lunes, 13 de junio de 2022

Una lucha mundial de los trabajadores de la Salud


Las huelgas autoconvocadas de enfermería y Salud se desarrollan por todo Estados Unidos y las trabajadoras y trabajadores han conformado una coordinadora nacional. Es la primera organización de coordinación nacional obrera del mundo en lo que va de la pandemia. Las huelgas de la salud se desarrollan en todos los continentes y no hay país donde la salud no esté en lucha. 
 La coordinadora es el resultado de un prolongado proceso de lucha durante la pandemia. Se ha creado para apoyar las huelgas que nacen de forma autoconvocada en todo el país pero que no cuentan con el apoyo de los sindicatos oficiales, aliados a las gobernaciones y al gobierno Biden. 
 En Nueva Jersey, el paro de enfermería, terapistas y radiólogos se extiende por tres semanas. Reclaman aumento de salario, mayor dotación de personal, más y mejores elementos de protección personal (EPP). También una regularización de la obra social de los trabajadores que se encuentra declarada en quiebra y denuncian graves problemas para tener atención médica para sus familias. En Los Ángeles, los residentes han iniciado la huelga contra el régimen laboral de 12 horas. La huelga en la ciudad de Minnesota ha volcado a casi 13 mil enfermeras y enfermeros a piquetes callejeros. Las próximas ciudades en ingresar a la huelga son Nueva York, California y Washington. 
 En Florida, hubo manifestaciones masivas de la población en apoyo al personal de salud, luego de que una decena de enfermeras de un sanatorio renunciara tras el suicidio de un paciente que no pudo ser atendido por falta de personal. La población reclama que se retiren los cargos legales contra una enfermera, mientras el gobierno ha intentado sortear la lucha con carneros. 
 El 90% del personal de enfermería considera dejar la profesión por el alto nivel de desgaste físico y mental que sufren, según una encuesta de Healthcare IT News publicada el 24 de marzo. La falta de personal se combina con extensas jornadas de trabajo y salarios bajísimos que afectan no solo al propio personal, sino también la calidad del servicio. Ni los propios trabajadores están protegidos frente a la pandemia, con elementos de protección (EPP) de mala calidad. 
 Frente a un sistema de salud colapsado previamente, en un contexto de bancarrota de la economía nacional y con una fuerte inflación que derrumba los ya bajísimos salarios del personal de salud, la coordinadora denuncia que las empresas privadas que gestionan la mayoría del sistema de salud se niegan a otorgar el aumento de salarios y a la contratación de más personal, mientras se benefician con subsidios millonarios del estado y destinan sumas enormes de dinero a la guerra de la OTAN 
 Las huelgas de la salud se desarrollan por todo el mundo. En Westfalia, Alemania, 2.500 enfermeras están de paro hace un mes por salario y más dotación de personal. En España y Turquía se han desarrollado huelgas de 11 mil y 20 mil trabajadoras y hay renuncias masivas en Francia por la discriminación del pago de bonos salariales. 
 En Escocia, 40 mil enfermeros del sistema público y privado amenazan con renunciar si no hay aumento de salario, mientras en el resto del Reino Unido los trabajadores de la salud se sumarán a las huelgas ferroviarias, de la docencia y empleados públicos. 
 Diez mil van a la huelga en Nueva Zelanda. En Australia, después de 10 años, hubo dos paros en febrero y marzo. Veinte mil enfermeros han parado el sistema de salud en el oeste de la India mientras, en Sri Lanka, el personal de salud encabeza la rebelión popular contra los planes de ajuste del gobierno y el FMI. 

 Maxi S. Cortés
 11/06/2022

domingo, 12 de junio de 2022

Cultura crítica y ciencias sociales en la revolución Cubana - Nestor Kohan


 

 Intervención de Néstor Kohan presentando el libro "LA BRUJULA Y EL MAPA" (Cultura, crítica y ciencias sociales en la Revolución Cubana, 2022 [376 páginas]). Ensayos, textos, artículos y entrevistas sobre Fidel Castro, el Che Guevara, Armando Hart Davalos, Alfredo Guevara, Roberto Fernandez Retamar, Fernando Martínez Heredia, Ulises Estrada Lescaille, Celia Hart Santamaría, Pablo Pacheco Lopez, entre otros y otras. Debates históricos y polémicas actuales de la Revolución Cubana y el movimiento revolucionario latinoamericano.

sábado, 11 de junio de 2022

Washington contra la democracia en América


La cuestión migratoria y la Cumbre de las Américas


El imperialismo acelera las expulsiones

 El mismo día que empezó la Cumbre de las Américas en Los Angeles, alrededor de 15 mil migrantes centroamericanos emprendieron una caravana desde Chiapas, México, con destino a Estados Unidos. Entre ellos, 3 mil menores y 126 mujeres embarazadas. 
 El gobierno estadounidense ya les ha dejado en claro que la frontera está cerrada. Es lo mismo que dijo hace algunos meses la vicepresidenta Kamala Harris en Guatemala, durante su gira por Centroamérica. Joe Biden ha seguido la política de su predecesor en el cargo. Valiéndose de un procedimiento de deportación exprés del expresidente Donald Trump, instituido con la excusa de la pandemia, cerca de 1,7 millones de personas fueron expulsadas. Solo en el mes de marzo, más de 100 mil (Voz de América, 16/4). Recientemente, el mandatario estadounidense anunció la derogación de esa disposición, pero el asunto quedó judicializado por una apelación de varios gobernadores republicanos. 
 En el cónclave de Los Angeles, el debate de la cuestión migratoria estará limitado por la ausencia de los principales países de origen de las caravanas. Los mandatarios de Guatemala, El Salvador y Honduras (el llamado “triángulo Norte”) no asistieron, revelando las dificultades que ha afrontado Washington para organizar una cumbre exitosa. 
 La vice yanqui, foco de las críticas por la falta de resultados en materia migratoria, acaba de desempolvar un plan de inversiones para Centroamérica con la intención de que los países mencionados contengan el aluvión, pero se trata de un refrito de planteos que ya hizo en su gira por la región y que no arrojaron ningún resultado.
 Hasta aquí, el principal recurso de los Estados Unidos ha sido transformar a México en una especie de “Estado tapón”, para lo cual ha contado con el concurso del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que reforzó el control de las fronteras y el accionar represivo de la Guardia Nacional.
 La estampida migratoria desde Centroamérica hunde sus raíces en la descomposición que atraviesa la zona, devastada por la pobreza y el accionar de grupos criminales. El imperialismo tiene una responsabilidad primordial en esa debacle, debido a su promoción de dictaduras sanguinarias y gobiernos títeres. Como un búmeran, la crisis que contribuyó a crear golpea ahora sus puertas bajo la forma de crecientes olas migratorias. Y ello, en medio de una profundización de los antagonismos sociales y de una crisis económica (inflación récord y desaceleración). 
 Dentro de los Estados Unidos, el gobierno de Biden ni siquiera ha avanzado en una limitada reforma que había prometido al comienzo de su mandato, y que estipulaba la regularización de los ilegales que viven hace años en el territorio. En paralelo, crece la agitación xenófoba y racista, que estimula el accionar de desequilibrados y fascistas. Recordemos que recientemente un joven supremacista blanco condujo su auto unos 300 kilómetros para masacrar a afroamericanos en un supermercado de Buffalo, Nueva York. Se había inspirado en un atacante anterior que en 2019 mató a 22 personas –mayormente latinas- en un almacén de El Paso, Texas, en la frontera con México. 
 Vale aquí señalar también que una franja de los migrantes expulsados a México son víctimas de robos, violaciones y crímenes. 
 Frente al problema migratorio, defendemos el derecho incondicional al asilo, la derogación de todas las normas expulsivas y planteamos la unidad de los trabajadores migrantes y nativos, contra el imperialismo y los gobiernos capitalistas. 

 Gustavo Montenegro

viernes, 10 de junio de 2022

Batallón Azov, eje vertebral del ejército ucraniano


En los últimos días, se ha difundido que el Batallón Azov ha decidido cambiar el símbolo con el cual se representaba. El mismo estaba emparentado con el Wolfsangel utilizado por las tropas de la SS durante la segunda guerra mundial bajo el régimen nazi en Alemania. Ahora las tropas Azov pasarán a utilizar las “Tres Espadas” o tridente de oro – que acompaña al escudo ucraniano desde hace siglos, incluso bajo la URSS. 
 La necesidad de cambiar el símbolo de estas “unidades especiales” se ha vuelto una necesidad tras la derrota del Batallón original en la ciudad de Mariupol y la “refundación” de nuevas unidades en las ciudades de Kharkov y Kiev. 
 El primer gran medio en dar publicidad a este cambio fue el diario The Times, que no ocultó su alivio por esta decisión puesto que quitaba un argumento a favor de los rusos sobre la presencia nazi en el ejército ucraniano. Al mismo tiempo, permitía asegurarle a este medio que el gobierno ucraniano no fomentaba una expansión del Batallón Azov en otras divisiones de sus fuerzas armadas. En declaraciones periodísticas, los soldados Azov señalan que las unidades especiales de Kharkov fueron fundadas por veteranos del Batallón. Para que no queden dudas de la continuidad ´ideológica´de este grupo, en la rueda de prensa en la que fue presentada la nueva división con su simbología, el comandante de la nueva unidad, Maksym Zhorin, declaró: “Sobre los mismos principios y bases ideológicas que el legendario Batallón Azov, formamos nuevas divisiones. Cada día se vuelven más numerosas y profesionales”. 
 Como unidades especiales, los Batallones Azov han recibido las mejores armas y entrenamientos, es decir, combaten con las armas de la OTAN enviadas, principalmente, por Estados Unidos. El 90% de la izquierda mundial que reclama “armas para Ucrania”, debe saber que las mismas terminan en manos de estos batallones identificados con el nazismo. El fundador del Batallón Azov de Mariupol -cuartel central de la organización- Andriy Biletsky, fue líder de la organización paramilitar Patriota de Ucrania. En 2010, éste aseguraba públicamente que “la misión de Ucrania es 'liderar a las razas blancas del mundo en una cruzada final ... contra los Untermenschen [subhumanos] dirigidos por los semitas'”. 
 Cientos de combatientes Azov participaron del golpe de Estado de 2014 contra el ex presidente Viktor Yanukovich. Luego, fueron un salvavidas del nuevo régimen pro OTAN en Kiev, pues formalmente se incorporan al ejército ucraniano hacia fines de 2014, luego de múltiples deserciones masivas que habían dejado prácticamente sin existencia a las fuerzas armadas ucranianas. Para 2015-2016, ya se habían registrado múltiples denuncias a la ONU contra Azov por crímenes de lesa humanidad en diversas provincias del este ucraniano, incluyendo secuestros, torturas y asesinatos. 
 En la actual guerra su rol no ha sido menos reaccionario. Los propios civiles de Mariupol y otras ciudades, así como videos compartidos por internet muestran nuevos crímenes realizados por estas fuerzas contra civiles ucranianos y soldados rusos rendidos, en la zona del este ucraniano. 
 Esta es la realidad del ejército ucraniano, la clase obrera internacional debe luchar contra la guerra, por la derrota de los gobiernos guerreristas. Por la unidad internacional de los trabajadores para derrotar la guerra imperialista y la barbarie capitalista. 

