lunes, 5 de octubre de 2009

Honduras: ¡A organizar la insurrección de masas que derribe a la dictadura!



¡A formar comités de autodefensa! ¡Aprender de la huelga de 1954!

¡Huelga general solidaria en Nicaragua y El Salvador!

Tras el ingreso de Zelaya a Honduras, el 21 de septiembre, y su asilo en la embajada brasileña, la revolución ha adquirido una intensidad inconmensurable. Los acontecimientos se desarrollan como un torbellino. La fuerza del movimiento de masas ha llevado la situación hasta dónde está. Ni el imperialismo, ni la oligarquía imaginaron jamás que se destaparía tal cantidad de energía contenida en siglos de opresión.
Honduras es una expresión del fermento revolucionario de la región latinoamericana, es la continuación clara del profundizamiento de la revolución mundial catalizada por la crisis económica internacional del capitalismo. Pero sobre todo, Honduras es un anuncio de lo que está por venir para la región en el curso del próximo periodo.
Prácticamente, cada paso que han dado los golpistas desde el 28 de junio se ha convertido en su contrario. El escenario trae a la imaginación al hundimiento de un barco, en donde la tripulación, desesperadamente tapa un boquete del casco sólo a condición de destapar tres más. Los golpistas no pueden vencer y mantenerse por un periodo largo. La ausencia de una dirección marxista enraizada en las masas y capaz de dirigirlas a la victoria, ha dado el paso inevitable a una situación caótica, que a la vez ha permitido a los golpistas sostenerse por un trecho de tiempo, sólo con base en la represión.
La correlación de fuerzas aún es favorable a la Resistencia, sin embargo el ritmo de los acontecimientos se puede acortar o alongar por toda una serie de variables, básicamente lo determinante radica en la ausencia del partido. Las masas están intentando encontrar un orden dentro del caos, lo están haciendo guiados por su instinto, su sentimiento de superioridad numérica y necesidad de unidad en la acción, pero no están siguiendo una estrategia concienzuda con una firme base programática de clase, tampoco están siguiendo una homogénea táctica flexible que se corresponda siempre con la estrategia. Las masas se han mantenido estos tres meses de revolución a través del ensayo y error, han aprendido más en tres meses que en 200 años de esclavitud.
A lo que estamos asistiendo es a la acción directa de las masas basada en su sentido común. Asistimos a enormes y colosales acontecimientos en la guerra de clases, las masas cuentan con su instinto en su más pura expresión y con una dirección que se ha ido formando al calor de los hechos.
Las masas festejaban el ingreso de su presidente: “¡Sí se pudo!”. Tal era el grito en la garganta de millones. Es verdad que no hay victoria garantizada y aún falta derribar a la dictadura, pero el ingreso de Zelaya fue un triunfo de las masas, un triunfo parcial, cierto, pero triunfo al fin, que tuvo un impacto multiplicador en la moral revolucionaria de las masas y catalizó todo el proceso. El plan de Zelaya fue muy audaz, ingresar sorpresivamente al país cobijado por el gobierno brasileño, pasando por El Salvador, sin duda en coordinación con Venezuela; esto aproxima más Zelaya al bloque del ALBA. Después de haber buscado apoyo y solución en EUA, y ante la negativa del imperialismo a facilitar una solución, Zelaya se vio arrojado al radio de influencia de la revolución latinoamericana. La historia conoce todo tipo de transformaciones.
Tras su ingreso a Tegucigalpa, la agitación de las masas, el aislamiento diplomático del régimen golpista y la agudización de la crisis en todos sentidos —desabasto alimenticio, de combustibles, etc.—, todo eso llevaría a los golpistas a “dialogar”, se encontraría un punto medio de negociación que daría paso a una variante del Plan Arias y se restituiría la “constitucionalidad democrática”. Parece que tal era el plan de Zelaya. Pero la realidad siempre es más compleja que cualquier abstracción. De una forma absolutamente irracional, los golpistas se aferran al poder como a un clavo ardiente. La dictadura reprimió la madrugada del 22 de septiembre a las masas que velaban por la seguridad de Zelaya en la embajada brasileña, y eso desató el caos. Los golpistas reprimieron para intentar romper la resistencia, pero a tres meses de distancia, es claro que la represión sólo ha servido para enardecer a las masas.
