martes, 15 de febrero de 2022

27 de marzo.Votamos Sí, vamos contra toda la LUC y contra todo el programa de la derecha


El 27 de marzo será el referéndum por la derogación de los 135 artículos de la LUC. Desde La Izquierda Diario participaremos activamente de la campaña; pero lo haremos con una posición independiente y apuntando a que no quede nada de la ley que votó la derecha y que concentra buena parte de su programa. 

 Se acerca el 27 de marzo y la campaña por el referéndum comienza a recorrer el último tramo. Tanto los defensores de la ley como los que plantean la derogación parcial ya han delineado los ejes centrales con los que encararán estos 2 meses que restan. 
 Desde La Izquierda Diario Uruguay participaremos activamente en la campaña por derogar la LUC, pero sabemos que al gobierno no solo hay que derrotarlo en las urnas sino que también hay que derrotarlo en las calles con la organización y movilización popular y que la lucha no se reduce a los 135 artículos sino contra la ley en su conjunto.

 Un poco de historia 

 La aprobación de la Ley de Urgente Consideración (LUC) abrió en su momento un debate en el movimiento popular acerca de los alcances que debía tener la recolección de firmas para impulsar su derogación. 
 Desde el Frente Amplio y el PIT-CNT se propuso la derogación de 135 artículos, cuestionando solo aspectos puntuales de la ley, incluso vale la pena recordar que en su momento el Frente Amplio votó buena parte de la LUC en el Parlamento. 
 Sucede que el Frente Amplio, tiene como estrategia política principal la negociación y la acción parlamentaria buscando ser considerado un actor político "responsable". Hoy por hoy está plenamente integrado al régimen y busca como mucho limitar algunas propuestas del gobierno. La dirección del PIT-CNT se subordina a esta política y como lo ha demostrado en recientes conflictos obreros, se pone al servicio del gobierno para dar estabilidad y paz social. 
 No se puede dejar de lado además que Lacalle Pou y sus socios avanzaron sobre el terreno que dejó el Frente Amplio en sus 15 años de gobierno, donde permanecieron intactos puntos claves del modelo neoliberal que se ha impuesto desde los tiempos de la dictadura en adelante.
 Por el contrario, desde que la ley fue promulgada, un conjunto de organizaciones impulsó una campaña
militante contra toda la LUC en el entendido de que se trata de un conjunto de propuestas articuladas con una lógica neoliberal ajustadora y represiva que la atraviesa en todos sus artículos; y que con la propuesta de derogación parcial quedan vigentes aspectos medulares de la LUC, conservadores, represivos y neoliberales. En un artículo anterior analizábamos que aspectos de la LUC quedarán vigentes si solo se derogan los 135 artículos. 
 Por esta razón al mismo tiempo que participaremos de la campaña contra los 135 artículos, lo haremos con una postura independiente, continuando la lucha por derogar toda la LUC, lucha que se definirá centralmente en las calles y con la movilización popular.

 La campaña oficial 

 Hace unos meses cuando Fernando Pereira, actual presidente del Frente Amplio fue consultado sobre si el referéndum era contra la LUC o contra el gobierno, intentó bajar los decibeles de la confrontación planteando que toda la movida por la derogación iba solo contra algunos artículos de la ley. 
 Este tipo de declaraciones no son ingenuas y son parte de una estrategia (que incluye al FA y al propio PIT-CNT) de promover un régimen político “civilizado”, con alternancias ordenadas entre los partidos y donde los grandes ejes en que se basa la democracia uruguaya sean consensuados entre gobierno y oposición, o sea entre todos los partidos. 
 La visión idealizada que promueve la creencia de que las instituciones del régimen son neutrales y que Uruguay es un ejemplo de democracia donde todo se canaliza a través de las elecciones, no será la manera en que se podrá enfrentar con éxito los planes del gobierno derechista. 
 La elección de Esteban Valenti al frente de la campaña publicitaria (a sugerencia del FA) es otra muestra de la perspectiva con que se encara la campaña. Más allá de su experiencia en anteriores campañas, lo que expresa Valenti es precisamente la moderación. 
 Su propio recorrido político, dejando el FA para aliarse con el excolorado Fernando Amado y el actual ministro de la coalición multicolor Pablo Mieres expresan gráficamente el intento de ganar votos del centro político, y para eso la moderación es la carta con la que intentan seducir a este electorado. De hecho se han conocido en estos días, declaraciones de Valenti donde cuestionaba la propia recolección de firmas por la derogación de la LUC. A este tipo de gente se le está dando la dirección de la campaña publicitaria. 

 Sí a la lucha contra toda la LUC, Sí a enfrentar el ajuste y Sí a apoyar todas las luchas y conflictos 

 Por el contrario de esta visión moderada el referéndum del 27 debe ser un hito en la lucha contra los planes de la derecha y su programa. 
 Ya sabemos que este año el gobierno intentará también aprobar una reforma de la seguridad social, que claramente va en contra de los trabajadores y busca generar nuevos negocios para las AFAPs. 
 La derrota de la LUC, producto de la lucha popular sería un punto de inflexión en la realidad política y debería dejar al gobierno en total incapacidad de avanzar en sus planes regresivos, ya sea con el tema de las jubilaciones, las privatizaciones, los ataques a la educación o cualquier otra contra reforma que están decididos a imponer. 
 El gobierno ya ha dicho que quiere recuperar el tiempo perdido producto de la pandemia. Los trabajadores estarán mucho más fortalecidos para enfrentarlo si se logra derogar la LUC. 
 No se puede separar la lucha contra esta ley de lo que sucede en la realidad política nacional; al mismo tiempo que se busca su derogación hay que apoyar, desarrollar y profundizar todos los conflictos que surgen en oposición a la política del gobierno. 
 Recientemente se vio como el PIT-CNT y el Frente Amplio dejan solos a los trabajadores y trabajadoras de Casa de Galicia en su lucha por mantener los puestos de trabajo y que no se cierre la mutualista, El camino debe ser el contrario, hay que fortalecer el conjunto de las luchas que se están dando en la actualidad (AFUTU, AEBU, sectores de la salud, contra los avances privatizadores en los entes públicos entre otros) y no tomar el referéndum por la derogación de la LUC como una medida aislada. 
 A menos de 2 meses del 27 de marzo te invitamos a sumarte a la campaña por el SI, pero desde una postura de rechazo total a la Ley de Urgente Consideración, apoyando también toda lucha y conflicto en el que se enfrente el ajuste y los proyectos del gobierno. 
 A diferencia de aquellos ponen todas sus esperanzas en el 2024 porque sus expectativas están puestas en el resultado de una elección, desde La Izquierda Diario queremos derrotar la LUC en la calles y con la movilización popular, como parte de la lucha contra los planes de la derecha multicolor. 

