sábado, 19 de noviembre de 2016

Las elecciones en Estados Unidos son una farsa




Los análisis sobre la victoria de Trump inundaron los medios. Dejando las interpretaciones de lado, su triunfo es una prueba de lo anti-democrático que es el sistema electoral.

Reproducimos este artículo publicado originalmente en Left Voice, parte de la Red Internacional de diarios: US Elections Are a Sham

Lo concreto es que ellos no nos necesitan.

Que Trump esté tomando las riendas del carruaje de la Casa Blanca debería ser una estruendosa alerta para todos nosotros. Mientras escribimos, él y su equipo hacen un despliegue con bombos y platillos para satisfacer a los blancos nacionalistas como Bannon y el republicano de pura cepa Reince Prebius. Además, la Edad de Oro de Obama tiene su final fatal. Hace pocos días, todos los signos apuntaban a una salida tranquila y festiva, que se completaba con videos simpaticones del presidente saludando y paseando por su jardín con Michelle Obama, la nueva obsesión del feminismo liberal.
El triunfo de Trump deja al descubierto a una democracia estadounidense gobernada por la clase dominante. El nuevo presidente electo cierra aún más al acotado circuito de la política en Estados Unidos: los ricos gobernando para los ricos, un gobierno de nosotros, para nosotros del privilegiado %1 que no necesita mediar con las masas para tomar decisiones sobre como dirigir la sociedad.
La democracia al estilo norteamericano siempre produjo asombro y disgusto. Las elecciones nunca fueron democráticas.
Pero en la mañana del 9 de noviembre, el 76% de los electores que no votaron a Trump, se despertaron en estado de shock. El 76% que hubiera preferido caminar por la calle con un cartelito que diga “golpeame en la cara” antes que ponerse un pin de Trump en la remera, aquellos que solo nos hubiéramos encontrado en una reunión de Trump para protestar y manifestarnos, que queremos desde el fondo de nuestras convicciones sentenciar a Trump al infierno de los realitys, nos preguntamos, ¿Cómo llegó este ser despreciable (slimebucket) a ser presidente?

Un nidito para los fanáticos

El trono de Trump está construido sobre la privación sistemática y masiva del voto a los pobres, los trabajadores, los negros y los inmigrantes. La gente hizo esfuerzos para maniobrar los horarios exigentes y permaneció en pie en fila durante horas; y por mucho más tiempo en los barrios pobres que en los ricos.
Además, las elecciones se realizan un martes, es decir, un día laboral. En otros países del mundo las elecciones son un domingo o es directamente un feriado nacional. Los que quieren votar tienen que fingir un resfrío o la muerte de un pariente, llegar tarde al trabajo o irse temprano sacrificando parte de su salario en las elecciones.
En estas elecciones hubo 868 lugares menos de votación que en el año 2013, cuando la corte suprema resolvió en el caso Shelby vs. Holder voltear la sección 4b de la Ley de los Derechos del Voto, que antes obligaba a los estados a adherir a los requerimientos federales que le referían a las prácticas para votar en el día de las elecciones.
Entre otras cosas, la Corte Suprema habilitó a los Republicanos de Carolina del Norte a poner restricciones en el voto temprano, que según ellos era, en términos claramente anti-negros, “desproporcionalmente negro” y “desproporcionalmente democrático”.
Más de 6 millones de personas, desproporcionadamente negras y de color, no pueden votar por tener una condena por delito, y alrededor de 11 millones de inmigrantes indocumentados están alejados de toda posibilidad de voto.
Mientras las barreras para poder votar se multiplican para los pobres y los oprimidos, los capitalistas han ganado una influencia sin límites sobre las elecciones. La resolución de la Suprema Corte Citizens United de 2010 le dejó el camino libre a la formación de SuperPACs y para que millones de dólares en negro pudieran fluir de donantes desconocidos hacia los candidatos. Recientemente, la Corte Suprema eliminó el techo a las restricciones en las contribuciones monetarias por parte de individuos a candidatos federales y a los comités de partidos políticos.
A su vez, está el colegio electoral. Desde que los padres fundadores (Founding Fathers) “le dieron vida a esta criatura extraña en 1787” (se refiere a la fundación de los EE.UU. NdR), no hubo ni una explicación satisfactoria para este artilugio político descaradamente antidemocrático. Tanto los Republicanos como los Demócratas son rápidos para quejarse sobre el colegio electoral, pero nunca movieron un dedo para realmente oponerse a él.
Cuanto más confusas sean las reglas y más enredadas estén las cuerdas de la democracia, mejor. La fachada de la democracia siempre es la misma, y al mismo tiempo, la voluntad de la mayoría cuenta muy poco.

No es mi presidente

Sin dudas hemos visto un giro a la derecha en la política a nivel nacional. Es claro que una gran porción de la (casi en su totalidad blanca) clase media y trabajadora votó a Trump, comprando su (o al menos tragando con disgusto) discurso racista, misógino, anti-musulmán y anti-inmigrante. La persistente crisis económica y la larga retirada de la lucha de clases han tenido efectos problemáticos en la posibilidad de solidaridad entre los trabajadores.
Pero la misma retórica reaccionaria de la derecha radicalizada que se encarga de consolidar a Trump, también reafirma a la mayoría en su contra. Si él le es fiel a las políticas propuestas durante la campaña, definitivamente, se deberá enfrentar a una resistencia de las masas, como ya lo vienen pronosticando las numerosas protestas en la última semana. Aquellos que ya vienen organizando la resistencia contra el presidente Trump se expresaron con claridad: Él no es mi presidente.
En las semanas y meses venideros, podemos dejar atrás a los republicanos y demócratas, que se quedan de brazos cruzados en un cínico juego de una democracia guionada, y llevar toda nuestra resistencia a las calles.

Juan Cruz Ferre
Tracy Young
Editores de Left Voice

viernes, 18 de noviembre de 2016

Olimpíadas de Munich 1936: Jesse Owens, su amigo ario y los judíos




Jesse Owens en el podio de Munich

Durante la década del 30, antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, tres hechos relacionados con el racismo y la discriminación, producidos en dos países diferentes, tuvieron implicancias muy fuertes.

Por un lado, en Alemania asumió el poder Adolf Hitler como canciller en 1933 y Berlín fue seleccionada sede de los XI Juegos Olímpicos. Por otro, la asunción ese mismo año de Franklin Delano Roosevelt como presidente en los Estados Unidos. Estos tres hechos serán trascendentales para un joven atleta afroamericano nacido en Alabama llamado Jesse Owens.
Owens fue el séptimo hijo de once hermanos, que además de estudiar en el instituto Fairview Junior, trabajaba arreglando calzados para colaborar económicamente con su familia. Respecto a sus inicios en el atletismo, sus biógrafos sostienen que vivía tan ajeno a esa actividad, como su rutina diaria le permitía. Fue Charles Riley, uno de sus profesores, quien al verle condiciones para este deporte, le cambió la hora de entrenamiento y la adaptó a su horario particular. Esta modificación en los tiempos de entrenamiento fue crucial para su futuro deportivo.
Durante los años 30 y antes del comienzo de de la Segunda Guerra Mundial, tanto en Estados Unidos como en Alemania se vivía un clima de fuerte racismo y discriminación. En el primero se vivía la segregación a personas de color negro, producto de las secuelas de la Guerra Civil que afectó a este país entre 1861 y 1865. Hay que tener en cuenta que cuando se abolió la esclavitud, los Estados del sur, perdedores en esta contienda, redactaron leyes donde se garantizaba la supremacía del hombre blanco por las personas de otro color que vivían en ese país. La constitución avalaba los derechos de los denominados colored, por eso se creó el término segregación bajo el concepto “Separated but Equal” (Separados pero iguales).
“Las denominadas leyes de Jim Crow, fueron promulgadas entre 1876 y 1965, asignaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas (tiendas, escuelas, hoteles, restaurantes) donde los espacios estaban divididos para evitar que el hombre blanco se ’contaminara’ por la influencia del hombre negro o cualquier otro grupo étnico. Bajo el amparo de estas leyes se negaba el derecho al voto de los colored imponiendo una serie de requisitos como saber leer y escribir, tener posesiones o pagar un impuesto electoral”. (The Strange Career of Jim Crow, Woodward, C. Vann y McFeely, William S, 2001).
Estados Unidos, a lo largo de su historia, tuvo presidentes que no estaban de acuerdo con la integración de los negros, así como tampoco la inmigración de otras personas de color. “Estoy convencido de que la actual invasión de mano de obra china […] es perniciosa y debería ser atajada. Nuestra experiencia con las razas más débiles –negros e indios, por ejemplo– es una buena muestra de ello”, declaró Rutherford Hayes, 19º presidente de EE.UU. (1877-1881).
Por su parte, Theodore Roosevelt, el presidente número 26º (1901-1909), afirmó que: “[…] las tribus salvajes esparcidas, cuya existencia era solamente unos pocos escalones menos insignificantes, escuálida y feroz que la de otras bestias. [Dicha guerra sería] beneficiosa para la civilización y en interés de la humanidad”.
En tanto que Calvin Coolidge, el 30º presidente de EE.UU. (1923-1929) sostuvo que: “América debe conservarse americana. Las leyes biológicas demuestran que los nórdicos se deterioran al mezclarse con otras razas”.
Tanto Theodore Roosevelt, del partido republicano, como Franklin Delano Roosevelt, del partido demócrata, si bien no tenían coincidencias ideológicas, los unía una firme convicción racista.

