jueves, 24 de enero de 2019

Ecuador: Lenin Moreno contra los migrantes




El gobierno de Lenin Moreno ha aprovechado la conmoción causada por el femicidio de una joven de 22 años, cometido por un ciudadano de origen venezolano, para desatar una brutal campaña xenófoba y un llamado a “la conformación de brigadas para controlar la situación de los migrantes venezolanos en las calles, en los lugares de trabajo y en la frontera”.
Inmediatamente, la violencia contra los migrantes se desató en las calles de Ibarra, donde ocurrieron los hechos. Una cacería se dio durante el domingo y lunes donde muchos venezolanos fueron heridos, desalojados de sus viviendas, despojados de sus pertenencias y, finalmente, obligados a huir de la ciudad en medio de gritos y amenazas a los residentes. Ibarra termino siendo militarizada y el subsecretario de Seguridad, Guillermo Rodríguez, anunció que pondría vuelos “para aquellos ciudadanos (venezolanos) que voluntariamente deseen abandonar el país".
Con su ataque a los extranjeros, Lenin Moreno teje una coartada para fortalecer su gobierno de ajuste contra los trabajadores, cuyo último capítulo es un aumento en los combustibles. En el Foro de Davos, le endilgó a la diáspora venezolana la responsabilidad por las consecuencias (mayores dificultades en el acceso a la salud y otras prestaciones) que han generado en verdad sus políticas de ajuste.
En el plano exterior, Lenin Moreno capitanea una política de alineamiento con el imperialismo que tiene su expresión en el reconocimiento de Guaidó como presidente de Venezuela y en las amenazas con revocar el asilo para Julian Assange, quien se encuentra en la embajada ecuatoriana en Londres. El ex presidente Rafael Correa, enfrentado ahora al nuevo mandatario, fue sin embargo su promotor a la presidencia.
Las tendencias xenófobas contra la migración venezolana se han visto también en Brasil. En el estado fronterizo de Roraima hubo en 2018 quema de los campamentos de emigrantes venezolanos. Bolsonaro lidera su propia campaña derechista. Y en nuestro país, Macri-Bullrich llaman a la deportación de los extranjeros que delinquen.
A esta política reaccionaria debemos oponerle la unidad de los trabajadores sin distinción de nacionalidades, con un planteo propio frente a la crisis capitalista.

Femicidios

Adicionalmente, Lenin Moreno ha tratado de desviar la atención sobre la violencia contra la mujer en el país. La muerte de la joven de 22 años despertó fuertes cuestionamientos al accionar de la policía (que estuvo 90 minutos sin accionar para evitar el femicidio) y a la no aplicación de protocolos contra casos de violencia de género, lo que ocasionó el despido de la gobernadora de Imbabura y del responsable de la policía de la ciudad. La joven fallecida había realizado varias denuncias sobre violencia doméstica.
Cabe señalar que cientos de ecuatorianas se movilizaron en distintas regiones de Ecuador rechazando los femicidios ocurridos en el último año, utilizando el #TodosSomosMartha en repudio de la violación de una joven por un grupo de hombres en un bar de Quito y contra el femicidio de Diana. Las voceras de los colectivos de mujeres rechazaron las maniobras distraccionistas y fascistoides del gobierno. “No nos mata la nacionalidad, nos mata el machismo”, afirmó Armada Arboleda, vocera del colectivo Jornadas de la Paz en la movilización en Guayaquil. Las organizaciones de mujeres han denunciado la responsabilidad estatal. En 2018 se contabilizaron 88 femicidios. La mayoría de las víctimas fueron mujeres de entre 14 y 34 años.
Abajo los femicidios. No a la persecución contra los migrantes.

Santi Gonzalez

Despejemos la niebla: ¿Qué sucede en Venezuela?




Venezuela es un país de sendas riquezas naturales. Gozamos de tierras fértiles, quizás lo suficientemente adecuadas para eliminar el hambre. Del subsuelo brotan petróleo, oro, coltán, diamantes, entre otras materias primas, cuya acumulación podría impulsar un desarrollo industrial de tal magnitud, fuerza y vigor que podríamos instaurar un verdadero paraíso. Por otro lado, el trabajo real, padre y señor de todas las riquezas que existen en el mundo moderno, se dinamiza en los brazos de un pueblo que lo ha aguantado todo. Paradójicamente las riquezas y el trabajo, la primera como fruto de lo segundo, sufren una contradicción agobiante, típica del sistema de producción capitalista.
Vivimos en un país donde la pobreza ha alcanzado límites inadmisibles. La explotación, la especulación, el robo, la corrupción, el estraperlismo, la carestía, aliadas todas ente si, destruyen como fieras salvajes el valor del trabajo. En este país “la modernidad” fue importada para esconder una sociedad atrasada, en muchos casos con relaciones de producción precapitalistas, dependientes y monoproductoras.
Pero para dicha de las generaciones futuras, la historia no es fatalista ni determinista, se mantiene en constantes movimientos y cambios, unos buenos, otros no tanto, pues no se trata de algo lineal. La historia la hacen los hombres y las mujeres cuando las condiciones materiales han madurado lo suficiente para liberar todas sus fuerzas internas y trasformar la realidad por medio de crisis, revoluciones y guerras. Hace 30 años, en 1989 un pueblo despertó y cambio la correlación de fuerzas en el seno de la sociedad venezolana. La clase trabajadora, la gente del barrio, el común de a pie hizo temblar todo un sistema, mientras se hacía consciente de su propia fuerza. Cuando los de abajo se mueven los de arriba se tambalean. Y aunque ese pueblo sufrió una sangrienta derrota aquel 27 de febrero, el destino de sus opresores estaba inexorablemente decidido. En la guerra no se puede triunfar sin una dirección política audaz en la táctica y claridad en la estrategia. Cuando la guerra ya inició no se puede esperar por los mejores generales para triunfar, estos se templan en el acero de cada batalla, aun cuando sean otros los que ocupen la jefatura del estado mayor. Fue ante esa necesidad que surgió el presidente Chávez y su tendencia marcadamente popular. Con Chávez la revolución se anticipa a la maduración de los elementos subjetivos y se pone en la centralidad de la política nacional la inmensa deuda social que existía desde los tiempos más remotos. Según Cordiplan alrededor del 80% de los venezolanos se encontraban en la pobreza en 1998.
El chavismo no nació siendo un movimiento socialista, ni mucho menos un movimiento comunista. Si alguna vez llegó a alzar dichas banderas fue por los propios latigazos de la contrarrevolución. Aunque el pueblo nunca detentó el poder, su movilización permanente le daba su carácter de clase a este proceso. Muchas fueron las conquistas alcanzadas a lo largo de este período. Sin embargo, a pesar de los sacrificios y las luchas del pueblo, la revolución no se llevó hasta sus últimas consecuencias. El estado burgués-petrolero permaneció intacto. En su interior creció una burocracia con intereses y objetivos propios. En la medida en que la clase trabajadora era dispersada, limitada, reducida su capacidad de lucha al simple ejercicio del voto, esa burocracia fue adquiriendo cada vez mayor poder y autoridad. Así la lucha de la clase trabajadora ya no solo pasaría a efectuarse contra la burguesía lumpen, el terrateniente asesino, el banquero especulador y los representantes osificados del puntofijismo, sino también contra los propios agentes de sus enemigos históricos dentro del movimiento revolucionario: la burocracia quintacolumnista. Así la lucha de clases, lo que en verdad sucede en Venezuela, se despoja de ese maniqueísmo absurdo que simplifica el análisis político entre buenos y malos, y adquiere un carácter complejo, diverso, retroalimentario y contradictorio.
Venezuela inauguró el año 2019 con una abierta disputa por el poder político. Aprovechando la calamitosa situación económica y social del país, todas las fuerzas reaccionarias del hemisferio occidental suman todos sus esfuerzos para aplastar a la Revolución bolivariana. Aunque la dirección de este proceso ha sido ocupada por una burocracia incapaz, corrupta, chapucera y mediocre, que destruye a la revolución desde adentro, los viejos poderes sean conservaduristas o liberales, necesitan erradicar la influencia de esta experiencia en todo América Latina, imponiendo la idea que el fracaso de estos movimientos es el único final posible para la clase trabajadora “insurrecta”. El gobierno norteamericano, La unión europea, la OEA, 13 de los 14 países del denominado “Grupo de Lima” desconocen el nuevo período presidencial de Nicolás Maduro (2019-2025). Junto a la presión internacional, la oposición de derecha encabezada principalmente por el bloque MUD-Vente Venezuela juega un papel de primer orden en este entramado conspirativo. Las divergencias fraccionalistas de la oposición, partida en 5 bloques en la asamblea nacional (AN), la ha sometido por mucho tiempo a la deriva, a la debilidad e impotencia. Luego de un ridículo debate entre moderados y radicales para etiquetar como “Vacío” o “usurpación” del poder las acciones de Nicolás Maduro, estos distinguidos señores diputados se han decantado por lo segundo. De tal manera que en lo sucesivo procederán a tomar las “acciones pertinentes”.
Aupados por las fuerzas extranjeras y una situación nacional con suficiente asidero, las diferencias en el seno de la oposición han sido superadas parcialmente para marchar unidos en un nuevo plan desestabilizador, que persigue fracturar las fuerzas armadas y provocar una salida violenta del impopular gobierno de Nicolás Maduro. Toda la fanfarria leguleya y los discursos altisonantes de estos dirigentes persiguen controlar de manera directa los recursos de la renta petrolera y sus respectivas formas de distribución y financiamiento. En Venezuela no hay otra manera más “elegante” y “discreta” para hacerse multimillonario y ocupar un estatus de poder.

