domingo, 5 de mayo de 2019

La nueva intentona golpista en Venezuela desnuda la hipocresía del imperialismo y sus aliados




El gobierno imperialista de Donald Trump y su títere venezolano, el dirigente ultraderechista Juan Guaidó, han lanzado desde la madrugada del pasado 30 de Abril una nueva ofensiva golpista contra el pueblo de Venezuela.
Como en las anteriores tentativas, este golpe cuenta con la colaboración activa de los gobiernos reaccionarios de Latinoamérica, las burguesías europeas, los medios de comunicación a su servicio y un amplio sector de la socialdemocracia internacional.
La opinión pública capitalista presenta a Juan Guaidó como “presidente legítimo” de Venezuela y a Leopoldo López como “perseguido político”. Lo que no dicen es que tanto Guaidó como López son dirigentes del partido de extrema derecha Voluntad Popular, que en 2014 llamó a sus partidarios a organizar acciones terroristas y ataques fascistas contra militantes de izquierda y sedes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En las “guarimbas” organizadas por estos dos reaccionarios, se cometieron atentados con armas de fuego y cócteles molotov que causaron medio centenar de muertos.
Leopoldo López fue juzgado y condenado a 14 años de cárcel como máximo responsable de estos ataques. Pero todo el desprecio que siente la oligarquía venezolana por su propio pueblo se ha vuelto a evidenciar nuevamente en las acciones violentas impulsadas el 30 de Abril por estos criminales.
Guaidó solicitó hace pocas semanas una intervención militar de EEUU para garantizar su investidura como presidente. Da igual las vidas que cueste, lo único que importa a los capitalistas venezolanos y a sus amos imperialistas es llegar al poder y tomar el control de las inmensas riquezas de Venezuela.
La nueva ofensiva golpista lanzada por Trump ha sido secundada una vez más por la Unión Europa (UE). Mientras derraman lágrimas de cocodrilo por “los sufrimientos del pueblo venezolano”, las sanciones aprobadas por EEUU y la UE suponen que millones de jóvenes y trabajadores, ya golpeados por la grave crisis económica que sufre el país, están siendo condenados a una situación límite.
Entre los más de 50 gobiernos que reconocen a Guaidó como “presidente legítimo”, apoyan estas medidas criminales de bloqueo económico, y respaldan la ofensiva golpista, destaca la presencia del español y el portugués. Los dirigentes del PSOE, el PS portugués y otros partidos socialistas europeos son cómplices en los planes criminales del imperialismo.
El hecho de que un fascista como Leopoldo López haya recibido cobijo en la casa del embajador español en Caracas es una prueba concluyente de lo que decimos. Mientras encarcelan a dirigentes independentistas catalanes por organizar un referéndum democrático, el gobierno español protege a golpistas que promueven una asonada militar para masacrar al pueblo de Venezuela. Este es el doble rasero de la democracia capitalista.

La intentona golpista del 30 de Abril fracasa...

El nuevo intento de derribar al gobierno de Nicolás Maduro comenzó en la madrugada del 30 de Abril con el pronunciamiento conjunto de Guaidó y Leopoldo López, liberado poco antes de su arresto domiciliario por un grupo de militares sublevados de la Guardia Nacional. El golpe contaba con el apoyo del máximo responsable de la inteligencia militar (SEBIN), Manuel Christopher Figuera, destituido por el gobierno ese mismo día.
Los medios de comunicación internacionales difundieron que Guaidó contaba con el apoyo mayoritario del ejército, controlaba una de las principales bases aéreas del país, La Carlota, y pronto se harían con el control de otras. A medida que pasaban las horas, fue quedando en evidencia la falsedad de estas noticias.
El “apoyo mayoritario del ejército” anunciado por Guaidó y sus jefes estadounidenses, Mike Pompeo y John Bolton, se ha concretado hasta el momento en la deserción y solicitud de asilo en la embajada brasileña de 35 militares de baja graduación, de la implicación en el golpe de algunos oficiales aislados y la difusión de videos en los que soldados, cabos y tenientes denuncian que fueron llevados hasta La Carlota mediante engaños y, una vez vieron que el objetivo era utilizarles para el golpe, decidieron abandonar a sus mandos.
A los golpistas no les fue mejor con su llamado “al pueblo” a “tomar masivamente las calles”. La anunciada marcha hasta el Palacio de Miraflores para apoyar la “sublevación militar” y derrocar al gobierno nunca se celebró ante la evidencia de que el golpe no había prosperado en los cuarteles y carecían de masa crítica suficiente para emprender esa acción con posibilidades de éxito. Así las cosas, López y Guaidó reagruparon a los pocos miles de partidarios que habían logrado movilizar y alentaron acciones violentas en Caracas y otras ciudades del país.

...pero los planes golpistas del imperialismo continúan

El fracaso de la intentona del 30 de abril refleja, como ya lo hizo también el del 23 de Febrero, las enormes dificultades que encuentra en estos momentos el imperialismo estadounidense, pese a todos sus recursos, para lograr sus objetivos.
Como explicamos en anteriores declaraciones, el objetivo de la administración Trump es aprovechar la grave situación económica que vive Venezuela (que sus sanciones y bloqueo están agravando de manera dramática) para retomar el control sobre un país clave para sus intereses.
Venezuela tiene las mayores reservas confirmadas de petróleo del mundo. Durante los últimos años se ha convertido en el principal socio comercial de China en Latinoamérica y un aliado fundamental de Rusia en el continente. En la pugna entre los imperialistas chinos y estadounidenses por cada palmo del mercado mundial, que las perspectivas de una nueva recesión mundial en 2019 o 2020 agudizan, Venezuela se ha convertido en una pieza estratégica para Trump y la burguesía estadounidense.
Situando a un gobierno títere en Caracas, Washington podría asestar un golpe a China y Rusia y daría un paso muy importante en el objetivo de reafirmar su hegemonía continental. Además, una victoria de la extrema derecha en Venezuela sería utilizada para intentar golpear a las masas en toda Latinoamérica, en un contexto de malestar social y movilizaciones crecientes contra las políticas de ajuste y recortes de los gobiernos reaccionarios de Colombia, Argentina, Chile, Perú y Brasil.
Pero este escenario de inestabilidad, polarización y lucha de clases en todo el continente, incluidos los propios Estados Unidos, se levanta también como un obstáculo objetivo para una intervención militar exterior. El despliegue de los marines en territorio venezolano haría estallar todo el malestar acumulado y provocaría movilizaciones de masas en un país tras otro.
La estrategia imperialista, mientras intenta ganar a un sector decisivo de la cúpula del ejército, sigue apoyándose en la asfixia económica. Tras el revés sufrido el 30 de Abril, Donald Trump anunciaba el 2 de mayo nuevas medidas de bloqueo y sanciones “devastadoras” contra Venezuela, e incluso la posibilidad de complementarlas con un endurecimiento del bloqueo contra Cuba. Paralelamente, seguirán promoviendo la desestabilización, esperando que la combinación de hiperinflación, sanciones, sabotaje, apagones, etc.; provoque un estallido social o una ola de saqueos y enfrentamientos violentos en la calle que cambie la correlación de fuerzas dentro de la oficialidad del ejército y posibilite un golpe militar a su favor.

La situación en el ejército

Como parte de ese plan, la administración Trump está utilizando una política de “palo y zanahoria” hacia los altos oficiales, combinando las amenazas (declaraciones sobre una posible intervención militar, detenciones, bloqueo de sus cuentas fuera del país…) con promesas de “amnistía” e intentos de compra.
El gobierno y los dirigentes del PSUV insisten en que el ejército está con Maduro sin fisuras, esperando que los golpistas se agoten por sus propios errores o porque no consiguen suficiente apoyo en las calles, y confiando en que seguirán manteniendo indefinidamente el apoyo de la cúpula militar.
Pero esta política es una receta para el desastre. En primer lugar, deja la iniciativa en manos de la reacción y el imperialismo, y muestra que desde el gobierno no hay más estrategia que una hipotética negociación con la oposición derechista. Una completa utopía que no resolverá nada. Si algo demuestra el que Guaidó pudiese volver a Venezuela libremente después de las acciones violentas que promovió el 23F, que siga actuando impunemente tras el golpe fallido del 30-A, o que Leopoldo López disfrute de la hospitalidad del embajador español mientras lanza soflamas golpistas en ruedas de prensa, es que dentro del aparato del Estado hay divisiones y contradicciones importantes.
La implicación de Figuera, el jefe de la inteligencia militar, en esta asonada representa una advertencia muy seria. La misma polarización que se da en la sociedad se produce dentro del ejército y el aparato estatal. En la oficialidad existen sectores corruptos y pro-capitalistas que, aunque no lo digan abiertamente, simpatizan con la derecha y la extrema derecha y no dudarán en colaborar con ellos y el imperialismo en reprimir al pueblo si sienten que pueden ganar.
El único modo de derrotar la ofensiva golpista es con una política revolucionaria que entusiasme a las masas. Pero lejos de presentar una alternativa socialista, la burocracia del PSUV y el gobierno de Maduro han roto con la experiencia revolucionaria pasada socavando todas las reformas progresistas que el pueblo arrancó bajo los gobiernos de Chávez, han intentado llegar a acuerdos una y otra vez con la burguesía parasitaria fomentando la corrupción, han gestionado un capitalismo en bancarrota reprimiendo a los sectores más combativos y conscientes del movimiento obrero y de la izquierda, y se han echado en brazos de los imperialistas chinos y rusos para asegurar sus privilegios y el control del poder estatal.

Correlación de fuerzas

Venezuela enfrenta una de las ofensivas imperialistas más brutales de las dos últimas décadas. No obstante, la asistencia a las movilizaciones organizadas por el gobierno, como la de este Primero de Mayo, sigue muy por debajo de las gigantescas demostraciones de fuerza que consiguieron desactivar ofensivas golpistas anteriores contra el gobierno de Chávez.
La causa de esta paradoja es que Chávez tomaba medidas hacia la izquierda, intentando responder a las demandas de las masas, y se enfrentaba a la oligarquía. Por el contrario, Maduro y los actuales dirigentes del PSUV han optado por abandonar cualquier perspectiva socialista y optar por un modelo de capitalismo de Estado, aplicando recortes en salarios y derechos, destruyendo miles puestos de trabajo en empresas públicas y privadas, haciendo constantes concesiones a los empresarios, y todo ello sin poder evitar el colapso del aparato productivo, la hiperinflación y el sabotaje imperialista. La catástrofe social y económica de Venezuela no se va a resolver manteniendo esta dinámica.
Con una auténtica política socialista y revolucionaria, el golpe ya habría sido derrotado de manera definitiva. Guaidó y los fascistas de Voluntad Popular y demás partidos oligárquicos estarían completamente aislados y desprestigiados, sus dirigentes detenidos para que respondan por sus crímenes y no tendrían posibilidad alguna de volver a actuar.
Pero Guaidó sigue libre e intenta recuperar la iniciativa. Los primeros datos disponibles indican que el “paro escalonado hacia una huelga general”, que convocó el Primero de Mayo, no ha tenido seguimiento. La manifestación opositora de ese día, más concurrida de lo que cabía esperar tras fracasar su intentona de la jornada anterior, no contó con la asistencia multitudinaria necesaria para llevar adelante sus planes golpistas. En cualquier caso, Guaido se apoya en los burócratas sindicales descontentos para mantener su estrategia y cifra sus esperanzas en que el malestar social le permita cambiar la correlación de fuerzas.

