viernes, 11 de abril de 2025

Conclusiones y perspectivas tras el paro general en Argentina


50.000 personas acompañaron en Congreso a los jubilados. 
 El paro más importante contra Milei. 

El gobierno de Milei, desde Davos en adelante, no para de acumular fracasos y recibir golpes. Y ahora recibió uno por parte de la clase obrera en la movilización en la Plaza de los Dos Congresos en apoyo a los jubilados, y en un paro general que aún con sus límites es el más fuerte en la era Milei. Como todo paro general, es un pronunciamiento político de los trabajadores; y en cada rincón del país y lugar de trabajo que se pudo organizar y realizar, el paro es un punto de apoyo para enfrentar a la patronal el día después. Nada menor, cuando estamos ante un régimen que hace del ataque a los trabajadores su eje central. Eso, señalemos de entrada, con Daer y sus columnas parados a escuchar el acto protagonizado por las organizaciones de lucha de los jubilados, que le reclamaron en cuatro idiomas un verdadero paro activo de 36 horas y un plan de lucha hasta la huelga general. Algo que, al terminar, se repitió en la ronda alrededor del monumento de la plaza con los jubilados en la cabecera de miles de personas. 
 La movilización frente al Congreso reunió más de 50.000 personas, sin paro, en apoyo a la valiente lucha de los jubilados cada miércoles y desafiando el operativo de intimidación de Bullrich, que volvió a las estaciones de tren con los parlantes al estilo Videla llamando a denunciar en el 134 “a la casta sindical que atenta contra la República”. Contrariamente a lo anunciado, las calles del centro fueron de los manifestantes durante toda la tarde, y se volvió a poner de manifiesto que la represión del 12 de marzo fue una decisión política con resultado inverso: las manifestaciones del 19 y 24 de marzo, y la de este 9 de abril, dieron por tierra con el protocolo de Bullrich -más allá del revés judicial de la ministra en las horas previas. Además, pasando por arriba el pérfido anuncio, en día de lucha, de la elevación a juicio oral de los dirigentes del Polo Obrero y "Chiquito" Belliboni, que fue saludado en las calles como un héroe más que como el villano de los fachos de todo pelaje. 
 La movilización fue mayoritariamente compuesta por columnas obreras, fundamentalmente de los “cuerpos orgánicos” de centenares de gremios. Pero en casos como Smata o Camioneros reunieron a miles de manifestantes -en el primer caso con abandono de plantas-, o las llamativas columnas de la carne y la CATT, con las CTA con cierto número pero marcando el paso con paro sólo de ATE; y con gremios carnereando abiertamente como Gastronómicos o Plásticos, además de UTA, tanto al paro como a la movilización. Aún así, hubo una cuota de público trabajador independiente que se movilizó en apoyo a los jubilados, que se han transformado en una causa nacional que por sí misma constituye un gran activo del movimiento obrero y popular contra el gobierno.
 Entre los sectores combativos se destacó la columna del Sutna, que fue engrosada por Fate en pleno plan de lucha contra una nueva tanda de despidos y contra un plan patronal flexibilizador; la movilización de los gráficos de Morvillo, que volvieron a ser noticia tras más de 40 días de ocupación de la planta; y las columnas de jubilados engrosadas respecto de las que vemos cada miércoles. Un lugar especial lo ocuparon los trabajadores de peajes movilizados por 500 despidos, a pesar de la posición carnera del más derechista de los Moyano -el sector seguirá con paro por 2.500 despidos en puerta en distintas autopistas. Tras una importante asamblea, los trabajadores del Inti se movilizaron a la Avenida General Paz, como en viejos tiempos. 
 Pero una nota aparte en la movilización la dio el Frente de Lucha Piquetero que se congregó frente al Ministerio de Desarrollo Social y marchó desde allí a la Plaza de los Dos Congresos por la 9 de Julio y Avenida de Mayo, con cerca de 10000 personas, la mayoría de ellas del Polo Obrero, el día de la elevación a juicio de los compañeros. Una verdadera reacción de lucha, masiva, sin un micro, lo que demuestra la vigencia y potencialidad de este movimiento contra el hambre que organiza al sector más explotado de la clase trabajadora en medio del ajustazo. Mal que le pese a los fachos, y a los no tan fachos. Por primera vez las columnas del sector independiente y combativo de los movimientos sociales superó ampliamente en número a la Utep y demás sectores, los que en total fueron aproximadamente la mitad que el Frente de Lucha. En el interior del país, las movilizaciones han sido pequeñas en las principales ciudades como Rosario, Tucumán o Córdoba, con excepción de Neuquén con unas 4.000 personas aún sin petroleros y Uocra. Pero en Córdoba, donde hubo dos convocatorias, se destacó por ser la más importante la convocada por el sector combativo de UEPC Capital recuperada, Químicos, Sutna, UTS, ATE Conicet, agrupaciones sindicales combativas, de jubilados y el Polo Obrero con unas 3.000 personas. 

 El paro en cuadro excepcional

 El paro que se desarrolla mientras escribimos estas líneas es total en las plantas automotrices, totalmente masivo en Siderca -aún entre los contratados-; desigual en la industria, pero masivo en trenes, subtes, aeronáuticos, bancos, universidades y escuelas; mayor en el comercio de provincia de Buenos Aires que en CABA, donde en general funciona. Pero las propias radios y canales no han podido evitar reflejar que los colectivos, que funcionan menos, van entre vacíos y semivacíos en grandes nudos como Constitución o Liniers; y con menos autos en calles y autopistas. Es el paro más importante contra Milei. 
 Dicho esto, la contradicción del paro es su falta de perspectiva y la condición de la dirección cegetista. Es aislado, convocado por una burocracia sindical desprestigiada y sobre todo que no organiza la lucha en cada gremio y lugar de trabajo contra la permanente ofensiva del régimen de Milei. En las últimas horas tanto Daer como Palazzo, por ejemplo, instalaron el reclamo por paritarias sin techo y por aumento a los jubilados, pero la burocracia es quien firma las vergonzosas paritarias a la baja en los topes de Milei, como la de Camioneros, UPCN o Gastronómicos. La tarea de organización para pelear el salario plantea superar a la burocracia, impulsando asambleas y plenario de delegados con mandato, que además refuercen la lucha contra los despidos y la flexibilización laboral que busca imponerse fábrica por fábrica de la mano de la recesión económica. La lucha contra los despidos ha sido sistemáticamente desarticulada por las direcciones, desde el Smata hasta ATE, desde UPCN hasta la UOM.
 La burocracia, en esta característica de paro aislado de 24 horas, bloquea la apertura de un curso de intervención masiva de la clase obrera que explote a fondo la caída libre del gobierno que hace agua en todos los frentes, con la escalada del dólar, el incremento de la inflación, el desprestigio de la criptoestafa, los desaires de Trump, el porrazo con la Corte Suprema propia designada por decreto y hasta la derrota de la comisión investigadora y las interpelaciones en un parlamento que lo rescató cada vez que pudo incluido el cheque en blanco del DNU del FMI. El paro se dio en medio de una tendencia irrefrenable a una nueva devaluación con las consecuencias demoledoras para el poco crédito antiinflacionario que el gobierno conserva y con un nuevo endeudamiento desesperado con el FMI, cuyas condiciones todavía habrá que ver. 
 El establishment internacional empezó a pronunciarse para que el FMI no deje caer a la Argentina en medio del tsunami de las bolsas y mercados financieros por la onda expansiva que tendría un nuevo default en medio de la escalada de la guerra comercial, que seguirá aún cuando Trump haya retrocedido en chancletas en gran parte de ella, porque se trata de una tendencia profunda de fragmentación del mercado mundial, de tendencia a la recesión por la sobreproducción, de guerras monetarias y escalada armentística y bélica. En el fondo de la disputa está la declinación relativa del imperialismo norteamericano. Y Milei, como en el pacto Roca-Runciman, se asocia de manera colonial a la potencia en problemas. La clase obrera requiere de un viraje político e histórico que la ponga como caudillo nacional para intervenir en la crisis, algo por completo ajeno al peronismo. 
 La clase obrera argentina, aún golpeada y lejos de sus mejores momentos de organización, da para mucho más. Y esto se apreció en la movilización en Congreso y en el desarrollo del paro general. La condición es superar no sólo a la burocracia sindical, si no al peronismo que la incluye. Carlos Pagni, analizando la crisis vertebral del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, dijo el lunes pasado: “empieza a haber entonces una crisis estructural en todo el peronismo bonaerense, que es el lugar para el cual se creó el peronismo. Perón creó el peronismo para evitar una revolución social en el conurbano bonaerense”. Hoy esa función de sumisión de la clase obrera se traduce en este peronismo del FMI, capaz de “sostener a Milei para que termine su mandato”, como han planteado todas sus alas. 
 Una postal de la cuestión la brindó el acto de los jubilados. La reunión de la Coordinación de los Miércoles que le llevó los reclamos a la CGT y defendió allí su propio acto. Luego el documento común leído que planteó ante toda la cúpula del sindicalismo argentino puesto a escuchar: “Los jubilados de todo el país hemos puesto en evidencia que la política de Milei, apoyada por los partidos patronales es un robo descarado que toma especialmente los fondos previsionales. Los usa para pagar al FMI, para mostrar su falso superávit fiscal, para parar la corrida del dólar y el hundimiento de las acciones argentinas luego de su estafa con las criptomonedas. Consideramos que para terminar con la política de Milei y sus colaboradores debe continuarse con un plan de lucha y llegar a la huelga general, es decir a una gran acción de lucha política de los trabajadores, los jubilados y los desocupados para golpear de raíz al gobierno y a las patronales que vienen exigiendo la política de la motosierra y de liquidación de las conquistas obreras como son las jubilaciones, el trabajo en blanco, los convenios colectivos y el derecho de agremiación y de huelga”. 
 Superar la burocracia sindical peronista y al peronismo en su conjunto es la cuestión. Desarrollar la lucha por una nueva dirección en cada batalla. Fue la función del plenario de sindicatos combativos, movimiento piquetero y jubilados realizado en Morvillo ocupada y el reagrupamiento que impulsamos concretado en una columna independiente que llevó el cartel “paro activo y plan de lucha” estuvieron en esa dirección. El documento aprobado allí es estratégicamente coincidente con el de los jubilados. Es una guía para la vanguardia obrera en todo el país. Hacia el 1º de mayo que viene, para concretar después un plenario nacional incorporando a todas las nuevas expresiones antiburocráticas. Y, desde luego, las campañas electorales de los candidatos del Partido Obrero en el FIT-U, en las distintas elecciones provinciales incorporarán esta perspectiva. Las consignas "Fuera Bullrich" y el "Fuera Milei", están a la orden del día. 

