sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Perdió la candidata de las mujeres?




Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos. Entre la decepción de sectores progresistas, aparece la pregunta ¿Era Hillary Clinton la candidata de las mujeres?

Contra todos los pronósticos, Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos. El republicano fue muy claro con respecto a su opinión sobre las mujeres con comentarios misóginos y sexistas pero, ¿la candidatura de Clinton representaba las causas de las mujeres?
Muchos hablaron de “hazaña” y "empoderamiento" cuando el Partido Demócrata nominó a Hillary Clinton como candidata. La primera dama, Michelle Obama, dijo que gracias a Clinton, sus hijas “pueden dar por sentado que una mujer puede convertirse en presidenta”. La misma “inspiración” despertó en feministas, celebridades y varios sectores que se ilusionaron con la llegada de una mujer a uno de los puestos de mayor poder en Estados Unidos y el mundo.
Pero en los Estados Unidos de la polarización social y la desigualdad, muchas mujeres le dieron la espalda a Clinton. En las elecciones primarias, muchas apoyaron al senador Bernie Sanders (mayoritariamente entre las jóvenes, en general votaron por Sanders en una proporción 70-30). En la elección presidencial, el 54 % de las mujeres la votaron, debajo del 55 % que había apoyado a Obama en la última elección presidencial. Pero lo más llamativo fue que la posibilidad de que una mujer llegara a la Casa Blanca no despertó entusiasmo entre muchas mujeres para quienes pesó más la imagen de Clinton como representante del establishment.
... lo más llamativo fue que la posibilidad de que una mujer llegara a la Casa Blanca no despertó entusiasmo entre muchas mujeres para quienes pesó más la imagen de Clinton como representante del establishment.
Clinton polarizó el voto femenino, uno de los bloques electorales más grandes: las jóvenes la ven como representante de un feminismo “neoliberal” (de las mujeres blancas de clase media alta, que desprecia los problemas y las demandas de las trabajadoras y las minorías étnicas). Las latinas la votaron pero no abrumadoramente, quizás la única excepción sea la comunidad negra donde el Partido Demócrata tiene un peso tradicional y se la vio como el mal menor.

¿Era Clinton la opción para las mujeres?

El sentido común podría responder rápidamente SI porque el contrincante era Donald Trump, famoso por su retórica misógina y reaccionaria. Y porque es cierto que las mujeres fueron carne de cañón en la campaña republicana. Sus derechos son despreciados, junto con los de las comunidades afroamericana y latina. Pero, ¿se traducía eso en un apoyo a Clinton? La respuesta fue NO.

¿Una campaña feminista?

Clinton lanzó su campaña con la imagen de un cristal estallando en pedazos, en una clara alusión a la ideal de “romper el techo de cristal” (que representa los límites de las mujeres para acceder a puestos altos), también con imágenes de las sufragistas y el movimiento feminista de los años ‘60. Clinton sabía a quiénes se dirigía, pero los demócratas de conjunto subestimaron el peso negativo de su imagen como parte de la élite.
Especialmente para las jóvenes no bastó que Hillary fuera mujer; esperaban que su plataforma defienda los derechos de la mayoría de las mujeres. Y Hillary está lejos de hacerlo, identificada con Washington y Wall Street. Una joven feminista lo definía de la siguiente forma: “Puede que Clinton sea una mujer, pero también es blanca, rica, privilegiada y heterosexual”.
Especialmente para las jóvenes no bastó que Hillary fuera mujer; esperaban que su plataforma defienda los derechos de la mayoría de las mujeres. Y Hillary está lejos de hacerlo, identificada con Washington y Wall Street.
Para muchas feministas, que Clinton llegara al poder era la oportunidad de demostrar la forma en las que mujeres lidian con los problemas –implícitamente, de forma diferente a la de los políticos y funcionarios varones–. Pero la trayectoria de Clinton no mostraba nada de eso.
Las jóvenes que crecieron bajo los gobiernos de las familias Clinton y Bush saben que apoyó leyes como DOMA; que declaraba que ningún estado estaba obligado a reconocer una relación entre personas del mismo sexo; o la reforma de la ley del sistema criminal que resultó en la encarcelación masiva de jóvenes afroamericanos y latinos, entre quienes hay muchas mujeres.
En 2011, Hillary Clinton fue una de las tres mujeres que aconsejaron a Obama bombardear Libia (en medio de la “primavera árabe” en toda la región). Clinton (entonces secretaria de Estado), Samantha Power (Consejo de Seguridad Nacional) y Susan Rice (embajadora de EE.UU. en la ONU) estuvieron al frente de las operaciones militares.
En 2011, Hillary Clinton fue una de las tres mujeres que aconsejaron a Obama bombardear Libia
¿Más mujeres en puestos de poder significan un avance en la lucha contra la discriminación y machismo? Sí y no. Sí, porque muestra que las mujeres a lo largo de la historia mediante la movilización conquistaron lugares que antes les eran vedados (no se conoce hasta hoy ningún derecho regalado). Y no, porque su presencia en esos puestos de poder, en los estados capitalistas, solo colabora con el sostenimiento y la reproducción del orden social actual, que sigue apoyándose en la explotación y la desigualdad de las grandes mayorías, donde las mujeres llevan la peor parte.

Celeste Murillo @rompe_teclas

jueves, 10 de noviembre de 2016

Resultado de las elecciones en EEUU




La Mesa Redonda reúne a sus analistas este miércoles para valorar el resultado de las elecciones presidenciales y congresionales en los EE.UU, su impacto para ese país y el mundo, el programa que ha adelantado el candidato electo y otros temas de interés.

“La democracia en América”: de Tocqueville a Trump




La victoria electoral de Donald Trump marca un giro político hacia el bonapartismo, o sea hacia un régimen de poder personal de contenido reaccionario. Se trata de algo que va más allá de la concentración de poder que otorga el sistema presidencial norteamericano.

La caracterización de Estados Unidos como una democracia de oligarquías agrarias, acompañada por un Ejecutivo simbólico, no es correcta históricamente y menos aún para su desarrollo ulterior. La guerra con México, la Guerra de Secesión, la anexión de hecho de Cuba, una seguidilla de crisis financieras a fines del siglo XIX y principios del XX y dos guerras mundiales propiciaron una fuerte centralización estatal; los organismos ‘reguladores’ en todos los campos, y en especial en la seguridad nacional, se encuentran, a todos los fines prácticos, por encima del Congreso. Este fenómeno no hizo más que acentuarse a partir de un sostenido armamentismo nuclear, un nuevo ciclo de guerras a partir de la desintegración de Yugoslavia y, finalmente (si se puede decir así), la bancarrota capitalista que va por su octavo año (y cuyo epicentro fue, precisamente, Estados Unidos) -o desde mucho antes, si arrancamos de la crisis asiática de 1997, y ni qué decir de la crisis industrial y financiera de la década del ’70.
No es casual que Clinton advirtiera en su campaña contra el peligro de que Trump manejara el gatillo nuclear. Esa simple posibilidad es un epitafio para cualquier democracia política y, por supuesto, para el conjunto del régimen social vigente.

Campaña golpista

Ahora culmina una campaña electoral que se caracterizó desde el inicio por poner en evidencia una crisis política de magnitud excepcional: tanto en el Partido Demócrata, con la victoria sin precedentes de un “izquierdista”, Bernie Sanders, sobre Clinton, en veintidós Estados, y en especial por el ‘nocaut’ técnico al aparato del Partido Republicano por parte de quien se exhibía como un ‘clown’ mediático, un millonario de negocios turbios. Un resultado diferente al que se conoció finalmente habría tenido por consecuencia, por lo tanto, sólo un cambio en la hoja de ruta de esta crisis política, de ningún modo una cancelación.
También a esta crisis hay que ponerla en perspectiva histórica, pues ha sido precedida por el asesinato de John Kennedy y su hermano Robert; el desmoronamiento de la gestión Carter; la derrota en Vietnam y la destitución de Nixon; el fraude electoral que impuso a George Bush (h) sobre Al Gore. La demolición a la que asiste el Partido Republicano tiene una década de desarrollo, con la aparición del fascistoide Tea Party.
La campaña electoral que acaba de finalizar tuvo un definido carácter golpista, pues se caracterizó por las ‘filtraciones’ del aparato de seguridad acerca de los candidatos y una lucha interna dentro de ellos, que el ‘trumpista’ Robert Giuliani, el inventor de la “tolerancia cero” en su gestión en Nueva York, calificó de “rebelión”. La ‘limpieza’ que hará Trump en el FBI dejará para el recuerdo a Stiuso, al Grupo Halcón, a Lagomarsino y a Nisman.

Es el inmovilismo, “estúpida”

Una victoria de Clinton no habría representado un tránsito en “la continuidad” sino el inmovilismo, y esto ante una crisis mundial que no cesa de crecer. Es decir, habría encabezado una administración sin certeza de fin de mandato.
La deuda pública, en la actualidad de 14 billones de dólares (que sumada a la de los Estados y municipios supera cómoda los 20 billones de dólares, un 120% del PBI, se proyecta a 22 billones de dólares para el año 2025 y a un total federal de 30 billones de dólares -sin contar los ‘entiltelments’ -o sea los pagos futuros de seguridad social. El servicio de intereses pasaría, en el mismo período, de 250 mil millones a 800 mil millones de dólares. China, Japón, Rusia y Arabia Saudita tienen en su poder más de la mitad de la deuda pública norteamericana, y los cuatro asisten a crisis financieras severas. Las consecuencias catastróficas que tendría la venta de esa deuda para la economía mundial es un tema recurrente en los mentideros financieros internacionales.
La ‘recuperación económica’ a la que se alude para reivindicar a Obama, no solamente tiene mucho de dibujo, ya que no hace referencia al decrecimiento de la población activa (que busca trabajo) ni al empeoramiento de la calidad del empleo y la remuneración de la fuerza de trabajo. El crecimiento del PBI es bajo -2 por ciento anual-, inferior al potencial, y tampoco registra el desgaste acelerado de la infraestructura y su más acelerada obsolescencia. ¡La productividad del trabajo está en retroceso! La deuda por estudios universitarios se encuentra en niveles de quebranto -es de un impagable billón y medio de dólares. Un Estado entero, Puerto Rico, fue declarado insolvente. El déficit de inversión es de tal magnitud que los bancos privados tienen atesorados casi tres billones de dólares. La emisión de dinero de la Reserva Federal, sea para rescatar bancos o financiar a tasa cero a las corporaciones, ha agotado todas sus posibilidades. La caída del comercio se verifica en el retroceso de la velocidad de circulación del dinero que se emite.
Cuando Obama anunció un aumento del 25% en las contribuciones a la salud, apenas dos semanas antes de los comicios, la intención de votos para Trump dio un salto y también dejó al desnudo la desfinanciación del seguro universal -entre otras cosas por la suba imparable de los medicamentos y de los tratamientos privados. De este modo, Trump recibió un empuje incluso con anterioridad a que el FBI informara que volvería a investigar a Clinton por su manejo de servidores privados para asuntos públicos.

