viernes, 18 de abril de 2014

La victoria de Girón, del romanticismo a la revolución




La revolución de los barbudos bajados de Sierra Maestra se hizo más revolucionaria, si cabe la expresión, en Playa Girón. Al rechazar la invasión organizada por Washington, se proclamó la adhesión al socialismo.

Cosa extraña la revolución cubana, porque triunfó el 1 de enero de 1959 pero la fecha que más conmemora es la del 26 de julio, cuando en 1953 los revolucionarios encabezados por Fidel Castro asaltaron el cuartel Moncada, sin éxito en lo militar.
Y llegados al poder ese 1 de enero, se le adjudica igual o quizás mayor importancia histórica a tres días de abril de 1961, cuando rechazaron una invasión organizada por Estados Unidos. Fue en Playa Girón, entre el 17 y el 19 de abril, cuando las nacientes Fuerzas Armadas Revolucionarias en que había devenido el Ejército Rebelde de la Sierra Maestra, derrotó completamente a la Brigada 2506 organizada por la CIA.
Las FAR no actuaron solas. A su lado pelearon la Policía Nacional Revolucionaria y las Milicias Nacionales Revolucionarias. En éstas se encuadraban trabajadores, intelectuales, maestros, campesinos y muchos cubanos y cubanas que estaban dispuestas a defender la reforma agraria, las nacionalizaciones de empresas norteamericanas, ingenios azucareros y la obra martiana de la revolución.
Al principio la revolución cubana había sido visualizada por amplios sectores de la región, e incluso en EEUU, como obra de jóvenes románticos contra la tiranía de Batista. Había natural simpatía para con ellos. El problema fue cuando empezaron a limitar la gran propiedad agraria y entregar tierra a los campesinos, a limitar los alquileres urbanos y a recuperar empresas norteamericanas en el azúcar, el turismo y las telecomunicaciones. Allí Dwight Eisenhower empezó con las primeras medidas de bloqueo económico, limitando la compra del azúcar cubano y no enviando más petróleo crudo. Y peor aún, dio instrucciones a la CIA para preparar grupos de contrarrevolucionarios para derribar al gobierno donde tallaba Fidel Castro. No tan entusiasta, pero al fin imperialista, su sucesor John F. Kennedy y su secretario de Estado Dean Rusk siguieron con el plan diseñado por Richard M. Bisell, un directivo de la CIA de Allen Dulles.

Todo a traición.

El grupo expedicionario se entrenó en bases controladas por los norteamericanos en la Guatemala del derechista presidente Miguel Ydígoras Fuentes y en la base Happy Valley, en Puerto Cabezas, en la Nicaragua de Luis Somoza Debayle, de la triste dinastía de dictadores.
Luego de un intenso entrenamiento y tratando de aprovechar que Cuba estaba en una primera etapa -como toda inicial, caracterizada por el ensayo y error- los patrocinantes norteamericanos juzgaron llegado el momento de atacar. Y de Puerto Cabezas partió la Brigada 2506 con jefes anticastristas como José Pérez San Román, que se reportaban a militares norteamericanos y éstos a Kennedy-Rusk. Ocho barcos, entre ellos los buques escolta altamente artillados, Blagar y Bárbara J., con siete lanchas de desembarco, aviones de transporte y bombardeo que incluía pilotos estadounidenses y un calificado armamento con tanques, artillería y abundante parque, eran sus herramientas de destrucción. Unos 1.400 soldados pensaban desembarcar en la zona de Bahía de Cochinos, en Playa Girón y Playa Larga, en el sur de Cuba, para establecer una cabeza de playa. Lo más importante sería aguantar 72 horas y decir que habían instalado un "gobierno cubano democrático" que presidiría José Miró Cardona. Luego pedirían la ayuda de la Casa Blanca y el reconocimiento internacional.
El llamado "Operativo Pluto" empezó a fracasar con el bombardeo realizado el 15 de abril a tres aeródromos: Ciudad Libertad (La Habana), San Antonio de los Baños y Antonio Maceo (Santiago de Cuba). Es que los aviones atacantes estaban camuflados con insignias cubanas, en un acto de traición que Fidel Castro condenó como reiteración de lo sufrido por EEUU en Pearl Harbour. La incursión pudo destruir en tierra menos del 30 por ciento de los aviones cubanos; quedaba más del 70 por ciento, que viejo y todo daría una brava pelea. Así los pilotos cubanos abatieron a cuatro aviones enemigos, hundieron al buque Río Escondido e hicieron encallar al Houston, poniendo en fuga al Caribe y el Atlantic: Mientras, el portaaviones norteamericano Essex se mantenía vigilante en la zona, como admitiendo quién era el dueño de la Brigada.

Made in USA.

Como recientemente al ser descubierta la red tuitera ZunZuneo, para la promoción de la contrarrevolución en la Mayor de las Antillas, también la "Operación Pluto" trató de disimular la autoría norteamericana. Por eso el representante del imperio en las Naciones Unidas, Adlai Stevenson, declaró el 15 de abril que el bombardeo no era obra suya sino de "pilotos desertores" de esa isla. Sin embargo las pruebas de la intervención yanqui no dejaban dudas y el cubano Raúl Roa las presentó ese mismo día, toda una proeza de Cuba de dar esa batalla diplomática con tanta rapidez. En rigor estaba pautada una reunión de la entidad mundial para el 17 de abril, pedida por Roa para discutir las agresiones norteamericanas.
El bombardeo a traición permitió al diplomático hacer la denuncia en la misma jornada, o sea dos días antes del desembarco propiamente dicho en Bahía de Cochinos, que se produjo el 17 de abril. "Las tropas entrenadas por la CIA y por oficiales del ejército estadounidense durante varios meses en bases situadas en América Central había sido reclutadas por el gobierno de EEUU, quien además financió y organizó", escribió Hal Klepak, asesor del ministerio de Defensa de Canadá en su libro "Raúl Castro, estratega de la defensa revolucionaria de Cuba" (Le Monde Diplomatique). En este punto se remitió a la obra de Peter Kornbluh "Bahía de Cochinos Desclasificado, The secret CIA Report of the invasion of Cuba, 1998).
No solamente Fidel Castro y Cuba acusaron al mal vecino de ser el autor de la agresión. Autores varios han admitido tal verdad, casi de Perogrullo. El asistente de Kennedy, Arthur Schlesinger, escribió varios años después: "históricamente hemos desempeñado un doble papel en América Latina. Por tanto los latinoamericanos tienen una relación mezcla de odio y amor con EEUU. Responden cálidamente al Dr. Jekill, detestan y temen a Mr. Hyde. Bahía de Cochinos fue obra de Mr. Hyde". En realidad los cubanos tampoco temen ni a Hyde ni a Jekill, ni a los demócratas ni a los republicanos. Quieren vivir en paz con todos sus vecinos pero si no los aceptan, después de Girón saben que pueden vivir otros 53 años sin darse por vencidos.

Masas, unidad y liderazgo.

La invasión duró 66 horas entre el 17 y el 19 de abril, cuando los atacantes se rindieron en masa. Según el Miami Herald, recontra anti castrista, en un artículo de hace tres años, "la malograda operación dejó como saldo 104 muertos -incluidos cuatro pilotos estadounidenses- y más de 1.100 brigadistas presos. La mayoría de ellos tuvo que cumplir 20 meses de cárcel. Fidel Castro finalmente los entregó a sus familiares en diciembre de 1962, a cambio de comida y medicinas".
A propósito de ese canje entre los dos países, no se entiende por qué hoy EEUU no acepta un intercambio, entregando a los tres cubanos que mantiene desde 1998 en cárceles estadounidenses, y recupera a su espía Alan Gross, preso desde 2009 en La Habana.
Del lado patriota, las muertes y heridos fueron muchos. Juan Carlos Rodríguez, en su libro "Girón, la batalla inevitable" (2012), hace este inventario: "las bajas de las fuerzas revolucionarias en las 66 horas de batalla fueron 156 muertos y aproximadamente 300 heridos".
En ese trabajo de investigación histórica y en otros se aprecia la alta participación de la población cubana en la defensa de su revolución y en última instancia de ella misma. En ese 1961 se estaba haciendo la Campaña de Alfabetización con decenas de miles de maestros. Cuba no sólo derrotó a la contrarrevolución en Girón ese año sino también al analfabetismo, siendo declarado territorio libre de ese flagelo. A propósito, esa y otras ventajas de sus programas revolucionarios fueron con el tiempo compartidas con sus vecinos, como el "Yo Sí Puedo", "Operación Milagro" y la Escuela Latinoamericana de Medicina.
Del mismo modo, cuando la isla era invadida en Girón, muchos latinoamericanos llegaron para ofrecerse en su defensa, entre ellos el ex presidente mexicano Lázaro Cárdenas, corroborando la relación especial entre los dos países. A diferencia del imperio, que no daba la cara, el líder de la revolución se puso a la cabeza del plan para derrotar la invasión. El libro de Rodríguez cuenta que Fidel discutió con los otros dirigentes su derecho a tripular un tanque que iba a entrar en combate en playa Girón. Su condición de jefe que encabeza las tropas ya era conocida y allí se reafirmó. Lo nuevo y grandioso para la historia contemporánea fue que el domingo 16 de abril, al día siguiente del traicionero bombardeo y en la víspera de la invasión, el comandante en jefe proclamó el carácter socialista de la revolución. A los románticos de Sierra Maestra no sólo le habían crecido las barbas sino, sobre todo, las ideas, madurando al compás de las batallas martianas contra el imperio y con una mejor visión del mundo global donde les tocaba actuar.

Emilio Marín

miércoles, 16 de abril de 2014

“Si el Frente Amplio con Mujica ya está a la derecha, lo que se viene ahora con Tabaré, va a ser peor”.