 Joaquín Antúnez 
 10/06/2022

jueves, 9 de junio de 2022

Colombia: votemos contra Rodolfo Hernández y el uribismo


Sobre el ballotage presidencial

 El rumbo hacia la segunda vuelta presidencial en Colombia del domingo 19 está mostrando el proceso de polarización social tras la rebelión popular de 2021. 
 De un lado, Rodolfo Hernández, un empresario que se presenta como “antisistema”, pero que ha recibido el apoyo del “círculo rojo” del régimen montado por el uribismo. Del otro, Gustavo Petro, el candidato de la coalición de centroizquierda Pacto Histórico, que encolumnó tras de sí a prácticamente la totalidad de las expresiones políticas y sociales que participaron de las protestas del año pasado.
 Según las encuestas, Hernández concentraría la mayor parte de los votos de la derecha, creciendo entre quince y veinte puntos sobre su 28% inicial. Mientras, Petro sumaría unos cinco puntos a su 40% previo. En los últimos días, los sondeos muestran un incremento del voto en blanco y de la abstención entre votantes de opciones que no llegaron al balotaje, lo cual podría beneficiar a Petro. Estamos ante un final abierto. 

 Garantías al capital 

El dato central de la campaña es la voluntad de ambos contendientes de dar garantías de gobernabilidad al capital. 
 Hernández recorrió foros empresariales y moderó los elementos populistas de su discurso, a la vez que tomó distancia de las medidas más repudiadas del gobierno de Iván Duque. Plantea un redoble de la ofensiva contra los trabajadores: quita de ayudas sociales y declaraciones por la ampliación de la jornada laboral, un nuevo desguace en educación y salud, reforma impositiva, entre otras. 
 Pero Gustavo Petro, en vez de denunciar este libreto del gran capital, muchas veces disfrazado con formulaciones que posan de progresistas, hizo eje en que Hernández le habría “copiado el programa”. Ante lo cual dio un paso más: propuso, “gane quien gane”, proceder a un “acuerdo nacional”.
 La perspectiva de un acuerdo nacional levantada por Petro no debe ser tomada como un dicho al pasar. Es evidente que un gobierno de Hernández, sin una base política propia, tendría que tejer acuerdos con todas las fuerzas políticas, tanto para formar el gabinete de gobierno como para actuar en el Parlamento, donde casi no tiene escaños. El uribismo y sus representantes, golpeados tras la revuelta, no pueden ejercer este papel en soledad.
 Con estas declaraciones, Petro hace saber que su orientación no es antagónica a la del régimen, a cuyos personeros estaría dispuesto a integrar. Así lo ha entendido una fracción de la burguesía que, a través de ex mandatarios y voceros de partidos tradicionales, ha salido en su apoyo. Se destaca el sector mayoritario del histórico Partido Liberal, que estuvo cerca de cerrar una candidatura común. Muchos señalan que, por abajo, su aparato ya trabajó para Petro durante las elecciones de primera vuelta, en detrimento del candidato predilecto de la burguesía, “Fico” Gutiérrez, quien terminó en tercer lugar. 
 No obstante, la mayor contribución de Petro a un acuerdo nacional con el régimen uribista sería desmontar el clima de descontento tras las protestas del año pasado. A esta tarea ya estaba abocado durante las jornadas más álgidas, pronunciándose por el sostenimiento del gobierno de Iván Duque y contra la radicalización de las medidas de lucha. 

 La lucha contra el régimen uribista

 Las organizaciones combativas que apoyan la candidatura de Petro e integran la coalición del Pacto Histórico eludieron tomar el ángulo del acuerdo nacional en su campaña hacia la segunda vuelta. Pero también se abstuvieron de criticarlo. La capacidad de contener a los diversos grupos de raigambre popular, y hasta evitar el surgimiento de liderazgos y programas alternativos, es el mayor reaseguro que Petro le ofrece a la burguesía.
 La derrota del régimen uribista, en esta elección encarnado por Rodolfo Hernández, requiere una movilización extraordinaria de los explotados de Colombia, que solo puede ser alcanzada con medidas que ataquen al capital y al imperialismo. No es la orientación de Gustavo Petro. El voto a su candidatura, sin ningún apoyo ni expectativa en su programa político, responde a colocar a los trabajadores en condiciones menos adversas para continuar la lucha.
 En Colombia, el domingo 19, en Argentina desde el lunes 13 y en todos los centros de votación, reforcemos las iniciativas de campaña por la derrota de Hernández y el uribismo, con la perspectiva de luchar por un gobierno de trabajadores, campesinos y el pueblo. 

 Luciano Arienti

miércoles, 8 de junio de 2022

La agenda contrarrevolucionaria de Biden


Gira de Biden por Asia 
Preparemos la lucha contra la guerra y el ataque a los trabajadores y los pueblos

A la luz de la guerra en Ucrania y los últimos acontecimientos globales, Biden intenta reordenar su dispositivo contrarrevolucionario -de entrada el militar- para disciplinar a todos los gobiernos en su contraofensiva para hacer pagar la crisis a los trabajadores y los pueblos del mundo, incluyendo el de su propio país.
 En este marco, impulsa una serie de cumbres y giras para abrirse mercados, para desalojar a los competidores (China, Rusia…) y para tratar de contrarrestar la crisis económica mundial que la pandemia del coronavirus y ahora la guerra en Europa han acelerado. 

 La Cumbre de las Américas

 En estos días, se desarrolla la Cumbre de las Américas en Los Ángeles, de la que participa el presidente argentino Alberto Fernández. Los objetivos específicos que persigue Biden son detener la enorme migración que se desarrolla vía Centroamérica-México hacia los Estados Unidos, que ha dado saltos en estos últimos años, y abrirle el camino a sus empresas imperialistas para la explotación de las materias primas y de los recursos naturales del subcontinente. En el caso de Argentina, los objetivos del gobierno imperialista son brutales: 
 · Reafirmar el acuerdo con el FMI para imponer las reformas laborales y previsionales; 
 · Apropiarse de los recursos petroleros, gasíferos, del litio y del conjunto de los minerales;
 · Desplazar a China como proveedor de represas, energía nuclear y como proveedor de armamentos. 
 La entrevista privada de Alberto con Biden post-conferencia será para remachar la dependencia del país al imperialismo, cuestión que cuenta con el rabioso apoyo de la oposición derechista y de la propia vice Cristina Fernández de Kirchner, con sus fotos “anticipadas” con el embajador yanqui en Buenos aires y la visita que le ordenó realizar al ministro del Interior “Wado” de Pedro a Israel. 
 La no invitación por parte del gobierno estadounidense a Cuba, Venezuela, y Nicaragua a la 9ª Cumbre llevó a Alberto a una tibia protesta, no obstante lo cual decidió concurrir. Su posición está a tono con otros gobiernos “progresistas” del subcontinente que asistirán (Chile, Honduras), aunque manifestando allí su desacuerdo. Andrés Manuel López Obrador, presidente mexicano, no estará pero enviará a su canciller Marcelo Ebrard, e incluso alentó el viaje de Fernández, como una especie de vocero de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, donde Argentina ocupa la presidencia pro tempore). 
 ¿Será un fracaso la 9ª Cumbre de las Américas? Sí y no. Mostrará el rechazo formal de los gobiernos “progresistas” contra las exclusiones que hace el gobierno Biden, pero en cuanto a la política guerrerista, de “la transición energética”, de pillaje de las materias primas y recursos naturales, habrá una subordinación de América Latina frente al amo yanqui. 