Contra la clase obrera

Es así que, en el debate político de la crisis económica, la iniciativa la llevó el ‘clown’, no la que hacía gala de “experiencia”. Clinton desarrolló una agenda ‘cultural’ vacía en torno del clima, al género y el racismo -lo que no impidió que la votaran menos afroamericanos que a Obama y que una mayoría de mujeres ‘blancas’ (una curiosa distinción estadística) votara a su rival. Contra las previsiones de todas las encuestas, que preveían una menor participación electoral, por la alta “imagen negativa” de los dos candidatos, se registró un récord de concurrencia. Trump hizo eje en el “empleo” (la clave para su victoria), en forma engañosa. Planteó una política proteccionista y una desvalorización de la deuda pública como instrumentos de una re-industrialización de Estados Unidos -en realidad, una política de guerra comercial y financiera. Se valió del slogan ‘crear empleos’ para disimular el pasaje de la guerra comercial ‘normal’ a la devaluación y a los aranceles. El especulador inmobiliario, que aprovecha la valorización ficticia del terreno urbano, dejó al desnudo el carácter crecientemente rentístico de la economía norteamericana. Es precisamente esto lo que también puso en evidencia el Brexit.
Como buen representante de la reacción capitalista, se opuso al aumento del salario mínimo y a la defensa del derecho al trabajo por medio de los sindicatos. Se comprometió a bajar el impuesto a los réditos del 35 al 15 por ciento. Llegó a plantear la derogación de las normas de regulación bancaria (piso de capital) que cuestionan los bancos, y hasta nombraría, anunció el muy leído Político, a un agente de Goldman Sachs secretario del Tesoro -como ocurre con el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo.
Estamos ante un amasijo de medidas contradictorias, pero con un hilo conductor: guerra comercial y financiera y ataque a los derechos laborales; es decir, lo que, con menos estridencia, ha venido ejecutando la administración Obama. Lo mismo ocurre con el reforzamiento del Estado policial, que ya se encuentra militarizado. En el cierre de campaña, Trump puso mayor énfasis que nunca en que incrementaría en forma sustancial el gasto militar, como si las guerras de Obama-Clinton fueran un juego de niños.
Queda por ver si el capital norteamericano tiene la misma caracterización de Trump y si comparte la oportunidad de operar un salto cualitativo en la puja comercial y financiera para acaparar una mayor parte de la plusvalía mundial. En Gran Bretaña ya hay una reacción contra el Brexit y se perfila una crisis política; podría ocurrir algo similar en Estados Unidos. La política de extorsiones que Trump plantea contra los rivales de Estados Unidos en el mercado mundial, supone una mayor militarización y guerras. La sola noticia de la victoria de Trump ha acelerado el derrumbe de monedas como la lira turca o la libra egipcia; la salida de capitales podría producir una devaluación del peso argentino y afectaría el blanqueo.
De estas contradicciones y antagonismos emerge el carácter potencialmente bonapartista del magnate; Marx había observado que el lumpenaje puede representar una forma adecuada de gestión del Estado capitalista, sólo si antes ese Estado se apropia de la sociedad civil de un modo tan intenso como para viabilizar o instrumentalizar una gestión de lúmpenes. No es el caso de Estados Unidos por ahora, sacudido por las fuerzas centrífugas de la bancarrota capitalista mundial y una fuerte división de la burocracia del Estado y de sus partidos, y una potencial polarización política.

Lucha de clases

Para cerrar este análisis hay que volver al principio. Durante las primarias de esta campaña y enseguida después, los sondeos de opinión mostraron algo más que interesante: solamente Bernie Sanders podía ganarle un ‘tête à tête’ a Trump, e incluso a Clinton en una partida ‘à trois’. Sanders prefirió ir a la cola de la opción liberal frente a la fascista, luego de haber denunciado el carácter capitalista y proimperialista de Clinton (“representante de las corporaciones”) e incluso su “corrupción” y el manejo “fraudulento” de la interna que los había enfrentado en el Partido Demócrata. Desmovilizó de este modo a quienes lo habían votado en masa y abandonó el trabajo de llevar al campo de la izquierda que representaba, a los trabajadores afectados por la crisis más despolitizados. La posibilidad de una polarización política fue entregada a lo que termina siendo una victoria de la reacción política. Una responsabilidad mayúscula en todo esto corresponde a la burocracia de los sindicatos, que bloqueó una candidatura opuesta al bipartidismo y puso a su aparato al servicio de una probada camarilla antiobrera -como lo ha sido la familia Clinton.
En el lapso breve de unos meses quedó expuesta la inconsistencia política del centroizquierdismo pero, al mismo tiempo, la volatilidad de la crisis política del Estado burgués. Entre una candidata de la “lucha cultural” y uno de la “guerra (reaccionaria) de clases” y ganó este último. La historia se repite.

Jorge Altamira

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La “maldición de la prosperidad” ha terminado.

Un día sí y otro también, los voceros de la derecha tradicional a través de sus más prestigiosos economistas critican al progresismo por algo así como “no haber aprovechado la oportunidad” y “haber desperdiciado la bonanza”, fruto de un extraordinario shock externo positivo que no se utilizó según ellos para realizar ajustes de fondo o para ahorrar realizando una política contra cíclica, nosotros en cambio plantearemos a continuación que este argumento es válido y falso a la vez por motivos muy diferentes a lo manifestado por unos y otros.
La “bonanza relativa” permitió mantener por una década políticas inconsistentes y eso se terminó.
¿Por qué tanta dureza en los últimos conflictos gremiales? ¿Por qué tanta inflexibilidad del gobierno? Ellos dicen que no tienen más recursos para contemplar los reclamos, eso es en parte cierto, lo es porque no están dispuestos a gravar lo que hay que gravar, al complejo agro exportador, los latifundistas y el capital extranjero más o menos golondrina.
Pero lo es también porque apostaron estratégicamente a una re-primarización de la economía, olvidando una de las leyes económicas que rigen las relaciones entre el Primer Mundo y el Tercero, la establecida por el gran economista argentino Raúl Presbich: el deterioro de los términos de intercambio.
Esta ley establece que en los últimos 150 años, 130 de ellos los precios de las materias primas que América Latina exporta han tendido a la baja, mientras que han aumentado los precios de los productos manufacturados que importa, como vemos la constante es que cada vez debemos producir más y mejor para obtener menos a cambio de nuestro trabajo; en virtud de la misma es irreal pretender lograr un desarrollo económico sostenido en el tiempo en base al aumento absolutamente coyuntural y pasajero de los precios de las materias primas.
Lo que debemos estudiar no es lo puntual sino las tendencias estructurales, somos un país sometido al imperialismo y ocupamos el rol que se nos ha adjudicado, había otras alternativas pero el elenco político gubernamental eligió el camino más fácil y prometedor a sus intereses a cortísimo plazo, pero no pensó nunca en el desarrollo nacional.
Por otra parte a diferencia de lo que sucedió en nuestro pasado con el neobatllismo y los tipos de cambio diferenciales e incluso con las detracciones planteadas por Azzini durante el primer gobierno blanco, en esta oportunidad no hubo ninguna política destinada a socializar por lo menos un porcentaje de las ganancias extraordinarias obtenidas por ejemplo por los productores sojeros que recibieron precios espectaculares por sus cultivos a costa de un aumento en la contaminación ambiental y la destrucción creciente de nuestro eco sistema que pagamos todos, es decir las ganancias fueron privatizadas como siempre y las pérdidas y costos socializados.
Ahora bien, lo poco que se recaudo sirvió para generar una muy limitada política de redistribución de la riqueza sin pagar los costos reales de la misma, es decir se efectivizó una política de la mentira, porque se otorgaron algunas migajas a los sectores marginales y cierta inversión en las políticas sociales sin afectar en modo alguno los intereses de las clases dominantes.
Fue la política de la ilusión, y las ilusiones son sólo eso, se pueden mantener un tiempo hasta que chocan con la cruda realidad, hubo sí entonces una oportunidad pérdida la de realizar como mínimo algunas de las siempre postergadas transformaciones estructurales contando con un volumen mayor de recursos y el apoyo de determinados sectores sociales.
¿Cuántos cientos de millones de dólares se fueron impunemente del país destrozando el aire y las aguas, que hubiera pasado si se hubieran quedado aquí, recaudando y desestimulando estratégicamente este tipo de producción a la vez?
Claro, el efecto derrame y la ilusión de cierta prosperidad, crearon en la sociedad un efecto anestésico: ¿por qué arriesgarse a impulsar cambios estructurales que pusieran en riesgo todo lo logrado si se iba mejorando? Precisamente porque esta mejora era inconsistente y estaba destinada a no durar, ya que contradecía una de las leyes económicas fundamentales como la que hemos señalado.
Por eso también la tan mentada prosperidad se transformó en una maldición, posibilitó recursos (en mucha menor medida que en otros países u otros tiempos, fruto de la política de compromiso con la oligarquía tradicional y el capital extranjero) por una fase de tiempo, y estos alcanzaron para lograr la desmovilización popular y el seguidismo a la política progresista.
Aunque no parezca popular impulsamos la política de la VERDAD.
¿Para qué clase? ¿A quién beneficia? ¿Qué hacer?, son preguntas que hemos hecho este tiempo y hemos procurado contestar partiendo del criterio de la Verdad, nosotros no somos los dueños de la verdad absoluta, pero sí adherimos a una filosofía de la praxis que es absolutamente verdadera, y lo es para los intereses de nuestra clase social que encarna a su vez a los de la inmensa mayoría de los orientales, otros tendrán sus verdades que representan a otros intereses sociales.
El progresismo representando a la pequeña burguesía lumpenizada culturalmente en alianza con importantes sectores de la oligarquía tradicional y el capital extranjero elaboró un discurso económico basado en la fórmula “crecer y repartir”, versión remasterizada del sanguinettista “hay que dejar crecer la torta primero”, pudo sostener así algunos gestos asistencialistas y demagógicos para su clientela y generar la ilusión de una redistribución en base a el excepcional aumento de los precios internacionales, que como hemos dicho no podía durar.
¿Qué debería haber hecho un gobierno nacional, popular, anti oligárquico y antiimperialista? Como mínimo recuperar una parte significativa de los extraordinarios beneficios obtenidos en este periodo, y aprovechar estos recursos más otros para avanzar en la nacionalización y socialización de sectores claves de la vida económica invirtiendo la tendencia de los últimos 60 años.
Qué oportunidad maravillosa pérdida para nacionalizar la industria frigorífica y con ella parte fundamental del comercio exterior: ¿acaso no existieron condiciones de sobra para lanzar un frigorífico nacional con monopolio del abasto interno en todo el país?, ¿acaso hoy la crisis de Fripur no abre una oportunidad maravillosa de nacionalizar y socializar la industria del pescado, crear una flota pesquera nacional, e industrializar el producto para generar trabajo genuino y empezar a romper el rol que el mercado mundial capitalista (es decir el imperialismo) reserva para nuestra nación?
Al operar de la forma que lo hizo el progresismo anestesio por un tiempo a los sectores populares y pospuso la demanda de cambios de raíz hasta el momento en que se le acabara el dinero para largar huesitos para la olla, y esta hora a llegado, ahora las burocracias dirigentes y los sectores políticos del gobierno no tienen más margen para jugar a la política del disimulo, es en el desierto de lo real en que encontramos la oportunidad de transformar, crear y avanzar.
La única solución, gozosa para nosotros y dolorosa para los enemigos de la publica felicidad es el SOCIALISMO a la uruguaya, sin recetas ni manuales y profundamente artiguista, hacia allí vamos: ¿te sumas?.