Hitler, Owens y los judíos

Por otro lado, en Alemania, Adolfo Hitler, preparaba sus propios Juegos Olímpicos para demostrarle al mundo la supremacía de la "raza" aria. Joseph Goebbels, ministro de propaganda, fue el que planificó, que los atletas alemanes estén en la mayoría de premios. No se tuvo en cuenta a los afroamericanos, y menos a un desconocido llamado Jesse Owens.
Alemania había sido expulsada de los tres Juegos Olímpicos anteriores por las condiciones impuestas después de la Primera Guerra Mundial. Este país tenía en el atleta Carl Ludwig “Luz” Long su gran figura, el mismo fue ganador de los tres últimos campeonatos de Alemania de salto en largo. Luz era el gran prototipo de atleta alto, rubio y blanco.
En ese momento Owens ya era una figura destacada en la Universidad de Ohio, donde batía cualquier récord mundial que se pusiera a su alcance. A pesar de esos logros no tenía el mismo privilegio que los atletas blancos: no accedía a becas, no compartía alojamiento con los otros atletas, así como tampoco podía sentarse en la misma mesa durante las concentraciones. A pesar de esas situaciones, fue para representar a los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de la Alemania nazi.
El 1 de agosto de 1936 se inauguraron los Juegos Olímpicos en Alemania, y la primera medalla fue para un atleta alemán donde Hitler se hizo cargo la entrega. Lo mismo sucedió con la segunda medalla, también colgada de un cuello ario. El ganador de la tercera medalla ya no fue para a un atleta alemán, por eso Hitler se negó a ponerle su premio. El comité olímpico solicitó a Hitler que hiciera lo mismo con todos los atletas. Hitler optó por no volver a colgar una medalla.
A pesar de que la delegación alemana obtuvo el primer puesto en cantidad de medallas y el segundo lugar quedó para Estados Unidos, el gran dolor de cabeza para el régimen nazi se lo dio un joven de veintidós años de tez negra llamado Owens, que logró su primer medalla de oro al batir el récord del mundo en los 100 metros llanos con un tiempo de 10.3 segundos. El segundo lugar quedaría para otro atleta negro llamado Harold Metcalfe.
El hecho trascendental de esos juegos y que fue un duro golpe para nazismo fue la prueba de salto en largo. Owens, hasta ese momento récord del mundo, estaba por perder con el campeón alemán Luz Long. Jesse, muy presionado, comete dos saltos nulos. Uno más y la competencia terminaba para el estadounidense. En ese momento ocurrió un hecho que solamente puede ocurrir en el deporte. El atleta alemán aconseja a Owens dar el salto un palmo antes con la intención de que no arriesgara tanto. Luz era consciente que los jueces no iban a permitir que un negro derrotara al campeón de "raza" aria. Cualquier salto próximo a la marca sería declarado nulo. La imagen de ambos atletas confraternizando dio la vuelta al mundo. Owens hizo caso a su rival y amigo, y consiguió clasificarse para la final, y con un salto de 8,06 metros se colgó el oro ante la indignación de los dirigentes nazis. El estadio en pleno coreaba la hazaña del atleta negro. Luz fue el primero en felicitarlo en medio de la pista. Así se consumó la gran derrota personal de Hitler y la gran victoria del deporte por encima de todo.
El único momento de felicidad para Owens fue que, una vez finalizado los juegos, y ya de vuelta en los Estados Unidos, participó del desfile de la victoria por la Quinta Avenida de Nueva York. Una vez finalizada la fiesta, volvía a ser un ciudadano de tercera. Owens, que compartió el hotel, habitación, mesa, y ducha con atletas estadounidenses en territorio del nazismo, volvía a viajar en la parte trasera del autobús con la gente de su "raza". “Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería”, declaró el atleta.
Durante la campaña electoral Roosevelt, no se mostró con Owens, ya consagrado a nivel mundial en ese momento, por miedo a perder votos. En ese sentido sólo invitó a la Casa Blanca a los atletas blancos.
Roosevelt no recibió a Owens en la Casa Blanca
Por su actuación de confraternidad en los Juegos Olímpicos de Munich, Luz, fue castigado por el gobierno de Hitler a luchar en la Segunda Guerra Mundial, contrariamente al resto de atletas alemanes que quedaban exentos. Antes de su muerte, un 13 de julio de 1943, internado en un hospital de campaña, envió una última carta a Owens en la que decía:
“Mi corazón me dice que quizás esta sea la última carta que escriba en mi vida. Si así fuera, te ruego que hagas algo por mí. Cuando la guerra acabe, por favor, viaja a Alemania, encuentra a mi hijo y explícale realmente quién fue su padre. Háblale de los tiempos en los que la guerra no logró separarnos y dile que las cosas pueden ser diferentes entre los hombres de este mundo. Tu hermano, Luz".

El caso de los atletas judíos Marty Glickmann y Sam Stoller

En la mañana que comenzó la competición de relevo de 4 x 100, los altletas judíos Marty Glickmann y Sam Stoller fueron retirados del evento. La versión oficial en ese momento fue que los entrenadores alemanes ocultaban sus mejores velocistas y que por eso había que hacer un esfuerzo para ganar esa competencia, y los más rápidos que tenía Estados Unidos eran Jesse Owens y Ralph Metcalfe.
Glickmann y Stoller estaban asombrados por la decisión y respondieron que algo había oculto en esa decisión. Glickmann sostuvo que era imposible que los alemanes oculten velocistas de reputación mundial.
El final de esa controversia es que Estados Unidos ganó la competencia con un nuevo récord mundial. Stoller no vio esa final y luego de la competencia se juró a sí mismo que nunca más participaría en ningún juego olímpico.
Ante la controversia que se desató por ese hecho, el entrenador norteamericano Robertson negó que haya habido una cuestión de prejuicio antisemita en esa medida. Reafirmó que su objetivo era correr con los mejores atletas que tenía ese país.
En un informe oficial realizado en 1936 por el entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, se rechazó las versiones de que Stoller y Glickmann habían sido excluidos debido a su religión. Alegó que fue erróneo pensar que dos atletas quedaron fuera del equipo por ese tema. El argumento fue que la decisión del entrenador estuvo motivada únicamente por conformación de un equipo de relevos los más fuerte.
Sin embargo, este episodio ocasionó duros cuestionamiento y controversias por más de de 60 años. En 2001, el diario Los Ángeles Times señaló que abundan las teorías, aunque "los historiadores y los autores nunca han sido capaces de dar una respuesta definitiva. Sin embargo, Stoller y Glickmann fueron los únicos judíos en una delegación de 66 personas. Y los únicos que quedaron afuera de la competencia.
El mismo Glickmann comentó, años más tarde, que se había enterado que el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels le comentó a Brundage que a Hitler "no les gustaría nada ver a competir a judíos en sus juegos olímpicos", y que Brundage dio la orden a Estados Unidos que retire a esos dos atletas de la competencia.
En abril de 2000, The Jerusalem Report realizó una investigación donde llegó a una conclusión: "Sólo años más tarde, el cambio quedó aclarado: el equipo estadounidense había cedido ante la presión nazi para mantener a los judíos fuera de los juegos".

Darío Brenman

jueves, 17 de noviembre de 2016

A una semana del triunfo de Trump




La victoria de Trump es una expresión del “racismo y xenofobia de la clase obrera blanca”, explican algunos analistas.

Esa lectura no se compadece con la realidad. La clase obrera blanca que le dio el voto a Trump es la que históricamente votaba al partido Demócrata, Obama incluido. En las filas de ese electorado, lo que primó no fue el “racismo” sino los estragos de la bancarrota capitalista. Hillary perdió muchísimos votos de esa población en comparación con Obama en las elecciones de 2012. En los Estados industriales más disputados de Michigan, Wisconsin y Pensilvania, su voto se redujo en 13, 10 y 9 puntos porcentuales respectivamente. Un retroceso parecido se constató en Ohio y Iowa.
En las últimas cuatro décadas, a esa franja amplia de la población trabajadora, se le han erosionado de manera continua sus condiciones de vida. Entre los hombres blancos sin título universitario el salario promedio, ajustado por la inflación, se desplomó en más de un 20% entre 1975 y 2014. Esa tendencia se profundizó especialmente durante el mandato de Obama.
Solamente entre 2007 y 2014, los ingresos promedio disminuyeron un 14%. En los umbrales de la elección, fue anunciado un incremento en las primas de los seguros médicos del Obamacare en un promedio de 25%, una carga económica que reposa íntegramente sobre los trabajadores.
Pero si hay algo que echa por tierra la tesis del “racismo“ es que, en esos estados, Sanders había triunfado en la interna demócrata apenas unos meses antes. La capitulación del senador de Vermont, quien optó por ir a la cola de la alternativa “liberal” frente a la fascista y renunció a una postulación independiente, contribuyó al triunfo de Trump. Sanders le pisó los talones a Hillary en las primarias y se alzó con el triunfo en 22 estados, incluidos los principales centros industriales.
Estas evidencias desmienten la existencia de una derechización general de la situación política. En verdad, las elecciones revelaron un principio de polarización política que Sanders renunció a desarrollar. A ello hay que agregar la responsabilidad de la burocracia sindical. Gran parte de la clase obrera blanca está nucleada históricamente en los sindicatos y atada políticamente al partido Demócrata. Su dirigencia, una vez más, llamó a apoyar a Hillary y puso el aparato a su servicio.
Pero, además, los 6 millones de votos que perdió Clinton incluyen a una parte de la población afroamericana que no fue a votar, y a otra parte de las minorías latinas. Asistimos a una reacción de los sectores más sumergidos, cuya decepción frente al gobierno de Obama fue proporcional a las expectativas que despertó su asunción ocho años atrás.

Los planes de Trump

Algunos analistas señalan que las medidas planteadas por Trump no pasarán de un anuncio de campaña. Ven con alivio las declaraciones del magnate que solamente deportará a aquellos inmigrantes con antecedentes criminales -ello, frente a la promesa de campaña de echar a 11 millones de indocumentados ilegales. De todos modos, la anunciada deportación “limitada” abarcaría a unas 3 millones de personas y representaría un salto respecto de las abultadas expulsiones llevadas adelante por Obama. En relación con sus promesas de reforzamiento del Estado policial, el ex alcalde de Nueva York Rudolf Giuliani, conocido por la “tolerancia cero”, suena como uno de sus principales colaboradores en el futuro gabinete.
También abundan las referencias a un supuesto “aislacionismo” de Trump, omitiendo que el nacionalismo de un país opresor implica una política expansionista y, por lo tanto, de intromisión en todos los rincones del planeta. El “proteccionismo” de Trump irá unido a un aumento de las rivalidades con las otras potencias, a un salto en las tendencias a la guerra comercial y a la guerra misma. El presidente electo había anunciado trabas comerciales a los productos extranjeros, en especial los provenientes de China y México. El propósito sería “disuadir a las compañías de despedir a sus trabajadores con el fin de trasladarse a otros países y enviar sus productos a Norteamérica libres de impuestos” (Financial Times, 14/7). Sin embargo, esta política de “relocalización” industrial entra en colisión con los intereses de las corporaciones norteamericanas que han globalizado sus esquemas de negocios y producción. Independientemente de ello, la muletilla de la defensa del empleo norteamericano servirá como pantalla para alentar una rebaja de los salarios y condiciones de trabajo en Estados Unidos.

Belicismo

El ascenso de Trump representa un salto en la desintegración del orden económico mundial. Una escalada proteccionista podría terminar de dislocar el comercio internacional, y desencadenar guerras monetarias y financieras. Una represalia yanqui en materia comercial podría conducir, como contraparte, a una venta masiva de títulos de la deuda norteamericana, la mitad de la cual está en manos extranjeras, en primer lugar, de China.
Esto tiene su implicancia en el plano militar. Trump tendría en carpeta un aumento del gasto armamentista, después de que Obama hizo lo propio en materia nuclear. El magnate había dicho que pondría fin en un mes al conflicto con el EI, como anticipo de un protagonismo mayor de Estados Unidos en Medio Oriente. Trump reclama que una cuota mayor de esa escalada sea costeada por la Unión Europea. El aumento de las tensiones con este bloque se produce cuando la Unión Europea ha reactivado sus planes a favor de una mayor autonomía militar respecto de la histórica tutela norteamericana.
En el plano interno, los anuncios simultáneos de aumento de la obra pública con recortes de impuestos constituyen una mezcla explosiva, pues llevarían al déficit fiscal a niveles siderales. Ello después de que el Estado ha ido agotando sus municiones para salir al rescate del capital como consecuencia de la crisis que estalló en 2008.
En lo inmediato, la victoria de Trump ha provocado una devaluación de algunas monedas, especialmente de la periferia -incluidos los países latinoamericanos- y un fortalecimiento del dólar. Esto podría agudizarse aún más si la Reserva Federal aumentara la tasa de interés antes de fin de año. Este reforzamiento del dólar, sin embargo, socavaría la competitividad de la producción local en relación a la extranjera, lo que va a contramano de los planes del magnate. Por eso, Trump estaría buscando, para la presidencia del Banco Central yanqui “a alguien que maneje la política monetaria asumiendo una expansión del gasto publico. El resultado sería la clásica mezcla populista de políticas fiscales y monetarias ultrablandas” (ídem).
Los planes de Trump están atravesados por un sinfín de contradicciones, pero apuntan en una dirección estratégica: reforzamiento de las tendencias a la guerra comercial, un Estado policial y un ataque a las condiciones de vida de los trabajadores.

