lunes, 13 de enero de 2020

¿Cómo llegó Estados Unidos a ser un país imperialista?




A propósito de la nueva intervención estadounidense en Medio Oriente hacemos un repaso histórico sobre cómo este país llegó a conformar su poderío. En esta nota desarrollaremos los inicios de la expansión imperialista norteamericana a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Para que este país se fuera consagrando como potencia fue necesaria una política de estado para superar rápidamente los lastres de haber sido un país colonial. El motor de este desarrollo innegablemente fue la voracidad por entrar al orden económico mundial de manera competitiva, tratando de ubicarse a la altura de la misma potencia europea de la cual se había independizado en 1776.
Este desarrollo económico como nación independiente de Estados Unidos tiene lugar y coincide con la consolidación de la etapa imperialista en el mundo, que Lenin sintetiza en las siguientes definiciones: concentración y centralización del capital, formación de monopolios (para eliminar la competencia), creación del capital financiero por medio de la fusión entre el capital bancario e industrial, mediante un proceso de exportación de capitales junto al reparto del mercado mundial y el reparto territorial del mismo entre las principales potencias.
En “El imperialismo, etapa superior del capitalismo” (1916) Lenin se detendrá sobre las particularidades de este país para plantearnos: “En Estados Unidos, el desarrollo económico durante estas últimas décadas, ha sido aún más rápido que en Alemania, y por esa misma razón los rasgos parasitarios del capitalismo norteamericano resaltan en particular relieve. [1]
Sin dudas esta nación logró mostrar una cierta excepcionalidad en su desarrollo gracias a la expansión territorial transfronteriza y a la concentración económica producto de la formación de los monopolios norteamericanos que destaca Lenin. Vale aclarar que este desarrollo político y económico no beneficiará al pueblo trabajador, sino que reunirá los grandes beneficios en manos de un grupo reducido de banqueros, empresarios y políticos.
Sobre estas bases materiales y el pujante avance de los Estados Unidos en el mundo, es que se apoyarán tanto las políticas de estado como la ideología dominante que sustentará este proceso con el objetivo de construir una retórica que acompañe y justifique al imperialismo.

La funcionalidad de la doctrina del “Destino Manifiesto”

En 1845, el periodista John L. O’Sullivan sintetizaba en la revista Democratic Review una de las principales referencias a esta influyente doctrina : “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino.” [2]
La avanzada territorial que vemos ya desde las anexiones de los estados de Texas en 1845 (derivando en la guerra con México entre 1846 y 1848) y de Hawái en 1898, pueden ser englobadas como parte de las políticas consagradas a través del “Destino Manifiesto”, tanto puertas adentro como hacia afuera. Sobre el cual la historiadora Graciela Abarca plantea: “esta ideología se vuelve fundamental para comprender la manera en que Estados Unidos se percibía-y se percibe- a sí mismo dentro del orden mundial. A través de la historia del país, el Destino Manifiesto, como sistema de valores, funcionó de manera práctica y estuvo arraigado a las instituciones.” [3]
Con esto la autora da cuenta de la importancia de esta idea-fuerza que fomentará el sentimiento de supremacía y por ende de autoridad, proveniente de las supuestas bases democráticas e inclusivas sobre las cuales se estaba consolidando el país. En cambio, los hechos nos muestran cómo la misma se utilizó para fomentar el ciclo económico favorable a los empresarios estadounidenses, que construían la nación con las directrices propias del liberalismo y la modernidad de su sistema político. [4]
En este sentido, también planteará cómo el denominado “Destino Manifiesto” será permanentemente readecuado por distintos gobiernos y en disimiles momentos para seguir perpetrando el imperialismo. Ya que el sesgo descalificatorio que dicha doctrina le otorgaba al resto de las naciones, le permitía moralmente a los Estados Unidos tener la supuesta potestad para inmiscuirse en políticas de estado ajenas. Siguiendo la línea de su argumento, ellos eran los únicos que podían expandir la civilización en naciones supuestamente atrasadas. [5]

Filipinas: primer bastión de una política decididamente imperialista

Una vez consagrado el objetivo de pacificación interna superando los límites de sus propias fronteras, Estados Unidos abrirá paso a la gran empresa imperialista en el año 1898 con la guerra librada contra España por el dominio de Filipinas [6]. Allí podemos ver el “parteaguas” que llevo al país a entrar en una nueva dinámica sin retorno ante el mundo: el imperialismo.
Esta guerra es expresión de cómo se intentará avanzar sobre otras naciones políticamente “débiles”, pero que a nivel económico son grandes poseedoras de recursos naturales y materias primas necesarias para el desarrollo de la economía capitalista. incluso a nivel comercial generando nuevos mercados disponibles para la venta de productos manufacturados e industriales producidos por los llamados “países centrales”.
El triunfo en el Pacífico, simbolizó entonces el ascenso del país norteamericano por haber desafiado y vencido a una vieja potencia imperialista como era España, acorralándola con su gran maquinaria bélica. Demostrando así ante el mundo que Estados Unidos había desembarcado para quedarse y que no iba a negociar su protagonismo en la economía mundial, por más que llegara tarde al “reparto del mundo” que ya habían hecho las potencias europeas durante el siglo XIX. Haberle ganado la guerra al tradicional Estado Español le consagró la preeminencia no solo en el pacífico sino también en las islas del Caribe, que fueron su siguiente objetivo.
En este sentido, la guerra por Filipinas puede ser entendida como un laboratorio de los mecanismos que serán a partir de ese momento utilizado en los subsiguientes países que sufrirán de la presencia y control de los Estados Unidos sobre sus territorios y producciones. Uno de los principales dispositivos será la cooptación de los movimientos nacionales a partir de otorgarles puestos estatales y en los engranajes principales de las economías a los antiguos líderes nacionalistas, en los nuevos estados ahora totalmente dependientes del imperialismo estadounidense.
El método de la dominación benévola con el que se conoció este proceso fue también acompañado por una dura represión social a las resistencias que desafiaban estas imposiciones. Para otorgarle un sustento ideológico a estas acciones, se dará una manipulación de la educación local en función de crear una noción de insuficiencia en los propios nativos, inculcando la idea de que requerían del imperialismo civilizatorio para poder ser parte del mundo moderno y “progresar”. [7]

Con los ojos puestos en el “patio trasero”

Apenas un año después de la cruzada en Filipinas vendrá la inmiscuida de Estados Unidos en Cuba, coronada con la famosa “Enmienda Platt” que limitaba constitucionalmente a la isla y la sometía ante el imperialismo estadounidense tanto económica como políticamente. [8]
En este mismo contexto, el país del norte realizó una serie de invasiones directas o indirectas en el caribe entre los años 1898 y 1916, que le permitieron abrirse paso y ganar mercados en Nicaragua, Costa Rica, Panamá (impulsando la independencia con Colombia para apoderarse económicamente de la zona), República Dominicana, México, Haití, Honduras y Guatemala. Enmascaradas todas estas intervenciones tras la “Doctrina Monroe” que abogaba por una “América para los americanos”, en referencia solamente a los americanos estadounidenses en consonancia con lo ya expuesto acerca del espíritu del “Destino Manifiesto”.
Podemos llegar a la conclusión de que toda esta primera etapa imperialista marcó a sangre y fuego las políticas de una nación que se forjó tras la sed expansionista y guerrerista persistente en la actualidad tanto dentro del partido republicano como del demócrata. En la historia del imperialismo quienes perdieron sus vidas, sufrieron y sufren las peores consecuencias de estas guerras son los hijos del pueblo pobre y trabajador, pero desde estas páginas apostamos y confiamos a que un día esta historia se de vuelta para construir un futuro sin explotación ni opresión.

Brenda Hamilton

[1] Lenin, “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”. Editorial Anteo. Buenos Aires. 1974. Pág 154
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Doctrina_del_destino_manifiesto
[3] María Graciela Abarca, “El Destino Manifiesto y la construcción de una nación continental”, en Pozzi y Nigra (comps.), Invasiones bárbaras…, op. cit, pág 44.
[4] Eric Foner, “La Libertad Progresista”, en La Historia de la Libertad en Estados Unidos, Ediciones Península, Barcelona, 1998, págs. 239-270.
[5] “Doctrina Monroe (1823)”, en Daniel J. Boorstin (Compcomp.), Compendio Historico Histórico de los Estados Unidos. Un recorrido por sus documentos fundamentales. , México, Fondo de Cultura Económica, 1966, págs. 212-213.
[6] Malena López Palmero, “La guerra de 1898 y el imperialismo norteamericano”, en Pozzi y Nigra (comps.), Invasiones bárbaras…, op. cit., págs. 55-71.
[7] Dario Martini, “La Guerra Filipino-Estadounidense (1899 1902). Un laboratorio de ensayo para el naciente imperialismo estadounidense”, Huellas de Estados Unidos, n° 3, Septiembre 2012,. http://www.huellasdeeua.com.ar/ediciones/edicion3/6_Martini_p.73-88.pdf
[8] Facundo Aguirre, http://www.laizquierdadiario.com/Antecedentes-historicos-de-la-revolucion-del-59?id_rubrique=2653

domingo, 12 de enero de 2020

Antes y después del ataque imperialista a Irán




Durante la semana que pasó, los ojos del mundo estuvieron puestos en Medio Oriente luego del ataque imperialista que asesinó al general iraní Qasem Soleimani el pasado 3 de enero. Al momento de cerrar este artículo, una nueva crisis está en ciernes. Este sábado 11 de enero, el régimen iraní reconoció oficialmente haber derribado “por error humano” un avión comercial ucraniano provocando la muerte de 176 personas, entre las cuales 82 eran iraníes y 63 con nacionalidad canadiense (Canadá es el destino de muchos emigrados iraníes), además de ucranianos, suecos, afganos, alemanes y británicos. La misma viene a hacer sinergia con la delicada situación geopolítica y militar, y la crisis interna del régimen iraní en una situación atravesada por importantes movilizaciones. En el presente artículo abordaremos los contornos principales de este complejo escenario.

El asesinato de Soleimani y la respuesta Iraní

El asesinato de Soleimani había abierto la posibilidad de una escalada militar de consecuencias impredecibles. Si la acción de Trump tuvo mucho de aventura y poco de estrategia, la respuesta militar iraní atacando las bases estadounidenses de Ayn Al Asad y Erbil en Irak fue una medida calculada para evitar la escalada hacia una guerra abierta. Sin embargo, la respuesta principal de Irán no fue esta, sino el anuncio del abandono de los acuerdos sobre energía nuclear firmados en 2015 bajo la presidencia de Obama y que fueron abandonados por Trump en 2018 (con toda una serie de sanciones económicas contra el país persa) pero que hasta el momento Irán sostenía igualmente con las otras potencias firmantes: Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China. Es una forma de decir “no claudicamos” pese al ataque y las sanciones.
En su conferencia de prensa del pasado miércoles 8 de enero Trump optó por presentar como una victoria la respuesta medida de los bombardeos iraníes y la ausencia de bajas, y desistió de una escalada militar planteando, en su lugar, la profundización de las sanciones imperialistas y el llamado al resto de las potencias, que plantean salvar el acuerdo nuclear con Irán, a abandonarlo. Cabe mencionar que previamente El Pentágono había hecho circular una carta, según la explicación oficial “por error”, donde EEUU anunciaba que se retiraba de Irak, en lo que podría ser interpretado como un “mensaje” para Trump de que el aumento de tropas en Medio Oriente contaría con resistencia. Previamente una parte mayoritaria del parlamento irakí se había reunido para denunciar la violación de soberanía y votar una resolución exigiendo el retiro de las tropas norteamericanas estacionadas en el país. La sesión, que se llevó adelante a pedido del primer ministro interino Adel Abdul Mahdi, contó con la presencia de 168 legisladores (solo tres más que el quórum), todos ellos chiitas [1], mientras que los parlamentarios sunitas y kurdos la boicotearon. [2]
El hecho es que la escalada que podía haber ocurrido la semana que pasó no sucedió. Una delgada línea separó un escenario de otro, como lo muestra la voladura del avión comercial ucraniano. Sin embargo, las causas que llevaron al asesinato de Soleimani y la crisis militar, tanto las más coyunturales como las más profundas, no solo se mantienen intactas sino que se han profundizado.

