domingo, 11 de junio de 2017

Dialéctica y marxismo: Antonio Gramsci, lector de Marx




Continuamos la serie de marxismo y dialéctica con algunos elementos sobre el tratamiento de la dialéctica en los Cuadernos de la cárcel.

Antonio Gramsci (1891-1937) es uno de los más reconocidos marxistas del siglo XX. Hemos analizado los motivos de este reconocimiento y algunas de sus ideas teóricas en otros trabajos. En esta ocasión, buscaremos rescatar el tratamiento que hace de la cuestión de la dialéctica en sus célebres Cuadernos de la cárcel.
Para pensar la cuestión de la dialéctica, Gramsci se basaba principalmente en la Miseria de la Filosofía de Marx, publicada en julio de 1847. En esa obra, Marx se dedica a una crítica del pensamiento de Pierre-Joseph Proudhon, “socialista utópico” francés cuyas doctrinas tendrían gran influencia en el anarquismo. Marx analizaba en particular su lectura sobre los problemas de la economía política. Como Proudhon postulaba él mismo que había descubierto el orden lógico de las categorías económicas, Marx sometió a crítica su método y entabló con él un debate sobre la dialéctica, al que haremos una breve referencia. En el capítulo de ese libro titulado “El Método”, Marx plantea que el método de Hegel tiene tres momentos, conocidos como afirmación, negación y negación de la negación -a los que hemos hecho referencia en otros artículos de esta serie- o tesis, antítesis, síntesis.
A decir verdad, esta terminología de tesis, antítesis y síntesis no había sido utilizada por Hegel en sus obras publicadas en vida. Según distintos comentadores y estudiosos de su obra, habría sido introducida por sus “discípulos” como Michelet, quien preparó la edición y publicación póstuma de sus Lecciones de Historia de la filosofía, en la que aparece esta terminología. Evidentemente, tanto para los discípulos de Hegel como para el propio Marx, este modo de describir la dialéctica tenía la intención de hacerla más accesible (aunque no necesariamente popular) a un público no habituado a la terminología y el sistema filosófico de Hegel.
Marx señalaría que Proudhon había hecho una imitación burda de la dialéctica de Hegel, llegando en algunos casos a formular “antítesis simples” pero no más que eso. Criticaba que en la concepción de Proudhon, las categorías económicas no eran expresión de las relaciones sociales sino al revés, las relaciones sociales la encarnación de las categorías teóricas; que Proudhon desconocía que estas categorías, igual que las relaciones que le daban origen eran productos históricos y transitorios y que su dialéctica se reducía a señalar el lado bueno y el lado malo de cada categoría, lo cual al no tener resolución obligaba a Proudhon a buscar el “antídoto” de cada categoría con otra que salvaba sus deficiencias, por ejemplo los impuestos resolvían los inconvenientes del monopolio, el balance comercial los de los impuestos y así sucesivamente.
Rescatando esta polémica de Marx, Gramsci ubicaría históricamente el tipo de lectura de la dialéctica realizada por Proudhon como el producto de una época de restauración, en la que el “terror al jacobinismo” daba lugar a posiciones que buscaban evitar que la “antítesis” se transformara en una lucha cruenta en la historia real. Llevando el debate metodológico de Marx a un plano decididamente histórico y político, Gramsci ubicaba en la misma línea de pensamiento de Proudhon a Vicenzo Gioberti, filósofo y referente político en la Italia de la década de 1840, que había postulado la necesidad de una federación italiana bajo la dirección del Papa, como vía para la unificación de Italia.
En este marco, Gramsci ubica al filósofo neo-hegeliano Benedetto Croce, de gran influencia en Europa, como un continuador de las posiciones que en el proceso de formación del Estado italiano habían buscado la unificación del país evitando la “vía jacobina” que hubiera incluido una movilización revolucionaria de masas y la consecución de la reforma agraria. Debate en particular su concepción de la dialéctica en términos cercanos a los de la crítica efectuada por Marx a Proudhon. Destaca que al iniciar en sus obras la historia de Europa e Italia en 1815 y 1871 respectivamente, Croce prescindía conscientemente de los momentos de luchas revolucionarias que habían dado lugar a los momentos posteriores de expansión cultural más o menos pacífica.
Para Gramsci, este tipo de interpretación de la historia tenía estrecha relación con la lectura que hacía Croce de una “dialéctica de los distintos”, la cual era una forma de atemperación de las contradicciones. Por eso señalaba que la de Croce era una ideología “que tiende a debilitar la antítesis, a despedazarla en una larga serie de momentos, o sea a reducir la dialéctica a un proceso de evolución reformista ’revolución–restauración’, en la que solo el segundo término es válido”.
La cuestión de la dialéctica aparece también como un punto importante en la polémica contra Bujarin y su interpretación del marxismo. Gramsci sostenía que el Manual de Bujarin no contenía un tratamiento serio del tema. Recordemos que, en ese trabajo, el marxista ruso definía la dialéctica como la concepción dinámica de la materia en movimiento y analizaba la historia de las sociedades en términos de equilibrios y desequilibrios, defendiendo la idea de que la sociedad no tenía la estructura de un órgano sino la de un mecanismo.
Gramsci atribuía esta falencia del texto de Bujarin a que el autor ruso había dividido la filosofía de la praxis entre una sociología (entendida en sentido positivista) y una filosofía entendida de modo tradicional es decir como un materialismo metafísico y que planteada la cuestión en esos términos era imposible entender la importancia de la dialéctica como “doctrina del conocimiento y sustancia medular de la historiografía y la ciencia política”. Por el contrario, para Gramsci de este modo se reducía la dialéctica a un subespecie de la lógica formal, dado que separada de la historia y la política, la filosofía no puede ser otra cosa que metafísica.
Al criticar la posición de Bujarin de exponer el materialismo histórico como una sociología correspondiente al materialismo metafísico, Gramsci criticaría que la sociología se basaba en el evolucionismo vulgar, que no tomaba en cuenta el principio dialéctico del pasaje de la cantidad a la cualidad señalando que los intentos de crear una regularidad rígida en el análisis de la sociedad no tienen sentido: se puede prever la lucha pero no los momentos concretos de esta ni su resultado, el cual no está garantizado de antemano y por ende toda previsión debe ser acompañada de las acciones tendientes a conseguir el resultado previsto.
En síntesis, la posición de Gramsci sobre la cuestión de la dialéctica se caracteriza por un rescate metodológico de Miseria de la Filosofía (algo poco común para el movimiento comunista de la época), una extensión de esa crítica al terreno de la interpretación histórica y la práctica política, una lectura que hace hincapié en el carácter vigoroso o destructivo de la “antítesis”, lo cual implica que aquello a ser conservado eventualmente en la “síntesis” no pueda ser determinado de antemano. Y por último, en consonancia con los aspectos antes mencionados, una reivindicación del principio de cambio cualitativo o salto de cantidad en calidad, en tanto ruptura, contra las posiciones tendientes a establecer regularidades rígidas o una evolución vulgar en los procesos históricos y sociales.
Esta concepción de la dialéctica permitiría o mejor dicho se desarrollaría en la escritura carcelaria de Gramsci simultáneamente con una crítica histórica, teórica y filosófica de los procesos de “revolución pasiva”. Este concepto era utilizado para comprender el proceso de conformación del Estado moderno en Italia, así como para reflexionar sobre el fascismo, la potencia norteamericana basada en la reorganización industrial del fordismo y las reconfiguraciones estatales en período entreguerras más en general; es decir procesos tendientes a recoger algunas demandas desde abajo para fortalecer o constituir desde arriba la autoridad estatal, sin introducir modificaciones sustanciales en el plano económico y social.

Juan Dal Maso
juandalmaso@gmail.com

sábado, 10 de junio de 2017

Historias de Vida : El Maestro Alcides Sagarra


Anuncian marcha por la educación pública




Sindicatos de la enseñanza y gremios estudiantiles preparan una marcha por presupuesto para la educación para el 15 de junio.

Desde la explanada de la Universidad hacia la plaza Independencia será el recorrido de la marcha que anuncian docentes y estudiantes en “defensa de la educación pública” y en reclamo por más presupuesto educativo. Convocada para las 18 hs. de ese día la movilización es organizada por la Intergremial Universitaria (FEUU, AFFUR, ADUR, UTHC) así como gremios de formación docente y de estudiantes de secundaria y se realiza en el marco de la Rendición de Cuentas que prepara el Poder Ejecutivo que definirá el dinero destinado a la enseñanza.
A nivel de la Universidad se reclama dinero para el Hospital de Clínicas y reparaciones edilicias, así como un programa de becas para estudiantes de aproximadamente 18000 pesos, guarderías y salas de lactancia en los distintos locales y apoyos para materiales de estudio, transporte y alimentación.
El aumento del presupuesto educativo permitiría también una mejora en los ingresos de los trabajadores y docentes de la Universidad, la gratuidad de los posgrados y la concreción de una residencia estudiantil en Montevideo.

Paros y movilizaciones de la CSEU

La movilización prevista para esa fecha se suma a distintas acciones que vienen llevando adelante los sindicatos docentes. La Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza del Uruguay (CSEU) anuncia un paro para el día 13 que incluye escuelas, liceos, formación docente y UTU y otro para el día 21
en el marco del paro parcial dispuesto por el PIT-CNT. Ese día los sindicatos docentes marcharan con una columna propia en la movilización prevista por la central sindical.
La CSEU reclama que el Poder Ejecutivo habilite un ámbito de negociación colectiva y un sustantivo aumento presupuestal que cumpla con el compromiso el electoral de un 6% para la educación.
La agrupación universitaria Tesis XI convoca a participar activamente de estas jornadas de lucha previstas, ya que solo la movilización de toda la comunidad educativa logrará que el gobierno priorice la enseñanza y brinde un presupuesto acorde a las necesidades populares.