 La Otan

A su turno, Biden ha convocado a los miembros de la alianza atlántica a reunirse en España los días 29-30 de junio (los gobiernos de Finlandia y Suecia han demandado su adhesión a esa organización). 
 Este cónclave viene precedido por la gira presidencial en Asia, que incluyó a Corea del Sur y Japón, definidos por los representes estadounidenses –según la agencia AFP– como “el eje del aparato estadounidense frente al ascenso de China en la región”. En Tokio, el jefe de la Casa Blanca dijo: “Rusia debe pagar un precio a largo plazo por su barbarie. No se trata solo de Ucrania, porque si las sanciones no se mantuvieran, qué mensaje estaríamos dando a China sobre el costo de un intento de tomar Taiwán por la fuerza”. 
 A su vez, en una conferencia de prensa conjunta el lunes, Biden y Kishida [primer ministro nipón] acordaron “monitorear la actividad naval china en la región” (ídem). Y el líder norteamericano advirtió que Estados Unidos defendería militarmente a Taiwán si Beijing invadía la isla autónoma, diciendo que China estaba ‘coqueteando con el peligro’” (ídem). 
 Aprovechando el viaje a Asia, Biden convocó al Quad (Diálogo Cuatripartito de Seguridad entre Estados Unidos, Japón, Australia e India) y dijo que era una “oportunidad crítica para intercambiar puntos de vista y continuar estimulando la cooperación práctica en la región”. Ese encuentro votó un documento lleno de amenazas contra Beijing. Recordemos que el gobierno americano, hace unos meses, formó un frente con Inglaterra, Australia y Nueva Zelanda con el objetivo de vigilar los mares de China. 
 En su conferencia de prensa con Kishida, Biden también dio a conocer una nueva Asociación Económica Asia-Pacífico que inicialmente reúne a trece países, con la notable excepción de Beijing. El llamado Marco Económico Indo-Pacífico (IPEF) no es un acuerdo de libre comercio, pero prevé una mayor integración entre los países miembros en cuatro áreas clave: la economía digital, las cadenas de suministro, la energía verde y la lucha contra la corrupción. Jake Sullivan, el asesor de seguridad nacional de EE.UU., aseguró que se trataba de una “plataforma abierta”, porque había sido concebida y definida como tal, pero China se siente deliberadamente excluida. 
 También en Asia, el mandatario estadounidense firmó la ley aprobada el pasado 19 de mayo por el Congreso que supone un desembolso adicional de 40.000 millones de dólares para la guerra en Ucrania; por su parte, el G7 acaba de prometer 20.000 millones. Las cosas están claras: no se trata de defender al pueblo ucraniano o a Ucrania, sino de su control político y económico, y también se trata de China y todas las relaciones mundiales que el imperialismo estadounidense busca reorganizar bajo su égida. Pero la clase dominante estadounidense se enfrenta a un país fracturado en los propios Estados Unidos. Las elecciones intermedias del próximo mes de noviembre (en las que se renovará toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado) suponen el riesgo de que Biden sufra una derrota, y son la expresión abierta de la crisis política que se está desarrollando y cuyas consecuencias serán por supuesto globales. 
 La invasión de Ucrania por la oligarquía mafiosa de Putin fue usada por Biden como pretexto para empujar a los gobiernos de Europa, por intermedio de la Otan, no solo a intervenir en la guerra de Ucrania (ayudas financieras, entrega de armas, asesores militares al gobierno Ucraniano, boicot a las mercancías rusas) sino a iniciar un tsunami armamentista (elevar los presupuestos de armas al 2% del PIB de cada país).

 La respuesta 

La guerra en Europa tiende a extenderse. La resistencia contra la guerra es hoy la piedra de toque de todas las organizaciones que dicen defender los intereses de los trabajadores y los pueblos. No nos engañemos, los discursos de defensa de la democracia, de defensa de una “nación oprimida”, de defensa de poblaciones atacadas, no son más que la justificación de una política que lleva a la Humanidad a un desastre permanente. Biden nos pronostica una guerra de años.
 Es evidente que el hundimiento capitalista, el anuncio de una hambruna que puede afectar a más de mil millones de seres humanos, los brutales ataques al salario, las pensiones, los derechos democráticos y sociales de toda la población, forman parte de esta política de guerra. 
 Frente a ello solo cabe una posición: ¡guerra a la guerra! 
 A las organizaciones de los trabajadores les cabe organizar el repudio y la movilización frente a las “cumbres” organizadas por el imperialismo y difundir en todo el mundo la política de “guerra a la guerra”, preparando las rebeliones populares frente al ataque a los derechos de los trabajadores y los pueblos que despliega el imperialismo mundial. 

 Antonio Rosselló

martes, 7 de junio de 2022

Las redes sociales son de derecha


Echemos una mirada a la lógica del desarrollo y crecimiento de las redes sociales. Su lógica es la lógica de los negocios, de los beneficios a casi cualquier precio. 

 En Crítica de la pasión pura (1998) y luego en artículos publicados en diarios, escribí, con entusiasmo, teorías varias sobre el maravilloso mundo de siglos anteriores que había vivido en África y sobre el casi tan interesante mundo por venir. Juventud, divino tesoro… 
 En Mozambique, en el Astillero Naval de Pemba, descubrí y colaboré (como joven arquitecto llegado de América, a quien cientos de amables obreros llamaban, equivocadamente, “maestro”) en la construcción de grandes barcos británicos y portugueses del siglo XIX. Por el astillero (los maravillosos árboles de umbila eran materia prima) y para apoyar un programa de escuelas técnicas en las ciudades más pobladas, solía viajar por largas horas al “mato” (Ibo, Quisanga, Montepuez, Mueda, Macimboa, Matemo), a las tribus alejadas del privilegio del hombre blanco del cual yo formaba parte. En el astillero, también tuve contacto con los boers racistas de Sud Africa, con el escritor británico estadounidense y antiapartheid Joseph Hanlon y con el hijo del héroe mozambicano Samora Machel y luego hijastro de Nelson Mandela, Ntuane Machel. 
 También con la primera computadora que toqué en mi vida. En Pemba no había internet ni televisión (el correo escrito a mano tardaba semanas en llegar a Uruguay, gracias al cual termine casándome con una ex compañera de arquitectura), pero las enciclopedias en discos ya nos sugerían lo que iba a ser el mundo en el siglo por venir. Desde entonces Windows no ha hecho ninguna innovación, aparte de molestas actualizaciones. 
 En ese nuevo mundo, pensaba, cada individuo, desde cualquier rincón, iba a poder acceder a las bibliotecas más importantes del mundo y la gente iba a poder decidir en referéndums, mensuales o semanales, qué hacer con cada proyecto, con cada propuesta para su país y para el mundo. No nos equivocamos con lo de las bibliotecas.
 Es verdad que también publicamos sobre una sospecha oscura: la idea de una democracia radical, de un avance de la libertad como igual-libertad y no como la libertad-de-unos-para-esclavizar-a-otros, podía suspenderse a favor de su contrario: la progresión de una mentalidad tribal, nacionalista, como reacción natural. 
 Saltemos veinte años. Echemos una mirada, por ejemplo, a la lógica del desarrollo y crecimiento de las redes sociales, herencia del centenario progreso tecnológico de la Humanidad, secuestrada, una vez más, por los poderosos de turno. Su lógica es la lógica de los negocios, de los beneficios a casi cualquier precio.
 ¿Cómo se generan estos beneficios
 Capturando la atención, con frecuencia al extremo de la alienación del individuo que se convierte en un consumidor adicto que se cree libre.
 ¿Cómo se captura la atención del consumidor? 
 No por las grandes ideas sino a través de emociones simples y potentes.
 ¿Cuáles son esas emociones simples y potentes? 
 Según todos los estudios (desde Beihang en China hasta Harvard) las emociones negativas, como la ira, la rabia y el odio. 
 ¿Qué producen esas emociones? 
 Explosiones virales. La viralidad de un acontecimiento indica el éxito de cualquier interacción en las redes sociales y es altamente estimada por los consumidores honorarios y por sus últimos beneficiarios, los inversores.
 ¿Para qué sirven los fenómenos virales? 
 Aumento de usuarios y secuestro de la atención del consumidor. Es decir, beneficios económicos. Pero el poder económico y el poder político tienen sexo todos los días. 
 ¿Cuál es el efecto político?
 En un mundo complejo y diverso, este efecto puede beneficiar a cualquier ideología, sea de derecha o de izquierda, pero la lógica del proceso y las estadísticas indican que la derecha es la primera beneficiaria. 
 ¿Por qué? 
 Primero, porque todas las grandes redes sociales son productos de megaempresas. Toda empresa privada es una dictadura (en democracias y en dictaduras). Ni la “comunidad virtual” ni los consumidores ni los ciudadanos tienen voz ni voto en cómo se administran. Mucho menos en sus algoritmos y sus ganancias económicas. Todo gran negocio transpira su propia ideología. Su ideología, necesariamente, es conservadora, de derecha, desde el capitalismo más primitivo hasta el neoliberalismo, el libertarianismo y todos los fascismos procapitalsitas. De la misma forma que la izquierda se desarrolló en la cultura de los libros, la derecha reinó en medios más masivos como la radio (Alemania), la televisión (Estados Unidos) y, ahora, las redes sociales. 
 ¿Segundo? 
 El hecho comprobado de que el odio y la ira reinan en estas plataformas, beneficia más a la extrema derecha que a la extrema izquierda. 
 ¿No hay odio en la izquierda?
 Sí, claro, como hay amor en la derecha. Pero aquí lo que importa es considerar el estado del clima general. Un grupo de izquierda, supongamos un grupo revolucionario que toma las armas, como los negros esclavos en Haití durante la revolución de 1804, puede usar el odio como instrumento de motivación y fuerza. Pero el odio no suele ser el fundamento ideológico de la izquierda cuyas principales banderas son la “igual libertad”, es decir, la reivindicación de grupos que se consideran oprimidos o marginados por el poder. El odio de la lucha de clases es una tradición de la derecha; el marxismo sólo lo hizo consciente. No es lo mismo luchar por la igualdad de derechos de negros, mujeres, gays o pobres que oponerse a esta lucha como reacción epidérmica ante la pérdida de privilegios de raza, de género, de clase social o de naciones hegemónicas, en nombre de la libertad, la patria, la civilización, el orden y el progreso. Eso es odio como fundamento, no como instrumento.
 ¿Hay diferencia entre diferentes odios? 
 El odio es uno solo, es una enfermedad, pero sus causas son múltiples. No es lo mismo el odio de los esclavos por sus amos, de los explotados por sus patrones, de los perseguidos por sus gobiernos, que el odio que irradia y contagia el poder abusivo. El esclavo odia a su amo por sus acciones y el amo odia a sus esclavos por lo que son (una raza inferior). De la misma forma que nadie con un mínimo de cultura podría confundir el machismo con el feminismo, de la misma forma no se puede confundir el patriotismo del revolucionario que lucha contra el colono y el patriotismo del colono que lucha por explotar al pueblo corrompido. En uno, el patriotismo es reivindicación y búsqueda de igualdad de derechos, de independencia, de igual libertad. En el otro es reivindicación de derechos especiales basados en su nacionalidad, en su raza, en su religión o en cualquier otra particularidad de su provincianismo intelectual. 
 ¿Cuáles son las consecuencias de este negocio electrónico?
 Las redes sociales expresan el deseo de guerra sin los riesgos de una guerra. Hasta que la guerra real se hace presente. Esta necesidad de confrontación, de canalización de las frustraciones a través de la retórica y un agresivo lenguaje corporal (el líder despeinado, orgullosamente obsceno, calculadamente ridículo para provocar más reacción negativa) es propia de la extrema derecha de las redes. Diferente, la derecha más formal del neoliberalismo prefería las etiquetas de la aristocracia. Una vez fracasadas todas sus políticas, planes económicos y promesas sociales, se recurre al circo de la extrema derecha, al lenguaje corporal antes que la serena disputa dialéctica. Se reemplaza la cultura de los libros, donde se educó la izquierda tradicional desde la Ilustración, a la cultura de las redes sociales de la derecha, donde la inmediatez, la reacción epidérmica reina y domina. La agresión, el enfado, la rabia como expresión del individualismo masivo (no del individuo) se vuelven incontrolables y, por si fuese poco, se vuelven efectivos en la lucha por colonizar los campos semánticos, la verdad y el poder político del momento.