Movilización independiente de la clase obrera contra el golpe ¡Todo el poder a los trabajadores y el pueblo para barrer a la reacción!

Desde Izquierda Revolucionaria nos oponemos totalmente al paro obrero convocado por Guaidó. Esta huelga no tiene nada que ver con la defensa de los derechos de los trabajadores, sino con una escalada en la estrategia imperialista. Por el contrario, llamamos a todos los trabajadores, campesinos y jóvenes a movilizarnos masivamente para derrotar esta nueva intentona golpista de manera aplastante y definitiva.
La primera tarea de todos los activistas obreros, de los sindicatos de clase, de los movimientos populares y de la izquierda, es denunciar los objetivos y el carácter criminal de Guaidó y la oposición pro-imperialista venezolana, pero sin confiar en el gobierno o la cúpula militar para derrotar a Trump y a la burguesía venezolana. Son sus políticas las que han permitido a la derecha manipular la desesperación de sectores de la población y avanzar. Un nuevo ejemplo lo tenemos en la promesa de Maduro en su discurso del Primero de Mayo de convocar un congreso de organizaciones sociales para recoger sus opiniones y propuestas. Pero este ejercicio de legitimar a la burocracia con acciones propagandísticas no es nuevo, en el pasado ya tuvimos el congreso de los trabajadores, congreso de los pueblos, parlamento comunal... y, cuando los sectores revolucionarios intentaron plantear sus críticas a la burocracia y la necesidad de expropiar la banca y las grandes empresas propiedad de la oligarquía, fueron excluidos o atacados.
Las reservas de apoyo al legado de la revolución, la memoria, el instinto y conciencia que existen entre las masas, son muy superiores a lo que muestran las manifestaciones que organiza el gobierno. Con una dirección revolucionaria y un programa de lucha por el socialismo que recogiera las aspiraciones y necesidades inmediatas de la población, se podría revertir la situación de apatía que muestran millones de oprimidos, que no apoyan a Guaidó ni los planes golpistas pero no ven en Maduro una alternativa.
Hay que poner en marcha toda esa fuerza y cortar de raíz el intento de Guaidó de conseguir apoyo entre los trabajadores y el pueblo. Pero esto no se conseguirá con palabras. Es imprescindible que los revolucionarios nos pongamos al frente de la movilización contra las políticas antiobreras de la burocracia en las empresas e instituciones públicas. Debemos impulsar urgentemente comités de acción contra el golpe independientes de la burocracia estatal y sindical en cada fábrica, centro de estudios o barrio. Estos comités deben organizar acciones concretas (asambleas, marchas, concentraciones...) y coordinarse local, regional y nacionalmente para unificar las reivindicaciones de todos los colectivos obreros, campesinos y populares para derrotar el golpe y construir una verdadera economía y estado socialistas, sin burocracia ni corrupción.
Este programa debe pasar necesariamente por la expropiación de los bancos, la tierra y las grandes empresas, y de todo el capital imperialista, y que los ingentes recursos de Venezuela sean administrados directamente por los trabajadores. Planificando democráticamente la economía en beneficio del pueblo podríamos poner fin a la catástrofe económica. Un movimiento así no sólo respondería contundentemente a Trump y sus aliados, lograría conquistar el apoyo entusiasta de millones en Latinoamérica y en todo el mundo, conjurando la amenaza golpista y abriendo la senda para la transformación socialista de la sociedad.
¡Para derrotar el golpismo, hay que arrebatar el poder económico y político de los empresarios y burócratas y que este pase a manos de los trabajadores y el pueblo!

Izquierda Revolucionaria Venezuela

El príncipe moderno (Gramsci)

Las Fakes News como estrategia de EE.UU contra Venezuela




De acuerdo al analista internacional Pablo Jofre, los términos reconciliatorios utilizados por Trump en el caso de Venezuela con su homólogo ruso, no tienen sustento ya que en esencia el Presidente de EE.UU se mantiene en su postura inicial: derrocar al gobierno de Venezuela, apoyar la oposición liderada por Juan Guaidó, sin descartar la intervención armada. La aparente contradicción del tono de la conversación puede ser leída como una estrategia más para desinformar y desorientar.

sábado, 4 de mayo de 2019

5 desastres del FMI en el mundo. Mirá por qué no hay que pagar la deuda externa




Te mostramos 5 ejemplos donde los planes de "ayuda" del FMI llevaron al desastre a los trabajadores y el pueblo pobre para garantizar las ganancias de los grandes bancos y capitalistas.

Varios países del mundo tuvieron en los últimos años sus economías controladas por el FMI. Las recetas son todas parecidas y los resultados son la quiebra y el padecimiento de millones, pero eso sí, con generosas ganancias para un puñado de bancos y especuladores.
Pero vayamos a nuestro primer ejemplo, muy reciente:

1) Sudán

El “país de las pirámides”. Sí, Sudán tiene más pirámides que su vecino Egipto. Pero además de pirámides, tiene una enorme crisis económica, tras años de seguir las recomendaciones del FMI, como la devaluación de la moneda y el aumento del precio de los combustibles. Estas medidas dejaron a 20 millones de habitantes hundidos en la pobreza, casi la mitad de la población, y la inflación en 2018 llegó al 70%. Una de las medidas más brutales fue la quita del subsidio a la harina. Fue tal la desesperación que generó el hambre, que miles salieron a las calles en las que se llamaron las Revueltas del pan. A pesar de la brutal represión que dejó a decenas de muertos, las revueltas terminaron con el gobierno de Omar Al Bashir y los manifestantes aún siguen en las calles.

Pero volvamos a América Latina.

2) Haití

En las Antillas. Ocupado durante 15 años por fuerzas militares extranjeras. Más de 10 millones de habitantes sobreviven en Haití con menos de 2 dólares diarios, y la economía tuvo una de las tasas más bajas de crecimiento de la región. A mediados de 2018 el primer ministro Lafontant tuvo que renunciar después de haber anunciado aumento en los precios de los combustibles, dictado... ¿Por quién? Por el FMI... lo que fue contestado con movilizaciones, protestas y cortes de calles en las principales ciudades del país.
Otro país que comenzó a recorrer camino al desastre es

3) Costa Rica

La deuda pública de este país centroamericano se multiplicó casi por 5 en la última década. Ese endeudamiento por supuesto que no fue para mejorar la vida de la población. El desempleo en Costa Rica en 2018 superó el 11%. Entre la juventud superó el 31%. Y entre las jóvenes mujeres, superó el 37%. Pero además de la desocupación, el FMI exigió al gobierno una reforma tributaria, que fue aprobada en diciembre de 2018 a pesar de ser rechazada por casi 9 de cada diez personas. El gobierno de Carlos Alvarado puso impuestos al consumo de la población mientras los empresarios evaden impuestos al por mayor. Estalló Costa Rica. Entre abril y octubre se desataron manifestaciones multitudinarias de trabajadores y estudiantes, que culminó en una histórica huelga general que duró un mes. Solo la acción de los sindicatos burocráticos, que levantó la huelga y sacó a los trabajadores de las calles, pudo evitar la derrota de la odiosa reforma del FMI.
Los que piensan que los desastres del FMI están reservados para los países de África o América Latina están muy equivocados. Nos vamos a Europa.

4) Grecia

Grecia es un caso muy particular. Tsipras ganó las elecciones en medio de una gran crisis económica diciendo que no había que ajustar. Una vez en el gobierno, por las dudas, convocó a la gente otra vez a las urnas, esta vez para decidir si había que ajustar o no. Era el tercer ajuste exigido por el FMI y otros organismos internacionales. La gente dijo que no. ¿Qué hizo el gobierno de Tsipras? Ajustó, implementó 13 reformas anti populares seguidas. Estalló Grecia. Hoy, después de años de recesión, Grecia tiene un crecimiento ínfimo, con una desocupación que supera el 20% de la población y más de 300.000 personas tuvieron que dejar el país en busca de trabajo. ¿La deuda? Nunca dejó de aumentar.
Vayamos a nuestro último ejemplo, un país que algunos ponen como ejemplo virtuoso de salida renegociada de la mano del FMI.

5) Portugal

Junto con Grecia, Portugal formaba parte del grupo de los PIGS, que significa "cerdo" en inglés, el grupo de las cuatro economías europeas caídas en desgracia. En el 2010, entró en una crisis de deuda muy fuerte y en 2011 empezó a recibir la "ayuda" del FMI. Portugal renegoció su deuda recién en el 2015. Fueron cuatro largos años de ajustes, tierra arrasada para trabajadoras y trabajadores portugueses. La reforma laboral, por ejemplo, facilitó los despidos, recortó el seguro desempleo, hizo más difícil cobrarlo, implementó algo parecido al banco de horas, ese "te llamo cuando te necesite" con el que sueñan todos los patrones del mundo. Para la juventud fue catastrófico: si sos joven hoy en Portugal, tenés 3 o 4 veces más chance de estar desocupado que si sos adulto. Así fue como lograron aumentar las ganancias de los empresarios y tentar a algunos inversores. Además de la reforma laboral, que sigue avanzando, redujeron el presupuesto para la educación, y el presupuesto de la salud pública fue el menor de los últimos 15 años. Explotaron las huelgas, sobre todo de docentes, ferroviarios y trabajadores de la salud, que se niegan a ser les que paguen el ajuste y aceptar las migajas del gobierno. Para colmo, así y todo, el crecimiento económico de Portugal es muy modesto y la deuda hoy es mayor que antes.
Podríamos seguir dando ejemplos que demuestran que hay que romper con el FMI, pero estos que te mostramos dejan claro el mecanismo perverso de la deuda y este verdadero usurero internacional.

El mecanismo perverso del FMI

Le presta dólares a los gobiernos para que paguen deudas usurarias y fraudulentas. Generan una bola de nieve de deuda para pagar deuda que termina siendo impagable, lo que obliga a renegociarla una y otra vez. En cada renegociación los gobiernos obtienen plazo y nuevos préstamos, a cambio de reformas estructurales, que podríamos llamar las del "Robin Hood al revés": que permitirán precarizar más el trabajo principalmente de jóvenes y mujeres, bajar más las jubilaciones, entregar los recursos naturales, empobrecer al país, para financiar la fuga de capitales y los bancos intermediarios de la deuda como el Citibank, el Deutsche Bank, el Santander, el BBVA, y garantizar las ganancias de los empresarios nacionales e internacionales. Es acá donde reside la clave de este saqueo sin fin.
Si querés saber más sobre el FMI, qué es y como funciona, podés ver un video de La Izquierda Diario Historia que te va a sacar todas las dudas.
Acá en Argentina, donde el gobierno de Mauricio Macri es un fanático de las medidas de ajuste y volvió a pactar con el Fondo, ya pasaron varias medidas de ajuste, como el aumento sideral de las tarifas de servicios públicos y transporte y la baja de salario por medio de una inflación récord. Hay quienes dicen que lo peor ya pasó y que ahora solo queda esperar a las elecciones, que se hacen ahora en Octubre. Pero como muestran los ejemplos que mostramos en este video, lo peor va a venir de la mano de la renegociación y las reformas estructurales que va a exigir el FMI. Por eso el Frente de Izquierda dice que hay que romper con el FMI y no pagar la deuda externa: “son ellos o nosotros".
Un último dato, si querés profundizar sobre cómo funciona el capitalismo y sus variados mecanismos "Robin Hood al revés", te recomiendo este libro de Ediciones IPS, "Para entender la explotación capitalista", una imperdible compilación de textos de Karl Marx, Friedrich Engels y Ernest Mandel, que te van a mostrar por qué la explotación no es un exceso de algunos capitalistas sino que es el corazón, la fuente del sistema, y que no tiene nada de natural, de hecho no existe desde siempre y puede dejar de existir.

viernes, 3 de mayo de 2019

Estados Unidos eleva el embargo a Cuba en su cruzada contra Venezuela




Tal como lo había anunciado Trump por twitter, Estados Unidos aplicó desde este jueves en su totalidad la ley Helms-Burton. Se trata de un ataque colateral de la injerencia sobre Venezuela.