Las causas objetivas del golpismo de derecha

Las jornadas insurreccionales de la oposición durante 2017 no lograron deponer a Nicolás Maduro. Esto introduciría a la oposición de derecha en un proceso de reflujo que fragmentaría la unidad interna de la coalición y la sometería hasta inicios del 2019 a una situación defensiva. Declaraciones formales por redes sociales en pro de la democracia burguesa, inocuos debates en la AN (que a nadie le interesaba), giras en el extranjero, la formación de un Tribunal Supremo de Justicia en el exterior, posturas divididas ante procesos electorales, entre otras lindas sutilezas, son algunas de las acciones llevadas a cabo por esta lamentable y patética oposición. Por su parte el gobierno maniobró de manera muy astuta y aprovechó la mínima oportunidad para pasar a la ofensiva, convocando procesos electorales que claramente lo favorecían. Cabe destacar que si en el aspecto político el gobierno actuó con muchas arbitrariedades e intimidaciones, en materia económica generó una serie de aperturas y concesiones a la burguesía criolla con el fin de mostrar su disposición de administrar la crisis en favor de esta clase social. Tampoco se corregiría la irresponsable política de expansión monetaria que incidió como un factor de primer orden en las subidas hiperinflacionarias del país.
Aun y con todo el análisis que se puede hacer al respecto de los sufragios electorales convocados por Maduro y ratificados por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y el Consejo Nacional Electoral (CNE), el gobierno incentivó la participación opositora. Para conocer un poco este embrollo de oportunismo y cinismo basta con ver la actitud de los diferentes partidos en cada contienda. En las elecciones de gobernadores los principales partidos de la MUD: Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular, se midieron en la gran mayoría de los estados divididos entre sí. AD y Primero Justicia ganarían 5 gobernadores entre sí (Zulia, Mérida, Táchira, Anzoátegui y Nueva Esparta). Luego de la derrota propinada por el chavismo a la oposición en las regionales, en las elecciones municipales 5 partidos de la MUD (AD, VP, PJ, CR, ABP) anunciaron desde sus diferentes toldas que no participarían en esta oportunidad debido a la falta de “viabilidad”. Por último de este importante ciclo de elecciones, se convocó a elecciones presidenciales anticipadas para el mes de mayo. A pesar que esta era una de las exigencias prioritarias de la oposición en el 2016, ahora que su capital político estaba desinflado, su unidad interna trastocada y sin un programa claro, seria toda una aventura suicida. No obstante, si participarían otros partidos de oposición vinculados al ala moderada. Avanzada Progresista, COPEI y el MAS apoyaron a Henry Falcón y el partido “El Cambio” al evangélico Javier Bertucci. Mientras que por la izquierda disidente surgía bajo el apoyo de UPP89 la candidatura de Reinaldo Quijada. Sumidos en múltiples contradicciones y disputas internas el capital político de la derecha, junto a su credibilidad ante la opinión pública se fue desboronado paulatinamente. Cabe destacar también que, aunque hubo una abstención del 54%, lleno de ventajismo durante toda la campaña, fue un proceso limpio, completamente auditable y que no se puede calificar de fraude.
Agotadas las vías institucionales para desplazar a Maduro por medio de un golpe parlamentario (una vez declarado el desacato de la AN sus prerrogativas fueron reducidas al mínimo) y con un reducido apoyo entre los sectores populares para provocar una insurrección de masas, la oposición solo le queda jugar la misma carta del 2017: crear un estado de inestabilidad tal que presione fuertemente a las fuerzas armadas hasta producir un quiebre en la línea de mando, generando una fractura que desembocaría eventualmente en un golpe de estado. Estos “demócratas” estarían dispuestos de montar en sus hombros a un Pinochet o a un Videla capaz de hacer lo que ellos por su estupidez y retórica barata han sido incapaces de hacer hasta ahora.
Como ya sabemos, a pesar de las instigaciones de la derecha, Maduro se juramentó ante el tribunal supremo de justicia el pasado 10 de enero. Posteriormente después de iniciales titubeos, el recién nombrado presidente de la AN, Juan Guaidó declaró la “usurpación del poder” y su disposición de asumir la presidencia de la República conforme al artículo 233 de la carta magna si las fuerzas armadas y el pueblo venezolano lo apoyaban. ¿Dónde queda el pretendido principio liberal de la subordinación militar al poder civil? Desde entonces la oposición se ha recompuesto sostenidamente. Guaidó convocó a un cabildo abierto en el confortable y lujoso sector de los palos grandes, siguiendo la vieja tradición de la oposición de realizar sus actos en el este del este, al mejor estilo de “me iría demasiado”. Esto no representa una casualidad, ni mucho menos un error táctico de la dirigencia opositora. Esto empíricamente es una afirmación de nuestro planteamiento. La falta de apoyo popular en los barrios y entre las clases trabajadoras es lo que determina la escogencia de los centros de manifestación. Evitan sitios como la av. Bolívar de Caracas, la plaza Bolívar del municipio Libertador o el 23 de Enero porque no tienen la fuerza suficiente para movilizar una gran cantidad en esos sectores. De allí se desprende los intentos golpistas desesperados de la derecha y sus ruegos al gendarme necesario y heroico. Aquí yace una de las mayores contradicciones en la retórica de esta clase política. Ellos alzan sin vacilación aparente las banderas de la democracia, pero cuando esta democracia, es decir la democracia burguesa, no puede ejecutarse para satisfacer sus intereses (como en los 4 últimos procesos electorales), llaman abiertamente a un golpe de estado. Desde el seno de la AN ya se han discutido la ley que rige la transición y la ley de amnistía. Esta última aplicaría un perdón a los militares que incurran en la aventura golpista contra Maduro.
El ambiente es tenso dentro de las filas castrenses. Tenemos conocimiento de varios intentos de golpes abortados en los últimos dos años. Pero cabe señalar que, por los últimos acontecimientos, tanto el suscitado a finales de octubre con la caravana presidencial, como la detención arbitraria de Guaidó por parte de la policía política del estado, pareciera que el eslabón más débil de la cadena de seguridad interna pareciera ser el SEBIN.
En este punto hay que aclarar dos cosas íntimamente ligadas. Ciertamente la oposición carece de apoyo popular por un lado y de respaldo visible dentro de las fuerzas armadas por el otro. Pero eso no implica que en un momento dado no pueda contar con una y otra cosa. La situación social es profundamente inestable y volátil. El año 2018 cerró con fuertes protestas en muchos puntos de la geografía nacional. La decadencia de los servicios públicos, la pésima distribución del agua, el gas, las cajas CLAP, los perniles y los apagones, han creado un malestar profundo en amplios sectores de la población. De igual manera la calamitosa situación del sector salud, el desabasto de medicinas, la carestía de los alimentos, la pulverización del salario y la aventura de la migración han hecho de la realidad de los venezolanos un verdadero infierno. Aquí la oposición encuentra el asidero perfecto para nutrir con un discurso demagógico su política insurreccional, que acompañado de un trabajo organizativo puede dar en el clavo. Por otro lado, hay que diferenciar entre la oficialidad de las fuerzas armadas y los sectores subalternos. Bien es cierto que la oficialidad ha sacado provecho a las preventas que el partido de gobierno le ha ofrecido. Ocupan importantes cargos dentro de la administración pública, entre ellos PDVSA, la joya de la corona. Gozan de innumerables privilegios y fuentes lícitas e ilícitas de enriquecimiento. No obstante, las sanciones gringas y el miedo al inminente declive institucional pueden motivar en aras de su preservación política y económica a que un sector de la oficialidad se pronuncie en contra de Maduro. Por otro lado, aunque menos probable, los sectores subalternos padecen la crisis de manera entrañable. Miran como sus madres, hermanos, familiares cercanos y amigos sufren las consecuencias de la crisis, presencian como su gente acuden a la carta del éxodo para encontrar un mejor futuro, mientras que del otro lado de la situación observan con impotencia la lujosa vida de los altos jerarcas del gobierno y de las fuerzas armadas. Estos elementos objetivos también pueden jugar a favor de la estrategia opositora de recabar apoyo en las fuerzas armadas.
Antes de finalizar este segmento de nuestro escrito, hablemos brevemente de Juan Guaidó. Con las mesas de diálogo de República Dominica sin resultados y luego de los fracasos insurreccionales del 2014, 2016 y 2017, se requería algunos giros, modificaciones internas que aparentaran ciertos cambios, pero de esos cambios que en el fondo no cambian nada. De allí surge la figura de Juan Guaidó, un petimetre desconocido en casi toda Venezuela, moldeable, joven y con una figura fresca ante la opinión pública. No hay que dejarse engañar. Escuchar sus palabras insulsas y sus movimientos torpes en escena son algunas de las señales más reconocibles para saber que se trata de una simple marioneta al servicio de la burguesía criolla representada en Fedecamaras y del imperialismo norteamericano. Por lo tanto este petimetre y su gobierno paralelo merecen todo nuestra desconfianza.
Los intereses imperialistas estrechamente ligados a la oposición vasalla de Venezuela han montado un escenario perfecto para sacar a Maduro, aplastar a la revolución bolivariana con una ola de represión y gobernar directamente aplicando un severo programa de austeridad. Colocan al frente de este movimiento conspirativo a una figura novedosa, lozana y explotable. Arman un gobierno paralelo para iniciar una supuesta transición. Crean un clima internacional de desconocimiento a la investidura de Maduro. Es previsible la aplicación de nuevas sanciones por parte del imperialismo. Ahora buscarán las piezas débiles en las fuerzas armadas para cumplir sus planes. Lenin decía en El Estado y la Revolución que en última instancia el estado era un cuerpo de hombres armados. Eso es lo que busca la oposición para consumar sus actos.
Estas acciones deben ser rechazadas por el pueblo venezolano y denunciadas por todos los revolucionarios conscientes del país. Un hipotético gobierno de la derecha no significaría ni un restablecimiento de la democracia, ni una mejora sustancial en la calidad de vida del pueblo trabajador. El gobierno de la derecha desmantelaría lo que pueda quedar de los logros positivos de la revolución bolivariana aplicando planes de austeridad al estilo del FMI y BM. Estos siempre tendrán como norte aumentar la tasa de ganancia del capital nacional y extranjero. Todo lo que huela a chavismo o a comunismo será perseguido y reprimido violentamente. Será una democracia al servicio de los intereses de los grandes capitales foráneos y criollos.
El grupo de Lima no tiene ninguna potestad legal, moral o política para intervenir en los asuntos de nuestro país. Nuestros problemas los arreglamos entre nosotros. Este cartel de viejos reaccionarios merece nuestro más absoluto rechazo.
El pueblo venezolano se encuentra en el deber de confiar en sí mismo, organizando cada día que pasa sus fuerzas, su programa y su propia dirección política. Nuestra tarea entonces es ayudar a construir desde abajo, con ideas, método, estrategia y táctica la herramienta a emplear para luchar por los intereses y las aspiraciones de la clase trabajadora venezolana, de la gente de a pie, de los “descamisados”.
Esa y solo esa es nuestra tarea hoy, mañana y siempre. Contra los burócratas usurpadores de la revolución, contra los demagogos de la derecha y contra la lumpen burguesía venezolana.

