miércoles, 14 de septiembre de 2022

Atentado a CFK: hasta dónde llega la conspiración política


El 1 de setiembre pasado, el editorial de Clarín suscripto por Pablo Vaca, hacía una referencia singular a "Cristina, entre la bala que no salió y el fallo que si saldrá", en alusión a la causa de Vialidad. Nadie se mosqueó durante diez días ante esta extraña metáfora que unía la eliminación política con la frustrada eliminación física de CFK. Además de anticipar una condena mucho antes de que deba expedirse el jurado, el editorialista daba crédito a la campaña kirchnerista de que se asiste a una “guerra judicial”, cuyo propósito sería perjudicar políticamente a la Vice en un año electoral e incluso, en último término proscribirla cuando se hayan agotado las instancias judiciales. El editorial hace propio, también, la especie de que el intento de magnicidio habría sido perpetrado por un par de marginales.
 Pero a medida que avanzan las investigaciones la balanza se inclina hacia una conspiración política. La jueza Capuchetti estableció secreto de sumario, mientras analiza las informaciones extraídas del teléfono de Brenda Uliarte. Está confirmado que hubo como minimo un intento de asesinato previo al día en que se instalaron las vallas frente al departamento de CFK. En escena entran ahora los vínculos de los llamados ‘copitos’ con una vecina del edificio donde vive Cristina Kirchner, y los vínculos de esta abogada con el espacio de Comodoro Py. Estas novedades agrandan, aunque nadie lo haya señalado, la responsabilidad de la Federal, de Aníbal Fernández y de la Agencia de Inteligencia que necesitaron un atentado para anoticiarse de semejantes circunstancias. Se da la ironía de que en Juncal y Uruguay existía un edificio liberado.
 Las pruebas demuestran el entrelazamiento de Sabag Montiel y su novia con una banda que se disfrazaba vendiendo copos azucarados, incluso en horas de la madrugada. "La banda de los copitos" como la dieron en llamar los medios, tiene un jefe a cargo, vinculado al grupo " Revolución Federal", partícipe en escraches a la Casa Rosada y con un discurso que podría emparentarse con el atentado. Uno de ellos, Gabriel Carrizo, publicó en su estado de Whatsapp: «El Gobierno es vulnerable, y espero que les quede claro… Nosotros somos los que mantenemos estos parásitos ahí arriba, van a juzgar a una persona que le estaría haciendo un gran favor a toda la Nación Argentina». También amenazó indirectamente al presidente de la Nación, Alberto Fernández. “El próximo sos vos, Alberto”, escribió. 
 Aparentemente, la banda de vendedores de algodón de azúcar -en medio de movilizaciones sin ninos- habría estado presente haciendo tareas de investigación previa durante varias jornadas al frente del departamento de CFK y, como se dijo, se reunía y filmaba con la vecina. A la luz de los acontecimientos, algunos hechos que sucedieron en la romería de Juncal toman otro significado. Días antes del atentado, un repartidor de Rappi insultó a Cristina K en medio de la guardia militante que rodeaba la casa y fue echado a empujones por los presentes. Los analistas señalan este hecho cómo un posible estudio preparatorio del atentado y la respuesta de la seguridad y de la militancia presente. 
 El día del atentado no estuvo al frente del operativo el jefe de la custodia de CFK, Diego Carbone, de máxima confianza de la Vicepresidenta. Sabag Montiel y Brenda Uliarte llegaron al lugar del hecho solo 15 minutos antes de que arribe CFK a su domicilio, como si hubieran tenido una información anticipada.
 El punto de fuga principal de la investigación es el formateo -supuestamente involuntario- del celular de Sabag Montiel. Según los expertos, los programas para extraer información de un celular son "a prueba de tontos, de gente que lo puede manipular mal y destruir la información. Es casi imposible borrarla a menos que uno quiera hacerlo". Pero es esto lo que ha ocurrido, sospechosamente. Quien haya borrado la información, según fuentes de la Policía Seguridad Aeroportuaria no está buscando proteger a Sabag Montiel ni a la banda de los copitos -expuestos ya, a más no poder- sino encubrir los vínculos hacia arriba. El ‘des-cuido’ de la custodia federal de CFK no puede ser rotulado como ineficencia, porque después de todo es el eslabón fundamental que permitió consumar el atentado. 
 Si la investigación descubre los hilos políticos y/o institucionales del atentado, estaríamos ante el caso de una tentativa de golpe de estado. 

 Pablo Busch 
 13/09/2022

martes, 13 de septiembre de 2022

Conversatorio Haití: Descomposición del Sistema Neocolonial


Paro Nacional 15/9 «En contra del modelo de desigualdad» Conferencia de Prensa - 13/9 - 11.30 hs


Con tanquetas y calles sitiadas: así ´conmemoró´ Boric los 49 años del golpe de Pinochet


Apenas 24 horas antes de la conmemoración de los 49 años del último golpe cívico militar en Chile (1973), el gobierno de Gabriel Boric sacaba las rejas del Cementerio General de Santiago, donde yacen los restos de los ejecutados políticos de Pinochet y hasta donde llegaría marchando una multitudinaria movilización de activistas políticos; su objetivo: facilitar el ingreso de los carros lanzagua y lanzagases de la policía militarizada chilena. 
 El levantamiento de rejas se realizó en conjunto con el militante del Partido Comunista Daniel Jadue, alcalde de la comuna de Recoleta, donde se encuentra el Cementerio.
 Y así fue. La movilización que comenzó desde muy temprano frente al palacio presidencial de La Moneda fue reprimida ferozmente por carabineros militarizados y culminó con golpes, heridos (entre ellos menores de edad) y detenidos. El Cementerio General quedó sitiado y los enfrentamientos en su interior entre los manifestantes y la policía se extendieron por horas.
 Durante la noche, la militarización se extendió por todo el país incluyendo rutas nacionales y barrios obreros. En la comuna de Estación Central de la capital, vecinos mostraron por redes sociales cómo se encontraban sitiados por carabineros militarizados e incluso una tanqueta militar. 

 Derechización y cambio de gabinete 

 Luego de la paliza que recibió la Constitución redactada por la Convención, Boric pudo hacer oficial la derechización de su gabinete. El cambio más importante ocurrió en el Ministerio del Interior y Seguridad Pública, de donde salió eyectada Izkia Siches, quien fracasó en su intento de diálogo con las comunidades mapuches en conflicto por las tierras, y fue nombrada la concertacionista y militante del Partido Por la Democracia (PPD), Carolina Tohá. 
 Aunque Boric pretendió hacer un guiño progre con la nominación de Tohá -quien es hija de José Tohá, Ministro del Interior de Allende, ejecutado por Pinochet- su arribo al gabinete es claro: extender la militarización en territorio mapuche y hacer cumplir la Ley Antiterrorista en el ascenso de las luchas callejeras (especialmente estudiantiles), que comienza a verse en las calles luego de la estafa de la Convención. 
 También otros ministros ingresaron al gabinete: Ana Uriarte del Partido Socialista y ex ministra de Bachelet, al Ministerio de Medio Ambiente; Diego Pardow del Frente Amplio, en el Ministerio de Energía; Ximena Aguilea, ex funcionaria del ex presidente Ricardo Lagos, en el mismo Ministerio; Silvia Diaz del PPD-Concertación, en el Ministerio de Ciencias. 
 Días antes, había ya entregado su renuncia como Ministra de Desarrollo Social Jeanette Vega, proveniente del PPD-Concertación, por realizar una llamada telefónica al dirigente mapuche de la Coordinadora Arauco Malleco, Héctor Llaitpul, quien fue detenido bajo Ley Antiterrorista recientemente.
 La represión del gobierno de Boric se da en el contexto de la aprobación en el Congreso de la Ley de Infraestructura Crítica, una reforma constitucional que faculta al presidente para “Disponer de las fuerzas de aire, mar y tierra, organizadas y distribuidas de acuerdo con las necesidades de seguridad nacional”. Esta ley faculta además a las fuerzas militares para dirigir distintos poderes del Estado como la Corte Suprema y la declaración de ‘estado de alerta’ (es decir, de excepción) durante 30 días con la posibilidad de prorrogarse a través del Congreso.
 El proyecto de Ley había sido presentado por el ex presidente Sebastián Piñera durante la rebelión chilena, y ahora consiguió su aprobación en diputados con el voto positivo de la derecha y la Concertación (esta última forma parte del gobierno) y la abstención del PC y el Frente Amplio. 
 La aplastante derrota de la nueva Constitución abrió una nueva etapa política en Chile. Los últimos sondeos reflejan un desplome de la imagen positiva del presidente y una imagen negativa trepando al 60%. El gobierno, golpeado, aceleró un acercamiento con la oposición derechista. El pueblo chileno, por otro lado, con los estudiantes a la cabeza, se mantiene en las calles y enfrentando la represión. La agenda política de octubre del 2019 se mantiene abierta. 

 Javiera Sarraz 
 12/09/2022

lunes, 12 de septiembre de 2022

El Estado de Chile “reconoce” a más de 40.000 víctimas de la dictadura de Pinochet


Pero no se hace cargo. 

 A 49 años del golpe militar en Chile, las comisiones de reparación entregaron el aterrador número de víctimas de la dictadura de Pinochet, la cual supera las 40.000 personas, pero de esos más de 40.000 sólo se reconocen como fallecidos o desaparecidos sólo a 3.065 personas entre septiembre de 1973 y marzo de 1990. 

 Comisiones de reparación que no reparan 

Tras la conformación de cuatro comisiones de reparación conformadas desde el “retorno a la democracia”, el Estado Chileno aún no es capaz de reconocer a todas las víctimas.
 Es más, el último informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, más conocida como “Comisión Valech” (nombrada así en honor al obispo Sergio Valech), fue entregado en agosto del año 2021 en La Moneda -casa de gobierno de Chile- al entonces presidente, Sebastián Piñera. Dejó fuera del informe a más de 22.000 de 32.000 denuncias presentadas, aceptando sólo una cantidad de 9.800 víctimas y 30 casos de personas desaparecidas o ejecutadas, por crímenes de lesa humanidad, tras 18 meses de investigación. 
 “No es que no sean víctimas, sino que no están dentro del mandato de la comisión”. De esta manera se justificó María Luisa Sepúlveda, portavoz de la comisión, quien hizo referencia a que si bien las personas se sienten víctimas, y que lo fueron, debían ser verificadas y entrecruzar la información con el acopio de material que tenía la comisión hasta ese momento. 
 También hizo alusión a que en algunos de los casos presentados, como los conscriptos que sufrieron vejaciones, violencias y tortura en pleno ejercicio del servicio militar, así como los detenidos en protestas y quienes vivieron el exilio, y que aunque hayan sufrido apremios y “malos tratos”, al no haber pasado por los tribunales, no están dentro del ámbito de estudio, es decir que, cómo no cuentan con un expediente judicial, quedan excluidos. 