Entrevista con Jorge Zabalza, histórico ex dirigente Tupamaro del Uruguay

Hablar con Jorge Zabalza es hacerlo con un pedacito irreductible de la lucha del MLN Tupamaros de los años 60 y 70. Hermano de Ricardo, otro “tupa” caído en combate cuando el Movimiento guerrillero ocupara la localidad de Pando, el 8 de octubre de 1969, y eterno reivindicador de Raúl “Bebe” Sendic, el fallecido líder del tupamaraje revolucionario y artiguista.
Zabalza fue uno de los tantos rehenes de la dictadura, que estuvo prisionero 13 años en durísimas condiciones. Luego, ya en libertad fue un digno edil montevideano que se opuso a una concesión espuria del Casino de Carrasco, como deseaba el alcalde frenteamplista. Su decisión provocó un terremoto en el Frente y hasta la renuncia del propio Tabaré Vázquez, que lo presidía.
Con el tiempo, Zabalza siguió reivindicando la rebeldía y los principios de sus orígenes, mientras varios de sus compañeros de prisión y de lucha, tomaron otros rumbos en lo político y también en lo ideológico. Hoy, Zabalza se ha convertido en un francotirador (guevarista-bolivariano-artiguista) que molesta al poder, ya que no se calla la boca si debe denunciar las injusticias y mucho menos ante las involuciones en el campo de las ideas. Por todo eso, entrevistar al Tambero (el apodo con que se lo conoce en Uruguay y en el mundo) ofrece muchos títulos periodísticos urticantes. A escucharlo entonces.
-Poco antes de que Pepe Mujica asumiera el Gobierno, muchos de sus seguidores afirmaban que “ahora sí se va a radicalizar el proceso”. ¿Cuál es su opinión sobre lo ocurrido en este mandato de su ex compañero del MLN Tupamaros?
-Esa era una lectura bastante parcial, ya que Mujica siempre apoyó el modelo económico que patrocinaba el actual vicepresidente Danilo Astori, ligado a las corporaciones multinacionales. En lo fundamental, Tabaré, Mujica y Astori, tiene una coincidencia plena en el “Uruguay productivo” que tenemos: plantar soja transgénica con agrotóxicos, forestación de eucaliptus y de pinos, megaminería. Un país absolutamente dependiente de las corporaciones, gobierna el país el capital extranjero. Ellos, lo único que hacen es cambiar el escenario para no cambiar nada: un año Tabaré, luego Mujica, ahora volvería Tabaré nuevamente. Disfrazan el discurso y la apariencia, un día Mujica se hace el populachero, otro día filosofa, siempre con grandes contradicciones, o grandes discursos para después hacer todo lo contrario. Tabaré aparece más doctoral, Astori presupone que lo sabe todo y luego no sabe donde meterse cuando no puede con la inflación.
-Frente a estas cuestiones casi de sentido común en lo que hace a los déficits, ¿qué pasa con la base del Frente Amplio o del propio Movimiento de Participación Popular? ¿No se rebelan? ¿Es tan fuerte el verticalismo?
-Ha comenzado a aparecer lentamente cierto desengaño. Es evidente que esta campaña de Tabaré Vázquez no está acompañada por el entusiasmo que tuvo la que lo llevó al Gobierno en marzo de 2005. Ellos se están quejando de que va poca gente a los actos, están diciendo que no tienen militancia. Cómo quieren tenerla si después hacen todo lo contrario de lo que prometen. Había una expectativa de con la llegada del “gran Tabaré”, las masas iban a acudir a las convocatorias. Pero no es así. Incluso, las últimas encuestas han dado de que todos los partidos juntos superan al Frente Amplio, y por lo tanto corre mucho riesgo la mayoría parlamentaria, lo que les preocupa.
Lo cierto es que hay una gran despolitización y desideologización de la campaña electoral, que provoca que la gente no tenga entusiasmo. Le quieren vender un jabón u otro jabón, a través de la publicidad electoral, pero son todos lo mismo.
-En una de las paredes del Cerro de Montevideo, pudimos ver una pintada que decía: “Del realismo a la traición”, en el sentido de que Mujica siempre dice que “esta es la realidad, el mundo ha cambiado”, y hay otros militantes que piensan que “en realidad se han traicionado los principios”. ¿Qué piensa de estas opiniones?
-Creo que Mujica hizo una opción política por el capitalismo. En algún momento, a (Fernández) Huidobro, Mujica, Bonomi se les quebró aquella fibra de querer cambiar el mundo y hacer una opción por los trabajadores, y perdieron el convencimiento. Entonces se incorporaron a las filas de todos aquellos a los que combatíamos, ya sea los estancieros del Uruguay que generan latifundio, y al cual el Gobierno protege. No ha habido ni un solo choque con el imperialismo. Cuando toda Latinoamérica se alza contra el Imperio y salimos a la calle a defender a Venezuela, Mujica toma una actitud de “gran componedor”. La derecha de Venezuela lo viene a buscar y él dice que sí, que va a ir a arreglar todo, y por suerte Maduro le dijo “no, gracias”.
Acá hubo un cambio ideológico porque se le quebraron las ganas de luchar a estos compañeros. En algún momento de su carrera como Tupamaros y revolucionarios, en algún calabozo. dejaron las convicciones.
-Sin embargo, han surgido algunas reivindicaciones que generan movilizaciones multitudinarias, como es la lucha por la tierra.
-Esa es una expectativa que todos tenemos, de cómo se está reaccionando. Al igual que en otros países de América Latina, dicen que en Uruguay se redujo la pobreza, pero la tercera parte de la población tiene ingresos menores a 14 mil pesos, cuando la canasta básica es superior a 50 mil. Son pobres, no tienen para cubrir sus necesidades básicas. Ese descontento está allí, larvado.
Por suerte, frente a emprendimientos como la mina a cielo abierto Aratirí que va a ocupar alrededor de 40 mil hectáreas, o ante las injusticias que están ocurriendo con los trabajadores en los naranjales, hay gente que reacciona. En defensa del agua y de la tierra y todos los recursos naturales. Con la gente en movimiento y luchando, hay posibilidades de hacer política que tenga un sentido revolucionario. No estamos hablando de hacer una Revolución ahora, pero sí de poder mirar un camino, un horizonte que sea revolucionario.
-¿Sendic sigue siendo un ícono para los rebeldes de Uruguay?
-Por supuesto. Si no, ¿por que cree que olvidaron a Sendic? ¿Por qué cuando llegan los Tupamaros al gobierno ninguno se acuerda de decir ¡Salud Sendic!, vamos a reivindicar sus ideas y su pensamiento revolucionario? Porque Sendic tenía un proyecto político, y conste que no hablo de los años 70 sino después que salimos de las cárceles, de construir un Frente desde las bases, con cuatro propuestas: no pagar la deuda externa; hacer una reforma agraria, expropiando a los latifundistas sin indemnizarlos y pasando la propiedad de las tierras al Estado; estatizar la Banca, y llevar el salario al mismo poder adquisitivo que tenía en los años 60. Eso significaba otro modelo de Uruguay, un modelo de producción y de capital invertido para el pueblo, de otra forma de vida. Tenía una puntería de no respetar a la clase dominante, de chocar con ella y no hacerle reverencias.
Como actualmente, ninguno de los ex guerrilleros que están en el Gobierno puede reivindicar ese programa, porque están haciendo todo lo contrario, están entregando el país al capital extranjero, Sendic vive clandestino en el corazón del pueblo. Nosotros, cada tanto, tratamos de sacarlo de esa clandestinidad. Este año va a haber una marcha con la gente de UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas), que vienen de Bella Unión, los trabajadores naranjeros de Paysandú, los compañeros de Tacuarembó y de Rivera, y gente del MST de Brasil, vamos a ir hasta el Cementerio para homenajearlo.
Nuestra idea es que los jóvenes que hoy están luchando levanten el legado de Sendic, que sepan que los Tupamaros no eran como los que están gobernando en Uruguay. Que los Tupamaros tenían dignidad, banderas y querían una Revolución agraria, la misma que hizo Artigas.
-Lo paso de la épica a la realidad: ¿qué va a hacer Zabalza en las próximas elecciones presidenciales del mes de octubre?
-Zabalza no quiere votar a nadie. No voy a votar a Tabaré Vazquez. Si el Frente Amplio con Mujica está a la derecha, lo que se viene ahora en el Uruguay va a ser peor. Con él podemos esperar un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Si hubiera movilización popular, Tabaré va a dar palos, que nadie lo dude. Va a ser como Rodríguez Zapatero en España, o como la socialdemocracia griega. Por lo tanto, a Tabaré no hay que votarlo. Hay gente que nos dice, “pero no hay nada mejor, votar a la derecha es peor”, y yo afirmo que Tabaré es la derecha, con tanta soberbia y arrogancia como los otros candidatos de la derecha tradicional. Nosotros vamos a llamar a no votar, o a votar nulo o en blanco.
-¿Cuáles son las razones para que después de tanto tiempo, la izquierda más rebelde no se pueda unir y marchar juntos?
-Al no haber una gran movilización y lucha popular no surgen propuestas unitarias. El calor de la lucha de la gente ayudaría mucho a juntarnos. Si no existe una retaguardia, el pueblo con espíritu insurrecto, como decía el Che Guevara, no existe vanguardia.
-¿Le preocupa la situación de Venezuela, atacada externa e internamente por el Imperio?
-Me preocupa mucho. El mundo ha cambiado en estos últimos diez años. A los EEUU, Rusia le paró el carro en Siria y ahora le está ganando la “cuereada” en Ucrania, y los norteamericanos no se van a atrever a intervenir directamente, y terminarán metiendo el violín en bolsa. Entonces, les queda América Latina, y en especial Venezuela, Cuba, Brasil. Creo que en los próximos años hay que esperar que el imperialismo intentará concentrarse en lo que ellos siguen llamando su “patrio trasero”. Van a ser horas de definiciones, y allí es donde volvemos a la situación uruguaya. Seguramente, Tabaré se va a definir por la Alianza del Pacífico o aliarse con la derecha fascista del continente.
-Como usted no es diplomático, le pregunto cómo se ve desde el Uruguay la situación argentina.
-Esa sí que es una pregunta difícil. Hay un modelo económico que pretende tener una apariencia más ligada a la defensa de lo nacional, pero por otro lado firman los contratos con Chevrón, que significa una entrega total del país. Por un lado, en Argentina se está dando el procesamiento y enviando a la cárcel a muchos verdugos y torturadores, a los asesinos de la época del terrorismo de Estado, y por el otro lado se condena a perpetua a los trabajadores de Las Heras. Es un auténtico disparate. Es continuamente una de cal y otra de arena. Yo creo que lo que realmente determina en Latinoamérica es el tema del imperialismo. Maduro pelea abiertamente contra los EEUU, Correa expulsa la base yanqui de Manta, Evo Morales echa al embajador de EEUU. En cambio, Cristina Fernández no se sabe si apoya o no esas posiciones, a veces si, a veces no. A pesar de que están un poco peleados, es como Mujica: como te digo una cosa, te digo la otra… Mujica hace 20 días que está diciendo que va a ir a visitar a Obama, y después dice que no puede por razones varias. Pero nunca dice, “no, no voy a ir porque los EEUU asesinaron en Iraq, en Afganistán, en Siria o en Libia”. En cambio, plantea que “no se siente bien”, o afirma que lo va a ir a visitar “porque la embajadora de EEUU en Uruguay es muy simpática y siempre nos trata bien a nosotros”. Jamás toma una posición política e ideológica frente al imperialismo. Y Cristina Fernández, hace lo mismo.
-Otro tema pendiente en Uruguay es el no juzgamiento a los militares genocidas.
-El problema de los derechos humanos en el Uruguay no es solo la defensa cerrada de la impunidad que están haciendo el Poder Judicial por un lado y el Gobierno con su política de olvido y perdón. Ahora aparece este tema de que Mujica, por presuntas razones humanitarias, va a traer a cinco prisioneros de Guantánamo, por pedido de Obama. Sin embargo, no se fija en los adolescentes que están presos en los centros de reclusión que están engrillados. Las autoridades actuales de las cárceles de menores, se enorgullecen porque ya no hay fugas, pero no las hay, porque los presos tienen grillos en las muñecas y en los tobillos. ¿Esos no son derechos humanos? Y el hecho comprobado de que en las comisarías de Uruguay en donde se tortura o la violencia policial que hay en los barrios, o en los estadios. ¿Esos no son derechos humanos? Estos que nos gobiernan se han acostumbrado a tener un discurso que parece de izquierda, y que a nivel internacional provoca aplausos, pero la realidad es que hace tiempo no se procesa a ninguno de los genocidas, y que últimamente, dos que habían sido declarados culpables por asesinar a compañeros, han sido dejados en libertad. Esa es la gran contradicción uruguaya: grandes discursos, pero en la práctica todo lo contrario.

Carlos Aznárez
Resumen Latinoamericano

martes, 15 de abril de 2014

Ernesto “Che” Guevara enfermero de YPF, en la marina mercante argentina.




Ernesto quería conocer en profundidad toda América latina, esto lo lleva a trabajar como enfermero de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) recorriendo parte de la costa marítima de aquel continente.