 La Izquierda Diario Uruguay 
 Lunes 7 de febrero | 11:30

Amnesty denuncia “apartheid” en Israel y los colonos forman milicias


Amnistía Internacional acaba de publicar un estudio de 182 páginas acerca de la opresión del pueblo palestino por parte de Israel, donde utiliza, por primera vez, la expresión “apartheid”. Enseguida, las democracias occidentales salieron a repudiar, no el informe sino la caracterización que hace del estado sionista. La ministra de Exteriores de Gran Bretaña, de gira por Israel y Cisjordania, fue la primera en expresar el rechazo, que proviene de una institución con sede en Londres. 
 El pronunciamiento de Amnistía Internacional se produce cuando recrudecen las usurpaciones de tierras de Cisjordania, para establecer allí asentamientos sionistas. La definición tardía que hace Amnesty de las relaciones sociales en la Palestina histórica, no cambiará nada sobre el terreno. No deja de ser importante, en momentos en que los sostenes internacionales del “apartheid” reúnen fuerzas para ir a una guerra internacional con el propósito de defender la expansión de la Otan a las fronteras de todo el mundo. Como ocurriera en Sudáfrica, el ‘apartheid’ es la característica fundacional del estado sionista. La expresión está acuñada de la confiscación social y la segregación racial instaurada por los colonos boer en aquél país. Descendientes de colonos holandeses, los boer conquistaron la independencia de Sudáfrica en una lucha contra el colonialismo inglés. El sionismo hizo lo mismo contra el mandato conferido a Gran Bretaña luego de la primera guerra mundial; en ambos casos, la expropiación de los nativos precedió y acompañó el choque con los británicos. 
 El ‘apartheid’ es la alternativa elegida frente la intención de producir una ‘limpieza’ étnica en Palestina, que asegure la formación de un estado no laico, sino exclusivamente hebreo en todo el territorio histórico, lo cual incluye a Jordania. En lugar de un estado de ciudadanos, un estado tribal. 
 El diario Haaretz (10.2) acaba de publicar la denuncia de que en Cisjordania opera una milicia semilegal, constituida por un batallón del ejército de Israel que no respondería a los mandos ´naturales´ del ejército. Estaría formada por organizaciones de colonos sionistas y ultra-religiosos partidarios de la expulsión en masa de los palestinos en esa región.
 El “Batallón Netzah Yehuda, su nombre, conocido como Nahal Haredi; incluye una parte significativa de jóvenes haredi o ultra ortodoxos, así como jóvenes religiosos sionistas. La conclusión: el batallón se ha convertido en una especie de milicia independiente que no obedece las reglas del ejército… durante años ha establecido sus propios estándares morales y profesionales, y los altos mandos han hecho la vista gorda” (Haaretz).
 “´En tiempos de rutina, los jefes de los líderes de los colonos se presentan libremente en el batallón y hablan con los soldados´, dice un oficial de Defensa. ´Los rabinos vienen al puesto y se mueven libremente, dan clases y hablan con los soldados sobre incidentes operativos. Es una especie de falange´ – una milicia” (ídem). 
 Esta falange no ha tenido empacho en enfrentarse con la policía de fronteras e incluso con otras unidades del ejército. Fue lo que ocurrió cuando el ejército se interpuso entre colonos y palestinos. Unos días después hubo un enfrentamiento entre los colonos y la policía en el valle de Shiloh. 'No incriminen a los combatientes', 'traidores', 'los judíos están siendo desalojados', gritaban soldados de Netza Yehuda contra la policía y las fuerzas de seguridad (ídem). 
 El establishment sionista es cómplice de estas bandas. “El batallón tiene excelentes combatientes y no veo a este batallón como una milicia”, dijo el jefe del Comando Central, Yehuda Fuchs”. Según Haaretz “los tribunales militares también han sido indulgentes” (ídem). 

 Norberto Malaj 
 11/02/2022

lunes, 14 de febrero de 2022

Tasas y sobretasas: el pacto con el Fondo es un saqueo de Argentina por el capital financiero

El FMI seguirá cobrando intereses trimestrales del 4% anual, mientras el Banco Central y el Tesoro elevarán el pago de intereses a la banca. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es lisa y llanamente un saqueo de Argentina por el capital financiero. El FMI seguirá cobrando cada tres meses intereses usurarios, con sobretasa, en los (por lo menos) doce años de programa; y la suba de las tasas de interés del Banco Central y el Tesoro traerá un gigantesco negociado para la banca y los fondos de inversión. Es un sendero que, en oposición al crecimiento que promete el discurso oficial, solo puede terminar en una nueva crisis de deuda y un nuevo default. 
 La noticia llegada desde Washington acerca de que el gobierno estadounidense rechaza una reducción de la sobretasa de interés que paga Argentina al FMI terminó de desairar la última «condición» formulada por el gobierno criollo en la negociación por el repago del fraudulento crédito de 45.000 millones de dólares. Como el voto de Estados Unidos en el directorio del Fondo es determinante, se descuenta que seguiremos pagando una tasa del 4% en cada vencimiento trimestral, es decir cerca de 1.000 millones extra al año. 
 Así las cosas, después de haber embolsado ya más de 6.000 millones de dólares en intereses desde que Macri tomó el préstamo, el FMI se asegura facturar aproximadamente otros 15.000 millones de acá a la finalización del acuerdo que se firmaría -siempre y cuando no derive en nuevas renegociaciones, que es lo más probable-, además de reembolsar la totalidad del capital (los 45.000 millones). Un negocio fabuloso en un mundo con tasas cero o negativas.
 El costo se multiplica, porque fija un antecedente negativo para otras negociaciones atadas a esta como la del Club de París, por la que está en suspenso una tasa megausuraria del 9% anual -pactada por Kicillof en 2014. Es este saqueo de las divisas del país por el capital financiero internacional lo tiene como contrapartida un ajuste hecho y derecho y el remate de los activos nacionales (agro, minería, hidrocarburos). 
 A eso se suma que la letra del acuerdo incluye una suba de las tasas de interés local, para que se garantice que le ganarán a la inflación. El Banco Central anunciaría una nueva alza luego de conocerse el IPC de enero, lo cual incrementa el negocio de los bancos con las Leliq, ya que cada aumento de 2 puntos en la tasa (como se estima) significa casi 100.000 millones de pesos más al año en intereses. Y aún restarían más incrementos para superar la tendencia de los precios.
Como a la par el gobierno aceptó los límites impuestos a la emisión monetaria y eso requiere que se financie el déficit fiscal con endeudamiento, el Tesoro debió subir aún más los rendimientos de sus títulos en la última ronda de licitaciones, donde nuevamente primaron los que son a corto plazo e indexados a la inflación. Los analistas calculan que para cumplir sus metas el gobierno debería consagrar un fondeo extra de casi dos billones de pesos este año. 
 De esta forma, como debe ir colocando nueva deuda por sobre la que va venciendo, tenemos dos hipotecas que crecen paralelamente y que incrementan el déficit fiscal y cuasifical por el pago de intereses. En enero, por ejemplo, se gatilló por ese concepto más de 1.100 millones de dólares, de los cuales la tercera parte correspondió a bonos en moneda local. Mientras se ajusta a salarios, jubilaciones y programas sociales y se anuncian tarifazos en serie, se blindan las ganancias de los especuladores. La carga insoportable que representa para la caja del Estado hace que se sume como factor que presiona por una devaluación más brusca, para licuar las obligaciones en pesos. 
 Además de un costo usurario, esta orientación pone a toda la política económica a merced de la banca y los grandes fondos de inversión -entre los que se encuentran los Pimco y Templeton-, de cuya voluntad depende el éxito de todo el esquema de renovación de los vencimientos y la adhesión a nuevas colocaciones de deuda. Son precisamente los que Guzmán señaló como responsables de la brecha cambiaria, y cuya corrida fue financiada con la dilapidación de las reservas internacionales del BCRA, que quedaron en rojo. 
 Los efectos de este encarecimiento del crédito son recesivos porque prolongará la huelga de inversiones que impera en el país, lo cual pone un techo muy bajo a la recuperación pospandémica de la actividad económica. Como la contracara de esto es una enorme exposición de la banca a los bonos públicos -algunos analistas estiman que el 90% de los activos bancarios está colocado en títulos del Estado-, una eventual amenaza de default y una corrida cambiaria promete desatar una crisis bancaria. Más aún cuando el Banco Central viene metiendo la mano en los dólares de los ahorristas, porque carece de reservas líquidas propias. 
 Toda la senda de ajuste tiene como trasfondo este saqueo de la Argentina por el capital financiero. Al final del camino tendremos de un lado una gigantesca pérdida de divisas y monumental endeudamiento en pesos y ne dólares. Por eso el mercado descuenta que cuando comiencen los vencimientos de capital con los bonistas y el Fondo habrá que reestructurar nuevamente la deuda. La tutela sobre la economía nacional se anuncia así como una cadena perpetua. 
 Contra ello es necesario profundizar el camino de la movilización popular trazado por la masiva jornada del martes 8, hasta derrotar el acuerdo del gobierno –y la oposición de derecha– con el FMI. Además del repudio de una deuda que revela su carácter usurario (y fraudulento, ya que estuvo al servicio de la fuga de capitales), un rumbo opuesto incluiría la nacionalización de la banca bajo control obrero, concentrando el ahorro nacional en una banca pública única al servicio del desarrollo nacional y las necesidades populares. Solo los trabajadores pueden recapitalizar al país, poniendo un punto final al parasitismo capitalista. 