El laberinto de la burocracia Bolivariana

Desde hace mucho, la dirección bolivariana encabezada por Nicolás Maduro se ha vuelto un freno absoluto en el avance de la revolución bolivariana hacia el socialismo. Muy a pesar de su retórica antiimperialista y su pretendido origen obrero- popular, Maduro y los suyos han aplicado una política de conciliación de clases entreguista al capital extranjero. Dejaron de representar el termidor de la revolución Bolivariana para convertirse en sus liquidadores internos. La burguesía criolla ha gozado de innumerables concesiones en el último período: exenciones de impuestos a las importaciones, liberación fáctica de precios, condonaciones de deudas, entrega de dólares por mecanismos como el DICOM, financiamientos extraordinarios, entre otros. En la subasta DICOM del 9 de enero, en la cual la tasa de cambio del dólar se ubicó en 795 bs por dólar, las empresas que más divisas adquirieron fueron Exelsior Gama (340.000$), Automercados plazas (300.000$) y alimentos Heinz (150.000$) sin que estos financiamientos o ayudas económicas se tradujeran en una estabilidad de precios en beneficio al consumidor. Políticas como las aplicadas en el Arco Minero del Orinoco, han conllevado no solo una entrega de nuestros recursos naturales a capitales extranjeros y a una extensión de nuestra condición de país extractivista. También está provocando en 111.843 K2 una devastación ecológica sin precedentes en nuestra historia. Contribuyendo a la destrucción de la selva amazónica, territorio de una rica biodiversidad selvática, fundamental para América Latina y el mundo. Ni siquiera los indígenas Pemones, esquilmados por la crisis y espoliados hacia la actividad minera se han salvado de este salvajismo atroz.
En el corolario de estas iniciativas entreguistas, se ubican los contratos de servicios petroleros a 25 años (incluyendo una prórroga automática de 15 años más) rubricados con la recién constituida empresa norteamericana Erepla Services en los campos petrolíferos de Rosa Mediano y Tía Juana del lago de Maracaibo. Está previsto además que la comercialización del crudo de estos campos sea otorgada a Erepla Trading con derechos exclusivos de comercialización al 100%. Esto no solo representa un retroceso brutal frente a los diversos movimientos de tintes nacionalistas que se efectuaron a lo largo de la historia venezolana posgomecista, sino que además representa un escupitajo a la política de soberanía petrolera del presidente Chávez. Maduro, en su comparecencia ante la ANC durante la Memoria y Cuenta del 2018, defendió los contratos de servicios, claramente desfavorables para los intereses de la República, en los siguientes términos:
“Quisieron hacer un escándalo con los contratos petroleros que se están discutiendo con inversionistas estadounidenses. ¡Claro que los vamos a firmar!, y los Estados Unidos y sus mayores empresas van a venir aquí, respetando la Constitución y las leyes, y van a traer dinero para producir en acuerdo ganar-ganar.”
La producción petrolera se encuentra en caída libre. La corrupción, la chapucería burocrática, las sanciones financieras y la fuga de capital humano especializado al extranjero han hecho estragos dentro de la estatal petrolera. En 2018 Venezuela solo produjo 1.245 barriles de petróleo por día, la tasa más baja desde 1990. Por otro lado, parte de los acreedores de la deuda venezolana buscan a apoderarse de importantes activos nacionales como las codiciadas refinerías de Citgo ubicadas en Luisiana, Illinois y Texas.
La burocracia bolivariana, en clara contradicción con su discurso izquierdista y en una actitud sumisa a los poderes financieros internacionales, ha priorizado el pagado de 70 mil millones de dólares en efectivo por deuda externa. Esto en claro detrimento de las importaciones de insumos, alimentos y medicinas necesarias para la población.
Como habíamos previsto “el Programa de Recuperación y Prosperidad Económica” no ha tenido un efecto decisivo sobre la hiperinflación, el decrecimiento del PIB, la pulverización de los salarios y el aumento del éxodo masivo que experimenta Venezuela, que según datos de ACNUR la estiman en 2 millones y medio de venezolanos.
Las viejas lacras del puntofijismo se han agudizado brutalmente. Viejos rasgos de un capitalismo atrasado se palpan a diario en Venezuela. El hambre, la desnutrición, la malnutrición, la criminalidad, la violencia, el desespero, el desgaste psicoemocional se ha apoderado de amplios sectores de la población que lo único que pueden perseguir como meta en el territorio venezolano es la de sobrevivir o apostar a la aventura migratoria. Tenemos un pueblo cada día más afligido, molesto, susceptible a cada vez más enfermedades, peleado entre sí a diario, macilento y frustrado. Mientras que la dirección bolivariana continúa con sus políticas erráticas, sin asumir parte de su responsabilidad de la crisis, mintiendo una y otra vez para justificar su papel en la cumbre del poder.
No obstante, esta burocracia gubernamental no ha estado exenta de disensiones internas, tanto públicas como encubiertas. Estas diferencias han girado en diferentes direcciones. Tampoco la clase trabajadora ha aceptado su situación de forma pasiva y resignada.
Las fracturas dentro del chavismo se han manifestado en diversos episodios con varios niveles de intensidad. Las divisiones y los disidentes se han provocado tanto en la cúpula de poder como en sus bases. El primero de ellos fue el de la ex fiscal general Luisa Ortega Díaz, quien de manera abierta se ha pasado a las filas de la oposición de derecha en el exilio. Paralelamente a ella un grupo de exministros de Chávez: Héctor Navarro, Ana Luisa Osorio, Oly Millán, Jorge Giordani, entre otros, conformaron la Plataforma en Defensa de la Constitución y la democracia desde una postura crítica moderada con tintes de izquierda. Otra figura es la del reformista Elías Jagua, otrora destacado representante de los intereses de burocracia estatal. Su instinto de preservación política lo empujaron a desvincularse de forma acordada con los actuales dueños del aparato estatal.
Mención especial merece el ex magistrado Cristian Tyron Zerpa, quien ocupó importantes cargos durante los últimos 20 años. El caso del magistrado Zerpa es un fruto de la concepción de “lealtad” de los altos jerarcas de la burocracia Madurista.
La estrecha, carrerista y pragmática mentalidad de un burócrata consiste en recibir y otorgar beneficios a cambio de un sin número de favores dentro de una vasta red de intereses, mafias y negocios existentes en toda la estructura del estado burgués. Allí no hay espacios para el sano debate de ideas, para la crítica fraterna, para la elaboración del programa revolucionario. Por el contrario, hay bastante margen para las andanzas de figuras como Andrade, los Gorrín y los Plaza.
Zerpa, viceministro y exdiputado también por el PSUV, ahora se define anticomunista, seguidor de la tercera vía y amante de las “libertades” al estilo de América del Norte. La verdad siempre fue así. Este señor es un reflejo del carácter de clase aburguesado de la burocracia Madurista.
Este señor no nos dice nada nuevo, ni nada que ya no sepamos, por ello no me detendré en sus confesiones. Lo único que puedo decir al respecto es que miente descaradamente cuando habla de sus intenciones “morales”. Su huida fue determinada por fuertes contradicciones en la cúpula, por pugnas internas que amenazan la estabilidad de todo el sistema.
Esta situación también ha encontrado sus expresiones en las bases del chavismo. La marcha campesina admirable, el movimiento alrededor de la figura de Eduardo Samán por la alcaldía de Caracas y los diversos movimientos críticos que han surgido, son manifestaciones de esto último.
Durante todo el 2018 las protestas sociales en Venezuela fueron en ascenso y tomando diferentes tonos. Las enfermeras, los trabajadores eléctricos, del metro de Caracas, siderúrgicos, petroleros, funcionarios públicos de diversas instituciones del estado salieron a la calle a protestar por la situación económica, la violación de los contratos colectivos y por las arbitrariedades de patronos y gerentes dentro de la administración pública y empresas privadas. Todo este movimiento devino en la conformación de la Intersectorial de Trabajadores de Venezuela, cuya última actividad, una marcha convocada el 28 de noviembre del año 2018, demostró sus músculos.
En la medida que la burocracia encabezada por Maduro sea incapaz de resolver los problemas del país y profundice sus erráticas políticas será incompetente para mantener el liderazgo y la unidad del movimiento popular. No solo será incapaz de mantener dicha unidad, sino que figurará como el verdadero liquidador de la organización popular y los aspectos más revolucionarios del chavismo. Maduro y sus cómplices son un verdadero problema. Tarde o temprano el entramado que han levantado colapsará definitivamente. Abriendo las puertas a la asunción de un gobierno abiertamente derechista o a la radicalización del movimiento revolucionario. Esto último será posible solo bajo la condición de que se construya a tiempo una dirección revolucionaria compuesta por cuadros claros, disciplinados, consecuentes, abanderados con un programa científicamente pensado para el socialismo y con suficiente autoridad en la mente y el corazón de las masas populares.
Si la revolución no se completa, sus contradicciones la devorarán y con ella la barbarie será el precio a pagar por la pusilanimidad, arrogancia y titubeos de la dirección bolivariana.

¿Qué hacer?

Como marxistas y revolucionarios no creemos en una política imparcial. Nos vemos obligados a fijar una posición clara en cada una de las coyunturas, guiados siempre por los intereses de la clase trabajadora y la construcción del socialismo como estrategia suprema. En primer lugar debemos repudiar los planes injerencistas del imperialismo norteamericano y los intentos golpistas de la derecha venezolana. Sabemos que un gobierno de la derecha no representará ningún alivio para las clases humildes y proletarias del país. Todo lo contario. Vendrán por todo, incluyendo las conquistas aún vigentes de la revolución. Experiencias como la de Argentina, Brasil, España, Francia nos dan claras señales de lo que significa un gobierno de corte liberal- burgués en tiempos de crisis.
Como lo manifestamos anteriormente, la oposición es clara en su estrategia Golpista: presionar fuertemente hasta provocar una ruptura en la línea de mando de las Fuerzas Armadas e instalar al títere de Guidó como presidente interino de un gobierno de transición. Todos sabemos que significa eso. Ante diversos hechos, como el incidente de la caravana presidencial a finales de octubre y el arresto de Gauidó, el eslabón débil en la cadena de seguridad del estado se ha manifestado en el SEBIN. Veamos cómo se desarrollan los acontecimientos. Guerra avisada no mata soldado.
Estos hechos deben llamar nuestra atención y motivar nuestra movilización. Podemos estar molestos, inconformes, ser críticos e incluso adversar políticamente al burocratismo estatal, pero nunca tendremos permitido colocarnos al lado de la derecha reaccionaria, demagoga y pro-imperialista. Aquellos compañeros cuya desmoralización los haga actuar de ese modo carecen de claridad ideológica, de contenido estratégico y de una política con carácter de clase.
Que quede clara nuestra postura al respecto: parafraseando al Che Guevara: “No se puede confiar en la derecha, ni en el imperialismo ni un tantito, nada.”
Esto no significa que renunciemos a nuestras críticas hacia el régimen de la burocracia representada por Maduro. Las historias de las revoluciones nos enseñaron que estas no solo pueden ser derrotadas por sus enemigos históricos, sino que también pueden ser devoradas desde adentro por intereses creados en la dirección política. Es vital que la clase trabajadora ajuste cuentas contra los traidores y traficantes de las fuerzas populares. Así como rechazamos la injerencia de los Estados Unidos y del grupo de Lima, llamamos al pueblo venezolano a su organización y combatividad.
En tiempos de crisis ya no basta con otorgar la dirección del país a una junta de políticos para que ellos gobiernen por nosotros bajo la modalidad de la “representatividad democrática”. Ese esquema de cosas ya está agotado, en el caso de Venezuela tiene más de 40 años acabado. Solo la clase trabajadora debe resolver sus problemas conformando su propio gobierno. Esto no puede hacerse realidad sin erradicar las relaciones sociales de producción capitalistas y erradicando el viejo estado burgués.

La clase trabajadora debe crear su propia dirección y tomar el poder

Para acabar con el desabastecimiento y el aumento sistemáticos de precios hay que aumentar la oferta de bienes y servicios reconstruyendo y desarrollando las fuerzas productivas. La burguesía venezolana ha demostrado su bancarrota ante este objetivo. Por lo tanto, las palancas fundamentales de la economía y las finanzas, es decir las principales industrias, el campo y los bancos deben pasar a manos de los trabajadores. Todo esto en conformidad con un plan productivo centralizado y basado en una economía nacionalizada y planificada que tenga como máximo fin el desarrollo de la técnica, la productividad, las ciencias, la tecnología y el bienestar de todos aquellos que con su trabajo y esfuerzos producen las riquezas nacionales.
Contra la fuga de capitales y el mercado negro de divisas, deberá conformarse el monopolio Estatal del comercio exterior bajo estricta supervisión y control del pueblo, eligiendo y exigiendo cuentas a los funcionarios públicos encargados de esta tarea. Cada divisa que ingrese al país deberá ser invertida en el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales y en los insumos imperiosos para satisfacer las necesidades sociales, tales como la alimentación, las medicinas y el capital productivo.
Que la crisis la paguen los ricos y los corruptos. Todas las fortunas escondidas por los funcionarios deberán ser repatriadas y revertidas en un plan especial para la recuperación productiva de las empresas petroleras y las industrias básicas. Los funcionarios corruptos deberán ser juzgados y sometidos a todo el peso de la ley del nuevo estado revolucionario.
Basta del financiamiento a grupos criminales, políticos corruptos y a movimientos insurreccionales: La banca deberá nacionalizarse y unificarse en un solo gran banco nacional, que ofrezca buenos servicios y créditos baratos para el mediano y pequeño comerciante, empresario, campesinos y clase trabajadora en general.
Todos los contratos suscritos en el último período en materia petrolera y minera deberán ser revisados en defensa de los intereses nacionales.
En defensa de los intereses de la clase trabajadora y sus familias se deberá aplicar una escala móvil de salarios que se ubique por encima del índice inflacionario. Todos los trabajadores despedidos injustamente en instituciones públicas o empresas privadas deberán ser renganchados inmediatamente con su debida indemnización.
La producción de la tierra, como sector primario fundamental para el desarrollo industrial, pasará de forma colectiva a manos de los trabajadores del campo, organizados en granjas colectivas y unidas a los trabajadores de las ciudades.
En cuanto a nuestra política exterior, deberá ser una continuación de nuestra política nacional. Los gobiernos progresistas en américa latina se encuentran en franca retirada para abrirle paso a los gobiernos neoliberales y reaccionarios de los Bolsonaro, los Macri y los Duque-Uribe. Nuestro destino como República socialista está íntimamente ligado al futuro de américa latina. Jamás estaremos seguros mientras estemos rodeados en un mar de capitalismo. Para frenar este avance debemos unir esfuerzos con la clase trabajadora latinoamericana, apoyarla moralmente y logísticamente en sus luchas, extendiendo nuestra revolución hasta el último territorio de nuestra región.
Todas estas tareas, son concomitantes entre sí, la lucha por la toma del poder, la trasformación del aparato productivo nacional y del estado, la extensión de la revolución por el resto de américa latina, la conformación de una confederación de repúblicas socialistas entre otras. Pero para no caer en la crítica posición de un teórico de cafetín debemos organizar las fuerzas políticas para lograr estos objetivos. Ese y solo ese es el comienzo. Nuestra filosofía, nuestras ideas deben embarrarse en el lodo de la historia.
La gran debilidad del chavismo crítico y los factores revolucionarios es su profunda dispersión y falta de estrategia en común. Sin una dirección política nuestros esfuerzos estarán condenados al fracaso. Para que nuestra revolución triunfe, la revolución de la clase trabajadora, es decir de la gran mayoría de la sociedad se requiere construir una dirección consecuente con esos objetivos. La izquierda deberá oxigenarse con nuevos cuadros, competentes, bien formados.
Hace 30 años el pueblo venezolano se alzó contra el régimen puntofijista y puso a temblar el orden establecido en aquel entonces, demostrando el poderío de las clases trabajadoras y humildes del país. En aquel momento fracasaron momentáneamente, pero la correlación de fuerza había cambiado definitivamente. A principios del siglo XXI la clase trabajadora encontraría un camino, aunque no perfecto y exento de contradicciones, viable para tomar el poder. Pronto ese movimiento, el movimiento chavista que tantas ofensivas reaccionarias externas e internas ha soportado tendría que romperse en líneas de clase. Hoy las cartas están echadas: o triunfa la clase trabajadora representada por lo mejor del chavismo o se imponen la burocracia para entregar la revolución en el altar de la rentabilidad, el capital y los beneficios individuales.
Nosotros apostamos por la victoria del proletariado en Venezuela y en América latina como únicas vías para implementar el desarrollo humano y social en la región. A ello hemos consagrado nuestras vidas hasta el último minuto.