Andrés Freire

Comentario de Orlando Zeballos

Hace Andres Freire un análisis que en general comparto y lo tomo dando mi opinión, lo hago también con intención de abrir la polémica, el debate. Esta es mi opinión: Es un análisis de economía política que comparto en general, describe la anatomía de los reformismo, este el uruguayo es uno de los muchos que surcan o surcaban la región. Andres reitera el aspecto de la "ilusión" y también comparto, agrega que su opinión es también parte fundamental de una concepción de mundo negadora de esté actual modo de producción. Lo que creo en mi opinión y sobre todo amparado en un profundo, extenso y solido materialismo histórico es que "fuera del PODER todo es ilusión". Se desprende de su argumento que aun hoy hay margen para un proceso gradual de ínterpenetracion y desplazamiento. Es decir Andres sostiene una formulación fallida sin ningún sostén histórico, empírico, no existe ningún ejemplo en toda la historia que esta formulación haya triunfado en algún lugar del mundo. Este planteo negaría una de las principales leyes de la dialéctica que es la UNIDAD Y LUCHA DE CONTRARIOS y la resolución y tratamiento de las contradicciones, a saber: contradicción fundamental y contradicción principal, omito las no antagónicas que para el caso seria vital, de ella y su forma depende la construcción de la fuerza motriz y la fuerza dirigente o vanguardia.

Terremoto político por el triunfo de Trump




Tras conquistar los estado clave, Trump queda a un paso de la Casa Blanca.

Pasada la medianoche del martes 8, Donald Trump conquistaba uno a uno los estados clave para conseguir los 270 delegados al Colegio Electoral. Los resultados de la elección presidencial de Estados Unidos confirmaron en toda su magnitud la crisis del bipartidismo estadounidense. Los temblores que se habían sentido en las primarias, estallaron con la virtual llegada de Trump a la Casa Blanca.
Contra todos los pronósticos, pesó más la bronca contra el establishment de Washington. Incluso más que la “campaña del miedo” impulsada por el partido Demócrata, los grandes medios de comunicación y las encuestadoras, alrededor de una potencial presidencia del magnate neoyorkino.

Todos son perdedores

Sin duda, la principal perdedora es Hillary Clinton. El apoyo de las dos figuras más populares del partido Demócrata, Barack y Michelle Obama, no fue suficiente para compensar el magro entusiasmo que generó al exsecretaria de Estado en la base del partido.
Para el partido Demócrata representa una derrota en todos los campos: no solo perdieron la Casa Blanca (siendo gobierno), también perdieron la posibilidad de tener la mayoría del Senado y el Congreso (aunque en este último eran remotas). Con Obama fuera la Casa Blanca en 2017, el partido pierde peso en las tres instituciones de escala nacional.
A pesar de contar con una base expansiva, compuesta por los sectores demográficos más dinámicos como los afroamericanos, los latinos y las mujeres, cada vez con más peso en el electorado, Clinton no logró movilizar la fuerza necesaria para llegar a la Casa Blanca.
El partido Republicano, aunque ganó la elección y las mayorías en ambas cámaras, queda golpeado internamente. El establishment del partido le había “soltado la mano” a Trump después de su nominación y dedicaron todos sus recursos a mantener la mayoría en el Capitolio. Paul Ryan, el líder del bloque legislativo, que fue uno de los principales voceros de la oposición al magnate, ahora deberá redefinir la estrategia para unificar al partido al mismo tiempo que negocia con un Trump en la Casa Blanca.
Bill Kristol, un analista conservador del partido Republicano, resumió la situación en un tweet: “Este es mi análisis profundo de la carrera, basado en un estudio cuidadoso de los resultados: OH, MI DIOS”.

La juventud

Uno de los mayores interrogantes sigue siendo la participación de la juventud. La generación de los millennials, hija de la crisis capitalista de 2008, que motorizó movimientos como Occupy Wall Street, el movimiento por el salario mínimo o Black Lives Matter es también la que menos confianza expresó con respecto a los candidatos.
En 2016, el 62 % de los millennials creía que “hay mejores formas de cambiar las cosas que votar”. El 46 % creía que, “mi voto no importa en realidad”, y entre quienes no planeaban votar, dos tercios dijo que no lo haría porque “no le gusta ningún candidato” (Harvard IOP).
Si bien este bloque creció en su peso social, transformándose en la generación viva más grande de Estados Unidos, superando en número a los baby boomers (nacidos en la posguerra), su peso electoral no ha variado. Según la CNN, representaron el 19 % de los votantes, el mismo porcentaje que en 2012.
Estos jóvenes, desilusionados con dos mandatos de Obama, le fueron esquivos a Clinton desde las primarias. No está de más recordar que los millennials votaron mayoritariamente por Bernie Sanders (71 %) en la interna demócrata contra la exsecretaria de Estado (28 %) hace tan solo unos meses.
Es posible que la receta del “mal menor” no haya sido suficiente para convencer a la juventud de que fuera a votar por una candidata que ven como representante del establishment, ni siquiera contra Trump a quien rechazan mayoritariamente (75 %, según Global Strategy Group).

Los perdedores de la globalización

El fracaso de las encuestas para prever resultados como el del Brexit o la elección de Trump comprueban la imposibilidad de las consultoras para captar fenómenos sociales y políticos profundos. La crisis de los partidos tradicionales, la fuerte polarización social y el sentimiento antiestablishment están estrechamente relacionados con los perdedores de la globalización, que se vieron aún más golpeados desde la crisis de 2008.
Franjas enteras de la población vieron cómo mientras se degradaban sus condiciones de vida y se precarizaban sus empleos, los Estados gastaban miles de millones de dólares para rescatar a grandes bancos y empresas. Gobiernos de derecha y social liberales indistintamente se arrojaron a la tarea de aplicar primero la agenda neoliberal en la década anterior y rescatar al sistema financiero durante los últimos 8 años.
Esta comunión, que Tariq Ali define como el “extremo centro”, desembocó en un desprestigio generalizado del sistema general de partidos, dando lugar a nuevos fenómenos políticos. Por izquierda surgen neorreformismos como los europeos Podemos o Syriza, que vienen integrándose rápidamente al sistema tradicional de partidos. Mientras que es la extrema derecha la que más provecho ha sacado de la degradación de la democracia y del cuestionamiento generalizado al establishment político y económico.
Si Sanders expresó en Estados Unidos algo de estos fenómenos neorreformistas, Trump es el reflejo de las tendencias nacionalistas, aislacionistas, proteccionistas y xenófobas que se ven en las formaciones de la extrema derecha europea. Como decíamos en otro artículo, “El discurso nacionalista y conservador de Trump busca reafirmar el voto republicano en el electorado mayormente cristiano, concentrado en las áreas no metropolitanas, masculino, de mediana edad, nivel educativo medio o bajo, en particular en un sector amplio de trabajadores del sector manufacturero (los trabajadores de ‘cuello azul’)…”
Uno de los principales caballitos de batalla de Trump fue el rechazo a los acuerdos de libre comercio, que la mayoría percibe causante de la desocupación y la precarización de los empleos (un fenómeno extendido en toda la clase trabajadora y sobre el que también se apoyó Sanders en las primarias).
Sin embargo, la retórica que animó la campaña de Trump difícilmente pueda trasladarse automáticamente a un programa de gobierno. De llegar a la Casa Blanca, será necesaria una negociación con el parlamento y su propio partido. Su política aislacionista se choca de frente con los intereses de la burguesía imperialista, que es la principal impulsora de los acuerdos de libre comercio. Así como es imposible que Estados Unidos se desconecte económicamente de un mundo globalizado, la principal potencia militar del mundo tampoco puede renunciar a sus intereses geopolíticos sin horadar aún más su golpeada hegemonía.
El terremoto político que significa un triunfo de Trump se sentirá más allá de las frontera de Estados Unidos. Cuando aún no terminaba el recuento de votos, caían las bolsas en Asia y se depreciaba el dólar, como muestra del malestar de los mercados financieros.
Si en Estados Unidos, la llegada de Trump a la Casa Blanca augura una mayor polarización social y política y una agudización de la crisis del bipartidismo, las turbulencias que puede generar en el plano internacional son aún inciertas.

Celeste Murillo
Juan Andrés Gallardo

martes, 8 de noviembre de 2016

Discursos por la democracia para pasar ajustes contra los trabajadores




En el marco del paro parcial convocado por el Pit-Cnt para este viernes 4 de noviembre, que coincidió con la llamada “jornada Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo”, la depuesta presidenta del Brasil Dilma Rousseff fue una de las principales oradoras.

Cómo enfrentar el ajuste

Sin duda que la situación amerita medidas de lucha contundentes. Nos encontramos, entre otras cosas, con un gobierno que propone pautas en los consejos salariales que implican una rebaja del poder adquisitivo de los trabajadores, así como recortes en el gasto estatal (Salud, Educación), y aumentos al impuesto al salario a través de la suba del IRPF.
Sin embargo jornadas como la de ayer son intentos de los dirigentes de la central obrera para canalizar la bronca y el descontento que sienten los trabajadores con la situación actual, convocando a un paro que queda diluido en una jornada de "lucha contra el neoliberalismo y por la democracia”. Así lo expresó la propia Dilma quien comenzó su discurso señalando “para mí una honra haber sido invitada por el Pit-Cnt para participar de este acto por la democracia”.
La dirección oficialista del PIT-CNT hace todo lo posible para no cuestionar al gobierno de Tabaré Vázquez a pesar de que el ajuste se descarga sobre los trabajadores. El protagonismo de Dilma, quien también participó de otras actividades junto a importantes dirigentes frenteamplistas, es un intento del “progresismo” latinoamericano de mostrarse unido y confrontando con la oposición neoliberal de la región.
Sin embargo, al igual que Dilma en Brasil, cuando la crisis económica se instala en la región es el propio Frente Amplio quien descarga el peso de la crisis sobre los trabajadores y el pueblo: mientras mantiene los subsidios y exoneraciones al gran capital, anuncia privatizaciones vía PPP (contratos de participación público privada) y planea nuevas zonas francas para las multinacionales.
En su discurso ante los trabajadores que se congregaron en el acto del PIT-CNT la ex presidenta del Brasil se refirió en varias ocasiones a la necesidad de defender la democracia en el continente.
El golpe constitucional de la derecha brasileña, al que por supuesto hay que condenar, fue precedido por la política de alianzas del propio PT; política que le abrió la puerta a los mismos que luego la derrocaron. Por otra parte en la visita a nuestro país se pudo observar también la prudente “distancia” de Tabaré Vázquez hacia su visitante, mostrando que el gobierno actúa más por conveniencia y visión de negocios que con una condena clara y contundente hacia el golpe institucional de Temer.
Dilma “olvida” además que luego de varios gobiernos del PT, al igual que sucede luego de varios periodos del Frente Amplio en el Uruguay, no se han dado solución a los grandes problemas estructurales. La presencia del imperialismo en la región se mantiene prácticamente igual, con el saqueo sistemático de las riquezas de nuestros países, a costa de una gran desigualdad social y grandes sectores de la población en la pobreza. La defensa abstracta de esta democracia, junto a una difusa denuncia del “neoliberalismo” parece ser la máxima aspiración de una izquierda latinoamericana que solo concretó reformas superficiales, y que cuando llegó la crisis económica no duda en tomar medidas contra los trabajadores y sus condiciones de vida.