 Iván Hirsch

Biden incita a una guerra inmediata en Ucrania


Hace un par de horas, este viernes 11 de febrero, Joseph Biden, el presidente de Estados Unidos anunció que era inminente una invasión de Ucrania, por parte de Rusia, incluso si no creía que Putin hubiera “tomado una decisión definitiva” al respecto. Señaló que Rusia había desarrollado toda la capacidad necesaria para ejecutar la ocupación del país, en alusión a los recientes operativos militares conjuntos con Bielorrusia y al despliegue naval en el mar Báltico, en el norte, y el mar Negro, en el sur. Tanto él como Boris Johnson, el primer ministro de Gran Bretaña, exhortaron a sus connacionales a abandonar territorio ucraniano y Bielorrusia. Advirtió que la invasión comenzaría antes de la finalización de los Juegos Olímpicos en China, o sea antes del 20 de febrero. El Pentágono difundió, en forma oficiosa, que Rusia iniciaría la invasión por medio de bombardeos aéreos y misilísticos, para marchar enseguida a Kiev, la capital de Ucrania. Convocó a una reunión inmediata de emergencia a los líderes de la Otan, en un formato virtual.
 No es necesario mucho esfuerzo para advertir una provocación. El propósito de Biden es cancelar, en forma unilateral, todas las reuniones que han acordado entre Rusia y varios países europeos, incluida Ucrania, para continuar una agenda diplomática cuyo propósito es evitar el conflicto bélico. Los medios de prensa atribuyen al bloque norteamericano-británico una política de “disuasión” (deterrence, en inglés), que consiste en obstruir cualquier arreglo diplomático al conflicto por medio de amenazas. Francia y Alemania, y también el gobierno ucraniano, se inclinarían, por el contrario, por buscar una “distensión” (détente, en francés). En definitiva, Biden y Johnson han saboteado todas las tentativas de una tregua más o menos prolongada. Han defendido el derecho de expansión de la Otan, sin restricciones, y por lo tanto el cercamiento político y militar de Rusia en todas sus fronteras. La tensión en la Otan se manifiesta por sobre todo en Alemania, donde una parte importante del liderazgo político exige al gobierno el abandono de la política de acercamiento a Rusia, por medio de inversiones industriales, ampliación del comercio y la defensa de los acuerdos de provisión de gas natural de parte de Rusia. La crisis ha movilizado a las grandes compañías alemanas, reunidas en la Confederación de la Industria, a enviar una delegación a Moscú, para obtener una “distensión” de la crisis. El francés Macron y el alemán Schloz han ofrecido a Putin concesiones que el gobierno ruso ha calificado de insustanciales, a cambio de una desmovilización gradual de las fuerzas armadas de Rusia. 
 Biden ha señalado que Estados Unidos no se encuentra en condiciones de ir a una guerra en territorio ucraniano, e incluso que una confrontación militar directa entre Estados Unidos y Rusia conduciría a “una guerra mundial”. Para calificados expertos en asuntos militares, Rusia estaría en condiciones de ocupar Ucrania en 48 horas. Ucrania posee el segundo ejército más importante de Europa, en número de reclutas, sólo después de la misma Rusia. Aunque se descuenta que las fuerzas armadas ucranianas ofrecerán resistencia a una invasión rusa e incluso la acción de las milicias fascistas que han crecido mucho luego del golpe de estado de febrero de 2014, una parte importante de la población, en especial en el sur, confraternizaría con las tropas de Putin. Rusia reclama que la Otan renuncie a la incorporación de Ucrania y que desmilitarice a todos los estados fronterizos de Rusia, como los países bálticos, Polonia y Rumania. Fue lo que ocurrió con dos naciones que habían quedado fuera de la órbita soviética, luego de la segunda guerra – Finlandia y Austria. 
 La Otan y el Pentágono han elegido el camino de la guerra, en la convicción de que Ucrania se convertiría, con el tiempo, en la tumba política y estratégica de Putin, y hasta en una desintegración de Rusia. Como ocurrió con la ocupación de Afganistán, por parte de Brezhnev, hace cincuenta años. Por eso se ha lanzado al reforzamiento militar de los países con frontera con Rusia, y amenazado con sanciones económicas de impacto atómico contra Rusia. Como patrón de estancia, ha anunciado que el gasoducto Nordstream 2, que debe proveer gas ruso a Alemania, será clausurado por tiempo indefinido, y que Rusia sería excluida de las cámaras de transacción del dólar, una suerte de expulsión del mercado monetario y financiero internacional. Estas sanciones serán un golpe devastador para la propia Unión Europea, que transa con Rusia en divisas internacionales – algo que la sometería a una dependencia cuasi colonial de Estados Unidos. En la estimación del gobierno norteamericano, incluido el Congreso, una crisis prolongada, sin salida a la vista, sería totalmente perjudicial, vista la multiplicación de factores de una crisis financiera y económica internacional, y el marcado retroceso de Estados Unidos en la economía mundial. Un impasse sin salida comprometería la hegemonía de Estados Unidos, por ejemplo en América Latina, e incluso la ‘arquitectura’ financiera internacional centrada en el FMI. 
 Rusia enfrenta esta crisis en una situación no menos comprometida. Cuarenta años después de la disolución de la Unión Soviética, promovida por el partido comunista mismo, para resolver los problemas sociales de una burocracia en decadencia, Rusia no ha conseguido la ‘aceptación’ de la llamada “comunidad internacional”. Es cierto que la oligarquía que emergió del pasaje al capitalismo goza de una protección sin igual en el mercado inmobiliario, bursátil y hasta futbolístico de Londres, pero Rusia de conjunto ha retrocedido de potencia industrial y tecnológica a proveedora de materias primas -que financian el 80% de su presupuesto estatal. El cerco de la Otan ha puesto de manifiesto su vulnerabilidad histórica. No se puede salir de semejante callejón sin salida por medios militares – sólo por medios revolucionarios. Putin sabe muy bien que no existe la salida de un frente internacional con China, en primer lugar porque China rechaza una militarización prematura de la crisis que la enfrenta a Estados Unidos; en segundo lugar, porque no tiene una comunidad de intereses con la oligarquía capitalista rusa. Los acuerdos a los que han arribado para construir enormes gasoductos, que atenúen la dependencia de China de otras fuentes, no alcanza para una unidad estratégica. 
 Para la clase obrera de todo el mundo, y en especial para la de Rusia, Ucrania, China, y para la de los países de la Otan, una guerra sería catastrófica. Desde el punto de vista de los intereses históricos de clase obrera internacional, una guerra entre potencias capitalistas de diferente grado, es una expresión de la decadencia histórica del capital y de su tendencia a la barbarie. No hay que confundir la dinámica guerrera que impone la Otan a la crisis mundial, y el carácter de esta guerra - de dominación, imperialista -, con una ‘progresividad’ de la resistencia militar de la oligarquía moscovita, que se ha asentado en el poder a fuerza de guerras criminales contra los pueblos del Cáucaso y reprimiendo el levantamiento popular en Kazajistan. Si Putin invade Ucrania, lo haría como una potencia opresora del pueblo ruso, para defender un régimen de oligarquía capitalista sin salida – como lo prueba la fuga de capitales de su propia burguesía. Rusia es ya, hasta cierto punto, una semicolonia industrial del capital francés y alemán. Los auténticos intereses nacionales de Rusia no están presentes en la guerra con la que Putin pretende extorsionar a la Otan, si no es, también hasta cierto punto, un juguete de la Otan. 
 Los Biden y los Johnson descuentan que sus pueblos apoyarán la guerra contra Rusia, en nombre de la democracia. Se equivocan de época. La guerra servirá, en Estados Unidos, al desarrollo del supremacismo, el trumpismo y el fascismo, por un lado, y a la rebelión popular y las huelgas, por el otro. La maniobra de Biden de endilgarle la responsabilidad de la guerra a Putin, para disimular que se trata de una guerra confeccionada por la Otan, durará poco más que un suspiro. Las agudas contradicciones de clase en Estados Unidos, harán estallar todos estos trucos. 
 El deber del proletariado internacional es movilizarse contra esta guerra, tanto en su fase potencial como efectiva. La consigna es: abajo la guerra, abajo los gobiernos capitalistas, los Biden y los Putin, por la unidad mundial de la clase obrera, por gobiernos de trabajadores. La consigna debe ser también: Fuera la Otan de todo el mundo, no solamente de las fronteras de Europa oriental. Por la confraternización de las tropas y los trabajadores de Ucrania y de Rusia. Por el derrocamiento de la dictadura bonapartista de Putin y por una auténtica y revolucionaria Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Por la Unidad Socialista de América Latina. Sólo la revolución socialista enterrará a la Otan. 
 Ni la Otan representa la democracia, ni Putin el ‘antiimperialismo’.