Lucha de Clases (CMI-Venezuela)

miércoles, 23 de enero de 2019

Suiza: los dueños del mundo se reúnen en Davos para seguir planificando la miseria de millones




Este martes comienza la cumbre de Davos, que reúne a cientos de empresarios, banqueros y dirigentes políticos de distintos países, en un escenario político y económico complejo.

Desde este martes y hasta el viernes próximo se llevará adelante en la ciudad suiza de Davos, la 49ª reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), más ampliamente conocido como "Davos".
La cita reúne todos los años a los principales empresarios y banqueros de distintos países, con mandatarios y ministros de todo el mundo, es decir, la crema de la dirección del capitalismo mundial.
A pocas horas del inicio, la organización no gubernamental Oxfam -que todos los años presenta un reporte ante el Foro-, dio la nota de tono, anunciando la obscenidad de la desigualdad del mundo capitalista de hoy: las veintiséis personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que el 50% más pobre de la población mundial.
Este año la cita se desarrolla en el marco de la continuidad de la crisis capitalista, el cimbronazo político que significa la gestión presidencial de Trump en EE.UU.; la aún no resuelta salida del Reino Unido de la Unión Europea ("Brexit"); y la desaceleración del crecimiento chino.
Este lunes desde Davos, previo al comienzo del Foro que lleva su nombre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó su informe sobre las Perspectivas Económicas Mundiales. Según el organismo encabezado por Christine Lagarde la economía mundial crecerá menos de lo previsto en 2019 y 2020. “Los riesgos de la economía global se inclinan a la baja”, señala el informe en el que advierte un incremento de las tensiones comerciales, las cuales señala como una fuente clave de riesgo para las perspectivas globales.
El nuevo foro “devaluado” no contará con la presencia de algunos de los principales mandatarios mundiales. Entre los ausentes estarán los líderes de EE.UU., Inglaterra, Francia y China. Mientras que sí participarán Shinzo Abe de Japón, Angela Merkel de Alemania y Giuseppe Conte, de Italia. En esta oportunidad, el presidente Macri no asistirá.
Los elementos de inestabilidad propios de la situación económica no solo han generado un clima previo lleno de controversias, que hace referencia a cuestiones centrales del orden mundial, como la crisis de la Unión Europea, la situación de inmigrantes y refugiados dentro de la Unión Europea y del mismo EE.UU.
También estará cruzada por la polémica entre "proteccionistas" y "globalizadores" en el marco de la disputa por el liderazgo entre EE.UU. y China, cuya disputa se encuentra transitoriamente en una tregua.

La Izquierda Diario

Foro de Davos 2019: Miseria creciente, protestas sociales, repudio a Bolsonaro

Multimillonarios que ganan 2.500 millones de dólares diarios

26 multimillonarios = riqueza que la mitad de la población mundial

3.400 millones de personas con menos de 5,5 dólares diarios

La ausencia de prominentes marca esta nueva edición 2019 del Foro Económico Mundial que se realiza entre el 22 y el 25 de enero en Davos. A última hora decidieron no venir a la ciudad alpina suiza Donald Trump, entrampado en su shutdown, ni Theresa May, confrontada al rompecabezas del brexit, ni Emmanuel Macron, desbordado por las movilizaciones sociales que desde hace semanas estremecen Francia.
Sí estarán presentes, en cambio, unos 3.000 representantes del gran poder mundial. Esencialmente dirigentes políticos y representantes de las más conocidas multinacionales convocados para debatir sobre “La Globalización 4.0: modelando una arquitectura global en la era de la cuarta revolución industrial”.
Entre los asistentes, el presidente brasilero Jair Bolsonaro, cuya presencia en Davos ha desatado múltiples repudios ciudadanos en sus más diversas expresiones. Una veintena de importantes ONG de cooperación, asociaciones de solidaridad, sindicatos y actores políticos helvéticos (como el Partido Verde), a iniciativa de SOLIFONDS, enviaron una carta el lunes 21 al Gobierno suizo exigiendo que no se reúna con Bolsonaro y su comitiva.
La misiva, firmada entre otros por KOBRA, Tierra de Hombres Suiza, el sindicato SIT, Multiwatch, Campax, ALBA Suiza, Juristas Democráticos, Greenpeace Suiza y el Foro Democrático Ciudadano, denuncia no solo la retórica homófoba, sexista, antiambientalista y racista del presidente brasilero, sino también las primeras medidas antisociales, antiindígenas y antiecológicas del nuevo Gobierno. En paralelo, la Sociedad en defensa de los Pueblos Amenazados distribuyó un comunicado exigiendo que la Confederación Helvética defienda los derechos de los pueblos autóctonos ante el presidente sudamericano. Un grupo de brasileros y suizos protestaron el lunes 21 frente al hotel donde el mandatario se hospedó a su llegada a Zúrich, en tránsito hacia Davos.
Aunque menos numerosa que las tradicionales protestas anti-Davos de la década pasada, más de mil personas desfilaron el sábado 19 en las calles de Berna contra la cita de la élite mundial. Iniciativa que se repetirá el miércoles 23 de enero en la acción de protesta convocada en la misma Davos por la Juventud Socialista.
Lucha contra el sistema, solidaridad internacional y defensa ambiental aparecen como ejes de la movilización de la sociedad civil suiza de estos últimos días. La más sorprendente por su impacto, la “huelga en defensa del clima” que convocó a más de 20.000 estudiantes secundarios y universitarios el tercer viernes de enero en todo el país, la que se repetirá el próximo 2 de febrero. El movimiento estudiantil prodefensa ambiental, iniciado hace algunos meses en Suecia, adquiere ya una relevancia singular en varios países europeos.

Una distribución dramática de la riqueza

Riqueza versus pobreza creciente, aparece nuevamente como las dos caras de esta edición de Davos. El Foro de Davos es una iniciativa permanente que congrega en torno a mil socios que son empresas con una media de 5.000 millones de dólares de actividad comercial anual y que abonan unos 45.000 dólares anuales al foro. La categoría de asociado industrial estratégico, con más poder de decisión, implica una cotización de 250.000 dólares o bien de 500.000 dólares anuales.
Muchos de estos miembros y socios del Foro de Davos, hacen parte de los multimillonarios cuya riqueza ha aumentado 900.000 millones de dólares el último año, a un promedio de unos 2.500 millones diarios. Tal como lo señala el último informe de OXFAM ¿Bienestar público o beneficio privado? que acaba de ser publicado la tercera semana de enero, 26 multimillonarios -un año antes eran 43- poseen hoy la misma riqueza que los 3.800 millones de personas que componen la mitad más pobre de la humanidad.
El informe señala también que 3.400 millones de personas -casi la mitad de la población mundial-, en particular mujeres, rozan la pobreza extrema y viven con menos de 5,50 dólares al día.
El documento de Oxfam sostiene que, si el 1 % más rico del planeta pagase un 0,5 % más de impuestos sobre la riqueza, se recaudaría el dinero necesario para escolarizar a los 262 millones de niñas y niños que actualmente no tienen acceso a la educación y se podría proveer servicios de atención sanitaria que salvarían la vida a 3,3 millones de personas. Y subraya que 7,6 billones de dólares de las fortunas más concentradas escapan a todo control impositivo protegidos por los paraísos fiscales.

Sergio Ferrari

Sospechosos del asesinato de Marielle Franco tenían relación con el hijo de Bolsonaro




Un nuevo escándalo salpica a Flavio Bolsonaro, senador e hijo del presidente Brasileño. Esta vez por sus nexos con dos sospechosos del asesinato de la concejala de izquierda Marielle Franco.

Un mayor y un teniente de la Policía Militarizada, líderes de una mafia que actuaba al oeste de Río de Janeiro y quienes podrían haber participado en el asesinato de la concejala brasileña Marielle Franco, fueron detenidos. Las detenciones, que son el primer avance en la investigación sobre el asesinato de la concejala del PSOL, generaron conmoción en Brasil por la relación que Flavio Bolsonaro, hijo del presidente, tiene con los sospechosos.
Según medios locales, uno de los detenidos, el mayor Ronald Paulo Alves Pereira, fue homenajeado en 2004 por el senador electo Flavio Bolsonaro, cuando fue diputado de Río de Janeiro.
El hijo mayor de Bolsonaro, y senador nacional, trató de despegarse de esa relación con una declaración en la que trata el asesinato de Marielle como un "error": "Sobre los homenajes prestados a militares, siempre actué en la defensa de los agentes de seguridad pública y ya concedí centenas de otros homenajes. Aquellos que cometen errores deben responder por sus actos".
Sin embargo la relación más estrecha con los sospechosos es la que el senador tiene con el capitán Adriano Magalhaes da Nóbrega. Este último es uno de los uniformados buscados por las autoridades y que también es considerado, junto con el mayor y el teniente, como líder de la organización delictiva dedicada a las transacciones ilegales con bienes inmuebles.
Un reportaje del periódico O Globo divulgado este martes señala que la madre y a la mujer del capitán, prófugo de la Justicia, trabajaron en el despacho del entonces diputado Bolsonaro, lo cual el hijo del presidente también rechazó en la nota divulgada este martes.
Los policías fueron detenidos durante un operativo en el que son buscadas 15 personas acusadas de pertenecer a una banda criminal dedicada a la compra y venta ilegal de inmuebles en la zona oeste de Río.
Sin embargo, según fuentes oficiales, hay sospechas de que los uniformados capturados lideran la "Oficina del crimen", una organización dedicada a realizar asesinatos por encargo.
"No descartamos su participación en el crimen de Marielle Franco, pero no podemos afirmar eso en este momento", declaró en rueda de prensa la fiscal del Ministerio Público, Simone Sibilio.
Este nuevo escándalo se suma al que Flavio Bolsonaro viene arrastrando por un caso de corrupción que embarra a todo el clan Bolsonaro por parte de un exasesor suyo llamado Fabrício Queiroz.En un intento desesperado por despegarse de los dos casos al mismo tiempo, en la nota divulgada hoy, el hijo del presidente dice ser blanco de una campaña difamatoria que busca enlodar el gobierno de su padre y responsabilizó a su exasesor Fabrício Queiroz por los nombramientos de la madre y de la mujer del capitán sospechoso del asesinato de Marielle Franco.
Hasta ahora el Partido Judicial, que es parte del blindaje que tiene Jair Bolsonaro y uno de las principales pilares de la manipulación electoral que le permitió llegar al poder, ha bloqueado las investigaciones sobre Flavio Bolsonaro.
Sin embargo el panorama sobre el entorno del clan familiar pinta sombrío. Las causas archivadas contra Bolsonaro le servirán a la corporación judicial, en acuerdo con el establishment, para presionar las clavijas sobre los tiempos de los ajustes y ataques que impulsan. Pero nada dice que los tiempos de los escándalos vayan más rápido de lo que quisiera el partido judicial y que las causas archivadas sean convertidas en carpetazos direccionados. En ese caso, la cabeza de Flavio Bolsonaro está en el centro de la tormenta.