 Aberrante rechazo 

Mireya García, vicepresidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) se refirió en ese entonces al informe presentado, donde rechazaron casi el 70% del total de los casos presentados y la comisión sólo certificó 9.800. 
 La forma para ser reconocidas como víctimas de estos atropellos era presentando la denuncia de violación a sus derechos humanos, probarlos y que la persona que vulneró este derecho hubiese participado como agente del Estado o personas al servicio del Estado y probar, además, que actuaron por causas políticas.
 En caso de fallecidos, desaparecidos o imposibilitados, fueron sus familiares quienes debieron presentar los documentos, debiendo ellos comprobar que fueron vulnerados sus derechos en tiempos de represión por parte del estado, brindando los informes de los recintos en los cuales estuvieron, recortes de prensa o archivo nacional.
 Muchos de los casos quedaron fuera por no cumplir los requisitos. Un claro ejemplo de esto es las niñas y niños víctimas de la dictadura no figuran como mártires de esta dictadura feroz, catalogada como la más cruenta de América latina. 
 Aun así, tras casi 50 años del golpe militar en Chile, y cuatro comisiones conformadas para esclarecer y reparar el daño contra las personas que sufrieron violaciones a los derechos humanos, estos crímenes aún no han sido aclarados. 
 Esto pone de manifiesto lo aberrante y poco claro de las comisiones, marcando la negligencia que aleja e impide encontrar la verdad y la justicia. Dentro de estas cifras aterradoras, no debemos olvidar que 2.200 niños, niñas y jóvenes que fueron torturados frente a sus madres, padres y abuelos mientras estaban cautivos, sólo 1080 son reconocidos en el Informe Valech. Dentro de esta espeluznante cifra, 32 corresponden a ejecutados, un desaparecido y un nieto recuperado 
 A 49 años del Golpe militar, todavía no hay justicia. Existe una cárcel cinco estrellas para los militares de alto rango involucrados en estos crímenes. 
 El Estado burgués nunca va a reconocer su implicación en estos hechos, simplemente trata de acallar las voces de quienes exigimos justicia, porque si verdaderamente buscara reparar como Estado al pueblo, sacaría a los presos implicados en estos crímenes de la cárcel cinco estrellas en que están (Punta Peuco), exigiría que dijeran dónde están y se reconociera como genocida, sería absolutamente distinto, por esto y mucho más… 
 No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

 Lali Martínez 
 11/09/2022

sábado, 10 de septiembre de 2022

Isabel II y la opresión británica de Irlanda


Contra la corriente, los hinchas del Shamrock Rovers -un club de primera división de Irlanda- celebraron el deceso de la reina Isabel II cantando “Lizzy is in a box” (algo así como “ Lizzy está en un ataúd”) durante un partido por la UEFA Europa League frente al Djurgardens de Estocolmo. Una de las pocas referencias críticas que pudo romper en los medios de comunicación el monótono concierto de lamentaciones y saludos a la monarca. 
 Y cuando decimos contra la corriente, incluimos la reacción de los propios dirigentes del Sinn Fein, que se solidarizaron con la reina. Michelle O’Neill, la vicepresidenta del partido, expresó sus condolencias y saludó el rol jugado por Isabel II en la reconciliación en el Ulster. Y Mary Lou McDonald, quien en 2020 encabezó la lista que ganó las elecciones en la Irlanda independiente, se expresó por Twitter en un sentido similar. 
 Bajo el reinado de Isabel II se firmaron los acuerdos de Viernes Santo de 1998, que pusieron fin al conflicto en el Ulster que había estallado treinta años antes. Aquellos acuerdos mantuvieron a Irlanda del Norte bajo la órbita británica, aunque establecieron un cogobierno entre el nacionalismo católico (Sinn Fein), partidario de la reunificación de la isla, y los unionistas protestantes, partidarios de Londres. En 2011 y 2012, la reina visitó Irlanda para afianzar el pacto del ’98, estrechando en la segunda oportunidad la mano del viceprimer ministro Martin McGuiness, quien supo pertenecer al IRA. 
 Un periodista del Washington Post ha resaltado en su obituario como mayor virtud de la soberana su capacidad de hacer que la monarquía sea digerible para la era moderna. Con gestos diplomáticos que no alteraban el statu quo, Isabel II buscó en la etapa final de su vida relegar al olvido la negra historia colonial y los crímenes del ejército británico. 
 El visceral canto de los hinchas del Shamrock es una expresión de rechazo a ese colonialismo inglés, que se cierne sobre la nación irlandesa desde hace siglos. 

 “El gran dolor” 

En 1800, casi un siglo después de la unión entre Inglaterra y Escocia, se formó el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. El dominio inglés venía de larga data, ya que el rey Enrique II había desembarcado en la isla con el ejército en 1171, poniéndola bajo su control. Posteriormente, se transformó en un Reino formalmente independiente, pero realmente subordinado a Londres. 
 Marx supo definir a Irlanda en El Capital (de 1867) como “un distrito agrícola de Inglaterra, de la cual la separa un ancho foso, y a la que suministra granos, lana, ganado y reclutas industriales y militares” (Tomo I, edición de Siglo XXI, p. 878). En rigor, según el padre del socialismo científico, Irlanda abastece de cereales a la metrópoli hasta que la derogación de las leyes cerealeras empieza a transformar su suelo en zona de pasturas. “Luego de haber celebrado de 1815 a 1846 la fertilidad del suelo irlandés, declarando vocingleramente que la naturaleza misma lo había destinado al cultivo cerealero, repentinamente los agrónomos, economistas y políticos ingleses descubrieron, a partir de ese momento, ¡que no servía más que para producir forraje! (ídem, p. 890). 
 El rostro más espantoso de la dominación inglesa, y un acicate de la lucha por la independencia, fue la hambruna de 1845-1849. Los empobrecidos campesinos irlandeses trabajaban como aparceros en los dominios de los terratenientes británicos y tenían una dieta basada casi exclusivamente en patatas, fuente de enfermedades como la escrofulosis. En esos años, sin embargo, una plaga afectó los cultivos. Y los campesinos no tenían acceso al trigo que cultivaban, ya que era propiedad de los terratenientes ingleses. Entre la inanición y las enfermedades, dos millones de irlandeses perdieron la vida y otros dos millones debieron emigrar en condiciones penosas (los “barcos ataúdes”, ya que un tercio de los viajantes moría en el camino).
 Marx apoyó el planteo de un gobierno independiente en Irlanda y una revolución agraria, y llamó al proletariado inglés a incorporar en su programa político el aval a esa reivindicación.
 Frente al mal mayor de la independencia, la Corona fue otorgando desde fines del siglo XIX algunas atribuciones de gobierno a Irlanda.
 En 1916, se produjo un levantamiento armado dirigido por James Connolly, un dirigente obrero que se reconocía como marxista (1). Buscaba un acuerdo con los sectores más avanzados del nacionalismo, pero criticaba severamente a la clase dominante irlandesa. El nacionalismo había ganado una mayoría de bancas en las elecciones de 1910, forzando a nuevas concesiones autonómicas a Londres. El alzamiento de 1916 fue sofocado por los británicos. 
 En 1919, el Sinn Fein ganó otra vez las elecciones y proclamó la independencia, como lo había hecho el levantamiento de Pascua de 1916. Londres se opuso y estalló la guerra. En 1921, sin embargo, el sector mayoritario del nacionalismo pacta con Londres la división de la isla. 
 Esa partición artificial de Irlanda, pese a los acuerdos de 1998, nunca fue del todo digerida. El Brexit, con la reinstauración de las aduanas, sacó a relucir otra vez el conflicto, agitando el malestar tanto de unionistas como de los partidarios de una reunificación. 
 No hace faltar explicar que la Corona inglesa, que tiene ahora a Carlos III como mayor exponente, es enemiga de una reunificación socialista de Irlanda, como lo es de la lucha de los pueblos y los trabajadores del mundo. 

 Gustavo Montenegro 

 (1) Recomendamos el artículo de Christian Rath, “1916 no es un asunto terminado”, en En Defensa del Marxismo N°49, marzo 2017).