Hace tan solo tres días Donald Trump amenazó a Cuba en medio de las tensiones en Venezuela. Fracasado el intento de golpe encabezado por Guaidó y patrocinado desde Washington, Trump advirtió a Cuba que aplicaría sanciones severas si no dejaban de intervenir en Venezuela. Esa amenaza, que se hizo efectiva desde este jueves con la aplicación de un embargo completo, no deja de mostrar la hipocresía de Estados Unidos, que es quién está avasallando la soberanía venezolana con su injerencia directa y las amenazas de una intervención militar.
El salto en el embargo a Cuba le llevó adelante mediante la aplicación plena de la ley conocida con el nombre de Helms-Burton (por los apellidos de los legisladores estadounidenses que la impulsaron). El artículo 3 de esta ley permite que los ciudadanos estadounidenses demanden a empresas multinacionales que operan en terrenos o inmuebles expropiados después de la Revolución cubana.
La aplicación de esta norma, que ya durante el jueves tuvo una primera empresa acusada formalmente, la compañía de cruceros Carnival, desató la ira de Cuba y la preocupación de la Unión Europea (UE).
Si bien la norma no es nueva, se había mantenido desactivada a lo largo de varios gobiernos estadounidenses para no entrar en conflicto con gobiernos aliados -en algunos momentos- y para no empeorar la relación con Cuba -en épocas más recientes.
Sin embargo como se vio en el capítulo de guerra comercial con China y en menor medida con la Unión Europea, Trump no tiene problema en agitar el fantasma de las fricciones con enemigos y aliados, como parte de su política exterior pragmática, y de sus necesidades políticas domésticas.
Tanto la injerencia sobre Venezuela como el salto en la belicosidad contra Cuba van en consonancia con los intereses de una parte de su electorado como de los gusanos de Miami (quienes huyeron de las isla tras la revolución), que tienen un fuerte poder de lobby en el Congreso estadounidense.
La habilitación para demandar judicialmente a empresas extranjeras por utilización de terrenos o inmuebles expropiados en Cuba está incluida en el Título III de la ley Helms-Burton de 1996.
Desde esa fecha el artículo se había mantenido desactivado y fue Trump quien decidió cambiar esta política de Estado como parte de su decisión de frenar el acercamiento a La Habana que había inaugurado su antecesor, Barack Obama, como mejor forma de buscar una vía a la restauración capitalista en la isla.
La aplicación de la normativa podría desatar una avalancha de juicios y demandas, como lo demostró la primera denuncia ante la Justicia estadounidense. Este mismo jueves dos personas, que dicen ser propietarias y herederas de los puertos de Santiago de Cuba y La Habana durante la dictadura de Batista, antes de la revolución de 1959, exigen multas a la empresa de cruceros Carnival, con sede en Florida, por el uso de esos puertos.
De esta manera muchas transnacionales podrían ser objeto de futuras demandas.
Por ejemplo, cadenas hoteleras europeas, canadienses, japonesas, rusas y chinas; aerolíneas, como Lufthansa y Air France, y grandes corporaciones como la suiza Nestlé, la china Huawei y la japonesa Mitsubishi.
Por eso, el giro dado por la Casa Blanca preocupa tanto a la UE como a Cuba, cuya economía depende en gran medida de los ingresos de estas empresas. Es decir, se trata de una medida iniciada por motivos políticos, que busca profundizar el bloqueo y asfixiar al pueblo cubano, en una situación económica que ya es por demás complicada.
"Mentiras y calumnias que constituyen ofensas contra el pueblo cubano, ofenden también y amenazan la soberanía de los pueblos. A esa perversa práctica acude el imperio para justificar su descalabro en Venezuela. No más mentiras y amenazas. Nuestros pueblos no se rinden", denunció el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, por Twitter ni bien entró en vigencia el título III de la Ley Helms-Burton.
John Kavulich, el presidente del Consejo Comercial y Económico Estados Unidos-Cuba, informó que las autoridades estadounidenses ya certificaron 5.913 casos de ciudadanos y empresas que podrían acogerse a la nueva norma por un total de 1.900 millones de dólares, que con los intereses desde hace más de 60 años ascenderían a 8.521 millones. Se trataría de una presión directa sobre Cuba que se suma al bloqueo iniciado tan solo un año después de la revolución.
El criminal bloqueo estadounidense comenzó con una nota emitida por la Embajada de ese país en La Habana, el 26 de mayo de 1960. Según indicaba la nota, el único motivo por el cual se levantaría la suspensión a la asistencia económica sobre la isla, sería en beneficio del “interés nacional y hemisférico de los Estados Unidos”. El bloqueo fue mantenido por todos los gobiernos y le costó a Cuba decenas de miles de millones de dólares. La Ley Helms-Burton de 1996, que a partir de este jueves se aplica en su totalidad, vino a endurecer las sanciones contra Cuba profundizando el bloqueo en medio de la crisis que vivía el país.

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“El imperialismo, fase superior del capitalismo”, de Lenin, ayer y hoy




El presente texto es un desarrollo de la exposición del autor como panelista en la mesa “Imperialismo y Revolución”, en el Seminario por los Cien Años de la Revolución Rusa realizado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en noviembre de 2017

Entre tantas revalorizaciones históricas, el centenario de la revolución de Octubre es también una oportunidad para poner en su lugar a El Imperialismo, fase superior del capitalismo, de Lenin (1916), una de las obras que contribuyeron decisivamente al programa y la acción de quienes iban a encabezar la revolución de Octubre. Esa contribución, por parte de Lenin, se completaría con las Tesis de Abril (1917), y El Estado y la Revolución (agosto 1917).
El lugar del El imperialismo… ha sido a veces minimizado y, muchas otras, malversado. La más común de estas presentaciones engañosas se escuda en su carácter breve o en el estilo popular de su redacción. En otros casos, se presenta a la obra de Lenin como la mera enumeración de un conjunto de transformaciones que caracterizaron al capitalismo del último cuarto del siglo XIX: la concentración del capital industrial y la emergencia del monopolio capitalista; la consiguiente concentración del capital de los bancos y sus consecuencias -la “unión personal” de los bancos con la industria y el surgimiento del capital financiero-; el tránsito de la exportación de mercancías -característico del capitalismo de la libre competencia- a la exportación de capitales; el reparto del mundo entre los grupos monopolistas; el copamiento definitivo del mundo colonial entre las grandes potencias que albergan a aquellas corporaciones y la lucha -política y militar- por “un nuevo reparto del mundo”.
Pero ¿es éste todo el aporte de El imperialismo…, de Lenin? Si fuera por la mera presentación de las transformaciones capitalistas de fines del siglo XIX, el propio Lenin admite haberlas recogido, en importante medida, de dos obras que precedieron a la suya. En primer lugar, el Estudio del imperialismo (1902), del liberal John A. Hobson, un trabajo monumental -en términos de compilación de evidencias y denuncias- respecto del acaparamiento del mundo por parte de las grandes potencias capitalistas y las corporaciones que emergieron en ellas. Luego, y en todo lo referido a la articulación entre el capital bancario y el capital industrial, Lenin tuvo como referencia a El capital financiero (1913), del socialista austro-alemán Rudolf Hilferding. El carácter singular de la obra de Lenin no reside en la pretendida ‘popularización’ de esas elaboraciones anteriores, sino en lo que él denominó la “crítica del imperialismo” o, más adelante en el mismo texto, el “lugar histórico del imperialismo”.
Otra de las vulgarizaciones del trabajo de Lenin consiste en presentarlo como la mera descripción del pasaje “del capitalismo de la libre competencia al monopolio[1]”. Si se tratara de ello, no habría nada de original en ese texto: el propio Marx, tanto en Miseria de la Filosofía como en El capital, había desarrollado la relación contradictoria entre competencia y monopolio en el devenir del desarrollo capitalista.

Transición histórica

Por cierto, el imperialismo de “Lenin” no se refiere a una “forma de mercado” -tal como presenta al monopolio la economía neoclásica- sino a una transición histórica. El capitalismo ha completado su labor ‘civilizatoria’, la acumulación de capital se ha extendido al conjunto del planeta. La lucha encarnizada por un “nuevo reparto del mundo” abre un período histórico de “guerras y revoluciones”.
En su texto, Lenin advirtió sobre la tentativa de convertir a esta categoría histórica en una mera taxonomía: “Los publicistas burgueses (…) defienden el imperialismo en una forma encubierta, velando (…) sus raíces profundas, esforzándose en colocar en primer plano las particularidades y los detalles secundarios”[2]. Lenin asociaba estas interpretaciones a las tentativas de reforma del capitalismo monopolista, tales como “el control policíaco a cartels y trusts”, una referencia a las llamadas “regulaciones anti-trust”. En oposición a estas visiones, señala que “las relaciones de economía y propiedad privadas constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que debe inevitablemente descomponerse si se atrasa artificialmente su supresión, que puede permanecer en largo estado de descomposición durante un período relativamente largo (en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado) pero que, sin embargo, será ineluctablemente suprimida”. Surge de aquí la conclusión central de El imperialismo…, ya planteada en su título -o sea, la etapa “superior” del capitalismo- o en las palabras del propio Lenin, “un capitalismo en transición, o más propiamente, agonizante”.
El capitalismo inaugura un nuevo desarrollo, caracterizado por la expansión del capital monetario que circula como mero derecho o promesa a la percepción de una renta (capital ficticio), y muy por encima de sus posibilidades de intercambio con el capital productivo; por la hipertrofia del crédito como recurso para cubrir el antagonismo entre producción y consumo; por la militarización y la tendencia a la guerra que añade, a los ‘viejos’ objetivos de pillaje y acaparamiento, la ‘nueva’ función de liquidar fuerzas productivas y habilitar -al costo de catástrofes sociales y humanitarias- a un nuevo equilibrio en la acumulación de capital. Este es el contenido del capitalismo declinante o maduro que caracteriza Lenin.
Es cierto que El imperialismo... constituyó un arma de lucha política y teórica en torno de la gran divisoria de aguas de esos años -entre el oportunismo que acompañó a las burguesías imperialistas en la carnicería de la Primera Guerra, de un lado, y el puñado de revolucionarios que llamó a transformar a la guerra imperialista en guerra contra la propia burguesía, del otro. Pero en la medida que Lenin acertó en asociar la guerra y la barbarie con la definitiva decadencia del capitalismo, su “imperialismo” se proyecta, con más fuerza todavía, en el presente.