Transcurría octubre de 1950 Ernesto había sido invitado al casamiento de su amiga Carmen González Aguilar, que se realizaba en Córdoba. En aquella fiesta nace su noviazgo con María del Carmen Ferreyra, hija de una familia rica cordobesa. Entre “Chichina” como le decían y Ernesto comienza un noviazgo casi epistolar. A pesar de la pasión que la relación sentimental suscito entre ellos, la distancia entre Córdoba y Buenos Aires y los sucesivos viajes de Ernesto fueron convirtiendo a este romance en un amor, que solo lo alimentaba la fantasía y la distancia. A Ernesto le gustaba mucho Chichina, aunque tenía miedo que ese amor lo atara y no le permitiera cumplir sus sueños de conocer el mundo. Es por ello que su nueva meta era embarcarse en la flota mercante argentina, con el fin de conocer una parte de América latina. Sí sacaba el carnet de enfermero y conseguía que lo contrataran, podría viajar, ahorrar algún dinero para futuros viajes y en el barco seguir estudiando las materias que le faltaban de sus estudios de medicina, esa era su meta. Ernesto gracias a las gestiones de su padre -que recurrió a varios amigos influyentes- logro conseguir el certificado de enfermero. Su carrera avanzada en medicina lo acreditaba para ejercer la enfermería. Para Ernesto era una buena oportunidad para hacer algunas prácticas, aunque su interés más importante era conocer otros lugares de América latina. Después de una espera de varias semanas logro conseguir la anhelada matricula profesional, con fecha del 22 de diciembre de 1950. Con el carnet en la mano, dejo pasar las fiestas de fin de año y se presento ante la empresa estatal Flota Argentina de Navegación de Ultramar (FANU) que posteriormente se denomino (ELMA), con el objetivo de cubrir algún puesto vacante en esa categoría. Por aquellos años del gobierno peronista, la flota mercante argentina estaba en su mayor apogeo. Sus barcos surcaban los mares del mundo trasportando carmes, cueros, cereales o trayendo productos del exterior. También estaba en su mayor desarrollo la explotación petrolera de Comodoro Rivadavia. Ernesto no tardo mucho en conseguir la primera suplencia en el buque carguero Anna G. embarcándose el 9 de febrero de 1951. Confirmado para hacer su primer viaje, Ernesto recordó las novelas de Emilio Salgari en el Caribe, que tanto les gustaba. Desde niño Ernesto se convirtió en un gran lector de novelas de aventuras. Entre sus autores predilectos estaban Julio Verne y Alejandro Dumas. Aunque sentía una admiración especial por el escritor italiano Emilio Salgari. Este autor había escrito cerca de 200 novelas, muchas de ellas ambientadas en el Caribe. Algunos de los más populares personajes fueron El Corsario Negro y El Capitán Morgan, que luchaban contra la injusticia. La imaginación del joven Ernesto lo llevo en un sinfín de veces a soñar con conocer estas lejanas tierras. Por ello cuando se entero que los buques tanques hacían escala en aquellos puertos que Salgari narraba con tanta descripción, se sintió trasladado en el tiempo, ahondando aun más sus deseos de descubrir esos lugares tan lejanos y exóticos. El Anna G era un carguero relativamente nuevo, había sido construido en el astillero de Levingston Shipbuilding (EEUU) en 1942. Estaba preparado para transportar cereales o carga general, como así también combustibles líquidos o aceites vegetales. El buque tanque tenía 101, 25 metros de eslora y 15,25 de manga, contaba con una tripulación de 37 hombres.
Según la escritora Julia Constenla, Guevara en este viaje: “Conocerá allí las costas sureñas de Comodoro Rivadavia y puertos del Brasil, Venezuela y Trinidad Tobago”. El carguero fue haciendo escalas en los puertos brasileros, navegando lentamente a 11 nudos de velocidad media. Ernesto se aburría esperando atender a algún tripulante que podía padecer algún trastorno leve. En la mayoría de los casos se acercaban a la enfermería para solicitar algún analgésico para los dolores de cabeza, también eran comunes alguna que otra descomposturas o mareos sin mayor trascendencia. Aunque según se cuenta en alta mar realizó una apendicetomía con un cuchillo de cocina, porque el único bisturí de abordo había sido utilizado en una pelea a cuchillo y embargado luego como prueba judicial. En las largas horas de espera, mirando siempre a un mar infinito Ernesto aprovechaba para leer sus libros de cabecera. También aprovecho aquel viaje para escribir y filosofar sobre la vida. En las pocas oportunidades que tuvo de bajar en algún puerto de la costa del Brasil pudo comprobar la belleza de su paisaje, al mismo tiempo quedo sorprendido por la belleza de la mujer brasileira. Desde Puerto Alegre le escribe a su tía: “Querida Beatriz: Desde esta tierra de bellas y ardientes mujeres te mando un compasivo abrazo hacia Buenos Aires que cada vez me parece más aburrido…” De Trinidad Tobago le envía otra postal: “Después de sortear mil dificultades, luchando contra los tifones, los incendios, las sirenas con sus cantos melodiosos (aquí son sirenas color café) llevo como maravilloso recuerdo de esta isla maravillosa 1500000 (un millón quinientos mil) v.i de Penicilina y el corazón saturado de “bellezas”. Para tu pobre alma burguesa te envió un abraso.” Años después estando en Praga, preparando su entrada secreta a Cuba para luego marcharse a Bolivia, en una charla informal con sus compañeros que compartían aquella misión, recordó su paso por el Brasil, así lo cuenta José Gómez Abad en su libro “Como el Che burlo a la CIA”: “En las sobremesas como en las conversaciones que frecuentemente sosteníamos en el resto del día, tanto el Pacho (Alberto Fernández Montes de Oca), que lo conocía de años, como principalmente yo, que tenía el privilegio de escucharlo en un círculo pequeño e íntimo, disfrutábamos al charlar con él. Al escuchar sus anécdotas era como si nos adentráramos en sus secretos, expuestos con toda naturalidad, en una atmósfera distendida y amena. A veces las conversaciones eran en nuestra habitación y él se recostaba sobre una de las camas. Generalmente no hablaba de sí mismo ni acostumbraba a hacerlo en primera persona y menos aún de realzar su protagonismo. A solicitud de Pacho nos hizo diversos relatos sobre sus andanzas de joven, recorriendo primero en una bicicleta con motor media Argentina y después en una motocicleta con su amigo Alberto Granado, diversos países de América del Sur. Personalmente me agradó mucho su relato sobre el cruce del río Amazonas en la balsa a la que llamaron Mambo-Tango. Cuando años después he leído los libros donde aparecen reseñadas sus aventuras juveniles, me parece estarlo escuchando, ver sus expresiones, gestos y sonrisas. No era un moralista intransigente, pues en ningún momento mostró disgusto de que en su presencia Pachungo y yo habláramos sobre mujeres, aunque dentro de un plano no obsceno. En ocasiones hacía sus comentarios, pero era muy reservado en este aspecto, excepto la tarde en que Pachungo le insistió para que nos comentara en dónde había conocido mujeres más hermosas durante sus periplos juveniles. Fue cuando nos habló de la etapa en que se enroló como enfermero de un barco argentino y llegó hasta Brasil, donde conoció a las negras y mulatas, “las que me deslumbraron”, según su expresión. Es entonces cuando Pachungo le dice: Oiga, Ramón, usted cuando joven era tremendo jodedor, así que le gustaba quemar petróleo.” Me quedé pasmado, pues no sabía como él reaccionaría. Inesperadamente, al escuchar este ocurrente comentario, el Che comenzó a reírse y le dijo: “Pacho, estamos hablando en serio, y tú todo lo tiras a relajo, no te burles de mis experiencias juveniles.” Pachungo le siguió insistiendo para que nos diera detalles de esas aventuras, a lo que le respondió algo más serio pero sin estar disgustado: “A ti lo que te interesa es el chisme y a mí no me agrada hablar de mis intimidades.” Ahí cortó el tema y pasamos a hablar de asuntos políticos…” Al retornar a Buenos Aires y luego de pasar algunos días con su familia logra una nueva suplencia esta vez en el buque Tanque Argentino General San Martin. Esta vez el barco era mucho más grande tenía 172,44 metros de eslora y de manga 21, 64 metros. El General San Martin estaba recién incorporado a la flota argentina. Había sido construido en Inglaterra en los astilleros Cammell Laird y tenía 61 tripulantes. Su misión era el traslado de crudo y derivados desde el exterior. El enfermero Guevara, se embarcó en Buenos Aires el 9 de mayo de 1951, la empresa YPF yacimiento Petrolíferos Fiscales estaban en un auge gigantesco, y el combustible que se cargaba en Venezuela y Trinidad, era utilizado para la industria que se encontraba también en un destacado crecimiento. El barco estaba bajo el mando del Capitán Mario Aguiar. En las fojas 36 del libro de rol (documento que registra la tripulación en la tarea para la que se la embarca), aparece, en el renglón correspondiente al tripulante n° 51, que bajo el rol de ENFERMERO, indica en el cuadro correspondiente al nombre: Ernesto Guevara. En el mismo se señala como “argentino de 22 años”, domiciliado en “Araoz 2180 Capital Federal”. El buque cubría el derrotero entre Buenos Aires, San Lorenzo (Santa Fe), Trinidad y Venezuela (Puerto de Caripito). Llevaban petróleo. En el mismo libro, aparece casi en todos los viajes, el enfermero efectivo de la nave: Ismael Zabaleta, domiciliado en Villa Domínico (Partido de Avellaneda). La gran cantidad de viajes realizados por el enfermero Zabaleta, y el único donde aparece Guevara, indica claramente que “EL Che”, realizó ese viaje en carácter de “relevo”.
El enfermero relevante, aparece bajo el número de prontuario de Prefectura Nacional Marítima (Hoy Prefectura Naval Argentina) PP51-521. El 12 de mayo, tres días después de su embarco en el Petrolero General San Martín, el buque entra (a las 14,35hs) en el puerto petrolero santafesino de San Lorenzo. Zarpa de allí al día posterior (lo que indica que la carga no debía ser mucha), luego de descargar, con rumbo a Trinidad, arribando al puerto petrolero de Pointe-a-Pierre. Esta ciudad caribeña se encuentra en el Golfo de Paria y es un importante puerto para la exportación e importación de productos derivados del petróleo. El 13 de junio a las 13,25hs, vuelve a entrar en Buenos Aires procedente de Trinidad y con carga completa. El buque, realizaba un “Triángulo” entre Buenos Aires, San Lorenzo (Santa Fé) y el puerto petrolero de Point-a-Pierre, en la Isla de Trinidad. También era normal, cargar hidrocarburo en el puerto fluvial venezolano de Caripito, en el Estado Monagas. Estos puertos abastecedores de petróleo (Point-a-Pierre y Caripito), al igual que los actuales (monoboyas) eran inhóspitos parajes, donde se instalaba un oleoducto que se internaba varios cientos de metros en el mar (o río), sitio donde existía una boya o pequeño muelle de amarre. Allí (normalmente pudiendo bajar a tierra, solo por medio de botes) permanecían los buques petroleros, unidos a la destilería o tanque por medio de una gigantesca manguera a través de la cual se bombea el hidrocarburo en caliente. Esta característica de los buques petroleros era (y es) de gran importancia. El hidrocarburo pesado (petróleo) es de hecho una viscosa y pesada pasta más parecida a la brea que al líquido fluido que se muestra en las películas. Por esto, debe calentarse para que fluya, y debe permanecer caliente mientras se lo transporta, ya que si se enfriase, se solidificaría y sería imposible su descarga, salvo que fuese “a pala”. El puerto de Caripito en Venezuela, es un puerto de gran singularidad se ingresa por el delta del Río Orinoco, y, subiendo el serpenteante curso fluvial, se debe navegar introduciéndose en lo más profundo de la selva amazónica.
El historiador Horacio Vázquez, profesor de la Escuela de la Marina Mercante Argentina, en relación a estos viajes marítimos de Guevara señala: “Este singular y espectacular viaje a las profundidades de la América salvaje e indómita, tuvo –necesariamente- que reflejarse en el ánimo del joven enfermero Guevara. La vida en el mar; la disciplina y monotonía de las tareas a bordo, sincronizadas casi mágicamente dentro de la estructura vertical (aunque flexible) de un buque mercante. La naturalidad con que se acepta algo tan anti-natural como el asilamiento y la confinación en que viven los marinos mercantes. La convivencia con alimañas salvajes de las profundidades amazónicas y el salvajismo con que se extraían los incalculables frutos de la tierra, tuvo que marcar a fuego las ideas del “Che”. Centenares de kilómetros río adentro, navegando muy lentamente por el curso casi inexplorado en medio del siglo XX, en condiciones casi idénticas que en tiempos de la conquista. Llegar al medio de “la nada”. Solo un gran “tubo” que asoma de la espesura selvática. El buque, moderno y tripulado por argentinos acostumbrados a la vida de un país en claro avance y desarrollo, se topa de repente con una realidad que parece salir de una novela colonial: Barcas y canoas cargadas de indígenas nativos, desnudos como Dios los trajo al mundo, intentando subir al buque para intercambiar “chucherías” artesanales. Los tripulantes efectivos, toman el hecho como natural y cambian camisas y zapatos (de fino cuero argentino), relojes y cámaras fotográficas por conchas marinas, perlas, piedras preciosas en bruto (esmeraldas sobre todo). Los tripulantes bisoños (entre los que se cuenta el enfermero Guevara) debieron sentir que durante los 450 años que mediaron entre los relatos de Cristóbal Colon y lo que están viendo sus ojos, no cambió nada. Y eso, no era justo. Seguramente que ese viaje del buque petrolero General San Martín a las profundidades de América, forjaron el carácter de una persona, Ernesto Guevara". Durante sus travesías de cabotaje tenía el tiempo necesario para estudiar y escribir. En uno de esos viajes redacta “Angustia, eso es cierto” un cuento autobiográfico semi filosófico donde relata una historia real que le sucede durante una breve estancia en Trinidad Tobago. En su primera obra narrativa cuenta su estado de depresión durante una larga travesía. Su pelea interior por salir de aquella situación que lo hace reflexionar desde una perspectiva existencialista. En esa pelea consigo mismo logra vencer la depresión. La angustia que se apodera de Ernesto no es otra que la relación sentimental con “Chichina”. En el prologo dice: “Caigo de rodillas, cansado de buscar una solución, una verdad, un motivo. Pensar que nací para amar, que no nací para permanecer frente a un escritorio preguntándome si el hombre es bueno puesto que si el hombre es bueno porque me codeo con él en el campo, en la fábrica, en el obraje, en el ingenio, en la ciudad. Pensar que se es físicamente sano, que se tiene espíritu de cooperación, que se es joven y rijoso como un macho cabrío, y verse excluido del panorama por años y años: eso es angustia… que sea un sacrificio estéril, que no se ayude a levantar una nueva vida: Eso es angustia”. El cuento relata una de las salidas que realiza por aquella caribeña isla de Trinidad junto a un grupo de tripulantes.
Otro de los buques tanque de la Flota que lo tiene a Guevara como enfermero es el San José. El buque navegaba a una velocidad de 13 nudos y media 164,7 de eslora y 20,2 metros de manga. Este buque se llamaba previamente "Buenos Aires", fue construido para el armador griego Onassis, que residía por aquellos años en la argentina. El barco estuvo inmovilizado durante la guerra en el puerto de Gotemburgo. En 1944 fue integrado en la flota de YPF. El ultimo buque tanque en el que viaja Ernesto es el “Presidente Perón”, que con el golpe de Estado de la mal llamada Revolución Libertadora le cambian el nombre por el de “General Las Heras.” Este barco estaba recién incorporado a la flota. El mismo tenia de Eslora: 172,50 y de manga 21,65 el mismo estaba integrado por 46 tripulantes. Su padre Ernesto Guevara Linch en su libro “Mi hijo el Che” nos cuenta esta etapa Ernesto como enfermero: “… Sus largos viajes como enfermero de la flota mercante del estado, le impidieron asistir como alumno regular a los cursos de la Facultad. No obstante, no solo no se atraso en sus estudios, sino que gano tiempo examinándose de materias adelantadas…”. Con relación a sus estudios durante aquel año señala: “Durante el año 1951 vuelve a rendir exámenes y aprueba cinco materias”. Ernesto y Alberto Granados su amigo de Córdoba, llevaban varios años hablando y planificando un hipotético viaje por el continente. En todas las reuniones de amigos y familiares era el tema central. Para Ernesto había llegado el momento de cumplir su sueño. La experiencia de enfermero estaba agotada y contaba con algunos ahorros. El propio Granados nos cuenta como fueron estos acontecimientos: “Por entonces, el fue hasta el norte de Brasil y hasta la Patagonia. Yo estaba en Buenos Aires precisamente, y ahí nos encontramos. Hablamos mucho acerca de los planes para nuestro viaje. Yo pensaba que para viajar había que hacerlo acompañado y con gente que estuviera dispuesta de verdad. Después de que Ernesto hizo ese recorrido, un día me dijo: “Que razón tenias, Mial, he perdido cuatro meses de mi vida. Estuve en el norte de Brasil y lo que visite fueron prostíbulos. Nadie me podía decir nada interesante, es verdad que, definitivamente, hay que hacer ese viaje ´acompañado´. Nos miramos y nuestras carcajadas, debieron haberse escuchado en la acera de enfrente.”. Pocos meses después el 29 de diciembre de 1951 parte de Córdoba con Alberto Granados en la ya mítica Poderosa II, motocicleta de 500 cc de cilindrada. A partir de allí comienza un nuevo capítulo de Ernesto Guevara.