 Jorge Majfud | 26/05/2022

lunes, 6 de junio de 2022

Celebramos el 13° aniversario del Depto. de Cultura del PITCNT


La guerra, luego de tres meses


Grietas en la Otan. 
 En Occidente emergen diferencias sobre los objetivos de la guerra

 La guerra está haciendo sentir sus efectos en todas las partes involucradas. Por el lado de Occidente, se empiezan a abrir grietas más pronunciadas. 
 En apenas poco más de una semana, Italia propuso un alto el fuego, mientras los funcionarios del gobierno de Estados Unidos volvieron a hablar de una “derrota estratégica” del presidente Vladimir Putin. 
 Después de tres meses de “unidad” en respuesta a la invasión a Rusia -gracias al envío constante de armas letales a los ucranianos y a los sucesivos paquetes de sanciones financieras que nadie se esperaba, y menos aún Putin-, ya son inocultables las diferencias sobre los próximos pasos a seguir.
 Y esa discusión de fondo se desarrolla mientras las ambiciones de Estados Unidos crecen. Para la Casa Blanca todo empezó como un intento de evitar que Rusia se devorara a Ucrania de la noche a la mañana, pero eso cambió no bien los militares rusos sufrieron un revés en sus planes originales y fracasaron en la toma de Kiev. Ahora el gobierno de Biden ha encontrado una oportunidad de debilitar a Putin, consolidar la alianza atlántica de la Otan, y también, por qué no, propinar un tiro por elevación contra China. 
 Las diferencias sobre los objetivos de la guerra salieron a la luz en el Foro Económico Mundial de Davos, cuando el ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger planteó que Ucrania tal vez tenga que ceder parte de su territorio en un acuerdo negociado, aunque agregó que “idealmente, el punto de acuerdo debería ser un retorno al status quo” anterior a la invasión, incluida la anexión rusa de Crimea en 2014 y la toma de partes del Donbass. 
 “Más allá de ese punto, seguir con la guerra ya no tendría que ver con la libertad de Ucrania, sino que se convertiría en una nueva guerra contra la propia Rusia”, concluyó Kissinger. Las recomendaciones del veterano estratega apuntan a evitar el riesgo de que una escalada de mayor amplitud, como la que parece abrirse paso, pudiera empujar a Rusia a una alianza permanente con China. Una aproximación de este carácter implicaría un salto en la dependencia de Moscú respecto a Pekín. La guerra, paradójicamente podría terminar reforzando la influencia y el peso del gigante asiático que los círculos dirigentes norteamericanos exhiben como el ‘enemigo principal’ de EEUU. Habría que agregar que una caída de Putin, podría encumbrar a fuerzas políticas mucho más hostiles a Occidente que el actual mandatario. Los dos partidos más fuertes no son prooccidentales, sino de la extrema derecha encabezada por Vladimir Zhirinovsky, por un lado y los comunistas, por el otro” (Clarín, 4/6).
 Este planteo mereció el rechazo del presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, quien acusó a Kissinger de “apaciguamiento” aunque el jefe de Estado ucraniano también ha expresado puntos de vista contradictorios sobre lo que se necesitaría para poner fin a la guerra, y hasta llegó a ofrecer la “neutralidad” de su país y olvidar sus aspiraciones de unirse a la Otan.
 Como advierte New York Times en un reciente artículo, “esas diferencias en cuanto a los objetivos hacen todavía más difícil imaginar cómo sería una victoria, o incluso una paz con matices, y también presagian la discusión que se desataría entre Zelensky y sus aliados de Occidente si las negociaciones para poner fin al conflicto se ponen finalmente en marcha. Si Zelensky estuviese dispuesto a hacer algunas concesiones, ¿Estados Unidos y sus aliados levantarían sus aplastantes sanciones, como las restricciones a las exportaciones que obligaron a Rusia a cerrar algunas de sus fábricas para construir tanques? ¿O eso frustraría la ambición de la Casa Blanca de truncar la capacidad bélica de Rusia a futuro?” (ídem, 2/6). 
 El secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, se acaba de expresar con una franqueza que sorprendió a sus colegas y reconoció que Washington aspiraba a más que una retirada rusa. Quería que sus fuerzas armadas sufrieran daños permanentes. “Nuestro objetivo es la derrota estratégica de Rusia”, dijo claramente la semana pasada desde Varsovia la embajadora de Estados Unidos ante la Otan, Julianne Smith. 
 Esto se combina con un refuerzo de la ayuda militar. La noticia de estos días es el envió de misiles de avanzada. Se trata de los poderosos Himars, un arma de última de generación y de gran precisión. Este armamento tiene un alcance de 80 kilómetros y podría estar en condiciones de hacer blanco en territorio ruso, fronterizo con Ucrania. Si bien Biden en un artículo publicado en New York Times salió al cruce de esa posibilidad (“no alentamos ni permitimos que Ucrania ataque más allá de su fronteras” -ídem), lo cierto es que la escalada se acelera con inusitada velocidad y en este contexto, los límites del accionar militar se hacen cada vez mas difíciles de fijar. Hay que tener presente que la intervención cada vez más beligerante de la Casa Blanca está dictada por la propia crisis política en EEUU. El presidente estadounidense está urgido de exhibir algún éxito en materia internacional que le permita compensar, aunque sea en parte, la marcada pérdida de capital político de su gobierno que está a los tumbos, acosado en el frente externo por la retirada humillante en Afganistán y el malestar en el plano interno de una economía que se va desinflando y una inflación récord y, encima, la pandemia que ha adquirido un nuevo impulso.
 Los funcionarios del gobierno son muy conscientes que un desenlace de la guerra favorable a Putin va a ser aprovechado por los republicanos para pasarle la factura, infligirle una derrota en las elecciones de medio término de fin de año y asestarle un golpe del cual será muy difícil poder levantarse. 

 Europa 

Mientras Washington aumenta la apuesta, Francia, Italia y Alemania, las principales potencias del viejo continente, pretenden poner un freno: no quieren una guerra larga o estancada en punto muerto. 
 A la par de las declaraciones del primer ministro italiano, Mario Draghi, a favor de un alto el fuego, el presidente Emmanuel Macron planteó que una futura paz en Europa del Este no debe implicar una humillación innecesaria de Rusia, y podría incluir concesiones territoriales a Moscú. 
 Esta postura ha provocado una fractura interna dentro de Europa pues distintos líderes de Europa central y oriental (Estonia, Polonia) han adoptado una posición más afín con la política norteamericana. El extremo opuesto es Hungría, cuyo mandatario, Víctor Obran, sigue manteniendo relaciones estrechas con Moscú. 
 Esta división ha obligado a la UE a revisar los planes originales e ir a un rimo más lento con el embargo, permitiendo incluso que Hungría siga aprovisionándose normalmente del gas ruso. Entretanto, los países líderes de la UE han abierto una línea de negociación por su cuenta al margen de Estados Unidos, con Rusia y que incluye a Ucrania pero que por el momento, no ha logrado avances.