 Néstor Pitrola

miércoles, 9 de abril de 2025

Racismo en Estados Unidos: una herida que persiste


La denuncia es el mejor homenaje para quien luchó por la comunidad afrodescendiente: Martin Luther King, a un año más de su muerte, hoy

 Estados Unidos, un país que presume una democracia y la igualdad de oportunidades, padece del síndrome del catalejo: juzga a otras naciones, sin mirar lo que en su interior se sufre. La intolerancia étnica, por ejemplo, es tan solo uno de los problemas vigentes en la actualidad nacional. 
 Una encuesta de Finanzas del Consumidor 2022, de la Reserva Federal de Estados Unidos, expone que las familias negras tienen un patrimonio medio de 44 900 dólares, lo que representa el 15 % de las blancas, con un promedio de 285 000 dólares. 
 La discriminación no solo se ve en la arista económica, sino que se ramifica hacia otros sectores como la salud, el deporte, la educación, etc. 
 En el último caso, las diferencias se visualizan en un informe del Centro Nacional de Investigación de Intercambio de Información Estudiantil, del Centro Nacional de Estadísticas de Educación, y de la Oficina del Censo de ee. uu., realizado en 2024. 
 El estudio plantea que, del 100 % de los estudiantes universitarios, solo se graduó un 94 %, del cual los de tez negra representaban un 11 %, mientras los blancos un 41 %. Eso demuestra la poca posibilidad de que un afrodescendiente obtenga un título universitario. 
 El evidente rechazo a la población negra tiene reflejo también en la marginalidad y propensión a la criminalidad por parte de ciertas comunidades afroamericanas, en la brutalidad policial y en los crímenes de odio. 
 El ejemplo más polémico de los últimos tiempos, relacionado con la violencia policial en Estados Unidos, fue la muerte, en mayo de 2020, de George Floyd, un hecho que generó una oleada de indignación y protestas en todo el país, que luego se extendió en la comunidad internacional. 
 La discriminación racial es un mal que padece la sociedad estadounidense desde el surgimiento de la nación. Está fuertemente arraigada en su idiosincrasia, debido a factores históricos que han propiciado siglos de estigmatización y segregación contra sectores no blancos de la población. 
 Comenzó hace aproximadamente 400 años, con el primer asentamiento de esclavizados en Jamestown, Virginia, y perdura en la actualidad. La esclavitud, abolida oficialmente hace más de 150 años, sentó las bases de una jerarquía racial que hoy es visible en casi todos los sectores de la sociedad. 
 Las leyes Jim Crow, promulgadas por legislaturas estatales a finales del siglo XIX, fueron las iniciadoras de la discriminación posesclavista. Estas disposiciones legales eran aplicadas a los negros y a otros grupos étnicos. Consistían en delimitar donde las personas no blancas podían comer, estudiar, vivir y reunirse. 
 La segregación por raza era legal, vista como algo normal, lo que propició que generaciones de blancos supremacistas fueran creciendo con pensamientos discriminatorios y odio hacia las minorías étnicas. Así echó raíces allí la desigualdad racial 
 Toda fuerza opresora tiene una oposición, y al racismo, el odio y la discriminación se opusieron organizaciones y activistas por los derechos de las minorías. Malcolm X y Martin Luther King trabajaron durante años para acabar con siglos de estigmatización, y murieron por la causa.
 En los años 60 se lograron avances legales, como la abolición de las leyes Jim Crow; pero el problema racial no desapareció, simplemente mutó. Una señal de que algo podía cambiar fue la elección, en 2009, de Barack Obama como el presidente No. 44 de los Estados Unidos; primer presidente negro en la historia de la nación; pero el racismo y la intolerancia étnica siguen arraigados en la identidad nacional. 

 Kevin M. Navia, estudiante de Periodismo | internet@granma.cu 
 3 de abril de 2025 22:04:43

martes, 8 de abril de 2025

Entrevista al presidente Miguel Díaz-Canel


El “tarifazo recíproco” desata una crisis financiera largamente incubada


El régimen de Trump en cuestión. 

 El tarifazo arancelario desatado por Trump contra ‘el resto del mundo’ tiene todas las características de una declaración formal de guerra, en especial contra China y su periferia en el Sudeste de Asia. La amenaza de imponerle tarifas superiores al ciento por ciento si Pekin ejecuta la represalia de elevar al 64% los aranceles a la importación desde Estados Unidos, constituye un atentado a la estabilidad social y política de este país. Interpelado acerca de cuál sería la respuesta de Estados Unidos al planteo del gobierno de Vietnam, uno de los países más golpeados por la guerra tarifaria de Trump, de reducir a cero los aranceles que gravan a las importaciones norteamericanas, el asesor de Trump, Peter Navarro, redobló las amenazas: dijo que el gobierno norteamericano exige a Vietnam anular todas las barreras no arancelarias y de otro carácter y abandonar su condición de plaza tercerizada de las exportaciones de China. Este belicismo extremo se aplica a un país en el cual la Cámara Americana de Comercio (AmCham), que reúne a compañías como Intel, Apple, Boeing o Nike, reclama una moderación de los aranceles impuestos por Trump. 
 El gran punto de choque lo constituye la intención de Trump de romper el monopolio de la refinación de las “tierras raras” por parte de China (una variedad de minerales absolutamente esenciales para la tecnología moderna) – un 90% de la refinación mundial. China es, al mismo tiempo, la mayor productora -un 60% por ciento. Trump busca explotar una tendencia económica real, como es el agotamiento de las cadenas de producción y de valor internacionales, como lo demuestra un dato explosivo: la inversión extranjera en China, que llegó a los 90 mil millones de dólares, en 2022, ha caído a cero, en 2024. Las razones de esta crisis tienen que ver con la tasa de beneficio decreciente de esas cadenas para quienes controlan el producto final, debido al crecimiento de la parte de valor que producen las empresas tercerizadas de diversas naciones. Tienen que ver, por sobre todo, con la necesidad, especialmente de Estados Unidos, de terminar con la dependencia externa de suministros industriales estratégicos e incluso corrientes, cuando los grandes estados, y en particular Estados Unidos, se preparan en forma activa para la guerra. 
 La ofensiva de Trump, sin embargo, responde a otro gran factor menos visible. Es una reacción a la tendencia a una crisis financiera de gran envergadura en Estados Unidos. Desde la bancarrota de 2007/8 y luego con la pandemia, la economía norteamericana ha acentuado su endeudamiento nacional, tanto público como privado, como internacional. Un número creciente de empresas estadounidenses, arriba del 30%, revisten en la categoría de “zombies”, porque sus ingresos no cubren el pago de los intereses de sus deudas. El Estado ha contraído una deuda pública de 34 billones de dólares, que cobra intereses de un billón de dólares por año. Semejante hipoteca ha puesto en crisis la hegemonía del dólar y de las instituciones financieras establecidas. No debería sorprender, en este cuadro, que la represalia mayor que China guarda en su arsenal es la venta de los títulos de deuda de Estados Unidos, del cual es el principal acreedor internacional. El centro de la guerra financiera y de la guerra misma es el destino del dólar; China ha comenzado a vender deuda norteamericana hace un tiempo, pero no se ha privado de hacerlo en estos días de derrumbe extremo. El ascenso mundial de Estados Unidos, desde la primera guerra, se manifestó en su condición de acreedor mundial; desde antes de los años 70 del siglo pasado ha comenzado a convertirse en el principal deudor en esa arena. 
 El derrumbe bursátil que provocó el tarifazo trumpista (una pérdida de valor accionario de 5.6 billones de dólares) no cayó de un cielo sereno. “El shock del mercado de valores, dice un historiador económico, expresa una variedad de desarrollos; ‘el final del boom de las grandes tecnológicas’, que ya pasaron, como ha ocurrido con Nvidia, por varios desplomes: ‘el pesimismo sobre las perspectivas de varias firmas globales; la sombra permanente de una recesión; y Trump 2.0”. No se menciona aquí la gran crisis de los bancos regionales a comienzos de 2023, que obligó a un rescate general de la Aseguradora de Depósitos bancarios. Más recientemente, un retiro de fondos de Japón tuvo esos mismos efectos financieros. A esto debe añadirse que las ganancias corporativas alcanzaron su punto más alto desde los años 50, del orden del 14% del PBI. Un orden elevado de ganancias es un prólogo al derrumbe, porque ha sido acompañado por un ciclo intenso de crédito y de desarrollo de capital ficticio (en los papeles, sin contrapartida real). 
 El desplome provocado por los anuncios de Trump dejó en evidencia el enorme apalancamiento con los grandes bancos de los fondos de garantía (hedge funds), que manejan billones de dólares. Es así como los bancos han salido a reclamar que los fondos salgan a cubrir las garantías por las compras bursátiles a crédito. El monto de esta cobertura ha sido catalogada como “la mayor de la que se tengan registros”. La amenaza de incumplimientos podría ser elevada. Para conseguir cobertura, los fondos han vendido una fuerte tenencia de activos en su poder, creando una espiral bajista en todos los mercados. La venta de activos de los “zombies”, a su vez, ha llevado la tasa de interés en esta área del mercado al 20% anual. Para sorpresa de algunos, debido a la necesidad de dólares en efectivo, el oro perdió el 2.9% de su cotización, cuando la expectativa era la contraria, tratándose de un refugio de valor. Las Bolsas europeas y asiáticas cayeron con fuerza -en especial las de Shanghi y Hong Kong. Quienes se deshicieron de las acciones, han buscado refugio en la deuda pública estadounidense, que cuenta con garantía del Tesoro y del Banco Central. Esto ha reforzado la tendencia a una recesión, con un pronóstico de crecimiento de alrededor del cero por ciento anual para el PBI norteamericano de 2025. Con el pretexto de que el costo del tarifazo internacional es considerado ‘sostenible’, los llamados para que Trump no siga avanzando “hacia el abismo”, como se lee en la prensa financiera, son desoídos por la camarilla del magnate. 
 El “tarifazo”, por añadidura “recíproco” (o sea que tiene un alcance mayor al solo arancel), deberá desatar un periodo de aumento de precios, de encarecimiento y de inflación. La crisis alcanzará entonces a la deuda pública, porque su rendimiento real se convertirá en negativo. Se abrirá una crisis monetaria; la fuga de la deuda pública afectará al dólar. Una fuerte suba de la tasa de interés para detener la salida del dólar impulsará una deflación mortal para una clase capitalista superendeudada. El Tesoro dejaría de ser un refugio para el dinero que se retira del mercado de acciones. La fuga del dólar amenaza provocar una guerra monetaria. 
 La guerra ‘geopolítica’ se desarrolla en un marco de crisis de acumulación capitalista internacional. La interconexión con las crisis políticas, guerras y sublevaciones de masa dominará el período próximo. Una lección que se impone, en este escenario, es la siguiente: el ascenso capitalista suscitado por las restauraciones capitalistas hace casi medio siglo, ha dado paso a una dislocación capitalista extraordinaria. El límite del capital es el capital mismo. Todo lo que parecía sólido se disloca en el aire. Este es el punto de partida irreversible de una política y una acción revolucionaria. 