Hernán Yanes

Las luchas obreras en Bulgaria




Se acelera la organización independiente de los obreros. Contra el capitalismo ladrón y feudal

En los últimos meses, Bulgaria ha sido sacudida por una serie de protestas obreras, huelgas y ocupaciones... abarcan diferentes regiones y sectores, pero hay varias cosas que los unen: están auto-organizados fuera de los sindicatos, son de acción directa y abordan un problema común: los robos de los patrones. Huelgas mineras: el 17 de marzo, 180 mineros de Obrochishte organizaron protestas: ganamos un salario mínimo, lo máximo que podemos obtener es 610 lev (300 euros). pero en marzo recibimos el salario de enero, aunque sin los cupones de alimentos. Finalmente, fueron forzados a un ‘acuerdo'. Pero el 3 de abril volvió a estallar la protesta: 23 trabajadores fueron a una huelga de hambre subterránea. La razón es que no se cumplieron los acuerdos: los salarios retrasados no se pagaron. Hace sólo unos meses, huelgas mineras de masas inundaron la ciudad minera de Bobov Dol: 120 mineros del primer turno de la mina Babino se negaron a abandonar los túneles iniciando una huelga de hambre exigiendo el pago de salarios y cupones de comida que no habían recibido durante meses. Una huelga indefinida declarada al margen del sindicato burocrático. Se quedaron tres días a 500 metros bajo tierra. Los mineros de otros turnos ocuparon la mina, enfrentando las guardias privadas enviadas por la patronal. Ganaron, pero. un mes más tarde, de nuevo los patronos dejaron de pagar salarios comprometidos. Son patrones oligárquicos que han usurpado la propiedad estatal y actúan en muchas ciudades como señores feudales, como el oligarca energético Cristo Kovachki, que tiene casi todas las concesiones mineras y centrales eléctricas y es una de las personas más ricas de Bulgaria.
El problema no es sólo de los mineros, los trabajadores del vestido también han salido en diferentes ciudades del país. Cientos de obreros de la confección de ropa ocuparon sus empresas porque no les pagan por su trabajo, que va casi integro (90%) a la exportación. El método es de capitalismo salvaje. La historia es típica: un ‘inversor' extranjero crea una empresa textil y de sastrería, toma obreros por salarios miserables, los superexplota, lentamente no les va pagando hasta acumular grandes deudas salariales y entonces le ‘vende' la empresa a un insolvente y desaparece dejando un tendal de deudas entre los obreros. Lo mismo pasa con empresas de telefonía: Max Telecom debía cuatro meses de sueldo, 150 obreros tomaron el edificio. Esta es la política de desregulación capitalista. Bulgaria es el país con el impuesto a las ganancias capitalistas más bajo de toda Europa. El gobierno se jacta de esto: cualquiera puede crear una empresa de responsabilidad limitada contando con un capital de sólo un euro (como la ley de emprendedores que hizo votar el gobierno Macri). Los políticos búlgaros con caras preocupadas siguen insistiendo que hay “demasiadas regulaciones” que el negocio búlgaro “está aplastado por una pesada burocracia” y piden más desregulación. Ahora hay una cruzada para “eliminar el salario mínimo”. Los trabajadores en lucha alertan a la clase obrera europea de que Bulgaria es el laboratorio y modelo capitalista que quiere imponerse con las reformas laborales en Francia, Italia, Alemania y otros países. Atenti, trabajadores argentinos del modelo que está siguiendo el capitalismo a lo Macri.
Aún así, no llegan las inversiones, lo que ha llevado a que un tercio de la población haya tenido que emigrar o han muerto de hambre, frío y enfermedades de la pobreza. Hoy entra más de dinero de remesas de emigrados que de inversiones productivas capitalistas. Luego de veinte años de desregulación neoliberal, casi otro tercio vive por debajo de la línea de pobreza. Se han cerrado 764 escuelas municipales y estatales en los últimos catorce años, creciendo el analfabetismo funcional. Hay capitalistas que protestan porque falta mano de obra, pero no aumentan ni pagan los salarios. Al revés, quieren introducir más reformas antiobreras: si un obrero se desvincula de una empresa, en lugar de recibir una indemnización, debería él indemnizar a la patronal por el entrenamiento recibido. Una especie de servidumbre obrera. Contra esto crece “el espíritu de solidaridad y de auto-organización, el ambiente camaraderil, la simpatía común que une a los huelguistas. Hay una profunda división de clases.
Y es más profunda que nunca.

Informe enviado desde Bulgaria por un dirigente del Centro de Solidaridad de Varna

viernes, 9 de junio de 2017

Israel provocó la Guerra de los Seis Días en 1967 y no estaba luchando por su supervivencia




Los titulares de los EE.UU. anunciando la victoria de Israel, hace cincuenta años

Soy lo suficientemente mayor como para recordar claramente cómo se informó acerca de la Guerra de los Seis Días en su momento. Casi todo lo que se nos dijo entonces era falso, ya que los principales historiadores de la época hoy lo reconocen. Vamos a empezar con la forma en que la crisis fue cubierta cuando sucedió, hace 50 años:
* Gamal Abdel Nasser, el líder de Egipto, fue representado como un demagogo peligroso, muy popular en el mundo árabe, que quería destruir a Israel. La prensa occidental lo demonizaba con regularidad y era claramente el líder árabe más reconocido hasta Saddam Hussein.
* En mayo de 1967 Nasser hizo su movimiento. Ordenó a las Naciones Unidas retirar las tropas de mantenimiento de la paz de la península del Sinaí, donde habían estado sirviendo como un cortafuegos para evitar conflictos entre Egipto e Israel.
* A continuación, mediante el cierre del estrecho de Tirán a la navegación internacional, Nasser intensificó el bloqueo del puerto del sur de Israel, Eilat, lo que comenzó a estrangular el país.
* Mientras tanto, Nasser estaba conspirando con otros países árabes, principalmente Siria y Jordania, para lanzar una invasión conjunta y empujar a Israel al mar.
* La existencia misma de Israel estaba en peligro. Por lo tanto, Israel lanzó un ataque “preventivo” el 5 de junio, por temor a no tener otra opción si se trataba de sobrevivir.
* Afortunadamente, a pesar de las probabilidades en contra de Israel, este ganó la guerra en sólo 6 días.
* Para protegerse de otro ataque, Israel ocupó el Sinaí, los Altos del Golán y Cisjordania. La ocupación fue la consecuencia puramente accidental de una lucha por la supervivencia de Israel.
Cincuenta años después esta corriente principal de narrativa permanece sin respuesta en la imaginación popular. Justo el otro día, un reportero del New York Times afirmó como un hecho que en 1967 “Israel desafió la aniquilación urdida por sus vecinos árabes”.
Norman Finkelstein, el distinguido académico, ha hecho más que nadie para descubrir la verdad sobre la Guerra de los Seis Días. En una extensa entrevista en su oficina de Brooklyn, refutó punto por punto la narrativa de los principales medios de comunicación. Se puede encontrar su relato revisionista detallado en un capítulo de su ya clásico Image and Reality of the Israel-Palestine Conflict, complementado por otra obra: Knowing Too Much: Why the American Jewish Romance with Israel is Coming to an End. Finkelstein es conocido como una persona combativa, un hombre que no ha tenido miedo de luchar por la verdad a pesar del daño a su carrera a lo largo del camino. Pero lo que también es vital reconocer es que es un estudioso serio, talmúdico en su intensidad, y que nadie ha desafiado con éxito su investigación.
Finkelstein hace hincapié en que en la actualidad, ningún académico, cualquiera que sea su orientación política, respalda la narrativa de los principales medios de comunicación. Comienza por identificar lo que ha denominado las “dos mentiras más grandes”.
* La verdad es que Nasser y los demás líderes árabes no tenían absolutamente ninguna intención de invadir Israel en junio de 1967.
* Y la existencia de Israel nunca estuvo en la más mínima duda, ya que tanto los líderes israelíes como los estadounidenses sabían que Israel podría fácilmente ganar cualquier conflicto, incluso en contra de una coalición de estados árabes.
Finkelstein insiste en que no podemos entender la Guerra de los Seis Días sin volver 11 años antes, a la crisis del canal de Suez en 1956. Ese año el líder egipcio Nasser nacionalizó el Canal e Israel, Gran Bretaña y Francia lanzaron una invasión conjunta no provocada a Egipto para revertir el estado de la vía fluvial. Sin embargo Estados Unidos, bajo el presidente Dwight Eisenhower, se opuso al ataque y presionó a la fuerza de invasión tripartita para retirarse y dejar el Canal de Egipto. Suez fue una catástrofe para las tres naciones invasoras y el primer ministro británico Anthony Eden fue obligado a renunciar. Mientras tanto la reputación de Nasser en el mundo árabe y en África, Asia y América Latina, alcanzó nuevas cotas.
Norman Finkelstein argumenta que el registro histórico muestra que en 1967 Israel anhelaba completar su misión fallida de 1956. En primer lugar, dice, “el principal objetivo de Israel era neutralizar a Nasser para dar un golpe de muerte a estos árabes engreídos y terminar con lo que se denominaba ‘nacionalismo árabe radical’”. Continúa con que el gobierno de Israel tenía un objetivo secundario, “la conquista de las tierras que había codiciado, pero no logró alcanzar en el 48: Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza y el Golán”.
Los líderes israelíes tenían sólo una gran duda: ¿cómo iba a reaccionar EE.UU.? Si Israel atacase, ¿forzaría a Estados Unidos a humillarse como lo hizo en 1956? ¿O Washington miraría hacia otro lado?
Finkelstein desafía las narraciones convencionales con las consideraciones de los eventos específicos en los meses previos a la guerra. Su análisis no es del todo inusual y es compartido en gran medida por otros estudiosos. Sostiene que los hechos demuestran que Israel no estaba cuidando pacíficamente sus propios intereses, sino que provocaba regular y violentamente a sus vecinos árabes. En noviembre de 1966, en la acción militar más grande desde la invasión de Suez, Israel atacó la ciudad cisjordana de Samu, entonces bajo dominio jordano, matando a 18 soldados jordanos y destruyendo 125 casas. Israel continuó instigando a lo largo de su frontera con Siria en abril de 1967, lo que provocó una batalla aérea en la que seis aviones sirios fueron derribados, incluyendo uno sobre Damasco. Voces en el mundo árabe comenzaron a acusar a Gamal Abdel Nasser, el líder de los árabes, de quedarse quieto sin hacer nada.
Entonces Nasser pidió a las Naciones Unidas que retirara las fuerzas de paz asentadas en el Sinaí egipcio, sobre todo para que pudiera verse que tomaba alguna determinación. Pero Finkelstein señala que Israel podría haber pedido pacificadores de la ONU para colocarlos en su lado de la frontera, lo que habría mantenido la zona para parar actos de guerra. Israel no hizo tal cosa.
El cierre del estrecho de Tirán por parte de Nasser también ha sido distorsionado por el relato de la corriente masiva de información. Finkelstein explica que Nasser en realidad tenía derecho legal a cerrar el estrecho, que probablemente no tenía la intención de mantener el cierre y que se ofreció a llevar la controversia a la Corte Internacional de Justicia, pero Israel se negó. E Israel no se habría precipitado a ofuscarse porque el 95 por ciento de sus importaciones llegaba a través de sus otros puertos y tenía suministro de reserva de petróleo para varios meses.
Mientras tanto, dice Finkelstein, los diplomáticos israelíes aterrizaron en Washington, DC para averiguar si Estados Unidos les daría luz verde, o al menos una luz ámbar. Finkelstein ha buscado en los registros históricos y aquí está un resumen de lo que encontró:
* Estados Unidos acordó con Israel que Nasser no tenía planes para atacar.
* Estados Unidos aceptó que Israel podría fácilmente derrotar a Egipto en el campo de batalla, solo o con cualquier combinación de otras naciones árabes.
* Y EE.UU. tácitamente dio permiso a Israel para comenzar la guerra. O al menos señaló que no habría repetición del rechazo de Eisenhower tras la invasión de Suez en el año 1956.
Una vez que Israel atacó primero, continúa Finkelstein, el conflicto debería llamarse más adecuadamente “el fácil triunfo de los seis días“. De hecho, dice, “la guerra no duró seis días, sino unos seis minutos. Una vez que los aviones israelíes en un ataque sorpresa relámpago eliminaron la fuerza aérea egipcia estacionada en tierra, la guerra había terminado… Si la guerra duró más tiempo fue sólo porque Israel quería conquistar el Sinaí egipcio, la Ribera Occidental del Río Jordán y el Golán sirio“.
Finkelstein reconoce que el público israelí creyó la narrativa oficial, tomó en serio las mentiras y distorsiones con las que su Gobierno estaba alimentando al mundo y realmente tuvo miedo de que los estados árabes quisieran echarlos al mar. Explica que el Gobierno israelí “calculó que el pueblo israelí confiaría totalmente si temía que estaba contra la pared. Los líderes fueron culpables por partida doble, provocaron la crisis y después lanzaron un ataque no provocado“.
Una vez terminada la guerra, en los Estados Unidos fue tratada como una broma, una emocionante aventura. Después de que Israel ocupase el Sinaí egipcio circularon chistes: “visite Israel para ver las pirámides “.
Pero no fue una broma para las personas que murieron en los combates: entre 10.000 y 15.000 egipcios; 6.000 jordanos; entre 1.000 y 2.500 sirios y cerca de 1.000 israelíes.
Israel ganó sus objetivos de guerra inmediatos. La imagen de Nasser quedó severamente dañada y murió tres años después con el estigma del descrédito de su nacionalismo árabe. Los soldados israelíes ocuparon Cisjordania, el Sinaí y el Golán.
Si la ocupación, ahora temblorosa en su 51 aniversario, ha sido buena para Israel, aún tiene que decirlo la historia.