 Jorge Altamira 
 11/02/2022

domingo, 13 de febrero de 2022

El trasfondo de los últimos golpes de Estado en África


Esta semana, el gabinete de ministros de Guinea-Bissau tenía agendada una reunión con el objeto de prepararse para la próxima cumbre de la Cedeao (Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental), convocada para discutir el reciente golpe de Estado en Burkina Faso. Sin embargo, el palacio de gobierno fue atacado a tiros durante el transcurso mismo del cónclave, en lo que el presidente Umaro Sissoco Embaló denunció como una tentativa de destitución. 
 Estos hechos grafican el cuadro inestable que vive la región, en la que se produjeron varios golpes de Estado en los últimos meses. Y si bien el gobierno de Guinea-Bissau señala que sofocó el motín (el cuarto desde fines de 2020), otros tantos han tenido éxito: Malí (por partida doble), Guinea-Conakry, la mencionada Burkina Faso y Sudán (el único de los países aludidos que no está en el Africa Occidental sino sobre el Mar Rojo). En el caso de Chad, un país sin salida al mar del centro continental, su presidente Idris Déby, un aliado clave del imperialismo francés en la zona, murió a fines de abril de 2021 en combate contra las fuerzas del Frente para la Alternancia y la Concordia. 
 Cada uno de los golpes de Estado que enunciamos tiene sus particularidades, pero en todos los casos se pueden apreciar la intervención y los intereses cruzados de las potencias. La mayor expresión de ese injerencismo es la presencia de las tropas francesas. 
 Aquí presentamos un repaso. 

 Malí 

En agosto de 2020, las fuerzas armadas destituyeron al gobierno de Ibrahim Boubacar Keïta. Su ocaso había empezado en el mes de abril, cuando miles de personas se movilizaron denunciando un fraude en las elecciones legislativas y comenzó una campaña de desobediencia civil. La represión dejó entonces 14 muertos.
 A su vez, el gobierno cargaba con la dificultad para contener el avance de las fuerzas islamistas. En 2013, fue este progreso de los rebeldes el pretexto esgrimido por Francia para desplegar 5 mil soldados en la región, en lo que actualmente se conoce como Operación Barkhane. Debido al empantanamiento de esta misión y al creciente repudio popular a la intervención, el presidente galo Emmanuel Macron ha resuelto reducir el número de tropas, a la vez que reclama un mayor involucramiento de los ejércitos del continente. En la zona operan también Takuba (con efectivos de otros países europeos) y la ONU. 
 En la junta militar maliense estallaron pronto las disensiones internas. En junio del año pasado, el vice Assim Goïta desplazaba al presidente en un nuevo golpe. El nuevo régimen estableció mayores lazos militares con Rusia, lo que desató la furia de Francia, que denuncia incluso la presencia de mercenarios de la compañía moscovita Wagner en suelo maliense. París logró, en tanto, que la Cedeao impusiera fuertes sanciones comerciales a Bamako. El último capítulo de las tensiones fue el reclamo del gobierno maliense para que se retire del país un contingente de tropas danesas, lo que París calificó como una provocación (Africa News, 27/1). La Cedeao y Francia reclaman nuevas elecciones. 

 Guinea-Conakry

 A fines de 2020, el presidente Alpha Condé impuso una reforma constitucional para habilitar su re-reelección. Esto desató, al igual que en Malí, protestas masivas, cuya represión dejó cerca de 30 muertos. Casi un año más tarde, los militares lo derrocaban y tomaban el poder, disolviendo además el parlamento. 
 Guinea-Conakry es el segundo productor de bauxita del mundo, un insumo del aluminio. Sus principales compradores son Rusia y China, que aumentaron su presencia en el país bajo la presidencia de Condé. El líder de la junta militar, Mamady Doumbouya, se formó militarmente en Francia, por lo que algunos medios sospecharon que el golpe podía ser un intento galo de contener aquel desarrollo (Asia News, 10/9/21). El nuevo mandatario, de todos modos, asegura que los contratos de explotación minera no se modificarán. De lo que no caben dudas es que el país es un eje de disputa entre compañías norteamericanas, inglesas, rusas y chinas por el control de sus recursos minerales. 
 El aumento de las exportaciones guineanas, base del crecimiento económico del país en los últimos años, ha enriquecido a los grupos económicos, pero no ha favorecido a las masas, cuyas penurias crecen. La pobreza envuelve al 60% de la población, que ha sufrido en los últimos años los estragos del ébola, el encarecimiento de los alimentos y de los combustibles. 

 Burkina Faso 

La semana pasada, las fuerzas armadas depusieron al presidente Roch Kaboré, en el poder desde 2015. Los uniformados tenían divergencias con el mandatario respecto a la conducción de la guerra contra los grupos islamistas, que han ganado mucho terreno en los últimos años. Según el corresponsal de El País de Madrid (24/1), el Estado solo controla hoy las grandes ciudades y sus aledaños, incluyendo la capital Ougadougou. El conflicto ya ha dejado más de un millón de desplazados y 7 mil muertos. 
 Kaboré mantenía algunos contrapuntos con Francia, que lo venía presionando para que modificara su política de seguridad y defensa. La cadena estatal gala France 24 publicó un artículo llamado “Burkina Faso: ¿jugó Francia un papel en el derrocamiento del presidente Kaboré?” (26/1). Allí se afirma, citando fuentes, que los diplomáticos franceses “estaban trabajando (desde septiembre) en escenarios para una toma de posesión por parte de los militares”. 
 En Burkina Faso, como en otros países de la región (Malí, Senegal, Chad), se han producido movilizaciones contra las tropas francesas. Este retroceso de París busca ser aprovechado, en todos los terrenos, por Moscú y Beijing.

 Sudán
 
En octubre pasado, el militar Abdel Fattah Al Burhan, parte del gobierno, destituyó al primer ministro, el civil Abdalla Hamdok, y disolvió el Consejo Soberano. De este modo, los militares pasaron a controlar todo el poder, poniendo fin al gobierno de transición surgido de un acuerdo entre los uniformados y las Fuerzas de la Libertad y el Cambio, tras la caída del dictador Omar al Bashir, en marzo de 2019. 
 Las masas que se sublevaron en su momento contra al Bashir ganaron las calles ante el nuevo golpe. La represión ya ha dejado más de 70 muertos. El cuarteto de “Amigos por Sudán”, integrado por Estados Unidos, Reino Unido, Arabia Saudita y Emiratos Arabes, promueve una negociación entre el ejército criminal, las organizaciones opositores e incluso los “comités de resistencia” (Al Arabiya, 8/1). Esa vía de negociación ha demostrado ser un callejón sin salida. 
 El continente africano se encuentra sometido al saqueo histórico de sus recursos por parte del imperialismo yanqui y europeo, con las clases dominantes nativas actuando como socias menores de ese entramado. En menor medida, también Rusia y China buscan ahora sacar su tajada de esta expoliación.
 La inestabilidad que vive hoy Africa Occidental está asociada a ese saqueo y esa disputa, que tiene como contracara las penosas condiciones de vida de las masas. La expulsión de las tropas francesas y del imperialismo, y la unidad de trabajadores y campesinos, en una federación socialista de pueblos, es un planteo para superar esta situación. 

