sábado, 25 de julio de 2015

Cuba-EU: un conflicto muy anterior a la Revolución




Es la hora de las celebraciones muy justificadas por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y la reapertura de las respectivas embajadas el ya histórico 20 de julio. De la emoción que millones sentimos al contemplar la bandera de la estrella solitaria proyectarse hacia el cielo de Washington de la mano del canciller Bruno Rodríguez y de tres soldados de la patria.
De no escatimar el reconocimiento al presidente Barak Obama por su valiente ruptura con la rutina agresiva de más de medio siglo y el inicio de un diálogo civilizado con el mayor respeto por la soberanía de Cuba. De proclamar que sin la heroica resistencia del pueblo cubano, el sabio liderazgo de Fidel y Raúl y el reclamo de toda América Latina y el Caribe este desenlace no habría sido posible. De agradecer a los sectores populares, religiosos, intelectuales, políticos y empresariales que tanto han remado contra la corriente en Estados Unidos para llegar hasta aquí. De reconocer a China y Rusia su amistad y solidaridad con Cuba mientras mayor era su poderío y más se consolidaba la multipolaridad; como a todos los gobiernos que han votado en la ONU durante 17 años contra el bloqueo.
Pero también es la hora de no olvidar el contexto histórico que dio lugar a las desavenencias existentes entre ambos países, algunas insuperables mientras en Cuba ondee la bandera del socialismo, que estoy seguro será por todo el futuro previsible. De tener siempre presente que el conflicto entre Cuba y Estados Unidos no inició con la revolución cubana como afirman mendazmente los medios de comunicación hegemónicos y los ideólogos de la contrarrevolución, aunque indudablemente después de 1959 adquirió una intensidad nunca vista.
La evidencia histórica apunta fehacientemente a una aspiración al dominio y a la anexión de la isla por parte de la burguesía de las 13 colonias años antes de la revolución norteamericana(1776). Tanto es así que después de la toma de La Habana por los ingleses(1762), quienes más se opusieron ante Londres a su retirada fueron los grandes negociantes de las colonias del norte, cuya prosperidad dependía mucho del tráfico de ron y melaza abundantes en Cuba y por eso aportaron cientos de hombres a las tropas británicas que invadieron la capital cubana. Esta tendencia se vio delineada a principios del siglo XIX y, sobre todo, a partir de la proclamación de la Doctrina Monroe(1823). Desde entonces, Washington llevó a cabo numerosas acciones dirigidas a la anexión de la isla, que tuvieron su expresión más inequívoca en la intervención militar de 1898, seguida de otra ocupación y un sinnúmero de actos injerencistas que no se detuvieron hasta 1959.
Al darse cuenta que en Cuba había triunfado una verdadera revolución, cuyos líderes, encabezados por Fidel, no estaban dispuestos a renunciar a la independencia y soberanía del país, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con la isla y se embarcó en lo que merece calificarse sin exageración como una guerra no declarada. ¿De qué otra manera puede llamarse a una campaña de cientos de acciones terroristas que duró hasta años recientes, la derrotada invasión de Bahía de Cochinos, numerosos episodios de guerra biológica, planes desestabilizadores que continúan y, por no abundar, al bloqueo, que sigue en pie aunque el presidente Obama lo haya flexibilizado muy discretamente y pedido al Congreso su levantamiento.
Sin este recuento muy sintético no es posible entender la raíz del conflicto bilateral y la naturaleza de ambos contendientes, en que Washington, que sigue siendo expansionista e imperialista ha sido el agresor. El pueblo de Cuba, en cambio, ha actuado siempre en defensa de su derecho a la independencia, la soberanía y la autodeterminación frente a las agresiones del vecino. Actuación mucho más consciente y combativa cuando el gobierno revolucionario comenzó a tomar medidas encaminadas a mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, que necesariamente afectaron intereses de las grandes corporaciones estadunidenses y provocaron una feroz hostilidad de la potencia norteña.
Ello no se debía solamente a los intereses afectados por las medidas revolucionarias sino también al temor de que el ejemplo fuera seguido por otros países en la región que hasta entonces consideró su patio trasero y en la que nunca permitió, ni acepta hasta hoy, reformas que modifiquena sus dictados. Ahí tenemos el ejemplo de la hermana Venezuela.

Ángel Guerra Cabrera
Twitter: @aguerraguerra

Bolivia: Hostia y circo para continuar con el ajuste




Ingenuo sería creer que la visita del Papa a Bolivia fue solo una “visita pastoral”. Más allá de la inversión de dineros públicos para barnizar los lugares por donde pasó el alto jerarca de la Iglesia Católica, el show de la impostura dado por Bergolio y Evo Morales (junto a toda la derecha “unida” en torno a la fe), tiene un claro trasfondo político.
De un lado, la visita papal nos ha dado un panorama general de la impostura del “proceso de cambio” y del Estado “Laico”. Impostura que va más allá del “crucifijo comunista” que el presidente Morales regaló a Bergolio (Jesús crucificado sobre la hoz y el martillo). En 2010 Evo Morales decía: “la iglesia católica es un símbolo de colonialismo europeo y por tanto debe desaparecer de Bolivia”; hoy asegura “tengo Papa” y corre a recibir las hostias y las bendiciones. ¿Qué sucedió? El presidente boliviano no tiene un pelo de tonto, ha gestionado la visita del Papa en medio de un desgaste político que se ha reflejado en las últimas elecciones nacionales, pero también en medio de otra crisis, la crisis internacional que cual nubarrón oscuro se asoma sobre el país. Bolivia ingresa en una nueva etapa económica: acabó la bonanza. Según el Centro de Desarrollo Laboral y Agrario, las ventas externas cayeron en un 26,5% (543 millones de dólares) respecto al año pasado, “se redujo la exportación de gas durante el primer trimestre en un 28,2%, mientras que la exportación minera bajó en un 29%”. No es que las bendiciones de Bergolio vayan a “blindar” al país de la crisis, el gobierno actúa para que la crisis la paguen los trabajadores. Despidos, jubilaciones forzosas, amenazas de cierre de fuentes de trabajo, chantaje a los trabajadores para permitir mayor explotación laboral, son las salidas del “proceso de cambio”. Ya se vienen aplicando los despidos y las jubilaciones forzosas en las estatales Enatex y Huanuni.
Consecuentes con el marketing, tanto Evo como el Papa piden la defensa de la “Madre Tierra”. “Les pido en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra. La casa común de todos está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente” dijo Bergolio, siendo que su visita representa un espaldarazo a la política del gobierno que ha lanzado el decreto 2633 que da vía libre a la exploración petrolera en áreas protegidas, contraviniendo todo el discurso de protección a la “Madre Tierra”, pasando por encima de los derechos de los pueblos indígenas y amenazando con “echar” a las ONG ambientalistas que se oponen a esta medida.
Luego del show continuará el ajuste: los despidos a trabajadores, el ataque a los derechos de los pueblos indígenas, la represión y criminalización de la protesta. La borrachera papal que paralizó al país como entorno a un circo romano terminó, y ni bien el Papa subió al avión para continuar su viaje, el Gobierno “renovado en su fe” protagonizó una dura represión contra manifestantes potosinos que exigen atención a un pliego de 26 puntos y han tomado la empresa minera Manquiri como forma de presión. Porque ambos, Bergolio y Evo ya cumplieron: nos dieron circo y hostias, en un país donde se necesita pan y trabajo.

Raquel Mila Matías

El Vaticano quiere pisar fuerte en América Latina




En base a la figura de un Papa sudamericano, la Iglesia busca consolidar su influencia en la región, en el marco de una mayor intervención internacional. El giro hacia la derecha de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos les permite encontrar una “agenda” común con el Vaticano.

El encuentro de Papa Francisco con las presidentas de Chile y Argentina, y sumando la postergada entrevista con el presidente de Venezuela, mostraron que desde el Vaticano se “juega fuerte” para recuperar la influencia en la región. La gira del Papa por Ecuador, Bolivia y Paraguay en pocas semanas es parte de esta iniciativa por ganar protagonismo y no menos importante, frenar la sangría de fieles de la Iglesia católica.
Como ya hemos analizado en La Izquierda Diario, Francisco I ha utilizado sus gestos, discursos y llamados a “los fieles” buscando recuperar la autoridad del Vaticano y la diplomacia de la “Santa Sede”, en varios casos alineada con la política exterior del gobierno norteamericano, no es una excepción en este intento de restauración. El éxito que significó su gestión en el avance de las relaciones entre Cuba y EEUU, sobre el que hemos realizado una lectura propia desde La Izquierda Diario, y el apoyo al líder palestino Abbas contrastan con la poca efectividad en sus intentos por mediar en las crisis en Medio Oriente o Ucrania, y el revés por la votación a favor del matrimonio igualitario en Irlanda.
La figura del Papa podría obtener en Latinoamérica una efectividad que refuerce su intento por transformar al Vaticano en un actor a escala internacional. El terreno parece propicio, no solo por que el Papa nació en Argentina un hándicap a la hora de intervenir en la política regional, también porque surge una “visión común” a los problemas que tienen que enfrentar los gobiernos de la región en un marcado giro conservador y, en varios casos, enfrentando crisis de legitimidad producto de la aplicación de medidas de ajuste ante el fin del ciclo económico favorable.
Esto se hizo evidente en las declaraciones, de las presidentas de Argentina y Chile, luego del encuentro con el Papa. La reunión con Cristina Fernández de Kirchner oficio de aval, no a la presidenta en sí misma, sino al rol que cumple en la transición política en curso como analizamos en La Izquierda Diario.
En un tono diferente fue el encuentro con la presidenta chilena, Michell Bachelet. Si previamente se veía la cita, en el Vaticano, como una forma de calmar tensiones luego del apoyo de Francisco al reclamo boliviano de salida al mar, la agenda estuvo marcada por los temas que vienen generando crisis al gobierno chileno: la crisis de legitimidad producto de los casos de corrupción y las crecientes movilizaciones estudiantiles. El interés de Francisco por “ayudar en la solución” de estos temas iba acompañado del pedido de un “compromiso por la vida”, léase, que el gobierno chileno de marcha atrás con su proyecto de despenalización del aborto.
Mención aparte merece el frustrado encuentro entre el presidente venezolano y el Papa, por una conveniente otitis de Maduro. La entrevista en el Vaticano generaba más perdida que ganancia para Maduro, ya que hubiera recibido de parte del Francisco un fuerte reclamo por la situación venezolana y en especial por la detención de los dirigentes de la derecha. Esto hubiera sucedido al mismo tiempo que el sector duro de la derecha en ese país recibía el apoyo de varias figuras políticas internacional como el ex presidente español Felipe González. La política del Vaticano parece seguir la línea norteamericana y de un sector de la derecha, presionar y desgastar al gobierno chavista. Maduro no ve con malos ojos recibir la ayuda de la Iglesia ante la crisis venezolana. Pero recibir el reclamo por los presos de la derecha de manos del Papa hubiera significado un revés para el mandatario venezolano.
El acercamiento de los denominados gobiernos “pos neoliberales” y el Vaticano, no es casual. La crisis internacional ha comenzado a repercutir en la región y vemos como los gobiernos de Brasil y Venezuela comienzan a aplicar medidas de ajuste. Al tiempo que las protestas comienzan a configurar un escenario de mayores tensiones sociales, en Argentina el martes asistimos al quinto paro nacional contra el gobierno kirchnerista, hace pocas semanas sucedió lo mismo en Brasil y en Chile el movimiento estudiantil a tomado las calles.
Afrontar esos escenarios de mayor crisis social o de lucha de clases más abierta es la “agenda común” entre los gobiernos y la Iglesia. El recorrido que hará Francisco en el próximo mes, por varios países de la región, buscan apuntalar ese lugar que le permita convertirse en un factor de peso para impedir o limitar la movilización independiente de los trabajadores y el pueblo pobre. De este oficio conoce la milenaria Iglesia católica y el pasado reciente en la región la vio actuar apoyando a las dictaduras y luego a los gobiernos neoliberales.