Lois Pérez Leira

BIBLIOGRAFIA / ARCHIVOS CONSULTADOS

SECRETARIA DE INDUSTRIA Y COMERCIO YACIMIENTOS PETROLIFEROS FISCALES SERVICIOS DE NAVEGACION Y PUERTOS ROL DE LA TRIPULACION

Anderson, Jon Lee (1997). Che Guevara. Una vida revolucionaria. Barcelona: Anagrama.
Castañeda, Jorge G. (1997). Compañero: vida y muerte del Che Guevara. Buenos Aires: Espasa.
Constenla, Julia (2006). Che Guevara. La vida en juego. Buenos Aires: Edhesa.
Guevara Lynch, Ernesto (1988). Mi hijo el "Che". La Habana: Ed. Arte y Literatura.
Taibo II, Paco Ignacio (1996). Ernesto Guevara, también conocido como el Che. México: Planeta/Joaquín Mortiz.
Vázquez Horacio, Historiador, profesor Escuela de la Marina Mercante Argentina.
Guevara Linch, Ernesto. Mi Hijo el Che. Editorial Arte y Literatura, La habana 1988.
Fernández Sofía, Rosa María: El Che confía en mí; entrevista a Alberto Granado, Casa Editora Abril. La Habana 2010.

Entrevista Carlos “Calica Ferrer”

Entrevista Alfredo Gabela.

BARCOS:

Anna G

Florentino Ameghino

San José (ex Buenos Aires)

General San Martín

Presidente Perón (posteriormente General Las Heras).

lunes, 14 de abril de 2014

Ernesto “Che” Guevara: amor y revolución




Algunos conocedores de la vida del Che dirán poéticamente que estaba enamorado de la revolución.

Poco tiempo y pocos años tuvo para amar. Seguramente el amor lo deposito solamente en una mujer, Aleida March, a pesar de haber sido deseado por miles de mujeres del mundo. Algunos conocedores de la vida del Che dirán poéticamente que estaba enamorado de la revolución. Que ese amor a la humanidad, era lo único que lo podía hacer resignar, al amor convencional por una mujer. Otros hablaran del amor a su madre. Figura trascendental en la vida del Che. Para Guevara el amor supremo era la lucha revolucionaria que justificaba sus sacrificios personales. Estas convicciones hicieron que por los acontecimientos políticos posteriores, no pudiera disfrutar del amor como él quisiera, con su pareja y poder ver criar a sus hijos. Desde adolecente Ernesto tuvo muchos éxitos con las jóvenes de su época. Se le reconoce algunos romances fugaces como con su prima Carmen Córdoba De la Serna, "La Negrita". Luego conoce a María del Carmen "Chichina" Ferreyra en un casamiento en Córdoba, con quien entabla el primer noviazgo formal. María del Carmen pertenece a una de las familias que forman parte de la entonces poderosa y elitista "oligarquía terrateniente argentina". La casa que habita con sus padres en la provincia argentina de Córdoba "La Malagueña", es conocida como "El castillo Ferreyra. La relación si bien es duradera, se mantiene a través de correspondencia y esporádicos viajes de Ernesto a Córdoba. Fue con Chichina que Ernesto tuvo que optar: Mantener una relación amorosa con su novia o aprovechar su juventud para conocer el mundo. Su opción ya la conocemos renuncia al amor para cumplir su misión juvenil, de descubrir nuevas tierras y nuevos pueblos. Por aquellos años también mantiene una relación amistosa con su amiga Tita Infante. Algunos allegados de la familia piensan que entre ambos existió un interés sentimental reprimido. Con Tita mantuvo un intenso vínculo epistolar durante varios años. Durante los viajes que realiza por América latina protagoniza distintas anécdotas sentimentales, las cuales tan solo se quedan en meros impulsos sexuales.
Sera en su segundo viaje cuando Ernesto conoce a Hilda Gadea y comienza una relación de pareja. Guevara se había enamorado de la formación intelectual de Hilda. Gadea era una exiliada peruana del ala de izquierda del APRA, que tenía una gran formación cultural y política. Tanto Ernesto como Hilda tenían muchas cosas en común, a pesar de que Ernesto nunca estuvo enamorado de ella. Su relación fue de compañerismo y de mucho aprecio. Nunca pensó seriamente que iba a ser la mujer de su vida. El embarazo de Hilda dilato la separación, inclusive el nacimiento de su hija Hilda Beatriz el 15 de febrero del 1956 lo lleva a decidirse a casarse. En algunos aspectos todavía Guevara tenía criterios morales tradicionales, como el concepto del matrimonio. Guevara e Hilda Gadea se casaron en Tepozotlán el 18 de agosto de 1955. Hasta ese lugar se trasladaron algunos amigos y entre ellos Raúl Castro y Jesús Montané, que firmo el certificado de casamiento. Aunque estaba previsto que lo hicieran Raúl y Fidel, que no lo hicieron por razones de seguridad. Según cuenta Hilda: “La ceremonia fue intima, muy simple, pero llena de fraterna alegría. Al regresar, Ernesto, muy contento, preparo un asado para el grupo y Fidel Castro también participo de la comida.”
A pesar del casamiento, la pareja como tal duraría poco tiempo, prácticamente había nacido rota. Es notorio que en todos sus escritos y cartas redactadas por aquellos años, en muy pocas oportunidades Guevara habla de su relación con Hilda Gadea.
Muchos amigos de aquellos días como el “Gordo” Rojo no entendían como Ernesto se había enamorado de Hilda Gadea. Ella era de baja estatura, mescla de chinos e indios peruanos, no tenía un rostro agraciadle. Mientras que Guevara aun sin barba, parecía mucho más joven que ella y su rostro tan atractivo, hacían desentonar mucho a la pareja. Luego vendría la detención del Che en México y los preparativos clandestinos para partir con los martianos del Movimiento 26 de julio, encabezados por Fidel Castro. En esos meses Guevara se acercaba una vez por semana para visitar a Hilda y estar unas horas con su hija Hildita. Ernesto por aquellos meses tenía acordada la separación de su mujer. Guevara partiría para Cuba en el Granma y Gadea regresaría al Perú a la casa de sus padres.
Después del accidentado desembarco y la titánica labor de recomponer las fuerzas guerrilleras, el Che como el resto de sus compañeros reproducen en Sierra Maestra nuevos lazos amistosos o sentimentales, como si se tratara de una sociedad alternativa, con sus propias leyes y conductas morales etc. A pesar de las balas el amor seguía vivo en cada combatiente. Se formaron parejas entre guerrilleros, muchas novias que estaban en el llano subieron a la sierra a combatir, para estar con sus compañeros y pelear por la patria. No se festejaban los San Valentines pero se compartía un amor colectivo por la causa martiana y por el amor patrio. En aquellas circunstancias el Che mantuvo algunas relaciones sentimentales pasajeras quizás la más conocida fuera con Zoila Rodríguez García, la conoció estando en Minas del Frío. Era una guajira que vivía en la Sierra Maestra y que, al igual que toda su familia, colaboraba activamente con la guerrilla. En un testimonio posterior, Zoila cuenta de este modo la relación que mantuvieron:
"En mí surgió un amor muy grande y muy lindo, me comprometí con él, no sólo como combatiente, sino como mujer. Un día me pidió que le trajera un libro de su mochila; tenía las letras doradas, le pregunté si eran de oro. Le dio gracia la pregunta, se rió y me respondió: «Este libro es de comunismo». Me dio pena preguntarle qué quería decir «comunismo», porque esa palabra nunca la había escuchado".
Seria recién cuando el Che y su columna se encuentran en el Escambray y cuando sin buscarlo ni quererlo Ernesto se encuentra con el amor de su vida.
Aleida era una militante del 26 de Julio, había recorrido muchos quilómetros a caballo para llegar hasta donde estaban los guerrilleros y hacerle entrega al Comandante Ernesto Guevara del dinero recaudado en la zona de San Clara. Al llegar después de sortear todo tipo de peligros es recibida en el campamento del Che. Al desensillar de su caballo muchas son las miradas que se posan en la joven visitante. Algunos de los combatientes se acercan para saber quién era aquella hermosa colaboradora de la resistencia cívica. Sera el médico Oscar Fernández Mel quien la reciba oficialmente ante tanta mirada interesada. El propio medico de la guerrilla fue el encargado de hacerle algunas curas producidas por el viaje y acercarla hasta donde estaba el Che. Aleida cuenta en sus memorias las primeras impresiones cuando conoce a Guevara: “Cuando tuve la posibilidad de dirigirme a él, le informe de que había venido con una encomienda que debía entregarle.
Todavía estaba crucificada de esparadrapos, y fue lo primero que le dije para que liberara del castigo. Fue el comienzo del primer encuentro… Después de la presentación y en un aparte, Marta –otra compañera de Sierra Maestra- me pregunto qué me había parecido, a lo que, sin vacilar, le respondí que no me parecía mal y que lo más interesante era su mirada, más bien su modo de mirar.”
Mientras Aleida descansa después del agotamiento producido durante todo el viaje, varios combatientes se le acercaron para preguntarle cuales eran la ultimas noticias que circulaban en La Habana.
“Lo vi por la noche - nos relata Aleida - y comenzamos a conversar. De una forma precisa me planteo que podía quedarme como enfermera en el campamento – siempre buscaba para los recién llegados una tarea específica; no admitía gente “flotando”, y mucho menos a una mujer, que podía generar apetencias incontrolables dentro de la tropa- Fui muy concisa en mi solicitud y le explique que mis dos años de labor clandestina, según entendía, me daban derecho a ser una guerrillera más.”
A pesar de la reticencia del Che para que Aleida fuera una combatiente más, esta hizo lo imposible para lograr su objetivo de ser una combatiente guerrillera.
Mientras esto sucede las tropas del Che siguen el avance imparable para tomar San Clara, lugar estratégico que podía decidir la derrota de Batista. Después de formar el gobierno provisional de una pequeña ciudad denominada Fomento, el Che retorna al Campamento Central donde se cruza con Aleida: “Estaba sentada -no cuenta la propia Aleida- con mi neceser de viaje en el momento en que paso el Che y me invito a acompañarlo, diciéndome “Vamos a tirar unos tiritos conmigo”. Sin dudarlo, asentí, y me monte en el jeep para literalmente, no bajar nunca más….”
Desde aquel encuentro Aleida y el Che nunca más se irán a separar. Aleida se convierte en una colaboradora directa del Comandante, que hora tras hora con sus tropas irán avanzando hasta derrotar al ejercito batistiano en la histórica batalla de San Clara. Tanto Ernesto como Hilda se van diciendo cosas a través de pequeños gestos afectivos. Los combates no daban lugar a más y no había tiempo para declaraciones de amor. Las miradas, los gestos y los silencios eran suficientes para que ambos supieran que estaba naciendo un gran amor. Así también lo iban interpretando sus compañeros de Jeep, especialmente el gran amigo del Che, Oscar Fernández Mel.
Con la huida de Batista será Camilo y el Che los primeros en llegar a La Habana. La columna de Guevara se instala en La Cabaña. Durante aquel día se distribuyen las tareas y los lugares para utilizar como habitaciones, a Aleida le toca una muy pequeña. La joven asistenta del Che intenta conseguir algunas ropas que pudieran suplir a las gastadas y sucias que traía de los recientes combates. A pesar de ser un amor anunciado, tanto el Che como Aleida no habían podido expresar todo su sentimiento. Sera unos días después de la llegada, cuando ambos enamorados logran el momento oportuno para declarase el amor. Así lo cuenta la propia Aleida: “Ya para esa fecha todo había cambiado en nuestras vidas. Un día de enero, en un viaje que hicimos a San Antonio de los Baños, íbamos en el asiento de atrás y el Che me tomo la mano por primera vez. No me dieron palabras; sentí que el corazón se me había salido del lugar, no sabía qué hacer ni que decir, pero me di cuenta de que estaba enamorada, sin dudas de ninguna índole Por eso, en ese enero inolvidable, cuando entró a mi habitación de La Cabaña, descalzo y silencioso, se consumaba un hecho más que real y que en tono de broma el Che califico como el día de “la fortaleza tomada”. Empleo esta expresión como un símil, porque a toda fortaleza, para tomarla, primero se le hace un cerco y, poco a poco, después de estudiar sus puntos débiles, de decide el ataque. En realidad eso fue posible porque yo estaba mucho mas enamorada de lo que pensaba y así de simple, “me rendí” sin resistir y sin dar batalla alguna.”.
Antes de marcharse rumbo a su última trinchera revolucionaria en Bolivia, le deja una poesía a su amada Aleida, en ella le dice en el último fragmento:

Adiós, mi única,

No tiembles ante el hambre de los lobos

ni en el frio estepario de la ausencia;

del lado del corazón te llevo

y juntos seguiremos hasta que la ruta se esfume.