 Jorge Altamira
 08/04/2025

lunes, 7 de abril de 2025

¿Un nuevo orden mundial o un espejismo regional?


El comienzo de lo que Trump bautizó como «el día de la liberación de EE. UU.» ha impulsado a varias naciones a tomar medidas y retomar viejas alianzas para mitigar los efectos de los gravámenes 

 Al querer ser protagonista de la historia moderna, y actuar como un presidente «pacificador», el mandatario estadounidense Donald Trump ha conseguido gran parte de su deseo: acercar al mundo entero. Pero no contaba con que el acercamiento fuera en su contra. 
 Su administración, con claro mensaje de «primero mis dientes y luego mis parientes», demostrado en su política de guerra arancelaria, omite todo lo relacionado con la lealtad a países que han sido sus aliados, tanto económicos como militares.
 El anuncio de Trump de lo que comenzó ayer y bautizó como «el día de la liberación de ee. uu.», ha impulsado a varias naciones a tomar medidas y buscar otras nuevas, o retomar viejas alianzas para mitigar los efectos de los gravámenes. 
 Los gobiernos de México y Canadá decidieron devolver la mala jugada de su vecino con aranceles, pues el Jefe de la Casa Blanca ni siquiera respetó el Tratado de Libre Mercado entre las tres naciones.
 La Unión Europea (UE) tampoco se amilanó ante las amenazas. Muchos de los países que la integran prometieron responder a las nuevas imposiciones estadounidenses, según Russia Today. 
 En Asia se aliaron las tres potencias del continente: China, Japón y Sudcorea; se reunieron el fin de semana pasado, por primera vez en cinco años, informó Reuters.
 La narrativa oficial apunta a una simple cooperación para fortalecer las cadenas de suministros, con Japón y Sudcorea importando materias primas para semiconductores, de China, y el gigante asiático interesado en los productos de alta tecnología, como los chips, de sus vecinos.
 Sin embargo, este intercambio parece esconder una motivación más profunda: la necesidad de protegerse de los aranceles impuestos por Washington. 
 El acuerdo promete ir de cara a un «terreno global que permita un entorno de comercio e inversiones libre, abierto, justo, no discriminatorio, transparente, inclusivo y predecible», tal como reza el comunicado derivado de la reunión. 
 Se pretende crear un entorno predecible de negocios e inversión, así como el fortalecimiento de las cadenas de suministros. Varios analistas hablan del nacimiento de un bloque comercial con una clara intención estratégica: desafiar el dominio estadounidense en la región que, además, podría sellar el fin del multilateralismo dando paso a una era de regionalismos económicos.
 La realidad es que las políticas arancelarias de Washington están impulsando a las tres potencias asiáticas –que, según datos del Banco Mundial, representan aproximadamente un cuarto de la economía del mundo– a buscar una alternativa al modelo de comercio global liderado por Estados Unidos.
 En tanto, el 60 % de los estadounidenses muestran un descontento con la gestión de Trump en política exterior, y un 58 % en materia económica. Así lo reveló una encuesta realizada por Associated Press y el centro de Investigación de Asuntos Públicos, lo que subraya la creciente impopularidad de su enfoque proteccionista.

 Elizabeth Naranjo | internet@granma.cu 
 3 de abril de 2025 01:04:21

La mentira y el fascismo se tiñen de Rubio


De país en país anda el Secretario de Estado, como niño malcriado, cumpliendo órdenes y viendo qué puede sacar de la vil obsesión contra Cuba y Venezuela, su gran negocio de los últimos años, obligado a honrar una agenda presidencial que contradice lo que siempre hizo 

 Una pieza clave de la geoestrategia del Comando Sur contra América Latina y el Caribe encabeza continuas giras por países de la región, en el empeño del emperador de reconquistar el patio trasero con un arsenal de mentiras e intimidaciones, como pretextos, que recuerdan tantos planes y operaciones pasadas de la era anterior y posterior al exterminador Plan Cóndor. 
 Marco Rubio, un exsenador pandillero, cabecilla de la mafia anticubana y de intrigas golpistas contra Bolivia, Honduras, Venezuela, Brasil o Nicaragua, desde el Capitolio, coronado por el Führer de turno como primer Secretario de Estado de su segundo mandato, es la expresión diáfana del rumbo belicista y extremista que amenaza las relaciones entre el imperio y el resto del hemisferio que no respeta aliados ni concibe la convivencia pacífica civilizada. 
 Protagonista de las peores causas contra Nuestra América, partidario de las relaciones entre metrópoli y colonias, imperio y súbditos de «quinta categoría», aterriza como el gran enviado del diablo lo mismo en Ciudad Panamá que en Buenos Aires o San Salvador, látigo en mano para chantajear, advertir, presionar, condicionar, subvertir, acorralar, poner precio, conspirar, mentir y amenazar. 
 China, Rusia, Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua y otras viejas fórmulas para el engaño, como la supuesta voluntad política del Gobierno de ee. uu. en la guerra contra el terrorismo, las drogas, la migración, los conflictos... y destruir la colaboración médica cubana como una prioridad, van en la carpeta de intimidación y condicionamientos, listos para sacar de la manga y tratar de poner de rodillas a sus interlocutores, también vistos como dependientes o desechables, desde la óptica imperial trumpista: «Nos necesitan mucho más de lo que nosotros los necesitamos. No los necesitamos; nos necesitan. Todos nos necesitan». 
 No hay excepciones posibles en la visión egocéntrica, prepotente y de desprecio del que quiere ser el dueño del mundo y los peones del «niño malcriado» que se antoja de todo, pero no llora; amenaza y ultima, para apropiarse por la fuerza y sin miramientos de sus «caprichos» que no le pertenecen o impone sus designios como el gran dictador, que tantos coinciden en sospechar. 
 A eso va su enviado de doble agenda, con nueva versión de la Doctrina Monroe: América para los americanos del norte, con garrotes y aranceles, pero sin zanahorias.
 A cumplir órdenes y ver qué puede sacar y hasta dónde llegar en la vil obsesión contra Cuba y Venezuela, su gran negocio de los últimos años, aunque cada vez más cuestionado por su complicidad con las racistas deportaciones masivas y violatorias del derecho internacional y los acuerdos multilaterales; la estigmatización de los migrantes venezolanos; las medidas para expulsar a los cubanos y quitarles cualquier posibilidad de permanecer o llegar a territorio estadounidense, quitándose la máscara y mostrando los colmillos vampirescos, así como su alta implicación en el exterminio del pueblo palestino. 
 Desde Guyana, amenazas de invasión militar a Venezuela y advertencias desvergonzadas que tuvieron rápida y contundente respuesta del Gobierno Bolivariano y sus fuerzas armadas; desde Jamaica, el ataque a la solidaria colaboración médica cubana, la cual calificó como «práctica atroz», y dijo que iba a dialogar con los países caribeños que se benefician de ella. 
 De primera mano, su interlocutor le respondió que la presencia médica cubana era de gran ayuda para el pueblo jamaicano, necesitado de esos servicios.
 Frente a mentiras atroces, respuestas valientes para alfabetizar a la bestia, que desde Caracas recibió una alta calificación: «imbécil». 

Francisco Arias Fernández | internet@granma.cu 
 30 de marzo de 2025 23:03:47

sábado, 5 de abril de 2025

Osvaldo Bayer recita a Beltolt Brecht “Elogio del estudio”


El Gánster dispara contra Cuba y Venezuela


Milei es un kelper, fuera el imperialismo de las Malvinas


Este miércoles 2 de abril se conmemorará un nuevo Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. 

Javier Milei encabezará un acto en el cenotafio de Plaza San Martín, en la Ciudad de Buenos Aires, que contará con la participación de autoridades militares y sectores de excombatientes. El presidente será el protagonista de un gran show de demagogia. Esto se debe a que, por su condición de títere del imperialismo, su gobierno es incompatible con la lucha por la recuperación de las islas y con cualquier tipo de reclamo que implique la defensa de la soberanía nacional. 
 La política del mileísmo con respecto a las Malvinas es tributaria de los intereses del imperialismo inglés. El presidente es partidario de que cualquier acuerdo sobre las islas contemple la posición de los kelpers (ocupantes). Y la posición de estos, como es harto sabido, es que las islas queden en manos del Reino Unido. En una ocasión, Milei propuso ir hacia un acuerdo de tipo proimperialista como el que realizaron los ingleses y China en 1997 con el traspaso de la soberanía de Hong Kong. Por otro lado, reivindicó la visita del canciller inglés David Cameron a las islas en febrero del año pasado. 
 En esta línea, Milei ha permitido que el Reino Unido –que hace enormes negocios en la región– extienda su control sobre el Mar Argentino. Se trata de una zona disputada por China y distintas potencias capitalistas, en un cuadro de recrudecimiento de las tensiones comerciales y bélicas. En las Islas Malvinas, la pesca y la explotación de hidrocarburos constituyen fuentes de negocios codiciadas por las potencias. La empresa israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration lideran el proyecto de explotación petrolera Sea Lion, que alcanzará un pico de producción de 150.000 barriles diarios. En este contexto, el gobierno laborista de Keir Starmer ordenó reforzar los ejercicios militares en las islas. 
 Milei es un defensor de la Otan, que en su momento se alineó con los ingleses en la guerra y ahora está en crisis por los choques entre el gobierno norteamericano de Trump y la mayoría de los gobiernos de la Unión Europea. Las Islas Malvinas son una plaza militar de la Otan, en momentos en que los Estados capitalistas más poderosos del mundo van hacia un rearme y se preparan para ir a la guerra con todo tipo de pertrechos, incluidos los nucleares. Milei es un peón de Trump, quien no tiene ninguna intención de que las islas pertenezcan a sus verdaderos dueños. 
 El gobierno nacional, por otro lado, está llevando adelante una política de entrega en toda la línea de las riquezas de la Argentina. El Rigi, que fue votado en el Congreso por todos los partidos capitalistas, es uno de los tantos instrumentos que desplegaron los libertarios para que los capitalistas extranjeros saqueen los recursos, pagando impuestos irrisorios y beneficiándose con facilidades cambiarias y fiscales. Milei también defiende el pago de la deuda externa a los acreedores capitalistas ingleses y al FMI, una política expoliatoria cuya aplicación tiene como contracara la desindustrialización, el sometimiento y el reforzamiento de la opresión sobre la Argentina. 
 Asimismo, Milei es fanático de Margaret Thatcher, quien ordenó el hundimiento fuera del área de exclusión del crucero General Belgrano y fue la verduga de más de trescientos jóvenes argentinos. También fue la impulsora de la feroz represión contra la huelga minera de 1984, de un plan de guerra contra los trabajadores ingleses en general y de una política económica que produjo un retroceso muy importante del Reino Unido como potencia. Milei ha elogiado en reiteradas ocasiones el programa económico de Thatcher. 
 La obsesión de Milei por la dictadura genocida también es ilustrativa de su política entreguista y cipaya. La dictadura traicionó la causa de Malvinas: la ocupó para evitar su caída en el marco de una agudización de la lucha de clases y de una crisis económica galopante. Galtieri y su banda aplicaron los métodos del terrorismo de Estado contra los soldados argentinos. Nunca tuvieron como propósito recuperar las Malvinas; buscaban un pacto para darle primacía política y económica a Estados Unidos.
 Fuera los ingleses de Malvinas. Fuera el imperialismo de Argentina y América Latina.