Medio Oriente y la decadencia del imperialismo yanky

El historiador griego, Diodoro Sículo, contemporáneo de Julio César, escribió en relación al imperio romano, que: “Quienes desean alcanzar la hegemonía la adquieren con valor e inteligencia, la aumentan con moderación y benevolencia y la mantienen con temor y terror paralizante (phobos kai kataplêxis)”. Esta última, decía Perry Anderson en su libro La palabra H, podía describir el tipo de hegemonía desplegada por EE.UU. durante la llamada “guerra contra el terrorismo”. Así, después de los ataques a las Torres Gemelas del 11S de 2001 George W. Bush largó la invasión de Afganistán y la segunda guerra de Irak (2003). De esta forma, el imperialismo norteamericano se propuso administrar la relativa decadencia de su hegemonía mediante el terror.
Con la invasión a Irak tenía el arrogante objetivo de destruir un Estado y crear otro según sus intereses (lo que se dio en llamar nation-building). La primera parte de la ecuación la logró (con un costo humano que según los cálculos conservadores asciende a 600 mil muertos), la segunda no. El efecto indeseado de esta operación fue el fortalecimiento de Irán, que era uno de sus principales contrincantes regionales desde la revolución de 1979. Una revolución que terminó encabezada por la dirección teocrática del ayatola Jomeini pero que tuvo un origen mucho más radical, que dio lugar entre otras cosas al desarrollo de los Shoras, proto-consejos de trabajadores y soldados, y cuyos sectores radicales –incluido el movimiento kurdo- tuvieron que ser derrotados para imponer el Estado teocrático. En aquel entonces el Irak dirigido por Saddam Hussein fue utilizado como plataforma del imperialismo para “contener” la revolución.
Para “enmendar” aquel error de la segunda guerra del golfo, que terminó fortaleciendo a los sectores chiitas de la burguesía iraquí y la influencia del régimen iraní sobre Irak, el imperialismo norteamericano, a través de sus aliados, en primer lugar Arabia Saudita, apoyó el desarrollo del llamado “Estado Islámico” (ISIS) para contrarrestar la influencia chiita en la región. El Estado Islámico tomó fuerza esencialmente en base a la “mano de obra desocupada” de decenas de miles de exfuncionarios sunitas del derrocado Gobierno de Saddam Hussein, que habían sido humillados y despedidos de sus puestos en los aparatos de seguridad y el Ejército por la ocupación estadounidense, y se radicalizaron al calor de la mayor influencia iraní sobre el gobierno de Bagdad y del empantanamiento de los objetivos del imperialismo en la región. Como siempre sucede (al igual que con Saddam Hussein o los talibanes) una vez que el ISIS cobró demasiada fuerza estableciendo el control territorial de toda un parte de Irak y Siria en 2014 sobrevino “la lucha contra el ISIS”, para la cual Obama se tuvo que asociar con Irán. Nuevamente el resultado de conjunto de esta operación fue desfavorable al imperialismo norteamericano, al contrario de los objetivos iniciales, terminó aumentando nuevamente la influencia del régimen iraní en la región (tanto en Irak como en Siria).

El giro trumpista

De aquella época (2015) datan los acuerdos con EE.UU. y otras potencias en los que Irán se comprometía a congelar su programa nuclear a cambio de evitar sanciones económicas. Los mismos eran parte de una estrategia de “contención” respecto a Irán en el marco del caos generado por la propia política imperialista de opresión, intervención militar y fomento de la lucha interreligiosa. El abandono de Trump de aquellos acuerdos en 2018 y la aplicación de nuevas y duras sanciones económicas es parte del giro de la política del imperialismo norteamericano y de la vuelta del nacionalismo de las grandes potencias que tiñe crecientemente el escenario internacional actual y que vino a sustituir el anterior “globalismo” imperialista. Las sanciones económicas contra Irán, a las que se sumaron nuevas este pasado viernes 10, están en la base de la importante crisis económica que atraviesa el país.
La estrategia adoptada por Trump de “presión extrema” ha motivado una serie de hechos, la mayoría atribuidos extraoficialmente a Irán o a sus aliados, y que terminó en la escalada de tensiones de la última semana. Entre mayo y junio fueron atacados buques petroleros en el estrecho de Ormuz, que es controlado por Irán; en junio fue derribado un drone estadounidense que sobrevolaba espacio aéreo iraní (cuestión que EE.UU. niega); en septiembre tuvo lugar un ataque con drones, que hizo peligrar la capacidad de las refinerías de Arabia Saudita y fue atribuido a aliados de Irán en Yemen; mientras que en diciembre un ataque atribuido a la organización iraquí proiraní Kataeb Hezbolá, terminó con la muerte de un mercenario estadounidense. A este último hecho respondió Estados Unidos con un bombardeo que dejó al menos 25 muertos de esa milicia iraquí, lo que provocó una oleada de repudio entre las distintas milicias que responden a Irán dentro de Irak y terminó en el asalto y la toma de la Embajada de Estados Unidos en Bagdad, en la “zona verde” (supuestamente la más segura del país) por lo que Estados Unidos tuvo que evacuar de emergencia a todos sus funcionarios, y concluyó tres días después con el asesinato del general Soleimani, la segunda figura del régimen iraní después del ayatola Alí Khamenei.
En última instancia lo que está en el trasfondo de los hechos que vimos los últimos días es la disputa por la subordinación de Irán y el control de Medio Oriente por parte del imperialismo. Lejos de haberse resuelto luego de la presente crisis, esto se ha agudizado. Es que al calor de la decadencia hegemónica estadounidense, y los fracasos de sus intervenciones en la región, Irán logró sobreextenderse militar y políticamente -mediante una serie de organizaciones que le son afines- a un territorio que incluye Irak, Yemen, Siria y Líbano, lo que le permite tener un corredor para llegar hasta el Mediterráneo, emulando lo que fue el viejo imperio persa. Esto, junto a la permanente amenaza de avanzar en su plan nuclear, es lo que le permite de alguna manera contrapesar la hostilidad de los agentes directos de Estados Unidos en la región, Israel y Arabia Saudita.
Sin embargo, por su posición geopolítica y los recursos hidrocarburíferos, que siguen siendo la principal fuente de energía del mundo, Medio Oriente tiene un carácter estratégico que el imperialismo no se puede dar el lujo de abandonar sin degradar al mismo tiempo su peso ante las potencias rivales. A pesar del discurso de Trump, que llegó a decir que se podía retirar de Medio Oriente porque no dependía de su petróleo (EE.UU. actualmente produce más de lo que consume), hoy no existe autarquía en ese plano como lo muestran las bajas abruptas de las bolsas o los aumentos de los precios del petróleo, con cada uno de los episodios que ocurren en la región.
Este ABC de la geopolítica lo han entendido a la perfección Rusia y China que a la inversa del pretendido aislacionismo trumpista, cada vez extienden más sus tentáculos en Medio Oriente. No se trata solo de infraestructura, proyectos petroleros comunes, o comercio, que efectivamente existe, sino de desembarcar políticamente en la región y ocupar cada uno de los espacios que va dejando vacante Estados Unidos. La imagen más palpable de este escenario fue la del presidente ruso, Vladimir Putin, viajando por sorpresa a Siria en medio de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, para enviar un claro mensaje a ambos países de que no iba a permitir que una guerra arruine el poderío que el Kremlin conquistó en Siria en los últimos años, haciendo acuerdos con prácticamente todos los actores regionales.

Irak entre dos fuegos

Irak ha sido el escenario del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. Al contrario de lo que se podría pensar, ambos países trabajaron en común tras el derrocamiento de Saddam Hussein y la ocupación militar para moldear lo que sería el nuevo régimen iraquí. La “nueva democracia” imperialista buscó equilibrar los distintos componentes étnico-religiosos con cuotas de poder para cada uno, dándole zonas de control y desmembrando en los hechos al país entre un noroeste y centro con mayoría sunita, un centro y sur del territorio controlado por los chiitas, y el noreste controlado por los kurdos. En ese proceso de “normalización”, Estados Unidos no pudo evitar que, teniendo en cuenta la mayoría chiita de la población y el peso político-ideológico de sus principales clérigos, Irán fuera un factor clave, que finalmente se convirtió en determinante por su influencia no solo religiosa y política, sino mediante milicias que están integradas al Estado iraquí, pero que responden a los intereses iraníes.
En este sentido el periodista Patrick Cockburn, señala en un reciente artículo que la historia real de las relaciones entre Estados Unidos e Irán ha sido una extraña mezcla de rivalidad y cooperación: “Esto no es obvio porque la cooperación fue en gran medida encubierta y la rivalidad explícita”, y sigue “ambos países querían un gobierno chiita estable en el poder en Bagdad y se dieron cuenta de que esto solo podría suceder si Estados Unidos e Irán se ponían de acuerdo respecto a quiénes serían los líderes iraquíes aceptables para ambos”. Es así que desde la constitución de 2005, redactada por Estados Unidos y en la que se define un presidente kurdo, un primer ministro chiita (quien verdaderamente tiene el poder) y un presidente del Parlamento sunita, EE.UU. e Irán eligieron por consenso al primer ministro durante todos estos años.
Sin embargo, el escenario en Irak se estaba convirtiendo en un polvorín social antes de la escalada militar entre EE.UU. e Irán. El último primer ministro elegido entre ambos, Adel Abdul Mahdi, tuvo que renunciar en noviembre en medio de las protestas callejeras más masivas que se vivieron en los últimos años. Solo se quedó como primer ministro interino, porque en medio de la crisis no había forma de encontrar a un sucesor de consenso.

