viernes, 20 de mayo de 2016

Brasil: la primera crisis de los golpistas




Por un congreso de trabajadores

La burguesía ha mandatado a Michel Temer, a avanzar en el trabajo sucio de un ajuste a fondo.

El presidente interino había prometido un paquete de medidas que significaba un ataque muy severo a los jubilados y asalariados, a lo que se agregaría un recorte importante de los planes sociales.
Pero Temer debe llevar adelante esta empresa en medio de un tembladeral. Por sobre todas las cosas carga con la hipoteca de encabezar un gobierno sospechado por los mismos cargos de corrupción que se le imputan a Rousseff. Pero, a diferencia de ésta, ni siquiera puede invocar que su gobierno proviene del mandato popular. El 60 por ciento de los senadores encargados de decidir la suerte de la presidenta suspendida están procesados por la Justicia. El desplazamiento de Eduardo Cunha, titular de la Cámara de Diputados, fue impulsado por el propio Temer, que intenta despegarse de sus aliados más impresentables y quiere levantar una imagen seriamente cuestionada por la abrumadora mayoría de la población.
Si bien Temer dijo que no temía ser “impopular” y tomar las medidas que hicieran falta, evitó en el arranque “los temas económicos más espinosos, como la reforma de las jubilaciones o la alteración del sistema de indexación de los salarios” (La Nación, 17/5). Tampoco hubo una referencia clara a los planes sociales. La vaguedad de los anuncios acerca del ajuste se reflejó en la reacción de los “mercados”. La caída de la bolsa con que se recibió la primera jornada de gobierno de Temer es una señal de desaprobación de la clase capitalista. Los círculos empresarios le acaban de bajar el pulgar a la tentativa del nuevo ministro de Hacienda de imponer un nuevo impuesto. Se trata de la Contribución Provisoria al Movimiento Financiero (CPMF), “públicamente detestado por el empresariado brasileño, especialmente el del poderoso Estado de San Pablo” (Clarín, 17/5).
Este anuncio provocó, de entrada, la primera crisis de gabinete. El flamante secretario general de la Presidencia, Geddel Vieira Lima, mano derecha del titular del Ejecutivo, rechazó la estrategia. La burguesía ha salido desde el vamos a marcarle la cancha al nuevo mandatario, exigiendo que todo el peso de la crisis sea descargado sobre los trabajadores. Un arranque demasiado “tímido” como el que se produjo en este debut podría provocar tempranamente un desencanto en la clase capitalista y la pérdida de apoyo de grupos empresarios clave que fogonearon su asunción.
Temer esta jaqueado en todos los frentes. Los primeros pasos por poner en marcha la reforma laboral despertaron la condena generalizada de todos los sectores del movimiento obrero, incluida la central Fuerza Sindical, su principal aliada en este campo. Los anuncios de Temer, aunque no satisficieron las expectativas de la burguesía, fueron suficientes para desatar cacerolazos y manifestaciones de descontento en las principales ciudades del país.

Una experiencia agotada

Existen condiciones para librar una batalla contra el ajuste y derrotar al nuevo gobierno. Pero esa tarea excede la capacidad y las posibilidades del PT.
A la par del distanciamiento de la clase capitalista que le soltó la mano, el PT viene sufriendo un deterioro acelerado de su propia base de apoyo popular. Las concentraciones convocadas por el PT fueron retrocediendo en cantidad de concurrentes. La jornada de movilizaciones y paros que convocó la CUT, coincidentes con la sesión del Senado que debía decidir la suerte de Rousseff, pasó sin pena ni gloria. La medida de fuerza fue acatada a cuentagotas en la clase obrera fabril y entre los trabajadores. La presencia en las calles se limitó a cortes sostenidos por apenas unos centenares de militantes. La central obrera ni siquiera tomó la iniciativa de convocar a movilizaciones generales en las principales ciudades.
Este triste desenlace no proviene de la fortaleza del golpismo sino de las limitaciones insalvables del PT. Rousseff, Lula y sus seguidores no tienen para ofrecer un programa alternativo al que plantea la derecha. Hasta último momento, se empeñaron en protagonizar el giro neoliberal y el ajuste que ahora tardíamente denuncian que pretenden llevar adelante sus contendientes. En estas condiciones, la suerte de la presidenta desplazada ya estaba echada. Eso explica que ella se abrazara desesperadamente a un recurso palaciego que se reveló inservible. Confió en que el máximo tribunal del país
(STF) oficiara de árbitro, cuando el Poder Judicial se ha constituido en uno de los vehículos de la conspiración golpista.

Perspectivas

El nuevo gobierno deberá demostrar si cuenta con la capacidad y los recursos económicos y políticos para pilotear la crisis. Ingresamos en una nueva transición política convulsiva. El desenlace actual no cierra la crisis, solo es un episodio de ella. El fracaso de Temer podría precipitar la convocatoria a elecciones adelantadas.
Temer debe mirarse en el espejo de Macri, y en el impasse que atraviesan los ajustadores argentinos. Dicho sea de paso, el silencio completo de la Casa Rosada delata la complicidad del gobierno argentino con el golpe brasileño. Los cinco meses de macrismo demuestran que las transiciones de los llamados gobiernos “populistas” a la derecha financiera se caracterizan por una acentuación de las contradicciones económicas, una agudización de la lucha de clases y una tendencia a la crisis política. Es desde este estadio más elevado de la crisis de dominación como debe abordarse la nueva etapa.
Los trabajadores deben condenar resueltamente el golpe y oponerse al gobierno de Temer, pero desde una postura independiente, desembarazándose de cualquier atadura al PT. Los dirigentes del PT prometen una “resistencia” que no llevaron adelante cuando fueron gobierno. Se trata de una impostura: Rousseff no cayó resistiendo al capital sino pactando con él. La clase obrera debe emerger con factor independiente en la crisis. En estas circunstancias cobra mayor relevancia el llamado a convocar un congreso de delegados de base de las centrales obreras, organizaciones y tendencias del movimiento obrero para enfrentar al ajuste y discutir un salida obrera frente a la crisis nacional. Los sindicatos combativos -empezando por Conlutas- y la izquierda deben ponerse a la cabeza de esta iniciativa.

Pablo Heller

jueves, 19 de mayo de 2016

Lo posible ha de ser la Revolución misma.




Por estos días se produce un intenso debate de ideas entre aquellos que defienden la Revolución y participan activamente en el perfeccionamiento del modelo económico y social cubano, y los que pretenden destruirla a través de operaciones subversivas bajo el paraguas de la doctrina del “poder inteligente”.
A pesar de lo que dicen algunos autores, creo que en la sociedad cubana actual existe una diversidad de opiniones y criterios en torno a lo que acontece en nuestro país en el orden político, económico y social.
Recuerdo, que la Revolución Cubana ha transitado por varias etapas pero nunca se ha desviado de su objetivo cimero.
Como parte de este proceso se creó el instrumento político que garantiza la continuidad histórica de la Revolución. A finales de 1961, se fundaron las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), formadas por la unión del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Partido Socialista Popular y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo. Después de unos meses de vida y de los errores de sectarismo, fueron reorganizadas las ORI a partir de 1962 en el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, el cual en 1965 adoptó el nombre de Partido Comunista de Cuba, como culminación del proceso de unificación de todos los revolucionarios cubanos.
Cualquier debate que se realice hoy sobre Cuba debe tener en cuenta este contexto y el hecho de que en este período histórico el poder político se expresa como gobierno de los trabajadores, articulando todos los sectores con intereses opuestos al capitalismo.
Quien pretenda desvirtuar este principio se pone del lado de los quieren destruir la Revolución y considero que Cuba Posible, OnCuba y otros programas similares están en esa posición. En la época del imperialismo no hay terceras posiciones cuando se trata de la existencia de una Revolución que ha sido consecuencia de un proceso histórico, de la necesidad y la voluntad del pueblo cubano y por la cual muchos hombres y mujeres dieron hasta su vida. En mi opinión, esa es la esencia de lo que se ha estado discutiendo en las últimas semanas a partir del magnífico artículo de Iroel Sánchez “El corrimiento al centro”, que pone al desnudo las intenciones y planes de los ideólogos de este proyecto.
Por eso como me dijera un amigo, director de un medio de comunicación, el énfasis en la discusión no hay que hacerlo en lo que piense cada cual, sino en la conducta de los hombres en este crucial momento de la historia, signado por la ofensiva de la derecha imperial que pretende acabar con los gobiernos progresistas de América Latina, a través de la guerra económica y golpes de Estado parlamentarios con la utilización de la oligarquía de esos países, y por una guerra de los símbolos que varios intelectuales cubanos como Fernando Martínez Heredia, Graziella Pogolotti e Iroel Sánchez han revelado en su naturaleza.
Y digo que cada persona tiene derecho a pensar como considere, incluso a no tener una actitud revolucionaria ante la vida porque no está dispuesto a sacrificarse por sus semejantes y a participar en el cambio de la realidad en beneficio de los demás. Lo inadmisible son los comportamientos indecorosos y deshonestos que los colocan del lado contrario de su pueblo que sí ama y sigue a su Revolución. De lo contrario cómo se explica que millones de cubanos salieran a las calles en todas las ciudades del país de manera voluntaria el pasado Primero de mayo para respaldar la construcción del socialismo en Cuba, o que cientos de miles de personas participaran este domingo en el ejercicio Meteoro 2016 a lo largo de la geografía cubana.
La explicación a ese hecho está en que la Revolución se hizo para el pueblo. En sus históricas Palabras a los Intelectuales, en junio de 1961, Fidel diría:
“Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo y siempre diremos el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo. El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo, es ese: para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellas; para nosotros será noble, será bello y será útil, todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellas. Si no se piensa así, si no se piensa por el pueblo y para el pueblo, es decir, si no se piensa y no se actúa para esa gran masa explotada del pueblo, para esa gran masa a la que se desea redimir, entonces, sencillamente; no se tiene una actitud revolucionaria.”
Me pregunto, ¿ese es el prisma a través del cual los líderes de Cuba Posible conducen sus acciones? La respuesta es no. No se puede decir que tengan adeptos ni mucho menos en la población cubana, porque la gran mayoría de las personas que sondeé manifestaron desconocerlo; pero varios pronunciamientos de su directiva confirman la contestación a esa interrogante:
En entrevista para Global Voices:
“el ciberespacio ha ayudado mucho a crear sinergias positivas de entendimiento y despolarización en la sociedad cubana trasnacional. Si algo ha tipificado los últimos 10 años, es un corrimiento “al centro” en un conjunto importante de actores sociales y políticos, dentro y fuera de la Isla.”
En declaraciones a la agencia Reuters:
“Yo tengo una opinión personal a favor de una Cuba pluripartidista. Nuestro proyecto quiere facilitar esto y contribuir a la serenidad en el proceso.”
“Cuba Posible promoverá el “cambio transicional”
En entrevista al periódico berlinés TAZ:
“En Cuba no tenemos nada. Sobre todo los jóvenes no tienen ninguna motivación material para quedarse. No tienen posibilidad de trabajar en la construcción de la sociedad. No tienen ninguna posibilidad de cambiar nada. Se encuentra extraños en esta realidad donde viven y por eso escapan allí donde pueden ser más activos”.
“La experiencia de Europa del Este, donde los antiguos partidos de los diferentes gobiernos lo perdieron todo, ocasionó mucho miedo a los dirigentes del país. Pero ya están en camino de perder el poder. No entienden el país que ellos dirigen”.
“Desgraciadamente no hay nadie. Si todo continúa como hasta ahora, después de Raúl Castro, la tecnocracia irá ocupando el mando paulatinamente. Entonces sería la burocracia la que dirigiría el país pero sin criterio político, solo desde las perspectiva administrativa y financiera. Eso podría dar un poco más de libertad, pero seguirá destruyendo al país.”
Como se observa, los miembros de CP sin ningún tipo de tapujos se han enrolado en la política contra Cuba con los matices introducidos por la administración Obama: coqueteo con la gran prensa capitalista y medios anticubanos como Radio y TV Martí, con funcionarios del gobierno estadounidense y de centros de pensamiento donde se han diseñado múltiples planes para derrocar a la Revolución, con legisladores y académicos interesados en cambiar el régimen en Cuba. Es difícil que desconozcan que desde los medios donde han dado declaraciones se emiten cada semana casi 2 mil horas de información para tratar de influir, crear descontento, lanzar consignas contrarrevolucionarias y de conspiración contra la Revolución.
Los revolucionarios cubanos no podemos caer en la tentación de negarnos a nosotros mismos, sino reafirmar principios que para algunos – por cierto, son minoría – perdieron vigencia; pero que siguen presentes, en particular el antimperialismo. Nuestra meta seguirá siendo la construcción del socialismo. En ese propósito como dijera Fidel en su intervención en la jornada de clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, el pueblo cubano vencerá.