Hernán Yanes

lunes, 7 de noviembre de 2016

Proteccionismo, globalización y “furia populista”




Dualismos en la economía global ¿Hacia una reversión de la globalización? Debilidades del comercio mundial y proteccionismo. La nueva normalidad de los países centrales y una crisis matrimonial.

La tensión entre proteccionismo y globalización se pone de manifiesto como uno de los emergentes más significativos del escenario que toma cuerpo con particular entidad en los países centrales. Este dualismo expresa a su vez el despliegue quizá más contradictorio y concreto de otra bifurcación, la que fluye entre la economía y la política.
Enfocando la arista económica, puede verificarse que un escenario de disminución del crecimiento del comercio mundial está impulsando un cierto repliegue de la globalización, un suave incremento de medidas proteccionistas y una desaceleración del ritmo de liberalización del comercio. Estos factores que poseen por ahora un impacto limitado, prometen adquirir un impulso mayor en un escenario económico que amenaza volverse más crítico. Contra esta tendencia, los tratados de libre comercio –como el TLC, el Acuerdo Transpacífico o el Transatlántico, entre otros- representan la espada privilegiada de la cruzada globalizadora de los sectores hegemónicos del capital.
Pero si se enfoca la arista política, se observa que la desazón y la pérdida de confianza en las élites dirigentes dio lugar a una oleada de repudio a la globalización expresada tanto en el ascenso del fenómeno Trump por derecha, como en su momento en el voto por izquierda a Bernie Sanders y hasta en las promesas “antitratados” a las que se vio obligada Hillary. Este suceso en su conjunto, incluyendo un nacionalismo xenófobo referenciado en amplios sectores de la población–que alcanza también fracciones del capital no hegemónico, ligadas al mercado interno- podría transformarse en una de las peores contrariedades de las élites económicas, globalofílicas por definición. La suerte de los tratados comerciales –principal arma de las multinacionales y las élites económicas para la “protección” de sus negocios- se juega en territorios tortuosos como el del Reino Unido después del Brexit o el de Estados Unidos luego de la gran definición del próximo martes –independientemente, en gran parte, de quien se quede con la victoria.
En otro aspecto que distingue el actual “estancamiento secular” de aquel de los años ’30, el proteccionismo se referencia hoy en el desencanto de amplios sectores de la población mientras que los sectores hegemónicos del capital declaman un amor sin barreras por la “aldea global”. Una verdadera novedad histórica que tendrá mucho que decir en el período próximo.

Debilidades de la globalización

Bajo el título “El lento crecimiento del comercio mundial llegó para quedarse”, Martin Wolf se pregunta desde Financial Times si la globalización se está revirtiendo. Su respuesta general es no, aunque asume que se registra una pérdida de dinamismo especialmente en el comercio, motor de la integración económica global durante las últimas décadas. Tal como lo haremos aquí y para profundizar el asunto, Wolf acude al último reporte sobre Perspectiva económica mundialdel FMI. A partir de los gráficos proporcionados por el organismo, compara la dinámica del crecimiento del PBI mundial y el comercio del período 1960-2015 tomado en su conjunto con el período pos Lehman (2008-2015) en su especificidad. Evalúa que entre 1960 y 2015, mientras la producción creció a una tasa media anual del 3,5%, el comercio mundial lo hizo a una tasa del 6,6% en términos reales. Sin embargo, entre 2008 y 2015, mientras la producción mundial se incrementó a una tasa media anual del 2,4%, el comercio lo hizo a un 3,4% en términos reales. No sólo el crecimiento del comercio se desaceleró, sino que la brecha entre el crecimiento del comercio y el de la producción también disminuyó drásticamente, concluye.
Por su parte el FMI contrasta el período 1985-2007 con los últimos cuatro años que se extienden entre 2012 y 2015. Concluye que mientras en la primera etapa -bajo el impulso sustancial de la globalización y el crecimiento económico- el incremento promedio del comercio mundial en términos reales se producía a un ritmo dos veces mayor que el crecimiento del PBI, durante los últimos cuatro años, apenas acompaña el ritmo del crecimiento del producto. Desde 2012 la tasa de crecimiento del comercio mundial ronda el 3% anual o sea, el equivalente a menos de la mitad de la tasa media de expansión durante las tres décadas previas. Se trata de un lento y prolongado crecimiento del comercio en relación con el incremento del producto que goza de pocos precedentes durante las cinco pasadas décadas y que de continuarse, según BBC Mundo, se convertiría en el peor período de estancamiento comercial relativo desde la Segunda Guerra Mundial.
Dentro de las causas explicativas de la desaceleración, el FMI distingue la debilidad general de la actividad económica y en particular la desaceleración del crecimiento de la inversión, como restricciones fundamentales al aumento del comercio desde 2012. Señala que los análisis empíricos sugieren que para el mundo tomado en su conjunto, hasta tres cuartas partes de la declinación del crecimiento de las importaciones de bienes en términos reales comparando los períodos 2003/7 –no casualmente el lapso que sigue a la entrada de China a la OMC- y 2012/15 se pueden atribuir a la debilidad de la actividad económica y más especialmente al débil crecimiento de la inversión. Si el ritmo de aceleración del comercio cayó tanto en bienes como en servicios, el 85% de la caída se concentra en bienes y en especial en bienes de capital e intermedios. El FMI adjudica este resultado específico a dos factores fundamentales. Por un lado a una modificación en la producción global según la cual la inversión devino particularmente intensiva en importaciones, cuestión que a la vez contribuiría a explicar la mayor desaceleración del comercio mundial respecto de la producción. Por otro lado el asunto se asocia a un bajo incremento de la inversión privada tanto en los países avanzados como en los “emergentes”, incluyendo en un plano muy destacado el proceso chino de rebalanceo desde la inversión hacia un crecimiento impulsado mayormente por el consumo.
Por último el Fondo pone de relieve que la evolución del comercio en los años recientes adquiere fisonomías sorprendentemente distintas según se la mida en dólares reales –o, lo que es lo mismo, en volumen- o en dólares nominales. En términos de dólares reales –criterio utilizado por el FMI- se observa una disminución del crecimiento del comercio mundial desde fines de 2011 a un ritmo aproximado del 3% anual. Pero si el asunto se evalúa en términos nominales, el comercio sufre una abrupta caída en términos absolutos a partir de la segunda mitad de 2014 y el valor de los bienes y servicios comerciados se reduce en un 10,5% en 2015. La apreciación del dólar y la abrupta caída de los precios del petróleo son los factores que explican la discrepancia entre los resultados. A diferencia del FMI, la Organización Mundial del Comercio confiere a dichos factores una significativa importancia tendencial tal como ilustramos enLa Reserva Federal entre Donald Trump y la economía real.

Amor sin barreras

En cuanto a las medidas proteccionistas, los aranceles de importación son los que permiten observar de manera más clara la evolución de los costos del comercio. Según los datos del FMI, las negociaciones comerciales y las liberalizaciones unilaterales redujeron las tarifas arancelarias promedio en casi un punto porcentual al año entre 1986 y 1995. Luego las reducciones continuaron a una tasa algo disminuida de aproximadamente medio punto anual hasta 2008 pero a falta de acuerdos arancelarios desde el inicio de la crisis, las reducciones de costos resultaron mínimas.
Por otra parte el movimiento más significativo se observa –de acuerdo al FMI- en las barreras no arancelarias que incluyen restricción de flujos comerciales tales como cuotas, rescates, ayudas estatales y medidas de defensa comercial como derechos preferenciales a los productos locales. Si este tipo de barreras registra una tendencia creciente ya desde 1990, muestra un aumento constante desde 2012 y un importante salto en los años 2014 y 2015. Según Global Trade Alert los gobiernos aprobaron en 2015 un 50% más de normativas dirigidas a favorecer a sus industrias locales y los países del G-20 concentraron el 81% de esas disposiciones. Si bien las medidas que restringen el comercio no muestran -de acuerdo a la gráfica de la OMC- una tendencia claramente creciente desde 2009 hasta la fecha, registran un pico pronunciado en 2015 frente a 2014. El FMI considera que este tipo de disposiciones afecta a una pequeña proporción de productos aunque su incremento podría encontrarse entre las razones explicativas de la detención del proceso de reducción de costos en el comercio global.
Por su parte y también según el FMI, la proliferación de acuerdos de libre comercio resultó particularmente pronunciada en el curso de la década del ’90, promediando alrededor de 30 acuerdos anuales. Mientras en el período previo a la crisis desatada por la caída de Lehman la cantidad de acuerdos se redujo ligeramente, a partir de 2011 la tasa cayó abruptamente a alrededor de los 10 acuerdos firmados al año. Sin embargo y también según el Fondo, los acuerdos recientes abarcarían un espectro más amplio que los anteriores incluyendo mayor cantidad de socios comerciales.
Estos factores también contribuyen a obstaculizar el comercio internacional de mercancías, aunque según el FMI su impacto cualitativo hasta el momento ha sido relativamente limitado. No obstante el organismo señala –como es bastante evidente- que de generalizarse, estos aspectos podrían pesar significativamente en la perspectiva del comercio global.