 Gustavo Montenegro

sábado, 12 de febrero de 2022

¿Qué es y a qué apunta la nueva Ruta de la Seda?


La nueva ruta de la seda a la que Argentina se adhirió durante el viaje de Alberto Fernández a Beijing surgió en 2013, como un proyecto pensado para el desarrollo de obras de infraestructura (rutas, trenes, puentes, puertos, etc.) que conectaran al gigante asiático, sobre todo, con otros países de la región. Con el paso de los años, sin embargo, se extendió al mundo entero, incluyendo la realización de otro tipo de obras, como centrales energéticas.
 Al día de hoy, son 145 países los que integran esta ruta cuyo nombre rememora la vía que conectara a Europa y China en las épocas de las dinastías Han y Tang. Su desarrollo se concentra en Africa, Asia, Europa del Este y América Latina. Pero también ha logrado incursionar en el corazón del viejo continente, al sumar a Italia en 2019.
 Esta nueva ruta de la seda ha asumido una importancia adicional para China, a la luz de la guerra comercial con Estados Unidos. El proyecto le permite diversificar sus vínculos económicos y aumentar su influencia política a nivel global, a través del desembolso de fuertes inversiones. 
 Del otro lado del mundo, un alarmado Joe Biden anunció el año pasado su propia ruta de la seda, llamada -con característica desvergüenza- “Construyamos un mundo mejor” (Build Back Better, o B3W), en colaboración con “las principales democracias del mundo” (sic). Por ahora, es solo un anuncio. Pero muestra la preocupación y dificultad de Washington para contener el avance del proyecto chino, que ya suma veinte países de su propio “patio trasero” latinoamericano (entre ellos, Chile y Uruguay).
 La nueva ruta de la seda sirve a China para abastecerse con mayor facilidad de insumos, pero también para colocar sus productos en el extranjero. Al mismo tiempo, le es útil para impulsar su propia tecnología (5G). Y, de conjunto, como ya dijimos, para ampliar su influencia global. 
 Como máquina aspiradora de materias primas, Beijing tiende a reforzar con esta iniciativa la primarización de muchas economías. A su vez, el financiamiento chino genera fuertes lazos de dependencia, tal como ocurre con el FMI. El caso más gráfico es el de Sri Lanka, que ante la dificultad de devolver 8 mil millones de dólares en préstamos para obras de infraestructura, terminó entregando el puerto de Hambatota por 99 años a manos chinas, para cancelar su deuda. 
 Aun sin ser China un país imperialista, dado que se encuentra en un proceso de restauración del capitalismo, la nueva ruta de la seda genera relaciones de dependencia y subordinación para los países atrasados. En tal sentido, no es una salida superadora del vínculo colonial con el imperialismo yanqui.
 Las tareas del desarrollo nacional no se resuelven diversificando la dependencia entre las distintas potencias, o pivotando entre ellas, sino encarando una agenda de transformación productiva que parta de la nacionalización de la banca y los recursos estratégicos de la economía. Como tarea, solo puede ser encarada por la clase trabajadora. 

 Gustavo Montenegro

viernes, 11 de febrero de 2022

Pfizer: “especulación pandémica”


“Pfizer facturó casi $37 mil millones de dólares en ventas de su vacuna Covid-19 el año pasado, lo que lo convierte en uno de los productos más lucrativos de la historia, y ha pronosticado otro año excelente en 2022, con un gran impulso proveniente de su pastilla Paxlovid contra el Covid-19. Los ingresos generales de la farmacéutica estadounidense en 2021 se duplicaron a 81.300 millones de dólares y espera obtener ingresos récord de 98.000 a 102.000 millones de dólares este año” (The Guardian, 8/2).
 Ante la noticia, Global Justice Now denunció un fenómeno de “especulación pandémica”. La vacuna “de Pfizer fue inventada por BioNTech, respaldada por 100 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones de propiedad pública y una subvención de 375 millones de euros del gobierno alemán” (ídem). Es decir, por inversión del erario público. Pfizer ni siquiera ´invirtió´ un mango.
 “Tim Bierley, un activista farmacéutico del grupo, dijo: ´El desarrollo de vacunas de ARNm debería haber revolucionado la respuesta global de Covid. Pero hemos dejado que Pfizer retenga esta innovación médica esencial de gran parte del mundo, mientras estafamos los sistemas de salud pública con un margen de beneficio deslumbrante. No es nada menos que especulación pandémica para que Pfizer propicie una matanza mientras sus vacunas se han negado a tantos. Pfizer ahora es más rico que muchos países; ha ganado más que suficiente dinero con esta crisis. Es hora de suspender la propiedad intelectual y acabar con los monopolios de las vacunas´. Pfizer cobró al NHS (el sistema de salud pública) del Reino Unido un estimado de 2.800 millones de libras esterlinas por encima del costo de producción por las 189 millones de dosis de vacunas Covid-19 que el gobierno del Reino Unido compró, calculó Global Justice” (ídem). 
 Pfizer vendió a cuentagotas su vacuna a países africanos a un precio de 3 a 10 dólares la unidad, pero se jactó de haber ´ayudado´ al mundo subdesarrollado. Según Pfizer “producir una dosis sin fines de lucro cuesta u$s 6,75, o 4,98 libras esterlinas, pero, según se informa, le ha cobrado al NHS 18 libras esterlinas por dosis por los primeros 100 millones de unidades compradas y 22 por dosis por los siguientes 89 millones”, denuncia Global Justice Now, “lo que equivale a un deslumbrante margen de beneficio del 299 %” (ídem). 
 Conclusión: la “especulación pandémica” responde a las leyes del capital, las cuales no dejan de operar en medio de grandes catástrofes. Al contrario, muestran el lado más perverso de esas leyes, medran de las catástrofes y dan lugar a mayor concentración y centralización del capital. 
 De ahí que para “suspender la propiedad intelectual y acabar con los monopolios de las vacunas” se requiera una acción muy enérgica contra los grandes monopolios capitalistas, su expropiación y puesta bajo control obrero y la lucha por el poder de los trabajadores.