Imperialismo, ultraimperialismo, “globalización”

Una de las conclusiones centrales de El imperialismo… refiere a la imposibilidad de su “reforma” o “corrección” pacífica. Esta fue, precisamente, la visión de Hobson, cuando caracteriza al imperialismo británico como “un mal negocio, ya que, tras exigir enormes costos, no ha significado sino un incremento pequeño, malo e inseguro de los mercados, y ha puesto en peligro toda la riqueza de la nación al suscitar la animadversión de otros países. Podemos preguntarnos, ¿qué indujo a la nación británica a embarcarse en tan mal negocio? La única respuesta posible es que los intereses económicos de la nación están subordinados a los de ciertos grupos privados que usurpan el control de los recursos nacionales y los usufructúan en beneficio personal”.[3] Hobson no puede percibir el carácter históricamente necesario del acaparamiento perpetrado por tales “grupos privados” (los monopolios capitalistas) y le “recomienda” al imperio británico una vía de reforma o corrección de sus abusos.
Pero Lenin es aún más implacable con Karl Kautsky, el cual en 1914/1915 declara que el imperialismo es sólo la “política preferida” del capitalismo de entonces. En la visión de Kautsky, el imperialismo se caracteriza “por la tendencia de cada nación industrial a anexionarse o a someter regiones agrarias cada vez mayores”. Lenin califica a esta definición cuanto menos como unilateral. Señala que no es el capital industrial el que predomina, sino el financiero sobre las otras formas del capital -sean agrarios o industriales y, principalmente, la lucha de rapiña por los mercados, signada por la violencia y la reacción política. En su crítica a Kautsky, Lenin lo coloca incluso ‘por detrás’ del liberal Hobson, el cual, con los límites señalados, había destacado la tendencia a la disputa entre los ‘imperios rivales’ y visualizado -al menos descriptivamente- el predominio del capital financiero sobre las otras formas del capital.
Contra la pretensión reformista de un desarrollo “armónico” de todas las formas de producción -industrial y agraria- en los países donde se genera un exceso de capital, Lenin señala que, si ello fuera posible, “el capitalismo dejaría de ser capitalismo, pues el desarrollo desigual y el nivel de vida de las masas semihambrientas son las condiciones y las premisas básicas, inevitables de este modo de producción”[4]. Y concluye: “En los países atrasados, el beneficio es ordinariamente elevado, pues los capitales son escasos, el precio de la tierra relativamente poco considerable, los salarios bajos, las materias primas baratas. (…) La (...) exportación de capital se halla determinada por el hecho que en algunos países el capitalismo ha ‘madurado’ excesivamente, y (en las condiciones creadas por el desarrollo insuficiente de la agricultura y por la miseria de las masas) no dispone de un terreno para la colocación ‘lucrativa’ del capital”[5].
Este fundamento plantea la necesidad -y no la mera posibilidad- histórica del imperialismo, y está en ‘línea directa’ con el desarrollo de Marx sobre la caída tendencial de la tasa de ganancia y sus causas contrarrestantes. Lenin atribuye la exportación de capitales a la búsqueda de medios de producción no producidos (tierra, recursos naturales) y fuerza laboral baratos; es decir, un recurso para oponer al rendimiento declinante del capital, que es resultado del reemplazo creciente de trabajo vivo -creador de valor- por trabajo muerto -sólo transmisor de valor.[6]
Enseguida, Lenin arremete contra las consecuencias más generales del planteo de Kautsky: es que si el imperialismo no es la forma necesaria de la declinación capitalista, entonces puede conducir a una nueva fase progresiva: “la aplicación de la política de los cartels a la política exterior, el ultraimperialismo” (Kautsky). La concentración “final” del capital conduciría así “a la unión de los imperialismos de todo el mundo, la fase de la cesación de las guerras y de la explotación general del mundo por el capital financiero unido internacionalmente”[7]. De acuerdo con ello, la dominación mundial del capital financiero atenuaría las contradicciones de la economía mundial. Los cartels actuarían, así, como un factor morigerador de las crisis.
Lenin rechaza esta visión de Kautsky, demostrando que “el capital financiero y los trusts acentúan la diferencia en el ritmo de crecimiento de las distintas partes de la economía mundial”. Y describe, en este punto, el saqueo despiadado de las potencias imperialistas sobre colonias y semicolonias. Lenin, se pregunta, entonces, sobre las posibilidades de una alianza duradera y estable entre potencias imperialistas para el reparto “pacífico” del mundo colonial. Y responde del siguiente modo: “El reparto del mundo se relaciona con la fuerza económica general, financiera, militar, etc. Y la fuerza no se modifica de un modo idéntico. Es imposible bajo el capitalismo el desarrollo igual de las distintas empresas, de los distintos trusts, etc. (…) las alianzas pacíficas preparan las guerras y, a su vez, surgen del seno de la guerra, condicionándose mutualmente, engendrando una sucesión de formas de lucha pacífica y no pacífica sobre una misma base de relaciones imperialistas y de relaciones recíprocas en la política y la economía mundiales”.[8] Como veremos enseguida, esta crítica del “ultraimperialismo” cobrará enorme vigencia un siglo después.

Imperialismo, monopolio y competencia

La pretensión de reducir la categoría histórica del imperialismo a una suerte de teoría del monopolio ha llevado a otras tergiversaciones de la obra de Lenin. Por ejemplo, la que atribuye a la teoría del imperialismo una “dualidad teórica” y un distanciamiento respecto de la teoría marxista del valor. Según Rolando Astarita[9], existirían dos teorías: la de “Hilferding y Lenin, (que) sostienen que los precios se establecen por el poder de mercado de las corporaciones”, y la de “Marx, que sostiene que los precios se determinan de manera objetiva en los mercados”.[10] La teoría del imperialismo, de este modo, sería contradictoria con la propia ley del valor.
Pero la pretendida oposición entre precios fijados por el “poder de las corporaciones” y otros por el “mercado” es ajena a El Imperialismo…, el cual, siguiendo a Marx, desarrolla la unidad dialéctica entre monopolio y competencia. En el capítulo referido al “parasitismo y descomposición del capitalismo”, Lenin menciona a los ‘precios monopolistas’ -los cuales rigen “temporalmente”- y a las barreras a la competencia -como las patentes- que “hacen desaparecer hasta cierto punto las causas estimulantes del progreso técnico”. Pero, enseguida, añade que “el monopolio no puede suprimir la competencia en el mercado mundial de un modo permanente y por un período prolongado (en esto consiste, dicho sea de paso, una de las causas de lo absurdo de la teoría del ultraimperialismo)”.[11] Para Lenin, el capitalismo monopolista, que emerge como negación de la competencia, la termina replanteando en una fase más aguda y encarnizada: la de la lucha entre monopolios respaldados por sus Estados, donde el despotismo económico debe cobrar necesariamente la forma de la reacción política y de la guerra.
El vínculo entre el imperialismo y la ley del valor existe, entonces, de una forma muy diferente de cómo es presentada en el texto citado. En verdad, el monopolio es una tentativa extrema, por un lado, de controlar o anular la acción de la ley del valor, que opera en el marco de la competencia y que conduce a la declinación de la tasa de ganancia. Y del otro, un intento de superar la anarquía propia del régimen de producción capitalista, que opera por fuera de todo plan o regulación.
La gran corporación capitalista, con su división interior del trabajo y su rigurosa planificación estratégica, constituye un ‘ensayo general’ de la sociedad sometida a un plan consciente[12]. Para alcanzarlo, sin embargo, la gigantesca base material y técnica existente deberá romper con la “envoltura” de la propiedad privada, la cual relanza todo el tiempo la anarquía y el dispendio a una escala superior -la de la competencia entre monopolios, corporaciones y sus Estados.
En relación con la ley del valor, el monopolio viola su vigencia temporalmente cuando, por medio de la formación de cartels o acuerdos de otro tipo, se autoasigna precios que aseguran a sus participantes un rendimiento superior a la tasa de ganancia media. Al frenar la competencia, los capitalistas retrasan la tendencia a incorporar medios técnicos para superar a sus rivales: con ello, contienen el reemplazo de trabajo vivo -creador de valor- por aquel que sólo lo transmite, y retrasan, por lo tanto, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Pero como señala Lenin, los acuerdos son sólo treguas precarias. Contradictoriamente, la obtención de beneficios extraordinarios al interior de los cartels monopolistas constituye un formidable estímulo para que los capitales ajenos a él intenten ingresar en sus mercados[13].
Por otra parte, los “arreglos” monopolistas de precios o repartos de mercados, que preservan la tasa de ganancia de los capitalistas involucrados, bloquean la acumulación de capital en la medida que anulan a su fuerza motriz -la competencia. Esta es la razón por la cual han surgido las legislaciones antitrusts -desde la ley Sherman (1890, Estados Unidos) en adelante. Los grandes litigios relacionados con maniobras monopolistas -desde la disolución de Standard Oil, de Rockefeller, hasta las recientes sanciones a Microsoft- son el escenario “judicializado” de esta lucha despiadada de monopolios capitalistas, entre los que blindan su mercado para obtener superganancias y los que pugnan por romper esas barreras para poder ingresar. Es de notar, en este punto, que el arbitraje del Estado capitalista -que siempre es presentado como un factor morigerador o regulador del ‘mercado’ o la competencia- actúa en este caso para promoverla, confesando así que el capitalismo monopolista -presentado por el reformismo como un principio o garantía de acumulación armónica- es, en última instancia, un factor de retraso o bloqueo a tal acumulación. Pero como señalara Lenin, las treguas entre monopolistas son efímeras, apenas otorgan el tiempo para el “rearme” y la lucha renovada por el acaparamiento de los mercados. La ley del valor, a pesar de los intentos por contenerla y regularla, se termina imponiendo y opera a través del despotismo y la violencia.
Por otra parte, y contra la pretensión de que la teoría del imperialismo sería contradictoria con la ley del valor, es el propio Marx el que demuestra que la ley se cumple en la interacción -contradictoria- de los “muchos” capitales. Su cumplimiento se verifica sobre el capital considerado en su conjunto o, si se quiere, a escala mundial. Al interior de él operan ramas más o menos monopolizadas, y de mayor o menor tecnificación (composición orgánica). La transferencia de plusvalor entre unas y otras no desmiente que, en su conjunto, la riqueza social producida es la representación del trabajo general invertido en ellas. Pero la ley del valor, bajo la actual transición histórica, opera bajo la forma convulsiva de la competencia entre monopolios, de la disparidad entre ramas y países, de la vigencia del desarrollo desigual.
Como bien destaca el historiador marxista Richard Day[14], Lenin desenvolvió este punto de vista, incluso en oposición a otras visiones del imperialismo que existían al interior del bolchevismo, por caso, la de Nicolás Bujarin. En efecto, éste último sostenía que “la combinación de los sindicatos de industrias y bancos unifican a la totalidad de la producción nacional, la cual asume la forma de una compañía de compañías, convirtiéndose en un trust capitalista de Estado”[15]. Day señala que, para Bujarin, el imperialismo exacerba la competencia sólo en el plano de los antagonismos entre las naciones imperialistas, y sus respectivos “capitalismos de Estado”. Lenin, por el contrario, señala que “los monopolios no eliminan la competencia, sino que existe por encima y junto a ella, dando lugar a un cúmulo de muy agudos e intensos antagonismos, fricciones y conflictos”[16].
En la misma línea de Astarita, el economista mexicano Diego Guerrero[17] fustiga a la ‘corriente teórica’ que alimentó los conceptos de capitalismo monopolista y, luego, de imperialismo, y califica a Lenin como “su exponente más vulgar”. Como Astarita, Guerrero opone la ley del valor a las “relaciones de fuerza” que prevalecen en el capitalismo de los monopolios. Pero en la era del imperialismo, la guerra y la reacción política son la manifestación, no de la negación de la ley del valor, sino de su vigencia. Es la competencia en su forma extrema -la guerra- que se termina imponiendo por sobre los “controles” y acuerdos de los monopolios capitalistas. La pretensión de que la ley del valor sólo podría operar como un fenómeno ‘metabólico’ o abstracto de la regulación mercantil, con independencia de la superestructura y de la acción política de las clases, o sea, de las guerras comerciales, políticas o militares, reduce el marxismo a un “modelo económico”, y lo sustrae de una comprensión general de la dinámica de la sociedad humana a través de la lucha de clases.
En ocasión de las crisis capitalistas -que reflejan siempre un exceso de capital en relación a las condiciones de valorización vigentes- la ley del valor opera bajo la acción de catástrofes sociales, guerras, devaluaciones y destrucción de fuerzas productivas. De conjunto, el imperialismo expresa la tentativa más extrema del capital por dominar sus contradicciones insuperables. Por un lado, el monopolio y la centralización del capital imponen la socialización más extrema, en un intento por superar la anarquía que terminará reabriéndose en términos más intensos y agudos. Del otro, el capital financiero, y las formas más sofisticadas del crédito, intentan superar la contradicción entre una producción ascendente y un consumo necesariamente restringido por la magnitud creciente del trabajo no retribuido. Las crisis capitalistas, finalmente, reencuentran al capitalismo imperialista con la ley del valor.