Muchas cosas se han escrito ya sobre el Che, las mujeres y el amor. Algunas son anecdóticas y otras, son autenticas patrañas, como el famoso romance del Che con Tania en Checoslovaquia. Encuentro este que nunca se produjo, ya que ambos estuvieron alojados en la misma casa de seguridad de Praga, con la diferencia de dos años, entre una estancia de Tania y la otra de Guevara. Quien sí estuvo en esa casa de Praga visitando al Che fue Aleida March, compartiendo durante varias semanas, esta casa rodeada de bosques y lagos.

Lois Pérez Leira

Bibliografía.

March Aleida. Evocación.Mi vida al lado del Che (Ocean Sur, 2011).

Gadea Hilda, Che Guevara: los años decisivos (México: Aguilar Editor)

Gómez Abad, José. De cono el Che Burlo a la CIA. Red editores. Sevilla.

Taibo II Paco Ignacio, Guevara, también conocido como el Che. Buenos Aires, Planeta.

Mi hijo el Che, Ernesto Guevara Linch. Editorial Arte y Cultura. Ciudad de La Habana, 1988.

Anderson, Jon Lee (1997). Che Guevara. Una vida revolucionaria. Barcelona: Anagrama.

Ignacio Taibo. Ernesto Guevara, también conocido como el Che. Editorial Planeta. 2007.

Constenla Julia, Albún del Che, Editorial Edhasa, Mayo 2007 España.

Castañeda Jorge G. Compañero, vida y muerte del Che Guevara,. Vintage Español, Octubre 1997.

Testimonios:

Oscar Fernádez Mel

Carlos “Calica” Ferrer

Entrevista a José Gómez Abad “Diosdado”. Vigo.

domingo, 13 de abril de 2014

El Escuadrón de la Muerte Uruguay y la Dictadura.


Nunca más dictadura - La represión en Treinta y Tres en 1975.




En 1975, la dictadura militar desplegaba todo su horror en el Uruguay. Entre el 12 y el 13 de abril de ese año, en la ciudad de Treinta y Tres, detenían 38 jóvenes -29 de ellos tenían entre 13 y 17 años-, en su gran mayoría militantes de la Unión de la Juventud Comunista (UJC).
Nunca mas dictadura!
Por los compañeros y compañeras que enfrentaron luchando sin descanso frente al terrorismo de Estado, seguimos gritando por Verdad y Justicia.

sábado, 12 de abril de 2014

Emiliano Zapata, a 95 años de su asesinato




El 10 de abril de 2014 se cumplen 95 años del asesinato de Emiliano Zapata, el más grande jefe campesino de la historia de México. Con este motivo, no sobra escribir algunas líneas acerca del carácter de la insurrección campesina en Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero y otras entidades federativas; los objetivos del zapatismo; la alianza entre el Ejército Libertador del Sur y la División del Norte; la desunión de obreros y campesinos, y la victoria de Venustiano Carranza. Pese a su importancia, de otros temas se hace abstracción.

De la biografía del Caudillo del Sur

Emiliano Zapata Salazar nació en Anenecuilco, Morelos, el 8 de agosto de 1879. Sus padres fueron Gabriel Zapata y Cleofas Salazar, quienes vivían de la compra y venta de ganado vacuno y equino, así como de la producción agrícola. El futuro dirigente agrario recibió la educación primaria en la Villa de Ayala. A los 16 años de edad perdió a su madre y meses después a su padre. Desde muy joven, sobresalió por su conocimiento de los caballos y el manejo de las armas.
El desarrollo del capitalismo en Morelos hizo crecer los cañaverales y las haciendas azucareras, cuyos propietarios se apropiaban de las tierras más fértiles de los pueblos, comunidades e individuos, convirtiendo a sus pobladores en arrendatarios o trabajadores de las haciendas.
Entre 1902 y 1905 Zapata colaboró con la comisión de Yautepec que trataba sus problemas agrarios con la hacienda de Atlihuayán.
Durante las elecciones para gobernador de Morelos, en 1909, Emiliano apoyó la candidatura independiente de Patricio Leyva, quien fue derrotado por Pablo Escandón, candidato de los terratenientes.
El 12 de septiembre de 1909, fue elegido presidente del Comité de Defensa de Anenecuilco para guardar los documentos virreinales del pueblo y seguir la lucha por la restitución de tierras.
El líder morelense fue enrolado en febrero de 1910 en el 9º regimiento del ejército, ubicado en Cuernavaca, siendo dado de baja en marzo. Viajó a la capital del país para trabajar como caballerango.
En 1910 se produjo una elevación en la lucha de Anenecuilco: los lugareños, ante la negativa de la hacienda del Hospital de seguir arrendando sus tierras, ocuparon parte de éstas, bajo la dirección de Emiliano Zapata.
Ya relacionados con la rebelión de Francisco I. Madero y la adopción del Plan de San Luis, Emiliano Zapata, Pablo Torres Burgos, Gabriel Tepepa y Rafael Merino se levantaron en armas. Tras el asesinato de Pablo Torres Burgos, el Caudillo del Sur tomó el 29 de marzo de 1911 el mando de las fuerzas maderistas en la entidad. Ocupó Axochiapan, asaltó la hacienda de Chinameca y sitió Cuautla. El 27 de mayo, el jefe suriano tomó la plaza de Cuernavaca al frente de 5 mil hombres.
A diferencia de otros grupos insurrectos, el zapatismo condicionó la deposición de las armas a la entrega de las tierras a los pueblos, de acuerdo con el artículo 3º del Plan de San Luis. Madero negoció directamente con el dirigente campesino, mas no pudieron ponerse de acuerdo, pues el jefe guerrillero demandaba el reparto agrario sin dilación y la colocación de elementos suyos entre los rurales de Morelos.
El desencuentro de Madero y Zapata no fue raro. Los tratados de Ciudad Juárez, del 21 de mayo de 1911, dieron por concluida la lucha armada, establecieron el desarme de las fuerzas revolucionarias y dejaron intacto el régimen porfirista, incluido el Ejército Federal, lo que facilitaría el derrocamiento del gobierno de Francisco I. Madero en febrero de 1913.

El Plan de Ayala, un programa revolucionario

De cara a la irresolución maderista de la cuestión agraria, la insurrección campesina en el Sur, jefaturada por Emiliano Zapata, tuvo como bandera el Plan de Ayala, expedido el 28 de noviembre de 1911 en Axoxustla, Puebla, que desconocía como presidente a Francisco I. Madero, y llamaba a concretar los puntos que en seguida se citan: "6º Como parte adicional del plan que invocamos, hacemos constar: que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la justicia venal, entrarán en posesión de esos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos, correspondientes a esas propiedades, de las cuales han sido despojados por mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance, con las armas en las manos, la mencionada posesión, y los usurpadores que se consideren con derechos a ellos, lo deducirán ante los tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la Revolución.
"7º En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos no son mas dueños que del terreno que pisan sin poder mejorar en nada su condición social ni poder dedicarse a la industria o a la agricultura, por estar monopolizadas en unas cuantas manos, las tierras, montes y aguas; por esta causa, se expropiarán previa indemnización, de la tercera parte de esos monopolios, a los poderosos propietarios de ellos a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos.
"8º Los hacendados, científicos o caciques que se opongan directa o indirectamente al presente Plan, se nacionalizarán sus bienes y las dos terceras partes que a ellos correspondan, se destinarán para indemnizaciones de guerra, pensiones de viudas y huérfanos de las víctimas que sucumban en las luchas del presente Plan.
"9º Para ejecutar los procedimientos respecto a los bienes antes mencionados, se aplicarán las leyes de desamortización y nacionalización, según convenga; pues de norma y ejemplo pueden servir las puestas en vigor por el inmortal Juárez a los bienes eclesiásticos, que escarmentaron a los déspotas y conservadores que en todo tiempo han querido imponernos el yugo ignominioso de la opresión y el retroceso".
El Plan de Ayala constituyó el programa viable y constructivo de las masas campesinas en pie de guerra del Sur, el Centro y otras regiones de México. En la historia de nuestra patria este documento no tiene parangón con ningún otro.
Para Omar Díaz Arce y Armando Pérez Pino, investigadores cubanos: “Lo más significativo del Plan de Ayala era que no constituía una promesa de redistribución agraria para ser cumplido después del triunfo de la revolución, sino un programa de aplicación inmediata en todos los territorios que fueran dominando las fuerzas rebeldes. Ello ponía en manos de los campesinos armados, y no del Estado burgués, la ejecución de las medidas revolucionarias. Su principal limitación era la no inclusión de las reivindicaciones de los demás sectores oprimidos, la clase obrera, por ejemplo. Respondía, por lo tanto, a una visión parcial y, hasta cierto punto, local, de los problemas del país. A pesar de ello, cierta perspectiva de un nuevo ordenamiento nacional se bosquejaba, en forma más o menos explícita, a través de todo el articulado, sobre todo en los acápites 1, 3, 12, 13 y 15”.
Por su parte, los historiadores soviéticos Moiséi S. Alperóvich y Boris T. Rudenko señalaban: “En la práctica, el Plan de Ayala debía conducir en la inmensa mayoría de los casos, a la confiscación de la tierra sin indemnización alguna, ya que los terratenientes luchaban en contra del programa agrario de los campesinos revolucionarios. En todo el territorio controlado por las tropas de Zapata, este punto del plan comenzó a ponerse en vigor de inmediato. Los campesinos quemaban las haciendas, mataban a los latifundistas y a sus administradores.
“El movimiento campesino encabezado por Zapata y nacido en el estado de Morelos, comenzó a extenderse rápidamente a otros estados: Puebla, México, Veracruz, Michoacán…”
El Plan de Ayala representa la mayor propuesta programática del movimiento campesino mexicano en toda su historia. Las elaboraciones posteriores de la Liga Nacional Campesina (1926-1929), la Unión General de Obreros y Campesinos de México (1949-1965) y la Central Campesina Independiente (1963-1975) tienen como referente obligado el plan escrito por Otilio E. Montaño.

La propaganda antizapatista

El levantamiento en masa de los campesinos morelenses concitó un enorme odio de los latifundistas y fuerzas afines. La prensa de derecha desató una violenta campaña contra Emiliano Zapata y dio comienzo la elaboración de textos antizapatistas como Historia del bandolerismo en el estado de Morelos, de Lamberto Popoca y Palacios; Los crímenes del zapatismo, de Antonio Melgarejo; la novela El Atila del Sur, de Héctor Ribot, y obras de teatro y algunos materiales propagandísticos más.
Sin embargo, fueron los políticos quienes construyeron y difundieron las ideas principales para desprestigiar la Revolución campesina. Así, en octubre de 1911, Trinidad Sánchez Santos despotricaba contra el Caudillo del Sur: “Nos hallamos frente a un hecho inexplicable: la sublevación de Zapata. Todos preguntan: ¿por qué sus hordas salvajes, en vez de ser exterminadas, se van extendiendo cada día más, al grado de que, según un diario de la tarde de ayer, los tiros de sus fusiles podían oírse en Xochimilco a unos cuantos kilómetros de esta metrópoli? ¿Acaso el Gobierno, que cuenta con sobrados elementos, no mira la importancia de acabar para siempre con tal bandidaje?
“Es una afrenta para Méjico, como nación civilizada, que conserve en su seno la anarquía zapatista, porque no se trata de una revolución de principios, ni de que Zapata quiera ser Presidente de la República. Se trata tan sólo del pillaje, del bandolerismo, de una anarquía digna de los vándalos más feroces o de los zulús más refractarios a toda civilización… Esa llaga es Zapata, las hordas que le siguen, la canalla que mantiene en pie de guerra a las unas y al otro”.
“Con gran asombro de todos se supo que el señor Madero, por sí y ante sí, había nombrado a Zapata jefe de las armas en Morelos, y que éste ejercía influencia decisiva sobre el Gobernador Carreón, de manera que el verdadero director de los negocios públicos en Morelos era Zapata y no el funcionario encargado de dirigirlos.
“Como era de esperarse, el señor Presidente De la Barra se negó de la manera más terminante a confirmar el nombramiento que Madero hizo en la persona de Zapata, y, más aún, ordenó a la Secretaría de Guerra una activa campaña contra el bandido. El señor Ministro de Gobernación, por su parte, y como encargado de las fuerzas rurales, envió buen golpe de éstas para que exterminasen a Zapata”.
“Por último, después de dos meses de inútil campaña, la Secretaría de Guerra (no hay que olvidar las ligas que tiene el General González Salas con el Pino-zapatismo) ordenó al General Huerta evacuara el Estado de Morelos y éste quedó en poder de Zapata, quien a sus anchas asesina, incendia, roba y siembra el pánico en la región de sus hazañas, como nuevo Juan de Tabares aumentado en quinto y tercio”.
José María Lozano peroraba el 25 de octubre de 1911: “La Ciudad de México corre riesgo próximo e inmediato de ser el escenario lúgubre del festín más horrendo y macabro que haya presenciado nuestra historia; no es Catilina el que está a las puertas de Roma, es algo más sombrío y siniestro; es la reaparición atávica de Manuel Lozada ‘El Tigre de Alica’ en Emiliano Zapata, el bandolero de la Villa de Ayala”.
“Le reconozco grandes virtudes, más aún, le concedo la suprema genealogía moral, le hago descendiente del eterno, del ilustre michoacano don José María Morelos y Pavón; pero que imite a su ancestro, que extirpe a Emiliano Zapata.
“Emiliano Zapata no es un bandido ante la gleba irredenta que alza sus manos en señal de liberación, Zapata asume las proporciones de un Espartaco; es el reivindicador, es el libertador del esclavo, es el prometedor de riquezas para todos; ya no está aislado, ha hecho escuela, tiene innumerables prosélitos; en el estado de Jalisco, pronto (desventurado estado, mi estado natal) un candidato, un ‘Lisandro’ abominable, comprando votos con el señuelo de promesas anárquicas, ha ofrecido reparto de tierras y la prédica ya empieza a dar sus frutos; los indios se han rebelado; Zapata está a las puertas de la Ciudad de México; próximamente Banderas en Sinaloa, destruirá (sic). Es todo un peligro social, señores diputados, es sencillamente la aparición del subsuelo que quiere borrar todas las "luces de la 'superficie".
“¿Es posible que este aborto haya sido deliberadamente madurado? ¿Es posible que con estímulos nauseabundos hayan alentado a Emiliano Zapata, creyendo que se le extinguirá el día que se quiera? Mentira, ya Emiliano Zapata no es un hombre, es un símbolo; podrá él entregarse mañana al poder que venga, venir con él su Estado Mayor; pero las turbas que ya gustaron del placer del botín, que ya llevan en el paladar la sensación suprema de todos los placeres desbordantes de las bestias en pleno desenfreno, éstos no se rendirán, éstos constituyen un peligro serio de conflagración y hay que tener en cuenta, y hay que recordar a los que tales cosas han hecho, esto es la suprema lección de la historia: Robespierre, en el auge supremo de su poder, mandaba diariamente decapitar a ciudadanos y a aristócratas y alguien, viendo su popularidad, pero también el inminente peligro que corría, se acercó y le dijo: ‘Robespierre, acuérdate de que Dantón fue popular’. Con esta imprecación terminaré, señores: acordémonos todos los odiados o los queridos, los exaltados o los oprimidos, de que para todos existe el tajo de la guillotina, y que, de la luz de Mirabeau, se va rápidamente a la densa sombra de BillaudBarenns. Acordémonos siempre de que también Dantón fue popular”.
La propaganda antizapatista se centraba en presentar al Caudillo del Sur como un jefe de bandidos y a las tropas del Ejército Libertador del Sur como bárbaros y saqueadores.