Diego Sacchi
@sac_diego

miércoles, 22 de julio de 2015

Claves del acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán




El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán, interrumpidas desde la revolución de 1979, está haciendo crujir la estructura geopolítica que dominó el Medio Oriente por casi cuatro décadas.

El 14 de julio, Estados Unidos al frente del llamado G5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania) selló el acuerdo con Irán para limitar su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones económicas impuestas por las potencias occidentales.
Luego de 20 días de negociaciones febriles en Viena, Irán y el G5+1, bajo dirección norteamericana, firmaron el texto del acuerdo para limitar el desarrollo nuclear del país persa al menos durante 15 años. A cambio, las potencias occidentales irán levantando gradualmente las sanciones económicas impuestas sobre Irán.
El llamado Plan de Acción Comprensivo Conjunto viene a coronar un prolongado proceso de casi dos años de negociaciones interrumpidas, de plazos postergados y de diplomacia secreta norteamericana en varios frentes.
Lo central del acuerdo establece que Irán deberá reducir la cantidad de centrifugadoras que le permiten enriquecer uranio -de las 19.000 actuales a 6.000-, no podrá acumular más de 300 kg de uranio enriquecido de los 10.000 que tiene ahora (que serán exportados probablemente a Rusia) y estará sometido durante 15 años a un régimen de inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica.
El acuerdo recién entrará en vigencia una vez que el Consejo de Seguridad de la ONU transforme el texto en una resolución, es decir, le dé jerarquía de documento internacional, y que se cumpla la primera ronda de inspecciones. Es decir, que el levantamiento efectivo y gradual de las sanciones comenzará a regir a dentro de al menos cinco meses, aunque el régimen iraní diga otra cosa.
Por otra parte, sigue en vigencia por otros cinco años el embargo de armas convencionales que pesa sobre Irán, mientras que Estados Unidos continúa armando a Israel (en mayo el Congreso aprobó una venta de armas por U$ 1.900 millones) y Arabia Saudita viene de gastar, solo en 2014, unos 80.000 millones en armamento.
Ambas partes cantaron victoria, tomando la parte del compromiso que más les conviene. Incluso el ministro de exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, lo definió como una “win-win solution”.
Hasta el gobierno argentino, con objetivos mucho más modestos, se entiende, se subió al carro del éxito, tratando de relacionar el memorándum de entendimiento firmado en 2013 con la República Islámica de Irán para el esclarecimiento del atentado de la AMIA, con este giro copernicano de la política de Estados Unidos hacia Irán.
Evaluando el resultado inmediato de las negociaciones, la mayoría de los analistas hace una primera división entre ganadores y perdedores.
En el bando ganador están:
Barack Obama: la firma del acuerdo es quizás, junto con la normalización de las relaciones diplomáticas y económicas con Cuba, el único éxito significativo en política exterior de sus dos presidencias.
Desde el punto de vista doméstico, Obama busca demostrar a la oposición republicana que no es un “pato rengo” y, como expresó en una extensa entrevista concedida al diario The New York Times, espera dejar como legado un cambio de dimensiones similares al acuerdo de Nixon con China o de Reagan con la Unión Soviética. Esto, junto con la mejora de las condiciones económicas, está haciendo que los demócratas empiecen a ilusionarse con ganar las próximas elecciones.

Irán, en particular el presidente Hassan Rouhani: Para la República Islámica significa salir de la condición de paria internacional a la que la condenó el presidente Bush durante 13 años, cuando lo incluyó junto con Corea del Norte e Irak en su famoso “eje del mal”.
El acuerdo le permite legitimar su programa nuclear, que continuará aunque con limitaciones. Las dos alas del régimen –los reformistas en la presidencia y los sectores más conservadores que dirigen el estado a través del líder supremo Alí Khamenei y dominan el aparato militar y la economía, están capitalizando el resultado del acuerdo. Pueden arrogarse haber evitado la humillación nacional que hubiera significado una renuncia lisa y llana al programa nuclear. Este éxito evita por el momento que se profundicen las fracturas internas del régimen.
Desde el punto de vista económico, Irán se librará de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, que en los últimos años ahogaron al país, aumentando las disputas internas y el descontento popular. Estos elementos son suficientes para reforzar su rol de potencia regional frente a sus rivales tradicionales, principalmente Arabia Saudita, y darle nuevo aliento a sus aliados como Hezbollah.
Rusia: su ganancia es doble. Desde el punto de vista geopolítico, a pesar de estar en su peor enfrentamiento con occidente por el conflicto de Ucrania, Rusia ha recuperado juego en la política internacional. Obama consideró positivo no solo su rol en las negociaciones, sino también su disposición a buscar una salida negociada a la crisis en Siria. Además, Putin espera retomar la venta de armas a Irán, según se vayan levantando las sanciones, sino que será el destinatario del uranio enriquecido que Irán no podrá almacenar en su territorio.

En el bando perdedor están:

Arabia Saudita: La monarquía saudita teme que la normalización de las relaciones entre Estados Unidos e Irán ponga en riesgo el rol prioritario que hasta ahora ha jugado para la preservación de los intereses norteamericanos en la región.
Históricamente, Irán ha sido el principal rival de la monarquía saudita. Esta rivalidad se profundizó luego de la revolución de 1979, cuya onda expansiva se hizo sentir en el mundo musulmán. El fortalecimiento regional de Irán como efecto colateral de la invasión norteamericana en Irak y el derrocamiento de Saddam Hussein, y la reactivación del enfrentamiento entre chiitas y sunitas, agudizó las disputas con Arabia Saudita, al punto de que varios analistas hablan de una guerra fría entre Irán y Arabia Saudita que alimenta las guerras civiles desde Siria e Irak hasta Yemen.
El potencial de producción de petróleo y gas de Irán, que se desarrollará como subproducto del levantamiento de las sanciones, le dará la dimensión económica a este conflicto geopolítico.

Israel: Las relaciones entre Obama y el primer ministro israelí, el ultraderechista Benjamin Netanyahu, están seriamente deterioradas, al punto de que Netanyahu actúa abiertamente junto con la oposición republicana en el Congreso contra el acuerdo con Irán. Las dos prioridades del primer ministro israelí son evitar que surja un estado palestino y que Irán se fortalezca como actor de peso regional, menos aún que puede adquirir armamento nuclear, algo que es considerado una amenaza directa a la seguridad del estado de Israel. Junto con los halcones del partido republicano presionó sin éxito para que Estados Unidos adopte una política dura contra Irán, que iba desde hacer más estricto el régimen de sanciones hasta algún tipo de intervención militar. Por eso calificó al acuerdo de “un error histórico”.
Esto no quiere decir de ninguna manera que esté en cuestión la alianza estratégica entre Estados Unidos e Israel, pero sí que la relación será tensa hasta el fin del mandato de Obama, lo que podría llevar a algún cambio táctico en la política histórica hacia Israel.
El Congreso norteamericano: tiene 60 días para discutir el acuerdo. Es altamente probable que la mayoría republicana en ambas cámaras vote en contra. Sin embargo, Obama ya anunció que vetará cualquier resolución del Congreso que ponga en riesgo el acuerdo alcanzado con Irán. En ese caso, los republicanos necesitarían una mayoría de dos tercios para derogar el veto presidencial, algo que está fuera de su alcance. Por lo tanto, aunque usarán el debate en el Congreso como otro argumento para la campaña electoral, y mantendrán vigente la ley de sanciones (que, al igual que el embargo contra Cuba, solo se puede derogar por una ley del Congreso), pero no podrán revertir el curso tomado por la presidencia, al menos hasta el final del mandato de Obama.

Pero una cosa es la foto del acuerdo y otra la película.

El giro pragmático de Obama tiene como objetivo lograr la cooperación del régimen iraní para desescalar conflictos regionales que vienen consumiendo los recursos norteamericanos desde hace más de una década: las guerras civiles en Siria e Irak, resolver la ocupación de Afganistán y derrotar al Estado Islámico.
Después de la derrota de la estrategia militarista y unilateral de Bush y los “neocon” Obama parece estar volviendo al tradicional sistema de equilibrio mutuo entre las diversas potencias del Medio Oriente, que le permita a Estados Unidos reorientar sus recursos diplomáticos y militares hacia la región del Asia Pacífico.
Pero más allá de las declaraciones, la situación también dejó al descubierto los límites del poderío norteamericano. Estados Unidos no pudo controlar a sus aliados tradicionales, principalmente Arabia Saudita e Israel, que persiguen sus intereses a través de alianzas cambiantes y no siempre funcionales a la política norteamericana. Esto abona conflictos y enfrentamientos en el marco de una región aún sumida en la inestabilidad y el caos, con estados al punto de la disgregación y una guerra civil al interior del islam que está lejos de haberse agotado. Por eso, la dimensión verdaderamente histórica del acuerdo aún está por verse.

Claudia Cinatti

martes, 21 de julio de 2015

“Me vinieron a buscar las Fuerzas Conjuntas: hay comida en la heladera”




Una historia de la dictadura uruguaya

Mientras se la llevaban los militares decidió que había que trasmitirle tranquilidad a su marido: escribió el mensaje en un papel y lo dejó sobre la mesa para que lo encontrara al volver. Más de 40 años después, su hijo subió esa pequeña carta a las redes sociales y dio la vuelta al mundo. Infojus Noticias habló con los protagonistas para reconstruir la historia de ese gesto de amor en medio del horror