El ciclo de revueltas y la crisis de la teocracia iraní

Ahora bien, la extensión –o “sobreextensión”– de la influencia regional de Irán es altamente contradictoria con la crisis que atraviesa a la teocracia gobernante, la situación de profunda crisis económica y social -en gran medida producto de la dura política de sanciones norteamericanas- y de las importantes revueltas que enfrenta en su zona de influencia y, en primer lugar, en el propio Irán.
Las sanciones imperialistas vienen golpeando fuerte a la economía iraní. Sus exportaciones de petróleo se desplomaron de 2.4 millones de barriles por día en abril de 2018 a menos de 500.000 en septiembre de 2019. En ese período la inflación se disparó, su moneda se devaluó un 60% y la economía entró en recesión. Solo parcialmente el sector no petrolero logró amortiguar un poco el golpe (el 57% de las exportaciones iraníes no son petroleras). Según las estimaciones del FMI la contracción del PBI en 2019 asciende a más 9%. En esta situación, el 15 de noviembre pasado el Alto Consejo de Coordinación Económica de Irán anunció el racionamiento de los combustibles y aumentos de hasta un 300%. Mientras gran parte de la economía (y de sus beneficios) está concentrada en manos de la teocracia y fundaciones religiosas, el presidente Rouhani argumentaba que era necesario el retiro de los subsidios al combustible para “trasladarlos” a los más pobres. Aquel aumento fue un catalizador que hizo estallar la revuelta.
Las protestas comenzaron ese mismo día. Inicialmente fueron contra el aumento de los combustibles en la capital pero rápidamente se extendieron a más de 21 ciudades del país y comenzaron a cuestionar al gobierno y al régimen. Si bien no hay datos oficiales y el gobierno restringió el acceso a internet para evitar la extensión de las manifestaciones, diversas fuentes elevan la cantidad de muertos durante las protestas a 300 o más según la fuente, sin que pueda saberse con certeza. En cualquier caso, la brutal represión provocó la profundización de la revuelta. Se destruyeron alrededor de 700 bancos gubernamentales, incluido el banco central de Irán, centros religiosos islámicos, se derribaron tanto estatuas del ayatola Ali Khamenei como carteles antiestadounidenses. Esta serie de protestas han sido calificadas como las más violentas desde la revolución de 1979.
Pero el ciclo de revueltas no se limita a las fronteras de Irán sino que se extiende a su zona de influencia. En el Líbano las movilizaciones masivas vienen de forzar la renuncia del primer ministro Saad Hariri. Las protestas en Irak expresaron el hartazgo con las condiciones sociales, económicas, políticas y militares que vive el país. Tras años de ocupación y guerra, que provocaron cientos de miles de muertos y otros tantos de refugiados, hoy el 60% de la población iraquí tiene menos de 25 años y 40% de esos jóvenes están desempleados. La mayoría vivió toda su vida bajo ocupación y guerra, y la imagen que tienen de los políticos es de una casta de corruptos que negociaron los recursos naturales y económicos del país con las potencias imperialistas dejando a Irak en la miseria. Por eso, las recientes protestas, que estuvieron protagonizadas por una juventud mayoritariamente chiita, pusieron el eje tanto en el cuestionamiento al régimen político como en la presencia de las tropas militares estadounidenses y el creciente peso político-militar de Irán en el país.
El ataque de Trump, abrió un paréntesis en el ciclo de protestas con los funerales de Soleimani. Sin embargo, el pasado viernes 10 de enero ya hubo nuevas movilizaciones en Irak, y el derribo del avión comercial ucraniano, con la gran mayoría de sus pasajeros iraníes, que el gobierno de Rouhani negó durante días y ahora reconoce producto de un “error humano”, amenaza con ser el catalizador de un nuevo capítulo de la profunda crisis interna que atraviesa el Irán.

La decadencia norteamericana y el juego de potencias

En última instancia el “legado” del fracasado plan de Estados Unidos de construir un nuevo Estado iraquí según sus intereses, terminó bajo el trumpismo en la quimera actual de un país ingobernable que puede ser ya no solo el terreno en disputa con Irán, sino que plantea también la posibilidad de avance de otras potencias. Este viernes 10 de enero, la agencia Rusa RIA Novosti informó que tras los ataques estadounidenses se habían reanudado las conversaciones para que Irak adquiera los sistemas de defensa rusos de misiles tierra-aire S-300. Esto se suma a parte de los acuerdos que Putin acaba de negociar con el presidente turco, Recep Erdogan, en su viaje relámpago, que incluyen la compra por parte de Turquía de los sistemas de misiles de defensa anti-aérea de largo alcance, el S-400 Triumf, que reemplazarían al sistema Patriot de EE. UU. Es decir, un escenario de pesadilla para el imperialismo norteamericano, que se agudiza con la política de Trump, dando lugar al avance de otras potencias, y en el marco de la disputa geopolítica global con China, que supera con creces lo “comercial”.
La maltrecha hegemonía estadounidense parece retroceder incluso más allá de aquel “phobos kai kataplêxis” (temor y terror paralizante) del que hablaba Sículo y con el que EE.UU. enfrentó su decadencia desde comienzos del siglo XXI. Esto, sin embargo, no la hace una potencia imperialista más moderada sino más inestable y agresiva. La crisis militar que se desarrolló en estos días fue una muestra de ello. No puede separarse del cuadro de conjunto marcado por la crisis histórica del capitalismo actual, una crisis económica rastrera y la imposibilidad del capitalismo de encontrar nuevos motores de la economía mundial, la vuelta del nacionalismo de las grandes potencias, la proliferación y profundización de “crisis orgánicas”, o elementos de las mismas, en múltiples países (tanto imperialistas como periféricos), y la irrupción de un nuevo ciclo de la lucha de clases a nivel internacional, todo lo cual de conjunto configura un nuevo escenario internacional.

Juan Andrés Gallardo
Matías Maiello

sábado, 11 de enero de 2020

Alberto Garzón, Cuba… y el consumo




#Cuba. Los países nórdicos presentan el mejor cumplimiento de los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero ¿son un modelo para el mundo? No parece. Espacio "Contratuit", en Cubainformación TV.

La caída del avión en Irán no da tregua a la crisis




La caída del Boeing 737 de Ukraine International Airlines, que trasladaba 176 pasajeros, durante la madrugada del pasado miércoles, se inscribe en un escenario de tensiones, choques y guerras, en Medio Oriente, provocado por la presencia imperialista en la región.

La caída del avión ocurrió algunas horas después de que el gobierno de Irán lanzara una veintena de misiles sobre las bases de Ain al-Asad y de Erbil, y de que el mismo día dos cohetes impactaran en las inmediaciones de la Zona Verde de Bagdad –lugar que alberga varias embajadas, entre ellas la norteamericana-, en respuesta al asesinato del jefe militar iraní Qasem Soleimani. Esto indicaría para algunos que el régimen iraní mantenía activas sus defensas antiaéreas a la espera de posibles represalias por parte del imperialismo yanqui.
Es la hipótesis que infieren desde los Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña, cuyos gobiernos señalan que “todo indicaría” que el avión habría sido derribado por un misil tierra-cielo lanzado desde Irán, si bien recalcan que el hecho no sería intencional, sino el resultado de una negligencia iraní en medio de las tensiones disparadas en la última semana. Para acreditar esta versión alegan contar con informes de inteligencia que sustentarían tal hipótesis, entre ellos la detección del lanzamiento de dos misiles, por parte de un satélite estadounidense, minutos antes de que el avión colapsara. Por su parte, The New York Times difundió un video, cuya veracidad dicen haber confirmado, donde pareciera verse el impacto de un objeto contra lo que supondría ser el avión en cuestión.
Por el lado del gobierno iraní han manifestado que de ninguna manera se trata del derribo del avión y que el siniestro se debería a causas técnicas ocasionadas por la falla del motor de la aeronave, lo que habría llevado al colapso de la misma y su precipitación a pocos minutos de haber despegado de aeropuerto de Teherán. El jefe de la Organización de Aviación Civil de Irán, Ali Abedzadeh, aseguró que “durante más de un minuto y medio [el avión] estuvo ardiendo y en el aire, y la localización muestra que el piloto estaba intentando regresar [al aeropuerto]" (BBC 10/1). La misma fuente habría aseverado que “desde un punto de vista científico es imposible que un misil alcanzara el avión ucraniano” (La Nación 10/1).
El presidente de Irán, Hassan Rohani, solicitó crear un equipo conjunto con expertos ucranianos e iraníes para esclarecer los hechos. Desde Ucrania, respondieron cautelosamente sin aseverar ninguna de las hipótesis y plegándose a la convocatoria iraní. También se invitó al fabricante Boeing para que participe de los peritajes de la aeronave. Uno de los puntos claves es el análisis de las cajas negras recuperadas, cuya complejidad depende de la capacidad técnica de unos pocos países. Desde Irán aún no han determinado a quién encomendarán esta tarea. La investigación de los hechos podría involucrar a varios expertos, países e instituciones, y dilatarse a lo largo de más de un año, hasta que se pueda determinar con veracidad lo sucedido.

La crisis continúa

Desde Prensa Obrera advertimos que la situación de Medio Oriente se encontraba atravesada por contradicciones y tensiones, a tal punto, que incluso la decisión de evitar un desenlace bélico mayor podía escapar a la voluntad de los distintos protagonistas. En definitiva, cualquier hecho aislado podría hacer explotar el polvorín en el que se ha convertido una región atestada de tropas imperialistas, conflictos bélicos y puja de intereses.
La crisis desatada por la caída del Boeing 737 se desarrolla en este terreno turbulento. Desde los Estados Unidos aprovecharon la situación para extender el cerco diplomático contra Irán, señalando al régimen iraní como un elemento desestabilizador de la región, mientras que, en verdad, es el despliegue militar norteamericano –más de 60 mil soldados en la zona- y su política imperialista la que ha hecho estragos en Medio Oriente. Trump acaba de anunciar que intensificará las presiones económicas y sanciones contra Irán, atizando aún más la crisis en la región. Irán es presentado así como el responsable de los hechos, cuando el trasfondo se encuentra dominado por un imperialismo que mantiene al límite la tensión en la zona. Recordemos que Estados Unidos abandonó unilateralmente el acuerdo de 2015, por el que Irán había aceptado congelar su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones económicas. Esta reintroducción de sanciones agravó dramáticamente las penurias económicas de las masas iraníes.
Bajo la apariencia de desestimar una escalada bélica, por parte del imperialismo, se oculta una acumulación de tensiones que más temprano que tarde podría dar lugar a un estallido de todas las contradicciones presentes y a un desenlace bélico a gran escala. Es la crisis mundial lo que domina el escenario actual y lo que está llevando al imperialismo y a Medio oriente a un callejón sin salida.

Marcelo Mache

"Casi 3.000 de los presos actuales no deben estar en la cárcel"

Entrevista a la directora del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), Ana Juanche

Para la directora del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), Ana Juanche, hay personas tan “rotas” que necesitan un “acompañamiento de por vida” por tener “escindida su capacidad de sentir de su capacidad de pensar”.