La Izquierda Diario

martes, 22 de enero de 2019

60 años defendiendo la soberanía de Cuba




Cuando Fidel Castro anunció la victoria del pueblo cubano el 1º de enero de 1959, habían pasado tan sólo 15 años desde el salvaje bombardeo de Hiroshima y Nagasaki por Estados Unidos. Esta atrocidad marcó el paso a esa potencia de la barbarie inhumana de la Segunda Guerra Mundial: a partir de aquel bombardeo atómico se ha documentado que, en su insaciable codicia por lograr la dominación del mundo, ha asesinado a más de 20 millones de personas en 37 países. Innumerables invasiones criminales han tenido lugar alrededor del mundo, como sucedió en Corea y Vietnam, y en la intervención militar de Playa Girón, derrotada por Cuba en menos de 72 horas. Tales actos imperialistas constituyen reminiscencias de la política exterior incivilizada de la crueldad de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué habría ocurrido en Cuba y América Latina si la revolución dirigida por Fidel Castro no hubiese derrotado la incursión de Estados Unidos en Girón?
Así como Washington aumenta continuamente su extralimitación imperial económica y militar, su actual diplomacia internacional de cañonera está respaldada por más de 800 bases militares (de la gigante “Pequeña América” a estaciones de radar menores), prácticamente en todo el mundo, incluyendo Guantánamo. Esta política exterior y mucho más, incluido el creciente uso de Internet como un nuevo camino hacia cambios de régimen (por ejemplo, en Cuba, particularmente desde 2014), es el alimento diario básico de arrogantes amenazas, de una agresión criminal y de una cínica injerencia por parte de Estados Unidos. Ello ocurre a diario, en muchas ocasiones por medio de los estados aliados, como el continuo y lento genocidio contra el pueblo palestino por parte de Israel. La violación de la soberanía de los países y el derecho internacional establecido en la postguerra ocurre prácticamente sin ninguna protección, en medio de la crisis de Naciones Unidas. El bloqueo contra Cuba es un caso de impunidad flagrante. Los pueblos del mundo, como el cubano, sólo pueden apoyarse en sus propias fuerzas y en pueblos y naciones progresistas del mundo que luchan por mantener un mundo multipolar y resistir a la dominación estadounidense.
La Revolución cubana ha frenado los Estados Unidos durante 60 de los 75 años transcurridos desde la inauguración de la “nueva era”, de la barbárica época posterior a la Segunda Guerra Mundial. Este período, de una crueldad extrema, pasó de Europa y Asia oriental a Estados Unidos, a sólo 90 millas de las costas de Cuba. Pensar en esta realidad histórica y geopolítica mientras pueblos en cada rincón del planeta, refleja hoy la importancia histórica del 60º aniversario.

Bloqueo genocida

Se puede afirmar que la Revolución Cubana ha resistido al Imperio durante casi todo el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, y que el Imperio es el sucesor de la crueldad incomparable presenciada durante dicha contienda, la que, de una u otra forma, siempre ha estado presente en las puertas de Cuba. Este orden mundial histórico posterior a la Segunda Guerra Mundial acarrea consecuencias adicionales en la medida que éstas conciernen a América Latina y el Caribe. Las características adicionales provienen de la pesadilla estadounidense que consiste en percibir una amenaza constante de rebelión latinoamericana en contra del colonialismo y del imperialismo, en la senda abierta desde los tiempos de Bolívar y Martí, en el siglo XIX. Así, Estados Unidos ha montado un garrote particularmente cruel en contra de Cuba −dirigido también por su influencia no sólo en toda la región al sur del Río Grande, sino en el mismo corazón de las entrañas del monstruo, como llamó Martí a Estados Unidos, país donde vivió gran parte de su exilio político, y trabajó. Las draconianas medidas adicionales, impuestas a Cuba apenas un año después del triunfo de 1959, sólo pueden calificarse de genocidas. Genocidio es el bloqueo estadounidense como lo es EE.UU. en sí mismo, que lo ha definido como tal, aun cuando por supuesto no utiliza la palabra “genocidio”. Mientras su bloqueo busca involucrar a todas las naciones, su objetivo explícito fue establecido en 1960 con el fin de doblegar al pueblo cubano con la práctica de “provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria.”
Los efectos del despiadado bloqueo, especialmente desde la implosión de los aliados cubanos (el bloque soviético) hace cerca de 30 años −casi la mitad de la vida de la revolución–, han sido devastadores. Por encima de los problemas derivados de las lagunas propias de Cuba, cada día en la vida de la familia cubana o de los individuos es afectado por el bloqueo como principal obstáculo para lo que debería ser su desarrollo económico normal.
El transporte recuerda a diario el bloqueo. La adquisición y la preparación de alimentos constituyen otros desafíos para la inmensa mayoría del pueblo cubano. Las drásticas limitaciones a las renovaciones de vivienda, incluyendo a menudo frustrantes y anticuadas instalaciones de plomería y electricidad, son otras expresiones del bloqueo de Estados Unidos a Cuba. Los servicios de salud se encuentran privados de productos farmacéuticos y de equipos hospitalarios estadounidenses. Incluso la educación, que puede ser vista como un bien “no material”, se ve afectada, por ejemplo, por la necesidad de importar de tierras lejanas el papel necesario para los materiales escolares, como libros.
Sin embargo, la inmensa mayoría de los cubanos no se ha entregado −y no se rinde− ante Estados Unidos, ante el guion de Washington. A los 60 años, la Revolución cubana permanece tan firme como lo fue en su infancia, en el período 1959-1961.

Venezuela en el punto de mira de EE.UU.

Sin embargo, en este 1º de enero de 2019, día histórico para el mundo, se debe reconocer que nunca podrá descartarse una política más agresiva de Estados Unidos contra la Revolución Cubana. ¿Habría que descartar acciones militares abiertas? Tras la caída del bloque soviético y del endurecimiento planificado del bloqueo de Estados Unidos, que también lo hizo extraterritorial en Europa, en los años 90 Estados Unidos lanzó un ataque decisivo.
Poco después, y con la esperanza de derrotar a Cuba de una vez por todas, Estados Unidos puso en su punto de mira al más cercano e importante aliado de Cuba, Venezuela. La Revolución Bolivariana, encabezada por Hugo Chávez, emergió al final de 1998 después de la derrota de 1989-1991 del socialismo europeo, como la mayor repuesta en América Latina, y de hecho, en el mundo. Esto sucedió además en lo que Estados Unidos considera su “patio trasero”. Cuando el socialismo y la revolución debían fenómenos obsoletos, en diciembre de 1998 Chávez completó el primer paso de una larga lucha, en una Venezuela resiliente hacia la revolución. Podría decirse metafóricamente que el periodo 1998-1999 constituye “el 1º de enero de 1959” de Venezuela. Estados Unidos nunca aceptó la nueva revolución bolivariana de Caracas, puesto que nunca se tragó la píldora, amarga para él, de la Revolución cubana. Este fue aún más el caso dado que, inmediatamente después de 1989, Venezuela se convirtió en un estrecho aliado político y económico de Cuba, con base en el beneficio y el respeto mutuos.
En su cinismo político extremo, mientras Estados Unidos tramaba una “apertura” hacia Cuba durante un año y medio antes de hacerla pública en diciembre de 2014, tan sólo tres meses más tarde, en marzo de 2015, el mismo Washington declaró a Venezuela “una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Esta desdeñosa política maquiavélica, característica de su centenaria crueldad, dio lugar a la imposición de sanciones a los aliados de Cuba, diseñadas para obstaculizar y, por supuesto, para estrujar a Cuba con el afán de someterla. Esta política de 2015 de Estados Unidos hacia Venezuela preparó además el camino para justificar una posible intervención militar de Estados Unidos con el propósito de poner fin a la “pesadilla latinoamericana” hecha realidad en la Revolución Bolivariana.
No obstante, Cuba ha sido −y sigue siendo− heroicamente resistente, incluso bajo estas nuevas condiciones desfavorables, mientras además viene desarrollando nuevas relaciones económicas y comerciales con otros países. Se niega a arrodillarse ante la nación más poderosa de la tierra, y ha mantenido esa actitud durante 60 años. Es un hecho universalmente reconocido que Cuba, Fidel Castro, su legado y seguidores de hoy han enfrentado a Estados Unidos en defensa de la soberanía nacional. Ya sea que se ame o que se odie, no hay forma de escapar a este hecho histórico. Los revolucionarios cubanos se han ganado su buena reputación con sangre, sudor y lágrimas y merecen por tanto el pleno apoyo de todas las personas amantes de la justicia en el mundo. A Cuba le hacen faltan muchos bienes materiales. Sin embargo, la gran mayoría del pueblo cubano, tanto individual como colectivamente, se beneficia de la bendición obtenida por su ardua lucha, de algo que nos hace falta en los países capitalistas: ¡dignidad! El honor no puede florecer en el occidente capitalista e imperialista que propugna la guerra, la agresión y la injerencia en nombre de los derechos humanos, mientras niega la democracia a estos países. La dignidad en el occidente capitalista se construye tan sólo de abajo hacia arriba, en el desafío al capital y al Imperio, cuyas guerras llevan vergüenza y deshonor a los pueblos de las naciones asediadas.
Como resultado de mantener su soberanía a toda costa, Cuba puede elaborar sus propios planes políticos, económicos, sociales, culturales y en otras esferas, sobre la base de sus propias necesidades y sus criterios. Desde 1959 y durante seis décadas, a lo largo de vueltas y revueltas, decepciones y éxitos, esto es lo que Cuba ha venido haciendo. Cada paso importante hacia el cambio de políticas lo hace con la plena participación del pueblo. A pesar del estereotipo proyectado en Occidente, no hay ningún país en el mundo comparable con Cuba, si se trata de caracterizarlo a través del debate.

La cultura política del debate

Esta cultura política del debate está tan arraigada en la sociedad cubana que forma parte inseparable del paisaje político. Los cubanos hablan y debaten abiertamente acerca de la vida política. Es una forma de vida en la isla. Esta tradición se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando los cubanos, bajo la ocupación española, discutían y votaban por los miembros de las cuatro asambleas constituyentes, que dieron lugar a cuatro Constituciones de una Cuba en combate armado por su independencia. Ello comenzó hace más de 150 años, al mismo tiempo que Estados Unidos −principal detractor de la actual reforma constitucional de Cuba− tenía aún una Constitución del siglo XVIII, escrita a puertas cerradas por un puñado de esclavistas y unos cuantos ricos.
Cuando, el 1º de enero, hace sesenta años, ganó la Revolución, Fidel apareció en un histórico balcón de la ciudad de Santiago de Cuba para dirigirse a la multitud de manera interactiva. De hecho, desde aquel día, Fidel ha contribuido a la resurrección de la cultura política del debate, mantenido hasta entonces en gran medida en el fundo de la dominación colonial estadounidense, aparte de algunos períodos cortos, por ejemplo, cuando tuvo lugar el levantamiento revolucionario en la década de 1930 y cuando se aprobó la Constitución de 1940.
La cultura política del debate, tal como ha sido mutuamente promovida desde 1959 por los nuevos dirigentes y los humildes a favor de estos últimos, fue muy bien captada por el Che Guevara:
“En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones, cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor”. Destacando cómo el pueblo participaba en la toma de decisiones, Guevara recuerda además: “Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto (...)”. Admite que “para quien no viva la experiencia de la Revolución”, es algo “difícil de entender”, refiriéndose a “esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan”. Fiel a la valoración del desempeño del individuo, Guevara concluye que “la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes”.
El más reciente ejemplo de esta cultura política del debate, quizá uno de los más extraordinarios desde 1959 (aun cuando eso nunca se sabe al apoyarse en la prensa corporativa de Occidente), acaba de ocurrir. Los debates tuvieron lugar del 13 de agosto al 15 de noviembre de 2018, con el fin de revisar el Proyecto de renovación de la Constitución cubana de 1976. En todos los centros de trabajo, instituciones educativas y barrios se sugirieron cambios importantes. Uno de los más significativos para muchos cubanos es la cuestión del término “comunismo”. Éste fue originalmente contenido en la Carta Magna de 1976 como meta del proceso revolucionario, pero fue eliminado en el nuevo Proyecto. Vino otra vez como resultado de la discusión pública, como una expresión colorida de la cultura del debate político de Cuba, tan arraigada que ninguna fuerza puede sofocar. La batalla de ideas fue librada fundamentalmente por blogueros y escritores revolucionarios y, sobre todo, por las masas, en la base de la sociedad.