James North
Mondoweiss
Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

jueves, 8 de junio de 2017

La huelga grande de Cien años de soledad




Un episodio central de la novela fundacional de Gabriel García Márquez basado en hechos reales

“La huelga grande estalló”. Así comienza un párrafo de la novela Cien años de soledad, escrita por Gabriel García Márquez y de cuya publicación se cumplieron cincuenta años estos días. La novela que crea un universo literario propio en la ciudad de Macondo y que funda el realismo mágico cuenta la saga de los Buendía desde un siglo XIX atravesado por las guerras civiles colombianas y hasta una actualidad que se expresaba a mediados del siglo pasado, cuando el libro fue editado. Las virtudes del texto han sido largamente revisadas y convirtieron a García Márquez en una referencia literaria latinoamericana insoslayable -Gabo, como se lo conocía, fue además un gran periodista y por su obra recibió el Premio Nóbel de Literatura en 1982-. La referencia a una huelga de obreros de la United Fruit Company, una empresa estadounidense realmente existente y que actuaba en todo el Caribe y Centroamérica con una brutalidad imperialista descarnada, no surge de la ficción, sino que ocurrió y se convirtió en un hecho político imborrable de la memoria de Aracataca, la ciudad que inspiró la mágica Macondo.
La compañía se había establecido a principios del siglo XX en Colombia y se encargaba de la producción y exportación de bananos hacia Estados Unidos. En la narración de García Márquez, un tal Mr. Hebert se había instalado en la zona y al probar uno, dos, tres bananos, hace luego que todo se transforme, poblando de “gringos” Macondo, ampliando el ferrocarril, desviando el curso de los ríos y alterando el ritmo de las lluvias para que la cosecha fuera lo más eficaz posible. Al tiempo, se construían lujosos establecimientos para la vivienda de los ejecutivos extranjeros, mientras la afluencia de trabajadores también crecía y les estaba reservada la pobreza y la carencia habitacional (“un excusado portátil cada cincuenta personas”, narra el texto). En la novela, los obreros deciden la huelga para pedir no trabajar los domingos y para que se les pague en efectivo, ya que se les pagaba en vales que les permitían comprar víveres (“jamón de Virginia”) en los mismos almacenes de los norteamericanos. La huelga de la zona bananera del río Magdalena estalló en la vida real en 1928 y el pliego de demandas incluía la implementación del seguro colectivo para los trabajadores, cumplimiento de la ley de accidentes de trabajo, habitaciones para obreros y descanso dominical, fin de los establecimientos de comercialización de artículos de primera necesidad propiedad de la United Fruit Company, convenios colectivos de trabajo y construcción de hospitales. Como la compañía no tenía personal permanente a cargo, la novela cuenta que declaró “la inexistencia de trabajadores” e ignoró los reclamos, a la vez que llegaba el ejército para que los obreros reanudaran sus tareas, aunque antes los soldados mismos asumieran esa labor. Ante la situación, los trabajadores de Macondo “se echaron al monte sin más armas que sus machetes de labor y empezaron a sabotear el sabotaje. Incendiaron fincas y comisariatos, destruyeron los rieles para impedir el tránsito de los trenes que empezaban a abrirse paso con fuego de metralladoras y cortaron los alambres del telégrafo y el teléfono”. Los obreros de Aracataca habían formado grupos de autodefensa de la huelga con los mismos niveles de organización y violencia. Según la documentación histórica -mucha de ella recopilada por el diputado Jorge Gaitán, un diputado del partido Liberal que investigó él mismo los acontecimientos y los denunció en el Congreso (su posterior asesinato daría lugar a los hechos de la rebelión popular conocida como “El Bogotazo”)- se convocó a los huelguistas a la ciudad de Ciénaga para recibir al gobernador, que anunciaría un acuerdo parcial con la United Fruit Company. En la novela, son convocados a la plaza de Macondo y los acontecimientos reales y ficcionales confluyen: se lee un decreto en el que se denuncia a los huelguistas como “cuadrilla de malechores” -en la realidad, también se los acusa de “anarquistas y comunistas”-, se anuncia la represión contra la huelga para imponer la paz social y se los emplaza a abandonar la plaza. La multitud no se movió.
García Márquez escribe que el capitán les dio cinco minutos para retirarse antes de abrir fuego. Pasado el tiempo, el capitán repite: “Han pasado los cinco minutos. Un minuto más y se hará fuego”.
“José Arcadio Segundo se empinó sobre las cabezas que tenía enfrente y por primera vez en su vida levantó la voz.
–¡Cabrones! –gritó–. Les regalamos el minuto que falta.”
Entonces las ametralladoras comenzaron a disparar.
La masacre ocurrió en la realidad y la novela de García Márquez narra cómo los cadáveres de tres mil obreros fueron transportados en los trenes que antes cargaban bananos para tirar los cuerpos al mar. Durante días, sin parar, pasaban los trenes con los muertos.
De la huelga del río Magdalena participaron alrededor de 32 mil obreros. Aviva Chomsky, en la ponencia “Los hechos de la masacre de las bananeras", cita fuentes diplomáticas que calculan en más de mil a las víctimas de la masacre. En la novela, Aureliano Segundo averigua el número exacto de muertos: “tres mil cuatrocientos ocho”, cifra que le queda grabada en la mente y repite hasta el momento de su muerte.
Se trata de uno de los tantos acontecimientos narrativos poderosos de la novela de García Márquez, que abunda en virtudes escriturales. En la narración de la huelga grande del río Magdalena contra la compañía imperialista United Fruit Company la novela también da cuenta de un hecho que corresponde a la historia de la clase obrera colombiana que no sólo queda inscripta en su memoria histórica como acervo para las luchas del presente y del futuro contra el régimen capitalista sino que toma forma de pura potencia literaria.

Antonia Torrebruna

miércoles, 7 de junio de 2017

Cortan la calle por presupuesto




Estudiantes de Secundaria y UTU anuncian corte de calle para este próximo viernes en reclamo de presupuesto para la educación.

Estudiantes de Secundaria y UTU agrupados en AGESU (Asamblea de Gremios Estudiantiles de Secundaria y UTU) preparan un corte de calle para este próximo viernes 9 de Junio desde las 13 hs. en las inmediaciones del Palacio Legislativo. La medida se toma en el marco de la lucha por un presupuesto digno para la educación pública.
Bajo la consigna Cortamos por el 6% para ANEP y UdelaR Los estudiantes reclaman diferentes mejoras que se podrían lograr con el 6% para la educación, entre ellas:

Infraestructura universal y en condiciones dignas para estudiar
Material de estudio universal y accesible para todes
Sistema de becas
Mejorar la relación estudiante/docente (25 estudiantes por clase como máximo
Todas las opciones de bachillerato en todos los liceos
Aumento del salario docente
Equipos multidisciplinarios en todos los liceos
Eliminación de los cupos para estudiar

Hernán Yanes

martes, 6 de junio de 2017

Guerra árabe-israelí: Los 6 días que conmovieron a Medio Oriente




Se cumplen 50 años de la Guerra de los 6 días, cuando de 5 al 10 de junio de 1967 Israel inicia su “guerra preventiva” contra la coalición árabe conformada por Egipto, Siria, Jordania e Irak. Esa guerra fue un punto de inflexión para el conflicto entre el Estado sionista de Israel y el pueblo palestino.

El antecedente de esa guerra fue la exigencia a la ONU, de parte del régimen egipcio comandando por el general nacionalista Gamal Abdel Nasser, de que retirara sus tropas de la península del Sinaí (territorio perteneciente a Egipto).
Las Naciones Unidas apostaron a su ejército en esa región luego del tratado de armisticio firmado en 1956 como resultado de la guerra del Canal de Suez que el Estado de Israel inició, junto a Gran Bretaña y Francia, invadiendo Egipto, como respuesta a la nacionalización de ese estratégico paso. En los últimos días de mayo de 1967 Nasser movilizó a sus tropas hacia la frontera y luego bloqueó el estrecho de Tirán (que debe su nombre a la isla de Tirán mediante la cual se controla el acceso a los puertos de Ilat, en Israel, y Aqaba, en Jordania).
Ya el 30 de mayo de ese año, el rey Hussein de Jordania, ante la gran simpatía de las masas jordanas hacia la lucha del pueblo palestino, abandona su tradicional posición de alianza con los países imperialistas y se une a la coalición Egipcia-Siria.
El 4 de junio es Irak el que también se suma a dicha coalición. Las fuerzas de los ejércitos árabes eran muy superiores en número a las del Estado de Israel: Egipto había desplegado 240.000 soldados en la frontera, a los que se sumaron más de 300.000 entre sirios, jordanos e irakíes; 957 aviones y una división de tanques con 2.500 unidades. Los servicios secretos sionistas infiltrados en Egipto, proporcionaron la ubicación exacta de esas fuerzas. Esa información fue clave para que iniciara su “guerra preventiva”, con Isaac Rabin como jefe del Estado Mayor de sus fuerzas armadas (Tzahal).
Pero también los servicios secretos israelíes informaron acerca de que el general Nasser dejó la madrugada de ese 5 de junio todos los aviones sin camuflaje, dejó sin defensa adecuada el estrecho de Tirán, ni siquiera apostó ametralladoras en la costa. Lo cual daba la pauta de que la movilización de todas esas tropas no tenía el objetivo serio de un ataque, sobre todo luego de que Rusia, por medio de su embajador en Egipto, le comunicó a Gamal Nasser la advertencia de que su país no iba a permitir que la coalición árabe abriera fuego contra el Estado de Israel. El dictador egipcio se arrodillaba ante las órdenes de Rusia y procedía a hacer lo que todos los manuales militares desaconsejan: mostrar las fuerzas al enemigo, sin estar dispuesto a atacar.
Así es que hoy, hace 50 años, Israel daba inicio a un feroz y relámpago ataque que duró tan solo 6 días y dejó entre los árabes 23.000 muertos, 45.000 heridos, 6.000 prisioneros y más de 400 aviones derribados. Mientras que las bajas israelíes fueron de poco menos de 800 soldados, 2.500 heridos, 15 prisioneros y 46 aviones sacados de circulación. Con el resultado de haber anexado, luego de esa semana, Cisjordania; la Franja de Gaza; Jerusalén oriental; los Altos del Golán y la península del Sinaí. Fueron territorios ocupados por el proyecto de “Hogar nacional judío”, que representa el Estado de Israel.
Es por eso que ese día se recuerda en el mundo árabe como “Naksa”, el retroceso. Fue esta guerra, como punto de inflexión, junto a la alianza estratégica con Estados Unidos lo que le dio al Estado de Israel –y continúa otorgándole–, un poder de fuego superlativo en la región.
A ese poderío militar (y al robo de territorio) se refería hace pocos días el primer ministro israelí Netanyahu, recordando esa guerra, cuando decía que fue “una de las mayores victorias en la historia de Israel”.

