la oferta, básicamente el costo de producción.
Sin embargo, sigue siendo un hecho que sin consumo no habrá nadie que compre los bienes que se producen. Por eso, cuando los capitalistas atacaron los salarios reales a lo largo de las décadas de 1980, 1990 y 2000, tuvieron que reemplazar el poder adquisitivo de esos trabajadores con algo más. Esta otra cosa fue la deuda.
En diferentes países, diferentes sectores de la economía han acumulado niveles variables de deuda. En Japón, por ejemplo, el gobierno tiene poco más de la mitad de la deuda total, mientras que en Estados Unidos sólo representa un tercio. En Japón, las corporaciones no financieras poseen el 32 por ciento de la deuda total, en Alemania es el 45 por ciento. Lo que es común a todos los países es que, en las últimas décadas, ha habido un aumento masivo de la deuda total.
En 1960, la deuda total a escala mundial era de alrededor del 90 por ciento del PIB mundial. Era un poco más alta en Estados Unidos, donde se ubicaba en torno al 140 por ciento. Hubo un ligero aumento en 1980, pero fue más o menos lo mismo (120 por ciento de la economía mundial). Después de eso, sin embargo, ha habido un marcado aumento a escala mundial. Para 1990, la deuda total a escala mundial había alcanzado el 160 por ciento, y en Estados Unidos, el 180 por ciento. Para el 2007, había alcanzado el 190 por ciento y el 250 por ciento, respectivamente. En Japón, el cambio fue más dramático, donde la deuda aumentó al 340 por ciento en 2007, después de haber estado a un nivel similar al de EE. UU. en 1970. Alemania, después de agregar una gran cantidad de deuda en la década de 1990, en realidad pagó parte de su deuda, pero esa es la excepción, más que la norma.
La deuda en el período anterior a 2007 se concentró especialmente en los países capitalistas avanzados de Europa occidental, América del Norte, Japón, Australia, etc. Sin embargo, la crisis ha cambiado la situación.
En enero de 2007, los países avanzados tenían el 160 por ciento y el resto del mundo alrededor del 30 por ciento de la deuda mundial/PIB. 10 años después, el resto del mundo tenía el 70 por ciento y los países capitalistas avanzados el 150 por ciento. Gran parte de esto se explica por el dramático aumento de la deuda china.
Hay otras cifras de deuda que son mucho más altas. El Instituto de Finanzas Internacionales, por ejemplo, estima que la deuda total mundial es del 317 por ciento del PIB mundial, en lugar de la cifra del 225 por ciento proporcionada por los datos históricamente comparables del FMI. De cualquier manera, el proceso sigue siendo el mismo.
Esta fue una política deliberada e "irresponsable" por parte de la burguesía para impedir una recesión en una etapa anterior. El aumento de la deuda se alentó a través de repetidas intervenciones a través de la política del gobierno: las tasas de interés se redujeron una y otra vez, y los préstamos se desregularon para permitir a los bancos otorgar préstamos a clientes que tenían menos capacidad para pagar los préstamos que habían contraído.
La burbuja de las hipotecas de alto riesgo, que fue el punto de partida de la crisis de 2008, sólo fue posible porque el gobierno de Estados Unidos había abolido las leyes que impedían a los bancos otorgar préstamos a personas que sabían que no podían pagarlos. Los bancos apostaban por el hecho de que, si tuvieran que recuperar una casa, valdría más de lo que valía la hipoteca original.
El efecto de esta política fue mantener con vida a varias empresas y mantener abiertas las fábricas que de otra manera se hubieran visto obligadas a cerrar. Lo mismo ocurría con los hogares que podían obtener hipotecas con facilidad, y también con el crédito barato en general, que de otra manera habría sido insostenible. Esta intervención impidió efectivamente que el mercado desempeñara su papel de lograr la "destrucción creativa", por usar el término eufemístico de Schumpeter. Al mantener a las empresas artificialmente vivas, se evitaron despidos masivos, desalojos masivos y recortes masivos en el poder adquisitivo. Se podría agregar que también existía preocupación por una explosión de la confrontación social y lucha de clases, que es lo que realmente se temía.
El problema con la deuda, por supuesto, es que tiene que devolverse en algún momento, y con intereses. El interés agrava el problema. A menos que quienquiera que esté pidiendo prestado el dinero agregue constantemente más deuda, su poder de consumo acabará reduciéndose debido al pago de los intereses. De este modo, para expandir constantemente el poder de compra, o la capacidad de las empresas o de los gobiernos para invertir, se tiene que agregar constantemente más deuda. Este es el caso, particularmente, si hay un crecimiento insuficiente en la economía. Sin embargo, más deuda crea más interés y, por lo tanto, genera un círculo vicioso.
En su último informe, el Instituto de Finanzas Internacionales advierte de que "el gasto en intereses de la deuda pública puede desviar el gasto de las inversiones económicamente productivas". Eso es en relación con la deuda pública, pero también es cierto para las corporaciones. Resolver el problema de la inversión y el consumo agregando deuda sólo empeora el problema en el futuro.

