lunes, 20 de octubre de 2014

Bolivia, un gran laboratorio político




El éxito de la ‘redistribución’ es episódico, porque no cambia las relaciones de propiedad. El gobierno admite que no avanza la industralización. El sectarismo vacío de la izquierda “antielectoral”. La burocracia conservadora. Las grandes utilidades de empresarios y banqueros.

En las elecciones bolivianas, el MAS sumó apoyos desde el gobierno de CFK hasta el centroizquierda -Unidad Popular y Marea Popular- pasando por el estalinismo y una fracción del maoísmo (el PC y el PCMLN están integrados al gobierno).
Dado el apoyo abrumador que las encuestas anticipaban para Evo Morales, el voto centroizquierdista no se ha fundado en la necesidad de ‘evitar que avance la derecha’, sino en una decidida posición de principios. Nadie discute que la base económica del gobierno indigenista está formada por las grandes petroleras y mineras, y por el gran capital sojero. Esta es la caracterización insoslayable del régimen político boliviano, con total independencia del éxito mayor o menor que él mismo se atribuye en materia de ‘redistribución de ingresos’; aunque es indiscutible que la acumulación de capital se ha incrementado en forma colosal (tasa de beneficio), en un ciclo de crecimiento, relativamente en relación a la fuerza de trabajo.
El éxito de la ‘redistribución’, sin embargo, es siempre episódico, en tanto no cambian las relaciones de propiedad. El gobierno mismo admite que no ha avanzado en la industrialización, en un período de ocho años de crecimiento sin precedentes de los ingresos fiscales. El centroizquierdismo de Argentina, antiguo y moderno, erige al indigenismo como equivalente a una revolución social, cuando es precisamente la revolución social lo que no ha ocurrido. No hay periódico en el mundo que no señale el pacto entre el indigenismo alteño y el hispanismo serrano del capital sojero como uno de los rasgos fundamentales de la actualidad política de Bolivia. Pacto que nace de la renuncia del MAS a implementar la reforma agraria en la nueva carta constitucional y que es acompañada por la cesión casi integral de la renta agraria al capital sojero.

La izquierda

La izquierda llamó al voto nulo o blanco, el cual fue totalmente marginal.
Por un lado, el POR hizo campaña por el voto nulo, como lo hace desde hace 32 años -su última presentación a elecciones fue en 1985-, con el planteo de la "inviabilidad de la democracia burguesa".
El caso del POR es un ejemplo inigualable del vaciamiento conceptual que puede producir el sectarismo autoproclamatorio, porque lo que distingue al momento actual de Bolivia es un fenómeno que los marxistas solamente admitieron como episódico y excepcional: un protagonismo de la masa pequeño burguesa indígena (en especial urbana), con total autonomía respecto de la clase obrera. El MAS disimula su régimen bonapartista personal con la envoltura de la ‘democracia indigenista’, que ha plasmado en el "Estado plurinacional'.

Bonapartismo indio

Desde Prensa Obrera fuimos señalando esta particularidad de la evolución de Bolivia desde el mismo inicio del movimiento que culminó en la insurrección de octubre de 2003. La masa pequeño burguesa indígena vive el bonapartismo indio como una democracia propia, cuya base económica son las arcas fiscales y el comercio informal. Una situación revolucionaria, en Bolivia, solamente podrá tener lugar cuando este fenómeno se haya agotado y cuando en este agotamiento participe en forma vigorosa la vanguardia de la clase obrera sobre la base de un programa. El POR, mientras tanto, sigue esperando ‘la revolución y la dictadura proletarias’ desde la hamaca paraguaya del inmovilismo.
La LOR-CI (PTS) llamó al voto nulo en nombre de la reconstrucción del Instrumento Político de los Trabajadores (IPT) de la COB, que fuera echado a andar por la burocracia sindical hace dos años y que se extinguió a la velocidad del rayo. Se pretendió recrear el PT de Brasil, como herramienta electoral de los sindicatos controlados por la burocracia.
El llamado ‘Instrumento Político’ fue meneado en los debates sindicales durante más de dos décadas, completamente estériles, que oponían unas fracciones a otras. La creación de un ‘instrumento’ se daba en oposición a la tradición sindical de Bolivia, que reivindicaba los programas de Pulacayo (1946) de la Federación Minera y de la COB (1970), que tenían por eje el gobierno obrero y campesino. La propuesta tuvo un avance efímero cuando una fracción conservadora se hizo cargo de la dirección de la COB. La coyuntura parecía propicia por los problemas económicos que tuvo que enfrentar el gobierno en ese momento, y por un ascenso de luchas parciales. En poco tiempo, sin embargo, el MAS sumó a la burocracia a su red de cooptación.

La cuestión del partido obrero

Luego de ‘fundar’ (episódicamente) el IPT, la burocracia de la COB acompañó el levantamiento de la vigorosa huelga general por las pensiones y luego fue artífice del descabezamiento de la dirección combativa de los mineros de Huanuni.
El gobierno del MAS ha tendido fuertes redes de captación en la clase obrera a través de las cooperativas mineras. Se asiste en Bolivia, en definitiva, a la tentativa más profunda, en la historia del país, para marginalizar y atomizar al proletariado.
La cuestión del partido obrero, en Bolivia, debe partir de esta nueva situación histórica de las masas, o sea de una crítica marxista del indigenismo, que ponga en evidencia su carácter de clase, sus limitaciones insalvables y la ficción de la ‘democracia plurinacional’.

Miguel Briante

Artículo de Fidel: La hora del deber




No tardó nuestro país un minuto en dar respuesta a los organismos internacionales ante la solicitud de apoyo para la lucha contra la brutal epidemia desatada en África Occidental.
Es lo que siempre ha hecho nuestro país sin excluir a nadie. Ya el Gobierno había impartido las instrucciones pertinentes para movilizar con urgencia y reforzar al personal médico que prestaba sus servicios en esa región del continente africano. A la demanda de Naciones Unidas se dio igualmente respuesta rápida, como se ha hecho siempre ante una solicitud de cooperación.
Cualquier persona consciente sabe que las decisiones políticas que entrañan riesgos para el personal, altamente calificado, implican un alto nivel de responsabilidad por parte de quienes los exhortan a cumplir una peligrosa tarea. Es incluso más duro todavía que la de enviar soldados a combatir e incluso morir por una causa política justa, quienes también lo hicieron siempre como un deber.
El personal médico que marcha a cualquier punto para salvar vidas, aun a riesgo de perder la suya, es el mayor ejemplo de solidaridad que puede ofrecer el ser humano, sobre todo cuando no está movido por interés material alguno. Sus familiares más allegados también aportan a tal misión una parte de lo más querido y admirado por ellos. Un país curtido por largos años de heroica lucha puede comprender bien lo que aquí se expresa.
Todos comprendemos que al cumplir esta tarea con el máximo de preparación y eficiencia, se estará protegiendo a nuestro pueblo y a los pueblos hermanos del Caribe y América Latina, y evitando que se expanda, ya que lamentablemente se ha introducido y podría extenderse en Estados Unidos, que tantos vínculos personales e intercambios mantiene con el resto del mundo. Gustosamente cooperaremos con el personal norteamericano en esa tarea, y no en búsqueda de la paz entre los dos Estados que han sido adversarios durante tantos años, sino en cualquier caso, por la Paz para el Mundo, un objetivo que puede y debe intentarse.
El lunes 20 de octubre, a solicitud de varios países del área, tendrá lugar una reunión en La Habana con la participación de importantes autoridades de los mismos que han expresado la necesidad de dar los pasos pertinentes para impedir la extensión de la epidemia y combatirla de forma rápida y eficiente.
Los caribeños y latinoamericanos estaremos enviando también un mensaje de aliento y de lucha a los demás pueblos del mundo.
Ha llegado la hora del deber.

Fidel Castro Ruz
Octubre 17 de 2014
9 y 23 p.m.

sábado, 18 de octubre de 2014

Artículo de Fidel: Lo que no podrá olvidarse nunca




Ayer, domingo 12 de octubre, por la mañana, la edición dominical en Internet del The New York Times —órgano de prensa que en determinadas circunstancias traza pautas sobre la línea política más conveniente a los intereses de su país—, publicó un artículo que tituló “Tiempo de Acabar el Embargo a Cuba”; con opiniones de lo que a su juicio, debe seguir el país.
Hay momentos en que tales artículos son suscritos por algún prestigioso periodista, como alguien a quien tuve el privilegio de conocer personalmente en los primeros días de nuestra lucha en la Sierra Maestra con los restos de una fuerza que había sido casi totalmente eliminada por la aviación y el ejército de Batista. Éramos entonces bastante inexpertos; ni siquiera concebíamos que dar esa impresión de fortaleza a la prensa constituía algo que pudiera merecer una crítica.
No era así como pensaba aquel valiente corresponsal de guerra con una historia que le dio nombre en los tiempos difíciles de la lucha contra el fascismo: Herbert Matthews.
Nuestra supuesta capacidad de lucha en febrero de 1957 era un poco menor, pero más que suficiente para desgastar y derrotar al régimen.
Carlos Rafael Rodríguez, dirigente del Partido Socialista Popular, fue testigo de lo que, después de la Batalla del Jigüe ―en que una unidad completa de tropas selectas fue obligada a capitular tras 10 días de combate, expresé sobre mi temor de que las fuerzas del régimen fueran a rendirse en julio de 1958, cuando sus tropas élites se retiraban precipitadamente de la Sierra Maestra, a pesar de estar entrenadas y asesoradas por los vecinos del norte. Habíamos encontrado la forma adecuada para derrotarlas.
Era ineludible extenderme un poco en este punto si deseaba explicar el ánimo con que leí el mencionado ar­tículo del periódico norteamericano el pasado domingo. Citaré sus partes esenciales que irán entre comillas:
“…el Presidente Obama debe sentir angustia al contemplar el lamentable estado de las relaciones bilaterales que su administración ha intentado reparar. Sería sensato que el líder estadounidense reflexione seriamente sobre Cuba, donde un giro de política podría representar un gran triunfo para su gobierno.
“Por primera vez en más de medio siglo, cambios en la opinión pública estadounidense y una serie de reformas en Cuba, han hecho que sea políticamente viable reanudar relaciones diplomáticas y acabar con un embargo insensato. El régimen de los Castro ha usado dicho embargo para excusar sus fallas y ha mantenido a su pueblo bastante aislado del resto del mundo. Obama debe aprovechar la oportunidad para darle fin a una larga era de enemistad, y ayudar a un pueblo que ha sufrido enormemente desde que Washington cortó relaciones diplomáticas en 1961, dos años después de que Fidel Castro llegó al poder.”
“…el deplorable estado de su economía ha obligado a Cuba a implementar reformas. El proceso se ha vuelto más urgente a raíz de la crisis financiera en Venezuela, dado que Caracas le proporciona petróleo subsidiado. Con el temor de que Venezuela tenga que recortar su ayuda, líderes en la isla han tomado pasos importantes para liberalizar y diversificar una economía que históricamente ha tenido controles rígidos.”
“…el gobierno cubano ha comenzado a permitir que sus ciudadanos se empleen en el sector privado y que vendan propiedades como automóviles y casas. En marzo, la Asamblea Nacional de Cuba pasó una ley con el fin de atraer inversión extranjera. (…) En abril, diplomáticos cubanos comenzaron a negociar los términos de un tratado de cooperación que esperan firmar con la Unión Europea. Han asistido a las primeras reuniones preparados, ansiosos y conscientes de que los europeos van a pedir mayores reformas y libertades ciudadanas.
“El gobierno autoritario sigue acosando disidentes, quienes frecuentemente son detenidos por períodos cortos. La Habana no ha explicado la sospechosa muerte del activista político Oswaldo Payá.”
Como puede apreciarse una acusación calumniosa y gratuita.
“El año pasado se flexibilizaron las restricciones de viaje para los cubanos, lo cual permitió que disidentes prominentes viajaran al exterior. En la actualidad, existe un ambiente de mayor tolerancia para aquellos que critican a sus líderes en la isla, pero muchos aún temen las repercusiones de hablar francamente y exigir mayores derechos.
“El proceso de las reformas ha sido lento y ha habido reveses. Pero en conjunto, estos cambios demuestran que Cuba se está preparando para una era post-embargo. El gobierno afirma que reanudaría con gusto las relaciones diplomáticas con Estados Unidos sin condiciones previas.
“Como primer paso, la Casa Blanca debe retirar a Cuba de la lista que mantiene el Departamento de Estado para penalizar países que respaldan grupos terroristas. Actualmente, las únicas otras naciones en la lista son Sudán, Irán y Siria. Cuba fue incluida en 1982 por su apoyo a movimientos rebeldes en América Latina, aunque ese tipo de vínculos ya no existen. Actualmente, el gobierno estadounidense reconoce que La Habana está jugando un papel constructivo en el proceso de paz de Colombia, sirviendo de anfitrión para los diálogos entre el gobierno colombiano y líderes de la guerrilla.
“Las sanciones por parte de Estados Unidos a la isla comenzaron en 1961 con el objetivo de expulsar a Fidel Castro del poder. A través de los años, varios líderes estadounidenses han concluido que el embargo ha sido un fracaso. A pesar de eso, cualquier iniciativa para eliminarlo ha traído consigo el riesgo de enfurecer a miembros del exilio cubano, un grupo electoral que ha sido decisivo en los comicios nacionales. (…) la generación de cubanos que defienden el embargo está desapareciendo. Miembros de las nuevas generaciones tienen distintos puntos de vista, y muchos sienten que el embargo ha sido contraproducente para fomentar un cambio político. Según una reciente encuesta, el 52 por ciento de norteamericanos de origen cubano en Miami piensan que se debe terminar el embargo. Una amplia mayoría quiere que los países vuelvan a tener relaciones diplomáticas, una posición que comparte el electorado norteamericano en general.
“Cuba y Estados Unidos tienen sedes diplomáticas en sus capitales, conocidas como secciones de interés, que desempeñan las funciones de una embajada. Sin embargo, los diplomáticos estadounidenses tienen pocas oportunidades de salir de la capital para interactuar con el pueblo cubano y su acceso a los dirigentes de la isla es muy limitado.
“En 2009, la administración Obama tomó una serie de pasos importantes para flexibilizar el embargo, facilitando el envío de remesas a la isla y autorizando a un mayor número de cubanos radicados en Estados Unidos a viajar a la isla. También creó planes que permitirían ampliar el acceso a telefonía celular e internet en la isla. Aún así, sería posible hacer más. Por ejemplo, se podría eliminar los límites a las remesas, autorizar mecanismos de inversión en las nuevas microempresas cubanas y expandir las oportunidades para norteamericanos que deseen viajar a la isla.
“Washington podría hacer más para respaldar a las empresas norteamericanas que tienen interés en desarrollar el sector de telecomunicaciones en Cuba. Pocas se han atrevido por temor a las posibles repercusiones legales y políticas.
“De no hacerlo, Estados Unidos estaría cediendo el mer­cado cubano a sus rivales. Los presidentes de China y Ru­sia viajaron a Cuba en julio con miras a ampliar vínculos.
“El nivel y envergadura de la relación podría crecer significativamente, dándole a Washington más herramientas pa­ra respaldar reformas democráticas. Es factible que ayu­de a frenar una nueva ola migratoria de cubanos desesperanzados que están viajando a Estados Unidos en balsas.
“Una relación más saludable podría ayudar a resolver el caso de Alan Gross, un experto en desarrollo que lleva casi cinco años detenido en la isla. Más aún, crearía nuevas oportunidades para fortalecer la sociedad civil, con lo cual gradualmente se disminuiría el control que ejerce el estado sobre la vida de los cubanos. Si bien la Casa Blanca puede tomar ciertos pasos unilateralmente, desmantelar el embargo requeriría una acción legislativa en Washington”.
“… varios líderes del hemisferio se reunirán en Ciudad de Panamá con motivo de la séptima Cumbre de las Américas. Varios gobiernos de América Latina insistieron en invitar a Cuba, rompiendo así con la tradición de excluir a la isla por exigencia de Washington.
“Dada la cantidad de crisis a nivel mundial, es posible que la Casa Blanca considere que darle un giro sustancial a su política respecto a Cuba no es una prioridad. Sin embargo, un acercamiento con la isla más poblada del Caribe que incentive el desbloqueo del potencial de los ciudadanos de una de las sociedades más educadas del hemisferio, podría representar un importante legado para la administración. También ayudaría a mejorar las relaciones de Estados Unidos con varios países de América Latina y a impulsar iniciativas regionales que han sufrido como consecuencia del antagonismo entre Washington y La Habana.”
“…a raíz de la invitación a Cuba a la cumbre, la Casa Blanca no ha confirmado si Obama asistirá.
“Tiene que hacerlo. Sería importante que hiciera presencia y lo considerara como una oportunidad para de­sencadenar un logro histórico.”
¡¡¡¡Una de las sociedades más educadas del hemisferio!!!! Eso sí que es un reconocimiento. Pero, por qué no lo dice de una vez, que en nada se parece a la que nos legó Harry S. Truman cuando su aliado y gran saqueador del tesoro público Fulgencio Batista asaltó el poder el 10 de marzo de 1952, a solo 50 días de las elecciones generales. Aquello no podrá olvidarse nunca.
El artículo está escrito, como puede apreciarse, con gran habilidad, buscando el mayor beneficio para la política norteamericana en la compleja situación, cuando los problemas políticos, económicos, financieros y comerciales se acrecientan. A ello se suman los derivados del cambio climático acelerado; la competencia comercial; la velocidad, precisión y poder destructivo de armas que amenazan la supervivencia de la humanidad. Lo que hoy se escribe tiene una connotación muy diferente de lo que divulgaban hace solo 40 años cuando nuestro planeta se veía ya obligado a albergar y abastecer de agua y alimentos al equivalente de la mitad de la población mundial actual. Esto sin mencionar la lucha contra el Ébola que amenaza la salud de millones de personas.
Añádase que dentro de unos días la comunidad mundial expondrá ante Naciones Unidas si está de acuerdo o no con el bloqueo a Cuba.

