domingo, 13 de febrero de 2011

Egipto: optimismo moderado



Cómo no alegrarse de la caída de un dictador, en este caso de Hosni Mubarak en Egipto. País ignorado por la prensa mundial y los medios de comunicación occidentales durante largos periodos de tiempo. Sólo unos pocos atisbaron su paso a la primera plana de los periódicos de todo el mundo. Corresponsales, enviados especiales, fotógrafos, intérpretes se han dado cita en su capital, El Cairo. Han llegado incluso a pernoctar en la famosa plaza Tahrir, para mimetizarse con sus demandas y su «cultura». ¿Veremos cuánto dura su preocupación? Mientras tanto, basta con servir informes con datos inconexos de historia, población y sistema político egipcio. Con tópicos e improvisando, buscan cubrir las necesidad de información de espectadores legos, sorprendidos y confusos. Un aluvión de hechos para interpretar los acontecimientos. Parece más una estrategia de adoctrinamiento a la opinión pública, con el propósito de apoyar la política diseñada desde la Casa Blanca, la OTAN y el resto de aliados pertenecientes al mundo occidental, que una información objetiva. Un curso rápido, con clases intensivas, para romper el tópico, de ser Egipto, un país de faraones, pirámides, por donde circula el río Nilo y hace presencia la presa de Asuán.
De la noche a la mañana, el país de los faraones se transforma en el centro informativo del mundo. Para superar el handicap de los atónitos telespectadores, se rescatan los personajes políticos más relevantes de la historia de Egipto del siglo XX, comenzando por el más destacado, Gamel Adbel Nasser, padre fundador de la república y primer presidente desde 1954 hasta su muerte en 1970. Responsable, se dirá, del actual régimen autocrático, cuya hegemonía y control recae sobre las fuerzas armadas desde el golpe de Estado contra la monarquía del rey Faruk en 1952. Para el relato contingente, no queda nada del Nasser de la Conferencia de Bandung (1955) y de su papel, junto al líder indio, Nehru, y el mariscal yugoslavo Tito, en la formación del grupo de países no alineados. Su nombre se vincula, necesariamente, al origen de la pesadilla que vive Egipto desde hace 60 años. Para dar coherencia al discurso, se subraya que, tras la muerte de Nasser, todos sus presidentes han sido parte del orden militar. Primero Anwar Sadat, luego Mubarak y hoy el general Omar Suleiman, hombre de confianza de Estados Unidos y los países aliados europeos. Todo un detalle de buen gusto, por las democracias occidentales, confiar en Suleiman la transición democrática. Suleiman, debemos recordar, consolidó su carrera militar en el gobierno de Mubarak. Logró sus galones tras participar en la guerra contra Israel, siendo ascendido en los años 80 del siglo pasado a la condición de vicerresponsable del espionaje militar. Y por sus servicios prestados en la represión, la tortura y secuestros encubiertos, desde 1993, ocupó el cargo de director de la inteligencia egipcia, siempre con el beneplácito de Estados Unidos. Hombre de confianza de las diferentes administraciones estadunidenses, demócratas y republicanas, se ha comportado como un defensor de su política para Medio Oriente e Israel.
Pocos son los enviados especiales, en cuyas columnas utilizan, para referirse a Suleiman, el adjetivo de torturador. De la noche a la mañana es un demócrata convencido. Y si no lo es, hay que darle el beneplácito de la duda. Su condición de hombre fuerte del régimen y de las fuerzas armadas egipcias es razón de peso para evitar utilizar dicho calificativo. No se debe molestar a la bestia. Perfectamente se puede hacer la vista gorda a su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad y violación de los derechos humanos. Lo importante es mantener la estabilidad en la región. En este sentido, no podemos dejar de mencionar, como ejemplo, el caso marroquí. La comunidad internacional actúa de igual forma a la hora de evitar condenar la represión de la monarquía alauí, encabezada por Mohammed VI, con el pueblo saharaui. Véase España, sin ir más lejos.
En Egipto, el pueblo todo, sin distinción, jóvenes, mujeres y hombres han logrado que un presidente, no un régimen, cayese. Las frases coreadas por la multitud en la plaza de Tahrir son símbolo de alegría popular desbordante. «Egipto es libre»; «Ganamos». Tariq Ali, escritor paquistaní, retrata verbalmente este instante al hacerse eco de una frase pronunciada por un joven en El Cairo: «¡Qué felicidad es estar vivo, ser egipcio y árabe!»
Sin duda, un triunfo político enorme, cuya dimensión está aún por dilucidarse. Sin embargo, no podemos quedarnos en la superficie, correríamos el riesgo de no diferenciar el potencial de un pueblo para derrocar a un presidente, de la capacidad de liderar una alternativa democrática de cambio social. Las experiencias en esta dirección son muchas. No todo lo que lucha contra una dictadura es democrático. Las alianzas del momento, el oportunismo y la traición están presentes en cualquier proceso de transición y Egipto no es menos. El gatopardismo es una de las más viejas estrategias para mantenerse en el poder. La victoria ha sido importante. La lección debe aprenderse. Fue necesario que el pueblo saliera a la calle, protestase, perdiese el temor, para llamar la atención de quienes, en un alarde de cinismo, preferían mirar para otro lado. Su triunfo no puede ser efímero. Razón suficiente para ser cautos, mantenerse alerta y tener optimismo moderado. A todo esto, ¿qué fue de Túnez? Lo sé, ya no es noticia.

Marcos Roitman Rosenmann

Adagio en mi pais

Dictador a la carcel.


¡Mubarak ha caído! - ¡Revolución hasta la victoria!



¡El tirano ha caído! En el momento de escribir estas líneas, Hosni Mubarak ha dimitido. Esta es una gran victoria, no sólo para el pueblo de Egipto, sino para los trabajadores de todo el mundo. Después de 18 días de continuas movilizaciones revolucionarias, con 300 muertos y miles de heridos, la tiranía de 30 años de Hosni Mubarak ya no existe.
Este es el resultado del movimiento maravilloso de las masas, que se ha enfrentado a las armas y a las porras de la policía y valientemente ha resistido cada ataque de las fuerzas de la reacción. Es la culminación de dos semanas de lucha revolucionaria que ha sido una inspiración para todos nosotros.
Ayer [Jueves 10 de febrero], la masa de los manifestantes pensaba que había ganado. Pero las últimas 24 horas convencieron a las masas que todas las negociaciones y compromisos no llevaban a ninguna parte. Eso explica por qué hoy vino más gente que nunca a la protesta: porque se extendía la idea de que nada excepto un levantamiento popular llevaría a la caída de un odiado y despreciado autócrata. Anoche, antes de que Mubarak hablara en la televisión, un manifestante en la plaza Tahrir dijo a la BBC: "Me quedaré aquí hasta que se vaya. Si no se va, mañana será un día muy difícil para Mubarak". Mañana ya ha llegado.
Ya en la madrugada, miles de personas convergían en la plaza Tahrir, listas para una confrontación decisiva con el régimen. Los acontecimientos se han movido a la velocidad de la luz. El movimiento se estaba radicalizando hora a hora. Los manifestantes estaban "más envalentonados y más decididos de un día para otro", Ahmad Salah, un activista egipcio, le dijo a Al Jazeera. "Este es un movimiento creciente, no está reduciéndose". Los presos políticos están siendo puestos en libertad. Pero todavía hay un número indeterminado de personas desaparecidas, incluyendo activistas detenidos durante los recientes disturbios. Grupos de derechos humanos afirman que el ejército egipcio ha estado involucrado en la detención ilegal y, a veces, en la tortura de manifestantes.
El estado de ánimo era una mezcla de enojo y desafío. Ayman Mohyeldin de Al Jazeera en El Cairo informó ayer que en la ciudad noreste de Port Said al menos cinco edificios gubernamentales, entre ellos la oficina del gobernador y la oficina de la vivienda pública, fueron incendiados en dos días consecutivos de disturbios. La gente ha estado bloqueando las carreteras, ha habido enfrentamientos, y un gran número de personas fueron a la plaza de la Liberación. Nadie sabe el número real de los que participan hoy, pero los manifestantes han estado en las calles de todo Egipto por millones.
En las provincias, las cosas fueron más lejos incluso que en El Cairo. En Suez, donde el movimiento ha sido particularmente radical, y donde las víctimas han sido particularmente numerosas, la gente ocupó todos los edificios oficiales. En Asyut, donde decenas de miles de personas han salido a las calles, se han hecho cargo de la sede del partido del gobierno y de otros edificios oficiales.
En El Arish, en el norte de Sinaí, donde decenas de miles se manifestaron, una multitud de cerca de mil jóvenes se separó de la manifestación y entabló batallas campales con la policía, atacando las comisarías con cócteles molotov.
En Alejandría, una multitud de por lo menos 200.000 personas se congregó frente al Palacio Ras-el-Tin y confraternizaron con los soldados que distribuyeron alimentos entre los manifestantes. Damietta, una ciudad situada en el lugar donde el Nilo se encuentra con el mar, tiene una población de alrededor de un millón. De estos, 150.000 estaban en las calles el día de hoy, cercando las comisarías de policía y asediando edificios gubernamentales. Informes similares vienen de todo Egipto.
Había furia en las calles contra la propaganda mentirosa de los medios de comunicación. Anoche en el programa de la BBC Newsnight, el director adjunto del órgano oficial del régimen, Al Ahram, se disculpó ante el pueblo y se comprometió a imprimir informes veraces de las manifestaciones: "La gente está enojada con nosotros", admitió. "Incluso he recibido llamadas telefónicas amenazando con quemar el edificio".
Los manifestantes en El Cairo rodearon el canal de la televisión central que estaba protegida por paracaidistas. Pero la actitud de las tropas ha sido amistosa y de confraternización. Según un testigo presencial, había un comandante paracaidista sonriendo y estrechando la mano a los manifestantes, los cuales le dijeron al oficial: "Los paracaidistas están bien, pero no queremos a la Guardia Presidencial. Él les devolvía la sonrisa. Todos los soldados que están al otro lado de la cerca que rodea el edificio de la TV miran con simpatía a los manifestantes. Es una escena muy emotiva".
Había rumores constantes acerca de una marcha al palacio del Presidente. Anoche, varios cientos de manifestantes se fueron de la plaza Tahrir en El Cairo para marchar hacia el palacio, a unos 15 kilómetros de la plaza. El palacio estaba siendo defendido por el Ejército y la élite de la Guardia Presidencial. Algunos comentaristas especularon que, aunque el Ejército no abriría fuego, la Guardia podría hacerlo, en cuyo caso podría haber habido un enfrentamiento entre el Ejército y la Guardia.
Pero según los informes, en lugar de disparar a los manifestantes, el Ejército estaba sirviéndoles desayunos. La CNN informó que los soldados y la multitud estaban vitoreándose los unos a los otros. En un gesto preñado de significado, los tanques volvieron sus cañones en sentido contrario a los manifestantes, que respondieron con ovaciones desenfrenadas. Un soldado salió de un tanque y colgó una bandera egipcia en el cañón de su arma.

Maniobras por arriba

Para poner estos acontecimientos en su contexto: el primer indicio de que algo estaba pasando en la cumbre fue cuando el jueves 10, el Consejo Supremo de los militares se reunió, en ausencia del Comandante en Jefe, Hosni Mubarak, y anunció en la televisión estatal que "apoyaba las reivindicaciones legítimas del pueblo". En realidad, las auténticas decisiones fueron tomadas, no por el Consejo del Ejército, sino en las calles y en las fábricas. Después de semanas de mantenerse al margen, la casta oficial ha sido sacudida por las acciones de la clase obrera y del pueblo revolucionario.
El Consejo se encontraba en sesión permanente "para explorar las medidas y arreglos que podrían hacerse para salvaguardar la nación, sus logros y las ambiciones de su gran pueblo". AFP citó una fuente del ejército diciendo: "Estamos esperando órdenes que hagan al pueblo feliz". A las 3.34 de la tarde la euforia se había apoderado de la muchedumbre en la plaza Tahrir. La gente estaba vitoreando embravecida, pidiendo una vez más la caída del régimen de Mubarak y gritando "el ejército y el pueblo están juntos, el Ejército y el pueblo están unidos".
El General Hassan al-Roueini, el comandante militar de la zona de El Cairo, dijo a miles de manifestantes en el centro de la plaza Tahrir: "Todas vuestras reivindicaciones serán cumplidas hoy". Y ya que la primera reivindicación era la desaparición de Mubarak, naturalmente, la gente asumió que el Presidente había sido depuesto.
Un alto mando militar que prefirió permanecer en el anonimato dijo a Ahram on-line que el Consejo Supremo se había hecho cargo de la autoridad en el país, "durante un período transitorio", cuya duración debía ser determinada más tarde. Cuando se le preguntó acerca de lo que esa medida significaba para el Presidente, el Vicepresidente y el Primer Ministro, el alto mando militar dijo que "esta es gente que no tiene poder sobre las Fuerzas Armadas".
Un miembro de alto rango del partido gobernante de Egipto dijo a la BBC que "esperaba" que el presidente Hosni Mubarak transfiriera el poder al vice-presidente Omar Suleimán. Sin embargo, ya había algunos indicios de que Mubarak no estaba dispuesto a irse silenciosamente. Una hora más tarde estaban circulando mensajes contradictorios. Reuters citó al ministro de información de Egipto, Anas el-Fekky, diciendo: "El presidente sigue en el poder y no dejará el cargo. El presidente no va a dimitir y todo lo que se oiga en los medios de comunicación son rumores". Se decía que Mubarak todavía estaba "negociando la posibilidad de entregar el poder a Suleimán". Un funcionario egipcio le dijo a Reuters: "Todavía no está decidido... aún está siendo negociado".
Pero, ¿qué había que negociar?