Graziella Formoso desayunaba y se apuraba para ordenar. Eran las nueve de la mañana y su padre la estaba por pasar a buscar para llevarla de Pando hasta Montevideo, donde cursaba en la facultad de la Agronomía. Ese día, el 9 de julio de 1974, le tocaba la clase de Edafología 2. Su marido Luis había salido más temprano: era fecha patria en Argentina y de eso hablaba la radio que sonaba de fondo.
Graziella recogía sus apuntes para irse a la facultad y Blanquita, la lavandera del barrio, desplegaba la ropa en la calle. Entonces los vio: un grupo de militares se acercaba por la vereda. “Están viniendo para acá”, pensó, mirando la cara aterrada de la lavandera. Y esperó. Los hombres golpearon la puerta y entraron sin mediar palabra. Avanzaron hacia la pieza de entrada donde estaba el juego de comedor, regalo de su mamá. En la mesa había papeles desparramados y un adorno con los versos de “Caminante no hay camino” de Antonio Machado. Eso miraba fijo Graziella cuando se animó a preguntar:
-Ustedes quiénes son.
Eran las Fuerzas Conjuntas, el organismo de la dictadura que abarcaba las Fuerzas Armadas y la Policía. Le preguntaron su nombre. Ella respondió. Le dijeron que tenía que irse con ellos.
-Yo soy el capitán Aguerre.
Graziella pensó en su marido. Sacó una hoja y una lapicera del bolso de la facultad y escribió: “Luis: me vinieron a buscar las fuerzas conjuntas. Hay comida en la heladera”. Tenía 21 años, estaba aterrada pero necesitaba transmitirle tranquilidad. Todo tenía que seguir como siempre.
Graziella no veía nada por la capucha pero en el camión percibió las piernas largas de Adriana, una compañera de la Unión de Juventudes Comunistas (UJC). Viajaron durante 45 minutos por un camino accidentado. Cuando las bajaron se dio cuenta que estaban cerca de una estación de tren. Plantadas frente a una pared blanca, miraban el piso de cemento y escuchaban como alguien corría de acá para allá:
-¡Número! – gritaba uno de los militares.
El mayor Mario Aguerre era el encargado del operativo. El capitán Eduardo Caussi hacía los interrogatorios. Años después Graziella sabría que estaban en un cuartel de San Ramón, al norte del departamento de Canelones y que el jefe allí era teniente coronel Juan Carlos Geymonat.
Eran las 10 y media de la mañana cuando la hicieron pasar a la sala sanitaria donde un médico le preguntó si padecía alguna enfermedad, si tomaba alguna medicación. Después de tomarle los datos y preguntarle por su obra social le dijo:
-¿A quién le avisamos en caso de fallecimiento?
Graziella les dio la dirección de sus padres y la volvieron a subir al camión. Pudo correrse un poco la capucha y allí vio a Adriana y a otra compañera, Alicia. El grupo electrógeno del vehículo, que se encendía y apagaba, la ponía nerviosa.
“Luis y mis padres ya deben saber que me llevaron. La lavandera les tiene que haber contado todo”, se decía para tranquilizarse. Y de golpe se dio cuenta por qué estaba ahí: había participado de unas pintadas para denunciar la muerte de la estudiante Nibia Sabalsagaray, asesinada mientras la torturaban con submarino seco. Recordaba la última vez que la había visto viva. Estaba sentada sobre una mesa junto a un montón de volantes, con una polera amarilla y una falda negra. Sonreía.
La autopsia de Nibia la hizo el entonces médico, Marcos Carámbula, que luego en democracia llegaría a ser intendente de Canelones. Su familia había pedido una autopsia porque los militares decían que se había suicidado. En eso pensaba Graziella todavía arriba del camión.
Allí los días pasaban todos iguales. Las mantenían paradas desde las seis de la mañana hasta las 10 de la noche. Y cada tanto las dejaban ir al baño. Primero interrogaron a Alicia, se quebró y la liberaron. Años después sería la maestra de su primer hijo. A Adriana la llevaron para hacerle submarino y después la encerraron en una celda.
Y le llegó su momento.
El teniente Caussi le preguntó sobre los comunistas.
-Yo fui a un colegio católico. No tengo nada que ver con comunistas- respondió Graziella.
Desde el otro cuarto escuchaba cómo hablaban de los itinerarios de pintadas de militantes de la Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay (FEUU). Allí escuchó los nombres de sus compañeros y el suyo propio. Y se quedó sin aire, como si le estuvieran comprimiendo el pecho. Los habían delatado y esperaban que ella hiciera lo mismo. Se calló la boca.
Le hicieron firmar un papel donde decía que no había recibido malos tratos y se resignó. Sentía que iba a pasar allí mucho tiempo. Así que se impuso una rutina: barrer la celda con una escoba chica, y caminar. En un momento un oficial, de traje impecable, se acercó al agujero de su puerta para preguntarle por qué no comía carne.
-Soy vegetariana
-Si no come, se va morir.
Supo después que era el coronel Geymonat.
El 18 de julio, otra fecha patria, pero esta vez de Uruguay, la volvieron a subir al camión. Grazziela pensó que la llevaban a otro chupadero, pero la bajaron en una esquina de Pando, su ciudad. Estaba libre. No lo podía creer. Lo primero que hizo fue refugiarse en una iglesia y agradecerle a la Virgen.
No quería volver a su casa. Tenía miedo y tampoco tenía plata para pagar el boleto hasta lo de sus padres. Fue hasta la casa de la madre de Adriana y de allí la llevaron a la granja donde se reencontró con su familia. Su cuñado Dámaso y sus padres habían recorrido todo Canelones para encontrarla. Dieron con su paradero porque un militar filtró su nombre.
A Luis, su marido, lo vio recién varios días después.

***
“Después de estas experiencias hay cosas en ti que cambian. Empecé a apreciar la suerte de tener un hogar con Luis, a mis padres, a mi cuñado. Empecé a valorar el poder moverme con libertad, sin cuerdas en las manos y sin capuchas”, dice Graziella a Infojus Noticias.
Tuvo que dejar la facultad porque perdió el semestre. Y empezó a ayudar a sus padres en la granja. Despicaba pollos, los vacunaba, clasificaba los huevos. Luis trabajaba como profesor de matemáticas en un secundario hasta que lo destituyeron en 1976. Antes de eso, volvieron a allanar su hogar dos veces más. Los llevaban a la fuerza de choque de Canelones en vagones de ferrocarril. Allí conoció a otra encapuchada, Jovita Lainez, una argentina que habían detenido en Montevideo. Graziella declaró esto mismo en la Comisión para la Paz creada por el presidente Jorge Batlle (2000-2005).
El matrimonio Rodríguez tuvo la posibilidad de exiliarse en Buenos Aires pero decidieron quedarse en Uruguay porque sus familias necesitaban ayuda.
Con la llegada de la democracia, en 1985, restituyeron en el cargo a Luis, quien falleció de muerte súbita en 1999. Graziella se quedó sola criando a sus hijos Luis Humberto y Pablo. El mayor es psiquiatra y el menor, Pablo, se está por recibir de abogado. Fue él quien, la semana pasada, publicó en Facebook la nota que su madre le dejó a su padre 41 años atrás. Esa cartita la había guardado su abuela en una biblia todos estos años y se la legó como un tesoro cuando falleció. Pablo posteó la nota y se viralizó al instante. En Uruguay, donde una política de Estado para juzgar a los militares y reparar a las víctimas sigue siendo una deuda, esta cartita apareció como una manera de recuperar la memoria.
Después de que falleciera su marido, el secundario donde trabajaba Luis lo homenajeó nombrando una sala con su nombre. Ahora Graziella se dedica al acompañamiento de enfermos, luego de cuidar durante muchos años a su hermano. Conserva poco contacto con sus compañeros de militancia. Y se ha aferrado toda la vida, dice, a la máxima artiguista: “Nada podemos esperar sino de nosotros mismos.”

Ana Fornaro

Noticia de Casapueblos-AEDD

“Grecia es un thriller, China es una película de terror”




A fines de junio, tal vez queriendo llamar la atención sobre lo que estaba pasando en el gigante asiático, inundando todos los titulares con los vaivenes del default griego un periodista australiano ponía este título catastrófico sobre las fuertes caídas bursátiles de la bolsa de Shanghai y Shenzhen.
Este hundimiento, a pesar de los intentos cada vez más desesperados de las autoridades de Pekín por frenarlo, no se ha detenido y comienza a extenderse a otras plazas asiáticas.

Una estampida bursátil que las autoridades no logran aun frenar

Los mercados bursátiles chinos están sufriendo una estampida. El principal índice bursátil se desplomó 32% en menos de un mes después de una nueva caída del 6% el miércoles. Un desastre para las personas que se apresuraron a comprar acciones chinas y el gobierno central, que busca por todos los medios contener la explosión de una burbuja que él mismo ha provocado.
El Gobierno chino ha tomado todo tipo de medidas para intentar contener el hundimiento bursátil. Así, el Banco Central ha recortado tasas de interés, se han suspendido las nuevas salidas a bolsa, se han aligerado las condiciones de financiación para operar (ahora se admiten hasta las casas y las antigüedades como garantía) y los mayores brokers y fondos de inversión se han comprometido a comprar acciones para sostenerla. Dicho de otra manera, una intromisión brutal en los mercados que hasta la sesión del miércoles ha tenido poco éxito. Y de manera tal que la mejor forma de evitar la caída es directamente no cotizar.
A comienzos del miércoles, más de 500 empresas que cotizan en China, anunciaron que iban dejar de hacerlo, lo que eleva el número de suspensiones a casi la mitad de todas las empresas cotizadas en los mercados bursátiles continentales chinos (sin contar Hong Kong).
La mayoría de las suspensiones se han dado en la bolsa de Shenzhen, que está dominada por empresas pequeñas. Estas suspensiones han congelado casi 1,4 billones de dólares en acciones, lo que supone el 21% del total de capitalización chino, y se están convirtiendo en una medida popular con los hundimientos de las últimas semanas. De hecho, si no fuera por las suspensiones, es probable que el 28% que ha caído el Shanghai Composite desde sus máximos del 12 de junio fuera mucho mayor. Desde este punto máximo, después de duplicar su valor en los últimos 18 meses, el total de pérdidas asciende a 3,2 billones de dólares del valor de las acciones chinas, o sea más que la capitalización bursátil de los mercados de valores de Francia y España juntos.

La creación artificial de una burbuja bursátil como respuesta a la desaceleración económica

La ralentización de la actividad interior en China ha conducido a una serie de estímulos monetarios y fiscales que dispararon sus bolsas hacia una “exuberancia irracional”, tan criticada por Pekín frente a la debacle de Wall Street en 2007/8 disparada por la crisis de los subprimes.
Efectivamente, ante los signos evidentes de desaceleración de su actividad económica que asustaron a las autoridades, estas tomaron toda una serie de medidas monetarias y fiscales. Expresión de lo primero fueron las rebajas del coeficiente de caja de la banca –a fin de que pueda prestar más- por parte de su banco central. A nivel fiscal, se tomaron medidas de estímulo para el sobrecalentado sector inmobiliario tales como la rebaja de las aportaciones en efectivo que hay que hacer para comprar la primera (del 30% al 20%) o la segunda y sucesivas viviendas (del 60% al 40%). Recetas muy parecidas a las de todos los bancos centrales para alargar un modelo que no va más, que crean una falsa sensación de seguridad y que permiten que las bolsas se disparen.
Todos los ingredientes estaban allí para hacer inflar la burbuja. El auge del mercado de valores fue controlado artificialmente por Pekín. Las autoridades han manejado la propaganda estatal para arrastrar a un máximo de chinos a la Bolsa. Se alentaron las prácticas de riesgo, como la compra de acciones con fondos prestados, introduciendo importantes dosis de volatilidad.
De repente, la locura bursátil se instaló. Unas muestras: Los volúmenes de negociación se dispararon y llegaron a suponer hasta cuatro veces la media diaria del NYSE. La apertura de nuevas cuentas para operar en bolsa se producía a un ritmo superior al millón… ¡semanal! (1.138.500 en concreto). Dicho de otra manera, casi 8 millones de nuevas cuentas de corretaje se abrieron en el primer trimestre de este año y otros 4 millones solo en la última semana de mayo. Según los datos publicados por Bloomberg, más de las dos terceras partes de los nuevos inversores no asistieron o se graduaron de la escuela secundaria (5,8% no sabe ni leer).
En otras palabras, según esta agencia de información bursátil, los taxistas y los botones (mozos de hotel) están entrando en la fiesta. Fiesta totalmente ficticia, pues el crecimiento de las ganancias de las sociedades cotizadas de este año es de menos del 1 %, mientras que su valor de mercado total se ha duplicado.