Fidel Castro Ruz
Octubre 13 de 2014
8 y 30 p.m.

Descubriendo a los Cinco - 16 años es demasiado tiempo!




Esta es la historia de los 5 Cubanos Antiterroristas presos en cárceles de EEUU hace 16 años acusados de conspiración para cometer espionaje, cargo que nunca pudo ser probado ya que los Cinco nunca tuvieron acceso a información clasificada que ponga en peligro a la Nación. Por el contrario, luchaban y monitoreaban las actividades de las mafias terroristas de Miami que planeaban atentados en Cuba y en EEUU. 16 años es demasi

“El gobierno estadounidense ordenó asesinar al Che Guevara”




Entrevista a Michael Steven Smith, coautor de ¿Quién mató al Che?

Este abogado neoyorquino intregra el Centro para los Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro que litiga a favor de los derechos humanos, y escribió junto con Michael Ratner este libro basado en los documentos que obtuvo de la CIA.

La batalla contra la manipulación de la información, el ocultamiento y la falsificación continúa. “Las manos limpias”, ahora se puede comprobar con la documentación apabullante desplegada en ¿Quién mató al Che? (Paidós), de Michael Ratner y Michael Steven Smith, están manchadas de sangre. “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado.” Esta frase de George Orwell ilustra la práctica de la “negación plausible”, una forma de sistematizar la mentira a la que apeló la CIA (Agencia Central de Inteligencia) para desligarse del asesinato del Che Guevara en Bolivia, el 9 de octubre de 1967. La versión inicial de su muerte, tal como la presentaron los militares bolivianos, fue que había muerto en medio de la batalla. Luego se supo que había caído prisionero y había sido fusilado. El presidente Lyndon Johnson afirmó que la orden de matarlo había sido emitida por el alto mando del gobierno boliviano y no por los Estados Unidos. Smith, abogado neoyorquino que integra el Centro para los Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro que litiga a favor de los derechos humanos, plantea que “los documentos incluidos en el libro muestran que el gobierno estadounidense dio la orden directa de asesinar al Che”.
Hace muchos años, Ratner, abogado especializado en derechos humanos y ex presidente del Centro para los Derechos Constitucionales, le solicitó al gobierno estadounidense, en virtud de la Ley de Libertad de Información, todos los documentos sobre el Che Guevara que tienen el FBI, la CIA, el Departamento de Defensa y la Casa Blanca. Luego de algunos años recibió una caja enorme del FBI. Smith y Ratner leyeron juntos todo ese material y en 1997 publicaron El Che Guevara y el FBI: el expediente de la policía política estadounidense sobre el revolucionario latinoamericano. “Cuando menos lo esperábamos, después de diez años, llegó otra vez una enorme caja con más documentos de la CIA, de la Casa Blanca y el Departamento de Defensa –cuenta Smith a Página/12–. Pudimos comprobar que el Che fue asesinado por la CIA con la colaboración de su Estado cliente de Bolivia, la dictadura militar de René Barrientos. En la década del ’60, los líderes del ejército boliviano habían sido entrenados en la Escuela de las Américas en Panamá, sarcásticamente conocida como ‘la escuela de los golpes’.”
La pasión de Smith por demostrar que no fue un crimen común y corriente es quijotesca. “La Revolución Cubana fue una victoria del pueblo al tomar el control de su propia economía; fue el Che Guevara quien escribió la Ley de Reforma Agraria. La tierra en Cuba era mayoritariamente propiedad de las corporaciones estadounidenses. El pueblo de Cuba, conforme al derecho internacional, nacionalizó esas tierras y le ofreció pagarles a los estadounidenses lo que ellos decían que esa tierra valía, según los impuestos que pagaban. Pero los estadounidenses dijeron que no y como propietarios de las refinerías de petróleo se rehusaron a refinar petróleo; entonces el pueblo cubano no tenía energía y esto amenazó la estabilidad de su economía. Por eso el gobierno cubano nacionalizó las refinerías de petróleo, las minas de níquel y las compañías telefónicas y esto fue lo que se convirtió en la Revolución Cubana. El gobierno estadounidense intentó aislar a Cuba y aquellos países de América latina que se resistieron a Estados Unidos pagaron un precio muy alto”, explica este abogado que vive en Nueva York junto a su esposa Debby y su loro hablador Charlie Parker. Smith tenía 25 años aquel 9 de octubre de 1967 en que mataron al Che; estaba cursando Derecho en la Universidad de Wisconsin. “Apoyé y apoyo la Revolución Cubana –afirma–. A diferencia de los partidos comunistas tradicionales que estaban alineados con Moscú, que practicaban la coexistencia pacífica y colaboraban con el imperialismo, el Che era un internacionalista que comprendió que el imperialismo tenía que ser resistido y derrotado. Su ejemplo continúa siendo una inspiración para muchos jóvenes que quieren un mundo mejor.”
–¿Cuál es el precio que pagaron aquellos países de América latina que intentaron resistir las políticas de los Estados Unidos?
–En Bolivia, en 1964, el gobierno democrático de Víctor Paz Estenssoro fue derrocado por el golpe de René Barrientos; luego sufrieron golpes Brasil, Uruguay, Chile y finalmente la Argentina en 1976. El gobierno cubano intentó defenderse al extender la Revolución Cubana. Eso es lo que estaba haciendo el Che en Bolivia. Como los guerrilleros en la Sierra Maestra pudieron derrocar a la dictadura de (Fulgencio) Batista, respaldada por los Estados Unidos, el Che pensó que la Cordillera de los Andes sería la Sierra Maestra de Bolivia y que la revolución se diseminaría a Chile, la Argentina y así sucesivamente. El Che eligió Bolivia porque era el gobierno más inestable de Latinoamérica, con un ejército muy débil que no tenía servicio de inteligencia. La CIA lo estaba buscando hasta que en mayo del ’67, cuando supieron dónde estaba, un agente de la CIA, Gustavo Villoldo, voló a La Paz, donde se encontró con Barrientos y le dijo: “Cuando atrapes al Che, queremos que lo maten”. Barrientos le dio su palabra: “Cuando lo capturemos, vamos a ejecutarlo”. En el contexto histórico de fines de la década del ’60, el asesinato del Che era el gran negocio de la CIA.
–¿Por qué?
–Estados Unidos participó de los asesinatos o intentos de asesinatos de Kim Koo, líder coreano de la oposición; Sukarno, presidente de Indonesia; Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto (1957); José Figueres, presidente de Costa Rica (en los años ’50 y ’60); Patrice Lumumba, primer ministro del Congo, entre otros. También intentó asesinar al Che Guevara anteriormente y por supuesto a Fidel Castro. En 1962, la CIA arregló con Johnny Rosselli, uno de los líderes de la mafia de Chicago, envenenar al Che. Le dieron píldoras de veneno a un contrarrevolucionario cubano que estaba en Miami, pero el intento falló. A Félix Rodríguez, uno de los agentes de la CIA que fue entrevistado por el Congreso estadounidense, se le hizo la siguiente pregunta: “¿Es verdad que intentó asesinar a Fidel Castro con un cigarrillo explosivo?”. Rodríguez respondió: “No, intenté matar a ese hijo de puta con un rifle de alto calibre”. Cuando supieron que el Che estaba en Bolivia, no sólo Gustavo Villoldo se reunió con Barrientos, sino que una cantidad de oficiales de alto rango viajó a Bolivia para arreglar un entrenamiento para los militares bolivianos, de hecho firmaron un documento llamado “Memorándum de entendimiento”, que está incluido en el libro. El contrato requería que Bolivia proporcionara un lugar para entrenar a los soldados y los Estados Unidos tenían que hacer el resto. Viajaron hasta Bolivia 19 boinas verdes con experiencia en contrainsurgencia en Vietnam para entrenar al 2º Batallón de Rangers del Ejército Boliviano, que fue el batallón responsable de rodear y capturar al Che hace 47 años. Rodríguez se regocija de haber dicho que fue él quien encontró al Che. El y Gustavo Villoldo se vistieron con uniformes del ejército boliviano y estuvieron en la búsqueda del Che junto con los soldados bolivianos. Cuando el Che fue herido y desarmado, se lo llevó a una pequeña escuela en el pueblo de La Higuera. Rodríguez intentó interrogarlo, pero el Che no quiso. Al día siguiente, la promesa que Barrientos le había hecho a Villoldo fue ejecutada.
–¿Cómo explica que el gobierno de Estados Unidos nunca admitió públicamente que había asesinado al Che?
–El pretexto que utilizaba era que en el ojo de la opinión pública debían tener las manos limpias y ningún tipo de responsabilidad. No quería que se los conociera como un gobierno que practicaba y ejecutaba asesinatos. Cuando la CIA se estableció por primera vez en 1947, su misión era proporcionar servicios de inteligencia al presidente. Al año siguiente, se convirtió en una organización paramilitar que quebraba la ley, pero tenía que hacerlo en silencio. Desarrollaron un concepto que ellos llamaban “negación plausible”, un término orwelliano. El Comité Church, que intentaba investigar los asesinatos cometidos por la CIA, le preguntó a Richards Helms, que fue líder de la CIA, si alguna vez le dijeron al presidente lo que hacían. Y Helms contestó que no, que nunca, que no querían poner al presidente en una situación embarazosa. Un crimen de guerra, como fue el crimen del Che, no prescribe. A diferencia de otros actos ilegales, no hay límite en el tiempo en que un asesino puede ser enjuiciado; en virtud de la ley el asesino no es el único responsable. También son responsables las personas que ordenaron el asesinato del Che y las personas que lo encubrieron. Si se cumpliera la ley en Estados Unidos, Gustavo Villoldo y Félix Rodríguez serían procesados, enjuiciados y si se los declarara culpables, estarían en prisión. La CIA mantenía en secreto los asesinatos. Ahora justamente no es el caso.
–¿A qué se refiere?
–La CIA abiertamente afirma que asesina a personas que ellos denominan “terroristas”. A veces usan aviones no tripulados para cometer estos asesinatos; hay jóvenes que manejan estos aviones a control remoto en una base que está afuera de Las Vegas, jóvenes que son muy buenos con los videojuegos. Todos los martes el líder de la CIA se encuentra con el presidente (Barack) Obama en la Casa Blanca y revisan una lista de personas que ellos consideran que deben asesinar. Tienen unas tarjetas con el nombre de cada persona, fotografías y una pequeña biografía. Estos encuentros se conocen como “los martes de terror”. Mi organización, el Centro para Derechos Constitucionales, inició un juicio en nombre de Anwar al Awlaki, cuyo hijo adolescente, ciudadano estadounidense de origen musulmán, estaba entre los objetivos de la CIA, pero hasta ese entonces no lo habían encontrado. Iniciamos un juicio para limitar a la CIA y que no mate al hijo, el juez no entendió en esta causa y la CIA asesinó al hijo. Esto muestra qué tan lejos ha llegado los Estados Unidos en la violación del imperio de la ley.
–¿En qué sentido cree que el Che sigue siendo una inspiración?
–El Che permanece vivo en las nuevas políticas de independencia y solidaridad de Latinoamérica. El ejemplo más reciente ocurrió en Ginebra cuando el canciller Héctor Timerman pronunció un discurso en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en el que condenó a los Estados Unidos por su actividad predatoria en cuanto a los fondos buitre. En ese Consejo, 30 de los 35 países respaldaron a la Argentina. El canciller Timerman dijo que es un asunto de derechos humanos porque los fondos buitre están atentando contra las escuelas y los hospitales, que están creando inestabilidad y violencia. Los representantes estadounidenses dijeron que los derechos humanos no tienen nada que ver con la deuda soberana. Tengo una historia muy graciosa para ilustrar la arrogancia estadounidense. La CIA siguió al Che desde que se encontraba en Guatemala, antes de la Revolución Cubana. Cuando abrieron el expediente que se convirtió en el más grande de la historia que tienen en la CIA, lo siguieron de México a Cuba y hasta Bolivia. Cuando estaba en la Sierra Maestra en 1956, la CIA infiltró un agente en el campamento del Che que durmió en la misma carpa donde durmió el Che, y lo observó durante una semana. Tenemos el documento que escribió para la CIA. El informó que el Che tenía mal olor, que fumaba cigarros y que todas las noches les leía libros de literatura a sus hombres y que parecía “bastante inteligente para ser latino”...
–¿Es difícil para usted defender los derechos humanos en Estados Unidos cuando los sucesivos gobiernos de su país han violado sistemáticamente los derechos humanos?
–Sí, es muy difícil. Desde el 11 de septiembre (de 2001), el imperio de la ley ha estado subordinado a las órdenes del presidente como jefe del ejército. Establecieron un área sin ningún tipo de legislación en Guantánamo, donde los hombres que están allí todavía no han sido acusados de ningún crimen ni tampoco se los ha sometido a ningún tipo de juicios. Todos los juicios que el Centro para los Derechos Constitucionales ha iniciado para restaurar el imperio de la ley han sido perdidos. La ironía es que Estados Unidos sigue utilizando la premisa de los derechos humanos y se presenta como el único país del mundo que defiende los derechos humanos, aunque constantemente los está violando. El presidente Obama está inmerso en la séptima guerra en seis años y ninguna de ellas ha sido votada por el Congreso estadounidense, con la posible excepción de la guerra contra Afganistán. Pero las cosas están cambiando...
–¿Qué es lo que está cambiando?
–La teoría de que el capitalismo es el único sistema que puede proporcionar una mejor calidad de vida y que es el único compatible con la democracia no es verdad y cada vez más personas se están dando cuenta de esto. La última prueba es una encuesta de opinión pública, realizada hace tres años por Pew (Pew Research Center), que reveló que el 49 por ciento de los jóvenes menores de 30 años tiene una reacción favorable a la palabra socialismo. Están comenzando a entender que el capitalismo no funciona para ellos. Que funciona para el uno por ciento de la población más rica, pero no para el resto.