 Nazareno Suozzi

miércoles, 2 de abril de 2025

La guerra arancelaria hace tambalear la economía mundial


“El día de la liberación” puede terminar en una pesadilla para los estadounidenses.
 La guerra arancelaria es una expresión de la envergadura de la crisis capitalista 

Las nuevas tarifas comerciales aplicadas por Donald Trump entran en vigencia el 2 de abril, que ha sido autodenominado por el magnate como el “Día de la liberación”, asimilándolo a un día de fiesta patria para Estados Unidos. Wall Street ha recibido, sin embargo, la noticia con amplias pérdidas ante la inminente aplicación de la nueva normativa. La onda expansiva se hizo sentir en todo el globo, con derrumbes bursátiles en la Unión Europea (UE) y particularmente en Japón.
 La política de Trump, quien ya ha entrado en su tercer mes de mandato, ha provocado un caos e incertidumbre en el mercado y esto es lo que explica que antes de este nuevo colapso, la bolsa ya fuera afectada por sucesivas sacudidas y que las acciones sufrieran un 10 por ciento de desvalorización en sus cotizaciones. 

 Industria automotriz 

 Uno de los sectores más afectados es la industria automotriz mundial. El anuncio de Trump de consagrar un 25 por ciento de impuesto a los automóviles supuestamente “fabricados en el extranjero”, significa un cimbronazo, empezando por las propias corporaciones estadounidenses, cuyas cadenas de producción y suministro están altamente integradas, en primer lugar con los países vecinos (México en especial), pero también con otros países del mundo. El producto final de los autos norteamericanos es el resultado de un complejo proceso de armado y ensamblaje que circula entrando y saliendo por las fronteras. Se calcula que las interrupciones en las cadenas de suministro que cruzan EE.UU., Canadá y México podrían reducir para mediados de abril la producción en las fábricas estadounidenses en 20.000 vehículos diarios, una caída del 30 por ciento. Estaría unido a un encarecimiento de los costos internos desde el momento que un 60% de los componentes provienen del exterior. Esto ya ha provocado un descenso de las acciones de Ford y GM en Wall Street, esta última con una caída superior al 8 por ciento. Ambas empresas esperan una reducción del 30 por ciento en sus niveles de rentabilidad. 
 Las autoridades norteamericanas han dado marcha atrás con los componentes provenientes de Canadá y México que seguirán libre de aranceles, pero la situación sigue siendo incierta, teniendo en cuenta los permanentes bandazos que viene dando Washington sobre la materia. 
 En ese escenario la situación más delicada es la que atraviesa Tesla, que ya venía experimentando un retroceso como resultado de haber quedado rezagada en la carrera con modelos anticuados y la creciente competencia china. La integración de Elon Musk, el dueño y CEO de la compañía, al gobierno de Trump, y su nombramiento al frente del polémico Departamento de Eficiencia gubernamental (Doge, según sus iniciales en inglés), una entidad que está impulsando la eliminación de agencias federales y el despido de miles de empleados públicos ha despertado una corriente creciente de rechazo en la opinión pública y esto ha incidido en el propio mercado norteamericano, en el que el número de propietarios que reemplazan vehículos de esa marca ha llegado a máximos históricos. 
 Estos factores combinados están en la base del severo desplome que han sufrido las acciones de Tesla. Lejos de ser una fuente de recomposición de sus negocios, la asociación de Musk con Trump se ha convertido en un bumerán. Importa señalar que Tesla no es inmune a los nuevos aranceles, pues depende ella misma de los insumos importados. Por otra parte, las posibles represalias chinas podrían afectar sus negocios en el país asiático, donde, pese al desplazamiento que viene sufriendo por parte de la empresa china BYD, que ha convertido en su rival número 1, mantiene una importante presencia. 
 En este marco, no debe sorprender que Musk no vea con entusiasmo el aumento de aranceles, lo cual puede ser una fuente de cortocircuitos con el magnate republicano, que podrían sumarse a otras tensiones ya reinantes, en especial por la injerencia y recortes que Musk está realizando en las dependencias públicas, que ya ha provocado choques en el gabinete. No hay que descartar que el romance entre Musk y Trump culmine en un divorcio, si la situación se sigue desmadrando. El impacto de los aranceles será igual de severo para las empresas japonesas, coreanas y alemanas que exportan vehículos a EE.UU. Casi la mitad de los automóviles de pasajeros vendidos en Estados Unidos en 2024 fueron ensamblados fuera del país. Toyota vendió el año pasado 2,3 millones de vehículos en EE.UU., de los cuales, la mitad provenía del exterior. 
El impacto en la UE podría ser aún mayor. La industria automotriz representa el 7 por ciento de su producción total. En Alemania, donde el sector automotor es la columna vertebral de su base industrial, las exportaciones de vehículos a EE.UU. representan alrededor de medio punto porcentual del valor agregado anual de su economía. Una de las principales automotrices alemanas, BMW, ha declarado que espera perder 1.000 millones de euros por el efecto combinado de los aranceles estadounidenses a México, los aranceles al acero en EE.UU. y las tarifas impuestas por la UE a los vehículos eléctricos chinos. Se calcula que el impacto global sobre la industria automotriz podría ascender a la friolera de 110.000 millones de dólares. 
 Durante la campaña electoral, Trump prometió repetidamente introducir un arancel universal del 10% o el 20% sobre todas las importaciones. Poco después de asumir el cargo, esa idea fue suplantada por la promesa de aranceles "recíprocos", con gravámenes que igualarían las barreras que supuestamente otros países imponen a los productos estadounidenses.
 El resultado probablemente será un universo de diferentes niveles arancelarios, aplicados a cada país. Scott Besen, secretario del Tesoro, está concentrado en el 15% de los países que, según el secretario del Tesoro estadounidense mantienen grandes superávits con EEUU, lo que incluye a las principales potencias capitalistas, sus históricos aliados. Una diversificación de esa naturaleza (que según algunos cálculos podría llegar a 2,6 millones de tasas distintas), dependiendo del producto y el país, está llamada a crear una confusión y un caos en las relaciones comerciales y aumenta notoriamente los márgenes de incertidumbre y discrecionalidad. Si se aplicara este criterio, India estaría sometida a aranceles promedio del 28 por ciento mientras que los de Alemania treparían al 20%. 

 Recesión e inflación

 El impacto de la guerra arancelaria se empieza a sentir en el nivel el de actividad. La incertidumbre ya está provocando una retracción en los planes de inversión de las empresas y también un freno en el consumo de los hogares. Entre las consultoras hay una certeza de que vamos a una desaceleración de la economía, llamada a terminar con el “excepcionalismo norteamericano” por el cual EEUU había tenido la capacidad para escapar a un parate de su economía como el que viene ocurriendo en las otras grandes economías occidentales. Hasta el propio Trump abrió el paraguas y señaló que no había que descartar una recesión, aunque plantea que esta retracción tendría un carácter pasajero y que hay luz al final del túnel. 
 Las supuestas ventajas y méritos de la nueva política arancelaria quedarían corroborados, según el presidente republicano, en los anuncios que han realizado un conjunto de empresas líderes sobre una expansión y relocalización de su actividad fabril dentro de EEUU. Estas van desde Apple, un gigante tecnológico estadounidense, hasta TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo. La última fue Hyundai, un fabricante de automóviles surcoreano, que anunció el 24 de marzo que invertiría 21.000 millones de dólares en sus operaciones estadounidenses y crearía 14.000 empleos para 2028. “El dinero está llegando a raudales y queremos que siga así”, declaró Trump en un evento en la Casa Blanca junto a ejecutivos de Hyundai. La propia Nvidia, la empresa número uno en el ranking de capitalización bursátil, habla de una inversión de 500.000 millones de dólares. Pero atención que estos anuncios pueden resultar engañosos. “Las empresas saben cómo halagar al presidente. Muchos de sus anuncios se refieren a planes de gasto que ya estaban en marcha antes de que asumiera el cargo. Además, por cada acuerdo anunciado, otros se estancan. Encuestas recientes de las oficinas de la Reserva Federal en Nueva York y Filadelfia registran fuertes caídas en las perspectivas de los fabricantes para la economía durante los próximos seis meses” (The Economist, 30/3).
 No hay que olvidar además que la imposición de más aranceles puede provocar represalias de los países afectados, lo cual puede terminar minando las exportaciones yanquis y echar leña al fuego a las tendencias depresivas. 
 Más allá de la euforia que pretenda transmitir Trump, lo cierto aquí es que lo que avanzan son los nubarrones que van cubriendo el escenario económico y social estadounidense. 
 La inflación está llamada a aumentar. Deutsche Bank estima que, si Trump opta por imponer impuestos máximos, podría añadir 1,2 puntos porcentuales a la tasa de inflación, elevándola por encima del 3% interanual. El aumento de los costos de importación complicará la situación tanto de bienes finales extranjeros como de los insumos importados, provocando un salto en el nivel de precios. El Laboratorio de Presupuesto de Yale, un grupo de investigación, estima que los hogares en la parte inferior de la escala de ingresos verán una caída de sus ingresos disponibles de aproximadamente un 2,5% debido a la primera ola de aranceles sobre China, México y Canadá, en comparación con una disminución del 0,9% para los hogares más adinerados. A medida que Trump aumenta los aranceles, el impacto se agravará aún más (WSWS, 30/3). 