viernes, 9 de septiembre de 2022

La muerte de Isabel II abre una crisis potencial en el Reino Unido


Isabel II y el nuevo rey Carlos III 

Abolir la monarquía e instaurar una república obrera 

 A los 96 años y luego de 70 años de reinado, falleció la reina Isabel II del Reino Unido.
 Su objetivo reiterado fue defender la “unidad del Reino Unido”. Porque como es sabido el Reino Unido implica la unidad de Inglaterra, Escocia y Gales, tres entidades nacionales autónomas de la isla de la Gran Bretaña, a las que se suma el dominio-anexión sobre Irlanda del Norte. Entidades que históricamente vienen arrastrando tendencias separatistas-independentistas. En primer lugar Irlanda que después de siglos de levantamientos, fue militarmente anexionada en 1801 a la Gran Bretaña, constituyendo a partir de entonces el Reino Unido. 
Pero la lucha de los irlandeses por su independencia continuó durante más de un siglo, culminando luego de un importante levantamiento con la división de Irlanda, reconociendo una República de Irlanda en el Sur e integrando al Norte directamente como si fuera una provincia en el Reino Unido (Ulster). Esto no resolvió el problema, porque se volvió a recrear una y otra vez la lucha por una Irlanda unida, independiente de la corona de Gran Bretaña. Recientemente acaba de ganar las elecciones en Irlanda del Norte una lista encabezada por el Sinn Fein, organización ex “terrorista” que luchaba por la unidad e independencia de Irlanda. Pero también el problema reside en Escocia. La ruptura del Reino Unido con la Unión Europea (alentada por el imperialismo yanqui), el conocido Brexit, decidida en el 2016 y concretada en el 2020 no creó el bienestar que había prometido y perjudicó fuertemente a Irlanda y Escocia. En Escocia, en un referéndum de septiembre del 2014 sobre la independencia, triunfó por un margen reducido mantenerse en el Reino Unido: 55 a 45% (con una altísima votación). La crisis capitalista en marcha ha continuado su trabajo de radicalización en este terreno. El parlamento escocés votó realizar un nuevo referéndum en octubre del 2023 “quiera o no el gobierno británico”. 
 El retroceso imperial del Reino Unido se manifiesta no solo en el desmembramiento de sus colonias y el retroceso frente a otros imperialismos (particularmente el yanqui que se ha impuesto como hegemónico) sino directamente sobre la misma “unidad nacional”. La reina Isabel II era (y fue) alabada por ayudar a poner “estabilidad” en un mundo en crisis (Biden, el Papa, el secretario de la ONU, etc.). Eufemismo que tapa las fuertes medidas represivas que se descargaron sobre el pueblo irlandés y sobre el conjunto de la clase obrera británica. 
 No tuvo iniciativas de apoyo a causas populares y tampoco sociales, salvo algunos pequeños detalles filantrópicos. Por el contrario, fue la representante de un régimen que vivió chupando la savia del pueblo. La “casa real” recibe un estipendio de más de 100 millones de euros. Aparte tiene “sus” tierras y empresas. Difícil calcular el valor de la “monarquía” británica: pero son largos miles de millones de libras esterlinas. 
 Le tocó reinar desde 1952, en un Imperio que venía en una acelerada decadencia después de haber ganado con sus aliados la Segunda Guerra Mundial. Para esa época se había producido ya un gran salto en el llamado proceso de “descolonización” (India, Sri Lanka-Ceilán, etc.). Pero Isabel II se empeñó en defender los restos del “Imperio”. Reforzó la creación del Commonwealth, comunidad de países y territorios, que la reconocían como jefa de Estado (con relaciones especiales: comerciales, militares, etc.). 
 Isabel, de la dinastía Windsor, fue un instrumento-imagen de la propaganda sobre la vigencia del imperialismo, utilizado como ideología de las clases dominantes para lograr la unidad nacional (abandono de la lucha de clases) detrás de la añoranza de la grandeza imperial de viejos tiempos y para defender los negocios de la gran burguesía financiera. Su ascenso a la corona fue utilizado, también, para terminar de “blanquear” a parte de su familia (incluyendo su padre, el rey Jorge) que había tenido simpatías con los nazis. Se proyectó que con ella volvería la gloria con un nuevo “período isabelino”. Así fue como el Reino Unido participó junto a Francia e Israel en el ataque a Egipto en 1956, por la nacionalización del Canal de Suez, propiedad hasta entonces de un consorcio imperialista entre estas dos potencias. Lo que terminó en una crisis total. Se tuvieron que retirar las tropas imperialistas y reconocer la nacionalización del Canal de Suez, debido a la resistencia de las masas egipcias que se movilizaron masivamente en todo el país, y por la presión del imperialismo yanqui que quería que aquellas potencias reconocieran su retroceso, se retiraran y permitieran el avance del nuevo imperialismo dominante. 
 Bajo el reinado de Isabel II esta tendencia a recuperar la imagen imperialista se manifestó en diversas oportunidades en forma reaccionaria. Pero una de las manifestaciones que nos pegó directamente fue la guerra de las Malvinas. La reina envió en la flota thatcheriana a su hijo el príncipe Andrés (bien que este se mantuvo lejos del terreno de la lucha militar, a bordo de un portaviones alejado). Y luego, por supuesto, acompañó todas las aventuras, provocaciones y guerras de los diferentes gobiernos norteamericanos sobre Yugoslavia, Afganistán, Irak, etc. Y ahora, lo continúa haciendo en la guerra de la Otan contra Rusia. 
 El último de sus actos de reinado -48 horas antes de su fallecimiento- fue recibir al renunciante primer ministro Boris Johnson que le presentó a la nueva primer ministro, la reaccionaria thatcheriana Liz Truss, reconocida por su programa de llevar la guerra contra Rusia a fondo, incluso hasta el plano de la guerra atómica, y de lanzar una ofensiva policial-regimentadora contra las luchas del movimiento obrero en pleno desarrollo. La ungió con los oleos reales para que Truss se lance a este plan derechista.

 Abolir la monarquía 

Si tienen razón los estadistas burgueses de que Isabel II tenía una personalidad activa que le permitió actuar y mantener una autoridad, producto de una simpatía y adhesión mayoritaria en la población, no se visualiza al nuevo rey con la misma condición. Una encuesta realizada hace meses sobre cómo veía la población el ascenso de su hijo Carlos como sucesión de la corona fue respondida solo con una adhesión del 37%. En 1997 una votación realizada televisivamente daba un 33% de acuerdo en la abolición del sistema monárquico. Isabel II siempre tuvo miedo de una reacción popular que llevara al destronamiento de la dinastía y la instauración de una república. En amplios sectores (aunque probablemente minoritarios) se venía planteando que Isabel de Windsor fuera la última monarca, reclamando que se realizara un referéndum al respecto. 
 Pero rápidamente asumió su hijo con el nombre de Carlos III como rey del Reino Unido. Un cargo hereditario, no electo por el pueblo, y parasitario. 
 Al problema de la aguda crisis económica y social que viene impulsando las grandes huelgas de los trabajadores (ferrocarriles, hospitales etc.), amenazando incluso con el fantasma de una huelga general, se suma ahora este problema del recambio monárquico y la amenaza potencial de la ruptura del reino Unido. 
 Gran Bretaña tiene una gran tradición revolucionaria. Fue el primer país que destronó a una monarquía absoluta y semifeudal y llegó al extremo que en el marco de una guerra civil le cortó la cabeza al rey Carlos I. ¡Un siglo antes de la revolución francesa! 
 La guerra civil instauró una república, bajo la dictadura revolucionaria de Oliverio Cromwell, que dio un fuerte golpe a la monarquía absoluta, la nobleza palaciega y la iglesia cuasipapal. En poco más de una década, Cromwell hizo profundas transformaciones que abrieron el camino al desarrollo de la nueva clase burguesa. Poco después de su muerte vino la restauración monárquica, pero ya en un nuevo cuadro de desarrollo de la nueva sociedad burguesa. 
 El régimen parasitario y reaccionario que se mantuvo durante siglos –salvo el interregno revolucionario de Cromwell- se fue adaptando (no sin importantes crisis) a la burguesía. Como la Iglesia, que pasó de ser un puntal del régimen feudal a defender al capitalismo financiero. Para mejor completar la definición: la burguesía fue adaptando el dominio de su poder a la estructura monárquica.
 El proletariado británico es el sucesor revolucionario. Desarrolló hace dos siglos el primer movimiento obrero independiente y organizado (los cartistas) y tiene gloriosas páginas de luchas: la huelga general de 1926, la histórica huelga minera que enfrentó a la Thatcher y su política imperialista y antiobrera.
 De ahí vendrá la lucha por la abolición de la monarquía y sus privilegios y la instauración de una república que, dada la experiencia realizada, será una república obrera o una caricatura. 

 Rafael Santos

Murió la reina Isabel


Tras 70 años de reinado, deja una corona surcada por la crisis británica. Tenía 96 años. 

A los 96 años falleció la reina Isabel II del Reino Unido, completando el reinado más largo de la historia, tras 70 años con la corona. Su muerte se da en una Gran Bretaña convulsionada por una fuerte crisis política y una formidable ola de huelgas. 
 Su continuidad en el trono fue destacada por el gobierno británico como un estandarte de estabilidad política, pero en realidad recorrió la debacle del imperialismo inglés como potencia dominante del mercado mundial capitalista. Con todo, para los pueblos del mundo es un símbolo de la opresión colonial y el saqueo, y en Argentina está asociada en el ideario popular a la Guerra de Malvinas. Por eso es otro acto de cipayismo del gobierno peronista haber expresado a través de la Cancillería su “profundo pesar”. 
 La realeza viene además de una crisis abierta, en torno a la renuncia a sus funciones en la familia real del príncipe Harry y su esposa Meghan Mercle, en medio de feroces disputas de poder. Sugestivamente, la prensa británica bautizó aquel affaire con el nombre de “Megxit”, un juego de palabras que a su vez lo asociaba con el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. 
 Es una analogía interesante. El Brexit fue una expresión mayúscula de las tendencias centrífugas de la UE, pero también potenció las tendencias disolventes dentro del propio Reino Unido, con la reactivación del conflicto en Irlanda y la intención del gobierno de Escocia de convocar un nuevo referéndum por la independencia. Este es el reino que deja Isabel a su sucesor, Carlos III. 
 Gran Bretaña aún está en una transición políticas desde la caída de Boris Johnson, un desenlace inseparable de la crisis económica y una inflación insoportable, y claro de su política de ajuste. De hecho se suceden fuertes procesos huelguísticos, que tuvieron a los ferroviarios protagonizando una lucha histórica, y la paralización de la actividad volvió a agitar el fantasma de una huelga general después de décadas. El panorama tampoco es prometedor, cuando el Banco de Inglaterra pronostica que la economía del Reino Unido entrará en recesión. 
 La salida anticipada de Johnson fue además un golpe al bloque de los mayores promotores de la guerra imperialista en Ucrania y otras latitudes. Expresa los límites de una tentativa derechista y seudonacionalista con la que los conservadores buscaban conjurar la debacle del Reino Unido, que sigue su curso. 
 Para el pueblo británico, independientemente de la simpatía o aversión individual de cada quien a la figura de la reina Isabel II y de su sucesor Carlos III, es un peso gravoso. A esta monarca cuya riqueza se aproximaba a los 500 millones de dólares y a esta corona con un gigantesco patrimonio terrateniente, los británicos deben financiarla pagando compulsivamente a un Fondo Soberano que recauda decenas de millones de libras al año.

 Iván Hirsch

jueves, 8 de septiembre de 2022

Ayotzinapa, crimen de Estado: la “Comisión por la Verdad” presenta un informe demoledor