Silvina Friera
Página 12

miércoles, 15 de octubre de 2014

Las diez claves del triunfo de Evo




1) Crecimiento económico sostenido. Bolivia ha crecido en estos años al 5% anual promedio, lo que le ha permitido la posibilidad de realizar una política social extendida y una creciente redistribución. El dato de la reducción de la pobreza tiene que ver con dicho crecimiento: la baja de 20% en la pobreza extrema -de 38% a 18%- es un importante fenómeno que ha fortalecido al proyecto de Morales bajo cifras concretas. Una política macroeconómica firme y sostenida ha sido el puntal de la redistribución que vivió el país durante estos años, sin sobresaltos y con previsibilidad.

2) Extensión territorial del triunfo. El MAS ganó 8 de 9 departamentos en esta elección. En la otrora “medialuna” opositora, sólo perdió Beni, conquistando triunfos en Santa Cruz de la Sierra, Tarija y Pando. En 2008, desde esos territorios se planificó su salida del Palacio Quemado. ¿Qué cambió? La confrontación entre Morales y los empresarios de esa parte del país se volvió más difusa: al crecer la hegemonía al proyecto del MAS, estos últimos optaron por “hacer negocios”, intentando comprender la notoria popularidad del presidente, y evitando un perfil político que pueda confrontar con el MAS. Así, perdieron peso político en su propio bastión, lo que llevó al MAS a conseguir resultados inéditos, como el 50% de los votos en Santa Cruz.

3) Estabilidad política. El liderazgo de Evo Morales es el más firme y consolidado del país. Llamó a la oposición luego de su implacable triunfo, para trabajar en conjunto, en una actitud de madurez que no se condice con los ataques que ha recibido de parte de Medina y Quiroga durante la campaña. “No hagamos confrontación, trabajemos juntos por Bolivia”, dijo el presidente desde el balcón del Palacio Quemado. Ocurre que Morales sabe el peso político que ocupa en Bolivia, y su lugar ya ganado como principal referente político y social del país, lo que le permite buscar nuevos apoyos: por ello la Central Obrera Bolivia (COB) respaldó su candidatura luego de años de enfrentar a su gobierno.

4) Dispersión opositora. Samuel Doria Medina y Tuto Quiroga, exponentes de la oposición conservadora al gobierno de Morales, no pudieron unificar una candidatura, lo que llevó a que la diferencia entre el primer y segundo lugar en la elección sea de casi 40 puntos. ¿De haberse unido, hubieran presentado mejores números? Es imposible saberlo, pero sin duda podría haber mostrado más “musculo” en una oposición con poca creatividad para enfrentar a Morales. Quedará ver si ambos actores pueden actuar ahora conjuntamente en el parlamento.

5) Política de nacionalizaciones. Si bien se dió principalmente en 2006, luego de su llegada al Palacio Quemado, la política de nacionalización de hidrocarburos ocupó un papel importante desde lo simbólico y práctico, y contribuyó indudablemente al primer punto del que hacíamos referencia: el crecimiento económico. Evo lo mencionó en el discurso, tras conocerse su triunfo: “Acá había dos programas: la nacionalización, contra la privatización. Y nuevamente ganó la nacionalización”.

6) Políticas sociales extendidas -y no focalizadas-. Mediante el bono Juancito Pinto, la Renta Dignidad, y el Bono Juana Azurduy, inyectó dinero en los sectores más postergados y garantizó una mejor educación en los niños, bajando sensiblemente los niveles de deserción escolar. Cómo en todos los procesos de cambio abiertos en América Latina, la oposición no ha podido confrontar con estas importantes políticas sociales, que no sólo han beneficiado a los más jóvenes, sino también a los ancianos.

7) Relaciones internacionales. Evo Morales lo dijo y repitió numerosas veces a lo largo de la campaña presidencial: “Sin Embajada de Estados Unidos estamos mejor”. Sin embargo, más allá del discurso antiimperialista que sin duda es marca de su liderazgo, buscó relaciones con otros importantes polos de poder a nivel internacional, como Rusia y China. Así, bajo su presidencia, Bolivia logró conducir el G77 + China, poderoso bloque de países emergentes en el marco de la Organización de Naciones Unidas. La cumbre del G77 + China, realizada en Santa Cruz a mediados de este año, lo mostró como anfitrión de un mega-evento internacional impensado para Bolivia décadas atrás, elevando su popularidad interna.

8) Papel de Bolivia en América Latina. Morales repitió reiteradamente su búsqueda de que Bolivia sea el “centro energético de Sudamérica”. Más allá de esa pretensión específica, que se condice con las cuantiosas reservas de gas y litio que tiene el país, Evo se ha ganado un lugar entre sus pares, que lo reconocen como una importante voz en las herramientas de integración autónomas que se ha dado la región, como ALBA, Unasur, CELAC, y Mercosur -donde Bolivia ingresará como miembro pleno en diciembre próximo-. No por nada, quienes primero lo felicitaron fueron precisamente Cristina Fernández, José Mujica, Nicolás Maduro, Raúl Castro, Daniel Ortega y Salvador Sánchez Cerén.

9) Nueva generación militante. Bajo el nombre de “Generación Evo”, una nueva generación de militantes del MAS ha participado por primera vez en esta campaña electoral, disputado lugares en el parlamento, y mostrando una renovación política dentro del oficialismo. Durante una entrevista con la CNN en la ONU, el propio Morales se refirió a estos jóvenes, marcando la importancia que tendrán en el futuro del proceso de cambio abierto en Bolivia desde la elección de fines de 2005, que consagró el primer gobierno del MAS.

10) Hegemonía cultural. El MAS también ganó el “debate cultural” sobre lo que fueron los primeros dos gobiernos, que modificaron trascendentalmente la historia reciente de Bolivia, signada por largos procesos neoliberales previos. Allí jugó un papel preponderante el actual vicepresidente, Álvaro García Linera, quien ha sabido interpretar como pocos el significado de la creación del “Estado Plurinacional de Bolivia”, como representación de una pluralidad de naciones, con objetivos e intereses compartidos. También Linera aportó la posibilidad de pensar las “tensiones creativas” dentro de un proceso de cambio que cada vez involucró a nuevos actores, y que ha demostrado que estamos ingresando a una nueva fase de expansión de la “revolución democrática” boliviana.

Juan Manuel Karg [@jmkarg]. Periodista y analista internacional

martes, 14 de octubre de 2014

Che: el Pensador, la Teoría, la Crítica y el Legado




La obra de Ernesto Che Guevara es una de las cumbres de la historia del pensamiento político cubano; al mismo tiempo, él fue uno de los más prominentes entre los pensadores que participaron en el proceso de universalización del socialismo y el marxismo que sucedió en el siglo XX. Su actuación y su concepción constituyen una de esas expresiones supremas del radicalismo que existen siempre dentro de la compleja diversidad de componentes que contiene el campo de cada revolución. Fue un caso análogo al que constituyó José Martí respecto a la Revolución del 95, que pudiéramos sintetizar mencionando cinco rasgos principales de las ideas y la actuación martianas: el tipo de política insurreccional que promovió –que era a la vez el arma indispensable y la escuela para transformar a los participantes–, y la práctica que hizo de ella; su propuesta de convertir la independencia en una liberación nacional y de forjar una república nueva; el extraordinario y singular cuerpo de ideas que desarrolló, que entre otros aspectos contiene una interpretación pionera de comprensión y crítica del mundo moderno, y postula la necesidad de revolucionarlo desde la perspectiva de los que fueron colonizados; la consecuencia absoluta entre sus ideas y su conducta; y el alcance de los cuatro rasgos citados, que trascendió mucho a un mero enfrentamiento de las circunstancias en que actuó.
Expondré algunos aspectos seleccionados de la actuación y la concepción del Che que dan cuenta de ese papel descollante que tuvo en el pensamiento cubano, en la universalización del socialismo y el marxismo y en el radicalismo revolucionario. Su examen también puede sintetizarse en cinco rasgos, referidos al tipo de política que promovió y practicó, la propuesta que hizo, el extraordinario y singular cuerpo de ideas que desarrolló, la consecuencia absoluta entre sus ideas y su conducta, y el alcance superior de su actuación y su concepción respecto a sus circunstancias. Lo haré en forma más bien telegráfica y destinada a estimular el diálogo.
En el proceso de la insurrección y hasta su muerte durante la primera etapa de la Revolución en el poder –la que va de 1959 a inicios de los años setenta–, el Che compartió con Fidel la colosal aventura de la Revolución y lo siguió siempre, como el líder supremo del proceso y como un pensador radical excepcional. En el transcurso de aquellos años, Fidel debió asumir sobre todo las funciones de dirigente máximo y de educador popular, y el Che, que desempeñó un cúmulo de responsabilidades prácticas en numerosos terrenos, elaboró al mismo tiempo una obra teórica que es el más importante monumento intelectual de la Revolución, obra que ha resultado muy trascendente para la estrategia y el proyecto cubanos hasta el día de hoy, y que lo será en el futuro que alcanzo a pensar.
Las revoluciones son procesos complejos, que para triunfar deben subvertir y negar el orden vigente, demoler sus instituciones y desvalorizar sus símbolos; promover el carácter libertario e implantar disciplinas férreas, hacer de la unidad un valor superior, ser muy desafiantes y llegar a ser respetables, y construir un nuevo orden que reúne creaciones, adaptaciones, nuevas relaciones, instituciones, valores y costumbres, permanencias; en suma, un orden que combina promesa y administración, defensa y autocrítica, novedades y rutina. Si se estudia, se puede historiar el proceso, periodizarlo y hacer valoraciones sobre su curso. Alguna vez se ha propuesto el símil de un péndulo para mostrar el ciclo que suele caracterizar el curso y el mundo ideal de las revoluciones: primero, avances hasta un punto de máximo radicalismo; después, detenciones, retrocesos y estabilización. El péndulo, que había oscilado hasta un punto máximo hacia delante, hace giros cada vez menores y se va deteniendo al centro de la escena, pero el eje que lo sostiene se ha trasladado ya a un punto mucho más adelantado que el que ocupaba al inicio del ciclo. Martí y el Che habrían llevado el péndulo a su máximo punto de avance.
Aunque fueron hombres de acción que con ella colmaron sus vidas y llenaron sus épocas, y esa actuación y sus virtudes constituyen un tesoro moral y un ejemplo imperecederos, cuando volvemos –como hacemos hoy– sobre aquellos líderes radicales, lo principal que atendemos es a sus ideas y sus propuestas, porque en ellas reside lo fundamental de su trascendencia y de la utilidad que podemos obtener de ellos. Por cierto, el hecho de haber sido muy superiores a sus circunstancias les suele acarrear una posteridad inmediata sumamente difícil, precisamente porque resultan irreductibles a las concesiones y retrocesos que forman parte, junto a los avances, de la estabilización que se produce durante las posrevoluciones, mientras que su peso simbólico es enorme y se les identifica con la revolución.
La mundialización de su sistema ha sido un destino inevitable para el capitalismo, un tipo de dominación que es singular en la historia humana. Desde que ella comenzaba, el joven pensador alemán Carlos Marx les planteó a los anticapitalistas el requisito de la mundialización de la revolución para que esta pudiera tener posibilidades de vencer. La consigna final del Manifiesto Comunista no es una frase feliz: es una tesis. Pero el modo fundamental de ser de la mundialización capitalista ha consistido en las colonizaciones de la mayor parte del planeta, y, por otra parte, el ámbito de todas y cada una de las revoluciones sucedidas contra la dominación capitalista ha sido el nacional. Esas dos realidades han sido una gran fuente de tensiones, contradicciones y retos para las concepciones y las prácticas revolucionarias opuestas al dominio capitalista, y más de una vez han tenido inclusive consecuencias trágicas. El socialismo marxista ha vivido desde hace más de un siglo esos desafíos entre las ideas, los movimientos y las luchas que se han representado como prioritarios –o que han asumido en política– los antagonismos de clases sociales o la necesidad de liberar las naciones, o han hecho intentos diversos de combinar esos dos polos.
Otros dos condicionamientos que han marcado la historia del socialismo marxista han sido más graves. El primero y más general es el de la renuncia en muchas situaciones y casos a la pretensión de derrocar al capitalismo e implantar poderes socialistas, y la consecuente adecuación práctica a constituir solamente formas de oposición muy limitadas al sistema de dominación, que le resultan funcionales a este, o incluso a colaboraciones con ese sistema. El segundo, el curso de la experiencia que se inició con el triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia y terminó en 1991, llena de eventos y procesos que no puedo tratar aquí. Apunto al menos que entre la segunda posguerra mundial y los años sesenta su impacto general era muy contradictorio. Por un lado, el inmenso prestigio ganado en aquella guerra, el ser para muchos la antítesis del capitalismo imperialista, genocida, guerrerista y sujeto de una crisis prolongada, y la conversión de la URSS en una enorme potencia, rival de Estados Unidos, el nuevo campeón único del campo capitalista. Por otro, la dictadura del grupo que en los años treinta liquidó la Revolución bolchevique, hasta mediados de los años cincuenta, y, desde entonces, tímidas y muy parciales reformas desde arriba. Y una política mundial creciente, pero sujeta al convenio de esferas de influencia de 1945 con el imperialismo, por lo que manipulaba a los movimientos y la ideología de su campo y se guiaba por la razón de Estado en vez de por el internacionalismo.
Ernesto Guevara se crió en un ambiente en que eran muy fuertes la contradicción entre las perspectivas nacional y social, los condicionamientos prácticos de origen internacional y los conflictos que todo esto generaba. El paso decisivo que dio junto a Fidel y sus compañeros hizo que su vida política transcurriera en un medio en que se logró una victoria extraordinaria frente a los grandes obstáculos de la mundialización de las revoluciones: la insurrección y el triunfo de la Revolución cubana, su plasmación como una revolución socialista de liberación nacional y el predominio dentro de ella del socialismo cubano.
El Che fue hijo de la ruptura y la destrucción del orden dominante en Cuba, que permitió movilizar y concientizar a escala permanente y profunda al pueblo, y que unidos poder revolucionario y pueblo se apoderaran del país, lo reorganizaran y repartieran la dignidad humana, las riquezas y las oportunidades a partir de los principios de la justicia social y la igualdad de derechos, base social del edificio político de la Revolución desde entonces hasta hoy. Un proceso que aprendió de inmediato a defenderse, derrotó a sus enemigos y se enfrentó victoriosamente a los intentos de Estados Unidos de acabar con la Revolución, que obtuvo la soberanía nacional plena y tuvo un pensamiento propio, y que se vio obligado a ser crítico y contradecir al tipo de socialismo establecido por el sistema de la URSS, el campo de países y organizaciones que lideraba y el llamado movimiento comunista internacional y la ideología teorizada que llamaban marxismo-leninismo.
Al mismo tiempo, la segunda gran ola revolucionaria del siglo XX se había extendido por el llamado Tercer Mundo y obtenido algunas grandes victorias, combatía en Viet Nam y en otros lugares; y transcurría en el marco de numerosos intentos de consolidar las independencias, lograr desarrollos económicos nacionales y coordinar posiciones en esos tres continentes, y en el de un rechazo virulento a las políticas imperialistas que fue compartido por sectores internos en varios de esos mismos países, los cuales aportaron, además de sus críticas y resistencias, novedades importantes en el campo de la vida social y las relaciones interpersonales. Esa ola también pretendió liberar al pensamiento revolucionario de sus ataduras, por lo que tuvo que incluir la crítica de gran parte de las posiciones y los instrumentos del socialismo existente.
Desde aquella coyuntura actuó y pensó Ernesto Che Guevara. Dadas la sólida argumentación y la densidad teóricas con que elaboró y presentó su concepción, elaboró la base de un cuerpo de pensamiento muy rico que todavía necesita, quizás, la mayor parte de su desarrollo, y, sin duda, la mayor parte de su experimentación práctica. La violentación de sus circunstancias en su teoría y en sus prácticas, el comunismo y el internacionalismo en su proyecto, y el socialismo de liberación nacional como vehículo de su actuación, son tres aspectos esenciales para comprender al Che.