La pequeña sorpresa de Mubarak

El presidente Hosni Mubarak tenía una pequeña sorpresa preparada. Su decisión de no dimitir, evidentemente, vino como un duro golpe a los jefes militares egipcios y a Washington. El director de la CIA, León Panetta, había hablado como si la dimisión ya fuera un hecho y una resolución de la crisis estuviera garantizada. Otras fuentes en El Cairo hablaron en el mismo sentido. Al otro lado del Océano Atlántico, el Presidente Obama, con el sentido habitual de su retórica de actor, habló de un "momento histórico" que se estaba preparando "ante nuestros ojos".
Una vez más, el viejo los engañó a todos. Mubarak estaba siguiendo su propia agenda. Muchos se preguntaban cuál podía ser su motivación. Estaba bajo una intensa presión de todos los lados para que dimitiera rápidamente. Los estadounidenses estaban aterrorizados de que si no se iba pronto, la situación, que ya estaba escapándose de las manos, se volvería mucho peor. En lugar de cambiar, simplemente, algunas caras en la cúspide, la intervención directa de las masas se llevaría todo por delante; todo el régimen caería, y con él los últimos vestigios de la influencia de EE.UU. en Egipto.
El problema era que Mubarak también estaba oyendo otras voces. La monarquía saudí, aún más corrupta, podrida y reaccionaria que el régimen de Mubarak, está aterrorizada y se da cuenta de que ahora que su amigo de El Cairo se ha ido, ellos podrían ser los siguientes. Han estado ofreciendo grandes sumas de dinero a Egipto, pero a condición de que Mubarak se quedara a toda costa. Los israelíes están igualmente aterrorizados de las consecuencias de perder a su fiel aliado egipcio, el hombre que les ha permitido vender el llamado Plan de Paz -ese engaño atroz- al mundo. Estaban suplicando ansiosamente a todo el mundo que dejaran de criticar al presidente egipcio.
Pero las voces más influyentes fueron las que salían de la cabeza del Presidente. Estas le decían que era grande, que era bueno, que él sabía mejor que nadie qué era lo mejor para Egipto... Al igual que los monarcas absolutos de la antigüedad, se consideraba a sí mismo por encima de la ley, los parlamentos, los partidos y los generales. Se consideraba a sí mismo la encarnación de la nación y el juez supremo de la Voluntad del Pueblo. Anoche, mientras hablaba en un tono calmado y comedido, con su rostro tan inexpresivo y pétreo como la máscara funeraria de un faraón, daba la impresión de un hombre que había perdido todo contacto con la realidad.
El pueblo de Egipto, sin embargo, reaccionó al discurso de Mubarak, entre otras cosas, con una especie de humor negro que a menudo esconde un mensaje serio. Aquí hay un ejemplo: "El ministro del interior le pide a Hosni Mubarak que escriba una carta de despedida al pueblo egipcio. Mubarak responde: ¿Por qué? ¿A dónde se va el pueblo?".
Las multitudes que se reunieron en la plaza Tahrir con banderas egipcias, esperando con impaciencia la noticia de su dimisión, escucharon con incredulidad mientras repetía los tópicos de siempre: que simpatizaba con los jóvenes de Egipto, que lamentaba los errores del pasado, que lloró por la sangre de los mártires y prometió castigar a los responsables de su muerte (sobre este punto, el Padre del Pueblo ni siquiera se ruborizó), y prometió una vida nueva y mejor... pero no dimitió.
La conmoción se volvió ira. Una furia fría se apoderó de las masas, una furia aún más intensa debido a las grandes esperanzas que antes se habían despertado por los rumores. Todos los planes de los militares egipcios repentinamente se volvieron ruinas. En lugar de una "transición controlada", Egipto de nuevo se sumió en una vorágine revolucionaria.

Papel clave del movimiento huelguístico

El elemento decisivo en la ecuación revolucionaria, que finalmente forzó la salida de Mubarak, fue la intervención de la clase obrera. Esta es la respuesta a todos esos señores y señoras "inteligentes" que argumentaban que los trabajadores no eran revolucionarios o, incluso, que la clase obrera no existía. En los últimos días, por todo el país los trabajadores y los sindicatos se han unido a las protestas. A nivel nacional la huelga dio un nuevo e irresistible impulso a las manifestaciones de masas de El Cairo y de otras ciudades.
En todo Egipto los obreros entraron a la acción con más de 20 huelgas en los ferrocarriles y también en la industria textil, entre los enfermeros y los médicos, en los hospitales, y en las fábricas estatales y privadas. Las cifras se cuentan por decenas de miles y están aumentando todo el tiempo. El miércoles hubo una oleada de huelgas en Kafr El-Zaiat, Menoufeya y la zona del Canal de Suez. El Centro de Sindicatos y Servicios de Trabajadores (CTUWS, según sus siglas en inglés) informó que en la ciudad textil de Mahalla, más de 1.500 huelguistas bloquearon las carreteras y 2.000 obreros de la empresa farmacéutica Sigma en Quesna se declararon en huelga.
En Giza, cientos de mujeres y hombres jóvenes celebraron una protesta frente a la oficina de la gobernación de Giza exigiendo una vivienda. En la ciudad de Asyut, 7.000 empleados de la Universidad de Assiut protestaron, expresando su enojo por no trabajar con contratos fijos y por los bajos salarios. Los manifestantes exigían los mismos derechos que los empleados fijos. Otros 200 empleados de la Compañía Petrolera de Assiut continuaron su protesta desde ayer frente a la sede de la empresa, donde habían pasado la noche. Los manifestantes dijeron que se negaban a moverse hasta que se les dieran contratos decentes.
En la gobernación de Qena, 200 empleados de Siyanco se declararon en huelga por un día, exigiendo que se aplicaran las directrices financieras con igualdad para todos. Miles de trabajadores petroleros fueron a la huelga y protestaron en diferentes partes del país. En Ismailia, los empleados de la Universidad del Canal de Suez, Petrotrade y los hospitales generales exigieron mejores condiciones laborales y contratos adecuados. En Asuán, en el sur de Egipto, 300 empleados del Principal Bank for Development and Agricultural Credit protestaron contra la corrupción.
Telecom de Egipto, una de las compañías de telecomunicaciones más grande del país, también fue testigo de protestas generalizadas frente a sus distintas sedes de todo el país en los últimos dos días. Los trabajadores están pidiendo contratos dignos y mejores salarios. En El Cairo, 700 empleados del hospital Mukattam, incluyendo médicos y enfermeros, realizaron una protesta para exigir mejores salarios y contratos laborales dignos.
Los médicos y los enfermeros han estado en huelga y manifestándose. En el hospital de Ain Shams, unos 1000 empleados protestaron exigiendo mejores salarios y contratos, y un seguro de salud para el personal del hospital. Incluso los actores han estado protestando en contra de su sindicato, exigiendo la renuncia de su líder, Ashraf Zaki, y que el fiscal general inicie una investigación sobre corrupción.
Ayer (jueves) miles de estudiantes de medicina, médicos vestidos con batas blancas y los abogados con sus atavíos negros, marcharon por el centro de El Cairo y fueron aclamados por los manifestantes pro-democracia al entrar en la plaza Tahrir. Tiene un buen nombre. Es, desde luego, la plaza de la Liberación. A ellos se unieron artistas y trabajadores del transporte público, incluidos los conductores de autobús, todos los cuales se han sumado a las huelgas. El movimiento está creciendo.
Muchas de estas huelgas son de carácter económico. ¡Por supuesto! La clase obrera está presionando por sus reivindicaciones inmediatas. Es decir, ven la revolución como un medio de lucha no sólo por la democracia formal, sino por mejores salarios, mejores condiciones de trabajo, en definitiva, por una vida mejor. Están luchando por sus propias reivindicaciones de clase. Y esta lucha no va a cesar porque Hosni Mubarak ya haya dejado el Palacio Presidencial.
Pero estas son también huelgas políticas. Mubarak se ha ido, pero los trabajadores han estado exigiendo que el injusto sistema sobre el que él descansaba también debe irse. Los trabajadores están planteando la cuestión de la democracia en las fábricas y en los sindicatos. La federación sindical oficial del gobierno, la Federación Egipcia de Sindicatos (el único sindicato legal), apoyaba a Mubarak. Pero ha desaparecido. Los huelguistas exigen la eliminación de la vieja dirección. El 30 de enero se creó en muchas ciudades una nueva federación, la Federación de Sindicatos Egipcios (FETU), tanto del sector público como privado.

Los trabajadores prepararon el terreno

Recordemos que la Revolución egipcia ha sido preparada por el mayor movimiento huelguístico del que Egipto ha sido testigo en más de medio siglo. De 2004 a 2008, más de 1,7 millones de trabajadores participaron en más de 1.900 huelgas y otras formas de protesta. En los últimos tiempos se han producido 3.000 huelgas, incluyendo a todos los sectores, tanto gubernamentales como privados. Muchas de ellas tuvieron éxito, lo que llevó a aumentos salariales. Sin embargo, una mejora del nivel de vida ya no era suficiente para satisfacer a los trabajadores.
Miles de trabajadores de la Fábrica de Tejidos e Hilaturas de Mahalla se declararon en huelga el jueves para exigir mejores salarios. Según el CTUWS, 24.000 trabajadores participaron en la protesta. Los trabajadores del turno de la mañana se sumaron a sus colegas del turno de noche y se reunieron esta mañana frente a la sede de la empresa, donde se anunció la huelga y su solidaridad con los manifestantes en la Plaza Tahrir.
Los trabajadores de las fábricas textiles estatales de El Mahalla al-Kubra, y decenas de miles más en pequeñas fábricas privadas, son el alma del movimiento obrero egipcio. Los eventos en Mahalla el 6 de abril de 2008 cambiaron todo. Decenas de miles de personas de esta ciudad de medio millón de habitantes salieron a las calles. "Nuestras consignas ahora no son reivindicaciones sindicales", dijo Mohamed Murad, un trabajador ferroviario, coordinador sindical y político de izquierda. "Ahora tenemos unas reivindicaciones más generales por el cambio".
La policía abrió fuego, matando a dos personas, y las multitudes recorrieron las calles, prendiendo fuego a edificios, saqueando tiendas y lanzando ladrillos a la policía. Los manifestantes derribaron y pisotearon un retrato gigante de Mubarak en la plaza central. "Este levantamiento fue el primero en romper la barrera del miedo en todo Egipto", dijo Murad. "Ese viernes, la gente controlaba la ciudad. [...] Nadie puede decir que Egipto fuera el mismo después". No hay duda de que estas huelgas han desempeñado un papel clave para romper el miedo del resto de la gente, empezando por los propios trabajadores. El 6 de abril, el movimiento juvenil surgió del movimiento de los trabajadores.

El ejército

Los acontecimientos de ayer ya pusieron de manifiesto que el Estado Mayor del Ejército ya no estaba interesado en salvar a Mubarak, sino más bien en salvarse a sí mismo y al régimen del que su poder y privilegios dependen. Mubarak tiene 82 años y, en cualquier caso, iba a dejar el cargo en septiembre. Ya era una fuerza gastada, y los generales lo sabían. Ayer, obviamente, decidieron deshacerse de él. Pero para su inmensa sorpresa e irritación, el anciano se negó a irse.
En teoría, la decisión final fue tomada por el ejército, claramente sacudido por los acontecimientos de las últimas 24 horas. Pero el propio ejército estaba mostrando signos de agrietamiento bajo la presión de las masas. Al Jazeera informó ayer que un comandante del ejército depuso sus armas y se unió a los manifestantes en la Plaza Tahrir, junto con sus soldados. Anunció que él no estaba solo, sino que formaba parte de un grupo de 15 oficiales de diferentes rangos que se unían a la revolución. Al parecer, no era un caso aislado. En estas circunstancias, estaba totalmente descartado el uso del ejército contra el pueblo revolucionario. Esto, y la oleada de huelgas masivas que se ha extendido por Egipto, explican por qué al final el consejo militar decidió deshacerse de Mubarak.
El ejército ahora puede haber tomado el gobierno de Egipto, pero no el control de las calles o de las fábricas. Millones de egipcios estaban saliendo a las calles. El ejército tenía que actuar rápidamente o perdería el control de la situación por completo. Pero los generales tenían muy pocas opciones. La primera era no hacer nada, permitir que la multitud creciera, dejarla marchar hacia el palacio presidencial y esperar lo mejor. La segunda opción era tratar de bloquear la llegada de más manifestantes a la Plaza Tahrir. La tercera era derrocar a Mubarak.
El problema con la primera opción era que significaría que las masas, y no los militares, determinarían el curso de los acontecimientos. La segunda opción crearía una situación en la que el ejército podría tener que disparar contra los manifestantes. Sin embargo, un choque sangriento con la gente hubiera llevado directamente a una escisión en el ejército.
Eso les dejó con una sola opción: un golpe de Estado. Esto tenía que haberse hecho la noche anterior para haber podido anunciarlo antes de que comenzaran las manifestaciones tras las oraciones del viernes. El retraso en la actuación demuestra que el alto mando del ejército estaba dividido, paralizado e incapaz de una acción decisiva. Querían que el jefe desapareciera, pero al mismo tiempo temían las consecuencias de su desaparición. Tal vez Mubarak detectó esto y esa es la razón por la que los trató con tanto desprecio.
Los temores de los jefes del ejército estaban bien fundados. Ahora que Mubarak se ha ido, se levantará un gran peso de los hombros de la sociedad egipcia. Las compuertas se abrirán y todos los sectores de la sociedad presionarán para que sus reivindicaciones se satisfagan. Pero, ¿cómo podría satisfacerlas un régimen militar?