 Norberto Malaj
09/02/2022

martes, 8 de febrero de 2022

Ucrania: un peligroso impasse hacia la guerra


El conflicto político-militar acerca del destino geopolítico de Ucrania se encuentra en un impasse. El gobierno de Rusia puso en claro su planteo en un documento que entregó a Estados Unidos. Resumidamente, la OTAN debía renunciar a la incorporación de Ucrania y desmilitarizar a los estados fronterizos de Rusia que son miembros de ella. El gobierno de Biden respondió por medio de un texto confidencial de carácter no oficial, que terminó siendo revelado por El País de Madrid. Rechaza la totalidad de las exigencias de Putin y ofrece como alternativa improbable no instalar en Ucrania misiles de largo alcance, y establecer acuerdos de seguridad a nivel del conjunto de Europa. Esta respuesta no fue consultada con la Unión Europea, ni Putin acepta ningún acuerdo que no sea directamente con Estados Unidos.
 El impasse no puede sorprender. La OTAN ha perseguido una política de expansión al este, enseguida después de la disolución de la URSS, en especial a partir de la guerra de desmembramiento de la Federación Yugoslava. Esta política se ha desarrollado por medio de la violencia y la guerra. Diversas crisis internacionales, pero en particular la de 2007/8, le han dado un impulso mayor. También con el pasaje del gobierno a Biden. 
 La OTAN no es solamente una maquinaria militar, sino política. El cerco a Rusia, además de procurar un desequilibrio militar en el terreno, ejerce una fenomenal presión política desestabilizadora sobre ella y refuerza la injerencia y el arbitraje político del imperialismo. Esto fue lo que ocurrió exactamente con Ucrania, gobernada por camarillas y oligarcas pro-rusos, con intermitencias, hasta 2014. Ucrania se encontró en un callejón sin salida, al punto que la mayor parte de la oligarquía pro-rusa se volcó a reclamar el ingreso del país a la Unión. El ex presidente Poroschenko, con inversiones elevadas, tanto en Rusia como en Ucrania, piloteó el realineamiento político a la UE. La "nueva" Ucrania entró en la órbita del FMI, mientras la UE y la OTAN se encargaron de reorganizar a las fuerzas armadas, la policía y los servicios de espionaje. Putin respondió con la ocupación del Donbass, en el este de Ucrania, y luego de Crimea, en el sur, donde se encuentra la única base de Rusia con vía de ingreso al Mediterráneo.
 Alemania y Francia han tratado de sortear las diferencias entre Biden y Putin. Dejaron expuesta, de este modo, la crisis en la OTAN, a la que Macron -el presidente de Francia- había diagnosticado “muerte cerebral”. Las propuestas europeas no han cambiado el escenario, porque simplemente ratifican el "derecho" de Ucrania a elegir a su propio patrón –la OTAN. Esto es congruente con la estrategia de la UE, que es el desarrollo de los mercados del este (“march nach osten”), incluida Rusia. Mientras las reuniones se suceden, EEUU, Francia y también Alemania, envían armamento y tropas a los países próximos a Rusia y Ucrania. En el entrevero se ha metido el turco Erdogan, cargando drones para Ucrania. La injerencia de Turquía involucra en la crisis al Medio Oriente, pues Rusia y Turquía tienen presencia en la guerra de Siria. En este cuadro, los mediadores europeos ofrecen a Putin “desescalar” el conflicto, y hasta creen que con eso le “salvan la cara” al ruso. La situación, por el contrario, se ha agravado. Con un despliegue militar que ha alcanzado, además de la frontera con Ucrania y la intervención de Bielorrusia, a mares y océanos, con excepción del Atlántico, una "desescalada" con las manos vacías podría desatar una crisis política irremediable en Rusia. La alternativa a esto sería ocupar Ucrania en su totalidad o en parte. La propuesta de Macron –reunificar a Ucrania sobre una base federal (establecida en los llamados acuerdos de Minsk), de modo de dar participación estatal a las regiones separadas- es una tentativa de dilatar las acciones diplomáticas y cargar sobre Putin el costo político y económico de tener acampados ciento cincuenta mil soldados e infinidad de equipamiento militar sin horizonte a la vista.
 Con independencia de la diversidad de actores internacionales en presencia, o sea de los intereses particulares de unos y otros, la crisis ucraniana, considerada, de nuevo, en su conjunto, es la expresión de la tendencia del imperialismo mundial a enfrentar las contradicciones insuperables del capitalismo ultra-maduro, o sea decadente, por medio de la guerra. Es lo que se ha manifestado en la seguidilla de guerras internacionales, en especial en Medio Oriente, en la "posguerra fría". En algunos casos, los actuales contendientes no titubearon en colaborar, como ocurrió con el apoyo que recibió Bush de parte de Rusia y de Irán cuando ocupó Afganistan o Irak, o cuando EEUU y Rusia se pusieron del lado de Irak contra Irán, en una guerra notablemente sangrienta, en la que Irán recibió armamento israelí. Por eso, no debe engañar la polaridad "pre-guerra fría" que se manifiesta en la crisis actual en Ucrania, como si fuera una repetición de la que caracterizó el enfrentamiento de la OTAN contra la URSS, China y Yugoslavia con anterioridad. 
 A diferencia de las pasadas dos guerras mundiales, la fuerza motriz de la guerra en la actualidad es el bloque de la OTAN y el imperialismo norteamericano. Esto es absolutamente concreto y evidente. Esto no convierte, sin embargo, a la Rusia de los oligarcas capitalistas de Putin, ni a la China capitalista de los expropiadores del campesinado y de la destrucción de derechos de los trabajadores, en potencias "antiimperialistas", ni "interimperialistas". La función de una guerra, en el momento histórico presente, no es solamente doblegar a dos potencias o semi-potencias ocasionalmente rivales, sino desarrollar, por sobre todo, un ataque histórico al proletariado internacional, como en su momento lo intentó el fascismo. El imperialismo, sin embargo, no ha reunido las condiciones para realizar esta tarea en ninguna de las metrópolis respectivas. La clase obrera y los explotados son, internacionalmente, la única oposición antiimperialista a la guerra.
 Las tropas reunidas por Putin no van a detener el avance de la OTAN, y esto lo sabe Putin mejor que nadie. Esa movilización militar busca un compromiso, incluso si, en última instancia, tiene que recurrir a la ocupación total o parcial de Ucrania. Cualquiera sea la forma que asuma una guerra, en estas circunstancias, será reaccionaria. Esto es lo que debe ser expuesto a los pueblos que habitan los territorios y los estados involucrados en del conflicto. La consigna de la lucha contra la OTAN y contra la guerra debe servir para impulsar la movilización de masas y la revolución –en primer lugar en los países de la OTAN, en Ucrania y en Rusia. De una manera u otra, la cuestión de la lucha contra una nueva guerra mundial debe ser instalada en la agenda de la clase obrera de todos los países. 

 Jorge Altamira
 08/02/2022

sábado, 5 de febrero de 2022

Victoria Nuland, un personaje sombrío en la crisis de Ucrania


Nuland, y con ella los “halcones” de Washington, son la expresión más radicalizada y violenta del imperialismo en la actual fase de declinación. 
 Ucrania parece condenada a un sufrimiento infinito. A sus actuales problemas domésticos (los económicos y la corrupción, según la Unión Europea) amén de los que se derivan del posible enfrentamiento de las tropas de la OTAN y Rusia en su atribulado territorio se ha sumado en estos últimos días la funesta presencia de Victoria J. Nuland, Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, en las negociaciones entre Washington y Moscú. Los turbios antecedentes de Nuland rara vez salen a la luz en la prensa hegemónica, dentro y fuera de Estados Unidos. 
 Es una diplomática de carrera pero más que nada una lobista de las principales empresas productoras de armamentos de su país, entre las que se cuentan General Dynamics, Northrop Grumman y otras corporaciones cuyas ganancias crecen en proporción al belicismo de la política exterior de Estados Unidos y que en parte retornan a sus mentores en los pasillos de Washington, entre ellos Nuland. No es un dato menor que esté casada con Robert Kagan, uno de los neoconservadores más duros y belicistas, y que juntos participen en una serie de organizaciones y tanques de pensamiento dedicados a exaltar el imprescindible supremacismo norteamericano en los asuntos mundiales. Ambos tienen una importante cuota de responsabilidad porque se cuentan entre quienes diseñaron los tremendos fracasos militares en Afganistán, Irak y Siria, entre otras aventuras bélicas.
 Entre el 2003 y 2005 Nuland fue una de las principales asesoras del vicepresidente Dick Cheney y ferviente promotora de la invasión y ocupación de Irak, una política que a lo largo de los años produjo un saldo de medio millón de muertos, aunque hay estimaciones que son mucho más elevadas. En su segundo mandato el presidente George W. Bush la premió por su beligerancia y la designóembajadora ante la OTAN, entre los años 2005 y 2008, tiempo en el cual se dedicó a organizar el apoyo internacional a la ocupación estadounidense en Afganistán. En el 2013 Barack Obama la nombró Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Europeos y Euroasiáticos, cargo desde el cual promovió activamente las protestas de grupos nacionalistas y neonazis en contra del gobierno de Víktor Yanukóvich, a la sazón presidente de Ucrania y representante del Partido de las Regiones, opuesto a la asimilación de Ucrania por la Unión Europea y la OTAN. No sólo Nuland auspició el “golpe blando” (que culminó con numerosos sangrientos episodios) sino que, extralimitándose en sus atribuciones, participó personalmente en las manifestaciones que la extrema derecha escenificaba en la Plaza Maidan de Kiev a finales de diciembre del 2013 (ver foto).
 Concretada la destitución parlamentaria del gobierno de Yanukóvich el 22 de Febrero del 2014 la desembozada intervención estadounidense en los asuntos internos de Ucrania se tornó aún más visible. Pese a que Washington aseguraba que los problemas del país europeo debían ser resueltos por los ucranianos Nuland y Geoffrey Pyatt, el embajador de Estados Unidos en Ucrania, se encargaron de seleccionar quién, entre los líderes opositores, debía tomar las riendas del gobierno. La opción norteamericana recayó en Arseni Petróvich Yatseniuk, un abogado y político muy vinculado a los bancos que el 27 de Febrero del 2014 es designado Primer Ministro de Ucrania. En una conversación telefónica entre Pyatt y Nuland el embajador sugirió que antes de hacer la propuesta a favor de Yatseniuk (que desairaba a otros líderes de la oposición) sería conveniente hacer algunas consultas con la Unión Europea. La respuesta de Nuland fue terminante, y así quedó registrada y difundida por todo el mundo: “¡al carajo con la Unión Europea!” Los sumisos gobiernos de la región, indignos vasallos de Washington según Zbigniew Brzezinski, aceptaron mansamente el insulto. Angela Merkel y el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, se limitaron a decir que las palabras de la estadounidense eran “absolutamente inaceptables” sin exigir retractación alguna. ¡Dura muestra de la bancarrota moral y política de los gobiernos europeos!
 Días atrás, y esta es la razón por la que escribimos esta nota, Nuland declaró que si se concretara la invasión rusa a Ucrania, el gasoducto “Nord-Stream 2” -destinado a transportar el gas de Rusia a Europa Occidental sin pasar por territorio ucraniano- no podrá comenzar a funcionar. Si de algo podemos estar seguro es que el protagonismo de este personaje es una pésima noticia porque disminuirá las probabilidades de encontrar una salida diplomática a la actual crisis ucraniana. Nuland, y con ella los “halcones” de Washington, son la expresión más radicalizada y violenta del imperialismo en la actual fase de declinación. Creen en la “misión civilizadora” de su país (de ahí la idea de Estados Unidos como “la nación imprescindible”) y consideran a Rusia y China como naciones bárbaras que amenazan la estabilidad del actual (des)orden mundial y que el único lenguaje que entienden es el de la fuerza. Por eso la OTAN tiene a Rusia cercada desde el Báltico hasta el Mar Negro y la flota de guerra de Estados Unidos se aproxima a Taiwán. 