La crisis en china

En la superficie, China parece ser la excepción a la regla del declive general, y la economía china ayudó a tirar de una serie de otras economías en los primeros años después de la crisis. Brasil, Sudáfrica y Australia se vieron arrastrados por el crecimiento de China, exportando materias primas para alimentar a la industria china. Sin embargo, esto ha llegado a su fin. La economía china se está desacelerando, y de forma bastante dramática.
Desde 2008, la deuda china explotó cuando el gobierno intentó mantener a China fuera de la desaceleración general. De un poco más del 130 por ciento del PIB, la deuda total alcanzó el 250 por ciento del PIB el año pasado. En cierto sentido, la élite gobernante china hizo en 10 años lo que Estados Unidos había hecho en 30.
Sin embargo, este nivel de aumento de la deuda es insostenible a largo plazo y el efecto de la expansión del crédito se ha reducido con el tiempo:
“En 2008, según un informe publicado el verano pasado por el FMI, se necesitaba 1 billón de yuanes de crédito para generar un billón de yuanes de producción económica. En 2017, el año más reciente del que se dispone de esos datos, se necesitaban 3,5 billones de yuanes de crédito para la misma escala de creación del PIB". ('A medida que China se enfrenta a la desaceleración, el estímulo tendrá un alcance global más pequeño', Wall Street Journal, 16 Marzo)
Esto significa que la economía tiene que agregar más y más deuda para lograr el mismo nivel de crecimiento económico. El límite de esta política ya se ha alcanzado. Como resultado, el gobierno chino cambió de táctica en los últimos años. Ha intentado reducir el crédito y desarrollar otros métodos de crecimiento. Parte de eso fue un intento de empujar a la economía china a competir en nuevas áreas, por ejemplo "Hecho en China 2025", que es un factor importante en la guerra comercial entre Estados Unidos y China.
La retirada de algunas de estas líneas de crédito ya ha provocado la caída del crecimiento anual del crecimiento chino al 6,6 por ciento, que es mucho más alto que en otras partes del mundo. Pero sigue siendo el crecimiento chino más lento desde 1991, y una caída significativa desde el 8-14 por ciento que alcanzó entre 2002 y 2011. Como ya se mencionó, esto ha sumido ya a varios países que estaban exportando a China en la recesión.
Este año, en lugar de crédito, el gobierno ha intentado métodos similares a los realizados en Occidente:
“La restricción de los ya elevados niveles de deuda explica por qué la naturaleza del paquete de crecimiento de Pekín está cambiando de la era de la crisis financiera, del crédito al recorte de impuestos y del gasto gubernamental.
"El cambio podría no ser tan contundente como los esfuerzos pasados: la Sra. Wang [economista jefe de China en UBS] cree que es probable que las empresas se queden con la mayoría de los impuestos ahorrados en lugar de gastarlos, en vista de la desaceleración y la incertidumbre causada por las tensiones comerciales EEUU-China”(Ibid.)
Sin duda, el estímulo tendrá un efecto, pero será insuficiente para evitar que el crecimiento de China se desacelere aún más. Esto supone un problema no sólo para China, sino también para una gran cantidad de países que confían en el crecimiento chino para que sus propias economías sigan creciendo.