Omar Pérez Salomón

miércoles, 18 de mayo de 2016

Con pólvora en las manos y una pelota en los pies




1917, Inglaterra. Las trabajadoras de la fábrica de municiones Dick, Kerr & Co. fundaban un equipo de fútbol. Habilidosas deportistas y solidarias con las huelgas mineras, estas mujeres cuestionaron los mandatos de la época y libraron una fuerte lucha contra la censura.

Las obreras salen a la cancha

La cuantiosa movilización de soldados durante la 1° Guerra Mundial implicó fuertes cambios económicos y sociales en los países centrales. El sostenimiento de las máquinas necesarias para la ganancia capitalista y la producción de armas representaron, sólo en Inglaterra, que casi un millón y medio de mujeres ingresaran al mundo laboral.
En ese país, cerca de 700.000 trabajadoras de entre 14 y 18 años fueron empleadas en fábricas de municiones. Estas jóvenes de extracción obrera pasaron a la historia como munitionettes y, desde 1917, se encargaron del 80% de la elaboración armamentística. Además de cobrar sueldos menores a los de los hombres, se veían expuestas a explosiones y sustancias que conllevaban serios peligros físicos. De hecho, el prolongado contacto con TNT y ácido nítrico, solía teñir su piel y su pelo con un color amarillento, lo cual les valió el calificativo de canary girls o “chicas canario”.
Para evitar que estas duras condiciones de trabajo afectaran la productividad, las empresas fomentaron actividades recreativas como el deporte. En particular, el fútbol, muy practicado entre los obreros de la época. Tal fue el caso de la fábrica Dick, Kerr & Co., ubicada en Preston donde, luego de vencer a sus compañeros en un torneo amistoso, las mujeres formaron su propio equipo: Dick, Kerr’s Ladies F.C.
Su calidad deportiva valió a estas jugadoras una popularidad inmediata. En un momento en que la Liga Masculina de fútbol se encontraba suspendida, enfrentaron a equipos fabriles y profesionales, y llegaron a congregar a más de 20 mil espectadores por partido.

Los costos de la victoria

El fin de la guerra supuso importantes transformaciones. Ya para 1919, los empresarios buscaron contrarrestar las reformas laborales impuestas por la contienda y deshacerse de la fuerza de trabajo femenina. Para esto, contaron con el apoyo de dirigentes sindicales y del propio gobierno, que instauró un discurso oficial que elogiaba a las madres y el retorno de la mujer al hogar. El movimiento feminista, parcialmente derrotado, no fue un contrapeso: durante los años previos había sufrido la censura pero también había cedido ante la presión nacionalista. Esto, junto al otorgamiento de ciertas demandas –incluido el sufragio-, lo había desarmado.
En aquel contexto y tras la pérdida de trabajo de sus jugadoras, muchos equipos se disolvieron. No así las Dick, Kerr’s Ladies F.C. Aún restablecida la Liga Masculina, disputaron numerosos partidos ostentando resultados mayormente favorables. Por ejemplo, los que libraron frente a la selección de Francia, donde uno de los besos iniciales entre las capitanas de los equipos –eternizado en una memorable fotografía- recorrería los diarios durante semanas, causando revuelo.

Hijas de la clase trabajadora

La suerte de las Dick, Kerr’s Ladies estaba ligada a la suerte de su clase. Por ello, el quiebre para este equipo –y para el fútbol femenino en la isla- llegaría en 1921, año de las huelgas mineras.
Entre 1911 y 1913, los obreros ingleses habían protagonizado batallas sin precedentes. Para evitar el desarrollo de ese proceso -requisito imprescindible en tiempos de guerra-, los Estados beligerantes contaron con el apoyo de los líderes del movimiento obrero. Y, a cambio de algunas mejoras laborales, las cúpulas de los tres gremios más fuertes –transportistas, ferroviarios y mineros- abrazaron la causa patriótica y se unieron en la famosa “Triple Alianza” destinada a garantizar la paz social.
El término del conflicto bélico mostró que el imperialismo británico no recuperaría la hegemonía mundial y que las concesiones a los trabajadores llegarían a su fin. El caso de las minas –que habían sido momentáneamente estatizadas mientras duró la guerra- fue modélico: vueltas a sus manos originales, se pretendió aplicar una fuerte reducción de salarios y el alargamiento de la jornada laboral. A fin de aplastar posibles conflictos, el gobierno aprobó una Ley de Poderes de Emergencia que le permitía arrestar a quienes “interrumpieran un servicio esencial” y daba vía libre a la utilización de carneros. Abandonados por los líderes del ferrocarril y el transporte (lo cual significó el fin de la “alianza” en lo que se conoció como “Viernes Negro”), los mineros se lanzaron a la huelga en 1921.
Las jugadoras de Dick, Kerr’s Ladies tomaron partido. Hijas de los barrios obreros (y muchas, como Alice Woods, de familia minera), comenzaron una campaña en favor de los huelguistas y destinaron lo recolectado en los partidos a su lucha.
Luego de tres meses de paro, los valientes mineros fueron derrotados. La Asociación de Fútbol (A. F.), sin embargo, no lograba reponerse del involucramiento de las obreras en aquel terreno. Si bien había aceptado que recaudaran dinero para fines “caritativos”, este tipo de solidaridad era inaceptable. El avance sobre las conquistas de los trabajadores, tanto como de las mujeres, estaba a la orden del día. Un ejemplo así era peligroso.

Errores causales

Ese mismo año, la Asociación prohibió el fútbol femenino en Inglaterra, alegando que afectaba el orden social y escudándose en la salud de las mujeres. Reconocidos médicos –que nada habían dicho sobre la anemia, la insuficiencia hepática o la infertilidad producto del trabajo fabril- comenzaron a argüir que el deporte era “muy brusco para la contextura femenina” o que causaba lesiones y deformidades. La Dra. Mary Lowry, invitada por el equipo a ver un partido, replicó: “Por lo que he visto, el fútbol no parece capaz de causar más lesiones que un día de limpieza intenso”.
Las Dick, Kerr’s Ladies F.C. alzaron su voz contra la persecución. Asimismo siguieron jugando informalmente en Inglaterra y en el extranjero, donde fueron invitadas más de una vez, luciéndose frente a equipos de todos los sexos. Algunas de sus atletas cobraron una gran fama, como la habilidosa Lili Parr quien además se convirtió en un ícono de la comunidad LGTBI.
En 1969, cuarenta y ocho años más tarde, el creciente número de aficionadas mujeres llevó a la A. F. a crear una rama femenina de la federación. Dos años después se levantaría el veto definitivamente.
Recién en 2008, pediría disculpas por su “error”.

Jazmín Bazán

martes, 17 de mayo de 2016

Golpe de Estado en Brasil. Comenzando la Semana




En esta Mesa Redonda el análisis del golpe de la derecha brasileña contra el gobierno de Dilma Rousseff.

David y Goliath (Vietnam) - Carlos Puebla


Cómo enfrentar al gobierno golpista de Temer en Brasil




Reproducimos la declaración del Movimiento Revolucionario de los Trabajadores (MRT) de Brasil, ante la aprobación del impeachment a Dilma y las medidas del gobierno golpista de Temer.

Abajo el gobierno golpista de Temer, por una nueva Constituyente para dar una salida de fondo a la crisis nacional

Ya es historia. Dilma finalmente cayó y Temer anunció los ministros de su gobierno golpista. No hay ninguna mujer, ningún negro o indio, compuesto solo por hijos de las familias tradicionales de los oligarcas, coroneles, terratenientes y banqueros. La sesión en el Senado apenas confirmó lo que ya se sabía. Intentando darle un aire de solemnidad o austeridad a lo que se inició en la Cámara de Diputados como un circo macabro, sigue su marcha.
El golpista Temer ya dio un discurso y a pesar de mantener la demagogia sobre la continuidad de los programas sociales como el plan Bolsa Familia y el Pronatec, no ocultó su blanco principal: los trabajadores y la juventud. Sus ministros en pocos días dieron guiños a la derecha desde el punto de vista moral y cultural.

El golpe se consuma sin ninguna resistencia seria del PT y sus satélites

La prometida jornada de lucha del pasado 10 de mayo solo confirmó lo que ya se sabía desde mucho antes: algunas acciones, pocas y parciales, “solo para que quede constancia”. Que Lula ni siquiera haya aparecido el 1º de Mayo, que el líder del PT en el Senado garantice de antemano que “no quiere incendiar” al país, que las centrales sindicales oficialistas como la CUT y la CTB no hayan puesto su peso social para impedir el golpe: todo demuestra que no son direcciones en las que debamos confiar y que la lucha contra el golpe ya consumado y sus agresivos ataques se transforma inmediatamente en lucha por nuestro futuro.

