miércoles, 11 de marzo de 2020

El coronavirus ha puesto al capitalismo en terapia intensiva




El derrumbe de un 35 por ciento del precio del petróleo, desde que se informó el brote de Coronavirus, anuncia el default de las empresas petroleras altamente endeudadas y la parálisis de la explotación de yacimientos de escasa rentabilidad en todo el mundo; el repentino cierre del turismo hacia y desde las zonas afectadas por el virus genera la cancelación millones de viajes aéreos que hunde a las aerolíneas y la industria del turismo; la interrupción de suministros por parálisis de actividad industrial en China incluye metales; ensamblajes; partes de diversos sectores de la industria; elementos especiales de alta tecnología; etc. La caída del consumo en China afecta a las empresas que tienen allí su principal mercado. Las profundas caídas de las bolsas actualizan la precariedad del sistema financiero internacional que impulsaron a la Reserva Federal a actuar y redujo la tasa de interés en medio punto. La crisis del 2008 está más presente que nunca
Este virus originado en el centro de China ha paralizado una parte importante del aparato productivo de la segunda economía del mundo e impactado en todo el mundo por su entrelazamiento económico. Vastos sectores de la industria automotriz; tecnológica; de producción de metales; turismo; etc.… han visto reducida o algunas paralizada su actividad por falta de suministros y cerrada las ventas hacia China por el confinamiento de millones de consumidores.
La expectativa de menores ganancias para las empresas de China y las que dependen de su economía ha llevado a una presión de ventas y recortes de precios en las bolsas de China, Corea del Sur, Japón, Europa, Estados Unidos y los países de Latinoamérica. El derrumbe es global.

Derrumbe bursátil y guerra comercial

Esto ha llevado al banco central de Estados Unidos a una inesperada decisión de reducción de tasas de interés que tuvo el efecto de frenar la caída de Wall Street por 48 horas, pero luego se ha reanudado el derrumbe de precios en todo el planeta. La medida resultó ineficiente. Pero facilitó la devaluación del dólar, que cayó frente a las monedas de sus principales socios comerciales. Trump pidió más reducciones de tasas de interés, su programa incluye la devaluación del dólar para facilitar sus exportaciones, otro instrumento de guerra comercial.
La caída de las bolsas ha tenido una velocidad y persistencia no vista en años, las bolsas cayeron siete días seguidos evaporando las ganancias producidas en seis meses, desde inicios de año están con rendimiento negativo. El gobierno de China facilitó a las casas de bolsa créditos para que compraran acciones y atenuar las bajas, un gasto que contuvo inicialmente la caída de precios, pero inútil ante la masividad de las ventas.
La mayor burbuja de activos de la historia impulsada por emisión monetaria se desvanece
Los mercados globales durante 2019 agregaron 17 billones en su valuación de mercado, comenzaron en 70 billones y finalizaron en 87 billones. La valuación de las empresas cotizantes ha subido 24% mientras el producto bruto global lo ha hecho en solo 3,2%, la producción industrial global creció menos del 2%; según datos del FMI (www.imf.org). Esta extraordinaria valuación de las empresas, sin relación con el crecimiento económico, la producción industrial o el comercio, es una creación ficticia de capitales que no está relacionada con la creación de valor en el sistema productivo, es una valoración artificial del capital, capital ficticio.
Desde el 2008 y con la excusa de facilitar la recuperación post crisis financiera, los principales bancos centrales facilitaron crédito barato a bajas tasas emitiendo dinero para comprar la deuda que emiten los tesoros nacionales y bonos respaldados por corporaciones e hipotecas. Las empresas usaron la liquidez para tomar créditos e impulsar la valuación de sus empresas mediante la recompra de sus acciones.
Esta práctica de emisión monetaria se convirtió en usual en Europa, Estados Unidos, Japón y varios otros países del “primer mundo”. Los bancos centrales han inflado sus balances con deuda de sus gobiernos y como respaldo de sus monedas. Lo que llaman monetizar su propia deuda se ha convertido en práctica aceptada por el FMI y el Banco Mundial. En 2017, los bancos centrales ya habían comprado una quinta parte de la deuda emitida por los tesoros nacionales y alcanzaban a 45 billones de deuda soberana y corporativa según datos del FMI.
La emisión fue usada para financiar el déficit del estado y las empresas comprar sus acciones, sembrando la semilla de la próxima crisis de deuda
El crónico déficit presupuestario de Estados Unidos ha llevado a un crecimiento exponencial de la emisión de deuda que ya ha superado a fines del 2019 al 103% de su producto, en 2007 antes de la crisis financiera era del 63%, según datos de la FED.
La participación de la FED y organismos del estado ha tenido una participación creciente que ha suplido la caída de la participación de tenedores extranjeros, que se redujo del 34% en 2013 al 30% a fines 2019.
Las empresas, ante la caída de la tasa de ganancia, han comprado las acciones para aumentar la capitalización de sus empresas y financiar fusiones comprando empresas de la competencia. El aumento de las valuaciones de las empresas han sido el resultado de movimientos financieros, y no de creación de valor en la actividad de producción mediante producción de plusvalía.
El derrumbe de las bolsas que ha comenzado con el coronavirus tiene mucha más violencia en la depreciación de los activos que en el 2008. La crisis nuevamente se crea en el corazón del capitalismo, donde el endeudamiento masivo del estado, las empresas y los consumidores es el mayor de 50 años.
El impacto es particularmente grave en los bancos que han dado crédito de baja calidad que ahora componen una creciente participación de sus carteras. La desaceleración económica que ya se verifica, los mayores bancos de Wall Street han encabezado el desbarranco accionario, J P Morgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citigroup, etc. han caído más que el promedio del mercado. Las carteras de deuda de baja calidad preanuncian morosidad y default de los deudores.

El petróleo en el centro de la escena de la guerra comercial

El petróleo ha recortado su precio en los mercados internacionales un 35% en lo que va del año. Esta profunda caída es el preanuncio de una desaceleración económica. Los yacimientos de las empresas petroleras se han desvalorizado en igual medida, lo que se verá reflejado en sus balances, la deflación no es un pronóstico es una realidad de estos días.
El 6 de marzo los precios del crudo se desplomaron un 10% adicional, una caída para un solo día no vista en décadas. Fue luego del fracaso de una reunión de países productores donde los delegados de Rusia trabaron una reducción de producción propuesta por los delegados de la OPEP liderada por Arabia Saudita para frenar la caída de precios. Los enviados de Putin evadieron un compromiso con la representación de la OPEP y los precios se desbarrancaron.
¿Cuál es la explicación de la actitud de los delegados de Putin?
Rusia rompió un pacto con la OPEP para frenar el descenso de precios desatado por la caída de la demanda generada por el coronavirus. La actitud se explica porque la producción de esquisto en Estados Unidos deja de ser rentables con la caída de precios, y muchas petroleras norteamericanas tienen alto nivel de endeudamiento. Una baja adicional del precio los sacará del mercado y las llevará a la quiebra.
El fracaso en reducir la producción puede resultar en un aumento, ya que los productores (estados y empresas) necesitados de efectivo tienen que producir más volumen para compensar la caída de precios.

Desvalorización de activos impulsa una deflación global

La desvalorización de activos de las empresas en la bolsa con valuaciones desvinculadas de sus ganancias operativas, de los yacimientos por la caída del precio del crudo, de las empresas altamente endeudadas, por la cancelación masiva de pasajes aéreos las aerolíneas están quedándose sin actividad y sus acciones se derrumbaron, la deflación de activos está ahora en primer plano. La crisis financiera que se avecina agravada por el sobreendeudamiento que ha producido burbujas financieras producirá una recesión de alcances globales.
Antes de la crisis del 2008 la deuda corporativa no financiera era menor de 200 billones de dólares y alcanzaba el 280% del producto global, a fines del 2019, es de 320 billones de dólares y supera el 320% del producto.
La respuesta de la Reserva Federal de Estados Unidos es una vuelta al pasado
El Presidente de la FED anunció el 3 de marzo que repetiría las recetas del pasado, reducción de tasa y emisión monetaria con los planes de facilidades financieras (QE) que consisten en emisión monetaria y compra de deuda.
Luego anunciaron la reducción de tasas de interés que produjo una veloz devaluación del dólar frente al Euro y el yen japonés sumado a las subas de tarifas con China, revela que el programa de guerra comercial tiene mayor vigencia que nunca. Se inaugura así una nueva ronda de devaluaciones monetarias, una forma de la guerra comercial.

El vuelo a la calidad

El derrumbe bursátil tuvo refugio en los bonos del tesoro, cuyo rendimiento se hundió a mínimos históricos inferiores a la inflación, o sea con rendimiento negativo. Esto lo llaman “vuelo a la calidad”, sinónimo de emisión monetaria. Un callejón sin salida para sus inversores, cuando las autoridades de la FED han anunciado mayores recortes y emisión monetaria. O sea, producir una mayor devaluación del dólar y, por lo tanto, de las inversiones en bonos del tesoro.
Un sector creciente de inversores se ha volcado al oro, que ha recuperado sus precios y acumula una suba en dólares del 10% en lo que va del año. Este está actuando como lo ha hecho en el pasado como el termómetro de la crisis financiera.

La crisis de la deuda

La presente crisis financiera se presenta como una crisis de endeudamiento y de burbujas financieras, como ha sido la que se inició en 2007. Ahora la deuda de los estados y empresas es muy superior a la del 2007, los bancos centrales ya limitados por los bajos niveles de las tasas de interés apelarán a mayor emisión monetaria. Lo que lleva a una guerra de devaluaciones.
La reorganización de la deuda argentina, que tendrá novedades en las próximas semanas es un esfuerzo en conectarnos “al mundo” que tienen las finanzas en una crisis creciente. Cualquier acuerdo es estrechar los vínculos con los centros financieros que irradian una crisis hacia todo el planeta. Es una apuesta sin futuro y que producirá nuevas y mayores crisis de deuda e inestabilidad política.
En esta oportunidad hay una diferencia con la crisis del 2007-2008, la intervención de las masas desde el Líbano a Chile, pasando por Francia; Irán; Irak y un sinfín de países. La crisis financiera será un nuevo incentivo para defensa de los derechos de los explotados de todo el mundo y de nuevos levantamientos.

Sergio Rivero
09/03/2020

Coronavirus: el capitalismo produce la pandemia




La Organización Mundial de la Salud reconoció el crecimiento de casos en el mundo.