Un fuerte desafío a la infalibilidad del PCCH y un fuerte interrogante sobre sus planes expansionistas a nivel internacional

La inmadurez aún del desarrollo de las instituciones capitalistas en China, en especial del mercado de capitales, hacen que aparentemente el riesgo sistémico de las actuales turbulencias bursátiles sea menor comparada con los países capitalistas avanzados.
Así, la capitalización total de su mercado de valores - después de la reciente caída - es el 66 % de la producción nacional. La cifra equivalente en los EE.UU. es de 140 %. Aun así, los bancos y casas de bolsa que han prestado para las operaciones de “margin trading” (una compra de papeles de valor por crédito de banco) podrían encontrarse en problemas si los prestatarios no pueden pagar.
Otra víctima potencial pueden ser las ambiciones de refinanciación de las corporaciones privadas chinas, que deben el equivalente a 125 % del PBI en deudas, según la consultora norteamericana McKinsey. Por su parte, las empresas de propiedad estatal, que representan la mayoría de las sociedades cotizadas, y que frente a las dificultades de sus fuentes usuales de financiación intentaban particularmente obtener capital fresco de un mercado en auge, encuentran que sus planes no van más.
Ya en 2007 se vivió un momento de euforia similar al actual al que siguió una contracción en los doce meses siguientes del 71% de sus principales referencias bursátiles. Y a pesar de la fuerte caída la economía no se deterioró. Por ende, este precedente muestra que la caída actual tendría todavía camino por recorrer.
Pero más allá de esta comparación numérica, las circunstancias son totalmente diferentes. En el último mercado bajista, la economía estaba creciendo a dos dígitos. Ahora se ha reducido a 7% oficialmente (hay economistas que sostienen que en el primer trimestre de 2015 fue menor a 6%). En este marco, Pekín se ve obligado a intervenir para apuntalar su mercado de valores y así evitar las consecuencias políticas, sociales y financieras de un colapso total.
A pesar de los fuertes temores financieros de los últimos días, posiblemente Pekín tenga las herramientas para gestionar un descenso en su volátil mercado de valores, pero cualquier movimiento que haga en el corto plazo para domar el mercado sin una alternativa de inversión fiable, generará la consecuencia a largo plazo de la desaceleración del crecimiento del consumo privado y por lo tanto dificultando su estrategia para reequilibrar la economía en medio de una desaceleración más amplia. Para ver la dificultad hay que recordar que el desarrollo del mercado bursátil fue alentado por las autoridades para responder al exceso de ahorro interno y a la falta de oportunidades de inversión, en especial después de que la burbuja inmobiliaria comenzó a desinflarse.
Por último y con consecuencias más estratégicas, revela fragilidades en la fuente inagotable de capital chino en momentos en que Pekín lanza iniciativas de financiación exterior ambiciosas, como la “Ruta de la Seda”. Este programa que tiene como objetivo impulsar la conectividad y el comercio entre China y 65 países con una población total de 4400 millones, depende de la financiación de las instituciones financieras chinas, como el Fondo Ruta de la Seda, el Banco de Desarrollo de China y el China Ex-Im Bank, todos los cuales recaudan fondos de los mercados de capitales nacionales.
Desde el punto de vista de la estabilidad interna, la preocupación es que si el partido pierde demasiado la cara en su disputa con el “mercado” y fracasa en estabilizar al mismo (y no logra a la vez una fuerte recuperación desde los niveles actuales) puede llevar a una crisis de confianza en el hasta ahora infalible aparato estatal.
Lo que demuestran estos acontecimientos y contra la peregrina creencia en la capacidad infinita de control de la burocracia china –cuestión que ilusoriamente se había reforzado después de la crisis post Lehman frente a la capacidad china de mantener su crecimiento elevado mientras los países centrales estaban en crisis- es que los enormes excesos de sobreacumulación de capital que se evidenciaban por todos los poros de la economía china se pagan. ¡Especialmente cuando, para sostener la economía, se han acometido proyectos -de infraestructuras o urbanos- que han supuesto un consumo de cemento en tres años equivalente al de todo el siglo XX en Estados Unidos!

Juan Chingo
París | @JuanChingoFT

Syriza: el fin de la utopía reformista




El diktat impuesto a Grecia, la traición de Tsipras y la paradoja programática. Los absolutistas del contrato, el FMI, Estados Unidos y Syriza. Krugman, la Plataforma de Izquierda, el drama del euro y el drama del dracma.

La prepotencia alemana, el diktat impuesto a Grecia, la traición de Tsipras y su reconocimiento por la vía de los hechos de la paradoja programática con la que llegó al gobierno, trazaron grietas en todos los frentes. Tsipras había prometido permanecer en el euro, pagar la deuda y combatir la austeridad. En un santiamén, la realidad hizo trizas el espejismo. Traicionando el mandato popular, resolvió –con el voto mayoritario del Parlamento heleno- olvidar el asunto de la austeridad, abocarse al pago de la deuda, permaneciendo en la zona euro a costa de someter a Grecia a un verdadero pacto de coloniaje. Probablemente una nueva quimera –de no mediar una derrota-, aunque claro, sin promesa y sin ilusión. Syriza se había presentado con la ofrenda de tranquilizar a los trabajadores y al pueblo pobre de Grecia, mostrando que “otro capitalismo es posible”. La promesa se diluyó en el aire en cuestión de meses y no es poca cosa.

Absolutistas del contrato

La probabilidad de permanencia de Grecia en el euro –aún con el reciente voto favorable del parlamento alemán- es cómo mínimo dudosa y en el “mejor” de los casos, adoptará tintes crecientemente convulsivos. Un eventual Grexit, por su parte, plantearía una sucesión de dilemas con derivaciones inciertas. Ambas variantes, en la medida en que la primera es impensable sin una derrota de los trabajadores y el pueblo griego y en la medida en que podría, en última instancia, conducir a la segunda, amenazan poner al rojo vivo disyuntivas de alto voltaje tanto de orden económico, como geopolítico y político.
En el primer orden, la vulnerabilidad griega actúa sobre una economía mundial con alta propensión al estancamiento, baja inversión de capital, particularmente lento crecimiento de la productividad en los países centrales, una zona euro asolada por la deuda estatal –como contracara del rescate de los bancos privados-, bajo crecimiento y tendencias deflacionarias. China –contratendencia por antonomasia a la crisis iniciada en 2008- está mostrando un crecimiento debilitado, fuertes tensiones financieras y amenaza convertirse ya sea en un nuevo foco de inestabilidad mundial y/o en un riesgoso competidor por los espacios internacionales de acumulación.
Estados Unidos –que ostenta la mejor situación de todos los países avanzados- se enfrenta a la contradicción de mantener el crecimiento sosteniendo una burbuja de imprevisibles consecuencias o arriesgarse a elevar las tasas de interés con muy esperables efectos contractivos sobre la economía. A la vez, dichas tasas históricamente bajas, hacen imposible que en caso de catástrofe, Norteamérica pueda volver a echar mano al mismo recurso. Es uno de los motivos por los cuales la Fed podría intentar un aumento aún poniendo en riesgo la fortaleza relativa de la economía norteamericana.
Geopolíticamente, Grecia es un punto neurálgico. Frente a las costas de Libia, no sólo es puerta de entrada a Europa del conflicto ardiente de Medio Oriente, sino que una eventual salida de Grecia de la Eurozona podría impulsarla finalmente fuera de la Unión Europea y no está descartado que de la OTAN, arrojándola a los brazos de Rusia y ocasionalmente, de China.
Por último y en términos políticos los trabajadores y el pueblo griego votaron a Syriza y su programa lavado de Salónica, es cierto. Luego de 7 años de caída del PBI que se contrajo en un cuarto, con un 27% de desocupación, una contracción de los salarios reales superior al 20% desde 2011 (OIT), y tras 30 huelgas generales, optaron –con cierta precaución lógica frente al terror a la salida del euro- por la paradoja que ofrecía Tsipras. Pero esa paradoja –aún cuando en lo más mínimo se pretendía anticapitalista- incluía la promesa de acabar con la austeridad, elevando el salario mínimo, aliviando la carga fiscal de las rentas bajas y medias, prometiendo luz gratuita para más de 300.000 mil hogares, creando más de 300.000 puestos de trabajo, recontratando a todos los empleados públicos despedidos, revirtiendo privatizaciones, entre otras muchas medidas. Bien entendido el NO masivo –más fuerte que el voto a Syriza- al plan de austeridad de la Troika en el reciente plebiscito, exigía el cumplimiento de la promesa: permanecer en el euro y rechazar la austeridad. Pero el mandato popular resultó ferozmente traicionado como sucede corrientemente bajo el formato de las democracias burguesas. Tsipras rompió la paradoja y se entregó a los dictados de la Troika, pero los trabajadores y el pueblo griego no rompieron con la ilusión de la paradoja. Alemania, que sufrió una derrota política tras el masivo triunfo del NO griego, convirtió una derrota en triunfo imponiendo su línea a ultranza. Tsipras, por el contrario, transformó el triunfo del NO, en derrota, aceptando la imposición alemana. En cierto modo, Merkel –imponiendo- y Tsipras –aceptando- rinden homenaje a la –a decir verdad, incorrecta- frase de Keynes cuando en 1923 decía que “los absolutistas del contrato son los verdaderos padres de las revoluciones”.

Estados Unidos, el FMI y Syriza

Pero las cosas son aún más complejas. Los tres grupos de contrariedades esbozadas en el punto anterior –y en gran parte la antigua advertencia de Keynes- desvelan a Estados Unidos y su principal operador financiero, el FMI, que viene cumpliendo un rol sistemáticamente macabro. En un primer acto, el organismo dejó correr la presión de la Troika hasta que Tsipras resolvió la convocatoria al plebiscito. Luego, mientras la Unión Europea empujaba la caída de Tsipras -amenazando a la población griega con que un triunfo del NO significaría la salida del euro-, el FMI sacó a luz un documento previo en el que manifestaba que la deuda griega era impagable. Con esta acción, de hecho, avaló a Tsipras y otorgó cierta garantía al voto NO. En un segundo acto, el FMI dejó correr la imposición alemana y horas antes de la aprobación del acuerdo por parte del parlamento griego, reveló otro documento –también ocultado previamente- en el que aseguraba el carácter insostenible del plan impuesto a Tsipras, en ausencia de una reestructuración de deuda. El FMI puso de manifiesto que sólo participará de un acuerdo con Grecia si existe una propuesta seria de reestructuración. De este modo, el organismo -con Washington detrás-, actúa como un cierto sostén de Syriza en el poder, obligando a Tsipras a aceptar las exigencias más brutales y ubicándose luego como “policía bueno” con la exigencia de atemperar la brutalidad alemana y de la UE, buscando “suavizar el contrato”.
Pero las grietas no se manifiestan sólo en el frente imperialista. Revelando una nula influencia en las decisiones de gobierno, el Comité Central de Syriza emitió una declaración mayoritaria en contra del acuerdo. Luego, cinco de sus ministros encabezados por el de energía, Panyotis Lafazanis –líder de la Plataforma de Izquierda del partido- votaron negativamente en el parlamento. Fueron recientemente removidos de sus cargos, siguiendo el camino del renunciante y autodenominado “marxista errático”, Yanis Varoufakis. Tsipras a la vez, completando y reafirmando la zaga de derecha iniciada con la formación de gobierno, nombró nada menos que en el cargo de ministro de seguridad social a un actor cómico miembro del partido nacionalista xenófobo, Anel, integrante de la coalición gubernamental. Los miembros de la Plataforma de Izquierda de Syriza, aún luego de la expulsión de sus cargos y tras la represión a las manifestaciones contra el acuerdo llevadas a cabo por la policía de Syriza, continuaron dentro del partido. Se preparan para una eventual necesidad de recambio.