 Crisis capitalista 

La actitud de las principales potencias de la UE es imposible de entender al margen del vínculo que une la guerra con la crisis capitalista. La dependencia energética de los países de la UE de Rusia es muy pronunciada y por más que se hable de su sustitución por fuentes alternativas de suministro, eso no se logra a corto plazo e incluso, tampoco, en un plazo más prolongado. Esto se une al drama de los alimentos que ha llevado al primer ministro de Italia a advertir de una catástrofe alimentaria sin antecedentes. 
 La ruptura de la cadena de suministros está llevando a una paralización y dislocación de la producción y, al mismo tiempo, a una disparada de los precios, empezando por los alimentos y la energía. La guerra ha acelerado las tendencias a un escenario de recesión con inflación, que ya estaba insinuándose previamente con el desarrollo de la bancarrota capitalista, potenciada también por el estallido de la pandemia. La guerra está haciendo estragos y afecta con especial virulencia a Europa con más razón, en la medida que el teatro de las operaciones bélicas se desarrolla en su territorio. En este cuadro cada vez más explosivo, asistimos a un creciente malestar y descontento por las penurias y privaciones que se registran en la población europea. A nadie se le puede escapar que una situación así es el caldo de cultivo para las reacciones populares y también los giros políticos. Un caso por cierto ilustrativo lo tenemos en Gran Bretaña a través de la sensible reducción del poder adquisitivo de la población, hasta el punto tal que hay sectores que se han visto forzados a saltear comidas y pasar a comer solo una vez por día. Este escenario amenaza llevarse puesto al gobierno conservador de Boris Johnson, seriamente salpicado, encima, por los escándalos durante en el transcurso de la pandemia. 
 Este cuadro de situación ha encendido luces de alarma en la burguesía europea cuyos negocios y márgenes de rentabilidad están siendo afectados. Son emblemáticas al respecto las declaraciones del CEO de Volkswagen quien exhortó a cesar la guerra y llegar a un entendimiento con Rusia. La automotriz alemana tiene una de sus filiales en Rusia pero además tiene temor por la onda expansiva de la guerra, especialmente por el precedente que introduce en materia de sanciones y que en el futuro podrían aplicarse especialmente contra China. La empresa alemana tiene allí su principal filial que produce la mitad de los automotores totales de la empresa y que es un mercado superior al de Alemania y la Unión Europea (UE) sumados.
 Por último, viene al caso destacar que ni siquiera está asegurada la unidad interna de la propia burguesía norteamericana. Once senadores republicanos y 57 congresistas estadounidenses votaron en contra del colosal paquete de ayuda de 40.000 millones de dólares para Ucrania. Una señal temprana de fragmentación de la cohesión en Washington. 

 Conclusiones

 Resumiendo, todo parece indicar que marchamos a un salto en la confrontación militar. Pero esta escalada, contradictoriamente, no ha logrado superar la impase capitalista y las tensiones y rivalidades nacionales que venían registrándose con anterioridad al estallido de la guerra. La expectativa de Biden de cohesionar a las demás potencias capitalistas bajo su alero amenaza convertirse en su contrario, acentuando los choques antiimperialistas y divisiones de la clase capitalista. La guerra está provocando un dislocamiento de la economía mundial que va de la mano de una catástrofe energética y alimentaria, sin precedentes. Ingresamos, en definitiva, en una fase convulsiva atravesada por un agravamiento de la crisis económica, crisis políticas nacionales e internacionales y la guerra, por un lado y una acentuación de las tendencias a una polarización social y política, por el otro.

 Pablo Heller

domingo, 5 de junio de 2022

Rusia y la guerra


Radiografía con sus luces y sombras 
 La invasión puede convertirse en un salvavidas de plomo 

 Después del fracaso del plan original de tomar Kiev y adueñarse del país, Rusia estaría logrando un progreso en el plano militar en el este y el sur de Ucrania. Ha logrado tomar el control de dos ciudades importantes: Mariupol y recientemente Severodonestk. Las sanciones comerciales, por otra parte, no han logrado el perjuicio que se pronosticaba. Aún hoy, pese a las represalias económicas, gracias al flujo de de ingresos prevenientes del gas y el petróleo que aún se mantiene (explotando la dependencia de Europa de la importación de ambos recursos) y tras una intervención del Banco Central ruso, Moscú logró una revaluación del rublo, que pasó a tener una cotización más elevada que antes del comienzo de la guerra. Esto permitió relajar los rígidos controles dispuestos por Putin en el arranque del conflicto.
 Aunque Occidente no pudo colocar de rodillas al gobierno de Putin, Rusia está lejos, sin embargo, de haber quedado indemne. Está creciendo el tamaño de un déficit presupuestario federal, alimentado por los gastos militares y las medidas destinadas a paliar los efectos de las sanciones occidentales. El ministro de finanzas del país estimó que habrá un agujero de 1,6 billones de rublos en el presupuesto ruso a finales de este año (WSWS, 22/5). 
 Pese a que hay un clima más distendido respecto al primer mes y se está reanimado el gasto y consumo de la población que se había retraído, el PIB de Rusia se reduciría, según las estadísticas oficiales, un 7,5% en 2022. El Banco Mundial sitúa esa cifra en el 11,2%. 
 Los acuerdos que ha logrado Rusia con otras naciones (China, India) para colocar sus productos e importar lo que necesita no son suficientes para compensar la caída de las exportaciones a Europa, su principal cliente y el abastecimiento que proviene de Occidente. Según algunos especialistas, sería un “éxito” que el país consiguiera mantener sus exportaciones al 80% de su nivel anterior a la guerra. Además, existen importantes problemas logísticos para llevar la mercancía a nuevos lugares. Las infraestructuras —oleoductos, puertos, carreteras, etc.— necesarias para desviar grandes cantidades de suministro de Europa y entregarlas en otros lugares no existen actualmente y tardarán años en construirse. A su turno, las importaciones disminuirán este año en términos físicos un 26,5% y en términos de valor un 17,1%, y el gobierno está perdiendo ingresos por aranceles, derechos de aduana e impuestos sobre el valor añadido. 
 Por último, cabe advertir que los acuerdos con China e India pueden tener patas cortas, como resultado de las presiones que vienen ejerciendo las potencias de la Otan. 

 Desempleo y rebajas salariales 

Aunque Moscú está obteniendo beneficios del aumento de los precios del petróleo, la producción rusa está disminuyendo. A mediados de mayo, la producción diaria de petróleo era 830.000 barriles menos que en febrero a lo cual se agrega el hecho de que debe vender su petróleo en los países asiáticos con grandes descuentos (ídem). 
 El caso del carbón, en particular, ilustra los tropiezos que enfrenta Moscú. De sus 440 millones de toneladas de producción, el 50% va a los mercados extranjeros. La siderúrgica india Tata Steel, el mayor importador de carbón ruso del país, declaró que también dejaría de comprar. Se han depositado grandes esperanzas en el mercado asiático, pero sigue sin estar claro cómo hacer llegar la mercancía hasta allí (ídem). 
 Esto podría terminar provocando disturbios laborales en Kuzbass, centro de producción de carbón ruso, donde ya se registraba una gran tensión previa a la guerra. Los bajos salarios, las malas condiciones de trabajo y los continuos accidentes laborales ya han alimentado conflictos en el pasado. 
 En el transcurso de marzo y abril, hubo 40.000 desocupados nuevos, con lo que el número total de personas que buscan trabajo asciende a 690.500, según las autoridades gubernamentales. 
El desempleo ascendió al 6,7%, frente al 4,8% del año pasado. Ese número, sin embargo, no refleja la situación real provocada por la retirada masiva de las empresas extranjeras del mercado ruso, la desaparición de los compradores extranjeros y los problemas de producción por la falta de componentes y piezas de recambio.
 Muchos trabajadores han sido despedidos o colocados en horarios a tiempo parcial, lo que oculta el alcance real del desempleo y el subempleo. Para evitar un colapso del mercado laboral, el gobierno ha impuesto diversas restricciones que limitan la capacidad de los empresarios de despedir trabajadores, pero sí están habilitados para hacer rebajas salariales. Según algunos analistas, a medida que estos límites expiren en los próximos meses y se agraven las dificultades económicas, el desempleo aumentará en verano y otoño. Algunas grandes empresas ya han manifestado su intención de despedir entre el 10% y el 20% de su plantilla (ídem).
 Según fuentes oficiales, el 68% de las pequeñas y medianas empresas han hecho recortes en sus costes laborales, con un 25% de recortes salariales y un 27% de despidos. Las empresas suspenden el pago de primas y ajustes por el coste de la vida. Las ofertas de empleo, incluso en sectores como el de la construcción, que han visto un éxodo de trabajadores inmigrantes, están disminuyendo. La inflación, por su parte, es muy marcada: el precio de los bienes y servicios ha subido casi un 20%. 

 Perspectivas 

Este panorama echa leña al fuego al descontento que ya anidaba en la población y que el régimen, represión y censura mediante, ha procurado ocultar. El gobierno de Putin ha implementado una reforma jubilatoria que ha despertado un gran rechazo entre los trabajadores rusos. Según un destacado intelectual de izquierda, Boris Kagarlitsky, Putin ha retrocedido sensiblemente en su legitimidad y reconocimiento entre la población. Esto habría tenido una traducción en el plano político. Según algunas fuentes, el gobierno habría retrocedido electoralmente, incluso, perdido, en numerosos distritos, lo cual fue silenciado y disimulado mediante el fraude. Por supuesto, esto debería ser corroborado pero ya es una señal de la erosión del ascendiente de Putin y es lo que explicaría la decisión de lanzarse a esta aventura militar. A través de un éxito en este terreno y apelando a una demagogia nacionalista, el líder ruso apuesta a recuperar el capital perdido. 
 La guerra, en caso de prolongarse y empantanarse, puede provocar el efecto contrario que se propone. Por lo pronto, las enorme bajas de las tropas rusas, que no estaban previstas en los cálculos de los estrategas del Kremlin, deja sus marcas y repercute en la opinión pública del país. Algunas grietas ya empiezan a aflorar. El PC que es la oposición “oficial” leal y admitida por el régimen, ha cuestionado, por primera vez, la guerra y llamado a encontrar una fórmula de acuerdo. Ninguno de los países aliados a Moscú -con excepción de Bielorrusia- que integran la llamada OSTC, un acuerdo de defensa mutua inspirado en el pacto de Varsovia de la época del la Guerra Fría, ha respaldo la invasión rusa y han rechazado el envío de tropas. Por otra parte, se habla de la tensión y roces al interior de los estamentos superiores de poder, incluido el cuerpo de oficiales y el riñón íntimo que incluye a los funcionarios que integran el servicio secreto, del cual fue miembro el propio mandatario ruso. No hay que perder de vista tampoco la resistencia de los oligarcas rusos, que ven que la guerra y con más razón su extensión en el tiempo, conspiran contra sus negocios. 
 La invasión, en definitiva, puede convertirse en un salvavidas de plomo. 