La economía estadounidense se está desacelerando

La economía más grande del mundo sigue siendo la de EE. UU., y ha desempeñado un papel importante en la leve recuperación que experimentó la economía mundial. Sin embargo, gran parte de dicha recuperación fue de carácter temporal:
“La fortaleza reciente de Estados Unidos también se debe principalmente a la política fiscal: un gran recorte en las tasas impositivas a principios de 2018 y un aumento en el gasto federal. El recorte de impuestos a las grandes empresas debería en teoría impulsar la inversión. Pero si bien la inversión se aceleró el año pasado, la organización de estudios económicos, Penn Wharton, atribuye toda esa aceleración a un aumento en los precios del petróleo que estimuló más perforaciones y extracción de petróleo de esquisto. Es probable que ni el estímulo fiscal ni el aumento del precio del petróleo se repitan". ("El boom global, apenas iniciado, puede haber terminado")
La enorme ayuda financiera a las grandes empresas que llevó a cabo la administración Trump a principios del año pasado sí tuvieron efecto, pero fueron temporales, y se hicieron a expensas de aumentar masivamente el déficit del presupuesto federal (del 3,5 por ciento del PIB al 5,1 por ciento). No tuvo un impacto significativo en la inversión y, por lo tanto, no creó el potencial para ninguna mejora a largo plazo.
Ahora, la economía está comenzando a desacelerarse a medida que se sienten los efectos de la retirada del estímulo, combinados con la disputa comercial entre Estados Unidos y China. Las cifras para el primer trimestre de 2019 se veían bien, en la superficie. La economía creció un 3,2 por ciento en comparación con el año anterior. Pero esa cifra oculta el hecho de que gran parte de este crecimiento se debió a aumentos en los inventarios. Las compañías han estado reabasteciéndose ante los posibles aranceles en caso de que las negociaciones comerciales entre China y Estados Unidos salgan mal. Después de descontar el comercio, los inventarios y el gasto del gobierno, la economía sólo aumentó un 1,3 por ciento, lo que equivale a la mitad del cuarto trimestre de 2018. En el cuarto trimestre, la economía creció sólo un 2,2 por ciento, una caída en comparación con el tercer trimestre, cuando la economía creció un 3,8 por ciento. Entonces, en lugar de ser un motivo de celebración, los mercados de valores cayeron con el anuncio de las últimas cifras. Debajo de la superficie, parece que la economía de Estados Unidos se está desacelerando.

Política monetaria agotada

La clave para controlar la disponibilidad de crédito la tienen los bancos centrales. Utilizan las palancas a su disposición, principalmente las tasas de interés, para intentar equilibrar el ciclo económico. Sin embargo, no pueden resolver de manera fundamental los problemas de la economía capitalista, como lo señaló Ted Grant hace algunos años:
"Accidentalmente, la Comisión Radcliffe demostró de manera concluyente la falacia de que la economía está controlada por medidas monetarias. De hecho, como los marxistas siempre han argumentado, sucede lo contrario. El desarrollo de la economía, según su fluctuación hacia la inflación o la deflación, obliga a subir o bajar el tipo de interés bancario". (¿Habrá una recesión?)
De hecho, la falta de demanda efectiva ha causado una presión deflacionaria tremenda. Para elevar la inversión y el consumo, los bancos centrales han recurrido a una política monetaria sin precedentes. Las tasas de interés durante todo un período histórico han estado en constante descenso.
Cada vez que ha habido una recesión, las tasas del Banco de la Reserva Federal (sistema bancario estadounidense, o también conocido como Fed) han caído alrededor de 5 puntos. Sin embargo, desde 1980, tras cada caída, no volvieron a subir a su nivel anterior a la recesión. El resultado es que, en el momento en que se produjo la última recesión, la tasa de la Reserva Federal era sólo del 5 por ciento, y luego de reducirla en 5 puntos, se mantuvo en cero. Sin embargo, incluso con un interés del 0 por ciento, no se produciría la inflación, lo que es profundamente preocupante para el pensamiento burgués:
“La razón es que gran parte del mundo parece estar estancado en un equilibrio de bajo crecimiento y no puede tolerar tasas de interés tan altas como se hizo en el pasado. La tasa de interés "neutral", lo suficientemente alta para contener la inflación, lo suficientemente baja para evitar la recesión, es mucho más baja que antes. Por ejemplo, si el último aumento de la tasa de la Fed resulta ser el último, como muchos sospechan, entonces la nueva tasa neutral real (ajustada a la inflación) en EE. UU. es inferior al 0,5 por ciento, en comparación con un histórico 2 por ciento". (The Global Boom, Barkly Begun, May Be Over, The Wall Street Journal)
Como sugiere el título de su artículo, a Greg Ip le preocupa que, 10 años después del comienzo de la crisis, la tasa de interés real sea sólo de medio punto superior al 0%. Esto es significativamente menor que en el pasado.

¿Imprimir dinero - sin inflación?