Tras más de 8 años de lucha, encabezada por los familiares, compañeros y organizaciones políticas, sociales y Derechos Humanos en México y todo el mundo, la responsabilidad por el crimen de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa comienza a apuntar a políticos, funcionarios judiciales y militares.
 El pasado 19 de agosto, el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, utilizó la conferencia de prensa matutina que suele utilizar el presidente López Obrador como tribuna oficial para dar testimonio de lo actuado por la comisión -que el propio Encinas preside- ante la prensa. Esta información ha tenido un impacto descomunal en toda la opinión pública mexicana e internacional. 
 La comisión había sido convocada por el presidente, una de sus promesas electorales. Se conformó en 2020, luego de la desautorización de toda la investigación realizada por la Procuraduría General de la República (PGR), que había recibido el pomposo nombre de “verdad histórica” bajo el gobierno de Peña Nieto (2012-2018). En dicha oportunidad se solicitó la detención de Tomás Zerón, jefe de dicha investigación, actualmente refugiado fuera del país. La “verdad histórica” que fraguó Zerón afirmaba que, en los sucesos del 24 de septiembre de 2014, “policías municipales de Iguala entregaron a los alumnos al grupo de narcotráfico Guerreros Unidos, quienes confundieron a los jóvenes con sicarios de una banda rival, los Rojos”, tras lo cual habían sido asesinados e incinerados por esta banda. 
 Desde el primer momento las familias y diversas organizaciones desconfiaron de esta investigación, alegando un profundo entramado de las fuerzas policiales y militares con el narcotráfico y el poder político. La nueva investigación ha determinado, mediante más de 41.000 documentos que incluyen transcripciones de llamadas telefónicas, mensajes de texto, reportes y decenas de videos, una profunda red delictiva que comprueba la gran mayoría de las denuncias efectuadas por los familiares y otros estudiantes sobrevivientes. 
 Se ha determinado que todo lo actuado anteriormente fue orquestado por el propio aparato estatal para lograr la mayor impunidad en el caso. Ahora, aparecen involucrados un general -el entonces coronel José Rodríguez-, el alcalde de Iguala José Luis Abarca, el ex fiscal general Jesús Murillo Karam y una larga lista de, por lo menos, otros 83 funcionarios públicos de diversos estamentos. La propia comisión lo definió como un “crimen de Estado”.
 Los diversos documentos han permitido constatar una acción conjunta de la policía, el ejército y el cartel narco Guerreros Unidos para, en primer lugar, repeler a los estudiantes que buscaban llegar a Ciudad de México para participar de la conmemoración de la Masacre de Tlatelolco, ocurrida el 2 de octubre de 1968. Tras acribillar en una emboscada a 5 micros que transportaban estudiantes, el comando asesino se encargó de desaparecer a 43 de ellos. Las pruebas recolectadas han demostrado que “seis de los estudiantes estuvieron con vida hasta cuatro días después de los hechos, y que fueron ultimados y desaparecidos por órdenes, presuntamente, del coronel José Rodríguez Pérez” (El País, 27/8). Rodriguez Pérez se mantenía en contacto directo con “El Chino”, un capo del narco, y éste, a su vez, con el capitán José Martínez Crespo, a cargo de un grupo de militares que patrullaban Iguala la noche del ataque. También se establecieron comunicaciones entre el alcalde Abarca y “El Chino”.
 La investigación ha llegado a un punto que implica una investigación de todo el alto mando de dicho momento. La justicia ya ha comenzado por el general Alejandro Saavedra, responsable del Ejército en la zona. 
 La Marina también ha sido puesta bajo la mira. Es acusada de torturar y obligar a testigos a declarar bajo amenaza en 2014. En marzo pasado, informa El País, “el grupo de expertos independientes de la CIDH (GIEI) que investiga el caso en apoyo a la Fiscalía y la comisión presidencial, informó de que un grupo de marinos manipularon el basurero de Cocula, el escenario principal del relato que contó entonces Murillo Karam. Los marinos movieron bultos b
lancos en el lugar e hicieron fuego” (27/8). Sin embargo, esto no fue integrado al expediente oficial. La puerta abierta por la comisión presidencial augura una crisis y choques entre los poderes del Estado. Una investigación a fondo demostraría la connivencia de lo que ha denominado un Narco-Estado. La lucha por la verdad y la justicia está íntimamente ligada a una acción y organización independiente de los trabajadores mexicanos. Serviría, en primer lugar, para exponer la bancarrota del régimen vigente y la necesidad de su superación, en manos de los trabajadores. 

 Joaquín Antúnez 
 07/09/2022

miércoles, 7 de septiembre de 2022

martes, 6 de septiembre de 2022

La guerra en tiempo de descuento


A lo largo de la historia, los inviernos tuvieron impactos muy significativos en las guerras libradas en Europa Oriental. Tanto en Ucrania como en Rusia, las primeras y las últimas nevadas se alternan con el fenómeno conocido como “rasputitsia”, en el que básicamente el suelo se convierte en un mar de barro, en el que se hunden tanques, carretas y camiones por igual. Desplazarse por fuera de las rutas pavimentadas prácticamente garantiza perder los vehículos. Mantenerse exclusivamente en rutas limita enormemente el margen de maniobra para las unidades militares, impide que asuman formaciones tácticas necesarias y hace que su desplazamiento sea fácilmente predecible, ideal para ser emboscadas. Es precisamente lo que les sucedió a los rusos en febrero pasado, cuando comenzaron la invasión de Ucrania. El invierno impone una pausa operacional, dificultando las acciones ofensivas. Condiciona a ambos bandos a asumir mayores riesgos para mejorar su posición antes de que caigan las primeras nevadas. 
 Habiendo transcurrido casi 4 meses desde el anuncio de la “Fase 2” de operaciones militares, los rusos están próximos a lograr los objetivos declarados para ella. Esto es, la “liberación” de la parte ucraniana de la región del Donbass, compuesta por Lugansk y Donetsk. Hace aproximadamente mes y medio, con la caída de Lisichansk-Severodonetsk, los rusos completaron la conquista de Lugansk. Al día de hoy, tienen en sus manos entre 2/3 y 3/4 de Donetsk. Les resta tomar el territorio noroccidental, que se encuentra detrás de la línea defensiva que establecieron los ucranianos entre los pueblos de Siversk al norte y Avdivka al sur, este último pueblo transformado en una verdadera fortaleza por los ucranianos. Entre ellos, entre una cantidad innumerable de pueblos y centros urbanos, destaca Bajmut como un nodo logístico de gran importancia. Toda esta línea está bajo constante presión de las fuerzas rusas, que de manera lenta y sistemática van avanzando. Al oeste de Siversk, yace el conglomerado urbano de Slaviansk-Kramatorsk, último gran centro poblacional de Donetsk todavía en manos ucranianas. La batalla por Slaviansk-Kramatorsk marcará el último capítulo de la batalla por el Donbass y tras su caída los ucranianos no tendrán más alternativa que evacuar el resto de la región, que consiste en llanuras con pocos pueblos y cobertura. Hasta ahora, los ucranianos no han logrado revertir el curso de la batalla por el Donbass, pero también, a pesar de haber sufrido pérdidas colosales, los rusos no han podido dar un golpe decisivo. Los ucranianos bien pueden perder el Donbass pero están lejos de perder la guerra. 
 Para los rusos, la “liberación” del Donbass constituye sólo 1 de los 3 objetivos estratégicos declarados para la guerra. Los otros dos objetivos, la “desmilitarización” y “desnazificación” de Ucrania requieren una rendición general, que sólo puede darse luego de infligir derrotas mucho más duras a las fuerzas de Kiev. A esta altura, los rusos pueden decidir ir por Jarkov y Odessa. La primera es la segunda ciudad más grande del país y su principal centro industrial. Por otro lado, de conquistar Odessa, los rusos terminarían por quitar a Ucrania su costa al Mar Negro. Más importante, la toma de cualquiera de estas dos ciudades conlleva un gran riesgo político para Kiev, porque le permitiría a Putin demostrar que los ucranianos no pueden dar vuelta la guerra y que, por lo tanto, la guerra económica contra Rusia y la asistencia militar a Ucrania por parte de la OTAN son fútiles. Esto puede volverse un factor explosivo de cara a un invierno que en Europa vendrá acompañado de una crisis energética, producto en buena parte de las sanciones contra Rusia. Hace dos meses, desde Bruselas se propuso al resto de los países miembros de la Unión Europea una reducción del 15 porciento en el consumo del gas para mantener el suministro de éste a las industrias (Al Jazeera, 20/7). Los rusos no necesitan tomar de manera efectiva Jarkov u Odessa antes del invierno: con rodear completamente a las ciudades pueden evitarse los combates, dejando que el frío y el hambre hagan el trabajo. Por otro lado, el invierno también impediría a Kiev montar contraataques para romper el bloqueo a estas ciudades. Si bien podría haber una alternativa de aprovisionamiento marítimo para Odessa, un bloqueo invernal terrestre completo a Jarkov sería devastador para las fuerzas ucranianas allí apostadas y, por supuesto, también para su población. 
 Para los ucranianos, el tiempo apremia para mostrar algún tipo de logro a la OTAN que justifique la continuidad del aprovisionamiento de armas y apoyo financiero. A lo largo de todos estos meses, Kiev estuvo prometiendo una gran contraofensiva para recuperar terreno en Jerson, que está en un 95 por ciento en manos rusas. De hecho, los rusos planean realizar un plebiscito allí y también en Zaporizhia el próximo 11 de septiembre, cuyo resultado invariablemente arrojará que ambas regiones desean unirse a la Federación Rusa. Por otro lado, el volumen de transferencias -y compromisos de transferencias- de armas a Kiev menguó significativamente en los últimos meses. Un documental de la cadena CBS publicada hace unas semanas reveló que de todas las armas donadas, sólo el 30 por ciento de lo que entra a Ucrania llega al frente: el resto se pierde en el camino, en parte por los bombardeos rusos; pero sobre todo, en el mercado negro. La presión del Washington fue tal que la CBS tuvo que autocensurar su propio documental (Fox News, 8/8). Pocos días después, en una entrevista con el Washington Post, Zelensky admitió que fue una decisión consciente de su gobierno no advertir (ni preservar) a su población civil de la inminente invasión rusa (Washington Post, 19/8). Por si fuera poco, un reporte de Amnistía Internacional, publicado el 4 de agosto, corroboró las versiones (que en estas páginas advertimos hace meses) acerca de que las fuerzas ucranianas han estado usando a la población civil como escudos humanos. La cobertura de medios occidentales sobre Ucrania también empieza a resquebrajarse. 
 Kiev necesita cambiar la narrativa lo antes posible. El lunes 29 los ucranianos lanzaron el tan anunciado contraataque en Jerson, en la relativamente pequeña franja de territorio de aquel Oblast en la ribera occidental del río Dnieper. No es el primer contraataque que los ucranianos realizan allí, pero todos los intentos previos -aunque de escala mucho menor- fracasaron. No obstante, esta es la operación ofensiva más grande que los ucranianos realizan en lo que va de la guerra, involucrando a varias brigadas, quizás entre 30 y 40 mil soldados. Sería prematuro aventurar pronósticos para esta ofensiva. Una operación de este tamaño se desarrollará a lo largo de varios días, incluso semanas. No obstante, del lado ruso se han estado preparando para enfrentar esta ofensiva. Desde hace meses han estado fortificando posiciones y en las últimas semanas han estado transfiriendo tropas frescas desde Crimea. Es posible que, en este momento, los rusos cuenten con alrededor de 20 o 25 mil soldados en la zona, además de ventajas en el dominio del espacio aéreo y artillería. Los primeros partes de guerra del Ministerio de Defensa ruso referidos a la contraofensiva en Jerson declaran muy importantes bajas entre los ucranianos. 
 Para los ucranianos, esta contraofensiva es una apuesta. Si logran empujar a los rusos al otro lado del Dnieper, se anotarán una victoria muy importante pero si la ofensiva fracasa, se exponen al riesgo doble de dejar Nikolaev, Krivoy Rog y Odessa vulnerables ataques rusos posteriores y también perderán apoyo entre países europeos, que comenzarán a presionar a Kiev con más fuerza a negociar con Moscú.

 Leib Erlej 
 04/09/2022

domingo, 4 de septiembre de 2022

El borrador de la nueva constitución chilena rescata a las AFP


Un reclamo de años del pueblo chileno 

El siguiente texto fue publicado originalmente en el sitio de la Fuerza 18 de Octubre. 