La dictadura ha usado la represión brutalmente: toletes con clavos, disparos a matar, incluso ha usado sofisticadas armas de microondas de última generación[1], así como armas sónicas que emiten un fortísimo ruido. Habilitaron el estadio Chochi Sosa como campo de concentración y torturaron a 400 detenidos con las armas de microondas, el FNGE anunció al día siguiente que los detenidos habían sido liberados. El ejército y la policía han entrado a las colonias obreras en estas dos noches del martes 22 y miércoles 23 de septiembre, en las colonias se han levantado barricadas y se han dado batallas campales como el ya histórico caso de la colonia Kennedy, allanando las casas independientemente de si son o no participantes de la Resistencia, reprimiendo, vejando sexualmente a las compañeras. Ha habido insurrecciones revolucionarias en más de 20 ciudades, sin un plan previo y sin coordinación estrecha. Se reportan seis muertos, pero es muy posible que sean más. Las masas tuvieron que vigilar los hospitales pues los militares pretendían entrar para llevarse a los heridos, tal como hacían las dictaduras de los años 80.
La dictadura está generando cortes de energía, de agua, los bancos están cerrados, se han dado saqueos anárquicos a los supermercados. Hay una guerra psicológica en marcha. Los medios vociferan día y noche contra la Resistencia; sólo Radio Globo, Radio Progreso, Radio Uno y Canal 36, están con el movimiento. Los rumores corrían como pólvora, llegaban como mensajes de texto a los teléfonos celulares con todo tipo de versiones acerca de lo que pasaría en la embajada; los temas centrales eran: el asesinato de Zelaya o su traspaso a la embajada estadounidense, y, la invasión militar al país, por Venezuela, por los cascos azules de la ONU. Hay un desorden generalizado y una tensión colosal. En medio de la confusión y el caos, las masas tratan de auto organizarse. Se pueden presentar todo tipo de giros en la situación.
Tras la implantación del toque de queda el martes 22, y durante todo el siguiente día, los golpistas titubearon repetidas veces, cambiando la vigencia del toque de queda. Desafiando el toque de queda que se levantó parcialmente, la Resistencia llevó a cabo una inmensa manifestación de 150 mil personas, la manifestación fue brutalmente reprimida. El 24 quitaron el toque de queda programado y organizaron una marcha blanca —“los perfumados”— que fue extremadamente reducida, apenas dos mil personas, algunas de ellas empleados del gobierno, amenazados de despido en caso de negarse a asistir. El régimen golpista está suspendido en el aire, sólo se sostiene por la fuerza de las armas y el apoyo del imperialismo. La dirección del Frente llamó a manifestarse en las colonias para evitar la confrontación con la marcha blanca; hubo sectores de la dirigencia que querían enfrentar a los perfumados. Al final, el grueso de la Resistencia se plegó a la decisión de la dirección del Frente.
Hay sectores del Partido Nacional y del sector golpista del Partido Liberal, que están presionando a Micheletti para que negocie con Zelaya, no es descartable que se den rupturas incluso en el Partido Nacional, que pretendan negociar antes de perderlo todo. Se está planteando el escenario de la deposición de Micheletti aunque sin la reinstalación de Zelaya, es decir, instalar en una presidencia temporal a un tercero a fin de desatorar la crisis. Pero Zelaya ha dicho: “Restitución o muerte”.
El presidente Hugo Chávez ha hecho un formidable discurso en la ONU en defensa de la revolución hondureña: “La revolución está en marcha en América Latina y el Caribe” —declaró—.Hay indicios de que las bases del FMLN están presionando y hay de hecho una convocatoria de manifestación multitudinaria para el sábado 26 de septiembre en San Salvador, efectos similares pueden darse en Nicaragua. En Venezuela ha habido manifestaciones en solidaridad con Honduras, Rafael Correa el presidente ecuatoriano y Evo Morales el presidente de Bolivia han hecho fuertes declaraciones en varios escenarios diplomáticos como UNASUR. El proceso hondureño puede llevar hacia delante a la revolución en Latinoamérica. Los países del ALBA pueden hacer mucho más por la revolución hondureña, promover y organizar un bloqueo económico que asfixie al régimen golpista, por ejemplo, sin embargo una auténtica solución radica en que la dirección revolucionaria en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia terminen de expropiar a los capitalistas de sus propios países, disuelvan a sus ejércitos profesionales y armen a sus pueblos. Eso no sólo ayudaría a vencer al pueblo hondureño, sino que prendería la mecha de la revolución en todo el continente.