 Deuda y bolsa

 El avivamiento de la tendencia inflacionaria ha redundado en que la Fed haya decidido postergar sus planes de recortar la tasa de interés, a pesar de la desaceleración económica. Pero la persistencia de una tasa de interés elevada potencia las tendencias recesivas. Al mismo tiempo, aumenta la carga de la deuda que ha ido creciendo como bola de nieve. Nos referimos no a la deuda pública que supera el PBI norteamericano (36 billones dólares) sino a la deuda corporativa y de los particulares. La morosidad e impagos de las deudas de los hogares con tarjeta de crédito y por préstamos por vivienda se han ampliado notablemente en la última etapa. 
 Lo mismo vale para la bolsa, en la que se ha generado una burbuja sin precedentes, sostenida a través de un gran apalancamiento. Las altas tasas de interés amenazan con desatar un colapso, que puede provocar un derrumbe histórico de la bolsa dado la valorización ficticia que tienen las cotizaciones accionarias de las empresas, que no se compadecen con su desempeño en la economía real. Por lo pronto ya tenemos algún aviso en los temblores que se vienen sucediendo en la última etapa. 
 Hay que tener presente que los hogares norteamericanos aumentaron sus ahorros en acciones, muy superiores a su promedio histórico. Una caída del mercado bursátil, más en la actual condición, tiene profundas implicaciones en los consumos de los hogares. A través del llamado “efecto riqueza” tienden a variar sus gastos. Los dos últimos meses, la pérdida accionaria ascendió a 4 billones y medio de dólares y eso redunda en un recorte en el consumo popular de varios miles de millones de dólares, lo cual echa más leña al fuego en el parate de la actividad económica. 
 Ante la huida de los inversores de la renta variable, suben los activos considerados refugio como el oro, que alcanzó nuevos máximos, el último, por encima de los USD 3.100 por onza. A su turno, en el mercado de deuda, la rentabilidad de los bonos cae. 
 En ese contexto, Trump viene presionando por un descenso de la tasa de interés y eso explica las crecientes tensiones que lo enfrentan con las autoridades de la Reserva Federal que ha metido en el freezer su plan de recortes de los tipos de interés. Aunque viene al caso señalar que se ha reservado una carta flexibilizando la política restrictiva que venía sosteniendo, al contraer el ritmo de ventas de los bonos que tiene en su poder, resolviendo desprenderse de 5.000 millones de dólares en lugar de 25.000 millones como lo hacía hasta ahora. Hay un temor fundado que pueda precipitarse una crisis de liquidez que pueda afectar el conjunto del sistema bancario. 

 Comentario final 

 Como se puede apreciar, son demasiados los frentes de tormenta, en tanto los márgenes de maniobra para pilotear la crisis resultan cada vez más endebles y precarios. 
 La guerra arancelaria es una expresión de la envergadura de la crisis capitalista, de contradicciones irreprimibles y explosivas en la economía mundial que no encuentran una vía de salida y que se agravan. Esto intensifica los enfrentamientos entre los Estados y las corporaciones que buscan escapar del impasse a expensas de sus rivales. Viene al caso señalar que el uso de aranceles por parte de todas las principales economías ha aumentado rápidamente desde la crisis financiera mundial de 2008. Según Global Trade Alerta, con sede en Suiza, que rastrea las políticas comerciales, existen actualmente 4.650 restricciones a la importación —incluyendo aranceles, cuotas, medidas antidumping y otras limitaciones— en vigor dentro del G20. Esto representa un aumento del 75 por ciento desde que Trump ganó las elecciones en 2016 y casi 10 veces más que las restricciones vigentes al final de 2008. Ahora, con el segundo mandato de Trump, esta tendencia va a potenciarse sensiblemente. 
 Lo que quedaba del orden mundial de posguerra se ha definitivamente derrumbado. El sistema financiero y monetario establecido en Breton Woods, así como las relaciones comerciales que tenían a la OMC como marco regulatorio, han estallado por los aires. El libre comercio y la cooperación entre las naciones ha sido sepultado. La guerra arancelaria representa un salto en la guerra comercial y los choques ente los Estados y pavimenta las tendencias que se vienen configurando progresivamente hacia una guerra mundial.

 Pablo Heller

La baja de la pobreza, otro embuste de Milei


Los liberticidas están festejando que la pobreza afectó al 38,1% de la población al cierre de 2024, según datos del INDEC, ya que esto implica una baja con respecto a los datos del primer semestre (52,9%) y con respecto a los datos del segundo semestre del 2023 (41,7%). Los datos de indigencia también hablan de una disminución ya que el 8,2 del segundo semestre de 2024 es 3 puntos menor que el 11,9 de finales del 2023. 

 Cifras mentirosas

 Lo que explica esta caída de los porcentajes es la desaceleración de la inflación que, como ya explicamos desde estas páginas, responde a mediciones del INDEC que están distorsionadas por estar basadas en una canasta desactualizada que no contempla ni los consumos actuales ni el aumento del peso de los tarifazos en el total de la torta del consumo de cada hogar.
 Además, las cifras con las que se comparan fueron afectadas por el Rodrigazo de Milei- Caputo no bien asumieron. 
 El elefante en el baño que pone de evidencia que estas cifras son mentirosas es la medición del consumo que lleva una caída de 14 meses ininterrumpida. 
 Los consumos que más caen son los de bienes esenciales como la leche y en supermercados y almacenes, lo que demuestra que la caída del consumo no responde a una oleada distributiva en la que los hogares de mayores ingresos se estén absteniendo de consumos suntuarios en pos de mejorar la situación de las familias más pobres, sino que, por el contrario, las mismas cifras del INDEC delatan que entre los menores de 15 años la pobreza escala a más del 51% de la población. 
 El aumento del uso de la tarjeta de crédito para la compra de alimentos denuncia la misma realidad.
 Por su parte, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) realiza un estudio que compara la pobreza multidimensional, la cual es medida por el mismo Ministerio de Capital Humano de Milei y que tiene en cuenta diferentes cuestiones que hacen a la calidad de vida como el acceso a bienes y servicios básicos. Ese tipo de pobreza registró un aumento interanual al pasar del 39,8% en 2023 al 41,6% en el tercer trimestre de 2024. Además, ese porcentaje crece sostenido desde 2017 (La Nación 31/03). 
 Esta diferencia se explica por la motosierra que el gobierno de Milei pasó sobre programas de salud, medicamentos y servicios sociales que antes eran brindados por el estado y ahora, habiendo sido recortados, sólo se puede acceder a ellos pagando, lo que afecta directamente a los ingresos sin estar registrados en las mediciones del INDEC. 
 La política recesiva de Milei no produjo un desastre humanitario mayor sólo porque el liberticida tuvo los reflejos para aumentar los planes sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y Tarjeta Alimentar por encima de la inflación. Esto lo hizo con el doble propósito de frenar una reacción popular a la motosierra y la licuadora y facilitar el terreno para el ataque a las organizaciones piqueteras. 
 Los anuncios del INDEC pronto se van a sumar a la lista de cosas que los liberticidas van a dejar de festejar –como los logros de su política macroeconómica– cuando ya empezó la cuenta regresiva de la devaluación más pronosticada de la historia y cuando día a día queman dólares de las reservas en los mercados paralelos para frenar el precio a pesar del tantas veces anunciado nuevo acuerdo con el FMI. 
 Tanto la devaluación como las nuevas medidas de ajuste -todas requeridas por el FMI– van a empujar a la miseria a un extremo insoportable –imposible de disimular incluso para las mediciones del INDEC– al que los trabajadores ya vienen respondiendo con grandes movilizaciones. Las consignas de huelga general y fuera el FMI- No al pago de la deuda están a la orden del día. 