La resistencia al golpe y los ajustes pone a la educación y a la juventud en el centro de la lucha de clases

La fuerza de la lucha de las nuevas generaciones, y la clase trabajadora organizada, no están representadas por la inercia y parálisis de estas direcciones que hasta ayer eran oficialistas y hoy se preparan para retomar el papel de “oposición dócil” y garantes del orden social capitalista.
Estamos frente a una enorme oleada de lucha de los estudiantes de la red de enseñanza pública, con ocupación de decenas y decenas de escuelas en San Pablo, que se expande a otros Estados como Río de Janeiro y Ceará y no se detiene. No es solo de ahora, ya el año pasado (2015) los estudiantes secundarios ocuparon decenas de escuelas en San Pablo y derrotaron al gobernador Alckmin (PSDB), dando un ejemplo que tomó fuerza en Goiás y se hizo escuchar en todo el país. La propia denuncia contra la mafia de las meriendas escolares vinculada al PSDB paulista, que ganó respaldo de masas, fue una consecuencia directa del triunfo de los secundarios.
En estos días, los estudiantes de la Universidad de Campinas (Unicamp) y de la Universidad de San Pablo (USP), iniciaron un gran movimiento de huelgas, con ocupación de la Rectoría en Campinas y de carreras como Letras en Butantã (USP). La Universidad Estadual Paulista (Unesp) se sumaría en los próximos días. Es una lucha que tiende a ganar peso en todo el Estado, a partir del inicio de la huelga de los trabajadores de las tres universidades estaduales paulistas y el Sindicato de los Trabajadores de la Universidad de San Pablo (Sintusp) al frente. La energía de lucha que emana de estos procesos bien puede transformarse en una huelga nacional en defensa de la educación, uniéndose con la juventud carioca y del estado de Ceará.
La juventud está abriendo una nueva ola de movilizaciones que tarde o temprano arrastrará nuevamente a los trabajadores a ocupar un lugar central en la lucha contra los ataques del gobierno golpista de Temer y de todos los gobiernos estaduales.

Por una gran lucha nacional contra los ajustes del gobierno golpista

Temer puede ser pomposo y arrogante contra el PT y Dilma, puede hasta ser audaz en las metas que su gobierno intentará imponer: deterioro de los salarios, privatizaciones, ataques a la jubilación, recortes en gastos de salud y educación, avance del conservadurismo y de la opresión para la sociedad como un todo.
Al mismo tiempo, su nuevo ministro de Justicia, llamado “pitbull” hasta por un diario conservador como Valor Económico, promete represión violenta contra los movimientos sociales, mientras el gobernador Alckmin de San Pablo aprovecha la brecha para invadir brutalmente las ocupaciones de escuelas de los estudiantes secundarios.
Quieren instalar un clima de miedo, para intentar frenar las luchas. Esto es así porque Temer y todos los golpistas saben que su enemigo más difícil aun no está vencido, muy por el contrario. En cada escuela o universidad, en cada lugar de trabajo, en cada barrio obrero y popular, es necesario reorganizar las fuerzas para este nuevo combate que ya se avecina a nivel nacional.
La lucha contra el golpe fracasó porque el PT, la CUT y la CTB temen más a la lucha de clases que a los golpistas. Y también porque el gobierno petista estaba lejos de ser en la práctica el “gobierno popular” que sus publicistas y agentes en los sindicatos y movimientos sociales predicaban.
Por eso, una buena parte del pueblo, hasta incluso de la clase trabajadora, con toda razón de indignarse frente al gobierno de Dilma y el PT, se dejaron llevar por la demagogia de los golpistas. Por eso también Brasil no se puso todavía de pie, como sería necesario para derrotar al gobierno golpista. Se ilusiona quien crea que Temer y sus socios tendrán tranquilidad para atropellar los derechos y el futuro del pueblo trabajador. El pueblo brasilero jamás se reconocerá en este gobierno golpista.

Impulsar todas las luchas bajo la bandera de combate al gobierno golpista de la derecha

Queremos sacar a los golpistas y sus ajustes. Pero no para volver a la conciliación con los mismos golpistas, que Lula, Dilma y el PT intentaron hasta último momento. Nuestro “Fuera Temer golpista”, no puede confundirse con el “que vuelva Dilma”, de los ex oficialistas porque la tarea de sacar a Temer debe abrir el camino a cuestionamiento cada vez más profundo a este sistema político podrido y el sistema económico injusto que protege.
Para los capitalistas, los grandes empresarios y los patrones, la respuesta a la crisis es rebajar salarios, recortar derechos, aumentar la explotación. Temer y toda la estructura del golpe, que hoy lo sustenta, desde la Red Globo al Poder Judicial y el imperialismo, apuestan a eso.
Queda claro que nuestra resistencia se hará sentir en las calles, en las huelgas y las luchas, como ya ocurre, y con certeza ganarán un nuevo impulso a partir de esta fecha histórica. Pero es necesario levantar una alternativa política consistente y ella solo puede ser la lucha para derrotar a este gobierno usurpador, junto a las instituciones reaccionarias que pavimentaron su llegada al poder. La Cámara Federal y el Senado, junto al todopoderoso poder Judicial, pilares de un Estado que beneficia a un puñado de explotadores e impone miseria, opresión y humillaciones de todo tipo a la enorme mayoría del pueblo brasilero. Necesitamos una nueva Constitución, que arranque el poder no solo de Temer sino también de este Congreso y el Poder Judicial autoritario. No es una cuestión lejana, es una necesidad inmediata.

¿“Elecciones Directas”?

Las corrientes de “izquierda” que se prepararon para festejar la caída de Dilma, sintieron que se caía el piso debajo de sus pies después del día 17/4. La dura realidad les impuso a casi todos más cautela y los pocos que se aventuraron a expresar su alegría cayeron aún más en el ridículo.
Es imposible confundir el estado de espíritu que hoy se cierne sobre la sociedad brasilera, con la onda de entusiasmo contagiante que sigue a la victoria popular cuando las masas derrumban un gobierno indeseado con la fuerza de su movilización. Pero es arriesgado esperar sensatez de sectores de esa “izquierda” como el PSTU, que vendió la idea que el “Fuera Dilma” sería solo el primer paso progresivo para el “Fuera Todos”, o como el Movimiento de Esquerda Socialista (MES-PSOL) de Luciana Genro que celebró la Operación Lava Jato y al juez Sérgio Moro, a coro con la derecha golpista.
La consigna de “elecciones generales” tal vez hasta parezca estar más a la orden del día – así como para algunos el “Fuera Todos” parecía estar a tono hasta hace poco – pero no por eso es correcta. Tanto es así que el juez Gilmar Mendes, pieza clave para convertir el Supremo Tribunal Federal (STF) en un instrumento decisivo del golpe, ahora se dirige precisamente hacia… el Tribunal Superior Electoral (TSE).
De ahí el enorme error de esos sectores de la izquierda, a los cuales se une ahora la mayoría del PSOL, que sostiene explícitamente querer derrumbar a Temer por vías legales (TSE), intentando instalar la bandera de “Elecciones Directas Ya”, junto a personajes como Marina Silva (del Partido Rede) y otros, como forma de crear un movimiento en las calles para presionar al golpista Gilmar Mendes.
¿Nuevas elecciones, con los partidos del orden que están ahí? ¿Con las reglas del juego electoral antidemocráticas que existen hoy, que impiden la expresión de los trabajadores, de la juventud, del pueblo pobre y de sus luchas? ¿A quién beneficiaría eso? Solo a quienes están preocupados por la falta de legitimidad del gobierno Temer y quieren un baño electoral para avalar los ataques que ya anunció. Aunque fuese solo para garantizar reglas electorales más democráticas, y para acabar con los privilegios de políticos, jueces y altos funcionarios, la cuestión de una nueva Constituyente ya estaría planteada. Pero se trata de mucho más que eso.
Es el problema de los negros. Es el problema de las mujeres. Es el problema de los indios. Es el problema del pueblo del nordeste repartido por todo el país. Es el problema de la tierra para quien la trabaja, de la vivienda para quien no soporta más vivir abrumado entre el alquiler o la habitación precaria. Es el problema del derecho al ocio, a la cultura y a una vida digna. Es la salud y educación de calidad y gratuitas para el pueblo. Es el fin de la entrega de las riquezas nacionales para los países imperialistas y un puñado de sus socios menores brasileros.

Las demandas de Junio y la Asamblea Constituyente

Al menos desde Junio del 2013, con el despertar de las masas y la multiplicación de demandas sociales, está planteada la cuestión de una nueva Constituyente, están planteados los problemas y penurias que están en la base de la sociedad brasilera y que exigen una solución radical. El último gobierno petista intentó responder a las acciones de Junio con demagogia, y solo después de que Dilma fue reelecta, salió a luz la verdad de la crisis económica y los ajustes contra los trabajadores.
Hemos defendido la necesidad de convocar a una Constituyente Libre y Soberana, por la fuerza de la movilización, especialmente después del agravamiento de la crisis política a mediados del año pasado. Fue correcto y necesario, cuando la oposición de derecha se decidió a poner en marcha de hecho el golpe institucional, encabezado por Temer, Aécio y Cunha, y sus pares en la Justicia como Gilmar Mendes, Janot y Moro, fue correcto poner en primer plano la lucha para derrotar el golpe, pues con esa derecha derrotada sería más fácil desenmascarar el derechismo del propio gobierno del PT, y avanzar hacia soluciones de fondo para la crisis económica y social del país. Ahora eso ya es pasado.
La lucha contra el gobierno golpista, sus ajustes económicos y por una nueva Asamblea Constituyente, verdaderamente libre y soberana, se funden en una sola lucha y es con esta perspectiva que encaramos el nuevo período político que se abrió en el país. El Brasil obrero y popular que comenzó a levantarse en Junio del 2013, en las huelgas y en las luchas y ocupaciones estudiantiles de hoy, todavía tiene que pronunciarse sobre los grandes problemas políticos y sociales del país.

¿Miedo a una nueva Constituyente?

Queremos dialogar también con aquellos que dudan frente a nuestra propuesta, por considerar que una nueva Constituyente en las actuales condiciones podría ser “peligrosa”. En general hablan del temor a poner en riesgo los derechos sociales, democráticos y laborales que aún existen. Pero basta con pensar en la mayoría calificada que la derecha más retrógrada alcanzó para imponer el golpe institucional contra el PT. Es esa mayoría reaccionaria de un Congreso reaccionario, que después de lograr una inédita cohesión a lo largo de las diversas etapas del golpe, la que amenaza al pueblo trabajador y a todos los oprimidos con un ataque violento a sus derechos.
Muchos vacilan ante la lucha por una nueva Constituyente por creer en el relato oficial que la Constitución que tenemos hoy sería “ciudadana” o “social”, beneficiosa, de alguna forma, para los trabajadores y el pueblo pobre. Pero es necesario revisar la historia y verificar que la Constituyente del 86-88 no fue ni libre, ni soberana. Es cierto que se reunió en un período de gran crisis social, en la estela del gran ascenso obrero y popular que venía desde el final de los años ´70. Y que por eso en ella, así como en la propia Constitución que tenemos hasta hoy, existen las marcas de la presión popular por garantizar derechos sociales y laborales y ciertos avances democráticos. La Constituyente fue observada de cerca, tutelada por los militares y dominada por la coalición de los representantes del gran capital, de los terratenientes y de las oligarquías regionales, el famoso “Centro” político del período.
Y entre la izquierda no había ninguna representación revolucionaria independiente. Bajo el entusiasmo que despertaba el proceso de construcción del PT y la continuidad de las huelgas que perdían radicalidad pero aumentaban su número año tras año, toda la izquierda quedó bajo la égida de Lula y compañía, que ya en la época defendía un proyecto de conciliación de clases, sin salirse del capitalismo.
Ahora que todo el régimen político montado por la transición pactada con los militares, coronada por la Constitución del 88, ahora que todo ese sistema político muestra que es enemigo del pueblo, tenemos el derecho y el deber de poner sobre la mesa todos los problemas estructurales del país, que todos reconocen como injusto y absurdamente desigual.
Para debatir todos los grandes problemas del país: por eso tampoco sirve la propuesta de algunos sectores que hablan de hacer una “Constituyente exclusiva” solo para la reforma política. En esa propuesta, se trata de elegir diputados para aprobar una nueva Constitución, en paralelo con las instituciones reaccionarias que hoy gobiernan. Para los trabajadores sería un absurdo. Necesitamos una Constituyente Libre y Soberana justamente para que ella choque con esas instituciones reaccionarias, por eso solo puede ser impuesta por la fuerza de la movilización. Por eso, tampoco debemos temer que se pierdan derechos, pues lo que garantiza su fuerza progresista no es una imaginaria ausencia de sectores reaccionarios en su interior (ya que esos sectores de una forma u otra conseguirían representación), sino la propia fuerza de la movilización de las masas que imponga la Constituyente, contando a su interior con los trabajadores como sujeto independiente.