Imperialismo y declinación capitalista

La publicación de El imperialismo… tiene lugar en el marco de los primeros pasos de la III internacional, y de su oposición a la guerra imperialista. Pero establece también el marco histórico de la revolución de octubre: la extensión del capitalismo y de la propia clase obrera a la escala de todo el planeta; en consecuencia, la indiferenciación entre naciones maduras e inmaduras para la revolución social; la penetración del capital en las naciones atrasadas, que acentúa el desarrollo desigual de sus fuerzas productivas y signa la incapacidad de las clases dominantes nativas para emanciparse de la dominación imperialista. Esa emancipación, y la superación del atraso, pasarán a ser un episodio de la revolución socialista. Pero a su vez, la revolución de octubre sólo podía ser concebida como el primer paso de la revolución mundial.
El imperialismo, como debut de la declinación del capitalismo y de la necesidad histórica de la revolución socialista, ¿es un escenario históricamente superado? Es el punto de vista de un texto de Claudio Katz[18], que señala que el imperialismo “como etapa superior del capitalismo, caracterizada por la declinación histórica, estuvo condicionada por la catástrofe bélica de entreguerra”. Así, y en lugar de una óptica centrada en una “mega-etapa de descenso histórico”, propone estudiar “las distintas etapas que atravesó el capitalismo”, rechazando la tesis de una declinación histórica de este régimen social. Para sustentarlo, Katz afirma que “tal decadencia no figuraba en la visión de Marx, que había limitado sus periodizaciones a los procesos de gestación de este sistema (acumulación primitiva) y a modalidades de su desarrollo fabril (cooperación, manufactura, gran industria)”[19].
A contramano de este señalamiento, El capital contiene una monumental previsión sobre el devenir del capitalismo y la tendencia a su disolución, como resultado de las propias leyes que signan su desarrollo. El tomo III desarrolla las condiciones que conducen al derrumbe del sistema estudiado -el capitalismo- bajo el peso de la propia acumulación del capital.
Pero vayamos más lejos: la caracterización del capitalismo maduro o superior como “punto de inflexión” y transición histórica hacia otro régimen social está presente incluso en Hilferding. Su desarrollo sobre la función de los carteles y trusts y la transformación del capital en capital financiero da cuenta de cómo el imperialismo ‘prepara’ objetivamente las condiciones de su superación. “El capital financiero -afirma Hilferding- significa la creación del control social sobre la producción. Pero es una socialización en forma antagónica; la dominación sobre la producción social queda en manos de una oligarquía. La lucha por su desposesión constituye la última fase de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado”[20]. La conclusión de Hilferding, sin embargo, será la de “transformar con la ayuda del Estado, con la ayuda de la regulación consciente, está economía organizada y dirigida por los capitalistas en una economía dirigida por el Estado democrático”[21] -o sea, que el socialismo devendría, en forma armónica e indolora, del propio desarrollo del capitalismo monopolista. ¡Pero incluso esta visión reformista admitía que el capitalismo había llegado “a su punto más alto”! El rechazo de Katz al imperialismo como transición histórica no sólo se contrapone a Lenin. Deja de lado al más importante pilar de la “crítica de la economía política” -a saber, la caracterización del capitalismo como régimen transitorio, cuyo desarrollo es al mismo tiempo el de las condiciones históricas de su negación y superación.
La pretensión de presentar al imperialismo como un período histórico “acotado” a los tiempos de Lenin lleva a Katz a otras afirmaciones caprichosas. Por caso, la de cuestionar el dominio del capital financiero sobre las otras formas del capital, lo cual estaría refutado “por la supremacía industrial durante el boom de posguerra”. Pero no puede presentarse como “supremacía industrial” a la reconstrucción del parque industrial de las principales potencias imperialistas al cabo de la fantástica destrucción de fuerzas productivas durante la Segunda Guerra. Esa reconstrucción, la cual, por otra parte, sólo abarcó a dos décadas del último siglo, fue disparada a través de un programa de créditos orientados a asegurar la penetración política y económica del imperialismo yanqui en Europa (Plan Marshall) -o sea, que se trató de una ‘supremacía industrial’ guiada por el capital financiero. Apenas ese proceso concluyó, emergieron todas las tendencias a la sobreacumulación -o sea, al exceso de capital monetario en relación a sus posibilidades de valorización.
En ese mismo trabajo, Katz presenta a la caracterización de Lenin sobre la declinación capitalista como una hipótesis de “estancamiento perdurable”, lo cual, como ya desarrollamos, es otra tergiversación de El imperialismo…, Lenin, por el contrario, señala que “sería un error creer que esta tendencia (a la creación de Estados-usureros) descarta el rápido desenvolvimiento del capitalismo. No: ciertas ramas industriales, ciertos sectores de la burguesía, ciertos países, manifiestan, en la época del imperialismo, con mayor o menor fuerza, ya una, ya otra de esas tendencias. En su conjunto el capitalismo crece con una rapidez incomparablemente mayor que antes, pero este crecimiento no sólo es cada vez más desigual, sino que esa desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países más fuertes en capital”.[22]
Siguiendo a Marx, Lenin deduce la tendencia a la declinación del capitalismo, no de su estancamiento, sino del carácter más intenso de la acumulación de capital, que es, a la vez, una acentuación de todos los desequilibrios preexistentes. El imperialismo no es “estancamiento”, sino la reproducción ampliada de todas las contradicciones del régimen social imperante. Finalmente, Katz concluye en que la visión del imperialismo como “mega-etapa de descenso histórico” “exagera el alcance de las crisis y olvida el papel determinante de la acción política”. Las cosas son al revés: es la comprensión de la descomposición capitalista -la “recontramadurez” de las condiciones objetivas- lo que pone al rojo vivo la cuestión de una dirección revolucionaria. Cuando esto se soslaya, entonces el retraso de la revolución se atribuye a una supuesta vitalidad que el capitalismo ha dejado largamente de ofrecer.

Imperialismo y revolución socialista

La lucha política que trasunta El imperialismo… -entre el marxismo y el oportunismo”- se replanteó vivamente en nuestra época. La teoría de la globalización abrió la ilusión de un período prolongado de desarrollo armónico e integrado del mundo bajo la éjida de las corporaciones. A las ilusiones sobre el fin de la historia, se añadieron la fundación de la Organización Mundial de Comercio y la Unión Europea y la creación del euro.
Aunque no le reconocían derechos de autor a Kautsky, la “explotación general del mundo por parte del capital financiero unido” parecía haber tenido lugar. Los teóricos de la ‘mundialización del capital’ previeron, a su turno, una armonización política que podría poner fin a las disputas políticas internacionales y a las guerras. La teoría de la globalización sirvió de cobertura y justificación a las burocracias restauracionistas para su entrelazamiento con el capital mundial, ello, con el argumento de que sus estados no podrían competir con el capital “globalmente articulado”. Y, del mismo modo, amparó al reciclaje teórico y político de los stalinistas de todo el planeta, los cuales, después de la bancarrota de los regímenes que apoyaban, dieron por clausurada la etapa histórica de la revolución de octubre y pasaron a revistar como apologistas directos del capital. En este campo se anotó también el ‘trotskismo’ que ‘resignificó’ el papel de la democracia burguesa e incluso caracterizó a la Unión Europea como la “superación necesaria” de los antagonismos nacionales, y no como la nueva envoltura opresiva del capital financiero sobre los pueblos de Europa.
Pero muy pronto, la “globalización” y el “fin de la historia” se dieron de cabeza con sus pronósticos: la pretendida ‘nueva’ etapa histórica agravó todos los desequilibrios económicos y políticos, por la multiplicación de las guerras y los más intensos desmembramientos nacionales. Todavía ‘brillaba’ la teoría de la globalización cuando el mundo asistió a la “balcanización” de los Balcanes, en el marco de la guerra de rapiña por el acaparamiento de las economías y mercados de Europa del Este.
La historia volvió a confirmar a Lenin, no sólo en la pintura general de una “época de guerras y revoluciones” sino también en los fundamentos que había empleado para caracterizar esa transición histórica. En efecto: no es posible entender el carácter convulsivo de la restauración capitalista sin ver que ésta opera en el marco de un capitalismo “senil, maduro, en declinación”, como lo caracterizó Lenin. De vía de salida para los capitales sobrantes, el copamiento capitalista de la URSS y China terminó acentuando las tendencias a la sobreproducción y sobreacumulación, y generando antagonismos agudos al interior de los estados donde había sido expropiado el capital. La penetración capitalista en China empujó a las ciudades a una masa campesina que sirvió de mano de obra semiesclava a los enclaves industriales exportadores. La restauración, por lo tanto, siguió las leyes brutales de la era imperialista, que son las del desarrollo desigual, y no las de la creación progresiva y “armónica” de un mercado interior, como ocurriera bajo el capitalismo en ascenso. Así, la acumulación de capital en China financió, por una parte, a la ola especulativa que rescató a la economía norteamericana en el comienzo de este siglo, pero que concluyó en la bancarrota de 2007/2008, cuyas consecuencias económicas y políticas aún están en pleno desarrollo. Y por el otro, desenvolvió al interior de las fronteras chinas una sobrecapacidad industrial y burbuja inmobiliaria de alcances explosivos.
Los partidarios de la “globalización” se enfrentan hoy al colapso de sus instituciones -al empantanamiento de la Organización Mundial del Comercio; a la crisis de la Unión Europea, a los tiempos del Brexit y de Trump. Los choques entre las pretensiones librecambistas y el proteccionismo recurrente acentúan otra contradicción -entre la acumulación de capital, que necesita de un marco mundial, y los Estados nacionales.
El escenario presente, de acentuación de la guerra comercial y de multiplicación de las guerras localizadas, añade a la lucha por el “reparto del mundo” la cuestión del destino definitivo de la restauración capitalista en la URSS y China, que no podrá resolverse sin pasar por mayores enfrentamientos políticos y militares y, eventualmente, por otra guerra de carácter general.
A la luz de este escenario, El imperialismo… de Lenin debería ser leído y caracterizado como una anticipación fantástica del devenir del capitalismo en descomposición: la disputa imperialista por los mercados -con su secuela de 100 millones de muertos en dos guerras mundiales y las guerras sucesivas posteriores; el dominio del capital financiero y la exacerbación de la opresión nacional, expresada en la llamada ‘economía de la deuda’; la hipertrofia de los medios de pago, donde los derivados financieros se han multiplicado varias veces por encima del producto bruto y del comercio mundiales; finalmente, la acentuación de la polarización social y las rebeliones de los explotados contra el capital.
La construcción de una subjetividad revolucionaria es la comprensión de esta transición histórica, y de sus consecuencias en términos de programa y acción política.