“Emerging markets moment”

Pero entre los años 1990 y 2007 –período apoteótico de tratados de libre comercio y reducciones arancelarias- las importaciones chinas explicaban el 44% de la pérdida de empleo en manufacturas en EEUU según apunta el Instituto de Estudios del Trabajo de Bonn, Alemania, citado por Mark Broad de la BBC. Incluso el FMI -sin ahorrar loas al impulso global- menciona el impacto de la competencia de las importaciones chinas sobre el mercado de trabajo norteamericano. Resalta que el crecimiento de los productos provenientes de China generó un incremento del desempleo, un debilitamiento de la participación de la fuerza de trabajo y una reducción salarial en los mercados locales cuyas industrias manufactureras compiten con los productos de importación. Cuestión que -casi de más está mencionar- se explica en gran parte por importaciones de firmas norteamericanas (des)localizadas en China. El subperíodo de los años 2003-7 fue –de acuerdo a la definición del FMI- un momento de crecimiento inusualmente rápido de la inversión del capital en las economías “emergentes” y “en desarrollo”, incluida China. A su vez, en el lapso que abarca los años 1999 y 2011 –mientras todavía la reducción de tarifas arancelarias continuaba por el “camino del bien”- el sector manufacturero norteamericano perdía 6 millones de puestos de trabajo, de acuerdo a la Oficina de Estadística de Empleo de Estados Unidos, citada por el autor arriba mencionado.
Bajo el título La frontera que Donald Trump no puede romper, Sonia Corona recuerda en el diario El País que en el año 1994, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), catapultó a la maquila –industria manufacturera que importa insumos y exporta productos terminados- en la frontera. Se refiere a la expulsión de las fábricas industriales desde el Paso (Texas, Estados Unidos) hacia Ciudad Juárez (Chihuahua, México). En conjunto –señala- componen un centro urbano de más de 2,2 millones de habitantes separados por el Río Bravo y una valla de acero infinita, pero unidos por una relación comercial simbiótica de millones de dólares. En Chihuahua están las naves industriales y a sus espaldas –ilustra- los cristales espejo de los rascacielos corporativos de Estados Unidos. La razón indiscutida para asentar una planta en estos 12 parques industriales que albergan 330 fábricas –la mayoría de origen estadounidense- y de los que pueden salir televisores, lavarropas, ropa, partes de aviones o autos, reside en el costo de los salarios, nada más ni nada menos que ocho veces más altos del otro lado de la frontera, afirma. La consecuencia al otro lado -según Econmy Policy Instituye- ascendía en 2014 a 700 mil empleos menos correspondientes fundamentalmente a industria automotriz y electrónica norteamericana. La ciudad abandonada de Detroit en el estado de Michigan es un ícono de la combinación de superexplotación de un lado y deslocalización desindustrializadora al otro. Una de las páginas más destacadas del proceso de globalización del capital de las últimas décadas.
La conjunción de una desocupación endémica, ascenso de la desigualdad, pérdida de empleos ligada a la inmigración utilizada como mano de obra barata contra los núcleos de las clases obreras tradicionales y al cambio tecnológico -todos fenómenos de las décadas recientes- terminó combinándose con la debilidad económica de los años pos Lehman que le agregó estancamiento salarial, precarización de los nuevos trabajos creados, fuertes límites a la posibilidad de endeudamiento personal, arrojando lo que definimos desde esta columna como el “fracaso del éxito” neoliberal. Este cóctel es la sustancia de la localización en el centro de los fenómenos de derecha más bizarros, como fenómeno altamente novedoso. Analizamos este aspecto hace ya un tiempo en La “furia populista” que conmueve al mainstream. Hace unos días la columnista de Financial Times, Tina Fordham, definía que las economías avanzadas están viviendo un “emerging markets moment” (momento mercados emergentes): la brillante línea entre la política en las economías avanzadas y los mercados emergentes puede haber desaparecido y una nueva normalidad en las economías avanzadas se parece mucho a la vieja normalidad de los mercados emergentes, pero con apuestas considerablemente más altas para la economía global, dispara.
Este momento político simbólico que llegó para quedarse y asistirá a una mera instancia en la jornada muy particular del próximo martes, representa quizás el límite más extremo que enfrenta la cruzada globlalizadora y antiproteccionista de las élites económicas. No está descartado que las derivaciones políticas de la economía puedan golpear antes que la economía misma. El destino de los ampliamente repudiados acuerdos transpacífico y transatlántico -armas más filosas de las élites económicas y “víctimas” de la demagogia electoral de los contendientes- mostrará probablemente las primeras escenas de la película que comienza con aquello que Martin Wolf definía hace algún tiempo como la crisis del matrimonio entre la democracia liberal y el capitalismo global.

Paula Bach

domingo, 6 de noviembre de 2016

Dilma y el Frente Amplio




El PT de Brasil ve con buenos ojos “el modelo uruguayo”. Quieren copiar el tipo de gobernabilidad frenteamplista. ¿Es realmente el FA un modelo a seguir por Brasil? ¿Cuál es la salida que necesita el pueblo brasileño frente a la crisis en curso?

El PT de Brasil ve con buenos ojos “el modelo uruguayo”. Quieren copiar el tipo de gobernabilidad frenteamplista. ¿Es realmente el FA un modelo a seguir por Brasil? ¿Cuál es la salida que necesita el pueblo brasileño frente a la crisis en curso?
El Partido de los Trabajadores de Brasil está viviendo un proceso de deterioro de su credibilidad política y de ruptura y alejamiento con su histórica base social como nunca antes. No solamente no logró concretar las aspiraciones de los millones de trabajadores mientras fue gobierno sino que se ligó con sectores de los partidos de la burguesía reaccionaria brasileña para gobernar, además de los escándalos de corrupción en los que estuvo involucrado.
En las últimas elecciones de prefeito y vereador (lo que serían intendentes y ediles) el PT obtuvo una porción ínfima de votos, lo que demuestra la debacle de un modelo de gobernar y de un proyecto político que supo ser un puntal de los gobiernos progresistas de la región.
En Brasil, sectores del destituido PT ya comienzan a ver otros proyectos de partidos para tomar como modelo y así recuperar algo del prestigio dilapidado en todos estos años. El Frente Amplio uruguayo podría tomarse como modelo. Pero, ¿es lo que necesita Brasil?

¿Qué es el Frente Amplio?

El Frente Amplio logró aglutinar tras de sí a sectores importantes de trabajadores, a franjas organizadas en los distintos movimientos sociales (por ejemplo el cooperativista), captó la atención del movimiento estudiantil y de importantes referentes de la intelectualidad progresista uruguaya. Fue todo ese “capital político” lo que lo llevó al poder mostrándose como una alternativa a los desgastados partidos tradicionales que históricamente han gobernado a favor de los empresarios, de los bancos y del capital imperialista.
Pero el Frente Amplio es una coalición de partidos en la que podemos ver a un Danilo Astori, fiel representante de los intereses de los Estados Unidos en el país y en la región, junto al Partido Comunista de Uruguay (PCU) que dice representar a los trabajadores y del movimiento sindical. Pero estos intereses – los del imperialismo norteamericano y de las multinacionales y los empresarios asociados a ésta por un lado, y los de los trabajadores y el pueblo por el otro – no pueden conciliarse porque son justamente antagónicos, no hay armonía posible entre ellos. Por lo tanto siempre uno se impone sobre el otro. Son los intereses de los sectores económicos más poderosos los que terminan marcando el rumbo y los lineamientos más importantes que han caracterizado la política del Frente Amplio en todos estos años, aún con rispideces y algunas contradicciones.
Por eso podemos definir que el Frente Amplio es un frente de conciliación de clases, que lleva a la clase trabajadora a confiar en que una alianza con sectores burgueses puede lograr las postergadas demandas obreras y populares. Genera así ilusiones en este frente, minando la independencia política de los movimientos sociales, en especial de los trabajadores organizados.

¿Cómo gobierna el Frente Amplio?

Basándose en un momento excepcional a nivel económico que le permitió un ingreso importante de divisas basado en el modelo de primarización de la economía (modelo agro-exportador), hoy el FA intenta capear la nueva situación económica mundial signada por la crisis donde ese modelo ya no va más. Frente a esta nueva situación, en vez de asegurar el empleo impidiendo despidos y cierres de fábrica, en vez de prohibir la fuga de capitales, en vez de controlar los precios de los productos de primera necesidad, en vez de dejar de pagar la deuda externa para invertir en salud y educación, el FA decide gobernar legislando a favor de los intereses de los más poderosos: brindando cada vez más subsidios y exoneraciones a las multinacionales, impide en los consejos de Salarios negociaciones a favor de los trabajadores, recorta el presupuesto de la educación, posterga las demandas de vivienda, permite la flexibilización de la mano de obra, habilita el ingreso de capitales privados en la salud y la educación como lo hace a través de las PPP en el Hospital de Clínicas, y un largo etcétera.
Es decir, el Frente Amplio hoy por hoy viene realizando una política de ajuste en el plano estatal y regulando que en el plano privado las pautas salariales vayan “a la baja” para que no motiven a otros trabajadores a luchar y para que no impacten en otras negociaciones salariales. El Frente Amplio hoy administra el Estado burgués sin cuestionar su carácter de clase, sin proponerse ni el más mínimo cambio que vaya en el sentido de priorizar los intereses de los trabajadores y el pueblo pobre. Más aún, pretende que la crisis capitalista sea costeada por los bolsillos y el padecimiento de las familias trabajadoras que son condenadas a la miseria y a la desocupación. En vez de ajustar a los capitalistas que durante todos estos años se enriquecieron, ajustan al pueblo trabajador.

¿Cuál sería una verdadera alternativa?

La alternativa tanto en Uruguay como en Brasil sigue siendo que los trabajadores que pelean por su salario, los estudiantes organizados en defensa de la educación pública, las mujeres que enfrentan los feminicidios y la juventud pobre que vive marginada y estigmatizada puedan construir su propio partido, un partido que sostenga la independencia política no solo de los partidos del régimen sino de todo interés ajeno al de los trabajadores. No hay alianza posible con sectores que no cuestionan a este sistema de raíz.
Dilma y Tabaré ajustaron a su pueblo en pos de los intereses de los más poderosos. Hay que contraponerle la conformación de partidos obreros con independencia política que resistan el avance de la derecha a nivel continental, que peleen para que la crisis la paguen los capitalistas, que luchen por un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre y que se propongan la unidad socialista de los pueblos de América Latina.

Karina Rojas
Montevideo

sábado, 5 de noviembre de 2016

Unas pocas empresas dominan la economía mundial




El grado de concentración económica marca nuevo hito histórico. Vivimos en la era de los grandes imperios empresariales. La clase trabajadora mundial, por el contrario, cada vez más precarizada y empobrecida.

El grado de concentración económica nunca había sido tan potente como hasta ahora. Esto contradice frontalmente el discurso económico, que incluso se ha querido relanzar en plena crisis, de que en las últimas décadas gracias a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones se facilitaría la descentralización económica y la emergencia de los llamados “emprendedores”, como una alternativas frente a las grandes multinacionales.
La tesis marxista sobre la tendencia del capital hacia la concentración en pocas manos y al incremento de la explotación y la desigualdad, sobre todo en tiempos de crisis económica, se ha confirmado como un hecho absolutamente contrastado por los datos objetivos. En lugar de progresar hacia mayores cuotas de libertad y bienestar para la población, se vienen sucediendo mundialmente recortes a las libertades y pérdida de derechos económicos, sociales y políticos para clase trabajadora y los sectores populares. A la par sentimientos nacionalistas y xenófobos y las políticas económicas proteccionistas están avanzando mundialmente.