 Aldana González 
 01/04/2025

martes, 1 de abril de 2025

El sionismo ocupa Gaza para proceder a la “transferencia” étnica de su población


Desde el 18 de marzo, los aviones de combate israelíes retomaron un feroz bombardeo sobre Gaza al que se sumaron los tanques. Israel prohibió el ingreso de la ayuda humanitaria desde el 2 de marzo. Casi dos millones de gazatíes han vuelto a carecer de luz, agua, combustible, alimentos. Los sionistas en un solo día asesinaron a 200 criaturas, el mayor infanticidio de su historia, que ya tenía un abultado prontuario. También a 200 adultos, la mayoría mujeres. Los muertos contados por Hamás ya superan los 50.000 y hace casi un año que The Lancet triplicó la cifra. 
 Los médicos en Gaza describen un desastre humanitario que supera al de los meses anteriores: hospitales sin lo más elemental, médicos que tienen que elegir a quién tratar y a quién dejar morir, bebés desnutridos sin acceso a suplementos alimenticios, cientos de miles de personas casi sin agua potable, 30.000 enfermos de cáncer sin tratamiento, familias que no pueden huir porque no tienen una silla de ruedas en la que transportar a su hijo amputado, padres perturbados por pensamientos suicidas porque no saben cómo ayudar a sus hijos hambrientos, enfermos, heridos, aterrados. Más de 10.000 pacientes necesitan ser evacuados de manera urgente e Israel no les autoriza la salida. La descripción completa de este genocidio se puede encontrar en El País. 
 El ejército ordenó la evacuación, pero nadie sabe hacia dónde ir, ni cómo, alquilar un burro para el traslado cuesta una fortuna, Israel sembró Gaza con miles de explosivos que no han explotado y que cuando lo hacen “provocan heridas catastróficas”. La evacuación conlleva ese riesgo. La gente se amontona entre las ruinas, en los hospitales, en donde puede, y espera. Faltan por lo menos un millón de carpas, ni siquiera durante el cese del fuego Israel permitió que entraran.
 Durante varios días de esta semana, por primera vez desde que Israel invadió Gaza, algunos cientos de personas desesperadas se manifestaron entre los escombros de Beit Lahiya, Jabalia, un barrio de la ciudad de Gaza, y en Khan Younis y Nuseirat (BBC 26/3), todos lugares arrasados repetidamente por los israelíes durante meses. Llevaban banderas blancas, pedían el fin de la guerra: “Queremos vivir. Detengan el genocidio”, insultaban a Israel. 
 Sin embargo, entre las consignas aparecieron algunas pidiendo la dimisión de Hamás y la Yihad en la ilusión -le explicaron a la BBC- de que eso detendría a los sionistas. Unos pocos atacaron a las milicias con argumentos caros a Netanyahu: “Son una banda de asesinos”, “Hamás terrorista”, “Hamás destruyó Gaza”. 
 Estas protestas callejeras habían sido precedidas por mensajes de ese tipo en las redes por parte de personajes vinculados al gobierno israelí y a la Autoridad Nacional Palestina, cuyos voceros se apresuraron a reclamar que Hamás “oiga la voz del pueblo”, abandone el poder y se lo entregue a la ANP (El País, 26/3). 
 Los medios de comunicación israelíes editaron (recortaron) inmediatamente las imágenes para dar su propia versión de las manifestaciones. Con cierto pudor, Times of Israel dijo que participaron “cientos, si no miles, de palestinos”. La BBC, la CNN, el NYT menciona cientos. La usina sionista y sus repetidoras expandieron urbi et orbi que los gazatíes exigían desalojar del gobierno a Hamás. 
 Tras unos días de silencio, un comunicado de Hamás calificó de “espontáneas” las consignas en su contra y ratificó el “legítimo derecho de los palestinos a expresar sus opiniones y participar en manifestaciones pacíficas”. Las protestas, aseguran, “no reflejan la posición nacional general”. “Más bien -agrega- son el resultado de la presión sin precedentes que está experimentando nuestro pueblo y de los constantes intentos de la ocupación de incitar a la lucha interna y desviar la atención de sus continuos crímenes”. 
 Los más fieles voceros del imperialismo (CNN, TWP, NYT 26/3) destacan que “sigue siendo poco menos que milagroso que, tras diecisiete meses de guerra, la sociedad palestina siga mostrando profundas formas de solidaridad interna”. 
 Hace apenas dos meses, en enero, el entonces secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, no tuvo más remedio que admitir que “Hamás ha reclutado casi tantos nuevos militantes como ha perdido. Cada vez que Israel completa sus operaciones militares y se retira, los militantes de Hamás se reagrupan y resurgen”. 
 Las Facciones de la Resistencia Palestina (un órgano de coordinación compuesto por 12 grupos de resistencia armada palestinos) y la Asamblea Nacional de Tribus, Clanes y Familias Palestinas han emitido, por separado, sendas declaraciones advirtiendo contra los “movimientos sospechosos destinados a socavar la resistencia”, y acusando a individuos de colaborar con Israel y trabajar para desestabilizar la unidad palestina. Las Facciones advirtieron que estos esfuerzos se alinean con la estrategia más amplia de Israel para eliminar la resistencia palestina a través del desplazamiento, el hambre y la división interna. “La resistencia es un derecho legítimo de nuestro pueblo... afirmado por todas las cartas y leyes internacionales”, afirmaron, prometiendo “hacer responsables a quienes trabajen contra la resistencia”. 
 Las declaraciones cierran el paso a “los esfuerzos israelíes para explotar las divisiones internas con el fin de debilitar la resistencia y desviar la presión política de las acciones militares de Israel”. Tanto las Facciones como la Asamblea afirmaron que “Israel sigue siendo el único responsable del sufrimiento continuo en Gaza” y dijeron que cualquier colaboración con Israel “sería tratada como una traición directa a la causa palestina” (dropsites news). 
 Ya el año pasado Israel había tratado de negociar con algunos clanes que despojaran a Hamás y a la UNRWA de la distribución de la ayuda humanitaria, intento que fracasó estrepitosamente. 
 El carnicero Netanyahu declaró inmediatamente que las manifestaciones demostraban que “la decisión de renovar su ofensiva estaba funcionando en Gaza” (Reuters 26/3), convirtiendo las imágenes de la protesta en un elemento central de la justificación de la limpieza étnica. La ofensiva militar es necesaria, predican los medios oficialistas, para que los palestinos reconozcan que ellos mismos provocaron la violencia y se atribuyan la responsabilidad del genocidio. 
 El régimen sionista enfrenta movilizaciones masivas que exigen un alto el fuego para garantizar el retorno de los rehenes, en repudio al despido del jefe del Shin Bet, Ronen Bar; contra el despido de la fiscal general del Estado y contra la aprobación de un proyecto de ley de reforma judicial que entrará en vigor en la próxima Knesset y coloca a los jueces bajo la férula del poder político. Existe una guerra civil en el interior del aparato sionista, que se refleja en las calles.
 A pesar de los choques con el Poder Judicial, la Corte Suprema de Israel acaba de darle un espaldarazo al genocidio con un fallo que afirma que es legítimo imponer la hambruna y bloquear el ingreso de toda ayuda humanitaria en la Franja porque "la legislación internacional sobre la guerra no se aplica en Gaza". 
 Simultáneamente, el gobierno ha dado instrucciones al Mossad para que “busque países que puedan recibir a gran cantidad de palestinos”. La agencia Axios reveló que Israel está sondeando a países de África Oriental como Somalia y Sudán del Sur, además de Indonesia. 
 Este sábado se espera que miles de personas se manifiesten en todo el país para pedir la liberación de los rehenes, así como contra la renovación de la reforma judicial, el despido del jefe del Shin Bet, Roner Bar y el avance del despido del fiscal general Gali Baharav-Miara. 
 Aunque la principal protesta será en Tel Aviv, también habrá concentraciones en todo el país, incluidas Jerusalén, Carmiel y la intersección de Sha'ar HaNegev. El Foro de Rehenes y Familias Desaparecidas instó “a todos los israelíes, de cualquier origen y punto de vista político” a asistir a las protestas.
 Esta semana, también Israel estrenó movilizaciones que no se habían visto en más de dos décadas. Por primera vez desde entonces, decenas de personas hicieron un plantón levantando fotos de niños palestinos masacrados. En Jerusalén varios miles de jóvenes marcharon pidiendo a los soldados que no acepten participar de la masacre. En Tel Aviv, activistas contra el genocidio de @RadicalBlocTLV se manifestaron frente a la sede del Ejército y el Ministerio de Defensa portando carteles que decían: "Cualquier persona que lleve uniforme es cómplice del asesinato de decenas de miles". 
 Una encuesta emitida ayer por el Canal 12 mostró un resquebrajamiento de la férrea adhesión al genocidio por parte de los israelíes: el 69 % apoya el fin de la guerra a cambio de un acuerdo que libere a todos los rehenes que quedan en Gaza, frente al 21 % que se opone. Incluso entre los votantes de la coalición de gobierno, una mayoría (54 %) respalda un acuerdo, frente al 32 % que se opone a ella. 

 Olga Cristóbal 
 31/03/2025

lunes, 31 de marzo de 2025

La cultura superior: ¿La del líder o la del matón?


El 4 de marzo de 2025, en un discurso en la University of Austin, el multimillonario CEO de Palantir, Alex Karp, se despachó con un clásico del siglo XIX: “No creo que todas las culturas sean iguales… Esta nación [Estados Unidos] es increíblemente especial y no deberíamos verla como igual, sino como superior”. Como detallamos en el libro Plutocracia: Tiranosaurios del Antropoceno (2024) y en varios programas de televisión, Karp es miembro de la secta de Silicon Valley que, con el apoyo de la CIA y la corpoligarquía de Wall Street promueve el reemplazo de la ineficiente democracia liberal por una monarquía empresarial. 
 Ahora, nuestra nación, nuestra cultura ¿es superior en qué? ¿En eficiencia para invadir, esclavizar, oprimir otros pueblos? ¿Superior en fanatismo y arrogancia? ¿Superior en la histórica psicopatología de las tribus que se creen elegidas por sus propios dioses (vaya casualidad) y, lejos de ser eso una responsabilidad solidaria con “los pueblos inferiores” se convierte automáticamente en licencia para matar, robar y exterminar al resto? ¿No es la historia de la colonización anglosajona de Asia, África y América la historia del despojo de tierras, bienes y la obsesiva explotación de seres humanos (indios, africanos, mestizos, blancos pobres) que fueron vistos como instrumentos de capitalización en lugar de seres humanos? ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de “cultura superior” así, con esas afirmaciones indiscriminadas y con un oculto pero fuerte contenido místico religioso, como lo fue el Destino Manifiesto? 
 No sólo hemos respondido a esto en los diarios hace un cuarto de siglo, sino que por entonces advertimos del fascismo que iba a suicidar a ese occidente orgulloso que ahora se queja de que lo están suicidando sus enemigos, como lo dijo Elon Musk días antes. Uno de aquellos extensos ensayos, escrito en 2002 y publicado por el diario La República de Uruguay en enero de 2003 y por Monthly Review de Nueva York en 2006, llevaba por título “El lento suicidio de Occidente”. 
 Esta la ideología del egoísmo y del individuo alienado como ideales superiores, promovida desde Adam Smith en el siglo XVIII y radicalizada por escritores como Ayn Rand y presidentes, desde potencias mundiales como Donald Trump y marionetas neocoloniales como Javier Milei, se ha revelado como lo que es: puro y duro supremacismo, pura y dura patología caníbal. Tanto el racismo como el patriotismo imperialista son expresiones de egolatría tribal, disimulados en sus opuestos: el amor y la necesidad de sobrevivencia de la especie. 
 Para darle un barniz de justificación intelectual, los ideólogos de la derecha fascista del siglo XXI recurren a metáforas zoológicas como la del macho alfa. Esta imagen está basada en la manada de lobos esteparios donde un pequeño grupo de lobos sigue a un macho que los salvará del frío y del hambre. Una imagen épica que seduce a millonarios que nunca sufrieron ni el hambre ni el frío. Para el resto que no son millonarios pero que se representan como amenazados por los de abajo (ver “La paradoja de las clases sociales”), el macho alfa es la traducción ideológica de una catarsis del privilegiado histórico que ve que sus derechos especiales pierden el adjetivo especial y pasan a ser sólo derechos, sustantivo desnudo. Es decir, reaccionan furiosos ante la posible pérdida de derechos especiales de género, de clase, de raza, de ciudadanía, de cultura, de hegemonía.
 Todos derechos especiales justificados como en el siglo XIX: tenemos derecho a esclavizar a los negros y expoliar a nuestras colonias porque somos una raza superior, una cultura superior y, por ello mismo, Dios nos ama a nosotros y odia a nuestros enemigos, a quienes debemos exterminar antes de que a ellos se le ocurra la misma idea, pero sin nuestros buenos argumentos.
 Irónicamente, la idea de ser “elegidos de Dios” o de la naturaleza no impulsa a los fanáticos a cuidar de los “humanos inferiores”, como cuidan de sus mascotas, sino todo lo contrario: el destino de los inferiores y de los débiles debe ser la esclavitud, la obediencia o el exterminio. Si se defienden, son terroristas. La última versión de estos supremacismos que tanto cometen un genocidio en Palestina o en el Congo con fanático orgullo y convicción como demonizan a las mujeres que en Estados Unidos reclaman derechos iguales, más recientemente encontró su metáfora explicalotodo en la imagen del macho alfa del lobo estepario. Sin embargo, si prestamos atención a la conducta de estos animales y de otras especies, veremos una realidad mucho más compleja y contradictoria. 
 El profesor de Emory Universiy, Frans de Waal, por décadas uno de los expertos más reconocidos en el estudio de chimpancés, se encargó de demoler esta fantasía. La idea de macho alfa procede de los estudios de lobos en los años 40, pero, no sin ironía, el mismo de Waal se lamentó de que un político estadounidense (el ultraconservador y presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich) popularizó su libro Chimpanzee Politics (1982) y el concepto de macho alfa, por las razones equivocadas.
 Según de Waal, los macho alfa no son los bullies, sino los líderes conciliadores. “Los machos alfa entre los chimpancés son populares si mantienen la paz y aportan armonía al grupo”. Cuando un verdadero líder enferma (caso mencionado del chimpancé Amos), no es sacrificado, sino que el grupo se hace cargo de su cuidado.
 Según de Wall, “debemos distinguir entre dominio y liderazgo. Hay machos que pueden ser la fuerza dominante, pero esos machos terminan mal en el sentido de que los expulsan o los matan… Luego están los machos que tienen cualidades de liderazgo, que disuelven peleas, defienden al desvalido, consuelan al que sufre. Si tiene ese tipo de macho alfa, entonces el grupo se une a él y le permiten permanecer en el poder durante mucho tiempo”. Tiempo que suele ser de cuatro años, aunque hay registros de machos alfa que fueron líderes por 12 años, los cuales solían distribuir la comida y mantener una alianza política con otros líderes más jóvenes, según de Waal. Según de Waal, el macho alfa líder será juzgado según su habilidad de resolver conflictos y de establecer un orden pacífico para su sociedad. 
 En un conflicto, los líderes alfa “no toman partido por su mejor amigo; evitan o resuelven peleas y, en general, defienden a los más desvalidos. Esto los hace extremadamente populares en el grupo porque brindan seguridad a los miembros de menor rango”. 
 El macho alfa es el líder por tener el apoyo de la mayoría, pero otros machos jóvenes usarán siempre la misma estrategia para destronarlo e imponerse como dominantes: primero comenzarán con provocaciones indirectas y a distancia para testear la reacción del líder. Si no hay reacción, el joven más fuerte tratará de conquistar a otros machos jóvenes para incrementar sus provocaciones que irán ganando terreno y se volverán más violentas. Luego conquistará aliados con algunos favores. Aunque al candidato alfa bully no les importan los bebés sino el poder, intentará mostrarse cariñoso con las crías de diferentes hembras, exactamente como hacen los políticos en campaña electoral. 