Como la dictadura no se puede sostener en las condiciones actuales y antes de que todo salga absolutamente de control, hay sectores de la clase dominante internacional que buscan una salida con base en la diplomacia y así intentar eclipsar a la fuerza de las masas en las calles; es por eso que están organizando una “Misión diplomática” encabezada por la OEA y cancilleres de varios países. También los presidentes de Bolivia, Brasil, El Salvador, España, Bolivia, Argentina y Uruguay se pronunciaron en la ONU por la restitución de Manuel Zelaya. En la lucha contra la dictadura, la diplomacia es bienvenida aunque es claro que sólo puede jugar un papel complementario.
La oligarquía y el imperialismo están decididos a ir hasta el final, es una lucha a muerte. No pueden permitirse otra derrota como las de los últimos años en Venezuela, Bolivia o Ecuador. Paralelamente, las masas también saben que de ser derrotadas en esta batalla, significaría un escenario de pesadilla por un periodo y por tanto van a hacer todo lo que esté en sus manos para vencer. ¡Y vaya que lo están haciendo! Una victoria en Honduras sería un punto de inflexión para todo el continente y una derrota en cierto sentido también, aunque por supuesto no determinante a largo plazo; pero sí sería la primera victoria en años para el imperialismo y la reacción regional. Sin embargo, en las condiciones actuales, ningún Estado puede durar mucho tiempo sin poseer una base de masas. Una dictadura militar no sirve para tal propósito. Como consecuencia, sólo es posible un bonapartismo enfermizo y débil con toda su estructura defectuosa e inestable. Por lo cual, sin duda el régimen militar será desplazado en alguna de las crisis a las que se enfrente y será sustituido por algún tipo de régimen “democrático”. Para el imperialismo el punto ahora es: ¿Cómo acceder a un régimen “democrático” sin que eso implique ceder ante el proceso revolucionario bolivariano? Para intentar conseguirlo, seguirá acudiendo a todo tipo de artilugios y trampas, y no quitará el apoyo a los golpistas hasta que considere que su sustitución, garantice un régimen hostil a la revolución bolivariana.
En Honduras no se juega sólo la situación política dentro de sus fronteras nacionales, es una cuestión de perspectivas y correlación de fuerzas para las clases en toda la región. El imperialismo y la oligarquía luchan para dar una lección al conjunto del movimiento del continente, usando como laboratorio el cuerpo vivo de las masas hondureñas, quienes están dispuestas a dejar la vida antes que dejarse vencer. Antes, la consigna fundamental era ¡Urge Mel!, ahora es: ¡Elecciones no, Constituyente, sí! Incluso hay razonamientos de los compañeros entrevistados por Venezolana de Televisión, que hablan claramente de socialismo; el socialismo es una cuestión que está en el debate[2]. Eso es un indicador de la profundidad del proceso de toma de consciencia del pueblo hondureño, que cuestiona al conjunto del orden burgués. Esto era impensable antes del 28 de junio.
Las masas pueden vencer incluso con una dirección formándose al calor de los acontecimientos, están luchando heroicamente por encontrar el camino para derribar a la dictadura, claro, a un costo cien veces superior que si hubiesen contado con una dirección revolucionaria preparada con el debido tiempo; esta es una de las principales lecciones para los revolucionarios del continente y del mundo entero: es urgente construir una organización de cuadros marxistas con raíces en el movimiento obrero y sus organizaciones que pueda conducir la energía revolucionaria de las masas, de otro modo, las posibilidades de derrota o el costo de la victoria, serán mayores para el movimiento obrero y campesino pobre.