El día de hoy la Organización Mundial de la Salud reconoció que por su extensión, el coronavirus ya debe ser considerado una pandemia. En las últimas dos semanas los afectados fuera de China se multiplicaron por 13 y se triplicaron los países afectados.
Mientras en China el coronavirus retrocede abiertamente, en Estados Unidos está en pleno desarrollo (y según algunos datos extraoficiales los casos autóctonos están superando a los importados). En una semana se pasó 149 a 972 los casos comprobados y se duplicó el número de muertos. La epidemia puso de relieve que el sistema de salud yanqui, profundamente privatizado con un sector público raquítico, no es apto para afrontar la enfermedad. A esto se suma que las medidas dispuestas por el gobierno no son de fácil cumplimiento. Las licencias laborales para quienes son posibles propagadores (tomadas por 11 Estados y 25 ciudades) no se cumplen porque “el 30% de los trabajadores no tiene ese derecho” (El Cronista, 9/3), y la extendida flexibilidad laboral hace que los trabajadores teman perder su puestos de trabajo. Ya sucedió en 2012 con la llamada gripe porcina.
En Italia los casos superan los 10 mil y la tasa de mortalidad es de las más elevadas. El gobierno va improvisando medidas sin éxito. El virus encontró el terreno allanado con un sistema de salud al cual en los últimos diez años le sustrajeron 37 mil millones de euros. “En el mismo lapso se han perdido 42.000 operadores de todos los niveles y le nivel de camas bajó de 3,9 al 3,2” (Clarín, 11/10). Al no aplicar el aislamiento de los lugares donde apareció la enfermedad ha llevado al gobierno a declarar a toda Italia en cuarentena, creando un estado policial para imponerlo con una suerte de toque de queda incluido.
Francia mira a su vecina Italia aterrorizada. Si bien Francia cuenta con un servicio público hospitalario Macron lo está deshaciendo, le niega presupuesto, los salarios son miserables, la calidad del servicio disminuye cualitativamente, los pacientes menos protegidos optan por quedarse en su casa, faltan materiales como los barbijos y tampoco circula la información. El gobierno se dedica a dar “consejos”, de cómo lavarse las manos por ejemplo, pero es un gobierno que carece de credibilidad.
Entre Italia, España, Francia, Alemania y Estados Unidos suman más de 18 mil casos. La expansión de la enfermedad de China al “mundo occidental” no fue inmediata, pasaron semanas. Trump mismo fue acusado de no actuar rápidamente e improvisar medidas. Lo cierto es que la propagación en alza en los países capitalistas más desarrollados está favorecida por varias razones: una es la reducción de gastos del Estado en la salud pública, que se expresa en la falta de establecimientos, de personal, de los llamados kits. La salud en general está encarecida porque es parte de un negocio capitalista favorecido, adrede, por un retiro de la oferta estatal. La otra cuestión es la imposibilidad de tomar medidas de aislamiento de los brotes (como las que se tomaron por ejemplo en la ciudad de Wuhan, en China central, donde apareció el primer caso), esto por los costos que los gobiernos no están dispuestos a afrontar y los sectores privados quieren trasladar a las arcas públicas en momentos de fuertes ajustes. Un aspecto central son las relaciones laborales, la informalidad laboral, los regímenes superprecarizados, “el mundo uber”, el trabajo cuentapropista o en negro, imposibilitan un acción centralizada del Estado y favorecen la propagación de la enfermedad.

¿Y por casa?

En Argentina todos estos elementos que favorecen el desarrollo de la epidemia están más que presentes. El gobierno nacional dispuso una suma de 1.700 millones de pesos adicionales para hacer frente la situación, pero esto es nada. La descentralización del sistema de salud, fundamentalmente, y de educación dejan en los presupuestos provinciales en quiebra la atención elemental de la población. Además los hospitales están desabastecidos como denunció la asamblea de trabajadores del Argerich, y son los propios trabajadores los que entran en zona de riesgo, poniendo en peligro la atención en los nosocomios.

Las universidades no están preparadas para el coronavirus

Las licencias que el gobierno plantea para aislar a quienes hayan estado en contacto con países o personas plausibles de contagio dejan afuera a los trabajadores que están en negro (44% de la población activa), o precarizados.
Mientras el gobierno recomienda lavarse las manos, las escuelas, universidades y centros públicos no disponen de jabón y a veces ni siquiera de agua y el alcohol en gel no está garantizado (ni siquiera pagándolo). Se exhorta a los mayores de 65 años a un “autoaislamiento social” cuando muchos de ellos siguen trabajando por las miserables jubilaciones.
Es necesario que los trabajadores tomen el control de la situación para imponer las medidas necesarias: obligatoriedad de licencias por parte de todas las patronales, el Estado debe garantizarle la situación laboral a los trabajadores en negro o precarizados; aumento de los presupuestos en salud, la Nación debe asistir a las provincias; comisiones de control de los trabajadores en los centros de salud para resolver las medidas necesarios y reclamar los fondos correspondientes.

Eduardo Salas

martes, 10 de marzo de 2020

El sistema capitalista se dirige a una debacle




El coronavirus se ha convertido en el catalizador de un colapso en los mercados bursátiles, con caídas drásticas en todas partes en este "lunes negro". La epidemia reciente es un accidente histórico que ha expuesto la profunda enfermedad del sistema capitalista, que en cualquier momento corre el riesgo de caer en una recesión aún más profunda que en 2008.
"La gente está asustada", dijo Andrew Sullivan, director de la correduría de Hong Kong Pearl Bridge Partners, mientras el sistema capitalista se enfrenta a una crisis económica.
Este es el Lunes Negro de nuevo. Los mercados bursátiles de todo el mundo, desde Londres hasta Tokio, están en caída libre. Todo apunta a una repetición de 2008 pero a un nivel superior. En otras palabras, estamos al borde de una profunda depresión mundial.
"Sus problemas económicos se extenderán como el virus", afirma Ray Dalio, el capitalista multimillonario, en un comentario perspicaz.
Las acciones europeas se desplomaron después de abrir hoy [9 de marzo], con el FTSE 100 de Londres cayendo un 7,7 por ciento y en camino a su peor día desde la crisis económica de 2008-09. El S&P 500 de Wall Street se desplomó un siete por ciento, lo que provocó una parada en la actividad de 15 minutos y lo dejó en el camino a la mayor caída desde la crisis financiera de 2008. El Dax de Alemania y el Cac 40 de Francia cayeron más del seis por ciento como el índice Stoxx Europe 600, que rastrea las compañías más grandes de la región, con una caída de casi un ocho por ciento. El petróleo crudo estaba en camino a su mayor caída en un solo día desde la Guerra del Golfo de 1991.
El crecimiento en China está colapsando, cayendo del 6 por ciento al 2 por ciento y probablemente en territorio negativo, la primera vez desde 1976. Las exportaciones se han derrumbado y las importaciones han bajado. En febrero, la industria manufacturera registró su mayor descenso registrado. Cifras recientes del Financial Times sitúan la utilización de la capacidad económica en un 20 por ciento. En el pasado, China era la fuerza motriz del capitalismo mundial. Ahora esto se ha revertido, con consecuencias calamitosas. Europa se dirige a la recesión, al igual que Japón. Las "economías emergentes" se enfrentan a una contracción masiva.
La OCDE ya advirtió que el crecimiento mundial podría caer al 1,5 por ciento, pero incluso esto parece optimista.
"Lo peor para la economía aún está por venir en los próximos meses", dijo Joachim Fels, asesor económico global del administrador de activos de Estados Unidos, Pimco. Agregó que una recesión en los Estados Unidos y la eurozona en el primer semestre del año era ahora "una posibilidad perceptible" y que en Japón era ya "muy probable".
El señor Fels está claramente desfasado. La depresión se desarrolla frente a nuestros propios ojos. Todas las compañías zombis mantenidas vivas por las tasas de interés extremadamente bajas están a punto de caer.
Más preciso es el comentario del analista de Gavekal Research, Tom Holland. “Si alguna vez te preguntaste qué pasaría si alguien lanzara una granada de mano en un baño de sangre, ahora ya lo sabes. No es bonito", dijo.

Enfermedad en el sistema

La epidemia de coronavirus no es la causa de la crisis, pero es un desencadenante que ha detonado una reacción económica en cadena. Esto se intensificará a medida que más y más sectores se vean atrapados por la crisis. Será como la fusión nuclear de Chernobyl, donde, una vez que comenzó el proceso, éste fue imparable.
El virus actúa como un desencadenante de la misma manera que la crisis petrolera de 1973 precipitó la depresión mundial de 1974, o el estallido de la burbuja punto-com desencadenó la recesión de 2000-2001, o el colapso de las hipotecas de alto riesgo (subprime) desencadenó la depresión de 2008-9. Incluso la caída de 1929-33 fue precipitada por el desplome de Wall Street, producto de especulaciones previas. Cada elemento accidental, a su manera, actuó como el catalizador de una profunda crisis económica, que ya se estaba gestando. Cualquier cosa podría haberlo provocado, cualquier accidente podría haber jugado este papel.
Todas las medidas que tomaron los bancos centrales para prolongar la llamada "recuperación", la recuperación más larga registrada, se convertirán en su opuesto. Básicamente, han usado todas sus municiones para contener la próxima depresión. Pero cuando finalmente llegue la depresión, será mucho peor que en el pasado. Esto es lo que está sucediendo ahora.
El nivel de la deuda pública en todo el mundo se ha disparado desde la caída de 2008, alcanzando niveles nunca antes vistos durante el tiempo de paz. Un análisis del Deutsche Bank revela que las principales economías del mundo tienen niveles astronómicos de deuda, el más alto de los últimos 150 años, lo que se ha vuelto insostenible.
Según el Financial Times, las estimaciones sugieren que los niveles de deuda mundial ahora superan los $ 250 billones, lo que equivale a un enorme 320 por ciento del producto interno bruto mundial, la mitad de los cuales se encuentran en Japón, China y los Estados Unidos. Esto es un castillo de naipes listo para colapsar. Ahora se enfrentan a la posibilidad de tener que llevar a cabo rescates masivos, que no podrían haber llegado en peor momento.
“Debido a sus acciones agresivas durante la última década, los bancos centrales se han visto atrapados efectivamente en intervenir continuamente en los mercados de bonos del gobierno. Posiblemente están más allá de del punto de no retorno", dijo Jim Reid del Deutsche.
Con tasas de interés cercanas a cero, algunos bancos se encuentran en serias dificultades en este momento, ya que los márgenes de ganancia están comprimidos. La Fed acaba de reducir su tasa y es probable que otros la sigan, pero esto no hará ninguna diferencia para la economía en general y debilitará aún más a algunos bancos. Pero no tienen alternativa. Mientras JP Morgan está ganando mucho dinero, otros, como el Bank of America, con su base de depósitos baratos, han perdido $ 80 mil millones en capitalización de mercado en solo unas pocas semanas. Silicon Valley Bank ha perdido más de un tercio de su valor. Hay 5.200 bancos, pequeños y medianos, en los Estados Unidos que están a punto de ser golpeados gravemente, y pronto serán devorados por los grandes bancos.
La expansión de la globalización, que benefició al capitalismo al intensificar el comercio mundial, ahora está siendo revertida. Las extensas cadenas de suministro, las líneas de producción Just in Time ("en el momento"), se enfrentan a interrupciones masivas. Todos los factores que promovieron el auge se están convirtiendo dialécticamente en su opuesto.
Según Resilinc, un grupo con sede en California que rastrea millones de piezas para mapear la cadena de suministro, descubrió que unos 1.800 componentes fabricados fueron hechos en las áreas en cuarentena de China.
"Lo más aterrador que vemos es que el mayor número de piezas [fabricadas en Hubei y sus alrededores] son tapas y resistencias, pequeñas cosas que a nadie le importan, además de componentes térmicos, plásticos y resinas y láminas de metal", dijo Bindiya Vakil, directora ejecutiva de Resilinc.
Esto es el equivalente moderno a poner un palo en la rueda. O al aleteo de alas de una mariposa que crea un huracán en el otro extremo del mundo.
Advirtió que "ninguna cadena de suministro quedará ilesa" y continuó prediciendo que el 70 por ciento de las compañías manufactureras mundiales podrían quedar aisladas de los suministros de piezas secundarias. Ford estuvo en esta situación en 2011 y se vio obligada, junto con otras, a cerrar fábricas.
Como dijo Peter Hasenkamp, quien estuvo involucrado en el plan de la cadena de suministro para el Modelo S de Tesla: "Se necesitan 2.500 piezas para construir un automóvil, pero solo una para no hacerlo".