Marcelo Ramal

[1]. Guerrero, Diego: “Competencia y monopolio en el capitalismo globalizado”, Marxismo crítico, febrero 2007.
[2]. Lenin, V.I.: El imperialismo, fase superior del capitalismo, Ed. Anteo, 1973, pág. 139.
[3]. Hobson, John A.: Estudio del imperialismo, Ed. Alianza Madrid, 1981. Cap. 4.
[4]. Lenin, V.I., ob. cit., pág. 78.
[5]. Lenin, V.I., ob. cit., pág. 78.
[6]. Este señalamiento le quita sustento a la afirmación de Rolando Astarita, con quien luego polemizaremos, cuando señala que la visión de Lenin del imperialismo estaría apoyada en una visión “subconsumista” de las crisis capitalistas. Lenin ya había polemizado con las visiones subconsumistas de los narodniki rusos, que derivaban de la “inviable realización” de las mercancías la propia inviabilidad del capitalismo en Rusia. Luego, y aunque Rosa Luxemburgo y Lenin coincidieron en la crítica y la función política del imperialismo, Lenin -y Nicolás Bujarin- rechazaron -por “subconsumista”- la fundamentación económica de Luxemburgo, que atribuía la expansión imperialista a la imposibilidad de una acumulación sostenida en un entorno capitalista “puro”, y a la necesidad de continuar tal acumulación avanzando hacia regiones “no capitalistas”.
[7]. Kautsky, K.: Die Neue Zeit (1915), citado por Lenin en El imperialismo…, op. cit., pág. 119.
[8]. Lenin, V.I., ob. cit., pág. 152.
[9]. Astarita, Rolando: “Imperialismo en Lenin, análisis crítico” (2011), en www.rolandoastarita, blog.
[10]. Aunque sólo mencionamos a Rolando Astarita, este punto de vista está ampliamente difundido entre economistas “críticos” contemporáneos, como el caso ya citado de Diego Guerrero.
[11]. Lenin, V.I., ob. cit., pág. 126.
[12]. Sorprendentemente, y en oportunidad de recibir el premio Nobel (1991), el economista anglo-norteamericano Ronald Coase (1910-2013), profesor de la Universidad de Chicago y apologista del monopolio como factor de “eficiencia y organización económica”-parangonó a la URSS como “una suerte de fábrica única”. Ver. Coase, R.: La empresa, el mercado y la ley, Alianza Editorial.
[13]. Esta cuestión ha sido estudiada por economistas industriales no marxistas como Joe Bain (1912-1991). Ver “Barriers to New Competition” (1956).
[14]. Day, Richard: “Dialectical Method in Political writtings of Lenin and Bukharin”, Canadian Journal of Political Science, junio de 1976.
[15]. Bujarin, Nicolás: El imperialismo y la economía mundial, 1915, citado por Richard Day.
[16]. Lenin, V.I., citado por Richard Day.
[17]. Guerrero, D., ob. cit.
[18]. ¿Etapa final o temprana del imperialismo?, Claudio Katz (2011), especial para Argenpress.
[19]. Katz, C., ídem 4.
[20]. Hilferding, Rudolf: El capital financiero, Tecnos, Madrid, 1973.
[21]. Hilferding, ob. cit.
[22]. Lenin, V.I., ob. cit., pág. 159.

jueves, 2 de mayo de 2019

Calloni: EEUU nunca imaginó la gran resistencia del pueblo venezolano


¡No al golpe! ¡Defendamos la revolución completándola!




Desde tempranas horas de las mañana, Juan Guaidó, acompañado de Leopoldo López y un grupo superior a una veintena de militares, anunciaron la ejecución de la llamada «operación libertad», llamando a las guarniciones catrenses en todo el país a sublevarse, y a las bases de la oposición reaccionaria para que se movilizaran en respaldo a tales acciones a nivel nacional, especialmente en Caracas.
Guaidó, en un video difundido a través de sus redes sociales, apuntó: “Fuerza Armada Nacional han tomado la decisión correcta, cuentan con el apoyo del pueblo de Venezuela, con el aval de nuestra constitución, con la garantía de estar del lado correcto de la historia. A desplegar las fuerzas para lograr el cese de la usurpación” . Más adelante, expresó: “Pueblo de Venezuela, es necesario que salgamos juntos a la calle, a respaldar a las fuerzas democráticas y a recuperar nuestra libertad. Organizados y juntos movilícense a las principales unidades militares. Pueblo de Caracas, todos a la Carlota”.
El ministro de comunicación e información, Jorge Rodríguez, confirmó en su cuenta en la red social Twitter la noticia, comentando los esfuerzos del gobierno para rendir al grupo de militares sublevados: “Informamos al pueblo de Venezuela que en estos momentos estamos enfrentando y desactivando a un reducido grupo de efectivos militares traidores que se posicionaron en el Distribuidor Altamira para promover un Golpe de Estado contra la Constitución y la paz de la República”.
Inmediatamente, diversos voceros del gobierno bolivariano llamaron al pueblo revolucionario a concentrarse en las inmediaciones del Palacio de Miraflores, lo que, como de costumbre ante cada amenaza de la reacción, fue respondido con una nutrida presencia de militantes chavistas de base en el lugar. La Vicepresidenta de la República, Delcy Rodríguez, comentó: ¡La democracia bolivariana se basa en el protagonismo del pueblo! ¡Descanse en la gloria de nuestros Libertadores, de Chávez! ¡Los traidores y los fascistas nunca torcerán el destino de la libertad que Venezuela ha marcado! ¡Dejen que las personas valientes vayan a Miraflores para defender la paz!”
Por medio del reporte de la periodista de Telesur, Madeleín García, se pudo conocer que los militares insurrectos -los cuales portan brazaletes azules- robaron dos tanquetas, sustraidas de alguna guarnición no precisada, y que los mismos se encontraban no en el interior de la Base Aérea La Carlota, sino en el distribuidor Altamira, a pocos metros de la base. En el reportaje, el Mayor General Alexis Rodríguez Cabello, Comandante de la REDI (Región de Defensa Integral) del Distrito Capital, desmintió la supuesta toma de la Base Aérea La Carlota y reafirmó la lealtad del personal que opera en la guarnición con el gobierno de Nicolás Maduro y la Constitución. El Mayor General también comentó que buena parte de los supuestos efectivos insurrectos se habrían comunicado con éste a tempranas horas de la mañana para notificar que habrían sido engañados y en las horas posteriores se sumaron al personal militar que se mantiene leal a Maduro dentro de la instalación militar. Esta información fue replicada por Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, quien también comentó, al rededor de las 11:15 am en la concentración bolivariana en Miraflores, que los militares sublevados habrían abandonado las cercanías de la base aérea La Carlota.
Juan Guaidó ha planteado a periodistas de diversos medios nacionales e internacionales, que cuenta con respaldo de todos los componentes de las Fuerzas Arnadas y prometió que durante las próximas horas se efectuarán pronunciamientos de generales y destacamentos completos. Sin embargo, el Ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, declaró en su cuenta de Twitter: “La FANB se mantiene firme en defensa de la Constitución Nacional y sus autoridades legítimas. Todas las unidades militares desplegadas en las ocho Regiones de Defensa Integral reportan normalidad en sus cuarteles y bases militares, bajo el mando de sus comandantes naturales”.
Leopoldo López -quien se supone que estaba cumpliendo con una condena de 13 años en carácter de arresto domiciliario-, líder del partido de Guaidó: Voluntad Popular, comentó que habría sido liberado por efectivos militares que decidieron, según él, «ponerse del lado de la constitución»: “Venezuela: ha iniciado la fase definitiva para el cese de la usurpación, la Operación Libertad. He sido liberado por militares a la orden de la Constitución y del Presidente Guaidó. Estoy en la Base La Carlota. Todos a movilizarnos. Es hora de conquistar la Libertad. Fuerza y Fe”.
Como era de esperarse, los pronunciamientos internacionales no tardaron en aparecer: el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, refirió en su cuenta en Twitter que la administración Trump “apoya absolutamente al pueblo venezolano en su búsqueda de la libertad y la democracia”, o en otras palabras, respaldan el nuevo intento de golpe de estado reaccionario seguramente ideado en Washington. Por su parte, Mike Pence, Vicepresidente de EEUU, manifestó su total apoyo a las fuerzas golpistas afirmando: «¡estamos con ustedes!». Los lacayos regionales de EEUU ya han comenzado a hacer su parte, como el secretario de la OEA, Luis Almagro, el cual ya se ha pronunciado saludando el golpe de estado en marcha; y también Iván Duque, quien está convocando una reunión extraordinaria del Grupo de Lima.
En pocas horas, opositores que atendieron al llamado de Guaidó se agolparon hasta el distribuidor Altamira para intentar tomar la base Aérea La Carlota, recurriendo a las conocidas guarimbas o piquetes, lo que ha sido respondido con bombas lacrimógenas desde el interior de la base militar. Se pudo conocer que un convoy con efectivos de la Guardia Nacional se había trasladado hasta el este de Caracas, específicamente al epicentro de los acontecimientos, para someter a los amotinados. Se han podido escuchar detonaciones de armas de fuego en el lugar. En imágenes mostradas por medios internacionales se pueden ver a encapuchados tratando de violentar la entrada a la base militar, cuyo portón principal habría sido derrumbado, pero sin que ésto haya significado un avance sustancial en cuanto a los objetivos de quienes participaron de dicha acción.
La derecha venezolana ha decidido mostrar los dientes nuevamente en lo que es sin duda el comienzo de un nuevo repunte en su ofensiva interna por tratar de recuperar el poder. Ésto viene luego de su ignominioso fracaso del pasado 23 de febrero al intentar introducir la supuesta «ayuda humanitaria» por la frontera colombo-venezolana, el colapso del sistema eléctrico nacional (probablemente detonado por medio de ataques coordinados desde EEUU), y la imposibilidad del imperialismo yankee de conformar una coalición militar entre países miembros del Grupo de Lima -especialmente con Colombia y Brasil- para intervenir militarmente a Venezuela (por ahora).
Al momento de escribir estas líneas, el «llamado Centro de Comunicación Nacional», creado por la Asamblea Nacional opositora, ha difundido a las 12:50 pm que Guaidó, junto a los militares insurrectos, se estaban movilizando hacia el oeste de la Capital, sin precisar un destino específico, lo que invita a pensar que se intenta dirigir una marcha opositora hacia el Palacio de Miraflores, donde se encuentra la manifestación bolivariana. Ésto constituye una clara provocación que intenta reeditar lo ocurrido el 11 de abril del año 2002. La derecha demanda acrecentar las tensiones en las calles con enfrentamientos armados y sangre. No dudamos que entre sus planes se contemple el intento de echar mano de grupos de mercenarios y francotiradores para producir las muertes que requiere la derecha y así elevar el conflicto a un nivel superior. Los riesgos de que tales acciones provoquen una confrontación bélica civico-militar están a la orden del día.
Desde Lucha de Clases, Corriente Marxista Internacional, repudiamos el nuevo intento golpista promovido por el imperialismo estadounidense y la burguesía nacional. Los trabajadores del país deben movilizarse en las calles del país para impedir que la reacción pueda concretar sus objetivos golpistas. Un gobierno burgués encabezado por Guaidó se regiría por la necesidad de terminar de aplastar al movimiento de masas y a la clase obrera, a sangre y fuego, como condición política para implementar un severo programa de ajuste macroeconómico, que diferiría del que el gobierno bolivariano ejecuta en la actualidad, en cuanto a una mayor celeridad en la destrucción de las conquistas alcanzadas durante la primera década de la revolución bolivariana. Se aceleraría y expandiría el proceso de privatizaciones en las empresas estatales presente, sobretodo enfocado en las explotaciones petroleras, minerales y gasíferas. Se impondría un brutal ajuste laboral, que eliminaría innumerables beneficios, garantías de seguridad y acrecentaría los despidos en masa. Asimismo, se suprimirían los subsidios al agua, la electricidad, la salud y a la educación, sacrificando a las masas ante el altar del FMI y su típico recetario. Todo lo anterior está planteado en el llamado «Plan País» de Guaidó, para todo aquel que desee profundizar en el programa de la derecha.
Desde comienzos del conflicto, hemos insistido en el imperativo de apresar a Guaidó y en la disolución de la Asamblea Nacional golpista, para cortar de un solo tajo la cabeza al plan golpista. Señalamos que esperar demasiado en este cometido suponía exponer el futuro de la revolución a nuevas y más amenazantes ofensivas reaccionarias en el futuro. Hoy, lamentablemente, los riesgos resurgen sin ninguna necesidad. Asimismo, en su momento criticamos la flexibilixación de la pena a Leopoldo López con la concesión del beneficio procesal de casa por cárcel. Hoy, nuevamente debemos demandar el cese de la impunidad para los principales operadores del imperialismo en el país.
La tensa actualidad demanda acciones contundentes, la incansable voluntad de diálogo del gobierno de Maduro, campeón en los llamados a la conciliación, han sido una ofrenda de vacilación y debilidad ante los que esperan hundir en sangre al movimiento de masas. Responsablemente, los revolucionarios debemos movilizarnos para derrotar la amenaza golpista, pero también exigiendo medidas que solucionen el problema de raiz. La raiz de todo el conflicto yace en la existencia del capitalismo mismo. La negativa de la dirección bolivariana a completar la revolución, demoliendo el Estado burgués y expropiando, bajo control obrero y popular, la totalidad de la banca y las aseguradoras, los monopolios industriales, los latifundios, y estableciendo un monopolio estatal del comercio exterior; ha desatado todo el caos económico actual y cocinado todas las contradicciones sociales que hoy afrontamos.
Debemos exigir la confiscación de las multinacionales norteamericanas y europeas que hacen presencia en el país, en reciprocidad a la confiscación de cuantiosos activos del estado venezolano en dichas latitudes. También, en aras de la coherencia política, debemos esgrimir la revisión y suspensión de todos los contratos y concesiones otorgados por el gobierno a los capitales rusos, turcos y chinos, en detrimento de los intereses nacionales y de la clase trabajadora en si. Por otra parte, nuestra movilización debe reclamar respuestas ante la opacidad de las instituciones respecto a la fuga de capitales de la década de los altos precios petroleros (2004 – 2014), que desangró el país en favor de la burguesía parásita criolla y un puñado de burócratas corruptos.
No podemos cesar en nuestra exigencia de que se fortalezcan las unidades de milicias bolivarianas, para su despliegue efectivo en todo el territorio nacional. ¡Toda nuestra desconfianza hacia las cúpulas militares! En más de una ocación hemos recalcado la amenaza que representa para la revolución el depositar su defensa en los márgenes de la institucionalidad militar tradicional. El tenso día de hoy es una nueva confirmación de tal aseveración. Quien piense que la lealtad de las cúpulas castrenses hacia el gobierno permanecerá inalterable, al margen del control que éste pueda mantener de la situación nacional, no comprende un ápice de la historia de los cuerpos armados estatales en el capitalismo.
Al pueblo revolucionario consecuente y combativo le proponemos combatir el golpe con organización desde abajo. En última instancia, nuestra lucha no puede estar circunscrita a la idea de defender el miserable estado general de cosas actual, al cual el imperialismo, la burguesía, y el carácter conciliador del gobierno, con sus «empresarios patriotas» y su ilusotia «burguesía revolucionaria»; nos han condenado. Debemos luchar por construir una nueva sociedad donde valga la pena vivir y defender hasta con la vida. Para lograr ésto, se hace perentoria la construcción de una alternativa revolucionaria, que pueda agrupar y dirigir toda la combatividad del movimiento chavista, bajo fines revolucionarios.
Esta situación no ha debido llegar a este punto. Ya es hora de derrotar el golpe, pero esta vez con medidas revolucionarias.