Los territorios ocupados como producto de la guerra de los 6 días

En 1982 el Estado de Israel devuelve la península del Sinaí a Egipto, producto de las negociaciones selladas en el acuerdo de Camp David en 1979 entre Aswar El Sadat (presidente egipcio), Menachen Begin (primer ministro israelí), a instancias del gobierno norteamericano de Jimmy Carter. La firma de este acuerdo en realidad no hizo más que favorecer a Israel. A cambio de devolver el Sinaí, territorio que no le pertenecía, Egipto se convierte en el primer país árabe en reconocer al Estado de Israel, solo podría dejar un número limitado de fuerzas militares en la región, a pesar de que la letra del acuerdo hablaba de una plena soberanía para Egipto, de ese territorio. Además dejaba establecido que el canal de Suez sería zona franca para el paso de embarcaciones israelíes o las que tuvieran a ese país como destino.
Con respecto a los Altos del Golán, esa meseta ubicada en las fronteras entre Israel, el Líbano, Jordania y Siria, 6 años después de la Guerra, en 1973, el Estado de Israel devuelve a Siria solo el 5% del territorio (tan solo 90 km, del total de 1800 que abarcan los Altos). Hoy día permanece ocupada por el Estado judío en un 60%, el resto está bajo vigilancia de lo que lleva el elocuente y cínico nombre de Fuerzas de las Naciones Unidas de Observación de la Separación (UNDOF, por sus siglas en inglés).
Recién en 2005 el ejército de ocupación israelí se retira de la Franja de Gaza, gobernada desde 2006 por Hamas. Allí viven 2 millones de palestinos en un territorio de 365 km2. Ese pequeño territorio palestino (similar por su extensión a dos partidos de Moreno, que para darnos una idea sumando dos veces su población alcanza a menos de 1 millón de personas) es sometido por Israel a un control de los cielos, el acceso al mar y cierres terrestres. De ahí su denominación de la mayor cárcel a cielo abierto.
En Cisjordania, que antes de la guerra estaba bajo control jordano, donde actualmente viven 3 millones de palestinos y 420 mil colonos judíos, Israel también proclamó que en aras de la paz devolvía ese territorio. Lo cierto es que después de los acuerdos con la Autoridad Palestina (primero con Arafat, más tarde con Abbas), se estableció una partición de ese territorio en zonas A, B y C. Donde la zona A tiene el control administrativo y de la seguridad bajo la Autoridad Palestina; la zona B está controlada militarmente por Israel y el gobierno de Abbas solo tiene el control administrativo y la zona C está totalmente controlada por el Estado de Israel.
Jerusalén Oriental (Jerusalén Este), desde que fue ocupada en 1967 continúa bajo dominio israelí, anexándola en 1980. Actualmente más de 200 mil colonos viven ahí.
Como vemos, la Guerra de los 6 días sí significó un verdadero punto de inflexión para el conflicto árabe palestino, donde las potencias imperialistas con EEUU a la cabeza apoyaron tanto política como militarmente al Estado sionista, cuya marca de nacimiento fue la ocupación y anexión de territorios en base a asesinatos, robo de propiedades, expulsiones de población. Así fue avanzando el llamado ejército de “defensa” sionista.
Por eso, el planteo de tan solo volver a las fronteras del 67 es engañoso y no puede más que redundar en la continuación del perjuicio para los palestinos, pues las fronteras de Israel desde 1948 a la actualidad, fueron creadas mediante resolución de las Naciones Unidas, con el acuerdo de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial: Gran Bretaña (quien fue el imperialismo ocupante hasta que el Estado de Israel tomó posesión) y EEUU que vio una excelente oportunidad de tener allí a un socio que garantizara la hegemonía militar en Medio Oriente.

Mirta Pacheco

domingo, 4 de junio de 2017

El imperialismo: un poder en las sombras de la crisis política en Brasil




Uno de los sectores patronales que viene jugando pesado en la crisis brasileña es el de las empresas imperialistas. Sus maniobras para ganar posiciones tensan el escenario político, polarizado por el despertar del gigante proletario.

Dos poderes vienen siendo el “batallón de choque” de la crisis política brasileña: el poder judicial y los medios de comunicación. La Corte Suprema y las principales corporaciones mediáticas fueron los grandes protagonistas del golpe institucional (vía el parlamento) que sacó del poder a Dilma Rousseff. También fueron los que lo pusieron a Michel Temer y son ahora los que articulan para sacarlo.
Los intereses que se juegan allá arriba no son uno solo. Desde ya que no son los intereses de los trabajadores y las trabajadoras de Brasil. Pero además, los distintos sectores patronales se ven afectados de diferente manera. Algunos buscan hacerse de porciones de negocios desplazando a otros. Uno de estos sectores patronales que vienen jugando pesado son las empresas imperialistas, y explican parte importante de esta crisis.

El factor económico

La crisis económica es un factor central de la crisis política. Brasil tuvo un crecimiento altísimo durante los dos primeros mandatos del PT, pero los efectos de la crisis capitalista mundial finalmente le tocaron la puerta. Brasil cayó en la peor depresión en un siglo. Y cuando la torta de las ganancias capitalistas se achica los patrones hacen dos cosas: se unen para exprimir más a los trabajadores y se pelean entre ellos por las tajadas que quedan.
El “se unen contra los trabajadores” se trata de un plan macabro de quita de derechos, que empezó con Dilma y se profundizó con Temer, basado en la precarización del trabajo, la reducción de gastos sociales y de la jubilación y la ampliación de la tercerización. En este punto las patronales habían cerrado filas en la figura de Temer.
Sin embargo, el “se pelean entre ellos” se agudizó. Si bien todos reconocen la disposición de Temer a ser el presidente más odiado de la historia con tal de pasar las reformas antiobreras, su plan se alinea con los intereses de un sector del capital extranjero que busca desplazar a las grandes empresas brasileras que pegaron un salto durante la década lulista de la mano de las obras públicas y con el incentivo por parte del Estado a través del BNDES, el banco nacional de desarrollo.

La rapiña

Uno de los principales botines que el capital imperialista busca acaparar son las enormes reservas petroleras.
El lobby de las grandes petroleras imperialistas había logrado que en 2013 Dilma subastara algunas reservas de la zona marítima conocida como pre-sal, a pesar del enorme movimiento popular “el petróleo es nuestro” y el paro petrolero que terminó siendo brutalmente reprimido. El 60% del campo de Libra quedó en manos extranjeras, entre ellas Shell y Total. Además, se avanzó en la tercerización y depredación en importantes sectores de Petrobras. Pero al capital extranjero no le alcanzaba con ser socio menor, ambicionaba quebrar el monopolio de esta megaempresa, de lejos la más grande de Sudamérica.
Como se hizo público a través de los cables de Wikileaks, el gobierno norteamericano operaba a través de su embajador en Brasil. Se conoció, por ejemplo, la estrategia de poner políticos afines en el Senado para impulsar los cambios legislativos deseados, así como las promesas de José Serra, presidenciable por el opositor PSDB, de impulsar estos cambios en caso de llegar a la presidencia.
El golpe institucional que entronó a Temer puso en la cancillería a José Serra. Una de las primeras medidas impulsadas desde el nuevo gobierno y aprobada hacia fines de 2016 fue la eliminación de la obligatoriedad de participación de Petrobras en la operatoria del pre-sal. La puerta de la entrega finalmente fue abierta.

El factor jurídico

Los políticos vinculados a las coimas en Petrobras son de todos los partidos del régimen. Sin embargo, los procesos judiciales que se desarrollan y se dan a conocer son solo algunos políticamente dirigidos.
La principal operación judicial anticorrupción impulsada en primera instancia desde la sureña ciudad de Curitiba por el juez Sérgio Moro, desde donde se investigan los entramados en Petrobras, apunta los cañones hacia la constructora Odebrecht o el frigorífico JBS, pero preserva a los grandes monopolios internacionales que también se han visto involucrados en las denuncias, como es el caso de la japonesa Mitsui, la alemana Siemens o la anglo-australiana BHP.
A su vez, tiene en la mira a Lula, una tarjeta roja que puede sacar si desea evitar su postulación presidencial. De hecho, la sacó cuando Dilma pretendió ponerlo como jefe de Gabinete. Ahora le sacó la amarilla a Temer filtrando unos audios grabados por el directivo de JBS. Este árbitro judicial de la política ha cobrado fuerzas, y en su interior también se juegan las pujas y lobbies imperialistas.
El protagónico de los últimos años lo tuvo Sérgio Moro, un juez entrenado por el Departamento de Estado estadounidense. Moro puso al servicio de los intereses imperialistas las herramientas antidemocráticas que usualmente el poder judicial tiene reservada a los trabajadores, negros y pobres. No es un dato menor que su esposa fue alta funcionaria de Shell.

El factor político

Tanto el ajuste sobre el pueblo trabajador como la puja por las riquezas producidas generaron fuerte resistencia. El movimiento contra la entrega del petróleo, contra el ajuste, contra el golpe y ahora contra las reformas laboral y previsional fueron fuertemente contenidos por las organizaciones sindicales, incluidas las afines al PT, que se ubicaron como correa de transmisión del ajuste de Dilma, luego como “oposición responsable” al golpe y ahora le dan tiempo a los golpistas.
La tendencia a sobrepasar la burocracia que se expresó por ejemplo en la huelga general del 28 de abril, le impone un fuerte límite a los planes capitalistas. El tembladeral producido por esta huelga histórica fue uno de los factores centrales que puso sobre la mesa de la burguesía la necesidad de un recambio político, de buscar una figura con alguna aceptación en la población, que pueda avanzar en lo esencial, aunque sea en forma gradual, de lo que tienen acuerdo todos, las reformas, y que además haga avanzar las medidas impulsadas por el capital imperialista.
El modelo político impulsado por el PT se apoya en la idea de que controlando los intereses del capital extranjero e impulsando los del capital nacional, los trabajadores y el pueblo de Brasil estarán mejor. Sin embargo, cualquier trabajador de una fábrica “nativa” como JBS, por ejemplo, que construyó un imperio gracias al entumecimiento del cuerpo de sus trabajadores y trabajadoras, puede dar cuenta de que no es así. Ambas patronales obtienen sus ganancias de nuestro trabajo, y cuando tienen que ajustar las clavijas, no preguntan la bandera de origen.
Se suele decir que si cuando Brasil se resfría Argentina estornuda. En realidad, toda América Latina estornuda, tose y se afiebra. Su peso económico y político es enorme. Así como el golpe institucional brasilero le dio aire a toda la derecha continental, lo que haga el “gigante proletario” brasileño frente a esta crisis, es de crucial importancia para los trabajadores de todo el continente.

Isabel Infanta
@isabel_infanta

Importante movilización contra la violencia machista




Cientos de personas recorrieron las calles de Montevideo repudiando la violencia machista que este año ya ha provocado 18 femicidios. También hubo marchas en el interior del país.