Independencia de clase

Tan solo un día después de la elección de Donald Trump, los líderes demócratas se movieron aceleradamente para declarar su apoyo al presidente electo. A esta defensa de la gobernabilidad se sumó Sanders: “En la medida en que Trump sea serio en la búsqueda de políticas que mejoren la vida a las familias trabajadoras de este país, yo y otros progresistas estamos preparados para trabajar con él”. Esta política de colaboración con el presidente electo está a contramano de las protestas que miles de jóvenes y trabajadores vienen realizando en contra de Trump, y que son un adelanto de los movimientos de lucha de mayor alcance que se avecinan en la nueva etapa política que se abre en Estados Unidos.
La tarea no es radicalizar al Partido Demócrata o empujarlo hacia la izquierda. La experiencia de Sanders, incluyendo este vergonzoso final, es lapidaria. El desafío es hacer emerger una salida política independiente de los trabajadores. La clase obrera debe conquistar su autonomía política y construir un partido propio.

Pablo Heller

Un territorio liberado: estética proletaria

Hablaba con un buen amigo hoy sobre estética, es decir sobre estética proletaria. La estética de la que Yo hablaba es el realismo llevado a la letra y el arte y este al mismo tiempo imbuido por martirologio de la clase obrera. ¿Cuando un burgués podría pintar el "guernica" o lo 20 poemas de amor y una canción desesperada?. Miguel Hernadez "las nanas de cebolla". "Guitarra negra" de Alfredo Zitarrosa: "Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra... Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía... Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas... Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan... Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos... Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas...".
Película como "la fresa de la amargura", "la patagonia rebelde" o el "Cholo" Vallejos " Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Alberti Rafael "Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar".
Galeano "Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo"
Benedetti "el olvido está lleno de memoria" o "en la calle codo a codo somos más que dos, mi amor mi cómplice y todo". El gran Paco Espínola "Ha llegado el momento de hacer por los hombres algo más que amarlos".
Mucho más mi amigo, podría estar horas hablando de una estética única, proletaria.
Dejo para el final a Ignacio Suárez y Yamandu Palacios Pintos

"Porque estás vivo y al Sur
entre los muertos y el mar
y canta tu corazón,
cuando quisiera llorar,
llorar por eso de andar
solitario y sin saber
en qué verso has de beber
la lluvia azul del atardecer.
Vienes de barcos que están
pintados sobre la piel,
unos queriendo zarpar,
otros queriendo volver,
volver sin andar el mar,
gastados de andar y ser
versos, barcos de papel,
ocaso azul antes de amanecer.
Y en el andar hacia vos
por esas calles, estás
herido de bandoneón,
enfermo de eternidad,
desnudando el corazón,
golpeado de realidad,
soñando lunas tendrás
la luna azul de tu tiempo y el mar.
Gris oficio el de poeta,
deber y culpa, tal vez,
andar y ser de sombra y luz,
surco en el aire y sentir
que sólo de andar cantando y en el dolor,
aprendemos a morir,
que sólo de andar cantando y en el amor,
aprendemos a vivir.*

Orlando Zeballos

Trump y la falsa democracia imperial.

Algunos datos de la elección en EEUU que han quedado ocultos por los medios masivos de comunicación

El mundo “políticamente correcto” no sale de su asombro ante el triunfo de Donald Trump, la bestia burguesa tan parecida a un fascista que ha sido electo como presidente de EEUU. Y es que la globalización imperialista parece tan instalada para los beneficiarios y sus adulones genuflexos, que no pueden concebir semejante sacudón nada menos que de parte del pueblo del centro imperial. La globalización también ha creado una “cultura”, a la que el mundo debió adaptarse. Esa de que las fuentes de trabajo van y vienen por una cuestión de costos y tasas de ganancias, y entonces los puestos laborales nunca son permanentes y seguros, sino volátiles y precarizados en su mayoría. Y como toda cultura, trata de mostrar la realidad según la óptica de los intereses de quienes la imponen, y genera sus adeptos y sus detractores, tanto por cuestiones subjetivas como objetivas. Estas últimas tuvieron mucho que ver en las elecciones yanquis del último 8 de noviembre. Mostraron una realidad que esa cultura quiso ocultar.
En primer lugar, habría que mencionar que muchos parecen haberse desayunado de una verdad ya incontrastable: en “el gran país del norte” hay pobres. Y millones de pobres. Hay un USA profundo, marginado de los centros de poder, con angustias, precariedades, necesidades insatisfechas, desocupación y miseria, que le dio marco al acto eleccionario. Otro hecho significativo es que la democracia yanqui, otra vez expuesta, se parece mucho más a una parodia que a una virtud social. La participación de la población habilitada para votar en EEUU fue del 57%. De los 231 556 622 votantes posibles, ejercieron su derecho sólo 131 741 500. De ellos, 60.981.118 votaron a Clinton, mientras que 60.350.241, un 26% del total, lo hicieron por el electo presidente. Es decir, Trump ganó las elecciones, pero sacó menos votos que su oponente ¿Cómo puede ser semejante cosa? Pues, porque el sistema electoral del país del Norte, considerada la “primer democracia del mundo”, lo hace posible, lo cual constituye toda una farsa monumental. En EEUU el presidente no es elegido por el pueblo directamente, sino por electores votados mediante el sufragio no obligatorio. El asunto es que hay una determinada cantidad de electores por cada Estado, y el ganador de cada Estado se los lleva todos, gane por un millón o por un voto. Así, por ejemplo, si hubiese 100 votantes en Florida y 51 votaran a Trump y 49 a Clinton, Trump se llevaría los 23 electores de ese Estado. Suponiendo otros 100 votantes en Ohio donde se eligieran 15 electores, si 90 votaran a Clinton y 10 a Trump, Clinton se llevaría los 15 electores. Pero en la sumatoria, Trump tendría 61 votos (51 de Florida y 10 de Ohio) y 23 electores, mientras q Clinton sumaría 139 votos (49 de Florida y 90 de Ohio) y sólo 15 electores. Trump gana, a pesar de tener menos votos. Así funciona la “mayor democracia” del planeta.
No es la única contradicción que genera la elección del magnate xenófobo y misógino: este monigote que es parte de la burguesía yanqui, se manifestó contrario a la globalización que hizo emigrar las fábricas a Asia y dejó sin trabajo a millones de norteamericanos, y con ello consiguió el apoyo del pobrerío blanco del país del norte. Este hombre, que aparece como un retroceso ante la evolución histórica del sistema capitalista, pues proclama estar en contra del sistema financiero que es el que controla y modela el mundo actual, para volver a levantar las fuentes de trabajo en su país, ha expuesto y capitalizado las angustias de los marginados por la globalización en el propio centro del imperio. Vaya contradicción, los pobres votando por un rico, y más a la derecha que la derecha que ya gobernaba el mundo.
El problema es que allí no hay posibilidades de una construcción anticapitalista y antimperialista que pueda captar la atención de esa porción de la población. En aquella “democracia”, eso no está permitido, aunque sea de manera implícita: se necesitan miles de millones de dólares para crear un candidato. Por eso, parte de la población más empobrecida cree encontrar la salida por derecha. Mucho más grave es que las expresiones fascistas, xenófobas y misóginas representan culturalmente a gran parte de esa población. Baste con citar que de los votos obtenidos por Trump, el 53% corresponde al voto femenino.
La alienación extrema de la población en la potencia imperial capitalista no debiera sorprender a nadie. Porque si el pobrerío con bajos niveles de educación vota a un explotador directo como Trump, mucho más extraño es que los teóricamente más informados y formados, defensores de los derechos democráticos sociales e individuales, se conviertan en un proceso eleccionario en socios de Wall Street, la Reserva Federal y el establishment de los medios de comunicación, aunque sea incoscientemente. Es que ése era el arco que apoyó la candidatura demócrta.

Gustavo Robles

Comentario desde nuestro blog.

Podría decir que comparto en general lo planteado por el camarada Gustavo Robles y es cierto, ahora también creo importante hacer algunas precisiones como forma de aportar al debate:1) desde el punto de vista conceptual no es lo mismo "imperial que imperialismo". Imperialismo es una categoría económica, es por tanto capitalismo en su estadio superior o último. El otro aspecto muy recurrente en estas horas esta planteado en una contradicción inexistente: Trump contra el neoliberalismo. Trump contra la globalización, bueno eso no es real, seria en todo caso negar la naturaleza y las leyes del capitalismo en la etapa imperialista que no es igual a imperial. 2) Por otra parte desde punto de vista del materialismo dialéctico el concepto "globalización"es una categoría ajena y contraria al marxismo- leninismo. El propagandeado concepto globalización es parte de una construcción burguesa, post-moderna, cuyo objetivo central es omitir la mundialización, concepto éste si marxista-leninista, piedra de toque del IMPERIALISMO FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO. Marco esta cuestión no porque Gustavo no lo tenga en cuenta, es necesario hacerlo con claridad, el planteó de los postmodernos va mas lejos aún, contrabandean concepto con un claro objetivo, sacarnos del método, para luego si poder explicar los fenómenos a través de los "relatos". El relato del gobierno, el relato de la oposición, por tanto toda la vida es un relato, relato de los de a bajos, relatos de los de arriba, esa seria la conclusión y deseo de enemigo de clase. Sueñan y desean enterrar el aspecto fundamental, el PODER y el tema del ESTADO. 3) Conclusión "la historia de toda la humanidad desde la superación de la comunidad primitiva y esta organizada en clases sociales, es la historia de la lucha de clases" y no es la de relatos de ganadores-perdedores, gobernados-gobierno, izquierda-derecha. En ese sentido las precisiones.

O.Z

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Presidencia Trump: cautela geopolítica, que esconde una guerra económica contra el mundo




Trump y la política exterior norteamericana: entre mayor unilateralismo y equilibrio de poderes en el plano geopolítico; lanzamiento de una ofensiva económica contra China, los países semicoloniales y Alemania como competidor imperialista.

Cómo responder a la carga de la decadencia hegemónica norteamericana

La hegemonía norteamericana, a diferencia de la británica en el siglo XIX y comienzo del siglo XX, tiende a la supremacía. Es decir, a diferencia de Gran Bretaña, cuyo dominio imperial implicaba fundamentalmente la subordinación del mundo menos desarrollado, Estados Unidos impuso luego de la Segunda Guerra Mundial (y que es la razón última de su participación en la guerra después de los límites de su modelo de acumulación que puso de manifiesto la Gran Depresión) un cambio cualitativo en la modalidad de las formas de la hegemonía, extendiendo la subordinación de otros Estados industrializados, fueran enemigos o aliados, a las prioridades de acumulación de capital de una potencia hegemónica.
Estas modalidades de dominio generan enormes beneficios para la clase dominante norteamericana y la de las principales potencias imperialistas cuando esta hegemonía se aplicó de forma benévola, como fue el caso durante la Guerra Fría [1]. Pero después de la caída de la ex URSS y a falta de un enemigo de igual talla que pudiera mantener a raya las pretensiones de los otros centros de poder occidentales a los designios de Washington, las divergencias al interior de este bloque, ya sea desde la potencias europeas hasta Japón, aumentan. Estos últimos, en especial países como Francia y Alemania que se opusieron a la guerra de Irak en 2003 o más recientemente sobre todo el segundo en relación a la política de escudo misiles en Europa del Este o el conflicto ucraniano, comienzan a ver a Estados Unidos no como garante del orden mundial sino como una amenaza contra el mismo. En cuanto a Norteamérica mismo, las crecientes tensiones al interior de la alianza Transatlántica, en especial en Europa, genera un cambio en la percepción y utilidad del viejo entramado político/geopolítico diseñado en la posguerra y su relación entre costos y beneficios para el actual hegemón. Son estas las razones en última instancia que explican la hostilidad de Trump hacia los aliados y las reacciones y temores que genera este personaje en las elites occidentales.