¿De la Democracia Participativa hacia la Protagónica

Resumiendo los cambios, la Constitución de 1976 fue así redactada: Los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista. El Proyecto presentado al pueblo para su debate y aportes, después de la reunión del Parlamento en julio de 2018 fue redactado así: Organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo. El final fue adaptado así en diciembre de 2018, teniendo en cuenta el debate y los aportes de los ciudadanos: hacia la sociedad socialista y comunista.
Este último cambio en el artículo 5º no es un asunto menor. Cuando el pasado mes de julio de 2018 se dio a conocer la noticia, en cuanto a que el Proyecto había eliminado la palabra “comunismo”, la prensa internacional en Occidente gritó victoria: “¡Cuba elimina la palabra comunismo!” Sin embargo, la idiosincrasia de la cultura política del debate de Cuba apagó la euforia y, a la vez, voló en pedazos el continuo terrorismo mediático, a saber, que “el comunismo es impuesto desde arriba”. Como un vuelco poético del destino, llegó desde la base. Mientras que los debates se organizaron desde ella y brindaron la posibilidad a cada ciudadano de expresar y argumentar sus respectivas opiniones, se tenía que ser muy pro-activo para elevar la controversia del “comunismo”. Después de todo, el Proyecto fue propuesto por todo el liderazgo y el Parlamento cubano. Así, esta última experiencia en la democracia cubana pasó de la democracia participativa a la democracia protagonista que, en mi opinión, es una forma cualitativamente superior de democracia participativa. No es la primera vez que, en la experiencia única de consulta de Cuba, los cambios radicales provienen de los sectores populares. Sin embargo, este debate acerca del “comunismo”, observado en todo el mundo, forma parte de una clase propia. Así, muy convenientemente, en vísperas de la celebración del 60º aniversario de la Revolución Cubana, tiene lugar un homenaje a la Revolución y a su arquitecto, Fidel.
Ahora que, con el legado de Fidel, la Revolución cubana ha recargado las baterías del debate e intercambios, está preparada para confrontar todos los intentos actuales por parte de la barbarie del Norte y sus aliados para dividir al pueblo y a los dirigentes de los Consejos de Estado y Ministros, y denigrar del Presidente Díaz-Canel. Este desesperado intento de saboteo del movimiento de renovación, basado en principios, será derrotado por un Sí rotundo en el referéndum del 24 de febrero y por un voto de confianza hacia el nuevo liderazgo cubano de Miguel Díaz-Canel.
No hay fuerza en la Tierra capaz de sofocar la cultura de debate político de Cuba. Ésta puede derrotar cualquier campaña de desinformación y de división liderada por Estados Unidos.

Arnold August
Trabajadores

Arnold August, periodista y conferencista canadiense, es el autor de los libros Democracy in Cuba and the 1997–98 Elections (1999), Cuba y sus vecinos: Democracia en movimiento (2014) y Relaciones Cuba-EE.UU.: ¿Que ha cambiado? (2018). Como periodista es colaborador de sitios web en América Latina y el Caribe, América del Norte y Europa.

200 millones de trabajadores paralizaron la India




A comienzos de este mes, los trabajadores de la India realizaron un paro de 48hs y ganaron las calles. Se estima que la medida declarada por las centrales sindicales que se encuentran bajo la dirección del partido comunista, involucró a 200 millones de trabajadores (entre ellos bancarios, mineros, trabajadores del transporte y estatales). Es la tercera huelga frente a una administración de derecha y religiosa (el BJP), que sustituyó hace cinco años al Partido del Congreso, el representante histórico del nacionalismo burgués. Y es una respuesta a las políticas de flexibilización laboral y de privatizaciones del gobierno de Narendra Modi. En India, en promedio, el ingreso de los trabajadores es de dos dólares por día o menos.
El gobierno de India se encuentra en una crisis, como lo manifiestan los cambios reiterados en la cúpula del Banco Central. Un programa de cambio de moneda implementado en el último año y medio, agravó considerablemente la miseria social en el campo y la ciudad, sin alcanzar su objetivo de confiscar a los traficantes del dinero negro que produce el comercio ilegal y la evasión fiscal. La desocupación no ha hecho sino subir, un 7.4% de la población activa, contrariando la promesa oficial de crear empleo.
Las direcciones sindicales reclaman “aumento del salario mínimo, una seguridad social universal, pensiones aseguradas, poner fin a la precariedad de los contratos temporales y verbales, acabar con la privatización del sector público, bajar el precio de alimentos básicos como el arroz, el cumplimiento de las leyes laborales o dar respuesta al creciente desempleo que vive la India” (El Diario 14/1). Luego de la huelga, la burocracia y el PCI convocaron a movilizar al parlamento para pedir un aumento del salario mínimo a 18.000 rupias (alrededor de 206 dólares) y asistencia social. El método de la burocracia sindical se parece como dos gotas de agua al de la CGT de Argentina – por un lado los paros aislados, y por el otro subordinar la lucha de clases a las elecciones que tendrán lugar este año, operando en este caso como una colectora del nacionalismo. El PC se presenta en un frente con el Partido del Congreso y/o alianzas con partidos locales, en muchos casos de derecha. En definitiva, intenta encolumnar a la clase obrera detrás de los partidos de las patronales.
Las tendencias a la rebelión popular, que la burocracia procura domesticar, no son exclusivas de la India sino que son propias de la región –paros y luchas en Bangladesh y Sri Lanka. En la vecina China, asimismo, la situación en las fábricas es explosiva.

Prensa Obrera

Comando secreto




Comando secreto - La bomba atómica de Israel, ¿salió del seno Nazi?

En diciembre de 1960, la revista "Time" alarmó al público mundial: Israel estaba construyendo en secreto la bomba atómica. El desconcierto fue total, nadie quería saber nada. ¿No se había pronunciado Eisenhower siempre contra una potencia nuclear en el Medio Oriente? El Organismo Internacional de Energía Atómica, fundado solo tres años antes, cuya tarea principal era la prevención del uso militar de la energía atómica, guardó silencio. Hasta hoy.
Mas tarde, lanzaron la leyenda que fueron los franceses que armaron el programa nuclear israelí. La comunidad internacional y los parlamentos fueron sistemáticamente engañados. La verdad es que ya en 1960, los gobiernos occidentales lo sabían. Habían autorizado y apoyado la construcción de esta arma de destrucción masiva.
La bomba atómica israelí fue hecha con dinero alemán y con tecnología alemana. La tecnología la habían desarrollado los científicos Carl-Friedrich von Weizsäcker, Otto Hahn y Karl Wirtz en el Instituto Kaiser Wilhelm en Berlín, durante la Segunda Guerra Mundial - en nombre del “Führer” Adolf Hitler. Su conocimiento se puso al servicio de Israel desde fines de los años cincuenta. El agua pesada vino de Noruega, donde los nazis la habían producido durante la guerra. El uranio lo suministró, con el consentimiento de los Estados Unidos, la Comisión Atómica Argentina, que fue creada después de 1945 con la asistencia de científicos nazis.

Gaby Weber

Las trabajadoras textiles de Bangladesh enfrentan a las grandes marcas y al gobierno




Huelgas y protestas contra los salarios de miseria

En las últimas semanas, miles de trabajadoras y trabajadores de la industria textil de Bangladesh protagonizaron paros, piquetes y movilizaciones que abarcaron a decenas de fábricas del sector. El reclamo central es la duplicación del salario mínimo, que fue fijado en 8 mil takas (95 dólares) a fines del año pasado.
La huelga de las obreras textiles se da en un país que basa el 80% de su comercio exterior en dicha industria; es la principal actividad económica y un polo de referencia mundial. Se estima que la industria de ropa para vestir emplea a 4 millones de obreros (el 60% de ellas mujeres) en cuatro mil fábricas, con un salario mínimo que está por debajo del de países como India y Vietnam e inclusive es menos de la mitad que el magro salario mínimo chino, por lo que cobran gran importancia en el salario las horas extras y otros ítems. En Bangladesh se produce y empaqueta parte de la ropa que comercializan grandes marcas internacionales (H&M, Walmart, Tescoy Aldi, entre otras). Las enormes ganancias que obtienen se deben a las condiciones de miseria y superexplotación a las que se encuentran sometidas sus trabajadoras.
La terrible precarización de la industria textil tuvo una de sus expresiones más horripilantes en mayo de 2013, cuando un derrumbe en una planta de la capital (Dacca) provocó la muerte de 400 obreras. Aquel hecho detonó una huelga y abrió un proceso que forzó al Estado y las compañías a prometer algunas concesiones.
Uno de los grandes datos de las últimas protestas es que han desbordado la política de contención de los sindicatos que, a través del presidente de la Federación de Trabajadores Industriales y de Confección de Bangladesh, justificó el acuerdo con el gobierno y las empresas y llamó a honrar al Primer Ministro y su acuerdo con él. Las trabajadoras tampoco creyeron las promesas de un comité tripartito -formado por funcionarios del gobierno, dueños de las fábricas y representantes de la burocracia sindical- que prometió que habría aumentos para los sectores que no los habían percibido.
El gobierno ha reprimido a las trabajadoras y una de ellas murió durante las protestas, pero no pudo retraer las medidas.
Viva la lucha de las obreras.

Camila Pérez

lunes, 21 de enero de 2019

La profunda crisis detrás del Brexit




Por estos días el Reino Unido está sumido en el caos. La derrota del plan de salida negociada de la Unión Europea dejó al gobierno conservador de Theresa May pendiente de un hilo y a su partido al borde de la fractura.