 Jorge Majfud | 18/03/2025

domingo, 30 de marzo de 2025

El lento suicidio de Occidente


Ilustración de Barry Blitt 

“No creo que todas las culturas sean iguales… Lo que digo es que esta nación es increíblemente especial y no deberíamos verla como igual, sino como superior”. –Alex Karp, CEO de Palantir (University of Austin, 4 de marzo de 2025)

 Occidente aparece, de pronto, desprovisto de sus mejores virtudes, construidas siglo sobre siglo, ocupado ahora en reproducir sus propios defectos y en copiar los defectos ajenos, como lo son el autoritarismo y la persecución preventiva de inocentes. Virtudes como la tolerancia y la autocrítica nunca formaron parte de su debilidad, como se pretende ahora, sino todo lo contrario: por ellos fue posible algún tipo de progreso, ético y material. La mayor esperanza y el mayor peligro para Occidente están en su propio corazón. Quienes no tenemos “rabia” ni “orgullo” por ninguna raza ni por ninguna cultura sentimos nostalgia por los tiempos idos, que nunca fueron buenos, pero tampoco tan malos.
 Actualmente, algunas celebridades del pasado siglo XX, demostrando una irreversible decadencia senil, se han dedicado a divulgar la famosa ideología sobre el “choque de civilizaciones” — que ya era vulgar por sí sola— empezando sus razonamientos por las conclusiones, al mejor estilo de la teología clásica. Como lo es la afirmación, apriorística y decimonónica, de que “la cultura Occidental es superior a todas las demás”. Y que, como si fuese poco, es una obligación moral repetirlo.
 Desde esa superioridad occidental, la famosísima periodista italiana Oriana Fallaci escribió brillanteces tales como: “Si en algunos países las mujeres son tan estúpidas que aceptan el chador e incluso el velo con rejilla a la altura de los ojos, peor para ellas. (…) Y si sus maridos son tan bobos como para no beber vino ni cerveza, ídem.” Caramba, esto sí que es rigor intelectual. “¡Qué asco! — siguió escribiendo, primero en el Corriere della Sera y después en su best seller “La rabia y el orgullo”, refiriéndose a los africanos que habían orinado en una plaza de Italia: «¡Tienen la meada larga estos hijos de Alá! Raza de hipócritas. Aunque fuesen absolutamente inocentes, aunque entre ellos no haya ninguno que quiera destruir la Torre de Pisa o la Torre de Giotto, ninguno que quiera obligarme a llevar el chador, ninguno que quiera quemarme en la hoguera de una nueva Inquisición, su presencia me alarma. Me produce desazón”. Resumiendo: aunque esos negros fuesen absolutamente inocentes, su presencia le produce igual desazón. Para Fallaci, esto no es racismo, es “rabia fría, lúcida y racional”. Y, por si fuera poco, una observación genial para referirse a los inmigrantes en general: “Además, hay otra cosa que no entiendo. Si realmente son tan pobres, ¿quién les da el dinero para el viaje en los aviones o en los barcos que los traen a Italia? ¿No se los estará pagando, al menos en parte, Osama bin Laden?” Pobre Galileo, pobre Camus, pobre Simone de Beauvoir, pobre Michel Foucault.
 De paso, recordemos que, aunque esta señora escribe sin entender — lo dijo ella –, estas palabras pasaron a un libro que lleva vendidos medio millón de ejemplares, al que no le faltan razones ni lugares comunes, como el “yo soy atea, gracias a Dios”. Ni curiosidades históricas de este estilo: “¿cómo se come eso con la poligamia y con el principio de que las mujeres no deben hacerse fotografías. Porque también esto está en el Corán”, lo que significa que en el siglo VII los árabes estaban muy avanzados en óptica. Ni su repetida dosis de humor, como pueden ser estos argumentos de peso: “Y, además, admitámoslo: nuestras catedrales son más bellas que las mezquitas y las sinagogas, ¿sí o no? Son más bellas también que las iglesias protestantes”. Como dice Atilio, tiene el brillo de Brigitte Bardot. Faltaba que nos enredemos en la discusión sobre qué es más hermoso, si la torre de Pisa o el Taj-Mahal. Y de nuevo la tolerancia europea: “Te estoy diciendo que, precisamente porque está definida desde hace muchos siglos y es muy precisa, nuestra identidad cultural no puede soportar una oleada migratoria compuesta por personas que, de una u otra forma, quieren cambiar nuestro sistema de vida. Nuestros valores. Te estoy diciendo que entre nosotros no hay cabida para los muecines, para los minaretes, para los falsos abstemios, para su jodido medievo, para su jodido chador. Y si lo hubiese, no se lo daría”. Para finalmente terminar con una advertencia a su editor: “Te advierto: no me pidas nada nunca más. Y mucho menos que participe en polémicas vanas. Lo que tenía que decir lo dije. Me lo han ordenado la rabia y el orgullo”. Lo cual ya nos había quedado claro desde el comienzo y, de paso, nos niega uno de los fundamentos de la democracia y de la tolerancia, desde la Gracia antigua: la polémica y el derecho a réplica — la competencia de argumentos en lugar de los insultos. 
 Pero como yo no poseo un nombre tan famoso como el de Fallaci — ganado con justicia, no tenemos por qué dudarlo –, no puedo conformarme con insultar. Como soy nativo de un país subdesarrollado y ni siquiera soy famoso como Maradona, no tengo más remedio que recurrir a la antigua costumbre de usar argumentos.
 Veamos. Sólo la expresión “cultura occidental” es tan equívoca como puede serlo la de “cultura oriental” o la de “cultura islámica”, porque cada una de ellas está conformada por un conjunto diverso y muchas veces contradictorio de otras “culturas”. Basta con pensar que dentro de “cultura occidental” no sólo caben países tan distintos como Cuba y Estados Unidos, sino irreconciliables períodos históricos dentro de una misma región geográfica como puede serlo la pequeña Europa o la aún más pequeña Alemania, donde pisaron Goethe y Adolf Hitler, Bach y los skin heads. Por otra parte, no olvidemos que también Hitler y el Ku-Klux-Klan (en nombre de Cristo y de la raza blanca), que Stalin (en nombre de la razón y del ateísmo), que Pinochet (en nombre de la democracia y de la libertad) y que Mussolini (en su nombre propio) fueron productos típicos, recientes y representativos de la autoproclamada “cultura occidental”. ¿Qué más occidental que la democracia y los campos de concentración? ¿Qué más occidental que la declaración de los Derechos Humanos y las dictaduras en España y en América Latina, sangrientas y degeneradas hasta los límites de la imaginación? ¿Qué más occidental que el cristianismo, que curó, salvó y asesinó gracias al Santo Oficio? ¿Qué más occidental que las modernas academias militares o los más antiguos monasterios donde se enseñaba, con refinado sadismo, por iniciativa del papa Inocencio IV y basándose en el Derecho Romano, el arte de la tortura? ¿O todo eso lo trajo Marco Polo desde Medio Oriente? ¿Qué más occidental que la bomba atómica y los millones de muertos y desaparecidos bajo los regímenes fascistas, comunistas e, incluso, “democráticos”? ¿Qué más occidental que las invasiones militares y la supresión de pueblos enteros bajo los llamados “bombardeos preventivos”? 
 Todo esto es la parte oscura de Occidente y nada nos garantiza que estemos a salvo de cualquiera de ellas, sólo porque no logramos entendernos con nuestros vecinos, los cuales han estado ahí desde hace más de 1400 años, con la única diferencia que ahora el mundo se ha globalizado (lo ha globalizado Occidente) y ellos poseen la principal fuente de energía que mueve la economía del mundo — al menos por el momento — además del mismo odio y el mismo rencor de Oriana Fallaci. No olvidemos que la Inquisición española, más estatal que las otras, se originó por un sentimiento hostil contra moros y judíos y no terminó con el progreso y la salvación de España sino con la quema de miles de seres humanos. 
 Sin embargo, Occidente también representa la democracia, la libertad, los derechos humanos y la lucha por los derechos de la mujer. Por lo menos el intento de lograrlos y lo más que la humanidad ha logrado hasta ahora. ¿Y cuál ha sido desde siempre la base de esos cuatro pilares, sino la tolerancia? 
 Fallaci quiere hacernos creer que “cultura occidental” es un producto único y puro, sin participación del otro. Pero si algo caracteriza a Occidente, precisamente, ha sido todo lo contrario: somos el resultado de incontables culturas, comenzando por la cultura hebrea (por no hablar de Amenofis IV) y siguiendo por casi todas las demás: por los caldeos, por los griegos, por los chinos, por los hindúes, por los africanos del sur, por los africanos del norte y por el resto de las culturas que hoy son uniformemente calificadas de “islámicas”. Hasta hace poco, no hubiese sido necesario recordar que, cuando en Europa — en toda Europa — la Iglesia cristiana, en nombre del Amor perseguía, torturaba y quemaba vivos a quienes discrepaban con las autoridades eclesiásticas o cometían el pecado de dedicarse a algún tipo de investigación (o simplemente porque eran mujeres solas, es decir, brujas), en el mundo islámico se difundían las artes y las ciencias, no sólo las propias sino también las chinas, las hindúes, las judías y las griegas. Y esto tampoco quiere decir que volaban las mariposas y sonaban los violines por doquier: entre Bagdad y Córdoba la distancia geográfica era, por entonces, casi astronómica. 
 Pero Oriana Fallaci no sólo niega la composición diversa y contradictoria de cualquiera de las culturas en pleito, sino que de hecho se niega a reconocer la parte oriental como una cultura más. “A mí me fastidia hablar incluso de dos culturas”, escribió. Y luego se despacha con una increíble muestra de ignorancia histórica: “Ponerlas sobre el mismo plano, como si fuesen dos realidades paralelas, de igual peso y de igual medida. Porque detrás de nuestra civilización están Homero, Sócrates, Platón, Aristóteles y Fidias, entre otros muchos. Está la antigua Grecia con su Partenón y su descubrimiento de la Democracia. Está la antigua Roma con su grandeza, sus leyes y su concepción de la Ley. Con su escultura, su literatura y su arquitectura. Sus palacios y sus anfiteatros, sus acueductos, sus puentes y sus calzadas”. 