Respondiendo a la convocatoria de la Coordinadora de Feminismos del Uruguay cientos de mujeres, acompañadas también por muchos varones, se manifestaron en el día de hoy contra los femicidios.
En lo que va del año ya son 18 mujeres muertas y ese fue el motivo principal de la masiva presencia de manifestantes, lxs que reclaman que se ponga fin a la violencia machista y que el Estado tome las medidas necesarias para la protección de las víctimas.
La marcha mostró también la presencia de muchos colectivos de mujeres, mujeres que se organizan para terminar con la violencia machista porque saben que no se trata de un problema individual sino colectivo y que solo la organización es capaz de enfrentar la violencia de un sistema patriarcal que nos oprime.
Además de la de Montevideo también hubo importantes movilizaciones en distintos lugares del interior del país, como Salto, Colonia, Soriano, Paysandú, Cerro Largo y Maldonado.

La Izquierda Diario Uruguay

sábado, 3 de junio de 2017

Fidel y Raúl, baluartes imprescindibles de la Revolución




Raúl y Fidel en un acto por el 18 aniversario del desembarco del Granma en 1982.

Dos hermanos inseparables desde la niñez. En el cumpleaños 86 de Raúl, compartimos algunas anécdotas de estos dos hermanos.

Así se evidencia cuando Raúl en sus inicios de vida presenta un apego incondicional a sus hermanos. En una de las visitas que realizó al colegio católico de los Hermanos de La Salle le insistió a Fidel quedarse apenas sin tener edad escolar.
Fidel muestra reciprocidad por su hermano menor al plantearle a sus padres hacerse cargo de su enseñanza. En el libro Cien Horas con Fidel este expresa:
“Yo, cuando iba de vacaciones, escuchaba sólo críticas de nuestros padres, les digo: “Denme la responsabilidad, yo me ocupo de él”, y entonces empecé. Él estaba por la libre allí. Más tarde, le di a leer algunos libros, le interesaron, le desperté el interés por el estudio y entonces concebí la idea de que él había perdido equis tiempo, que pudiera hacer estudio; universitarios y había una vía, que era a través de la llamada carrera administrativa. No era muy difícil; si usted estudiaba esa carrera podía ingresar después a estudiar una carrera de letras derecho diplomático y hasta abogado, algunas carreras. A mí se me ocurrió esa idea, convenzo a mis padres y él viene para La Habana”.
El primer libro que Raúl obtiene de las manos de Fidel es El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Federico Engels, instruyéndolo más sobre las tendencias izquierdistas mundiales. Ya el hermano menor estaba definido revolucionariamente, pero quien le enseño las ideas marxista-leninista fue Fidel y este se recoge en el libro Cien Horas con Fidel cuando plantea: “Raúl ya era bien de izquierda y, realmente, quien lo introdujo en las ideas marxistas-leninistas fui yo”.
Fidel Castro nunca dudo de su profunda intransigencia revolucionaria, su entrega a la lucha por la liberación de Cuba, su estirpe de combatiente leal a las ideas de Martí.
Raúl Castro logró formar revolucionarios, imponerse a las adversidades de la vida. En el libro Cien Horas con Fidel se declara:
“… cómo cayó prisionero en el Moncada y cómo invirtió la situación, cómo organizó [a columna que se separó allá en el Segundo Frente, e hizo un trabajo excelente como organizador militar y político realmente.”
“Después, su misión en las Fuerzas Armadas; ha sido un educador, un formador de hombres, y con mucha ecuanimidad y mucha seriedad. Es la persona que aún hoy tiene el máximo de autoridad, y la gente tiene una gran confianza en él”.
El autor del libro Raúl Castro, un hombre en Revolución, Nikolai S. Leonov lo define extraordinariamente:
“Raúl Castro pertenece a la estirpe de estadistas que jamás ha aspirado a convertirse en primera figura del Estado o del Partido. Acogió el liderazgo de Fidel Castro con total naturalidad e infinita fe en él, y ha insistido siempre en destacar su excepcional papel en la Revolución Cubana. Juntos han formado una pareja inseparable, que multiplicó por diez las fuerzas de cada uno por separado. Algunos historiadores incluso los han comparado con Carlos Marx y Federico Engels”.
Raúl Castro encarnó la heroicidad del hermano; su perspicacia, su coraje y altruismo lo llevaron a tener valores elevados de humanismo, responsabilidad y entrega, que lo destacaran como el sucesor natural de Fidel.
Ignacio Ramonet interroga a Fidel sobre el futuro de la Revolución Cubana preguntándole:
-“¿Si usted, por cualquier circunstancia, despareciera, Raúl sería su sustituto indiscutible?
El líder histórico de la Revolución Cubana le respondía:
– “Si a mí me pasa algo mañana, con toda seguridad que se reúne la Asamblea Nacional y lo eligen a él, no le quepa la menor duda. Se reúne el Buró Político y lo eligen”.
Esa confianza depositada por Fidel sobre los hombros de Raúl demuestra ser un hombre de una alta conciencia revolucionaria, de un espíritu socialista incondicional. Su experiencia y capacidad de asumir tareas de punteras lo llevaron a ocupar un lugar primordial dentro de la Revolución Cubana, durante la lucha en la Sierra Maestra, luego en el triunfo de la Revolución, y en la actualidad como presidente de la República de Cuba.

Cubadebate

viernes, 2 de junio de 2017

Una deuda insostenible: la piedra de toque de las ambiciones chinas




Golpe duro a las autoridades de Pekín: Moody degrada la nota de la deuda china.

Aunque sin generar una reacción en los mercados a corto plazo, la semana pasada la agencia de calificación crediticia estadounidense Moody’s rebajó un peldaño la calificación de la deuda a largo plazo de China. Lo hizo, según un comunicado, ante las expectativas de que la fortaleza financiera del país se deteriore en los próximos años debido a la peligrosa combinación de una deuda cada vez más abultada y una tasa de crecimiento a la baja. Esta primera degradación de la calificación china desde noviembre de 1989 se da cuando las autoridades chinas no cesan de poner en funcionamiento medidas que buscan preservar la “estabilidad financiera” de China y “reducir los riesgos”. Así, en las últimas semanas, se tomaron muchas medidas para reforzar la regulación financiera, en particular de la llamada banca en la sombra.(1) Pero estas reformas solo podrían a lo sumo "ralentizar, pero no impedir un aumento de la deuda", advierte Moody’s. Políticamente, esta degradación cae en mal momento para el presidente Xi Jinping que se ve cuestionado por no abordar suficientemente los desequilibrios que enfrenta la economía. Y justo cuando se llevará a cabo en el otoño un Congreso del Partido Comunista crucial para él, que le permita iniciar un segundo mandato en una posición de fuerza.

Un crecimiento meteórico del sobreendeudamiento, expresión de una sobreacumulación que no frena

Durante la última década, el milagro chino fue dopado por el gasto público en grandes proyectos de infraestructura y el apoyo a sectores enteros de la industria. Pekín ha alentado a los bancos a prestar en gran medida dando como resultado que en China el crecimiento del crédito fue el más rápido en el mundo desde la crisis de 2008 - sin contar los préstamos no regulados de la banca en la sombra. Así, la deuda se ha disparado en los últimos años: 277% del PBI en 2016, según los cálculos de UBS, un aumento meteórico de 130 puntos desde la crisis de 2008.En especial, la deuda corporativa concentra las preocupaciones: ésta casi se ha duplicado desde 2008 y ahora está entre las más altas del mundo, muy por delante de los EEUU, la eurozona y Japón. Por encima de todo, el auge del crédito ha fomentado un exceso de inversión en las industrias pesadas y de bienes de capital, lo que lleva a un empeoramiento de la sobreacumulación de capital. Más grave aún, pues con la desaceleración de la demanda, estas empresas se encuentran bajo una montaña de deuda y la dificultad en la generación de beneficios. Dicho de otra manera, la cuestión no es simplemente una alta tasa de crecimiento de la deuda corporativa china desde la crisis de 2008, sino el hecho de que las ganancias corporativas han disminuido constantemente desde 2009, mientras el ratio de apalancamiento se ha incrementado. En este marco, la morosidad está subiendo de nuevo. El FMI considera que el 15% de los préstamos de las empresas podrían estar en riesgo. La realidad es que, si estas empresas no fueran sostenidas por el estado, muchas estatales caerían pues no son rentables.
Frente a esta realidad, Pekín ha prometido reducir drásticamente el exceso de capacidad de producción en el acero y el carbón, sectores de producción muy afectados por la masiva deuda. Pero la reforma de las empresas estatales no avanza cualitativamente: por el contrario, las regiones que han experimentado los niveles más altos de crecimiento del crédito son en gran medida las provincias del noreste y del centro-norte, donde la industria es el principal motor de la economía.
Por su parte, para reducir el nivel de morosidad, Pekín intenta medidas timoratas y parciales, tales como la creación de bancos malos y la conversión de la deuda corporativa de acciones en poder de los bancos, con la consecuencia de que el progreso es demasiado "lento", como deploró el FMI a principios de enero. Sobre todo, porque no está excluido un riego sistémico para el sistema bancario, en gran medida a través de su exposición a la "banca en la sombra". A la vez que el flujo abultado de liquidez que se derrama alimenta a industrias envejecidas y la especulación en bienes raíces o materias primas, es decir sectores económicos que no preparan el crecimiento del mañana, por el contrario, aumentan el desperdicio de capital disminuyendo la productividad a largo plazo y aumentando la morosidad.

Un agotamiento estructural del viejo patrón de acumulación sin reemplazo fácil a la vista