Por un gobierno obrero y popular que rompa con el capitalismo

Quien presenció la votación del impeachment en la Cámara de Diputados el fatídico 17 de abril pasado, vio no solo cómo ese escenario es dominado por un círculo de representantes de lo peor que hay en el país.
Una Asamblea Constituyente Libre y Soberana sería la plataforma democrática frente a la cual se estremecería el “país oficial"; frente a la cual se sacudiría el dominio de los políticos en Brasilia, de la Federación de Industrias de San Pablo (Fiesp), de la Febraban y la Red Globo, y sus amos imperialistas. Una tribuna democrática para debatir los problemas profundos y donde, por eso mismo, hasta una pequeña representación revolucionaria independiente podría ser capaz de incendiar el país, planteando las verdades que jamás son dichas, trayendo una onda de entusiasmo y movilización para que de norte a sur, los propios trabajadores y la juventud tomen en sus manos la tarea de gobernar su propio destino.
Porque nuestra perspectiva estratégica no es meramente una Constituyente para votar mejores leyes para los trabajadores, leyes que difícilmente serían aplicadas mientras los capitalistas retengan las rendas del poder real en la sociedad, la propiedad de las grandes fábricas y empresas, de las tierras, el control sobre las Fuerzas Armadas y el poder judicial, los medios de comunicación, etc. Lo fundamental es que, en el curso de la lucha, los trabajadores y todos sus aliados en la juventud y en el pueblo pobre oprimido, desarrollen su conciencia revolucionaria y sus organismos de poder, basados en la democracia directa, para establecer un verdadero gobierno obrero y popular, que rompa con el capitalismo e inicie una transición socialista que pueda extenderse a nivel internacional hasta poner fin a las guerras, la explotación y la opresión de todo el mundo.
Es en esa perspectiva que el Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT), en todos los lugares de trabajo, junto a la juventud Faisca – revolucionaria y anticapitalista, y con Esquerda Diário, impulsamos la lucha de clases en todos los frentes de batalla.

Redacción Esquerda Diário

lunes, 16 de mayo de 2016

Brasil: El nuevo ministro de Economía anuncia duros ataques




El ministro de Hacienda Meirelles anunció las primeras medidas: reforma jubilatoria, laboral y recorte del gasto público para garantizar el ajuste fiscal exigido por empresarios y el imperialismo.

Este viernes (14), en su primer día como nuevo ministro de Hacienda, Henrique Meirelles concedió diversas entrevistas, entre ellas un pronunciamiento oficial a la prensa sobre las directrices de la nueva política económica que implementará en el país. En consonancia con la derecha representada en el gobierno golpista de Temer, anunció que sus principales medidas estarán centradas en la reforma jubilatoria, la reforma laboral y el recorte del gasto público para garantizar el profundo ajuste fiscal exigido por empresarios, banqueros y el imperialismo.
Con cuatro trimestres consecutivos de caída del PBI, Brasil enfrenta lo que los analistas burgueses califican como la recesión más prolongada de la historia del país. El desempleo llega al 10,9%. La tasa de interés es de 14,25%, la más alta en diez años, y la mayor en todo el mundo. La inflación del 10,67% alcanzó su mayor nivel desde 2002. En palabras del nuevo ministro de Hacienda, el problema de la economía brasilera reside en la reversión de las expectativas de empresarios y banqueros para retomar las inversiones en el país. En este sentido, el mayor de los problemas sería cómo aplicar un ajuste fiscal profundo, aumentando la recaudación del gobierno, principalmente reduciendo sus gastos: "¿Cuál es el principal factor para la caída de la confianza? La cuestión política y la incertidumbre política. Y, entre los factores objetivos, está la inseguridad en relación a la sustentabilidad futura de la deuda pública y la capacidad del Estado de continuar financiándose a futuro en la medida en que la deuda pública es claramente insostenible en el largo plazo. Es necesario dar señales de una reversión en el proceso de aumento de la deuda pública”.
Para lograrlo, Henrique Meirelles, aunque no haya explicitado completamente sus medidas, ya anticipó en su discurso tres de ellas que nos dan una idea de la profundidad del ataque esperado: la reforma jubilatoria, la reforma laboral y la disminución del gasto público. Además, afirmó que no aumentarár los impuestos en un primer momento pero, obviamente, no descartó el aumento y el regreso del llamado impuesto al cheque (CPMF – Contribución Provisoria sobre los Movimientos Financieros).
En relación a la reforma previsional ya anunció el primer ataque a los trabajadores, con el establecimiento de una edad mínima para jubilarse en el país como primer paso. “Lo que se necesita es una determinación del gobierno. Y lo vamos a hacer. Es presentar una propuesta factible a la sociedad. Edad mínima con una regla de transición”, declaró el Ministro. Las reformas laborales, aunque no detalladas, van en el sentido de dar más eficiencia y productividad a la economía capitalista, término peligroso para los trabajadores, que deben prepararse para nuevos recortes de sus derechos laborales.
El ministro sostuvo que el principio que regirá su práctica es la del “nominalismo” económico, es decir, que los gastos del gobierno no tendrán crecimiento real. Y es sobre la base de este “principio económico” que debemos prepararnos para mayores ataques contra los trabajadores y la juventud del país. El gasto público brasilero, particularmente los relacionados con áreas como la salud, educación y la seguridad social, están vinculados a la renta nacional y al salario mínimo. Los gastos en salud, por ejemplo, están determinados por la Constitución de 1988 que establece que debe ser la cantidad del año anterior acrecentada según la variación del PIB nominal. Por tanto, actualmente, por garantía constitucional, esos gastos no pueden reducirse de un año para otro. Los gastos destinados a educación también están establecidos en la Constitución y siguen una lógica similar.
Los gastos referidos a la Seguridad social, más de dos tercios de esos beneficios están vinculados al valor del salario mínimo vigente en el país. La política de aumento real del salario mínimo aplicado durante la última década, bajo los gobiernos petistas, significó también aumentos reales en los valores de las pensiones y demás beneficios pagados por Seguridad Social. Aunque el ministro haya afirmado que “no hay dudas de que los programas sociales serán mantenidos”, también enfatizó que lo fundamental es que “el Estado sea solvente”. Es decir, el principio del “nominalismo” económico significa dar una señal al mercado, a los banqueros, empresarios y al imperialismo de que el gobierno estará dispuesto a medidas como la rebaja salarial de los empleados públicos, desvincular el salario mínimo de los beneficios de la Seguridad social (como ya fue defendido por Henrique Meirelles, hace menos de un mes, en un seminario en Nueva York), acabar con la política de aumento real del salario mínimo e incluso promover un cambio constitucional, modificando la Constitución de 1988, para garantizar la estabilidad de los gastos de gobierno.
A diferencia de los años de crecimiento económico y del boom de las commodities que consagraron el trípode económico de estabilización de Henrique Meirelles al frente del equipo económico de los gobiernos de Lula, el actual escenario internacional es mucho más contradictorio. La desaceleración de China pesa como dinamizador de la economía mundial y, en particular de Brasil, y aunque hayamos visto una recuperación de Estados Unidos desde el estallido de la crisis en 2008, éste todavía mantiene un frágil crecimiento. Es decir, el escenario internacional abierto con la crisis económica mundial sigue inestable y de difícil recuperación.
En Brasil, el equipo económico y el gobierno golpista de Temer tendrán que lidiar con la lucha de clases y la resistencia de los trabajadores y la juventud por sus derechos. Este jueves (12) se convocaron manifestaciones contra el golpe institucional. En San Pablo congregaron a 15 mil manifestantes en la Avenida Paulista.
Brasil vive una verdadera onda de ocupaciones en todo el país, con la juventud al frente ocupando las escuelas públicas de San Pablo, Río de Janeiro, Ceará, Porto Alegre y Goiás, contra los ajustes que quieren implementar en la educación. En San Pablo, la juventud universitaria está en huelga contra los recortes: en la Universidad de Campinas (Unicamp) y en la Universidad de San Pablo (USP) se ocupa la Rectoría y las facultades. En la Unicamp el rector y el gobernador ya lograron un mandato de desalojo para intentar amedrentar a los estudiantes que protagonizan su mayor movilización en más de una década. Y los trabajadores de la USP están poniendo en pie una importante huelga contra los ajustes en la universidad, contra los gobiernos de Temer y Alckmin. Rodear de solidaridad activa estas luchas en curso, coordinarlas, es un primer paso para enfrentar y derrotar los ataques del gobierno golpista y sus aliados tucanos (del PSDB).

Daphnae Helena

Asalto al poder en Brasil




Una pandilla de bandidos tomó por asalto la presidencia de Brasil. La integran tres actores principales: por un lado, un elevado número de parlamentarios (recordar que sobre unas dos terceras partes de ellos pesan gravísimas acusaciones de corrupción) la mayoría de los cuales llegó al Congreso producto de una absurda legislación electoral que permite que un candidato que obtenga apenas unos pocos centenares de votos acceda a una banca gracias a la perversa magia del “cociente electoral”.