"Revolución hasta la victoria"

El derrocamiento de Mubarak es sólo el primer paso. La revolución ya ha entrado en una nueva fase. La lucha por la democracia es sólo la primera mitad de la tarea. La segunda mitad será la lucha contra la dictadura de los ricos: la expropiación de las propiedades de Mubarak y de toda la camarilla gobernante; la expropiación de las propiedades de los imperialistas que los apoyaron y mantuvieron en el poder durante tres largas décadas.
Washington está observando con gran ansiedad el desarrollo de los acontecimientos. León Panetta, el director de la CIA, dijo ayer: "Hay una fuerte probabilidad de que Mubarak pudiera dimitir esta tarde, lo cual sería significativo en cuanto a la posibilidad de que pudiera llevarse a cabo una transición ordenada en Egipto". Lo que los estadounidenses entienden por un "transición ordenada" es una transición controlada por la CIA. Pero esto no va a suceder.
La situación ha ido demasiado lejos, las masas están exaltadas y tomarán esta victoria, no como una señal para desmovilizarse, sino para presionar por sus reivindicaciones. Por haberse aferrado al poder hasta el final, Mubarak ha radicalizado toda la situación. Cualquier posibilidad de una "transición controlada" ha sido fatalmente minada. Los estadounidenses estaban maniobrando frenéticamente con la cúpula del ejército para sustituir a Mubarak por Omar Suleimán. Pero ahora Suleimán ha tenido que irse con su amo.
La gente no se fiaba de Suleimán más que de Mubarak. Recordemos que Suleimán le dijo a la cadena de televisión estadounidense ABC que los egipcios no estaban "preparados" para la democracia. También advirtió que si los manifestantes no entraban en diálogo con el gobierno de Mubarak, el ejército podría verse obligado a llevar a cabo un golpe de Estado. ¿Cómo se podría confiar en tal hombre para introducir la democracia en Egipto? Uno de los manifestantes dijo que si Omar Suleimán, sustituía a Mubarak: "Todo lo que va a pasar es que la gente en Tahrir corregirá los nombres de sus pancartas, y seguirá manifestándose".
El régimen finalmente se rompió bajo los golpes de martillo de la Revolución. El miércoles, Gaber Asfour, el ministro de cultura recientemente nombrado, renunció del gabinete de Mubarak "por razones de salud". Hoy Hossam Badrawi, el secretario general del PND, el partido en el poder, acaba de dimitir de él. Otros les seguirán. Las ratas ya están apresurándose a abandonar el barco que se hunde.
A falta de otra alternativa, el alto mando del ejército se ha hecho cargo. Pero a pesar de las apariencias, ellos también se encuentran impotentes. El Consejo del Ejército se ha puesto en la cresta de una ola revolucionaria. Los tanques y las armas están muy bien, pero no pueden dar trabajo a los desempleados, o alimentar a los hambrientos, o dar techo a la gente sin hogar, o reducir el alto costo de los alimentos... Por lo tanto, el ejército, habiendo tomado el poder en estas circunstancias, querrá entregar el poder a un gobierno civil tan pronto como sea posible. Es muy posible que convoque a elecciones en septiembre o incluso antes. No hay falta de candidatos para el puesto de presidente y de primer ministro. ElBaradei está esperando con impaciencia entre los bastidores.
Pero ninguno de los problemas acuciantes de la sociedad egipcia puede ser resuelto por una "economía de mercado". La sociedad egipcia sufre de aumento de los precios y el desempleo. El 10 por ciento de la población activa está desempleada. El 76 por ciento de los jóvenes no tiene trabajo. Los salarios son bajos. La mayoría de los trabajadores estatales (cerca de cinco millones de personas) ganan alrededor de 70 dólares al mes. En el sector privado, los salarios son alrededor de 110 dólares al mes. Hay un grave problema de la vivienda y alguna gente pobre vive en los cementerios. Cuatro millones de personas no tienen ningún derecho a la asistencia sanitaria. Ni siquiera son reconocidos como parte de la fuerza de trabajo en cualquier forma contractual.
Hay una ardiente ira contra la desigualdad y la corrupción. Los periodistas independientes están poniendo de relieve la corrupción omnipresente, que es la principal característica del antiguo régimen. Han desaparecido miles de millones de dólares. The Guardian hizo un cálculo de 12.000 millones de dólares solo para la familia Mubarak. Esto ha provocado furia e indignación en un país donde el 40 por ciento vive bajo la línea de la pobreza. Ahora, el trabajador egipcio va a decir: "Quiero mis derechos, ¿dónde están nuestros derechos?". Ningún gobierno burgués puede dar a los trabajadores sus derechos o resolver cualquiera de los problemas fundamentales del pueblo egipcio.
La clase obrera es ahora la auténtica fuerza motriz de la Revolución. Hasta hace poco, las reivindicaciones de la Revolución habían sido políticas, centradas en la lucha por los derechos democráticos. Pero los trabajadores están dándole al programa un carácter social revolucionario. Ayer publicamos el programa de los trabajadores siderúrgicos de Helwan, una ciudad industrial a orillas del Nilo.
Este es un programa muy avanzado que expresa el deseo de los trabajadores de llevar la Revolución hasta el final. Ayer, en Helwan, cinco fábricas militares estaban en huelga. El día de hoy, los trabajadores de la Fábrica Militar número 63 de Helwan fueron a la Plaza Tahrir portando una pancarta que decía simplemente "thawra hatta'l nasr" (Revolución hasta la Victoria), ¡y lo decían en serio!
La revolución egipcia ha comenzado pero no ha terminado. Para resolver los problemas de la sociedad egipcia, es necesario romper con el capitalismo, expropiar a los capitalistas y los imperialistas y llevar a cabo la transformación socialista de la sociedad. Esto es posible y necesario. Lo que hemos visto hoy demuestra que, una vez que los trabajadores se movilizan para cambiar la sociedad, ninguna fuerza sobre la tierra puede detenerlos. Es una lección que tarde o temprano va a ser aprendida por los jóvenes y trabajadores de todas partes.
El pueblo de Egipto se regocija y nosotros nos regocijamos con él. Cualquier cosa es posible ahora. Que nuestro lema sea: ¡Revolución hasta la Victoria!

· ¡Viva la Revolución egipcia!

· ¡Viva el Socialismo!

· ¡Trabajadores del mundo, uníos!

Alan Woods

sábado, 12 de febrero de 2011

Cayó Mubarak, que el festejo no permita que le roben al pueblo su gran victoria


Finalmente el tirano Mubarak ha sido derrocado. El pueblo, o por lo menos esa gigantesca parte del mismo que desbordó durante 17 días la Plaza Tahrir con sus gritos de “Fuera, Fuera” y sus cánticos, no cedieron en la embestida, y lograron hacer caer al otrora hombre fuerte de las castas gobernantes. Ahora, los millones de ciudadanos movilizados reclaman para sí el protagonismo principal de esto que algunos medios (que hasta ayer mimaban a Mubarak) califican de Revolución, pero que sin dudas tiene todas las características de una rebelión pot el hartazgo de un gobierno que siempre estuvo al lado del imperio yanqui y sirvió de felpudo a las políticas sionistas en la zona.
Lo dijimos al comienzo de este levantamiento popular: Mubarak puede irse o quedarse, pero indudablemente Egipto ya no será el mismo, sus jóvenes y sus trabajadores deberán ser la garantía de que ningún Suleimán o Baradhei intente quedarse con el rédito de la sangre derramada, de los cientos de encarcelados, de los torturados por ese Ejército que hoy, como si la gente no tuviera memoria, intenta en autoerigirse en custodio de la voluntad popular.
Recordemos: Omar Suleimán es el hombre que servía de garante a la CIA para las entregas de prisioneros acusados de “terrorismo” y que llegados desde otros confines en aviones de la Agencia norteamericana, iban a engrosar la fila de detenidos “ilegales” en las mazmorras del Guantánamo egipcio.
Suleimán es ahora el funcionario aplicado que no deja de consultar ninguno de sus pasos con sus tutores de Washington y que se mantiene al habla diariamente con el gobierno sionista de Tel Aviv.
Recordemos: este Ejército egipcio que a través de sus altos mandos trata de mostrar un rostro conciliador y que ayer mismo les expresaba a los manifestantes que “comprendía sus razones”, es el mismo que ha asesinado y torturado a miles de ciudadanos que a lo largo del poder de Mubarak se rebelaban contra sus injusticias. Ese Ejército es el que reprimió a sangre y fuego a los palestinos de Gaza que intentaban, desesperados, romper el cerco fronterizo que Mubarak les impuso en combinación con el premier sionista Netaniahu, para asfixiar a los rebeldes de Hamás.
O sea, los “herederos” que ahora continuarán a Mubarak son parte del mismo tinglado que hasta ayer ha gobernado con mano dura y que, ayudados por Obama y sus muchachos, intentarán hacer un recambio ordenado, para preservar que el Canal de Suez siga siendo un paso tutelado por EEUU y que las alianzas internacionales abreven en lo que dicta el Pentágono.
Que esto no ocurra, que las esperanzas de los que en estos días no han abandonado las calles de El Cairo o Alejandría, no sean traicionadas, depende de la fuerza que el pueblo tenga para revertir el actual panorama. Muchas veces se han visto en el mundo movilizaciones como las de Egipto, que con el correr de los días y en el marco de las triquiñuelas orquestadas por los poderosos, han sido derrotadas en las mesas de negociaciones o en las “transiciones” (vaya término que se inventan los de arriba para seguir esclavizando a los de abajo), y de esa manera se vieron frustrados procesos de indudable raiz revolucionaria.
Por ello, la movilización popular es la garantía para evitar cualquier tentación continuista y generar, poco a poco, la organización que, a través de una alianza de todos los sectores de la población (jóvenes, trabajadores, campesinos) puedan gestar un gobierno que les pertenezca. De esa manera, esos cientos de miles que hoy llenan la Plaza Tahrir convertirían sus deseos de cambio en realidad, y se sacudirían de una vez y para siempre los tutelajes pro imperialistas y pro sionistas que desde aquella tristemente célebre Guerra de los 6 Dias, vienen humillando y hambreando al pueblo egpicio.
Mientras se ganan fuerzas para seguir la lucha, no hay que escatimar alegría en el festejo: Mubarak ha caído y con él Israel y EEUU pierden una baza importante en la región. Lo que queda es impedir que la reemplacen con otros monigotes.

Carlos Aznárez
Resumen Latinoamericano

jueves, 10 de febrero de 2011

La revolución egipcia resuena por todo el mundo árabe



La revolución egipcia, que siguió rápidamente al levantamiento de Túnez, ha enviado ondas de choque al conjunto del mundo árabe. Todos los estrategas serios del Capital están discutiendo el "efecto dominó" de los acontecimientos que se desarrollan en Egipto. Ninguno de ellos, sin embargo, había previsto nada de esto.
Una semana antes de que Ben Alí se viera obligado a huir la revista británica The Economist negaba la posibilidad de que Ben Ali fuera derrocado, e incluso que su régimen sería sacudido. Luego, una vez que Ben Ali fue derrocado, agravó el error al tranquilizar a sus lectores con que la revolución de Túnez no se extendería a países como Egipto, porque Egipto era "diferente", por supuesto. A los pocos días estalló Egipto.
Las potencias imperialistas, en particular, los Estados Unidos, pensaban que tenían la situación bajo control, y que los regímenes bajo su patrocinio eran estables. Un comentario interesante que pone de relieve el pensamiento de la burguesía apareció en un artículo del Financial Times el 28 de enero. Esta es la forma en que veía la situación hasta no hace mucho tiempo: "Antes de 2007, la evolución de la economía mundial parecía tan tranquila y previsible que el período fue llamado a veces la edad de " la gran moderación".
Este período idílico, sin embargo, se rompió de repente por la crisis de 2008. Y los acontecimientos en el Oriente Medio fueron como un shock aún mayor. El artículo continúa: "... los inversores ahora viven en un mundo cada vez más impredecible, tanto en un sentido económico como político. O, para usar la jerga del mercado, lo que Oriente Medio está demostrando es la potencia de las "colas pesadas" ("fat tails" en inglés) - son los sucesos que parecen tan poco probables que ocurran, y que por lo general son ignorados, hasta que de pronto golpean con venganza". El artículo cita a Simon Williams, un analista del banco HSBC de Medio Oriente, de esta manera: "Lo que ocurrió en Túnez tomó a todos por sorpresa. Nos ha obligado a todos a volver a reexaminar las viejas certidumbres [de la región]".
El problema con los llamados "expertos" burgueses es que no detectaron lo que estaba sucediendo en las capas inferiores de la sociedad, entre los millones de trabajadores oprimidos y los pobres. Esto se debe, ya que viven en sus torres de marfil, a que suelen ignorar a estas capas. Y como la calma aparente puede incluso durar décadas, comenzaron a pensar que las cosas siempre serían así. Eso revela la extrema cortedad de miras de su parte.