Cuando se licenció en Lingüística por la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República, Ana Juanche nunca pensó que iba a terminar a la cabeza del sistema carcelario uruguayo. Hay un gran trecho del estudio del latín a gestionar un mundo caótico con las personas más violentas del país, pero una carrera profesional orientada a los movimientos sociales y los derechos humanos acortó ese camino.
Fue justamente esa sensibilidad humanista la que derivó en el llamado de Eduardo Bonomi, ministro del Interior, para que Juanche se integrara en 2016 al equipo directivo del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR). Desde entonces se ha enfocado en aportar una mirada alternativa para llegar, “casi 50 años después”, a los programas educativos, laborales y psicológicos que se aplican a los reclusos en los países anglosajones.
Desde junio tiene la posibilidad de profundizar en ese enfoque, cuando la fuga de Rocco Morabito ocasionó su ascenso ante la renuncia del entonces director Alberto Gadea. Pero la tarea no es fácil: Uruguay tiene un récord de 11.519 presos con prioridades presupuestales que “van por otro lado” e impiden, según Juanche, sacar de las prisiones al menos a 2.500 personas de bajo riesgo; la falta de inversión determina también que no existan las suficientes “intervenciones cognitivas y conductuales” para que un delincuente aprenda a ser vulnerable cuando la víctima le implora “¡no me mates!”.
Para Juanche, esa es la única forma de disminuir los altos índices de robos, rapiñas y homicidios que alcanzó Uruguay, y también de evitar la pena de muerte y la cadena perpetua. “No es un pensamiento naif. Lo mejor que puedan volver esas personas redunda en beneficios de todos”. A continuación, un resumen de la entrevista de la primera mujer en dirigir el INR con Búsqueda.
—¿Con qué se encontró en estos seis meses como directora del INR?
—Este recorrido como directora ha sido breve, por lo cual el balance debería hacerlo desde octubre de 2016, cuando pasé a integrar el equipo que dirige la institución. En ese momento cuando el ministro me convoca me pide trabajar en tres cosas muy concretas: la clasificación de la población privada de libertad, la promoción de los programas de rehabilitación y aumentar la posibilidad de que las personas trabajaran y estudiaran. A partir de ahí comencé a trabajar con una mirada integral. Lo primero que hice fue un plan estratégico a tres años, hasta 2019, y con esa herramienta pudimos reorganizar un poco el curso institucional, que era muy urgente y le faltaba un poco la mirada más a mediano y largo plazo. Y creo que con ese plan pudimos ordenar bastante el rumbo, aunque quedan muchas cosas por consolidar y otras tantas por desarrollar.
—Da la sensación de que el país no tiene una política carcelaria definida.
—Al Uruguay le hace falta una política pública para la ejecución penal, que trascienda al INR y que trascienda al gobierno de turno, al partido político de turno. Para entender la rehabilitación el Estado se debe comprometer y debe adecuar sus políticas al contexto de la privación de libertad y al perfil de las personas que transitan esa situación. El INR tiene la directriz de liderar esas políticas pero hacen falta muchas otras cosas: una política educativa que se adecue al contexto; una política integral de la salud que atienda los múltiples problemas, de drogas, mentales, de alimentación, bucales; las políticas habitacionales, porque la persona si sale tiene que retornar al barrio donde consumió drogas y se vinculó al delito, vuelve a la misma rosca y no quiere hacerlo, pero no tiene alternativas certeras ni suficientes; y por supuesto en el área de trabajo, donde las personas para generar una vida fuera del delito deben tener alternativas laborales reales, porque si no se pueden insertar eficientemente en el mercado de trabajo, van a tener poca sostenibilidad en la sociedad.
—Desde 2010 han pasado por el INR siete directores distintos, incluida usted. ¿Cómo se logra esa política a largo plazo con tan alta rotación en el cargo más importante?
—El cambio del gestor es secundario si la política está trazada. El problema es cuando se conjugan las dos cosas. Y este INR actual no es el mismo de hace tres años cuando yo ingresé. Ahí era más complejo, entiendo yo que el viraje que hemos dado en estos últimos tres años es el rumbo a mantener. Por ahora se ha organizado todo con actos administrativos internos porque no hay una ley de organización del INR y en eso el Estado es omiso: para legitimar, además del presupuesto y de la idea hay que ponerle norma. Hace falta una ley de ejecución de penas que diga qué es lo que le compete al INR, tenemos una ley vetusta que es el decreto 14.470 del año 1976, de la dictadura. El sistema mutó, no podemos seguir con un marco legal parcial, desactualizado, que deja muchos agujeros y mucha discrecionalidad a la administración penitenciaria.
—Así como en la educación especialistas y autoridades miran a Finlandia como modelo, ¿existe algún país al cual a usted le gustaría aproximarse en materia carcelaria?
—Más que un país modelo nos inspiramos en los modelos anglosajones, que funcionan muy bien desde la década de los 70. Fíjense, estamos llegando casi 50 años después a cosas que estos países tienen muy resueltas como la clasificación y la evaluación de las personas según un perfil de riesgo, criminológicos. Venimos llegando después para entender que trabajar y estudiar es fundamental pero no suficiente para que las personas se rehabiliten. Nosotros en estos tres años hemos ordenado el sistema, clasificando y evaluando a las personas con un modelo de riesgo. Antes una persona entraba a una cárcel dependiendo del técnico que la recibiera, sin transparencia ni trazabilidad. Hoy tenemos un sistema con una misma herramienta de evaluación para todos, con un destino que lo decide una junta nacional según el perfil criminológico y social de la persona.
—Y una vez dentro del sistema, ¿cómo debe tratarse al recluso?
—Las decisiones de las personas privadas de libertad están condicionadas por sus necesidades criminógenas: si es un usuario problemático de drogas, probablemente tome malas decisiones y salga a robar para consumir, que es el delito que tiene más representación del total. En Uruguay ocho de cada 10 personas que ingresan al sistema penitenciario declaran ser usuarios problemáticos de drogas, y de esos ocho entre seis y siete dicen que en los últimos meses la motivación para cometer el delito fue consumir. Es evidencia pura. Entonces para modificar esas necesidades criminógenas hay que trabajar sobre las conductas, sobre los pensamientos. Los sistemas anglosajones tienen programas de control de agresión de género, de agresión sexual, de control de adicción de drogas que se trabajan inmediatamente, enseguida que una persona ingresa al sistema, y por varias fases. Son intervenciones cognitivas conductuales donde las personas aprenden a modificar sus conductas y que se mantienen una vez que las personas egresan del sistema. Son programas masivos, disponibles para todos, pero nosotros los tenemos solo en algunas unidades, de manera incipiente, con mucho esfuerzo. Y se necesitan si queremos que una persona aprenda a ser vulnerable al grito del otro cuando le dice “¡no me mates!”. Que aprenda a escuchar al otro y pueda poner su necesidad en segundo plano frente al dolor del otro y pueda pensar que está vulnerando una vida.
—¿Por qué no se amplían estos programas?
—Implica una inversión muy grande del Estado, pero es una inversión imprescindible, porque trabajando con la población privada de libertad es que vamos a abatir los índices de delitos. Esta evidencia internacional muestra que los modelos basados en riesgo y necesidad de respuesta funcionan. Esto está probado que funciona porque baja la tasa de retorno al sistema a mediano y largo plazo. Esa tasa hoy en Uruguay es del 64%. Con ese tipo de programas, en vez de que salga de la cárcel por tentativa de hurto y a los cinco días vuelva a ingresar porque intentó abrir un auto o robar una garrafa, capaz que la próxima entrada la prolongamos dos meses y la siguiente seis meses. Pero estamos en un país que tiene recursos finitos y un presupuesto acotado. El país va a tener que ver cómo negocia las prioridades.
—La directora del Inisa (Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente), Gabriela Fulco, dijo el año pasado que “el quiebre de códigos” en algunos jóvenes infractores es tan profundo que no hay esperanza de rehabilitarlos. ¿Comparte?
—Creo en la posibilidad del ca mbio de la persona, si no, no podría liderar una institución como esta, porque asumiría que gestiono el horror, la miseria, lo peor del ser humano, y sería la mía una gestión hipócrita. Si no, creemos en la posibilidad del cambio de la persona, ¿qué vamos a hacer? O le ponemos un acompañamiento de por vida o vamos a medidas más drásticas como las que ponen otros países, como la pena de muerte, como la cadena perpetua, que son debates que nosotros ya hemos superado ampliamente como sociedad. La de hoy no es la cárcel del siglo XVIII, de encierro y castigo.
—Pero qué hacer con aquellas personas que son más difíciles de recuperar.
—Sí, hay personas que por su grado de deterioro socioemocional el trabajo es muy duro. Diariamente nos enfrentamos con personas que están muy rotas, muy rotas, que están quebradas, que tienen escindida su capacidad de sentir de su capacidad de pensar. Disocian el pensamiento del sentimiento y con eso es que tenemos que trabajar. Pero tenemos que pensar que por suerte no tenemos pena de muerte ni tenemos cadena perpetua, entonces esas personas van a volver a la sociedad, y lo mejor que puedan volver redunda en beneficio de todos. Todos los reclamos y opiniones que piden que estas personas “pasen mal, que sufran”, solo refuerzan eso que ya está roto, y si les decimos a estas personas que no valen un plato de comida digna, un colchón cómodo, una celda sin insectos, reforzamos su parte negativa. Sé que no es una tarea fácil, que es difícil, pero se puede hacer porque muchos sistemas con índices de violencia mucho más altos han podido revertir ese tipo de conductas. Si queremos que la persona vuelva, aun tras cometer el peor crimen de todos, con una sentencia de 30 años, yo voy a querer que esa persona vuelva en otras condiciones.
—Usted plantea una abordaje integral desde el lado humano...
—Sí, pero este no es un pensamiento naif.
—En junio la Guardia Republicana (Policía militarizada) pasó a hacerse cargo de la seguridad de las cárceles. ¿Cómo ha funcionado hasta ahora?
—En términos generales mi balance es que ha sido positiva la incorporación porque es mentira que la gente puede salir a estudiar o a trabajar en una unidad en un contexto inseguro. La seguridad es una pata básica, por eso no hablo de una mirada naif que prescinda de la seguridad. Sabemos que estamos trabajando en algunos casos con personas que son violentas, que no regulan sus conductas, que están atravesadas por síndromes de abstinencia, que actúan y después piensan. Todo eso hay que tenerlo muy bien controlado y eso se controla con la seguridad dinámica, del operador del INR que en la convivencia diaria está pendiente en forma permanente del micromundo de las personas, por ejemplo, de aquel que tiene deudas de drogas o problemas familiares y de la seguridad estática, más vinculada a la Guardia Republicana, a la respuesta con el uso de la fuerza.
—¿Hay actualmente hacinamiento en el sistema penitenciario?
—No, ¡pero ojo: hoy! Porque esto... qué sé yo, si la operación que el Ministerio del Interior siempre hace en verano es efectiva y el índice de delito sube en verano como suele pasar, vamos a tener menos plazas en cualquier momento.
—¿Cuántas son las personas privadas de libertad al día de hoy?
—Hoy tenemos 11.519 personas privadas de libertad (1), por eso es necesaria una política de Estado, pensar qué se va a hacer con la política criminal, si nuestro país puede sostener de forma responsable el índice de prisionalización que tenemos, que es altísimo en la región y es altísimo en el mundo.
—¿Cuál cree que debe ser el límite de personas privadas de libertad?
—Yo creo que hoy dos de cada 10 que están presos no deberían estarlo. Hoy tenemos 2.500, casi 3.000 personas que podrían estar perfectamente en una medida no privativa de libertad. Hay que discutir profundamente a quiénes vamos a encarcelar. La clasificación y la evaluación hay que hacerla antes, previo a la sentencia: en el momento de la negociación, cuando la Fiscalía esté imputando a la persona, en el juicio se formalizó y está en la investigación, ahí hay que hacer el estudio del perfil criminológico y ver si tiene sentido encarcelar a la persona o tiene sentido fortalecer el sistema de medidas alternativas y acompañarla en el medio libre.
—¿No implica eso un peligro?
—No, en los sistemas modernos las personas con bajos riesgos no entran al sistema. Van a medidas alternativas que brindan determinadas prestaciones para que puedan cumplir la pena de otra forma, porque es poco probable que puedan cometer un delito. La evidencia internacional muestra que si una persona tiene bajo riesgo, cuando ingresa a la cárcel lo que hace es intensificarlo. Eso se llama contacto criminógeno. Esa gente no debería entrar a la cárcel para evitar un costo mayor a posterior que es fortalecer ese riesgo que era bajo. Sobre todo las personas primarias, jóvenes, que no vienen de trayectorias delictivas iniciadas tempranamente. Sí deben entrar las personas con riesgo medio y alto.
—¿Y deben hacerlo en cárceles masivas como el Penal de Libertad o en unidades más chicas, como las chacras policiales?
—Tengo una posición personal y en eso hay un consenso hasta del propio ministro del Interior. Nadie duda de que las unidades más pequeñas, de hasta 500 personas, son las unidades manejables a escala humana, donde uno puede conocer y seguir a todas las personas, e incluso a nivel administrativo y burocrático es más abarcable. Ahora, gigantes como los que tenemos nosotros como la Unidad Nº4 Santiago Vázquez... ¡3.500 personas o 3.600 personas! Eso es imposible de gestionar a escala de proximidad. Tendrías que tener un caudal de funcionarios que tampoco cabe ahí.