Tales eminentes naderías pudieron destituir provisoriamente a quien llegara al Palacio del Planalto con el aval de 54 millones de votos. Segundo, un poder judicial igualmente sospechado por su connivencia con la corruptela generalizada del sistema político y repudiado por amplias franjas de la población del Brasil. Pero es un poder del estado herméticamente sellado a cualquier clase de contraloría democrática o popular, profundamente oligárquico en su cosmovisión y visceralmente opuesto a cualquier alternativa política que se proponga construir un país más justo e igualitario. Para colmo, al igual que los legisladores, esos jueces y fiscales han venido siendo entrenados a lo largo de casi dos décadas por sus pares estadounidenses en cursos supuestamente técnicos pero que, como es bien sabido, tienen invariablemente un trasfondo político que no requiere de mucho esfuerzo para imaginar sus contornos ideológicos. El tercer protagonista de esta gigantesca estafa a la soberanía popular son los principales medios de comunicación del Brasil, cuya vocación golpista y ethos profundamente reaccionario son ampliamente conocidos porque han militado desde siempre en contra de cualquier proyecto de cambio en uno de los países más injustos del planeta. Al separar a Dilma Rousseff de su cargo (por un plazo máximo de 180 días en el cual el Senado deberá decidir por una mayoría de dos tercios si la acusación en contra de la presidenta se ratifica o no) el interinato presidencial recayó sobre oscuro y mediocre político, un ex aliado del PT convertido en un conspicuo conspirador y, finalmente, infame traidor: Michel Temer. Desgraciadamente, todo hace suponer que en poco tiempo más el Senado convertirá la suspensión temporal en destitución definitiva de la presidenta porque en la votación que la apartó de su cargo los conspiradores obtuvieron 55 votos, uno más de los exigidos para destituirla. Y eso será así pese a que, como Dilma lo reconociera al ser notificada de la decisión senatorial, pudo haber cometido errores pero jamás crímenes. Su límpido historial en esa materia resplandece cuando se lo contrasta con los prontuarios delictivos de sus censores, torvos personajes prefigurados en la Ópera del Malandro de Chico Buarque cuando se burlaba del “malandro oficial, el candidato a a malandro federal, y el malandro con contrato, con corbata y capital”. Ese malandraje hoy gobierna Brasil.
La confabulación de la derecha brasileña contó con el apoyo de Washington -¡imaginen como habría reaccionado la Casa Blanca si algo semejante se hubiera tramado en contra de alguno de sus peones en la región! En su momento Barack Obama envió como embajadora en Brasil a Liliana Ayalde, una experta en promover “golpes blandos” porque antes de asumir su cargo en Brasilia, en el cual se sigue desempeñando, seguramente que de pura casualidad había sido embajadora en Paraguay, en vísperas del derrocamiento “institucional” de Fernando Lugo. Pero el imperio no es omnipotente, y para viabilizar la conspiración reaccionaria en Brasil suscitó la complicidad de varios gobiernos de la región, como el argentino, que definió el ataque que sus amigos brasileños estaban perpetrando en contra de la democracia como un rutinario ejercicio parlamentario y nada más. En suma, lo ocurrido en Brasil es un durísimo ataque encaminado no sólo a destituir a Dilma sino también a derrocar a un partido, el PT, que no pudo ser derrotado en las urnas, y a abrir las puertas para un procesamiento del ex presidente Lula da Silva que impida su postulación en la próxima elección presidencial. En otros términos, el mensaje que los “malandros” enviaron al pueblo brasileño fue rotundo: ¡no se les vuelva a ocurrir votar a al PT o a una fuerza política como el PT!, porque aunque ustedes prevalezcan en las urnas nosotros lo hacemos en el congreso, la judicatura y en los medios, y nuestro poderío combinado puede mucho más que sus millones de votos.
Grave retroceso para toda América Latina, que se suma al ya experimentado en la Argentina y que obliga a repensar que fue lo que ocurrió, o preguntarnos, en línea con el célebre consejo de Simón Rodríguez, dónde fue que erramos y por qué no inventamos, o inventamos mal. En tiempos oscuros como los que estamos viviendo: guerra frontal contra el gobierno bolivariano en Venezuela, insidiosas campañas de prensa en contra de Evo y Correa, retroceso político en Argentina, conspiración fraudulenta en el Brasil, en tiempos como esos, decíamos, lo peor que podría ocurrir sería que rehusáramos a realizar una profunda autocrítica que impidiera recaer en los mismos desaciertos. En el caso del Brasil uno de ellos, tal vez el más grave, fue la desmovilización del PT y la desarticulación del movimiento popular que comenzó en los primeros tramos del gobierno de Lula y que, años después, dejaría a Dilma indefensa ante el ataque del malandraje político. El otro, íntimamente vinculado al anterior, fue creer que se podía cambiar Brasil sólo desde los despachos oficiales y sin el respaldo activo, consciente y organizado del campo popular. Si las tentativas golpistas ensayadas en Venezuela (2002), Bolivia (2008) y Ecuador (2010) fueron repelidas fue porque en esos países no se cayó en la ilusión institucionalista que, desgraciadamente, se apoderó del gobierno y del PT desde sus primeros años. Tercer error: haber desalentado el debate y la crítica al interior del partido y del gobierno, apañando en cambio un consignismo facilista que obstruía la visión de los desaciertos e impedía corregirlos antes de que, como se comprobó ahora, el daño fuera irreparable. Por algo Maquiavelo decía que uno de los peores enemigos de la estabilidad de los gobernantes era el nefasto rol de sus consejeros y asesores, siempre dispuestos a adularlos y, por eso mismo, absolutamente incapacitados para alertar de los peligros y acechanzas que aguardaban a lo largo del camino. Ojalá que los traumáticos eventos que se produjeron en Brasil en estos días nos sirvan para aprender estas lecciones.

Atilio Borón

domingo, 15 de mayo de 2016

15 Mayo de 1948, la verdadera historia nunca desmentida




15 de Mayo de 1948 en Palestina, la Nakba, el desastre, los sionistas expulsan al pueblo palestino de su tierra. Semejante acto criminal puesto en marcha provenía de la estrategia sionista de vaciar el país para quedárselo, física, materialmente.
Bajo el paraguas de Inglaterra y Francia llevaron sus colonos como emigración de los lugares más alejados del mundo y generaron los primeros enfrentamientos con la población autóctona. Cubiertos con ese mismo paraguas crearon dos grupos terroristas, Haganá y Stern, y su fuerza la emplearon en realizar matanzas entre la población. El mando británico participó en el desarme de los palestinos, y entre unos y otros crearon un escenario de guerra. Con sus leyes en la mano confiscaron tierras, compraron, alimentaron y dieron proyección a esas bandas armadas que después formaron el ejército israelí, esos mismos que hacían propaganda diciendo a los judíos integrados en otros pueblos del mundo que aquella tierra, Palestina, era su tierra. El pueblo palestino se organizó en guerrilla para rechazar la invasión, pero fue derrotado por los ingleses y las organizaciones terroristas como Stern.
El 14 de Mayo de 1948 habían declarado el Estado de Israel sobre el 54% del territorio que les adjudicó Naciones Unidas, y el mismo día siguiente, el 15 de Mayo, emprenden el crimen de limpieza étnica más grave de toda la historia del siglo XX. La fecha, nombrada por el pueblo palestino como Al Nakba, la catástrofe, recuerda la destrucción por el invasor sionista de más de 500 pueblos y la expulsión, más allá de Palestina, del 80% de su población, creando así a los refugiados palestinos, que se debieron instalar en los países de alrededor, para sufrir como sabemos que sufren los refugiados.
Imaginen que el 80% de:
España, que tiene 46.000.000 de habitantes: los colonialistas expulsasen a 36.800.000
EEUU, que tiene 324.000.000 de habitantes: los colonialistas expulsasen a 259.200.000
China, que tiene 1.375.000.000 de habitantes: los colonialistas expulsasen a 1.110.000.000
Inglaterra, que tiene 65.000.000 de habitantes: los colonialistas expulsasen a 52.000.000
Francia, que tiene 67.000.000 de habitantes: los colonialistas expulsasen a 53.600.000
Rusia, que tiene 146.000.000 de habitantes: los colonialistas expulsasen a 116.800.000
De la suma de los expulsados resultarían: 1.618.400.000 (mil seis cientos diez y ocho millones cuatro cientos mil) personas que vivirían en campos de refugiados porque un grupo de desalmados digesen que éstos países son suyos.
Más de 1.618 millones de personas en el mundo estaríamos en la misma situación que los palestinos y palestinas. Los sionistas destruyeron más de 500 pueblos, y las cifras de población expulsada que aporta Naciones Unidas, 750.000, se corresponden con las cartillas de racionamiento que repartió el organismo internacional, mientras que la cifra que aporta la fuente palestina supera las 900.000 personas. Lo peor es que Al Nakba, o Al Musiba llamado también por los palestinos, fue legalizada a nivel internacional sin que los gobiernos árabes, que salían entonces del colonialismo, en vez de apoyar la creación del Estado Palestino entregaron una parte del territorio a Jordania y otra a Egipto, con lo que favorecieron el plan sionista que buscaba hacer desaparecer la identidad palestina.
Pero hay una segunda cuestión a reflejar, la Resolución 194 emitida por Naciones Unidas, en ella se aprueba la necesaria vuelta de los refugiados árabes a su tierra y sus hogares. Israel les niega la entrada en base a una burla argumental,sosteniendo que los árabes expulsados a otros países, los palestinos que ellos no reconocen como tales, han vuelto a sus países originarios, con lo que pretenden hacerse dueños de Palestina entera. Los refugiados palestinos hoy son ya más de 5.000.000 millones, y son el principal testigo de Al Nakba, son una espina en la garganta de Israel, que les niega su derecho a existir. Trístemente algunas mentes en el ámbito palestino minimizan la cuestión de los refugiados y su derecho al regreso a su tierra, con lo que favorecen el ocultamiento de la responsabilidad israelí tanto como el ocultamiento de los derechos del pueblo palestino a su vuelta.
En 1948, ese año fatídico de la catástrofe, el Jefe del Estado Mayor del ejército israelí, Yigal Yadin, declaraba: “Una minoría árabe, grande o pequeña, es peligrosa para nosotros, tanto en tiempo de guerra como en tiempo de paz.” Una declaración a la altura del sionismo: racista. Se les había quedado sin expulsar un 20% de la población.
En 1961 el consejero para los asuntos árabes del Primer Ministro escribió: “Quizás hubiera sido mejor que no hubiera habido ningún estudiante árabe. Hubiera sido mucho más fácil dominarlos si hubiesen seguido siendo carniceros y aguadores. Pero todo no depende de nuestra voluntad. Existen problemas insoslayables.” Una declaración clasista también a la altura del sionismo. La población palestina estaba formada fundamentalmente por trabajadores y trabajadoras agrícolas.
Mucho antes, en 1905, en los principios de la colonización sionista, Yitzak Epstein, filólogo y educador de origen ruso y pionero sionista en Palestina leyó en un congreso sionista su ponencia que titulaba “La cuestión oculta”, y en ella decía sobre lo que hacían al pueblo palestino: “¿Puede perdurar semejante modo de adquirir la tierra?. ¿Callarán para siempre quienes han sido expulsados y aceptarán tranquilamente lo que les hemos hecho?. ¿No se levantarán finalmente para recuperar con sus puños lo que les fue arrebatado con el poder del oro?. ¿No pedirán cuentas a los extranjeros que les despojaron de sus tierras?.”
Ningún ser humano puede ignorar al pueblo palestino. Ningún ser humano puede ignorar el crimen sionista. Ningún ser humano puede ignorar la verdadera historia nunca desmentida del 15 de Mayo de 1948, día de Al Nakba, la catástrofe.

Ramón Pedregal Casanova, autor de “Gaza 51 días”, “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”, y “Dietario de crisis”. Es presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional y Estudios Sociales, AMANE.

sábado, 14 de mayo de 2016

La abolición de la esclavitud en Brasil




Se cumplen 128 años desde que la princesa Isabel I dictara la Ley Áurea, que declaraba extinta la esclavitud en Brasil, el 13 de mayo de 1888. La realidad brasilera, entre la continuidad y la ruptura.