Cataclismo

Con esta crisis económica, agravada por el coronavirus, que amenaza con convertirse en una pandemia, los bancos centrales y los gobiernos parecen indefensos.
Ray Dalio, el multimillonario y copresidente de Bridgewater Associates, emitió una advertencia contundente, pero realista. "Mirando hacia atrás a los períodos de la historia en que se produjo esta configuración de circunstancias", dice ominosamente, "la última vez fue en la década de 1930".
"Cualquiera que tenga conocimiento y sea franco le dirá que el impacto económico negativo del brote de coronavirus probablemente será grande, que la política monetaria será de poca utilidad para contrarrestarla, y que la coordinación entre los líderes políticos y los banqueros centrales es esencial. e improbable ", escribió.
"Si bien la aparición del coronavirus y el shock económico que resultará de él, es una sorpresa, varias cosas han sido obvias desde hace algún tiempo... ha quedado claro que algún día la desaceleración económica vendría de un desencadenante u otro". (Financial Times, 9/3/20)
Lo que dice es absolutamente correcto. Esta crisis va a ser grande. En la misma escala que la década de 1930. Pero las políticas que los burgueses usualmente emplearían para enfrentarla ahora son en gran medida inútiles. La situación mundial nunca ha sido tan precaria. Además, el coronavirus es un "accidente", que solo debe considerarse como un "desencadenante", ya que la crisis económica era inevitable en un cierto punto.
Él continúa: “Ahora imagine sumar las crisis gemelas de salud y económicas generadas por el brote y hacia dónde eso conducirá. Imagínese que muchas empresas sufren pérdidas de ingresos debilitantes, algunas demasiado endeudadas debido al dinero que ha estado persistentemente barato y a otros incentivos para pedir prestado, lo que las obligará a reducir los pagos a sus empleados y a pagar sus deudas”.
En otras palabras, las empresas reducirán los salarios y no pagarán sus deudas. Habrá quiebras generalizadas, que tendrán un efecto adicional. Están aterrorizados de que, con las empresas que no cumplan con sus deudas, los mercados de deuda corporativa, donde los niveles de "apalancamiento" y el endeudamiento general han aumentado, podrían fácilmente paralizarse. "Las tensiones financieras que empeoran la recesión son un riesgo importante", dijo Adam Slater, economista principal de Oxford Economics.
Si bien la Fed redujo los intereses en una pequeña cantidad y es probable que los reduzca aún más hasta cero, el Banco Central Europeo (BCE) está tratando de ponerse al día. Después de decir hace unas semanas que las perspectivas de la economía europea parecían prometedoras, ahora se enfrentan a una recesión, con un tercio de la población de Italia ya bloqueada. Las economías de Francia e Italia se contrajeron en el último trimestre del año pasado, mientras que Alemania se estancó. Para la economía de la eurozona, que con un 1,2 por ciento en 2019 ya se había desacelerado a su tasa de crecimiento más baja durante siete años, la crisis difícilmente podría ser menos oportuna.
"La pregunta de los mil millones de dólares es: ¿cuánto durará?" dijo Jörg Asmussen, ex economista jefe del BCE. “¿Es temporal? ¿Cuántos meses antes de que comience una recuperación en forma de V?”
La esperanza brota eterna en el seno humano. Después de unos meses, piensan que todo volverá a la normalidad. Dada la magnitud de la crisis, y esto es solo el comienzo, muchos consideran nueve meses o un año. Pero estamos en aguas desconocidas.
Christine Lagarde, directora del BCE, está atrapada entre la espada y la pared. A diferencia de la Reserva Federal, el BCE ha mantenido las tasas de interés a cero y ahora se han quedado sin opciones. En realidad, redujo las tasas en septiembre a un mínimo histórico de -0,5 por ciento. ¡Esto equivale efectivamente a pagar al banco para que se quede con tu dinero!
Lagarde misma dijo recientemente que esto ha "reducido significativamente el alcance" para reducir aún más las tasas. ¡No me digas! Y estas personas son los principales estrategas del capital. No es de extrañar que haya habido desacuerdos abiertos en el BCE sobre la política a seguir. Cuando estás al borde de un volcán en erupción, es difícil pensar con claridad.
Los mercados financieros creen que el BCE se verá obligado a actuar. Han tenido en cuenta un nuevo recorte miserable de tasas al -0,6 por ciento. Pero esto no los llevará a ninguna parte. Esta política desesperada es como tomar esteroides, que pueden ser altamente efectivos en pequeñas dosis pero no a largo plazo, ya que debilitan el sistema. En pocas palabras, las drogas no funcionan.
Están hablando de centrarse en los préstamos a las empresas, pero esto es como enfrentarse a una plaga de langostas con un matamoscas. Demuestra cuán impotentes son frente a esta crisis del capitalismo.
Esto parece una repetición de la caída de 2008, pero posiblemente más profunda. En aquel entonces, lograron rescatar al sistema capitalista y evitar una nueva depresión. Eso también fue gracias a los colosales recursos inyectados en la economía china, que mantuvieron a flote la economía mundial.

No hay salida

Hoy, las tensiones comerciales ya han aumentado y una guerra comercial incipiente está ocurriendo entre China y los Estados Unidos, a pesar de un frágil acuerdo; y entre los Estados Unidos y Europa. Con el colapso de la economía mundial y el comercio mundial, las potencias capitalistas buscarán escapar de sus problemas imponiéndolos a otros. Esto puede llevar a la adopción de una política de empobrecer a tu vecino, así como a devaluaciones competitivas. Esto es lo que sucedió en 1930, y la adopción en los Estados Unidos de la Ley de Aranceles Smoot-Hawley y la apertura de una guerra comercial. Esto fue desastroso y terminó con la depresión mundial de la década de 1930.
Esto puede suceder fácilmente ahora con Trump en la Casa Blanca, que adoptó una política de "América primero". Sus instintos se alinean con el proteccionismo, que puede convertir fácilmente una recesión en una depresión. Una vez que comience, será extremadamente difícil detenerla. Será una reacción en cadena, donde otros países también adoptarán el proteccionismo para salvaguardar sus intereses.
Ya estamos presenciando una guerra comercial (de precios) entre Arabia Saudita y Rusia, y Rusia y los Estados Unidos por el petróleo, donde el precio del crudo ha caído de $ 65 por barril a $ 30 por barril hoy. Ha sido la mayor caída de precios desde la Guerra del Golfo en 1991, pero puede caer mucho más, posiblemente a $ 20. Estamos en una trayectoria descendente mucho más aguda.
Existe un debate entre los economistas burgueses sobre qué tipo de crisis tenemos, una crisis de oferta, una crisis de demanda, simplemente un shock financiero, ¿o alguna combinación de los tres?
Son incapaces de entender que esta es una crisis clásica del capitalismo. Han sido educados y criados en el entendimiento de que el capitalismo nunca puede estar sujeto a crisis profundas. No han aprendido nada de la depresión de 2008: la crisis más profunda a que se enfrentó el capitalismo en su historia.
Martin Wolf, economista jefe de Financial Times a mediados de 2009, resumió su dilema:
“Hoy, están lidiando con la recesión más profunda desde la década de 1930, un sistema bancario asistido vitalmente por el gobierno y el peligro de deflación. ¿Cómo pueden haber ido las cosas tan mal?
Continuó: “La mayoría de nosotros, yo entre ellos, pensábamos que finalmente habíamos encontrado el Santo Grial. Ahora sabemos que fue un espejismo". (FT, 5/6/09).

Crisis inevitable

Fue Karl Marx quien descubrió las leyes contradictorias de la economía capitalista, que es un anatema para los economistas burgueses. Están influidos por el economista francés, Jean Baptist Say, quien defendió la idea del equilibrio económico bajo el capitalismo. Pero no existe tal equilibrio.
Los economistas de hoy, como David Ricardo antes que ellos, "no pueden admitir que el modo de producción burgués contiene en sí mismo una barrera para el libre desarrollo de las fuerzas productivas, una barrera que sale a la superficie en las crisis y, en particular, en la sobreproducción" –el fenómeno básico de las crisis", como lo expresó Marx. ("Teorías de la plusvalía, parte 2", pág. 527-528)
El desarrollo del capitalismo contiene dentro de sí las semillas de una recesión. Pueden mantener el sistema capitalista funcionando a través del crédito y otros medios artificiales, pero tarde o temprano alcanza sus límites. "La banca y el crédito se convirtieron en el medio más potente para llevar la producción capitalista más allá de sus propios límites", explicó Marx. Sin embargo, agregó contundentemente, "y en uno de los vehículos más efectivos de la crisis y la estafa". (El Capital, vol.3, p. 593)
Nuevamente, explica: “En un sistema de producción donde toda la interconexión del proceso de reproducción se basa en el crédito, evidentemente debe estallar una crisis si el crédito se retira repentinamente y solo se acepta el pago en efectivo. A primera vista, por lo tanto, toda la crisis se presenta simplemente como una crisis crediticia y monetaria". (El Capital, vol.3, p. 621)
Las fuerzas productivas bajo el capitalismo han sobrepasado el mercado. Hay una enorme reserva de automóviles, acero, aluminio y otros productos básicos, y hay incluso más fábricas que están inactivas o que funcionan lentamente porque los libros de pedidos están vacíos. Los economistas burgueses llaman a esto "exceso de capacidad". Pero es un reflejo de la sobreproducción y el hecho de que el sistema ha alcanzado sus límites. Es por eso que solo pueden usar el 80 por ciento de la capacidad en un auge y solo el 70 por ciento en una recesión. En noviembre de 2019, la utilización de la capacidad en las manufacturas de EE. UU. fue del 75,1 por ciento. En China, la utilización industrial fue del 76,1 por ciento para el tercer trimestre de 2019, lo que refleja un exceso de capacidad generalizado incluso en una "recuperación".
Esto es un reflejo de una crisis orgánica del sistema capitalista. La propiedad privada y el estado nación se han convertido en cadenas absolutas para el desarrollo de la sociedad. La crisis en el capitalismo emerge cuando el sistema alcanza sus límites. Según Marx, la barrera para el desarrollo del capital es el capital mismo. La clase trabajadora no puede comprar todo lo que ella produce. Si bien los capitalistas pueden superar esta contradicción volcando esta plusvalía en la inversión de capital, ello aumenta la capacidad productiva y conduce a una mayor producción. El mercado no puede absorber todo esto indefinidamente, y en un cierto punto hay una crisis de sobreproducción.
La base de la crisis capitalista se establece en el período anterior. Sin embargo, para que ocurra se requiere un "accidente" que empuje al sistema al límite. Esto es lo que ha sucedido ahora. Todos los factores que promovieron el auge, ahora se unen para impulsar la recesión, incluso una depresión. Dado el material combustible que existe en todo el mundo, esta depresión puede ser devastadora.
Tal escenario destrozará gobiernos en todas partes. Intentarán hacer que la clase trabajadora pague la crisis, como en 2008-20, con una época de austeridad. Sin embargo, la clase trabajadora luchará. Más que nunca, la cuestión del derrocamiento del capitalismo entrará en la mente de las masas. Los movimientos revolucionarios estarán a la orden del día.