 ¿Será necesario recordarle a Fallaci que entre todo eso y nosotros está el antiguo Imperio Islámico, sin el cual todo se hubiese quemado — hablo de los libros y de las personas, no del Coliseo — por la gracia de siglos de terrorismo eclesiástico, bien europeo y bien occidental? Y de la grandeza de Roma y de su “concepción de la ley” hablamos otro día, porque aquí sí que hay blanco y negro para recordar. También dejemos de lado la literatura y la arquitectura islámica, que no tienen nada que envidiarle a la Roma de Fallaci, como cualquier persona medianamente culta sabe. 
 A ver, ¿y por último?: “Y por último — escribió Fallaci— está la ciencia. Una ciencia que ha descubierto muchas enfermedades y las cura. Yo sigo viva, por ahora, gracias a nuestra ciencia, no a la de Mahoma. Una ciencia que ha cambiado la faz de este planeta con la electricidad, la radio, el teléfono, la televisión. . . Pues bien, hagamos ahora la pregunta fatal: y detrás de la otra cultura, ¿qué hay?” 
 Respuesta fatal: detrás de nuestra ciencia están los egipcios, los caldeos, los hindúes, los griegos, los chinos, los árabes, los judíos y los africanos. ¿O Fallaci cree que todo surgió por generación espontánea en los últimos cincuenta años? Habría que recordarle a esta señora que Pitágoras tomó su filosofía de Egipto y de Caldea (Irak) — incluida su famosa fórmula matemática, que no sólo usamos en arquitectura sino también en la demostración de la Teoría Especial de la Relatividad de Einstein — , igual que hizo otro sabio y matemático llamado Tales de Mileto. Ambos viajaron por Medio Oriente con la mente más abierta que Fallaci cuando lo hizo. El método hipotético-deductivo — base de la epistemología científica— se originó entre los sacerdotes egipcios (empezar con Klimovsky, por favor); el cero y la extracción de raíces cuadradas, así como innumerables descubrimientos matemáticos y astronómicos, que hoy enseñamos en los liceos, nacen en India y en Irak; el alfabeto lo inventaron los fenicios (antiguos libaneses) y probablemente la primera forma de globalización que conoció el mundo. El cero no fue un invento de los árabes, sino de los hindúes, pero fueron aquellos que lo traficaron a Occidente. Por si fuera poco, el avanzado Imperio Romano no sólo desconocía el cero — sin el cual no sería posible imaginar las matemáticas modernas y los viajes espaciales — sino que poseía un sistema de conteo y cálculo engorroso que perduró hasta fines de la Edad Media. Hasta comienzos del Renacimiento, todavía había hombres de negocios que usaban el sistema romano, negándose a cambiarlo por los números árabes, por prejuicios raciales y religiosos, lo que provocaba todo tipo de errores de cálculo y litigios sociales. Por otra parte, mejor ni mencionemos que el nacimiento de la Era Moderna se originó en el contacto de la cultura europea –después de largos siglos de represión religiosa — con la cultura islámica primero y con la griega después. ¿O alguien pensó que la racionalidad escolástica fue consecuencia de las torturas que se practicaban en las santas mazmorras? A principios del siglo XII, el inglés Adelardo de Bath emprendió un extenso viaje de estudios por el sur de Europa, Siria y Palestina. Al regresar de su viaje, Adelardo introdujo en la subdesarrollada Inglaterra un paradigma que aún hoy es sostenido por famosos científicos como Stephen Hawking: Dios había creado la Naturaleza de forma que podía ser estudiada y explicada sin Su intervención. (He aquí el otro pilar de las ciencias, negado históricamente por la Iglesia romana). Incluso, Adelardo reprochó a los pensadores de su época por haberse dejado encandilar por el prestigio de las autoridades — comenzando por el griego Aristóteles, está claro. Por ellos esgrimió la consigna “razón contra autoridad”, y se hizo llamar a sí mismo “modernus”. “Yo he aprendido de mis maestros árabes a tomar la razón como guía –escribió –, pero ustedes sólo se rigen por lo que dice la autoridad”. Un compatriota de Fallaci, Gerardo de Cremona, introdujo en Europa los escritos del astrónomo y matemático iraqu”, Al-Jwarizmi, inventor del álgebra, de los algoritmos, del cálculo arábigo y decimal; tradujo a Ptolomeo del árabe — ya que hasta la teoría astronómica de un griego oficial como éste no se encontraba en la Europa cristiana –, decenas de tratados médicos, como los de Ibn Sina y iraní al-Razi, autor del primer tratado científico sobre la viruela y el sarampión, por lo que hoy hubiese sido objeto de algún tipo de persecución. 
 Podríamos seguir enumerando ejemplos como éstos, que la periodista italiana ignora, pero de ello ya nos ocupamos en un libro y ahora no es lo que más importa.
 Lo que hoy está en juego no es sólo proteger a Occidente contra los terroristas, de aquí y de allá, sino — y quizá sobre todo — es crucial protegerlo de sí mismo. Bastaría con reproducir cualquiera de sus monstruosos inventos para perder todo lo que se ha logrado hasta ahora en materia de respeto por los derechos humanos. Empezando por el respeto a la diversidad. Y es altamente probable que ello ocurra en diez años más, si no reaccionamos a tiempo.
 La semilla está ahí y sólo hace falta echarle un poco de agua. He escuchado decenas de veces la siguiente expresión: “lo único bueno que hizo Hitler fue matar a todos esos judíos”. Ni más ni menos. Y no lo he escuchado de boca de ningún musulmán — tal vez porque vivo en un país donde prácticamente no existen — ni siquiera de algún descendiente de árabes. Lo he escuchado de neutrales criollos o de descendientes de europeos. En todas estas ocasiones me bastó razonar lo siguiente, para enmudecer a mi ocasional interlocutor: “¿Cuál es su apellido? Gutiérrez, Pauletti, Wilson, Marceau. . . Entonces, señor, usted no es alemán y mucho menos de pura raza aria. Lo que quiere decir que mucho antes que Hitler hubiese terminado con los judíos hubiese comenzado por matar a sus abuelos y a todos los que tuviesen un perfil y un color de piel parecido al suyo”. Este mismo riesgo estamos corriendo ahora: si nos dedicamos a perseguir árabes o musulmanes no sólo estaremos demostrando que no hemos aprendido nada, sino que, además, pronto terminaremos por perseguir a sus semejantes: beduinos, africanos del norte, gitanos, españoles del sur, judíos de España, judíos latinoamericanos, americanos del centro, mexicanos del sur, mormones del norte, hawaianos, chinos, hindúes, and so on. 
 No hace mucho otro italiano, Umberto Eco, resumió así una sabia advertencia: “Somos una civilización plural porque permitimos que en nuestros países se erijan mezquitas, y no podemos renunciar a ellos sólo porque en Kabul metan en la cárcel a los propagandistas cristianos (. . .) Creemos que nuestra cultura es madura porque sabe tolerar la diversidad, y son bárbaros los miembros de nuestra cultura que no la toleran”. 
 Como decían Freud y Jung, aquello que nadie desearía cometer nunca es objeto de una prohibición; y como dijo Baudrillard, se establecen derechos cuando se los han perdido. Los terroristas islámicos han obtenido lo que querían, doblemente. Occidente parece, de pronto, desprovisto de sus mejores virtudes, construidas siglo sobre siglo, ocupado ahora en reproducir sus propios defectos y en copiar los defectos ajenos, como lo son el autoritarismo y la persecución preventiva de inocentes. Tanto tiempo imponiendo su cultura en otras regiones del planeta, para dejarse ahora imponer una moral que en sus mejores momentos no fue la suya. Virtudes como la tolerancia y la autocrítica nunca formaron parte de su debilidad, como se pretende, sino todo lo contrario: por ellos fue posible algún tipo de progreso, ético y material. La democracia y la ciencia nunca se desarrollaron a partir del culto narcisita a la cultura propia sino de la oposición crítica a partir de la misma. Y en esto, hasta hace poco tiempo, estuvieron ocupados no sólo los “intelectuales malditos” sino muchos grupos de acción y resistencia social, como lo fueron los burgueses en el siglo XVIII, los sindicatos en el siglo XX, el periodismo inquisidor hasta ayer, sustituido hoy por la propaganda, en estos miserables tiempos nuestros. Incluso la pronta destrucción de la privacidad es otro síntoma de esa colonización moral. Sólo que en lugar del control religioso seremos controlados por la seguridad militar. El Gran Hermano que todo lo escucha y todo lo ve terminará por imponernos máscaras semejantes a las que vemos en Oriente, con el único objetivo de no ser reconocidos cuando caminamos por la calle o cuando hacemos el amor.
 La lucha no es — ni debe ser — entre orientales y occidentales; la lucha es entre la intolerancia y la imposición, entre la diversidad y la uniformización, entre el respeto por el otro y su desprecio o aniquilación. Escritos como “La rabia y el orgullo” de Oriana Fallaci no son una defensa a la cultura occidental sino un ataque artero, un panfleto insultante contra lo mejor de Occidente. La prueba está en que bastaría con cambiar allí la palabra Oriente por Occidente, y alguna que otra localización geográfica, para reconocer a un fanático talibán. Quienes no tenemos rabia ni orgullo por ninguna raza ni por ninguna cultura, sentimos nostalgia por los tiempos idos, que nunca fueron buenos pero tampoco tan malos. 
 Hace unos años estuve en Estados Unidos y allí vi un hermoso mural en el edificio de las Naciones Unidas de Nueva York, si mal no recuerdo, donde aparecían representados hombres y mujeres de distintas razas y religiones — creo que la composición estaba basada en una pirámide un poco arbitraria, pero esto ahora no viene al caso. Más abajo, con letras doradas, se leía un mandamiento que lo enseñó Confucio en China y lo repitieron durante milenios hombres y mujeres de todo Oriente, hasta llegar a constituirse en un principio occidental: “Do unto others as you would have them do unto you” (Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti). En inglés suena musical, y hasta los que no saben ese idioma presienten que se refiere a cierta reciprocidad entre uno y los otros. No entiendo por qué habríamos de tachar este mandamiento de nuestras paredes, fundamento de cualquier democracia y de cualquier estado de derecho, fundamento de los mejores sueños de Occidente, sólo porque los otros lo han olvidado de repente. O la han cambiado por un antiguo principio bíblico que ya Cristo se encargó de abolir: “ojo por ojo y diente por diente”. Lo que en la actualidad se traduce en una inversión de la máxima confuciana, en algo así como: hazle a los otros todo lo que ellos te han hecho a ti — la conocida historia sin fin.

 Jorge Majfud | 12/03/2025
 (Este artículo es un resumen de un ensayo publicado en 2002)