El difícil estado de la economía condujo a programas de “expansión cuantitativa” (inundar el mercado de dinero, NdT) sin precedentes. Es tal la profundidad de la crisis que la Reserva Federal pudo imprimir efectivamente 3,5 billones de dólares sin que esto tuviera un efecto significativo en la inflación.
La razón fue que este dinero terminó en gran medida en manos de grandes corporaciones y bancos que no vieron ninguna razón para invertir nada de ello. Ya estaban sentados sobre un montón de dinero en efectivo y una línea de crédito adicional no fue muy útil. En cambio, el dinero fue utilizado con fines especulativos.
Ha habido una serie de subastas de arte sin precedentes, entre las que se cuenta la de un príncipe saudí, que pagó 450 millones de dólares por uno de los 20 Da Vincis conocidos. La burbuja inmobiliaria ha ido creciendo en América del Norte, Europa del Norte y, de manera crucial, en China. Las bolsas de valores han ido subiendo sus índices, por ejemplo, el índice industrial Dow Jones alcanzó un récord de 26.000 puntos, dos veces más alto que antes de la crisis (el mismo aumento que el S&P 500). Otras bolsas de valores no estadounidenses han registrado aumentos sustanciales, si no tan altos como EE. UU.
Estas burbujas de “activos” (acciones, bienes raíces, arte, etc.) tuvieron el efecto de aumentar enormemente la disparidad de riqueza. Muchas de las cifras sobre la inmensa desigualdad de riqueza provienen del hecho de que los activos de los ricos se han incrementado enormemente debido al crédito barato.
Otro efecto de los programas de expansión cuantitativa fue deprimir simultáneamente la moneda de Estados Unidos y, al mismo tiempo, ofrecer un crédito muy barato. Esta combinación fue muy mala para varios países que comenzaron a tomar préstamos en dólares estadounidenses.
Cuando la política de EE. UU. cambió a un crédito más estricto, lo que aumentó el dólar estadounidense y aumentó el costo de los préstamos, estos países terminaron en una situación muy crítica. Las empresas turcas no financieras, por ejemplo, lograron acumular una deuda de casi el 50 por ciento del PIB denominado en dólares estadounidenses y euros. Cuando la lira turca cayó, esta deuda aumentó repentinamente en un 10 por ciento. La deuda del gobierno argentino aumentó 30 puntos, del 57 por ciento al 86 por ciento el año pasado. Ahora posee el 64 por ciento del PIB en deuda denominada en moneda extranjera como resultado del colapso del peso argentino. Por lo tanto, los cambios en la política monetaria de Estados Unidos están teniendo graves repercusiones en otros países.

Las guerras comerciales empeoran una mala situación

Una de las principales preocupaciones de los economistas ha sido la perspectiva de una guerra comercial. Muchas decisiones bajo el capitalismo se basan en proyecciones del tamaño esperado del mercado, a veces con bastante anticipación. Hay preguntas a más corto plazo sobre cuántas materias primas comprar y cuántos productos producir, pero también hay otras más a largo plazo sobre si comprar maquinaria nueva o construir nuevas fábricas, que se basan en pronósticos de mercado en el futuro. La inseguridad sobre los mercados mundiales hará que las empresas duden al hacer compromisos.
Cuando Trump amenaza con un arancel del 25 por ciento sobre las importaciones de China, genera mucha incertidumbre. Cuando las empresas transfieran este costo a los clientes (y la mayoría de ellos lo harán inevitablemente), se reducirán las ventas. Así, las fábricas que se construyeron o la maquinaria que se compró podrán producir mucho más de lo que pueden vender, lo que significa que no se podrá recuperar el dinero invertido. En cierto sentido, la amenaza de los aranceles es casi tan perjudicial como su imposición. Incluso aunque nunca se impongan, si los mercados lo toman en serio, se pospondrán las inversiones.