Rob Sewell

lunes, 9 de marzo de 2020

Claves para entender la caída del petróleo que arrastra a los mercados financieros




El precio del barril de crudo cayó 30 % en una jornada, el mayor desplome desde 1991 en la Guerra del Golfo. Este desplome se convirtió en el nuevo disparador de la caída de las bolsas, que comenzó la semana pasada ante la comprobación de que el impacto económico del coronavirus podría empujar a una reducción a la mitad del crecimiento mundial, y eso si de da un un escenario “optimista” de que se contiene la expansión del mismo a mediados de año. Sino la caída podría ser mucho mayor.
¿A qué se debe la caída del precio del barril de crudo? Acá, las principales claves.

Freno de la demanda de China

La economía de China cayó 12 % o más en febrero, en comparación con el mismo mes de 2019. En el mejor de los casos, considerando que el gobierno chino puso fin a las restricciones establecidas en enero para cortar el contagio y además está tomando medidas de estímulo, el primer trimestre del año terminara con una caída que le resta un punto o más al crecimiento de este año. Están quienes anuncian que el PBI de China podría crecer nada más que 2,5 % este año. Es menos de la mitad que en 2019, y un cuarto de lo que crecía hasta hace algunos años. Para los países petroleros, este frenazo amenaza con saturar rápidamente los mercados.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó hoy una previsión a la baja de la demanda mundial de petróleo para 2020. Este año proyecta una demanda de 99,9 millones de barriles por día (bpd) en 2020, es decir, una contracción de 90.000 bpd, la primera vez que baja la demanda desde 2009. Su anterior previsión era de un crecimiento de 825.000 bpd, lo que da una idea de la magnitud del deterioro.

La “guerra” entre Rusia y Arabia Saudita

Ante este escenario de menor demanda, la semana pasada la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que nuclea a varios de los principales exportadores y es liderada por Arabia Saudita, fracasó en alcanzar un acuerdo con otros países que no son miembros del cartel, encabezados por Rusia, para reducir la producción. Reducir la producción habría contribuido a reducir la presión sobre los precios, evitando la saturación del mercado mundial. Rusia se negó a una nueva reducción colectiva de los 23 países que conforman la OPEP más asociados (la llamada OPEP+) de 1,5 millones de barriles al día, como proponían los sauditas. De acuerdo con medios rusos, la delegación de ese país no estaba convencida en un recorte adicional de la producción y deseaba prolongar el acuerdo vigente desde inicios de 2017, por el que los miembros de la OPEP+ ya se habían comprometido a la retirada del mercado de 1,2 millones de barriles diarios.
Como consecuencia, y tras el fracaso de las negociaciones, Arabia Saudita decidió el domingo el mayor recorte de sus precios del barril en 20 años.

Nafta al fuego para el escenario financiero global

Las caídas bursátiles iniciadas la semana pasada, se profundizaron este lunes acicateadas por la caída del precio del petróleo. Los mercados financieros están atravesando jornadas que no se vivían desde 2008, en el pico de la crisis financiera que marcó el inicio de la Gran Recesión.
La semana pasada la Reserva Federal (Fed) norteamericana, el banco central de ese país, anunció una baja de emergencia de 0,5 puntos porcentuales de la baja de la tasa de interés. Lejos de aplacar a los mercados, la medida fue tomada como una señal de que la entidad que preside Jerome Powell estaba también entrando en pánico.
Como analizábamos hace una semana, en un mundo asediado por la deuda, y en que todos los “fundamentals” hace tiempo vienen dando señales de que estamos a las puertas de una recesión en las principales economías del mundo, los “cisnes negros” como el coronavirus pueden convertirse en disparadores de shocks que aceleren el deterioro económico.
Hoy el FMI llamaba a la coordinación entre los países para responder al pánico financiero. En tiempos de “guerras comerciales”, y de tensiones con los socios históricos del imperialismo norteamericano, y con Donald Trump y su retórica de “America primero”, pensar que el Tesoro de EE. UU. se ponga a la cabeza de una respuesta coordinada para un shock mundial como ocurrió en 2008 con la crisis que tenía a ese país como epicentro, se vuelve mucho menos probable.

Esteban Mercatante
@EMercatante
Lunes 9 de marzo | 13:20

domingo, 8 de marzo de 2020

El gobierno muestra su política conservadora y represiva




Anuncios, nombramientos, primeras medidas y hasta gestos simbólicos muestran la política que llevará adelante Lacalle Pou, un programa típicamente de derecha, conservador y autoritario. La política represiva es uno de los pilares del nuevo gobierno.

Desde el acto de asunción a estos días se suceden distintos hechos que dan cuenta de lo que será la impronta del nuevo gobierno.
Los primeros discursos y anuncios en boca de los distintos representantes del gobierno; desde el nuevo presidente, algunos ministros o referentes de la coalición multicolor, señalan que ya ha quedado atrás la etapa demagógica de promesas con que Lacalle Pou logró ganar la elección para ir hacia esta realidad de hechos concretos que se suceden en esta primera semana.
A la no invitación a los representantes de Cuba y Venezuela a los actos de asunción mostrando el alineamiento que tendrá Lacalle a nivel de política internacional, se suma el desfile de los jinetes o la presencia, por primera vez desde la separación de la iglesia del Estado, de un presidente en una misa en la Catedral, para dar cuenta del matiz tradicionalista y conservador que trasmite el nuevo gobierno.
Los nombramientos de los integrantes de los ministerios y distintas áreas del Estado dejan ver también las tensiones y disputas que atraviesan a la coalición; así sucede con Valentina Rapela en el área de violencia de género del MIDES, y la posición contraria a esta nominación de parte de la directora de Inmujeres, Monica Bottero.
Este caso, como otros que se han conocido en estos días, muestran los acomodos y los nombramientos por favores políticos sin considerar la idoneidad técnica. Mientras Rapela (familiar del general Rapela, Ministro del Interior de la dictadura) dijo que “no sabe qué debe hacer en el cargo para el que fue designada”, el nombramiento de la “cabildante” Pilar Silvestre como directora del MIDES fue revocado cuando amenazaba convertirse en un pequeño escándalo con ribetes grotescos, dadas las denuncias de corrupción que la salpicaban (desde nombrarse economista cuando no lo era, o pagar a un mago para una fiesta familiar con boleta de un ministerio).
Por su parte el nuevo Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Pablo Mieres ha subrayado que para su gestión es una prioridad la reforma de la seguridad social y pretende que tenga tratamiento parlamentario en 2021. Sea cual sea la propuesta final, ya los anuncios anticipan que no será en beneficio de los trabajadores y que aumentaran los años de trabajo necesarios para la jubilación. A la vez en su discurso de asunción señaló que se flexibilizan los “descuelgues” de los Consejos de Salarios para aquellas empresas que tengan dificultades, lo que significará en esos casos una segura rebaja salarial.

Represión para la pobreza y la exclusión social

Quizás sea en el área de seguridad en donde el gobierno en una sola semana ha mostrado más abiertamente su visión autoritaria y represiva.
Seguramente porque el discurso securitario sintoniza con sectores de la población el nuevo ministro Larrañaga se empeñó en el propio acto de asunción en anunciar medidas duras y concretas para el comienzo de su gestión, las que se tradujeron en estos primeros días en algunas acciones desplegadas en distintos puntos del país.
En su discurso Larrañaga hizo énfasis en que su objetivo “es restituir el orden y el respeto” y que una de sus prioridades será darle respaldo a la policía.
El fortalecimiento del aparato represivo será uno de sus ejes, y para esto ya anunció que se contratarán 2500 policías, se pedirá cédula en la calle como forma de control y que se regionalizará el PADO.
En esta semana se realizaron distintos megaoperativos en distintas zonas del país; entre ellas en los departamentos de Canelones y Rocha. En este caso el resultado difundido por los medios fue que centralmente se identificaron 90 personas. El hecho muestra que en realidad se trata de una forma de hostigamiento y estigmatización en casos en que no hay ninguna acción delictiva, sino simplemente por ser pobres o vivir en zonas de exclusión social. Se sabe del trato humillante, autoritario y prepotente de las fuerzas represivas, por lo cual no sería extraño que en cualquier momento algún joven termine detenido por “desacato” o víctima del gatillo fácil.
El video que se hizo viral de un miembro de la Guardia Republicana apuntando a un joven indefenso cuyo único delito es hacer malabares como forma de sobrevivencia, así como la justificación de la acción de parte del Jefe de la policía del Departamento, van en el mismo sentido: mano dura y acciones amenazantes y prepotentes como forma de hacer gala de poder. Esta es la política que persigue Larrañaga, y con él todo el gobierno; persecución y criminalización de la pobreza y en especial de la juventud.
Las acciones que se anuncian para las personas en situación de calle son otra demostración de la visión autoritaria y represiva que muestra el gobierno para afrontar los problemas derivados de la exclusión social.
Las nuevas autoridades harán uso del arsenal legal existente para este fin, votado durante los gobiernos frenteamplistas. La ley Nº 18.787 sobre personas en calle sancionada en el 2011 y la ley de faltas Nº 19120 del 2013 habilitan la internación compulsiva y el castigo con trabajo comunitario para aquellos que se encuentren en calle, y serán utilizadas por el nuevo gobierno para “retirar” a la gente de la vía pública.

Enfrentar el avance represivo y conservador

El gobierno ya está demostrando en los hechos cual es en la práctica su programa de gobierno; represión y autoritarismo para implementar cambios económicos y políticos que reclaman los empresarios y las patronales y en contra de los intereses populares.
¿Que dirán ahora los dirigentes del PIT-CNT que se sacaban fotos con Lacalle y halagaban su inteligencia y su capacidad de negociación?
La movilización y organización popular son las únicas herramientas que pueden parar a la derecha; para ello es imprescindible un plan de lucha discutido democráticamente en las bases trabajadoras y de las organizaciones sociales que esté a la altura del ataque que se está comenzando a implementar.
15 años en el gobierno demostraron que el Frente Amplio no es una alternativa a los partidos tradicionales; es necesario entonces comenzar a fortalecer un espacio de la izquierda anticapitalista que se proponga enfrentar seriamente al gobierno de la coalición, en el camino de construir una fuerza política desde la clase trabajadora y los movimientos sociales que se proponga terminar con el capitalismo.

Hernán Yanes
Sábado 7 de marzo | 14:59

Brasil: etnocidio y complicidad internacional




El gobierno del fascistoide Bolsonaro fue denunciado el pasado 3 de marzo ante la ONU por riesgo de genocidio de los pueblos indígenas aislados y por el desmantelamiento de su estructura estatal para combatir la deforestación. Ya el 2 de marzo de 2019 el obispo auxiliar Monseñor Vicente de Paula Ferreira denunciaba al gobierno por las practicas mineras que se realizan en Brasil a dos meses de la ruptura en la represa de Brumadinho que se cobró 250 muertos y al día de hoy, 20 desaparecidos. En su momento el obispo señaló que las licencias se otorgan de forma ilegal y sin ningún tipo de consulta a las comunidades que se verán afectadas por el negociado. Ese mismo mes de 2019 y ante la ONU Bolsonaro fue denunciado por querer conmemorar a los golpistas de 1964. Toda una colección (de denuncias).
Brasil tiene la mayor cantidad de pueblos aislados en el mundo, con 115 registros, 28 confirmados y los restantes en investigación. En estas poblaciones en especial se intensifico la tala y deforestación, cabe destacar que son estas tribus las más sensibles a enfermedades y a la pérdida del bosque. En todos los casos de comunidades indígenas, la deforestación supera la media y en el caso de las poblaciones aisladas la deforestación creció un 113%. Un estudio señala que seis tierras indígenas que tienen 10 registros de pueblos aislados representan el 90 por ciento de la deforestación registrada en la Amazonia brasileña.