Entre mayor unilateralismo y equilibrio de poderes en el plano geopolítico…

Frente a estas contradicciones, apurémonos a decir que la propaganda del retorno al aislacionismo de Trump es una mera ilusión: Estados Unidos no va y no puede retirarse del mundo. Por el contrario, en el plano geopolítico, su política exterior puede conjeturarse que se basará en dos patas. Por un lado, podríamos decir que en relación al desgastado orden mundial de posguerra, Trump quiere dar una vuelta de tuerca más a la aproximación de George W. Bush y los neocons al mundo después del 11-S, profundamente unilateralista y hostil a las instituciones internacionales. Es este aspecto el que asusta a los europeos, que ven que las garantías de seguridad norteamericanas no serían tan sólidas como antaño. Pero aun cuando haya sembrado dudas sobre sus compromisos internacionales en la campaña, Trump no busca provocar un giro geopolítico mayor, como podría ser desinteresarse de la OTAN, sino una inflexión en el financiamiento del instrumento militar norteamericano [2].
Sin embargo, es probable que esta demanda se encuentre con los mismos frenos que las anteriores: Estados Unidos tiene la intención de mantener el control de la Alianza Atlántica, de manera que deja muy poco espacio para la autonomía estratégica de sus aliados. Es comprensible que en estas circunstancias pocos estados se inclinen a aumentar significativamente sus esfuerzos de defensa.
Por el otro, y después del fracaso de la ofensiva de Bush y de los neocons de redefinir la hegemonía norteamericana, como fue el intento con la invasión de Afganistán y en especial de Irak, las operaciones militares terrestres masivas en Eurasia están acabadas. Estados Unidos no está preparado para sacar un provecho estratégico de este tipo de conflicto (es decir no solo eliminar los dictadores, cosa que ha hecho con relativa facilidad, sino imponer un nuevo orden político y social en los países invadidos) que implicaría una vuelta de la conscripción que en la situación actual de despertar político de la juventud y de la minoría negra podría ser dinamita social.
Frente a esta realidad, Estados Unidos está avanzando hacia una estrategia de equilibrio de poder en el mundo, donde evita la intervención directa en favor de una política intervencionista que descanse más en los aliados y en las estructuras regionales de poder, en especial para lidiar con la masa continental eurasiática que se volverá cada vez más caótica en las próximas décadas. Por ejemplo, el “heartland” (corazón, núcleo) del Medio Oriente está en el caos y no se puede estabilizar en el corto plazo. Pero Estados Unidos no puede permitirse continuar utilizando todos sus recursos en la región. Trump buscará cooperar con los poderes regionales y las diversas fracciones en el terreno para atacar al Estado Islámico, incluso no puede descartarse una mayor cooperación con Rusia en Siria.
Pero incluso de darse esta cooperación compleja -que no segura pero no se puede descartar- e incluso una mejora de la química entre Trump y Putin, no es fácil aventurar un giro estratégico en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia que provoque un cambio estratégico del tablero mundial como proponen ciertos think tanks. Es que mientras Obama logró importantes avances diplomáticos en relación a Cuba como hacia Irán, durante su presidencia se produjo un retroceso geopolítico mayor: el acercamiento entre China y Rusia, empujadas por la política neocon en Ucrania. Como dice el principal representante de la escuela geopolítica del realismo ofensivo, John Mearsheimer, debido al hostigando a Moscú, "los estadounidenses han empujado estúpidamente a Rusia en los brazos de los chinos". Afirmó que Rusia puede optar por unirse a "la coalición de equilibrio contra China" y expresó su esperanza de que "Estados Unidos se dará cuenta de que las malas relaciones con Rusia son una mala idea".
En un artículo en National Interest de 2014, Mearsheimer dijo que la mayoría de los vecinos de Pekín como India, Japón, Rusia y Vietnam se unirían a Estados Unidos para contener el poder chino. Pero es difícil que Trump se arriesgue a ello (haciendo inversamente de lo que Nixon logro en relación a Moscú con la apertura de relaciones con la China de Mao). Por ejemplo, los escudos antimisiles en Rumania, la República Checa y Polonia fueron reclamados por el candidato Trump como instrumentos de defensa de Estados Unidos. Él mismo presentó este elemento estructural irritante hacia Moscú como un elemento indispensable de la relación de poder con Teherán. Lejos de diferenciarse de los presidentes estadounidenses anteriores, Trump asume la misma posición -inaceptable para Moscú.
Adicionalmente, pero igualmente importante, si él desea comprometerse en un nuevo programa de rearme (como parte de su política de reindustrialización, ver más abajo), necesitará promover la exportación de material de guerra. En este marco, el mejor argumento de venta de la industria de Estados Unidos en Europa siempre ha sido la solidaridad estratégica de Estados Unidos a través de la OTAN. Una nueva evidencia reciente de esta realidad: las autoridades polacas han preferido abandonar el contrato ya firmado de venta de helicópteros militares de Airbus (Caracal) para aprovisionarse en Estados Unidos, generando una crisis diplomática con Francia.
…que prepara una ofensiva económica contra China, los países semicoloniales y Alemania como competidor imperialista
Pero si su promesa de “América primero” parece cautelosa en el plano geopolítico frente al intervencionismo desenfrenado que proponían los neocon que se habían alineado con Hillary Clinton, es en el plano económico -que adquiere prioridad en su futuro mandato- donde el trumpismo despliega su verdadera cara agresiva. Podríamos decir, que es inverso al golpe de fuerza geopolítico de Bush hijo cuyo “carácter revolucionario” estribaba en su intento de invadir un país de peso de un área estratégica para la producción y el transporte del petróleo mundial como Medio Oriente no sólo sin la votación del Consejo de Seguridad de la ONU sino sin el aval de aliados centrales de la OTAN como Francia y Alemania. Trump con sus decisiones política económica interna y su fuerte proteccionismo es fundamentalmente “revolucionario” en el terreno económico, pero con una diferencia de contexto cualitativa: a diferencia de 2003, estamos en el medio de una crisis histórica y estructural de la economía mundial y en el marco del estrechamiento del mercado mundial, por lo que las políticas de chantajes que Trump plantea a los rivales de Estados Unidos puede dar lugar a confrontaciones mayores políticas, geopolíticas y hasta militares entre las grandes potencias.
En el plano interno, su manifiesto electoral -ya tomado seriamente por los mercados al otro día de la elección- equivale a un estímulo fiscal masivo, con recortes de impuestos de variada amplitud a las personas y a las empresas, una explosión de 1 billón (1 millón de millones) en infraestructura y la construcción de una armada imperial de 350 barcos de combate.
Es una repetición de la Reaganomics a principios de los años ochenta, una reflación o neokeynesianismo infraestructural/militar, que va a aumentar el déficit fiscal. Igualmente, podríamos decir que se parece más al New Deal de Roosevelt, aunque financiado parcialmente por dinero privado. El gasto en infraestructura de este tipo es lo que los economistas como Larry Summers y Paul Krugman han estado pidiendo desde el principio de la crisis de 2007/8, aunque ya el primero, aunque dio la bienvenida a este impulso, dijo que el mismo estaba mal diseñado y podría no lograr los resultados esperados [3]. La expansión fiscal permite a la Reserva Federal aumentar las tasas de interés más rápido. Su vicepresidente Stanley Fischer incluso ha puesto una cifra, sugiriendo que cada punto porcentual del PBI en la relajación fiscal implica aumentos de tasas de 50 puntos básicos.
De esta forma, la “Trumpnomics” cambia la estructura del crédito estadounidense y mundial y las tasas de cambio: una vuelta a la combinación de “política fiscal expansiva/política monetaria restrictiva” que dio lugar dólar alto en la década de 1980, con dramáticas consecuencias mundiales. Ésta política puede acelerar la fuga de capitales de los países emergentes y China. El talón de Aquiles en aquellos países es la deuda corporativa, que se ha quintuplicado a 25 billones (25 millones de millones) de dólares, y puede estar indirectamente vinculada a las tasas de Estados Unidos, incluso si está denominada en monedas locales. En Europa, este giro puede finalizar el repunte económico de los últimos meses facilitado por la caída del euro y la baja de los precios de las materias primas, en especial el petróleo.
Este giro potencialmente devastador para el mundo de las políticas monetarias y cambiarias de la principal potencia económica mundial va acompañando a la vez de un alza de la amenaza proteccionista. Aunque el TLC y México en particular, han sido objeto de numerosos ataques de Trump durante su campaña, es en relación a China que sus posiciones han sido las más agresivas. Sus amenazas son probablemente pronunciadas con la intención de poner a sus socios comerciales bajo presión en vez de aplicarse. Así, por ejemplo la aplicación de un arancel del 45% contra los productos chinos se acompaña de un "si no se comportan bien" (“if they don’t behave”).
El pasado ha mostrado el costo de las guerras comerciales, y éste sería mucho mayor en el contexto actual, donde casi el 40% de las exportaciones de Estados Unidos son parte de las cadenas de valor internacionales, ya sea porque están compuestas de partes y componentes importados, ya sea porque son partes y componentes que son luego integrados en las exportaciones a otros países. Su costo potencialmente prohibitivo puede ser el obstáculo mayor a una disputa comercial de grandes proporciones.
Pero dicho esto, es importante tener en cuenta que si bien Estados Unidos sería dañado por las guerras comerciales, más grave sería el daño de aquellos estados ultra dependientes del comercio exterior (los países llamados mercantilistas en la jerga económica) que aprovechan el carácter abierto del mercado de Estados Unidos sin la misma reciprocidad. A nivel de las potencias imperialistas, el equipo de Trump nombra específicamente a Alemania, alegando que utiliza los dispositivos del euro para mantener bajas las tasas de cambio y aferrarse a un superávit comercial de 8,5% del PBI.
En relación a China, los aranceles punitivos serían traumáticos, dado el tipo simbiótico de las relaciones empresarias entre Estados Unidos y China, en especial en ramas con alta tecnología. Sin embargo, una guerra comercial entre Estados Unidos y China no sería simétrica. La debilidad de la posición económica de China -disfrazada bajo el aura de avance imparable de las últimas décadas -se convertiría en dolorosamente obvia y podría adelantar la hora de la verdad para los bancos de China y sus deudores corporativos.
Seguramente la sangre no lleguará al rio en el terreno comercial con el daño y deterioro irreparable que esto tendría para la ya debilitada economía mundial, cuestión que podría afectar incluso a los planes de crecimiento interno del futuro mandatario norteamericano. Pero la dura realidad es que el arribo de Trump, junto al creciente giro proteccionista de Berlín, anuncia posiblemente el final de una era en la que Pekín podría contar con un ambiente internacional benigno propicio para su desarrollo económico, cuestión que más allá de las apariencias preocupa y mucho en la capital china. “Nos dirigimos a un siglo oscuro", dice Wu Qiang, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Tsinghua. "La era de la inestabilidad ha llegado. Muchos países están ahora polarizados, transformando la política global” [4].
En conclusión, una política proteccionista y una manipulación del dólar y de las tasas como instrumentos de una reindustrialización de Estados Unidos, descargando la crisis en sus competidores imperialistas (Alemania) y competidores estratégicos (China) y los países más débiles de la periferia que caen la boleada en la exacerbación de la lucha entre las principales potencias capitalistas.
El futuro está lleno de interrogantes y de escenarios sombríos. Formulemos algunos: ¿Permitirán los sectores más concentrados del capital dejar que Trump aplique ese programa riesgoso para los intereses de las transnacionales y su división mundial de la cadena de producción ya muy avanzada a nivel mundial? ¿Serán suficientes las amenazas para que Pekín ceda a los requisitos norteamericanos? ¿Se unirán, luego de unas primeras escaramuzas, Alemania y Estados Unidos en demandar una apertura más grande los mercados chinos, cuestión que permitiría un salto en la penetración de su jugoso mercado doméstico en varias ramas por ahora reservada a sus grandes empresas estatales? ¿O, por el contrario, la radicalización de Washington en relación mismo con Europa y Berlín llevaría a que ésta vuelva a restablecer relaciones con Moscú y por vía del vértice putinista con China ofreciendo un frente euroasiático que empuje por una salida del dólar como moneda de reserva mundial, permitiendo una acumulación más productiva desligada del control de las finanzas de Wall Street? Ni siquiera ha asumido Trump como para contestar estas preguntas, pero muchas ya se pronuncian en los pasillos de los distintos círculos de poder de los países afectados.