Además, cuando las empresas comienzan a construir sus cadenas de suministro, quieren previsibilidad. Quieren saber cuáles serán los correspondientes costos. Pongamos como ejemplo el iPhone de Apple, que extrae sus componentes de EE. UU., Japón, Corea del Sur, Taiwán y la UE, para luego ser ensamblados en China. La mayor parte del trabajo se realiza en otros países, pero luego se ensambla en las enormes fábricas de Foxconn en China. Por lo tanto, Apple es vulnerable en varios frentes a aumentos repentinos de los aranceles u otros obstáculos al comercio. Esta es la razón por la cual libraron una batalla contra las tarifas el año pasado. Gran parte de la producción mundial se realiza de esta manera, lo que significa que las empresas multinacionales son muy vulnerables a las guerras comerciales.
Trump se ha comportado como un elefante en una cacharrería en el escenario mundial, intentando intimidar a los aliados y enemigos de Estados Unidos para que cambien las condiciones comerciales. La disputa con China ha sido la de mayor preocupación porque se trata de las dos economías más grandes del planeta.
Trump, según diferentes informes, habría estado presionando para alcanzar un acuerdo pero, por supuesto, tenía que ser un "buen acuerdo". Lo que eso significa es que tiene que ser algo que de alguna manera pueda vender a su electorado como "progreso", algo para que parezca que va en serio lo de "hacer que Estados Unidos sea grande otra vez". Sin embargo, las dos potencias no parecen entenderse, Trump está imponiendo otra ronda de aranceles y China amenazando con contramedidas. Lo más probable es que finalmente lleguen a algún tipo de acuerdo, pero aún queda por ver si se mantendrán o no los aranceles. Aún así, no se pondrá fin a la historia, ya que la burguesía es muy consciente:
"Lo que realmente preocupó a algunos jefes ejecutivos fue la percepción de que, aunque China acordara hacer concesiones significativas sobre los aranceles a EE.UU., ambos países se enfrentan a un choque a largo plazo sobre quién controlará tecnologías como el móvil 5G". (Mood turns ‘a lot more gloomy’ at Davos, Financial Times)
Esencialmente, la lucha entre las potencias imperialistas se está intensificando como resultado de la crisis. Un acuerdo no puede resolver esta cuestión. Se están desarrollando nuevas tecnologías y habrá una lucha sobre quién controlará los nuevos mercados. De eso se trata "Made in China 2025", y es precisamente lo que les preocupa a EE. UU. y la UE. China quiere hacerse con una gran parte de los mercados en expansión en el campo de los aviones, los automóviles eléctricos, la energía solar y los semiconductores.
En el corto plazo, las compañías chinas ZTE y Huawei están desafiando a sus competidores, y Estados Unidos, como es bien sabido, está intentando bloquearlos. Las acusaciones de espionaje probablemente no son completamente infundadas. De hecho, Snowden reveló precisamente cuánto confía EE. UU. en sus compañías multinacionales para espiar, de modo que las agencias de espionaje de EE. UU. saben que se puede hacer. Sin embargo, más concretamente, EE. UU. está intentando impedir que Huawei obtenga la mayor parte del mercado del 5G. La excusa de la seguridad nacional se estira cada vez más, ya que los senadores estadounidenses ahora argumentan que las exportaciones de trenes chinos a EE. UU. ponen a los viajeros estadounidenses en riesgo de ser espiados. Claramente, esto no tiene nada que ver con el espionaje y sí con el hecho de que los fabricantes chinos de trenes están superando a sus rivales estadounidenses.
Existe una seria amenaza de que las dos economías se desacoplen, rompan las cadenas de suministro y disloquen las rutas comerciales. Foxconn está considerando trasladar la producción de iPhones a la India, GoPro está trasladando la producción a México, Ford está desechando los planes para exportar automóviles de China a EE. UU., etc. La inversión en EE. UU. por parte de las compañías chinas se ha detenido y el flujo de EE. UU. a China se ha ralentizado El conflicto arancelario del año pasado ha desencadenado una ola de proteccionismo anti-chino, que amenaza al comercio mundial.