DESCOLLANTE EN LA ACCIÓN Y EL PENSAMIENTO

Entre muchas cuestiones que podrían abordarse, quisiera destacar que Che comprende y expone que el radicalismo en la concepción teórica, la posición política y las nuevas creaciones de las personas y las relaciones sociales que él defiende y promueve, pertenecen a una nueva época. En ella les resulta factible a los revolucionarios irse por encima de las insuficiencias del despliegue del capitalismo en sus países, pero ya las revoluciones no pueden proponerse menos que el socialismo y la liberación nacional, conquistarlos en un único proceso, profundizar de manera sistemática en ambas direcciones, y ser internacionalistas. Esta no es una opción entre las adoptables, sino que es la opción, la única forma de evitar el retorno y la reproducción de la dominación capitalista sobre las personas y las sociedades, un destino inexorable que de no asumirse esa alternativa esperaría a la experiencia socialista al final de su camino. A la vez, Che plantea que esa concepción y esa posición práctica deben proveer la escuela imprescindible, el complejo y gigantesco proceso educacional permanente que irá forjando las liberaciones de las personas y las sociedades. Esto es lo que explica su urgencia, su tenacidad sin límites y su descomunal batalla intelectual.
El Che es uno de esos raros casos de una persona que es muy descollante al mismo tiempo en la acción y en el pensamiento. Es bueno recordar que Ernesto comenzó sintiéndose marxista cuando todavía no tenía experiencias políticas, en un ambiente en el que entre los que estaban en su caso predominaba la admiración por la URSS que había vencido a los nazis y por el socialismo y el marxismo de orientación soviética. Pero, ¿por qué este joven no se sumó a los seguidores ni se sujetó a aquella “línea”? Opino que varios factores lo ayudaron. Primero, la vastísima información y la contrastación de tendencias intelectuales y teorías que adquirió, mediante la lectura de una multitud de obras y el ejercicio de escribir sus comentarios a ellas, es decir, una posición activa de pensamiento y de preguntas pertrechada de copiosos estudios. Mientras que la mera asunción de la llamada cultura universal por estudiosos de nuestros países puede hacerlos desembocar en la condición de colonizados mentales, que en buena medida son extranjeros en su propia tierra, una actitud intelectual como la que asumió Ernesto suele ser una vacuna eficaz contra los dogmatismos y la dependencia.
Por otra parte, el joven Ernesto asumió un antimperialismo beligerante que nunca lo abandonará, y lo asoció acertadamente al anticapitalismo, un paso que puede parecer lógico, pero que era en realidad difícil en aquel tiempo, y aún hoy sigue siéndolo. Antes de ser capaz de compartir o enunciar tesis sobre esa cuestión, la resolvió con su praxis: se puso de parte de los humildes. Por el largo camino que recorrió entre Buenos Aires y Guatemala, a través de sus vivencias y sus reflexiones, fue transitando desde el ansia altruista de prestarles servicios a los desposeídos y desvalidos hasta el arduo reconocimiento de que era necesario asumir una posición política. De esa manera pudo identificar al imperialismo y las variantes del colonialismo como enemigos de los pueblos, y al capitalismo como la fuente de aquel sistema y de sus consecuencias de opresión, explotación y enajenación. Conocer ese desarrollo de Ernesto puede ser útil hoy, cuando muchas veces la preocupación por el mejoramiento humano –que es tan valiosa– no quiere o no ve la necesidad de pasar a la actuación política.
Esa posición de Ernesto lo apartó del eurocentrismo que caracterizaba al marxismo-leninismo, y de las formulaciones abstractas que priorizaban al llamado sistema socialista y a la “clase obrera” de los países industrializados como palancas de hipotéticos cambios que sucederían en un futuro indeterminado. Lo hizo inmune también al doloroso proceso de esterilización de su voluntad de entrega y sacrificio de por vida y sus abnegadas prácticas y resistencias, que sufrían tantos militantes. La revolución anticapitalista y antimperialista no estaba en el plan de aquel movimiento político, ni en el de su ideología teorizada. Por eso, lo decisivo fue que Ernesto buscó por el continente una causa revolucionaria a la cual entregarle todo su ser, no solo el pensamiento, hasta que la encontró.
En la etapa que siguió desde que se incorporó a la organización fidelista en México hasta el triunfo de la Revolución, lo fundamental fue la experiencia práctica. Cuando un periodista le pregunta en la Sierra, en febrero de 1958, si él era marxista desde antes de venir a Cuba, el Che le responde que en la guerra él ha tenido que olvidar todo lo que aprendió antes. Es decir, ha sabido desaprender, como un instrumento más de su desarrollo personal. Pero no ha abominado de la teoría, ni la abandonará nunca.
Como otras grandes personalidades, Che comparte diferentes inclinaciones. La vida y las prioridades asumidas le acotan sus campos de labor, pero sus propensiones más fuertes permanecen, reaparecen cada vez que pueden o marcan con su impronta los modos de aproximarse a los problemas y tratarlos. Su vocación teórica es muy poderosa. Ella le ayudará a exigirle su sentido a los hechos, las conductas y los problemas, a ser analítico y problematizar; es decir, a utilizar el único modo de buscar lo cierto, lo esencial y los caminos. Le dará contenidos más trascendentes a su decisión de entregarse a la actuación social y política revolucionaria, le brindará instrumentos para evaluar y para inscribir lo contingente y los eventos en una totalidad de los procesos de liberación social y humana, y trabajar con ellos en el taller de los conceptos y las teorías. El ejercicio permanente de esa vocación le aportará al Che una mayor capacidad para prever y hacer proyectos, para exponer sus ideas y para conducir a sus compañeros. Y por último, pero no menos importante, formará una mente capaz de inquirir, dudar, preguntar, desconfiar, derribar las prisiones de los lugares comunes, lo establecido, la reproducción de lo existente y lo que se considera posible, y atreverse a crear y ser original. En una palabra, ejercer la ciencia más difícil: la de la revolución.

PENSAMIENTO ABIERTO Y PODEROSO

Su elocuencia sencilla y ajena a la estridencia, su lenguaje claro, son los vehículos del pensamiento abierto y poderoso de este hombre que jamás olvida los fosos profundos mediante los que las sociedades de dominación han separado a los que cultivan el intelecto de la masa enorme de la gente común, la gente de abajo. Él siempre es uno con ellos, y ellos lo premian con su devoción, pero al mismo tiempo advierten la densidad de pensamiento que está siempre detrás de la calma decidida con que el Che aborda las cuestiones cotidianas y los grandes desafíos. La huella de la teoría, unas veces expresa y otras no, lo acompañó a lo largo de su vida.
El Che estuvo produciendo teoría marxista a partir del triunfo de 1959, desde puntos de partida que son los naturales para un revolucionario: el análisis de la política, la economía, las ideologías y las teorías, sus contenidos, sus métodos e instrumentos, sus condicionamientos y los conflictos en que participan. Eso hace conveniente aclarar que buena parte de sus proposiciones y su posición teóricas se encuentran precisamente en el conjunto de sus productos escritos y orales, y allí hay que buscarlos. A la vez, el Che estudiaba textos teóricos y los comentaba, y hacía exposiciones propias directamente teóricas. Estudiando unas y otras fuentes podremos encontrar al Che pensador y al filósofo.
Este hombre que se sabía histórico y estuvo tan consciente del papel que desempeñaba y de lo que debía hacer, se puso un límite en cuanto pensador: su entrega a las tareas prácticas y a la causa; y otro en cuanto a la libre exposición de su ideas: sus compromisos como dirigente revolucionario. Pero supo comprender –y este es un aspecto más de su grandeza– que a la Revolución cubana le era indispensable elaborar un pensamiento creador y eficaz, y que esa debía ser una de sus dimensiones importantes, y logró desplegar una actividad intelectual ejemplar al servicio de esa tarea. Che fue elaborando una concepción suya dentro del marxismo, cumplió los requisitos de ese tipo de trabajo y avanzó en el desarrollo de ella hasta donde la vida se lo permitió.
No emplearé tiempo en referirme al contenido de su concepción teórica, que desde hace más de veinticinco años he tratado de exponer en extenso; estoy seguro de que será manejada y debatida en el curso de este coloquio. Solo quiero afirmar que esa concepción, que hoy puede parecerles improcedente a muchos, nos muestra precisamente su carácter trascendente con su capacidad de servir como instrumento para comprender las circunstancias actuales y plantearse conductas y estrategias ante ellas, y para enfrentar el formidable desarme ideológico al que han sido sometidos los pueblos en las últimas décadas.
Por entender que es uno de los aspectos de su legado que puede ser muy útil para Cuba y para la América Latina en la actualidad, voy a referirme a su crítica al socialismo que llamaban “realmente existente”, crítica que evolucionó y se hizo cada vez más dura y fundamentada. Al hacerla, el Che no olvidó en ningún momento su responsabilidad como dirigente cubano. Para situarnos mejor ante su crítica, es preciso tener en cuenta la existencia de dos formas de socialismo en Cuba, que se iniciaron desde la tercera década del siglo XX y han tenido una historia de contradicciones y conflictos, y también de coexistencias y colaboraciones. Esas dos formas son el socialismo proveniente del movimiento comunista internacional y el socialismo cubano.
El movimiento revolucionario insurreccional contra la dictadura dirigido por Fidel –en el cual el Che se incorpora desde los días de México– tuvo que abocarse en la práctica a la victoria para que el socialismo seguidor del movimiento comunista internacional lo admitiera como una opción política decisiva. El carácter de la revolución –una noción que entonces era muy manejada por la izquierda– estuvo determinado por la praxis organizada y consciente de los revolucionarios, y no fue consecuencia de características de la estructura económica del país. Por eso pudo ser una revolución socialista de liberación nacional la que triunfó en 1959. Esos dos choques con los principios de la teoría-ideología del socialismo guiado por la Unión Soviética y el movimiento comunista de su campo pronto fueron seguidos por otros. Se fue haciendo obvio que este evento trascendental por haber sido inconcebible y por su increíble alcance, que conquistó la liberación nacional y social del país, estableció un poder popular fortísimo, enfrentó con éxito a sus enemigos y sus obstáculos y produjo colosales transformaciones de las personas, las relaciones y las instituciones, constituía, además, una herejía dentro del campo de las experiencias y las ideas socialistas.
En octubre de 1963, al planear un seminario de profundización sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento para los cuadros del Ministerio de Industrias, Che orienta relacionar y comparar los sistemas de dirección con la estimulación al trabajo y con la centralización. Comenta que hay que estudiar las relaciones entre el sistema de dirección y los problemas económicos y las concepciones de los países socialistas. Encerrarse en una “falsa concepción de la ley del valor”, dice, les hizo perder contacto con el mundo exterior. La productividad mundial dejó atrás a los países socialistas que, a diferencia de la USSS, dependían del comercio exterior.
En una reunión posterior analizan la norma soviética de premiar o castigar a las empresas si cumplen o no el plan. Se produce una lucha continua entre los aparatos centrales y las empresas, dice el Che, porque estas buscan tener metas menores para sobrecumplir fácilmente o arriesgar menos un incumplimiento; su éxito consiste en obtener mayores premios. “Se está estableciendo entre el aparato central y la empresa una contradicción que no es socialista, una contradicción que atenta contra el desarrollo de la conciencia”. Los dirigentes de empresas socialistas se van convirtiendo así en expertos en engañar al Estado, deformándose como individuos, y ante el obrero, la imagen del buen dirigente es la del que “sabe” organizar para “sobrecumplir” siempre. De ese modo, el sistema se va apartando de sus objetivos y la gente se va separando de aquellos que debían ser capaces de dirigirlos. El Che aprovecha para exponer con vigor las cualidades que debe tener un director de empresa.
En julio de 1964, Che comenta con sus compañeros: “cuando el cálculo económico llega, como debe llegar, a un callejón sin salida, conduce por la lógica de los hechos a tratar de resolverlo por el mismo sistema, aumentar el estímulo material, la dedicación de la gente específicamente a su interés material y por ahí al libre fuero de la Ley del Valor. Y por ahí al surgimiento en cierta manera de categorías estrictamente capitalistas”. Denuncia de manera categórica la apelación a tomar “como arma para luchar contra el capitalismo, las armas del capitalismo”. La autogestión intenta valorar al hombre por lo que rinde, dice, pero el capitalismo es el que sabe hacer eso perfectamente. Las motivaciones de “la sociedad donde la filosofía es la lucha del hombre contra el hombre, de los grupos contra los grupos y la anarquía de la producción” no podrán ser despertadas y utilizadas eficazmente para servir a una sociedad cuya base era el poder socialista. Esta exige control riguroso, control conciente, “la colaboración entre todos los participantes como miembros de una gran empresa (el conjunto de la economía), en vez de ser lobitos entre sí dentro de la construcción del socialismo”.
Opina que en vez de ir al fondo de los problemas, la práctica y el pensamiento de estos socialistas se deja llevar a la seguridad aparente de acudir a lo ya probado, reforzar el mercado, sus mecanismos y el estímulo material individual. Las reformas pueden relucir como “descubrimientos” que remediarían la falta de motivaciones suficientes en los actores económicos y lograrían la subordinación de la producción para el consumo a las demandas de sus consumidores, relacionar la rentabilidad con la venta del producto, etcétera. Esos experimentos y ensayos de política económica son, sin embargo, remedos de lo que el capitalismo hace eficazmente, porque lo universaliza y porque corresponde a las relaciones fundamentales de su sistema. Che cree firmemente que el socialismo no puede emplear los métodos capitalistas para resolver hipotéticamente sus problemas económicos a nivel de base, y mucho menos extrapolarlos a escala de la sociedad, porque todo eso contradice lo esencial de su sistema. “El único problema que hay es que cuando eso se traslada de una fábrica a todo el conjunto de la sociedad, se crea la anarquía de la producción y viene la crisis, y después tiene que venir el socialismo de nuevo”.
La última frase retrata al Che teórico revolucionario: existe una lógica de las sociedades, cuyo conocimiento debemos al propio marxismo; si la olvidamos, pagaremos un precio muy caro. Pero el socialismo no es un régimen determinado por el libre juego de las fuerzas económicas: después, tiene que venir el socialismo de nuevo. Es decir, tendrá que imponerse la acción consciente y organizada de los revolucionarios para recuperar el socialismo.