El crepúsculo del orden mundial de posguerra

Está por verse si la guerra comercial y financiera entre las principales potencias imperialistas pega un salto. Ya en Bruselas, la incertidumbre ha llevado a algunos funcionarios de la Unión Europea a recuperar la idea de la creación de un ejército europeo y algunos eurodiputados han comenzado a coquetear con la idea de un ambiguo “euronacionalismo” opuesto tanto a Estados Unidos como a Rusia. Nicolas Sarkozy, que bajo su mandato devolvió a Francia al comando militar de la OTAN, propuso aplicar una tasa carbono del 2 a 3 % sobre las exportaciones norteamericanas si Trump no respeta el acuerdo Climático de Paris, como adelantó. Mismo la pronorteamericana Angela Merkel, que siguió casi sin chistar las sanciones de Obama contra Rusia incluso en contra de los interés de muchas de sus grandes firmas, respondió firmemente a la elección de Trump: “Alemania y Estados Unidos”, dijo, “están unidos por los valores de la democracia, la libertad y el respeto a la ley y la dignidad humana, independientemente de su origen, color de piel, religión, género, orientación sexual o ideas políticas. Ofrezco al próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, una estrecha cooperación basada en estos valores”. Para los desmoralizados “progres” centroizquierdistas, Angela es la nueva “líder del mundo libre”, expresión que solía oírse en referencia al presidente de Estados Unidos.
Los globalifílicos deprimidos del Financial Times van más lejos: “La historia puede desviarse del curso. Sucedió en 1914 cuando la primera era de la globalización fue consumida en las llamas de la Gran Guerra; y de nuevo durante la década de 1930, cuando las dificultades económicas, el proteccionismo y el nacionalismo alimentaron el auge del fascismo en Europa. La victoria electoral de Donald Trump anuncia otra de estas peligrosas dislocaciones” [5]. Sin embargo, aunque las bases políticas del orden de la posguerra están tambaleando, los nuevos líderes nacionalistas fuertes o bonapartistas deberán vencer la resistencia de la clase obrera a sus planes para poder ir hasta el final de sus propósitos.

Combatir las soluciones demagógicas soberanistas o neoproteccionistas

Nada de esto está asegurado. Mucha lucha de clases deberá correr y en especial derrotas históricas de los principales proletariados del mundo para que la perspectiva ominosa que señala el editorialista del Financial Times se concrete. A su vez, la cara más abierta del imperialismo norteamericano con Trump y el apoyo a todos los dictadores y gobiernos conservadores pro imperialistas en el mundo semicolonial, promete un resurgir del antiimperialismo como hace décadas no se veía, empezando posiblemente en México.
La perspectiva más general que se abre es de golpes reaccionarios, pero también de crisis políticas cada vez más frecuentes que van a abrir oportunidades de división de los de arriba que permita la emergencia del proletariado. Sí y solo sí éste sabe superar sus divisiones de raza, de género, de nacionalidad y no escucha a los demagogos de izquierda que empiezan a hacer eco del otro lado del espectro político a los nacionalistas xenófobos pero olvidando ambos que el problema central no es la contradicción entre Globalización vs Estado/Nación en los países centrales, sino el afán insaciable de ganancias de las transnacionales y el capitalismo.
En el marco de exacerbación de las tensiones sociales, las soluciones demagógicas soberanistas o neoproteccionistas podrían desarrollarse e incluso contaminar a ciertos sectores de izquierda. Es fundamental que desde la izquierda denunciemos correctamente este programa reaccionario que no ofrece ninguna salida a los males del capitalismo. La visión que plantea que las deslocalizaciones son la única causa de las penurias de los trabajadores, tiene dos problemas graves. Por un lado, está equivocada empíricamente. Como ya han demostrado varios economistas marxistas, en debate con los argumentos neoproteccionistas la degradación del salario en relación a la productividad es una tendencia muy regular desde 1982 en Estados Unidos, para hablar de la tierra que viene de coronar a Trump. Más importante aún, con respecto a las deslocalizaciones como razón exclusiva de la regresión social, es fundamental señalar que la clave no son los países como el tipo de división del trabajo instituido por las multinacionales.
Es fundamental combatir consecuentemente contra estas ideas para no caer en la trampa que tiende a convertir en adversarios entre sí a las trabajadoras y trabajadores de los diferentes países, ya sea bajo la forma de un nuevo proteccionismo de los países imperialistas contra China u otros países dependientes o semicoloniales. Más que nunca frente al nacionalismo xenófobo, las banderas del internacionalismo proletario, si la sabemos explicar bien frente a la rabia creciente de los explotados del mundo entero, son de una actualidad acuciante.

Juan Chingo

[1] Este periodo ha sido calificado como de “hegemonía benigna” o “benevolente”. La clave de dicho comportamiento, estuvo basada en la necesidad de Estados Unidos de contener el avance de la influencia comunista tanto en Europa como en Japón, ambos devastados por la guerra. El estado imperialista norteamericano actuó como garante de la “libre empresa”, promoviendo como base para la consolidación política de su hegemonía el éxito económico de sus aliados y competidores, a la vez que recreaba un mercado para la expansión de sus multinacionales en el extranjero. Así, al tiempo que Estados Unidos se aseguraba que sus firmas se quedaran con la “parte del león” de la acumulación capitalista mundial, permitió y alentó el extraordinario crecimiento que Alemania y Japón, las dos potencias derrotadas en la Segunda Guerra, tuvieron durante el “boom”.
[2] Lo que el presidente Trump tratará sin duda de hacer es ejercer una presión más fuerte sobre los aliados para financiar el esfuerzo de defensa de Estados Unidos (el "paraguas de seguridad"), como han hecho todos los presidentes estadounidenses desde la crisis económica de la década de 1970. Por ejemplo, los presidentes de Estados Unidos han logrado financiar el 70% de la presencia militar estadounidense en Japón por el gobierno japonés. En cuanto a Europa, el presidente Trump reanudará el tema recurrente de los presidentes de Estados Unidos: los estados europeos deben llevar a un 2% del PBI (excluidas las pensiones) sus presupuestos nacionales de defensa.
[3] Ver “A badly designed US stimulus will only hurt the working class”, Lawrence Summers, Financial Times 14/11/2016
[4] “Beijing reacts cautiously to Trump triumph”, Financial Times 9/11/2016
[5] “America can survive Trump. Not so the west”, Philip Stephens Financial Times 10/11/2016

martes, 15 de noviembre de 2016

“Es nuestro lugar de trabajo y vamos a pelear por él”




La Intendencia de Colonia amenaza con desalojar por la fuerza a los artesanos del casco histórico de Colonia del Sacramento. Moreira, del Partido Nacional, viene teniendo una postura dura contra los artesanos atacando la fuente de ingresos de decenas de familias y reprimiendo el trabajo artesanal.

Fabio, integrante del colectivo de artesanos que exponen en la Plaza Mayor, nos contó cuál es la situación.

Fabio: “Una resolución del Intendente de hace unas semanas prohíbe la presencia de vendedores ambulantes en el barrio histórico de Colonia del Sacramento. Nosotros presentamos una especie de medida cautelar para que, en primer lugar se aclare que nosotros no somos vendedores ambulantes, somos artesanos, estamos dentro del barrio histórico que está declarado por la UNESCO Patrimonio histórico de la Humanidad, y la artesanía está declarada Patrimonio cultural de la Humanidad. Ya el año pasado cuando se cumplieron 20 años de la declaración de la UNESCO vinieron autoridades de ese organismo, nosotros hablamos con ellos y están de acuerdo en que no solo no nos pueden correr sino que hay una especie de exigencia de que la artesanía permanezca en el barrio histórico como parte del patrimonio tangible e intangible, y se pretende que en estos lugares haya un flujo cotidiano de gente.
Ya el año pasado hubo otro intento de desalojo y tuvimos negociaciones con la Gestora de Sitio de la Comisión Nacional de Patrimonio y un integrante de la Intendencia de Colonia, el Director de Turismo, y se nos había adjudicado la Plaza Mayor de una forma temporaria hasta que terminaran las negociaciones, sujeto a una “evaluación”. Pero en todo este tiempo nunca se acercaron para hacer esa “evaluación” y todo quedó quieto. A un año de eso, al no haber nada que impidiera que nosotros permaneciéramos allí, el Intendente sacó una resolución y yo creo que lo dirigió hacia los vendedores ambulantes porque quedaba un poco grosero poner por escrito “artesanos” porque eso podía traer algún inconveniente con la gente de la Comisión Nacional de Patrimonio o directamente con la gente de la UNESCO.
Hubo notificaciones individuales de desalojo, no lo hicieron colectivamente, y teníamos unos 10 días para irnos, que se están venciendo por estos días. En la notificación dice que si nos negamos a irnos, nos van a sacar con la fuerza pública. Nosotros mandamos un escrito a la Junta Departamental, también hicimos un pedido para ver si nos recibe el Intendente. Nosotros, como la vez anterior, estamos abiertos al diálogo con el Intendente o con quien sea, pero nuestra postura es que del barrio histórico no vamos a salir. El Intendente ofrece otro lugar fuera del barrio histórico, pero nosotros trabajamos con el turismo, nos consideramos agentes culturales, nosotros trabajamos y ponemos en valor al barrio histórico porque el turista busca eso, y además es nuestro lugar de trabajo y vamos a pelear por él para que no nos saquen de ahí”.

La Izquierda Diario Uruguay

lunes, 14 de noviembre de 2016

La Batalla de Stalingrado: el día que el fascismo perdió la guerra




Hasta las cifras más conservadoras estiman el número de muertos en un millón. El avance del frente de Stalingrado alcanzó los 180 kilómetros, mientras que las operaciones a lo largo del frente suroeste llegaron a los 150 kilómetros.