El comercio humano

Cerca de 10 millones de seres humanos fueron transportados a América, entre los siglos XVI y XIX, por buques ingleses, portugueses, españoles, franceses, holandeses, entre otros, para trabajar como mano de obra esclava. 4 millones de los que sobrevivían al cruzar el “verde mar de las tinieblas” –como llamaban los árabes al Atlántico–, fueron a Brasil (1). Allí el comercio humano floreció rápidamente. A un breve ciclo económico del palo brasil durante los primeros años de la colonia hasta 1530, le siguió el auge de la caña de azúcar como principal cultivo de exportación, que se extendió hasta comienzos del siglo XIX, cuando las plantaciones de café quitaron su lugar privilegiado al azúcar. Tanto las plantaciones de caña de azúcar como las de café, utilizaban mano de obra esclava en gran escala.

Cambios y continuidades

A comienzos del siglo XIX, cerca del 30% de la población en Brasil eran esclavos de origen africano y afro descendientes. Otro 30% lo constituían mulatos y negros libres (2).
Como institución social, la esclavitud se mantuvo a lo largo de casi todo el siglo XIX en Brasil, moldeando un modelo de racismo, que permeaba toda la sociedad. Logró sobrevivir a las crisis ocasionadas por la superación de la colonia, tras el establecimiento –inédito en la historia de las monarquías europeas– de la casa real de los Braganza en Río de Janeiro en 1808, huyendo de la invasión napoleónica a Portugal.
Sin embargo, estos cambios no significaron grandes rupturas para la población esclavizada, los cargamentos seguían llegando al puerto de la ahora metrópoli, Río de Janeiro, aunque también y con mayor intensidad a Bahía, Recife, Pernambuco y Maranhao. Las plantaciones seguían albergando a miles de esclavos, cuyos dueños calculaban su vida útil en alrededor de un año.
Tras la declaración de la independencia en 1822 y la constitución del Imperio de Brasil, se intensificaron los lazos con Gran Bretaña, que fue una de las primeras naciones en reconocer su independencia. Gran Bretaña, que había sido una gran comerciante de propiedad humana, comenzaba a tener –entrado el siglo XIX– intereses políticos y económicos en poner fin a la trata de esclavos (entre otros motivos, con el desarrollo de la revolución industrial aumentó la necesidad de nuevos mercados donde colocar sus mercancías). Estas presiones (calificadas como “colmadas de hipocresía” por Francia y otras naciones), se sumaron a los incipientes movimientos abolicionistas, de carácter mayormente urbano que florecieron en las primeras décadas del siglo XIX y a la influencia entre los esclavos, de la Revolución Haitiana.
La oligarquía propietaria, aumentó el número de esclavos que entraron a Brasil en los años previos a 1831, año en que se declaró ilegal este comercio. Así, entre 1800 y 1850 entraron un millón de personas en condición de esclavitud, 700.000 lo hicieron entre 1830 y 1850.
La atmósfera de mediados del siglo XIX pareció estar condicionada por las presiones británicas, la creciente influencia de las ideas liberales con ascendente en los movimientos abolicionistas y las revueltas, insurrecciones organizadas, crímenes de amos, etc., protagonizadas por los esclavos, que para la década de 1870 propiciaron las condiciones para el establecimiento de la Ley del Vientre Libre (1871) y más adelante en 1885, la ley que libertaba a los sexagenarios.

La influencia del “haitianismo”

A comienzos del siglo XIX, la influencia de la Revolución Haitiana de 1804 parece haber sido una seria preocupación para los sectores dominantes en Brasil. Avanzado el siglo, aumentaban las revueltas de esclavos, que incluían levantamientos, fugas masivas, establecimiento de comunidades de cimarrones en los llamados “quilombos”, etc. En 1838, 500 esclavos se insurreccionaron en una plantación, en lo que se conoció como el Levantamiento de Vassouras (3).
Los años 70 y 80 del siglo XIX, vieron crecer las ciudades de forma explosiva y con ellas la expansión de los sectores medios. No pocos autores coinciden en que el movimiento abolicionista, actuó como catalizador de cierto descontento de grandes sectores de la población.
Las asociaciones abolicionistas, contaban con la participación no sólo de ingenieros y abogados, sino también de operarios, tipógrafos, trabajadores marítimos, ferroviarios, etcétera.
Estos grupos de trabajadores, ligados a las acciones ilegales para la liberación de los esclavos, fueron forjando su incipiente organización que continuaría durante los primeros años de la República, promulgada en 1889.

La secuela de la esclavitud

La esclavitud no era sólo un sistema de explotación del trabajo, como institución social también profería una cosmovisión. Es difícil pensar en la integración a la sociedad brasileña de los antiguos esclavos después de 1888. Poco cambió en el trabajo en las plantaciones luego de declarado el fin de la condición jurídica de propiedad de una persona por otra. Menos cambios sufrieron el prejuicio, la diferenciación racial, la separación social (4).
Parafraseando a Martí, cuando en Nuestra América habla de las continuidades de la colonia en la república, la secuela de la esclavitud siguió viviendo en la república.
En 1930, Carlos Muzio Sáenz Peña, director del diario El Mundo, envía a un joven cronista y escritor a relatar sus vivencias desde Río de Janeiro (5). Después de un mes y medio en la ciudad, Roberto Arlt se percata, y cuenta con sorpresa en sus Aguafuertes Cariocas, que hacía sólo 42 años desde el fin legal de la esclavitud. Tardó en salir de su asombro, quizás el dolor le ganara a su incredulidad. Se debatió ante la posibilidad de entrevistar a algún antiguo esclavo. No se animó.

***

El pasado 18 de abril, luego de la sesión en la Cámara de diputados de Brasil que le dio luz verde al proceso de apartamiento del cargo y juicio político a la presidenta, Dilma Rousseff, Martín Granovsky titulaba una nota de opinión, “El golpe de los esclavócratas”. Ayer, un día antes de la fecha que recuerda esta nota, el senado terminó el trámite y consumó el golpe. Brasil entra en un período de incertidumbres y algunas certezas. Sin apoyar al gobierno del PT, como saben lxs lectorxs de este diario, es evidente la conspiración de los sectores dominantes, herederos de los esclavistas de otras épocas, para avanzar con reformas aún más neoliberales que las del PT. Tiempo, coincidencias, paradojas.

Marisol Ruiz

Notas:

1. Thomas, Hugh, La Trata de esclavos, historia del tráfico de seres humanos, 1440-1870, Barcelona, Ed. Planeta, 1998.
2. Leslie Bethell, “La independencia de Brasil”, en Leslie Bethell Ed., Historia de América Latina, Tomo 5, Barcelona, Cambridge University Press, 2000.
3. Jeffrey D. Needell, “La abolición de la trata de esclavos en Brasil en 1850. Historiografía, acción esclava y el arte del estadista”, en, Carlos Aguirre (coordinador), La abolición de la esclavitud en Hispanoamérica y en Brasil: nuevos aportes y debates historiográficos.
4. Weinstein Barbara, “La decadencia del plantador progresista y el auge del agente subalterno: cambios en las narrativas de la emancipación de los esclavos en el Brasil”, en Carlos Aguirre (coordinador), La abolición de la esclavitud en Hispanoamérica y en Brasil: nuevos aportes y debates historiográficos.
5. Arlt, Roberto, Aguafuertes Cariocas, Bs. As., Adriana Hidalgo Editora, 2013.

Dilma: "No fue un impeachment, fue un golpe"




La presidenta destituida, Dilma Rousseff, habló pasadas las 11 de la mañana en el Palacio del Planalto para los medios de prensa y minutos más tarde lo hizo frente a sus seguidores en la explanada principal.
En ambos discursos Rousseff afirmó que en Brasil no había ningún impeachment sino un golpe. "Nunca imaginé que tendría que luchar de nuevo contra un golpe de estado en mi país" dijo ante la prensa, donde declaró que "este es el resultado de una oposición inconforme" que primero no quiso aceptar el resultado de las elecciones de 2014 y que luego empezó a conspirar para sacarla del poder.
Y luego afirmó que "lo que está en juego no es solo mi mandato sino el respeto de las urnas. A los 54 millones de brasileros y brasileras que me votaron".

No hubo crimen de responsabilidad

En ambos discursos Rousseff aclaró "no cometí ningún crimen de responsabilidad y se ha cometido en mi contra la peor de las brutalidades, la de la injusticia y la de culparme". "Ya sufrí el dolor de la tortura y ahora sufro el dolor de la injusticia".
Ante los seguidores que la esperaban en la explanada del Planalto dijo "Estamos viviendo horas trágicas en nuestro país. La joven democracia brasileña está siendo objeto de un golpe. Y digo que es un golpe porque el impeachment sin crimen de responsabilidad es un golpe. Aquellos que no lograron llegar al poder por el voto del pueblo, los que perdieron las elecciones, ahora tratan de llegar por la fuerza al poder. Este golpe está basado en los motivos más injustificados. En primer lugar porque los actos por los que se me acusan son actos comunes y cotidianos y que fueron realizados por todos los presidentes que me antecedieron".

Temer y Cunha

En sus discursos Dilma hizo menciones al presidente provisional Michel Temer y sobre el ex presidente del Congreso, quién inició el trámite de impeachment, Eduardo Cunha.
En relación al gobierno de Temer dijo "el país queda en manos de un gobierno que no tiene la legitimidad de las urnas y hay que ver cuál es el futuro que va a tener. Un gobierno sin votos, surgido de un golpe, puede verse tentado a reprimir a los que protesten contra él".
En cuanto a Cunha lo señaló directamente como el principal artífice el golpe al declarar que "la persona que le dio inicio a este golpe lo hizo por venganza. Lo hizo porque nosotros nos negamos a darle los votos a él (a Eduardo Cunha) en la comisión de ética (que lo estaba juzgando por sus delitos). Yo no estaba dispuesta a aceptar este chantaje".

De la batalla en las calles a la resistencia por todos los medios legales

Tanto en la conferencia de prensa como en el discurso ante sus seguidores DIlma Rousseff hizo referencia a "las conquistas sociales de los últimos 13 años" y aseguró que éstas son las que se van a poner en juego con el nuevo gobierno.
En medio de gritos de "Fuera Temer", Dilma dijo que "esta victoria depende de todos nosotros. Jamás voy a dejar de luchar".
Al igual que en las últimas semanas, Dilma no llamó a extender la resistencia en las calles, menos aún a enfrentar el golpe con paros y movilizaciones. Llamó a sus seguidores a movilizarse en paz y dijo "estoy dispuesta a resistir por todos los medios legales". Estos medios legales son los que ya pusieron en práctica junto a Lula y el PT tratando de comprar los favores de diputados y senadores o anteponer medidas cautelares ante la justicia, en lugar de llamar a enfrentar el golpe en las calles. Los resultados de estas gestiones están a la vista. Durante la tarde asumirá como presidente provisional el pemedebista Michel Temer.

Juan Andrés Gallardo

jueves, 12 de mayo de 2016

Diferencias en el Frente Amplio en política económica




La senadora Mónica Xavier y el ex ministro Daniel Olesker en representación del Partido Socialista anunciaron en rueda de prensa algunas propuestas para enfrentar la crisis económica y su impacto en las condiciones de vida. Las reacciones no se hicieron esperar y diferentes dirigentes del Frente Amplio, entre ellos los responsables de la política económica que responden a Asamblea Uruguay, salieron a criticar la propuesta.