¡Cárcel a Guaidó!

¡Disolución de la AN golpista!

¡Fortalecimiento y despliegue de las milicias bolivarianas!

Ante el secuestro de nuestros activo: ¡Expropiación de las multinacionales imperialistas!

Expropiación de la burguesía golpista!

¡Control obrero de la producción! ¡No más control burocrático!

Lucha de Clases (CMI-Venezuela)

Venezuela: el nuevo capítulo del golpismo




El autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, desarrolló una nueva intentona golpista en Caracas. Tras indultar y liberar a Leopoldo López, dirigente del derechista Voluntad Popular, que se encontraba bajo arresto domiciliario, se agrupó junto a un puñado de militares rebeldes en las inmediaciones de la base militar de La Carlota. López, finalmente, se refugió en la embajada chilena y posteriormente en la española.
Pese a presentarlo como la “fase final” del operativo golpista, se trató de una operación limitada, ya que ni siquiera fue tomado ese cuartel. El gobierno asegura, por su parte, que mantiene el respaldo de las Fuerzas Armadas. La medida de Guaidó, precisamente, es un nuevo intento de quebrarlas, tras el fracaso del 23F, cuando fue derrotada la operación golpista en la frontera. Tras aquel revés, Maduro avanzó con la inhabilitación política de Guaidó y la detención de uno de sus colaboradores.
La derecha se moviliza por estas horas en las calles. El gobierno desplegó la Guardia Nacional y llamó a una movilización de apoyo frente al Palacio de Miraflores. Pero el canciller Jorge Arreaza hizo un llamado al diálogo.

Golpismo

El nuevo capítulo del golpe recibió el respaldo inmediato de Estados Unidos. El Grupo de Lima y la Unión Europea también renovaron su respaldo a Guaidó. En nuestro país, Macri y el canciller Jorge Faurié saludaron la acción del presidente autoproclamado, lo mismo que el justicialista Miguel Pichetto. Cristina, en pleno proceso de aggiornamiento ante los mercados, se llamó a silencio, mientras cierra acuerdos políticos en todas las provincias con los amigos del golpismo.
Guaidó trata de romper, con las nuevas medidas, el impasse en que había ingresado el operativo golpista tras el 23F. Pero lo hace con menos balas en la cartuchera. La oposición derechista, al mismo tiempo, no es un bloque homogéneo. Tras el estallido de la Mesa de Unidad Democrática, hay un degradé de posiciones que incluye bolsonaristas, “radicales” y “moderados”, subdivididos a su vez en varios grupos. Aunque hoy expresó su respaldo a Guaidó, el ex candidato presidencial Henrique Capriles cuestionó en enero la oportunidad táctica del alzamiento y acusó implícitamente a Guaidó de sabotear la Asamblea Nacional.
Por el lado del chavismo, aunque hasta ahora ha logrado mantener el respaldo mayoritario de las Fuerzas Armadas, se encuentra jaqueado por el trabajo erosivo de las sanciones económicas y por el desarrollo de la bancarrota económica y social. Algunos medios aseguran, por ejemplo, que en la ciudad de Maracaibo “el precio de productos como un kilo de carne superó el salario mínimo esta semana” (El Nacional, 28/4).

El tablero internacional

Los funcionarios norteamericanos no se han cansado de repetir que todas las opciones están sobre la mesa, incluida la intervención militar, una carta sumamente peligrosa por sus consecuencias explosivas. La Unión Europea patrocina algún tipo de “salida ordenada”, igualmente golpista, cuya principal dificultad consiste en que debería armonizar intereses contradictorios entre las potencias, empezando por la UE y los norteamericanos, quienes vienen chocando en la región: las últimas medidas de Trump contra Cuba afectan al capital europeo.
Una de las variantes en danza consiste en un golpe desde adentro. Un analista lo describe en Infobae (30/4) como un escenario en que los militares ocupen un rol semejante al que cumplen en Argelia y Sudán, tutelando una transición política. “Ello implicaría –dice- que la máxima autoridad militar, el ministro de Defensa, el general Vladimir Padrino López, encabece la destitución de Maduro y conduzca la transición pero subordinado a Guaidó como presidente a cargo del poder”. Dos pesos pesados de la administración norteamericana, el asesor de seguridad John Bolton y el jefe del Departamento de Estado, Mike Pompeo, dieron fuerza a esta versión, al asegurar el primero que Padrino López, junto al presidente del Tribunal Supremo de Justicia, habrían encabezado negociaciones con Guaidó para una retirada de la camarilla madurista. Más aún, Pompeo dijo que Maduro estaba dispuesto a partir a La Habana pero fue disuadido por los rusos.
Como quiera que sea, el desenlace venezolano forma parte de choques y negociaciones internacionales. Clarín informó a fines de marzo sobre una reunión de máximo nivel en Roma entre el enviado norteamericano sobre Venezuela, Elliot Abrams y el vicecanciller ruso Serguéi Riabkov. Allí se habría discutido una potencial salida electoral, pero no habría prosperado porque los yanquis no querían a Maduro en ese proceso, en tanto que los rusos sí. “La reunión de Roma –decía el columnista del diario- emerge de la dificultad norteamericana y de sus aliados para mantener el pulso junto a Guaidó pero sin resultados claros sobre la mesa. Ese trastorno obliga a negociar con los aliados del régimen para intentar modificar la escena, con el costo de aceptar concesiones en aras de un posible avance”. El vasto tablero en que se discute la cuestión venezolana incluye a Ucrania y Siria. Maduro, recostado hoy en Putin, puede quedar pedaleando en el vacío si éste decide sacrificarlo.
Está planteado reencarar una movilización continental contra el golpismo. Fuera el imperialismo de América Latina.