Los generales alemanes percibieron la aplastadora derrota de la Wehrmacht como poco menos que un fiasco ignominioso. Ni Hitler ni ellos se habían preparado para otra cosa que no fuera una campaña victoriosa.
En la primavera de 1942, cuando el alto mando alemán había empezado a preparar una campaña diseñada para vengar la derrota a las puertas de Moscú, el mariscal de campo Gerd von Rundstedt sugirió a Hitler que se concentrara en la defensa de las victorias del este, posiblemente hasta retirarse a la frontera entre la Unión Soviética y Polonia.
El Führer no estaba de acuerdo, la derrota de Moscú aún le dolía, mientras que una ofensiva alemana exitosa podría haber persuadido a Turquía de unirse a la guerra, y hacer posible una invasión de Irán. Hitler llegó incluso a formar una división ‘F’, que hablara con soltura árabe y otros idiomas de Oriente Medio, preparada para operaciones en la región.
Hitler puso mucho empeño en el éxito de la operación de Stalingrado. Persuadió a Mussolini para que enviara al 8º Ejército italiano al frente del este, al que se unió el 2º Ejército húngaro, y los 3º y 4º rumanos. En una conferencia de líderes del Eje, Hitler presumió de que sus esfuerzos conjuntos “privarían a los rusos de sus bases de petróleo, lo cual se traduciría en su completa derrota”.
Documentos alemanes oficiales del periodo 1942-43 muestran un cambio tardío en las operaciones, de ofensivas a defensivas. De hecho, a partir del 23 de noviembre de 1942, cuando los tanques soviéticos prácticamente rodearon los 6º y 4º Ejércitos alemanes, los documentos indicaban un cierto pánico, destacándose las palabras ‘incursión rusa’.
El mariscal de campo Paulus agregó dos divisiones de tanques (16ª y 24ª) en un intento por detener el avance ruso, sólo para ver cómo los tanques de defensa rusos los borraban del mapa. Viendo la realidad de la situación, el mariscal de campo Erich von Manstein sugirió a Hitler que el 6º Ejército debía dispersarse y dirigirse hacia el oeste, pero el mariscal del Reich, Hermann Goering, le interrumpió presumiendo de que podría transportar suministros a las unidades rodeadas por aire. A Goering le apoyaron el mariscal de campo Wilhelm Keitel, el general Alfred Jodl y otros líderes militares nazis.
Y cuando Hitler le preguntó por última vez si Stalingrado debía ser evacuado, Keitel respondió: “Mi Führer, no abandone el Volga”.
El 12 de diciembre de 1942 comenzó una operación para rescatar a Paulus y al 6º Ejército alemán de la emboscada soviética, pero el día anterior, las fuerzas soviéticas habían atacado posiciones alemanas en el sur del Cáucaso y al destacamento de Von Manstein sólo se le podía unir una división armada de la reserva. Tuvo que esperar a que llegara más apoyo desde Francia. Está claro que las fuerzas no fueron suficientes: tanto la ofensiva de Manstein cerca del pueblo de Kotélnikovo, como el intento de Paulus de escapar de la emboscada estaban destinados al fracaso desde el principio.
En la noche del 26 de enero de 1943, las fuerzas del coronel general Rokossovski diezmaron el 6º Ejército de Paulus sobre la ciudad de Stalingrado. Seis días después, Paulus se había rendido formalmente a Rokossovski. Berlín estaba de luto. Hitler se dio cuenta de que la Wehrmacht nunca sería tan poderosa como antes.
Más adelante, las autoridades del ministerio de Propaganda nazi de Goebbels analizaron las cartas de los soldados alemanes de la ‘Fortaleza de Stalingrad’ y quedaron horrorizados al saber que sólo dos de ellos seguían leales a los líderes militares alemanes.
Aunque Goebbels ordenó que se quemaran las cartas, algunas de ellas aún sobreviven a día de hoy:
“Quedé en estado de shock cuando eché un vistazo al mapa. Estamos solos. No tenemos ayuda del exterior. Hitler nos ha abandonado. Es el final”.
“Eres la mujer de un oficial alemán y debes saber la verdad. La suciedad, el hambre, el frío, la derrota, la duda, la desesperación y la muerte nos rodean por todos lados. No soy un cobarde, pero ojalá no tuviera que luchar con coraje por una causa criminal”.
“La fuerza de combate efectiva de nuestra división se ha reducido a 69 hombres. El final está cerca. Todo lo que tenemos son banderas y soldados agonizando. Dios, ¿por qué nos haces esto?”
La Batalla de Stalingrado duró 200 días con sus 200 noches. Sus consecuencias hicieron temblar al mundo.
La fase defensiva de la batalla de Stalingrado empezó el 17 de julio de 1942 y duró hasta el 18 de noviembre de 1942. La fase ofensiva de la batalla duró del 19 de noviembre de 1942 al 2 de febrero de 1943.
La batalla de Stalingrado se desarrolló durante más de 200 días en un territorio de 100.000 km2. En la batalla se vieron envueltos más de dos millones de soldados, 26.000 rifles y morteros, más de 2.000 tanques y 2.000 aviones.
La batalla de Stalingrado infligió pérdidas catastróficas a ambos bandos. La cifra exacta de víctimas es incierta, pero las estimaciones hablan de que el número de bajas alemanas fue de aproximadamente un millón y medio, mientras que las bajas soviéticas ascendieron probablemente a 1,1 millones. Según los registros oficiales soviéticos, la Wehrmacht perdió alrededor de 2.000 tanques y 3.000 aviones; y el Ejército Rojo, 4.341 tanques y 2.769 aviones.
En 1942, el complejo militar soviético incrementó la producción de tanques a 24.668, o 3,7 veces más que el año anterior (y más de dos veces la cifra equivalente alemana). El mismo año, la industria soviética produjo 3.237 sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes. En total, en los dos años siguientes a la incursión nazi, en las regiones de los Urales, Siberia Occidental y el Volga la producción se incrementó cinco veces, 27 veces y nueve veces, respectivamente.
En el verano de 1942, Stalingrado tenía una población de 600.000 personas. Al final de la batalla, más de 400.000 personas habían muerto en la guerra, ejecutados por los nazis o deportados a Alemania. Otras 120.000 personas fueron evacuadas a salvo a la orilla oriental del río Volga. Al final de la batalla de febrero de 1943, se estima que sólo quedaban en la ciudad 30.000 civiles.

Yelena Syanova | RBTH

Del presupuesto educativo insuficiente al incentivo constante a los privados




Continuando con el aporte a la reflexión sobre educación, en particular sobre el aporte de los docentes al análisis de la situación educativa actual, desde las necesidades actuales a las propuestas de docentes, es que tomaremos ahora el eje de Presupuesto Educativo. Nos centraremos nuevamente en el aporte que se hace desde los documentos de la ATD.

En lo elaborado por la comisión “Presupuesto” (pág. 87 a 100) se puede observar claramente la necesidad del aumento presupuestal, ligado esto a disminuir y terminar con los incentivos a empresas e instituciones privadas en desmedro del presupuesto de la educación pública.
“El actual presupuesto de 4,76% del PIB se compone de la suma de gastos que no son ejecutados en los incisos exclusivos de ANEP y UdelaR, como educación militar y policial”, entre otros, por lo cual quedaría solamente alrededor de un 3.8% para ANEP y UdelaR, mientras que los docentes y el movimiento estudiantil vienen reclamando se llegue a un 6% de inmediato. Todo esto está muy lejos de la promesa electoral de Vázquez de llegar al 6% con los agregados que no son ANEP ni UdelaR lo que ya ha sido descartado por distintas autoridades educativas respecto a lo proyectado para este año y el siguiente.
Sin embargo esta “crisis educativa” muchos lo atribuyen a los bajos índices de promoción (sin complejizar ni analizar ningún aspecto pedagógico), y que el presupuesto brindado debió mejorar dichos índices.
“La Ley Presupuestal hace eco del discurso que dice que la educación no ha tenido resultados acordes a los aumentos que se le otorgaron, estructurándose en programas con metas definidas, tomando como parámetro lo que ocurre en el mundo empresarial para estimular el aumento de la productividad.” “Numerosos autores e investigaciones han demostrado los efectos nefastos de este modelo sobre la educación y la labor docente, que se ve distorsionada y reducida al entrenamiento para la aprobación de las pruebas de medición (“enseñar para salvar”)”.
Para tener en cuenta a la hora de analizar dichos “índices”, incorporemos otros datos que son expresados en el documento de la ATD: “El 35% de los jóvenes que abandonan la Educación Media, lo hacen porque comienzan a trabajar”, “71,7% de los jóvenes entre 21 y 22 años, del 20% más rico culminó la educación media superior, mientras que para el 20% más pobre, este porcentaje se reduce a 11%.” Teniendo en cuenta esto, “presupuestar a destajo, en la lógica incentivos-resultados, es contraproducente para la educación pública” porque mantendrá este esquema de diferenciación socio-económica.

El gran negocio de la educación privada

Muchos sostienen que la actual situación de la educación pública es la que ha incentivado la expansión de la educación privada. Esto es difícil de comprobar, pero lo que sí es comprobable y sería más serio afirmar es que el Estado otorga incentivado importantes para que sea redituable el negocio de los colegios privados, exonerándolos de distintos impuestos y desde hace ya algunos años permitiéndoles a empresarios direccionar fondos públicos hacia colegios por medio de la “ley de mecenazgo”, renunciando así a cobrar impuestos a empresas que deciden “donar” sus impuestos a instituciones de educativas y de otros servicios. “Reordenada entre el período de gobierno 2005-2010 y potenciada en el período 2010-2015, la “ley de mecenazgo” favoreció el surgimiento de instituciones “públicas” de gestión privada”. “En estos centros educativos, aunque el Estado financia cerca del 83% de los recursos, está absolutamente ausente en la toma de decisiones.”
“Según estimaciones incluidas en los informes de la DGI sobre gasto tributario en Uruguay y los informes del BPS sobre contribuciones a la seguridad social, los últimos años de los que se tiene registro, la exoneración fiscal a las instituciones educativas privadas ha rondado entre 0,34% de PBI en 2006 (66,6 millones de dólares, a valores de ese año) y 0,4% en 2012 (200 millones de dólares). Si atendemos al costo promedio de un edificio liceal de medianas dimensiones con todos los espacios educativos necesarios, la renuncia fiscal de tan solo el año 2012 hubiese permitido construir – al menos – 40 nuevos centros.”

Las necesidades edilicias de la educación pública

Dentro del presupuesto educativo y también mediante partidas especiales los sucesivos gobiernos han ido proyectando reformas y construcciones de centros educativos. Lo que podemos dar cuentas los docentes que estamos recorriendo los distintos liceos, es que ninguno de los distintos gobiernos ha apostado seriamente a las reformas y construcciones necesarias, y muchas de las realizadas tienen problemas estructurales al poco tiempo de inauguradas. Pese a que cada vez hay más envíos a seguro de paro en la construcción y muchos estudiantes avanzados de UTU les dificulta acceder a un trabajo medianamente remunerado, el gobierno sigue insistiendo en buscar la solución en los empresarios.
Según la ley presupuestal actual, “las obras de menor costo (impermeabilizaciones, sanitaria, electricidad, colocación de contenedores, etc.) serán realizadas, como los anteriores cinco años, con el financiamiento del Fondo de Infraestructura Educativa Pública, dependiente del CoDiCen de la ANEP y, en menor medida, de los consejos desconcentrados. Pero las obras de importancia (creaciones, ampliaciones, intervenciones profundas) se proyectan realizar, a partir de 2018, mediante la participación público-privada (PPP).”
“En la última década, la PPP ha adquirido gran centralidad en la agenda educativa mundial, debido en parte al rol jugado por el Banco Mundial como principal promotor. Por ello, muchos gobiernos han decidido implementar reformas educativas en base a la PPP, ofreciéndoles estímulos y garantías a los operadores privados para que inviertan en un mercado que mueve millones de dólares cada año.”
“Además de expandir la actividad de los proveedores privados en la educación (que ya proveen a la ANEP de insumos de funcionamiento, construcción, reparación, mantenimiento y seguridad), el régimen de participación público privada introduce mecanismos de mercado en el mundo de la educación, como la competencia y los incentivos basados en resultados. Es por ello que entendemos que es parcializado el discurso que pretende fundamentar la decisión de “invertir” mediante esta modalidad en la escasez de fondos para satisfacer la creciente demanda de infraestructura. Lejos de ser una medida aislada para atender un problema específico, el avance de la lógica privada sobre el sector público es crucial para llevar adelante la reforma educativa.”

Los trabajadores de la educación se preocupan por la educación.