Progresía económica y Plataforma de Izquierda

El economista norteamericano Paul Krugman, en consonancia con Stiglitz y situándose como “ala izquierda” de Washington –un as en la manga ante el eventual desmadre de la situación, que obligaría o permitiría a Estados Unidos influir más abiertamente-, viene insistiendo en que la crisis griega no tiene solución en la medida en que el país “carece de soberanía monetaria”. Krugman afirma que “la única vía de escape a la pesadilla griega es salir del euro”. Se pregunta si la salida del euro funcionará “tan bien como la devaluación de Islandia en 2008-2009 o el abandono de la paridad entre el peso y el dólar en la Argentina”. Y aunque se responde que “Tal vez no”, insiste en que “incluso si Grecia recibe un alivio significativo de su deuda, abandonar el euro ofrece la única ruta de escape posible para su interminable pesadilla económica”.
En análoga sintonía, Yanis Varoufakis atacando fundamentalmente a Schauble y al eurogrupo y dejando una puerta abierta al FMI, a Hollande e incluso a Merkel, se entusiasma con que en el caso de “arreglar la situación y tener una salida del euro digna, el resultado podría ser otro.” Aunque adelantándose a la eventualidad, asegura que “para gestionar el desplome de una unión monetaria hace falta mucha pericia y no estoy seguro de que en Grecia la tengamos sin ayuda externa”. Varoufakis revela además su rechazada propuesta frente al cierre de los bancos que consistía en “emitir nuestros propios pagarés o anunciar la emisión de nuestra propia liquidez en euros, recortar los bonos griegos de 2012 que tenía el BCE o al menos anunciar nuestra intención de hacerlo, y hacernos con el control de Banco de Grecia.” Por su parte el renunciado Lafazanis, mientras afirma que “la izquierda” perdió “su credibilidad y se arriesga perder su propia alma”, señala que por ahora continuará en las filas de Syriza luchando por “defender los grandes principios y valores y la orientación antimemorando”. No obstante, el dirigente de la Plataforma de Izquierda, con una posición similar a la de Varoufakis, defendería actualmente una política de salida del euro y nacionalización de la banca. Pero, la salida del euro, ¿sería una solución para los trabajadores y el pueblo griego?

El drama del euro y el drama del dracma

En primer lugar y razonado en términos si se quiere “técnicos” o propiamente capitalistas, resulta imposible comparar a Grecia con Argentina y su salida de la convertibilidad tras la crisis del 2001 –y por eso se ataja Krugman, aunque sin mucho detalle-, ignorando las grandes diferencias que las separan. Por un lado, el crecimiento de la economía Argentina tras la devaluación comenzó en 2003, acompañando una fuerte recuperación de la economía mundial. Dicha recuperación se sostuvo en un hecho estructural de magnitud como fue la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio y en el desarrollo concomitante de la burbuja inmobiliaria con epicentro en Estados Unidos tras un abrupto descenso de la tasa de interés. El incremento récord de los precios de las materias primas que acompañó este proceso, favoreció claramente la posición internacional de Argentina como exportadora de materias primas y en particular de soja y productos derivados, que se potenció con la devaluación.
Por el contrario, la situación económica internacional actual se caracteriza por una firme tendencia de largo plazo al estancamiento que no logra revertirse mediante tasas de interés históricamente bajas, con debilitados índices de inversión y productividad. La economía griega no goza, por otra parte, de especiales ventajas comparativas. Su aparato productivo es débil, vive fundamentalmente del turismo y de los astilleros que subsistieron a la crisis y algunas industrias pesqueras, de oliva y algodón. A diferencia de la Argentina que aún bajo condiciones de convertibilidad mantuvo su moneda, Grecia perdió la soberanía monetaria. El proceso de salida del euro -que implicaría reconstruir un sistema monetario en el medio de una profunda crisis nacional- resultaría cualitativamente más traumático que en la Argentina.
Pero incluso si nos abstrajéramos de estas significativas diferencias, los ejemplos de Argentina e Islandia deben ser evaluados en sus efectos sobre los trabajadores y el pueblo pobre. En el caso de Argentina y bajo condiciones internacionales altamente favorables, la devaluación significó una profundización de la recesión y una caída del salario real cercana al 40%. Aún en el marco de la relación de fuerzas establecida por el hecho de que las masas habían volteado al gobierno al grito de “que se vayan todos”, recién cinco años después, esto es en 2007, el salario medio real recuperaba los deteriorados valores del 2001, el año del estallido. Islandia, por su parte, es el ejemplo preferido de Krugman. Ese pequeño país europeo que no pertenecía a la zona euro declaró –en el marco de un proceso de ascenso popular- el no pago de la deuda contraída por los bancos, tras dos referendos nacionales. Sin embargo, el derrotero capitalista de Islandia llevó a devaluar su moneda un 35% contra el euro, para recuperar “competitividad”. Como señala Krugman en su libro Acabad ya con esta crisis, contar con la ventaja de una propia moneda, les facilitó mucho el camino para recuperar la competitividad: se limitaron a dejar caer la corona y, sólo con eso, recortaron los sueldos en un 25% en relación con el euro. Krugman dice también, con pretendida picardía, que “los trabajadores son mucho más reacios a aceptar, digamos, que al final del mes les ingresen en su cuenta una cantidad un 5 por 100 inferior a la que recibían, que no a aceptar un ingreso inalterado, cuyo poder adquisitivo, sin embargo, se ve erosionado por la inflación”. Keynes denominaba ilusión monetaria a esta modalidad de rebajar los salarios, que defendía abiertamente contra los “absolutistas del contrato”…Las propuestas de devaluación con creación de moneda, incluso moneda alternativa como bonos, pagarés, dinero electrónico y otras modalidades por el estilo, tienen por objeto favorecer la competitividad que por supuesto es la de los dueños del capital, en base a la devaluación salarial. Y esto, aún cuando se acompañe de medidas más de “izquierda” como la restructuración o el no pago de la deuda e incluso la nacionalización de los bancos.

La Plataforma de Izquierda de Syriza no sacó ninguna conclusión de la derrota.

Debido al terror que le inspiran las masas movilizadas y a su enfermiza confianza en los organismos internacionales e instituciones del capital, muy probablemente esté preparándose para una nueva traición en caso de que la lucha de clases griega impida la consumación del pacto de coloniaje. No hay solución “técnica” al gran laboratorio político en el que se convirtió la pequeña Grecia. Corrigiendo a Keynes, es el propio capitalismo y no los “absolutistas del contrato”, el verdadero padre de la revolución. No hay salida favorable a los trabajadores y al pueblo pobre en tanto sus direcciones pretendan la pasivización de las masas y continúen postulándose como los redentores del capital. La salida requiere un programa integral de emergencia, decididamente anticapitalista, cuestión que por supuesto no impide sino que implica la exigencia de la más amplia solidaridad a movimientos reformistas de izquierda que como Podemos en España o Die Linke en Alemania, conservan la confianza de amplios sectores de masas. Para la implementación de este programa será condición necesaria la más amplia movilización no sólo de los trabajadores y el pueblo pobre de Grecia sino y, muy en especial, la de los pueblos de Europa y del mundo.

Paula Bach

lunes, 20 de julio de 2015

Nicaragua: Las masas insurreccionadas hicieron historia




La revolución de Nicaragua, en 1979, constituye uno de los procesos más ricos desde el punto de vista insurreccional en todo el continente, verdaderos levantamientos de masas donde, como lo reconociera Humberto Ortega, “fue la guerrilla que sirvió de apoyo a las masas”, y no lo contrario. Los trabajadores urbanos, los obreros agrícolas, los semiproletarios del campo, los campesinos pobres, la pequeña burguesía radicalizada, los estudiantes, etc. hicieron explotar por los aires el viejo Estado somocista, abriendo toda una etapa revolucionaria que rápidamente se extendería a toda Centroamérica entrando en revolución

Así fue la historia…

El estado somocista fue prácticamente una creación del imperialismo norteamericano, presente con sus tropas desde 1911 hasta 1933. Fueron ellos los que crearon el ejército genocida de la Guardia Nacional poniendo a su cabeza a Anastasio Somoza García, quien luego de un golpe militar y ratificado por fraudulentas elecciones, accederá en 1936 a la presidencia de la república, permaneciendo la familia Somoza en el poder durante 45 años.
Pero entrados los ‘60 comenzará a desarrollarse una diferenciación en las filas de la burguesía, por un lado la oligarquía aliada a la dinastía Somoza y por el otro, una burguesía beneficiada por la expansión económica de esos años, centralmente los sectores agro-exportadores, agroindustriales, industriales y de la banca, para quienes el gobierno de los Somoza se hará poco funcional. Por esos años surgirá el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), una organización guerrillera de carácter nacionalista pequeñoburguesa que se propone la caída de Somoza.
Durante la década del 70 una gran agitación del movimiento de masas se plasmará en las importantes huelgas de 1973 y 1974, que serán ferozmente reprimidas. Entre 1975 y 1976 la represión del gobierno será cada vez más cruenta, siendo asesinado el propio fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador. El descontento experimentará un gran empuje a partir de septiembre de 1977. En enero de 1978 es asesinado el famoso periodista Pedro Joaquín Chamorro, dando un viraje a la situación, llevando a la burguesía opositora a desafiar más frontalmente al gobierno. Pero a medida en que el movimiento de masas entraba en acción esta burguesía opositora buscará la conciliación y el compromiso con la dictadura.
En septiembre de ese mismo año, el FSLN, en medio de un aventurerismo lanza una ofensiva militar en diversas ciudades del país. El contraataque de la Guardia Nacional será brutal, desencadenando una masacre con un saldo de 10.000 trabajadores, jóvenes y estudiantes asesinados. Pero este siniestro golpe no doblegará las energías revolucionarias de todo un pueblo que contará con las fuerzas suficientes para redoblar su acción de masas pese a las acciones putschistas de la guerrilla.