La previsión del marxismo

El marxismo, sin embargo, debido a que tiene una "visión larga de la historia" y tiene en cuenta todas las contradicciones y cómo éstas afectarán a la situación en el tiempo, fue una herramienta que nos permitió entender perfectamente lo que estaba sucediendo. Comparen la falta de entendimiento que revelaban las citas anteriores con lo que sigue: "La reaccionaria monarquía saudí está ahora pendiendo de un hilo. Esta banda corrupta es cada vez más impopular y está tratando de aferrarse al poder ... "(Oriente Medio, Annapolis y el problema palestino: más conversaciones y conversaciones, Alan Woods, 06 de diciembre de 2007). ¡Anoten la fecha: 2007!
¿Y el artículo publicado el 7 de abril de 2008, Egipto, 6 de abril, un ensayo general de los grandes acontecimientos del futuro, por Jean Duval y Fred Weston: "El régimen de Mubarak se enfrenta a su crisis más grave. Lo más significativo es que los trabajadores han perdido el miedo al régimen. (...) Todas las condiciones están madurando para la revolución".
Más recientemente, en octubre, explicamos que: "Las tensiones en Egipto están llegando a punto de ebullición. [...] La revolución está desarrollándose justo debajo de la superficie". (Egypt: The gathering storm, por Hamid Alizadeh y Frederik Ohsten, 28 de octubre de 2011. En inglés)
Fuimos capaces de escribir todo esto mucho antes de que comenzara la agitación revolucionaria actual porque comprendimos los efectos que estaban teniendo décadas de opresión, agravados por la crisis económica y la polarización social creciente. Pero cuando planteamos las perspectivas de la revolución en Oriente Medio se nos respondió con una cacofonía ensordecedora de cinismo y escepticismo que negaban que la revolución era posible. Ahora, la revolución ha entrado en erupción en Túnez, Egipto y se está extendiendo a Yemen, Jordania y muchos otros países árabes.
Los imperialistas occidentales están luchando para tratar de recuperar el tiempo perdido. La respuesta del imperialismo de EE.UU. y sus aliados de Europa occidental ha sido la de pedir a Mubarak moderación y que prepare una transición a un régimen más democrático. Lo hacen por miedo a que la revolución se extienda de un país a otro, hasta que todos los regímenes podridos y despóticos de Oriente Medio y África del Norte se derrumben. ¡Esta posibilidad ahora sí la pueden ver!
Sin embargo, no todos los "líderes" mundiales están presionando a favor de este resultado. ¡Hay otra cara de la historia! En el caso de que Egipto - el país clave en el mundo árabe - siga el camino de Túnez, y Mubarak sea expulsado finalmente, eso tendría un impacto aún más grande que los acontecimientos que condujeron a la caída de Ben Ali en Túnez. Después de Egipto, países como Jordania, Yemen, Argelia, etc. podrían sufrir todos levantamientos revolucionarios. Esto amenazaría directamente poderosos intereses materiales en la región.
Así, mientras Obama hace un llamamiento para la "transición", detrás de la escena podemos estar seguros de que otros dirigentes árabes han estado alentando a Mubarak para que resista. Si es capaz de contener la marea, aún habría esperanza para estos líderes despóticos. La clase dominante israelí tampoco desea ver una revolución junto a su puerta. A pesar de que se enorgullecen de ser la "única democracia" de Oriente Medio, parece que no les gusta ver que se derrumben las dictaduras que la rodean.
Estos líderes tienen buenas razones para estar preocupados. Las mismas condiciones que existen en Túnez y Egipto también existen en todos los países árabes. Y en estas condiciones, la extensión de la revolución de un país árabe a otro también se ve facilitada por el hecho de que en todos ellos se habla una lengua común (sin dejar de lado las diversas minorías que existen en estos países, y que también están participando en el movimiento), hay una herencia cultural común, una religión común (al menos para el 90% de la población), continuidad territorial (a pesar de las fronteras artificiales trazadas por el colonialismo), la percepción de que todos tienen los mismos problemas, y la resistencia a la dominación capitalista e imperialista. Todo esto ha creado una fuerza poderosa en la mente de las masas. Y las mismas causas tienen los mismos efectos. Toda la región está preñada de revolución.
El ritmo del desarrollo de los acontecimientos en el Oriente Medio y África del Norte, en parte, depende de lo que suceda en Egipto en los próximos días y semanas. Si el actual movimiento no derrocara a Mubarak en el corto plazo, esto podría retrasar el proceso. En caso de ser derribado en breve, a su vez, permitirá acelerar el proceso en otro lugar. Como el resultado está determinado por una lucha de fuerzas vivas, no se puede decir de antemano qué tan rápido o lento será esto. Pero la dirección del proceso es muy clara. Tarde o temprano Mubarak tendrá que irse y un nuevo período se abrirá, en el que la lucha de clases en Egipto se elevará a un nivel superior. No hay escapatoria a esto, y tendrá un impacto en toda la región.
El siguiente esquema breve de la situación es una indicación de la repercusión internacional que la revolución egipcia, después de la de Túnez, ya está teniendo.

Jordania

Jordania es uno de los principales candidatos a seguir el camino de Egipto. Las protestas por la pobreza creciente, el aumento de los precios de los alimentos, el desempleo y la corrupción han estado ocurriendo durante semanas. El desempleo es oficialmente del 14% en un país de seis millones. El 70% de la población es joven, menores de 30, y el 25% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza.
Miles de personas en Jordania han estado en las calles protestando, exigiendo la renuncia del primer ministro y para que los precios se reduzcan. Este es el resultado de la crisis económica en curso. Jordania tiene un déficit récord de $2 mil millones este año. La inflación ha aumentado al 6,1 por ciento, el desempleo se sitúa en el 12%.
En un intento de apaciguar a las masas, el Rey Abdullah ha prometido algunas "reformas", especialmente una polémica ley electoral. El Primer Ministro también anunció $550 millones de nuevos subsidios para el combustible y productos básicos como el arroz, el azúcar, el ganado y el gas para cocinar. También anunció un aumento salarial para los empleados públicos y el personal de seguridad.
Pero todo esto ha sido en vano. Eso explica por qué el 1º de febrero, el rey Abdullah II anunció que iba a despedir a Samir Rifai, el primer ministro y, con él, a todo el gabinete - para reemplazarlo por Maruf Bakhit a quien le da la tarea de formar un nuevo gobierno que debe "tomar medidas concretas prácticas y rápidas para poner en marcha verdaderas reformas políticas ". El Rey está prometiendo un programa inmediato de reformas democráticas, mientras trata desesperadamente de cortar el movimiento de protesta en crecimiento y evitar un escenario de tipo egipcio. Bakhit, sin embargo, no es fundamentalmente diferente al premier saliente. Se lo recuerda por la supervisión de las elecciones locales y parlamentarias de 2007, la última vez que estuvo en el gobierno, donde se llevó a cabo un fraude electoral flagrante.
Los activistas en la manifestación del Viernes, [4 de febrero] en Amman fuera de la oficina del primer ministro, de hecho, gritaban "¡Abajo el gobierno!", demostrando que no aceptarán ninguna medida a medias. El hecho de no satisfacer las demandas de la población podría poner en peligro la supervivencia misma de la monarquía y llevar al derrocamiento del régimen.

Yemen

La pobreza generalizada en el Yemen, con un 45 por ciento de la población viviendo con menos de 2 dólares al día, está en la raíz del movimiento de protesta actual. Las últimas noticias del Yemen es que el jueves [3 de febrero], más de 20.000 personas - la mayor participación hasta ahora - marcharon por las calles de Sanaa, exigiendo que el presidente Ali Abdullah Saleh se fuera.
Al igual que en Egipto, manifestantes contrarrevolucionarios pro-Saleh chocaron con la inmensa protesta anti-Saleh, que llevó a algunos enfrentamientos físicos, y fue disuelta por la policía. En la ciudad de Adén, en el sur, se utilizaron gas lacrimógeno y munición real para disolver a los manifestantes. Sin duda, esto tendrá el mismo efecto que en Egipto: fortalecer la determinación del movimiento revolucionario.
El miércoles 2 de febrero, el presidente Ali Abdullah Saleh, había anunciado que ya no se presentaría en las elecciones de 2013, y añadió que su hijo tampoco lo haría. Una vez más, esto es similar a lo que Ben Ali anunció antes de ser derrocado, y parece casi una fotocopia del comportamiento de Mubarak en Egipto. Está tratando de apaciguar a las masas con la promesa de que se va a ir, pero esto es sólo un ardid para sacar a las masas de las calles con el fin de recuperar el control de la situación.
También ha anunciado aumentos salariales y reducciones de impuestos, la creación de un fondo para proporcionar puestos de trabajo para los graduados universitarios, la extensión de la cobertura de seguridad social, y la exención del pago de los estudiantes universitarios del resto de los derechos de matrícula para este curso académico, y también ha pedido que se reduzca el costo del título de graduado.
Todas estas son claramente maniobras para tratar de evitar que crezca el movimiento de protesta y se convierta así en Túnez y Egipto. Sin embargo, los manifestantes han indicado que esto no es suficiente. Las más de 20.000 personas en las calles el jueves cantaban: "El pueblo quiere un cambio de régimen", y "No a la corrupción, no a la dictadura" y "cambiar el régimen y fuera el presidente."

Argelia

Argelia vio movimientos de protesta contra el creciente costo de alimentos básicos a finales de diciembre al mismo tiempo que las protestas estallaban en Túnez. El 30 de diciembre se informó de que al menos 53 personas resultaron heridas y otras 29 detenidas cuando la policía reprimió las protestas contra las malas condiciones de la vivienda en un barrio de Argel, la capital. El nivel de determinación de lucha de los manifestantes puede verse por el hecho de que de los 53 heridos, al parecer, 52 eran miembros de las fuerzas de seguridad.
Los disturbios estallaron de nuevo a principios de enero por el aumento de los precios de los alimentos y la falta de puestos de trabajo. El régimen respondió con una combinación de represión de cinco días de protestas en las calles, que dejaron cinco muertos y más de 800 heridos, y recortes en los precios, la reducción de los precios del petróleo, el azúcar y en otras necesidades básicas, y la compra de un millón de toneladas de trigo para la constitución de reservas, y también prometió que las subvenciones a los alimentos básicos, como la harina, seguirá.
De esta manera, esperaban apaciguar a las masas y detener el ascenso revolucionario que comenzaba a desarrollarse. Pero los problemas subyacentes que llevaron a la revuelta la primera vez no se han resuelto. El desempleo, especialmente entre los jóvenes, que constituyen la mitad de la población, sigue siendo alto. De acuerdo con el gobierno se sitúa en alrededor en el 10 por ciento, pero datos más reales lo ponen más cerca del 25 por ciento.
La ira ha continuado a fuego lento por debajo de la superficie, a la espera de que entre en erupción en cualquier momento. El 22 de enero, por ejemplo, varias personas resultaron heridas cuando fueron atacados por la policía durante una manifestación pro-democracia en Argelia, contra una ley que prohíbe las reuniones públicas. Cientos desafiaron la prohibición y salieron a las calles sólo para hacer frente a las fuerzas policiales fuertemente armadas.
El 1º de febrero, miles respondieron a la convocatoria para manifestarse emitida por la Coordinación Local de los Estudiantes (CLE, Coordination locale des étudiants) de la Universidad de Tizi Ouzou. De acuerdo con los organizadores, 15.000 participaron en la acción de protesta. Es significativo que algunos de los manifestantes portaran la bandera de Túnez, un claro indicio de su deseo de ver un movimiento similar en Argelia que pueda derrocar al odiado régimen de Bouteflika. Uno de los lemas era "Bout-dégage Ali!" Un juego de palabras peyorativo que mezcla los nombres de Buteflika y Ben Alí.
El 3 de febrero, el Presidente Bouteflika anunció que el estado de emergencia del país sería eliminado en un futuro "muy cercano". El estado de emergencia ha estado en vigor desde 1992, inicialmente establecido para "luchar contra el terrorismo". Cuando hizo este anuncio, Bouteflika, al parecer, pidió a su gabinete que adoptara políticas que crearan puestos de trabajo y también anunció que la televisión y la radio nacionales debían emitir las opiniones de todos los partidos políticos.
Hasta ahora, todo esto sigue siendo sólo promesas. Son palabras destinadas a apaciguar el movimiento de protesta, de hacer creer que la "reforma democrática" está en camino. No se dio ninguna fecha para llevar a cabo el levantamiento del estado de excepción. Y en cuanto a los puestos de trabajo, cómo se van a crear en el clima económico actual es una incógnita.
Un nuevo día de lucha está previsto para el 12 de febrero. Estas protestas en curso indican que el pueblo de Argelia está inquieto y puede moverse de nuevo, siguiendo el ejemplo de sus vecinos de Túnez.