Resulta contundente muchas de las afirmaciones que ya realiza en documento de la ATD, (del cual cito textualmente apartados importantes), a los que se suman situaciones de necesidades presupuestales particulares como son la falta de un espacio propio para la realización de educación física en muchos de los centros educativos, mal equipamiento y faltantes de los laboratorios, entre otros, y termina con que el “82% de los liceos no tiene portero y un 38% no cuenta con alarma”, algo que para los oficialistas como los “voceros” de la inseguridad parece tampoco preocuparles.
Esta comisión de la ATD tiene como propuesta desarrollar convenios con instituciones estatales y organizaciones sociales no empresariales, (como puede ser estudiantes avanzados de UTU sindicatos de trabajadores, entre otros) para arreglos y mejoras.
Una vez más los trabajadores de la educación vemos la situación y denunciamos las necesidades, así como buscamos soluciones para proponer, lo que debería ser tomado por el gobierno si es que realmente escucha a los docentes y le interesa la educación de las próximas generaciones.

Claudio Álvarez

domingo, 13 de noviembre de 2016

La particular visión de Cristina Kirchner sobre el triunfo de Donald Trump


La ex presidenta afirmó que la elección que le dio el triunfo al magnate fue algo “maravilloso” porque el pueblo votó contra el establishment a pesar de los medios. Dijo que no se votó una propuesta racista.

Son millones las personas que alrededor del mundo se encuentran conmocionadas y expresan su rechazo al triunfo del racista, xenófobo y misógino Donald Trump.
Entre esas personas, no se encuentra la ex presidenta argentina, Cristina Kirchner.
Durante un acto ayer en Florencio Varela, la ex mandataria afirmó que “lo maravilloso de esta elección es que el pueblo de los Estados Unidos votó de acuerdo a lo que está sintiendo económicamente. Fíjense que había más de 300 medios de comunicación que apoyaban a la otra candidata y solamente 13 medios apoyaban a quien ganó. Sin embargo, la sociedad, a pesar de los exabruptos, a pesar de los estereotipos, eligió a alguien que decía que les iba a devolver el trabajo. Si después cumple, no está en análisis esto”.
No conforme con encontrar en la elección que le dio el triunfo a Trump algo “maravilloso” y un nuevo motivo para su relato sobre los medios de comunicación, Cristina Kirchner también interpretó que el triunfo del magnate republicano expresa una reivindicación de su política económica: “Fíjense que a nosotros se nos acusaba de proteccionistas y de que quedábamos mal con el mundo, y fíjense lo que acaba de suceder en el país y en la economía más importante del mundo, señoras y señores. Acaba de ganar alguien que hace del proteccionismo, de sus trabajadores, de sus empresas, pero fundamentalmente de sus trabajadores y de su mercado interno, una bandera”.
Olvidó la ex presidenta mencionar en este tramo de su discurso que la "protección" del discurso de Trump deja de lado a los trabajadores latinos o musulmanes, fuertemente despreciados por el magnate republicano y señalados por éste como culpables de los padecimientos de los trabajadores norteamericanos. Sin embargo, sí rechazó Cristina Kirchner el racismo a la hora de referirse a la política doméstica, en implícita respuesta a su ex hombre fuerte en el Senado, Miguel Ángel Pichetto.
En la misma sintonía, la ex presidenta aprovechó para decir que el modelo económico del gobierno de Mauricio Macri "llega tarde a lo que está pasando en el mundo. Las economías centrales están abandonando las políticas neoliberales y teniendo un proteccionismo más profundo del que siempre tuvieron".
Asimismo, Cristina Kirchner leyó en el triunfo del magnate una victoria contra el establishment neoliberal: “Porque a no engañarse, señores, el que crea que ganó el Partido Republicano, está equivocado. En Estados Unidos ganó alguien que representa la crisis de la representación política producto de la aplicación de políticas neoliberales desde el Consenso de Washington”.
Según la ex mandataria, es secundario quién encarne ese proceso: “Porque más allá de los estereotipos, más allá de los extremos, que nadie piense que el pueblo de los Estados Unidos ha votado, como quieren hacerlo aparecer, una propuesta racista. Cómo van a hablar de voto racista de una sociedad que votó al primer presidente afroamericano y lo volvió a elegir a los cuatro años. No. Lo que el pueblo de Estados Unidos está buscando, y lo está buscando aparentemente desde la propia elección de su presidente afroamericano, es alguien que rompa con el establishment económico que lo único que les ha causado es pobreza, desalojos, pérdidas de sus casas, pérdida de su trabajo, eso es lo que pasó. Que quien lo encarne sea una persona con determinadas características personales no puede oficiar de árbol para taparnos el bosque, por favor”.
De acuerdo a Cristina Kirchner, esas “determinadas características personales”, que son el racismo, la misoginia y la xenofobia, es apenas un dato secundario.
Finalmente, remarcando sus ideas, la ex presidenta celebró que “en Estados Unidos pudieron sustraerse de todo lo que les decían y votar lo que consideraban que mejoraría su situación económica”.
La ex mandataria profundizó entonces las definiciones de quien fuera su candidato presidencial, Daniel Scioli, quien el día anterior había señalado que Trump había logrado interpretar a “las clases populares”, mientras que por su parte, el presidente Macri, tras haber apoyado a Hillary Clinton, ordenó a su equipo de trabajo aceitar vínculos con el magnate republicano.
Mientras el régimen político se ubica de esta forma frente al triunfo de Trump, desde el Frente de Izquierda, lejos de las definiciones de Cristina Kirchner o de Macri, se ha planteado que el hecho de que un demagogo reaccionario, multimillonario, misógino y racista haya canalizado la bronca contra el establishment norteamericano es resultado del descontento frente a la crisis capitalista sin que exista una alternativa política de los trabajadores que plantee una salida anticapitalista a los grandes padecimientos del pueblo trabajador. Mientras que muchos afroamericanos, latinos y jóvenes directamente no fueron a votar, desilusionados con el Partido Demócrata, un sector importante de la clase obrera le dio su voto a la demagogia antiinmigrante de Trump. Más que nunca, la construcción de una alternativa política anticapitalista e internacionalista de los trabajadores es una necesidad de primer orden para terminar con las divisiones de la clase obrera fomentadas por las clases dominantes, y para levantar todas las demandas de los sectores explotados y oprimidos, para luchar por una alternativa revolucionaria y la construcción de una sociedad socialista.

Fernando Scolnik
@FernandoScolnik

Comentario desacertado de Martín Guevara

Excelente Cristina!
Felicitaciones por hacer política grande,pensante y no quedarse en la superficie!
Una sola cosa que de olvido.mas allá del tema económico las masas quieren la paz.

Réplica desde nuestro blog

Acá un disparate peronacho, propio del peronismo, vieja fracción burguesa y anticomunista. Es un disparate semejante tesis. Es inaceptable tamaña confusión propia de ideario socialdemócrata. Cuando la clase obrera elegiría su propio instrumento de suicidio?? Esta mujer peronacha, capitalista integrante de una fracción burguesa puede aventurar que este fascista es mejor o peor ¿para que proyecto de clase, a que interés de clase represento este parásito burgués, distinto al de Obama? Parece joda que se pueda sostener semejante disparate propio de una muy mala jugadora de ajedrez. Esto se llama cambio de etapa y por tanto construcción de las premisas del FASCISMO en cierne. Está muy claro y tan claro es que de ese modo y sólo se ese modo se puede entender la salida de Inglaterra de la zona euro, o incluso a Uribe en contra de la farsa "paz en Colombia" e incluso el triunfo de Trump en EEUU. El aspecto distintivo esta marcado por el chauvinismo, ese es el amanecer de los fascismo con componentes xenófobos que tiene una irrupción primitiva en primera instancia, un segundo aspecto es cuando este se mundializa y esa es la irrupción de CAPITAL FINANCIERO. Este cambia la FORMA del ESTADO lo lleva a un autoritarismo desenfrenado. Es decir la FORMA se adapta a las exigencias del CONTENIDO.

Orlando Zeballos

Uruguay: repercusiones de la victoria de Trump




Mientras se difunde la noticia de que Trump es el nuevo presidente de la nación más importante del mundo, distintos presidentes y personalidades se expresan al respecto, y Uruguay no es la excepción.

Mientras en la región presidentes empresarios como Macri enseguida saludaron su triunfo, también en otros casos se manifestó la preocupación por la política comercial que tendría el nuevo gobierno norteamericano, mientras siguen mandatarios en todo el mundo pronunciándose. Los distintos gobiernos pos neoliberales de la región llamados “progresistas”, asumieron sus gobiernos con un discurso crítico ante la potencia del norte e incluso anti imperialista. Este discurso, porque en los hechos fue solo eso, fue disminuyendo con el correr de los años. Pero aún los sectores populares podrían esperar un pronunciamiento de crítica de “su gobierno” ante la victoria del magnate Trump, con su público pronunciamiento anti-inmigrante, xenófobo, racista, que hasta el momento no ha sucedido y en el caso de Uruguay se percibe la preocupación más por el lado de la postura proteccionista.

Expresiones dispares desde el Frente Amplio

El presidente uruguayo Tabaré Vázquez expresó que "en primer lugar, voz del pueblo, voz de Dios. El pueblo norteamericano resolvió y, como corresponde, hay que respetar la decisión soberana del pueblo".
El ex presidente José Mujica al ser consultado por algunos periodistas expresó lo siguiente: "Solo te voy a decir una palabra que lo dice todo, así que grabala bien: ¡socorro!". "Es suficiente. Es explícita". Con anterioridad ya había dado otras declaraciones como “es tan grotesca que uno siente hasta una suave afinidad con la señora Clinton, que es una mujer bastante conservadora”. En su intervención en el tercer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares en Roma, dijo que lamentaba la aparición de una "globalización que es tan concentradora del beneficio en favor de poca gente, que está estancando las expectativas de vastísimos sectores de clase media que se ven en la incertidumbre". "Son los votantes de Trump, los que dicen ’Francia para los franceses’, ’Inglaterra para los ingleses", quienes integran "ese mundo de clase media trabajadora de buenos salarios que se va sumiendo en la incertidumbre y se va sumando a esa dinámica de que la culpa la tiene China, México, los inmigrantes, los sirios... en cada lugar una literatura que ya vivió el mundo en los años 30", expresó.
Nin Novoa, el Canciller del actual gobierno de Vázquez expresó: “Nos interesa como Trump arma su equipo de gobierno, quién será su Secretario de Estado y cuál será su política con respecto a Latinoamérica”, dijo en canciller. El jerarca señaló además que hay "algunos anuncios" que son "preocupantes con el tema de los inmigrantes”. “Trump de alguna manera le ha dado la razón a la política internacional del Uruguay porque dice que con el Nafta los mexicanos tuvieron más empleo”, y con eso “quiere decir que los TLC, para los países pequeños provocan una mejora en la calidad de los empleos”, opinó. Y agregó que "con América Latina no habrá muchos cambios. Sí quizás en la relación Estados Unidos y Cuba". Nin Novoa espera que las relaciones entre Estados Unidos y Uruguay "sean normales y sensatas” y que “prime la cordura en todo esto”. "Uno respeta los procesos electorales de cada país y la decisión popular de los norteamericanos es la que nosotros aceptamos y no vamos a discutir sobre eso. Me parece que hay un cambio mundial muy importante. Los movimientos anti globalización, anti libremercado, anti inmigración están con mucha fuerza en el mundo y esta es una de las manifestaciones sin lugar a dudas".
Danilo Astori, Ministro de Economía y Finanzas opinó que “Uruguay tendrá que ver cómo responde a posibles cambios, en lo inmediato el tema financiero y monetario es principal".