¿Brexit o no Brexit? Esa es la cuestión. El dilema shakesperiano parece más actual que nunca. Por estos días el Reino Unido está sumido en el caos. La derrota del plan de salida negociada de la Unión Europea, conocido como “soft Brexit”, dejó al gobierno conservador de Theresa May pendiente de un hilo y a su partido al borde de la fractura. May sobrevivió un voto de no confianza. Pero no le sobra nada.
El calendario indica que quedan poco más de dos meses para el 29 de marzo, el plazo máximo para concretar el divorcio del Reino Unido del bloque europeo, previsto por el Artículo 50 del Tratado de Lisboa. Pero nadie puede decir con certeza si se va a un “hard brexit” –el escenario más temido tanto para la gran burguesía británica como para la propia Unión Europea-, o si se reabrirá una negociación con la Unión Europea y menos aún, si se lograría un consenso en un panorama en el que prima la tendencia a los extremos.
El triunfo inesperado del “leave” en el referéndum de junio de 2016 puso al partido histórico de la clase dominante ante la tarea de llevar adelante el divorcio de la UE, de la cual el capitalismo británico se ha vuelto cada vez más dependiente. Esta derrota autoinfligida dejó planteada una contradicción de la que prácticamente es imposible salir indemne, como muestra el periplo de Theresa May.
Detrás de la derrota del “soft Brexit” de May, que en los hechos implicaba irse a medias de la UE, es imposible no ver la mano de Donald Trump, que aprovecha la buena sintonía con los “brexiters” más duros para redoblar su política hostil hacia el bloque europeo. De hecho Steve Bannon, ideólogo y estratega del “trumpismo”, ha tratado de establecer su propio proyecto político (The Movement) en varios países de la UE con el objetivo de brindar servicios de consultoría electoral los partidos euroescépticos de la extrema derecha para las elecciones del Parlamento Europeo que se realizarán en mayo.
Para decirlo con categorías teóricas, el Reino Unido es uno de los países centrales donde la crisis capitalista de 2008 se ha transformado en crisis orgánica abierta.
Hay al menos tres dimensiones centrales que muestran la profundidad de esta crisis.
La primera es de carácter económico y geopolítico. Desde la década de 1970, y sobre todo desde los años de Margaret Thatcher, la clase dominante británica asumió que tenía que insertarse en el marco común europeo, lo que no solo reportaba beneficios económicos sino que también, junto con la alianza estratégica con Estados Unidos, permitía disimular el estatus de potencia decadente.
Durante décadas el Reino Unido gozó de un extraño privilegio de estar fuera/dentro, fuera de la eurozona y dentro del proceso político y económico de la UE. Esto tuvo consecuencias mixtas: porque aumentó la dependencia con respecto a los mercados europeos, pero a la vez fue funcional a la reconversión thatcherista hacia una economía basada en los servicios y las finanzas. Por lo que se dio la situación relativamente anómala de que, a pesar de no haber adoptado el euro, la City de Londres fue la principal plaza financiera de la UE.
Esta ubicación "ideal" del capitalismo británico es lo que no va más, como parte de la tendencia más general de agotamiento de la globalización neoliberal.
Algunos funcionarios tories trasnochados aún ven en el Brexit la vía para reflotar el viejo imperio británico. Tal el caso del secretario de defensa, Gavin Williamson que en una entrevista aparecida en el diario Telegraph dijo que este era el “mejor momento” desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (¿cómo serán los peores?) y que liberado de la tutela de Bruselas, Gran Bretaña volvería a jugar un rol central en la escena mundial, e incluso abriría nuevas bases militares en el Caribe y el Sudeste asiático.
Pero esta nostalgia imperial está muy lejos del peso menor que hoy tiene el Reino Unido en la economía y la geopolítica mundial. Por eso los analistas más lúcidos comparan la crisis abierta con el Brexit con el momento de la guerra del Canal de Suez de 1954. La negociación humillante a la que la UE sometió al Reino Unido parece el equivalente al baño de realidad que la política de Estados Unidos le propinó en ese momento y que fue una toma de conciencia instantánea de que la decadencia británica era irreversible.
La segunda dimensión hace a la unidad estatal. Alguna variante de “hard Brexit” cuya expresión extrema es la ruptura si ningún acuerdo, casi inevitablemente reactivaría el independentismo escocés. Como se sabe, Escocia votó abrumadoramente a favor de permanecer en la UE y ya ha anunciado que convocaría a un segundo referéndum por la independencia.
El otro gran fantasma es el resurgimiento del conflicto con Irlanda del Norte. El plan derrotado de Theresa May contemplaba un mecanismo, llamado “backstop”, que dicho sencillamente permitía mantener abierta la frontera entre Irlanda del Norte y la república de Irlanda, que es miembro de la UE. Justamente este era uno de los puntos más cuestionados por los “brexiters” más duros y le costó a May la alianza de gobierno con el reaccionario Partido Democrático Unionista irlandés.
La tercera es la dimensión política. En lo inmediato, la crisis más aguda es del partido conservador. May está intentando la cuadratura del círculo, esto es, encontrar alguna fórmula de acuerdo con la UE y, a la vez, mantener la unidad de los tories. Esto por ahora parece misión imposible. Es verdad que el límite del partido conservador fue evitar la caída de May y darle así un triunfo al Partido Laborista, pero la tendencia que prima es a profundizar la polarización y la fractura.
El laborismo bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn, ha capitalizado la crisis de los conservadores. Pero incluso dando por superada la crisis del blairismo, está bajo una presión considerable.
En el referéndum de 2016 Jeremy Corbyn votó a favor del "remain" con la nariz tapada, prácticamente no hizo campaña, y es sabido que su sensibilidad lo ubica en la tradición euroescéptica de izquierda que históricamente tuvo el Partido Laborista. Su base electoral es transversal: un afluente es la juventud organizada en Momentum, abrumadoramente pro UE y reacciona contra la xenofobia, las políticas antiinmigrantes y anti refugiados que hegemonizaron el Brexit a través de partidos de extrema derecha como el UKIP. Pero el otro afluente de votos para el laborismo viene de los sectores populares que votaron mayoritariamente por el “leave”, lo que le permitió al laborismo ganar en distritos donde había ganado el UKIP y en los que se había impuesto el Brexit.
Hasta ahora Corbyn ha logrado resistir con éxito la enorme presión de su base progresista-liberal para que se pronuncie por un segundo referéndum y se ha concentrado en tratar de desplazar a May, pero con la perspectiva de elecciones anticipadas por ahora fuera de la agenda, la demanda de someter el Brexit a una nueva votación puede volver con más fuerza y dividir las filas laboristas.
La UE que por ahora mantiene una ventaja en la negociación e intenta imponer sus términos, también sentiría el impacto del retiro caótico de Gran Bretaña. Hay señales de que podría extender el plazo más allá del 29 de marzo para darle tiempo a May para renegociar otro acuerdo que tenga respaldo parlamentario. Pero ese resultado no está garantizado de ninguna manera. Además los plazos se agotan porque para mayo, cuando se realizarán las elecciones al Parlamento Europeo, la situación británica tendría que estar resuelta.
Aunque sería la peor opción para la estabilidad burguesa, no puede descartarse que termine precipitándose una salida no negociada. Sin dudas un “hard Brexit” sería una mala noticia para el bloque europeo, que viene siendo cuestionado por la emergencia generalizada de formaciones de extrema derecha y atraviesa una crisis de liderazgo con el agotamiento del ciclo de Ángela Merkel en Alemania y la crisis de Emmanuel Macron en Francia. Ninguna salida parece sencilla. Lo interesante es si la crisis de los de arriba acelera la experiencia de una nueva generación que ha despertado por izquierda a la vida política con la certeza de que el capitalismo tiene poco y nada que ofrecer.

Claudia Cinatti

domingo, 20 de enero de 2019

La fundación del Partido Comunista alemán (Espartaco)




Centenario de la Revolución Alemana

La crisis del Partido Socialdemócrata Independiente

El 11 de noviembre los responsables espartaquistas de Berlín improvisan una conferencia y trazan un programa. Para ellos la revolución no ha superado hasta entonces el nivel de un motín de militares. Ha dejado en segundo plano el “contenido social”. Es cierto que contribuyó a romper el ejército como arma de la contrarrevolución; pero ésta dispone aún de los ”socialistas del gobierno”, un arma muy importante ya que conservan la confianza de una fracción importante de la clase obrera. El papel de los revolucionarios es esclarecer a las masas con su agitación y su propaganda, ayudarlas a conocer el papel real de la socialdemocracia, empujándolas a las luchas, a las huelgas, en particular las de carácter económico sobre las cuestiones candentes del abastecimiento, de la desocupación, y del “verdadero caos económico consecuencia necesaria de la guerra”.
Toda colaboración con los socialdemócratas mayoritarios sólo haría más difícil la experiencia de las masas. Para Rosa Luxemburgo, históricamente hablando, el momento en que debemos tomar el mando no se sitúa al principio, sino al final de la revolución. Sobre la base de este análisis, defiende que los espartaquistas deben permanecer todo el tiempo posible en el partido independiente para reclutar primero simpatizantes y militantes con el objetivo de conseguir la mayoría. Su opinión prevalece; la Liga Espartaco sigue siendo un grupo de propaganda dentro del partido socialdemócrata independiente. Pero esta vez se da también un embrión de organización y forma una Central (Zentrale).
La lucha entre los partidarios del poder de los consejos y los impulsores de la Constituyente, pronto pasará por el corazón del partido socialdemócrata independiente, a pesar de los esfuerzos de sus dirigentes por contemporizar. El 27 de noviembre, el ejecutivo independiente publica una declaración en la que afirma que la Constituyente tiene que convocarse pero “cuando las condiciones técnicas y políticas se hayan reunido y si en ellas se expresa auténticamente la voluntad del pueblo informado”. Rosa Luxemburgo en las columnas del Die Rote Fahne del 29 de noviembre, critica la posición del partido, reclama la necesidad de una clarificación total y la convocatoria de un Congreso extraordinario, única forma de solucionar esta cuestión capital.
La capitulación de Haase y sus colegas frente a Ebert, al fijar la fecha de las elecciones el 16 de enero, refuerza la posición de los partidarios de un Congreso extraordinario. Die Rote Fahne se esfuerza en movilizar a los militantes para que impongan el Congreso. Los espartaquistas podrían efectivamente tomar la dirección, en una batalla en la que reuniesen a todas las fuerzas de izquierda del partido. La dirección se niega invocando que el Congreso impediría la preparación seria de la campaña electoral. Y acusa a los espartaquistas de sabotear la acción del partido. Queda claro que se va hacia la escisión, casi con el mutuo consentimiento.
El quince de diciembre, víspera de la reunión del Congreso de los consejos, se celebra la conferencia berlinesa del partido socialdemócrata independiente llamada para pronunciarse sobre la propuesta del Congreso extraordinario. Haase, en nombre del ejecutivo, defiende la política de colaboración con Ebert-Scheidemann. Justifica la decisión gubernamental sobre la Constituyente. Invita a los delegados a tomar conciencia del hecho de que la mayoría del país está ahora detrás de Ebert, y que hace falta entrar en el juego de la democracia, para construir un nuevo orden social en el que los consejos tendrán un lugar en la Constitución, al lado de una Asamblea elegida por sufragio universal. Las propuestas de los espartaquistas son, según él, una transposición caricaturesca de las consignas lanzadas por los bolcheviques en Rusia, en una situación diferente. Alemania es un país avanzado, y la situación internacional exige la elección en Alemania de una Asamblea representativa. Invita a los partidarios de Espartaco a sacar las conclusiones que se imponen de sus divergencias con el resto del partido, y a dejar la organización en la que ya no tienen sitio.
Rosa Luxemburgo presenta un contra informe que es una violenta requisitoria contra la acción del gobierno Ebert. Según ella Haase no está equivocado cuando explica que las masas están detrás de Ebert. Pero, lo que no dice, es que lo están, entre otras razones, porque los independientes lo sostienen y porque Haase forma parte del gobierno. Las masas podrán sin duda comenzar a ver más claro y comprender qué fuerzas se disimulan – cada vez peor – detrás de Ebert, si Haase y sus camaradas rompen con él y abandonan el gobierno. Ironizando sobre la fe democrática de Haase reclama: Si se trata del principio de democracia, apliquémoslo primero en nuestro propio partido. ¡”Y antes convoquemos al congreso, para que las masas digan si aún desean este gobierno! En la votación final la resolución de la dirección vence por 485 votos a la resolución Luxemburgo por un Congreso extraordinario que obtiene 185. La izquierda fue vencida en Berlín, que consideraba su bastión. El diario de los independientes titula: “Al fin, la claridad!”.
El veintiuno, los delegados revolucionarios se reúnen con los hombres de confianza de las grandes empresas de la capital. La Asamblea, casi por unanimidad, reclama la celebración de un Congreso extraordinario antes de fin de diciembre, la dimisión de Haase y de sus colegas del gobierno y la organización de una campaña electoral anti-parlamentaria. Eligen un comité de acción de cinco miembros donde coexisten los independientes de izquierda, y los espartaquistas. Todo empuja hacia el nacimiento de un nuevo partido, apoyándose a la vez en Espartaco y en los delegados revolucionarios y arrastrando numerosos elementos de los independientes.