La amenaza del proteccionismo

Esta lucha por los mercados no se está librando simplemente entre Estados Unidos y China. Los europeos tienen sus propias disputas. Por nombrar algunos ejemplos:
La batalla por el control de Nissan, en la que la junta japonesa se sublevó contra los planes del gobierno francés para que el propietario mayoritario Renault se hiciera con el control. Se trata de un caso judicial en el que Carlos Ghosn, el ex CEO de ambas compañías, está acusado de mala conducta financiera.
Múltiples quejas ante la OMC sobre los subsidios estatales a Boeing y Airbus, lo que ha llevado a la OMC a dictaminar contra la UE y EE. UU. Esto ha llevado a la UE y EE. UU. a involucrarse en las amenazas de los aranceles.
La puesta en tierra del Boeing 737 MAX se llevó a cabo primero en China, luego en la UE y finalmente en EE. UU.
Trump lleva algún tiempo instando a los aranceles de los automóviles en las exportaciones de la UE a Estados Unidos, en particular a las exportaciones alemanas.
Esto pinta un cuadro de creciente tensión a escala global, donde las principales potencias imperialistas están entablando acciones revanchistas para defender los intereses de sus compañías multinacionales. Esto amenaza la premisa básica de cómo se ha estructurado la economía global.
Los gobiernos alemán y francés han entrado recientemente en conflicto con la Comisión Europea sobre la legislación de la competencia. Los dos gobiernos estaban favoreciendo una fusión entre los gigantes ferroviarios Alstom y Siemens, pero la comisión de la UE se negó. Al fusionar los dos mayores fabricantes de trenes de Europa, esperaban crear un competidor contra el CRRC chino, que es el mayor fabricante del mundo. Sin embargo, la Comisión Europea bloqueó la fusión, debido al papel dominante que la nueva compañía tendría en el mercado europeo.
Tanto el gobierno francés como el alemán pidieron cambios en la legislación para permitir la creación de tales "campeones europeos”. Propusieron que un consejo de ministros de la UE pudiera tener un veto nacional sobre las decisiones de competencia. Manfred Weber, el eurodiputado alemán y candidato principal para el Partido Popular Europeo, dijo que propondría cambios a la legislación para crear exenciones especiales donde las fusiones dieran lugar a "campeones europeos” y que quería "más compañías tipo Airbus" (Airbus controla aproximadamente la mitad del mercado mundial de aviones). La Federación de Industrias Alemanas (BDI) también apoyó cambios en esta dirección.
El BDI y el ministro de economía alemán, Peter Altmaier, fueron aún más lejos. El BDI propuso subsidios estatales (para contrarrestar los subsidios chinos). Altmaier propuso un fondo de inversión estatal para contrarrestar las adquisiciones extranjeras de compañías cuya "tecnología es crucial para la competitividad futura de Alemania" y también dijo que estaba en el "interés político y económico nacional" de Alemania proteger a los "campeones [europeos]".
Lo que se propone es básicamente la creación de monopolios europeos enormes para enfrentarse particularmente a los chinos, pero también a otros monopolios. En cierto sentido, es un desarrollo posterior de lo que Lenin describió en El imperialismo, fase superior del capitalismo, según el cual cada Estado nación tenía unos pocos monopolios en cada industria. Ahora, se están intentando crear unos cuantos monopolios gigantescos en todo el mundo, donde la UE tendrá sus propios monopolios, o, como prefieren llamarlos, "campeones".
Este tipo de desarrollo es, en realidad, el mismo proteccionismo del que da cuenta la prensa de negocios. El Financial Times (FT) lo expresa como "el último signo de un sentimiento proteccionista creciente en Berlín (Altmaier urges EU to protect technology from Chinese rivals, FT, 17 de febrero), y están preocupados. Alan Beattie, el principal redactor europeo, comenta: "La creación de campeones europeos corre el riesgo de crear un estado permanente de guerra de concentración del mercado". La pregunta es: ¿cómo responderán EE. UU., Japón o Canadá a tales acciones por parte de la Unión Europea? Inevitablemente tendrán que responder con sus propios subsidios estatales.
En general, la burguesía está muy preocupada por el efecto que este aumento del proteccionismo tendrá en la economía mundial. El FMI encargó una investigación como parte de su edición de abril de 2019 del informe “Perspectivas de la Economía Mundial”. Entra en detalles sobre el papel que el libre comercio ("globalización") ha jugado en la inversión. Concluye que la integración del comercio ha contribuido hasta en un 60 por ciento a la reducción en el precio de la maquinaria en relación con el precio de los bienes de consumo. El informe sugiere que una reducción de 1 punto porcentual en los aranceles generó un aumento de 0,4 puntos porcentuales de la inversión.
"Las tensiones comerciales y el lento crecimiento de la productividad podrían desacelerar la reducción del precio relativo de la maquinaria y los equipos, lo que pondría un freno al crecimiento de la inversión a nivel mundial". ("Por qué podría verse amenazada la inversión", Blog del FMI)
El movimiento hacia el proteccionismo tendría un impacto decisivo, no sólo a corto plazo, sino también a largo plazo. Se corre el riesgo de llevar a un aumento del costo de la inversión, y la consecuente caída de nuevas inversiones. El proteccionismo plantea la posibilidad de interrumpir las rutas de suministro, aumentar el costo de los bienes y también aumentar el costo de la inversión. Si el FMI no saca conclusiones equivocadas, y no hay razón para pensar lo contrario, significaría que la inversión ya limitada en la economía mundial podría caer aún más.