Los datos que dan la razón a Marx

Según The Mckinsey Global Institute, el 10% de los grupos que cotizan en Bolsa producen el 80% de todos los beneficios a escala mundial. Una sola empresa como la estadounidense, Wall Mart, tiene una facturación que equivale al valor del PIB anual de un estado como Polonia.
A consecuencia de la globalización se ha disparado la competencia por la tarta. Las grandes firmas vienen absorbiendo compañías dedicadas a sectores económicos complementarios, de cara a garantizar el monopolio asegurar más eficazmente el control de la cadena de valor. Esto ha incrementado todavía más la concentración del capital, es decir los recursos en cada vez menos manos.
En palabras de Robert Tornabell, profesor de ESADE, “la concentración nos conduce a un capitalismo en su grado más extremo”. El gran tamaño de las corporaciones se presenta como uno de los rasgos claves para la supervivencia empresarial en el mundo hiperglobalizado. La capitalización bursátil de las 10 mayores empresas cotizadas a escala mundial es de 3,93 billones de dólares, casi 4 veces el PIB anual del Estado español.
La sucesión de movimientos de adquisiciones no tiene precedentes en la historia. En 1990 se firmaron 11.500 contratos por un valor del 2% del PIB mundial. En 2008, cuando estalló la crisis financiera, el mercado de fusiones se paralizó. Sin embargo, a partir de 2009 el ritmo de fusiones y adquisiciones superó los 30.000 movimientos al año, con un valor equivalente al 3% de la economía mundial.
Ejemplos actuales de importantes operaciones son la compra de Yahoo por Verizon, la de AB Inbev con la adquisición de SABMiller o la de Bayer que se ha quedado con Monsanto. El último pelotazo que ha llamado la atención ha sido la compra de Time Warner por AT&T.
En el Estado español, en el sector bancario por ejemplo, las entidades financieras se han reducido a menos de la cuarta parte de los existentes antes del inicio de la crisis de 2008 y la totalidad de las Cajas de Ahorro han sido absorbidas por los principales bancos.
Además el beneficio se concentra cada vez más territorialmente, de modo que el 68% de los beneficios se reparten según el origen de las empresas en los llamados países desarrollados. Entre las 25 empresas de mayor tamaño del mundo por capitalización bursátil, 16 son de Estados Unidos por tan solo 2 de China y Suiza y una de Bélgica, Holanda y Corea del Sur.
Las razones que se aducen desde la economía liberal capitalista para explicar la concentración empresarial tienen que ver con la reorganización de muchos sectores a consecuencia de la Gran Recesión, la amenaza del estancamiento secular que viene caracterizando también el último período de más bien raquítico crecimiento, y la sombra de posibles nuevos competidores en los países emergentes.
Pero este fenómeno ha sido una constante en el desarrollo de la economía capitalista en las tres últimas décadas. Los beneficios empresariales de las principales 25 empresas se han multplicado por cuatro, según datos oficiales. En 1980 sumaban 2 billones de dólares (7,6% del PIB mundial de entonces), y ahora alcanzan los 9,8 billones (9,8% del PIB mundial). Es decir, el equivalente a casi el PIB anual de China, la segunda potencia mundial.

La era de los grandes imperios capitalistas

Lo cierto es que nunca tan pocas compañías han tenido como a día de hoy tanto poder. Vivimos en la era de los grandes imperios empresariales que incluso manejan mayores recursos que los propios estados. Aunque éstos siguen siendo fundamentales para asegurar las inversiones estratégicas de las grandes multinacionales. Detrás de cada empresa y las élites económicas nacionales está su gobierno y su correspondiente ejército, además de sus estructuras políticas, económicas y jurídicas que aseguran su dominio. Es muy famosa y representativa de esto la frase del secretario de Defensa de los Estados Unidos hace más de 50 años, Charles Wilson, cuando señaló que “lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”, no por casualidad antes de llegar a la política había sido consejero de dicha empresa
Esos vasos comunicantes, o puertas giratorias, entre el poder político y las corporaciones se han reforzado muchísimo en las últimas décadas. El tamaño que han adquirido muchas de ellas las han fortalecido como poderes fácticos todopoderosos, aquello de “demasiado grandes para caer”. Hace unas semanas Wikileaks filtró correos que barajaban nombres de posibles candidatos a la vicepresidencia del gobierno de Hillary Clinton. Una lista estaba repleta de directivos de grandes empresas multinacionales. O en Europa recientemente Durao Barroso, ex presidente de la Comisón Europea, ha fichado por Lehman Brothers. Hay multitud de casos similares a estos, como el del Ministro de Economía español, Luis de Guindos, o el presidente del BCE, Mario Draghi, ambos “ex” de la entidad financiera cuya quiebra abrió la actual crisis capitalista.

La clase trabajadora mundial cada vez más precarizada y empobrecida

Sin embargo, la situación de los trabajadores a escala mundial es cada vez de mayor precarización, con menores salarios y con jornadas reducidas a unas pocas horas en muchos casos en función de las necesidades del empresario y no de su propia necesidad. Mientras, persisten niveles elevados de desempleo, acompañados de miseria y hambre con niveles de vida por debajo del umbral de la pobreza.
En el caso del Estado español, los parados de larga duración se mantienen estancados en un volumen importante de 2,5 millones. De ellos, el 74% lleva más de dos años en paro. Con una reducción en la tasa de cobertura del desempleo sobre los trabajadores de nada menos que 11,7 puntos. Son muchos ya los trabajadores que no reciben ninguna prestación por desempleo.
La tasa de temporalidad ha ascendido al 27%. Hay 1,58 millones de trabajadores con contratos por obra o servicio determinado y que desconocen la duración real de sus contratos. Solo el 40% de los trabajadores son indefinidos. Un 49% de las horas extras no se cobran, es decir unas 2,6 millones de horas, y las mujeres perciben una media de un 20% menos que los hombres. Todo ello mientras la tasa de desocupación acaba de descender ligeramente por debajo del 20%.
Ayer se conocía el informe de Intermón Oxfam en el que se daban los datos de caída salarial en el Estado español desde la entraga en vigor de la última reforma laboral de 2012. El salario cae una media del 10%, pero si se estratifica el recorte los datos son aún peores. Para los que cobran menos de 960 euros al mes la cíada ha sido del 28% y para los que están por debajo de los 1.770 euros del 18%. Solamente los que cobran más de 5.628 euros han visto aumentar sus retribuciones un 3% es estos últimos 4 años.
La situación en Estados Unidos es de tal calibre que 6 de cada 10 hogares en situación de pobreza tienen a un miembro trabajando. Una tercera parte de las familias que duermen en los centros asistenciales tienen al frente a una persona que está trabajando. El 71% de la población sostenida por programas de ayudas a los pobres son hogares cuyo cabeza de familia trabaja, según un informe del Centro de Investigación del Empleo y la Educación de la Universidad de Berkeley. Es decir que el trabajo no sirve para salir de la pobreza sino que también te condena a ella. Muchas de las nuevas ocupaciones lo son por menos de 40 horas semanales.
En la cadena Wall-Mart, con ganacias superiores a los 14 mil millones de dólares anuales, han solicitado donativos para trabajadores en estado de necesidad social. El sector de la comida rápida ha tenido importantes movilizaciones y luchas en favor del sueldo de 15 dólares por hora. La empresa Mc Donald’s, por ejemplo, tuvo que elevar el sueldo mínimo a 10 dólares la hora en 2015. Las grandes corporaciones se han convertido en los Estados Unidos en símbolos de la precariedad laboral.

Un sistema que no tiene nada que ofrecer a la humanidad, la vigencia de la lucha por el comunismo

Estos datos, como muchos otros que se publican periódicamente y que tienen el mismo tenor, demuestran que Marx no sólo tenía razón en el pronóstico. También su principal contribución histórica sigue teniendo plena vigencia, la lucha por derribar un sistema social que no tiene más que ofrecer a la humanidad que un horizonte de miseria, guerras y destrucción ambiental. La pelea por expropiar a los capitalistas y por poner todos los medios que generan la riqueza bajo el control y el servicio de quienes la producimos gana vigencia día a día con el avance de este “capitalismo es su grado más extremo”.

Juan Carlos Arias
Madrid | @as_juancarlos

Reflexiones sobre la visita de Dilma a Uruguay.

Leí y a esta altura es información fehaciente, Dilma está en el país aparentemente invitada por el FA y ha trascendido también que del mismo modo el PIT-CNT también es parte de esta invitación. Una primera consideración, no tengo duda alguna que en Brasil se concretó un GOLPE DE ESTADO y muy lejos de caer en la red de falacias que aún hoy sostienen que no es golpe porque quien la remueve es un PODER del ESTADO. Por tanto los democratistas de derecha sostienen que no es golpe, los democratistas de izquierda dicen si es golpe porque a ella la VOTARON 54 millones de brasileños. Bien veamos que uno y otro sostienen argumentos livianos y en algún caso falas. ¿Que es el ESTADO sin formular el contenido de clase, que son los poderes del ESTADO sin formular a que interés de clase representan y que es fundamentalmente la DEMOCRACIA sin entender las categorías dialécticas que nos advierte de lo que es CONTENIDO y FORMA? Esta es la cuestión de fondo, esto se puede entender desde Montesquieu, Rousseau, o desde Marx y Engels. La segunda opción es la que corresponde a los revolucionarios, a los que pretenden alterar este modo de producción capitalista y superarlo por el modo de producción socialista. Desde luego que no es la idea profundizar sobre estas cuestiones, la idea era referirme a la visita/invitación y presencia de Dilma Rousseff.
La fuerza política frente Amplio tiene todo el derecho de invitarla, generar una actividad o varias políticas, creo más, corresponde que lo haga, no se si homogéneamente lo está haciendo, siempre aparece un príncipe de la "ética" Valenti que puede estar en contra, aunque claro está Brasil no es Venezuela.
Lo que llama la atención es la actitud que asume la clase obrera organizada en el movimiento sindical y esté expresado a través del PIT-CNT. Manifiesta su solidaridad por una ex mandataria que fue claro está removida por medio de un GOLPE DE ESTADO de última generación, una cosa es repudiar un GOLPE DE ESTADO que siempre es contra la clase obrera, una cosa es manifestar la solidaridad con la central clasista o las centrales clasista y otra muy otra es participar y promover actividades políticas/sociales con una clara figura de un PARTIDO político, en este caso el PT (partido de los trabajadores). No encuentro la relación política o social, salvo que alguno me ilustre y me haga ver que este partido es la expresión de un PARTIDO de clase, que él expresa los intereses de la clase obrera y en consecuencia su PROGRAMA es el programa de la clase obrera y por tanto su objetivo final es la abolición de la explotación del hombre por el hombre. No es así y todos sabemos que no es así y que tampoco fue así en sus mandatos. Todo su gobierno estaba encausado en esa vieja falacia desmovilizadora que pregona un CAPITALISMO BUENO. Lo real y lo concreto es que eso no ocurre realmente, no hay registros de ello, todo lo contrario hay si un abundante MATERIALISMO HISTÓRICO que desmiente tal afirmación, por tanto vuelvo al principio, entiendo que el secretariado ejecutivo y no se si la mesa representativa tambien, se EQUIVOCAN en realizar esta actividad, compromete la independencia de clase y pegan los interés de los trabajadores a un PARTIDO POLÍTICO que lejos está de ser la VANGUARDIA de la CLASE OBRERA.