Zapatismo y magonismo

Un tema poco abordado y de gran importancia histórica y política fue el de las relaciones entre el Partido Liberal Mexicano y el Ejército Libertador del Sur. El 2 de septiembre de 1911, Ricardo Flores Magón publicaba en Regeneración el artículo “La cuestión agraria”, en el cual apuntaba quizá con cierta exageración: “Las fuerzas de Zapata, al llegar a las poblaciones y a las haciendas, lo ponen todo en manos de los desheredados que se visten y comen bien por primera vez en su vida; los burgueses son ahorcados, las autoridades pasadas por las armas, los archivos de los ayuntamientos y de los juzgados reducidos a cenizas, los clérigos vapuleados y expulsados, y, en cuanto a las tierras, son éstas invadidas por nuestros hermanos de miseria, quienes con entusiasmo las labran acompañados de mujeres resueltas, y todos, hombres y mujeres, esperan emocionados la cosecha que se aproxima y que es ya suya: ¡no más para los malditos ricos!”
Enrique Flores Magón envió, el 14 de agosto de 1914, una carta a Tiempos nuevos , del Uruguay, en la que planteaba: “El único grupo afín a los nuestros es el de Zapata y, sin embargo de ser el más fuerte que los nuestros, tampoco puede hacerse de dinero fácilmente. El único medio que tienen los llamados 'zapatistas' y los nuestros para hacerse de algún dinero, es atrapando ricos y frailes, y quitando lo poco que puedan. Pero ese dinero les hace falta para hacerse de más armas y sobre todo de municiones, que son tan costosas y tan escasas en México”.
En octubre de 1915, informaba el principal anarquista mexicano: “Emiliano, en las sabrosas pláticas que tuvo con Antonio [de P. Araujo] sobre el porvenir de la revolución, hizo patente una vez más su amistad hacia los miembros de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano, y nos envió palabras de aliento para que no desmayemos en la lucha que tenemos emprendida.
“Emiliano desea con entusiasmo la formación de colonias comunistas compuestas por miembros del Partido Liberal Mexicano, en el territorio controlado por sus fuerzas. Mientras Venustiano Carranza hace que los campesinos compren la tierra, Zapata la pone en manos de los trabajadores sin precio de ninguna clase. Zapata está dispuesto a proveer de todo lo necesario a los colonos miembros del Partido Liberal Mexicano. La dificultad para las comunicaciones, debido al estado caótico en que se encuentra el país, ha impedido que la colonización se haya llevado a cabo”.
“ ...la mayor parte de los estados de Michoacán, Guerrero, México, Puebla, algo del de Veracruz y todo el de Morelos, se encuentran bajo el control del movimiento agrario y expropiador que se conoce con el nombre de zapatismo”.
“ Desde que Venustiano Carranza asumió en diciembre del año pasado una actitud más radical, obligado por la necesidad de atraer a sus filas al elemento obrero, se ha venido sosteniendo una campaña sistemática de desprestigio, por parte de sus partidarios, contra el movimiento revolucionario conocido con el nombre de zapatismo”.
“Es absurdo suponer siquiera que Emiliano Zapata sea un instrumento de los ‘científicos’, pues ni los hechos de los revolucionarios surianos, ni sus palabras vertidas en manifiestos, proclamas, circulares y otros documentos, así como ni las respuestas que ha dado a corresponsales de periódicos de muy variadas opiniones que han ido a entrevistarlo, dejan sospechar que exista alguna liga entre el antiguo elemento porfirista y ellos.
“El estado de Morelos, cuna del zapatismo, fue uno de los estados de la República Mexicana cuyo territorio estaba casi por completo en las manos de los ‘científicos’. De la Torre y Mier, Escandón, Alarcón Noriega y otros más, millonarios y ‘científicos’, todos, poseían el estado. ¿No están ahora en poder de los proletarios las tierras que tenían acaparadas? ¿Y puede suponerse que esos burgueses desposeídos sean los que apoyan a Zapata?
“La gran fábrica de papel de San Rafael, de la que eran accionistas principales Porfirio Díaz, José Sánchez Ramos y otros ‘científicos’, se encuentra en poder de los zapatistas, y Emiliano Zapata ofreció a Antonio de P. Araujo poner a disposición de Regeneración todo el papel que se necesitara, en caso de que el periódico se publicase en territorio controlado por las fuerzas surianas”.

La alianza de Villa y Zapata

El régimen oligárquico de Victoriano Huerta sólo duró de febrero de 1913 a julio de 1914. Su base social era muy endeble, por lo que las derrotas militares que le infligieron las fuerzas constitucionalistas, con Pancho Villa, Álvaro Obregón y Pablo González al mando, y en menor medida el Ejército Libertador del Sur, con Emiliano Zapata al frente, fueron bastantes para debelarlo. También influyó en su defenestración la incapacidad huertista para no caer en las burdas provocaciones orquestadas por el gobierno imperialista de Estados Unidos, encabezado por Woodrow Wilson.
Los tratados de Teoloyucan, firmados el 13 de agosto de 1914 por generales carrancistas y federales, pusieron punto final a la guerra civil entre huertistas y constitucionalistas, fue entregada la Ciudad de México a estos últimos y pactada la disolución del Ejército Federal. Empero, desde meses antes, afloraron diferencias en el seno del constitucionalismo, especialmente entre Carranza y Villa. Para superar las dificultades, se celebraron en Torreón, Coahuila, pláticas entre representantes de las divisiones del Norte y del Noreste, que aprobaron los Acuerdos de Torreón, los cuales indicaban: “Siendo la actual contienda una lucha de los desheredados contra los abusos de los poderosos y comprendiendo que las causas de las desgracias que afligen al país emanan del pretorianismo, de la plutocracia y de la clerecía, las Divisiones del Norte y del Noreste se comprometen solemnemente a combatir hasta que desaparezca por completo el ejército exfederal, el que será substituido por el Ejército Constitucionalista; a implantar en nuestra nación el régimen democrático, a procurar el bienestar de los obreros y a emancipar económicamente a los campesinos, haciendo una distribución equitativa de las tierras o por otros medios que castigar y exigir las debidas responsabilidades, a los miembros del clero católico romano que material o intelectualmente hayan ayudado al usurpador Victoriano Huerta”.
Lanzada la convocatoria desde el 4 de septiembre de 1914, dieron inicio los días del 1 al 5 de octubre las sesiones de la junta de generales y gobernadores constitucionalistas en la Ciudad de México, con sede en la Cámara de Diputados, sin la asistencia de delegados villistas y zapatistas. Los representantes acordaron reunirse en un lugar neutral y se trasladaron a Aguascalientes.
El 10 de octubre, en el teatro Morelos, continuó sus trabajos la Convención Revolucionaria de Aguascalientes, que el día 14 se declaró libre y soberana. Habiendo sido invitado a la reunión, Emiliano Zapata envió a 26 observadores en tanto que la Convención asumiera como propio el Plan de Ayala. El 26 de octubre arribó a la capital de Aguascalientes la representación zapatista, que introdujo la discusión de reformas económicas y la elaboración de un programa de gobierno avanzado. Los observadores zapatistas se convirtieron en delegados, al ser adoptado en lo general el Plan de Ayala. Estas resoluciones influirán en el Congreso Constituyente y en el contenido de la Constitución de 1917.
Según un diccionario reciente: “Con la llegada de la comisión zapatista a la Convención, este organismo político alcanzó el más alto nivel de representatividad posible en ese momento y se perfiló como un auténtico poder nacional. En esa asamblea, una de las más democráticas en la historia de México, estaban representados casi todos los signos políticos e ideológicos, lo mismo liberales decimonónicos que socialistas y anarquistas, así como demócratas de nuevo cuño…”
La Convención de Aguascalientes, a las 23:30 horas del 31 de octubre, acordó por amplia mayoría de votos el cese de Venustiano Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y de Francisco Villa como jefe de la División del Norte. El 1 de noviembre la asamblea eligió como presidente de la República al general Eulalio Gutiérrez, quien tomó posesión el día 3. Poco después, Eulalio Gutiérrez designó a Francisco Villa general en jefe del Ejército Convencionista. En respuesta, el 8 de noviembre Obregón desconoció la soberanía de la Convención y se alineó con Venustiano Carranza.
El Primer Jefe del Ejército Constitucionalista desconoció, el 9 de noviembre, a la Convención y estableció su gobierno en Veracruz, mientras tanto los convencionistas avanzaron sobre la capital federal.
Los zapatistas ocuparon la Ciudad de México el 24 de noviembre. Se acuartelaron en el Palacio Nacional y el Palacio Municipal, bajo el mando del general Antonio Barona y el coronel Francisco Flores Alatorre. El día 27 Emiliano Zapata llegó a la capital del país. El 3 de diciembre se instaló allí el gobierno provisional de Eulalio Gutiérrez. El día 4 Villa y Zapata se entrevistaron en Xochimilco y suscribieron el Pacto de Xochimilco. El 6, ambos jefes revolucionarios ocuparon la capital federal, pero no tomaron la única resolución político-militar adecuada del momento: avanzar sobre Veracruz y derrotar a Carranza y sus seguidores. Con ello sellaron su suerte.
El 12 de diciembre de 1914 Carranza tomó la delantera programática y golpeó al ala campesina y popular de la Revolución mexicana, con las adiciones al Plan de Guadalupe: “Artículo 2º El Primer Jefe de la Revolución y Encargado del Poder Ejecutivo expedirá y pondrá en vigor, durante la lucha, todas las leyes, disposiciones y medidas encaminadas a dar satisfacción a las necesidades económicas, sociales y políticas del país, efectuando las reformas que la opinión exige como indispensables para restablecer el régimen que garantice la igualdad de los mexicanos entre sí; leyes agrarias que favorezcan la formación de la pequeña propiedad, disolviendo los latifundios y restituyendo a los pueblos las tierras de que fueron injustamente privados; leyes fiscales encaminadas a obtener un sistema equitativo de impuestos a la propiedad raíz; legislación para mejorar la condición del peón rural, del minero y, en general, de las clases proletarias; establecimiento de la libertad municipal como institución constitucional, bases para un nuevo sistema de organización del Poder Judicial independiente, tanto en la Federación como en los estados; revisión de las leyes relativas al matrimonio y al estado civil de las personas; disposiciones que garanticen el estricto cumplimiento de las Leyes de Reforma; revisión de los Códigos Civil, Penal y de Comercio; reformas de procedimiento judicial con el propósito de hacer expedita y efectiva la administración de justicia; revisión de las leyes relativas a la explotación de minas, petróleo, aguas, bosques y demás recursos naturales del país; desaparición de monopolios y evitar que se formen otros en el país; reformas políticas que garanticen la verdadera aplicación de la Constitución de la República y en general todas las demás leyes que se estimen necesarias para asegurar a todos los habitantes del país la efectividad y el pleno goce de sus derechos, y la igualdad ante la ley”.
Estas adiciones permitirían a Carranza imponerse como dirigente principal del constitucionalismo y derrotar a las fuerzas de Zapata y de Villa.
De inmediato, se agudizaron las contradicciones internas en las fuerzas convencionistas y el 14 de diciembre la Soberana Convención Revolucionaria se instaló en Toluca. La capital de la Convención no se estabilizó, las diferencias afloraron ante diversos problemas y se produjeron cambios en el titular del Ejecutivo, llegando a tener tres presidentes en su breve existencia.