La incapacidad de la ONU

Las denuncias ante la ONU caen en saco roto; ya que todos los estados que intervienen en ella son súbditos y directores de las principales empresas que gestionan la destrucción del ambiente. Es así que, incluso luego del incendio que se extendió por todo el suroeste de Brasil-Bolivia y parte de Paraguay, nada han podido hacer para detener la deforestación y la megaminería. El mismo FMI, propone a los países endeudados el desarrollo de la megaminería, el fracking y la expansión de la frontera sojera. En Argentina, en lo que va del año, se contabilizan ocho niños muertos por desnutrición. En Salta junto a otros tantos están en tratamiento intensivo. La llamada cuestión ambiental está inserta en la lucha de clases.

Sergio Gómez de Saravia
07/03/2020

sábado, 7 de marzo de 2020

El acuerdo de paz con los talibanes y el retroceso norteamericano




Tras casi dos años de negociaciones, Estados Unidos y los talibanes suscribieron un acuerdo por el que los norteamericanos se comprometen a una retirada de la totalidad de sus tropas en Afganistán en un plazo de 14 meses y los segundos a iniciar negociaciones con el gobierno local (de aquí al 10 de marzo) y dejar de albergar a Al Qaeda en su territorio. Como parte de los acuerdos, que se desarrollaron en Doha (Qatar), se anudó un compromiso para la liberación de 5 mil prisioneros talibanes y mil presos en poder de estos últimos. Ambos bandos concordaron, asimismo, un cese de hostilidades.
La extrema precariedad del acuerdo se revela en el inmediato cortocirtuito que surgió entre los talibanes y el gobierno afgano, comandado por Ashraf Ghani. Este rechazó que la liberación de los presos talibanes fuera una precondición necesaria de las negociaciones que deben iniciarse en estos días. Los segundos insistieron en esa liberación y pusieron fin a una tregua con las fuerzas locales, reemprendiendo sus ataques contra el gobierno. En tanto, la aviación yanqui bombardeó posiciones talibanes en apoyo a las fuerzas afganas. Así las cosas, no está claro si el 10 de marzo se podrán iniciar las conversaciones entre las partes. El secretario de Defensa norteamericano, Mark Esper, anticipó en tanto que “no dudaremos en anular el acuerdo” en caso de un incumplimiento por parte de los talibanes.
Trump ha tomado la decisión de acelerar la negociación urgido por la campaña electoral norteamericana. Por el alcance de la derrota que supone el retiro de tropas, algunos lo califican como un nuevo Vietnam para los EE.UU.

Fracaso del imperialismo

Con independencia del destino del acuerdo yanqui-talibán y de las negociaciones inter-afganas, es claro que los norteamericanos se han visto empujados a la mesa de negociaciones como resultado del fracaso de la invasión militar iniciada en 2001. Si bien los talibanes fueron desalojados del poder, al día de hoy controlan al menos la mitad del territorio. La eventual retirada de las tropas norteamericanas plantea, para el gobierno afgano, el temor de un avance militar aún mayor de los talibanes e incluso de una recuperación del poder por parte de éstos.
La invasión de Afganistán fue el primer capítulo de la “guerra contra el terrorismo” lanzada por George W. Bush, después de los atentados contra las Torres Gemelas. La cacería de Osama bin Laden fue el pretexto para apoderarse militarmente de una región estratégica del Asia Central (puente entre China y el Medio Oriente) y para un recorte de las libertades democráticas en los propios Estados Unidos.
La aviación yanqui comenzó los bombardeos en Afganistán en octubre de 2001. Se complementó con el avance de las tropas de la Alianza del Norte, una confederación de líderes tribales que guerreaba contra los talibanes desde que estos tomaron el poder en 1996. En noviembre, los talibanes perdieron la ciudad clave de Mazar-e-Sarif, que le brindó a su vez a los norteamericanos una base de operaciones aéreas en el país (hasta entonces, los ataques eran encarados desde la vecina Uzbekistán o desde portaaviones en el mar Arábigo). Pocos días más tarde, los talibanes debieron abandonar la capital, Kabul. Para diciembre ya habían caído también Kunduz y Kandahar. Las diezmadas fuerzas de los talibanes y Al Qaeda se replegaron en las montañas o cruzaron hacia Pakistán, y lanzaron una guerra de guerrillas.
El imperialismo impulsó una Autoridad Interina Afgana que daría lugar a un gobierno títere encabezado por Hamid Karzai. Se formó, a su vez, una fuerza internacional con tropas norteamericanas, del Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Alemania, y otros países de la Unión Europea, así como algunos de Asia. En 2006, la Otan tomó el mando de esta fuerza internacional, que llegó a tener más de 130 mil soldados desplegados, en su inmensa mayoría norteamericanos.
Pese a este monumental despliegue militar, los talibanes lograron recomponerse y la Autoridad Interina Afgana nunca logró un control efectivo del país, restringiendo su influencia a Kabul y algunas otras regiones. El imperialismo se empantanó y el año 2009 marcó un salto en la actividad insurgente. En ese contexto, Obama ordenó un despliegue adicional de decenas de miles de soldados. Para 2010, en la Conferencia Internacional sobre Afganistán, en Londres, aparecen las primeras voces que hablan de un retiro de tropas y un comienzo de negociaciones con los talibanes. Pero hubo muchas idas y vueltas en el medio. A partir de 2013, se empiezan a transferir atribuciones de seguridad a las fuerzas locales, y a fines de 2014 Obama pone fin formalmente a la misión de la Otan en el país, no obstante lo cual las tropas permanecieron en el lugar.
La presencia del imperialismo no trajo ningún beneficio a Afganistán. Un 40% de la población padece hambre. Un tercio de la población debe viajar hasta dos horas para acceder a un centro de salud. Millones de personas fueron emigrando conforme se profundizó la guerra: mayormente a Irán y Pakistán, pero en un 10% de los casos a Europa, constituyendo parte de los contingentes que rechazan las potencias por medio de políticas xenófobas.
Probablemente lo único que creció con la invasión fue la producción de opio y heroína, que ya constituye un tercio del PBI local. Si al comienzo de la guerra abarcaba 74 mil hectáreas, se cuadruplicó hasta llegar a las actuales 330 mil (BBC, 19/5/19). Es una fuente de negocios para los talibanes y líderes tribales que se desarrolla bajo la anuencia de lo que queda de Estado. Si bien el mercado norteamericano no se abastece de la heroína afgana, sino de la mexicana y sudamericana, el monitoreo de las plantaciones es un asunto de interés para un país conmovido por la adicción a los opioides.

Un régimen títere

La reforma constitucional de 2004 alumbró un régimen farsesco, con elecciones fraudulentas en las que raramente participa más de un tercio del padrón electoral. Ghani acaba de lograr de este modo su reelección, en unos comicios impugnados por su rival, Abdullah Abdullah. En 2014, la crisis desatada por un escenario similar llevó a una mediación del imperialismo que repartió el poder entre ambas figuras.
La Constitución de 2004 buscó un equilibrio entre los numerosos grupos étnicos del país (por ejemplo, declaró idioma oficial al pastún –lengua del 42% de la población- pero autorizó idiomas de las minorías, como el uzbeko, en las zonas donde estos son mayoría) e instituyó la igualdad formal de derechos entre hombres y mujeres. El imperialismo, por ello, ha hecho campaña en estos años sobre un supuesto avance de los derechos de las mujeres, sometidas por el ultraoscurantista régimen de los talibanes a la burka, al no acceso a la educación, a no salir de sus casas sin un acompañante, etc. Pero oculta deliberadamente sus acuerdos políticos con otras fracciones islamistas tan oscurantistas como los talibanes, por no hablar de su alianza con Arabia Saudita. El imperialismo, que ha llevado a cabo la devastación del país, es un enemigo de las mujeres afganas y un vulnerador de sus derechos.
La derrota de Estados Unidos se enmarca en un retroceso general del imperialismo yanqui, que también ha perdido posiciones en Medio Oriente. Trump está usando la cuestión de la retirada en función de la campaña electoral, prometiendo “traer de regreso nuestra gente a casa” (el conflicto ha dejado más de 2 mil soldados norteamericanos muertos). Entre republicanos y demócratas no ha habido matices en el guerrerismo, basta recordar el envío masivo de tropas por parte de Obama.
Los horrores de la guerra en Afganistán, con entre 30 y 60 mil civiles muertos, así como las torturas en la base de Bagram, muestra que el imperialismo es sinónimo de barbarie. Las masas trabajadoras deben ser su sepulturero.

Gustavo Montenegro

viernes, 6 de marzo de 2020

“Los pueblos indígenas son los grandes perdedores del modelo sojero”