Marruecos

Cientos de estudiantes se manifestaron en la ciudad marroquí de Fez el domingo 30 de enero, en una protesta contra los aumentos de precios y el empeoramiento de las condiciones sociales.Los manifestantes corearon consignas que vinculan el destino del rey Mohamed VI al de Ben Ali. Esto viene después de una protesta anterior en la ciudad norteña de Tetuán, el 20 de enero, organizada por el Comité local contra el aumento de los precios y los ataques a los servicios públicos, con la participación de la Liga Comunista de Acción (sección marroquí de la CMI). El acto de Tetuán, que atrajo a 300 personas, también fue convocado en solidaridad con la revolución de Túnez.
En los últimos días, la prensa española ha publicado informes de que el ejército y las unidades antidisturbios de las fuerzas de seguridad han sido trasladados desde el Sahara hasta las principales ciudades de Marruecos, en previsión de disturbios importantes. El gobierno marroquí ha negado esos informes, pero está claro que están muy preocupados por la posibilidad de que la revolución se extienda a su propio país. Un Día de Ira, convocado por el "Movimiento por la Libertad y la Democracia Ahora" ha sido anunciado para el 20 de febrero, que también podría convertirse en el centro de coordinación de las protestas en todo el país.
Y así como The Economist estaba tratando de calmar los nervios de sus lectores con que Egipto "era diferente" y no podía ir por el camino de Túnez, la Ministra de Asuntos Exteriores español, Trinidad Jiménez, ha declarado recientemente: "Creo sinceramente que la situación en Túnez y Egipto es claramente diferente a la de Marruecos", la razón es que Marruecos ya ha emprendido el camino de la "apertura democrática". ¡Sin duda, el gobierno español no tendría demasiado interés en que la revolución estallara justo al otro lado del Estrecho de Gibraltar!
Alguien mucho más cerca del rey de Marruecos, sin embargo, su primo hermano, el príncipe Moulay Hicham, tiene una opinión muy diferente. En una entrevista con el diario español El País, dijo que "Marruecos probablemente no será una excepción ... Casi todos los sistemas autoritarios se verán afectados por la gran ola de protestas."

Gaza y Cisjordania

Al otro lado de la frontera oriental de Egipto en la Franja de Gaza, donde el reaccionario Hamas tiene el control, el movimiento del pueblo egipcio está afectando a los palestinos. Algunos supuestos marxistas en el pasado había retratado a Hamas como, de alguna manera, una fuerza progresista que merecía el apoyo de la izquierda. De hecho, es una fuerza totalmente reaccionaria que sólo ha llenado un vacío debido a la naturaleza corrupta de la dirigencia de OLP, que gobierna la Autoridad Palestina.
Hamas trata de presentarse como "revolucionario" y "anti-imperialista". Si eso fuera así, entonces habría que esperar que fueran en apoyo de la revolución que se desarrolla en Egipto. ¡Por el contrario! La semana pasada la policía de Hamas irrumpió en una pequeña manifestación en la ciudad de Gaza en apoyo al movimiento revolucionario de Egipto, arrestando a varias mujeres.
Hamas está tan preocupado por los acontecimientos revolucionarios de Egipto como el gobierno de Israel. Fuerzas adicionales de seguridad se han colocado en la frontera entre Egipto y Gaza, no en el lado egipcio, sino en el palestino. El hecho es que Hamas no quiere que el movimiento de Egipto se extienda a la Franja de Gaza. Si alguien está buscando una respuesta a la acusación de que lo que está sucediendo en Egipto es un levantamiento islámico simplemente basta mirar la reacción de Hamas.
Hamas tiene razón para temer el contagio de Egipto. Una indicación del estado de ánimo es el hecho de que varios miles de palestinos que viven en la Franja de Gaza se han unido a un grupo de Facebook que convocó una protesta contra el gobierno de Hamas para el viernes [04 de febrero]. Esta es la respuesta a todos aquellos escépticos que sólo ven en Gaza reacción islámica. La verdadera voz de los palestinos que habitan en esta pequeña franja de tierra está siendo levantada.
Algo similar se está organizando en la Ribera Occidental, Cisjordania. Los líderes palestinos en Cisjordania, de hecho, reconocen el hecho de que las protestas de Túnez y Egipto podría extenderse a los territorios palestinos. Y la policía tiene una preocupación similar a la de Hamas. Este video Un Día de Solidaridad con la Revolución egipcia, Ramallah, Palestina, 05 de febrero 2011, muestra a la policía de la Autoridad Palestina atacar una manifestación en solidaridad con el levantamiento de Egipto, en Ramallah, en Cisjordania.
Tienen razón para temer que la protesta podría estallar en Cisjordania. No olvidemos que sólo muy recientemente se filtraron documentos palestinos que revelaron la colusión secreta entre los dirigentes de la Autoridad Palestina OLP y el Estado de Israel, incluso para discutir el asesinato de un combatiente palestino.
Por temor a los disturbios, y para tratar de cortar cualquier posible movimiento de protesta, el primer ministro de la Autoridad Palestina, Salam Fayyad, acaba de anunciar las elecciones municipales en un futuro próximo, y se habla también de una elección general. El presidente de a Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, se considera cercano a Mubarak, y la caída de este último dañaría aún más su prestigio entre el pueblo palestino.
Todas las condiciones se están gestando en los territorios palestinos para otra intifada, esta vez a una escala mucho mayor, y como parte de un movimiento de todos los árabes, y no un levantamiento aislado. Recordemos que la Intifada tuvo un impacto mucho mayor en la sociedad israelí que décadas de terrorismo individual. El lanzamiento de algunos cohetes que azotaron los barrios populares en Israel, o los atentados suicidas que matan a hombres, mujeres y niños inocentes de Israel, en los autobuses o en los supermercados, no mella en absoluto la máquina del Estado sionista. De hecho, estas acciones han servido para fortalecer el estado sionista, a medida que impulsan a toda la población a apoyar a su gobierno, al sentirse amenazados como pueblo.
Además, el hecho de que todos los regímenes árabes sean dictaduras despóticas, que siempre han explotado la cuestión de Palestina en su beneficio, culpando a Israel por los males sufridos por el pueblo árabe, también ha sido hábilmente utilizada por la élite sionista para pintar una imagen de Israel como un país rodeado de Estados que lo quieren destruir. Un movimiento revolucionario de los trabajadores y jóvenes árabes, en algún momento, sin duda, tendrá un impacto en las masas trabajadoras de Israel.

Siria

Siria fue considerado durante mucho tiempo un "Estado canalla", por su pasado pro-soviético y su economía nacionalizada. Sin embargo, bajo al-Assad, el régimen ha ido de alguna manera abriendo su economía para permitir que se desarrolle la "economía de mercado". Así pues, tenemos un régimen con todas las trampas del pasado en términos de un aparato estatal represivo, pero ahora con la adición de los efectos de una apertura al capitalismo, que conduce a una creciente polarización social, con un crecimiento desigual donde la riqueza se acumula en la élite y la pobreza en las capas inferiores de la sociedad.
Al-Assad, el dictador de Siria, a la luz de las revoluciones en Túnez y Egipto, ha admitido que los gobernantes árabes tienen que hacer más para dar cabida a las crecientes aspiraciones políticas y económicas de la población de la región. Él tiene la intención de impulsar las reformas políticas este año, incluyendo elecciones municipales, aunque ha señalado que la estabilidad y la economía están más arriba en su lista de prioridades que la reforma política. De hecho, también ha anunciado algunas concesiones económicas de menor importancia, en un intento de socavar los planes para sacar a las personas de la protesta en la calle. El gobierno ha anunciado subvenciones y ayudas para los pobres. A los maestros se les han concedido préstamos sin intereses para la compra de computadoras portátiles, mientras que algunos funcionarios públicos fueron acusados de corrupción en la ciudad de Alepo. Recientemente, dos millones de trabajadores estatales recibieron un aumento salarial del 17 por ciento.
Lo que al-Assad quiere decir cuando se refiere a que su prioridad es la estabilidad y la economía es que él piensa que al conseguir algún tipo de mejora económica podría mantener el control del poder. Sin embargo, ahora el desempleo en Siria oficialmente se sitúa en el 10 por ciento, pero algunos piensan que puede ser más alto, tan alto como el 25%, incluso.
Los problemas sociales crecientes están contribuyendo a que fermente un espíritu de revuelta entre los jóvenes del país. Usando el limitado acceso a Internet permitido por el régimen, varias páginas se han creado en Facebook, con el objetivo de la organizar protestas en las líneas que iniciaron el movimiento en Túnez y Egipto. Hubo una convocatoria de protestas para el viernes y sábado [4 y 5 de febrero] pero no logró atraer ningún manifestante. Como un activista anónimo dijo: "Todavía es pronto para nosotros. Tenemos tiempo. La calle, claramente, no está preparada todavía".
El régimen sirio es uno de los más brutales de la región, cuando se trata de lidiar con la disidencia. Hay informes de que las fuerzas de seguridad sirias disolvieron violentamente una vigilia en Damasco en apoyo a la sublevación de Egipto el miércoles de la semana pasada. Internet también está muy vigilado. Facebook, por ejemplo, ha sido oficialmente bloqueado desde noviembre de 2007, aunque muchos jóvenes sirios conseguir sortear el bloqueo utilizando servidores proxy.
Se ha combinado este aparato represivo con concesiones de carácter económico a fin de cortar cualquier intento de desencadenar un movimiento como el de Egipto. Vale la pena señalar, sin embargo, que aunque el régimen aún no puede hacer frente al mismo nivel de protestas de otras partes, ha tomado la medida cautelar de aumentar el número de sitios y servicios de chat bloqueados a disposición de los usuarios de Internet en el país. Todo esto indica que Siria también se enfrenta a un malestar creciente, y dado el carácter extremadamente brutal del régimen podría entrar en erupción de forma inesperada y de manera masiva en algún momento.

Sudán

Poco después de la caída de Ben Alí en Túnez, las fuerzas de seguridad de Sudán detuvieron al dirigente de la oposición, Hassan al-Turabi. Esto se produjo poco después de que el partido de Al-Turabi llamara a una "revolución popular" si el gobierno sudanés no invertía los aumentos de precios.
"Este país ha conocido levantamientos populares antes", dijo Turabi en una entrevista a la agencia de noticias AFP. "Lo que ocurrió en Túnez es un recordatorio. Es probable que esto suceda en Sudán ... Si no es así, entonces habrá una gran cantidad de derramamiento de sangre. El país entero está armado. En las ciudades, será un levantamiento popular , pero en Darfur, y en Kordofán también, ellos tienen armas. "
Desde entonces el movimiento ha entrado en erupción en el país, con los estudiantes en las calles la semana pasada. El lunes [31 de enero] un estudiante, Mohammed Abdulrahman, de la Universidad de Ahlia, murió tras ser golpeado por la policía. Esto llevó al régimen a cerrar muchas universidades y a un gran despliegue de la policía en todo el campus. En la Facultad de Medicina de la Universidad de Jartum, la policía trató de detener a unos 300 estudiantes al salir del campus, pero finalmente se abrieron paso a través de gritar: "¡Revolución contra la dictadura!"
El régimen ha intentado silenciar cualquier medio de comunicación que informara sobre las protestas estudiantiles por el temor a su efecto contagioso. De hecho, en las últimas semanas Sudán ha visto un malestar social generalizado, ya que el país se hunde más en la crisis económica con una inflación creciente que afecta los precios de los productos básicos. Para empeorar las cosas, el gobierno ha reducido las subvenciones a los productos derivados del petróleo y el azúcar, un producto clave en Sudán. Claramente, el Sudán también está en ebullición.