Orlando Zeballos

jueves, 3 de noviembre de 2016

Negociaciones salariales estancadas: el PIT-CNT realizará este viernes 4 paro parcial




Las negociaciones se encuentran estancadas. Las patronales y el gobierno no quieren entregar nada. Ya pararon el Sunca y Fuecys. El rol de los Consejos de Salario, el carácter de clase del Estado y el paro general parcial que se viene.

El pasado miércoles el Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (SUNCA) realizó un paro de 24 hs, se manifestó por el centro de Montevideo y culminó con un acto repleto en el Palacio Peñarol, demostrando en las calles su capacidad de movilización. Según los dichos a la prensa de su principal dirigente, Óscar Andrade, hace un mes que no se los convoca a la negociación.
Por su parte, el gremio que agrupa a los trabajadores y trabajadoras de servicios, FUECyS, también se encuentra en conflicto y el pasado lunes realizó un paro con movilización a la DINATRA. Reclamaron por ajustes nominales semestrales y salario mínimo de $ 20.000, pero lo que obtuvieron fue una negativa rotunda, inclusive hubo retrocesos respecto de negociaciones anteriores.
El estancamiento de las negociaciones salariales tiene su origen en la dureza de las patronales y del gobierno que no aceptan un aumento – ni siquiera ínfimo – en las pautas salariales. Esto en concreto significa una negociación “a la baja” frente al aumento del costo de vida, no solo los productos de la canasta básica sino los servicios, los impuestos y el transporte.
El gobierno también se mantiene firme en su postura de no aceptar aumentos salariales ya que cualquier “punto” de más en las negociaciones de la Sexta Ronda sentaría un precedente para otros gremios. El gobierno se cuida muy bien de no dar un mensaje equivocado a los trabajadores. Al decir de Andrade, la dureza del gobierno “constituye una postura radical y absurda”.

Los Consejos de Salarios

Los Consejos de Salarios sirven para debatir no solo las pautas salariales en cada rama de la economía – y así marcar el salario mínimo a nivel nacional – sino también negociar condiciones de trabajo, ritmos de producción y otras cuestiones importantes.
Desde un punto de vista, los Consejos de Salarios constituyen una conquista para el movimiento sindical, ya que los exime de tener que negociar en cada fábrica con las patronales. La negociación unificada por rama aumenta la capacidad de fuerza de la clase trabajadora frente a las federaciones patronales, donde se “golpea con un solo puño”.
No por nada, los momentos de mayor avance neoliberal y de mayor pérdida de conquistas obreras fueron cuando los distintos gobiernos decidieron borrar del mapa los Consejos de Salarios. Por ejemplo en 1968 cuando asume Pachecho Areco, donde aplicó la política de congelamiento de salarios, no así de los precios, y más tarde en el período que va de 1990 – con el gobierno de Lacalle - al 2005, cuando finalmente fueron restituidos.
Esto se dio a costa de una cierta institucionalización y estatización de las relaciones patrón -obrero y de la vida sindical, y de una regimentación de la capacidad de acción de la clase trabajadora y de amortiguar las expresiones de la lucha de clases abierta. Se han venido generando expectativas en que en los Consejos de Salario – con diálogo y paciencia – se pueden llegar a acuerdos y negociaciones que beneficien a la clase trabajadora.
La dirección del movimiento obrero – lo que llamamos la burocracia sindical - transformó estas instancias en un absoluto y supeditó la lucha en las calles, las demostraciones de fuerza obrera, los paros y las ocupaciones, al ámbito de la negociación sindical y a sus tiempos.

El rol del Estado

Además de las cámaras empresariales y los representantes de los trabajadores organizados, los Consejos de Salarios tienen como “veedor” al mismo Estado, lo que ejercería un rol “neutral” - un tercer actor. Sin embargo, el Estado no es nada neutral ya que está dirigido por el sector de la sociedad que hoy cuenta con el poder económico. Es este Estado quien legisla a favor de esos intereses y contra los de la mayoría trabajadora. Es quien otorga subsidios y exoneraciones impositivas a los capitalistas, quien permite la contratación de mano de obra flexibilizada, quien habilita que un capital transnacional invierta en el país y, sin demostrar pérdida alguna, decida “levantar campamento” dejando un tendal de familias en la calle.
Por tanto, los trabajadores deben enfrentar en los Consejos de Salarios no solamente a sus patronales sino también a “su” Estado. Dos contra uno parece una pelea desigual.

El rol del Frente Amplio

Cuando el FA llegó al poder nacional otorgó una reivindicación muy sentida como la re-instalación de los Consejos de Salario. Sin embargo, es paradójico (o no) ver la actitud del gobierno frenteamplista en las actuales negociaciones, quien muchas veces muestra mayor dureza frente a las demandas obreras, inclusive con más virulencia e intransigencia que las propias patronales. El gobierno demuestra también su carácter de clase a favor de los patrones y del sosteniemiento del capitalismo.

¿Y el PIT-CNT?

Lamentablemente la dirección del PIT-CNT, con mayoría del Partido Comunista (PCU) y de sectores oficialistas, sigue con su postura de defensa cerrada del gobierno. Lo defiende diciendo que hay que cuidarlo frente al avance de la derecha en el continente. Son quienes dicen que en tiempos electorales no hay que hacer “olas” y aceptar las migajas que nos den firmando acuerdos - inclusive en contra del mandato expreso de masivas asambleas de base - como ocurrió en 2015 durante la lucha educativa.
Pero por más que quiera, la burocracia sindical no puede esconder el carácter de clase ni del Estado – un Estado burgués – ni del gobierno – un frente de colaboración de clases en donde quien se impone es el interés del gran capital y de la burguesía que invierten en Uruguay.
A diferencia de lo que sería una dirección clasista y combativa, esta dirección sindical subordina en los hechos la lucha y la movilización obrera a las instancias de negociación, y no al revés. Cuando los Consejos de Salarios son cada dos años, muchas veces se firman cláusulas de “paz social” que la burocracia se encarga de respetar a rajatabla.

Paro y plan de lucha

Las negociaciones salariales se deben realizar con la clase trabajadora en las calles sin generar ilusiones en los Consejos de Salarios. Todo lo que se le pueda arrancar a la patronal será con la lucha, la organización y la movilización obrera. El paro previsto para el próximo viernes debería servir para imponer los reclamos obreros, aunque es parcial y por tanto insuficiente.
Será necesario que se voten delegados/as de base que vayan con mandato a las negociaciones para que sean verdaderamente democráticas, y no dejarlas en manos de los dirigentes oficialistas, que luego de negociar a la baja nos dicen que “es lo único que se podía conseguir”.
Necesitamos un plan de lucha nacional que comience con un paro de 36 o 48 hs, de esos que le duelen a los patrones, por aumento de salarios, para torcerle el brazo a quienes durante estos años se enriquecieron a costa del sufrimiento obrero y de las prebendas del Estado. Y que verdaderamente en esta crisis no sea la clase trabajadora quien pague sus costos, como en la del 2002, sino que esta vez la paguen lo capitalistas.

Karina Rojas
Montevideo

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Fuertes tensiones y divisiones en la clase dominante norteamericana




Hacia una crisis de legitimidad del próximo mandatario de la Casa Blanca

La intervención directa de la principal agencia de inteligencia (FBI) a unos días de las presidenciales, es la expresión de una profunda crisis y tensión en la clase dominante. Gane quien gane, Estados Unidos va a ser cada vez más ingobernable.
La intervención directa del FBI a unos días de las presidenciales, es la expresión de una profunda crisis y tensión en la clase dominante. La elección desde el inicio estuvo dominada por una fuerte polarización social y sentimiento antiestablishment, y termina en una serie de peleas, ataques venenosos, reprimendas, acusaciones (Trump dijo que no reconocería el resultado si pierde, e incluso que pondría a Hillary en prisión si gana) no visto desde hace tiempo.
Ambos candidatos de derecha son rechazados por una parte importante del electorado. Esta crisis de representación del sistema político se expresa del lado de Trump en una política chauvinista que busca desviar el descontento hacia una política racista frente a los musulmanes y el conjunto de los inmigrantes en especial latinos y de fuerte carácter proteccionista en relación a China; mientras Hillary acusa a Trump de ser un agente de Putin y de Rusia para ocultar la brutal corrupción de la Fundación de su esposo y los intereses de su política neoconservadora agresiva hacia Rusia.
La confianza en el sistema político imperial está fuertemente golpeada, en condiciones de profundización de la crisis económica, aumento de las tensiones internacionales y el empeoramiento de las crisis de hegemonía del imperialismo norteamericano en todo el mundo. Esto último quiere decir la debacle en curso de la guerra de Washington para el cambio de régimen en Siria, los signos de desorden de su política de “pívot” hacia China, cuya última demostración son las idas y vueltas del presidente filipino y sus coquetos con China (a la vez que mantiene buenas relaciones con Japón) y la emergencia de conflictos abiertos con imperialistas "aliados "en Europa, sobre todo con Alemania.
La convergencia de estas crisis está generando conflictos graves dentro de la clase gobernante de Estados Unidos sobre las políticas a seguir, aumentados por los temores de una creciente ola de contestación social en el país, cuya expresión más fuerte es el hecho que durante la presidencia Obama y la violenta represión e impunidad policial a la minoría negra se ha reactivado un espíritu de resistencia en esta comunidad que no se veía desde la época del Black Power. El trumpismo de alguna manera es expresión del crecimiento de una reacción racial a este avance, un “nativismo” blanco feroz que se identifica en el actual candidato republicano.
Si ya era claro el carácter excepcional de la elección, la bomba política del viernes lanzada por el director del FBI ha liquidado toda duda. Si su intención era causar un daño fatal a la candidatura de Clinton, apuntalar las mayorías republicanas en peligro de extinción en el Senado y la Cámara, o disparar un tiro de advertencia en contra de un gobierno de Clinton entrante, queda claro que la próxima administración estará sumida en una crisis de legitimidad desde el día en que asuma.
Trump ha explotado la nueva situación que le favorece, alabando ahora a las instituciones de Washington que resultan no ser tan corruptas como pensaba inicialmente, pero enfatizando que se trata de un escándalo mucho peor que el de Watergate, que le valió al presidente Nixon su defenestación.
Cinco días antes de los últimos hechos , en una entrevista con Chris Wallace el célebre periodista Bob Woodward, quien exhumó con garganta profunda el escándalo Watergate, había arremetido contra la Fundación Clinton como escandalosamente corrupta, obteniendo miles de millones de dólares en promesas de los gobiernos, empresas e individuos ricos, muchos de dudosa reputación. La misma está salpicada de “affaires” como es el caso que gobiernos como el de Qatar o Marruecos canalizan el dinero a través de Bill Clinton. Tanto él como Hillary ganan cuantiosas sumas de dinero en charlas de ésta entidad.
Pero frente a estas acusaciones Hillary ha permanecido impávida: todavía no se ha comprometido a cortar los lazos familiares a la Fundación en caso de ser elegida. Por el momento el plan es que Chelsea Clinton pase a hacerse cargo de su gestión cotidiana.
Las tensiones de los últimos días, muestran hasta qué punto se ha enrarecido el clima político en Washington. Pero esto no cae del cielo. Es la expresión de la aceleración de una tendencia que ya se había expresado en la década de 1990 con el sexgate y las acusaciones parlamentarias de los republicanos contra Bill Clinton que llevaron al impeachment de éste en 1998; en el 2000 la Corte Suprema dirimió la elección parando el recuento de los votos del estado de Florida lo que le dio la presidencia a George W. Bush, quien había perdido en el voto popular.
La actual presidencia saliente, ha debido gobernar con una Congreso “insurreccionado” dominado por los republicanos que llevó al cierre del gobierno estadounidense por la crisis presupuestaria federal y la oposición republicana a la reforma sanitaria de Barack Obama ("Obamacare"). Un escenario que alienta a que gane quien gane la próxima elección, la primera potencia mundial estará afectada por una crisis de gobernabilidad significativa.
Una situación de extrema gravedad para Estados Unidos y el mundo, en un momento en que el orden internacional de los últimos 70 años se está deshilachando, tal vez incluso desintegrándose. Tiempos turbulentos económicos, políticos y geopolíticos que auguran saltos de la lucha de clases así como respuestas de más en más bonapartistas como muestra el avance de líderes fuertes como Putin en Rusia, Xi JinPing en China, Erdogan en Turquía, Orban en Hungría por nombrar los casos más notorios de una tendencia profunda de la que Trump es su variante norteamericana.
Bienvenidos a la inestabilidad internacional que afectara de más en más al mundo de los negocios y la economía, una situación totalmente distinta de cuando se afirmó la ofensiva neoliberal de las últimas décadas y que entró en crisis en 2007/8. El capitalismo de forma caótica está comenzando a tantear nuevas soluciones de fuerza a su crisis histórica; es clave que los trabajadores y oprimidos del mundo preparemos la nuestra.