 Pablo Heller

sábado, 4 de junio de 2022

Las fuerzas israelíes asesinan a otra periodista en Cisjordania


Ghofran Warasneh
 El segundo crimen en menos de un mes. 

 Tropas israelíes asesinaron este miércoles en Cisjordania a Ghofran Warasneh, una periodista palestina que cumplía su primer día de trabajo para una radio. Es el segundo crimen contra trabajadores de prensa en pocas semanas, ya que recientemente había sido abatida Shireen Abu Akleh, la corresponsal de la cadena Al Jazeera. 
 A Warasneh, un soldado le disparó durante un operativo en territorio ocupado cisjordano (Arroub, al norte de Hebrón), de esos que las fuerzas de seguridad hacen recurrentemente. Los efectivos impidieron que personal de salud asistiera a la víctima, que murió desangrada. El Ejército alega que la periodista portaba un cuchillo, algo que los testigos niegan. 
 El caso tiene muchas coincidencias con el de Shireen, que también fue baleada mientras cubría un operativo de las fuerzas de seguridad. En ambas ocasiones, las tropas israelíes atacaron los cortejos fúnebres. El último adiós a Warasneh se vio perturbado por la represión, que dejó un palestino herido por armas de fuego.
 La misma semana del crimen de Warasneh, otros dos palestinos fueron asesinados, elevando la cifra a más de 60 en lo que va del año. 
 Paralelamente, el gobierno continúa la usurpación territorial. A mediados de mayo, aprobó la construcción de 4.000 nuevas viviendas y la legalización de dos nuevos asentamientos en Cisjordania, donde ya viven medio millón de colonos. El reverso de la medalla es la expulsión de mil nuevos palestinos, por orden de la Corte israelí, de una región cisjordana declarada zona de fuego militar. 
 Las agresiones y provocaciones contra el pueblo palestino son incesantes. A fines de mayo, se realizó la marcha anual que organizan los grupos ultranacionalistas en Jerusalén Este, en conmemoración de la victoria israelí en la guerra de los seis días (1967), que culminó con la anexión de esa franja de la ciudad y de Cisjordania. Alrededor de 80 palestinos fueron atacados por las bandas derechistas en el curso de la procesión (veinte de ellos debieron ser hospitalizados), bajo cánticos antiárabes e inclusive de celebración de la muerte de la periodista de Al Jazeera. 
 Mientras tanto, la Knéset –parlamento israelí- discute si renueva una ley de emergencia que extiende el derecho penal israelí y algunas leyes civiles (referidas a cobro de impuestos y provisión de servicios de salud) para su aplicación a los colonos –excluyendo a los palestinos. La norma entró en crisis como fruto de la inestabilidad política israelí. El bloque de oposición que responde al exprimer ministro Benjamin Netanyahu amenaza con votar en contra, no por estar en contra de la misma, sino con la intención de golpear al oficialismo y abrir el camino de nuevas elecciones, en que algunas encuestas lo colocan en primer puesto. La actual coalición de gobierno es un ensamble de formaciones políticas de todo pelaje, desde la extrema derecha del primer ministro Naftali Bennett al Ra’am (partido árabe), con una mayoría sostenida con alfileres. 
 Repudiamos el crimen de Ghofran Warasneh y todos los crímenes contra el pueblo palestino. Abajo el Estado sionista. Por una Palestina única, laica y socialista. Por una federación de pueblos socialistas de Medio Oriente. 

 Gustavo Montenegro

viernes, 3 de junio de 2022

El embargo del petróleo ruso


La Unión Europea solo logró imponer un boicot parcial. 

 El embargo llevará a un aumento de los precios del petróleo 

La Unión Europea (UE) votó un sexto paquete de sanciones contra Rusia que tiene como decisión estelar un embargo de dos tercios de las importaciones de petróleo. Otras medidas son la exclusión de tres nuevos bancos del Swift (sistema de pagos) y la prohibición de tres canales de televisión.
 Para llegar a un acuerdo interno, la UE -que ya dispuso hace algunas semanas un cese de las importaciones de carbón- se vio obligada a restringir el boicot a las compras por mar. Hungría encabezó la resistencia de una serie de países mediterráneos (República Checa, Eslovaquia) que son muy dependientes del suministro de petróleo a través del oleoducto Druzhba. Para estos países, no se fijó ni siquiera una fecha precisa en que deban emanciparse del oro negro del Kremlin. Además, sigue abierto el ramal norte del oleoducto mencionado, que atraviesa Bielorrusia para llegar a Alemania y Polonia. Berlín redujo su dependencia del petróleo ruso desde el comienzo de la guerra, pero no del todo. Y en el caso del gas natural ruso, le llevaría varios años reemplazarlo. Lo mismo en el caso de otros Estados. Por eso, el gas está por ahora fuera del radar de las sanciones de la UE, mostrando los límites que encuentra el bloque para golpear la principal fuente de ingresos del Kremlin. 
 Las nuevas medidas de Bruselas desataron la respuesta de Moscú, que ordenó cortar la provisión de gas natural a los Países Bajos, después de hacerlo con Polonia, Finlandia y Bulgaria. 
 En lo inmediato, las consecuencias serán un incremento de los precios de la energía que golpeará a los pueblos europeos. El petróleo ya escaló más del 50% en el año y está en los niveles más elevados desde 2008. Al mismo tiempo, aparece el fantasma del racionamiento. Alemania discute un proyecto para privilegiar las empresas por sobre los hogares ante una potencial escasez derivada del conflicto bélico (Infobae, 10/5). 
 Como señala un artículo de la agencia Reuters que reproduce La Nación (31/5), se está dando una reconfiguración del mercado petrolero global. Por un lado, los Estados europeos incrementan sus compras desde Africa (los países del norte, Camerún, Nigeria y Angola) y Estados Unidos. Por otro, Rusia intenta suplir las compras europeas vendiendo más en Asia. La India, por ejemplo, redujo sus compras petroleras desde Africa e incrementó las de Moscú. De todos modos, China e India aprovechan el debilitamiento de Putin por las sanciones para comprarle con descuento. Es una reconfiguración tortuosa, atravesada por la guerra, las sanciones comerciales y las tensiones internas entre los propios socios, como ilustra el caso de la UE. 
 A la vez, como las sanciones dificultan el acceso de los barcos petroleros rusos a muchos puertos, se está dando otro cambio riesgoso desde el punto de vista ambiental: una mayor parte del crudo que arriba a Asia lo hace a través de entregas en el mar, a buques no sancionados (de buque a buque). 
 La guerra en Ucrania es un factor de agravamiento de la crisis capitalista y no deja indemne a ninguno de los bandos involucrados. Para las masas, se plantea un horizonte de mayores penurias económicas. 

 Gustavo Montenegro

miércoles, 1 de junio de 2022

Tesis sobre Feuerbach | con Iñaki Gil de San Vicente


Alberto Fernández va a la cumbre de Biden


Fernández finalmente participará de la Cumbre 

La subordinación del gobierno al imperialismo. 

 Después de algunos amagues, el presidente Alberto Fernández confirmó su presencia en la Cumbre de las Américas que se desarrollará entre el 6 y el 10 de junio en Los Ángeles, y que tiene por anfitrión al gobierno de Joe Biden. El imperialismo excluyó unilateralmente del encuentro a Cuba, Nicaragua y Venezuela, alegando que se trata de gobiernos no democráticos. Una hipocresía mayúscula viniendo de la potencia que en los últimos años apoyó los golpes de Estado en Honduras y Bolivia, y que sostiene alianzas en el plano internacional con Estados como Arabia Saudita e Israel.

 Que no, que sí

 El gobierno argentino -al igual que otros gobiernos latinoamericanos- había puesto en duda su participación, debido a las exclusiones, pero tardó poco en retractarse. Es que se encuentra subordinado a Washington, en el marco del pacto con el FMI. Por eso, sus críticas tienen mucho más de puesta en escena que de desafío real (vale agregar que la vice Cristina Kirchner viene de reunirse con el embajador estadounidense y la jefa del Comando Sur para la región). 
 Frente a las objeciones en el subcontinente, Biden envió a la región a un funcionario -Christopher Dodd- como parte de un operativo de presión. Además de entrevistarse con Fernández en Buenos Aires, “convenció” a los mandatarios Gabriel Boric de Chile y Jair Bolsonaro de Brasil, cuya reticencia a asistir -al igual que la del presidente de Guatemala- no obedecía por supuesto a una solidaridad con los países vetados sino a otros motivos, que exceden el propósito de este artículo. 
 En el terreno del llamado Grupo de Puebla, no solo Fernández se contradijo. El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que aún condiciona su participación personal en el cónclave, ya ha aclarado que en cualquier caso estará presente su canciller Marcelo Ebrard. Y se ha encargado de llenar de elogios a Biden. 
 Más aún, según una reconstrucción de Infobae (31/5), el propio mandatario azteca habría recomendado a Fernández que participe en la cumbre, como una especie de representante de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en la que Buenos Aires ocupa la presidencia pro tempore). AMLO, recordemos, sostiene un pacto con la administración norteamericana que convierte a México en un muro para la migración centroamericana hacia los Estados Unidos. 
 En el medio, los gobiernos de México y Argentina abortaron incluso la posibilidad de realizar una “contracumbre” simultánea de los países de la Celac, en la misma Los Ángeles. Para que sonara aún menos desafiante, la Cancillería argentina devaluó el planteo a un almuerzo o cena, según Clarín (29/5). Pero hasta esa variante se desestimó. 
 Así las cosas, todo quedaría reducido a una referencia crítica de Fernández en su discurso en la Cumbre de las Américas a la exclusión de los tres países. Será, en definitiva, como ha pronosticado ya el expresidente uruguayo “Pepe” Mujica, “más ruido que nueces” (Página 12, 28/5).
 Venezuela también alentó la participación de Fernández, porque quiere mantener un canal abierto con la Casa Blanca. Es que Caracas ha emprendido un severo ajuste y una reprivatización petrolera a la que ha invitado reiteradamente a Washington a participar.
 El desaguisado de la Cumbre de las Américas muestra así los límites del arco “nacional y popular”.