Arabia Saudita

Arabia Saudita es un país clave en la región, ya que es el mayor exportador mundial de petróleo. Los imperialistas están muy preocupados porque este "régimen amistoso" podría caer, poniendo así en peligro el suministro constante de petróleo tan esencial para el funcionamiento de la economía mundial.
La tasa oficial de desempleo se sitúa en el 10 por ciento y la inflación está aumentando. Los analistas occidentales y saudíes se reconfortan a sí mismos con el hecho de Arabia Saudita tiene una inmensa riqueza petrolera y que puede usar esto para calmar la ira y la frustración. Puede aumentar los subsidios alimentarios, por ejemplo, sin demasiada dificultad. Arabia Saudí aprobó un presupuesto récord en diciembre y planea gastar $400 mil millones en los cinco años hasta 2013 para mejorar la infraestructura.
No hay partidos políticos ni sindicatos. Las protestas y las huelgas son ilegales. No hay organizaciones estudiantiles, sindicatos ni partidos políticos. Y, sin embargo, el gobierno saudí ve con inquietud lo que sucede en Túnez y Egipto. Estos países también se suponía que eran estables e inmunes a la revolución.
El 31 de enero, Banq Saudi Fransi publicó un documento, "Llamada de atención: el contagio de Egipto amenazas, pero es manejable". John Sfakianakis, Economista Jefe del Banq Saudi Fransi, explicó que: "Los saudíes tienen los medios para mantener las subvenciones, pero no están aislados de lo que está sucediendo en Egipto ... Es una llamada de atención para todos en la región. Tienen que tener en cuenta que el desempleo y la creación de empleo debe ser una prioridad en Arabia Saudita. "
El Financial Times del 5 de febrero, publicó un interesante comentario sobre el dilema que enfrenta la administración Obama en Arabia Saudita: "[el gobierno de EE.UU.] debe hacerse a su vez la gran pregunta: ¿y si Arabia Saudí, el más grande exportador de petróleo del mundo, pero también una tierra donde la población joven no ha sentido los beneficios de la riqueza petrolera, fuera sacudido por disturbios similares?".
El mes pasado, de hecho, 200 profesores organizaron protestas frente al Ministerio de Educación exigiendo trabajo público. Tales protestas han estado en curso desde hace algún tiempo. La última fue el viernes cuando los manifestantes se reunieron en Jeddah para protestar contra la mala infraestructura y fueron detenidos. Los manifestantes, aparentemente, se manifestaron durante unos minutos 15 minutos después de las oraciones del viernes en una calle principal de Jeddah antes de que las autoridades disolvieran la protesta y detuvieran a los participantes.
Tales protestas pequeñas están en curso y son una indicación de un malestar mucho más profundo que se siente en una parte mayor de la población. El mismo Sfakianakis, antes citado, señala que: "Ya no podemos dar por concedida la estabilidad al Medio Oriente ... La gente en Oriente Medio ya no es paciente ni se calla más. Después de Túnez, pensábamos que nunca iba a pasar en Egipto, pero mira lo que pasó. "
Lo que los analistas burgueses no entienden es que no es sólo la pobreza lo que conduce a la revolución. Es un factor importante, pero no el único. Egipto tiene muchos pobres, pero no es el país más pobre del mundo. Lo qué provoca agitación revolucionaria es el paso de un período a otro, los vaivenes de la coyuntura económica. El desmantelamiento de las reformas concedidas en el pasado puede desatar poderosos movimientos.
Hay también otro factor. La riqueza en estos países se concentra en manos de unos pocos. Todos estos países han experimentado un crecimiento económico significativo. Egipto, por ejemplo, desde 2003 ha crecido a una tasa media anual del 5,5%. Pero ese crecimiento no se distribuye por igual. Así que tenemos un ejército de pobres frente a una pequeña élite de los muy ricos. Eso en sí mismo puede desencadenar acontecimientos revolucionarios.
Y luego está el odio creciente hacia estos regímenes corruptos y opresivos. No es casualidad que muchas mujeres hayan participado en los movimientos recientes en Arabia Saudita. Todo esto podría desencadenar un poderoso movimiento, incluso en lo que aparece como un régimen estable como Arabia Saudita.

Implicaciones para el imperialismo

Esta súbita explosión de revolución en el mundo árabe tiene serias implicaciones para el imperialismo. En la década de 1960 muchos de los países árabes giraron a la izquierda. Un buen ejemplo de esto fue Siria, cuya economía fue modelada sobre la economía de la Unión Soviética. Pero aun cuando el proceso no llegó a tales niveles, regímenes como el de Nasser en Egipto se estaban moviendo en la misma dirección. Gran parte de la economía fue nacionalizada y esto permitió el desarrollo de medidas de bienestar en salud, educación, subsidios a los alimentos, etc, todo lo cual hizo una vida mejor para las masas. Hasta el día de hoy, Nasser es recordado con cariño por muchos egipcios. También fue muy respetado en todos los países árabes, ya que fue visto como alguien que se levantó contra el imperialismo.
Sin embargo, desde finales de 1970 y principios de 1980 el proceso comenzó a ser rebobinado. En Egipto, el régimen bajo Sadat, el sucesor de Nasser, comenzó a moverse de nuevo bajo la esfera de la influencia del imperialismo de EE.UU.. Sobre esta base, las privatizaciones estuvieron en el orden del día. Y en el ámbito internacional, Egipto, de ser un enemigo de Israel pasó a firmar un acuerdo de paz que se ha mantenido desde entonces. Jordania también ha firmado tal acuerdo. En Túnez, cuando Ben Ali llegó al poder, el 80% de la economía estaba bajo control estatal. Después de 23 años Ben Ali había logrado desmantelar todo eso, con la privatización de zonas enteras de la economía y con ello la destrucción de muchas de las reformas del pasado. Un panorama similar se veía en el conjunto de Oriente Medio.
Ese proceso evolucionó en un período de 30 años. Y ahora vemos los resultados: la revolución en toda la región. Mubarak en Egipto y el rey Abdullah en Jordania son considerados los principales aliados de los EE.UU.. Esta relación acogedora estable está en peligro por el movimiento revolucionario de las masas. El problema es que poco pueden hacer al respecto. Ellos crearon las condiciones para la revolución y ahora deben sufrir las consecuencias.

Fred Weston

lunes, 7 de febrero de 2011

La justicia y sus límites


La mayoría de los militares y civiles que han recibido sentencia y han sido enviados a prisión convencional o domiciliaria (no llegan a quince) fueron procesados por “homicidio muy especialmente agravado”. Lo mismo sucedería con las decenas que están siendo citados por los tribunales desde el 1 de febrero.
El problema es que ese delito, en la jurisprudencia uruguaya, prescribe a los 26 años y ocho meses.
Como la fecha a partir de la cual se inicia la cuenta regresiva es el 1 de marzo de 1985, día de la instalación del primer gobierno democráticamente electo tras el fin de la dictadura, las causas de ese tipo caducarían el 1 de noviembre próximo.
“Todos los abogados de derechos humanos y buena parte de los fiscales pensamos que en realidad los crímenes que se están juzgando, desde la tortura hasta la desaparición forzada, pasando por el secuestro y el homicidio políticos, son de lesa humanidad, y por tanto imprescriptibles, pero los jueces, por ahora, no lo entienden así”, comentó el abogado Juan Errandonea.
"La figura de delitos de lesa humanidad recién fue incorporada a una ley en 2006, y los jueces consideran que los crímenes cometidos antes de esa fecha no pueden ser juzgados con ese parámetro”.
Errandonea es parte acusadora en uno de los procesos más sonados de estos últimos tiempos en Uruguay, el que se le instruye al general Miguel Dalmao, el único oficial en actividad que ha sido enviado a prisión por crímenes cometidos en dictadura.
Existe una posibilidad de que las cosas cambien, y a ella se aferran tanto los abogados como las organizaciones humanitarias, de familiares de las víctimas y de ex presos: la Suprema Corte de Justicia tiene a estudio desde recursos presentados por la fiscal Mirtha Guianze para modificar la tipificación de casos de homicidio especialmente agravado a desaparición forzada.
Allí el panorama sería otro, porque si la justicia uruguaya se alineara con la tendencia que está primando a nivel internacional en la jurisprudencia, de que estos crímenes políticos son delitos de lesa humanidad, no correría la prescripción. En particular el delito de desaparición forzada, que sería considerado un delito permanente hasta que se encuentre el cuerpo de la víctima o se tenga la certeza de que falleció de alguna manera fehaciente, no como hasta ahora que tenemos presunciones, señaló la fiscal Guianze.
“En Argentina, Perú, Chile, en las sentencias a las que he tenido acceso, está aceptado que los delitos cometidos en el marco de las dictaduras del Cono Sur son claramente de lesa humanidad”, comentó.
En esos países la justicia se aviene a “las elaboraciones doctrinarias que se han hecho desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando empezó a considerarse -por entonces en relación al nazismo- que hay determinados delitos de tal gravedad tal que la humanidad tiene la obligación de perseguirlos”.
La ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, aprobada en 1986 con el objetivo de que ningún militar fuera castigado por las barbaridades realizadas entre 1973 y 1985, retardó y mucho la posibilidad de hacer justicia. No anuló todas las posibilidades de castigo, porque algún resquicio dejó y permitió que unos pocos fueran sentenciados, “pero impuso un atraso enorme”, afirmó la fiscal.
“De no haber existido esa ley no estaríamos corriendo detrás de los plazos”.
Los intentos de anular la ley del 86 hasta ahora han fracasado. En dos plebiscitos (1989 y 2009) y en el parlamento. El gobernante Frente Amplio decidió en su último congreso, que precedió de poco a las elecciones que lo llevaron por segunda vez al poder, en noviembre de 2009, sumarse a los esfuerzos por anular la ley de Caducidad.
Sin embargo, fue notorio que algunos de sus sectores poco hicieron para concretar ese objetivo en el plebiscito realizado junto a las elecciones. Y luego, una vez presentado desde las propias filas de la coalición un proyecto para anular el texto en el parlamento, anunciaron que no sumarían los votos de sus legisladores y es muy probable que el nuevo intento fracase. El proyecto de anulación recibió media sanción en la cámara de Diputados, pero chocaría contra un muro en el Senado.
De todas maneras, las presiones del movimiento social para que la “ley de impunidad” de 1985 desaparezca continúan. Y también las presiones exteriores.
La Corte Interamericana de Justicia ha instado varias veces al Estado uruguayo a “suprimir de su ordenamiento jurídico” una ley que “contraviene” todas las disposiciones internacionales en la materia, y podría darse la paradoja de que Uruguay sea condenado por ese organismo cuando está gobernado por un partido de izquierda, en cuyas filas militaron o militan la gran mayoría de las víctimas de la dictadura.