Las intervenciones imperialistas

El imperialismo norteamericano sostuvo dos intervenciones militares en nuestro país durante la Revolución mexicana: la ocupación de Veracruz, entre abril y noviembre de 1914, y la Expedición punitiva, entre marzo de 1916 y febrero de 1917. Estas bárbaras intervenciones no alcanzaron ninguno de los objetivos que se proponía el gobierno criminal y genocida de Woodrow Wilson y sólo produjeron muertos y heridos, destrucción de bienes materiales y culturales públicos y privados en el puerto jarocho y el estado de Chihuahua, Naturalmente, coadyuvaron al desarrollo de una mayor conciencia antimperialista de las fuerzas revolucionarias y el pueblo de México.
No obstante las propuestas avanzadas en materia agraria de los villistas y zapatistas, éstos se colocaron, debido a su localismo, a la retaguardia en la defensa de la soberanía nacional y contra el imperialismo norteamericano, dejando el campo libre a Venustiano Carranza. El 17 de octubre, el general Villarreal informó a Carranza los acuerdos de la Convención de Aguascalientes con relación a la solicitud de Estados Unidos para abandonar Veracruz y señaló al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista la conveniencia de manifestar a la prensa el consentimiento, por parte de México, a la petición norteamericana de conceder garantías a los veracruzanos colaboracionistas, aceptando así, por parte de los convencionistas, la imposición del gobierno del país del Norte.
Carranza rechazó, el 19 de octubre, el dictamen de los generales y gobernadores revolucionarios de la Convención de Aguascalientes, ya que el hecho de aceptarlo constituiría un atentado para la soberanía nacional. Contra la opinión de la asamblea de Aguascalientes, Venustiano Carranza repudió ante las autoridades estadunidenses, las exigencias del gobierno de Washington. Carranza capitalizó muy bien los sentimientos patrióticos de los mexicanos. A principios de noviembre, la Cámara de Comercio del Puerto de Veracruz protestó contra el gobierno de EU, por sus pretendidas acciones a favor del pueblo veracruzano. Los propietarios y administradores de fincas urbanas del puerto de Veracruz, rechazaron la protección del gobierno yanqui.
Las personas que prestaron sus servicios a las autoridades norteamericanas durante la ocupación de Veracruz, enviaron una nota al general Cándido Aguilar reconociendo su culpabilidad y sometiéndose a la jurisdicción constitucionalista anticipadamente; a la vez que señalaron, no significar un obstáculo para solucionar los inconvenientes de la desocupación del puerto veracruzano. Paralelamente, Carranza expidió un decreto en el que concedía la exención de impuestos o contribuciones a todos aquellos que hubieren ya pagado a los invasores norteamericanos. El 9 de noviembre, Carranza emitió un decreto concediendo el indulto a todas las personas que sirvieron como empleados en la administración pública, durante la ocupación de Veracruz por las tropas gringas. Estas posiciones claramente patrióticas de Carranza fortalecieron al constitucionalismo y debilitaron a los convencionistas.

Ley Agraria de la Soberana Convención Revolucionaria

Ya en plena crisis final, el 22 de octubre de 1915 se lanzó la Ley Agraria de la Soberana Convención Revolucionaria que retomaba aspectos del Plan de Ayala: “Artículo 1º Se restituyen a las comunidades e individuos, los terrenos, montes y aguas de que fueron despojados, bastando que aquéllos posean los títulos legales de fecha anterior al año 1856, para que entren inmediatamente en posesión de sus propiedades”.
“Artículo 3º La nación reconoce el derecho tradicional o histórico que tienen los pueblos, rancherías y comunidades de la República, a poseer y administrar sus terrenos de común repartimiento, y sus ejidos, en la forma que juzguen conveniente.
“Artículo 4º La nación reconoce el derecho indiscutible que asiste a todo mexicano para poseer y cultivar una extensión de terreno, cuyos productos le permitan cubrir sus necesidades y las de su familia; en consecuencia, y para el efecto de crear la pequeña propiedad, serán expropiadas, por causa de utilidad pública y mediante la correspondiente indemnización, todas las tierras del país, con la sola excepción de los terrenos pertenecientes a los pueblos, rancherías y comunidades, y de aquellos predios que, por no exceder del máximum que fija esta ley, deben permanecer en poder de sus actuales propietarios”. Firmaban Manuel Palafox, Otilio E. Montaño, Luis Zubiría, Jenaro Amezcua, Miguel Mendoza L. Schwertfeger.

¿Puede existir un poder campesino regional y transitorio?

Es una cuestión teórica importante la posibilidad de formar un poder campesino regional y transitorio, que los procesos históricos de China, México y otros países han resuelto en sentido positivo. En efecto, si las clases explotadoras y dominantes presentan fisuras en sus filas, no logran establecer el mando único de sus fuerzas armadas, no cuentan con cuadros políticos y militares capaces o se enfrentan a serias dificultades, en tanto que los campesinos participan masivamente en la revolución y logran poner en pie un gran ejército o varios ejércitos a su servicio con jefes poseedores de cualidades políticas y militares, puede producirse la constitución de un poder campesino en algunas regiones y mantenerse durante algunos años. La experiencia así lo confirma.
De conformidad con la historiografía de la República Popular China, en este país se estableció en el siglo XIX un poder campesino: “El primer gran pináculo de la revolución en la historia moderna de China fue la Revolución Taiping. Ella se prolongó por un espacio de 10 años y el poder revolucionario influyó sobre todo el país. Ninguna de las anteriores guerras campesinas puede ser comparada con la Revolución Taiping en envergadura o influencia. Ella creó la PaiShang Ti Jui, una organización popular que dirigía al pueblo en sus luchas revolucionarias. Ella formó, en el curso de la lucha, un cabal sistema institucional político, económico, militar, educacional y cultural. Ella instituyó su propio Poder estatal el cual se mantuvo y luchó durante un considerable periodo contra el establecido por la dinastía Ching. Desde el río Perla hasta el Yangtsé y el Amarillo, cientos de millones de gentes fueron envueltos en esta oleada revolucionaria, uno de los más grandes y notables sucesos en la historia china”.
Un investigador chino, a su vez, afirmaba: “La revolución del Reino Celestial de los Taiping, la insurrección campesina más grande de la historia china, ha sido una de las más vastas luchas anti-imperialistas y anti-feudales de la China contemporánea. Estableció un poder revolucionario campesino en Nankín”.
El especialista en historia de la Revolución mexicana, Boris T. Rudenko, señalaba: “El peón mexicano, que era la espina dorsal del ejército revolucionario, luchaba no solamente contra la explotación de él y de su familia, sino también para recibir tierra, para convertirse en un verdadero campesino. Las potencialidades revolucionarias del campesinado mexicano resultaron tan enormes que durante la revolución fue capaz de pasar a la constitución de un poder campesino e hizo el intento de crear un Estado campesino al reunir en 1914-1915 la convención de los jefes campesinos militares revolucionarios, la cual formó su gobierno y pasó a elaborar una constitución”.
Durante 1915 Álvaro Obregón consagró sus principales fuerzas y energías a combatir y derrotar a la División del Norte, permitiendo de esta manera que el estado de Morelos contara con un gobierno campesino, apoyado en las masas puestas en pie de lucha y con las armas en la mano. El Ejército Libertador del Sur expidió leyes, repartió las tierras, legisló sobre administración pública, abastecimiento, educación y sanidad. Existió, así, un poder campesino que, ciertamente, intentó extender la revolución a nivel nacional y buscó confluir con la clase obrera y los sindicatos.
A propósito, tiene interés reproducir una idea de Anarcopedia: “En la Revolución mexicana, participaron dos movimientos distintos. Uno político, de carácter burgués, que sólo pretendía un cambio y reacomodo en las relaciones de poder, representado por Madero, Carranza y Obregón; este movimiento demandaba sufragio efectivo no reelección, libertad de prensa, elecciones libres, libertad municipal, restablecimiento de la ley y el orden, en suma, democratizar la vida política del país, sin trastocar a fondo la estructura social que resultaba en una profunda, injusta e intolerable desigualdad social. El otro movimiento, de carácter social, que demandaba disminuir la desigualdad social mediante el reparto agrario y mejores condiciones de trabajo y de vida para los campesinos y obreros, representado por Francisco Villa y Emiliano Zapata”.
Los “anarcosindicalistas” contra la insurrección campesina
El curso sindicalista seguido por la Casa del Obrero Mundial dio un brusco viraje el 17 de febrero de 1915: el grueso de la dirección en la disputa entre la corriente campesina, de una parte, y la corriente burguesa, por otra, optó por esta última. De aquí arranca lo que los charros llamaron, desde fines de los años 40 hasta el año 2000, alianza histórica del movimiento obrero organizado y el Estado mexicano. Los líderes mundiales suscribieron un pacto con la Revolución constitucionalista para combatir a los ejércitos campesinos de Villa y Zapata, que establecía como puntos de acuerdo: "1ª El gobierno constitucionalista reitera su resolución, expresada por decreto de 4 de diciembre del año próximo pasado, de mejorar, por medio de leyes apropiadas, la condición de los trabajadores, expidiendo durante la lucha todas las leyes que sean necesarias para cumplir aquella resolución".
"2ª Los obreros de la Casa del Obrero Mundial, con el fin de acelerar el triunfo de la Revolución constitucionalista e intensificar sus ideales en lo que afecta a las reformas sociales, evitando en lo posible el derramamiento innecesario de sangre, hacen constar la resolución que han tomado de colaborar, de una manera efectiva y práctica, por el triunfo de la revolución, tomando las armas, ya para guarnecer las poblaciones que están en poder del Gobierno Constitucionalista, ya para combatir a la reacción".
"6ª Los obreros de la Casa del Obrero Mundial harán propaganda activa para ganar la simpatía de todos los obreros de la República y del obrero mundial hacia la Revolución constitucionalista, demostrando a todos los trabajadores mexicanos las ventajas de unirse a la revolución, ya que ésta hará efectivo, para las clases trabajadoras, el mejoramiento que persiguen por medio de sus agrupaciones.
"7ª Los obreros establecerán centros y comités revolucionarios en todos los lugares que juzguen conveniente hacerlo. Los comités, además de la labor de propaganda, velarán por la organización de las agrupaciones obreras y por su colaboración a favor de la causa constitucionalista".
Firmaban, en Veracruz, Rafael Zubaran Capmany, Rafael Quintero, Carlos M. Rincón, Rosendo Salazar, Juan Tudó, Salvador Gonzalo García, Rodolfo Aguirre, Roberto Valdés, Celestino Gasca.
El ala izquierda del movimiento obrero mexicano repudió el pacto celebrado entre la COM y la Revolución constitucionalista. Es posible que el texto más conocido contra ese acuerdo sea el de Ricardo Flores Magón, que a la letra dice: "Obreros de las ciudades: expiáis en estos momentos una falta que falsos amigos os hicieron cometer: la de desligaros de la acción de vuestros hermanos los obreros de los campos. Al hacer armas contra los trabajadores del campo, hicisteis armas contra vuestros propios intereses, porque el interés del explotado es el mismo, ora empuñe el arado, ora el martillo. No impunemente fusilasteis al zapatista y al anarquista del Partido Liberal Mexicano, que son vuestros hermanos de clase, pues que de esa manera hicisteis fuerte al enemigo común, a la burguesía, que hoy os paga vuestros servicios con miseria, y si protestáis, ¡con la muerte!"
La alianza entre la COM y la Revolución constitucionalista permitió que en Sonora, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán, Jalisco, Colima, Michoacán, Oaxaca, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, México, Tlaxcala y Puebla, se formaran numerosos centros obreros, de filiación sindicalista.