Juan Pablo Mosteiro y Juan Pittaluga
Búsqueda

Nota:

1) De las 11.519 personas encarceladas, el 98% son varones, la mayoría pobres y menores de 35 años, con poca experiencia laboral, baja escolarización, nacidos y crecidos en los barrios de las periferias urbanas. De ese total, 624 son mujeres que, en forma creciente, son condenadas por delitos como el robo, el hurto, la rapiña, la extorsión, y la tenencia y micro-comercialización de drogas ilegales.

jueves, 9 de enero de 2020

#AustraliaBurning: un nuevo capítulo en la crisis ambiental




Los incendios forestales se extienden a todo el país afectando poblaciones y provocando la desaparición de 500 millones de animales.

Las imágenes de los incendios forestales en Australia volvieron a conmocionar al mundo. La ola de incendios que golpea desde septiembre al sureste del país se está extendiendo a todo el país con consecuencias muy severas.
Ya son al menos 18 las personas fallecidas, 28 se encuentran desaparecidas, hay miles de evacuados y más de 1.300 viviendas destruidas. Al mismo tiempo, la cifra escalofriante de animales que perdieron la vida: casi 500 millones.
Con estos números es inevitable la extinción de algunas especies enteras. Estamos ante la peor crisis a causa de incendios en la historia reciente australiana, donde el fuego quemó aproximadamente 5,5 millones de hectáreas.
Los estados más afectados son los de Victoria y Nueva Gales del Sur, aunque en las últimas semanas se extendieron hasta afectar a cuatro de los seis estados del país. La ciudad de Sidney se encuentra rodeada entre los distintos focos y sus habitantes usan mascarillas para soportar el humo, que también llegó al país vecino Nueva Zelanda.
En los próximos días se espera un agravamiento de la situación, ya que se pronostican temperaturas superiores a los 41°. Especialistas advierten que los incendios posiblemente duren varios meses más.

¿Desastre natural o la destrucción del medio ambiente?

La causa principal de los incendios responde a un aumento considerable de las temperaturas, que no bajan de los 40°, y a un adelantamiento y extensión de las mismas. El invierno australiano fue más caluroso que en el pasado y las escasas lluvias llevaron a una situación extrema de sequía, lo que facilitó la propagación del fuego.
Un informe de la Universidad Nacional de Australia advierte sobre el adelanto irremisible de los veranos y la desaparición del invierno para 2050. Los científicos marcan que los incendios, sequías y falta de lluvias son inseparables al calentamiento global. Un reflejo de esto es que la temperatura media del país aumentó un grado en comparación al siglo pasado. Por este camino, las temporadas de incendios serán cada vez más frecuentes y duraderas.
Sin embargo, el gobierno australiano busca achacar la responsabilidad a un “desastre natural” que no tiene relación con el cambio climático. Esto se explica por el peso de la industria del carbón en la economía del país, de la que es de los principales exportadores. De hecho, el gobierno –aliado de Trump y Bolsonaro- viene de eliminarle un impuesto a la emisión de carbono, cuando éstas siguen aumentando considerablemente.
El primer ministro, Scott Morrison, está siendo duramente cuestionado por haber tenido una reacción tardía (se encontraba de vacaciones en Hawaii mientras el país ardía), pero también por sus declaraciones negacionistas sobre la crisis ambiental. El que más a fondo fue es el viceprimer ministro que en noviembre del año pasado, en medio de los incendios, dijo que esto se da “desde el principio de los tiempos” y que los que se preocupan por el cambio climático son “unos lunáticos delirantes”.
Por otro lado, casi la totalidad de los bomberos que están combatiendo el fuego, con jornadas de hasta 12 horas por día, son voluntarios y denuncian que no reciben los recursos necesarios ni las condiciones mínimas de seguridad para llevar adelante su trabajo.
Esto generó un gran rechazo en toda la sociedad. En algunas de las localidades más afectadas que el gobierno quiso visitar para mostrar una respuesta, los recibieron con carteles que decían “no sos bienvenido”, a la vez que reclaman condiciones dignas de trabajo y remuneradas para los bomberos.

Crisis mundial y depredación capitalista

La columna vertebral de la crisis climática es el aumento de los gases de efecto invernadero que provoca el ascenso de las temperaturas, lo que lleva al derretimiento de los hielos polares. Las consecuencias son el aumento del nivel del mar, la pérdida de biodiversidad y la aparición de fenómenos climáticos extremos como sequías, olas polares y calores extremos.
El año pasado asistimos a una aceleración en la depredación del pulmón más grande del planeta, el Amazonas. Al mismo tiempo se extiende en los países oprimidos la megaminería contaminante, la habilitación del método del fracking, el uso de agrotóxicos en el cultivo, la deforestación de bosques y selvas, que siempre tienen a pulpos imperialistas detrás.
Es lo que sufrimos en Argentina con Monsanto y sus transgénicos, con los derrames de cianuro de la Barrick Gold y más recientemente con el intento de envenenar el agua en la provincia de Mendoza. Esta orientación es defendida ahora por Alberto Fernández, que estructura su plan económico para pagar la deuda externa centrado en la explotación de Vaca Muerta y la minería.
En el cuadro internacional de guerra comercial, donde las potencias imperialistas se disputan las ganancias de la explotación de los recursos naturales y del trabajo para sobrellevar la crisis capitalista, quedan en ridículo todas las cumbres internacionales organizadas para trazar acuerdos que reviertan la crisis ambiental.

Si el capitalismo destruye al planeta, destruyamos al capitalismo

La crisis climática ha desencadenado el año pasado masivas jornadas internacionales de movilizaciones en defensa del medio ambiente. Más de tres millones de personas se concentraron en todos los continentes en la huelga que se realizó en septiembre. Amplios sectores del movimiento han tomado conciencia de que el responsable es el régimen social en que vivimos, lo que quedó graficado en la consigna: “el capitalismo quiere destruir el planeta, destruyamos al capitalismo”.
El método de la acción directa y la movilización masiva es el principal factor de dinamismo del movimiento, si bien es muy heterogéneo y concentra sus expectativas en acuerdos entre los gobiernos imperialistas y sus organismos como la ONU. El desafío es intervenir como un factor de impulso a la lucha del movimiento, colaborando en la superación de las conclusiones a la cuales se va arribando al calor de una experiencia común. En definitiva, la defensa del medio ambiente está totalmente ligada a la lucha de les trabajadores y la juventud contra todo tipo explotación. Es la batalla para derrotar al régimen capitalista y avanzar en una transformación social de raíz, que tenga a la clase obrera como protagonista, la única capaz de defender nuestro planeta.

Santiago Galindo

¿Qué está pasando en Irán?


miércoles, 8 de enero de 2020

Trump disimula, pero Medio Oriente es un polvorín




Todas las expectativas internacionales estaban puestas en la conferencia de prensa brindada por Donald Trump tras el lanzamiento, el pasado martes 7, de misiles iraníes sobre dos bases militares en Irak que albergan un número considerable de tropas estadounidenses.

La atención se concitaba sobre los anuncios del presidente estadounidense no solo por el ataque iraní en respuesta al asesinato del general Qasem Soleimani, sino por las idas y vueltas que caracterizaron las declaraciones oficiales del gobierno norteamericano en los últimos días, que incluyeron a funcionarios desmintiendo los dichos de Trump.
La represalia iraní al asesinato de Soleimani, al arrojar una veintena de misiles sobre las bases de Ain al-Asad y de Erbil, se lanzó tras declarar como objetivo primordial la expulsión de las tropas yanquis de Irak -que hoy ascienden a 5.200 soldados. Dos días antes, la bancada chiíta del parlamento iraquí había aprobado una resolución no vinculante que exigía la retirada de las fuerzas estadounidenses de su territorio. Entre medio, según trascendió, el gobierno de Irak había recibido una carta del comandante militar de las tropas norteamericanas que aseguraba la partida, aunque rápidamente el Pentágono aseguró que se trataba de la filtración por error de un borrador. La permanencia de los marines estadounidenses los ha convertido, en este cuadro, en una fuerza de ocupación.

Disimulo

El hecho de que no se registraran víctimas fatales tras el ataque a las dos bases militares fue el argumento para que el gobierno de Trump limitase su reacción a anunciar la imposición de nuevas sanciones económicas contra el régimen de los ayatollah.
En su conferencia, el presidente norteamericano reclamó que la OTAN actúe en sintonía con las sanciones anunciadas. Es que las otras potencias han dejado imperialismo yanqui en un verdadero aislamiento. De hecho, la alianza del Atlántico Norte había anunciado que suspendía el entrenamiento militar a los soldados iraquíes y que retiraba su personal de la restringida Zona Verde, donde se concentran las embajadas y edificios gubernamentales. Alemania, Canadá, Croacia, Rumania y Eslovaquia retiraron sus tropas de Irak hacia Kuwait y Jordania, mientras que el Reino Unido las trasladó desde la capital Bagdad hacia una ciudad al norte. Sin el apoyo de la OTAN y de las otras potencias imperialistas, EEUU debería proceder a una movilización militar generalizada para un desembarco en Irán. Para sumar complicaciones, los aliados de Trump se enfrentan entre sí apoyando a bandos opuestos en la desgarrada Libia.
En estas condiciones, los anuncios de Trump tenían que descartar sus amenazantes declaraciones previas. Recordemos que había prometido atacar 52 sitios importantes de turismo y de la cultura iraní, una bravuconada que había sido desmentida por su vicepresidente, su secretario de Estado y su secretario de Defensa, que lo calificaron como un crimen de guerra y negaron estar preparando una acción de ese tipo. Luego de ello, el propio presiente se retractó.
Ahora, Trump aseguró que Irán se habría “bajado del caballo” y que el asesinato del general Soleimani constituía un punto de llegada, para poner fin a las confrontaciones, y no un punto de partida para una escalada.