Las consecuencias políticas de la crisis

Los economistas del mundo últimamente se han visto obligados a reconocer que la política desempeña un papel importante en la economía mundial. Durante dos años consecutivos, el FMI ha enumerado los riesgos políticos como los factores de riesgo más importantes para la economía. Si bien la maquinaria y las materias primas que se desechan no hacen ruido ni protestan, los trabajadores sí. Los trabajadores y los pobres tienden a indignarse cuando sus niveles de vida se ven amenazados por recortes, despidos y ataques.
De esto se ha dado cuenta lentamente la burguesía, que siempre reacciona empíricamente a los acontecimientos. De esta manera se expresan algunas de las mentes más “vanguardistas” que acudieron a Davos:
"Peor aún, el espectro del riesgo político está persiguiendo ahora a la C-Suite (los ejecutivos senior más importantes de una corporación, NdT) a un grado poco visto hasta ahora por los ejecutivos occidentales. ‘En términos generales, la economía sigue siendo relativamente fuerte: vemos que la demanda de nuevas tecnologías sigue creciendo’, dijo Antonio Neri, director ejecutivo de Hewlett-Packard. ‘Pero hay inestabilidad política: globalización y nacionalismo se están dando al mismo tiempo’." ("Mood Turns a Lot More ‘Gloomy’ at Davos").
El ascenso de Trump, un proteccionista, como jefe de la potencia imperialista más poderosa, es un signo de lo que está por venir. El mismo desarrollo se puede ver en Italia y Brasil, donde fuerzas de derecha a cargo del gobierno están más allá del control directo de la burguesía.
La forma en cómo el gobierno conservador británico está lidiando con los partidiarios del Brexit es otra fuente de desconcierto para la burguesía mundial:
"Gran Bretaña ha decepcionado a Davos al votar por el Brexit y ha desconcertado a los delegados en la conferencia de este año, con las enormes pancartas que se colocaron sobre el Hotel Belvedere proclamando ‘El libre comercio es genial’." ("Davos 2019: No More Heroes for the Global Elite")
El surgimiento de varios tipos de movimientos nacionalistas de derecha representa una seria amenaza para el comercio mundial y la estabilidad económica. Marx y Engels señalaron en el Manifiesto Comunista que los gobiernos burgueses son simplemente "un comité para gestionar los asuntos comunes de toda la burguesía". Sin embargo, en la situación mundial actual, esos gobiernos, bajo la presión de cambios en el ambiente social, se están independizando en cierto modo de la burguesía. Al final, incluso los políticos burgueses, de una forma u otra, tienen que convencer a los trabajadores para que voten por ellos.
El desafortunado intento de Cameron de mantener unido al Partido Tory llevó al Brexit. El intento de Theresa May de mantener a los conservadores juntos ha llevado al país al borde del abismo, y el partido ahora se enfrenta a una implosión. El intento de la burguesía brasileña de deshacerse de Dilma, un movimiento al que se opuso el imperialismo en ese momento, preparó el camino, no para el gobierno de los partidos burgueses tradicionales que la acusaban, sino para Bolsonaro. Macron iba a ser la salvación de Francia y Europa, pero simplemente preparó las mayores protestas masivas desde hace décadas. Los acontecimientos parecen estar conspirando contra la clase dominante, pero simplemente están reflejando la profunda insatisfacción que existe contra el orden existente.
El CEO del grupo japonés Suntory, Takeshi Niinami, comentó:
"Los aquí presentes [en Davos] nos damos cuenta de que tenemos que empezar a operar para el bien social o corremos el riesgo de ser expulsados. Tenemos sobre la mesa todo este nacionalismo y populismo y sabemos que si la economía se deteriora, esto podría empeorar". (Davos 2019: No More Heroes for the Global Elite)
La realidad de la situación está apareciendo gradualmente ante los ojos de la burguesía. "Operar para el bien social" es sólo una gran cantidad de frases vacías, aunque al verse con la espalda contra la pared, podrían hacer concesiones temporales en varios frentes.
Algunos representantes de la gran burguesía se hacen eco cada vez más de este sentimiento. En abril, dos banqueros líderes, el jefe de JP Morgan Chase y BridgeWater Associates, hicieron algunos comentarios acerca de esto. Ambos se refirieron a la cuestión de la desigualdad, concluyendo, como lo expresó Jamie Dimon de JP Morgan Chase que: "En pocas palabras, las necesidades sociales de muchos de nuestros ciudadanos no se están satisfaciendo".
En la carta de Jamie Dimon, que forma parte del informe anual de la compañía, se puede incluso leer el siguiente encabezado: "¿Es el capitalismo el culpable? ¿Es mejor el socialismo?”. Como era de esperar, concluye que el capitalismo es superior, pero el hecho de que sienta la necesidad de comentarlo es ilustrativo.
Ray Dalio, uno de los fundadores de BridgeWater Associates, va más allá. Este líder del fondo de protección más grande del mundo, da esta acusación condenatoria:
"A lo largo de todos estos años, también he visto que el capitalismo evolucionó de una manera que no está funcionando bien para la mayoría de los estadounidenses porque está produciendo espirales que enriquecen a los que tienen y empobrecen a los que no tienen". (“Why and How Capitalism Needs to be Reformed”, 4 de abril)
La clase dominante, a nivel internacional, se enfrentó a la crisis en 2008 haciendo todo lo posible para rescatar al sistema, pero simplemente volvieron a inflar la burbuja. En cierto sentido, fue "irresponsable", pero temían las consecuencias si dejaban que la economía cayera en la forma en que lo hizo en la década de 1930. Sin embargo, incluso esta austeridad relativamente leve ha hecho que la burguesía pierda el control de sus representantes políticos. La desigualdad se ha disparado y está claro que la poca recuperación que ha habido sólo ha beneficiado a los ricos. No augura nada bueno para cuando llegue la próxima recesión.
Dalio saca la siguiente conclusión de la situación actual:
“La disparidad en la riqueza, especialmente cuando está acompañada por una disparidad en los valores, lleva a un conflicto creciente y, en el gobierno, eso se manifiesta en forma de populismo de izquierda y populismo de derecha y, a menudo, en revoluciones de un tipo u otro. Por esa razón, me preocupa cómo será la próxima recesión económica, especialmente porque los bancos centrales tienen una capacidad limitada para revertirla y tenemos mucha polaridad política y populismo".