Los partidos tradiciones de oposición:

El ex presidente Luis Alberto Lacalle del Partido Nacional opinó que Trump “es un proteccionista, cosa que no nos sirve, pero los hechos dirán”. “Si yo fuera el gobierno diría: esperar y estar muy atentos en Washington a quienes nombra para cargos que nos importan a nosotros”.
En tanto, el ex presidente Julio María Sanguinetti del Partido Colorado señaló que las propuestas de Donald Trump, han sido “terribles”, pero espera que no cumpla con todo lo manifestado durante la campaña electoral. “Confió y anhelo que cambie, se de vuelta en el aire y no haga todo lo que propuso”. “Las propuestas de Trump han sido terribles y eso movería a preocupación si uno tuviera la certeza de que las va a aplicar”. Agregó que “la esperanza es que no vaya al proteccionismo anunciado ni construya el muro con México, si eso ocurriera sería muy negativo para EEUU, América Latina y el mundo”.
Por otra parte, el ex canciller Sergio Abreu estimó que la victoria de Donald Trump genera una gran incertidumbre. La “visión proteccionista desde el punto de vista económico”, y de una “muy radical” en algunos aspectos políticos.
Edgardo Novick, empresario y ahora político de derecha que impulsa un nuevo partido, aseguró que si bien él "no hubiera votado" al nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es necesario "empezar a pensar por qué ganó". "Sin dudas la gente quiere un cambio. Lo vimos con el Brexit, en Colombia, en Estados Unidos, con Macri. En Uruguay hay tres partidos tradicionales que están hace muchos años y la gente quiere una opción más".

Más preocupación por los negocios que por las necesidades del pueblo trabajador

Los dirigentes políticos uruguayos están expectantes, pero centralmente por el tipo de nuevos acuerdos deberán realizar con la nueva administración norteamericana. Recordemos el vínculo entre Vázquez y Bush, llegando al punto de especular con pedir apoyo en posible enfrentamiento por las papeleras con Argentina, o Mujica negociando el ingreso de cítricos con Obama a cambio de presos de Guantánamo, y ni que hablar de los partidos tradicionales Blanco y Colorado que estrecharon lazos aún más fuertes, con por ejemplo, endeudamientos gigantescos con los organismos internacionales que dirige Estados Unidos.

Claudio Álvarez

17º Congreso de la Federación Sindical Mundial





Durban, Sudáfrica del 5 al 8 de octubre de 2016

Luchamos por la Seguridad y la Salud en los centros de trabajo.

12 de noviembre de 1864: ¿Inicio de la Guerra del Paraguay?




Abordaje paraguayo del acorazado Barroso y monitor Rio Grande. Óleo de Edoardo de Martino, 1868 (Museo Nacional Histórico de Brasil)

Ese día el Mariscal Francisco Solano López decidió capturar el vapor brasileño “Marqués de Olinda”, rompiendo relaciones con el Imperio del Brasil, ¿comenzó allí la Guerra de la Triple Alianza?

¿Cuándo comienza una guerra? Sin duda, la respuesta a este tipo de interrogantes nunca será neutral, puesto que, como afirmaba Clausewitz, la guerra no es mas que “la continuación de la política por otros medios”.
Las respuestas simplistas tienden a ubicar ese momento en el inicio de las hostilidades. Sin embargo, frente a conflictos de intereses -precisamente de eso se trata la política-, cada parte puede esgrimir un inicio diferente.
Una guerra que involucró directamente a cuatro naciones que aún no tenían definidas sus respectivas fronteras, con distintos desarrollos y modelos sociales y económicos, atravesadas por fuertes intereses imperialistas, y con un impreciso entramado de alianzas faccionales que atravesaban los límites nacionales; conforman un escenario prebélico complejo. Más difícil es aun percibir el inicio real de las hostilidades, cuando la diplomacia de cada Estado contendiente, oculta o disfraza, sus concretos intereses.
El general Venancio Flores era un exiliado uruguayo del Partido Colorado, que había combatido junto a Bartolomé Mitre, en las batallas de Cepeda y Pavón, contra el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza. En abril de 1863, cuando ya Mitre era presidente de la Argentina, Flores volvió a sus tierras con la misión de derrocar al gobierno Blanco. El aval del gobierno de Mitre a su antiguo aliado era evidente, sin embargo, la diplomacia argentina nunca aceptó las responsabilidades atribuidas y se mantuvo impertérrita en una posición neutral.
Ya en territorio uruguayo, el “liberal” Flores tejió alianzas con los esclavistas brasileros-riograndenses establecidos en el norte de Uruguay. El lobby conjunto de estos y del embajador argentino en Rio de Janeiro, José Mármol, definieron la intervención del Imperio del Brasil: en mayo de 1864 la correspondencia diplomática enviada por el Imperio a la República del Uruguay con la excusa de proteger a sus súbditos, incluía una muy poco velada amenaza de guerra.
Preocupadísimo Mitre por la paz en la Banda Oriental, envió a su canciller, Rufino de Elizalde, a intentar un último acuerdo entre los beligerantes. Quien oficiaría de garante ajeno a cualquier tipo de disputa de intereses, sería nada menos que el diplomático de Su Majestad Británica, Edward Thornton.
La primera reunión cuadripartita entre representantes de Argentina, Brasil, Inglaterra y Uruguay no fue más que una puesta en escena, ya que la pata charrúa del concordato, era la del debilitado gobierno Blanco. Sin embargo, una segunda reunión cuadripartita con integrantes de esos países, definió en gran parte, el curso de los acontecimientos posteriores. Es que el representante oriental del cónclave, celebrado el 18 de junio de 1864 en la localidad uruguaya de Puntas del Rosario, fue esta vez un representante del Partido Colorado, el mismo Venancio Flores. Once meses antes de la redacción del Tratado de la Triple Alianza, el acuerdo bélico quedaba sellado.
Así las cosas, fracasados los Acuerdos de Paz, o celebrados los Acuerdos de Guerra, según quien cuente la historia, los hechos siguieron su curso. A fines de agosto de ese año, Solano López, sabiendo que la caída del gobierno Blanco -único garante de la navegación exterior del Paraguay-, significaba la ruptura del equilibrio regional, envió una fuerte protesta diplomática al Imperio del Brasil que continuaba sus preparativos de guerra. Pese a la advertencia, el 12 de octubre de 1864, el Brasil invadió territorio uruguayo y ocupó el departamento de Cerro Largo. Un mes después, el 12 de noviembre, Solano López enviaba a capturar el vapor “Marqués de Olinda”, buque de una compañía brasileña, que navegaba por aguas paraguayas. Su carga, que incluía una gran cantidad de armas (unos 2.000 mosquetes) fue confiscada y su tripulación arrestada. El buque mismo, se convirtió en botín de guerra, fue artillado y pasó a integrar la flota paraguaya.
Este hecho quizás haya sido el inicio de las hostilidades del Paraguay hacia el Brasil, dudosamente sea el que explique el inicio de la Guerra de la Triple Alianza y el genocidio cometido contra el pueblo paraguayo.

Marcelo Morigi

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Perdió la candidata de las mujeres?




Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos. Entre la decepción de sectores progresistas, aparece la pregunta ¿Era Hillary Clinton la candidata de las mujeres?

Contra todos los pronósticos, Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos. El republicano fue muy claro con respecto a su opinión sobre las mujeres con comentarios misóginos y sexistas pero, ¿la candidatura de Clinton representaba las causas de las mujeres?
Muchos hablaron de “hazaña” y "empoderamiento" cuando el Partido Demócrata nominó a Hillary Clinton como candidata. La primera dama, Michelle Obama, dijo que gracias a Clinton, sus hijas “pueden dar por sentado que una mujer puede convertirse en presidenta”. La misma “inspiración” despertó en feministas, celebridades y varios sectores que se ilusionaron con la llegada de una mujer a uno de los puestos de mayor poder en Estados Unidos y el mundo.
Pero en los Estados Unidos de la polarización social y la desigualdad, muchas mujeres le dieron la espalda a Clinton. En las elecciones primarias, muchas apoyaron al senador Bernie Sanders (mayoritariamente entre las jóvenes, en general votaron por Sanders en una proporción 70-30). En la elección presidencial, el 54 % de las mujeres la votaron, debajo del 55 % que había apoyado a Obama en la última elección presidencial. Pero lo más llamativo fue que la posibilidad de que una mujer llegara a la Casa Blanca no despertó entusiasmo entre muchas mujeres para quienes pesó más la imagen de Clinton como representante del establishment.
... lo más llamativo fue que la posibilidad de que una mujer llegara a la Casa Blanca no despertó entusiasmo entre muchas mujeres para quienes pesó más la imagen de Clinton como representante del establishment.
Clinton polarizó el voto femenino, uno de los bloques electorales más grandes: las jóvenes la ven como representante de un feminismo “neoliberal” (de las mujeres blancas de clase media alta, que desprecia los problemas y las demandas de las trabajadoras y las minorías étnicas). Las latinas la votaron pero no abrumadoramente, quizás la única excepción sea la comunidad negra donde el Partido Demócrata tiene un peso tradicional y se la vio como el mal menor.

¿Era Clinton la opción para las mujeres?

El sentido común podría responder rápidamente SI porque el contrincante era Donald Trump, famoso por su retórica misógina y reaccionaria. Y porque es cierto que las mujeres fueron carne de cañón en la campaña republicana. Sus derechos son despreciados, junto con los de las comunidades afroamericana y latina. Pero, ¿se traducía eso en un apoyo a Clinton? La respuesta fue NO.

¿Una campaña feminista?

Clinton lanzó su campaña con la imagen de un cristal estallando en pedazos, en una clara alusión a la ideal de “romper el techo de cristal” (que representa los límites de las mujeres para acceder a puestos altos), también con imágenes de las sufragistas y el movimiento feminista de los años ‘60. Clinton sabía a quiénes se dirigía, pero los demócratas de conjunto subestimaron el peso negativo de su imagen como parte de la élite.
Especialmente para las jóvenes no bastó que Hillary fuera mujer; esperaban que su plataforma defienda los derechos de la mayoría de las mujeres. Y Hillary está lejos de hacerlo, identificada con Washington y Wall Street. Una joven feminista lo definía de la siguiente forma: “Puede que Clinton sea una mujer, pero también es blanca, rica, privilegiada y heterosexual”.
Especialmente para las jóvenes no bastó que Hillary fuera mujer; esperaban que su plataforma defienda los derechos de la mayoría de las mujeres. Y Hillary está lejos de hacerlo, identificada con Washington y Wall Street.
Para muchas feministas, que Clinton llegara al poder era la oportunidad de demostrar la forma en las que mujeres lidian con los problemas –implícitamente, de forma diferente a la de los políticos y funcionarios varones–. Pero la trayectoria de Clinton no mostraba nada de eso.
Las jóvenes que crecieron bajo los gobiernos de las familias Clinton y Bush saben que apoyó leyes como DOMA; que declaraba que ningún estado estaba obligado a reconocer una relación entre personas del mismo sexo; o la reforma de la ley del sistema criminal que resultó en la encarcelación masiva de jóvenes afroamericanos y latinos, entre quienes hay muchas mujeres.
En 2011, Hillary Clinton fue una de las tres mujeres que aconsejaron a Obama bombardear Libia (en medio de la “primavera árabe” en toda la región). Clinton (entonces secretaria de Estado), Samantha Power (Consejo de Seguridad Nacional) y Susan Rice (embajadora de EE.UU. en la ONU) estuvieron al frente de las operaciones militares.
En 2011, Hillary Clinton fue una de las tres mujeres que aconsejaron a Obama bombardear Libia
¿Más mujeres en puestos de poder significan un avance en la lucha contra la discriminación y machismo? Sí y no. Sí, porque muestra que las mujeres a lo largo de la historia mediante la movilización conquistaron lugares que antes les eran vedados (no se conoce hasta hoy ningún derecho regalado). Y no, porque su presencia en esos puestos de poder, en los estados capitalistas, solo colabora con el sostenimiento y la reproducción del orden social actual, que sigue apoyándose en la explotación y la desigualdad de las grandes mayorías, donde las mujeres llevan la peor parte.

Celeste Murillo @rompe_teclas