Polvorín

Pero la cuestión no está por ello resuelta. Medio Oriente sigue siendo un polvorín, y finalmente grandes guerras se desataron cuando sus principales contendientes buscaron evitarla. Antes de alcanzar un punto de equilibrio, la cuestión puede derivar en choques cada vez mayores. Por lo pronto, Irán abandonó la última de las restricciones al enriquecimiento de uranio que habían sido fijadas por acuerdo nuclear de 2015 firmado con Obama. La causa anti estadounidense posibilitó al régimen iraní, sacudido por importantes movilizaciones populares hace menos de dos meses, nutrirse de una causa antiimperialista que le permitió reposicionarse tanto puertas adentro como en la región.
Numerosos analistas advierten que la tensión puede seguir aumentando por distintas vías, que como en el pasado le permitirían a Irán desligarse de la autoría directa de nuevos ataques. Los distintos grupos armados chiítas en Irak anunciaron que se fusionarán en una sola milicia, para luchar contra la presencia de Estados Unidos. Estas milicias han protagonizado en los últimos dos meses once ataques a bases militares yanquis, en el último de los cuales murió un contratista norteamericano, desencadenando la crisis actual.
Muchos medios alertan contra la posibilidad de que, a través de sus aliados en la región (los hutíes en Yemen, Hezbollah en Líbano), el país persa emprenda ataques a instalaciones petroleras, aeropuertos, radares o plantas de desalinización de Arabia Saudita, Israel, Emiratos Árabes u otros aliados de Estados Unidos en la región. No son pocos los que recordaron en estos días que el bombardeo a la petrolera saudí Aramco en septiembre fue perpetrado con misiles de alta precisión con alcance superior a los 2.000 kilómetros, lo cual muestra una mejora sustancial en el armamento iraní. Otros especulan que Irán podría usar una flota de 5.000 lanchas rápidas para ejecutar nuevos ataques en las aguas del Golfo Pérsico, y por lo pronto Arabia Saudita suspendió los tránsitos de sus buques petroleros a través del Estrecho de Ormuz (entre el Golfo Pérsico y el Océano Índico) a través de la cual pasa el 20% de la producción mundial de petróleo.

La crisis del imperialismo yanqui

El cuadro se caracteriza entonces por su inestabilidad. La política de Trump evidencia un empirismo que genera rispideces dentro de su propio campo. Su anterior secretario de Defensa, Jim Mattis, había renunciado después de la abrupta decisión de retirar las fuerzas de Siria, que fue luego suspendida, para más tarde sorprender a sus aliados kurdos al retirar tropas del norte de Siria, dejando vía libre a la ofensiva turca en el territorio. La última vez que autorizó un ataque contra Irán, en represalia por el derribo de un avión no tripulado, lo suspendió abruptamente a 10 minutos de su concreción. Estas oscilaciones, sin embargo, no pueden ocultar retroceso estratégico del imperialismo yanqui en la región, particularmente tras el descenlace de la guerra en Siria. De esto se han beneficiado sus rivales, como Rusia e Irán. Afirmando que “no necesitamos el petróleo del Medio Oriente”, Trump justificó hoy este repliegue.
El devenir de la situación está condicionado, de conjunto, al cuadro regional e internacional, caracterizado a su vez por las tensiones cruzadas entre las principales potencias, al compás de la guerra comercial y las tendencias a la recesión global. Finalmente, es la bancarrota capitalista el motor de la escalada belicista, que se registra en la carrera armamentística de los países imperialistas. La afirmación de Trump de que abrazarán a quien busque la paz puede quedar vacante de destinatarios.

Iván Hirsch

martes, 7 de enero de 2020

La guerra en Medio Oriente en una nueva etapa




De guerras parciales a la amenaza de un conflicto generalizado

El reciente asesinato del jefe militar iraní Qasem Soleimani en un atentado ordenado desde el Pentágono ha significado un salto en el escenario bélico de Medio Oriente, que por sus magnitudes podría resultar catastrófico.
El hecho sucedió luego de una escalada de choques y enfrentamientos en territorio iraquí que tuvo por protagonistas a las milicias proiraníes -las cuales en mayor medida respondían a Soleimani-, por un lado, y al imperialismo norteamericano, por el otro. Estados Unidos e Irán vienen acumulando tensiones desde la ruptura unilateral de Donald Trump del pacto nuclear suscripto con Irán y otras cinco potencias mundiales (China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania) que establecía un precario acuerdo en la región luego de la derrota de las fuerzas de ISIS, las cuales se habían extendido por gran parte del territorio de Siria e Irak.
Irán y sus milicias jugaron un papel determinante en la derrota del Estado Islámico, ampliando su extensión a Siria, Irak y reforzando su penetración en el Líbano y Yemen. De allí que el acuerdo alcanzado en 2015 significara el establecimiento de un status quo en una región dominada por el conflicto y la inestabilidad alimentada por el propio imperialismo.

Irak en el centro

La ruptura de este pacto por parte de Trump, a principios del 2018, se inscribió en una serie de sanciones económicas orientadas a poner en su lugar al régimen iraní, limitando su influencia en la zona, pero sin asumir el costo de un mayor despliegue militar en la región. Sin embargo, lo que ha logrado es consolidar la influencia iraní en la zona sobre la base de la política de repliegue norteamericana. Así, las milicias chiítas proiraníes operan como un doble mando de las fuerzas armadas iraquíes, donde también tienen su influencia. En Siria actúan junto al gobierno de Bashar al-Ásad y Rusia contra los resabios de los yihadistas. En el Líbano lideran las fuerzas de Hezbollah. En Yemen apoyan a las milicias contra las fuerzas saudíes y norteamericanas.
El parlamento iraquí acaba de reclamar la expulsión de las tropas norteamericanas del país, aunque con la ausencia de los diputados kurdos y la mayoría de los diputados sunitas –se trata de un régimen político sectario donde se divide el poder entre chiítas, sunitas y kurdos. Si bien la medida no es vinculante, el primer ministro Adel Abdel Mahdi se ha pronunciado en la misma línea.
El asesinato de Soleimani ha desatado masivas movilizaciones antiimperialistas en Irak y en Irán. Hace solo unos pocos meses el pueblo iraquí se había levantado contra el régimen corrupto obteniendo la renuncia de Mahdi -la cual no se ha consumado aun a falta de relevo- y enfrentando el papel criminal y sangriento de las milicias proiraníes integradas al Estado. El conflicto desatado por los Estados Unidos ha servido para postergar, parcialmente, el desenlace de un gobierno en crisis y de un régimen iraní bajo dificultades, también acosado por distintas movilizaciones populares.
Desde el Departamento de Defensa norteamericano anunciaron que tienen previsto enviar unas 3.500 tropas de refuerzo a Medio Oriente, debido a los recientes acontecimientos. A la fecha, hay unos 5.200 soldados norteamericanos en Irak bajo el pretexto de colaborar en el combate contra las fuerzas terroristas, que se han convertido en el blanco de las amenazas de las milicias chiítas.

Imperialismo en crisis

Estado Unidos sigue pagando muy caro las consecuencias de sus incursiones militares en Medio Oriente y sus alrededores, en las cuales se encuentra empantanado. Recientemente habrían anunciado el retiro de 4.000 efectivos militares de Afganistán y el repliegue de otros 2.000 soldados de Siria: “Se suponía que íbamos a permanecer en Siria solo 30 días, pero hemos estado allí 10 años. Se suponía que estaríamos en Afganistán un corto periodo de tiempo, pero estamos allí cerca de 19 años […] es hora de que salgamos de estas ridículas Guerras sin fin, muchas de ellas tribales, y que traigamos a nuestros soldados a casa” señaló Trump.
En declaraciones a principio del 2019, Trump reconoció que la guerra en Afganistán costaba unos 50 mil millones de dólares al año. Estados Unidos tiene desplegados entre 60 mil y 70 mil soldados en la zona de Medio Oriente, con mayor concentración en Afganistan (14 mil), Kuwait (13mil), Qatar (13 mil), Bahrein (7 mil) e Irak (5,2 mil). Se trata de solo una parte de un despliegue militar mundial cuyo financiamiento económico y costo político se ha vuelto un peso significativo para el imperialismo yanqui en tiempos de bancarrota.
Las pretensiones de Trump de realizar un repliegue ordenado a base de presiones económicas y apoyándose en sus aliados de la región (Israel y Arabia Saudita), no fueron satisfechas. Las sanciones económicas fueron acompañadas por ataques selectivos a Irán, y sus aliados; en Siria por los bombardeos de Israel; en Irak por los ataques de EEUU; y en Yemen por Arabia Saudita. Irán respondió a esta ofensiva saboteando embarcaciones petroleras saudíes, atacando drones e instalaciones norteamericanas y agrediendo las instalaciones petroleras de Arabia Saudita, entre otras cosas (BBC 4/1). Al escenario debemos sumarle la incursión de Turquia en Siria, particularmente en el norte donde actúan las milicias kurdas, y la reciente resolución, de este país, de enviar tropas a Libia contra la voluntad de Trump. La zona entera se encuentra atravesada por distintas guerras e incursiones bélicas de todo tipo. La idea de un tutelaje imperialista “low cost”, por parte de Trump, se desvanece en el aire.

Crisis, guerras y revoluciones

Lo que marca el desarrollo de los acontecimientos en Medio Oriente es el cuadro de la bancarrota mundial, que ha servido para agravar las tensiones políticas.
Las presiones del imperialismo yanqui sobre la región, y la crisis del régimen provisorio montado en Irak, han llevado a la irrupción de las masas, en uno y otro país, al margen de la disputa del imperialismo contra el régimen iraní y sus aliados. Capitulo que solo ha sido postergado, pero que no ha resuelto ninguna de las fuerzas en presencia.
La administración de Trump ha acentuado la línea de una mayor confrontación y rivalidad con sus socios de la OTAN. Las sanciones contra Irán han servido para bloquear las inversiones de las potencias europeas en la región, bajo la amenaza de represalias económicas: es el caso de las presiones contra Volkswagen para que retire todos sus negocios del país. Trump ha manifestado reiteradas veces que no desea iniciar una guerra en Medio Oriente, cuyos resultados serían desconocidos. La amenaza de realizar 52 ataques contra Irán -en referencia a los 52 rehenes americanos que Irán tomó hace muchos años- se inscribe en los intentos de Trump de disuadir a sus enemigos por medio del miedo a un desencadenante bélico mayor. Desde Irán han respondido que reactivarán el programa nuclear suspendido por el acuerdo de París.
Una guerra en la región traería aparejada una disparada de los precios del petróleo, mayor inestabilidad y un derrumbe de las principales bolsas y las principales economías. Es lo que sucedió en estos días con la caída de los mercados, revirtiendo la tendencia alcista tras el acercamiento económico de los Estados Unidos y China. También conllevaría una crisis política significativa para el propio Trump: el fin de semana miles de estadounidenses se movilizaron contra una eventual guerra en 80 ciudades del país.
Sin embargo, cabe destacar que ante los sucesos presentes cualquier acción aislada podría resultar en un salto de calidad, donde las tensiones acumuladas y los conflictos bélicos presentes se transformen en una guerra de mayores proporciones. El Medio Oriente se ha convertido en un polvorín que puede estallar ante la menor provocación.
La amenaza de una guerra en Medio Oriente solo podrá ser superada por una intervención independiente de los trabajadores que expulse a las fuerzas imperialistas de la región y establezca un gobierno sobre nuevas bases sociales.

Marcelo Mache

sábado, 4 de enero de 2020

La huelga general de Francia en momentos decisivos




Es necesaria una acción que plantee: Basta de tregua. Fuera Macron. Huelga general renovable de todos los sindicatos y centrales hasta que se retire el proyecto de la reforma.