ESPÍRITU CRÍTICO Y EJERCICIO DEL CRITERIO

El Che insiste en desbaratar la imputación que se hace a sus ideas de mantener un desprecio “idealista” por el interés material, un simplismo que busca devaluarlas y rehuir la discusión. Nadie en sus cabales desconoce la fuerza y el arraigo del interés material, instalado a lo largo de la historia de las sociedades de dominación y multiplicado y refuncionalizado por el capitalismo. La elección está entre utilizarlo llana y acríticamente –aunque se pueda declarar o lamentar que sea nocivo–, o utilizarlo como un mal necesario, sin depender de él. Ser creativo desde la situación concreta e inevitable, y organizar un proceso de erradicación paulatina de los comportamientos económicos egoístas e individualistas. Ir forjando otro mundo de actuaciones y valores mediante una red de instrumentos diversos, económicos, sociales, políticos, legales, administrativos.
El Che aprendió –al mismo tiempo– a reflexionar sobre los problemas, la circunstancia en curso, las decisiones y la actuación inmediata; sobre los métodos, la organización y los fines mediatos; y a teorizar acerca de los asuntos fundamentales. La formidable experiencia práctica que realizó al frente de más de doscientos mil trabajadores industriales en esos primeros años sesenta ha sido sometida al olvido. Recuperar el conocimiento de su extraordinaria riqueza contribuiría a aumentar nuestras capacidades actuales. Y permitiría conocer al Che de los cómo, que es tan grande como el Che de los hechos históricos y las ideas expresadas en frases rotundas.
En aquel ámbito que tuvo como centro a Ernesto Che Guevara regía el principio de que la creación de otra realidad desde la existente, sin la cual no hay revolución socialista, tiene que incluir el espíritu crítico y el ejercicio del criterio, el fomento de la independencia y la capacidad de pensar y valorar con cabeza propia. Che estimulaba estas cualidades de manera sistemática. En el aspecto que estoy abordando, es impresionante la profundidad y el alcance del análisis teórico logrado, en medio de la tormenta de la Revolución, un avance que permitía una verdadera autonomía del pensamiento, salvado de no ver los graves peligros de la copia y el seguidismo, y no apto para conocer las deficiencias del socialismo existente y evitar o enfrentar la colonización mental, la apologética y la rutina.
El despliegue simultáneo de su concepción y de la profundización de la Revolución cubana lo llevan a hacer más general y más adversa su crítica del socialismo existente. Rechaza la noción tan repetida de que existe un sistema socialista mundial, porque los países del campo del socialismo también tienen desarrollos desiguales, como los del mundo capitalista: “…la práctica ha planteado el problema de contradicciones insalvables; de índole ideológica a veces, tienen siempre una base material, económica. De allí las posiciones que toman la URSS, China, Rumanía o Cuba, en problemas aparentemente desligados de la economía.” Al examinar conflictos bilaterales entre países del campo socialista, afirma que en la realidad “se dan fenómenos de expansión, de cambio no equivalente, de competencia, hasta cierto punto de explotación y ciertamente de sojuzgamiento de los Estados débiles por los fuertes”. Tacha al CAME de “olla de grillos” y plantea que los precios y la calidad de muchos artículos que venden los socialistas de Europa a los demás serían inaceptables en el mercado internacional capitalista. Reconoce que en este campo y en el de los créditos, la política de la URSS y China es más consecuente con el internacionalismo. Pero aclara que los precios fijos sostenidos a productos de países socialistas menos desarrollados, en el mejor caso, mitigan el intercambio desigual, pero no lo anulan.
No existe una confrontación planetaria principal entre el capitalismo y las supuestas tres fuerzas revolucionarias, como repiten las declaraciones del socialismo “realmente existente”, que las relacionan por orden de importancia: primera, el llamado sistema socialista mundial; segunda, la “clase obrera” de los países capitalistas desarrollados; y tercera, las luchas por la independencia y la democracia nacional en las “jóvenes” naciones del Tercer Mundo. La razón de Estado y los intereses económicos de cada país socialista, las esferas de influencia pactadas, la estrategia de potencias son la regla y la conducta usual. De la unión entre proletarios a escala mundial que preconizan las declaraciones dice el Che: “Falso de toda falsedad. No hay punto de contacto entre las masas proletarias de los países imperialistas y los dependientes; todo contribuye a separarlos y crear antagonismos entre ellos (…) el oportunismo ha ganado una inmensa capa de la clase obrera de los países imperialistas…” Sobre las revoluciones: “También es falso que el proletariado (…) sea el que cumpla el papel dirigente en la lucha de liberación, en la mayoría de los países semicoloniales”. Ya no se puede admitir la idea de que la burguesía nacional sea un factor progresivo en las luchas revolucionarias: “La lucha contra la burguesía es condición indispensable de la lucha de liberación, si se quiere arribar a un final irreversiblemente exitoso.”
También rechaza la consigna de la “crisis general del capitalismo”, supuesta teoría que deben acatar los partidarios del socialismo. No estamos en la “tercera etapa”; en realidad, dice, el imperialismo no agoniza: “ni siquiera ha aprovechado al máximo sus posibilidades en el momento actual y tiene una gran vitalidad (…) La tendencia es a invertir capitales propios en el aprovechamiento de las materias primas o en la industria ligera de los países dependientes”. La aguda competencia “provoca una incesante marea de innovaciones técnicas…”
Los jóvenes de hoy no han escuchado nada del “sistema socialista mundial”, “las tres fuerzas revolucionarias” o la “crisis general del capitalismo”, y seguramente sonríen al escuchar su explicación. Pero en aquel tiempo estaban entre los principales dogmas que debían admitirse como artículos de fe y esgrimirse para entender las cosas más importantes, acallar todo criterio diferente y “vencer en la lucha ideológica”. El Che y los que como él escogían actuar como revolucionarios en aquella época debían salir de esas prisiones y pensar con cabeza propia. Recordar hoy la falta total de asideros en la realidad que tenían aquellas consignas seudocientíficas es una lección contra la tendencia a admitir ser gobernados por frases vacías.

MADUREZ DE LA CONCEPCIÓN TEÓRICA DEL CHE

En los primeros meses de 1965 la madurez de la concepción teórica de Ernesto Che Guevara se hace evidente en El socialismo y el hombre en Cuba, uno de los textos fundamentales de la historia del socialismo en América Latina. Pero enseguida comenzará la última fase de su vida, en la que vuelve a dedicarse a la acción armada, ahora como dirigente internacionalista cubano que intenta contribuir al desarrollo de las revoluciones de liberación. Y ahora emprende también una tarea intelectual que considera indispensable: la necesidad de llegar a conclusiones sobre el socialismo realmente existente, asunto crucial para todos en el mundo, y la de ofrecer una alternativa revolucionaria desde las ideas de los pensadores de los países que han sufrido o sufren el colonialismo y el neocolonialismo, que quieren pelear por la liberación total de las naciones y de las personas, y por el avance de la revolución mundial.
“Es un grito dado desde el subdesarrollo”, escribe en “La Necesidad de este libro”, breve introducción a los Apuntes críticos a la Economía Política, un texto que contiene planteamientos trascendentales. Se refiere a El capital, de Carlos Marx, a las nuevas situaciones de la época imperialista, los aportes extraordinarios de Lenin y la detención ulterior del desarrollo de la teoría marxista. Enseguida expone las razones por las cuales hace la crítica de la Economía Política:
Creemos importante la tarea porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere sólo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas, pero cuyos resultados finales son incalculables (…) Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la NEP han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura. Se está regresando al capitalismo.
Che confía en que muchos podrán sentirse atraídos por este “intento de retomar la buena senda”. A ellos se dirige el libro, “y también a la multitud de estudiantes cubanos que tienen que pasar por el doloroso proceso de aprender ‘verdades eternas’ en las publicaciones que vienen, sobre todo, de la URSS, y observar como nuestra actitud y los repetidos planteamientos de nuestros dirigentes se dan de patadas con lo que leen en los textos”.
Un largo camino había recorrido Ernesto Guevara en una década. La revolución había sido su maestra. En la guerra y desde el poder revolucionario se desarrolló su estatura como combatiente, dirigente y pensador, y ahora él –como reclamara Lenin sesenta años antes– debía, en justo pago, enseñarle algo a la revolución. Y lo logró. La aventura socialista de un pequeño país aislado producía un pensamiento capaz de continuar el trabajo excepcional mediante el cual Marx había encontrado ideas capaces de subvertir el control de las ideas de la sociedad por la clase dominante. Che escribió: “nosotros aportamos nuestro modesto granito de arena”. Y a los compañeros cercanos más estudiosos les pidió componer un “manual” cubano. Pensó seguramente que los que compartían su posición continuarían la campaña de difusión de las actitudes y las ideas más revolucionarias que con tanto ardor y sistematicidad él llevó a cabo en su última etapa en Cuba.
El acierto y el alcance de los planteamientos del Che acerca de la esencia y el destino del socialismo realmente existente solo se comprobaron veinticinco años después. Pero cuando hacia el final del siglo XX pareció que todo lo logrado por la humanidad se perdería, incluso la esperanza, el Che regresó. Celebramos ese regreso, que evidencia la resistencia de los pueblos y el valor permanente de las ideas y del ejemplo. Sin embargo, el pensamiento del Che ha seguido encontrando escollos y ha tenido que ir ganando espacios paulatinamente. Ese pensamiento es uno de los lugares principales de los combates actuales.

Fernando Martinez Heredia – CubaDebate

domingo, 12 de octubre de 2014

Un militar retirado reconoció por primera vez en un juzgado penal las torturas que fueron aplicadas a presos políticos durante la dictadura




El militar retirado afirmó sin ambages algunas de las técnicas de tortura a las que eran sometidos los prisioneros.