La deuda y el crecimiento más lento no son las causas del problema de China sino los síntomas de un problema más profundo: la realidad, es que a pesar de todos los recientes logros vistosos en la robótica y en la industria aeronáutica, desde hace tiempo los factores que dieron lugar al milagro chino se están agotando. El crecimiento chino desde que comenzaron las reformas pro-capitalistas fue más de tipo extensivo que intensivo. Los factores que impulsaron este crecimiento fueron los siguientes. Por un lado China disfrutó de las ganancias de productividad del trabajo que genera el mejor uso de la mano de obra en el campo, la transferencia del excedente de mano de obra de la agricultura a los sectores industrial impulsado por el avance de la productividad agrícola y la industrialización de los años 1980 y 1990. La mayor parte de estas transferencias ya se ha completado y los analistas en demografía anticipan una desaceleración en el crecimiento de la población desde 2015. En otras palabras, este factor jugara un rol decreciente en el crecimiento chino. Por otro lado, China se benefició de las ganancias debidas a la adopción y difusión de nuevas tecnologías a través de la importación de máquinas herramientas o la adquisición de nuevas habilidades de management o de ingeniería como producto de la difusión de las inversiones de las multinacionales en territorio chino. Pero el factor total de productividad, una especie de parámetro que mide el desarrollo tecnológico y el know-how, vienen decreciendo desde de la década de 1990 y comienzos de los 2000. Sin embargo, el factor decisivo en el milagro económico chino en comparación con la mano de obra y la tecnología, es el masivo incremento de las inversiones de capital. El crecimiento chino ha sido impulsado por un nivel extraordinariamente alto de inversión sin parangón en la historia moderna. Con un nivel de inversiones por más de 40 por ciento del PBI, China ha superado el nivel más alto de inversión experimentado en el siglo XX por economías como Japón, Corea del Sur e incluso, aunque tenía otro carácter social, la ex Unión Soviética y su desarrollo brutalmente extensivo. Este excepcional nivel de inversión es posible gracias a la excepcionalmente alta tasa de ahorro en China, tanto de los hogares y las empresas y por un acceso barato al capital debido al sistema financiero respaldado por el Estado. Este costo bajo o negativo del capital para los que acceden a los prestamos explica la aparente paradoja de un crecimiento chino capital-intensivo, más que mano-de-obra-intensivo. Hoy, la multiplicación de las inversiones es responsable de fenómenos de sobreproducción y la competencia en numerosos sectores, que lleva a las empresas a disminuir fuertemente los precios de sus mercancías. Las empresas chinas utilizan mucho capital en detrimento del trabajo, lo que ha llevado a algunas autoridades del Banco Mundial a quejarse de que el modo de acumulación chino es “demasiado capitalista”.
La alta inversión es también el resultado de las políticas industriales tanto de las autoridades locales y centrales que tienen como objetivo aumentar el tamaño de sus campeones locales o nacionales para beneficiarse de más economías de escala y mejor resistir la competencia. Estas a veces conflictivas políticas industriales aplicadas a diferentes niveles del gobierno han generado un exceso de capacidad en muchas de las industrias manufactureras. Las políticas industriales competidoras de las autoridades locales han impedido en muchos casos la racionalización de la capacidad de producción a nivel nacional. Campeones locales ineficientes que utilizan tecnologías obsoletas y contaminantes siguen funcionando gracias al apoyo financiero del gobierno y las barreras técnicas entre las distintas provincias al comercio que continúan fragmentando el mercado interior chino. Esto explica por qué las unidades de producción de las provincias menos avanzadas son los más contaminantes y consumidores de energía. La pérdida de mercados irreparables que se ha producido por la crisis mundial hace imperativo una purga del capital sobrante, lo que no quiere decir que se venga avanzando en este sentido como vimos más arriba. Ya en 2015 un artículo del semanario Caixin afirmaba que: “Los líderes chinos se han puesto el objetivo de reducir la sobrecapacidad durante los últimos dos años, y les han ordenado a los gobiernos locales que así lo hicieran, pero, ¿se siguieron las órdenes de manera estricta? En general, los gobiernos provinciales y de las ciudades, dicen que han completado la tarea adjudicada en nombre, pero no en hechos. Mucho de ellos están con evasivas, aguardando que sus competidores en otras regiones sean los primeros en cortar la producción. Esperan que, si son los últimos en actuar, serán los primeros en beneficiarse cuando la economía se recupere. Con menos competencia, los que queden estarán en condiciones de ganar una participación más grande del mercado. Por ello, en vez de liquidar las compañías ineficientes, los gobiernos locales las ayudan a que salgan del apuro. Mediante la aprobación de proyectos, niveles de préstamos, subsidios y el reintegro de impuestos, ya sea de manera abierta o escondida, los funcionarios locales han hecho todo lo que pudieron para apoyar las compañías “zombis”, en particular si son propiedad del estado… En primer lugar, el problema de la sobrecapacidad, un legado del viejo modelo de desarrollo de China, hoy es más peligroso que nunca. En el pasado, la sobrecapacidad tendía a ser un problema cíclico; desaparecía durante la recuperación económica cuando aumentaba la demanda. Pero una importante porción de la demanda global se redujo debido a la crisis financiera ocurrida hace siete años, para no volver a recuperarse. Muchos estudios llegan a la conclusión de que China llegó tarde a la industrialización. Aunque la urbanización sigue en curso, el país ya cuenta con una infraestructura básica, como las calles, carreteras y viviendas necesarias. Esto sugeriría que las industrias de la construcción y fabricación de edificios relacionadas del sector están cerca de alcanzar su pico histórico, si aún no lo han hecho” (2).
La contracara de la súper excesiva tasa de inversión en que se basa de más en más el modelo de crecimiento chino, que alcanzó el record mundial de un 48% del PBI en 2012, es un enorme desequilibrio, en especial una proporción excepcionalmente baja del nivel de consumo en relación a su PBI. Como dice Michael Pettis: “…una cuota del PBI baja y en declive no fue un accidente; era fundamental para el modelo de crecimiento. En otras palabras, China no creció de manera rápida, a pesar de un crecimiento del nivel de consumo rezagado, creció rápidamente a causa del crecimiento rezagado del nivel de consumo. Si ese era el caso, Pekín no hubiese sido capaz de elevar la cuota de consumo del PBI fácilmente, porque haberlo hecho hubiese requerido abandonar por completo el modelo de crecimiento impulsado con la inversión” (3).
Esto obliga como salida del estructural del exceso de producción que sea descargada en la exportación y en una alta dependencia de los mercados internacionales, en especial de los grandes países imperialistas. Pero frente al salto del sentimiento proteccionista este recurso está encontrando un límite y los mercados de los países semicoloniales no son aún, y es difícil que lo sean, una solución de reemplazo al menos en la misma proporción. Límites y contradicciones (4) que comparte el gran proyecto faraónico de la Nueva Ruta de la Seda presentado sin fundamentos sólidos por las autoridades de Pekín como un nuevo Plan Marshall (5). Frente a estas dificultades estructurales, la mentada reorientación de la economía china hacia el mercado interno declamada en cada Plan Quinquenal desde fines de la década de 1990 tarda en consumarse: la creciente clase media es muy limitada a escala nacional y en total desproporción con el exceso de producción y la población total del país. De ahí que se multiplican las fuerzas de producción ociosos expresión de un grave problema de sobreacumulación de capital. Frente a la caída de rentabilidad que se manifiesta, las empresas huyen hacia adelante, tomando el peligroso camino para el conjunto del sistema de aumentar la masa de ganancia, pero lograda cada vez con inversiones crecientes, agravando de esta forma la sobreacumulación y el sobreendeudamiento, cuenta que más temprano que tarde habrá que pagar, sin hablar del salto al vacío que significa la especulación financiera y en especial inmobiliaria.

Al final, la ley del valor va a terminar por imponerse

Algunos analistas como el semanario de la City de Londres The Economist niegan que haya una tendencia a la sobreacumulación de capital en China, alegando que el país está en sus primeros estadios de desarrollo y que su nivel alto de inversión en relación al PBI es un mal indicador de sobreinversión, ya que aún el stock de capital por persona es un 5% de los EEUU o Japón. Pero desde el punto de vista de la lógica de la ganancia que gobierna al régimen capitalista, la dura realidad es que la inversión en infraestructura y en capital físico debe estar en relación con el desarrollo capitalista del país y la posibilidad de rentabilizar el capital gastado o invertido. Como dice correctamente Pettis: “El problema con este razonamiento, por supuesto, es que se ignora la razón económica para mejorar el stock de capital y asume que el capital y la infraestructura tienen el mismo valor en cualquier parte del mundo. Pero no lo tienen. La productividad laboral y los salarios son mucho más bajos en China que en el mundo desarrollado. Esto significa que el valor económico de la infraestructura en China, basada centralmente en el valor de los salarios que ahorra, es una fracción del valor de una infraestructura idéntica en el mundo desarrollado. No tiene sentido desde el punto de vista económico, es decir, no tiene sentido para China contar con niveles de infraestructura y un stock de capital cercando al de los países mucho más ricos porque esto significaría desperdiciar recursos, sería como intercambiar mano de obra barata por aparatos mucho más caros pero que ahorran trabajo”(6).
Siguiendo este criterio cardinal de la producción y acumulación capitalista, no hay lugar a dudas, que lo que pasa en China tiene todas las características de una crisis de sobreacumulación, es decir: “…una acumulación de capital que se efectúa a un ritmo tal que no puede mantener, en el tiempo, la tasa de ganancia esperada por los detentores del capital. La sobreacumulación es una suerte de acumulación que no ha sabido detenerse a tiempo. Las inversiones realizadas al comienzo de la fase de auge con tasas de ganancias muy altas. Pero, luego, a causa mismo del auge, las cosas se degradan: por ejemplo, los nuevos kilómetros de líneas ferroviarias instaladas son menos rentables que los antiguos, el mercado potencial fue sobreestimado o se agota más rápido que lo previsto, otros países se ponen a producir a bajo precio (7) (y comienzan a captar el mercado), los costos de producción (entre los cuales el salario) aumentan fuertemente(8), etc. La acumulación debería frenar. Pero, animada por las tasas de ganancias elevadas, atraída por el afán de lucro, llevado por la euforia, se continúa invirtiendo, con la esperanza de lo que paso una vez funcionara en el futuro, que uno hará mejor que la competencia, etc. Una parte de las ganancias termina por ser acumulada en total perdida. La oferta se incrementa, mientras que los precios son demasiado bajos para asegurar la rentabilidad esperada de las capacidades ya en funcionamiento. Una coyuntura pasajera favorable, un endeudamiento renovado, las políticas de apoyo gubernamental, etc. pueden durante un tiempo, ocultar la situación y permitir postergar los desafíos. Pero, temprano o tarde, la realidad se impondrá y el ajuste será aún más brutal que la sobreacumulación fue impulsada muy lejos”(9).La definición y descripción hecha por el economista marxista Isaac Joshua para la crisis del sudeste asiático de 1997 pareciera hecha frase por frase para la China actual.

Un crecimiento de la deuda insostenible

Frente al alarmismo que los límites estructurales del patrón de crecimiento chino manifiestan, los analistas más optimistas recuerdan que el nivel global de la deuda en China sigue siendo muy inferior al de Japón, y apenas no muy lejos de los Estados Unidos. También señalan que China no es Grecia y no sufre de un exceso de deuda pública. O que, a diferencia de los tigres asiáticos que colapsaron en 1997-1998, China no está en manos de los acreedores internacionales: el 95% de su deuda es poseída en China, salido de los préstamos de los bancos estatales chinos a las empresas del estado o de las colectividades chinas.
Otros argumentos que regularmente se adelantan, es que China tiene un enorme ahorro en depósitos bancarios, mantiene el control sobre los flujos de capital, el banco central conserva abundantes reservas de divisas, mientras que el gobierno mantiene el control sobre una economía lo que le permite escalonar la reestructuración de su economía y limpiar los balances bancarios, para algunos toda una serie de factores únicos que la protegen contra una crisis de deuda sistémica. Pero si una crisis financiera no parece probable en el corto plazo, la deuda fuera de control es insostenible.
Acostumbrados en el llamado “Sur” a las crisis financieras como producto de la explosión de la deuda externa, los más optimistas van demasiados lejos afirmando que China estaría resguardada de toda tormenta financiera por su enorme posesión de divisas. Efectivamente, la acumulación de reservas de China, en relación al PBI, ha sido sólo superada por Estados Unidos durante la década de 1920. Pero el peso de los Estados Unidos en la economía mundial era entonces de tres a cuatro veces mayor que el de la China contemporánea. El otro gran episodio de la acumulación de reservas fue el de Japón en la década de 1980. Pero como señala Michael Pettis, los Estados Unidos experimentaron una crisis histórica a finales de 1920, y Japón una grave crisis bancaria de principios 1990. Su conclusión: "Se focaliza demasiado en la deuda externa. Pero cuando hay un problema interno de la economía, las reservas de divisas no pueden hacer absolutamente nada contra la mecánica de la explosión de una burbuja”(10). Digamos a su vez, que de estos dos ejemplos históricos de dos países imperialistas donde también se manifestaban una crisis de sobreacumulación y una desconexión entre la producción y el consumo internos uno pudo dar solución a sus excesos productivos y de capitales mediante la conquista imperialista del mundo; el otro Japón no pudo resolverlo por la ausencia de peso geopolítico autónomo y su rol dependiente en este terreno de los EEUU, pero gracias a su carácter imperialista pudo acolchonar su caída suavemente evitando grandes conflictos sociales durante ya más de dos décadas. China no tiene las capacidades del primero, ni las posibilidades del segundo, mientras la desigualdad de la riqueza es aún extrema. Cientos de millones de personas en las regiones interiores de China no han disfrutado del mismo progreso económico que aquellos de las regiones costeras. Eventualmente, sectores sociales significativos van a tener que pagar.