 Atilio A. Boron | 04/02/2022 
 Página/12

Toyota asume la responsabilidad por el suicidio de sus obreros


El modelo Toyota y la reforma laboral. 

 Se dio a conocer que Toyota firmó un acuerdo por una demanda en la que se culpaba a la empresa japonesa del suicidio de uno de sus empleados por exceso de trabajo y acoso en el ámbito laboral. El presidente de Toyota Motor Corp., Akio Toyoda, le pidió «disculpas» a la familia, según informó la automotriz. Los detalles económicos del acuerdo no se han revelado, pero la demanda presentada por la familia del fallecido solicitaba 123 millones de yenes (1,1 millones de dólares) en daños (Clarín, 1/2).
 El Tribunal Superior de Nagoya decretó en septiembre de 2021 que la muerte del empleado estaba relacionada con su empleo, destacando que sufrió un grave estrés laboral antes de quitarse la vida en 2010. En un primer momento, Toyota, con sede en la ciudad de Toyota, cerca de Nagoya, había refutado las acusaciones. En 2019, Toyota reconoció en otra causa que el suicidio de un ingeniero de 28 años en 2017 estuvo causado por las burlas constantes de su jefe (ídem). 
 Los japoneses tienen una palabra para nombrar al fenómeno que significa, literalmente, “muerte por exceso de trabajo”: karoshi. En la isla, desde la crisis del petróleo de 1973 y el proceso de reestructuración capitalista, las jornadas laborales llegan hasta las 70 horas. Se extienden las historias de empleados que caían muertos en sus oficinas tras una extensa jornada laboral o que decidían suicidarse por no poder más con la presión del trabajo. Este fenómeno no se reduce simplemente a Japón, sino que es mundial. 
 De acuerdo con un informe de la OMS, el exceso de trabajo y estrés laboral provocaron 745.000 muertes por accidente cerebrovascular y cardiopatía isquémica en 2016. Se trata del primer estudio global que analiza las muertes y enfermedades asociadas con el trabajo excesivo y prolongado. El reporte concluye que trabajar 55 horas o más a la semana se asoció con un 35% más de riesgo de accidente cerebrovascular y un 17 % más de riesgo de morir por una enfermedad cardíaca. Otro dato preocupante publicado en el estudio es que, a menudo, las muertes ocurren incluso décadas después (Observatorio Tec Mex, 1/6/21).

 El modelo Toyota y la reforma laboral 

Este modelo de flexibilización y superexplotación laboral de la automotriz nipona es el que el gobierno festejó en nuestro país, y es tan reclamado por la clase capitalista. La reforma laboral es uno de los puntos clave en el reciente acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. En los primeros días de octubre del año pasado, la multinacional Toyota logró hacer pasar su reforma laboral en la planta de Zárate, con la que obtuvo la extensión de la jornada laboral a los sábados a cambio de un plus económico, un franco móvil y la efectivización de 1.012 trabajadores contratados. Esta flexibilización pasó gracias al favor de la burocracia del Smata. En plena campaña electoral, Alberto Fernández en persona fue a las plantas a reivindicar esa flexibilización como el modelo para la reactivación económica que promueve el gobierno. 
 Esta reestructuración patronal opera de tal modo que la empresa no solo logra forzar el trabajo los días sábado sino que no tiene que pagar el costo adicional de las horas extra, similar a lo que ocurriría con un banco de horas, como reclama la clase capitalista para abaratar “costos laborales”. La base de esta reforma es la negativa de la patronal a realizar nuevas inversiones para soportar los ritmos de producción -que, de paso, crearía nuevos puestos de trabajo-, lo que redunda en una mayor explotación del personal existente. La patronal de Toyota admite que con estas reformas el año próximo estaría alcanzando los 3.500 millones de dólares en exportaciones, mientras que los trabajadores pierden salud y condiciones laborales (Prensa Obrera, 24/11/21). 
 La reforma laboral es parte inseparable de una orientación contraria a todo desarrollo industrial. Siguiendo los pasos que exige el FMI solo se profundiza un régimen de saqueo y pobreza. Contra esta política y con la iniciativa del Frente de Izquierda Unidad, más de 200 organizaciones movilizarán el 8 de febrero a Plaza de Mayo y en todo el país. Abajo el pacto del gobierno con el FMI. Ni ajuste ni tarifazo. No al pago de la deuda. Vamos a todas las plazas del poder político a rechazar el pacto humillante del gobierno de los Fernández con el FMI. 

 Camila Mic

viernes, 4 de febrero de 2022

África: golpe de Estado en Burkina Faso


¿Complicidad de Francia? 