 El fin de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) es un reclamo que el pueblo chileno levanta hace años, cuando se empieza a constatar que lejos de las promesas de sus ideólogos en relación al monto de las pensiones sólo sirvió para que los capitalistas accedan a financiamiento a bajo costo y las AFP tengan utilidades astronómicas mientras las y los trabajadores recibían pensiones miserables. Fue el 2016 el año donde las protestas contra el modelo privatizado de pensiones se tradujeron en masivas movilizaciones callejeras y en adelante siempre estuvo presente entre los reclamos centrales de la clase obrera. Fue una de las banderas insignas de la rebelión del 2019. Las razones del hartazgo popular con el modelo de pensiones privatizado, derivan de la evidencia de que se trata de un enorme despojo de los aportes del pueblo trabajador en favor del mercado de capitales. 
 Según un informe de la Superintendencia de Pensiones del 2021 “el monto promedio de la pensión autofinanciada en Chile a junio pasado alcanzó a $257.428, la diferencia entre la de hombres y mujeres es significativa. Mientras los hombres recibieron, en promedio, $ 312.240, las mujeres obtuvieron un pago promedio de $208.328, es decir, $ 103.912 menos” (1). Desde la Fundación Sol señalan que “La tasa de reemplazo, es decir, el porcentaje que representa la pensión respecto al ingreso percibido en el trabajo remunerado, es menor al 20 % para la mitad de las personas que se jubilaron durante la última década; si se consideran los aportes del Estado, la tasa de reemplazo mediana es del 40%” (2). Estos datos confirman que la gran mayoría de los trabajadores pensionados se encuentran en condiciones materiales paupérrimas, viviendo con pensiones por debajo del sueldo mínimo ($400.000), muy por debajo del salario que percibían como trabajadores activos y sin posibilidades de cubrir sus necesidades de subsistencia. 

 ¿Qué dice el texto propuesto por la convención?

 La respuesta a esta pregunta la encontramos en su mayoría en el artículo N° 45 de la propuesta de nuevo texto constitucional. Luego de establecer que “Toda persona tiene derecho a la seguridad social…” y dispone en el inc 2. “La ley establecerá un sistema de seguridad social público…”. Respecto del financiamiento se establece en el inc. 3. “…Esta se financiará por trabajadoras, trabajadores, empleadoras y empleadores, a través de cotizaciones obligatorias y rentas generales de la Nación. los recursos con que se financie la seguridad social no podrán ser destinados a fines distintos del pago de los beneficios que establezca el sistema.” En la dirección del sistema de seguridad social público que crea el borrador tienen derecho a participar sindicatos y cámaras empresariales conforme reza el inc. 4. del artículo en cuestión. La vigesimoséptima norma disposición transitoria se refiere a los plazos de creación del marco normativo del sistema: el presidente tiene 18 meses para presentar el proyecto de creación del sistema y el congreso tendrá 24 meses, desde su presentación, para sancionarlo. 
 Como se ve, con la nueva constitución se deja en pie a las AFP. No solo nos las elimina cuando podía hacerlo, rechazando las iniciativas de populares de normas constitucionales que así lo planteaban, sino que ahora tienen justificación “constitucional” para que sigan funcionando ¡La convención rescata a las AFP, dándole la espalda a uno de los reclamos más sentidos de las y los trabajadores chilenos! 
 El carácter “público” del sistema no significa que se acabe con estas entidades, seguirán operando dentro del mismo. Tampoco lo referido al destino de los recursos del sistema, que como lo señalamos más arriba, se establece no puede ser distinto al de financiar prestaciones, lo que no obsta a que se puedan crear fideicomisos y otras formas de mantener los negociados con los aportes de las y los trabajadores, todas legales por supuesto. 
 Si alguna duda cabía, el acuerdo oficialista termina por precisar intención de salvar a las AFP ya que en materia de pensiones se comprometen “a que la implementación del derecho a una pensión digna será en base a un nuevo modelo mixto, donde seguirá existiendo un componente de capitalización individual, en los mismos términos que en la actualidad, cuestión que es plenamente consistente con la nueva propuesta constitucional”. Es una reafirmación de la propiedad-gestión privada de las aseguradoras y la banca sobre los fondos aportados por las y los trabajadores. Contra las expectativas populares, al servicio de la continuidad del negocio de las administradoras de pensiones están desplegados oficialismo y oposición en función de que se sigan utilizando los dineros de las y los trabajadores para financiar al gran empresariado a tasas bajísimas.

 Por una salida independiente y de los y las trabajadoras 

El aporte estatal para las pensiones es una política de rescate de las AFPs por parte del gobierno y la oposición, llamamos a las y los trabajadores a no avalar este enorme operativo de reciclaje del régimen de los 30 años, pues lo institucionaliza definitivamente. El voto nulo cumple esa función y nos permite además oponernos a sus artífices. Las estafas no se aprueban, se enfrentan y para ello necesitamos organizarnos para terminar con este negociado con fondos obreros y sus pensiones de miseria, mientras financia las ganancias de las administradoras privadas. Una salida que ponga fin al modelo de pensiones pinochetista, por la nacionalización integral del sistema previsional expropiando sin pago de indemnización alguna a las AFPs que lucraron con los ahorros del pueblo trabajador. Una verdadera reforma constitucional al servicio de la clase trabajadora (y no de los banqueros) debiera plantear que no sean las y los trabajadores que aporten a los fondos previsionales con descuentos sobre sus salarios, sino que ésta debe estar integralmente financiada por las patronales. Que permite a su vez la industrialización con gestión obrera y la puesta en marcha de un plan de viviendas populares con estos fondos. El sistema previsional estatizado debe estar bajo gestión y control de trabajadorxs y jubiladxs para impedir que el estado robe los fondos para el pago de pretendidas “deudas” y subsidios a lxs capitalistas. El movimiento “No + AFP” no se debe disolver como producto de una eventual sanción de ésta constitución trucha. Más que nunca independencia política y organizativa del gobierno y los partidos patronales. Retomemos el camino de la movilización hasta lograr el fin de las AFPs.

 Fuerza 18 de Octubre 

Notas 

 (1) “Superintendencia de Pensiones publica primera Ficha Estadística Regional del Sistema de Pensiones chileno”, en la página de la Superintendencia de Pensiones (11/1/21). 
 (2) Francisca Barriga y Marco Kremerman, Pensiones sin seguridad social. ¿Cómo se calcula el monto de las pensiones en Chile? (Fundación Sol, agosto 2021).

La revolución pasiva | Gramsci con Joan Tafalla


sábado, 3 de septiembre de 2022

El atentado contra Cristina Kirchner


Los magnicidios o tentativas de magnicidios ejecutados por supuestos “llaneros solitarios” deben ser tomados con pinzas y, todavía más, con enorme desconfianza. Los servicios de seguridad, tanto nacionales como extranjeros, han penetrado todos los poros de la vida ciudadana, en especial cuando, como ocurre en la actualidad, cuentan con herramientas tecnológicas impresionantes. Hasta el aparato de espionaje menos sofisticado puede ´guiar´ a un individuo a cometer un asesinato político. La primera cuestión que plantea el atentado contra la vida de Cristina Kirchner es determinar, precisamente, si fue o no parte de una conspiración política criminal. De un modo general, el llamado “estado profundo” es proclive a encubrir estos hechos y a sus protagonistas; sabe que sus ramificaciones hacia arriba pueden comprometer al Estado en su conjunto. Es lo que estamos viendo en estos días con la indulgencia del poder político y judicial norteamericano frente a Donald Trump, que comandó un golpe de estado en enero de 2021 y en su retiro de la presidencia se apropió de documentos secretos con el propósito de extorsionar eventualmente a sus rivales políticos.
 Lo dicho hasta aquí es especialmente oportuno porque la tentativa de asesinato de ayer, jueves, contra Cristina Kirchner, no se produjo en el vacío. Fue precedida, en primer lugar, por un reclamo de condena de 12 años por parte de los fiscales de la causa Vialidad. También por una disputa política abierta entre los gobiernos nacional y porteño, y entre la policía de la Ciudad y la Federal, acerca de la romería que se había desarrollado en torno al domicilio de la Vice. Todo esto, en el marco de un renovado peligro de corrida cambiaria y estallido hiperinflacionario. El episodio criminal tuvo lugar luego de un acuerdo entre ambos gobiernos y ambas policías, más preocupadas por reglamentar la vigilia kirchnerista que por la custodia de la mandataria. El resultado fue que, a la hora de los hechos, la vulnerabilidad de la vicepresidente alcanzara ribetes de tragedia; la cosa incluso empeoró porque CFK siguió con la rutina de firmar dedicatorias por algunos minutos, cuidada por expertos. 
 El discurso en cadena que pronunció Alberto Fernández, un par de horas después de lo ocurrido, no hizo la menor alusión a estas circunstancias. Fue un discurso encubridor, mientras en los medios de comunicación se ventilaba que la custodia de Cristina Kirchner se había duplicado, y hasta para algunos cuadruplicado, sin que este celo se manifestara en el terreno. Como la Policía de la Ciudad responde al macrismo y la Federal al kirchnerismo, las responsabilidades se encuentran repartidas ´salomónicamente´. Obviarlas es simplemente encubrimiento. Con un enorme tendal de policías, el entorno del domicilio de CFK quedó convertido en “una zona liberada”. Antes de esto, los medios de comunicación del oficialismo denunciaban a los grupos de “escraches” que actuaron frente a la Rosada y el Congreso.
 Lo ocurrido el jueves no fue tampoco una suma de hechos inconexos. El kirchnerismo llevó la disputa en torno a la vigilia en la Recoleta a un cuestionamiento de la autonomía constitucional de la Ciudad. Acusó a la Policía de la Ciudad de “política”, o sea, al servicio de la camarilla de Larreta. Ambas cosas, sin embargo, tanto la autonomía de la Ciudad como la instalación de una policía local, fueron pactadas por todos los protagonistas actuales. Luego, buscaron otorgar su propia policía a los intendentes. Menemistas y radicales, frepasistas y duhaldistas, kirchneristas y macristas – todos juntos – pactaron sacar a la capital de la tutela federal. ´Alberto´ y ´Cristina; Zaffaroni y Vilma Ibarra la votaron con ambas manos. La función económica de la autonomía porteña había sido resumida, sin medias palabras, por Domingo Cavallo, cuando señaló el propósito de convertir a la Ciudad en “la Capital financiera y turística” del Mercosur. La autonomía fue la expresión política de los intereses inmobiliarios y financieros que, desde Puerto Madero, pretenden cubrir toda la ribera del Plata y del Riachuelo. Es un plan de desalojo masivo, que sólo ha disminuido de velocidad por la terrible crisis social y habitacional de gran parte de la urbe, sin por eso detener el negocio, que ahora acaba de recibir la bendición ´nacional y popular´ de un blanqueo.
 Alberto Fernández, luego de consultar por teléfono a Cristina Kirchner, adjudicó el atentado a ”los discursos de odio”. No hizo referencia a las enormes irregularidades de la custodia; ni a la disputa constitucional desatada entre el gobierno de la Nación, de un lado, y de la Ciudad, del otro; ni al proceso judicial por defraudación del estado; ni a los discursos de CFK para desmantelar el movimiento piquetero. Adjudicó al atentado criminal una “gravedad institucional”, lo que equivale a una tentativa de golpe, y dijo, para reforzar, que “afecta la democracia”. En este caso, Alberto Fernández sabe más de lo que se conoce acerca del atentado; de lo contrario ha recurrido al palabrerío para zafar de la responsabilidad del gobierno en la protección de la Vicepresidenta. Si detrás de lo ocurrido hay golpistas, hay que señalar que un par de horas antes, el kichnerismo había votado con los golpistas, en el Senado, el otorgamiento de un dólar de 200 pesos a la exportación adicional de la industria automotriz, y se apresta a hacerlo para favorecer a los exportadores de soja. Massa, la otra pata del trío, dijo lo mismo: “Cuando el odio y la violencia se imponen sobre debate de ideas, destruyen las sociedades y se generan situaciones como la de hoy: un intento de magnicidio”. Pero él mismo ha incorporado al gobierno a un tuitero del odio, que tuvo que disculparse por sus dichos pasados para poder asumir como vice ministro de Economía. Las proclamas de “repudio” y las convocatorias a “la solidaridad”, luego del atentado, no bajan ni un milímetro la crisis política que se ha desatado luego de las Paso de 2021. Es una crisis que no tiene que ver con el odio sino con la bancarrota del Estado propiciada por el capital financiero, y con el hambreamiento de los trabajadores. Tentativa de golpe fue la corrida contra el peso que llevó a la renuncia de Guzmán, y fue gestada desde el propio kirchnerismo. Un estallido del dólar había colocado al gobierno al borde del colapso. En lugar de denunciar el golpe, el gobierno de los Fernández les ofreció a los golpistas financieros dos cosas: el rescate de los bonos públicos en pesos que se habían desplomado en valor, y un “bono dual”, que se ajusta al mayor valor entre el dólar y la inflación. Alberto Fernández, en esa ocasión no convocó a cadena nacional, ni CFK usó las redes para denunciar el golpismo – nombraron a Massa para que arreglara con los golpistas. 
 La invocación a “la paz social”, otro plato del discurso, es una extorsión contra los trabajadores. El gobierno pretende usar el atentado para frenar los reclamos, las manifestaciones y las huelgas. Los punteros oficiales asumen que el atentado, la denuncia de un golpe y la defensa de la democracia son una buena platea para lanzar a la líder a la candidatura a la presidencia. El kichnerismo pretende contener con una operación “clamor” las luchas contra el ajuste, la precarización laboral, la recesión que levanta cabeza y la confiscación de los ingresos. Se trata de un ´operativo´ reaccionario – busca apoyo en el FMI contra los trabajadores.
 La “paz social” que reclama AF se resentirá considerablemente con el tarifazo de los servicios, el aumento de la nafta y las devaluaciones a medida que diseña el gobierno con el Banco Central. De otro lado, con la crisis financiera se acentuará el conflicto entre los distintos sectores patronales en torno al carácter de la “estabilización” de la economía, por un lado, y el conflicto judicial, por el otro. Hay una lucha a muerte por imputar a CFK y su camarilla la asociación ilícita, como si no alcanzara la defraudación al estado y la cadena de estancias de Lázao Báez. En oposición a los republicanos vacilantes, como el ex K Pichetto o el periodista Carlos Pagni, el profesor ´garantista´ Roberto Gargarella refuerza hoy en Clarín la importancia de la asociación ilícita, o sea la condena a doce años contra CFK. No alude en ningún momento a un vicio fundamental del juicio oral, como lo es la colusión del fiscal Diego Luciani con el juez Giménez Uriburu y, adicionalmente, la que afectaría al juez Gorini. Y, sucesivamente, la que atañe a los jueces de Casación que juegan al paddle con Macri. Argentina asiste a una disolución espectacular de su régimen político en medio de un descomunal impasse financiero – en un mundo capitalista en guerra internacional sin fecha de vencimiento.
El atentado contra Cristina Kirchner no es la causa eficiente de esta crisis, sino el accidente criminal que expone un derrumbe histórico descomunal. Las exhortaciones a contener el ´sobregiro´ alcanzado por esta crisis están condenadas al fracaso. 