Ilusión de potencia y consecuencias geopolíticas del hundimiento de la burbuja

Visto desde otro ángulo el hecho de que China tenga una dependencia mínima de la financiación externa y que aun disfrute de 3 billones de dólares de reservas internacionales (aunque sus tenencias disminuyeron en un billón desde junio de 2014) le da ventajas inmediatas, pero acumulando insuperables debilidades estratégicas. Es que este colchón le ha permitido a las autoridades de prolongar la burbuja y retrasar el tipo de medidas duras requeridas para controlar el crédito, la especulación y las euforias desmedidas que explotan en el tiempo de auge. Los inversores chinos están acumulando riquezas que jamás habían soñado, pero respaldados por una economía con graves deficiencias y un sector financiero de dudosa posición. El aterrizaje con la realidad sea cual sea la forma específica (privatización, estatización de la deuda privada, etc.) va ser doloroso.
Mientras tanto Pekín sigue demorando lo más que puede el tiempo de la verdad por la caldera social que podría abrir cuestionando el poder anacrónico del PCCh. Así, mientras muestra o declama una voluntad de reforma ésta actitud se choca con los obstáculos de la realidad y el temor social no solo de la clase trabajadora sino de los sectores recientemente acomodados de la clase media, que la empujan nuevamente al status quo.
A nivel geopolítico, la tensión entre la reforma y la estabilidad dicta los límites de la influencia de China en el este de Asia y su capacidad de construir relaciones estratégicas con sus vecinos. Pekín ha adoptado la herramienta del “soft-power” del dinero (financiación de proyectos, inversiones, negocios) para ampliar su alcance en la región. Pero una crisis económica importante en el país significa menos dinero para las inversiones y por lo tanto menos influencia. Sus emergentes rasgos imperialistas (especialmente dados por la exportación de capitales) arriesgan fuertemente a no consolidarse afectando a la baja las ambiciones externas de la burocracia de Pekín. El fracaso de la clase dirigente en la gran empresa política de recuperar luego de siglos de humillaciones su antiguo cetro de potencia indisputada en su zona de influencia podría tener a su vez consecuencias profundamente desestabilizadoras en el plano interno donde su certeza que ha sonado la hora global de China es una gran argamasa para mantener la cohesión social frente a los cada vez más vacíos discursos “comunistas” de su nuevo Gran Timonel.

Juan Chingo

Notas:

1) La banca en la sombra o sistema bancario en la sombra (en inglés, shadow banking system) es el conjunto de entidades financieras, infraestructura y prácticas que sustentan operaciones financieras que ocurren fuera del alcance de las entidades de regulación nacionales. Incluye entidades como hedge funds, fondos del mercado de capitales y vehículos de inversión estructurados (SIV por sus siglas en inglés).
2) “Trim Excess Capacity to Put China on Path to Sustainability”, Caixin 4/3/2015.
3) “The Great Rebalancing: Trade, Conflict, and the Perilous Road Ahead for the World Economy”, Michael Pettis, Princeton University Press, 2013.
4) Tomando solo las económicas y dejando de lado las enormes dificultades políticas y geopolíticas, así como la viabilidad del financiamiento multimillonario que se ventila sin recurso a las fuentes de capital de los países imperialistas con poca factibilidad.
5) Este plan permitió el financiamiento de economías avanzadas después de una enorme purga de capitales y una drástica reducción del salario que dio lugar a un renovado salto de la acumulación capitalista sin parangón en la historia del capitalismo; nada de esto es posible en relación a los países semicoloniales que forman parte de este megaproyecto que podría terminar agravando muchos de las debilidades que aparentemente se propone resolver de la debilitada acumulación de capital en el plano doméstico chino.
6) “The Great Rebalancing: Trade, Conflict, and the Perilous Road Ahead for the World Economy”, Michael Pettis, Princeton University Press, 2013.
7) Este es el caso de Bangladesh, Vietnam o Camboya recientemente ha donde se han deslocalizado gran cantidad de firmas multinacionales, incluido toda una serie de firmas chinas.
8) Este es el caso en el sur costero de China continental.
9) “Une trajectoire du capital: De la crise de 1929 à celle de la nouvelle économie”, Isaac Joshua Editions Syllepse, 2006.
10) Citado en « Chine. Le grand bond dans le brouillard », Gabriel Grésillon, Editions Stock 2015.

jueves, 1 de junio de 2017

"Estados Unidos ha cambiado la táctica pero no el objetivo de derrocar la Revolución cubana"