“La diversidad de los cultivos en los campos de los agricultores ha disminuido y las amenazas están aumentando”, concluye la FAO; y subraya que, de las 6.000 especies de plantas cultivadas para la obtención de alimentos, no alcanzan a 200 las que contribuyen –de manera importante- a la producción alimentaria mundial; asimismo el 24% de las cerca de 4.000 especies silvestres alimentarias (plantas, peces y mamíferos) se están reduciendo, según el documento El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo (2019).
El organismo de Naciones Unidas también informa de que 820 millones de personas sufren hambre y malnutrición en el planeta, mientras que 2.000 millones padecen inseguridad alimentaria (cerca del 14% de los alimentos se pierden después de la cosecha hasta que llegan al comercio minorista). “El problema del hambre no tiene que ver con la producción, sino con la distribución y el acceso a los alimentos”, apunta la periodista Nazaret Castro, autora de La dictadura de los supermercados (Akal, 2017).
Otro punto significativo es la acción de los mercados sobre las denominadas commodities: “Mediante sus actividades de trading los bancos son los principales especuladores en los mercados de contratación directa y a término de materias primas y productos agrícolas”, escribió el investigador Eric Toussaint (CADTM, 2014). También el relator de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación en 2010, Olivier de Schutter, atribuyó en buena medida el incremento y la volatilidad de los precios de los alimentos durante la crisis mundial de 2007-2008 a “la aparición de una burbuja especulativa”; en concreto, a “la entrada de grandes y poderosos fondos de cobertura, fondos de pensiones y bancos de inversiones en el mercado de derivados financieros basados en productos alimentarios”.
A algunos de estos aspectos se hizo referencia durante la presentación, en la tienda de Oxfam Intermón en Valencia, de Los monocultivos que conquistaron el mundo. Impactos socioambientales de la caña de azúcar, la soja y la palma aceitera (Akal, 2019); en el acto participó la periodista Laura Villadiego, coautora del libro junto a las también periodistas Nazaret Castro y Aurora Moreno; el ensayo es resultado de una investigación de siete años.
Las tres investigadoras forman parte de Carro de combate, colectivo surgido en 2012 y que ha publicado libros como Amarga dulzura, una historia sobre el origen del azúcar (2013); Carro de combate. Consumir es un acto político (2014) o la Agenda 2020 de consumo responsable; en el último Informe de combate analizan el incremento acelerado de la demanda de aguacate –por ejemplo en Estados Unidos se triplicó durante el periodo 2010-2017-, en parte al promocionarse como un “superalimento con cualidades nutricionales supuestamente excepcionales”; el informe detalla los impactos socioambientales del monocultivo de este fruto, por ejemplo en la provincia chilena de Petorca (desvío de ríos, y pozos ilegales).
Brasil es el principal productor (y también exportador) mundial de caña de azúcar (que representa cerca del 86% de los cultivos de azúcar), seguido de India; son los dos grandes productores del planeta; además de azúcar, y etanol para el uso como combustible, permite generar electricidad (con el excedente de bagazo), tejidos o los denominados bioplásticos; requiere un uso intensivo de agua (OCDE/FAO, 2019), y “es probablemente el cultivo que ha supuesto una mayor pérdida de biodiversidad en el mundo, debido a las inmensas plantaciones”, afirman las autoras de Los monocultivos que conquistaron el mundo (en noviembre de 2019 el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, revocó mediante decreto la Zonificación Agroecológica de la Caña de Azúcar, lo que reduce la protección ambiental para la producción e incrementa los riesgos sobre el Amazonas, el Gran Pantanal, en el estado de Matto Grosso del Sur, y las áreas protegidas de la sabana de El Cerrado, denunció WWF).
En Guatemala, el negocio azucarero se reparte –en forma de oligopolio- entre 12 grandes ingenios y siete familias, un cartel presuntamente relacionado, asimismo, con prácticas de evasión fiscal (investigación de El Faro y eldiario.es, abril 2017). Sobre Tailandia -tercer productor mundial de caña y segundo exportador mundial de azúcar-, diferentes medios difundieron en febrero de 2019 un reportaje del corresponsal de la Agencia Efe, Noel Caballero, titulado “Polución y diabetes por la adicción de Tailandia al azúcar”; las fuentes médicas consultadas en el artículo cifraban en cerca de 200.000 los nuevos casos de diabetes anuales en Tailandia, mientras “la quema de los cañaverales ahoga al país”.
El ensayo publicado por Akal dedica un capítulo a lo que Aurora Moreno, Nazaret Castro y Laura Villadiego califican como “el nuevo oro rojo”. Indonesia y Malasia son los dos principales proveedores de aceite de Palma (OCDE/FAO, 2019), de manera que cerca del 85% de la producción mundial –que aumentó desde 15,2 millones de toneladas en 1995 a 62,6 millones en 2015 (European Palm Oil Alliance)- se concentra en ambos países. En septiembre de 2018, activistas de Greenpeace ocuparon una refinería que procesa aceite de palma en la isla indonesia de Sulawesi, perteneciente a Wilmar International; señalaron a esta compañía como la principal distribuidora de aceite de palma del planeta, y “proveedora de marcas como Colgate, Mondelez, Nestlé y Unilever”.
Una semana antes de la acción, Greenpeace denunció en un informe (La cuenta atrás. Ahora o nunca: es la hora de reformar la industria del aceite de palma) que 25 empresas productoras deforestaron 130.000 hectáreas de bosque tropical, desde finales de 2015, en Papúa Nueva Guinea y Papúa indonesia; la investigación añadía que una docena de grandes marcas, como General Mills, Hershey, Kellogg’s, Kraft Heinz, L’Oreal o PepsiCo, “se han abastecido de al menos 20 de estos productores”. Ejemplo de los efectos que tiene la destrucción del hábitat por la industria es, según los ecologistas, la eliminación en 16 años de la mitad de la población de orangutanes en la isla de Borneo. El texto de las tres periodistas se hace eco del informe, y amplía el foco a otros países.
Por ejemplo Colombia, donde destacan que las plantaciones más extensas de palma se ubican en zonas que han sufrido especialmente la violencia paramilitar, como Magdalena Medio, Nariño, Chocó o Montes de María; Colombia es líder de América Latina en producción de aceite de palma, y pasó de 158.000 hectáreas sembradas en 2000 a 517.000 en 2017 (SISPA-Fedepalma); algunas consecuencias de los macroproyectos fueron “la pérdida de biodiversidad, la contaminación de las aguas y la desaparición de modos de vida tradicionales”, apuntan Laura Villadiego, Nazaret Castro y Aurora Moreno.
También abordan la expansión de este monocultivo en África; en septiembre de 2019, la Alianza contra las Plantaciones Industriales en África Occidental y Central contabilizaba 49 concesiones para grandes plantaciones de palma aceitera en 2.740.000 hectáreas, ubicadas principalmente en Liberia, Congo-Brazzaville, Sierra Leona, Nigeria, Camerún, la República Democrática del Congo, Gabón y Costa de Marfil; las tres multinacionales con más superficie concesionada son SOCFIN, de Luxemburgo; Wilmar y Olam, las dos de Singapur. La “fuerte resistencia” de las comunidades contra el acaparamiento de tierras fue uno de los factores más importantes para frenar, en los últimos cinco años, el avance de las macroplantaciones, explica el informe de la Alianza.
Brasil y Estados Unidos son los dos mayores productores y exportadores de soja del planeta, y China el principal importador (OCDE/FAO, 2019). Por otra parte, Argentina es el primer exportador mundial de harina de soja. El Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-biotecnológicas (ISAAA) señala, en el informe de 2019 (con datos del año anterior), que desde 1996 la superficie de cultivos genéticamente modificados aumentó en 113 veces; los cinco mayores países en siembra de cultivos transgénicos –Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá e India- concentran el 91% del área total mundial (en cultivos de estas características, de los que la mitad corresponde a la soja, seguido del maíz y el algodón).
La organización GRAIN, de apoyo a los pequeños campesinos y la biodiversidad alimentaria, caracterizó a ISAAA como “agente de propaganda de las grandes corporaciones biotecnológicas”, y respondió al informe anual de esta entidad, en 2017, con una veintena de argumentos. Entre otros, que la imposición de la soja transgénica significó “la creación de un desierto verde de más de 54 millones de hectáreas en Brasil, Argentina, Paraguay y el sur de Bolivia. Asimismo, con la adopción de la soja genéticamente modificada, el uso en América Latina del glifosato (herbicida que comercializó por primera vez la multinacional Monsanto en los años 70 del siglo XX) “creció a más de 550 millones de litros anuales, con dramáticas consecuencias sanitarias en todos los territorios” (la OMS calificó en 2015 este agroquímico como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”).
Otro punto es la construcción de un oligopolio empresarial. La directora para América Latina del grupo ETC por la diversidad cultural y ecológica, Silvia Ribeiro, destaca que cuatro corporaciones controlan las semillas transgénicas a escala global: Bayer (que adquirió Monsanto), ChemChina-Syngenta, la estadounidense Corteva Agriscience (fusión de las empresas Dow y DuPont) y BASF; así como el 75% de los agrotóxicos (“México, la devastación transgénica y la resistencia”, en desInformémonos, agosto 2019). “Los pueblos indígenas son los grandes perdedores del modelo sojero”, rematan las investigadoras de Carro de Combate. Por ejemplo el pueblo guaraní, en Paraguay, al que pertenecen “la mayor parte de los desaparecidos, ejecutados y cientos de miles de desplazados por el avance de este monocultivo”.

Enric Llopis

jueves, 5 de marzo de 2020

Coronavirus y crisis mundial




El coronavirus ha agravado una crisis que ya estaba en desarrollo

El impacto económico de la epidemia es indisociable de la crisis capitalista mundial. Las bolsas han sufrido su peor caída desde 2008 y ya se estima que en este trimestre, el PBI mundial podría tener una tasa negativa.
La economía mundial está al borde de una recesión. Europa está con crecimiento nulo. Lo mismo vale para Japón. China ha sufrido una pronunciada desaceleración. De acuerdo con los pronósticos más optimistas, alcanzaría a lo sumo un crecimiento del 6% y hay quienes señalan que las autoridades chinas encubren un retroceso superior. Estados Unidos tampoco escapa a la situación con un crecimiento famélico del 2%. La economía mundial continúa en esta última década con un crecimiento endeble y precario, con tasas promedio que son la mitad de las de posguerra. Esta realidad no ha sido soslayada en los círculos de negocios y finanzas internacionales y hasta en el mundo académico e intelectual, que viene hablando de un “estancamiento secular” en que habría entrado el capitalismo. La globalización ha sido sustituida por un escenario de guerra comercial -y agreguemos de guerra monetaria- que ha llevado a una creciente fractura y dislocación del comercio y de la producción mundial.
El coronavirus entra en acción, precisamente, en un cuerpo anémico. La envergadura del desplome actual de las bolsas que ha provocado pérdidas de activos por 6 billones de dólares en 10 días es inexplicable al margen de esta realidad.
El terremoto viene precedido en el año que acaba de finalizar por tres temblores de las bolsas neoyorquinas cuya onda expansiva se hizo sentir a nivel global. En este lapso, la bolsa retomó su ciclo ascendente y llegó a niveles récord. Pero eso, contradictoriamente, terminó por reforzar más el carácter explosivo de la situación actual pues puso al descubierto el contraste entre las cotizaciones de las acciones y el magro desempeño de las empresas en el ámbito de la producción y la economía real, la denominada “exuberancia irracional” que caracteriza la valorización bursátil. Las acciones vienen inflando sus valores como consecuencia de la recompra de las mismas que hacen las propias compañías y la distribución de dividendos entre sus accionistas, empezando por las líderes, mientras crece la deuda corporativa que ha llegado a la cifra récord de 10 billones de dólares.
El pobre resultado operativo de los balances se ve neutralizado por las crecientes inversiones financieras. La liquidez no se direcciona a la reinversión productiva sino a la esfera especulativa. De un modo general, asistimos a un auge de la deuda mundial a niveles sin precedentes. Según un reciente Informe del FMI, la deuda global asciende al 230% del PBI.
El coronavirus ha agravado una crisis que ya estaba en desarrollo. Como telón de fondo, está la crisis de sobreproducción y sobreacumulación de capitales que se extiende a la producción industrial. Las tendencias deflacionarias hoy reinantes expresan la declinación en los niveles de rentabilidad. Esta tendencia a la caída de la tasa de ganancia está en la base de la huelga de inversiones que se encuentra en un punto muy bajo, que ni siquiera es suficiente para compensar la depreciación de las maquinarias y la infraestructura.
Naturalmente, no se pueden perder de vista las dimensiones del descalabro que puede traer aparejado la epidemia. Por lo pronto, la paralización de la actividad se está haciendo sentir en todos los planos: la producción, el comercio, los servicios, el turismo, el transporte, la industria del entretenimiento y espectáculos, incluido el deportivo, que han debido retraer su funcionamiento o directamente suspenderlo hasta nuevo aviso. Esto vale en primer lugar para China provocando una caída de las importaciones del gigante asiático y una declinación de los precios de las materias primas, por un lado, y una interrupción en la cadena de suministros de productos manufacturados fabricados por el país asiático, por el otro. China es un proveedor importante para la industria automotriz mundial y la electrónica. Muchos teléfonos celulares y computadoras se fabrican en China o al menos tienen componentes fabricados allí. Hyundai, de Corea del Sur, ha suspendido su producción de automóviles debido a problemas con el suministro de piezas de su operación en China, una señal de advertencia de lo que puede avecinarse de un modo general.
La expansión de la enfermedad a los otros continentes, a su vez, no sólo traslada sus efectos paralizantes de la actividad productiva y comercial. Amenaza ahondar la fractura existente en las relaciones económicas internacionales, ya afectadas por la guerra comercial, por la aplicación unilateral de cada país de medidas restrictivas para enfrentar la extensión del virus, lo cual conllevaría la suspensión y ruptura de un sinnúmero de contratos y acuerdos comerciales internacionales.
La amenaza de una estampida financiera incontrolable aún mayor ha puesto en guardia a la Reserva Federal quien adelantó su disposición a intervenir y acaba de anunciar una nueva rebaja de la tasa de interés. Otros bancos centrales han anticipado idéntica actitud. Por su parte, Trump señaló que podría otorgar una nueva rebaja de impuestos en momentos en que se ha lanzado la carrera presidencial en Estados Unidos y un descalabro en la economía podría poner en peligro sus aspiraciones a la reelección. De todos modos, habrá que ver la eficacia de estas iniciativas. Las premisas de la crisis mundial se han agravado sensiblemente y los márgenes de maniobras se han ido estrechando y los recursos de los Estados son más endebles en relación a la crisis financiera de 2008.