Juan Chingo

martes, 1 de noviembre de 2016

España: La investidura de Rajoy y un régimen que estira su agonía




El sábado 29 de octubre Mariano Rajoy fue reelegido por el congreso de los diputados como presidente del gobierno español por un nuevo período. La investidura fue finalmente posible, después de varios intentos fallidos, gracias a la decisión del comité federal del PSOE de pasar del voto en contra a la abstención en la segunda ronda de votaciones, permitiendo así que Rajoy fuera elegido al contar con más votos positivos que negativos en el recinto. Rajoy contó con 170 votos a favor, provenientes del Partido Popular, Ciudadanos y Coalición Canaria; hubo 111 votos en contra y 68 abstenciones.
La investidura de Rajoy fue, en primer lugar, el resultado de la presión inocultable de la monarquía y la burguesía del estado español, expresada en la campaña furiosa del Grupo Prisa en favor de la abstención del PSOE, pero también de la burguesía europea y el imperialismo. Todos reclamaron la conformación de una coalición de hecho entre el PP, Ciudadanos y el PSOE para evitar unas terceras elecciones, permitir una investidura de Rajoy y asegurar la “gobernabilidad” de España, es decir un gobierno capaz de llevar adelante el ajuste en un horizonte dominado por la crisis del Brexit, el referéndum italiano de diciembre (donde el primer ministro Matteo Renzi pone a consideración una reforma constitucional) y las próximas elecciones en Alemania y Francia. La editorial de El País celebró la investidura diciendo que era “el único procedimiento posible” para evitar “el grotesco recurso a unas terceras elecciones”. El Wall Street Journal recordó que Rajoy “enfrenta desafíos económicos y fiscales que él y sus colegas diputados no habían podido atender debido al bloqueo político” (29-10). El IBEX 35, el principal índice bursátil de Madrid, superó la semana pasada los 9.200 puntos, una cifra que no alcanzaba desde abril.
Los límites de esta victoria son, sin embargo, brutales. En lo inmediato, Rajoy tiene que encarar un recorte de más de 5.500 millones de euros que exige Bruselas y la necesidad de aprobar los presupuestos generales del estado sin contar con mayoría propia. El mismo Wall Street Journal no ocultó su escepticismo acerca de la posibilidad de que Rajoy sea capaz de reducir sustancialmente el déficit presupuestario, que el año pasado superó los límites impuestos de la UE: según el diario yanqui, “hay un problema presupuestario y no hay un gobierno con el poder suficiente para implementar las medidas que hacen falta”. Según el diario financiero Cinco Días, España “tiene pendientes muchas reformas estructurales, como la fiscal o la de las pensiones, y adoptarlas cuanto antes es importante para generar competitividad y productividad”.
Es por eso que continúa la línea de presión sobre el PSOE para que se comporte como un “partido de estado” y garantice la aprobación de las medidas de ajuste. Rajoy se apresuró a reclamar a los socialistas que el apoyo “no quede en una simple sesión de investidura” y reclamó colaboración para poder tomar las medidas de gobierno. Como siempre, El País marcó la cancha y advirtió que ahora está planteada “la tarea de recuperar la normalidad institucional” y “cerrar la herida abierta en el seno del PSOE, que ha sabido dar un ejemplo de sentido de Estado”. Cinco Días lo puso más directo: “está por ver en los próximos dos o tres meses si la oposición socialista será constructiva y permitirá llevar a cabo las grandes reformas que necesita España, o si las trabas a un gobierno del PP en minoría desembocarán en otras elecciones en 2017”.
No será sencillo, en primer lugar porque la crisis ha destrozado al PSOE. Quince diputados socialistas rechazaron las instrucciones del comité federal y votaron en contra en la segunda votación, entre ellos la totalidad del bloque del Partit dels Socialistes de Catalunya, desafiando la autoridad de la presidencia del bloque y poniendo en riesgo su expulsión. Unas horas antes de la votación, Pedro Sánchez renunció a su banca de diputado, anunciando que quiere “reconstruir al PSOE para la izquierda” y que se lanza a recorrer el país para sumar apoyos. Está planteada en forma inmediata la demolición del partido que más gobernó a España desde la muerte de Franco y el pilar fundamental del régimen “de la Moncloa”.
España ingresa en esta nueva etapa en un clima de creciente movilización popular. El mismo sábado decenas de miles de manifestantes se concentraron en las afueras del congreso para repudiar la investidura de Rajoy. La manifestación “Rodea el congreso” fue convocada por la Coordinadora 15S (en referencia a la movilización del 15 de septiembre de 2002) bajo el lema “Ante el golpe de la mafia, democracia”. La convocatoria caracteriza que la investidura de Rajoy es la consumación de un “golpe del régimen” orquestado por la monarquía, el PSOE y el PP como consecuencia de movimientos de la “oligarquía” ante el temor a un gobierno alternativo. También plantea que “de esto solo nos saca una república”. Las divisiones de Podemos volvieron a quedar de manifiesto: Pablo Iglesias apoyó la convocatoria, mientras que su segundo, Iñigo Errejón, dijo que “no correspondía a los partidos convocar a movilizaciones callejeras”. Según los organizadores, a la manifestación de Madrid asistieron más de cien mil personas; se realizaron, también, concentraciones en decenas de ciudades de todo el estado.
La burocracia sindical, afín al PSOE y a Izquierda Unida, sigue siendo la pieza fundamental de contención de las masas para hacer pasar el ajuste. Rajoy dijo que llamará a un “diálogo” a la patronal y los sindicatos, y el secretario general de la UGT acaba de declarar que “dará tiempo” a Rajoy “para ver qué tipo de políticas desarrolla en el nuevo gobierno” (Europa Press, 27/10). Carlos Bravo, de Comisiones Obreras, se sumó al mismo cuento y dijo que con este gobierno “van a tener la misma capacidad de diálogo y acuerdo que con todos los anteriores” (La Vanguardia, 26/10).
La quiebra del régimen español es una pieza de la crisis política europea, en el marco de una profundización de la crisis capitalista. Tal como reconoce el propio Cinco Días, “el IBEX depende principalmente de lo que hagan los bancos, que a su vez dependen de lo que ocurra con Deutsche Bank, de la Fed y del BCE, de los resultados o lo que pase con el referéndum italiano”. También de la respuesta de los trabajadores y los pueblos de todo el estado español, y de la experiencia política que deberán transitar las nuevas generaciones que rompen con el régimen y buscan una alternativa revolucionaria.

Lucas Poy

Mueren cuatro trabajadores en fábrica sin condiciones mínimas de seguridad




El día martes se generó un incendio en una fábrica de fuegos artificiales ubicada en la zona de Toledo. Como consecuencia del mismo murieron instantáneamente tres trabajadores, a lo que sumo un cuarto que murió dos días después.

El día martes se generó un incendio en una fábrica de fuegos artificiales ubicada en la zona de Toledo. Como consecuencia del mismo murieron instantáneamente tres trabajadores, a lo que sumo un cuarto que murió dos días después.
Desde ese momento familiares, amigos y vecinos denuncian las pésimas condiciones laborales en las que se llevaba a cabo la labor, más teniendo en cuenta que al tratarse de una fábrica de fuegos artificiales es imprescindible contar con determinadas precauciones y medidas de seguridad que no eran tenidas en cuentas por los empresarios dueños de la fábrica.
No se trata de un caso aislado. Este tipo de situaciones son moneda corriente en distintas actividades laborales de diversa índole; donde los trabajadores, además de tener bajos ingresos, arriesgan su vida o su salud como consecuencia del afán de lucro de las patronales, que no dudan en maximizar sus ganancias a costa de falta de medidas de seguridad y condiciones dignas para trabajar.
Se trata de un problema endémico propio de un sistema social como el capitalismo donde la vida de los trabajadores no tiene valor y que cuenta con la complicidad de un Estado que está siempre atento a proteger los intereses de los empresarios pero que hace la vista gorda cuando se trata de la salud de trabajador.
Lamentablemente situaciones como estas muestran también que tras tres períodos consecutivos de gobierno frenteamplista no se ha modificado esta situación.
Mientras gobierno y oposición debaten como mejorar las fuerzas represivas aumentando el gasto para policías y militares faltan los recursos y la voluntad política para implementar los mínimos controles estatales que puedan disminuir accidentes como estos.

Amigos y familiares reclaman justicia

Familiares y amigos de las víctimas han decidido dar a conocer lo sucedido para que hechos como estos no queden impunes. Además de divulgar las pésimas condiciones de trabajo denuncian la complicidad de un Estado que con su omisión de controles tolera y permite hechos como estos.
En una típica conducta patronal los empresarios dueños de la fábrica, que nunca se preocuparon por brindar condiciones laborales dignas y seguras ni gestionar las habilitaciones pertinentes, solo se han acercado para intentar “arreglar” con la familia para que no se hagan más denuncias.
Sin embargo familiares y allegados, con el apoyo de toda la comunidad, cortaron la ruta 6 en reclamo de justicia y castigo para los responsables.

Hernán Yanes