Arnold August es un escritor y periodista canadiense, con varios libros publicados. Los más recientes son Cuba y sus vecinos: democracia en movimiento y Relaciones Cuba-EE.UU.: Más allá de Obama.
De 2008 a abril de 2017 escribió más de 70 artículos acerca de las relaciones Cuba-Estados Unidos, el sistema político cubano, Venezuela, Honduras y el proceso de integración de América Latina. Es miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés), cuya sede está en Estados Unidos; la Asociación Canadiense de Estudios Latinoamericanos y del Caribe (ACELC); la Cátedra de Investigaciones sobre Cuba de la Universidad de Nottingham (Gran Bretaña); y de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, con sede en Caracas. Desde 1999 hasta la fecha, sus publicaciones lo han llevado a dictar conferencias en universidades de Estados Unidos, Canadá, Europa, Cuba y Puerto Rico.
Dialogamos con Arnold August acerca de la actual situación en Latinoamérica y Medio Oriente, los sistemas políticos de Cuba y EE.UU. y el impacto en esas regiones por la llegada al gobierno en Estados Unidos de una nueva administración.
Como académico llevas más de dos décadas estudiando a América Latina en sus relaciones con Estados Unidos. ¿Cómo aprecias el actual momento tras el fin de la administración Obama y la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump?
Recordemos el apoyo dado por la administración Obama al golpe de Estado en Honduras en 2009. Luego, en 2011, durante su segundo mandato, en su viaje a Brasil hipócritamente abrazó a la entonces Presidenta Dilma Roussef. Pocos años después su Departamento de Estado apoyó el golpe contra ella, a través de su diplomacia de perro guardián. También en 2011, durante su viaje a América del Sur, en Chile rechazó la idea de pedir perdón por el apoyo de Estados Unidos al sangriento golpe de Estado de 1973, haciendo un llamado al olvido del pasado. Durante una conferencia de prensa logró pasar desapercibido en un ataque contra Cuba, por no ser democrática y no realizar “elecciones libres y justas”.
En 2012, la administración Obama igualmente dirigió el golpe de Estado contra Fernando Lugo en Paraguay. Cuando, en abril de 2013, un mes después del fallecimiento de Chávez, Nicolás Maduro ganó estrechamente las elecciones presidenciales, reconocidas a nivel internacional, la administración Obama apoyó el desconocimiento de los resultados de estas elecciones por parte de la oposición liderada por Capriles. Esto dio como resultado la violencia apoyada por Estados Unidos en 2013 y encabezada por Capriles y otros, reavivada de nuevo en abril y mayo de 2017. Obama dejó elaborado el plan de la actual violencia. Con excepción de Bush y su fallido intento de golpe de Estado contra Chávez en 2002, ningún otro presidente estadounidense anterior a Obama llevó a cabo una injerencia tan descarada en los asuntos internos de Venezuela.
Obama rompió el récord de todo, con el Decreto especial por medio del cual declaró que Venezuela constituye una amenaza para la seguridad de Estados Unidos y ha sancionado al Vicepresidente venezolano. A lo largo de su mandato, Obama aumentó las bases militares y la presencia de Estados Unidos en países aliados tales como Colombia y otros.
De esta manera, Obama dejó preparado el terreno y sirvió en bandeja de oro a Trump la agresiva política exterior de Estados Unidos hacia América Latina. Debemos recordar igualmente que Obama se alió con los Clinton para sabotear la campaña de Bernie Sanders, la cual muy posiblemente hubiese permitido la derrota de Trump y, consecuentemente, una política más abierta hacia América Latina. Obama y Clinton prefirieron a Trump antes que a Sanders. Así que Trump es la continuación del imperialismo estadounidense en la región, de la misma manera que lo fueron Reagan, Bush y Obama.
Durante su visita al Medio Oriente, la semana pasada, la cruda actitud de Trump provocó que algunos periodistas invocaran el desagradable prototipo estadounidense [Ugly American o Americano Feo]. Sin embargo, ¿quién resulta más peligroso para los pueblos del mundo, ese ecuánime [cool], bien informado [hipster], sonriente Obama, con su aureola de Premio Nobel de la Paz, o el abiertamente desagradable norteamericano, Trump?
De 2008 a la fecha has escrito sistemáticamente sobre el tratamiento a Cuba en los medios de comunicación occidentales ¿Cuáles serían las constantes y cuáles los cambios en el enfoque de esa prensa sobre la Isla en este período?
La característica más constante de la prensa occidental es el continuo etiquetado que se hace de Cuba como una dictadura opresiva, violadora de los derechos humanos, sin elecciones libres y justas, sin libertad de prensa ni de expresión. Sin embargo, lo esencial es realmente la acusación de mantener su “economía cerrada”, eufemismo de socialismo. Es el leit motiv, porque mientras Estados Unidos tolera e incluso tiene relaciones con países realmente autoritarios y, de hecho, con una falta flagrante respecto a los derechos humanos enumerados anteriormente, siempre que estén orientados al modelo capitalista y que permitan libertad de acción al capital occidental y especialmente al estadounidense, esos países tienen luz verde.
El principal objetivo occidental es la cultura socialista cubana. Estados Unidos y sus aliados libran una guerra cultural, entendiendo la cultura en sentido amplio, incluyendo las esferas artística, política e ideológica, en contra de la cultura socialista cubana. Esto viene sucediendo desde 1959, pero se ha incrementado significativamente desde el “deshielo” entre los dos países, como un derivado negativo del muy positivo restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los países vecinos.
Es necesario tener no sólo en mente, sino mantener a la vanguardia de la evaluación, que Estados Unidos ha cambiado la táctica pero no el objetivo de derrocar la Revolución cubana, y con ello su soberanía y dignidad. El cambio de táctica se está deslizando de la agresión a la seducción. Esta seducción es la guerra cultural como nunca antes se había librado con tal intensidad, ni con tanta sutileza, al punto de que algunos cubanos ni siquiera saben (o no desean reconocer) que está teniendo lugar.
A la vanguardia de la resistencia cubana frente a esta guerra cultural, están el Ministro de Cultura, Abel Prieto, el Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez y otras figuras del gobierno. Sin embargo, esta resistencia es asumida constantemente por escritores como Luis Toledo Sande, Elier Ramírez Cañedo, Iroel Sánchez, Graciella Pogolloti, Enrique Ubieta, Darío Machado Rodríguez, Rafael Cruz Ramos, Fernando Martínez Heredia, Esteben Morales, Jesús Arboleya, Ambrosio Formet, Javier Gómez Sánchez, Carlos Luque Zayas Balán y otros, como quienes publican en CubaDebate.
A quienes se encuentran fuera de Cuba, especialmente en Occidente, yo les pregunto: ¿han escuchado hablar alguna vez de ellos? Probablemente no. ¡Este es el problema! Cabe destacar que los medios de comunicación estadounidenses, en el contexto de la intensificación de su guerra cultural, emplean únicamente a voceros cubanos escogidos a dedo tanto en Estados Unidos como en la isla para representar a Cuba. Son caras conocidas de la televisión y otros medios de comunicación internacionales. Su narrativa coincide inevitablemente con el pensamiento único estadounidense que se tiene de la política y la ideología, promoviéndose mutuamente mientras ridiculizan o censuran a los mencionados intelectuales cubanos. No es casualidad que estos auto-proclamados expertos no reconozcan la existencia de la guerra cultural occidental contra la cultura socialista cubana. Ellos son, de hecho, parte de esta agresión en el plano de las ideas, contra su propio pueblo.
Has publicado varios libros sobre el sistema político cubano. ¿Cómo lo caracterizarías en cuanto a semejanzas y diferencias con los de sus vecinos?
No creo que sea posible caracterizar éstas como similitudes o diferencias, si tú se refieres a Estados Unidos como al vecino más cercano a Cuba. Como tú sabes, el sistema político cubano es cubano. Tiene su propia historia y tradición, la cual se remonta a mediados del siglo XIX. Está basado, sobre todo, en una revolución progresista y en la emancipación de los humildes, en la soberanía, la dignidad nacional, con el objetivo de lograr una sociedad justa. Es anti-racista y busca la solidaridad internacional, como por ejemplo como lo hizo para ayudar a liberar a Sudáfrica del apartheid respaldado por Estados Unidos, al internacionalismo médico y al apoyo a los pueblos del mundo, especialmente en Asia, África y América Latina.
El sistema estadounidense es estadounidense. Está basado en el levantamiento del siglo XVIII, liderado principalmente por los propietarios de esclavos con el fin de establecer una nueva colonia para que, en sus propias palabras, las Trece Colonias tuviesen su propio lugar en el mundo. Este es el excepcionalismo norteamericano.
Según mi conocimiento, es la única experiencia en la historia universal según la cual, del seno del antiguo colonialismo británico, un todavía más poderoso colonialismo, eventualmente evolucionando hacia el imperialismo, nació y superó ampliamente a su progenitor en la agresión, la destrucción y la guerra. Esta inspiración se remonta a los peregrinos y puritanos del siglo XVII, y a la noción bíblica del pueblo elegido, destinada a inspirar a todo el planeta.
Debe quedar claro: Estados Unidos nunca tuvo una revolución, sino una guerra de independencia para construir un nuevo imperio. Además, se trataba de un Estado esclavista. El Estado contemporáneo se basa en los vestigios de la esclavitud y, por supuesto, las más horrendas características de la esclavitud y de la discriminación racial han sido atenuadas, pero se encuentran ocultas al público hasta cuando son capturadas por teléfonos inteligentes, mientras el Estado asesina a tiros a negros y la prensa lincha mediáticamente a las víctimas. Actualmente, no es posible hablar o actuar acerca del problema del racismo en Estados Unidos sin reconocer al Estado como vestigio de la esclavitud.
De la misma manera, el sistema norteamericano se transformó violentamente a partir del genocidio de los pueblos indígenas, un hecho histórico que debe rectificarse. Sin embargo, está lejos de ser el caso, dado que los pueblos indígenas y sus territorios aún se encuentran en la mira de los círculos dominantes, como lo demuestra la reciente crisis de Standing Rock.
El sistema estadounidense está basado en el imperio de los ricos, quienes desde hace varios siglos modelaron el sistema político estadounidense para gobernar sobre la inmensa mayoría. Hoy día no es posible pensar seriamente en el sistema político de los Estados Unidos sin tener en cuenta que la política interna y externa de las economías dominantes se han fusionado con el sistema político al servicio del imperialismo estadounidense. Es por ello que durante las “más libres y justas” de las elecciones en el mundo (en EEUU), es posible discutir de todo excepto los enormes gastos militares que impulsan la economía.
En este momento, cuando los progresistas de todo el mundo se preparan para conmemorar el centenario de la Revolución bolchevique, también puede ser la ocasión para reafirmar la tesis leninista del imperialismo como la fase superior del capitalismo. Resulta divertido escuchar a los periodistas liberales de los medios dominantes norteamericanos hablar de “capitalismo”. Muy conveniente. Sin embargo, ¿alguna vez alguien les ha escuchado mencionar el término “imperialismo”?
En mi opinión, es obvio que no es posible observar las similitudes entre los sistemas políticos cubano y norteamericano, ni es posible hablar de diferencias, puesto que esto sería una grotesca declaración insuficiente. Estos sistemas son diametralmente opuestos, simbolizados el uno por la mano emblemática de la figura de Fidel Castro, y el otro por todos los presidentes de Estados Unidos juntos, de Washington a Trump, con excepción de Abraham Lincoln.
¿Cuál crees debe ser el papel de los movimientos de solidaridad con la Revolución cubana?
Creo que, en la situación actual, los movimientos de solidaridad con Cuba pueden desempeñar varios papeles, todos de igual importancia.
Una tarea debe ser proporcionar un espacio y hacer público entre los más amplios sectores de la sociedad, las opiniones de los escritores e intelectuales cubanos revolucionarios que están liderando la resistencia a la guerra cultural contra Cuba. Por ese motivo, en mi último libro (Cuba-EE.UU.: Obama y más allá), dedico un capítulo completo que contiene las entrevistas contigo Iroel y otros cuatro especialistas de las relaciones Cuba-Estados Unidos: Luis Toledo Sande, Esteben Morales, Jesús Arboleya Cervera y Elier Ramírez.
Se trata de una primicia publicada en inglés. Considero que tú y otros escritores similares están a la vanguardia de la lucha por la vida y la muerte para salvaguardar la cultura socialista cubana. Para los no cubanos, que no estén familiarizados con estos puntos de vista, es ignorar una característica clave de la realidad cubana actual.
La oposición al bloqueo sigue siendo la piedra angular de la solidaridad con la Revolución cubana. Este movimiento tiene que ir aún más allá para exhortar y aventurarse en los vestíbulos del poder político, como lo es el cabildeo en la Colina del Capitolio e influir en el creciente movimiento contra el bloqueo.
De la misma manera, los principales conferencistas en Estados Unidos deberían seguir apoyándose en personalidades como al Alcalde de Newark, Nueva Jersey, a quien escuché en un evento en marzo de 2017, en Nueva York, en el que se promovía la normalización de las relaciones Cuba-Estados Unidos. Él ya había visitado a Cuba y salió de nuevo al día siguiente después de hablar con un grupo de políticos y empresarios de Newark. Fue realmente inspirador. En el contexto de la oposición al bloqueo, creo que no es posible olvidar que el fundamento jurídico básico del bloqueo son la Ley Torricelli y la Ley Helms Burton, cuyos títulos formales contienen el término “democracia”, dirigida por supuesto contra Cuba.
La promoción de la democracia es tan “norteamericana como el pastel de manzana”. No es necesario agregar nada más. Esto requiere una oposición. La restitución de la Bahía de Guantánamo a Cuba es una cuestión de honor, dignidad y seguridad para Cuba. Esto lo debemos al pueblo cubano.
Recientemente publicaste varios artículos dedicados a analizar una “izquierda” cubana que estaría al servicio de la injerencia extranjera. ¿Qué reacciones provocaron y a qué crees que se deban?
El primero de ellos se titula ¿El final de la ideología en Cuba? En efecto, tiende a contrarrestar la tendencia existente entre algunas personas que se expresan en internet quienes, por supuesto, se llaman a sí mismos “izquierdistas” –¿cómo podría ser de otra manera en Cuba?– en el sentido de que ni el capitalismo ni el socialismo constituyen una respuesta para Cuba. La solución, según ellos, sería una especie de sistema híbrido. Igualmente, aquellos que adhieren al principio son etiquetados como “extremistas” e “ideólogos”, como si los puntos de vista de los acusadores no reflejaran una inclinación ideológica.
Esto me recuerda los días de mi universidad en la década de 1960, cuando fue promovido el libro El final de la ideología, del sociólogo norteamericano Daniel Bell, para contrarrestar nuestro creciente interés en el pensamiento revolucionario del momento. Creo que tu –Iroel, y otros, llevan a cabo una labor similar contra esta tendencia, denominada Corrimiento al centro. Pensé que esta orientación, que surgió amenazante en Cuba, fue importante como un nuevo ingrediente clave en la guerra cultural liderada por Estados Unidos contra la cultura socialista cubana. Mi artículo suscitó mucho interés dentro y fuera de Cuba. Así, he profundizado más en ello y en un segundo artículo presenté cómo estos “izquierdistas” tienen mucho en común con la derecha cubana que incluso propone la anexión de Cuba a Estados Unidos.
Ahora bien, en estos artículos me concentré en la orientación ideológica y política, sin dar nombres, para enfocarme en el contenido con fines educativos. El resultado fue una ola de indignación en internet por parte de algunos “izquierdistas” cuyo juego había sido expuesto, además ¡por un no-cubano!: alejarme del contenido del que ellos se quejaban, en el sentido de que yo no los nombraba. Lo que resulta un tanto divertido es que ni siquiera notaron que ellos se nombraron a sí mismos, hasta el punto inclusive en que el ala derecha tomó partido por sus homólogos “izquierdistas”. No fue necesario nombrarlos y, de esta manera, hicieron de mis artículos algo mucho más contundente. Esto me llevó a un tercer artículo donde, nuevamente sin nombrarlos, explico por qué no los nombro. Según la información de la que dispongo, no han escrito nada más desde entonces.
¿Qué opinión te merece la huelga de hambre de prisioneros palestinos “por la paz y la dignidad” que recibe el silencio de grandes medios de comunicación?
Esa es quizás la más valiente actividad en el mundo. Sin embargo, como dices, ha sido censurada. Concluyó tras 40 días de huelga de hambre, cuando aparentemente las autoridades israelíes se vieron obligadas a ceder a las exigencias de los presos políticos. No obstante, conociendo a Israel y a Estados Unidos, estoy bastante seguro de que esto no ha concluido. Tú mencionaste el papel de los medios de comunicación. En este sentido, recordarás la visita de Obama a La Habana, puesto que los dos estábamos allí presentes.
Durante la conferencia de prensa conjunta de Raúl Castro y Obama, la planta de la Casa Blanca en la CNN fue la primera en hacer una pregunta a Raúl Castro, en el momento justo aprobado por Obama, acerca de los llamados presos políticos en Cuba. Sin embargo, durante la visita de Trump a Israel la semana pasada, en medio de las manifestaciones de miles de palestinos en apoyo a los presos políticos, ni una palabra se mencionó en la CNN acerca de los presos políticos en Israel. Una vez más, muchos ejemplos ilustran la cuestión arbitraria de la libertad de prensa y de los derechos humanos.
Sin embargo, lo más importante es que la causa del heroico pueblo palestino es emblemática para el progreso y la paz en el mundo. Nadie en el planeta puede quedarse indiferente ante la situación de Palestina. Si tuviese otra vida desearía dedicarla, junto con otras personas alrededor del mundo, a la liberación de Palestina de la garra genocida de Israel, apoyada por la fuerza militar más poderosa de la historia, Estados Unidos. Las generaciones más jóvenes seguramente asumirán esta causa más que nunca antes.

Iroel Sánchez
Al Mayadeen