El presidente Macron habló en la noche del 31 para anunciar que “va a llegar hasta el final” con su reforma previsional. Trató a sus opositores y al movimiento obrero y popular que se opone a su política de “histéricos", “mentirosos” y “miedosos”. El tono de provocación pretende mostrar que no hay posibilidad de retroceder pero también pinta la creciente desesperación del gobierno. Se ha jugado entero a esta pelea estratégica, urgido por la crisis capitalista a terminar con las conquistas que la clase obrera obtuvo en el pasado con sus luchas colectivas. No se trata sólo de hacer descender el monto actual de las jubilaciones, sino de que pierda su relación proporcional con los salarios, pasando a depender de las decisiones presupuestarias de cada gobierno.
En lo inmediato, Macron quiere terminar con la huelga prorrogable de los ferroviarios y el subte parisino iniciada el 5 de diciembre. Es la huelga y el combate más importante de las últimas décadas. Atraviesa un momento difícil. La huelga general no se generalizó en las fábricas ni en el sector público; los maestros y profesores movilizados están de vacaciones; huelguistas individuales tienen urgencias familiares y vuelven temporariamente al trabajo. El gobierno hace concesiones cosméticas a otros sectores para aislar a los ferroviarios.
La barrera a la huelga está ante todo en las burocracias sindicales. No hay que olvidar que este movimiento nació de los activistas del subte, que concretaron una huelga masiva el 13 de septiembre y fijaron una nueva fecha para el 5 de diciembre. Luego de la movilización del 19 de diciembre, las centrales entraron en una tregua de hecho y convocaron una nueva jornada recién para el 9 de enero. Entre tanto, nada; ningún plan de intervención. Hoy, luego del discurso de Macron, los secretarios de la CGT y de la FO anunciaron que iban a asistir a las reuniones de “concertación” con el gobierno, que son una diversión grotesca, para plantear sus posiciones.
Actúan de tal manera que desmoralizan y desorganizan el movimiento de huelga. El único anuncio de la CGT es que las refinerías de petróleo entrarían en huelga la semana próxima. El retorno a la actividad de maestros y profesores el lunes 6 debe ser una palanca para extender la huelga prorrogable a escuelas y liceos y para movilizar a la juventud.
Se ve claro el hilo de continuidad con el movimiento de chalecos amarillos. Frente a las ofensivas feroces contra las condiciones de vidas de los trabajadores y otros sectores explotados se desencadenan movilizaciones y luchas diversas, a veces aisladas, y que se estructuran bajo la orientación y la consigna de “Abajo el gobierno” pero sin una dirección nacional que las organice y las encabece.

El combate militante

El jueves 23 hubo una manifestación parisina llamada por los activistas y el sábado 28 la intersindical de los gremios ferroviarios organizó una manifestación masiva entre las estaciones de trenes parisinas, con una participación importante de chalecos amarillos, y en las cabeceras de provincia. Hubo intervenciones de activistas, comités y sindicatos locales en diversos puntos. Es la intervención de algunos miles de activistas sindicales combativos y de centenares de militantes políticos, bajo la bandera del anticapitalismo y del “Fuera Macron”. La huelga general de centenares de miles de asalariados no tiene una expresión política directa y una dirección pero sí muchos núcleos que la motorizan.
El proletariado francés ingresa a esta lucha decisiva sin un partido revolucionario, y con una decena de organizaciones que pretenden ocupar ese lugar. Tampoco existen estructuras nacionales que organicen a los militantes sindicales combativos, que son decenas de miles. Es el obstáculo más evidente para una intervención independiente.
"La huelga pertenece a los huelguistas", proclamaron los activistas del subte parisino para criticar las maniobras de la burocracia sindical. Este planteo clave se relaciona a la política de impulsar asambleas generales que controlen y decidan sobre la huelga, que ha sido central. Estas asambleas sin embargo son poco numerosas en relación a la huelga y donde el activismo es más débil pueden ser vaciadas de contenido: la burocracia de la CGT ferroviaria las utiliza sólo como mecanismo para bajar su política.
La huelga general requiere que los activistas, el motor, estén agrupados de manera “general”, para dar una dirección al proceso de lucha. Las coordinadoras pueden cumplir este rol. En los últimos días logró constituirse una coordinadora subte-ferrocarriles de la región parisina. Existe una asamblea general interprofesional en el departamento 92 (suburbios de París) y estructuras del mismo tipo en ciudades como Rouen, Tours y otras. Los maestros y profesores se lanzaron a la construcción de una coordinadora nacional, que quedó interrumpida por las vacaciones. Es decisivo que estos avances se desenvuelvan mediante el envío de delegaciones de huelguistas mandatados por las asambleas con intervenciones efectivas con los agrupamientos en los lugares de trabajo, como los piquetes, y la agitación en las puertas de fábrica, en las barriadas obreras, en las calles.
Es clave la confluencia de todos estos sectores de trabajadores en lucha para poder romper el aislamiento colocado por la burocracia y derrotar definitivamente la reforma previsional, lo cual desencadenaría una crisis política del gobierno. Es necesaria una acción común de las tendencias sindicales y políticas anticapitalistas, incluidos los comités de los chalecos amarillos por: basta de tregua y maniobras dilatorias. Fuera Macron y su política de austeridad. La huelga pertenece a los huelguistas. Que se declare la huelga general renovable de todos los sindicatos y centrales hasta que se retire el proyecto de Macron. Asambleas generales y plenarios de delegados en todos los sindicatos para organizar la huelga. Extendamos las coordinadoras de sectores en lucha.

Roberto Gramar

viernes, 3 de enero de 2020

El asesinato del General iraní Qasem Soleimani aumenta la tensión belicista en Medio Oriente




Con un bombardeo selectivo en las inmediaciones del aeropuerto de Bagdad (Irak), utilizando drones de última generación, el gobierno de Estados Unidos perpetró el asesinato del general iraní Qassem Soleimani, en medio de la escalada de ataques que los últimos días involucraron al gobierno norteamericano y a las milicias iraníes.
Soleimani ocupaba las funciones de jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica y comandante de las Fuerzas Al Quds -fuerzas chiítas que operan en países del exterior como Siria, Líbano e Irak-, era considerado una de las principales figuras del régimen iraní, de estrecha cercanía al Líder Supremo Ali Jamenei. Del atentado también fue víctima fatal Abu Mehdi al Muhandis, quien era el número dos de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP): un armado de grupos paramilitares proiraníes integrados en el estado iraquí.
Según el Pentágono la orden partió directamente del presidente Donald Trump, quien celebró la ejecución desde su cuenta personal de Twitter. Primero publicó la imagen de una bandera norteamericana, y luego manifestando que el general iraní debió haber sido asesinado “hace muchos años”. Para justificar su acción, desde el Departamento de Defensa de Estados Unidos dijeron que Soleimani estaba “desarrollando activamente planes para atacar a los diplomáticos y miembros del servicio estadounidenses en Irak y en toda la región”. Un retorno a la doctrina de la “Guerra Preventiva” acuñada por George W. Bush.

La crisis se profundiza

En un cuadro de fuertes choques internacionales, el escenario en Medio Oriente se encuentra sacudido ya hace tiempo debido al quebrantamiento, por parte de la administración de Trump, de los endebles acuerdos que mantenían una cierta estabilidad en la región.
La expulsión de las fuerzas de ISIS de la región dio lugar a que el régimen iraní, y sus adeptos, lograran conquistar una mayor penetración en los países de la región. Las FMP nacieron bajo el pretexto de combatir al Estado Islámico y se han consolidado como una de las fuerzas regulares del Estado iraquí. A su vez, la influencia de Hezbollah en el Líbano, y el apoyo al presidente Bashar al Asad en Siria, le otorgaron a Soleimani y al régimen iraní una mayor incidencia sobre los países de la región con fuerte presencia de población chiíta. Esta situación empezó a preocupar al Estado de Israel y a los movimientos sunitas respaldados por Arabia Saudita, que empezaron a demandar una mayor intervención norteamericana para detener el avance iraní.
En este cuadro, Trump suspendió unilateralmente -en mayo del 2018- los acuerdos con el gobierno de Irán, dando lugar al restablecimiento de las sanciones económicas contra el país, que sirvieron para debilitar al régimen. Esto trajo consigo una serie de ataques sionistas contra posiciones iraníes en Siria y a un reforzamiento militar en las fronteras de ese país.
Estas medidas no fueron bien recibidas desde Teherán, donde los efectos del bloqueo norteamericano se empezaron a hacer sentir en la estrepitosa caída de las exportaciones de petróleo. De allí que la administración de Trump responsabilizara al gobierno iraní por el sabotaje a los buques petroleros en el Estrecho de Ormuz, de lo cual se valió para agravar las sanciones económicas a mediados del 2019.
En septiembre, misiles iraníes atacaron las instalaciones de la petrolera estatal Saudi Aramco perteneciente a Arabia Saudita, aliado en la región de los Estados Unidos (El Cronista, 1/1).
El aumento de la presión contra Irán por parte de Trump tenía el propósito de obtener un repliegue de la influencia iraní sobre Siria y la región (Irak, Líbano, Yemen), sin llegar a desencadenar una escalada belicista que a nadie conviene -el propio Trump tuvo que dar marcha atrás a sus bravuconeadas luego de que Irán derribara un dron yanqui que habría invadido su espacio aéreo.

Fuera de control

Los acontecimientos han escalado hasta la situación actual donde el asesinato de Soleimani aparece como un manifiesto llamado de atención del imperialismo norteamericano, y sus aliados, contra el régimen iraní, luego de que las milicias chiítas proiraníes se atrevieran a incursionar en la embajada norteamericana en Bagdad.
Mientras estos acontecimientos se desenvuelven, la región parece sumirse en un cuadro de disputas. El gobierno de Siria, con el apoyo de Rusia e Irán, acaba de impulsar bombardeos en la zona de Idlib -último reducto de las fuerzas rebeldes yihadistas-, lo que motivó que Trump salga al cruce exigiendo que se deje todo en manos de Turquía. Por otra parte, el gobierno turco ha ordenado el envío de tropas a la cercana Libia -contra las indicaciones de Trump- para apoyar a las fuerzas del gobierno respaldado por la ONU contra las tropas rebeldes ayudadas por Moscú.
El asesinato de Soleimani y la escalada de ataques han hecho subir los precios del petróleo debido al miedo a que se desate una mayor contienda bélica que afecte al suministro de este recurso estratégico. El Líder Supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, advirtió que los responsables de su muerte "deben esperar una dura venganza" (BBC 3/1).
Las sucesivas incursiones imperialistas en la región han dejado un cuadro devastado donde lo que prima es el control físico de posiciones tras la ruptura de los precarios acuerdos del pasado. Las masas, por su parte, han comenzado a aparecer en un escenario dominado por las penurias económicas que son resultado del agravamiento de la crisis mundial y sus efectos caóticos sobre la región, sin embargo aún no han consolidado una dirección independiente. Se vuelve imprescindible la intervención independiente de la población para expulsar al imperialismo de la región y tomar el gobierno de sus asuntos en sus propias manos.