El terror blanco en el Sur

La violencia contra el campesinado insurrecto de Morelos y su vanguardia zapatista fue aplicada intermitentemente durante los gobiernos de Francisco I. Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza. De esta manera, el general Juvencio Robles ejecutó una campaña militar del 1 de febrero al 3 de agosto de 1912 en el estado de Morelos, durante la cual impuso el terror. Informa un diccionario: “Además para restarles medios de subsistencia a los rebeldes decidió concentrar a los habitantes de las poblaciones de importancia y arrasar a los pueblos que podían darles apoyo y refugio por lo que comenzó a quemar pueblos enteros…”
Señalaba Zapata en su carta a Victoriano Huerta, del 11 de abril de 1913: “Los destinos de una nación no pueden quedar en manos de aquellos que para estancar su progreso y sofocar los fuegos de la revolución, apelan a un terrorismo propio de los tiempos inquisitoriales, poniendo en juego quemazón de pueblos, coronamiento de racimos de cadáveres humanos en los árboles de los bosques, lo mismo que en los postes telegráficos, violación de mujeres en masa por la soldadesca federal, y en fin, otros crímenes que la pluma se resiste a describir; díganlo si no los pueblos de Morelos, Oaxaca y Chihuahua. y la paz no puede hacerse con los ejecutores de los mandatos de la tiranía conocida con el nombre de legalidad que a última hora la traiciona, para entronizarse en ese puesto”.
Derrotado el Centauro del Norte por las fuerzas de Álvaro Obregón y establecido el gobierno de Carranza en 1916 en la Ciudad de México, Pablo González desarrolló una campaña militar entre mayo y diciembre de ese año. Apunta un diccionario especializado: “El ejército carrancista siguió la misma conducta de violencia y pillaje de las fuerzas de Huerta y Juvencio Robles, con asesinatos múltiples y campos de concentración. El 5 de mayo González ordenó a la población que entregara todas las armas. El 8 de mayo el general carrancista Rafael Cejedo fusila a 225 prisioneros de Jiutepec. La población huyó a los montes ante sucesivas deportaciones de prisioneros a la Ciudad de México. A mediados de junio cayó Tlaltizapán. Al entrar al pueblo los carrancistas asesinaron a 132 hombres, 112 mujeres y 42 niños, todos de la población. Es el hecho más sanguinario que se recuerda en Morelos… Ante la acción guerrillera González ordenó la concentración de toda la población morelense en localidades importantes y fortaleció aún más su política represiva y sanguinaria… La política de represión culminó cuando el Cor. Jesús Guajardo asesinó a 180 personas en Tlaltizapán. Los pueblos fueron incendiados, los montes arrasados, las cosechas saqueadas… Pablo González regresó a Cuernavaca el 4 de noviembre y decretó la pena de muerte sin juicio contra todo zapatista…”
Margarita de Leonardo Ramírez, afirmaba en su tesis profesional: “El gobierno de Carranza no permaneció impasible, sino por el contrario declaró la guerra a muerte al zapatismo. Al mismo tiempo que realizaba una campaña de propaganda agrarista y la Comisión Agraria Nacional prometía iniciar los trabajos para la restitución y dotación de ejidos a los pueblos, enviaba al general Pablo González a combatir y aniquilar al zapatismo definitivamente con lo que se reabrió la etapa de terror, desolación y miseria en Morelos ya que el general carrancista, al no obtener ninguna victoria frente a su enemigo, se exasperó e inició la destrucción de los campos de cultivo, de las haciendas, de la maquinaria y llevó a cabo todo tipo de depredaciones”.

Zapata, la Revolución rusa y el proletariado

En una carta a Jenaro Amezcua, del 14 de febrero de 1918, Emiliano Zapata sostenía: “Mucho ganaríamos, mucho ganaría la humana justicia, si todos los pueblos de nuestra América y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del México revolucionario y la causa de la Rusia irredenta, son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos.
“Aquí como allá hay grandes señores, inhumanos, codiciosos y crueles que de padres a hijos han venido explotando hasta la tortura, a grandes masas de campesinos. Y aquí como allá, los hombres esclavizados, los hombres de conciencia dormida empiezan a despertar, a sacudirse, a agitarse, a castigar”.
“No es de extrañar, por lo mismo, que el proletariado mundial aplauda y admire la revolución rusa, del mismo modo que otorgará toda su adhesión, su simpatía y su apoyo a esta revolución mexicana al darse cabal cuenta de sus fines.
“Por eso es tan interesante la labor de difusión y de propaganda emprendida por usted en pro de la verdad; por eso deberá acudir a todos los centros y agrupaciones obreras del mundo, para hacerles sentir la imperiosa necesidad de acometer a la vez y de realizar juntamente las dos empresas: educar al obrero para la lucha y formar la conciencia del campesino.
“Es preciso no olvidar que en virtud y por efecto de la solidaridad del proletariado, la emancipación del obrero no puede lograrse si no se realiza a la vez la liberación del campesino.
“De no ser así, la burguesía podría poner estas dos fuerzas, la una frente a la otra, y aprovecharse, por ejemplo, de la ignorancia de los campesinos para combatir y refrenar los justos impulsos de los trabajadores citadinos; del mismo modo que, si el caso se ofrece, podrá utilizar a los obreros poco conscientes y lanzarlos contra sus hermanos del campo.
“Así lo han hecho en México, Francisco I. Madero en un principio y Venustiano Carranza últimamente; si bien aquí los obreros han salido ya de su error y comprenden ahora perfectamente que fueron víctimas de la perfidia carrancista.
“Todo lo que usted haga para obtener la colaboración de los centros obreros de Europa y América, será poco, si se considera la trascendencia de la labor y la magnitud del resultado.
“Debe usted excitar a estas agrupaciones a que propaguen en sus respectivos países los ideales del agrarismo; el programa de la revolución mexicana y los grandes triunfos alcanzados en el terreno de las realidades con nuestros modestos luchadores indígenas, incansables y firmes después de ocho años de lucha”.
En el llamamiento a los obreros de la República, del 15 de Marzo de 1918, el Caudillo del Sur planteaba: “¡Obreros de Puebla, de Orizaba, de Monterrey, de Guanajuato, de Cananea, de Parral, de Pachuca, del Ébano, de Necaxa, obreros y operarios de las fábricas y de las minas de la República, acudid a nuestro llamado fraternal, ayudadnos con el empuje valiente de vuestro esfuerzo; que ya cruje, que ya se bambolea esa armazón de la tiranía carrancista que, cimentada en el fango de la infidencia, forjada en la fragua de las ambiciones y amarrada con los reptiles inmundos de la impostura y de la perfidia, quiso un día erguirse a la faz del mundo, como el edificio grandioso de las conquistas de la revolución reivindicadora de nuestros derechos a la vida!
“Falaz y artero el carrancismo, esa burguesía uniformada de amarillo y ceñida de cananas, vistió ayer apenas la blusa noble del taller y fingió tenderos la mano; su voz se tornó halagüeña y compasiva, y, con el timbre de la elocuencia libertaria entonó con vosotros el himno de las reivindicaciones obreras. carecíais de pan para vuestros hijos: con una mano -mano oculta entre sombras-, cerró los talleres que aún estaban abiertos; con la otra -¡generosamente tendida!- os ofreció a cambio de vuestra sangre el mísero haber del soldado, a cambio del yugo del capataz, del patrón, la férrea disciplina; a cambio del taller alumbrado, la obscura noche del cuartel... y con la misma mano -¡siempre generosa!- os ungió en nombre de Carranza, ¡soldados de la Revolución! La lucha os vio gloriosos en el combate, vuestros batallones fueron citados en la orden del día; luchasteis con el denuedo del que lucha por disipar las sombras del presente, con el ansia del que pugna por ver la aurora del mañana.
“El desengaño fue cruel y no se hizo esperar. En vez de la ayuda prometida a vuestros sindicatos, vino la imposición gubernativa, exigente y tiránica; se quiso hacer del obrero la criatura dócil del gobierno, para preparar cuando la farsa de las elecciones llegara, la exaltación al poder de los paniaguados del carrancismo; es decir, se quiso hacer un arma que sirviera de apoyo a la tiranía y a su aliado el capital, nada menos que de los sindicatos, es decir, de las agrupaciones creadas para defender el trabajo contra las expoliaciones y abusos de ese mismo capital, y por haber querido resistir a esa presión gubernativa, vosotros, lo sabéis, el carrancismo llegó a donde el mismo Huerta no llegara, a cerrar vuestra casa, vuestro templo de libertades, ¡la Casa del Obrero! No fue todo, bien lo sabéis; cuando la huelga vino, se os negó el derecho de huelga: en vez de hacerlo los patrones, Carranza os impuso sus condiciones, de acuerdo, claro, con ellos. Y como si no fuera bastante, ¡a los que protestaron, la prisión!; como si no fuera demasiado, ¡a los que resistieron, el cadalso! ¿Queréis más? ¿Queréis mayor infamia?
“No; vosotros no podéis estar con vuestros enemigos. Vuestras reclamaciones son parecidas a las nuestras. Exigís aumento de jornal y reducción de horas de trabajo, es decir, mayor libertad económica, mayor derecho a gozar de la vida; es lo que nosotros exigimos al proclamar nuestros derechos a la tierra. Solo que, menos tiranizados que nosotros creisteis encontrar en el pacifico sindicato, la fórmula infalible que pusiera remedio a vuestros males; en tanto que nosotros no pudimos ni debimos pensar sino en las armas, en la rebelión abierta contra los conculcadores de nuestros derechos; porque cuando el oprimido no es dueño ni aún de lamentar su suerte, cuando la misma justísima protesta contra sus verdugos es ahogada, al formularse apenas en su garganta; entonces no queda a este oprimido, otro camino digno ni otro gesto redentor, que el de esgrimir las armas, proclamando vencer o morir; morir primero, antes de continuar más tiempo siendo esclavo”.

El asesinato

Para descabezar la insurrección campesina, el general Pablo González y el coronel Jesús M. Guajardo maquinaron una celada contra el Caudillo del Sur, por medio de una traición. Así, el asesinato de Emiliano Zapata pudo consumarse el 10 de abril de 1919 en la hacienda de Chinameca, Morelos, como resultado de la emboscada fraguada por Guajardo, quien informó sobre esta acción: “ A las 2 P.M., Zapata venía acompañado de cien hombres para entrar a la hacienda. Estando preparada de antemano la guardia para que a la entrada de éste hicieran honores y a la vez la orden para que a la segunda llamada de honor hicieran fuego sobre el cabecilla, estando el resto de la fuerza arreglada y dispuesta a combatir, dando por resultado que a las dos y diez minutos de la tarde se presentó ante el cuerpo de guardia ejecutándose lo dispuesto y quedando muertos el propio Emiliano Zapata, Zeferino Ortega, Gil Muñoz y otros generales y tropa que no se pudo identificar, habiéndose hecho bajas entre muertos y heridos en número aproximado de 30 hombres”.
Acerca de estos acontecimientos, el Varón de Cuatro Ciénegas expuso en su informe del 1 de septiembre: “El 12 de abril rindió parte el C. General de División Pablo González, de Cuautla, Morelos, de que el 10 del mismo libraron rudo combate las fuerzas del gobierno al mando del coronel Jesús Guajardo, con los zapatistas en la hacienda de Chinameca, del mismo estado, y murió el cabecilla Emiliano Zapata, así como los llamados ‘generales’ Feliciano Palacios, secretario de Zapata; Ceferino Ortega, Gil Muñoz, Castrejón, y el ‘coronel’ Lucio Labastida, habiendo resultado herido el cabecilla Jesús Capistrán. Por méritos en esta acción fue ascendido al grado inmediato el coronel Jesús Guajardo, y el Ejecutivo acordó que se diera una gratificación de cincuenta mil pesos a los jefes y oficiales que tomaron parte en ella”.

Zapata, hoy

Como es del dominio público, el nombre Emiliano Zapata y el término zapatista son muy utilizados en México para designar organizaciones campesinas, estudiantiles, de colonos y otros núcleos populares, guerrillas, ejidos, comunidades indígenas, grupos políticos, barrios, colonias, calles, pueblos, municipios, auditorios y otras organizaciones generalmente democráticas y de izquierda. De todas ellas, la organización que mayormente sobresale es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuyos documentos circulan por las redes sociales más que los de cualquier otra organización mexicana. Existen, asimismo, la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata, la Organización Campesina Emiliano Zapata, Unión de Comuneros Emiliano Zapata, Frente Democrático Oriental de México Emiliano Zapata, Liga Agraria Revolucionaria del Sur Emiliano Zapata y muchísimas más.
Después de la terminación del periodo de reformas estructurales (1934-1940), o sexenio presidencial de Lázaro Cárdenas, los campesinos e indígenas fueron sacrificados en aras de la industrialización; pero las cosas empeoraron y empeoran con la aplicación de los proyectos y planes neoliberales, vigentes en México a partir de diciembre de 1982.
Carlos Salinas de Gortari puso en marcha la contrarreforma agraria, modificó regresivamente el Artículo 27 constitucional para terminar con el reparto de tierras, destruir el ejido y suprimir la influencia histórica de Emiliano Zapata.
Los sucesores de Salinas eliminaron los subsidios a los pequeños productores, destinaron el grueso del presupuesto agrícola a los monopolios exportadores y emprendieron acciones de apertura comercial a rajatabla.
Además de esa política que beneficia a las grandes empresas productoras de alimentos, principalmente norteamericanas, los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto han reprimido y reprimen al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco; la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca; la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria, de la Montaña y la Costa Chica de Guerrero, así como otras organizaciones representativas de campesinos e indígenas.
En tales condiciones, México requiere con urgencia conquistar progresivamente la autosuficiencia alimentaria. Para ello es menester, pues, retomar los ideales por los cuales combatió el general Emiliano Zapata Salazar.

Gerardo Peláez Ramos

Bibliohemerografía básica

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--“La formación de la situación revolucionaria (1900-1910)”, La Haine, Rebelión, Apia virtual y otros sitios de Internet.

“Relación de los hechos que dieron por resultado la muerte de Emiliano Zapata, jefe de la Revolución del Sur”, presentación de José Valero Silva, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, vol. 2, 1967.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creativ