¿Habrá una recesión?

No es un accidente que Alemania esté encabezando el movimiento hacia el proteccionismo en Europa. La economía alemana está sufriendo consecuencias con la desaceleración de China, así como con las dificultades económicas de Europa. Las exportaciones cayeron un 1,3 por ciento en marzo, más que el 0,5 por ciento pronosticado. La fabricación fue la más afectada. Los pedidos en febrero disminuyeron un 8,4 por ciento en comparación con febrero de 2018.
La economía italiana ya estaba en recesión en la segunda mitad del año pasado. Alemania evitó por poco una recesión técnica, ya que sólo sufrió una caída en el PIB de un trimestre entre julio y septiembre, y el PIB se estancó en el cuarto trimestre. La zona del euro en su conjunto creció un 0,1 por ciento en el tercer trimestre y un 0,2 por ciento en el cuarto. Esto no inspira mucha confianza. Joerg Karemer, economista jefe de Commerzbank comentó: "Actualmente estamos en una zona gris entre una desaceleración pronunciada del crecimiento y una recesión".
El BCE se enfrentó a la amenaza anunciando otro paquete de estímulo. Como la tasa de interés ya está en cero o justo por debajo, tuvo que reanudar su programa de compra de bonos que apenas terminó en diciembre. Es probable que este nuevo programa de compra de bonos tenga poco efecto, como señala el Wall Street Journal:
"La eficacia de la nueva financiación barata del BCE puede ser limitada, dicen algunos economistas, debido a que el grado de incertidumbre en la perspectiva económica, más que la incapacidad de los bancos para asegurar la financiación, ha reducido los préstamos". (“As Draghi Moves to Avert Recession, Eurozone Looks for a Jolt”, Wall Street Journal, 8 de marzo)
En otras palabras, los bancos tienen mucho dinero, simplemente no quieren prestárselo a sus clientes, porque no están seguros de que sus clientes puedan devolverlo. El BCE tiene un margen muy limitado para estimular la economía.
"[el BCE] no puede hacer mucho", dijo Dirk Schumacher, economista jefe de Natexis en Frankfurt. "La política fiscal es lo más importante". (Ibid.)
Sin embargo, los gobiernos del norte de Europa han demostrado que no están dispuestos a aumentar sus déficits presupuestarios para ayudar a la economía europea en general. Hacerlo no resolvería el problema de sus respectivas industrias de exportación. Alemania incluso recoge la disciplina fiscal en su Constitución, por lo que es improbable un estímulo keynesiano de cualquier escala significativa, a menos que las cosas empeoren drásticamente. Al final, las perspectivas para la economía europea parecen sombrías.
Muchos de los "países en desarrollo" están viviendo también las consecuencias como resultado del efecto combinado de la crisis en Europa y la desaceleración en China. Brasil pasó por dos años de pérdidas del 3 por ciento del PIB, aunque se ha recuperado ligeramente desde entonces. El PIB de Argentina, la segunda economía más grande de América del Sur, cayó un 2,7 por ciento el año pasado y se prevé que caiga otro 1,2 por ciento este año. El FMI también proyecta una caída del 2,5 por ciento para Turquía.
La economía mundial atraviesa por crisis cada seis a 10 años. Es parte del ciclo comercial normal. La recuperación actual en Estados Unidos ha sido la más larga desde la década de 1960. Todo el mundo sabe que viene otra recesión. Es simplemente una cuestión de prever cuándo.
Pero, esta vez, las herramientas que utilizaron para salir de las recesiones anteriores ya no están disponibles. Las tasas de interés para todos los principales bancos centrales se encuentran en mínimos históricos para este punto del ciclo económico. Los bancos centrales japoneses y europeos, así como una gran cantidad de bancos de países más pequeños, tienen tasas en 0 por debajo de cero. Los déficits presupuestarios del gobierno son elevados en las principales economías y las deudas estatales son significativamente más altas que en el pasado. Utilizaron toda “la artillería” en 2008 y rescataron la situación temporalmente, pero la situación empeora de nuevo.
Sobre esa base, la única conclusión que podemos extraer es que, cuando llegue la próxima recesión, será mucho más profunda y más dura que la de 2008-9. La crisis, por lo tanto, no ha terminado en absoluto. Está a punto de entrar en una fase aún más seria, con todas las consecuencias que conlleva la inestabilidad social y la lucha de clases.

Niklas Albin Svensson (CMI)
Jueves 23 de Mayo de 2019 11:30