 “Patio trasero” 

Ahora, el imperialismo está ejerciendo una fuerte presión sobre el bloque llamado Caricom (comunidad del Caribe), según ha reconocido John Briceño, titular del mismo y primer ministro de Belice. Muchos de los Estados que integran dicha entidad tienen lazos con Caracas por el petróleo, y habían enviado una petición a Washington el mes pasado para que se aceptara a Cuba, Venezuela y Nicaragua. El espacio se encuentra dividido; algunos de sus gobiernos podrían no asistir o enviar referentes de segunda línea. 
 La Cumbre de las Américas está siendo usada por la Casa Blanca como una manera de disciplinar lo que considera su “patio trasero”, en momentos en que su dominio se encuentra más cuestionado a nivel global y crece la influencia en nuestro continente de China. A pocas semanas de su gira por Asia, en que ratificó su respaldo militar a Japón y Corea del Sur, Biden buscará también emblocar al subcontinente en su cruzada contra el gobierno ruso. 
 El nacionalismo burgués no puede llevar a cabo una lucha consecuente contra el imperialismo. Esa tarea corresponde a la clase trabajadora. 

 Gustavo Montenegro

martes, 31 de mayo de 2022

Colombia: un primer balance de las elecciones presidenciales


Petro obtuvo un 40% de los sufragios.

 Gustavo Petro ganó la primera vuelta, y se enfrentará a Rodolfo Hernández en el ballotage del 19 de junio 

 La primera vuelta presidencial colombiana arrojó un resultado contradictorio. La alta votación -40% de los sufragios- de Gustavo Petro, del centroizquierdista Pacto Histórico, que lo ubican en el primer lugar, es opacada por la performance del segundo contendiente, Rodolfo Hernández (28% de los votos), un aliado del uribismo que se presenta como “outsider” y que concentraría la totalidad del voto de la derecha en el balotaje, lo cual abre las puertas a su triunfo sobre Petro el 19 de junio. La sumatoria de los votos de Hernández y de “Fico” Gutiérrez (24%), que era el favorito del uribismo, supera el 50%.
 Las elecciones expresaron variantes del rechazo y hartazgo al régimen montado por el uribismo, que ha llevado a un declive económico a las mayorías nacionales y a un espiral de violencia y represión inaudita. Pero, también, de las iniciativas de recomposición y recambio de ese régimen, que continúa siendo la carta más confiable del imperialismo en la región.
 Este intento de recambio será materializado en la persona de Rodolfo Hernández, un millonario de 77 años que ejerció como alcalde de Bucaramanga, en el departamento de Santander. Es una figura que posa de populista, pero con un discurso muy reaccionario, antiobrero y misógino. En su campaña, montada sobre redes sociales y evitando debates públicos, hizo foco en la “anticorrupción”, esto a pesar de estar él mismo investigado por malversación de fondos y salpicado por escándalos de todo tipo.
 Hernández obtiene el 28% de los votos, y se hace fuerte en las regiones fronterizas con Venezuela. Son distritos con el status de “zonas rojas” por la violencia paramilitar y narco. También gana en Cundinamarca (alrededores de Bogotá) y en los medios rurales del centro del país. 
Hernández logra sus mejores resultados en los ámbitos más conservadores políticamente, y en los rangos de mayor poder adquisitivo, ambos históricamente vinculados con el uribismo. Con excepción de Antioquía, supera en todas al candidato apoyado directamente por el ex presidente Álvaro Uribe –“Fico” Gutiérrez-, lo cual hace pensar en un juego de los aparatos y maquinarias electorales tradicionales en su favor. 
 En contraste, Petro, un centroizquierdista moderado que fue guerrillero del M19 hasta 1990, gana con guarismos que llegan al 70% en las regiones pobres y con primacía indígena o afrodescendiente, como Cauca, Nariño o Chocó, en la costa del Pacífico. También triunfa holgadamente en el sur y este del país, en los departamentos del Caribe, en Bogotá y en la mayoría de las principales ciudades (Cali, Barranquilla, Cartagena, entre otras). 
 El voto hacia Petro da cuenta de un crecimiento del Pacto Histórico con respecto a las legislativas de marzo, y de una duplicación del caudal de las presidenciales de 2018. Esto a pesar de que el abstencionismo y el voto en blanco se mantienen en niveles similares. Petro parece absorber los votos de quienes apoyaron a candidatos del centro político en las últimas legislativas. Hay un correlato geográfico, que debe ser precisado con los resultados definitivos, entre la votación de Petro en esta elección y quienes apoyaron el plebiscito en favor de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC en 2016. 
 Pero el factor definitorio de este proceso fue la rebelión del año pasado. La irrupción popular contra las medidas económicas del entonces presidente Iván Duque dio vuelta el panorama político, permitiendo que se cristalice el hartazgo contra el régimen y el veto popular a sus personeros directos. Todos los candidatos abordaron, con sus recursos y orientación, esta nueva situación.
 Paradójicamente, Petro, quien más se benefició electoralmente de este escenario, fue también el que más limitado se encontró para explotarlo hasta sus últimas consecuencias. No contento con jugar a desmontar las medidas de lucha durante las protestas, basó su campaña en ofrecer garantías a la burguesía y al imperialismo de la moderación de sus planteos. Tras conocerse los resultados, insistió en su alocución en colocarse como la posibilidad de un cambio “estable” frente a lo impredecible de su contendiente Rodolfo Hernández. La política contemporizadora con el orden social establecido, sin embargo, no fue suficiente para conquistar la confianza de la clase capitalista.
 La desactivación de la rebelión popular -y la puesta en marcha de la “escapatoria” electoral como gran carta de contención y rescate del régimen en crisis- le dio un aire gigante al régimen uribista, que encontró su propio candidato “anti sistema”, Hernández, tras el cual se unirán, incluso a regañadientes, todos los del “sistema”.
 La cuestión de retomar el impulso a la rebelión con un norte de clase y un programa propio, tampoco fue llevada a cabo -en líneas generales- por los sectores combativos que apoyaron al Pacto Histórico. Por el contrario, primó la indiferenciación con su figura y su partido (Colombia Humana) y la dilución tras sus propuesta electorales. La independencia política de la burguesía, sus partidos y su Estado, es decir, de la construcción de una alternativa política obrera y popular, debe ser colocado en el centro de la escena.