Cuando los militares retirados concurren a los juzgados penales declaran más o menos lo mismo. Los jueces y fiscales conocen casi de memoria sus relatos. Palabras más palabras o menos, sostienen que se vieron involucrados en una lucha antisubversiva y que en ese contexto actuaron para salvar a la patria tratando con respeto y dignidad a los detenidos. A lo sumo reconocen alguna cacheteada o algún agarrón "del gañote" para obtener información.
En esos términos comenzó a declarar el martes 30 Asencio Lucero, quien durante la década del 70 ocupó el puesto de S2 -uno de los encargados de la inteligencia- en el Regimiento de Caballería Nº 9.Dijo que los prisioneros tenían un tratamiento "respetuoso de los derechos humanos, profesional militar, custodio de las libertades"
Empero, a poco que el interrogatorio avanzó, sus palabras sorprendieron a los propios operadores judiciales que notaron que aquel testimonio no era como todos los demás que habían escuchado. Es que el militar retirado afirmó sin ambages algunas de las técnicas de tortura a las que eran sometidos los prisioneros: prolongados plantones hasta que se desplomaban porque no aguantaban el peso de sus propios cuerpos, submarino mojado y seco para que sintieran asfixia, picana eléctrica, privación del sueño, supresión de visita y en el caso de las mujeres desnudo, lo que les generaba mucho "pudor"
La declaración de Lucero se produjo ante la jueza penal de decimosexto tuno, Julia Staricco, quien junto a la fiscal Silvia Nipoli investigan una denuncia por torturas durante la dictadura presentada por un grupo de mujeres
El abogado patrocinante de las mujeres, el ex juez Federico Álvarez Petraglia, dijo a Búsqueda que el testimonio de Lucero es "muy importante".
"Esta es la primera vez, al menos que yo tenga conocimiento, que un militar retirado reconoce explícitamente en un juzgado penal en el marco del proceso y con todas las garantías las torturas a las que se sometió a los presos políticos. A mi juicio esto es muy relevante para esta causa en particular y para todas las demás de este tipo", reflexionó
Lucero, quien actualmente tiene 74 años, se desempeñó como capitán en el año 1972 y en esa función -según dijo- custodió por ejemplo a Amodio Pérez y a Alicia Rey, a quienes "tenía escondidos porque sus ex amigos los querían matar porque ellos habían hablado". Junto con esos presos a los que llamó "protegidos", dijo que en ese período también se alojaron en el regimiento decenas de hombres y un grupo de siete u ocho mujeres que iban rotando

"Todo vale"

El ex militar justificó los desbordes cometidos en la lucha contra la subversión porque "cuando usted entra en un estado de guerra o conmoción todo vale y se pierden las referencias". A su juicio, "la tortura no era tal como se la describe" ahora sino que se trataba más bien de una "presión psicológica"
"A las tres de la mañana interrogarlos de cómo se llamaba la hermana o no dejarlos dormir", ejemplificó. Aunque de inmediato agregó que también se practicaba "el plantón", que consistía en mantener a un preso "perfectamente vestido sin asiento, parado hasta que se desplomaba, porque una persona parada durante cinco o seis horas se desploma" Aseveró que también se utilizó el "tacho" (submarino) aunque aseguró que era excepcional. "El tacho con agua tenía agua limpia y el tacho seco le vendaban la cara y los ojos. (...) Se aplicaba para los reacios a conversar, el que se cerraba iba al tacho", aseveró
Minutos después, el militar retirado fue más explícito en torno a esta tortura: "El submarino era más una amenaza. Un submarino era una cosa tan excepcional y tan temida que a un preso usted lo amenazaba con hacer un submarino y lo hacía hablar. Nosotros hablábamos de un submarino seco: envolverle la cabeza con una bufanda, si yo le envuelvo la cabeza con una bufanda y la dejo parada cinco horas atada contra una pared, después de ese tiempo la persona por lógica entraba a hablar", complementó
La jueza le preguntó si también se aplicaba picana eléctrica a los detenidos a lo que el militar retirado contestó: "Si, se usaba la picana. Se aplicaba, era un cosquilleo, se aplicaba en las piernas". La magistrada le preguntó si también se aplicaba en los genitales y el militar dijo que no porque él tenía "mucho respeto con el cuerpo de las personas"
Los magistrados le preguntaron concretamente cómo eran los pasos para interrogar a un detenido y Lucero contestó sin titubear: "Primero, si entraba a hablar o no entraba a hablar. Si hablaba, firmaba (una declaración) y sino plantón. Segundo paso, caía, tercer paso submarino y así hablaban", resumió
Aseveró que estas técnicas de interrogatorio se utilizaron tanto para hombres como para mujeres, aunque estas últimas eran "más sensibles" porque "las ablandaba el desnudo y el pudor y entonces empezaban a hablar"

"Así la pasaron"

El militar retirado justificó esta forma de trato a los detenidos en que "en esa época era muy jodida la cosa" porque "hoy estaba con vida y mañana estaba con un tiro en la cabeza". A su juicio, los grupos terroristas "copiaron" esa modalidad de la revolución cubana. "Los uruguayos le copiaron a Cuba, mal copiado, y así la pasaron", reflexionó
Cuando se le preguntó quién daba la orden para interrogar con esos métodos a los presos respondió: "Era un sistema, nadie daba la orden (...) yo tenía que conseguir información"
"El Estado estaba involucrado en un problema tan grande que no se controlaba. Los interrogatorios se hacían en equipo de tres personas, normalmente las mismas", agregó. Dijo que además de él integraban el equipo de interrogadores en esa unidad "el teniente Braida y Brusconi", quienes "murieron"
Además de describir con ese detalle las torturas, el militar retirado dejó en evidencia que durante los interrogatorios participaron médicos que certificaban el estado de salud de los detenidos para constatar si resistían más apremios. Cuando el prisionero se desplomaba luego de varias horas de plantón "se lo atendía y se le daba la oportunidad de hablar" "Y luego lo pasaban a un médico", quien era el que "daba la última palabra" para "seguir el interrogatorio", aseveró. Como profesionales que revistaron en la unidad nombró a un médico de apellido "Scarabino" y a otra médica de apellido "López"
Lucero se definió a sí mismo como un "hombre muy paciente", por lo que su técnica consistía en la tortura psicológica. "A mi 24 horas no me molestaban para nada, pero no la dejaba dormir, eso era un sistema (....) era presión psicológica no dormir, cortarle las visitas, todas esas cosas"

"Hay que presionar"

La abogada de Lucero, Rossana Gavazzo -quien es hija del militar retirado sentenciado por violaciones a los derechos humanos José Nino Gavazzo- le preguntó si el comandante de la unidad, de apellido Livtosky "tomó conocimiento de estos interrogatorios"
"Él estaba en conocimiento, para mí era un tipo del medio", respondió. "¿Sabe si participó de algún interrogatorio?", inquirió de inmediato la letrada
Y la respuesta de Lucero sorprendió aún más a todos quienes estaban presentes en la sala de audiencia. Relató que en una oportunidad le hicieron al propio comandante un simulacro de un "tacho seco" para "judearlo" y para que "supiera lo que era. Le envolvimos la cabeza con una bufanda y lo llevamos para un estanque de agua que él sabía dónde estaba". Describió esa acción como "una broma", aunque sostuvo que Livtosky "se asustó de eso"
Al final de la audiencia, le preguntaron al militar retirado si a 40 años de esos hechos, considera que los métodos de tortura que él describió son "correctos" para tratar a los detenidos."No es correcto (pero) cuando se necesita información hay que presionar. No era correcto pero era necesario", concluyó.

Javier Benech / Búsqueda / Posta Porteña

Voto y herejía

“Sintéticamente, no comparto las políticas que implican someter el país y a su población al modelo económico “global” de los capitales transnacionales en el que, a pesar de los discursos, la mitad de los trabajadores gana menos de 15.000 pesos. Discrepo con el proceso de concentración y extranjerización de la propiedad de la tierra. No estoy de acuerdo con los privilegios abusivos (exoneraciones tributarias, puertos, zonas francas, leyes hechas a la medida) concedidos a la gran inversión extranjera y negados en cambio a la inversión y al trabajo nacionales. (…) Me indigna la ley de bancarización obligatoria (hipócritamente denominada de “inclusión financiera”), que favorece el endeudamiento de la población de menos recursos y significa la intromisión inevitable de los bancos en todas las transacciones económicas, incluido el pago de los sueldos”. Coincido totalmente con la columna “el voto discrepante” de Hoenir en el VOCES del 2 de octubre. No es la primera coincidencia que tengo con la familia Sarthou y espero que no sea la última.
La expansión de la soja transgénica y de los agrotóxicos, las plantas de celulosa, la megaminería podrán aumentar las cifras de nuestras exportaciones pero no nos harán más libres ni más sanos. Creo que el experimento Tabaré-Mujica-Astori (múltiplos cuyo orden puede cambiarse sin alterar el resultado), compartido por los cuatro partidos del sistema, fortaleció los vínculos de dependencia del Uruguay: basta con la caída de los precios de la soja en la bolsa de Chicago o con una decisión de la Reserva Federal de los EEUU, para que llegue a su fin la fiesta iniciada en el 2004. De ojos bien abiertos, el Uruguay Progresista camina hacia el desbarranque. ¿Qué pasará cuando ocurra lo que le ocurrió a la socialdemocracia en Europa? ¿Qué pasará cuando se cierre la canilla del MIDES y el gobierno se vea “obligado” a desvincular los salarios de la inflación?. Hay que preguntarse si en el marco del capitalismo “global” son posibles políticas económicas y sociales de carácter popular, diferentes a estas que instrumenta el astorismo. Se llegó a un punto de la historia -cambio climático más miseria globalizada más aventuras guerreras de los EEUU- en que no caben más retoques, la única salida es luchar contra el capitalismo antes que termine con el mundo: socialismo o muerte pero, en concreto, en este Uruguay de la alienación progresista ¿hay espacios políticos para esa necesaria lucha anticapitalista? Cuando el gobierno y el parlamento aprobaron la ley que privilegia la instalación de la megamina a cielo abierto en Valentines, no previeron la firmeza de los movimientos sociales para oponerse al “Plan Aratiri” (regasificadora para alimentar de energía la megamina y un mineroducto que llevaría el mineral al puerto de aguas profundas en Rocha). Se movilizaron en Cerro Chato y Valentines los supuestamente beneficiarios de los puestos de trabajo que falsamente prometía la empresa. En Tacuarembó se recogieron 14.000 firmas rechazando futuras aventuras de megaminería. Paradójicamente el descontento se hizo lucha en el interior profundo, por lo general pasivo frente a las decisiones gubernamentales que les caen del cielo. Si los gobernantes fueran más sensibles, pensarían dos veces antes de ir a mendigar a Finlandia por una nueva planta de celulosa. Por su parte, el puerto de aguas profundas también despertó gran descontento entre los pobladores de la Costa Atlántica que continúan movilizados en defensa del agua, del aire y de la tierra. Con idénticas convicciones continúa la recolección de firmas para impulsar un plebiscito a nivel nacional. Las luchas dispersas confluyeron en las marchas masivas por la Avenida Dieciocho de Julio, que lograron romper el cerco informativo y que el gobierno postergara la firma del contrato con Aratiri. Sin dudas fue la oposición más seria y contundente al capitalismo “global” en el Uruguay y, por consiguiente, a la anterior pregunta hay que responderle que sí, que hay espacios sociales y políticos para un movimiento anticapitalista. No estamos inventando nada nuevo. Es solamente una lección recogida en la historia reciente del movimiento popular uruguayo porque...¿de dónde surgieron el Congreso del Pueblo y la CNT, las organizaciones que cambiaron el panorama del Uruguay de los '60? ¿Producto de qué fueron las organizaciones revolucionarias que conmovieron la sociedad (MLN, OPR-33, GAU, MIR)? ¿Cuál fue el vientre donde se gestaron los Raúl Sendic, León Duarte y Héctor Rodríguez?: la lucha de los gremios solidarios, de los cañeros UTAA, de los trabajadores de FUNSA, del movimiento estudiantil de solidaridad con Cuba Revolucionaria..... en el mismo momento que se daba la lucha social y reivindicativa, confluyeron de corrientes anticapitalistas muchas de ellas electoralistas y parlamentarias y se fueron formando luchadores y organizaciones por la revolución: eran fases diferentes de un proceso histórico único. Aspectos diferentes de un desarrollo continuo, que no es posible analizar cada cual por separado, aislándolos entre sí, son como las fases que muestra la luna en un mismo momento según el punto del planeta desde el cual se la observa. Hoy día, la gente pelea por detener la barbarie de la megaminería pero, al mismo tiempo, sin solución de continuidad, se está enfrentando las concepciones capitalistas en varias de sus dimensiones y, al interior de la lucha social, hay sectores que cobran consciencia de la necesidad de la transformación revolucionaria de la sociedad. La madre del movimiento anticapitalista es la lucha social. Y en ella, los luchadores que se independizaron de la disciplina partidaria, comienzan a pensar con autonomía, dejan de aplaudir sin pensar y eligen otro camino, el de la justicia social. Surge el pensamiento crítico e independiente y los caminantes se fijan sus propias reglas de juego. Las vicisitudes de la lucha y las diferencias que surjan, crearán la necesidad de que los afines se vayan agrupando en distintas corrientes ideológicas, algunas de ellas con ideas revolucionarias. El conjunto conformará un movimiento muy complejo que será a la vez socialmente reivindicativo, anticapitalista y revolucionario, todo depende de donde se ubique el que analiza la lucha. Claro que hay quienes creen que en 1960 se juntaron cuatro o cinco “cráneos” que cranearon la teoría sobre cómo hacer la revolución y luego convocaron a las masas para que se sumaran a la lucha. No fue así, no será así. La organización revolucionaria surge naturalmente por necesidad de las luchas de los movimientos sociales. Ni antes ni después, en su interior. Por eso me resulta imposible analizar la actual campaña electoral por separado de la lucha contra la megaminería, del proceso de surgimiento de un movimiento anticapitalista y de la construcción del movimiento revolucionario. Desde este punto de vista, el voto discrepante es bastante más que un voto en blanco o nulo: aunque el votante no lo perciba, puede ser su primer gesto de conquista de la independencia y de la autonomía. Un acto trascendental de su vida política individual, que le cambiará sus gafas y le permitirá percibir la realidad desde un punto de vista muy diferente al del aceptar y acatar. El o la votante, decepcionada por la adscripción de “su” gobierno a todo lo que antes se había criticado, irritada por los ataques sin fundamento de la santa inquisición, toma la decisión de separarse de la feligresía y convertirse en hereje y la herejía fue la condición previa al surgimiento de movimiento revolucionarios de nuevo tipo, la herejía de Carlos Marx y Federico Engels, la de Bakunin y Malatesta, la de Lenin y Trosky, la de Fidel y el Ché Guevara. La de Raúl Sendic.