 Jorge Altamira 
 02/09/2022

jueves, 1 de septiembre de 2022

Gran Bretaña: de la inflación a la ola de huelgas


Trabajadores ferroviarios británicos 

No tiene nada de exagerado afirmar que Gran Bretaña está en virtual colapso. Los titulares que vienen utilizando los principales medios para caracterizar la situación del país son de por sí elocuentes. “Prácticamente nada funciona en el Reino Unido”, dice el semanario conservador The Economist. “El país está crujiendo”, diagnostica otro pilar del establishment, el Financial Times” (Página/12, 27-8).
 La inflación más alta de los últimos 40 años, que se acerca al 13%, el hundimiento de los ingresos de los asalariados, el deterioro sin precedentes de la salud, la falta de agua en medio de la sequía que sacude el viejo continente, la disparada de los precios de la energía que está haciendo estragos en los hogares y que aumenta este mes un 80%, hablan de un malestar y inconformismo generalizado. Este clima ha sido el combustible que nutre la ola de huelgas que estremece el país. Hay que remontarse también 40 años para una reacción de los trabajadores de la misma envergadura. 
 Los trabajadores portuarios vienen de protagonizar un paro por ocho días en el muelle de Felixstowe, en la costa oriental británica, donde cada año se manejan unos 4 millones de contenedores de 2.000 buques. Felixstowe maneja casi la mitad de la carga que llega al país. 
La huelga podría obligar a desviar los buques comerciales a otros puertos en el Reino Unido o en Europa. La huelga ocurre en momentos en que el Reino Unido entraba en su tercer día un paro ferroviario, convocado para pedir mejores salarios y seguridad laboral. Apenas uno de cada cinco trenes cubría sus rutas y en algunas estaciones no llegó ni un solo tren. Los líderes sindicales afirman que es probable que haya más huelgas. El gobierno y los sindicatos de tránsito no han llegado a una solución a pesar de meses de negociaciones. 
 Esto empalmó con una paralización de las líneas del subterráneo de Londres, y con cancelación de vuelos. La onda expansiva llegó a empresas industriales y de servicios como Amazon. Quinientos mil enfermeros también están en conflicto. Los 120.0000 trabajadores postales, los abogados, el personal de British Telecom y los recolectores de basura, a su turno, han anunciado huelgas para finales de agosto. 
 Bajo este clima, crece la efervescencia entre los sindicatos británicos. Estos meses han pasado a la historia como “El verano del descontento”. El responsable de servicios públicos del Congreso de Sindicatos (Trades Union Congress), Kevin Rowan, que viene haciendo la plancha en medio del vendaval, se ha visto obligado a declarar que la organización sindical “apoyará y alentará” a los sindicatos en esta iniciativa, para que las huelgas sean “lo más eficaces” posible. 
 Los pronósticos es que la inflación, lejos de atenuarse, se va a agravar. Las previsiones de bancos y consultoras es que la inflación en Reino Unido alcanzará el 18%. Entre octubre del año pasado y el octubre que se aproxima, 24 millones de hogares británicos pagarán el triple por la energía, de lo que lo hacían un año atrás. La factura promedio pasará a ser de 350 dólares mensuales, lo cual actúa como caldo de cultivo para las demandas. A la par de la conflictividad laboral ha empezado a abrirse paso entre la población afectada un movimiento autoconvocado que plantea no pagar las boletas de servicios que llegan con los nuevos aumentos.

 Decadencia británica

 El colapso actual expresa no solo una combinación de factores recientes, sino que da cuenta de una crisis de fondo que viene madurando hace largo tiempo. Una de sus manifestaciones últimas fue el Brexit, pero data de varias décadas. “Uno de los diagnósticos más lapidarios pertenece a un columnista estrella del ultraconservador matutino Daily Telegraph. ‘Nuestro asombrosamente acelerado declive es trágico y, sin embargo, no sorprende. Estamos cerca del desenlace, del punto final, de un cuarto de siglo de fracaso político, intelectual y moral del cual la mayoría de nuestra clase política es cómplice’”, escribe Allister Heath (Página/12, ídem). 
 Históricamente, Gran Bretaña ya era una potencia en declinación. La clase capitalista apostó bajo el gobierno de Margaret Thatcher a recobrar parte del esplendor perdido a través de privatizaciones, ventajas impositivas, incentivos al capital y un ataque en regla, flexibilización mediante, de los trabajadores, reducción de los costos laborales, despidos y persecución gremial. Los laboristas que asumieron luego de la Dama de Hierro no se apartaron de ese derrotero. No obstante, esta ofensiva no logró remontar la pendiente descendente del capitalismo británico. 
 Los conservadores que asumieron después de 2010, tras el estallido de la crisis financiera de 2008, pretendieron darle un nuevo impulso a esta apuesta. El énfasis fue puesto en la reducción del déficit fiscal y que la solución residía en bajar el gasto y estimular la inversión privada, recortando los impuestos de ricos y corporaciones. 
 A pesar de tener una de las tasas impositivas más bajas, el Reino Unido está en los últimos escalones de la inversión privada y pública de los países del G7. Lo cual prueba, una vez más, los límites de la política monetaria y fiscal para contrarrestar las tendencias a la caída de la tasa de beneficio que operan en el marco de la crisis de sobreproducción y sobreacumulación de capitales presentes en la economía mundial.
 “Esta falta de inversión viene de décadas. Una obsesión con la eficiencia del gasto ha hecho que en vez de mantener y mejorar la infraestructura, se la haya dejado colapsar. En el Reino Unido se trabaja mucho más que en Alemania y Francia, pero estamos muy por detrás en términos de productividad porque invertimos muchos menos en rubros clave incluidos tecnología, capacitación e investigación”, señala el editor económico del The Guardian, Larry Elliot (Página/12, ídem). 
 La sequía en este verano dejó a la vista que las corporaciones que manejan el suministro de agua, privatizado en los ’80, no han construido ningún nuevo reservorio a pesar de que hubo un aumento poblacional de diez millones de personas en las últimas décadas. 
El mismo descuido se ve en el mantenimiento de un sistema que, en gran parte, viene de la época victoriana. Los impuestos a las corporaciones han bajado del 26 por ciento en 2010 al 19. Pero más que estimular la inversión, las ganancias se usaron para pagar dividendos a los accionistas: el equivalente a más de 70 mil millones de dólares (57 mil millones de libras) en los últimos treinta años.
 El sector energético, que registró ganancias extraordinarias con la guerra, está aumentando los precios, sin que ello se haya traducido en una expansión de la infraestructura. 
A nivel del sector público, el congelamiento y reducción de la inversión desde 2010 hizo que el Sistema Nacional de Salud (NHS) tenga hoy uno de los más bajos números de camas hospitalarias por persona de un país desarrollado, algo que se notó durante la pandemia. El virtual congelamiento de salarios desde 2010 llevó a un éxodo de enfermeras y médicos, éxodo compensado solo parcialmente con la contratación de profesionales de países en desarrollo. Aún así hay una faltante de enfermeras (Página/12, ídem).
 El gobierno británico viene de anunciar recortes parecidos en el ferrocarril que ascienden a 2.500 millones de dólares.