La insurrección de las masas y la caída de Somoza

Las huelgas generales, las ocupaciones de tierra, los levantamientos urbanos, anunciaban la entrada en la escena política de las masas contra el régimen somocista en los primeros meses de 1979. El 4 de junio, las organizaciones de masas y el FSLN decretan una huelga general que paraliza a todo el país, dando origen en los días siguientes a insurrecciones que estallan en las ciudades de Chinandega, León, Matagalpa, Estelí, Masaya, Granada y Carazo. Pero lo que dará un giro decisivo a la situación será el movimiento insurreccional espontáneo del 10 de junio en los principales barrios populares de Managua, surgiendo en la capital “zonas liberadas”. Nicaragua está insurreccionada, se abre una crisis revolucionaria sin precedentes, la caída de Somoza está a tiro de fusil.
El imperialismo norteamericano viendo que se le escapa la situación recurre a la OEA para disfrazar una intervención directa con la propuesta del envío de “fuerzas de paz”. No obtiene respaldo internacional. Somoza se aísla cada vez más y sólo recibe el apoyo de las dictaduras latinoamericanas. El imperialismo espera que Somoza golpee ferozmente a los obreros y campesinos, para luego intentar un nuevo régimen burgués sin cambios bruscos. A este trabajo sucio se prestan los gobiernos de Venezuela, México, Costa Rica y Panamá, quienes hicieron lo que estaba a su alcance para evitar que el desarrollo de la guerra civil no rompiera la continuidad institucional. Así, en junio, se prepara la conformación de una Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua (GRNN) que asumiría el control del Estado ante la inminente caída de Somoza. Estaba conformada por dos altos representantes de la burguesía, Violeta Chamorro (la viuda de Pedro Joaquín Chamorro) y Alfonso Robelo Callejas; dos representantes por el FSLN, Daniel Ortega y Moisés Hernán; y actuando como sector centro Sergio Ramírez Mercado, representando a sectores profesionales. Esta Junta había sido reconocida por los gobiernos latinoamericanos antes señalados, y estaba en su plan que un importante sector de la Guardia Nacional tuviera un lugar garantizado en el nuevo régimen fusionándose con las fuerzas guerrilleras del FSLN.
En el curso de la insurrección surgieron milicias populares espontáneamente a partir de los contraataques de la Guardia Nacional, pero luego eran encuadradas por los comandos regulares del FSLN. Las insurrecciones espontáneas, la encarnizada resistencia de la población, los ataques del FSLN hacían retroceder a la Guardia Nacional a tareas de estricta defensa de sus cuarteles y a la defensa del famoso “bunker” de Anastasio Somoza. Por fin Somoza abandona el gobierno, huyendo el 17 de julio, abriéndose la fase final del derrocamiento del régimen.
Tras la huida de Somoza, el diputado somocista, Francisco Urcuyo, según previo acuerdo, según previo acuerdo, debía transferir el poder a la Junta de Gobierno para lograr “un cambio en la continuidad”. Pero se le “ocurrió” llamar a las masas a deponer las armas al mismo tiempo que afirmaba que se quedaría hasta las elecciones de 1981. La revuelta de las masas fue completa. Los trabajadores, la juventud y los milicianos de los barrios populares invadieron el “bunker” de Somoza, repartiéndose las decenas de miles de armas de guerra que recuperaron, alzándose en un combate encarnizado. La Guardia Nacional estalló en pedazos ferozmente derrotada. El 19 de julio, las fuerzas del FSLN entran en la capital e instalan la Junta de Gobierno conformada conjuntamente con el personal de la burguesía opositora. Más de 40 mil muertos y 100 mil heridos fue el saldo de los enfrentamientos en este primer período de la revolución, donde el motor central fueron los obreros urbanos, el proletariado agrícola, el pueblo pobre, los semiproletarios del campo y los campesinos pobres. Como reconociera Humberto Ortega, “fue la guerrilla que sirvió de apoyo a las masas”, y no lo contrario.

Milton D’León
Caracas @MiltonDLeon

domingo, 19 de julio de 2015

La ley de la ferocidad




Cinco años después de la trágica muerte de 12 presos en la Cárcel de Rocha, aún no hay justicia

La catástrofe sucedió en la madrugada del 8 de julio de 2010 en la cuadra 2 de la Cárcel de Rocha, en la que 20 hombres vivían hacinados en una celda que medía 12 metros de largo por 6,80 de ancho y tenía siete ventanas tapadas con nailon y cartón. Esa noche olvidaron desarmar la resistencia que habían construido con un ladrillo refractario para paliar el frío. Sucedió allí lo que podría haber sucedido en cualquier otra cárcel del país, con las mismas condiciones infrahumanas. Pero pasó ahí, en el edificio que se construyó como regimiento de caballería en 1878 y en el que en 2010 estaban recluidas 174 personas donde se suponía que no debería haber más de 60. Esa madrugada, una frazada cayó encima de la resistencia y se prendió fuego. La cuadra ardió. A pesar de los gritos y las llamas, los policías no abrieron a tiempo. Ocho sobrevivieron. 12 murieron quemados; su sangre era color rojo carmín.
El entonces y actual ministro del Interior, Eduardo Bonomi, fue quien habló después del incendio. Aseguró que la Policía, de la que en ese entonces dependía la cárcel de Rocha, no fue responsable de la tragedia, y que su accionar fue el correcto. Dos años después, la jueza letrada Marcela López archivó la causa penal por no encontrar pruebas “convincentes” para atribuir responsabilidades. Pero aún hay familiares que no se rinden. Los padres de Matías Barrios Sosa, Mariela y Mario, aún la pelean, y esperan que la causa civil que tienen contra el Estado les de una “simbólica” indemnización; un mínimo reconocimiento “de que las cosas no estaban funcionando como debían ni se hizo lo que se podía hacer”. A pesar de la catástrofe y las adversidades, cinco años después siguen queriendo justicia: ellos, más que nadie, saben que aquí ya no nace el sol de la patria.

Y ahora miras crecer las flores desde abajo

El origen de la catástrofe es muy anterior a 2010: en setiembre de 2004, el Servicio Paz y Justicia (Serpaj) recorrió la cárcel y concluyó que el recinto violaba “flagrantemente los derechos humanos de las personas privadas de libertad”, que allí no existían mecanismos de rehabilitación alguna, y recomendó cerrar el establecimiento de casi 130 años, que no contaba con habilitación de Bomberos. Serpaj describió las condiciones de las celdas e instalaciones como “pésimas”, “muy oscuras” y con “mal olor” por el hacinamiento: en ese momento había 165 reclusos divididos en cinco módulos para hombres y uno para mujeres. En ésta y otras cárceles era y es común que los presos cuelguen mantas para dividir el espacio en ranchadas, para conseguir un poco de privacidad, y que en invierno utilicen ladrillos de refacción como resistencias para calentar el ambiente.
El Frente Amplio (FA) asumió el gobierno nacional en 2005 tras una campaña de promesas vinculadas al sistema carcelario. Entre ellas, la de “humanizar” los centros penitenciarios. Ese mismo año, el comisionado parlamentario Álvaro Garcé había sugerido “eliminar las caóticas divisorias, en virtud de alto riesgo de incendio” y sustituirlas por materiales “más adecuados”.
En 2009 el relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, Manfred Nowak, recorrió las cárceles uruguayas y concluyó, al igual que Serpaj, que se violan “a gran escala” los derechos humanos, que las condiciones de alojamiento son “infrahumanas” y “un insulto a la dignidad de los reclusos”. Sólo ese año ya habían muerto siete presos por el fuego: dos en enero, en el Penal de Libertad en San José, y cinco en agosto, en el Compen en Montevideo. En todos los casos, la guardia policial llegó demasiado tarde.
En abril de 2010 dos presos de la Cárcel de Rocha presentaron un proyecto a la dirección para hacer un curso de construcción a distancia -mediante un CD costeado por las familias-, para levantar paredes de bloques y eliminar las ranchadas, pero la propuesta no fue aceptada.
Matías Barrios cayó en esa bomba de tiempo porque metió tres porros en un par de bizcochos que le llevó a un amigo preso. Había cumplido dos meses de pena, iba a salir siete días después. Su padre dice: “No era un delincuente, no era un violador, un asesino, un ladrón. No se merecía esto, nosotros no nos merecíamos esto. Tenía toda la vida por delante, estás loco. Morir de esa manera, no. Dejarlo morir como un perro, quemándose”. Ese fue el destino de otros 11 presos: Mario Fernando Martínez Maidana, de 25 años; Raúl Alejandro Gómez Recalde, de 22 años; Antonio Joaquín Cardoso Silvera, de 19 años; José María Pereira Pereira, de 29 años; Jorge Luis Roda Acosta, de 19 años; Delio Alegre, de 49 años; Luis Alfredo Bustelo López, de 40 años; Edison Javier Núñez Casuriaga, de 20 años; Ariel Fernado Cardozo Velázquez, de 25 años; Alejandro Adolfo Rodríguez Cabral, de 25 años, y Julio César da Silva Pereira, de 22 años.

Promesas sobre el bidet

Dos meses después pasó lo evitable y 2.500 presos de distintos puntos del país iniciaron una huelga de hambre en memoria de los 12 muertos, en reclamo de que se mejoren las condiciones de reclusión, y para que los responsables de la seguridad del penal rochense sean llevados ante la Justicia por no haber actuado con celeridad.
A los familiares de las víctimas les tocó perder feo. Cuando la familia Barrios Sosa escuchó al presidente de ese entonces, José Mujica, pedir disculpas en televisión y no recordar que el Estado que él gobernó no fue garante de los derechos de todas las personas, que no aseguró la vida ni integridad de su hijo, sintieron “furia” e “impotencia”. Lo mismo cuando su esposa, la senadora Lucía Topolansky, se excusó de la tragedia diciendo que el período de gobierno “no alcanzó” para revertir una situación que se arrastraba desde hace años, y rematar diciendo: “Ojalá sea el último incidente”.
El 12 de julio la Corte Interamericana de Derechos Humanos envió un comunicado a familiares de las víctimas e hizo “un llamado urgente al Estado para que adopte las medidas necesarias para investigar debidamente estos hechos, y para prevenir su repetición”. Ese mismo día, el Parlamento aprobó la Ley de Emergencia Carcelaria, que inyectó 15 millones de dólares provenientes de Rentas Generales en el sistema penitenciario para la construcción y refacción de centros de reclusión. La ley reconoce que el sistema estaba en una “situación de riesgo y especial vulnerabilidad”, habla del colapso total del sistema eléctrico y sanitario de algunos centros, de hacinamiento generalizado y del desbordamiento de la capacidad material de los recursos humanos. Ese contexto, dice la ley, habilitaba “medidas de urgencia”. Todas cosas que hace rato sabían los familiares de los presos, porque las vivían en carne propia: al momento de lo indecible, la Cárcel de Rocha tenía dos extintores descargados, escaso personal de custodia y ninguna “directiva protocolizada y difundida para enfrentar situaciones de grave emergencia”, según dice el informe del Comisionado Parlamentario.
El diputado de Rocha por el Partido Nacional, José Carlos Cardoso, interpeló a Bonomi el 27 de julio por lo ocurrido en la Cárcel de Rocha: “Las decisiones que tomó el mando fueron determinantes en este hecho”, dijo el diputado. Pero la interpelación, que buscaba identificar responsables y aclarar los hechos, no cumplió con su objetivo. El senador del Partido Colorado Pedro Bordaberry concluyó que “el gran tema del que nadie habló es cómo hacer para evitar que esa población carcelaria siga creciendo. A nuestro juicio, eso se logra trabajando en que no haya niveles tan altos de reincidencia y, sobre todo, menos delincuencia”.

Cenizas quedan

Desde que ocurrió la fatalidad, los familiares de Matías Sosa y otros familiares de víctimas marcharon cada 8 de julio reclamando justicia. La primera vez con cerca de 400 personas, pero año a año fueron testigo de cómo la cantidad de gente fue disminuyendo: “Muchos han venido a decirme que no nos acompañan porque los policías amenazan con moler a palos a los familiares que tienen presos”, aseguró la madre. Ella y su esposo aseguran “de buena fuente” que “hay presiones del Estado en todo sentido; por eso se archivó la causa penal y la fiscal Adriana Rocha, que era la que llevaba el caso, fue trasladada un mes antes de expedirse”.
Tras la catástrofe, el jefe de Policía de Rocha, Alcides Caballero, aseguró que se tomaron algunas medidas para disminuir la población carcelaria: se trasladaron personas hacia Montevideo y Maldonado y la chacra policial local, y se instalaron contenedores como alojamiento provisorio. En diciembre de ese año eran 89 los reclusos en la Cárcel de Rocha. Serpaj visitó la cárcel en octubre de ese año y afirmó que las ranchadas seguían estando y que los métodos para combatir un incendio seguían siendo insuficientes: “Al momento de la visita no se contaba con dos de los extintores incorporados, y los existentes estaban colocados lejos de las cuadras, sin que hubiera ‘medios alternativos': baldes de arena, boca de incendio, mangueras, ni rutas de evacuación debidamente señaladas”, señala el informe que publicaron. Desde el Comisionado Parlamentario también se constató que la situación no había cambiado: “Salvo el pabellón incendiado y el de al lado -clausurados-, el resto sigue funcionado en condiciones similares a las que existían antes. Las ranchadas no han sido eliminadas”. En ese momento, Garcé recordó que “la inmensa mayoría” de los establecimientos penitenciarios no cuenta con habilitación de Bomberos, y que 80% de los presos “se mantienen bajo riesgo elevado de incendio”.
A mediados de 2012 el establecimiento cerró y se trasladó a la chacra policial. Desde julio de 2014 la chacra depende del Instituto Nacional de Rehabilitación, y aún no tiene la habilitación de Bomberos. El 26 de julio de ese año Bonomi dijo que está “abierto a negociar un acuerdo” de indemnización con los familiares de los 12 reclusos.