 Luciano Arienti

lunes, 30 de mayo de 2022

Colombia: de una derecha a la otra


Las urnas le dieron la razón a quienes previeron un salto de Rodolfo Hernández al segundo lugar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia. También acertaron acerca del alcance que tendría este desplazamiento del uribista Federico Gutiérrez de esa posición, pues son numerosos quienes vaticinan que la reunión de los votos de Hernández y Gutiérrez, un 51% de las papeletas válidas, se replicará en el segundo turno y propinará la derrota de Gustavo Petro, el candidato que venía liderando las encuestas desde el repliegue del levantamiento popular de 2021. Para los comentaristas internacionales de C5N, habría tenido lugar una brillante maniobra de los ‘poderes concentrados’, que habían advertido a tiempo que Gutiérrez había alcanzado su tope electoral, en tanto que Hernández reunía las condiciones para recoger el ciento por ciento de los votos de las listas opositoras en la próxima vuelta, dentro de tres semanas. 
 Rodolfo Hernández es un candidato ‘independiente’ absolutamente de derecha, que se ganó el apoyo, en los días finales de la campaña, de Ingrid Betancourt, que estuvo secuestrada por las FARC hace dos décadas. Lo que cautivó a Betancourt es el discurso de Hernández contra la corrupción y contra los políticos, sin importar que el hombre ha sido acusado por corrupción y ha sido intendente de Bucaramanga. Para la CNN, el individuo es un Trump, por su edad, manejo de fondos y planteos políticos. Todavía no revisó la declaración que hizo en 2016, cuando se proclamó “seguidor de un gran pensador alemán: Adolf Hitler”. Para satisfacción de algunos aventureros de Argentina, tiene un tufillo a Milei. El caso colombiano deja mejor expuesto el fenómeno de los francotiradores que aparecen como hongos en el panorama político, en el sentido de que son una resaca de la putrefacción del sistema político. 
 Si Hernández ganara en la segunda vuelta se convertiría en un presidente sin bancada parlamentaria –deberá reunir a legisladores afectos y desafectos-. El vacío parlamentario de su régimen será llenado, obviamente, por las fuerzas armadas, en un molde más contradictorio aún que el que llevó al alto mando de Brasil a jugar la carta de Bolsonaro. En fulminantes 48 horas, los mentideros políticos han pasado de la perspectiva de una nueva onda de gobiernos progresistas, como ocurrió entre 2005 y 2016, a la de una renovada ‘peste marrón’. Lula, advertido de que América Latina no se priva de sustos, sigue reclamando una victoria en primera vuelta, para evitar que una suma de opositores reelija a Bolsonaro en el balotaje. Para Lula, esto significa armar alianzas con la derecha en la mayor cantidad de Estados y municipios posibles. 
 La expectativa de un “final del ciclo uribista” se encuentra amenazada. El uribismo ha sufrido, por cierto, una derrota estruendosa –del 70% que en una ocasión obtuvo Álvaro Uribe, al tacaño 28% del domingo 30-. No solamente esto: han quedado sepultados los dos partidos históricos de Colombia, el Conservador y el Liberal, que se mataron a gusto en las guerras civiles del siglo XIX y parte del XX. Pero con Hernández no cesa la vigencia del estado militar y paramilitar –la alianza de los grupos oficiales y paraoficiales con las bandas del narcotráfico-. Hace poco tiempo, el llamado Cartel del Golfo hizo valer “un paro armado” regional, para reclamar la repatriación de uno de sus jefes detenidos en Estados Unidos. En Colombia prosigue una guerra civil ‘unilateral’, con asesinatos diarios de líderes y activistas del sindicalismo y de los movimientos identitarios. La rebelión popular y las huelgas generales del año pasado no han apaciguado al aparato militar-policial y a la burguesía que lo patrocina. Colombia es una base militar de la OTAN, o sea que ocupa un lugar estratégico en el dispositivo bélico del imperialismo mundial, que busca conquistar el Asia Central y convertir a China y a Rusia, y en última instancia a la Unión Europea, en sub-potencias periféricas. 
 Gustavo Petro, el ganador de la primera vuelta, tiene sin embargo la posibilidad de revertir el desenlace siniestro. Para eso debería apelar al elenco histórico masivo de abstencionistas, que es el 50 por ciento del padrón. La convocatoria a una lucha final contra el régimen del terror social no es, sin embargo, el fuerte del líder del Pacto Histórico. Buscará arañar los diez puntos que lo distancian de la victoria mediante pactos y acuerdos con la gran burguesía. Ya ha prometido, incluso en medio de una bancarrota económica internacional, que no realizará nacionalizaciones, ignorando que la mayor parte de ellas tienen lugar para rescatar a empresas en crisis y no para desarrollar la autonomía política de las naciones atrasadas. Los llamados ‘acuerdos de paz’, en cuanto atañe a los trabajadores, no han establecido ninguna ‘paz’, pero sí han servido para preservar el estado de las bandas militares y paramilitares. La segunda vuelta será también, muy probablemente, un segundo campo de batalla entre Biden y Trump, en la disputa entre estas facciones por el control de Estados Unidos. Todos los trabajadores de América Latina deben movilizarse para aplastar a la derecha colombiana. 
 La tensión política en Colombia se corta con un cuchillo. Las organizaciones de masas deben abordar la segunda vuelta con la mayor urgencia. No se trata de hacer la claque de Petro, sino de movilizar contra la derecha a partir de un programa propio y de la convocatoria a una lucha por las reivindicaciones agrarias y sociales y, por sobre todo, de organización de autodefensa contra la represión y los asesinatos. La coyuntura electoral que enfrenta Colombia es un episodio político de una lucha más decisiva, que hay que abordar con métodos revolucionarios de masas.

 Jorge Altamira 
 30/05/2022

domingo, 29 de mayo de 2022

La crisis alimentaria de la guerra imperialista


La irrupción de una crisis alimentaria mundial ha dejado de ser una presunción. En el corazón de Europa, la fenomenal carestía de alimentos ha desatado penurias impensables. En Londres, los robos “hormiga” en los supermercados crecieron exponencialmente, por parte de jubilados o desocupados que no pueden comprar los alimentos esenciales. La crisis podría alcanzar contornos desesperantes en Egipto y en el África subsahariana, que dependen de la importación de cereales rusos y ucranianos. Se está creando un escenario similar al que precedió a la primavera árabe de 2011, cuando la crisis alimentaria desencadenó rebeliones populares y revoluciones. 
 Rusia y Ucrania representan en conjunto el 30% del mercado mundial de trigo, y lideran la colocación de otros productos como la semilla de girasol. Rusia es, además, el principal productor de fertilizante. Pero algunos insumos para su producción–como el nitrato de amonio- han sido derivados para la fabricación de explosivos. Existen 26 países en el mundo que dependen de las importaciones rusas o ucranianas para más del 50% de su abastecimiento de cereales. 
 Al escenario de dislocamiento planteado por la guerra, se suma el dislocamiento climático, cuyas causas –al igual que las de la guerra- nada tienen de “naturales”: la India, otro importante productor mundial de trigo, acaba de cerrar sus exportaciones, después de haber perdido parte de su cosecha por una inédita ola de calor, que se atribuye al calentamiento global. Por similares razones, los cultivos fueron afectados en otras partes del mundo. 

 Capitalismo y alimentos

 La penuria de oferta generada por “la guerra y el mal clima” es, sin embargo, un detonante dentro de una crisis de conjunto. En primer lugar, el deterioro de las condiciones nutricionales de la humanidad se viene arrastrando desde el último lustro, y tuvo un punto alto durante la pandemia. Entre 2014 y 2020, la población mundial desnutrida pasó de 600 a 800 millones (The Guardian), retrocediendo a los niveles de quince años atrás. Ello ocurrió en un período de marcada expansión de la oferta de granos. El salto en los índices de desnutrición y hambre fue notorio bajo la pandemia. En el período donde se desembolsaron cifras gigantescas para el rescate de las corporaciones capitalistas, millones de personas fueron libradas a la miseria social e incluso la inanición. 
 En las últimas décadas, ha tenido lugar una marcada “internacionalización” en la producción de alimentos. Ese proceso dio lugar, por un lado, a una concentración en la oferta y comercialización de cereales en un puñado de países y corporaciones capitalistas; y por el otro, a la liquidación de producciones locales que autosustentaban a otros países. Hoy, “las cuatro quintas partes de la población vive en países que son importadores netos de alimentos” (The Economist, 21.5). Los grandes monopolios exportadores se encuentran ligados, por vínculos societarios o financieros, a las corporaciones químicas que proveen pesticidas, fertilizantes o semillas modificadas. No solo Argentina ha sido una plaza fuerte de esta internacionalización: hace algunos meses, la incorporación de Rusia a la globalización agrícola, era atribuida a la “extraordinaria clarividencia geopolítica del presidente Vladimir Putin”(Clarín Rural, 11/9/21). Más modestamente, era la consecuencia de la privatización masiva de tierras, tanto en Rusia como en Ucrania, que fueron pasando sucesivamente de manos a las grandes corporaciones. La guerra ha sacado del mercado a un gran competidor de las corporaciones agrarias norteamericanas. 
 Bajo la égida de las corporaciones cerealeras internacionales, el comercio mundial de granos se ha convertido en otro filón del capital financiero. La “banca en las sombras”, o sea, los Blackrock o Fidelity, es una importante accionista de Bunge, Dreyfus y otras cerealeras principales. Durante la pandemia, la especulación con contratos de futuro de compra-venta de cereales resultó una de las operaciones más jugosas para sus protagonistas, a costa de fuertes movimientos en los precios de los granos. La mayor parte de las “ganancias inesperadas” ha quedado en los cofres de los ‘traders’, no de los productores. 
 La guerra ha dado lugar a una fuerte acumulación de stocks “por parte de los países acomodados” (The Economist). El alza todavía mayor de los precios actuales no es una especulación – es una certeza. El manejo de los inventarios, y con ello de los precios de los granos, se ha convertido en otro beneficio de guerra. Cargill, Dreyfus o Bunge juegan sus “juegos de guerra”, a costa de las hambrunas mundiales. 

 Regresión histórica 

La existencia de una penuria de oferta “por la guerra, las inclemencias climáticas o las pestes (Covid)” pareciera equiparar a la actual crisis alimentaria con las hambrunas de la antigüedad, que emergían por la incapacidad de la organización social vigente para gobernar el medio natural en su provecho. Pero la actual penuria no se debe a un insuficiente desarrollo de las fuerzas productivas, sino a una disputa bélica por su control. Los expertos de la FAO conjeturan acerca de un “cambio de dieta” en las poblaciones que serían asoladas por la hambruna, para suplir la carencia de cereales. Es bueno recordar entonces que la caída de la mortalidad que tuvo lugar en el siglo XVIII-en las vísperas de la revolución industrial- es atribuida a la incorporación del trigo a la dieta de la población obrera inglesa. Tres siglos después, el régimen social que revolucionó las fuerzas productivas retrocede a la inanición, a la nutrición insuficiente y, con seguridad, a nuevas pandemias.

 Programa 

La OTAN y el Departamento de Estado responsabilizan a Putin por el cierre de la exportación de la cosecha de Ucrania. Ni hacen mención al cierre de las exportaciones de Rusia, prohibidas por las sanciones de la Otan. Washington ha calificado de “promesas vacías” la oferta de Putin de desbloquear puertos ucranianos a cambio del levantamiento de sanciones económicas a Rusia. En Argentina, los voceros del capital agroexportador y el mismo Alberto Fernández presentan al panorama lacerante de la crisis alimentaria como una “oportunidad”, sin el menor interés por el impacto en el consumo interno.
 La lucha contra el hambre debe ser, en primer lugar, la lucha contra la guerra imperialista, o sea contra los gobiernos de la Otan y contra Putin - el de la restauración del capitalismo en Rusia. Pero debe ser también contra los pulpos que acaparan los cereales, mediante la inmediata expropiación de las reservas, bajo el control de obreros y agricultores. La crisis alimentaria plantea una lucha internacional de la clase obrera, por un fondo alimentario mundial único, bajo control de los trabajadores. La cuestión alimentaria se ve exacerbada por la estampida de tarifas de electricidad y de gas, que destruye el conjunto de la canasta familiar. 
 Asistimos, en definitiva, a una lucha internacional entre el mundo del trabajo y el capital, por donde se deben resolver todas las cuestiones planteadas por la decadencia del capitalismo, por las guerras y por la amenaza a las libertades.

 Marcelo Ramal
 27/05/2022