Daniel Gatti, Rel-UITA

El final de la dictadura egipcia atemoriza a Israel


Durante más de 20 años, Israel no tuvo que preocuparse de sus vecinos del sur. Tras los Acuerdos de Camp David de 1978, por los que Tel Aviv firmó la paz con El Cairo, los egipcios se convirtieron en su mejor aliado regional, un país que, en lugar de amenazarles, les ayudaba a afrontar a grupos armados como Hamas o Hizbulá con un ímpetu impensable en cualquier otro país árabe.
No sólo compartían Inteligencia o accedían a permitir que barcos israelíes patrullaran el canaz de Suez: sellaron la franja de Gaza del lado egipcio, siguiendo las instrucciones del Estado hebreo y condenando así a la población de Gaza a la miseria, boicoteando cualquier intento de reconstrucción. Incluso instalaron un muro subterránero de acero para intentar impedir -sin éxito- que los palestinos se abastecieran mediante el contrabando de los túneles.
Hosni Mubarak y su actual vicepresidente, el jefe de espías Omar Suleiman, se convirtieron en el mejor socio que podían imaginar. De ahí el pánico escénico que embarga hoy a los israelíes mientras asisten a las últimas horas de su único aliado regional junto a Jordania.
Para Israel, Egipto es el mayor socio estratégico después de Estados Unidos. Han podido contar con Mubarak para aislar a Hamas, el movimiento islámico en el poder en la franja de Gaza, boioteado por la comunidad internacional y abandonado por los árabes tras ganar las elecciones de 2006; también para arrestar a los militantes de Hizbulá que trataban de actuar desde territorio egipcio. Ha sido el mejor aliado en la particular batalla israelí contra Siria e Irán: El Cairo se disputa con Riad el liderazgo suní regional, y como tal está enfrentado con los chiíes en el poder de aquellos dos países. Y durante décadas se ha empleado a fondo en liquidar a los islamistas que atentaban contra turistas, que mataron al anterior presidente, Anuar al Sadat, precisamente por firmar la paz con Israel y que rechazan sobre todas las cosas al Estado hebreo.
Egipto se había consagrado como un baluarte imprescindible en medio de un entorno hostil. De ahí que Israel tenga mucho por perder en esta primavera árabe que tanto entusiasma a medio mundo. “De pronto, Israel se ve en la posición más peligrosa que ha tenido desde 1948 [fecha de la creación de su Estado]”, explica a Periodismo Humano Nicholas Noe, director del servicio de traducciones árabes Mideastwire y autor del libro La voz de Hizbulá. “A su alrededor están floreciendo una serie de actores no oficiales, de movimientos y de situaciones opuestas a la política de Israel e incluso a su mera existencia. La consecuencia de lo que ocurre en Egipto es que Israel será menos segura y menos estable”.
Para minimizar este riesgo, el pasado fin de semana Tel Aviv movió cartas rápidamente aunque de forma desesperada. Según el diario Haaretz, el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí pidió el pasado sábado a sus embajadores en EEUU, Canadá, China, Rusia y varios países europeos que presionen a las autoridades de sus respectivos países resaltando la importancia que tiene para Israel mantener al régimen autocrático de Mubarak aunque pese a sus 80 millones de habitantes. El problema es que la población egipcia no actúa en coordinación con Occidente: más bien actúa contra, y a pesar, de las políticas de Occidente, que han protegido a dictadores como Mubarak pese a las violaciones flagrantes de los Derechos Humanos en los que sus sistemas incurren sólo para mantener sus intereses.
“No es sólo Egipto. En Jordania, los Hermanos Musulmanes y los palestinos van a ganar de esta situación incluso si no hay cambios significativos. Siria permanece estable, y en el Líbano se está formando un Gobierno afin a Hizbulá. De pronto, Israel está rodeado de agentes hostiles. Cuánto ha cambiado desde la Conferencia de Madrid, cuando la mayoría de los árabes era favorable a pactar con Israel: 20 años después, la lógica ha cambiado drásticamente”.
El primer ministro, Benjamin Netanyahu, afirma seguir los acontecimientos en el país de los faraones con “vigilancia y preocupación”. El presidente Shimon Peres va más allá, admitiendo que “siempre he tenido y tengo un gran respeto por el presidente Mubarak” y afirmando que “una oligarquía fanática religiosa no es mejor que la falta de democracia“. Con sus palabras insinúa que la revolución egipcia tiene como último objetivo instaurar un régimen islámico al estilo iraní -una amenaza tan escuchada estos días- pero la realidad es que los Hermanos Musulmanes, suníes, sólo se han sumado a las manifestaciones a título privado, y que han delegado en Mohamad ElBaradei, Premio Nobel de la Paz 2005, poco sospechoso de islamista radical, toda negociación con el régimen. Todo hace indicar que El Baradei será el hombre que liderará la transición egipcia.
Los Hermanos Musulmanes, de gran peso en la clase baja egipcia, emitieron ayer un comunicado para aclarar su postura al respecto. “Esta revolución no tiene nada en común con Irán. Egipto nunca será como Irán. Respetamos todos los acuerdos de paz firmados con todos los países del mundo”, han dicho, en referencia a los acuerdos de paz con Israel. Egipto, junto con Jordania, son los dos únicos países árabes que tienen relaciones con el Estado hebreo una vez que Mauritania anuló sus acuerdos diplomáticos a raíz de la ofensiva de 2008 contra Gaza. “Esta revolución es de los egipcios, de toda edad y condición, no de los Hermanos Musulmanes. Nuestros miembros se han sumado como individuales”, recuerdan desde la organización islamista egipcia.
“La experiencia en revoluciones dice que nunca sabes qué va a salir de ellas”, opina Alastair Crooke, director del think tank libanés Foro para la Resolución de Conflictos, encargado de acercar puntos de vista entre Occidente y Oriente. “La de Egipto no tiene por qué ser la revolución iraní”, añade. “Pero sin duda hace que Israel se sienta aislado. Es un cambio sin precedentes que hará que ya no se sientan seguros porque el entorno de gobiernos afines y pro-occidentales está cambiando”.
Crooke, mediador en los conflictos de Irlanda del Norte, Sudáfrica, Colombia o el de Oriente Próximo (1997-2003) y autor del libro Resistencia: La esencia de la revolución islamista, considera que los bombadeos israelíes contra Gaza de 2008 son un factor decisivo a la hora de entender el malestar de la calle egipcia. Mubarak no sólo no condenó la matanza de palestinos, sino que cerró su frontera con la franja durante toda la ofensiva, dejando pasar con cuentagotas incluso a los sanitarios e impidiendo que la población civil escapara de las bombas. “Los egipcios nunca aceptaron esa política. Aquellas imágenes afectaron a todos los egipcios salvo a Mubarak. Eso es algo que tendrá que cambiar tanto si permanece el régimen de Mubarak como si cambia: el nuevo Gobierno tendrá que ocuparse de resolver el impacto de la Operación Plomo Sólido en la población”.
Es una realidad que el pueblo egipcio no simpatiza con Israel, con quien ha librado cuatro guerras desde la creación del Estado hebreo: en 1948, 1956, 1967 y 1973. No hay más que transitar por los resorts turísticos del Sinaí egipcio: en algunos de ellos los turistas israelíes no son admitidos. A ello se suma que el más que probable líder de transición, Mohamed ElBaradei, es percibido con mucho recelo en Tel Aviv dado que, desde su cargo al frente de la Organización Internacional para la Energía Atómica, denunció con especial ahinco el doble rasero internacional que llevaba a hostigar a Irán por sus pretensiones nucleares y, al mismo tiempo, ni siquiera solicitaba a Israel que su programa atómico fuera supervisado por los inspectores de su organización. También fue contrario a la invasión de Irak.
Egipto comparte con Israel 250 kilómetros de frontera en pleno desierto, que los agentes de Mubarak han sellado para impedir que la inmigración africana afecte a su vecino del norte. Además, su Ejército lleva años concentrando sus esfuerzos en otros frentes: las milicias palestinas, especialmente en Gaza; las mucho más temibles de Hizbulá en la frontera libanesa; Siria e Irán, éste su más serio enemigo.
Pero las preocupaciones de Israel no son sólo en materia de Seguridad, si bien sí son las más importantes. Además, Israel importa el 40% del gas natural que consume desde Egipto mediante tuberías de Gas Este-Mediterráneo, una compañía israelo-egipcia. Ambos países firmaron en 2005 un contrato que mantiene esta colaboración durante 20 años. Además, los acuerdos de comercio bilaterales ascendieron a más de 500 millones de dólares en 2010.
Y eso no es lo peor: si el contagio de las manifestaciones a Jordania desemboca en elecciones libres, los partidos islamistas en la oposición llegarían al poder probablemente deseosos de revisar las relaciones con el socio israelí. Y el monarca Abdallah II parece dispuesto a acceder a cualquier cosa con tal de garantizar la supervivencia de la institución.
Ningún cambio en Egipto significa que los acuerdos de paz vayan a abolirse, ni tampoco de que la revolución vaya a acabar con el status quo de Jordania, si bien sí se está exportando, pero el editorial de ayer del diario Haaretz ya solicitaba al Ejecutivo israelí que cambie su política para evitar quedar completamente aislado en una región que le es hostil desde su fundación como Estado.
El rotativo progresista indicaba que Israel debe “prepararse para un nuevo orden regional”y critica a Netanyahu por preferir “tiranos que se quedan largos años en el poder” como “el mal menor”. En lugar de “refugiarse en lo conocido, en el manido ‘no hay nadie con quien hablar ni en quien confiar‘, hay que adaptarse a una realidad en la que los ciudadanos de los Estados árabes, y no solo los tiranos, influyen en la trayectoria de sus países”. Incluso el comentarista Sever Plocker criticaba, en las páginas del derechista Yediot Ahronot, que “Israel esté sobrecogido por el miedo a la democracia, no aquí sino en los países vecinos”, “si bien nunca hemos rezado porque los árabes se conviertan en democracias neoliberales”.

Mónica G. Prieto/Beirut

domingo, 6 de febrero de 2011

La revolución egipcia: "El pueblo quiere el fin del sistema"



Las masas han vuelto a tomar las calles en las mayores manifestaciones vistas hasta ahora en Egipto. Lo llaman el día de la despedida. Ya, esta mañana, Al Jazeera mostró una inmensa multitud de personas entrando en tropel en la plaza Tahrir. El estado de ánimo no era ni tenso, ni de miedo, sino de júbilo. En el mismo instante en que las oraciones del viernes terminaron, las masas irrumpieron con un grito ensordecedor de "¡Mubarak, fuera!". Los pocos partidarios de Mubarak fueron escabulléndose por las calles aledañas a la plaza como chacales impotentes.
En Alejandría hubo una manifestación masiva contra Mubarak de más de un millón. No había a la vista gente pro Mubarak, ni la policía, ni fuerzas de seguridad de ningún tipo en las calles. Hubo manifestaciones el jueves en Suez e Ismailia, ciudades industriales donde abunda la inflación y el desempleo, y aunque todavía hoy no he visto ningún informe, no puede haber ninguna duda de que habrá manifestaciones muy grandes hoy en todo Egipto. El pueblo egipcio ha hablado y el mensaje es inconfundible.

La dinámica de clase de la revolución

Marx señaló que la revolución necesita el látigo de la contrarrevolución. Este es el caso aquí. La embestida brutal de los contrarrevolucionarios ayer creó las condiciones para un nuevo avance de la revolución hoy. Una revolución se caracteriza por cambios violentos de la opinión pública. Lo hemos visto en las últimas 24 horas. Ayer, el estado de ánimo de los manifestantes era sombrío. Hoy, las masas revolucionarias olían el aroma de la victoria en el aire.
Esto representa un giro completo en pocas horas. Pero, ¿cómo se explica esta transformación? Para entender lo que ha sucedido es necesario comprender la dinámica de clase de la revolución. Las diferentes clases se mueven a velocidades diferentes. Las capas más avanzadas –especialmente los jóvenes– son las primeras en pasar a la acción. Sacan las conclusiones más avanzadas. Pero son una minoría. La masa del pueblo va por detrás. Su conciencia ha sido moldeada por las derrotas pasadas. Está abrumada por décadas de rutina, hábito y tradición.
El padre de la física moderna, Isaac Newton, explicaba que los objetos en reposo tienden a permanecer en reposo. El fenómeno de la inercia se aplica no sólo al mundo físico, sino también a la sociedad. Para superar la resistencia de la inercia es necesaria una poderosa fuerza externa. La época actual está preparando choques que sacarán a las masas de su inercia. Pero esto no ocurre todo de una vez. Mubarak ha tratado de jugar con el conservadurismo innato de la población, el miedo al cambio repentino y el peligro del caos.
Mubarak movilizó las fuerzas de la contrarrevolución en un intento de aplastar a la revolución por la fuerza. Al mismo tiempo dio un discurso tranquilizador ofreciendo reformas pacíficas. Este discurso tuvo un efecto en la mente de la masa inerte de la población, especialmente la clase media que tiene miedo del desorden. "Si me quitáis de en medio habrá caos, como en Irak", les dice. Estos argumentos pueden tener un efecto en los estratos más atrasados de las masas. Todavía no han empezado a moverse. No están en las calles. Están mirando los acontecimientos en la televisión y están preocupados. Con la promesa de reformas y un retorno a la normalidad, el presidente le estaba diciendo a esta gente lo que querían oír.
Después del discurso mucha gente que había sido inicialmente favorable a los manifestantes decía: "¡Eso es suficiente! Habéis tenido lo que queríais. El viejo va a dimitir en septiembre. ¿Por qué no podéis esperar unos pocos meses? Estamos cansados de todo esto. Queremos una vida tranquila, con las tiendas y los bancos abiertos y con todo funcionando como de costumbre". Este fue un momento peligroso para la revolución. El estado de ánimo de las clases medias fue girando hacia el presidente. Los contrarrevolucionarios fueron ganando terreno en las calles. El ejército estaba pasivo. En este punto, todo el proceso podría haber empezado a retroceder.
En este punto crítico, el destino de la revolución fue decidido por el coraje y la determinación de la vanguardia. Es cierto que las fuerzas activas de la revolución eran una minoría. Pero es igualmente cierto que las tropas de choque de la contrarrevolución eran una minoría. Con el fin de derrocar a la revolución, Mubarak reunió hasta el último gramo de apoyo. Trasladó en autobuses a gente de las provincias y concentraron sus fuerzas fuera de la plaza Tahrir.
Este fue el punto de inflexión decisivo. Si hubiesen conseguido echar a los manifestantes de la plaza, todo el proceso podría haber vuelto a la inversa. Pero fracasaron. No sólo les hicieron retroceder con la heroica resistencia de los revolucionarios. Después de siete horas de luchar por cada centímetro, los revolucionarios finalmente pusieron a los matones de Mubarak a la fuga. Esto produjo un cambio en la psicología de los elementos vacilantes. La violencia feroz de los contrarrevolucionarios produjo un nuevo giro en la opinión pública que bien puede volverse fatal para la causa de Mubarak.
La batalla fue transmitida en directo por Al Jazeera, y millones de personas pudieron ver lo que estaba sucediendo. Las escenas de una furgoneta de la policía lanzándose por la calle a toda velocidad, atropellando a los manifestantes lo dijo todo. La misma gente que tenía ilusiones en las promesas de reforma de Mubarak ahora podía ver que habían sido engañados. La máscara sonriente del “Padre del Pueblo” cayó para revelar la fisonomía fea de un faraón cruel y despótico.
¡Así que todo era mentira, después de todo! La advertencia de Mubarak sobre el caos si renunciaba, fue contradicha por estas imágenes. El caos existe ya, y el presidente es el responsable. ¡Abajo el presidente! Al Jazeera informó de un caso que explica el proceso por el que la conciencia de las masas se transforma en una revolución. Un hombre llegó a la plaza Tahrir, y dijo: "Yo creía que los manifestantes estaban siendo pagados por potencias extranjeras, pero ahora he venido aquí, he visto por mí mismo y he comprendido que no es verdad". Y este hombre, que hasta ayer apoyaba la contrarrevolución, se unió a la manifestación.