Gustavo Montenegro

miércoles, 1 de mayo de 2019

¿Por qué el 1ro de Mayo es el Día Internacional de los Trabajadores?




¿Por qué el 1º de Mayo es el Día Internacional de los Trabajadores?
¿Es un día para festejar? Conocé la verdadera historia del 1º de Mayo y de los “mártires de Chicago”.
En esta oportunidad Claudia Ferri (Historiadora, UBA) te cuenta por qué el 1º de Mayo es el Día Internacional de los Trabajadores en casi todo el mundo.

Claves:

- A fines del siglo XIX los trabajadores reclamaban la reducción de las horas de trabajo. Las jornadas laborales eran de hasta 16 hs por día, de lunes a lunes, hacinados en las fábricas y sin ventilación. Todo por un sueldo miserable. Trabajando a la par varones, las mujeres y los niños; mientras que los dos últimos ganaban la mitad que los primeros.
- Con la consigna“8 hs de trabajo, 8 hs de descanso y 8 hs para la recreación”, el 1º de Mayo de 1886 en ciudades de Estados Unidos se organizó una gran huelga que juntó a 350.000 trabajadores, un hecho histórico para la época. Muchos eran anarquistas y socialistas. En Chicago la huelga fue impactante, participaron 40.000 trabajadores con todos los transportes parados y piquetes por todos lados. La policía atacó a balazos las movilizaciones durante ese día y los siguientes.
- Luego de varios días de conflicto, en Chicago la policía reprimió un mítin pacifico y cuando se dispersaba la multitud una bomba estalló donde estaban las fuerzas policiales dejando varios muertos y heridos. Sin pruebas detuvieron y condenaron por el hecho a 8 trabajadores que no casualmente eran los organizadores de la huelga. De ellos, cinco fueron condenados a muerte, dos a cadena perpetua y uno a 15 años de prisión.
- En 1889, en homenaje a los mártires de Chicago, la Segunda Internacional que nucleaba a partidos y organizaciones obreras de casi todo el mundo, declaró el 1ero de mayo como el día internacional de los Trabajadores.
- Hoy la mayoría trabaja entre 8, 9 y 10 hs si contamos las horas extra. También están los jóvenes que trabajan menos horas en condiciones precarias y no llegan a fin de mes. Y también hay una enorme marea de desocupados. Pero durante los últimos 100 años, la tecnología avanzó mucho más que en 10 siglos de historia, ¿por qué tenemos que trabajar tanto? Si todos trabajáramos 6 horas al día, podríamos repartir las horas entre ocupados y desocupados sobre todo en momentos de crisis donde siempre los más golpeados somos nosotros.

Documentos desclasificados: la confesión de que el Departamento de Estado fue parte indispensable del genocidio




Después de algo más de 40 años, el gobierno norteamericano entregó seis CD con 43 mil páginas de documentos desclasificados por el Departamento de Estado referidos a la dictadura militar argentina. En total, junto con archivos entregados anteriormente, hay allí 50 mil páginas en completo desorden que podrían servir de pruebas para juicios pendientes, aunque con inexcusable demora: la mayoría de los represores son ya un grupo de gerontes que ha pasado casi toda su vida en libertad.
El ministro de Justicia y Derechos Humanos Germán Garavano dijo haber recibido esa documentación “casi sin tachaduras”. De modo que, en buen criollo, no son todos y hay tachaduras. De todos modos, lo que sí hay resulta revelador respecto de la complicidad directa del gobierno de los Estados Unidos con la dictadura argentina.
Los papeles desclasificados se refieren con todo detalle a torturas, crímenes de todo tipo y otras acciones específicas, más nombres de personal involucrado. Los informes en manos de los organismos de derechos humanos, dicen esos “paper”, eran “correctos en cuanto a la ubicación de los centros” y a la “identificación de las personas involucradas”. Dicho de otra manera: si el Departamento de Estado conocía que esos datos eran “correctos”, al igual que la identificación de los criminales involucrados, es porque el propio Departamento de Estado los conocía de antes. Una aplicación estricta de la Doctrina de Seguridad Nacional, pergeñada durante el gobierno de John F. Kennedy y que equiparaba la rebelión interior con un ataque exterior.
Los documentos en cuestión confirman que la CIA y el FBI tenían conocimiento en tiempo real de la marcha de la represión criminal que se estaba desarrollando. Entre otros, los archivos revelan hasta el detalle el funcionamiento del Plan Cóndor, sus reglas internas y hasta el monto de los viáticos. Incluyen numerosos detalles sobre la masacre de Fátima, los asesinatos de los dirigentes montoneros Marcos Osatinsky, Roberto Quieto, Norberto Habegger y Raúl Yaeger, la “Noche de las Corbatas” y el secuestro del editor del diario La Opinión, Jacobo Timerman. Los cables muestran el profundo conocimiento de las agencia del imperialismo sobre las internas del gobierno militar y de las conspiraciones palaciegas que surcaban a las fuerzas armadas.
“Es escalofriante el nivel de información casi en vivo que tenían la CIA e incluso el FBI”, le dijo Carlos Osorio, director del área del National Security Archive que recopiló los cables. “Hay una lógica y es que los agentes de inteligencia son los que recaban información y que son los policy makers, o los diplomáticos, los que hacen política, los que definen qué hacen con esa información. Allí es donde el dedo apunta a los embajadores, a la gente del National Security Council de la época, apunta también al secretario de Estado Henry Kissinger. Los documentos que han salido ahora te dan una idea de la cantidad de información a la que tenían acceso los policy makers como Kissinger. La información no faltaba, la decisión de lo que se hizo o no se hizo es lo que hoy en día podemos cuestionar”.
Lo cierto es que los yanquis dieron luz verde al genocidio. En mayo de 1976, cuando las denuncias sobre la masacre que se estaba perpetrando comenzaron a tomar vuelo, el entonces secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger se reunió con el canciller de la dictadura, César Guzzetti y le dio una indicación temeraria: “lo que tenga que hacer, hágalo rápido”. La compilación de la información acumulada por las agencias de inteligencia del imperialismo sería utilizada luego para presionar a la dictadura cuando esta comenzó a venderle granos a la Unión Soviética, sorteando el bloqueo impuesto por los yanquis.
Donald Trump, en su carta a Mauricio Macri al hacerle llegar las cajas, le dice que con ellas espera que los argentinos puedan “sanar sus heridas”. Curioso, cuando los esfuerzos del presidente argentino y de varios de sus funcionarios apuntan precisamente a defender a la dictadura, en principio mediante la negación del número de víctimas del terrorismo de Estado y Patricia Bullrich hace continuamente la apología de la “mano dura”.
Trump manifiesta su esperanza de que los documentos sirvan para que “los argentinos” no vuelvan a “cometer errores”. Por esa vía, el descompuesto que ocupa la Casa Blanca vuelve a hablar, al igual que los militares y la derecha argentina (Raúl Alfonsín incluido) de que el genocidio habría sido responsabilidad de todos “los argentinos” y los crímenes de los militares no pasarían de “errores y excesos”.

Jacyn y Alejandro Guerrero

martes, 30 de abril de 2019

Se desinfló el globo Washington-Guaidó en Venezuela




Un intento de golpe con un buen componente de guión mediático a través del uso de las llamadas redes sociales, se fue preparando como única opción después de más de tres meses de derrotas sucesivas para la oposición y su payaso Guaidó

La oposición violenta, encabezada por Juan Guaidó, un diputado autoproclamado presidente interino, y cumpliendo órdenes de sus instigadores y financistas de Estados Unidos, se lanzó «con todo» este 30 de abril, para echar abajo las bases y la obra de la Revolución Bolivariana de Venezuela.
Un intento de golpe con un buen componente de guión mediático a través del uso de las llamadas redes sociales, se fue preparando como única opción después de más de tres meses de derrotas sucesivas para la oposición y su payaso Guaidó, el hombre lanzado al ruego por Estados Unidos, lo más probable con la intención de «quemarlo», acusarlo de no cumplir las expectativas imperiales, y que cargue con toda la culpa del fracaso de las acciones contrarias al pueblo bolivariano.
No es la primera vez que grupos vándalos, generalmente pagados por los propios opositores, irrumpen en las calles y otros espacios públicos de Caracas, lanzan piedras y balas, bombas molotov y otros medios letales; saquean comercios, destruyen instalaciones públicas y —muy importante— son seguidos por filmaciones desde móviles, que de inmediato son subidas a la red, de manera que el mundo conozca de «primera mano» lo que el propio Guaidó ha calificado como el «fin del gobierno de Maduro».
Si hay muertos en esa intentona golpista, si hay presos, si se violenta alguna ley de las contenidas en la Constitución, la «culpa» recaerá sobre las fuerzas bolivarianas del orden, no sobre los terroristas opositores.
El guión que se trata ahora de escenificar es muy parecido a otros —fracasados todos— de años anteriores. Tratar de penetrar las Fuerzas Armadas Bolivarianas, llamarlas a unirse con urgencia a los grupos opositores encabezados por el diputado Guaidó; prometerles mayores salarios y otros beneficios materiales e, incluso, asegurarles que se le mantendría su jerarquía militar, han sido, entre otros, los componentes del objetivo principal de tener como aliados a los militares.
Al parecer Guaidó se supo demasiado huérfano de poder e inteligencia para pasos como este, y llevó adelante, como primera acción, sacar de la prisión al terrorista Leopoldo López, el mismo que en intentos de golpe de estado anteriores, instituyó las guarimbas, los cierres de calle y hasta la quema de personas de afiliación chavista.
Esta vez, con Leopoldo López fuera de la prisión, lo inmediato fue la foto con Guaidó, el video de ambos encabezando el fracasado golpe y el «agradecimiento» a un puñado bastante exiguo de militares que, o fueron engañados o, en algún caso, se prestaron al show golpista.
«He sido liberado por militares a la orden de la Constitución y del Presidente Guaidó. Estoy en la Base La Carlota. Todos a movilizarnos. Es hora de conquistar la Libertad. Fuerza y Fe», exclamó el terrorista Leopoldo López a través de las redes sociales.
El bochornoso espectáculo nos debe recordar a otro personaje, menos violento pero miserable también, Pedro Carmona «el breve», que en otro intento de golpe contra el Comandante Hugo Chávez, también se autoproclamó presidente y se atrevió a dictar órdenes nada divinas, ni salidas de algunas de las páginas de la Constitución Venezolana. Su fracaso fue muy rápido y de manera estrepitosa.
Este martes 30 de abril, el pueblo bolivariano se lanzó a las calles, no en defensa de los golpistas, sino en apoyo a su Revolución, su presidente constitucional y a las Fuerzas Armadas Bolivarianas, escudo seguro para que el pueblo se sienta dueño de su destino y los agresores, pierdan sus ilusiones de conquistar el poder a través de la violencia y el terror.
El intento de golpe ha fracasado. El pueblo ha triunfado. La justicia venezolana, de seguro, se aplicará a quienes han vuelto a las acciones violentas y a sus patrocinadores terroristas con apellido de oposición.
El globo Washington—Guaidó se acaba de desinflar, pero la alerta del pueblo y sus fuerzas armadas bolivarianas, debe mantenerse activada con mayor fuerza y seguridad en la victoria.

Elson Concepción Pérez | internet@granma.cu