 Las fuerzas armadas detuvieron y depusieron a comienzos de esta semana al presidente Roch Kaboré, quien se hallaba en el poder desde 2015. En una declaración firmada por el nuevo hombre fuerte del país africano, el teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba, se anuncia también la suspensión de la Constitución, la disolución del parlamento, el cierre de fronteras y un toque de queda nocturno. El derrocamiento se suma a los recientes golpes en Malí, Guinea y Sudán, y a la crisis en Chad, si bien cada uno de estos sucesos tiene sus características particulares.
 La tensión entre el presidente y los militares venía creciendo al calor de las derrotas ante Al Qaeda y el Estado Islámico. Según el corresponsal del diario español El País, hoy el Estado “apenas controla la seguridad de la capital y su entorno y de las grandes ciudades del país” (24/1), en una nación mayoritariamente rural, donde el 90% de los trabajadores se desempeña en el sector agrícola. Más de 7 mil personas murieron en los últimos siete años de conflicto y hay más de un millón de desplazados, sometidos al hambre, la falta de agua y de atención médica. 
 El episodio que marcó un salto en la crisis entre el presidente y el sector castrense fue en noviembre, cuando 53 efectivos murieron en un ataque islamista. Los militares redoblaron sus exigencias de mayores recursos y atribuciones. 
 El progreso de los grupos islamistas en Africa Occidental, que comenzó en Malí en 2012, muestra los serios problemas que está encontrando Francia en el terreno. En 2013, el imperialismo galo desplegó 5 mil soldados para proteger sus intereses económicos y políticos en el Sahel, una región rica en recursos minerales (como bauxita y manganeso), en una misión que lleva actualmente por título “Operación Barkhane”. En 2021, frente a los obstáculos, Macron anticipó una reducción de tropas, mientras presionaba por un mayor involucramiento de los ejércitos nacionales africanos. 
 En el caso de Burkina Faso, el presidente Kaboré aceptó la presencia de tropas francesas en las inmediaciones de la capital, Ougadougou, como parte de la operación “Sabre”, pero recelaba de Barkhane. Francia venía presionando al mandatario para que adoptara cambios en su política de seguridad y defensa. 
 Por eso, aunque París condenó formalmente el golpe, hay dudas de si no pudo haber desempeñado un rol en el mismo, o bien dejarlo correr. Nada menos que la cadena estatal France 24, publicó un artículo con el título: “Burkina Faso: ¿jugó Francia un papel en el derrocamiento del presidente Kaboré?” (26/1). Allí se señala, citando fuentes, que “desde septiembre, oficiales y diplomáticos franceses estaban trabajando en escenarios para una toma de posesión por parte de los militares”. 
 La presencia de soldados galos ha generado el rechazo de la población burkinense, como la de otros países de la región (Malí, Chad, Senegal). En noviembre pasado, un convoy francés que se dirigía a Malí fue detenido por manifestantes cerca de Ougadougou. 
 Francia despliega unidades militares y esquilma los recursos del continente, mientras las masas se encuentran sumergidas en la miseria. Planteamos: fuera el imperialismo de Africa.

Gustavo Montenegro
   

miércoles, 2 de febrero de 2022

La renuncia de Máximo Kirchner, una crisis política en el acuerdo con el Fondo


Con la renuncia de Máximo Kirchner, el acuerdo con el Fondo Monetario abrió una crisis en el bloque oficialista. Los términos de la renuncia recuerdan a los de Chacho Alvarez, quien también prometió no obstaculizar al gobierno de De la Rúa pero cuya caída fue un hito fundamental en la descomposición del gobierno de la Alianza, que culminó empujando a la Argentina al abismo de la mano, justamente, del Fondo Monetario. Así como ayer Alvarez no jugó ningún rol en la lucha contra De la Rúa – Cavallo, ahora Máximo Kirchner asume que no romperá el bloque de diputados del Frente de Todos, con lo cual seguirá integrando las filas del oficialismo mientras éste se compromete a cogobernar con el FMI. Con esta política, busca contener dentro del Frente de Todos al sector díscolo contra el pacto con el FMI. De la misma manera, Lozano, otro crítico del acuerdo con el Fondo, aseguró que seguirá al frente del Banco Nación, como si se pudiera separar la orientación del gobierno hacia la banca pública de su orientación general de entrega colonial. 
 Esta situación muestra lo que tiene de maniobra de la renuncia de Máximo Kirchner, que se refuerza cuando se mira la permanencia en el gabinete de toda la tropa de La Cámpora o el apoyo de Axel Kicillof al pacto con el Fondo. Los términos de la carta también apuntan en esta dirección, puesto que mientras se critica el actual acuerdo se reivindica haber votado el canje de la deuda privada. Ahora, Kirchner recuerda que el mismo no tuvo quita de capital, un aspecto que en su momento fue encubierto con mentiras sobre el Valor Presente Neto de los bonos. Lo que la carta encubre, fundamentalmente, es el rol de la propia bancada de diputados del Frente de Todos en el ajuste que pavimentó el acuerdo con el Fondo. ¿O no fue fundamental el cambio en la fórmula jubilatoria que le dio otro golpe a los haberes en el ajuste fiscal que condujo al pacto? ¿O no fue fundamental la votación del canje de deuda privada? ¿O la defensa de los presupuestos de ajuste de 2021 y el malogrado de 2022? Todas estas medidas defendidas por Kirchner en el Congreso fueron medidas de ajuste y sembraron el terreno para el acuerdo, que lejos de ser un rayo en el cielo sereno, es la culminación de toda la orientación política del oficialismo desde, incluso, antes de asumir.
 Pero el aspecto de maniobra no agota la cuestión. Porque la renuncia de Kirchner al liderazgo del bloque ha abierto una crisis, no solo en el oficialismo, sino en el acuerdo mismo. Leopoldo Moreau, quien denunció que el gobierno llegó a la instancia de precipitar un acuerdo por la falta de reservas, le atribuyó los motivos de esta última a haber pagado desde el principio al organismo, y sostuvo que “revisaría” el pacto con el Fondo. Cristina Fernández permanece en silencio. Pero una revisión de los términos del endeudamiento en el Congreso es incompatible con un pacto con el Fondo: la votación deberá hacerse a libro cerrado para llegar a acordar. El Fondo no reclama un debate, sino que el Congreso oficie de escribanía de los pactos con Guzmán. 
Por eso los pactos anteriores de endeudamiento no pasaron por el Congreso: el capital financiero reclama un poder ejecutivo que oficie como un comando bonapartista capaz de imponer sus condiciones sin peros ni enmiendas. Por esto, ha surgido la versión de que el acuerdo podría no pasar por el Congreso. Una medida semejante hundiría definitivamente toda la crítica realizada al pacto macrista, justamente en nombre de que… no pasó por el Congreso. Sería un golpe al gobierno, que abriría la etapa de cogobierno con el Fondo Monetario que implica el acuerdo en condiciones de mayor debilidad.
 Si el acuerdo llegara al Congreso, por otro lado, cabe la posibilidad de que el gobierno termine votando el pacto con la oposición de La Campora, apoyado en el macrismo y el PJ -cuyo aparato de gobernadores, a través de Manzur, viene terciando en favor de acordar con el Fondo. En todo caso, el pacto con el Fondo abre una etapa de crisis y choques políticos. El elemento central de los mismos es la gravedad del ajuste y de los condicionamientos a la economía argentina que se vienen. 

 El debate en la izquierda 

Es evidente que la renuncia de Máximo Kirchner confirma la denuncia del carácter del acuerdo con el Fondo Monetario que viene realizando la izquierda, que ahora aparece puesta en boca de uno de los principales dirigentes del oficialismo. En la izquierda, la renuncia de Máximo Kirchner abrió un debate. El Nuevo MAS, en el plenario de Parque Lezama, propuso ir a golpear la puerta de las organizaciones kirchneristas para organizar una movilización común. Pretende erigir en principales opositores a la política del gobierno a quienes hasta hoy forman parte del Frente de Todos. El plenario, en cambio, votó una iniciativa de lucha concreta: salir a la calle el próximo 8 de febrero, contra el pacto con el Fondo, con una movilización multitudinaria contra el programa de ajuste que implica. La resolución del plenario fue adecuada a la situación, porque apuntan a explotar la crisis política y las vacilaciones del campo patronal y el gobierno con una posición independiente y de lucha. 
 Es que la izquierda enfrenta el pacto con el FMI con un programa propio: para que la crisis la paguen los capitalistas, por un salario igual a la canasta familiar, por el 82% móvil, por el no pago de la deuda externa, la nacionalización de la banca y el comercio exterior, por la ruptura con el imperialismo y para destinar los recursos que genera el país a resolver los grandes problemas de los trabajadores. Máximo Kirchner no formula en su renuncia ningún planteo programático, pero reivindica en cambio toda su trayectoria como espada parlamentaria del gobierno del Frente de Todos y su política de ajuste. 
 La crisis al interior de la coalición oficialista es una oportunidad para golpear el acuerdo con el Fondo y la política de ajuste del gobierno, no porque haya que ir a buscar a Máximo Kirchner sino por otros motivos. Los choques parlamentarios van a contribuir a mostrar el verdadero carácter del pacto y sus implicancias. Las crisis por arriba puede contribuir a crear las condiciones de una intervención popular contra el acuerdo. La marcha del 8 apunta a consolidar estas tendencias. Planteamos organizar charlas y asambleas para convocar a todo el pueblo argentino a enfrentar esta política de ajuste y entrega colonial. 

 Juan García