Jorge Zabalza

A 150 años de la fundación de la Primera Internacional - La clase obrera necesita una Internacional revolucionaria




El 28 de septiembre de 1864, delegados de distintos países se reunieron en St Martin’s Hall de Londres. Era el intento más serio hasta la fecha de unir las capas más avanzadas de la clase obrera a escala internacional. La reunión fue convocada como un acto de solidaridad internacional en respuesta al alzamiento polaco de 1863. [Lee también el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores, de Carlos Marx]
La reunión decidió unánimemente la creación una Asociación Internacional de Trabajadores, más tarde conocida como la I Internacional. Su sede estaría en Londres, dirigida por un comité de 21, al que se le encargaría un borrador de programa y de estatutos. Esta tarea le fue dada a Karl Marx, que desde este momento jugaría un papel decisivo en la Internacional.
En retrospectiva, podemos decir que la tarea histórica de la I Internacional fue la de establecer los principios fundamentales, el programa, la estrategia y las tácticas del marxismo revolucionario a escala global. Sin embargo, la nueva Internacional no surgió completamente formada y armada, como Atenea de la cabeza de Zeus. En sus orígenes, no era una Internacional marxista, sino una organización extremadamente heterogénea compuesta de diversas tendencias.
Ahora bien, los fundadores del socialismo científico eran ajenos a esa clase de sectarismo que trata de encontrar la fórmula química para una organización pura de la clase obrera, algo que nunca ha existido y nunca existirá. Marx y Engels comprendían la importancia de trabajar en una arena amplia con raíces en las masas de la clase trabajadora. En este sentido, la participación de los sindicatos británicos era particularmente importante.
Desde un primer momento, Marx y Engels libraron una ardua lucha por la claridad ideológica dentro de la Internacional. Pero entendieron que para ganarse a las masas para las ideas del socialismo científico, era necesario llevar a cabo una paciente labor en el seno de las organizaciones proletarias históricamente determinadas y con profundas raíces en la clase. Por primera vez, la AIT les ofreció un marco común en el cual poner a prueba y someter a debate sus ideas fuera del ámbito de los pequeños círculos revolucionarios que existían previamente.
Al principio, Marx y Engels se enfrentaron a dificultades formidables. En la mayoría de los países, el movimiento obrero estaba dando sus primeros pasos. Estaba en su etapa formativa y frecuentemente influenciado por ideas liberales y democráticas burguesas. En casi todos los países, el movimiento obrero no había roto aún con los partidos burgueses.
En los días de Marx y Engels, la abrumadora mayoría de la población europea estaba compuesta por campesinos o pequeños artesanos, no por trabajadores asalariados. Sólo en Gran Bretaña la clase obrera representaba la mayoría de la población, pero los dirigentes sindicales británicos estaban bajo la influencia de los liberales. En Francia los proudhonistas se oponían a las huelgas, contraponiendo sus ideas utópicas de “mutualismo”. También se oponían a la participación obrera en las luchas políticas.
Al final, combinando la firmeza en los principios con una gran flexibilidad táctica, Marx y Engels fueron ganando a la mayoría. Bajo la batuta del Consejo General liderado por Marx y Engels, la Internacional sentó las bases para el desarrollo movimiento obrero en Europa, Gran Bretaña y América. Y echó hondas raíces en los principales países europeos.

Socialismo e Internacionalismo

El socialismo es internacionalista, o no es nada. Ya en los albores de nuestro movimiento, en las páginas del Manifiesto Comunista, Marx y Engels escribieron la famosa frase: “Los trabajadores no tienen patria”. El internacionalismo de Marx y Engels no era un capricho, o fruto de consideraciones sentimentales. Emanaba del hecho de que el capitalismo se desarrolla como un sistema mundial – de las diferentes economías y mercados nacionales surge un conjunto único, indivisible e interdependiente – el mercado mundial.
Hoy, esta predicción de los fundadores del marxismo se ha visto brillantemente corroborada casi matemáticamente. La dominación aplastante del mercado mundial es uno de los hechos más decisivos de nuestro tiempo. Ni un solo país, sin importar su tamaño o poder, ni los EEUU, ni China, ni Rusia, puede evitar ser arrastrado por el mercado global.
No hay libro más moderno que el Manifiesto de Marx y Engels. Explica la división de la sociedad en clases, explica el fenómeno de la globalización, de las crisis mundiales de sobreproducción, la naturaleza del Estado y las fuerzas motrices del desarrollo histórico.
Sin embargo, incluso las ideas más correctas son estériles si no encuentran una expresión organizativa y práctica. Es por ello que los fundadores del socialismo científico lucharon toda su vida por la creación de una organización internacional de la clase trabajadora. Marx y Engels ya se habían involucrado en la Liga Comunista, que era, desde un principio, una organización internacional, si bien la creación de la AIT representaba un salto cualitativo.
La Internacional se desarrolló y creció en el período previo a la Comuna de París. No se mantuvo al margen de los problemas cotidianos del proletariado. Al contrario, estaba constantemente involucrada en las labores prácticas del movimiento obrero. La Internacional reivindicó la igualdad entre hombres y mujeres y luchó por la mejora de las condiciones de la mujer y de los jóvenes, que eran los que más sufrían la opresión del capitalismo. Al principio, la militancia de la AIT se componía fundamentalmente de hombres, pero en abril de 1865 se abrió la membresía a las mujeres y la Internacional desarrolló una serie de consignas para la mujer trabajadora.
La sede del Consejo General estaba en Londres y había varios sindicatos afiliados a él. Participó en numerosas huelgas y conflictos laborales. La Internacional luchó por acabar con la importación de esquiroles del extranjero y recolectar dinero para apoyar a los huelguistas y sus familias, que empezaron a darse cuenta de que la Internacional era la defensora del proletariado, y que combatía por sus intereses.
A pesar de estos éxitos, o más bien gracias a ellos, los dirigentes reformistas de los sindicatos se empezaron a alarmar por la creciente influencia de la Internacional en Gran Bretaña. Aceptaban su ayuda pero no sentían simpatía hacia sus ideas socialistas y revolucionarias. Aun así, la Internacional era popular en el movimiento obrero británico. La conferencia sindical de Sheffield aprobó una resolución agradeciendo a la Asociación Internacional de Trabajadores sus intentos de unificar a los proletarios de todos los países en una liga fraternal, y recomendó que los sindicatos presentes en la conferencia se afiliasen.

La lucha contra el sectarismo

Marx y Engels tuvieron que luchar en dos frentes: por una parte, tenían que combatir las ideas reformistas de los dirigentes oportunistas de los sindicatos que estaban a favor de la colaboración de clases y de la conciliación con los liberales burgueses. Por otra parte, tuvieron que librar una batalla constante contra el ultraizquierdismo y las tendencias sectarias. Esta situación no ha cambiado mucho hoy. La corriente marxista se enfrenta exactamente a los mismos problemas y ha de luchar contra los mismos enemigos. Los nombres han cambiado pero el contenido es el mismo.
La historia de la I Internacional se caracterizó por encima de todo por la lucha entre dos tendencias incompatibles: por un lado el de sistemas utópicos y sectarios que inicialmente dominaron el movimiento obrero, y, por otro lado, el socialismo científico cuyo principal referente era Karl Marx.
En la I Internacional, aparte de los Owenistas británicos y los sindicalistas reformistas, estaban los proudhonistas y los blanquistas franceses, los seguidores italianos del nacionalista moderado Mazzini, los anarquistas rusos y otras tendencias. En una carta a Engels, Marx escribió: “Era muy difícil orientar la cuestión para que nuestro punto de vista apareciese de manera aceptable para la posición actual del movimiento obrero (…). Pasará tiempo hasta que un movimiento renacido nos permita mostrar la vieja audacia de nuestros discursos. Será necesario ser fortiter in re, suaviter in modo [suave en las formas y duros en el contenido].”
Los anarquistas, tanto de la corriente proudhonista como de la bakuninista, se oponían a la participación de la clase obrera en la contienda política, aunque partiendo de premisas diferentes. Los proudhonistas aconsejaban a los trabajadores que alcanzasen su emancipación a través de medidas económicas a pequeña escala, especialmente organizando el crédito libre y el intercambio equitativo entre productores.
En el otro extremo estaban los bakuninistas que defendían “la propaganda por el hecho”, que en el fondo se reducía al terrorismo individual y a lanzar pequeñas insurrecciones, que, se suponían, debían sentar las bases para un alzamiento generalizado que lograría la revolución social de golpe. Mientras que Proudhon idealizaba el carácter pequeñoburgués de los pequeños propietarios y de los artesanos independientes, Bakunin dio expresión a la perspectiva del lumpenproletario y del campesino insurrecto.
Estas ideas falsas representaron un serio problema en un momento en el que las masas trabajadoras estaban empezando a despertarse. Recuperándose de esa derrota terrible que sufrieron tras la revolución de 1848, los obreros franceses instintivamente expresaron su revuelta contra la esclavitud económica en huelgas, mientras que políticamente estaban preparando la lucha para tumbar al régimen bonapartista. Pero los proudhonistas se oponían a las huelgas y ofrecían pequeños paliativos utópicos.
En vez de partir del movimiento real de la clase obrera y de elevar a las masas a un nivel superior, los sectarios buscaban imponer sobre éstas sus propias doctrinas particulares. Una batalla ideológica aguda y empedernida era necesaria para purgar a la Internacional del sectarismo y proveerla de una base ideológica firme. Marx tuvo que dedicar una enorme cantidad de tiempo y esfuerzos a la lucha contra el sectarismo en sus diversas formas.

La Comuna de París

En su día, la burguesía temblaba ante la amenaza del comunismo liderado por la Internacional. Pero en el mundo se estaban preparando grandes acontecimientos que cortarían este desarrollo. Mientras se libraba una batalla ideológica en el seno de la Internacional, una situación dramática se desenvolvía en el continente europeo.
En julio de 1870 estalló la guerra entre la Francia bonapartista y la Alemania de Bismarck. La AIT adoptó una posición internacionalista sobre la guerra. El Consejo General publicó un manifiesto protestando contra la guerra y culpando de ésta tanto a Napoleón como al gobierno prusiano. Si bien señalaba que para Alemania la guerra tenía un carácter defensivo, el manifiesto advertía a los trabajadores alemanes que si permitían que se convirtiese en una guerra de conquista, los resultados serían desastrosos para el proletariado, tanto si acabase en victoria como en derrota.
La catastrófica derrota del ejército francés el 4 de septiembre de 1870 desató una cadena de acontecimientos que desembocaron en una insurrección por parte del proletariado y el establecimiento del primer Estado obrero de la historia: la Comuna de París. En palabras de Marx, los trabajadores de París “tomaron el cielo por asalto”. La Comuna no era un parlamento clásico, sino una corporación de trabajo con funciones tanto ejecutivas como legislativas. Los funcionarios, que hasta ese momento eran un instrumento en manos del gobierno y una herramienta práctica de la clase dominante, fueron reemplazados por un cuerpo representativo compuesto por personas elegidas por sufragio universal y sujetas a la revocación en todo momento.
Este no es el lugar para hacer un análisis detallado de la Comuna de París. Baste con decir que la debilidad de la Comuna era la debilidad de su dirección. La Comuna no tenía ni un programa definido ni una táctica clara de defensa y ataque. En la propia Comuna, los Internacionalistas estaban en minoría. Sólo 17 de los 92 miembros pertenecían a ella. En ausencia de una dirección consciente, la Comuna fue incapaz de ofrecer perspectivas amplias a los trabajadores y campesinos que podían haber terminado con el aislamiento de los trabajadores parisinos.
A pesar de sus grandes logros, la Comuna cometió errores. En concreto, Marx señaló la equivocación de no nacionalizar el Banco de Francia y de no avanzar sobre el centro de la contrarrevolución en Versalles. La clase obrera pagó un alto precio por estos errores. El gobierno de Versalles tuvo tiempo para organizar un ejército contrarrevolucionario que marchó sobre París y aplastó la Comuna con brutalidad extrema.
Habiendo ahogado en sangre la Comuna, la prensa burguesa organizó una campaña de calumnias contra ésta. Marx defendió la Comuna vehementemente. En nombre del Consejo General escribió un manifiesto que pasaría a conocerse como La guerra civil en Francia, en el que explicaba el significado histórico real de esta gran revolución proletaria. La Comuna era una forma de gobierno político de la clase trabajadora, una dictadura ejercida por la clase oprimida sobre la clase opresora. Era un régimen de transición que defendía la completa transformación económica de la sociedad. A esto se refería Marx cuando hablaba de la dictadura del proletariado.

El colapso de la Internacional

La derrota de la Comuna de París representó un golpe mortal para la AIT. La orgía de reacción que vino después le hizo imposible operar en Francia, y en todas partes la Internacional fue perseguida. Pero la verdadera razón de sus dificultades tenía que ver con el auge económico del capitalismo a escala global que sucedió tras la derrota de la Comuna. Esto tuvo a su vez un efecto negativo sobre la Internacional.
En estas condiciones, las presiones del capitalismo sobre el movimiento obrero dieron lugar a peleas y faccionalismos. Alimentándose de la atmósfera general de desilusión y desesperanza, las maquinaciones de Bakunin y sus seguidores se intensificaron. Por estas razones, Marx y Engels propusieron primero mover la sede de la Internacional a Nueva York, y al final decidieron que sería mejor disolver la Internacional, al menos por el momento. La vida de la AIT terminó oficialmente en 1876.
La AIT tuvo éxito sentando las bases teóricas de una Internacional revolucionaria genuina. Pero nunca fue una verdadera Internacional obrera de masas. En realidad, fue una anticipación del futuro. La Internacional Socialista (II Internacional), creada en 1889, retomó el trabajo donde la I Internacional lo había dejado. A diferencia de la anterior, la II Internacional comenzó como una Internacional de masas que organizaba a millones de obreros. Tenía partidos y sindicatos de masas en Alemania, Francia, Gran Bretaña, Bélgica, etc. Es más, defendía, al menos sobre el papel, el marxismo revolucionario. El futuro del socialismo parecía garantizado.
Sin embargo, la desdicha de la II Internacional fue la de haber sido creada durante un prolongado período de bonanza capitalista. Esto marcó la mentalidad de la capa dirigente de los partidos socialdemócratas y sus sindicatos. Los años 1871-1914 fueron el período clásico de la socialdemocracia. Sobre la base de un crecimiento económico prolongado, le resultó posible al capitalismo dar concesiones a la clase obrera, o, para ser más exactos, a sus capas superiores. Esta fue la base material para la degeneración nacional-reformista de la II Internacional (Socialista), lo cual salió a la luz cruelmente en 1914, cuando los dirigentes de la Internacional votaron a favor de la guerra y apoyaron a “sus” burguesías en la carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial.