 Perspectivas 

Este escenario se potencia como resultado de una disgregación política, que está en pleno desarrollo. El primer ministro Boris Johnson renunció en junio y su sustituto recién se anunciará el 5 de septiembre. Pero los relevos en danza no representan una salida superadora. Los dos candidatos, por lo pronto, se aferran al mismo libreto que fracasó en las gestiones anteriores.
 La favorita, la canciller Liz Truss, promete una reducción impositiva de 27 mil millones de libras que favorecerá a empresas y multimillonarios para estimular la inversión en un país que todavía está lidiando con el agujero fiscal que le dejaron la pandemia y el Brexit. Su rival, el ex ministro de finanzas Rishi Sunak, es un poco más prudente y dice que ese es un objetivo a alcanzar más adelante. El aumento de la tasa de interés, por su parte, que defienden ambos candidatos, no ha logrado revertir la inflación, pero ha sido suficiente para avivar las tendencias recesivas.
 La transición que se abre, por lo tanto, está lejos de cerrar la crisis, más bien puede concluir acelerándola. El nuevo primer ministro debutará con una pobrísima base de sustentación: será electo por apenas 200 mil miembros del Partido Conservador. La abrumadora mayoría de la población, atravesada por fuertes tensiones económicas, sociales y políticas, será un convidado de piedra, una situación insostenible en medio de la actual convulsión nacional. 
 En caso de que tengan una luna de miel, que suelen contar los nuevos gobiernos, la misma será breve. Los recursos de la nueva administración son demasiados exiguos y precarios en relación a los desafíos que hay que enfrentar, por lo cual sus chances de finalizar el mandato en diciembre de 2024 son remotas y muy probablemente asistamos a un escenario de elecciones anticipadas. Una encuesta reciente le daba una ventaja a los laboristas de ocho puntos sobre los conservadores y ponía por delante a Keir Starmer como mejor primer ministro que Johnson, Truss o Sunak. 
 Pero más allá de los avatares políticos y electorales, cualquiera sea el partido o combinación que se abra paso, lo que estará en cuestión es cuál es su capacidad de pilotear la crisis. Una pulseada fundamental y estratégica del nuevo gobierno será con los trabajadores. Lo que está en juego es hasta qué punto se puede hacer refluir la ola de huelgas o, por el contrario, esa ola se termina abriendo camino. 

 Independencia política

 El gobierno de Boris Johnson culpó a los sindicatos de provocar el caos y propuso que otros trabajadores contratados por agencias reemplacen al personal para garantizar el servicio. Desde entonces, el gobierno ya derogó una ley que prohibía a las empresas contratar trabajadores temporales mientras durara la huelga ferroviaria.
 “Truss propone ilegalizar el sindicalismo efectivo en Gran Bretaña y robar a los trabajadores un derecho democrático clave”, dijo Mick Lynch, secretario general del RMT (sindicato de ferroviarios) y advirtió que el descontento actual puede terminar en una huelga general de facto (la última fue en 1927). “Es algo que decidirá la central de trabajadores. Pero lo que vamos a ver en educación, salud, transporte y el sector privado es acción sincronizada de huelga”. 
 Empieza a asomar la perspectiva de la huelga general. Las organizaciones gremiales están recorridas por tendencias contrapuestas: por un lado, una tendencia a la generalización de la lucha que está sostenida por los gremios más aguerridos y en conflicto y, por el otro, una tendencia a la integración al Estado, contemporizadora con el poder político de turno, representada por la cúpula de la central obrera. La máxima dirigencia sindical está alineada detrás del Partido Laborista, comandada en la actualidad por su ala derechista bajo el liderazgo de Keir Starmer, y viene jugando un rol clave en preservar la gobernabilidad del régimen político, bloqueando una acción de conjunto de la clase obrera británica. La ruptura de las ataduras del movimiento sindical con esta política de sometimiento al capital y sus partidos, y la defensa de la independencia política es una cuestión clave en las próximas y cruciales batallas que tiene por delante el proletariado británico. 

 Pablo Heller

Marcelo Abdala sobre el Proyecto Jubilatorio


miércoles, 31 de agosto de 2022

Represión y enfrentamientos en Irak


Más de 30 muertos. 

 Seguidores del Movimiento Sadrista iniciaron el lunes una serie de acciones de protesta en Irak, luego de que su líder, el clérigo chiíta Moqtada al-Sadr, anunciara su retiro de la política y reclamara también la renuncia a sus cargos de “todos los partidos”, profundamente desacreditados ante la población. Hubo 35 muertos y decenas de heridos en el curso de la represión y los enfrentamientos.
 En el mes de octubre, Irak efectuó elecciones parlamentarias, pero lleva más de diez meses sin lograr la formación de un gobierno. El grupo de al-Sadr obtuvo la mayor cantidad de bancas, pero sus rivales del Marco de Coordinación, bloque de partidos apoyado por Irán, bloqueó su llegada al poder. A fines de julio, los seguidores de al-Sadr tomaron el parlamento y pasaron luego a mantener una sentada frente al edificio, en alerta por la posible designación de un adversario como nuevo primer ministro. 
 El régimen político iraquí surgido tras la caída de Saddam Hussein se basa, al igual que el de Líbano, en un reparto del poder entre los distintos grupos confesionales. A los chiítas les corresponde el primer ministro, a los sunitas la jefatura del parlamento, y a los kurdos el presidente. Este esquema parece agotado, repudiado por una población hastiada de la pobreza y la corrupción.
 Como parte de las medidas de protesta de este lunes, los sadristas tomaron un edificio de gobierno en la Zona Verde de Bagdad, donde se concentran oficinas estatales y diplomáticas, entre ellas la embajada norteamericana. En Basora, ciudad ubicada en el sur, fue rodeada una refinería de petróleo. Las autoridades dictaron un toque de queda a nivel nacional. 
 Los manifestantes habrían sido atacados durante el mismo lunes por miembros de una de las milicias chiítas adscriptas al Ejército (Unidad de Movilización Popular), próximas a Irán. Y, en ese cuadro, se habrían movilizado también integrantes de la milicia armada del sadrismo, llamada Saraya al-Salam (Al Jazeera, 30/8). En medio de los choques fatales, Teherán cerró sus fronteras.
 El martes, al-Sadr emitió un sorprendente mensaje llamando a sus seguidores a desmovilizarse, e incluso les lanzó críticas por los hechos de violencia. De todos modos, la orden del clérigo fue cumplida. El primer ministro interino iraquí, Mustafa al-Kadhimi, saludó el gesto de al-Sadr. No queda claro qué quería lograr este último con el planteo de su renuncia.
 Al-Sadr goza de una gran influencia en sectores empobrecidos de la población, en particular de Bagdad y el sur del país. Es un crítico de la injerencia norteamericana y, pese a ser chiíta, también de la iraní -aunque muchos sostienen que en menor medida. Tras el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, formó una milicia (Ejército de Al Mahdi) que enfrentó a los estadounidenses y llegó a contar con 60 mil hombres.
 En 2018 concurrió a elecciones aliado con el Partido Comunista. Si bien nunca integró personalmente un gobierno, miembros de su partido habrían estado a cargo de ministerios en algunas gestiones, como el de salud (ídem). 
 Ante la rebelión popular de 2019, desatada por el estado ruinoso del sistema eléctrico y de agua potable, apoyó inicialmente las protestas, pero luego llamó a ponerles fin (La Nación, 30/8). Estos vaivenes no le impidieron liderar la fuerza más votada en las elecciones de 2021, aunque en un marco de enorme abstención (60%). 
 La combinación de la crisis política y social, en un país que nunca se recuperó de la devastación causada por la invasión del imperialismo, plantea la posibilidad de un nuevo levantamiento. 

 Gustavo Montenegro

Mikhail Gorbachov


Falleció a los 91 años Mikhail Gorbachov, último presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y secretario general del Comité Central del Partido Comunista desde 1985 hasta 1991. Durante su gobierno, Gorbachov fue el promotor de las medidas más osadas en la restauración del capitalismo –el imperialismo lo condecoró con un premio nobel a la Paz en 1990 por “dar fin a la guerra fría”-. No obstante, debió renunciar en 1991, luego de la crisis política que devino en la disolución de la URSS. 
 En Prensa Obrera, en una nota de Luis Oviedo, puede leerse la siguiente caracterización: “Apenas llegado al poder, Gorbachov firmó con Reagan un conjunto de tratados armamentistas que convirtieron a Estados Unidos en la única potencia nuclear capaz de una iniciativa estratégica. Junto con esto, establecieron una serie de acuerdos para ‘resolver los conflictos regionales’, es decir, para acabar con las revoluciones sociales y los levantamientos nacionales en América Central, Sudáfrica y Medio Oriente. En este cuadro, cuando la burocracia sostenía que su política tendía a “acabar con las barreras que separan a ambos sistemas”, era claro que no sólo se refería a las ‘barreras exteriores’ (la revolución mundial y la carrera armamentista), sino también a las ‘interiores’, es decir, a la planificación económica y a la propiedad estatizada” (4/7/1996). 
 Las reformas fundamentales de Gorbachov fueron la “glasnot” y la “perestroika” que combinaron un gigantesco proceso de privatización de empresas, desmantelamiento de las conquistas sociales de la revolución y, al mismo tiempo, el intento de preservar una burocracia parasitaria y en descomposición. Se convertía a los gerentes, administradores o burócratas económicos de los grandes grupos empresariales de la Unión Soviética en titulares formales de sus empresas. La “apertura democrática” reforzaba las atribuciones del presidente, mantenía incólume todo el aparato de la KGB (la policía política del Estado) y sostenía la impunidad de sus crímenes. Un intento bonapartista que fracasaría sin atenuantes. 
 El escenario de la “perestroika” comportó un descomunal retroceso económico de la URSS, que pasó de competir palmo a palmo con EE. UU. a convertirse en una economía “tercermundista”. Los niveles productivos se desplomaban, la inflación alcanzaba los tres dígitos, la agricultura sufría un desastre ecológico y las masas se empobrecían aceleradamente. La clase obrera respondería con importantes huelgas en toda la URSS.
 Estas reformas vinieron a confirmar lo que ya Trotsky caracterizó tempranamente en su texto “La revolución traicionada”: los privilegios inestables de la burocracia usurpadora exigían un régimen jurídico y político que otorgaran garantías a la propiedad privada. Gorbachov se trazó ese derrotero, bajo la envoltura de la transparencia y la “apertura”. 
 En ese período, la inmensa mayoría de la izquierda mundial se debatió en un apoyo franco a la perestroika de Gorbachov y la reivindicación de lo que consideraba la “democracia socialista”. El Partido Obrero en aquel entonces dijo “la perestroika es antisocialista” (28/1/1987), reivindicando la lucha del trotskismo y la IV Internacional contra las tesis de “socialismo en un solo país” o “socialismo con democracia”. 