No pasará

Desde ese maldito 8 de julio, Mariela se despierta pensando en el sueño que “no soñé por las pastillas para dormir”. Está “cansada”. Ya no le “importa que las paredes estén rasgadas”, y dice que si pasa por al lado de un muerto, le “da igual”. Desde el dolor aprendió que “no hay desdicha más grande” que la suya, y le “mortifica saber” que la tragedia “podría haberse evitado”. “Si se abría a tiempo”. Sólo bastaba con hacer las cosas bien. Sólo ellos saben cómo es tragarse “la rabia, la angustia y la impotencia, y reír cuando se puede y no cuando se quiere”. Dice Mario: “Para nosotros, no hay más cumpleaños ni Años Nuevos”. Aunque están más muertos que vivos, “mañana también te levantarás”, saldrás de tu casa y evitarás pasar por las calles que enmarca la tragedia, y esperarás “no cruzarte nunca con las personas que pudiendo, no la impidieron”. Sólo los que lo sufren saben cómo es vivir con la muerte tan trágica de un hijo al hombro. Mario cuenta: “La gente nos pregunta cómo seguimos, y dice: ‘Si a mí me pasa, me muero’. Pero sigues justamente porque no te mueres. Te acuestas a dormir deseando morirte y de repente abres los ojos y estás despierto otra vez”.

La Diaria, Montevideo, 13-7-2015

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Contrarrevolución francofascista: la Guerra Civil española 79 años después




El 17 de julio de 1936 comenzaba el golpe de Estado de los generales autoritarios en Melilla. Este proceder golpista era producto del miedo que la burguesía española tenía a la revolución social que latía en el seno de la clase trabajadora del campo y de la ciudad.

El golpe de Estado no sólo no frenó la revolución social sino que la desencadenó. Que la clase trabajadora no se hubiese podido anticipar a un golpe de Estado que era de conocimiento público sólo se puede entender por la impericia revolucionaria de las dos grandes fracciones del movimiento obrero español, la socialista y la anarcosindicalista. Carentes ambas fracciones de una teoría de la conquista del poder, que les hubiese posibilitado preparar una insurrección de la clase trabajadora para aniquilar de raíz el cantado golpe de estado, fueron a remolque de los hechos. La clase trabajadora tampoco tuvo la ayuda del gobierno republicano ya que este prohibió de forma tajante que se la armase. No obstante, la clase trabajadora española se va a echar a la calle para parar el golpe de estado y, por insólito que parezca, derrotó en buena parte del territorio peninsular a los golpistas sin contar con la dirección política previa de sus organizaciones y sin la ayuda material del gobierno republicano.
La parcial derrota del golpe de Estado va a traer el comienzo de la Revolución social en el campo republicano y la Contrarrevolución fascista en el campo autoritario.
La dinámica de los golpistas de querer evitar la revolución social y la coyuntura europea marcada por el auge del fascismo y del nazismo van a llevarles a la construcción de un Estado fascista. Si bien la derecha mayoritaria ya venía hablando del Estado corporativo desde los tiempos de la Renovación Española de Antonio Goicoechea y de la CEDA de Gil Robles, el Estado fascista no estaba diseñado a priori pero se fue imponiendo de forma natural tanto por el talante autoritario de los militares y de su base social como por la imprescindible ayuda para ganar la guerra que les otorgaron la Alemania nazi y la Italia fascista.
Una serie de casualidades hicieron que Franco se convirtiera en jefe militar y político de las fuerzas golpistas. El asesinato por Guardias de Asalto del nuevo líder político de la derecha Calvo Sotelo, la muerte en accidente de avión del general Sanjurjo cuando se disponía a liderar el golpe militar, la prisión en campo republicano del líder de Falange José Antonio y la concentración de la ayuda nazi y fascista en la persona de Franco, por disponer este del ejército colonial, sin el cual el fracaso del golpe de estado era más que seguro, posibilitó que Franco terminase convirtiéndose en el “Caudillo”, en el jefe del Ejército, del Estado y del Partido.
La ayuda de Hitler y de Mussolini a Franco se materializa en seguida. A finales de julio el dictador nazi ya hizo aprobar la “Operación Fuego Mágico”, a través de ella le llegan a Franco veinte aviones de transporte. También a finales de julio el ministro de Asuntos Exteriores de Mussolini, conde Ciano, responde afirmativamente a la petición de Franco de 12 bombarderos Savoia. Con los aviones de transporte nazis y los nueve bombarderos fascistas que llegaron, tres se extraviaron, Franco puede organizar el imprescindible paso del Estrecho de Gibraltar, tanto por aire como por mar ya que sus bombarderos le impedirán a la flota republicana, gran parte de ella en manos de la República gracias al proceder revolucionario de la marinería, ser actuante. Con el paso del Estrecho empezará verdaderamente la Guerra Civil. Las fuerzas coloniales ocuparán parte de Andalucía y la totalidad de Extremadura y se dirigirán como una flecha a Madrid. Allí, el pueblo de Madrid, las columnas de milicianos y los primeros contingentes de las Brigadas Internacionales pararán en seco a las tropas coloniales.
La Batalla de Madrid supuso un antes y un después. Ella indicó que el golpe de Estado como tal estaba ya completamente fracasado y que rendir al campo republicano de inmediato era una imposibilidad. A raíz de aquí Hitler y Mussolini incrementaron su ayuda. El dictador italiano creó un departamento especial para canalizar la ayuda militar a Franco, el “Ufficio Spagna”. Esta ayuda fue enorme en bombarderos, carros ligeros y miles de soldados, unos 75.000 a lo largo de la guerra, a través del Corpo di Truppe Volontarie. El almirante Canaris, jefe del servicio secreto de información del ejército nazi, le propuso a Franco crear la Legión Cóndor, que llegó con sus aparatos, pilotos y servidores. Así, de la Alemania de Hitler y de la Italia de Mussolini vendrán los bombarderos que permitirán machacar de forma sistemática las ciudades republicanas. Toda esta ayuda posibilitó un hecho totalmente insólito, por primera y única vez en los anales del capitalismo un ejército colonial invadía la metrópoli, asesinaba a sus ciudadanos y bombardeaba sus ciudades. Para Franco este bárbaro proceder estaba justificado porque los regímenes a los que quería emular, la Alemania nazi y la Italia fascista, representaban para él, como afirmó en un discurso en Salamanca, “el baluarte de la cultura, la civilización y el cristianismo en Europa”.
Los autoritarios y fascistas ejercitarán el asesinato clasista y en masa desde el comienzo de su proceder golpista. Ya Mola, el “Director” del golpe, había sentenciado en sus órdenes previas que “la acción ha de ser en extremo violenta, para reducir lo antes posible al enemigo”. La sangría de Badajoz es un claro botón de muestra de esta barbarie teorizada a priori. Pero no solo masacraban a su paso hacia Madrid a trabajadores del campo que habían tenido la osadía de luchar por una real reforma agraria ocupando fincas de terrateniente, sino que en una clara venganza de clase y de género raparon, violaron y asesinaron a cientos de mujeres “rojas”.
Los bombardeos sobre las ciudades del campo republicano no sólo serán constantes a lo largo de toda la guerra sino que se irán haciendo más sistemáticos, más destructivos, más criminales. Al comienzo bombardearon un Madrid completamente indefenso hasta que el 4 de noviembre de aquel primer año de la barbarie francofascista el cielo madrileño vio surcar los primeros aviones de caza soviéticos, los I-15, cariñosamente denominados por el pueblo madrileño como “Chatos”. Mientras los cazas soviéticos fueron superiores técnicamente a los de nazis y fascistas estuvo parcialmente protegido el cielo republicano. Pero esto duró poco, mientras el aumento de la ayuda nazi y fascista era cada vez mayor la ayuda soviética era controlada por Stalin para que se contuviera pero no se derrotara al fascismo. Así, a los bombardeos de Madrid y a la destrucción de Gernika vinieron los bombardeos sistemáticos de Cataluña. Sobre ella las oleadas de bombarderos de la aviación fascista italiana preludiaron los que vendrían en la Segunda Guerra Mundial. Cataluña terminará sufriendo los mayores y más sistemáticos bombardeos de la guerra civil.
Ante la bárbara ayuda que los nazis y fascistas prestaban a Franco las democráticas Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos no sólo no ayudaron al legítimo gobierno de la República sino que impidieron que esta pudiese comprar material bélico, sólo a la URSS de Stalin pudieron recurrir los gobiernos republicanos. Gran Bretaña y Francia creaban el hipócrita Comité de No Intervención que sirvió exclusivamente para impedir el rearme de la República y que la ayuda de nazis y fascistas llegase masivamente a la España de Franco. Por su parte, el gobierno democrático de los EEUU además de no venderle armas a la República permitió que una multinacional suya del petróleo, la Texas Oil Company (Texaco), surtiese a Franco de combustible a crédito abierto. Con este proceder no cabía ni pensar que las democracias fuesen a hacer algún esfuerzo para parar la extensión del fascismo, aunque esta desidia de las democracias liberales posibilitaba el fortalecimiento de la Alemania nazi y, por lo tanto, que comenzase la Segunda Guerra Mundial donde y cuando Hitler quisiese.
Franco sabía muy bien lo que quería, erradicar la semilla de la revolución social de España de una vez para siempre. Para esto tenía que aniquilar a los cuadros políticos de la clase trabajadora –que eran miles–, someter al resto de la clase al Estado y perpetuar en ella el miedo. Con la guerra de desgaste Franco no sólo arrasó al ejército de la República sino que fue aniquilando en el territorio conquistado a todo aquel que por activa o por pasiva se hubiese opuesto al Glorioso Alzamiento Nacional. Primero justificó la barbarie a través de los Bandos de Guerra y después por medio de los Consejos de Guerra. Ambas formas eran una cínica manera de cubrir con aires de legalidad la masacre social ejecutada: la escalofriante cifra de 130.199 asesinatos están hoy ya documentados con nombres y apellidos, y si bien se están descubriendo nuevas fosas miles de víctimas más saldrían a la luz si los asesinos y su progenie no hubiesen destruido la documentación.
Para someter a la clase trabajadora no era suficiente con aniquilar coyunturalmente a sus cuadros y a sus combatientes o militantes directos sino que había que controlarla sindicalmente y aterrorizarla socialmente durante años. Para esto era imprescindible una estructura estatal que no le permitiese a la clase trabajadora ni un resquicio por donde colar su actividad sindical y política, el Estado fascista. La ayuda militar y política de la Alemania nazi y la Italia fascista y la pasividad de las democracias liberales de Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos posibilitó que Franco pudiese ir diseñando su entramado estatal según avanzaba su victoriosa contienda bélica.
Que el Estado fascista en construcción que Franco lideraba no era un mero instrumento pasajero para ganar la guerra lo dejó bien sentado el propio Franco en una carta que le envió a Alfonso XIII, que había donado a los golpistas un millón de pesetas, en la que le avisa que no va a restaurar de inmediato la monarquía. No sólo avisó al desterrado monarca, en julio de 1937, en una entrevista a la United Press, afirma que su Estado “seguirá la estructura de los regímenes totalitarios como Italia y Alemania”. Al poco, en agosto, se promulgan en el BOE los estatutos de la FET y de las JONS, en cuyo artículo 47 se decía que “El Jefe es responsable ante Dios y ante la historia”.
En septiembre de 1936 Franco, por la relación de fuerzas en el generalato golpista, había sido nombrado “Generalísimo” de los ejércitos. Al poco, el 1 de octubre de 1936, era investido ya como Jefe de Estado. Esto le llevó a nombrar su propia Junta Técnica del Estado que sustituía a la Junta de Defensa Nacional que, presidida por el general Cabanellas, había sido una construcción de los generales golpistas y a la que en un primer momento no había pertenecido Franco. El 2 de diciembre de 1937 Franco juraba en el monasterio de Santa María de las Huelgas (Burgos) como Jefe de la FET de las JONS, que genéricamente se conocerá como Falange o Movimiento. Era ya el Comandante en Jefe del Ejército, el Jefe del Estado y el Jefe de Falange, el “Caudillo” militar y político.
Este régimen, denominado el “Nuevo Estado”, formará su primer gobierno oficial el 30 de enero de 1938. El “Nuevo Estado” se irá estructurando paso a paso. El 10 de marzo de 1938 se promulga en el BOE el “Fuero del Trabajo”, en él se encuadraba verticalmente a la clase trabajadora en el Estado y la huelga era declarada un delito de “lesa patria”, lo que venía a ratificar todo lo hecho anteriormente ya que la huelga estaba prohibida con pena de muerte desde los primeros Bandos de Guerra de los golpistas. Los partidos del Frente Popular ya habían quedado prohibidos oficialmente el 11 de enero de 1937 y el 25 de abril ya se había decretado el saludo fascista.
En el año 1939 Franco no sólo contaba con la ayuda directa de la Alemania nazi y la Italia fascista, el 27 de febrero Gran Bretaña y Francia reconocen oficialmente el gobierno francofascista. El mismo día que Franco emite el último parte de guerra, el 1 de abril, los EEUU reconocen su gobierno. Al día siguiente la prensa publica el telegrama de felicitación que el papa Pío XII envía a Franco, “levantando nuestro corazón al Señor, agradecemos sinceramente, con V.E., deseada victoria católica España”, lo que venía a ratificar bien públicamente el apoyo de la Iglesia española a la “Cruzada” del invicto Caudillo.
Terminada la guerra prosiguió la consolidación del Estado fascista a través de las denominadas Leyes Fundamentales y se sistematizó la represión sobre las “hordas marxistas”. Franco dejó bien claro su programa el 17 de julio de 1940 cuando advirtió que “hemos derramado la sangre de nuestros muertos para hacer una Nación y para forjar un imperio”. Esto significaba que la conclusión de la guerra era la continuación de la barbarie.