La Tercera Internacional

La terrible catástrofe de la Primera Guerra Mundial ayudó a desencadenar la Revolución Rusa, que en 1917 llevó a los trabajadores al poder de la mano de la dirección del Partido Bolchevique, de Lenin y Trotsky. Pero los bolcheviques nunca vieron la Revolución Rusa como un acontecimiento puramente nacional, sino como el primer paso hacia la revolución socialista mundial. Eso es por lo que en 1919 establecieron una nueva Internacional revolucionaria.
La Tercera Internacional (Comunista), generalmente conocida como la Comintern, estaba en un nivel cualitativamente superior al de sus dos predecesoras. Como la AIT, la III Internacional, en su punto álgido de desarrollo, defendía un programa revolucionario e internacionalista. Como la II Internacional, tenía millones de seguidores. De nuevo, parecía que el futuro de la revolución mundial estaba en buenas manos.
Bajo la dirección de Lenin y Trotsky, la Internacional Comunista mantuvo una línea revolucionaria correcta. Sin embargo, el aislamiento de la Revolución Rusa en condiciones de un atraso material y cultural aterrador provocó la degeneración burocrática de la revolución. La facción burocrática dirigida por Stalin se puso al frente, sobre todo tras la muerte de Lenin en 1924.
León Trotsky y la Oposición de Izquierda intentaron defender las brillantes tradiciones de Octubre frente a la reacción estalinista – las tradiciones leninistas de democracia obrera e internacionalismo proletario. Pero iban a contracorriente. Los trabajadores rusos estaban exhaustos tras años de guerra, revolución y contienda civil. Por otra parte, la burocracia se sentía cada vez más segura de sí misma, empujando a un lado a los obreros y tomando el control del Partido.
El auge del estalinismo en Rusia ahogó el tremendo potencial de la III Internacional. La degeneración estalinista de la Unión Soviética sembró el caos entre las todavía inmaduras direcciones de los partidos comunistas extranjeros. Mientras Lenin y Trotsky consideraban la revolución proletaria mundial como la única salvaguarda del futuro de la Revolución Rusa y del Estado soviético, a Stalin y sus seguidores no les importaba la revolución mundial. La “teoría” del socialismo en un solo país expresaba la estrechez de miras de la burocracia, que veía la Internacional Comunista como un mero instrumento de la política exterior de Moscú. Habiendo usado la Comintern al servicio de sus propios intereses cínicos, Stalin la disolvió en 1943 sin hacer amago siquiera de convocar un congreso para refrendar la decisión

La Cuarta Internacional

Expulsado y exiliado, Trotsky intentó reagrupar las exiguas fuerzas que se mantenían fieles a las tradiciones del bolchevismo y de la revolución de octubre. Bajo las condiciones más difíciles, calumniado por los estalinistas y perseguido por la GPU, él solo alzó las banderas de octubre, del leninismo y de la democracia obrera y del internacionalismo proletario.
Desafortunadamente, debido al tamaño reducido de sus fuerzas, muchos de los seguidores de la Oposición estaban confusos y desorientados, y se cometieron muchos errores, en particular de carácter sectario. Esto reflejaba en parte el aislamiento de los trotskistas del movimiento de masas. Este sectarismo está presente hoy en día en muchos grupos que se consideran a sí mismos trotskistas, y que han sido incapaces de entender las ideas más básicas de Trotsky.
Trotsky creó la Cuarta Internacional en 1938 en base a una perspectiva concreta. Sin embargo, esta perspectiva fue falsificada por la historia. El asesinato de Trotsky por uno de los mercenarios de Stalin en 1940 representó un golpe mortal contra el movimiento. Los otros dirigentes de la IV Internacional demostraron de manera fulminante no estar a la altura de las tareas históricas. Repetían las palabras de Trotsky sin entender su método. Como resultado, cometieron serios errores que desembocaron en el naufragio de la IV Internacional. Su dirección fue totalmente incapaz de entender la nueva situación que surgió tras 1945. La ruptura y fragmentación del movimiento trotskista se desata en este período.
No es posible entrar en detalle aquí en los errores de la dirección de aquel entonces de la IV Internacional, pero basta con decir que Mandel, Cannon y compañía quedaron desorientados tras la Segunda Guerra Mundial, y esto dio lugar al abandono total de las ideas del marxismo genuino. La llamada IV Internacional degeneró tras la muerte de Trotsky hasta convertirse en una secta orgánicamente pequeñoburguesa. No tiene nada en común con las ideas de su fundador ni con la corriente genuina del bolchevismo-leninismo.

El movimiento retrocede

La Segunda y Tercera Internacionales degeneraron en organizaciones reformistas, pero al menos les quedaban las masas. Trotsky, en el exilio, carecía de organizaciones de masas, pero sí tenía el programa y políticas correctas y unas consignas claras. Era respetado por trabajadores de todo el mundo y sus ideas eran escuchadas. Hoy, la llamada IV Internacional no existe como organización. Los que hablan en su nombre (y hay unos cuantos) no tienen ni las masas, ni las ideas correctas, ni siquiera consignas claras. Han degenerado hacia el tipo de sectarismo estéril que Marx combatió en la I Internacional. Toda la cháchara de revivir la IV Internacional sobre estas bases está descartada.
Debemos enfrentarnos a los hechos. Hoy, 150 años tras la fundación de la I Internacional, por una combinación de circunstancias, objetivas y subjetivas, el movimiento revolucionario ha dado un paso atrás y las fuerzas del marxismo revolucionario son una pequeña minoría. Eso es la verdad, y quien lo niegue se defrauda a sí mismo y a los demás. Las razones de esto están en parte en los errores del pasado. Pero el factor decisivo que explica el aislamiento y la debilidad de las fuerzas del marxismo revolucionario yace en la situación objetiva.
Décadas de crecimiento económico en los países capitalistas avanzados ha dado pie a una degeneración sin precedentes de las organizaciones de masas de la clase obrera. Ha aislado a la corriente revolucionaria, que en todas partes se ha visto reducida a una pequeña minoría. El colapso de la Unión Soviética ha ayudado a sembrar la confusión y la desorientación en el movimiento, y ha sellado definitivamente la degeneración de los dirigentes estalinistas, muchos de los cuales se pasaron al bando de la reacción capitalista.
Muchos han sacado conclusiones pesimistas de esto. A esta gente le decimos: no es la primera vez que nos enfrentamos a dificultades, y no les tenemos ningún miedo. Mantenemos una confianza inquebrantable en la certeza del marxismo, en el potencial revolucionario de la clase trabajadora y en la victoria final del socialismo. La crisis actual expone el papel reaccionario del capitalismo, y pone sobre la mesa la reconstrucción del socialismo internacional. Hay conatos de reagrupar fuerzas a escala internacional. Lo que se necesita es darle a esa reagrupación una expresión organizada y un programa, perspectivas y una línea clara.

La única salida

Las tareas a las que nos enfrentamos son a grosso modo análogas a las de Marx y Engels en los días de la fundación de la I Internacional. Como hemos explicado antes, aquella organización no era homogénea, sino que se componía de diversas tendencias. Sin embargo, Marx y Engels no se amedrentaron por ello. Se unieron al movimiento general de la Internacional obrera y trabajaron pacientemente para proveerla de una ideología y un programa científicos. Se enfrentaron a muchas dificultades. Al final de su vida Engels escribió: “Marx y yo estuvimos en minoría toda nuestra vida, y estábamos orgullosos de estar en minoría”.
Como Marx y Engels, durante décadas nos vimos forzados a nadar a contracorriente. Pero ahora los vientos de la historia han empezado a cambiar. La crisis económica global de 2008-2009 marcó un punto de inflexión en la situación mundial y los estrategas del capital no ven ninguna salida. Predicen entre 10 y 20 años de recortes y austeridad. Esta ha sido la “recuperación” más lenta de la historia del capitalismo, y sea cual sea la recuperación que dicen que hay no está alcanzando en absoluto a la mayoría de la población.
La mecánica elemental nos dice que cada acción tiene una reacción igual y opuesta. La crisis del capitalismo está provocando una reacción de los trabajadores y de la juventud.En todas partes, bajo la superficie de calma y tranquilidad, hay una corriente efervescente de rabia, indignación, descontento y, por encima de todo, de frustración contra el estado de las cosas en la sociedad y la política. En un país tras otro, las masas han entrado en escena con una fuerza sobrecogedora: Túnez, Egipto, Turquía, Brasil, Grecia, España y Portugal. Incluso en los EEUU hay un descontento generalizado y un cuestionamiento del orden actual que no existía antes.
Hoy, las ideas de Marx son más válidas y necesarias que nunca. Tras seis años de profunda crisis económica, hay desempleo masivo, condiciones de vida que se desploman, ataques constantes contra el Estado del bienestar y los derechos democráticos. Está el escándalo de los banqueros, que han destruido el sistema financiero mundial con su avaricia, especulación y timos, yéndose a casa con bonificaciones estratosféricas. Oxfam publicó una estadística que mostraba que las 66 personas más ricas del mundo poseen más riqueza que los 3.500 millones más pobres, la mitad de la población del planeta. Marx predijo esto en las páginas de El Capital y del Manifiesto Comunista.
Los economistas y políticos no tienen solución a la crisis, cuyas causas no pueden llegar a entender. Hablan de la crisis de sobrecapacidad global, y usan tales términos porque tienen miedo de llamar a las cosas por su nombre. A lo que se refieren es a la sobreproducción, que Marx explicó en 1848. Esta es la contradicción fundamental del capitalismo, que nunca antes ha existido en ninguna otra sociedad. Y la única forma de eliminar esta contradicción es liberando las fuerzas productivas de la camisa de fuerza de la propiedad privada y del Estado-nación.
La clase obrera y la juventud no necesitan que se les recuerde que hay crisis económica, sólo tienen que encender la televisión para ello. Mientras la inseguridad se acumula en un extremo, en el otro se apila la riqueza. La productividad, la cantidad de riqueza producida por hora de trabajo, ha aumentado más de un 50% desde los años 1970 en casi todos los países occidentales, mientras que los salarios reales se han estancado en ese mismo período. Las colosales plusvalías producidas por la clase obrera son tomadas por los más ricos de la sociedad, a los que el movimiento Occupy llamó el 1%.
La única manera de acabar con la anarquía del capitalismo es que la clase obrera tome el poder en sus propias manos, que expropie los bancos y las grandes corporaciones y que empiece a planificar la economía en líneas socialistas democráticas. Cuando la mayoría social – los que realmente son fuente de toda riqueza – sea capaz de decidir cuáles son las prioridades, serán capaces de asegurar que los recursos de la sociedad se usan para satisfacer las verdaderas necesidades de la humanidad y no en aras del lucro privado. Será posible garantizar viviendas y sanidad decentes, educación gratuita en todos los niveles, y al mismo tiempo incrementar tremendamente la productividad del trabajo.
Esta nueva sociedad socialista sentará las bases para la desaparición de las clases. En palabras de Marx: “En lugar de la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, la sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos.”

La Corriente Marxista Internacional

Por las razones que hemos expuesto, actualmente no existe ninguna Internacional de masas genuina. Lo que fue la IV Internacional fue destruida por los errores de sus dirigentes tras el asesinato de Trotsky, y a todos los efectos sólo pervive en las ideas, métodos y programa defendidos por la Corriente Marxista Internacional.
En todas partes la gente está harta de la situación actual. Hay un deseo ferviente de cambio. Movimientos de protesta masivos como Occupy son una expresión de ello, pero al mismo tiempo han expuesto las limitaciones de movimientos puramente espontáneos. Los banqueros y capitalistas han mantenido un control firme sobre el Estado, las protestas perdieron fuelle y todo siguió como antes.
El problema fundamental se puede expresar de manera sencilla. Es un problema de dirección. En 1938, León Trotsky dijo que la crisis de la humanidad se podía reducir a la crisis de la dirección del proletariado. Eso resume completamente la situación actual. Es irónico que los dirigentes de los partidos obreros de masas se aferren al capitalismo y al mercado cuanto éstos están cayéndose a pedazos enfrente de sus narices. Los trabajadores y la juventud han hecho todo lo que han podido para cambiar la sociedad. Pero no han podido encontrar ninguna expresión organizada que responda a sus esfuerzos. A cada paso que dan se ven bloqueados por las viejas organizaciones y direcciones burocráticas que hace mucho que abandonaron cualquier pretensión de defender el socialismo.
Lo que separa a la Corriente Marxista Internacional (CMI) de todas las otras corrientes autodenominadas trotskistas, es, por un lado nuestro actitud minuciosa hacia la teoría y, por el otro, nuestra aproximación hacia las organizaciones de masas. Al contrario que el resto de grupos, nuestra premisa inicial es que cuando los trabajadores entran en acción no lo harán moviéndose hacia algún pequeño grupo en los márgenes del movimiento obrero. En el documento fundacional de nuestro movimiento, Marx y Engels explicaron que “Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros.”. Explicaron que:
“Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, destacan y reivindican siempre los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto.” (El Manifiesto Comunista,Proletarios y Comunistas).
Estas palabras son tan ciertas hoy como cuando fueron escritas. La tarea de los marxistas no es proclamar el partido revolucionario y la Internacional a viva voz sino construirlos en la práctica. Para esto, dos cosas son necesarias: la lucha por la teoría revolucionaria y la educación de cuadros marxistas, y una firme orientación hacia la clase obrera y sus organizaciones.
La Internacional no será construida meramente con proclamarla. Se construirá sobre la base de los acontecimientos, al igual que la Internacional Comunista se constituyó sobre la base de la experiencia de las masas en el periodo tormentoso de 1914-1920. Son necesarios grandes acontecimientos para enseñar a las masas la necesidad de una transformación revolucionaria de la sociedad. Pero además de los acontecimientos, necesitamos crear una organización con ideas claras y raíces sólidas en las masas a escala mundial.
Nuestra tarea es participar en la lucha de clases codo con codo con el resto de nuestra clase, pasar por todas las experiencias y por cada disyuntiva para explicar la necesidad de la transformación socialista de la sociedad. Sólo ganándonos, en primer lugar, a los elementos más conscientes y activos de la vanguardia proletaria y de la juventud podremos alcanzar a las masas que siguen bajo la influencia de la dirección reformista del movimiento obrero. En 1917, cuando eran minoría en los soviets, Lenin dio el siguiente consejo a los bolcheviques: “¡explicad pacientemente!”, y ese es un buen consejo.
Se necesita algo más que campañas de solidaridad, manifestaciones y ocupaciones. Lo que se requiere es una Internacional revolucionaria que sea capaz de dar una expresión organizada y dirección política a la lucha contra el imperialismo y el capitalismo por el socialismo. Esa es nuestra tarea.
Partiendo de pequeños comienzos, la CMI hoy trabaja en más de 30 países. Nuestra web,www.marxist.com (In Defence of Marxism), es la web marxista más exitosa y leída del mundo con millones de visitas cada año. De Brasil a EEUU y Canadá, de Grecia a Venezuela, de México a Gran Bretaña y Francia, la CMI está construyendo las fuerzas del marxismo. En Pakistán, en las condiciones más difíciles que se puedan imaginar, hemos construido una organización con miles de militantes que aúna a lo mejor de los trabajadores y de la juventud. Este es un gran logro pero es sólo el comienzo.
Hacemos un llamamiento a cada obrero y joven que esté de acuerdo con esto para que nos ayude a alcanzar nuestro objetivo final: la victoria del socialismo internacional.
¡Contra el capitalismo y el imperialismo!
¡Por la transformación socialista de la sociedad!
¡Únete a la CMI en la lucha por el socialismo internacional!
¡Proletarios de todos los países, uníos!

Alan Woods
Londres, 28/09/2014