Crisis del régimen

La derrota en la plaza Tahrir ha provocado una crisis en el régimen. En una clara expresión de debilidad, el Gobierno está pidiendo disculpas públicamente por el derramamiento de sangre el miércoles. Hay indicios de divisiones en la cúspide. Ahmed Shafiq, el nuevo primer ministro, dijo que no sabía quién era responsable del derramamiento de sangre. Eso es muy extraño porque todo el mundo sabe que fue el trabajo de la policía secreta. También dijo que el ministro del Interior no debería obstruir las marchas pacíficas del viernes. Por su parte, el ministro del Interior negó que sus hombres ordenaran a sus agentes o policías atacar a los manifestantes, aunque ni siquiera su propia madre le cree.
Hay sospechas de que el presidente de 82 años, que permanece oculto dentro de su palacio, fuertemente custodiado, está cansado y desmoralizado en parte. Ayer le dijo a la cadena de televisión estadounidense ABC News. "Estoy harto. Después de 62 años de servicio público, he tenido suficiente. Quiero irme". Pero de inmediato agregó: "Si dimito hoy, habrá caos".
Hablando en el palacio presidencial, con su hijo Gamal a su lado, Mubarak dijo: "Nunca tuve la intención de presentarme de nuevo [a presidente]", dijo Mubarak. "Nunca tuve la intención de que Gamal fuese presidente después de mí". Y, ya que todo el mundo en Egipto sabe que esas eran precisamente sus intenciones, esto demuestra que por lo menos al viejo no le falta sentido del humor. Luego repitió su afirmación de que los Hermanos Musulmanes podrían llenar el vacío de poder dejado por su ausencia.
El Gobierno da la impresión de estar luchando por recuperar el control de los acontecimientos que se están escapando de sus manos. Tampoco parece saber lo que está haciendo. Mientras Mubarak emite advertencias oscuras acerca de los Hermanos Musulmanes, su primer ministro está invitando a los Hermanos Musulmanes a entablar conversaciones, una oferta muy amable que estos últimos han declinado amablemente. No son tan estúpidos como para ofrecer la mano a un hombre que está ahogándose y cuyo único deseo es tirar de ellos hacia el agua para que le hagan compañía mientras se hunde.
Los estadounidenses están repitiendo constantemente este argumento de que se trata de un movimiento islamista dirigido por los Hermanos Musulmanes, y que si Mubarak se va los yihadistas se harán cargo. Eso es una mentira, aunque los diplomáticos y los políticos estadounidenses son suficientemente estúpidos como para creérselo. Este movimiento no tiene nada que ver con el fundamentalismo yihadista o la política islámica. El New York Times señaló acertadamente: "Para muchos, los propios Hermanos Musulmanes son un vestigio de un viejo orden que cumple poco de lo que promete".
Este gran movimiento revolucionario no fue organizado por los Hermanos Musulmanes o cualquiera de los partidos políticos burgueses. Los Hermanos Musulmanes están bien organizados y tienen un aparato fuerte y dinero. Sus dirigentes están maniobrando entre bastidores. Sin embargo, el movimiento juvenil es el componente más grande y más decidido de la revolución. Es éste quien ha jugado el papel principal del principio al final.
Cuando estos valientes hombres y mujeres jóvenes salieron a las calles el 25 de enero, todos los partidos políticos, incluidos los Hermanos Musulmanes fueron tomados por sorpresa. Los Hermanos Musulmanes no los apoyaron. Los jóvenes del Movimiento Juvenil 6 de abril son los que están llamando a la acción. Ellos son los que convocaron la manifestación de hoy. Y hoy, cuando el pueblo revolucionario marchó en millones, todos los partidos políticos, incluidos los Hermanos Musulmanes, fueron insignificantes.
El pueblo revolucionario no está luchando por el Islam o cualquier otra religión. Están luchando por sus derechos democráticos y por la liberación nacional y social. Bajo Mubarak extremistas islámicos asesinaron a los cristianos. Pero en las manifestaciones cristianos y musulmanes marchan juntos. En la plaza Tahrir hay musulmanes y cristianos, creyentes y no creyentes –todos unidos en la misma lucha contra los mismos opresores–. La revolución ha eliminado todas las divisiones sectarias. Esto constituye su gran fuerza.

Una "transición significativa"… ¿hacia qué?

La amenaza inmediata de la contrarrevolución ha sido derrotada por la valentía y la determinación del pueblo revolucionario. Pero la victoria no ha sido ganada todavía. La clase dominante tiene muchas maneras de derrotar al pueblo. Cuando la violencia del Estado falla, puede recurrir a la astucia y el engaño. La situación es muy clara. Mubarak no puede controlar Egipto. O bien se marcha, o la revolución barrerá todo a su paso. Esta perspectiva es lo que llena de terror a los estadounidenses.
Washington ha perdido el control de los acontecimientos. Tomado por sorpresa en cada etapa, carece incluso de una política coherente hasta en apariencia. La CIA, Arabia Saudita y los israelíes quieren que Mubarak se mantenga, no por algún tipo de lealtad personal, sino para impedir que la revolución se extienda a otros países árabes. Pero los estadounidenses están jugando un doble juego. Obama y el Departamento de Estado pueden ver que los días de Mubarak están contados y están maniobrando en la sombra para mantener el antiguo régimen con otro nombre.
Ha salido a la luz que la Casa Blanca ha estado en conversaciones con el gobierno de El Cairo, acerca de cómo Egipto puede empezar a hacer una "transición significativa". El Vicepresidente de EE UU, Joe Biden, habló con su homólogo egipcio el jueves, un día después de que Suleiman mantuviese conversaciones similares con la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Según el New York Times, entre las propuestas había un plan para que Mubarak renunciara de inmediato y entregara el poder a un gobierno interino respaldado por los militares bajo el Sr. Suleiman.
Ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado han negado directamente el informe. Sin embargo, un portavoz de Consejo Nacional de Seguridad del Presidente Barack Obama dijo que era "hora de comenzar una transición pacífica, ordenada y significativa, con negociaciones creíbles y de una composición amplia". Sin embargo, Mark Mardell de la BBC en Washington dice que otros informes sugieren que el plan de EE UU ya ha sido rechazado en Egipto, y que la administración ha sido "sorprendida" por la actitud de los militares y Suleiman.
Los norteamericanos saben muy bien que Suleiman estuvo involucrado en los ataques a la oposición y, sin embargo, le consideran el hombre adecuado para dirigir un gobierno interino. Todo el mundo conoce a Omar Suleiman, es el hombre de la CIA y de Israel. Esto es sólo un medio de mantener el sistema al mismo tiempo que se da la impresión de un cambio. Sería la negación de todas las aspiraciones democráticas del pueblo: una mentira y un cínico engaño.

Lo que la gente quiere

En la plaza de Tahrir hoy había un cartel que decía: "EL PUEBLO QUIERE LA CAÍDA DEL SISTEMA". Nótese con exactitud el mensaje: no solo la caída de Mubarak, sino la caída de todo el sistema sobre el cual se erige. La gente leía en voz alta una lista de los actuales dirigentes políticos y tras cada nombre gritaba: "¡Ilegitimo!". Es una advertencia a los políticos de que el pueblo no aceptará ningún acuerdo que incluya a figura alguna del antiguo régimen. Esto demuestra un instinto político absolutamente correcto.
El problema es de dirección. No puede confiarse en la burguesía liberal. Los individuos que están tratando de usurpar el control son como mercaderes en un bazar y usarán la revolución como pieza para su regateo con el régimen en su afán por ganar posiciones y hacer carrera. Traicionarán al pueblo en provecho de sus intereses egoístas. El partido Wafd y otros liberales aceptaron inmediatamente las "concesiones" de Mubarak y concluyeron su participación en la revolución. Al-Baradei es un títere de los norteamericanos a quien Washington desearía poner en el poder en reemplazo de Mubarak. ¿Cómo podemos poner confianza en gente como esta?
¡Los revolucionarios deben estar alerta! El pueblo egipcio no está luchando y muriendo para permitir que la vieja oligarquía y sus patrocinadores imperialistas permanezcan en el poder. El movimiento no debe desmovilizarse. Debe ser intensificado. ¡La revolución debe ser llevada hasta el final! ¡Ningún acuerdo con Suleiman ni con ninguna otra figura del viejo régimen! ¡No debe quedar ninguno!
El pueblo revolucionario debe coger una gran escoba en sus manos y barrer toda la vieja cúpula. ¡Por una purga masiva y la destitución de todos los viejos oficiales! Los culpables de corrupción deben ser puestos ante un tribunal y su propiedad confiscada y usada en beneficio de los pobres.
Mientras que el viejo aparato de represión estatal permanezca existiendo la revolución nunca estará segura. El pueblo no puede aceptar otra cosa que el completo desmantelamiento del antiguo aparato estatal. ¡Por el desmantelamiento inmediato del aparato represivo! ¡Por la creación de tribunales populares para juzgar y castigar a todos los culpables de actos represivos contra el pueblo!
La revolución necesita organización. Necesita organizaciones estructuradas, democráticas, populares, y una máquina de combate capaz de defenderse de cualquier agresión. ¡Por comités populares para la defensa de la revolución! ¡Por una milicia del pueblo! Una vez que el pueblo estuviese armado, ninguna fuerza en la tierra podría oprimirlo.
El pueblo armado es la única fuerza que puede garantizar las conquistas de la revolución, defender los derechos democráticos y convocar elecciones genuinamente libres a la Asamblea Constituyente.

Un pueblo orgulloso despierta

El New York Times, ayer, publicaba entrevistas que revelaban la esencia real de la revolución: "Le digo al mundo árabe que esté con nosotros hasta que conquistemos nuestra libertad", decía Khaled Yusuf, un clérigo de Al Azhar, la una vez estimada institución de escolarización religiosa ahora perteneciente al Gobierno. "Una vez que lo hagamos, vamos a liberar el mundo árabe".
"Durante décadas el mundo árabe ha estado esperando un salvador –ya fuese Gamal Abdel-Nasser, el carismático presidente egipcio o, incluso, durante un tiempo, Saddam Hussein–. Nadie estaba esperando un salvador el miércoles. Frente a casi tres décadas de autoridad acumulada –el poder de un Estado capaz de movilizar a miles a su antojo– el pueblo esta vez se tenía a sí mismo".
"'Estoy luchando por mi libertad', decía Noha al-Ustaz mientras rompía ladrillos en la acera. 'Por mi derecho a expresarme. Por el fin de la opresión. Por el fin de la injusticia'".
Mubarak es considerado merecidamente como un traidor y un títere de EEUU e Israel. Ese sentimiento es compartido por muchas partes del mundo árabe. Las mismas condiciones que provocaron la revolución en Túnez y Egipto causarán un efecto dominó en otros Estados árabes. Ese es el porqué de que las demandas del pueblo egipcio hayan encontrado un eco en las calles de Argelia a Marruecos, de los campamentos palestinos en Jordania a los suburbios de Ciudad Sadr en Bagdad.
Los cínicos observadores occidentales a menudo han descrito al pueblo egipcio como apático y pasivo. Ahora ese estereotipo, producto de un pensamiento superficial y de sentimientos de superioridad racial, ha sido puesto del revés. ¿Dónde está la apatía ahora? Este es un antiguo, orgulloso y noble pueblo que fue explotado, oprimido, insultado y humillado durante generaciones por amos extranjeros y sus corruptos agentes locales, que ahora está en el proceso de ruptura con el pasado y construyendo un nuevo y mejor futuro.
La revolución ha dado voz a aquellos que no tenían voz, ha articulado el sentimiento de desesperación, la frustración, las humillaciones a manos de la policía y la indignación de la juventud que no tiene suficiente dinero para casarse y crear una familia. Las masas no solo están luchando por pan y los derechos humanos elementales. Están luchando por la dignidad humana. Gracias a la revolución el pueblo egipcio se ha levantado y elevado a su verdadera estatura.
"Oriente Medio, siguiendo minuto a minuto la cobertura de los canales árabes y las conversaciones desde Iraq hasta Marruecos, observó conteniendo la respiración en una situación irresistible, de las que sólo ocurren una vez en toda la vida. Por primera vez en una generación, los árabes parece que están mirando de nuevo a Egipto en busca de liderazgo, y dicha sensación se expresó a lo largo del día".
Estas palabras del New York Times muestran la situación real. Todo esto está teniendo un tremendo impacto que se extiendo más allá del Oriente Medio y el norte de África. El Egipto revolucionario puede comenzar ahora a ocupar su verdadero lugar en la historia mundial.

Alan Woods