Por la tarde de ayer, Zelaya se reunió con el arzobispo de la arquidiócesis de Tegucigalpa, Juan José Pineda. Horas después Zelaya se reunió con los candidatos golpistas Porfirio Lobo Sosa del Partido Nacional y Melvin Santos del Partido Liberal, quienes se asumieron “mediadores” y aseguraron a Zelaya estar de acuerdo con la implementación del Plan Arias y con quienes —por cierto—, se dio un polémico abrazo. Tan pronto salió de la embajada brasileña, Melvin Santos fue abordado por un periodista de Radio Globo quien le preguntó “¿Quién es el presidente de Honduras?”, a lo que respondió: “Roberto Micheletti”. En medio del estado de sitio, en medio de la represión y militarización del país, se intentó abrir un supuesto proceso de “diálogo y negociación” con los golpistas. Por un lado, Zelaya tiene un margen de maniobra importante y lo usará al máximo y por otro parecía que el móvil de los golpistas sería reprimir para negociar en condiciones de ventaja y negociar para después traicionar. Hasta ayer parecía que el “diálogo” abriría una salida “negociada”. Pero hoy la barbarie rompió cualquier posibilidad de “diálogo”. De una forma inaudita —por momentos difícil de discernir al primer encuentro con la noticia—, los golpistas atacaron la embajada con armas químicas, al parecer se trata del químico Cesio 132 para provocar vómitos con y sangrados de nariz y otros graves síntomas.
Cualquier acuerdo con los golpistas sería una peligrosa trampa para Zelaya y para la Resistencia. No hay acuerdo posible con los golpistas, cualquier acuerdo sería traicionado por los golpistas a la primera oportunidad. Necesariamente la dictadura debe ser derribada por la fuerza de las masas hondureñas y centroamericanas. Las direcciones del FMLN y del FSLN deberían llamar —simultáneamente— a manifestaciones masivas y a una huelga general de 24 horas, en solidaridad con la revolución hondureña. Los trabajadores del campo y la ciudad pueden paralizar la sociedad, bloquear carreteras, gestionar la producción para beneficio de la Resistencia, organizar el transporte, el abasto, controlar el suministro de la energía eléctrica y el agua, tomar el control de los bancos, los puertos, los hospitales, las escuelas, los medios masivos de comunicación; eso evitaría los saqueos anárquicos y pondría el poder y control de la sociedad en manos de los trabajadores.
Lo que hace falta urgentemente es organizar la insurrección revolucionaria de las masas para derrocar a los golpistas. Hay que organizar comités de autodefensa, organizar la logística de las manifestaciones sobre la base de la autodefensa, por ejemplo evitar rutas donde puedan ser emboscados. Cientos de miles de manifestantes armados con palos y machetes harían sucumbir a la policía y el ejército; hay que buscar alternativas para armar al pueblo, y evitar a toda costa escaramuzas aisladas de elementos indisciplinados. Hay que profundizar el llamamiento de clase a la base del ejército y la policía, hay que quebrar al ejército. Los soldados y policías están bajo enorme tensión, se la pasan drogados cuando salen a reprimir, hace meses que no van a sus casas; algunos de ellos son elementos lúmpenes sin escrúpulos, pero hay quienes aún recuerdan sus orígenes de clase y sus familias son parte del movimiento. Más allá de llamamientos verbales, esporádicos y superficiales, un trabajo sistemático hacia los soldados y policías podría surtir un efecto decisivo en este periodo.
En 1954, durante la huelga en las compañías bananeras, los trabajadores hondureños gestionaron la vida en el Valle de Sula, a 30 kilómetros de San Pedro Sula. La huelga se desarrolló en medio de una dictadura militar que por supuesto defendía servilmente a las compañías bananeras, sin embargo, alcanzó niveles de doble poder, ya que los militares tenían que solicitar autorización del Comité de huelga para transitar por el Valle de Sula y su periferia. Ahora el movimiento es infinitamente mayor y más intenso, tiene todas las posibilidades de aprender y superar en organización a la huelga de 1954.
Al cierre de este artículo, el ejército sigue reprimiendo en las colonias obreras, hay reportes de que está entrando a las casas irrumpiendo violentamente y se llevándose a los jóvenes. Las masas no van a permitir que el movimiento se reduzca a la aplicación de algún tipo de acuerdo con los golpistas, lucharán por la Asamblea Nacional Constituyente, que identifican con un cambio fundamental en sus condiciones de vida y en el régimen político del país. Sin embargo, debemos advertir que tal cambio sólo se producirá con la abolición del capitalismo, es decir, la expropiación revolucionaria de las 15 familias que componen la oligarquía y que son quienes están detrás del golpe.

¡A formar comités de autodefensa!

¡A organizar la insurrección de masas que derribe a la dictadura!

¡Huelga general solidaria en Nicaragua y El Salvador!

Samuel Santibañez

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