Antonio Liz
Historiador, Madrid

Cuando las chicas llevaban minifaldas en Afganistán




Hoy en día la imagen que tenemos de Afganistán es la de un país feudal, siniestro y fundamentalista donde la religión islámica ocupa todas las esferas de la sociedad, y donde las mujeres se ven generalmente obligadas a llevar un velo e incluso en muchos casos un burka. Los estadounidenses se han erigido como libertadores de la sociedad afgana tras la guerra de 2001 en la que expulsaron a los talibanes (sus antiguos aliados) de Kabul y lo sustituyeron por el corrupto gobierno actual que, al margen de alinearse geopolíticamente con Occidente, en poco o nada ha cambiado la precaria situación de los afganos.
Pero lo que mucha gente desconoce es que no se trata de un país medieval “per se” que las bombas occidentales hayan mejorado tímidamente, sino de un país en el que hace apenas cuarenta años los ciudadanos disfrutaban de una total secularización de la vida social, y en el que no era extraño ver a jóvenes universitarias paseando en minifalda. Ocurrió en los años setenta durante el gobierno del Partido Democrático Popular de Afganistán, un gobierno izquierdista que llegó a proclamar el Estado laico y la igualdad legal entre hombres y mujeres. Paradójicamente, este gobierno fue depuesto también gracias a la ayuda militar estadounidense, pero en esta ocasión, una ayuda otorgada precisamente a los fundamentalismos islámicos, aquellos que tras su triunfo impusieron la peor de las teocracias. Pero en esos años los islamistas eran presentados en Occidente como héroes libertadores, mientras que el gobierno progresista afgano era la supuesta encarnación del mal.
Afganistán se había independizado de Gran Bretaña en 1919 tras una guerra de liberación, y desde entonces, era un país que había ido aproximándose a su gran vecino del norte. Así, la Unión Soviética se había erigido en aquellos años en el principal socio comercial de Afganistán, y fruto de dichos acuerdos diplomáticos, muchos oficiales afganos habían acudido a escuelas militares rusas, empapándose en ellas de ideología marxista. Además, estos militares observaban como su país era rural y feudal en contraste con la moderna e industrializada URSS, y que dicho atraso afgano era fruto del poder de la religión islámica, la cual mantenía a la población en la ignorancia y en el analfabetismo, y que así mismo impedía un reparto equitativo de la riqueza, ya que ésta se encontraba concentrada sobre todo en manos de los “mullah”, los líderes islámicos. Por ello, no es de extrañar que muchos sectores del ejército afgano fuesen volviéndose socialistas, laicos e incluso comunistas y ateos, provocando que en aquellos años los militares constituyeran el sector más progresista de la sociedad afgana.
Toda esta creciente influencia de corrientes izquierdistas en el ejército, unida a las mayores demandas de modernización y liberación de las clases populares, provoca que el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), de ideología marxista, se convierte en la fuerza política más importante de Afganistán. Así, en abril de 1978, un golpe militar de dichos sectores izquierdistas del ejército y apoyado por la inmensa mayoría de la población urbana y laica, lleva al poder al PDPA, en la conocida como “Revolución de Saur” (Revolución de Abril). El poeta y líder comunista Noor Mohammed Taraki es elegido presidente de la República, y la URSS inmediatamente envío decenas de consejeros para promover el socialismo. En seguida, el nuevo régimen de izquierdas comienza a transformar Afganistán por decreto. Para empezar, redacta una nueva constitución en la que se establece el Estado laico, la enseñanza pública obligatoria y la igualdad entre hombres y mujeres (unos meses incluso antes que en España). Seguidamente, inicia un ambicioso programa social que incluye una reforma agraria para expropiar tierras a los terratenientes y entregarlas a los campesinos, y también una intensa campaña de alfabetización que incluía la instrucción de las mujeres, a las que se animaba a dejar de llevar velos y a las que se incluía en las aulas junto a los hombres. Así, entre 1978 y 1979, Afganistán vivió una auténtica revolución de derechos civiles y sociales, y por sorprendente que parezca, la ciudad de Kabul se llenó de mujeres que vestían alegres minifaldas, y que por primera vez podían acudir a la universidad en plena igualdad con los hombres.
Sin embargo, la política del gobierno de izquierdas encontró la feroz resistencia de las autoridades islámicas, de los terratenientes, y en general, de los sectores más conservadores de la sociedad, que veían al régimen de Kabul como ateo, hereje y contrario a la tradición. Inmediatamente, surgen grupos de “muyahidin” (guerreros islámicos) que comienzan a incendiar escuelas y universidades y a atentar contra ciudadanos de izquierdas. Entonces, dentro de la política estadounidense de la Guerra Fría, los presidentes Jimmy Carter y Ronald Reagan comienzan a enviar ayuda logística y militar a los guerrilleros islamistas, con lo que logran que la rebelión se extienda por gran parte del país y que comience a amenazar al gobierno de Kabul. Ante esta situación, el presidente Taraki pide ayuda a la URSS. El líder soviético Leónidas Breznev se niega inicialmente a las peticiones afganas, pero ante el avance de la rebelión gracias a los dólares estadounidenses y a la creciente inestabilidad del propio gobierno afgano, el politburó decide enviar tropas para auxiliar al régimen de Kabul (acción a la que propagandísticamente los medios de comunicación occidentales llamaron “invasión soviética”, pero que en realidad, venía solicitada desde el propio gobierno afgano ante el avance de los islamistas). Así, durante una década, el país vive una terrible guerra civil entre los leales al gobierno de izquierdas (apoyados por las tropas soviéticas) y los fundamentalistas islámicos (financiados por Estados Unidos). Entonces, el cine bélico occidental creará durante estos años unas cintas con fuerte contenido propagandístico en las que (desde James Bond hasta Rambo) los islamistas son presentados como románticos héroes patrióticos, mientras que se caricaturiza a los izquierdistas afganos como malvados estalinistas dictatoriales.
Finalmente, fruto del sistemático apoyo estadounidense, de la desintegración de la URSS y de la consiguiente salida de las tropas rusas de Afganistán, los rebeldes islamistas finalmente ganan la guerra civil, acabando con el gobierno de izquierdas y destruyendo todo su legado. El último presidente comunista, Mohammed Najibullah, es asesinado y colgado en plena calle por los talibanes cuando éstos entran triunfantes en Kabul. Así, los sectores más progresistas y laicos de la sociedad afgana, que obviamente habían apoyado durante la guerra al bando gubernamental, se vieron obligados a emprender el camino del exilio, y en la actualidad, muchos de ellos aún viven en Rusia. Entonces sobre las ruinas de ese Afganistán arrasado por la guerra y despoblado de sus ciudadanos más formados, los fundamentalistas crean un régimen feudal y teocrático que impone la Sharia, obliga a llevar el burka a las mujeres, realiza ejecuciones públicas, y envuelve a Afganistán en una era de oscuridad y fanatismo, era en la que (con matices) el país aún continúa viviendo hoy en día. Por ello, cuando en la actualidad Estados Unidos se erige como el principal paladín de la lucha contra el yihadismo, debemos denunciar su hipocresía, ya que fueron precisamente ellos los que financiaron al fundamentalismo islámico para que derrocase al gobierno de izquierdas afgano, un gobierno que (apoyado por la URSS) había logrado sacar a Afganistán del atraso, había emancipado a la sociedad de la religión, y bajo cuya legislación, las mujeres podían vestir como quisieran. En resumen: por culpa de la política exterior estadounidense, aquellas alegres minifaldas de los años setenta han quedado hoy en día sepultadas bajo la opacidad de los siniestros burkas. Y es que, aunque Hollywood haya intentado enseñarnos lo contrario, en la guerra civil afgana fueron los rusos los que defendieron la libertad y el progreso, mientras que Reagan, Rambo y Bond, estaban del lado de los reaccionarios, los fundamentalistas y los terroristas.

Miguel Candelas, autor del libro "Cómo gritar Viva España desde la izquierda"
Twitter: @MikiCandelas