Epidemia, países periféricos y Argentina

Los países periféricos son los eslabones más débiles de esta cadena. El impacto se está haciendo sentir en los commodities tanto agropecuarios como industriales, de los cuales, China es un comprador importante.
El precio del petróleo alcanzó su nivel más bajo en más de un año. Un grupo de países exportadores de petróleo está considerando recortes de producción en un esfuerzo por revertir la caída de los precios. El precio del cobre también ha bajado: es un material importante para la industria de la construcción, que seguramente también se verá afectada en China. Y por supuesto afecta la actividad de muchas industrias y empresas que dependen, a su turno, de piezas, repuestos e insumos provenientes del país asiático.
Argentina es especialmente vulnerable Por lo pronto, el coronavirus está generando menores exportaciones agricologanaderas y menores importaciones de insumos para diversos sectores industriales, además de que ya impacta en el precio de las materias primas. China representó el 14% del intercambio comercial argentino en 2019, transformándose en el segundo mercado para el país después de Brasil, por delante de Estados Unidos y la Unión Europea. El sector de carnes es uno de los más afectados en la economía argentina.
Respecto de los precios agrícolas, entre los valores de cierre de 2019 y los actuales, se observa una merma considerable en la cotización de la soja, que se redujo un 5%, y en los valores del maíz y del trigo. La caída del precio del petróleo, a su turno representa, una ventaja en término del costo de las importaciones, pero un efecto negativo para atraer inversiones, en un contexto en el que el gobierno apuesta a revitalizar el proyecto de Vaca Muerta. En cuanto a los productos en los que China es un proveedor, el impacto se observa a través de un retraso en los envíos que comienza a complicar la cadena de abastecimiento y es especialmente fuerte en segmentos como el textil y en electrodomésticos.
La crisis mundial ya venía provocando un cimbronazo en los países periféricos a través de la fuga de capitales y el fantasma del default. Los capitales estaban huyendo hacia inversiones con menos riesgo y buscan refugio en colocaciones financieras más seguras en las metrópolis. Esto es lo que está en la base de los rendimientos negativos de una franja creciente de colocaciones financieras (que han superado la friolera de los 15 billones de dólares) y la inversión de la curva de rendimientos, que ha sido, de un modo general, un antecedente en las grandes crisis y depresiones mundiales del pasado. Este escenario ya es previo a la epidemia pero el virus acentúa esta tendencia y Argentina no se sustrae a este fenómeno.
Si continúa el deterioro bursátil de estos días, podría esperarse un “vuelo hacia la calidad” de los inversores financieros, que se desprenden de los bonos argentinos, al borde del default y provocar una caída aun mayor de su cotización. Esto podría hacer que se acelere el pase de los mismos a manos de los fondos buitres, que pueden especular con un default e ir a juicio. La capacidad negociadora del gobierno en el marco de la reestructuración de la deuda se vería aún más condicionada, acentuando las extorsiones leoninas de bonistas y acreedores.
Pese a su trascendencia, Alberto Fernández, en su discurso de apertura de sesiones en el Congreso, obvió el tema. Si Fernández hubiera abordado la cuestión, hubiera debido explicar también cómo va a hacer frente a la epidemia en el país en momentos en que están paralizadas las obras de infraestructura y hasta de mantenimiento, como un aspecto del ajuste que ya se está implementando. Es importante poner de relieve los efectos del coronavirus en la crisis de economía mundial pero, al mismo tiempo, es necesario destacar el proceso inverso: cómo la actual bancarrota capitalista y la tendencia a descargar el peso de la crisis sobre la población está socavando la capacidad de los Estados para hacer frente al flagelo. Las medidas de austeridad, los recortes presupuestarios son un común denominador en todo el mundo, incluidas las metrópolis., provocando un deterioro creciente de los sistemas de salud. Si esto vale para países como Italia, con más razón para nuestro país.
Los casos de dengue y sarampión, erradicado años atrás, se vienen multiplicando. Su proliferación se potencia por las deficiencias y precariedad en la atención sanitaria, la falta de vacunas y el encarecimiento que han experimentado los medicamentos. Nos estamos refiriendo a enfermedades conocidas y evitables. Con más razón vale para el coronavirus. La vulnerabilidad de Argentina es ínfinitamente mayor y los recursos están orientados en otra dirección: al pago de la deuda.

Pablo Heller

Los cubanos, o tenemos la Patria, o preferimos la muerte




¡Patria o muerte!, nació del vibrante discurso del hombre infinito, del líder natural que vive por encima del tiempo, del más grande de los hijos de Martí. Pero hicimos nuestras sus palabras, y las convertimos en un toque de clarín para llamar al combate, en inspiración para escalar los empinados retos de la historia, en el manifiesto supremo de nuestros ideales y doctrinas

Reconocerse a sí mismo como arquitecto principal de su destino, como agente primario de los cambios en su propio beneficio, como maquinaria imprescindible para hacer Revolución, es la principal fortaleza de los pueblos.
Bien lo sabe el nuestro, porque cada palmo del manto de libertad que nos ampara, cada centímetro de tierra en que habita el ser humano dignificado, cada obra colosal que se alza en esta Isla, lleva la marca imperecedera de la sangre, el sudor y el sacrificio de este valeroso pueblo, cuya entrega emana constante y a raudales de sus irrenunciables principios.
Toda esa plenitud histórica, todo el patriotismo esculpido generación tras generación, heredado en los genes y la conciencia, la completa radicalización de nuestra postura revolucionaria, encontró la unicidad en una frase magistralmente pronunciada para fortalecer nuestra estirpe tras un acto denigrante y condenable que pretendía hundirnos en el miedo y la zozobra.
Desde aquel doloroso marzo, hasta el día de hoy, esas palabras estremecen cada átomo de nuestro amor propio, del orgullo de ser cubanos, porque nos recuerdan nuestra capacidad de superación sin precedentes, esa que ha sido hasta hoy para nuestros enemigos un indescifrable acertijo.
¡Patria o muerte!, nació del vibrante discurso del hombre infinito, del líder natural que vive por encima del tiempo, del más grande de los hijos de Martí. Pero hicimos nuestras sus palabras, y las convertimos en un toque de clarín para llamar al combate, en inspiración para escalar los empinados retos de la historia, en el manifiesto supremo de nuestros ideales y doctrinas.
Como en la suya, también oímos con pasión esas palabras en la voz del hermano que es y será siempre soldado fiel de la patria, militante eterno del amor por Cuba, fiero defensor de la justicia. Él las entregó como legado a otro gigante insomne, hijo de un tiempo de continuidad, que al decirlas nos conmina a fortificar las raíces para resistir duras tormentas, a abrazarnos en el sueño de hacer cada día un mejor país.
Porque ¡Patria o Muerte! es una elección irrenunciable, un camino en el que no contemplamos ni la más mínima posibilidad de retroceso. Es la certeza que asumimos con la frente en alto y con el optimismo y la esperanza a flor de piel.
Quienes se empeñan en bloquearnos hasta el aire, en dejarnos los caminos truncos; quienes se obsesionan con estrecharnos el espacio vital, con cercarnos entre paredes de odio, no han entendido que nuestra consigna proa es tan contundente y firme como la fibra de la que estamos hechos.
Lo que entendemos por Patria no tiene relación alguna con hijos desaparecidos, con terrorismo de Estado, con tierra hipotecada a un lord extranjero, con niños de caras lánguidas, con poderosos burlándose de los derechos de quienes los llevaron al poder, con balines que derraman lágrimas de sangre.
Patria para nosotros es el más sagrado de los conceptos y se traduce en paz, en valer por lo que somos, en la garantía de ser tratados y tratar a los demás como seres humanos. Esa verdad en la que creemos es la que nos dota de la voluntad necesaria para hacer frente a los obstáculos, para pensar entre todos un país, y nos da la libertad de soñar, porque sabemos que hay futuro.
Si ese concepto se ve amenazado, si algo lo pone en riesgo, entonces sépase que antes de que nuestra bandera caiga deshecha en menudos pedazos, ya habrán peleado por ella hasta los mártires. En relación a esa postura, que nadie espere términos medios. Para los cubanos hay cosas que no son negociables: o tenemos la Patria, o preferimos la muerte.

Leidys María Labrador Herrera | leidys@granma.cu

miércoles, 4 de marzo de 2020

El glifosato se llevó puesto al presidente de Bayer AG




En medio de una ola de fusiones entre grandes corporaciones vinculadas al negocio agrícola, que han sido dictadas por la crisis mundial, producto que la sobreproducción ha provocado un derrumbe de los precios de las materias primas, en junio de 2018 Bayer compró a Monsanto en 63 mil millones de dólares. Con ello Bayer realizaba la mayor apuesta comercial, que fue motorizada por las fusiones de Dow y DuPont y de ChemChina y la suiza Syngenta. Ello le permitía dominar más de un cuarto del mercado mundial de semillas y pesticidas.
Tentados por semejante proyección, no evaluaron correctamente los problemas que ya se empezaban a haber con la empresa Monsanto. Es constante el desprestigio de esa química por múltiples denuncias respecto a la toxicidad de sus productos, principalmente el glifosato.
Es así que junto con la cartera comercial también compraron las demandas de productores de EEUU sobre los efectos cancerígenos producidos por el glifosato. En agosto del 2018 tres juicios iniciaron esas demandas por cifras millonarias, que pese a descuentos obtenidos en Tribunales de Segunda Instancia significaron grandes desembolsos de millones de dólares.
El actual presidente Werner Wenning fue impulsor principal de esa adquisición y es por ello que el directorio de la empresa reprobó su comportamiento y solicitó su salida desde abril próximo. Cabe aclarar que las acciones de Bayer han caído alrededor de un cuarto en valor desde agosto de 2018 y se enfrentan a miles de demandas en todo el mundo.