 Caída de Gorbachov y de la URSS 

En marzo de 1991, Gorbachov convocó un referéndum en torno de la continuidad de la Unión Soviética y el 78 % votó a favor. En agosto de 1991, se produjo un intento de golpe de Estado de la KGB a Gorbachov, que marcaría el fracaso inexorable de la “perestroika". Sería el quiebre político definitivo de la burocracia de la URSS. El Partido Obrero fue la única organización política argentina que convocó a una movilización y un acto contra el golpe: “el golpe no está dirigido contra Gorbachov sino a imponer por métodos terroristas los planes pro-capitalistas que éste no pudo llevar adelante por la resistencia de los trabajadores y los pueblos de la URSS”. Prensa Obrera registró que “La izquierda mundial se dividió frente al golpe. Una parte —como Fidel Castro— apoyó a los golpistas, calificándolos como ‘salvadores del comunismo’, al que identificaban con la KGB; otros, como el SU, se pusieron del lado de Gorbachov y Yeltsin, a los que identificaban con la ‘democracia’.” (12/7/2007). Estamos ante el mismo problema político y metodológico planteado con la actual guerra de la OTAN y Rusia, cuando una parte de la izquierda se identifica con la burocracia de los servicios de inteligencia, en nombre del antiimperialismo, y otra parte se alinea en el campo de la OTAN, en nombre de la “democracia”. La historia se repite como tragedia, teniendo en cuenta las actuales amenazas de una hecatombe nuclear mundial. 
 En diciembre de 1991, Gorbachov renuncia como presidente y se proclama la disolución de la URSS, emitiendo el siguiente comunicado: “Dada la situación creada con la formación de la Comunidad de los Estados Independientes, ceso mi actividad como presidente de la Unión Soviética. Tomo esta decisión por consideraciones de principio. Se ha impuesto la línea de la desmembración del país y de la desunión del Estado, lo cual no puedo aceptar. Además, estoy convencido de que resoluciones de tal envergadura deberían haberse tomado basándose en la voluntad expresa del pueblo (es decir, un referéndum). El destino quiso que cuando me vi al frente del Estado ya estuviera claro que nuestro país estaba enfermo. Hoy estoy convencido de la razón histórica de los cambios iniciados en 1985. Hemos acabado con la Guerra Fría, se ha detenido la carrera armamentista y la demente militarización del país, que había deformado nuestra economía, nuestra conciencia social y nuestra moral. Nos abrimos al mundo y nos ha respondido con confianza, solidaridad y respeto” (5/12/1991). Gorbachov dejaba trazada la ruta de la restauración, algo que el conjunto de los personeros del imperialismo le reconocería hasta su muerte. 

 Restauración capitalista y barbarie 

La pretensión de una integración “pacífica” de los ex Estados obreros al mercado mundial fue brutalmente desmentida por las tres décadas que siguieron. La “apertura al mundo” señalada por Gorbachov inició una transición mundial caracterizada por nuevas guerras (Yugoslavia, Afganistan, Irak, Siria), masacres, hambrunas y bancarrotas económicas. Los “baños de sangre” que Gorbachov dijo querer evitar sucedieron a una escala mayor. La perspectiva de un capital “mundializado”, integrando a los ex Estados obreros, se trasmutó en la acentuación de todas las contradicciones del capitalismo en declinación. La invasión de Rusia a Ucrania, el hostigamiento militar y económico sistemático de la OTAN y el imperialismo norteamericano sobre Rusia demuestra una continuidad de esa transición, pero acentuando su porvenir catastrófico y su pretensión última de aplastar al proletariado mundial. La prolongación de un régimen social agotado históricamente plantea, con mayor vigencia que nunca, la cuestión de la revolución socialista. 

 Emiliano Fabris 
 31/08/2022

martes, 30 de agosto de 2022

El verso de la aprobación popular de Lacalle

La presencia permanente de Lacalle en los medios, sobre todo en televisión, marcan la aceptación de su personaje. 

 Al comienzo de cada gobierno, la aprobación de los presidentes está en la cresta de la ola, con los mejores niveles de evaluación, y los saldos positivos se mantienen por unos cien días, lo que los politólogos les llaman “luna de miel”. Pero, casi siempre llega un declive que crece a la mitad del mandato para sobrevenir, por último y despedida, un repunte que casi nunca alcanza el pico del inicio de su administración. 
 Luis Lacalle, o el presidente “verdaderamente surfer” como lo llaman las revistas deportivas especializadas uruguayas, viene surfeando la ola de aprobación siguiendo el ciclo clásico, aunque, a juzgar por las encuestas, llega a la mitad de su mandato con ciertas singularidades, como una luna de miel que se extendió por más tiempo que el observado en los tres gobiernos anteriores del centroizquierdista Frente Amplio. 
 En un país “viejo”, acostumbrado a presidentes de mayor edad, este abogado de 48 años trajo «Aire Fresco», como bien dice el nombre de su movimiento dentro del derechista Partido Nacional. Reconocido surfista, es heredero de una saga de políticos. Su padre es el expresidente (1990-1995) Luis Alberto Lacalle Herrera y su abuelo el máximo dirigente histórico del Partido Nacional, Luis Alberto Herrera. 
 Tras su derrota en las presidenciales de 2015 frente a Tabaré Vásquez, en 2019 aunó a la oposición derechista y ultraderechista en la Coalición Multicolor y se impuso en segunda vuelta por un estrecho margen ante el socialista Daniel Martínez, del Frente Amplio, alianza que tras tres mandatos mostraba un natural desgaste.

 En bajada 

 Fue en el segundo trimestre de 2021 que comenzó el declive del ciclo de aprobación de Lacalle, pero a la mitad del período aún más del 45% de los uruguayos en edad de votar hacen una evaluación positiva de su gestión, según el promedio que manejan las cuatro principales consultoras de opinión pública (Cifra, Equipos, Factum y Opción). 
 Los analistas políticos coinciden en que la gestión de la pandemia explica en parte la consolidación de una evaluación positiva y constituye uno de sus grandes “éxitos” hasta la mitad del mandato. La concreción de los proyectos de ley que el Ejecutivo envió al Parlamento –con el caso paradigmático de la Ley de Urgente Consideración a la cabeza y su posterior reafirmación en el referéndum– es otro de los mojones que destacan los analistas, señala el diario conservador El Observador. 
 La seguridad, uno de los aspectos que hizo ganar la elección a la coalición de gobierno, es ahora uno de los desafíos sin repuesta, ante el crecimiento de la criminalidad, el narcotráfico y los homicidios, así como las postergadas reformas de la seguridad social y la educación, así como la pérdida de salario real y la situación económica. 
 Hay otros problemas que Lacalle debe resolver como el funcionamiento de la coalición derechista de gobierno y las eventuales candidatura de cara a las próximas elecciones, además de exagerada centralidad del presidente.
 Miriana Pomiés, de la encuestadora Cifra, habla de una estrategia de comunicación efectiva con la población y afirma que el solo hecho de que la oposición acuse al gobierno de un manejo exacerbado de la comunicación ya habla de su éxito en ese sentido. El error puede ser que el discurso queda demasiado centralizado en el presidente. 
 Francisco Vernazza, publicista y experto en comunicación, señala que de todos los mitos que habitan la política, el más difundido es que la cotización de un candidato o partido en la opinión pública es resultado de mejor o peor comunicación. Esta manera de ver las cosas presta un invalorable contribución a la autoestima de los actores políticos porque implica decir, en voz baja o alta: “Somos mejores que nuestra apariencia. Tenemos un buen globo, solo falta inflarlo», añade. 
 Esta convicción puede tener lugar en los textos de autoayuda para la clase política pero, como toda simplificación aguda, “implica el peligro de hacer creer que tenemos la llave teórica del asunto cuando solo tenemos un llavero vacío. La llave del éxito de Lacalle no han sido las horas sumadas de comunicación por la pandemia ni la prolija escenografía de las conferencias de prensa, sino su capacidad de construir un personaje que luce serio, responsable, sensato, más bien inteligente y sobre todo auténtico”, analiza.
 La presencia permanente de Lacalle en los medios, sobre todo en televisión, marcan la aceptación de su personaje, quizás más como ejemplar de un biotipo humano que como un gran líder o pensador político. La valoración estuvo en atributos personales por fuera de la discusión política. Quizás por eso mismo se hizo tolerable para la parte más blanda del espacio frenteamplista. 
 La coalición de derecha gobernante envió al Congreso un nuevo proyecto sobre medios de comunicación, hecho a medida del oligopolio mediático, que a todas luces favorece y potencia la concentración en pocas manos, que son las que aplauden siempre la gestión del presidente –primero- y del gobierno. 
 ¿Estos éxitos son obra de la comunicación?, se pregunta Pancho Vernazza. Impugnar los superpoderes de la comunicación en política, no implica subestimar al aparato haciendo su trabajo. Todos los días el aparato comunicacional divulga las fotos correctas, los giros verbales inteligentes, los diseños gráficos de buena presentación. Pero no cambia la historia: las últimas cifras dan cuenta de eso. 
 En Uruguay los homicidios aumentaron 39 por ciento en el primer semestre de 2022 según un informe del Ministerio del Interior. Además del aumento en cantidad, es el incremento en la violencia, los modus operandi de los homicidios y los femicidios. Por un lado se suman enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes, el avance de toma de territorio, modos crueles de violencia en los hogares con descuartizamientos, cuerpos prendidos fuego, enterramientos en fincas, secuestros y más. 
 Uruguay acabó el tramo inicial de la era Lacalle con 13.700 presos en sus cárceles (más de 386 personas por cada 100 mil habitantes), un número aterrador para un país de poco más de tres millones de habitantes. Las muertes en las cárceles de Uruguay aumentaron un 79% en 2021, advirtió el Comité de Naciones Unidas contra la Tortura, que además se mostró preocupado por las condiciones de detención en las prisiones y por la falta de una definición de tortura en la legislación uruguaya. 
 Hoy, mientras el gobierno inunda los medios y las redes con el latiguillo de que la culpa de los males la tienen los tres gobiernos del centroizquierdista Frente Amplio, el 69% de la población responsabiliza al gobierno por la entrega del pasaporte al narcotraficante internacional uruguayo Sebastián Marset, el 70% entiende que en los últimos dos años aumentó la violencia vinculada al narcotráfico y 77% considera que hay vínculos entre estas organizaciones criminales y el sistema político. 

 Luvis Hochimín Pareja. Periodista uruguayo, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)