La fundación del Partido Comunista Alemán (Espartaco)

Los preparativos y negociaciones para la posible fundación del nuevo partido coinciden con la llegada a Berlín de tres delegados enviados por Moscú, para representar a los soviets en el Congreso de los Consejos de Berlín. Entre ellos Karl Radek, muy ligado a la historia de la izquierda alemana, vinculado a los comunistas de Bremen y con una relación algo conflictiva con Rosa Luxemburgo desde la época del comunismo polaco. Paul Levi que tiene una muy buena relación con ambos (Radek y Rosa) actúa de moderador.
Las tres corrientes que pueden confluir en el nuevo partido, espartaquistas, comunistas internacionalistas y el grupo de delegados revolucionarios de Berlín están atravesadas por una divergencia transversal sobre la actitud a tomar frente a la convocatoria de la Constituyente, sobre la actitud hacia los sindicatos y más en general qué tipo de partido formar; lo que Broue define como “vanguardia o minoría de acción” (Broué, p. 128). Una vanguardia que esclarece y organiza a las masas (como lo aprobó la conferencia de Espartaco del 11 de noviembre) o una minoría actuante que interviene en nombre de las masas pero sin ellas, posición que tiene numerosos adeptos tanto en las filas de Espartaco como entre los comunistas internacionales.
La segunda conferencia de los comunistas internacionales se celebra en Berlín del 15 al 17 de diciembre. La mayoría de los delegados admiten que la próxima ruptura de los espartaquistas con los independientes hace desaparecer el obstáculo para la constitución de un partido unificado. Knief ha intervenido para proponer la participación de los revolucionarios en la campaña electoral, pero sólo le apoya una minoría. Paul Frólich, partidario del boicot, recibe el encargo de representar a los comunistas de Bremen en el Congreso de unificación. Radek desarrolla con elocuencia sus argumentos en favor de una fusión, que, según él, estaba tardando demasiado.
Rosa Luxemburgo y Leo Jogiches parecen haber estado inicialmente opuestos a la fusión con los comunistas, e incluso Jogiches la ha combatido con vigor hasta el final. Piensa que es necesario permanecer en el seno del partido independiente hasta el próximo Congreso para arrastrar, aprovechando esa ocasión, a todos los elementos de izquierda que probablemente permanecerían en el partido, si los espartaquistas rompieran prematuramente con él. Pero la intervención de Radek, con el respaldo del prestigio de los vencedores de Octubre, es decisiva, y Rosa Luxemburgo se deja convencer de no esperar al Congreso independiente para romper con él. Ella mantiene divergencias sobre el nombre que debe adoptar el nuevo partido. Eberlein, resume la posición de Rosa: El partido comunista ruso aún está solo en la Internacional. Los partidos de la II Internacional van a combatirlo sin tregua. El deber de los comunistas es arrancar a los partidos socialistas de Europa Occidental de la II Internacional para fundar una nueva Internacional revolucionaria. El partido comunista ruso no lo conseguirá nunca él solo. El foso es profundo entre él y los partidos socialistas de Occidente. Nosotros, los revolucionarios alemanes, debemos convertirnos en el nexo entre los revolucionarios del Este de Europa y los socialistas aún reformistas de Occidente. Nosotros hemos de apresurar la ruptura de estos socialistas con el reformismo. Nosotros cumpliremos mejor con nuestro deber en calidad de “partido socialista”. Si nos presentamos como un “partido comunista” la estrechez de nuestros lazos con los rusos complicará nuestra tarea en Occidente (Broué, p. 137).
Finalmente la central rechaza por cuatro votos a tres – Paul Levi se abstiene – la propuesta de Rosa Luxemburgo para llamar “socialista” al nuevo partido. El 29 de diciembre de 1918 (el mismo día de la dimisión de los independientes del gobierno Ebert) la conferencia de Espartaco aprueba por 80 votos contra 3 la propuesta de abandonar el partido socialdemócrata independiente, para fundar un partido comunista. El Congreso se reúne finalmente el 30 de diciembre y sesionará ese día y el siguiente. Contará con 83 delegados espartaquistas y 29 de los comunistas. El debate principal no se dará entre los espartaquistas y los comunistas sino que es transversal a ambos e incluso también involucrará a los delegados revolucionarios.
Por un lado Rosa Luxemburgo desarrolla en el Die Rote Fahne, las posturas de la central, según la cual las clases dirigentes agrupadas detrás de Ebert dominan provisionalmente, lo que significa que los trabajadores tendrán que librar la batalla de la campaña electoral, utilizándola como una tribuna para movilizar a las masas. Rosa Luxemburgo, con Leo Jogiches y Paul Levi, que comparten su punto de vista sobre la cuestión de la Constituyente, son netamente minoritarios en el seno de la Liga Espartaco, donde la corriente izquierdista en favor de un boicot a las elecciones vence por mucho.
Lo mismo ocurre en el seno de los comunistas internacionalistas. Johann Knief se pronuncia por la participación en la campaña, pero es desbordado por los partidarios del boicot, a la cabeza de los cuales están Paul Frolich y Felix Schmidt. Y las mismas divergencias existen en el círculo de delegados revolucionarios. Sólo por 26 votos contra 16 se pronunciará por la participación en las elecciones bajo la forma de una lucha electoral anti-electoralista. Entre los representantes de las fábricas aparece más netamente la preocupación de evitar las aventuras y las iniciativas izquierdistas.

La (ultra) izquierda triunfa en el Congreso

Después de aprobar por propuesta de Liebknecht la fundación del nuevo partido que se llamará Partido Comunista de Alemania (Espartaco), el informe en nombre de la central de Paul Levi sobre la posición frente a la Asamblea Constituyente es interrumpido y cuestionado por numerosos delegados. Levi sostiene “La decisión sobre este problema puede influir durante meses en el destino de nuestro movimiento. (...) la Asamblea nacional se reunirá, y no podréis impedirlo. Durante meses dominará toda la política alemana. Vosotros no podréis impedir que todos fijen sus ojos en ella, ni siquiera que los mejores partidarios vuestros intenten saber qué sucederá en la Asamblea nacional, para orientarse, informarse y prevenirse.” Pero la mayoría de los delegados están convencidos que “el poder está en la calle”. El informe de Levi abre un debate tumultuoso que divide en dos partes desiguales al Congreso. Rosa Luxemburgo confiesa su amargura frente al “extremismo” de la mayoría. Afirma que las masas alemanas, que no han tenido suficiente tiempo para desarrollar el poder de sus consejos, no están maduras para derribar a la Asamblea constituyente. Heckert subraya que, incluso donde son más fuertes, los comunistas aún están en minoría y que la mayoría de los trabajadores sigue a Ebert y Scheidemann. Propone la participación en las elecciones, con una lista única para toda Alemania con los nombres de Liebknecht y Rosa Luxemburgo solamente. Todas estas intervenciones cuando no son interrumpidas, son aceptadas sin entusiasmo por los delegados.
En cambio los delegados aplauden largamente a los oradores más izquierdistas, como Otto Rühle, quien afirma que la Constituyente es un “nuevo cadáver”, “nosotros tenemos ahora otras tribunas. La calle es la tribuna grandiosa que hemos conquistado y que ya no abandonaremos, aunque disparen sobre nosotros”. La participación en las elecciones significaría, para este partidario del “poder en la calle”, la renuncia a la revolución. Otros invocan la necesidad de permanecer con las manos limpias. Al final del debate el Congreso rechaza la resolución de Levi y adopta, por 62 votos contra 23, la que ha propuesto Otto Rühle. El partido comunista no participará en las elecciones.
El segundo día, al debatirse las luchas económicas los delegados favorables al boicot se oponen a los sindicatos. Rieger, de Berlín, estima incompatibles la pertenencia al partido comunista y, a la vez, a una organización sindical. Paul Frölich afirma que es imposible reconquistar los sindicatos desde el interior y que hace falta lanzar la consigna de “¡Fuera de los sindicatos!”. Así, después de decidir boicotear las elecciones de la Constituyente el Congreso se pronuncia por enfrentar a los sindicatos. Tengamos en cuenta la gravedad de esta posición en un período en que los afiliados sindicales pasarán de 2,8 millones en 1918 a 7,3 millones en 1919.
Finalmente el Congreso adopta el proyecto de programa publicado por Rosa Luxemburgo en Die Rote Fahne y que precisa sin ambigüedad: “La Liga Espartaco rehusará acceder al poder en el lugar de los dirigentes actuales cuando Scheidemann-Ebert hayan quemado su tiempo. (...) Si Espartaco toma el poder, será bajo la voluntad clara, indudable, de la gran mayoría de las masas proletarias, en toda Alemania y sólo bajo la forma de su adhesión consciente a las perspectivas, a los fines y a los métodos de lucha propugnados por la Liga (...) La victoria de Espartaco no está situada al principio, sino al final de la revolución”. El hecho de que el Congreso haya podido, simultáneamente rechazar la proposición de la central, de participar en las elecciones y adoptar el programa presentado por Rosa Luxemburgo, era claramente una manifestación de inconsecuencia política. La fundación del partido comunista alemán se produce en una atmósfera de confusión política en el seno de la vanguardia revolucionaria.

Los delegados revolucionarios no ingresan al PCA (E)

Una grave consecuencia de las decisiones del Congreso es el fracaso de las conversaciones con los delegados revolucionarios berlineses, que se celebraban en paralelo al Congreso. Lo que estaba en juego era decisivo. Las discusiones se desarrollan entre una delegación espartaquista encabezada por Liebknecht y una delegación del núcleo de delegados revolucionarios. Los líderes espartaquistas se han mostrado llenos de esperanza sobre las conclusiones de las negociaciones. Se sabe que estos militantes, formalmente miembros del partido independiente, están próximos a los espartaquistas y que de hecho constituyen un grupo autónomo, con su línea política y disciplina propia. La principal cuestión para ellos es la participación en las elecciones a la Constituyente. Piden el abandono de la decisión del boicot a las elecciones, el establecimiento de una comisión de programa sobre una base paritaria, la definición precisa, elaborada en común, de las “tácticas en la calle”, el acceso de sus representantes a los comités de redacción de prensa y de volantes, la desaparición, en fin, en el nombre del nuevo partido de cualquier referencia a Espartaco. Sin duda estas condiciones son las que un viejo bolchevique aceptaría sin dudar, y sobre las que un viejo espartaquista tendría poco que decir. Pero son inaceptables para la mayoría de los congresistas, cuya actitud irónica hacia las negociaciones es uno de los síntomas que le parecen más alarmantes a Radek. No hay sobre esta cuestión capital, ningún debate en el Congreso, de hecho hostil desde el comienzo a la fusión con los delegados. Sin duda éste era el mayor fracaso de los comunistas alemanes. La fundación de un verdadero partido comunista en la Alemania de 1919 era difícilmente concebible sin la participación de estos delegados obreros que tenían la confianza del proletariado berlinés, que habían dirigido las luchas durante la guerra y durante las jornadas revolucionarias.
El partido comunista, nacido apenas y ya aislado de las masas, se había condenado a sí mismo a la impotencia antes de haber comenzado a actuar. Lenin, que conocía la celebración del Congreso pero ignoraba aún su contenido y su carácter, el doce de enero en una ”Carta a los obreros de Europa y América” que estaba terminando de redactar, proclama: Cuando la Liga Espartaco alemana, conducida por estos jefes ilustres, conocidos en todo el mundo, estos fieles partidarios de la clase obrera, que son Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Franz Mehring, rompió definitivamente cualquier lazo con los socialistas como Scheidemann, (…) cuando la Liga Espartaco se llamó partido comunista alemán, entonces la fundación de la III internacional, la internacional comunista, verdaderamente proletaria, verdaderamente internacional, verdaderamente revolucionaria, se convirtió en un hecho. Formalmente, esta fundación no se ha realizado, pero, en realidad, la III Internacional existe desde ahora”.

Andrés Roldán