Los juicios en EEUU, en escalada

La ola de demandas judiciales a las que se ve enfrentado el gigante químico-farmacéutico alemán Bayer en Estados Unidos a causa de los posibles riesgos cancerígenos del herbicida glifosato como principio activo volvió a aumentar de manera drástica. Si bien la empresa en octubre sostuvo que los litigios son 42.700, y que podrían costarle alrededor de 12.000 millones de dólares, un informe reciente señala que el número de demandas se elevó entre 75.000 y 85.000 o incluso más, con lo cual el costo de las demandas podría subir enormemente. Reportándose demandas en Canadá, Australia y otros países.
Otra cuestión que pesa enormemente es el comportamiento reprensible de Monsanto por "entorpecer, desalentar o distorsionar la investigación científica", cuando los primeros estudios realizados habían "sugerido que el glifosato podía causar cáncer".
Si bien la empresa intenta llegar a acuerdos extrajudiciales, los montos en juego hacen tambalear sus finanzas y por lo tanto, el directorio le bajó el pulgar al presidente por su mal manejo del tema y por subestimar los riesgos en el momento de la compra.
Además, siempre está latente la posibilidad de que nuevos países se sumen a iniciar demandas en atención a que las denuncias de efectos cancerígenos del glifosato se están registrando en todo el planeta. En EEUU, el dicamba, otra herbicida producido por Monsanto y también por BASF, ha registrado más de 2000 demandas por parte de productores.
Los productores, en el país y en el mundo, son cada vez más rehenes de un “paquete tecnológico” que le insume una mayor porción de su renta y que, en un punto, se convierte en confiscación lisa y llana. La fusión de estas mega empresas es generarse, ante los problemas derivados de la bancarrota económica mundial, la garantía de perpetuar sus beneficios y ganancias a costa de quien sea. Ni por asomo buscan en la ingeniería genética ni en la producción de agroquímicos brindar más y mejores servicios a los productores, ni hacer más productiva la agricultura, ni acabar con el hambre.
A Bayer la jugada de fusionarse con Monsanto no le salió bien y las pérdidas económicas se han llevado puesto a su principal directivo.

Raúl Stevani

martes, 3 de marzo de 2020

Coronavirus: las condiciones para la lucha contra una pandemia




Se ha escrito más acerca del efecto deletéreo del coronavirus sobre la economía mundial que sobre su contrapartida: las consecuencias de la crisis capitalista global sobre la propagación y efectos de la enfermedad.
El brote de Coronavirus del tipo COVI–19 con origen en China se está extendiendo rápidamente a más países –55 y en crecimiento. Esta característica, su velocidad de propagación –superior a epidemias anteriores, de otros coronavirus como el SARS y el MERS- hace que el número de casos fatales crezca, a pesar de que se considere que la mortalidad es baja (de 3 a 4%). Especialistas coinciden en que el control de su difusión de fronteras adentro es una utopía y que va a llegar a afectar a un 40 a 70 por ciento de la población mundial (Marc Lipsitch, Universidad de Harvard), esto entre casos manifiestos y portadores asintomáticos. Debe preverse que la enfermedad estará entre nosotros a pesar de las declaraciones optimistas del ministro de Salud.

Un mundo mal preparado

Otros científicos (Osterholm, de la Universidad de Minnesota) sostienen que el mundo “está mal preparado para enfermedades trasmisibles potencialmente mortales”, tanto en materia de la protección del personal sanitario, como en la previsión de lugares masivos de aislamiento, hasta en la provisión de insumos y medicamentos. La producción y comercialización de los mismos están alteradas. De un lado como consecuencia del brote, que trae aparejado cierres de plantas, cuarentenas de regiones geográficas y poblaciones enteras y caída del transporte; pero también por las medidas proteccionistas y bloqueos propios de una guerra comercial entre las principales potencias. China e India son productores importantes de dichos productos.
Tanto la recolección centralizada de la información, como la difusión de medidas preventivas elementales, se ven dificultadas por un cuadro internacional de anarquía capitalista en términos de choques monetarios, comerciales y militares en curso. El coronavirus agrava la crisis económica mundial y, a su vez, esta interfiere con la lucha contra su propagación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) refiere que no llega la información, de todos los países, necesaria para establecer mayor conocimiento de la enfermedad y mejores medidas de lucha. Según la OMS, la fiabilidad de la información es crucial y de ella depende la posibilidad de superar la emergencia global. La cadena BBC ha difundido que Irán no ha informado la cantidad real de personas que han fallecido a causa del coronavirus en el país. Tratándose de un país asediado por una ofensiva de EE.UU. y aliados, da cuenta de interferencias políticas en lo que debería ser el rigor científico en el desarrollo de una campaña internacional de lucha contra la propagación de la enfermedad.
Tan trastocado está todo que ambientalistas han destacado hasta un rasgo positivo de la cuestión: la emisión de gases de efecto invernadero ha disminuido un 25% en China debido al parate de la economía y la desaceleración de la demanda energética del país, un 6% de la emisión global de dióxido de carbono. Claro que esperan que, a su turno, el rebote pueda ser peor.

¿Pandemia sí o no?

Otro dato significativo del trasfondo político subyacente lo da la controversia sobre la declaración de pandemia (enfermedad de propagación mundial). La OMS subió a nivel “muy elevado” la amenaza del nuevo coronavirus e instó a los países que todavía no se han visto afectados a prepararse para la llegada del COVID-19. Pero no ha declarado la Pandemia y ha manifestado que “lamenta la presión política (de algunos medios y políticos) para que se declare la pandemia del coronavirus y advierte de sus riesgos”. A su juicio, dicha calificación “puede indicar que ya no podemos contener el virus, lo cual no es cierto”. Y agrega: “El uso descuidado de la palabra pandemia no tiene ningún beneficio tangible, pero tiene un riesgo significativo en términos de amplificar el miedo y el estigma innecesarios e injustificados, y los sistemas paralizantes”.
Debe inferirse de esto que existe una diferencia, entre las potencias centrales, relativa al efecto de la declaración dep sobre el crack económico vinculado al coronavirus, que ya provocó una caída excepcional de las bolsas y los mercados en todo el mundo.

Sergio Villamil

lunes, 2 de marzo de 2020

El derechista Luis Lacalle Pou es el nuevo presidente uruguayo




Entre manifestaciones a favor y en contra este domingo tomó investidura el nuevo mandatario terminando con 15 años de gobiernos frenteamplistas.

Este domingo se realizó el traspaso de mando del saliente Tabaré Vázquez y el nuevo presidente Luis Lacalle Pou, del derechista Partido Nacional, quien ganó la segunda vuelta de las elecciones el 24 de noviembre pasado al imponerse por un estrecho margen de 37.000 votos al candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez.
El flamante presidente llega con el mandato de las grandes corporaciones extranjeras y sus socios nacionales de las cámaras empresariales y patronales del campo, de “recuperar competitividad” mediante la devaluación del peso, achicar los gastos del estado, y realizar las “reformas estructurales” regresivas como la de Previsión Social, Jubilaciones y una Reforma Laboral.
Su llegada a la presidencia se produjo en el marco de concentraciones a favor y en contra, lo que podría estar anunciando la apertura de una etapa política más agitada en el país.
En las inmediaciones del histórico Instituto de Profesores Artigas, organizaciones de Colectivos Contra la Reforma y Familiares de Detenidos Desaparecidos realizaron una protesta en repudio a la Ley de Urgente Consideración y a la presencia de los referentes de la derecha continental que asisten a la toma de investidura de Lacalle Pou: la golpista Añez, el represor Piñera y el ultraderechista Bolsonaro, entre otros.
También se hizo presente el Rey Felipe VI del Estado Español, quien fuera recibido en el día de ayer en la casa particular del propio Lacalle en el barrio privado La Tahona.
En favor del presidente, se hicieron presente unos 3000 jinetes a caballo llegados del interior del país, que rodearon el parlamento y desfilaron detrás del presidente. Toda una demostración de la liturgia del Partido Nacional, reivindicando las costumbres del "Uruguay profundo", pastoril y oligarquico. Además se hicieron presentes miles de personas de a pie.
En su primer discurso como primer mandatario en el parlamento, Lacalle Pou destacó el rol de los militares y de la policía en el mantenimiento del orden institucional y prometió “combatir la delincuencia” como hizo durante la campaña electoral, anunciando el fuerte perfil represivo que tendrá su presidencia.
Lacalle también mencionó el hecho inédito de haber llegado al poder mediante una coalición de derechas de 5 partidos: los tradicionales Nacional y Colorado, el Partido Independiente, el Partido de la Gente y el ala de extrema derecha, el partido militar del represor Guido Manini Ríos, Cabildo Abierto.
Sobre las 16.30hs Lacalle Pou llegó a la Plaza Independencia, donde lo esperaba el presidente saliente Tabaré Vázquez, para hacer entrega de la banda presidencial.
Tras 15 años de gobiernos frenteamplistas que no cambiaron las condiciones estructurales del capitalismo semicolonial uruguayo, se abre una nueva etapa en el país marcada por ataques directos a los derechos y conquistas sociales y laborales que las clases trabajadoras deberán enfrentar con movilización y organización y sin depositar confianza en la falsa alternativa que a partir de ahora será el Frente Amplio en la oposición.

La Izquierda Diario Uruguay
Domingo 1ro de marzo | 16:30

domingo, 1 de marzo de 2020

Latinoamérica: la región más peligrosa para defensores del medioambiente y los derechos humanos




En su reporte 2019, la ONG Front Line Defenders, documentó que el 68% de los asesinatos de activistas ocurren en Latinoamérica, detalla que las personas defensoras enfrentan importantes amenazas y riesgos, ya sea por exigir libertades civiles y políticas o por proteger el medio ambiente y combatir el cambio climático.

La ONG Front Line Defenders presentó su Análysis Global 2019, donde detalla los ataques físicos, las campañas de difamación, las amenazas de seguridad digital, el acoso judicial y los ataques de género que enfrentan los DDH y las defensoras de derechos humanos (WHRD) en todo el mundo.
El reporte señala que las personas defensoras enfrentan importantes amenazas y riesgos, ya sea por exigir libertades civiles y políticas o por proteger el medio ambiente y combatir el cambio climático. También reveló que América Latina es la región más peligrosa del mundo para los activistas, ya que registró el mayor número de asesinatos.
Front Line Defenders señala que los países con más asesinatos de defensores y activistas ambientalistas, son: Colombia con 106 casos documentados, Filipinas (único país no americano de la lista)con 43, Honduras con 31, México con 23, Brasil con 23.
“Es la (región) más peligrosa en el sentido de que es la más mortífera, es donde más personas defensoras de derechos humanos son asesinadas en el mundo”, advirtió Sandra Patargo, coordinadora de Protección para las Américas de Front Line Defenders. (Vía: EFE)
Además, el reporte añade que el 40 % de las personas defensoras de derechos humanos en el mundo trabajan temas ambientales, de tierra y territorio y derechos de los pueblos indígenas.
El 2019 se caracterizó por levantamientos sociales de notable magnitud en cada una de las regiones del mundo. El papel que desempeñan los defensores y defensoras de derechos humanos en esas protestas incluye la organización y movilización, el monitoreo y documentación de las violaciones de derechos humanos, y la asistencia a las personas heridas y detenidas.
Pese a que los motivos de las protestas y malestar social difieren en cada lugar, todas giraban en torno al rechazo categórico de la desigualdad económica, la corrupción desenfrenada y el llamado a favor del respeto a los derechos civiles y políticos.
Por último señala que las amenazas y los ataques contra las defensoras de los derechos humanos adquieren dimensiones específicas relacionadas con su género, y a menudo entrañan amenazas y violencia de carácter sexual. Las mujeres son castigadas por su labor pública mediante ataques a su vida privada y cuestionamientos a su papel como madres, esposas y compañeras. Este informe destaca la compleja naturaleza de las amenazas e intimidaciones contra las defensoras de los derechos humanos.
El informe no contempla los recientes asesinatos de defensores como Jerhy Rivera de Costa Rica, Homero Gómez y Raúl Hernández de México, ocurridos en lo que va de este año.

Axomalli Villanueva
@axomalli1