Marcelo Mache

jueves, 2 de enero de 2020

La porfía cubana




Cada nuevo año invita a realizar balances de logros y frustraciones, alentar renovadas esperanzas y, en Nuestra América, conmemorar una gesta histórica: el triunfo de la Revolución Cubana. Como lo he dicho en reiteradas oportunidades la recordación y el homenaje a esa gran victoria popular y la interminable derrota del imperialismo norteamericano que acumula sesenta y un años mordiendo furioso el polvo de la derrota –cosa que jamás le ocurrió en ningún otro rincón del planeta- prevalecen por encima de cualquier otro tipo de consideración. Sin menospreciar a nada ni a nadie, nuestras pequeñas historias personales e inclusive grandes acontecimientos de índole colectiva quedan eclipsados por la luz radiante de aquel amanecer del 1º de enero de 1959. Ese día la historia de esa “una sola gran nación” de la que hablaba Bolívar, quedó partida en dos: Fidel y los jóvenes del 26 de Julio consumaron una hazaña que instaló un ineludible antes y después en nuestro devenir histórico, destinado a durar para siempre y a resignificar nuestras seculares luchas por la liberación nacional y social pero también a otorgar nuevo sentido y un renovado horizonte a las batallas de nuestro tiempo. Pero no fue tan sólo aquel acontecimiento liminar: el pueblo y el gobierno cubanos tuvieron la virtud de sostener contra viento y marea durante más de seis décadas aquella victoria homérica que hizo posible que Nuestra América saliera de la prehistoria y comenzara a escribir su propia historia.
Una historia durísima, de resistencia ante el mayor poder del planeta, y de ardua construcción del socialismo. Lo primero, porque el imperialismo ni por un segundo dejó de hostigar a la Revolución Cubana. Y ante ello el pueblo cubano se ganó para siempre el adjetivo de “heroico”, porque resistió a pie firme haciendo gala de una virtuosa obstinación que no tiene parangón en la historia universal. Y construcción, decíamos, porque bajo las peores condiciones imaginables Cuba comenzó a construir el socialismo y al día de hoy continúa la tarea con ejemplar tenacidad. El sabotaje del gobierno estadounidense ha sido persistente, creciente y brutal. Demócratas y republicanos se han alternado en la Casa Blanca pero todos han coincidido en su enfermiza obsesión por aplastar a la Revolución Cubana y borrar de la faz de la tierra un ejemplo que demuestra que aún bajo el ataque “de amplio espectro” de la mayor superpotencia del planeta un país de la periferia puede garantizar para toda la población salud, educación, alimentación, seguridad social y una vida austera pero digna. Cosas que ningún país capitalista puede hacer porque en ellos todos esos derechos que la Revolución Cubana ofrece a su ciudadanía son meras mercancías u oportunidades de negocios.
Esto explica el rabioso empeño de la Casa Blanca por acabar con la Revolución. Su sola supervivencia, bajo condiciones tan inmensamente adversas, es prueba irrefutable de la superioridad del socialismo (sin negar sus problemas) sobre el capitalismo. Si como dice Donald Trump aquél ha fracasado, ¿por qué no suprime el bloqueo que atenaza a la isla y le exige inmensos esfuerzos para lograr lo que en casi todo el mundo se obtiene sin el menor esfuerzo? Por ejemplo: facilitar las exportaciones cubanas, permitir el libre tránsito de los residentes en Estados Unidos para que puedan visitar la isla cuando se les antoje, recibir remesas de los emigrantes cubanos radicados en ese país, permitir que Cuba importe lo que necesite sin aplicar enormes sanciones económicas a los terceros países o las empresas involucradas en esa actividad, favorecer el turismo y poner fin a las innumerables restricciones de todo tipo impuestas a la isla rebelde por su osadía.
Si de fracasos se habla Estados Unidos es un lastimoso muestrario: un país carcomido por la violencia, con periódicos asesinatos masivos e indiscriminados en escuelas, shoppings e iglesias producidos por sujetos desquiciados por una sociedad alienada y alienante; un país que alberga decenas de millones de adictos que consume cuanta droga letal se produce en el planeta y fomenta el flagelo del narcotráfico [1]; un país riquísimo, por lo propio y por lo que le ha robado al resto del mundo, y que sin embargo no puede acabar con la pobreza que afecta a cerca de un 15 por ciento de su población; un país que prostituyó su proceso político y que hoy no es otra cosa que un régimen plutocrático en donde sólo prevalecen los intereses de las clases dominantes, tema éste sobre el cual hoy existe un sorprendente consenso dentro del establishment académico.[2] Si el socialismo ha fracasado, ¿por qué la Casa Blanca y el poder mafioso (en sus dos variantes: corporativo y gangsteril) que aquella representa no dejan a Cuba en paz? Respuesta: porque entonces el ejemplo de Cuba, importante como lo es hoy, lo sería muchísimo más y los pueblos del mundo podrían sentir la tentación de avanzar por esa vía, algo absolutamente inadmisible para el poder capitalista a escala mundial. Por eso, ¡gracias Cuba por tu Revolución y por nutrir nuestras esperanzas, y por haber hecho de la justicia, el internacionalismo y la solidaridad las estrellas polares que guían a los pueblos en la construcción de un mundo mejor!

Atilio A. Boron

Notas:

[1] El Addiction Center de Estados Unidos informa que existen en ese país al menos 21 millones de adictos a diversas drogas y que sólo un 10 % de ellos recibe tratamiento médico que, por supuesto, es mayoritariamente privado y caro.
[2] Así lo demuestra un reciente estudio realizado por las universidades de Princeton y Northwestern.

Irak: asalto a la embajada yanqui en Bagdad




Crece la tensión entre Estados Unidos e Irán en Medio Oriente.

El ataque que cientos de manifestantes iraquíes protagonizaron contra la embajada estadounidense ubicada en la ciudad de Bagdad, ha vuelto a colocar de relieve la crisis latente en la región.
El asedio a la fortaleza norteamericana -símbolo de la incursión yanqui tras la invasión a Irak en 2003 que depuso a Saddam Hussein- duró hasta el miércoles bien entrada la tarde, generando destrozos en parte de las instalaciones y atizando el conflicto que envuelve a Estados Unidos, Irán y otros países de la región.
Los hechos comenzaron el pasado viernes cuando un ataque con cohetes a una base iraquí terminó con la vida de un “contratista” norteamericano. Si bien ningún grupo se adjudicó esta agresión, desde Washington responsabilizaron a las fuerzas de Hezbollah y ordenaron el bombardeo de cinco localizaciones de esa organización en Irak y Siria, dejando unos 25 muertos y más del doble de heridos.
El ataque a la embajada norteamericana se encuadra en una respuesta de las milicias chiítas proiraníes. Estas han logrado protagonizar un “día de furia” irrumpiendo en la Zona Verde, que representaba desde la invasión del 2003 hasta la fecha una zona de exclusión norteamericana con fuerte presencia militar. Luego realizaron un acampe que fue levantado por la tarde del miércoles, tras las indicaciones de los líderes de las organizaciones chiítas.

Rebeliones y crisis

Irak atraviesa por estos días una de sus mayores crisis políticas, mientras soporta a la vez las presiones del imperialismo norteamericano y del gobierno iraní. Adel Abdul Mahdi, el primer ministro, se encuentra “renunciado” tras la rebelión popular que se desató desde principios de octubre, cuya represión dejo más de 500 muertos y 19.000 heridos –y en donde las milicias chiítas jugaron un papel reaccionario, reprimiendo las movilizaciones. Aun así, continúa al frente del gobierno debido a que todavía no se ha alcanzado el consenso necesario para reemplazarlo en su cargo.

Marcelo Mache

miércoles, 1 de enero de 2020

Uruguay: la impunidad envalentona a los militares y la derecha




El sindicato de trabajadores de Obras Sanitarias denunció cánticos macartistas en ejercicios militares del regimiento de caballería Nº 4. Los nostálgicos de la dictadura quieren levantar cabeza protegidos por la impunidad que le dio el sistema político a los crímenes de la dictadura.

Hace pocos días se conocieron las denuncias del sindicato de Obras Sanitarias del Estado (FFOSE) planteando que una cuadrilla de trabajadores escuchó a soldados que hacían ejercicios militares en cerca del regimiento de caballeria Nº 4 al norte de la ciudad de Montevideo.
Según el testimonio que brindó una de las trabajadoras testigos de la situación a La Izquierda Diario, el día miércoles pasado cuando estaban realizando trabajos en la zona de Instrucciones y Mendoza, vieron a los militares haciendo ejercicios, con un entrenador que los alentaba con el cántico “tupamaros y comunistas, todos juntos al cajón”, que luego era repetido por los soldados.
La trabajadora agregó que según le decían sus compañeros este tipo de cánticos se escuchaba todos los días que la cuadrilla realizaba trabajos en esa zona y que hay un sentimiento generalizado de temor y miedo de denunciar estos hechos por temor a represalias.
El sindicato de funcionarios de OSE tomó la denuncia de la cuadrilla y la elevó a la mesa representativa de la central sindicaluruguaya, PIT-CNT, que presentará una denuncia formal esta semana mientras que la propia trabajadora se reunirá con el secretariado ejecutivo del sindicato este viernes para relatar detalladamente lo sucedido. A su vez el ministerio de defensa informó que ordenó una investigación de urgencia.
Al mismo tiempo que se conocen estos hechos hoy se supo oficialmente que el futuro ministro de salud será el neurólogo Daniel Salinas, integrante de la formación derechista Cabildo Abierto.
Este médico, director de empresa Electrodiagnóstico Médico SRL (EEG) que fue sancionada por la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) por graves irregularidades, fue además socio del médico Martín Gutiérrez acusado de torturas en la dictadura por ex presos políticos

La impunidad protege a los cómplices de la dictadura

Aunque se trata de un hecho muy grave, la noticia no toma por sorpresa a nadie; periódicamente surgen informaciones que dan cuenta que las fuerzas armadas siguen reivindicando a la última dictadura o que al igual que en los 70 toman por enemigo a la izquierda.
Sus mensajes de odio son una amenaza velada para todos los que luchan contra este régimen político y constituyen una advertencia que muestra que no dudarán en volver a reprimir, perseguir y torturar opositores.
El clima de impunidad y reconciliación es una responsabilidad de todo el sistema político que en mayor o menor medida tolera y protege este tipo de manifestaciones.
Que haya políticos “socios” de acusados de ser torturadores, que pueden llegar a ministros, o que los soldados se entrenen con cánticos propios del terrorismo de Estado es la consecuencia de una práctica política que trata de “dar vuelta la página” y deja intacto el aparato represivo para volver a actuar si es necesario.
La derecha lo ha hecho explícitamente desde el retorno a la democracia, pero también el Frente Amplio tiene una enorme responsabilidad.
Tras 15 años en el gobierno dejaron intactas unas fuerzas armadas que constantemente reivindican su pasado de torturas y represión; con un ministro de defensa como Fernández Huidobro que uso todo su poder para obstaculizar el avance de la justicia y proteger a genocidas.
Las consecuencias de esas políticas se ven hoy; en un Manini Ríos convertido en figura política gracias al protagonismo que le dio el FA o en estos militares que sin mayor empacho avisan que volverán a matar y torturar.
Los sindicatos, las organizaciones sociales y estudiantiles no pueden dejar pasar estas amenazas, solo la movilización y la presencia activa en las calles puede poner freno a estos actos intimidatorios.

Hernán Yanes
Martes 17 de diciembre de 2019 | 00:05