Las tibias medidas del Partido Socialista

Los planteos presentados por Olesker y Xavier tienen la virtud de reconocer que la política actual del Frente Amplio para enfrentar la desaceleración económica producto de la crisis provoca un empeoramiento en las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo.
Xavier ha dicho que le preocupa el estancamiento en la disminución de la pobreza y el aumento del indice Gini que señala una mayor desigualdad en los ingresos en el año 2015 en comparación con los anteriores.
Ante este panorama los socialistas plantean una serie de medidas que incluyen el aumento del salario mínimo, un adelantamiento de los incrementos salariales para los trabajadores públicos, un sistema de “regulación de precios” y mecanismos que permitan al Estado saber los niveles de ganancia del sector privado.
Como se observa se tratan de planteos que haciéndose eco de la denuncia del PIT-CNT de perdida del salario de los trabajadores, intentan amortiguar su impacto. Las propuestas de subir el magro salario mínimo o adelantar los incrementos previstos para los empleados públicos en todo caso solo lograrán que la pérdida salarial sea más lenta o algo menor pero no cambiará esta situación de manera importante.
El Partido Socialista, uno de los principales integrantes del gobierno del Frente Amplio es incapaz de cuestionar las bases de esta política económica y por lo tanto no dice nada por ejemplo de los casi 700000 uruguayos que ganan unos míseros 15000 pesos, cantidad absolutamente insuficiente para el costo de vida del país. Con sus propuestas de “regulación de precios” acepta implícitamente que hoy en día los empresarios tienen jugosas ganancias pero se declara incapaz de enfrentar esta realidad proponiendo solamente llegar a acuerdos para que las subas de precios en los productos no sean tan escandalosas con pequeñas intervenciones estatales que eviten los “excesos” empresariales.

Las reacciones del Astorismo

Desde el lado de los conductores de la política económica y sus aliados salieron a criticar duramente estas tibias medidas que propone el PS.
El diputado Alfredo Asti consideró que se trata de un planteo inoportuno y señalo que un aumento en los ingresos traería pérdida de fuentes laborales.
El razonamiento del gobierno que constituye a su vez una amenaza velada a los que reclaman por la pérdida del poder adquisitivo es que si se insiste en pedir incrementos salariales la respuesta será la pérdida de empleos ya que lo que el gobierno intenta preservar a toda costa es que el Uruguay continúe siendo una plaza atractiva para que los empresarios hagan grandes negocios. Por lo tanto, la única alternativa que manejan para enfrentar la crisis es que los trabajadores y el pueblo paguen los costos vía menores ingresos o mayor desocupación y al sector empresarial en todo caso solo lo convocan para pedirle que sea cauteloso en exigir mayores ganancias, aunque a su vez les promete nuevos negocios vía PPP o mayor participación privada en distintas áreas económicas.
Tal como señala el diputado Gonzalo Mugica de Asamblea Uruguay el problema de fondo según el gobierno es “la falta de actividad económica” o sea que de lo que se trata es de darle a los empresarios más oportunidades de negocio ( para que de esta manera aumente la actividad económica) y el problema de los aumentos de precios para los conductores de la política económica del gobierno no es por las exorbitantes ganancias de los empresarios (que distintos estudios señalan) sino simplemente por el aumento del tipo de cambio.

Ningún sector del Frente Amplio ofrece una salida para los trabajadores

En definitiva ninguna de las posiciones de los distintos sectores del FA son una alternativa para los trabajadores y el pueblo, ya que, aún con sus pequeñas diferencias, todos comparten la visión más estratégica de hacer buena letra con los empresarios y garantizarles poder hacer negocios en el país.
Como buenos administradores del capitalismo no se plantean una mínima crítica a esta realidad a la que aceptan como natural y de la que no se puede salir y en todo caso simplemente tratan de evitar las aristas más antiobreras y antipopulares de este régimen social.
Tal como sucede con el conjunto de gobiernos de latinoamérica que se dicen progresistas (los gobiernos postneoliberales) cuando las condiciones económicas internacionales son favorables toman alguna medida a favor de los trabajadores pero cuando estas condiciones favorables se revierten descargan la crisis sobre el pueblo rebajando sus condiciones de vida.

Hernán Yanes

La larga depresión y el futuro del capitalismo




Michael Roberts es uno de los autores marxistas con más prolífica elaboración acerca la crisis iniciada en 2007. Animador del blog thenextrecession.wordpress.com, donde discute aspectos teóricos que permiten explicar la crisis y los libros de actualidad sobre el tema y debate con los economistas mainstream, se ha convertido en una referencia indiscutida. A propósito de la inminente salida de su segundo libro La larga depresión, conversamos con él sobre el panorama de la economía mundial.

IdZ: Está por salir tu nuevo libro. En la presentación del mismo se afirma que “la economía global sigue padeciendo una depresión”. Considerando que la mayoría de los analistas de la economía mundial se refiere técnicamente a la Gran Recesión para abarcar el período de 2008/09, seguido por un crecimiento extremadamente débil de la economía mundial, ¿cuáles son los elementos que te llevan a definir la crisis actual como una “depresión”?
En mi libro intento hacer la distinción entre la generalmente llamada “recesión normal”, y una depresión. La producción capitalista no se expande de una manera armoniosa, con crecimiento constante de la inversión, el producto, los ingresos y el empleo. El ciclo de alzas y bajas (cuando la inversión colapsa y el producto y el empleo se contraen) usualmente ocurre cada 8-10 años en las economías modernas. El grado de contracción varía.
Sin embargo, en la historia del capitalismo industrial moderno de los últimos 150 años, hubo unas pocas veces en las que la contracción fue muy profunda y duradera y la “recuperación” posterior es tan débil que las tasas previas de crecimiento en el producto y el empleo nunca se restablecen. Estos períodos son los que defino como “depresiones” en el libro. El capitalismo (y el resto de nosotros) ha sufrido tres de estas depresiones en los últimos 150 años. La depresión de finales del siglo XIX (1873-1890); la Gran Depresión de los años ‘30 (1929-1942) y lo que ahora llamo la Larga Depresión (2008-20??).
Las recesiones ocurren regularmente por lo que yo llamo el ciclo de la rentabilidad. Lo que define si las compañías capitalistas invierten es si esperan realizar ganancias de lo producido o no. Las compañías no invierten ni producen cosas o proveen servicios para satisfacer lo que la gente necesita. Eso es secundario. El capitalismo es un modo de producción orientado a hacer dinero y ganancias. Sin ganancia, no hay inversión, ni por tanto producción. Esto crea una contradicción fundamental en el proceso capitalista de inversión y producción.
Los capitalistas solo pueden obtener ganancias empleando la sangre, el sudor y esfuerzo de los trabajadores que no poseen nada más que su capacidad de trabajar. Y los capitalistas están compitiendo unos contra otros en el mercado para vender los productos o servicios por la máxima ganancia. Esto los fuerza no solo a intentar estrujar los salarios al mínimo y hacer que los asalariados trabajen tanto y tan duro como sea posible. Los capitalistas también intentan introducir máquinas ahorradoras de trabajo que disminuyan la dotación de la fuerza de trabajo al mismo tiempo que incrementan la productividad de los trabajadores remanentes. Los costos por unidad de tiempo se reducen y los capitalistas, con el último grito de la tecnología ahorradora de trabajo, pueden tener mayores ganancias que sus competidores en el mercado.
Pero si todos introducen la misma tecnología, esto significa que la fuerza de trabajo se reduce en relación al valor de la maquinaria que está siendo empleada. Por un lado la productividad de la fuerza de trabajo se está incrementando, pero por otro lado el valor extraído a la fuerza de trabajo tiende a encogerse (relativamente). Por lo tanto hay una tendencia para que la tasa general de ganancia obtenida de los desembolsos en tecnología y fuerza de trabajo caiga. Esta es la contradicción fundamental de la producción capitalista porque esta se realiza con miras a la ganancia, no a las necesidades. Los capitalistas invierten para estimular la ganancia; esto estimula la productividad y la producción, pero pasado un tiempo la rentabilidad sobre el capital invertido empieza a caer. En un cierto punto, más inversión significa menos ganancia y los capitalistas dejan de invertir y ocurre un desplome. Como dije, esto parece ocurrir cada 8-19 años aproximadamente.
Pero más que esto, la tendencia de la tasa de ganancia a caer a medida que se desarrolla el capitalismo a lo largo del mundo eventualmente conduce a una caída de largo plazo. La rentabilidad del capital en las principales economías era mucho más alta en el siglo XIX o a finales de la II Guerra Mundial de lo que es hoy. Esto es un indicador de que el capitalismo tiene una duración limitada en la historia de la organización social de la humanidad. Pero la rentabilidad no cae en línea recta. Hay períodos en los que la rentabilidad del capital aumenta (por más de dos décadas) y luego períodos en los que cae (por más de dos décadas). Una depresión ocurre (cada 50-70 años más o menos) por una conjunción de contradicciones: una reducción gradual en la rentabilidad, disminución en los precios de los productos, el colapso de una burbuja financiera e inmobiliaria; es decir que una serie de cosas confluyen para convertir una recesión en una depresión, como hemos visto desde 2008.
IdZ: ¿Cómo caracterizás el período de crisis de los años ‘70 y la recuperación posterior, que hasta hace poco era convencionalmente definida como la Gran Moderación?
La II Guerra Mundial permitió una masiva destrucción de valor del capital (no solo física como en Europa y Japón) sino también de valor como en los EE. UU., así como un marcado incremento en la tasa de explotación. Como resultado después de la guerra, la tasa de ganancia en EE. UU. y eventualmente en todos los demás lugares era muy elevada, y las nuevas tecnologías desarrolladas durante la guerra junto a la disponibilidad de masiva fuerza de trabajo excedente y crédito de las finanzas del dólar estadounidense sentaron las bases para un largo boom (1946-65). Pero eventualmente la ley de Marx de la rentabilidad comenzó a ejercer su influencia y la tasa de ganancia cayó marcadamente desde 1965, culminando en dos recesiones importantes en 1974/5 y 1980/2. Estos desplomes debilitaron a la clase trabajadora, y crearon la oportunidad para que la clase dominante impusiera las políticas neoliberales de leyes contra el trabajo, recortes de gasto público, bajas de impuestos para las corporaciones, relajamiento de las regulaciones a las finanzas, etc. La rentabilidad aumentó desde comienzos de los ‘80 hasta fines de los ‘90; se extendió la globalización del capital y tuvimos la Gran Moderación. Sin embargo, esto no podía durar, y la ley de Marx comenzó a dominar nuevamente desde fines de los ‘90, conduciendo finalmente a la Gran Recesión, como expliqué antes.
IdZ: En tu blog has planteado como probable una recesión en EE. UU. en 2017. ¿Cuáles son las contradicciones estructurales que observás en la economía estadounidense y qué relación tendrían con un proceso recesivo el año próximo?
Para ser más precavido en el pronóstico (una tarea difícil, algunos dirían imposible), vengo planteando que otra recesión o desplome ocurrirá probablemente en uno o tres años. Digamos que hay una probabilidad de 20 % de ocurrencia en 2016 pero una de 75 % de que haya tenido lugar para 2018. Creo que esto ocurrirá porque la inversión capitalista permanece globalmente demasiado débil para restablecer el crecimiento del producto y del empleo a nivel global. Efectivamente, mes a mes, las agencias internacionales como el FMI o la OCDE o el Banco Mundial, revisan a la baja sus pronósticos para el crecimiento del producto global para el próximo año. Incluso los EE. UU., que logró la mejor recuperación relativa desde la Gran Recesión de 2008/09, está creciendo en términos reales poco más que 2 % al año, comparado con su promedio de largo plazo de 3,3 % al año. Europa a duras penas crece por encima del 1 %, al igual que Japón. China, el gran milagro de crecimiento de los últimos 30 años con crecimiento anual a dos dígitos, está batallando para crecer por arriba del 5-6 % anual, mientras que las otras grandes “economías emergentes” como Brasil, Rusia y Sudáfrica, están en recesión.
El fracaso para recuperarse se debe mayormente a dos contradicciones estructurales. La primera es que la rentabilidad del capital no se restableció a sus niveles previos de antes de la Gran Recesión. E incluso entonces, la rentabilidad de las principales economías estaba en una onda descendente desde el pico de finales de los años ‘90 y ahora está bien por debajo del nivel de rentabilidad alcanzada en la llamada Época dorada del capitalismo de posguerra (1948-1965). Esto mantiene la inversión baja y por tanto el crecimiento de la productividad es muy débil y no hay pleno empleo. El capitalismo puede salir de esta situación de baja productividad solo de una forma: recortando el costo del capital. Pero esto significa cerrar viejas plantas y equipos, dejando que las empresas capitalistas quiebren, barrer sus activos y dejar en la calle a sus trabajadores (en otras palabras, otro desplome).
Segundo, uno de los mayores disparadores o causas de la Gran Recesión fue la gigantesca expansión del crédito y la especulación en bienes raíces e instrumentos financieros antes del crash en 2007/08. Esta fue una respuesta de los capitalistas a la caída en la rentabilidad del capital productivo señalada arriba. Los inversores se volvieron hacia los mayores retornos en la especulación financiera o en lo que Marx llamó el “capital ficticio”, la propiedad en acciones y bonos de una porción de lo que el capital productivo puede tener de ganancia. Cuando los bancos colapsaron porque este capital ficticio resultó ser simplemente eso –ficticio–, los gobiernos tuvieron que intervenir y salvarlos. La alternativa habría sido una recesión aún más profunda. Pero esto significó que los gobiernos debieron emitir más deuda y aumentar los ingresos por impuestos y los recortes en gasto público y provisión de servicios. El capitalismo fue salvado (aunque aún se arrastra) por las fuertes inyecciones de dinero y crédito de los gobiernos y bancos centrales. Como resultado, la deuda total (privada y pública) no cayó globalmente, al contrario, aumentó aún más.
Así que, el capitalismo se encuentra en un estado de baja rentabilidad e inversión, y deuda elevada. Esa es la combinación para la débil recuperación. Todos los intentos de los bancos centrales y gobiernos para poner en marcha las economías han fracasado. La depresión solo puede ser quebrada por otra caída que permita librarse del capital “improductivo” y reduzca la carga de la deuda mediante defaults. ¡Lo peor está por venir!
IdZ: En la recuperación en EE. UU. poscrisis de 2008/09, se observa una divergencia bastante notable entre el desempeño de los servicios (y las finanzas) y la producción industrial. ¿Cómo analizás esa situación?
Sí, en cada una de las economías más desarrolladas, los sectores de los llamados servicios domésticos lo están haciendo mejor que los sectores industriales y manufactureros. Eso es porque los hogares y consumidores todavía pueden pedir prestado a muy bajas tasas de interés y así gastar más aunque el crecimiento salarial sea débil. Eso ayuda a la venta minorista, los servicios, la construcción, sector inmobiliario, etc. Pero el crecimiento del sector manufacturero –que es clave– es muy débil e incluso está cayendo: hay limitada inversión aquí y el comercio mundial se ha estancado. ¿Impulsarán los sectores de servicios al manufacturero o viceversa? Este último es menor como proporción del PBI, pero sin embargo es la fuerza más importante para impulsar la inversión en activos productivos y la productividad. La inversión es lo que importa, no los consumidores yendo a los negocios.
IdZ: ¿Qué opinás del debate sobre el estancamiento secular?
El estancamiento secular es una explicación de la actual Larga Depresión desde el ala keynesiana de la economía mainstream. Esto lo cubrí con gran detalle en varios posteos de mi blog. Se trata de un regreso a la idea de que lo que está mal en el capitalismo ahora es que está sufriendo de una carencia de demanda de bienes y que está atrapado en una “trampa de liquidez”, en la que incluso tasas de interés muy bajas o de cero por ciento no pueden hacer que la economía arranque porque la inversión se mantiene retraída. Los exponentes de esta teoría sostienen que en condiciones de estancamiento secular (de largo plazo), las continuas inyecciones de dinero o tasas de interés bajas solo generarán más burbujas crediticias en el mercado de acciones y no conducirán a ninguna recuperación real. Lo que se necesita es estímulo fiscal e inversiones. Eso es correcto, pero los teóricos del estancamiento secular no explican por qué hay estancamiento (solo ha ocurrido). La razón, como expliqué antes, es la baja rentabilidad y elevada deuda. También estancamiento implica un ritmo bajo y sin fin debido a la baja productividad y el enlentecimiento del crecimiento poblacional. No hay una comprensión del rol de la ganancia y como afecta la inversión en esta teoría.
IdZ: ¿Cómo ves que podría darse una suficiente destrucción de valor de capital que abra las puertas de una verdadera recuperación económica?
Nada es permanente. No existe la crisis permanente en el capitalismo ni en ningún sistema. Yo sostengo que para que el capitalismo salga de esta Larga Depresión tendrá que ocurrir una nueva recesión que permita que se incremente la rentabilidad y disminuya la carga de deuda. Pero entonces los capitalistas podrán empezar a aumentar la inversión, particularmente en las estimulantes nuevas tecnologías como inteligencia artificial, robots, medicina genética, nano tecnología, impresoras 3D, autos sin conductor, etc.
El capitalismo podría ingresar en una onda ascendente de la rentabilidad y el crecimiento que podría durar 20 años. Pero sí, esto solo es posible después de una destrucción de valor de capital de grandes proporciones, no vista desde la II Guerra Mundial (aunque en esta ocasión no sea mediante una guerra). Y esto solo es posible si la clase obrera en las economías capitalistas más importantes no hace nada para reemplazar al sistema capitalista a través de la lucha de clases.
IdZ: ¿Cómo imaginás una destrucción equivalente a la de la guerra, sin guerra? ¿Por qué descartás un escenario de guerra?
Sí, yo creo que es posible que el capitalismo se recupere y logre otra “edad dorada” sin atravesar otra guerra (por supuesto, todos los días hay guerras en todas partes bajo el dominio imperialista). La depresión de fines del siglo XIX terminó sin una guerra, aunque la recuperación en la década de 1890 y posterior estuvo basa en el enfrentamiento entre las potencias imperialistas por colonias que finalmente condujo a la I Guerra Mundial. Pero como ya dije, la actual Larga Depresión no va a terminar sin una nueva recesión como mínimo. Si no hay acción de la clase trabajadora en las economías más ricas, las clases dominantes lograrán revivir sus economías nuevamente sobre las espaldas de los trabajadores.
De todos modos, la rivalidad entre las potencias imperialistas se va a intensificar, con el conflicto con China e India convirtiéndose en la central desde el 2020 en adelante. Pero la clase dominante estadounidense y sus aliados desearían evitar una guerra mundial (no es buena para los negocios), y esta solo podría ocurrir si un régimen fascista o militar llegara al poder en EE. UU., Japón, etc.
IdZ: Un debate importante en los últimos tiempos es cuál es el futuro de China, si va camino a convertirse en una gran potencia o se trata de una economía grande y dinámica pero que continúa siendo dependiente y dominada por el imperialismo. ¿Cómo caracterizarías el lugar que ocupa hoy China en el sistema mundial capitalista, y qué perspectiva le ves? Y, relacionada con ésta, ¿cuál consideras que fue su rol en sostener el crecimiento global desde 2009 hasta hoy?
Vengo discutiendo sobre el rol de China y sobre el imperialismo en general recientemente en mi blog, con comentarios de varios lectores. China ha sido un milagro económico, creciendo más rápido y por más tiempo sostenido que cualquier otra economía en la historia humana, sacando de la extrema pobreza a cientos de millones de personas desde 1949. Es ahora el principal manufacturero global y la segunda economía del mundo en términos de Producto Bruto Interno (pero no en producto per cápita). Esto fue posible gracias a la expropiación de los terratenientes y de los capitalistas lacayos del imperialismo durante la revolución y guerra civil de 1946/9. Una economía que es mayormente de propiedad estatal con un plan nacional de inversiones, se probó como la vía más exitosa que el capitalismo podía tener en China. La apertura de secciones de la economía a la inversión extranjera capitalista, mientras que el Estado se mantuvo como dominante, también sacó la economía adelante desde los años ‘80. Pero un mayor crecimiento se encuentra obstaculizado por un régimen autoritario que no permite reformas democráticas y juega con la idea de moverse completamente hacia la dominación capitalista de la economía con sus líderes como multimillonarios.
El desarrollo de posguerra en China fue el resultado del fracaso (hasta ahora) del imperialismo de lograr el control de la economía china. El Estado y los burócratas del partido todavía dominan la inversión, el empleo y el comercio, para disgusto de los economistas y gobernantes de Occidente. Durante esta Larga Depresión, la economía china que mantiene mayoría de propiedad y control estatal contribuyó con el grueso del crecimiento económico global mientras que las potencias occidentales flaquearon. Pero la debilidad del crecimiento global y la mayor influencia de los funcionarios favorables a las políticas procapitalistas en China condujeron a un gran enlentecimiento que amenaza el progreso futuro de su economía.
IdZ: ¿Considerás que el capital puede lograr nuevas fuentes de mano de obra barata al nivel de lo que fue China? ¿Cuáles?
El capitalismo está siempre buscando nuevas vías para extraer valor de la población trabajadora. La globalización de la fuerza de trabajo bajo el modo de producción capitalista desde 1980 fue un factor poderoso para contrarrestar la caída de la rentabilidad del capital que las grandes economías imperialistas sufrieron en los ‘70. Explotar nuevas fuentes de fuerza de trabajo en Asia, América Latina, África y las economías post-soviéticas fue significativo. Y el ejército de reserva de fuerza de trabajo en campesinos, trabajadores rurales y subempleados urbanos no se encuentra aún agotada. No hay nada como la fuerza de trabajo de China, aunque esta no puede ser utilizada plenamente para la ganancia capitalista de todos modos. Pero aún hay más valor para extraer en India, Burma, Vietnam, Indonesia, Brasil, África, etc. El capitalismo no está muerto aún.

Entrevistaron: Paula Bach y Esteban Mercatante.

Traducción: Esteban Mercatante.